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9 789995 367060 ISBN 978-99953-67-06-0 El libRo azul dE la psiquiatRía El libRo azul dE la psiquiatRía ANDRÉS ARCE RAMÍREZ & JULIO TORALES BENÍTEZ EFACIM 2012 Arce Ramírez A, Torales Benítez J. (Eds). El libro azul de la Psiquiatría. 1a ed. EFACIM. Asunción, 2012: 286 p. ISBN 978-99953-67-06-0 Editorial EFACIM Dr. José P. Montero esq. Dr. Mario Mazzei Telefax: (+595 21) 420 187 Correo electrónico: efacim@med.una.py Website: www.med.una.py Asunción – Paraguay Dirección Editorial: Prof. Dr. Nelson Apuril Céspedes Universidad Nacional de Asunción Facultad de Ciencias Médicas Cátedra y Servicio de Psiquiatría Cátedra de Psicología Médica Dr. Luis Garcete esquina Dr. Paiva Teléfono: (+595 21) 420 982 Interno: 208 Asunción – Paraguay Diseño editorial: Horacio Oteiza Impreso en Imprenta Salesiana Tirada: 500 ejemplares Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta publicación, por cualquier medio o procedimiento, sin para ello contar con la autorización previa, expresa y por escrito de los editores. Acerca del nombre de este libro Elegimos nombrar a esta obra el “Libro Azul de la Psiquiatría” debido a que este color se asocia tradicionalmente a la libertad. Es esa libertad, enar- bolada por primera vez por el médico psiquiatra francés Philippe Pinel (1745-1826), quien liberó a los pacientes con trastornos psiquiátricos de las cadenas que los aprisionaban en el Hospital Salpêtrière de París, la misma que propugnamos y por la cual luchamos. Ayer fueron las cadenas que enlazaban cuerpos, hoy son las cadenas que siguen enlazando mentes. El médico psiquiatra francés Philippe Pinel (1745-1826) liberando pacientes de las cadenas que los apri- sionaban en el Hospital Salpêtrière de París en 1795. Reproducción de la obra original del artista Tony Robert-Fleury (1838-1912). Advertencia sobre el uso de este libro Este material está dirigido a estudiantes de medicina y médicos generales, y persigue la meta de ayudar en la evaluación diagnóstica de los problemas de salud mental, brindando herramientas para llevar adelante interven- ciones terapéuticas accesibles para profesionales médicos en general, sin soslayar y haciendo hincapié en la importancia de derivar oportuna y ade- cuadamente los casos a consideración del médico psiquiatra. En los capítulos destinados a los diferentes trastornos que se observan en la práctica de la psiquiatría, se mencionan los criterios diagnósticos pro- puestos en el texto revisado del Manual diagnóstico y estadístico de los tras- tornos mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría (DSM-IV-TR), sin embargo, es necesario precisar que en organismos oficiales se utilizan los criterios diagnósticos de la décima edición de la Clasificación Interna- cional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud. Los edito- res y autores recomiendan tener presentes los criterios de ambos manuales operativos en la práctica clínica. EDITORES Y AUTORES Prof. Dr. Andrés ARCE RAMÍREZ • Profesor Titular y Jefe de la Cátedra y Servicio de Psiquiatría • Profesor Titular y Jefe de la Cátedra de Psicología Médica • Director del Postgrado de Especialización en Psiquiatría Clínica • Miembro Docente Titular del Honorable Consejo Directivo (periodo 2008-2010) Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de Asunción • Profesor de la Cátedra de Psicopatología Carrera de Psicología, Universidad Católica “Nuestra Señora de la Asunción” (hasta 1989) • Profesor de la Cátedra de Psicopatología • Profesor de la Cátedra de Psicoterapia Facultad de Filosofía, Universidad Nacional de Asunción (hasta 2003) • Profesor de la Cátedra de Psicopatología • Profesor de la Cátedra de Psicoterapia Carrera de Psicología Clínica, Universidad Americana (hasta 2004) • Co-director del Postgrado de Especialización en Psiquiatría y Psicología Clínica de la Infancia y la Adolescencia Asociación Psiquiátrica de América Latina, Sociedad Paraguaya de Psiquiatría y Univer- sidad Nacional de Villarrica del Espíritu Santo • Coordinador de la Unidad de Desintoxicación Programada para niños y adolescentes Centro Nacional de Control de Adicciones, Ministerio de Salud Pública y Bienestar So- cial • Ex Presidente y actual Secretario de Actividades Académicas de la Comisión Directiva Sociedad Paraguaya de Psiquiatría • Presidente del Capítulo de Psiquiatría de la Infancia y la Adolescencia Sociedad Paraguaya de Psiquiatría • Autor del libro: Normas Generales para personas usuarias de Salud Mental, sus familiares y cuidadores (2012) Editado por la Editorial de la Facultad de Ciencias Médicas (EFACIM) Dr. Julio TORALES BENÍTEZ • Mejor Egresado y Medalla de Oro, carrera de Medicina y Cirugía, Promoción 2005 • Jefe de Admisión y Guardia de la Cátedra y Servicio de Psiquiatría • Jefe de Trabajos Prácticos de la Cátedra de Psicología Médica • Secretario Académico del Postgrado de Especialización en Psiquiatría Clínica • Médico encargado de Psicodermatología, Cátedra y Servicio de Dermatología (ad ho- norem) • Jefe de la Unidad de Derechos Humanos, dependiente del Honorable Consejo Direc- tivo (ad honorem) Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de Asunción • Encargado de Cátedra, Cátedra de Metodología de la Investigación • Auxiliar de la Enseñanza de la Cátedra de Psicología, Psicopatología y Psicomotricidad Escuela de Kinesiología y Fisioterapia, Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Na- cional de Asunción • Profesor Encargado de la Cátedra de Salud Mental I Facultad de Psicología, Universidad Columbia del Paraguay (hasta 2012) • Médico Psiquiatra Oficina de Servicio Técnico Forense, Corte Suprema de Justicia • Jefe del Servicio de Psiquiatría Hospital Regional de San Juan Bautista, Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social • Miembro correspondiente extranjero European Society for Dermatology and Psychiatry • Presidente del Capítulo de “Psiquiatría y Derechos Humanos” Sociedad Paraguaya de Psiquiatría • Miembro del Equipo Técnico de redacción de la Política Nacional de Salud Mental 2011-2020 Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social • Autor del libro: Normas Generales para personas usuarias de Salud Mental, sus familiares y cuidadores (2012) Editado por la Editorial de la Facultad de Ciencias Médicas (EFACIM) AUTORES DE CAPÍTULOS (en orden alfabético) Dr. Mauricio ACOSTA NÚÑEZ • Médico Residente de la Cátedra y Servicio de Psiquiatría Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de Asunción Dr. Víctor ADORNO QUEVEDO • Auxiliar de la Enseñanza, Cátedra y Servicio de Psiquiatría • Auxiliar de la Enseñanza, Cátedra de Farmacología Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de Asunción • Instructor de la Cátedra de Psiquiatría Facultad de Medicina, Universidad Católica “Nuestra Señora de la Asunción” • Jefe de Admisión y Guardia • Jefe de Sala de Corta Estancia Hospital Neuropsiquiátrico, Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social Dr. José Andrés BOGADO • Auxiliar de la Enseñanza, Cátedra y Servicio de Psiquiatría • Ex Jefe de Sala de la Cátedra y Servicio de Psiquiatría (hasta 2012) Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de Asunción • Médico del Departamento de Planificación y Proyectos Hospital Neuropsiquiátrico, Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social • Vocal Titular de la Comisión Directiva Sociedad Paraguaya de Psiquiatría • Autor del libro: Normas Generales para personas usuarias de Salud Mental, sus familiares y cuidadores (2012) Editado por la Editorial de la Facultad de Ciencias Médicas (EFACIM) Prof. Dr. José BRÍTEZ CANTERO • Profesor Adjunto de la Cátedra y Servicio de Psiquiatría • Profesor Adjunto de la Cátedra de Psicología Médica • Coordinador Académico del Postgrado de Especialización en Psiquiatría Clínica Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de Asunción • Profesor Asistente de la Cátedra de Modelos Integrados en Psicoterapia Carrerade Psicología, Universidad Católica “Nuestra Señora de la Asunción” • Director Académico del Postgrado de Especialización en Terapia Cognitivo Conductual Sociedad Paraguaya de Psiquiatría y Universidad Nacional de Villarrica del Espíritu San- to • Ex Presidente de la Comisión Directiva y actual Presidente del Capítulo de “Psicote- rapias” Sociedad Paraguaya de Psiquiatría • Autor del libro: Pajé, síndrome cultural del Paraguay (1998) Editado por la Editorial de la Universidad Nacional de Asunción (EDUNA) y la Editorial de la Facultad de Ciencias Médicas (EFACIM) Dra. Cecilia CANIZA GARDEL • Médica Residente de la Cátedra y Servicio de Psiquiatría Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de Asunción Dr. Marcos Hernán CAPURRO • Médico Residente de la Cátedra y Servicio de Psiquiatría • Ayudante de Trabajos Prácticos de la Cátedra de Psicología Médica Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de Asunción • Ayudante de la Cátedra de Metodología de la Investigación • Docente del Curso Teórico-Práctico de Actualización en Metodología de la Investigación Escuela de Kinesiología y Fisioterapia, Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Na- cional de Asunción Dra. María Emilia CHÁVEZ • Médica Residente de la Cátedra y Servicio de Psiquiatría Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de Asunción • Ayudante de la Cátedra de Metodología de la Investigación • Docente del Curso Teórico-Práctico de Actualización en Metodología de la Investigación Escuela de Kinesiología y Fisioterapia, Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Na- cional de Asunción Dr. Miguel CUELLAR HOPPE • Auxiliar de la Enseñanza, Cátedra de Psicología Médica Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de Asunción • Miembro Titular del Colegio Electoral Sociedad Paraguaya de Psiquiatría Dra. Paloma FERNÁNDEZ DE LOS RÍOS • Médica Residente de la Cátedra y Servicio de Psiquiatría Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de Asunción Dr. Fabrizio De Giacomi Zaldivar • Médico Residente de la Cátedra y Servicio de Psiquiatría Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de Asunción Prof. Dr. Néstor GIRALA SALOMÓN • Profesor Adjunto de la Cátedra y Servicio de Psiquiatría • Docente del Postgrado de Especialización en Psiquiatría Clínica Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de Asunción • Ex Director General Hospital Neuropsiquiátrico, Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social Dr. Pedro LÓPEZ OLMEDO • Auxiliar de la Enseñanza, Cátedra de Psicología Médica Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de Asunción • Profesor Asistente de la Cátedra de Psicología y Psiquiatría Facultad de Medicina, Universidad Nacional de Caaguazú • Instructor de la Cátedra de Psiquiatría Facultad de Medicina, Universidad Católica “Nuestra Señora de la Asunción” • Instructor de la Cátedra de Psiquiatría Facultad de Medicina, Universidad de la Integración de las Américas (UNIDA) • Instructor de la Cátedra de Psiquiatría y Psiquiatría Facultad de Medicina, Universidad Privada del Este (UPE) • Médico de guardia Centro Nacional de Control de Adicciones, Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social • Médico de la Unidad Móvil de Salud Mental Dirección de Salud Mental, Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social Dra. Alicia MEDINA PEREIRA • Auxiliar de la Enseñanza, Cátedra de Psicología Médica Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de Asunción • Profesora Encargada de la Cátedra de Psicopatología I y II Facultad de Psicología, Universidad Columbia del Paraguay (hasta 2011) • Instructora de la Cátedra de Psiquiatría Facultad de Medicina, Universidad de la Integración de las Américas (UNIDA) (hasta 2012) • Médica de guardia Hospital Neuropsiquiátrico, Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social • Médica de la Unidad Móvil de Salud Mental Dirección de Salud Mental, Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social Dra. Nélida MINCK BENÍTEZ • Médica Residente de la Cátedra y Servicio de Psiquiatría Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de Asunción • Ayudante de la Cátedra de Metodología de la Investigación • Docente del Curso Teórico-Práctico de Actualización en Metodología de la Investigación Escuela de Kinesiología y Fisioterapia, Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Na- cional de Asunción Prof. Dr. Martín María MORENO • Profesor Adjunto de la Cátedra y Servicio de Psiquiatría • Profesor Asistente de la Cátedra de Psicología Médica • Docente del Postgrado de Especialización en Psiquiatría Clínica Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de Asunción • Profesor Adjunto de la Cátedra de Trastornos Psicosomáticos Facultad de Filosofía, Universidad Nacional de Asunción • Docente de la Cátedra de Entrevista Clínica Carrera de Psicología, Universidad Católica “Nuestra Señora de la Asunción” • Coordinador de Hogares Sustitutos Dirección de Salud Mental, Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social • Ex coordinador del Área de Rehabilitación Hospital Neuropsiquiátrico, Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social • Vicepresidente de la Comisión Directiva Sociedad Paraguaya de Psiquiatría • Miembro del Equipo Técnico de redacción de la Política Nacional de Salud Mental 2011-2020 Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social • Autor del libro: Experiencias compartidas con los saberes de la comunidad María Auxilia- dora Guazú frente a la tragedia del incendio del Supermercado Ycuá Bolaños de Trinidad (2005) Auspiciado por la Universidad Católica “Nuestra Señora de la Asunción” • Autor del libro: Tavyrai rendá (2007) Editado por la Editorial Servilibro • Autor del libro: Normas Generales para personas usuarias de Salud Mental, sus familiares y cuidadores (2012) Editado por la Editorial de la Facultad de Ciencias Médicas (EFACIM) Dra. María Bettina ORTIZ • Auxiliar de la Enseñanza, Cátedra de Psicología Médica Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de Asunción • Instructora de la Cátedra de Psiquiatría Facultad de Medicina, Universidad del Pacífico • Instructora de la Cátedra de Psiquiatría Facultad de Medicina, Universidad de la Integración de las Américas (UNIDA) • Instructora de la Cátedra de Psiquiatría y Psicología Facultad de Medicina, Universidad Privada del Este (UPE) • Médica de guardia Hospital Neuropsiquiátrico, Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social • Médica del Centro de Psiquiatría y Psicoterapia Instituto de Previsión Social Dra. Claudia Analía PARODI • Auxiliar de la Enseñanza, Cátedra de Psicología Médica Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de Asunción • Instructora de la Cátedra de Psiquiatría Facultad de Medicina, Universidad Católica “Nuestra Señora de la Asunción” • Instructora de la Cátedra de Psiquiatría Facultad de Medicina, Universidad de la Integración de las Américas (UNIDA) • Profesora Encargada de la Cátedra de Neuropsicología I • Profesora Encargada de la Cátedra de Neuropsicología II • Profesora Encargada de la Cátedra de Psicobiología Carrera de Psicología Clínica y Empresarial, Universidad del Cono Sur de las Américas (UCSA) (hasta 2011) • Médica del Centro de Psiquiatría y Psicoterapia Instituto de Previsión Social Dra. Susana RECALDE BERNI • Médica Residente de la Cátedra y Servicio de Psiquiatría Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de Asunción • Ayudante de la Cátedra de Metodología de la Investigación • Docente del Curso Teórico-Práctico de Actualización en Metodología de la Investigación Escuela de Kinesiología y Fisioterapia, Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Na- cional de Asunción • Instructora de la Cátedra de Psiquiatría y Psicología Facultad de Medicina, Universidad Privada del Este (UPE) Dra. Viviana RIEGO MEYER • Jefa de Médicos Residentes de la Cátedra y Servicio de Psiquiatría • Auxiliar de la Enseñanza, Cátedra y Servicio de PsiquiatríaFacultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de Asunción • Profesora Encargada de la Cátedra de Psicopatología II • Profesora Encargada de la Cátedra de Neuropsicología Facultad de Psicología, Universidad Columbia del Paraguay (hasta 2010) • Profesora Encargada de la Cátedra de Psicopatología I • Profesora Encargada de la Cátedra de Psicopatología II Carrera de Psicología, Universidad Americana (hasta 2011) • Instructora de la Cátedra de Psiquiatría • Facultad de Medicina, Universidad Católica “Nuestra Señora de la Asunción” (hasta 2011) • Instructora de la Cátedra de Psiquiatría y Psicología Facultad de Medicina, Universidad Privada del Este (UPE) (hasta 2011) • Secretaria Académica del Postgrado de Especialización en Psiquiatría y Psicología Clí- nica de la Infancia y la Adolescencia Asociación Psiquiátrica de América Latina, Sociedad Paraguaya de Psiquiatría y Univer- sidad Nacional de Villarrica del Espíritu Santo • Presidenta del Capítulo de “Jóvenes Psiquiatras y Psiquiatras en Formación” Sociedad Paraguaya de Psiquiatría Dr. Hugo RODRÍGUEZ MARÍN • Jefe de Sala de la Cátedra y Servicio de Psiquiatría • Auxiliar de la Enseñanza, Cátedra de Psicología Médica • Docente del Postgrado de Especialización en Psiquiatría Clínica Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de Asunción • Instructor de la Cátedra de Psiquiatría Facultad de Medicina, Universidad Católica “Nuestra Señora de la Asunción” • Médico de la Unidad de Salud Mental del Hospital Materno-Infantil San Pablo Dirección de Salud Mental, Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social • Miembro Titular del Colegio Electoral Sociedad Paraguaya de Psiquiatría • Autor del libro: Normas Generales para personas usuarias de Salud Mental, sus familiares y cuidadores (2012) Editado por la Editorial de la Facultad de Ciencias Médicas (EFACIM) Dra. Jazmín RODRÍGUEZ ZARZA • Médica Residente de la Cátedra y Servicio de Psiquiatría Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de Asunción Dra. Claudia VALENZUELA HERMOSA • Médica Residente de la Cátedra y Servicio de Psiquiatría Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de Asunción • Instructora de la Cátedra de Psiquiatría y Psicología Facultad de Medicina, Universidad Privada del Este (UPE) • Médica de guardia y consultorio externo Centro Nacional de Control de Adicciones, Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social ÍNDICE PRÓLOGO 32 Prof. Dr. Rodrigo Chamorro Oschilewsky INTRODUCCIÓN 34 Prof. Dr. Andrés Arce Ramírez & Dr. Julio Torales Benítez CAPÍTULO 1 • SEMIOLOGÍA PSIQUIÁTRICA 39 Prof. Dr. Martín María Moreno, Dra. Alicia Medina Pereira, Mauricio Acosta Núñez, Dra. Cecilia Caniza Gardel & Dr. Marcos Hernán Capurro Historia clínica psiquiátrica 39 Anamnesis 39 Examen psíquico 41 Funcionalidad previa 41 Exploraciones complementarias 41 Diagnóstico multiaxial 41 Plan terapéutico 42 Consideraciones generales de la entrevista clínica 42 Exploración psicopatológica 44 Hábito externo 45 Actitud 46 Conciencia 46 Orientación 47 Psicomotricidad 47 Atención 48 Memoria 48 Sensopercepción 50 Estado de ánimo y afecto 50 Lenguaje 51 Pensamiento 52 Juicio e introspección 54 CAPÍTULO 2 • INTRODUCCIÓN A LA PSICOFARMACOLOGÍA 57 Prof. Dr. Néstor Girala Salomón, Dr. Julio Torales Benítez, Dr. José Andrés Bogado, Dra. María Bettina Ortiz & Dr. Marcos Hernán Capurro Antidepresivos 57 Mecanismo de acción 57 Antidepresivos Tricíclicos (ATC) 58 Inhibidores Selectivos de Recaptación de Serotonina (ISRS) 59 Inhibidores de Recaptación de Serotonina y Noradrenalina (IRSNS) 60 Otros Antidepresivos 60 Antipsicóticos 62 Antipsicóticos típicos (de primera generación) 62 Antipsicóticos atípicos (de segunda generación) 63 Efectos adversos de los antipsicóticos: generalidades 65 Efectos adversos de los antipsicóticos: extrapiramidalismo 66 Efectos adversos de los antipsicóticos: anticolinérgicos 67 Efectos adversos de los antipsicóticos: antiadrenérgicos 67 Efectos adversos de los antipsicóticos: antihistamínicos 67 Efectos adversos de los antipsicóticos: idiosincráticos 67 Antipsicóticos de depósito 67 Estabilizantes del ánimo 69 Litio 69 Valproato / ácido valproico 70 Carbamazepina 70 Lamotrigina 71 Benzodiazepinas 71 Antidemenciales 74 Inhibidores de colinesterasa 74 Antagonistas NMDA 75 CAPÍTULO 3 • TRASTORNOS COGNITIVOS Y ORGÁNICOS. 79 Dr. Julio Torales Benítez, Dr. Víctor Adorno Quevedo & Dra. Claudia Analía Parodi Delirium y demencia 79 Delirium 79 Concepto 79 Epidemiología 79 Etiología 80 Fisiopatología 80 Cuadro clínico 81 Diagnóstico 82 Diagnóstico diferencial 82 Tratamiento 83 Demencia 84 Concepto 84 Epidemiología 85 Enfermedad de Alzheimer (EA) 86 Demencia fronto temporal y enfermedad de Pick 94 Demencia vascular 94 Demencia con cuerpos de Lewy 95 CAPÍTULO 4 • TRASTORNOS RELACIONADOS CON SUSTANCIAS 97 Prof. Dr. Andrés Arce Ramírez, Dr. Víctor Adorno Quevedo, Dr. Fabrizio De Giacomi Zaldivar & Dra. Nélida Minck Benítez Introducción 97 Conceptos básicos 97 Etiología 99 Factores psicodinámicos 99 Teorías conductistas 100 Factores genéticos 100 Factores Neuroquímicos 100 Epidemiología 101 Clasificación 101 Depresores, sedantes y analgésicos 102 Alucinógenos 102 Estimulantes 102 Diagnóstico 103 Tratamiento 104 Primer tiempo 104 Segundo tiempo 104 Tercer tiempo 104 Cuarto tiempo 104 CAPÍTULO 5 • ESQUIZOFRENIA Y OTROS TRASTORNOS PSICÓTICOS 107 Dr. Julio Torales Benítez, Dr. Hugo Rodríguez Marín, Dr. Pedro López Olmedo & Dra. Susana Recalde Berni Esquizofrenia 107 Concepto 107 Etiología 107 Epidemiología 109 Diagnóstico 109 Manifestaciones clínicas 109 Diagnóstico diferencial 112 Tratamiento 112 Trastorno esquizofreniforme 114 Concepto 114 Etiología 114 Epidemiología 115 Diagnóstico 115 Diagnóstico diferencial 116 Tratamiento 116 Trastorno esquizoafectivo 116 Concepto 116 Etiología 116 Epidemiologia 117 Diagnóstico 117 Diagnóstico diferencial 118 Tratamiento 118 Trastorno delirante 119 Concepto 119 Etiología 120 Epidemiologia 120 Diagnóstico 120 Diagnóstico diferencial 122 Tratamiento 122 Trastorno psicótico breve 122 Concepto 122 Etiología 123 Epidemiología 123 Diagnóstico 123 Diagnóstico diferencial 124 Tratamiento 125 CAPÍTULO 6 • TRASTORNOS DEL ESTADO DE ÁNIMO 129 Prof. Dr. Andrés Arce Ramírez, Dr. Julio Torales Benítez, Dra. Viviana Riego Meyer & Dra. Jazmín Rodríguez Zarza Trastorno depresivo mayor 129 Etiopatogenia 129 Epidemiología 130 Clínica 130 Evolución y Pronóstico 133 Diagnóstico 133 Diagnóstico diferencial 136 Comorbilidad 136 Tratamiento 136 Psicoterapia 138 Valoración del riesgo 138 Trastorno bipolar 139 Etiopatogenia 139 Epidemiología 139 Cuadro Clínico 140 Diagnóstico 143 Diagnóstico diferencial 144 Tratamiento 144 CAPÍTULO 7 • TRASTORNOS DE ANSIEDAD 149 Prof. Dr. Andrés Arce Ramírez, Dr. Julio Torales Benítez, Dr. Miguel Cuellar Hoppe, Dra María Bettina Ortiz & Dra. Nélida Minck Benítez Introducción 149 Concepto 149 Epidemiología 150 Etiopatogenia 150 Manifestaciones clínicas 151 CIE-10 152 DSM-IV-TR 152 Trastorno de angustia o pánico 152 Concepto 152 Etiología 153 Epidemiología 153 Clínica 153 Diagnóstico 154 Diagnóstico diferencial 155 Tratamiento 156 Fobias 157 Concepto 157 Fobias específicas o simples 158 Tratamiento 160 Trastorno de ansiedad social o fobia social 160 Tratamiento 161 Trastorno por estrés agudo (TEA) y trastorno Por estrés post traumático (TEPT) 162 Tratamiento 166 Trastorno de ansiedad generalizada 167 Concepto 167 Etiopatogenia 167 Epidemiologia 168 Diagnóstico 168 Diagnóstico diferencial 170 Tratamiento 171 CAPÍTULO 8 • TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO 175 Dr. Julio Torales Benítez, Dra. Alicia Medina Pereira, Dra. Claudia Valenzuela Hermosa & Dra. Paloma Fernández De los Ríos Concepto 175 Epidemiología 176 Etiopatogenia 176 Diagnóstico 178 Diagnóstico Diferencial 178 Clínica 180 Comorbilidades 181 Tratamiento 182 CAPÍTULO 9 • TRASTORNOS SOMATOMORFOS 185 Prof. Dr. José Brítez Cantero, Dr. Julio Torales Benítez,Dra. Claudia Valenzuela Hermosa & Dra. María Emilia Chávez Concepto 185 Trastorno de somatización (Síndrome de Briquet) 186 Concepto 186 Etiología 186 Epidemiología 187 Clínica 187 Diagnóstico 188 Diagnóstico diferencial 188 Tratamiento 190 Trastorno de conversión 190 Concepto 190 Epidemiología 191 Etiopatogenia 191 Clínica 191 Diagnóstico 193 Diagnóstico diferencial 193 Tratamiento 194 Hipocondría 194 Concepto 194 Etiología 194 Epidemiología 195 Diagnóstico 195 Diagnóstico diferencial 196 Tratamiento 196 Trastoro dismórfico corporal 197 Concepto 197 Etiología 197 Epidemiología 197 Diagnóstico 197 Diagnostico diferencial 198 Tratamiento 198 Trastorno por dolor 199 Concepto 199 Etiología 199 Epidemiología 199 Diagnóstico 200 Diagnóstico diferencial 201 Tratamiento 201 Trastorno somatomorfo indiferenciado 202 Trastorno somatomorfo no especificado 202 Trastornos facticios 202 CAPÍTULO 10 • TRASTORNOS DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA 205 Prof. Dr. Andrés Arce Ramírez, Dr. Hugo Rodríguez Marín, Dra. Claudia Analía Parodi & Dr. Pedro López Olmedo Anorexia nerviosa 205 Concepto 205 Etiología 205 Epidemiologia 206 Manifestaciones clínicas 206 Diagnóstico 207 Pronóstico 208 Tratamiento 209 Bulimia nerviosa 210 Concepto 210 Etiología 210 Epidemiología 211 Manifestaciones clínicas 211 Diagnóstico 211 Complicaciones médicas 211 Diagnóstico diferencial 212 Tratamiento 213 CAPÍTULO 11 • TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD 217 Prof. Dr. Andrés Arce Ramírez, Dr. Miguel Cuellar Hoppe & Dra. Jazmín Rodríguez Zarza Trastorno esquizoide de la personalidad 222 Epidemiología 222 Cuadro Clínico 222 Diagnóstico diferencial 223 Evolución y pronóstico 224 Tratamiento 224 Introducción 217 Trastorno antisocial de la personalidad 225 Epidemiología 226 Cuadro clínico 227 Evolución y pronóstico 227 Tratamiento 227 Trastorno de la personalidad por evitación 233 Epidemiología 233 Cuadro Clínico 233 Diagnóstico diferencial 233 Evolución y pronóstico 234 Tratamiento 234 Trastorno de la personalidad por dependencia 234 Epidemiología 234 Cuadro Clínico 234 Diagnóstico diferencial 235 Evolución y pronóstico 236 Tratamiento 236 Trastorno de personalidad narcisista 232 Epidemiología 232 Cuadro clínico 232 Evolución y pronóstico 232 Tratamiento 232 Trastorno obsesivo compulsivo de la personalidad 236 Epidemiología 236 Cuadro clínico 236 Diagnóstico diferencial 237 Evolución y pronóstico 237 Tratamiento 237 Trastornos de la personalidad del grupo C 233 CAPÍTULO 12 • PSIQUIATRÍA DE LA INFANCIA Y LA ADOLESCENCIA 239 Prof. Dr. Andrés Arce Ramírez, Dr. Julio Torales Benítez, Dra. Viviana Riego Meyer & Dra. María Emilia Chávez Componentes 239 Datos de Identificación 239 Anamnesis 240 Evaluación del estado mental 240 Diagnóstico 242 Plan terapéutico 242 Depresion infantil 243 Epidemiologia 243 Etiología 243 Clínica y diagnóstico 244 Tratamiento 247 Trastorno bipolar 248 Epidemiología 248 Etiología 248 Clasificación 249 Clínica y diagnóstico 249 Tratamiento 250 Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) 251 Epidemiologia 252 Etiología 252 Diagnóstico 252 Tipos 254 Clínica 255 Comorbilidad 256 Tratamiento 256 Trastornos generalizados del desarrollo 257 Trastorno autista 257 Concepto 257 Etiología 257 Epidemiología 258 Diagnóstico 258 Clínica 259 Diagnóstico diferencial 260 Curso y pronóstico 260 Tratamiento 260 Síndrome de asperger 261 Concepto 261 Etiología 261 Epidemiología 261 Diagnóstico 261 Clínica 263 Diagnóstico diferencial 263 Tratamiento 264 Trastorno desintegrativo infantil o síndrome de Heller 265 Concepto 265 Epidemiología 265 Clínica 265 Diagnóstico 265 Diagnostico diferencial 266 Evolución 266 Tratamiento 267 Síndrome de Rett 267 Concepto 267 Etiología 267 Diagnóstico 267 Clínica 267 Diagnostico diferencial 268 Evolución 268 Tratamiento 268 Trastorno generalizado del desarrollo sin otra especificación 269 CAPÍTULO 13 • URGENCIAS PSIQUIÁTRICAS 273 Dr. Julio Torales Benítez, Dr. José Andrés Bogado, Dra. Susana Recalde Berni & Dr. Marcos Hernán Capurro Introducción 273 Suicidio y conducta autolítica 274 Conceptos 274 Epidemiología 274 Factores de riesgo y protectores 275 Evaluación del paciente en la urgencia 276 Pasos para la evaluación del riesgo 277 Intervención 277 Tratamiento farmacológico 278 Ingreso hospitalario 278 Paciente agitado o violento 279 Generalidades 279 Diagnósticos diferenciales 279 Factores tempranos de advertencia 280 Factores de riesgo 281 Manejo 281 Intervenciones 282 “Pero es que a mí no me gusta tratar a gente loca” –protestó Alicia. “Oh, eso no lo puedes evitar” –repuso el Gato–. “Aquí todos estamos locos. Yo estoy loco. Tú estás loca” “¿Cómo sabes que yo estoy loca?” –preguntó Alicia. “Tienes que estarlo” –afirmó el Gato–, “o no habrías venido aquí”. Del libro “Alicia en el País de las Maravillas”, por Lewis Carroll (1832-1898) 32 PRÓLOGO Este libro, editado y escrito por Andrés Arce y Julio Torales, psiquiatras en- trañables, maestro y discípulo, viene a evidenciar la necesidad de ver al ser humano, en salud o con alteraciones de ella, como una unidad integrada e integral. Durante estos años de trabajo y colaboración, se nos hace cada vez más evidente y tenemos la profunda convicción de que las ciencias de la mente, no solo nos sirven para explorar la experiencia vivida por un ser humano, tanto como experiencia en sí misma, sino también nos permiten ver las posibilidades infinitas de transformación que nos da la experiencia de lo vivido, positiva o negativamente. En las últimas décadas, la medicina, producto de la especialización, ha ido atomizando al paciente, fraccionándole, segmentadamente y no hemos sido, muchas veces, capaces de entender al ser humano con una unicidad. El entender soma, cognición y mente como una sola unidad nos obliga a mirar al ser humano como único, propio y particular. Todos compartimos los mismos sistemas, órganos y funciones; sin embargo lo genómico, epi- genético y nuestra propia biografía nos hacen diferentes y es desde esa diferencia el cómo vivimos la experiencia de enfermar. Los aportes recientes de las neurociencias nos muestran que el hombre, a cuyo sistema nervioso le entendíamos básicamente como una especie evolucionada desde la cognición, ha sobrevivido gracias a que este mis- mo sistema es capaz de generar las herramientas adaptativas emocionales para la supervivencia. Se sabe hoy que la emoción usa circuitos y redes neuronales que procesan los estímulos a menor voltaje y más rápido que aquellas redes que partici- pan en la cognición. Unas anclan su información de una manera pre lin- güística y la otra lo hace desde el lenguaje; sin embargo, no es posible una cognición significativa sino está modulada desde la emoción. Eso genera cambios plásticos a nivel neuroquímico, pero también en las neuronas y la glía. Las emociones son connaturales a nuestra condición humana y nos permiten tener la capacidad social de ponernos en el lugar del otro. 33 Aportes como el descubrimiento de generación permanente de nuevas células en el hipocampo, el descubrimiento de neuronas espejo y el rol fundamental que cumplen los señalizadores moleculares en las células nos explican la salud y la enfermedad, más aún cuando hoy sabemos que los genes también tienen una plasticidad adaptativa.De este modo, y sólo así, es que podemos abordar a pacientes que desarrollan patologías tan diversas y enfrentadas de modos tan diferentes. El conocer la fenomenología de los trastornos del humor, de la ansiedad o del neurodesarrollo, es una obligación para cada especialista en salud. Este interesante “Libro Azul de la Psiquiatría” sin duda es un aporte signi- ficativo a la práctica clínica en cualquier especialidad y viene a complemen- tar una mirada más global, humana e integradora de nuestros pacientes. Prof. Dr. Rodrigo Chamorro Oschilewsky • Profesor Asociado de Psiquiatría, Universidad de Chile • Profesor Adjunto de Psiquiatría, Universidad Católica del Maule, Chile • Profesor Magísterde Neuropsicología, Universidad de Morón, Argentina • Co-director del Postgrado de Especialización en Psiquiatría y Psicología Clínica de la Infancia y la Adolescencia de la Asociación Psiquiátrica de América Latina, Sociedad Paraguaya de Psiquiatría y Universidad Nacional de Villarrica del Espíritu Santo • Coordinador del Programa Prioritario de Salud Mental Infanto Juvenil para Latinoamé- rica de la Asociación Psiquiátrica de América Latina • Miembro del Comité Ejecutivo de la Liga Latinoamericana del estudio del trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) • Director de la Comisión de Psiquiatría de la Sociedad Chilena de Neurología, Psiquia- tría y Neurocirugía (SONEPSYN) 34 INTRODUCCIÓN Cuando los jóvenes psiquiatras me propusieron escribir un libro de psi- quiatría me pareció un “delirio”. Afortunadamente decidí adherirme al mismo, tal como lo hacemos al tratar a un paciente delirante: primero para intentar entender el cómo, por qué y de donde provenía esta iniciativa (poco usual en nuestro caso), para luego tratar de “tocar tierra” y aterrizar en la realidad (en este caso, en nuestra realidad, la de la Cátedra y Servicio de Psiquiatría de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacio- nal de Asunción). Pero al momento de escribir estas líneas hice insight al recordar aquel leja- no año 2003, cuando apenas había asumido como Jefe de Cátedra (en ese entonces sin servicio) y habiendo recibido una cátedra literalmente virtual (sin siquiera dependencias físicas dentro de la Facultad), decidí –con el apoyo del Dr. Carlos Bertón (entonces Auxiliar de la Enseñanza) y del Dr. Carlos “Tito” Enciso (entonces médico residente)– llevar adelante el pro- yecto de instalar en el Hospital de Clínicas un “servicio” de Psiquiatría (conceptualmente diferente al modelo manicomial), en el cual la atención se basara en el respeto irrestricto de los derechos humanos de los pacien- tes, con internaciones voluntarias y sin celdas de seguridad (hoy simuladas en otras instituciones bajo el término de “salas de seguridad”). Ese sueño, que al principio fue tildado de delirante por algunos, se hizo realidad en julio del año 2004 con la habilitación de una unidad de inter- nación para pacientes en situación de crisis. Desde entonces nuestra Cáte- dra ha venido desarrollando una dinámica incesante, con aciertos y errores, con avances y retrocesos, incluso con algunas situaciones de conflicto pro- pios de cada grupo humano, pero con la capacidad de reconocer los errores aceptando las críticas, y tratando siempre de mejorar a fin de brindar una atención adecuada a los pacientes que acuden a nosotros. Como egresa- dos y funcionarios de la Universidad Nacional de Asunción no podemos olvidar nuestros roles de servidores públicos y nuestro compromiso con el pueblo, lo que nos exige apuntar siempre a la excelencia, con compromiso social hacia nuestros conciudadanos. La concreción de este libro en la práctica psiquiátrica del Paraguay no es un hecho aislado: refleja el cambio más difícil de realizar en el ser huma- no. En efecto, tal como lo habíamos conversado en intercambios con los jóvenes psiquiatras, Pinel liberó a los pacientes de sus cadenas… a nosotros 35 nos toca liberarlos de aquellas que los sujetan mentalmente, para lo cual sin dudas primero es necesario liberarnos nosotros de nuestros prejuicios y nuestras ideologías, muchas veces exageradamente reduccionistas. Por otro lado, que este libro se haga realidad en este momento no es casual. Actualmente, la Cátedra y Servicio de Psiquiatría se ha constituido en re- ferente en lo que atañe a la salud y la enfermedad mental. Esto es coinci- dente con un gran salto que ha dado en estos últimos años la psiquiatría paraguaya: en 2010, en el congreso realizado por la Sociedad Paraguaya de Psiquiatría (con auspicio de la Facultad de Ciencias Médicas de la Univer- sidad Nacional de Asunción, a través de nuestra Cátedra) por vez primera en nuestra historia hemos contado con la asistencia de las más altas auto- ridades de la psiquiatría mundial: el presidente de la Asociación Mundial de Psiquiatría (World Psychiatric Association, WPA) y el presidente de la Asociación Psiquiátrica de América Latina (APAL). Y precisamente en este momento estamos en el tramo final de otro evento que marcará un hito en la psiquiatría de nuestro país: la Reunión Regional de la Asociación Mundial de Psiquiatría, la cual se realizará por primera vez en Asunción (y también por primera vez en Latinoamérica), en enero del 2013, y a la cual asistirán las máximas autoridades tanto de la WPA como de la APAL. Qui- zás debiéramos repetir aquí lo que hace mas de un siglo planteaba Freud: “no existen las casualidades sino las causalidades”. Justo es reconocer que hemos tenido la suerte de contar siempre con el apoyo de las autoridades de la Facultad de Ciencias Médicas, incluso en ciertos momentos difíciles en los que ha prevalecido por encima de todo el interés institucional, lo cual considero digno de destacar y agradecer en este breve comentario. Antes de terminar, debo expresar que haber visto el entusiasmo de los jóvenes psiquiatras por llevar adelante esta tarea me llena de orgullo. Me- rece una mención especial el Dr. Julio Torales, quién debo reconocer fue el impulsor tenaz para que esta obra pudiera concretarse. Y, más que ver un texto donde soy uno de los autores, me alegra mucho más el ver los nombres de jóvenes psiquiatras e incluso de médicos residentes como au- tores de esta obra, de quiénes espero que muy pronto logren poner a la psiquiatría en el lugar que verdaderamente le corresponde, más allá de los prejuicios de nuestros propios colegas: como una de las especialidades más importantes de la medicina, pues así como el cese de la actividad cerebral significa la muerte de la persona, así también la ausencia de salud mental 36 como consecuencia de algún trastorno o enfermedad mental hace impo- sible que la persona –por más sana que se encuentre físicamente– pueda disfrutar plenamente de su vida, su familia, su trabajo, y sus logros. Finalizando, solo me resta mencionar que la formación actual del médico no puede seguir poniendo énfasis solamente en el cuerpo del paciente. Debe entenderse de una vez por todas que cuerpo y mente son absolu- tamente indivisibles, y su unidad constituye la esencia del ser humano y posibilita la convivencia social. Sólo conociendo los trastornos mentales es- taremos en condiciones de realizar la prevención y promoción de la salud mental. Me despido recordando que para ser un buen médico no podemos apartarnos de lo que decía Hesíodo: “Ciertamente, es el mejor de los hombres aquel que todo lo considera, y examina qué cosa será en último término lo justo. Bueno es también el que sabe seguir lo que otro rectamente le enseña. Solo es inútil aquel que ni conoce por sí mismo ni toma en su corazón la doctrina de otro”. Prof. Dr. ANDRÉS ARCE RAMÍREZ La salud mental es un componente intrínseco de la buena salud y, según el Relator Especial sobre el Derecho a la Salud de las Naciones Unidas, Paul Hunt, “el derecho a la salud mental es parte del derecho a la salud para todos”. La salud mental debe entenderse, no como ausencia de enfermedad psiquiátrica, sino como derecho al goce de una vida mental sana y plena. La salud mental involucra tanto a las experiencias cognitivas, es decir, los procesos mentales y las percepciones, como a las afectivas y relacionales, es decir, la manera en que las personas interactúan con las otras. Esto ocurre en un contexto social, económico, cultural y de relaciones de géne- ro, donde la desigualdad y la ausencia de derechos prevalecen y ameritan una respuesta integral y diferenciada desde las instituciones de salud y los médicos que trabajan en ellas.1 Con el objetivo de lograr que la enfermedad mental deje de ser vista como un estigma y que, por ende, la salud mental no sea ejercida como una dádiva, los autoresde este libro nos hemos enfocado en proporcionar a los estudiantes de medicina y a los médicos generales algunas herramientas básicas que les permitan lograr aproximaciones diagnósticas de problemas de salud mental prevalentes, así como elementos para instalar procesos terapéuticos precoces y adecuados. Hemos puesto un especial esfuerzo en preparar un material didáctico, que guíe al lector a través de la práctica psiquiátrica frecuente, siguiendo cri- terios diagnósticos de la Asociación Americana de Psiquiatría. No obstan- te, enfatizamos que los criterios diagnósticos de la décima edición de la Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud también deben ser consultados en el quehacer clínico diario. Consideramos que esta obra podrá aportar al mejor conocimiento de la especialidad entre la población estudiantil de medicina y entre los médicos generales, para de esa manera reforzar la idea que el paciente no es sólo un cuerpo sufriente, sino una unidad integrada bio-psico-social, una persona que sueña, piensa, lucha y ama. Agradezco al Prof. Dr. Andrés Arce Ramírez y a mis compañeros y colegas, el haberme honrado al permitirme escribir esta obra con ellos. Dr. JULIO TORALES BENÍTEZ 1 Torales, J., Girala, N., Forestieri, F. & Garcete, MJ. Salud Mental en el Paraguay: el infierno continúa. En: Coordinadora de Derechos Humanos del Paraguay (CODEHUPY). Derechos Humanos en Paraguay 2007. AGR Impresiones. Asunción, 2007: 388 – 398. 39 CAPÍTULO 1 SEMIOLOGÍA PSIQUIÁTRICA Prof. Dr. Martín María Moreno, Dra. Alicia Medina Pereira, Dr. Mauricio Acosta Núñez, Dra. Cecilia Caniza Gardel & Dr. Marcos Hernán Capurro HISTORIA CLÍNICA PSIQUIÁTRICA La historia clínica es un documento médico y legal, construido en base al conjunto de datos e información que el paciente, dentro de un marco de confianza, aporta al profesional de la salud con el fin de que éste pueda llegar a un diagnóstico, tratamiento y pronóstico. Su importancia radica en las dimensiones clínica, forense, de investiga- ción, epidemiológica y, por tanto, en las políticas de salud. Existen diversos modelos de historia clínica dependiendo del servicio en el cual se la utiliza. Una estructura bastante útil y completa resulta de distribuir la información obtenida en los siguientes apartados: anamnesis, examen psíquico, funcionalidad previa, exploraciones complementarias, diag- nóstico multiaxial y plan terapéutico. Se procede a detallar cada punto en los párrafos que siguen. Anamnesis Datos de filiación: nombres y apellidos; número de documento de identidad, fecha y lugar de nacimiento, edad, sexo, estado civil, escolaridad, ocupa- ción, procedencia, dirección y número telefónico de contacto. Dependi- endo de las reglas de internación de cada servicio también deberán regis- trarse los datos básicos del acompañante y número telefónico para contacto. Motivo de consulta: se define por la causa que lo llevó a consultar. Debe plasmarse en la historia clínica con las mismas palabras del paciente o acompañante respondiendo en forma general a la siguiente pregunta: ¿por qué viene a consultar? 40 Motivo de internación: el profesional que confecciona la historia debe escribir el porqué de la necesidad de internación en caso de que ésta sea indicada. Antecedentes de la enfermedad actual: debe presentarse el cuadro actual del paciente, registrar los signos y síntomas siguiendo el orden cronológico de aparición y con un enfoque y terminología semiológica. A veces es útil escribir textualmente las palabras del propio paciente para dar mayor fun- damentación a las descripciones semiológicas. Antecedentes remotos de la enfermedad actual: se describen en este apartado si existieron cuadros similares en el pasado. Si así fuere se deben detallar, si es posible, datos sobre internaciones y/o tratamientos anteriores. Antecedentes patológicos personales: registrar enfermedades médicas (Dia- betes mellitus, Hipertensión arterial, entre otras) actuales y/o del pasado, internaciones, tratamientos y cualquier dato relevante de la salud general del paciente; historia de consumo de sustancias, alcohol y tabaco; historia de traumatismo cráneo encefálico. Antecedentes patológicos familiares: describir enfermedades médicas y psi- quiátricas en la familia del paciente. Si es posible aclarar la causa de falleci- miento de los que estuviesen muertos. En este apartado es útil y necesaria la elaboración del familigrama o árbol genealógico del paciente, detallando el número de hermanos, hijos, quiénes conviven con él y otros datos como pa- tologías y causas de fallecimiento. La utilización de esta herramienta contri- buye a una lectura e interpretación rápida del contexto familiar del paciente. Psicobiografía: se describen los hechos relevantes durante la vida del paciente. Registrar datos que para el paciente o el médico son de trascendencia. Des- cribir la normalidad o alteraciones durante el embarazo, nacimiento, desa- rrollo psicomotor, infancia, adolescencia, adultez y vejez. También se deben hacer mención a la edad y circunstancias de la primera relación sexual. Personalidad previa: detallar con las palabras del paciente o su acompañan- te datos referentes al carácter, conducta y temperamento del paciente ante- riores a la presentación del cuadro actual. 41 Examen psíquico En este apartado se procede a la evaluación del estado mental del paciente. Se registran signos y síntomas hallados en cada uno de los puntos exami- nados del examen mental. Deben registrarse de manera ordenada de tal forma a que su agrupación oriente a un diagnóstico probable. Una propuesta para su descripción es la siguiente: hábito externo, concien- cia, orientación, atención, memoria, lenguaje, pensamiento, sensopercep- ción, juicio e introspección. En este mismo capítulo, en el apartado correspondiente, se procede a la descripción de una correcta evaluación del estado mental. Funcionalidad previa Establecer las actividades de la vida diaria previa a la aparición de los sig- nos y síntomas actuales. Deben describirse las actividades laborales, acadé- micas, sociales y culturales del paciente. Exploraciones complementarias Se registrarán datos relevantes del examen físico general. Además es pre- ciso hacer constar la solicitud y resultados de pruebas complementarias como imágenes, análisis de sangre y orina. Todo esto es de gran utilidad para la presunción o no de comorbilidades y, ante su eventual sospecha, para proceder a la solicitud de interconsultas con otras especialidades. DIAGNóSTICO MULTIAxIAL Actualmente, utilizando los criterios del texto revisado del Manual diag- nóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV-TR, por sus si- glas en inglés), se establecen los diagnósticos en cinco ejes. Para mayor comprensión de los ejes, se recomienda consultar la sección de evaluación multiaxial del DSM-IV-TR. 42 Eje I: incluye trastornos psiquiátricos. Eje II: incluye trastornos de la personalidad y retraso mental. Eje III: incluye enfermedades médicas. Eje IV: problemas psicosociales y ambientales. Eje V: funcionalidad actual. Plan terapéutico Debe incluir: existencia o no de medidas de restricción física y de objetos potencialmente peligrosos, tipo de cama (unidad), dieta, indicaciones far- macológicas (vía, dosis y horarios), hidratación parenteral (si fuere el caso), control de signos vitales, pedidos laboratoriales, cuidados generales de en- fermería (resaltar siempre el riesgo suicida o el riesgo de fuga, en caso de existir cualquiera de los dos). CONSIDERACIONES GENERALES DE LA ENTREVISTA CLÍNICA Existen diversos tipos y escuelas de entrevista suficientemente justificadas como para utilizarlas en el consultorio en la recolección de los datos de los pacientes. En el área de la Psiquiatría, la cual realmente compete a este texto, se acostumbra utilizar fundamentalmente las entrevistas psicodiná- mica y descriptiva. La entrevista psicodinámica estáenfocada en la introspección del paciente, en cómo éste se ve y comprende lo que le está ocurriendo. Por su parte, la descriptiva se dirige a los signos y síntomas del usuario. La fundamental diferencia entre ambas radica en que la primera se basa en qué conflictos internos o externos del paciente llegan a constituirse en verdaderos agen- tes causales mientras que la segunda se basa en términos más biologistas, partiendo de que los trastornos son un conjunto de síntomas y signos que responden a un tratamiento y tienen un curso en muchos casos previsible. Se denomina psiquiatría ecléctica a la que integra ambos tipos de técnicas. 43 Con fines didácticos se describen periodos o fases en la entrevista, cada una de ellas constituida por ciertos componentes. Si bien estas divisiones son arbitrarias, las mismas resultan muy útiles para el estudiante o médico que se inicia en el arte de recoger datos del paciente. Se pueden distinguir tres fases: inicial en la cual se empieza la relación; media durante la cual se lleva a cabo la mayor parte de la entrevista, se invierte mayor cantidad de tiempo y además se construye la historia psiquiátrica propiamente dicha; y final en la que se establecen conclusiones y veredictos y se consolida la alianza terapéutica. Se subraya e insiste con lo arbitrario de establecer estas fases pues es nor- mal “saltar” durante la entrevista entre una y otra, con el fin de ir reestruc- turando la historia y el vínculo entre ambos personajes de la entrevista. Para entablar una relación adecuada con el usuario se deben tener muy pre- sentes algunos puntos cruciales para que el paciente se sienta cómodo de narrar su historia. Para lograr esto debemos saber reconocer e interpretar su lenguaje, tanto digital (la palabra) como el analógico (gestos, movimien- tos) y responder a ellos de manera adecuada. Es importante empatizar con las manifestaciones de sufrimiento que surjan. Por último, el paciente se siente apoyado cuando ve a la figura de su médico como un aliado, esto se logra mediante la mencionada empatía y la demostración de que se conoce (pericia) acerca del trastorno que padece. Esto último permitirá al entrevis- tador adoptar una posición de liderazgo que sea capaz de guiar al paciente. Invariablemente surgen dudas y cuestionamientos acerca de qué tipos de preguntas hacer, cómo hacerlas y en qué momento. No cabe duda de que es la experiencia, basada en aciertos y equivocaciones, la que terminará perfec- cionando los criterios individuales para encaminar la entrevista; sin embar- go, en este material se citan y describen algunas técnicas y formas de llevar a cabo las preguntas que pueden ayudar al médico principiante a hacerse de ciertas herramientas para adentrarse en el mundo de la entrevista clínica. Antes de describir algunas técnicas útiles, es necesario dejar en claro que existen, fundamentalmente, dos tipos de preguntas: abiertas y cerradas. Las abiertas permiten al paciente explayarse en los tópicos que él considere más importantes, así como expresar sus emociones, lo cual proporciona autenticidad a las respuestas. Cabe destacar sus desventajas: las respuestas pueden ser largas y el paciente puede caer en la vaguedad. Las preguntas cerradas generan respuestas precisas y rápidas acerca de lo que el entrevis- 44 tador necesita. No obstante, las cerradas pueden forzar falsos positivos y limitan la expresión emocional del entrevistado. Si el entrevistador se encuentra frente a un paciente que resulta vago en sus expresiones puede resultar útil la especificación, que consiste en pre- guntar para obtener información sobre determinado punto considerado de importancia. En caso contrario, la generalización permite contextualizar algún tema sobre el cual el paciente hace mucho hincapié. Si son varios los temas de resonancia, es conveniente establecer una revisión de síntomas de tal manera a ir recogiendo datos sobre cada uno. Parecido al método anterior resulta el resumen, útil para repasar los datos y corroborarlos. Las transiciones son interesantes pero deben ser utilizadas adecuadamente, consisten en cambiar de tema, suave o bruscamente. Existen ocasiones en las que determinados datos parecen no tener relación entre sí: estas situaciones pueden confrontarse mediante la interrelación, en la cual se cuestiona directamente cuál es el nexo entre uno y otro dato. El objetivo de estas técnicas es que sean utilizadas de manera ordenada y adecuada para lograr quitar el máximo provecho de una entrevista y así elaborar una historia psiquiátrica que oriente consistentemente hacia los diagnósticos diferenciales. ExPLORACIóN PSICOPATOLóGICA También conocida como examen mental o examen psíquico, describe la suma total de observaciones e impresiones del médico acerca del paciente en el momento preciso de la entrevista, ya que se debe considerar que el estado mental del sujeto puede variar de un momento a otro. El objetivo de la exploración psicopatológica es la evaluación del estado mental del paciente, describiendo e interpretando sus alteraciones. Se debe describir el estado mental del paciente, y para ello es importante tener un esquema ordenado que se ajusta de acuerdo a las condiciones de la entrevista pero que de todas formas debe ser completo. Se dispone de varios métodos para analizar el examen psíquico durante el desarrollo de la entrevista clínica. Mediante la simple observación se logra obtener datos acerca la apariencia, el estado de conciencia, el comporta- 45 miento psicomotor y el afecto del entrevistado. Este procedimiento puede llevarse a cabo cuando el paciente ingresa al consultorio, incluso sin me- diar palabras. La atención, el lenguaje, el curso del pensamiento y el afecto se exploran mediante la conversación, oyendo al paciente y analizando lo que expresa. Por último, la exploración permite estudiar el estado de áni- mo, sensopercepción, el afecto y el contenido del pensamiento. En el párrafo precedente se asocian puntos del estado mental con las di- versas técnicas. Cabe aclarar que dichas relaciones se establecen bajo el criterio de que dicha técnica es la que permite un estudio más fiel del objeto a describir. No obstante, cualquiera de las otras técnicas puede ser- vir, al menos de indicio, para descubrir alteraciones de cualquiera de los aspectos del examen psíquico. Por ejemplo, un paciente cuya mirada se dirige constantemente hacia un lugar del consultorio puede dar indicio de que sufra alguna alteración sensoperceptiva, este hecho guiará a explorar detalladamente síntomas de esa área y confirmar la sospecha. Como puede verse, el afecto es transversal a las tres técnicas. Son necesa- rios datos obtenidos de la observación, conversación y exploración para es- tablecer una descripción suficientemente detallada del afecto y así fundar la congruencia o no con el estado de ánimo. Existe un cuarto elemento para corroborar los datos obtenidos: los tests. Estos son un conjunto de pruebas mediante las que se valoran, en térmi- nos generalmente cuantitativos, las características psicológicas o los cono- cimientos de una persona y pueden ser útiles ante dudas diagnósticas. Tie- nen a su favor que dejan de lado la subjetividad del observador y muchos de ellos son muy sencillos de aplicar. En los siguientes párrafos, se describen las áreas básicas del examen psí- quico que deben ser evaluadas en la exploración del examen mental. Hábito externo Se denomina de esta manera a todo aquello que se observa en el paciente, desde el momento en que éste ingresa al consultorio. Se evalúa la vesti- menta (acorde o no a la situación y al clima, teniendo en cuenta los paráme- tros socioculturales), higiene personal (prolijo o desprolijo, olor), marcha, fascie y biotipo. 46 Actitud Se describe basándose en la forma de manifestarse del paciente, evaluán- dose fundamentalmente la abordabilidad. Normalmente se utilizan térmi- nos como “colaborador” o “no colaborador”; otros prefieren expresaren tér- minos de abordabilidad, abordable/no abordable. En el caso de un paciente no abordable el entrevistador debe establecer si se trata de un paciente no colaborador abierto o activo (se niega) o indirecto o pasivo (alteración de la conciencia que impide al paciente expresarse). Para la descripción del paciente abordable cabe prácticamente cualquier adjetivo: amable, hostil, suspicaz, seductor, etcétera. Igualmente importante es describir si el paciente establece o no contacto visual. Conciencia Estado de conocimiento subjetivo y respuesta apropiada a los estímulos externos. Algunos consideran que debe ser el primer aspecto a describir en el examen mental, pues es el que determinará la continuidad o no de la exploración. Niveles de conciencia: Vigilia: estado de plena alerta. El paciente es capaz de responder a los estí- mulos externos. Letargia o somnolencia: estado de dificultad para mantener la alerta a pesar del esfuerzo del paciente. Obnubilación: estado de somnolencia fluctuante. El paciente se encuentra desorientado e indiferente al exterior. Reacciona escasamente frente a es- tímulos intensos. Estupor: el paciente impresiona durmiendo. Solo es capaz de alcanzar un nivel pobre de alerta mediante estímulos potentes dolorosos. Coma: no existe reacción ante estímulos externos, incluso a aquellos que producen dolor. Es la alteración más grave del estado de conciencia. 47 El término sopor no debe ser confundido con estupor. El primero es equi- valente a la letargia, mientras que el segundo corresponde al descripto pre- viamente. Orientación Capacidad del ser humano de conocer quién es y ubicarse en las coordena- das de espacio y tiempo. Basado en esto existen dos tipos de orientación: la alopsíquica referente a la orientación sobre el exterior y la autopsíquica hace alusión la orientación sobre uno mismo. La evaluación de la orientación se realiza mediante preguntas simples res- pecto al nombre, a qué se dedica, año, mes, día, hora, lugar. Un individuo puede estar orientado autopsiquicamente pero no en tiempo o espacio o viceversa. Además, es importante destacar, que la desorienta- ción puede ser completa o parcial. Por ejemplo, un paciente que esté ubica- do en año y mes pero no en día está parcialmente desorientado en tiempo. Psicomotricidad En este apartado del examen mental se describe la conducta motora del paciente. Es el medio a través del cual se manifiesta la comunicación ana- lógica. El comportamiento puede aportar una impresión previa acerca del individuo; esta “impresión” se refiere a que da un pantallazo acerca del estado del paciente y puede adelantar si es que se encuentra nervioso, tran- quilo, tímido, arrogante, etcétera. En síntesis, proporciona información acerca del nivel de atención, energía y afecto del paciente. Los movimientos pueden clasificarse dentro de cuatro grupos: postura, movimientos psicomotores, movimientos que expresan afecto y movi- mientos anormales. En la postura se describe si las posiciones que adopta son estáticas o diná- micas, en este último caso se detalla el grado de variabilidad de la postura. Esencialmente la postura puede orientar hacia el estado de agitación del paciente. 48 Deben describirse tres tipos de movimientos psicomotores. Movimientos dirigidos a un objetivos (detallar si se cumplen los objetivos o se los deja por el camino), gesticulación expresiva (la que acompaña al lenguaje) y la gesticulación simbólica (independiente del lenguaje, tiene un significado por sí sola [el pulgar hacia arriba significa Ok]). La expresión facial, si el paciente sonríe, la orientación de las comisuras son elementos que sirven para describir los movimientos que expresan el afecto. Por último, pero no menos importantes, deben tenerse en cuenta los movi- mientos anormales. Son ejemplos: excitación, acatisia, catalepsia, tics, com- pulsiones, estereotipias, manierismos, entre otros. Atención Proceso por el cual se seleccionan estímulos importantes y se desechan otros. Es importante tener en cuenta dos términos que representan anormali- dades de la atención. Hipoprosexia y disprosexia. Hipoprosexia es la nece- sidad de mayor estimulo para mantener la atención y disprosexia implica cambios frecuentes en el foco de atención. Inatención es la incapacidad de cambiar el foco de atención. Memoria Función psicofisiológica que permite al ser humano adquirir, almacenar y evocar hechos pasados. La adquisición de tales hechos se produce me- diante un registro consciente o inconsciente, y la evocación puede ser un proceso voluntario o automático. Es importante invertir un tiempo interesante en la evaluación de la fun- ción mnésica, sobre todo en individuos de edad avanzada, pues no es infre- cuente toparse en la práctica clínica con alteraciones de la memoria como consecuencia de trastornos psiquiátricos o como efectos adversos de algún tratamiento. Existen múltiples clasificaciones de la memoria, las más importantes que deben ser aprendidas son las de los tipos de memoria según el tiempo y 49 según el tipo de información o contenido. En los siguientes párrafos se procede a describirlas brevemente. Tipos de memoria según el tiempo Memoria a corto plazo: también denominada inmediata. Es la capacidad de registrar las sensaciones percibidas por los sentidos. Esta memoria tiene capacidad de procesar gran cantidad de información aunque durante un tiempo muy breve (5 a 20 segundos), involucrando entre 5 y 7 elementos. Puede ser icónica (visual) o ecoica (auditiva). La limitación antedicha está regida por los efectos de primicia y ultimidad. Al presentar al paciente una lista de elementos, este recuerda con mayor facilidad los primeros y los últimos, no así los intermedios. Memoria a largo plazo: es un almacén al que se hace referencia cuando se habla de memoria en general. Se mantiene el objeto de recuerdo por un tiempo prolongado, a veces indefinido, a pesar de que el paciente haya sido alejado del estímulo. Dispone de capacidad desconocida y contiene infor- mación de distinta naturaleza. Tipos de memoria según información o contenido Memoria procedimental (implícita): puede considerarse un sistema de eje- cución. Constituye el depósito de las distintas habilidades aprendidas acer- ca de cómo llevar a cabo las cosas ante la demanda de hacer alguna tarea (conducir, escribir, leer, etcétera). Consiste en una serie de repertorios mo- tores y estrategias cognitivas llevadas a cabo de manera inconsciente sin demandar demasiados recursos de la atención. El aprendizaje se desarrollo de forma gradual mediante la repetición de actos. Memoria declarativa (explícita): incluye a la memoria episódica que contiene información referida a las experiencias vividas por la persona en su propia historia y a la memoria semántica que contiene conocimientos generales sobre el mundo (cosas, lugares, personas). Alteraciones de la memoria Amnesia: ausencia de recuerdos de un período determinado de la vida. El sujeto suele estar consciente de que son recuerdos que existieron pero que se han perdido. Puede ser parcial o total. Además se la divide en anterógra- 50 da, retrógrada y global. La anterógrada es la incapacidad de retener aconte- cimientos recientes, mientras que la retrógrada es la incapacidad de evocar hechos pasados. La global es la combinación de las dos anteriores. Paramnesias: constituyen falsos recuerdos que no coinciden con la realidad, o que provocan la distorsión de la misma. El déjà vu es la impresión de haber vivido algo que no ha ocurrido aún. El jamais vu se caracteriza por la sensación de nunca haber vivido algo que ya ocurrió. El tercer tipo de paramnesia es la confabulación que se basa en la evocación deformada y distorsionada de los acontecimientos. Sensopercepción Función mental del ser humano mediante la cual se es consciente de la propia corporeidad y del mundo externo. Como su nombre lo dice, la sen- sopercepción involucra la percepción sensorial. Se citana continuación di- versos tipos de alteración de la sensopercepción. Ilusión: deformación de la percepción real. Puede aparecer como conse- cuencia de condiciones ambientales deficientes como poca iluminación y por lo tanto no siempre son patológicas. Alucinosis: percepción sin objeto real pero se conserva la capacidad de jui- cio, por lo tanto la persona critica la experiencia. También se la denomina alucinación parcial. Alucinación: toda percepción carente de objeto que la cause y que es vivida como real por el individuo. Las alucinaciones pueden ser visuales, auditi- vas (más frecuentes), olfativas, gustativas, táctiles (formicación), cinestési- cas (de movimientos). Es importante diferenciar las llamadas alucinaciones fisiológicas que se dan en individuos sanos y no son consideradas patológicas. Por un lado están alucinaciones hipnagógicas que son las que suceden antes de dormir y por el otro, las hipnopómpicas que ocurren al despertarse. Estado de ánimo y afecto Estado de ánimo o humor se define como una emoción permanente que tiñe la apreciación del mundo de una persona. 51 Es una cuestión completamente subjetiva, expresada explícitamente por las palabras o gestos del paciente pasible de ser observada por los demás. Los adjetivos que pueden ser utilizados para la descripción del afecto son muy variados, abarcando toda la gama de alegría/tristeza, desde la manía hasta la anhedonia pasando por la eutimia, considerada el afecto normal. Son otros ejemplos: hipomanía, euforia, disforia, eutimia, animado, varia- ble, alexitimia, melancolía, depresión. Por su parte, el afecto constituye un concepto más momentáneo de las emociones del paciente. Es la respuesta actual que expresa tácitamente el comportamiento del paciente. El afecto puede ser apropiado (congruente) o inapropiado (incongruente) con el estado de ánimo que manifiesta explíci- tamente el individuo. En el primer caso, lo implícito está en armonía con lo explicito, no así en el segundo en el cual existe incongruencia entre lo observado y lo expresado por el paciente. Ejemplo: el paciente dice que está triste pero ríe a carcajadas. Afecto embotado se refiere a la reducción de la intensidad con la que se ex- presan los sentimientos. Un nivel más grave es el aplanamiento afectivo, en el cual reina la ausencia de expresión afectiva. Es crucial recordar algunos puntos importantes para saber diferenciar el afecto del humor: 1. el afecto es transitorio, el humor duradero; 2. el afecto es lo que se observa (signo) e interpreta del paciente, el humor es lo que él expresa (síntoma); 3. el afecto es superficial, el humor es el fondo. Lenguaje Es el sistema mediante el cual los seres humanos se comunican. En la evaluación del lenguaje se aprecia si la persona es capaz de entender las preguntas que se le formulan, de responderlas atingentemente, de enten- der un texto escrito, de escribir, de nombrar objetos que se le muestran. El paciente debería ser capaz de nombrar objetos, leer un párrafo y escribir frases. Es importante destacar que ante esta evaluación debe tenerse muy presente el nivel de preparación del entrevistado, pues ante un individuo analfabeto, el déficit de lectura o escritura no debe considerarse patológico. Deben evaluarse esencialmente el tono, el ritmo, articulación y la fluidez de la palabra. 52 Las alteraciones del lenguaje son fundamentalmente los trastornos del rit- mo (bradifasia, latencia de respuesta, taquifasia y tartamudez), los trastor- nos iterativos o por repetición (palilalia, ecolalia, coprolalia), los trastornos de la significación (neologismos), y las afasias, caracterizadas por la incapaci- dad de comprender o utilizar la palabra. Pensamiento De forma breve y sencilla, con el fin de entender el concepto, se puede definir el pensamiento como la capacidad de razonar, abstraerse, analizar, resolver problemas y anticipar, mediante el uso del intelecto, las conse- cuencias de una conducta sin la necesidad de realizarla. El pensamiento implica una actividad global del sistema cognitivo, que uti- liza la mayoría de las habilidades mentales, fundamentalmente el lengua- je, elemento esencial para la exteriorización del pensamiento y, por ende, para su evaluación. A la hora de examinar el pensamiento se deben tener en cuenta tres gran- des criterios: el concepto de las palabras, la capacidad asociativa de palabras o frases y el ajuste de las palabras al objetivo. Las alteraciones del pensamiento pueden clasificarse, clásicamente, en trastornos del curso y del contenido. Se entiende por curso del pensamiento la manera en que el individuo une y organiza sus ideas. Por su parte, el contenido constituye el conjunto de ideas o creencias del paciente. En otras palabras, el curso es la velocidad y forma en que se expresa el pensamiento y el contenido, es el fondo, lo expresado. Trastornos del curso del pensamiento Taquipsiquia: el pensamiento es más veloz de lo normal. El paciente ex- presa varias ideas en relación al tiempo, contesta rápido e incluso puede iniciar las respuestas entes de que se termine la pregunta. Bradipsiquia: pensamiento enlentecido. El individuo deja la sensación de que piensa poco hablando más lentamente de lo normal. 53 Fuga de ideas: concatenación de ideas que, por la taquipsiquia, dan un sen- tido de déficit asociativo, que sin embargo no se desprenden de la idea central. Bloqueo del pensamiento: detención brusca del curso del pensamiento sin causa discernible para el observador. Circunstancialidad: ideas unidas vagamente pero que al final logran el obje- tivo. El paciente expone detalles innecesarios e irrelevantes tratando de ex- presar alguna respuesta, tras lo cual termina respondiendo a la pregunta. Tangencialidad: pérdida de la asociación de las ideas, sin llegar al objetivo. Al tratar de responder una determinada pregunta el paciente se pierde en detalles o, incluso, en temas ni siquiera asociados con el objetivo. Trastornos de contenido del pensamiento Preocupaciones: el pensamiento ronda mucho sobre algún tema específico que inquieta al paciente. Bajo situaciones de estrés es normal encontrarlas. Ideas falsas: ideas carentes de veracidad que pueden ser corregidas median- te el uso de la lógica. Se diferencia de las ideas sobrevaloradas en que no tienen gran influencia en la conducta del paciente. Ideas sobrevaloradas: creencias exageradas que van más allá de la razón; el paciente no reconoce lo ilógico de tales ideas y estas tienen gran implican- cia en su conducta. A diferencia de las ideas delirantes, las sobrevaloradas aún pueden ser corregidas con argumentación lógica. Ideas delirantes: son creencias falsas persistentes, irrebatibles con el uso de la lógica y exclusivamente patológicas. Pueden tratarse de temas de- presivos (culpa, pobreza, ruina, nihilismo, muerte, enfermedad), temas de grandeza (mesianismo, riqueza, poder, salud invulnerable, poderes o talentos, erotomanía) y temas que detonan pasividad (difusión, robo o im- posición de pensamientos, sentimientos, sensaciones u órdenes). Pensamiento mágico: creencia de que ciertos actos o frases pueden asegurar o evitar que algún suceso ocurra sin responder a ningún argumento lógico. 54 Otras alteraciones del contenidos del pensamiento son las ideas obsesivas y las ideas fóbicas, cuyas características serán detalladas suficientemente más adelante en este libro en los capítulos correspondientes. Juicio e introspección El juicio es la capacidad de seleccionar objetivos y los medios para llevarlos a cabo y mediar la consecuencia de los mismos. La introspección (“darse cuenta”) o insight es el nivel de compresión global que tiene el paciente acerca de lo que le sucede y las implicancias que pueda llegar a tener su situación sobre él mismo y la sociedad. Se establecen tres niveles distintos de insight; nulo, parcial y completo. 55 BIBLIOGRAFÍA 1. American Psyquiatric Association. (1996). Directrices para la práctica clínica en laevaluación psiquiátrica del adulto. Barcelona: Edika Med. 2. Cegla, I. (2007). Tratado de Psiquiatría. Asunción: Serigraf Impresio- nes SRL. 3. Borrell i Carrio, F. (1989). Manual de entrevista clínica. Barcelona: Doyma. 4. Gastó, C. (2000). Psicopatología descriptiva: Nuevas tendencias. Madrid: Editorial Trotta. 5. Gelder, M; Mayou, R. y Geldes, J. (1999). Oxford Psiquiatría. Madrid: Malban Libros SL. 6. Sadock, V. y Sadock B. (2009). Kaplan & Sadock Psiquiatría Clínica. Barcelona: Lippincott Williams & Wilkins. 7. Morínigo, J. (2003). Compendio de Psiquiatría. Asunción: Imprenta Salesiana. 8. Othomer, E. y Othomer. S. (1998). DSM – IV La entrevista clínica. Barcelona: Masson S.A. 9. Perales, A; Mendoza, A; Vázquez, G. y Zambrano, M. (1998). Manual de Psiquiatría “Humberto Rotondo”. Lima: Centro de producción edito- rial de la UNMSM. 10. Torales, J. (2012). Elementos mínimos indispensables del resumen de in- greso a sala. Asunción: Cátedra y Servicio de Psiquiatría, Universidad Nacional de Asunción (inédito). 11. Vallejo Ruiloba, J. (2011). Introducción a la psicopatología y a la Psiquia- tría. Barcelona: Elsevier Masson. 57 CAPÍTULO 2 INTRODUCCIóN A LA PSICOFARMACOLOGÍA Prof. Dr. Néstor Girala Salomón, Dr. Julio Torales Benítez, Dr. José Andrés Bogado, Dra. María Bettina Ortiz & Dr. Marcos Hernán Capurro Existen cinco grupos principales de medicamentos psiquiátricos: Antidepresivos: utilizados para el tratamiento de trastornos como la depre- sión, trastorno distímico, ansiedad, trastornos alimentarios y trastorno lí- mite de la personalidad, entre otros. Antipsicóticos: utilizados para el tratamiento de los distintos tipos de psico- sis y el trastorno bipolar con síntomas psicóticos y en otras indicaciones en el caso de los antipsicóticos de nueva generación. Estabilizantes del estado de ánimo: Utilizados para el tratamiento del trastor- no bipolar y el trastorno esquizoafectivo. Benzodiazepinas: utilizados para el tratamiento del insomnio y los trastor- nos del espectro ansioso. Antidemenciales: o promotores cognitivos. Son usados para el tratamiento de las demencias. ANTIDEPRESIVOS Mecanismo de acción Todos los antidepresivos disponibles ejercen su acción antidepresiva a tra- vés del incremento de la disponibilidad de monoaminas (serotonina [5HT], noradrenalina [NA] y dopamina [DA]) mediante: • Inhibición presináptica de la recaptación de la 5HT, NA o DA; • Actividad antagonista en los sitios receptores de 5HT y NA; 58 • Inhibición de la monoamino oxidasa, reduciendo la degradación de neuro- transmisores; y, • Incremento de la disponibilidad de los precursores de neurotransmisores. Aunque el incremento neto de los neurotransmisores ocurre inmediata- mente siguiendo a la administración de los antidepresivos, la resolución inicial de los síntomas depresivos ocurre entre 1 a 2 semanas después, lo cual señala que el efecto terapéutico involucra mecanismos posiblemente relacionados con la regulación de los receptores en el tiempo y cambios en la señalización intracelular. Antidepresivos Tricíclicos (ATC) ATC más utilizados: amitriptilina, clorimipramina, imipramina, maprotilina. Mecanismo de acción: inhibidores de la recaptación de 5HT y NA (y DA). Efectos colaterales: anticolinérgicos (sequedad bucal, visión borrosa, cons- tipación, retención urinaria, sedación, confusión/problemas de memoria, palpitaciones), por bloqueo alfa adrenérgico (sedación, hipotensión postu- ral, síncope, taquicardia, disfunción sexual), antihistaminérgico (sedación, incremento de peso). Ventajas: eficacia bien establecida; muy efectivos en depresión severa; bajo costo. Desventajas: toxicidad en sobredosis; puede que tenga menos tolerancia en comparación a los Inhibidores Selectivos de la Recaptación de Serotonina (ISRS); todos los ATC pueden llegar a disminuir la conducción cardiaca y disminuir el umbral convulsivo. Eficacia cuestionada en niños y menor eficacia en depresiones con rasgos atípicos. Mayor riesgo de inducir episo- dios maníacos. Contraindicaciones: infarto agudo de miocardio, bloqueo cardiaco, arritmias. Precauciones: embarazo y lactancia; enfermedad cardiovascular, hepática, renal; enfermedades endocrinas (hipertiroidismo, tumores adrenales, dia- betes); retención urinaria/hipertrofia prostática; constipación; glaucoma; epilepsia; trastornos psicóticos; pacientes con pensamientos suicidas; an- cianos (utilizar baja dosis). 59 Interacciones significativas: alcohol, anticoagulantes, anticonvulsionantes antihipertensivos, antipsicóticos, barbitúricos, benzodiazepinas, cimetidi- na, digoxina, IMAO, metilfenidato, ISRS, tabaquismo. Inhibidores Selectivos de Recaptación de Serotonina (ISRS) ISRS más utilizados: fluoxetina, paroxetina, fluvoxamina, sertralina, citalo- pram y escitalopram. Mecanismo de acción: inhibición de recaptación de serotonina (produce un aumento de serotonina en la hendidura sináptica). Efectos adversos: agitación, acatisia, ansiedad, pánico, insomnio, disfunción sexual, nauseas, alteración gastrointestinal, diarrea, cefalea. Ventajas: fácil dosificación; mejor tolerados que los ATC, pues son menos cardiotóxicos; menos efectos colaterales anticolinérgicos; baja toxicidad en sobredosis. Desventajas: comúnmente causa nauseas y malestar gastrointestinal, cefa- lea, inquietud, y insomnio; pueden ser menos efectivo en episodios depre- sivos severos; problemas de discontinuación. Contraindicaciones: episodio maniaco. Precauciones: efectos inhibitorios significativos y variables sobre las enzi- mas hepáticas P450 (particularmente CYP2D6). Por lo tanto tener cautela al prescribir con fármacos que son sometidos a una metabolización hepá- tica extensa y tienen un rango terapéutico estrecho. Estas interacciones varían según el fármaco utilizado. Interacciones significativas: alcohol, anticoagulantes, anticonvulsionantes, antipsicóticos, benzodiazepinas, B-bloqueantes, bupropión, buspirona, ci- metidina, ciproheptadina, hipoglicemiantes, litio, metadona, IMAO, mor- fina, tabaquismo, ATC, teofiliina, warfarina. 60 Inhibidores de Recaptación de Serotonina y Noradrenalina (IRSNS) IRSNS más utilizados: venlafaxina y duloxetina. Mecanismo de acción: a baja dosis actúan como un ISRS, a dosis moderadas como un inhibidor de la recaptación de 5HT y NA. A alta dosis actúan como un inhibidores de la recaptación de 5HT, NA y DA. Efectos adversos comunes: náuseas, malestar gastrointestinal, constipa- ción, pérdida de apetito, sequedad bucal, mareos, agitación, insomnio, dis- función sexual, cefalea, nerviosismo, sudoración, debilidad muscular. Ventajas: útil en el tratamiento de síndromes de dolor crónico y de inconti- nencia urinaria (duloxetina). Desventajas: dosis moderadas a altas menos toleradas; precisa de una mo- nitorización de la presión arterial cuando se utilizan dosis mayores de 200 mg; efectos colaterales molestosos, efectos de la discontinuación son co- munes. Precauciones: en glaucoma secundario a midriasis. Otros Antidepresivos Mirtazapina Mecanismo de acción: es un antidepresivo que actúa como antagonista de receptores alfa-2-adrenérgicos y serotoninérgicos 5-HT2 y 5-HT3. Por este mecanismo incrementa la actividad noradrenérgica y serotoninérgica. Efectos adversos comunes: sedación, incremento de apetito e incremento de peso. Son efectos menos frecuentes la elevación de las transaminasas, ictericia, edema, hipotensión ortostática, temblor, mioclonías, discrasias sanguíneas (raro, discontinuar tratamiento). Ventajas: baja toxicidad en sobredosis, menos disfunción sexual y malestar gastrointestinal. Desventajas: Incremento de peso, efectos sedativos pueden ser menores a altas dosis (puede ser utilizado como ventaja). 61 Bupropión Mecanismo de acción: inhibición de la recaptación de NA y DA. Efectos adversos comunes: agitación/insomnio, sequedad bucal, hiperten- sión (especialmente si es concomitante con parches nicotínicos), riesgo de convulsiones. Ventajas: mecanismo de acciónno habitual, efectos útiles para pacientes con síntomas de fatiga o hipersomnia. Puede ayudar al tratamiento de tras- tornos de impulsos y adicciones. A diferencia de la mayoría de los demás antidepresivos no tiene efectos negativos sobre la sexualidad y, asimismo, es menos probable que induzca episodios maníacos. Desventajas: posible inducción de convulsiones, reacciones de hipersensibi- lidad (raros, pero pueden ser severas). Antidepresivos y sus dosis Grupo Antidepresivo Dosis (mg/día) Dosis máx. (mg/día) Tricíclicos Amitriptilina 50 – 150 300 Imipramina 75 – 200 300 Clorimipramina 50 – 250 250 Maprotilina 25 – 150 225 Inhibidores selectivos de la recaptación de Serotonina Fluoxetina 20 – 40 60 Paroxetina 20 – 40 60 Fluvoxamina 50 – 200 300 Sertralina 25 – 100 200 Citalopram 10 – 20 60 Escitalopram 10 – 20 20 Inhibidores de recaptación de Serotonina y Noradrenalina Venlafaxina 37,5 – 75 375 Duloxetina 40 – 120 120 Otros antidepresivos Mirtazapina 15 – 45 45 Bupropión 150 – 300 450 62 ANTIPSICóTICOS Los antipsicóticos son utilizados en el tratamiento de los síntomas de psi- cosis, los cuales se suelen observar en trastornos como la esquizofrenia, el trastorno esquizoafectivo, los trastornos delirantes, entre otros. También se utilizan en el manejo farmacológico de trastornos del estado de ánimo. Hay dos categorías de antipsicóticos: típicos (de primera generación) y atí- picos (de segunda generación). Antipsicóticos típicos (de primera generación) Tioridazina Mecanismo de acción: droga antiadrenérgica y antihistaminérgica, de efecto sedativo predominante sobre el antidelirante. Se utiliza en dosis usual de 75 mg/día, fraccionada en 3 tomas diarias. Do- sis máxima diaria: 800 mg. Novartis, fabricante original del fármaco lo retiró del mercado por sus ries- gos cardivasculares. Levomepromazina Mecanismo de acción: droga con actividad dopaminérgica mediana. Sedan- te más potente que otros neurolépticos, con propiedades adrenolíticas y anticolinérgicas marcadas. Importante acción analgésica. Por vía oral, se utiliza en dosis 25 a 50 mg/día, fraccionada en dos o tres tomas diarias, la mayor parte concentrada a la noche. Por vía parenteral (intramuscular) de utilizan ampollas de 25 mg, hasta 1 cada 8 horas. Haloperidol Mecanismo de acción: droga bloqueante de receptores dopaminérgicos D2 cerebrales, con potente efecto antipsicótico y escasa acción sedativa. Se utiliza en dosis de 1,5 a 20 mg/día, administrada en dos tomas diarias. Dosis máxima diaria: 30 mg. 63 Disponible para vía parenteral (intramuscular), la cual puede ser adminis- trada en dosis de 2 a 10 mg cada 4 a 8 horas, con dosis máxima diaria de 18 mg. La biodisponibilidad por vía parenteral es mucho mayor que por vía oral. Pimozida Mecanismo de acción: droga bloqueante selectiva de receptores dopaminér- gicos centrales, de acción prolongada y efecto predominantemente antip- sicótico. Se utiliza en dosis de 2 a 20 mg/día. Se incrementa de forma lenta en 2 a 4 mg, con intervalos no mayores a 1 semana. Dosis máxima diaria: 20 mg. Las dosis altas conllevan riesgo de inducir convulsiones y arritmias car- diacas. Antipsicóticos atípicos (de segunda generación) Aunque no constituyan una clase diferente de psicofármacos, las nuevas drogas atípicas tienen una ligera diferencia de perfil farmacodinámico, lo que les permite poseer mayor rango terapéutico y menor posibilidad de causar reacciones extrapiramidales o de elevar los niveles séricos de la hor- mona prolactina. Risperidona Mecanismo de acción: antagonista dopaminérgico y serotoninérgico. Posee menos efectos extrapiramidales que los antipsicóticos típicos. Aprobado su uso en niños y niñas. Se utiliza en dosis de 3 a 9 mg/día, en una o dos tomas diarias. Dosis máxima diaria: 9 mg. Olanzapina Mecanismo de acción: posee acción bloqueante a nivel de los receptores do- paminérgicos, serotoninérgicos, muscarínicos, histaminérgicos y alfa-1 adrenérgicos. Buena eficacia contra los síntomas negativos, con baja inci- dencia de efectos extrapiramidales. Muy buen efecto sedante 64 Se utiliza en dosis de 5 a 10 mg/día, en una sola toma diaria, la cual puede incrementarse hasta 20 mg/día. Dosis máxima diaria: 30 mg. Es el antipsicótico que más induce aumento del apetito y del peso, y altera- ciones metabólicas. Quetiapina Mecanismo de acción: droga con acción de bloqueo dopaminérgico, sero- toninérgico, histaminérgico y alfa adrenérgico. Carece de actividad por receptores colinérgicos. Baja frecuencia de efectos extrapiramidales y alte- ración de la prolactina. Se utiliza en dosis de 300 a 450 mg/día, en dos tomas diarias. Dosis máxi- ma diaria: 750 mg. Muy utilizada en el trastorno bilpolar, con eficacia en la depresión bilpolar. Aripiprazol Mecanismo de acción: agonista parcial del receptor dopaminérgico D2 y se- rotoninérgico 5Ht1a. Antagonista completo del receptor serotoninérgico 5Ht2a, con baja o moderada afinidad a los receptores histaminérgicos y alfa adrenérgicos. No posee efecto anticolinérgico. Recientemente fue aprobado su uso en niños y niñas. Se utiliza en dosis de 10 a 15 mg/día, en una sola toma diaria. Dosis máxi- ma diaria: 30 mg. Tienen un perfil de acción más activador que sedante. Bastante utilizado como potenciador de antidepresivos en la depresión mayor. Clozapina Mecanismo de acción: acción bloqueante débil sobre receptores dopaminér- gicos (d1, d2, d3 y d5), y potentes efectos sobre el receptor d4, además, potente efecto anti-alfa adrenérgico, anticolinérgico y antihistamínico. Droga reservada para el tratamiento de la esquizofrenia refractaria (que no responde al tratamiento estándar), así como también para el tratamiento 65 de los trastornos psicóticos de la enfermedad de Parkinson, en casos que haya fallado el tratamiento estándar. La clozapina tiene riesgo de inducir agranulocitosis, por lo que deben ha- cerse hemogramas semanales inicialmente y luego mensuales durante todo el tratamiento, según un protocolo preciso que se recomienda con- sultar. Sin embargo, la alteración es generalmente reversible al suspender el fármaco. Uno de cada 4250 pacientes puede morir por agranulocitosis secundaria a la utilización de clozapina. La dosis habitual es de 300 a 600 mg/día. Dosis máxima diaria: 900 mg. Efectos adversos de los antipsicóticos: generalidades Tolerabilidad Ningún antipsicótico es considerablemente mejor tolerado que el otro en una dosis diaria de 12 mg de haloperidol o su equivalente. No obstante, los de primera generación (típicos) prescritos a dosis mayores, son menos to- lerados y probablemente tengan menos eficacia que las drogas atípicas. La elección del antipsicótico depende substancialmente del perfil de efectos secundarios y cuáles son importantes evitar. Sedación Evitar: clorpromazina, tioridazina y levomepromazina. Prescribir: antipsicóticos de alta potencia antidelirante (haloperidol) o no sedantes atípicos (risperidona). Aumento de peso Evitar: olanzapina y clozapina. Prescribir: haloperidol, quetiapina. Reacciones extrapiramidales Evitar: antipsicóticos típicos a dosis elevadas. Prescribir: antipsicóticos atípicos, especialmente quetiapina y clozapina. 66 Hipotensión ortostática Evitar: antipsicóticos típicos a dosis elevadas, sobre todo los más sedantes. Prescribir: antipsicóticos atípicos, como risperidona. Efectos adversos de los antipsicóticos: extrapiramidalismo Distonía aguda Contracción de un grupo muscular al límite máximo, típicamente el ester- nocleidomastoides y la lengua. Puede afectar solo a los músculos oculares (crisis oculógiras) o ser generalizada (opistoclonus). Tratamiento: antimuscarínicos por vía parenteral (Biperideno 2 mg, intra- muscular). Parkinsonismo Temblor, rigidez y bradicinesia. Generalmente se presenta 1 semana des- pués de la administración del antipsicótico. Tratamiento: considerar reducir la dosis o usar antimuscarínicos por vía oral (Biperideno 2 mg). Acatisia Inquietud, porlo general de las extremidades inferiores, que conduce al movimiento. Por lo general se produce 1 mes después de iniciado el tratamiento antipsicótico. Puede confundirse con la inquietud propia del cuadro psiquiátrico subyacente. Es importante detectar y tratar la acatisia, porque la inquietud que produce se relaciona con riesgo aumentado de suicidio. Tratamiento: considerar bajar dosis o cambiar de antipsicóticos. Además, el propanolol y las benzodiazepinas pueden ser útiles. 67 Disquinesia tardía Movimientos involuntarios, repentinos y esteotipados como tics nerviosos, típicamente de la región bucolingual. Tratamiento: la retirada del antipsicótico tiende a mejorar la disquinesia, a veces después de varios meses. Efectos adversos de los antipsicóticos: anticolinérgicos Mareos, visión borrosa, dificultad para la micción, retención urinaria, constipación. Raramente íleo y glaucoma. Efectos adversos de los antipsicóticos: antiadrenérgicos Hipotensión postural, taquicardia (a veces bradicardia), disfunción sexual (particularmente disfunción eréctil). Efectos adversos de los antipsicóticos: antihistamínicos Sedación y aumento de peso. Efectos adversos de los antipsicóticos: idiosincráticos Ictericia colestásica, alteración de la tolerancia a la glucosa, reacciones de hi- persensibilidad, fotosensibilidad de la piel (es importante usar bloqueador solar en tiempo soleado), pigmentación amarilla de piel (clorpromazina), Síndrome neuroléptico maligno (rigidez, fluctuación de la conciencia y au- mento de temperatura) que puede ser fatal y requiere inmediatamente ser transferido a una unidad de cuidados intensivos para la atención médica, con apoyo de anestesia general y la administración de dantroleno. Es un síndrome poco frecuente. Antipsicóticos de depósito Droga activa vehiculizada en suspensión oleosa. Se inyectan en un mús- culo grande (como el glúteo mayor), permitiendo de esa manera mante- ner una liberación sostenida del principio activo durante 1 a 4 semanas. Anteriormente, sólo estaban disponibles los antipsicóticos convencionales, 68 pero ahora se ha desarrollado una serie de preparativos atípicos, con una variedad de sistemas de liberación lenta. La eficacia de estos preparados no es mayor que la medicación oral, pero aumentan la probabilidad de cumplimiento terapéutico. Las drogas más frecuentemente utilizadas son el decanoato de haloperidol y el palmitato de pipotiazina. Indicaciones Los antipsicóticos de depósito son sobre todo utilizados ante casos de pobre cumplimiento del tratamiento por vía oral, falta de respuesta a medica- mentos orales, problemas de memoria u otros factores que interfieren con la regularidad en la administración medicamentosa, garantizando así el cumplimiento del paciente. En general, las dosis liberadas de antipsicó- ticos son dosis de mantenimiento para psicosis crónicas, no para el trata- miento de crisis agudas. Administración Iniciar con bajas dosis, evitando de esa manera efectos indeseados. En ge- neral no más de 2 a 3 ml, preferentemente en zona glútea; la técnica de inyección correcta y rotación de los sitios de inyección son esenciales. Efectos adversos específicos Dolor e inflamación en el sitio de inyección, raramente abscesos o parálisis nerviosa. Asimismo, también se presentan los mismos efectos secundarios que los antipsicóticos por vía oral, aunque pueden tardar en aparecer dos a tres días y persistir durante semanas después de la interrupción. Puede ser más probable que ocasionen reacciones extrapiramidales que las prepara- ciones orales, aunque se carece de buena evidencia para esto. Dosis equivalentes Decanoato de haloperidol: 100 mg cada 4 semanas. Palmitato de pipotiazi- na: 50 mg cada 4 semanas. 69 ESTABILIZANTES DEL ÁNIMO Litio El litio es el gold standard en el tratamiento de trastorno bipolar, y con él se comparan los demás tratamientos. Se ha demostrado que reduce el riesgo de suicidio en pacientes bipolares. Mecanismo de acción: el litio sustituye al sodio, potasio, calcio y magnesio, teniendo efectos sobre la electrofisiología de la membrana celular. Dentro de las células, el litio interactúa con los sistemas involucrando a otros cationes, influyendo en la liberación de neurotransmisores y de siste- mas de segundos mensajeros, y efectivamente bloqueando las acciones de los transmisores y de las hormonas. Posología: por vía oral, ajustada a respuesta y cifras de litemia. Dosis inicial habitual de 300-600 mg/día, en una o dos tomas. Incremento semanal según litemia (0,7-1,2 mEq/l), hasta 1600 mg/día. Litemia mínima reco- mendada: 0,5-0,8 mEq/l. No sobrepasar los 2 mEq/l. Monitorización: revisión del nivel sérico de litio a los 7 días después de ini- ciado el tratamiento y luego de 7 días de cualquier cambio de dosis. Las muestras sanguíneas deben ser tomadas 12 horas después de la última dosis. Una vez que el nivel sérico terapéutico se haya establecido, se debe con- tinuar revisando el nivel de litio, urea, creatinina y electrolitos en sangre cada 3 meses, función tiroidea cada 6-12 meses y clearance de creatinina cada 12 meses. Efectos adversos: poliuria, polidipsia, incremento de peso, problemas cog- nitivos (déficit de memoria, concentración disminuida, confusión, enlen- tecimiento mental), temblor, sedación o letargia, déficit de coordinación, malestar gastrointestinal, alopecia, leucocitosis benigna, acné o edema, arritmias cardiacas, hipotiroidismo, insuficiencia renal. 70 Valproato / ácido valproico En Psiquiatría, el valproato está indicado para el tratamiento de la manía aguda, el episodio depresivo agudo (de un trastorno bipolar) en combina- ción con un antidepresivo y como profilaxis de trastorno bipolar (posible- mente más efectivo en pacientes cicladores rápidos). Mecanismo de acción: modula los canales de voltaje sensibles al sodio, ac- tuando sobre los sistemas de segundo mensajero, e incrementa la biodis- ponibilidad de ácido gama amino butírico (GABA) o imitando su acción en los sitios de receptores postsinápticos del sistema nervioso central. Posología: por vía oral, la dosis inicial es usualmente de 750 mg/día, en dos tomas. La dosis debe ser incrementada hasta obtener una respuesta tera- péutica adecuada, hasta una dosis máximo de 60 mg/kg/día. Efectos adversos: malestar gastrointestinal, incremento de las enzimas he- páticas, temblor y sedación (la cual si es persistente puede requerir de una reducción de la dosis. Leucopenia y trombocitopenia leve, asintomática (reversible después de la discontinuación de la droga/reducción), alopecia (habitualmente transitoria), incremento de apetito e incremento de peso. Efectos raros idiosincráticos (insuficiencia hepática irreversible, pancreati- tis, agranulocitosis, ovarios poliquísticos e hiperandrogenismo). Carbamazepina En Psiquiatría, la carbamazepina está indicada para el tratamiento del tras- torno bipolar, de la manía aguda (aunque menos efectiva que el litio), la hipomanía y episodios mixtos. Mecanismo de acción: modula los canales iónicos de sodio y de calcio, la mediación de receptores de GABA y glutamato y las vías intracelulares de señalamiento. Posología: se inicia a dosis bajas, de 100 a 200 mg/día, con aumento pro- gresivo. Dosis terapéutica usual: 800 a 1800 mg/día, fraccionada en tres tomas diarias. Efectos adversos: efectos antidiuréticos dando lugar a hiponatremia (más común en ancianos). Disminución en los niveles de tiroxina libre y total 71 e incremento en los niveles de cortisol. Agranulocitosis, anemia aplásica, insuficiencia hepática, dermatitis exfoliativa y pancreatitis. Raramente, re- acciones de hipersensibilidad sistémica, problemas de conducción cardia- ca, síntomas psiquiátricos (incluyendo casos ocasionales de manía y de psicosis), y problemas renales (insuficiencia renal, oliguria, hematuria y proteinuria). Lamotrigina En Psiquiatría, la lamotrigina es utilizada en el tratamiento del trastorno bipolar, siendo especialmenteeficaz en el tratamiento y prevención de epi- sodios depresivos de este trastorno. Mecanismo de acción: inhibe los canales de sodio dependientes de voltaje. Bloquea las neuronas hiperexcitadas e inhibe la liberación patológica de glutamato. Posología: en monoterapia o en terapia complementaria (que no sean val- proato ni carbamazepina): 25 mg/día, en una sola toma, durante las prime- ras dos semanas de tratamiento. En las semanas tres y cuatro, 50 mg/día en una o dos tomas. 100 mg/día a partir de la quinta semana, hasta llegar a una dosis de estabilización (200 mg/día) en la sexta semana. Estas dosis se recortan a la mitad en caso de combinar lamotrigina con valproato, o se incrementan a aproximadamente el doble en caso de terapia complemen- taria con carbamazepina. Efectos adversos: 10-14 % de los pacientes que reciben lamotrigina pueden desarrollar un rash cutáneo benigno. Una minoría de ellos puede padecer de una reacción dermatológica más severa, que requiera de hospitalización. Otros efectos adversos incluyen mareo, cefalea, visión doble, borrosa, mala coordinación, somnolencia, nauseas, vómitos, insomnio y grados variables de insuficiencia hepática. BENZODIAZEPINAS Las benzodiazepinas son utilizadas en el tratamiento de los trastornos del espectro ansioso y del insomnio, siendo también efectivas como relajantes musculares y anticonvulsivantes. 72 Tienen propiedades sedativas, ansiolíticas, anticonvulsivantes y relajantes musculares. Su mayor desventaja radica en que pueden generar dependen- cia física. Efectos adversos Las benzodiazepinas son altamente adictivas y la dependencia a estas sus- tancias es un problema a gran escala. Debido a esto, no deben considerarse como una opción terapéutica a largo plazo. Durante la primera semana de tratamiento, la sedación puede ser frecuen- te. La misma puede disminuir por tolerancia, hacia el final de la segunda semana. Con el alprazolam se han descripto reacciones paradojales caracterizadas por impulsividad, euforia y manía franca, principalmente en pacientes con trastornos de la personalidad y dificultad en el control de los impulsos. Las reacciones paradojales también se han identificado usualmente en niños, niñas, adultos mayores y personas con daño cerebral orgánico. Clasificación Las diferencias entre las benzodiazepinas se observan principalmente en términos de su vida media. Acción ultracorta (<6h): bentazepam, brotizolam, midazolam, triazolam. Acción corta (6-24h): alprazolam, bromazepam, flunitrazepam, loprazolam, lorazepam, lormetazepam, oxacepam. Acción larga (>24h): clobazam, clonazepam, cloracepato, diazepam, flura- zepam, halazepam, ketazolam, nitrazepam, quazepam. Benzodiazepinas y embarazo Durante el embarazo, las benzodiazepinas deben evitarse. Existen estu- dios que describen que las benzodiazepinas en el primer trimestre del embarazo pueden producir labio leporino y paladar hendido en el feto. En lo posible, se debe evitar indicarlas durante la lactancia y en casos impres- cindibles, se debe utilizar la dosis mínima necesaria o evaluar la posibili- dad de suspender la lactancia. 73 Discontinuación/supresión del tratamiento con benzodiazepinas La discontinuación o supresión brusca de benzodiazepinas puede producir insomnio, ansiedad, irritabilidad, inquietud, agitación, depresión, temblor, mareos y dolores de cabeza. En casos graves se observan convulsiones y delirio. Los síntomas más agudos e intensos son generados con la discontinua- ción/supresión de las benzodiazepinas de vida media ultracorta o corta. A fin de evitar síntomas de discontinuación/supresión, se deben sustituir las benzodiazepinas de vida media ultracorta o corta por otras de vida me- dia larga (diazepam a dosis equivalente). A partir de la sustitución, se debe reducir en 10-20 % la dosis semanalmente. Benzodiazepinas y dosis equivalentes Fármaco Dosis (mg/día) Dosis equiva- lente a 5 mg de Diazepam Vida media (horas) Alprazolam 0,5 – 4 0,5 9 – 20 Clonazepam 2 – 8 0,25 19 – 60 Diazepam 5 – 30 5 14 – 70 Flunitrazepam 0.5 – 2 1 23 – 31 Lorazepam 2 – 4 0,5-1 18 – 24 Nitrazepam 5 – 10 2,5 15 – 48 Oxazepam 45 – 90 15 3 – 25 Temazepam 5 – 20 10 3 – 25 Otros ansiolíticos o hipnóticos El zolpidem, la zopiclona y la eszopiclona se consideran fármacos hipnóticos no benzodiazepínicos. Sus propiedades se observan al potenciar los efectos inhibitorios del GABA. No tienen efecto ansiolítico o anticonvulsivante. 74 Estos fármacos fueron diseñados para superar los problemas asociados con benzodiazepinas. No obstante, los efectos sedantes, la tolerancia y la dependencia pueden persistir, por lo que se recomienda la utilización de los mismos a corto plazo. ANTIDEMENCIALES También son denominados promotores cognitivos, aunque aún no hay consenso claro acerca de cómo se debe denominar a este grupo de medi- camentos. Estos a su vez pueden pertenecer a dos subgrupos: inhibidores de colinesterasas y antagonistas de receptores ionotrópicos de glutamato N-metil D-aspartato (NMDA). Cumplen un rol muy importante en la enfermedad de Alzheimer, demen- cia de cuerpos de Lewy y la demencia asociada a Parkinson. Su uso en de- mencias vascular y frontotemporal son más controversiales, pues existen pocas evidencias de su uso beneficioso. Inhibidores de colinesterasa Donepezilo Es útil en todos los estadios de la enfermedad de Alzheimer. Mecanismo de acción: inhibidor específico, no competitivo y reversible de la acetilcolinesterasas centrales. Efectos adversos: molestias gastrointestinales, anorexia, adelgazamiento, in- somnio y calambres. Sintomas vagotónicos. Arritmias. Debe tenerse en cuenta las crisis colinérgicas con la sobredosificación. Posología: inicialmente 5 mg/día en toma única nocturna y aumentar a 10 mg/día tras cuatro semanas de tratamiento. Dosis máxima: 10 mg/día. Rivastigmina Utilizada en enfermedad de Alzheimer leve y moderada, así como en las demencias asociadas a Perkinson. 75 Mecanismo de acción: Inhibidora reversible no competitiva de ambas coli- nesterasas. Efectos adversos: anorexia, insomnio, cefalea, síntomas gastrointestinales (vía oral, no así transdérmica). Reacciones cutáneas en el lugar de adminis- tración como eritema, prurito, edema. Posología: oral: 3 mg/día en dos tomas y aumentar a 6 mg/día a partir de las dos semanas de tratamiento. Dosis máxima: 12 mg/día. Transdérmico: 9,5 mg/día. Galantamina Es un alcaloide semejante a la codeína, extraída de Galanthus nivalis. Eficaz en enfermedad de Alzheimer leve y moderada. Mecanismo de acción: inhibidor reversible, competitivo y selectivo de ace- tilcolinesterasas. También modula alostéricamente los receptores nicotíni- cos, favoreciendo la transmisión colinérgica. Efectos adversos: mareos, cefaleas, síntomas gastrointestinales, anorexia, adelgazamiento. Somnolencia. Todos leves y transitorios. Raras veces arrit- mias. Posología: 8 mg/día en dos tomas diarias, aumentar según respuesta en 8 mg cada cuatro semanas. Dosis máxima: 32 mg/día. Antagonistas NMDA Memantina Indicada en estadios moderados a graves de enfermedad de Alzheimer. Puede ser utilizada en combinación con otros antidemenciales, pues no inhibe colinesterasas. Mecanismo de acción: antagonista no competitivo, voltaje dependiente de los receptores de glutamato tipo NMDA, regulando la entrada de calcio a las neuronas cerebrales protegiéndolas de la degeneración. 76 Efectos adversos: dolores de cabeza, somnoliencia, estreñimiento, alteracio- nes del equilibrio. Puede disminuir el umbral convulsivo. Posología: 5 a 10 mg/día en dos tomas, aumentar según tolerancia. Dosis máxima: 20 mg/día. 77 BIBLIOGRAFÍA 1. American Psychiatric Association. (2006) Guías Clínicas para el trata- miento de los trastornos psiquiátricos. España: Ars Médica. 2. Andersen, IM. & Reid, I. (Eds). (2004). Fundamentals of Clinical Psy- chopharmacology. 2nd Edition. England: Taylor & Francis 3. Arana, GW; Rosenbaum, JF; Hyman SE et al. (2005) Handbookof Psychiatric Drug Therapy. 5th Edition. Baltimore: Lippincott Williams & Wilkins. 4. Brunton, LL. (2006). Goodman and Gilman's. The Pharmacological Basis of Therapeutics. 11th Edition. New York: McGraw-Hill Co. 5. Janicak, PG; Davis, JM; Preskorn, SH; Ayd, FJ; Pavuluri, MN & Marder, SR. (2006) Principles and Practice of Psychopharmacology. 4th Edition. Baltimore: Lippincott Williams & Wilkins. 6. Jufe, G. (2005). Psicofarmacología Práctica. Segunda Edición. Buenos Aires: Editorial Polemos. 7. Pies, RW. (2005). Handbook of Essential Psychopharmacology. 2nd Edi- tion. Washington DC: American Psychiatric Press. 8. Sadock, BJ., Sadock, VA. & Ruíz, P. (Eds). (2009) Kaplan & Sadock’s Comprehensive Textbook of Psychiatry. 10th Edition. Baltimore: Lippin- cott Williams & Wilkins. 9. Semple, S. (2009). Oxford Handbook of Psychiatry. 2nd edition. Oxford University press. 10. Schatzberg, AF. & Nemeroff, CB. (Eds). (2001) Essentials of Clinical Psychopharmacology. 2nd Edition. Washington DC: American Psychia- tric Press. 11. Schatzberg, AF. & Nemeroff, CB. (Eds). (2004). Textbook of Psy- chopharmacology. 3rd Edition. Washington, DC: American Psychiatric Press. 78 12. Stahl, S. (2006). The Prescriber's Guide: Revised and Updated Edition. Cambridge: Cambridge University Press. 13. Wikinski y Jufe. (2005). El tratamiento Farmacológico en Psiquiatria. Indicaciones, esquemas terapéuticos y elementos para su aplicación racio- nal. Buenos Aires: Editorial Médica Panamericana. 79 CAPÍTULO 3 TRASTORNOS COGNITIVOS Y ORGÁNICOS. DELIRIUM Y DEMENCIA Dr. Julio Torales Benítez, Dr. Víctor Adorno Quevedo & Dra. Claudia Analía Parodi DELIRIUM Concepto El delirium es un síndrome, no una enfermedad en sí misma. Es un con- junto de signos y síntomas de inicio agudo caracterizado por deterioro cognitivo fluctuante con enturbiamiento de la conciencia que implica una capacidad disminuida de mantener y cambiar la atención de un punto a otro. Además siempre existe evidencia de ser consecuencia directa de los efectos fisiológicos de una condición médica general. A lo largo del tiempo, a este trastorno se lo ha conocido por diversos sinóni- mos como falla cerebral aguda, síndrome cerebral orgánico agudo, estado confusional o psicosis postopertatoria. Sin embargo el término preferi- do en la actualidad es delirium. La palabra “delirium” proviene del latín delirare que significa enloquecer. Epidemiología La prevalencia de delirium aumenta con la edad del paciente y con la seve- ridad de la enfermedad medica que padece. Así, las tasas de delirium en adultos mayores internados en hospitales ge- nerales son de aproximadamente 10 a 25 %, llegando a 70 a 80 % en aque- llos que se encuentran en UTI. Las cirugías a corazón abierto y las cirugías traumatológicas por fracturas de cadera se asocian con una prevalencia de delirium de hasta 90 %. La prevalencia en pacientes viviendo en hogares de cuidado es alrededor del 0,4 a 1,1 %. 80 Etiología La mayoría de los estudios señalan la naturaleza multifactorial del deli- rium. Su desarrollo implica una compleja interacción entre factores predis- ponentes y la exposición a factores precipitantes, los cuales se exponen en el cuadro 1. Junto con la edad, el deterioro cognitivo preexistente es uno de los factores de riesgo más confirmados. CUADRO 1. Factores de riesgo para el desarrollo de delirium Factores predisponentes Factores precipitantes Mayor de 65 años Enfermedades intercurrentes (fiebre, hipotermia, hipoxia, IRA, anemia severa, shock) Sexo masculino Complicaciones iatrogénicas Estado cognitivo deteriorado Trastornos hidroelectrolíticos, endócrinos Deterioro visual y/o auditivo Cirugías (traumatológicas, cardiacas) Intolerancia a la vía oral Toxicidad, sobredosis o abstinencia Uso de múltiples fármacos Admisión a UTI Condiciones médicas de base (ACV, nefropatía, hepatopatía, trastornos metabólicos, fracturas, traumas, etcétera) Ambientales (admisión a UTI, restric- ción física, sonda vesical) Baja funcionalidad Dolor Deprivación prolongada del sueño Estrés emocional Fisiopatología La fisiopatología del delirium obedece a múltiples mecanismos. Sin em- bargo, la vía final común parece consistir en un déficit colinérgico combi- nado con hiperactividad del sistema dopaminérgico. Hay tres hipótesis principales que buscan explicar cómo se llega al estado sintomático en el delirium. 81 Efecto directo: algunas sustancias tienen efecto directo en sistemas de neu- rotransmisores. También algunos trastornos metabólicos como la hipoxia pueden causar lesión celular y afectar la liberación de neurotransmisores. Inflamación: una respuesta inflamatoria sistémica genera un aumento en la producción de citoquinas, las cuales pueden activar las células gliales y así generar una reacción inflamatoria en el cerebro. Estrés: los eventos estresantes que inducen la liberación de noradrenalina y glucocorticoides, también activan la glía. Cuadro clínico Los síntomas centrales del delirium incluyen disminución del nivel de conciencia, alteración de la atención con disminución de la capacidad de mantenerla o enfocarla, deterioro de otras funciones cognitivas (que puede manifestarse por desorientación, especialmente temporoespacial) y altera- ción de la memoria. El inicio de los síntomas es agudo, normalmente en horas o días, su dura- ción es breve y desaparecen una vez que se resuelve la causa que desenca- dena el cuadro. La sintomatología se caracteriza por ser fluctuante durante el día y con empeoramiento nocturno. Puede presentar síntomas asociados como desorganización del pensa- miento, ilusiones y alucinaciones, inversión del ciclo sueño vigilia e inclu- so cambios del humor (irritabilidad, ansiedad, disforia). Se han descrito tres tipos de delirium: hiperactivo, hipoactivo y mixto. El delirium hiperactivo se caracteriza por aumento de la actividad psicomo- tora, con agitación y en ocasiones agresividad, conducta desorganizada y pueden aparecer síntomas psicóticos. El tipo hipoactivo, más frecuente en pacientes ancianos, se caracteriza por enlentecimiento psicomotor mos- trándose el paciente más bien apático. 82 Diagnóstico El delirium puede ser diagnosticado en cualquier paciente que presente confusión de inicio agudo, inatención, comportamiento o pensamiento desorganizado, nivel de conciencia alterado, trastornos de la percepción, alteraciones del ciclo sueño vigilia. El diagnostico de delirium se basa en criterios clínicos (cuadro 2) y la prin- cipal herramienta diagnóstica con la que contamos es la historia clínica. Una vez hecho el diagnostico, son necesarios estudios complementarios en busca de la probable etiología del mismo: hemograma, glicemia, urea, creatinina, electrolitos, hepatograma, perfil tiroideo, entre otros. Además son necesarios un electrocardiograma, radiografía de tórax y según los da- tos de la historia clínica, estudios de imágenes de cerebro. CUADRO 2. Criterios diagnósticos para Delirium (DSM-IV-TR) 1. Trastorno de la conciencia (esto es, una reducción en la claridad con la que se percibe el ambiente) con disminución de la capacidad para enfocar, mantener o cambiar la atención. 2. Cambios en la cognición (como déficit de memoria, desorientación, trastor- nos del lenguaje) o el desarrollo de un trastorno de la percepción que no se explica mejor por una demencia pre existente o en evolución. 3. El trastorno se desarrolla en un corto periodo de tiempo (usualmente horas a días) y tiende a fluctuar durante el curso del día. 4. Existe evidencia de la historia clínica, examen físico o hallazgos de laboratorio de que el trastorno es consecuencia de los efectos de una enfermedad médi- ca, intoxicación por sustancias o síndrome de abstinencia. Diagnóstico diferencial Se debe realizar principalmente con otros cuadros de deterioro cognitivo como la demencia, y cuadros que puedan cursar con alteraciones tempo- rales de algunos dominios cognitivos (especialmente memoria) comola depresión en el anciano. 83 Tratamiento El tratamiento del delirium empieza al momento de establecer el diagnós- tico. El tratamiento de fondo del delirium consiste en corregir el cuadro clínico que lo genera. Hay dos tipos de intervenciones básicas para un paciente que se encuen- tra en delirium. Entre las intervenciones no farmacológicas se encuentran, por ejemplo, minimizar algunos de los factores causales modificables: evi- tar la restricción física y estimular la movilidad, evitar las cateterizaciones innecesarias, mantener una adecuada nutrición e hidratación. Una vez que el delirium está instalado se debe favorecer la orientación del paciente, facilitando pistas ambientales (luz natural, calendarios, relojes), disminuir los estímulos ambientales, lo que incluye una limitación del número de cuidadores además de un espacio tranquilo. En cuanto a las intervenciones farmacológicas, las drogas de elección son los antipsicóticos y se utilizan en dosis bajas para el tratamiento de las al- teraciones de la conducta y los síntomas asociados como la disminución en el sueño nocturno y las alucinaciones. Son recomendados los siguientes fármacos: Haloperidol: 0,5 a 1 mg dos veces al día, pudiendo repetir la dosis cada 4 horas según necesidad. Risperidona: 0,5 a 1 mg en una o dos tomas diarias Olanzapina: 2,5 a 5 mg una vez al dia. Quetiapina: 25 mg en dos tomas diarias. 84 DEMENCIA Concepto Entendemos por demencia al síndrome de comienzo gradual y progresión de al menos seis meses de pérdida de memoria con afectación de otras capacidades cognitivas (lenguaje, praxias, gnosias), incluyendo orientación, juicio y resolución de problemas, y que afecta a las actividades de la vida diaria del paciente (social, casa, hobbies, cuidado personal). No debe ser confundida con el síndrome confusional (delirium). En el cuadro 3 se ex- ponen las diferencias fundamentales entre ambas patologías. CUADRO 3. Principales diferencias entre Demencia y Delirium Hallazgo Delirium Demencia Alteración de la memoria +++ +++ Alteración del pensamiento +++ +++ Alteración del juicio +++ +++ Obnubilación de la conciencia +++ – Déficit de atención significativo +++ + Fluctuación a lo largo del día +++ + Desorientación +++ ++ Discurso incoherente ++ + Alteración del ciclo de sueño y vigilia ++ + Inicio Agudo o subagudo ++ – Referencia: +++, siempre presente; ++, normalmente presente; +, en ocasiones presente; –, normalmente ausente 85 Epidemiología Afecta al 5-10 % de la población de 65 años o más en Estados Unidos de América y su prevalencia se duplica cada 5 años después de los 65 años. A pesar de su prevalencia, el diagnóstico puede ser difícil en las etapas ini- ciales, por lo que sensibilizar y educar tanto al personal de salud como a la población en general es de vital importancia. La educación es la base para lograr un diagnóstico más precoz y un mejor manejo de la enfermedad. La importancia de un diagnóstico precoz radica en la posibilidad de darle al paciente un mejor tratamiento e información acerca del pronóstico y a la familia, la oportunidad para planificar el futuro. La enfermedad de Alzheimer es la principal causa de demencia, corres- pondiendo entre el 50 a 60 % del total de los casos demencia. La prevalen- cia de la demencia tipo Alzheimer aumenta con la edad. En personas de 65 años, las tasas de prevalencia son del 0,6 % en varones y 0,8 % en mujeres. A los 90 años las tasas trepan al 21 %. Entre un 40 % y un 60 % de todas estas cifras corresponden a casos moderados a graves. La segunda demencia más frecuente es la vascular, que está relacionada con las enfermedades vasculares cerebrales. Constituyen entre 15 % y 30 % del total de las demencias. Son más frecuentes en personas de entre 60 y 70 años, y afectan más a hombres que mujeres. Aproximadamente en un 10 % a un 15 % de los pacientes coexisten la demencia vascular y la de tipo Alzheimer. Otras causas frecuentes de las demencias, que se mencionan en el cua- dro 4, representan cada una entre 1 % y 5 % de todos los casos. 86 CUADRO 4. Trastornos que pueden causar demencia Enfermedad de Alzheimer Hidrocefalia normotensiva Demencia vascular Trastornos inflamatorios crónicos Infartos lacunares LES y otras colagenopatías ACV Esclerosis múltiple Microinfartos lacunares Enfermedad de Whipple Tóxicas y carenciales Infecciones Alcohol Vih/sida Metales pesados Neurosífilis Déficit de vitamina B12 Meningitis bacterianas y micóticas Déficit de vitamina B1 Encefalítis vírica Déficit de ácido fólico Enfermedad de Crezfeld-Jackob Trastornos metabólicos Trastornos neurodegenerativos Hipo e hipertiroidismo Enfermedad de Pick Síndrome de Cushing Enfermedad de Parkinson Insuficiencia renal Enfermedad de Huntington Demencia por diálisis Esclerosis lateral amniotrófica Insuficiencia hepática Parálisis supranuclear progresiva Masas intracraneales Traumatismos Tumores Lesiones craneales Abscesos cerebrales Demencia pugilística Enfermedad de Alzheimer (EA) Es la causa de demencia más frecuente. Los factores de riesgo para la en- fermedad de Alzheimer (EA) son el sexo femenino, tener un familiar de primer grado con el trastorno y antecedentes de traumatismo craneal. Factores genéticos: aunque se desconoce la causa de la demencia de tipo Alzheimer, se han conseguido conocer mejor las bases moleculares de los depósitos amiloideos que son la base de la neuropatología del trastorno. Alrededor de un 25 % a 40 % de los casos tienen antecedentes familiares, habiendo un patrón autosómico dominante en un 5-10 % de los casos. Otra 87 prueba a favor de la influencia genética es la concordancia en los gemelos monocigóticos, que es mayor que en los dicigóticas (43 % frente a 8 %, respectivamente). Se ha demostrado una asociación de la demencia tipo Alzheimer con los cromosomas 1, 14 y 21, lo que resulta en una excesiva producción de beta-amiloide. Esta proteína inicia la cascada de eventos que finalmente determina muerte neuronal y el síndrome clínico de EA. No obstante, hasta el momento se sabe que solo el 10 % de los casos de EA son hereditarios, y el 90 % de los casos son esporádicos. Fisiopatología Una aproximación fisiopatológica se basa en una mutación en el gen APP o alguna alteración en la transcripción de los RNAm que produciría un ex- ceso de beta-amiloide, el cual se acumularía. Esto provocaría la aparición de la sustancia amiloide, la cual podría tener la propiedad de atracción de los elementos nerviosos situados en la proximidad de la placa y provocaría alteraciones tóxicas en las neuronas, con la aparición de anomalías en el citoesqueleto. Además, se produciría un exceso de producción de proteínas Tau y anormalidades en la fosforilación, lo cual provocaría la muerte de las neuronas (en especial en corteza e hipocampo), lo cual acarrearía el dete- rioro de las redes neuronales en las estructuras directamente afectadas por el proceso patológico, pero también de las estructuras distantes que reciben aferencias de ellas. Por estos mecanismos aparecerían síntomas relacionados con las estructuras primarias afectadas, como la pérdida de la memoria. En la EA, el neurotransmisor más comprometido es la acetilcolina. Se observa una disminución muy significativa en la actividad de la enzima colina acetil transferasa, enzima responsable de la síntesis de acetilcolina. Esta teoría no descarta que factores virales, inmunológicos, tóxicos u otros puedan alterar la expresión genética y provocar los cambios patológicos de la EA. Anatomía patológica Las principales características neuropatológicas de la EA son: Placas seniles: también denominadas placas amiloideas. Son muy indica- tivas de la enfermedad de Alzheimer, aunque también se pueden ver, en cierto grado, en el proceso normal de envejecimiento. 88 Ovillos neurofiblilares: se componen de elementos del citoesqueleto, princi- palmente de proteína tau fosforilada. No solamente aparecen en la enfer-medad de Alzheimer, sino también en los cerebros de personas normales de edad avanzada. Pérdida neuronal: particularmente en corteza e hipocampo. Perdida de sinapsis: hasta un 50 % en la corteza. Además, pueden evidenciarse angiopatía amiloídea y degeneración granu- lovacuolar. Estos cambios neuropatológicos están ampliamente distribuidos en la cor- teza cerebral, pero se concentran preferentemente en la zona medial de los lóbulos temporales e hipocampo. Más tarde, los lóbulos frontales también se comprometen. Manifestaciones clínicas La EA se caracteriza, principalmente, por amnesia, afasia y apraxia acom- pañadas de un empobrecimiento de la capacidad de juicio. El déficit de memoria se observa en todos los pacientes y es la manifesta- ción más precoz de la enfermedad y lo primero que notan los familiares. Los enfermos tienen dificultad para retener nueva información, como la fecha y su localización. La memoria remota se mantiene más conservada pero, con el avance de la enfermedad, también se va deteriorando. La aparición de problemas del lenguaje también es frecuente en la EA. Característicamente el lenguaje es fluido, pero vacío, con reducida infor- mación. A medida que la enfermedad progresa, los pacientes pierden la habilidad para comprender el lenguaje hablado, tienden a repetir lo que escuchan y pueden eventualmente volverse mudos. La capacidad de organización visoespacial está deteriorada. Los pacientes se pierden fácilmente en lugares antes familiares para ellos. Cuando se les pide que copien un dibujo durante el examen, esta dificultad se hace más aparente. 89 La capacidad de juicio también se compromete. Estos pacientes tienden a tomar malas decisiones financieras y a medida que la enfermedad progre- sa pueden tomar decisiones equivocadas que los ponen en franco peligro (dejan la cocina prendida o deambulan descuidadamente por la calle). Las ideas delirantes ocurren hasta en el 50 % a 60 % de los enfermos du- rante el curso de la enfermedad. Se tratan de creencias incorrectas de que les quieren robar, de que hay gente no deseada viviendo en su casa o ideas de infidelidad del cónyuge. En el 50 % de los casos aparecen síntomas depresivos, pero la depresión se- vera es poco frecuente. Los pacientes pueden presentar llanto fácil y hacer afirmaciones tristes. El suicidio es poco frecuente. Los tests neuropsicológicos pueden ayudar al clínico a distinguir EA ini- cial de aquellos cambios psicológicos propios del envejecimiento. La eva- luación neuropsicológica también sirve para tener una información basal y ver la progresión de la enfermedad; además sirve para cuantificar el daño en los diferentes dominios cognitivos. La EA es invariablemente progresiva. Algunos pacientes progresan rápida- mente a la muerte en 3-5 años, mientras otros sobreviven más de 20 años después de la aparición de los primeros síntomas. La causa de muerte más frecuente son las infecciones. Estos pacientes mueren de neumopatías as- pirativas asociadas a alteración de la deglución o de infecciones urinarias relacionadas a incontinencia urinaria. Diagnóstico El diagnostico de demencia se basa en criterios clínicos (cuadro 5) obtenida mediante la exploración y la información facilitada por los familiares, los amigos y conocidos. La evaluación de laboratorio recomendada por la Academia Americana de Neurología incluye: hemograma y VHS, perfil bioquímico (calcio, fósforo, pruebas hepáticas, glicemia, BUN), electrolitos, hormonas tiroídeas, nivel plasmático de vitamina B12 y tamizaje para neurosífilis y otras enfermeda- des inflamatorias e infecciosas (HIV, VDRL). 90 Las imágenes del cerebro, tomografía o resonancia nuclear magnética, son útiles para descartar lesiones estructurales (tumores, hidrocefalia, infarto, etcétera) que puedan contribuir a la demencia. En algunos casos, el SPECT (“single photon emission computed tomogra- phy”) puede ser útil en el diagnóstico diferencial de las distintas demencias. Muestra patrones bastante típicos de hipoperfusión en la corteza temporo- parietal bilateral posterior en la EA; en la enfermedad de Pick hay típica- mente hipoperfusión frontal; en la demencia vascular hay un patrón multi- focal asimétrico; y la perfusión es normal en la pseudodemencia depresiva. Una evaluación neuropsicológica extensa es útil para el diagnóstico dife- rencial de las demencias, pues estudia en forma más precisa los déficits en las diferentes áreas cognitivas. Además, los tests neuropsicológicos son útiles para diferenciar a aquellos sujetos en el límite entre envejecimiento normal y demencia inicial. El electroencefalograma no se usa de rutina, pero puede ser útil para iden- tificar encefalopatías tóxico metabólicas, convulsiones parciales complejas subclínicas o enfermedad de Jakob-Creutzfeldt. El estudio del líquido cefalorraquideo se reserva para los casos de demen- cia atípica (por ejemplo, en demencia subaguda en sujeto joven, o demen- cia en el contexto de una enfermedad sistémica). 91 CUADRO 5. Criterios diagnósticos para Enfermedad Alzheimer (DSM-IV-TR) A. El desarrollo de múltiples déficit cognitivos que se ponen de manifiesto por (ambos): 1. Deterioro de la memoria, y 2. Uno (o más) de los siguientes trastornos cognitivos: a. Afasia. b. Apraxia. c. Agnosia. d. Alteración del funcionamiento ejecutivo (planificación, organización, secuenciación, abstracción). B. Los déficits cognitivos de los criterios A1 y A2 por ellos mismos provocan una alteración significativa de la actividad social o laboral y representan un deterioro con respecto a la capacidad previa. C. La evolución clínica se caracteriza por un deterioro cognitivo de inicio gra- dual y continuado. D. Los déficits cognitivos de los criterios A1 y A2 no se deben a ninguno de los siguientes: 1. Otras patologías del sistema nervioso central que puedan provocar défi- cits progresivos de memoria y cognitivos. 2. Otras enfermedades sistémicas que pueden provovar demencia. 3. Patologías inducidas por sustancias. E. Los déficits no aparecen exclusivamente en el curso de un delirio. F. La alteración no se puede explicar mejor por otro trastorno. Especificar si: Inicio temprano: si el inicio es antes de los 65 años. Inicio tardío: si el inicio es después de los 65 años. Diagnóstico Diferencial El diagnóstico diferencial de la EA es extenso e incluye: Demencia vascular: es la segunda causa más frecuente de demencia. Se deben buscar signos de focalización en el examen neurológico, anteceden- te de accidente cerebro vascular (ACV) o accidente isquémico transitorio (AIT), HTA, enfermedad cardíaca, arritmias, etc. 92 Demencia fronto temporal y enfermedad de Pick: hay cambios importantes en la personalidad, que aparecen precozmente en la evolución de la enfer- medad. La función ejecutiva, es decir, la capacidad de planificar y realizar una acción están precozmente comprometidas. Puede haber apatía, que es difícil de distinguir de una depresión. Se altera el lenguaje apareciendo logorrea (hablan mucho, pero sin focalización), ecolalia (repetición espon- tanea de frases o palabras) y palilalia (repetición compulsiva de frases). La memoria, capacidad de cálculo y habilidad visuoespacial están mejor con- servadas que en la EA. Demencia por cuerpos de Lewy: alteración cognitiva con enlentecimiento psicomotor, déficit en función ejecutiva y signos extrapiramidales (rigidez, temblor). También se observan alucinaciones de aparición precoz. Pseudodemencia depresiva: es importante el antecedente de depresión en el pasado y la historia familiar de problemas del ánimo. Hay humor de- presivo e ideas de culpa o enfermedad. En caso de duda diagnóstica se recomienda dar tratamiento antidepresivo de prueba. Encefalopatía por Vih: se caracteriza por apatía y lentitud en el pensamiento. Investigar factores de riesgo de Vih. Se constata serología positiva para Vih. Otros diagnósticos que deben ser diferenciados son: hidrocefalia normotensiva, hematoma subdural o tumorcerebral, meningitis crónica, enfermedad de Jakob-Creutzfeldt y Encefalopatía tóxico-metabólica. Tratamiento Lo ideal es que el paciente con EA sea manejado por un equipo multidisci- plinario, pues sus necesidades son variadas y van cambiando con el avance de la enfermedad. El manejo comprende la prescripción de fármacos y terapia cognitiva con- ductual del déficit cognitivo mediante la realización supervisada de las ac- tividades básicas de la vida diaria. 93 Tratamiento no farmacológico Simplificar la comunicación verbal mediante el uso de frases simples y cor- tas. Identificar y eliminar factores precipitantes de agitación y conductas agresivas. Mantener un ambiente calmado y rutinario. Buena iluminación. Maximizar seguridad en el ambiente, evitando desniveles y salidas innece- sarias a la calle. Mantener actividad física. En relación al cuidador, es importante el apoyo psicológico y social del mis- mo. Hasta el 30-40 % de los cuidadores de pacientes con demencia hacen una depresión. Los grupos de autoayuda para el cuidador y la familia, son útiles para compartir experiencias y recibir apoyo. Tratamiento farmacológico En la Enfermedad de Alzheimer el déficit de acetilcolina es el principal responsable de los síntomas y se correlaciona directamente con el trastor- no de memoria, por lo tanto el tratamiento se focaliza en estrategias para aumentar la neurotransmisión colinérgica. Las principales drogas utilizadas para aumentar la neurotransmisión coli- nérgica son los inhibidores de la acetilcolinesterasa y la memantina, cuya dosificación puede apreciarse en el cuadro 6. CUADRO 6. Fármacos utilizados en le demencia Fármaco Dosis Inhibidores de colinesterasa Donepecilo 5 – 10 mg Rivastigmina 3 – 6 mg Galantamina 4 – 8 mg Antagonistas de receptores NMDA Memantina 10 – 20 mg 94 El 5-8 % de los pacientes con EA hacen un episodio depresivo mayor y has- ta el 25 % de ellos tiene síntomas depresivos al comenzar el deterioro cog- nitivo. Los inhibidores de la recaptación de serotonina son mejor tolerados. A medida que progresa la enfermedad, el insomnio se hace más frecuente. Se recomienda comenzar tratamiento con medidas conductuales e higiene del sueño, tales como minimizar las siestas y mantener exposición a la luz solar. Si esto no basta se pueden utilizar sedantes hipnóticos, por el menor tiempo posible. Las ideas delirantes tienden a hacerse más frecuentes a medida que pro- gresa la enfermedad. Una vez que aparecen, se pueden hacer permanentes en el 20 % de los casos. Los neurolépticos podrían ser útiles, principalmen- te risperidona en dosis bajas (0.5 mg/día). Demencia fronto temporal y enfermedad de Pick La enfermedad de Pick es una demencia degenerativa con afectación pre- dominante del lóbulo frontal y temporal anterior, lo que se traduce en su clínica. Se caracteriza por la presencia de unas inclusiones intracitoplas- máticas conocidas como cuerpos de Pick. La clínica es parecida a la enfermedad de Alzheimer pero con un predomi- nio de síntomas iniciales "frontales", como alteración precoz de la persona- lidad, trastorno del lenguaje, moria y desinhibición con alteraciones de la conducta social y sexual. Demencia vascular Es el síndrome que cursa con demencia secundaria a lesiones cerebrales causadas por enfermedad cerebro vascular. Los siguientes factores están relacionados con su desarrollo: edad, tabaquismo, alcoholismo, hiperten- sión arterial, historia de enfermedad cerebro vascular, diabetes, cardiopa- tía e historia familiar de demencia. Para definir demencia vascular se precisan de tres requisitos: el paciente debe cumplir criterios de demencia, debe haber evidencia de enfermedad cerebrovascular por historia, exploración y técnicas de neuroimagen, y que ambos requisitos estén razonablemente relacionados. 95 Son hechos sugerentes de demencia vascular un deterioro intelectual agudo en los tres meses siguientes a un accidente vascular cerebral con posterior evolución fluctuante o escalonada, historia de alteración de la marcha y caídas frecuentes, alteraciones halladas en la exploración neuro- lógica, predominio de déficits cognitivos subcorticales sobre los corticales y presencia de factores de riesgo cardiovascular. Demencia con cuerpos de Lewy Como norma general, se debe pensar en esta enfermedad ante todo pacien- te con deterioro cognitivo fluctuante, alucinaciones (generalmente visua- les) y signos parkinsonianos. Es importante reconocer esta enfermedad debido a que los pacientes tienen una característica hipersensibilidad a los neurolépticos con reacciones para- dójicas y agravamiento agudo y grave del parkinsonismo, incluso con dosis mínimas. Se recomienda usar antipsicóticos atípicos a dosis muy bajas y con extrema prudencia, pues, aunque en teoría tienen menos efectos ex- trapiramidales que los neurolépticos clásicos, también los pueden producir. La rivastigmina ha demostrado utilidad en el tratamiento sintomático de este tipo de demencia, pues puede mejorar de forma significativa los gra- ves trastornos conductuales de estos enfermos. 96 BIBLIOGRAFÍA 1. World Alzheimer Report 2010: The Global Economic Impact of Dementia. (2010) London: Alzheimer's Disease International. 2. American Psychiatric Association. (2002) DSM-IV-TR. Manual diag- nóstico y estadístico de los trastornos mentales. Texto revisado. Barcelona: Masson. 3. Lorenzl, S; Füsgen, I. & Noachtar, S. (2012) Acute confusional states in the elderly - diagnosis and treatment. Rev. Dtsch Arztebl Int: 109; 391, 400. 4. Nistor, M; Don, M; Parekh, M; et al. (2007). Alpha and beta secretase activity as a function of age and beta amyloid in Down syndrome and normal brain. Rev. Neurobiol. Aging: 28; 1493, 1506 5. Poppeo, D. (2011) Delirium in older adults. Rev. Mt Sinai J Med: 78; 571, 582. 6. Saxena, S. & Lawley, D. (2009) Delirium in the elderly: a clinical review. Postgrad Med J: 85; 405, 413. 7. Raina, P; Santaguida, P; Ismaila, A; et al. (2008). Effectiveness of cholinesterase inhibitors and memantine for treating dementia: evidence review for a clinical practice guideline. Annals of Internal Medicine: 148; 379, 397. 8. Sadock, BJ. & Sadock, VA. (Eds). (2009) Kaplan & Sadock’s Comprehen- sive Textbook of Psychiatry. 10th Edition. Baltimore: Lippincott Wil- liams & Wilkins. 9. Vallejo, J. (2011) Introducción a la Psicopatología y a la Psiquiatría. Es- paña: Masson. 10. World Health Organization (2006). Neurological Disorders: Public Health Challenges. Switzerland: World Health Organization. 97 CAPÍTULO 4 TRASTORNOS RELACIONADOS CON SUSTANCIAS Prof. Dr. Andrés Arce Ramírez, Dr. Víctor Adorno Quevedo, Dr. Fabrizio De Giacomi Zaldivar & Dra. Nélida Minck Benítez INTRODUCCIóN Los trastornos relacionados con sustancias son problemas psiquiátricos de diversa índole, que derivan del consumo de sustancias psicoactivas, inclu- yendo a más de las drogas ilícitas de abuso, sustancias de libre comercia- lización en Paraguay, como la nicotina, el alcohol y los fármacos de pres- cripción médica. Cuando se hace referencia a abuso de fármacos de prescripción médica, se debe entender que los mismos se emplean con fines diferentes a los indi- cados, o en cantidad distinta a la recomendada. Los problemas relacionados con el abuso de sustancias pueden expresarse de diferente manera según la fase de consumo en la que se encuentra el sujeto: intoxicación, abuso, dependencia y abstinencia. Aún se debate sobre las diferencias exactas entre el abuso de sustancias y la dependencia, pero las prácticas estándares distinguen una de la otra al definir la dependencia de sustancias en términos de los síntomas fisiológi- cos y de comportamiento del uso de sustancias, y al abuso de sustancias en términos de las consecuencias sociales del uso de sustancias. CONCEPTOS BÁSICOS La complejidad del tema se refleja en la terminología asociada, que parece cambiar regularmente. A continuación se detallan los términos común- mente utilizados.98 Sustancia psicoactiva con capacidad adictiva o “droga”: toda sustan- cia farmacológicamente activa sobre el SNC, que introducida en el organis- mo vivo, podría llegar a producir alteraciones indeseables y dañinas del ni- vel de conciencia, de las funciones psíquicas básicas, del curso y contenido del pensamiento, de los procesos de la sensopercepción y, como resultado de todo esto, de la conducta. Dependencia: una de las primeras definiciones formuladas por la Orga- nización Mundial de la Salud (OMS) en 1964: “Estado psíquico y, a veces, físico resultante de la interacción de un organismo vivo y una droga, carac- terizado por un conjunto de respuestas comportamentales que incluyen la compulsión a consumir la sustancia de forma continuada con el fin de experimentar sus efectos psíquicos o, en ocasiones, de evitar la sensación desagradable que su falta ocasiona”. En 1981, la misma OMS completó esta definición incluyendo ciertos criterios para su diagnóstico, entre los que se pueden citar evidencia objetiva de conductas compulsivas dirigidas a consumir la droga; deseo de cesar el consumo y una gran facilidad para la reinstauración del consumo después de un periodo de abstinencia. Adicción: consumo repetido y aumentado de una sustancia cuya priva- ción ocasiona síntomas de distrés y una perentoriedad irresistible para el repetido consumo de la sustancia y que asimismo induce un deterioro fí- sico y mental. El término ya no se incluye en las nomenclaturas oficiales y, aunque se ha reemplazado por el término dependencia, sigue siendo útil en el lenguaje común. Abuso: consumo de cualquier droga que desvíe de los patrones sociales o médicos aprobados. El DSM-IV-TR mantiene el concepto de abuso de sus- tancias psicoactivas como una categoría diagnóstica residual que se aplica- rá a aquellos modelos desadaptativos del uso de sustancias que no lleguen a cumplir los criterios de dependencia. Mal uso: similar al abuso, aunque habitualmente implica a fármacos de prescripción médica que no se consumen adecuadamente. Intoxicación: síndrome reversible causado por una sustancia específica que afecta a una o varias de las siguientes funciones mentales: memoria, orientación, estado de ánimo, juicio y función conductual, social o laboral. 99 Abstinencia: síndrome específico para una sustancia que aparece tras in- terrumpir o reducir la cantidad que se ha consumido regularmente duran- te un periodo prolongado. El síndrome se caracteriza por signos y síntomas fisiológicos, trastornos del pensamiento, de las emociones y de la conducta. Tolerancia: fenómeno en el que, tras la administración repetida de una sustancia, se requieren dosis crecientes para obtener el mismo efecto ob- servado con la dosis original. Tolerancia cruzada: capacidad de una droga para ser sustituida por otra, cuando ambas producen el mismo efecto fisiológico y psicológico (por ej. el diazepam y los barbitúricos). También se conoce como dependencia cruzada. Neuroadaptación: cambios neuroquímicos o neurofisiológicos en el or- ganismo resultantes de la administración repetida de una sustancia. La neuroadaptación explica el fenómeno de tolerancia. ETIOLOGÍA El abuso de sustancias y la dependencia de sustancias se deben a que una persona consume una determinada sustancia con un patrón de abuso, pero esta simplificación no responde a las preguntas de por qué tan solo ciertas personas abusan de sustancias o dependen de ellas. Al igual que en todos los trastornos psiquiátricos, las teorías etiológicas iniciales se desarrollaron a partir de modelos psicodinámicos; los modelos posteriores se basaron en explicaciones conductuales, genéticas o neuro- químicas. Factores psicodinámicos Según las teorías clásicas, el abuso de sustancias es un mecanismo de defensa frente a impulsos ansiosos o depresivos ante los cuales el sujeto no posee capacidad de respuesta o adaptación adecuadas. También puede considerarse como una manifestación de regresión oral (es decir, depen- dencia). Una cantidad considerable de investigaciones relacionan los tras- tornos de la personalidad con el desarrollo de la dependencia de sustancias. Otras teorías psicosociales proponen que hay muchas razones para sospe- char una influencia social en el desarrollo de los patrones de abuso y de dependencia de sustancias. 100 Teorías conductistas Algunos investigadores han planteado la hipótesis de que para inducir una conducta de búsqueda de la sustancia intervienen principios conductis- tas, fundamentalmente el reforzamiento positivo y los efectos adversos de algunas sustancias. La mayoría de las sustancias de abuso producen una experiencia positiva tras el primer consumo y, por lo tanto, la sustancia actúa como un refuerzo positivo para la conducta de búsqueda. Factores genéticos Los estudios de gemelos, de niños adoptados y de hermanos criados por separado aportan datos claros que indican que el abuso de alcohol tiene un componente genético. Otros datos menos concluyentes indican que otros tipos de abuso de sustancias o dependencia de sustancias tienen también un patrón genético en su desarrollo. Factores Neuroquímicos Receptores y sistemas de receptores: se han identificado receptores de neuro- transmisores específicos relacionados con la mayoría de las sustancias de abuso. Por ejemplo, los opioides actúan sobre los receptores de opioides. Un individuo con actividad demasiado escasa de opioides endógenos o con baja actividad de antagonistas de opioides endógenos puede presentar ries- go de dependencia de opioides. Vías y neurotransmisores: los principales neurotransmisores involucrados en el abuso y la dependencia de sustancias son los opioides endógenos, las catecolaminas (especialmente dopamina) y acido gamma aminobutirico (GABA). Las neuronas dopaminergicas del área tegmental ventral y del locus coeruleus intervienen en la sensación de recompensa y puede ser el principal mediador de los efectos de las sustancias como las anfetaminas, la cocaína y los opioides. A estas vías se las ha denominado circuito de recompensa cerebral. 101 EPIDEMIOLOGÍA El National Institute of Drug Abuse (NIDA) y otros organismos como la National Survey of Drug Use and Health (NSDUH) realizan encuestas periódicas sobre el consumo de drogas ilegales en Estados Unidos. En el 2004 se calculaba que 22,5 millones de individuos mayores de 12 años (casi el 10 % del total de la población estadounidense) presentaban un trastorno relacionado con sustancias. La oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) estima que en el 2007 entre 172 millones y 250 millones de personas con- sumieron drogas ilícitas por lo menos una vez en el año anterior. Si bien es cierto estas cifras podrían incluir a personas que solo han consumido una droga de manera ocasional en un año, la UNODC considera que en ese mismo año existía entre 18 millones y 38 millones de consumidores problemáticos de drogas de entre 15 y 64 años de edad. El número de personas que consumieron opiáceos por lo menos una vez en el 2007 se estima entre 15 millones y 21 millones a nivel mundial. Para la cocaína se estima entre 16 millones y 21 millones el número de perso- nas que la consumieron por lo menos en una ocasión en el año 2007. El cannabis es con mucho la droga ilegal más consumida y se estima que el número total de personas que lo consumieron por lo menos una vez en el 2007 varía entre 143 millones y 190 millones de personas. La UNODC estima también que entre 16 millones y 51 millones de perso- nas de 15 a 64 años consumieron sustancias del grupo de las anfetaminas por lo menos una vez en el 2007; el número que utilizó drogas del grupo del “éxtasis” por lo menos una vez se estima entre 12 millones y 24 millo- nes de personas a nivel mundial. CLASIFICACIóN Las drogas han sido clasificadas según múltiples sistemas de categoriza- ción, predominando, en la actualidad, las clasificaciones en función de sus efectos farmacológicos. 102Depresores, sedantes y analgésicos Etanol: produce euforia, relajación, disminución de los reflejos y problemas de coordinación. Heroína: placer, sedación y euforia. Metadona: sedación y anestésico. Ácido hidroxibutírico: sedante, somnífero, produce amnesia anterógrada. Ketamina: anestesia, distorsión de la percepción, aislamiento, reducción de la atención y del aprendizaje. También se describen alucinaciones. Benzodiacepinas: sedación, relajación, placer, bienestar general. Alucinógenos Metilendioximetaanfetamina (MDMA) o “éxtasis”: euforia, felicidad, ligere- za mental y física, bienestar general. Dietilamida de ácido lisérgico (LSD): alucinaciones, creatividad, apertura emocional, cambios de humor. Mescalina: alucinaciones basadas en la realidad, cinestesia. Hongo psilcybe: euforia, autoexploración, leves alucinaciones. Tetrahidrocannabinol (marihuana): euforia, relajación, placer, amnesia, in- tensificación sensorial, bienestar general. Estimulantes Nicotina: estimula la memoria y la vigilia, inhibe el sueño y el hambre, bienestar general. Anfetamina: euforia, ansiedad, concentración, grandiosidad, paranoia e irritabilidad. Cafeína y Teobromina: disminución del sueño y el hambre, mejor coordina- ción y memoria, vasodilatación y aumento de la funciones cognitivas. 103 DIAGNóSTICO Los criterios diagnósticos propuestos por el (DSM-IV-TR) se exponen a continuación en el cuadro 1. Como puede apreciarse, dichos criterios son clínicos, por lo cual se basa en una buena entrevista y en la confección de la historia clínica. CUADRO 1 Criterios diagnósticos para Dependencia de sustancias (DSM-IV-TR) Un patrón desadaptativo de consumo de la sustancia que conlleva un deterioro o malestar clínicamente significativos, expresado por tres (o más) de los ítemes siguientes en algún momento de un período continuado de 12 meses: 1. Tolerancia, definida por cualquiera de los siguientes ítemes: a. una necesidad de cantidades marcadamente crecientes de la sustancia para conseguir la intoxicación o el efecto deseado. b. el efecto de las mismas cantidades de sustancia disminuye claramente con su consumo continuado. 2. Abstinencia, definida por cualquiera de los siguientes ítemes: a. el síndrome de abstinencia característico para la sustancia. b. se toma la misma sustancia (o una muy parecida) para aliviar o evitar los síntomas de abstinencia. c. la sustancia es tomada con frecuencia en cantidades mayores o durante un período más largo de lo que inicialmente se pretendía. 3. Existe un deseo persistente o esfuerzos infructuosos de controlar o interrumpir el consumo de la sustancia. 4. Se emplea mucho tiempo en actividades relacionadas con la obtención de la sustancia (p. ej., visitar a varios médicos o desplazarse largas distancias), en el consumo de la sustancia (p. ej., fumar un pitillo tras otro) o en la recuperación de los efectos de la sustancia. 5. Reducción de importantes actividades sociales, laborales o recreativas debido al consumo de la sustancia. 6. Se continúa tomando la sustancia a pesar de tener conciencia de problemas psicológicos o físicos recidivantes o persistentes, que parecen causados o exacerbados por el consumo de la sustancia (p. ej., consumo de la cocaína a pesar de saber que provoca depresión, o continuada ingesta de alcohol a pesar de que empeora una úlcera). Especificar si: Con dependencia fisiológica: signos de tolerancia o abstinencia. Sin dependencia fisiológica: no hay signos de tolerancia o abstinencia. 104 TRATAMIENTO En el proceso terapéutico, se plantean distintos tiempos, los cuales tienen objetivos y abordajes diferentes. Primer tiempo Objetivo: mejorar de la calidad de vida del paciente, sin modificar el hecho de la abstinencia en el consumo. Abordaje: disminución del número y gravedad de los trastornos de salud secundarios, de las complicaciones legales y de las alteraciones socioper- sonales. Segundo tiempo Objetivo: mejoras parciales en relación con el consumo. Abordaje: abstinencias transitorias y disminución de la intensidad del con- sumo. Tercer tiempo Objetivo: sustitución controlada de la sustancia por otra con menos conse- cuencias personales y sociales. Abordaje: instaurar una sustancia que debe tener características que per- mitan plantearse su uso sin límites temporales de cara al mantenimiento y como un paso previo a la abstinencia definitiva. Cuarto tiempo Objetivo: eliminación de la dependencia y consecución de la abstinencia. Abordaje: capacidad de abstinencia y control, mejoría de salud física, madu- ración de la personalidad y reordenación de la dinámica personal, familiar y social. Es el tiempo más ambicioso y el que comporta cambios de mayor profundidad. 105 Otros conceptos importantes de manejar son algunos términos clásicos utilizados aún en la actualidad en el tratamiento de la dependencia son: Desintoxicación: se constituye en suprimir la droga, vigilar y paliar las posi- bles consecuencias de la deprivación de la sustancia. Su objetivo principal es reconstruir rápidamente la situación metabólica que la presencia del tóxico alteraba, aprovechando el momento de motivación y confianza por el que pasa el paciente que acude en busca de ayuda. Rehabilitación: intento de cambiar en profundidad la estructura del sujeto, sustancialmente alterada, su mundo personal y su interacción con el en- torno. Esto se puede lograr mediante el reordenamiento de los hábitos y la reestructuración de la personalidad. 106 BIBLIOGRAFÍA 1. Bandura, A. (1986). Teoría del aprendizaje social. Madrid: Espasa Calpe. 2. Colom, J; (1997). Los programas de reducción de riesgos. Rev. Adiccio- nes: 9; 136, 169. 3. American Psychiatric Association. (2002) DSM-IV-TR. Manual diag- nóstico y estadístico de los trastornos mentales. Texto revisado. Barcelona: Masson. 4. Generallitat valenciana (1999).Normativa Autonómica Valenciana en materia de drogodependencias. Valencia: Quiles, Artes Gráficas. 5. Sadock, BJ. & Sadock, VA. (Eds). (2009) Kaplan & Sadock’s Compre- hensive Textbook of Psychiatry. 10th Edition. Baltimore: Lippincott Williams & Wilkins. 6. Manual de Adicciones para médicos especialistas en formación. (2009). España: SOCIDROGALCOHOL (Sociedad Científica Española de estu- dios sobre el alcohol, el alcoholismo y otras toxicomanías). 7. Bobes, J. & Casas, M. (2011). Manual de Trastornos adictivos. Madrid: Enfoque Editorial. 8. Gelder, M.; Mayou, R. y Geddes, J. (2000). Oxford Psiquiatría. 2da. edición. Madrid: Marbán. 9. Vallejo, J. (2011) Introducción a la Psicopatología y a la Psiquiatría. España: Elsevier Masson. 107 CAPÍTULO 5 ESQUIZOFRENIA Y OTROS TRASTORNOS PSICóTICOS Dr. Julio Torales Benítez, Dr. Hugo Rodríguez Marín, Dr. Pedro López Olmedo & Dra. Susana Recalde Berni ESQUIZOFRENIA Concepto La esquizofrenia es un trastorno mental crónico, que en general, produce un deterioro en la calidad de vida del paciente y la de su familia. Afecta aproximadamente a 1 % de la población mundial y se inicia comúnmente en los últimos años de la adolescencia y los primeros de la vida adulta, no es influida por el nivel socioeconómico. Se caracteriza por presentar sínto- mas negativos y positivos, y su diagnóstico se realiza con los antecedentes psiquiátricos y el examen del estado mental. Etiología Existen varias hipótesis acerca de que la etiología de la esquizofrenia es multifactorial. Actualmente es sabido que se necesita un conjunto de si- tuaciones neurobiológicas, genéticas y medioambientales para que se de- sarrolle el trastorno. Hipótesis neurobiológicas: la explicación más aceptada hasta la actualidad es la hipótesis dopaminérgica, que plantea la existencia de una hiperactividad de este neurotransmisor. Los sitios que se observaron más afectados fue- ron las vías mesolímbica y mesocortical. Esta hipótesis surgió de la eficacia clínica del uso de fármacos antipsicóticos bloqueantes de los receptores dopaminérgicos, en especial, los D2. También se han observadolas pro- piedades de otros antipsicóticos, como el caso de la olanzapina o risperido- na, que no poseen las características antes citadas; por ende, se cree que además de la dopamina, existen otros neurotransmisores implicados en la génesis de esta patología, tales como serotonina, noradrenalina, GABA, glutamato y algunos neuropéptidos. 108 Además de la implicancia de neurotransmisores, se ha observado algunas alteraciones en la estructura del cerebro. La tomografía axial computari- zada ha mostrado la presencia de alteraciones como agrandamiento ven- tricular. Además, imágenes de resonancia magnética han demostrado en estos pacientes la presencia de alteraciones sugerentes de una hipofronta- lidad. Esto último también se evidenció en la tomografía por emisión de positrones, tomografía computarizada por emisión única de fotones y por estudios de flujo sanguíneo regional cerebral. Hipótesis genéticas: varios estudios genéticos sugieren que existe un com- ponente hereditario en la esquizofrenia. Cuanto más cercano sea el paren- tesco, más chance de padecer la patología. Un progenitor portador de esquizofrenia, aumenta el riesgo de 10 a 12 % más que la población general. Si los dos progenitores son portadores de la patología, el riesgo es 40 % mayor. Estudios de adopción han demostrado que aquellos individuos cuyas madres padecían de esquizofrenia mante- nían las mismas chances de padecer el trastorno de la población general. Los estudios en gemelos han coincidido claramente en demostrar una tasa elevada de concordancia para los gemelos monocigotos (45 %), y significa- tivamente más baja para los heterocigotos (15 %). CUADRO 1. Prevalencia de esquizofrenia en poblaciones específicas Familiar directo 10 – 12 % Familiar de segundo grado 5 – 6 % Hijo de dos progenitores esquizofrénicos 40 % Gemelos dicigóticos 12 – 15 % Gemelos monocigóticos 45 – 50 % Hipótesis medioambietal: está demostrado que se necesitan ciertas situa- ciones para que una persona desarrolle la patología; dicho de otra manera quizá sea necesario un factor externo para que el trastorno aflore. Este fac- tor externo suelen ser circunstancias estresantes en la vida de una persona, tales como la muerte de un familiar, la separación de los padres, la ruptura de una relación amorosa, o situaciones que a cada persona en particular le provoque un estrés determinado. 109 Existe mayor riesgo para personas que viven en áreas urbanas, respecto a los que lo hacen en zonas rurales. Otro hallazgo sólido en la investiga- ción de la esquizofrenia es que las personas que han nacido en invierno o principios de primavera tendrían una mayor probabilidad de desarrollar la patología. Epidemiología La prevalencia a nivel mundial de la esquizofrenia es de aproximadamente 1 %. Según el (DSM-IV-TR), la incidencia anual de la esquizofrenia varía de 0,5 a 5,0 por cada 10.000 habitantes. En cuanto al sexo, no hay diferencia de afectación. Sin embargo, sí exis- te discordancia en cuanto al inicio de la enfermedad para cada sexo. Las edades de comienzo pico son de 10 a 25 años, en los hombres, y de 25 a 35 años, en las mujeres. Además, la mujer tiene un segundo pico de edad, que podría darse después de los 40 años. Diagnóstico Se detallan los criterios diagnósticos propuestos por el (DSM-IV-TR) en el cuadro 2. Manifestaciones clínicas Los rasgos de personalidad premórbidos que suelen mostrar los pacientes con esquizofrenia consisten en: tendencia al aislamiento social, introver- sión, habilidades sociales pobres, preferencia por actividades solitarias. Los denominados síntomas prodrómicos, que pueden estar presentes du- rante meses o incluso años antes de que se inicie la sintomatología caracte- rística del trastorno, incluyen intereses no habituales por temas de índole filosófico o religioso, lenguaje extraño, percepciones sensoriales raras o ideas excéntricas, así como molestias somáticas: cefalea, problemas gastro- intestinales, dolores musculares, entre otros. 110 Un examen psíquico característico de un paciente esquizofrénico puede ser el que se presenta a continuación. Impresión general: marcado descuido del aspecto personal. Puede mostrar- se agitado con manifestaciones motoras llamativas o inmóvil y mutista. Psicomotricidad: se pueden observar agitación o con inhibición psicomo- triz, así como posturas o movimientos extraños, principalmente en la es- quizofrenia catatónica. Afectividad: además de los síntomas negativos de la esquizofrenia, que se citan en los criterios diagnósticos, en estos pacientes se deben diferenciar respuestas afectivas con posibles reacciones emocionales exageradas ante mínimos estímulos, así como también se pueden ver manifestaciones de exaltación o terror según el tema que toquen sus ideas delirantes. Sensopercepción: las alteraciones características son las alucinaciones, siendo las auditivas las más frecuentes, que suelen consistir en una o más voces que dialogan entre sí o comentan las acciones del paciente y pueden referirse al paciente con tono amenazante, ofensivo o acusador. Las alucinaciones visua- les pueden estar presentes, aunque su presencia, sobre todo si es la modali- dad sensorial principalmente afectada, debe hacer pensar en un trastorno de base orgánica o relacionado con el consumo de alguna sustancia. Pensamiento: las alteraciones fundamentales de su contenido son las ideas delirantes, pudiendo ser de tipo autorreferencial, de persecución, así como de otro tipo: megalomaníacas, místicas, somáticas. Otro hallazgo frecuen- te es la pobreza del pensamiento. Merecen la pena una descripción deta- llada alteraciones normalmente referidas por el paciente como robo del pensamiento (ideas de que el pensamiento es robado por agentes externos), difusión del pensamiento (los pensamientos del paciente son difundidos a otras personas por mecanismos extraños), o inserción del pensamiento (pensamientos provenientes de otras personas son introducidos en la men- te del paciente). En cuanto al curso del pensamiento es común la circuns- tancialidad, tangencialidad y descarrilamiento. Juicio e introspección: estos pacientes muestran muy baja conciencia acerca de la naturaleza y gravedad de la enfermedad, lo que afecta negativamente a la adherencia al tratamiento. 111 CUADRO 2. Criterios diagnósticos para esquizofrenia (DSM-IV-TR) A. Síntomas característicos: Dos (o más) de los siguientes, cada uno de ellos presente durante una parte significativa de un período de 1 mes (o menos si ha sido tratado con éxito): a. ideas delirantes b. alucinaciones c. lenguaje desorganizado (p.ej., descarrilamiento frecuente o incoherencia) d. comportamiento catatónico o gravemente desorganizado e. síntomas negativos, por ejemplo, aplanamiento afectivo, alogia o abulia Nota: Sólo se requiere un síntoma del Criterio A si las ideas delirantes son extrañas, o si las ideas delirantes consisten en una voz que comenta continuamente los pensamientos o el comportamiento del sujeto, o si dos o más voces conversan entre ellas. B. Disfunción social/laboral: Durante una parte significativa del tiempo desde el inicio de la alteración, una o más áreas importantes de actividad, como son el trabajo, las relaciones interpersonales o el cuidado de uno mismo, están claramente por debajo del nivel previo al inicio del trastorno (o, cuando el inicio es en la infancia o adoles- cencia, fracaso en cuanto a alcanzar el nivel esperable de rendimiento interpersonal, académico o laboral). C. Duración: Persisten signos continuos de la alteración durante al menos 6 meses. Este período de 6 meses debe incluir al menos 1 mes de síntomas que cumplan el Criterio A (o menos si se ha tratado con éxito) y puede incluir los períodos de síntomas pro- drómicos y residuales. Durante estos períodos prodrómicos o residuales, los signos de la alteración pueden manifestarse sólo por síntomas negativos o por dos o más síntomas de la lista del Criterio A, presentes de forma atenuada(p. ej., creencias raras, experiencias perceptivas no habituales). D. Exclusión de los trastornos esquizoafectivo y del estado de ánimo: El trastorno esqui- zoafectivo y el trastorno del estado de ánimo con síntomas psicóticos se han descar- tado debido a: 1) no ha habido ningún episodio depresivo mayor, maníaco o mixto concurrente con los síntomas de la fase activa; o 2) si los episodios de alteración anímica han aparecido durante los síntomas de la fase activa, su duración total ha sido breve en relación con la duración de los períodos activo y residual. E. Exclusión de consumo de sustancias y de enfermedad médica: El trastorno no es de- bido a los efectos fisiológicos directos de alguna sustancia (p. ej., una droga de abuso, un medicamento) o de una enfermedad médica. F. Relación con un trastorno generalizado del desarrollo: Si hay historia de trastorno autista o de otro trastorno generalizado del desarrollo, el diagnóstico adicional de esquizofrenia sólo se realizará si las ideas delirantes o las alucinaciones también se mantienen durante al menos 1 mes (o menos si se han tratado con éxito). 112 Diagnóstico diferencial Trastorno psicótico breve y trastorno esquizofreniforme: como se puede ver en los apartados correspondientes, la distinción entre estas entidades y la esquizofrenia radica en criterios de duración de evolución del cuadro. Trastorno esquizoafectivo: en este cuadro los síntomas psicóticos se presen- tan conjuntamente con síntomas afectivos. Trastorno delirante: los síntomas fundamentales son ideas delirantes de tipo no extrañas, no incluyendo síntomas llamativos en lo que respecta al comportamiento, lenguaje o sensopercepción. Trastornos psicóticos debidos a enfermedades médicas o inducidos por sustan- cias: se pueden observar síntomas psicóticos en el contexto de diversas en- fermedades médicas, como ser infecciones del SNC, epilepsia del lóbulo temporal, lupus eritematoso sistémico, entre otras. También pueden ge- nerarse síntomas psicóticos relacionados con la intoxicación o abstinencia de sustancias, ya sean estos medicamentos de prescripción (corticoides) o drogas de abuso. Trastornos del estado de ánimo: el trastorno depresivo mayor y el trastorno bipolar pueden incluir síntomas psicóticos en su cuadro clínico. El diag- nóstico diferencial debe basarse en la evaluación acerca de cuál es la sinto- matología predominante en el trastorno. Trastornos de la personalidad: si bien puede apreciarse algún tipo de sinto- matología psicótica en el contexto de los trastornos de personalidad, la dis- tinción fundamental con la esquizofrenia radica en el curso del trastorno, ya que en el caso de los trastornos de personalidad no se puede identificar un momento concreto de inicio del cuadro. Tratamiento Las intervenciones terapéuticas indicadas en el manejo de pacientes esqui- zofrénicos incluyen medicación antipsicótica, hospitalización en casos en que se reúnan criterios e intervenciones psicosociales. 113 Tratamiento farmacológico Los fármacos utilizados son los antipsicóticos. Los típicos fueron los pri- meros en aparecer, se caracterizan por producir con más frecuencia efec- tos adversos de tipo extrapiramidal, anticolinérgicos e hipotensión. Los antipsicóticos atípicos presentan la ventaja de generar menos efectos ad- versos y es posible que muestren más efectividad en el tratamiento de los síntomas negativos. Por estas diferencias son los atípicos los agentes de primera elección en el tratamiento de la esquizofrenia. En el cuadro 3 se pueden apreciar ejemplos de antipsicóticos y sus respec- tivos rangos de dosis diarias. CUADRO 3 Fármacos utilizados en esquizofrenia y sus respectivas dosis Antipsicótico Dosis diaria usual por vía oral (mg) Fenotiazinas Clorpromazina 200 – 600 Tioridazina 200 – 600 Butirofenonas Haloperidol 5 – 20 Atípicos Risperidona 2 – 6 Olanzapina 10 – 20 Quetiapina 400 – 1.200 Clozapina 150 – 900 Durante la fase aguda, la respuesta a los antipsicóticos puede aparecer gra- dualmente dentro de las primeras dos a cuatro semanas de tratamiento. Si se logra una remisión satisfactoria de los síntomas, se debe mantener la misma dosis durante un período mínimo de 6 meses. Posteriormente, en la fase de mantenimiento, se puede instaurar una reducción gradual de la medicación a razón del 10 a 20 % mensual, hasta llegar a la mínima dosis eficaz. Los pacientes con múltiples episodios esquizofrénicos requieren de tratamientos a largo plazo o por tiempo indefinido. 114 En los casos en que los pacientes no cumplan adecuadamente los regí- menes de medicación por vía oral, los preparados de depósito constituyen una opción válida (antipsicóticos en presentaciones que se aplican por vía parenteral, en general cada 4 semanas). Hospitalización Los criterios que deben tenerse en cuenta para decidir la necesidad de in- ternar al paciente son: riesgo de daño a sí mismo o a terceros; cuidado personal deficitario o riesgo de lesiones debido a la sintomatología; ausen- cia de respuesta al tratamiento ambulatorio; necesidad de modificación a un esquema medicamentoso complejo; complicaciones por enfermedades asociadas y/o evaluación diagnóstica. Intervenciones psicosociales Este grupo de recursos terapéuticos resultan de fundamental importancia y se dirigen, entre otros objetivos, a la reinserción del paciente a su entorno comunitario y al entrenamiento de habilidades sociales y ocupacionales. Otro aspecto abarcado por estas intervenciones es la inclusión de los fa- miliares del paciente en el proceso de tratamiento, educando a la familia acerca de la naturaleza del trastorno y así obtener un apoyo eficaz en la tarea terapéutica. Son ejemplos de estos recursos: la psicoterapia de apoyo, la terapia de grupo y la terapia familiar. TRASTORNO ESQUIZOFRENIFORME Concepto El trastorno esquizofreniforme es un trastorno cuyas características clíni- cas son similares a las de la esquizofrenia, y la distinción radica en que el tiempo de evolución del trastorno esquizofreniforme dura más de un mes pero menos de 6 meses. Etiología La causa del trastorno esquizofreniforme no se conoce. Algunos investiga- dores consideran este trastorno más relacionado con los trastornos afecti- vos que con la esquizofrenia, debido a su evolución favorable, su naturaleza 115 episódica y la mayor frecuencia de antecedentes familiares de trastornos afectivos que muestran estos pacientes. Epidemiología La mayoría de los investigadores considera que este trastorno se observa con una frecuencia menor a la mitad de la que se registra en la esquizofre- nia, con cifras de prevalencia a lo largo de la vida de 0,2 %. Algunos datos sugieren que es más común en adolescentes y adultos jóvenes. Diagnóstico Es clínico siguiendo los criterios diagnósticos propuestos en el cuadro 4. La sintomatología de este trastorno no difiere de la que presenta un pacien- te con esquizofrenia. La presencia de aplanamiento afectivo ensombrece el pronóstico; por otra parte, la presentación de síntomas del espectro afecti- vo constituye un factor alentador de mejor evolución. Una vez cedido el cuadro, estos pacientes tienen la ventaja de volver a la funcionalidad previa al inicio de los síntomas. CUADRO 4 Criterios diagnósticos para trastorno esquizofreniforme (DSM-IV-TR) A. Se cumplen los Criterios A, D y E para la esquizofrenia. B. Un episodio del trastorno (incluidas las fases prodrómica, activa y residual) dura al menos 1 mes, pero menos de 6 meses. (Cuando el diagnóstico debe hacerse sin esperar a la remisión, se calificará como "provisional"). Especificar si: Sin características de buen pronóstico Con características de buen pronóstico: indicadas por dos (o más) de los si- guientes ítemes: 1. inicio de síntomas psicóticos acusados dentro de las primeras 4 semanas del primer cambio importante en el comportamiento o en la actividad habitual. 2. confusión o perplejidad a lo largo del episodio psicótico. 3. buena actividad socialy laboral premórbida. 4. ausencia de aplanamiento o embotamiento afectivos. 116 Diagnóstico diferencial Deben tenerse presente los trastornos psicóticos debidos a enfermedad médica (accidentes cerebrovasculares, tumores del SNC, epilepsia del ló- bulo temporal, infección por Vih) y los inducidos por sustancias. Recordar diferenciar siempre de la esquizofrenia, para lo cual debe averi- guarse de manera exhaustiva el tiempo de evolución de los síntomas que manifiesta el paciente. Tratamiento En cuanto al tratamiento farmacológico, se emplean antipsicóticos durante un período que se extiende entre tres a seis meses. Las intervenciones psicoterapéuticas suelen ser útiles para ayudar al pa- ciente en el proceso de asimilar el episodio psicótico que sufre y favorecer el retorno al nivel de funcionalidad premórbido. TRASTORNO ESQUIZOAFECTIVO Concepto Se trata de un trastorno mental cuyas características recuerdan a síntomas tanto de la esquizofrenia como de trastornos de la esfera afectiva. Se carac- teriza esencialmente por un periodo continuo de enfermedad durante el cual se presenta en algún momento un episodio depresivo mayor, maniaco o mixto, simultáneamente con síntomas que, a su vez, cumplan los crite- rios de esquizofrenia. Etiología Se desconoce la causa del trastorno esquizoafectivo. Se cree que tenga una relación genética, en especial con trastornos del estado de ánimo y la es- quizofrenia, pues existen datos sobre el aumento de riesgo de padecer es- quizofrenia y algún trastorno del estado de ánimo cuando hay familiares, en especial de primer grado, con trastorno esquizoafectivo. 117 Epidemiologia Para algunos autores la prevalencia de la enfermedad se encuentra entre el 1 y el 1,5 %, considerándola una patología igual de frecuente que la esquizofrenia, mientras que para otros la prevalencia es inferior al de la esquizofrenia, con valores que van desde 0,5 a 0,8 %. Su prevalencia es mayor en mujeres. El tipo bipolar es más común en adul- tos jóvenes, así como el tipo depresivo más común en adultos mayores. Diagnóstico El diagnóstico, como en casi la totalidad de los trastornos mentales, se rea- liza por la clínica, investigando acerca de los síntomas, su curso y duración y la ausencia de consumo de algún fármaco o sustancia y de una patología orgánica que justifique esos síntomas. Es una mezcla de los síntomas depresivos o maniacos y alucinaciones o delirios que son considerados característicos de la esquizofrenia. Uno de los desafíos para llegar a diagnosticar esta enfermedad es establecer con exactitud la duración de los síntomas, que es crucial para el correcto diag- nóstico. Se presentan en el cuadro 5 los criterios utilizados para realizar el diagnostico de trastorno esquizoafectivo según el DSM-IV-TR. 118 CUADRO 5 Criterios diagnósticos para trastorno esquizoafectivo (DSM-IV-TR) A. Un periodo continuo de enfermedad durante el que se presenta en algún momento un episodio depresivo mayor, maniaco o mixto, simultáneamente con síntomas que cumplen el Criterio A para la esquizofrenia. Nota: El episodio depresivo mayor debe incluir el criterio A1: estado de ánimo depresivo. B. Durante el mismo periodo de enfermedad ha habido ideas delirantes o alu- cinaciones durante al menos 2 semanas en ausencia de síntomas afectivos acusados. C. Los síntomas que cumplen los criterios para un episodio de alteración del estado de ánimo están presentes durante una parte sustancial del total de la duración de las fases activa y residual de la enfermedad. D. La alteración no es debida al efecto fisiológico directo de alguna sustancia (p. ej., una droga de abuso o un medicamento) o a enfermedad medica. Codificación basada en el tipo Tipo bipolar: si la alteración incluye un episodio maniaco o mixto Tipo depresivo: si la alteración solo incluye episodios depresivos mayores Diagnóstico diferencial Es esencial realizar el diagnostico diferencial con enfermedades orgánicas que produzcan síntomas psicóticos y afectivos, asó como de los efectos de alguna sustancia psicotrópica. Por medio de una buena historia clíni- ca, detallando adecuadamente los episodios afectivos y psicóticos se podrá realizar la diferenciación de la esquizofrenia o de un trastorno del estado de ánimo. Además, se debería plantear el diagnostico diferencial con el trastorno delirante, teniendo en cuenta que en este trastorno se presentan ideas delirantes no extrañas, y si presenta episodios afectivos no cumplen los criterios para trastorno esquizoafectivo. Tratamiento El tratamiento debe dirigirse a manejar los síntomas tanto psicóticos como afectivos, por lo tanto debe manejarse el uso combinado de antipsicóticos, estabilizadores de ánimo y/o antidepresivos (cuadro 6). 119 CUADRO 6 Fármacos utilizados en el trastorno esquizoafectivo y sus respectivas dosis (mg/día) Antipsicóticos Haloperidol 5 – 20 Levomepromazina 25 – 200 Risperidona 2 – 6 Olanzapina 10 – 20 Estabilizantes del ánimo Litio 300 – 1200 Carbamazepina 600 – 1600 Ácido valproico 1000 – 2000 Antidepresivos Flouxetina 20 – 40 Paroxetina 20 – 60 Citalopram 10 – 40 Amitriptilina 50 – 150 TRASTORNO DELIRANTE Concepto El trastorno delirante se define por la presencia crónica de ideas delirantes verosímiles, no extrañas. A pesar del padecimiento del trastorno, la funcio- nalidad de quien la padece permanece inalterada. Para determinar la extrañeza o no de una idea delirante debe tenerse muy en cuenta el origen cultural y las creencias de la sociedad en la que se des- envuelve el paciente. 120 Etiología Al igual que la mayoría de los trastornos psiquiátricos, se desconoce una etiología clara, objetivable y única para el trastorno delirante. Sin embargo, se postula la multifactoriedad para el desarrollo de este trastorno. Factores biológicos: por medio de la observación de enfermedades neuroló- gicas que afectan la corteza cerebral y otras que afectan el sistema límbico y los ganglios basales se piensa que en este trastorno estas dos últimas es- tructuras estarían comprometidas, dejando indemnes la corteza cerebral. Factores psicodinámicos: cuando la persona se expone constantemente a si- tuaciones de desconfianza, aislamiento social, envidia y celos que superan su tolerancia, crea un sistema delirante como un tipo de salida a tal situa- ción. Utilizan fundamentalmente los mecanismos de defensa de forma- ción reactiva para defenderse de la agresión, la negación para no ver la rea- lidad dolorosa y proyección de su resentimiento e ira hacia otras personas. Epidemiologia Se estima que la prevalencia del trastorno delirante es de 0.03 %. Consti- tuye entre el 1 y 2 % de los ingresos hospitalarios. La edad media de inicio se da entre los 40 y 55 años. En términos globales no existen diferencias genéricas importantes en su afectación, aunque el tipo persecutorio y ce- lotípico es más frecuente en varones, mientras que el tipo erotomaníaco lo es en mujeres. Diagnóstico La característica principal de estos trastornos son las ideas delirantes. Es- tas se caracterizan por no ser extrañas (posibles), pero son falsas. Cabe destacar que las demás funciones intelectuales de la persona no se encuen- tran afectadas. Las ideas delirantes que se pueden presentar son: Idea delirante de persecución: es la más frecuente y se refiere a la mala inter- pretación de los estímulos o comentarios de otros, elaborando la idea que le quieren hacer daño. Delirios erotomaníacos: mala interpretación de gestos o comentarios de otra persona que llevan a la creencia que esta está enamorada de la persona que padece esta patología. 121 Delirio celotípico: el tema central del delirio es que la pareja le es infiel. Pue- de ir acompañado de gran agresividad. Son factores que se relacionan con buen pronóstico un adecuado ajuste ocu- pacional y social, sexo femenino, inicio antes de los 30 años, desarrollo rá- pido de la enfermedad, corta duración y presencia de factores precipitantes. Se pueden presentar alucinacionesy alteraciones del estado de ánimo, pero estos síntomas no tienen ni la intensidad ni la duración necesarias para cumplir s criterios diagnósticos de esquizofrenia ni de trastornos del estado de ánimo. En el cuadro 7 se exponen detalladamente los criterios para el diagnóstico de este trastorno. CUADRO 7. Criterios diagnósticos para trastorno delirante (DSM-IV-TR) A. Ideas delirantes no extrañas (situaciones que podrían ocurrir) de por lo me- nos 1 mes de duración. B. Nunca cumplen el criterio A de la esquizofrenia. C. Nota: Puede haber alucinaciones táctiles u olfatorias si están relacionadas con el tema delirante D. Actividad psicosocial no está alterada y el comportamiento no es extraño. E. Si se presento episodios afectivos su duración fue breve en cuanto a los pe- riodos delirantes. F. La alteración no es debida a efectos de una sustancia o enfermedad médica. Especificar tipo • Tipo erotomaniaco • Tipo persecutorio • Tipo celotípico • Tipo de grandiosidad • Tipo somático • Tipo mixto (cuando hay ideas delirantes de más de un tipo) • Tipo no especificado 122 Diagnóstico diferencial Deberá descartarse patología orgánica para realizar la diferencia con deli- rium y demencia. Además se debe buscar ideas delirantes extrañas, aluci- naciones o lenguaje desorganizado para descartar esquizofrenia. También se diferenciará de trastornos del estado de ánimo, con la cronología de los síntomas y la concordancia o no de las ideas delirantes con el estado de áni- mo. El trastorno hipocondriaco puede confundir por la preocupación extre- ma de tener una enfermedad. Lo que ayudará será el grado de convicción que hay acerca de padecer alguna enfermedad. En el trastorno paranoide de la personalidad las ideas rara vez son delirantes. Tratamiento El tratamiento de elección son los antipsicóticos (cuadro 8), que presentan resultados eficaces en muchos de los casos. Las terapias individuales son más efectivas que las grupales. Sobre todo es recomendada la terapia cognitiva conductual. CUADRO 8 Antipsicóticos utilizados en trastorno delirante y sus respectivas dosis (mg/día) Haloperidol 5 – 20 Levomepromazina 25 – 200 Risperidona 2 – 6 Olanzapina 10 – 20 TRASTORNO PSICóTICO BREVE Concepto Por su nombre, este trastorno se define por sí solo. Se caracteriza por pre- sentar síntomas psicóticos de una duración que va desde un día y debe ser inferior a 1 mes, inicio agudo y luego de su resolución, el paciente retorna a su funcionalidad previa. 123 Etiología Se desconoce la causa del trastorno psicótico breve. Los pacientes con un trastorno de la personalidad, sobre todo del grupo A, pueden tener una vulnerabilidad biológica o psicológica a síntomas psicóticos. No es infrecuente hallar antecedentes de un evento de estrés psicosocial previo al inicio de la sintomatología que presentan estos pacientes. Epidemiología Se la considera una patología poco frecuente, pero en la actualidad se des- conoce la prevalencia e incidencia exacta de este trastorno. Se observa en mayor medida en personas de treinta a cuarenta años. Algunos estudios destacan que se las asocia más al sexo femenino, así como algunas perso- nas que experimentaron un estrés psicosocial importante. Diagnóstico Al momento de la consulta, el paciente presenta un síntoma psicótico im- portante, que podría ser alucinaciones, ideas delirantes, lenguaje desorga- nizado y/o comportamiento groseramente desorganizado o catatónico. Además de los síntomas psicóticos, otras esferas del examen mental pue- den estar afectadas, el paciente es pasible de presentar labilidad emocional, comportamiento extraño y alteración de la memoria. Durante el proceso de la entrevista puede salir a la luz algún evento estre- sante en la vida de un paciente, actuando como precipitante de su trastorno. En el cuadro 9 se presentan los criterios diagnósticos a emplearse para detectar un trastorno psicótico breve. 124 CUADRO 9. Criterios diagnósticos para trastorno psicótico breve (DSM-IV-TR) A. Presencia de uno o más de los siguientes síntomas: 1. Ideas delirantes. 2. Alucinaciones. 3. Lenguaje desorganizado (ej., frecuente deshilvanamiento o incoherencia). 4. Comportamiento groseramente desorganizado o catatónico. Nota: No incluir un síntoma si éste es un patrón de respuesta culturalmente justificado. B. La duración de un episodio es de por lo menos un día, pero menor de un mes, con recuperación completa eventual del nivel de funcionamiento premórbido. C. La alteración no es mejor explicada por un trastorno del estado de ánimo, con característica psicóticas, trastorno esquizoafectivo o esquizofrenia, ni se debe a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (ej., una droga de abuso, una medicación) ni a una enfermedad médica general. Especificar si: Con notorio(s) factor(es) de estrés (psicosis reactiva breve): si los síntomas aparecen poco después y aparentemente en respuesta a episodios que, solos o en conjunto, serían sumamente estresantes para casi cualquiera de la cultura de la persona en circunstancias similares. Sin factor(es) de estrés notorio(s): si los síntomas psicóticos no aparecen poco después o no son aparentemente una respuesta a episodios que, solos o en conjunto, serían sumamente estresantes para casi cualquiera de la cultura de la persona en circunstancias similares. Con inicio posparto: si comienza dentro de las 4 semanas posparto. Diagnóstico diferencial Deben descartarse enfermedades médicas y consumo de sustancias que puedan producir esta sintomatología en el paciente. Ante un paciente que presente síntomas psicóticos lo primero que se debe determinar es el tiempo de evolución de dichos síntomas, de esta forma diferenciar de un trastorno esquizofreniforme y de la esquizofrenia. Ade- más se debe descartar algún trastorno afectivo con síntomas psicóticos y el trastorno esquizoafectivo buscando síntomas de la esfera del humor. 125 Tratamiento De elección son los antipsicóticos, los cuales se indican en el cuadro 10. Deben prescribirse durante un periodo de 3 meses aproximadamente. Lue- go se puede ir disminuyendo en forma gradual hasta su suspensión. CUADRO 10 Antipsicóticos utilizados en trastorno psicótico breve y sus respectivas dosis (mg/día) Haloperidol 5 – 20 Risperidona 2 – 6 Olanzapina 10 – 20 Aripiprazol 10 – 30 También se debe tener siempre presente que la psicoterapia es de gran ayu- da para la resolución o disminución sintomática de este cuadro, además, con la psicoterapia, el paciente presenta mayor introspección con respecto a su trastorno y esto permite una mejor adherencia al tratamiento. 126 BIBLIOGRAFÍA 4. Abaurrea, P; Astrain, M; Elgorriaga, G; Litago, R. & Lora, B. (2000). Necesidades sociales de los enfermos esquizofrénicos en Navarra. Anales Sis San Navarr: 23; 95, 99. 5. American Psychiatric Association. (2002) DSM-IV-TR. Manual diag- nóstico y estadístico de los trastornos mentales. Texto revisado. Barcelona: Masson. 6. Black, D. & Andreasen, N. (1996). Esquizofrenia, trastorno esquizofreni- forme y trastorno delirante. Madrid: Ancora. 7. Cassidy, E; Hill, S. & O’Callaghan, E. (2002). Eficacia de una interven- ción psicoeducativa en la mejora del conocimiento de los familiares sobre la esquizofrenia y la reducción de nuevas hospitalizaciones. Eur Psychiatry Ed. Esp: 9; 117, 122. 8. Gelder, M.; Mayou, R. y Geddes, J. (2000). Oxford Psiquiatría. 2da. edición. Madrid: Marbán. 9. Sadock, BJ. & Sadock, VA. (Eds). (2009) Kaplan & Sadock’s Compre- hensive Textbook of Psychiatry. 10th Edition. Baltimore: Lippincott Williams & Wilkins. 10. Marietan, H. (2011). Curso de semiología psiquiátrica. Funciones básicas. 4ta edición. Buenos Aires: Ananké. 11. Moriana, J; Alarcón, E. & Herruzo, J. (2004). Tratamiento combinado de la esquizofrenia aplicado en el ámbito domiciliario. Psicothema: 16; 436, 441. 12. Organización Mundial de la Salud. (2000). Guía de bolsillo de la Déci- ma clasificación de los trastornos mentales y del comportamiento,CIE-10. Buenos Aires: Editorial Médica Panamericana 13. Pedrós, A. & Tenías, J. (2011). Estudio de seguimiento a cinco años de la psicosis aguda: evolución diagnóstica y adaptación psicosocial. Rev. Asoc. Esp. Neuropsiq: 32; 261, 270. 127 14. Pérez-Egea, R; Escartí, M; Ramos, J; Corripio, I; Pérez, J. & otros. (2006). Trastorno esquizofreniforme. Estudio prospectivo de 5 años de seguimiento. Psiq Biol: 13; 1, 7. 15. Robles García, R; Medina Dávalos, R; Flores Reynoso, S. & Páez Agraz, F. (2007). Evaluación de habilidades sociales para el trabajo en pacientes con esquizofrenia: validez y confiabilidad del autorreporte y la técnica de juego de roles. Rev. Salud Mental: 30; 27, 32. 16. Salazar, M; Peralta, C. & Pastor, F.J. (2011). 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Sadock y Sadock (2009) describen a los trastornos del estado de ánimo como síndromes formados por grupos de signos y síntomas, que persisten durante semanas o meses, alteran notoriamente el funcionamiento habi- tual de una persona y tienden a recurrir, a menudo de manera periódica o cíclica. TRASTORNO DEPRESIVO MAYOR La depresión constituye uno de los problemas de salud más frecuentes y discapacitantes. Se debe diferenciar de la tristeza que es una respuesta humana universal a la frustración, desilusión u otras adversidades. La depresión afecta la vida afectiva, cognitiva, conductual y somática de la persona. El trastorno depresivo mayor es clasificado en trastorno depresivo mayor episodio único y trastorno depresivo mayor recidivante. Etiopatogenia Generalmente multifactorial. Los factores causales pueden dividirse en forma artificial en biológicos, genéticos y psicosociales. 130 Teoría biológica: el componente neurobiológico es muy importante: en pa- cientes depresivos se ha comprobado disminución de la noradrenalina, se- rotonina, dopamina y GABA. Asimismo, se han observado disfunciones en los ejes adrenal y tiroideo. Teoría genética: es de 1-1,5 veces más probable que los parientes de 1° grado de los pacientes que sufren trastornos del estado de ánimo sufran el mis- mo trastorno. En cuanto a la heredabilidad del trastorno, se ha observado un riesgo del 50-75 % mayor en gemelos monocigóticos y del 50 % mayor en dicigotos. Factores psicosociales: pérdidas, duelos patológicos, factores estresantes agudos y crónicos, violencia doméstica, social, abuso sexual, entre otros, son factores que pueden desencadenar un trastorno del estado depresivo. Epidemiología La Organización Mundial de la Salud define a la depresión como el más común de los trastornos mentales. Afecta alrededor de 340 millones de personas en todo el mundo, con una prevalencia estimada de 15 al 25 %. El trastorno depresivo mayor (único o recidivante), tanto en adolescentes como en adultos, es dos veces más frecuente en mujeres que en varones. En la edad prepuberal, los niños y las niñas están afectados en la misma proporción. Tanto en varones como en mujeres, las tasas son más altas en el grupo de edades comprendidas entre los 25 y los 44 años, mientras que las tasas más bajas se dan en las personas de más de 65 años. La prevalencia puntual del trastorno depresivo mayor en adultos en muestras de población general ha variado entre el 5 y el 9 % para las mujeres y entre el 2 y el 3 % para los varones. Las tasas de prevalencia para el trastorno depresivo mayor parecen no estar relacionadas con la raza, el nivel de estudios o de ingresos económicos, ni con el estado civil. Dos tercios de todos los pacientes con depresión piensan en el suicidio y entre el 10 al 15 % de ellos lo cometen. Clínica Un estado de ánimo deprimido y la pérdida del interés o placer son los síntomas clave de la depresión. 131 Según el DSM-IV-TR, la clínica de un episodio depresivo mayor se carac- teriza por la presencia de cinco (o más) de los siguientes síntomas durante un período de 2 semanas (uno de los síntomas debe ser estado de ánimo depresivo o pérdida de interés o de la capacidad para el placer): 1. estado de ánimo depresivo la mayor parte del día, casi cada día, según lo indica el propio sujeto (por ejemplo: se siente triste o vacío) o la observa- ción realizada por otros (por ejemplo: llanto); 2. disminución acusada del interés o de la capacidad para el placer en to- das o casi todas las actividades, la mayor parte del día, casi cada día (según refiere el propio sujeto u observan los demás); 3. pérdida importante de peso sin hacer régimen o aumento de peso (por ejemplo: un cambio de más del 5% del peso corporal en 1 mes), o pérdida o aumento del apetito casi cada día; 4. insomnio o hipersomnia casi cada día; 5. agitación o enlentecimiento psicomotores casi cada día (observable por los demás, no meras sensaciones de inquietud o de estar enlentecido); 6. fatiga o pérdida de energía casi cada día; 7. sentimientos de inutilidad o de culpa excesivos o inapropiados (que pue- den ser delirantes) casi cada día (no los simples autorreproches o culpabili- dad por el hecho de estar enfermo); 8. disminución de la capacidad para pensar o concentrarse, o indecisión, casi cada día (ya sea una atribución subjetiva o una observación ajena); 9. pensamientos recurrentes de muerte (no sólo temor a la muerte), idea- ción suicida recurrente sin un plan específico o una tentativa de suicidio o un plan específico para suicidarse. Todos estos síntomas provocan ma- lestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo y los mismos no son debidos a los efectos fisiológicos directos o una enfermedad médica. De modo esquemático, los síntomas pueden dividirse en: Síntomas afectivos: desánimo, disminución general de la actividad, desin- terés, distanciamiento afectivo o hiperemotividad, llanto frecuente; an- hedonia, disminución del interés en actividades placenteras (aislamiento de pares y abandono las actividades extracurriculares en caso de niños y adolescentes, apatía , abulia; pérdida de la perspectiva de futuro, sobrevalo- ración del pasado, desvalorización del presente, pesimismo, desesperación, ansiedad, miedo, vivencias hipocondríacas (quejas somáticas). 132 Síntomas del pensamiento y el lenguaje: pobreza de la comunicación y len- guaje disminuido y ocasionalmente enlentecido. A nivel cognitivo se pue- den observar disminución de la atención y de la memoria reciente; inhibi- ción de todos los procesos psíquicos (ideación, razonamiento, asociación de ideas, atención y otras). En niños y adolescentes se puede asociar a des- censo del rendimiento escolar. Enlentecimiento del pensamiento, bradip- siquia, torpeza mental (en ancianos puede presentarse como un pseudo deterioro cognitivo). El contenido del pensamiento a menudo consiste en pérdidas, culpa e ideas de muerte y suicidio. Síntomas de la conducta: lentificación, inhibición psicomotriz, inmovilidad, ausencia de gestos, falta de impulso a la actividad, llanto. La inhibición psicomotriz puede llegar al estupor. Eventualmente puede aparecer in- quietud si hay ansiedad acompañante.Dificultad en el desempeño de las actividades de la vida cotidiana e higiene y cuidado personal; retraimiento social, tendencia al aislamiento. Riesgo de conducta suicida, intentos de autoeliminación, heteroagresividad e irritabilidad en niños y adolescentes. Síntomas somáticos: anorexia, pérdida del apetito y/o peso, algunos episo- dios de depresión cursan con hiperorexia. El ciclo sueño-vigilia puede ver- se alterado con insomnio, despertares precoces o hipersomnia. Se observa también disminución de la libido, astenia, cefaleas, vértigos, sequedad de la boca, estreñimiento y opresión precordial. Trastornos de la percepción: los pacientes con depresión acompañada de ideas delirantes o alucinaciones se dice padecen de un episodio depresivo mayor con síntomas psicóticos. Las ideas delirantes más evidenciadas son de culpa, minusvalía, de ruina, hipocondría, nihilismo, persecución y alu- cinaciones concomitantes. Síntomas atípicos: presentación con marcada ansiedad, hipersomnia, ape- tito aumentado y fatiga severa. Los síntomas deben tener una duración de al menos 2 semanas. 133 Evolución y Pronóstico Inicio: el primer episodio depresivo aparece antes de los 40 años en el 50 % de los casos. Duración: el episodio depresivo no tratado dura entre 6 y 13 meses. La ma- yoría de los episodios tratados duran unos 3 meses aproximadamente. Desarrollo de episodios de manía: entre el 5 % y el 10 % de los pacientes que tuvieron inicialmente un diagnóstico de trastorno depresivo mayor tiene un episodio de manía entre 6 y 10 años después del primer episodio depresivo. Pronóstico: la depresión tiende a cronificar y los pacientes tienden a recidi- var. La incidencia de recidiva es menor en los pacientes que siguen reci- biendo tratamiento psicofarmacológico profiláctico y en los que tuvieron únicamente uno o dos episodios depresivos. Indicadores de buen pronóstico: episodios leves, ausencia de síntomas psicó- ticos, estancia hospitalaria breve, ausencia de un trastorno psiquiátrico aso- ciado y de un trastorno de la personalidad, no más de una hospitalización previa por el trastorno depresivo, antecedentes de amistades sólidas, funcio- namiento familiar estable y funcionamiento social homogéneo en los 5 años anteriores de la enfermedad y una edad avanzada al momento del inicio. Indicadores de mal pronóstico: asociación con un trastorno distímico o con un trastorno de la personalidad, abuso de alcohol y otras sustancias, sín- tomas de un trastorno de ansiedad y antecedentes de más de un episodio depresivo previo. Diagnóstico El DSM-IV-TR contiene criterios diagnósticos para el trastorno depresivo mayor, episodio único (cuadro 1); y para el trastorno depresivo mayor, reci- divante (cuadro 2). Ambos requieren la presencia de episodios depresivos mayores. 134 CUADRO 1 Criterios diagnósticos del trastorno depresivo mayor, episodio único (DSM-IV-TR) A. Presencia de un único episodio depresivo mayor. B. El episodio depresivo mayor no se explica mejor por la presencia de un trastorno esquizoafectivo y no está superpuesto a una esquizofrenia, un trastorno esquizofreniforme, un trastorno delirante o un trastorno psicótico no especificado. C. Nunca se ha producido un episodio maníaco, un episodio mixto o un episodio hipomaníaco. Nota: Esta exclusión no es aplicable si todos los episodios similares a la manía, a los episodios mixtos o a la hipomanía son inducidos por sustancias o por tratamientos o si se deben a los efectos fisiológicos directos de una enfermedad médica. Codificar el estado del episodio actual o más reciente: leve, moderado, grave sin síntomas psicóticos, grave con psicóticos, en remisión parcial/en remisión total, no especificado. Especificar (para el episodio actual o para el más reciente): crónico, con síntomas catatónicos, con síntomas melancólicos, con síntomas atípicos, de inicio en el posparto. 135 CUADRO 2 Criterios diagnósticos del trastorno depresivo mayor, recidivante (DSM-IV-TR) A. Presencia de dos o más episodios depresivos mayores. Nota: Para ser considerados episodios separados tiene que haber un intervalo de al menos 2 meses seguidos en los que no se cumplan los criterios para un episodio depresivo mayor. B. Los episodios depresivos mayores no se explican mejor por la presencia de un trastorno esquizoafectivo y no están superpuestos a una esquizofrenia, un trastorno esquizofreniforme, un trastorno delirante o un trastorno psicótico no especificado. C. Nunca se ha producido un episodio maníaco, un episodio mixto o un episodio hipomaníaco. Nota: Esta exclusión no es aplicable si todos los episodios similares a la manía, a los episodios mixtos o a la hipomanía son inducidos por sustancias o por tratamientos, o si son debidos a los efectos fisiológicos directos de una enfermedad médica. Codificar el estado del episodio actual o más reciente: leve, moderado, grave sin síntomas psicóticos, grave con psicóticos, en remisión parcial/en remisión total, no especificado. Especificar (para el episodio actual o el más reciente): crónico, con síntomas catatónicos, con síntomas melancólicos, con síntomas atípicos, de inicio en el posparto. Especificar: Especificaciones de curso (con y sin recuperación interepisódica) Con patrón estacional 136 Diagnóstico diferencial Un episodio depresivo mayor debe distinguirse de un trastorno del estado de ánimo debido a enfermedad médica (por ejemplo: esclerosis múltiple, accidente vascular cerebral, hipotiroidismo). Esto se determina según la historia clínica, la exploración física y los hallazgos de laboratorio. Un trastorno del estado de ánimo inducido por sustancias se distingue del episodio depresivo mayor por el hecho de que una sustancia (una dro- ga, un medicamento o un tóxico) se considera etiológicamente relacionada con la alteración del estado de ánimo. Por ejemplo, el estado de ánimo depresivo que se presenta sólo en el contexto de la abstinencia de cocaína se diagnosticará como trastorno del estado de ánimo inducido por cocaína, con síntomas depresivos, de inicio durante la abstinencia. Comorbilidad Las personas con trastorno importante del estado de ánimo tienen mayor riesgo de tener trastornos psiquiátricos asociados, siendo los más frecuen- tes: el abuso o dependencia del alcohol, trastorno de angustia, trastorno obsesivo compulsivo y el trastorno de ansiedad social. Asimismo, las per- sonas con abuso de sustancias y trastorno de ansiedad también tienen un mayor riesgo de presentar trastornos del estado de ánimo. Tratamiento Farmacoterapia Wikinski y Jufe (2006) describen tres fases del tratamiento: Fase aguda: se extiende por 12 a 24 semanas, desde el inicio del tratamiento hasta la remisión del cuadro. Fase de continuación: desde la remisión del cuadro, por 6 a 12 meses (su objetivo es evitar las recaídas). Fase de mantenimiento: a partir de 1 año de iniciado el tratamiento a más (su objetivo es evitar las recurrencias). 137 Elección del antidepresivo En caso de tratarse de un primer episodio, la elección recaería en un ISRS a dosis mínima eficaz. De no encontrarse la respuesta terapéutica espera- da, se debería aumentar la dosis hasta llegar a la dosis máxima en un lapso de tiempo de aproximadamente 8 a 10 semanas (tabla 1). También pueden utilizarse los antidepresivos tríciclicos, los duales, los moduladores adrenérgicos-serotoninérgicos (mirtazapina) y los inhibido- res de la recaptación de noradrenalina y dopamina (bupropión) (tabla 2). Asimismo, deberán tomarse en cuenta los antecedentes personales y los antecedentes familiares (en primer grado) de buena respuesta a un deter- minado fármaco a la hora de elegir el antidepresivo. TABLA 1. Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) Antidepresivo: ISRS Dosis (mg/día) Fluoxetina 20 – 60 Sertralina 50 – 200 Paroxetina 20 – 60 Fluvoxamina 100 – 300 Citalopram 20 – 60 Escitalopram 10 – 30 138 TABLA 2. Otros antidepresivos Antidepresivo Dosis (mg/día) TricíclicosImipramina 75 – 300 Clorimipramina 75 – 300 Amitriptilina 75 – 300 Modulador noradrenérgico-serotoninérgico Mirtazapina 15 – 45 Inhibidor de la receptación de noradrenalina y serotonina Venlafaxina 75 – 225 Inhibidor de la receptación de noradrenalina y dopamina Bupropión 150 – 300 Psicoterapia La mayoría de los médicos e investigadores afirman que la combinación de psicoterapia y fármacos es el tratamiento más eficaz, aunque algunos datos indican también que ambas medidas terapéuticas son eficaces por separado. La técnica psicoterapéutica debe elegirse en función de cada paciente y de su capacidad para afrontar la situación y sus posibilidades (o no) para realizar cambios intrapsíquicos. En depresión, se utilizan tres tipos de psicoterapias a corto plazo bien estudiadas: la cognitiva, la interpersonal y la conductual. Valoración del riesgo El médico debe poder valorar signos y síntomas que implican gravedad y derivar con urgencia al paciente a fin de recibir atención especializada y, eventualmente, internación: riesgo de suicidio; antecedentes personales de intento de suicidio grave; episodio depresivo grave; síntomas psicóticos; síntomas catatónicos; e intenso sufrimiento psíquico para el paciente de- presivo y su familia, entre otros. 139 TRASTORNO BIPOLAR Trastorno del estado del ánimo que se caracteriza por la presencia de pe- riodos de exaltación como la manía e hipomanía, alternando con episodios depresivos, ya sea de forma sucesiva, alternante o superpuesta. Vázquez- Barquero (2005) lo define como un trastorno crónico, por lo que la inter- vención temprana es, o debería ser, un objetivo esencial para los servicios públicos de salud mental ya que es imprescindible para la implementación de adecuadas estrategias terapéuticas que incidirán positivamente en el curso evolutivo del trastorno. Etiopatogenia Factores biológicos: existe una desregulación heterogénea de las aminas biógenas: disminución de la noradrenalina, serotonina y dopamina en los episodios depresivos e incremento de la dopamina en episodios maníacos e hipomaníacos. Asimismo, se observan alteraciones neuroendocrinas de los ejes adrenal y tiroideo. Tanto en la manía como en la depresión existe disminución de las funciones inmunes. Factores genéticos: el trastorno bipolar presenta un gran potencial heredita- rio: si uno de los progenitores presenta trastorno bipolar hay un 25 % de probabilidad de que el hijo también lo presente. Si ambos progenitores pa- decen el trastorno: la probabilidad que el hijo también lo padezca asciende a 50 a 75 %. El gemelo monocigoto de otro con trastorno bipolar tiene hasta entre 33 y 90 % de padecerlo también. Factores psicosociales: pérdidas, duelos patológicos, factores estresantes agudos y crónicos, violencia doméstica, social y abuso sexual pueden ser desencadenantes de los episodios agudos. Epidemiología La prevalencia del trastorno bipolar es de 0,4 a 1,6 %, con igual proporción en hombres y mujeres (aunque el trastorno bipolar tipo II es más frecuente en mujeres). Se inicia con mayor frecuencia entre los 15 y 19 años, y en segundo lugar entre los 20 a 24 años. Es raro su inicio por encima de los 50. 140 Cuadro Clínico Durante un episodio maníaco, los sujetos afectados cambian su com- portamiento habitual: se muestran expansivos, con un estado de ánimo anormal y persistentemente elevado. Realizan gastos indebidos, presentan ideas de grandeza, incluso delirantes de que poseen poderes o riquezas ilimitadas, se muestran irritables e incluso pueden llegar a ser violentos y con ataques de ira. Duermen poco, sin cansancio posterior. Presentan, además, aumento de la libido con hipersexualidad y conductas promiscuas. Todos estos síntomas deben durar al menos una semana (o cualquier duración si es necesaria la hospitalización). El cuadro 3 presenta los criterios diagnósticos de un episodio maníaco. El examen psíquico de pacientes maníacos revela que presentan un aspec- to llamativo, con vestimenta de colores estridentes, con muchos acceso- rios y excesos en el maquillaje. Se los observan con agitación psicomotriz, atención fácilmente distraible, verborreicos y con tono alto en el lenguaje. Humor eufórico, con afecto expansivo, aunque a veces lábil. El curso de su pensamiento puede presentarse acelerado (taquipsiquia) llegando incluso a la fuga y a la incontinencia de ideas; en el contenido se identifican autoes- tima elevada e ideas de grandeza (que pueden llegar a ser delirantes) de poder ilimitado o poderes mágicos incluso. Pueden presentarse asimismo alucinaciones congruentes con el estado de ánimo. Finalmente, el examen psíquico demuestra que estos pacientes tienen una pobre introspección e incapacidad de tomar cualquier decisión racional durante el curso del episodio. Un episodio hipomaníaco puede definirse como un período diferenciado du- rante el cual el estado de ánimo del sujeto afectado está persistentemente elevado, expansivo o irritable durante al menos 4 días y que es claramente diferente del estado de ánimo habitual. Este episodio no es suficientemente grave como para provocar un deterioro laboral o social importante o para necesitar hospitalización, ni se acompaña de síntomas psicóticos (cuadro 4). 141 CUADRO 3. Criterios diagnósticos del episodio maníaco (DSM-IV-TR) A. Un período diferenciado de un estado de ánimo anormal y persistentemente elevado, expansivo o irritable, que dura al menos 1 semana (o cualquier duración si es necesaria la hospitalización). B. Durante el período de alteración del estado de ánimo han persistido tres (o más) de los siguientes síntomas (cuatro si el estado de ánimo es sólo irritable) y ha habido en un grado significativo: 1. autoestima exagerada o grandiosidad. 2. disminución de la necesidad de dormir (por ejemplo: se siente descansado tras sólo 3 horas de sueño). 3. más hablador de lo habitual o verborreico. 4. fuga de ideas o experiencia subjetiva de que el pensamiento está acelerado. 5. distraibilidad (por ejemplo: la atención se desvía demasiado fácilmente hacia estímulos externos banales o irrelevantes). 6. aumento de la actividad intencionada (ya sea socialmente, en el trabajo o los estudios, o sexualmente) o agitación psicomotora. 7. implicación excesiva en actividades placenteras que tienen un alto potencial para producir consecuencias graves (por ejemplo: enzarzarse en compras irrefrenables, indiscreciones sexuales o inversiones económicas alocadas). C. Los síntomas no cumplen los criterios para el episodio mixto. D. La alteración del estado de ánimo es suficientemente grave como para provocar deterioro laboral o de las actividades sociales habituales o de las relaciones con los demás, o para necesitar hospitalización con el fin de prevenir los daños a uno mismo o a los demás, o hay síntomas psicóticos. E. Los síntomas no son debidos a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (por ejemplo: una droga, un medicamento u otro tratamiento) ni a una enfermedad médica (por ejemplo: hipertiroidismo). Nota: Los episodios parecidos a la manía que están claramente causados por un tratamiento somático antidepresivo (por ejemplo: un medicamento, terapéutica electroconvulsiva, terapéutica lumínica) no deben ser diagnosticados como trastorno bipolar I. 142 CUADRO 4. Criterios diagnósticos del episodio hipomaníaco (DSM-IV-TR) A. Un período diferenciado durante el que el estado de ánimo es persistentemente elevado, expansivo o irritable durante al menos 4 días y que es claramente diferente del estado de ánimo habitual. B. Durante el período de alteración del estado de ánimo, han persistido tres (o más) de los siguientes síntomas (cuatro si el estado de ánimo es sólo irritable) y ha habido en un grado significativo: 1. autoestima exagerada o grandiosidad. 2. disminución de la necesidad de dormir (por ejemplo: se siente descansado tras sólo 3 horas de sueño). 3. más hablador de lo habitual o verborreico. 4. fuga de ideas o experienciasubjetiva de que el pensamiento está acelerado. 5. distraibilidad (por ejemplo: la atención se desvía demasiado fácilmente hacia estímulos externos banales o irrelevantes). 6. aumento de la actividad intencionada (ya sea socialmente, en el trabajo o los estudios o sexualmente) o agitación psicomotora. 7. implicación excesiva en actividades placenteras que tienen un alto potencial para producir consecuencias graves (por ejemplo: enzarzarse en compras irrefrenables, indiscreciones sexuales o inversiones económicas alocadas). C. El episodio está asociado a un cambio inequívoco de la actividad que no es característico del sujeto cuando está asintomático. D. La alteración del estado de ánimo y el cambio de la actividad son observables por los demás. E. El episodio no es suficientemente grave como para provocar un deterioro laboral o social importante o para necesitar hospitalización, ni hay síntomas psicóticos. F. Los síntomas no son debidos a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (por ejemplo: una droga, un medicamento u otro tratamiento) ni a una enfermedad médica (por ejemplo: hipertiroidismo). Nota: Los episodios parecidos a los hipomaníacos que están claramente causados por un tratamiento somático antidepresivo (por ejemplo: un medicamento, terapéutica electroconvulsiva, terapéutica lumínica) no deben diagnosticarse como trastorno bipolar II. 143 En un episodio mixto, el sujeto afectado cumple los criterios tanto para un episodio maníaco como para un episodio depresivo mayor (excepto en la duración) casi cada día durante al menos un período de una semana. La alteración del estado de ánimo es suficientemente grave para provocar un importante deterioro laboral, social o de las relaciones con los demás, o para necesitar hospitalización con el fin de prevenir los daños a uno mis- mo o a los demás, o hay síntomas psicóticos (cuadro 5). CUADRO 5. Criterios diagnósticos del episodio mixto (DSM-IV-TR) A. Se cumplen los criterios tanto para un episodio maníaco como para un episodio depresivo mayor (excepto en la duración) casi cada día durante al menos un período de 1 semana. B. La alteración del estado de ánimo es suficientemente grave para provocar un importante deterioro laboral, social o de las relaciones con los demás, o para necesitar hospitalización con el fin de prevenir los daños a uno mismo o a los demás, o hay síntomas psicóticos. C. Los síntomas no son debidos a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (por ejemplo: una droga, un medicamento u otro tratamiento) ni a enfermedad médica (por ejemplo: hipertiroidismo). Nota: Los episodios parecidos a los mixtos que están claramente causados por un tratamiento somático antidepresivo (por ejemplo: un medicamento, terapéutica electroconvulsiva, terapéutica lumínica) no deben ser diagnosticados como trastorno bipolar I. Diagnóstico Los pacientes con trastorno bipolar tipo I han padecido al menos un episo- dio maníaco, pudiendo o no haber tenido además episodios mixtos, hipo- maniacos o depresivos. Los pacientes con trastorno bipolar tipo II han padecido uno o más episo- dios depresivos mayores y al menos un episodio hipomaníaco. Los pacientes con trastorno ciclotímico han presentado, durante al menos 2 años (1 año en caso de los niños), numerosos periodos de hipomanía y numerosos periodos de sintomatología depresiva (que no cumplen los cri- terios para un episodio depresivo mayor), con periodos libres de síntomas no superiores a 2 meses. 144 Los pacientes con trastorno bipolar no especificado presentan características bipolares que no cumplen los criterios de ningún trastorno bipolar espe- cífico. Finalmente, los pacientes cicladores rápidos son aquellos que han presenta- do cuatro o más episodios depresivos, maníacos, hipomaníacos o mixtos durante un periodo de 12 meses. Diagnóstico diferencial El diagnóstico diferencial debe establecerse con la esquizofrenia (en donde las ideas delirantes suelen ser incongruentes con el estado de ánimo y se deben evaluar los antecedentes premórbidos, la repuesta al tratamiento y la evolución), el trastorno del estado del ánimo inducido por sustancias o en- fermedad médica, con los trastornos adaptativos (que no presentan altera- ción significativa en la funcionalidad), con los trastornos de la personalidad (que generalmente presentan comorbilidad con el trastorno bipolar), al tras- torno esquizoafectivo (difícil de diferenciar; presenta síntomas de esquizo- frenia y síntomas de trastornos del estado de ánimo) y trastornos del sueño. Tratamiento La Asociación Americana de Psiquiatría (2006) establece los siguientes ob- jetivos a cumplir en el tratamiento del trastorno bipolar: 1. establecer y mantener una alianza terapéutica; 2. controlar el estado mental del paciente; 3. psicoeducación; 4. fomentar el mantenimiento de los patrones regulares de sueño y de actividad, 5. identificar de forma precoz los nuevos episodios; y, 6. minimizar el deterioro funcional. En el episodio agudo se debe apuntar a lograr la remisión de la sintoma- tología, para ingresar a la fase de continuación que abarca los 6 meses siguientes al mismo, durante los cuales el paciente presenta alto riesgo de recaída. Posterior a ello, se llega a la fase de mantenimiento, en donde en lo posible se deben evitar las recurrencias, los síntomas subumbrales y los efectos adversos de la medicación. 145 Farmacoterapia en la fase aguda El tratamiento de elección para los episodios maniacos o mixtos es la com- binación de litio más un antipsicótico atípico o el valproato más un antipsi- cótico atípico. En episodios mixtos podría ser preferible el valproato al litio. Para episodios de menor intensidad pueden ser suficientes la monoterapia con litio, valproato o un antipsicótico atípico como la quetiapina u olanzapi- na. En ocasiones puede ser útil el tratamiento con benzodiazepinas. Las alternativas al litio y valproato son la carbamazepina y la oxcarbamaze- pina. Si se trata de pacientes recurrentes se debe optimizar la dosis de la medicación o, a veces, se hace necesario reintroducir algún antipsicótico o coadyuvantes como las benzodiazepinas. Se puede considerar terapia electroconvulsiva (TEC) en pacientes con manía grave o resistente al tratamiento, o con manía grave durante el tratamiento. En los episodios depresivos la elección es la instauración de litio o lamotri- gina, no recomendándose la utilización de antidepresivos como monotera- pia. En depresión grave, se sugiere la combinación de litio con quetiapina o litio y un antidepresivo. Asimismo, el TEC puede considerarse como al- ternativa terapéutica en caso de depresión grave con riesgo suicida elevado o de trastorno bipolar en la mujer embarazada. El uso de antidepresivos como monoterapia puede inducir a un viraje ma- níaco, por lo que su uso está contraindicado. Farmacoterapia en la fase de mantenimiento La medicación con más evidencia en su utilización en la fase de mante- nimiento es la combinación del litio y el valproato. Posibles alternativas son la lamotrigina, carbamazepina u oxcarbamazepina. Estudios recien- tes, asimismo, han mencionado efectividad de la combinación de antipsi- cóticos atípicos (olanzapina, aripiprazol) con litio o valproato. Además, la quetiapina en monoterapia o combinada con litio o valproato fue efectiva en prevenir cualquier episodio del estado del ánimo y ha mostrado eficacia similar en episodios de manía y depresión. 146 Dosificación Tal como se detalla el capítulo 2 de este libro, el litio se administra por vía oral, con dosis ajustada a respuesta y cifras de litemia. Dosis inicial habitual de 300-600 mg/día, en una o dos tomas. Incremento semanal según litemia (0,7-1,2 mEq/l), hasta 1600 mg/día. Litemia míni- ma recomendada: 0,5-0,8 mEq/l. No se debe sobrepasar los 2 mEq/l. Se debe revisar el nivel sérico de litio a los 7 días después de iniciado el tratamiento y luego de 7 días de cualquier cambio de dosis. Las muestras sanguíneasdeben ser tomadas 12 horas después de la última dosis. Una vez que el nivel sérico terapéutico se haya establecido, se debe continuar revisando el nivel de litio, urea, creatinina y electrolitos en sangre cada 3 meses, función tiroidea cada 6-12 meses y clearance de creatinina cada 12 meses. En la tabla 3 se presentan las dosis más comúnmente utilizadas de otras drogas utilizadas en el tratamiento del trastorno bipolar. Psicoterapia Los pacientes afectados pueden beneficiarse con intervención psicosocial y psicoterapia para fomentar la adherencia al tratamiento, aceptación del trastorno y para el manejo de las dificultades interpersonales que se pro- ducen como consecuencia del trastorno. Muchos estudios confirman la eficacia de la psicoterapia interpersonal y cognitivo conductual en el trata- miento de esta patología. Tabla 3. Otros fármacos y rango de dosis Valproato 750 – 3000 mg/día Carbamazepina 800 – 1800 mg/día Lamotrigina 25 – 200 mg/día Risperidona 3 – 9 mg/día Olanzapina 10 – 30 mg/día Aripiprazol 15 – 30 mg/día Quetiapina 300 – 750 mg/día 147 BIBLIOGRAFÍA 1. American Psychiatric Association. (2006) Guías clínicas para el trata- miento de los trastornos psiquiátricos. Barcelona: Ars Médica. 2. American Psychiatric Association. (2002) DSM-IV-TR. Manual diag- nóstico y estadístico de los trastornos mentales. Texto revisado. Barcelona: Masson. 3. Jufe, G. (2006) Psicofarmacología Práctica. 2a edición. Buenos Aires: Editorial Polemos. 4. Popovic, D; Reinares, M; Benedikt, A; Salamero, M. & Vieta, E. (2011) Number needed to treat analyses of drugs used for maintenance treatment of bipolar disorder. Psychopharmacology, 213, 657–667. 5. Sadock, BJ. & Sadock, VA. (2009) Kaplan & Sadock’s Comprehensive Textbook of Psychiatry. 10th Edition. Baltimore: Lippincott Williams & Wilkins. 6. Vallejo Ruiloba, J. (2011) Introducción a la psicopatología y la psiquiatría. 7a edición. Barcelona: Elsevier Masson. 7. Vázquez–Barquero, J. (2005) Trastornos bipolares. Madrid: Elsevier- Masson. 8. Wikinski, S. & Jufe, G. (2006) El tratamiento Farmacológico en Psiquia- tría. Indicaciones, esquemas terapéuticos y elementos para su aplicación racional. Buenos Aires: Editorial Médica Panamericana. 149 CAPÍTULO 7 TRASTORNOS DE ANSIEDAD Prof. Dr. Andrés Arce Ramírez, Dr. Julio Torales Benítez, Dr. Miguel Cuellar Hoppe, Dra María Bettina Ortiz & Dra. Nélida Minck Benítez INTRODUCCIóN Concepto El término “ansiedad” proviene del latín anxietas, que significa congoja o aflicción. Cía (2006) la define como un estado de malestar psicofísico caracterizado por una sensación de inquietud, intranquilidad, inseguridad o desasosie- go ante lo que se vivencia como una amenaza inminente y de causa inde- finida. La diferencia básica entre la ansiedad normal y la patológica es que esta última se basa en una valoración irreal o distorsionada de la amenaza. Cuando la ansiedad es muy severa y aguda, puede llegar a paralizar al indi- viduo, transformándose en pánico. La ansiedad es la más común y primitiva reacción emocional que tienen los mamíferos y es percibida como una señal de alerta que advierte de un peligro amenazante, frecuentemente desconocido, lo que la distingue del miedo (en el cual, el peligro es concreto y definido). La ansiedad prepara, física y psicológicamente, a quien se encuentre frente a una situación ame- nazante, para enfrentar o huir del peligro. Asimismo, a veces, puede dejar paralizado o “congelado” a quien la padezca. Es decir, la ansiedad es una reacción emocional adaptativa al medio que se vuelve patológica cuando se hace más corporal, desproporcionada al estí- mulo y/o cuando persiste por encima de los límites adaptativos. 150 Epidemiología Los trastornos de ansiedad son los trastornos mentales más prevalentes en la población general. Según el National Comorbidity Survey (2007) uno de cada cuatro individuos cumple criterios diagnósticos de al menos un trastorno de ansiedad, teniendo una prevalencia del 17,7 %. La franja eta- ria más comprometida corresponda a la comprendida entre los 20 y los 40 años de edad (edad media de inicio, 25 años). Las mujeres se ven afectadas con más frecuencia que los hombres, con una relación de 2 a 1. Estos trastornos se asocian a una morbilidad significativa y, habitualmente, son crónicos y resistentes al tratamiento. La duración media de los sínto- mas antes del inicio del mismo es de aproximadamente 5 años. Etiopatogenia A estas alturas existen pocas dudas de la asombrosa interrelación existente entre los factores genéticos y el ambiente: Ciertos genes “anormales” pre- disponen a estados patológicos de ansiedad. No obstante, las evidencias in- dican claramente que los episodios vitales traumáticos y el estrés también son etiológicamente importantes. Hay aportes de las ciencias biológicas y de las ciencias psicológicas en la etiopatogenia de estos trastornos. Aportes de las ciencias biológicas: Sistema nervioso autónomo: el tono simpático aumentado puede identificar- se en algunos pacientes con trastorno de ansiedad. Neurotransmisores: los 3 principales involucrados son la noradrenalina, la serotonina y el GABA. Algunos pacientes con trastornos de ansiedad pre- sentan un sistema noradrenérgico mal regulado, con ocasionales explosio- nes de actividad. Asimismo, la teoría de la hipofunción serotoninérgica está apoyada por el mejoramiento de los síntomas con el uso de ISRS. Y, por último, la importancia del GABA está respaldada por la eficacia indis- cutible de las benzodiazepinas que potencian su actividad) en el tratamien- to de estos trastornos. 151 Eje hipotálamo-hipófiso-suprarrenal: sólidas evidencias indican que muchas formas de estrés psicológico aumentan la síntesis y la liberación de cortisol. Aportes de las ciencias psicológicas: Teorías psicoanalíticas: Freud definió a la ansiedad como un signo de la presencia de peligro en el inconsciente. La ansiedad se consideraba como el resultado de un conflicto psíquico entre los deseos sexuales o agresivos inconscientes y las correspondientes amenazas del superyó o de la realidad externa. Teorías conductuales: las teorías conductuales o del aprendizaje de la ansie- dad postulan que ésta es una respuesta condicionada a un estímulo am- biental específico. Teorías existenciales: el concepto clave de la teoría existencial es que los individuos experimentan sentimientos de vivir en un universo sin sentido. La ansiedad es su respuesta al vacío que perciben en esa existencia. Manifestaciones clínicas La ansiedad presenta ciertas manifestaciones somáticas que son diarrea, epigastralgia, hiperhidrosis, hiperreflexia, hipertensión arterial, inquie- tud, midriasis, palpitaciones, parestesias de extremidades, polaquiuria, re- traso en el inicio de la micción, urgencia miccional, síncope, taquicardia, temblores, vértigo, mareos, entre otros. Además, la ansiedad afecta a los procesos del pensamiento y del aprendiza- je. Tiende a producir confusión y distorsiones de la percepción, no sólo en cuanto al tiempo y al espacio, sino respecto a las personas y al sentido de los diferentes sucesos. Estas distorsiones pueden interferir con el aprendi- zaje, con la concentración, la memoria y la capacidad de hacer asociaciones. Siempre que se sospeche de un trastorno de ansiedad deben descartarse otras enfermedades médicas como las alteraciones de la tiroides, de la gli- cemia, del oído, del cerebro, del corazón y de la respiración, principalmente. 152 CIE-10 La Clasificación Internacional de Enfermedades, en su 10° revisión, (CIE-10) clasifica todos los trastornos de ansiedad en el epígrafe común de los “tras- tornos neuróticos, secundarios a situaciones estresantes y somatomorfos”, por su relación histórica con el concepto de neurosis y la asociación de una proporción sustancial, aunque incierta, de dichos trastornos con causas psicológicas, pero diferenciando los trastornos de ansiedad propiamente dichos (pánico, ansiedad generalizada,trastorno mixto ansioso – depresi- vo) de los trastornos de ansiedad fóbica (agorafobia, fobias sociales, fobias específicas), del trastorno obsesivo compulsivo, las reacciones a estrés y adaptación, los trastornos somatomorfos, los trastornos disociativos y otros trastornos neuróticos. Se crea, además, una nueva categoría, el trastorno mixto ansioso-depresivo (que no existe en el DSM-IV-TR) y la agorafobia tiene un status independiente y no supeditado al pánico, en el contexto de la ansiedad fóbica. Asimismo, el trastorno obsesivo-compulsivo, acertada- mente, se clasifica independientemente de los trastornos de ansiedad. DSM-IV-TR El DSM-IV-TR describe los siguientes trastornos de ansiedad: trastornos de angustia sin agorafobia, trastorno de angustia con agorafobia, agora- fobia sin historia de trastorno de angustia, fobia específica, fobia social, trastorno obsesivo compulsivo, trastorno por estrés postraumático, tras- torno por estrés agudo, trastorno de ansiedad generalizada, trastorno de ansiedad debido a enfermedad médica, trastorno de ansiedad inducido por sustancias y trastorno de ansiedad no especificado. Además, el DSM-IV- TR incluye finalmente un trastorno de ansiedad infantil, el trastorno de ansiedad por separación. TRASTORNO DE ANGUSTIA O PÁNICO Concepto Se caracteriza por la presencia de crisis de angustia (ataques de pánico) recurrentes, inicialmente espontáneas (sin causa orgánica, psiquiátrica o tóxica que las justifique) y cuya duración no sobrepasa los 10 a 15 minutos. 153 Etiología Factores genéticos: en diversos estudios se ha observado que los familiares de primer grado de los pacientes con trastorno de angustia presentan un incremento del riesgo de cuatro a ocho veces superior. Factores psicosociales: se cree que la ansiedad es una respuesta aprendida de la conducta de los padres, a través del proceso de condicionamiento clásico (teorías cognitivo-conductuales). Además, se menciona que las crisis de angustia surgen como una defensa inapropiada frente a los impulsos que provocan ansiedad (teorías psicoanalíticas). Epidemiología La prevalencia a lo largo de la vida oscila entre el 1 % y el 4 %. Afecta más a mujeres, con una frecuencia de dos a tres veces superior en comparación con los varones, aunque el infradiagnóstico del trastorno de angustia suele contribuir al sesgo de esta distribución. El trastorno de angustia aparece con mayor frecuencia en los adultos jóvenes (edad media de presentación, 25 años). Clínica El inicio de las crisis de angustia o pánico es brusco y, según el DSM-IV- TR, las mismas están constituidas por la aparición temporal y aislada de miedo o malestar intensos, acompañada de cuatro (o más) de los siguien- tes síntomas, que se inician repentinamente y alcanzan su máxima expre- sión en los primeros 10 minutos: 1. Palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia car- díaca; 2. Sudación; 3. Temblores o sacudidas; 4. Sensación de ahogo o falta de aliento; (5) Sensación de atragantarse; 5. Opresión o malestar torácico; 6. Náuseas o molestias abdominales; 7. Inestabilidad, mareo o desmayo; 8. Desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (estar se- parado de uno mismo); 9. Miedo a perder el control o volverse loco; 154 10. Miedo a morir; 11. Parestesias (sensación de entumecimiento u hormigueo); y, 12. Escalofríos o sofocaciones. En el trastorno de angustia, las crisis son recurrentes y se acompañan de aparición de síntomas psicológicos específicos en los individuos afectados, como la ansiedad anticipatoria (miedo a tener nuevas crisis), conductas de evitación (miedo de ir a determinados lugares por sí se le presenta una crisis) y preocupaciones hipocondríacas (miedo a que las crisis afecten su salud). Si se producen cambios importantes de dependencia imperativa de personas y de lugares para que el afectado pueda sentirse seguro, el tras- torno puede desembocar en agorafobia. En la agorafobia, el paciente experimenta la aparición de ansiedad al en- contrarse en lugares o situaciones donde escapar puede resultar difícil o donde, en el caso de aparecer una crisis de angustia inesperada, puede no disponerse de ayuda (ejemplos: estar solo fuera de casa; mezclarse con la gente o hacer cola; pasar por un puente, o viajar en autobús, tren o automó- vil). El paciente agorafóbico evita estás situaciones, resistiéndolas a costa de malestar o ansiedad significativos, por temor a generar una crisis de angustia. La ansiedad y el comportamiento de evitación observados no se explican por la presencia de otro trastorno mental como fobia social, fobia específica, trastorno obsesivo-compulsivo, trastorno por estrés postraumá- tico o el trastorno de ansiedad por separación. Diagnóstico El DSM-IV-TR contiene dos criterios diagnósticos para el trastorno de angustia, uno sin agorafobia (cuadro 1) y el otro con agorafobia, aunque ambos requieren la presencia de crisis de angustia (la cual ya ha sido expli- cada más arriba en este capítulo). 155 CUADRO 1 Criterios diagnósticos del trastorno de angustia sin agorafobia (DSM-IV-TR) A. Se cumplen 1 y 2: 1. Crisis de angustia inesperadas recidivantes 2. Al menos una de las crisis se ha seguido durante un mes (o más) de uno (o más) de los siguientes síntomas: a. Inquietud persistente ante la posibilidad de tener más crisis b. Preocupación por las implicaciones de las crisis o sus consecuencias (por ejemplo: perder el control, sufrir un infarto de miocardio, “volverse loco” c. Cambio significativo del comportamiento relacionado con las crisis. B. Ausencia de agorafobia C. Las crisis de angustia no se deben a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (por ejemplo: drogas, fármacos) o una enfermedad médica (por ejemplo: hipertiroidismo) D. Las crisis de angustia no pueden explicarse mejor por la presencia de otro trastorno mental, como por ejemplo fobia social (por ejemplo, aparecen al exponerse a situaciones sociales temidas), fobia especifica (por ejemplo, al exponerse a situaciones fóbicas específicas), trastorno obsesivo-compulsivo (por ejemplo, al exponerse a la suciedad cuando la obsesión versa sobre el tema de la contaminación), trastorno por estrés postraumático (por ejemplo, en respuesta a estímulos asociados a situaciones altamente estresantes) o trastornos por ansiedad de separación (por ejemplo, al estar lejos de casa o de los seres queridos) En el caso del trastorno de angustia con agorafobia, el criterio (B) del cua- dro 1 debe leerse “Presencia de agorafobia”, con los demás criterios iguales a los del trastorno de angustia sin agorafobia. Diagnóstico diferencial Hay que considerar trastornos orgánicos, principalmente algunos endócri- nos, y otros trastornos psiquiátricos. Las crisis de angustia pueden ser producidas por hipotiroidismo, hiperti- roidismo, hiperparatiroidismo, feocromocitoma y por hipoglicemia asocia- da al insulinoma. 156 Los trastornos epilépticos, las enfermedades pulmonares (como el asma y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, EPOC), las cardíacas (como la arritmias) pueden producir síntomas autonómicos. Claves que orientan hacia una etiología orgánica son la ataxia, alteracio- nes de la conciencia o del control vesical, inicio del trastorno de angustia en etapas relativamente tardías de la vida (generalmente, el trastorno de angustia se inicia en la adolescencia o en etapas tempranas de la edad adulta), además de presencia de otros signos y síntomas físicos que indican organicidad. Las crisis de angustia aparecen en el marco de varios otros trastornos de ansiedad, por ejemplo en las fobias sociales y específicas, en el trastor- no por estrés post traumático (TEPT) e incluso en el trastorno obsesivo compulsivo (TOC). Muchas veces establecer diferencias con el trastorno de ansiedad generalizada puede resultar difícil (aquí podría ser útil recordar que las crisis de angustia clásicas se caracterizan por presentar un inicio rápido, generalmenteen minutos, y tienen una duración de menos de 10 a 15 minutos, a diferencia de la ansiedad presente en el trastorno de ansiedad generalizada que posee un inicio y un final más lentos). Tratamiento Los objetivos del tratamiento son la disminución o desaparición de las cri- sis, de la ansiedad anticipatoria y de las conductas evitativas. Farmacoterapia Los fármacos sugeridos son las benzodiazepinas y los antidepresivos. Benzodiazepinas: el tratamiento del trastorno de pánico es, por regla gene- ral, prolongado. Es por eso que resulta conveniente establecer los pro y los contra de su uso en el tratamiento de este trastorno. Las benzodiazepinas presentan eficacia desde la primera semana de tratamiento, no parece de- sarrollarse tolerancia al efecto antipanicoso (como sucede cuando se las utiliza para otros fines terapéuticos), y disminuyen la ansiedad anticipato- ria, lo que permite disminuir, a su vez, las conductas evitativas. La dosis eficaz de alprazolam oscila entre 2 y 6 mg/día. No obstante, es fundamental ajustar la dosis para cada paciente, incrementándola gradual- mente según la evolución de los síntomas y la presencia de efectos adversos. 157 Se ha demostrado que el clonazepam con dosis de entre 1 y 6 mg/día alivia los síntomas con pocos efectos adversos. Antidepresivos: se ubica a los ISRS en la primera línea de tratamiento. El primer ISRS aprobado para el trastorno de pánico fue la paroxetina, con dosis de 20 a 40 mg/día. Asimismo, pueden ser utilizados otros ISRS como sertralina 50 a 200 mg/día, fluoxetina 20 a 60 mg/día y citalopram 20 a 40 mg/día. Psicoterapia La terapia cognitiva presenta dos pilares para el tratamiento de este trastor- no: la educación de las falsas creencias del paciente y la información sobre las crisis de angustia. Entrenamiento respiratorio: básicamente se entrena a los pacientes a con- trolar el impulso de la hiperventilación que se produce en las crisis de angustia. Exposición in vivo: la técnica implica la exposición secuencialmente cre- ciente del paciente al estímulo temido. De esta manera, con el tiempo, el paciente se desensibiliza a la experiencia. Sadock y Sadock (2009) señalan que son varios los estudios y las publica- ciones que han afirmado que la combinación de la terapia cognitiva o con- ductual y el tratamiento farmacológico resulta más efectiva que cualquiera de los enfoques por separado en el tratamiento del trastorno de angustia. FOBIAS Concepto Vallejo (2011) definió a la fobia como un temor que es desproporcionado en relación a la situación que lo crea, no puede ser explicado o razonado, se encuentra fuera del control voluntario del sujeto afectado y conduce a la evitación de la situación temida. Las fobias son los trastornos mentales más frecuentes en la población ge- neral, siendo la fobia específica más frecuente que la fobia social. La fobia específica es el trastorno mental más frecuente en mujeres. 158 Los síntomas fóbicos se presentan en aproximadamente 20% de los pacien- tes psiquiátricos, en tanto que la incidencia de los trastornos fóbicos oscila alrededor del 2,5-3 % de la consulta psiquiátrica ambulatoria. La mayor parte de los pacientes con fobias no acuden a la consulta, princi- palmente debido a que sólo la menor parte de las mismas son invalidantes. Fobias específicas o simples Se definen por temores acusados y persistentes, excesivos e irracionales, desencadenados por la presencia o anticipación de un objeto o situación específicos. En el cuadro 2 se presentan los criterios diagnósticos de la fobia específica. Algunos tipos de fobias específicas son: • Claustrofobia (miedo a los lugares cerrados). • Acrofobia (miedo a las alturas). • Tanatofobia (miedo a la muerte). • Agorafobia (miedo a los espacios abiertos). • Gelofobia (miedo a los gatos). • Criptofobia (miedo a los lugares pequeños). • Cinofobia (miedo a los perros). • Hidrofobia (miedo al agua). • Misofobia (miedo a la suciedad y a los microorganismos). • Pirofobia (miedo al fuego). • Zoofobia (miedo a los animales). 159 CUADRO 2. Criterios diagnósticos de la fobia específica (DSM-IV-TR) A. Temor acusado y persistente que es excesivo o irracional, desencadenado por la presencia o anticipación de un objeto o situación específicos (por ejemplo: volar, precipicios, animales, administración de inyecciones, visión de sangre). B. La exposición al estímulo fóbico provoca casi invariablemente una respuesta inmediata de ansiedad, que puede tomar la forma de una crisis de angustia situacional o más o menos relacionada con una situación determinada. Nota: En los niños la ansiedad puede traducirse en lloros, berrinches, inhibición o abrazos. C. La persona reconoce que este miedo es excesivo o irracional. Nota: En los niños este reconocimiento puede faltar. D. La(s) situación(es) fóbica(s) se evitan o se soportan a costa de una intensa ansiedad o malestar. E. Los comportamientos de evitación, la anticipación ansiosa, o el malestar provocados por la(s) situación(es) temida(s) interfieren acusadamente con la rutina normal de la persona, con las relaciones laborales (o académicas) o sociales, o bien provocan un malestar clínicamente significativo. F. En los menores de 18 años la duración de estos síntomas debe haber sido de 6 meses como mínimo. G. La ansiedad, las crisis de angustia o los comportamientos de evitación fóbica asociados a objetos o situaciones específicos no pueden explicarse mejor por la presencia de otro trastorno mental, por ejemplo, un trastorno obsesivo-compulsivo (por ejemplo: miedo a la suciedad en un individuo con ideas obsesivas de contaminación), trastorno por estrés postraumático (por ejemplo: evitación de estímulos relacionados con un acontecimiento altamente estresante), trastorno de ansiedad por separación (por ejemplo: evitación de ir a la escuela), fobia social (por ejemplo: evitación de situaciones sociales por miedo a que resulten embarazosas), trastorno de angustia con agorafobia, o agorafobia sin historia de trastorno de angustia. 160 Tratamiento El tratamiento común a todas las fobias específicas consiste en la terapia de exposición gradual y desensibilización progresiva. Se trabaja para de- sarrollar una jerarquía de exposición a las situaciones u objetos temidos. Según el grado de ansiedad que el paciente estima (por ejemplo, hablar de una mancha de sangre obtiene una respuesta de ansiedad de grado 1, ver la mancha de sangre obtiene una ansiedad de grado 5, observar su propia mancha de sangre obtiene un grado 10). Se expone al paciente a esas situaciones, empezando por la que menos an- siedad provoca hasta la situación de miedo real. En cada estadio el paciente practica tranquilizándose y tolerando la exposición, hasta que la situación de fobia o el objeto pueden experimentarse sin un exceso de ansiedad. La exposición a las situaciones u objetos temidos se hace de manera controla- da y va acompañada por reestructuración cognitiva. Los ISRS y las benzodiazepinas pueden ser útiles en el tratamiento de las fobias específicas. Por ejemplo, cuando la fobia es a una situación especí- fica que puede anticiparse, como volar, el uso de dosis bajas de benzodia- zepinas previas a la experiencia ha mostrado ser efectivo. La medicación permite a los sujetos afectados tolerar la exposición pero generalmente no afecta a las futuras exposiciones a la situación temida. Trastorno de ansiedad social o fobia social Se define como un temor acusado y persistente a situaciones sociales en las cuales el individuo se ve expuesto a posibles evaluaciones por parte de los demás. Es el trastorno de ansiedad con mayor prevalencia en el mundo entero, ade- más de ser causa de dolor y sufrimiento si no es tratado. La edad de inicio frecuentemente se da en la adolescencia. En cuanto a la comorbilidad generalmente los sujetos afectados suelen presentar otros trastornos de ansiedad, trastornos del estado de ánimo, trastornos relacionados con sustancias yde la conducta alimentaria. El trastorno de personalidad por evitación frecuentemente aparece en indivi- duos con una fobia social generalizada. El cuadro 3 presenta los criterios diagnósticos de esta patología. 161 Tratamiento La combinación de farmacoterapia y psicoterapia producen mejores resul- tados que cada una de ellas por separado, aunque dicha afirmación puede no ser aplicable a todas las situaciones y a todos los pacientes. Los fármacos de elección en el tratamiento de la fobia social son los ISRS, las benzodiazepinas, la venlafaxina y la buspirona, aunque también son útiles los antagonistas de los receptores -adrenérgicos poco antes de la ex- posición al estimulo fóbico. La psicoterapia de elección es la terapia cognitivo conductual. CUADRO 3. Criterios diagnósticos de la fobia social (DSM-IV-TR) A. Temor acusado y persistente por una o más situaciones sociales o actuaciones en público en las que el sujeto se ve expuesto a personas que no pertenecen al ámbito familiar o a la posible evaluación por parte de los demás. El individuo teme actuar de un modo (o mostrar síntomas de ansiedad) que sea humillante o embarazoso. Nota: En los niños es necesario haber demostrado que sus capacidades para relacionarse socialmente con sus familiares son normales y han existido siempre, y que la ansiedad social aparece en las reuniones con individuos de su misma edad y no sólo en cualquier interrelación con un adulto. B. La exposición a las situaciones sociales temidas provoca casi invariablemente una respuesta inmediata de ansiedad, que puede tomar la forma de una crisis de angustia situacional o más o menos relacionada con una situación. Nota: En los niños la ansiedad puede traducirse en lloros, berrinches, inhibición o retraimiento en situaciones sociales donde los asistentes no pertenecen al marco familiar. C. El individuo reconoce que este temor es excesivo o irracional. Nota: en los niños puede faltar este reconocimiento. D. Las situaciones sociales o actuaciones en público temidas se evitan o bien se experimentan con ansiedad o malestar intensos. continúa A 162 E. Los comportamientos de evitación, la anticipación ansiosa, o el malestar que aparece en la(s) situación(es) social(es) o actuación(es) en público temida(s) interfieren acusadamente con la rutina normal del individuo, con sus relaciones laborales (o académicas) o sociales, o bien producen un malestar clínicamente significativo. F. En los individuos menores de 18 años la duración del cuadro sintomático debe prolongarse como mínimo 6 meses. G. El miedo o el comportamiento de evitación no se deben a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (por ejemplo: drogas, fármacos) o de una enfermedad médica y no pueden explicarse mejor por la presencia de otro trastorno metal (por ejemplo: trastorno de angustia con o sin agorafobia, trastorno de ansiedad por separación, trastorno dismórfico corporal, un trastorno generalizado del desarrollo o trastorno esquizoide de la personalidad). H. Si hay una enfermedad médica u otro trastorno mental, el temor descrito en el Criterio A no se relaciona con estos procesos (por ejemplo: el miedo no es debido a la tartamudez, a los temblores de la enfermedad de Parkinson o a la exhibición de conductas alimentarias anormales en la anorexia nerviosa o en la bulimia nerviosa). Especificar si: Generalizada: si los temores hacen referencia a la mayoría de las situaciones sociales (considerar también el diagnóstico adicional de trastorno de la personalidad por evitación). TRASTORNO POR ESTRÉS AGUDO (TEA) Y TRASTORNO POR ESTRÉS POST TRAUMÁTICO (TEPT) El trastorno por estrés agudo (TEA) y el trastorno por estrés postraumático (TEPT) se desarrollan tras un suceso traumático o una situación de ame- naza excepcional, de naturaleza catastrófica, o que ha puesto en peligro la vida del sujeto o de sus seres queridos. En los cuadros 4 y 5 se presentan los criterios diagnósticos del TEPT y TEA, respectivamente. 163 CUADRO 4 Criterios diagnósticos para Trastorno por estrés post traumático (DSM-IV-TR) A. La persona ha estado expuesta a un acontecimiento traumático en el que han existido 1 y 2: 1. la persona ha experimentado, presenciado o le han explicado uno (o más) acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas para su integridad física o la de los demás. 2. la persona ha respondido con un temor, una desesperanza o un horror intensos. Nota: En los niños estas respuestas pueden expresarse en comportamientos desestructurados o agitados. B. El acontecimiento traumático es reexperimentado persistentemente a través de una (o más) de las siguientes formas: 1. recuerdos del acontecimiento recurrentes e intrusos que provocan malestar y en los que se incluyen imágenes, pensamientos o percepciones. Nota: En los niños pequeños esto puede expresarse en juegos repetitivos donde aparecen temas o aspectos característicos del trauma. 2. sueños de carácter recurrente sobre el acontecimiento, que producen malestar. 3. el individuo actúa o tiene la sensación de que el acontecimiento traumático está ocurriendo (se incluye la sensación de estar reviviendo la experiencia, ilusiones, alucinaciones y episodios disociativos de flashback, incluso los que aparecen al despertarse o al intoxicarse). Nota: Los niños pequeños pueden reescenificar el acontecimiento traumático específico. 4. malestar psicológico intenso al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático. 5. respuestas fisiológicas al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático. C. Evitación persistente de estímulos asociados al trauma y embotamiento de la reactividad general del individuo (ausente antes del trauma), tal y como indican tres (o más) de los siguientes síntomas: 1. esfuerzos para evitar pensamientos, sentimientos o conversaciones sobre el suceso traumático. 2. esfuerzos para evitar actividades, lugares o personas que motivan recuerdos del trauma. continúa A 164 3. incapacidad para recordar un aspecto importante del trauma. 4. reducción acusada del interés o la participación en actividades significativas. 5. sensación de desapego o enajenación frente a los demás. 6. restricción de la vida afectiva (por ejemplo: incapacidad para tener sentimientos de amor). 7. sensación de un futuro desolador (por ejemplo: no espera obtener un empleo, casarse, formar una familia o, en definitiva, llevar una vida normal). D. Síntomas persistentes de aumento de la activación (arousal) (ausente antes del trauma), tal y como indican dos (o más) de los siguientes síntomas: 1. dificultades para conciliar o mantener el sueño. 2. irritabilidad o ataques de ira. 3. dificultades para concentrarse. 4. hipervigilancia. 5. respuestas exageradas de sobresalto. E. Estas alteraciones (síntomas de los Criterios B, C y D) se prolongan más de un mes. F. Estas alteraciones provocan malestar clínico significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo. Especificar si: Agudo: si los síntomas duran menos de 3 meses. Crónico: si los síntomas duran 3 meses o más. Especificar si: De inicio demorado: entre el acontecimiento traumático y el inicio de los síntomas han pasado como mínimo 6 meses. CUADRO 5 Criterios diagnósticos para del trastorno por estrés agudo (DSM-IV-TR) A. La persona ha estado expuesta a un acontecimiento traumático en el que han existido 1 y 2: 1. la persona ha experimentado, presenciado o le han explicado uno (o más) acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas para su integridad física o la de los demás. 2. la persona ha respondido con un temor, una desesperanza o un horror intensos. B. Durante o después del acontecimiento traumático, el individuo presenta tres (o más) de los siguientes síntomas disociativos: 1. sensación subjetiva de embotamiento, desapego o ausencia de reactividademocional. 2. reducción del conocimiento de su entorno (por ejemplo: estar aturdido). 3. desrealización. 4. despersonalización. 5. amnesia disociativa (por ejemplo: incapacidad para recordar un aspecto importante del trauma). C. El acontecimiento traumático es reexperimentado persistentemente en al menos una de estas formas: imágenes, pensamientos, sueños, ilusiones, episodios de flashback recurrentes o sensación de estar reviviendo la experiencia, y malestar al exponerse a objetos o situaciones que recuerdan el acontecimiento traumático. D. Evitación acusada de estímulos que recuerdan el trauma (por ejemplo: pensamientos, sentimientos, conversaciones, actividades, lugares, personas). E. Síntomas acusados de ansiedad o aumento de la activación (arousal) (por ejemplo: dificultades para dormir, irritabilidad, mala concentración, hipervigilancia, respuestas exageradas de sobresalto, inquietud motora). F. Estas alteraciones provocan malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo, o interfieren de forma notable con su capacidad para llevar a cabo tareas indispensables, por ejemplo, obtener la ayuda o los recursos humanos necesarios explicando el acontecimiento traumático a los miembros de su familia. G. Estas alteraciones duran un mínimo de 2 días y un máximo de 4 semanas, y aparecen en el primer mes que sigue al acontecimiento traumático. H. Estas alteraciones no se deben a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (por ejemplo: drogas, fármacos) o a una enfermedad médica, no se explican mejor por la presencia de un trastorno psicótico breve. 166 El TEA y el TEPT no se desarrollan, por lo tanto, tras situaciones desagra- dables descritas como “traumáticas” en el lenguaje cotidiano, por ejem- plo, divorcio, pérdida del trabajo o suspender un examen, sino que se dan generalmente en acontecimientos trágicos como los asociados a muerte, trauma grave, guerras y desastres naturales. El TEPT es un trastorno que puede afectar a personas de todas las edades. Alrededor del 25-30 % de las personas experimentan un suceso traumático durante sus vidas, que puede desembocar en TEPT. Los factores genéticos no sólo influyen en la probabilidad de sufrir un TEPT tras haber vivido acontecimientos traumáticos, sino también en que la persona se vea implicada en un acontecimiento semejante. El individuo reacciona a esta experiencia traumática con miedo e impotencia, reme- mora el acontecimiento vívidamente (flashback), presenta un patrón de evitación y entumecimiento emocional, el cuadro se puede acompañar de pesadillas sobre el suceso, crisis de angustia, alucinaciones e ideas deli- rantes. A diferencia del TEPT, en el TEA los síntomas aparecen a los pocos minutos del suceso traumático, y remiten con un mínimo de 2 días y un máximo de 4 semanas. Tratamiento Las estrategias principales de tratamiento se basan en el apoyo y estímulo para que el sujeto afectado comente el acontecimiento, acompañando esta acción con educación sobre diversos mecanismos de afrontamiento. Lo re- comendable es acompañar estas estrategias con tratamiento farmacológico y psicoterapia. Farmacoterapia Los ISRS más recomendados como tratamiento de elección son la sertra- lina en dosis de entre 50-200 mg/día y la paroxetina en dosis de entre 20 y 40 mg/día. Otros antidepresivos que han mostrado también eficacia son los tríciclicos (imipramina y amitriptilina) y la buspirona. Psicoterapia Sadock y Sadock (2008) afirman que la psicoterapia tras un acontecimien- to traumático debe seguir un modelo de intervención en crisis con apoyo, educación y desarrollo de mecanismos de afrontamiento y aceptación. La 167 terapia cognitivo conductual es la de elección en estos casos, en la cual se utilizan técnicas de exposición en las que el paciente vuelve a experimen- tar el acontecimiento traumático a través de imágenes o exposición in vivo y técnicas de manejo del estrés, incluidas técnicas de relajación. TRASTORNO DE ANSIEDAD GENERALIZADA Concepto Puede considerarse como un estado crónico de ansiedad y preocupación excesivas sobre diversos acontecimientos o actividades que se prolonga du- rante la mayor parte de los días, por un periodo mínimo de 6 meses. Etiopatogenia Se desconocen las causas que originan este trastorno. Un cierto grado de ansiedad para algunos individuos puede resultar normal y adaptativo, mientras que para otros, no. Por ese motivo, resulta difícil la diferencia- ción entre ansiedad normal y patológica, ya que están muy ligados a ella los factores biológicos y psicosociales que son difíciles de diferenciar. Factores biológicos Investigaciones biológicas centradas en los sistemas del GABA y la sero- tonina han sugerido la participación de estos neurotransmisores en la gé- nesis del trastorno de ansiedad generalizada. Esto se ha inferido debido a la eficacia terapéutica de las benzodiazepinas y las azaspironas dentro del tratamiento de dicho trastorno, las cuales potencian los efectos inhi- bitorios del GABA. Aunque no se dispone de datos certeros acerca de la localización y las alteraciones de los receptores benzodiazepínicos en los pacientes con trastorno de ansiedad generalizada, las investigaciones se centran en el lóbulo occipital, ya que el mismo contiene las concentracio- nes más elevadas de receptores benzodiazepínicos cerebrales. Factores psicosociales Según la escuela de pensamiento cognitivo-conductual, los pacientes con trastorno de ansiedad generalizada responden a unos peligros incorrecta e inexactamente percibidos. Esa falta de exactitud se genera por la atención 168 selectiva a los detalles negativos del entorno, por distorsiones del procesa- miento de la información y por una visión excesivamente negativa de las propias capacidades de afrontamiento. La escuela psicoanalítica hace refe- rencia a que la ansiedad que se presenta debido a conflictos inconscientes no resueltos. Epidemiologia El trastorno de ansiedad generalizada suele iniciarse en la adolescencia tardía o en las etapas iniciales de la edad adulta, aunque se observan con frecuencia casos en adultos de mayor edad Es un trastorno frecuente: estimaciones razonables de la prevalencia a un año oscilan entre el 3 % y el 8 %. La relación entre mujeres y varones es de 2:1. En la clínica de los trastornos de ansiedad, aproximadamente el 25 % de los pacientes presenta un trastorno de ansiedad generalizada. Diagnóstico El cuadro 6 presenta los criterios diagnósticos del trastorno de ansiedad generalizada. 169 CUADRO 6 Criterios diagnósticos para del trastorno de ansiedad generalizada (DSM-IV-TR) A. Ansiedad y preocupación excesivas (expectación aprensiva) sobre una amplia gama de acontecimientos o actividades (como el rendimiento laboral o escolar), que se prolongan más de seis meses. B. Al individuo le resulta difícil controlar este estado de constante preocupación. C. La ansiedad y preocupación se asocian a tres (o más) de los seis síntomas siguientes (algunos de ellos han persistido más de seis meses). Nota: en los niños solo se requiere uno de estos síntomas: 1. inquietud o impaciencia. 2. fatigabilidad fácil. 3. dificultad para concentrarse o tener la mente en blanco. 4. irritabilidad. 5. tensión muscular. 6. alteraciones del sueño (dificultad para conciliar o mantener el sueño, o sensación al despertarse de sueño no reparador). D. El centro de la ansiedad y de la preocupación no se limita a los síntomas de un trastorno del Eje I; por ejemplo, la ansiedad o preocupación no hacen referencia a la posibilidad de presentar una crisis de angustia (como en el trastorno de angustia), pasarlo mal en público (como en la fobia social), contraer una enfermedad (como en el trastorno obsesivo-compulsivo), estar lejos de casa o de los seres queridos (como en el trastorno de ansiedad por separación), engordar (como en la anorexia nerviosa), tener quejas de múltiples síntomas físicos(como en el trastorno de somatización) o padecer enfermedad grave (como en la hipocondría), y la ansiedad y la preocupación no aparecen exclusivamente en el trascurso de un trastorno por estrés postraumático. E. La ansiedad, la preocupación o lo síntomas físicos provocan malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo. F. Estas alteraciones no se deben a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (por ejemplo: fármacos) o a una enfermedad médica (por ejemplo: hipertiroidismo) y no aparecen exclusivamente en el trascurso de un trastorno del estado de ánimo, un trastorno psicótico o un trastorno generalizado del desarrollo. 170 Diagnóstico diferencial El trastorno de ansiedad generalizada, al igual que otros trastornos de an- siedad, debe diferenciarse de trastornos orgánicos y de otros trastornos psiquiátricos. Hipertiroidismo: en este trastorno endócrino se observan ansiedad junto a palpitaciones, temblores y astenia; sin embargo existen ciertas diferencias entre dichos síntomas y los presentes en el trastorno de ansiedad genera- lizada. En el hipertiroidismo, la taquicardia no desaparece con el reposo, los temblores son finos, las palmas de las manos están calientes y rosadas, se observa pérdida de peso con apetito normal e intolerancia al calor. En los trastornos de ansiedad, el ritmo cardíaco decrece durante el sueño, los temblores son intensos y las palmas de las manos están frías y húmedas. Además, con la realización de un perfil tiroideo se establecería definitiva- mente la diferenciación. Taquicardia paroxística supraventricular: en el trastorno de ansiedad gene- ralizada se observa taquicardia, pero dichas cifras de frecuencia cardíaca son inferiores a las observadas en la taquicardia paroxística ventricular, no alcanzándose los 140-220 latidos por minuto propios de la taquicardia paroxística. También, son elementos que orientan hacia una base orgáni- ca: el inicio y el final súbito de la crisis, la escasa sensación de angustia, el aleteo cardíaco, la disnea, el dolor isquémico subesternal ocasional, el estado vertiginoso con desvanecimiento o síncope, la poliuria y la caída de la presión arterial. Asimismo, constituyen elementos básicos para la diferenciación, el electrocardiograma y la monitorización del paciente por al menos 24 horas. Feocromocitoma: se pueden observar crisis de sudor, temblores, cefaleas, rubor, nerviosismo, frialdad y palpitaciones. Se aconseja la determinación de catecolaminas séricas y en orina en pacientes en los que sea necesario establecer el diagnóstico diferencial. Crisis hipoglicémicas: 40 mg/dl de glicemia puede provocar ligera obnubila- ción de conciencia, sensación de mareo y nerviosismo. La determinación de la glicemia es fundamental para establecer un diagnóstico diferencial. Patologías respiratorias: la disnea y la hiperventilación constituyen sínto- mas frecuentes dentro del trastorno de ansiedad generalizada, las cuáles 171 deben ser analizadas puesto que se producen dentro de múltiples alteracio- nes viscerales y metabólicas. Trastornos depresivos: para el diagnóstico diferencial se deben tener en cuenta la mayor gravedad de los síntomas depresivos en relación con los síntomas de ansiedad y, además, la cronología de los síntomas: en el tras- torno de ansiedad generalizada se observa que aparecen síntomas de ansie- dad antes que síntomas de depresión. Abstinencia a drogas: la abstinencia a diversas sustancias puede provocar síntomas de ansiedad. Se ha observado que en los pacientes con abstinen- cia los síntomas de ansiedad empeoran en horas de la mañana. Tratamiento Al plantear el tratamiento de un paciente con trastorno de ansiedad genera- lizada deben evaluarse los siguientes aspectos de la presentación clínica: el estado afectivo (para detectar la comorbilidad con un trastorno depresivo), los patrones de respuestas a las situaciones ansiógenas y sus componentes cognitivos, el grado de hipervigilancia, la presencia o no de síntomas auto- nómicos y los posibles eventos desencadenantes del cuadro. Psicoterapéutico Se podrían utilizar distintas técnicas psicoterapéuticas para el tratamiento de ansiedad generalizada. Los principales enfoques son la terapia cogniti- vo-conductual, la terapia de apoyo y la orientada a la introspección. Farmacológico Los principales fármacos utilizados para el tratamiento son las benzodia- zepinas, la buspirona y los antidepresivos. Se considera que el tratamiento farmacológico tiene una duración de 6 a 12 meses, aunque existen evidencias de que el tratamiento debería ser más largo, quizá de por vida. Benzodiazepinas: se sugiere que al optar por las benzodiazepinas para el manejo del trastorno de ansiedad generalizada, el tratamiento debería ser con la menor dosis y durante el menor tiempo posible, para minimizar el 172 riesgo de que se desarrolle dependencia. Se ha observado mucha utilidad para aliviar los síntomas físicos. Las siguientes benzodiazepinas son las recomendadas en el tratamiento del trastorno de ansiedad generalizada: alprazolam 1 a 6 mg/día, bromaze- pam 3 a 12 mg/día, clonazepam 1 a 6 mg/día, diazepam 10 a 30 mg/día y lorazepam 3 a 10 mg/día. Buspirona: posee un mecanismo de acción distinto al de las benzodiazepi- nas. Carece de efectos hipnóticos, sedativos y miorrelajantes, no interaccio- na con el alcohol y no produce dependencia o adicción. Su efecto ansiolítico se observa luego de dos semanas, a diferencia de las benzodiazepinas cuyo efecto ansiolítico es evidenciable ya desde el inicio. No es muy útil en la supresión de los síntomas físicos asociados a la angustia, pero alivia satis- factoriamente la ansiedad subjetiva. Se recomienda una dosis de 15 a 60 mg/día para en tratamiento de trastor- nos de ansiedad generalizada. Antidepresivos: los antidepresivos, a diferencia de las benzodiazepinas, tie- nen una mayor latencia de respuesta al tratamiento, pero se ha observado con ambos grupos de fármacos una igual eficacia. Los siguientes antide- presivos son los recomendados en el tratamiento del trastorno de ansie- dad generalizada: imipramina 50 a 150 mg/día, paroxetina 20 a 40 mg/día, venlafaxina 75 a 225 mg/día. Pregabalina: estudios recientes indican que la administración de 300 a 600 mg/día de pregabalina posee efecto ansiolítico. 173 BIBLIOGRAFÍA 1. American Psychiatric Association. (2006). Guías clínicas para el trata- miento de los trastornos psiquiátricos. Barcelona: Ars Médica. 2. American Psychiatric Association. (2002). DSM-IV-TR. Manual diag- nóstico y estadístico de los trastornos mentales. Texto revisado. Barcelona: Masson. 3. Cía, A. (2006) Como superar el pánico y la agorafobia: Manual de autoa- yuda. 1a edición. Buenos Aires: Editorial Polemos. 4. Carlson, N. (2006). Fisiología de la conducta. 8a edición. Madrid: Pear- son educación S.A. 5. National Comorbidity Survey. (2007) Lifetime prevalence of DSM-IV/ WMH-CIDI disorders by sex and cohort. Disponible en URL: http:// www.hcp.med.harvard.edu/ncs/ftpdir/NCS-R_Lifetime_Prevalen- ce_Estimates.pdf 6. Organización Mundial de la Salud. (2000). Guía de bolsillo de la Déci- ma clasificación de los trastornos mentales y del comportamiento, CIE-10. Buenos Aires: Editorial Médica Panamericana. 7. Sadock, BJ. & Sadock, VA. (Eds). (2009) Kaplan & Sadock’s Compre- hensive Textbook of Psychiatry. 10th Edition. Baltimore: Lippincott Williams & Wilkins. 8. Semple, S. (2009). Oxford Handbook of Psychiatry. 2nd edition. Oxford: Oxford University press. 9. Vallejo Ruiloba, J. (2011) Introducción a la psicopatología y la psiquiatría. 7a edición. Barcelona: Elsevier Masson. 10. Wikinski, S y Jufe, G. (2006) El tratamiento Farmacológico en Psiquia- tría. Indicaciones, esquemas terapéuticos y elementos para su aplicación racional. Buenos Aires: Editorial Médica Panamericana. 175 CAPÍTULO 8 TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO Dr. Julio Torales Benítez, Dra. AliciaMedina Pereira, Dra. Claudia Valenzuela Hermosa & Dra. Paloma Fernández De los Ríos Concepto El trastorno obsesivo compulsivo (TOC), clasificado dentro de los tras- tornos de ansiedad por el DSM-IV-TR, está conformado por un grupo de síntomas y signos que consisten en obsesiones y compulsiones repetidas, lo suficientemente importantes como para producir un intenso malestar, una interferencia significativa con la vida diaria del paciente, con su fun- cionalidad laboral, con sus actividades sociales, y/o con sus relaciones in- terpersonales. Una obsesión es un pensamiento, un sentimiento, una idea o una sensa- ción recurrentes e intrusivos. El Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos de España, citando a Dors (1978), también define a la obsesión como una “idea o temor que se presenta repetidamente y es sentido por el individuo como forzado e impuesto contra su voluntad”. Las obsesiones son reconocidas como absurdas por el sujeto afectado (y como que son producto de su propia mente), y le provocan extrema ansie- dad, por lo que lucha por ignorarlas o suprimirlas. Típicos temas obsesivos son las preocupaciones hipocondríacas y de contaminación, la duda sobre si se han hecho las cosas correctamente, la necesidad de orden y de sime- tría, el miedo a dañar a otros (impulsos obsesivos) y temas relacionados con la sexualidad y la religiosidad. La compulsión es una conducta (por ejemplo: lavarse las manos) o acción mental (por ejemplo: rezar, repetir palabras en silencio) consciente, estan- darizada y recurrente que la persona se siente forzada a realizar como de- fensa frente a una idea obsesiva, a pesar de reconocerlas absurdas, por lo que intenta resistirse aún a costa de un aumento de la tensión interna (que disminuye al llevar la compulsión a cabo). 176 Tanto la obsesión como la compulsión son experimentadas por el paciente de manera egodistónica (causándole malestar). Epidemiología Las tasas de TOC se estiman con una prevalencia de 2 a 3 % a lo largo de la vida en la población general. La edad media de inicio es alrededor de los 20 años (en los varones la edad de inicio es ligeramente inferior a la de las mu- jeres). El trastorno puede iniciarse también en la infancia o adolescencia. Etiopatogenia Bioquímica Los fármacos serotoninérgicos son los más efectivos en el tratamiento del TOC, lo cual refuerza la hipótesis de la desregulación de la serotonina a nivel cerebral. Genética Se ha detectado una mayor prevalencia de síntomas ansiosos y neuróti- cos en familiares de sujetos afectados por TOC. Además, también se ha observado que esta patología tiene una aparición más elevada en gemelos monocigóticos, en comparación con los dicigóticos. Si bien aún falta identificar el gen responsable, esta teoría se ha ido refor- zando debido a la coexistencia de TOC, síndrome de la Tourette y corea de Huntington (todas patologías genéticas) en el mismo individuo. Anatomía funcional Existe evidencia clínica que lesiones cerebrales (del lóbulo frontal, ganglios basales) producidas como consecuencia de cualquier tipo de insulto cere- bral pueden dar inicio a síntomas de tipo obsesivo o agravar un cuadro preexistente de TOC. Además, ciertas patologías degenerativas (como la corea de Huntington o la de Sydenham) se acompañan de un aumento en la incidencia de TOC. 177 La imagenología diagnóstica funcional revelan alteración más acusada en el metabolismo de estas áreas cerebrales antes que en su anatomía: hiper- metabolismo órbitofrontal, en ganglios de la base, en el giro cingular y en los núcleos talámicos. Esta alteración funcional ha quedado demostrada al observarse disminu- ción del hipermetabolismo cerebral una vez iniciada terapéutica farmaco- lógica para el TOC. Las anomalías funcionales se mantienen, en cambio, en sujetos que no han iniciado tratamiento o que no responden a ningún tipo de intervención. Neuropsicología Estudios neuropsicológicos revelan la existencia de funciones temporales y parietales alteradas en pacientes con TOC: la memoria visual inmedia- ta, reconocimiento y memoria táctil, orientación de líneas, percepción espacial y praxias (perceptivas y constructivas). Asimismo, se pueden evidenciar alteraciones órbitofrontales en la velocidad de procesamiento, capacidad de cambio y flexibilidad cognitiva, razonamiento y planificación, atención, programación y regulación del movimiento, entre otros. Factores conductuales De acuerdo a esta teoría, las obsesiones son estímulos condicionados. Un estimulo relativamente neutro se asocia al miedo o a la ansiedad mediante un proceso de condicionamiento de la respuesta al emparejarse con aconte- cimientos que producen ansiedad. Las compulsiones se establecen cuando un individuo descubre que cierta acción reduce la ansiedad vinculada con un pensamiento obsesivo y se desarrollan estrategias activas de evitación en forma de conductas rituales para controlar la ansiedad. Factores psicosociales Sadock y Sadock (2009) refieren que otras teorías de las causas de TOC están enfocadas en la interacción entre conducta y el medio ambiente y en creencias y actitudes (y también en cómo se procesa información). Estas teorías acerca de conducta y cognición no son incompatibles con explica- ciones biológicas. 178 Vallejo (2006) describe que los sujetos afectados de TOC evitan la ambi- güedad y la incertidumbre (por intolerantes a ellas), muestran dificultad en la toma de decisiones por anticipación de consecuencias desfavorables, y tienen un pensamiento catastrofista, vinculado a la exagerada sensibili- dad hacia circunstancias aversivas, ya sean éstas reales o imaginarias. Los pacientes con obsesiones y compulsiones tienen tendencia a malinter- pretar de forma catastrófica y errónea y asumir actitudes de responsabilidad para neutralizar tales ideas, a través de conductas o rituales mágicos de pen- samiento. Existe una necesidad de control e intolerancia a la incertidumbre. Diagnóstico El cuadro 1 presenta los criterios diagnósticos del trastorno obsesivo com- pulsivo. Diagnóstico Diferencial El episodio depresivo mayor se diferencia del TOC porque en éste último existe una constante cavilación sobre acontecimientos potencialmente des- agradables. En la hipocondría, existe miedo a padecer o estar padeciendo una enfer- medad importante y este miedo deriva de la incorrecta interpretación de síntomas físicos. Las fobias específicas se diferencian del TOC puesto que no presentan com- portamiento ritual alguno. El TOC se diferencia del trastorno de tics porque en éste último no existen rituales, sólo movimientos estereotipados. El trastorno obsesivo compulsivo de la personalidad se diferencia del TOC pues no se caracteriza por la presencia de obsesiones o compulsiones. En este trastorno, el individuo, ya al principio de la edad adulta, está perma- nentemente preocupado por el orden, el perfeccionismo y el control. Finalmente, las supersticiones y los comportamientos repetidos de comproba- ción pueden llegar a generar confusión con un TOC; no obstante, sólo de- ben considerarse como tal si dan lugar a un acusado deterioro de la activi- dad global del individuo o a un malestar clínicamente significativo. 179 CUADRO 1 Criterios diagnósticos del trastorno obsesivo compulsivo (DSM-IV-TR) A. Se cumple para las obsesiones y compulsiones: Las obsesiones se definen por 1, 2, 3 y 4: 1. Pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes y persistentes que se experimentan en algún momento del trastorno como intrusos e inapropiados, y causan ansiedad o malestar significativos. 2. Los pensamientos, impulsos o imágenes no se reducen a simples preocupaciones excesivas sobre problemas de la vida real. 3. La persona intenta ignorar o suprimir estos pensamientos, impulsos o imágenes, o bien intenta neutralizarlos mediante otros pensamientos o actos. 4. La persona reconoce que estos pensamientos, impulsos o imágenes obsesivos son el producto de su mente (y no vienen impuestos comoen la inserción del pensamiento). Las compulsiones se definen por 1 y 2: 1. Comportamientos (por ejemplo: lavado de manos, comprobaciones) o actos mentales (por ejemplo: rezar, contar, repetir palabras en silencio) de carácter repetitivo, que el individuo se ve obligado a realizar en respuesta a una obsesión o con arreglo a ciertas reglas que debe seguir estrictamente. 2. El objetivo de estos comportamientos u operaciones mentales es la prevención o reducción del malestar o la prevención de algún acontecimiento o situación negativos, sin embargo estos comportamientos u operaciones mentales o bien no están conectados en forma realista con aquello que pretenden neutralizar o prevenir o bien resultan claramente excesivos. B. En algún momento del curso del trastorno la persona ha reconocido que estas obsesiones o compulsiones resultan excesivas o irracionales. C. Las obsesiones o compulsiones provocan malestar clínico significativo, representan una pérdida de tiempo (suponen más de una hora diaria) o interfieren marcadamente con la rutina diaria del individuo, sus relaciones laborales (o académicas) o su vida social. D. Si hay otro trastorno del Eje I el contenido de las obsesiones o compulsiones no se limita a él (por ejemplo: preocupaciones por la comida en un trastorno de la alimentación, preocupación por las drogas en un trastorno por consumo de sustancias, etcétera). E. El Trastorno no se debe a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (por ejemplo: drogas, fármacos) o de una enfermedad médica. 180 Clínica El inicio de los síntomas generalmente es gradual pero a veces es brusco. Asimismo, las conductas obsesivas-compulsivas suelen existir muchos años antes que el sujeto afectado consulte con un profesional solicitando ayuda. EL TOC puede iniciarse con pensamientos intrusivos, como imágenes violentas que entran en la mente. También puede iniciarse con rituales y comportamientos repetitivos. Las obsesiones y compulsiones pueden ser múltiples e ir variando en el tiempo. Temor y ansiedad acompañan a los síntomas centrales, siendo la carac- terística clave de la compulsión la reducción de la ansiedad asociada a la obsesión. Como se ha mencionado previamente en este capítulo, el indivi- duo reconoce como absurdas e irracionales las ideas y compulsiones y en ocasiones intenta resistirse a ellas. Patrones sintomáticos Foa y Wilson (2001) diferencian los siguientes tipos más comunes de TOC: Obsesiones de contaminación con compulsiones de lavado (pacientes “lavado- res y limpiadores”): a los sujetos afectados le carcomen obsesiones relacio- nadas con la contaminación o transmisión de enfermedades a través de determinados objetos o situaciones (contaminarse a sí mismo o contami- nar a los demás). Utilizan guantes y desinfectantes, se lavan las manos profusamente, un sinnúmero de veces al día, más nunca logran sentirse limpios o libres de contaminantes. Se han visto casos de pacientes que se han generado heridas y han hecho sangrar sus manos de tanto que se las han lavado. Obsesiones de duda con compulsiones de comprobación (pacientes “verificado- res”): los sujetos afectados inspeccionan o comprueban de manera excesiva, con el propósito de evitar que ocurra una determinada catástrofe: com- prueban una y otra vez cerraduras, aparatos electrodomésticos, viven con temor excesivo e irracional de causar daños a sí mismos o a los demás a causa de una falta de control. Estos pacientes desarrollan elaborados ritua- les, que les hace difícil completar las tareas diarias. Por ejemplo, necesitan verificar dos o tres veces una determinada situación, más nunca pueden estar seguros de si han realizado la tarea adecuadamente, preguntándose 181 en repetidas ocasiones, por ejemplo, ¿cerré la llave del gas?, ¿cerré con llave la puerta?, ¿apagué la luz? Pensamientos intrusivos sin compulsiones: son pensamientos intrusivos y repetitivos (por lo general de un acto sexual o un acto agresivo) que son reprochables para el sujeto afectado y no se acompañan de compulsiones identificables. Simetría y orden: necesidad obsesiva de mantener la simetría y el orden de las cosas con tanta precisión que induce a una compulsión de lentitud. Otros patrones: obsesiones religiosas y el acaparamiento compulsivo son frecuentes. Asimismo, algunas conductas repetitivas orientadas al cuerpo como la tricotilomanía y la onicofagia pueden ser compulsiones relacio- nadas con el TOC. Comorbilidades El TOC presenta comorbilidad importante con otros trastornos psiquiátricos. Con trastornos del ánimo, como el trastorno depresivo mayor: comorbilidad muy alta, de entre el 30 y 50 %. Con trastornos de ansiedad: fobia social (18 %), trastorno de pánico (12 %), fobia específica (22 %). Con el trastorno por tics: 20 % de pacientes con TOC tienen en algún mo- mento múltiples tics. Con trastornos de la personalidad: también comorbilidad muy alta, de entre el 36 al 75 %. Con trastornos de alimentación: entre 11 y 17 % de los pacientes con TOC presenta algún tipo de desorden alimentario. 182 Tratamiento Farmacoterapia La clorimipramina fue la primera droga para el tratamiento específico del TOC, demostrando a lo largo del tiempo ser una de las más eficaces para el tratamiento de este trastorno. A pesar de su eficacia, los ISRS, por carecer de menos efectos adversos, son considerados los fármacos más seguros. Los objetivos de la farmacoterapia son el de controlar o moderar las obse- siones, las dudas, las compulsiones y la autoagresión. Asimismo, con el tratamiento farmacológico se debe esperar una disminución de la inten- sidad y frecuencia de los síntomas en la mayoría de los casos en que hay respuesta terapéutica. La supresión sintomatológica completa es menos frecuente (en algunos casos, se logra al menos una actitud indiferente del sujeto afectado hacia sus síntomas). Yaryura, Neziroglu, Pérez y Borda (2012) insisten en que la dosis de inicio de los ISRS debe ser la mínima posible, aumentándola progresiva y len- tamente, a fin de conseguir la máxima tolerancia posible a la medicación (esto se debe a que muy probablemente se deba llegar a la máxima dosis aceptada para el fármaco elegido). Una vez dentro del rango terapéutico de la droga elegida, se deben esperar entre 10 ó 12 semanas para valorar la respuesta. La indicación de dosis no adecuadas de ISRS y su administración a lo lar- go del tiempo, impiden la resolución de la enfermedad y contribuyen a la aparición de la resistencia, por lo cual es necesario verificar si se está admi- nistrando correctamente. En la tabla 1 se citan las dosis más comúnmente utilizadas para el tratamiento del TOC. En caso que el sujeto afecto haya tenido sólo una respuesta parcial al tra- tamiento con un ISRS o no haya mostrado mejoría alguna en tres ensayos consecutivos con diferentes ISRS (a dosis plenas), se debería instaurar tra- tamiento farmacológico de combinación (combinando un ISRS con clori- mipramina, o con triptófano, litio, buspirona o clonazepam). 183 TABLA 1. Dosis utilizadas de antidepresivos para el tratamiento del TOC Antidepresivo Dosis (mg/día) Fluoxetina 20 – 80 Sertralina 50 – 200 Paroxetina 20 – 60 Fluvoxamina 100 – 300 Clorimipramina 75 – 250 Psicoterapia Está demostrado que la terapia cognitivo conductual es beneficiosa para los pacientes con TOC. Una de las técnicas más usadas en terapia conductual es la exposición y prevención de la respuesta (EPR). Esta modalidad de tratamiento es efecti- va en un 60 % a 70 % de los pacientes con TOC. Mediante esta técnica, se expone al paciente a sus miedos, in vivo combinada con exposición imagi- naria, a fin de que los enfrente. Eventualmente, el miedo se extingue. Finalmente, la combinación de farmacoterapia con psicoterapia ha resulta- do ser muy beneficiosa en casi todos los casos de TOC. 184 BIBLIOGRAFÍA 1. American Psychiatric Association. (2006) Guías clínicas para el trata- miento de los trastornos psiquiátricos. Barcelona:Ars Médica. 2. American Psychiatric Association. (2002) DSM-IV-TR. Manual diag- nóstico y estadístico de los trastornos mentales. Texto revisado. Barcelona: Masson. 3. Arnedo, M; Roldán, L; & Morell J. (1996) Aproximación Psicobiológica al Trastorno Obsesivo Compulsivo. Madrid: Psicología Conductual. 4. Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos de España. (2012) Trastorno obsesivo compulsivo (TOC). Disponible en URL: http://www. cop.es/colegiados/MU00024/TOC.htm 5. Foa, E. & Wilson, R. (2001) Venza sus obsesiones. Barcelona: Ediciones Robinbook. 6. Martínez González, A. & Piqueras Rodríguez, J. (2008) Actualización neuropsicológica del trastorno obsesivo compulsivo. Revista de neurolo- gía, 618-625. 7. Sadock, BJ., Sadock, VA. & Ruíz, P. (Eds). (2009) Kaplan & Sadock’s Comprehensive Textbook of Psychiatry. 10th Edition. Baltimore: Lippin- cott Williams & Wilkins. 8. Vallejo Ruiloba, J. (2011). Introducción a la psicopatología y a la Psiquia- tría. Barcelona: Elsevier Masson. 9. Wikinski, S. y Jufe, G. (2006) El tratamiento Farmacológico en Psiquia- tría. Indicaciones, esquemas terapéuticos y elementos para su aplicación racional. Madrid: Editorial Médica Panamericana. 10. Yaryura, J; Neziroglu, F; Pérez, R. & Borda, T. (2002) Tratamiento del trastorno obsesivo-compulsivo. Revista de Psiquiatría del Uruguay, 1, 47-52. 185 CAPÍTULO 9 TRASTORNOS SOMATOMORFOS Prof. Dr. José Brítez Cantero, Dr. Julio Torales Benítez, Dra. Claudia Valenzuela Hermosa & Dra. María Emilia Chávez CONCEPTO Los trastornos somatomorfos son un amplio grupo de desórdenes que se caracterizan por el predominio de síntomas físicos o preocupaciones so- máticas que no pueden ser explicadas médicamente y en los que se pre- sume una etiología psicológica. Los síntomas tienen una intensidad sufi- ciente como para causar en el paciente malestar, deterioro social y laboral y provocar la demanda de asistencia médica. Es importante destacar que la producción de síntomas no es voluntaria, lo que permite diferenciarlos de los trastornos facticios y de la simulación. En este capítulo se abordarán: El trastorno de somatización (síndrome de Briquet): de curso crónico y carac- terizado por la presencia de síntomas gastrointestinales, sexuales y pseu- doneurológicos. El trastorno de conversión: donde se observan síntomas sugerentes de un trastorno neurológico asociados a factores psicológicos. La hipocondría: preocupación y el miedo de tener una enfermedad grave a partir de una mala interpretación de los síntomas o funciones corporales. El trastorno dismórfico corporal: preocupación por algún defecto imaginario o exagerado en el aspecto físico. El trastorno por dolor: presencia de un dolor físico crónico y persistente, donde se considera que los factores psicológicos desempeñan un papel im- portante en su inicio, gravedad, exacerbación o persistencia. 186 El trastorno somatomorfo indiferenciado: caracterizado por la presencia de síntomas físicos no explicados, que persisten al menos 6 meses y que son insuficientes para establecer el diagnóstico de trastorno de somatización. El trastorno somatomorfo no especificado: donde se incluyen los trastornos con síntomas somatomorfos que no cumplen los criterios de cualquiera de los trastornos somatomorfos específicos. Se hará mención somera, también, de los trastornos facticios. TRASTORNO DE SOMATIZACIóN (SÍNDROME DE BRIQUET) Concepto El trastorno de somatización fue descripto por primera vez en el antiguo Egipto hace más de 4000 años. Originalmente se lo designó como “histe- ria”, pues se creía que los síntomas eran producidos por el desplazamiento del útero. En 1859, el médico francés Pierre Briquet lo describió como un síndrome caracterizado por la presencia de molestias orgánicas dramáti- cas y excesivas en ausencia de una patología orgánica demostrable. La Asociación Americana de Psiquiatría (2002) definió somatización como “un patrón crónico de conducta de enfermedad, con un estilo de vida carac- terizado por numerosas consultas médicas y dificultades sociales secun- darias". El trastorno de somatización se caracteriza por múltiples síntomas somáti- cos que involucran una gran diversidad de órganos. Es un trastorno cróni- co, fluctuante, recurrente y que causa malestar clínicamente significativo, provocando un deterioro evidenciable de la actividad social, laboral o de otras áreas importantes del individuo y generando una búsqueda de aten- ción médica excesiva. Etiología Se desconoce la causa exacta que causa este trastorno. No obstante, se esti- ma que existen varios factores implicados. 187 Factores biológicos: Zegarra y Guzmán (2007) afirman que las funciones cerebrales derechas están más desarrolladas que las izquierdas en los pa- cientes somatizadores, evidenciándose, además, cierta hiperactividad del locus ceruleus (lo cual disminuiría el umbral del dolor) y disminución del riego sanguíneo cerebral en las áreas posteriores del cerebro. Factores genéticos: 10 % a 20 % de los familiares de primer grado de sexo femenino de los pacientes con trastornos de somatización también lo pade- cen. Los parientes masculinos de mujeres con trastornos de somatización muestran un aumento de riesgo de trastorno antisocial de la personalidad y de otros trastornos relacionados con el consumo de sustancias. Factores psicológicos y sociales: se propone que algunos síntomas son resul- tado de la represión de emociones o la necesidad de expresar sentimientos. Además, se cree que los sujetos afectados provienen de hogares inestables o han sido víctimas de maltratos. Epidemiología Sadock y Sadock (2009) estiman que la prevalencia del trastorno de soma- tización en la población general oscila entre 0,2 % y 2 % en las mujeres y alrededor del 0,2 % en los hombres. Las mujeres son afectadas en una proporción 5 veces superior a la de los varones. Clínica Los pacientes con trastorno de somatización sienten como si la mayor parte de sus vidas hayan estado “enfermos” o con algún tipo de malestar. La sin- tomatología más frecuente incluye nauseas, vómitos, dolor en las extremida- des, dificultad para deglutir, disnea sin relación con el esfuerzo y amnesia. Las historias clínicas son largas, imprecisas, desorganizadas, y describen síntomas de manera exagerada. El sufrimiento que se genera en el pacien- te, debido a la gran cantidad de síntomas que presenta, es grande. Pueden existir amenazas de suicidio. El trastorno de somatización suele asociarse a otros trastornos psiquiátri- cos como son los trastornos de personalidad histriónico y antisocial, con- sumo de sustancias, trastornos de ansiedad generalizada y trastorno de- presivo mayor. 188 Diagnóstico El cuadro 1 presenta los criterios diagnósticos del trastorno de somatiza- ción. Diagnóstico diferencial Tres características son sugerentes de un trastorno de somatización antes que de una enfermedad de causa orgánica: 1. Afectación multiorgánica. 2. Edad de inicio temprano, con curso crónico, sin signos físicos o anoma- lías estructurales. 3. El laboratorio no muestra anormalidades características de las enferme- dades médicas. Patología a ser investigadas incluyen al hiperparatiroidismo, porfiria agu- da intermitente, esclerosis múltiple y lupus eritematoso sistémico, puesto que cursan con síntomas múltiples y confusos. Asimismo, deben ser descartados el trastorno de ansiedad generalizada y el trastorno depresivo (que pueden manifestarse con mucha sintomatolo- gía física). No obstante, cuando se cumplen los criterios para el trastorno de somatización y para un trastorno del estado de ánimo, hay que estable- cer ambos diagnósticos. 189 CUADRO 1. Criterios diagnósticos del trastorno de somatización (DSM-IV-TR) A. Historia de múltiples síntomas físicos, que empieza antes de los 30 años, persiste durante varios años y obliga a la búsqueda de atención médica o provoca un deterioro significativo social, laboral, o de otras áreas importantes de la actividad delindividuo. B. Deben cumplirse todos los criterios que se exponen a continuación, y cada síntoma puede aparecer en cualquier momento de la alteración: 1. cuatro síntomas dolorosos: historia de dolor relacionada con al menos cuatro zonas del cuerpo o cuatro funciones (por ejemplo: cabeza, abdomen, dorso, articulaciones, extremidades, tórax, recto; durante la menstruación, el acto sexual, o la micción). 2. dos síntomas gastrointestinales: historia de al menos dos síntomas gastrointestinales distintos al dolor (por ejemplo: náuseas, distensión abdominal, vómitos [no durante el embarazo], diarrea o intolerancia a diferentes alimentos). 3. un síntoma sexual: historia de al menos un síntoma sexual o reproductor al margen del dolor (por ejemplo: indiferencia sexual, disfunción eréctil o eyaculatoria, menstruaciones irregulares, pérdidas menstruales excesivas, vómitos durante el embarazo). 4. un síntoma pseudoneurológico: historia de al menos un síntoma o déficit que sugiera un trastorno neurológico no limitado a dolor (síntomas de conversión del tipo de la alteración de la coordinación psicomotora o del equilibrio, parálisis o debilidad muscular localizada, dificultad para deglutir, sensación de nudo en la garganta, afonía, retención urinaria, alucinaciones, pérdida de la sensibilidad táctil y dolorosa, diplopía, ceguera, sordera, convulsiones; síntomas disociativos como amnesia; o pérdida de conciencia distinta del desmayo). C. Cualquiera de las dos características siguientes: 1. tras un examen adecuado, ninguno de los síntomas del Criterio B puede explicarse por la presencia de una enfermedad médica conocida o por los efectos directos de una sustancia (por ejemplo: drogas o fármacos). 2. si hay una enfermedad médica, los síntomas físicos o el deterioro social o laboral son excesivos en comparación con lo que cabría esperar por la historia clínica, la exploración física o los hallazgos de laboratorio. D. Los síntomas no se producen intencionadamente y no son simulados (a diferencia de lo que ocurre en el trastorno facticio y en la simulación). 190 Tratamiento El trastorno de somatización carece de un tratamiento específico. El obje- tivo terapéutico es manejar las somatizaciones y el alivio de los síntomas. Rubio, López-Muñoz, Álamo y Santo-Domingo (2002) desarrollaron nor- mas de buena práctica en la atención de sujetos afectos de los trastornos somatomorfos, en general, y del trastorno de somatización, en particular: • El paciente debe ser atendido por un solo médico • Planificar citas regulares cada 4-6 semanas como máximo. • Realizar consultas breves. • Explorar siempre la zona de la que se queja el paciente. • Buscar signos, los síntomas deben ser interpretados en un contexto co- municacional. • Evitar pruebas diagnósticas que no sean imprescindibles para evitar ia- trogenia y gasto sanitario. Deben solicitarse basados en los signos, no en los síntomas. • Evitar tratamientos innecesarios. • Tranquilizar y reasegurar. • Derivar adecuadamente a los servicios psiquiátricos. La psicoterapia es la metodología indicada, pues ayuda a los pacientes a hacer frente al sufrimiento físico y emocional y les dota de recursos para abordar las circunstancias que activan su malestar. TRASTORNO DE CONVERSIóN Concepto El trastorno conversivo se caracteriza por presentar síntomas que afectan las funciones motoras (crisis convulsivas, paresias, movimientos anor- males, incoordinación motora, afonía, disfagia, retención urinaria, entre otros) o sensoriales (anestesia, parestesias, ceguera, sordera, entre otras) y que sugieren un trastorno orgánico pero que, al estar precedidos por facto- res estresantes se considera que son provocados por factores psicológicos. Los síntomas no son provocados deliberadamente, no están causados por consumo de sustancias toxicas, no se limitan a síntomas de dolor o sexua- 191 les y el beneficio obtenido es principalmente psicológico y no social, eco- nómico ni legal. Epidemiología Sadock y Sadock (2009) estiman que el trastorno conversivo tiene una prevalencia que varía desde 11/100.000 hasta 300/100.000 habitantes. Asi- mismo, se ha observado que un 1 % a 3 % de los pacientes ambulatorios enviados a centros de salud mental presentan este trastorno. El inicio del trastorno se produce entre el final de la infancia y el inicio de la vida adulta, siendo su proporción 2 veces más frecuente en mujeres que en hombres. Etiopatogenia Factores psicoanalíticos: se postula que conflictos inconscientes se convier- ten en síntomas físicos. Éstos últimos permiten al paciente expresar sus impulsos reprimidos y de esa forma evitar su enfrentamiento consciente. A través de los síntomas, los pacientes comunican su necesidad de recibir un tratamiento especial y pueden ejercer papeles de manipulación de los demás. Factores biológicos: evidencias sugieren que los sujetos afectos presentan hipometabolismo del hemisferio cerebral dominante, hipermetabolismo del no dominante y disfunción en la comunicación interhemisférica. Teoría del aprendizaje: las crisis conversivas pueden verse como conduc- tas aprendidas durante la infancia para enfrentar situaciones que de otro modo resultarían imposibles de manejar. Clínica Los síntomas sensoriales de los sujetos afectos incluyen parestesias, anes- tesias, ceguera, sordera y visión en túnel, pero la evaluación neurológica es benigna y no revela alteraciones. En cuanto a los síntomas motores se observa parálisis, debilidad y movi- mientos anormales que empeoran al prestarles atención y pseudoconvul- siones. En el trastorno conversivo se describe la astasia-abasia que consiste 192 en una marcha atáxica acompañada de movimientos violentos de brazos. Si los pacientes sufren caídas no se lesionan, no presentan atrofia muscu- lar y los reflejos osteotendinosos y la electromiografía son normales. Marjama, Troster y Koller (1995) describieron las siguientes características del trastorno conversivo motor: 1. Comienzo súbito. 2. Los movimientos o déficits remiten o vuelven espontáneamente. 3. Son generalmente marcados, pero atípicos o extraños. 4. Disminuyen o desaparecen cuando el enfermo se distrae. 5. Aumentan cuando el médico se concentra en el síntoma. 6. Presencia de signos que no son típicos de la enfermedades reconocidas. 7. Carecen de signos típicos de estas enfermedades. 8. Resolución con placebo o psicoterapia. 9. Siguen el patrón psicológico del déficit motor y no el orgánico. Finalmente, las pseudoconvulsiones que suelen presentar estos pacientes son difíciles de distinguir de convulsiones verdaderas. No obstante, en las mismas se conserva el reflejo pupilar y no hay aumento post-convulsivo de la secreción de prolactina. Es importante destacar que muchos de estos pacientes presentan la “belle indifference”, que constituye una disociación entre la reacción emocional que se espera ante un síntoma determinado (por ejemplo, los sujetos afec- tos pueden permanecer despreocupados a pesar de presentar parálisis o ceguera repentina). Asimismo, estos pacientes suelen ser fácilmente sugestionables y sus sín- tomas pueden modificarse o desaparecer mediante estímulos externos. Además obtienen un beneficio primario manteniendo los conflictos inter- nos fuera de la consciencia y un beneficio secundario al recibir apoyo de otras personas y al estar excusados de cumplir con ciertas obligaciones. Los trastornos mentales asociados que pueden evidenciarse en sujetos afectados de trastorno de conversión incluyen los trastornos disociativos, el trastorno depresivo mayor, y los trastornos histriónico, antisocial y por dependencia de la personalidad. 193 Diagnóstico El cuadro 2 presenta los criterios diagnósticos del trastorno de conversión. CUADRO 2. Criterios diagnósticos del trastorno de conversión (DSM-IV-TR) A. Uno o más síntomas o déficit que afectan las funciones motoras voluntarias o sensoriales y que sugieren una enfermedad neurológica o médica. B. Se considera que losfactores psicológicos están asociados al síntoma o al déficit debido a que el inicio o la exacerbación del cuadro vienen precedidos por conflictos u otros desencadenantes. C. El síntoma o déficit no está producido intencionadamente y no es simulado (a diferencia de lo que ocurre en el trastorno facticio o en la simulación). D. Tras un examen clínico adecuado, el síntoma o déficit no se explica por la presencia de una enfermedad médica, por los efectos directos de una sustancia o por un comportamiento o experiencia culturalmente normales. E. El síntoma o déficit provoca malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral, o de otras áreas importantes de la actividad del sujeto, o requieren atención médica. F. El síntoma o déficit no se limita a dolor o a disfunción sexual, no aparece exclusivamente en el transcurso de un trastorno de somatización y no se explica mejor por la presencia de otro trastorno mental. Especificar tipo de síntoma o déficit: con síntoma o déficit motor, con crisis o convulsiones, con síntoma o déficit sensorial, de presentación mixta. Diagnóstico diferencial Para llegar a este diagnóstico, el paso más importante a la hora de evaluar los síntomas del trastorno de conversión es la exclusión de trastornos orgánicos. Se deben tener muy presente patologías como demencia, tumores cerebra- les, enfermedad de los ganglios basales, esclerosis múltiple, síndrome de Guillain-Barré, enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, polimiositis, miastenia grave y manifestaciones neurológicas iniciales del síndrome de inmuno- deficiencia adquirida. Se deben descartar otros trastornos somatomorfos. En la esquizofrenia, trastorno de ansiedad y trastorno depresivo también se pueden presentar síntomas semejantes. 194 En la simulación hay objetivos evidentes como compensación económica o evitación de responsabilidades. Tratamiento No existe un tratamiento específico para los trastornos conversivos. Si bien la remisión de los síntomas de una conversión suele ser espontánea, la psicoterapia es la técnica indicada, pues facilita la resolución del trastorno ayudando al paciente a detectar y afrontar las situaciones de estrés que activan el cuadro. En algunos casos son efectivos los ansiolíticos, la hipnosis y los ejercicios de relajación. HIPOCONDRÍA Concepto La palabra deriva del griego. Hipocondrio significa “debajo del cartílago” y hace referencia a la zona situada debajo de las costillas falsas. Para los griegos era una afección somática, que afectaba a los órganos abdominales. La hipocondría se define por la presencia, durante 6 meses o más, de una preocupación generalizada y no delirante, con temor a llegar a tener (o la idea de que se tiene) una enfermedad grave basada en la interpretación errónea de los síntomas. Esta preocupación produce sufrimiento y disfun- ción significativos en la propia vida y no puede explicarse por la presencia de otro trastorno psiquiátrico o médico. Etiología Existen varias teorías sobre la etiología. Modelo cognitivo conductual: las los individuos con hipocondría tienen um- brales bajos para el malestar físico y escasa tolerancia. Tienen ideas sobre- valoradas, cargadas con un sentido emocional y no racional. 195 Modelo de aprendizaje social: el estigma asociado al malestar psiquiátrico puede contribuir a un factor potente que lleva a la somatización. Las enfer- medades orgánicas o físicas se consideran más reales y menos reprobables que los trastornos psiquiátricos. Manifestación encubierta de una enfermedad psiquiátrica: sugiere que la hipo- condría es una forma alternativa de otros trastornos de la esfera psiquiátrica. Modelo psicoanalítico: en la hipocondría los deseos agresivos y hostiles ha- cia las demás son transferidos a quejas físicas, de forma que el sujeto no necesitaría confrontar de un modo consciente sus impulsos inaceptables. Epidemiología La prevalencia de la hipocondría en la población general se desconoce. En la práctica médica la prevalencia se encuentra entre un 4 y un 9 %. Afecta por igual a ambos sexos y aunque el inicio de los síntomas puede produ- cirse a cualquier edad, suele manifestarse en edades comprendidas entre los 20 y 30 años. Diagnóstico Estos pacientes aseguran que sufren una enfermedad médica que aún no se ha detectado y no se le puede convencer de lo contrario. Perseveran en la idea a pesar de que las evaluaciones y explicaciones médicas demuestren lo contrario. La evolución suele ser episódica y estos episodios estar separa- dos por meses o años. El cuadro 3 resume los criterios para el diagnóstico. 196 CUADRO 3. Criterios diagnósticos para Hipocondría (DSM-IV-TR) A. Preocupación y miedo a tener, o la convicción de padecer, una enfermedad grave a partir de la interpretación personal de síntomas somáticos. B. La preocupación persiste a pesar de las exploraciones y explicaciones médicas apropiadas. C. La creencia expuesta en el criterio A no es de tipo delirante (a diferencia del trastorno delirante de tipo somático) y no se limita a preocupaciones sobre el aspecto físico (a diferencia del trastorno dismórfico corporal). D. La preocupación provoca malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo. E. La duración del trastorno es de al menos 6 meses. F. La preocupación no se explica mejor por la presencia de trastorno de ansiedad generalizada, trastorno obsesivo-compulsivo, trastorno de angustia, episodio depresivo mayor, ansiedad por separación u otro trastorno somatomorfo. Especificar si: con poca conciencia de enfermedad: si durante la mayor parte del episodio el individuo no se da cuenta de que la preocupación por padecer una enfermedad grave es excesiva o injustificada. Diagnóstico diferencial Debe establecerse el diagnóstico diferencial con enfermedades médicas no psiquiátricas como endocrinopatías, esclerosis múltiple, lupus eritema- toso sistémico, enfermedades degenerativas del SNC, miastenia grave e infección por Vih. Se debe diferenciar entre trastorno de somatización e hipocondría, en el primero hay múltiples síntomas y en el segundo, temor a la enfermedad. También se deben descartar otros trastornos somatomorfos. Tratamiento La psicoterapia de grupo es la que ha logrado mejores resultados para afrontar este trastorno, aunque también son útiles la psicoterapia indi- vidual, cognitiva y conductual, ya que ayudan a cambiar el centro de la atención desde la búsqueda de una enfermedad médica inexistente a la aceptación de las raíces psicológicas de su problema. 197 TRASTORO DISMóRFICO CORPORAL Concepto El trastorno dismórfico corporal puede definirse como una preocupación excesiva por un defecto corporal inexistente o de escasa importancia. Etiología No se conoce la causa pero se ha visto que existe un alto grado de comorbi- lidad con los trastornos depresivos y antecedentes familiares de trastornos obsesivos compulsivos y trastornos del estado de ánimo. Los estereotipos de belleza en determinadas familias y culturas pueden tener un efecto significativo en estos pacientes. Epidemiología La prevalencia del trastorno se sitúa entre el 1 % y el 2 % de la población general. La incidencia en uno y otro sexo es similar, pero las mujeres tienden a acu- dir más al cirujano y los hombres al psiquiatra. La edad de los pacientes se sitúa entre los 15 y 30 años. Se trata de un cuadro clínico infradiagnosticado, pues los pacientes fre- cuentemente acuden primero al cirujano plástico o al dermatológo antes de consultar en algún servicio de Psiquiatría. Diagnóstico Las preocupaciones más habituales se centran en defectos de la nariz, la piel, los ojos. Otras, del pelo, pecho y genitales. Síntomas asociados suelen incluir ideas delirantes de referencia (otra per- sona se percata del supuesto defecto), evitar estar delante de espejos o ex- posición excesiva. La vida social de estos pacientes se ve afectada e incluso puede presentar tentativassuicidas. 198 Comúnmente en los pacientes con trastorno dismórfico corporal se en- cuentra otra patología psiquiátrica asociada como trastornos depresivos o de ansiedad, rasgos de TOC y trastorno de la personalidad narcisista o es- quizoide. En el cuadro 4 se plantean los criterios diagnósticos propuestos por el DSM IV. CUADRO 4 Criterios diagnósticos para trastorno dismórfico corporal (DSM-IV-TR) A. Preocupación por algún defecto imaginado del aspecto físico. Cuando hay leves anomalías físicas, la preocupación del individuo es excesiva. B. La preocupación provoca malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo. C. La preocupación no se explica mejor por la presencia de otro trastorno mental (p. ej., insatisfacción con el tamaño y la silueta corporales en la anorexia nerviosa). Diagnostico diferencial No se debe confundir con la anorexia nerviosa en la cual la preocupación se centra en el peso. En la fobia social también pueden observarse preocu- paciones por defectos reales o imaginarios del aspecto pero esta preocupa- ción no es excesiva ni discapacitante. Puede realizarse el diagnóstico de TOC en estos pacientes solo si las obse- siones y compulsiones no se limitan a preocupaciones acerca del aspecto. Tratamiento Los tratamientos quirúrgicos, dermatológicos o médicos no son efectivos. Fluoxetina u otros fármacos de la familia de los ISRS pueden reducir los sín- tomas. Si existe otra comorbilidad, esta debe ser tratado en forma adecuada. Además es importante proporcionar a los pacientes información acerca las características del trastorno, la imagen corporal, el impacto de los pensa- mientos sobre las emociones y la percepción del cuerpo. 199 TRASTORNO POR DOLOR Concepto La característica esencial de este trastorno es el dolor en una o más partes del cuerpo cuya intensidad es lo suficientemente importante como para merecer atención médica. Se considera que los factores psicológicos desempeñan un papel importan- te en el curso del dolor. Otras denominaciones antiguas son trastorno por dolor somatomorfo, trastorno por dolor psicógeno, trastorno por dolor idiopático y trastorno por dolor atípico. Etiología Factores psicodinámicos: los pacientes que sufren alexitimia (incapacidad de verbalizar sus estados emocionales) expresan su sufrimiento a través del cuerpo. Algunos pacientes pueden considerar que el dolor emocional es una debilidad. Otros pacientes ven al dolor como expiación de una culpa. Factores conductuales: las conductas de dolor se refuerzan cuando son re- compensadas y se inhiben cuando se las ignora. Factores interpersonales: el dolor como medio de obtención de un beneficio secundario. Factores biológicos: un déficit de endorfinas puede relacionarse con el au- mento de los estímulos sensitivos. Algunos pacientes pueden tener altera- ciones estructurales sensitivas que predisponen a sufrir dolor. Epidemiología El trastorno por dolor es relativamente frecuente. Estudios recientes indi- can una prevalencia entre 5 % y el 12 %. Por ejemplo, se ha observado que, en el transcurso de 1 año, un 10-15 % de los adultos de Estados Unidos pa- decen algún tipo de discapacidad laboral debido únicamente a dolor lumbar. 200 El trastorno puede iniciarse a cualquier edad, se desconoce la proporción entre sexos. Diagnóstico Los pacientes que presentan trastorno por dolor son un grupo heterogéneo de pacientes que tienen largos historiales clínicos, visitas a muchos médi- cos y citan al dolor como el origen de todos sus problemas. Son frecuentes las quejas por dolor lumbar, cefaleas, dolor facial atípico, además pueden presentar anergia, anhedonia, insomnio, pérdida de la li- bido, pérdida de peso e irritabilidad. No es menester del médico valorar si el dolor es inadecuado sino que debe centrarse en el grado de sufrimiento que causa en el paciente. Ejemplos de las alteraciones producidas por el dolor son la incapacidad para llevar a cabo responsabilidades, uso frecuente del sistema de salud, consumo de fármacos, problemas de tipo relacional y transformación del dolor en el asunto central de la vida del individuo. El trastorno por dolor puede asociarse a otros trastornos mentales, espe- cialmente trastornos de ansiedad y trastornos del estado de ánimo. El do- lor crónico se asocia frecuentemente a trastornos depresivos y el agudo, a trastornos de ansiedad. El DSM-IV-TR plantea criterios para el diagnóstico que se detallan en el cuadro 5. 201 CUADRO 5 Criterios diagnósticos para trastorno por dolor (DSM-IV-TR) A. El síntoma principal del cuadro clínico es el dolor localizado en una o más zonas del cuerpo, de suficiente gravedad como para merecer atención médica. B. El dolor provoca malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo. C. Se estima que los factores psicológicos desempeñan un papel importante en el inicio, la gravedad, la exacerbación o la persistencia del dolor. D. El síntoma o déficit no es simulado ni producido intencionadamente (a diferencia de lo que ocurre en la simulación y en el trastorno facticio). E. El dolor no se explica mejor por la presencia de un trastorno del estado de ánimo, un trastorno de ansiedad o un trastorno psicótico y no cumple los criterios de dispareunia. Codificar el tipo: Trastorno por dolor asociado a factores psicológicos Trastorno por dolor asociado a factores psicológicos y a enfermedad médica Especificar (para ambos tipos) si: Agudo: duración menor a 6 meses Crónico: duración igual o superior a 6 meses Diagnóstico diferencial Debe ser estudiada la presencia de todos los demás trastornos somatomor- fos. La dispareunia excluye el diagnóstico de trastorno por dolor. El dolor es un síntoma asociado habitualmente a otros trastornos mentales, sobre todo de ansiendad y depresión. También se deben descartar los trastornos facticios y por simulación. Tratamiento El objetivo del tratamiento es la rehabilitación del paciente. Psicofármacos: son recomendados los antidepresivos tricíclicos y los ISRS, pues son los más efectivos debido a su actividad antidepresiva y por ejercer un efecto analgésico. 202 Psicoterapia: de gran utilidad, en especial en fases iniciales y en asociación con las medidas terapéuticas señaladas. TRASTORNO SOMATOMORFO INDIFERENCIADO El aspecto esencial de este trastorno es la presencia de uno o más síntomas médicos clínicamente significativos que no tienen una explicación orgáni- ca, con una duración de 6 o más meses y que no se pueden explicar a través de otro trastorno mental. TRASTORNO SOMATOMORFO NO ESPECIFICADO En esta categoría se incluyen a los pacientes cuyos síntomas sugieren un trastorno somatomorfo pero no cumplen con los criterios diagnósticos o pueden presentar síntomas que no estén cubiertos dentro de la clasificación. TRASTORNOS FACTICIOS Aunque no se encuentra dentro de los sistemas de clasificación de los tras- tornos somatomorfos es importante mencionarlos. Se caracterizan por la producción intencionada o fingida de signos o sín- tomas físicos o psicológicos. A diferencia de los simuladores, los cuales intentan conseguir ventajas, las personas con trastornos facticios aparen- temente no obtienen ningún beneficio excepto las molestias de exploracio- nes o intervenciones quirúrgicas innecesarias. El más notorio de los trastornos facticios en el DSM-IV es el Síndrome de Munchausen. El paciente muestra un patrón de enfermedades fingidas en una gran cantidad de servicios hospitalarios, consiguiendo su ingreso y siendo sometido a diversos procedimientos, entra en disputa con los médi- cos responsables y es dado de alta en contra del consejo médica. Es difícil reunir datos epidemiológicos y etiológicos sobre estos trastornos los trastornos facticios y aún así, los datos son escasamente fiables, ya que los individuos que presentan trastornos facticios narran historias increí-bles y la mayoría de los médicos no suele verificar los datos aportados. 203 BIBLIOGRAFÍA 1. American Psychiatric Association. (2002) DSM-IV-TR. Manual diag- nóstico y estadístico de los trastornos mentales. Texto revisado. Barcelona: Masson. 2. Cabrera, D; Vallejos, A. & Betancourt, L. (2008) Trastornos somato- morfos. Rev Fac Med UNAM; 51: 4. 3. Gaedicke, A. & González, J (2010). Somatización y Trastorno Conver- sivo: Clínica, fisiopatología, evaluación y tratamiento. Revista Memori- za.com; 6:1-14 4. Marjama, J; Troster, AI. & Koller, WC. (2005) Psychogenic Movement Disorders. Neurologic Clinics; 13:283-297. 5. Organización Mundial de la Salud. (2000). Guía de bolsillo de la Déci- ma clasificación de los trastornos mentales y del comportamiento, CIE-10. Buenos Aires: Editorial Médica Panamericana 6. Rubio, G; López-Muñoz; Álamo, C. & Santo-Domingo, J. (2002) Trastornos psiquiátricos y abuso de sustancias. Madrid: Editorial Médica Panamericana. 7. Sadock, BJ. & Sadock, VA. (Eds). (2009) Kaplan & Sadock’s Compre- hensive Textbook of Psychiatry. 10th Edition. Baltimore: Lippincott Williams & Wilkins. 8. Vallejo Ruiloba J (2011). Introducción a la psicopatología y a la psiquia- tría. Barcelona: Elsevier Masson. 9. Zegarra, H. & Guzmán, R. (2007). Trastorno de somatización. Revista Paceña Med Fam; 4: 144-148. 205 CAPÍTULO 10 TRASTORNOS DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA Prof. Dr. Andrés Arce Ramírez, Dr. Hugo Rodríguez Marín, Dra. Claudia Analía Parodi & Dr. Pedro López Olmedo ANORExIA NERVIOSA Concepto Los trastornos alimentarios son alteraciones graves de la conducta alimen- taria. La anorexia nerviosa es una de las patologías estudiadas dentro de este grupo de trastornos y se caracteriza, esencialmente, por el rechazo a mantener el peso dentro de los rangos considerados normales para la edad y talla, por el miedo intenso a subir de peso y en una alteración signifi- cativa de la de la percepción de la imagen corporal. Además, las mujeres que la padecen presentan amenorrea. Cabe destacar que a pesar de lo que pudiera creerse, en esta patología no se describe disminución del apetito. No obstante, tras el deseo de obtener la delgadez, el paciente puede llega a la inanición. Etiología Las causas de la Anorexia Nerviosa se basan en tres pilares fundamentales. Factores biológicos: existen estudios que muestran un aumento de la activi- dad de opioides endógenos, lo que pueden explicar la negación del hambre en estos pacientes. Además, se vio que pacientes que recibieron antagonis- tas de opioides aumentaron de peso. También se encontró alteración de la serotonina, la dopamina y la noradrenalina, que intervienen en la regula- ción de la conducta alimentaria en el núcleo paraventricular del hipotálamo. Sadock describe un mayor riesgo de padecer este trastorno entre familiares de primer grado y que estudios realizados con gemelos revelaron mayor índice de concordancia entre gemelos monocigóticos que en dicigóticos. 206 Factores sociales: la anorexia se debe, y es justificada por las personas que la padecen, al énfasis que pone la sociedad en la importancia de la delgadez y la apariencia física en las relaciones sociales, así como la imposición de determinadas conductas y actitudes alimentarias. También se observó que estos pacientes tienen una relación muy estrecha, aunque conflictiva, con sus padres. La sobreprotección de la familia así como las discusiones sobre la comida o los alimentos pueden ayudar a reforzar este trastorno de la conducta alimentaria. Factores psicológicos: La anorexia suele presentarse en personas de baja au- toestima y excesiva preocupación por su apariencia para sentirse aceptado en su entorno. Epidemiologia El DSM-IV-TR estima que la prevalencia de anorexia es del 0,5 a 1 %. La edad de presentación se encuentra entre los 14 y 18 años. Se describe una prevalencia considerablemente mayor en mujeres, constituyendo entre el 90 y 95 % de los individuos afectados. Cabe destacar que se observa mayor afectación en adolescentes de clase social alta. Presenta un curso variable, algunas se recuperan totalmente después de un único periodo, otras presentan un curso fluctuante de ganancia de peso y de recaídas, y otras con deterioro crónico a lo largo de los años. Manifestaciones clínicas El miedo desproporcionado a ganar peso y volverse obeso está presente en todos los pacientes que presentan este trastorno. Usualmente los pacientes se rehúsan a comer con familiares o en público, manipulan la comida en exceso, la cortan en pequeños trozos y pasan la mayor parte del tiempo acomodándola en el plato. Realizando un balance de los nutrientes ingeridos se constata una dismi- nución de la ingesta total de comida, poniendo especial énfasis en comidas grasas y carbohidratos. Los síntomas físicos aparecen y se hacen más considerables a medida que la pérdida de peso avanza. Muchos de ellos se deben fundamentalmente 207 a la hipoproteinemia. Se describen hipotermia, edemas, bradicardia, hi- potensión, aparición de lanugo (capa de vello fino que crece sobre la piel como aislante debido a la ausencia de grasa). Además el paciente muestra una variedad de cambios metabólicos. No es infrecuente que presenten quejas somáticas como malestar epigás- trico. La vida sexual se ve afectada frecuentemente en pacientes con este desor- den, principalmente por pérdida de la libido. Se han descrito dos tipos de anorexias. Restrictiva: presente en aproximadamente la mitad de los pacientes. La in- gesta está muy disminuida, llegando solo a consumos diarios de 300 a 500 calorías. Se ha descrito un aumento de la asociación de Trastorno Obsesivo Compulsivo en pacientes que cumplen con este patrón de la enfermedad. Purgativa: los pacientes alternan intentos de dieta rigurosa con episodios de atracones y/o purgas. Se denomina purga a la compensación secunda- ria a la ingesta de calorías no deseadas, siendo lo más frecuente el vómito autoinducido, uso de laxantes, diuréticos y, en algunas ocasiones, eméticos. Los pacientes que presentan este patrón de la enfermedad son más propen- sos a padecer también trastornos de control de los impulsos. Diagnóstico El diagnóstico de anorexia nerviosa se basa enteramente en la clínica (cua- dro 1), constituyéndose la historia clínica en la herramienta más útil y vá- lida. A pesar de esto, ante un paciente que reúne criterios diagnósticos para anorexia es necesaria la realización de estudios complementarios, los cuales proporcionarán datos inespecíficos. El hemograma puede revelar leucopenia con linfocitosis relativa. Si exis- tieran atracones y purgas una determinación de electrolitos séricos podría revelar alcalosis hipocalémica. El ECG puede mostrar cambios como depresión del segmento ST y apla- namiento o inversión de la onda T, usualmente debidos a trastornos elec- trolíticos. 208 CUADRO 1. Criterios diagnósticos para Anorexia Nerviosa (DSM-IV-TR) A. Negación a mantener el peso corporal en un valor normal para la edad y sexo (ej. pérdida de peso llevando a mantener el peso en menos de 85% del esperado, o falla en la ganancia de peso durante el periodo de crecimiento, llevando a un peso menor del 85% del esperado) B. Miedo intenso a ganar peso o volverse obeso, aun cuando el peso se encuentra por debajo de lo normal. C. Alteración de la percepción del peso o la silueta corporales, exageración de su importancia en la autoevaluación o negación del peligro que comporta el bajo peso corporal. D. En mujeres postpuberales, amenorrea, por ej. ausencia de al menos tres ciclos menstruales consecutivos. Especificar tipo: Tipo restrictivo: durante el episodio actual de anorexia, la persona no presenta regularmente conductas de tipo atracones y purgas. Tipo purgativo: durante el episodio actual de anorexia, la persona presenta con regularidad conductas de tipo atracones y purgas (por ej. Vomito autoinducido, abuso de laxantes, diuréticos o eméticos, enemas). Pronóstico Tras un resumende estudios sobre el tratamiento de esta patología, Lock y Fitzpatrick (2009) afirman que 47 % de los pacientes se recuperan com- pletamente de la anorexia nerviosa, 34 % mejoran, 21 % cronifican y 5 % mueren como consecuencia de la enfermedad. Una edad temprana al inicio del cuadro y un intervalo corto entre el inicio de los síntomas y el inicio del tratamiento son factores de buen pronóstico. Factores de mal pronóstico incluyen vómitos, perdida marcada de peso cor- poral, comorbilidades psiquiátricas y problemas psicosociales. La mortalidad por suicidio representa una amenaza significativa para los pacientes con anorexia nerviosa, pues es la segunda causa de muerte entre estos pacientes. 209 Tratamiento Los objetivos del tratamiento de la anorexia nerviosa es reducir el impacto de la enfermedad en el funcionamiento y la calidad de vida del paciente mediante la restauración de un peso normal, reeducación acerca de las actitudes alimentarias normales y de la percepción de la figura. Tratar las comorbilidades y trabajar sobre rasgos de la personalidad extre- mos tales como la rigidez y el detallismo también deben ser objeto del tratamiento de estos pacientes. El primer paso en el tratamiento es el establecimiento de una buena rela- ción terapéutica. El tratamiento siempre es multidisciplinario, con profe- sionales clínicos, nutricionistas y psicólogos, ya que se deben monitorizar el estado general y las complicaciones de la enfermedad. El tratamiento de un paciente con anorexia nerviosa puede realizarse en forma ambulatoria o en una unidad de internación, dependiendo funda- mentalmente del estado físico, circunstancias sociales y la disponibilidad de servicios de salud en el área donde vive el individuo. Se debe considerar la internación en pacientes con peso corporal menor al 85 % del esperable o IMC menor a 17,5, frecuencia cardiaca menor a 40 lpm, presión arterial menor a 90/60, alteraciones hidroelectolíticas, des- hidratación, compromiso de órganos que requiera tratamiento. Otra indi- cación de hospitalización incluye la tentativa o ideación suicida con plan concreto. El tratamiento psiquiátrico consta de intervenciones farmacológicas y no farmacológicas. Entre las intervenciones no farmacológicas se proponen la psicoterapia tanto individual, como familiar y grupal. En cuanto a las intervenciones farmacológicas, las guías de tratamiento de la Asociación American de Psiquiatría plantea que se deben utilizar en conjunto con la psicoterapia. Su objetivo principal es tratar los síntomas asociados o comorbilidades, ya que hasta el momento ningún fármaco ha mostrado eficacia clara en el tratamiento de la enfermedad. Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) se mues- tran eficaces para el tratamiento de los síntomas obsesivos asociados y las 210 conductas de tipo atracones y purgas. En pacientes que están constante- mente preocupados por comer y su peso corporal y en aquellos en los que la hiperactividad no pueda ser controlada de otra manera, el uso de antip- sicóticos a bajas dosis, como Olanzapina (5 a 10 mg/día) puede estar justifi- cado. Incluso algunos estudios hablan de la utilidad de la Olanzapina para mejorar síntomas como la distorsión de la imagen corporal. BULIMIA NERVIOSA Concepto Es un trastorno de la conducta alimentaria caracterizado por episodios de ingesta descontrolada de grandes cantidades de alimentos y por la utiliza- ción de métodos inadecuados de compensación, con la finalidad de evitar el aumento de peso temido por estos pacientes. Etiología Factores biológicos: desequilibrios de neurotransmisores como la serotoni- na, la noradrenalina o la dopamina están relacionados con los ciclos de atracón y purga. Además se ha descrito un aumento de beta endorfinas en pacientes bulímicas vomitadoras. Asimismo, con relación a la colecisto- quinina se encontraron tasas postprandiales más bajas asociadas a menor sensación de saciedad en pacientes bulímicas. Factores psicológicos: los pacientes con bulimia nerviosa experimentan su falta de control en la ingesta alimentaria de una manera más desagradable que los pacientes con anorexia, lo que los lleva a buscar ayuda profesional más precozmente. Esta patología se asocia más frecuentemente con rasgos de personalidad impulsivos, irritables o extrovertidos que las personas con anorexia nerviosa. Factores sociales: los valores estéticos impuestos en nuestra sociedad que sobrevaloran la delgadez y rechazan el sobrepeso, influyen en una excesiva preocupación por la figura corporal, lo cual contribuye a la insatisfacción que experimentan los pacientes con bulimia nerviosa con respecto a su autoimagen. 211 Epidemiología La prevalencia de la bulimia nerviosa es más alta que la de la anorexia ner- viosa. En mujeres jóvenes la prevalencia es 1 a 3 %. Así como la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa en más frecuente en el sexo femenino, aun- que su inicio suele ser más tardío que el de la Anorexia. Manifestaciones clínicas A diferencia de la Anorexia Nerviosa, los pacientes afectadas por este tras- torno frecuentemente tienen un peso corporal normal. Durante los atracones los pacientes suelen preferir alimentos ricos en calo- rías, de sabor dulce y textura suave, ingiriéndolos de manera apresurada y en gran cantidad en un periodo corto de tiempo; comúnmente los pacien- tes se esconden para adoptar estas conductas, evitando ser descubiertos. Las conductas compensatorias más frecuentes son los vómitos auto induci- dos mediante la introducción de los dedos en la garganta, aunque algunos pacientes pueden provocarlos sin necesidad de maniobras manuales. En contraposición a la disminución del interés hacia el sexo que se observa en los pacientes con Anorexia Nerviosa, los que presentan Bulimia en ge- neral mantienen su nivel de actividad sexual. Diagnóstico Se exponen los criterios diagnósticos en el cuadro 2. Complicaciones médicas Las complicaciones aparecen sobre todo en pacientes que recurren a méto- dos compensatorios purgativos. Las más frecuentes son hipocalemia, alcalo- sis hipoclorémica, esofagitis por reflujo, úlcera gastroduodenal, pudiéndose observarse inclusive desgarros esofágicos y gástricos en casos extremos. Además, a la simple ectoscopia, pueden observarse lesiones en la piel del área de la articulación metacarpofalángica del dedo medio de las manos por el roce permanente de esta zona con los dientes durante el esfuerzo por provocar el vómito. 212 CUADRO 2. Criterios diagnósticos para Bulimia Nerviosa (DSM-IV-TR) A. Presencia de atracones recurrentes. Un atracón se caracteriza por: 1. ingesta de alimento en un corto espacio de tiempo (p. ej., en un período de 2 horas) en cantidad superior a la que la mayoría de las personas ingerirían en un período de tiempo similar y en las mismas circunstancias 2. sensación de pérdida de control sobre la ingesta del alimento (p. ej., sensación de no poder parar de comer o no poder controlar el tipo o la cantidad de comida que se está ingiriendo) B. Conductas compensatorias inapropiadas, de manera repetida, con el fin de no ganar peso, como son provocación del vómito; uso excesivo de laxantes, diuréticos, enemas u otros fármacos; ayuno, y ejercicio excesivo. C. Los atracones y las conductas compensatorias inapropiadas tienen lugar, como promedio, al menos dos veces a la semana durante un período de 3 meses. D. La autoevaluación está exageradamente influida por el peso y la silueta corporales. E. La alteración no aparece exclusivamente en el transcurso de la anorexia nerviosa. Especificar tipo: Tipo purgativo: durante el episodio de bulimia nerviosa, el individuo se provoca regularmente el vómito o usa laxantes, diuréticos o enemas en exceso. Tipo no purgativo: durante el episodio de bulimia nerviosa, el individuo emplea otras conductas compensatorias inapropiadas, como el ayuno o el ejercicio intenso, pero no recurre regularmente a provocarse el vómito ni usa laxantes,diuréticos o enemas en exceso. Diagnóstico diferencial Como se señala en los criterios diagnósticos, no corresponde hacer el diag- nóstico de Bulimia Nerviosa cuando los atracones y purgas se registren exclusivamente durante episodios de anorexia nerviosa. También deben considerarse trastornos neurológicos, tumores del sistema nervioso central o el síndrome de Kleine-Levin (caracterizado por hiper- somnia periódica e hiperfagia). 213 Tratamiento La mayor parte de los pacientes con bulimia nerviosa no necesitan ingreso hospitalario, aunque esta medida puede plantearse ante ciertas condicio- nes tales como el fracaso del tratamiento ambulatorio, atracones o pur- gas de difícil control, ideación suicida, complicaciones médicas. Resulta fundamental incluir en el plan terapéutico de estos pacientes el consejo nutricional. Otro aspecto que no se debe olvidar es el tratamiento de los trastornos comórbidos. Para el tratamiento, así como para la Anorexia Nerviosa, se plantean me- didas farmacológicas y no farmacológicas, que deben llevarse a cabo de forma conjunta. Las intervenciones psicoterápicas de tipo cognitivo conductual son califica- das como efectivas, sobre todo para la modulación de los atracones. Otros abordajes que también pueden resultar útiles son la terapia psicodinámica, la terapia interpersonal y la terapia familiar. Los grupos de autoayuda se muestran especialmente útiles para la prevención de recaídas. Los fármacos antidepresivos han mostrado eficacia en la reducción de los atracones de comida y las purgas, y se indican cuando las intervenciones psicoterapéuticas no resultan suficientes para el control de estas conductas. Entre los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, la fluoxeti- na es el fármaco más estudiado y de primera línea, debiendo ser utilizada en dosis más altas (60 a 80 mg/día) que las empleadas en el tratamiento de la depresión. Otros antidepresivos descritos como útiles son imipramina y trazodone. 214 BIBLIOGRAFÍA 1. Aguinaga, M; Fernández, L. & Varo, J. (2009). Trastornos de la con- ducta alimentaria. Revisión y actualización. Anales del sistema sanita- rio de Navarra, 23: 279,292. 2. American Psychiatric Association. (2002) DSM-IV-TR. Manual diag- nóstico y estadístico de los trastornos mentales. Texto revisado. Barcelona: Masson. 3. American Psychiatric Association. (2006) Treating eating disorders, a quick reference guide. Washington DC. 4. Borda, M; Del Río, C. & Torres, I. (2003) Creencias irracionales en mujeres con anorexia nerviosa y bulimia nerviosa. C Med Psicosom: 65; 16, 28. 5. Cervera C; & Gual, P. (1998). Trastorno de la conducta alimentaria: anorexia nerviosa y bulimia nerviosa. Psiquiatría en atención primaria: 389, 404). 6. Del Río, C; Torres, I. & Borda, M. (2002). Comorbilidad entre bulimia nerviosa purgativa y trastornos de la personalidad según el Inventario Clínico Multiaxial de Millon (MCMI-II). Revista Internacional de Psico- logía Clínica y de la Salud: 2; 425, 438. 7. Gelder, M. Mayou, R. y Geddes, J. (Eds.), Oxford Psiquiatría (2a ed., pp. 228-230). Madrid, España: Marbán. 8. Gil Canalda, M; Candela, J. & Rodríguez, M. (2003). 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Según Pastrana Jiménez (2007) la personalidad es la forma de ser, más o menos estable, que nos permite relacionarnos con nosotros mismos, con los demás y con el entorno. Por esto mismo, se considera que la persona- lidad es el resultado de las interacciones entre nuestra biología, nuestra mente y nuestro entorno. Cuando la personalidad genera sufrimiento en el propio individuo, en los demás o en el entorno, aparece lo que de denomina un trastorno de la personalidad. Para poder realizar el diagnóstico de trastorno de la personalidad es nece- sario que exista una serie de condiciones. La primera es que se presente una forma estable de comportamiento caracterizado por maneras de perci- bir e interpretar la realidad, afectividad y emociones, relaciones interperso- nales y manejo de los impulsos apartados de lo que se espera culturalmen- te de la persona. Es decir, la conducta no es temporal, ni es adaptativa a una situación vital individual, ni se explica por la pertenencia a un colectivo cultural distinto del mayoritario en el entorno. Como se ha mencionado previamente, esta forma de ser, este patrón de conducta, genera malestar 218 personal importante clínicamente y objetivable por el deterioro del funcio- namiento social o laboral. Los conflictos y dificultades en el manejo de la realidad crean sufrimiento interno en uno mismo y con frecuencia en el entorno. El patrón de conducta de los trastornos de personalidad no se restringe únicamente a un área de funcionamiento del individuo o a una relación interpersonal concreta. Tampoco se refiere a una forma de ser variable en función del tiempo, de la fatiga o del estrés. Más bien se trata de un patrón rígido y que afecta a una gama amplia de situaciones personales y sociales. El inicio de la conducta y del pensamiento típico de los trastornos de la personalidad tiene lugar al final de la adolescencia o al principio de la edad adulta. Si bien en edades tempranas ya existen patrones de conducta esta- bles y disfuncionales, se establece por consenso no realizar el diagnóstico hasta que no avance la edad salvo en casos excepcionales. Todo trastorno de la personalidad es un trastorno crónico y frecuente. Su prevalencia se ha calculado entre un 10 % y un 20 % de la población gene- ral y es un cuadro que se prolonga durante décadas. Aproximadamente la mitad de los pacientes psiquiátricos tienen un trastorno de la personalidad. El trastorno de la personalidad es también un factor predisponente para otros trastornos psiquiátricos y pueden constituirse en una dificultad que interfiere con la respuesta al tratamiento de los mismos. En los últimos tiempos uno de sus principales aciertos fue la creación de grupos clasificatorios de los trastornos de la personalidad, de forma que distintos trastornos que comparten ciertos rasgos queden emparentados. Se exponen, en el cuadro1, los criterios del DSM-IV-TR para el diagnóstico del trastorno de la personalidad en general. 219 CUADRO 1 Criterios diagnósticos para trastorno de la personalidad (DSM-IV-TR) A. Un patrón permanente de experiencia interna y de comportamiento que se aparta acusadamente de las expectativas de la cultura del sujeto. Este patrón se manifiesta en dos (o más) de las áreas siguientes: 1. cognición (p. ej., formas de percibir e interpretarse a uno mismo, a los demás y a los acontecimientos) 2. afectividad (p. ej., la gama, intensidad, labilidad y adecuación de la respuesta emocional) 3. actividad interpersonal 4. control de los impulsos B. Este patrón persistente es inflexible y se extiende a una amplia gama de situaciones personales y sociales. C. Este patrón persistente provoca malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo. D. El patrón es estable y de larga duración, y su inicio se remonta al menos a la adolescencia o al principio de la edad adulta. E. El patrón persistente no es atribuible a una manifestación o a una consecuencia de otro trastorno mental. F. El patrón persistente no es debido a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., una droga, un medicamento) ni a una enfermedad médica (p. ej., traumatismo craneal). TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD DEL GRUPO A Las personas que padecen alguno de los trastornos de este grupo se carac- terizan por su dificultad para establecer y mantener relaciones con otras personas debido a su trastorno y un acusado problema para aprender las habilidades sociales más elementales que facilitan el relacionamiento entre las personas. Son individuos excéntricos, cerrados, que viven aislados y que carecen de intereses por actividades en grupo. Se manifiestan fríos. No es infrecuente que formen parte de algún grupo sectario de prácticas extrañas. 220 Cabe destacar su vulnerabilidad hacia otras patologías psiquiátricas, en par- ticular a la esquizofrenia. Suelen caer en el uso de sustancias, mediante las cuales tratan de solucionar sus inconvenientes para la exposición social. Trastorno paranoide de la personalidad Se caracteriza fundamentalmente por desconfianza y suspicacia hacia los demás. Suelen ser hostiles, coléricos e irritables. No se hacen responsables de sus propios sentimientos y los asignan a otros. Pueden ser intolerantes, patológicamente celosos y demandantes crónicos. Epidemiología El trastorno paranoide de la personalidad tiene una prevalencia entre el 0,5 % y el 2,5 % de la población general. Es más frecuente en hombres que en mujeres y no parece seguir un patrón familiar. Manifestaciones clínicas La característica principal es la desconfianza manifestada a través de la in- terpretación de lo que hacen los demás como actitudes malintencionadas y amenazantes. Permanentemente tienen la idea de que los demás van a perjudicarles de algún modo. A menudo cuestionan la lealtad y confianza de sus amigos sin ninguna justificación. Estas personas exteriorizan sus emociones y utilizan la proyección como defensa. Carecen de flexibilidad y de sintonía afectiva para relativizar los conflictos. Normalmente esta forma de ser los lleva a comportarse desconsideramen- te con los demás. El cuadro 2 contempla los criterios para el diagnóstico. Diagnóstico diferencial Siempre es importante distinguirlo del trastorno delirante, la esquizofrenia paranoide y otros trastornos de la personalidad como el límite y el antisocial. 221 CUADRO 2 Criterios diagnósticos para Trastorno paranoide de la personalidad (DSM-IV-TR) A. Desconfianza y suspicacia general desde el inicio de la edad adulta, de forma que las intenciones de los demás son interpretadas como maliciosas, que aparecen en diversos contextos, como lo indican cuatro (o más) de los siguientes puntos: 1. Sospecha, sin base suficiente, que los demás se van a aprovechar de ellos, les van a hacer daño o les van a engañar. 2. Preocupación por dudas no justificadas acerca de la lealtad o la fidelidad de los amigos y socios. 3. Reticencia a confiar en los demás por temor injustificado a que la información que compartan vaya a ser utilizada en su contra. 4. En las observaciones o los hechos más inocentes vislumbra significados ocultos que son degradantes o amenazadores. 5. Alberga rencores durante mucho tiempo, por ejemplo, no olvida los insultos, injurias o desprecios. 6. Percibe ataques a su persona o a su reputación que no son aparentes para los demás y está predispuesto a reaccionar con ira o a contraatacar. 7. Sospecha repetida e injustificadamente que su cónyuge o su pareja le es infiel. B. Estas características no aparecen exclusivamente en el transcurso de una esquizofrenia, un trastorno del estado de ánimo con síntomas psicóticos u otro trastorno psicótico y no son debidas a los efectos fisiológicos directos de una enfermedad médica. Nota: Si se cumplen los criterios antes del inicio de una esquizofrenia, añadir "premórbido", por ejemplo, "trastorno paranoide de la personalidad (premórbido)". Evolución y pronóstico Este trastorno puede permanecer durante toda la vida en algunas personas, pero en otras es un precursor de la esquizofrenia. Tratamiento El tratamiento de elección es la psicoterapia individual. En las terapias en grupo no se progresa mucho pero podría ser útil para mejorar habilidades sociales. 222 El uso de psicofármacos puede resultar útil para el manejo de síntomas de ansiedad y de agitación que pueden presentar los pacientes. Para la pa- ranoia se muestra eficaz la Olanzapina o la Risperidona a dosis bajas. La ansiedad social y rasgos obsesivos pueden controlarse con el uso de ISRS o clomipramina. Trastorno esquizoide de la personalidad Sus características fundamentales se focalizan en la incapacidad para la relación con los demás, lo que les genera una intensa incomodidad al en- frentarse a situaciones que requieren de dicha habilidad. Además, como consecuencia de lo anterior, presentan un patrón de aislamiento social y escasa manifestación del afecto. Epidemiología El trastorno esquizoide de la personalidad es poco frecuente en el entorno clínico. Se desconoce si existen diferencias en la afectación de hombres y mujeres. Cuadro Clínico Estos individuos impresionan fríos, callados, introvertidos y no sociables. Pueden desenvolverse sin necesidad de mantener lazos emocionales. Esca- sa o nula actividad sexual, pues solo la tienen presente en sus pensamien- tos. Pueden tener intereses solitarios y éxitos en trabajos no competitivos y aislados. El cuadro 3 resume los criterios diagnósticos del trastorno. 223 CUADRO 3 Criterios diagnósticos para Trastorno esquizoide de la personalidad (DSM-IV-TR) A. Un patrón general de distanciamiento de las relaciones sociales y de restricción de la expresión emocional en el plano interpersonal, que comienza al principio de la edad adulta y se da en diversos contextos, como lo indican cuatro (o más) de los siguientes puntos: 1. ni desea ni disfruta de las relaciones personales, incluido el formar parte de una familia. 2. escoge casi siempre actividades solitarias. 3. tiene escaso o ningún interés en tener experiencias sexuales con otra persona. 4. disfruta con pocas o ninguna actividad 5. no tiene amigos íntimos o personas de confianza, aparte de los familiares de primer grado. 6. se muestra indiferente a los halagos o las críticas de los demás. B. Estas características no aparecen exclusivamente en el transcurso de una esquizofrenia, un trastorno del estado de ánimo con síntomas psicóticos u otro trastorno psicótico y no son debidas a los efectos fisiológicos directos de una enfermedad médica. Nota: Si se cumplen los criterios antes del inicio de una esquizofrenia, añadir "pre mórbido", por ejemplo, "trastorno esquizoide de la personalidad (pre mórbido)". Diagnóstico diferencial Esquizofrenia, trastorno delirante y trastorno afectivo con síntomaspsicó- ticos: se distinguen de estos por no presentar ideas delirantes ni alucina- ciones. Del trastorno paranoide de la personalidad se distinguen que estos mues- tran mayor implicación social, mayor tendencia a proyectar sus sentimien- tos en los demás y una conducta verbal agresiva. Otro trastorno de la per- sonalidad que puede confundir al momento de establecer el diagnóstico es el trastorno por evitación, en el cual los pacientes, a pesar de estar aislados, siempre se muestran deseosos de participar de actividades sociales. 224 Evolución y pronóstico Suele iniciarse en las primeras etapas de la infancia, es de larga duración pero no necesariamente permanece toda la vida. Tratamiento La psicoterapia individual muestra buenos resultados toda vez que se vaya ganando la confianza del paciente, quien, poco a poco, va revelando sus pensamientos. En una terapia de grupo pueden estar callados por largos periodos de tiem- po pero al final terminan participando, es importante porque puede ser el único contacto social en sus vidas. Además se ha mostrado efectivo en algunos pacientes el uso de dosis bajas de antipsicóticos, antidepresivos y psicoestimulantes. Trastorno esquizotípico de la personalidad Son personas que llaman la atención por un aspecto externo extravagante o raro. Pueden presentar pensamientos mágicos, ideas de referencia, ilu- siones y desrealización. Es frecuente encontrar este tipo de personalidad en mendigos y vagabundos. Epidemiología Se presentan en un 3 % de la población en general. Su distribución por sexos es desconocida. Se observa mayor incidencia entre gemelos monoci- goticos que dicigoticos (33 % y 4 % respectivamente) y un mayor número de casos entre familiares de los pacientes esquizofrénicos. Diagnóstico diferencial Se distingue del trastorno esquizoide y por evitación debido a las particula- ridades en su conducta, pensamiento, comunicación, percepción y además puede haber una historia familiar de esquizofrenia en el trastorno esqui- zotípico. 225 Los síntomas psicóticos crónicos de la esquizofrenia difieren de la forma breve y fragmentada en que pueden presentarse estos síntomas en el tras- torno esquizotípico. Evolución y pronóstico La tendencia en la actualidad es considerar la esquizotipia como una per- sonalidad premórbida del paciente esquizofrénico. Pero en muchos pacien- tes se mantiene esta personalidad esquizotipica estable durante la vida sin el desarrollo de esquizofrenia. Tratamiento Además de la psicoterapia, suele ser útil el empleo de un antipsicótico atípi- co para tratar las ideas de referencia, ilusiones y otros síntomas del trastorno. TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD DEL GRUPO B Este grupo de trastornos de la personalidad engloba a individuos común- mente llamados inmaduros. Se caracterizan por labilidad emocional que generalmente se acompaña de comportamientos inadecuados, indecoro- sos y socialmente inaceptables. Dan la impresión de no ser fiables, debido a su dificultad para adecuarse a los reglamentos sociales y los códigos in- terpersonales. Trastorno antisocial de la personalidad Consiste en una desadaptación a las normas sociales, se trata de personas que desprecian y violan con frecuencia los derechos de los demás, median- te actos antisociales o criminales y deshonestidad. Impulsividad y agresivi- dad dominan sus actuaciones. Además muestran marca despreocupación por su seguridad o de la de los demás. La falta de remordimientos les hace justificar y, generalmente, sentirse orgullosos de sus conductas. 226 Epidemiología El trastorno se da en ambos sexos, pero con una mayor prevalencia en hombres, afectando tres veces menos a las mujeres. La prevalencia de este trastorno es del 3 % entre hombres y del 1 % entre mujeres. Es más fre- cuente en las áreas urbanas marginales. Los criterios diagnósticos se citan en el cuadro 4. CUADRO 4 Criterios diagnósticos para Trastorno antisocial de la personalidad (DSM-IV-TR) A. Un patrón general de desprecio y violación de los derechos de los demás que se presenta desde la edad de 15 años, como lo indican tres (o más) de los siguientes ítemes: 1. fracaso para adaptarse a las normas sociales en lo que respecta al comportamiento legal, como lo indica el perpetrar repetidamente actos que son motivo de detención. 2. deshonestidad, indicada por mentir repetidamente, utilizar un alias, estafar a otros para obtener un beneficio personal o por placer. 3. impulsividad o incapacidad para planificar el futuro. 4. irritabilidad y agresividad, indicados por peleas físicas repetidas o agresiones. 5. despreocupación imprudente por su seguridad o la de los demás. 6. irresponsabilidad persistente, indicada por la incapacidad de mantener un trabajo con constancia o de hacerse cargo de obligaciones económicas. 7. falta de remordimientos, como lo indica la indiferencia o la justificación del haber dañado, maltratado o robado a otros. B. El sujeto tiene al menos 18 años. C. Existen pruebas de un trastorno disocial (v. pág. 94) que comienza antes de la edad de 15 años. D. El comportamiento antisocial no aparece exclusivamente en el transcurso de una esquizofrenia o un episodio maníaco. 227 Cuadro clínico Estos pacientes arrogantes carecen de empatía y tienden a ser insensibles y a menospreciar los sentimientos de los demás. Hacen uso de un encanto superficial que puede impresionar a alguien. Estos sujetos también pue- den ser irresponsables y explotadores en sus relaciones sexuales. Pueden tener una historia de muchos acompañantes sexuales y no haber tenido nunca una relación monógama duradera. Los sujetos con trastorno antiso- cial de la personalidad tienen más probabilidades que la población general de morir prematuramente por causas violentas (suicidio, accidentes y ho- micidios). Es frecuente que presenten comorbilidad con el abuso de una o más sus- tancias, motivo por el cual normalmente acuden al consultorio. Evolución y pronóstico Generalmente llegan a un máximo de conductas antisociales en la adoles- cencia o al inicio de la edad adulta, para luego ir disminuyendo en intensi- dad a medida que avanza la edad de los individuos. Tratamiento Estos pacientes son de muy difícil abordaje para el tratamiento psicotera- péutico por la poca adherencia a este tipo de tratamientos. Se plantea que la terapia de grupo puede resultar beneficiosa en estos pacientes. En cuanto al tratamiento farmacológico, generalmente se utiliza en caso de que hayan alguna comorbilidad. Han demostrado algún beneficio, aun- que controversial, el uso de ISRS, carbamazepina y el valproato en la im- pulsividad de estos pacientes. Trastorno límite de la personalidad La característica esencial del trastorno límite de la personalidad es la in- tolerancia a las frustraciones debida a una inestabilidad afectiva respecto a la vivencia de la propia imagen y de las relaciones interpersonales. Su conducta está gobernada por una notable impulsividad. 228 Sadock (2009) describe a estos pacientes en la frontera entre la neurosis y la psicosis. Epidemiología El trastorno límite de la personalidad es dos veces más frecuente en mu- jeres y su prevalencia es de alrededor del 2 % de la población general. Se calcula que el 10 % de los sujetos vistos en los centros ambulatorios de salud mental y en torno al 20 % de los pacientes psiquiátricos internados padecen este trastorno. Entre todos los trastornos de la personalidad se sitúa entre el 30 y el 60 % de los casos. Cuadro clínico La clínica queda caracterizada por inestabilidad de la autoimagen y de las relaciones interpersonales. Grandes esfuerzos para evitar ser abandonado. Sus relaciones de pareja son sumamente inestables y pasan frecuentemen- te de la idealización a la devaluación. Frecuentes cambios de trabajo. Al- gunos autores optan por denominar a estos pacientes como “establemente inestables”. Además, la impulsividad se evidencia en gastos excesivos, relaciones sexuales promiscuas, abuso de sustanciase incluso actos potencialmente lesivos como amenazas de suicidio o de automutilación. Estos pacientes, en ocasiones, presentan episodios psicóticos de corta du- ración (micro psicosis) en situaciones de crisis, lo que obliga a hacer el diagnóstico diferencial con episodios psicóticos breves. Los criterios que se deben reunir para establecer el diagnóstico se descri- ben en el cuadro 5. Evolución y pronóstico El patrón más habitual es la evolución hacia una inestabilidad crónica con episodios de grave impulsividad. El riesgo de suicidio es mayor en los pri- meros años de la edad adulta y van desapareciendo gradualmente con la edad. Alrededor de la cuarta y quinta décadas de la vida, la mayoría de los sujetos logran una mayor estabilidad en sus relaciones y su actividad profesional. 229 CUADRO 5 Criterios diagnósticos para Trastorno Límite de la personalidad (DSM-IV-TR) A. Un patrón general de inestabilidad en las relaciones interpersonales, la autoimagen y la efectividad, y una notable impulsividad, que comienzan al principio de la edad adulta y se dan en diversos contextos, como lo indican cinco (o más) de los siguientes ítemes: 1. esfuerzos frenéticos para evitar un abandono real o imaginado. Nota: No incluir los comportamientos suicidas o de automutilación que se recogen en el Criterio 5. 2. un patrón de relaciones interpersonales inestables e intensas caracterizado por la alternancia entre los extremos de idealización y devaluación. 3. alteración de la identidad: autoimagen o sentido de sí mismo acusada y persistentemente inestable. 4. impulsividad en al menos dos áreas, que es potencialmente dañina para sí mismo (p. ej., gastos, sexo, abuso de sustancias, conducción temeraria, atracones de comida). Nota: No incluir los comportamientos suicidas o de automutilación que se recogen en el Criterio 5. 5. comportamientos, intentos o amenazas suicidas recurrentes, o comportamiento de automutilación. 6. inestabilidad afectiva debida a una notable reactividad del estado de ánimo (p. ej., episodios de intensa disforia, irritabilidad o ansiedad, que suelen durar unas horas y rara vez unos días). 7. sentimientos crónicos de vacío. 8. ira inapropiada e intensa o dificultades para controlar la ira (p. ej., muestras frecuentes de mal genio, enfado constante, peleas físicas recurrentes). 9. ideación paranoide transitoria relacionada con el estrés o síntomas disociativos graves. Tratamiento La psicoterapia es la terapia de elección y es la principal en el abordaje de los pacientes con este trastorno y requiere de un tiempo prolongado de tratamiento. La llamada terapia dialéctica conductual es la que en la actua- lidad cuenta con más estudios sobre su eficacia. 230 La farmacoterapia se utiliza para el manejo de cierta sintomatología espe- cífica. Para controlar la ira, la hostilidad y las micropsicosis se recomien- dan los antipsicóticos. Los ISRS mejoran los síntomas afectivos depresivos y en algunos casos los estabilizantes del humor están indicados debido a que han demostrado su utilidad. Trastorno histriónico de la personalidad Las personas con trastorno histriónico de la personalidad se caracterizan por excesiva emotividad. Se comportan de forma teatral y dramática con el fin de llamar la atención permanentemente. A pesar de esta capacidad seductora son incapaces de mantener vínculos profundos con los demás. No se generan sentimientos hacia los demás, pues son considerados como instrumentos para algún fin. Es muy frecuente que se genere un campo de envidias que dirige hacia los demás o que cree que los demás dirigen hacia él. Epidemiología Mayormente diagnosticado en mujeres que en hombres. Estudios en la población general sugieren una prevalencia del trastorno histriónico de la personalidad aproximadamente del 2-3 %. Teniendo en cuenta servicios de Psiquiatría las tasas llegan al 10-15 % de los pacientes internados y am- bulatorios. Cuadro clínico Los criterios para el diagnóstico se exponen en el cuadro 6. Clínicamente se caracteriza por un esfuerzo persistente por llamar la aten- ción de los demás, incluso utilizando la seducción mediante el aspecto físico. Los pacientes consideran sus relaciones más íntimas de lo que en realidad son. Las emociones, dramatizadas y teatralizadas, suelen ser su- perficiales. Se ven como encantadores, grandiosos y merecedores de atención. No obstante, su autoestima depende de la receptividad y valoración que le de- muestran los demás. 231 Al igual que el trastorno límite, estos pacientes tienen baja tolerancia a la frustración y pueden recurrir a conductas agresivas y gestos suicidas para lograr sus objetivos. CUADRO 6 Criterios diagnósticos para Trastorno histriónico de la personalidad (DSM-IV-TR) A. Un patrón general de excesiva emotividad y una búsqueda de atención, que empiezan al principio de la edad adulta y que se dan en diversos contextos, como lo indican cinco (o más) de los siguientes ítemes: 1. no se siente cómodo en las situaciones en las que no es el centro de la atención. 2. la interacción con los demás suele estar caracterizada por un comportamiento sexualmente seductor o provocador. 3. muestra una expresión emocional superficial y rápidamente cambiante. 4. utiliza permanentemente el aspecto físico para llamar la atención sobre sí mismo. 5. tiene una forma de hablar excesivamente subjetiva y carente de matices. 6. muestra autodramatización, teatralidad y exagerada expresión emocional. 7. es sugestionable, por ejemplo, fácilmente influenciable por los demás o por las circunstancias. 8. considera sus relaciones más íntimas de lo que son en realidad. Evolución y pronóstico En general, tiende a mejorar con el avance de la edad. No obstante, suelen tener problemas interpersonales y con la ley, caen en consumo de sustan- cias y su comportamiento sexual es riesgoso para la trasmisión de enfer- medades sexuales. Tratamiento La psicoterapia es el tratamiento de elección el cual se puede coadyuvar con el uso de ISRS para la depresión o los síntomas somáticos, ansiolíticos para la ansiedad y antipsicóticos para la desrealización, las ilusiones y la impulsividad. 232 Trastorno de personalidad narcisista La característica es un patrón de sentimientos exagerados de autovaloración, grandiosidad, superioridad en relación con los demás. También caracteriza a estos pacientes una falta de empatía. Muestran una alta sensibilidad a las críticas y juicios de valor negativos que hacen los demás acerca de ellos. Epidemiología Se estima que la prevalencia de este trastorno oscila entre el 2 y el 16 % en la población que consulta en servicio de Psiquiatría. En la población gene- ral esta tasa es menor al 1 %. Cuadro clínico Son pacientes arrogantes, altaneros y que tienen un sentido exagerado de su propia importancia, alardeando constantemente acerca de sus éxitos, belleza y poder. Carecen de empatía. No toleran las críticas de los demás, ante lo cual reaccionan de forma desmedida con y ira y humillación, pues tienen una necesidad de que los demás reconozcan su superioridad per- manentemente. Les gusta el roce social con personas o instituciones de alto nivel. Abusan y explotan a otras personas, se aprovecha de ellas. Sienten envidia de los demás o creen que los demás lo envidian. Evolución y pronóstico Constituye un trastorno crónico y de difícil tratamiento, debido a toleran mal el paso del tiempo, ya que valoran la belleza, la fuerza y la juventud. Tratamiento Es complejo ya que rechazan la capacidad del terapeuta. Generalmente, las terapias psicodinámicas y de grupo son las más recomendadas. Existe poca evidencia en cuanto a su beneficio de instaurar un tratamiento farmacológico, salvo en casos de comorbilidad. 233 TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD DEL GRUPO C En este grupo de trastornos caben individuos caracterizados por un miedo patológico que marca su vida. Son individuos incapaces de adquirir estrate- gias de afrontamiento imprescindibles parala vida independiente. Temen, en general, cualquier incertidumbre y cualquier novedad, con lo que nun- ca se exponen a equivocarse lo necesario para aprender por ensayo y error. No se valen de la acción para adquirir seguridad y por eso se ven obligados a combatir su ansiedad recurriendo a reacciones emocionales ambivalen- tes y conflictivas que marcan su vida interfiriendo en su aprendizaje y al- terando su conducta. Trastorno de la personalidad por evitación Patrón dominado por el temor a una evaluación negativa por parte de los demás y a caer en el ridículo. A pesar de su timidez tienen muchos deseos de compañía pero necesitan garantías sólidas de que no serán rechazados. Epidemiología Su prevalencia ronda entre 1 % y el 10 % de la población en general. Cuadro Clínico Estos pacientes manifiestan intensos deseos de sentirse seguros y de re- lacionar con los demás pero no lo logran debido a que sienten miedo al rechazo y dificultad para relacionarse por temor al ridículo. Carecen de confianza en sí mismos, a tal punto que resulta común que desaprovechen oportunidades laborales por temor a no estar a la altura de la responsabilidad. Diagnóstico diferencial Debe diferenciarse principalmente del trastorno esquizoide investigando si el paciente manifiesta o no deseos de interacción social. El paciente evi- tativo presenta grandes deseos de interactuar con la gente. 234 Evolución y pronóstico Si se manejan en ambientes seguros y rodeados de personas que le pro- porcionan seguridad y de los que no sienten rechazo mantienen una funcionalidad adecuada y no presentan problemas. Sin embargo, si estas condiciones no están dadas, tienden a la depresión y a la ansiedad. Existe evidencia de una alta comorbilidad con la fobia social, lo cual está relacio- nado con un peor pronóstico. Tratamiento La terapia cognitiva conductual enfocada en la reafirmación personal y ex- posición gradual es un procedimiento que permite a los pacientes aprender a expresar sus necesidades abiertamente y mejorar su autoestima. Además, la terapia de grupo se muestra efectiva para la reflexión. Ante niveles de ansiedad importantes se debe plantear el tratamiento con ISRS. Al que puede añadirse una benzodiazepina, en caso necesario. Trastorno de la personalidad por dependencia Se trata de personas sumisas que tienen miedo a la soledad, son incapaces de vivir independientemente y dejan que otros asuman sus responsabilida- des debido a que no sienten confianza en sí mismos. Epidemiología Más frecuentes en las mujeres que en los hombres. Corresponden a esta categoría el 2,5 % de los trastornos de la personalidad. Cuadro Clínico Conducta dependiente y sumisa. No confían en su propia capacidad para tomar decisiones. En lo laboral evitan los puestos de responsabilidad o lide- razgo. En las relaciones interpersonales tienen una necesidad de permane- cer unidos a otra persona, alguien de quien puedan depender y por miedo al abandono suelen llegar a extremos de subordinación y obediencia. Estos, y otros síntomas que constituyen los criterios diagnósticos, se exponen detalladamente en el cuadro 7. 235 CUADRO 7 Criterios diagnósticos para Trastorno dependiente de la personalidad (DSM-IV-TR) A. Una necesidad general y excesiva de que se ocupen de uno, que ocasiona un comportamiento de sumisión y adhesión y temores de separación, que empieza al inicio de la edad adulta y se da en varios contextos, como lo indican cinco (o más) de los siguientes ítemes: 1. tiene dificultades para tomar las decisiones cotidianas si no cuenta con un excesivo aconsejamiento y reafirmación por parte de los demás. 2. necesidad de que otros asuman la responsabilidad en las principales parcelas de su vida. 3. tiene dificultades para expresar el desacuerdo con los demás debido al temor a la pérdida de apoyo o aprobación. Nota: No se incluyen los temores o la retribución realistas. 4. tiene dificultades para iniciar proyectos o para hacer las cosas a su manera (debido a la falta de confianza en su propio juicio o en sus capacidades más que a una falta de motivación o de energía). 5. va demasiado lejos llevado por su deseo de lograr protección y apoyo de los demás, hasta el punto de presentarse voluntario para realizar tareas desagradables. 6. se siente incómodo o desamparado cuando está solo debido a sus temores exagerados a ser incapaz de cuidar de sí mismo. 7. cuando termina una relación importante, busca urgentemente otra relación que le proporcione el cuidado y el apoyo que necesita. 8. está preocupado de forma no realista por el miedo a que le abandonen y tenga que cuidar de sí mismo. Diagnóstico diferencial A diferencia del trastorno histriónico y límite de la personalidad, en los que también existen relaciones de dependencia, en el trastorno de dependencia estas relaciones son de larga duración con una sola persona. Además, estos pacientes no tienden a ser manipuladores. 236 Evolución y pronóstico La funcionalidad laboral se ve afectada por la incapacidad de actuar con independencia y tomar decisiones. Si estos pacientes pierden a la persona de quien dependen tienen un alto riesgo de padecer un trastorno depresivo mayor. El pronóstico es favorable si reciben tratamiento. Tratamiento La psicoterapia debe tener como objetivo lograr más independencia y for- talecer su confianza. Son útiles también la terapia de grupo, la terapia cog- nitiva conductual. Para el tratamiento de síntomas de ansiedad o depresión puede ser necesa- ria la prescripción de psicofármacos. Trastorno obsesivo compulsivo de la personalidad También denominado trastorno anancástico de la personalidad. Incluye a individuos con personalidades perseverantes, obstinados, indecisas y muy preocupadas por el perfeccionismo. Estos pacientes intentan mantener la sensación de control mediante una atención ceñida a las reglas, los detalles triviales o las formalidades. Epidemiología Se desconoce la prevalencia. Es más común en hombres que en mujeres. Se observa más frecuentemente en familiares de primer grado de las per- sonas afectadas que en la población en general. Cuadro clínico Presentan preocupación por las normas, las reglas, el orden, la limpieza y la perfección. Son personas rígidas e intolerantes. Relaciones interperso- nales limitadas. Son formales, muy serios, carecen de sentido del humor. Son indecisos y reflexionan mucho antes de tomar una decisión por el miedo a cometer errores. 237 Se puede desencadenar una fuerte ansiedad ante cualquier situación que amenace la estabilidad de su vida. Diagnóstico diferencial Cuando se detectan pensamientos intrusivos o compulsiones repetitivas debe sospecharse de trastorno obsesivo compulsivo. Evolución y pronóstico Algunos adolescentes con trastorno obsesivo compulsivo de la personalidad pueden evolucionar a adultos sin trastornos. Sin embargo, en otros puede ser el precursor de la esquizofrenia o de un trastorno depresivo mayor. Tratamiento Se ve resultados favorables con la terapia de grupo y la terapia conductual. Los fármacos más recomendados son los ISRS o la clorimipramina, en algunos casos de resistencia se puede agregar un antipsicótico atípico. 238 BIBLIOGRAFÍA 1. American Psychiatric Association. (2002) DSM-IV-TR. Manual diag- nóstico y estadístico de los trastornos mentales. Texto revisado. Barcelona: Masson. 2. American Psychiatric Association. (2006). Guías clínicas para el trata- miento de los trastornos psiquiátricos. Barcelona: Ars Médica. 3. Carlson, R. (2006). Fisiología de la conducta. 8va. Edición. Madrid: Pearson educación. 4. Gelder, M.; Mayou, R. y Geddes, J. (2000). Oxford Psiquiatría. 2da. edición. Madrid: Marbán. 5. Koldobsky, N. (2009). Trastornos de personalidad. Aspectos generales para su tratamiento. Buenos Aires: Polemos. 6. Linehan, M. (2003). Manual de tratamiento de los trastornos de persona- lidad límite. Madrid: Paidos. 7. Marin, J. & Guerrero, M. (2007) Tratamiento farmacológico de lostrastornos de personalidad. Rev. Clínica y Salud: 18; 3. 8. Organización Mundial de la Salud. (2000). Guía de bolsillo de la Déci- ma clasificación de los trastornos mentales y del comportamiento, CIE-10. Buenos Aires: Editorial Médica Panamericana 9. Pastrana, J. (2007). La personalidad y sus trastornos. Guía de ayuda a pacientes y familiares. España: Fundación López-Ibor. 10. Sadock, BJ. & Sadock, VA. (Eds). (2009) Kaplan & Sadock’s Compre- hensive Textbook of Psychiatry. 10th Edition. Baltimore: Lippincott Williams & Wilkins. 11. Vallejo Ruiloba, J. (2011). Introducción a la psicopatología y la psiquia- tría. Barcelona. Elsevier Masson. 12. Wikinski, S. & Jufe, G. (2005) El tratamiento farmacológico en Psiquia- tría. Buenos Aires: Editorial médica Panamericana. 239 CAPÍTULO 12 PSIQUIATRÍA DE LA INFANCIA Y LA ADOLESCENCIA Prof. Dr. Andrés Arce Ramírez, Dr. Julio Torales Benítez, Dra. Viviana Riego Meyer & Dra. María Emilia Chávez EVALUACIóN PSIQUIATRICA EN EL NIÑO La evaluación psiquiátrica del niño debe integrar diversos factores que afectan al niño, como su desarrollo, sus habilidades sociales, lenguaje, motricidad y factores referentes a la familia y escuela. El médico debe estar familiarizado con el desarrollo normal para poder valorar su evaluación desde una óptica apropiada. Es importante tener siempre presente que el niño no es un adulto pequeño. Es trascendental, en el primer contacto, ser capaz de establecer un ambien- te cordial, en el cual este pueda comunicarse con su nivel de lenguaje o a través de medios indirectos como juguetes y dibujos. Ninguna evaluación estaría completa si no incluyera, además de la entre- vista con el niño, una entrevista con los padres. Esta entrevista brindará, en muchos casos, información que permita identificar los factores que in- tervienen en la configuración del problema, valorar síntomas, conocer el impacto de la situación familiar, identificar las expectativas e intereses de la evaluación, formular el juicio clínico y preparar el camino para la inter- vención terapéutica. Componentes Datos de Identificación En este punto se debe asentar los datos del niño y su entorno. 240 Anamnesis Se debe obtener el motivo principal de la consulta y la frecuencia, intensi- dad, duración, circunstancias en las que este se presenta, y las actitudes de los padres, del niño y de los demás hacia el problema. Es necesario inves- tigar el grado de malestar del niño, interferencia en actividades sociales y académicas. Es recomendable obtener información directa de los profeso- res, asesores o demás personal escolar del niño. Conocer el desarrollo físico y los antecedentes médicos es de relevancia. Los antecedentes se inician desde la concepción, la gestación y el naci- miento. Se deben especificar las complicaciones prenatales y perinatales, peso al nacer y estado neonatal. La historia del desarrollo incluye la mo- tricidad, control de esfínteres, conducta alimentarios y patrones de sueño. Debe señalarse la etapa de madurez de la pubertad y el desarrollo físico, así como los sentimientos del niño en relación a ello. Es importante el estudio de enfermedades, traumatismos, tics, problemas de audición o visión y si fuera necesario se pueden obtener y revisar los informes médicos. No se debe pasar por alto la dinámica familiar, preguntar sobre posibles conflictos en el entorno del niño, si ha vivido situaciones traumáticas o de abuso e indagar sobre patologías psiquiátricas familiares. Evaluación del estado mental Aspecto: se debe documentar la talla, aseo, vestimenta, perímetro cefálico, estado nutricional, hematomas u otras lesiones, movimiento de las extre- midades, la postura, la marcha y la atención al entorno. Actitud e interacción: registrar la actitud con el médico, si se muestra cola- borador, temeroso, tímido, si hace contacto visual. Además se debe obser- var como el niño interacciona con sus padres y como responde a la separa- ción y al reencuentro con estos. Orientación: la evaluación de la orientación en tiempo, espacio y persona debe tomar en cuenta la edad cronológica del paciente. Alteración en la orientación puede sugerir una lesión orgánica, bajo nivel de inteligencia o trastorno del pensamiento. 241 Lenguaje: el lenguaje debe ser adecuado para la edad. Anotar la velocidad del discurso, el ritmo, la articulación, la espontaneidad, la complejidad. La eco- lalia, las frases estereotipadas repetitivas son hallazgos a destacar. Los pro- blemas auditivos deben ser considerados ante algún problema de lenguaje. Pensamiento: apreciar la capacidad de distinguir entre la fantasía y realidad, el pensamiento mágico, pérdida de asociaciones, ecolalia y capacidad de razonar de manera lógica. Los temores, los temas de interés, los delirios y alucinaciones también deben evaluarse. A partir de los 4 años, los niños pueden manejar el concepto de muerte y se debe investigar la ideación suicida y pensamientos agresivos u homicidas. Se debe indagar bajo qué circunstancias el niño se muestra enfadado o agresivo. Tener en cuenta que los niños tienen periodos de atención cortos por lo que los cambios bruscos de tema de conversación no significan necesaria- mente fuga de ideas. Memoria: los escolares tienen que tener la capacidad de recordar 3 objetos después de 5 minutos y repetir cinco dígitos hacia adelante y tres hacia atrás. Cognición: prestar atención al vocabulario que utiliza y su nivel de com- prensión. Verificar la escritura, la lectura, la capacidad de abstracción y si el niño es capaz de resolver problemas que estén acordes a su edad. Estado de ánimo: el llanto, la ansiedad, el enfado, la euforia, la tristeza son indicadores del estado de ánimo. Algunos temas en el juego pueden reve- lar su estado de ánimo. Afectividad: ¿tiene el niño cambios bruscos del estado de ánimo? ¿Es la expresión de su afectividad acorde al humor que revela? Introspección: Debe valorarse la capacidad del niño para la autorreflexión. ¿Cuál es el grado de introspección que tiene el niño de sus sentimientos y de los sentimientos de los demás? ¿Es el niño cruel en su actuar? ¿Tiene el niño valores religiosos, éticos o culturales y cómo se relacionan estos con los valores de su familia? 242 Diagnóstico Para establecer el diagnóstico se debe integrar toda la información obteni- da en la entrevista con el niño, la familia, el entorno y el examen psíquico. También se puede complementar utilizando, según criterio del médico tratante, instrumentos de valoración estructurados como las pruebas de desarrollo, inteligencia, de adaptación, de atención, test proyectivos o de personalidad, a fin de construir el diagnóstico. Se pueden realizar estudios complementarios endocrinológicos, labora- torio general, screening de sustancias, estudios de neuroimágenes, EEG, test de indemnidad auditiva o visual e incluso pruebas genéticas si se con- sidera pertinente. A veces es necesario derivar al niño para una evaluación adicional, psicológica, educacional o del habla y el lenguaje, o una consulta pediátrica o neurológica. Además de buscar un diagnóstico que se encuadre en un sistema de cate- gorización psiquiátrico, es oportuno tener siempre presente la dimensión social en el diagnóstico psicopatológico infantil. Realizar la “evaluación de contextos” y conductas sociales del niño. Plan terapéutico Para elaborar un plan de tratamiento el médico debe tener en cuenta que tanto el niño como los padres deben colaborar para lograr el éxito, por lo tanto una comunicación fluida y adecuado con los miembros de la familia será esencial. Se deben identificar, al máximo posible, las causas y los factores predispo- nentes y de esta menara contemplar la situación global del niño. El trata- miento no puede centrarse sólo en el componente biológico de la patología, sino que debe ir dirigido a las diversas aristas que constituyen el problema, el componente psicológico y el componente social, para establecer reco- mendaciones quelogren restaurar el bienestar del niño y su familia. 243 DEPRESION INFANTIL El trastorno depresivo mayor en la niñez y adolescencia se diagnostica cada vez con más frecuencia; si bien los síntomas son más inespecíficos que en los adultos, los criterios utilizados son los mismos y deberían distinguirse de la tristeza transitoria que puede experimentar este grupo de pacientes. Tiene trascendencia que el profesional de atención primaria conozca sus características debido a las consecuencias que este trastorno podría te- ner en el desarrollo de las capacidades y habilidades, y además un primer episodio depresivo hace más vulnerable a la persona para el desarrollo de episodios posteriores. Se debe estar atento a la presencia de otras comor- bilidades que pueden estar presentes, sobre todo trastornos de conducta y trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDH). Epidemiologia Existen un 10 % de niños con compromiso afectivo, la tasa de trastorno depresivo mayor entre preescolares es del 0,3 % en la comunidad y 0,9 % de los que consultan en servicios de psiquiatría. En la población general de niños en edad escolar la frecuencia del trastorno depresivo mayor es del 2 % y es más frecuente en niños que en niñas (al contrario de lo que ocurre en la población de adultos). Entre los adolescentes aproximadamente el 5 % padece trastorno depresivo mayor. Entre niños y adolecentes hospitalizados, las tasas de trastorno de- presivo mayor son más altas, hasta 20 % en niños y 40 % en adolescentes. Etiología Factores biológicos y genéticos: en niños deprimidos se observó una hipose- creción de hormona de crecimiento, niveles bajos de noradrenalina. Existe mayor riesgo en niños con padres o familiares con trastorno del ánimo de padecer este trastorno; se estima que si un progenitor está de- primido el riesgo de que su hijo padezca depresión se duplica; si ambos lo padecen el riesgo se cuadruplica. Los factores psicológicos y sociales: la teoría cognitiva se basa en las distorsio- nes cognitivas, en ella Beck describe la triada que consiste en una visión 244 negativa de sí mismo, interpretación de experiencias de una forma negati- va y una visión negativa del futuro. Además se describen desencadenantes como estrés familiar o social pero no existe evidencia de estos como causas etiológicas únicas. Clínica y diagnóstico Para el diagnostico de depresión en este grupo de pacientes se utilizan los criterios diagnósticos del DSM- IV-TR (cuadro 1). Sin embrago se debe ser consciente que esta clasificación no tiene en cuenta las diferentes etapas del desarrollo de la niñez y adolescencia y cómo éstas influyen en la psico- patología y la expresión de los síntomas. También son útiles las escalas de valoración para el diagnostico de depresiones infantiles como el Children’s Depression inventory (Kovacs, 1992) y el inventario de Depresión Infantil de Beck. CUADRO 1. Criterios diagnósticos de episodio depresivo mayor (DSM-IV-TR) A. Presencia de cinco (o más) de los siguientes síntomas durante un período de 2 semanas, que representan un cambio respecto a la actividad previa; uno de los síntomas debe ser 1 estado de ánimo depresivo o 2 pérdida de interés o de la capacidad para el placer. Nota: No se incluyen los síntomas que son claramente debidos a enfermedad médica o las ideas delirantes o alucinaciones no congruentes con el estado de ánimo. 1. estado de ánimo depresivo la mayor parte del día, casi cada día según lo indica el propio sujeto (p. ej., se siente triste o vacío) o la observación realizada por otros (p. ej., llanto). En los niños y adolescentes el estado de ánimo puede ser irritable. 2. disminución acusada del interés o de la capacidad para el placer en todas o casi todas las actividades, la mayor parte del día, casi cada día (según refiere el propio sujeto u observan los demás). 3. pérdida importante de peso sin hacer régimen o aumento de peso (p. ej., un cambio de más del 5 % del peso corporal en 1 mes), o pérdida o aumento del apetito casi cada día. Nota: En niños hay que valorar el fracaso en lograr los aumentos de peso esperables. 4. insomnio o hipersomnia casi cada día. 245 5. agitación o enlentecimiento psicomotores casi cada día (observable por los demás, no meras sensaciones de inquietud o de estar enlentecido. 6. fatiga o pérdida de energía casi cada día. 7. sentimientos de inutilidad o de culpa excesivos o inapropiados (que pueden ser delirantes) casi cada día (no los simples autorreproches o culpabilidad por el hecho de estar enfermo). 8. disminución de la capacidad para pensar o concentrarse, o indecisión, casi cada día (ya sea una atribución subjetiva o una observación ajena). 9. pensamientos recurrentes de muerte (no sólo temor a la muerte), ideación suicida recurrente sin un plan específico o una tentativa de suicidio o un plan específico para suicidarse. B. Los síntomas no cumplen los criterios para un episodio mixto. C. Los síntomas provocan malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo. D. Los síntomas no son debidos a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., una droga, un medicamento) o una enfermedad médica (p. ej., hipotiroidismo). E. Los síntomas no se explican mejor por la presencia de un duelo (p. ej., después de la pérdida de un ser querido), los síntomas persisten durante más de 2 meses o se caracterizan por una acusada incapacidad funcional, preocupaciones mórbidas de inutilidad, ideación suicida, síntomas psicóticos o enlentecimiento psicomotor. La expresión de las manifestaciones clínicas varía con el estadio de desa- rrollo del paciente. Preescolares: manifiestan síntomas de tristeza mediante el llanto, la falta de expresiones que normalmente utilizan para mostrar alegría e inhibición del lenguaje. Es frecuente la irritabilidad acompañada de disminución de las actividades motoras o hipermotricidad. Un dato que normalmente sale a la luz durante la entrevista es que el interés en las actividades que antes le resultaban placenteras ha disminuido, e incluso se aíslan. Manifestaciones somáticas como pérdida de peso, alteraciones de la ali- mentación y el sueño pueden ser hallazgos no infrecuentes. En los casos más graves es posible observar síntomas psicóticos, siendo los más frecuentes las alucinaciones auditivas. 246 Los niños en edad escolar: la depresión suele pasar desapercibida oculta por síntomas somáticos. Otras veces, como ya tienen mayor facilidad lingüísti- ca, saben expresar su tristeza y sentimientos de desesperanza o culpa. Son irritables e incluso pueden tornarse agresivos. Presentan pérdida del apetito y, posteriormente, de peso. Cansancio y fa- tiga también es muy frecuente encontrar entre el abanico de síntomas so- máticos. También pueden manifestarse con síntomas psicóticos como alucinacio- nes auditivas congruentes con el estado de ánimo. El retraimiento social aparece con frecuencia, acompañado de un deterioro del rendimiento en la escuela impulsados por una falta de interés y dificul- tad para atender en clase. Aunque infrecuentes, pueden aparecer ideas autoagresivas o de suicidio por lo que es de vital importancia interrogar al respeto en forma directa. Los adolescentes: la evaluación de pacientes de esta edad se complica por los síntomas inherentes a los cambios biológicos y psicológicos por los que están atravesando. Sin embargo, esto no debe dar licencia a subestimar las quejas y síntomas que expresen, pues pueden tratarse de una depresión. Se manifiestan desesperanzados, tristes, decaídos y anhedónicos, y los pa- dres pueden referir descuido personal, irritabilidad e incluso agresividad. No faltan los síntomas somáticos de los que el paciente puede quejarse. Muy frecuente es el insomnio, retardo psicomotor, pérdida de apetito y disminución del peso corporal. La conducta negativista, la despreocupación y la falta de iniciativa llevan, casi ineludiblemente,a un deterioro del rendimiento en sus actividades. En los casos graves se pueden presentar síntomas psicóticos como alucina- ciones o ideas delirantes de culpa, minusvalía o nihilistas. Por lo general son alucinaciones auditivas congruentes con el estado de ánimo. 247 Los pensamientos suicidas pueden aparecer y normalmente evolucionan in crescendo en gravedad. Inician como ideas verbalizadas o no, pasando por un intento fallido, pudiendo llegar incluso a un caso consumado de suicidio. Tratamiento Medidas no farmacológicas Realizar psicoeducación acerca del trastorno para los padres y del papel y comportamiento que deben tener como acompañantes del paciente en el proceso terapéutico. En cuanto sea posible, deben responderse todas sus dudas. También se reconoce a la psicoterapia cognitiva conductual con buenos resultados en pacientes con depresión leve a moderada. Medidas farmacológicas Los medicamentos reconocidos actualmente de primera elección son los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (Cuadro 2). Hasta el momento, los únicos aprobados por la Food and Drug Administra- tion de Estados Unidos son fluvoxamina, fluoxetina y sertralina. CUADRO 2 Fármacos aprobados para Trastorno depresivo infantil y sus respectivas dosis Droga Dosis de inicio Dosis máxima Fluoxetina (>8 años ) 10 mg /día 20 mg/día 20-60/ día en adolescentes Sertralina (>6 años) 25 mg/ día 200 mg/día. Fluvoxamina (>8 años) 25 mg/ día 200 mg/día (niños) (Si la dosis es >50 mg/día debe dividirse en dos tomas diarias). 248 TRASTORNO BIPOLAR En las últimas décadas, el trastorno bipolar pasó de ser un diagnóstico prácticamente desconocido en niños a ser cada vez más detectado, aumen- tando su frecuencia de una manera realmente llamativa. Incluso algunos autores hablan de un incremento del 40 % en el diagnostico de este trastor- no. Se estima que el retraso en la detección de esta enfermedad promedia los 7 años. La importancia del correcto y temprano diagnóstico de este trastorno se fundamenta en el deterioro social al que se ven expuestos estos pacientes debido al riesgo de fracaso escolar, abuso de sustancias e incluso suicidio. Epidemiología En la población pediátrica global, la prevalencia de esta patología se ubica alrededor del 1 %. Se estima que entre un 20 y 30 % de los niños depresi- vos en realidad constituyen este diagnóstico y terminarán evolucionando hacia un trastorno bipolar. Ciertos estudios arrojan datos acerca de que entre el 6 % y 19 % de los niños y adolescentes que consultan en algún centro psiquiátrico padece de este trastorno. Estas cifras resultan llamativas si se las contrasta con números provenientes de Inglaterra (1,7 casos por 100 000 /año). Sin embargo, en Brasil se encuentran resultados semejantes al de los norteamericanos. Etiología Se establece que la bipolaridad es consecuencia de múltiples factores que trabajan sinérgicamente. Factores biológicos: interrogando acerca de los antecedentes patológicos fa- miliares de estos pacientes generalmente se encuentran historias de bipo- laridad en algún pariente. Factores sociales: como en la mayoría de los diagnósticos psiquiátricos, si- tuaciones estresantes de distinta índole pueden constituirse en factores precipitantes del trastorno bipolar. 249 Clasificación El National Institute of Mental Health clasificó el trastorno bipolar pediátrico en dos fenotipos: el fenotipo estrecho que incluiría los fenotipos Bipolar Tipo I y Tipo II y el fenotipo amplio que incluiría a un grupo heterogéneo de jóvenes o que no cumplen con los criterios temporales o no cumplen con los síntomas cardinales, constituyéndose así un diagnostico provisional. Otra forma de clasificar es según la edad de inicio: trastorno bipolar pediá- trico de inicio en la niñez (antes de los 13 años) y trastorno bipolar pediá- trico de inicio en la adolescencia (entre 13 y 18 años). Clínica y diagnóstico La sintomatología del trastorno bipolar pediátrico, sobre todo la del niño, es un tanto atípica si se toma como referencia la clínica que se observa normalmente en adultos. De hecho, tan solo alrededor de la mitad de los pacientes cumplen a rajatabla los criterios actuales de diagnostico. Además es difícil distinguir de la grandiosidad, la euforia y el juego de fantasías que están presentes en algunas etapas del desarrollo. Es por todo esto que se debe prestar toda la atención para no perder el diagnóstico detrás de la búsqueda de la sintomatología clásica del adulto. Trastorno bipolar pediátrico de inicio en la niñez Las formas de inicio en la niñez son más frecuentes en el sexo masculino y están asociadas con antecedentes familiares de trastorno bipolar. Se ca- racterizan por un inicio insidioso, ciclaciones rápidas del estado de ánimo y un curso crónico. Además tienen peor pronóstico en la vida adulta, con mayor comorbilidad de abuso de sustancias, baja remisión sindromática y elevada resistencia terapéutica. Generalmente las manifestaciones clínicas son una variabilidad extrema del estado del ánimo, distraibilidad, irritabilidad, agitación y conductas agresivas. 250 Trastorno bipolar pediátrico de inicio en la adolescencia En las formas de inicio en la adolescencia no se describe diferencia entre sexos. Normalmente debutan con un inicio abrupto con un franco episodio depresivo o maníaco. Se caracteriza por un curso episódico y baja ciclación. Las formas de inicio en la adolescencia son más semejantes en su sintoma- tología a la de los adultos. Se observan síntomas característicos como irrita- bilidad, distraibilidad, aceleración, verborrea, fugas de ideas y aceleración del pensamiento e hipersexualidad. El síntoma somático más frecuente es el insomnio. Es frecuente la presencia de síntomas psicóticos, predominando alucina- ciones y delirios de grandeza sobre poderes, valía, conocimientos o sus relaciones interpersonales. Algunos estudios estiman que existe ideación suicida en un 20 % de los casos. A mayor severidad del cuadro, mayor es el deterioro social que sufre el individuo, requiriendo hospitalizaciones numerosas y prolongadas. Tratamiento Como en todo trastorno mental, el trastorno bipolar pediátrico requiere de un abordaje integral y multidisciplinario. Por ahora, el pilar principal del tratamiento del trastorno bipolar es farma- cológico. Los estabilizantes del ánimo son de elección, pues son los fármacos idóneos para prevenir síntomas de manía y mejoran los síntomas de la depresión. Además son de gran utilidad otros fármacos como los antipsicóticos atípicos La familia debe ser informada de la necesidad del tratamiento, de tal ma- nera a que lo apoyen. Carbonato de Litio En niños la dosis se debe instaurar progresivamente subiendo 300 mg cada 4 ó 5 días hasta llegar a una dosis de 15-20 mg/kg/día en dos a tres tomas. El nivel terapéutico esperado es entre 0,6 y 1,2 mEq/L. 251 Antes de iniciar este fármaco es de rigor valorar la función renal y tiroidea del paciente, los cuales se deberán repetir cada 3 a 6 meses. Carbamazepina, oxcarbamazepina y ácido valproico La carbamazepina se utiliza en dosis de 10-20 mg/kg/día en dos tomas diarias. El nivel plasmático terapéutico recomendado para el tratamiento del trastorno bipolar es de 7 a 10 µg/ml. Se debe tener en cuenta su hepatotoxicidad y los efectos hematológicos indeseables, por lo cual se deben monitorizar estos aspectos El tratamiento con ácido valproico se inicia de forma progresiva, aumen- tando la dosis de 250 a 500 mg/día hasta llegar a una dosis de 10 a 15 mg/ kg/día. Los niveles considerados terapéuticos se encuentran entre 50 y 125 µ/ml. Como efectos colaterales se destacan aumento de peso y alopecia. Menos frecuentes, pero que requieren una monitorización constante, son la hepa- totoxicidad y alteraciones hematológicas. La oxcarbamazepina, en comparación con la carbamazepina y el ácido val- proico, presenta la ventaja de no causar hepatotoxicidad. Antipsicoticos atípicos Han mostrado eficacia,como coadyuvantes de los estabilizantes del ánimo, la risperidona y el aripiprazol. Ciertos estudios recientes atribuyen a la quetiapina resultados semejantes a los otros dos atípicos mencionados. TRASTORNO POR DÉFICIT DE ATENCIóN E HIPERACTIVIDAD (TDAH) Trastorno crónico y generalizado caracterizado por dificultad para la fo- calización de la atención acompañada o no de aumento de la actividad (o viceversa), que produce alteraciones en distintas esferas del desarrollo del niño, que inicia en la infancia y que se extiende hasta la edad adulta. 252 Epidemiologia La prevalencia entre escolares se encuentra entre el 3 y 7 %. Es mucho más frecuente en niños que en niñas, se estima que mientras una niña lo padece, existen dos a nueve niños con el trastorno. Se ha descrito que los padres de estos chicos muestran mayor incidencia. Etiología Factores biológicos Se describe al TDAH como un síndrome neurobiológico. Existe alta con- cordancia entre gemelos monocigotos. Además, hermanos de pacientes con este trastorno tienen el doble de chances, en relación a la población general, de padecerlo. Incluso en los padres de estos chicos se han descrito rasgos psicopatológicos relacionados con esta enfermedad. Mediante estudios de neuroimagen se pueden observar cambios estructu- rales de disminución del tamaño de los lóbulos frontales, los ganglios ba- sales y cuerpo calloso. Además, en la tomografía por emisión de positrones se constata disminución del flujo sanguíneo y del consumo de glucosa en los lóbulos frontales. Además se ha informado de alteraciones en el funcionamiento de dopami- na, noradrenalina y serotonina en dichas áreas. Factores ambientales Está asociado al desarrollo de esta patología un bajo nivel socioeconómico, bajo nivel educativo de los padres, conflictos familiares y la educación ins- titucional. Diagnóstico Se detallan los criterios diagnósticos propuestos por el DSM IV TR en el cuadro 3. 253 CUADRO 3. Criterios diagnósticos para TDAH (DSM-IV-TR) A. (1) o (2) 1. seis (o más) de los siguientes síntomas de desatención han persistido por lo menos durante 6 meses con una intensidad que es desadaptativa e incoherente en relación con el nivel de desarrollo: Falta de atención: a. a menudo no presta atención suficiente a los detalles o incurre en errores por descuido en las tareas escolares, en el trabajo o en otras actividades b. a menudo tiene dificultades para mantener la atención en tareas o en actividades lúdicas c. a menudo parece no escuchar cuando se le habla directamente d. a menudo no sigue instrucciones y no finaliza tareas escolares, encargos, u obligaciones en el centro de trabajo (no se debe a comportamiento negativista o a incapacidad para comprender instrucciones) e. a menudo tiene dificultades para organizar tareas y actividades f. a menudo evita, le disgusta o es renuente en cuanto a dedicarse a tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido (como trabajos escolares o domésticos) g. a menudo extravía objetos necesarios para tareas o actividades (p. ej. juguetes, ejercicios escolares, lápices, libros o herramientas) h. a menudo se distrae fácilmente por estímulos irrelevantes i. a menudo es descuidado en las actividades diarias 2. seis (o más) de los siguientes síntomas de hiperactividad-impulsividad han persistido por lo menos durante 6 meses con una intensidad que es desadaptativa y poco lógica en relación con el nivel de desarrollo: Hiperactividad: a. a menudo mueve en exceso manos o pies, o se remueve en su asiento b. a menudo abandona su asiento en la clase o en otras situaciones en que se espera que permanezca sentado c. a menudo corre o salta excesivamente en situaciones en que es inapropiado hacerlo (en adolescentes o adultos puede limitarse a sentimientos subjetivos de inquietud) d. a menudo tiene dificultades para jugar o dedicarse tranquilamente a actividades de ocio continúa A 254 e. a menudo “está ocupado” o suele actuar como si “ estuviera impulsado por un motor” f. a menudo habla en exceso g. Impulsividad h. a menudo emite bruscamente las respuestas antes de haber sido terminadas las preguntas i. a menudo tiene dificultades para esperar su turno j. a menudo interrumpe o se inmiscuye en las actividades de otros (p. ejemplo se entromete en conversaciones o juegos) B. Algunos síntomas de hiperactividad-impulsividad o desatención que causaban alteraciones estaban presentes antes de los 7 años de edad. C. Algunas alteraciones provocadas por los síntomas se presentan en dos o más ambientes (p. ej., en la escuela y en casa). D. Deben existir pruebas claras de un deterioro clínicamente significativo del funcionamiento social, académico o laboral. E. Los síntomas no aparecen exclusivamente en el transcurso de un trastorno generalizado del desarrollo, esquizofrenia u otro trastorno psicótico, y no se explican mejor por la presencia de otro trastorno mental. Tipos Trastorno por déficit de atención con hiperactividad, tipo con predominio del déficit de atención: si se satisface el criterio A1, pero no el A2 durante los últimos 6 meses. Trastorno por déficit de atención con hiperactividad, tipo con predominio hi- peractivo-impulsivo: si satisface el criterio A2, pero no el A1 durante los últimos 6 meses. Trastorno por déficit de atención con hiperactividad, tipo combinado: si satisfa- ce los criterios A1 y A2 en los últimos 6 meses. Trastorno por déficit de atención con hiperactividad no especificado: si no se cumplen los criterios establecidos para ninguno de los subtipos mencio- nados. 255 Clínica Déficit atencional Estos niños presentan dificultad para focalizar la atención en la escuela e, incluso, en actividades de ocio; cambian constantemente de actividades abandonándolas a medio hacer. Frecuentemente evitan actividades que requieren un grado importante de concentración. A veces, como no responden a las demandas de los padres, son llevados al médico por la creencia de que no oyen correctamente. Es muy típico en estos niños que pierdan sus pertenencias; por ejemplo, dejan útiles escolares o la mochila completa en la escuela. Hiperactividad Cuando está presente, este síntoma es más llamativo que el déficit atencio- nal y es el que está relacionado con el deterioro en el rendimiento. Los signos de hiperactividad varían según la edad. Los preescolares gene- ralmente se mueven mucho, suben a los muebles, quieren tocar todo lo que ven y no pueden permanecer sentados. Los niños que ya asisten a la escuela no pueden permanecer quietos en su silla, se balancean o se paran constantemente. Hablan mucho y son ruidosos. Impulsividad Característicamente se observa que estos chicos no pueden esperar su tur- no para hablar, en los juegos se apresuran y no respetan la oportunidad de los otros, tienden a contestar incluso antes de que finalicen las preguntas. Otros síntomas Pueden presentar dificultades en las áreas de lectura, ortografía y matemá- ticas, muchas veces pudiendo llegar a un trastorno del aprendizaje. Desde pequeños manifiestan alteraciones del sueño, son niños que duer- men menos debido a dificultades para la conciliación y despertar precoz. 256 Se describen además signos neurológicos menores como ligera incoordina- ción motora, alteraciones en la motricidad fina (problemas de caligrafía) y de la motricidad gruesa (dificultad para los deportes por caídas frecuentes). Labilidad emocional, baja tolerancia a la frustración y ansiedad son otros síntomas que no son infrecuentes de ver en estos pacientes. Comorbilidad Dos tercios de los niños presentan este cuadro asociado a otro diagnostico. De estos, un cuarto se ve afectado por trastornos de ansiedad, un tercio se asocia a trastornos depresivos y un 40 % presenta trastorno de la conducta y de personalidad (sobre todo disocial). Tratamiento Medidas farmacológicas Los medicamentos más utilizados son los psicoestimulantes (metilfenida- to y pemolina), la atomoxetina y los antidepresivos tricíclicos.