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Psicología	forense	en	materia	familiar.
Guía	para	la	elaboración	del	dictamen	pericial
Psicología	forense	en	materia	familiar.
Guía	para	la	elaboración	del	dictamen	pericial
Eric	García-López
Doctor	en	Psicología	Clínica,	Legal	y	Forense.	Periodo	docente	del	doctorado	en
Neurociencia,	Universidad	Complutense	de	Madrid.	Posdoctorado	en	Evolución
y	Cognición	Humana	(EvoCog-IFISC-UIB-CONACYT).
Ha	sido	investigador	visitante	del	Instituto	Max	Planck	de	Derecho	Penal
Internacional	(Friburgo,	Alemania)	y	profesor	titular	en	la	Facultad	de	Medicina
de	la	Universidad	Nacional	Autónoma	de	México.
Investigador	Titular,	Instituto	Nacional	de	Ciencias	Penales.
Miembro	del	Sistema	Nacional	de	Investigadores,	del	Mental	Health,	Law	&
Policy	Institute	de	la	Universidad	Simon	Fraser	y	de	la	International	Association
of	Forensic	Mental	Health	Services.
Olga	Leticia	Galicia	García
Maestra	en	ciencias	del	comportamiento	y	Licenciada	en	psicología	con
diplomados	en	psicología	criminológica,	alienación	parental,	evaluación
neuropsicológica	y	neuropsicología	clínica.
Miembro	fundador	de	la	Asociación	Mexicana	de	Justicia	Terapéutica,	(AMTJ),
miembro	de	la	Asociación	Iberoamericana	de	Justicia	Terapéutica,	la	Asociación
Latinoamericana	de	Psicología	Jurídica	y	Forense,	y	la	Sociedad	Mexicana	de
Psicología.
Presidenta	del	Colegio	Mexicano	de	Profesionistas	de	la	Psicología.
Perito	en	psicología,	integrante	de	las	listas	de	auxiliares	del	Tribunal	Superior
de	Justicia	de	la	Ciudad	de	México	desde	hace	25	años.
Tribunal	Superior	de	Justicia	de	la	Ciudad	de	México
Editor	responsable:
Lic.	Georgina	Moreno	Zarco
Editorial	El	Manual	Moderno
Nos	interesa	su	opinión,	comuníquese	con	nosotros:
Editorial	El	Manual	Moderno	S.A.	de	C.V.	Av.	Sonora	206,	Col.	Hipódromo,	Alcaldía	Cuauhtémoc,	06100,	Ciudad	de	México,	México	(52-55)	52-65-11-00	info@manualmoderno.com	quejas@manualmoderno.com
Psicología	forense	en	materia	familiar.	Guía	para	la	elaboración	del	dictamen	pericial
D.R.	©	2019	por	Eric	García-López,	Olga	Leticia	Galicia	García,	Tribunal	Superior	de	Justicia	de	la
Ciudad	de	México.
Editorial	El	Manual	Moderno	S.A.	de	C.V.
ISBN:	978-607-448-822-7	versión	electrónica
Miembro	de	la	Cámara	Nacional	de	la	Industria	Editorial	Mexicana,	Reg.	núm.	39
Todos	los	derechos	reservados.	Ninguna	parte	de	esta	publicación	puede	ser	reproducida,	almacenada
o	transmitida	sin	permiso	previo	por	escrito	de	la	Editorial.
DISTRIBUCIÓN	GRATUITA	/	PROHIBIDA	SU	VENTA
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Director	editorial:	Dr.	José	Luis	Morales	Saavedra	Editora	de	desarrollo:	Lic.	Tania	Flor	García	San	Juan	Diseño	de	portada:	DG.	Elena	Frausto	Sánchez
Carta	del	editor
Editorial	El	Manual	Moderno	se	complace	en	presentar	la	obra	Psicología
forense	en	materia	familiar.	Guía	para	la	elaboración	del	dictamen	pericial,	la
cual	es	resultado	de	una	colaboración	profesional	e	institucional	de	los
psicólogos	forenses	del	Tribunal	Superior	de	Justicia	de	la	Ciudad	de	México,	el
reconocido	autor	Eric	García-López	y	la	maestra	Olga	Leticia	Galicia	García.
Esta	guía	pretende	ser	un	puente	de	comunicación	práctico	y	un	punto	de
reunión	inicial	para	peritos	psicólogos	y	otras	áreas	afines	a	la	salud	mental	que
ejercen	la	psicopatología	forense	en	México,	en	donde	se	proponen	lineamientos
de	evaluación	psicológica	familiar,	abiertos	al	diálogo	interdisciplinario,
inicialmente	en	el	del	derecho	de	familia,	pero	extensivo	progresivamente	a	otros
ámbitos	del	derecho	penal,	civil,	laboral,	etc.
En	Manual	Moderno	el	ejercicio	de	Responsabilidad	Social	Empresarial	ha
definido	su	forma	de	trabajo	y,	de	manera	paulatina,	se	construye	y	reafirma
mediante	prácticas	ejemplares	e	iniciativas	innovadoras	con	impacto	en
diferentes:	ética	y	transparencia	empresarial,	cuidado	del	medio	ambiente,
calidad	de	vida	en	la	empresa	y	vinculación	con	la	comunidad.
Con	la	distribución	de	esta	guía,	la	editorial	lleva	a	la	práctica	sus	valores
empresariales	pero,	sobre	todo,	busca	que	los	profesionales	de	la	psicología	y	la
salud	mental	puedan	acudir	ante	los	tribunales	de	justicia	con	una	guía	de
actuación	basada	en	la	experiencia	y	el	conocimiento	forense,	tanto	de	quienes
pertenecen	al	público	como	del	privado.
Especial	reconocimiento	y	agradecimiento	a	las	personas	y	empresas	que
colaboraron	en	este	proyecto	a	través	de	sus	aportaciones	profesionales	en
formación	(Arturo	Castro	García),	diseño	de	portada	(Elena	Frausto	Sánchez),
elaboración	de	índice	(Leticia	García	García),	aportación	de	papel,	impresión	y
encuadernación	(ADISA	S.A.	de	C.V.).
Colaboradores	del	Tribunal	Superior	de	Justicia	de	la
Ciudad	de	México
Sergio	Aguilar	Álvarez	Bay.	Maestría	y	especialidad	en	Psicoterapia
Racional	Emotiva	Conductual,	Instituto	de	Terapia	Racional	Emotiva	de
México.	Maestría	en	Alta	Dirección	de	Empresas	(MEDE),	Instituto
Panamericano	en	Alta	Dirección	de	Empresa	(IPADE	Business	School).
Licenciado	en	Filosofía,	Universidad	Panamericana	y	coautor	del	libro
“Límites	de	la	argumentación	ética	en	Aristóteles”.	Director	de	Evaluación
e	Intervención	Psicológica	para	Apoyo	Judicial	del	Tribunal	Superior	de
Justicia	de	la	Ciudad	de	México.	Profesor	titular	en	el	Programa	de
Maestría,	Instituto	de	Terapia	Racional	Emotiva	de	México.
Karen	Eugenia	Cintra	Buenrostro.	Licenciatura	en	Psicología,	Universidad
Autónoma	de	México.	Maestría	en	Criminología,	Instituto	de	Formación
Profesional	de	la	Procuraduría	de	Justicia	de	la	Ciudad	de	México.	Perito
en	Psicología	del	Tribunal	Superior	de	Justicia	de	la	Ciudad	de	México
desde	hace	8	años.
Daniel	Estrada	Silva.	Licenciatura	en	Psicología,	Universidad	Nacional
Autónoma	de	México.	Psicólogo	Especializado,	adscrito	a	la	Subdirección	de
Evaluación	Psicológica	de	la	Coordinación	de	Intervención	Especializada
del	Tribunal	Superior	de	Justicia	de	la	Ciudad	de	México.	Participante	en	el
“Programa	de	Relaciones	de	Pareja	y	Familia,	Correlatos	y	Predicción	de
los	Síntomas	Depresivos”	de	la	Facultad	de	Estudios	Superiores	Zaragoza.
Laboró	como	psicólogo	en	la	Dirección	Ejecutiva	de	la	Defensoría	de	los
Derechos	de	la	Infancia	del	Sistema	para	el	Desarrollo	Integral	de	la
Familia	de	la	Ciudad	de	México.
Roberto	González	Toríz.	Licenciatura	en	Psicología,	Universidad	Nacional
Autónoma	de	México,	Maestrante	en	Criminología,	Instituto	de	Formación
Profesional	de	la	PGJCDMX,	y	en	Psicología	Criminal	y	Forense,	Instituto
Ciencia	Aplicada.	Certificaciones	Internacionales	por	parte	de	la	Academy
of	Behavorial	Profiling	y	The	Forensic	Criminology	Institute	en	Perfilación
Criminal	y	Victimología	Forense.	Entrenamiento	especializado	en	Psicología
Forense	aplicada	al	ámbito	familiar,	penal	y	civil,	Metodología	de	la
Evaluación	Pericial,	Aplicación	de	Protocolo	de	Estambul,	Estudios	sobre
Víctimas	y	Violencia,	entre	otros.	Testigo	experto	en	Psicología	Forense.
Psicólogo	Especializado	en	la	Subdirección	de	Evaluación	Psicológica	del
Tribunal	Superior	de	Justicia	de	la	Ciudad	de	México.
Rocío	Estela	López	Orozco.	Licenciada	en	psicología,	Universidad	Nacional
Autónoma	de	México.	Maestra	en	prevención	del	delito	y	sistemas
penitenciarios,	Instituto	de	Prevención	del	Delito.	Doctora	en	Ciencias
penales	y	política	criminal,	Instituto	Nacional	de	Ciencias	Penales.	Cuenta
con	un	entrenamiento	especializado	en	autopsia	psicológica	por	el	Instituto
Cubano	de	Antropología.	Subdirectora	de	Evaluación	psicológica	del
Tribunal	Superior	de	Justicia	de	la	Ciudad	de	México.	Ex	funcionaria	del
sistema	penitenciario	y	del	de	menores	infractores,	asesora	penitenciaria	del
grupo	PRECOOR.	Perito	en	psicología	forense.
Gabriela	Noriega	Sánchez.	Licenciatura	en	Psicología,	Universidad	de
Ecatepec.	Diplomado	en	Psicología	Forense,	Academia	Internacional	de
Formación	en	Ciencias	Forenses	A.C.	Auxiliar	en	el	Departamento	de
Psicología	de	la	Fiscalía	Especializada	en	la	Ejecución	de	Penas	y	Medidas
Judiciales	de	la	Penitenciaríadel	Estado	de	Chihuahua.	Psicóloga
Especializada,	Unidad	de	Asesoramiento	Psicológico	en	Materia	Familiar.
Perito	en	Psicología,	Subdirección	de	Evaluación	de	la	Dirección	de
Evaluación	e	Intervención	Psicológica	para	Apoyo	Judicial	del	Tribunal
Superior	de	Justicia	de	la	Ciudad	de	México.
Mariana	Ortiz	Castañares.	Maestría	y	especialidad	en	Terapias
Psicosociales,	Universidad	Mexicana.	Licenciada	en	psicología,	Universidad
Iberoamericana.	Responsable	de	la	Coordinación	Especializada	para	Apoyo
Judicial	en	el	Tribunal	Superior	de	Justicia	de	la	Ciudad	de	México,	donde
también	ha	ocupado	los	siguientes	cargos:	Psicóloga	Especializada	de	la
Unidad	de	Asesoramiento	Psicológico	en	Materia	Familiar,	Coordinadora
de	Apoyo	Psicológico	Parental	y	Directora	de	Evaluación	e	Intervención
Psicológica.	Ex	Directora	General	de	Recursos	Humanos	en	iniciativa
privada	y	ex	Directora	de	Servicios	Sociales	en	la	Secretaría	de
Gobernación.
Contenido
Carta	del	editor
Colaboradores	del	Tribunal	Superior	de	Justicia	de	la	Ciudad	de	México
Introducción
Capítulo	1.	Breve	perspectiva	sociodemográfica
Capítulo	2.	Consideraciones	preliminares	para	el	uso	de	esta	guía
Capítulo	3.	La	figura	del	perito	en	psicología	para	el	derecho	familiar
Capítulo	4.	La	psicología	forense	y	sus	aportaciones	al	contexto	jurídico	familiar
Capítulo	5.	Algunos	aspectos	jurídicos
Capítulo	6.	El	dictamen	pericial
Capítulo	7.	Técnicas	de	evaluación
Capítulo	8.	Consideraciones	finales
Referencias
Anexo	I.	Propuesta	de	formato	de	informe	psicológico	forense	en	materia
familiar
Anexo	II.	Código	ético	del	psicólogo
Anexo	III.	Marco	legal	de	la	evaluación	psicológica	pericial	y	forense	en	materia
familiar
Anexo	IV.	Esquema	de	dictaminación	psicológica	familiar
Tabla	de	contenido
Preliminares
Carta	del	editor
Colaboradores	del	Tribunal	Superior	de	Justicia	de	la	Ciudad	de	México
Introducción
Capítulo	1.	Breve	perspectivasociodemográfica
Capítulo	2.	Consideraciones	preliminares	para	el	uso	de	esta	guía
Capítulo	3.	La	figura	del	perito	en	psicología	para	el	derecho	familiar
Capítulo	4.	La	psicología	forensey	sus	aportaciones	alcontexto	jurídico	familiar
Capítulo	5.	Algunos	aspectos	jurídicos
Capítulo	6.	El	dictamen	pericial
Capítulo	7.	Técnicas	de	evaluación
Capítulo	8.	Consideraciones	finales
Referencias
Anexo	I.	Propuesta	de	formatode	informe	psicológicoforense	en	materia	familiar
Anexo	II.	Código	ético	del	psicólogo
Anexo	III.	Marco	legal	de	la	evaluación	psicológica	pericial	y	forenseen	materia
familiar
Anexo	IV.	Esquema	de	dictaminación	psicológica	familiar
Introducción
Las	relaciones	entre	el	derecho	y	el	estudio	del	comportamiento	humano	son	tan
antiguas,	que	sus	raíces	se	encuentran	en	los	primeros	intentos	legislativos	y
periciales.	Por	ejemplo,	pueden	encontrarse	referencias	sobre	la	reparación	del
daño	o	el	falso	testimonio	en	años	tan	distantes	como	el	de	2392	a.C	(en	el
Código	de	Hammurabi)	o	en	los	títulos	hebreos	de	Nezikim	y	Rhalabah,	en	la
Ley	del	Talmud.
Asimismo,	existen	documentos	orientales	-como	el	Hsi	Yüan	Lu	de	entre	los
años	1100	a	1200	a.C-	donde	se	incluyen	las	actuaciones	clínicas	ante	los
tribunales	de	justicia.	Además,	el	derecho	romano	-por	ejemplo,	en	el	Digesto,
Pomponius	Dig.	XXVI,	26.7.61-	establece	que	ha	de	fallarse	sin	castigo	lo	que
ocurra	por	padecimiento	mental	(Impune	autem	puto	admittendum,	quod	per
furorem	alicuis	accidit)	y	es	muy	conocido	el	cuestionamiento	romano	al	libre
albedrío	de	una	persona	trastornada:	furiosi	nulla	voluntas	est.	En	el	mismo
sentido,	vale	la	pena	recordar	que:	Furioso	sententia	a	judice	vel	arbitrio	dice
non	potest¹	(ni	el	juez	ni	el	árbitro,	pueden	dictar	sentencia	para	un	loco).
Por	su	parte,	Modestinus	advirtió	que	el	parricidio	no	habría	de	ser	sancionado
penalmente	en	caso	de	que	hubiese	evidencia	de	trastorno	mental	en	el	sujeto
activo	(si	per	furorem	aliquis	parentem	occiderit,	impunitus	erit²).
Ahora	bien,	las	raíces	históricas	no	sólo	están	vinculadas	a	situaciones
homicidas,	sino	hay	también	evidencia	de	las	interacciones	entre	Derecho	y
Psicología	en	materia	civil,	por	ejemplo,	en	los	casos	de	testamento:	Furiosus
tempore	intermissi	furoris	testamentum	facere	potest;	nam	furor	superveniens
non	pesimit	actum	prius	perfectum.
La	llamada	“locura”	en	aquel	tiempo,	tenía	también	impacto	en	las	leyes
medievales.	Por	citar	un	caso	-vinculadas	las	alteraciones	mentales	a	la
demonología	(homo	rabiosus	aut	demoniacus)-	se	afirmaba	en	el	Fuero	Juzgo
(año	634)	que	no	podía	ser	imputable	quien	cometiera	un	homicidio	estando
afectado	de	sus	facultades	cognitivas	y	volitivas:	“quien	mata	a	otro	homme	sin
su	grado	(sin	querer)	no	conociendo	e	ninguna	malquerencia	non	avie	contra	el,
non	debe	prender	muerte”.
Por	último,	vale	la	pena	mencionar	lo	expresado	en	las	Siete	Partidas	del	Rey
Sabio:	el	homme	que	es	fuera	de	su	seso	non	face	ningún	fecho
enderezadamente	et	por	ende	non	se	puede	obligar	porque	non	sabe	ni	entiende
por	ello	(citado	en	Esbec	y	García-López,	2016,	p.	235-238).
Como	puede	apreciarse	en	estos	párrafos	breves,	la	historia	de	afectos	/	encantos
y	desencantos	o	entre	el	Derecho	y	la	Psicología	es	muy	antigua	y
verdaderamente	fascinante.	Los	juristas	frecuentemente	se	cuestionan	acerca	de
la	naturaleza	del	comportamiento	humano,	en	particular	el	que	ocurre	entre	las
personas	que	han	sido	víctimas	o	perpetradores	de	delitos,	de	los	testigos	y
quienes	demandan	la	reparación	de	un	daño	sufrido	y,	particularmente,	la
conducta	que	ocurre	al	interior	de	la	familia.
Por	tal	motivo,	solicitan	del	psicólogo	dar	respuesta	ante	diversos
cuestionamientos	surgidos	del	contexto	de	la	justicia,	por	lo	que	esta	guía
facilitará	el	trabajo	a	quienes	deben	dar	contestación	a	dichos	cuestionamientos
desde	una	perspectiva	científica,	aportando	hallazgos	y	evidencia	empírica	que
facilite	la	toma	de	decisiones	judiciales.
En	México,	la	práctica	de	la	psicología	jurídica	y	forense	no	se	encuentra
plenamente	estructurada	y	desarrollada,	debido	-entre	otros	factores-	a	la	notable
ausencia	de	posgrados	acreditados	(Morales,	García-López	y	Mercurio,	en
prensa)—	a	la	falta	de	guías,	lineamientos,	inventarios,	manuales	o	protocolos
específicos	de	actuación	para	la	evaluación	psicológica	forense	y	el	ejercicio
pericial.
Existen	esfuerzos	muy	importantes	(principalmente	expuestos	a	través	de	actas
de	congresos	nacionales	e	internacionales,	capítulos	de	libros	o	documentos
institucionales	o	diplomados	y	cursos	intensivos)	que,	a	pesar	del	esfuerzo,	no
han	conseguido	establecerse	como	puntos	de	referencia	para	una	práctica	forense
estandarizada	en	los	diferentes	estados	de	la	República	Mexicana.	Así,	los
dictámenes	periciales	que	se	suscriben	-tanto	en	el	ámbito	público	como	en	el
privado-	son	realizados	de	acuerdo	con	el	conocimiento	y	experiencia	que	cada
perito	ha	ido	adquiriendo	de	la	experiencia	cotidiana	y	las	prácticas
profesionales	observadas	en	otros	países,	pero	sin	un	acuerdo	generalizado,	claro
y	preciso	sobre	las	etapas	y	metodología	de	consenso	para	la	evaluación
psicológica	con	fines	periciales	y	forenses.
De	tal	manera	que,	al	no	contar	con	una	metodología	de	consenso,	cada	perito
psicólogo	formula	un	objetivo,	procedimiento	y	conclusiones	que,	aún	para	un
mismo	caso,	pueden	diferir	radicalmente	de	un	perito	a	otro;	lo	que	ha	llevado	a
la	falsa	creencia	de	que	cualquier	procedimiento	es	válido,	que	toda	orientación
psicológica	puede	realizar	aportaciones	forenses,	que	todo	tipo	de	entrevista
(libre	o	semi-estructurada)	e	incluso	cualquier	instrumento	de	evaluación
psicológica,	puede	ser	llevado	ante	los	tribunales	de	justicia	como	elemento
definitorio	o	trascendente	dentro	de	un	dictamen	pericial.	Aún	más,	parece	estar
permitido	en	casos	complejos,	no	incluir	ningún	tipo	de	instrumento	de
evaluación	e	incluso	así	comparecer	ante	los	jueces.
Lo	anterior	representa	graves	errores	en	la	evaluación	psicológica	con	fines
periciales	y	forenses	y	ello	compromete	la	credibilidad	de	los	dictámenes,	la
pertinencia	de	los	datos	aportadospor	el	perito	en	psicología	y	la	propia
capacidad	profesional	de	los	así	llamados	expertos,	restando	no	sólo	valor
probatorio	a	la	pericial	y,	o	informes	en	psicología,	sino	vulnerando	los	derechos
de	los	justiciables.	En	este	sentido,	debe	subrayarse	el	sentido	ético	y	legal	de	las
evaluaciones	psicológicas	con	fines	periciales	y	forenses,	en	este	caso	en	el
ámbito	familiar,	pero	en	general	en	todos	los	ámbitos	donde	se	requieran	estas
evaluaciones.
Aunque	suena	a	verdad	de	Perogrullo,	se	debe	recordar	que	está	en	juego	la
libertad,	la	propiedad	o	el	mismo	sentido	vital	de	una	persona	y	que,	por	lo	tanto,
la	obligación	tanto	ética,	como	jurídica	del	experto	en	salud	mental,	es	la	de
realizar	un	trabajo	que	respete	los	derechos	humanos	y	sus	garantías,	de	lo
contrario,	no	sólo	habrá	de	responder	al	reclamo	ético,	sino	a	la	sanción	legal
que	una	malpraxis	amerite.
La	guía	que	el	lector	tiene	en	sus	manos,	es	un	primer	esfuerzo	para	estructurar
un	código	de	comunicación	unificado	en	México.	La	idea	central	de	este
proyecto	es	que	los	profesionales	de	la	salud	mental	puedan	acudir	ante	los
tribunales	de	justicia	con	una	guía	de	actuación	basada	en	la	experiencia	y	el
conocimiento	forense	de	sus	operadores,	tanto	de	quienes	pertenecen	al	ámbito
público,	como	de	quienes	ejercen	esta	disciplina	desde	el	ámbito	privado	y	la
investigación	científica	realizada	en	las	universidades	y	los	centros	públicos	de
investigación.
Asimismo,	esta	guía	pretende	ser	un	puente	de	comunicación	práctico	y	un	punto
de	reunión	inicial	para	los	peritos	en	comportamiento	humano	y	salud	mental
que	ejercen	la	psicopatología	forense	en	México,	proponiendo	también	el
diálogo	interdisciplinario	con	los	juristas	y	operadores	jurídicos,	inicialmente	en
el	ámbito	del	derecho	familiar,	pero	extensivo	progresivamente	a	otros	ámbitos
del	derecho:	penal,	civil,	laboral,	canónico,	etc.
Esta	guía	es	posible	gracias	a	la	generosa	colaboración	profesional	e
institucional	de	los	psicólogos	forenses	del	Tribunal	Superior	de	Justicia	de	la
Ciudad	de	México,	el	Colegio	Mexicano	de	Profesionistas	de	la	Psicología	A.C.,
el	Instituto	Nacional	de	Ciencias	Penales,	el	Sistema	Nacional	de	Investigadores
del	Consejo	Nacional	de	Ciencia	y	Tecnología	y	la	Editorial	El	Manual	Moderno
que,	como	muestra	de	responsabilidad	social,	edita	y	distribuye	gratuitamente.
Notas
1	Digesto,	L.	XLII,	título	I,	IX
2	Libro	XLVIII,	Tit	IX,	Ley	9,	c	32,	Modestinus,	Libro	XII.	Pandectarum.
Capítulo	1
Breve	perspectiva	sociodemográfica
Con	base	en	la	información	presentada	por	el	Instituto	Nacional	de	Estadística	y
Geografía	(INEGI),	publicada	en	febrero	de	2019,	en	México	la	población	de	15
años	y	más	tiene	las	siguientes	características:	“58%	se	encuentra	en	unión	libre,
32%	es	soltera	y	11%	es	separada,	divorciada	o	viuda³”.	Asimismo,	se	mantiene
la	tendencia	de	varios	años	anteriores	en	cuanto	a	la	disminución	de	matrimonios
y	el	aumento	de	divorcios,	ya	que	mientras	los	primeros	descendieron	en	un
2.8%,	los	segundos	aumentaron	en	un	5.6%	durante	2016	a	2017	(INEGI,	2019,
p.1).	Además,	“hay	una	disminución	en	la	proporción	de	personas	casadas,	ya
que	pasó	de	59.7%	a	42.8%	del	2008	al	2018”.
El	párrafo	anterior	ofrece	un	panorama	claro	del	fenómeno	e	implica	que	más	de
la	mitad	de	la	población	vive	en	pareja,	con	la	posibilidad	de	encontrarse
formando	una	familia,	de	diversa	estructura	e	integración	y	con	la	presencia	de
hijos	de	diversas	edades	(propios	o	adoptados).
Es	muy	importante	conocer	las	variables	sociodemográficas	más	actuales	al
momento	de	la	evaluación	(tanto	clínica	como	con	fines	periciales),	ya	que	el
contexto	juega	un	papel	esencial	en	el	comportamiento	humano	y	ello	debe	ser
explicado	por	los	peritos	ante	los	tribunales	de	justicia.	Por	ejemplo,	es
importante	reconocer	que	al	analizar	“la	situación	conyugal	de	las	personas,	es
posible	identificar	múltiples	contextos	de	vulnerabilidad,	lo	cual	resulta
pertinente	en	el	diseño	de	políticas	públicas	encaminadas	a	mejorar	su	nivel	de
vida”	(INEGI,	2019).
Para	el	contexto	forense,	estos	datos	sociodemográficos	permiten	al	perito
disponer	de	información	valiosa	en	cuanto	a	la	influencia	que	ejerce	el	contexto
sociocultural	durante	la	evaluación,	y	le	permite	poner	en	perspectiva	el
desarrollo	personal	de	las	partes	evaluadas	a	lo	largo	del	tiempo.	Así,	por
ejemplo,	vale	la	pena	mencionar	que	en	México	hay	cambios	muy	interesantes
en	los	jóvenes	de	15	a	19	años	(figura	1-1,	elaborada	por	el	INEGI,	2019),	pues
este	subgrupo	“presenta	un	incremento	de	21	puntos	porcentuales”	en	cuanto	a	la
conducta	de	vivir	en	unión	libre.	Asimismo,	las	personas	de	15	a	29	años
presentan	“una	disminución	en	la	proporción	de	las	casadas	[entre	2008	y	2018],
ya	que	pasó	de	59.7	a	42.8%”
Figura	1-1.	Distribución	porcentual	de	la	población	de	15	a	29	años
actualmente	unidas,	por	grupo	de	edad	según	tipo	de	unión,	2008	y	2018.
También,	dos	de	las	gráficas	más	elocuentes	en	cuanto	a	casamientos	y	divorcios
en	México	muestran	la	clara	tendencia	a	postergar	la	edad	para	unirse	en	pareja.
Además,	la	tendencia	hacia	la	baja	que	muestran	los	matrimonios	(excepción
hecha	del	aumento	que	hubo	entre	2010	y	2012)	y	la	clara	tendencia	al	alza	que
muestran	los	divorcios.
La	figura	1-2	no	incluye	los	matrimonios	entre	personas	del	mismo	sexo,	ya	que
el	porcentaje	es	muy	pequeño,	pues	en	2017	el	total	de	uniones	matrimoniales
entre	hombres	y	mujeres	“fue	de	526,008	(99.5%)	y	2670	(0.5%)	entre	personas
del	mismo	sexo	[...]	1264	entre	hombres	y	1406	entre	mujeres”
Figura	1-2.	Matrimonios	en	México	en	el	periodo	de	2010	a	2017.
Fuente:
https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/aproposito/2019/matrimonios2019_Nal.pdf
Por	otra	parte,	los	divorcios	muestran	un	incremento	sostenido	en	nuestro	país,
pues	si	“en	2010	fueron	86,000;	en	2017	fueron	casi	150,000	(147,581)”,	tal
como	se	aprecia	en	la	figura	1-3.
Figura	1-3.	Divorcios	en	México	en	el	periodo	de	2010	a	2017.
Fuente:
https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/aproposito/2019/matrimonios2019_Nal.pdf
Otro	aspecto	muy	relevante	y	que	fortalece	la	justificación	de	esta	guía	es	el	alto
porcentaje	que	tienen	los	divorcios	que	se	llevan	a	cabo	con	la	necesidad	de	un
fallo	judicial	(figura	1-4).	Así,	“en	2017	el	90.9%	de	los	divorcios	fueron
judiciales,	y	de	éstos:	en	40.6%	de	los	casos	no	tienen	hijos	menores	de	18	años,
en	27.6%	sólo	uno	y	en	21.2%	hay	dos	[...]	en	8.3%	tienen	tres	o	más	hijos”
(INEGI,	2019,	Ob.	Supra	e	infra).	Vale	la	pena	destacar	también,	“que	de	2010	a
2017	ha	disminuido	la	proporción	de	divorcios	administrativos,	al	pasar	de	14.1
a	9.1	por	ciento.”
Figura	1-4.	Distribución	porcentual	de	los	divorcios	por	tipo	de	trámite.
Fuente:
https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/aproposito/2019/matrimonios2019_Nal.pdf
Las	figuras	1-1	a	1-4	incluidas	en	esta	guía	son	sólo	un	panorama	general	para
mostrar	la	dimensión	más	amplia	del	fenómeno	en	el	cual	se	inscribe	la
evaluación	psicológica	con	fines	periciales	en	materia	familiar.	Sin	embargo,	la
problemática	derivada	de	la	ruptura	de	pareja	y,	o	del	matrimonio,	es	una	de	las
más	arduas,	complejas,	confusas	y	demandantes	que	una	persona	puede
experimentar	a	lo	largo	de	la	vida,	razón	por	la	cual	la	atención	a	este	fenómeno
social	exige	conocer	los	recursos	y	herramientas	psicológicas	disponibles	para
hacer	frente	a	esta	situación.
En	este	sentido,	se	recomienda	abordar	la	problemática	de	la	familia	desde	una
perspectiva	de	justicia	terapéutica:
a)	La	cual	implica	que	la	decisión	de	recurrir	al	sistema	de	justicia	para	resolver
un	problema	de	familia,	las	partes	en	el	juicio	no	solo	logren	resolver	el
conflicto,	sino	que	incluso	resulten	fortalecidos	con	un	mayor	conocimiento	o
capacidad	para	enfrentar	los	problemas	familiares,	mediante	procesos	como	la
mediación	judicial	o	extrajudicial,	la	convivencia	familiar	supervisada,	los
cursos	psicoeducativos	en	co	parentalidad	positiva	o	el	proceso	de	coordinación
de	parentalidad.
b)	Por	ejemplo,	se	sugiere	el	texto	introductoriopublicado	por	el	Instituto
Nacional	de	Ciencias	Penales,	“Justicia	Terapéutica:	experiencias	y
aplicaciones”	(Wexler,	Fariña,	Morales	y	Colín,	2014).	De	igual	manera,
“Elaboración	de	informes	periciales	psicológicos	en	las	disputas	sobreguarda	y
custodia	de	los	hijos”	(Tejero,	González	Trijueque	y	García-López,	2014),	y
“Psicología	y	justicia:	la	convergencia	entre	el	mundo	psicológico	y	jurídico”
(Maffioletti	y	Contreras	Taibo,	2019),	entre	otros.
c)	Consultar	los	registros	estadísticos,	con	información	sociodemográfica	actual
para	aproximarse	al	contexto	en	el	cual	se	desenvuelve	la	persona	evaluada.
Comparar	cómo	se	ha	dado	el	desarrollo	social	en	un	periodo	de	tiempo
determinado,	puede	brindar	información	muy	valiosa	para	el	análisis	individual
y,	en	conjunto,	presentar	los	resultados	de	esta	evaluación	ante	los	tribunales	de
justicia.	Para	ello,	en	México	se	dispone	de	las	herramientas	de	acceso	libre,	que
proporciona	el	INEGI.	Por	ejemplo,	el	conjunto	de	datos	sobre	matrimonios	y
divorcios	que	el	lector	puede	consultar	libre	y	directamente	en	este	enlace
electrónico:
https://www.inegi.org.mx/sistemas/olap/Proyectos/bd/continuas/nupcialidad/Divorcios.asp?
s=est.
Figura	1-5.	Nupcialidad	y	divorcios.	INEGI,	2017.
Tanto	el	perito	como	el	juez	se	verán	muy	fortalecidos	al	integrar	con	mayor
frecuencia	en	sus	análisis	psicojurídicos,	las	aportaciones	que	a	ambos	brinda	la
estadística.
Notas
3	Ahora	bien,	tal	como	se	especifica	en	el	comunicado	del	INEGI,	en	el	que	cita
Encuesta	Nacional	de	Ocupación	y	Empleo,	“esta	estructura	[la	situación
conyugal]	cambia	radicalmente	dependiendo	de	la	edad	de	la	población.	Por
ejemplo,	si	se	analiza	sólo	al	grupo	de	15	a	29	años	las	proporciones	son
distintas,	pues	las	personas	solteras	representan	67.8	por	ciento”	(INEGI,	Ob.
Supra).
Capítulo	2
Consideraciones	preliminares	para	el	uso	de	esta	guía
El	Poder	Judicial	posee	la	alta	responsabilidad	de	impartir	justicia	de	manera
imparcial,	pronta	y	expedita,	con	la	participación	cada	vez	mayor	de	científicos
(en	este	caso	del	comportamiento	humano),	que	deben	aportar	objetividad	a	los
casos	complejos	que	requieren	el	análisis	de	los	integrantes	de	la	judicatura.
En	este	sentido,	es	muy	relevante	conocer	lo	expuesto	en	el	Semanario	Judicial
de	la	Federación	y	su	Gaceta,	mismo	que	en	la	página	1269	del	tomo	XXVIII,
indica:
[...]	en	el	artículo	17	constitucional,	se	establece	la	obligación	del	Estado	de
administrar	justicia	efectiva	a	los	ciudadanos,	la	cual	se	desempeña	mediante	la
actividad	jurisdiccional.	Esta	función	se	traduce	en	la	conducción	y	vigilancia
del	proceso,	en	el	esclarecimiento	de	los	hechos	controvertidos	y	en	la	adopción
de	todas	aquellas	medidas	para	lograr	ese	fin,	ya	que	no	se	puede	dejar	de
cumplir	bajo	el	pretexto	de	que	faltan	elementos	aptos	o	suficientes	que	el
juzgador	estuvo	en	aptitud	de	recabar	o	completar.	Por	tanto,	los	poderes
conferidos	a	los	Jueces	para	dicha	finalidad	son	deberes	para	ellos,	es	decir,	no
queda	a	su	gusto	o	apreciación	puramente	subjetiva	hacer	uso	de	los	mismos,	en
la	forma	y	en	el	momento	que	quieran,	pues	de	lo	contrario	se	entendería	que	no
tuvieran	la	obligación	de	realizar	todo	lo	necesario	para	lograr	la	mejor
resolución	de	los	conflictos	a	que	está	obligado	el	poder	público	y	en	cuya
representación	actúan.	⁴
Así,	dado	que	sus	señorías	están	comprometidas	con	la	impartición	de	justicia	y
el	bien	común,	esta	guía	pretende	ser	un	vehículo	que	comunique	efectivamente
a	los	expertos	en	salud	mental	y	comportamiento	humano,	con	los	expertos	en
derecho,	que	han	de	emitir	un	fallo	judicial	en	un	contexto	de	tanta
trascendencia,	como	lo	es	el	ámbito	familiar.
Para	concluir	estos	primeros	párrafos,	vale	la	pena	resaltar	la	importancia	de	la
Psicología	(muy	particularmente	de	la	Psicología	Jurídica	y	Forense)	para	el
Derecho	de	Familia	y	su	trabajo	de	manera	articulada	y	armónica	en	el	contexto
judicial,	de	tal	suerte	que	el	estudio	y	avances	de	cada	una	de	estas	disciplinas
derive	en	el	beneficio	mutuo	y	especialmente	en	beneficio	de	la	sociedad.
Con	el	fin	de	mencionar	brevemente	uno	de	los	porqués	de	esta	importancia	(la
de	la	Psicología	en	el	Derecho),	conviene	citar	una	de	las	definiciones	que
aluden	a	esta	parte	del	derecho	privado:
El	derecho	de	familia	se	refiere	a	las	normas	de	orden	público	e	interés	social
que	regulan	y	protegen	a	la	familia	y	a	sus	integrantes,	así	como	su	organización
y	desarrollo	integral,	sobre	la	base	del	respeto	a	la	dignidad	humana,	en	orden	a
lo	establecido	en	la	Constitución	Política	de	los	Estados	Unidos	Mexicanos	y	los
instrumentos	internacionales	de	derechos	humanos	ratificados	por	México,
aplicables	a	la	materia,	fundamentalmente	en	el	Pacto	Internacional	de	Derechos
Civiles	y	Políticos,	la	Convención	sobre	los	Derechos	del	Niño,	la	Convención
sobre	la	Eliminación	de	Todas	las	Formas	de	Discriminación	contra	la	Mujer,	la
Convención	Interamericana	para	Prevenir,	Sancionar	y	Erradicar	la	Violencia
contra	la	Mujer,	así	como	del	trabajo	realizado	por	Naciones	Unidas	en	favor	de
la	familia	a	través	de	la	División	de	Política	Social	y	Desarrollo	del
Departamento	de	Asuntos	Económicos	y	Sociales.	Instrumentos	y	actividades
universales	y	regionales	que	contienen	disposiciones	dirigidas,	entre	otros
muchos	aspectos,	al	fortalecimiento	de	la	capacidad	de	la	familia	para	atender
sus	propias	necesidades,	el	equilibrio	entre	el	trabajo	y	las	responsabilidades
familiares,	la	prevención	y	sanción	de	la	violencia	familiar	y	la	mejora	en	la
calidad	de	vida	de	los	integrantes	de	la	familia	(Pérez	Contreras,	2010,	p.	21).
Como	puede	apreciarse,	tanto	los	jueces,	como	los	peritos	en	materia	de
psicología,	tienen	ante	sí	un	reto	y	una	responsabilidad	mayúscula,	ya	que	tanto
el	dictamen	pericial,	como	el	fallo	judicial,	impactarán	de	manera	directa	en	la
vida	de	las	personas	que	integran	una	familia.
Así,	dada	la	trascendencia	del	trabajo	pericial,	el	forense	que	acuda	como
experto	ante	los	Tribunales	de	Justicia,	debe	conocer	indispensablemente	la
importancia	de	la	Constitución	Política	de	los	Estados	Unidos	Mexicanos
(CPEUM),	particularmente	en	lo	que	respecta	al	Capítulo	I,	“De	los	Derechos
Humanos	y	sus	Garantías”,	así	como	en	los	párrafos	sexto	y	séptimo	del	artículo
4,	que	señalan:
En	todas	las	decisiones	y	actuaciones	del	Estado	se	velará	y	cumplirá	con	el
principio	del	interés	superior	de	la	niñez,	garantizando	de	manera	plena	sus
derechos.	Los	niños	y	las	niñas	tienen	derecho	a	la	satisfacción	de	sus
necesidades	de	alimentación,	salud,	educación	y	sano	esparcimiento	para	su
desarrollo	integral.	Este	principio	deberá	guiar	el	diseño,	ejecución,	seguimiento
y	evaluación	de	las	políticas	públicas	dirigidas	a	la	niñez.	⁵
Por	otra	parte,	también	debe	considerar	la	perspectiva	de	género	que,	de	acuerdo
con	la	Ley	General	para	la	igualdad	entre	hombres	y	mujeres,	se	define	como
aquella	“metodología	y	los	mecanismos	que	permiten	identificar,	cuestionar	y
valorar	la	discriminación,	desigualdad	y	exclusión	de	las	mujeres,	que	se
pretende	justificar	con	base	en	las	diferencias	biológicas	entre	mujeres	y
hombres,	así	como	las	acciones	que	deben	emprenderse	para	actuar	sobre	los
factores	de	género	y	crear	las	condiciones	de	cambio	que	permitan	avanzar	en	la
construcción	de	la	igualdad	de	género	(artículo	5,	fracción	VI	de	la	ley	referida).
Tal	como	señala	la	Comisión	Nacional	para	Prevenir	y	Erradicar	la	Violencia
contra	las	Mujeres:	“cuando	se	habla	de	perspectiva	de	género,	se	hace	alusión	a
una	herramienta	conceptual	que	busca	mostrar	que	las	diferencias	entre	mujeres
y	hombres	se	dan	no	sólo	por	su	determinación	biológica,	sino	también	por	las
diferencias	culturales	asignadas	a	los	seres	humanos ”.
En	síntesis,	este	texto	se	apega	a	lo	establecido	en	la	Constitución	Política	de	los
Estados	Unidos	Mexicanos	y	los	criterios	promovidos	por	la	Suprema	Corte	de
Justicia	de	la	Nación.	También,	se	basa	en	la	Ley	General	de	los	Derechos	de
Niñas,	Niños	y	Adolescentes	(2014)	y	subraya	la	importancia	del	Principio	delInterés	Superior	de	la	Infancia.	Ejemplo	de	lo	anterior,	es	lo	publicado	en	una
Jurisprudencia	de	2012,	emitida	en	la	10a.	Época;	1a.	Sala;	Semanario	Judicial
de	la	Federación	y	su	Gaceta,	que	a	la	letra	dice:	“[…]	los	tribunales,	en	todas	las
medidas	que	tomen	relacionadas	con	los	menores,	deben	atender
primordialmente	al	interés	superior	del	niño”	(SCJN,	2012,	p.	334).
Los	forenses	que	hagan	uso	de	esta	guía	deben	conocer	la	normatividad	aplicable
a	la	infancia	y	la	adolescencia	y	apegarse	de	manera	irrestricta	a	ella.	Su
colaboración	ética	y	profesional	como	expertos	en	salud	mental,	no	sólo
contribuye	al	sistema	de	justicia,	sino	al	concepto	de	Justicia	en	sí	mismo.
Una	aproximación	al	conocimiento	de	la	normativa	mencionada	puede
consultarse	en	la	“Compilación	de	fundamentos	útiles	para	la	aplicación	del
Protocolo	de	actuación	para	quienes	imparten	justicia	en	casos	que	involucren
niños,	niñas	y	adolescentes⁷.”	Asimismo,	los	lectores	disponen	de	un	archivo
anexo,	en	el	cual	encontrarán	una	selección	de	valiosas	interpretaciones	jurídicas
y	planteamientos	específicos	para	el	derecho	familiar.	Dicho	anexo,	debe	ser
estudiado	por	los	expertos	que	acudan	ante	los	tribunales	de	justicia	para	emitir
sus	dictámenes	periciales.
Notas
4	Cuarto	Tribunal	Colegiado	en	materia	civil	del	Primer	Circuito.	Amparo
directo	679/2007.	Casa	Driana,	S.A.	de	C.V.	31	de	octubre	de	2007.	Unanimidad
de	votos.	Ponente:	Leonel	Castillo	González.	Secretaria:	Ma.	Luz	Silva
Santillán.	168919.	I.	4°.C.30K.	Tribunales	Colegiados	de	Circuito.	Novena
Época.	Semanario	Judicial	de	la	Federación	y	su	Gaceta,	Tomo	XXVIII,
septiembre	de	2008,	p.	1269.	Disponible	en:
http://sjf.scjn.gob.mx/SJFSist/Documentos/Tesis/168/168919.pdf
5	(CPEUM,	consulta	realizada	el	13	de	febrero	del	2019.	Documento	disponible
en	http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/1_270818.pdf)
6	Recuperado	el	25	de	abril	de	2019	de:
https://www.gob.mx/conavim/articulos/que-es-la-perspectiva-de-genero-y-por-
que-es-necesario-implementarla
7	Este	documento	también	puede	consultarse	de	manera	gratuita	en	el	siguiente
enlace	electrónico	de	la	Suprema	Corte	de	Justicia	de	la	Nación:
https://www.sitios.scjn.gob.mx/codhap/sites/default/files/archivos/paginas/Anexo_infanciacolors.pdf
Último	acceso:	12-08-2019.
Capítulo	3
La	figura	del	perito	en	psicología	para	el	derecho
familiar
En	el	sistema	judicial,	tradicionalmente	se	ha	considerado	al	perito	como	un
auxiliar	del	juez.	Dicho	perito	aportará	sus	conocimientos	y	experiencia	para
dilucidar,	sobre	todo,	aquello	que	comprenda	su	campo	de	conocimiento,	en	este
caso,	sobre	el	estudio	científico	del	comportamiento	humano:	la	Psicología	y	de
manera	muy	específica,	la	Psicología	Jurídica	y	la	Psicopatología	Forense.
Estas	disciplinas	son	tan	cercanas	entre	sí,	que	hay	quien	las	confunde,	aunque
su	diferencia	es	clara;	por	una	parte,	la	Psicología	Jurídica	implica	el	estudio
científico	del	comportamiento	humano	en	todos	los	ámbitos	jurídicos,	es	la
disciplina	que	estudia,	investiga	y	analiza	el	comportamiento	con	relación	al
derecho	y	la	justicia.
Así,	la	Psicología	Jurídica	actúa	como	estructura,	contexto	y	fuente	de	la
expresión	forense,	pero	no	es	lo	forense,	ya	que	la	Psicopatología	en	dicha
vertiente	representa	el	estudio	y	la	evaluación	de	los	trastornos	mentales,	los
problemas	emocionales,	las	conductas	desadaptativas	y,	en	suma,	la	discapacidad
psicosocial	de	personas	vinculadas	a	procesos	legales,	con	el	fin	directo	de
presentar	dicha	información	ante	el	sistema	de	justicia	(García-López,	2016).
Por	otra	parte,	el	papel	del	psicólogo	forense	-de	acuerdo	con	el	Grupo	de
trabajo	e	investigación	de	la	sección	de	Psicología	Jurídica	y	Forense	del
Colegio	de	Psicólogos	de	Cataluña,	(2014)-	“[...]	es	el	de	un	perito	que	emite
informes	que	pueden	ser	utilizados	en	un	proceso	judicial”	con	distintas
funciones,	tales	como:
a)	Asesor.
b)	Testigo	experto.
c)	Perito.
d)	Mediador.
e)	Coordinador	parental.
f)	Psicoterapeuta	en	el	ámbito	judicial.
g)	Acompañante	judicial	de	niños	y,	o	personas	en	alguna	situación	de
discapacidad	o	vulnerabilidad.
En	este	sentido,	subrayando	la	idea	del	psicólogo	como	perito,	Torres	Coto
(2016)	menciona	que	el	perito	debía	a)	aceptar	el	cargo	conferido,	b)	protestar	el
fiel	y	legal	cumplimiento	del	mismo,	c)	imponerse	del	contenido	de	la	prueba
que	ha	de	resolver	y,	por	lo	menos,	de	aquellas	partes	de	los	autos	pertinentes	o
relacionadas	con	ella,	aun	cuando	preferentemente	debería	ser	de	todo	el	asunto,
d)	realizar	las	pesquisas	e	investigación	que	se	requieran	para	acopiar	la
información	necesaria,	e)	inspeccionar	o	reconocer	personalmente	el	o	los	bienes
que	han	de	valorarse,	f)	practicar	personalmente	todas	las	operaciones	y	análisis
que	sean	precisos	según	las	características	de	la	prueba,	g)	obrar	y	conceptuar
con	imparcialidad,	lealtad,	veracidad	y	buena	fe,	h)	fundamentar	su	dictamen,	i)
expresar	los	hechos	en	forma	clara	y	precisa,	j)	emitir	su	dictamen	por	escrito	en
forma	y	tiempo,	k)	ratificar	el	mismo	en	la	presencia	judicial,	con	las
formalidades	de	ley,	l)	asistir	a	las	audiencias	para	las	que	se	le	cite	y	contestar
las	preguntas	que	en	ellas	le	formulen	los	abogados	de	las	partes,	el
representante	social	y	si	fuera	el	caso,	el	juez.
El	dictamen	correspondía	pues	a	la	opinión	fundada	de	un	especialista,	cuidando
de	la	metodología	y	técnicas	empleadas;	no	obstante,	en	el	nuevo	sistema	de
justicia	oral	en	México,	no	es	suficiente	con	aportar	una	opinión	fundada,	sino
que	se	debe	aportar	un	dato	científico	de	prueba.	Es	decir,	un	hallazgo	basado	en
una	sólida	y	cuidadosa	evaluación	psicológica	forense,	que	siga	una	metodología
precisa	y	que	el	perito	sea	capaz	de	explicar	de	una	manera	comprensible	para
una	audiencia	judicial.
En	este	sentido,	vale	la	pena	recordar	lo	planteado	por	Muñoz,	Echeburúa	y
García-López	(2014,	p.	59	y	ss)	sobre	los	pasos	en	el	proceso	de	la	evaluación
pericial	psicológica:
1.	Solicitud	de	la	evaluación	pericial.
2.	Primera	recopilación	de	información	pertinente	para	el	caso.
3.	Formulación	de	hipótesis	(se	deben	considerar	simultáneamente	hipótesis	de
dos	tipos:	basadas	en	el	supuesto	de	cuantificación	y	basadas	en	el	supuesto	de
semejanza.	En	las	primeras	se	intenta	comprobar	si	se	produce	un	determinado
fenómeno	psicológico	en	los	peritados	y	en	qué	intensidad	se	produce	(por
ejemplo,	presencia	de	un	cuadro	psicopatológico,	de	un	estilo	educativo
determinado,	de	unos	factores	de	riesgo	concretos,	etcétera).	Con	las	segundas	se
trata	de	averiguar	si	las	características	identificadas	empíricamente	en	un	grupo
de	sujetos	(por	ejemplo,	mujeres	víctimas	de	violencia	en	su	relación	de	pareja,
agresores	sexuales,	menores	víctimas	de	abusos	sexuales,	etcétera)	están
presentes	en	el	peritado	(Amor,	Echeburúa	y	Carrasco,	2010).	El	perito
psicólogo	siempre	trabajará	con	una	hipótesis	y	la	contraria,	evitando	así
fenómenos	como	la	profecía	autocumplida	o	el	efecto	Pigmalión	(Rosentahal,
2002)
4.	Operativización	de	las	hipótesis	mediante	instrumentos	y	procedimientos	de
evaluación.	Las	hipótesis	deben	especificarse	en	función	de	las	variables
psicológicas	implicadas	y,	a	su	vez,	éstas	deben	ser	operativizadas	según	los
instrumentos	de	evaluación	más	adecuados.	Se	entiende	que	en	esta	fase	es
fundamental	una	formación	especializada	del	perito	psicólogo	orientada	al
campo	en	el	que	va	a	actuar	(selección	de	las	variables	implicadas	e
instrumentos	de	análisis).
5.	Contrastación	de	las	hipótesis.	Esta	fase	se	podría	dividir	en	dos	secuencias:	a)
una	descriptiva,	que	implica	la	recogida	y	organización	de	la	información
obtenida	mediante	los	distintos	métodos	de	evaluación	e	incluye	también	los
resultados	de	las	pruebas	aplicadas;	y,	b)	una	técnica,	que	supone	la	integración,
análisis	e	interpretación	del	conjunto	de	los	datos	manejados	en	relación	con	las
hipótesis	planteadas.	Como	en	todo	acto	científico,	en	el	caso	de	que	las
hipótesis	no	sean	confirmadas,	se	deberán	reformular	nuevas	a	la	luz	de	los	datos
obtenidos.
6.	Comunicaciónde	resultados	a	través	del	informe	psicológico	forense	y
traslado	al	operador	jurídico	demandante.	Además	de	un	documento	científico,
el	informe	psicológico	en	el	contexto	forense	adquiere	la	condición	de
documento	legal	y,	como	tal,	está	sujeto	a	distintos	principios	legales	que
garanticen	una	tutela	judicial	efectiva	(publicidad,	oralidad,	contradicción	e
inmediación).	En	este	sentido,	en	el	informe	debe	recogerse	de	forma
suficientemente	explícita	el	proceso	de	evaluación	realizado	por	el	perito	para
que	pueda	ser	reproducido	y	valorado	por	la	autoridad	correspondiente.
7.	Ratificación.	Si	el	órgano	judicial	así	lo	acuerda,	el	psicólogo	forense	deberá
comparecer	ante	el	mismo	e	intervenir	en	el	sentido	estipulado	en	la
normatividad	vigente.	El	acto	de	ratificación	permite	ilustrar	a	los	distintos
operadores	jurídicos	sobre	el	proceso	de	elaboración	del	informe	y	el	sentido	de
los	términos	o	métodos	utilizados,	resultando	de	especial	importancia	para	el
juzgador,	que	no	dispone	de	otro	medio	para	verificar	la	cualificación	del	perito
y	la	calidad	de	su	dictamen	(Erice,	2006).	El	clima	de	enfrentamiento	propio	de
los	intereses	contrapuestos	que	se	dirimen	en	el	procedimiento	judicial	convierte
el	acto	de	ratificación	en	una	situación	incómoda	para	el	perito	ya	que
habitualmente	debe	enfrentar	la	crítica	y	el	cuestionamiento	de	su	labor.	Una
previa	preparación	del	acto	de	ratificación	ayudará	a	manejar	adecuadamente	la
ansiedad	habitual	de	estas	situaciones	y	contribuirá	a	una	defensa	segura	y
confiada	del	informe	lo	que,	a	su	vez,	revertirá	en	una	valoración	más	positiva
por	el	juez	o	tribunal	(mayor	credibilidad	del	dictamen).	Es	importante	que	el
perito	cuente	para	su	ratificación	con	todo	el	material	que	ha	utilizado	para	la
elaboración	del	informe	(por	ejemplo,	perfiles	de	las	pruebas,	informes	clínicos,
escolares	o	sociales,	etc.),	ya	que	le	pueden	ser	solicitados	durante	su	exposición
En	el	anexo	IV	se	describe	de	manera	esquemática	el	papel	del	perito	en
psicología	en	el	derecho	familiar,	con	relación	a	los	demás	actores	que
intervienen:	usuario,	abogado,	autoridad	y	perito.
Capítulo	4
La	psicología	forense	y	sus	aportaciones	al	contexto	jurídico
familiar
Soria	(2006)	refiere	que	la	psicología	forense,	pericial	o	psicología	aplicada	a	los
tribunales,	es	la	rama	de	la	Psicología	Jurídica	que	desarrolla	sus	conocimientos
y	aplicaciones	con	miras	a	concluir	sus	hallazgos	en	el	seno	de	una	sala	de
justicia,	con	el	propósito	de	auxiliar	a	jueces	y	jurados	en	la	toma	de	decisiones.
Entre	las	principales	aportaciones	por	parte	del	profesional	en	materia	de
psicología	en	el	escenario	judicial,	se	encuentra	la	realización	de	valoraciones	-
llamadas	también	periciales-	que,	de	acuerdo	con	lo	expuesto	por	Galicia	(en
García-	López,	2010),	tienen	como	propósito	la	estimación	cualitativa	y
cuantitativa	de	las	características	psicológicas	sujetas	a	valoración,	con	la
finalidad	de	corroborar	no	sólo	su	existencia,	sino	también	las	posibles
peculiaridades	y	efectos,	a	través	de	instrumentos	propios	de	la	materia.
En	lo	que	respecta	al	área	familiar,	el	experto	en	psicología	cumple	un	enorme
desafío:	informar	a	la	autoridad	ordenadora	-de	manera	puntual,	ética	y	precisa-
sobre	las	características	psicosociales	que	permitan	al	especialista	en	derecho,
allegarse	de	los	elementos	necesarios	(respecto	con	las	áreas	cognitivas,
emocionales,	interpersonales	y	sociales	de	las	personas	evaluadas)	para
promover	alternativas	y	soluciones	a	las	problemáticas	planteadas	en	derecho
familiar	(guarda	y	custodia,	visitas	y	convivencias,	pérdida	de	patria	potestad,
alimentos,	etc.),	preponderando	esencialmente	el	interés	superior	de	la	niñez.
Respecto	al	párrafo	anterior,	resulta	destacable	que	la	realización	de	las
evaluaciones	psicológicas	con	fines	forenses	suponen	para	el	especialista	en
psicología	contar	indispensablemente	con	conocimientos	jurídicos	en	derecho
familiar,	así	como	en	la	legislación	correspondiente.	Desde	luego,	lo	anterior	no
significa	que	el	experto	en	Psicología	deba	serlo	también	en	Derecho.	Es	decir,
no	se	pretende	que	el	psicólogo	forense	sea	también	abogado	(pues	bastaría	con
que	fuera	Psicólogo	Jurídico),	pero	sí	se	exige	que	conozca	los	límites	y	alcances
de	su	profesión	ante	los	tribunales	de	justicia.
Además,	otro	criterio	irrenunciable	en	la	formación	del	forense	es	el
conocimiento	actualizado	y	pormenorizado	de	los	instrumentos	de	evaluación
psicológica,	que	deben	cumplir	con	el	estándar	de	la	prueba	exigible	en	todo
ámbito	judicial	(Hunter,	2017;	Larroucau,	2012;	Taruffo,	2005).	De	igual
manera,	el	forense	debe	conocer	la	naturaleza	de	los	instrumentos	de	evaluación
psicológica	y	dominar	conceptos	tales	como	validez,	objetividad,	confiabilidad	y
estandarización	de	dichos	instrumentos	para	determinada	población,	las	ventajas
y	desventajas	de	su	uso,	así	como	la	adecuación	y	pertinencia	a	cada	caso,
situación	y	problemática	jurídica	específica.	Es	decir:	sería	un	grave	error	incluir
en	el	dictamen	pericial,	instrumentos	y	técnicas	que	no	estén	reconocidas	por	la
comunidad	científica	internacional⁸	y	carezcan	de	la	fortaleza	necesaria	para
resistir	los	cuestionamientos	esperables	en	un	entorno	judicial.
En	este	sentido,	Estrada	(en	prensa)	refiere	que	la	psicología,	en	tanto	disciplina
científica,	ha	realizado	valiosas	aportaciones	en	torno	al	discernimiento	de
cuestiones	sumamente	delicadas	–inherentes	a	la	práctica	pericial-,	como	lo	son
las	variables	involucradas	a	la	violencia	familiar	(véase	Corsi,	1994;	Echeburúa
&	de	Corral,	1998),	valoración	del	testimonio	y	factores	psicológicos	asociados
a	denuncias	de	abuso	sexual	(véase	Steller,	1989;	Raskin	&	Esplin,	1991,	Vrij,
2000,	2005),	evaluación	de	la	psicopatología	en	nociones	involucradas	en	mayor
o	menor	medida	a	la	dinámica	familiar	o	social	(véase	Jiménez-Gómez,	2006;
Cantón-Duarte,	Cortés-Arboleda	&	Justicia-Díaz,	2007;	Doddi	&	Souto,	2008;
Gómez-Maqueo	&	Heredia,	2014),	competencias	parentales	(véase	George,
Kaplan	&	Main,	1985;	Bermejo	et	al.,	2006),	directrices	de	evaluación	(APA,
1994,	2010;	Chacón	y	Cols,	2009)	y	componentes	asociados	a	problemáticas	en
el	mantenimiento	de	convivencias	entre	padres	no	custodios	e	hijos	(véase
Aguilar,	2006;	Luengo	&	Coca,	2007;	Bernet,	2008;	López-Orozco,	2013).
Por	otra	parte,	Ramírez-Acuña	(2008)	alude	que,	en	lo	referente	a	las
evaluaciones	psicológicas	forenses	en	el	área	familiar,	el	especialista	o	perito	se
encuentra	obligado	a	informar	y	dar	cuenta	sobre	los	siguientes	elementos:
1.	El	cuidado	básico	de	la	niña	o	el	niño	(expresión	y	recepción	de	afecto,
escucha,	aceptación,	resolución	de	problemas	cotidianos,	disciplina,	y	atención
de	las	necesidades	de	salud	y	alimento).
2.	El	autocontrol	(estabilidad	emocional,	control	de	impulsos,	roles	y	funciones
parentales,	y	tolerancia	a	la	frustración).
3.	El	manejo	de	estrés	(con	base	en	autocuidado	y	su	relación	a	redes	de	apoyo,
capacidades	de	afrontamiento	y	organización	financiera	en	adherencia	a	la
resolución	de	necesidades	materiales	del	núcleo	familiar).
4.	Los	factores	sociocognitivos	(análisis,	reflexión	y	resolución	de	conflictos,
con	relación	a	las	capacidades	y	necesidades	de	los	niños).
5.	Las	capacidades	de	interacción	social	(respecto	al	conflicto	de	pareja,
separación	y	relación	paterno	o	materno	filial).
La	evaluación	forense	en	el	entorno	familiar,	a	partir	de	lo	expuesto	por	Chacón
y	colaboradores	(2009),	debe	reconocer	la	complejidad	de	las	dinámicas
inherentes	a	dicha	estructura	social	y	brindar,	en	un	dictamen	pericial	resumido	y
estructurado,	información	relevante	respecto	a	las	pautas	de	crianza,	estilos	de
comunicación,	características	conductuales	relacionadas	con	el	cuidado	y
cualquier	otro	factor	sujeto	a	análisis	psicológico,	con	el	propósito	de	ayudar	en
el	proceso	de	toma	de	decisiones	de	los	órganos	judiciales	correspondientes.
Los	autores	reiteran	que	la	elaboración	de	las	evaluaciones	periciales	en	materia
de	psicología,	deben	realizarse	a	través	del	uso	de	procedimientos,	técnicase
instrumentos	válidos	y	fiables	propios	del	área,	tomando	en	cuenta	no	sólo	las
variables	individuales	relevantes	a	considerar,	sino	además	las	que	estén
relacionadas	con	la	dinámica	familiar	y	los	contextos	en	que	ésta	se	desenvuelve.
Lo	expuesto	con	anterioridad,	brinda	sustento	a	lo	referido	por	Estrada	y	García-
López	(2018),	respecto	a	que	el	carácter	de	la	evaluación	psicológica	en	los
ámbitos	forenses	familiares	no	estriba	en	descalificar	o	connotar	de	manera
negativa	a	los	progenitores,	sino	brindar	certeza	al	juzgador	sobre	las	fortalezas
y	las	áreas	de	oportunidad	y	promoción	que	los	padres	guardan	en	adherencia	a
las	atenciones	de	sus	hijos	o	familiares	que	pudieran	estar	bajo	su	cuidado.
Como	puede	apreciarse,	la	evaluación	psicológica	con	fines	periciales	y	forenses
en	materia	familiar	debe	brindar	información	objetiva	y	confiable	para
responder,	entre	otras,	la	siguiente	pregunta:	¿Qué	indicadores	objetivos	explican
el	cuidado	del	niño	o	adolescente?	Estos	indicadores	objetivos	pueden	ser
referidos	en	el	dictamen	pericial	tanto	a	través	de	las	pautas	conductuales
observadas	y	sustentables	a	lo	largo	del	tiempo	previo	a	la	evaluación,	como	a
través	de	los	documentos	que	prueben	el	cuidado	correspondiente	(tarjetas	de
vacunación,	boletas	escolares,	gastos	comprobables	en	la	atención,	cuidado,
esparcimiento ,	etc.).
Además,	es	oportuno	conocer	los	postulados	inicialmente	planteados	por	Diana
Baumrind	y	continuados	por	varios	grupos	de	investigadores	a	lo	largo	de	los
últimos	40	años,	con	el	fin	de	identificar	los	estilos	de	crianza	parentales	y,	de
ser	pertinente,	señalarlos	en	el	dictamen	pericial	de	tal	manera	que	el	juzgador
conozca	también	la	importancia	de	estos	modelos	y	pueda	tomar	una	decisión
que	represente	ante	todo	el	interés	superior	de	la	infancia.
Los	lectores	de	este	libro	pueden	inferir	que	el	trabajo	pericial	en	materia	de
psicología	es	altamente	demandante	y	requerirán	la	inversión	de	un	importante
número	de	horas	para	la	elaboración	de	un	buen	dictamen	pericial.	Al	respecto,
autores	como	Ackerman	y	Pritzl	(2011)	hicieron	un	seguimiento	de	casi	20	años
sobre	el	uso	de	técnicas	de	evaluación	y	número	de	horas	dedicadas	a	la	labor
pericial,	observando	que	pasaron	de	una	media	de	21.9	horas	para	la	elaboración
de	un	informe	en	1986,	a	46.1	horas	en	2008	(Tejero,	González	Trijueque	y
García-López,	2014).	La	tabla	4-1	muestra	el	promedio	de	tiempo	que	los
profesionales	dedicaron	a	las	tareas	periciales.
Tabla	4–1.	Tiempo	medio	invertido	por	los	peritos	psicólogos	en	las	distintas	fases	del	informe	en	procedimientos	de	custodia	(adaptado	de	Ackerman	y	Brey	Pritzl,	2011,	publicado	en	Tejero,	González	Trijueque	y	García-López,	2014).
Actividad
Ackerman	y	Brey	Pritzl	(2008)
Redacción	del	informe
Entrevistas	con	progenitores
Aplicación	de	test	psicológicos
Revisión	de	material
Observación
Entrevistas	con	menores
Contactos	con	fuentes	complementarias
Ratificación	del	informe	en	juzgados	o	tribunales
Entrevistas	con	otras	personas	significativas
Consultar	con	abogados
Total	de	horas
Se	podrán	apreciar	que	la	tarea	pericial	en	materia	de	psicología	forense	exige
una	alta	dedicación	y	por	ello	se	requiere	una	formación	especializada	y	una
experiencia	acreditada.	Al	mismo	tiempo,	es	evidente	que	en	México	se
necesitan	más	psicólogos	forenses	trabajando	con	el	sistema	de	justicia,	son
necesarios	más	profesionales	que	integren	las	fiscalías,	tribunales	de	justicia,
comisiones	de	víctimas	y	derechos	humanos,	entre	otras	muchas	instituciones
donde	la	Psicología	Jurídica	puede	realizar	aportaciones	muy	significativas	para
los	justiciables.
Notas
8	Al	respecto,	vale	la	pena	recordar	la	importancia	del	conocido	“estándar
Daubert”.	Éste	no	es	el	único	estándar,	pero	reúne	al	menos	cuatro	elementos
que	son	inexcusables	para	el	perito.	A	saber:
1.	Falseable.	Se	evalúa	rigurosamente	la	metodología	en	la	cual	se	ha	basado	el
experto	para	emitir	sus	conclusiones.	Es	decir,	la	teoría	o	técnica	utilizada	es
demostrable.
2.	Pública.	Dicha	metodología,	ha	sido	revisada	por	pares	y	está	sustentada	en
las	publicaciones	científicas	internacionales.
3.	Tasa	de	error.	Se	puede	responder	por	la	tasa	de	error	conocida,	y	potencial,	de
la	metodología	utilizada	por	el	experto.
4.	Aceptación.	La	metodología	goza	de	la	aceptación	de	la	comunidad	científica
internacional.
De	manera	específica,	se	han	publicado	análisis	sobre	los	estándares	(Frye,
Daubert,	Kumho)	y	su	relación	con	la	prueba	psicológica.	Por	ejemplo,	con	las
publicaciones	de	Fradella,	Fogarty	y	O´Neill	(2003):	The	Impact	of	Daubert	on
the	Admissibility	of	Behavioral	Science	Testimony;	Gordon	(2016):	Crossing	the
Line:	Daubert,	Dual	Roles,	and	the	Admissibility	of	Forensic	Mental	Health
Testimony;	Goodman-Delahunty	(1997):	Forensic	Psychological	Expertise	in	the
Wake	of	Daubert;	Shapiro	et	al.	(2015):	Psychological	expert	witness	testimony
and	judicial	decision	making	trends,	entre	otros.
9	4.	m.	Conjunto	de	actividades	con	que	se	llena	el	tiempo	libre.	Fuente:	Real
Academia	Española.
Capítulo	5
Algunos	aspectos	jurídicos
Sin	una	perspectiva	adecuada	para	comprender	el	pensamiento	y	la	conducta
infantil,	los	adultos	pueden	elaborar	conclusiones	desde	su	propia	realidad
(adulta)	con	consecuencias	difíciles	de	comprender	y	asumir	para	los	niños	en
contacto	con	el	sistema	de	justicia.
En	escenarios	jurídicos	y	técnicos	vinculados	al	proceso	de	administración	de
justicia,	el	riesgo	de	exigir	al	niño	acciones	que	están	fuera	de	sus	posibilidades
cognitivas,	conductuales	y	afectivas,	es	alto.	Lo	anterior	se	debe	esencialmente	a
que	el	proceso	de	justicia	y	todas	sus	diligencias	han	sido	concebidos	y
diseñados	desde	y	para	los	adultos.
Esta	guía	pretende	poner	de	relieve	esta	realidad,	y	al	mismo	tiempo	requiere	de
los	profesionales	un	conocimiento	jurídico	sobre	los	límites,	alcances	y
responsabilidades	de	su	ejercicio.	También,	exige	al	menos	cuatro	condiciones
para	ejercer	las	labores	periciales	y	forenses:
•	Conocimientos	especializados	en	psicología	jurídica	(específicamente
relacionadas	con	la	infancia	y	la	adolescencia,	con	los	procesos	de	separación	y
divorcio,	con	las	investigaciones	científicas	sobre	guarda	y	custodia	de	los	hijos
y,	en	este	ámbito,	sobre	Justicia	Terapéutica	y	Coordinación	de	Parentalidad).
•	Conocimientos	jurídicos	relacionados	con	el	derecho	de	familia,	los	derechos
humanos	y	los	derechos	y	necesidades	de	la	infancia	y	la	adolescencia.
•	Responsabilidad	ética	y	consciencia	de	las	responsabilidades	legales	derivadas
del	ejercicio	profesional	en	psicología	forense	de	familia.
Así,	en	este	apartado	se	presentan	algunos	referentes	jurídicos	que	los
profesionales	de	la	salud	mental	deben	conocer	para	su	labor	profesional	en	este
ámbito.	Por	ejemplo,	lo	señalado	en	el	Amparo	en	revisión	6/2012,	que	a	la	letra
indica:
Conforme	al	artículo	4o.	de	la	Constitución	Política	de	los	Estados	Unidos
Mexicanos,	la	salud	física	y	mental	de	los	menores	de	edad	es	un	derecho
sustantivo	garantizado	expresamente,	y	reconocido	en	los	tratados
internacionales	que	en	materia	de	derechos	del	niño,	han	sido	firmados	y
ratificados	por	el	Estado	Mexicano,	entre	ellos	la	Convención	sobre	los
Derechos	del	niño,	así	como	en	los	criterios	de	los	distintos	órganos	encargados
de	su	interpretación,	como	los	de	la	Corte	Interamericana	de	Derechos	Humanos,
quien	a	propósito	de	la	“condición	jurídica	y	derechos	humanos	del	niño”
determinó	que	en	el	artículo	3	del	citado	instrumento	internacional,	se	consagra
el	principio	del	“interés	superior	del	niño”,	el	cual	implica	que	el	desarrollo	de
éste	y	el	ejercicio	pleno	de	sus	derechos	deben	ser	considerados	como	criterios
rectores	para	la	elaboración	de	normas	y	su	aplicación	en	todos	los	órdenes
relativos	a	la	vida	de	los	menores	de	edad,	a	fin	de	evitar	cualquier	forma	de
daño	a	su	salud	física	o	mental	o,	incluso,	ponerla	en	riesgo.	Por	lo	tanto,	en
atención	al	citado	principio	y	a	fin	de	garantizar	a	los	menores	la	tutela	y	el
respeto	de	sus	derechos	reconocidos,en	el	desahogo	de	la	prueba	pericial	en
psicología	que	se	les	practique,	las	autoridades	deben	atender,	como	mínimo,	al
“Protocolo	de	actuación	para	quienes	imparten	justicia	en	casos	que	afecten	a
niñas,	niños	y	adolescentes”,	publicado	por	la	Suprema	Corte	de	Justicia	de	la
Nación,	que	establece	las	reglas	de	actuación	para	el	acceso	a	la	justicia	de	ellos,
fundadas	en	el	respeto	de	sus	derechos	humanos,	y	creado	con	el	fin	de	proveer	a
los	juzgadores	de	una	herramienta	que	pueda	auxiliarlos	en	los	casos	en	que
exista	un	interés	directo	de	los	menores,	independientemente	de	la	situación	en
la	que	se	encuentren¹ .
Por	otra	parte,	en	el	capítulo	tercero	“Reglas	de	actuación	generales”	del
Protocolo	de	actuación	para	quienes	imparten	justicia	en	casos	que	afecten	a
niñas,	niños	y	adolescentes	se	aborda	la	temática	sobre	las	periciales	para	esta
población	y	en	ella	se	manejan	algunos	puntos	relacionados	con	su	registro,
repetición	y	valoración	que	deben	considerarse;	a	continuación	se	enlistan	de
manera	textual.
a)	Registro:	el	juez	que	admita	como	prueba	una	pericial	en	psicología	o
psiquiatría	practicada	a	un	niño	o	adolescente	deberá	solicitar	que	la	misma	se
registre	grabada	en	audio	o	imagen	con	el	objetivo	de	que	pueda	ser	estudiada
posteriormente,	evitando	en	la	medida	de	lo	posible	mayor	involucramiento
directo	y	personal	por	parte	del	niño	o	adolescente,	y	para	que	la	valoración	de	la
pericial	en	su	momento	abarque	el	desarrollo	de	esta	y	no	únicamente	su
resultado.
b)	Repetición:	el	juez	deberá	evitar	en	lo	posible	la	repetición	de	periciales	a	las
que	es	sometido	un	niño	o	adolescente.	El	uso	de	grabaciones	periciales	puede
ser	recomendable	en	aquellos	casos	en	los	que	el	niño	ha	sido	víctima	de	algún
tipo	de	violencia,	cuidando	que	no	sea	un	estresor	relevante	que	altere	los
resultados.	En	estos	casos	la	inspección	de	las	grabaciones	es	un	recurso	para
evitar	la	repetición	de	las	evaluaciones.
c)	Valoración:	respetando	el	sistema	de	libre	y	lógica	valoración	de	la	prueba
pericial,	se	sugiere	que	la	persona	que	imparte	justicia	tome	en	consideración	los
siguientes	parámetros	metodológicos	al	momento	de	resolver	lo	conducente:
1.	Los	conocimientos	con	los	que	cuenta	la	persona	que	funge	como	perito	en
infancia	dentro	de	la	materia	de	su	pericia;
2.	Si	la	persona	que	funge	como	perito	conoció	el	expediente	de	juicio	y
antecedentes	generales	del	niño	o	adolescente;
3.	Si	se	sostuvo	una	interacción	previa	con	el	niño	o	adolescente	para	establecer
un	ambiente	de	confianza;
4.	Si	se	contempla	la	narrativa	libre	del	niño	o	adolescente,	y
5.	Si	contiene	los	resultados	de	las	pruebas	aplicadas	y	no	únicamente	haciendo
referencia	a	las	conclusiones	obtenidas	a	partir	de	las	mismas.
Los	aspectos	jurídicos	deben	ser	consultados	por	el	perito	en	sus	fuentes
originales	y	por	lo	tanto	esta	guía	incluye	también	un	anexo	donde	se	ha	reunido
una	selección	de	aquellas	normas	jurídicas	que	son	de	especial	relevancia	para	el
derecho	de	familia	y	tienen	relación	directa	con	la	evaluación	psicológica.
En	los	próximos	párrafos,	se	brindarán	los	elementos	mínimos	e	indispensables
para	la	elaboración	del	dictamen	pericial.
Notas
10	Noveno	tribunal	colegiado	en	materia	penal	del	primer	circuito.	Amparo	en
revisión	6/2012.	14	de	marzo	de	2012.	Unanimidad	de	votos.	Ponente:	Fernando
Hernández	Piña.	Secretaria:	Lorena	Lima	Redondo.	Disponible	en:
https://www.buscatdh.bjdh.org.mx/Jurisprudencia%20Mexicana/2000875.pdf
Capítulo	6
El	dictamen	pericial
Como	se	ha	mencionado,	la	elaboración	de	dictámenes	periciales	en	el	ámbito
forense	es	el	resultado	del	trabajo	científico	del	experto	en	Psicología,	que	tiene
como	uno	de	sus	propósitos	coadyuvar	en	la	impartición	de	justicia,	a	partir	de	la
aportación	de	los	elementos	de	prueba	necesarios,	encaminados	a	que	el
juzgador	pueda	tomar	una	determinación	respecto	al	caso	analizado.
En	este	sentido,	cabe	mencionar	lo	establecido	en	el	amparo	directo	334/2002¹¹,
que	señala:
PRUEBA	PERICIAL.	VALOR	PROBATORIO	DE	LOS	DICTÁMENES.
Atendiendo	a	la	naturaleza	de	la	prueba	pericial,	a	la	finalidad	de	los
dictámenes	de	los	peritos	y	a	que	al	juzgador	le	corresponde	su	valoración,
independientemente	de	que	las	partes	objeten	tales	dictámenes,	éste	se
encuentra	facultado	para	apreciar	tanto	la	calidad	técnica	de	los	peritos,
como	la	de	sus	dictámenes	pues,	de	lo	contrario,	sería	tanto	como
concederles	valor	probatorio	por	el	solo	hecho	de	no	ser	objetados,	lo	que
atentaría	contra	la	naturaleza	misma	de	la	prueba	pericial,	cuyos	expertos
[...]	son	coadyuvantes	del	Juez,	cuando	los	dictámenes	lo	ilustren	sobre
cuestiones	que	escapan	a	su	conocimiento	y,	por	ello,	se	requiere	que	el
perito,	en	cuyo	dictamen	se	apoyará	una	resolución	judicial,	demuestre	ante
el	juzgador	que	tiene	plenos	conocimientos.
PRIMER	TRIBUNAL	COLEGIADO	EN	MATERIA	CIVIL	DEL	SEXTO
CIRCUITO.
Por	otra	parte,	Espinosa,	Lobo	y	Guerrero	(2016)	señalan	que:	“[...]	la	necesidad
de	la	evaluación	proviene	de	la	inquietud	jurídica	que	plantea	un	abogado	o	una
persona	que	se	encuentre	en	conflicto	con	la	Ley.	Esta	solicitud	en	muchas
ocasiones	puede	escapar	a	la	real	posibilidad	de	dar	respuesta	desde	la
psicología,	por	lo	que	el	psicólogo	forense	debe	tener	claridad	acerca	de	lo	que
es	viable	y	lo	que	no	y	hacérselo	saber	al	solicitante”.
De	la	misma	forma,	Galicia	(2010)	menciona	que	la	labor	forense	retoma	lo
señalado	por	la	psicología	experimental,	en	cuanto	al	cumplimiento	de	las
siguientes	directrices	(p.637):
1.	Identificar	y	explicar	la	naturaleza	de	la	conducta	cuestionada.
2.	Establecer	hipótesis	acerca	de	su	origen	y	de	las	consecuencias	de	esta.
3.	Seguir	el	lineamiento	científico	y	describir	la	forma	en	que	se	llega	a	las
conclusiones	o	dictaminación	pericial	psicológica.
4.	Describir	los	métodos	que	se	utilizaron	para	analizar	los	datos.
5.	Explicar	los	procedimientos	que	se	llevaron	a	cabo.
6.	Describir	las	técnicas	e	instrumentos	de	investigación	psicológica	utilizados.
7.	Contestar	los	interrogatorios	solicitados	o	ampliados	por	las	partes	en	el
juicio,	concluir	sobre	los	temas	particulares	de	manera	concreta	y	mencionar	las
fuentes	de	recolección	de	los	datos	e	información.
En	lo	que	respecta	a	la	idoneidad	del	perito,	Talarico	(2003)	señala	que	ésta
puede	ser	comprendida	como	el	conjunto	de	rasgos	o	capacidades	implícitas	en
el	profesionista,	que	supone	no	sólo	la	actuación	responsable	del	mismo,	sino
además	el	cumplimiento	de	la	tarea	solicitada,	en	atención	a	los	términos
establecidos.	Esta	responsabilidad,	por	lo	tanto,	incluye	y	demanda	en	los	peritos
la	neutralidad	e	imparcialidad,	en	cuyo	informe	desplegará	la	descripción	de	los
hallazgos,	en	concordancia	con	el	conocimiento	científico	que	lo	fundamenta.	En
este	sentido,	vale	la	pena	subrayar	que	un	elemento	importante	por	considerar	es
que	el	informe	se	refiere	exclusivamente	a	la	situación	y	el	momento	en	que	se
realiza.
Por	otra	parte,	Soria	(2006)	señala	que	el	peritaje	psicológico	forense,	debe
comprenderse	como	“una	evaluación	realizada	a	petición	del	juez,	que	tiene
como	objetivo	adquirir	información	relacionada	con	los	implicados	en	un	litigio,
y	que	servirá	como	soporte	judicial”.
El	informe	pericial,	comprendido	por	Chacón	y	colaboradores	(2009)	como	un
instrumento	científico	–imparcial,	libre	de	mitos,	falacias	y	prejuicios-	que
coadyuva	en	la	toma	de	decisiones	judiciales,	debe	contar	no	sólo	con	rigor	en	el
diseño	y	desarrollo	inherentes	al	área	de	diagnóstico,	sino	además	con	una
estructura	robusta,	justificable	y	contrastable	que	brinde	cuenta	de	lo	obtenido	a
través	de	los	instrumentos	utilizados	para	su	elaboración.
Chacón	et	al.	recomiendan	la	siguiente	estructura	de	desarrollo:
1.	Objetivo	pericial.
2.	Metodología.
3.	Resultados.
4.	Discusión	forense.
5.	Conclusiones.
6.	Recomendaciones.
Por	otra	parte,	Jiménez	(2010)	refiere	que,	si	bien	no	existe	un	formato	único	de
informe	psicológico	forense,	resulta	recomendable	abordar	la	siguiente
secuencia	(p.p.	696-697).
a)	Datos	identificativos,en	el	que	se	contempla	información	en	torno	al	nombre
de	la	persona	o	instancia	que	ha	remitido	al	evaluado,	así	como	los	generales	de
la	persona	evaluada	y	del	evaluador.
b)	Procedimiento,	comprendido	como	las	consideraciones	generales	en	torno	a
las	evaluaciones	realizadas,	la	metodología	utilizada,	los	resultados	y,	en	su	caso,
la	sinopsis	de	las	entrevistas.
c)	Conclusiones,	siendo	este	uno	de	los	apartados	fundamentales	del	dictamen
forense,	en	el	que	se	engloban	todos	los	elementos	expuestos	en	el	informe.
d)	Terminología	técnica,	comprendido	como	un	apartado	que	contempla	una
breve	y	clara	definición	en	torno	a	los	conceptos	propios	al	área	utilizados	en	el
dictamen.
e)	Anexo,	siendo	éste	aplicable	cuando	resulte	pertinente	como	medio	de
inclusión	de	documentación	relacionada	con	el	caso	en	cuestión.
f)	Bibliografía,	entendida	como	el	respaldo	teórico	ocupado	a	lo	largo	del
proceso	evaluativo	y	de	la	redacción	del	informe.
g)	Datos	del	evaluador.
El	dictamen	psicológico	forense	se	presenta	por	escrito,	firmado	y	fechado,	toda
vez	que,	si	así	lo	considera	la	autoridad	ordenadora,	deberá	ser	objeto	de	defensa
en	las	audiencias	de	juicio	oral	por	el	profesional	en	materia	de	psicología.	El
propósito,	es	asesorar	e	ilustrar	a	la	autoridad	jurídica	para	auxiliarlo
técnicamente	sobre	los	hechos	enjuiciados;	dicha	función	implica	que	el
psicólogo	forense	cuente	con	conocimientos	generales	en	la	materia	-estudio	de
la	conducta	y	procesos	mentales-,	y	los	inherentes	al	derecho	-comportamiento	e
interacción,	dentro	del	marco	jurídico-.
Es	importante	resaltar	que	la	intervención	del	profesional	en	materia	de
psicología	no	puede	ni	debe	circunscribirse	a	una	cuestión	diagnóstica	o	de
tratamiento	(García-López,	2004;	2014;	2016),	sino	contribuir	al	esclarecimiento
del	objetivo	pericial	y	presentarse	en	un	momento	determinado	dentro	del
proceso	judicial:
•	Antes	del	proceso	judicial.	Como	un	medio	de	prueba	sobre	la	necesidad	de
iniciar	un	proceso,	como	medida	preventiva	inmediata,	para	acreditar	un	hecho.
•	Durante	el	proceso	judicial.	Como	una	prueba	pericial	que	debe	seguir	los
lineamientos	descritos	en	el	código	de	procedimientos	civiles	con	respecto	a	los
requisitos	legales	y	a	los	términos	judiciales	para	su	entrega	o	desahogo	en
audiencia	oral.
•	Después	del	proceso	judicial.	Como	un	medio	de	seguimiento	de	las	medidas
señaladas	o	recomendadas	en	la	sentencia	y	así	acreditar	que	se	ha	cumplido	con
las	medidas,	que	las	condiciones	descritas	en	los	hechos	se	modificaron	a	favor
del	interés	superior	de	los	menores	involucrados.
Si	bien	al	parecer	no	existe	un	formato	unificado	a	nivel	internacional	para	el
desarrollo	de	estas	labores,	es	importante	mencionar	que	en	concordancia	con	la
experiencia	profesional	y	de	investigación	realizada	en	la	Subdirección	de
Evaluación	-adscrita	a	la	Coordinación	de	Intervención	Especializada	para
Apoyo	Judicial,	del	Tribunal	Superior	de	Justicia	de	la	Ciudad	de	México	(en
adelante,	TSJ)-,	así	como	por	peritos	privados	(adscritos	a	las	listas	de	los
auxiliares	de	la	administración	de	justicia	del	TSJ),	se	deben	de	tomar	en	cuenta
los	siguientes	aspectos:
1.	Contacto	inicial.	Se	refiere	a	la	manera	en	la	cual	es	requerida	la	elaboración
del	informe/dictamen	pericial	que	puede	ocurrir	a	solicitud	de	alguna	de	las
partes	en	el	juicio	o	bien,	directamente	por	una	autoridad	que	demande	intervenir
como	perito	único	de	ambas	partes¹².	Esta	indicación	puede	realizarse	tanto	a	la
Dirección	de	Evaluación	Psicológica	del	TSJ,	como	a	alguno	de	los
profesionales	inscritos	en	la	lista	de	peritos	del	mismo	TSJ.
2.	Primera	entrevista	del	proceso	de	evaluación	psicológica	forense.	En	el
ámbito	privado,	se	conoce	el	objetivo	de	la	evaluación,	se	solicita	la	lectura	de
los	antecedentes	del	caso	(si	es	que	existe	algún	expediente)	y	se	acepta	o
rechaza	la	realización	del	peritaje.	Si	se	acepta,	se	explica	detalladamente	el
procedimiento	a	seguir.	En	cambio,	en	el	ámbito	institucional,	se	reciben	las
solicitudes	de	evaluación	psicológica	y	se	deriva	a	un	psicólogo	evaluador,	con
la	posibilidad	de	que	el	expediente	judicial	sea	revisado.	En	ambos	supuestos
(público	o	privado),	idealmente	se	solicita	tener	acceso	a	todos	los	documentos
vinculados	al	caso	motivo	del	peritaje.
3.	Encuadre	del	proceso	de	evaluación	psicológica	con	fines	periciales.	En	esta
etapa,	se	identifica	a	quiénes	serán	las	personas	que	requieren	de	la	evaluación
psicológica;	se	planifica	el	número	de	sesiones	y	se	acuerda	el	lugar,	fecha	y
persona	a	quien	deberá	dirigirse	para	la	evaluación.	Es	importante	mencionar
que	ya	desde	esta	fase	del	proceso	se	formulan	las	posibles	hipótesis	de	trabajo
para	guiar	la	evaluación	con	fines	periciales	y	forenses.
4.	Evaluación	psicológica	forense.	Se	plantea	desde	la	metodología	empírico-
analítica,	en	donde	se	sigue	un	procedimiento	en	el	cual	se	integran	aspectos
generales	de	la	evaluación	psicológica	clínica,	pero	implementando	la
metodología	forense,	necesaria	para	el	control	de	la	simulación	y	la
disimulación.	Asimismo,	es	indispensable	tener	en	cuenta	que	el	objetivo	de	este
tipo	de	evaluaciones,	es	contestar	la	petición	de	la	autoridad	y,	o	de	los	abogados
de	las	partes.	Es	decir,	se	reitera	la	necesidad	de	distinguir	y	establecer	las
diferencias	entre	la	psicología	clínica	y	la	psicología	forense	(véase	Muñoz,
Echeburúa	y	García-López,	2014,	p.	54	y	ss¹³)
5.	Integración	y,	o	redacción	del	informe	psicológico	forense,	teniendo	en	cuenta
los	siguientes	elementos:
a)	Formato:	elaboración	en	hojas	membretadas	o	con	logotipos	institucionales.
b)	Datos	generales:	datos	de	las	partes,	número	de	expediente,	tipo	de	juicio,
registro	intrainstitucional	de	la	Dirección	de	Psicología	o	Servicios	Periciales,
autoridad	a	la	que	va	dirigido	el	documento	y	número	de	juzgado.
c)	Presentación	del	perito:	se	introduce	la	información	al	juez	por	medio	de	un
proemio	en	el	que	el	perito	se	presenta	como	el	experto	encargado	de	evaluar	a
los	involucrados	e	integrar	el	resultado.
d)	Datos	de	identificación	de	la	persona	evaluada:	una	ficha	de	identificación
sociodemográfica	es	indispensable,	en	ella	no	deben	referirse	datos	privados
como	la	dirección	o	el	número	de	teléfono,	ya	que	no	son	necesarios	para	la
evaluación.	En	ese	sentido	datos	sociodemográficos	como	edad,	lugar	de
nacimiento,	escolaridad,	ocupación,	objetivo	pericial	y	fecha	de	evaluación
deben	recabarse.
e)	Planteamiento	del	problema	y,	u	objetivos	periciales:	en	este	apartado	se
puede	exponer	brevemente	el	objetivo	del	dictamen	pericial,	a	quién	se	deberá
evaluar,	la	razón	y	el	fundamento	jurídico,	emisor	de	la	solicitud	y	tipo	de
procedimiento	judicial.
f)	Descripción	metodológica:	en	todos	los	casos,	la	metodología	de	evaluación	se
basa	en	el	método	científico	(empírico-analítico	y	método	de	extrapolación),	con
fundamento	en	tres	modalidades	de	aplicación:
•	Desde	una	perspectiva	longitudinal,	mediante	el	estudio	de	los	antecedentes	del
individuo,	de	la	historia	familiar,	los	factores	protectores	y	de	riesgo	en	la
historia	de	la	persona	evaluada	para	poder	estimar	su	efecto	o	participación	en	el
momento	actual	al	caso	particular.
•	Desde	una	perspectiva	transversal,	mediante	el	estudio	de	las	condiciones
actuales,	de	las	variables	actuales	que	se	encuentran	presentes	y	que	definen	el
momento	de	la	familia.
•	Desde	una	perspectiva	sistémica,	mediante	el	estudio	de	los	subsistemas	que
intervienen	para	la	conformación	de	la	dinámica	familiar	actual	y	que	no	debe
perderse	de	vista	la	forma	en	cómo	estos	sistemas	interactúan.
Para	realizar	este	tipo	de	abordaje	metodológico,	es	necesario	acceder	a	distintas
fuentes	de	información	y	no	limitarse	al	testimonio	de	la	o	las	personas
evaluadas,	de	tal	manera	que	resulta	muy	recomendable	estudiar	el	expediente
judicial	y,	de	ser	posible,	a	las	personas	indirectamente	involucradas	en	el
asunto-motivo	de	evaluación	pericial.
Es	necesario,	también,	seguir	las	recomendaciones	respecto	al	protocolo	de
credibilidad	hacia	las	personas	evaluadas¹⁴,	que	incluyatanto	un	formato
narrativo	de	entrevista	de	psicológica	forense	(que	puede	ser	la	“Entrevista
Cognitiva	mejorada	de	Fisher	y	Geiselman”	[1992]	o	bien	los	modelos
propuestos	por	autores	como	Arce	y	Fariña	[2001],	entre	otros).
Además,	debe	analizarse	de	manera	sistemática	la	información	vertida	por	cada
una	de	las	personas	evaluadas,	para	detectar	los	puntos	de	coincidencia,	la
consistencia	y	la	congruencia	entre	sus	entrevistas.	Estas	tareas	habrán	de	ser
corroboradas	o	descartadas	posteriormente	con	el	apoyo	de	los	resultados
obtenidos	en	los	instrumentos	de	evaluación	psicológica	que	hayan	sido
seleccionados	para	el	caso	específico.
Como	en	toda	evaluación	psicológica-forense,	además	de	tener	en	cuenta	el
objetivo	pericial,	es	necesario	considerar	la	edad,	el	ámbito	sociocultural	y	el
grado	de	estudios	de	las	personas	evaluadas,	así	como	la	posible	discapacidad
sensorial	al	momento	de	seleccionar	los	instrumentos	psicométricos	que	servirán
de	apoyo	en	la	evaluación	con	fines	periciales.
Lo	anterior	es	relevante,	ya	que	la	cantidad	y	variedad	de	las	pruebas
seleccionadas	será	distinta	en	cada	caso,	pues	depende	de	si	se	va	a	evaluar	a	un
preescolar,	niña	o	niño,	adolescente,	adulto,	persona	de	la	tercera	edad	o
personas	indígenas,	por	ejemplo	(Vaca,	2010).
Cada	técnica	elegida	para	la	evaluación	debe	tener	una	breve	explicación	de	las
características	(cognitivas,	de	personalidad,	etc.)	que	va	a	evaluar,	para	que
quienes	revisen	el	dictamen	comprendan	la	razón	de	la	selección	de	la	batería
que	ahí	se	especifica.	Estos	procedimientos	deben	cumplir	con	los	criterios
propios	de	la	psicología	en	lo	que	respecta	a	confiabilidad,	validez,	objetividad	y
estandarización,	así	como	actualización.
Con	respecto	al	procedimiento,	vale	la	pena	subrayar	que,	en	todos	los	casos,	se
debe	iniciar	con	la	explicación	y	obtención	del	consentimiento	informado	por
parte	de	la	persona	evaluada,	con	la	finalidad	de	asegurarse	que	el	procedimiento
se	realiza	con	pleno	conocimiento	y	anuencia;	se	le	deberá	explicar	la	cantidad
de	tiempo	y,	o	sesiones	que	dicho	proceso	tomará,	así	como	la	aplicación	de
diversas	técnicas	y,	o	instrumentos	de	evaluación.	Además,	en	el	documento	de
consentimiento	informado,	se	deberá	precisar	que	los	resultados	de	la	evaluación
serán	entregados	directamente	ante	la	autoridad	como	parte	del	proceso	judicial
en	el	que	se	esté	actuando.
g)	Resultados:	el	proceso	de	interpretación	de	los	resultados	debe	tener	la
finalidad	de	dar	respuesta	al	planteamiento	del	problema	u	objetivo	del	peritaje.
Es	decir,	tratando	de	establecer	una	relación	explicativa	entre	los	resultados	y	los
hechos	controvertidos	dentro	del	proceso	judicial.
En	este	sentido,	es	posible	utilizar	dos	tipos	de	formatos,	uno	en	el	que	sea
necesario	aportar	los	resultados	crudos	para	conocer	en	dónde	se	ubica	la
respuesta	de	una	persona	con	respecto	a	la	media	y	estimar,	en	su	caso,	sus
cualidades	y,	o	competencias	parentales	y	en	algunos	casos	sus	sintomatologías,
o	su	nivel	de	vinculación	afectiva;	o	pasar	directamente	al	análisis	funcional	de
la	conducta	en	donde	se	encuentre	representada	la	descripción	de	la	dinámica	de
personalidad	del	evaluado.
En	todos	los	casos,	los	datos	deben	ser	interpretados	y	valorados	de	manera
conjunta	y	utilizando	múltiples	fuentes	de	información.
No	se	recomienda	utilizar	pruebas	de	tipo	proyectivo	como	único	instrumento	de
evaluación	para	fines	periciales	(García-López,	2016;	Lilienfeld,	Wood	y	Garb,
2000;	Lilienfeld	et	al,	2015).
Por	el	contrario,	estas	herramientas	auxiliares	(nunca	principales)	deben	ser
tomadas	con	suma	cautela	en	el	ámbito	forense	y	siempre	deben	complementarse
con	instrumentos	de	evaluación	que	puedan	superar	los	estándares	exigidos	por
los	Tribunales	de	Justicia.
Lo	anterior,	permitirá	al	psicólogo	forense	contextualizar	adecuadamente	los
resultados	de	dichas	pruebas	de	acuerdo	con	las	características	del	evaluado.
Desde	2010	el	Anuario	de	Psicología	Jurídica	recordaba	que	“aunque	las
técnicas	proyectivas	gozaron	de	un	gran	reconocimiento	durante	más	de	cuatro
décadas	[...]	a	partir	de	los	años	sesenta	han	suscitado	numerosas	críticas	entre
los	expertos	en	evaluación	psicológica,	derivadas,	entre	otros	factores,	del	escaso
soporte	empírico	constatado	a	través	de	la	investigación	(Márquez,	Vizcarro	y
Fernández-Ballesteros,	2004)”	(Arch,	2010,	p.	64).
Este	mismo	documento	subraya	que:	“el	uso	de	pruebas	proyectivas	en	entorno
forense	ha	recibido	duras	críticas	por	parte	de	los	expertos	(Grisso,	1990;
Lilienfield,	Wood	y	Garb,	2000;	Medoff,	2003)”.	Asimismo,	“[...]	respecto	al
uso	concreto	en	evaluaciones	de	custodia	de	pruebas	proyectivas	basadas	en	el
dibujo,	la	literatura	científica	señala	con	claridad	que	su	fiabilidad	y	validez
puede	ser	débil	o	inexistente	(Baerger,	Galatzer-Levy,	Gould	y	Nye,	2002;
Erickson	et	al.,	2007;	Hynan,	2003;	Lally,	2001)”	(Arch,	2010,	p.	64).
En	los	resultados,	se	toma	en	cuenta	sólo	la	información	necesaria	solicitada	por
la	autoridad	judicial.	Así,	es	necesario	ser	muy	cauto	en	el	manejo	de	la
información	clínica,	especialmente	en	las	apreciaciones	que	se	hagan	con	fines
periciales,	ya	que	la	actividad	de	las	personas	evaluadas	se	encuentra	limitada
por	el	contexto	y	objetivo	pericial.
Asimismo,	es	importante	considerar	tres	aspectos	principales	de	una	evaluación
pericial	en	psicología,	a	saber:
•	La	correcta	selección	de	las	técnicas.
•	Su	adecuada	aplicación	siguiendo	la	metodología	explícita	en	los	manuales	de
cada	una	de	ellas.
•	Interpretación	de	los	resultados.
Dicha	interpretación	debe	contextualizarse	para	cada	caso	particular	y	establecer
una	adecuada	vinculación	entre	los	datos	recabados	en	la	entrevista,	en	la
revisión	del	expediente,	los	resultados	obtenidos	a	través	de	pruebas
psicométricas	y	los	hallazgos	de	la	investigación	psicológica	relacionada	con	el
caso	a	dilucidar.
Por	último,	se	debe	tener	en	cuenta	que	los	resultados,	obtenidos	de	la
evaluación	pericial,	únicamente	se	refieren	al	momento	y	circunstancias	en	el
que	fueron	realizados,	con	la	posibilidad	que	no	sean	válidos	para	otros
momentos	o	situaciones.	Asimismo,	cuando	el	caso	lo	requiera	o	sea	solicitado,
conviene	incluir	en	el	dictamen	una	lista	clara	y	breve	de	recomendaciones,	para
su	implementación	en	los	contextos	clínicos	y	psicosociales.
h)	Conclusión	acerca	de	la	persona	evaluada	y,	o	de	la	dinámica	familiar:	debe
hacerse	una	conclusión	en	la	que	de	manera	breve	se	informen	las	características
de	la	persona	evaluada	con	relación	al	objetivo	pericial	y	de	la	dinámica	familiar
encontrada,	si	se	considera	necesario,	alguna	recomendación	de	seguimiento	o
tratamiento	que	facilite	la	modificación	de	la	problemática	familiar	que	se	está
enfrentando.	Ambas	deben	estar	relacionadas	con	los	resultados	que	la	sustentan.
i)	Teorías	explicativas:	las	teorías	explicativas	y,	o	hallazgos	de	investigación
acerca	de	la	temática	central	del	dictamen	juegan	un	papel	fundamental	toda	vez
que	es	necesario	manejar	un	enfoque	teórico	que	proporcione	sustento	a	los
hallazgos,	lo	que	además	fortalece	la	estructura	lógica	de	la	evaluación	al
desarrollar	una	congruencia	entre	los	hallazgos	de	la	misma,	las	teorías	y	la
conclusión	a	la	que	se	llega.
Se	trata	pues	de	una	argumentación	basada	en	la	evidencia,	cuyo	fundamento	se
verá	reflejado	a	modo	de	síntesis	en	las	conclusiones,	pero	ampliamente
explicado	en	la	discusión	forense.
Este	ejercicio,	permitirá	aceptar	o	rechazar	las	hipótesis	elaboradas	en	el
planteamiento	inicial	del	problema.
j)	Contestación	al	cuestionario	pericial:	se	debe	dar	una	respuesta	puntual,	clara,
concreta	y	sustentada	en	los	resultados	de	la	evaluación	a	los	cuestionamientos,
formulados	por	la	autoridad	o	por	las	partes	en	el	proceso.
k)	Conclusiones	generales:	se	hace	una	breve	mención	de	la	dinámica	familiar	y
se	explican	los	motivos	psicológicos	por	los	que	no	han	sido	capaces	de	resolver
la	conflictiva	por	la	que	se	encuentran	en	litigio.
l)	Bibliografía:	se	relaciona	con	las	teorías	utilizadas	para	sustentar	la
informacióndescrita,	por	lo	que	es	importante	sea	actualizada	y	relacionada	con
el	objetivo	pericial.
m)	Firma	y	datos	del	perito:	es	indispensable	que	aparezca	el	nombre,firma,
cédula	profesional	y	de	posgrado	del	psicólogo	responsable	de	la	integración,
pues	con	ello	se	muestra	que	el	perito	cuenta	con	los	estudios	requeridos	para
haber	sido	convocado.
n)	Ratificación:	en	muchas	ocasiones,	es	necesario	ratificar	en	todas	y	cada	una
de	sus	partes	el	contenido	y	la	firma	del	peritaje,	el	mismo	que	con	frecuencia	se
hace	ante	la	presencia	judicial	(secretario	de	acuerdos)	o	bien,	como	parte	del
proceso	de	desahogo	de	la	prueba,	en	la	audiencia	de	juicio	oral.
Con	respecto	a	la	redacción	del	documento	pericial,	se	recomienda	que	el
lenguaje	sea	científico,	pero	no	petulante,	que	sea	claro	y	preciso,	entendible
para	quien	lo	revise,	evitando	el	uso	de	tecnicismos	que	requerirían	la	formación
profesional	en	psicología.	La	redacción	debe	ser	clara,	concisa,	ajustada	a	lo	que
se	solicitó,	pues	a	veces	entre	más	información	contenga,	mayor	confusión
puede	generar	entre	los	ajenos	a	las	ciencias	del	comportamiento	humano.
Como	puede	observarse,	en	los	pasos	aquí	descritos,	se	ha	omitido	la
información	correspondiente	a	los	antecedentes	del	caso,	pues	sólo	se	realizaba
una	repetición	de	la	que	ya	consta	en	el	expediente	del	juzgado,	alargando
innecesariamente	el	documento.
Se	ha	trabajado	con	este	formato	sin	encontrar	dificultades	para	su	comprensión,
tanto	por	los	jueces,	magistrados,	abogados	y	partes	en	conflicto.	Su	extensión	es
breve,	lo	que	permite	que	se	pueda	dar	lectura	al	informe	completo,	buscando
que	las	partes	que	lo	integran	conlleven	una	lógica	secuencial	que	permita	la
comprensión	de	su	contenido	(Anexo	1).
A	modo	de	síntesis	de	este	apartado,	se	cita	(García-López,	2016,	p.	42)	un
primer	bosquejo	de	formato	unificado	para	la	elaboración	del	dictamen	pericial,
que	incluye	de	manera	destacada	el	concepto	de	formulación	funcional	forense.
Este	formato	[...]	incluiría	los	pasos	a	seguir	en	el	proceso	de	la	evaluación
psicológica	con	fines	periciales,	la	metodología	(Muñoz,	Echeburúa	y	García-
López,	2014),	las	fases	(Jiménez,	2010),	los	criterios	(Ackerman,	2010;	Buela,
20016)	y	especialmente	la	formulación	funcional	forense,	misma	que	ocurre
cuando:	«[...]	Luego	de	recoger	la	información	procedente	de	las	distintas
fuentes	descritas,	estamos	en	condiciones	de	desarrollar	una	formulación
forense,	aspecto	más	importante	del	trabajo	del	psicólogo	forense,	dado	que	le
permitirá	dotar	de	carácter	explicativo	al	contenido	de	nuestro	informe	pericial.
Los	aspectos	fundamentales	por	trabajar	en	esta	segunda	fase	de	análisis	serían
dos:	a)	elaborar	las	hipótesis	de	origen	y	mantenimiento	del	comportamiento	de
interés	psicojurídico	y	b)	plantear	un	modelo	explicativo	de	cuándo,	cómo	y	por
qué	el	peritado	desarrolló	y	mantuvo	la	conducta	objeto	de	pericia;	enfatizando,
por	otra	parte,	los	factores	antecedentes,	consecuentes	y	de	predisposición	o
vulnerabilidad»	(p.	622).
Aunque	ya	hemos	tratado	en	otras	ocasiones	esta	problemática,	consideramos
conveniente,	citando	a	Peña,	Andreu	y	Graña	(2010),	mencionar	los	pasos	de	la
discusión	forense:
Se	estructurará	en	apartados	diferenciados	y	titulados,	que	harán	referencia	a	las
diferentes	cuestiones	formuladas	por	el	demandante	del	informe,	objeto	de
discusión.
Los	aspectos	fundamentales	que	pueden	estar	presentes	en	una	discusión
forense,	por	ser	objeto	de	pericia	dentro	del	ámbito	de	estudio	de	la	conducta
[...],	podrían	ser	entre	otros:	estado	mental	y	psicológico	[...]	capacidades
cognitivas	y	volitivas	[...]	simulación	o	sobre	simulación	y,	en	algunas	ocasiones,
recomendaciones	terapéuticas.
Se	comenzará	cada	apartado	exponiendo	los	datos	obtenidos	durante	el	proceso
de	evaluación	(observación	e	impresión	clínica,	análisis	descriptivo,	exploración
psicométrica,	análisis	documental,	datos	de	informadores	externos,	etc.)	que
converjan	y	fundamenten	las	hipótesis	explicativas	con	relación	al	objeto	de	la
pericia.
Se	analizará	en	qué	medida	las	hipótesis	defendidas	se	adecuan	a	los	hallazgos
bibliográficos	y	científicos	más	actuales	relativos	al	tema	de	estudio.	La
fundamentación	de	la	discusión	forense	nunca	podrá	ser	una	inferencia	arbitraria
sin	apoyo	empírico	o	experimental;	tampoco	interpretaciones	parciales	de	los
datos	obtenidos;	referencias	bibliográficas	partidistas	o	no	científicas;	o
únicamente	la	versión	o	referencias	de	la	persona	explorada.
En	la	medida	de	lo	posible,	deberemos	dar	respuesta	anticipada	a	posibles
cuestiones	que	puedan	ser	objeto	de	pregunta	o	interés	en	la	vista	oral.	(Peña,
Andreu	y	Graña,	2010,	p.	622).
Notas
11	184808.	VI.1o.C.57	C.	Tribunales	Colegiados	de	Circuito,	novena	época.
Semanario	Judicial	de	la	Federación	y	su	Gaceta.	Tomo	XVII,	Febrero	de	2003,
Pág.	1122.	Disponible	en:	http://sjf.scjn.gob.mx/
SJFSist/Documentos/Tesis/184/184808.pdf
12	Ver	artículo	347	del	Código	de	Procedimientos	Civiles	donde	se	encuentran
contemplados	los	requisitos	de	actuación	del	perito	y	los	requisitos	para	el
desahogo	de	la	prueba.
13	Muñoz,	J.M.,	Echeburúa,	E.	y	García-López,	E.	(2014).	La	exploración
psicopatológica	dentro	de	la	evaluación	psicológica	forense:	propuestas	de
estructuración	y	pautas	para	su	integración	en	el	informe	psicológico	forense.	En
E.	García-López	(Ed.),	Psicopatología	Forense.	Comportamiento	Humano	y
Tribunales	de	Justicia.	Bogotá,	Colombia:	Manual	Moderno.
14	Los	peritos	deben	recordar	lo	establecido	en	el	artículo	5	de	la	Ley	General
de	Víctimas,	que	incluye	allí	los	principios,	y	entre	ellos	la	buena	fe.	Al	respecto,
el	citado	artículo	señala:
Buena	fe.	Las	autoridades	presumirán	la	buena	fe	de	las	víctimas.	Los	servidores
públicos	que	intervengan	con	motivo	del	ejercicio	de	derechos	de	las	víctimas	no
deberán	criminalizarla	o	responsabilizarla	por	su	situación	de	víctima	y	deberán
brindarle	los	servicios	de	ayuda,	atención	y	asistencia	desde	el	momento	en	que
lo	requiera,	así	como	respetar	y	permitir	el	ejercicio	efectivo	de	sus	derechos.
Disponible	en:	http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/LGV_030117.pdf
Capítulo	7
Técnicas	de	evaluación
Con	respecto	al	uso	de	instrumentos	de	evaluación	psicológica	en	la	evaluación
correspondiente	en	materia	familiar,	Arch	y	Jame	(2010),	hacen	referencia	a	la
controversia	existente	para	el	uso	de	instrumentos	que	desde	su	construcción
fueron	conceptualizados	para	un	objetivo	clínico	y	que,	por	lo	tanto,	mediante
dichos	instrumentos	no	se	puede	valorar	de	manera	directa	la	capacidad	parental,
la	recomendación	para	el	tipo	de	guarda	y	custodia,	los	vínculos	familiares,	etc.
No	obstante,	de	manera	indirecta	y	manteniendo	una	aplicación	conjunta	de
varios	instrumentos,	nos	podrá	aportar	una	confiabilidad	concurrente,	que	hará
factible	confirmar	que	el	rasgo	detectado	esté	presente	en	diversos	instrumentos,
lo	que	implicará	integrar	un	perfil	que	sí	permita	esclarecer	la	capacidad	y
competencias	parentales	de	las	personas	evaluadas.
Rorhrbaugh	(2008)	propone	nueve	criterios	básicos	para	elegir	y	utilizar	una
prueba	psicológica	en	el	contexto	forense	de	la	evaluación	de	los	menores	de
edad,	que	también	puede	aplicarse	a	la	evaluación	de	adultos:
•	Identificar	el	problema	o	las	características	que	deben	evaluarse:	definir	el
comportamiento	o	propiedad	que	refleja	el	tema	legal	o	características	de
crianza.
•	Pertinencia:	seleccionar	el	método	y	la	técnica	de	evaluación	que	valore	las
preguntas	(variables)	solicitadas.
•	Publicación	de	la	prueba:	manual,	normas	y	disponibilidad	de	la	prueba.
•	Fiabilidad	del	instrumento.
•	Validez	del	instrumento
•	Varianza	de	error	de	medición.
•	Valoración	del	estilo	de	respuesta.
•	Contraste	con	las	investigaciones	en	revistas	de	prestigio	científico.
•	Formación	especializada.
Para	el	ámbito	familiar	existen	distintos	instrumentos	de	evaluación	psicológica
que	han	sido	utilizados	en	la	valoración	psicológica	pericial,	algunos	de	ellos
han	sido	adaptados	y,	o	estandarizados	para	la	población	mexicana(Monroy	y
García-López,	2017).
Muchos	de	los	instrumentos	psicométricos	(cuantitativos)	aún	y	cuando	gozan	de
una	mayor	certeza	en	sus	resultados,	pueden	resultar	inválidos	al	ser	contestados
con	un	alto	índice	de	defensividad	o	deseabilidad	social	(como	es	el	caso	de	los
inventarios	de	personalidad,	tales	como	el	MMPI-2,	MCMI-III,	PAI,	CUIDA,
entre	otros).
En	tanto	que	las	técnicas	proyectivas,	aunque	podrían	considerarse	erróneamente
más	fiables	dada	la	necesidad	de	los	evaluados	de	otorgar	una	imagen	altamente
positiva	de	sí	mismos,	tampoco	se	encuentran	libres	de	controversia,	ya	que	han
sido	señaladas	como	técnicas	con	“escaso	soporte	empírico	a	través	de	la
investigación”	(Marquez,	Vizcarro	y	Fernández	Ballesteros,	2004,	citados	en
Arch	y	Jame,	2010).
Vale	la	pena	recordar,	que	quienes	acudan	ante	los	tribunales	de	justicia	en
calidad	de	peritos,	serán	cuestionados	y	exigidos	en	la	fundamentación	de	sus
dictámenes	periciales	y	una	de	las	preguntas	que	mayor	exigencia	representa,
está	relacionada	con	el	estándar	de	la	prueba.
En	este	sentido,	ninguno	de	los	instrumentos	proyectivos	por	sí	solo	o	en
conjunto,	puede	responder	a	las	exigencias	de	los	estándares	probatorios
exigidos	por	los	tribunales	de	justicia,	por	lo	que	no	se	recomienda	su	uso
preponderante	y	mucho	menos	exclusivo	(Garb,	Woord,	Lilienfeld	y	Nezworski,
2002;	Medoff,	2003;	Trygg	et	al.,	2000).
Dentro	de	los	instrumentos	de	evaluación	psicológica	recomendados,	están
aquellos	que	cumplan	al	menos	con	cuatro	criterios	elementales:	objetividad,
validez,	confiabilidad	y	estandarización.	Ahora	bien,	no	debe	caerse	en	el	error
de	sobreestimar	los	instrumentos	de	evaluación	psicológica,	ya	que	en	el	ámbito
forense	es	frecuentemente	citada	la	tendencia	de	las	personas	evaluadas,	a
simular	o	disimular	alteraciones	psicológicas	dado	el	contexto	judicial.	Así,	los
peritos	deben	dedicar	mucho	cuidado	no	sólo	a	la	elección	de	instrumentos
específicos,	sino	también	a	que	dichos	instrumentos	sean	en	efecto	útiles	para	los
fines	periciales	(Rosenfeld,	Green,	Pivorava,	Dole	y	Zapf,	2010).	Además,	debe
recordarse	que	“la	principal	limitación	con	la	cuenta	el	perito	psicólogo	es	que
son	escasos	los	instrumentos	de	evaluación	elaborados	específicamente	para	el
contexto	de	exploración	forense”	(Muñoz,	Echeburúa	y	García-López,	2014,	p.
61).	Así,	las	características	del	contexto	forense	“comprometen	en	gran	medida
los	índices	de	fiabilidad	y	validez	que	estas	pruebas	han	demostrado	para	su
contexto	original	(clínico	o	educativo,	por	ejemplo”	(Muñoz	et	al.,	Ob.	Supra).
Todo	lo	anterior	aumenta	la	responsabilidad	del	perito	en	disponer	de
conocimientos	muy	actualizados,	basados	en	la	evidencia	y	aceptados	por	la
comunidad	científica	internacional.	Es	decir,	su	dictamen	no	puede	depender	de
instrumentos	de	evaluación	psicológica	propios	del	ámbito	clínico	o	educativo,
son	fuentes	de	apoyo	y	pueden	formar	parte	de	la	estructura	del	informe,	pero	no
de	sus	cimientos.	En	síntesis,	son	“los	indicadores	de	convergencia	los	que
determinarán	la	calidad	de	la	evaluación	forense,	[incluso]	por	encima	de	los
índices	de	fiabilidad	y	validez	de	las	pruebas	individuales	(Archer,	2006,	citado
por	Muñoz,	Echeburúa	y	García-López,	2014,	p.	62).	Por	ello,	adquiere	tanta
relevancia	la	formación	académica,	conocimiento	científico,	experiencia
profesional	y	acreditación	constantemente	actualizada	del	perito,	ya	que	le
permitirá	alcanzar	los	estándares	señalados	por	Muñoz,	Echeburúa	y	García-
López	(2014,	p.	82)	para	un	informe	pericial	que,	entre	otras	características,
implica:
a)	Organizar	los	datos	recogidos	durante	el	proceso	de	evaluación	pericial	en
función	de	la	demanda	realizada.
b)	Integrarlos	de	forma	coherente.
c)	Llevar	a	cabo	un	proceso	explícito	de	análisis	e	interpretación	de	éstos	en
función	de	los	conocimientos	arrojados	por	la	investigación	científica	actual.
Si	el	lector	desea	conocer	una	lista	actualizada	de	instrumentos	de	evaluación
estandarizados	y,	o	elaborados	en	México	y	otros	países	de	la	región
latinoamericana,	puede	consultar	los	instrumentos	de	evaluación	contenidos	en
la	página	web	de	Editorial	El	Manual	Moderno	y	otras	editoriales	de	referencia
en	el	campo.
Por	otra	parte,	conviene	recordar	que	una	de	las	técnicas	principales	en	la
evaluación	pericial	es	la	entrevista	y,	de	acuerdo	con	Ackerman	y	Pritzl	(2011),
“es	la	técnica	que	más	tiempo	ocupa	a	los	peritos	y	es	también	la	que	con	más
frecuencia	se	emplea.	Asimismo,	vale	la	pena	destacar	que	la	mayoría	de	los
autores	propone	un	formato	de	entrevista	semiestructurado	(Tejero,	González
Trijueque	y	García-López,	2014,	p.	134).	Al	respecto,	el	Colegio	Oficial	de
Psicólogos	de	Madrid	(2009)	aporta	un	esquema	para	casos	familiares	basado	en
la	propuesta	de	Ramírez	(2003),	cuyos	puntos	de	abordaje	se	describen	a
continuación:
•	Historia	familiar.
•	Relaciones	interparentales	posruptura	valoradas	por	los	padres.
•	Relaciones	parentofiliales	posruptura	valoradas	por	el	progenitor
provisionalmente	custodio.
•	Relaciones	parentofiliales	posruptura	valoradas	por	el	progenitor
provisionalmente	no	custodio.
•	Hábitos	relativos	a	la	alimentación.
•	Hábitos	relativos	al	sueño.
•	Hábitos	relativos	a	la	autoridad	o	disciplina.
•	Hábitos	relativos	a	la	autonomía/dependencia.
•	Hábitos	relativos	al	ocio.
•	Desajuste	psicológico	parental.
•	Competencia/apoyo	social	de	los	progenitores.
•	Estabilidad	laboral.
•	Conocimiento	parental	de	los	hijos	y	de	su	ajuste	al	divorcio.
•	Apoyo	social	de	los	hijos	(informe	parental).
•	Ajuste	a	nivel	escolar.
•	Cambios	efectuados	o	previstos	a	nivel	intrafamiliar	y	ambiental.
•	Control	percibido	por	padres	sobre	los	cambios	después	de	la	separación.
•	Red	de	apoyo	social	de	los	hijos.
•	Relaciones	parentofiliales	valoradas	por	los	hijos.
•	Relaciones	interparentales	valoradas	por	los	hijos.
•	Preferencias	motivadas	de	custodia	de	los	hijos.
Aunado	a	lo	anterior,	es	también	conveniente	tomar	en	consideración	los	11
principios	planteados	por	Saywitz	et	al.	(2010),	cuya	síntesis	(tomada	de	Tejero
et	al.,	Ob.	Supra)	para	la	práctica	de	entrevistas	con	menores	se	reproduce	a
continuación:
1.	Adecuar	el	entorno	a	la	edad	del	menor,	procurando	la	máxima	intimidad	y	las
menores	distracciones	posibles.
2.	Adecuar	a	la	edad	del	menor	las	explicaciones	sobre	el	objeto	de	la	entrevista,
el	papel	del	menor	ante	la	evaluación	y	la	función	del	profesional.
3.	Crear	un	clima	objetivo	en	la	entrevista,	donde	el	menor	sienta	que	sus
percepciones	son	exploradas	y	respetadas,	pero	no	juzgadas.	Mostrar	la	intención
de	escuchar	todas	las	opciones,	sin	presionar	al	menor.
4.	Esforzarse	por	establecer	una	buen	rapport	(contacto	emocional)	con	el	menor
evitando	mecanismos	sugestivos.
5.	Fomentar	en	la	entrevista	un	clima	de	apoyo,	no	amenazante	(sin	reforzar	o
sugestionar	las	respuestas	del	menor).
6.	Adecuar	el	objeto	de	la	entrevista	al	desarrollo	del	menor.	Utilizar	conceptos	y
lenguaje	comprensible	para	éste.
7.	Establecer	reglas	de	conversación,	proporcionando	instrucciones	y	ejemplos
prácticos	para	fomentar	su	capacidad	narrativa	y	autonomía	del	menor.
8.	Implicar	al	menor	en	una	gama	de	temas	relacionados	con	el	proceso	de	toma
de	decisiones,	y	obtener	información	de	las	ventajas	y	desventajas	de	las
posibles	opciones,	en	lugar	de	reducirlo	a	“donde	prefiere	vivir”.
9.	Utilizar	preguntas	abiertas	y	no	directivas,	que	admitan	en	lo	posible	múltiples
respuestas,	invitando	a	los	menores	a	responder	con	sus	propias	palabras.
10.	Evitar	el	uso	de	técnicas	sugestivas	que	sesguen	las	respuestas	del	menor,
fomenten	en	él	la	especulación	o	provoquen	que	ceda	a	la	presión	de	los
estereotipos	o	de	las	expectativas	del	entrevistador.
11.	Además,	es	importante	considerar	la	guía	orientativa	para	la	evaluación
psicológica	en	procedimientos	de	custodia,	elaborada	por	la	American
Psychological	Association	y	cuyo	resumen	(Tejero,	González	Trijueque	y
García-López,	2014,	p.	145)	se	incluye	en	la	tabla	7-1.
Tabla	7–1.	Guía	orientativa	para	la	evaluaciónpsicológica	en	procedimientos	de	custodia.	Resumen	de	(Tejero,	González	Trijueque	y	García-López,	214).
I.	Pautas	orientativas.	Objetivo	de	la	evaluación	de	guarda	y	custodia	del	menor
a)	El	objetivo	de	la	evaluación	es	ayudar	a	determinar	el	mejor	interés	psicológico	del	menor
b)	El	bienestar	del	menor	tiene	una	importancia	esencial
c)	La	evaluación	se	centrará	en	las	cualidades	de	los	padres,	las	necesidades	de	los	hijos	y	el	ajuste	resultante
II.	Pautas	generales.	Preparación	de	la	evaluación	de	guarda	y	custodia
d)	Los	psicólogos	se	esforzarán	por	mantener	su	nivel	de	competencia	y	especialización
e)	Los	psicólogos	se	esforzarán	por	mantener	la	imparcialidad	en	sus	evaluaciones
f)	Los	psicólogos	se	esforzarán	por	implicarse	en	la	cultura	de	los	informados,	evitando	cualquier	práctica	discriminatoria
g)	Los	psicólogos	se	esforzarán	por	evitar	conflictos	de	interés	y	duplicidad	de	roles	en	sus	evaluaciones	periciales	de	custodia
III.	Pautas	de	procedimiento.	Realización	de	la	evaluación	de	guarda	y	custodia
h)	Los	psicólogos	se	esforzarán	por	establecer	el	alcance	y	las	posibilidades	de	la	evaluación	en	el	momento	oportuno,	en	consonancia	con	la	naturaleza	del	objetivo	solicitado
i)	Los	psicólogos	se	esforzarán	por	obtener	el	consentimiento	informado
j)	Los	psicólogos	se	esforzarán	por	utilizar	múltiples	métodos	en	la	obtención	de	datos
k)	Los	psicólogos	se	esforzarán	por	interpretar	los	datos	de	obtenidos	de	forma	coherente	con	el	contexto	de	la	evaluación
l)	Los	psicólogos	se	esforzarán	por	completar	la	evaluación	con	la	participación	de	las	personas	necesarias	y	las	evaluaciones	correspondientes
m)	Los	psicólogos	se	esforzarán	por	basar	sus	recomendaciones,	en	su	caso,	en	el	mejor	interés	psicológico	del	niño
n)	Los	psicólogos	crearán	el	registro	de	sus	datos	y	los	mantendrán	de	acuerdo	con	las	obligaciones	legales	y	éticas
Los	forenses	dedicados	a	evaluaciones	con	fines	periciales	en	materia	de	guarda
y	custodia	encontrarán	muy	apropiada	la	lectura	del	artículo	“Elaboración	de
informes	periciales	psicológicos	en	las	disputas	sobre	guarda	y	custodia”	(Tejero
et	al.,	2014;	p.	123-161),	donde	dispondrán	mayores	detalles	prácticos	sobre	esta
evaluación	específica.
Para	concluir	este	apartado,	vale	la	pena	reiterar	la	necesidad	de	dedicar	fondos
financieros	para	apoyar	proyectos	de	investigación	que	permitan	desarrollar
instrumentos	y	procedimientos	estandarizados	de	evaluación	psicológica
específicamente	diseñados	para	ámbitos	forenses	en	México	y	América	Latina.
Capítulo	8
Consideraciones	finales
La	Evaluación	Psicológica	Forense	es,	sin	duda,	una	de	las	labores	más
importantes	y	reconocidas	no	sólo	por	expertos	en	materia	de	psicología,	sino
también	por	quienes	retoman	lo	expuesto	en	dictámenes	periciales	para	la	toma
de	decisiones	en	cuestiones	y	procedimientos	judiciales.
Si	bien	lo	expuesto	hasta	ahora	ha	hecho	énfasis	en	el	área	familiar,	conviene
además	analizar	lo	inherente	a	las	demás	áreas	del	derecho,	con	el	propósito	de
brindar	mayores	elementos	a	la	autoridad	ordenadora,	en	cuanto	a	los	elementos
que	resulten	sujetos	a	análisis	jurídico	y	forense.
Esta	guía	es	una	propuesta	práctica	para	unificar	formatos	y	procedimientos	de
evaluación	psicológica	con	fines	periciales	y	forenses	en	México,	en	materia
familiar.
Entre	los	objetivos	de	esta	propuesta	de	unificación,	está	el	fortalecer	la
presencia	de	la	Psicología	Jurídica	y	Forense	como	disciplina	de	referencia	ante
los	Tribunales	de	Justicia,	tal	como	ha	ocurrido	en	otros	países	del	mundo.	La
guía	no	busca	ser	un	documento	académico,	sino	un	elemento	operativo,	de	valor
aplicado	al	ejercicio	profesional	de	los	expertos	en	salud	mental	y
comportamiento	humano	que	ejercen	su	labor	en	ámbitos	periciales	y	forenses.
Esta	guía	es	un	esfuerzo	conjunto	y	está	sujeta	a	discusión	y	revisión	por	parte
de	todos	aquellos	profesionales	que	estén	dispuestos	a	mejorarla¹⁵.	Su	objetivo	es
fortalecer	los	puentes	de	comunicación	interdisciplinares	para	brindar	una	mejor
atención	a	los	justiciables	y	contribuir	así	a	nuestra	sociedad	desde	el	sistema	de
justicia.
Notas
15	Para	tal	fin,	se	pone	a	la	disposición	de	los	lectores	el	correo	electrónico	del
coordinador	de	esta	publicación	y	la	dirección	postal:	Dr.	Eric	García-López,
Instituto	Nacional	de	Ciencias	Penales,	Calle	Magisterio	#	113,	Tlalpan	Centro,
Código	Postal	14000,	Ciudad	de	México,	México.	Correspondencia:
garcialopez@gmx.com.	Todas	las	comunicaciones	recibidas	serán	compartidas
con	los	coautores	de	esta	guía	y	se	dará	respuesta	puntual	a	las	sugerencias	para
la	mejora	de	la	misma.	Invitamos	muy	cordialmente	a	los	psiquiatras	y
psicólogos	forenses,	abogados	y	trabajadores	sociales	que	deseen	mejorar	este
documento,	a	enviar	sus	análisis	fundamentados	para	los	fines	que	se	señalan.
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Anexo	I¹
Propuesta	de	formato	de	informe	psicológico	forense	en	materia
familiar
xxxxxxxxxxx
VS
xxxxxxxxxxxxx
CONTROVERSIA	DEL	ORDEN	FAMILIAR
EXPEDIENTE:	0000/2018
REG.	SE/XX/2018
C.	JUEZ	DEL	JUZGADO	FAMILIAR	DEL	TRIBUNAL	SUPERIOR	DE
JUSTICIA	DE	LA	CIUDAD	DE	MÉXICO.
P	r	e	s	e	n	t	e.
Con	el	fin	de	dar	debido	cumplimiento	a	la	pericial	psicológica	que	se	me	ha
encomendado,	quien	suscribe,	PERITO	EN	MATERIA	DE	PSICOLOGÍA
nombrada	por	La	Dirección	de	Evaluación	e	Intervención	psicológica	para
Apoyo	Judicial,	dentro	del	término	establecido,	me	dirijo	a	usted	con	el	debido
respeto,	para	presentarle	el	resultado	de	la	evaluación	psicológica	practicada	para
el	presente	juicio.
INFORME	PSICOLÓGICO	FORENSE
FICHA	DE	IDENTIFICACIÓN
Nombre:
Edad:
Fecha	de	nacimiento:
Lugar	de	nacimiento:
Ocupación:
Último	grado	de	estudios:
Fecha	de	evaluación:
OBJETIVO	PERICIAL:
•	Metodología
•	Resultados
•	Conclusión
•	Teorías	explicativas
•	Discusión	forense
•	Conclusiones	generales
•	Respuesta	a	los	cuestionamientos	enviados
•	Bibliografía
PARA	LOS	EFECTOS	LEGALES	A	QUE	HAYA	LUGAR.
__________________________
ATENTAMENTE.
Lic./	Mtro.	Dr.
Cédula(s)	Profesional(es):
FECHA	DE	ENTREGA:
Nota:	los	datos	obtenidos	se	examinan	desde	un	marco	de	referencia,	constituido
por	teorías	del	desarrollo	y	la	personalidad,	valorando	e	integrando	la
información,	que	sitúa	al	sujeto	en	un	contexto	de	tiempo	y	espacio.	Los
psicólogos	no	basan	sus	evaluaciones	o	recomendaciones	en	datos	o	resultados
de	los	test	que	estén	desfasados	con	relación	a	los	objetivos	perseguidos	en	la
actualidad	o	en	resultados	con	una	temporalidad	anterior	o	posterior.	Por	lo
tanto,	los	resultados	aquí	presentados	deberán	ser	considerados	al	tiempo	en	que
los	mismos	fueron	emitidos.	La	información	contenida	y,	o	adjunta	al	presente,
es	confidencial	y	está	protegida	por	la	Ley	de	Protección	de	Datos	Personales	en
Posesión	de	Sujetos	Obligados	para	la	Ciudad	de	México.
Notas
16	Este	formato	es	sólo	una	síntesis	del	planteamiento	general.	El	forense	debe
añadir	los	aspectos	específicos	señalados	en	cada	uno	de	los	apartados	descritos
en	este	documento.
Anexo	II
Código	ético	del	psicólogo
BASES	GENERALES
El	psicólogo	asume	la	responsabilidad	de	actuar,	en	el	desempeño	de	sus
actividades	profesionales,	académicas	y	científicasbajo	un	criterio	rector,	que	es
garantizar	en	todo	momento	el	bienestar	de	todos	aquellos	individuos,	grupos	u
organizaciones	que	requieran	sus	servicios,	dentro	de	los	límites	naturales	de	la
práctica	de	la	psicología.	Por	tanto,	se	adhieren	a	los	siguientes	principios:
1.	Respeto	a	los	derechos	y	dignidad	de	las	personas.
2.	Cuidado	responsable.
3.	Integridad	en	las	relaciones.
4.	Responsabilidad	hacia	la	sociedad	y	humanidad.
COMPETENCIAS	Y	HONESTIDAD	DEL	PSICÓLOGO
Del	apartado	de	la	calidad	de	la	valoración	y,	o	evaluación	psicológica.
Artículo15.	El	psicólogo	que	construye,	desarrolla,	adapta,	administra	o	usa
técnicas	de	valoración,	entrevistas,	pruebas,	cuestionarios	u	otros
instrumentos	y,	o	califica,	o	interpreta	con	fines	clínicos,	educativos,	de
selección	de	personal,	organizacionales,	forenses,	de	investigación	u	otros,	lo
hace	en	forma	y	con	propósitos	apropiados	con	base	en	los	datos	de
investigación	o	acerca	de	la	utilidad	y	la	aplicación	apropiadas	de	las
técnicas.	Es	decir,	las	valoraciones,	recomendaciones,	informes	y
diagnósticos	psicológicos	o	enunciados	se	basan	estrictamente	en
información	y	técnicas	(incluyendo	entrevistas	personales	al	individuo
cuando	es	apropiado)	suficientes	y	actuales	para	proporcionar	sustento	a
sus	interpretaciones	y	recomendaciones.
Artículo	16.	El	psicólogo	que	desarrolla	y	conduce	investigación	con
pruebas	y	otras	técnicas	de	valoración	utiliza	procedimientos	científicos	y
conocimiento	profesional	actualizado	para	su	diseño,	estandarización,
validación,	reducción	o	eliminación	de	sesgos	y	recomendaciones	de	uso.
Artículo	17.	El	psicólogo	que	administra,	califica,	interpreta	o	usa	técnicas
de	valoración	se	cerciora	de	que	éstas	se	basan	en	datos	sólidos	que
garanticen	la	confiabilidad,	validez	y	normas,	así	como	la	aplicación
apropiada	y	uso	de	las	técnicas	y,	o	instrumentos	que	emplea.	Asimismo,
toma	decisiones,	reconociendo	los	límites	de	la	incertidumbre	con	la	que	es
posible	diagnosticar,	emitir	juicios	o	hacer	predicciones	acerca	de	individuos
o	grupos.
Artículo	18.	El	psicólogo	identifica	situaciones	en	las	que	ciertas	técnicas	de
valoración	o	normas	no	son	aplicables	o	requieren	de	ajustes	para	su
administración	o	interpretación.	Debido	a	factores	tales	como	género,	edad,
raza,	origen	étnico,	nacionalidad,	orientación	sexual,	minusvalía,	idioma	o
nivel	socioeconómico	de	los	individuos	o	grupos,	no	emplea	técnicas	o
instrumentos	solamente	traducidos	de	otro	idioma	y,	o	cuyos	datos	acerca
de	su	construcción,	adaptación,	validez,	confiabilidad,	estandarización	y,	o
investigación	de	resultados	se	hayan	determinado	con	base	en	estudios
realizados	en	poblaciones	diferentes	a	las	que	pertenezcan	los	individuos	o
grupos	que	pretende	valorar.
Artículo	19.	El	psicólogo	que	ofrece	servicios	de	valoración	a	individuos
pertenecientes	a	los	pueblos	indígenas	de	México	u	otros	grupos	emplea
técnicas	de	valoración	y	normas	elaboradas	ex	profeso	o	adaptadas
debidamente	para	esa	población	y	que	tomen	en	cuenta	su	contexto	cultural.
Artículo	20.	Al	interpretar	resultados	de	valoración,	incluyendo
interpretaciones	automatizadas,	el	psicólogo	toma	en	cuenta	los	diversos
factores	de	la	prueba	u	otros	instrumentos	de	medida,	y	las	características
de	la	persona	valorada	que	pudiesen	afectar	su	juicio	o	reducir	la	precisión
de	las	interpretaciones.	Indica	cualquier	reserva	significativa	que	tenga
acerca	de	la	precisión	o	las	limitaciones	de	las	interpretaciones.
Artículo	22.	El	psicólogo	no	basa	sus	decisiones	de	valoración	o
intervención,	o	sus	recomendaciones,	en	datos,	normas	o	resultados	de
pruebas	psicológicas	obsoletas	para	propósitos	actuales.	De	manera	similar,
no	basa	tales	decisiones	o	recomendaciones	en	pruebas	psicológicas	o
medidas	inútiles	o	construidas	con	otros	propósitos.
Artículo	25.	El	psicólogo	asume	la	responsabilidad	por	la	aplicación,
interpretación	y	uso	de	instrumentos	de	valoración	apropiados,	ya	sea	que
el	mismo	califique	e	interprete	los	resultados	o	que	emplee	servicios
automatizados	o	de	otra	índole.
Artículo	27.	El	psicólogo	hace	esfuerzos	razonables	para	mantener	la
integridad	y	seguridad	de	las	pruebas	y	otras	técnicas	de	valoración,	de
acuerdo	con	la	ley,	obligaciones	contractuales,	y	con	este	código	ético.	No	da
a	conocer	los	contenidos,	respuestas	y,	o	resultados	posibles	de	pruebas	e
instrumentos	psicológicos	a	no	psicólogos,	ni	a	estudiantes	sin	la	supervisión
adecuada.	Instruye	e	informa	a	los	estudiantes	de	psicología	acerca	de	las
faltas	éticas	en	las	que	podrían	incurrir	si	emplean	técnicas	u	otros
instrumentos	de	valoración	psicológica.
Artículo	28.	En	testimonios	e	informes	forenses,	el	psicólogo	testifica	veraz,
honesta	e	imparcialmente,	además,	de	acuerdo	con	los	procedimientos
legales	aplicables,	describe	con	justeza	las	bases	de	sus	testimonios	y
conclusiones.	Y	para	evitar	engaños,	siempre	que	sea	necesario,	dará	a
conocer	las	limitaciones	de	sus	datos	o	conclusiones.
CALIDAD	DE	LAS	INTERVENCIONES	PSICOLÓGICAS
Artículo	31.	El	psicólogo	basa	sus	conclusiones,	recomendaciones	e
intervenciones	en	resultados	confiables	y	válidos	de	investigaciones
científicas,	valoraciones	y	diagnóstico	psicológicos.
COMUNICACIÓN	DE	LOS	RESULTADOS
Artículo	50.	Cuando	el	psicólogo	hace	valoraciones,	evaluaciones;	o
proporciona	tratamiento,	consejo,	supervisión,	enseñanza,	consultoría,
investigación,	u	otros	servicios	dirigidos	a	individuos,	grupos,	comunidades
u	organizaciones,	lo	hace	utilizando	un	lenguaje	razonablemente	entendible
para	el	receptor	de	sus	servicios	o	actuación,	proporcionando	de	antemano
información	apropiada	acerca	de	la	naturaleza	de	tales	actividades	y
posteriormente	sobre	los	resultados	y	conclusiones.	Si	la	ley	o	los	roles
organizacionales	impiden	que	el	psicólogo	proporcione	tal	información	a
individuos	particulares	o	grupos,	podrá	hacerlo	al	término	de	su	servicio.
Artículo	51.	El	psicólogo	se	asegura	de	que	se	proporcione	una	explicación
de	los	resultados	utilizando	un	lenguaje	entendible	para	la	persona	valorada
o	para	otras	personas	autorizadas	legalmente	para	actuar	en	favor	de	ésta.
Independientemente	de	que	las	calificaciones	e	interpretaciones	las	realice	el
psicólogo,	un	ayudante,	por	medios	automáticos	u	otros	servicios	externos,
sólo	el	psicólogo	puede	tomar	las	medidas	razonables	para	asegurar	que	se
den	las	explicaciones	apropiadas	de	los	resultados.	En	los	casos	en	los	que	la
naturaleza	de	la	relación	impida	dar	estas	explicaciones	a	la	persona
evaluada	o	personas	autorizadas	para	recibirlas	(como	ocurre	en	algunos
casos	de	selección	o	consultoría	organizacional,	preempleo	o	selección	de
elementos	de	seguridad,	y	evaluaciones	judiciales	o	forenses),	el	psicólogo
aclarará	con	antelación	que	no	proporcionará	tales	explicaciones.
Artículo	52.	El	psicólogo	se	abstiene	de	hacer	uso	indebido	de	las	técnicas	de
valoración,	intervenciones,	resultados,	e	interpretaciones	y	toma	las
medidas	razonables	para	evitar	que	otros	hagan	mal	uso	de	éstas.	Esto
incluye	el	abstenerse	de	ceder	datos	o	resultados	crudos	de	pruebas	a
personas,	que	no	sean	los	pacientes	o	clientes	como	es	apropiado,	y	a	quienes
no	estén	calificadas	para	usar	tal	información.
Artículo	53.	El	psicólogo	documenta	apropiadamente	su	trabajo	profesional
y	científico	para	facilitar	la	prestación	posterior	de	servicios	por	parte	de	él
mismo	o	de	otros	profesionales,	para	asegurar	la	responsabilidad,	y	para
cumplir	con	otros	requisitos	de	instituciones	o	de	la	ley.	El	psicólogo	se
abstiene	de	externar	opiniones	acerca	de	individuos	a	los	cuales	no	ha
valorado	debidamente,	en	dictámenes	escritos	o	verbales,	medio	de
comunicación	alguno	o	en	cualquier	otra	forma.
Artículo	54.	Cuando	el	psicólogo	tiene	razones	para	creer	que	los	archivos
de	sus	servicios	profesionales	se	van	a	usar	en	autos	legales	involucrando
receptores	de	su	servicio	o	participantes	en	su	trabajo,	tiene	la
responsabilidad	de	crear	y	mantener	la	documentación	con	tal	detalle	y
calidad	que	sea	congruente	con	el	escrutinio	razonable	de	un	foro
adjudicador.El	psicólogo	crea,	mantiene,	disemina,	almacena,	retiene,	y
desecha	archivos	o	expedientes	y	datos	relacionados	con	su	investigación,
práctica	y	demás	trabajo	de	acuerdo	con	la	ley	y	de	manera	que	permita
cumplir	con	los	requerimientos	de	este	código	ético.
CONFIDENCIALIDAD	DE	LOS	RESULTADOS
Artículo	61.	El	psicólogo	mantiene	la	confidencialidad	debida,	al	crear,
almacenar,	recuperar,	transferir	y	eliminar	los	registros	y	expedientes	bajo
su	control,	sean	escritos,	automatizados	o	en	cualquier	otra	forma.	Lo	hace
con	apego	a	la	ley	y	de	manera	que	permita	el	cumplimiento	de	los
requisitos	del	presente	código	ético.	Asimismo,	el	psicólogo	está	obligado	a
tomar	las	medidas	pertinentes	para	proteger	sus	registros	electrónicos	de
cualquier	forma	de	incursión	por	parte	de	extraños.
RELACIÓN	CON	COLEGAS	Y	OTROS	PROFESIONALES
Artículo	103.	Cuando	un	psicólogo	acepta	proporcionar	servicios	a	personas
o	entidades	a	petición	de	un	tercero,	aclarará	en	la	medida	de	lo	posible,	al
inicio	del	servicio,	la	naturaleza	de	su	relación	con	cada	una	de	las	partes.
Esta	aclaración	incluye	el	papel	que	desempeña	(como	terapeuta,	consultor
organizacional,	de	diagnóstico	o	testigo	pericial),	los	usos	probables	de	los
servicios	proporcionados	o	de	la	información	obtenida,	y	el	hecho	de	que
podría	haber	límites	a	la	confidencialidad.
CONFIDENCIALIDAD
Artículo	132.	El	psicólogo	tiene	la	obligación	básica	de	respetar	los	derechos
de	la	confidencialidad	de	aquellos	con	quienes	trabaja	o	le	consultan,
reconociendo	que	la	confidencialidad	puede	establecerse	por	ley,	por	reglas
institucionales	o	profesionales,	o	por	relaciones	científicas	y	toma	las
precauciones	razonables	para	tal	efecto.
Artículo	133.	Con	el	fin	de	minimizar	intrusiones	en	la	privacidad,	el
psicólogo	sólo	incluye	en	sus	informes	escritos	u	orales,	consultorías	o
asesorías	y	similares,	aquella	información	pertinente	al	propósito	de	dicha
información.
RELACIÓN	CON	LA	SOCIEDAD	Y	LA	HUMANIDAD
El	psicólogo	se	apega	a	este	código	ético	al	hacer	declaraciones	públicas
relacionadas	con	sus	servicios,	productos,	o	publicaciones	profesionales	o	con	el
campo	de	la	psicología.	Las	declaraciones	públicas	no	están	limitadas,	pero
incluyen:	anuncios	pagados	o	no	pagados,	folletos,	material	impreso,	lista	de
directorios,	páginas	en	la	internet,	currículum	vitae	personales,	entrevistas	o
comentarios	para	su	uso	en	los	medios,	declaraciones	en	procedimientos	legales,
conferencias	y	presentaciones	orales	públicas,	y	materiales	publicados.
METACÓDIGO	DE	ÉTICA	DE	LA	FEDERACIÓN	EUROPEA	DE	ASOCIACIONES	DE
PROFESIONALES	EN	PSICOLOGÍA	(EFPPA)
Privacidad	y	confidencialidad
1.	Los	psicólogos	restringirán	su	búsqueda	y	difusión	de	información	a	aquella
que	sea	estrictamente	necesaria	para	el	propósito	profesional.
2.	Deberán	almacenar	y	manejar	adecuadamente	la	información	y	archivos,	de
forma	que	se	asegure	la	confidencialidad,	incluyendo	la	toma	de	medidas	de
seguridad	para	conseguir	que	los	datos	sean	anónimos	cuando	sea	necesaria	su
utilización	y	la	restricción	del	acceso	a	los	informes	y	archivos	a	aquellos	que
estén	legitimados	para	ello.
3.	Estarán	obligados	a	informar	a	los	clientes	y	otros	con	los	que	se	mantiene	una
relación	profesional	de	los	límites,	según	la	ley,	del	mantenimiento	de	la
confidencialidad.
4.	En	el	caso	de	que	el	sistema	legal	exija	la	revelación	de	alguna	información,
los	psicólogos	estarán	obligados	a	proporcionar	sólo	aquella	que	sea	relevante
para	el	asunto	en	cuestión,	manteniendo	la	confidencialidad	de	cualquier	otra
información.
Artículo	12.	Especialmente	en	sus	informes	escritos,	la	o	el	psicólogo	será
sumamente	cauto,	prudente	y	crítico,	frente	a	nociones	que	fácilmente
degeneran	en	etiquetas	devaluadoras	y	discriminatorias,	del	género	de
normal/anormal,	adaptado/inadaptado	o	inteligente/deficiente.
Artículo	42.	Cuando	dicha	evaluación	ha	sido	solicitada	por	otra	persona	-
jueces,	profesionales	de	la	enseñanza,	padres,	empleadores	o	cualquier	otro
solicitante	diferente	del	sujeto	evaluado-	,	éste	último,	o	sus	padres	o	tutores,
tendrá	derecho	a	ser	informado	del	hecho	de	la	evaluación	o	intervención	y
del	destinatario	del	Informe	psicológico	consiguiente.	El	sujeto	de	un
informe	psicológico	tiene	derecho	a	conocer	el	contenido	del	mismo,	siempre
que	de	ello	no	se	derive	un	grave	perjuicio	para	el	sujeto	o	para	el/la
psicólogo/a,	y	aunque	la	solicitud	de	su	realización	haya	sido	hecha	por
otras	personas.
Artículo	43.	Los	informes	psicológicos	realizados	a	petición	de	instituciones
u	organizaciones	en	general,	aparte	de	lo	indicado	en	el	artículo	anterior,
estarán	sometidos	al	mismo	deber	y	derecho	general	de	confidencialidad
antes	establecido,	quedando	tanto	la	o	el	psicólogo	como	la	correspondiente
instancia	solicitante	obligados	a	no	darles	difusión	fuera	del	estricto	marco
para	el	que	fueron	recabados.
Las	enumeraciones	o	listas	de	sujetos	evaluados	en	los	que	deban	constar	los
diagnósticos	o	datos	de	la	evaluación	y	que	se	les	requiera	al	psicólogo	por	otras
instancias,	a	efectos	de	planificación,	obtención	de	recursos	u	otros,	deberán
realizarse	omitiendo	el	nombre	y	datos	de	identificación	del	sujeto,	siempre	que
no	sean	estrictamente	necesarios.
Anexo	III
Marco	legal	de	la	evaluación	psicológica	pericial	y	forense	en
materia	familiar
El	conocimiento	legal	básico	que	debe	comprender	el	psicólogo	para	la
elaboración	de	la	pericial	en	psicología	debe	contemplar,	en	primera	instancia,
las	obligaciones	y	derechos	de	su	intervención	como	perito	o	como	testigo
experto	en	su	desempeño	profesional;	conocer	algunos	aspectos	básicos	de	la
normatividad	aplicable	a	su	función	y	en	los	asuntos	legales	en	donde	se	le
solicita	su	intervención,	que	se	encuentran	contemplados,	para	el	caso	de	la
Ciudad	de	México,	en	el	código	de	procedimientos	civiles,	en	el	código	civil	y
en	las	tesis	jurisprudenciales	de	la	SCJN.	En	el	caso	específico	de	su
intervención	como	perito	psicólogo	en	materia	familiar	es	fundamental	que
puede	consultar	las	distintas	resoluciones	de	la	Suprema	Corte	de	Justicia	sobre
los	distintos	temas	de	familia,	que	ya	han	sido	estudiados	por	dichos	ministros	y
que	representan	un	marco	normativo	que	ayuda	a	la	toma	de	resoluciones	en	los
juzgadores.	Por	lo	que	resulta	sumamente	ilustrativo	que	el	psicólogo	consulte
algunas	de	estas	tesis	y	jurisprudencias,	como	las	que	a	continuación	se
mencionan	a	manera	de	ejemplo:
Código	de	Procedimientos	Civiles	para	el	Distrito	Federal	(de	acuerdo	con	la	última	reforma	publicada	en	la	Gaceta	Oficial	de	la	Ciudad	de	México	de	fecha	18	de	julio	de	2018)	http://www.aldf.gob.mx/archivo-ab814182c8da973b9fba2cabed6183b5.pdf
Sección	IV	Prueba	Pericial	(Requisitos	para	la	aceptación	de	cargo	de	perito)	Artículo	347.-	fracción	III
Sección	IV	Prueba	Pericial	Artículo	353.-	Sobre	el	nombramiento	de	peritos	(párrafo	1	y	7)
SECCIÓN	CUARTA	PERICIAL	Artículo	1016.-	(obligación	de	asistir	a	la	audiencia	–junta	de	peritos-)
TÍTULO	DÉCIMO	OCTAVO	DEL	JUICIO	ORAL	EN	MATERIA	FAMILIAR	CAPÍTULO	1	DISPOSICIONES	GENERALES	Artículo	1019.-	(párrafo	1	y	3)
Artículo	1029.-	(Audiencia	de	menores)
Artículo	1030.-	(Derecho	de	convivencia	del	padre	no	custodio)
Capítulo	III	De	las	Pruebas	Sección	Tercera:	De	la	Pericial	Artículo	1065	Designación	de	perito	(Párrafo	1,	2	y	3)
Código	Civil	para	el	Distrito	Federal	(de	acuerdo	con	la	última	reforma	publicada	en	la	Gaceta	Oficial	de	la	Ciudad	de	México	de	fecha	18	de	julio	de	2018)	http://www.aldf.gob.mx/archivo-0bd3121a0334f53844d2fe92b52fb5a2.pdf
Artículo	282.-	Medidas	provisionales	en	el	juicio	de	divorcio
Artículo	283.-	Sobre	la	Sentencia	de	Divorcio
Artículo	285
CAPÍTULO	III	DE	LA	VIOLENCIA	FAMILIAR	Artículo	323	Ter
Artículo	323	Quárter
Artículo	323	Quintus	Violencia	Familiar
Artículo	323	Sextus
Artículo	414	Bis	(Obligaciones	de	crianza)
Artículo	416.-	(Guarda	y	custodia)
Artículo	416	Bis.-	(Derecho	de	convivencia	de	la	NNA	con	ambos	progenitores)
Artículo	416	Ter.-	(Interés	superior	del	menor)
Artículo	417	(Escucha	del	menor)
Artículo417	Bis	(Asistente	de	menores)
INTERÉS	SUPERIOR	DEL	MENOR
Amparo	directo	en	revisión	908/2006.	18	de	abril	de	2007.	Unanimidad	de	cuatro	votos.	Ponente:	Olga	Sánchez	Cordero	de	García	Villegas.	Amparo	directo	en	revisión	1475/2008.	15	de	octubre	de	2008.	Unanimidad	de	cuatro	votos.	Ponente:	José	Ramón	Cossío	Díaz.	Amparo	en	revisión	645/2008.	29	de	octubre	de	2008.	Mayoría	de	cuatro	votos.	Ponente:	Juan	N.	Silva	Meza.	Amparo	directo	en	revisión	1187/2010.	1o.	de	septiembre	de	2010.	Cinco	votos.	Ponente:	Arturo	Zaldívar	Lelo	de	Larrea.	Amparo	directo	en	revisión	2076/2012.	19	de	septiembre	de	2012.	Cinco	votos.	Ponente:	Guillermo	I.	Ortiz	Mayagoitia.	Tesis	de	jurisprudencia	25/2012	(9a.).	Aprobada	por	la	Primera	Sala	de	este	Alto	Tribunal,	en	sesión	privada	el	veintiuno	de	noviembre	de	dos	mil	doce.	Registro:	159897.	Instancia:	Primera	Sala.	Tipo	de	Tesis:	Jurisprudencia.	Fuente:	Semanario	Judicial	de	la	Federación	y	su	Gaceta	Libro	XV,	Diciembre	de	2012,	Tomo	1.	Materia(s):	Constitucional	.	Tesis:	1a./J.	25/2012	(9a.)	Página:	334.	http://sjf.scjn.gob.mx/SJFSist/Documentos/Tesis/1013/1013883.pdf
INTERÉS	SUPERIOR	DEL	MENOR.	SU	CONCEPTO	“Por	interés	superior	del	menor	se	entiende	el	catálogo	de	valores,	principios,	interpretaciones,	acciones	y	procesos	dirigidos	a	forjar	un	desarrollo	humano	integral	y	una	vida	digna,	así	como	a	generar	las	condiciones	materiales	que	permitan	a	los	menores	vivir	plenamente	y	alcanzar	el	máximo	bienestar	personal,	familiar	y	social	posible,	cuya	protección	debe	promover	y	garantizar	el	Estado	en	el	ejercicio	de	sus	funciones	legislativa,	ejecutiva	y	judicial,	por	tratarse	de	un	asunto	de	orden	público	e	interés	social.”.	Amparo	Directo	en	revisión	69/2012.	Cinco	votos.	Ponente:	José	Ramón	Cossío	Díaz.	Tesis	1a.	CXXII/2012	(10a.),	Décima	Época,	Semanario	Judicial	de	la	Federación	y	su	Gaceta,	junio	de	2012,	Libro	IX,	Tomo	1,	página	260,	registro	2000988	https://sjf.scjn.gob.mx/sjfsist/Documentos/Tesis/2000/2000988.pdf
INTERÉS	SUPERIOR	DEL	MENOR.	SU	FUNCIÓN	NORMATIVA	COMO	PRINCIPIO	JURÍDICO	PROTECTOR	“Esto	es	constituirse	en	una	obligación	para	las	autoridades	estatales	y	con	ello	asegurar	la	efectividad	de	los	derechos	subjetivos	de	los	menores,	es	decir,	implica	una	prescripción	de	carácter	imperativo,	cuyo	contenido	es	la	satisfacción	de	todos	los	derechos	del	menor	para	potencializar	el	paradigma	de	la	“protección	integral”.	Amparo	directo	309/2010.	10	de	junio	de	2010.	Unanimidad	de	votos.	Ponente:	Walter	Arellano	Hobelsberger.	Amparo	directo	657/2010.	21	de	octubre	de	2010.	Unanimidad	de	votos.	Ponente:	Walter	Arellano	Hobelsberger.	Amparo	en	revisión	257/2010.	11	de	noviembre	de	2010.	Unanimidad	de	votos.	Ponente:	María	Soledad	Hernández	Ruiz	de	Mosqueda.	Amparo	directo	733/2010.	25	de	noviembre	de	2010.	Unanimidad	de	votos.	Ponente:	María	Soledad	Hernández	Ruiz	de	Mosqueda.	Incidente	de	suspensión	(revisión)	356/2010.	9	de	diciembre	de	2010.	Unanimidad	de	votos.	Ponente:	María	Soledad	Hernández	Ruiz	de	Mosqueda.	Secretario:	Hiram	Casanova	Blanco.	Registro:	162561.	Instancia:	Tribunales	Colegiados	de	Circuito.	Tipo	de	Tesis:	Jurisprudencia.	Fuente:	Semanario	Judicial	de	la	Federación	y	su	Gaceta	Tomo	XXXIII,	Marzo	de	2011.	Materia(s):	Civil	.	Tesis:	I.5o.C.	J/15	.	Página:	2188	http://sjf.scjn.gob.mx/sjfsist/Documentos/Tesis/164/164024.pdf
INTERÉS	SUPERIOR	DEL	MENOR.	SU	RELACIÓN	CON	LOS	ADULTOS	“El	concepto	interés	superior	del	menor,	cuya	salvaguarda	es	prioritaria	en	el	sistema	jurídico	mexicano,	permite	delimitar	con	precisión	y	claridad	los	derechos	y	obligaciones	que	corresponden	a	las	personas	adultas	en	relación	con	los	niños,	para	lo	cual	se	privilegia	el	deber	de	atenderlos	y	cuidarlos,	con	el	objeto	permanente	de	alcanzar	el	mayor	bienestar	y	beneficio	posibles	para	ellos,	como	un	imperativo	de	la	sociedad;	de	manera	que	su	protección	se	ubica	incluso	por	encima	de	la	que	debe	darse	a	los	derechos	de	los	adultos,	con	lo	cual	se	cumple	una	trascendente	función	social	de	orden	público	e	interés	social”.	Amparo	directo	en	revisión	1187/2010.	1o.	de	septiembre	de	2010.	Cinco	votos.	Ponente:	Arturo	Zaldívar	Lelo	de	Larrea.	Registro:	162797;	Instancia:	PRIMERA	SALA;	Tipo:	Tesis	Aislada;	Fuente:	Semanario	Judicial	de	la	Federación	y	su	Gaceta;	Localización:	Tomo	XXXIII,	Febrero	de	2011;	Materia(s):	Civil;	Tesis:	1a.	XVI/2011;	Pag.	616.	http://sjf.scjn.gob.mx/SJFSist/Documentos/Tesis/162/162797.pdf
JUICIOS	DE	GUARDA	Y	CUSTODIA.	DE	ACUERDO	AL	INTERÉS	SUPERIOR	DEL	NIÑO	DEBE	VALORARSE	LA	TOTALIDAD	DEL	MATERIAL	PROBATORIO	QUE	OBRA	EN	AUTOS	“De	acuerdo	al	interés	superior	del	niño,	en	los	procedimientos	que	directa	o	indirectamente	trascienden	los	derechos	de	los	menores,	el	juez	debe	decidir	atendiendo	al	mayor	beneficio	del	menor	por	lo	que	debe	valorar	todos	los	elementos	probatorios	que	tenga	a	su	alcance.	En	tal	sentido,	aun	cuando	en	la	demanda	de	guarda	y	custodia	se	omitan	plantear	hechos	que	podrían	resultar	perjudiciales	para	los	menores,	tal	omisión	no	limita	al	juzgador	a	valorar	el	material	probatorio	en	autos	que	pudiera	corroborar	tal	situación”.	Registro:	2006593;	Instancia:	Primera	Sala;	Tipo:	Tesis	Aislada;	Fuente:	Semanario	Judicial	de	la	Federación	y	su	Gaceta;	Decima	época	Localización:	Tomo	I	Junio	de	2014;	Materia(s):	Civil;	Tesis:	1a.	J.44/2014;	Pag.	270.	https://sjf.scjn.gob.mx/SJFSist/Paginas/DetalleGeneralV2.aspx?
Anexo	IV
Esquema	de	dictaminación	psicológica	familiar
Para	la	dictaminación	psicológica	en	materia	familiar	es	necesario	que	el	Perito
en	Psicología	conozca	el	papel	que	puede	desempeñar	dentro	de	este	proceso:
1.	Cuando	un	usuario	vive	una	problemática	familiar,	que	no	puede	gestionar	o
resolver	por	sus	propios	medios,	una	opción	que	tiene	es	buscar	la	resolución
judicial	para	lo	que	consulta	un	abogado.
2.	El	abogado	puede	proponer	un	asesoramiento	psicológico	para	corroborar	que
se	está	ante	un	fenómeno	psicológico,	p.	ej.,	maltrato.
3.	Una	vez	analizado	el	caso,	se	decide	hacer	una	demanda	ante	la	autoridad
judicial	y	solicitar	en	el	momento	procesal	oportuno,	una	pericial	en	psicología
como	medio	probatorio	de	una	determinada	situación	familiar.
4.	Llegado	el	momento	judicial,	la	autoridad	ordena	su	desahogo.	Las	partes	en
el	juicio	son	notificadas	mediante	el	abogado,	o	bien	mediante	una	notificación
personal	por	parte	del	juzgado.	De	la	misma	manera,	se	le	notifica	al	perito	de
manera	oficial	mediante	un	oficio	o	informal,	por	medio	del	abogado	postulante
para	que	acepte	el	cargo.
5.	Una	vez	aceptado	el	cargo,	el	perito	propone	el	día,	hora	y	lugar	para	llevar	a
cabo	la	evaluación	psicológica	forense	familiar	del	o	los	usuarios.	El	personal
del	juzgado	notifica	al	usuario	para	que	se	presente	a	la	evaluación	psicológica	o
bien,	el	usuario	puede	ser	notificado	por	medio	de	su	abogado	de	manera	directa.
6.	El	usuario	se	presenta	a	la	cita	de	evaluación	psicológica	forense	con	el	perito
psicólogo.	El	psicólogo	perito	realiza	la	evaluación	psicológica	forense	familiar
y	analiza	los	resultados	y	elabora	un	dictamen.
7.	Dicho	dictamen	se	entrega	ante	el	juzgado	familiar	y	el	abogado	y	el	usuario
se	dan	por	enterados	del	resultado	del	dictamen	psicológico.
La	autoridad	judicial	valora	el	dictamen	y,	en	su	caso,	toma	decisiones	o	las
medidas	judiciales	pertinentes	al	caso;	en	conjunto	con	otros	medios	probatorios.
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	Psicología forense en materia familiar