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Cirugía ortopédica 
Michael H. Heggeness, Francis H. Gannon, Jacob
Wienberg, Peleg Ben-Galim y Charles A. Reitman
Una especialidad en crecimiento
Anatomía de huesos largos 
Anatomía articular 
Anatomía muscular 
Biomecánica básica 
Biomecánica del movimiento esquelético 
Lesiones óseas traumáticas
Reparación de fracturas 
Factores de crecimiento 
Tratamiento de fracturas y luxaciones
Fijación interna 
Fijación simple con tornillos
Fijación interna intramedular
Fracturas abiertas 
Síndrome de compartimiento 
Fracturas del calcáneo
Fracturas extraarticulares del calcáneo 
Fracturas del calcáneo que afectan
la articulación subastragalina 
Fracturas del astrágalo 
Fracturas del cuello del astrágalo 
Fracturas traumáticas del mediopié de los huesos del tarso 
Fracturas de los metatarsianos 
Fracturas del quinto metatarsiano 
Fracturas de las articulaciones metatarsofalángicas 
Fracturas del tobillo 
Anatomía del tobillo
Luxaciones del tobillo
Fracturas del maléolo lateral
Fracturas aisladas del maléolo lateral 
Fracturas bimaleolares 
Fractura del maléolo posterior 
Sindesmosis del tobillo 
Rotura aguda del tendón de Aquiles 
Fracturas tibiales intraarticulares: fracturas
del pilón tibial (epífisis distal de la tibia) 
Fracturas del cuerpo tibial 
Fracturas de la meseta tibial 
Luxación de la rodilla 
Luxación de la rótula 
Fracturas de la rótula 
Fracturas de la parte distal del fémur 
Fracturas del cuerpo femoral 
Fracturas de la cadera 
Clasificación de las fracturas de cadera
Fracturas del cuello femoral 
Fracturas intertrocantéricas de la cadera 
Fracturas subtrocantéricas y fracturas del cuerpo femoral 
Luxación de la cadera 
Traumatismo pélvico
Fracturas de la rama del pubis 
Fracturas del anillo pélvico 
Fracturas del hombro
Fracturas de la clavícula 
Fracturas de la parte distal de la clavícula 
Fracturas del omóplato 
Fracturas de la parte proximal del húmero 
Fracturas del cuerpo del húmero 
Fracturas de codo y antebrazo
Fracturas de la parte distal del húmero 
Fracturas del olécranon 
Fracturas de la cabeza del radio 
Fracturas del cuerpo del cúbito 
Fractura del cúbito y el radio (fractura de ambos
huesos del antebrazo) 
Fracturas de la parte proximal del cúbito
con luxación de la cabeza del radio
(fractura-luxación de Monteggia) 
Fracturas del cuerpo del radio con luxación radiocubital
(fractura de Galeazzi o fractura de Piedmont) 
Fracturas de muñeca y mano 
Infecciones musculoesqueléticas
Infecciones del hueso 
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Osteomielitis hematógena 
Osteomielitis focal 
Osteomielitis granulomatosa 
Artritis séptica 
Trastornos del pie y el tobillo
Anatomía ósea 
Valoración del paciente 
Exploración física
Estudios radiográficos
Trastornos degenerativos frecuentes del tobillo 
Tratamiento
Primer dedo rígido 
Deformidades de los dedos menores del pie 
Síndromes por atrapamiento nervioso 
Síndrome del túnel del tarso 
Artritis reumatoide del pie 
Síndrome doloroso del talón (fascitis plantar) 
Dolor en la parte posterior del talón 
Medicina del deporte
Anatomía de la rodilla 
Meniscos
Lesiones ligamentosas de la rodilla 
Lesión del ligamento cruzado anterior 
Hombro
Luxación e inestabilidad del hombro 
Síndrome subacromial 
Articulación acromioclavicular 
Columna vertebral
Traumatismo raquídeo 
Luxación occipitocervical 
Fracturas de C1 (fractura de Jefferson) 
Fracturas de C2 (fractura odontoidea) 
Fractura “del ahorcado” de C2 
Fractura por compresión de la columna cervical 
Fracturas con estallido de la columna cervical 
Luxación facetaria unilateral y bilateral 
Lesión “del paleador” 
Fracturas de las columnas torácica y lumbar
Lesión de la columna toracolumbar 
Fractura por compresión 
Fractura con estallido 
Lesiones por cinturón de seguridad
(lesiones de separación por flexión) 
Fracturas-luxaciones raquídeas 
Hernia de disco 
Estenosis raquídea 
Dolor de espalda y enfermedad degenerativa
de disco intervertebral 
Escoliosis
Escoliosis idiopática 
Escoliosis neuromuscular 
Patología y oncología ortopédicas
Introducción
Neoplasias óseas 
Enfermedades metastásicas 
Tratamiento de pacientes con sarcomas óseos 
Sarcomas metastásicos 
Quimioterapia en el tratamiento de sarcomas 
Tumores formadores de hueso:
osteoma osteoide (benigno) 
Osteoblastoma (benigno) 
Sarcoma osteógeno 
Osteosarcoma clásico (maligno) 
Tumores formadores de cartílago
Neoplasias formadoras de cartílago 
Lesiones benignas del cartílago 
Osteocondroma
Condroblastoma
Condrosarcomas
Lesiones fibrosas del hueso
Quistes óseos aneurismáticos 
Quiste óseo de una cavidad 
Displasia fibrosa (displasia fibroósea) 
Fibroma no osificante 
Lesiones vasculares del hueso
Hemangiomas óseos 
Tumores del tejido hemopoyético 
Mieloma solitario (plasmacitoma) 
Cordoma
Tumor óseo de células gigantes 
Sarcoma óseo de Ewing 
Exostosis subungueal 
Miositis osificante 
Enfermedad de Paget 
Fractura por esfuerzo 
Reconstrucción articular
Tratamiento quirúrgico de la artritis 
Inyección articular 
Sinovectomía
Osteotomía periarticular 
Fusión
Artroplastia (sustitución articular) 
Artroplastia total de la cadera 
Artroplastia total de la rodilla 
Complicaciones de la artroplastia total 
Corrosión, desgaste y osteólisis 
Cirugía ortopédica pediátrica
Lesiones durante el nacimiento que causan daño neurológico 
Parálisis del plexo braquial
Parálisis cerebral
Crecimiento esquelético 
Generalidades de las fracturas pediátricas 
Clasificación de lesiones en el cartílago de crecimiento 
Lesiones diafisarias en el paciente pediátrico 
Fracturas de la cadera pediátrica 
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UNA ESPECIALIDAD EN CRECIMIENTO
La cirugía ortopédica es una especialidad quirúrgica amplia y en creci-
miento activo. Se ocupa del tratamiento quirúrgico y no quirúrgico de 
trastornos del aparato locomotor, incluidos huesos, articulaciones, múscu-
los, tendones, ligamentos y nervios. El cirujano ortopédico debe estar fa-
miliarizado con el crecimiento y el desarrollo normales de dicho aparato, 
así como con los trastornos que pueden derivar de anomalías genéticas o 
del desarrollo, traumatismo, infección, procesos inflamatorios, padeci-
mientos degenerativos y neoplasias. En todos los pacientes, el cirujano 
ortopédico trabajará duro para encontrar soluciones no quirúrgicas para 
el problema del sujeto. Sin embargo, los tratamientos quirúrgicos a menu-
do son necesarios para conservar o restaurar la función musculoesqueléti-
ca, ayudar a la curación o paliar el dolor.
Anatomía de huesos largos
Gran parte de la práctica del cirujano ortopedista se refiere al tratamiento 
de los “huesos largos”. Por lo general, estos últimos están formados por las 
epífisis (la porción del hueso a ambos extremos que casi siempre tiene una 
superficie articular), metáfisis y diáfisis. La epífisis se forma a partir de un 
centro de osificación epifisaria en ambos extremos de la mayoría de los 
huesos largos, separada de la metáfisis del hueso largo por el cartílago de 
crecimiento (fig. 43-1). Después de la maduración esquelética, los extre-
mos de los huesos todavía se denominan como región epifisaria. La metá-
fisis de un hueso largo es la región inmediata al cartílago de crecimiento o 
su remanente. La metáfisis se reduce de manera gradual para convertirse 
en el cuerpo o diáfisis del hueso largo.
Los huesos largos presentan una o más superficies articulares cubiertas 
por cartílago hialino, una corteza gruesa duradera de hueso denso y una 
región interior de hueso trabecular y médula. Es importante saber que 
toda estructura ósea está sujeta al recambio, con resorción y formación de 
hueso nuevo; esto ocurre tanto en el hueso trabecular como en la corteza. 
Sinembargo, el recambio del hueso cortical es siete u ocho veces más len-
to que el del hueso trabecular (fig. 43-2). Otra actividad ósea importante, 
además de su función mecánica, es la regulación de la concentración san-
guínea de calcio. Además, la hemopoyesis ocurre en la médula.
Las células que sintetizan la matriz ósea (osteoide) son los osteoblastos. 
Todas las superficies del hueso están cubiertas por osteoblastos u osteoci-
tos. En el estudio histológico, los osteoblastos, activos en la síntesis ósea 
son grandes, con abundante citoplasma. Los osteoblastos quiescentes son 
delgados y “planos”.
Anatomía articular
Las articulaciones móviles se llaman articulaciones diartroideas. En ellas 
no hay contacto directo de un hueso con otro, sino que el soporte del peso 
y el movimiento se ejercen a través de superficies intercaladas de cartílago 
hialino (articular). La estabilidad de las articulaciones se obtiene por la 
acción musculoesquelética, limitada y guiada por la presencia de ligamen-
tos y de la cápsula articular misma. Esta última también sirve para conte-
ner al líquido sinovial lubricante, que brinda nutrición a los condrocitos 
en el cartílago articular, y facilita los movimientos de deslizamiento entre 
las dos superficies articulares.
Anatomía muscular
Por su peso, el músculo esquelético es el tejido individual más abundante 
del cuerpo. La estructura de dicho músculo se muestra en la figura 43-3. 
La contracción muscular se produce por movimientos deslizantes entre 
filamentos de actina y miosina impulsados por el trifosfato de adenosina 
de la molécula de miosina. Con una disposición precisa, las sarcómeras 
que contienen actina y miosina forman el aparato contráctil básico, la mio-
fibrilla. Muchas miofibrillas componen una fibra muscular y múltiples fi-
bras musculares conforman el fascículo. A su vez, varios fascículos consti-
tuyen un músculo.
Biomecánica básica
Para un cirujano ortopédico es indispensable comprender la biomecánica 
básica. En general, el hueso se considera una estructura rígida bastante 
estática, pero éste es un malentendido. No sólo las células y la matriz del 
hueso están sometidas a un recambio regular, sino que el hueso mismo se 
flexiona y dobla en un grado sorprendente en situaciones normales.
Fracturas de la región intertrocantérica
de la cadera pediátrica 
Fracturas del cuerpo femoral 
Fracturas del tobillo pediátrico 
Fracturas del codo pediátrico 
Enfermedad del desarrollo en niños
Displasia de la cadera durante el desarrollo 
Tratamiento de la displasia de la cadera
durante el desarrollo 
Enfermedad de Legg-Calvé-Perthes 
Deslizamiento de epífisis de la cabeza femoral 
Anomalías por rotación en la extremidad inferior 
Pie equino varo congénito 
Enfermedad de Osgood-Schlatter 
Futuro de la cirugía ortopédica 
Centro de osificación secundario
Epífisis
Metáfisis
Diáfisis
Figura 43-1. Los huesos largos tienen tres secciones. El extremo es la 
epífisis o centro de osificación secundaria; el área adyacente es la 
metáfisis, y la porción media del hueso es la diáfisis. La metáfisis es más 
ancha que la diáfisis, tiene corteza delgada y está formada sobre todo por 
hueso esponjoso.
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Cavidad de la
médula ósea
Hueso
laminar
Lagunas
de Howship
Periostio
Conducto de Havers
(osteonas)
Resorción
osteoclástica
Cono
cortante
Superficie
endóstica
Hueso
trabecular
Cavidad
de resorción
Conducto
de Volkmann
Z 
H A
Fascículo
Fibra
Banda I
Banda I
Banda A
Miofibrilla
Z 
M
Línea Z
Línea Z
Zona HLínea M
1. La valoración de cualquier sujeto con una molestia o lesión 
musculoesquelética debe contener una anamnesis y una ex-
ploración física cuidadosas que incluyan valoraciones ósea, 
neurológica, vascular y muscular.
2. Las fracturas a menudo implican lesión considerable al tejido 
blando, además del hueso.
3. Las fracturas abiertas (fracturas en las cuales el hematoma de 
la misma se extiende a una herida en la piel) requieren irriga-
ción y desbridamiento quirúrgicos urgentes.
4. La mayoría de las fracturas puede tratarse sin intervención qui-
rúrgica, con un aparato de yeso o abrazadera.
5. Las lesiones ortopédicas en pacientes pediátricos se tratan de 
manera distinta a las de los adultos. Es frecuente la lesión en el 
cartílago de crecimiento (fisis) y amerita tratamiento especial. 
La lesión ósea en individuos jóvenes cura con tanta rapidez 
que son cruciales el tratamiento expedito y el seguimiento 
constante.
PUNTOS CLAVE
Figura 43-2. Organización celular y 
estructural del hueso.
Figura 43-3. Organización del músculo esquelético 
desde el nivel microscópico al macroestructural. (Con 
autorización de Simon SR [ed]: Orthopaedic Basic 
Science. Rosemont IL: American Academy of Orthopaedic 
Surgeons, 1994, p 91.)
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Los ingenieros en biomecánica utilizan los términos tensión y deforma-
ción para describir las propiedades materiales del hueso, del tejido y de 
otros implantes ortopédicos. La palabra tensión se refiere a la fuerza ejerci-
da por unidad de área. La palabra deformación se usa para definir la alte-
ración de un material cuando se somete a tensión. Las propiedades mecá-
nicas de la mayoría de los materiales pueden presentarse en una curva de 
tensión-deformación. La rigidez de un material se expresa por la pendien-
te de dicha curva. La deformación en un hueso u otro material casi siem-
pre es elástica (o reversible por completo) cuando se ejercen grados bajos 
de tensión. Cuando la fuerza aplicada causa cambios irreversibles al mate-
rial, se dice que hay deformación plástica o falla mecánica (fractura).
Los comportamientos mecánicos de una sustancia pueden cambiar 
mucho por la presencia de anomalías focales en el material. Por ejemplo, 
un hueso se romperá con mucha mayor facilidad en o cerca de una altera-
ción pequeña en el hueso. Esto se debe a la concentración de fuerzas de 
tensión en esta área, llamada elevadora de tensión. Esto puede ocurrir en el 
sitio de una lesión destructiva, como un tumor, o más importante, tal vez 
sea resultado de una intervención quirúrgica con la creación de agujeros 
para tornillos (fig. 43-4).
Biomecánica del movimiento esquelético
Las articulaciones se mueven por la acción de músculos sobre el hueso a 
través de sus inserciones tendinosas. El efecto de la contracción de un 
músculo depende de su origen e inserción, así como de las limitaciones y 
la geometría de la(s) articulación(es) interpuesta(s). El efecto de la mayo-
ría de los músculos casi siempre puede visualizarse como un brazo de pa-
lanca. La cantidad de fuerza necesaria para mover un objeto depende mu-
cho de la longitud del brazo de la palanca (fig. 43-5). La contracción de 
una unidad muscular con un brazo de palanca corto genera una aplicación 
de fuerza intensa, casi siempre a baja velocidad. Una palanca de brazo más 
larga disminuye la cantidad de fuerza efectiva que puede ejercerse, pero 
origina un movimiento muy rápido. Por tanto, debido a los brazos de pa-
lanca presentes en codo y hombro, se puede mover la mano y lanzar un 
objeto a una velocidad muchas veces mayor que la velocidad máxima de 
contracción muscular.
LESIONES ÓSEAS TRAUMÁTICAS
Reparación de fracturas
Los fenómenos biológicos e histológicos en la reparación de fracturas pue-
den dividirse en tres etapas generales. La duración y la clasificación de 
cada etapa varían según edad, salud general y otros factores. Además, estas 
fases pueden superponerse, ya que no hay características definitivas que 
sugieran la progresión de una a otra. Las tres etapas son: a) circulatoria, 
que incluye el cierre de cualquier herida y formación del callo primario; b) 
metabólica, en la cual el callo primario se refuerza y conducea la unión 
clínica, y c) mecánica, donde el hueso unido se remodela a lo largo de las 
líneas de tensión.
Cuando ocurre una fractura, también se dañan el músculo, los vasos y 
otros tejidos blandos circundantes. En los primeros tres a cinco días, hay 
una respuesta celular prominente, con presencia de células inflamatorias y 
células mesenquimatosas indiferenciadas.
Los fenómenos biológicos que conducen a la curación de las fracturas 
son complejos y hasta ahora no se comprenden del todo. La mayoría de las 
fracturas cicatriza mediante la formación de un callo. En algunos casos 
inusuales, cuando los fragmentos fracturados están en contacto estrecho, 
la curación del hueso implica la penetración directa de osteona a través del 
sitio de fractura, un proceso llamado cicatrización ósea primaria. En la 
cicatrización normal de fracturas en huesos largos, se describen cuatro 
etapas en la evolución clínica: inflamación, callo blando, callo duro y re-
modelación ósea.
Estas células mesenquimatosas constituyen la marca distintiva de la 
etapa circulatoria de la reparación de la fractura y dan lugar a la aparición 
de células condrocíticas, osteoblásticas y vasculares. Estos componentes 
forman la estructura del callo primario. El hematoma es invadido desde la 
periferia por tejido de granulación que se agrega y ayuda a la formación 
del callo.
La fase celular va seguida de la fase vascular. El hematoma se sustituyó 
poco a poco por un lecho celular y vascular. Con esto, se genera una hiper-
emia pasiva y un decremento en la presión de oxígeno, que conducen a la 
formación de cartílago. Mientras esto ocurre, se observa una respuesta os-
teoclástica para retirar el hueso dañado y dejar espacio para el hueso re-
cién formado. Cuando la formación de cartílago es suficiente y con la osi-
ficación endocondral subsiguiente, se forma el callo primario. También 
hay cambios en el periostio adyacente a la fractura. Las células periósticas 
adyacentes a esta última se activan y generan una matriz que eleva el pe-
riostio y se agrega al callo primario. Esto termina con la fase circulatoria.
La principal actividad de la segunda etapa es el reforzamiento del callo. 
El callo inicial se remodela mediante la eliminación y la sustitución del 
hueso entretejido por un hueso laminar más maduro. El hueso laminar 
brinda la fuerza y el soporte en esta etapa. Para este momento ya desapa-
recieron los detritos necróticos y la inflamación, y el callo está definido 
sobre todo por la formación y la remodelación ósea.
La fase metabólica conduce a la etapa mecánica, con remodelación y 
alineación del hueso y el callo a lo largo de las líneas de tensión. Este pro-
ceso continúa y dura hasta dos años, según varios factores.
Todas estas fuerzas
se concentran en el
borde del orificio, lo
cual produce un
“elevador de tensión”
Figura 43-4. Un elevador de tensión es un orificio o anomalía en un 
material que concentra fuerzas. Esto aumenta el riesgo de que el material 
falle en circunstancias que, sin el elevador de fuerza, no conducirían a 
falla del material.
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Brazo de palanca
B × fuerza del bíceps = A × 5 libras (2.5 kg)
A
B
Figura 43-5. El músculo bíceps con su inserción en la tuberosidad 
bicipital del radio tiene un brazo de palanca más corto en comparación 
con la longitud del antebrazo, que es el brazo de palanca para el peso 
que sostiene la mano. La fuerza del bíceps debe ser mucho mayor al 
peso del objeto por la diferencia entre la longitud de ambos brazos.
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Conforme continúa este proceso, se forma una corteza definida con 
una estructura laminar de Havers. El área cicatrizada de la fractura tam-
bién tiene un interior esponjoso con contenido medular normal que inclu-
ye grasa y elementos hemopoyéticos.
En una etapa temprana del proceso de cicatrización, el cartílago sinte-
tizado al principio por los condrocitos dentro del callo se refleja por la 
cantidad considerable de sulfato de condroitina y sulfato de dermatán, así 
como cartílago tipo II. Conforme continúa la cicatrización, predomina la 
síntesis de colágena tipo I sobre los demás tipos y la cantidad de proteínas 
de la matriz colágena también disminuye.
Factores de crecimiento
Desde la descripción original de las proteínas morfógenas de Marshall 
Urist en 1974, ya se identificó la existencia de varias proteínas pequeñas y 
factores de crecimiento polipeptídicos. Hoy en día, tales factores se en-
cuentran en estudio intensivo por su posible aplicación a la manipulación 
del proceso de cicatrización ósea. Es probable que las funciones biológicas 
normales de estas proteínas controlen y regulen la formación y la resor-
ción de hueso. La proteína morfógena ósea es una proteína de bajo peso 
molecular que puede influir en la diferenciación de células mesenquima-
tosas en osteoblastos maduros.
Otros factores proteínicos que intervienen en la cicatrización de frac-
turas abarcan factor de crecimiento parecido a la insulina, factor transfor-
mador de crecimiento β y factor de crecimiento derivado de las plaquetas 
(PDGF, platelet-derived growth factor). El factor de crecimiento parecido a 
la insulina estimula la proliferación de células óseas y la producción de 
cartílago. El factor transformador de crecimiento β induce la síntesis 
de cartílago, proteoglucanos y colágena tipo II. El PDGF estimula la proli-
feración de osteoblastos y aumenta la velocidad de síntesis de colágena 
tipo I. El PDGF también tiene actividad conocida como agente quimiotác-
tico e induce la migración de células inflamatorias al callo. Este proceso es 
diferente al que ocurre en la cicatrización ósea primaria en los huesos lar-
gos, con la extensión de conos cortantes en las áreas de contacto óseo fir-
me, con extensión de los conductos de Havers nuevos que abarcan las dos 
superficies opuestas. Los osteoclastos al frente de dicho cono cortante re-
absorben los conductos cilíndricos del hueso que luego se llenan con capas 
concéntricas de hueso laminar y un conducto vascular central.
TRATAMIENTO DE FRACTURAS Y LUXACIONES
La mayoría de las fracturas se trata de manera no quirúrgica. El tratamien-
to óptimo depende de muchos factores, incluidos la localización y el tipo 
de fractura. En algunos casos (como una fractura con desplazamiento mí-
nimo de la falange intermedia en uno de los dedos menores del pie), no se 
requieren más medidas terapéuticas que el alivio del dolor (fig. 43-6). En 
la mayoría de las demás fracturas, el tratamiento de elección es alguna 
modalidad de inmovilización, lo cual podría ser desde un simple cabestri-
llo (como en la fractura de la parte media de la clavícula), hasta una férula 
o abrazadera de mayor espesor. Cuando se desea la inmovilización más 
completa, con frecuencia lo idóneo es un aparato de yeso o fibra de vidrio 
circunferencial.
A menudo se subestiman los aspectos técnicos de la creación de un 
aparato de yeso. Un aparato de yeso apropiado se construye con cuidado 
para inmovilizar el hueso fracturado y evitar las complicaciones de la pér-
dida de reducción, alteración neurovascular, ulceración cutánea por pre-
sión o la aparición de contracturas articulares. Por lo general, las fracturas 
no desplazadas se tratan con un aparato de yeso simple. En caso que la 
fractura tenga un desplazamiento inaceptable, la reducción cerrada (con 
aplicación de fuerza por presión directa, tracción u otras maniobras) para 
realinear los huesos precede a la aplicación del aparato de yeso. Muchas 
veces esto necesita anestesia local, regional o sistémica. Para formar el apa-
rato de yeso, con frecuencia la extremidad afectada se cubre primero con 
una manga o calcetín de tela, aunque no siempre esto es así. Un paso cru-
cial es que después la extremidad se envuelve con una cantidad generosa 
de guata. Las personas inexpertas en la colocación de aparatos de yeso casi 
siempre aplican muy pocaguata para amortiguar. El acojinamiento insufi-
ciente, en especial sobre prominencias óseas, permite la erosión cutánea 
dentro del aparato de yeso, una complicación que puede ser devastadora.
Después de colocar el acojinamiento adecuado, la extremidad se enro-
lla con suavidad con el yeso o fibra de vidrio. El material se aplica mojado 
y genera cierto calor durante el endurecimiento. En ocasiones, esta reac-
ción exotérmica se subestima. Tal vez los individuos sufran quemaduras 
durante la aplicación de aparatos de yeso o férulas de gran espesor. Se re-
quieren varios minutos y, por esta razón, se aplican en capas mientras se 
mantiene la reducción de la fractura. El proceso puede ser cansado y de-
mandante desde el punto de vista técnico.
Una alternativa al aparato de yeso es una cinta adhesiva de fibra de vi-
drio. Ésta es mejor que el yeso desde el punto de vista de su proporción 
entre fuerza y peso, y ya casi sustituyó al yeso en muchas aplicaciones. Sin 
embargo, la cinta adhesiva de fibra de vidrio es un poco elástica y genera 
un riesgo potencial adicional de que el aparato esté demasiado ajustado, lo 
cual produce compresión excesiva de la extremidad.
Por último, la inflamación de la extremidad lesionada debajo del apa-
rato de yeso quizá sea un problema de importancia y peligroso. En muchas 
fracturas con desplazamiento mínimo, es segura la aplicación inmediata 
de un aparato de yeso o fibra de vidrio circunferencial. Para muchas otras 
lesiones, el aparato de yeso se utiliza 24 a 72 h después de la lesión por la 
Figura 43-6. Tipos de fractura. Arriba: segmentaria, conminuta y espiral. 
Abajo: oblicua y transversal.
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posibilidad de inflamación continua debajo de dicho aparato, lo cual muy 
a menudo origina alteraciones cutáneas o afección neurovascular.
Por lo general, la aplicación del aparato de yeso, sobre todo si la colo-
cación implica maniobras de reducción, van seguidas de una radiografía 
inmediata posterior al procedimiento para verificar la alineación satisfac-
toria de los fragmentos de fractura. También se acostumbra repetir las 
imágenes a través del aparato de yeso para asegurar que éste mantenga con 
buenos resultados la reducción correcta.
Fijación interna
La fijación interna se refiere a cualquier dispositivo colocado por medios 
quirúrgicos para conservar los huesos en posición. Puede tratarse de sutu-
ras, alambres y tornillos, placas, barras o clavos. Sin embargo, los princi-
pios generales de la fijación interna se detallan más adelante en las seccio-
nes Fijación simple con tornillos y Fijación interna intramedular.
Fijación simple con tornillos
Muchas veces es eficaz la fijación simple de dos fragmentos con tornillos 
individuales. Muchas veces se subestima el desafío técnico de la fijación 
con tornillos. El cirujano debe elegir un tornillo del tamaño apropiado y 
colocarlo de manera correcta, con buen aprovechamiento de hueso. Se 
cuenta con diseños de tornillos óseos para resolver problemas específicos 
en la fijación de fracturas. Un tornillo cortical es el que tiene un diámetro 
interno menor y rosca poco profunda. Este tornillo está diseñado para 
tener una fuerza de rotura elevada en todo su diámetro y los giros de la 
rosca están elaborados para sujetar el hueso cortical. El aprovechamiento 
de un tornillo poco profundo en el hueso cortical puede ser excelente.
Los tornillos para hueso esponjoso tienen un patrón de rosca más pro-
fundo y menor diámetro en el cuerpo. Están diseñados para conseguir la 
fijación en el hueso esponjoso menos denso. Con frecuencia se utilizan 
también los tornillos tirafondo; sólo tienen rosca en la porción distal del 
tornillo, y penetran un fragmento de hueso sin fijarse con rosca. Cuando 
la porción con rosca del tornillo alcanza un segundo fragmento de fractu-
ra, el giro de la cabeza del tornillo para ajustarlo contra la corteza del pri-
mer fragmento óseo tira del fragmento distal hacia la cabeza del tornillo. 
El resultado es la compresión de los huesos fracturados.
Fijación interna intramedular
Las fracturas del cuerpo de los huesos largos a menudo se tratan con ba-
rras intramedulares o clavos. Se introduce una barra metálica en el con-
ducto medular para obtener un ajuste firme y seguro que inmovilice la 
fractura. Muchas veces, como ocurre en el fémur, el conducto medular es 
escariado de manera secuencial sobre un alambre guía para hacer posible 
la inserción de una barra fuerte. Con frecuencia, la marra se estabiliza 
además con la colocación de “tornillos cruzados” que atraviesan la corteza 
ósea y pasan por agujeros apropiados en la barra, ya sea en su extremo 
distal, proximal o ambos.
Fracturas abiertas
Por fortuna, las fracturas óseas casi nunca ocurren con penetración de la 
piel. Cuando se produce una fractura y el hematoma de ésta no se halla en 
continuidad con una herida en la piel, se dice que la fractura es cerrada. 
Este hematoma de la fractura puede adquirir una infección secundaria, 
pero esto es infrecuente.
Se presenta un trastorno más grave cuando el hematoma de la fractura 
se comunica con una herida en la piel. Estas lesiones se llaman fracturas 
abiertas. Los extremos fracturados del hueso a menudo pasan por la piel al 
momento de la lesión, muchas veces con lesiones pequeñas engañosas. El 
traumatismo penetrante también puede generar fracturas abiertas y debe 
asumirse que hay contaminación bacteriana en estos casos. Todas estas 
lesiones conllevan un riesgo grave de infección y osteomielitis.
Salvo en circunstancias inusuales, la totalidad de las fracturas abiertas 
se tratan al principio con irrigación formal y desbridamiento en el quiró-
fano.1 Según las circunstancias de cada lesión individual, el desbridamien-
to inicial puede ir seguido de inmovilización simple o fijación externa 
(con la práctica del tratamiento quirúrgico definitivo en fecha ulterior), o 
fijación interna definitiva. En las lesiones graves, con daño extenso a los 
tejidos blandos, el tratamiento de la fractura casi siempre se lleva a cabo 
por etapas.2 Sin embargo, hay que subrayar que el desbridamiento urgente 
de las fracturas abiertas es un paso crucial en el tratamiento de estos pa-
cientes.
Síndrome de compartimiento
Un síndrome de compartimiento describe una situación en la cual el ede-
ma en el compartimiento del tejido muscular constreñido por la aponeu-
rosis muscular que lo rodea, incrementa la presión dentro del comparti-
miento lo suficiente para detener el flujo sanguíneo en los vasos pequeños. 
Surgen anomalías graves cuando la presión en el compartimiento alcanza 
o rebasa a la presión de perfusión en el lecho capilar. En esta situación, la 
perfusión del músculo se reduce y esto genera necrosis muscular. El diag-
nóstico del síndrome de compartimiento es clínico, se basa en la queja de 
dolor local desproporcionado a la lesión aparente, además de dolor con el 
estiramiento pasivo de los músculos afectados. Este trastorno puede surgir 
luego de un periodo de isquemia, ulterior a un traumatismo contuso local 
y, muchas veces, en presencia de una fractura aguda. La medición de la 
presión en el compartimiento con alguno de los diversos dispositivos dis-
ponibles en el mercado, implica la inserción de una aguja en el comparti-
miento muscular en cuestión para cuantificar la presión. La mera medi-
ción de la presión no es confiable para confirmar o descartar de manera 
categórica el diagnóstico, pero constituye una herramienta útil coadyu-
vante a la valoración clínica, con valor particular en sujetos obnubilados o 
inconscientes. Las presiones mayores o menores de 30 mmHg de la pre-
sión sanguínea diastólica son congruentes, pero no diagnósticas, del sín-
drome de compartimiento. El diagnóstico es clínico. El tratamiento de 
dicho síndrome siempre es quirúrgico e incluye incisiones extensas en la 
piel y liberación aponeuróticade todos los compartimientos musculares 
sospechosos.
El síndrome de compartimiento no tratado suele causar necrosis de los 
músculos afectados, con contractura ulterior y pérdida grave de la función 
de la extremidad afectada.
FRACTURAS DEL CALCÁNEO
Las fracturas del calcáneo son frecuentes y a menudo se relacionan con 
caídas de cierta altura. Al valorar a los individuos con una fractura del 
calcáneo, el ortopedista siempre debe considerar una posible fractura ra-
quídea concurrente, ya que estas lesiones con frecuencia ocurren juntas 
(fig. 43-7).
Las fracturas del calcáneo pueden ser extraarticulares. Lo más habitual 
es que afecten la articulación subastragalina o las articulaciones calca-
neocuboidea y a veces la calcaneonavicular. A menudo se necesita una 
tomografía computadorizada (CT, computed tomography) además de las 
radiografías simples para documentar la extensión completa de la lesión 
en una fractura del calcáneo.
Fracturas extraarticulares del calcáneo
La fractura del tercio posterior del calcáneo sin afectación articular puede 
producirse por caídas o lesiones por aplastamiento. Otras fracturas ex-
traarticulares del calcáneo corresponden a las lesiones por arrancamiento 
en el área de inserción del tendón de Aquiles. En tales casos, el criterio 
clínico y la experiencia son importantes pero, en general, si los fragmentos 
son grandes y están desplazados, hay que considerar la fijación interna con 
tornillos (fig. 43-8). Esta última en el calcáneo quizá resulte un desafío 
técnico, ya que por desgracia la corteza de este hueso es sorprendentemen-
te delgada y con frecuencia el hueso trabecular es muy poroso.
Fracturas del calcáneo que afectan
la articulación subastragalina
Por lo regular, es mejor valorar las fracturas del calcáneo que afectan la 
articulación subastragalina con CT además de las imágenes radiográficas. 
El tratamiento óptimo para las fracturas desplazadas del calcáneo que 
afectan la articulación subastragalina casi siempre consiste en la reduc-
ción abierta con fijación interna con tornillos y dispositivos de placa y 
tornillo.
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Fracturas del astrágalo
Éstas muchas veces son resultado de la flexión dorsal forzada del pie y el 
tobillo. Como con la mayoría de las fracturas de los huesos del tarso, la va-
loración completa de la lesión a menudo requiere CT y proyecciones radio-
gráficas. La superficie del astrágalo está cubierta por grandes áreas de car-
tílago articular desde la articulación tibioastragalina hasta la articulación 
entre astrágalo y calcáneo (articulación subastragalina) y las articulaciones 
astragalonaviculares. Por ende, el riego sanguíneo de este hueso es un poco 
tenue. Por consiguiente, muchas fracturas del astrágalo se complican por 
necrosis vascular. El principal riego vascular al hueso del cuello astragalino 
está dado por las ramas de la arteria dorsal del pie y la peronea. Las arterias 
del conducto del tarso son la fuente principal de sangre para el cuerpo del 
astrágalo. Por tanto, las fracturas desplazadas de este hueso conllevan un 
riesgo muy alto de necrosis avascular. La necrosis ósea avascular también 
puede surgir en fracturas no desplazadas. Casi siempre las fracturas no des-
plazadas del cuerpo del astrágalo se tratan sin intervención quirúrgica, con 
abrazadera o aparato de yeso. Las fracturas desplazadas del cuerpo astraga-
lino casi siempre se controlan con reducción abierta y fijación interna.
Fracturas del cuello del astrágalo
Las fracturas del cuello del astrágalo también pueden atenderse sin inter-
vención quirúrgica, con aparato de yeso o abrazadera y ausencia estricta 
del soporte de peso. Las fracturas no desplazadas del cuello del astrágalo 
conllevan una incidencia cercana a 14% de necrosis vascular. Las fracturas 
desplazadas del cuello astragalino siempre se tratan con reducción abierta 
cuidadosa seguida de fijación interna.3 Las tasas publicadas de necrosis 
avascular para estas fracturas varían entre 30 y 100%.
Fracturas traumáticas del mediopié
de los huesos del tarso
Los huesos del tarso (navicular, cuboideo y los tres cuneiformes) vinculan 
el retropié con los metatarsianos. La disposición precisa de estos huesos 
brinda estabilidad mecánica al arco del pie. Sin embargo, las grandes su-
perficies articulares de estos huesos también hacen que la necrosis avascu-
lar sea una complicación potencial de cualquier fractura. Las fracturas 
aisladas de los huesos del tarso son infrecuentes. La fuerza necesaria para 
romper estos huesos casi siempre es muy alta. Estas lesiones se relacionan 
con traumatismo a estructuras adyacentes y a menudo incluyen luxacio-
nes de las articulaciones tarsometatarsianas. La articulación entre los hue-
sos del tarso y los del metatarso se conoce como articulación de Lisfranc. 
Por lo regular, la fractura-luxación de esta región del pie resulta de grandes 
fuerzas de torsión aplicadas al pie cuando éste se mantiene en dorsiflexión. 
Tales luxaciones pueden relacionarse con múltiples fracturas y pueden 
afectar cualquier número de metatarsianos. Las luxaciones desplazadas en 
cualquiera de estas articulaciones casi siempre se tratan de manera quirúr-
gica con fijación interna (fig. 43-9).
Fracturas de los metatarsianos
La fractura de la base de los metatarsianos tal vez se presente por mecanis-
mos similares a los de la fractura-luxación de Lisfranc, pero no se acompa-
Figura 43-8. Imágenes 
radiográficas de una fractura 
intraarticular conminuta del 
calcáneo, antes y después de la 
reducción abierta y la fijación 
interna.
Figura 43-7. Múltiples encondromas en la mano.
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ñan de deformidades articulares de importancia. Por lo general, pueden 
tratarse con éxito con la inmovilización simple. Las fracturas distales del 
cuerpo de los metatarsianos, sobre todo del primero, con frecuencia se 
someten a fijación interna para asegurar la alineación correcta de la por-
ción de estos huesos que soporta el peso.
Fracturas del quinto metatarsiano
Este tipo de fracturas requieren un análisis especial. Es habitual que la 
fractura muy proximal de la tuberosidad posterolateral del quinto meta-
tarsiano se origine de un mecanismo por arrancamiento. Estas fracturas 
no atraviesan el cuerpo metatarsiano y el tratamiento con inmovilización 
simple genera buenos resultados. Sin embargo, las fracturas un poco más 
distales en el metatarso proximal necesitan seguimiento constante porque 
a menudo se producen uniones anómalas o a veces requieren fijación in-
terna.
Fracturas de las articulaciones metatarsofalángicas
Estas fracturas son frecuentes, por lo regular resultado de traumatismo 
directo. Las lesiones en las articulaciones metatarsofalángicas y de la falan-
ge proximal muchas veces se tratan con “unión al compañero” del dedo 
afectado con un dedo vecino sano. A menudo es mejor tratar las lesiones 
de la primera articulación matatarsofalángica con un zapato de suela rígi-
da. Las lesiones en la primera articulación metatarsofalángica que impli-
can lesión de las superficies articulares en ocasiones son objeto de reduc-
ción abierta y fijación interna.
Fracturas del tobillo
Éstas son muy frecuentes, siempre son intraarticulares. Como la articula-
ción del tobillo es una de las principales articulaciones que soporta peso 
sometida a grandes cargas rotatorias, la reconstrucción precisa de la ar-
ticulación constituye una gran prioridad.4
Anatomía del tobillo
La articulación del tobillo está compuesta por el astrágalo, la tibia y el pe-
roné. En situaciones normales, el astrágalo se articula justo debajo de la 
parte distal de la tibia y está restringido en su parte medial por el contra-
fuerte que brinda el maléolo medial. En la parte lateral, el astrágalo estálimitado por la superficie articular del peroné que, en alineación precisa 
con la parte distal de la tibia, permite la flexión y la extensión del tobillo. 
La estabilidad ligamentosa de la parte medial del tobillo depende del liga-
mento “deltoides” que se inserta en el maléolo medial de la tibia y en el 
Figura 43-9. Imágenes radiográficas de un 
paciente con fractura-luxación de las 
articulaciones tarsometatarsianas del pie, 
antes y después de la reducción y la fijación 
interna.
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astrágalo. La estabilidad de la articulación astragaloperonea se obtiene con 
el ligamento astragaloperoneo anterior (sitio frecuente de esguinces del 
tobillo), el ligamento calcaneoperoneo y los ligamentos astragaloperoneos 
posteriores.
Luxaciones del tobillo
Las luxaciones del tobillo son frecuentes. Por lo general, se presentan com-
binadas con fracturas considerables de la tibia o el peroné. Una lesión mu-
cho más inusual sería una lesión ligamentosa pura que permitiera la luxa-
ción anterior o posterior.
Con o sin fractura relacionada, una luxación de la articulación del tobi-
llo pone en riesgo el riego sanguíneo del pie y requiere una valoración neu-
rovascular pronta. Ya sea que se identifique o no una alteración neurológi-
ca aguda o afectación vascular, ha de llevarse a cabo la corrección de la 
posición del astrágalo debajo de la tibia lo más pronto posible. Una articu-
lación del tobillo que permanece luxada pone al paciente en riesgo de de-
sarrollar una lesión neurovascular y posible síndrome de compartimiento.
La luxación del tobillo sin fractura relacionada puede tratarse con in-
tervención quirúrgica (por medio de reparación primaria de los principa-
les ligamentos estabilizadores) o de manera conservadora, con inmoviliza-
ción según se determine en la exploración física, los estudios de imagen y 
la estabilidad demostrada del astrágalo debajo de la tibia ulterior a la re-
ducción.
Fracturas del maléolo lateral
Una fractura aislada de la parte distal del peroné, con frecuencia denomi-
nada fractura del maléolo lateral, debe reducirse siempre que sea posible. 
Muchas veces esto es susceptible de lograrse con reducción cerrada y apa-
rato de yeso cuando las condiciones lo hacen factible (figs. 43-10 y 43-11).
Si las maniobras de reducción cerrada no consiguen la restauración 
anatómica o casi anatómica del tobillo, está indicada la reducción abierta 
precisa con fijación interna. Incluso una alteración de tan sólo 1 mm en la 
posición del maléolo lateral puede originar desviación lateral del astrágalo 
con disminución de la superficie de contacto entre la tibia y el astrágalo de 
casi 50%, lo cual acelera mucho la artritis degenerativa. Los fragmentos de 
fractura se alinean con exactitud y se fijan en su sitio, casi siempre con un 
dispositivo de placa y tornillo. Con la reducción precisa y la fijación inter-
na, puede obtenerse una función excelente.
Fracturas aisladas del maléolo lateral
En la mayoría de los casos, una fractura aislada del maléolo lateral se pro-
duce por arrancamiento del maléolo. Si la fractura no se desplaza o si pue-
de reducirse de manera anatómica con técnicas cerradas, un aparato de 
yeso o una abrazadera tal vez sea un tratamiento adecuado y suficiente. 
Por lo regular, las medidas quirúrgicas asiladas del maléolo lateral consis-
ten en exposición de los huesos a través de un acceso medial, alineación 
anatómica precisa y fijación con tornillos insertados en sentido proximal 
a distal. Por lo general, el tratamiento posoperatorio incluye aparato de 
yeso o abrazadera.
Fracturas bimaleolares
La fractura bimaleolar es una lesión que incluye fractura de la parte distal 
del peroné y de la tibia. Estas lesiones a menudo se acompañan de subluxa-
ción considerable, incluso luxación completa de la articulación tibioastra-
galina. Está indicada la reducción pronta de la luxación. Casi todas estas 
fracturas se tratan con intervención quirúrgica para permitir la mejor re-
alineación de los fragmentos de fractura y de la anatomía articular.5
Fractura del maléolo posterior
La parte posterior distal de la tibia (tercio posterior de la superficie articu-
lar tibioastragalina) con frecuencia se denomina maléolo posterior. Las 
fracturas aisladas de este último son inusuales, pero las fracturas de esta 
superficie que soporta peso en la articulación tibioastragalina son frecuen-
tes en sujetos con fracturas de ambos maléolos. Esta lesión puede llamarse 
Figura 43-10. Radiografía anteroposterior de un paciente con fractura 
bimaleolar.
Figura 43-11. Radiografía anteroposterior de un paciente que fue 
objeto de reducción abierta y fijación interna de la fractura bimaleolar del 
tobillo.
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fractura trimaleolar. Si la fractura afecta más de un tercio de la articulación 
tibioastragalina o si hay desplazamiento considerable, está indicada la fija-
ción interna de este fragmento de fractura maleolar posterior.
Sindesmosis del tobillo
Es importante la alineación exacta de la tibia y el peroné para la función de 
la articulación del tobillo. Una inserción ligamentosa robusta entre los dos 
huesos, la sindesmosis del tobillo, conforma un estabilizador importante 
para el tobillo y casi siempre se extiende al menos 4 cm por arriba de la 
articulación. Con mucha frecuencia, las lesiones de la articulación tibioas-
tragalina también afectan la sindesmosis, lo cual origina separación o en-
sanchamiento de la tibia y el peroné. Por lo general, estas lesiones se tratan 
con un “tornillo sindesmótico” que se inserta de lateral a medial y fija tan-
to la tibia como el peroné. Muchas veces la curación de los ligamentos es 
más lenta que la ósea, por lo cual estos tornillos suelen dejarse durante 
ocho a 12 semanas. Con frecuencia se realiza la extracción electiva del 
tornillo después de este periodo, pero la consecuencia de dejarlo más de 
tres meses es la rotura del mismo. La posible morbilidad causada por el 
tornillo roto en esta área es mínima.
Rotura aguda del tendón de Aquiles
La acción del complejo muscular de gastrocnemio y sóleo sobre el calcá-
neo mediante el tendón de Aquiles puede generar fuerzas muy intensas, 
sobre todo con actividades deportivas que implican saltos o cambios rápi-
dos de dirección durante la carrera. El tendón de Aquiles es susceptible de 
romperse.6 Esto se manifiesta por debilidad para la flexión plantar. El in-
dividuo a menudo nota un “pop” audible al momento de la lesión. Muchas 
veces se lleva a cabo la reconstrucción abierta del tendón, a menudo con 
material de aumento (tendón cadavérico o tendón plantar autólogo). Sin 
embargo, la reconstrucción quirúrgica de este tendón tiene una tasa im-
portante y problemática de complicaciones de la herida, como infección 
local o necrosis cutánea. Por consiguiente, muchos médicos tratan esta 
lesión sin intervención quirúrgica, sino sólo con aparato de yeso o abraza-
dera. Ambas estrategias son razonables.
Fracturas tibiales intraarticulares: fracturas
del pilón tibial (epífisis distal de la tibia)
Las fracturas de alta energía de la parte distal de la tibia y el peroné que 
afectan tanto el cuerpo de la tibia como la superficie que soporta el peso se 
llaman fracturas tibiales intraarticulares o, más a menudo, fracturas del pi-
lón. Por la naturaleza subcutánea de estas fracturas de alta energía, las 
complicaciones cutáneas, los síndromes de compartimiento, los proble-
mas para la cicatrización de heridas y la falta de unión muchas veces com-
plican la atención de las personas con fracturas del pilón, que constituyen 
uno de los mayores desafíos en el campo de la traumatología ortopédica 
(fig. 43-12).
Las fracturas del pilón casi siempre son desplazadas y acompañadas de 
daño importantedel tejido blando. Por lo regular, el tratamiento implica 
reducción abierta y fijación interna de los fragmentos óseos con la recons-
trucción más meticulosa posible de la articulación del tobillo. Sin embar-
go, rara vez se practica intervención quirúrgica reconstructiva inmediata 
por la incidencia tan alta de complicaciones del tejido blando. En la mayo-
ría de los casos, la extremidad inferior se estabiliza con fijación externa, 
muchas veces con reducción abierta limitada y fijación interna del peroné 
para establecer y preservar la longitud anatómica. Con frecuencia, el pro-
cedimiento de reconstrucción definitiva de la tibia se pospone hasta que 
desaparece la inflamación aguda. Esta modalidad terapéutica reduce la 
incidencia de complicaciones del tejido blando. Con o sin la estabilización 
y la programación adecuadas, las complicaciones son frecuentes. En más 
de 10% se observan complicaciones de la herida. La incidencia de infec-
ción de la herida es tan alta como la de falta de unión de los fragmentos 
distales. La frecuencia de artritis postraumática es muy elevada.
Fracturas del cuerpo tibial
Las fracturas del cuerpo tibial casi siempre se deben a golpes directos o 
mecanismos de torsión.7 La posición casi subcutánea del hueso hace que 
sean frecuentes las fracturas abiertas. Por tanto, es crucial inspeccionar la 
piel, sobre todo en la cara anterior de la pierna. Las fracturas generadas por 
un golpe directo por lo regular son transversales u oblicuas, casi nunca 
afectan el peroné. La lesión por torsión (frecuente en esquiadores) a menu-
do origina una fractura espiral de la tibia, muchas veces acompañada de 
lesión peronea en la rodilla o el tobillo. El traumatismo de alta energía en la 
pierna puede causar fractura conminuta y lesión extensa del tejido blando.
El tratamiento de la fractura del cuerpo tibial puede llevarse a cabo con 
reducción cerrada simple e inmovilización con aparato de yeso largo. A 
menudo se recomienda cambiar a una abrazadera funcional luego de cua-
tro a seis semanas. La falta de unión de las fracturas tratadas con técnica 
cerrada es un problema de importancia y, cuando se usa la inmovilización 
con aparato de yeso, casi siempre es necesaria durante tres o cuatro meses. 
Ahora es frecuente la colocación de un clavo intramedular en la tibia; de 
hecho, es la modalidad terapéutica preferida en más de 50% de los casos. 
Se introduce un clavo intramedular a través de la fractura, en sentido 
proximal a distal. Los clavos de diámetro pequeño (“clavos sin escariado”) 
pueden impactarse a través del sitio de fractura de manera directa. Otra 
alternativa, sobre todo para las fracturas más inestables, es un clavo intra-
Figura 43-12. Radiografías de una fractura 
grave de la parte distal de la tibia y el peroné, 
antes y después de reducción abierta y 
fijación interna. El traumatismo de alta 
energía a la parte distal de la pierna a 
menudo causa lesión neurovascular, 
síndrome de compartimiento y problemas 
para la cicatrización de la herida.
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medular rígido; en este caso, dispositivos escariadores de diámetro pro-
gresivo se pasan por el sitio de fractura antes de insertar el clavo más gran-
de. Estos clavos grandes a menudo se fabrican con orificios para tornillos 
situados en las áreas proximal y distal con el propósito de aceptar torni-
llos transfictivos cruzados distales y proximales que ayuden a controlar la 
longitud y la rotación.
Fracturas de la meseta tibial
La superficie superior de la tibia que se articula con los cóndilos del fémur 
tiene una superficie relativamente plana y a menudo se refiere como mese-
ta tibial.8 Las fracturas de esta amplia superficie articular pueden ser un 
desafío. Esta superficie tiene requerimientos intensos para soportar peso y 
las fracturas muchas veces se acompañan de aplastamiento e impacción de 
los meniscos cartilaginosos y el hueso esponjoso subyacente; esto dificulta 
mucho la reconstrucción, ya que muchos fragmentos de este rompecabe-
zas tridimensional quizá se encuentren triturados (fig. 43-13). Las fractu-
ras pueden afectar la parte medial de la meseta, la lateral o ambas, y asi-
mismo muchas veces se observa deformidad angular de importancia. Las 
fracturas con desplazamiento mínimo pueden tratarse sin intervención 
quirúrgica, con un aparato de yeso o una abrazadera. Los criterios para el 
tratamiento no quirúrgico incluyen <3 mm de desfase articular documen-
tado y estabilidad ligamentosa de la rodilla cuando se mantiene en exten-
sión. Las fracturas más graves con fragmentos articulares desplazados son 
objeto de tratamiento quirúrgico por medio de accesos anterior, medial, 
lateral o combinado, con fijación interna de los fragmentos de fractura. 
Esto puede llevarse a cabo con tornillos transfictivos, con dispositivos de 
placa y tornillo o, más a menudo, con una combinación de ambos. A causa 
del aplastamiento del hueso de la metáfisis, muchas veces es necesario el 
injerto óseo (local, de cresta iliaca o aloinjerto) para reconstruir la estruc-
tura anatómica original. En ocasiones, también está indicada la recons-
trucción de ligamentos y meniscos.
La fractura que afecta esta amplia superficie articular soportadora de 
peso con frecuencia causa rigidez crónica de la articulación o artritis tem-
prana. El cirujano a cargo debe estar alerta ante lesiones relacionadas, 
como síndrome de compartimiento en la extremidad inferior o lesión del 
nervio safeno.
Luxación de la rodilla
La luxación de la rodilla (luxación de la articulación entre el fémur y la 
tibia no debe confundirse con la luxación de la rótula) es una lesión devas-
tadora y casi siempre se debe a un mecanismo de lesión de alta energía. Es 
necesario que ocurra lesión masiva de los ligamentos para permitir la 
luxación, la cual puede generarse en cualquier dirección (anterior, poste-
rior, lateral o rotatoria). Es habitual que esta lesión pase desapercibida al 
principio, ya que después de una luxación de rodilla, la reducción espon-
tánea o la recolocación por parte del personal terapéutico inicial puede 
retrasar el diagnóstico, no obstante, la recolocación pronta de la rodilla es 
una prioridad en el tratamiento de urgencia de esta anomalía. La luxación 
de la rodilla conlleva una incidencia alta de lesión neurovascular y síndro-
me de compartimiento. Incluso si no hay una lesión arterial evidente, la 
desviación o la compresión del vaso y los desgarros con colgajo de la ínti-
ma causados por la luxación limitan el flujo sanguíneo a la extremidad. 
Ulterior a la reducción, es indispensable valorar los pulsos de inmediato. 
La visualización radiográfica temprana del riego arterial a la extremidad 
inferior está indicada cuando los pulsos son deficientes. También es nece-
sario prestar mucha atención a la posibilidad de síndrome de comparti-
miento en evolución. En ocasiones, según la valoración clínica y la magni-
tud de las lesiones ligamentosas, es razonable el tratamiento no quirúrgico. 
Sin embargo, en la mayoría de los casos se efectúa la reparación de las es-
tructuras ligamentosas con atención especial a la cápsula posterior.
Las complicaciones posibles de esta lesión devastadora son rigidez tar-
día de la rodilla y, a veces, inestabilidad tardía de la misma. Si no se presta 
mucha atención a la elevada probabilidad de lesión arterial o síndrome de 
compartimiento, quizá se llegue incluso a la muerte de la extremidad.
Luxación de la rótula
La luxación de la rótula, casi siempre en dirección lateral, es una lesión re-
lativamente frecuente en adolescentes, sobre todo los atletas. El tratamien-
to consiste en reducción manual de la rótula, casi siempre con la rodilla en 
extensión completa. Las medidas terapéuticas iniciales abarcan la inmovi-
lización en extensión durante un intervalo aproximado de seis semanas. La 
complicación más grave de esta lesión es la luxaciónrecurrente.
Fracturas de la rótula
Las fracturas de la rótula pueden producirse por falla de la rótula bajo ten-
sión, lo cual casi siempre origina fractura transversa simple no desplazada 
o con desplazamiento mínimo. Asimismo, son posibles las fracturas por 
arrancamiento del polo superior. Los golpes directos a la rodilla, como 
ocurre a un pasajero sin restricción que se golpea con el tablero del auto-
móvil, muchas veces generan fracturas conminutas que pueden afectar un 
área grande de la superficie articular. Las fracturas con desplazamiento mí-
nimo son susceptibles de tratarse de manera no quirúrgica con una abra-
zadera en extensión. Las fracturas conminutas, sobre todo con fragmentos 
desplazados, se controlan mejor con reducción abierta y fijación interna.
Fracturas de la parte distal del fémur
Las fracturas femorales distales quizá presenten diversos desafíos al ciru-
jano ortopedista. Las fracturas simples de la metáfisis no se acompañan de 
afectación intraarticular (fig. 43-14). Sin embargo, éstas son menos fre-
cuentes que las lesiones que afectan uno o ambos cóndilos del fémur. 
Como con todas las fracturas intraarticulares, ha de llevarse a cabo un 
gran esfuerzo para la reducción anatómica de la fractura con reconstruc-
ción y realineación precisas de las superficies articulares. En la mayoría de 
estas lesiones, las fracturas se tratan con fijación interna, casi siempre con 
tornillos de transfixión combinados con una placa medial o lateral. Al 
igual que en todas las fracturas intraarticulares, las complicaciones pue-
den incluir pérdida de la reducción, falta de unión o unión anómala. La 
complicación tardía más habitual es la osteoartritis.
Fracturas del cuerpo femoral
La causa más frecuente de las fracturas del cuerpo femoral es el traumatis-
mo de alta energía. Es usual que estos sujetos tengan lesiones vinculadas. 
Casi todas las lesiones del cuerpo femoral son objeto de tratamiento qui-
rúrgico, por lo general con colocación de clavo intramedular.9 Los clavos 
intramedulares suelen insertarse después de escariado progresivo. Por lo 
general, éstos se insertan en sentido proximal a distal a través de un punto 
de entrada medial al trocánter mayor en la parte proximal del fémur (fig. 
43-15). En algunas situaciones es preferible usar un acceso “retrógrado” en 
el cual se inserta una barra similar en sentido distal a proximal, con un 
punto de entrada dentro de la articulación de la rodilla (este procedimien-
to requiere artrotomía de la rodilla). Los clavos intramedulares a menudo 
son suficientes para controlar la longitud y la rotación. En fracturas con-
minutas graves, otra situación en la cual se desea estabilidad adicional, 
muchos sistemas de barra intramedular disponibles tienen agujeros proxi-
Figura 43-13. Imagen por tomografía computadorizada (CT) de una 
fractura tibial proximal. Los detalles de la fractura son más fáciles de ver 
con una CT. Esto mejora la planeación quirúrgica preoperatoria.
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males y distales para colocar tornillos “cruzados” transfictivos que abarcan 
ambas cortezas para atravesar el orificio en la barra intramedular. Esto 
brinda un control rotacional y axil extraordinario.
En algunos casos inusuales, está indicada la utilización de un fijador 
externo en el tratamiento de la fractura del cuerpo femoral. La indicación 
habitual para este problema es un individuo con traumatismos múltiples y 
otras lesiones graves que ponen en riesgo la vida, por lo cual la estabilidad 
de la extremidad tiene menor prioridad que otros procedimientos quirúrgi-
cos. Asimismo, la fijación externa tal vez constituya una buena opción tera-
péutica en pacientes con fracturas abiertas graves del cuerpo femoral que 
requieren atención o acceso a la herida. Por último, la fijación externa tam-
bién se considera en sujetos con lesiones vasculares ipsolaterales mayores.
Fracturas de la cadera
Las fracturas de esta última (parte proximal del fémur) son muy frecuen-
tes. Son lesiones mayores con riesgo significativo de morbilidad y muerte. 
Es importante que ninguno de los médicos implicados en la atención de 
un individuo con fractura aguda de cadera subestime la lesión. La tasa 
de supervivencia por esta lesión en la etapa aguda es cercana a 90%. Varios 
autores han publicado que la tasa de mortalidad para enfermos que sufren 
fractura de cadera puede ser de hasta 25 a 50% cuando se valoran un año 
después de la lesión.
Como es bien sabido, las fracturas de cadera tienen una relación mar-
cada con osteoporosis precedente. La osteoporosis, la edad avanzada de 
muchos de los sujetos y las enfermedades médicas concurrentes hacen que 
la supervivencia con esta lesión sea causa de preocupación en todos los 
casos. Los médicos que atienden a estos individuos deben incluir una va-
loración médica cuidadosa y seguimiento de las enfermedades concurren-
tes. Tales consideraciones también han de extenderse al bienestar social 
del paciente al salir del hospital. La disminución de la movilidad, el dolor 
y la alteración de la rutina pueden causar trombosis venosa profunda, neu-
monía, úlceras por presión y depresión. También es importante compren-
der que una fractura de cadera con frecuencia es un fenómeno de vida 
Figura 43-14. Imágenes radiográficas de una fractura femoral supracondílea, antes y después de reducción abierta y fijación interna. Nótese que la 
fractura separó los cóndilos femorales, lo cual necesitó reconstrucción de la superficie articular distal.
Figura 43-15. Fractura oblicua del cuerpo del fémur, antes y después de fijación intramedular con escariado, con un clavo grueso y tornillos cruzados. 
Este tratamiento permite al paciente la ambulación casi inmediata.
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precipitante, ya que el sujeto afectado puede cambiar de la vida indepen-
diente a la vida asistida o hasta el ingreso a una institución de asistencia.
Aunque es parte necesaria del tratamiento agudo inmediato, todos los 
sujetos que sufren fractura de cadera deben valorarse con el propósito de 
detectar osteoporosis, con tratamiento apropiado para la densidad mine-
ral después del procedimiento quirúrgico.
CLASIFICACIÓN DE LAS FRACTURAS DE CADERA
Por lo general, estas fracturas se clasifican en tres tipos distintos: fracturas 
del cuello femoral, fracturas intertrocantéricas y fracturas subtrocantéricas.
Fracturas del cuello femoral
Las fracturas del cuello femoral comprenden casi 50% de todas las fractu-
ras de la parte proximal del fémur. Son más frecuentes en personas de 
edad avanzada. La anatomía de la articulación de la cadera es una conside-
ración importante en el tratamiento de esta lesión. La cápsula articular de 
la cadera se extiende desde el borde del acetábulo a la base del cuello femo-
ral. Por consiguiente, las fracturas del cuello femoral son intracapsulares. 
El riego sanguíneo del cuello femoral es precario. En algunos individuos 
adultos hay un riego sanguíneo limitado desde el ligamento redondo del 
acetábulo, que contiene una pequeña rama de la arteria del obturador. La 
principal vía de aporte sanguíneo al cuello femoral de todos los pacientes 
(el único para la cabeza femoral en la mayoría) proviene de vasos que es-
tán dentro y a lo largo de la superficie del hueso del cuello femoral.
Ya que las fracturas del cuello femoral están del todo dentro de la cáp-
sula articular, casi nunca se acompañan de hemorragia importante. Los 
hematomas de la fractura quedan contenidos dentro de la cápsula. Cuando 
la fractura del cuello femoral está desplazada, la interrupción del flujo san-
guíneo a la cabeza del fémur es casi segura. Por consiguiente, la osteone-
crosis de la cabeza femoral es casi inevitable en las fracturas desplazadas.10 
Muchas veces es mejorproceder de inmediato a la sustitución prostética 
de la cabeza femoral. Esta intervención quirúrgica se denomina hemiartro-
plastia e implica la sustitución del cuello y la cabeza femorales con prótesis 
metálicas y plásticas que se ajustan dentro del acetábulo nativo. Por lo ge-
neral, esto se lleva a cabo por medio de acceso posterior de la cadera; ex-
posición e ingreso a la cápsula articular; extracción de la cabeza femoral 
condenada; resección del cuello femoral residual para hacer posible la am-
pliación del conducto medular proximal, e inserción de una prótesis del 
tamaño adecuado. Después de colocar la prótesis, la cabeza artificial se 
ubica de nuevo en el acetábulo nativo, se aponen los tejidos y se cierra la 
piel. Aunque esta técnica permite soportar peso casi de inmediato sobre 
la extremidad afectada, implica un estrés fisiológico significativo para los 
sujetos. La colocación segura del componente femoral dentro de la parte 
proximal del cuerpo femoral puede efectuarse con cemento óseo de poli-
metilmetacrilato que crea un manto alrededor del cuerpo de la prótesis. 
Esto conlleva la ventaja de la fijación segura e inmediata del componente 
femoral. Una desventaja de esta técnica es que el cemento de polimetilme-
tacrilato es un sustrato atractivo para películas biológicas bacterianas en 
caso que el paciente adquiera una infección perioperatoria. Una alternati-
va al uso de dicho cemento es la utilización de prótesis con “ajuste a pre-
sión”. En estas técnicas no cementadas, las prótesis de forma más precisa se 
impactan en la parte proximal del fémur para obtener un ajuste por inter-
ferencia. Una desventaja de este tipo de prótesis en el tratamiento de la 
fractura de cadera es que la obtención de un “ajuste a presión” de la próte-
sis conlleva algún riesgo de fractura femoral yatrógena (fig. 43-16).
Figura 43-16. Fractura 
desplazada del cuello femoral. En 
esta lesión es tan predecible la 
osteonecrosis de la cabeza femoral 
que es mejor tratarla (como se 
muestra) con hemiartroplastia. En 
este caso, se eligió un implante no 
cementado.
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La colocación de la prótesis de artroplastia para reponer la parte proxi-
mal del fémur es una buena opción para el individuo sólo si la parte aceta-
bular de la articulación se encuentra sana. Cuando el lado acetabular de la 
articulación presenta artritis avanzada, el uso de la cabeza femoral prosté-
tica en el acetábulo será inaceptablemente doloroso. Por consiguiente, en 
sujetos con cambios osteoartríticos notables precedentes a la fractura del 
cuello femoral, la mejor alternativa sería proceder a la artroplastia total 
de la cadera con sustitución de los lados femoral y acetabular de la articu-
lación. La descripción de la técnica se encuentra en la sección Artroplastia 
total de la cadera, en este mismo capítulo.
Las fracturas no desplazadas o impactadas de la cabeza femoral pue-
den ocurrir sin interrupción crítica del riego sanguíneo a la cabeza femo-
ral. Por ende, tales fracturas casi siempre se tratan con fijación interna in 
situ con tres o cuatro tornillos (fig. 43-17) insertados a través de la corteza 
de la parte proximal lateral del fémur, lo cual atraviesa el sitio de fractura 
y abarca la cabeza femoral. La colocación de tales tornillos puede efectuar-
se a través de incisiones cutáneas muy pequeñas y, en la mayoría de los 
casos, no se requiere exposición directa del hueso. Estos procedimientos 
causan hemorragia mínima y a menudo se acompañan de recuperación 
posoperatoria muy rápida.
Fracturas intertrocantéricas de la cadera
Las fracturas de la cadera también ocurren a menudo en la región entre el 
trocánter mayor y el menor. Estas fracturas se denominan fracturas inter-
trocantéricas de la cadera, las cuales pueden tener una sola línea de fractu-
ra o quizá se formen varios fragmentos escasamente visibles. Un resultado 
habitual es un fragmento leve que corresponde al trocánter menor. A dife-
rencia de las fracturas del cuello femoral, aquéllas de la región trocantérica 
casi siempre originan hemorragia considerable que puede tener conse-
cuencias hemodinámicas. La vigilancia de los índices hemodinámicos y el 
hematócrito es importante en cualquier paciente con fractura intertrocan-
térica. Como las fracturas del cuello femoral, casi todas las fracturas de la 
región intertrocantérica se tratan con intervención quirúrgica porque las 
medidas terapéuticas no quirúrgicas conllevan una incidencia muy alta de 
complicaciones. El tratamiento de este tipo de lesiones siempre incluye 
fijación interna. Esto puede llevarse a cabo con una tabla de fractura, en la 
cual la alineación de la extremidad inferior se mantiene por medios mecá-
nicos en posición reducida, mientras se realiza la intervención quirúrgica. 
Una alternativa es practicarla en posición supina sobre una mesa radiolú-
cida con métodos de reducción manual.
En la mayoría de los casos se opta por el acceso lateral de la cadera y la 
fijación de la fractura se consigue con transfixión del trocánter, el cuello y 
la cabeza femorales por medio de un tornillo grande. Éste puede colocarse 
junto con un dispositivo de tornillo y placa (que en conjunto se llama un 
tornillo deslizante para cadera). Otra alternativa es un dispositivo cefalo-
medular en el que tornillos con ángulo fijo se fijan con un clavo intrame-
dular corto en sentido proximal a distal, a través de la región proximal del 
trocánter o por la fosa piriforme. Con la colocación de cualquiera de estos 
dispositivos (cuya elección por lo regular depende de la morfología de la 
fractura), el individuo es capaz de soportar peso casi inmediatamente des-
pués de la intervención quirúrgica.
Fracturas subtrocantéricas
y fracturas del cuerpo femoral
Por lo general, las fracturas subtrocantéricas de la cadera son resultado de 
mecanismos de lesión de mayor energía en comparación con aquéllos 
de las fracturas del cuello femoral o las intertrocantéricas. Por consiguien-
te, es más probable que se acompañen de otras lesiones óseas o de tejidos 
blandos. En la mayoría de los casos, las fracturas intertrocantéricas se tra-
tan con un dispositivo intramedular, el cual puede insertarse con o sin 
escariado previo. Como las inserciones musculares en los fragmentos 
proximales originan un fuerte desplazamiento de los fragmentos, a menu-
do es necesaria la resección abierta. Casi todas las fracturas de la diáfisis 
femoral se controlan con una barra intramedular. Ésta se aplica después 
Figura 43-17. Radiografías preoperatoria y posoperatoria de un paciente con fractura desplazada del cuello femoral y cambio artrítico grave 
preexistente en el acetábulo. El enfermo fue tratado con sustitución total de cadera, así como de la superficie acetabular y de la cabeza y el cuello 
femorales.
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del escariado progresivo. En muchos casos, el dispositivo intramedular se 
refuerza con tornillos de fijación o un tornillo de transfixión que abarca el 
cuello femoral. En la mayoría de los casos, es posible el soporte posopera-
torio inmediato del peso.
Luxación de la cadera
Ésta corresponde a una lesión grave de alta energía que con frecuencia se 
observa en sujetos con traumatismos múltiples. La mayoría de las luxacio-
nes de cadera se genera en sentido posterior. A menudo tales lesiones pro-
pician afectación neurovascular. De hecho, una luxación aislada de cadera 
puede constituir una lesión que pone en peligro la vida. Está indicada la 
reducción urgente, que por lo general puede llevarse a cabo como proce-
dimiento cerrado. Si ésta no tiene buenos resultados se recomienda la re-
ducción abierta pronta.
Muchas veces las luxaciones de cadera se acompañan de fracturas del 
acetábulo y con frecuencia menor, aunquenotable, con fracturas de la ca-
beza femoral (fig. 43-18). Es obvio que la fractura de la cabeza femoral con 
lesión acetabular relacionada o la fractura de la cabeza femoral sola con-
forman una lesión muy grave. Las complicaciones frecuentes con cual-
quiera de estas lesiones corresponden a artritis postraumática, osteone-
crosis y luxación recurrente. Las lesiones neurovasculares relacionadas 
son habituales.11 Las fracturas acetabulares pueden ocurrir con o sin luxa-
ción evidente de la cadera. Las fracturas acetabulares a menudo se encuen-
tran en presencia de otras fracturas de la pelvis (fig. 43-19). La pérdida 
significativa de sangre por hemorragia ósea es una preocupación impor-
tante en presencia de estas lesiones.
El tratamiento quirúrgico de la fractura acetabular se enfoca en la re-
construcción y la fijación interna de la estructura anatómica acetabular 
original, así como la creación de una articulación de la cadera estable.12 El 
acetábulo puede exponerse mediante un acceso anterior, lateral o poste-
rior, según la lesión ósea. El tratamiento quirúrgico de una fractura aceta-
bular es una tarea mayor, requiere entrenamiento especial y experiencia.
TRAUMATISMO PÉLVICO
Fracturas de la rama del pubis
Las fracturas de la rama del pubis casi siempre se ven después de un trau-
matismo menor en personas de edad avanzada con osteoporosis. Por lo 
general, tales fracturas se presentan con dolor pélvico anterior difuso y 
pueden vincularse o no con un episodio traumático identificable. La sen-
sibilidad a la compresión lateral suave tal vez sea una maniobra útil en la 
exploración física. Las fracturas de la rama del pubis a menudo se acom-
pañan de fracturas concurrentes en el sacro. Es habitual que tales lesiones 
sean concomitantes con fracturas verticales a través del ala sacra que afec-
tan múltiples orificios sacros. Un hecho interesante es que las fracturas 
sacras casi nunca son desplazadas y quizá sean difíciles o imposibles de 
visualizar en las imágenes radiográficas simples. Las fracturas no despla-
zadas del sacro y las fracturas de las ramas pélvicas con desplazamiento 
mínimo se tratan con analgésicos y movilización. Estas lesiones son com-
patibles con el soporte de peso completo. Sin embargo, una fractura pélvi-
ca aparentemente ligera en un individuo joven sin osteoporosis debe gene-
Figura 43-18. Imagen por tomografía 
computadorizada (arriba) y radiografía 
(abajo) de un paciente con fractura espiral 
del fémur derecho, con fractura acetabular 
ipsolateral. Las imágenes radiográficas 
posoperatorias demuestran el clavo 
escariado con tornillo cruzado, además de la 
fijación con placa acetabular. Asimismo, 
nótese la fractura en la rama del pubis que 
no requirió tratamiento quirúrgico.
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rar una búsqueda más minuciosa de lesiones relacionadas o un tumor 
maligno.
Fracturas del anillo pélvico
Las fracturas del anillo pélvico son una consecuencia infortunada, pero fre-
cuente de los traumatismos de alta energía.13,14 Las fracturas verticales a 
través de los elementos posteriores de la pelvis o el sacro acompañadas de 
lesión en la parte anterior del anillo pueden originar la “abertura en libro” 
de la pelvis. La traslación vertical de grandes porciones de la pelvis con estas 
lesiones se acompaña muy a menudo de lesión visceral importante y hemo-
rragia que puede ser catastrófica. Las lesiones en la vejiga, el uréter, la uretra 
y los riñones también son frecuentes en presencia de estas fracturas. Cual-
quier hematuria concomitante ha de investigarse de manera intensiva. Por 
desgracia, los sujetos con estas lesiones muchas veces se presentan con alte-
raciones hemodinámicas por hipovolemia y sangrado. En ocasiones, esto 
mejora con la aplicación urgente de un fijador externo para abarcar ambos 
iliacos. La compresión y la estabilización de la pelvis ayudan a limitar la 
hemorragia ósea. La reconstrucción de una rotura pélvica mayor de este 
tipo es una tarea grande y casi siempre se lleva a cabo tres a 10 días ulterio-
res a la lesión inicial para permitir que la hemorragia ósea se estabilice.15 
Estos procedimientos reconstructivos constituyen un desafío clínico y de-
ben planearse muy bien. Sólo han de llevarlos a cabo cirujanos ortopedistas 
con entrenamiento especial y experiencia en tales lesiones (fig. 43-20).
Figura 43-19. Imágenes radiográficas de un paciente con fractura en el acetábulo derecho, antes y después de la reconstrucción quirúrgica. Nótese la 
protrusión de la cabeza femoral hacia la pelvis antes de la intervención quirúrgica.
Figura 43-20. Imágenes preoperatoria y 
posoperatoria de un paciente con fracturas 
desplazadas del pubis y la articulación 
sacroiliaca. Estas lesiones son resultado de 
un traumatismo de alta energía y a menudo 
se relacionan con lesiones viscerales y 
hemorragia abundante.
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FRACTURAS DEL HOMBRO
Fracturas de la clavícula
Las fracturas del tercio interno de la clavícula son inusuales. A menudo, lo 
que parece una fractura en la parte medial de la clavícula en realidad es 
una luxación de la articulación esternoclavicular. Cuando se desplaza en 
sentido anterior, esta lesión, aunque dolorosa, sólo requiere tratamiento 
sintomático. En contraste, la luxación posterior de la articulación esterno-
clavicular puede afectar vasos grandes y puede tratarse por medio de re-
ducción cerrada. Con anestesia general, se abduce la extremidad superior 
y se aplica fuerza lateral; pueden utilizarse una toalla, un broche o una 
pinza para sujeción ósea con el propósito de aplicar fuerzas anteriores so-
bre la clavícula que recoloquen la articulación. Estas maniobras sólo de-
ben llevarse a cabo cuando hay un cirujano disponible para corregir cual-
quier lesión de un vaso grande. Por fortuna, estas lesiones son infrecuentes 
(fig. 43-21).
Las fracturas del tercio medio de la clavícula son muy habituales. De 
hecho, constituyen una de las fracturas más usuales en la práctica ortopé-
dica. Con frecuencia, una fractura clavicular es aparente a simple vista, ya 
que el tercio medio de la clavícula es subcutáneo. Por fortuna, estas lesio-
nes rara vez se acompañan de penetración cutánea. Es posible que haya 
falta de unión de la parte intermedia del cuerpo clavicular, aunque esto es 
raro. Por consiguiente, casi siempre es suficiente el tratamiento sintomáti-
co con un analgésico suave y un cabestrillo.
Fracturas de la parte distal de la clavícula
Las fracturas en el tercio medio de la clavícula pueden ser más problemá-
ticas. Cuando tales fracturas se desplazan, muchas veces esto es resultado 
de la rotura concomitante de los ligamentos coracoclaviculares. El despla-
zamiento significativo de la clavícula puede invadir la musculatura del 
hombro y el tejido blando interpuesto impide la unión. Como consecuen-
cia, a menudo se recomienda la reducción abierta, la colocación de clavos 
o la reducción abierta con fijación interna de las fracturas claviculares dis-
tales, o ambos procedimientos. En cualquier tratamiento quirúrgico de la 
clavícula, ha de tenerse presente la proximidad del pulmón, los vasos 
grandes y el plexo braquial.
Fracturas del omóplato
Las fracturas del omóplato pueden ser resultado de un golpe directo al 
hombro o por caídas sobre la extremidad superior. La mayoría de las frac-
turas escapulares se tratan de manera conservadora, con excepción de 
aquéllas con alteración glenoidea importante. En tales casos, casi siempre 
se recomienda la reducción abierta y la fijación interna con tornillos y 
placas pequeñas. Por lo general, estos procedimientos se realizan a través 
de un acceso posterior.
Fracturas de la parte proximal del húmero
Este tipo de fracturas es frecuente.16 Esta anomalía constituyeun fenóme-
no habitual en personas de edad avanzada con osteoporosis, pero también 
puede ser resultado de un traumatismo fuerte en individuos más jóvenes.
El mejor tratamiento para las fracturas con desplazamiento mínimo o 
las fracturas impactadas del cuello humeral es la inmovilización con una 
abrazadera para eliminar el movimiento del hombro. Las fracturas despla-
zadas del cuello humeral sin mucha fragmentación a menudo se tratan 
con fijación interna intramedular insertada en sentido distal a proximal. 
Este acceso quizá sea difícil en pacientes con osteoporosis, ya que el hueso 
de la metáfisis humeral con frecuencia es muy poroso.
Las fracturas de la parte proximal del húmero, que implican la cabeza 
del hueso, son un problema muy difícil. Una gran parte de la cabeza hu-
meral está cubierta con cartílago articular, y las fracturas muchas veces 
generan cuatro fragmentos poco notables según los clasifica el doctor 
Neer.17 Cuando hay desplazamiento considerable de estos fragmentos que 
deja piezas grandes de hueso articular sin riego sanguíneo, es probable 
que haya necrosis avascular (osteonecrosis). Por consiguiente, por lo regu-
lar tales fracturas con fragmentos interarticulares desplazados se tratan 
mejor con hemiartroplastia; la cabeza humeral se sustituye por una próte-
sis fija al cuerpo humeral con una extensión intramedular. Por desgracia, 
los procedimientos de hemiartroplastia no restauran del todo la fuerza y la 
amplitud de movimiento normales del hombro; no obstante, casi siempre 
tiene un resultado muy funcional y ciertamente es preferible a las compli-
caciones derivadas de la osteonecrosis de la cabeza humeral.
Fracturas del cuerpo del húmero
Esta clase de fracturas pueden generarse por caídas o traumatismo directo. 
Éstas casi siempre se tratan con reducción abierta y fijación interna me-
diante un dispositivo de tornillo robusto y placa. La fijación intramedular 
también es una alternativa, pero la inserción de un dispositivo intramedu-
lar es más difícil en el húmero que en otros huesos largos por la estructura 
anatómica específica del codo y el hombro (fig. 43-22).
Cualquier plan terapéutico para una fractura en la diáfisis humeral 
debe tomar en cuenta la anatomía del nervio radial que baja en espiral por 
la extremidad superior en contacto con el húmero. Por tanto, el nervio 
Figura 43-21. Radiografía anteroposterior de 
un paciente con fractura clavicular. Como es 
usual, hay elevación del fragmento medial y 
acortamiento de la clavícula. Esta fractura 
cicatrizará con tratamiento cerrado y la 
función será excelente. El sujeto puede 
tratarse con un cabestrillo.
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radial tiene gran riesgo de lesionarse, tanto al momento de la fractura 
como durante el tratamiento quirúrgico.18 La atención cuidadosa del esta-
do neurovascular de la extremidad, sobre todo del nervio radial, es un 
elemento importante en la atención de estas lesiones.19
FRACTURAS DE CODO Y ANTEBRAZO
Fracturas de la parte distal del húmero
Hay que agradecer que las fracturas humerales distales en individuos adul-
tos no afectan la superficie articular del húmero con tanta frecuencia como 
se observa en la práctica pediátrica. En los casos favorables, una fractura 
humeral supracondílea extraarticular puede tratarse con inmovilización, 
aunque para asegurar el control adecuado de estos fragmentos de fractura 
y prevenir el desplazamiento subsiguiente, tales fracturas a menudo se tra-
tan con fijación interna. Esto puede llevarse a cabo con un acceso posterior 
medial o lateral, según la morfología de la fractura. En caso de fracturas 
conminutas, pueden considerarse los accesos combinados. Cuando tales 
fracturas poseen un componente intraarticular, es obvio que la reconstruc-
ción precisa de las articulaciones es prioritaria. La articulación del codo, 
formada por tres huesos largos (radio, cúbito y húmero), tal vez presente al 
cirujano un difícil problema de reconstrucción. En la mayoría de los casos, 
es conveniente reconstruir la superficie articular mediante la colocación 
separada y precisa de tornillos para restaurar la estructura anatómica arti-
cular. Una vez que esto se efectúa, los fragmentos distales pueden fijarse al 
cuerpo humeral con los dispositivos adecuados de tornillo y placa.
Es indispensable señalar que en algunos casos difíciles de fracturas ar-
ticulares de la parte distal del húmero, una osteotomía del olécranon 
(creación deliberada de una fractura en el olécranon) tal vez sea una buena 
manera de visualizar la tróclea con el propósito de ayudar al cirujano a 
reconstruir una fractura intraarticular de la parte distal del húmero. Cuan-
do se consigue este efecto, el olécranon es susceptible de fijarse como se 
explica en la sección Fracturas del olécranon, a continuación.
Fracturas del olécranon
La parte proximal del cúbito y la fosa del olécranon se articulan con la 
tróclea de la parte distal del húmero. Esta articulación proporciona gran 
parte de la estabilidad ósea al codo. Las fracturas del olécranon son fre-
cuentes y pueden generarse por mecanismos de arrancamiento o, en casos 
inusuales, por golpes en el codo. Los fragmentos de fractura muy peque-
ños del olécranon y con desplazamiento mínimo se tratan con buenos re-
sultados por medio de inmovilización sola. En muchos enfermos, la 
 reconstrucción de la articulación puede efectuarse con un solo tornillo 
largo insertado de proximal a distal o un alambre de cerclaje y clavos. En 
algunas personas con fragmentación grave, la extracción simple del frag-
mento de fractura también puede producir un codo muy funcional. Inclu-
so cuando se ubican bien, los dispositivos para fijación del olécranon con 
frecuencia causan síntomas por su localización subcutánea. Por tanto, mu-
chas veces hay que considerar los procedimientos para retirar el material 
después de la consolidación de las fracturas.
Fracturas de la cabeza del radio
Las fracturas de la cabeza del radio son lesiones frecuentes. En muchos 
pacientes, se observa una sola línea de fractura y uno o dos tornillos de 
transfixión insertados por un acceso lateral pueden proporcionar una fija-
ción adecuada. Cuando la reconstrucción es difícil, es posible considerar 
la extirpación de la cabeza del radio. Algunos sujetos desafortunados pre-
sentan síntomas en la muñeca como consecuencia. La reconstrucción de 
la cabeza radial o la sustitución con alguno de varios dispositivos protési-
cos, o ambos procedimientos, ya recibe más atención. Existe cierta contro-
versia alrededor de este tema específico.
Fracturas del cuerpo del cúbito
Las fracturas del radio o el cúbito en el antebrazo pueden presentar desa-
fíos diagnósticos y terapéuticos de importancia. Durante la valoración de 
estas lesiones es esencial la exploración cuidadosa del codo y la muñeca. 
Es indispensable tener presente que la estructura anatómica precisa del 
cuerpo de estos huesos también es necesaria para la pronación y la supina-
ción del antebrazo. Con mucha frecuencia, una fractura radial o cubital se 
acompaña de lesión concomitante en la muñeca o el codo, o una fractura 
leve o luxación del hueso largo vecino.
Las fracturas del cuerpo cubital son frecuentes, casi siempre resultado 
de un golpe directo en la cara cubital del antebrazo. En el antebrazo, el 
cúbito es subcutáneo y vulnerable a los golpes. El nombre fractura “en 
rama verde” se aplica a las fracturas diafisarias del cúbito que se generan 
por un golpe directo. Éstas se originan de un mecanismo ordinario, un 
golpe directo con un mazo o una macana.
Por lo regular, tales fracturas en el cuerpo del cúbito se tratan de mane-
ra no quirúrgica, con un aparato de yeso. Las fracturas en la parte proxi-
mal del cuerpo del cúbito o aquéllas con angulación considerable pueden 
controlarse con reducción abierta y fijación interna.
Fractura del cúbito y el radio (fractura deambos 
huesos del antebrazo)
Las fracturas del cuerpo de ambos huesos del antebrazo son lesiones fre-
cuentes, a veces relacionadas con mecanismos de alta energía (fig. 43-23). 
SUPINA
Figura 43-22. Imágenes radiográficas de 
una fractura espiral conminuta del cuerpo 
humeral, antes y después de la reducción 
abierta y fijación interna con una placa y 
tornillos. Esta lesión a menudo se acompaña 
de afectación neurovascular, con riesgo 
particular para el nervio radial.
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En pacientes pediátricos, el gran potencial de remodelación ósea hace que 
las medidas terapéuticas no quirúrgicas a menudo sean apropiadas en per-
sonas muy jóvenes. Sin embargo, en adultos es importante la reconstruc-
ción precisa de la alineación y el contorno del cuerpo de estos huesos para 
preservar la función de pronación y supinación. Por consiguiente, las frac-
turas diafisarias de ambos huesos del antebrazo suelen atenderse con re-
ducción abierta y fijación interna mediante dispositivos de tornillo y placa 
para cada hueso.
Fracturas de la parte proximal del cúbito con luxación 
de la cabeza del radio (fractura-luxación de Monteggia)
Este patrón de lesión particular es relativamente frecuente y por desgracia 
la luxación de la cabeza del radio a veces no se reconoce.20 Casi en todos los 
casos está indicada la fijación interna del cúbito con reducción cerrada de la 
cabeza radial. El cirujano debe estar alerta ante la posible lesión neurovascu-
lar y el síndrome de compartimiento. Las complicaciones tardías de esta le-
sión incluyen osificación heterotópica y nueva luxación de la cabeza radial.
Fracturas del cuerpo del radio con luxación 
radiocubital (fractura de Galeazzi o fractura 
de Piedmont)
Las fracturas del cuerpo radial a menudo se vinculan con lesión ligamen-
tosa de la articulación radiocubital distal.21 Esta lesión, que puede escapar 
a la detección del incauto, es susceptible de originar inestabilidad de la 
muñeca. La lesión de la articulación radiocubital quizá sea sólo ligamen-
tosa o tal vez se acompañe de fractura de la apófisis estiloides del cúbito. El 
cirujano debe estar alerta ante el ensanchamiento de la articulación radio-
cubital distal. La estabilidad de esta articulación a veces requiere trata-
miento quirúrgico para evitar el dolor crónico en la muñeca.
Fracturas de muñeca y mano
Las fracturas de la parte distal del radio y el cúbito, y las fracturas de la 
muñeca se describen en el capítulo 44.
INFECCIONES MUSCULOESQUELÉTICAS
Infecciones del hueso
Las infecciones del hueso (osteomielitis) con frecuencia constituyen desa-
fíos diagnósticos. Las infecciones del hueso pueden producirse por gran 
variedad de microorganismos, desde bacterias grampositivas y gramnega-
tivas hasta micobacterias, incluso hongos. Los individuos con inmunode-
presión (sobre todo aquellos que reciben fármacos inmunosupresores, 
corticoesteroides o con infección por virus de la inmunodeficiencia hu-
mana [VIH]) pueden presentarse con infecciones originadas por microor-
ganismos patógenos muy inusuales. Por consiguiente, cuando se sospecha 
una infección ósea, casi siempre es necesaria la biopsia para cultivo. De 
hecho, los cambios óseos generados por la infección muchas veces tienen 
apariencia semejante a un tumor. Por eso se recomienda que durante cual-
quier procedimiento de biopsia por una supuesta infección, se envíen 
muestras para efectuar estudio histopatológico. De igual manera, es muy 
recomendable que siempre que se efectúe una biopsia por sospecha de un 
tumor, asimismo se envíen muestras para llevar a cabo un cultivo.
La osteomielitis es una inflamación del hueso, la cual por lo regular es 
resultado de infección, que afecta tanto al tejido local como el de la médu-
la circundante, y se localiza en el conducto intramedular. Las infecciones 
del espacio subperióstico se denominan periostitis. Los rasgos morfológi-
cos son similares a los de las infecciones en otros sistemas orgánicos y 
participan las mismas células.
Aunque la osteomielitis es similar a las infecciones en otros órganos, el 
proceso es único en cuanto a que el hueso cortical previene la liberación 
del aumento en la presión local que acompaña a la inflamación. En los 
tejidos blandos, esta presión se disipa hacia el tejido circundante, pero en 
el conducto medular, el cambio de presión genera infarto de la grasa me-
dular por la compresión de los lechos capilares y sinusoidales que la nu-
tren. Este infarto medular origina necrosis por coagulación al principio, 
que luego es sustituida por estroma mixofibroso. Asimismo, las trabéculas 
esponjosas sufren necrosis. Muchas veces, estos segmentos necróticos de 
hueso no se reabsorben y se denominan secuestros. Los secuestros se calci-
fican y conservan su situación central; en la radiografía, éstos se visualizan 
como áreas muy densas en el centro de la porción lítica del proceso. A 
menudo se forma hueso viable y reactivo alrededor de un secuestro, este 
hueso se llama involucro.
Por la presión elevada, existe una respuesta osteoclástica aumentada, 
con resorción en las superficies endósticas y dentro de las trabéculas ne-
cróticas. Sin embargo, si la infección subyacente no se trata o no se diag-
nostica, la presión a menudo rebasa la capacidad de los osteoclastos para 
remodelar de modo eficaz el espacio medular. Esto permite la pene tración 
de la corteza (por los conductos de Volkmann) a causa de la inflama-
ción que alcanzó al periostio. Este fenómeno da lugar a la formación de 
hueso nuevo por la interrupción perióstica que se nota en la radiografía. 
La reacción perióstica quizá sea muy notable en las imágenes radiográficas 
y a veces simula un tumor maligno, sobre todo en niños.
Figura 43-23. Imágenes 
radiográficas de un paciente con 
fracturas de ambos huesos del 
antebrazo antes y después de la 
reducción abierta y fijación interna. 
Nótese que la fractura del cúbito es 
segmentaria. La alineación precisa 
del cuerpo del radio y el cúbito es 
importante para la pronación y la 
supinación.
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En sujetos con osteomielitis aguda, las manifestaciones radiográficas 
no aparecen sino hasta uno a 14 días después del inicio de los síntomas. La 
apariencia radiográfica inicial es una osteoporosis localizada vaga como 
resultado de la eliminación del hueso trabecular muerto y las etapas ini-
ciales de la resorción endóstica. Esto se transforma en una apariencia mo-
teada en la radiografía simple conforme se reabsorbe más hueso; el resul-
tado final es un área lítica con o sin secuestro.
Conforme progresa la infección, las manifestaciones radiográficas y 
morfológicas se transforman al paso que la inflamación se vuelve crónica. 
La médula es sustituida poco a poco por tejido fibroso y las células in-
flamatorias corresponden a células mononucleares (linfocitos y células 
plasmáticas). En la radiografía, esto se visualiza como esclerosis en par-
ches dentro del espacio medular. A veces se observa un trayecto fistuloso, 
sobre todo en la CT y en la imagen por resonancia magnética (MRI, mag-
netic resonance imaging). La reacción perióstica se torna más compacta y a 
menudo su aspecto es laminado.
Muchas veces los microorganismos causales en la biopsia no se visua-
lizan en el estudio histológico, ni siquiera con tinciones especiales. El cul-
tivo es el método preferido para demostrar el agente causal.
Osteomielitis hematógena
La diseminación hematógena de bacterias al hueso es un fenómeno fre-
cuente.22 Se detecta con mayor frecuencia en niños, tal vez por la anatomía 
vascular en el cartílago de crecimiento epifisaria, aunque también se en-
cuentra a menudo en pacientes después de enfermedades que implican 
bacteriemia. Además, puede surgir, aparentemente de maneraespontánea, 
después de la siembra incidental del hueso sin una entidad patológica pre-
via identificable. Las infecciones óseas con frecuencia son dolorosas, de 
hecho, por lo regular generan dolor intenso. Es menos probable que los 
individuos pediátricos afectados expresen el síntoma con claridad.
Osteomielitis focal
El tratamiento antibiótico en las infecciones óseas graves casi nunca pro-
duce tan buenos resultados como dicho tratamiento en la mayoría de 
las infecciones en tejidos blandos. Por tanto, a menudo están indicadas las 
medidas terapéuticas intravenosas prolongadas (seis semanas o más) y la 
mayoría de las infecciones óseas graves también son motivo de desbrida-
miento quirúrgico. Cuando es posible, el secuestro se extrae completo. En 
general, las infecciones óseas en niños se deben a Staphylococcus aureus y, 
en muchas ocasiones, el tratamiento antibiótico pediátrico es adecuado si 
se dirige de manera específica contra esta bacteria. En contraste, en los 
adultos con osteomielitis se ha identificado gran variedad de microorga-
nismos infecciosos y es muy recomendable que siempre que sea posible, el 
tratamiento antibiótico se posponga hasta después de obtener la biopsia 
del foco infectado para cultivo y prueba de sensibilidad.
Muchos pacientes padecen inmunosupresión por diversas causas, que 
incluyen utilización de corticoesteroides, infección por VIH, quimiotera-
pia para cáncer e inmunodeficiencia luego del trasplante orgánico. En 
cualquier individuo, y en especial en los inmunodeprimidos, la variedad 
de microorganismos causantes de osteomielitis es amplia. Es indispensa-
ble efectuar cultivos para microorganismos aerobios, anaerobios, mico-
bacterias ácidas y hongos en todos los casos. Se especula que la presenta-
ción frecuente de sujetos pediátricos con osteomielitis metafisaria tal vez 
sea resultado de la estructura anatómica del cartílago de crecimiento me-
tafisario. La placa de crecimiento tiene vasos grandes, sobre todo venas, 
por ser sitio de intensa actividad metabólica y síntesis ósea. Estos vasos 
grandes muchas veces forman un “giro de horquilla” en el cartílago de 
crecimiento (fisis) y los estudios muestran que el flujo sanguíneo, sobre 
todo en estas venas, quizá sea lento. Se especula que las bacterias podrían 
alojarse aquí por el flujo sanguíneo lento. También se menciona la posibi-
lidad de que la trombosis local transitoria de estas venas pueda brindar un 
foco para la infección. En cualquier caso, el área de hueso inmediata adya-
cente al cartílago de crecimiento es foco frecuente de infección.
La osteomielitis crónica puede conducir a la aparición de una fístula o 
un seno con drenaje crónico. Éste es un trastorno frecuente en los pacien-
tes diabéticos, pero puede surgir en cualquier osteomielitis con tratamien-
to incompleto. Las medidas terapéuticas con buenos resultados de esta 
anomalía es todo un desafío. Una vez establecida la infección crónica, ya 
ha sido bien demostrado que el cultivo del seno mismo es muy poco con-
fiable para revelar el microorganismo causal de los tejidos profundos. Para 
establecer el tratamiento definitivo, es obligatorio el cultivo adecuado de 
los tejidos profundos.
Una observación interesante, aunque desafortunada, en individuos 
con osteomielitis crónica con senos secretores, es que puede generarse un 
tumor maligno, en especial carcinomas epidermoides, dentro del tejido 
con infección crónica. Esta posibilidad debe tenerse presente cuando se 
trate a sujetos con osteomielitis crónica.
Osteomielitis granulomatosa
Un granuloma es un proceso inflamatorio crónico con células gigantes 
centrales y macrófagos, con una zona periférica de linfocitos y células 
plasmáticas. Por lo general, las radiografías simples son notables por la 
osificación y la calcificación, con grados variables de lucidez. El estudio 
histológico demuestra que la formación de un granuloma es idéntica a la 
observada en otros sitios. El trastorno granulomatoso más frecuente en el 
aparato locomotor es la tuberculosis.
La manifestación más frecuente de la tuberculosis es la artritis, más que 
la osteomielitis. Sin embargo, cuando se manifiesta en el hueso, casi siem-
pre se presenta en la columna vertebral. La deformidad como resultado de 
la infección quizá sea grave a causa de la destrucción de una o más vérte-
bras. En el adulto, lo más habitual es que la infección comience debajo del 
periostio y se disemina bajo el ligamento longitudinal anterior hasta afectar 
vértebras a cierta distancia. Los rasgos histológicos son los de la osteomie-
litis crónica, con fibrosis, destrucción ósea y necrosis caseosa prominente.
Artritis séptica
Como su nombre lo implica, la artritis séptica es la infección de una ar-
ticulación diartroidea. Los microorganismos, por lo regular bacterias, 
proliferan dentro de la cavidad articular y casi siempre producen limita-
ción marcada del movimiento articular, además de dolor intenso con la 
carga o el movimiento articular. Los pacientes con artritis séptica a menu-
do presentan fiebre alta, leucocitosis y malestar intenso. Por lo general, la 
articulación afectada muestra hinchazón tensa, calor y sensibilidad muy 
aguda. La artritis séptica espontánea puede ocurrir y lo hace en todos los 
grupos de edad, pero es más habitual en niños. Por lo regular, se cree que 
la mayoría de los casos de artritis séptica en pacientes pediátricos proviene 
de focos de osteomielitis aguda en la metáfisis que “irrumpe” en la articu-
lación. Las articulaciones en las cuales el cartílago de crecimiento es abar-
cado por la cápsula articular, corresponden a un sitio frecuente de este 
fenómeno (húmero, parte proximal del fémur). Casi siempre una infec-
ción articular pone en riesgo de daño irreversible al cartílago articular. Por 
consiguiente, es indispensable la identificación temprana de esta enferme-
dad y el inicio del tratamiento. También es indispensable reconocer que 
algunos procesos no infecciosos pueden simular el cuadro clínico de una 
articulación infectada. Estas entidades clínicas frecuentes incluyen artritis 
gotosa aguda, una agudización de alguna artritis inflamatoria, como artri-
tis reumatoide o la hemartrosis aguda. Por lo general, el primer paso en la 
valoración de un individuo con sospecha de artritis aguda es la aspiración 
articular. El líquido articular se examina en busca de células, sangre y pre-
sencia de cristales de ácido úrico o pirofosfato de calcio.
En presencia de leucocitosis sin más diagnóstico firme, el tratamiento 
incluye irrigación pronta y desbridamiento de la articulación. En algunas 
articulaciones accesibles, como la rodilla, la irrigación y el desbridamiento 
pueden llevarse a cabo con un artroscopio. En muchas otras articulacio-
nes, es necesaria la artrotomía abierta con exploración quirúrgica para 
desbridamiento e irrigación intensiva de la articulación. Ulterior a este 
procedimiento, se elige el régimen antibiótico y su duración, casi siempre 
después de consultar con un especialista en enfermedades infecciosas. El 
régimen antibiótico se adapta al microorganismo infeccioso y la situación 
clínica del sujeto de manera individual.
TRASTORNOS DEL PIE Y EL TOBILLO
Anatomía ósea
La parte distal de la tibia y el peroné se combinan con el astrágalo para 
formar la articulación del tobillo. El movimiento primario de dicha articu-
lación es la flexión y la extensión, y el arco de movimiento normal es cer-
cano a 60 grados, así como de 20 grados para la dorsiflexión y de 40 grados 
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para la flexión plantar. Esta articulación astragalotibial soporta grandes 
cargas durante la marcha y, sobre todo, en el curso de la actividad vigorosa. 
Debajo del astrágalo, la articulación astragalocalcánea, también llamada 
articulación subastragalina, corresponde al sitio de inversión y eversión 
significativas (entre cinco y 20 grados, ensituaciones normales). Las arti-
culaciones metatarsofalángicas se mueven muy poco. El movimiento de 
dichas articulaciones y de las interfalángicas es de flexión y extensión.
Valoración del paciente
Exploración física
Deben notarse las anomalías en la marcha. La presencia de edema o lesio-
nes cutáneas ha de registrarse como signo de insuficiencia vascular o en-
fermedad inflamatoria.
Por lo general, los pulsos dorsal del pie y tibial anterior se localizan con 
facilidad. Las cicatrices compatibles con alteraciones en la cicatrización de 
heridas previas tal vez indiquen entidad patológica crónica.
La hipersensibilidad en las articulaciones sugiere artritis degenerativa o 
enfermedad inflamatoria. La deformidad articular notable a menudo es ca-
racterística de algún padecimiento articular inflamatorio, como artritis 
reumatoide. Es posible palpar los ligamentos mayores del tobillo; muchas 
veces, tienen interés específico los ligamentos peroneoastragalino y tibio-
calcáneo. Ambos se lesionan a menudo en los esguinces de tobillo. Es indis-
pensable valorar la amplitud del movimiento articular. Las lesiones cróni-
cas del ligamento peroneoastragalino son frecuentes y pueden demostrarse 
con el signo del cajón anterior, para lo cual se tira de la parte posterior del 
pie hacia adelante, al nivel de la articulación tibioastragalina. En esguinces 
agudos, esta maniobra produce dolor agudo, pero no así en el crónico.
Estudios radiográficos
Un estudio del pie debe incluir proyecciones específicas, con vistas antero-
posterior (AP, anteroposterior), lateral y oblicua, así como la AP lateral y la 
proyección de la “mortaja del tobillo”. Esta última es una proyección radio-
gráfica del tobillo muy útil, la cual se obtiene en dirección AP un poco 
oblicua para presentar la articulación del espacio articular del tobillo, con 
el astrágalo alineado con la articulación del tobillo. Esto permite valorar el 
espacio articular de las articulaciones tibioastragalina y peroneoastragali-
na. En el diagnóstico y el tratamiento de muchos trastornos del pie y el 
tobillo, se usan imágenes por CT, MRI, gammagramas óseos, estudios vas-
culares venosos y arteriales, así como otras técnicas radiográficas con un 
propósito específico.
Trastornos degenerativos frecuentes del tobillo
El hallux valgus (“juanete”) es una deformidad frecuente del pie caracteri-
zada por angulación en valgo de la primera articulación matatarsofalángi-
ca. Hay muchos factores que influyen en la aparición de esta deformidad, 
pero el principal causante es el uso de zapatos estrechos que ejercen pre-
sión adicional sobre el primer dedo en sentido medial. Una vida entera de 
utilización de zapatos estrechos con tacones altos puede originar deformi-
dades importantes, dolorosas y antiestéticas del primer dedo. Una vez que 
se presenta el “juanete”, la angulación del primer dedo es tal que al final los 
tendones que cruzan la articulación se arquean tanto que aumentan la de-
formidad. Lo más notable es la desviación plantar y lateral del tendón ab-
ductor del primer dedo. Muchas veces se observan deformidades de los 
demás dedos que acompañan a este trastorno, casi siempre con los mis-
mos factores de riesgo. Con frecuencia se generan alteraciones cutáneas 
por el contacto entre los dedos adyacentes.
Tratamiento
A menudo son suficientes las medidas terapéuticas conservadoras para la 
artritis degenerativa y las deformidades relacionadas. Por lo general, aqué-
llas consisten en modificaciones del calzado. Tales medidas siempre son la 
primera opción terapéutica.
Por lo general, el tratamiento quirúrgico de los “juanetes” es eficaz para 
aliviar los problemas estéticos y el dolor.23 Una intervención quirúrgica 
con buenos resultados debe considerar varios aspectos que contribuyen al 
problema. En particular, es necesario corregir la desviación en valgo del 
primer dedo y muchas veces también debe suprimirse una desviación en 
varo del primer metatarsiano. Asimismo, es importante la reconstrucción 
del aparato flexor y la recolocación de los huesos sesamoideos (para aliviar 
las fuerzas deformadoras y prevenir la deformidad recurrente). Por lo ge-
neral, también se lleva a cabo la resección de la eminencia ósea medial 
(osteofitos mediales de la articulación metatarsofalángica). Es habitual 
que la reconstrucción consista en reforzar la cápsula y ajustar la posición 
de los tendones que cruzan la articulación. Muchas veces se practica os-
teotomía metatarsiana, la cual puede hacerse por varios medios.
Primer dedo rígido
Esta anomalía es un trastorno frecuente que a menudo afecta a los atletas 
o las personas que acostumbran usar zapatos con tacón alto. La alteración 
es una pérdida de movimiento dolorosa, sobre todo con la flexión dorsal 
de la articulación metatarsofalángica del primer dedo, casi siempre acom-
pañada de osteofitos exuberantes en las superficies dorsales de ambas ar-
ticulaciones. Cuando hay concomitancia de cambios degenerativos im-
portantes, este trastorno a veces se corrige con fusión e injerto óseo de la 
articulación afectada.
Deformidades de los dedos menores del pie
Las malformaciones angulares de los dedos menores casi siempre se clasifi-
can como deformidades con “dedos cruzados”. Por lo regular, la causa es el 
calzado relacionado con la fisiopatología de los “juanetes”. Estas deformida-
des angulares también se presentan a menudo en sujetos con “juanetes” y en 
muchas ocasiones son concurrentes. Otras deformidades que también cau-
san síntomas con frecuencia son el dedo “en mazo”, dedo “en martillo” y 
dedo “en garra”, todas las cuales se relacionan con imperfecciones en flexión 
de dedos individuales. Es habitual observar múltiples dedos “en garra” en 
presencia de enfermedad neurológica y hallarlos podría indicar un trastor-
no neurológico sistémico más importante. En general, son útiles los trata-
mientos conservadores que se enfocan en el uso de zapatos adecuados. En 
casos graves intratables, la intervención quirúrgica casi siempre incluye re-
sección del extensor corto del dedo o prolongación del tendón extensor 
corto del dedo, a veces acompañada de prolongación o tenotomía del exten-
sor largo del dedo. En inusuales ocasiones, la resección o la ablación quirúr-
gica de las articulaciones interfalángicas tal vez sea una medida eficaz.
Síndromes por atrapamiento nervioso
El neuroma de Morton es un trastorno frecuente y doloroso del nervio 
común de los dedos del pie, más a menudo en el primero, segundo y tercer 
espacios interdigitales. Aunque a menudo se utiliza la palabra neuroma, 
sería mejor describirlo como enfermedad degenerativa del nervio. Los 
traumatismos diminutos repetidos y la compresión crónica pueden ser 
factores contribuyentes. El neuroma de Morton es más habitual en muje-
res. El diagnóstico se hace por exploración física, en particular la repro-
ducción del dolor con la compresión mediolateral del pie y sensibilidad 
local. El tratamiento conservador consiste en zapatos con punta amplia y 
suela firme. Tal vez sea útil un cojinete metatarsiano dentro del zapato 
para sostener la parte más proximal de los metatarsianos. Cuando las me-
didas conservadoras fallan, una opción apropiada es la extirpación del 
nervio (para dejar una pequeña deficiencia sensorial).
Síndrome del túnel del tarso
El espacio entre el maléolo medial y la superficie adyacente del calcáneo se 
conoce como túnel del tarso. Debajo de la densa capa de ligamentos, el 
túnel del tarso contiene los tendones del flexor largo del primer dedo y del 
flexor largo de los dedos, así como el tendón tibial posterior y un paquete 
neurovascular. Tal como ocurre en el síndrome del túnel del carpo, la com-
presión nerviosa puede originar molestia considerable. Los síntomas a 
menudo se perciben en un sitio distal al punto de compresión y, en ocasio-
nes, fuera de la distribución normal del nervio tibial posterior. Por lo re-
gular, este diagnóstico se acompaña de sensibilidad sobre el túnel del tarso. 
Los síntomas quizá sean resultadode neuromas identificables, enferme-
dad inflamatoria o efecto de un traumatismo antiguo. A menudo se discu-
te sobre la etiología real. En ocasiones, se usan estudios electrodiagnósti-
cos. La modificación del calzado, incluida la inmovilización con una 
abrazadera, puede ser útil, pero muchos de estos pacientes se someten a 
tratamiento quirúrgico, que implica la exploración del túnel y la liberación 
del retináculo flexor y de la fascia.
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Artritis reumatoide del pie
El pie y el tobillo con frecuencia se afectan en individuos con padecimien-
tos inflamatorios sistémicos, como artritis reumatoide. Como en la mano 
y la muñeca, los efectos de la enfermedad inflamatoria pueden manifestar-
se en el trastorno erosivo de los ligamentos y los tendones (incluso rotura), 
así como entidad patológica erosiva de los huesos y las articulaciones.24
Los pies constituyen la principal fuente de discapacidad para sujetos 
con artritis reumatoide. De hecho, con una incidencia conocida de 1% de 
incidentes de artritis reumatoide en Estados Unidos, el cirujano ortope-
dista debe estar alerta ante los signos característicos de enfermedad infla-
matoria en el pie (crecimiento articular exuberante, deformidad articular 
y sinovitis), y muchas veces es dicho cirujano quien hace el diagnóstico 
inicial de artritis reumatoide.
La enfermedad inflamatoria del pie suele comenzar en las articulacio-
nes metatarsofalángicas y origina subluxación o luxación evidente en la 
base de las falanges proximales. La deformidad y el dolor debajo de las 
cabezas de los metatarsianos también pueden ser las primeras molestias; a 
menudo, la exploración física revela reacciones significativas del tejido 
blando en la superficie plantar de la parte posterior del pie. Asimismo, se 
observa deformidad en valgo de la parte posterior del pie en padecimien-
tos inflamatorios debidos a la afectación de las articulaciones y los liga-
mentos astragalocalcáneos. El resultado es la angulación en valgo y sub-
luxación lateral de la articulación, lo cual puede causar pérdida del arco 
longitudinal del pie. Los casos leves a moderados de enfermedad reuma-
toide del pie pueden tratarse con fármacos y calzado modificado. Las de-
formidades de la parte posterior del pie en valgo a menudo se tratan con 
fusión ósea (con frecuencia una artrodesis triple: fusión del astrágalo, el 
calcáneo y el navicular).
Síndrome doloroso del talón (fascitis plantar)
El síndrome doloroso del talón es un trastorno relativamente frecuente 
que puede causar dolor intenso, a veces casi incapacitante. Por lo general, 
el dolor se percibe en la superficie plantar del pie, justo delante del calcá-
neo. Esta área del pie es sensible a la palpación y el paciente refiere dolor 
intenso al levantarse de la cama o una silla, con dolor extremo durante los 
primeros minutos de carga del peso en el pie. En general, el dolor intenso 
cuando se inicia la carga del peso disminuye cuando dicha carga se conti-
núa, pero el dolor regresa después de cualquier intervalo corto de reposo. 
Existe controversia sobre la fisiopatología exacta de los síntomas. Por lo 
general, se acepta que la fuente subyacente es la irritación y la inflamación 
de la fascia plantar. En algunos individuos, se identifica atrapamiento de la 
primera rama del nervio plantar lateral, en cuyo caso la liberación de 
la fascia profunda adyacente a este nervio brinda un alivio considerable.
Dolor en la parte posterior del talón
El dolor en la región de inserción del tendón de Aquiles sobre el calcáneo 
es frecuente. Puede ser resultado de bursitis, ya sea posterior o anterior al 
tendón de Aquiles, que por lo general se presenta con dolor local en la 
parte posterior del talón, exacerbado con el esfuerzo. La exploración física 
revela sensibilidad anterior al tendón de Aquiles. Por lo general, esto pue-
de tratarse sin intervención quirúrgica con inmovilización (bota para ca-
minar) y antiinflamatorios.
La tendinitis en la inserción (tendinosis) del tendón de Aquiles casi 
siempre se observa en sujetos mayores de 40 años de edad, muchas veces 
relacionada con un cordón tenso en el talón. La tendinosis puede ser inca-
pacitante y por lo general se trata con inmovilización y reposo; estiramien-
to de la región del gastrocnemio, el sóleo y aquileana, así como modifica-
ción del calzado. Cuando es intenso y persistente, este trastorno es objeto 
de tratamiento quirúrgico con desbridamiento del tendón afectado. Si el 
área de inserción del tendón en el calcáneo muestra atenuación grave, es 
necesaria la reconstrucción del tendón.
MEDICINA DEL DEPORTE
Por supuesto que una lesión por causa atlética puede afectar muchas áreas 
del aparato locomotor. La subespecialidad ortopédica de “medicina del 
deporte” se creó como respuesta a la incidencia tan alta de lesiones del te-
jido blando (ligamentos, tendones y cartílago) en pacientes que practican 
ejercicio y deportes. Las articulaciones más problemáticas en este aspecto 
son la rodilla y el hombro. El tratamiento ortopédico para tales lesiones 
incluye anamnesis cuidadosa, exploración física y atención constante a la 
necesidad y los deseos del individuo. La intervención quirúrgica para le-
siones de ligamento y cartílago en tales pacientes casi siempre se lleva a 
cabo por artroscopia.
Anatomía de la rodilla
La principal función mecánica de la rodilla es la de una bisagra, pero so-
porta cargas axiles tremendas, además de fuerzas de torsión y de corte. Por 
desgracia, las principales estructuras estabilizadoras de la rodilla se lesio-
nan con frecuencia. El ligamento cruzado anterior (ACL, anterior cruciate 
ligament) es una estructura muy robusta que se sitúa en la región central 
de la rodilla. Sus funciones mecánicas son complejas, pero la más impor-
tante es restringir la excursión anterior de la tibia debajo del fémur. El li-
gamento cruzado posterior (PCL, posterior cruciate ligament) se encuentra 
justo detrás del ACL. No hay duda que el PCL tiene múltiples funciones, 
de las cuales la más importante y más fácil de valorar es la función para 
limitar el movimiento de deslizamiento posterior de la tibia debajo del fé-
mur. El ligamento colateral medial (MCL, medial collateral ligament) se 
sitúa fuera de la cápsula articular y restringe la flexión en valgo de la rodi-
lla. El ligamento colateral lateral es análogo al MCL y une el epicóndilo 
lateral del fémur con la cabeza del peroné. La función del ligamento cola-
teral lateral es restringir la angulación en varo de la articulación. Todos 
estos ligamentos son vulnerables a la lesión.
Meniscos
Dentro de la articulación, las dos grandes superficies articulares de los cón-
dilos se articulan con el cartílago de la meseta tibial. Los meniscos de fibro-
cartílago con forma de medialuna se sitúan en la parte medial y lateral den-
tro de la articulación, y sirven para guiar el movimiento de los cóndilos 
femorales y distribuir la carga de manera más uniforme en la articulación. 
Los meniscos son estructuras estabilizadoras importantes. Los meniscos 
fibrocartilaginosos sólo están vascularizados en su tercio externo. Por su 
función mecánica importante, están sujetos a desgarros traumáticos agudos 
(desgarros agudos) y degeneración progresiva (desgarros degenerativos).
El menisco medial se desgarra con mayor frecuencia que el lateral. Los 
desgarros del menisco medial o el lateral pueden ser asintomáticos o cau-
sar síntomas muy limitantes. Hay informes de desgarros en los meniscos 
en todas las porciones de éstos; son frecuentes los desgarros radial y longi-
tudinal.25 Un tipo especial de desgarro longitudinal es el llamado “en asa 
de cubo”, el cual es paralelo al contorno en C del menisco y puede crear un 
colgajo notable y problemático si se desplaza.
Los síntomas causados por el desgarro de meniscos incluyen dolor lo-
cal e inflamación intermitente de larodilla, además de dolor al recibir car-
ga de peso. Los desgarros desplazados de los meniscos pueden interferir 
con el movimiento articular y, en ocasiones, impiden la extensión comple-
ta de la rodilla, lo cual se denomina rodilla trabada. En ocasiones, la rodi-
lla trabada cede a la manipulación para disminuir el desgarro del menisco. 
Lo más frecuente es que estos sujetos requieran intervención quirúrgica 
oportuna para cortar o reparar el colgajo.
Las opciones terapéuticas para el desgarro de menisco incluyen resec-
ción y reconstrucción del área desgarrada, casi siempre preferible para las 
lesiones pequeñas (fig. 43-24).26 Los desgarros muy grandes en pacientes 
jóvenes y activos casi siempre se tratan con reparación primaria del me-
nisco, por lo general con técnica artroscópica (fig. 43-25). La extirpación 
completa de un menisco desgarrado, alguna vez de uso muy generalizado, 
ahora sólo se recomienda en contadas ocasiones porque la pérdida de la 
función del menisco para distribuir la carga puede acelerar el cambio os-
teoartrítico en la rodilla.27 A veces los meniscos con lesiones graves en 
individuos jóvenes activos pueden controlarse mediante sustitución del 
menisco con aloinjerto de cadáver. Los resultados a largo plazo de esta 
técnica todavía no están claros.
Lesiones ligamentosas de la rodilla
La lesión del MCL ocurre después del estiramiento excesivo en valgo de la 
rodilla. Por desgracia, a veces se acompaña de lesión del menisco. Es pre-
ferible el tratamiento no quirúrgico para una lesión aislada del MCL. En la 
mayoría de los pacientes se anticipa la recuperación funcional completa.
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Las lesiones del ligamento colateral lateral son mucho menos frecuen-
tes que las del MCL. Sin embargo, por lo regular se tratan también sin in-
tervención quirúrgica. Las lesiones del ACL quizá sean aisladas, aunque a 
menudo se detectan combinadas con rotura del MCL y desgarro del me-
nisco medial o lateral. La tríada de desgarros del MCL, el menisco medial 
y el ACL es más habitual en los deportes de contacto (p. ej., fútbol ameri-
cano) o deportes con saltos (p. ej., basquetbol).
Lesión del ligamento cruzado anterior
No es necesario un ACL funcional para las actividades de la mayoría de los 
individuos ni para la vida diaria.26 De hecho, muchos atletas competitivos 
también pueden mantener un alto nivel de competencia con deficiencia de 
ACL en una rodilla, tal vez por constricciones secundarias del tejido blan-
do, actividades musculares y esfuerzo individual. Por desgracia, muchas 
personas con deficiencia de ACL en una rodilla causada por falla traumá-
tica del ligamento no tienen posibilidades de competir por la incapacidad 
de la rodilla. Por consiguiente, en sujetos para quienes la práctica atlética 
es parte importante de su vida, la reconstrucción del ligamento cruzado es 
un procedimiento útil que prolonga la participación atlética de muchos 
pacientes (fig. 43-26).28
La valoración del individuo por la posibilidad de lesión del ACL inclu-
ye una prueba de Lachman: exploración manual pasiva de la estabilidad 
AP de la rodilla, la cual se mantiene en extensión ligera. El diagnóstico de 
la rotura del ACL y otras lesiones internas relacionadas de la rodilla casi 
siempre se confirma con MRI de la articulación afectada. Se describen 
varias técnicas para la reconstrucción del ligamento cruzado que por lo 
general implican un autoinjerto o aloinjerto colocado a través de túneles 
dentro de la tibia y el fémur.29 Es usual el deslizamiento central del tendón 
rotuliano, incluida una porción de la inserción ósea tanto de la eminencia 
tibial como de la rótula misma, al igual que los injertos tejidos de los ten-
dones de la corva. Asimismo se utilizan otras fuentes de injerto. La coloca-
ción precisa de los túneles óseos para el injerto y la tensión apropiada del 
mismo son partes críticas de este procedimiento, después del cual casi 
siempre es necesario un proceso prolongado de rehabilitación.
El PCL se lesiona con menor frecuencia que el ACL. En general, una 
rotura del PCL se tolera mejor que un ACL en una rodilla deficiente. Una 
maniobra útil de exploración para probar la función del PCL es la prueba del 
cajón posterior, que es el inverso de la prueba de Lachman. Para llevarla a 
cabo, se coloca la rodilla en flexión ligera y se valora la estabilidad de la tibia 
debajo del fémur mediante manipulación pasiva. La reconstrucción del PCL 
se practica con menor frecuencia que la reconstrucción del ACL, aunque 
cuando hay deficiencias funcionales por esta lesión, el tratamiento quirúrgi-
co quizá sea satisfactorio para los sujetos atléticos.30 Se cree que las rodillas 
con deficiencia crónica de PCL tienen mayor incidencia de osteoartritis, 
sobre todo de los compartimientos femororrotuliano y medial de la rodilla.
Figura 43-24. Imágenes 
artroscópicas de un desgarro del 
menisco medial de la rodilla antes 
(arriba) y después (abajo) del 
desbridamiento artroscópico. 
(Cortesía del doctor David Green.)
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HOMBRO
Luxación e inestabilidad del hombro
La articulación glenohumeral es de tipo esfera y cavidad. El rodete glenoi-
deo brinda alguna estabilidad a la cavidad muy poco profunda de la apó-
fisis glenoidea, pero esta articulación grande con amplia movilidad es la 
que se disloca con más frecuencia en el cuerpo humano. Las luxaciones 
pueden generarse por traumatismos mayores o menores. Aunque la luxa-
ción es susceptible de generarse en dirección posterior o inferior, la direc-
ción más habitual de luxación es la anterior. Un paciente con luxación 
anterior se queja de dolor local y se presenta con el hombro en rotación in-
terna. La posición anterior de la cabeza humeral en tales lesiones tal vez 
dificulte el diagnóstico radiográfico. Se recomiendan una radiografía AP, 
una proyección glenoidea (axilar) y una vista en Y del hombro para valo-
rar esta lesión. La anomalía neurovascular relacionada es posible, pero 
inusual. Cuando se explora con cuidado, a menudo se encuentra que se 
trata de una parálisis transitoria del nervio axilar (≥30%). La recolocación 
del hombro casi siempre se consigue con el individuo en posición supina; 
se sujeta la extremidad superior para ejercer tracción suave en posición de 
abducción ligera. Es conveniente utilizar alguna sedación antes de la ma-
niobra. Luego de reducir la luxación del hombro, por lo general se coloca 
un cabestrillo por comodidad. No se recomienda la inmovilización pro-
longada del hombro (como se hacía años atrás).31 Muchas veces, la inmo-
vilización prolongada origina rigidez sustancial del hombro y no disminu-
ye de manera apreciable la frecuencia de una nueva luxación. Por desgracia 
después de una luxación anterior, muchos sujetos experimentan luxacio-
nes recurrentes.32 Cuando esto se convierte en múltiples incidentes, se 
considera la estabilización quirúrgica del hombro. Se describen muchos 
procedimientos para reconstruir y ajustar la cápsula del hombro, mu-
chos de los cuales ya se llevan a cabo por vía artroscópica.
Síndrome subacromial
Después de un traumatismo menor, una lesión repetitiva o a veces sin un 
fenómeno generador identificable, muchos pacientes tienen dolor en el 
hombro. El dolor por un síndrome de trastorno del hombro se localiza en 
la parte anterior y se exacerba con la abducción del hombro, lo cual tal vez 
sea resultado de la irritación de los tejidos en el espacio subacromial.
Los síndromes subacromiales conforman un amplio espectro de ano-
malías que van desde la simple bursitis hasta tendinitis de la cabeza larga 
del bíceps o del tendón del supraespinoso.33 En muchos individuos, este 
síndrome subacromial puede progresar a un desgarro notorio del tendón 
del supraespinoso,el más cefálico de los tendones del manguito rotador. El 
diagnóstico se confirma con la documentación de la fuga del contraste en 
un arteriograma del hombro. La MRI también puede ser definitiva; la eco-
grafía es accesible y bastante precisa.
Un hecho interesante es que los individuos con desgarros del manguito 
rotador muchas veces permanecen asintomáticos y muchos tienen un uso 
excelente del hombro sin dolor o dificultad aparente. Por otro lado, gran 
cantidad de sujetos con estos desgarros tienen dolor intenso incapacitante 
y la mayoría es incapaz de efectuar actividades deportivas por esta causa. 
Por consiguiente, a menudo se indica la reparación quirúrgica de una le-
Figura 43-25. Imágenes artroscópicas 
de un desgarro horizontal del menisco 
medial. El desgarro se repara con una 
técnica de “sutura oculta”. (Cortesía del 
doctor David Green.)
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sión del manguito rotador para restaurar la función. En casi todos los ca-
sos, la reparación primaria del manguito rotador se lleva a cabo por vía 
artroscópica.34 En ocasiones, el procedimiento se acompaña de una resec-
ción ósea de la porción inferior del acromion.
Articulación acromioclavicular
Esta articulación es gruesa y no muy móvil; asimismo, es vulnerable a le-
siones de ligamentos (esguinces), sobre todo en prácticas atléticas en las 
cuales son frecuentes los golpes en el hombro o las caídas sobre el hombro. 
Tales anomalías varían desde lesiones simples de espesor parcial (esguin-
ces grado 1), hasta el desgarro notable de los ligamentos acromioclavicular 
y acromiocoracoideo, que causa desplazamiento de la articulación. Estas 
alteraciones son frecuentes en los deportes de contacto, como el fútbol 
americano, y son muy habituales en los jugadores de hockey sobre hielo. 
Un esguince acromioclavicular se refiere como separación de hombro y no 
debe confundirse con la luxación glenohumeral. Por lo general, el trata-
miento para esta separación de hombro (esguince acromioclavicular) es 
sintomático. Las lesiones con desplazamiento de importancia con desga-
rro evidente de los ligamentos coracoclaviculares a veces son objeto de 
reconstrucción quirúrgica.
COLUMNA VERTEBRAL
Traumatismo raquídeo
El tratamiento del traumatismo raquídeo es una de las áreas más difíciles 
de la intervención quirúrgica ortopédica. A veces, las situaciones constitu-
yen grandes desafíos porque muchos pacientes que sufrieron un trauma-
tismo raquídeo considerable también tienen otras lesiones viscerales y 
musculoesqueléticas. El establecimiento de prioridades terapéuticas en 
estas circunstancias tal vez sea difícil. En individuos con una lesión aislada 
de la médula espinal, las principales preocupaciones para el cirujano orto-
pedista son el estado neurológico del sujeto; la posible presencia de com-
presión medular continua y la estabilidad de la columna vertebral, así 
como la probable necesidad de estabilización.35
La valoración del estado neurológico del paciente se describe en el ca-
pítulo 42 sobre neurocirugía. En la etapa temprana del estudio de estos 
individuos, debe hacerse una exploración física detallada en busca de otras 
lesiones, además del análisis minucioso de cualquier déficit neurológico.36 
Las prioridades de atención siguen los elementos primarios de vía respira-
toria, ventilación y circulación. Si el sujeto no tiene alteraciones neuroló-
gicas, la principal preocupación es la exploración de la estabilidad raquí-
dea para saber si la movilización o no del enfermo (a menudo necesaria 
para otros tratamientos) es segura, y si es probable la curación exitosa de 
la lesión raquídea sin intervención quirúrgica.
En pacientes con deficiencias neurológicas notables, la pregunta inme-
diata es si existe o no compresión continua de la médula espinal o un ner-
vio radicular para la cual estaría indicado un procedimiento de descom-
presión. En la mayoría de las situaciones de lesión medular, se aplica la 
descompresión expedita siempre que sea posible. Por desgracia, los bene-
ficios reales de tales intervenciones son muy difíciles de valorar de manera 
objetiva. Cada vez hay más evidencia indicadora de que la descompresión 
pronta de la lesión medular produce una diferencia detectable y mensura-
ble en la función neurológica aguda y subaguda. Todavía se debate si los 
sujetos tratados de esta manera están mejor seis meses o un año después 
de la lesión.
Figura 43-26. Imágenes artroscópicas de 
un paciente con una rotura del ligamento 
cruzado anterior antes (arriba) y después 
(abajo) de la reconstrucción con un injerto 
de tendón. (Cortesía del doctor David Green.)
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La investigación de laboratorio extensa con modelos animales de le-
sión medular sugiere que la descompresión muy temprana de una lesión 
medular localizada genera diferencias objetivas y mensurables en la recu-
peración. Todavía se desconoce el momento óptimo para la descompre-
sión en los seres humanos. Se cuenta con datos en animales que sugieren 
que la intervención temprana es mejor que la tardía.
Luxación occipitocervical
La luxación del occipucio sobre los cóndilos occipitales del atlas (C1) es 
una lesión ulterior a un traumatismo de alta energía, sobre todo de tipo 
automovilístico. Por desgracia, sólo sobrevive una diminuta fracción de 
los individuos con esta lesión, ya que casi siempre ella se acompaña de le-
sión medular cervical alta o del tallo encefálico. En los escasos pacientes 
que sobreviven, la tracción espinal está contraindicada. El tratamiento de-
finitivo consiste en la estabilización y la fusión con un dispositivo de tor-
nillo y placa o barra y tornillo que abarque desde el occipucio hasta la 
parte intermedia de la columna cervical.37
Fracturas de C1 (fractura de Jefferson)
La fractura de Jefferson, descrita de manera elocuente por el doctor Jeffer-
son en 1920, es una fractura del anillo de C1.38 La vértebra C1 no tiene un 
cuerpo anterior verdadero como el resto de las vértebras. Los anillos ante-
rior y posterior bastante delgados están sujetos a fractura, sobre todo con 
lesiones con carga axil. La fractura de Jefferson causa extensión lateral de 
las masas laterales de C1, lo cual es visible en una radiografía AP (a través 
de la boca) de la columna cervical superior. En realidad, esta lesión da lu-
gar a un aumento en el tamaño del conducto medular, por lo cual rara vez 
se acompaña de lesión neurológica. Por fortuna, las fracturas óseas curan 
de manera confiable. El tratamiento de elección en las fracturas de Jeffer-
son es la colocación de una abrazadera con ortosis cervicotorácica o un 
halo con chaleco.
Fracturas de C2 (fractura odontoidea)
La apófisis odontoides es una estaca de hueso que surge de la parte central 
del cuerpo de C2 y se articula con el anillo anterior de la vértebra C1. La 
articulación entre la odontoides en la vértebra C1 y la faceta atlantoaxoi-
dea es el sitio donde se produce la mitad del movimiento cervical de rota-
ción normal. Sin embargo, la odontoides es una estructura relativamente 
pequeña y es vulnerable a la fractura. Anderson y D’Alonzo llevaron a 
cabo una elocuente descripción de los tipos de fracturas odontoideas en su 
documento clave, que describe una fractura “tipo I” casi siempre benigna 
que consiste en una fractura por arrancamiento de la punta de la apófisis 
odontoides.39 Se cree que estas fracturas tipo I se producen a causa de los 
ligamentos alares que se extienden desde la punta de la odontoides al crá-
neo (sin pasar por la vértebra C1). Aunque estas fracturas por arranca-
miento aisladas pueden ser dolorosas, no constituyen peligro alguno para 
el sujeto. Las fracturas tipo I casi siempre se tratan de manera sintomática 
con resultados satisfactorios esperados.
Una fracturaa través de la base de la apófisis odontoides, al nivel de las 
superficies articulares de las articulaciones facetarias, se considera como 
lesión “tipo II” en el esquema de clasificación de Anderson y D’Alonzo (fig. 
43-27). Estas fracturas se originan por fuerzas de carga oblicuas o laterales 
sobre la odontoides. La superficie de fractura más bien pequeña creada por 
esta lesión y la superficie pequeña de hueso esponjoso dentro de la odon-
toides quizá sean las razones por las cuales esta variedad particular de frac-
tura odontoidea consolida mal. Cuando estas lesiones se inmovilizan con 
ortosis cervicotorácica o un halo con chaleco, las tasas publicadas de falta 
de unión varían entre 20 y 80%. Por consiguiente, el tratamiento de una 
fractura odontoidea tipo II casi siempre es quirúrgico. La estabilización de 
la lesión puede efectuarse por medio de acceso anterior mediante la trans-
fixión directa de la odontoides con un tornillo desde el borde anterointe-
rior del cuerpo de C2 que se inserta a través del sitio de fractura y hasta la 
odontoides. Esta colocación del tornillo es técnicamente difícil y sólo se 
lleva a cabo con la disponibilidad de técnicas excelentes de imagen trans-
operatorias. Una alternativa a la fijación directa de esta fractura es la esta-
bilización posterior y la fusión de C1 sobre C2. Esto puede realizarse con 
técnicas de colocación de alambre sublaminar o mediante fijación con tor-
nillo posterior. La fijación anterior de la odontoides con tornillo permite 
la posibilidad de movimiento rotatorio continuo entre C1 y C2. Aunque la 
fusión posterior de C1 y C2 restaura la seguridad y la estabilidad, también 
disminuye mucho la amplitud del movimiento de la columna cervical.
Las fracturas tipo III de Anderson y D’Alonzo se describen como aque-
llas que se extienden al cuerpo de C2, debajo del hueso de la apófisis odon-
toides. Las superficies de fractura son grandes y están bien vascularizadas. 
Las fracturas tipo III curan de manera confiable con una abrazadera en 
halo o con abrazaderas de otro diseño. Rara vez se necesita la intervención 
quirúrgica.
Fracturas “del ahorcado” de C2
Las fracturas “del ahorcado” o espondilolistesis traumática de C2 son fractu-
ras a través de la parte interarticular de C2 (el segmento de los elementos 
posteriores entre las facetas superior e inferior de C2). Esta fractura se 
produce por fuerzas súbitas de extensión del cuello que originan una frac-
tura a través de esta área de C2, que es una de las porciones más delgadas 
de los elementos posteriores de esta vértebra. En la mayoría de los casos, 
esta lesión no estrecha el conducto medular. Casi todos los individuos con 
fracturas “del ahorcado” con desplazamiento mínimo conservan la fun-
ción neurológica intacta. Por lo general, el tratamiento para esta lesión es 
conservador, con inmovilización simple mediante ortosis cervicotorácica 
o un halo con chaleco. En caso de lesiones de alta energía (como las gene-
radas de manera intencional en ahorcamientos judiciales), las fuerzas de 
extensión más intensas producen luxación del complejo facetario C2-C3 y 
lesión del disco entre C2 y C3. Estas fracturas desplazadas pueden afectar 
el conducto medular y lo hacen. Cuando hay un desplazamiento notable, 
la muerte aparece por afectación de la respiración. Pocas veces se encuen-
tran pacientes sin lesión neurológica y fracturas “del ahorcado” con des-
plazamiento significativo. Estos sujetos se tratan con fijación interna y 
colocación de injerto entre C2 y C3 (fig. 43-28).
Fractura por compresión de la columna cervical
Este tipo de fracturas se refieren a la lesión por carga axil con falla de la 
placa terminal, pero conservación de la corteza posterior del cuerpo ver-
tebral. Esto se presenta en las vértebras C3 a C7 y puede o no acompañar-
se de fractura en la corteza anterior. En cualquier caso, con la corteza pos-
terior del cuerpo vertebral intacta, no se produce afección de los elementos 
nerviosos. La posibilidad de curación de estas fracturas es muy alta y es-
tos individuos casi siempre se tratan sin intervención quirúrgica. Se pres-
criben analgésicos y una abrazadera cervical por comodidad.
Fracturas con estallido de la columna cervical
Tales fracturas son resultado de la falla bajo cargas axiles. Los mecanismos 
frecuentes surgen en ocupantes de un vehículo automotor que no usan cin-
turón de seguridad y golpean el parabrisas y en accidentes por clavados. Sin 
embargo, la fractura con estallido es distinta a la causada por compresión, 
ya que se rompe la corteza posterior del cuerpo vertebral. Muchas veces, 
esto causa desplazamiento (retropulsión) de fragmentos óseos hacia el con-
ducto medular, lo cual origina lesión y disfunción neurológicas. Las fractu-
ras con estallido de muy alta energía pueden afectar también elementos 
posteriores, pero esto es menos frecuente. Una fractura con estallido en un 
paciente sin deficiencias neurológicas es susceptible de tratarse de manera 
conservadora con reposo en cama y tracción. Éste puede ser un tratamiento 
adecuado para un adolescente cooperador que tiene la posibilidad de que la 
fractura consolide en muy poco tiempo. Es mucho más frecuente que esto 
ocurra en adultos, para quienes el reposo prolongado en cama no es sólo 
inconveniente, sino peligroso. Por consiguiente, casi todos estos sujetos son 
objeto de intervención quirúrgica, con desbridamiento anterior de la frac-
tura (necesaria en caso de afectación neurológica) y reconstrucción con un 
contrafuerte de injerto óseo, así como la aplicación de un dispositivo de 
tornillo y placa. Por lo regular, la fijación con placa después de colocación 
de injerto como contrafuerte y descompresión permite la movilización in-
mediata del individuo. Hay que impedir las actividades vigorosas hasta que 
se confirme la consolidación de la fractura seis a 15 semanas después.
Luxación facetaria unilateral y bilateral
La flexión forzada con fuerzas de separación (como ocurre en un acciden-
te automovilístico de un conductor con cinturón de seguridad) puede cau-
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sar subluxación anterior de las vértebras cervicales sobre su vecina subya-
cente, con luxación de una o ambas articulaciones facetarias. Un hecho 
interesante es que el diagnóstico casi siempre puede hacerse con confianza 
en una radiografía lateral, ya que la luxación de una articulación facetaria 
genera un desplazamiento anterior de exactamente 50% del diámetro AP 
del cuerpo vertebral afectado.
En general, la luxación facetaria bilateral se produce por un desplaza-
miento anterior de 50%. En ocasiones, hay fracturas de la articulación fa-
cetaria junto con la luxación. Una luxación facetaria unilateral rara vez da 
como resultado lesión medular, pero las luxaciones facetarias bilaterales 
muchas veces sí la causan. Son frecuentes los síntomas radiculares después 
de la luxación facetaria unilateral o bilateral, ya que la faceta luxada puede 
estrechar el orificio de salida y comprimir los nervios radiculares interme-
dios. El tratamiento para esta lesión consiste en tracción axil, por lo regu-
lar ejercida después de la colocación de tenazas craneales, seguida de apli-
cación graduada de peso con radiografías periódicas. Esto siempre se hace 
con el paciente despierto por aspectos de seguridad. Cuando se logra la 
reducción exitosa, el riesgo de luxación recurrente es tan alto que la mayo-
ría de los sujetos se somete a intervención quirúrgica para procedimientos 
de fusión posterior en las vértebras afectadas. Esto puede llevarse a cabo 
por medio de colocación de alambre en las apófisis espinosas, o con un 
dispositivo de tornillo y placa o tornillo y barra; los tornillos se insertan en 
las masas laterales. La estabilización posoperatoria con un collarín cervi-
cal queda a discreción del cirujano tratante. Por lo general, pueden espe-
rarse excelentes resultadosa largo plazo.
Lesión “del paleador”
Este tipo de alteración es una anomalía frecuente, pero a menudo desaper-
cibida, de la apófisis espinosa de una vértebra cervical inferior o una torá-
Figura 43-27. Imágenes radiográficas 
de una fractura desplazada de la apófisis 
odontoides de C2, antes y después de la 
reducción y la fijación interna. La fractura 
transversal en la apófisis odontoides (tipo 
II) tienen una tasa alta de falta de unión 
cuando se trata de manera no quirúrgica.
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cica superior. Es más frecuente en los niveles C6, C7, T1 y T2, y es resulta-
do de una fractura por arrancamiento de la apófisis espinosa por las 
fuerzas de los músculos paravertebrales. La lesión se describió por prime-
ra vez en convictos que paleaban arcilla y tierra. Hoy en día, es más fre-
cuente encontrarla después de accidentes automovilísticos. A veces, estas 
fracturas son difíciles de ver en las imágenes radiográficas (por la sombra 
proyectada por el hombro). Por lo general, la fractura sólo requiere trata-
miento sintomático (analgésicos con o sin un collarín blando por comodi-
dad), pero corresponde al médico tratante buscar estas lesiones cuando se 
sospechan.
FRACTURAS DE LAS COLUMNAS TORÁCICA 
Y LUMBAR
Lesión de la columna toracolumbar
Las fracturas torácicas y lumbares casi siempre se describen juntas porque 
el mecanismo de fractura de estas áreas anatómicas distintivas es similar. 
Las fracturas de la columna torácica casi siempre son más estables que le-
siones semejantes en la columna lumbar por la estabilidad que aportan las 
costillas. Por supuesto, también los patrones de lesión neurológica son dis-
tintos en la columna torácica y la parte proximal de la columna lumbar por 
la presencia de la médula espinal, que se termina al nivel de L2. Por consi-
guiente, las lesiones que afectan el conducto medular tienen mayor proba-
bilidad de causar alteraciones neurológicas que las de la columna lumbar. 
No obstante, los patrones generales de lesión y sus tratamientos son muy 
parecidos.
Fractura por compresión
La fractura por compresión aguda de la columna torácica y la lumbar es 
un fenómeno relativamente frecuente. Las fracturas traumáticas por com-
presión en individuos con densidad ósea normal implican una fractura de 
la placa terminal superior o, con menor frecuencia, la placa terminal infe-
rior, con o sin falla cortical posterior relacionada. La zona de lesión para la 
fractura por compresión está confinada a la “columna anterior”, según de-
fine el doctor Francis Denis40 en su documento de referencia de 1983 (fig. 
43-29). Las lesiones aisladas en la columna anterior no causan deficiencia 
neurológica, ya que la corteza posterior del cuerpo vertebral y, por tanto, 
los bordes del conducto medular, permanecen intactos; es improbable que 
tales lesiones originen inestabilidad. Por lo general, el tratamiento es sin-
tomático, con abrazaderas para brindar comodidad y analgésicos. En la 
mayoría de los casos, se observa la consolidación exitosa de la fractura con 
desaparición del dolor en cuatro a 10 semanas.
Fractura con estallido
Este tipo de lesión, causada por fuerzas de carga axil más intensas, es fre-
cuente después de caídas y accidentes automovilísticos. Una fractura con 
Figura 43-28. Imágenes preoperatorias por tomografía computadorizada y radiografía posoperatoria de un paciente con fractura “del ahorcado” de C2 
(espondilolistesis traumática). La mayoría de este tipo de fracturas se trata sin intervención quirúrgica, pero en fracturas desplazadas graves, está 
indicada la reducción con colocación de injerto óseo. Esto puede llevarse a cabo en un procedimiento anterior o (como se muestra) posterior.
Columna
media
Columna
anterior
Columna
posterior
Figura 43-29. La columna vertebral puede considerarse como tres 
columnas. Dos de tres pueden mantener la estabilidad.
43Brunicardi(1557-1608).indd 158543Brunicardi(1557-1608).indd 1585 15/7/10 12:17:3915/7/10 12:17:39
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estallido implica la rotura de una o ambas placas terminales y la corteza 
anterior de una vértebra torácica o lumbar, con una falla relacionada en la 
corteza posterior. Muchas veces, la fractura cortical posterior genera re-
tropulsión del hueso hacia el conducto medular, lo cual afecta los elemen-
tos nerviosos y origina deficiencia neurológica aguda. El fragmento des-
plazado hacia atrás en una lesión con fractura con estallido casi siempre 
tiene forma trapezoide, lo cual refleja la anatomía trabecular del área en la 
base de los pedículos, donde ocurre la falla.41 En ocasiones, con cargas de 
lesión más intensas, hay fractura del elemento posterior, por lo general 
una fractura vertical causada por fuerzas ejercidas a través de la faceta que 
generan una fuerza diseminada sobre los elementos posteriores. Estas 
fracturas de la lámina vertical son muy importantes porque muy a menu-
do esta lesión contiene el segmento invaginado de la duramadre, en oca-
siones con nervios radiculares. La intervención quirúrgica por medio de 
acceso posterior de esta fractura puede causar desgarro dural yatrógeno y 
lesión nerviosa.
Por lo regular, los pacientes con fracturas con estallido sin alteraciones 
neurológicas obtienen buenos resultados del tratamiento no quirúrgico, 
con sólo la utilización de una ortosis rígida y analgésicos. Cuando se des-
cubre una lesión neurológica de importancia, casi siempre se recomien-
dan medidas terapéuticas de tipo quirúrgico. Lo más frecuente es que éste 
consista en exposición anterior de las vértebras fracturadas y extracción 
de los elementos anteriores fracturados. Este procedimiento se llama cor-
pectomía. Al mismo tiempo (como en las fracturas con estallido de la co-
lumna cervical), se extirpan los dos discos adyacentes para exponer las 
placas terminales óseas. Se coloca un contrafuerte de injerto; puede ser un 
autoinjerto, un aloinjerto o contrafuertes fabricados con titanio o cerámi-
ca. Por lo general, también se aplica por vía lateral un sistema de barra o 
placa para brindar estabilidad. El acceso anterior hace posible la descom-
presión directa del conducto medular y la eliminación de cualquier frag-
mento desplazado por retropulsión.
Otra alternativa es el acceso espinal posterior, que puede o no incluir 
laminectomía y exposición directa de los elementos nerviosos. Como la 
compresión nociva se dirige hacia adelante, tal vez sea difícil la visualiza-
ción adecuada de los fragmentos intraespinales desde esta perspectiva y 
casi siempre se intenta la descompresión mediante instrumentación de 
separación. Se colocan ganchos y tornillos en las vértebras proximal y dis-
tal al segmento fracturado y se aplican fuerzas de estiramiento longitudi-
nal mediante una barra unida. Por lo general, esto logra la reducción par-
cial de la compresión neurológica. Cuando el ligamento longitudinal 
posterior está tenso, ejerce una fuerza correctiva que induce de nuevo la 
migración de los fragmentos en el conducto hacia su posición anatómica 
normal. La descompresión predecible del conducto medular con técnicas 
de separación posterior no es absoluta. En promedio, esto genera mejoría 
del diámetro del conducto, pero en algunos casos, a pesar de un procedi-
miento realizado con la técnica correcta, persiste la compresión.
Lesiones por cinturón de seguridad
(lesiones de separación por flexión)
Las lesiones de separación por flexión se producen por fuerzas de separa-
ción sobre la columna vertebral. El mecanismo es la flexión anterior aguda 
del tronco con restricción anterior, como la que origina un cinturón de 
seguridad de regazo. Conforme la pelvis y la parte superior del tronco se 
mueven hacia adelante, se crea una palanca que puede provocar falla de la 
columna vertebral a tensión, a partir de los elementos posteriores y que se 
extiende por la columna vertebral.La falla puede ocurrir a través de los 
tejidos blandos, con desgarro de la fascia dorsal, el ligamento interespino-
so, luxación de las facetas y desgarro de los discos. Asimismo, es posible 
que esta lesión se presente a través del hueso, con falla notable en tensión 
del hueso de la apófisis espinosa, la lámina, los pedículos y el cuerpo. Esta 
variante “toda ósea” recibe el nombre de fractura de Chance, nombrada así 
no por su morfología única, sino por deferencia al doctor Chance, que 
describió por primera vez esta lesión en 1958.42
Por fortuna, las lesiones de separación por flexión no suelen originar 
lesión neurológica, ya que los elementos neurológicos casi siempre son 
mucho más tolerantes a las fuerzas de separación que a las de compresión. 
Por desgracia, cuando la lesión por separación debida a flexión ocurre 
sobre todo en el tejido blando, no es de esperarse una curación confiable 
del tejido blando, por lo cual muchas veces está indicado un injerto óseo 
relacionado para restaurar la estabilidad raquídea.
Un hecho interesante es que, por las superficies ásperas irregulares del 
hueso, las fracturas de la variante “toda ósea” (fractura de Chance) casi 
siempre son bastante estables. Se recomienda una abrazadera, pero por lo 
general la lesión de Chance “toda ósea” se trata con buenos resultados sin 
necesidad de intervención quirúrgica.
Fracturas-luxaciones raquídeas
Este tipo de lesiones de la columna vertebral son anomalías graves rela-
cionadas con lesión desplazada de los elementos óseos, ya sea con un com-
ponente de traslación o de rotación. Por necesidad, la presencia de una 
deformidad por traslación o rotación genera alteración del conducto ra-
quídeo. La mayoría de los sujetos que sufre estas lesiones graves tiene de-
ficiencia neurológica, a menudo profunda (fig. 43-30).
Por lo general, está indicada la reducción de los huesos desplazados, y 
casi siempre ésta es la mejor manera de mejorar las dimensiones del con-
ducto raquídeo. El pronóstico para la recuperación neurológica en un in-
dividuo con lesión nerviosa completa es infortunado. Los pacientes con 
conservación parcial de la función con frecuencia tienen recuperaciones 
neurológicas notables. Aquellos con fracturas-luxaciones de la columna 
vertebral siempre son objeto de tratamiento quirúrgico para salvaguardar 
Figura 43-30. Imágenes preoperatorias por tomografía computadorizada y radiografías posoperatorias de un paciente con fracturas de T5 y T6, y 
lesión medular “incompleta”. El conducto medular se descomprimió y las fracturas se estabilizaron mediante instrumentación con tornillo en el pedículo.
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cualquier función neurológica remanente o para permitir la movilización 
del sujeto y el inicio temprano de la rehabilitación.
Hernia de disco
La hernia de disco es un fenómeno muy frecuente que suele hallarse entre 
los 20 y los 50 años de edad; puede surgir en las columnas cervical, toráci-
ca o lumbar. Consiste en el desgarro o una falla por desgaste del anillo del 
disco intervertebral, lo cual permite que el material del núcleo pulposo 
penetre por el anillo y entre en el conducto raquídeo. La incidencia de este 
fenómeno es impresionante. Por fortuna, la mayoría de estas anomalías 
causa síntomas mínimos. La mayor parte de la población tendrá una her-
nia de disco en algún momento de su vida. Por lo regular, las hernias de 
disco aparecen con dolor, ya sea en el cuello o el área lumbar, que en uno 
a 14 días progresa hasta incluir dolor radicular en la extremidad superior 
o inferior. Puede haber compresión de nervios radiculares y, según la loca-
lización de la hernia, afecta al nervio radicular que cruza o al que sale por 
el nivel determinado. Las hernias grandes pueden afectar estas dos raíces 
nerviosas. En la columna cervical, también existe la posibilidad de com-
presión medular, aunque esto no es muy frecuente. Cuando una hernia de 
disco genera síntomas mielopáticos, debe tratarse de manera intensiva.
La evolución natural esperada de las hernias de disco es la desaparición 
espontánea de los síntomas. Se presume que esto ocurre por la acomoda-
ción natural de la raíz nerviosa a la compresión y la eliminación del proce-
so inflamatorio agudo que puede acompañar a la lesión anular aguda. Va-
rios estudios demostraron que el núcleo pulposo extruido en realidad 
se reabsorbe también con el tiempo. Por consiguiente, al menos 90% de las 
radiculopatías originadas por hernia de disco desaparecen o mejoran de 
manera sustancial en ocho semanas, por lo cual no se recomienda la inter-
vención quirúrgica, ni siquiera para las radiculopatías graves, en las pri-
meras seis a ocho semanas.43 En caso que haya síntomas de importancia 
luego de este intervalo, el cirujano y el enfermo toman las decisiones sobre 
las opciones quirúrgicas. En caso que se elija la intervención quirúrgica, 
puede hacerse la extirpación del disco afectado con descompresión de las 
raíces nerviosas, con excelente pronóstico. Por tanto, casi todos los pacien-
tes se sienten satisfechos con los resultados.
El tratamiento quirúrgico para una hernia de disco casi siempre se lle-
va a cabo por acceso anterior, con disección a través de una incisión en la 
parte anterior del cuello. La disección se hace lateral a la tráquea y al esó-
fago, y medial a la vaina carotídea para exponer los huesos y los discos de 
la columna cervical anterior. El disco se extirpa completo, en sentido ante-
rior a posterior; esto hace posible la visualización directa de la duramadre 
y el disco extruido. En la mayoría de los casos, se coloca luego un injerto 
en el espacio del disco para inducir la fusión entre las vértebras afectadas. 
En la mayoría de los pacientes, se fija luego una placa de titanio de perfil 
bajo en las vértebras afectadas mediante tornillos de fijación. La ventaja 
del acceso anterior es que permite la visualización del material del disco, 
incluido cualquier componente central.
Un acceso quirúrgico alternativo es la descompresión posterior y la 
laminectomía. Se realiza la disección a través de la línea media para expo-
ner los elementos posteriores de la columna vertebral. Se retira una parte 
de la lámina en el nivel afectado para hacer posible el acceso al conducto. 
Ésta es una excelente opción para las compresiones de los orificios inter-
vertebrales y en las hernias de disco muy laterales. Con un acceso poste-
rior es imposible visualizar la hernia central expuesta de disco por la pre-
sencia de la médula espinal, la cual no puede tocarse ni manipularse de 
manera segura. Una ventaja del acceso posterior es que puede efectuarse 
sin la necesidad de fusión o instrumentación.
El acceso quirúrgico para una hernia de disco de la columna lumbar es 
similar al acceso posterior recién descrito para la columna cervical. Se lle-
va a cabo una incisión medial con exposición de los elementos posteriores 
de la columna vertebral. Se extirpan porciones de las láminas hasta que se 
obtiene una buena visualización de la depresión lateral. A diferencia de la 
columna cervical, es posible la retracción suave de la duramadre en la co-
lumna lumbar inferior, lo cual permite visualizar los nervios radiculares 
que atraviesan, además del fragmento del disco. Por tanto, incluso un frag-
mento central de disco puede retirarse con visualización directa excelente 
de la columna lumbar. Esto puede realizarse a través de una incisión muy 
pequeña y, en casi todos los casos, sin la necesidad de fusión o instrumen-
tación.
Estenosis raquídea
Esta alteración corresponde a un estrechamiento adquirido del conducto 
medular y puede ocurrir en los segmentos cervical, torácico o lumbar. Por 
lo general, esto se debe a una combinación de cambios degenerativos ra-
quídeos, pérdida de altura del disco y abultamiento tanto del tejido anular 
como del ligamento amarillo; estos dos cambios contribuyen alestrecha-
miento del conducto. La causa principal son las transformaciones hiper-
tróficas en las articulaciones facetarias con formación de osteofitos, lo cual 
contribuye a la compresión de nervios. La estenosis cervical puede origi-
nar síntomas mielopáticos progresivos de hiperreflexia, ataxia, trastornos 
del equilibrio y debilidad en cuatro cuadrantes. En ocasiones, la compre-
sión radicular concurrente también genera dolor radicular en la extremi-
dad superior.
En la columna lumbar, un cuadro clínico más frecuente es el de “clau-
dicación neurógena”. Los sujetos permanecen asintomáticos en reposo, 
pero cuando caminan experimentan molestia progresiva, debilidad y, a 
veces, entumecimiento de las extremidades inferiores. Los síntomas de es-
tas últimas, derivados de la estenosis raquídea lumbar, casi siempre des-
aparecen muy pronto al sentarse o con la flexión anterior del cuerpo. Es 
posible demostrar que la lordosis lumbar creciente (como ocurre en la bi-
pedestación o la marcha) estrecha aún más el conducto por el abultamien-
to del ligamento amarillo y la posición de las facetas artríticas.
Se puede obtener alivio temporal de la estenosis raquídea, tanto en el 
segmento cervical como torácico, con la administración epidural de corti-
coesteroides. El tratamiento definitivo para síntomas discapacitantes con-
siste en descompresión quirúrgica; en particular, resección de las láminas 
problemáticas y resección del hueso hipertrófico de las facetas afectadas.44 
Si se lleva a cabo una resección ósea extensa, sobre todo en la columna 
cervical, a veces está indicada la estabilización con injertos óseos y fijación 
interna (barras o placas).
La estenosis raquídea es una entidad clínica más frecuente en indivi-
duos mayores de 50 años de edad y, a veces, mucho mayores. Por desgra-
cia, el mismo grupo de pacientes a menudo tiene deformidades espinales 
adquiridas de espondilolistesis degenerativa o escoliosis degenerativa.45 
La presencia de síntomas marcados de estenosis raquídea en presencia de 
una deformidad, como espondilolistesis o escoliosis, puede crear un pro-
blema terapéutico difícil. La simple descompresión en presencia de espon-
dilolistesis o una escoliosis notable puede originar una progresión súbita, 
precipitada y problemática de la deformidad raquídea del sujeto. Por con-
siguiente, cuando se planean procedimientos descompresivos en indivi-
duos con deformidad, en la mayoría de los casos se recomienda un proce-
dimiento de fusión con instrumentación. Por desgracia, estos son 
procedimientos quirúrgicos mayores y que pueden generar morbilidad, 
muchas veces contraindicados en aquellos con enfermedades concomi-
tantes debilitantes.
Dolor de espalda y enfermedad
degenerativa del disco intervertebral
Se conoce una miríada de causas para el dolor de espalda y, por desgracia, 
para muchos sujetos estos dolores se vuelven crónicos y discapacitantes. 
Las quejas de dolor lumbar siempre deben alertar al médico ante la posi-
bilidad de un proceso nefasto, como un tumor maligno. Las metástasis se 
presentan en la columna vertebral con una frecuencia atemorizante.
La enfermedad degenerativa de la columna vertebral es habitual y está 
claro que puede causar dolor lumbar discapacitante. Un misterio que per-
siste hasta ahora, es la correlación limitada entre la enfermedad degenera-
tiva demostrada en estudios de imagen y los niveles de dolor de espalda. 
Muchos individuos con cambios degenerativos graves no tienen dolor, 
mientras que otros que sólo tienen enfermedad degenerativa leve en las 
imágenes, se quejan de síntomas discapacitantes. La valoración y el trata-
miento de estos enfermos todavía es un área de gran controversia. Una 
opción terapéutica para el dolor lumbar discapacitante en presencia de 
trastorno degenerativo es considerar los procedimientos quirúrgicos para 
fusión raquídea.
Antes, las técnicas de fusión para las articulaciones dolorosas con os-
teoartritis degenerativa tuvieron éxito en las extremidades. Aunque la fu-
sión de la cadera y la rodilla para estas indicaciones ya se sustituyó por 
procedimientos de sustitución, se reconoce que la fusión de rodilla, cade-
43Brunicardi(1557-1608).indd 158743Brunicardi(1557-1608).indd 1587 15/7/10 12:17:4015/7/10 12:17:40
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ra, muñeca, codo y hombro pueden ser métodos muy eficaces para aliviar 
el dolor. Por desgracia, los resultados clínicos observados con las interven-
ciones quirúrgicas de fusión raquídea tienen un éxito menos claro. La con-
troversia es favorecida por los problemas agregados de ganancia secunda-
ria, anomalías psiquiátricas y por las difíciles preguntas diagnósticas sobre 
cuáles porciones de los elementos axiles causan el dolor.
Muchos cirujanos defienden el uso de la discografía, una prueba de 
inducción que se utiliza con el sujeto despierto, en la cual se inserta una 
aguja percutánea en un espacio discal y se inyecta medio de contraste. El 
flujo anómalo del contraste a través del disco y el anillo se interpreta para 
registrar los cambios degenerativos en el disco. Se considera que la estimu-
lación simultánea del dolor “típico” mediante la inyección, confirma la 
localización anatómica del dolor. Por desgracia, incluso con la discografía, 
la tasa de buenos resultados con estos procedimientos de fusión es contro-
versial, en el mejor de los casos. Muchos aceptan la documentación de 
pequeños números de fibras nerviosas no mielinizadas dentro del anillo 
externo del disco como la fuente real del dolor de espalda. En fecha recien-
te, la sustentación con registros de la inervación extensa del espacio epidu-
ral y del hueso vertebral mismo generó otras interrogantes sobre las posi-
bles fuentes del dolor en estos individuos. El trabajo sobre este tema 
continúa.
Una nueva opción para el tratamiento de la enfermedad degenerativa 
del disco intervertebral es el uso de una prótesis para sustituir dicho disco. 
Ya se cuenta con varios diseños en todo el mundo. Hay gran controversia 
alrededor de su uso, enfocada en su eficacia real, su posibilidad para aflo-
jarse, la probable creación de detritos por utilización y la dificultad rela-
cionada con una futura intervención quirúrgica de revisión. Estas prótesis 
se colocan muy próximas al contenido del conducto medular y los vasos 
grandes. Todavía no queda claro cuál será el tratamiento futuro de este 
problema clínico difícil.
Escoliosis
Escoliosis es un término usado para describir una curva lateral de los hue-
sos de la columna vertebral. Esto es fácil de documentar en imágenes ra-
diográficas. Por la anatomía raquídea, la deformidad con flexión late-
ral siempre se acompaña de una deformidad por rotación, fenómeno 
llamado acoplamiento. Por tanto, la curva de escoliosis siempre tiene un 
componente de rotación. La escoliosis es una entidad patológica tridi-
mensional.
La descripción de las curvas escolióticas es tema de un extenso estudio 
mecánico y anatómico, y se usan varios diseños adecuados para medir y 
definir las curvas. El más frecuente y más conveniente es el método Cobb, 
nombrado así por la descripción que hizo el doctor Cobb en 1948.46 Se 
trazan líneas a lo largo de las placas terminales de los cuerpos vertebrales 
a ambos lados de la curva y el ángulo que forma la intersección de estas 
líneas se toma como la “magnitud” de la curvatura. Esta técnica no consi-
dera el componente rotatorio de las deformidades, el cual se mide por 
otros medios.
Las curvas de escoliosis no sólo se clasifican por su magnitud, sino por 
su etiología; se consideran congénitas (huesos afectados con desarrollo de 
forma anómala), degenerativas (una curvatura originada por cambios de-
generativos en las articulaciones de la columna vertebral), metabólicas 
(generadas por enfermedad metabólica genética generalizada, como mu-
copolisacaridosis), neurógenas (deformidades espinales causadas por una 
alteración neurológica, como parálisis cerebral o lesión medular) y curvas 
miógenas (las vinculadascon trastornos musculares primarios). Estas 
curvas miógenas a menudo se encuentran en pacientes con distrofia mus-
cular. Las curvas idiopáticas son la modalidad más frecuente de escoliosis. 
Ahora se sabe que la escoliosis idiopática en realidad constituye un espec-
tro de la enfermedad genética causada por varios genes distintos con pe-
netrancia variable. En este capítulo, la mayor parte del análisis se limita a 
curvaturas degenerativas e idiopáticas.
Por lo general, las curvaturas degenerativas se observan en sujetos ma-
yores de 50 años de edad. A veces, es imposible distinguir una curvatura 
degenerativa primaria de una idiopática con enfermedad degenerativa re-
lacionada. En cualquier caso, los adultos con escoliosis y artritis raquídea 
dolorosa progresiva a menudo tienen síntomas discapacitantes, no sólo 
por dolor axil, sino por el desequilibrio de la postura consecutivo a estas 
curvaturas. En ocasiones, las medidas sintomáticas con fármacos, fisiote-
rapia y modificaciones de la actividad son bastante insatisfactorias. En 
casos graves, en los que se observa deformidad objetiva y el estado médico 
del individuo lo requiere, la intervención quirúrgica para aplicar fuerzas 
correctivas mediante fijación interna por medio de barras y tornillos gene-
ra mejoría sustancial y mayor calidad de vida. Estas intervenciones qui-
rúrgicas sólo se llevan a cabo luego de un consentimiento informado me-
ticuloso y bien meditado; instrucción del paciente y atención médica 
preoperatoria y perioperatoria cuidadosa. Éstos son procedimientos qui-
rúrgicos difíciles con alta tasa de complicaciones.
Escoliosis idiopática
La escoliosis idiopática tiene presentaciones infantil, juvenil y adolescen-
te. La mayoría de los sujetos adquiere la escoliosis durante la adolescencia. 
Estas curvas, que parecen debidas a un espectro de trastornos genéticos 
con penetrancia variable, casi siempre se manifiestan durante la adoles-
cencia temprana y pueden progresar con rapidez durante los periodos de 
crecimiento esquelético. En general, la progresión notable de estas curva-
turas se detiene al alcanzar la madurez ósea. Sin embargo, durante el cre-
cimiento esquelético activo, puede producirse una deformidad de progre-
sión rápida. El tratamiento inicial puede consistir en observación. Las 
curvaturas que progresan a un ritmo con probabilidad de generar una de-
formidad importante a menudo se controlan con abrazaderas. Estas últi-
mas se aplican al tronco para sostener la columna vertebral en una posi-
ción corregida. Las abrazaderas no generan corrección permanente de la 
curvatura, pero a menudo disminuyen la velocidad o detienen la progre-
sión de la deformidad. El uso de abrazaderas para un individuo con esco-
liosis idiopática casi siempre es más eficaz en curvas de 20 a 40 grados, 
según la técnica de Cobb. Cuando las abrazaderas son inútiles y en pacien-
tes con curvas grandes, es adecuada la intervención quirúrgica. El trata-
miento quirúrgico consiste en el uso de barras para la instrumentación de 
la columna vertebral en una mejor posición con injerto y fusión; esta téc-
nica puede lograr una corrección drástica de estas curvaturas (fig. 43-31). 
Tales procedimientos también conllevan la posibilidad de complicaciones 
considerables y siempre disminuyen mucho el movimiento del tronco. La 
decisión de llevar a cabo el procedimiento quirúrgico en un adolescente 
con escoliosis siempre debe considerarse con cuidado y por lo general se 
efectúa sólo en presencia de progresión imparable. Es una decisión combi-
nada entre el cirujano, los padres y el enfermo.
Escoliosis neuromuscular
Por lo general, la escoliosis de causas neurógenas se detecta a edades tem-
pranas. Hay cientos de trastornos neurológicos que pueden generar esco-
liosis, como la poliomielitis y la parálisis cerebral. Estas curvas casi siem-
pre son descompensadas, lo cual significa que el individuo es incapaz de 
inclinar la parte superior del cuerpo para recuperar el equilibrio. Por con-
siguiente, estas curvaturas a menudo desequilibran la bipedestación, in-
cluso la posición sentada (fig. 43-32). Los enfermos no ambulatorios con 
frecuencia son objeto de intervenciones quirúrgicas correctivas de la esco-
liosis para mejorar el equilibrio al sentarse y evitar la lesión cutánea origi-
nada por la oblicuidad pélvica.
PATOLOGÍA Y ONCOLOGÍA ORTOPÉDICAS
Introducción
Muchas veces se le pide al cirujano ortopedista que trate tumores benignos 
y malignos. Por la complejidad de estas entidades patológicas, la estrategia 
para el diagnóstico y el tratamiento de dichas lesiones requiere la colabo-
ración del cirujano, el radiólogo y el patólogo; lo idóneo es que los tres 
sostengan una conversación antes y después de la biopsia y del tratamien-
to definitivo. La falta de comunicación adecuada entre todos los implica-
dos a menudo conduce a un diagnóstico erróneo o algo peor.
Los tumores más frecuentes en la práctica ortopédica son las metásta-
sis óseas. Muchos carcinomas, en especial de pulmones, próstata, tiroides, 
glándulas mamarias y riñones, con frecuencia producen metástasis al hue-
so. Estas metástasis esqueléticas muchas veces son dolorosas y pueden 
debilitar el hueso hasta causar una fractura patológica. Por desgracia, en 
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muchas ocasiones el ortopedista es el médico que hace el diagnóstico ini-
cial de metástasis, ya que estas lesiones dolorosas o las fracturas relaciona-
das pueden ser el fenómeno de presentación para muchos sujetos con es-
tos cánceres.
Cuando se valora por primera vez a un individuo con una lesión ósea, 
el ortopedista recurrirá a estudios de imagen, siempre con radiografías 
simples y, a menudo, con otras técnicas de imagen, como MRI, CT y gam-
magrama óseo. También se consideran siempre las pruebas de laboratorio 
Figura 43-31. Imágenes 
preoperatorias y posoperatorias de 
un paciente de 13 años de edad con 
escoliosis idiopática progresiva que 
no se controló con abrazaderas. Se 
obtuvo una corrección excelente 
con la instrumentación y la fusión 
posteriores. (Cortesía del doctor 
Darrell Hanson.)
Figura 43-32. Imágenes 
preoperatorias y posoperatorias de un 
paciente de 14 años de edad con 
escoliosis progresiva relacionada con 
parálisis cerebral. Esta curva causaba 
problemas progresivos en el equilibrio 
para sentarse, los cuales 
desaparecieron con éxito mediante la 
corrección y la fusión quirúrgicas. 
(Cortesía del doctor Darrell Hanson.)
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y los antecedentes del paciente. Las lesiones óseas son muy difíciles de 
identificar. La posibilidad de enfermedad maligna o infección debe tener-
se presente cuando se trate cualquier tejido alterado en el hueso. El oncó-
logo ortopedista siempre debe considerar la posibilidad de que la lesión en 
cuestión sea un foco metastásico con un tumor primario distante; un foco 
infeccioso; una lesión no neoplásica o del desarrollo; o bien, una lesión 
benigna, un linfoma o un mieloma. Por último, la lesión podría constituir 
un tumor maligno primario de tejidos mesenquimatosos (sarcoma).
En sujetos con sospecha de enfermedad metastásica, muchas veces las 
pruebas de laboratorio, las radiografías, la exploración física y la anamne-
sis revelan el origen primario del tumor. Por lo general, el tratamiento para 
las metástasis óseas es no quirúrgico. Por desgracia, una metástasis grande 
dentro del hueso muchas veces lo debilita hasta llegar a la fractura. Si la 
fractura ya ocurrió al momento de la presentación, por lo regular se cuen-
ta con el tratamiento quirúrgico para estabilización y paliación. Muchas 
veces se recomienda la profilaxis, ya que existe una curación ósea confia-
ble en la fase de enfermedad metastásica. La restauración funcional es una 
prioridaden presencia de estas lesiones, que con frecuencia se tratan con 
fijación interna y, a veces, injerto óseo.
Se conocen diversas lesiones no neoplásicas del hueso que simulan tu-
mores. En la mayoría de los casos, la primera preocupación es el diagnós-
tico preciso. Si se diagnostica mal, una neoplasia ósea maligna puede con-
ducir al desastre.
Las lesiones benignas no neoplásicas del hueso son relativamente fre-
cuentes. Éstas deben diferenciarse de las lesiones malignas. Las lesiones 
benignas pueden ser inconstantes, pero algunos tumores benignos tienen 
un comportamiento local agresivo y destructivo. Cuando ciertas lesiones 
benignas agresivas aparecen en sitios difíciles, como columna vertebral, 
tal vez generen parálisis o la muerte.
Neoplasias óseas
Los sarcomas son resultado de la transformación maligna de células del li-
naje mesenquimatoso. Algunos sarcomas son de crecimiento lento, otros 
progresan con rapidez. A continuación se describen de manera individual.
Enfermedades metastásicas
Por desgracia, las fracturas patológicas son comunes. Cualquier interven-
ción quirúrgica en una lesión de este tipo se acompaña de biopsia trans-
operatoria del tejido anómalo. Otro problema frecuente es el de individuos 
con metástasis, con grandes lesiones óseas que aún no causan una fractu-
ra.47 La identificación de dichas lesiones quizá sea sorprendentemente di-
fícil. Es posible que se destruya hasta 50% de la sustancia de un hueso 
largo antes que estas lesiones sean visibles en las radiografías habituales 
(fig. 43-33). En caso de una lesión grande que ocupa una parte importante 
del cuerpo de un hueso largo, ha de considerarse la fijación interna profi-
láctica. Los procedimientos a menudo pueden llevarse a cabo sin abrir el 
sitio de fractura mediante la inserción de barras o clavos desde un punto 
distal para atravesar la lesión. Estas técnicas de fijación interna en realidad 
son susceptibles de proteger el hueso de la fractura y le ahorran al enfermo 
una intervención quirúrgica mucho más complicada.
Tratamiento de pacientes con sarcomas óseos
El paso inicial en el tratamiento de sujetos con sarcoma óseo es una valo-
ración médica completa que incluya pruebas de laboratorio, exploración 
torácica en busca de posibles lesiones metastásicas y detección de otras 
posibles lesiones óseas (fig. 43-34). En casi todos los casos, la biopsia inicial 
se lleva a cabo como paso separado antes de cualquier intervención quirúr-
gica.48 Es obligatorio que la planeación y los procedimientos quirúrgicos 
sean efectuados por un cirujano con experiencia en tumores. La incisión 
para la biopsia se planea con cuidado para atravesar la menor cantidad de 
planos hísticos a fin de que toda el área de la disección para la biopsia, in-
cluida la zona de incisión cutánea, pueda extirparse en caso que el indivi-
duo se someta luego a la resección definitiva del tumor.49,50 Por consi-
guiente, las incisiones son lo más pequeñas posibles y con orientación 
longitudinal.51,52 Se sugiere una conversación sobre la biopsia con el pató-
logo encargado antes de realizarla.53 Siempre que sea posible, se obtiene 
tejido para su análisis patológico “permanente”, además de cultivo y corte 
congelado (fig. 43-35). Cuando pueda hacerse, el corte congelado se efec-
túa durante la intervención quirúrgica.54 La finalidad del corte congelado 
no es proporcionar un diagnóstico; de hecho, el análisis del corte congela-
do de sarcomas rara vez es definitivo. El propósito de dicho corte es asegu-
rar que el tejido obtenido represente una muestra razonable del tejido alte-
rado. La información crítica que se busca con el análisis del corte congelado 
es asegurar que la biopsia se haya obtenido del “interior de la lesión”. Des-
pués de esto, se cierra la incisión. No se realiza ninguna intervención qui-
rúrgica adicional hasta que se establezca el diagnóstico definitivo.
Sarcomas metastásicos
Las metástasis de sarcomas pueden surgir de muchos tejidos distintos, 
pero el origen más frecuente de la enfermedad metastásica es el pulmón. 
Cuando se sospecha un sarcoma, la exploración física y las imágenes del 
tórax son consideraciones tempranas importantes.
Quimioterapia en el tratamiento de sarcomas
El uso de quimioterapia antes de la resección quirúrgica definitiva como 
medida terapéutica neocoadyuvante ya es parte frecuente del tratamiento 
de muchos sarcomas, si no de todos.55 En los últimos 30 años, se han crea-
do agentes terapéuticos eficaces que a menudo son capaces de reducir el 
tamaño de las lesiones malignas. La quimioterapia sola no tiene buenos 
resultados para curar ningún sarcoma, pero con la combinación de qui-
mioterapia e intervención quirúrgica pueden conseguirse tasas gratifican-
tes de supervivencia a largo plazo y curación.
Tumores formadores de hueso:
osteoma osteoide (benigno)
El osteoma osteoide es una lesión benigna formadora de hueso de origen 
incierto que se presenta con un nido radiolúcido central (<1.5 cm) y escle-
rosis densa circundante. Esta lesión se presenta en pacientes <20 años de 
edad (casi siempre <12 años), aunque a veces ocurre en adultos. Su locali-
zación predominante es intracortical, salvo cuando aparecen en los peque-
ños huesos de manos y pies, en cuyo caso son intramedulares. En las ra-
diografías simples, se visualizan como esclerosis cortical densa. El nido tal 
vez sea difícil de observar y la CT a menudo es útil en tal caso. En el estu-
Figura 43-33. Fractura inminente de la parte proximal del fémur (flecha) 
por carcinoma mamario metastásico. La fijación interna con un 
dispositivo intramedular (clavo de Zickel) con radioterapia subsiguiente 
permite el control local del tumor y la consolidación de la fractura.
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dio histológico, el nido es una proliferación fibrovascular densa con abun-
dante formación de hueso nuevo y actividad osteoblástica y osteoclástica 
intensa. La esclerosis circundante es muy densa y se aproxima a la obser-
vada en la corteza normal.
El dolor generado por este tumor quizá sea muy intenso. Un hecho 
interesante es que el dolor tiene una respuesta marcada y predecible al 
ácido acetilsalicílico o a un antiinflamatorio no esteroideo. De hecho, la 
administración regular de antiinflamatorios a menudo constituye un tra-
tamiento definitivo para estas lesiones, que en un porcentaje notable de 
casos regresa de manera espontánea, casi siempre después de uno a siete 
años. En caso de considerar medidas terapéuticas más intensivas, una le-
sión accesible puede ser objeto de ablación percutánea con radiofrecuen-
cia (calor aplicado por medio de corrientes alternas de alta frecuencia). En 
otras ocasiones, puede someterse a extirpación quirúrgica.
Osteoblastoma (benigno)
El osteoblastoma es un tumor productor de hueso relativamente inusual 
que puede tener un crecimiento local hasta alcanzar un tamaño grande, 
aunque no produce metástasis. Tal vez los sujetos se presenten con dolor 
local y, en ocasiones, con una tumoración. La apariencia histológica de las 
lesiones consiste en células con núcleos de forma regular, muchas veces 
con áreas de tejido hemorrágico y depósito irregular de osteoide.
Por definición, el osteoblastoma mide más de 1.5 cm y tiene rasgos 
histológicos idénticos a los del nido del osteoma osteoide. Aunque estas 
lesiones pueden aparecer en cualquier parte, tienen propensión a formarse 
en los elementos posteriores de la columna vertebral, donde simulan un 
tumor maligno en las imágenes radiográficas. La apariencia radiográfica es 
la de una lesión lítica pura con producción ocasional de matriz interna. En 
huesos más pequeños o más delgados, el osteoblastoma a menudo “se rom-
pe” hacia el tejido blando circundante, lo cual semeja una lesión maligna. 
En el estudio histológico, el osteoblastoma presenta formación de hueso 
nuevo en distribuciones irregulares con abundante estromafibrovascular. 
A veces se observan figuras mitóticas, sobre todo si la lesión se fracturó o 
durante el embarazo, pero la transformación maligna es inusual. Por lo 
general, los osteoblastomas se tratan con extirpación o legrado local.
Sarcoma osteógeno
Los sarcomas osteógenos son malignos. Se conocen varios subtipos de este 
tumor con propiedad variable para originar metástasis. Los sarcomas os-
teógenos se distinguen por la síntesis directa de osteoide en las células tu-
Diagnóstico tentativo con base en edad y radiografías simples
A
B
Presentación
Interrogatorio
Exploración física
Radiografía simple
Presentación
H&P
Radiografía simple
+/– ecografía
Observar
a intervalos
de 4-12 semanas
Continuar
observación
Sin
cambio
Probablemente
benigno
Biopsia
Biopsia
Posible
sarcoma
+/– gammagrama
óseo
+/– CT
Gammagrama óseo
CT/MRI de lesión
CT torácica
Gammagrama óseo
CT torácica
CT abd
Gammagrama óseo
MRI de lesión
CXR/CT de tórax
Crecimiento,
cambio
de consistencia
Tumor óseo
maligno
Tumor óseo
metastásico
Tumor
benigno
Resección radical
Extirpación amplia
Extirpación marginal
Extirpación intracapsular
o subtotal
= Tumor
= Zona reactiva
Figura 43-35. Definiciones de márgenes quirúrgicos de sarcomas óseo 
y de tejido blando. (Modificada con autorización de Enneking WF et al: A 
system for the surgical staging of musculoskeletal sarcoma. Clin Orthop 
153:106, 1980.)
Figura 43-34. Algoritmos de estadificación para (A) tumores óseos
y (B) tumores de tejido blando. Abd, abdomen; CT, tomografía 
computadorizada; CXR, radiografía de tórax; H&P, anamnesis y 
exploración física; MRI, imagen por resonancia magnética. (Modificada 
con autorización de Kasser JR [ed]: Orthopaedic Knowledge Update 5. 
Rosemont, IL: American Academy of Orthopaedic Surgeons, 1996, p 136.)
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morales. Una variante de grado bajo del sarcoma osteógeno es la periósti-
ca; ésta corresponde a un tumor de crecimiento lento y surge de manera 
predecible en la superficie externa de la corteza de un hueso largo. Es muy 
frecuente en la cara posterior de la parte distal del fémur. Por lo general, el 
sarcoma osteógeno perióstico se ve como una tumoración grande, cir-
cunscrita, esclerótica y densa que nace de la corteza; casi siempre se adhie-
re al hueso o se continúa con éste. El tratamiento para un sarcoma osteó-
geno perióstico (después de la confirmación mediante una biopsia 
planeada con cuidado) es la extirpación quirúrgica con un margen amplio. 
Están indicadas la radiación o la quimioterapia coadyuvante en los sarco-
mas osteógenos periósticos, con buenos grados de curación. La supervi-
vencia a largo plazo para el sarcoma osteógeno perióstico después de la 
extirpación local amplia exitosa quizá sea >90%.
Osteosarcoma clásico (maligno)
Los sarcomas osteógenos de grado alto casi siempre se originan del interior 
de la cavidad medular del hueso y son el tipo más frecuente de sarcoma 
osteógeno (fig. 43-36). Es el cáncer óseo maligno más habitual en niños y 
es muy común en la porción distal del fémur, la región de la tibia y el área 
proximal del húmero. Los sarcomas osteógenos a veces contienen zonas 
focales con formación de cartílago; en ocasiones, se encuentran otros teji-
dos mesenquimatosos, como grasa o músculo. Sin embargo, la presencia 
de cualquier formación de hueso por parte de células tumorales establece 
el diagnóstico de sarcoma osteógeno.
El tratamiento para los sarcomas osteógenos de grado alto casi siempre 
implica quimioterapia preoperatoria y posoperatoria, además de extirpa-
ción amplia de la lesión.56 Con frecuencia, para esto es necesaria la ampu-
tación. En algunos casos, es posible extirpar grandes segmentos de un 
hueso largo, como la tibia o el peroné, y reconstruir la extremidad. Ésta es 
un área muy especializada de la intervención quirúrgica ortopédica, con 
uso de prótesis específicas (por lo general elaboradas a la medida). El uso 
de grandes aloinjertos osteocondrales muchas veces es muy útil para con-
servar la función en estos individuos. Con frecuencia, se proporcionan 
quimioterapia y radiación local. La supervivencia a largo plazo después de 
conseguir buenos resultados con la resección local de un sarcoma osteóge-
no de grado alto quizá sea >60%.
Aunque el osteosarcoma se halla sobre todo en pacientes jóvenes, pue-
de encontrarse en sujetos mayores como consecuencia de radiación o qui-
mioterapia previa para trastornos subyacentes, como enfermedad de Pa-
get. Por desgracia, los osteosarcomas que surgen en estas circunstancias 
siempre son de grado alto.
TUMORES FORMADORES DE CARTÍLAGO
Neoplasias formadoras de cartílago
Este tipo de neoplasias constituyen otro desafío clínico. Como podría es-
perarse, en el hueso hay tumores formadores de cartílago tanto benignos 
como malignos. Cuando existe cualquier posibilidad de que el cirujano 
ortopedista trate con una lesión maligna, es obligatorio el estudio adecua-
do para buscar posibles metástasis antes de efectuar cualquier biopsia o 
tratamiento definitivos. Como ocurre con las lesiones formadoras de hue-
so, se pone atención especial para descartar otros sitios de afectación ósea 
y posibles focos metastásicos en los pulmones. Los principios generales 
para la biopsia de una lesión con cartílago son idénticos a los descritos 
antes (fig. 43-44) en las lesiones formadoras de hueso. Hay que tener cui-
dado para planear una incisión pequeña que pueda incorporarse completa 
con facilidad en un procedimiento para reducción de volumen o extirpa-
ción extralesional. Como en el tratamiento de lesiones formadoras de hue-
so, es muy recomendable que la técnica de biopsia sea llevada a cabo por 
un cirujano entrenado y que también se sienta cómodo con el tratamiento 
quirúrgico definitivo. La consulta preoperatoria con el patólogo y el corte 
congelado transoperatorio para asegurar que se obtuvo la pieza adecuada 
son medidas importantes.
Lesiones benignas del cartílago
Los condromas son tumores benignos formadores de cartílago. Cuando 
aparecen en la parte central del hueso, se denominan encondromas. Si es-
tas lesiones se encuentran en el hueso cortical, se denominan condromas 
periósticos. Ambas modalidades de condromas son más frecuentes en los 
huesos largos; asimismo, son muy habituales en los huesos de la mano, 
donde pueden generar una fractura patológica. Otros sitios frecuentes de 
condromas corresponden a la parte proximal del fémur y del húmero. La 
mayoría de los encondromas se identifica como datos incidentales en 
la radiografía obtenida con otros propósitos. La apariencia radiográfica 
usual de un encondroma es la de una lesión redonda u oval dentro del 
hueso sin reacción ósea notable. Todos los tumores formadores de cartíla-
go pueden contener áreas de calcificación. El análisis microscópico de un 
encondroma revela cartílago de apariencia normal. Por lo general, la le-
sión contiene un pequeño número de células de cartílago que no muestran 
proliferación ni pleomorfismo. El encondroma a menudo tiene una apa-
riencia tan familiar y benigna en las radiografías que con frecuencia el 
tratamiento consiste en simple observación. En casos con lesiones gran-
des, dolorosas o que presentan cualquier rasgo radiográfico atípico, están 
indicados la valoración cuidadosa y el estudio para biopsia. En muchas 
ocasiones, la biopsia (siempre con cultivo también) se acompaña de legra-
do e injerto óseo.
El síndrome clínico de la enfermedad de Ollier se refiere a individuos 
con múltiples encondromas. Asimismo, este trastorno puede llamarse en-
condromatosis múltiple. El término relacionado, síndrome de Maffucci, se 
usa para caracterizar a los pacientes con encondromas múltiples y angio-
mas de tejido blando múltiples. Los sujetos con síndrome de Maffucci o 
enfermedad de Ollier tienen riesgo de transformación maligna de los en-
condromas, porlo cual ameritan valoraciones periódicas durante toda la 
vida (fig. 43-7).
Los encondromas pueden afectar cualquier hueso que se origine de 
cartílago. A menudo, éstos se detectan en huesos de las manos y pies, pero 
pueden encontrarse en huesos largos y la pelvis. Se cree que estos tumores 
provienen de islas de cartílago que quedan conforme el cartílago de creci-
miento se aleja de ellas. Tales islas pueden crecer de manera independien-
te y lenta. Mientras más tiempo estén presentes, más maduran en la osifi-
cación endocondral y se calcifican, lo cual se observa como arcos y anillos 
en las radiografías. En manos y pies, los encondromas adelgazan la corteza 
y ello aumenta la probabilidad de fractura.
Osteocondroma
Los osteocondromas son lesiones benignas formadoras de cartílago que 
surgen dentro de la corteza del hueso, casi siempre en la región metafisaria. 
Las lesiones se originan de anomalías en el cartílago de crecimiento epifisa-
rio. Las lesiones tienen una “tapa” de cartílago que prolifera y puede formar 
una tumoración de tamaño considerable debajo del cartílago en hueso con 
rasgos histológicos normales. Los osteocondromas pueden ser de base am-
plia (sésiles) o, en ocasiones, tienen un tallo definido y poco notorio. Tales 
osteocondromas se llaman pedunculados. En lesiones con apariencia carac-
terística es suficiente la mera observación. Sin embargo, en algunos indivi-
duos las lesiones pueden volverse dolorosas, casi siempre por alteraciones 
mecánicas. En tal caso, es factible la resección quirúrgica. Sin embargo, 
Figura 43-36. Micrografía de bajo poder que revela matriz de cartílago 
que atrapa y destruye al hueso. La naturaleza mixoide de la matriz sugiere 
una lesión grado II.
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cualquier osteocondroma doloroso ha de considerarse con seriedad, ya que 
se describe una incidencia cercana al 1% de transformación maligna.
Condroblastoma
Los condroblastomas son tumores benignos formadores de cartílago que 
por lo regular se encuentran en la zona epifisaria, en pacientes jóvenes, 
casi siempre antes de la madurez esquelética. Es frecuente que los indivi-
duos con condroblastomas se presenten con dolor. Las imágenes radiográ-
ficas de la articulación suelen revelar un foco de lisis o resorción ósea ro-
deada de un borde de hueso reactivo y esclerótico (fig. 43-37). Se observan 
células proliferativas dentro de la porción lítica de la lesión, que quizá co-
rrespondan a condroblastos. Un porcentaje pequeño, aunque importante, 
de los condroblastomas tiene la habilidad de producir metástasis. Por lo 
general, estas anomalías se tratan con legrado e injerto óseo.
Condrosarcomas
El condrosarcoma es una neoplasia maligna del cartílago (figs. 43-38 y
43-39); es más habitual en adultos y a menudo se halla en la pelvis, la co-
lumna vertebral, la parte proximal del húmero y la rodilla. El síntoma de 
presentación más frecuente es el dolor local. Las imágenes radiográficas 
muestran una lesión expansiva destructiva del hueso, muchas veces con 
áreas focales de calcificación dentro del tumor (figs. 43-40 y 43-41). Es 
importante diferenciar entre el dato radiográfico de calcificación dentro 
de tumores del cartílago y la osificación en el interior de una neoplasia 
formadora de hueso, como el sarcoma osteógeno. El cartílago presente en 
el condrosarcoma se observa en la radiografía como una densidad desor-
ganizada sin formación de corteza ni trabéculas. Muy a menudo, los con-
drosarcomas presentan problemas terapéuticos difíciles. Muchos de los 
tumores están dentro de la columna vertebral o el esqueleto pélvico, lo 
cual hace que la ablación quirúrgica o la amputación sean difíciles o impo-
sibles. Además, muchos condrosarcomas, si no la mayoría, son de creci-
miento lento y, por tanto, son menos susceptibles a la quimioterapia y la 
radiación en comparación con muchos otros sarcomas.
Figura 43-37. Condroblastoma benigno (tumor de Codman) en el 
húmero.
Figura 43-38. Micrografía con poder intermedio que demuestra una 
lesión productora de hueso atípica con células fusiformes.
Figura 43-39. Micrografía de alto poder que demuestra el aumento en 
la celularidad de un condrosarcoma grado III.
Figura 43-40. Radiografía simple de la parte proximal del húmero que 
demuestra una lesión metafisaria productora de matriz con formaciones 
parecidas a un arco y anillo, concordantes con formación de cartílago. La 
cara lateral de la lesión muestra destrucción de la corteza con una 
tumoración de tejido blando, congruente con el diagnóstico de 
condrosarcoma diferenciado.
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El tratamiento del condrosarcoma casi siempre consiste sólo en resec-
ción quirúrgica amplia.
LESIONES FIBROSAS DEL HUESO
Quistes óseos aneurismáticos
Éstos corresponden a un trastorno reactivo que no se considera neoplá-
sico, y que consiste en un quiste. Puede manifestarse por una fractura pa-
tológica o con queja de dolor local en presencia de una tumoración. El 
estudio histológico revela grandes espacios llenos de sangre, con recubri-
miento endotelial verdadero, células gigantes tipo cuerpo extraño y, a ve-
ces, formación de hueso entretejido. Hay que tener cuidado de llevar a 
cabo una exploración cuidadosa de la lesión, ya que es muy frecuente un 
cambio aneurismático secundario y muchas lesiones diagnosticadas como 
quiste óseo aneurismático, en realidad se deben a otra lesión con forma-
ción relacionada de un quiste grande. Las lesiones pequeñas pueden man-
tenerse bajo vigilancia, pero por el riesgo de fractura patológica, la mayo-
ría es objeto de legrado local e injerto óseo.
Quiste óseo de una cavidad
Este tipo de quiste óseo es una lesión benigna que se encuentra más a 
menudo en la metáfisis de huesos largos (con frecuencia el húmero de 
niños en crecimiento). Esta lesión puede manifestarse con una fractura 
patológica, aunque a veces también se presenta como dolor local o una 
tumoración. Se desconoce la causa de este trastorno. La apariencia radio-
gráfica usual es la de una estructura quística grande y única dentro del 
hueso. La apariencia histológica de la lesión es la de un área quística llena 
con líquido, dentro del hueso. El recubrimiento del quiste óseo de una 
cavidad está formado por tejido fibroso con células gigantes ocasionales. 
Las lesiones pequeñas pueden tratarse con observación, pero las lesiones 
grandes con riesgo importante de fractura se controlan con legrado local e 
injerto óseo.
Displasia fibrosa (displasia fibroósea)
La displasia fibrosa es una lesión frecuente en niños. Por lo general, es una 
zona aislada de crecimiento lento formada por hueso mixto y tejido fibro-
so. La displasia fibrosa constituye una anomalía constituida por estroma 
mononuclear con células fusiformes, con formación de hueso entreteji-
do. Esta lesión puede afectar un hueso (monostótica) o múltiples huesos 
(poliostótica). Las manifestaciones radiográficas incluyen áreas de radio-
lucidez con producción de matriz interna borrosa y difusa, a menudo de-
nominada en vidrio despulido. En el estudio histológico se observa proli-
feración de células fusiformes blandas con formación de hueso entretejido 
de modo irregular. El hueso surge directamente del estroma de base. Tal 
vez se observen algunas células gigantes ocasionales, hemorragia y dege-
neración mixoide, sobre todo si la lesión causa fractura. Por lo regular, ésta 
es asintomática pero por desgracia en algunos sujetos las lesiones metafi-
sarias grandes pueden generar trastorno focal de crecimiento y deformi-
dad ósea. A veces, también se detecta fractura patológica. En ausencia de 
fractura o deformidad, las lesiones en general son indoloras y asintomáti-
cas, y muchas veces se diagnostican como hallazgos incidentales en las 
radiografías.Cuando se encuentran en la parte proximal del fémur, los 
episodios de fracturas sucesivas pueden conducir a una apariencia carac-
terística de “cayado de pastor” en la parte proximal del fémur. Con fre-
cuencia, las radiografías simples son diagnósticas; las lesiones pequeñas 
pueden mantenerse sólo en observación. Cuando las lesiones generan sín-
tomas considerables o si es probable una fractura patológica, a menudo se 
ofrecen legrado y fijación interna con injerto óseo como tratamiento.
Fibroma no osificante
Este tipo de fibroma corresponde a una de las lesiones óseas más frecuen-
tes y a menudo se encuentra como anomalía incidental y en series de ne-
cropsia. Aparece como una lesión radiolúcida de localización excéntrica 
en la metáfisis, con apariencia lobulada o en burbujas de jabón. Estas pro-
liferaciones tienen esclerosis densa periférica y pueden o no acompañarse 
de una fractura. En el análisis histológico, estas lesiones se forman de cé-
lulas del estroma, fusiformes, blandas, con un patrón en niveles, con célu-
las gigantes mezcladas y células de xantoma. Si la lesión se fractura, es 
posible detectar hemosiderina. Por lo general, estas anomalías se tratan de 
manera conservadora. En caso de fractura, es factible practicar legrado e 
injerto.
LESIONES VASCULARES DEL HUESO
Hemangiomas óseos
Estas anomalías son trastornos benignos que manifiestan focos de estruc-
turas venosas dilatadas dentro del hueso. Los hemangiomas no son neo-
plasias. Se encuentran con frecuencia en los cuerpos vertebrales, donde la 
apariencia característica de esclerosis se acompaña de estriaciones vertica-
les gruesas dentro del hueso. Esta apariencia característica casi siempre es 
suficiente para establecer el diagnóstico. Los hemangiomas rara vez re-
quieren tratamiento.
Tumores del tejido hemopoyético
Esta clase de tumores incluyen linfomas y mielomas. El tratamiento qui-
rúrgico de los linfomas se describe en el capítulo 10.
El mieloma es una neoplasia maligna derivada de la transformación de 
células del linaje de las células plasmáticas. Por lo regular, el mieloma múl-
tiple es una enfermedad sistémica. Células plasmáticas en proliferación, 
malignas, productoras de anticuerpos infiltran la médula ósea de múlti-
ples huesos. Esto puede originar áreas focales de resorción ósea, a menudo 
con distribución en parches, lo cual crea una apariencia de huesos “apoli-
llados”. Con frecuencia, el proceso es difuso y sistémico, lo que conduce a 
la pérdida difusa de hueso en un trastorno que simula casi de manera 
exacta a la osteoporosis en su apariencia radiográfica. Los síntomas de 
presentación a menudo son quejas de alteraciones de tipo sistémico, como 
debilidad, letargo o reducción de peso. En muchas ocasiones, el trastorno 
se manifiesta con una fractura patológica.
El mieloma es más frecuente en pacientes mayores de 50 años de edad 
y puede presentarse durante el octavo y noveno decenios de la vida. Con 
base en esto, cualquier enfermo con signos clínicos de disminución en la 
densidad mineral ósea, sobre todo los que sufren una fractura, podrían 
tener mieloma múltiple subyacente. Muchas veces, el diagnóstico se hace 
con las pruebas de laboratorio.
Las células plasmáticas producen una espiga monoclonal en la electro-
foresis de proteínas séricas en casi todos los casos. La presencia de una 
espiga monoclonal característica permitiría establecer el diagnóstico. En 
algunos individuos, el anticuerpo secretado (que puede ser de cualquier 
grupo de anticuerpos: inmunoglobulina [Ig, immunoglobulin] G, IgA e 
IgM) aparece y se elimina con rapidez de la sangre; casi siempre puede 
verse en la electroforesis de proteínas urinarias. En estos sujetos, con fre-
cuencia se incrementa la velocidad de eritrosedimentación como resulta-
do de la alteración en la composición proteínica del suero.
Figura 43-41. Radiografía simple de la parte proximal del húmero que 
demuestra una lesión parecida al marfil en la parte proximal de la diáfisis, 
con reacción perióstica tipo explosión solar.
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Mieloma solitario (plasmacitoma)
En algunos pacientes, la presencia de un mieloma se limita a una sola lesión 
solitaria: un plasmacitoma. La radiación local es apropiada cuando la valo-
ración de un enfermo indica la probabilidad de que una lesión ósea solitaria 
sea el foco del mieloma. Por lo regular, el tratamiento para todos estos mie-
lomas se centra en la quimioterapia, muchas veces con múltiples agentes.
Cordoma
Los cordomas son tumores malignos de crecimiento lento derivados de 
células embrionarias de la notocorda. Los cordomas casi siempre se origi-
nan en el esqueleto axil y muchas veces afectan el occipucio o el sacro. Es 
posible que se formen en las vértebras. Los cordomas no se encuentran en 
las extremidades.
Cerca de 33% de estos tumores surgen dentro del cráneo (base del crá-
neo), casi 50% se encuentra en el sacro y el resto en la columna vertebral. 
En la radiografía, los cordomas craneales aparecen en la línea media de la 
base del cráneo y causan destrucción de las áreas esfenooccipital e hipofi-
saria. Los cordomas sacrococcígeos adquieren una apariencia ovalada o 
circular cuando rompen el sacro y crecen hacia la pelvis. En el estudio 
microscópico, la característica distintiva es la célula fisalífera, cuyo cito-
plasma vacuolado origina la apariencia de burbujas de jabón. Estas lesio-
nes son bifásicas, la segunda población es de células poliédricas con cito-
plasma eosinofílico.
Los individuos con un cordoma casi siempre se presentan con dolor 
local y, dada su proximidad a la columna vertebral, a menudo presentan 
síntomas radiculares o mielopáticos. Los tumores sacros pueden gene-
rar disfunción del esfínter rectal o uretral y, en ocasiones, síntomas de 
 obstrucción gastrointestinal. Aunque no siempre, muchas veces las radio-
grafías simples revelan la lesión. Es característica un área central de des-
trucción ósea con una tumoración de tejido blando. Sin embargo, con 
frecuencia los cordomas son letales porque sin control local, estos tumores 
de localización central ponen en peligro las funciones vitales. La base del 
tratamiento es la resección local amplia con márgenes quirúrgicos exten-
sos. En escasas ocasiones está indicada la radioterapia. En general, los cor-
domas no responden a la quimioterapia.
Los cordomas son cánceres malignos de crecimiento lento; generan 
destrucción e invasión local, y tardan en producir metástasis.
Tumor óseo de células gigantes
Este tipo de tumor es una neoplasia benigna del hueso que puede ser muy 
agresiva y causar destrucción local. Se desconoce el origen celular de esta 
entidad patológica. Se encuentra con mayor frecuencia en huesos largos y 
es inusual en niños. Por lo general, el diagnóstico se hace después de que 
el sujeto se queja de dolor local. Las imágenes radiográficas revelan una 
lesión lítica expansiva del hueso que se encuentra con mayor frecuencia en 
la metáfisis de un hueso largo. El estudio histológico muestra una mezcla 
de células redondas, ovaladas y fusiformes, así como muchas células gi-
gantes multinucleadas. El tratamiento del tumor óseo de células gigantes 
incluye resección local intensiva y completa. La resección incompleta a 
menudo conduce a la recurrencia y puede originar daño funcional de im-
portancia, incluso amputación.
Los tumores óseos de células gigantes son lesiones con comportamiento 
local agresivo y destructivo que se originan en la metáfisis de huesos largos 
en individuos que ya alcanzaron la madurez esquelética. Por lo regular, es-
tos tumores se encuentran alrededor de la rodilla, pero pueden verse en 
muchos sitios. Las radiografías simples mostrarán una lesión metafisaria 
radiolúcida de localización excéntrica. La mayoría de las lesiones presenta 
rotura cortical con una masa de tejido blando relacionada. Desde el punto 
de vista morfológico,estas lesiones consisten en células mononucleares re-
dondeadas con células gigantes mezcladas, hemosiderina y formación de 
hueso nuevo. Tales lesiones tienen una elevada tendencia a recurrir.
Sarcoma óseo de Ewing
Este cáncer, o tumor de Ewing, es un pequeño sarcoma de células redon-
das, más prevalente en niños y adultos jóvenes. El sarcoma de Ewing es 
más frecuente en los huesos largos, sobre todo las regiones metafisarias de 
fémur, tibia y húmero. Los pacientes se presentan con quejas de dolor lo-
cal, muchas veces acompañado de fiebre, lo cual es llamativo.
El sarcoma de Ewing es un tumor no diferenciado que surge en niños 
y afecta sobre todo la diáfisis de huesos largos. En las imágenes radiográfi-
cas, el tumor de Ewing temprano puede ser muy poco notable. El tumor 
parece un área mal definida de destrucción “apolillada” del hueso. Se vuel-
ve más marcada conforme el tumor progresa y muchas veces causa una 
reacción perióstica agresiva. La imagen microscópica usual es la de hojas 
y áreas geográficas de pequeñas células azules redondas con núcleos páli-
dos. No se produce matriz dentro de estos tumores, a menos que haya una 
fractura relacionada. Dichas células están cargadas con glucógeno o la tin-
ción histoquímica con ácido peryódico de Schiff es positiva. Estas neopla-
sias tienen una translocación 11:22 característica que puede ser muy útil 
para hacer el diagnóstico correcto (fig. 43-42).
El tratamiento del sarcoma de Ewing comienza con una biopsia bien 
planeada. El tratamiento definitivo puede o no incluir resección quirúrgi-
ca, pero la quimioterapia múltiple y la radiación son las bases de las medi-
das terapéuticas.
Exostosis subungueal
Esta entidad patológica corresponde a una proliferación subperióstica os-
teocondral, casi siempre en la parte distal de los dedos de los pies, aunque 
también puede hallarse en los dedos de las manos. La radiografía muestra 
una formación mineralizada, por lo regular en la falange distal, con infla-
mación de tejido blando y, a veces, formación de úlcera. Además, no hay 
comunicación con el conducto medular subyacente, lo cual separa esta 
anomalía de un osteocondroma verdadero. En el estudio histológico, estas 
A
B
Figura 43-42. A. Radiografía simple del codo que muestra una lesión 
permeable del cúbito con respuesta perióstica con un patrón “en piel de 
cebolla”. B. Una micrografía con poder intermedio revela pequeñas 
células blandas, redondas, azules y vasos característicos del sarcoma de 
Ewing (hematoxilina-eosina, magnificación original × 40).
43Brunicardi(1557-1608).indd 159543Brunicardi(1557-1608).indd 1595 15/7/10 12:17:4615/7/10 12:17:46
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lesiones se componen de matriz osteocondral que emerge en el tejido 
blando circundante. La proliferación celular quizá sea bastante reactiva y 
se interprete como un proceso más agresivo. El tratamiento definitivo es la 
resección quirúrgica. Tales lesiones a menudo recurren si no se elimina 
por completo la tapa fibrosa que la cubre (figs. 43-43 y 43-44).
Miositis osificante
Este padecimiento es resultado de la osificación postraumática de un he-
matoma en el tejido blando. Por lo general, se detecta en el músculo, aun-
que puede surgir en fascia, tendón, cápsula articular y, en ocasiones, en la 
grasa. En casos de miositis osificante, la formación endocondral de hueso 
sigue el mismo proceso que la formación del callo en una fractura. El tejido 
blando dañado se elimina y el hematoma empieza a organizarse con célu-
las mesenquimatosas que se diferencian en células condroblásticas, osteo-
blásticas y vasculares. En las imágenes radiográficas, estas lesiones se de-
tectan en el tejido blando y muestran una disposición de hueso y cartílago 
en la periferia de la lesión y el tejido blando interior. Esto origina una cal-
cificación-osificación en “cascarón de huevo”. En el estudio histológico, los 
datos característicos son la presencia de hueso y cartílago en la periferia de 
la lesión, con un centro fibrovascular. Con el tiempo, el anillo endocondral 
externo se remodela en hueso laminar con un centro fibroadiposo.
Enfermedad de Paget
Este padecimiento es un trastorno relativamente frecuente del hueso, el 
cual se observa más a menudo en personas mayores de 40 años de edad. 
Esta enfermedad puede situarse en uno o en múltiples huesos. Es más 
frecuente en la pelvis y columna vertebral, aunque también se encuen-
tra con frecuencia en húmero, fémur y tibia. La lesión se produce por ano-
malías óseas en el proceso de remodelación, lo cual se considera conse-
cuencia de alteraciones en los osteoclastos. Las imágenes radiográficas del 
hueso con enfermedad de Paget muestran esclerosis característica con tra-
béculas engrosadas, engrosamiento cortical y, a menudo, expansión corti-
cal del hueso. También es probable que haya lesiones líticas, además de las 
escleróticas.
La apariencia microscópica del hueso con este trastorno muestra tra-
béculas irregulares anchas, muchas veces con líneas visibles (las cuales 
indican mineralización incompleta). En ocasiones, tiene una apariencia 
llamativa de “hueso en mosaico”, que se produce por grandes áreas con 
mineralización incompleta, las cuales crean una imagen que recuerda los 
mosaicos. Sin embargo, la característica histológica principal de la enfer-
medad de Paget no es el hueso con mineralización parcial, sino la presen-
cia de grandes osteoclastos con más núcleos de lo normal. Los osteoclastos 
habituales tienen dos a cuatro núcleos; en cambio, en las células de Paget 
es frecuente encontrar osteoclastos con cinco a 50 núcleos o más.
Se especula que los osteoclastos grandes alterados se originan por los 
efectos tardíos de una infección previa por paramixovirus. Se cree que el 
aumento de la resorción ósea debido a estos osteoclastos anómalos genera 
lisis local del hueso. El rápido proceso de curación que sigue origina la 
textura ósea desorganizada y áspera.
Los huesos afectados por la enfermedad de Paget pueden sufrir fractu-
ra patológica. Las anomalías óseas rodean las articulaciones y a menudo 
inducen cambios artríticos acelerados. Esta enfermedad es frecuente en la 
columna vertebral, sobre todo en la región lumbar. La expansión ósea ca-
racterística y los cambios artríticos en la columna vertebral con frecuencia 
originan el síndrome clínico de estenosis raquídea.
Por lo general, el tratamiento de la enfermedad de Paget es no quirúr-
gico, con uso de fármacos contra la resorción, como bisfosfonatos y calci-
tonina. Este tratamiento médico suele ser suficiente en la mayoría de los 
pacientes. A veces, los casos con enfermedad tratada de manera incorrecta 
o los casos resistentes son objeto de intervención quirúrgica para efectuar 
descompresión mediante laminectomía lumbar (en caso de estenosis ra-
quídea) o para sustitución articular. El tratamiento quirúrgico de indivi-
duos con enfermedad de Paget debe ir precedido de fármacos contra la 
resorción, ya que a menudo se encuentra un cortocircuito arteriovenoso 
en el hueso afectado. La hemorragia ósea quizá constituya un problema 
grave en sujetos con enfermedad de Paget sin tratamiento médico.
Fractura por esfuerzo
Las fracturas por esfuerzo son resultado de la remodelación activa por el 
esfuerzo que se produce más a menudo en un episodio de aumento súbito 
Figura 43-43. Micrografía de poder intermedio que muestra hueso en 
maduración esencialmente relacionado con tejido blando (hematoxilina-
eosina, magnificación original × 100). A
B
Figura 43-44. A. Imagen por resonancia magnética de las caderas que 
demuestra una tumoración grande de tejido blando anterior a la cadera 
derecha con señal heterogénea y delimitación precisa del tejido 
circundante. B. Micrografía de poder intermedio que muestra cartílago y 
hueso en maduración mediante un mecanismo endocondral, con vasos 
delicados que se fusionan con el tejido blando circundante 
(hematoxilina-eosina, magnificación original × 100).
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en la actividad física. Esto es muy frecuente en reclutas militares durante 
el entrenamiento básico, aunque puede encontrarse en cualquiera con in-
cremento súbito de la actividad atlética. Son típicos el dolor y la sensibili-
dad localizados y puede haber eritema cutáneo local. En ocasiones, las 
imágenes radiográficas no muestran alteraciones en etapas tempranas, 
pero las imágenes subsiguientes que dejan ver una reacción perióstica au-
mentan la sospecha de este trastorno. El sitio más frecuente de fracturas 
por esfuerzo es la parte proximal de la tibia, aunque pueden hallarse en 
cualquier sitio. Conforme la fractura evoluciona, las imágenes permiten 
visualizar una línea lúcida perpendicular al eje longitudinal del hueso 
afectado. En el estudio histológico, este proceso se compone de agregados 
de osteoclastos que eliminan hueso, con escasa respuesta osteoblástica y 
respuesta perióstica de magnitud variable.
RECONSTRUCCIÓN ARTICULAR
Tratamiento quirúrgico de la artritis
Uno de los problemas más difíciles que enfrenta el cirujano ortopedista es 
el tratamiento de enfermedades degenerativas e inflamatorias de las articu-
laciones. En todos los casos, los objetivos primarios son aliviar el dolor y 
conservar el movimiento y la función. En el tratamiento de cualquier queja 
articular, es indispensable llevar a cabo una valoración minuciosa de los 
síntomas, anamnesis y exploración física detallada. El cirujano ortopedista 
debe distinguir entre la enfermedad inflamatoria y el trastorno degenerati-
vo. Las pruebas de laboratorio y los estudios de imagen también son muy 
útiles. Siempre se espera poder usar un recurso no quirúrgico para ayudar 
al enfermo. A menudo, todo lo que se requiere son fármacos, fisioterapia, 
reposo, abrazaderas y tiempo para ayudar a un paciente con artritis. Sin 
embargo, en muchas ocasiones se necesitan tratamientos más penetrantes.
Inyección articular
Por varios decenios, las opciones terapéuticas para las articulaciones dolo-
rosas han incluido la inyección de varias sustancias. Pueden inyectarse 
anestésicos locales en una articulación con propósitos diagnósticos. Los 
corticoesteroides se inyectan a menudo para alivio sintomático (ya sea en 
la enfermedad inflamatoria o en la osteoartritis). El uso de inyecciones 
intraarticulares de corticoesteroides es controversial; con frecuencia ali-
vian el dolor y los síntomas inflamatorios por corto tiempo, pero se debate 
sobre las consecuencias a largo plazo de esta técnica.
En fechas más recientes, las inyecciones de polisacáridos de alto peso 
molecular, como ácido hialurónico, se han vuelto de utilización generali-
zada para el tratamiento de la enfermedad degenerativa de articulaciones 
grandes. La eficacia de esta técnica todavía no está clara en la bibliografía 
basada en evidencia, pero parece que al menos algunos individuos obtie-
nen un alivio sustancial y duradero por medio de este procedimiento.
Sinovectomía
Ésta es la extirpación quirúrgica de porciones sustanciales del recubri-
miento sinovial de una articulación; ella constituye otro procedimiento 
que en ocasiones ayuda al sujeto. La técnica se aplica con frecuencia en 
articulaciones dañadas por hemofilia. En caso de síntomas intensos, la si-
novectomía puede ser provechosa en enfermos con un trastorno inflama-
torio, como artritis reumatoide.
Osteotomía periarticular
Las articulaciones artríticas a menudo generan deformidades angulares. 
Esto puede ser resultado de la pérdida de cartílago de áreas con mucho 
desgaste; quizá también se deba a mala alineación, ya sea congénita o ad-
quirida después de una lesión. Por ejemplo, es muy frecuente que la os-
teoartritis de la rodilla sea intensa en la parte tibial femoral medial de la 
articulación y relativamente leve en el compartimiento lateral. Una osteo-
tomía de la tibia proximal para hacer una transferencia selectiva del peso 
al cartílago más sano a menudo brinda un periodo prolongado de alivio en 
estos pacientes. De igual manera, los adultos jóvenes con caderas mal ali-
neadas muchas veces se benefician con osteotomías de la parte proximal 
del fémur para crear una mejor articulación acetabular.
Fusión
Muchas articulaciones artríticas pueden someterse a tratamiento quirúr-
gico mediante fusión por artrodesis, en lugar de sustitución articular. Esto 
se efectúa con mayor frecuencia en articulaciones en las cuales el movi-
miento no es crítico. La fusión de algunas articulaciones del pie (incluida 
la artritis degenerativa dolorosa del primer metacarpiano y muchos hue-
sos del mediopié) tal vez sea satisfactoria si se aplican injertos óseos en la 
articulación afectada, y se cruza la articulación con fijación interna, torni-
llos o placas periarticulares.
A menudo, la muñeca artrítica es objeto de procedimientos de fusión, 
ya que la movilidad del hombro, el codo y los dedos casi siempre permiten 
conservar una excelente función eficaz.
La artrodesis de los hombros se lleva a cabo con menor frecuencia que 
la artroplastia del hombro, pero está establecida y es un procedimiento 
con buenos resultados razonables. No obstante, la fusión de las articula-
ciones glenohumeral a menudo permite una función aceptable, sobre todo 
en personas que realizan labores pesadas, por el movimiento compensato-
rio del tronco, las articulaciones escapulotorácicas, el codo y la muñeca.
Artroplastia (sustitución articular)
Los individuos con dolor articular intratable pueden ser objeto de sustitu-
ción protésica de la articulación enferma con una articulación artificial 
compuesta de plástico y metal. Sir John Charnley introdujo con éxito esta 
técnica en el decenio de 1960; él perfeccionó y realizó con éxito los prime-
ros procedimientos de sustitución articular total de la cadera. El genio del 
doctor Charnley está bien demostrado, ya que este procedimiento se man-
tiene como una de las intervenciones quirúrgicas más exitosas.57
En casi todos los casos, una prótesis articular incluye una superficie 
móvil, más a menudo compuesta por polietileno de alto peso molecular (el 
material original elegido por el doctor Charnley), que se fija a componen-
tes metálicos, los cuales se anclan al hueso nativo afectado. Los compo-
nentes metálicos de una prótesis articular pueden fijarse al hueso nativo 
mediante carpintería precisa e impactación (ajuste por impactación). Con 
frecuencia, estos implantes metálicos están cubiertos con metales porosos 
que hacen posible el crecimiento óseo dentro de ellos (implantes cubiertos 
porosos). En el procedimiento original del doctor Charnley, se usaba un 
polímero de metacrilato para cementar los componentes metálicos en su 
sitio. El cemento de metilmetacrilato todavía se utiliza muchas veces hoy 
en día, aunque la mayoría de las sustituciones de cadera y rodilla ya se 
realizan con técnica no cementada.
Artroplastia total de la cadera
Las imágenes de la sustitución total de cadera se presentan en las figuras 
43-6, 43-13, 43-33 y de la 43-45 a la 43-50. El sujeto tiene una superficie 
Figura 43-45. Fractura patológica del cuello femoral (flecha) tratada con 
extirpación de la cabeza femoral y sustitución endoprotésica de la cadera. 
En caso de afectación acetabular, también debe sustituirse el acetábulo.
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articular con artritis grave, con esclerosis y cambios quísticos tanto en las 
superficies femoral como acetabular. El enfermo experimentaba dolor in-
tenso con todas las actividades de la vida diaria y había perdido la habili-
dad de desplazarse de manera normal. Ulterior al fracaso de las medidas 
conservadoras para mejorar la función, el paciente puede someterse a in-
tervención quirúrgica para sustitución de la cadera.
La articulación de la cadera puede exponerse por medio de varios ac-cesos quirúrgicos. El más frecuente es el acceso posterior de la cadera. Se 
efectúa la incisión en la piel y la fascia de la parte proximal lateral del mus-
lo y se continúa la disección a planos más profundos hasta exponer la por-
ción posterolateral proximal del fémur, el trocánter mayor y los músculos 
relacionados. Los rotadores cortos se disecan del trocánter proximal y se 
expone el cuello femoral mediante el ingreso a la cápsula articular. La ex-
tirpación de la cabeza femoral se lleva a cabo mediante el corte del cuello 
femoral con una sierra eléctrica, con luxación de la cabeza femoral. La 
parte proximal del fémur se prepara mediante la eliminación sucesiva 
de hueso de la cavidad medular. Se introducen escariadores y escofinas de 
modo especial a fin de crear un espacio apropiado para la barra de la pró-
tesis femoral. También se retira cualquier cartílago restante del acetábulo 
con escariadores de tamaño sucesivo hasta el nivel del hueso esponjoso 
sano. La porción acetabular de la prótesis, que contiene la superficie arti-
cular de polietileno de alto peso molecular, se une con una copa metálica. 
Luego, la prótesis (casi siempre de metal o cerámica) se impacta en su sitio. 
Se coloca de nuevo la articulación y se cierra la herida.
Durante esta intervención quirúrgica, debe tenerse gran cuidado para 
lograr una posición anatómica funcional de los componentes femoral y 
Supinación Pronación
Elevación
Abducción
Dorsi-
flexión
Flexión
plantar
150°
0°
0-80° 90°
150°
0°
150°
0°
20° 40°
40°
50°
0° 0°
150°
0°
100°
0°
Figura 43-46. La amplitud de movimiento se 
mide en grados. Cada articulación tiene una 
amplitud normal y cuando se explora a un 
paciente con un trastorno articular o de la 
extremidad, debe medirse y registrarse la 
amplitud de movimiento de la articulación 
afectada.
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acetabular. La mala posición de cualquiera de éstos puede originar defor-
midad rotatoria, desgaste prematuro o luxación. Como es de esperar, du-
rante la exposición quirúrgica muchos de los estabilizadores internos de la 
articulación de la cadera se dividen durante la disección necesaria para 
realizar el procedimiento. Por consiguiente, después de la sustitución total 
de la cadera se imponen restricciones a la amplitud de movimiento del 
individuo hasta que se forme la cantidad suficiente de tejido cicatrizal que 
ayude a conservar la estabilidad a largo plazo de la articulación.
Artroplastia total de la rodilla
La sustitución total de la rodilla implica la resección de la superficie arti-
cular nativa y el hueso subcondral del fémur, la tibia y la rótula. Análogo a 
lo que ocurre en la sustitución de la cadera, por lo regular la parte distal 
del fémur se reconstruye con una superficie amplia metálica para soportar 
peso, modelada para simular los cóndilos femorales. La meseta tibial se 
sustituye con una superficie de polietileno de alto peso molecular, casi 
siempre unida a una superficie metálica plana, que luego se fija a la parte 
distal de la tibia con una barra, tornillos o ambos. Por lo general, la super-
ficie de la rótula se reconstruye con una superficie articular de polietileno 
de alto peso molecular.
Como ocurre con la cadera, estos componentes pueden fijarse al hueso 
con cemento de polimetilmetacrilato, aunque también se usan a menudo 
componentes que ajustan a presión con varios tratamientos de la superfi-
cie para fomentar la adhesión y el crecimiento intercalado de hueso.
Por lo general, la sustitución total de la rodilla se efectúa con un acceso 
anterior perirrotuliano, con exposición amplia de la rodilla; las superficies 
articulares se eliminan con cortes precisos mediante sierras, guiados por 
moldes y plantillas. La alineación apropiada de los componentes es indis-
pensable para un resultado exitoso. También es crucial el equilibrio liga-
mentoso de la rodilla, de manera que los ligamentos estabilizadores me-
dial y lateral, y el tendón rotuliano puedan funcionar con normalidad. Las 
sustituciones de la rodilla pueden realizarse con implantes diseñados para 
usar los ligamentos cruzados normales. Otros diseños totales para la rodi-
lla adaptan estas funciones de estabilización e incluyen la resección de di-
chos ligamentos.
Complicaciones de la artroplastia total
Las articulaciones artificiales se usan para sustituir las articulaciones natu-
rales desgastadas y dañadas, pero las articulaciones artificiales también 
están sujetas a desgaste o daño, y pueden fallar por varios mecanismos. 
Los componentes de la sustitución articular total pueden aflojarse, fractu-
rarse o desarticularse.
Figura 43-47. Proyección “de mortaja” de un tobillo normal. Esta vista 
permite visualizar la relación entre la parte dorsal de la tibia y el peroné.
Figura 43-48. Osteoartritis primaria de la rodilla. Radiografías 
anteroposterior y lateral que muestran deformidad en varo de la rodilla 
con estrechamiento del espacio articular y producción de osteofitos en 
las caras medial, lateral y posterior de la tibia, así como en la cara anterior 
de los cóndilos femorales y en los polos superior e inferior de la rótula. 
Hay mínima formación de quistes y esclerosis del hueso subcondral del 
espacio articular medial.
Figura 43-49. Imagen por resonancia magnética (MRI) de la rodilla. El 
menisco es fácil de ver como una estructura triangular oscura (sin señal) 
entre los cóndilos femorales y la tibia. El ligamento colateral medial está 
roto. La MRI es un instrumento valioso para valorar lesiones de tejidos 
blandos en las extremidades.
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Las articulaciones artificiales son susceptibles de daño por corrosión o 
simple “desgaste”. Otras complicaciones incluyen infección (aguda, tardía 
o crónica), contractura y fractura perióstica.
Como la artritis y la osteoporosis son procesos patológicos muy fre-
cuentes en sujetos de edad avanzada, muchas veces se encuentran juntos. 
La inserción de una articulación protésica en un enfermo con osteoporosis 
requiere cuidado especial para prevenir las fracturas transoperatorias. La 
colocación de una articulación artificial incrementa la tensión en la unión 
entre la prótesis y el hueso. Por desgracia, las fracturas adyacentes a los 
implantes articulares totales no son infrecuentes. El tratamiento para este 
problema es individualizado y podría incluir fijación interna, sustitución 
de la prótesis o ambas.
Corrosión, desgaste y osteólisis
La osteólisis es un problema importante para el cirujano que realiza susti-
tuciones totales de rodilla. El término osteólisis puede usarse para describir 
cualquier modalidad de resorción ósea, incluida la relacionada con enfer-
medad metastásica o infección. En la sustitución articular, casi siempre se 
refiere a uno de dos fenómenos indeseables. La osteólisis es un término 
que se usa para describir la resorción ósea focal inmediata a la unión de la 
prótesis y el hueso, o del manto de cemento y el hueso. El movimiento de 
un implante flojo en la interfase de la prótesis ósea es tal que puede haber 
resorción ósea y, por desgracia, sin una resección quirúrgica, a menudo 
hay progresión de esta resorción ósea hasta que aparecen síntomas mecá-
nicos de dolor en la rodilla o cadera. La presencia de una zona creciente de 
osteólisis en la región periprotésica se convierte en una indicación relativa 
importante para revisión del implante.
Una presentación más grave y problemática de osteólisis es la origina-
da por una reacción inflamatoria no infecciosa a los detritos por desgaste. 
La superficie articular de polietileno de alto peso molecular genera y dis-
persa partículas microscópicas de este material, lo cual muchas veces cau-
sa una reacción inflamatoria del tejido focal. En ocasiones,la proliferación 
de células reticuloendoteliales y la acción de otras células produce resor-
ción ósea muy agresiva. El proceso a menudo es doloroso. Cuando se per-
mite que la osteólisis extensa de este tipo avance por un periodo prolonga-
do, puede haber pérdida de hueso periarticular grave y problemática, lo 
cual aumenta la dificultad del procedimiento de revisión. Es probable que 
los detritos del cemento de metilmetacrilato con partículas también parti-
cipen en esta modalidad de osteólisis.
A causa de este problema, los diseñadores de prótesis articulares se han 
enfocado mucho en el diseño preciso de las superficies articulares y en la 
exploración de opciones en otros materiales para superficies de carga. Las 
superficies de carga de metal sobre metal y la utilización de otros plásticos 
o cerámicas conforman áreas de estudio intensivo en este momento.
Todas las prótesis para sustitución articular tienen la posibilidad de 
desgastarse o aflojarse. Por consiguiente, casi nunca están indicadas en 
pacientes jóvenes y activos, quienes ejercerían gran demanda mecánica 
en la articulación protésica, aunque la sustitución articular tal vez sea muy 
apropiada en individuos con “bajo requerimiento” con enfermedad infla-
matoria sistémica.
La revisión o la sustitución de una prótesis articular floja infectada o 
“desgastada” es un procedimiento delicado y técnicamente difícil. Estas 
intervenciones quirúrgicas a menudo implican el retiro extenso y difícil 
del cemento y podrían incluir la necesidad de injerto óseo amplio. Para 
algunos desafíos clínicos muy complicados se usan prótesis de revisión 
hechas a la medida.
CIRUGÍA ORTOPÉDICA PEDIÁTRICA
El tratamiento de las enfermedades musculoesqueléticas de sujetos pediá-
tricos es distinto de muchas maneras al tratamiento de enfermos adul-
tos. El cirujano ortopedista que atiende niños debe conocer muchos tras-
tornos congénitos y del desarrollo. Además, el aparato locomotor está en 
crecimiento. La conservación del crecimiento normal es prioritaria en el 
tratamiento de este grupo de pacientes.
El cirujano ortopedista pediátrico debe ser capaz de reconocer y tratar 
gran cantidad de trastornos congénitos hereditarios, que incluyen padeci-
mientos metabólicos, neurológicos y anomalías anatómicas musculoes-
queléticas. El diagnóstico y las medidas terapéuticas de estos síndromes y 
entidades patológicas hereditarias escapa al propósito de este capítulo.
Lesiones durante el nacimiento
que causan daño neurológico
Parálisis del plexo braquial
En alguna época, la lesión del plexo braquial durante el nacimiento era un 
problema de tratamiento frecuente. El individuo con lesiones de dicho 
plexo puede presentarse con daño leve, moderado o grave de la extremi-
dad superior afectada, que en ocasiones incluye raíces superiores o infe-
riores y troncos del plexo. La práctica obstétrica moderna ha disminuido 
mucho la incidencia de este trastorno, que por desgracia todavía ocurre en 
casi 0.2% de los nacimientos. Tales lesiones se relacionan con peso alto al 
nacer, parto con fórceps, presentación pélvica y trabajo de parto prolonga-
do. Una lesión del plexo puede producirse por estiramiento, aunque en 
ocasiones se trata de pleno arrancamiento de las raíces nerviosas. En la 
mayoría de los sujetos, se inicia tratamiento no quirúrgico con medidas 
intensivas y ejercicio pasivo para conservar el movimiento del hombro, 
mientras se espera el retorno de la función neurológica. En casos inusua-
les, se realiza la reparación quirúrgica de las raíces y los troncos dañados.
Parálisis cerebral
Este padecimiento es de tipo neuromuscular no progresivo que por lo re-
gular se reconoce antes de los dos años de edad. Se cree que se origina en 
una lesión al cerebro en desarrollo. Casi nunca es posible identificar la 
causa específica. Existe gran variación en las consecuencias de la paráli-
sis cerebral, las cuales se vinculan o no con daño mental. La parálisis cere-
bral se clasifica en categorías fisiológica y anatómica, como espástica (la 
más frecuente), atetósica, atáxica y mixta. La mayoría de los enfermos con 
parálisis cerebral tiene hiperreflexia con aumento del tono muscular y es-
pasmo. Estos pacientes también pueden clasificarse con hemiplejía (extre-
midades superior e inferior) o diplejía, cuando los problemas en las ex-
tremidades inferiores son mayores que en las superiores. Los individuos 
con parálisis cerebral a menudo generan deformidades de la columna ver-
tebral, lo cual se trata por separado en la sección sobre escoliosis. Los tra-
tamientos ortopédicos se enfocan en preservar la función y conservar 
la amplitud de movimiento. Los procedimientos para prolongación de 
Figura 43-50. Radiografía anteroposterior de un paciente con 
osteomielitis crónica. El sujeto sufrió una fractura compuesta (abierta) de 
la tibia, la cual fue tratada con reducción abierta y fijación interna. Se 
estableció una infección crónica. Se retiró la placa que estaba en la tibia. 
El hueso es más denso de lo normal y no se ve bien el conducto medular. 
Esto sugiere que existe hueso necrótico (secuestrado) que debe ser 
desbridado para controlar la infección.
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tendones, liberación de contracturas y transferencias tendinosas quizá 
sean útiles en las extremidades superiores e inferiores. Los trastornos de la 
marcha constituyen el centro de mucha atención y a menudo pueden ob-
tenerse mejorías importantes en la capacidad para la marcha con procedi-
mientos bien planeados de prolongación de tendones y liberación de con-
tracturas.
A causa de las fuerzas musculares desequilibradas por la espasticidad, 
la disfunción de la cadera, que por desgracia a menudo acusa luxaciones o 
subluxación de cadera, es un problema importante para muchos sujetos 
con parálisis cerebral. El tratamiento inicial muchas veces consiste en libe-
raciones del tendón del abductor que pueden ser muy útiles. En algunos 
casos en que el diagnóstico se hace tarde, o cuando las liberaciones de te-
jido blando no tienen buenos resultados, los procedimientos para el equi-
librio tendinoso son susceptibles de combinarse con reducción abierta de 
la articulación de la cadera, a veces aumentada con reconstrucción aceta-
bular u osteotomía de la parte proximal del fémur.
La contractura de la rodilla por tensión en los tendones de la corva es 
otra alteración frecuente. La prolongación de los tendones de la corva 
y otras liberaciones tendinosas pueden ser de utilidad.
La parálisis cerebral también puede generar deformidades de los pies y 
los tobillos; por lo regular, éstas se tratan para facilitar el uso de calzado, 
incluso en enfermos inmóviles. La preservación de la estructura anatómi-
ca normal del pie es esencial para un paciente ambulatorio. La deformidad 
del pie más frecuente en la parálisis cerebral es el pie equino valgo, que se 
produce por contractura del cordón del talón y espasmo peroneo. El equi-
librio tendinoso tal vez sea útil. En casos graves, también está indicada la 
reconstrucción ósea.
Crecimiento esquelético
Los trastornos musculoesqueléticos adquiridos en sujetos pediátricos 
abarcan un amplio espectro patológico que incluye lesión, enfermedad in-
flamatoria y trastornos del desarrollo. En todos estos padecimientos, el 
cirujano tratante debe recordar que los huesos inmaduros están en creci-
miento activo; la conservación del crecimiento óseo es una prioridad tera-
péutica (fig. 43-51). Asimismo, el esqueleto inmaduro no se encuentra del 
todo osificado. El diagnóstico preciso de una lesión o trastorno muscu-
loesquelético puede ser mucho más difícil porque grandes porciones del 
esqueleto todavía son cartilaginosas y quizá sean invisibles en una radio-
grafía simple. Como puede verse, la epífisis, que por lo regular incluye una 
superficie articular, se sitúa en los extremos del hueso largo, con una fisis 
o cartílagode crecimiento intermedio. La epífisis normal es el sitio de cre-
cimiento longitudinal de un hueso largo. Ésta es lo bastante ancha para ser 
visible en las radiografías clínicas. El cartílago de crecimiento tiene capas 
específicas o zonas histológicas definidas adyacentes al hueso epifisario 
que se conocen como zona de reserva de células pluripotenciales. A partir 
de la región de reserva está la zona de diferenciación, en la cual aparece 
primero la diferenciación de cartílago. Debajo del área de diferenciación, 
se halla la zona de proliferación, caracterizada por división celular intensa. 
Debajo de la región de proliferación está la zona de maduración, donde se 
manifiesta la modalidad morfológica más madura del condrocito. Debajo 
del área de maduración, se encuentra la zona hipertrófica, donde las célu-
las aumentan su tamaño. La muerte celular y la calcificación de la matriz 
cartilaginosa se presentan luego en la zona de calcificación.
Es importante conservar el crecimiento normal en esta área. La lesión 
o el daño al cartílago de crecimiento puede originar detención prematura 
del crecimiento o deformidad angular de la extremidad, así como un pro-
blema estético y funcional considerable. Alrededor del hueso de la metáfi-
sis y la diáfisis, está la capa perióstica. El periostio de las personas inmadu-
ras es mucho más grueso y contiene más células que en el adulto. Este 
periostio con actividad metabólica es el encargado de la síntesis de hueso 
nuevo en la diáfisis y la metáfisis, además del crecimiento circunferencial 
del hueso. En individuos muy jóvenes, tal vez la metáfisis y la epífisis no se 
encuentren osificadas del todo.
Los centros de osificación en la epífisis aparecen en un orden muy pre-
decible. El conocimiento de la secuencia y la cronología de osificación es-
peradas es crucial para el tratamiento adecuado de enfermos jóvenes. 
También debe señalarse que algunos huesos, sobre todo los de la columna 
vertebral, presentan muchos centros distintos de osificación normales.
Generalidades de las fracturas pediátricas
El tratamiento de un hueso fracturado en un paciente pediátrico implica 
todos los problemas presentes en lesiones de adultos. Sin embargo, en ni-
ños los médicos y los cirujanos también se preocupan por el estado del 
cartílago de crecimiento. Por desgracia, el cartílago de crecimiento epifi-
sario es un sitio de fractura muy frecuente, ya que esta área no osificada 
del hueso es débil por naturaleza y proclive a quebrarse. El tratamiento 
cuidadoso del cartílago de crecimiento lesionado es una prioridad tera-
péutica y debe tenerse presente que la reducción de los fragmentos de la 
fractura a través del cartílago de crecimiento debe llevarse a cabo con mu-
cho cuidado.
pO2 alta
pO2 baja
Zona de reposo
Zona proliferativa
Zona hipertrófica
Zona de calcificación provisional
División celular, síntesis de matriz,
expresión del receptor para PTHrP,
hormona del crecimiento, producción
de IGF-I, FGF, expresión de TGF-β
Colágena tipo X
TGF-β, expresión de PTHrP
Aumento de tamaño 5-10 veces
Vesículas de la matriz, producción
de fosfatasa alcalina
Las vesículas de la matriz inician
la calcificación de la matriz
Los condrocitos sufren apoptosis
Cartílago de crecimiento
Figura 43-51. Estructura y relaciones funcionales del cartílago de crecimiento. Las barras de cartílago calcificado forman el andamiaje para que los 
osteoblastos depositen hueso nuevo; las células similares a osteoclastos resorben el cartílago calcificado mediante la remodelación. FGF, factor de 
crecimiento de fibroblastos; IGF-I, factor de crecimiento parecido a insulina I; PTHrP, proteína relacionada con hormona paratiroidea; TGF-β, factor 
transformador del crecimiento β.
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Clasificación de lesiones en el cartílago de crecimiento
Esta clasificación tiene implicaciones importantes para la comunicación 
entre los médicos sobre el tratamiento del sujeto. Es importante el tipo 
exacto de lesión fisaria para el pronóstico y los cuidados terapéuticos de la 
fractura. Salter y Harris describieron una clasificación muy útil de lesiones 
en el cartílago de crecimiento.58 Una lesión tipo I es una falla transversal 
simple sin afectación de la epífisis osificada ni la metáfisis. Una fractura tipo 
II de Salter-Harris contiene un componente de fractura a través del cartíla-
go de crecimiento en continuidad con una fractura de la metáfisis. La frac-
tura de Salter-Harris tipo III incluye una parte a través de la epífisis y una 
parte por el cartílago de crecimiento. Estas fracturas siempre son intraar-
ticulares. Una lesión de Salter-Harris tipo IV es aquella en la cual la línea de 
fractura se extiende a través del cartílago de crecimiento desde la metáfisis 
hasta la epífisis. Por último, la lesión de Salter-Harris tipo V corresponde a 
una anomalía leve con daño de la placa misma, pero sin desplazamiento.
El tratamiento de las lesiones pediátricas que afectan el cartílago de 
crecimiento se enfoca en la reducción precisa y exacta de los fragmentos y 
de dicho cartílago. La fijación interna de las lesiones en el cartílago de 
crecimiento se realiza con gran cuidado con el propósito de favorecer la 
posición precisa de los fragmentos para que la consolidación sea óptima. 
Cuando es posible, ha de hacerse un esfuerzo para evitar la colocación de 
material que cruce el cartílago de crecimiento por el temor de aumentar la 
probabilidad de cierre prematuro de éste.
Lesiones diafisarias en el paciente pediátrico
Las fracturas de la diáfisis de huesos largos en individuos pediátricos a 
menudo se tratan con técnica cerrada. Resulta interesante que la reduc-
ción exacta y precisa de estas fracturas a veces es menos crítica en niños 
que en adultos por la propiedad de la remodelación intensa que tienen los 
enfermos pediátricos. Una deformidad en el plano de una articulación ad-
yacente a menudo se remodela por completo con el crecimiento y la aco-
modación del niño. Cuando se realiza fijación interna de una fractura 
diafisaria en un paciente pediátrico, hay que evitar el cartílago de creci-
miento siempre que sea posible.
Fracturas de la cadera pediátrica
Este tipo de fracturas conllevan un alto potencial de suspensión del creci-
miento y deformidad. Los sujetos muy jóvenes con fracturas en la cadera 
muchas veces se tratan con un aparato de yeso. A menudo, una buena 
opción es un aparato grande que abarque el abdomen, parte inferior de la 
espalda, la pelvis y la extremidad inferior. Estos aparatos de yeso en “espi-
ga” son tolerables para los pacientes muy jóvenes, en cierta medida porque 
el periodo de inmovilización puede ser relativamente corto en ellos por su 
característica de poseer una cicatrización pronta. Las fracturas desplaza-
das de la cadera en individuos un poco más grandes a menudo se tratan 
con intervención quirúrgica. Si el desplazamiento es leve puede utilizarse 
un aparato de yeso en espiga. En algunos enfermos se inserta un tornillo a 
través de una incisión muy pequeña por la región trocantérica del fémur 
que atraviesa la fractura en el cartílago de crecimiento y se fija en la cabeza 
femoral. Para este procedimiento, es necesaria la guía fluoroscópica. Es 
indispensable tener mucho cuidado con la posición del tornillo en estos 
dos planos para asegurar que no se penetre la cabeza femoral.
Fracturas de la región intertrocantérica
de la cadera pediátrica
En enfermos muy jóvenes, esta lesión puede tratarse con un aparato de 
yeso en espiga. En sujetos mayores, también puede usarse fijación interna.
Fracturas del cuerpo femoral
En los niños, las fracturas femorales casi siempre son lesiones de baja 
energía, en contraste con las fracturas femorales del adulto. Las fracturas 
del cuerpo femoral en niños menores de seis años de edad pueden tratarse 
con un aparato de yeso en espiga. Son aceptables los grados ligeros de de-formidad angular, que se remodelan. Las deformidades angulares más 
marcadas (hasta 30 grados en el plano sagital) pueden ser aceptables por el 
crecimiento ulterior característico de los sujetos muy jóvenes. Las fractu-
ras en pacientes mayores de seis años de vida son susceptibles de contro-
larse con fijación interna limitada (fig. 43-52). Los clavos intramedulares 
flexibles son usuales para el tratamiento de esta lesión.59 Un individuo que 
se aproxima a la madurez esquelética (14 años de edad o más) puede tra-
tarse con un clavo rígido intramedular escariado, como se haría en el adul-
to. Las fracturas extraarticulares de la parte distal del fémur o de la parte 
proximal de la tibia casi siempre pueden atenderse con un aparato de yeso 
largo, a menos que haya desplazamiento o angulación excesivos.
Fracturas del tobillo pediátrico
Las fracturas del tobillo en enfermos pediátricos siempre afectan el cartí-
lago de crecimiento. Por lo regular, las lesiones de Salter-Harris tipos I y II 
C D
A B
E F
Figura 43-52. Una fractura espiral del cuerpo del fémur en un niño.
A y B documentan la fractura desplazada. C y D muestran la apariencia 
radiográfica después de la reducción cerrada y la inserción de barras 
flexibles. E y F dejan ver el hueso cicatrizado después del retiro del 
material, con conservación del cartílago de crecimiento.
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(sin fractura del cartílago de crecimiento) se tratan con un aparato de yeso 
(fig. 43-53). Las fracturas intraarticulares (de Salter-Harris tipo III o IV) 
por lo general se someten a reducción cerrada y fijación interna con clavos 
percutáneos o fijación con tornillos. Casi siempre se usan alfileres lisos, 
sin rosca, con cuidado de no atravesar el cartílago de crecimiento, a menos 
que sea indispensable para lograr la estabilidad.
Por lo regular, la parte medial del cartílago de crecimiento tibial distal 
se fusiona antes que la lateral. En estos sujetos puede ocurrir una fractura 
interesante llamada fractura juvenil de Tillaux. Esta lesión de Salter-Harris 
tipo II incluye una fractura a través de la epífisis lateral y la parte lateral del 
cartílago de crecimiento. Para estos pacientes con dicho cartílago en pro-
ceso de cierre, casi siempre se recomienda la reducción abierta con fija-
ción interna precisa. Otra lesión fisaria difícil en individuos pediátricos es 
la fractura en tres planos. Ésta es una lesión compleja tipo IV de Salter-
Harris que incluye fracturas del cartílago de crecimiento, la metáfisis y la 
epífisis. Por lo general, las tres fracturas ocurren en tres planos ortogona-
les. Esta lesión casi siempre se trata con reducción cerrada, con o sin colo-
cación percutánea de alfileres. Esta anomalía a menudo requiere imágenes 
por CT para valorar el grado de desplazamiento de la línea articular.
Fracturas del codo pediátrico
Este tipo de anomalías generan ansiedad particular al cirujano ortopedis-
ta. El codo es una articulación compleja, con articulación entre la parte 
distal del húmero con el radio y el cúbito. Además, existen centros de osi-
ficación separados para la cabeza radial: el olécranon, la parte medial y la 
lateral de la epífisis del húmero. En enfermos muy jóvenes, una fractura a 
través de la epífisis distal del húmero a menudo se confunde con luxación 
del codo (una lesión extremadamente inusual) (fig. 43-54). Es indispensa-
ble el conocimiento completo de los centros de osificación del codo y sus 
tiempos de aparición para hacer un diagnóstico seguro de la lesión exacta. 
Estas fracturas que incluyen también una lesión del cuerpo del radio o el 
cúbito son el equivalente pediátrico a las fracturas de Monteggia y Galea-
zzi descritas antes con respecto a las fracturas del cúbito y radio. La reduc-
ción y la alineación precisa de las superficies articulares, y la posición 
exacta de la cabeza del radio (con frecuencia luxada en estas lesiones) son 
prioridades terapéuticas. En general, la reducción cerrada y la colocación 
percutánea de alfileres (que muchas veces cruzan el cartílago de creci-
miento por necesidad) es la opción terapéutica más adecuada.60
En la valoración y el tratamiento de estas lesiones ha de ponerse mucha 
atención a la anatomía neurovascular del codo. Son frecuentes las lesiones 
relacionadas de la arteria braquial y los nervios cubital, radial y medial. La 
valoración de la función neurovascular es indispensable antes, durante y 
luego del tratamiento. Incluso después de la reducción cerrada exitosa, la 
colocación de alfileres y la inmovilización, es importante hacer un segui-
miento meticuloso de la preservación de la reducción y el estado neuro-
vascular.
Figura 43-53. Imágenes radiográficas 
anteroposterior y lateral de una fractura de 
Salter-Harris tipo II de la parte distal de la 
tibia en un niño. La fractura desplazada 
afectó el cartílago de crecimiento (fisis), se 
redujo y se inmovilizó con un aparato de 
yeso.
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ENFERMEDAD DEL DESARROLLO EN NIÑOS
Displasia de la cadera durante el desarrollo
La displasia de la cadera durante el desarrollo (DDH, developmental dys-
plasia of the hip) antes se llamaba displasia congénita de cadera. Este tras-
torno se caracteriza por inestabilidad de la cadera en desarrollo que podía 
progresar a luxación crónica notable de la articulación. La DDH es más 
frecuente en recién nacidos con antecedentes familiares positivos, con po-
sición pélvica en el útero, mujeres o primogénitos.61-63 No parece que este 
trastorno tenga un componente genético importante.
La situación más desafortunada en sujetos con DDH es en los que la 
anomalía se diagnostica tarde. Una cadera con luxación crónica es un tras-
torno difícil en cuanto al tratamiento clínico. Estas luxaciones no tratadas 
al final conducen a contractura de la musculatura de la cadera, displasia 
del acetábulo y formación de un “cojinete” fibroso, que puede ocupar el 
acetábulo e impedir la reducción. Como éstas son consecuencias poten-
cialmente graves, el esfuerzo se enfoca en el diagnóstico temprano de 
DDH. Los neonatos se examinan, casi siempre en los primeros tres días 
de edad, en busca de inestabilidad de la cadera. Se efectúan dos manio-
bras, una de las cuales es la prueba de Ortolani, la cual consiste en eleva-
ción y abducción suave del fémur. Con la maniobra de abducción, un 
chasquido o salto palpable indica la relocalización de una cadera luxada. 
Otra maniobra, la prueba de Barlow, se lleva a cabo mediante aducción y 
depresión suaves del fémur (presión posterior), la cual causa un chasquido 
o salto similar cuando la cadera en posición normal se desliza a la posición 
luxada. Es importante realizar estas maniobras con suavidad y sólo des-
pués del entrenamiento apropiado. En ocasiones, los lactantes con cadera 
luxada o susceptible de luxación parecen tener discrepancias del fémur 
cuando la cadera se coloca a 90 grados. También es posible hacer un diag-
nóstico tentativo con base en la apariencia de los pliegues en las nalgas. 
Las imágenes radiográficas son útiles, pero en el caso de recién nacidos, las 
porciones relevantes del acetábulo y la cabeza femoral todavía no se osifi-
can y el diagnóstico radiográfico es poco confiable. Es más útil la utiliza-
ción de ecografía para obtener imágenes de las caderas. A menudo, un 
ecógrafo experimentado puede demostrar con gran detalle una cadera 
luxada o susceptible de luxación. Cuando el diagnóstico se hace pronto, el 
tratamiento casi siempre consigue una articulación normal de la cadera. Si 
el diagnóstico se hace tarde es probable que el pronóstico no sea tan favo-
rable. El tratamiento de pacientes no diagnosticados luego de llegar a la 
edad de caminar (nueve a 14 meses) tal vez sea muy difícil.
Tratamiento de la displasiade la cadera
durante el desarrollo
El tratamiento de un neonato con cadera luxada o susceptible de luxación 
casi siempre se basa en el logro de la posición adecuada de la cabeza femo-
ral en el acetábulo y la conservación de una reducción concéntrica. En la 
mayoría de los casos con cadera susceptible de luxación, se coloca un ar-
Figura 43-54. Se muestra una 
fractura supracondílea desplazada 
en un niño, antes y después de la 
reducción y la fijación con alfiler 
percutáneo.
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nés de Pavlik al niño, el cual mantiene las caderas en flexión y abducción 
ligera. Debe evitarse la abducción extrema, ya que mantener la cadera en 
abducción marcada puede generar necrosis avascular de la cabeza femoral 
(fig. 43-55). El arnés de Pavlik casi siempre tiene éxito luego de uno a tres 
meses de tratamiento. En algunos individuos con enfermedad más grave, 
están indicadas las tenotomías selectivas de algunos músculos aductores.
En la DDH descuidada o no diagnosticada, cuando el enfermo llega a 
la edad de caminar sin lograr una cadera estable, a menudo es necesaria la 
reducción abierta (fig. 43-56). En tales casos, casi siempre se opta por un 
acceso anterior a la cadera. Se retira cualquier cojinete dentro del acetábu-
lo y se sitúa la cabeza femoral. Muchas veces, estos procedimientos se 
combinan con liberaciones capsulares y tenotomías del aductor. En pa-
cientes con contracción muscular considerable, a veces está indicado el 
acortamiento femoral (osteotomía para acortar el fémur). Después de la 
reducción abierta, puede haber necrosis avascular de la cabeza femoral. 
No siempre es posible restaurar el movimiento completo sin dolor de la 
cadera. En casos infrecuentes, en los que la reducción abierta no logra 
una cadera estable, algunos sujetos con DDH grave pueden tratarse con 
osteotomía pélvica, en la cual se hace la reconstrucción acetabular o se 
crea un reborde acetabular.63 En algunos casos, también puede conside-
rarse una osteotomía de la parte proximal del fémur.
Enfermedad de Legg-Calvé-Perthes
La enfermedad de Legg-Calvé-Perthes, también conocida como coxa pla-
na, es un trastorno de la cadera pediátrica caracterizado por una cabeza 
femoral deforme, aplanada.64 La etiología del problema se relaciona con la 
osteonecrosis de la epífisis femoral proximal y se cree que es resultado de 
la afectación vascular.65 Por lo general, la enfermedad de Legg-Calvé-
Perthes se manifiesta en niños, por lo regular varones, entre los cuatro y 
ocho años de edad. Muchas veces los síntomas iniciales incluyen dolor en 
la ingle o la rodilla, disminución de la amplitud del movimiento de la ca-
dera y cojera. También es frecuente la marcha de Trendelenburg (inclina-
ción de la pelvis). Se ofrece tratamiento sintomático con tracción, fisiote-
rapia, ejercicio de abducción, muletas y, en ocasiones, osteotomías femoral 
y pélvica. Por desgracia, hasta hoy se desconoce una buena solución para 
esta enfermedad.
Deslizamiento de epífisis de la cabeza femoral
El deslizamiento de epífisis de la cabeza femoral (SCFE, slipped capital fe-
moral epiphysis) es un trastorno adquirido de la epífisis que se considera 
relacionado con debilidad en el anillo pericondral del cartílago de creci-
miento.66 Se observa desplazamiento de la epífisis del cuello femoral en 
niños de 10 a 16 años de edad. En la mayoría de los casos, no hay un ante-
cedente traumático identificable. No se sabe si se adquiere de manera pau-
latina o aguda (fig. 43-57). Esta anomalía se relaciona con ancestros de 
raza negra, obesidad y es un poco más frecuente en varones. En 25% de los 
casos, es bilateral. Por lo general, el SCFE se diagnostica en pacientes que 
se quejan de dolor. Es importante saber que el dolor causado por esta alte-
ración casi siempre se localiza en la ingle y la parte anterior del muslo. 
Asimismo, es muy frecuente que los individuos se quejen de dolor alrede-
dor de la rodilla. En enfermos pediátricos con queja de dolor en la rodilla, 
Figura 43-56. Imágenes 
radiográficas de un niño con 
displasia de la cadera durante 
el desarrollo. Nótese que la cadera 
derecha está luxada y el acetá-
bulo derecho es poco profundo 
y malformado.
Banda del hombro
Banda del tórax
Bandas de abducción
Banda de la
extremidad inferior
Arnés de Pavlik
Figura 43-55. Arnés de Pavlik usado para tratar neonatos con displasia 
de cadera. (Con autorización de http://www.musckids.com/health_library/
hrnewborn/ddh.htm)
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siempre debe hacerse un esfuerzo para valorar también la cadera del mis-
mo lado.
El tratamiento para todos los sujetos con SCFE es la fijación percutá-
nea con tornillo. El procedimiento se hace a través de una pequeña inci-
sión cutánea; se inserta un tornillo por el cuello femoral para sujetar la 
epífisis. La reducción de la epífisis deslizada está contraindicada por el 
riesgo mayor de necrosis avascular. La mayoría de los médicos considera 
que un tornillo es adecuado para prevenir el deslizamiento adicional.
Anomalías por rotación en la extremidad inferior
Los pacientes pediátricos con este tipo de alteraciones se presentan con 
rotación anómala de las extremidades inferiores, lo cual a menudo hace 
que “se metan las puntas de los pies” al estar de pie y caminar. El diagnós-
tico de anteversión femoral, torsión tibial y metatarso aducido se usan 
para describir las anomalías por rotación en estos sitios anatómicos res-
pectivos. Hay que señalar que la mayoría de los niños desvía un poco los 
pies hacia adentro como una etapa normal del desarrollo.
La rotación interna excesiva en el fémur, más frecuente en niños de tres 
a siete años de edad, casi siempre se corrige hacia los ocho años de edad. 
La rotación marcada con alteración funcional que no desaparece después 
de los 10 u 11 años puede tratarse con osteotomía femoral rotatoria.
La torsión tibial es la causa más frecuente de marcha con las puntas de 
los pies hacia adentro. Esto se observa más a menudo en niños de uno y 
dos años de edad; por lo general, es bilateral. Aunque a veces la desviación 
interna de las puntas de los pies puede ser marcada, la torsión tibial pediá-
trica casi siempre se resuelve por completo sin tratamiento.
El metatarso en aducción es un trastorno con aducción del antepié, 
casi siempre detectado en lactantes. Es importante señalar que puede vin-
cularse con DDH de la cadera. Como ocurre con la mayoría de las anoma-
lías por rotación, casi todos estos casos también desaparecen de manera 
espontánea.
Pie equino varo congénito
Esta entidad patológica, que por desgracia suele llamarse pie deforme, es 
un trastorno frecuente en la cirugía ortopédica pediátrica (fig. 43-58).67 
Este trastorno es un poco más habitual en varones, se acompaña de con-
tracturas de los tendones mediales del pie, a menudo con tendón de Aqui-
les tenso.68 También se observan contracturas de la cápsula articular del 
tobillo, así como partes posterior y media del pie. La valoración de estos 
pies se lleva a cabo mediante radiografías antes, durante y después del tra-
tamiento.69 En la mayoría de los casos, el problema puede eliminarse con 
aparatos de yeso correctivos secuenciales cuidadosos en el pie. Un progra-
ma con buenos resultados de aparatos de yeso puede completarse en uno 
a cinco meses y muchas veces produce un pie normal antes que el niño 
llegue a la edad de caminar. En individuos con un trastorno más grave y en 
aquellos que inician tarde el tratamiento, a veces es necesaria la liberación 
quirúrgica de los tejidos blandos contraídos.70 En la mayoría de los casos, 
estas liberaciones quirúrgicas no se contemplan antes de los seis a ocho 
meses de edad.71
Enfermedad de Osgood-Schlatter
Esta entidad patológica corresponde a un problemamuy frecuente obser-
vado más a menudo en adolescentes que realizan actividad atlética. Este 
trastorno se caracteriza por osificación del tendón rotuliano distal en el 
punto de inserción en la apófisis tibial. Se cree que el problema se debe a la 
tensión mecánica sobre el área de inserción tendinosa. Las radiografías de 
la rodilla afectada muestran irregularidad característica en el zona de in-
serción y a menudo se observan huesecillos un poco separados dentro del 
tendón mismo. La enfermedad se manifiesta con dolor local agudo y sen-
sibilidad intensísima en el área del tubérculo tibial.
El tratamiento eficaz para esta enfermedad puede ser la restricción de 
la actividad, que el enfermo casi nunca acepta de buen grado. Si los sínto-
mas mejoran, la participación atlética es razonable. Casi en todos los ca-
sos, los síntomas desaparecen después de la maduración esquelética o la 
suspensión de la práctica atlética. En casos inusuales, hay síntomas persis-
tentes hasta la edad adulta. Es posible conseguir resultados moderados 
con la extirpación quirúrgica de los huesecillos dentro del tendón en los 
adultos.
Figura 43-58. Deformidades características de pie equino varo, o pie 
equino.
A B
Figura 43-57. Imágenes radiográficas 
de un paciente joven con deslizamiento 
de la epífisis de la cabeza femoral, antes 
(A) y después (B) de fijación con tornillo.
43Brunicardi(1557-1608).indd 160643Brunicardi(1557-1608).indd 1606 19/7/10 14:51:1919/7/10 14:51:19
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irugía ortopédica
Futuro de la cirugía ortopédica
El tratamiento de la enfermedad musculoesquelética progresa a paso rápi-
do. Existe en la actualidad una fuerte tendencia hacia el uso de técnicas 
quirúrgicas menos penetrantes y la tecnología necesaria para la interven-
ción quirúrgica de penetrancia mínima avanza con rapidez.
En el siguiente decenio es probable la aplicación de técnicas de medici-
na molecular a muchos problemas musculoesqueléticos. La utilización de 
técnicas genéticas moleculares reforzará o incluso sustituirá muchos de los 
tratamientos quirúrgicos actuales.
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Las referencias resaltadas en color azul claro son publicaciones importantes.
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