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78 PALABRA — Julio-Agosto 2019 —TEXTO Pablo Blanco Sarto pblanco@unav.es Han pasado 485 años desde que Enrique VIII pretendió asegurarse la descendencia en la dinastía y rompió con Roma. Desde entonces han surgido numerosas iniciativas eclesia- les y evangelizadoras, que dan lugar en gran parte al panorama actual del cristianismo en todo el mundo. No solo el anglicanismo, sino también el presbiterianismo, el meto- dismo y el evangelicalismo. El mundo cris- tiano actual está marcado por estos orígenes anglosajones. Ver la situación actual en la isla donde se debate el Brexit puede ayudar a comprender también las perspectivas de futuro para todo el planeta. Desde un principio toda la historia de la Iglesia de Inglaterra ha pivotado entre sus orígenes católico-romanos, el anglica- nismo autóctono y una marcada influencia del calvinismo, dependiendo sobre todo del monarca reinante. El pasado, el presente y el futuro se entretejen al ofrecernos un pa- norama actual. Una historia oscilante Enrique VIII fue tan antiluterano como an- tirromano. En parte porque el clero inglés estaba cansado de la fiscalidad papal y por la excesiva acumulación de riquezas por las órdenes religiosas, poco a poco la nueva Igle- sia fue ganando adeptos. Dado el apoyo del clero y del pueblo, Enrique VIII llegó a nom- brarse jefe de la Iglesia de Inglaterra (1531). Haciendo caso omiso a las advertencias de Clemente VIII, el arzobispo de Canterbury anuló su primer matrimonio. Sin embargo, los comienzos no fueron del todo contrarios a las enseñanzas católicas. El que había sido nombrado Defensor de la fe redactó los Seis artículos en 1539, lejos de los principios pro- testantes. Recordaba la doctrina de la tran- sustanciación, mantenía la comunión bajo una especie, prohibía la ruptura del celibato y de los votos religiosos, y mantenía la con- fesión auricular y las misas por los difuntos. Protagonista de la actualidad por el bre- xit, el Reino Unido también lo es este año en el 485 aniversario de la ruptura del rey Enrique VIII con Roma. Buena parte de los cristianos del mundo pertenece a confe- siones relacionadas directa o indirecta- mente con aquel paso. El anglicanismo: pasado, presente y futuro Su sucesor Eduardo VI introdujo la influen- cia calvinista venida del continente. De he- cho, el primer arzobispo de Canterbury, Tho- mas Cramner, mantendrá relación epistolar con Calvino y Bucero. Es el momento de la minimización de la liturgia y de la supresión de las imágenes, así como de la redacción del Common Book of Prayer (1552). Se establecie- ron entonces como pilares fundamentales de la nueva Iglesia la Biblia, los dos sacramentos del bautismo y la cena, los símbolos de los primeros concilios y la estructura episcopal que tenía al rey como cabeza. Mitra y corona quedaban así unidos en la figura del rey. Las reformas vinieron desde la cúpula, mientras el pueblo se debatía entre seguir esta Iglesia oficial o mantenerse fieles a Roma en la clan- destinidad, incluso bajo la pena de muerte. Con María Tudor tuvo lugar la restauración y el retorno del catolicismo, con el reconoci- miento del Papa como cabeza de la Iglesia en Inglaterra. También se dio la represión de los protestantes, que le hizo merecedora a la reina de la hostilidad del pueblo y del sobre- nombre de Bloody Mary. Condenada ella mis- ma a la pena de muerte, fue una época fugaz que sobre todo proporcionó una justificación para perseguir a los católicos, no permitidos hasta dos siglos después. Con el reinado de Isabel I, a caballo entre el siglo XVI y XVII, tuvo lugar la constitución formal de la Iglesia anglicana y la consoli- dación de la Iglesia nacional. Tomaron pá- bulo la difusión de ideas protestantes, con- cretadas en la Ley de uniformidad del culto de 1559, que prohibía cualquier forma cele- brativa distinta de la anglicana, y los 39 artí- culos de religión, de 1563. Y la reina quedará siempre como supreme Governor, también de la Iglesia. Aparecerá un nuevo Common Book of Prayer (1563), enmendando errores anteriores, como el cambio de fórmula de la ordenación. La excomunión en 1570 por parte de Pío V dio lugar a una nueva incompren- sión y persecución contra los católicos. En el siglo XVII, con el calvinista Oliver Cronwell a la cabeza, aconteció una nueva persecución RAZONES REINO UNIDO Julio-Agosto 2019 — PALABRA 79 no solo contra los mismos anglicanos sino también contra los católicos. Hasta 1829 es- tos no obtendrán carta de ciudadanía en los dominios británicos. Una teología propia La versión formulada por la Reforma inglesa presenta sus características propias. En primer lugar, el realismo y el empiris- mo, propios del temperamento británico. El sentido práctico y conciliador les lleva a mantener el culto y la jerarquía propiamente católicos, a la vez que el protestantismo mo- derado. Una de las realidades irrenunciables será una Iglesia de carácter nacional, unida a la administración política. Todavía mantiene la disposición de que tanto el rey, su herede- ro y el lord canciller deben ser anglicanos. Por otra parte, conservan aparentemente la estructura episcopal, pese a las vicisitudes históricas y sacramentales del episcopado en esta confesión. Aparentemente mantiene elementos visi- bles de la sucesión apostólica, así como la evidente falta de comunión con el Papa y la mayoría de los obispos legítimos. Presenta igualmente los tres grados del ministerio, y en sus ordenaciones siempre está presen- te un obispo veterocatólico para pretender darle mayor legitimidad. Algunos patriar- cados ortodoxos la consideraron válida en algún momento, pero la admisión de mujeres al sacramento del orden ha aumentado las distancias. En segundo lugar, tenemos un calvinismo moderado, en una reforma que en realidad es más política que teológica. Por ejemplo, muy pocos se plantean seriamente el problema de la predestinación. Tienen como norma de fe la Escritura, los Padres y los primeros conci- lios, por lo que la doctrina luterana de la Sola Escritura queda ampliamente matizada, si bien resultan inevitables las oscilaciones en una y otra dirección. Nos encontramos así ante una unidad entre religión y vida social, a pesar de presentarse siempre como una via media entre Roma, Wittenberg y Ginebra. En definitiva, lo que podríamos llamar los ele- mentos de unidad en un principio serían la Biblia, el Libro de la oración común, el episco- pado y la corona, en mayor o menor medida. A partir del siglo XVIII el anglicanismo pasó de un ámbito nacional a uno supranacional. Son los momentos de la expansión por todas las colonias del imperio británico. Desarro- llaron entonces una intensa labor misione- ra. En América es creada la Sociedad para la propagación del evangelio en 1701. En estas tierras se dividirá todavía más la tendencia entre los episcopalianos, partidarios de la su- cesión histórica del episcopado, y los presbi- terianos de origen calvinista, en cuyas comu- nidades gobiernan los elders o presbíteros y renuncian a toda autoridad episcopal. En esa época empiezan también los movimientos renovadores, que darán lugar a realidades conocidas como los baptistas, los cuáqueros (que destacan el aspecto individual y subjeti- vo de la fe) y el metodismo, que promueven el sentido de pertenencia a una determinada comunidad. El evangelicalismo propuso la Biblia, Cristo y la cruz como el centro y la única instancia de la vida cristiana. Mien- tras tanto, como veremos, el Movimiento de Oxford reivindicaba a la Iglesia antigua. Pero todo esto merece verlo un poco más despacio. Presbiterianos, metodistas, evangélicos No podemos olvidar que la gran difusión del calvinismo no se dio en el ámbito francófono (en el que nació), sino sobre todo en el anglo- sajón. Los teólogos de Cambridge leyeronlos escritos de Lutero en la Taberna del Caballo Blanco, y pronto Bucero –el reformador de Estrasburgo- recaló en esta famosa univer- sidad. Thomas Cramner recogió toda esta influencia en el Libro de la oración común. Aquí se encuentra el origen del cambio de Catedral anglicana de San Pablo, en Londres. PASA A PÁGINA 80 à 80 PALABRA — Julio-Agosto 2019 establecidas y diócesis misioneras en las an- tiguas colonias inglesas. Las divisiones cul- turales y teológicas entre estas distintas cir- cunscripciones son de sobra conocidas, hasta el punto de que se ha habla con frecuencia de un posible cisma o de una alianza con los metodistas. No supondría una novedad pues, en 1992, los anglicanos se unieron con los lu- teranos nórdicos y bálticos en la Conferencia de Porvoo. A una inicial Iglesia de Inglaterra ha segui- do después una Comunión anglicana, fruto de la Commonwealth y la globalización. Aho- ra mismo hay muchos más anglicanos fuera de las islas británicas que en ellas, como re- sulta lógico. El anglicanismo se ha convertido en un fenómeno mundial con 85 millones de fieles en todo el mundo. La variedad interna dentro de él ha sido una constante en su his- toria, de modo que se debate entre una High Church partidaria de la via media entre Roma Local de una comunidad evangélica en Escocia. REPORTAJE mundo. Según un estudio de Pew Forum, la cifra en 2011 era de 285 millones, el 13,1 % de la población total de cristianos y el 4,1 % de la población mundial. La Iglesia anglicana hoy A finales del siglo XIX fue fundada la Comu- nión anglicana como una “fraternidad de Iglesias descentralizadas”, una familia de comunidades eclesiales en todo el mundo. El único vínculo sería el reconocimiento del arzobispo de Canterbury como primus inter pares y la asistencia periódica a la Conferen- cia de Lambeth como un sínodo máximo con carácter consultivo, sin competencias por tanto doctrinales o disciplinares. La actual Comunión anglicana está com- puesta por la Iglesia de Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda; la Iglesia de Canadá, Aus- tralia y Nueva Zelanda; la Iglesia protestan- te-episcopal de Estados Unidos y las Iglesias fórmula de ordenación, que dio lugar a la pérdida de la sucesión apostólica, de la ple- nitud del sacerdocio ministerial y con ello de la mayoría de los sacramentos. Los pres- biterianos de origen reformado-calvinista (llamados después también puritanos) se oponían a los anglicanos, que defendían la sucesión histórica del episcopado (y por eso llamados episcopalianos, sobre todo en Es- tados Unidos). La emigración de los Padres peregrinos a tierras americanas llevará a la gran difusión del calvinismo. En tierras británicas nació también el me- todismo en el siglo XVIII con la figura de Jo- hn Wesley. Como escisión de la Iglesia angli- cana, el predicador mantuvo contacto con el pietismo de origen luterano durante una estancia en Estados Unidos, donde realmen- te triunfó esta corriente. Recibió este nombre irónico en Oxford, referido al método de sus prácticas de piedad, a su apostolado y a las obras de caridad. Los primeros metodistas reaccionaron contra lo que ellos percibían como apatía de la Iglesia de Inglaterra, em- pezaron a predicar al aire libre y a establecer sociedades metodistas. Sobresalieron por sus entusiastas sermones y fueron acusados a menudo de fanatismo. Su teología es clara- mente arminiana, con un énfasis en el hecho de que la salvación es para todo aquel que la acepte. Su liturgia es muy sencilla y se clasifi- ca, según la tradición anglicana, como propia de la Iglesia baja. Se encuentra así colindante con la segunda alma del anglicanismo. La Confederación metodista mundial cuenta con 40 millones de fieles en todo el mundo. Pero la gran explosión tuvo lugar con el evangelicalismo. Este movimiento experi- mentó un gran impulso en el siglo XVIII con el primer Gran Despertar (awakening) en el Reino Unido, y un segundo en el siglo XIX en Estados Unidos. Los orígenes del movi- miento evangélico nos remiten hasta el me- todismo inglés, los husitas de Moravia, el pietismo luterano y sobre todo la Reforma del anabaptismo del siglo XVI, que no reco- nocía el bautismo de niños. Los principales movimientos evangélicos son Iglesias bap- tistas, pentecostales y carismáticas de cuño protestante. El evangelicalismo está también presente de manera más amplia en otras ramas protestantes. Algunas denominacio- nes cristianas evangélicas se agrupan en la Alianza evangélica mundial, que reunía en 2016 a 600 millones de cristianos en todo el à VIENE DE PÁGINA 79 RAZONES Julio-Agosto 2019 — PALABRA 81 Estatua de John Wesley (1703-1791). y Ginebra, y una Low Church con una inevita- ble tendencia al protestantismo. Incluso se habla de una Broad Church, creada en épo- ca de la Ilustración. Los debates internos en torno al sacerdocio de la mujer y el lugar de los homosexuales activos en la estructura eclesial (incluyendo la bendición de las pa- rejas de este signo) constituyen una de sus actuales señas de identidad. Desde la negativa por parte de León XIII a reconocer la sucesión apostólica en los an- glicanos (1896), su misma realidad interna ha confirmado este veredicto. El ministerio eclesial de los anglicanos no sería idéntico al sacerdocio presente en las Iglesias católica y ortodoxas. Lo que supuso en un principio un enfriamiento de las esperanzas ecuménicas supone ahora un hecho incontrovertible. Los diálogos bilaterales entre anglicanos y católico-romanos (ARCIC I, II y III) han es- tado abordando estos temas desde el punto de vista teológico, especialmente en lo que se refiere a los sacramentos, el ministerio y la eclesiología. El documento María, gracia y esperanza de los cristianos (2004), relacio- nado también con el sacerdocio de la mujer, supuso el inicio de una nueva época en las conversaciones, si bien no es reconocido por todos los anglicanos. En la actualidad, los es- tudios van por la línea metodológica, sobre todo sobre la interpretación de la Escritura. La Iglesia anglicana siempre se ha movido dentro de la comprehensiveness, con un es- píritu que algunos consideran ecléctico. Al- berga en sí tanto un liturgismo que recuerda a tiempos pasados, como un espíritu evan- gélico donde predominan los testimonios y la música con alto voltaje emocional. Pode- mos ver un cierto tradicionalismo que con- vive con un espíritu liberal donde incluso no siempre aparece clara y explícita la divinidad del mismo Jesucristo. La secularización ha llegado también a estas comunidades, que en la actualidad se nutren sobre todo de inmigrantes. Todo esto está cambiando el rostro de estas comunida- des, incluso con obispos venidos de todo el mundo. Además, queda todavía pendiente todo el debate interno sobre el papel del Es- tado en la estructura eclesial (por ejemplo, de la figura del monarca). La unidad entre Igle- sia y Estado ha sido la fortaleza de la Iglesia anglicana, pero ahora se convierte en parte en su debilidad. Toda esta amalgama nos hace pensar en un panorama variopinto y en continua evo- lución. El número de cristianos en el Reino Unido alcanza los 41 millones, el 72 % de la población total. De ellos tan solo 12 son cató- licos, en una Iglesia compuesta todavía por inmigrantes en su mayor parte. Sin embargo, el renacimiento de la cultura católica (con figuras como Newman, Knox, Chesterton o Tolkien) ha proporcionado un nuevo rostro a la Iglesia católica en el Reino Unido. La inicial situación de inferioridad institucional resulta evidente, pero presenta ahora un futuro y una esperanza, al encon- trarse católicos entre todas las clases socia- les. Los procedentes del anglicanismo no son infrecuentes, tanto de los Ordinariatos personales (todavía con escasez de laicos) co- mo de incorporacionespersonales a la plena comunión con la Iglesia de Roma. No consti- tuyen grandes números pero sí un continuo flujo que a veces supone parroquias enteras. La creación de los Ordinariatos para angli- canos en 2009 por parte de Benedicto XVI creó malestar entre los anglicanos. Roma tan solo abrió sus puertas cuando hubo un gru- po de anglicanos que no se reconocían en su propia Iglesia. La misma Iglesia de Inglaterra creó obispos ambulantes para aquellos fieles que no compartían esta nueva eclesiología. Las aproximaciones por ambas partes pa- recen inevitables en un panorama eclesial y social algo confuso. Según las estadísticas, la asistencia dominical es más alta en la Iglesia católica que en la anglicana, si bien en ambos casos apenas supera el millón (el número de anglicanos es de 26 millones). En 2017 entra- ron 27 nuevos seminaristas católicos en todo el país. La canonización quizá pronto en Ro- ma del muy inglés John Henry Newman, ve- nerado tanto por anglicanos como por católi- cos, podría propiciar un nuevo acercamiento entre ambas confesiones y un renacimiento de la Iglesia en el Reino Unido. n pal680-681_jul-ag19 (1) 78.pdf pal680-681_jul-ag19 (1) 79.pdf pal680-681_jul-ag19 (1) 80.pdf pal680-681_jul-ag19 (1) 81.pdf