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UNIVERSIDAD NACIONAL DE
LA PATAGONIA SAN JUAN BOSCO
RECTOR
Ing. Hugo Bersán
VICE RECTOR
Geol. Mario Grizinik
EDITORIAL UNIVERSITARIA
DE LA PATAGONIA
DIRECTOR
Cristian Aliaga
COORDINADOR
Andrés Cursaro
COMITÉ ASESOR
Hugo Bersán
Rector
Roberto Aguirre
Decano de la Facultad de Ingeniería
Eduardo Saavedra
Decano de la Facultad de Ciencias Naturales
Norina Fuentes
Decana de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales
Jorge Stacco
Decano de la Facultad dc Ciencias Económicas
SERIE DE MANUALES SOBRE DIVERSIDAD BIOLÓGICA
Editora de la Serie: Mercedes S. Foster
Esta serie ha sido establecida por el Inventario Biológico Nacional (U.S. De-
partment of the Interior) y el National Museum of Natural History (Smith-
sonian Institution) para la publicación de manuales que detallen métodos de
campo estandarizados para el muestre0 cuali y cuantitativo de la diversidad
biológica. Cada volumen se centrará en un grupo diferente de organismos,
tanto de plantas como de animales. El objetivo de esta serie es identificar o,
cuando sea necesario, desarrollar dichos métodos y promover su adopción a
nivel mundial, de modo que la información sobre la biodiversidad sea compa-
rable entre diferentes sitios de estudio, diversas áreas geográficas y distinto
tiempo, y en el mismo sitio de estudio a través del tiempo.
Medición
Y
Monitoreo
de la
Diversidad
Biológica
Métodos
Estandarizados
para
Anfibios
Editado por
W. Ronald Heyer, Maureen A. Donnelly,
Roy W. McDiarmid,
Lee-Ann C. Hayek y Mercedes S. Foster
Smithsonian Institution Press
Washington y Londres
Editorial Universitaria de la Patagonia
Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco
La Editorial Universitaria de la Patagonia
agradece especialmente la contribución de
LINDA CULLEN y RON HEYER, del Smithsonian Institution Press,
a la edición en español de la presente obra.
Traductor: ESTEBAN O. LAVILLA
(Instituto de Herpetología, Fundación Miguel Lillo,
Tucumán, Argentina)
ISBN 950-763-042-2
O 1994, Smithsonian Institution
O 2001, Editorial Universitaria de la Patagonia
Ciudad Universitaria, Kilómetro 4
9000 Comodoro Rivadavia
Chubut, República Argentina
Tel.: (0297) 455 0934 1 455 7453
Correo electrónico: editorial@unp.edu.ar
Queda hecho el depósito que dispone la ley 11.723.
Impreso en la Argentina.
Contenido
Figuras xi
Tablas xiii
Autores y contribuyentes xv
Prólogo xvii
David B. Wake
Prefacio xix
Antecedentes xix
Autoría xx
Agradecimientos xx
Prefacio de la editora de la serie
sobre la traducción xxiii
Prefacio del traductor xxvii
Capítulo 1. Introducción 1
Antecedentes 2
Audiencia deseada 2
Capítulo 2. Diversidad e Historia Natural
de los Anfibios: una Síntesis 5
Roy W. McDiarmid
Introducción 5
Orden Gymnophiona (Cecilias) 7
Orden Caudata (Salamandras) 7
Orden Anura (Ranas y Sapos) 12
Larvas de anfibios 13
Capítulo 3. Bases para la Estandarización
y Cuantificación 17
Introducción 17
Formulación de interrogantes 18
Consideraciones sobre los muestreos 18
Escala 18
Aleatoriedad y parcialidad 19
Repetición y supuestos 19
Presentación de los datos 20
Capítulo 4. Diseño de Investigación para
Estudios Cuantitativos en Anfibios 21
Lee-Ann C. Hayek
Introducción 21
Diseño del proyecto 21
La pregunta de investigación 21
Formulación de la hipótesis de
investigación 24
Validez 25
Observaciones de campo y diseño
estadístico 28
Precisión de los datos 28
Escalas de medidas y análisis
estadísticos 29
Aleatoriedad 30 .
Independencia 33
Tamaño de muestra 34
Errores de las pruebas 35
Significancia estadística versus
significancia substantiva 38
Capítulo 5. Claves para un Proyecto
Exitoso: Planificación y Datos
Asociados 39
Introducción 39
Clima y ambiente, Martha L. Crump 40
Datos climáticos básicos 41
Datos ambientales adicionales 42
Medición de las condiciones atmosféricas 43
Obtención automatizada de datos, Charles R.
Peterson y Michael E. Dorcas 44
RegistradoresIProcesadores programables
(Data Loggers) 45
Sensores ambientales 46
Ambiente térmico 51
Registro de cantos de Anuros 51
Registro de señales de radiotelemetna 54
Pautas para el registro de datos,
Roy W. McDiarmid 55
Caracterización geográfica 55
Hábitat 56
Metodología de muestre0 57
Descripción del microhábitat,
Robert l? Inger 58
Características de una planilla para
microhábitats 58
Descriptores básicos para una planilla de
microhábitat 61
Métodos de campo 63
Ejemplares de referencia, Robei-t P Reynolds,
Ronald I. Crombie y Roy W. McDiarmid 64
Identificaciones de campo 64
Tamano de muestra 65
Datos asociados a los ejemplares de
referencia 67
Referentes de canto 67
Selección del lugar de depósito de la
colección 68
Permisos, Roy W McDiarmid, Robert P
Reynolds y Ronald I. Crombie 69
Capítulo 6. Técnicas Estándar para
Inventarios y Monitoreos 71
Selección de técnicas 71
Técnicas estándar 73
1. Inventario completo de especies,
Norman J. Scott, Jr. 73
2. Relevamientos por encuentros visuales,
Martha L. Crump y Norman J.
Scott, Jr. 80
3. Transectas de bandas auditivas,
Barbara L. Zimmerman 87
4. Muestreo por cuadrantes, Robert G.
Jaeger y Robert l? Inger 93
5. Muestreo por transectas, Robert G.
Jaeger 98
6. Muestreo por parches, Robert G.
Jaeger 102
7. Cercas en línea recta y trampas de
pozo, Paul Stephen Corn 104
8. Relevamientos de lugares de
reproducción, Norman J. Scott, Jr.
y Bruce D. Woodward 113
9. Cercas que rodean lugares de
reproducción, C. Kenneth Dodd, Jr.
y David E. Scott 121
10. Muestreo cuantitativo de larvas de
anfibios, H. Bradley Shaffer, Ross A.
Alford, Bruce D. Woodward, Stephen J.
Richards, Ronald G. Altig y Claude
Gascon 126
Capítulo 7. Enfoques Suplementarios
para el Estudio de la Biodiversidad
de Anfibios 137
Introducción 137
Hábitats artificiales 137
Muestreo con charcos artificiales, Claude
Gascon 138
Muestreos con cubierra= d a a l e . Garj
M. Fellers y Charles A. Drost 140
Monitoreo acústico en puntos fijos, A. Stanley
Rand y George E. Drewry 144
Organismos y hábitats seleccionados 144
Información básica 145
Diseño de investigación 145
Consideraciones especiales 146
Rastreo 146
Carreteles de hilo, W. Ronald Heyer 147
vi¡¡ Contenido
Rastreo por radio, Stephen J. Richards,
Ulrich Sinsch y Ross A. Alford 148
Rastreo con marcadores radioactivos,
Ray E. Ashton, Jr. 152
Conducción nocturna, H. Bradley Shaffer y
J . Eric Juterbock 157
Organismos y hábitats seleccionados 157
Información básica 157
Diseño de investigación 158
Métodos de campo 159
Personal y materiales 159
Tratamiento e interpretación de los
datos 159
Consideraciones especiales 159
Sistemas de información geográfica 160
Técnicas de SIG y sensores remotos, Lee-
Ann C. Hayek y Roy W. McDiarmid 160
Aplicaciones de SIG manuales para
especialistas de hábitat, J . Eric Juterbock,
Samuel S. Sweet y Roy W. McDiarmid 164
Actividades de grupo y viajes de campo, Roy
W. McDiarmid y Maureen A. Donnelly 168
Organismos y hábitats seleccionados 168
Información básica 169
Diseño de investigación 169
Personal y materiales 169
Tratamiento e interpretación de los datos 169
Consideraciones especiales 170
Ejemplos de actividades de grupos 170
Capítulo 8. Estimación del Tamaño
Poblacional 177
Introducción 177
hIarcado-recaptura, Maureen A. Donnelly y
Craig Guyer 177
Objetivos 177
Organismos y hábitats seleccionados 178
Información básica 178
Diseño de investigación y métodos de
campo 178
Análisis e interpretación de los datos 180
Personal y materiales 180
Estimadores poblacionales 180
Captura-reavistamiento 193
Enfoque bayesiano para datos de
Marcado-recaptura 193
3Iuestreo por remoción, Lee-Ann C. Hayek 194
Hábitats y organismos seleccionados 194
Información básica 194
Diseño de investigación y métodos de
campo 195
Análisis e interpretación de los
resultados 196
Consideraciones especiales 198Capítulo 9. Análisis de Datos de
Biodiversidad de Anfibios 201
Lee-Ann C. Hayek
Introducción 201
Riqueza de especies 201
Datos de presencia-ausencia 201
Medidas de asociación 202
Abundancia de especies 226
Cuentas de individuos y proporciones 226
Interrelaciones de las pruebas estándar 228
Métodos basados en un modelo 230
Consejos sobre pruebas de tablas de F x C 230
Consejos sobre pruebas de tablas de 2 x 2 232
Resumen y recomendaciones 234
Densidad de especies y datos distribuidos
continuamente 236
Representación gráfica 236
Estadística descriptiva 236
Diversidad de especies 237
Inventarios y riqueza 237
Monitoreo, riqueza y uniformidad 239
Resumen y recomendaciones 243
Notas 244
Apéndice: Propiedades de las medidas de
asociación 247
Ejemplos de invarianza 247
Ejemplos de condiciones de linealidad 247
Condiciones de rango 252
Capítulo 10. Conclusiones y
Recomendaciones 261
Importancia de los datos de inventarios 261
Flexibilidad y perspicacia 262
Modificaciones a las técnicas 262
Comparaciones con estudios previos 263
Epílogo 263
Apéndice 1. Manipulación de Anfibios
Vivos, Gary M. Fellers, Charles A. Drost y
W. Ronald Heyer 265
Filosofía 265
Manipulación 265
Anestesia 266
Medidas 266
Contenido ¡X
Apéndice 2. Técnicas para Marcar
Anfibios, Maureen A. Donnelly, Craig Guyer,
J . Eric Juterbock y Ross A. Alford 267
Marcado de anfibios adultos 267
Registro de patrones 267
Marcado y etiquetado 268
Marcas para larvas de anfibios 273
Recomendaciones 273
Apéndice 3. Grabaciones de Cantos de
Anuros, W. Ronald Heyer 275
Equipo 275
Grabación de cantos 276
Ejemplares de referencia 277
Información asociada 277
Apéndice 4. Preparación de Anfibios como
Especímenes Científicos,
Roy W. McDiarmid 279
Introducción 279
Documentación 279
Procesamiento de ejemplares 281
Procedimientos para matar ejemplares 281
Conservantes 282
Fijación 283
Huevos y larvas 284
Preparaciones especiales 285
Embalaje y transporte 285
Equipo y suministros de campo 286
Apéndice 5. Obtención de Tejidos para
Analisis Bioquímicos, Jeremy li: Jacobs y
W. Ronald Heyer 289
Congelamiento de tejidos en el campo 289
Protocolo para preparar muestras de
tejidas 290
Tamaño de muestra 290
Apéndice 6. Vendedores 291
. .
Equipo y S- 291
Programas de mmputadora 298
Apéndice 7. Wla de Números Aieatorios,
Lee-Ann C. Hayek 299
Instrucciones para su empleo 299
Ejemplo 300
Tabla de números aleatorios 302
Glosario 311
Literatura citada 315
Índice 337
Direcciones de Autores y
Contribuyentes 347
X Contenido
Figuras
Fig. 1. Ciclos de vida representativos de
salamandras y anuros 14
Fig. 2. Medición de la actividad de canto de
Bufo microscaphus en relación a variables
climáticas 48
Fig. 3. Diagrama de un sistema basado en un
registrador o procesador programable
(data logger) para la grabación automática
de vocalizaciones de anuros 52
Fig. 4. Diagrama de un sistema con
programador horario para la grabación
automática de vocalizaciones de
anuros 53
Fig. 5. Planilla de catálogo de campo que
resume datos sobre microhábitat de
anfibios adultos 59
Fig. 6. Muestra de planilla para información de
datos sobre microhábitats de larvas de
anfibios 60
Fi. 7. Planilla de campo utilizada para
anfibios adultos en un muestreo de
relevamiento sistemático 78
Fig. 8. hdice de acumulación de especies de
anfibios y reptiles 79
Fig. 9. Diseño experimental para relevamientos
por encuentros visuales 83
Fig. 10. Muestra de planilla para relevamientos
por encuentros visuales 86
Fig. 11. Diseños para la disposición de
cercas 107
Fig. 12. Construcción de trampas de pozo 109
Fig. 13. Muestra de planilla para registrar
anfibios colectados con una grilla de
trampa de pozo 111
Fig. 14. Planilla de campo utilizada en un
relevamiento de anuros en Wisconsin 116
Fig. 15. Diagrama de una laguna hipotética de
reproducción de anfibios, mostrando
distribución de hábitats 117
Fig. 16. Diagrama de una sección de un n o
hipotético mostrando distribución de
hábitats 118
Fig. 17. Cerca con trampas de pozo alrededor
de un sitio de reproducción 123
Fig. 18. Diagrama de un programa de
muestreo estratificado representativo para
anfibios acuáticos 128
x i
Fig. 19. Construcción de una caja
muestreadora de 0,5 m2 132
Fig. 20. Diagrama de una cubierta artificial
para el estudio de salamandras 142
Fig. 21. Dispositivo para rastrear anfibios 148
Fig. 22. Distribución de Rana sphenocephala y
Bufo terrestris en el Parque Nacional
Everglades 160
Fig. 23. Tarjeta de datos de observaciones y
resumen de datos del Ontario
Herpetofaunal Surnrna~y 171
Fig. 24. Datos de distribución y fenología de
Pseudacris triseriata 172
Fig. 25. Muestra de planilla de relevamiento
para poblaciones de anfibios 173
Fig. 26. Muestra de planilla de relevamiento
recomendada por el Programa de
Declinación de Poblaciones de Anfibios 174
Fig. 27. Estimación gráfica del total de días
sobrevividos por anfibios marcados 189
Fig. 28. Esquema de códigos de amputación
para marcar salamandras 270
Fig. 29. Esquema de códigos de amputación
para marcar anuros 271
Fig. 30. Modelo de página de una libreta de
campo 280
Fig. 31. Etiqueta de campo numerada con su
respectivo cordel 281
Fig. 32. Especímenes de anfibios preservados
en las posturas recomendadas 284
xii Figuras
Tablas
Tabla 1. Utilización de hábitats por
anfibios 8
Tabla 2. Muestra de programa de computadora
para operar una estación meteorológica
automatizada 46
Tabla 3. Programa de computadora para
conectar y desconectar un grabador de
o s e t e 47
TaMa 4. Factores a considerarse al elegir
técnicas estandarizadas 72
Tabla -5. Muestra de datos de un muestreo
amplio de un área empleando la técnica de
muestreo por cuadrantes 97
Tabla 6. Detección máxima de marcas con
cobalto-60 152
Tabla 7. Presunciones de los modelos de
marcado-recaptura 179
Tabla 8. Estimadores poblacionales y sus
caractensticas 181
Tabla 9. Datos de marcado-recaptura para los
cálculos de estimaciones poblacionales 186
Tabla 10. TDS observado usando el método de
e-timación poblacional de Fisher-Ford 187
Tabla 11. TDS estimado usando el método
Fisher-Ford y un valor de supervivencia
de 0,8 188
Tabla 12. TDS estimado usando el método de
Fisher-Ford y un valor de supervivencia
de 0,9 188
Tabla 13. TDS estimado usando el método de
Fisher-Ford y un valor de supervivencia
de 0,828 189
Tabla 14. Tamaño poblacional, pérdidas y
ganancias estimadas usando el método
Fisher-Ford y una supervivencia constante
de 0,828 190
Tabla 15. Datos de marcado-recaptura para
calcular el tamaño poblacional usando el
método de Jolly-Seber 191
Tabla 16. Valores calculados para la estimación
del tamaño poblacional usando el método
de Jolly-Seber 192
Tabla 17. Estimación del tamaño poblacional,
ganancia poblacional e índice de
supervivencia, y sus errores estándar,
usando el método de Jolly-Seber 192
xiii
Tabla 18. Muestra de valores para estimadores
poblacionales usando el método de Jolly-
Seber 194
Tabla 19. Tabla de frecuencia generalizada
2 x 2 usando conteos 202
Tabla 20. Medidas de asociación 204
Tabla 21. Tabla de frecuencia generalizada
2 x 2 usando proporciones 218
Tabla 22. Distribución de frecuencia de ranas
Eleutherodactylus guentheri entre cuatro
microhábitats 220
Tabla 23. Alternativa 1 de datos colapsados de
frecuencia de ocurrencia en microhábitats
para Eleuthe&Mus guentheri 220
Tabla 24. Alternativa 2 de datos colapsados de
frecuencia de ocurrencia en microhábitats
para Eleutherodactylus grcentheri 221
Tabla 25. Ocurrencia de dos especies de ranas
(Crossod~ctylodes spp.) en bromelias 221
Tabla 26. Muestras de redeos de
renacuajos 221
Tabla 27. Probabilidad de distribución
conjunta generalizada 226
Tabla 28. Sistema de amputación digital de
Hero (1989) 272
X¡V Tablas
Autores y Contribuyentes
Ross A. Alford,James Cook University
Ronald G. Altig, Mississippi State University
Ray E. Ashton, Jr., Water and Air Research,
Znc.
John E. Cadle, Harvard University
Reginald B. Coci-oft, Cornell University
Daniel G. Cole, Smithsonian Znstitution
Paul Stephen Corn, National Biological Survey
Ronald 1. Crombie, Smithsonian Znstitution
Jíartha L. Crump, Northern Arizona
University
Ted M. Davis, University of Victoria
C. Kenneth Dodd, Jr., National Biological
Survey
Jíaureen A. Donnelly, University of Miami
Jfichael E. Dorcas, Zdaho State University
George E. Drewry, U.S. Fish and Wildlife
Service
Charles A. Drost, Univei-sity of California at
Davis
Kevin M. Enge, Little River Ranch
Gary M. Fellers, Point Reyes National Seashore
Mercedes S. Foster, National Biological Survey
Richard Franz, Florida Museum of Natural
History
Claude Gascon, Instituto Nacional de
Pesquisas da Amazonia
Craig Guyer, Auburn TJniversity
Steve Hammack, Fort Worth Zoological Park
Lee-Ann C. Hayek, Smithsonian Znstitution
W. Ronald Heyer, Smithsonian Znstitution
Robert R Znger, Field Museum of Natural
History
Jeremy l? Jacobs, Smithsonian Znstitution
Robert G. Jaeger, University of Southwestei-n
Louisiana
J. Eric Juterbock, Ohio State University at
Lima
James l? Lynch, Smithsonian Environmental
Research Center
xv
Roy W. McDiarmid, National Biological Survey
Michael J. Oldham, Ontario Ministry of
Natural Resources
Charles R. Peterson, Idaho State Uniuersity
George R. Pisani, Uniuersity of Kansas
A. Stanley Rand, Smithsonian Dopica1
Research Institute
Robert P. Reynolds, National Biological Survey
Stephen J. Richards, James Cook University
Lily O. Rodríguez, Universidad Nacional de
San Marcos
Douglas E. Runde, Florida Game and Fresh
Water Fish Commission
David E. Scott, Savannah River Ecology
Laboratoiy
Norman J. Scott, Jr., National Biological
Suruey
H. Bradley Shaffer, University of California at
Davis
Ulrich Sinsch, Universitat Koblenz-Landau
Samuel S. Sweet, University of California at
Santa Barbara
Richard C. Vogt, Universidad Nacional
Autónoma de México
David B. Wake, University of California at
Berkeley
Bruce D. Woodward, Reynolds Electrical and
Engineering
Bai-bara L. Zimmerman, Consultora, Toronto,
Canadá
XV¡ Autores y contribuyentes
Prólogo
Rx algunos años, biólogos de diferentes partes
&i mundo notaron separadamente que ciertas
especies de anuros (y en algunos casos salaman-
b i que alguna vez fueron comunes, o que
raitraban poblaciones densas, parecían estar
ca declinación. Hacia la fecha de realización del
Rmier Congreso Mundial de Herpetología, en
d w ñ o de 1989, el número de casos había au-
m t a d o de tal modo que ya era una preocupa-
u i n general. En febrero de 1990, la Junta de
Biología del National Research Council de Esta-
& Cnidos desarrolló un taller de trabajo de dos
k= para averiguar si la declinación general en
las poblaciones de anfibios era un hecho y, si era
así averiguar sus causas. El taller encontró que
varias especies de anfibios de distintas partes
del mundo habían declinado realmente, algunas
psiblemente hasta el punto de extinción, pero
que otras no mostraban cambios. También, al-
gunas regiones y hábitats se vieron afectados, y
otros aparentemente no. Aunque no se pudo se-
ñalar ningún factor, o conjunto de factores para
explicar las declinaciones, en muchos casos es-
turieron implicados la destrucción de hábitats y
la degradación general del ambiente. La desa-
parición de algunas especies emblemáticas, ta-
les como la rana de incubación gástrica y el sa-
pito dorado, que habitaban resewas naturales
grandes y bien protegidas, fueron especialmen-
te perturbadoras.
Uno de los resultados del taller fue la preo-
cupación del público por la biodiversidad y su
pérdida, consecuencia de la amplia cobertura
periodística de la reunión y del fenómeno que
allí se discutía. Otro fue una serie de recomen-
daciones propuestas por 10s participantes, casi
todas las cuales fueron emprendidas en una u
otra forma. Un resultado importante fue el esta-
blecimiento de un Grupo de Trabajo sobre la De-
clinación de las Poblaciones de Anfibios (Declin-
ing Alnphibian Populations Task Force), como
parte de la Comisión de Supervivencia de Espe-
cies de la Unión Internacional para la Conser-
vación de la Naturaleza y los Recursos Natura-
les, grupo que ha estado trabajando desde 1991.
Al comienzo de sus actividades, el grupo se
dio cuenta de que era necesario establecer méto-
dos y protocolos para muestrear poblaciones na-
turales de anfibios. Uno de los problemas más
difíciles en biología de la conservación es la au-
sencia de datos de referencia con los cuales com-
xvii
parar las d i a s pobiacionales, y e¡ resultado
ha sido que mucha de la información referida a
k= declinaciones de anfibios es anecdótica. En
algunos caxs, especialmente en lo concerniente
a desapariciones, la información anecdótica es
útil, pero todos los ecólogos están conscientes de
que las poblaciones normalmente sufren fluc-
tuaciones en tamaño; en consecuencia, una de-
clinación por un período de dos a tres años pue-
de ser más que compensado por un año de
reclutamiento exitoso. Tanto los biólogos de an-
fibios profesionales y los naturalistas aficiona-
dos, así como funcionarios de reservas natura-
les, y muchos otros, pidieron ayuda en la
formulación de los procedimientos a seguir para
obtener la información de referencia e iniciar
trabajos de monitoreo.
Muchas personas preocupadas por la biodi-
versidad se dieron cuenta hace tiempo que era
necesario encarar estudios a largo plazo sobre
poblaciones naturales, empleando métodos es-
tandarizado~. Se muestra un creciente interés
en diversas especies y grupos que pudieran ser-
vir como indicadores del estado de salud del am-
biente. Muchos taxa diferentes pueden ser úti-
les como indicadores, y los anfibios recibieron
considerable atención debido a su particular
combinación de atributos biológicos: la piel
permeable que interviene en la respiración y os-
morregulación, el ciclo de vida bifásico con una
etapa acuática y otra terrestre, los cambios en el
régimen de alimentación en muchas especies
(de una dieta herbívora en larvas a una dieta
carnívora en adultos) y una biología de desarro-
llo expuesta, que facilita su estudio. Para los
humanos es importante también el hecho que
los anfibios son vertebrados. Además, dispone-
mos de muchos trabajos biológicos excelentes
sobre anfibios, incluyendo estudios de campo y
de laboratorio e investigaciones tanto observa-
cionales como experimentales. En síntesis, los
anfibios son prometedores como indicadores bio-
lógicos. La decisión de que el volumen sobre an-
fibios sea el primero de la serie sobre métodos
estandarizados para medir la diversidad es, en-
tonces, biológicamente adecuado y oportuno.
El libro que tiene en sus manos representa
el esfuerzo concentrado de muchos individuos
que han dejado de lado sus líneas de investiga-
ción personales y otras tareas para producir es-
te manual tan necesario. Agradezco profunda-
mente sus esfuerzos y logros. Este volumen es el
primero de una serie de análisis basados en ta-
xones determinados, y a juzgar por la calidad y
las dimensiones de este trabajo, los próximos li-
bros serán esperados ansiosamente.
La pérdida de diversidad biológica es la
gran tragedia de nuestra época: personalmente
la considero como el impacto único, más impor-
tante y duradero de nuestra especie sobre este
planeta. Debemos definir y estudiar los proble-
mas de la biodiversidad antes que otra gente es-
té convencida de la necesidad de acción. Para
muchas partes del mundo todavía tenemos un
conocimiento muy incompleto del número de es-
pecies presentes, y ello sin considerar las condi-
ciones en que se encuentran sus poblaciones. El
tiempo es corto, y debemos adelantarnos de ma-
nera organizaday con lineamientos y objetivos
bien formulados. Este libro es un primer paso
importante, pero sólo es un punto de partida.
Ahora necesitamos la acción.
David B. Wake
Presidente
Grupo de Trabajo sobre la Declinación de
las Poblaciones de Anfibios
Junio de 1992
xviii Prólogo
Prefacio
&JfP libro es el primero de una serie que reco- * métodos estandarizados para medir la
Liiemdad biológica. Fueron tres las condicio-
par que llevaron a su producción. Por algún
w, Mercedes Foster reconoció la necesidad
Lc libros de este tipo y estuvo dispuesta a inver-
e el tiempo necesario para su realización. Por
h misma época, el programa Diversidad Bioló-
g k en América Latina (BIOLAT) del National
Yuseum of Natural History, Smithsonian Insti-
tntion. buscaba identificar nuevas áreas para el
&=arrollo del programa. Foster presentó sus
mbas al comité directivo de BIOLAT (presidido
por Ronald Heyer, y formado por Jonathan Cod-
dington, Kristian Fauchald, Mercedes Foster,
ti& Funk y Richard Vari), quienes de modo
entusiasta brindaron los recursos para iniciar la
serie. Al mismo tiempo, la comunidad científica
e s a dándose cuenta de una aparente declina-
aón a nivel mundial de algunas poblaciones
compicuas de anfibios en hábitats poco modifi-
cados. Los científicos que estudiaban poblacio-
nes de anfibios reconocieron la naturaleza
potencialmente crítica de la situación y, bajo la
guía de David B. Wake, algunos de ellos se
movilizaron para enfrentar la emergencia.
De inmediato se encontraron con dos pro-
blemas inquietantes. Primero, que mucha de la
información sobre la declinación de anfibios era
anecdótica. Segundo, que los métodos críticos
estandarizados para documentar los cambios
poblacionales o no existían, o al menos no eran
generalmente conocidos. Dada la necesidad y el
interés de contar con métodos de muestre0
estandarizados para anfibios, este grupo fue
seleccionado como el tema para el primer libro
de la serie.
Foster estableció un comité central para
planificar el libro y supervisar la producción de
un manuscrito sobre anfibios. El comité incluía
a Maureen A. Donnelly, W. Ronald Heyer, Ro-
bert F. Inger y Roy W. McDiarmid. El comité y
Foster se reunieron en abril de 1990 y decidie-
ron contactar individuos con experiencia en el
inventario y monitoreo de anfibios, para reque-
rir su opinión sobre el valor del libro propuesto
y sobre las técnicas y temas que cubriría. La
respuesta generalizada de las 35 personas de
todo el mundo que fueron contactadas fue posi-
tiva y entusiasta. En diciembre de 1990 el comi-
té central pidió a aquellos que habían respondi-
do que formaran grupos de trabajo y bosqueja-
ran los manuscritos a ser incluidos. Se
circularon copias de los borradores de los ma-
nuscritos antes del taller desarrollado entre el
29 y 31 de marzo de 1991 en Arlington, Virginia.
Los participantes en dicho taller fueron Steph-
en Corn, Martha Crump, Maureen Donnelly,
Lee-Ann Hayek, Ronald Heyer, Robert Jaeger,
Roy McDiarmid (coordinador del taller), Nor-
man Scott, Jr., Bradley Shaffer, Bruce Wood-
ward y Barbara Zimmermann. Robert Inger no
pudo asistir. Crump, Donnelly, Hayek, Heyer,
Jaeger y McDiarmid continuaron trabajando
durante el 1 y 2 de abril, para completar los ob-
jetivos identificados durante el taller.
Precisamente antes del taller, David Wake
solicitó al grupo que desarrollaba el libro, que
sirviera como Grupo de Trabajo sobre Protocolos
para el Grupo de Trabajo sobre la Declinación
de las Poblaciones de Anfibios (DAPTF, por sus
siglas en inglés) de la Comisión de Superviven-
cia de Especies (CSE) de la Unión Internacional
para la Conservación de la Naturaleza y los Re-
cursos Naturales (UICN). El grupo aceptó.
Los participantes del taller completaron
tres grandes objetivos en muy corto tiempo: (1)
Identificaron y recomendaron un conjunto de
procedimientos estandarizados para medir la
diversidad biológica de anfibios por medio de
monitoreos de poblaciones e inventarios de es-
pecies. En parte como resultado de ese proceso,
también sentaron las bases del bosquejo final
del libro. (2) Escribieron por completo, o las par-
tes substanciales, de tres capítulos. (3) Bosque-
jaron y asumieron la responsabilidad de las ta-
reas necesarias para completar el libro.
Maureen Donnelly, Lee-Ann Hayek, Ronald
Heyer y Roy McDiarmid asumieron la responsa-
bilidad de compilar y editar la publicación.
También se solicitaron contribuciones de unos
pocos expertos adicionales para el manuscrito
final. Con el objeto de la publicación, el orden de
los editores fue seleccionado al azar. La contri-
bución editorial de Mercedes Foster excedió de
tal modo el papel tradicional de un editor de la
serie, que el primero de los cuatro editores la in-
cluyó como la quinta editora de este volumen.
El borrador del manuscrito fue completado
a comienzos de diciembre de 1991. Fue revisado,
corregido y enviado a revisores externos en
mayo de 1992, y la versión final se envió a pren-
sa en septiembre de 1992.
Autoría
El texto de este libro fue desarrollado por nume-
rosas personas. Los editores solicitaron a los
coordinadores de los grupos de trabajo identifi-
car como autores a quienes habían participado
significativamente en la redacción del manus-
crito, y como contribuyentes a aquellos que brin-
daron información. Todas las secciones que no
tienen un autor designado fueron escritas tanto
por el comité central como por los editores, o por
los participantes del taller como grupo.
Agradecimientos
Durante la preparación del libro, los autores y
editores fueron ayudados por muchas personas.
Los editores desean agradecer especialmente a
Sarah Klontz, quien brindó asistencia con el
manuscrito inicial e integró las bibliografias en
un solo documento, y a Robert B. Hole, Jr.,
quien incansablemente atendió a cientos de
detalles para los editores, incluyendo la verifi-
cación de todas las citas bibliográficas. Carolyn
S. Hahn brindó su experta ayuda para localizar
referencias bibliográficas en bibliotecas. Cas-
sandra Phillips, Linda Wolfe y Fiona Wilkinson
incorporaron numerosas correcciones al manus-
crito en archivos de computadora y proporciona-
ron otras ayudas. Rosemary Sheffield brindó su
consejo experto en cuestiones editoriales.
Además, Paul Ustach empleó su considera-
ble talento para ilustrar el ciclo de vida de los
anfibios en la Figura 1; Jennifer Shoemaker y
Dale Crawford prepararon versiones estandari-
zadas de la mayona de las figuras, y Dale Craw-
ford y Frances Irish realizaron las ilustraciones
que animan el texto. Victor Krantz tomó la foto-
grafi'a para la Figura 32. Charles R. Mann pre-
paró la nueva tabla de números aleatonos.
Robert Inger leyó críticamente todo el
manuscrito en su penúltima versión, y varios
revisores anónimos comentaron secciones espe-
cíficas. Sus comentarios nos ayudaron inmensa-
mente para mejorar la versión final del libro.
John Carr (Conservation International),
Peter Cannell (Smithsonian Institution Press),
XX Prefacio
!..:crr: Cnarh (The Nature Conservancy), Adele
r.:i"?rer (revista Smithsonian) y Don Wilson
--amas de Biodiversidad, National Mu-
of Natural History) asistieron al taller y
~?iporcionaron sugerencias muy útiles.
Finalmente, los editores desean agradecer a
-S autores. contribuyentes y asistentes al taller
p r su gran esfuerzo. Sin su cooperación y con-
.p. s t e volumen no hubiera sido posible. Ato-
&E estas personas les expresamos nuestro más
agradecimiento.
Los apoyos institucionales y financieros fue-
ron brindados por el U.S. Fish and Wildlife Ser-
vice del U.S. Departament of the Interior, el
American Museum of Natural History y la
Smithsonian Institution. El libro es la contribu-
ción número 55 del programa Diversidad Bioló-
gica en América Latina (BIOLAT).
Los Editores del Volumen
Prefacio XX¡
Prefacio
de la Editora de la Serie
sobre la TraducciónDurante los pasados diez o quince años se ha
reportado la declinación poblacional o la desa-
parición de numerosas especies. La lista incluye
un amplio muestrario de grupos taxonómicos -
aves, hongos, anfibios y plantas, para mencio-
nar sólo algunos- desde Australia a h c a , de
los Estados Unidos a Alemania, y en muchos
países más.
Los conservacionistas, científicos, gobiernos
y el público en general, preocupados por la pér-
dida de biodiversidad, tanto local como global,
presionaron para que se efectuaran investiga-
ciones sobre las declinaciones, la identificación
de sus causas y se realizaran acciones para re-
vertir esas tendencias negativas. A medida que
dichos esfuerzos cobraron importancia se encon-
traron con ciertas resistencias. Varias personas,
incluyendo algunos biólogos y conservacionis-
tas, tildaron a los informes generados como exa-
gerados, alarmistas y no fundamentados. Esos
escépticos cuestionaron la magnitud de las de-
clinaciones, la validez de los datos y sugirieron
que los cambios observados representan sólo
fluctuaciones naturales en los tamaños pobla-
cionales.
Esta controversia no es de fácil solución,
dado que carecemos de información de base pa-
r a la mayoría de las especies que nos permita
efectuar comparaciones y evaluar los cambios, o
aquella información que poseemos fue obtenida
de manera no estandarizada, y por lo tanto es
dificil de repetir o interpretar. Por ejemplo, si la
especie no está descripta, o si su existencia en
un lugar determinado no ha sido documentada,
la extinción o su desaparición local no será reco-
nocida. Es así que restan por describir millones
de especies, y nuestro conocimiento de las dis-
tribuciones (datos de presencia-ausencia) de la
mayoría de los organismos conocidos va de in-
completo a calamitosamente inadecuado. Esto
es especialmente cierto para aquellos organis-
mos poco conspicuos o inadecuadamente conoci-
dos taxonómicamente, así como para aquellos
que ocupan hábitats inaccesibles o áreas geo-
gráficas que permanecen inexploradas debido a
barreras físicas, políticas o económicas.
Además, los cambios en la abundancia de
especies (o en sus atributos demográficos) sola-
mente pueden ser medidos en relación a eviden-
cias cuantitativas previas; las impresiones
sobre cambios son insuficientes. Sólo las medi-
xxiii
ciones repetidas del tamaño poblacional -mo-
nitoreo- podrán detectar cambios y permitirán
dilucidar las diferencias entre las fluctuaciones
naturales y aquellas producidas por fuerzas an-
tropogénicas.
Asimismo obtener un conjunto mínimo de
información básica para la biodiversidad mun-
dial requerirá largo tiempo, así como una inver-
sión significativa de recursos humanos y econó-
micos. Evidentemente, los problemas asociados
a muchas especies que sabemos que están decli-
nando deberán ser encarados en ausencia de es-
te tipo de información. Por lo tanto, se deberían
concentrar esfuerzos en diseñar y llevar a cabo
inventarios en ambientes acuáticos y terrestres
a nivel mundial como el primer paso para im-
plementar programas de monitoreo. Idealmen-
te, todos los taxa deberían ser monitoreados, pe-
ro el tiempo es esencial. Por consiguiente, y
dadas las limitaciones en recursos humanos y
económicos, será necesario concentrarse en taxa
que sirvan como buenos indicadores ambienta-
les, o en especies clave, o en grupos igualmente
fundamentales. Además, es crítico que los datos
obtenidos sean de la mayor utilidad y aplicabili-
dad posibles; en otras palabras, los relevamien-
tos e inventarios deberán estar bien documenta-
dos y ser repetibles, y los datos obtenidos
deberán ser cuantitativos y comparables, tanto
a través del tiempo como del espacio. No nos po-
demos dar el lujo de realizar estudios únicos o
de generar información anecdótica.
La forma más directa de alcanzar compara-
bilidad es emplear métodos y protocolos estan-
darizado~, fácimente repetibles para la obten-
ción de los datos. Dichos métodos pueden ser
utilizados por investigadores independientes,
en diferentes unidades políticas, a lo largo del
tiempo y, en muchos casos, con taxa diferentes.
Cuando se inició el proyecto de Métodos Estan-
darizados para Medir y Monitorear la Diversi-
dad Biológica en 1990, no existían protocolos es-
tandarizado~ y globalmente reconocidos para la
mayoría de los grupos. El propósito del proyecto
fue reunir la experiencia de científicos, conser-
vacionistas y administradores de todo el mundo,
que estuvieran involucrados en estudios de bio-
diversidad, para identificar, o cuando fuera ne-
cesario, para desarrollar métodos estandariza-
dos para evaluar diferentes taxa. Los resultados
de esos esfuerzos serían publicados en una serie
de manuales para que estuvieran disponibles
sin restricciones para las científicos y conserva-
cionistas. Este primer manual, que se ocupa de
los métodos estandarizados para anfibios, apa-
reció en inglés en 1994. Un segundo volumen,
que trata de los métodos estandarizados para
mamíferos apareció en 1996, y existen otros vo-
lúmenes en diversos estados de preparación.
Aunque la identificación de técnicas involu-
cró, y lo continuará haciendo, a individuos de to-
do el mundo, los manuales han sido publicados
en inglés, actualmente el lenguaje más amplia-
mente utilizado en ciencia. Señalamos con pla-
cer, no obstante, que los manuales han sido am-
pliamente utilizados como base en talleres de
entrenamiento sobre muestreos de biodiversi-
dad y para el desarrollo de programas naciona-
les de monitoreo en muchos países donde el in-
glés no es el idioma nacional. Sin embargo, es
más probable que cualquier técnica o método de
muestre0 sea más fácilmente adoptado si puede
ser evaluado e implementado con facilidad, lo
que requiere su presentación en otros idiomas
además del inglés. La presente traducción al
castellano del manual que trata sobre los méto-
dos estandarizados para medir y monitorear la
biodiversidad de anuros, representa la que es-
peramos sea la primera de muchas traducciones
de los diferentes manuales a idiomas diferentes
del inglés, como un modo de facilitar la adopción
a nivel mundial de estos métodos. Celebramos
la aparición de este volumen, que vemos como
un paso muy importante para alcanzar dicha
meta.
Estamos profundamente agradecidos a Es-
teban O. Lavilla por haber tomado la iniciativa
de encarar este proyecto, y por el tiempo y la
energía considerables que ha dedicado a la pre-
paración de esta traducción. Su trabajo segura-
mente tendrá un gran impacto en los países his-
panohablantes, lo que llevará a un aumento
significativo de nuestro conocimiento sobre los
anfibios y a un incremento del apoyo para su
conservación. Lo felicitamos por su destacada
obra y alentamos a otros para que sigan sus
pasos.
W. Ronald Heyer ha cumplido un importan-
te papel al facilitar la producción del manuscri-
to de- la traducción, y Olga Herrera-MacBryde
trabajó incansablemente para editarlo y prepa-
rarlo para su publicación. Este proyecto no hu-
biera fructificado sin el apoyo extraordinario y
sostenido de todos ellos. La Smithsonian Insti-
tution Press dispuso la publicación del volumen
y su distribución en América Latina. El apoyo fi-
X X ~ V Prefacio de la editora
.sauo!anqquoa d >rnaqs-
sns ~od sauo!an2!2su! a seuoslad >--a 2-
e oazape~2fv .uoqn3!2suI ue!uosqlys w
pund II~P!~S uo?laq2v aq~ 6 lava3 q~mm
aj!IpI!M 2uaxnqed lap sye4 e 6ams FJI~:I~:-
saqe?S paJ!ufl lap ou$old o~aaho~d lap .;;z.=rr
Prefacio
del Traductor
La publicación en 1994 del libro Measuring and
Monitoring Biological Diversity - Standard Meth-
ods for Amphibians, marcó un punto de infle-
xión en nuestro modo de encarar programas so-
bre biología de conservación. Por primera vez
un grupo de destacados especialistas sumaba
esfuerzos para elaborar un conjunto de pautas
metodológicas que tuvieran aceptación y aplica-
ción universal, con el objetivocentral de lograr
desentrañar las causas que motivan la decli-
nación global de especies de anfibios y poder
revertirla.
El número de programas encarados a la luz
de esta obra habla a las claras de su valor, pero
los editores del volumen no se conformaron con
ello. En un esfuerzo por hacerla accesible a más
estudiantes, técnicos y especialistas propusie-
ron realizar la versión castellana que hoy tiene
en sus manos, conscientes que el Neotrópico al-
berga la mayor riqueza de anfibios del planeta.
El castellano es una lengua hablada por al-
rededor de trescientos millones de personas y
está regida por las pautas fijadas por la Real
Academia Española. Pese a que la vigésima pri-
mera edición del Diccionario de la Lengua Espa-
ñola, realizada en 1992, incorporó oficialmente
a nuestro idioma 12.000 nuevas acepciones, mu-
chos términos utilizados corrientemente en Zoo-
logía no están aceptados aún. Uno de ellos tiene
que ver con el título de esta obra: El vocablo in-
glés Monitoring, coloquialmente traducido como
Monitoreo, equivaldría a Control en castellano.
Sin embargo los significados intuitivos no son
equivalentes, y es por ello que se ha dado prio-
ridad al uso sobre la ortodoxia lingüística.
Otra aclaración necesaria tiene que ver con
algunos puntos aislados del texto. La presente
traducción refleja fielmente el contenido de la
edición original, y es por ello que los cambios no-
menclatoriales acaecidos desde 1994 a la fecha
no han sido incorporados, para evitar los proble-
mas operativos asociados a una nueva edición.
Finalmente, la tarea de quienes realizaron
esta obra y su versión castellana se verá inmen-
samente recompensada si con ella se promueve
y facilita el estudio y la conservación de los
anfibios en América Latina.
Esteban O. Lavilla
Instituto de Herpetología
Fundación Miguel Lillo
Tucumán, Argentina
xxvii
Capítulo 1
Introducción
Diversidad biológica es el término que se em-
plea para describir la variedad de todos los or-
ganismos vivientes en la Tierra, y comprende al
menos tres niveles de organización biológica: el
genético (o individual), las especies y los ecosis-
temas. Este libro se centra en la diversidad bio-
lógica a nivel de las especies, que es un aspecto
básico para el análisis de los organismos. Los
estudios sobre abundancia y distribución de es-
pecies han proporcionado una gran cantidad de
conocimientos básicos, y han conducido al desa-
m l i o de las teorías ecológica y evolutiva, for-
mando la base de un conjunto considerable de
investigaciones en áreas de ecología, sistemáti-
ca., biogeografía y biología de la conservación.
La continua pérdida de diversidad biológica
como consecuencia de las actividades humanas
tendrá un notable impacto en nuestra capaci-
dad para comprender la complejidad científica
de lo que nos rodea, y afectará también el modo
en el cual los ecosistemas continúan funcionan-
do. Este impacto aumenta la necesidad de que
los científicos conozcan exactamente lo que se
es+ perdiendo y comuniquen sus perspectivas
sobre cuáles serán las consecuencias que estas
pérdidas tendrán en la sociedad, antes que la
calidad de vida en el planeta sufra un deterioro
irreversible.
Para comprender la complejidad de la di-
versidad biológica es fundamental conocer qué
especies viven en un área determinada. Aunque
disponemos de listas de especies de algunos or-
ganismos conspicuos (p.e., mariposas, monos,
aves, árboles) para numerosos lugares en los
países desarrollados y para algunas otras espe-
cies en regiones menos desarrolladas, carece-
mos de datos comparables para la mayor parte
de la biota del mundo. Otro problema que se
presenta es que, aun cuando disponemos de da-
tos específicos sobre la riqueza y abundancia re-
lativa de algunas especies en determinados si-
tios, dichos estudios generalmente presentan
grandes variaciones en el enfoque y la metodo-
logía con los cuales fueron realizados, lo que im-
pide la comparación entre ellos.
Los anfibios son componentes significativos
de la biota terrestre, dada su abundancia y sig-
nificado funcional en la mayoría de los hábitats
terrestres y dulceacuícolas de las regiones tropi-
cales, subtropicales y templadas. Por ejemplo,
algunas especies de salamandras del género
Plethodon de los bosques de Norteamérica, pre-
sentan densidades de varios miles de individuos
por hectárea (Merchant 1972). Durante el tiem-
po de máxima actividad reproductora, en algu-
nas áreas su total biomasa es igual a la de todas
las especies de mamíferos residentes juntas, y
más del doble que la de todas las especies de
aves (Burton y Iikens 1975). Además, muchas
especies de anfibios presentan áreas de distri-
bución muy amplias, y podrían servir potencial-
mente como especies clave para evaluar cam-
bios geográficos amplios (globales) en los
ecosistemas, mientras que otras especies, con
hábitats muy particulares o distribuciones muy
restringidas, podrían servir de indicadores de
perturbaciones locales. Algunas de las caracte-
rísticas fisiológicas (e.g., la permeabilidad de la
piel) y ecológicas (e.g., los complejos ciclos de vi-
da bifásicos) determinan que los anfibios sean
valiosos indicadores potenciales de la salud del
ambiente.
Dado que en algunas regiones las poblacio-
nes de anfibios están declinando abruptamente
(Barinaga 1990; Blaustein y Wake 1990; Bor-
chelt 1990; Phillips 1990) o muestran fluctua-
ciones locales significativas (Pechmann et al.
1991), consideramos que no podemos darnos el
lujo de emplear procedimientos arbitrarios para
determinar el estado de sus poblaciones. La pro-
bable declinación de especies nos impulsa a mo-
nitorear el estado de las poblaciones de anfibios
en la mayor variedad posible de biomas en di-
versas regiones del mundo, y en este libro pro-
porcionamos recomendaciones y directivas para
inventariarlas y monitorearlas. Con esta idea
en mente presentamos un conjunto de métodos
estandarizados cuyo empleo asegurará la posi-
bilidad de realizar comparaciones entre diver-
sos lugares, al menos dentro de un bioma, y per-
mitirá una mejor comprensión de la diversidad
de especies de anfibios en particular y de la di-
versidad biológica en general.
Asumimos que (1) los datos cuantitativos
sobre un determinado conjunto de organismos
son más útiles que la información cualitativa, y
(2) que la información cualitativa, como las lis-
tas de especies, debe derivarse de los datos
cuantitativos y no a la inversa. Aunque lo más
deseable es realizar monitoreos poblacionales a
largo plazo, reconocemos que en muchos casos
sólo será posible efectuar un único inventario.
Aun en situaciones como esta, los procedimien-
tos de muestreos deberían ser cuantitativos, de
modo que el inventario inicial pueda expandirse
a un programa de monitoreo si surgiera la nece-
sidad y la oportunidad de hacerlo. Además, un
protocolo de inventario con características cuan-
titativas facilitará las comparaciones con los es-
tados iniciales de programas de monitoreo e in-
ventario~ en otras regiones.
Antecedentes
La mayor parte de la comunidad científica reco-
noce que es imprescindible emplear métodos
estandarizados para poder comparar los datos
obtenidos por diversos investigadores en tiem-
pos y lugares diferentes (e.g., Davis 1982; Fel-
lers et al. 1988; Corn y Bury 1990). Sin embar-
go, las secciones técnicas de publicaciones que
promueven este punto de vista son muy breves
o están dirigidas a determinados hábitats o es-
pecies. Un ejemplo de esta afirmación es el CRC
Handbook of Census Methods for Terrestrial
Vertebrates (Davis 1982), en el que se presentan
sólo seis páginas sobre métodos para censar an-
fibios. La ausencia de técnicas estandarizadas
se refleja en el trabajo de muchos grupos conser-
vacionistas, gubernamentales o científicos, que
están comenzando a evaluar el estado de pobla-
ciones de anfibios. Por ejemplo, conocemos losprogramas de monitoreo de anfibios en Gran
Bretaña, en la provincia de Ontario (Canadá) y
en los estados de Illinois, Kansas y Wisconsin
(Estados Unidos), pero desafortunadamente las
metodologías empleadas en cada uno de ellos
son diferentes. Hasta el momento no existe una
única fuente de referencia que describa las téc-
nicas para inventariar o monitorear anfibios y
cuáles son los casos en los que se debe aplicar
cada una de ellas; nuestro deseo es llenar ese
vacío.
Audiencia deseada
Este libro está diseñado para cubrir las necesi-
dades de las organizaciones de conservación, los
consultores ambientales, las oficinas guberna-
mentales, los manejadores de vida silvestre y
los científicos. Creemos que puede servir tam-
bién como una ayuda en la docencia e investiga-
2 Capitulo 1
=inri T-~ers tana . tanto en los niveles de pre-
p m z m o en los de postgrado. Hemos tratado
mt mc~r una obra de síntesis, de modo que
personas que poseen un grado básico
ez O una formación equivalente, puedan - s5lo de este texto para medir la diversi-
&d W c a de anfibios. También se hace refe-
a la literatura pertinente, para acelerar
d -= de datos y facilitar las comparaciones
m L mformación surgida de otros estudios.
m; de las técnicas requieren o recomien-
lem d procesamiento o marcado de anfibios vi-
ra & como la preparación de ejemplares de
referencia; para ello hemos incluido instruccio-
nes sobre estos procedimientos en una serie de
apéndices.
En la preparación de este libro han interve-
nido expertos de diferentes regiones del mundo
e incluye ejemplos de todas las áreas geográfi-
cas; sin embargo, se percibe una cierta inclina-
ción hacia la fauna del Nuevo Mundo, dado que
es el objeto de estudio de la mayoría de los auto-
res. Esperamos que esto no influya en la aplica-
ción general de los métodos considerados, los
que creemos adecuados para los anfibios en to-
do el mundo.
Introducción 3
Capítulo 2
Diversidad e Historia Natural
de los Anfibios: Una Síntesis
Roy W. McDiarmid
Introducción
Pocos vertebrados son tan dependientes de la
humedad ambiental como los anfibios, cuyas
distribuciones geográficas, ecologías, comporta-
mientos y ciclos de vida están fuertemente in-
íinenciados por la distribución y abundancia de
agua, generalmente en forma de lluvia. De he-
cho. la reproducción explosiva de muchas espe-
cies de anuros, a menudo sincronizada con las
primeras lluvias, es un fenómeno natural bien
conocido, especialmente en aquellas regiones en
que el régimen de precipitaciones es estacional.
Igualmente, las migraciones reproductoras
anuales que realizan ciertas especies de sala-
mandra~ y ranas de las regiones templadas del
hemisferio norte hacia las tradicionales lagunas
primaverales, están estrechamente relaciona-
das a la fusión del hielo, aumento de temperatu-
ra y lluvias cálidas de primavera. A diferencia
de esto, es poco lo que conocemos acerca de có-
mo afectan las lluvias, la humedad, las fases de
la luna y una multitud de otros factores a la ac-
tividad de los anfibios en las selvas húmedas de
regiones tropicales. Es frecuente que cuando un
investigador piensa que conoce una situación
"típica" ocurra algo inusual o inesperado. De he-
cho, el mejor modo para describir los patrones
típicos de algunas asociaciones complejas de
anuros tropicales es considerarlos como caóticos
o impredecibles. A menudo, las relaciones com-
plejas y frecuentemente poco conocidas que ocu-
rren entre el comportamiento y la ecología de
los anfibios con los patrones climáticos locales,
determinan que el diseño de un protocolo para
el muestre0 de estos animales sea difícil. Es re-
comendable, entonces, que los usuarios de este
libro tengan siempre presente esta compleja in-
terdependencia de factores. Los tres ordenes de
anfibios vivientes -las cecilias (Gymnophiona),
las salamandras (Caudata) y los sapos y ranas
(Anura)- se encuentran en una gran variedad
de ambientes acuáticos y terrestres en todo el
mundo (Tabla 1). Ya sea en manantiales peque-
ños poco profundos en laderas escarpadas, o en-
terrados en material orgánico en descomposi-
ción en el fondo de una turbera, o escondidos
profundamente en la hojarasca de selvas tropi-
cales húmedas y perennifolias, o en las brome-
Lis ubicadas en lo alto de las copas de los árbo-
les. los adibios ocupan casi cualquier tipo de
hábitat, tanto en ambientes terrestres como
acuáticos.
La mayoría de las especies poseen un ciclo
de vida complejo y bifásico (Fig. 1). En respues-
ta a determinados factores ambientales (e.g., la
primera lluvia de la estación favorable), los
adultos terrestres típicamente se trasladan a
ambientes acuáticos adecuados para reprodu-
cirse. Luego de alguna forma de cortejo, los
adultos de las especies ovíparas depositan sus
huevos en o cerca del agua. De dichos huevos
eclosionan larvas acuáticas de vida libre que
son los principales consumidores en los ambien-
tes acuáticos. Luego de un periodo de crecimien-
to, las larvas sufren una metamorfosis y los ju-
veniles regresan al ambiente terrestre, donde se
alimentan y continúan su crecimiento. Cuando
maduran sexualmente, regresan al agua para
reproducirse, completando de este modo el ciclo
de vida.
Otras especies experimentan desarrollo di-
recto, es decir, carecen de un estado larva1 inde-
pendiente, y de sus huevos eclosionan larvas
que no se alimentan activamente o surgen pe-
queñas copias de los adultos. Además, existen
algunas especies ovíparas u ovovivíparas.
Para diseñar un proyecto de manera ade-
cuada, y para seleccionar los métodos de mues-
t r e ~ apropiados, es imprescindible conocer la
distribución y el ciclo de vida de las especies en
estudio, así como el o los hábitats donde se en-
cuentran estos organismos. Este tipo de infor-
mación también aumenta la efectividad de los
muestreos y la precisión con la cual se estima la
abundancia y riqueza de las especies de anfi-
bios. En las páginas siguientes se discuten bre-
vemente algunos aspectos de los ciclos de vida
de los anfibios vivientes y se resumen los hábi-
tats principales utilizados por los diferentes
grupos. También se brinda una síntesis de los
grupos de anfibios que son posibles de encontrar
en cada continente y sus hábitats respectivos
(Tabla 1). Una vez que se han definido las me-
tas de un proyecto de biodiversidad (Capítulo 3),
los datos presentados en la tabla pueden ayudar
en la selección de técnicas adecuadas de inven-
tario.
Consideremos, por ejemplo, un estudio de la
diversidad de anuros en una región de selva hú-
meda de las tierras bajas de América del Sur.
Sólo 3 de las aproximadamente 10 familias de la
región poseen adultos acuáticos, y 2 de esas fa-
milias (Pipidae y Pseudidae) incluyen muy po-
cas especies. De este modo, los métodos de
muestreo para ambientes acuáticos tendrán
una prioridad muy baja si el objetivo lo consti-
tuye el estado adulto. Sin embargo, si lo que se
pretende es inventariar tanto adultos como lar-
vas, el muestreo acuático sería apropiado. Casi
todas las familias poseen larvas acuáticas, por
lo que el muestreo de larvas puede servir tam-
bién para registrar adultos exclusivamente
acuáticos. Por otra parte, los adultos de algunas
especies de 6 familias potencialmente presentes
en el área son arborícolas, y varias de dichas fa-
milias presentan una diversidad de especies
muy elevada. Una revisión de la literatura mos-
trará que los adultos de casi todas las especies
en una de las familias (Centrolenidae) son arbo-
ricolas, pero limitados a la vegetación de los
márgenes de los cursos de agua, y que los adul-
tos de numerosas especies de otras 2 familias
(Hylidae y Leptodactylidae, principalmente las
especies del inmenso género Eleutherodactylus)
viven en el suelo, pero sólo en la selva. Así, el di-
seño del estudio debe incluir técnicas de mues-
t r e ~ para hábitats arborícolas, pero también de-
be incluirtransectas a lo largo (o a través) de los
cursos de agua, así como transectas en la selva.
En la mayoría de los casos, los investigado-
res estarán mejor preparados para iniciar sus
estudios si se informan primero sobre la ecolo-
gía general y ciclos de vida de los anfibios que se
prevé encontrar en las áreas de estudio, siendo
necesaria también la consulta de literatura ori-
ginal sobre determinados grupos. Se pueden en-
contrar excelentes resúmenes de información
pertinente en obras de referencia general (e.g.,
Duellman y Trueb 1986; Tyler 19891, o en publi-
caciones orientadas geográficamente (e.g., h-
ca-Schiotz 1975; Passmore y Carruthers 1979;
Lambiris 1988, 1989; Madagascar-Blommers-
Schlosser y Blanc 1991; Europa-Arnold y Bur-
ton 1978; Englemann et al. 1986; Asia-Berry
1975; Inger y Stuebing 1989; Maeda y Matsui
1989; Australia-Cogger 1983; Tyler y Davies
1986; América del Norte-Stebbins 1985;
Pfingsten y Downs 1989; Connant y Collins
1991; Mesoamérica-Duellman 1970; Villa
1972; América del Sur-Duellman 1978; Cei
1980; Heyer et al. 1990).
6 Capitulo 2
M e n Gymnophiona (cecilias)
Las d i a s son anfibios de cuerpo alargado y
9n miembros, que poseen una cola muy corta o
m n de ella. Son pantropicales, y se encuen-
m en áreas selváticas y húmedas de todo el
mundo, excepto Madagascar y la región Austra-
bpapúa. Las cecilias vivientes se agrupan en 6
kmdias y 36 géneros, y se reconocen alrededor
& 165 especies (Frost 1985, actualizado hasta
i99Z por Frost y McDiarmid, datos inéditos).
Ias cecilias son difíciles de muestrear dados
sms hábitos fosoriales o acuáticos y se observan
raramente; debido a estos hábitos secretivos es
par> lo que conocemos sobre su ecología y ciclos
& vida. Los machos poseen un órgano copula-
da protrusible y de posición media y la fertili-
geión es probablemente interna en todas las
@es. La mayoría de las especies son vivípa-
m, aunque algunas son ovíparas, y otras po-
szen larvas acuáticas que viven en lagunas o co-
mentes.
Se carecen de técnicas universalmente
aceptadas para el muestre0 de cecilias, aunque
k métodos para la captura de anuros y sala-
mandra~ acuáticos y sus larvas pueden resultar
¿e utiLidad (Capítulo 6). Las especies acuáticas
@en obtenerse con redes en las partes más
profundas de los cursos de corriente rápida en
elevaciones medias, o entre la vegetación su-
mergida en los meandros de Ros y arroyos de
h u r a . Las especies fosoriales se deben buscar
en el sustrato, debajo de material vegetal en
b m p o s i c i ó n , en el suelo suelto o entre la gra-
m h a a lo largo de los cursos de agua y debajo
& troncos. A veces se encuentran individuos en
asquias o en caminos y senderos o en el piso de
la selva, especialmente luego de lluvias torren-
d e s .
Orden Caudata (salamandras)
Ias salamandras adultas son anfibios terres-
tres, acuáticos, fosoriales o arborícolas, con cua-
tro patas (sólo las anteriores presentes en los si-
rénidos) y una cola de longitud moderada a
larga. La mayoría de los grupos habitan predo-
minantemente en la región Holártica, pero la
mayor radiación de los pletodóntidos, salaman-
d r a ~ con desarrollo directo, se llevó a cabo en los
trópicos del Nuevo Mundo. Las salamandras vi-
vientes han sido asignadas a 10 familias, 61 gé-
neros y alrededor de 390 especies (Frost 1985.
actualizado hasta 1992 por Frost y McDiarmid,
datos inéditos). Las salamandras poseen una
variedad de modos de cortejo y de reproducción,
y las señales visuales y químicas durante el cor-
tejo parecen ser más importantes que en los
anuros. La mayoría de las salamandras tienen
fertilización interna sin cópula, mientras que
unas pocas especies acuáticas más grandes tie-
nen fertilización externa. Los huevos de las es-
pecies acuáticas son puestos individualmente,
en cordones o en grupos, en lagunas o corrien-
tes, y a veces debajo de piedras o adheridos a la
vegetación. Estas especies poseen larvas acuáti-
cas que se metamorfosean y se trasladan al am-
biente terrestre, donde se alimentan, crecen y
maduran sexualmente. Como adultos, y en res-
puesta a los estímulos ambientales pertinentes,
regresan a los ambientes acuáticos, con frecuen-
cia al lugar de nacimiento, y se reproducen. Al-
gunas especies son permanentemente acuáticas
y la metamorfosis larva1 es incompleta (pedomó-
ficos obligados). Otros son pedomórficos faculta-
tivos y ocasionalmente se reproducen aun cuan-
do retengan algunos caracteres larvales.
Muchas especies (la mayoría de los pletodónti-
dos) son terrestres, depositan grupos de huevos
en lugares húmedos dentro de huecos, entre la
hojarasca o debajo de rocas y troncos, y tienen
desarrollo directo; en muchas de estas especies
la hembra cuida de la puesta. Finalmente, unas
pocas especies son vivíparas u ovovivíparas, y
las crías nacen como larvas acuáticas o juveni-
les completamente desarrollados (metamorfo-
seados).
Las salamandras son principalmente noc-
turnas, y poseen un patrón de actividades que
puede variar ontogenéticamente. Los individuos
pueden estar agrupados o dispersos dentro de
su hábitat, y la distribución espacial a menudo
varía de acuerdo al sexo y condición reproducti-
va. Algunas especies comunes de áreas templa-
das realizan migraciones sincronizadas desde el
ambiente terrestre hacia los ambientes acuáti-
cos donde se reproducen. Dada su abundancia y
posición dentro de la red trófica, en ciertos hábi-
tats las salamandras pueden ser los vertebrados
más importantes. Por ejemplo, en los bosques de
madera dura del norte de New Hampshire, la
salamandra de espalda roja del este (Plethodon
cinereus) tiene una densidad aproximada de 2.500
individuos por hectárea, y convierte energía en
nuevos tejidos a razón de 5.000 kcalhalaño.
Diversidad e Historia Natural 7
Tabla 1. Utilización de hábitats por anfibiosa
América del NorteC esoa amé rica^ América del Sure
Ac Se Te Fo Ac Se Te Fo Ar Ac Se Te Fo Ar
CECILIAS (Gymnophiona)
Caeciliaidae
(24 géneros, 89 spp.)
Epicriidae
( 2 géneros, 36 spp.)
Rhinatremidae
(2 géneros. 9 spp.)
Scolecornorphidae
(2 géneros, 5 spp.)
Typhlonectidae
(5 géneros, 22 spp.)
Uraeotyphlidae
(1 género, 4 spp.)
SALAMANDRAS (Caudata)
Ambystomatidae A
(2 géneros, 33 spp.) L
Amphiumidae A
(1 género, 3 spp.) L H
Cryptobranchidae A
(2 géneros, 3 spp.) L
Dicamptodontidae A A
(1 género, 4 spp.) L
Hynobiidae -
(10 géneros, 35 spp.)
Plethodontidae A A A A
(27 géneros, 244 spp.) L H D D
Proteidae A
(2 géneros, 6 spp.) L
Rhyacotritonidae A
(1 género, 4 spp.) L
Salarnandridae A A A
(13 géneros, 55 spp.) L
Sirenidae A
(2 géneros, 3 spp.) L
A A A
D D D
A A A
D
RANAS Y SAPOS (Anura)
Allophrynidae -
(1 género. 1 sp.)
Arthroleptidae - -
(7 géneros, 73 spp.)
Ascaphidae A - -
(1 género, 1 sp.) L
a 7
vvv
-
A 7
vvv
-
7
vvv
Tabla 1. (Continua)
América del NorteC esoa amé rica^ América del Sure
Taxonb Ac Se lk FO M' Ac Se lk Fo Ar Ac Se Te Fo Ar
Brachycephalidae - - A
(2 géneros, 3 spp.) D?
Bufonidae A
(31 géneros, 356 spp.) L
Centrolenidae -
A A A A A
L D? L D L
A A
(3 géneros, 88 spp.)
Dendrobatidae
(6 géneros, 148 spp.)
Discoglossidae - - -
(4 géneros, 15 spp.)
Heleophrynidae
(1 género, 8 spp.)
Hemisotidae - - -
(1 género, 5 spp.)
Hylidae A A A A A A A A A A
(39 géneros, 686 spp.) L L 1 I L L 1
Hyperoliidae - - -
(19 géneros, 227 spp.)
Leiopelmatidae - - -
(1 género, 3 spp.)
Leptodactylidae A A A A A A A A A A
(50 géneros, 813 spp.) L H D L H D D DV L L DLN LN DL
Microhylidae A A A A A A
(66 géneros, 308 spp.) L L L H D N N
Myobatrachidae
(20 géneros, 114 spp.)
Pelobatidae
(11 géneros, 89 spp.)
Pelodytidae
(1 género, 2 spp.)
Pipidae
(5 géneros, 27 spp.)
Pseudidae
(2 géneros, 4 spp.)
Ranidae
(48 géneros, 669 spp.)
Rhacophoridae
(10 géneros, 197 spp.)
Rhinodermatidae
(1 género,2 spp.)
Rhinophrynidae
( 1 género, 1 sp.)
A A A
L
10 Capítulo 2
?Ha HH? H ?
- v v v v
a 7 ?a ?a T Ha Na 7
v v v vvvv vvvv
aaa~a ¿N ? ? a 7
vv v v VVVV vvv
H H H ?
- vvv -
Tabla 1. (Continúa)
América del NorteC esoa amé rica^ América del Sure
Ac Se Te Fo A F ~ Ac Se Te Fo Ar Ac Se Te FO Ar
Sooglossidae
(2 géneros, 3 spp.)
U Se registran sólo las especies nativas. Generalmente una especie es registrada sólo una vez, y se la asigna al
hábitat que caracteriza mejor al estadio del ciclo de vida; una excepción la constituyen las salamandras que po-
seen poblaciones que son facultativamente neoténicas y poblaciones que regularmente sufren metamorfosis. Un
guión significa que el taxon no existe en el continente indicado.
b Las designaciones de familias y los números de géneros y especies siguen a Frost (1985) y a su actualización
hasta 1992 (Frost y McDiarmid, datos inéditos).
Incluye los Estados Unidos y Canadá.
d Incluye México, América Central y el Caribe.
e Incluye Trinidad.
f Incluye el área al oeste de 36"E (ver Arnold y Burton 1978).
n Incluye Madagascar y las Seychelles.
* Incluye el área al este de Europa hasta la línea de Wallace.
Este incremento constante de biomasa de alre-
dedor de 1.650 g/ha es aproximadamente 2,6 ve-
ces mayor que la biomasa de aves del área en el
momento de máxima actividad reproductora, y
aproximadamente igual a la de musarañas y ra-
tones (Burton y Likens 1975). A diferencia de
esto, algunas salamandras arborícolas son muy
raras, y se las encuentran sólo cuando sistemá-
ticamente se las busca en las bromelias removi-
das de los árboles; desafortunadamente este
método de muestreo destruye sus hábitats.
La diversidad de modos de vida, comporta-
mientos y preferencias de hábitats de las sala-
m a n d r a ~ señalan la necesidad de una gran di-
versidad de métodos para el muestreo de las
poblaciones y la estimación de sus tamaños.
Afortunadamente, las salamandras se conocen
razonablemente bien, y excepto algunas espe-
cies tropicales, son fáciles de muestrear.
Orden Anura (ranas)
Los anuros son anfibios saltadores, con patas
posteriores alargadas y sin cola (todas las lar-
vas de anuros, y los machos de Ascaphus truei
poseen cola). Constituyen el grupo más diversi-
ficado y abundante de anfibios vivientes, tienen
distribución cosmopolita y se encuentran esen-
cialmente en todos los ambientes terrestres y
dulceacuícolas. Su diversidad de especies es
más alta en las selvas húmedas tropicales. Des-
de el punto de vista taxonómico, los anuros se
dividen en 25 familias, y actualmente se recono-
cen alrededor de 333 géneros y 3.843 especies
(Frost 1985, actualizado hasta 1992 por Frost y
McDiarmid, datos inéditos). Los anuros pueden
ser acuáticos, terrestres, fosoriales, arborícolas
o presentan alguna combinación de estas carac-
terísticas. Algunas especies son diurnas, pero la
mayoría son nocturnas. Los adultos de la mayo-
ría de las especies se encuentran muy dispersos
en los ambientes en que viven, excepto en deter-
minados momentos del año, cuando se congre-
gan en las proximidades de ambientes acuáticos
para su reproducción.
La vocalización es un componente impor-
tante del comportamiento reproductor de la ma-
yoría de los anuros. Entre los vertebrados te-
rrestres (y quizás entre todos los vertebrados),
los anuros presentan la mayor diversidad de
comportamientos de reproducción y cuidado pa-
renta1 que se conocen. La reproducción puede
ser explosiva (sincronizada en uno o unos pocos
días en ambientes acuáticos) o prolongada (a lo
largo de varias semanas o meses, en ambientes
acuáticos o terrestres) [Wells 19771. La mayoría
de las especies se reproducen una sola vez por
año, pero ciertas formas tropicales pueden re-
producirse todo el año, siempre que las condicio-
nes sean favorables. La mayoría de los anuros
tienen fertilización externa, huevos acuáticos y
larvas (renacuajos) que se alimentan activa-
mente; los grandes cambios que sufren los rena-
12 Capítulo 2
- Iaduye todas las áreas al este de la línea de Wallace, comprendiendo Nueva Guinea, Nueva Zelandia y cier-
a grupos de islas del Pacífico.
- Eiábitats: Ac = acuático; Se = semiacuático; Te = terrestre; Fo = fosorial; Ar = arborícola.
* Eaadios del ciclo de vida y modos de desarrollo: A = adultos; H = huevos; L = larvas; D = desarrollo directo;
S = larvas nidicolas (corresponde a "nidicolous endotrophs" de Altig y Johnston 1989); V = especies ovovivípa-
ms o vivíparas; 1 = huevos y10 larvas "incubados" (adheridos a o dentro de alguna estructura modificada ie.g.,
hka] del adulto), correspondiente a "paraviviparous" y "exoviviparous endotrophs" de Altig y Johnston (1989).
L m un hábitat sin H en otro hábitat indica una especie que coloca los huevos en el mismo hábitat en el que se
e n t r a n las larvas; una H en el hábitat arborícola y L en el hábitat acuático, por ejemplo, indica una espe-
cic a y o s huevos son colocados sobre hojas, y cuyas larvas, en el momento de la eclosión, caen al agua para ali-
m t a r s e . D? o L? indican el hábitat en el cual probablemente se depositen los huevos con desarrollo directo o
* O S y larvas de especies que sufren metamorfosis, pero sobre los que carecemos de datos concretos.
majos durante la metamorfosis diferencian a los
a n m de la mayona de los anfibios restantes.
Las hembras de algunas especies depositan
nis huevos en la hojarasca o musgos húmedos,
y de elios eclosionan larvas que no se alimentan
activamente y se metamorfosean en el lugar de
la puesta. Los adultos de otras especies llevan
d o n e s de huevos adheridos alrededor de sus
patas posteriores o transportan a los renacuajos
en el dorso, desde lugares terrestres a los acuá-
ticos. En unas pocas especies, las hembras colo-
can a los renacuajos en el agua contenida en las
bromelias, y luego regresan para alimentarlos
con huevos no fecundados que depositan allí.
Muchas especies, especialmente en la región
neotropical, tienen desarrollo directo (sin etapa
larva1 de vida libre). Estas especies depositan
huevos en lugares terrestres o arbóreos húme-
dos; luego de un penodo apropiado, de los hue-
vas eclosionan juveniles que son pequeñas co-
pias de los adultos. Algunos anuros incuban los
huevos sobre la espalda; otros lo hacen en bol-
sas en la espalda o a los lados del cuerpo, en sa-
ars vocales o incluso en el estómago. Algunas de
dichas especies tienen larvas acuáticas típicas,
pero la mayona presentan desarrollo directo.
En síntesis, casi todos los modos de desarrollo
están presentes en los anuros, incluyendo ovovi-
viparismo y viviparismo no placental.
La elevada diversidad de especies de anu-
ros, su gran variedad de modos de vida y la
amplia gama de hábitats utilizados, plantea un
importante desafio a los investigadores intere-
sados en muestrear estos organismos. Afortuna-
damente, la reproducción en el ambiente acuá-
tico de la mayona de las especies, la presencia
usual del estado larva1 acuático y la especifici-
dad de los cantos de reproducción permiten mé-
todos de muestre0 efectivos.
Larvas de anfibios
La mayona de las lamas de anfibios viven en
hábitats acuáticos, incluyendo aguas que circu-
lan (corrientes, nos), aguas estancadas (lagu-
nas, lagos) y fitotelmata (agua contenida en
huecos de árboles, axilas y tallos de plantas,
bromelias, etc.). Las larvas terrestres se desa-
rrollan en microhábitats húmedos, tales como
musgos, bajo o entre troncos podridos o en tallos
huecos (e.g., bambú). Las relaciones entre el
modo de reproducción, la morfología de las lar-
vas y el hábitat de los renacuajos anuros han si-
do sintetizadas por Altig y Johnston (1989). NO
se cuenta con una publicación comparable para
las larvas de salamandras, aunque se conocen
datos dispersos en la literatura sobre diferen-
cias en la estructura de las branquias, en la for-
ma del cuerpo y de las aletas entre especies que
habitan enaguas que circulan, estancadas o que
tienen desarrollo directo. Poco se sabe sobre las
larvas de cecilias.
Diversidad e Historia Natural 13
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2 b3.z
14 Capítulo 2
La- larvas de anfibios con frecuencia se en-
en concentraciones elevadas y por pe-
rPdaI prolongados en los sitios de reproducción.
%r mnsiguiente, el muestreo de larvas puede
nr un método más eficiente y rápido que el
m r i e s de adultos para inventariar las espe-
&S de un área determinada (Gascon 1991),
mmipe nuestro conocimiento sobre los huevos y
k s iarvas de algunas especies es todavía pobre.
De hecho, estos estadios son conocidos para mu-
c k s especies y muchos más se describen cada
año. Además, coleccionar larvas como ejempla-
res de referencia con frecuencia es más fácil, y
probablemente tenga menos impacto sobre la
población, que coleccionar adultos. Aun tenien-
do en consideración que el muestreo de larvas
puede ser algo destructivo en algunos ambien-
tes acuáticos (e.g., lagunas con vegetación su-
mergida muy densa o bromelias), este enfoque
debena formar parte integral de cualquier pro-
grama de muestreo.
Diversidad e Historia Natural 15
Capítulo 3
Bases para la Estandarización
y Cuantificación
Introducción
A b largo de este libro haremos hincapié sobre
h necesidad de estandarización de técnicas den-
tm y entre estudios. Nuestra exposición refleja
h razón fundamental del libro en general: si la
mta principal de los estudios de inventario y
mmitoreo es brindar datos comparativos para
d análisis de la biodiversidad, así como exami-
nar las tendencias poblaciones, las extinciones
beales y el impacto de las actividades humanas
sobre las poblaciones de anfibios, entonces, los
estudios deben utilizar técnicas estandarizadas.
No debemos dejar de enfatizar la importancia
de la estandarización, dado que aquellos traba-
jos que emplean técnicas diferentes no son com-
parables ni siquiera en los niveles más simples.
Por ejemplo, si un investigador de campo utiliza
técnicas de relevamientos visuales para produ-
t5r una lista de la riqueza de especies de anuros
en un área de reproducción, y posteriormente
otro investigador utiliza transectas auditivas,
será imposible determinar si algunas diferen-
cias en las especies listadas se deben a cambios
reales en la composición de especies del área, a
problemas derivados de las técnicas de mues-
treo empleadas, o a ambos. En el caso de que
ambos estudios hubieran utilizado la misma
técnica, ya sean relevamientos visuales o tran-
sectas auditivas, con el tiempo cualquier modi-
ficación en las listas podría ser atribuida a cam-
bios reales en la composición de especies. Aun
así, algunas especies serían pasadas por alto
(e.g., especies semifosoriales en los relevamien-
tos visuales y especies mudas en las transectas
auditivas). Obviamente, el mejor enfoque en es-
te caso sería emplear ambas técnicas en los dos
estudios; siempre es conveniente emplear una
combinación de técnicas para relevar los hábi-
tats de la manera más completa posible.
En la preparación de este volumen, hemos
intentado revisar todas las metodologías conoci-
das para el inventario y monitoreo de anfibios.
Aquí describiremos 10 técnicas cuyo empleo re-
comendamos. Estas no son igualmente efectivas
en todos los casos, pero la opinión colectiva de
los autores es que representan las estrategias
de muestre0 de campo que se pueden estandari-
zar mejor en una gama muy amplia de situacio-
nes.
Formulación de interrogantes
El enfoque a utilizarse dependerá de las pre-
guntas que se formulen, y esto implica que el o
los objetivos del estudio deberán ser claramente
establecidos con anterioridad. Si la meta es
compilar una lista de especies de un área poco
conocida, entonces las técnicas de inventario
son adecuadas. En cambio, si nuestro propósito
es comparar la abundancia de especies entre re-
giones diferentes o a lo largo de varios años, se
deberán emplear técnicas de monitoreo más de-
talladas.
Un inventario es el estudio de un área espe-
cífica (por ejemplo, un parque nacional o una re-
gión geográfica definida) para determinar el nú-
mero de especies de anfibios presente (riqueza
de especies). Los inventarios producen matrices
de presencia-ausencia para las especies, y más
frecuentemente se llevan a cabo (1) en áreas so-
bre las cuales se han realizado muy pocos traba-
jos previos y para las cuales la enumeración de
la riqueza de especies servirá de base para el
análisis de biodiversidad, (2) en áreas o hábitats
en los cuales es necesario establecer o verificar
las distribuciones geográfica y ecológica de una
especie determinada, y (3) en regiones en las
cuales convenga establecer puntos de compara-
ción a lo largo del tiempo para documentar cam-
bios en la distribución de especies (presencia o
ausencia) y uso del hábitat.
Monitoreo se emplea para determinar la
composición y abundancia de especies (número
de individuos por especie) en uno o más lugares
a lo largo del tiempo. Dado que no todos los ta-
xa en todos los hábitats pueden ser monitorea-
dos con el mismo éxito, los investigadores con
frecuencia seleccionan para su estudio un tipo
de hábitat específico, o una especie o un grupo
de especies determinado.
Dado que los anfibios ocupan una gran va-
riedad de hábitats se han descripto y recomen-
dado numerosas técnicas para su inventario y
monitoreo. Al mismo tiempo, el ciclo de vida bi-
fásico de la mayoría de los anfibios determina
que se deban emplear técnicas diferentes para
el muestreo de larvas y adultos. Queda claro en-
tonces que es necesaria la combinación de dis-
tintos métodos para muestrear un conjunto de
anfibios, y que estos deben ser consistentes en-
tre las áreas de estudio y a lo largo del tiempo.
Consideraciones sobre los muestreos
Escala
Así como es necesario formular las preguntas
adecuadas con anterioridad al comienzo del es-
tudio, también es importante definir el diseño
del muestreo y los métodos de análisis antes de
iniciar los trabajos de campo. Esto maximizará
la utilidad de la información obtenida en el cam-
po, la posibilidad de comparar dicha informa-
ción con los datos obtenidos en otros estudios y
el grado en que dichos datos puedan ser utiliza-
dos para responder a las preguntas formuladas.
Las consideraciones sobre el diseño de mues-
treos (discutidas en el Capítulo 4) son importan-
tes tanto para un relevamiento de un día con el
fin de obtener la lista de especies de una locali-
dad determinada, como para un estudio multia-
nual de la abundancia de especies a lo largo de
una amplia variedad de hábitats.
Dos puntos sumamente importantes que
siempre deben considerarse son: (1) el objetivo
del estudio (esto es, por qué se realiza el estu-
dio), y (2) la escala geográfica sobre la cual se va
a desarrollar el mismo. Estos factores definen la
escala espacial del programa de muestreo que
se seguirá. Por ejemplo, si lo que nos interesa es
realizar la enumeración completa de la pobla-
ción reproductora del sapo Melanophryniscus
moreirae en una laguna del Parque Nacional
Itatiaia en Brasil, se debería utilizar una estra-
tegia de muestreo que cuente cada uno de los in-
dividuos de dicha laguna, pero no se debe em-
plearun diseño de muestreo aleatorio. Sin
embargo, si el objetivo fuera compilar la infor-
mación sobre la abundancia de todas las espe-
cies del Parque Itatiaia, entonces, se debería di-
vidir la región en sus hábitats ecológicamente
relevantes y efectuar muestreos aleatorios en
ellos. Finalmente, si el objetivo fuera comparar
la abundancia de especies en toda la Serra da
Mantiqueira en Brasil, se debería dividir el área
montañosa en zonas altitudinales y muestrear
al azar parcelas de una hectárea en cada una de
ellas. Si todos estos enfoques se utilizaran de
manera apropiada, obtendríamos resultados
cuantitativos comparables a los que surjan de
otros estudios diseñados de manera similar. El
enfoque más apropiado dependerá, entonces,
18 Capitulo 3
del objetivo de la comparación. Así, en el primer
caso, los datos pueden ser utilizados para esti-
mar la abundancia de M. moreirae en dicha la-
guna a lo largo del tiempo, pero no pueden ser
utilizados para estimar la abundancia entre la-
gunas (porque no se han realizado muestreos en
otras lagunas). En el segundo caso, se pueden
hacer inferencias sobre la fauna de anfibios de
Itatiaia a lo largo de gradientes espaciales o
temporales, aunque la información sobre una
especie determinada puede ser relativamente
pobre. De manera similar, en el último ejemplo
es posible establecer puntos de muestreo para la
comparación de cambios en la diversidad de an-
fibios en un área montañosa, aunque la infor-
mación sobre los anfibios de Itatiaia o sobre la
especie M. moreirae podría no estar disponible,
si el muestreo al azar no incluyera Itatiaia o la
pequeña área en la que se encuentra M. morei-
rae en dicho parque.
Aleatoriedad y Parcialidad
Los estudios de biodiversidad proporcionan in-
formación en tres niveles. En uno, se documen-
ta la presencia de especies para producir una
lista del área de estudio. En otro, se determina
la abundancia y distribución de una determina-
da especie en el tiempo y el espacio. En el terce-
ro, de la información obtenida se derivan patro-
nes generales de diversidad y se deducen los
procesos que explican dichos patrones. Pueden
hacerse comparaciones en los tres niveles.
Ya sea que dos investigadores estimen la
biodiversidad de diferentes áreas, o de la misma
área en tiempos distintos, la interpretación de
los resultados dependerá de unos pocos elemen-
tos fundamentales del procedimiento de mues-
treo. La pregunta formulada o la hipótesis a se-
guir determinarán los límites generales del
muestreo, y se debe seleccionar el protocolo de
muestreo dentro de esos límites. Dado que los
ambientes nunca son verdaderamente homogé-
neos, el empleo de diferentes protocolos de
muestreo pueden dar resultados substancial-
mente diferentes. En particular, si los puntos de
muestreo no están distribuidos al azar en toda
el área de interés, el análisis de las muestras re-
sultantes podna subestimar o sobrestimar la
biodiversidad. La heterogeneidad ambiental
puede evitarse (1) reconociendo la variación,
efectuando submuestreos en los diferentes tipos
de hábitat y luego comparando las estimaciones
resultantes entre los tipos de hábitat (este pro-
cedimiento en estadística se denomina "mues-
t r e ~ estratificado") o (2) ignorando la heteroge-
neidad y muestreando al azar, sin tener en
cuenta el tipo de hábitat. En ambos casos, dis-
tribuir los muestreos al azar en el área de estu-
dio es una excelente estrategia para minimizar
el problema de sesgo de muestreo, tanto en com-
paraciones dentro de un mismo estudio como en
comparaciones entre estudios. En el Capítulo 4
se discuten las bases del muestreo aleatorio.
Replicación y Supuestos
La posibilidad de replicación es otro de los com-
ponentes principales del diseño de un estudio, y
es importante por dos razones. Primero, porque
brinda una base de confianza en las estimacio-
nes obtenidas, dado que los límites dentro de los
que cae una estimación poblacional pueden ser
determinados con las técnicas estadísticas apro-
piadas. Segundo, Porque la replicación minimi-
za los efectos de factores localizados que pueden
oscurecer otras variables de interés más genera-
les del sitio de estudio.
Los programas de muestreo debenan dise-
ñarse de modo tal que los datos resultantes pue-
dan ser objeto de análisis estadísticos rigurosos.
Por lo tanto, es importante entender los supues-
tos del programa de muestreo y se debe intentar
satisfacer las presunciones impuestas por cada
prueba estadística en particular. Los dos presu-
puestos básicos para la mayoría de los procedi-
mientos estadísticos que se presentan en este li-
bro son (1) que el muestreo es aleatorio y (2) que
las observaciones son independientes. Estas su-
posiciones presentan algunos problemas reales
para algunas de las técnicas descriptas en este
libro, pero sólo se pueden esperar inferencias
estadísticas confiables cuando las presunciones
son razonablemente aproximadas. Si el tamaño
de la muestra es adecuadamente grande y las
muestras se obtienen al azar, podemos emplear
pruebas estadísticas para determinar si las di-
ferencias observadas entre las áreas muestrea-
das se deben sólo al azar (hipótesis nula) o refle-
jan diferencias significativas atribuibles a
factores biológicos (ver Capítulo 4).
Estandarización y Cuantificación 19
Presentación de los datos
Los primeros datos que surgen cuando se apli-
can la mayoría de las técnicas explicadas en es-
te libro son informaciones acerca de la riqueza
de especies y su abundancia. Frecuentemente,
estos resultados básicos son sintetizados y re-
portados como resúmenes estadísticos "senci-
llos," tales como índices de diversidad para un
hábitat o conjunto de especies determinados; es-
tos índices pueden causar que las comparacio-
nes entre estudios sean difíciles o imposibles. El
uso e interpretación adecuados de los índices de
diversidad es un tópico complejo y controvertido
que será discutido en el Capítulo 9. Sin embar-
go, todos los índices de diversidad deben deri-
varse de informaciones precisas y estadística-
mente razonables sobre abundancia de especies,
y la presentación de dichos datos es la contribu-
ción más importante que los relevamientos de
campo pueden hacer a las cuestiones de biodi-
versidad. Recomendamos a los autores poner a
disposición este tipo de datos para permitir
comparaciones entre diversos estudios, inclu-
yéndolos en artículos publicados o depositándo-
los en archivos accesibles.
20 Capítulo 3
Capítulo 4
Diseño de Investigación para
Estudios Cuantitativos de Anfibios
Lee-Ann C. Hayek
Ir estudios sobre diversidad biológica incluyen
P. descripción de fenómenos observados en el
aimpo, así como la investigación controlada y
d+ivos de dichos fenómenos y de las relacio-
a entre ellos. Un hecho básico para estos estu-
&S es la generación de hipótesis y formulación
dc planes para ponerlas a prueba. En este capí-
d o se discutirán los procedimientos necesarios
p a desarrollar dichos planes.
En la actualidad es imposible efectuar estu-
ciios o evaluar l a literatura sobre investigacio-
iec ambientales si no entendemos los aspectos
pobabilísticos y estadísticos de la investiga-
en. Para alcanzar esta meta, vamos a conside-
rar algunas condiciones generales básicas para
la aplicación apropiada de las técnicas estadís-
ticas. No vamos a dar una lista de los presu-
puestos específicos o de las pruebas apropiadas
para técnicas de muestre0 particulares. En lu-
gar de ello, pondré al lector al tanto de las cir-
cunstancias bajo las cuales se aplican mejor al-
gunos enfoques probabilísticos. También se
brindará una visión general sobre las conexio-
nes entre la realidad biológica que se prueba o
examina y las condiciones bajo las cuales se
pueden obtener resultados significativos para
su evaluación.
Diseño del proyecto
La Pregunta de Investigación
Una pregunta científica es aquella que inquiere
acercade las relaciones entre dos o más factores
o variables (e.g., especies, condiciones ambien-
tales) dentro de un contexto definido. La pre-
gunta debe ser precisa y limitada, y formulada
en términos definitivos y cuantitativos. Debe
contener las bases de, y claras implicaciones so-
bre la prueba. Un ejemplo sena "¿Incrementa el
número de especies de anfibios con el aumento
de las lluvias en los hábitats de selva húmeda
del oeste de la Amazonia?" Preguntas generali-
zadas o metafísicas, como "¿Aumenta l a captu-
rabilidad de especies de anuros con el buen
tiempo?" no son suficientes.
Generalmente, las preguntas se formulan
en términos de conceptos y teorías. Un concepto
es una abstracción o idea de un término univer-
sal, que se ha desarrollado por generalización a
partir de numerosos casos individuales. Por
ejemplo, el concepto de "rana" no deriva de las
características de un espécimen de Rana ingeri,
sino que es la idea generalizada de una colección
de características que concilian la naturaleza de
todas las ranas. Un constructo es la abstracción
de un fenómeno postulado, inobservable (e.g.,
agresividad, comportamiento de dominancia, te-
rritorialidad, sumisión), la noción de cuya exis-
tencia es sintetizada a partir de casos especiali-
zados de observaciones de comportamiento. Es
una impresión del comportamiento del objeto de
estudio.
Una vez definida la pregunta, se la debe aplicar
a un grupo especifico. En este contexto, la po-
blación es el conjunto de todas las observaciones
posibles de un mismo tipo que pueden obtener-
se. La muestra, en cambio, es el conjunto de ob-
servaciones o datos efectivamente obtenidos.
Por lo tanto, una población puede dar origen a
numerosas muestras diferentes. La esencia de
la estadística es determinar hasta qué punto se
pueden desarrollar generalizaciones relaciona-
das con la población a partir de las muestras ob-
tenidas durante el trabajo de campo. Frecuente-
mente, las observaciones o los estudios de
muestreo pueden ser mejorados precisando más
claramente la población y asegurándose que las
muestras sean representativas de la misma.
En el sentido estadístico es necesario distin-
guir dos tipos de poblaciones. La población obje-
tivo incluye aquellos individuos sobre los cuales
el investigador desea generalizar los resultados
de su estudio. La población disponible es el gru-
po real de individuos de anfibios que el investi-
gador puede alcanzar para su estudio; es el con-
junto de sujetos potenciales a partir de los
cuales se obtiene la muestra. Por ejemplo, un
investigador desea generalizar sobre todas las
especies de Ambystoma de los Estados Unidos
(en términos de conceptos de riqueza o diversi-
dad); esas especies son las que constituyen la
población objetivo. El plan de estudios, sin em-
bargo, permite el muestreo de esas salamandras
sólo a lo largo de una serie de transectas en el
sudeste de Estados Unidos o en Virginia. Las es-
pecies de Ambystoma que ocupan el área mues-
treada constituyen la población disponible.
Cuando las poblaciones objetivo y disponible no
son las mismas, las inferencias potenciales se
ven debilitadas. Siempre que sea posible, estas
dos poblaciones deben coincidir.
Una definición es un conjunto de términos o ca-
racterísticas utilizados para delimitar la natu-
raleza o las cualidades esenciales de una varia-
ble, de un procedimiento o fenómeno particular.
La definición juega un papel vital en el interro-
gante científico -especialmente al formular las
preguntas de investigación- estableciendo las
condiciones específicas bajo las cuales una ob-
servación constituye un tipo particular de infor-
mación e identifica los objetivos reales inferidos
de la investigación. Los términos empleados en
una pregunta de investigación científica deben
ser claros y precisos. La imprecisión es una de
las razones por las que se producen contradic-
ciones y confusiones en los estudios de diversi-
dad y asociación de especies. Al formular las de-
finiciones se deben tener en cuenta las
siguientes reglas:
1. Una definición debe proporcionar la esen-
cia o naturaleza de la cosa definida, y no
sus propiedades accidentales. Por medio de
una definición se intenta mostrar las razo-
nes por las cuales un objeto o un individuo
pertenece a un grupo o a una clasificación
general. Una definición también delimita
cómo un objeto o individuo difiere de todos
los demás en dicho grupo, lo que constituye
la base generalmente aceptada para la cla-
sificación biológica sistemática.
2. Una definición debe identificar la categoría
específica dentro de la cual se incluye la
cosa, como así también las diferencias.
Una rana no se define como un animal que
salta, dado que mucho otros animales lo
hacen. Un anfibio que salta restringe un
poco más el campo, pero aun así no es lo
suficientemente especifico para los propósi-
tos del estudio. La importancia de esta re-
gla no debe ser exagerada. Debemos tener
presente que si no contamos con un modo
22 Capítulo 4
:e eliminar los factores extraños de nues-
m diseño de estudio, no es posible cons-
mir inferencias válidas.
L Cna definición debe ser concisa pero
d u s i v a .
4 L-M definición no debe basarse en sinóni-
mos. La vaguedad que caracteriza al len-
gmje coloquial no tiene lugar en la ciencia.
En su lugar, el concepto o la idea particula-
*da debe ir acompañado por un fenóme-
m objetivamente mensurable.
d Cna definición no debe basarse en metáfo-
ras. Una definición metafórica -por ejem-
plo. Ya actividad de canto en las lagunas
ani k u e n c i a es tumultuosa, y todo el co-
ro suena como un trueno l e j a n o c contie-
ne poca información y no nos brinda un ca-
rácter que pueda ser medido objetivamente
del elemento que está siendo definido.
6 Cna definición no debe basarse en concep-
toc negativos ni en términos correlativos.
Aunque dichas afirmaciones son acepta-
Mes, y hasta mandatorios en campos técni-
cos, íí-ecuentemente son ambiguos e impre-
&os en estudios no técnicos. Por ejemplo,
en matemáticas, j-l(x) es claramente la
función inversa de j(x). Sin embargo, en
las estudios ecológicos el tiempo frío no
puede ser definido como lo opuesto a tiem-
po cálido o caluroso.
-1CIONES OPERACIONALES
k definición de una variable, objeto, estado o
*duo en un estudio científico debe ser pre-
cisa p reproducible; es una regla de correspon-
entre un conjunto de ideas y los datos ob-
-les (Torgerson 1958). Una definición así
deborada se denomina definición operacional
bBridgeman 1927; Carnap 1936; Margenau
1950; Kerlinger 1973). La alternativa a una de-
h k i ó n operacional es una definición esencial,
en la cual las ideas o conceptos son definidos por
aras ideas (Margenau 1950; Kerlinger 1973) -
por ejemplo, "El peso de esta rana es su pesan-
-" Las definiciones esenciales no son ni apro-
@das ni suficientemente informativas para el
muestre0 de anfibios.
Una definición operacional clarifica cómo
funciona el objeto de estudio como consecuencia
de su naturaleza especializada, centrándose en
sus caracteres observables (e.g., Bridgeman
1927; Kerlinger 1973). Básicamente, este tipo
de definición le atribuye sentido a una idea o a
una variable, especificando las actividades u
"operaciones* necesarias para medirlas. Conec-
t a los conceptos científicos con los procedimien-
tos experimentales y cuantitativos en términos
que tienen significado empírico. De hecho, este
tipo de definiciones es un manual de instruccio-
nes precisas para el investigador.
Por ejemplo, supongamos que aislamos, por
medio de una clausura, una laguna en la que se
reproducen anfibios. Operacionalmente, pode-
mos definir a un macho reproductor como el ma-
cho encontrado dentro de la clausura durante la
estación adecuada. Esta afirmación puede ser
correcta, pero el criterio de definición no es úni-
co, ya que dentro de la clausura podrían encon-
trarse machos no reproductores.Para definir a
los machos reproductores deberiamos incluir
tantas características singulares observables
como sea posible (e.g., cantando desde el agua,
en amplexo) para poder eliminar todos los otros
machos de nuestra consideración.
Para el estudio de los anfibios es útil distin-
guir tres tipos de difiniciones operacionales: de
procedimiento, comportamiento y estructural.
Una definición de procedimiento es una de-
finición operacional que pone de manifiesto las
manipulaciones o procedimientos requeridos
para inducir u observar el fenómeno o estado a
ser estudiado. Por ejemplo, para un experimen-
to observable a llevarse a cabo sobre una "espe-
cie abundante," abundante podría ser definido
por un cierto número de especímenes observa-
dos por kilómetro de transecta. Dentro del con-
texto del estudio cualquiera puede concordar si
la especie seleccionada es abundante o no, fiján-
dose en el número de ejemplares encontrados
por kilómetro; se deben evitar las opiniones su-
jetas a interpretaciones. Este tipo de definición
es especialmente útil para describir variables
independientes sujetas a relaciones causales o
correlativas.
Una definición de comportamiento es una
definición operacional que se centra en los as-
pectos dinámicos del comportamiento de un ob-
jeto, estado o individuo, relacionando un previo
comportamiento observable asociado con un
cambio, resultado o variable dependiente aso-
ciado. La definición de comportamiento es más
útil para definir la variable dependiente de in-
vestigaciones que incluyen comportamiento, y
Diseño de Investigación 23
es poco utilizada en investigaciones de biodiver-
sidad.
Una definición estructural es una definición
operacional en la cual la manifestación de un
comportamiento u otro carácter específico cons-
tituye la definición. Este tipo de definición se
centra en los atributos del individuo u objeto,
especificando sus características estáticas más
que las dinámicas. Es útil para definir cualquier
variable, independiente o dependiente. Por
ejemplo, una rana macho reproductor puede de-
finirse como "una rana macho que se encontró
cantando en una laguna de reproducción."
Las definiciones operacionales establecen
requisitos previos concretos y precisos (e.g., ope-
raciones, procedimientos, eventos, comporta-
mientos) que son obsenrables y que llevan inva-
riablemente al fenómeno en estudio. Dichas
definiciones satisfacen las exigencias de un es-
tudio cuantitativo, que son la especificación y
medición de variables y sus relaciones. Cuando
la variable es el sexo o la especie de un anfibio,
la medición es generalmente directa. Pero cuan-
do se investiga la estructura del grupo, activi-
dad de canto, diversidad, asociaciones o domi-
nancia, la medición no es tan simple, y se
necesita de una gran precisión para lograr re-
sultados exitosos. Si bien no es posible expresar
toda una teoría o un plan de muestreo completo
en términos operacionales, dichos términos de-
ben emplearse para definir los aspectos cuanti-
tativos, mensurables y comprobables de dicho
estudio.
En un estudio de inventario o monitoreo el
investigador se interesa por variables no mani-
puladas o que suceden naturalmente, más que
por las variables manipuladas y cuidadosamen-
te controladas que caracterizan a los estudios de
laboratorio. Los clásicos diseños estadísticos ex-
perimentales deben ser modificados para ocu-
parse de este control reducido, con una pérdida
mínima de la calidad de inferencia. Para tales
estudios de campo u obse~aciones, el objetivo
es describir los procedimientos empleados para
identificar el estado de la variable que caracte-
riza a cada individuo, localidad o hábitat en la
población en estudio.
"Operacionalismo," en este contexto indica
simplemente cómo identificar los estados varia-
bles y las situaciones en las cuales los mismos
podrán ser observados y registrados.
Formulación de la Hipótesis
de Investigación
El desarrollo de un proyecto de investigación re-
quiere del planteo de una pregunta de investi-
gación o de un problema, y posteriormente su
re-formulación en términos de una hipótesis de
trabajo comprobable. La pregunta de investiga-
ción puede formularse primero en términos teó-
ricos que vinculen conceptos, pero luego debe
ser traducida a términos operacionales, lo que
requiere que el investigador considere las medi-
ciones en términos precisos. A menos que la hi-
pótesis se formule en forma verificable no se po-
drá distinguir entre evidencias positivas y
negativas. Por ejemplo, un investigador puede
creer que "Plethodon cinereus prefiere la hoja-
rasca en los bosques caducifolios del este de Es-
tados Unidos," o que "Phrynohyas resinifictrix
prefiere los huecos de los árboles de las selvas
húmedas," pero esas ideas no pueden ser verifi-
cables tal como se las ha propuesto. ¿Cómo se
definiría "preferencia" en términos de correla-
ción, asociación o dependencia? ¿Qué significa
en términos operacionales? ¿Sólo que f? cinereus
puede ser encontrado entre la hojarasca o, ade-
más, que no puede ser encontrado en otros sus-
tratos? Las definiciones que son demasiado va-
gas pueden impedir generalizaciones, dado que
las condiciones no pueden ser repetidas. Por
otra parte, la precisión extrema (e.g., muestras
en parches, que emplean sólo troncos de 25 cm
de diámetro por 1,5 m de largo, o menores) pue-
de ser muy restrictiva, limitando el estudio a un
solo tronco o a un solo árbol, e impidiendo reali-
zar ninguna generalización.
Una hipótesis debena ser la respuesta pro-
puesta a un problema de investigación o a un
aspecto del problema. La hipótesis debe conte-
ner una afirmación de la relación entre dos o
más cantidades, especies o variables mensura-
bles, y debe llevar las inferencias claras para ve-
rificar dicha relación. Existen hipótesis legíti-
mas que no brindan criterios de relación entre
variables (ver más abajo), pero no son del tipo
adecuado para estudios de inventario y monito-
reo; sin embargo, pueden ser útiles para el estu-
dio de variables auxiliares obtenidas junto a los
datos básicos de muestreo.
El propósito real de poner a prueba una hi-
pótesis es averiguar la probabilidad de que la
misma esté apoyada por hechos. Estrictamente
hablando, la evidencia empírica nunca puede
24 Capitulo 4
probar o rechazar una hipótesis, pero puede
apoyar o "confirmar" la hipótesis bajo condicio-
nes adecuadas de repetición (e.g., Braithwaite
1955).
El objetivo de una prueba de hipótesis es
poner a prueba la relación entre variables. Di-
chas relaciones se conocen como proposiciones,
es decir, afirmaciones que pueden ser verdade-
ras o falsas. Comprenden diversos tipos de pro-
posiciones:
1. Proposición cualitativa simple: A tiene un
B característico. Esta afirmación no es-
tablece la relación entre (dos o más) facto-
res variables y, por lo tanto, no es verifica-
ble. Sin embargo, puede ayudar al
desarrollo de la teoría (a) al servir para es-
pecificar las condiciones necesarias bajo las
cuales se pueden esperar ciertas afinidades
entre especies; (b) sugiriendo otras proposi-
ciones relacionadas y brindando un cuerpo
básico de conocimientos; o (c) transformán-
dose en un componente de una proposición
más amplia y verificable. Un ejemplo de
este tipo de proposición es "las bromelias
son el único hábitat de Osteopilus brun-
neus en Jamaica."
2. Proposición consecuente. Si A, entonces
B. Este tipo de afirmación establece que B
es siempre una consecuencia de A, y
pueden indicar relaciones causales. Con
frecuencia es posible transformar una pro-
posición cualitativa simple en una proposi-
ción consecuente. Por ejemplo, con el objeto
de poder probarla, la afirmación 1 (ver más
arriba) puede formularse "Si se encuentra
0. brunneus, entonces su hábitat es una
bromelia."
3. Proposición correlacionada positivamente.
Cuanto más A, más B. Por ejemplo,
"Cuanto mayor sea la diversidadestructu-
ral de la vegetación acuática de una lagu-
na, mayor será la diversidad de especies de
renacuajos." La inversa de este tipo de pro-
posición también puede utilizarse: Cuanto
menos A, menos B.
4. Proposición correlacionada negativamente.
Cuanto más A, menos B. Por ejemplo, "A
medida que aumenta la altitud desde los
1.600 m a los 2.500 m en Perú, el número
de ranas que se reproducen en lagunas dis-
minuye."
5. Proposición nula. A y B no están relacio-
nadas. Una proposición nula indica que no
se pueden detectar relaciones entre varia-
bles. Por ejemplo, "No hay relaciones de
asociación o interacción (excepto la asocia-
ción geográfica) entre Hyalinobatrachium
valerioi y Smilisca sordida en los arroyos
de la baja América Central." Esta afirma-
ción no incluye una dirección determinada,
y por lo tanto es una hipótesis no direccio-
nal; por el contrario, las hipótesis 1 a 4 son
hipótesis direccionales. Las hipótesis direc-
cionales contienen mayor información so-
bre relaciones comprobables y pueden
constituir la base de pruebas estadísticas
más valederas.
Validez
TIPOS Y DEFINICIONES
La consideración más importante en el desarro-
llo de un problema, en la definición operacional
de variables con sus relaciones concomitantes y
en la formulación de una hipótesis verificable,
es mantener un equilibrio entre especificidad y
generalidad. En este sentido el investigador de-
be estar profundamente consciente de la validez
del diseño del proyecto.
Validez es la adecuación a un propósito de-
clarado, y se emplea en relación a las proposicio-
nes, incluyendo las causales (e.g., Cook y Camp-
be11 1979). En los estudios de observación, es la
estimación del grado en el que el diseño de in-
vestigación producirá realmente los resultados
o mediciones de variables propuestas. Alta vali-
dez implica una gran aproximación al objetivo
propuesto, mientras que una validez baja sugie-
re una aproximación pobre o un "error" grande.
En trabajos ecológicos, error se emplea para
describir todo alejamiento de la representativi-
dad, sin importar la causa. Por otra parte, en el
trabajo estadístico el error se emplea sólo para
referirse a la no-representatividad causada por
métodos de muestre0 inapropiados; todos los de-
más problemas se denominan sesgos. La fuente
de cualquier hecho que comprometa la validez
del estudio se la llama amenaza.
Al diseñar los muestreos para estudios de
anfibios, el investigador deberá tener en cuenta
dos grandes categorías de validez: Validez inter-
na es el grado en el cual las diferencias detecta-
das en una variable dependiente pueden ser
Diseño de Investigación 25
atribuidas directamente a cambios en una
variable independiente en una ocasión determi-
nada del muestreo. Por su parte, la validez ex-
terna es el grado en el cual los resultados obte-
nidos y las afirmaciones inferidas a través de
una situación de muestreo determinada, pue-
den aplicarse o generalizarse a individuos, po-
blaciones, objetos o conjuntos que no participan
directamente del estudio.
AMENAZAS A LA VALIDEZ INTERNA
Para alcanzar la validez interna en una investi-
gación, debemos ser capaces de excluir todas las
variables causales extrínsecas como explicación
de los resultados obtenidos. Cuando se elimina
una variable rival, se dice que está controlada;
las variables no controladas son amenazas a la
validez interna.
Una variable controlada no está asociada
con, ni relacionada a, la variable independiente,
de modo que sus efectos no pueden ser confun-
didos con los de aquella. La validez interna de-
be averiguarse en cada estudio preguntándose
si una variable dada (independiente) realmente
tiene una relación asociativa primaria con otra
variable (dependiente) y, si esto es así, si la va-
riable independiente realmente produce cam-
bios en la variable dependiente. Antes que la va-
lidez pueda ser evaluada, el investigador debe
asegurarse que no existan variables extrañas
que afecten al resultado o que hayan sido con-
fundidas con la variable de interés principal.
Cuando un grupo de investigadores tiene
sólo unos pocos días para obtener la lista y el
número de especies de la fauna de un lugar re-
moto, el estudio por lo general está escasamen-
te controlado y tiene poca validez interna. En
consecuencia, cuando se utilizan resultados de
este tipo para evaluar cambios faunísticos o pa-
ra diseñar un programa de manejo, las conclu-
siones pueden ser erróneas o inapropiadas.
Muestrear de esta manera a menudo implica
una "precisión engañosa," en la cual se obtienen
datos que púeden ser impresionistas e impreci-
sos, en el mejor de los casos, e insostenibles, en
el peor. Dado que frecuentemente se emplea es-
te tipo de estudios breves (particularmente pa-
ra evaluar el impacto potencial de una modifica-
ción ambiental), lo hemos incluido como una
técnica (ver "Inventario Completo de Especies"
en el Capítulo 6), pero con la mayor estandari-
zación posible. Los datos obtenidos de este mo-
do pueden ser empleados al menos como ele-
mentos de comparación para estudios más in-
tensivos, o como estimaciones preliminares de
la composición de un conjunto de especies.
Se conocen diversas amenazas potenciales a
la validez interna de los estudios de anfibios, y
las que se presentan a continuación han sido se-
lectivamente adaptadas de Campbell y Stanley
(1963).
1. Amenaza histórica. Una amenaza histórica
es un evento extraño o inesperado que ocu-
rre en el ambiente en el momento en que
se realizan las observaciones (especialmen-
te entre la primera observación y las sub-
secuente~), que puede generar confusión
sobre las relaciones seleccionadas entre va-
riables. Confundir es empleado en el senti-
do estadístico, para indicar que un efecto
obtenido puede ser atribuido a dos o más
variables, y que la influencia exclusiva de
cada una de ellas no puede ser discernida.
Por ejemplo, consideremos un estudio que
implica conducir por la noche a lo largo de
rutas seleccionadas como método para
muestrear presencia y actividad de anfi-
bios. El investigador ha identificado cuida-
dosamente las dos muestras a comparar y
controlar en tiempo, fecha, condiciones me-
teorológicas y factores estacionales, así co-
mo la velocidad y tipo de vehículo. La pri-
mera noche encuentra numerosas especies,
pero en la segunda noche registra muchas
menos. Averiguaciones posteriores mues-
tran que durante la segunda noche los
alumnos de un curso de herpetología estu-
vieron colectando anfibios a lo largo de esa
carretera 30 minutos antes que llegara el
investigador. La comparación entre mues-
tras resulta imposible.
2. Amenazas debidas a la madurez. Las ame-
nazas debidas al grado de madurez son
cambios (e.g., en edad, condición reproduc-
tora, nivel de fatiga, actividad estacional)
en los individuos de las poblaciones duran-
te el período de observación, que pueden
afectar el resultado final del estudio. La
madurez puede ser una amenaza impor-
tante cuando se muestrean organismos a
intervalos de duración considerable en re-
lación a la duración de sus ciclos de vida.
3. Amenazas debidas al instrumental y al ob-
servador. Estas amenazas son consecuen-
cia de diferencias en la calibración de ins-
trumentos que pueden llevar a diferencias
en los resultados. El problema incluye no
sólo al instrumental de laboratorio y de
campo (e.g., batenas débiles que pueden
afectar la calidad y precisión de las graba-
ciones de cantos de anfibios), sino también
diferencias entre observadores u observa-
ciones, las que pueden ser más que una
amenaza. Por ejemplo, un novato y un ex-
perto probablemente puedan registrar dife-
rentes valores para la distancia a la que se
puede registrar el canto de una rana o te-
ner diferencias en la estimación del núme-
ro de ranas que cantan en una transecta
de una selva tropical. Igualmente, una per-
sona que escucha el mismo canto especie-'
específicoen dos microhábitats diferentes,
o antes o después de observar otra variable
de interés, puede juzgarlos como diferentes
debido al aumento de experiencia y discri-
minación, fatiga o falta de atención. Dichas
variaciones pueden minimizarse emplean-
do métodos estandarizados y realizando
controles cruzados entre los observadores
antes de iniciar las tareas de campo.
Amenazas debidas a regresiones estadísti-
cas. Estas amenazas surgen cuando se eli-
gen anfibios u otros organismos en base a
lo extremado de cualquier carácter. Por
ejemplo, es inadecuado elaborar una con-
clusión sobre la abundancia basados única-
mente en el número de ranas observadas,
cuando sabemos que típicamente tienden a
permanecer ocultas entre la hojarasca. Si
las ranas son seleccionadas por la intensi-
dad de su canto (es decir, cuanto más fuer-
te su canto, mayor la posibilidad de selec-
ción) u otro carácter, el efecto de la
regresión estadística puede ser confundido
con el de la variable en estudio. Cuanto
más desviada o extrema (en cualquier di-
rección) sea la primera medición, mayor
será la variación en el segundo conjunto de
medidas. Este fenómeno es especialmente
pronunciado en variables sujetas a medi-
ciones poco confiables. La amenaza debida
a la regresión no entra en consideración si
se toman dos muestras grandes al azar de
dos poblaciones diferentes, o de una misma
población en tiempos diferentes y sin nin-
guna igualdad.
5. Znteracción con los efectos de selección. Los
efectos de selección se presentan cuando
las muestras no son elegidas al azar y los
grupos de anfibios resultantes difieren en
tamaño, variabilidad o tipo. Dichas dife-
rencias ponen en peligro las comparaciones
entre grupos y son una amenaza a la vali-
dez interna. El grado en que la aleatorie-
dad asegura la igualdad de los grupos está
demostrado por pruebas en los estadísticos
de las muestras (e.g., medias y varianzas).
La posibilidad que la suposición de igual-
dad entre grupos sea insostenible aumenta
cuanto menor sea el tamaño de la muestra.
Pueden ocurrir interacciones entre selec-
ción de muestras y cualquiera de las amenazas
1 a 4. La interacción selección-grado de madurez
puede verificarse cuando dos grupos (e.g., las
larvas de dos especies de anuros en una laguna)
maduran a diferente velocidad o en diferentes
proporciones (e.g., más machos que hembras).
La interacción entre selección y amenazas histó-
ricas puede surgir cuando los grupos tienen di-
ferentes historias locales. Dichos efectos son es-
pecialmente probables cuando se ignora una
fuente de variabilidad conocida. Por ejemplo, si
machos y hembras de una determinada especie
tienen comportamientos diferentes o distribu-
ción diferente dentro del hábitat, los muestreos
aleatorios pueden ser inapropiados. Un diseño
en bloques, o de muestreo estratificado en base
a sexos, realízado antes de una selección aleato-
ria dentro de cada sexo, aumentará la precisión
del muestreo y disminuirá la amenaza interac-
tiva a la validez interna.
AMENAZAS A LA VALIDEZ EXTERNA
Dado que los investigadores casi siempre están
interesados en la aplicabilidad de su trabajo
más allá de los límites de la muestra selecciona-
da (i.e., generalización), es importante tomar
precauciones con relación a la validez externa.
Esta se puede fortalecer describiendo a la pobla-
ción, conjunto y variables a las cuales se aplica-
rán los resultados antes de comenzar el estudio.
La representatividad de dichos factores deter-
minará hasta qué punto se podrán aplicar los
resultados.
Los siguientes factores pueden amenazar la
validez externa si no son evaluados antes de ob-
tener los datos:
Diseño de Investigación 27
Efectos interactiuos de la selección. Las ca-
racterísticas de la muestra seleccionada de
una población disponible son las que deter-
minan hasta qué grado se podrán generali-
zar los hallazgos. Los factores externos
(e.g., clima, condiciones ambientales) e in-
ternos (e.g., edad, condición reproductiva)
del grupo seleccionado pueden contribuir a
lograr un resultado atípico. La diversidad
que se encuentra en una laguna artificial,
por ejemplo, no es representativa de la di-
versidad en lagunas naturales.
2. Efectos reactiuos o interactiuos de los méto-
dos de preselección. La metodología em-
pleada en un estudio influye en los resulta-
dos subsecuentes, a través de sus efectos
en el comportamiento del sujeto. Por ejem-
plo, un animal que fue capturado y marca-
do antes del muestreo puede evitar otra
captura con más probabilidad que otro ani-
mal que no pasó previamente por esa expe-
riencia. Igualmente, la presencia de un ob-
servador en un área próxima puede alterar
de diversos modos el comportamiento nor-
mal de los anfibios. Este hecho puede no
ser una limitante a la generalización,
siempre y cuando se sigan ciertas precon-
diciones estandarizadas, puesto que todos
los estudios de inventario y monitoreo son,
en cierto modo, estudios de observación.
3. Znterferencias de efectos múltiples. Las me-
diciones realizadas en individuos que están
sujetos a más de un procedimiento serán
representativas si se comparan sólo con las
mediciones tomadas en otros individuos
sujetos a la misma serie de procedimientos.
RESUMEN
En cualquier estudio de inventario o monitoreo
se debe evaluar en detalle y en cada etapa del
proyecto su validez externa e interna, y también
se debe determinar la presencia e importancia
de cualquier amenaza. Estas últimas variarán
dentro y entre los estudios, dado que las amena-
zas particulares no están inevitablemente co-
rrelacionadas con un diseño de muestreo parti-
cular. He listado aquí aquellas amenazas cuya
aparición considero posible en estudios de biodi-
versidad. La lista no es exhaustiva (ver, por
ejemplo, Wright 1991), pero puede ayudarnos a
reconocerlas, y de este modo minimizarlas o eli-
minarlas del plan de estudio.
Observaciones de campo y
diseño estadístico
Precisión de los Datos
Una presunción fundamental, que subyace a
cualquier estudio sobre anfibios, es que los da-
tos han sido registrados y procesados con preci-
sión. Como se resalta en el Capítulo 6, las obser-
vaciones deben ser registradas en el campo y
posteriormente codificadas (si se considera ne-
cesario) e ingresadas en una computadora (si se
cree conveniente) para su análisis, para reducir
de ese modo la probabilidad de introducir erro-
res. La confianza en los resultados analíticos no
puede exceder la confianza en cada una de las
observaciones.
Si se utiliza una computadora, los datos de-
ben ser verificados a medida que se los ingresa.
Los programas de hojas de cálculo y base de da-
tos permiten establecer límites en cada colum-
na, para evitar los errores en exceso. Por ejem-
plo, si las estaciones se codifican de 1 a 4, el
programa evitará el ingreso de otros dígitos en
esa columna. Pero a pesar de esas precauciones,
es recomendable revisar los datos en una copia
en papel una vez que se completa el archivo.
A pesar del control cuidadoso pueden per-
sistir errores en el ingreso de datos. Uno de los
problemas más frecuentes es el de los valores
extremos o alejados - e s t o es, observaciones
claramente irreales. En este caso, se deben revi-
sar tanto los datos ingresados en el programa
como las notas de campo. Estas observaciones
extremas se pueden corregir sólo cuando la
fuente de error ha sido claramente identificada
(e.g., el código 4 para sexo o un valor 100 copia-
do como 1.000).
Otras situaciones que pueden afectar la
precisión de los datos son los accidentes (e.g., un
pluviómetro volcado) y los problemas mecánicos
y10 personales (e.g., baterías débiles en el graba-
dor, enfermedad del investigador). Cualquier
decisión de ignorar observaciones por posible
contaminación de datos debe ser tomada antes
que los mismos sean procesados, de modo que el
valor real de la observación no influya en la de-
cisión. Todoslos datos contaminados pueden ser
tanto rechazados como conservados. Con fre-
cuencia en los estudios de campo hay valores
que representan efectos biológicos genuinos,
que no pueden ser distinguidos de modo fide-
28 Capitulo 4
digno de irregularidades accidentales o errores
en el ingreso de datos. Si el investigador no es-
tá seguro que un valor extremo sea resultado de
uno de estos problemas, el mismo debena ser
conservado.
Aunque exista una razón obvia para elimi-
nar una información, la validez interna y exter-
na pueden estar amenazadas. Es posible que
aparezcan valores extremos o errores de medi-
da, con más frecuencia en un conjunto de condi-
ciones de estudio que en otro grupo. Si esto ocu-
mera así, y dichos valores fueran descartados,
bs datos restantes no serían representativos de
h población estudiada. Por ejemplo, las obser-
vaciones de un conjunto de cuadrantes de cier-
tos microhábitats en un área de estudio pueden
tener fallas debido a un elevado error del obser-
vador o a la distribución agregada de las espe-
cies. Si esas observaciones son corregidas o eli-
minadas, los restantes cuadrantes pueden no
ser representativos de la verdadera heteroge-
neidad del área y la estimación estadística pue-
de verse severamente sesgada. Se debe tener
cuidado al examinar las observaciones extremas
dentro del marco de referencia del estudio antes
de rechazar cualquier valor. Las posibles fuen-
tes de error deben ser claramente señaladas en
el informe final o en la publicación. Puede ser
d o s o comparar los resultados de los análisis
realizados con y sin los valores sospechosos.
Escalas de Medidas y
Análisis Estadísticos
Las números resultantes de una tarea de inven-
tario o monitoreo pueden tener uno a más de
tres caracteres cardinales: ordenamiento intrín-
seco significativo; diferencias ordenadas entre
pares de números; o un punto "cero" único u ori-
gen natural, indicando ausencia o deficiencia.
Stevens (1946) definió cuatro escalas numéri-
cas, basadas en el número de dichos caracteres
observados y la cantidad de información repre-
sentada acerca de la propiedad medida:
1. Escala nominal. Los números en esta esca-
la son utilizados para designar categonas
en una clasificación, pero no miden ningu-
na propiedad ni tienen un orden intrínse-
co. En este caso los numerales son real-
mente innecesarios, y se pueden emplear
palabras para describirlos, tales como ma-
cho y hembra, o las letras m y h. Cuando
la clasificación está sujeta a análisis esta-
dísticos se pueden emplear numerales sin
una relación de orden subyacente. Por
ejemplo, sexo puede ser codificado 1 ó O, y
un macho puede ser designado con uno u
otro valor sin alteraciones de su signifi-
cado.
2. Escala ordinal. Los números ordinales son
aquellos asignados a las cantidades de una
propiedad, de modo que el orden de los nú-
meros corresponde al orden de magnitud
de las cantidades (Torgerson 1958). Las es-
calas ordinales pueden tener origen natu-
ral (Torgenson 1958) o no (Stevens 1946).
En una escala ordinal los objetos se pue-
den arreglar siguiendo un orden serial sig-
nificativo con respecto a alguna propiedad,
mostrando que algunos individuos u obje-
tos tienen más de un determinado atributo
que otros. Para fines analíticos, cualquier
transformación de los números que preser-
ve el orden (i.e., incremento monótono) ser-
virá tanto como el conjunto original.
3. Escala de intervalo. Una escala de interva-
lo señala incrementos iguales en una de-
terminada propiedad de un individuo con
incrementos numéricos de igual valor. Ade-
más del hecho que el orden de los números
corresponde al orden de magnitud de las
diferentes cantidades de la propiedad, el
tamaño de la diferencia entre un par de
números corresponde a la distancia (en
sentido generalizado) entre el respectivo
par de cantidades de la propiedad. Cual-
quier conjunto de números que satisfaga
los requerimientos de esta escala no es
afectado por la transformación lineal (se-
gún la fórmula familiar y = a x + 6) del con-
junto. Un incremento en una unidad en
cualquier punto de la escala es idéntico al
incremento de una unidad de cualquier
otro punto.
4. Escala de relación. Una escala de relación
se forma cuando a las reglas de la escala
de intervalo se le agrega el requisito de un
origen natural único. Cualquier conjunto
de números que satisfaga estos requisitos
es inmune a la transformación linear (de la
forma y = a x ) .
Baker et al. (1971) proporcionaron una res-
puesta parcial a la pregunta de cómo relacionar
Diseno de Investigación 29
la escala de medición de datos con procedimien- REPREsENTATMDAD DE LAS MUESTRAS
tos de computación y pruebas estadísticas. MOS- La ley de 10s grandes números predice que las
traron que las probabilidades estimadas a par- muestras muy grandes serán representativas
tir de distribuciones de muestras de las así de las poblaciones a partir de las cuales fueron
llamadas estadísticas fuertes, tales como la tomadas, pero no dice nada de las muestras me-
prueba t , prácticamente no son afectadas por el dianas o pequeñas que se obtienen en el trans-
tipo de escala de medición empleada. En gene- curso de la mayoría de los trabajos de campo.
ral, entonces, una prueba de inferencia estadís- Cinco tiros de una moneda pueden dar 4 caras y
tica puede responder la pregunta para la que ha 1 cruz (ceca), lo que equivale a un 80% de caras,
sido diseñada, sin importar la escala de medida mientras que la proporción de caras en 5.000 ti-
original. ros es probable que se acerque al valor teórico
de 50%. De modo análogo, 5 cuadrantes dis-
Aleatoriedad puestos aleatoriamente en una selva con el 95%
de cobertura de dosel pueden caer en áreas
Las pruebas estadísticas básicas empleadas con abiertas, sobre pequeñas charcas y sendero;
los datos de observación de estudios de inventa- la ubicación de 100 cuadrantes será más
rio y monitoreo requieren que la elección inicial representativa de las verdaderas caracten'sticas
de los sujetos, las localidades y10 la aplicación del hábitat del área.
de técnicas de campo (e.g., ubicación de cua-
drantes) sea aleatoria. La comparabilidad de las asignaciones alea-
torias es probabilística, no determinística. Las
se en muestras individuales pueden variar notable-
técnico en el diseño de un estudio; no describe mente, pero la distribución de las muestras de-
los en la muestra los pro- penderá de la naturaleza de la a par-
cedimientOs por los que tir de la cual se las selecciona. Para un tamaño
muestreo es aleatorio si cada muestra posible, o de muestra dado se pueden obtener algunas
cada combinación de n selecciones de individuos muestras más heterogéneas que otras a partir
en la población tiene idénticas posibilidades de de poblaciones cuyos individuos son más varia-
convertirse en la muestra efectivamente obteni- bles entre sí. Los promedios y las proporciones
da. El muestreo aleatorio no significa, como se van a variar menos en muestras grandes que en
cree frecuentemente, que cada individuo de la muestras pequeñas de una misma población. El
población tenga la misma posibilidad de estar valor de la selección aleatoria no surge de la im-
en la muestra. En la práctica? una muestra se parcialidad o de la ausencia de sesgo con la cual
forma por y cada tiene cualquier muestra seleccionada refleja la pobla-
la misma posibilidad de ser seleccionado en el ción, pero la ausencia de sesgo es una conside-
momento de la selección. Este procedimiento se ración importante en muestras grandes. Entre
llama también muestreo aleatorio simple, en el las grandes contribuciones de R.A. Fisher se
sentido que es un muestreo sin más restriccio- considera la promoción de la idea que el proceso
nes (Kem~thOrne 1955; COchran 1963). En esta aleatorio puede ser empleado para alcanzar la
discusión sobre procedimientos de muestreos equivalencia de grupos antes de un experimen-
aleatorios, estáimplícito el hecho de que la to o estudio. Ninguna prueba de significancia
muestra se selecciona de una población finita. requiere, de facto, que todas las variables extra-
Si la población fuera de tamaño infinito, los ñas, no controladas, sean removidas, por lo que
muestreos aleatorios no serían aplicables y la la aleatoriedad está en vigencia (McGinnis
muestra se seleccionaría aleatoriamente sólo 1958). No obstante, el proceso de aleatoriedad
por presunción. asegura que se alcancen condiciones de equiva-
bíuchos creen que cualquier muestra de lencia de muestras dentro de límites razona-
una población obtenida aleatoriamente es alta- bles; las fallas en la aleatorización no implican,
mente representativa de dicha población, o que sin embargo, que se violen dichas condiciones,
es equivalente a ella en todos sus caracteres
esenciales. Una segunda noción ampliamente
aceptada es que los eventos casuales se auto-co- DE MUESTREO
nigen. Ninguna de estas suposiciones es cierta, Todos los métodos de muestreo conllevan algún
y pueden afectar la validez del estudio. patrón (distribución) de variabilidad. El conoci-
30 Capítulo 4
miento de dicho patrón es una herramienta
básica de inferencia estadística y puede ser
obtenido sólo a través de leyes de probabilidad
matemática, las que son aplicables únicamente
a muestras obtenidas bajo procesos aleatorios.
Se dispone de otros métodos de muestreo.
Algunos se basan en parte en procedimientos
aleatorios, mientras que otros aprovechan sólo
unas pocas características de dicho procedi-
miento. Muestreo de conueniencia es un término
genérico para aquel tipo de muestreo empleado
por conveniencia más que por su representativi-
dad formal. El muestreo de una fauna determi-
nada por un herpetólogo experto puede aproxi-
marse a la verdadera proporción de especies en
el área. Los números obtenidos, sin embargo,
están sujetos a la variabilidad del muestreo, pe-
ro de un modo indeterminado, con lo que la po-
sibilidad de una repetición científica se ve dis-
minuida. Se dispone de tres tipos de muestreo
de conveniencia: accidental, de capturas al azar
y fortuito.
El muestreo accidental ocurre cuando los
datos sobre una especie o un género se obtienen
de modo accesorio a un estudio mayor o no rela-
cionado, y no están seleccionados aleatoriamen-
te. Dichos muestreos no garantizan que las ob-
servaciones sean representativas de l a
población y no está claro cómo precisar la pobla-
ción estudiada.
Cochran et al. (1954) discutieron la captura
al azar, en la cual el investigador sólo "manotea
un puñado." Tanto si las unidades de muestreo
son individuos de una población o como cartas
con números aleatorios, aquellos en el puñado
se parecen más entre sí, en promedio, que los
obtenidos con un muestreo aleatorio simple; la
variabilidad es subestimada. Dichos autores
mostraron que, aunque los "manotazos" estén
diseminados aleatoriamente, de modo que cada
uno tenga igual posibilidad de entrar en la
muestra, no comparten las características de
una muestra obtenida aleatoriamente.
Los muestreos fortuitos incrementan la in-
fluencia de la suerte y, desafortunadamente,
pueden pasar por muestreos aleatorios en algu-
nas aplicaciones ecológicas (e.g., muestreo por
cuadrantes). Sin embargo, a menos que el inves-
tigador emplee algún mecanismo, tal como un
generador o una tabla de números aleatorios
para relacionar localidades, microhábitats o si-
tios para la distribución de sus cuadrantes o
transectas, puede crear un efecto halo. Un efec-
to halo se produce cuando el investigador selec-
ciona los "mejores" o "buenos" sitios o individuos
para el muestreo. Por ejemplo, se selecciona una
rana que estaba inmediatamente fuera de los 1í-
mites del área de estudio porque presentaba las
características deseadas. Este método de selec-
ción ciertamente permitirá muestras más gran-
des o límites mayores a la abundancia de espe-
cies. Sin embargo, el muestreo fortuito amenaza
la validez externa y puede influir en los resulta-
dos de pruebas estadísticas subsecuentes.
En contraste a los muestreos de convenien-
cia, el muestreo probabilistico es un proceso en
el que la aleatoriedad es un requisito. Dicha
aleatoriedad puede entrar en todos los puntos
del proceso de muestreo. Algunos métodos de es-
te tipo nos interesan en los estudios de inventa-
rio y monitoreo. Con la estratificación (muestreo
aleatorio estratificado) se divide a la población
en estudio en grupos o estratos relativamente
homogéneos antes del muestreo, basados en fac-
tores conocidos (e.g., sexo, tamaño, condición re-
productiva, estadio del ciclo de vida) que influ-
yen en la variabilidad de dicha población. La
selección subsecuente dentro de cada estrato es
aleatoria. Los factores deben ser seleccionados
con el consejo de expertos en anfibios. Los jui-
cios emitidos por ellos pueden ser inapropiados
para un muestreo estadístico, pero son vitales
para controlar variables extrañas al fenómeno
que está siendo estudiado, y por lo tanto para
aumentar la validez interna. El muestreo alea-
torio estratificado es también una estrategia
operacional útil para evitar excluir del estudio a
especímenes, eventos o microhábitats indivi-
duales y evitar la reducción de la variabilidad
del estudio.
La aleatoriedad dentro de los grupos estrati-
ficados aumenta la precisión del estudio asegu-
rando que la muestra contenga la misma distri-
bución proporciona1 de anfibios, eventos y
microhábitats como la población en estudio. Au-
menta también la probabilidad que el estudio sea
representativo de la población. El muestreo alea-
torio estratificado es adecuado para poblaciones
que tienden a ser irregulares (Seber 1986). En
esos casos, cada muestra de tamaño n en cada es-
trato tiene una probabilidad conocida de ser se-
leccionada para el estudio. La probabilidad real
de selección no necesita ser conocida; sólo es ne-
cesaria la relación de dicha probabilidad con la
proporción de tales muestras en la población.
Diseño de Investigación 31
En un muestreo se deben realizar los mayo-
res esfuerzos para reducir cualquier amenaza
grande o importante y evitar cualquier error de
muestreo aleatorio. Luego de esto, el modo más
fácil de aumentar la precisión de la muestra es
aumentar su tamaño. En igualdad de condicio-
nes, el error de muestreo aleatorio es con apro-
ximación inversamente proporcional a la raíz
cuadrada del número de unidades incluidas en
la muestra (Yates 1981). La precisión alcanzada
dependerá del tamaño de la muestra y de la va-
riabilidad en la población de sujetos que contri-
buyen al error de muestreo.
Además del muestreo aleatorio simple y del
muestreo estratificado, se dispone de otros mé-
todos que no sólo no introducen nuevos sesgos
sino que también reducen substancialmente la
variabilidad y, a su vez, reducen el tamaño de
muestra necesario para alcanzar los niveles de
precisión deseables. Uno es el muestreo sistemá-
tico, con un punto de partida aleatorio en el cual
la muestra es obtenida por un método sistemá-
tico, no aleatorio (e.g., muestrear a intervalos
iguales en tiempo y espacio). Por ejemplo, uno
puede seleccionar las localidades de una lista
eligiendo cada quinta entrada. Otro método, el
muestreo de grupos, utiliza grupos (e.g., lagu-
nas, oquedades en árboles), no individuos, como
unidad básica (multiestado) de muestreo; este
enfoque puede elegirse en situaciones ecológicas
que necesitan una cobertura uniforme del área
(Scherba y Gallucci 1976; Seber 1986). Muchos
autores (e.g., Seber 1986) han señalado la nece-
sidad de diseños de muestreos que empleen pro-
puestas de muestreos más eficientes, esto es,
que brinden más variabilidad. Tanto Yates
(1981) como Krebs (1989) proporcionaron bue-
nas discusiones sobre este problema.
Es importante darse cuenta que la atribu-
ción aleatoria de individuos u objetos a grupos
sólo minimiza, pero no elimina, las amenazasa
la validez. La asignación aleatoria no garantiza
un diseño de investigación productivo ni una hi-
pótesis verificable. Proporciona solamente el
marco adecuado para realizar inferencias, pero
no garantiza la infalibilidad de las mismas; las
presunciones de comparabilidad son sólo supo-
siciones y su credibilidad debe ser examinada.
La aleatoriedad es el mejor método para evitar
sesgos accidentales, pero si el tamaño de los
grupos es pequeño, las grandes diferencias in-
trínsecas que sesgan los efectos estimados pue-
den persistir por azar entre los grupos (Gilbert
1989). De modo alternativo, la elección juiciosa
de controles de variables (McGinnis 1958) y el
empleo de los planes de muestreo más sofistica-
dos discutidos más arriba, pueden reducir los
tamaños de muestra e incrementar la validez
interna y externa de la investigación.
USO DE LA TABLA DE NÚMEROS ALEATORIOS
En este libro se incluye una tabla de números
aleatorios (Apéndice 7). El uso de estas tablas al
diseñar estudios de muestreo es, probablemen-
te, el método más ampliamente aceptado para
obtener muestras aleatorias; se lo recomienda
en muchas de las técnicas, pero deben ser em-
pleadas adecuadamente.
Con fines de estudios de inventario y moni-
toreo, el primer paso es hacer una lista de obje-
tos, hábitats, cuadrantes o transectas sujetos al
proceso de atribución aleatoria. Los individuos,
a pesar de ser los objetos de interés primario, no
se aleatorizan en un estudio de campo, pero sí
los sitios en los que serán capturados o estudia-
dos. A cada componente de la lista se le asigna
un único numeral. El próximo paso es la selec-
ción de los números tabulados para emplearlos
en la selección de la muestra. Supongamos que
queremos distribuir aleatoriamente 10 cua-
drantes de l m2 en un hábitat determinado, que
tiene un área de 25 x 25 m, o sea 652 m2. Un
mapa del área podría subdividirse en 25 parce-
las de igual tamaño (5 x 5 m), y a cada una se le
asigna un número único y consecutivo, de 1 a
25. Luego es necesario seleccionar, aleatoria-
mente, 10 parcelas en las cuales se establecen
los 10 cuadrantes. Para ello debemos emplear la
tabla de números aleatorios (Apéndice 7) para
seleccionar 10 números, cada uno de los cuales
representa una parcela específica en un conjun-
to de 25. El empleo de esta tabla, que fue idea-
da para este libro, se explica en detalle en el
Apéndice 7.
A veces es necesaria una segunda aplicación
del procedimiento de muestreo al azar para ase-
gurar que los sitios seleccionados sean analiza-
dos en orden aleatorio. También podemos selec-
cionar un grupo "control" de la misma manera.
El propósito es crear dos grupos equivalentes en
el sentido probabilístico. Los dos conjuntos de
cuadrantes serán colocados en áreas represen-
tativas de un total de 652 m2 del área seleccio-
nada para el estudio. El empleo de dicho grupo
control no significa necesariamente que la po-
32 Capítulo 4
blación bajo estudio tenga alguna característica
unificadora o forme alguna población biológica
de interés.
En algunas circunstancias puede ser prefe-
rible emplear otras formas de muestreo proba-
bilístico. Por ejemplo, si l a población en estudio
estuviera estratificada por microhábitats antes
del muestreo, las parcelas dentro de cada estra-
to serán seleccionadas separadamente emplean-
do la tabla de número aleatorios.
Es preferible realizar la estratificación o la
división en bloques previo al muestreo antes
que ajustar la atribución aleatoria inicial a gru-
pos (Cook y Campbell 1979). Sin embargo, si se
conociera nueva información sobre la fauna, que
indicara que las diferencias en microhábitats
pueden ser importantes en el estudio, la ubica-
ción de cada cuadrante dispuesto aleatoriamen-
te puede ser revisada para evitar la no compa-
rabilidad. El investigador puede encontrar, por
ejemplo, que 7 cuadrantes incluyen partes de un
arroyo, 2 incluyen pequeñas lagunas y 1 está en
un área cubierta por una gruesa capa de hoja-
rasca seca. Si este sesgo se detecta antes de co-
menzar las observaciones, la re-aleatorización
(es decir, l a selección de 10 nuevos valores) es
una posibilidad. Sin embargo, en este caso se
debe considerar seriamente la posibilidad de es-
tratificación o realizar muestreo en bloques. Pa-
ra tener la máxima efectividad, el diseño de
muestreo deberá determinar el punto en el cual
entraría la aleatoriedad.
Otro procedimiento común para hacer atri-
buciones aleatorias de unidades de muestreo es
escribir en papelitos los números que represen-
ten las unidades de muestreo disponibles (e.g.,
1; 2; . . . 25), colocarlos en una bolsa, mezclarlos
vtivarnente y luego seleccionar papelitos hasta
alcanzar el tamaño de la muestra (en nuestro
aso, 10). Este método puede tener sesgos im-
previstos (e.g., algún papelito se pegó a la bolsa,
e se pegaron entre sí). También pueden em-
@earse tablas de números aleatorios generados
pr computadora, pero cada programa debe ser
ambolado, dado que algunos autores han iden-
tificado imprecisiones en algunos generadores.
Connor (1977) sugirió seguir el siguiente
+ pocedimiento para lograr una aleatorización de
d a n z a :
1. La o las personas que diseñan el estudio y
que mejor comprenden la razón fundamen-
tal del muestreo harán la asignación alea-
toria.
2. Los que controlen dicha asignación serán
los investigadores, no los empleados de la
agencia.
3. Las asignaciones las hará una persona, no
un grupo.
4. Los investigadores no utilizarán "trucos"
con los cuales burlen la asignación aleato-
ria para un número pequeño de objetos
(e.g., que el investigador incluya un sujeto
levemente fuera del cuadrante dadas sus
características).
Se podría agregar otro punto a la lista:
5. La aleatorización se realizará antes de en-
trar al terreno. Esta práctica elimina ses-
gos tanto en las selecciones no intenciona-
les como en las conscientes, y evita la
sustitución de una unidad, espécimen o
parcela que es menos conveniente o que es
menos apto para proporcionar información.
La muestra será lo suficientemente repre-
sentativa de una población si se minimizan ade-
cuadamente los errores introducidos en el pro-
ceso de muestreo efectuados en el campo. Aun
así, los sesgos que afecten a conclusiones coin-
pletamente objetivas no necesariamente invali-
dan a todo el estudio. Con frecuencia, los sesgos
constantes o pequeños no tienen consecuencias.
Por ejemplo, cuando un sesgo pequeño es cons-
tante de una especie a otra, los inventarios dise-
ñados para analizar la fauna de un sitio dado se
verán poco afectados. Se debe evitar dar impor-
tancia exagerada a las pequeñas fuentes de ses-
go que, de hecho, sólo producen errores que son
triviales en relación al error del muestreo alea-
torio (Yates 1981). Un asunto vital en la inferen-
cia estadística es averiguar la importancia rela-
tiva del sesgo y del error de muestreo.
Independencia
Las pruebas estadísticas pueden carecer de
validez si los hechos que se investigan no son in-
dependientes. Se dice que los hechos son esta-
dísticamente independientes cuando la probabi-
Diseño de Investigación 33
lidad de ocurrencia de un hecho permanece
constante, sin importar la ocurrencia de otro.
Los muestreos sucesivos en una población son
independientes si la probabilidad de seleccionar
una muestra cualquiera es independiente de la
selección de las otras (Marriott 1990). Los ejem-
plares de anfibios extraídos uno a uno de una
parcela (ver "Muestreo Cuantitativo de Larvas
de Anfibios" en el Capítulo 6, y "Muestreo por
Remociónn en el Capítulo 8) pueden ser conside-
radas independientes si la población es grande.
Las observaciones de anfibios a lo largo de una
transecta son también independientes en la me-
dida en que los individuos no sean muy móviles
y sea improbable que se los cuente en más de
una muestra. En contraste, la remoción de ma-
chos de un coro probablementeafecte la activi-
dad de canto de otros machos, dificultando así
su localización y extracción. De modo similar,
los muestreos a intervalos cortos que se realizan
manejando de noche, pueden también carecer
de independencia.
En el sitio de estudio las transectas deben
ubicarse lo suficientemente separadas unas de
otras como para evitar la superposición de re-
gistros visuales o auditivos. Cuando se trabaja
con poblaciones pequeñas, por ejemplo, larvas
en la oquedad de un árbol o de un charco muy
pequeño íe.g., que puede muestrearse con una
sola pasada de una red), la muestra inicial afec-
ta a las subsecuentes al reducir drásticamente
el número de individuos. En este caso, la pobla-
ción larval remanente puede tomar característi-
cas completamente diferentes a aquellas de la
población inicial intacta. Otro ejemplo en el que
puede haber dependencia es cuando se mues-
trean ranas de lagunas próximas en días sucesi-
vos. A menos que se las marque, algunos (o mu-
chos) individuos podrían ser incluidos en ambas
muestras.
Tamaño de Muestra
En la etapa de diseño de un estudio, normal-
mente surge la pregunta acerca de cuál es el
tamaño de muestra necesario para que los re-
sultados sean tanto comparables como generali-
zables. Algunos factores como tiempo, dinero y
personal disponible determinan que las mues-
tras sean pequeñas, mientras que la estadística
y las consideraciones biológicas necesitan mues-
tras grandes. La mayor preocupación es deter-
minar cuál es el tamaño mínimo necesario de
una muestra biológica, para que produzca ha-
llazgos estadísticamente creíbles.
Las consideraciones sobre pruebas estadísti-
cas, grado de comparabilidad y representativi-
dad alcanzada por la aleatoriedad convence a la
mayoría de los investigadores que lo más grande
es siempre mejor. En la literatura ecológica
abundan las explicaciones y disculpas por mues-
tras pequeñas. Sin embargo, la máxima "cuanto
más grande mejor" no es invariablemente cierta
ni es mandatoria para el análisis estadístico.
Para proyectos de inventario y monitoreo
necesitamos considerar al menos dos aspectos
sobre el tamaño de muestra: (1) el número de
cuadrantes, transectas o viajes al lugar y (2) el
número de especímenes colectados y de especies
muestreadas. En la sección sobre técnicas de
muestre0 se brindan sugerencias sobre el pri-
mer punto, pero con dos advertencias. F'rimero,
para muestreos aleatorios simples con cuadran-
tes, transectas o parches, el tamaño de muestra
sugerido está basado en el número que los ex-
pertos consideran necesario para alcanzar la re-
presentatividad biológica o ecológica del área de
estudio. Segundo, si se incluye estratificación,
es conveniente seleccionar de una a tres varia-
bles sobre las cuales estratificar y alcanzar com-
parabilidad de grupos a través de muestreos
aleatorios dentro de cada estrato. Esta metodo-
logía eliminará los problemas de individuos per-
didos o inalcanzables en un conjunto grande y
multifacético.
Determinar el número de replicaciones en
el trabajo de campo es molesto, dado que el cos-
to es el que establecerá el número de visitas. A
menos que el investigador pueda especificar un
modelo, las fórmulas para predeterminar el ta-
maño de las muestras son asintóticas más que
exactas, en el mejor de los casos, e imposible de
alcanzar bajo las limitaciones del estudio, en el
peor. Para otros propósitos, los consejos de un
experto pueden ser de fiar. De hecho, volver a
visitar el sitio de acuerdo a un cronograma es-
tandarizado es probablemente más esencial que
realizar un número predeterminado de visitas.
El número de ejemplares colectados o de es-
pecies muestreadas presenta diferentes proble-
mas. En los estudios de observaciones de campo
del tipo de las que discutimos en este libro no se
toma como norma un número predeterminado
de ejemplares; los investigadores encuentran
los que pueden. Igualmente, en una situación
34 Capítulo 4
biológica realista de inventario y monitoreo, los
especímenes y las especies son los temas de es-
tudio pero no la unidad de muestreo y, a diferen-
cia de una transecta o un cuadrante, no son los
objetos directos de una selección aleatoria. Sin
embargo, es posible averiguar una vez concluido
el muestreo, si el tamaño de muestra brinda
una posibilidad razonable de que se confirme la
hipótesis nula.
Los investigadores con frecuencia se sien-
ten satisfechos de obtener una muestra peque-
ña, y se deleitan con una moderada. Los estu-
dios de campo no requieren el empleo a priori de
fórmulas para determinar el tamaño de las
muestras, sino una determinación a posterion
de la potencia observada del trabajo de campo.
Algunos autores (e.g., Rotenberry y Wiens 1985)
han discutido el empleo de las fórmulas de po-
tencia y tamaño de muestra en el diseño de los
estudios de campo. Me centraré en el empleo de
los conceptos de potencia y de tamaño de mues-
tra en la medida en que se relacionan a la inte-
pretabilidad.
Errores de las Pruebas
Tanto la hipótesis nula (que la variable en estu-
dio no tiene efecto, o que la relación no tiene
sentido) como la hipótesis alternativa (que la re-
lación tiene efecto o l a variable es significativa)
están en consideración cuando se realiza una
prueba estadística. El trabajo estadístico en bio-
logía se centra en la hipótesis nula. También se
enfatiza en los errores de tipo 1 o alfa. El error
alfa es usualmente llamado el nivel de signifi-
cancia elegido para el estudio; indica cuán pro-
bable es rechazar una hipótesis cuando es cier-
ta y no debería ser rechazada. Este nivel,
cuando se le permite alcanzar un rango sobre el
intervalo (O; 11, realmente debería ser visto co-
mo una variable aleatoria o un estadístico que
mide la consistencia de los datos bajo la hipóte-
3% nula. Los errores de tipo 2 o beta de una
prueba particular se refieren a cuán probable es
que no se rechace una hipótesis cuando es falsa
p debería ser rechazada (una hipótesis nula no
puede ser "aceptada"); este tipo de error no pue-
de ser controlado por la simple selección del ni-
vel de significancia. Es frecuente prefijar el ni-
vel de error de tipo 1 y minimizar la posibilidad
de errores de tipo 2.
Cualquiera de los dos errores puede ser cos-
toso, y las características de la prueba determi-
narán cuál de los dos tiene efectos más deleté-
reos. Es sencillo mostrar casos de vida o muerte
en los cuales el costo de cometer errores de tipo
1 es decididamente mayor que cometer errores
de tipo 2. En este caso, el nivel de significancia
(alfa) puede ubicarse en 0,01 o aun en 0,001 pa-
r a contrarrestar la posibilidad de una decisión
errónea. Cuando no son casos de vida o muerte,
un error de tipo 1 es generalmente menos costo-
so que un error de tipo 2. Esto es especialmente
cierto en los estudios exploratorios o en estudios
que incluyen caractensticas innovadoras o efec-
tos de especies evasivas. Toft y Shea (1983), no
obstante, han señalado algunas circunstancias
en estudios básicos en los que el costo de un
error de tipo 1 puede exceder el de un error de
tipo 2.
LA CONVENCI~N DEL 0,05
Para poder realizar una elección racional de los
niveles de error, sena conveniente establecer al-
guna norma sobre la pérdida involucrada. Dicha
norma es prácticamente imposible en un inven-
tario general o en una tarea de monitoreo, lo
que es un problema cuando se prueban hipóte-
sis sobre anfibios con este tipo de datos. Gene-
ralmente, los biólogos resuelven el problema
adoptando en sus estudios el nivel convencional,
pero arbitrario, del 0,05 (u ocasionalmente 0,011
para alfa, ignorando de este modo el segundo ti-
po de error, así como la potencia de la prueba. El
nivel de 0,05 para alfa, que se presenta como
una verdad indiscutible (y que puede tener efec-
tos determinantes en la decisión de publicar los
resultados o no), es solamente una convención.
El empleo de un valor constante para alfa(0,051
introduce imparcialidad en la prueba pero pue-
de ser un impedimento serio en la interpreta-
ción, ya que ignora otros aspectos importantes
del proceso de inferencia. Además, se aplica al
problema del error, pero no a la utilidad o im-
portancia del resultado obtenido. La decisión de
emplear un error de alfa fijo no siempre es la
mejor estrategia para un trabajo de observa-
ción. La selección de valores pares para alfa y
beta, basados en la complejidad del sistema de
muestreo, pueden servir mejor en estudios de
biodiversidad. Alfa puede igualar a beta para
brindar las mismas posibilidades de detección
como una norma para trabajos de observación
de campo, a menos que las circunstancias deter-
minen que un error sea más costoso, o más difí-
cil detectarlo que cualquier otro.
Diseno de Investigación 35
POTENCiA, EFECTO DE TAMAÑO Y
TAMAÑO DE MUESTRA
La probabilidad de cometer un error de tipo 2 o
beta (no rechazar una hipótesis falsa) y la
probabilidad de rechazar una hipótesis correcta
(potencia) están necesariamente relacionadas
(1 - error beta = potencia). Por lo tanto, una
prueba potente es aquella que permite sostener,
con una alta probabilidad, que hay una diferen-
cia real cuando dicha diferencia existe efectiva-
mente en la población. Los resúmenes de resul-
tados de las investigaciones normalmente
informan sobre el tamaño de muestra y el error
alfa, o el nivel de probabilidad (p) observado,
pero no dicen nada acerca del error de tipo 2 o
potencia. Además, el valor p observado es, fre-
cuentemente, el único criterio utilizado para to-
mar decisiones acerca de la exactitud de la hipó-
tesis, sin referencias al tamaño de muestra,
diseño de la experiencia o costo potencial de la
decisión (Yaccoz 1991).
Los comentarios interpretativos en la lite-
ratura de anfibios revelan la disposición a con-
siderar que los resultados significativos alcan-
zados con muestras más grandes son más
convincentes y tienen más sentido que aquellos
basados en muestras pequeñas. Además, cuan-
do un investigador concluye que existe una rela-
ción estadísticamente significativa, general-
mente está seguro que no sólo existe una
relación biológica en la población, sino también
en que el grado o tamaño de dicha afinidad o
efecto es digno de consideraciones adicionales.
Sin embargo, la magnitud del efecto (relación o
diferencia) no es producto del tamaño de la
muestra.
Es cierto que cuanto menores sean los valo-
res de alfa y de la probabilidad observada, p ,
más seguros podremos estar que el resultado
obtenido no puede ser atribuido a un error de
muestreo. No obstante, ni alfa n i p indican cuán
separados están los parámetros (e.g., medias) o
cuán grande es realmente el efecto discutido. El
efecto de tamaño (Cohen 1977) es una medida
relativa, en unidades de desviación estándar de
la población, de la diferencia que el investigador
intenta detectar. Sin embargo, en muchos estu-
dios de observación no es posible especificar a
priori el efecto de tamaño. Esta diferencia pue-
de estimarse luego de obtener los datos; el efec-
to del tamaño observado (i.e., una diferencia es-
tandarizada entre dos parámetros observados)
estima esta separación para una prueba o pro-
cedimiento dado (Cohen 1977; Lipsey 1990). Si
se rechaza la hipótesis nula quiere decir que
pueden encontrarse diferencias reales entre las
situaciones especificadas por las dos hipótesis.
La magnitud de esta diferencia tendrá conside-
rable influencia en la probabilidad de alcanzar
significancia. Para muestras heterogéneas de
tamaño equivalente, cuanto más grande sea el
efecto (relación) más probable será que se deter-
mine como estadísticamente significativo, y ma-
yor será la potencia de l a prueba. Del mismo
modo, cualquier variable, no importa cuán in-
consecuente sea, puede manifestar una diferen-
cia estadísticamente significativa en muestras
lo suficientemente grandes. Pero, ¿podemos
realmente aceptar que una diferencia estadísti-
camente significativa entre medias de 0,343 ra-
na&m de transecta y 0,341 ranasikm indican
un cambio real en la abundancia de especies?
Este tipo de problemas debe ser resuelto. Con
muestras grandes las diferencias a ser probadas
pueden ser pequeñas y aun así ser consideradas
estadísticamente significativas; con muestras
pequeñas las diferencias deberán ser bastante
grandes (pero, como discutiremos, todavía no
necesariamente esenciales) para ser detectadas.
Para evaluar una diferencia determinada se de-
be conocer no sólo su significancia sino también
su tamaño.
Cuando los tamaños de muestra son aproxi-
madamente iguales, se debe evaluar la diferen-
cia máxima observada (en términos de una me-
dida apropiada de efecto de tamaño) entre los
grupos de resultados considerados no significa-
tivos y la diferencia entre aquellos considerados ,
significativos. El efecto de tamaño observado j
para el primer grupo nunca debe ser mayor que 1
cualquier efecto de tamaño en el segundo grupo. i
1
Una breve reflexión mostrará que este criterio ;
constituye la pauta básica para evitar proble- '
mas de interpretaciones ilógicas en el resumen.
En el marco experimental e inclusive en al-
gunos estudios de reconocimiento, es posible es-
tablecer un efecto de tamaño mínimo o la menor
diferencia detectable antes de comenzar el tra-
bajo. Este valor, determinado a priori tanto por
la opinión de un experto (Cohen 1977) como por
resultados de estudios previos (e.g., Ferrari y
Hayek 1990), se emplea en las fórmulas para
determinar la potencia y el efecto de tamaño e L
las muestras.
36 Capítulo 4
Una opinión que no siempre se presenta es
que las pruebas de hipótesis nula no son real-
mente las más apropiadas para el trabajo de
campo, y que en muchos casos las ambigüeda-
des y los problemas de interpretación pueden
ser solucionados o eliminados empleando un en-
foque alternativo. Si la magnitud del efecto de
interés fuera especificada en la formulación de
la hipótesis científica, las pruebas estadísticas
simples serían sólo un aspecto del cuadro total
de inferencia estadística. Por ejemplo, un inves-
tigador desea probar que las poblaciones de Am-
bystoma tigrinum han disminuido al menos un
10% en el tiempo, o que la longitud hocico-cloa-
ca de Rana limnocharis difiere en menos de una
unidad estándar entre dos localidades. En este
contexto entra en juego el conocimiento acumu-
lado de los expertos, y la situación exacta a ser
probada tiene significancia biológica. El nivel de
significancia estadística claramente se referirá a
la confianza que la persona tiene en la decisión
final, y la estimación del intervalo de confianza
jugará un papel más integral. Más importante
aún, el resultado no podrá ser confundido con el
tamaño del efecto mismo, y no se probarán efec-
tos irreales.
En los estudios de correlación, normalmen-
te se reporta una medida del efecto de tamaño
liamada coeficiente de determinación (que es el
cuadrado del coeficiente de correlación). En este
marco, los investigadores aparentemente reco-
nocen que el coeficiente de correlación, su signi-
ficancia y el nivel de probabilidad no brindan
una medida del tamaño de la relación en estu-
dio. El valor de la medida de la relación en estu-
dio pasa desapercibido en los estudios de obser-
vación (y experimentales) cuando la prueba de
hipótesis nula es el único método de inferencia
estadística empleado.
Cuando surge necesariamente la pregunta
de cuán grande debe ser una muestra, normal-
mente se establece que 25 (o 30, ó 50 ó 100) es
el número correcto a emplearse para obtener re-
sultados estadísticamente razonables. General-
mente, los números se eligen para dar límites
estrechos al error sobre la media, pero no están
relacionados a ninguna consideración de poten-
cia. Elegir un número sobre esta base puede ser
un problema serio.
Dado que los esfuerzos de inventario y mo-
nitoreo tienen que ver principalmentecon el
descubrimiento de cambios importantes en la
biodiversidad a lo largo del tiempo (especial-
mente declinaciones), se debería emplear la
prueba más potente posible. Las recomendacio-
nes para estudios de áreas, faunas o especies
adicionales dependerá de los niveles de potencia
reportados. Los hallazgos no significativos (pro-
bablemente contrarios a la idea preconcebida)
de un estudio bien diseñado y con muestras
grandes, que minimicen las amenazas a la vali-
dez interna y externa, no necesariamente re-
quieren que el estudio sea finalizado. La mejor
recomendación sena volver a visitar y a mues-
trear con una metodología más potente antes de
abandonar esa línea de investigación. Borens-
tein y Cohen (1988) proporcionaron un progra-
ma para calcular la potencia y determinar el ta-
maño de muestra requerido para aumentar la
potencia.
Si el efecto de tamaño observado es grande
y el tamaño de muestra es suficiente para detec-
tarlo, se puede justificar la confianza en resulta-
dos no significativos (basados en nivel alfa). Si
el efecto de tamaño es pequeño y10 el tamaño de
muestra es insuficiente para detectar dicho va-
lor, el estudio debe continuar. Si se calculan tan-
to la potencia y el efecto de tamaño observado,
el lector puede tomar una decisión informada
sobre la población, y sabrá qué limites poner a
las interpretaciones y recomendaciones.
Cualquier procedimiento de prueba estadís-
tica incluye una considerable subjetividad, la
que generalmente es ignorada por los métodos
convencionales de análisis de datos de anfibios.
La consideración y reporte de los valores de po-
tencia observada, efecto de tamaño observado,
nivel alfa y tamaño de muestra, disminuiría la
tendencia a aceptar el resultado de la prueba
estadística de una hipótesis como una conclu-
sión definitiva de la investigación. La subjetivi-
dad inherente a los procedimientos de inferen-
cia estadística exige que el investigador
considere si la historia que le cuenta la estadís-
tica tiene sentido. Gilbert (1989) enfatizó que se
debe poner mayor preocupación en el tamaño de
efecto biológico, o en la historia digna de ser se-
guida. Un nivel de información que indique el
rechazo de la hipótesis no puede brindar esa in-
formación. Una prueba estadística responde a
la pregunta formulada; depende del investiga-
dor que dicha pregunta conlleve una relación
con la realidad biológica.
Diseño de Investigación 37
Significancia Estadística versus
Significancia Substantiva
Estrictamente hablando, la inferencia estadísti-
ca clásica brinda respuestas válidas sólo en el
contexto de sucesos a largo plazo, pero quienes
investigan sobre anfibios a menudo requieren
respuestas inmediatamente después de conclui-
do el monitoreo. Por ejemplo, cuando los hallaz-
gos (con el 95% de confianza) indican que un há-
bitat alberga un número significativamente
menor de especies que otro, la inferencia esta-
dística sólo le permite decir al investigador que
si se muestrean aleatoriamente los mismos há-
bitats una y otra vez, en sólo 5 veces de cada
100, en promedio, las diferencias tanto o más
grandes que las observadas podrían deberse al
azar. Desafortunadamente, no hay modo de sa-
ber cuándo un grupo particular de resultados
pertenece a uno de esos casos. Confiar exclusi-
vamente en las pruebas de significancia sin in-
corporar otras formas de inferencia (e.g., esti-
mación del intervalo de confianza) oscurece la
relación entre la observación misma y la magni-
tud del efecto a ser examinado. Generalmente
se sabe que la hipótesis nula de no diferencia es
falsa, aun antes de tomar los datos (ver, e.g., Sa-
vage 1957). Ningún batracólogo cree en la exis-
tencia de la hipótesis nula exacta -esto es, que
dos medias sean absolutamente iguales. En bio-
logía de campo los sistemas son muy ruidosos
para permitir tal igualdad absoluta. Aunque los
biólogos saben esto intuitivamente, todavía con-
sideran a la prueba de tal hipótesis nula como si
expresara una diferencia realista y significativa
(cero), y muchos libros presentan la prueba de
hipótesis nula como la única opción (ver, e.g.,
Siegel, 1989).
Una prueba estadística refleja sólo el tama-
ño de la muestra y la potencia de la prueba, pe-
ro no la pregunta biológica promovida por la hi-
pótesis. La existencia de un efecto específico
debe ser demostrada a través de un marco o del
tiempo para ser biológicamente significativa; el
efecto debe ser particularmente grande como
para importar, y entonces ser examinado con
una prueba lo suficientemente potente para
detectarlo. Los simples procedimientos gráficos
a menudo pueden mostrar que la relación
propuesta es menos que significativa. Es intere-
sante que mucha gente pueda aceptar que alre-
dedor de 5 (el nivel de 0,05) de cada 100 experi-
mentos de tiro de moneda puedan mostrar que
la proporción de caras sea significativamente di-
ferente de 0,50. Traslademos esta situación a
una prueba sobre la existencia de un efecto bio-
lógico interesante, y la mayoría consideraría a
esas pocas de las 100 pruebas que muestran sig-
nificancia como una afirmación de la hipótesis
original y como un respaldo para publicar los re-
sultados. Entre las hipótesis alternativas en
cualquier estudio está la de descubrir un evento
aleatorio improbable a través de mucha dedica-
ción -esto es, si buscas lo suficiente por una di-
ferencia, la encontrarás.
Consideremos el problema cuando cuatro
artículos sobre la misma especie de ranas indi-
can que ocurren relaciones entre ciertas condi-
ciones del microhábitat y la abundancia de las
ranas, y dos artículos reportan que no suceden
dichas relaciones. ¿Cómo debemos evaluar los
resultados? Este es un ejemplo de una situación
en la cual se debe distinguir entre la significan-
cia estadística y la biológica. La prueba estadís-
tica pregunta si la variabilidad en la muestra
indica que uno puede tener confianza en el re-
sultado. Esto no es el interés principal en un ba-
tracólogo que desarrolla un proyecto de inventa-
rio o monitoreo. En su lugar, desea saber si la
relación mostrada es de importancia biológica
debido a su tamaño y a su naturaleza intrínse-
ca. Los investigadores que utilizan pruebas es-
tadísticas deben recordar siempre que la prueba
en sí misma simplemente pregunta si la rela-
ción es lo suficientemente grande como para re-
querir una explicación (dado que no es una fluc-
tuación al azar).
Se debe priorizar el examen de las magnitu-
des de los efectos en todas las pruebas de hipó-
tesis en vez de enfatizar sobre las pruebas de
significancia simples. Hacer esto puede ayudar
a eliminar la no-comparabilidad de los resulta-
dos. El tamaño de un efecto puede medirse como
una función de la diferencia entre medias o pro-
porciones de la varianza, o puede ser medido,
por ejemplo, como promedio de una correlación
biserial (Cohen 1977; Lipsey 1990). Para la in-
terpretación de los resultados se debe publicar
siempre el tamaño de la muestra, el nivel de sig-
nificancia y la potencia (ver, e.g., Cohen 1977)
de la prueba estadística empleada (y, si se de-
sea, el nivel de probabilidad observado), y el
efecto de tamaño encontrado en la variable es-
tudiada. El valor de los errores de tipos 1 y 2 y
las medidas calculadas servirán de base para la
comparación con resultados de otros estudios
con muestras de diferentes tamaños.
38 Capítulo 4
Capítulo 5
Claves para un Proyecto Exitoso:
Planificación y Datos Asociados
Introducción
Una vez que se han establecido los objetivos de
h investigación, las especies y el área general
&estudio, se deben precisar detalles relaciona-
&S a la selección de lugares, logística y el pro-
-10 de muestreos. Como parte de este proce-
a es importante considerar factores que si bien
están relacionados con los estudios de inventa-
Ia y monitoreo, no se centran primariamente
em ellos, pero sobre los cuales debemos tener al-
gana información.En este capítulo se analizan
-ellos datos asociados que merecen especial
%tmción.
Dado que los patrones de actividad y biolo-
reproductiva de los anfibios están estrecha-
rente ligados a los patrones climáticos locales,
es recomendable registrar diferentes tipos de
datos meteorológicos, y aquí sugerimos los ins-
trumentos adecuados para obtenerlos. Discuti- - la importancia de las colecciones bien docu-
nwntadas y se recomienda la obtención de una
,*e de datos asociados estandarizados. Tam-
bién brindamos algunas pautas para describir
hábitats, localidades y lugares de muestreo, así
como para registrar diversas observaciones du-
rante el trabajo de campo. Abogamos por el re-
gistro de datos de microhábitat de todos los
especímenes encontrados, y presentamos una
lista de descripciones tipo que pueden tomarse
como ejemplo. Finalmente, discutimos la impor-
tancia de los ejemplares de referencia en los
proyectos de inventario y monitoreo, y hacemos
algunas recomendaciones sobre su identificación
y los lugares donde convendría depositarlos.
Prestar atención a estos puntos antes de co-
menzar un proyecto puede facilitar el trabajo,
producir una muestra mejor documentada, y
por lo tanto más completa, e incrementar la ca-
lidad general del estudio. Dado que un proyecto
de inventario y monitoreo necesita de muclio
tiempo y personal, y que frecuentemente deben
observarse requerimientos logísticos significati-
vos, los proyectos bien concebidos y el personal
ampliamente preparado son claves para el éxi-
to. Alentamos a los investigadores que analizan
la posibilidad de iniciar un proyecto de inventa-
rio o monitoreo a entrar en contacto con los re-
sidentes de los alrededores de los lugares de es-
tudio potenciales. Dichos contactos son particu-
larmente importantes en propiedades privadas,
puesto que frecuentemente el acceso a lagunas
o arroyos donde desarrollan sus actividades los
anfibios, es posible sólo con la ayuda de los pro-
pietarios. Además, dado que los anfibios son
componentes obvios de la biota de los ambientes .
acuáticos, a menudo son bien conocidos por los
residentes locales. Las personas que viven en el
área con frecuencia son buenas conocedoras de
la biota y pueden contribuir grandemente en el
proyecto. Del mismo modo, los científicos locales
y otras personas que estén familiarizadas con
los organismos y las áreas de estudio pueden
brindar su guía y experiencia. Los contactos
realizados antes de iniciar los estudios de inven-
tario y monitoreo, en muchos casos son benefi-
ciosos y en otros son esenciales para el desarro-
llo del proyecto; la colaboración en estos
estudios puede resultar en amistades reconfor-
tantes y en una mejor ciencia.
Clima y ambiente
MARTHA L. CRUMP
Debido a la estrecha dependencia de los anfibios
con la humedad, los datos climáticos son espe-
cialmente críticos para la interpretación de los
resultados en los estudios que los involucren.
Aunque distintas especies muestran diferentes
rangos de tolerancia, todos los anfibios inter-
cambian gases y pierden agua a través de la piel
y son, en consecuencia, vulnerables a la deseca-
ción. La temperatura, humedad y otros factores
climáticos influyen en las distribuciones geográ-
fica y ecológica de los anfibios, así como en el
momento y en la intensidad de la alimentación,
reproducción y migración. Las condiciones cli-
máticas también pueden afectar las densidades
poblacionales y las interacciones a nivel de la
taxocenosis.
Otra razón para registrar datos climáticos
tiene que ver con la aparente declinación de las
poblaciones de anfibios en el mundo, incluyendo
áreas remotas y protegidas (Barinaga 1990;
Blaustein y Wake 1990). Las explicaciones posi-
bles para dichas declinaciones incluyen la con-
taminación de agua y aire, la lluvia ácida, la
destrucción o modificación de hábitats, los pre-
dadores introducidos y los cambios en las condi-
ciones climáticas globales, tales como el aumen-
to de la temperatura y disminución de las
lluvias. Por lo tanto, es imprescindible docu-
mentar las condiciones ambientales con la espe-
ranza de poder identificar los factores responsa-
bles de la declinación de anfibios.
El siguiente ejemplo subraya la importan-
cia del análisis de los factores climáticos en los
estudios de diversidad biológica: Supongamos
que el objetivo del estudio es comparar la rique-
za de especies de anfibios entre estaciones (2 se-
manas en la estación cálida y húmeda y 2 sema-
nas en la estación más fría y más seca), en 2
tipos distintos de selva de una región determi-
nada. Diez personas pasan una semana en la
selva A y la segunda semana en la selva B. To-
dos los días de la primera semana de muestre0
en la estación húmeda se producen fuertes tor-
mentas, pero no hay lluvias en la segunda se-
mana. Por otra parte, durante los estudios en la
estación seca, la primera semana es caliente,
mientras que la segunda es aproximadamente
10" C más fría que la primera. Durante los estu-
dios en la estación húmeda, se registraron 18
especies en la selva A y 5 especies en la selva B,
y durante la estación seca se obtuvieron 13 y 2
especies respectivamente. Basados en el núme-
ro de especies obtenidas se concluye que el con-
junto de anfibios de la selva A es considerable-
mente mayor que el de la selva B en ambas
estaciones. En realidad, el número de especies
de ambas selvas puede ser igual, o es posible
también que B tenga más especies que A. Los
datos no reflejan la verdadera riqueza de espe-
cies debido a la existencia de variables climáti-
cas no controladas. La mayoría de los anfibios
son más activos durante los períodos húmedos
que durante los secos, y son más activos tam-
bién en momentos cálidos que en los fríos. Si no
se registran los datos climáticos, la información
obtenida de los anfibios no podrá ser evaluada
adecuadamente.
Los efectos climatológicos pueden ser mini-
mizados de diversas maneras, dependiendo de
las limitaciones de tiempo y personal disponi-
bles. En el ejemplo precedente hubiese sido me-
jor tener 5 personas trabajando en la selva A y 5
en la B de manera simultánea. Si el número de
personas fuera limitado (e.g., sólo 3 para reali-
zar todo el trabajo de campo), una opción sería
realizar inventarios de medio día empleando to-
do el personal; de ese modo se revisarían ambos
sitios cada día (alternando el horario de mues-
t r e ~ entre lugares) durante 2 semanas. Si los lu-
gares estuvieran muy distantes como para al-
canzarlos en un día y tener tiempo para revisar
ambas áreas, el inventario podría realizarse en
cada lugar en días alternados. (Este diseño no
resuelve completamente el problema, pero em-
plear días alternados es preferible a 7 días corri-
dos en un lugar y 7 en otro). Si el tiempo no
fuera un factor limitante (i.e., si el estudio se
pudiera realizar durante varios meses en cada
estación), convendna repetir varias veces los
muestreos en ambos sitios, ya que el aumento
de muestras puede minimizar los efectos causa-
dos por las diferencias climáticas.
Datos Climáticos Básicos
Para poder interpretar los resultados de un es-
tudio de inventario o monitoreo es necesario
contar con una serie de datos climáticos de refe-
rencia, no sólo durante el período de estudio si-
no también antes de comenzarlo. Siempre que
sea posible, los datos climáticos deben obtener-
se varias semanas antes de iniciar los estudios,
dado que a menudo proporcionan ideas para la
interpretación de los resultados.
Las temperaturas máxima y mínima y la
precipitación son datos esenciales para estudios
de inventario y monitoreo, y deben registrarse
continua o diariamente (a las mismas horas) en
cada sitio. Si hubiera una estación meteorológi-
ca cerca del lugar de estudio (a menudo se las
puede encontrar en aeropuertos y universida-
des), la misma puede proporcionar información
- 4 r e el patrón climático general y datos meteo-
rológicosde períodos prolongados. Sin embargo,
es muy frecuente que el único modo de contar
con esta información sea obtenerla por uno mis-
mo.
TEMPERATURA
La temperatura es uno de los factores críticos a
amsiderar, dado que influye significativamente
en el desarrollo y crecimiento de los anfibios y a
menudo controla ciclos y comportamiento repro-
ductivo (particularmente en las regiones tem-
piadas). Los cambios de temperatura pueden
afectar la predación, parasitismo y susceptibili-
dad a enfermedades en anfibios. Las tendencias
hacia el calentamiento o enfriamiento del am-
biente pueden iniciar migraciones, y de ese mo-
do influir en los patrones de distribución y acti-
vidad. Los cambios en la temperatura del agua
pueden afectar la concentración de oxígeno y la
productividad primaria, esenciales para los es-
tados larvales, y de ese modo puede influir en su
crecimiento, desarrollo y supervivencia. Depen-
diendo de los objetivos del estudio, alguna o
todas las temperaturas que se listan a continua-
ción pueden ser relevantes: temperatura corpo-
ral de los animales, del aire, agua, suelo, de la
hojarasca y10 del sustrato.
Para un inventario general se deberían re-
gistrar, continuamente o a intervalos regulares,
las temperaturas máxima y mínima de cada
día. Con frecuencia, el registro de las tempera-
turas al comienzo y al final del período de mues-
t r e ~ puede suministrar información útil para
evaluar la actividad de los anfibios. Si el tiempo
lo permite, es recomendable obtener informa-
ción adicional registrando las temperaturas del
aire y del sustrato para cada animal encontrado
durante el inventario. Sin embargo, si el regis-
tro de estos datos reduce significativamente la
superficie de muestreo, esta información puede
no valer el esfuerzo. Antes de efectuar cualquier
registro de temperatura se debe considerar la
pregunta exacta a responder, el análisis estadís-
tico a efectuar y la relación costo-beneficio de to-
mar diversos datos climáticos.
Los instrumentos para medir temperaturas
van desde los termómetros de mercurio comu-
nes a aparatos registradores muy sofisticados.
Para medir la temperatura del aire durante los
trabajos de campo generalmente se prefieren
las termocuplas portátiles a los termómetros
estándar, dado que las primeras son más dura-
bles. Los termómetros de máxima y mínima
registran las temperaturas extremas para di-
versos intervalos de tiempo (generalmente 24
horas). Los termómetros pueden ubicarse a dis-
tintas alturas sobre el sustrato, y de ese modo
proporcionan información relevante sobre anfi-
bios terrestres o arborícolas. La altura de refe-
rencia estandarizada para las estaciones meteo-
rológicas es dos metros sobre el suelo. Los
termómetros también pueden amarrarse a una
estaca sumergida, y de ese modo pueden regis-
trar las temperaturas máxima y mínima a la
profundidad deseada. Para obtener temperatu-
ras precisas de microhábitats tales como el sue-
lo y la hojarasca se pueden emplear termóme-
tros de resistencia y microsondas enterrados en
Claves para un Proyecto ~xitoso 41
el sustrato. El registro continuo de temperatura
puede obtenerse con termógrafos registradores
o con sensores en interface con registradores o
procesadores programables (data loggers) (ver
"Obtención Automatizada de Datos," más ade-
lante).
La precipitación también influye significativa-
mente en la actividad, distribución y patrones
de dispersión, ciclos reproductivos y tasa de cre-
cimiento y desarrollo de los anfibios. Muchas
especies permanecen enterradas o en el interior
de refugios sobre el sustrato, excepto en los
períodos húmedos. En consecuencia, el mejor
momento para explorar un área es durante la
estación húmeda o después de una lluvia. Dado
que la distribución estaciona1 de las lluvias es
más importante que el promedio anual de preci-
pitación, se debena registrar la precipitación
diaria.
El modo más simple para registrar precipi-
taciones es por medio de un pluviómetro. Si la
información que se pretende obtener es la medi-
da de la cantidad real de precipitación, el plu-
viómetro debe ser colocado en áreas abiertas.
En cambio, si lo que se desea es conocer la can-
tidad de agua que atraviesa el dosel y alcanza el
suelo o un charco en la selva, entonces el pluvió-
metro deberá ser instalado de modo que reciba
la precipitación que pasa a través de la copa de
los árboles. Los pluviómetros van desde simples
recipientes de plástico que deben ser vaciados
manualmente, a aparatos electrónicos automa-
tizados que registran la precipitación, transmi-
ten esta información a un registrador remoto y
luego se vacían automáticamente. Los pluvió-
metros automáticos pueden acumular la canti-
dad total de lluvia a lo largo de un penodo espe-
cificado, y tienen la ventaja de no necesitar ser
revisados y10 vaciados cotidianamente.
Datos Ambientales Adicionales
Dependiendo de los objetivos del estudio, de los
recursos y del personal disponible, sena conve-
niente registrar información sobre el microhábi-
tat de cada animal avistado. Los siguientes son
algunos de los factores relevantes que sabemos
influyen sobre la distribución y actividad de los
anfibios.
HUMEDAD RELATIVA
La combinación de temperatura y humedad de-
termina la velocidad de pérdida de agua de la
superficie corporal de los anfibios. Por esta ra-
zón, la cantidad de humedad en el aire afecta
notablemente la distribución y los patrones de
actividad de los anfibios. El método más simple
de obtener medidas de humedad en el campo es
por medio de un psicrómetro de rotación (llama-
do también psicrómetro de honda) o con un ter-
mohigrómetro manual a baterías (este último es
más conveniente, dado que permite la lectura
digitalizada y simultánea de temperatura y hu-
medad). La temperatura del aire se debe regis-
trar siempre conjuntamente con las medidas de
humedad relativa. Un higrotermógrafo registra
continuamente estas dos variables.
HUMEDAD DEL SUBSTRATO
Los niveles de humedad de substratos tales co-
mo suelos, hojas y hojarasca pueden afectar los
patrones de distribución y actividad de los anfi-
bios. Las medidas de humedad del suelo pueden
tomarse con un tensiómetro, en tanto que se
dispone de sensores que permiten registrar la
humedad y temperatura de la superficie de las
hojas. Para registros continuos los sensores de-
ben estar en interfase con registradores progra-
mables.
Los factores ambientales que desencadenan el
canto de los machos y que estimulan los cam-
bios hormonales preparatorios para la actividad
reproductora no se conocen completamente. Se
sabe que la temperatura y l a humedad son im-
portantes y que sin duda tienen efectos sinérgi-
cos. Otro factor que puede ser importante es el
cambio en la presión barométrica. Siempre que
las condiciones de campo lo permitan se debena
registrar esta variable, y los datos debenan ser
analizados en relación al patrón de actividad de
los anfibios. La presión barométrica puede re-
gistrarse con barómetros de mano o con apara-
tos de registro automático (ver "Obtención Auto-
matizada de Datos." más adelante).
VELOCIDAD Y DIRECCI~N DEL VIENTO
Dado que los anfibios son sensibles a la pérdida
de agua, las corrientes de aire pueden tener in-
fluencia en ellos. La velocidad del viento puede
42 Capitulo 5
:s~erminarse fácilmente con anemómetros de
=o. Si se toman datos en el lugar de observa-
~ o n de cada anfibio, los mismos se deben corre-
S o n a r con el patrón de actividad de los indivi-
duos registrados. Si lo que se desea establecer
S n tendencias generales, se deberá obtener in-
formación diana sobre la velocidad y dirección
¿el viento en las estaciones meteorológicas si-
-das en las proximidades del área de estudio.
NNELl3S DE AGUA EN LOS SITIOS
EEPRODUCCI~N
La cantidad de agua presente en los sitios de re-
producción puede condicionar los patrones de
distribución y actividad de losanfibios que ovi-
ponen en el agua. Por ello, se debena medir el
nivel de agua de estos ambientes tanto si el es-
tudio es un inventario único como un programa
de monitoreo a largo plazo. En un inventario
quizás sea suficiente medir las profundidades
máxima y mínima, pero en estudios de monito-
reo será útil conocer también los cambios en los
perfiles de profundidad del agua de un lago,
charco o arroyo. El número de puntos donde se
medirá la profundidad dependerá del tamaño
del hábitat. En un charco pueden ser suficientes
5 puntos, en tanto que en un lago grande pue-
den necesitarse 50 o más. En un estudio de mo-
nitoreo, la profundidad del agua debe medirse
en los mismos puntos cada vez que el hábitat
sea muestreado, obteniéndosela fácilmente con
un metro plegable. Se dispone también de regis-
tradores mecánicos o sensores conectados a re-
gistradores programables para la toma conti-
nua de datos.
Dado que la acidificación del agua tiene un efec-
to negativo en el crecimiento, desarrollo y su-
pervivencia de los anfibios (Pierce 1985), y que
se la ha sugerido como una de las causas de su
declinación, se recomienda a los investigadores
que realicen en todo el mundo inventarios o mo-
nitoreos a largo plazo que registren las condicio-
nes de pH en sus lugares de estudio. Los sitios
relevantes van desde las cubetas de agua de las
bromelias y los huecos en los árboles (donde se
desarrollan las larvas "aéreas") y cunetas inun-
dadas y charcos pandos, hasta los grandes cuer-
pos de agua, como lagos y nos; también se reco-
mienda medir el pH del agua de lluvia. La
mayona de los expertos coinciden que el papel
indicador de pH brinda resultados poco confia-
bles, que a menudo son peores que carecer por
completo de esa información. En su reemplazo
es aconsejable emplear un pHmetro portátil,
disponibles en diversos modelos.
Medición de las Condiciones
Atmosféricas
Siempre que sea posible, se deberían obtener
datos sobre las condiciones atmosféricas y del
microhábitat por medio de registradores auto-
máticos, los que garantizan la precisión de la in-
formación obtenida y permiten registrar las va-
riaciones diarias y semanales. Los registros
sobre variaciones generales deben preferirse a
los registros individuales tomados a tiempos
determinados. Otra ventaja es que los registra-
dores automáticos reducen el tiempo de campo
requerido para obtener la información meteoro-
lógica. Si no es posible emplear dichos instru-
mentos se pueden utilizar con éxito registrado-
res manuales, siempre que se tenga el tiempo y
personal suficientes.
Los datos obtenidos deben anotarse siempre
en el campo con números reales y no con códi-
gos. Las razones de esto son múltiples, e inclu-
yen minimizar la posibilidad de confusiones
cuando son varias las personas involucradas en
la obtención de la información, las dificultades
de recordar códigos, y la posibilidad de cometer
errores cuando se trabaja en condiciones ad-
versas.
Los registradores digitales (sistemas de ad-
quisición de información y los registradores pro-
gramables) son generalmente más precisos y
confiables que los aparatos mecánicos, a batena
o eléctricos (ver "Obtención Automatizada de
Datos," más adelante). Un inconveniente en el
empleo de los sistemas de adquisición de infor-
mación en el campo es que estos aparatos nor-
malmente se deben conectar directamente a
una computadora. A diferencia de estos, los re-
gistradores programables de campo pueden ope-
rarse de manera aislada, debido a que típica-
mente poseen una memoria interna; los
registradores programables pueden registrar
datos integrados, promedios o valores puntuales
durante el tiempo de operación, que va desde 1
minuto a 24 horas. Los datos guardados en me-
moria se pueden transferir luego a una compu-
tadora o a una impresora compatibles. En años
Claves para un Proyecto Exitoso 43
recientes se han realizado grandes avances en
el desarrollo de sistemas portátiles de obtención
de información y en registradores programables
para su empleo en trabajos de campo, y conti-
nuamente se introducen nuevos modelos en el
mercado (Pearcy 1989). Es conveniente que los
investigadores consulten con los fabricantes
(ver Apéndice 6) antes de efectuar una compra,
para averiguar la adaptabilidad de un registra-
dor digital determinado para su empleo en rela-
ción a sistemas de monitoreo ambiental.
Los equipos para el registro de condiciones
atmosféricas no siempre son una opción para to-
dos los estudios de campo debido a su costo (los
registradores, especialmente los automáticos,
son muy caros), algunas consideraciones de se-
guridad (el riesgo de robos impide, en muchos
casos, el empleo de instrumental costoso) y el
riesgo de fallas (se debe tener en cuenta la dis-
tancia entre el sitio de estudio y el taller de re-
paraciones más próximo).
Los siguientes son algunos ejemplos de la
variedad de aparatos disponibles entre los prin-
cipales fabricantes de instrumental científico.
Se recomienda a cualquiera que piense seria-
mente en adquirir equipos de esta naturaleza
que se informen en los catálogos de los precios y
de las especificaciones que mejor se adapten al
tipo de estudios planeado (ver Apéndice 6). Los
precios que se presentan a continuación son es-
timativos, se expresan en dólares norteamerica-
nos (US$) y han sido obtenidos de catálogos de
compañías de Estados Unidos publicados en
1991.
El método más eficiente para obtener infor-
mación climática de referencia es establecer
una estación meteorológica portátil en cada si-
tio de estudio. Estas se componen de medidores
de temperaturas máxima y mínima, precipita-
ción, humedad relativa, presión barométrica, y
velocidad y dirección del viento, los que pueden
adquirirse por US$ 1.000-1.300. Funcionan con
baterías de tipo D, y por lo tanto son muy ade-
cuadas para su empleo en el campo. Entre las
unidades de registro más restrictivas se inclu-
yen termómetros a cuerda para 7 días de regis-
tro (US$ 220-250), pluviómetros electrónicos au-
tomáticos (US$ 70-100), higrómetros a cuerda o
batería para 1; 7; 31 ó 62 días de registros con-
tinuos (US$ 550-1.5001, anemómetros eléctricos
para 30 días de registro continuo (US$600) y ba-
rómetros eléctricos para 7 días de registro con-
tinuo (US$ 310-3501. Los sistemas de adquisi-
ción de información cuestan US$ 500 o más, y
los registradores programables más de US$
1.300.
Pueden también obtenerse numerosos ins-
trumentos sin registradores: termómetros de
máxima y mínima (US$ 25-40); termómetros-
termocuplas digitales (US$ 150-2001; pluvióme-
t r o ~ comunes (US$ 7-25); psicrómetros de rota-
ción (US$ 30-65); termohigrógrafos de mano o a
batería (US$ 100-400); anemómetros de mano
(US$ 12); tensiómetros (US$ 50-250); sensores
de humedad del suelo y de hojas (US$ 40-80);
barómetros (US$ 25-250 o más) y pHmetros a
batería (US$ 200-300).
Agradecimientos: Agradezco a Maureen Donnelly,
Frank Hensley, Ron Heyer y Roy McDiarmid por sus
útiles comentarios sobre el manuscrito, y a Steven
Oberbauer por la información relativa al instrumen-
tal meteorológico.
Obtención automatizada de datos
CHARLES R. PETERSON y
MICHAEL E. DORCAS
En esta sección describiremos algunos métodos
para medir automáticamente las variaciones
que se producen tanto en el ambiente físico co-
mo en algunos patrones de comportamiento de
los anfibios, particularmente el canto. Los datos
que cuantifican las relaciones entre las variacio-
nes ambientales y la actividad de los anfibios
pueden ser empleados como base para optimi-
zar los procedimientos de muestre0 en progra-
mas de inventario y monitoreo, así como para
interpretar los cambios poblacionales observa-
dos (Peterson y Dorcas 1992).
Hemos restringido el enfoque de esta sec-
ción a aquellas mediciones continuas y auto-
matizadas, dejando de lado lo referente a las
mediciones únicas y manuales. Dado que son
numerososlos factores que varían a lo largo del
tiempo, es necesario muestrear regularmente
durante horas, días y aun estaciones. Por ejem-
plo, el pH del agua de una charca puede variar
en más de una unidad a lo largo de un día (Ja-
mes T. Brock, com. pers.), y puede variar drásti-
44 Capitulo 5
camente en diversos períodos del año (e.g., en
primavera, luego de la fusión de la nieve; Pierce
1985). Los sistemas de registro automático per-
miten medir continuamente una amplia gama
de variables de manera precisa y fácil, en uno o
en varios lugares simultáneamente.
En esta sección discutiremos los registrado-
res programables, los sensores ambientales, los
registradores automatizados de cantos de anu-
ros y la radiotelemetría automatizada. La ma-
yor parte de la información sobre registradores
programables y sensores ambientales fue obte-
nida de Pearcy et al. (1989), Campbell (1990) y
Tanner (1990). Incluimos los nombres de diver-
sos fabricantes, especialmente de los que fabri-
can equipos y materiales que utilizamos (Apén-
dice 6) . No obstante, nuestra experiencia con
diferentes marcas es limitada, y la mención de
un proveedor determinado no implica nuestro
respaldo. Además, muchos aspectos técnicos del
instrumental avanzan tan rápidamente que va-
rios de nuestros comentarios específicos pronto
estarán desactualizados.
Registradores 1 Procesadores
Programables (Data Loggers)
En los últimos 10 años la tarea de obtener datos
continuos se ha visto enormemente facilitada
por el desarrollo de registradores o procesadores
programables con microprocesadores que reci-
ben, procesan y almacenan la información obte-
nida por sensores ambientales, y que pueden
ser programados para registrar variables a in-
tervalos de tiempo estipulados durante períodos
de duración variable.
Las características más importantes de los
registradores programables de campo incluyen
el hecho de ser portátiles y programables, que
funcionan a batería y que poseen capacidad pa-
ra procesar información proveniente de diversos
tipos de sensores a intervalos seleccionados por
el usuario (Campbell 1990). Los registradores
programables presentan numerosas ventajas
sobre otros aparatos, tales como registradores
mecánicos y registradores en banda de papel,
entre las que se destacan la operabilidad en un
rango mayor de temperaturas, incremento en la
compatibilidad de sensores, alta precisión, ma-
o r capacidad de almacenamiento de datos y
una más fácil transferencia de información a la
computadora (Pearcy et al. 1989).
Los factores a considerar cuando se seleccio-
na un registrador programable incluyen el tos-
to, confiabilidad, rango de operación (para tem-
peratura y humedad), capacidad de almacena-
miento de datos, velocidad de recuperación de la
información y requerimientos energéticos (Tan-
ner 1990). Los costos oscilan entre un mínimo
de US$ 500 y más de US$ 5.000. Recientemente
se han introducido al mercado registradores
programables pequeños, baratos y monocanales
(Hobo-Temp u Hobo-RH, Onset Computer
Corp.). Aunque tienen un solo canal y una capa-
cidad de almacenamiento reducida (1.800 valo-
res), pueden ser adecuados para muchos tipos
de estudio. Hoy es posible lograr la capacidad
para registrar ditos desde diversos sensores de
temperatura y controlar automáticamente otros
aparatos, como un grabador de cinta, con equi-
pos de costo relativamente bajo. Hay sistemas
poderosos y versátiles que pueden adquirirse
por menos de US$ 1.700 (incluyendo interfase y
programa), y que son capaces de leer y registrar
datos de la mayoría de los sensores. En esta es-
cala de precios se incluyen equipos de 12-bit o
de mayor resolución, capaces de medir microvol-
tios (e.g., para termocuplas), capacidad para
contar pulsos (para anemómetros de copa y plu-
viómetro~ de probeta), capacidad de brindar vol-
tajes de excitación (para termistores y sensores
de humedad y resistencia eléctrica) y salidas di-
gitales para controlar aparatos tales como gra-
badores, sistemas de radiotelemetría y ventila-
dores para psicrómetros ventilados. Para la
medición de algunas variables se requiere de re-
gistradores programables más caros, capaces de
leer nanovoltios (e.g., cuando se mide el poten-
cial hídrico del suelo empleando psicrómetros de
termocupla).
Si no hay fondos disponibles para la compra
de registradores programables, es posible tomar
uno en préstamo o simplemente agregar más
sensores a uno ya en uso en, o próximo al lugar
de estudio. Los registradores programables se
están haciendo cada vez más comunes, a medi-
da que su precio disminuye, y muchas universi-
dades, estaciones de campo, agencias guberna-
mentales, parques, etc. ya están poniendo estos
equipos a disposición de los investigadores.
Para muchos usuarios es difícil aprender a
programar registradores programables, y llegar
a sentirse cómodo con un equipo poderoso pue-
de llevar varios días. Para minimizar el tiempo
de aprendizaje, recomendamos trabajar con al-
guien familiarizado con el equipo. Algunos fa-
Claves para un Proyecto Exitoso 45
bricantes ofrecen cursillos de entrenamiento.
Inicialmente, modificar un programa preexis-
tente para desarrollar algunos requerimientos
particulares puede ser más fácil que escribir
uno nuevo. Hemos incluido aquí muestras de
programas para el registrador programable
Campbell Scientific CR10, que manejan el re-
gistro de temperatura, radiación, velocidad del
viento y humedad, y además opera un grabador
para registrar cantos de ranas (Tablas 2 y 3).
Los registradores programables necesitan
ser protegidos de las inclemencias climáticas y
de los vándalos; algunos fabricantes ofrecen es-
tos protectores. Una opción más barata son las
pequeñas conservadoras para hielo. Para prote-
ger equipos eléctricos hemos utilizado también
cajas metálicas, que se adquieren en las tiendas
del ramo. En áreas expuestas a la luz solar di-
recta, puede ser necesario pintar las cajas de
blanco o darles sombra para evitar el sobreca-
lentamiento. En ambientes húmedos, puede ser
necesario utilizar desecantes (e.g., silica-gel) pa-
ra mantener el recipiente en el rango de opera-
ciones del registrador programable. A veces, los
hemos enterrado para ocultarlos de los vánda-
los, y esto reduce también el rango de tempera-
turas al que el aparato se expone.
Sensores Ambientales
La siguiente sección describe los sensores que se
emplean con mayor frecuencia conjuntamente
con los registradores programables para medir
variables ambientales importantes. También es
posible emplear registradores programables pa-
ra registrar señales de instrumentos manuales
con salidas de milivoltios, que normalmente se
conectan a registradores de banda de papel. Los
sensores generalmente se colocan sobre un trí-
pode, que puede ser adquirido en una tienda o
fabricado por uno mismo. Los registradores pro-
gramables reciben la información de los senso-
res, la que puede ser programada en relación al
tiempo (e.g., Fig. 2). No tenemos experiencia de
primera mano en el empleo de sensores para al-
gunas variables (e.g., radiación ultravioleta),
por lo que nos hemos basado en la literatura y10
en el consejo de ingenieros u otros científicos pa-
ra la preparación de algunos de los puntos que
desarrollaremos más adelante. Las publicacio-
nes de Flowers (1978), Fritschen y Gay (19791,
World Meteorological Organization (1983),
Marshall y Woodward (19851, Finklestein et al.
Tabla 2. Muestra de programa de
computadora para operar una
estación meteorológica automatizada
con un registrador o procesador
programable (data Logger)
CRiO de Campbell Scientific"
01: 1 Execution Interval íin seconds)
01: P11 Temp 107 Probe
01: 1 R ~ P
02: 1 IN Chan
03: 3 Excite al1 reps w/EX Chan 3
04: 28 LOC:
05: 1 Mult
06: 0.0000 Offset
Battery Voltage
Loc:
Thermocouple Temp (SE)
Reps
2.5 mV slow range
IN Chan
Q p e T (Copper-Constantan)
RefTemp Loc
Loc:
Mult
Offset
Volt (DIFF)
Rep
2.5 mV slow range
IN Chan
Loc:
Mult
Offset
Pulse
R ~ P
Pulse Input Chan
Switch closure
Loc:
Mult
Offset
Temp 107 Probe
R ~ P
IN Chan
Excite al1 reps w/Exchan 1
Loc:
Mult
Offset
46 Capítulo 5
Tabla 2 (continuación)
RH 207 Probe
R ~ P
IN Chan
Excite al1 reps wíExchan 1
Temperature Loc
Loc:
Mult
Offset
08: P92 If time is
01: O000 minutes into a
02: 5 minute interval
03: 10 Set high Flag O (output)
09: P77 Real Time
01: O110 Day,Hour-Minute
10: P71 Average
01: 9 Reps
02: 1 Loc:
a El intervalo de ejecución del registrador programa-
ble está Qado en 1 segundo. El primer comando P11
mide la temperatura del termistor de panel, que es
utilizada luego como temperatura de referencia para
medidas de la termocupla. El comando siguiente
(P10) lee el voltaje de la batería utilizada para dar
energía al registrador programable. Esta medición no
es registrada en la memoria final, sino que es emplea-
da para examinar el voltaje de la batería en el campo.
El comando P13 se emplea para realizar seis lecturas
de termocuplas de una sola cabeza de cobre-níquel
(e.g., temperaturas del suelo, agua y aire). El coman-
do P2 lee el voltaje del piranómetro. Un multiplicador
por 100 y un compensador por O convierten a las me-
didas en wattslm2. El comando P3 lee los pulsos de un
anemómetro de copa. Un multiplicador por 0,6521 y
un compensador de 0,2303 convierten las medidas en
mlsec. Los multiplicadores y compensadores utiliza-
dos con los anemómetros de copa varían con el inter-
valo de ejecución empleado. En general, los valores de
multiplicadores y compensadores son utilizados para
convertir las señales de salida de sensores específicos
en unidades técnicas, y a menudo varían entre cada
instrumento. El segundo comando P11 lee la tempe-
ratura del termistor en una sonda de humedad rela-
tiva. Esta temperatura es utilizada luego como refe-
rencia para el comando P12, que mide la humedad
relativa. El comando P92 establece el intervalo de sa-
lida en 5 minutos. El comando P77 registra día julia-
no, hora y minuto. El comando P71 promedia las me-
didas de todos los sensores y registra este promedio
en la memoria final. Ver el manual CRlO de Campbell
Scientific (1990) para explicaciones más detalladas
sobre los comandos.
Tabla 3. Programa de computadora para
conectar y desconectar un grabador de
casete con el registrador o procesador
programable (data logger) CRiO de
Campbell Scientifica
Execution Interval (in seconds)
If time is
minutes into a
minute interval
Then Do
Set Port(s)
C8,C7,C6,C5 options
C4..C1=low/lowAow/high
Excitation with Delay
EX Chan
Delay w/EX (units = 0.01 sec)
Delay after EX (units = 0.01 sec)
mV Excitation
Set Port(s)
C8,C7,C6,C5 options
C4..C1=10wA0wA0w/l0w
End
a Este programa instruye al registrador programable
para que conecte al grabador por 10 segundos cada 5
minutos. El intervalo de ejecución es de 1 segundo. El
programa comienza con un comando P92, que esta-
blece el intervalo de grabación de 5 minutos. El pri-
mer comando P20 establece el puerto de control en al-
to, proveyendo la señal de 5 voltios requerida para
activar el interruptor y conectar el grabador. El co-
mando P22 se utiliza generalmente para controlar los
puertos de excitación del registrador programable.
En este caso, se especifica voltaje cero, y el comando
se emplea sólo para brindar una demora de 10 segun-
dos hasta que el puerto se establece en bajo con otro
comando P20, lo que desconecta el grabador. El co-
mando End (P95) termina el programa.
(1986), Bingham y Long (19881, Pearcy et al.
(1989), Skaar et al. (1989), Campbell (1990) y
Tanner (1990) proporcionan información adicio-
nal sobre diversos instrumentos. En el Apéndi-
ce 6 se presenta información sobre fabricantes y
vendedores de sensores.
Claves para un Proyecto Exitoso 47
Humedad Relativa
u
m
u
Q>
I 6 12 18 24
Velocidad del Viento
$ 5 -
Temperatura
O
u
O 6 12 18 24
u
5 4 -
F 3 -
2 2 -
V) e
C
Radiación Solar
5
Z i - 150- ..............................................................................................................
C
s
O
m .-
-o 01
O 6 12 18 24
1-A&,
V)
O
V) - Cantos
o C, 30
u
o
O 6 12 18 24
i O; A A. A 6 12 18 24
C7>
Hora del día
Figura 2. Medición de la actividad de canto de Bufo microscaphus, radiación solar, temperaturas del agua y del
aire, humedad relativa y velocidad del viento en Lytle Ranch, en el suroeste de Utah, 18 de marzo de 1991. El
canto fue registrado durante 10 segundos cada 5 minutos en un grabador a casete controlado por un registra-
dor o procesador programable (data logger) Campbell Scientific CR10. El mismo registrador fue utilizado para
muestrear las variables ambientales con intervalos de 1 segundo, proporcionando valores promedio cada 5 mi-
nutos.
48 Capitulo 5
-A= termocuplas son los sensores preferidos
la mayoría de los estudios de campo que
.requieren mediciones automatizadas de tempe-
-a. Son relativamente precisas y baratas,
disponibles en una amplia variación de
tamaños, responden rápidamente y pueden ser
empleadas a grandes distancias sin cambios en
Pi sena1 (Pearcy et al. 1989). Para mediciones de
twnperatura en el rango de interés biológico
wit-70' a 100°C) las termocuplas más adecuadas
m las de tipo T (cobre-níquel). Esta combina-
Q de metales produce un voltaje relativamen-
ic amplio que cambia linearmente con la tempe-
dnra (aproximadamente 4OpvIoC) dentro del
lrngo de interés. Para medir la temperatura del
d o , el agua o el aire se emplean generalmen-
PP termocuplas fabricadas con alambres de cali-
h e 24 (0,5 mm de diámetro). Los alambres son
dativamente baratos (menos de US$ 1 por m),
&pendiendo del tipo, tamaño y calidad. Las ter-
mcuplas pueden comprarse o hacerse fácilmen-
te pelando el extremo de los alambres, luego
aimllándolos entre sí y finalmente soldándolos;
d otm extremo del alambre se conecta en la to-
ia correspondiente del registrador programa-
ble (Pearcy et al. 1989). El sitio real de medición
de temperatura está en el punto de la primera
unión entre ambos alambres. Las termocuplas
pe ra lmen te no necesitan calibrarse indivi-
dualmente, pero potencialmente pueden pre-
sentar algunos problemas, como la conducción
& calor por parte del alambre y la medición im-
p-ecisa de la temperatura de referencia (que se
t ana generalmente cuando el alambre de la ter-
mcupla se conecta al registrador programable).
Los termistores (resistencias sensibles a la
temperatura) son otros aparatos que se em-
pican con frecuencia para medir temperaturas.
Entre sus ventajas se destacan una mayor sen-
sibilidad, precisión y una respuesta más rápida.
Sin embargo, los termistores son más caros y
menos resistentes, no pueden ser empleados fá-
álmente sobre grandes distancias y requieren
calibración individual. Algunos registradores
pmgramables pueden leer fácilmente tanto ter-
mistores como termocuplas, mientras que otros
son incapaces de, o tienen problemas para, leer
uno u otro sensor.
Generalmente se mide la temperatura del
aire a la altura del animal (e.g., 1 cm) y a 2 m
(altura de registro estandarizada para las esta-
aones meteorológicas); las temperaturas del
agua se miden en el fondo y a 1 cm bajo la su-
perficie, y las del suelo al menos en dos profun-
didades (e.g., 1 y 20 cm) si estamos interesados
en temperaturas de huecos. Para registrar tem-
peraturas del aire, las termocuplas deben colo-
carse en la sombra, a menos que sean pequeñas
y altamente reflectivas (e.g., pintadas de blanco).
HUMEDAD
Los sensores de humedad que funcionan por re-
sistencia eléctrica (Physical Chemical Scientific
Corporation) o por capacitores (e.g., Vaisalia)
brindan un modo conveniente de medir conti-
nuamente el vapor de aire atmosférico (Tanner
1990). Los costos oscilan entre US$ 200 a US$
800. Algunosde estos sensores necesitan volta-
je de excitación desde el registrador programa-
ble. Algunos sensores de humedad pueden
dañarse por la condensación o por los contami-
nantes del aire (Campbell 1990). Los elementos
del sensor necesitan ser calibrados individual-
mente al menos una vez por año y muchos de-
ben ser reemplazados periódicamente. Skaar et
al. (1989) hicieron comparaciones con los higró-
metros comerciales, llegando a la conclusión
que los psicrómetros ventilados de bulbo se-
co/bulbo húmedo son más precisos que los sen-
sores de resistencia eléctrica, pero generalmen-
te son más caros, necesitan energía para que
funcione el ventilador, hay que estar atentos pa-
ra mantener el nivel del agua en el reservorio y
pueden no indicar con precisión por debajo de
0°C (Tanner 1990).
La precipitación puede medirse automática-
mente con un pluviómetro de probeta volcable
(e.g., Texas Electronics) conectado al canal con-
tador de pulsos de un registrador programable
(Tanner 1990). Cuando se ha alcanzado un de-
terminado nivel de agua, la probeta se vacía, y
el número de vuelcos se registra en el registra-
dor programable. Con este sistema es posible
obtener resoluciones en el rango de 0,l-0,2 mm
(World Meteorological Association 1983). Para
medir precipitaciones en invierno, los pluvióme-
t r o ~ pueden ser calentados para derretir la nie-
ve y poder escurrir el agua. Se dispone también
de pluviómetros por peso, que constituyen un
método más preciso, aunque más caro, para me-
dir la precipitación (Tanner 1990).
Claves para un Proyecto Exitoso 49
Los sensores de radiación solar (piranómetros)
más comúnmente utilizados con los registrado-
res programables son fotocélulas de siliconas
(e.g., LI-COR LI200SZ) y termopilas (e.g., los
modelos PSP de Eppley y CM11 de Kipp y Zon-
en). Las células de siliconas son considerable-
mente más baratas que los instrumentos con
termopilas (alrededor de US$ 200 vs. US$ 1.300-
3.000). Sin embargo, las células de siliconas tie-
nen una respuesta espectral limitada, entre 400
nm y 1.100 nm, por lo que no pueden ser coloca-
das debajo de la vegetación o emplearse para
medir la radiación reflejada (Tanner 1990).
La medición de la radiación ultravioleta es
de interés particular para los herpetólogos debi-
do a sus posibles efectos adversos sobre los anfi-
bios (especialmente en longitudes de onda en la
banda 290-320 nm, conocida como ultravioleta
B [WR]). Idealmente, se debería conocer la
irradiación (wattlmz) en longitudes de onda es-
pecíficas y la respuesta de los anfibios a la W B .
Desafortunadamente, el radiómetro espectral
necesario para realizar esas mediciones es muy
caro (su valor supera los US$ 60.000) y su em-
pleo requiere de bastante experiencia. Se pue-
den obtener datos útiles sobre W B con senso-
res que paralelizan aproximadamente las
respuestas al bronceado de la piel humana; di-
chos sensores están disponibles en la Solar
Light Company y en el Yankee Environmental
System (YES) a un precio de US$ 3.500 y US$
4.000 respectivamente. El sensor de Solar Light
lee en unidades de dosis eritemales mínimas
(MED, por sus siglas en inglés) y los sensores de
YES leen en wattlmz, que pueden convertirse a
unidades MED. Estos sensores se pueden conec-
tar fácilmente a un registrador programable,
pero sus salidas deben ser corregidas con las va-
riaciones de temperatura. Un programa de
Campbell Scientific realiza la lectura de UVB
con registradores programables. Aproximada-
mente 18 estaciones en los Estados Unidos em-
plean sensores de este tipo, como parte de la
National Oceanic and Atmospheric Administra-
tion RB Meter W Network (John De Luisi,
com. pers.); también son empleados por otras 20
estaciones en todo el mundo.
VELOCIDAD DEL VIENTO
La velocidad del viento puede medirse automá-
ticamente con anemómetros de copa conectados
a los canales contadores de pulso de los registra-
dores programables. Los anemómetros de copa
son omnidireccionales, poseen respuesta lineal
y tienen precios razonables (Campbell 1990).
Los factores a considerarse cuando se elige un
anemómetro incluyen el tamaño, el rango de ve-
locidades de viento sobre el que opera el sensor
(especialmente los umbrales de comienzo y de-
tención), el costo y la durabilidad. Los anemó-
metros propelentes tienen umbrales menores y
pueden ser empleados para medir la dirección
del viento, pero son más caros (Campbell 1990).
Generalmente montamos nuestro anemómetro
a una altura de 2 m. Si se dispusiera de más de
un anemómetro se podrían determinar perfiles
de viento, de modo que la velocidad del viento a
2 m puede ser usada para calcular velocidades
de viento a otras alturas.
pH Y CONDUCTMDAD
El monitoreo continuo de pH con registradores
programables presenta diversos problemas, in-
cluyendo la compatibilidad de la impedancia de
entrada de electrodo de pH con el registrador
programable, el aislamiento del electrodo del re-
gistrador programable para evitar circuitos fal-
sos, la compensación con la temperatura de sa-
lida del sensor y el mantenimiento del electrodo
de pH en condiciones operativas. Un ejemplo de
equipo para medir pH (Omega Engineering) in-
cluye una sonda para pH con superficie sensible
plana, sumergible y de tipo industrial (US$ 951,
un transmisor pH de dos alambres (US$ 2251,
una batería de 24 voltios (o dos de 12 voltios) y
un aislante (US$ 125). Alternativamente, una
sonda de pH puede ser leída con el pH 220 Pro-
be Arnplifier (Campbell Scientific). Los registra-
dores programables pueden emplearse para me-
dir la temperatura del sensor y realizar los
cálculos de compensación de temperatura. Los
electrodos deben ser limpiados y recalibrados
regularmente para asegurar su adecuado fun-
cionamiento. El congelamiento puede dañar los
electrodos. Para monitoreos de pH de corto pla-
zo (algunos días o menos) estamos experimen-
tando con el procedimiento de alimentar la sali-
da analógica del registrador programable con
un pHmetro manual.
La conductividad del agua puede medirse
automáticamente con un sistema similar, pero
con un sensor de conductividad (US$ 130) y un
transmisor de conductividad (US$ 230). Si el
50 Capitulo 5
transmisor no posee un aislante se le debe agre-
gar uno. Los sensores de conductividad también
deben ser lavados periódicamente.
Ambiente Térmico
La temperatura es uno de los factores más im-
portantes de cuantos influyen en la actividad de
los anfibios (especialmente en las zonas templa-
das), y por lo tanto, en nuestra capacidad para
determinar su presencia y abundancia (Peter-
con y Dorcas 1992). Por tal razón, es importan-
te describir con precisión los ambientes térmi-
cos de los anfibios. El ambiente térmico de los
anfibios acuáticos que viven sumergidos (e.g.,
larvas de salamandras) puede ser caracterizado
fácilmente midiendo la temperatura del agua
circundante. Describir el ambiente térmico de
anfibios terrestres es más complejo dado que
son numerosos los factores que interactúan pa-
r a determinar la temperatura corporal. Entre
ellos se encuentran la temperatura del aire, del
sustrato, la radiación, humedad, humedad del
suelo y velocidad del viento, además de caracte-
&-ticas propias de los animales, tales como ta-
maño, forma, reflectividad y permeabilidad de
ia piel al agua (Tracy 1976).
El valor único que expresa todas las varia-
Mes del ambiente térmico se denomina tempe-
ratura operativa (Bakken y Gates 1975; Bakken
1992). Las temperaturas operativas pueden cal-
cularse utilizando modelos de computadora de
transferencia de calor, pero este enfoque puede
ser complicado de aplicar en escalas espaciales
pequeñas, y requiere considerable instrumental
p experiencia. Un método más sencillo y barato
para medir las temperaturas operativas incluye
d empleo de modelos físicos que incorporen pro-
*edades de los animales tales como tamaño,
6 r m a y reflectividad (Bakken y Gates1975).
E-te enfoque fue aplicado con considerable éxi-
to en vertebrados ectotérmicos de piel seca, esto
cs, en reptiles (Crawford et al. 1983; Peterson
1987; Grant y Dunham 1988). En anfibios es
más difícil hacer la simulación, puesto que los
modelos deben permanecer húmedos para incor-
porar los efectos de la evaporación; por esta ra-
mn, la mayoría de los modelos de anfibios han
sido utilizados durante períodos cortos. Aunque
d empleo de modelos físicos mostró ser valioso
en estudios de relaciones entre temperatura y
agua en los anfibios, el valor de esta metodolo-
gía en estudios de inventario y monitoreo toda-
vía debe demostrarse. Se conocen numerosos
trabajos que proporcionan información sobre la
construcción y empleo de diversos tipos de mo-
delos: agar (Spotila y Berman 1976; Wygoda
1984); yeso París (Tracy 1976; O'Connor 1989;
Wygoda y Williams 1991); metal fundido (Bak-
ken y Gates 1975; Bradford 1984); caños de co-
bre (C.R. Peterson y M.E. Dorcas, datos inédi-
tos). Todos los modelos requieren validación a
través de la comparación de las temperaturas
registradas por ellos con las temperaturas re-
gistras por los anfibios vivos que se modelan.
Registro de Cantos de Anuros
La grabación automatizada de vocalizaciones de
anuros es un modo relativamente simple y efec-
tivo de determinar no sólo la presencia/ausencia
de especies, sino también de establecer los pa-
trones temporales de cantos (ver "Monitoreo
Acústico en Puntos Fijos" en el Capítulo 7). El
muestreo automatizado tiene muchas ventajas
sobre los procedimientos manuales: (1) Permite
un muestreo continuado durante las 24 horas;
(2) puede ser empleado para monitorear varios
lugares simultáneamente; y (3) deja libre al in-
vestigador para realizar otras tareas. Describi-
remos a continuación dos tipos de sistemas que
pueden emplearse para registrar vocalizaciones
de anuros automáticamente. El primer tipo está
basado en registradores programables y permi-
te la medición simultánea de variables ambien-
tales. El segundo, emplea un programador de
tiempo y es más barato, pero no puede emplear-
se para monitorear variables ambientales.
Los sistemas que emplean registradores
programables poseen un interruptor que activa
periódicamente a un grabador. Por ejemplo, el
puerto de control en el registrador programable
Campbell Scientific CRlO (Fig. 3) puede em-
plearse para enviar un impulso de 5 voltios a in-
tervalos regulares (e.g., cada 5 minutos) a un in-
terruptor de relé, que conecta y desconecta la
energía de la batería del grabador. Su diseño se
describe en el manual de instrucciones del CRlO
(Campbell Scientific 1990: secc. 14.9; Fig. 3), y
el costo de construcción es de aproximadamente
US$ 20. Un relé comparable puede comprarse
(e.g., Relé Hexfet #44F7743, Newark Electron-
ics, US$ 38) y modificarse levemente introdu-
ciendo un diodo 1N4001 (#610, Campbell Scien-
tific) en el circuito. Cuando se analizan las
Claves para un Proyecto Exitoso 51
Figura 3. Diagrama de un sistema basado en un registrador o procesador programable (data logger) para la gra-
bación automática de vocalizaciones de anuros. El sistema está formado por un registrador programable Camp-
be11 Scientific CR10, un grabador a casete, un micrófono, un interruptor de relé y una batería. El registrador es
programado (Tabla 3) para conectar y desconectar el grabador (por medio del interruptor de relé) a intervalos
programados (e.g., 5 min). El procesador también puede ser programado (Tabla 2) para el monitoreo simultá-
neo de diversos sensores ambientales, tales como termocuplas, piranómetros, anemómetros y sondas para hu-
medad relativa.
grabaciones se deberán considerar los tiempos
de comienzo y fin y el número de intervalos re-
gistrados, de modo tal que los tiempos de activi-
dad de canto puedan ser determinados con exac-
titud.
Los sistemas basados en registradores pro-
gramables tienen muchas ventajas, incluyendo
(1) intervalos de tiempo precisos y exactos; (2)
capacidad de monitorear variables ambientales
o controlar un sistema automatizado de teleme-
tría (ver "Registro de Señales de Radioteleme-
tría," más abajo); y (3) un empleo optimizado de
las cintas. Por ejemplo, si los anuros que cantan
son nocturnos, el registrador programable pue-
de programarse para grabar sólo de noche, y de
ese modo se conservan tanto la cinta como la
energía de las baterías. Entre las desventajas se
encuentran el precio de los registradores pro-
gramables (alrededor de US$ 1.700) y el tiempo
que se debe invertir en aprender a programarlo.
Se puede emplear un registrador programable
más barato (e.g., Tattletale Lite, Onset Comput-
er Corp., de aproximadamente US$ 500) en lu-
gar del CR10, pero la capacidad de medición 6
más limitada (e.g., 5 canales, sólo termisto--
sin señales adicionales que condicionen el cir-
cuito).
Se empleó un sistema con registradores pro-
gramables para registrar la actividad de Bufo
microscaphus en el sudoeste de Utah durante el
mes de marzo (Dorcas y Foltz 1991). Los cantas
fueron registrados durante 10 segundos cada 5
minutos, empleando el grabador de casete d i
una computadora Tandy TRS-80, CCR-82, m-
nectada a un registrador programable Camp-
be11 Scientific CR10. Para proteger al micrófoz:
de las lluvias empleamos una botella de p1á.r:-
co de 2 litros sin su base. Cuando se analizar: :.
52 Capítulo 5
las cintas, los autores fueron capaces de deter-
minar el horario de las lluvias por el sonido de
las gotas que golpeaban sobre la cubierta del
micrófono. La radiación solar fue medida con un
piranómetro LI-COR LI2OOSZ; la humedad re-
lativa se midió empleando el modelo 207 Relati-
ve-Humidity Probe de Campbell Scientific; la
velocidad del viento se registró con un anemó-
metro Qualimetrics Micro Response Contact; y
la temperatura fue medida con termocuplas de
cobre-níquel de 24 filamentos. Todos los instru-
mentos fueron leídos a cada segundo, calculán-
dose y registrándose los promedios cada 5 minu-
tos, empleando el registrador programable
CR10. Los resultados de este estudio (Fig. 2) in-
dican que los muestreos de Bufo microscaphus
serán más exitosos durante la noche, con alta,
humedad y cuando la temperatura del agua se
encuentre entre 10 y 18°C.
Un sistema alternativo para el registro pe-
riódico de vocalizaciones de anuros emplea un
programador de tiempo (timer) de estado sólido
que controla al grabador. En este sistema el pro-
gramador está conectado a una batería de 12
voltios y al grabador (Fig.4). Dado que el pro-
gramador requiere 12 voltios, pero que la mayo-
ría de los grabadores funcionan con 6 voltios, se
necesita de un conjunto de piezas electrónicas
baratas para reducir el voltaje del grabador y
evitar daños en el programador de tiempo. La
Batería
' 7 4
transistor
C -
R2
111i
programador de
tiempo SSAC
tierra
conmutádores (dip switchec) l I
6 volts -y
4. Diagrama de un sistema con programador horario relativamente barato para la grabación automáti-
o& vocalizaciones de anuros. Este sistema está formado por un programador horario SSAC (Radio Shack [RSI
#:LUS), un grabador a casete de 6 voltios, un micrófono, una batería de 12 voltios y varios elementos electróni-
que cuestan menos de US$ 10: un transistor PNP plástico TIP42 (RS #276-290271, un regulador de voltaje
q. rolt. en la figura) de 5 voltios 7805 (RS #276-17701, dos diodos 1N4001 (RS #276-1101), un condensador 4.7
XFD (RS #272-1012), un resistor de 1000-ohm (RS #271-153; R1 en la figura) y un resistor de 100-ohm (RS
C 1 - 1 5 2 ; R2 en la figura). Se debe tener en cuenta la polaridad correcta al conectar el grabador a la fuente de
e a externa (muchos grabadores tienen una ficha negativa central).
Claves para un Proyecto Exitoso 53
Figura 4 muestra el diagrama de un circuito, y
el número de elementos necesarios está especi-
ficado en el epígrafe; todas estas piezas pueden
comprarse en tiendasde electrónica locales a un
costo total de menos de US$10. El programador
de tiempo puede fijarse para que se active en
períodos especificados (0,l- 102,3 segundos) du-
rante intervalos especificados (0,l-102,3 minu-
tos), aunque también pueden adquirirse progra-
madores de tiempo con rangos diferentes. Las
ventajas de este sistema son su bajo costo (me-
nos de US$ 100) y su simplicidad; se necesita
poca práctica para montar el sistema. Gracias a
su bajo costo es posible utilizar varios sistemas
para monitorear simultáneamente numerosos
lugares. Este sistema no tiene capacidad para
registrar otras variables ambientales de mane-
ra sincrónica como ocurre con los sistemas de
registradores programables. No obstante, se
puede hacer un registro simultáneo de la tem-
peratura ambiental con un registrador progra-
mable barato, de un solo canal.
Registro de Señales
de Radiotelemetría
Hemos empleado sistemas automatizados de te-
lemetría para monitorear la temperatura corpo-
ral y el patrón de actividad de serpientes (Peter-
son 1987; Peterson y Cobb 19911, y creemos que
esta técnica podría aplicarse exitosamente en
anfibios, siempre que sean lo suficientemente
grandes como para poder llevar los radiotrans-
misores (ver "Rastreo por Radio" en el Capítulo
7). Actualmente pueden obtenerse, a nivel co-
mercial, transmisores de radiolocalización que
pesan menos de 1 g, y transmisores sensibles a
la temperatura que pesan menos de 2 g (AVM
Instrumental Company; Holohil Systems). Se
pueden muestrear simultáneamente varios ani-
males si se conecta una antena rastreadora, un
receptor de radio y un procesador de señales a
un registrador programable (Petron et al. 1987;
C.R. Peterson y M.J. McDonald, datos inéditos).
Dichos sistemas pueden emplearse de distinto
modo; por ejemplo, es posible determinar los
tiempos de llegada y partida de anfibios al sitio
de reproducción utilizando radiotransmisores.
Si se emplean transmisores sensibles a la tem-
peratura se podrá obtener gran cantidad de in-
formación sobre comportamientos relacionados
a la ectotermia. Los tiempos de aparición y reti-
rada y la selección de microhábitat pueden, fre-
cuentemente, ser inferidos a partir de los patro-
nes de temperatura corporal, especialmente si
se registran simultáneamente las temperaturas
operativas (Peterson 1987; Huey et al. 1989).
También es posible utilizar las variaciones en la
intensidad de las señales para inferir los patro-
nes de actividad de los animales (e.g., Chappel
y Bartholomew 1981; Nams 1989; Stanner y
Farhi 1989). La información derivada de la tele-
metna complementa los datos de estudio de
marcado-recaptura y también puede ayudar a la
localización de animales sin radiotransmisores.
Los problemas clave asociados a la radiote-
lemetría son la necesidad de reemplazar las ba-
terías periódicamente y el tamaño mínimo de
los ejemplares que pueden ser estudiados. En el
futuro, los emisores de señales pasivas (passive
integrated transponders o etiquetas PIS, peque-
ños diodos encapsulados en vidrio, que cuando
son activados por el detector emiten una señal
única al receptor) pueden ofrecer una solución a
este problema, porque son pequeños (alrededor
de 0 , l g) y no requieren baterías (Camper y
Dixon 1988). Desafortunadamente, los emisores
pasivos que permiten la identificación indivi-
dual de los animales portadores también tienen
rangos muy cortos. No obstante, es posible
conectar registradores programables con unida-
des transceptoras para monitorear las activida-
des en determinadas situaciones (e.g., salaman-
d r a ~ que pasan por la entrada de una cerca).
Esta metodología será más efectiva a medida
que mejore el rango de estos sistemas.
Agradecimientos. Agradecemos a las siguientes persa+
nas y compañías por la información brindada: Georp
Bakken, Art Beaubian (YES), Dan Berger y Saul Bar-
ger (Solar Light), Andrew Blaustein, Dave BradforC
Jim Brock, Gaylon Campbell, John De Luisi, Jeff F*
ter, Joel Green (Campbell Scientific), Joanne J d -
man, Mark Kallgren (Solomat), Leslie Long, k
Meek (Campbell Scientific), Michael O'Connor. KL-
ren Porter, Bert Tanner (Campbell Scientific) y DF-
Waitman. Dave Bradford nos prestó modelos el--
formados de ranas. Scott Grothe nos ayudó cor &
ilustraciones y Jeff Foster revisó el manuscrito
54 Capitulo 5
Pautas para el registro de datos
ROY W. McDZARMZD
Todas las ranas, salamandras y cecilias, tanto
adultos como larvas, que se encuentran en el
transcurso de un programa de inventario o mo-
nitoreo deben ser identificadas a nivel de espe-
cie. Dependiendo de los objetivos y de los méto-
dos de muestreo empleados, algunos individuos
podrán ser identificados a distancia por el can-
to, mientras que otros deberán ser capturados.
Al mismo tiempo, algunos serán marcados para
recaptura, mientras que otros serán colectados
como ejemplares de referencia. Para cada uno
de ellos se deben registrar algunos datos míni-
mos. En esta sección consideraremos la infor-
mación relacionada con la localidad y metodolo-
gía de muestreo, mientras que lo concerniente a
datos de microhábitat y ejemplares de referen-
cia se desarrollarán en las secciones siguientes.
Considero firmemente que los datos presenta-
dos aquí deben ser los mínimos para cualquier
proyecto. Por su parte, los investigadores con
metas específicas pueden necesitar también da-
tus adicionales.
Un método conveniente, barato y efectivo
que garantiza que toda la información deseada
sea registrada en un formato constante, consis-
te en emplear planillas estandarizadas, que
contengan todas las categorías de datos a tomar.
Las planillas deber estar bien organizadas, im-
presas en papel de buena calidad (conteniendo
75-100% de algodón) y deben incluir espacio ex-
tra (e.g., puede ser el reverso de la hoja) para
aquellas notas que no entren en las categorías
preestablecidas.
Los datos deben ser registrados en el campo
con tinta indeleble (a prueba de agua) del modo
más simple y directo posible. No se deben utili-
lar códigos en el campo; es muy fácil olvidarlos
o ingresar un código erróneo. Las hojas de datos
originales pueden ser fotocopiadas por seguri-
dad, pero no deben copiarse a mano. Si los datos
van a ser codificados para analizarlos en compu-
tadora, conviene utilizar las hojas originales o
,~us fotocopias para minimizar los errores de
transcripción. Hay quienes prefieren registrar
la información en grabadores de pequeño forma-
to; esto puede funcionar bien si se sigue una
lista de categorías estandarizadas durante la
grabación, para asegurar que se registre,toda la
información. La información registrada en cin-
tas deberá ser transcripta en las hojas de datos
o en una computadora dentro de las 24 horas de
obtenida.
Caracterización Geográfica
La información específica acerca de una locali-
dad debe incluir la caracterización geográfica y
política del lugar de estudio, así como descrip-
ciones'de los hábitats muestreados. La descrip-
ción geográfica y política de una localidad debe
incluir, como mínimo, la siguiente información:
1. País o grupos de islas. El nombre de un
país es normalmente equivalente a la uni-
dad política, pero emplear el nombre de
islas puede ser de valor en algunos casos.
2. Estado o provincia. Una unidad política
secundaria debena formar parte de cada
localidad registrada.
3. Condado, distrito u otra división terciaria.
Los especímenes colectados en los Estados
Unidos y algunos otros países deben llevar
una unidad política terciaria. En aquellos
países donde estas unidades se designan
pero raramente se emplean o no se regis-
tran en mapas, esta información puede no
ser de utilidad.
4. Sistema de drenaje y otros datos geográ-
ficos. Puede ser importante registrar al-
gunas referencias sobre los sistemas
fluviales más cercanos, especialmente en
regiones remotas para los cuales no hay
mapas detallados. La inclusión de otrosnombres geográficos (e.g., cadenas monta-
ñosas, sabanas, regiones zoogeográficas)
puede ser también muy valiosa, pero su
registro en el conjunto de datos mínimos es
menos importante que el de los sistemas
de drenaje.
5. Localidad específica. La localidad debe ser
registrada tan detallada y específicamente
como sea posible. Es esencial registrar las
distancias y direcciones de brújula a pun-
tos fácilmente localizables (e.g., ciudades,
desembocaduras de nos, cordones monta-
ñosos), y se debe especificar si esas distan-
cias son por carretera o en línea recta.
Pueden ser útiles la inclusión de un mapa
o referencia a un diccionario geográfico.
Claves para un Proyecto Exitoso 55
6. Latitud y longitud. Estos atributos geográ-
ficos son independientes de las unidades
políticas. Son los únicos localizadores reco-
nocidos universalmente, que permiten la
recuperación de datos de cualquier área
geográfica y el procesamiento electrónico
de mapas. Por esto, se deben incluir las
coordenadas de cada localidad tan precisa-
mente como sea posible. No obstante, en
caso de no poder obtenerlas, también son
de valor las coordenadas aproximadas,
claramente identificadas como tales. Lati-
tud y longitud se reportan con la notación
estandarizada de grados, minutos y segun-
dos y no con decimales. En el mercado se
encuentran posicionadores satelitales
globales (GPS por sus siglas en inglés)
portátiles, que brindan medidas exactas de
latitud y longitud (alrededor de US$3.000;
ver Apéndice 6).
7. Altitud. La altura sobre el nivel del mar
debe registrarse siempre que sea posible.
Elevaciones aproximadas, claramente indi-
cadas como tales, son mejor que nada. La
altura y distancia deben registrarse en
unidades del sistema métrico.
Hábitat
Los anfibios ocupan hábitats terrestres y dul-
ceacuícolas, y las descripciones de ellos deben
incluir la siguiente información:
HÁBITATS TERRESTRES
1. Descripción moderadamente detallada del
tipo de vegetación de cada lugar (e.g., selva
tropical siempreverde, selva templada
decidua, matorral espinoso, sabana arbola-
da). Para selvas, alguna mención sobre la
cobertura del dosel, la carga y tipo de epífi-
tas, naturaleza de otras estructuras porta-
doras de agua (oquedades en árboles), etc.
Para hábitats de sabanas arboladas, si se
trata de áreas naturales, o están dedicadas
a la agricultura, o están controladas por
fuego; indicar también el grado e intensi-
dad de las inundaciones estacionales. Para
otros sitios terrestres, algunas indicaciones
sobre tipo de plantas y el grado de cobertu-
ra. Si se reconocen plantas, puede ser útil
incluir una lista de especies dominantes.
Se deben anotar las referencias publicadas
sobre la vegetación del lugar.
Se dispone de listas descriptivas de los
tipos de vegetación para la mayona de las
regiones del mundo (e.g., Walter 1973), que
se pueden emplear como base para la des-
cripción específica del lugar de estudio. Los
tipos representativos de vegetación para
las selvas tropicales y subtropicales del
sudeste de Asia podnan incluir: Selva hú-
meda primaria, montañosa; selva húmeda
primaria, baja; selva montañosa siempre-
verde de robles y castaños ; selva montana
musgosa; bosque de coníferas; selva de-
cidua; selva de galena; selva talada selec-
tivamente; plantación de caucho; selva
secundaria; grandes desmontes; campos.
2. Descripción del clima de cada lugar, inclu-
yendo detalles sobre el tiempo, tales como
distribución y abundancia de lluvias y
variaciones diarias y anuales de tempera-
tura.
3. Algunas indicaciones sobre el grado de im-
pacto humano. Para las selvas es adecuado
designarlas como primaria, secundaria o
plantación. Para praderas puede ser im-
portante hacer mención sobre la influencia
del pastoreo y uso agrícola, así como las
frecuencias de fuego e inundaciones. Se re-
comienda hacer muestreos cerca o a través
de los límites pradera-selva.
4. Una breve mención sobre otros factores del
hábitat (e.g., tipos de suelo y capacidad pa-
ra retener agua, frecuencia de inundacio-
nes) puede ser también potencialmente
importante para los anfibios.
HÁBITATS ACUÁTICOS
Se deben registrar detalles sobre la vegetación
periférica (ver ítem 1 en "Hábitats Terrestres,"
más arriba) y clima (ítem 2, más arriba), tempe-
ratura del agua, turbidez y tipo de cuerpo de
agua muestreado.
LÉNTICOS-LAGUNAS Y LAGOS
1. Tipo de hábitat (e.g., lago, laguna, panta-
no, charco de lluvia), tamaño (área de
superficie en ha o largo x ancho) y profun-
didad (mínima, máxima y promedio);
porcentaje de la superficie de agua libre o
cubierta por vegetación emergente o flotan-
te; notas sobre si el sitio está expuesto o
cubierto por el dosel.
56 Capítulo 5
2. Alguna indicación de la duración relativa
(vida) del hábitat (e.g., permanente, tiene
agua la mayor parte del año, se llena luego
de grandes lluvias, es el resultado de inun-
daciones, dura 2-4 semanas).
3. Si se conocen, características de la vegeta-
ción ribereña o acuático-emergentes; espe-
cies o tipos de vegetación (e.g., juncos,
lirios de agua).
4. Tipos de fondo (e.g., fango, arena, hojas
muertas).
~ C O S - A R R O Y O S Y RIOS
L Tipo de hábitat (e.g., río, arroyo, manan-
tial, riachuelo, filtraciones de agua); ancho
y profundidad (e.g., pozos y bajíos, rápi-
dos); alguna indicación sobre el flujo (e.g.,
cascadas y cataratas, aguas blancas en
gradiente elevado, corriente moderada,
flujo lento y con meandros, metros por
segundo).
% Alguna indicación de la duración relativa
(vida) del hábitat (e.g., fluye todo el año,
sólo en la estación húmeda, sólo después
de lluvias fuertes).
Características de la vegetación marginal
ce.g., árboles, arbustos, plantas de hoja
ancha); si es posible, tipos y especies de
plantas.
4 Tipos de sustrato (e.g., roca, cantos roda-
dos, grava, arena, barro, hojas muertas).
--A EN PLANTAS (FITOTELMATA) Y
ESTRUCTURAS ARTIFICIALES
L Xaturaleza de la estructura que contiene
el agua (e.g., bromelias, axila de hojas,
cubetas, huecos en troncos); tamaño (área);
profundidad; volumen aproximado; ubi-
cación (selva abierta, en un claro, en el
dosel); altura sobre el suelo y distancia a
cuerpos de agua mayores.
f Edad relativa y duración del hábitat (es
permanente, tiene agua la mayor parte del
año, tiene dos semanas de edad).
3- Identificación y descripción de la planta
que contiene agua.
4 Sustrato de la estructura (e.g., desnudo,
detritus, arena, hojas muertas).
Metodología de Muestreo
La información pertinente a los muestreos debe
ser registrada con referencia al método (o méto-
dos) específico que se haya empleado (ver Capí-
tulo 6). Además, se debe registrar la siguiente
información para cada uno de los ejemplares en-
contrados durante un proyecto de inventario o
monitoreo (ver también los apartados "Descrip-
ción del Micohábitat" y "Ejemplares de Referen-
cia," más abajo):
1. Fecha y hora del hallazgo.
2. Identificación del ejemplar (e.g., Rana
pipiens, Bufo sp., salamandra marrón tipo
A).
3. Tamaño del ejemplar. La longitud total es,
probablemente, el indicador más confiable
de tamaño (hocico-cloaca en anuros y hoci-
co-extremo de la cola en salamandras, ceci-
lias y larvas de anuros; las colas rotas se
indicarán con un + luego de la medida).
Normalmente se puede no molestar a los
individuos identificándolos por el canto.
Adultos, juveniles y larvas pueden ser
categorías de tamaño adecuadas en los
estudios de monitoreo de especies bien
conocidas, pero el empleo de esas catego-
rías puede presentar algunos problemas
(e.g., algunos anuros de tamaño adulto no
necesariamente están maduros sexualmen-
te, y recíprocamente, algunos anuros de
tamaño juvenil no necesariamente son
inmaduros, como indicaría este nombre).
En el caso de las larvas se medirán sólo
algunos representantes de cada clase (dis-
tintiva) de tamaño.
4. Sexo. Registrarlo sólo si la determinación
estáconfirmada o si el ejemplar no va a
ser colectado. La presencia de callosidades
nupciales, sacos vocales y coloración
pueden ser útiles, pero la determinación
positiva requiere de una disección o de la
observación de oviposición o del canto
(generalmente sólo en machos). Si hay
dudas se deben coleccionar ejemplares de
referencia.
5. Posición en el ambiente. Implica registrar
la posición vertical y horizontal de cada
individuo, con tanto detalle como sea po-
sible.
6. Actividad de los individuos. Registrar el
Claves para un Proyecto Exitoso 57
comportamiento de los ejemplares en el
tiempo en que fueron encontrados. Las
descripciones incluyen cantando, en repo-
so, en movimiento, saltando, con huevos
adheridos.
Descripción del microhábitat
ROBERT F. ZNGER
Los anfibios generalmente presentan una dis-
tribución irregular, agregada en el ambiente,
particularmente en aquellos hábitats complejos.
Cada especie ocupa un microhábitat, esto es,
subconjuntos limitados del hábitat de cada lu-
gar. Los microhábitats, en el sentido que lo em-
pleamos aquí, son los lugares precisos donde se
encuentran los individuos dentro del ambiente
general. Aunque es posible determinar la rique-
za de especies de un lugar sin reconocer los mi-
crohábitats utilizados por los anfibios que viven
allí, recomiendo registrar los datos sobre ellos
para cada anfibio observado. La información re-
sultante es científicamente más rica por varios
órdenes de magnitud que la que carece de ella.
Por ejemplo, se puede determinar el uso dife-
rencial del microhábitat por la misma especie
en lugares diferentes, así como es posible deter-
minar el empleo diferencial de microhábitats
por una especie, en un mismo lugar y en estacio-
nes diferentes. El conocimiento de que ciertas
especies de anfibios están restringidas a deter-
minados microhábitats puede tener profundas
implicancias desde el punto de vista de conser-
vación (Zimmermann y Bierregaard 1986).
El registro de datos sobre el microhábitat
requiere una planificación previa, especialmen-
te en lo concerniente al diseño de una planilla
adecuada para las categorías a registrarse. La
toma de dichos datos puede llevar algún tiempo,
y puede implicar también una disminución en el
número de individuos muestreados y preserva-
dos. Sin embargo, la utilidad general de los re-
gistros de especímenes que incluyen esta infor-
mación es notablemente superior a la de
aquellos que carecen de esto, que compensa con
creces el menor número de especímenes preser-
vados. La información sobre microhábitats es
esencial para determinar las distribuciones eco-
lógicas, ya que hace que sean repetibles de un
sitio a otro y permiten la aplicación de trata- 1
mientos estadísticos. Combinando todos los
datos de un esquema de clasificación de micro-
hábitats, es posible describir la distribución eco-
lógica de cada especie de un lugar determinado
y realizar comparaciones de la distribución en-
tre lugares diferentes.
Cada gran tipo de bioma tiene caracteres
ambientales únicos, por lo que puede ser nece-
sario emplear planillas descriptivas diferentes,
con dos advertencias principales. Primero, nin-
gún esquema en un papel podrá duplicar toda la
complejidad del mundo real; en consecuencia, el
investigador deberá ampliar ciertos registros
con notas suplementarias. Segundo, el empleo
de planillas para la descripción de microhábi-
tats no nos libera de registrar caracteres del
ambiente general, como son los tipos de vegeta-
ción, elevación, topografía general, clima, etc.
No obstante, es posible crear un sistema de cla-
sificación de microhábitats para cada ambiente
mayor donde ocurran anfibios. Las planillas pa-
r a descripción de microhábitats deben permitir
registrar tanto los caracteres únicos como los
caracteres generales del ambiente, y s u comple-
jidad dependerá de los hábitats a muestrear
Por ejemplo, una región de una selva húmeda
tropical probablemente requerirá un esquema
de clasificación de microhábitats más complejo
que una pradera templada. Esquemas de este
tipo han sido utilizados con éxito en diversas
selvas tropicales de distintas partes del mundo.
Cualquiera sea la planilla que se organice,
deberá tener un cierto equilibrio entre detalle y
generalidad. El objetivo es alcanzar la generali-
zación sin una excesiva pérdida de información
Otra característica importante de una buena
planilla de microhábitats es la posibilidad de
ampliación; debe ser posible agregar tantos ele-
mentos como las situaciones locales lo requie-
ran. Por ejemplo, un investigador podrá agregar
otros tipos de vegetación o de hábitats cuando
encuentre anfibios en ellos.
Características de una Planilla
para Microhábitats
El análisis de la información registrada con ca-
da observación lleva a la comprensión de la dis-
tribución y uso del hábitat de cada especie de
anfibios. Por consiguiente, es importante que
58 Capítulo 5
REPTILES Y ANFIBIOS
F i w i i r s 5 Planilla r l ~ r a t á l n v n d r . n11n resii-anfl . , . hios a U & u m k e a deselva ~rimaria_anSabah.~ .. ~.
los datos asociados a cada ejemplar sean regis- 1. Fecha y hora de observación (reloj de 24
trados de manera completa y de un modo estan- horas).
danzado. Generalmente se describen seis ele- 2, ubicación general, tipo de y
mentos del microhábitat para cada individuo altitud (referirse a "Pautas para el Regis-
observado. Para cada elemento hay una planilla tro de Datos." más arriba).
de caracteres ambientales sobre los que se debe-
rá registrar información, así como una serie de
descripciones estandarizadas para cada carác-
ter. La idea es que, para cada anfibio encontra-
do, la descripción de cada carácter de cada ele-
mento describirá al microhábitat. El empleo de
una planilla de caracteres y de los descriptores
normalizados facilitará el registro completo y
estandarizado de la información. Se deben utili-
zar planillas separadas para larvas y adultos.
Los seis elementos que deben registrarse en
cada observación son:
Posición horizontal, con referencia a cuer-
pos de agua; sombra producida por la vege-
tación y, en el caso de ciertos ambientes
lacustres, línea de costa. Cada posición
necesita ser caracterizada en detalle (ver
planilla más abajo).
Posición vertical. En ambientes terrestres
la posición vertical se define como: bajo la
superficie; en la superficie expuesta del
suelo; en la superficie del suelo, bajo un
refugio; sobre el substrato o en el agua. En
ambientes acuáticos la posición vertical se
define por la profundidad.
PLANILLA SOBRE MICROHÁBITATS
LARVAS DE ANFIBIOS
FECHA HORA
LOCALIDAD
altura latitudllongitud e s t a c i ó n #
COLECTORES
TlPO DE AMBIENTE ACUATICO
medicibn
TlPO DE MICROHABITAT
descripcibn
substratoltipo de fondo
Otos Atributos Físicos: corriente
oxigeno
PH
temperatura t u r b i d e z -
POSICI~N VERTICAL
BlOTA -- (Número de coleccibn de campo)
Larva
Otro
Figura 6 . Muestra de planilla para información sobre microhábitats de larvas de anfibios
60 Capitulo 5
.5. Substrato. Incluye suelo mineral, rocas o
vegetación. Cada substrato requiere, con
frecuencia, subdivisiones más finas (ver
planilla).
6. Información especial, que no encaja fácil-
mente en las categorías precedentes -por
ejemplo, miembros proyectados sobre el
agua, en nido de termitas, bajo una roca
exfoliada.
Cna muestra de una página de catálogo que
contiene datos de microhábitat para anfibios
adultos se presenta en la Figura 5.
Algunas de las categorías de información
mencionadas anteriormente se emplean tam-
bién en las descripciones de microhábitats de
larvas: fecha, hora, ubicación general y tipos ge-
nerales de hábitat y vegetación. Se debe regis-
trar, además, información sobre el tipo general
¿e ambiente acuático, tipo de microhábitat, as-
pectos del ambiente físico (ver planilla, más
arriba), posición vertical y horizontal de la(s)
ha ( s ) y otros tipos de organismos presentes.
CM muestra de la planilla tipo empleada en la
descripción de microhábitats de larvas de anfi-
bios se presenta en la Figura 6.
Descriptores Básicos para una
Planilla de Microhábitat
siguientes categorías descriptivas fueron
ideadas para selvas tropicales y subtropicales, y
'e presentan para ilustrar el método. Los inves-
tigadores deberán desarrollar descriptores simi-
hres para planillas diseñadas para describir
microhábitats de otros biomas, tales como sel-
vas templadas, praderas y desiertos.
~ ~ I O S ADULTOS EN SELVAS TROPICALES
k SLmTROPICALES
HORA (reloj de 24 horas)
\.EGETACIÓN (Emplee diferentes tipos de
descriptores para cada tipo de vegetación y
de hábitat en el lugar. Ver la sección
"Hábitat" bajo "Pautas para el Registro de
Datos," más arriba.)
POSICI~N HORIZONTAL
Corrientes permanentes
En el agua
En medio de la corriente, sobre bancos de
arena o troncos emergentes
En la ribera; distancia (m) al agua
Sobre el lecho seco, expuesto; distancia
(m) al agua
Sobre vegetación suspendida; altura (m)
sobre el agua
Cursos de agua intermitentes
En el agua
En medio de la corriente, sobre bancos de
arena o troncos emergentes
En la ribera; distancia (m) al agua
Sobre el lecho seco
Sobre vegetación suspendida; altura (m)
sobre el agua
Lagunas permanentes
En el agua
En la ribera; distancia (m) al agua
Sobre vegetación suspendida; altura (m)
sobre el agua
Lagunas temporarias
En el agua
En la ribera; distancia (m) al agua
Sobre vegetación suspendida; altura (m)
sobre el agua
Pantanos permanentes
Distancia desde cualquier cuerpo de agua;
distancia aproximada al cuerpo de agua
más cercano
POSICIÓN VERTICAL
Bajo la superficie del suelo; profundidad
(cm)
En o entre hojas muertas
Bajo rocas; tamaño máximo (cm) de la roca
Bajo troncos; diámetro (cm) del tronco
En troncos; diámetro (cm) del tronco
Sobre la superficie del suelo desnudo
Sobre la superficie de la hojarasca
Sobre rocas; dimensiones máximas (cm) de
la roca
Sobre troncos; dimensiones máximas (cm)
del tronco
Sobre plántulas o sobre plantas herbáceas
(< 1 m de altura)
Sobre arbustos o árboles jóvenes (1-7 m);
altura (m) sobre el suelo o el agua
Sobre árboles o lianas grandes (> 7 m);
altura (m) sobre el suelo o el agua;
Claves para un Proyecto Exitoso, 61
diámetro (cm) a la altura del pecho
(DAP) para las plantas leñosas
Sobre tocones muertos; altura (m) sobre el
suelo
En la copa de arbustos o árboles caídos;
altura (m) sobre el suelo o el agua
Sobre briznas de hierbas; altura (m) sobre el
suelo o el agua
En el pasto
SUBSTRATO
Hojas de plantas; dimensiones máximas
(cm) de la hoja
Tallos o ramas de plantas herbáceas
Ramitas o ramas de plantas leñosas;
diámetro (cm)
Tallos de arbustos o árboles
En epífitas
Bajo la corteza de un tronco, tocón o árbol
Bancos de arena, lodo, grava fina o roca
ATRIBUTOS ESPECIALES DEL
MICROHÁBITAT
Charcos aislados en la llanura de
inundación de un n o
Área de filtración
Oquedad en árboles
Madriguera
Ribera: plana (< 20"); moderadamente
inclinada (20-45"); escarpada (> 45")
Entre raíces tabulares o expuestas de
árboles
Sobre o en la vegetación flotante
Entre raíces de vegetación flotante
En o dentro de termiteros; distancia (cm) a
la superficie
Debajo de frondas de palmeras caídas
En o sobre edificios
En bromelias terrestres
Otros (describir en el reverso de la página de
censo o en otro lugar)
Ancho de la corriente o diámetro de la
laguna (m)
Dependiendo de la naturaleza del estudio, la
siguiente información también puede ser rele-
vante:
PARCELA, ESTACIÓN DE AFORO O
NÚMERO DE RETÍCULA LOCAL
TIPO DE ACTIVIDAD
Inactivo o deambulando
Molestado por el investigador
Activo y alerta
Cantando
Desenterrado por el investigador
En amplexo
En nido
MÉTODO DE DETECCIÓN
Observado
Escuchado
Descubierto
Desenterrado
Trampa de pozo
Trampa de embudo
Zanja
Jábega u otra red
LARVAS DE ANFIBIOS EN SELVAS TROPICALES
Y SUBTROPICALES
FECHA
HORA (reloj de 24 horas)
VEGETACIÓN (Emplee diferentes tipos de des-
criptores para cada tipo de vegetación y de
hábitat en el lugar. Ver la sección "Hábitatn
bajo "Pautas para el Registro de Datos,"
más arriba.)
TIPO DE AMBIENTE ACUÁTICO
Laguna temporaria: longitud x ancho x
profundidad (m)
Laguna permanente: longitud x ancho x
profundidad (m)
Arroyo permanente: ancho (m)
Arroyo temporario: ancho (m)
Fitotelmata (agua contenida en plantas)
Pantanos o ciénagas
Manantial; distancia (m) a la fuente
Filtración
Terrestre (describa)
Estructura artificial (e.g., pozos, cunetas)
TIPO DE MICROHÁBITAT
Arroyo; ancho (m)
Torrente
Rápido
Charco abierto en el curso principal;
largo x ancho x profundidad (m) del
charco
Charco secundario, fuera del curso
principal; largo x ancho x
profundidad (m) del charco
62 Capítulo 5
Masa de hojas y otros restos vegetales
retenidos por remolinos o
contracorrientes; largo x ancho (m)
de la masa
Poza en riberas rocosas; altura (m) sobre
la corriente; dimensiones (cm) de la
poza
Intersticios en grava o arena;
profundidad (cm)
Lagunas o lagos
Área abierta; superficie (ha) o longitud x
ancho x profundidad (m) de la laguna
Entre vegetación arraigada
Entre vegetación flotante o algas
Agua contenida por la vegetación
Reservorio entre raíces tabulares o
expuestas de árboles; altura (m)
sobre el suelo; volumen aproximado
ícm3)
Reservorio en epífitas; altura (m) sobre el
suelo; volumen aproximado (cm3);
tipo de planta
Troncos u oquedades en árboles; altura
(m) sobre el suelo; volumen
aproximado (cm3)
Reservorios en "taza" (cáscaras de frutos,
espatas de palmera u otras "tazas"
naturales en la hojarasca); volumen
aproximado (cm3)
Estructura artificial o recipiente
Describir estructura; altura (m) sobre el
suelo; volumen aproximado (cm3)
Otros
Sobre o en un anuro adulto
Tipos de substrato o de fondo
Barro o sedimento
Arena
Grava
Piedras grandes
Lecho rocoso
Hojas muertas
Madera
Otros (describir)
Otros atributos físicos
Corriente (cmlseg)
Oxígeno (mlll; % de saturación)
Temperatura
PH
Turbidez -
POSICIÓN VERTICAL
Sobre el fondo; profundidad (cm) por debajo
de l a superficie
En la columna de agua; profundidad (cm)
por debajo de la superficie
En la superficie
BIOTA
Náyades de Odonata, presencidausencia;
tamaños aproximados
Larvas o adultos de Dytiscidae,
presencialausencia; tamaños
aproximados
Belostomátidos u otros hemípteros
predadores, presencialausencia;
tamaños aproximados
Peces, presencialausencia; tamaños
aproximados
Otros vertebrados predadores presentes
Métodos de Campo
El registro de las observaciones en el campo
puede simplificarse bastante si se emplean
planillas temporarias para los datos. Dichas
planillas estarán divididas en columnas que co-
rrespondan a las principales categorías de infor-
mación requeridas por la planilla de descripto-
res del microhábitat en uso. A medida que se
van observando los animales se ingresa la infor-
mación correspondiente. Una vez de regreso del
campo los datos se transfieren a catálogos o cua-
dernos permanentes. Es altamente recomenda-
ble transferir los datos a las pocas horas de su
obtención. Se puede emplear una computadora
en el campo, pero sólo si se puede imprimir una
copia sobre papel en el lugar, dado que es muy
riesgoso confiar en el almacenamiento de infor-
mación en disquetes. En cualquier caso, las pla-
nillas de datos pueden mantenerse indefinida-
mente.
Si se coleccionan animales, cada ejemplar
debe ser colocado en una bolsa separada y nu-
merada, y el número de bolsa debe ser incluido
como parte del registro de campo temporario. Se
necesita una combinación de bolsas de plástico
(la mayoría) y de tela (para los ejemplares más
grandes). Los animales deben ser procesados
tan pronto como sea posible para evitar mezclar
datos y perder ejemplares.Claves para un Proyecto Exitoso 63 l
Ejemplares de referencia
ROBERT l? REYNOLDS,
RONALD 1. CROMBZE y
ROY W. MCDZARMZD
Se denominan ejemplares de referencia (uouch-
ers) a aquellos individuos que documentan de
manera permanente los datos de un informe.
Sirven para verificar la identidad de los orga-
nismos encontrados o empleados en un estudio,
y asegurar que dicho estudio, que nunca podrá
ser repetido exactamente, pueda ser re-evalua-
do con precisión. Los ejemplares de referencia
son el único mecanismo para convalidar la pre-
sencia de una especie en un estudio así como pa-
ra realizar comparaciones históricas. Además
de su importancia en estudios sistemáticos y co-
mo documentación de relevamientos botánicos y
zoológicos, los ejemplares de referencia suminis-
tran datos irreemplazables relacionados a pro-
piedades bioquimicas, tendencias demográficas
y distribuciones geográficas para futuros estu-
dios. Lee et al. (1982) proporcionaron una re-
seña muy convincente sobre los ejemplares de
referencia y su importancia en los estudios bio-
lógicos, y aquí adoptamos muchos de sus puntos
de vista.
Los ejemplares de referencia son siempre
necesarios para dar credibilidad científica a
cualquier programa de inventario o monitoreo,
y deben ser colectados a menos que se conozcan
razones muy valederas en su contra. Entre las
razones válidas para no colectar ejemplares de
referencia se incluyen, que la especie esté prote-
gida por ley, que la especie esté en peligro o
amenazada, y que corra riesgo de supervivencia
por la pérdida de un individuo. Si existen razo-
nes indiscutibles para no colectar ejemplares,
pueden usarse como referencia elementos tales
como una fotografía de buena calidad junto con
la grabación del canto (para anuros), una mues-
tra de tejido para análisis molecular (aunque no
más sea un dedo cortado) o cualquier otra repre-
sentación secundaria del organismo. Para cum-
plir con su función, un ejemplar de referencia
debe contener los caracteres diagnósticos apro-
piados para el nivel de identificación requerido
(especie), ser preservado en buenas condiciones
por el colector, estar documentado con los datos
de campo apropiados, estar depositado y mante-
nido en instituciones adecuadas, y ser fácilmen-
te accesible (Lee et al. 1982).
Cada vez que sea posible se deberían grabar
cantos de anfibios (Apéndice 5), aunque dicho
material no es requerido para todos los trabajos
de inventario y monitoreo. Los cantos de anuros
proporcionan información evolutiva y de com-
portamiento muy valiosas, y los tejidos pueden
emplearse para establecer relaciones genéticas.
Los cantos y los tejidos aumentan la informa-
ción disponible con cada ejemplar de referencia
y reducen la necesidad de obtener ejemplares
adicionales en el futuro. Sin embargo, grabar
cantos y tomar muestras de tejido requiere de
tiempo adicional. Los investigadores deben
planear estas actividades antes de iniciar los
muestreos, pues de otro modo las metas de los
estudios de inventario y monitoreo pueden ver-
se comprometidas.
Identificaciones de Campo
Raramente .es posible realizar identificaciones
precisas de anfibios en el campo, excepto en
áreas cuya fauna se conoce en detalle. Además
en este caso, los caracteres diagnósticos son con
frecuencia sutiles o difíciles de ver sin aumento
o, a veces, sin disecciones. Los mismos herpetó-
logos con considerable experiencia en un área,
generalmente, proporcionan sólo identificacio-
nes tentativas a nivel de genéro o de especie de
los especímenes en el campo. Estos nombres sir-
ven más como registros que como identificacio-
nes, y facilitan seguir la pista del número de es-
pecies y de los ejemplares muestreados.
La identificación precisa de las especies es
parte integral de todos los aspectos de los estu-
dios de biología comparada, al punto tal que
aquellos estudios sin ejemplares de referencia
violan una premisa básica de la metodología
científica, que es brindar la posibilidad para que
otros investigadores puedan repetir el estudio.
La identificación correcta de los organismos es
esencial en toda investigación biológica. Sólo los
ejemplares de referencia proporcionan las bases
para verificar las identificaciones y de ese modo
poder repetir los estudios. La literatura está lle-
na de ejemplos de trabajos comparativos en fi-
siología, ecología, morfología y sistemática cu-
yos resultados son cuestionables, o a veces
inútiles, por la identificación errónea de espe-
cies o por no haber reconocido que había más de
una especie involucrada. La mayoría de las de-
64 Capitulo 5
cisiones relacionadas al manejo y la conserva-
ción de especies también depende de identifica-
ciones precisas. Los ejemplares de referencia
son el único modo de verificar, y también de co-
rregir las identificaciones de especímenes, y, en
consecuencia, son esenciales para la investiga-
ción científica en las disciplinas antes mencio-
nadas.
Todas las identificaciones de campo deben
ser verificadas por una persona con experiencia
en el grupo taxonómico, a través del empleo de
claves confiables o por comparación con ejem-
plares de museo. Los ejemplares de referencia
deben ser depositados en colecciones apropia-
das, generalmente de un museo de historia na-
tural. Con una identificación de campo errónea,
los individuos de especies poco conocidas pue-
den ser pasados por alto, y es posible que no se
tomen datos importantes porque el investigador
supone que se trata de una especie bien conoci-
da. A propósito de los muestreos en regiones
poco exploradas, recomendamos que todas las
identificaciones sean tomadas como tentativas y
que todas las especies sean consideradas igual-
mente importantes.
Excepto para regiones bien estudiadas, co-
mo son Norteamérica y Europa, se dispone de
pocas guías de campo o manuales de identifica-
ción que sean útiles, y muchos países no cuen-
tan ni siquiera con una lista de las espécies re-
gistradas. Mucha de la antigua literatura sobre
faunas de anfibios (entre otros, Cochran 1955;
Taylor 1962; Laurent 1964; Cochran y Goin
1970) estuvo basada casi completamente en
ejemplares (a menudo pobremente conservados)
de museo, y son de utilidad limitada para las
identificaciones de campo o como fuente de in-
formación general sobre distribución geográfica
y de hábitats. Sugerimos, entonces, que el in-
vestigador se familiarice con la literatura pri-
maria disponible antes de comenzar el inventa-
rio, y siempre que sea posible, examine
ejemplares preservados de las especies del área
de interés con antelación al comienzo del traba-
jo de campo. Las notas sobre la fauna de anfi-
bios de la región, con una lista de especies y sus
caracteres diagnósticos pueden ayudar al inves-
tigador a identificar las especies más comunes,
a focalizar en aquellas de interés particular y a
reconocer cualquier taxa que pueda estar prote-
gido (ver "Permisos," más adelante).
Dado que los ejemplares de referencia son el
único medio para verificar los datos obtenidos
durante investigaciones de diversidad biológica,
al mismo tiempo que proporcionan información
crítica para investigaciones futuras, su impor-
tancia debe ser reconocida y la preparación del
material debe considerarse esencial para una
buena ciencia. Sin embargo, estamos de acuerdo
que la captura y preservación de ejemplares con
fines científicos puede ser una cuestión emocio-
nal. Por lo tanto, es imprescindible que el inves-
tigador de campo planifique sus estudios con
anticipación, identifique claramente sus objeti-
vos y evalúe la necesidad de colectar ejemplares
de referencia.
Tamaño de Muestra
No es fácil determinar qué constituye una
muestra adecuada u óptima con propósitos de
identificación. Algunas especies pueden identi-
ficarse con un solo individuo (aunque esto es
raro); para otras, 20 ejemplares pueden no re-
presentar adecuadamente la variabilidad de
una poblacióny por lo tanto es necesaria una
muestra más grande. Algunas especies son
asombrosamente polimórficas (ver lámina en
colores de Dendrobates pumilio en Myers y Daly
19831, otras tienen sorprendentes variaciones
sexuales, ontogenéticas, geográficas y10 indivi-
duales, y otras más son relativamente unifor-
mes a través de amplias áreas geográficas. La
sistemática moderna toma en consideración es-
te potencial para la variación, además de otros
datos biológicos auxiliares, en el intento de de-
terminar los límites de las especies. Se acaba-
ron los días en los que se podía pasar un solo in-
dividuo por una clave y mágicamente alcanzar
una identificación específica confiable. Este en-
foque de "receta de cocina," y la idea que un úni-
co ejemplar pueda ser el representante "típico"
de un deme o de una población carece de rigor
científico. Si las claves están bien hechas, pue-
den ser herramientas útiles para proporcionar
identificaciones, pero esas determinaciones pre-
liminares deben ser confirmadas realizando
comparaciones con descripciones y con ejempla-
res preservados en museos.
Estamos de acuerdo con Frith (1973: 3) en
que el número de ejemplares muestreados "real-
mente no tiene significado [biológico] a menos
que esté relacionado al número total de indivi-
duos de la población y a su velocidad de reem-
plazo". Los lectores preocupados pueden encon-
trar una discusión convincente en Ehmann y
Claves para un Proyecto Exitoso 65
Cogger (1985; especialmente Tabla 3) sobre lo
que muchos consideran una acción incompatible
con la supervivencia de individuos, así como da-
tos cuantitativos en el impacto relativo de las
colecciones científicas, la mortalidad natural, la
destrucción de hábitats y la colección con fines
comerciales sobre poblaciones de anfibios. Es re-
velador el hecho que ninguna especie animal
haya sido exterminada como resultado de colec-
ciones científicas a lo largo de 250 años de his-
toria de la sistemática (Hedge y Thomas 1981).
En contraste, cientos o miles de especies se han
extinguido por destrucción de hábitats.
Con pocas excepciones, los anfibios son pro-
líficos y con potenciales reproductivos suficien-
tes como para acomodarse a aumentos en el
nivel de predación. Como predadores sobre anfi-
bios los científicos son singularmente ineficien-
tes si se los compara con culebras, aves y otros
organismos. Además, preparar los especímenes
y registrar los datos asociados con ellos (Apén-
dice 4) son tareas que llevan mucho tiempo y,
cuando se realizan correctamente, desalientan
a los colectores humanos a realizar capturas de-
masiado grandes y aleatorias (ver también Fos-
ter 1982: 6-7; Ehmann y Cogger 1985: 439).
Sería conveniente que pudiéramos dar un
valor absoluto, o una fórmula, para calcular el
número de individuos de cada especie que pue-
dan colectarse como ejemplares de referencia,
pero la ciencia raramente es conveniente. Brin-
dar una fórmula aplicable a más de 4.000 espe-
cies de anfibios está fuera de nuestras posibili-
dades. Para áreas cuya fauna de anfibios se la
conoce en profundidad, un solo individuo adulto
de cada población por cada sitio será suficiente
como referencia en estudios de inventario y mo-
nitoreo. Normalmente, el primer adulto de cada
especie avistado durante el proyecto es el ade-
cuado. Para estudios de monitoreo recomenda-
mos que el ejemplar sea preservado a comienzos
del estudio; si se requiere de ejemplares adicio-
nales, los mismos pueden ser colectados al final
o en áreas aledañas al estudio. Como un núme-
ro operacional, consideramos que de 10 a 20
ejemplares de adultos y larvas representarán
adecuadamente a la especie en cada sitio de
áreas bien estudiadas.
Dado que nos encontramos en las primeras
etapas de descubrimiento y que todavía no en-
tendemos las relaciones taxonómicas de muchas
formas tropicales, y debido a que muchas áreas
son poco conocidas y que existen numerosas es-
pecies sin describir, o que están inadecuada-
mente representadas en colecciones, normal-
mente recomendamos colectar muchos más que
un solo ejemplar de referencia. En general (y te-
niendo en cuenta la fragilidad de cualquier ge-
neralización), recomendamos una muestra de
25 ejemplares (idealmente 10 machos adultos,
10 hembras adultas y 5 inmaduros) con propósi-
tos de identificación. Para los casos de especies
polimórñcas, o allí donde se sospeche la existen-
cia de más de un taxon recomendamos efectuar
muestreos adicionales; para dichas especies
puede ser adecuada una muestra de 25 machos,
25 hembras y 25 juveniles. Los investigadores
que estén interesados en identificar la diversi-
dad genética dentro y entre localidades deberán
preparar muestras de tejidos para análisis bio-
químicos (Apéndice 5) y preservar ejemplares
de referencia de un mínimo de 5 a 10 machos y
hembras de cada lugar.
Las larvas de anfibios también deberían co-
lectarse cada vez que se encuentren. Luego que
los adultos han finalizado su reproducción, las
larvas pueden ser los únicos ejemplares de una
especie accesibles durante el período de estudio.
Debido a que las larvas son poco conocidas y que
generalmente están pobremente representadas
en las colecciones de historia natural, recomen-
damos obtener muestras de referencia de como
mínimo 20-30 larvas de cada especie por cada
sitio. Sena ideal preservar submuestras en di-
versos estadios, para tener series de desarrollo.
Si las condiciones lo permiten, las muestras de
larvas deberían ser criadas hasta metamorfosis,
con lo que se podrá asociarlas positivamente con
adultos identificables. Esto es especialmente
importante en áreas faunísticas poco conocidas.
Otros factores, además del tamaño de
muestra, pueden afectar la posibilidad de iden-
tificar con precisión a los individuos. Los especí- :
menes preparados con descuido o inadecuada-
mente a menudo hacen difícil o imposible la
identificación, dado que los caracteres diagnós-
ticos pueden estar enmascarados o modificados.
Cualquiera que colecte material con fines cien-
tíficos debe estar familiarizado con las técnicas
adecuadas de preparación y documentación de
ejemplares. La información ecológica, las notas
de coloración en vida (colores dorsal y ventral
otros elementos del diseño, regiones ocultas de
los miembros y de la ingle, color del iris), las
grabaciones de canto (preferentemente asocia-
das a un ejemplar de referencia) y juveniles '
66 Capítulo 5
larvas asociadas, con frecuencia ayudan a la
identificación. En general, es preferible un pe-
queño número de ejemplares cuidadosamente
preparados y con datos detallados que muestras
grandes, mal preparadas y con datos inadecua-
dos. Las instrucciones para preparar y conser-
var ejemplares de referencia de anfibios se pre-
sentan en el Apéndice 4.
Datos Asociados a los Ejemplares
de Referencia
Para cumplir con su función como ejemplares de
referencia, todos los ejemplares deben estar mi-
nuciosamente documentados con localidad y
otros datos relevantes. Los datos asociados a los
ejemplares de referencia aumentan el valor de
estos y determinan que potencialmente el proce-
so de identificación sea más fácil, pero dicha in-
formación debe ser precisa. Aun para la infor-
mación más críticamente importante es mejor
carecer de datos que tener datos imprecisos.
Además de los datos de localidad completos,
en formato estandarizado, y de la información
sobre el hábitat y los procedimientos de mues-
t r e ~ (ver "Pautas para el Registro de Datos,"
más arriba), la información mínima requerida
para cada ejemplar de referencia incluye:
1. Identificación única de la muestra. Es el
número de campo único asignado por el
colector a un ejemplar o a una muestra
obtenido en un lugar y tiempo durante el
inventario. El número se anota en una eti-
queta de campo y es atado a los juveniles o
adultos, o colocado en un recipiente con
larvas.
2. Fecha y hora de colección. La fechay la
hora (con reloj de 24 horas) en que se
colectó el ejemplar, y el día en que fue
preparado (si es diferente del de captura)
son esenciales. El nombre del mes debe ser
escrito completo (Le, no emplear designa-
ciones numéricas ni abreviaturas).
3. Nombre del colector. Colector es la persona
o personas que efectuaron la colecta. El
nombre del colector nunca debe abreviarse;
la inicial del medio debe incluirse cuando
está disponible.
4 . Identificación taxonómica. Idealmente
cada ejemplar debe identificarse hasta
género y especie. Con frecuencia es imposi-
ble alcanzar este nivel de identificación en
el campo, especialmente con larvas; el
nombre de familia, o de otra categoría
(cecilia, renacuajo, Bufo) pueden ser un
sustituto del nombre científico hasta que el
animal sea identificado.
5. Número de ejemplares. De los ejemplares
muestreados en lotes pequeños (huevos y
larvas) se debe dar el número exacto.
Aquellos lotes mayores (2 50 especímenes)
pueden designarse como "más de 50,"
"alrededor de 90" o "2 200.''
6. Otra información. La disponibilidad de
preparaciones especiales asociadas (e.g.,
muestras de tejidos) u otros datos sobre el
ejemplar (e.g., observaciones de comporta-
miento, notas de color, grabaciones de can-
to, fotografías) deben ser registradas en las
notas de campo y estar asociadas al núme-
ro de campo del ejemplar de referencia.
También son muy útiles los mapas del área
de estudio y de los itinerarios de viaje, tan-
to para la identificación y catalogación de
los ejemplares como con fines históricos y
de archivo.
Referentes de Canto
Cuando se emplean vocalizaciones de anuros
como parte de la metodología de muestreo, las
cintas con grabaciones de cantos de todas las es-
pecies son parte integral de la documentación. 1
Las grabaciones son particularmente importan-
tes en áreas donde habitan muchas especies po-
bremente conocidas. Para servir como referente,
toda grabación de canto de anuros debe estar
asociada a une ejemplar de referencia (el macho
que lo produjo) bien preservado. Si el macho que
l
cantaba eludió la captura o se escapó, estos
hechos deben registrarse tanto en la cinta como
en el cuaderno de campo. En la cinta debe regis-
trarse también la temperatura ambiente toma-
da en el momento y lugar donde se produjo la
grabación. En el Apéndice 3 se brinda infor-
mación adicional sobre referentes de canto y
grabaciones.
La mayoría de las instituciones requieren
que las colecciones que se ingresen estén acom-
pañadas por los originales o buenas fotocopias
de las notas y del catálogo de campo. La impor-
tancia de buenas notas de campo es fundamen-
tal para cualquier uso subsecuente de la colec-
ción. Los datos de campo pobremente tomados
Claves para un Proyecto Exitoso 67
pueden confundir seriamente al especialista y
reducir la utilidad de los ejemplares. Se debe
indicar claramente si los datos que acompañan
a la colección son una compilación secundaria
de las notas de campo originales.
Selección del Lugar de Depósito
de la Colección
Los ejemplares de referencia de los relevamien-
tos faunísticos que están acompañados de notas
de campo detalladas y documentación asociada
son de un valor científico casi incalculable. Da-
da la enorme magnitud de destrucción de hábi-
tats, que puede impedir la colecta de material
adicional en muchas áreas, y los rápidos avan-
ces tecnológicos que permiten emplear a los
ejemplares con fines hasta hace poco insospe-
chados, sólo podemos conjeturar sobre el posible
significado de dichos ejemplares en el futuro.
Por lo tanto, esta "cápsula de tiempo" de infor-
mación, a menudo irremplazable, debería ser
permanentemente depositada en una colección
institucional segura, con un compromiso docu-
mentado a largo plazo de conservar los especí-
menes y ponerlos a disposición para su estudio
por parte de investigadores calificados.
La cantidad de tiempo, espacio y dinero re-
querido para mantener las colecciones de los
museos es enorme, y son relativamente pocas
las instituciones capaces de brindar la seguri-
dad necesaria de conservación a largo plazo de
grandes colecciones de investigación. En conse-
cuencia, es de importancia critica la selección de
la institución para el depósito de ejemplares de
referencia. Utilizar colecciones de campo para
mejorar las posibilidades de obtener un empleo,
o para asegurar la aceptación en una escuela de
graduados es inapropiado; establecer una colec-
ción privada que no esté disponible para su es-
tudio por investigadores calificados no sólo no
brinda ningún servicio, sino que frecuentemen-
te arriesga la preservación a largo plazo de los
ejemplares. Muchas colecciones importantes se
pierden o destruyen cuando el investigador
muere o se jubila, y su institución pierde interés
o se da cuenta que no puede brindar más ni el
espacio ni los fondos requeridos para su mante-
nimiento.
Cuando un investigador de un país colecta
especímenes en otro, es muy apropiado (y a me-
nudo un requerimiento de los permisos de colec-
ción) que una muestra de material representati-
vo regrese, luego de su identificación, a colecci. -
nes del país de origen; esto permitirá formar co-
lecciones de referencia funcionales. El naciona-
lismo excesivo, o un sentido de posesividad
fuera de lugar, no deben oscurecer la realidad
económica en relación al establecimiento y man-
tenimiento de grandes colecciones de historia
natural. La principal preocupación de todo bió-
logo responsable debería ser el mantenimiento a
largo plazo de los ejemplares y los datos asocia-
dos, así como su disponibilidad para que sean
estudiados por investigadores calificados.
Lee et al. (1982) discutieron las diversas va-
riables que influyen en la selección del lugar de
depósito de las colecciones. Si se necesitan iden-
tificaciones, lo óptimo es pensar en una institu-
ción que tenga una historia de investigación en
el área geográfica de interés, que cuente con es-
pecialistas apropiados entre su personal y que
tenga acceso a bibliotecas completas. El donan-
te potencial deberá recabar información sobre
las políticas del museo en relación a la adquisi-
ción, preservación, mantenimiento y bajas de
las colecciones, para determinar si las mismas
cumplen con sus requerimientos. La mayoría de
las instituciones aceptarán requerimientos ra-
zonables del donante, pero las políticas están
determinadas también por otros factores.
La identificación, distribución y cataloga-
ción de las colecciones de referencia es un servi-
cio que los museos brindan a la comunidad cien-
tífica. Muchos museos padecen actualmente de
asignaciones presupuestarias bajas y de falta de
personal. La identificación de grandes coleccio-
nes frecuentemente ocupa muchas horas del
tiempo del personal. Puede requerir que un
curador solicite ejemplares en préstamo, o que
deba visitar otras instituciones para comparar
directamente con el material pertinente, o en-
viar ejemplares a otros especialistas para su
identificación, además de buscar información en
la literatura. El altruismo, si existe, tiene sus 1í-
mites. El donante debe tener claro que son po-
cas las instituciones que pueden invertir el
tiempo y la energía requeridos para identificar
grandes colecciones sin su cooperación total. Si
se solicita ayuda con las identificaciones a una
institución, pero el material será depositado en
otra, el solicitante debería ofrecer depositar al
menos material representativo en la institución
que brinda el servicio. Los donantes con fre-
cuencia esperan que la institución mantenga su
colección de ejemplares de referencia como una
68 Capitulo 5
midad discreta, separada de la colección princi-
pal. Este deseo es comprensible, pero la mayona
de las instituciones pueden no estar capacitadas
para acomodarlos así, dadas las limitaciones de
espacio y apoyo curatorial. El hecho que una co-
lección de ejemplares de referencia debaser
mantenida en una sola institución o distribuida
entre varias es también materia de debate. Ca-
da uno de los enfoques tiene sus méritos. El pri-
mero obviamente simplifica los estudios futuros
de la colección; el último permite un mayor ac-
ceso por investigadores en diversas áreas. Los
donantes preocupados por este tema deberán
consultar acerca de las políticas de intercambio
de material de la institución antes de depositar-
lo allí.
Permisos
ROY W. MCDIARMZD,
ROBERT E? REYNOLDS y
RONALD I. CROMBZE
Durante las últimas décadas, el número de le-
yes que regulan la colección, adquisición, estu-
dio, transporte y disposición de la vida silvestre
y de sus productos derivados ha aumentado de
manera significativa. Dichas leyes han sido pro-
puestas y promulgadas en un esfuerzo para con-
trolar actividades que se consideran peligrosas
para plantas y animales. Aunque la pérdida de
hábitats generalmente se considera como el
principal factor que afecta la distribución, abun-
dancia, restablecimiento y extinción de las espe-
cies, la explotación comercial también tiene
efectos dañinos sobre algunas de ellas. Algunas
especies consideradas en peligro, amenazadas o
en alguna otra categoría de este tipo han sido
protegidas por tratados internacionales o por di-
versas leyes federales, estatales y10 locales. Las
leyes y regulaciones contenidas en el Acta de
Especies en Peligro de los Estados Unidos (U.S.
Endangered Species Act) y en la Convención so-
bre el Comercio Internacional de Especies Ame-
nazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES,
por sus siglas en inglés) son de particular inte-
rés, pero los usuarios de este manual también
deberán tener en cuenta muchas otras regula-
ciones extranjeras, federales, estatales o loca-
les. Por ejemplo, muchos estados requieren per-
misos para el empleo de redes de arrastre o
trampas en hábitats acuáticos, por lo que se de-
ben lograr permisos de las autoridades locales
para emplear dichos elementos en el muestreci'
de anfibios. Los viajeros deben estar familiari-
zados con otras regulaciones que tienen que ver
con el transporte de nitrógeno (ver Apéndice 5),
alcohol y formol, o la posesión y transporte de
jeringas y ciertos agentes matadores, drogas y
otros químicos empleados en la preparación de
especímenes.
Las leyes que regulan las colectas científi-
cas también varían ampliamente entre estados
y países, y cambian constantemente. Además,
las agencias gubernamentales responsables de
otorgar permisos de colecta cambian y son rees-
tructuradas. La información actualizada sobre
la mayoría de las regulaciones federales e inter-
nacionales y sobre las agencias responsables
pueden obtenerse escribiendo o llamando al
U.S. Fish and Wildlife Service, Office of Man-
agement Authority, 4401 N. Fairfax Drive, Arling-
ton, VA 22203, Estados Unidos (teléfono [7031
358-1708). La información sobre regulaciones
estatales y locales se puede obtener en las ofici-
nas de manejo o conservación en la jurisdicción
de interés. La variedad de requerimientos con
frecuencia hace que el proceso de obtener per-
misos de colecta y exportación sea exasperante;
no obstante, es responsabilidad del colector es-
tar informado sobre las regulaciones que se
aplican a los anfibios y cumplir con ellas. Aun-
que ciertas regulaciones parezcan no tener nada
que ver con la conservación de especies o protec-
ción de hábitats, y en algunos casos puedan lle-
gar a restringir el desarrollo del trabajo de
investigación, todos estamos obligados a aca-
tarlas.
Dado que la obtención de los permisos nece-
sarios con frecuencia es un paso esencial para
asegurar el éxito del estudio de campo, y que a
menudo es la parte más dificil del trabajo preli-
minar, es esencial que el investigador presente
una propuesta planeada cuidadosamente y con
objetivos claramente definidos a la agencia que
otorga permisos. Se debe estar preparado para
las demoras, que con frecuencia son inevitables,
presentando las solicitudes con bastante antici-
pación a la fecha de inicio de los estudios de
campo.
Muchas instituciones no aceptan ejempla-
res de referencia a menos que estén acompaña-
dos por documentación que verifique que los in-
dividuos han sido colectados legalmente (y,
Claves para un Proyecto Exitoso 69
cuando corresponde, que han sido legalmente
importados o exportados). En muchos países los
permisos de colección y los de exportación son
otorgados por diferentes oficinas gubernamen-
tales. Además, algunos países requieren permi-
sos sanitarios, que son emitidos por una tercera
agencia, antes de permitir la exportación legal.
En otros países no se estipulan regulaciones pa-
ra la colecta y exportación con fines no comer-
ciales; en esos casos es suficiente una carta de la
autoridad gubernamental correspondiente di-
ciendo que dichos permisos no son necesarios
para cumplir con los requisitos de importación.
Las especies amenazadas y protegidas re-
quieren permisos especiales, además de los nor-
males para colección y exportación. En los paí-
ses miembros de CITES, los permisos de
exportación de cualquier especie cubierta por
dicha entidad deben ser emitidos por el oficial
de CITES residente. El U.S. Fish and Wildlife
Service (ver dirección más arriba) mantiene un
directorio internacional actualizado de todas las
Autoridades de Manejo de CITES que emiten
permisos o documentación equivalente de
acuerdo a las regulaciones de CITES. Es res-
ponsabilidad del investigador asegurarse que
ha cumplido con todas las leyes que regulan la
colecta y exportación de especímenes científicos
y que se han obtenido los apropiados permisos
correspondientes.
Para la importación dentro de los Estados
Unidos se requiere completar el formulario 3-
177 del U.S. Fish and Wildlife Service (disponi-
bles del agente de esta organización en el puer-
to de entrada designado, o en el U.S. Fish and
Wildlife Service, Division of Law Enforcement,
P.O. Box 3247, Arlington, VA 22203-3247, Esta-
dos Unidos), acompañado por los documentos
mencionados (copias son suficientes) del país de
origen. Es prudente notificar con anticipación la
fecha y hora de llegada al agente del puerto de
entrada. Si no es posible encontrarlo, el formu-
lario 3-177 completado debe dejarse con los ofi-
ciales de aduana y posteriormente se debe en-
viar una copia a la dirección especificada y en el
tiempo fijado por el formulario. Para los fines de
la declaración, los especímenes científicos, por
definición, "no tienen valor comercial". La im-
portación de especímenes a otros países que no
sean los Estados Unidos, así como el envío de
especímenes entre países, tienen requerimien-
tos diferentes. En esos casos se debe obtener in-
formación con respecto a regulaciones y procedi-
mientos adecuados en las agencias locales.
70 Capítulo 5
Capítulo 6
Técnicas Estándar para
Inventarios y Monitoreos
Selección de técnicas
En este libro recomendamos diez técnicas están-
dar para ser utilizadas en proyectos de inventa-
rio y monitoreo, así como las pautas básicas
para elegir entre ellas. Resaltamos que las pre-
guntas que se formulen serán las que determi-
nen la o las técnicas a seleccionar, y por lo tan-
to, el primer paso en cualquier proyecto es
definir la(s) pregunta(s) e identificar el o los
tipo(s) de información requerida para respon-
derlas.
Las preguntas relacionadas a la biodiversi-
dad de anfibios entran básicamente en dos
grandes categonas: (1) aquellas relativas a há-
bitats, sitios o áreas, y (2) las concernientes a
especies o agrupaciones. El objetivo principal de
las del primer tipo es inventariar especies que
ocurren en hábitats o áreas de un lugar deter-
minado. En algunos casos, el lugar será visitado
sólo una vez, pero si se desea una lista comple-
ta de especies, deberá ser visitado en varias
oportunidades, dado que es poco probable que
todas las especies de la región puedan ser en-
contradasen una sola sesión de muestre0 (par-
ticularmente las asociaciones tropicales con
gran riqueza de especies).
Los estudios basados en especies pueden
centrarse en una o más poblaciones a lo largo
del espacio y del tiempo. En el primer caso, el
objetivo es determinar la distribución geográfi-
ca (e.g., condados en un estado, estados en un
país, países) o la distribución ecológica (e.g., ti-
pos de hábitat o microhábitat) de una especie.
Para estos estudios con orientación espacial, se
deberá seleccionar un método de inventario
apropiado para ser utilizado a lo largo de dife-
rentes hábitats en una región o entre regiones.
Si el estudio se centra en una especie o en
un conjunto de especies a lo largo del tiempo,
entonces el objetivo es determinar la condición
de cada especie en un lugar y buscar cambios
poblacionales. En este caso, la especie o la aso-
ciación se muestrea varias veces (monitoreo) a
lo largo de penodos adecuados (años). Si el obje-
tivo es determinar tendencias generales en la
condición de una especie (e.g., a nivel global),
entonces será necesario monitorear numerosas
áreas.
Es probable que algunos biólogos de anfi-
bios se concentren en organismos, vale decir, en
una única especie, en varias especies o en una
asociación de anfibios completa, mientras que
otros emplearán las técnicas de este libro para
determinar el uso de hábitats específicos por an-
fibios. Por ejemplo, los manejadores de recursos
(e.g., el personal encargado de parques, refugios
de vida silvestre o tierras fiscales o estatales)
pueden estar interesados en el impacto de cam-
bios sucesionales o de otro tipo en el hábitat, so-
bre alguna(s) especie(s) de anfibios o sobre la
biodiversidad total de anfibios. Basados en lo
que se descubre en el proceso de inventario, los
investigadores podrían decidir qué especies se-
rán monitoreadas (e.g., aquellas que están ame-
nazadas o cuya declinación se sospecha).
Una vez que el investigador ha identificado
la(s) pregunta(s) y el (los) tipo(s) de información
requeridos, se deben considerar varios puntos
antes de elegir entre las 10 técnicas que se pre-
sentan. El primero entre estos puntos es la bio-
logía del (los) anfibio(s) objeto de estudio (e.g.
¿son acuáticos, fosoriales o arborícolas? ¿tienen
larva acuática?). El tiempo, los fondos y el nú-
mero de personas disponibles para el trabajo
son también de gran importancia al seleccionar
las técnicas, como también lo son la complejidad
del hábitat, la diversidad de la fauna (e.g., nú-
mero de especies) y el tamaño del área a ser es-
tudiada. Se ha evaluado cada técnica (Tabla 4)
de acuerdo a la cantidad de información sumi-
nistrada, el tiempo y número de personas reque-
ridas para su implementación y costo relativo.
Por ejemplo, si el objetivo del proyecto es deter-
minar la densidad de una especie, entonces de-
berían considerarse las técnicas 4; 5; 6 y 10 de
la Tabla 4.
Los valores dados en la Tabla 4 cambian si
el área a cubrirse es grande o si se emplean mé-
todos de marcado-recaptura. Por ejemplo, si un
investigador emplea el relevamiento por en-
cuentros visuales (técnica 2) y técnicas de mar-
cado-recaptura para muestrear anfibios en un
área determinada, la información incrementa-
rá, dado que obtendrá estimaciones de densidad
Tabla 4. Factores a considerarse al seleccionar técnicas estandarizadas
Técnica Información obtenidas Tiempob Costoc Personald
Inventario completo de especies
Relevam. por encuentros visuales
Transectas de bandas auditivas
Muestreo por cuadrantes
Muestreo por transectas
Muestreo por parches
Cercas en línea recta
y trampas de pozo
Relevamientos de lugares
de reproducción
.Cercas en lugares de reproducción
Muestreo cuantitativo de larvas
de anfibios
Riqueza de especies
Abundancia relativa
Abundancia relativa
Densidad
Densidad
Densidad
Abundancia relativa
Abundancia relativa
Abundancia relativa
Densidad o abundancia
relativae
Alto
Bajo
Medio
Alto
Alto
Alto
Alto
Medio
Alto
Medio
Bajo
Bajo
Medio
Bajo
Bajo
Bajo
Alto
Bajo
Alto
Medio
Bajo
Bajo
Bajo
Medio
Medio
Medio
Alto
Medio
Alto
Medio
(1 Las designaciones son jerárquicas; las técnicas que brindan estimación de densidad también dan informa-
ción sobre abundancia relativa y riqueza de especies. Aquellas que estiman abundancia relativa también brin-
dan información sobre riqueza de especies. Si una técnica informa sólo sobre riqueza de especies, entonces se
deberá emplear otra para obtener abundancia relativa o densidad.
b Inversión relativa de tiempo.
C Costo financiero relativo: alto=caro; medio=moderadamente caro; bajo=relativamente barato.
"equerimientos de personal: alto=requiere más de una persona; medio=una o más personas son recomen-
dables; bajo=puede ser realizado por una persona.
e Algunos métodos incluidos en la técnica 10 brindan sólo información sobre abundancia relativa, y otros brin-
dan valores de densidad.
72 Capitulo 6
así como de abundancia relativa y riqueza de es-
pecies. El tiempo requerido también será mayor,
ya que se necesitarán al menos dos visitas al lu-
gar (un muestreo inicial y uno de recaptura); el
costo también aumentará, dependiendo del sis-
tema de marcado y del personal adicional nece-
sario.
En resumen, la selección de la(s) técnica(s)
apropiada(s) dependerá de la pregunta formula-
da, de la información requerida, de la naturale-
za del (de los) organismo(s) o hábitat estudiado,
y de los recursos disponibles para el proyecto.
Para que un proyecto sea exitoso se deben con-
siderar todos estos factores antes de iniciar el
estu<iio. También se recomienda enfáticamente
leer (o releer) cuidadosamente el Capítulo 4 an-
tes de seleccionar las técnicas.
Técnicas estándar
La descripción de cada técnica comienza con un
breve análisis de sus propósitos, seguido por
una discusión sobre los anfibios y hábitats espe-
cíficos para los cuales se sabe que la técnica fun-
ciona y, si se conoce, para cuáles es inadecuada.
Luego se presenta una sección sobre la informa-
ción esencial para el desarrollo de la técnica y
cualquier conjetura o límite inherente a su em-
pleo, lo que es seguido por un examen de las
preguntas relativas al diseño de investigación
relacionado a la técnica. Dado que la ejecución
de un diseño experimental específico bajo condi-
ciones de campo rara vez es un procedimiento
directo, también se discute la realidad de imple-
mentar la técnica en el campo, incluyendo el
personal y los materiales necesarios. Cuando se
considera apropiado se presentan direcciones
sobre cómo obtener y organizar los datos, inclu-
yendo muestras de planillas. Se discuten tam-
bién la interpretación y el análisis de los datos,
y se brinda información específica para cada
técnica, que suplementan las pautas generales
brindadas en el Capítulo 9. También se exami-
nan las características específicas de cada técni-
ca, se hacen recomendaciones sobre su empleo y
se revisan otros importantes puntos de vista de
aspecto técnico.
Las 10 técnicas no se excluyen mutuamen-
te. Por ejemplo, una transecta de banda auditi-
va puede ser tratada como un caso especial tan-
to de la técnica de transecta general como del
muestreo por cuadrantes, y una cerca que rodea
a una laguna de reproducción puede ser un caso
especial de disposición de un sistema de tram-
pas cerco/pozo. Sin embargo, el foco de cada téc-
nica es diferente y cada una tiene una impor-
tancia única para los anfibios como para
justificar su análisis por separado. El trata-
miento individual asegura una mejor estandari-
zación, capacidad de repetición y calidad de los
resultados.
La primera técnica trata sobre cómo obte-
ner una lista de especies. Dichas listas, entre
otras aplicaciones, son criticas para las discu-
siones relacionadas a la conservación. Los enfo-
ques recomendados sacrifican la cuantificación
en favor de maximizar el número de especies
registradas;en este sentido esta técnica difiere
de las otras nueve recomendadas. Los procedi-
mientos de campo propuestos en la primera sec-
ción para reunir una lista de especies pueden
ser utilizados sólo cuando el tiempo es limitado
y el inventario de un lugar específico es más im-
portante que comparar los datos obtenidos con
la información sobre otros lugares.
1. Inventario Completo de Especies
NORMAN J. SCOT7: Jr.
Diversas técnicas se aplican para generar listas
de especies o información sobre riqueza de espe-
cies de un lugar determinado. En la mayoría de
los casos, las técnicas de campo son métodos de
colecta general, tal como fueran practicados his-
tóricamente por los herpetólogos. Típicamente,
incluyen la búsqueda y colección de anfibios en
todos los microhábitats (apropiados) posibles,
tanto de día como de noche, y resultan en una
moderada alteración de hábitats debido'al des-
mantelamiento de troncos podridos o remoción
de epífitas. Estas técnicas de colecta general
han sido empleadas tanto en proyectos de mues-
treo realizados a corto como a largo plazo, aun-
que los proyectos a largo plazo a menudo in-
cluyen tanto el trabajo de campo como la
recuperación de información preexistente, y por
lo tanto son más eclécticas.
Se analizan tres enfoques para el inventario
de especies: (1) la compilación de una lista fau-
nística; (2) el muestreo cuantitativo a corto pla-
zo, limitado por el tiempo, y (3) el muestreo
riguroso a corto plazo, limitado por el número,
lnventarios y Monitoreos 73
enfoque al que se denomina Muestreo de Rele-
vamiento Sistemático [Systematic Sampling
Sumq (SSS)].
El SSS ha sido empleado con aves (Terborgh
1989: 75; ver también Hurlbert 1971) y parece-
ria apropiado para muestrear anfibios. Los tres
enfoques brindan una enumeración de la fauna
de anfibios de un lugar y, con ciertas limitacio-
nes, podna ser utilizada para comparar la ri-
queza de especies entre áreas o detectar cam-
bios en la composición faunística de un lugar a
lo largo del tiempo. Este tipo de información a
menudo sirve de guía para los esfuerzos de con-
servación.
Las técnicas de campo pueden ser empleadas
para muestrear cualquier especie de anfibio en
cualquier hábitat. Sin embargo, las especies si-
gilosas, las fosoriales, las que habitan en el do-
sel o las que viven en aguas profundas son más
difíciles de inventariar y pueden requerir méto-
dos de búsqueda especializados.
Las listas de especies pueden obtenerse por la
acumulación gradual y a largo plazo de regis-
tros, o por una cobertura intensiva en períodos
relativamente cortos. Se han publicado numero-
sas listas y descripciones herpetológicas de
áreas específicas que atestiguan la utilidad de
la acumulación de registros de especies a largo
tiempo. Si la comprensión de las relaciones
sistemáticas entre especies y el muestreo de
faunas son comparables, las listas de lugares
determinados pueden ser utilizadas para com-
parar la riqueza de especies y detalles de la
composición faunística entre sitios, como lo
hiciera Duellman (1990) para cinco selvas
húmedas neotropicales.
Las colectas generales, no cuantitativas
efectuadas a corto plazo no pueden emplearse
para estimar la riqueza total de especies en fau-
nas complejas de más de 25 especies. Para fau-
nas con menos de 25 especies se recomienda la
aplicación de técnicas de muestreo cuantitativo
a corto plazo.
COMPILACI~N DE LISTAS FAUNíSTICAS
PREMISAS. Una lista faunística puede compilarse
integrando los resultados de colectas generales
de diferentes investigadores con diversos objeti-
vos de investigación, y generalmente realizadas
empleando técnicas diferentes. Las premisas
principales son que las diferencias en los resul-
tados causadas por las variaciones de técnicas y
esfuerzo de muestreo serán minimizadas con el
tiempo, y que las áreas no cambian durante el
período de muestreo. Dado que la mayoría de
las áreas sufren cambios durante períodos de
investigación prolongados, dichas modificacio-
nes de hábitats deben documentarse. Es común
que unas pocas especies de anfibios desaparez-
can cuando cambian las condiciones hídricas, a
medida que ocurren cambios en la vegetación o
cuando los hábitats se hacen insulares (Myers y
Rand 1969; Heyer et al. 1990; Rand y Myers
1990). Por ejemplo, en la Isla Barro Colorado,
en Panamá, a lo largo de un período de registros
de 70 años, al menos tres especies de anfibios
han desaparecido y otras dos han invadido a la
fauna original, compuesta al comienzo por alre-
dedor de 34 especies (Rand y Myers 1990).
LIMITACIONES. Para muestrear faunas complejas
(e.g., con muchas especies), áreas con climas
marcadamente estacionales y áreas donde los
individuos son escasos, se necesitan períodos
largos (generalmente en escala de años). Por
ejemplo, en una selva húmeda de tierras bajas
de Ecuador, el 90% de las especies de una her-
petofauna excepcionalmente diversa (185 espe-
cies de anfibios y reptiles) fueron obtenidas lue-
go de 500 días de colección, y el 97% después de
800 días; el total está basado en 1.300 días de
colecta (Duellman 1978). De dos a cinco veces
ese esfuerzo sena necesario en las selvas hú-
medas del sudeste asiático, donde la fauna de
anfibios muestra una riqueza de especies com-
parable pero los individuos son relativamente
escasos (1,loyd et al. 1968a).
La acumulación de datos a largo plazo es
apropiada cuando el lugar (tal como una esta-
ción de campo) es visitado regularmente por di-
versos colectores a lo largo de muchos años o dé-
cadas, como en La Selva, Costa Rica (Guyer
1990), Isla Barro Colorado, Panamá (Rand y
Myers 1990) y Boracéia, Brasil (Heyer et al.
1990).
74 Capítulo 6
MUESTREOS A CORTO PLAZO
Las visitas de colecta cortas a un único sitio no
brindan mucha información sobre el número to-
tal de especies presente. No obstante, si se em-
plean técnicas de colecta limitadas por el tiem-
po, la tasa de acumulación de especies entre
hábitats o sitios diferentes puede ser compara-
da si las densidades de las poblaciones animales
son similares. Si las densidades son diferentes,
los datos escasos sugieren que las muestras de-
rivadas de un protocolo de muestreo SSS pue-
den utilizarse para categorizar hábitats y sitios
de acuerdo a su relativa riqueza de especies.
Las técnicas de muestreo cuantitativas a corto
plazo pueden emplearse también con otros mé-
todos para obtener datos más detallados sobre
variables del microhábitat para análisis de aso-
ciaciones o de nichos (ver Capítulo 5 e Inger y
Colwell 1977).
PRESUNCIONES. Los resultados de los muestreos
a corto plazo son altamente dependientes de las
variables de colecta y de las variables ambienta-
les. Algunas de ellas incluyen clima (tanto antes
como durante el muestreo), la experiencia del
colector, el nivel de esfuerzo de muestreo en ca-
da hábitat, la diversidad de técnicas empleadas
y la fenología de las especies de anfibios. Antes
de comparar los resultados de hábitats simila-
res en lugares diferentes, se debe reconocer y
controlar cualquier efecto de estas variables.
Las búsquedas restringidas por el tiempo
(que brindan un cierto número de especies
colectadas por persona por hora) deben estanda-
rizar el esfuerzo de colecta dentro de los diver-
sos tipos de hábitat. Por ejemplo, Campbell y
Christman (1982a: 198) llevaron a cabo un es-
tudio en el cual cada tipo de hábitat fue mues-
treado durante 6 horaslhombre en primavera,
verano y otoño. En general, los muestreos res-
tringidos por el tiempo son una forma más limi-
tada de los muestreos de encuentro visual (téc-
nica 2), que debería utilizarse cuando sea
posible.
El método SSS (limitado por el número) de-
pende de la validez de otra presunción: que ha-
brá más especies en una muestra de una fauna
rica en especies que en una muestra de tamaño
comparable de una fauna más pobre. Esta pre-
sunción parece ser válida para herpetofaunas
tropicalesque habitan la hojarasca de la selva
(Scott 1976) pero debe ser probada más amplia-
mente para determinar su aplicación general a
anfibios. Un mínimo de 100 especímenes de ca-
da tipo de hábitat, obtenidos con diversas técni-
cas, sería adecuado para categorizar una serie
de faunas diversas de acuerdo a su riqueza de
especies. Disponemos de registros acumulativos
del número de especies en relación al número de
individuos de reptiles y anfibios que viven en la
hojarasca de selvas húmedas de Costa Rica (dos
lugares), Borneo y Camerún (Scott 1982). Un
orden de jerarquía probablemente correcto de
lugares, basado en la riqueza de especies, fue
establecido luego de muestrear alrededor de 80
individuos, y dicho orden se mantuvo incluso
después de haber obtenido alrededor de 200 in-
dividuos en los tres lugares más exhuastiva-
mente muestreados.
LIMITACIONES. LOS datos resultantes de las colec-
tas generales a corto plazo, limitadas por el
tiempo, permiten comparaciones entre hábitats
en un solo lugar pero, dado el gran número de
variables que potencialmente pueden influir en
la composición de las muestras, las comparacio-
nes entre lugares son generalmente inapropia-
das. La técnica SSS limitada por el número,
permite jerarquizar áreas y hábitats de acuerdo
a la riqueza de especies, pero no se puede esti-
mar con precisión el número real de especies
presente a menos que se conozca la riqueza de
especies de una de las áreas a ser comparadas.
Generalmente no disponemos de un diseño de
investigación para la obtención de listas faunís-
ticas a largo plazo. En la mayoría de los casos,
los centros de investigación son los repositorios
de información histórica sobre la presencia de
especies, pero también se incluyen otras fuentes
de información que comprenden colecciones pri-
vadas, trabajos publicados, notas de campo y
registros de estaciones biológicas. Las listas de
inventario pueden ser ampliadas en cualquier
momento por medio de trabajos de campo dirigi-
dos específicamente a descubrir especies adicio-
nales. Los muestreos a corto plazo, limitados
por el tiempo deberían ser estratificados por ti-
pos de hábitat principales. La metodología SSS
generalmente puede ser combinada con colectas
generales limitadas por el tiempo para brindar
bases más firmes para las comparaciones entre
hábitats y lugares. El método SSS requiere la
lnventarios y Monitoreos 75
realización de un esfuerzo para registrar cada
animal encontrado en cada hábitat hasta algún
número preseleccionado (e.g., 100). Luego, si a
juicio del investigador el hábitat no ha sido ade-
cuadamente muestreado, se concentrarán los
esfuerzos en la búsqueda de especies adiciona-
les, no de especímenes. Solamente la informa-
ción surgida de colectas limitadas por el núme-
ro pueden ser utilizadas para comparar lugares.
MÉTODOS DE CAMPO PARA MUESTREOS
A CORTO PLAZO
El primer paso en los muestreos a corto plazo,
limitados por el tiempo, es identificar y definir
los principales tipos de hábitat en el área de es-
tudio, los que se describirán con suficiente deta-
lle (ver Capítulo 5) como para permitir la iden-
tificación de hábitats similares en otros lugares
o en otros estudios. Se deberían muestrear to-
dos los hábitats durante los primeros días del
período de estudio. La información derivada de
estos muestreos a gran escala pueden emplear-
se para planificar cómo distribuir los muestreos
subsecuentes entre hábitats.
Numerosos factores influyen sobre la efi-
ciencia de los muestreos a corto plazo, y deben
ser reconocidos y controlados si se desean hacer
comparaciones entre diversos lugares o hábi-
tats. Algunas de esas variables son (1) el tiempo
total del estudio y tiempo dedicado a cada técni-
ca de colección; (2) número y experiencia de los
colectores; (3) topografía; (4) área o lugar; (5)
tiempo local y clima; (6) estación, fecha y hora;
y (7) tiempo requerido para muestrear cada tipo
principal de hábitat.
Antes de cada búsqueda se debe registrar la
localidad exacta, fecha, hora de comienzo y
nombres de los observadores, junto con vegeta-
ción, hábitat, alteraciones del hábitat, pendien-
te y aspecto del área, así como la temperatura y
clima en el momento del estudio y durante el
pasado reciente.
El objetivo de esta búsqueda es colectar el
mayor número posible de especies de anfibios.
Las personas que viven en o cerca del lugar de
estudio con frecuencia conocen dónde y cuándo
encontrar ciertas especies. Un método frecuente
de organizar las búsquedas consiste en hacer un
relevamiento rápido del área durante el día,
identificar posibles lugares de reproducción de
anfibios que puedan ser estudiados más riguro-
samente durante la noche y buscar renacuajos y
masas de huevos. Se deben analizar todos los
hábitats adecuados para anfibios y se debe tra-
tar de cubrir la mayor área posible. El oído es
una de las mejores herramientas para detectar
anfibios. Algunos coros de reproducción de gran
tamaño pueden ser escuchados a más de 2 km
de distancia, mientras que los machos aislados
de algunas especies son audibles a distancias de
1 a 2 m. Algunos anuros cantan debajo del agua
y otros debajo de la tierra. Cada canto diferente
debe ser seguido hasta su fuente y se debe cap-
turar un ejemplar de referencia. Muchos anfi-
bios pueden localizarse visualmente, a medida
que uno camina a lo largo de senderos y márgenes
de arroyos y lagunas durante el día y la noche.
Algunos microhábitats con frecuencia son
muy productivos, incluyendo aquellos localiza-
dos en epífitas, bajo corteza suelta, en la base de
raíces tabulares, bajo y dentro de troncos, bajo
piedras, en grietas en piedras, en charcos, arro-
yos, lechos de nos y dentro de orificios en tron-
cos y bambúes. Dependiendo del régimen de llu-
vias, los anfibios que viven en la hojarasca con
frecuencia se encuentran altamente concentra-
dos. La acumulación de hojarasca alrededor de
raíces tabulares y puntos húmedos, tales como
percolaciones de agua, manantiales o lechos
secos frecuentemente albergan numerosos indi-
viduos.
Cada animal avistado debe ser identificado.
Los coros de reproducción deben analizarse has-
ta que se localice e identifique la fuente de cada
canto diferente. La decisión de dejar de analizar
un tipo de hábitat y trasladarse a otro es toma-
da por el investigador, y puede basarse en el he-
cho de que todo el hábitat disponible ha sido
minuciosamente estudiado, o cuando no apare-
cen nuevas especies luego de un tiempo prede-
terminado. La concentración excesiva sobre ma-
chos cantando de una especie, o la exclusión de
machos de otra especie serán contraproducentes
cuando se trata de caracterizar toda una fauna
en un período corto. La eficiencia y comparabili-
dad de esfuerzos de muestreo a corto plazo se
ven fortalecidas si el muestreo se lleva a cabo en
el periodo del año y durante las condiciones cli-
máticas en las que los anfibios son más activos.
En la mayoría de las áreas este tiempo es al
comienzo de la estación cálida y lluviosa.
La técnica SSS sigue los procedimientos an-
teriormente señalados pero se centra en la ob-
tención de datos (y generalmente en la captura)
de especímenes, no de especies. Con la excep-
76 Capítulo 6
ción de los miembros de las agregaciones repro-
ductivas, los anfibios individuales son registra-
dos a medida que se encuentran, hasta un nú-
mero determinado. Las especies que forman
agregaciones, tales como coros de reproducción,
deben contarse como uno en la cuenta de ejem-
plares. La decisión de dejar un hábitat y conti-
nuar con otro está indicada por el número de
ejemplares registrados. El tamaño de muestra
sugerido por hábitat para faunas tropicales di-
versas es de 100 ejemplares. Para faunas menos
diversas un número menor de observaciones
puede representar adecuadamente un determi-
nado hábitat.
PERSONAL Y MATERIALES
La colecta general y el método SSS pueden ser
realizadospor cualquier número de individuos,
pero sólo una persona será la encargada de des-
cribir !os hábitats y mantener los registros me-
teorológicos, y será la responsable de los datos
obtenidos por otros trabajadores. Todos los co-
lectores para un SSS deben ser experimentados.
Se puede utilizar un machete o un rastrillo para
desarraigar o romper troncos, voltear piedras,
bajar epífitas, remover la hojarasca y explorar
orificios y grietas. Nunca deben emplearse las
manos desnudas en áreas donde puedan encon-
trarse serpientes venenosas.
Si la fauna es compleja (muchas especies) o
poco conocida, los huevos y las larvas de anfi-
bios con frecuencia no se pueden identificar ni
siquiera de manera aproximada, a menos que se
críen muestras hasta la metamorfosis, o que se
obtengan larvas o huevos de padres conocidos.
Los investigadores deben llevar al campo reci-
pientes adecuados para criar larvas, así como
comida para renacuajos (alimento comercial pa-
ra peces de acuario, alimento balanceado para
conejos o truchas, o verduras de hoja para ser
hervidas).
La preparación para un viaje de campo es
un tiempo bien invertido. Muchos colectores,
por falta de previsión, no llevan herramientas
especializadas, como redes, barrederas, mache-
tes, rastrillos y trampas, que pueden hacer la
diferencia entre un muestre0 adecuado y uno
superficial de un área determinada.
TRATAMIENTO E INTERPRETACION DE LOS DATOS
La información derivada de registros históricos
obtenidos a largo plazo varían en calidad y con-
fiabilidad. Como una regla general, las identifi-
caciones de catálogo de los museos deben ser ve-
rificadas examinando los ejemplares, y las
localidades inusuales deben ser puestas en du-
da. Los registros que no están apoyados por
ejemplares de referencia, fotografías o grabacio-
nes de canto deben ser listados claramente co-
mo tentativos.
Las observaciones realizadas durante un
SSS deben ser registradas inmediatamente en
una libreta llevada por cada investigador. Una
muestra de planilla para un SSS hipotético en
un área cenagosa se ilustra en la Figura 7. Pue-
den necesitarse planillas diferentes para los dis-
tintos tipos de hábitat. En el presente ejemplo
se analizó un pantano y su vegetación circun-
dante, donde ocurrían 8 especies de anuros con-
gregadas en coros de reproducción, mientras
que otras 7 no cantaban. Para el SSS se hizo
una sola entrada para los individuos (machos y
hembras) que participaban en los coros de cada
especie. De otro modo, los individuos congrega-
dos en coros habrían tendenciado notablemente
la muestra, y la información no sería compara-
ble con la de otros lugares.
Esta muestra contribuye con 17 "especíme-
nes" de 15 especies para llegar al objetivo de 100
registros para este tipo de hábitat. Será necesa-
rio muestrear otros pantanos de selva en el mis-
mo sitio hasta que se obtengan datos de 100
especímenes. La riqueza de especies de dicho re-
gistro de 100 especímenes puede ser comparada
con la de otros pantanos de selva en otras áreas.
De manera similar, muestras de 100 especíme-
nes de otros grandes tipos de hábitat (e.g., sel-
va, arroyos de selva, márgenes de nos) pueden
compararse con muestras de otras áreas con há-
bitats similares, y las características de todo el
sitio se pueden resumir en una lista de especies
derivada de todas las muestras. Si el procedi-
miento de SSS es válido, se pueden comparar
las listas de especies y la riqueza relativa de di-
versos lugares que hayan sido compiladas de
manera similar.
Es importante mantener resúmenes actua-
lizados durante el tiempo real de trabajo de
campo, dado que sirven de recordatorio para el
restante esfuerzo de colecta.
La rigurosidad de una lista de especies deri-
vada de registros a largo plazo puede evaluarse
analizando un gráfico de número acumulativo
Inventarios y Monitoreos 77
MUESTRE0 DE RELEVAMIENTO SIS'TEMAI'ICO
LOCALIDAD GENERAL : P&- ffd 1 10. *
PENDlENTElASPECTO ? '
TEMPERATURA
a l r e s en la superficie del agua .2d f a g u a s cm de profundldad
SIGLAS DE LAS ESPECIES O ID INDIVIDUOUS OBSERVADOS
(C) = CANTOS
OLEL (e), HYER (c)
R 6 t a (c), G R P I (c>
G n P l - SMBR le), LEPB
L E m b (e), Ooeo,
LEPE - E L D I (c), LFPR,
LErlP - L E P G , Q G S f + ( t J ,
R O ~ O - EL 9 4 , SL S P!,
ELb1 - ELTR, PHvE, FLRI
CEPn -
flssFi -
TOTAL DE REGISTROS DE " E S ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ E S " ( ~ s p e c i e 1 c o r o cuenta como uno)
ÁREA APROXIMADAMENTE INVESTIGADA^ HORA DE F I N A L I Z A C I Ó N ~ ~ ~ ~
Figura 7. Planilla de campo utilizada para anfibios adultos en un muestreo de relevamiento sistemático (SSS)
en un pantano de selva en Costa Rica.
de especies versus tiempo acumulado de bús-
queda. El tiempo de búsqueda se expresa gene-
ralmente en días, meses o años. Las curvas de
este tipo ascienden abruptamente durante los
períodos iniciales de búsqueda, pero se aproxi-
man a la asíntota cuando la lista está casi com-
pleta. La asíntota se aproxima a la riqueza total
de especies de un lugar. Las curvas derivadas de
los estudios a largo plazo en Panamá (Rand y
Myers 1990) y Ecuador (Duellman 1978) son
claramente asintóticas (Fig. 8).
El número de especies de reptiles no puede
separarse del de anfibios en algunos gráficos
publicados (Le., Duellman 1978). Típicamente,
una gran proporción de especies colectadas más
tardíamente en el periodo de muestreo corres-
ponden a reptiles y serpientes fosoriales, con
una gran proporción de anfibios muestreados al
comienzo. En el único estudio que compara los
valores de acumulación de especies a largo pla-
zo entre taxa, se observa que el 95% de las espe-
cies de anfibios, pero sólo el 90% de las lagarti-
78 Capítulo 6
f Area de Santa Cecilia, Ecuador
Días de colecta
Isla Barro Colorado, Panamá
Figura 8. Índice de acumulación de especies. A. Índice de acumulación de especies de reptiles y anfibios en la
vecindad de Santa Cecilia, Ecuador (redibujado de Duellman 1978); B. Indice de.acumulación de especies de an-
fibios a lo largo de un período de 56 años en la Isla Barro Colorado, Panamá (datos de Myers y Rand 1969, y
Rand y Myers 1990).
jas y serpientes, fueron obtenidos luego de 20
años de colección (Myers y Rand 1969).
Si se emplean técnicas limitadas por tiempo
en hábitats similares con faunas equivalentes,
se pueden comparar los valores de acumulación
de especies de colectas generales a corto plazo.
Si las áreas son diferentes, entonces, el sistema
SSS sería el apropiado. El SSS produce listas de
especies presentes en el primer número x de
ejemplares colectados en cada hábitat. El núme-
ro de especies puede, entonces, compararse di-
rectamente.
Para las comparaciones entre sitios con lis-
tas de especies casi completas, los datos reales
pueden compararse con listas generadas al azar
para determinar si las diferencias entre sitios
son mayores, menores o similares a las diferen-
cias esperadas aleatoriamente (Guyer 1990).
lnventarios y Monitoreos 79
CONSIDERACIONES ESPECIALES
La colecta general es el método más eficiente
para obtener el mayor número de especies en el
menor tiempo por parte de colectores experi-
mentados. Ningún otro método de colecta es tan
productivo en la acumulación de especies para
una lista y en obtener series de ejemplares.
La precisión de los índices derivados del
método SSS dependen de la eficiencia de mues-
treo en diferentes hábitats y en la precisión de
la identificación de especies. Aun los herpetólo-
gos experimentados son menos eficientes cuan-
do muestrean hábitats que le son poco familia-
res. Por esta razón, los datos obtenidos a largo
tiempo por los mismos colectores son más com-
parables que los datos tomados por varios.
El método SSS es más comparable entre
sitios en los cuales se han empleado una gran
variedad de técnicas de colecta y en los que los
tiempos de búsqueda están bien distribuidos en-
tre hábitats y horas deldía y de la noche. Por
ejemplo, las búsquedas basadas principalmente
en colectas de machos cantando no pueden ser
comparadas significativamente con los resul-
tados de búsquedas realizadas únicamente en
ambientes selváticos durante el día. Las colec-
ciones SSS utilizadas para el análisis de datos
pueden ser el resultado de esfuerzos de colecta
individual, no de alguna técnica pasiva, como
trampas de pozo. Los colectores que emplean
SSS pueden reducir los sesgos en su esfuerzo de
colecta, mientras que las especies obtenidas con
sistemas pasivos dependen de la ubicación de
las trampas y de la susceptibilidad individual
de las especies, por lo que se pierden muchos
taxa.
El índice de riqueza de especies derivado de
un SSS necesita probarse para determinar su
generalidad y utilidad. Primero, se deben deter-
minar las variaciones debidas a los colectores y
al período de colecta; para ello se aplicará un
análisis de varianza de dos vías de los datos de
colectas independientes realizadas por diferen-
tes personas que trabajaron en los mismos hábi-
tats en tiempos diferentes. Segundo, los datos
derivados de un SSS pueden ser comparados
con sitios de herpetofaunas bien conocidas para
determinar si los SSS producen resultados con-
cordante~.
CONTRZB WENTE: BARBAR4 L. ZZMMERMm
2. Relevamientos por
Encuentros Visuales
MARTHA L. CRUMP y NORMAN J. SCOTZ Jr.
En la aplicación de la técnica de relevamiento
por encuentro visual [Visual Encounter Survey
(VES)], una persona camina a través de un área
o hábitat por un periodo de tiempo predetermi-
nado buscando animales de modo sistemático.
El tiempo se expresa como el número de horas /
hombre de búsqueda en cada una de las áreas a
comparar, y el VES es una técnica apropiada
tanto para estudios de inventario como para
monitoreo.
El VES puede emplearse para determinar
la riqueza de especies de un área, para compilar
una lista de especies (composición de especies
de una agrupación) y para estimar la abun-
dancia relativa de especies dentro de una agru-
pación. Esta técnica, por sí misma, no es un
método adecuado para determinar densidades
(número de individuos por unidad de área), da-
do que no es probable que todos los individuos
presentes en el área sean observados durante la
inspección. No obstante, la densidad se puede
estimar de manera razonable si se realizan re-
petidos VESs conjuntamente con estudios de
marcado-recaptura (Donelly 1989).
Los relevamientos por encuentros visuales
son diferentes de un muestre0 por transectas
(técnica 5). Un VES puede hacerse a lo largo de
una transecta, en un punto, a lo largo de un no,
alrededor de una laguna, y así sucesivamente, y
muestrear a todos los anfibios que son visibles.
Los muestreos por transectas utilizan líneas de
longitud fija en lugares fijos, y se centran en an-
fibios que viven en superficie.
ORGANISMOS Y HABITATS SELECCIONADOS
El VES ha sido utilizado ampliamente para la
evaluación rápida de grandes áreas selváticas,
especialmente en hábitats uniformes donde la
visibilidad es buena. El VES es especialmente
útil para anuros que habitan el piso de la selva
y que son activos en áreas abiertas (e.g., Toft et
al. 19821, también para salamandras que viven
la mayor parte o toda su vida en la hojarasca de
la selva pero que se sitúan en la superficie lue-
go de las lluvias (e.g., Pough e t al. 1987; Corn y
Bury 1990).
80 Capítulo 6
Los relevamientos visuales también pueden
ser empleados de manera efectiva para especies
que viven en hábitats fácilmente identificables,
tales como troncos o zonas riparias, o hábitats
que están ampliamente espaciados, tales como
pendientes en talud. También es apropiado para
especies que están altamente agrupadas, tales
como ranas en charcas temporarias; en esos ca-
sos los relevamientos se efectúan en áreas de
interés restringidas. Por ejemplo, se puede rea-
lizar un VES en un ambiente acuático de repro-
ducción estableciendo múltiples transectas des-
de el margen del agua hacia el centro del sitio.
El VES puede emplearse para inventariar
agrupaciones acuáticas bajo ciertas condiciones
(e.g., charcas relativamente pandas, con aguas
claras y poca vegetación), pero generalmente re-
sulta mejor para monitorear algunas especies
clave, dado que no todos los taxa de una agrupa-
ción pueden ser observados del mismo modo.
Frazer (1978) y Griffiths (1984) analizaron tri-
tones acuáticos durante la noche por medio de
VES empleando linternas. El VES puede em-
plearse también de manera efectiva para moni-
torear larvas de anfibios en charcas poco pro-
fundas, con aguas claras y vegetación dispersa.
A menudo, el VES es el mejor método para
analizar especies que son raras o poco probable
que puedan ser capturadas con trampas, pero la
técnica no es apropiada para analizar especies
que viven en el dosel o que son fosoriales.
INFORMACI~N BÁSICA
Dada su simplicidad, el VES ha sido empleado
durante mucho tiempo, habiendo sido formali-
zado como una técnica limitada por tiempo
(Campbell y Christman 1982a) y como búsque-
das limitadas por tiempo (Corn y Bury 1990).
Los resultados de las búsquedas VES se miden
en relación al tiempo invertido en la búsqueda.
PRESUNCIONES. El VES está basado en las si-
guientes presunciones:
1. Todos los individuos de cada especie tiene
la misma posibilidad de ser observados
durante el registro (i.e., cada individuo es
igualmente conspicuo al observador; no se
presentan efectos diferentes de coloración,
tamaño, comportamiento, actividad o pre-
ferencia de microhábitat en la probabilidad
de ser encontrado).
2. Cada especie tiene la misma probabilidad
de ser observada durante cada sesión de
muestre0 (i.e., no hay efectos estacionales
de actividad, clima, predadores o competi-
dores en la probabilidad de encuentro de
una especie).
3. Un individuo es registrado sólo una vez
durante el relevamiento (Le., el observador
debe mantener pistas de todos sus movi-
mientos para evitar registrar encuentros
múltiples con el mismo individuo).
4. Los resultados de dos o más observadores
que registran la misma área simultánea-
mente son idénticos (i.e., no ocurren efec-
tos debidos al observador).
Aunque estas presunciones nunca han sido
probadas rigurosamente y la validez de los re-
sultados de un VES es desconocida, sabemos
intuitivamente que en muchos casos las presun-
ciones no pueden aplicarse. Las especies difie-
ren en su visibilidad, y las personas difieren en
su habilidad para ver anfibios. Los sesgos po-
tenciales resultantes deben ser reconocidos y !i
minimizados en el mayor grado posible. Por , ,
ejemplo, es crucial que los individuos involucra- iGl i
dos en un VES tengan el mismo grado de entre-
namiento y experiencia. Algunas personas pue-
den desarrollar una excelente capacidad para
buscar anfibios; otras nunca lo hacen. La mayo-
l i 1
ría de las personas mejoran con la práctica. Si 1
se necesita más de una persona para llevar a
cabo un VES, los individuos deben conducir
simultáneamente registros individuales inde-
pendientes en la misma área de prueba, y se
deben comparar los resultados. Los sesgos entre
observadores individuales pueden reflejar dife-
rencias en la cantidad de tiempo invertido en
mirar hacia arriba o hacia abajo, o a diferencias
en la velocidad de la caminata. Con esfuerzo se
pueden controlar esos sesgos.
LIMITACIONES. Se consideran dos grandes limita-
ciones asociadas al VES:
1. No todos los estratos o microhábitats en el
hábitat pueden ser muestreados con el
mismo éxito.
2. No todos los tipos de hábitats pueden ser
muestreados con el mismo éxito. Como re-
sultado, la abundancia relativa de especies
puede ser comparada sólo entre sitios con
el mismo tipo de hábitat.
lnventarios y Monitoreos 81
No se pueden analizar hábitats diferentes
por medio de VES con el mismo grado de confia-
bilidad dadas las diferencias en la visibilidad;
los hábitats abiertosse reconocen de modo más
eficiente que aquellos con vegetación densa. La
hora del día también afecta al VES; mucha gen-
te encuentra más fácil reconocer un ambiente
empleando luz natural que una linterna de ca-
beza. Las condiciones climáticas también pue-
den afectar al VES; la visibilidad generalmente
disminuye con condiciones de lluvia, niebla o
nubes. De este modo, siempre que sea posible,
las comparaciones directas se harán bajo condi-
ciones climáticas comparables y a las mismas
horas del día o de la noche.
DISENO DE INVESTIGACI~N
El diseño de un VES dependerá de los objetivos
del estudio (si se trata de un inventario único o
de un programa de monitoreo a largo plazo y, en
caso que sea este último, si la intención es de-
terminar la fenología de la composición de espe-
cies, la fenología de la abundancia de especies, o
ambas), del hábitat específico y el tamaño del
área a relevar, de la periodicidad deseada del ré-
gimen de muestreos (diario o estacional), y de la
composición de especies. Con fines de análisis
estadístico, es preferible censar diez transectas
de 100 m en un determinado tipo de hábitat que
una transecta de 1.000 m. Independientemente
de los objetivos del diseño experimental, en al-
gún momenta al comienzo del estudio se deben
evaluar los datos y los métodos de campo, y si es
necesario se debe modificar los métodos. Para el
VES se emplean tres diseños de muestreos bási-
cos (Figura 9): caminatas al azar, cuadrantes y
transectas.
Un diseño aleatorizado por caminatas al
azar es el indicado para muestrear grandes
áreas. Antes de i r al campo, el investigador eli-
ge aleatoriamente una serie secuencia1 de direc-
ciones de brújula (preferentemente al menos
50); también seleccionará aleatoriamente el nú-
mero de metros que caminará (más de 50) en ca-
da dirección seleccionada. El punto de partida
puede establecerse dividiendo el área en blo-
ques, seleccionando aleatoriamente uno y co-
menzando desde la mitad del mismo. Se regis-
trarán todos los anfibios observados dentro de 1
m a cada lado del camino. Este diseño (Fig. 9 A)
satisface la presunción de aleatoriedad del
muestreo, lo que permite comparaciones esta-
dísticas entre caminatas replicadas en diferen-
tes áreas o hábitats. Dado que el VES es una
técnica de campo limitada por tiempo, se debe
especificar el tiempo invertido en cada unidad
de área por cada investigador y por cada área a
ser comparada.
Un diseño por cuadrantes es el apropiado
para muestrear exhaustivamente un área espe-
cífica. Se establece un cuadrante de dimensio-
nes dadas (se recomienda 10 x 10 m o 25 x 25 m,
dependiendo de la densidad de anfibios), el que
luego es muestreado de manera sistemática, ca-
minando por sendas paralelas a lo largo del mis-
mo (Fig. 9 B) o caminando en zig-zag entre esta-
cas numeradas (Fig. 9 C) (Hairston 1980a,b;
Aichinger 1987; Donnelly 1989; Nishikawa
1990). Si se ha establecido una grilla de área se
podría registrar la localización exacta de cada
individuo encontrado en relación a los marcado-
res de distancias (esta información se puede uti-
lizar para analizar la distribución espacial den-
tro de los hábitats). Se pueden utilizar puntos
múltiples (al menos 10) ubicados aleatoriamen-
te para examinar cambios en riqueza de espe-
cies o abundancia relativa a lo largo del tiempo,
o para determinar diferencias en riqueza de es-
pecies o abundancia relativa entre lugares al
mismo tiempo. Las lagunas de reproducción
pueden ser inspeccionadas empleando este dise-
ño con la construcción de un damero de entari-
mados o pasos en el lugar (Fig. 9 B). Aquí tam-
bién, el tiempo invertido por unidad de área
debe ser estandarizado entre los observadores y
entre los sitios a comparar.
Un diseño por transectas es el apropiado pa-
ra muestrear microhábitats que se saben son di-
ferente o potencialmente distintos. En el caso
más simple se traza una sola transecta de longi-
tud preestablecida (Fig. 9 DI y se camina a lo
largo de ella (Jeager 1978; Pough et al. 1987;
Crump y Pounds 1989); se registrarán todos los
animales observados dentro de 1 m del sendero
de la transecta. Si se desea, se puede registrar
la localización exacta de cada animal de acuer-
do a su posición relativa a marcadores de dis-
tancia previamente establecidos. Para áreas
grandes es adecuado establecer 10 o más tran-
sectas de 100 m de longitud, ubicadas a 20 m de
distancia entre cada una de ellas (Fig. 9 E). Al
igual que con los otros diseños, el tiempo inver-
tido por unidad de área debe ser estandarizado
entre trabajadores y áreas.
82 Capítulo 6
Figura 9. Diseño experimental para relevamientos por encuentros visuales. A. Diseño de caminatas aleatorias.
El observador elige aleatoriamente una serie de direcciones de brújula y las camina en secuencia por un de-
terminado número de metros, también determinados aleatoriamente. B-C. Diseño de cuadrantes. Se muestrea
sistemáticamente un área de dimensiones dadas tanto por (B) caminatas en dos conjuntos, en ángulo recto de
senderos adyacentes y paralelos a lo largo del área, o (C) caminando en zig-zag entre estacas numeradas (en
este ejemplo, 1 a 13 en orden numérico, luego 10-14-8-15-6-16-4-17-2-18-19 y así sucesivamente). D-E. Diseño
en transectas. Se establece una única transecta (D) o múltiples transectas paralelas (E), y se muestrean siste-
máticamente las áreas a cada lado del sendero.
Si se va a realizar sólo un inventario, el interpretados como la estimación mínima de la
mismo debe ser programado para el momento riqueza de especies del área.
del año, la hora del día y las condiciones meteo- La periodicidad de los muestreos es crucial
rológicas en las cuales se espera que estén acti- en los proyectos de monitoreo a largo plazo. Se
vas el mayor número de especies. Dado que en debe muestrear con la suficiente frecuencia co-
cualquier momento del año algunas especies es- mo para asegurar que las variaciones intra-
tarán inactivas, los inventarios únicos deben ser anuales no oscurezcan las diferencias entre
lnventarios y Monitoreos 83
años. Dado que los patrones de actividad están
fuertemente influenciados por el clima, los
VESs deben realizarse durante cada estación
del año. La hora del día afecta igualmente de
manera notable a los patrones de comporta-
miento, y el horario de muestreos puede sesgar
tanto los datos de composición de especies como
los de abundancia si no es tomado en conside-
ración.
Una decisión importante a tomar durante el
diseño del trabajo de campo es si se van a cap-
turar los anfibios encontrados para obtener in-
formación adicional. Si los individuos son captu-
rados, medidos y pesados, habrá menos tiempo
disponible para el trabajo de relevamiento. Si se
capturan animales, el investigador también de-
be decidir si los marcará individualmente. Los
estudios de marcado-recaptura brindan infor-
mación valiosa sobre la dinámica de las pobla-
ciones, pero, nuevamente, se reconocerá un área
menor. Es probable recapturar frecuentemente
a los animales marcados en aquellos estudios
que involucren análisis de áreas, de modo que el
marcado puede valer el esfuerzo. En contraste,
la posibilidad de recapturar individuos a lo lar-
go de una transecta es bastante débil y, en con-
secuencia, no justifique el tiempo adicional.
&TODOS DE CAMPO
Los procedimientos para un VES son sencillos.
Se analizan los hábitats, tanto a lo largo de
transectas o en áreas, y se registra el número de
animales encontrados por unidad de tiempo. Se
debe especificar con anticipación la cantidad de
tiempo y la intensidad de la búsqueda, los lími-
tes del área a ser analizada y el patrón de bús-
queda. Por ejemplo, las instrucciones para un
relevamiento de salamandras debe especificar
el (los) tipo(s) de sustrato a examinar (e.g., cada
ítem de cobertura posible, o sólo troncos), si los
elementos de cobertura serán dados vuelta o
desmenuzados, y la máxima cantidad de tiempoa invertir rompiendo el sustrato (e.g., sólo un
tronco). Los métodos de búsqueda deben estan-
darizarse entre el personal de campo para redu-
cir sesgos en los resultados.
Para un inventario completo se deben ana-
lizar todos los microhábitats posibles: suelo,
agua, troncos de árboles, tallos y las superficies
inferior y superior de hojas hasta la altura en
que el investigador pueda identificar con preci-
sión a los animales. El tiempo invertido por uni-
dad de área será estandarizado tanto como sea
posible dentro de un determinado tipo de hábi-
tat, pero los hábitats con diferente heterogenei-
dad requerirán diferentes tiempos de registro.
Cuando se localizan los ejemplares los mismos
son identificados y, si es necesario, capturados y
medidos o colectados como referentes. El VES
puede aplicarse con diferentes niveles de in-
tensidad.
Entre los relevamientos menos intensivos
se incluyen los conteos de animales activos en
superficie (e.g., Hairston 1980b; Pough et al.
1987; Nishikawa 1990) o de elementos asocia-
dos a animales (e.g., cuevas de salamandras-
(Dodd 1990; 1991b). Este tipo de VES es espe-
cialmente útil para especies que son activas en
la superficie de la hojarasca o que trepan a las
plantas en noches lluviosas o de neblina. Bajo
tales condiciones de humedad es probable que
una gran proporción de la población deje sus
refugios subterráneos y se desplace hacia la
superficie. Este método es especialmente ade-
cuado para inventariar hábitats que contengan
especies amenazadas, en los que se deben evitar
alteraciones del ambiente.
El relevamiento de intensidad media es la
técnica en la que el personal de campo, además
de contar los animales que son visibles directa-
mente, voltean objetos que se encuentran en la
superficie, como troncos y rocas, y cuentan los
animales así descubiertos. Los objetos desplaza-
dos deben ser regresados a su posición original
para minimizar la alteración del hábitat. Este
tipo de búsqueda generalmente brinda más re-
sultados por unidad de tiempo que una de baja
intensidad, dado que muchos anfibios se ocultan
bajo diversos objetos cuando las condiciones no
son adecuadas para su actividad.
En el nivel más intenso de VES, se voltean
los objetos de la superficie, se desmenuzan los
troncos muertos y las bromelias, y se rastrilla el
mantillo. Estas actividades obviamente alteran
el hábitat, y dicha alteración aumenta cuando
incrementa la intensidad de búsqueda, pero se
encuentran más animales. Los efectos a largo
plazo de este tipo de búsqueda no han sido
cuantificados para ningún hábitat ni especie.
Los relevamientos intensos son probablemente
los más confiables en términos de muestrear la
mayoría de las especies, particularmente las
más raras.
En algunos estudios, puede ser útil estable-
84 Capitulo 6
cer transectas o un sistema de grillas con mar-
cadores permanentes de distancia antes de co-
menzar el relevamiento, de modo que se pueda
registrar la ubicación exacta de cada animal en
el momento del encuentro. Esto permite a los
investigadores calcular distancias individuales,
registrar datos detallados sobre microhábitats
de lugares específicos donde los anfibios se
encuentran repetidamente, evaluar la homoge-
neidad del área relevada y, si se realizan estu-
dios de marcado-recaptura, obtener información
valiosa sobre los movimientos de cada animal a
través del tiempo.
Dependiendo de los objetivos del estudio, los
animales encontrados pueden ser sólo obsewa-
dos (asumiendo que es posible efectuar una
correcta identificación sin manipularlos), o pue-
den ser capturados temporalmente para una
identificación precisa y su medición (ver Apén-
dice 1) y luego liberados en el sitio de captura.
Se deben preservar ejemplares de referencia,
los que se depositarán en colecciones de museos
establecidas (ver Capítulo 5). Se están realizan-
do revisiones taxonómicas de importancia en
muchos grupos, y las especies gemelas a menu-
do son difíciles de identificar en el campo. Las
colecciones de museos brindan las bases para
verificar las identificaciones de campo, lo que
aumenta de manera notable la confiabilidad y
utilidad de los relevamientos.
PERSONAL Y MATERIALES
El número de personas requerido para ejecutar
un VES depende de la complejidad del hábitat,
tamaño del área a muestrear e intensidad del
relevamiento. Si se analizan transectas relati-
vamente cortas en la selva, se necesitará una
sola persona; el relevamiento de una laguna de
reproducción grande necesitará de varias, cada
una de las cuales hará una transecta desde la
orilla al centro del cuerpo de agua. Todas las
personas involucradas deben estar bien entre-
nadas en la misma técnica de búsqueda, y se
deben considerar las diferencias entre observa-
dores. Si los animales son comunes y se toman
datos para cada individuo, la designación de
una persona para registrar dichos datos puede
acelerar la operación y mantener el ritmo del re-
levamiento en un grado más uniforme.
El VES requiere un equipo mínimo: papel
para los registros, lápices o lapiceras con tinta
indeleble, una regla milimetrada, y una balanza
de resorte si se registran tamaño y peso corpo-
ral. Si se colectan anfibios serán necesarias
también bolsas de polietileno y marcadores de
tinta indeleble. Los rastrillos son útiles para la
búsqueda en la hojarasca. Si se toman medicio-
nes del microhábitat, se necesitarán instrumen-
tos adecuados (ver Capítulo 5). Si se marca la
transecta a intervalos regulares se deberán co-
locar banderines de cinta numerados o estacas
permanentes en los lugares adecuados, antes
del relevamiento. Para los relevamientos noc-
turnos se requieren linternas.
El tipo de datos a obtener dependerá de los ob-
jetivos del estudio y del tiempo y personal dispo-
nibles. Los datos mínimos a registrarse durante
el inventario de un área que no contiene grillas
con distancias marcadas incluyen (1) el número
de individuos encontrados para cada especie, (2)
el tiempo total de búsqueda y (3) el tamaño del
área analizada. Para registros de inventario y
monitoreo en áreas con marcadores de distan-
cia, se registrará la ubicación dentro de la tran-
secta o del sistema de grillas, además de los da-
tos de microhábitat y de los elementos mínimos
enumerados previamente (Capítulo 5) para ca-
da anfibio encontrado. Si se desea, se puede
registrar la masa húmeda total y la condición
reproductiva. Si los animales son llevados tem-
poralmente a un laboratorio, gran parte de esta
información se podrá registrar después de com-
pletar el relevamiento, para así evitar gastar
valioso tiempo en el campo. Otra opción es que
una segunda persona siga al encargado de rea-
lizar el VES y registre los datos adicionales
mientras la primera persona continúa el releva-
miento.
En el campo se recomienda utilizar plani-
llas bien organizadas, que incorporen los ele-
mentos de información mínimos (ver Capítulo 5)
e incluyan espacio adicional para notas que no
correspondan a las categorías preestablecidas.
Las planillas pueden ser simples o complejas,
dependiendo de los objetivos del estudio (Fig.
10).
Generalmente, la principal aplicación del
VES es la determinación de la composición de
agrupaciones de anfibios. La lista de especies
compilada para el área relevada puede com-
pararse con listas de especies de otras áreas; el
número promedio de individuos puede compa-
lnventarios y Monitoreos 85
Relevamientos por Encuentros Visuales
Fecha Nombre del observador(es)
Lugar Ares investigada
Condiciones del tiempo Temperatura del aire
Hora en que se inicio relevam. Hora en que se finalizo relevarn.
Descripcion del hhbitat
No.
Figura 10. Muestra de planillas para relevamientos por encuentros visuales, en la cual se registran datos es-
pecíficos para cada individuo encontrado. Si el relevamiento busca sólo información sobre abundancia, la parte
inferior de la planilla puede ser rediseñadade modo que los ejemplares observados de cada especie en el rele-
vamiento puedan ser registrados con una marca; posteriormente, se suman las marcas de cada especie.
rarse estadísticamente y se pueden calcular coe-
ficientes de asociación (ver Capítulo 9). Antes de
comparar o interpretar cualquier dato, se debe
estimar el efecto de los sesgos y tendencias
resaltados previamente (ver "Presunciones y
Limitaciones" en "Información Básica", más
arriba).
Como se discutiera previamente, si se van a
comparar abundancias relativas entre lugares,
todas las muestras deben tener estructura de
hábitat, clima y técnicas de búsqueda similares.
Por ejemplo, si se diseña un proyecto para
determinar los efectos de alteraciones (e.g., ex-
tracción de madera) sobre anfibios, será necesa-
rio efectuar VESs en áreas de selva con y sin ex-
tracción forestal. Si se desea comparar dos
selvas, todas las transectas deberán ser coloca-
das en hábitats selváticos; sería inapropiado
que algunas transectas incluyan ecotonos del
margen de la selva y otros no. A menos que los
VESs hayan sido validados y que tengamos al-
guna idea de su variabilidad y sus relaciones
con los niveles reales de las poblaciones, los da-
tos obtenidos durante su aplicación no deberían
86 Capitulo 6
ser empleados para reportar densidades de es-
pecies individuales. Dodd (1990) utilizó una se-
rie de Fourier para estimar la densidad de ma-
drigueras de salamandras a lo largo de
transectas, pero esta técnica puede ser de utili-
dad limitada en el análisis de otros datos de
transectas.
Si se realiza un monitoreo a largo plazo, las
fenologías de presencia y actividad de las diver-
sas especies pueden ser presentadas gráfica-
mente con histogramas o curvas de frecuencia.
Si se van a interpretar los patrones de actividad
en relación a los factores climáticos, entonces
las correlaciones, regresiones múltiples y análi-
sis de varianza pueden ser los tipos de análisis
apropiados. También es posible realizar pruebas
de diferencia en los niveles de actividad de las
especies bajo distintas condiciones climáticas o
entre componentes estacionales del año.
CONSIDERACIONES ESPECIALES
Campbell y Christman (1982a) examinaron las
agrupaciones de anfibios en cuatro tipos de há-
bitats en Florida, Estados Unidos, y compara-
ron los resultados de VESs intensivos con aque-
llos de manejo a velocidad constante en
carreteras, remoción de cuadrantes de hojaras-
ca y trampas de cerco-pozo. Quince de las 22 es-
pecies presentes fueron registradas durante el
manejo a velocidad constante, y 12 se registra-
ron con VESs. Los cuadrantes y las trampas de
cerco-pozo brindaron 6 y 7 especies respectiva-
mente. Bury y Raphael (1983) compararon las
técnicas y recomendaron que los VESs sean
combinados con trampas de cerco-pozo para
muestrear la herpetofauna de un modo más
efectivo. El VES puede ser validado por el mues-
treo repetido de las mismas áreas o por compa-
ración de los resultados de VESs con aquellos de
registros de las mismas áreas utilizando dife-
rentes métodos para estimar el verdadero tama-
ño de las poblaciones. La necesidad de valida-
ción es urgente. El VES realizado en conjunto
con técnicas de marcado-recaptura es útil para
estudiar tendencias poblacionales a través de
muestreos repetidos de las mismas áreas.
Agradecimientos. Agradecemos a Frank Hens-
ley por los valiosos comentarios de un borrador
del manuscrito.
CONTRIBUYENTES: ROBERT G. JAEGER,
-4 STANLEY RAND, LILY O. RODRIGUEZ
y BARBARA L. ZIMMERMAN
3. Transectas de Bandas Auditivas
BARBARA L. ZZMMERMAN
En la gran mayona de las especies de anuros,
los machos en condición reproductiva emplean
vocalizaciones que son especie-específicas, para
anunciar su posición a parejas y rivales poten-
ciales (Wells 1977). La técnica de transectas de
bandas auditivas [Audio Strip Dansect (ASTI]
aprovecha este comportamiento. Se cuentan to-
dos los anuros que cantan a lo largo de una
transecta, cuyo ancho vana de acuerdo con la
distancia de detección del canto de cada especie.
Los registros se utilizan para estimar o determi-
nar (1) la abundancia relativa de machos can-
tando, (2) la abundancia relativa de todos los
adultos, (3) la composición de especies, (4) los
hábitats de reproducción o el uso de microhá-
bitats y (5) la fenología reproductiva de las es-
pecies.
El recuento de anuros machos cantando, o de
agregaciones de machos que cantan (coros), a lo
largo de una transecta de banda puede ser el
método más efectivo para inventariar la compo-
sición de especies, proporcionar una primera
aproximación sobre la abundancia relativa de
los anuros en reproducción, determinar el uso
del hábitat de reproducción, y elaborar mapas
de distribución de la mayona de las especies de
anuros en áreas de hasta varios cientos de hec-
táreas. Las transectas auditivas son particular-
mente útiles en selvas tropicales donde la rique-
za de especies es elevada y los anuros habitan
en todos los estratos y en muchos microhábitats.
La mayona de los anuros son dificiles de ver en
las selvas a menos que se realice una búsqueda
que consume mucho tiempo, lo que limita drás-
ticamente el tamaiio de las áreas a relevar. Por
el contrario, la técnica de AST generalmente es
inapropiada para muestrear anuros en hábitats
lineares, tales como arroyos y riberas (ver
"Tratamiento e Interpretación de Datos", más
abajo).
Los machos de muchas especies de las sel-
vas tropicales cantan aisladamente o están reu-
nidos en grupos lo suficientemente pequeños co-
mo para poder ser contados de manera precisa
por el sonido, mientras que es casi imposible
lnventarios y Monitoreos 87
contar el número de individuos en coros grandes
en base a sonido, dada la superposición de los
cantos. La abundancia de machos en los coros
deberá ser determinada visualmente (ver "Rele-
vamientos por Encuentros Visuales", más arri-
ba, y "Relevamientos en Lugares de Reproduc-
ción", más abajo), aunque los coros mismos
pueden ser contados auditivamente. Los ma-
chos de la mayoría de las especies de las regio-
nes templadas forman agregaciones en charcas
para cantar, por lo que la técnica AST probable-
mente sea la más útil para obtener inventarios
de especies y para realizar mapas de distribu-
ción de poblaciones reproductivas (o coros) y de
hábitats de reproducción en esas zonas.
La técnica AST puede estimar con precisión
la abundancia relativa de machos cantando y
delimitar claramente las distribuciones espa-
ciales de especies que cantan durante penodos
prolongados (semanas o meses), pero probable-
mente no brinde estimaciones precisas de estas
variables en especies que se reproducen explo-
sivamente (sensu Wells 19771, que cantan sólo
un día o muy pocos días por año, dado que
dichas especies se encuentran con muy poca fre-
cuencia.
El método de contar cantos para elaborar
mapas de distribución y para estimar la abun-
dancia relativa de los machos que cantan es
amplio y eficaz. No se invierte tiempo en bús-
quedas, dado que en una determinada banda
definida por el umbral de detección del canto de
una especie, la probabilidad de encontrar al ma-
cho emisor se aproxima a l . De este modo, se
pueden relevar cientos de hectáreas rápidamen-
te (Zimmerman 1991). Más importante aún, to-
dos los hábitats y microhábitats, así como todos
los estratos se muestrean prácticamente del
mismo modo; las especies arboncolas y fosoria-
les se registran tan fácilmente como las que ha-
bitan en la superficie del terreno, y las especies
ocultas se incluyen tan fácilmente como las visi-
bles. Las únicas especies no registradas son
aquellas con distancia de detección auditiva
muy corta, que cantan en la parte más elevada
del dosel de la selva. No conocemos cuántas es-
pecies de este tipo existen, si es que existe algu-
na.
cada persona que tome datos debe conocer
los cantos para determinar la distancia de de-
tección paracada especie en cada tipo principal
de hábitat en el lugar de estudio.
Los métodos de transecta más utilizados para
estimar la abundancia de animales terrestres
son dos. En el muestreo de transectas en línea, el
observador estima la distancia perpendicular
entre cada individuo observado visual o auditi-
vamente y la línea media de la transecta (Burn-
ham et al. 1981). El muestreo de transectas en
línea compensa la disminución en la probabili-
dad de detectar organismos con un incremento
de distancia, al basar la estimación de densida-
des en distancias perpendiculares, de modo que
se pueden utilizar observaciones distantes.
Para estimar abundancia se necesita ajustar e1
tamaño de muestra a la detectabilidad de la
especie (Burnham et al. 1981). Una presunción
importante en el muestreo de transectas en
línea es que se detectan todos los individuos
presentes en o cerca de la línea central, aunque
los animales pueden pasar desapercibidos lejos
de ella.
En el muestreo por transectas en banda, se
registran todos los animales de interés que se
encuentren dentro de una distancia prefijada
perpendicular a cada lado de la transecta (el an-
cho de la banda). El presupuesto crítico de este
método es que se detectan todos los individuos
dentro de la banda. Dado que se cuentan todos
los individuos, las transectas en banda son tra-
tadas como cuadrantes (Burnhan et al. 1981;
Saber 1982). El muestreo por transectas en ban-
da ha sido utilizado ampliamente para contar
aves, grandes mamíferos, y rastros y huellas de
animales (Seber 1982, 1986).
Los anuros que cantan satisfacen muchos
de los criterios básicos para el análisis por tran-
sectas y son fácilmente detectables e identifica-
b l e ~ (Eberhardt 1978). Los miembros de una
agrupación de anuros pueden identificarse pre-
cisamente por sonidos, dado que las vocalizacio-
nes son casi siempre especie-específicas y dis-
tintivas, los repertorios vocales consisten en
sólo uno o dos tipos de canto y normalmente se
cuentan no más de 70 especies de anuros vivien-
do en el mismo lugar. Si un animal canta dentro
del rango auditivo del observador, es altamente
probable que sea detectado, ya que el sonido lle-
ga directamente al que escucha. Por el contra-
rio, hay muchas variables que determinan que
el animal sea visible o no (e.g., tamaño, mo-
vimiento, coloración, tiempo atmosférico, posi-
ción, sesgo en el patrón de búsqueda del obser-
vador), aun cuando se encuentre dentro del
88 Capítulo 6
rango visual del observador. En los relevamien-
tos auditivos los animales advierten sobre su
presencia; en los relevamientos visuales el ob-
servador debe encontrarlos.
Las transectas lineales han sido amplia-
mente utilizadas para muestrear aves canoras
(Ralph y Scott 1981) dado que se pueden utili-
zar observaciones a distancia, sin preocuparse
por cambios en la detectabilidad. Sin embargo,
a diferencia de la situación que presentan mu-
chos cantos de aves, la distancia de transmisión
de los cantos de la mayoría de anuros no es
grande (Zimmerman 19911, y la estimación de
distancia es demasiado imprecisa como para ser
de utilidad (Bart et al. 1984). Por lo tanto, la
principal ventaja del muestre0 por transecta de
Iínea en aves, que es extender el rango del rele-
vamiento, no se verifica en anuros.
Emlen (1984) propuso una técnica de banda
de ancho variable para censar aves canoras que
es esencialmente la misma que se presenta aquí
para su empleo en anuros. El ancho de la banda
es dos veces la distancia máxima a la cual el
animal puede ser escuchado por el observador y
se determina de manera separada para cada es-
pecie. Todos los cantos detectados son registra-
dos por el observador mientras camina por las
transectas, las que son inspeccionadas varias
veces. Emlen (1984) concluyó que las densida-
des calculadas por la detección promedio de dis-
tancias de la misma persona experimentada
trabajando extensiva y continuamente en un
área son más precisas que las densidades basa-
das en distancias subjetivas de observador a ob-
servador. Bart et al. (1984) compararon los mé-
d o s de transectas de Iínea y de banda para
codornices amarillas que cantaban en Michi-
gan. Dicho estudio es particularmente relevan-
te dado que el comportamiento de estas aves re-
cuerda al de muchos anuros de selvas húmedas;
esto es, son secretivos, poco comunes y cantan
principalmente de noche (Bart et al. 1984:
1382). Los autores concluyeron que el método de
transecta por banda era superior al método de
transectas de Iínea por las siguientes razones:
La estimación de distancia a los individuos que
cantaban no era factible; la longitud y el ancho
de la transecta podía ajustarse al terreno, al
tiempo atmosférico y a la densidad de codorni-
ces amarillas; y todas las aves que cantaban po-
dían ser registradas si estaban cantando cuan-
do se muestreaba la transecta.
PRESUNCIONES E INTERPRETACIONES. Varias pre-
sunciones adicionales que son específicas para
la técnica de AST se aplican a los anuros. La pri-
mera es que el observador conoce plenamente
los cantos especie-específicos. Si no se dispusie-
ra de la información sobre los anuros del lugar
(e.g., lista de especies, grabaciones de cantos),
sería necesaria toda una estación para aprender
a identificar los cantos. El tiempo requerido de-
penderá de la complejidad de la fauna. Si el lu-
gar es relativamente bien conocido, o si la fauna
incluye pocas especies, el tiempo necesario para
aprender a identificar cantos será más reducido.
Una segunda presunción es que los cantos gene-
ralmente se equiparan con la reproducción y
que sólo los machos cantan (Littlejohn 1977;
Wells 1977). Esta presunción fue comprobada
en una región de la Amazonia central por la dis-
tribución concordante de machos cantando y sus
renacuajos coespecíficos (Zimmerman y Rodri-
gues 1990; Gascon 1991). De este modo, el re-
cuento de cantos puede ser utilizado para locali-
zar sitios de reproducción y para estimar la
abundancia de los machos en condición repro-
ductiva; no puede ser utilizado para determinar
ni distribución ni abundancia de hembras, juve-
niles ni machos silenciosos.
Dado que la mayoría de los machos de anu-
ros cantan obligatoria y casi exclusivamente
cuando intentan reproducirse en un lugar, con
frecuencia el investigador puede identificar há-
bitats o microhábitats de reproducción y, conse-
cuentemente, subconjuntos de áreas críticas pa-
ra conservación, sin haber visto nunca una
hembra, un juvenil o una larva (Zimmerman y
Bierregaard 1986). Una excepción a esta regla
general incluye a los miembros de la familia
neotropical Dendrobatidae, en la que los huevos
son depositados cerca de los sitios de canto, pe-
ro posteriormente transportan a los renacuajos
por alguna distancia, hacia ambientes acuáti-
cos, donde completan su desarrollo.
El empleo de los datos de AST para estimar
la abundancia total de adultos requiere que la
máxima abundancia de machos cantando esté
correlacionada de modo constante con la abun-
dancia de machos adultos que no cantan y de
hembras adultas. La violación de estas presun-
ciones son generalmente demasiado graves co-
mo para permitir a los investigadores hacer ex-
trapolaciones de los datos de machos cantando
al tamaño total de la población.
lnventarios y Monitoreos 89
La técnica AST tiene varias presunciones
más. (1) Cada anuro que canta es contado sólo
una vez por muestra (i.e., no se desplaza por
una distancia significativa). (2) Dentro de la
banda se detectan individualmente a todos los
machos que cantan. (3) La distancia de detec-
ción de un canto dado permanece constante (i.e.,
un individuo siempre canta con el mismo nivel
de decibeles). (4) La distancia de detección me-
dia para una especie determinada es apropiada
para todos los microhábitats en los cuales se en-
cuentra generalmente la especie, tanto para in-
dividuos solitarios como para coros. (5)Se mues-
trean todos los hábitats dentro del área de
estudio.
Varios factores pueden afectar la precisión
de las valoraciones de abundancia u ocupación
de hábitat basados en valores de AST. Por ejem-
plo, si los censos para una especie no se realizan
durante el pico de su periodo de reproducción,
cuando canta el mayor número de individuos
machos, las diferencias entre muestras en el nú-
mero de animales cantando puede reflejar sim-
plemente el estado del ciclo de reproducción. La
duración del periodo de reproducción también
puede afectar la precisión, ya que es más proba-
ble registrar machos y sitios de reproducción en
especies con periodos de reproducción prolonga-
dos y machos que cantan continuamente (i.e.,
todas las noches, durante semanas o meses). Se
puede determinar también la abundancia rela-
tiva de especies que aparecen esporádicamente
a lo largo de meses (i.e., cantan en cualquier
momento durante semanas o meses, pero no to-
das las noches ni aún todas las semanas) siem-
pre que las transectas se muestreen con fre-
cuencia y a lo largo de varios años. Aun así, los
valores para dichas especies pueden estar su-
bestimados en comparación con los de especies
que cantan continuamente. Los muestreos a lar-
go plazo también aumentan las posibilidades de
encontrar coros de especies que se reproducen
explosivamente, pero la precisión de los conteos
probablemente sea menor que la de especies con
periodos reproductores más prolongados.
Para determinar con certeza la abundancia
relativa, se debe considerar también la distribu-
ción de la especie en todos los hábitats de repro-
ducción disponibles. Las estimaciones de densi-
dad más confiables de machos cantando se
obtienen de especies ampliamente distribuidas,
que cantan continuamente y son reproductores
prolongados, dado que los tamaños de muestra
son mayores. Las especies con distribuciones
agregadas o esparcidas se encuentran con me-
nor frecuencia a lo largo de transectas dispues-
tas aleatoriamente, y las densidades medias se
calculan de muestras de menor tamaño.
Los errores que surgen de fenologías y dis-
tribuciones espaciales diferentes reflejan desi-
gualdades de escala. Si los machos que cantan
de una especie casi saturan su hábitat espacial
y10 temporalmente (al cantar continuamente),
el número de individuos en el área y, por lo tan-
to, la estimación de densidad variará poco entre
transectas, meses o años (Wiens 1981). Si la es-
pecie es rara, con distribución por parches y10
que canta infi-ecuentemente, la estimación de
densidades entre transectas y entre meses va-
riará sustancialmente aunque la población sea
constante. Una determinada escala temporal y
espacial puede ser muy pequeña para estimar
con precisión las densidades de especies muy
dispersas y que cantan infrecuentemente, pero
puede ser adecuada para medir especies den-
samente distribuidas o que cantan continua-
mente. La consecuencia de esto es que sólo se
podrán comparar densidades de especies que
son muestreadas a aproximadamente la misma
escala. En general, las densidades de anuros de
especies que cantan continuamente no pueden
ser comparadas con las de aquellas especies
agrupadas o que cantan esporádicamente, dado
que las poblaciones de las primeras serán más
evidentes, y por lo tanto mejor muestreadas.
EFECTOS DEL OBSERVADOR. Los observadores de-
ben poseer una capacidad auditiva total y ser
experimentados (Emlen y DeJong 1981; Faanes
y Bystrak 1981; Kepler y Scott 1981; Ramsey y
Scott 1981). Aun así, los sesgos debidos a los
observadores pueden afectar profundamente
los resultados de un relevamiento acústico,
como ha sido demostrado en conteos de aves
canoras. Los métodos propuestos para reducir
estas tendencias en los relevamientos de aves
(Ralph y Scott 1981; Bart y Schoultz 1984) se
aplican apropiadamente para relevamientos de
anuros.
Los efectos debidos al observador general-
mente alteran las estimaciones de abundancia
de especies con cantos de alta frecuencia (4 kHz
o más) y10 elevados índices de canto en coros
grandes. Las altas frecuencias se atenúan más
rápidamente que las bajas frecuencias, y los
90 Capítulo 6
cantos de alta frecuencia de anuros pueden ser
enmascarados por ruidos de insectos con la mis-
ma banda de frecuencia. Los índices de canto
rápidos son un problema cuando cantan más de
unos pocos individuos, y el índice de detección
de dichos cantores puede variar entre observa-
dores. Es casi imposible contar individuos que
cantan en grandes coros dado que es muy difícil
discernir entre cantos individuales en la cacofo-
nía. Las especies con cantos que se superponen
ampliamente pueden ser contadas visualmente
o, si los que cantan son abundantes y están es-
parcidos, pueden ser registrados auditivamente
en cuadrantes pequeños. Kepler y Scott (1981)
recomendaron que los observadores realicen
pruebas de relevamientos simultáneos pero in-
dependientes para identificar especies cuya de-
tección es inconsistente y para permitir corregir
los procedimientos que sean necesarios, antes
de los relevamientos definitivos.
Para minimizar los sesgos potenciales debi-
dos a la transmisión variable de sonidos, los re-
levamientos de cantos deben ser realizados en
hábitats y condiciones meteorológicas similares
(Emlen y DeJong 1981). La lluvia y el viento son
particularmente problemáticos, dado que redu-
cen las distancias a las cuales se pueden detec-
tar los cantos.
Las evidencias indican que a medida que
aumenta el número de aves canoras que se es-
cuchan desde una estación de audición, declina
el número de identificaciones correctas de los
cantores (Duke 1966; Bart y Schoultz 1984). Por
lo tanto, el número de animales registrados en
un relevamiento de cantos puede diferir entre
poblaciones, y las densidades de las especies
abundantes y los cambios en las densidades
pueden ser subestimados (Bart y Schoultz
1984). La importancia de los sesgos dependien-
tes de la densidad en los muestreos de cantos de
anuros es aún desconocida. Es probable que la
eficiencia del observador con los anuros dismi-
nuya a una densidad de cantores algo mayor
que aquella medida para aves (Bart y Schoultz
1984). Las densidades de especies en las cuales
se presentan regularmente agregaciones de
cuatro o más cantores puede ser algo subesti-
mada con esta técnica. También puede ser difí-
cil discernir el número de cantores en especies
con cantos ventnlocuos cuando estén presentes
más de dos individuos.
LIMITACIONES. El método AST posee numerosas
limitaciones. (1) No se puede discernir auditi-
vamente el número de machos que cantan en
especies que forman coros o en situaciones de
elevada superposición de cantos (elevadas den-
sidades de machos que cantan a alta frecuen-
cia). (2) En ciertas especies algunos machos en
estado reproductivo activo no cantan (e.g., Fel-
lers 19791, y esto afecta las cuentas máximas de
modo tal que probablemente subestiman el nú-
mero real de machos adultos presentes. (3) Las
especies que se reproducen explosivamente son
evidentes acústicamente durante períodos su-
mamente cortos y probablemente no se mues-
trean de modo adecuado. (4) No se puede esti-
mar el tamaño absoluto de la población, dado
que la supervivencia de machos y hembras pue-
de no estar relacionada y el conteo máximo de
machos que cantan puede no ser una proporción
constante de la población de adultos.
DISEÑO DE INVESTIGACI~N Y
MÉTODOS DE CAMPO
Para brindar una estimación precisa de la abun-
dancia relativa tanto de especies comunes como
de especies raras, las ti-ansectas deberán medir
aproximadamente 1 km de longitud (Engel-Wil-
son e t al. 1981; Hanowski e t al. 1990). Además,
las transectas deberán estar suficientemente
espaciadas, de modo que los anuros escuchados
en una transecta no puedan ser registrados en
otra, asegurando así la independencia de las ob-
servaciones. En el caso ideal, las transectas de-berían estar colocadas aleatoriamente con rela-
ción a los lugares de reproducción de anuros. En
la práctica, los observadores normalmente em-
plean senderos que fueron establecidos con
otros propósitos (e.g., caza, desplazamiento en-
tre pueblos). Dado que dichos senderos han sido
ubicados sin relación a los sitios de reproduc-
ción, la violación del criterio de ubicación al
azar es lo suficientemente pequeña como para
permitir su empleo para esta técnica.1 No obs-
1. Algunos senderos abiertos por los lugareños siguen
el curso de los ríos, y en algunos casos estos ambien-
tes son importantes sitios de reproducción. En esas si-
tuaciones los senderos no son independientes de los
sitios de reproducción, y los resultados deberán ser
interpretados como corresponde.
lnventarios y Monitoreos 91
tante, el orden de muestre0 y el punto de co-
mienzo de las transectas dentro de cada tipo
principal de hábitat deberá ser determinado
aleatoriamente. Aparentemente son suficientes
de 6 a 9 inspecciones de cada una de 2 a 5 tran-
sectas de i km de longitud para brindar estima-
ciones precisas y consistentes de la abundancia
relativa de especies moderadamente abundan-
tes (1-5 individuosha). Se requieren al menos
15 censos para especies raras o para transectas
de 0,5 km (Engel-Wilson et al. 1981).
El ancho de la transecta es calibrado por el
observador de manera independiente para cada
especie de anuro. El observador mide la distan-
cia mínima en la cual los anuros no pueden ser
escuchados claramente (Zimmerman 1991). Las
mediciones se realizan para por lo menos seis
individuos de cada especie, para derivar la dis-
tancia de detección mínima y la desviación es-
tándar. Las distancias de detección deberían ser
medidas en todos los microhábitats en los cua-
les normalmente cantan anuros, ya sean que
canten solos o en grupos. Las distancias de
transmisión de sonidos, y en consecuencia las
distancias de detección, varian ampliamente en
relación a la estructura general de la vegetación
(Marten y Marler 1977; Marten e t al. 1977), por
lo que la distancia de detección media debe ser
estimada en cada hábitat (e.g., bosque primario,
crecimientos secundarios densos, praderas,
pantanos). Es imperativo que las distancias de
detección sean precisas dado que influyen fuer-
temente en las estimaciones de densidad. .
La actividad de canto de los anuros tropica-
les nocturnos generalmente es mayor antes de
la medianoche (entre las 1800 y 2400 hs) que
después de la medianoche (entre las 0000 y
0600 hs-Zimmerman 1991). Las especies diur-
nas, por el contrario, muestran picos de canto
pronunciados al amanecer y al atardecer y lue-
go de lluvias (L.O. Rodriguez, com. pers.; obs.
pers.). En general, el tiempo más productivo pa-
ra caminar las transectas es desde el atardecer
hasta dos o tres horas después de oscurecer, da-
do que este periodo abarca el pico de actividad
de canto de la mayoria de las especies tanto en
las zonas tropicales como en las templadas. Los
observadores simplemente caminan por las
transectas y registran las especies, el número
de individuos, hábitat o microhábitat, posición y
horario en el que se escuchó cada coro. Las tran-
sectas se muestrean a la velocidad de caminata
que desee el observador de acuerdo a las carac-
terísticas del terreno. Es más eficiente registrar
las observaciones verbalmente, en un pequeño
grabador, mientras se camina y transcribir la
información más tarde.
PERSONAL Y MATERIALES
Una de las características más atractivas de es-
t a técnica es que los datos pueden ser tomados
por una sola persona, aunque durante la fase de
calibración del observador una segunda persona
puede ser de utilidad.
Un buen grabador, un micrófono y un ins-
trumento registrador de sonidos (Apéndices 3 y
6) facilitan la fase de calibración de la distancia
de detección, y pueden ser empleados para gra-
bar cantos desconocidos por el observador. Es
imperativo que se preserven como referentes del
estudio, tanto individuos cantores como las gra-
baciones de cantos (Apéndice 4). Otros materia-
les necesarios son planillas (o papel), lápices o
lapiceras con tinta indeleble, linternas (Apéndi-
ce 6) para trabajo nocturno, y si es posible, un
grabador portátil para registrar los datos en el
campo.
TRATAMIENTO E INTERPRETACI~N DE LOS DATOS
Para calcular la densidad de los coros o de los
machos cantando durante el periodo repro-
ductor de una especie se cuentan los individuos.
Para esta técnica se considera que el periodo
reproductor de una especie se define como el in-
tervalo cuando se observa la mayor cantidad de
individuos cantando en toda el área de estudio.
Este intervalo se determina graficando el núme-
ro promedio de individuos cantado o de coros en
relación al tiempo del período de estudio (sema-
na o mes) e identificando los picos de actividad.
Si los machos parecen igualmente capaces de
cantar en cualquier mes, como es el caso de
algunas especies tropicales, se dice que el peno-
do reproductor es todo el año, y en el análisis se
incluirán cuentas de todos los meses.
Para estimar la densidad de los machos de
una especie que cantan (coros) a lo largo de una
transecta, se divide el máximo número de indi-
viduos (coros) registrados durante el periodo
reproductor para el área de banda de dicha es-
pecie. El área de banda es igual al ancho de la
banda (Le., dos veces la distancia de detección
media del canto de la especie) multiplicado por
la longitud de la transecta. La densidad media
92 Capitulo 6
de machos cantores de una especie en el área de
estudio durante el pico de actividad reproducti-
va, es el promedio de las densidades máximas
registradas en cada transecta. El análisis meti-
culoso de transecta por transecta se ve facilita-
do por el empleo de computadoras, si es que ocu-
rren muchas transectas, muchas especies y
muchos meses (Zimmerman 1991).
Si los individuos reproductores de una espe-
cie se encuentran sólo en algunos subhábitats
dentro del área de estudio (e.g., valles de Ros, o
charcas temporarias dentro de selvas prima-
rias), las densidades de animales cantores debe-
rán ser estandarizadas con relación al subhábi-
tat (e.g., cantores por hectárea de valle fluvial, o
por charca, más que por hectárea de selva pri-
maria). Las densidades específicas de subhábi-
tats pueden convertirse en valores que repre-
senten toda el área de estudio si se conoce la
proporción de los diferentes subhábitats dentro
del área de estudio (e.g., a partir de fotografías
aéreas, mapas topográficos o exploración de há-
bitat).
CONSIDERACIONES ESPECIALES
Se pueden muestrear especies en hábitats linea-
les (e.g., líneas de costa de lagunas o lagos, a lo
largo de arroyos) contando los individuos que
cantan. Este procedimiento no requiere la esti-
mación de la distancia de detección, y por lo tan-
to difiere del AST. En los hábitat lineales la den-
sidad de machos cantores se determina como el
número de individuos que cantan por kilómetro
de hábitat linear.
4. Muestreo por Cuadrantes
ROBERT G. JAEGER y ROBERT l? ZNGER
F3 muestreo por cuadrantes consiste en dis-
poner un conjunto de pequeños cuadrados
'cuadrantes) en lugares seleccionados aleatoria-
mente dentro de un hábitat, y analizar exhaus-
tivamente dichos cuadrados en busca de anfi-
h. Esta técnica puede ser empleada para
determinar las especies presentes en el área,
sus abundancias relativas y sus densidades. Da-
do que los cuadrantes se ubican aleatoriamente
en el área de interés, y debido a que cada cua-
drante constituye una muestra independiente,
se pueden realizar inferencias estadísticas a
partir de los datos obtenidos, siempre que el
número de cuadrantes utilizados sea lo suficien-
temente grande. Las inferencias estadísticas
pueden ser utilizadas para monitoreos (cambios
a través del tiempo en la abundancia de las po-
blaciones en un área dada) o para inventarias
(diferenciasentre áreas de interés en un tiempo
determinado).
El valor de este tipo de muestreos, con un
gran número de cuadrantes dispuestos aleato-
riamente, es que los resultados no se ven com-
prometidos por efectos de la heterogeneidad de
hábitats. Esto es válido aun si el área de interés
posee muchos tipos de hábitats dispuestos como
parches.
El muestreo por cuadrantes se ha empleado
de modo eficiente para muestrear anfibios de la
hojarasca, donde las especies frecuentemente se
encuentran en altas densidades pero son difí-
ciles de detectar dado sus hábitos secretivos.
También puede emplearse para muestrear anfi-
bios acuáticos (e.g., larvas de salamandras). La
laguna se divide en cuadrantes que son mues-
treados aleatoriamente con el método de redeo
estandarizado (ver "Muestreo Cuantitativo de
Larvas de Anfibiosn, más abajo). Los hábitats de
áreas abiertas también pueden ser divididos en
cuadrantes, y posteriormente se cuentan los an-
fibios presentes (e.g., anuros) en cada uno de los
cuadrantes seleccionados aleatoriamente. El
método pierde efectividad en hábitats con cober-
tura densa, y en terrenos irregulares o escarpa-
dos donde es difícil establecer cuadrantes sobre
el suelo de manera aleatoria. El muestreo por
cuadrantes debena emplearse sólo cuando (1)
los animales no dejen el cuadrante debido a mo-
lestias ocasionadas por el muestreo antes de ser
contados, (2) los cuadrantes deben ser ubicados
aleatoriamente, no al azar, y (3) los cuadrantes
brindan datos independientes (sin medidas re-
petidas).
ORGANISMOS Y HÁBITATS SELECCIONADOS
El muestreo por cuadrantes es particularmente
útil para estudiar especies de anfibios que habi-
tan en el suelo de las selvas o las riberas de cur-
sos de agua. Aunque el método ha sido utilizado
lnventarios y Monitoreos 93
en áreas con vegetación relativamente abierta,
es más efectivo en selvas de dosel cerrado. En
aquellas agrupaciones de especies que presen-
tan proporciones significativas de especies ripa-
rias, los componentes riparios y no riparios pue-
den ser muestreados como conjuntos separados
de cuadrantes. El muestreo por cuadrantes ha
sido empleando exitosamente en las selvas tro-
picales para determinar densidades, diversidad
de especies y abundancias relativas (Lloyd et al.
1968a; Scott 1976; Inger 1980; Lieberman
1986), y en bosques templados para seguir den-
sidades de salamandras a lo largo de períodos
prolongados (Jaeger 1980a, b; Mathis 1990).
Cuando se intenta analizar las diferencias espa-
ciales o temporales en número, abundancia re-
lativa y densidad de especies, se puede emplear
la prueba estadística de la hipótesis nula, que
estipula que las diferencias detectadas son debi-
das solamente al azar. Por lo tanto, es importan-
te satisfacer las condiciones estadísticas de
muestreo aleatorio e independencia de los con-
juntos de datos. Las técnicas de muestreo por
cuadrante empleadas correctamente cumplen
estos requerimientos.
MONITOREO. Para monitorear cambios a través
del tiempo en un área de interés dada, se pue-
den disponer múltiples cuadrantes de modo
aleatorio en cada período de muestreo. Si los
animales no son removidos del área durante los
muestreos, es posible reutilizar los cuadrantes
previamente establecidos en los muestreos sub-
secuentes. Si los animales son retirados durante
los muestreos, los cuadrantes sucesivos deberán
ser colocadas aleatoriamente con la restricción
que las localidades previamente muestreadas
no serán remuestreadas. Esta técnica es supe-
rior cuando se muestrea un área antes y des-
pués de un tratamiento (e.g., perturbación de
hábitat, luego de la aplicación de un biocida).
Los cuadrantes, además de ser colocados aleato-
riamente en un área, deben ser muestreados en
una secuencia aleatoria para minimizar los
efectos de cambios temporales de corto plazo
(e.g., tiempo atmosférico).
INVENTARIO. Para medir las diferencias entre di-
versas áreas (o tipos de hábitat) en un tiempo
dado, se deben establecer cuadrantes de modo
aleatorio en cada área de estudio, y los mismos
deben ser analizados según una secuencia alea-
toria. Idealmente, todos los cuadrantes en todas
las áreas o hábitats deberían ser muestreados
aleatoria y secuencialmente, pero esto requeri-
ría que el investigador estuviera a las idas y ve-
nidas entre las áreas de muestreo, perdiendo un
tiempo muy valioso.
PRESUNCIONES. El empleo efectivo de muestreos
por cuadrantes requiere, primero, que todos los
animales estén igualmente "disponibles" para el
investigador. Si el estudio se limita a una sola
especie, es mejor ubicar los cuadrantes en la es-
tación del año bajo las condiciones meteorológi-
cas consideradas más favorables para la espe-
cie, tal como inmediatamente después de lluvias
cálidas de primavera para salamandras. Los
muestreos repetidos a lo largo de varios años
deberían llevarse a cabo en la misma estación y
bajo condiciones climáticas similares. Si el estu-
dio involucra a varias especies en una agrupa-
ción, es importante reconocer que las especies
fosoriales o semiarbóreas no son muestreadas
tan eficientemente con este método como aque-
llas especies que permanecen en la hojarasca
del suelo. Nuevamente, el muestreo repetido de
un área (o de otras áreas) debe realizarse en
tiempos del año comparables.
Segundo, no se deben introducir sesgos por
cambio de observadores durante el estudio. Di-
ferentes observadores poseen diferentes pecu-
liaridades visuales. Si se emplean cuadrantes
pequefios (1 x 1 m), es mejor que una sola per-
sona analice todos los cuadrantes. Si esto no es
práctico, a los diversos observadores se le deben
asignar cuadrantes sobre bases aleatorias. Si se
emplean cuadrantes grandes (8 x 8 m), se nece-
sitarán cuatro o cinco personas para minimizar
el escape de los animales. El mismo equipo de-
berá analizar todos los cuadrantes.
EFECTIVIDAD DE LATÉCNICA. Aunque el muestreo
por cuadrantes es un método muy laborioso, tie-
ne la ventaja de llevar los ojos y las manos cer-
ca del objetivo. En ellos es posible ver especies
fosoriales, especies arbóreas que descansan en
la hojarasca, y especies que pasan en la hojaras-
ca cortos períodos de sus vidas (e.g., juveniles),
siempre que los tamaños de muestra sean gran-
des y los cuadrantes estén bien distribuidos a lo
largo de las estaciones. Esta técnica es excelen-
94 Capítulo 6
te para tratar con la heterogeneidad de los há-
bitats cuando se muestrean múltiples especies
con diferentes preferencias de microhábitats.
También es adecuada para análisis estadísticos
poderosos.
DISENO DE INVESTIGACIÓN Y
MÉTODOS DE CAMPO
Idealmente, el área de interés debería visuali-
zarse como si estuviera cubierta por una grilla
rectangular, y los cuadrantes de muestreo se
ubicarían en ella empleando una tabla de núme-
ros aleatorios (Apéndice 7). La topografia local
puede hacer que ese esquema sea impracticable,
pero cualquier modificación que sea necesaria
debería apartarse lo menos posible del esquema
ideal. Los cuadrantes deben ubicarse lo sufi-
cientemente separados entre sí como para evi-
tar alteraciones antes del muestreo.
En un mapa del área de muestreo se identi-
fican o localizan cuadrados relativamente gran-
de (e.g., 100 x 100 m, aunque este tamaño par-
ticular no es crítico). A cada cuadrado se le
asigna un número para su empleo en un mues-
t r e ~ aleatorizado. Ahora son posibles dos méto-
dos para el muestreo por cuadrantes: el mues-
t r e ~ puntual y el muestreo amplio. El muestreo
puntual (cuadrantes pequeños) se puede utili-
zar cuando se estudia una sola especie con indi-
viduos pequeños y densamente distribuidos
íe.g., la salamandra Plethodon cinereus, cuya
densidad puede alcanzar a 3 individuos/mZ y el
tamaño de los adultos no sobrepasa los 9 cm). El
muestreo amplio (cuadrantes grandes) puede
emplearse para muestrear especies en las cua-
les los individuos están ampliamente dispersos,o tienen gran tamaño corporal, o ambos, y para
muestrear agrupaciones multi-especies. En ca-
da caso, todos los cuadrantes del área de estudio
tendrán el mismo tamaño. La comparabilidad
entre las muestras está limitada a los cuadran-
tes del mismo tamaño. Recomendamos que los
cuadrantes pequeños midan 1 x 1 m, y que los
grandes midan 8 x 8 m más que 10 x 10, dado
que en la mayoría de los estudios previos de an-
fibios, los cuadrantes utilizados medían 25 x 25
pies, que se aproxima a 8 x 8 m.
MUESTREO PUNTUAL. A priori, se elige el número
exacto de cuadrados grandes (unidades) a mues-
trearse; de 25 a 30 brindan datos suficientes pa-
ra análisis estadísticos. Empleando una tabla
de números aleatorios, el investigador identifica
los cuadrados y la secuencia aleatorizada de
muestreo. También se determina una serie se-
cuencial de distancias de brújula (hasta 20 m,
aunque esto varía de acuerdo al tamaño de la
grilla). Es más fácil completar esta fase del di-
seño de estudio antes de ir al campo. Una vez en
el campo, el investigador va al centro del primer
cuadrado para comenzar a caminar aleatoria-
mente. Caminará en la dirección de la brújula y
por la distancia previamente determinada para
llegar al primer punto de muestreo. Dejará caer
en el suelo un marco de cuadrante de 1 x 1 m,
removerá rápidamente cada piedra, trozo de
madera u hojas dentro del cuadrante y contará
el número de individuos presente de cada espe-
cie. Los desechos y los anfibios se vuelven a colo-
car en su lugar (si se volviese a muestrear pos-
teriormente), y el investigador caminará por el
próximo número de metros en la siguiente di-
rección de brújula de la secuencia, dejando caer
nuevamente el marco del cuadrante y repitien-
do la operación. Este procedimiento se repetirá
por un total de 10 muestras puntuales. Una res-
tricción es que cada punto puede ser muestrea-
do sólo una vez en un período de muestreo par-
ticular. El investigador se desplazará luego al
segundo gran cuadrado elegido aleatoriamente
y repetirá los procedimientos de muestreos pun-
tuales. El procedimiento se repetirá hasta que
todos los cuadrados grandes hayan sido mues-
treados.
Las 10 muestras puntuales de cada gran
cuadrado pueden ser promediadas para obtener
la densidad media de cada especie en esa uni-
dad de muestreo. Si el diseño de investigación
incluye 25-30 grandes cuadrados, entonces el
procedimiento brindará 25-30 datos indepen-
dientes. Se pueden emplear pruebas estadísti-
cas de dos muestras para comparar dos áreas (o
hábitats), o la misma área (o hábitat) en tiem-
pos diferentes. Las pruebas estadísticas para
muestras múltiples se emplean para compara-
ciones entre diversas áreas o entre diversas
muestras a lo largo del tiempo.
MUESTREO AMPLIO. A priori, el investigador elige
el número de cuadrados grandes a ser mues-
treados; 50 a 100 pueden ser suficientes. Em-
pleando una tabla de números aleatonos deter-
minará la posición de cada cuadrante. Si, por
ejemplo, el área a muestrear es de 1.000 x 1.000
m, el primer número de 3 dígitos determina la
lnventarios y Monitoreos 95
posición sobre el eje x y el segundo número de 3
dígitos determinará la posición del eje y para la
esquina del primer cuadrante. Se establece un
cuadrante de 8 x 8 m empleando estacas y cor-
del. Una persona a cada lado del cuadrante re-
mueve todos los desechos en una banda de 30
cm a lo largo del perímetro externo, esto facilita
la visibilidad de los animales que escapan y mi-
nimiza posibles problemas debidos al efecto de
borde. Cada persona removerá la hojarasca y la
cubierta del suelo dentro del cuadrante y para-
lelo al cordel del margen, trabajando por bandas
sucesivas hacia el centro, hasta que toda el área
esté cubierta. Se registrará la información apro-
piada para cada anfibio encontrado. Si el área
fuera muestreada posteriormente, se devolverá
al lugar toda la hojarasca, la cubierta del suelo
y los anfibios. Este proceso se repetirá, en
secuencias aleatorizadas, para todos los cua-
drantes.
Aunque las varianzas estadísticas para
densidades promedio pueden diferir de un área
a otra, usualmente se acercan a la asíntota pa-
ra medias basadas entre 50 y 100 cuadrantes
aun cuando la densidad de especies sea baja
(Lloyd et al. 1968a). Una muestra realizada en
una sola estación o en un solo sitio deberá in-
cluir al menos 50 cuadrantes.
Para efectuar estimaciones válidas de den-
sidades de especies, el investigador deberá to-
mar precauciones extraordinarias para seguir
procedimientos aleatorizados, una tarea que no
siempre es fácil en condiciones de campo. Siem-
pre ocurre la tentación de buscar anfibios en
áreas que se juzgan "buenas" para dichos ani-
males. Dejarse llevar por dichas tentaciones lle-
va a sesgos en las muestras (ver Capítulo 4) y
puede invalidar cualquier generalización posi-
ble de un análisis estadístico (inclusive el mis-
mo análisis), o puede socavar el objetivo del es-
tudio, que es obtener estimaciones precisas del
número de especies, abundancias relativas y
densidades. Los sesgos en los muestreos gene-
ralmente resultan en estimaciones incorrectas
de las densidades de especies.
Para ilustrarlo, supongamos que un investi-
gador desea comparar las densidades de dos es-
pecies de salamandras en dos valles arbolados.
En el valle 1, la especie A tiene una distribución
agregada bajo troncos; en el valle 2, la especie B
está uniformemente distribuida en la hojarasca
de la selva. Los dos métodos de muestreo por
cuadrantes brindarán un muestreo no sesgado
de individuos y especies en ambos valles, dado
que un número razonablemente grande de cua-
drantes dispuestos aleatoriamente incluirán
tanto las áreas fragmentadas como las más ho-
mogéneas del hábitat. Se debe recalcar la nece-
sidad de estudios de biodiversidad basados en la
aleatoriedad.
Recomendamos que para cada cuadrante
muestreado se registre la siguiente informa-
ción: (1) posición del cuadrante en la grilla; (2)
fecha, horario de comienzo y finalización del
muestreo y condiciones climáticas generales du-
rante el muestreo; (3) temperatura y humedad
relativa; (4) tipo de vegetación en el cuadrante;
(5) pendiente del área en la que se ubicó el cua-
drante (utilizando un clinómetro); (6) cobertura
del dosel (como porcentaje del área directamen-
te arriba del cuadrante; (7) cobertura de hoja-
rasca (porcentaje del cuadrante cubierto por ho-
jas, y profundidad de la capa(esta última puede
estimarse introduciendo una varilla aguda en
cada una de las cuatro esquinas del cuadrante y
contando el número de hojas pinchadas); (8)
cubierta herbácea (porcentaje estimado de la
superficie del cuadrante cubierta por hierbas de
menos de 1 m de altura); (9) cubierta de arbus-
tos (número estimado de plantas de tallo múlti-
ple de más de 1 m de altura); (10) número y
tamaño de árboles (medido como diámetro a la
altura del pecho); (11) cubierta de rocas (porcen-
taje estimado del área cubierta, y variedad de
tamaño de las rocas); y (12) troncos caídos (nú-
mero y tamaño).
PERSONAL Y MATERIALES
Los muestreos puntuales tendrán menos sesgo
si una sola persona muestrea todos los cuadran-
tes. Los muestreos amplios generalmente re-
quieren un mínimo de cuatro personas.
El muestreo por cuadrantes requiere poco
material: una tabla de números aleatorios, un
mapa del área de muestreo, cinta métrica, bol-
sas para anfibios, reloj, brújula, y ya sea cordel
y estacas o un marco de cuadrante de 1 x 1 m.
TRATAMIENTO E INTERPRETACI~N
DE LOS RESULTADOS
Para comparar número de especies, abundan-
cias relativas y densidades sólo se debe regis-
t rar el número de individuos de cada especie en
cada cuadrante. La información de los mues-
96 Capítulo 6
Tabla 5. Muestra de datos de un muestreo amplio de un área utilizando la técnica de
muestreo por cuadrantesu
Número de individuos de cada especie
-
Cuadrante Especie Especie Especie EspecieEspecie Especie
numero A B C D E F
Total 49 2 5 23 6 201 397
Abundancia
Promedio 1,81 0,93 0,85 0,22 7,44 14,70
Relativa 7,o 3,6 3,3 0,9 28,7 56,6
(%)
Riqueza de especies = 6 especies
n = 27 cuadrantes
Información brindada sobre 27 cuadrantes de 8 x 8 m. El conjunto de datos reales debe incluir
muestras de un mínimo de 50 cuadrantes.
lnventarios y Monitoreos 97
treos amplios puede ser registrada fácilmente,
como se muestra en la Tabla 5; para muestreos
puntuales se emplean sólo dos columnas, una ti-
tulada "Número de cuadrante" y la otra "Núme-
ro de individuos en el cuadrante."
La riqueza de especies se obtiene del simple
registro del número de especies encontrado en
el área de estudio, como sucede también con
otros métodos. Sin embargo, este total es la acu-
mulación de todos los cuadrantes muestreados.
Se puede determinar también la densidad y
abundancia relativa de especies (e.g., ver Tabla 5).
El muestreo por cuadrantes brinda infor-
mación adecuada para investigar patrones es-
paciales. Se han empleado diversas distribucio-
nes estadísticas para describir la dispersión de
diferentes taxa en determinadas áreas geográfi-
cas. El enfoque está bien descripto en Krebs
(1989).
Cuando se evalúan datos de más de un es-
tudio, las comparaciones de tiempos o localida-
des pueden realizarse por métodos de estadísti-
ca descriptiva y de inferencia. Sin tener en
cuenta la metodología elegida, los problemas de
cero entradas y los llamados de vincvlación en
rango necesitan ser evaluados como posibles
fuentes de sesgo y de precisión reducida (ver
Capítulo 9).
Los métodos de muestreo por cuadrantes
han sido aplicados en diversos estudios (e.g.,
Heatwole y Sexton 1966; Barbault 1967; Lloyd
et al. 1968a; Toft 1980; Scott 1982; Lieberman
1986; Fauth et al. 19891, aunque no siempre tal
como han sido presentados aquí.
CONTRIBUYENTES: LEE-ANN C. HAYEK,
A. STANDLEY RAND y NORMAN J. S C O V Jr.
5. Muestreo por Transectas
ROBERT G. JAEGER
Con frecuencia, los anfibios responden diferen-
cialmente a los gradientes ambientales y en
especial a aquellos que reflejen humedad. La
metodología de transectas puede emplearse pa-
ra muestrear tanto a lo largo de dichos gradien-
tes ambientales o dentro de tipos de hábitats. Se
establecen transectas de banda estrechas (e.g.,
2 m) aleatoriamente, y dentro de estas porcio-
nes de hábitat se buscan anfibios minuciosa-
mente.
El valor de la metodología de muestreo por
transectas empleando diseños aleatorios, radica
en que registra efectivamente número de espe-
cies, abundancias relativas y densidades a tra-
vés de gradientes del hábitat; por lo que el mé-
todo es muy útil para determinar cambios intra
e interespecíficos en las poblaciones de anfibios
a través de algún carácter ambiental que cam-
bia continuamente. De este modo, el muestreo
por transectas es la mejor técnica para estudiar
gradientes altitudinales (o montañas) o gra-
dientes de hábitats desde tierras bajas (e.g., le-
cho de nos) hacia tierras altas (e.g., piso de la
selva), y es preferible a los relevamientos por
encuentros visuales para este tipo de estudios
(ver "Relevamientos por Encuentros Visuales"
más arriba, para más discusiones entre las dife-
rencias entre ambas técnicas).
Debido a que las transectas están ubicadas
aleatoriamente, y dado que cada transecta cons-
tituye una muestra independiente, es posible
realizar inferencias estadísticas a partir de da-
tos así obtenidos, siempre que el número de
transectas sea suficientemente grande. Las in-
ferencia~ estadísticas pueden utilizarse tanto
para monitorear cambios en un área dada a lo
largo del tiempo o para evaluar diferencias fau-
nísticas entre áreas en un tiempo dado.
ORGANISMOS Y WITATS SELECCIONADOS
El muestreo por transectas ha sido empleado
efectivamente en selvas abiertas templadas pa-
ra determinar la distribución en parches de la
salamandra Plethodon cinereus en el piso de la
selva (Jaeger 19701, así como para determinar
las distribuciones de genotipos (i.e., relaciones
entre individuos) de esta especie en bosques (J.
Niegel y R.G. Jaeger, datos inéditos). Las tran-
sectas se han empleado también para hacer ma-
pas precisos de distribución y discontinuidades
de hábitat entre especies parapátricas (Jaeger
19701, y para seguir cambios en el número de
especies y densidades de salamandras con rela-
ción a la elevación de una ladera de montaña
(Hairston 1951) y a lo largo de gradientes desde
cursos de agua hasta tierras altas (Hairston
1949, 1980b). El muestreo por transectas tam-
bién puede utilizarse con especies de anuros que
muestran baja movilidad durante el periodo de
98 Capítulo 6
muestreo (Le., que no salen de la transecta por
alteraciones debidas al muestreo).
Para medir los cambios a través del tiempo en
un área de interés se deben establecer múltiples
transectas de manera aleatoria en el primer pe-
riodo de muestreo. En los periodos de muestreo
subsecuentes se establecerán transectas aleato-
riamente, con la previsión de que las anteriores
no serán remuestreadas. Dependiendo de la lon-
gitud de cada transecta, se puede muestrear
tanto toda la transecta (para las más cortas) co-
mo subsecciones seleccionadas aleatoriamente
(para las más largas). Para medir diferencias
entre dos o más áreas en un momento dado se
emplea el mismo procedimiento, excepto que
cada área es muestreada (con repetición) una
sola vez.
La configuración de múltiples transectas
depende de la pregunta que se formula. Si un
investigador desea muestrear continuamente -
a través de un gradiente de hábitat conocido
(e.g., hacia arriba de una montaña; desde un
arroyo al piso de la selva)- entonces dispondrá
transectas paralelas que sigan al gradiente, y
cada una deberá comenzar en un punto fjado
aleatoriamente a lo largo de una línea de
comienzo predeterminada (e.g., a una determi-
nada altura de la montaña, en el centro del
arroyo). No obstante, si el investigador desea
comparar diferencias en lugares específicos del
gradiente (e.g., dentro de determinados hábi-
tats o ecotonos), las transectas paralelas debe-
rán orientarse perpendicularmente al gradien-
te, y cada una comenzará en algún punto fijado
aleatoriamente.
Cualquiera sea la configuración de las tran-
sectas, ellas deberán ser muestreadas en se-
cuencias aleatorias para disminuir los efectos
de cambios temporales de corto plazo en las
áreas de muestreo. Por ejemplo, las condiciones
&áticas pueden cambiar en corto tiempo, y
eso puede influir sobre el número de especies de
anñbios o en la densidad de cada especie obser-
rada en diferentes transectas. Un diseño mi-
nuciosamente aleatorio permitirá estimaciones
razonablemente no sesgadas. Cada una de las
múltiples transectas deberá ser muestreada en
ni orden aleatorio secuencial. Dentro de una
transecta particular, al menos, el extremo don-
& comienza el muestreo deberá ser determina-
do aleatoriarnente. Si cada transecta es dividida
en subsecciones, aquellas a ser muestreadas de-
berán ser seleccionadas aleatoriamente y mues-
treadas según una secuencia aleatoria.
Es preferible muestrear múltiples transec-
tas en cada área, ya que a partir de transectas
únicas es difícil obtener las muestras replicadas
necesarias para las pruebas estadísticas. Una
transecta única y muy larga ciertamente brinda
el camino más fácil para muestrear en el campo,
pero se debe evitar este método siempre que sea
posible. No obstante, es probable que en ciertas
circunstancias, sea necesaria una sola transec-
ta, tal como cuando se muestrean especies en un
arroyo, o en el piso de un cañón muy estrecho.
La disposición aleatoria de las transectas es
importante para evitar muestreos tendenciosos
en un área. De este modo, se debe evitar ubicar
las transectas en áreas que "parecen buenos lu-
gares" para encontrar especies de interés. Los
procedimientos de muestreo no tendenciados es-
timarán los