Prévia do material em texto
475 © E ls ev ie r. Fo to co p ia r s in a ut or iz ac ió n es u n d el ito . Fármacos bloqueadores del sistema renina-angiotensina aldosterona Los IECA reducen la mortalidad total y la incidencia de IM, accidente vascular cerebral e insuficiencia cardíaca en los pacientes con insufi- ciencia cardíaca, enfermedad arterial periférica y/o DM. También se recomienda su uso en los pacientes con un SCA con HTA, fracción de eyección del ventrículo izquierdo ≤ 40% o insuficiencia renal crónica, salvo existencia de contraindicaciones. Los antagonistas de los receptores de la angiotensina II pueden ser una alternativa en aquellos pacientes que no toleren los IECA. Los bloqueantes de la aldosterona (espironolactona y eplerenona) también pueden ser útiles en aquellos pacientes con un IM sin afectación renal o hiperpotasemia. Tratamiento hormonal sustitutivo Durante décadas, los resultados de numerosos estudios epidemiológicos y de laboratorio habían indicado que los estrógenos circulantes podrían tener un efecto protector sobre el sistema cardiovascular, por lo que se recomendaba la utilización de tratamiento hormonal sustitutivo en las mujeres al llegar a la menopausia. Sin embargo, los resultados de ensayos clínicos recientes no han confirmado este hecho e incluso se ha señalado que este tratamiento puede aumentar el riesgo de enfer- medad cardiovascular en las mujeres mayores de 60 años, por lo que actualmente no está indicado este tratamiento en la prevención de la enfermedad cardiovascular. Otros fármacos La ivabradina es un inhibidor selectivo del nodo sinusal que reduce la frecuencia cardíaca y, con ello, la demanda de oxígeno por el miocardio, que ha mostrado reducir las complicaciones cardiovasculares sólo en pacientes con una frecuencia cardíaca de 70 lpm o superior. Otros fármacos con acción protectora sobre el sistema cardiovascular son el nicorandil, la trimetazidima, la ranolazina, la molsidomina y el alopurinol. Como la adherencia a la medicación en sujetos con alto ries- go vascular es baja, se ha sugerido utilizar estrategias como la polypill, que combina dosis fijas de una estatina, un fármaco hipotensor, AAS y ácido fólico que reduce la incidencia de enfermedad CVD en un 80% en los sujetos de más de 55 años. BIBLIOGRAFÍA ESPECIAL Arnett DK, Blumnethal RS, Albert MA, Buroker AB, Goldberger ZA, Hahn EJ, et al. 2019 ACC/AHA Guidelines on Primary Prevention of Cardiovascular Disease. Circulation 2019;140(11):e596-646. De Lorgeril M, Salen P, Martin JL, Monjaud I, Delaye J, Mamelle N. Medite- rranean diet, traditional risk factors and rate of cardiovascular disease after myocardial infarction: final report of the Lyon Diet Heart Study. Circulation 1999;99:779-85. Liu Y, Pan A, Wang DD, Liu X, Dhana K, Franco OH, et al. Impact of healthy lifestyle factors on life expectancies in the US population. Circulation 2018;138:345-55. Piepoli MF, Hoes AW, Agewall S, Albus C, Brotons S, Catapano AL, Cooney MT, et al. 2016 European Guidelines on cardiovascular disease prevention in clinical practice. The Sixth Join Task Force of the European Society of Cardiology and other Societies on Cardiovascular Prevention in Clinical Practice. Eur Heart J 2016;37:2315-81. Yusuf S, Bosch J, Dagenais G, Xavier D, Liu L, Pais P, HOPE-3 investigators. et al. Cholesterol lowering in intermediate-risk persons without cardiovas- cular disease. N Engl J Med 2016;374:2021-31. S E C C IÓ N I II CAPÍTULO 53 Aterosclerosis coronaria Descargado para Anonymous User (n/a) en National Autonomous University of Mexico de ClinicalKey.es por Elsevier en junio 11, 2020. Para uso personal exclusivamente. No se permiten otros usos sin autorización. Copyright ©2020. Elsevier Inc. Todos los derechos reservados. © 2020. Elsevier España, S.L.U. Reservados todos los derechos Cardiopatía isquémica X. BOSCH GENOVER 54 ISQUEMIA MIOCÁRDICA El corazón depende totalmente del aporte continuo de oxígeno para mantener su metabolismo y producir continuamente fosfatos de alta energía, ya que en cada latido se consume hasta el 5% del total de ATP y creatín-cinasa (CK) almacenados en el miocardio. La isquemia es una situación producida por la privación de oxígeno a los tejidos y la eliminación inadecuada de los metabolitos. En el caso del corazón, la isquemia miocárdica es el resultado del desequilibrio entre la oferta coronaria y la demanda miocárdica de oxígeno. Fisiopatología Las demandas miocárdicas de oxígeno dependen de la FC, la con- tractilidad y la tensión de la pared ventricular. El aporte de oxígeno al miocardio depende del flujo coronario y de la capacidad de la sangre de transportar suficiente oxígeno, lo que viene determinado por la presión parcial de oxígeno del aire, la función pulmonar y la concentración y función de la hemoglobina en sangre. El flujo coronario ocurre durante la diástole ventricular y depende directamente de la presión de perfusión (la presión diastólica) e inversamente de las resistencias arteriolares y de los capilares intramiocárdicos. Las demandas miocár- dicas de oxígeno regulan el flujo coronario mediante la capacidad de los vasos intramiocárdicos de dilatarse y disminuir así las resistencias vasculares, como ocurre durante el ejercicio físico, lo que se conoce como reserva coronaria. Las causas más frecuentes de reducción del flujo coronario son la obstrucción progresiva por placas de ateroma de la luz de las arterias coronarias del epicardio y la trombosis coronaria aguda. Otras causas menos frecuentes son el espasmo coronario, la enfermedad de los pequeños vasos arteriolares, la arteritis, las embolias y la disección espontánea de los vasos epicárdicos. Aterosclerosis coronaria La aterosclerosis coronaria afecta principalmente al segmento epicárdi- co de las arterias coronarias. Los distintos factores de riesgo coronario (FRC) alteran la función del endotelio vascular, que incluye el control del tono vascular, el mantenimiento de un estado antitrombótico y el control de la adhesión celular inflamatoria y la diapédesis. La pérdida de estas defensas facilita la vasoconstricción, la trombosis y la interacción inapropiada entre los monocitos y las plaquetas con el endotelio, dando lugar a la aterosclerosis. Las placas de ateroma reducen el diámetro de la luz de las arterias coronarias del epicardio y aumentan la resistencia al flujo, lo que se compensa por la vasodilatación refleja de las arteriolas para reducir las resistencias totales. Una estenosis puede reducir el área transversal del vaso hasta un 80% sin que disminuya el flujo sanguíneo a dicha zona, siempre que el paciente permanezca en reposo y las demandas de oxígeno por parte del miocardio no sean altas. En caso contrario, incluso las estenosis que reducen la luz del vaso en un 50% pueden impedir que el flujo aumente proporcionalmente, con lo que se pro- duce una situación de déficit e isquemia. Cuando la reducción de la luz es mayor del 80%, las arteriolas se hallan dilatadas al máximo y el flujo coronario depende totalmente de la presión de perfusión con lo que puede ser insuficiente incluso en reposo o ante un mínimo estrés. Trombosis Las placas de ateroma, no necesariamente obstructivas, pero con un núcleo con gran componente lipídico rodeado por una cápsula fibrosa delgada y con signos de inflamación por infiltración de monocitos https://booksmedicos.org 476 SECCIÓN II I Cardiología y macrófagos (placas vulnerables), pueden sufrir rotura o erosión e inducir la adhesión, activación y agregación plaquetaria, junto con activación de la coagulación, con formación de un trombo que puede ocluir total o parcialmente la luz del vaso de forma aguda; esta es la causa de los síndromes coronarios agudos (SCA) (fig. 54-1). Espasmo coronario y estenosis dinámicas El espasmo es una vasoconstricción intensa y paroxística de un segmen- to de una arteria coronaria epicárdica que induce isquemia transmural y es la base de la anginapesar del tratamiento adecuado y la elevación de la concen- tración plasmática de cTn son también factores de mal pronóstico (cuadro 54-2). Existen diferentes índices de riesgo de probada utilidad para estratificar el pronóstico de los pacientes, siendo el GRACE el más validado (www.mdcalc.com/grace-acs-risk-mortality-calculator). Una vez transcurridas las primeras 24 h, pueden aparecer otros factores indicativos de mal pronóstico como la recurrencia de los síntomas, la insuficiencia cardíaca o arritmias ventriculares. Tratamiento Debido a la elevada incidencia de IM y muerte súbita, los pacientes con SCA deben ingresar en el hospital con la máxima prioridad. El reposo absoluto, la administración de ansiolíticos y el tratamiento de los factores desencadenantes o agravantes, si los hubiere, constituyen medidas fundamentales. • Figura 54-6 Fisiopatología de los SCASEST. La rotura de la placa induce la generación de trombo plaquetario, que puede dar lugar a isquemia miocárdica por obstrucción transitoria de la luz del vaso epicárdico, y embolización distal de material trombótico. Estos meca nismos o el desequilibrio entre la oferta y la demanda de O2 ocasionan microinfartos que pueden detectarse mediante la determinación de cTn en sangre. • Figura 54-7 Angiografía de la arteria coronaria izquierda en un paciente con un SCASEST. Puede observarse la existencia de una estenosis que obstruye en un 80% la luz de la arteria descendente anterior (flecha discontinua) y un trombo distal (flecha continua). Descargado para Anonymous User (n/a) en National Autonomous University of Mexico de ClinicalKey.es por Elsevier en junio 11, 2020. Para uso personal exclusivamente. No se permiten otros usos sin autorización. Copyright ©2020. Elsevier Inc. Todos los derechos reservados. https://booksmedicos.org 485 CAPÍTULO 54 Cardiopatía isquémica © E ls ev ie r. Fo to co p ia r s in a ut or iz ac ió n es u n d el ito . Tratamiento farmacológico Se basa en el tratamiento antiagregante y anticoagulante en los casos de IM tipo I para prevenir la obstrucción trombótica completa de la luz del vaso y las microembolias distales, y en el tratamiento antiisquémico. Antiagregantes plaquetarios El AAS inhibe la activación plaquetaria a través de un bloqueo irreversi- ble de la ciclooxigenasa (COX) 1, lo que a su vez impide la producción de tromboxano A2. Su administración en dosis bajas (75-100 mg/día) reduce en un 20% la incidencia de muerte o infarto, por lo que se debe prescribir de forma crónica. En pacientes alérgicos al fármaco puede administrarse clopidogrel (75 mg/día), un inhibidor de los receptores plaquetarios P2Y12 del ADP. Como el AAS inhibe sólo una de las múlti- ples vías por las que puede promoverse la activación de las plaquetas, estas continúan activándose en respuesta a estímulos como el ADP, la trombina, las catecolaminas o la fuerza de cizallamiento que se genera en las estenosis arteriales; esto es particularmente importante durante la fase más vulnerable de los pacientes, el primer año después de un SCA o de la colocación de un stent coronario. En este período, el tratamiento antiagregante doble con AAS y clopidogrel (75 mg/día) reduce en un 20% la incidencia de muerte o infarto en relación con el AAS solo, mientras que la asociación con otro inhibidor P2Y12 más potente, el ticagrelor (90 mg/12 h), reduce en un 19% la incidencia de complicaciones isquémicas en relación con la asociación de AAS y clopidogrel. Cuando se implanta un stent coronario, el tratamiento antiagregante doble se puede también realizar con AAS y prasugrel (10 mg/día), otro inhibidor P2Y12. No obstante, el tratamiento doble con AAS y ticagrelor o prasugrel aumenta el riesgo de hemorragia, por lo que se aconseja sólo en los pacientes de riesgo intermedio-alto de complicaciones isquémicas y sin riesgo elevado de hemorragias (edad mayor de 75 años, AVC previo o tratamiento anticoagulante). Por último, los antagonistas de los receptores GPIIb-IIIa, que constituyen la vía común para la agregación plaque- taria a través de su unión al fibrinógeno circulante, como abciximab, tirofibán o eptifibatida, de administración intravenosa, son eficaces para reducir las complicaciones del ICP en pacientes de alto riesgo. Anticoagulantes Además de los antiagregantes, los anticoagulantes de administración i.v. como la heparina sódica y los de administración subcutánea como las heparinas de bajo peso molecular (heparinas fraccionadas), especial- mente la enoxaparina (1 mg/kg de peso cada 12 h), y los inhibidores del factor Xa como el fondaparinux (2,5 mg/día) poseen un efecto igual- mente beneficioso sobre la evolución hospitalaria de estos pacientes. De ellos, el fondaparinux es el que tiene un mejor perfil beneficio/riesgo hemorrágico y constituye el tratamiento de elección. Por el contrario, el tratamiento trombolítico no es eficaz sobre los trombos no oclusivos de las SCASEST y puede incluso empeorar el cuadro clínico al estimular la agregación plaquetaria y, potencialmente, producir hemorragias en el interior de la placa rota. Por ello, la pauta antitrombótica recomen- dada en la actualidad incluye la administración de un anticoagulante (preferentemente, fondaparinux) junto con la combinación de AAS y clopidogrel en pacientes de riesgo intermedio, y AAS y ticagrelor (o prasugrel) para los de alto riesgo o con implante de stent coronario; los antagonistas GPIIb-IIIa se reservan para los pacientes de alto riesgo a quienes se practica intervencionismo percutáneo precoz o con com- plicaciones trombóticas durante la intervención. Fármacos antianginosos Los fármacos antianginosos de elección (tratamiento antiisquémico) son los β-bloqueantes en combinación con los nitratos. La nitroglicerina administrada en perfusión continua intravenosa está especialmente indicada en los casos de dolor prolongado, recurrente o complicado por insuficiencia cardíaca. Cuando existen contraindicaciones absolutas a la administración de β-bloqueantes (asma bronquial, bloqueo AV), pueden administrarse antagonistas del calcio con efecto bradicardizante (diltiazem o verapamilo), aunque no se ha demostrado que mejoren el pronóstico, excepto en los IM producidos por espasmo coronario. Las dosis deben aumentarse de modo progresivo y el tratamiento se ajustará según la respuesta con el objetivo de conseguir una presión sistólica igual o inferior a 130 mm Hg y una FC inferior a 60 latidos/min. Se pueden combinar antagonistas del calcio (en particular, amlodipino) y β-bloqueantes con o sin nitratos. Otros fármacos Todos los pacientes con enfermedad coronaria aterosclerosa deben seguir una pauta de prevención secundaria farmacológica y no farma- cológica estricta. Las estatinas potentes en dosis altas (40-80 mg/día de atorvastatina) administradas con el fin de reducir a la mitad el colesterol LDL basal o por debajo de los 70 mg/dL previenen eficazmente la progresión de la aterosclerosis y disminuyen la incidencia de SCA, por lo que su administración debe iniciarse desde el ingreso. Los IECA y los ARA-II previenen el remodelado ventricular, la hipertrofia ventricular en los hipertensos y el daño renal en los diabéticos. Por ello, están indicados como tratamiento a largo plazo en los pacientes con IM. Finalmente, los bloqueadores β están indicados en pacientes sin una revascularización completa y en aquellos con disfunción ventricular. Tratamiento invasivo o intervencionista En todos los pacientes se debe categorizar su riesgo de mortalidad en el momento del ingreso utilizando el índice GRACE o tablas de riesgo (v. cuadro 54-2). La revascularización coronaria reduce el riesgo de complicaciones isquémicas en los SCASEST con lesiones obstructivas y riesgo intermedio-alto. Por ello, se debe realizar una coronariografía dentro de las primeras 24 h en los casos de riesgo muy alto y dentro de las primeras 48-72 h en los de riesgo intermedio-alto seguida de una revascularizacióncoronaria percutánea o quirúrgica según sea la anatomía coronaria, el grado de disfunción ventricular y la presencia de comorbilidades, especialmente DM, vasculopatía periférica e IRC. Los pacientes de bajo riesgo pueden no tener en realidad un SCA, por lo que en todos los casos es preciso realizar un test de provocación de isquemia antes del alta para realizar el diagnóstico correcto. En estos casos, el tratamiento invasivo no es superior al tratamiento conservador. INFARTO DE MIOCARDIO SIN LESIONES CORONARIAS OBSTRUCTIVAS Un 5%-10% de los pacientes con IM no presentan lesiones obstructivas en la coronariografía, y esta proporción aumenta cuando se utilizan cTn de alta sensibilidad. Estos pacientes son más jóvenes, con mayor proporción de mujeres y con menos FRC; suelen tener con menor S E C C IÓ N I II • CUADRO 54-2 Estratificación del riesgo en el SCASEST Riesgo muy alto Angina recurrente con cambios ST-T o IM en evolución Insuficiencia cardíaca aguda o inestabilidad hemodinámica TV o FV Riesgo alto Cambios dinámicos ST o de la onda T Troponinas positivas Índice de riesgo GRACE ≥ 140 Riesgo intermedio DM IRC (FG depende directamente del tamaño del infarto y, por ello, se observa con mayor frecuencia en los infartos transmurales extensos, especialmente los de localización anterior. La expansión puede favorecer la formación de un aneurisma ventricular e incluso la rotura cardíaca. El aumento de la tensión que se produce en la pared normal del ventrículo como consecuencia del aumento del diámetro ventricular estimula su hiper- trofia y dilatación, lo que conduce, junto con la proliferación de fibro- blastos y el aumento del espacio extracelular, al remodelado ventricular y, finalmente, a la disfunción ventricular y a la insuficiencia cardíaca. Cuadro clínico El dolor es el síntoma dominante en la mayoría de los casos; sus carac- terísticas son similares al de la angina en cualidad, localización e irra- diación, pero, igual que en los SCASEST, es más intenso y prolongado, no responde a la nitroglicerina y se suele acompañar de manifestaciones vegetativas: sudoración fría, debilidad, náuseas, vómitos y angustia. • Figura 54-8 Fenómeno de la ola de necrosis. La obstrucción agu da de una arteria coronaria induce de forma inmediata la isquemia del territorio irrigado. A los pocos minutos aparece la necrosis en el subendocardio de la zona isquémica y se extiende progresivamente hacia el epicardio a lo largo de las siguientes horas. La progresión de la ola de necrosis es más rápida en las primeras 23 h; a las 12 h la necrosis es ya completa. Descargado para Anonymous User (n/a) en National Autonomous University of Mexico de ClinicalKey.es por Elsevier en junio 11, 2020. Para uso personal exclusivamente. No se permiten otros usos sin autorización. Copyright ©2020. Elsevier Inc. Todos los derechos reservados. https://booksmedicos.org Figura 54-9 Remodelado miocárdico postín fado. La necrosis se sigue de la formación de una cicatriz con pérdida del grosor miocárdico (adelgazamiento) y aumento del diámetro de la cavidad (dilatación), lo que Induce un aumento de la tensión de pared, tanto del área de necrosis como del resto del ventrículo. El aumento tisular y circulante de catecolaminas. angiotensina. II, aldosterona y otros péptidos vasoactivos, junto con el aumento de la tensión de pared, la apoptosis y la proliferación de fibroblastos, determina el aumento del espacio extravascular y progresiva dilatación y pérdida de la morfología troncocónica del ventrículo izquierdo (VI) hacia una forma esférica. Todo ello confiere al cuadro una sensación de gravedad que lo diferencia de la crisis anginosa. Únicamente en la mitad de los casos existe el antecedente de dolor anginoso en los días o semanas previos al infarto. Alrededor del 20% de los IM no se reconocen clínicamente por cursar sin dolor o con dolor atípico, y el diagnóstico se realiza de forma retrospectiva al realizarse un ECG, un test de imagen o un análisis de cTn. Ello es más frecuente en los pacientes diabéticos y en los de edad avanzada. En estos casos, el dolor puede localizarse exclusivamente en los brazos, el epigastrio o el cuello; otras veces, por el contrario, los síntomas dominantes son las náuseas y los vómitos, que simulan un cuadro digestivo, o se pueden manifestar en forma de astenia profunda, disnea, estado confucional, sincope o un AVC. La exploración física es muy variable. Durante el dolor, el paciente se encuentra pálido, sudoroso e intranquilo. Puede existir bradicardia (muy frecuente durante las primeras horas) e hipotensión debido a estimulación vagal en el caso de los infartos de localización interior, o, por el contrario, taquicardia e hipertensión por descarga adrenérgica y estimulación simpática en los infartos anteriores; en la auscultación es frecuente detectar un cuarto ruido y, ocasionalmente, puede auscultarse un soplo sistólico de insuficiencia mitral. En presencia de insuficiencia cardíaca puede aparecer un tercer ruido con cadencia de galope y estertores pulmonares. La afección del ventrículo derecho se manifiesta por signos de fallo ventricular derecho, que incluyen ingurgitación yugular e hipertensión. Una exploración normal nunca descarta la existencia de un IM. Diagnóst ico D iferencia l , Incluye todas las causas de dolor torácico prolongado que se acompañan de elevación del segmento ST y variantes de la normalidad, como el patrón masculino de repolarización con elevación del punto] en V -V, y la repolarización precoz. Alteraciones como la hipertrofia ventricular, el bloqueo de rama izquierda, el estado poscardioversión, la hiperpotasemia y otros procesos como la pericarditis aguda, la miocarditis, la tromboembolia pulmonar, el síndrome de Brugada y el síndrome de takmubo deben ser siempre considerados en el diagnóstico diferencial. El síndrome de takotsubo es una patología descrita inicialmente en Japón, que simula el IAMCEST. Clínicamente se presenta como dolor torácico intenso, elevación del segmento ST u ondas T negativas profundas en derivaciones precordiales, ligera elevación de los marcadores de necrosis que no guarda proporción con los cambios en el ECG y extensa disfunción ventricular que, típicamente, se presenta con acinesia apical extensa e hipercinesia de los segmentos básales, lo que da ai ventrículo izquierdo en sístole una apariencia de jarrón como los que se utilizan para pescar pulpos, de ahí su nombre en japonés. En la coronariografía no se aprecian lesiones coronarias, los cambios ECG se normalizan a los pocos días y la disfunción ventricular desaparece dentro del primer mes. La RM cardíaca es la prueba diagnóstica de elección al descartar la existencia de necrosis y mostrar, en su lugar, edema miocárdico. Representa el 2% de los pacientes con dolor torá- dco y elevación de! segmento ST. Se presenta sobre todo en mujeres tic mis de 50 años y, en un 80% de los casos, se reconoce un estado de estrés emocional o físico intenso como factor desencadenante; entre estos últimos se incluyen los secundarios a patologías graves como la sepsis o la administración de simpaticomiméticos. Sus mecanismos fisiopatológicos son mal conocidos. No obstante, estos pacientes presentan concentraciones plasmáticas elevadas de catecolaminas. El cuadro puede producir ¡back cardiogénico y la muerte en la fase aguda; no obstante, pasada esta fase, la función ventricular se normaliza por completo y la evolución clínica es buena, con bajas tasas de recurrencia. . Exploraciones complementarias. Electrocardiograf ía Junto con la clínica y los marcadores bioquímicos de necrosis, constituye un elemento fundamental para el diagnóstico de IAMCEST; además, permite localizar la necrosis, estimar su extensión y el pronóstico de los pacientes. La interrupción experimental del flujo coronario determina cambios isquémicos inmediatos en el ECG que inicialmente se circunscriben a la onda T que aumenta de tamaño (alta y picuda) y se vuelve simétrica. Minutos inás tarde el segmento ST se desplaza hacia arriba y adopta una forma convexa (elevación de! segmento ST). Lloras más tarde aparecen las ondas Q patológicas (amplitud superior al 25% del complejo QRS o duración mayor de 0,04 s). Finalmente, las ondas T se invierten (ondas T negativas). No obstante, las ondas Q pueden no aparecer o sólo hacerlo transitoriamente en función del grado de reperfusión del miocardio y de la recuperación del potencial de acción transmembrana; por ello, no existe una buena correlación entre los hallazgos de anatomía patológica y la aparición de ondas Q, que dependen más del tamaño de la cicatriz que de su transmuralidad. https://booksmedicos.org 488 SECCIÓN II I Cardiología Por ello, se abandonó la terminología antigua de infartos transmurales con y sin ondas Q y fue sustituida por la de IM con o sin elevación del ST. Las derivaciones que presentan elevación del ST u onda Q orientan sobre la localización del infarto (tabla 54-3), lo que tiene importancia pronóstica; en general, los infartos anteriores tienen peor pronós- tico, ya que se complicanmás a menudo por disfunción ventricular, insuficiencia cardíaca y taquiarritmias. Las derivaciones alejadas u opuestas a la zona necrosada muestran cambios electrocardiográficos indirectos o en espejo (ondas R altas, descenso del segmento ST y ondas T positivas), que son de utilidad en el diagnóstico de los infartos de localización lateral, anteriormente llamados de cara posterior. El diagnóstico electrocardiográfico de infarto es difícil en presencia de bloqueo de rama izquierda. El infarto de ventrículo derecho se diagnostica cuando en un infarto de localización inferior coexiste elevación del segmento ST en la deri- vación V1 o, especialmente, en V3R y V4R (quinto espacio intercostal y línea clavicular media del lado derecho). El diagnóstico de infarto auricular es difícil y se basa en la existencia de descenso del espacio PR y arritmias auriculares. Análisis de sangre El IMCEST ocasiona leucocitosis desde la primera hora de evolución y aumento de la PCR a las 24 h. No obstante, desde el punto de vista diagnóstico y pronóstico sólo tiene importancia el aumento de las concentraciones plasmáticas de los marcadores de necrosis liberados a la circulación sanguínea como consecuencia de la rotura de la membrana celular de los miocitos. Las CK y las CK-MB se empiezan a elevar a las 4-8 h del dolor y se normalizan a las 72 h, mientras que las cTn se elevan a partir de las 2 h y permanecen elevadas entre 2 y 7 días según sea el tamaño del infarto; este se correlaciona bien con la cantidad total de marcadores de necrosis hallados en sangre, pero menos con su valor máximo, debido a que la reperfusión altera su curva de liberación haciendo que el valor pico sea más precoz y elevado debido al efecto de lavado de la propia reperfusión. Técnicas de imagen La ecocardiografía bidimensional constituye un método esencial para evaluar la función ventricular, las anomalías segmentarias de la con- tracción que siempre aparecen en el IMCEST, y estimar la extensión del infarto y el pronóstico de los pacientes; es también muy útil para estimar el diagnóstico de IM en presencia de bloqueos de rama izquier- da o cuando el ECG no es diagnóstico. Además, permite diagnosticar las complicaciones del IM como el derrame pericárdico, la insuficiencia mitral y los aneurismas y trombos ventriculares; junto con el estudio Doppler, permite además diagnosticar las complicaciones mecánicas como la insuficiencia mitral por rotura del músculo papilar, la comu- nicación interventricular y la rotura de la pared libre del ventrículo izquierdo con o sin taponamiento cardíaco. La RM constituye la mejor técnica actual para determinar la exis- tencia de necrosis miocárdica, medir su tamaño, así como el de los volúmenes ventriculares y la FE. Su mayor limitación radica en su poca disponibilidad. Cateterismo cardíaco En la fase aguda del IM, la coronariografía está indicada como paso previo en todos los pacientes a los que se indica ICP como método de reperfusión en el ingreso o después de una trombólisis; también está indicada en los pacientes que presentan complicaciones isquémicas, insuficiencia cardíaca o arritmias ventriculares, y en los pacientes con una prueba de estrés positiva realizada antes del alta. Cuando se realiza en las primeras horas del cuadro agudo, se observa la obstrucción completa de la arteria que irriga la zona necrosada en el 85% de los pacientes. La mitad de los enfermos tienen lesiones circunscritas a una sola arteria coronaria, mientras que el resto presenta lesiones en dos o en los tres vasos principales. Las lesiones del tronco común de la coronaria izquierda son poco frecuentes ( S • Figura 54-10 Complicaciones que pueden aparecer tras un IM. ICC: insuficiencia cardía ca congestiva; reIM: reinfarto de miocardio; VD: ventrículo derecho. Descargado para Anonymous User (n/a) en National Autonomous University of Mexico de ClinicalKey.es por Elsevier en junio 11, 2020. Para uso personal exclusivamente. No se permiten otros usos sin autorización. Copyright ©2020. Elsevier Inc. Todos los derechos reservados. https://booksmedicos.org 489 CAPÍTULO 54 Cardiopatía isquémica © E ls ev ie r. Fo to co p ia r s in a ut or iz ac ió n es u n d el ito . o IAMCEST no tratados con ICP y en pacientes con enfermedad de 2-3 vasos coronarios. Es un claro marcador de mal pronóstico por asociarse con mayor incidencia de reinfarto durante la hospitalización y de mortalidad posthospitalaria, especialmente cuando se acompa- ña, durante el dolor, de cambios isquémicos transitorios en el ECG, insuficiencia cardíaca o hipotensión arterial. Por ello, constituye una indicación de coronariografía urgente y ulterior revascularización. Otra complicación, el reinfarto, puede aparecer durante la hospitalización en un 3%-10% de los pacientes y su aparición multiplica de 2 a 4 veces el riesgo de mortalidad e insuficiencia cardíaca. Complicaciones eléctricas Todos los pacientes presentan extrasístoles ventriculares durante las primeras 48 h del infarto, que en la mayoría de los casos son inocuas, pero pueden provocar fibrilación ventricular, casi siempre en las pri- meras 6 h del infarto, y que es letal si no se practica una cardioversión eléctrica inmediata. Un 20% de los pacientes presenta bradicardia sinusal durante las primeras horas debido a un aumento del tono vagal, especialmente en los infartos inferiores, y un tercio presenta taquicardia sinusal secundaria a la ansiedad, la persistencia del dolor, el aumento del tono adrenérgico o la insuficiencia cardíaca, especialmente en infartos anteriores. Las extrasístoles auriculares son frecuentes y pueden constituir el único signo de infarto auricular; su único peligro radica en que pueden provocar flúter y FA, arritmias que se dan en el 10% de los casos y pueden agravar la situación clínica del paciente al producir taquicardia, aumentar el consumo de oxígeno e inducir insuficiencia cardíaca, además del consabido riesgo de ictus embólico. El bloqueo AV aparece en el 10% de los pacientes, especialmente en los infartos inferiores, caso en que es casi siempre suprahisiano y tran- sitorio. Por el contrario, en el infarto anterior traduce, por lo general, una afección difusa del sistema intraventricular de conducción por la isquemia; es con frecuencia irreversible y entraña un mal pronóstico, incluso cuando se implanta un marcapasos por traducir, igual que los bloqueos de rama del haz de His, una necrosis extensa. Insuficiencia cardíaca Se debe, especialmente, a la reducción de la masa contráctil del ven- trículo izquierdo. La isquemia determina también una alteración de la distensibilidad y la relajación ventricular, lo que provoca una elevación de la presión diastólica ventricular y favorece la aparición de conges- tión pulmonar. Otros factores, como la insuficiencia mitral de origen isquémico o el desarrollo de un aneurisma ventricular, contribuyen a la aparición de insuficiencia cardíaca. Aproximadamente la cuartaparte de todos los pacientes con IM presenta signos de insuficiencia cardíaca durante la fase aguda y un 10% shock cardiogénico. Las manifestaciones clínicas pueden limitarse a la disnea y la aus- cultación de estertores pulmonares o de un tercer ruido, o bien cons- tituir el cuadro grave de edema pulmonar o del shock cardiocirculatorio. Los signos de fallo ventricular derecho, como la ingurgitación yugular o el reflujo hepatoyugular, aparecen en un 10% de los IMCEST de localización inferior e indican la extensión del infarto al ventrículo derecho. Su diagnóstico debe sospecharse en todos los casos de infarto inferior que presentan hipotensión arterial u oliguria, y cuando se observa elevación del segmento ST superior a 0,5 mm en la derivación V4R o ingurgitación yugular en el ingreso. El diagnóstico definitivo se hace mediante ecocardiografía, que demuestra la existencia de un ventrículo derecho dilatado e hipocontráctil. La insuficiencia cardíaca es un signo de mal pronóstico, y el grado de fallo ventricular durante la fase aguda se correlaciona con la mor- talidad. Su evaluación puede realizarse clínicamente según la escala de Killip o mediante la evaluación ecocardiográfica de la FE y los parámetros de alteración de la relajación (fig. 54-11). El shock cardiogénico constituye su forma más grave y se diagnostica por la aparición de hipotensión (presión arterial sistólicapuede reducir la extensión del área necrosada (fig. 54-12), que es el principal determinante del pronóstico. Los objetivos del tratamiento en esta fase del infarto son, por tanto: a) suprimir el dolor; b) prevenir las arritmias, en especial, la fibrilación ventricular; c) reducir el tamaño de la necrosis, y d) prevenir y tratar las complicaciones. Una vez superada esta fase, la evaluación del pronós- tico a largo plazo, la prevención de nuevos episodios isquémicos y la rehabilitación funcional, social y laboral del paciente constituyen nuevos objetivos. Tratamiento prehospitalario La mortalidad acumulada en el IM es máxima durante la primera hora, cuando los pacientes están en su domicilio o en la vía pública, y disminuye posteriormente de forma exponencial. Por ello, la dis- minución de la mortalidad hospitalaria lograda en los últimos años, sin dejar de ser importante, sólo representa una pequeña proporción de la mortalidad total. La causa más frecuente de esta mortalidad precoz es la fibrilación ventricular, por lo que identificar y revertir esta arritmia constituye la herramienta más eficaz para disminuir la mortalidad de los pacientes con IM agudo. Ello justifica todos los esfuerzos para trasladar al paciente, en el plazo más breve posible, al lugar donde exista un desfibrilador y personal capacitado para la identificación y tratamiento de la fibrilación ventricular, ya que la probabilidad de sobrevivir disminuye en un 10% por cada minuto que pasa antes de la desfibrilación. Actualmente, está en aumento la distribución en locales públicos de desfibriladores semiautomáticos, de gran facilidad de uso y que no requieren la identificación de la arritmia. Además, la eficacia del tratamiento de reperfusión coronaria es mayor cuanto antes se aplique. Por todo ello, la decisión más importante a tomar ante un paciente con un posible infarto es llamar inmediatamente al servicio de emergencias médicas. Tratamiento en el servicio de urgencias o en ambulancia medicalizada Cuando un paciente llega al hospital o lo atiende una UCI móvil, lo primero que debe realizarse es un ECG, seguido por la monitoriza- ción del paciente y la toma de la FC y la presión arterial. La historia clínica y el examen físico estarán dirigidos y orientados al diagnós- tico de IM, la exclusión de otras causas graves de dolor torácico, como la disección aórtica, y la identificación de los candidatos a tratamiento de reperfusión urgente; todo ello debe realizarse en menos de 20 min. En ausencia de hipotensión arterial, se debe administrar un com- primido de nitroglicerina sublingual para descartar cualquier causa reversible de isquemia, causante o coadyuvante del episodio actual. Seguidamente deben colocarse una o dos vías cortas en antebrazos, que servirán asimismo para obtener muestras de sangre para realizar análisis básicos de ionograma, creatinina, hemograma, coagulación y marcadores de necrosis. A continuación, se iniciará el tratamiento analgésico con la administración de 2-4 mg de cloruro mórfico i.v. que se repetirá cada 5-15 min hasta que ceda el dolor o se alcance la dosis máxima (10-15 mg). Los efectos secundarios más graves son la depre- sión respiratoria, la hipotensión y la bradicardia. Si inicialmente la FC es lenta, puede emplearse en su lugar meperidina en dosis fraccionadas de 20-30 mg hasta un total de 100 mg. Todos los pacientes con SCA deben recibir AAS (100-325 mg) como antiagregante plaquetario por vía oral lo antes posible. La admi- nistración de oxígeno en mascarilla o cánula nasal sólo es necesaria en caso de hipoxemia. • Figura 54-12 Relación entre el tiempo transcurrido hasta la reper fusión coronaria, el grado de miocardio salvado de la necrosis y la dis minución de la mortalidad en los pacientes con IAMCEST. El tratamiento de reperfusión logra sus mayores efectos beneficiosos cuando se aplica dentro de las primeras 3 h del inicio del dolor; a partir de este momento, los efectos son mucho menores. Descargado para Anonymous User (n/a) en National Autonomous University of Mexico de ClinicalKey.es por Elsevier en junio 11, 2020. Para uso personal exclusivamente. No se permiten otros usos sin autorización. Copyright ©2020. Elsevier Inc. Todos los derechos reservados. https://booksmedicos.org 491 CAPÍTULO 54 Cardiopatía isquémica © E ls ev ie r. Fo to co p ia r s in a ut or iz ac ió n es u n d el ito . Tratamiento de reperfusión Constituye uno de los mayores avances realizados en el tratamiento de los pacientes cardiológicos en los últimos 30 años y ha logrado dis- minuir en un 25% la mortalidad por infarto, resultado comparable a lo que supuso la aparición de las unidades coronarias. Por ello, todos los pacientes con dolor coronario prolongado de menos de 12 h de evolución que no cede tras la administración de un comprimido de nitroglicerina sublingual y presentan en el ECG elevación de más de 1 mm (2 mm en V1 y V2) del segmento ST en dos derivaciones contiguas o bloqueo de rama izquierda deben considerarse candidatos a tratamiento de reperfusión urgente. Este puede realizarse con la administración de fibrinolíticos o mediante la práctica de ICP. El beneficio de la reperfusión se observa en todos los pacientes, especialmente en los que pueden recibir el tratamiento precozmente y aquellos con una alta tasa de mortalidad en función de la extensión de su infarto, los antecedentes de infarto previo o disfunción ventricular. Por tanto, lo más importante cuando se establece la indicación de revascularización es iniciar el tratamiento lo antes posible. Fibrinolíticos Los fibrinolíticos rompen la red de fibrina e inducen la lisis parcial del trombo y la recanalización de la arteria con reanudación del flujo coronario en hasta el 50%-80% de los casos. Ello interrumpe la ola de necrosis y limita el tamaño del infarto en un 10%-20%, mejora la función ventricular y disminuye en un 20%-30% la mortalidad de la fase aguda. Las contraindicaciones absolutas a la fibrinólisis incluyen la hemo- rragia activa, los trastornos de la coagulación, el traumatismo o inter- vención quirúrgica recientes y el antecedente de AVC hemorrágico. Entre las contraindicaciones relativas deben considerarse la HTA no controlada (más de 180/100) a pesar de tratamiento, el antecedente de AVC isquémico o hemorragia gastrointestinal en el último año, la menstruación, el embarazo, las maniobras de reanimación cardiopul- monar prolongadas (más de 5 min), las punciones arteriales recientes en sitios no compresibles y el tratamiento con anticoagulantes orales. En los pacientes con contraindicaciones relativas es importante juzgar convenientemente la relación riesgo-beneficio; en caso de duda o si prevalece el riesgo, debe practicarse ICP. La administración de estreptocinasa, en dosis de 1,5 millones de unidades en 1 h, y el tenecteplase (TNK-tPA; un pulso i.v.) son los fármacos más utilizados; la primera es menos eficaz y puede provocar hipotensión arterial, mientras que el último tiene mayor especificidad para la fibrina y una vida media más larga, lo que facilita su rápida administración en forma de pulso i.v. La mortalidad de los pacientes tratados con TNK-tPA es un 15% inferior a la de los tratados con estreptocinasa (6,1% frente a 7%). El beneficio está mediado por una acción más rápida y eficaz en abrir los vasos ocluidos (80% frente a 58%), lograr un flujo coronario normal (54% frente a 30%) y preservar la función ventricular. Sin embargo, aunque se logra lisar el trombo y reperfundir la arteria en el 80% de los casos a los 90 min, sólo se logra un flujo coronario normal en la mitad de los pacientes. Complicaciones hemorrágicas La complicación más temida de la administración de trombolíticos es la hemorragia cerebral, cosa que ocurre en el 0,5%-1,5% de los pacientes. Suele aparecer dentro de las primeras 24 h tras su adminis- tración, ocasiona el fallecimiento de más de la mitad de los pacientes y deja secuelas gravesen el resto. Por ello, debe sospecharse esta com- plicación ante cualquier paciente que presente signos de desorientación, cefaleas o muestre focalidad motora, lo que debe seguirse de una TC craneal urgente. El riesgo es mayor con el TNK-tPA, en las mujeres, en los mayores de 75 años, los pacientes con HTA grave, los que toman anticoagulantes orales y aquellos con antecedentes de AVC isquémico. En presencia de tres o más de estos factores el riesgo de hemorragia cerebral es superior al 2% y, en estos casos, el riesgo supera al beneficio, por lo que es mejor realizar un ICP, aunque se tarde más tiempo. Detección clínica de la reperfusión Los signos clínicos de reperfusión son la desaparición del dolor, la aparición de ritmo idioventricular acelerado y, especialmente, la dis- minución en más de la mitad del grado de elevación del segmento ST a los 90 min después de iniciar el tratamiento. Esto guarda una buena correlación con lograr la reperfusión coronaria tanto de las arterias epicárdicas como de la microcirculación coronaria, un hecho importante dado que hasta un tercio de los pacientes en los que se logra un flujo coronario normal presenta fenómeno de «no reflujo» o de falta de flujo tisular. Intervencionismo coronario por vía percutánea Con los actuales trombolíticos sólo se alcanza un flujo coronario normal en la mitad de los casos y un 10% de los pacientes presenta reoclusión aguda durante las primeras horas o días. Por el contrario, la práctica de ICP en las primeras horas de un IMCEST permite abrir el 95% de las arterias coronarias ocluidas y lograr un flujo coronario normal en un 80% de los casos (fig. 54-13). Como consecuencia, y en comparación con la trombólisis, el ICP reduce en un 25% la mortalidad y en un 40% la incidencia de mortalidad, infarto o AVC hemorrágico. Por todo ello, el ICP constituye el tratamiento de elección en el IMCEST siempre y cuando pueda administrarse en menos de 2 h desde el diagnóstico; en caso contrario, es preferible realizar fibrinólisis inmediata. Además, el ICP es el tratamiento de reperfusión de elección en los casos de shock cardiogénico, infartos extensos o de ventrículo derecho, infartos de más de 6 h de evolución y en pacientes con alto riesgo de hemorragia cerebral (ancianos, HTA, antecedentes de AVC, etc.) o con contraindicaciones a la fibrinólisis, así como en todos los casos de fracaso de la trombólisis (angioplastia de rescate). Sus mayores limitaciones son la escasa disponibilidad de esta técnica en cualquier lugar y a cualquier hora del día y el tiempo que se tarda en realizarla. Por tanto, el ICP está indicado dentro de las primeras 12 h del infarto, cuando el paciente acude a un centro con laboratorio de hemodinámica y personal experimentado que puede llevar a cabo la técnica en menos de 60 min desde la llegada del paciente al hospital o en menos de 2 h desde el diagnóstico realizado en otro centro; en caso contrario, es preferible administrar un trombolítico rápidamente. Intervencionismo coronario por vía percutánea de rescate postrombólisis Es el que se realiza cuando fracasa el tratamiento trombolítico, a los 90 min de su administración, o cuando se sospecha reoclusión coronaria dentro de las primeras horas del infarto. Está indicado en pacientes con infartos extensos siempre que pueda realizarse rápidamente dentro de las primeras 2 h tras la sospecha de fracaso del tratamiento trombolítico. Tratamiento fármaco-invasivo Se denomina así la administración de fibrinólisis seguida de coro- nariografía al día siguiente, independientemente de su resultado. El conocimiento de la anatomía coronaria y la función ventricular permite tomar la decisión más adecuada (tratamiento médico, ICP o cirugía coronaria) y disminuye el riesgo de complicaciones isquémicas. La ventaja de esta técnica es su amplia disponibilidad, ya que no requiere ICP inmediato, lo que la hace factible utilizando recursos ya existentes. Es de destacar que la realización urgente de ICP inmediatamente después de administrar fibrinólisis con éxito no es aconsejable por actuar sobre un estado protrombótico que facilita la retrombosis y la reobstrucción del vaso. Importancia de la rapidez de administración Es la variable más importante para lograr una reperfusión lo más com- pleta posible y disminuir la mortalidad. La eficacia de los fármacos fibrinolíticos en disolver el trombo (y, en menor grado, del ICP) y limitar el tamaño del infarto depende directamente del tiempo (v. fig. 54-12). Así, la mortalidad disminuye en un 50% cuando el fibrino- lítico se administra dentro de la primera hora de evolución, en un 30% cuando se hace en las primeras 3 h, en un 20% cuando se administra dentro de las 3 a 6 h, y en un 10% si se hace dentro de las 6 a 12 h. Se calcula que, a partir de la primera hora, por cada hora de reducción en el tiempo de administración de un trombolítico, disminuye un 1% la tasa de mortalidad absoluta. El retraso entre el inicio de los síntomas y la administración del tratamiento se compone de tres fases: a) retraso prehospitalario, por el tiempo que tarda el paciente en decidirse a consultar (1-2 h); b) trans- S E C C IÓ N I II Descargado para Anonymous User (n/a) en National Autonomous University of Mexico de ClinicalKey.es por Elsevier en junio 11, 2020. Para uso personal exclusivamente. No se permiten otros usos sin autorización. Copyright ©2020. Elsevier Inc. Todos los derechos reservados. https://booksmedicos.org 492 SECCIÓN II I Cardiología porte prehospitalario, y c) retraso intrahospitalario, desde el ingreso del paciente hasta que se le administra el tratamiento. El tiempo que tarda el paciente en consultar puede reducirse hasta menos de 1 h si se informa mejor a la población sobre los síntomas del IM, las estrategias de tratamiento y la importancia de llamar a los servicios de emergencias médicas. El retraso intrahospitalario debe reducirse mediante pautas estandarizadas de tratamiento, una mejora de la organización en urgen- cias o el establecimiento de unidades específicas con equipamiento adecuado y personal entrenado. Dada la importancia de no retrasar el tratamiento, este debe administrarse una vez realizado el diagnóstico de SCACEST sin esperar los resultados de los marcadores de necrosis con el objetivo de administrar el tratamiento fibrinolítico en menos de 30 min o realizar el ICP en menos de 2 h desde el diagnóstico de SCACEST. Tratamiento en red El establecimiento de sistemas regionales de tratamiento en red del IMCEST, con la coordinación de los servicios de ambulancias, los hos- pitales y las unidades de cardiología intervencionista bajo un protocolo único de actuación, ha constituido el mayor avance de los últimos años para lograr la reperfusión precoz de los pacientes, especialmente mediante el ICP (fig. 54-14). Incluyen la sectorización del tratamiento de reperfusión alrededor de hospitales de referencia con equipos de guardia para realizar ICP inmediata; un teléfono único de emergencias; la capacidad del equipo de las UCI móviles de diagnosticar el infarto, administrar fibrinolíticos precozmente o tomar la decisión de trasladar directamente a los enfermos a los laboratorios de hemodinámica sin pasar por los servicios de urgencia, y el ingreso de los pacientes, una vez tratados, en la unidad coronaria más cercana a sus domicilios. Esta organización permite administrar el mejor tratamiento de reperfusión a casi todos los pacientes en el menor tiempo posible aprovechando los recursos existentes. Además, se ha demostrado un beneficio claro con disminución de la mortalidad (6%), el reinfarto y el AVC, así como de la estancia hospitalaria (4 días). Fase hospitalaria Cuidados generales El reposo absoluto en cama se mantiene durante 6-12 h en pacientes sin complicaciones y se prolonga hasta la desaparición de aquellas en el resto. Dentro de las primeras 24 h se debe iniciar la movilización progresiva. En general, es posible abandonar elhospital a los 4-7 días del ingreso, especialmente en los pacientes a los que se les ha practicado ICP. Durante este tiempo debe procurarse el reposo mental y emocional, median- te administración de sedantes en caso necesario. La administración de oxígeno no mejora la evolución del IM en el paciente sin insuficiencia cardíaca o enfermedad pulmonar, por lo que sólo se debe administrar si la saturación arterial de oxígeno es inferior al 93%. El primer día se recomienda una dieta blanda hipocalórica repartida en cuatro tomas. El estreñimiento es una complicación habitual tras la administración de morfina, por lo que se deben administrar laxantes suaves. Antiagregantes plaquetarios Como en el SCASEST, el tratamiento farmacológico se basa en la administración de antitrombóticos (fig. 54-15). Los antiagregantes potencian los efectos de los fibrinolíticos y disminuyen el riesgo de retrombosis posreperfusión, tanto farmacológica como mecánica. La administración de AAS disminuye en un 27% la mortalidad a • Figura 54-13 Intervención coronaria percutánea en un paciente con infarto anterior. A. Coronariografía de la coronaria izquierda que permite observar la obstrucción proximal del flujo a la arteria descendente anterior. B. Colocación del alambreguía en el vaso a través del trombo. C. Dilatación de la obstrucción con implante de un stent coronario. D. Reperfusión completa del vaso (flecha). Descargado para Anonymous User (n/a) en National Autonomous University of Mexico de ClinicalKey.es por Elsevier en junio 11, 2020. Para uso personal exclusivamente. No se permiten otros usos sin autorización. Copyright ©2020. Elsevier Inc. Todos los derechos reservados. https://booksmedicos.org 493 CAPÍTULO 54 Cardiopatía isquémica © E ls ev ie r. Fo to co p ia r s in a ut or iz ac ió n es u n d el ito . largo plazo en pacientes con IM, por lo que está indicada en todos los pacientes desde el ingreso. Para conseguir una mayor rapidez de sus efectos, la primera toma debe administrarse en dosis algo mayores que las de mantenimiento (160-325 mg, p.o.) o por vía i.v. Los inhibidores de los receptores P2Y12 de la adenosina previenen la activación y la agregación de las plaquetas. La administración de clopidogrel junto con AAS reduce aún más el riesgo de retrombosis y de complicaciones isquémicas durante el primer año post-IAMCEST. Otros inhibidores P2Y12 como el prasugrel y el ticagrelor tienen mayor efecto antiagregante y más rápido que el clopidogrel, por lo que están especialmente indicados en los pacientes a los que se les practica una angioplastia urgente en el momento del ingreso. No obstante, dado que aumentan el riesgo de hemorragias, su administración junto con AAS debe evitarse en los pacientes de más de 75 años o con antecedente de AVC hemorrágico y, en general, los que tienen un riesgo alto de hemo- rragia. Los antagonistas de los receptores GPIIb-IIIa de las plaquetas, de administración i.v., inhiben en un 80% la agregabilidad plaquetaria, pero no su activación; su uso se restringe al momento del ICP y en situaciones con alta carga trombótica. Por otro lado, su administración aumenta la incidencia de hemorragias y la mortalidad cuando se administran junto con trombolíticos, por lo que están contraindicados en esta situación. Anticoagulantes Los anticoagulantes reducen el riesgo de retrombosis coronaria y reinfarto, especialmente entre los pacientes que reciben trombolíticos fibrinoselectivos como el TNK-tPA y aquellos en los que se practica una angioplastia primaria. Además, disminuyen la incidencia de trombosis intraventricular y venosa periférica. Por ello, deben administrarse a todos los pacientes con infarto independientemente de que se les administre o no tratamiento de reperfusión. El fármaco de elección es la enoxaparina, una heparina fraccionada, en dosis de 1 mg/kg de peso cada 12 h s.c. Cuando se administra HNF, debe mantenerse un TTPA entre 50 y 70 s. El fondaparinux es un inhibidor del factor Xa con menos efectos hemorrágicos que las heparinas y está especialmente indicado cuando se administran fibrinolíticos. Otros tratamientos β-bloqueantes Estos fármacos disminuyen el consumo de oxígeno miocárdico y el riesgo de fibrilación ventricular durante la fase aguda, y el remodelado ventricular a largo plazo. Su administración por vía e.v. en estudios realizados hace más de 20 años se asoció con una disminución de S E C C IÓ N I II • Figura 54-14 Tratamiento en red del infarto de miocardio con elevación del ST (IAMCEST). La coordinación bajo un protocolo único de todo el sistema sanitario permite asegurar el tratamiento de reperfusión óptimo en un mínimo de tiempo para la mayoría de los pacientes. Si el diagnóstico de SCACEST se realiza en un hospital con programa de angioplastia primaria (AP), esta debe realizarse en menos de 60 min. Si el diagnóstico se realiza en otro hospital, en el domicilio o en la ambulancia, se debe estimar si se puede trasladar al paciente y realizar la AP en menos de 90120 min y, si es así, hacer el tras lado. En caso contrario, se realizará trombólisis inmediata seguida del traslado del paciente al hospital de AP. • Figura 54-15 Diagrama de flujo que resume el diagnóstico, la estratificación del riesgo y el tratamiento de pacientes con dolor torácico de posible origen coronario. Descargado para Anonymous User (n/a) en National Autonomous University of Mexico de ClinicalKey.es por Elsevier en junio 11, 2020. Para uso personal exclusivamente. No se permiten otros usos sin autorización. Copyright ©2020. Elsevier Inc. Todos los derechos reservados. https://booksmedicos.org 494 SECCIÓN II I Cardiología la mortalidad y el reinfarto, efectos que no se han observado pos- teriormente en pacientes tratados con trombólisis o ICP. Por otro lado, algunos de estos fármacos (carvedilol, bisoprolol, metoprolol) adminis- trados por vía oral antes del alta hospitalaria, disminuyen el remodelado ventricular postinfarto y previenen la insuficiencia cardíaca. Además, en pacientes con disfunción ventricular o insuficiencia cardíaca, dis- minuyen la mortalidad a corto y largo plazo. Por todo ello, están indicados en todos los pacientes con infarto y disfunción ventricular que no presenten contraindicaciones (bloqueo AV o asma bronquial). Inhibidores de la vía de la renina-angiotensina-aldosterona Los IECA, junto con los bloqueadores β-adrenérgicos, constituyen la base fundamental del tratamiento del remodelado del miocardio des- pués del infarto, la disfunción ventricular y la insuficiencia cardíaca, por lo que están indicados desde el primer día en todos los pacientes. Los pacientes que más se benefician son los de mayor riesgo: los infartos extensos, aquellos que inducen disfunción ventricular o insuficiencia cardíaca, y los pacientes con HTA. Debe iniciarse siempre con dosis bajas, con posteriores aumentos progresivos de la dosis, con cuidado de evitar la hipotensión arterial. Si se producen efectos secundarios pueden sustituirse por ARA-II. La espironolactona y su análogo sintético, la eplerenona, dismi- nuyen la formación de fibrosis miocárdica y previenen el remodela- do ventricular adverso en pacientes con infartos extensos y disfunción ventricular sistólica. Están contraindicados en pacientes con IRC o hiperpotasemia. Dado que el objetivo de su administración no es conseguir un efecto diurético sino la inhibición parcial neurohormonal, se administran en dosis bajas (25-50 mg/día). Otros fármacos En las primeras horas del IMCEST, la nitroglicerina por vía i.v. sólo está indicada en casos de insuficiencia cardíaca o HTA, aunque puede darse también en casos de dolor prolongado. Su administración en dosis excesivas induce taquicardia e hipotensión arterial, que aumenta el con- sumo de oxígeno y disminuye su aporte. Por ello, deben monitorizarse la FC y la presión arterial, especialmente durante la administración conjunta de otros fármacos como el cloruro mórficoy la estreptocinasa, que pueden inducir hipotensión arterial, especialmente en infartos con extensión al ventrículo derecho. Los nitratos p.o. o la nitroglicerina percutánea no están indicados a menos que aparezca angina. Los antagonistas del calcio no tienen efectos beneficiosos sobre la mortalidad o el reinfarto en pacientes con IMCEST, por lo que tampoco están indicados. Tratamiento de las complicaciones Arritmias La corrección de los factores que condicionan o favorecen la aparición de las alteraciones del ritmo es el primer paso en el tratamiento de las arritmias en la fase aguda del infarto; deben controlarse la hipoxemia, la hipopotasemia y la hipomagnesemia, si las hubiese, y suprimir el dolor. Los fármacos y las pautas son similares a los descritos en los apartados correspondientes (v. cap. 51, Arritmias cardíacas). Complicaciones isquémicas La angina de pecho que ocurre precozmente tras el IM se considera una forma grave de angina inestable; indica la existencia de retrombosis y la amenaza de un reinfarto, por lo que constituye una indicación de coronariografía y revascularización urgente. Insuficiencia cardíaca Es una complicación grave del infarto. Durante la fase aguda, los diuréticos y la nitroglicerina i.v. constituyen los fármacos de elección; la digoxina es ineficaz, excepto cuando está precipitada por FA. En la fase subaguda y una vez controlados los signos de congestión, se debe añadir progresivamente IECA, β-bloqueantes en dosis bajas (carvedilol, bisoprolol o metoprolol) y eplerenona. El tratamiento del shock cardiogénico tiene como objetivo disminuir la isquemia miocárdica y elevar la presión arterial y el gasto cardíaco a niveles que permitan una perfusión tisular adecuada, en particular en la circulación coronaria, cerebral y renal. Los fármacos de elección son la dobutamina, un potente inotropo positivo, y la noradrenalina, con marcada acción inotrópica y vasoconstrictora. La apertura precoz de la arteria responsable del infarto mediante ICP disminuye la isquemia, mejora la función ventricular y disminuye la mortalidad, aunque el tiempo transcurrido desde el inicio del infarto sea superior a 12 h, por lo que es la primera medida que se ha de considerar en estos pacientes. En algunos casos seleccionados, la asistencia circulatoria mecánica mediante la inserción de un balón de contrapulsación intraaórtica puede ser de ayuda al elevar la presión diastólica y mejorar la perfusión coronaria a la vez que disminuye la poscarga ventricular; no obstante, estos efectos no se mantienen y el dispositivo no reduce la mortalidad. Otras medidas incluyen la colocación de dispositivos de oxigenación por membrana extracorpórea, las asistencias mecánicas ventriculares y el trasplante cardíaco urgente. La rotura aguda o subaguda de la pared libre del ventrículo izquierdo, del tabique interventricular o del músculo papilar son situaciones muy graves que requieren tratamiento quirúrgico urgente. Pronóstico a largo plazo En los pacientes que sobreviven a la fase aguda persiste el riesgo de que se produzca un nuevo accidente coronario o la muerte de forma prematura. La mortalidad en los primeros 6 meses de convalecencia es del 4%-10% (6% en los pacientes reperfundidos) y se estabiliza posteriormente en el 2%-4% anual. A los 5 años, del 20% al 30% de los supervivientes de un infarto fallece, y el 15% de los hombres y el 30% de las mujeres padece un nuevo infarto. Los factores que determinan el pronóstico a largo plazo son funda- mentalmente la edad superior a los 75 años, la DM, la gravedad de la afección coronaria o la isquemia persistente (espontánea o inducida), el grado de disfunción ventricular residual y la presencia de arritmias ventriculares graves. Así, el pronóstico es excelente en los pacientes de mediana edad con FE normal, sin isquemia ni arritmias; por el con- trario, los enfermos de edad avanzada, con DM, FE inferior al 40%, isquemia persistente o arritmias ventriculares constituyen un grupo de riesgo elevado. Tratamiento antes del alta hospitalaria Los objetivos del tratamiento una vez superada la fase aguda son dis- minuir la progresión de la enfermedad coronaria, prevenir el remo- delado ventricular, la insuficiencia cardíaca, el reinfarto y la muerte súbita (tabla 54-4) y conseguir la rehabilitación funcional y laboral del paciente. TABLA 54-4 Objetivos de la prevención secundaria después de un síndrome coronario agudo Diana Objetivo Tratamiento Arteria coronaria Retrasar progresión aterosclerosis y estabilizar la placa Tratar activamente FRC: tabaco, HTA, DM Dieta, ejercicio físico, ↓ peso Estatinas (objetivo: colesterol of acute myocardial infarction in patients presenting with ST-segment elevation. Eur Heart J 2018;39:119-77. Montalescot G, Sechtem U, Achenbach S, Andreotti F, Arden C, Budaj A, et al. 2013 ESC guidelines on the management of stable coronary artery disease. Eur Heart J 2013;34:2949-3003. Roffi M, Patrono C, Collet JP, Mueler C, Valgimigli M, Andreotti F, et al. 2015 ESC Guidelines for the management of acute coronary syndromes in patients presenting without persistent ST-segment elevation. Eur Heart J 2016;37:267-315. Thygesen K, Alpert JS, Jaffe AS, Chaitman BR, Bax JJ, Morrow DA, et al. Fourth universal definition of myocardial infarction (2018). Eur Heart J 2019;40:237-69. S E C C IÓ N I II CAPÍTULO 54 Cardiopatía isquémica Descargado para Anonymous User (n/a) en National Autonomous University of Mexico de ClinicalKey.es por Elsevier en junio 11, 2020. Para uso personal exclusivamente. No se permiten otros usos sin autorización. Copyright ©2020. Elsevier Inc. Todos los derechos reservados. © 2020. Elsevier España, S.L.U. Reservados todos los derechos Valvulopatías P. TORNOS MAS, M. SITGES CARREÑO 55 INTRODUCCIÓN Las enfermedades de las válvulas cardíacas del adulto han experimentado en los últimos años cambios notables. Desde el punto de vista de la etiología, han disminuido de manera muy clara los casos de valvulopatía reumática, ya que la fiebre reumática prácticamente ha desaparecido en los países desarrollados. En la actualidad, la etiología más frecuente en estos últimos es la degenerativa, en forma de estenosis aórtica calcificada y de insuficiencia mitral; por ello, las enfermedades valvulares constituyen, cada vez más, un problema de la población de edad avanzada. Desde el punto de vista diagnóstico, la ecocardiografía Doppler constituye la exploración fundamental para confirmar el diagnóstico y evaluar la gravedad de las lesiones. Es también, junto con la evaluación clínica cuidadosa, la técnica de elección para el seguimiento de los pacientes. El cateterismo cardíaco, antes imprescindible para la correcta catalogación de los pacientes, sólo se considera necesario hoy en día cuando hay indicación de coronariografía. La TC torácica es muy útil para cuantificar el calcio valvular. La RM es también una técnica de utilidad, sobre todo en el estudio de las valvulopatías regurgitantes o en las lesiones valvulares del corazón derecho. Por último, la mejoría en las técnicas quirúrgicas y el desarrollo de las técnicas percutáneas hacen que la reparación de las lesiones se considere cada vez con mayor precocidad, lo que contribuye no sólo a aliviar los síntomas, sino también a preservar la función ven- tricular y mejorar la supervivencia y la calidad de vida de estos pacientes. VALVULOPATÍA MITRAL Estenosis mitral Etiología En la mayoría de los casos, la estenosis mitral es de origen reumático. Sin embargo, el antecedente clínico de fiebre reumática falta en la mitad de ellos. Dos tercios de los pacientes con estenosis mitral son mujeres. En la estenosis mitral reumática, las valvas aparecen difu- samente engrosadas y rígidas por un proceso de fibrosis cicatricial y, con frecuencia, por depósitos de calcio (fig. 55-1). Las comisuras se fusionan, al igual que las cuerdas tendinosas, que además están retraídas. El conjunto de estos cambios determina la reducción de la apertura valvular. La estenosis mitral congénita es muy rara y suele asociarse a cardio- patías complejas. En general, la válvula adopta una morfología «en paracaídas», ya que todas las cuerdas tendinosas se insertan en un músculo papilar único. • Figura 55-1 Estenosis mitral. A. Visión operatoria con fusión comi sural (flechas) y calcificación del velo anterior (asterisco). B. Visión ecocardiográfica: plano paraesternal longitudinal que muestra los velos mitrales engrosados y con apertura en cúpula en diástole. AI: aurícula izquierda; Ao: aorta ascendente; VA: velo mitral anterior; VD: ventrículo derecho; VI: ventrículo izquierdo; VP: velo mitral posterior. https://booksmedicos.orgvariante o de Prinzmetal. Su causa es la hipe- rreactividad de las células musculares lisas de un segmento coronario. Con frecuencia ocurre sobre una placa de ateroma, de manera que sólo un tercio de los pacientes en quienes se sospecha angina de pecho vasoespástica tiene coronarias angiográficamente normales. La disfunción endotelial que presentan los pacientes con ateros- clerosis facilita la vasoconstricción en respuesta a estímulos simpáticos como el frío o el estrés, lo que empeora transitoriamente el grado de estenosis (estenosis dinámicas). Este hecho es frecuente, tanto en la enfermedad coronaria estable como en los SCA, y puede facilitar la aparición de isquemia coronaria incluso en pacientes con estenosis coronarias inferiores al 70%. Disfunción microvascular El endotelio desempeña un papel esencial en la regulación del tono arterial coronario. Diferentes situaciones clínicas como la DM, la HTA, el tabaquismo y la hipercolesterolemia pueden reducir la capacidad del endotelio para generar NO y limitar la capacidad de dilatación de los vasos coronarios epicárdicos y arteriolares. La disfunción microvascular de las arteriolas coronarias puede causar isquemia miocárdica y angina. Puede ser debido a alteraciones funcionales del endotelio y las células mus- culares lisas, o anatómicas por remodelado de la pared arterial, y preceder a la enfermedad coronaria epicárdica. Este mecanismo puede ser res- ponsable de la isquemia miocárdica en los pacientes con angina o infarto de miocardio (IM) y arterias coronarias angiográficamente normales. Otras causas de isquemia coronaria Dado que el 90% de la perfusión coronaria se produce en diástole, cual- quier proceso que disminuya la presión arterial diastólica o aumente la presión diastólica del ventrículo izquierdo, como la miocardiopatía hipertrófica o hipertensiva, puede limitar el flujo coronario, especial- mente con el esfuerzo, e inducir isquemia. Además, enfermedades sistémicas que reduzcan el aporte de oxígeno al miocardio como la anemia y las enfermedades pulmonares o aumenten sus necesidades como el hipertiroidismo pueden causar isquemia miocárdica. Consecuencias de la isquemia miocárdica En los primeros segundos, tras el cese del flujo coronario, se agotan el oxígeno y los fosfatos de alta energía en la zona isquémica y el metabolismo se convierte en anaerobio, aparece acidosis y se liberan lactatos y potasio. Como consecuencia, disminuye la relajación ven- tricular y aparece disfunción diastólica, seguida por una disminución de su actividad contráctil con disfunción ventricular sistólica. Pos- teriormente, se altera el potencial de acción transmembrana, aparecen cambios electrocardiográficos y pueden aparecer arritmias ventriculares. La posterior liberación celular de sustancias como la adenosina, que estimula las terminaciones nerviosas, provoca la aparición del dolor de la angina de pecho. Finalmente, aparece necrosis celular. Esta serie de fenómenos progresivos se conoce como cascada isquémica y explica que episodios repetidos de isquemia puedan inducir disfunción ventricular, arritmias e incluso muerte súbita sin llegar a provocar angina de pecho. Tras una fase de isquemia transitoria, el miocardio sufre un fenó- meno de adaptación que lo hace más resistente a un nuevo episodio isquémico, en lo que se denomina precondicionamiento isquémico. Por otro lado, una isquemia transitoria puede causar un trastorno metabólico y una disminución prolongada de la contractilidad que no se recupera hasta transcurridos varios días o semanas (miocardio aturdido). Por ello, tras un IM reperfundido, el corazón suele mejorar su función ventricular. Cuando la reducción del flujo coronario se mantiene de forma crónica, la función contráctil de la zona isquémica puede verse intensamente reducida, aunque mantiene la capacidad de normalizarse cuando se restablece el flujo coronario mediante la revas- cularización (miocardio hibernado); ello es muy importante en los casos de miocardiopatía isquémica, a menudo asintomática. Por último, la disminución del flujo coronario puede ser tan profunda que determine la muerte celular o necrosis miocárdica. La isquemia aguda se manifiesta en el ECG por alteraciones de la repolarización (ondas T negativas, descenso del segmento ST) que tienen más valor diagnóstico cuando son transitorias. La elevación transitoria del ST refleja isquemia transmural. Otra consecuencia de la isquemia es la alteración de las propiedades eléctricas de las células cardíacas, al reducir la energía necesaria para el funcionamiento de la bomba de sodio; esta alteración eléctrica puede provocar arritmias ventriculares y muerte súbita. Por último, la isquemia puede estimular el sistema nervioso vagal e inducir bradicardia e hipotensión arterial, o el sistema nervioso simpático y aumentar la contractilidad e inducir vasoconstricción, lo que aumentará el grado de isquemia y podrá inducir arritmias ventriculares. Cuadro clínico La cardiopatía isquémica puede adoptar diferentes formas clínicas, de las cuales la angina y el IM son las más frecuentes. En ocasiones, la enfermedad puede presentarse sin dolor, con insuficiencia cardíaca, arritmias graves o muerte súbita. En realidad, dos tercios de los pacien- tes presentan un IM o muerte súbita como primera manifestación de la enfermedad. Estos datos subrayan la gravedad de la enfermedad y la importancia de su prevención y detección precoz. Angina de pecho La angina se define como una opresión o malestar, por lo general retro- esternal, atribuible a isquemia miocárdica transitoria. Es un concepto exclusivamente clínico y su diagnóstico se basa en las características y circunstancias que acompañan al dolor. El mecanismo que provoca la isquemia no siempre es el mismo; con frecuencia se trata de un aumento de las necesidades de oxígeno, provocado por los cambios en • Figura 54-1 Inicio, progresión de la aterosclerosis, formación de la placa vulnerable y aparición de los síndromes coronarios agudos. Sección longitudinal (arriba) y transversal (abajo) de una arteria coronaria a lo largo del tiempo. 1, arteria normal. 2, lesión inicial del endotelio con infiltración de monocitos, linfocitos T y lípidos. 3, evolución a placa fibro grasa: conversión de los monocitos que han atravesado el endotelio en macrófagos que fagocitan LDL y estimulación de la proliferación de las células musculares lisas hacia el endotelio. 4, placa vulnerable: la inflamación estimula la producción de factor tisular, un potente pro coagulante, y proteinasas que debilitan la cápsula fibrosa. 5, rotura o erosión de la cápsula fibrosa, exposición del contenido lipídico y el factor tisular a la corriente circulatoria, formación del trombo intravas cular en una placa no obstructiva y desarrollo del SCA. 6, reabsorción del trombo y respuesta cicatricial con formación de colágeno y aumento de las células musculares lisas para dar lugar a una placa fibrosa, a menudo calcificada, que produce una estenosis significativa y ocasiona angina estable. 7, ocasionalmente, el SCA ocurre por la presencia de nódulos calcificados, mecanismo que sucede con mayor frecuencia en las placas obstructivas. (Tomado de Libby P. Current Concepts of the Patho- genesis of the Acute Coronary Syndromes. Circulation 2001;104:365-72. © 2001 Wolters Kluwer Health.) Descargado para Anonymous User (n/a) en National Autonomous University of Mexico de ClinicalKey.es por Elsevier en junio 11, 2020. Para uso personal exclusivamente. No se permiten otros usos sin autorización. Copyright ©2020. Elsevier Inc. Todos los derechos reservados. https://booksmedicos.org 477 CAPÍTULO 54 Cardiopatía isquémica © E ls ev ie r. Fo to co p ia r s in a ut or iz ac ió n es u n d el ito . la presión arterial y la FC (ejercicio y emociones), en un paciente con lesiones coronarias, mientras que en otras ocasiones el dolor sobreviene sin causa aparente, lo que sugiere que se ha producidouna reducción aguda del aporte de oxígeno, como ocurre en la mayoría de los SCA o en la angina microvascular. Las características que definen el dolor coronario son el tipo, la localización, la irradiación y la duración del dolor, los factores desen- cadenantes y las circunstancias que lo alivian. En su forma habitual, los pacientes describen el dolor anginoso como una opresión, peso o malestar, localizado en la región retroesternal o en toda la cara anterior del tórax que puede irradiarse hacia los brazos, el cuello, la mandíbula o la espalda. Cuando se indica al enfermo que localice con la mano el dolor, este coloca la mano abierta o el puño en medio del pecho, lo que define muy bien su localización, extensión y cualidad. Las excepciones a esta descripción son numerosas; en ocasiones se trata de una molestia indefinida que dificulta la respiración o que se localiza exclusivamente en la zona epigástrica, el cuello, la mandíbula o los brazos. Los episodios de angina suelen iniciarse de forma gradual, alcanzan pronto su máxima intensidad y desaparecen también de forma paulatina en menos de 5 min. Diagnóstico diferencial La frecuencia con que la angina se presenta de forma atípica y el gran número de enfermedades que se manifiestan por dolor torácico exigen un diagnóstico diferencial cuidadoso y, a menudo, difícil. El dolor retroesternal «en corbata» obliga a un diagnóstico diferencial con espasmo y reflujo esofágico, y también con una crisis de ansiedad. Los dolores punzantes, fugaces y localizados en el precordio o submamarios suelen ser de origen muscular. El dolor de la disección aórtica, del neumotórax y, en general, de los procesos que cursan con rotura o laceración de los tejidos comienza de forma brusca y su intensidad es máxima desde el principio. Las circunstancias y los síntomas que acompañan al dolor son muy útiles en el diagnóstico diferencial. La relación con la ingesta de alimentos o la mejoría con alcalinos orientarán hacia un problema digestivo; los cambios de intensidad con los movimientos de los miem- bros superiores o el cuello y con la respiración o la posición corporal sugieren un problema cervical o una pericarditis, respectivamente. Por el contrario, el dolor anginoso suele acompañarse de una sensación de angustia y gravedad y, en ocasiones, de sudoración y palpitaciones. La disnea durante el dolor no es frecuente, pero su aparición indica una afección coronaria grave. Todo dolor torácico claramente relacionado con el ejercicio obliga a descartar enfermedad coronaria. Tipos de angina La angina de esfuerzo está provocada por la actividad física o por otras situaciones, como las emociones, que implican un aumento de la demanda miocárdica de oxígeno. Suele ser breve y desaparecer al inte- rrumpir el desencadenante o con la administración de nitroglicerina. Se denomina inicial si su antigüedad es inferior a 1 mes; progresiva, si ha empeorado durante el último mes en frecuencia, intensidad, duración o nivel de esfuerzo en que aparece, y estable, si sus caracterís- ticas y la capacidad funcional del paciente no se han modificado en el último mes. La angina de reposo se produce de manera espontánea, sin relación aparente con los cambios en el consumo de oxígeno del miocardio; su duración es variable, aunque en el 75% de los casos los episodios son prolongados (> 20 min). Las anginas inicial, progresiva y de reposo (habitualmente prolongada) son formas de evolución imprevisible y mayor gravedad, por lo que su presencia debe hacer sospechar la presencia de SCA. Isquemia silente Algunos pacientes con aterosclerosis coronaria importante pueden presentar episodios de isquemia miocárdica que no se acompañan de angina y que pueden diagnosticarse mediante la monitorización del ECG de forma ambulatoria (Holter). Alrededor del 75% de los pacientes con lesiones coronarias significativas muestran descenso del segmento ST durante la actividad diaria, pero sólo un tercio de estos episodios se acompañan de dolor; estos cambios de la repolarización ventricular sin dolor anginoso asociado se han demostrado también en pacientes con angina variante, en los que se atribuye a espasmos coronarios transitorios. Miocardiopatía isquémica En ocasiones, la aterosclerosis coronaria determina una grave afección de la función ventricular que provoca síntomas y signos de insuficiencia cardíaca congestiva, a menudo sin dolor anginoso; estos pacientes se presentan con un cuadro clínico similar al de la miocardiopatía dilatada, y sólo la existencia de estenosis en la coronariografía permite su diagnóstico diferencial. El pronóstico es grave, en especial en el caso de pacientes que cursan con arritmias ventriculares malignas, y mejora notablemente tras la revascularización coronaria. ENFERMEDAD CORONARIA CRÓNICA ESTABLE Cuadro clínico El diagnóstico de enfermedad coronaria se basa en el cuadro clínico de angina estable, la probabilidad de tener enfermedad coronaria y la detección de isquemia inducida o la demostración de enfermedad coronaria obstructiva. La angina estable se caracteriza por la presencia de angina, general- mente de esfuerzo, cuyo patrón no se ha modificado durante el último mes. Puede ser la primera manifestación de enfermedad coronaria o aparecer tras un SCA. Suele presentar una clara relación con el ejercicio físico o las emociones, en especial si este se realiza tras las comidas o en un ambiente frío. El cese de la actividad que provocó el dolor o la administración de nitroglicerina sublingual determinan rápidamente su desaparición. Los síntomas se consideran típicos cuando cumplen tres condiciones: opresión o malestar retroesternal; relación con el esfuerzo o las emociones, y alivio en menos de 5 min tras el reposo o la toma de nitroglicerina sublingual. Se consideran atípicos cuando sólo se cum- plen dos de las tres condiciones y no coronarios (probabilidaden junio 11, 2020. Para uso personal exclusivamente. No se permiten otros usos sin autorización. Copyright ©2020. Elsevier Inc. Todos los derechos reservados. https://booksmedicos.org 478 SECCIÓN II I Cardiología basal normal no permite descartar enfermedad coronaria; el resto puede presentar ondas Q de necrosis antigua, descenso fijo del segmento ST u ondas T negativas. Estas últimas alteraciones sólo son específicas cuando aparecen y desaparecen durante la angina. Ecocardiografía Doppler Constituye un método sensible, fácil e incruento para el diagnóstico de los defectos segmentarios de la motilidad miocárdica, típicos de la cardiopatía isquémica, y la evaluación global de la función ventricular. Además, permite diagnosticar la existencia de hipertrofia y dilatación ventricular, valvulopatías y otras enfermedades del miocardio y el pericardio. También permite analizar la causa de que determinadas zonas del miocardio no se contraigan (acinesia). Si tras administrar dosis bajas de dobutamina la acinesia persiste, se debe a necrosis transmural (miocardio no viable), mientras que, si se recupera la motilidad, es por hibernación o aturdimiento (miocardio hibernado o aturdido); en estos últimos casos, la revascularización de la zona afectada normalizará la contracción. Prueba de esfuerzo electrocardiográfica Estudia la respuesta clínica y electrocardiográfica a un ejercicio físico programado con el fin de explorar la reserva coronaria e inducir isque- mia miocárdica transitoria. Constituye una prueba fundamental para el diagnóstico del paciente coronario y, además, proporciona datos sobre su pronóstico y su capacidad funcional. Requiere que el segmento ST sea interpretable (ausencia de descenso fijo del ST por hipertrofia ventricular, bloqueo de rama, marcapasos o FA) y de poder realizar un ejercicio físico al menos submáximo (alcanzar el 85% de la frecuencia teórica máxima), por lo que no es útil en pacientes de edad avanzada o con limitaciones físicas. Está especialmente indicada con fines diagnósticos en los pacientes con dolores atípicos, pero sospechosos de ser coronarios, y en pacien- tes con ECG anormal, pero sin angina. También se emplea para valorar la capacidad funcional de los enfermos y su riesgo de presentar compli- caciones graves. La prueba de esfuerzo se considera positiva si provoca dolor o descenso horizontal o descendente del segmento ST (≥ 1 mm medido 0,08 s después del punto J). Su sensibilidad diagnóstica es del 60%, y su especificidad, del 70%. Pruebas de estrés con imagen La utilización simultánea de una técnica de imagen junto con la prue- ba de esfuerzo mejora su rendimiento diagnóstico. La gammagrafía permite la visualización y cuantificación de las zonas hipoperfundidas, tanto con el esfuerzo como en reposo, mientras que la ecocardiografía permite la detección y cuantificación de las zonas hipocontráctiles que aparecen como consecuencia de la isquemia. Su sensibilidad y especificidad para diagnosticar enfermedad coronaria alcanzan el 80%-90%. En los pacientes en que, por diferentes razones, no es posible realizar una prueba de esfuerzo (20%-30%) se debe indicar una prueba de estrés farmacológica asociada a una técnica de imagen (gammagrafía, ecocardiografía o cardio-RM). La administración de dobutamina aumenta el consumo de oxígeno y remeda una prueba de esfuerzo, mientras que la adenosina y el dipiridamol dilatan los lechos vasculares de las arterias sanas e inducen diferencias de perfusión detectables por las técnicas de imagen cuyo rendimiento diagnóstico es similar al de las pruebas de esfuerzo. TC multicorte Permite la visualización no invasiva de la luz de las arterias coronarias y detectar sus obstrucciones siempre y cuando no estén muy calcificadas. Su sensibilidad y especificidad diagnóstica son del 95% y 80%, res- pectivamente, lo que conlleva un moderado número de falsos positivos. Su indicación principal es el diagnóstico de enfermedad coronaria en pacientes con probabilidad intermedia o en casos con prueba de esfuerzo dudosa o no concluyente. Dado que existe una relación directa entre la calcificación coronaria y la existencia de aterosclerosis, la cuan- tificación del calcio coronario (índice de Agatson) también se utiliza para detectar individuos asintomáticos, pero con riesgo intermedio de padecer enfermedad coronaria. Coronariografía Mediante la opacificación de las arterias coronarias, el cateterismo cardíaco permite conocer el grado, el número y la localización de las estenosis coronarias. Está indicada su realización en: 1) pacientes con cuadro clínico y exploraciones incruentas no concluyentes o con- tradictorias; 2) pacientes con indicación de revascularización coronaria por no responder al tratamiento médico o presentar signos clínicos de mal pronóstico; 3) supervivientes a un paro cardíaco; 4) pacientes con angina o isquemia que presentan disfunción ventricular; 5) pacientes con insuficiencia cardíaca de causa desconocida, y 6) previo a una cirugía cardíaca por otras causas. Existe una proporción similar (30%) de pacientes con estenosis en una, dos o las tres arterias coronarias principales o afectación del tronco común de la coronaria izquierda, mientras que el 10% no muestran lesiones coronarias obstructivas. La función ventricular es normal en la mayoría de los pacientes sin antecedentes de IM. Pronóstico La mortalidad anual de los pacientes con enfermedad coronaria esta- ble es del 1%-2%. Sin embargo, su pronóstico es variable y depende esencialmente de la edad, el número, la localización y gravedad de las lesiones coronarias, el estado de la función ventricular, la presencia y extensión de isquemia miocárdica durante una prueba de estrés, y la comorbilidad asociada. La edad avanzada, el sexo masculino, el número de FRC, la DM, la IRC y el antecedente de infarto se asocian a un mal pronóstico. Asimis- mo, la presencia de descenso del segmento ST en el ECG basal, la dis- función ventricular (FE 2 mm en más de tres derivaciones o descenso de la presión arterial durante el esfuerzo) o persistente (> 5 min postes- fuerzo). Estos pacientes y aquellos con isquemia extensa en las pruebas de estrés realizadas con técnicas de imagen tienen una mortalidad del 15% anual y constituyen un grupo de alto riesgo que deben referirse para cateterismo cardíaco y revascularización coronaria (fig. 54-2). Tras una coronariografía, los enfermos con lesiones en un solo vaso y función ventricular normal tienen una mortalidad anual del 1%, pero asciende al 3,5% en caso de disfunción ventricular. Estas cifras son, respectivamente, del 1,6% y el 5,6% para los pacientes con afección de dos vasos, del 3,6% y el 11% para los de tres y del 10% y el 25% para los que presentan afección del tronco común de la coronaria izquierda. Tratamiento Los objetivos principales del tratamiento son limitar la progresión de la aterosclerosis coronaria, mejorar la evolución clínica de los pacientes y mejorar su calidad de vida. Cambios en el estilo de vida El primer paso debe ser lograr una buena comunicación con el paciente: explicarle su enfermedad y las posibles complicaciones, y transmitirle confianza acerca de poder seguir una vida normal; tras ello será fácil establecer un plan de tratamiento a corto y largo plazo. Es fundamental conseguir el control estricto de los FRC, con los objetivos de mantener una HbA1c inferior al 7%; una presión arterial igual o inferior a 130/85; un colesterol total inferior a 175 mg/dL con LDL inferior a 70 mg/dL (1,8 mmol/L), y supresión total del tabaco. La dieta debe modificarse por reducción del aporte de grasas saturadas y aumento dela ingesta de legumbres, frutas, verduras y pescado. Se debe recomendar la práctica regular de ejercicio, de acuerdo con la sintomatología y los resultados de una prueba de esfuerzo; en general, caminar 30 min al día 5 días por semana es una medida prudente. Los pacientes poco sintomáticos pueden realizar deportes no competitivos y que no les causen estrés ni angina. Los ejercicios isométricos deben desaconsejarse. Por último, debe evitarse la obesidad con un IMC próximo a 25 kg/m2 y el perí- metro abdominal inferior a 102 cm en varones y 88 cm en mujeres. Descargado para Anonymous User (n/a) en National Autonomous University of Mexico de ClinicalKey.es por Elsevier en junio 11, 2020. Para uso personal exclusivamente. No se permiten otros usos sin autorización. Copyright ©2020. Elsevier Inc. Todos los derechos reservados. https://booksmedicos.org 479 CAPÍTULO 54 Cardiopatía isquémica © E ls ev ie r. Fo to co p ia r s in a ut or iz ac ió n es u n d el ito . Todas estas medidas y objetivos son más fáciles de conseguir cuando los pacientes participan en un programa de rehabilitación. Tratamiento farmacológico de las crisis anginosas Los nitratos, al metabolizarse, liberan NO que relaja la musculatura lisa de las arterias; por ello, aumentan el aporte de oxígeno al mio- cardio al inducir vasodilatación coronaria y reducen sus demandas al disminuir el retorno venoso, la poscarga y, en consecuencia, la tensión de la pared ventricular. La nitroglicerina sublingual en forma de comprimidos o aerosol, al actuar en 1-2 min, es el tratamiento de elección de las crisis anginosas, por lo que se deberá instruir a los pacientes sobre su autoadministración lo antes posible cuando aparecen los síntomas. Cuando se toma por primera vez conviene hacerlo estando el paciente sentado, ya que algunos enfermos expe- rimentan hipotensión y mareos con las dosis habituales (0,4-0,6 mg). El dolor suele aliviarse rápidamente en 2-3 min, aunque en ocasiones es necesario administrar 2-3 comprimidos separados por un intervalo de 5 min. Si con estas medidas el dolor no cede, debe sospecharse la posibilidad de un SCA. Prevención de las crisis de angina Los bloqueadores β-adrenérgicos son los fármacos de elección. Su efec- to antianginoso se debe a la reducción de la demanda de oxígeno por el miocardio al inhibir el aumento de la FC, la presión arterial y la contractilidad inducidas por la activación adrenérgica durante el ejercicio o las emociones. Además, aumentan el flujo coronario al alargar la diástole. La elección de un determinado β-bloqueante depende fundamentalmente de la experiencia; en los pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva crónica o claudicación intermitente se deben utilizar los cardioselectivos. Si existieran contraindicacio- nes a su administración (asma, bloqueo auriculoventricular [AV] o bradicardia) o aparición de efectos secundarios, los antagonistas del calcio constituyen una buena alternativa, por su acción vasodilatadora e inotrópica negativa; los cronotropos negativos como el verapamilo y el diltiazem están indicados siempre y cuando la FEVI sea superior al 40% y no se administren junto con bloqueadores β por el peligro de inducir insuficiencia cardíaca o bloqueo AV. Los vasoselectivos de larga duración como el amlodipino son muy eficaces por disminuir la presión arterial y complementan bien los efectos de los bloqueadores β (tablas 54-1 y 54-2). Los nitratos de acción prolongada, como el mononitrato de isosorbida por vía oral y la nitroglicerina percutánea, son menos eficaces para prevenir las crisis de angina. Su principal limitación es el desarrollo de tolerancia, en especial en dosis altas y con administración continuada, lo que se evita dejando un lapso mínimo de 8-12 h entre la toma de la noche y la de la mañana siguiente. La ivabradina es también un fármaco eficaz al disminuir la FC al bloquear los canales If del nodo sinusal, sin efectos sobre la contracción miocárdica o la conducción AV. Otros fármacos útiles de tercera elección son la ranolazina, la trimetazidina y el nicorandil. S E C C IÓ N I II • Figura 54-2 Estrategia de actuación en los pacientes con posible enfermedad coronaria estable. En todos los pacientes con clínica sugestiva de angina estable o en los que por otras causas (insuficien cia cardíaca, arritmias, etc.) se quiere saber si padecen cardiopatía isquémica, se debe realizar una anamnesis, un examen físico, unos análisis básicos y un ECG. El diagnóstico y la estrategia que se seguirán se basarán en los resultados de una prueba de estrés electrocardio gráfica o con imagen, o bien la realización de una TC coronaria (TCC); la presencia de criterios de mal pronóstico y la respuesta clínica a los fármacos marcarán la conducta a seguir. Independientemente de ello, se administrará tratamiento médico óptimo a todos los pacientes, con especial énfasis en el control estricto de los factores de riesgo cardiovascular. DA prox.: segmento proximal de la arteria coronaria descendente anterior; IC: insuficiencia cardíaca; TC: tronco común de la coronaria izquierda; 3v: tres vasos coronarios. TABLA 54-1 Dosis y efectos colaterales de los fármacos antianginosos Fármacos Dosis Efectos secundarios β-bloqueantes Cardioselectivos Atenolol 50-100 mg/día Bradicardia, bloqueo AV, fatiga Bisoprolol 5-10 mg/día Ídem Metoprolol 50-200 mg/12 h Ídem No cardioselectivos Carvedilol 6,25-25 mg/12 h Ídem Propranolol 20-40 mg/6-8 h Bradicardia, bloqueo AV, fatiga, broncoespasmo Nitratos Nitroglicerina Sublingual 0,4-0,6 mg p.r.n. Cefalea, hipotensión Percutánea 5-15 mg/día Ídem Mononitrato de isosorbida* 20-40 mg/8-12 h Ídem Antagonistas del calcio Diltiazem 60-120 mg/8 h Bradicardia, bloqueo AV, hipotensión Verapamilo 80-120 mg/8-12 h Bradicardia, bloqueo AV, hipotensión, IC Amlodipino 5-10 mg/día Edemas maleolares, cefalea, hipotensión Inhibidores If nódulo sinusal Ivabradina 5-7,5 mg/12 h Fosfenos, bradicardia, cefalea, mareo Inhibidores canal sodio Ranolazina 375-750 mg/12 h Mareo, náuseas, estreñimiento, ↑ QT *Mantener un intervalo libre de administración de 8-12 h al día. AV: auriculoventricular; IC: insuficiencia cardíaca; I f : corriente eléctrica de las células marcapasos del corazón; p.r.n.: pro re nata (a discreción). Descargado para Anonymous User (n/a) en National Autonomous University of Mexico de ClinicalKey.es por Elsevier en junio 11, 2020. Para uso personal exclusivamente. No se permiten otros usos sin autorización. Copyright ©2020. Elsevier Inc. Todos los derechos reservados. https://booksmedicos.org 480 SECCIÓN II I Cardiología Mejoría del pronóstico El único tratamiento que mejora el pronóstico de los pacientes con enfermedad coronaria estable consiste en la corrección de los FRC mediante cambios en los estilos de vida y prevención secundaria estricta para conseguir los objetivos previamente mencionados; esto último incluye: 1) la prevención de la trombosis coronaria con antiagregantes plaquetarios; 2) la administración de β-bloqueantes, IECA o ARA-II en pacientes con antecedente de infarto o con disfunción ventricular; 3) antagonistas de los mineralocorticoides (espironolactona o eplereno- na) en pacientes con FEVIla intervención disminuye el riesgo de IM y mejora la expectativa de vida en los pacientes de alto riesgo con afección coronaria grave y disfunción ventricular izquierda. En los casos de miocardio hibernado, en los que la isquemia crónica provoca la acinesia de zonas del ven- trículo izquierdo que mantienen signos de viabilidad en una prueba no invasiva de imagen, la revascularización mejora el flujo coronario y la contracción de estos segmentos. Intervencionismo coronario percutáneo Consiste en dilatar las estenosis producidas por placas de ateroma mediante un catéter con un balón en su extremo que se hincha a alta presión, junto con el implante de un stent intracoronario (v. Cateteris- mo cardíaco). La tasa actual de éxito es del 95%, y la de complicacio- nes, inferior al 3%, excepto en ciertos tipos de lesiones (obstrucciones totales crónicas, lesiones largas, calcificadas), en vasos de pequeño calibre y en lesiones localizadas en los ostia coronarios o en los injertos venosos, donde los resultados son algo inferiores. El procedimiento está contraindicado en pacientes con estenosis inferiores al 60% y en lesiones difusas y distales. En un 20% de los casos puede producirse una reestenosis durante los primeros meses, incidente que se reduce a la mitad con la utilización de stents recubiertos de fármacos que inhiben la proliferación celular de las células musculares lisas y su infiltración en la placa de ateroma. Es importante recordar que para prevenir la trombosis de los stents se tiene que administrar doble antiagregación con AAS y un inhibidor de los receptores P2Y12 de la vía del ADP de las plaquetas (clopidogrel, prasugrel o ticagrelor) durante 1 mes en los stents metálicos y durante 6-12 meses en los stents recubiertos. Tratamiento quirúrgico La cirugía de revascularización mediante injerto aortocoronario con vena safena o con el uso de la arteria mamaria interna es el tipo de ciru- gía cardíaca más frecuente y su eficacia en el tratamiento de la isquemia miocárdica está bien establecida. En la enfermedad coronaria crónica estable, la mortalidad operatoria es inferior al 3% en pacientes sin disfunción ventricular ni comorbilidades importantes. No obstante, la mortalidad aumenta en los pacientes con DM, edad avanzada, afección del tronco común de la coronaria izquierda, disfunción ventricular, insuficiencia cardíaca, comorbilidades, cirugía valvular combinada, en las reoperaciones y en la cirugía urgente. La incidencia de infarto, infecciones y accidente vascular cerebral (AVC) peroperatorios son del 5%, el 5% y el 6%, respectivamente. Estas complicaciones son más frecuentes en pacientes de edad avanzada, diabéticos, con historia de enfermedad vascular periférica, afección neurológica previa o lesiones carotídeas significativas. La supervivencia es del 90%-95% a los 5 años, del 80%-90% a los 10 años y del 65%- 75% a los 15 años; estas cifras son más favorables cuando se utiliza como injerto la arteria mamaria, mientras que los resultados negativos a largo plazo se correlacionan con un control inadecuado de la DM o la dislipemia y la persistencia del hábito de fumar. Durante el primer año se ocluye aproximadamente el 15% de los injertos venosos, y a los 10-15 años, el 50%. Por el contrario, los injertos de arteria mamaria mantienen una tasa de permeabilidad superior al 80% a los 10-15 años. En pacientes de riesgo moderado sin lesiones del tronco común de la coronaria izquierda ni oclusiones completas, el ICP tiene una eficacia similar a la cirugía para eliminar la angina, es mucho menos traumático y permite una recuperación inmediata. Sin embargo, la intervención quirúrgica ofrece una revascularización más completa, con menor recurrencia de angina y de reintervenciones. La mortalidad a 5 años es similar con las dos técnicas, con excepción de los pacientes diabéticos, que tienen una alta incidencia de reestenosis postangio- plastia y obtienen mejores resultados con la intervención quirúrgica. La elección del método de revascularización (percutánea o quirúr- gica) depende del tipo de lesión, su localización, el diámetro de los vasos, la edad y situación clínica del paciente y sus comorbilidades. En general, el ICP se considera de elección si las lesiones arteriales están circunscritas y resultan técnicamente abordables, y la cirugía en casos de enfermedad difusa y disfunción ventricular o DM, siempre y cuando tengan buenos vasos distales a las estenosis. En muchos casos, como en los pacientes de edad avanzada o aquellos con alto riesgo quirúrgico, la dilatación percutánea de la arteria responsable de la isquemia es el método de revascularización ideal, a pesar de que sólo consiga una revascularización parcial, pudiéndose dejar para un segundo tiempo la decisión de revascularizar otras arterias. SÍNDROMES CORONARIOS AGUDOS Concepto Los SCA constituyen la fase aguda de la enfermedad coronaria y, con- trariamente a lo que ocurre en otras enfermedades crónicas, es el modo de presentación clínica más frecuente (66% de los casos) de la cardio- patía isquémica; el término describe un conjunto de manifestaciones clínicas secundarias a isquemia miocárdica aguda producida por la formación de trombosis intravascular o, menos frecuentemente, por un desequilibrio en la oferta/demanda de oxígeno con o sin obstrucción coronaria. El cuadro clínico y el pronóstico dependen de la gravedad TABLA 54-2 Tratamiento farmacológico de la angina estable Objetivo Fármaco Alternativa Alivio rápido de los síntomas Nitroglicerina sublingual Tratamiento sintomático 1. β-bloqueantes Diltiazem o verapamilo 2. Si persisten los síntomas, añadir nitratos o amlodipino Ivabradina, ranolazina, trimetazidina, nicorandil 3. Si persisten los síntomas: coronariografía y revascularización Mejoría del pronóstico AAS, 100 mg/día Clopidogrel, 75 mg/día Estatinas en dosis altas Ezetimiba + dosis bajas de estatinas IECA si hay disfunción ventricular, HTA o DM ARA-II β-bloqueantes postinfarto o en caso de disfunción ventricular Descargado para Anonymous User (n/a) en National Autonomous University of Mexico de ClinicalKey.es por Elsevier en junio 11, 2020. Para uso personal exclusivamente. No se permiten otros usos sin autorización. Copyright ©2020. Elsevier Inc. Todos los derechos reservados. https://booksmedicos.org 481 CAPÍTULO 54 Cardiopatía isquémica © E ls ev ie r. Fo to co p ia r s in a ut or iz ac ió n es u n d el ito . de la isquemia y el estado previo de los pacientes, desde la forma asintomática hasta la angina inestable, el IM y la muerte súbita. Con el fin de facilitar su evaluación y tratamiento, los SCA se clasifican según su modo de presentación ECG: SCA con elevación del segmento ST (SCACEST) y SCA sin elevación del ST (SCASEST); estos últimos incluyen a los pacientes con IM sin elevación del ST (IAMSEST) y la angina inestable según aparezcan o no signos de necrosis miocárdica (fig. 54-3). Fisiopatología La aterosclerosis es la causa de más del 90% de los casos de enfermedad coronaria. A pesar de ello, en raras ocasiones origina por sí misma la muerte de los pacientes, sino a través de su manifestación clínica aguda, los SCA. Su causa es el desequilibrio agudo entre la oferta y la demanda de oxígeno al miocardio como resultado de: 1) trombosis coronaria inducida por rotura, erosión o protrusión de nódulos calcificados de la placa de ateroma; 2) aumento agudo de las demandas de oxígeno con o sin estenosis coronaria; 3) vasoespasmo coronario o disfunción microvascular, y 4) disección coronaria espontánea. La rotura o erosión de la placa expone al torrente sanguíneo el colágeno del subendotelio, el núcleo lipídico de la placa, el factor tisular expresado por los macrófagos y otras sustancias que estimulan la adhesión y activación plaquetarias, y la vía extrínseca de la coagula- ción. La consiguiente liberación de sustancias vasoactivas que, como el tromboxano, inducenvasoconstricción conduce a la formación de un trombo blanco plaquetario. Cuando el estímulo sobre la coagulación es suficientemente intenso, se induce la generación de trombina con formación final de fibrina y de un trombo rojo. Si en este momento y en este lugar el balance entre un estado protrombótico prevalece sobre el fibrinolítico, se producirá la trombosis con reducción aguda total o parcial de la luz del vaso (v. figs. 54-1 y 54-3). Factores desencadenantes de la rotura de la placa A diferencia de lo que ocurre en los pacientes con enfermedad coronaria crónica con o sin angina estable, la mitad de las estenosis coronarias que conducen a un SCA limitan en menos de un 50% la luz del vaso; ello explica por qué la mayoría de estos pacientes no tiene síntomas previos. Estas arterias con lesiones aparentemente no obstructivas suelen presentar en realidad extensas placas de ateroma que crecen hacia el interior de la pared de la arteria como resultado de un remodelado positivo que intenta preservar la luz del vaso (v. fig. 54-1). El riesgo de rotura de una placa de ateroma depende más de su composición que del grado de obstrucción al flujo que produce. Las llamadas placas vulnerables a la rotura suelen tener un gran núcleo rico en colesterol (> 40% de la placa) recubierto por una capa fibrosa delgada (ello es más frecuente en mujeres, pacientes de edad avanzada o DM. En la exploración física no existe ningún signo específico de SCA. Algunos pacientes pueden presentar signos de activación adrenérgica (palidez, sudoración), hipotensión o HTA, pulso irregular, taquicardia o bradicardia, signos de insuficiencia cardíaca (tercer ruido, crepitantes) y soplos de insuficiencia mitral por disfunción isquémica de los mús- culos papilares del ventrículo izquierdo. Una parte importante del examen debe incluir la detección de signos de otras enfermedades que pueden cursar con dolor torácico. Exploraciones complementarias La práctica de un ECG es la exploración más importante que ha de realizarse en un paciente con sospecha de SCA, tanto por su valor diagnóstico como por su valor pronóstico; ello debe realizarse tanto en el ingreso del paciente como en cada episodio de dolor (fig. 54-4). La presencia de elevación transitoria del ST, especialmente cuando cede con rapidez con la administración de nitroglicerina, orientará el cuadro hacia la angina vasoespástica o de Prinzmetal, mientras que, si la elevación del ST y el dolor son persistentes, se tratará de un SCA- CEST tributario de recibir rápidamente tratamiento de reperfusión. La presencia de descenso transitorio del segmento ST durante el dolor permite diagnosticar el SCASEST y categorizar su riesgo, mientras que la aparición de ondas T negativas, especialmente cuando son profundas (> 0,3 mV) y aparecen en precordiales, tiene también importantes implicaciones clínicas. A pesar de la importancia de la observación de estos cambios isquémicos en el ECG, es importante recalcar que la presencia de un ECG normal no excluye la existencia de un SCA. Diagnóstico diferencial El diagnóstico diferencial del dolor coronario prolongado se plan- tea habitualmente con otros procesos que cursan con dolor torácico intenso, en particular la disección aórtica, la embolia pulmonar y la pericarditis aguda; con otros procesos como el reflujo gastroesofágico, el neumotórax, el enfisema mediastínico y otras causas muy diversas. En general, el interrogatorio cuidadoso del tipo de dolor, el examen físico, el ECG y las determinaciones seriadas de los marcadores de necrosis miocárdica permiten realizar el diagnóstico en la mayoría de los pacientes. El dolor de la disección aórtica suele ser agudo, con intensidad máxima desde el inicio y suele irradiarse hacia la espalda y el abdomen a medida que avanza la disección; el antecedente de HTA grave o de enfermedad de Marfan, la asimetría en los pulsos arteriales y la auscultación de una insuficiencia aórtica son datos en favor de este diagnóstico. La embolia pulmonar, que a veces cursa con dolor torácico, suele producirse en pacientes en reposo prolongado, con traumatismos y operaciones abdominales recientes; puede acompañarse de taquipnea, cianosis, hipoxemia y signos electrocardiográficos de sobrecarga del ventrículo derecho. En la pericarditis aguda el dolor varía con la res- piración y los movimientos posturales, puede existir fiebre y auscultarse un frote pericárdico, y en el ECG se observa un descenso del PR con elevación difusa del ST de tipo convexo. La colecistitis, la pancreatitis aguda o la perforación de una úlcera gastroduodenal pueden plantear dificultades diagnósticas que, en general, se resuelven con la realización de un ECG, análisis de sangre y estudios radiológicos de abdomen. Marcadores bioquímicos de necrosis miocárdica Las cTn T e I cardíacas son proteínas reguladoras del complejo actina- tropomiosina responsables de la contracción de las fibras miocárdicas, por lo que su liberación en plasma indica la existencia de lesión mio- cárdica con alta sensibilidad y especificidad (> 90%); por ello, son los marcadores de elección. La CK y su isoforma MB son marcadores menos sensibles y específicos. En pacientes con IM, las cTn empiezan a detectarse en plasma a las 3 h (incluso antes cuando se determinas las cTn de alta sensibilidad) y suelen alcanzar un pico máximo a las 24 h, excepto en los IM pequeños cuyo pico máximo puede ocurrir a las 6 h; por ello, su análisis debe realizarse siempre en el ingreso y repetirse a las 3-6 h; si se confirma el diagnóstico de IM, deben repetirse cada 12-24 h hasta su normaliza- ción para poder estimar el tamaño de la necrosis; también se repetirá su análisis cada vez que aparezca un nuevo episodio de dolor torácico. El tamaño de la necrosis determina el tiempo de normalización de sus valores en plasma, desde 12 h en las necrosis pequeñas hasta 5-7 días en los infartos extensos. Definición y tipos de IM Es importante recalcar que la liberación en sangre circulante de las cTn permite realizar el diagnóstico de lesión miocárdica, pero no de su etio- logía. Así, cualquier proceso que aumente el estrés miocárdico como la HTA aguda, la insuficiencia cardíaca, la miocarditis, la pericarditis, las taquiarritmias cardíacas, etc., y muchas enfermedades no cardíacas como la IRC, la amiloidosis, el AVC, la sepsis, la quimioterapia, etc., pueden cursar con elevación de las cTn en ausencia de un IM • Figura 54-4 ECG realizados en un paciente que consultó en urgen cias por dolor torácico. Mientras que en el primero, realizado en el momento del ingreso y ya sin dolor, no se aprecian alteraciones, en el realizado posteriormente durante un nuevo episodio anginoso se observa un marcado descenso del ST. La objetivación de isquemia en el ECG tiene importantes repercusiones diagnósticas, pronósticas y terapéuticas. Descargado para Anonymous User (n/a) en National Autonomous University of Mexico de ClinicalKey.es por Elsevier en junio 11, 2020. Para uso personal exclusivamente. No se permiten otros usos sin autorización. Copyright ©2020. Elsevier Inc. Todos los derechos reservados. https://booksmedicos.org 483 CAPÍTULO 54 Cardiopatía isquémica © E ls ev ie r. Fo to co p ia r s in a ut or iz ac ió n es u n d el ito . (cuadro 54-1). En muchos de estos casos se observa una curva plana de cTn indicadora de lesión no aguda. Por ello, para diagnosticar IM se precisa que exista una liberación aguda de cTn (elevación o descenso de su concentración en sangre) junto con signos o síntomas de isquemia. Así, el IM se define por una elevación (por encima del percentil 99) y descenso de las cTn junto con evidencia de isquemia miocárdica mediante uno de los siguientes criterios: síntomas de isquemia, cambios ECG indicativos de isquemia (alteraciones del ST, onda T o nuevo bloqueo de rama izquierda), aparición de nuevas ondas Q en el ECG, evidencia mediante técnicas de imagen de aparición de pérdida de viabilidad o de discinesia de un segmento miocárdico. Se distinguen cinco tipos de IM: • Tipo 1. IM causado por aterotrombosis precipitado por rotura o erosión de la placa de ateroma. Constituye el 90% de los SCACEST y la mayoría de los SCASEST. • Tipo 2. IM causado por un desequilibrio entre la oferta y la deman- da de oxígeno por el miocardio. Incluye los casos con placas obs- tructivas, pero sin rotura ni trombosis, el espasmo coronario o disfunción microvascular, las disecciones coronarias espontáneas y casos con coronarias normales, pero con desequilibrio importante entre la oferta y la demanda de oxígeno. La mayoría son SCASEST. • Tipo 3. Pacientes con muerte súbita precedida por síntomas de isquemia, cambios isquémicos en el ECG o fibrilación ventricular, que fallecen antes de que se les puedan medir las cTn en sangre, o los que presentan signos de IM en una autopsia. • Tipo 4. IM que ocurre en el transcurso de un ICP. • Tipo 5. IM durante un procedimiento quirúrgico de revasculari- zación coronaria. Orientación diagnóstica y evaluación inicial del dolor torácico agudo Tras la evaluación clínica inicial que incluye la anamnesis y el ECG, se debe clasificar a los pacientes en tres grandes grupos: 1) los que presentan un SCA (con o sin elevación del segmento ST); 2) aquellos cuyo dolor torácicotiene una causa claramente no cardíaca (neumo- tórax, enfermedad tromboembólica, patología digestiva, ansiedad, etc.), y 3) los que sufren dolor torácico de etiología incierta. En el primer caso, debe aplicarse el tratamiento específico según la etiología del proceso, mientras que los pacientes con dolor no coronario (en punta de costado, que se localiza con un dedo, de breve duración [segundos] o constante [> 24 h], que varía con la respiración o los movimientos posturales, etc.) deben ser dados de alta después de descartar afecciones graves como disección aórtica, tromboembolia pulmonar y taponamiento cardíaco. Los pacientes con dolor torácico de etiología incierta deben quedar en observación. El ECG debe repetirse a los 20 min del ingreso y, de nuevo, junto con las cTn, trans- curridas 1-3 h. Si en el ECG aparecen cambios isquémicos, las cTn se elevan o reaparece el dolor, estos pacientes deben ser hospitalizados (fig. 54-5). Cuando se usan cTn de alta sensibilidad, se puede utilizar un protocolo de 3 h, o incluso de sólo 1 h, para descartar y diagnos- ticar IM y angina inestable. Un tercio de los pacientes que acuden a urgencias por dolor torácico de posible origen coronario tienen un ECG normal o no diagnóstico y marcadores de necrosis repetidamente negativos. En este grupo, los pacientes con dolor progresivo de esfuerzo, dos o más episodios de dolor coronario en 24 h, o alta probabilidad de tener enfermedad coronaria (IRC, vasculopatía periférica, antecedentes de infarto o enfermedad coronaria conocida) tienen alta probabilidad de tener un SCA y deben quedar ingresados. En el resto de los pacientes se aconseja practicar un test de isquemia o TC coronario con el fin de descartar una posible angina inestable. S E C C IÓ N I II • CUADRO 54-1 Causas no isquémicas de elevación de cTn por lesión miocárdica en ausencia de IM Cardíacas Insuficiencia cardíaca Infección o inflamación Pericarditis Miocarditis Miocardiopatías Síndrome de takotsubo Intervenciones cardíacas Cirugía valvular Ablación de arritmias Cardioversión eléctrica Biopsia cardíaca Contusión cardíaca Sistémicas Sepsis, shock IRC AVC Hipo- e hipertiroidismo Tromboembolia pulmonar Hipertensión pulmonar Enfermedades infiltrativas cardíacas Amiloidosis Hemocromatosis Cáncer Tóxicos Quimioterapia Venenos Enfermos críticos Traumatismos Traumatismo torácico Shock eléctrico Quemaduras Ejercicio extenuante • Figura 54-5 Resumen de la evaluación diagnóstica y terapéutica desde el momento del ingreso de los pacientes con dolor torácico. El tipo de dolor permite realizar un diagnóstico de trabajo de posible SCA. El ECG, que debe realizarse en menos de 10 min desde el ingreso, permitirá realizar el diagnóstico inicial de SCA con o sin elevación del ST en la mitad de los pacientes. El 90% de los pacientes con SCA y elevación del ST tienen un IM con obstrucción completa de la luz del vaso y se les debe administrar tratamiento de reperfusión urgente. En los pacientes sin elevación del ST, la determinación de los marcadores de necrosis en el momento del ingreso y a las 3 h permitirá realizar el diagnóstico final de IAMSEST o angina inestable; la evaluación del riesgo de complicaciones isquémicas guiará el tratamiento ulterior. A los pacientes con ECG normal y cTn negativas se les realizará un TC coronario o un test de isquemia para descartar SCA. IAMCEST: infarto de miocardio con elevación del ST; IAMSEST: infarto de miocardio sin elevación del ST; TCC: TC coronario. Descargado para Anonymous User (n/a) en National Autonomous University of Mexico de ClinicalKey.es por Elsevier en junio 11, 2020. Para uso personal exclusivamente. No se permiten otros usos sin autorización. Copyright ©2020. Elsevier Inc. Todos los derechos reservados. https://booksmedicos.org 484 SECCIÓN II I Cardiología SÍNDROMES CORONARIOS AGUDOS SIN ELEVACIÓN DEL SEGMENTO ST: ANGINA INESTABLE E INFARTO DE MIOCARDIO SIN ELEVACIÓN DEL ST Concepto Debido a que tanto la angina inestable como el infarto sin elevación del ST (IMSEST) comparten una misma fisiopatología, cuadro clínico y tratamiento, se considera que constituyen partes de una misma entidad y se agrupan bajo el nombre de SCASEST. Su fisiopatología, cuadro clínico y diagnóstico se ha descrito previamente. Cabe destacar que, a diferencia del IMCEST, el trombo no obstruye totalmente la luz del vaso (v. fig. 54-3) y se produce una embolización distal de material trombótico que induce obstrucción arteriolar y micronecrosis (fig. 54-6). La activación plaquetaria y la disfunción endotelial que acompañan a estos fenómenos provocan vasoconstricción y contribu- yen a la fisiopatología de este síndrome. Por último, en los SCASEST puede producirse un IM tipo II, sin rotura de la placa ni trombosis, por desequilibrio entre la oferta y la demanda de oxígeno, vasoespasmo o disección coronaria. Exploraciones complementarias La radiografía de tórax suele ser normal en ausencia de otras enferme- dades previas. La presencia de signos de congestión pulmonar o edema de pulmón puede ser debida a disfunción ventricular previa, isquemia grave y extensa, o a isquemia de un músculo papilar que ocasione insuficiencia mitral aguda. Los análisis hematológicos y bioquímicos suelen ser normales. Sin embargo, debe realizarse siempre un análisis global con el fin de diagnosticar FRC, descartar causas de angina secundaria (anemia, hipertiroidismo, etc.) y trastornos de la coagulación, y diagnosticar posibles comorbilidades con importante valor pronóstico, como DM e IRC. El ecocardiograma realizado fuera de los episodios de dolor suele ser normal en ausencia de patología previa. Durante el dolor puede mostrar signos de disfunción ventricular y la existencia de insuficiencia mitral. La evaluación de la FE y las zonas de hipocinesia tiene un gran valor pronóstico, por lo que el estudio ecocardiográfico debe realizarse en todos los pacientes. En la coronariografía, el 15% de los pacientes no tienen lesiones coronarias significativas. Esto puede deberse a error en el diagnóstico clínico inicial o por presentar un IM tipo II secundario a vasoespasmo coronario, disección coronaria, enfermedad microvascular o desequi- librio entre la oferta y la demanda de oxígeno. Entre los pacientes que presentan estenosis significativas, el número de vasos afectos y la gravedad de la estenosis son similares a los pacientes con angina estable crónica. Sin embargo, las características de las lesiones difieren y suelen ser, con mayor frecuencia, excéntricas, ulceradas y de bordes irregulares, signos indirectos de rotura de la placa con presencia de un trombo adyacente (fig. 54-7). Pronóstico y estratificación del riesgo El pronóstico de los pacientes con SCASEST es muy variable. Aproxi- madamente el 2%-5% de los pacientes fallecen durante el primer mes, y el 5%-15% padece otro IM. Durante el primer año la mortalidad puede alcanzar el 6%-15%. En comparación con los pacientes con SCACEST, los pacientes sin elevación del ST suelen ser de más edad, más a menudo mujeres, con superior prevalencia de DM y HTA y de otras comorbilidades. Además, con mayor frecuencia tienen antece- dentes de infarto previo y de revascularización coronaria. Aunque el tamaño del infarto y la mortalidad a los 30 días es inferior a la de los pacientes con SCACEST, la incidencia de reinfarto es mayor, por lo que, en conjunto, la incidencia de mortalidad o infarto al año es similar. La evaluación del riesgo debe realizarse de forma continua, desde su ingreso en urgencias, con el fin de orientar el tratamiento. Se consideran pacientes con riesgo elevado los que tienen angina prolongada (más de 20 min), dolor en reposo acompañado de descenso igual o mayor de 0,5 mm del segmento ST en el ECG o en los que la crisis anginosa cursa con signos de insuficiencia cardíaca o hipotensión. La edad superior a 75 años, la DM, la IRC, la disfunción ventricular previa, la recurrencia de las crisis a