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Disfruta la lectura. 3 Proyecto compartido por los foros Traducción Flochi Flor Kiki LizC Myr62 OnlyNess Corrección Flochi LizC Lelu Sand Revisión y lectura final Lalyta Diseño Catt 4 Para Ruth. 5 CRÉDITOS ____________________ 3 DEDICATORIA _________________ 4 SINOPSIS _____________________ 6 1 _____________________________ 7 2 ____________________________ 17 3 ____________________________ 24 4 ____________________________ 33 5 ____________________________ 40 6 ____________________________ 46 7 ____________________________ 51 8 ____________________________ 57 9 ____________________________ 63 10 ___________________________ 70 11 __________________________ 80 12 ___________________________ 86 13 ___________________________ 92 14 ___________________________ 98 15 __________________________ 106 16 ___________________________ 114 17 __________________________ 125 18 ___________________________ 131 19 ___________________________ 141 20 _________________________ 148 21 __________________________ 156 22 __________________________ 165 23 ___________________________ 171 24 __________________________ 179 25 __________________________ 188 26 _________________________ 199 27 __________________________ 205 28 _________________________ 212 29 _________________________ 215 30 _________________________ 222 31 __________________________ 229 32 __________________________ 236 33 __________________________ 244 34 __________________________ 251 WRATH _____________________ 258 SOBRE LA AUTORA __________ 259 6 Hay tres reglas para ser la mejor amiga de una princesa de la mafia: Durante tres años, seguí las reglas. Vicky y yo nos reuníamos una vez a la semana en la cafetería donde yo trabajaba. Yo era su parte de normalidad, ella era la única persona en la que podía confiar. Puede que fuera poco convencional, pero nos funcionaba. Una noche, se desató el infierno y me vi envuelta en una batalla sangrienta en la que casi perdimos la vida. Acabé cara a cara con los peligrosos hermanos mayores de Vicky. Anthony, William y Nicholas Civella, los hombres hechos de la mafia de Kansas City. Después de luchar por mi vida y demostrar que soy digna, me introdujeron en su mundo mortal. Era glamuroso pero retorcido. La tortura, la muerte y el crimen me seguían a todas partes, cincelando partes de mí hasta que ya no era la misma. Lo más probable es que me arruinen. Esto entre nosotros tiene consecuencias mortales. Malice Mafia #1 7 La noche en la que asesiné a un hombre, hacía un calor abrasador. Se sentía como si el infierno estuviera burbujeando y ahogando las sucias calles de Kansas City con fuego. El aire acondicionado en Dick's Diner estaba descompuesto, por lo que olía a olor corporal y desayuno. Mi jefe era un bastardo tacaño al que no le importaba si estábamos sudando. Teníamos todas las ventanas del lugar abiertas y rogábamos por una brisa de medianoche. —¡Este café sabe a mierda, Juliet! —me gritó Rick, uno de nuestros clientes habituales, cuando pasé. Mi molestia estalló en un fuerte bufido. —Pides el mismo café de mierda todas las noches, Rick. Si lo odias tanto, deja de pedirlo —le espeté. Estos clientes no venían aquí por el servicio o la comida de mierda. Venían aquí porque no tenían otro lugar a dónde ir. Éramos una cafetería en el corazón de quienes vivían, respiraban y morían en esta ciudad. Éramos el paraíso de los pobres con reservados de vinilo rayados y comida quemada. Rick tomó un sorbo de dicho café de mierda y puso los ojos en blanco en mi dirección. Mi columna vertebral estaba empapada de sudor, haciendo que mi uniforme de trabajo se aferrara a mí. Casi no me presenté a mi turno, pero los medicamentos de la abuela necesitaban ser repuestos y no eran baratos. Sin duda, Sinemet era una droga asquerosamente cara y los efectos secundarios eran una perra: náuseas, mareos, confusión y alucinaciones, por nombrar algunos. A menudo, me hacía preguntarme si el tratamiento para el Parkinson era peor que la enfermedad en sí. —Es un infierno aquí —se quejó otro cliente mientras se abanicaba. Hice una mueca. Un aire acondicionado roto significaba clientes enojados y clientes enojados significaba que no había propinas. Sin propinas, mi viaje a nuestra farmacia local esta semana estaría plagado de lágrimas, ansiedad y suplicas. Un piso de baldosas pegajosas sostuvo la suela de mis tenis negros manchados mientras agarraba la jarra llena de café. Mi corta falda negra se subía y la parte superior de mi camiseta estaba manchada con salsa de tomate. Todos los músculos de mi cuerpo dolían por estar de pie todo 8 el día. Era bastante atlética y con curvas, pero al final de mi turno, estaba lista para irme a descansar. El sudor salado seguía goteando en mis ojos marrones y mi largo cabello castaño estaba empapado. Necesitaba una ducha y unas vacaciones. Un tipo fuerte y estoico se sentó apretujado en el reservado del medio. Su cuerpo musculoso era casi demasiado grande para el asiento. El vinilo rojo en el que estaba sentado estaba descolorido y rasgado, una sorprendente contradicción con su impecable traje Armani. Tenía un gran tatuaje de calavera en el cuello y venas abultadas que palpitaban. Su rígida columna vertebral era como el acero. Esta noche parecía frustrado. Resoplidos rebeldes de molestia escapaban de sus labios cada tres minutos, haciendo que todos al alcance del oído se dieran cuenta de lo enojado que estaba. Sus brazos estaban cruzados sobre su pecho y su rostro duro estaba ensombrecido, a pesar de que eran las once de la noche. Usaba esas gafas de sol Gucci como una máscara. —Seguro que estás resoplando muchísimo esta noche —observé, sabiendo muy bien que no respondería. Nunca respondía—. ¿Es el aire acondicionado? Sabes, podrías quitarte la chaqueta del traje que llevas. Hace mucho calor aquí, y esa capa adicional probablemente lo empeora. Me desnudaría, pero no es ese tipo de lugar. Sin embargo, probablemente obtendría mejores propinas de esa manera. Gruñó y se movió en su asiento. —O no —agregué rápidamente. Observó mientras le servía una taza—. ¿Cómo estuvo tu día? —pregunté juguetonamente. Ninguna respuesta. Hice una pausa, fingiendo que en realidad estaba hablando y no solo deseando en silencio que lo dejara en paz—. ¿No me lo dices? — Era como un muro silencioso. Nada lo provocaba diversión. Nada parecía intrigarlo—. Lo juro, Extraño. Parece que estás hablador esta noche. El hombre tenía el cabello castaño claro y espeso, una mandíbula afilada como una cuchilla y un corte al que se le había formado una costra justo encima de la frente. Parecía un poco mayor que yo, pero cargaba con este increíble peso de experiencia que lo hacía parecer atemporal. Era guapo, de una manera tortuosa. Peligroso y observador, se sentaba en el mismo lugar en el mismo reservado todos los jueves por la noche. A pesar de la aterradora familiaridad, no sabía su nombre. No sabía quién era. Solo sabía que tenía un trabajo que hacer. Su nariz se ensanchó con molestia. No estaba aquí por la comida mediocre o para respirar el aire estadounidense y mancharse la camisa con salpicaduras de grasa, estaba aquí para proteger a mi mejor amiga, Vicky. Rara vez le hablaba, pero esta noche me sentía valiente. 9 —Disfruta tu café —expresé con una sonrisa brillante. Se lamió los labios y se inclinósexualmente alrededor de cadáveres. El hecho de que a Anthony tuvieran que decirle esto era jodidamente aterrador. Sí. Bueno. Era ropa de prostituta muerta. 40 De pie fuera de nuestra pequeña casa, pasé mucho tiempo viendo pasar el mundo. Mis pies descalzos se aferraron al duro cemento mientras miraba la ventana de la sala de estar donde la abuela me había dejado la luz encendida. Era tarde en la noche, la luna colgaba en lo alto, acunada por un manto de nubes y estrellas. Habría sido una noche agradable, y podría haber disfrutado del momento de serenidad, si las últimas veinticuatro horas no hubieran sido tan traumáticas. Olía a muerte, el hedor impregnaba mi piel y la ropa que usaba. Se aferraba a mi cabello, que era una cortina enredada sobre mi ojo derecho. Estaba empapada de pruebas que podrían encerrarme por el resto de mi vida. Deshacerme de mi víctima sin nombre fue mucho más fácil de lo que imaginaba. Años de investigar el crimen verdadero me condicionaron a creer que el asesinato era algo complejo que era sombrío y aterrador, pero cuando tenías la red que tenía la mafia de Kansas City, era fácil. Simplemente mostraban un fajo de efectivo y el mundo entero se inclinaba a sus caprichos. La parte más difícil fue envolver su cuerpo salpicando en la lona y subirlo a un carro. Usamos una pala para recoger partes de su cerebro y cráneo. Si mi estómago no estuviera completamente vacío, habría vomitado por todas partes. Mi única gracia salvadora fue que no había comido nada desde el almuerzo de ayer. Manejamos hasta la funeraria, metimos el cuerpo en el horno, cerramos la puerta y nos marchamos. Durante todo el viaje, Anthony mantuvo su caótica mente para sí mismo, murmurando en voz baja de vez en cuando. Podía sentir que algo estaba en su mente, pero cuando no estaba coordinando con la funeraria, me miraba con una mirada inquisitiva, como si yo fuera un problema complejo que quería resolver. La facilidad con la que se condujo hizo que todo se sintiera tan normal. Estaba conmocionada y calmada al mismo tiempo. Me dio nauseas. La abuela sabría que algo andaba mal en el momento en que entrara por esas puertas. Sinceramente, no sabía qué decir. Probablemente estaba muy preocupada y no estaba segura de qué hacer. Me habían quitado el teléfono, así que no era como si pudiera llamarla para hacerle saber que estaba bien. Sin mencionar que Malice había 41 estado en mi casa. Estuvo en mi espacio, cerca de mi abuela. Ella probablemente estaba loca de miedo. Necesitaba afrontar las consecuencias. Cada segundo que prolongaba lo inevitable era una tortura. Subí los escalones, notando las rosas lavanda que había plantado hace unos años. Sabía exactamente dónde pisar el porche delantero en ruinas para no romper la madera podrida. La puerta de entrada estaba raspada, mostrando las muchas capas de pintura que se habían untado. En algunas casas simplemente residías, pero nosotras vivíamos en la nuestra. Audazmente, usamos cada centímetro cuadrado que este lugar tenía para ofrecer. Abrí la puerta y entré, mis ojos inmediatamente escanearon la habitación en busca de mi abuela. Necesitaba cambiarme y restregarme la piel en carne viva, pero tendría que esperar. A la derecha de la entrada estaba nuestra pequeña sala de estar, y en el viejo sillón reclinable de cuero que teníamos, la abuela estaba sentada. —Ahí estás —exclamó mientras se tocaba el pecho—. ¿Dónde has estado? Por qué… —La abuela hizo una pausa mientras se levantaba lentamente. Su mano temblaba a su lado y cerró los ojos con fuerza, como si se sintiera frustrada con sus palabras por no salir de su boca—. ¿Por qué llevas eso? Me acerqué a ella y le di un enorme abrazo. En el segundo que estuve en sus brazos, un suspiro de alivio escapó de mis labios. La abuela era mi espacio seguro, mi hogar. Al reunirme con ella después de una noche tan trágica, me sentí tan aliviada que lloré lágrimas de alivio. —Estoy bien —susurré. Me aparté, evaluando cada centímetro de su apariencia. Su cabello corto, castaño y rizado con mechones grises. Sus amables, pero preocupados, ojos castaños. Las profundas arrugas de su rostro. Llevaba una camiseta sin mangas con un patrón de fresa rojo brillante y pantalones holgados. Estaba descalza, siempre estaba descalza, pero los dedos de los pies estaban pintados de un tono rojo brillante—. Tuve que pedir prestada la ropa de una amiga hoy. ¿Estás bien? —Estoy bien ahora que estás en casa. Lamento que tu teléfono se rompiera. Tengo algo de dinero ahorrado en el tarro de galletas para comprar uno nuevo. No me gustó no poder ser capaz de contactarte en todo el día. Nicholas me dio su número, pero parecía muy ocupado. Negué con la cabeza en confusión. —¿Mi teléfono? La abuela arqueó la ceja. 42 —Nicholas me contó cómo se rompió cuando vino a buscar tu uniforme de trabajo. Qué caballero. Dijo que terminaste trabajando durante la noche y te quedaste con tu amiga, Vicky. Fue tan dulce cuando pasó… —susurró—. Fue muy educado… pero inquietante. Es un chico extraño, ¿no? Nicholas. Tomé sus manos y la guie hasta el sofá de segunda mano. —¿Te preguntó algo? —pregunté. La ira ardía en mi pecho. ¿Cómo se atreve a venir aquí? ¿Cómo se atreve a invadir mi espacio y engañar a mi abuela así? Estaba tan furiosa con él por aparecer aquí que apenas podía pensar con claridad. —En realidad, no. Solo dijo que estaba emocionado de finalmente conocerme. Estaba tan avergonzada de ni siquiera saber el nombre de tu amigo. Estás —resopló y se sentó, haciendo una pausa por un momento para calmarse—. ¿Estás avergonzada de mí, cariño? ¿Es por eso por lo que no he conocido a tu amiga? —Por supuesto que no, abuela —le respondí de inmediato, aunque ella no parecía convencida. Miré alrededor de nuestra pequeña casa, tratando de ver lo que vio Nicholas. Nuestra casa era pequeña y estaba deteriorada. Conseguimos todo lo que necesitábamos de segunda o, a veces, de tercera mano. No era extravagante. Tenía algunas cosas que quería arreglar, pero vivíamos bien. El seguro de vida del abuelo pagó la hipoteca, por lo que solo teníamos que pagar los impuestos—. Vicky es muy reservada. Prefiere que vayamos a su casa. Asintió nerviosamente hacia la mesa de café rayada antes de hablar de nuevo. —¡Oh! Te dejó algo. —dijo la abuela, luego asintió hacia una caja escueta con un lazo envuelto alrededor de ella encima de nuestra mesa. La abuela sonrió—. Creo que está enamorado de ti. Estuvo muy emocionado de ver las fotos de ti de bebé. ¡Le entregué el álbum completo! —bromeó. Tragué mientras me ponía de pie. Confiaba mi vida a mi abuela. Podría contarle lo que había hecho hoy y no cambiaría la forma en que me miraba. Me amaba con tanta fuerza que probablemente me habría ayudado a enterrar el cuerpo. Pero… Pero me negué a incriminar a la única familia que tenía. El Parkinson fue provocado por el estrés. El conocimiento de lo que había hecho hoy causaría estragos en su cuerpo, y no podía permitirlo. 43 La caja comenzó a vibrar en la mesa de café y lentamente fui a recogerla. La abuela observó en silencio mientras yo abría la caja y miraba el teléfono nuevo esperándome. —¡Oh! ¿Te consiguió un teléfono nuevo? —preguntó—. Definitivamente le gustas. Iré a buscar papel para que puedas escribirle una nota de agradecimiento adecuada. Qué amable. El nombre en el identificador de llamadas decía Malice. Debatí responder, pero mi sentido de auto conservación ganó al final. —Hola —saludó Malice. Dejé escapar un suspiro tembloroso y miré a la abuela. Su expresión de preocupación me envalentonó un poco. —Hola, Nick. —Solo las personas que me agradan pueden llamarme Nick. Mis socios comerciales me llaman jefe. ¿Y mis juguetes? —Hizo una pausa para lograr un efecto dramático—. Mis juguetes me llaman Malice. — Tragué y permanecí en silencio. No sabía qué más quería de mí. Consideraba que Malice era unnombre adecuado para él. La malicia era el deseo de causar dolor, daño o angustia a otro. Hoy dejó perfectamente claro que ese era su objetivo principal. —¿Cómo estuvo tu tarde con Anthony? —preguntó tranquilamente. —Hicimos lo que pediste —respondí bruscamente. Si quería una actualización sobre el trabajo, ¿no podría habérselo pedido a su hermano? —Eso no es lo que te pregunté. ¿Disfrutaste tu tiempo con él? — preguntó Nicholas, Malice. La abuela deambulaba por su dormitorio, buscando papel para el hombre que me obligó a matar a alguien. Caminé hasta mi habitación y cerré la puerta en silencio. —¿Sigues ahí? —preguntó Malice. —Tuve que ir a mi habitación. No quería que la abuela escuchara —respondí en voz baja—. Quiero mantenerla fuera de esto tanto como sea posible. —Es una debilidad tan predecible —respondió Malice—. No solo mostraste tus cartas el primer momento que nos conocimos, sino que la hiciste increíblemente accesible. Entré directamente a tu casa y aprendí todo lo que necesitaba saber sobre ti en cuestión de minutos. Fue casi refrescante lo abierta que fue. 44 Hubo algo escalofriante en la forma en que me amenazó sin amenazarme realmente. Malice quería que supiera que él estuvo en mi espacio, cerca de mi abuela, y que era capaz de hacernos daño a las dos. —¿Cuál es el punto de todo esto? —pregunté. —No te debo una explicación. Creo que primero te hice una pregunta, Juliet. Puse los ojos en blanco. Estar fuera de la sala de tortura me dio una falsa sensación de valentía. —Mi tarde con él estuvo bien. Es un poco peculiar, pero me recuerda mucho a Vicky —admití—. Hablando de Vicky, ¿está bien? — Solo podía preocuparme de una cosa a la vez. Pasé mi día en modo de supervivencia, pero ahora, finalmente tenía la capacidad mental para cuestionar si mi mejor amiga estaba en peligro o no. En definitiva, tuve la fuerte impresión de que los hermanos de Vicky estaban profundamente preocupados por ella. Sin embargo, no podía juntar las piezas que los tenía preocupados. Esta mujer Cora los tenía vueltos locos. Quería saber por qué. —Ella está bien. Anthony y Vicky siempre han sido cercanos. Son más como amigos que como hermanos. Él no siente la cantidad de responsabilidad que William y yo sentimos por proteger a nuestra hermanita, así que no está agobiado por lo que hay que hacer para mantenerla a salvo. Me preocupaba que Anthony criticara mi decisión de enviar a Vicky a nuestra familia en Italia. Pero parece que distrajiste bastante a mi hermano. —¿Por qué me estás diciendo esto? —pregunté—. ¿Qué quieres de mí? —Aún no he decidido lo que quiero de ti. Al principio, quería matarte por ser una rata. Luego, quería castigar a William por mantenerte en secreto. Me gusta conocer a todos los involucrados en el negocio de mi familia. Fue una bofetada saber que has estado husmeando durante los últimos tres años justo debajo de mis narices. —Su voz goteaba veneno, y me imaginé su rostro cruel retorcido de ira. Continuó mientras yo usaba mi mano libre para apretar mi pecho—. Hoy, vi lo útil que puedes ser. Es obvio que William te quiere y me gusta tener influencia. Quieres cuidar de tu abuela y puedo ayudarte con eso. Estás en serios problemas. Si quisiera chantajearte, podría simplemente usar el asesinato que cometiste hoy, pero no creo que golpee tan fuerte como me gustaría. Me ayudarías por obligación, pero no porque quieras. Me gusta que mis juguetes estén motivados. Voy a brindarle a tu abuela la mejor atención que el dinero pueda comprar y, a cambio, serás lo que yo necesite que seas. 45 Me senté en mi colchón lleno de bultos, luego dejé que el entumecimiento desapareciera y se convirtiera en desamparo. —¿Qué es exactamente lo que necesitas de mí? —pregunté, sorprendida de que una vez más estuviera considerando un ultimátum de Nicholas, o Malice como él quería que lo llamara. —Necesito muchas cosas. Un día, podría llamarte y decirte que necesito que quemes un edificio. Al siguiente, podría necesitarte en un vestido de noche y en mi brazo en un evento. Podría necesitar que mantengas a Vicky obediente. Podría necesitar que lastimes a mi hermano. A veces, sabrás por qué estás en algún lugar. A veces no. Serás mi pequeña mascota, apareciendo cuando y como lo necesite. Tragué saliva. No quería estar bajo el control de Nicholas. No confiaba en él, y cuanto más me atrajera hacia su red, más difícil sería escapar con vida. Pero ya estaba atrapada. Hoy maté a un hombre. Me deshice de su cuerpo. Había hecho algo increíblemente horrible, algo que se me quedaría grabado hasta que diera mi último aliento. —¿Y si no lo hago? Entonces dejó escapar un suspiro y pude escucharlo reclinarse en su silla mientras consideraba todas las formas en que podría arruinarme si no cooperaba. —Juliet, por favor, no me hagas insultar tu inteligencia diciendo que no tienes otra opción. Si vas en mi contra, terminarás en la cárcel por asesinato. Si cooperas, todos los problemas que hayas tenido desaparecerán. —Él estaba mintiendo. Nicholas Civella se convertiría en mi problema. Me crearía una tormenta de problemas—. Puse la información de la cita con el doctor de tu abuela en tu teléfono. Ve a verlo mañana. Ve lo que tiene para ofrecer. Creo que te gustará. Después, quiero que vengas a la dirección que te acabo de enviar. Sólo viste el calabozo de la muerte de Anthony, pero puede que te guste la mansión. —Mi teléfono sonó y me estremecí—. Tengo un trabajo para ti. Sabía que me tenía en sus garras. Tragué mi ansiedad y traté de permanecer en calma. Pero mi garganta se había cerrado. Mi ansiedad era tan fuerte que no podía forzar mis palabras más allá de mis dientes. Todo lo que había sucedido finalmente alcanzó ese dulce crescendo de terror, y no pude hacer nada para detenerlo. —Nos vemos mañana, Juliet —susurró antes de colgar el teléfono. 46 La abuela y yo disfrutamos yendo juntas al Parque Penn Valley. Un pequeño parque con una gran vista del centro de la ciudad, era un lugar especial para nosotras dos. Solíamos dar vueltas aquí todo el tiempo cuando era niña. Penn Valley tenía un pequeño estanque y una superpoblación de patos agresivos. La abuela y yo guardaríamos nuestro pan duro y los alimentaríamos en su banco favorito. Era un caluroso día de verano. Mis ojos picaban por el polen en el aire, y giré mis hombros, deleitándome con el calor del sol golpeando mi piel desnuda. La abuela llevaba un par de jeans y su camiseta favorita, con una imagen que decía “Mi nieta piensa que soy genial”. Me tomó del brazo mientras íbamos por el sendero, el aire caliente envolviéndose a nuestro alrededor. El doctor con el que nos habíamos reunido hoy dijo que el ejercicio regular puede ayudar a ralentizar el Parkinson que destruye su sistema nervioso. Recomendó conseguir una bicicleta estática porque el movimiento puede ayudar a aliviar las complicaciones motoras que estaba experimentando. Hice una nota mental para comprobar el Centro de Beneficencia local para ver si tenían una a la venta. Comprar una nueva ahora mismo no era una opción. —¿Es realmente necesario? —preguntó la abuela mientras miraba nuestros brazos enlazados. No quería que se cayera sobre el cemento duro. —¿Qué? ¿Apesto o algo así? —bromeé, sabiendo que era una mujer fuerte e independiente, y sentirse frágil era un tiro a su ego sensible. No podía evitarlo. La abuela era todo lo que tenía y yo era el equivalente a una mamá controladora en lo que a ella concernía. —Creo que es un poco exagerado. Soy más que capaz de caminar por este sendero. Cuando eras una niña pequeña, solía llevar tu trasero al auto cuando estabas demasiado cansada para caminar, ¿sabes? Probablemente podría correr en círculos a tu alrededor. —Usó su mano libre para agitar su mano con frustración. No se equivocaba, en el pasado, la abuela corría en círculos a mi alrededor. Estaba en forma y sana. Recuerdo casi reírme deldoctor cuando nos dieron el diagnóstico. Parecía imposible que a una mujer tan fuerte le sucediera esto. No era justo—. También puedo golpear tu trasero por ser una mocosa —agregó. 47 La abuela se echó a reír de su propia broma, pero puse los ojos en blanco. Estaba teniendo un buen día y era un placer verla de buen humor. La consulta médica fue como exigió Malice. Tuve que mentir a cada paso del camino. Expliqué que la abuela calificó para un estudio de caridad que solicité. Fue difícil encontrar una explicación en el acto, pero le dije que se abrió un espacio de último minuto y que era una oportunidad demasiado buena para dejarla pasar. Quería más detalles, pero se quedó aturdida y en silencio cuando llegamos a la lujosa oficina. No tuvimos que sentarnos junto a alguien tosiendo y estornudando. No tuvimos que esperar para ver al doctor. Incluso nos ofrecieron limonada. ¡Limonada! Fue una experiencia maravillosa y aprendí sobre algunas opciones de tratamiento diferentes disponibles para mejorar la calidad de vida de la abuela. Además, recibí un suministro para seis meses de un fármaco experimental. No podía imaginarme cuánto costaba realmente y los tres grandes frascos de pastillas pesaban en mi bolso. El doctor Hoffstead insistió en que me lo llevara y, cuando me iba, me llevó a un lado y me rogó que le dijera a Nicholas Civella que fui bien provista. “Todo lo que quieras, te lo daré. Aquí está mi teléfono. Llama cuando quieras. Por favor, dile que estoy haciendo lo que me pidió. Por favor”. Ver el miedo en el rostro de este hombre adulto me hizo sentir tremendamente incómoda. Malice y su equipo eran capaces de cometer algunos de los actos más inmundos imaginables y yo estaba familiarizada con el terror que el doctor Hoffstead sentía en lo profundo en su alma. —No puedo creer lo largo que es el camino. —La abuela suspiró mientras caminábamos por el sendero. Bajé la mirada y noté que estaba arrastrando su pie derecho. Fingiendo estar cansada, nos llevé a un banco de madera con vistas a la fuente de agua del parque—. Necesito un descanso —mentí cuando ella arqueó la ceja hacia mí. —¿Podemos hablar de nuevo sobre la extraña visita al doctor que tuvimos hoy? —preguntó la abuela mientras ambas nos sentábamos. Mis muslos desnudos se quemaron contra el banco, que había estado cociéndose al sol todo el día—. Cariño, sé que me estás mintiendo. —No estoy mintiendo —insistí. —¡Maldita sea! ¡Sé-sé que lo estás! Dejó de hablar y se detuvo para recomponerse. La ansiedad era un síntoma no motor común de la enfermedad de Parkinson y, desafortunadamente, el estrés y la ansiedad empeoraban sus síntomas motores. Sabía que ella estaba tratando de mantener la calma por mi 48 bien, pero escucharla luchar por hablar simplemente reafirmó mi decisión de darle solo el mínimo de información. Aclaré mi garganta. —¿Por qué dices eso? —Trabajas todas las horas de la noche, haces turnos dobles y gastas el dinero que tanto te costó ganar en mi medicina. —Abuela, tú has hecho lo mismo por mí. Demonios, trabajabas en empleos de temporada cada Navidad para que yo tuviera regalos debajo del árbol —dije mientras ella dejaba escapar un fuerte suspiro. Odiaba mentirle, pero necesitaba que tomara este medicamento—. Este doctor es realmente bueno, abuela. —Pero ¿a qué precio? —La abuela se acercó lentamente y me apretó la mano—. Cariño, ya te matas trabajando. Tampoco creas que no vi esas solicitudes universitarias en la basura. —Ya te lo dije. Calificamos para… —¿Ayuda gratis? —La abuela terminó por mí—. No hay nada en esta vida que sea gratis. No quiero que vendas tu alma para mi beneficio —respondió la abuela mientras negaba con la cabeza—. Yo-yo sé cómo funcionan estas cosas. Voy a tomar este medicamento y luego me dejarán sin apoyo… Se puso pálida y se frotó el cuello con manos temblorosas. La abuela era pesimista. Quizás fue la desaparición de mamá lo que la hizo así. Nos habíamos hecho ilusiones de encontrar a mamá demasiadas veces. Ahora, no confiaba en nada que pareciera demasiado bueno para ser verdad. —¿Puedes al menos intentar tomar la medicina? —pregunté. —¿Y volverme dependiente de ellas? No, gracias. No quiero quedarme atrapada en una situación que me haga pagar más tarde. Puse los ojos en blanco. —Abuela, ¿y si ayuda por sólo seis meses? —respondí, la esperanza se derramó a través de mi tono—. ¿Qué pasa si terminas teniendo los mejores seis meses de tu vida? Te sientes normal de nuevo. Esta medicina no tiene los efectos secundarios que tienen tus otras píldoras. —¿Y qué pasa si terminas endeudada por miles de dólares por una causa perdida? —espetó—. No voy a dejar mis responsabilidades te entierren. Esta es mi vida. Estaba en la punta de mi lengua hacerle saber a la abuela que ya estaba demasiado metida, que ya estaba atrapada en una situación de la 49 que no podía salir, aunque quisiera. Me quedé mirando las pastillas, preguntándome si podría poner la medicina en la taza de café de la mañana de la abuela sin que ella lo supiera. —Creo que deberíamos aprovechar todas las oportunidades que podamos. Es tu vida, pero solo tienes una vida para vivir —insistí. —Ya es suficiente —respondió la abuela con un suspiro antes de palmear mi muslo—. Caminemos de nuevo. Ese doctor elegante quiere que haga ejercicio, así que hagamos eje-ejercicio —resopló. Estaba acostumbrada a que evitara los problemas. Tenía una abuela que era extremadamente terca. Ambas nos pusimos de pie y nos abrimos paso lentamente por el camino. —Creo que quiero visitar a mi hermana en Palm Springs —dijo la abuela inesperadamente. —¿La tía abuela Agnes? —pregunté—. ¿Se encuentra bien? La abuela sonrió y asintió. —Sí. Creo que tienes razón. Arqueé una ceja. —¿Estoy en lo cierto? —La vida es corta. Debería aprovechar todas las oportunidades que pueda. No estoy segura de cuántas oportunidades más tendré de visitarla. Quizás me gustaría quedarme con ella durante un mes. Empaparme del sol junto a la piscina y tal vez ir a uno de los casinos allí. ¿Estarías bien si voy? —preguntó—. Ella se ha ofrecido a llevarme en avión por un tiempo, pero contigo trabajando tan duro, nunca me sentí bien aceptando su oferta. Pero tienes razón, la vida es corta. Ella está dispuesta a pagar mi boleto y la extraño. Ha pasado casi una década desde que estuve en un avión. Me dolió el alma a un nivel visceral pensar que la abuela realmente creía que sus oportunidades de visitar a la tía Agnes estaban disminuyendo. Por supuesto que quería que la visitara. En mi egoísmo, estaba tratando de saborear cada segundo y minuto con ella como si fuera una posesión preciada. Pero se merecía un buen viaje con su hermana. —Por supuesto, abuela. Creo que sería genial. Yo me haré cargo. Nunca debes sentirte culpable por mi trabajo, abuela. Aprendí de ti que la familia consiste en dar un paso adelante siempre que puedas por las personas que amas. 50 Con un poco de energía en su paso, sonrió y caminó un poco más rápido. —Gracias, cariño. Llamaré a Agnes mañana. Estará muy emocionada —dijo. Se me ocurrió una idea… —Pero solo si pruebas este fármaco experimental. Mira. Tenemos seis meses de eso. ¿Qué daño podría hacer intentarlo? ¿Y si hace que tu viaje para ver a la tía Agnes sea mucho mejor? Resopló. —Eso es un golpe bajo —refunfuñó. —Aprendí a negociar de la mejor —bromeé. —¿Es realmente tan importante para ti, cariño? Asentí rápidamente. —Sí. ¿Por favor? ¿Por mí? Aminoró un poco sus pasos. —Está bien. Las tomaré. Siempre que no los retiren para cuando deje de tomarlas una vez que se acaben. Y mientras no le pagues más dinero a ese doctor. —Trato —espeté, ansiosa por aprovechar esta oportunidad mientras pudiera. —Trato —respondió con una amplia sonrisa que mostraba sus dientes. 51 La Mansión Civella era imponente e impresionante. Me quedé parada en la basede su imperio maravillada, mirando la gran puerta de hierro que rodeaba su propiedad. Una gran letra C se ubicaba de manera prominente en el centro. Vivían en las afueras de la ciudad y tuve que tomarme tres autobuses urbanos solo para llegar hasta este lugar. La última vez que estuve aquí, me encontré encadenada en el sótano y aplasté el cráneo de un hombre con mi pie descalzo. Realmente no tuve la oportunidad de echarle un vistazo a la casa, porque salimos por una entrada trasera en un auto fúnebre. Realmente no tuve la oportunidad de ver lo que me rodeaba fuera del calabozo de la muerte, porque estaba demasiado ocupada disociándome de toda la experiencia. Mi uniforme de trabajo me hizo sentir menos impresionante. Me había puesto una camiseta sin mangas rosa con la palabra Dick extendida sobre mis tetas. Decidí usar esto para que la abuela no me hiciera preguntas sobre dónde estaba. Estaba devanándome el cerebro, tratando de averiguar cómo iba a salir de esto mientras seguía cosechando los beneficios de la conexión de Malice con el doctor Hoffstead. Vendería mi alma con tal de darle a mi abuela una mejor calidad de vida. Al diablo con las consecuencias. Llevar a la abuela al doctor me motivó mucho: del tipo en el que Malice prosperaba. Me tenía justo donde me quería. También había un pensamiento molesto en el rincón más profundo y oscuro de mi mente. Era vergonzoso en todos los sentidos. Sentía curiosidad. Quería aprender más sobre su organización y sobre Vicky. Quería saber quiénes eran esos hombres que mi mejor amiga me había estado ocultando. Odiaba admitirlo, pero conocer su vida secreta y vivirla eran dos cosas diferentes. Ahora ella se sentía como una extraña. También quería ponerme en contacto con ella. Siempre que intenté llamar, la línea se cortaba. No estaba necesariamente segura de poder confiar en que fueran honestos sobre su seguridad. Quería escuchar su voz y asegurarme de que realmente estuviera viva. Y yo también quería gritarle. Era la razón por la que estaba atrapada en este lío, y si me 52 hubiera explicado lo que estaba pasando, tal vez podríamos haber escapado de todo esto. Después de obsesionarme con qué hacer toda la mañana, llegué a la conclusión de que no había salida. Estaba atrapada. Aunque sabía que me estaban chantajeando y el bienestar de mi abuela estaba en juego, todavía me sentía avergonzada. La atracción que sentía por Malice no necesariamente me estaba disuadiendo. No vine arrastrando mis pies por el camino hasta aquí. Aunque estaba abrumada por lo que tuve que hacer ayer, el asesinato que cometí no estaba destrozando mi psique. Hice lo que Anthony sugirió. Envolví lo sucedido en una pequeña caja apretada y la dejé caer por el borde de mi subconsciente. Por supuesto, los pensamientos intrusivos todavía me atacaban cuando no estaba alejando activamente la imagen de mí aplastando su cráneo. Pero, sobre todo no fue tan difícil como pensé que sería. Y ese pensamiento me emocionó y aterrorizó a la vez. ¿Era una psicópata? ¿Era tan mala como los asesinos que investigaba? ¿O era solo una chica a la que se le dio un doloroso ultimátum? Hice lo que sentí que tenía que hacer para sobrevivir y era difícil sentirme culpable por eso. Lo haría de nuevo. ¿Estaba tan mal querer vivir? Hale se acercó a la puerta y la abrió. —El jefe te ha estado esperando. Llegas tarde. Dejé escapar un suspiro. —Tuve que acompañar a la abuela a casa. Estaba cansada — expliqué. Hale me dio una mirada. Sus ojos eran pequeños y maliciosos. Sus labios agrietados y ensangrentados. Metió las manos profundamente en sus bolsillos, pero pude verlo acariciando su polla con sus carnosos dedos a través de la fina tela de sus pantalones. Me retorcí de disgusto cuando me examinó detenidamente. Aparte del obvio comportamiento pervertido, había algo en él que me hacía sentir realmente incómoda. Podía sentirlo en mis entrañas. Como si fuera el tipo de hombre que lastima a una mujer por deporte. Malice era malvado, pero tenía la sensación de que era calculador y que cada decisión que tomaba tenía un propósito. Investigó y descubrió mi debilidad con la abuela, luego me explotó por ello. ¿Hale? Hale parecía ser del tipo bastante impulsivo. Esta clase de hombre que hacía cosas por capricho y envolvía sus manos alrededor de tu cuello porque lo hacía sentir bien. Simplemente tenía una mala vibra. —Apúrate —me gruñó mientras atravesaba la puerta y subía por el sendero hacia la casa principal. La casa Civella era una impresionante 53 mansión de tres pisos en el corazón del vecindario más rico de Kansas City: Sunset Hill West. Sentí que debía vaciar mis bolsillos solo para caminar sobre la acera. Naturalmente, había guardias cubriendo el perímetro y una caravana de vehículos blindados en su camino de entrada. Me pregunté cómo eso podría afectar la psique de una persona, nunca estar solo. Temer siempre por tu vida. Tener todo un arsenal a tu disposición. La casa era de estilo colonial georgiano, alzándose orgullosamente como un hito de gánsteres en el centro de lo que parecían dos acres de tierra. Fue impactante ver la cantidad de riqueza en el interior. La elegante decoración era sutil y relajante, completamente diferente a la del hombre duro y masculino que era dueño de la propiedad. Había techos altos, molduras profundas y suelos de mármol. La entrada era grande y abierta, y cuando miré por el pasillo, vi puertas francesas que daban a varias partes de la casa. —Sígueme —ordenó Hale. Hale me guio por la casa. Pasamos por una sala de estar formal, un comedor, una sala de estar y una biblioteca con paneles de nogal y chimenea. Nos dirigimos hacia la parte trasera de la casa, donde había una oficina con poca luz en la esquina. Un gran escritorio de roble estaba en el medio de la habitación con dos sillas de cuero de gran tamaño frente a él. Vi a Malice casi de inmediato. De pie en un minibar con un traje caro, me saludó mientras se servía una copa de bourbon. —Llegas tarde —dijo, todavía de espaldas a mí. —Tuve que llevar a mi abuela a casa —le expliqué. Malice se dio la vuelta para mirarme, sus ojos verdes parecían casi aburridos por mi excusa. Su cabello rubio estaba peinado hacia un lado y sus suaves labios apretados. Luché contra el impulso de disculparme con este hombre. Algo me dijo que no apreciaba las disculpas. Quería que su mundo funcionara según su agenda y cualquiera que no cumpliera era castigado. —¿Cómo está la abuela? —preguntó Malice tranquilamente antes de ir a su escritorio y tomar una navaja. Sus hábiles manos comenzaron a girarla, haciendo que las venas de su mano se hincharan. Me quedé mirando la forma en que hizo rodar el cuchillo sobre sus nudillos con facilidad. —Ella está bien —gruñí. —Bien. ¿Hoffstead te trató como un familiar? —preguntó Malice antes de sentarse en su asiento—. La familia es muy importante para mí, ¿sabes? —Se comportó estupendamente —susurré. 54 —Envíale a Hoffstead una cesta de frutas —le dijo Malice a Hale con un guiño. Algo me dijo que una canasta de frutas era un código para otra cosa. Con un simple asentimiento, Hale sacó su teléfono del bolsillo, escribió algo y salió de la oficina—. Toma asiento, Juliet —dijo Malice mientras asentía en dirección a la silla de cuero frente a él. Malice todavía tenía esa navaja en la palma de la mano y la hacía girar amenazadoramente. Casi esperaba que la lanzara y me tratara como si fuera su propio tablero de dardos personal. Me moví lentamente hacia la silla abierta y me senté en ella. —¿Por qué estoy aquí? —pregunté. Malice dejó de jugar con su navaja para llevársela a los labios. Presionando el borde plano de la misma contra su puchero, contempló mi pregunta por un momento antes de arrastrar su labio a lo largo de la afilada hoja. Lo miré con fascinación enfermiza, y cuando finalmente decidió responder a mi pregunta, me quedé sin aliento ante el sonidocrudo de su voz áspera en la habitación silenciosa. —Déjame decirte algo, Juliet —comenzó mientras rodeaba su escritorio y caminaba hacia mí. Todos los vellos de mi cuerpo se erizaron—. En lugar de preguntar por qué estás aquí, te sugiero que preguntes qué necesito. Ya hemos establecido por qué estás aquí. Ya sabemos hasta dónde estás dispuesta a llegar para mantenerte a ti y a tu abuela a salvo. No preguntes por qué. Ya no tengo paciencia para preguntas como esa. Tampoco tengo paciencia para la ignorancia. Ahora inténtalo de nuevo. Malice se apoyó en su escritorio, con un brazo cruzado sobre su pecho. Con la navaja aún en su mano, la arrastró a lo largo de su mandíbula puntiaguda con un roce ligero como una pluma. Tragué. —Bien —me quejé—. ¿Qué puedo hacer por ti? —expresé mis palabras con mordacidad. En respuesta a mi pequeña voz de rebeldía, Malice miró hacia el techo y sonrió, soltando una breve carcajada. Me pregunté si la gente alguna vez lo trató con sarcasmo. Malice se apartó del borde del escritorio y se inclinó hacia mí. Luego, apoyó una mano en el reposabrazos de mi silla y se inclinó tan cerca que nuestros ojos estaban a apenas unos centímetros de distancia. Su aliento caliente fluyó por mi cara, oliendo a menta y bourbon. Lo sentí lenta, lenta, lentamente, llevar su navaja a mis labios. —Abre la boca —le dijo en un tono suave y sensual que era a la vez aterrador e intrigante. Obedecí. En parte porque estaba atrapada al otro lado de la cuchilla y en parte porque tenía curiosidad por saber qué me iba a hacer. 55 Malice luego deslizó el cuchillo en mi boca seca. Mi pecho se apretó cuando colocó el cuchillo en mi lengua con mucho cuidado. El borde plano descansó allí por un momento, y usó su pulgar para presionar contra mi labio inferior. Inhaló mi aroma mientras me provocaba con el peligro sobre mi lengua. —Eres tan luchadora. Tan llena de vida. ¿Sabes lo que le hago a la gente que no me habla con respeto? —preguntó. Ni siquiera podía responderle. No podía negar con la cabeza. Continuó, sin molestarse en esperar mi respuesta—. Les corto la lengua. Sacó la navaja de mi boca, pero mientras lo hacía, se aseguró de cortarme el labio, lo que obligó a que una gota de sangre saliera de la pequeña herida. Quitó la mancha carmesí de mis labios con el pulgar y luego la lamió. Fue erótico y aterrador. Mi corazón se aceleró al verlo. —Tienes suerte de que tenga mejores planes para tu lengua — susurró antes de enderezarse. De pie, ahora estaba al nivel de su cintura. Pude ver su dura polla presionando contra el costoso material de sus pantalones perfectamente confeccionados. Parecía casi doloroso lo duro que se tensaba contra su ropa. Malice dejó su cuchillo antes de curvar su dedo hacia mí, llamándome más cerca. Me levanté lentamente, mis piernas temblaban de miedo y una emoción que ni siquiera estaba dispuesta a sentir y mucho menos decir en voz alta. Extendió las manos y las envolvió alrededor de mi garganta, aplicando la más mínima presión mientras me miraba a los ojos. Lo sorprendí mirando de vez en cuando por encima de mi cabeza. ¿Qué es lo que estaba esperando? ¿A quién estaba buscando? Este era un hombre con un propósito. Me sentía como un animal atrapado en su trampa. Pero quería pillarlo desprevenido. —¿Cómo está Vicky? —pregunté. Apretó su agarre alrededor de mi garganta y extendí la mano para agarrar su muñeca. —No es de tu incumbencia —espetó antes de dejarme ir. —Estoy preocupada por ella —admití—. Sabes, es tan extraño. Vicky siempre me advirtió vagamente sobre su segunda vida, pero nunca se sintió real. Vicky quería protegerme. No creo que me hubiera mantenido alejada de todos ustedes de otra manera. Lo que dice mucho sobre lo que piensa de ti. Malice se burló. —Deja de hablar. Y mi hermana sólo se preocupa por sí misma. No reconocería la lealtad si le diera una bofetada en la mejilla. Está a salvo y con su familia extendida, que es más de lo que puedo decir de ti. 56 Algo acerca de sus hermanos hizo que Malice se rompiera. Era su única debilidad. De alguna manera, tenía que usar eso a mi favor para salir de esta retorcida espiral de chantaje. —Solo me gustaría hablar con Vicky —insistí. —Quizás si haces tu trabajo correctamente hoy, te dejaré llamarla, ¿sí? —dijo Malice—. Aunque honestamente no sé por qué querrías hacerlo. Es una hermana de mierda y una amiga aún peor. Estás mejor sin ella. Mis cejas se arquearon. Todavía no había terminado de desafiarlo. —¿Eres un buen hermano, Nick? —pregunté, valientemente usando su nombre de pila. Se mordió el labio inferior por un momento, la ira ardía a través de su expresión. —Soy un buen asesino. Dirijo un buen imperio. Protejo lo mío. Todo lo demás es una mierda, y te sugiero que cierres tu linda boquita antes de meter algo en ella y esta vez no seré tan cuidadoso. Escuché pasos en el pasillo y me moví para ver quién entraba a la oficina, pero Malice me agarró por la barbilla y cerró sus labios contra los míos. 57 Una vez probé la heroína. En el momento en que la droga llegó a mis venas, me invadió una emoción como nunca había experimentado. Fue como un orgasmo mental. Me sentí poderosa, confiada y libre. Durante diez horas, no pensé en el diagnóstico de mi abuela. No pensé en el dolor ni en todas las cosas que tenía que hacer. Disfruté de una sensación de ingravidez en mi cuerpo. Mis miembros se balanceaban por el encanto de la heroína y la discordancia de mi entorno. El subidón me liberó de todas las cargas de la vida y dejó atrás esa sensación hueca de euforia. Me gustaría poder decir que besar a Malice fue como tomar una inyección de la mejor heroína que el dinero puede comprar, pero no fue así. Fue como estar tumbada en el suelo mientras todos apilaban pesados ladrillos sobre mi cuerpo. Fue una experiencia dura y condenatoria que me pesó de una manera antinatural. Era exigente con su boca. Me hundió los dientes en el labio inferior como si yo fuera su posesión, y su lengua caliente y arrolladora rodó por la mía con ondas castigadoras. No podía escapar de él. Sus manos me tenían fuertemente atrapada. Se trabó en mi boca. Tan jodidamente bueno. Tan jodidamente doloroso. Malice gruñó mientras me devoraba. Fue intrusivo y emocionante, pero oh, muy pesado. No fue una experiencia extracorporal. Fue como morir. Me dio el beso de la muerte a lo último bueno que quedaba dentro de mí y deseé más. Dejé que me abrumara con su beso y, lo peor de todo, se lo devolví. Cuando se apartó, había una expresión de emoción y seducción en su hermoso y afilado rostro. Pasó un largo momento mientras me miraba fijamente. El beso compartido entre nosotros lo ablandó de alguna manera. Me acarició la nuca y pasó sus manos por debajo de mi barbilla para colocar un mechón de cabello castaño oscuro detrás de mi oreja. Después dejó caer las manos, como si tocarme le quemara. Murmuró. —Puede que te retenga. 58 Ese beso lo hizo querer retenerme, pero a mí me hizo querer huir lo más rápido posible. Porque si no me alejaba, esa oscuridad oculta en mi interior querría volver a besarlo. A mi espalda, William habló en tono aburrido. —¿Necesitabas algo de mí? —En mi vergüenza al rojo vivo, me giré para encontrarlo. No le debía nada a William y menos una explicación. Pero me sentí mal. William vio lo que Malice me hizo hacer y ahora lo estaba besando. ¿Qué decía esto de mí? ¿Malice planeó esto? ¿Esperaba que William lo viera? William tenía un rostro de acero mientras mantenía su expresión libre de cualquier protesta o decepción. Apenas me miró antes de centrar toda su atención en Malice. Aunque no podía decir si el resentimiento estaba presente en la forma en que miraba a su hermano mayor, definitivamente había algo de tensión en el aire. Solo quería irme. ¿Por qué demonios dejé que eso sucediera? Y más aún, ¿por qué lo disfruté? —Necesito tu ayuda con un proyecto —dijoMalice, sacándome de mis vergonzosos pensamientos. William asintió en respuesta, animándole en silencio a continuar—. Juliet va a empezar a trabajar en Eden's Place. Bueno, eso era nuevo para mí. —¿Qué es Eden's Place? —pregunté. Sin embargo, nadie respondió inmediatamente. En lugar de una respuesta directa, la inmediata mirada de disgusto de William me hizo comprender qué tipo de establecimiento era Eden's Place. La protesta cayó rápidamente de sus labios. —No. Absolutamente no. Una chica como Juliet no pertenece a un lugar como ese. Hice una pausa. ¿Qué clase de chica creía William que era yo? Me conocía bien. Todo lo que le había contado a Vicky, él lo estaba escuchando a escondidas. Sabía lo de la abuela y mis problemas con la escuela. Mis trabajos. Mi vida amorosa. Él era la mosca desprevenida en la pared y ahora me encontré con la curiosidad de cómo se sentía acerca de todo lo que había aprendido. Malice me rodeó la cintura con su brazo y me acercó a su pecho. Era cálido y duro, y debería haberme zafado de su agarre, pero en lugar de eso, dejé que me tocara. Estaba jodida. Estaba muy jodida. —Creo que te sorprendería lo que Juliet es capaz de hacer. Y la última vez que lo comprobé, tú no haces las reglas ni tomas las decisiones. Si quiero que Juliet trabaje en el jardín, ahí es donde trabajará. Si la quiero en Eden's Place, allí estará. Y mañana, si decido que va a estar cortando cuerpos en el pequeño calabozo de la muerte de 59 Anthony, entonces estará allí. —Mi estómago se hundió. El agarre que Malice tenía sobre mí se volvió premonitorio. Clavó sus dedos en mi carne y me costó todo lo que tenía para no acobardarme ante él. Malice se alimentaba de la debilidad y no quería demostrarle que le temía. —Como si pudiera olvidar que tú estás al mando. ¿Quieres sacarte la polla y medirla, Nick? ¿Tal vez ir a mear en unos arbustos para marcar tu territorio? —ofreció William, visiblemente enojado—. Tú eres el mayor. Tú pones las reglas. Papá te quería más. Ya lo entendemos. Qué mierda. Juliet es mi responsabilidad. Lo ha sido por tres años ya, así que si quiero entender mejor tus planes para ella, entonces haré lo que sea necesario, ¿entendido? —Debería haberte dejado morir hace tantos años —respondió Malice en un tono frío y calculador. —Habría hecho la vida de todos mucho más fácil —estuvo de acuerdo William—. Pero estoy aquí. ¿Qué harás con Juliet? —preguntó William. Sus idas y venidas me hicieron girar la cabeza para observar el enfrentamiento verbal. Había tanta ira y dolor compartido entre ellos que apenas podía seguir el ritmo. No quería estar atrapada entre dos hermanos rivales a los que, sinceramente, apenas conocía. Quería tomar mis propias decisiones. —Soy más que capaz de manejar nuestros propios acuerdos —dije antes de zafarme con confianza de su agarre. El corazón se me aceleraba en el pecho y me preocupaban las consecuencias de desafiarlo. Pero no podía seguir dejando que este hombre me pisoteara. Tenía que mostrar al menos una apariencia poderosa si quería sobrevivir. No quería ser un peón en su juego. Quería ser una socia de negocios. La verdad era que Malice tenía algo de valor para mí. La abuela necesitaba esta medicina y yo necesitaba más flujo de dinero. Ya estaba metida hasta los codos en este mundo. La única forma de salir era a través de él. Maté a un hombre. Estaba a cargo de mi propio destino. —Así es —respondió Malice con una sonrisa socarrona. William se movió de un pie a otro, como si le sorprendiera mi confianza—. Eden's Place es el club del que soy propietario. Es un lugar para que mis socios de negocios se relajen después de un día duro. A algunos funcionarios locales les gusta usarlo también, como sede de sus negocios. Ofrecemos mujeres bonitas, un rato de diversión y todas las fantasías ilícitas que puedas imaginar. Se me hundió el estómago. Tal vez estaba fuera de mi alcance. William resopló. 60 —Entonces, ¿qué, vas a hacer que baile en el escenario? ¿O quieres que reserve habitaciones privadas con tus hombres? —gruñó. —No —respondió rápidamente Malice con más fuerza de la que esperaba. Me alegré de que no fuera a obligarme a hacerlo, pero seguía confundida sobre la naturaleza de esto—. Necesito una nueva anfitriona. Alguien que coordine a nuestras chicas y se asegure de que mis clientes estén contentos. Ella recibirá a la gente en la puerta y los acomodará donde tengan que estar. La Señorita Cross puede ser la cara del lugar. Quiero que se acerque a mis clientes pero que también parezca no disponible. Los hombres se abren rápidamente a las mujeres que quieren, pero no pueden tener. Ella me va a ayudar a encontrar a mi rata. No podía decir si este trabajo era peor o mejor. Al menos no me hacía matar a más gente. —Así que, ¿solo quieres que espíe? —pregunté. William se acarició la barbilla, pensando en todo lo que había dicho Malice. —Es bastante inteligente. Juliet es buena con la gente. La he visto en la cafetería, y es como si pudiera conectar con casi todo el mundo. Pero hay algunas personas sospechosas que pasan por nuestras puertas. No quiero que esté desprotegida. Mi corazón se ablandó al ver su preocupación por mí. ¿Era porque sintió algún tipo de conexión? ¿O era por deber hacia Vicky? —Sí. Sé lo mucho que te preocupa la seguridad de todos — respondió Malice con los dientes apretados—. Pondré a Hale de guardia. William asintió como si eso fuera suficiente. Pero algo en mi pecho floreció de ansiedad. Hale seguía poniéndome nerviosa y no quería pasar con él más tiempo del necesario. Esta conversación ya era lo suficientemente tensa, y yo quería hablar con Malice sobre el dinero. Tal vez estaba juzgando injustamente a Hale por su aspecto rudo. Podría intentar darle una oportunidad. —¿Y cuánto me vas a pagar? —pregunté. Levanté la barbilla y miré fijamente a Malice. Mi confianza no tan sutil provocó una sonrisa en su rostro estoico. —Juliet —empezó—, creo de verdad que has encontrado tu vocación aquí. —Tomó su vaso de whisky y bebió un trago lento. Tuve la sensación de que lo hacía para alargar el tiempo y hacerme retorcer. Mantuve la columna vertebral recta y orgullosa. Este hombre no me arrinconaría. Parecía que me necesitaba. Aunque solo desempeñara un pequeño papel en su organización, aprovecharía cada gota de esta oportunidad en mi beneficio. Puede que el destino nos haya unido, pero 61 no iba a ser su mascota. Era capaz y fuerte, y aunque sentía mucha aprensión por este trabajo y por lo que implicaba exactamente, estaba decidida. —¿Estás evitando mi pregunta, Malice? —pregunté. Sus juegos no iban a funcionar conmigo. No estaba segura de dónde provenía mi confianza, pero me aferré a ella con las dos manos. —¿Cuánto quieres? —preguntó. Esta era la parte difícil. Estaba decidida a ser clara en mis necesidades. —Bueno, obviamente quiero que mi abuela siga viendo al doctor Hoffstead. —No mencioné que de alguna manera tendría que convencer a mi abuela de que podía pagar sus visitas, pero ese era un tema para otro día—. Creo que cincuenta mil al año con todos los beneficios es razonable. —Apenas ganaba veinte mil al año en la cafetería, y eso incluía las propinas. Con esto, podría permitirme unas cuantas clases en línea en el colegio comunitario local y obtener mi título. William negó con la cabeza. Malice se mordió el interior de la mejilla y me miró de arriba abajo. ¿Era demasiado? —Estoy abierta a la negociación —añadí rápidamente. Sabía que las citas médicas de mi abuela eran ridículamente caras, pero esperaba que, ya que estaba haciendo un trabajo de espía además del de anfitriona, él… —Hoy te voy a dar una lección, Juliet —dijo Malice. William sacó su teléfono para leer un mensaje de texto, aparentemente distraído. —¿Sí? —pregunté, con las cejas levantadas en señal de especulación. Podía manejar esto. Podía negociar con un jefe de la mafia. —Siempre hay que saberlo que uno vale y luego duplicarlo. Mis empleados en el club ganan fácilmente seis cifras. Estás tratando con hombres muy poderosos y privados. Pagan un precio extra por un buen servicio y labios sellados. Mierda. ¿Así que me rebajé? —De acuerdo —respondí—. Entonces quiero… Malice me interrumpió. —No. Tendrás tus cincuenta mil al año. Y le pagaré a tu abuela para que vaya al doctor y reciba su medicina. Podemos revisar tu salario si demuestras ser útil. Pero en el futuro, Juliet, si te doy la opción de decir tu precio, te sugiero que apuntes alto. Me sonrojé de vergüenza. 62 Este mundo parecía como un juego de mesa gigante. Fingí confianza a pesar de estar avergonzada. —Me parece justo —dije con un gruñido—. ¿Cuándo empiezo? — Mañana tenía un turno en la cafetería y tenía que avisar con dos semanas de antelación. También tenía que averiguar cómo iba a mantener esto en secreto ante la abuela. —Empiezas esta noche. William te va a llevar a comprar algunos conjuntos. Algo me dice que no tienes nada colgado en tu armario que sea de la marca de Eden's Place —dijo Malice mientras me miraba de arriba abajo. No estaba segura de si debía sentirme insultada o no. No estaba exactamente segura de necesitar un compañero de compras, pero estaba dispuesta a hacer casi todo y cualquier cosa para salir de la oficina de Malice. Asentí y empecé a salir cuando él alargó la mano y me rodeó la muñeca. —Una cosa más —dijo con voz ronca. Tragué saliva y miré hacia él. William estaba en alerta. —¿Sí? —pregunté. —Nadie te toca. Pueden mirar todo lo que quieran, pero no eres uno de sus juguetes. Eres mi juguete. —Sus dientes se hundieron en su labio inferior y sentí que una enfermiza ola de excitación me invadió. Había algo en la posesividad de su tono que hizo que cada uno de mis músculos se enroscara como un gato. Estaba acicalada y desesperada. ¿Por qué estaba tan decidida a ser reclamada por este hombre? ¿Tenía el síndrome de Estocolmo? William se aclaró la garganta y Malice miró por encima de mi cabeza a su hermano. —¿Hay algo que te gustaría decir? —preguntó Malice. —Solo tengo curiosidad por saber cuánto tiempo vas a jugar con ella antes de decidir que estás aburrido de nuevo. Malice finalmente me soltó, y luché contra el impulso de frotar el lugar donde me había agarrado con tanta fuerza. —Oh, William —comenzó Malice—. Sabes tan bien como cualquiera que juego con mis juguetes hasta que se rompen. Y entonces, juego con ellos más fuerte. Y con esa inquietante declaración, William y yo nos fuimos. 63 Después de que Malice nos enviara a recoger mi uniforme de trabajo, no pude evitar pensar en su ejército de guardaespaldas y en la forma en que vestían, hablaban y se movían como una unidad. Me imaginé a sus hombres, todos vestidos con sus trajes, con pistolas y cuchillos atados al pecho y una expresión mortal en sus rostros. —¿Qué estamos haciendo aquí? —pregunté. El escaparate estaba pintado de negro, como si se tratara de un escape o de un secreto tortuoso escondido en la esquina de Gwendolyn Drive y Mulberry Street. Se llamaba Bloom Apothecary. No había escaparates. El logo principal era minimalista y dorado. William había permanecido en silencio durante todo el trayecto en auto hasta aquí, lo que no me sorprendió. En todo caso, estaba agradecida por el silencio. Me parecía sorprendentemente normal para mi extraño silencioso, y últimamente no había habido suficiente normalidad. —Nick quiere que parezcas una Eden’s Girl —respondió en tono rudo tras una pausa prolongada. Me quedé mirando el escaparate un poco más. —¿Y qué es exactamente una Eden's Girl? —pregunté, sintiéndome de repente ansiosa por mi nuevo papel. William me miró con hambre en los ojos. Casi deseé que sus gafas de sol volvieran a ocultar esos calurosos orbes de mi visión. Su máscara era más accesible. Alargó la mano para acariciar la parte superior de la mía y un cálido cosquilleo besó mi piel. —Una Eden’s Girl es la fantasía más profunda y oscura de todo hombre. Es suave, hermosa y única. Es real, con defectos, cicatrices y curvas reales. Una Eden's Girl crea su propia definición de belleza. No se define por su feminidad, la define ella. Fuerte. Independiente. Divertida. Inteligente. Reservada. Encarna su homónimo, un jardín libre y abundante, propenso al pecado. Nunca había escuchado a William hablar tan poéticamente. —¿Y crees que soy capaz de ser una Eden’s Girl? Eso suena a un estándar muy alto que cumplir —respondí nerviosa. 64 William se lamió los labios. —Creo que podrías ser la mismísima Eva, Juliet. Nunca había sido buena aceptando la atención de los demás y William me miraba como si fuera la octava maravilla del mundo. Desvié la mirada. —Entonces, ¿qué es Bloom Apothecary? —pregunté. William apagó el auto. —Una tienda de lencería. Tenía una idea bastante clara del tipo de establecimiento que era Eden's Place, pero saber que usaría la menor cantidad de ropa posible me puso nerviosa. Estaba bastante segura de mi cuerpo. Tenía algunas estrías y curvas, pero me veía saludable y femenina. Nunca había rehuido de llevar un bikini a la piscina local, y supongo que, en cierto modo, era lo mismo que la lencería. Al menos, solo era la anfitriona. Malice dejó muy claro que no debían tocarme. Fue un alivio, pero también se sintió como uno de sus retorcidos juegos. —No sé cómo le explicaré esto a la abuela —dije, sobre todo para mí. William se ablandó. —Puedes guardar la ropa en nuestra casa. Si necesitas que hable con la cafetería, puedo hacer que te mantengan como si estuvieras contratada para tu abuela. Además, tengo muchas ganas de conseguirte un auto. Estoy seguro de que no es fácil depender del transporte público con su estado. Me quedé tan sorprendida que no supe qué decir. Tenía sentido, William conocía todos mis problemas y había estado prestando atención. Solo que no esperaba que fuera tan considerado. Pero también, no pude evitar pensar… ¿por qué ahora? No es que habría aceptado su ayuda antes, pero podríamos haber estado construyendo una amistad todo este tiempo. Qué cambió para que pasara de ser mi extraño silencioso a… bueno… seguía siendo un extraño silencioso, solo que con más secretos y una voz más suave. Mi extraño solía desviar la mirada, pero ahora me miraba con afecto. Quería entender el origen del cambio. —Gracias —chillé—. Pero no quiero uno de los autos sin identificación de los Civella. He visto cómo Anthony limpia el ADN, y si me paran, no se sabe lo que los policías encontrarían en ese maletero. 65 William se rio, y tenía una mirada tan extraña que de repente sentí ese extraño impulso de fotografiar la sonrisa torcida de su hermoso rostro. —Vamos —dijo William antes de salir. Lo seguí rápidamente, con las mejillas sonrojadas. Inesperadamente, William me tendió el brazo para que lo tomara. El gesto no me resultaba muy familiar, pero como ya estaba saliendo de mi zona de confort, pensé donde fueres, haz lo que vieres. Le agarré el brazo, enroscando mis dedos alrededor de los definidos músculos de su bíceps. Una dependienta nos abrió la puerta y nos dejó entrar con una cálida sonrisa. —¡William! —exclamó la dependienta. ¿Así que se tuteaban? Su brillante voz se entrometió en la intimidad de nuestro momento—. Me alegro de verte, cariño —dijo antes de inclinarse hacia delante y besar a William en la mejilla. Era una mujer hermosa, de cabello rojo brillante, ojos marrones y piel clara pero pecosa. Llevaba un vestido negro ajustado y tacones Louis Vuitton. —Me alegro de verte, Brittany —respondió William—. Tengo una nueva empleada para que la vistas. Pero no será como nuestras otras chicas. Brittany arqueó una ceja hacia mí. Sentí que su mirada especulativa recorría mi cuerpo, probablemente juzgándome. —Ya veo —comenzó—. ¿Es especial? —Había algo nasal e intrusivo en su pregunta. Sin embargo, William nose inmutó. —Se podría decir que sí. Nicholas quiere que sea la imagen de Eden's Place. Tiene que ser clásica y atemporal. Sugerente. Adictiva. Se ve muy bien en rojo. Preferiría algo un poco más conservador que lo que solemos elegir para nuestras chicas. Juliet es el tipo de mujer que los hombres sueñan con tener. Es intocable. Intacta. ¿Crees que puedes encontrar algo que funcione? —preguntó William. En contra de mi buen juicio, acepté las reverentes palabras de William sobre mí. Brittany resopló, el sonido era como un auto tratando de arrancar. —Pues claro que puedo encontrar algo para ella —exclamó. Definitivamente, Brittany me estaba poniendo de los nervios—. ¿Y se llama Juliet? ¡Qué nombre tan romántico! Creo que tengo una colección que se ajustará perfectamente a tus necesidades. ¿No sabía que Juliet murió al final de la obra? —Si tan solo vienes conmigo —dijo Brittany. Mi brazo seguía enganchado alrededor de William. Me moví para separarme de él, pero en su lugar me dio una palmadita en la mano. 66 —Me gustaría ver todo lo que elijas para ella. Es de suma importancia que lo hagamos bien —ronroneó William. Una cosa era probarse la lencería con Brittany, pero otra muy distinta era hacerlo delante de William. Supongo que tenía que acostumbrarme a esto, teniendo en cuenta que iba a ser anfitriona en un club de sexo. —Por supuesto —exclamó Brittany con los dientes apretados. Algo me decía que no le gustaba la cantidad de atención que me estaba prestando. Brittany me guio hasta la parte trasera de la tienda, donde parecían estar las colecciones con marcas de diseño. Después de tomarme las medidas, empezó a apilar rápidamente las prendas en su brazo. William y yo nos limitamos a seguirla con la mirada, solo aportando algo cuando ella sostenía una percha para que la miráramos. Mientras recogía las prendas para el probador, hablé con William. —Así que, ¿haces esto con todas las chicas? —pregunté. Me resultaba extraño hablar con él. Durante mucho tiempo fingí que era una mera mosca en la pared, pero ahora tenía un deseo ardiente de averiguar más sobre lo que era. Mi extraño no se parecía en nada a lo que yo esperaba. Otra pregunta se me escapó—. ¿Y qué haces exactamente en Eden's Place? ¿Vestir al talento? William se aclaró la garganta. —Nick financia Eden's Place. También trae a nuestra clientela de élite y abusa del privilegio del entorno que he cultivado. Pero de los tres, yo soy el que crea la estética. Mi hermano no tiene ni idea de cómo montar un club. Yo tengo gustos caros y sé cómo atraer a los ricos y poderosos. Y Brittany ha suministrado muchos de nuestros trajes a lo largo de los años. Pero no, no suelo traer chicas aquí. Y definitivamente no las veo probarse la lencería. Tragué saliva. Por suerte, Brittany tenía un vestuario preparado para mí, así que no tuve que responder. Me resultaba difícil decidir qué decir. William dejó muy claras sus intenciones, pero yo no estaba segura de cómo me sentía al respecto. Una vez más me encontré preguntando, ¿por qué ahora? Este hombre tenía un aura oscura y misteriosa, pero estaba aprendiendo la elegancia en sus palabras y la rápida paciencia que exhibía. William no era solo el hombre rudo de Dick's Diner. Era ostentoso. Reflexivo. Meticuloso, casi. Se preocupaba por mí, eso lo sabía. Supongo que, en muchos sentidos, yo también me preocupaba por él. William y Vicky eran un paquete. Uno nunca era visto sin el otro. Pero ahora, tenía que aprender quién era el hombre detrás del silencio. 67 —Ahora, algunas de estas piezas pueden ser algo complicadas. Hazme saber si necesitas ayuda. —Brittany prácticamente me empujó a un vestidor y cerró de golpe la cortina antes de correr al lado de William. Había un sofá de terciopelo colocado fuera del vestidor, y me imaginé a William sentado en él, con su largo cuerpo inclinado hacia atrás y ambas piernas separadas frente a él. Relajado. Seguro de sí. Se me puso la piel de gallina al pensar que me vería así. Me desnudé rápidamente y recogí la primera prenda. Era un camisón de seda, de color rosa rubor, con un ribete de encaje y una abertura en el muslo. Era romántico, pero no demasiado revelador. De hecho, era más discreto de lo que esperaba. Abrí la cortina y salí, mirando al suelo porque me daba demasiada vergüenza enfrentarme a William. —Mírame —dijo William con un tono rudo. Muy lentamente, incliné la barbilla hacia arriba y, con una exhalación tranquilizadora, lo miré a los ojos. William asintió una vez, con los ojos encendidos. —Lo quiero en negro —le dijo a Brittany sin apartar los ojos de mis curvas. —Por supuesto —dijo Brittany. Pasé las puntas de mis dedos por el tirante de encaje y los ojos de William siguieron el movimiento. Sacó su teléfono y, sin previo aviso, me tomó una foto. Ni siquiera me habría dado cuenta de que lo estaba haciendo, aparte del flash. —¿Qué estás haciendo? —pregunté. —Pidiendo la opinión de Nicholas —respondió William. Se aclaró la garganta antes de asentirme—. Prueba otra cosa. Volví al vestuario y me puse la siguiente prenda. Era un conjunto de sujetador y bragas. Hacía que mis pechos, ya de por sí grandes, se alzaran tanto que casi me tocaban la barbilla. A diferencia del primer conjunto, éste era completamente de mal gusto. No dejaba nada que imaginar. Definitivamente no me sentiría cómoda llevándolo delante de un hipotético novio, y mucho menos de un grupo de poderosos desconocidos. Llamé por encima de la cortina. —No creo que este vaya a funcionar. Brittany se rio, probablemente encontrando diversión en mi incomodidad. Qué perra. 68 La voz de William cortó sus risas. —Muéstrame. Pellizcando la carne de mi muslo, me estremecí. —De hecho, no creo que este sea el aspecto que estás buscando — discutí. Aparté los ojos de mi reflejo. En un instante, la cortina se abrió de un tirón y William llenó el pequeño espacio. Su voluminoso cuerpo hizo que el diminuto camerino pareciera aún más pequeño. Me rodeé con los brazos, tratando de ocultar las curvas que mostraba esta lencería. Normalmente era una mujer segura de sí misma. Estaba a favor de la positividad del cuerpo, pero eso no significaba que tuviera que mostrar cada una de mis curvas para demostrar lo mucho que me quería. Esto era demasiado. —Nunca te habías escondido de mí, Juliet —dijo William en un tono suave y reverente. Un sudor frío me recorrió la espalda. Alargó la mano lentamente y me agarró los brazos y me ayudó a separarlos de mi torso, casi como si estuviera abriendo un regalo. Sus ojos se abrieron de par en par al verme. Separó los labios con asombro. Me sentí hermosa pero vulnerable. Me sentí mirada. William conocía cada parte sucia de mí. Durante tres años, me abrí inadvertidamente a él en la cafetería, y hace solo dos días, vio de lo que era capaz en el calabozo de la muerte de Anthony. Y ahora, vio mi cuerpo exactamente como era. —¿Lo ves? —hablé en tono áspero—. No creo que sea lo que estás buscando. Detrás de William, Brittany se aclaró la garganta. —Déjanos —dijo William con fuerza. No pude ver su mirada de frustración, pero si el paso de pisadas que dio hacia el frente de la tienda significaba algo, estaba muy molesta. ¿Estaba mal saborear esa pequeña victoria? —Esto es exactamente lo que estoy buscando —dijo William mientras daba un paso más cerca. Sonaba muy seguro. Retrocedí, mi espalda chocó con el espejo de cuerpo entero de la habitación—. Voy a comprar esto para ti. Pero soy la única persona que puede verte en él, ¿de acuerdo? —Eso es un poco presumido, ¿no crees? —dije con una ceja arqueada. William gimió. —Oh, señorita Cross —respondió en un tono bajo y oscuro—. Te he visto desnuda desde el día en que nos conocimos. No podrías 69 esconderte de mí, aunque lo intentaras. Conozco cada matiz. Cada detalle. En mi mente, te he besado mil veces. He adorado tu cuerpo aún más. —Hizo una pausapara trazar ligeramente sus dedos sobre mi brazo. Un escalofrío recorrió mi columna vertebral—. Intenté mantenerte fuera de este mundo. Pero ahora que estás aquí, voy a reclamar hasta el último centímetro de ti. He pasado los últimos tres años espiando tu alma. Ahora, me aprenderé tu cuerpo. —¿Por qué ahora? —pregunté con valentía. William se lamió los labios. —Vicky y yo teníamos un trato. —¿Qué tipo de trato? —pregunté. —Ya no es importante. El trato está cancelado. Se me permite hablar contigo. Tocarte. —Hizo una pausa para inclinarse y mirarme a los ojos—. Pagué mi deuda, y ahora eres mía, señorita Cross. —Me sorprendió ese título desconocido, pero la forma en que se deslizó por su talentosa lengua hizo que el nombre me resultara abrumadoramente sensual y familiar. Quería que me llamara señorita Cross para siempre. No sé por qué solté mi respuesta, pero lo hice. —Me viste besar a Malice —respondí. La bruma lujuriosa en la expresión de William se desvaneció un poco, pero no se movió para poner espacio entre nosotros. —Hace tiempo que aprendí a dejar que mi hermano tenga lo que quiera. Al insufrible bastardo le gusta ejercer su control cada vez que puede. Te besó porque quería una reacción de mi parte. Si se le da media oportunidad, te follará por la misma razón. ¿Y después? Se aburrirá de ti. Besa a quien quieras. No importará a la larga. Eres mía desde hace tiempo. Nadie te conoce como yo. William retrocedió, dejándome sola en el probador. Con las manos temblorosas, levanté la mano y cerré la cortina. En el momento en que la barrera de terciopelo se interpuso entre nosotros, dejé escapar un escalofrío. ¿Qué me pasaba? ¿Por qué me sentía tan atraída por estos hombres peligrosos? 70 Después que William y yo dejamos Bloom Apothecary, él fue a Eden's Place para prepararse para la noche y yo volví a la Mansión Civella para prepararme. Inicialmente había presionado para ir a mi propia casa, pero explicar mi nuevo uniforme a la abuela hubiera sido imposible. Uno de sus hombres me mostró una habitación de invitados escondida en el primer piso. Dentro estaba todo el maquillaje, accesorios para el cabello y productos de belleza que una chica pudiera necesitar. La mayor parte todavía tenía el envoltorio y las etiquetas de precio, y no pude evitar preguntarme con qué frecuencia Malice tenía chicas preparándose en su casa para que tuviera que abastecerse así. Solo me tomó unos treinta minutos prepararme. Mantuve mi maquillaje ligero e inocente, luego ricé mi largo cabello. William fue muy claro acerca de lo que hacía que una Eden's Girl fuera tan única. No había rastro de fingimiento en ella. Tenía confianza y era completamente ella misma. A medida que hicimos más selecciones de lencería, me di cuenta de que comprar mi uniforme se trataba más de lo que me hacía sentir hermosa. Aparte del único atuendo que William insistió en que comprara, todo lo demás se seleccionó en función de mi nivel de comodidad. Por supuesto, todo era de diseño y elegante. Pero era únicamente yo. Fue una experiencia inusual descubrirme en una tienda de lencería. Algo me dijo que William tenía la intención de que fuera así. Consintió mis secretos y los recogió como fichas de oro. Manteniendo un ojo en el reloj, pasé la noche paseando por la habitación mientras llamaba a la abuela y le decía que me quedaría en Dick's por un turno extra. Su reacción inmediata fue quejarse de que estaba trabajando demasiado y necesitaba un descanso, pero su compañera de bingo, Linda, robó su teléfono celular y le dijo a la abuela que se callara y se concentrara en el juego. Me reí mientras las escuchaba discutir. Las dos jugaban al bingo en el centro comunitario una vez a la semana. Aunque podría haber pasado desapercibida esta noche, sabía que ella pronto estaría haciendo preguntas sobre dónde estaba todo el tiempo. No estaba segura de cómo manejaría esto. 71 Alrededor de las siete, alguien me trajo la cena. Sorprendentemente, era mi plato favorito: un bistec a medio cocer y una papa rellena al horno. No podía recordar cuándo fue la última vez que comí una comida como esta. Me pregunté si William era el responsable de que lo entregaran. Tal vez fue una coincidencia, o tal vez me estaba mostrando una vez más lo bien que me conocía. Estaba cuestionando todo lo que hacía. A las nueve, Hale me recogió de mi habitación y me llevó a un Escalade oscurecido. La mansión Civella estaba cerca de Eden's Place, por lo que solo quedaba a unos cinco minutos en automóvil. Aunque parecieron cuarenta y cinco minutos, gracias a las obvias miradas de Hale. Había algo que no estaba bien en ese hombre. Tenía una mano en el volante y la otra la seguía pasando por su grasienta cabeza y tirando de sus pantalones. Sus ojos pequeños y brillantes seguían mirándome por el espejo retrovisor, y quería arañarlos de su cabeza. A pesar de cubrirme con un cárdigan y unos jeans, el atuendo de encaje que usaba todavía se asomaba a través de mi ropa. Hice una nota mental para preguntarles si había un vestuario en Eden's Place para arreglarme allí para no tener que viajar con mi uniforme de trabajo, y usé el término uniforme muy libremente. Llevaba un vestido de encaje de una pieza que se pegaba a mi cuerpo. Era de un hermoso rojo brillante, el color de la sangre fresca, y era tan delgado que mis pezones prácticamente lo atravesaban. Mostraba la mitad inferior de mis nalgas y acentuaba mis largas piernas. Lo combiné con unos zapatos de tacón rojo brillante, pero sabía que me arrepentiría de mi elección de zapatos en la primera hora de mi turno. A pesar de mi aversión a usar tacones altos, no pude evitar sentirme sexy con ellos. Recé para descubrir cómo caminar al final de la noche. —Deja de mirarme —le espeté a Hale cuando capté su mirada penetrante en el espejo retrovisor. Miró la carretera, pero luego volvió a mirarme. Imbécil. Sabía que necesitaba acostumbrarme a que me miraran. El propósito de este club era que hombres y mujeres se quedaran boquiabiertos con la gente que trabajaba aquí. Pero había algo en Hale que hacía que se me erizara la piel. Era como si no me mirara con admiración. Parecía un hombre imaginando todas las formas en que podría estrangularme y esconder el cuerpo. No me agradaba. No confiaba en él. Eden's Place estaba en una parte despoblada de la ciudad situado en el distrito comercial. Pasaba desapercibido y ni siquiera tenía estacionamiento, aunque noté que muchos vehículos de lujo se detenían en la parte trasera y desaparecían por un callejón. 72 Hale siguió a los conductores y se detuvo en un estacionamiento cercano que estaba escondido bajo tierra. Presioné ambas palmas contra la ventana mientras miraba la fila de vehículos caros y hombres en traje. Las luces fluorescentes parpadearon en lo alto. Nos estacionamos, pero Hale no abrió la puerta. —No quiero ser tu niñera —gruñó. —Pues ya somos dos —respondí con valentía. —Creo que necesitas aprender tu lugar por aquí. El hecho de que tengas un buen par de tetas no significa que tengas algún poder sobre mí, ¿entiendes? —dijo—. Soy el jefe. Tú me escuchas. Mis tetas no tenían nada que ver con cómo había llegado aquí hoy. Había matado a un hombre. Navegué en este nuevo trabajo con Malice y tomé decisiones sobre mi vida sin la puta opinión de Hale. No dejaría que redujera mis habilidades a tener una buena delantera. —Escucho a Malice, William y Anthony —respondí rápidamente—. Escucho a la gente firma mis cheques. Y por el aspecto de tu traje de mierda, estoy dispuesta a apostar que no puedes pagarme. Las palabras de Malice resonaron en mi mente. Saber tu valor. No me molesté en ser cortés con Hale. Mi instinto rara vez se equivocaba con la gente, y no confiaba en este hombre tanto como para quitarle el ojo de encima. Hale gruñó y se retorció en el asiento delantero para mirarme con el ceño fruncido. —Cuando entremos, no hagasnada estúpido. Te presentaré a Kelsey y ella te enseñará cómo funciona. Solté un suspiro de alivio. No quería que Hale fuera quien me enseñara sobre este lugar. —Genial —respondí en un tono sarcástico. Hale apretó la mano en un puño, como si se imaginara aplastándome en su palma. —El jefe quiere verte antes de que nos vayamos —dijo después de un momento antes de salir del Escalade. ¿Jefe? ¿Qué jefe? Casi lo seguí, pero la puerta del pasajero frente a mí se abrió de un tirón y Anthony se deslizó dentro, llegando con una sonrisa en su rostro angelical. —Bueno, mírate —dijo con una sonrisa mientras se acercaba a mí. Anthony había perdido su gorro y vestía jeans oscuros y una camiseta blanca. El atuendo parecía fuera de lugar para un establecimiento como este, pero algo me dijo que a Anthony no le importaba lucir como si perteneciera. La camiseta le quedaba ceñida, mostrando cada músculo definido en su torso. Alargó la mano para acariciarme la mejilla con los nudillos y tiró del cárdigan que estaba usando para poder ver el atuendo 73 debajo—. Estoy tan contento de verte. Quería tomar notas sobre la sugerencia de lejía que hiciste. ¿Qué pasa si tu cuerpo no cabe en un tambor de cincuenta galones, debería cortarlo y licuarlo en pedazos? Anthony sacó una libreta y un bolígrafo y esperó a que le respondiera. Parpadeé. —Lo que sea más fácil. Garabateó algunas notas más antes de volver a hablar. —¿Y crees que es ambientalmente irresponsable tirar los restos por el desagüe? No hay mucha investigación al respecto, pero creo que deberíamos buscar una mejor gestión de los desechos si esta es la ruta que tomaremos para avanzar. Lo miré boquiabierta, sin palabras. —¿Sabes qué? Lo leeré y me pondré en contacto contigo. Estoy muy emocionado de probarlo. —Anthony guardó su bloc de notas y me sonrió. —¿Qué estás haciendo aquí? —pregunté. También había tomado nota mental de que Hale llamaba jefe a Anthony. Si Anthony y Vicky eran los más cercanos, eso significaba que yo confiaba más en él en este lugar. —¿Aparte de charlar contigo? —sonrió y luego continuó—. Estoy montando un espectáculo para todos los imbéciles ricos a los que les gusta correrse —respondió. Pero no esperaba esa respuesta. Su tono sonaba casi amargo y definitivamente sarcástico—. Es divertido. Si te cansas de ser una anfitriona de puerta glorificada, avísame. —¿Eres un intérprete? —pregunté con incredulidad. —Supongo que podrías llamarlo así —respondió Anthony con una risa tímida mientras se alejaba de mí. ¿Estaba avergonzado? —¿Es algo que puedo ver? —pregunté en broma, sobre todo curiosa de cómo reaccionaría. —¿Nadie te lo ha dicho? —respondió a mi pregunta con una propia—. En nuestro mundo, puedes hacer lo que quieras. Una vez más, Anthony sonó amargado. —No quiero lastimar a nadie y tengo la sensación de que esto no es solo un juego para ti —susurré. —Intuitiva, qué refrescante —murmuró antes de lamerse los dientes superiores. Esperé a que me dijera lo que quería decir con eso, pero nunca llegó una explicación. Miró alrededor del auto, mirando la tapicería de cuero de una manera que me hizo preguntarme si estaba 74 evitando mi mirada—. No tenemos mucho tiempo. De hecho, quería ayudarte con algo —dijo, cambiando de tema. Tomé su ejemplo. Si no quisiera hablar de eso, entonces no lo obligaría a hacerlo, aunque me trajo muchas preguntas. —Ah, ¿sí? ¿Con qué? —pregunté. Sacó un gran teléfono de su bolsillo rápidamente y abrió un chat de video. Lo vi sonando por un momento y luego el rostro de mi mejor amiga llenó la pantalla. —¡¿Vicky?! —grité en el momento en que mis ojos se posaron en ella. Me emocionó verla. Los hombros tensos de Anthony cayeron un poco, y juguetonamente me arrojó su teléfono para que pudiera sostenerlo, codiciarlo. Estaba tan agradecida de verla sana y salva. El rostro de Vicky llenó la mayor parte de la pantalla, pero pude ver los rayos del sol de la mañana besando su piel bronceada. Llevaba un pijama suave y tenía el cabello recogido en un moño. Parpadeó para borrar su expresión de sueño un par de veces antes de aparentemente darse cuenta de con quién estaba hablando por teléfono. No sabía exactamente qué hora era en Italia, pero era temprano. —¡¿Estás jodidamente loca?! —chilló Vicky finalmente—. Anthony me habló de Eden's. Juliet, ¿en qué estás pensando? Mi entusiasmo por ver a mi mejor amiga se secó más rápido que una gota de agua en un caluroso día de verano. Mi boca se torció en un ceño fruncido. Anthony hizo una mueca. La excusa que me había estado diciendo todo el día salió de mis labios. —Vicky, tu hermano me ató en su sótano y me apuntó con una pistola en la cabeza. Si no lo mataba… —No estoy hablando de eso —interrumpió rápidamente—. Hiciste lo que tenías que hacer. —Vicky sonaba tan indiferente y desdeñosa que me hizo sentir incómoda. Ella era como sus hermanos, indiferente a la muerte que los rodeaba. ¿Me acostumbraría alguna vez a esto? Mis ojos se llenaron de lágrimas calientes mientras un dolor prohibido me recorría. Vergonzoso no era una palabra suficiente para describir el sentimiento que tenía. Escuchar a Vicky hablar sobre mi crimen lo hizo sentir más real de alguna manera. Sus hermanos eran prácticamente desconocidos para mí, pero esta era una chica que me había ayudado a superar todos los altibajos de mi vida durante los últimos tres años. Conocía algunas de las partes más oscuras de mi alma. No estaba segura si fue su aceptación de mí lo que me provocó lágrimas o mi incapacidad para aceptarme. 75 Hice lo que tenía que hacer. Hice lo que tenía que hacer. Hice lo que tenía que hacer. Hice lo que tenía que hacer. Me negué a morir. Me negué a abandonar a la abuela y a Vicky. Me negué a ser un caso de persona desaparecida que quedó sin resolver. Me negué a ser como mi madre. Un caso sin resolver. —No puedo creer que vayas a trabajar en Eden's Place. ¿Tienes alguna idea de lo que has hecho? Anthony apoyó la frente contra la ventana de vidrio y cerró los ojos con fuerza como si de esta manera bloqueara su voz. —Sé que es un club de sexo —respondí con rigidez. A veces, Vicky me trataba como si fuera ingenua porque nuestros mundos eran muy diferentes. Sin embargo, mi educación no fue más fácil que la de ella. Sólo diferente. —¡Pero no sabes el tipo de hombres que van allí! —exclamó. Anthony se aclaró la garganta. ¿No sabía que su propio hermano era un intérprete? —Supongo que no sé muchas cosas sobre tu vida, Vicky —espeté inesperadamente—. No sabía que tenías tres hermanos. No sabía que te ibas a mudar a Italia. No me di cuenta… Vicky me interrumpió. —Eso nunca te molestó. Te dije cuando nos hicimos amigas por primera vez que tenías que estar separada de esto. No te dije nada de esto, porque quería mantenerte al margen. Quería desesperadamente decirte todo lo que estaba pasando en mi vida, pero sabía que la única forma en que podría mantenerte a salvo era si te mantenía fuera de esto. Nunca quise que tuvieras que lidiar con esto. Es una carga que no desearía para mi peor enemigo y mucho menos mi mejor amiga. Este mundo te cambiará. Nicholas es… —su voz se fue apagando, como si no pudiera encontrar las palabras para describir a su malvado hermano. —Entiendo —comencé—. Me sentí sorprendida por todo. Un aviso de que te ibas a mudar hubiera sido bueno. Sabes lo mucho que lucho con el abandono y el hecho de que me mantengan al margen. Simplemente ibas a desaparecer de aquí. Y luego todo sucedió, y no tuve forma de llegar a ti en busca de un consejo, así que aproveché mi situación al máximo. Vicky se mordió el labio y miró a la izquierda antes de volverme a mirar. 76 —¿Qué te ofreció? Me estremecí ante su pregunta. No estaba segura si era por la intromisión de sus palabras o por la forma astuta en que me miró fijamente. Por supuesto que sabía que Malice me había ofrecido algo. Eran parientes. Probablementesobre la taza como si mi atención lo hiciera sentir incómodo. Era una de nuestras reglas no escritas, ignoraba al guardaespaldas de Vicky y ella ignoraba las ojeras debajo de mis ojos. —¿Has terminado de burlarte de mi sombra? —preguntó Vicky en un breve tono—. No sé por qué te molestas en darle café, es un esnob. Prefiere el más fino de los granos tostados australianos. —Al otro lado de la mesa estaba sentada mi mejor amiga. Estaba comiendo un plato de patatas fritas con su tenedor y tenía una expresión en blanco en su rostro. Vestía toda de negro. Tenía una gargantilla negra con un solo diamante en el medio de su cuello largo y delgado. Vaqueros negros acampanados rasgados en las rodillas. Una camiseta negra. Delineador de ojos negro. Y un reloj negro envuelto alrededor de su muñeca. Su cabello rubio pálido estaba recogido en un moño clásico, con una banda elástica negra, por supuesto, y sus labios brillantes estaban presionados en una delgada línea. No podía imaginarme a mi extraño silencioso siendo un snob del café, pero ahora que lo pensaba, nunca tocaba la comida o el café que ponía frente a él. —Solo estoy tratando de mantenerme despierta. Esta noche estoy muerta de cansancio —respondí con un largo suspiro. Necesitaba dormir toda la noche y un poco de cuidado personal extremo. Tal vez incluso uno o dos orgasmos auto inducidos. Era la naturaleza de mi mejor amiga ser arrogante y destructiva. Sus uñas siempre estaban perfectamente cuidadas y su piel de porcelana nunca estaba marcada por el trabajo. El maquillaje de sus ojos siempre estaba manchado, como si se lo pusiera por la mañana con la intención de sentirse feroz, pero se le hubiera corrido con el llanto al mediodía. Esta noche, parecía cansada y aburrida. Se suponía que tenía que salir del trabajo hace una hora para poder charlar, pero Candy, una de las otras camareras aquí, tuvo que irse a casa temprano para cuidar a su hijo enfermo. Cubría su turno hasta la medianoche. —Sabes que no tienes que quedarte aquí —dije en voz baja. Era vergonzoso que mi extravagante amiga tuviera que reunirse conmigo en este vertedero una vez a la semana—. Siento tener que trabajar hasta más tarde. Traté de enviarte un mensaje de texto, pero… Vicky puso los ojos en blanco y robó la taza de café intacta de su silencioso compañero. —No me importa esperar aquí. Es mejor que ir a casa —respondió con una voz suave y lejana. Estaba en la punta de mi lengua preguntarle qué pasaba, pero me tragué mi preocupación y dejé que hirviera en el 10 ácido de mi estómago. Había tres reglas para ser la mejor amiga de una princesa de la mafia. 1. No hacer preguntas personales. 2. No aparecer en su casa sin previo aviso. 3. Nunca, jamás decirle a nadie que eres su amiga. —Acabo a la medianoche. Necesito llegar a casa y ver cómo está la abuela, así que probablemente no podré hablar por mucho tiempo. Vicky hizo un gesto con la mano. —Está bien. Estoy acostumbrada a verte partirte ese lindo trasero trabajando todas las horas de la noche en esta pobre excusa de cafetería. Es dolorosamente normal y me encanta. Cállate y ve a darle un poco de café a ese raro de la esquina antes de que te apuñale en el estacionamiento. En realidad, eso podría ser genial. Podrías presentarlo en tu podcast. —Ella asintió en la dirección del hombre que mencionó y seguí su mirada. Llevaba un bigote de los setenta y vestía una camisa manchada. —Podría entrevistarlo a mitad de una puñalada —respondí mientras meneaba mis cejas—. Brillante. —No mucha gente entendía nuestro humor negro, pero, por otra parte, no mucha gente creció rodeada de muerte y peligro. Vicky era entrometida. Era el tipo de persona que derribaba todo para abrirse paso en cualquier cosa. Nuestra amistad empezó porque ella decidió que fuéramos mejores amigas. No había nada orgánico en nuestro vínculo. Era forzado. Era abrumador. Era perfecto. Nos conocimos en un cementerio hace tres años, un comienzo sombrío para una hermosa amistad. Estaba investigando un caso sin resolver y quería tomar algunas fotos de la lápida de una víctima para mi podcast de crimen verdadero. Me tropecé con ella llorando en la tumba de su madre. Puede que yo no haya tenido una lápida por la que llorar, pero encontramos un terreno común de todos modos. Decidió que fuéramos amigas en el acto y simplemente estuve de acuerdo porque Vicky me intimidó. Recuerdo vívidamente mi primera impresión de ella. Vicky parecía fuerte, hermosa y extrovertida. Simplemente me agarró de la mano, nos sacó del cementerio y me informó que nos encontraríamos allí de nuevo el jueves siguiente. Nos habíamos reunido todos los jueves desde entonces. Revisé las dos mesas ocupadas en el comedor, asegurándome de que no necesitaran nada, antes de limpiar el mostrador y regresar con Vicky y su guardaespaldas. 11 —Siéntate —dijo mientras palmeaba el asiento junto a ella—. Tenemos quince minutos antes de que termine tu turno y quiero pasar el mayor tiempo posible contigo. Me deslicé en el reservado e ignoré al tipo gruñón sentado frente a nosotras. Aprendí desde el principio que tenía que acostumbrarme a hablar de mi vida mientras alguien escuchaba descaradamente. No era tan malo. Él era frío como una piedra, una estatua sin emociones que nunca respondía. Incluso cuando le conté a Vicky sobre el momento en que perdí mi virginidad, nunca dijo una palabra. Nunca reaccionó. Sabía tanto de mí como Vick. A veces me preguntaba qué pensaba de mí. —Entonces, ¿cómo estuvo tu último podcast? —preguntó Vicky con una sonrisa. —El podcast fue genial —sonreí—. Tengo hasta cincuenta suscriptores. Vicky apretó los labios, tratando desesperadamente de no reír. —Un total de cincuenta, ¿eh? —Tu mejor amiga es una celebridad, Vick —bromeé. Dirigía un pequeño podcast sobre un proyecto que me apasionaba en el que hablaba sobre crímenes verdaderos. Lo que comenzó como un mecanismo de supervivencia se convirtió en una obsesión. Puede que no sepa qué le pasó a mi propia madre, pero encontré un cierre investigando y discutiendo sobre otras víctimas—. En realidad, recibí un correo electrónico al respecto. Un correo electrónico legítimo de un fan. Vicky curvó su puño y lo apoyó debajo de su barbilla. —¿Qué quería? —Se inclinó emocionada. —Bueno, ¿sabes que esta semana se trató del Asesino Fantasma de 1946? —pregunté. —Por supuesto —mintió Vicky—. Escucho todos tus súper infernales podcasts, escalofriantes como el demonio, justo antes de acostarme para poder tener increíbles pesadillas. —Esbozó una amplia sonrisa hacia mí para acentuar su punto. Su guardaespaldas se aclaró la garganta. Respondí con una sonrisa, colocando mi mano sobre mi pecho. —Gracias por tu dedicación a mi apasionante proyecto. De todos modos. Recibí un correo electrónico de Clownboner78@gmail.com preguntándome si quería chupar su polla fantasma. Vicky echó la cabeza hacia atrás y se rio. 12 —¿Y eso que significa? —logró decir con voz ahogada a través de estallidos de risa alegre. —Creo que tiene una polla fantasma —dije inexpresiva—. Como que quiero verla. —Deberías casarte con este hombre. Entonces puedes tener bebés fantasmas. Agarré sus manos y me reí. —Serás mi dama de honor, ¿verdad? La conversación se volvió seria cuando Vicky respondió. —Me ofendería si no lo pidieras y luego mataría a quien escogieras en lugar de a mí. —Forcé una sonrisa y solté una risita, sin saber si estaba bromeando o no. —¡Oh, mi Hemsworth! —exclamó—. ¡En realidad, no haría eso! —Eso es lo que dicen todos los asesinos. Tal vez elija a alguien más para mi boda de polla fantasma solo para que lo mates y tendré una historia épica para mi podcast —respondí en broma. —¡Entonces tendrás cincuenta y un suscriptores! —respondió ella con un guiño. Ambas nos reímos una vez más y sentí que el peso de mi estresante semana desaparecía de mi cuerpo. Vicky y yo solo pasábamos juntas un díasabía mejor que nadie cómo operaba, por eso estaba tan decidida a mantenerme alejada de todo. —¿Quién? —pregunté. —Sabes quién. Juliet, ¿qué te ofreció Nicholas, Malice? Giré la cabeza y miré a Anthony, entretenido. Tal vez fue porque William siempre estaba sentado frente a nosotras, pero no me avergonzaba ni me incomodaba tener esta conversación frente a un espectador silencioso. Supongo que cada charla que Vicky y yo tuvimos fue frente a una audiencia mortal. Anthony me miró fijamente, esperando mi respuesta. Esto se sintió como una prueba, pero no sabía la respuesta correcta. De hecho, sabía la respuesta correcta. Honestidad. La honestidad era siempre la respuesta correcta. Una mentira estaba demasiado cerca de un secreto para que me sintiera cómoda sin admitir por qué estaba aquí. —Malice consiguió que la abuela tuviera cita con uno de los mejores doctores de la ciudad. No podía pagar su medicina habitual y mucho menos un fármaco experimental. Yo trabajaba sesenta y cinco horas a la semana en esa cafetería, apenas sobreviviendo. Necesito dinero. Necesito que la abuela esté bien. No quiero que ella sufra, Vicky. —¡Intenté ayudarte! Te conseguí información sobre ese lugar de vida asistida —discutió. —No podía pagarlo, Vicky. He estado luchando mucho. No tengo tiempo para una amiga. Apenas tengo tiempo para la escuela o para mi podcast. Mis pasatiempos incluyen cuidar a la abuela, leer hasta desmayarme y mis visitas contigo durante cuarenta y cinco minutos todos los jueves por la noche. No tengo una vida. No tengo dinero. Camino en ambos sentidos al trabajo. —Por lo general, no era el tipo de persona que se quejaba de mi situación. No creía que fuera útil estar constantemente deprimida por cosas que no podías cambiar. Pero maldita sea, se sintió bien decir finalmente lo que había estado sintiendo desde que la abuela recibió su diagnóstico. Estaba cansada. Miserable. No me había comprado zapatos nuevos desde el segundo año de instituto. Pasaba todo mi tiempo trabajando. Era difícil. Agotador. Valoraba a Vicky porque era una parte muy breve pero también muy brillante de mi vida, pero eso no significaba que tuviera 77 derecho a juzgarme por mis decisiones. Incluso si ella entendía este mundo mejor que yo, no entendía mi situación. No sabía lo que era comer comida rechazada en el callejón trasero detrás de Dick's Diner porque no tenía suficiente dinero para la compra hasta el día de pago. No sabía lo que era ahorrar durante dieciocho meses para un micrófono de mierda para que pudiera presentar mi propio podcast. No mantuve en secreto mi lucha, pero ella no intentó ver realmente lo difícil que era para mí sobrevivir. Y supongo que no me tomé el tiempo para ver cuánto la estaba agotando su propia vida. Quizás mi mejor amiga y yo no nos conocíamos tan bien como pensábamos. —Sabía que estabas luchando, pero… —¿Pero tu mundo era tan abrumador que no tenías la capacidad de pensar en el mío? —pregunté. Después de estar en el círculo Civella por solo un par de días, supe lo fácil que era ser absorbida por tu propia realidad. No culpaba a Vicky por no entender, pero crearía un límite aquí mismo. No tenía la paciencia para ser juzgada y, francamente, estaba en este lío por culpa de ella. Malice ahora tenía el asesinato sobre mi cabeza. Tuve suerte de que me ofreciera cualquier cosa. Estaría indefensa contra él si me delataba por asesinato. Ella tuvo el privilegio de escapar de este lío, pero yo no tenía la libertad de elección como ella. —¿Puedes al menos admitir que es demasiado para ti? —preguntó Vicky solemnemente. Miré profundamente a los ojos de mi mejor amiga, observando su brillante mirada azul llena de preocupación y dolor. Me pregunté si ella se sentía igual que yo. —Ya me estaba ahogando, Vicky —respondí—. Ya estoy demasiado metida en esto. Vicky suspiró. Vi como abría y cerraba la boca, como si tratara de forzar los pensamientos que giraban alrededor de su mente a través de sus labios. —Él lo hace parecer tan apetitoso. Colgará tus deseos más profundos sobre tu cabeza. Mi hermano no se preocupa por tu abuela. No se preocupa por ti. No creo que sea capaz de preocuparse por nada más que su imperio. No puedo ayudarte desde aquí. —¿Vamos a estar bien? —pregunté. Ya me había decidido a trabajar en el club. Pero me preocupaba que esta decisión pudiera causar una brecha entre Vicky y yo. Ya me sentía algo distante de ella desde la noche en la cafetería. Luchaba por perdonarla por haberme abandonado. Iba a salir de mi vida sin una segunda mirada, sabiendo lo traumatizante que era para mí. Pero no quería perderla. 78 —Eres mi mejor amiga, Juliet. Siempre te amaré. Solo quiero lo mejor para ti. No puedo apoyar que te acerques al negocio de mi hermano. He pasado toda mi vida queriendo salir y no estoy segura de poder perdonarte por ponerte voluntariamente en el medio de todo. Vicky hizo que pareciera que se trataba de una decisión premeditada que había tomado. No lo fue. Malice me chantajeó. Me obligó a poner fin a la vida de ese hombre. Sin embargo, tenía la sensación de que no importaba lo que dijera. Vicky tenía en mente que la estaba traicionando estando aquí. Y quería saber por qué. Antes de que pudiera procesar la conversación entre nosotros, Anthony me quitó el teléfono de la mano y miró a su hermana. —¿Qué tal Italia? —preguntó en un tono juguetón—. ¿Sabías que la casa de vacaciones de nuestra familia está a dos horas de uno de los cementerios más antiguos del mundo? —Sabes que solo voy a cementerios espeluznantes cuando me arrastras hasta ellos, Anthony —respondió Vicky secamente, aunque sentí afecto en su tono—. Supongo que algo bueno salió de esto. Finalmente pudiste conocer a Juliet. ¿Qué piensas? Anthony me miró de reojo antes de responderle. —Tenías razón en que nos llevamos bien. Ella tiene algunas ideas geniales para deshacerse de un cuerpo. —Me sentiría mejor si estuviera trabajando contigo en lugar de en el club. Al menos William estará allí… Los labios de Anthony se tensaron en una breve línea, pero forzó una sonrisa de nuevo. —La cuidaré bien. Solo mantente a salvo hasta que podamos averiguar qué está pasando con esta rata. Anoche nos robaron otro cargamento de armas. Me incliné más cerca para escuchar la respuesta de Vicky. —Creo que enviarme al otro lado del mundo es una exageración, pero estoy disfrutando del sol. Mantente a salvo, ¿de acuerdo? —Lo haré —respondió Anthony antes de colgar el teléfono. El silencio se extendió entre nosotros por un largo momento y me moví ansiosamente en mi asiento mientras esperaba que él hablara. —Mi hermana realmente se preocupa por ti —murmuró. Colocó su mano en la manija de la puerta y se aclaró la garganta—. Supongo que eso significa que yo también me preocupo por ti. No dejes que este lugar te cambie, ¿de acuerdo? 79 Asentí, sin saber qué decir. Había algo en Anthony que hacía que me doliera el pecho, un instinto de que había más debajo de la superficie con él que no estaba entendiendo del todo. —Lo prometo —susurré finalmente, pero él ya había salido y atravesaba la puerta trasera. 80 Kelsey era una rubia despampanante con piernas largas y un corsé tan apretado que me pregunté cómo estaba respirando. Sus tacones de aguja eran como zancos, y en los cinco minutos que había estado en su compañía, ella corría por todo este espacio sin sudar ni respirar aparentemente. —Aquí está la barra —dijo en un tono brillante mientras me atraía hacia el centro del club. Apenas tuve la oportunidad de ver lo que me rodeaba porque ella se movía muy rápido. En el momento en que me escoltaron a través de la puerta, Kelsey se puso de pie y comenzó a llevarme a lugares mientras hablaba a una milla por minuto. No había forma de describir Eden’s Place más que como un lugar oscuro y lúgubre. Sorprendentemente, el área común carecía de la sensualidad que esperaba.Los suelos de mármol negro chasqueaban bajo mis pies con cada paso. Las luces rojas iluminaban las paredes y las cortinas de terciopelo negro dividían diferentes áreas del espacio abierto. La música lujuriosa resonó por los altavoces del techo. Diversas mujeres en todas las etapas de desnudez deambulaban por el club, cargando bandejas y coqueteando con los primeros clientes. Eran la única señal de que se trataba de un club de sexo. De lo contrario, parecía un club para que los mafiosos celebraran reuniones. La barra era enorme y servía como punto focal de la sala principal. Las mesas lujosamente terminadas rodeaban la gran barra, proporcionando un espacio acogedor para que la gente se sentara y visitara. Los pasillos que salían del área de la barra principal se iluminaban con luces de color rojo intenso en los pisos. Kelsey no me había llevado allí todavía. —¿Qué hay al final del pasillo? —pregunté, un poco sin aliento de perseguirla por el club. —Esas son las salas de espectáculos. Te llevaré allí una vez que comiencen más espectáculos. Quiero que tengas la experiencia completa —dijo con un guiño. La experiencia completa, ¿eh? —De acuerdo. 81 —Aquí es donde la mayoría de nuestros clientes comenzarán a pasar la noche. A veces juegan al póquer. A veces firman acuerdos comerciales de miles de millones de dólares. Olvida todo y cualquier cosa que escuches. Es más seguro de esa manera. Su consejo tenía sentido, pero se suponía que yo era los ojos y los oídos de Malice. —Buen punto —dije con voz ahogada. Kelsey me miró fijamente. —Hablo en serio. Mantén la cabeza baja y actúa ajena. No quieres terminar desapareciendo, ¿de acuerdo? —Está bien —repetí. —A la medianoche, abrimos las cortinas y algunos de nuestros intérpretes suben al escenario detrás de una mampara de cristal. Algunos de nuestros miembros son muy particulares sobre esto, les gusta saber quién actuará, cuándo y dónde para poder reservar un asiento cerca del cristal. Algunos hombres pegan el rostro contra él, y tenemos que limpiar el cristal cada hora. Es asqueroso. Kelsey hablaba tan rápido que apenas podía seguir su ritmo. —Como anfitriona, ¿siento a la gente aquí, o es un asiento abierto? —Asientos abiertos —respondió Kelsey mientras caminaba hacia la barra y tomaba un trago de líquido transparente. Observé con asombro cómo lo bebió todo, tragando con un leve siseo—. Las camareras de cócteles se encargan de esta área. Tú te encargarás de todas las fantasías más profundas y oscuras de nuestros clientes. Kelsey golpeó el vaso de chupito en una barra de madera oscura y asintió hacia el frente del club donde la gente entraba. —Eso suena un poco intimidante —dije. —En realidad, no. Te acostumbrarás. Pero si quieres hablar de intimidar —hizo una pausa para asentir hacia nuestra izquierda—, Nicholas Civella encaja perfectamente. —Seguí su mirada, mi corazón latía erráticamente mientras Malice se acercaba. Se me empezó a erizar la piel. Llevaba un traje completamente negro. Zapatos de vestir negros. Cinturón Gucci negro. Camisa negra abotonada. Su cabello estaba acicalado con gel y tenía AirPods en la oreja—. Maldición, está caminando hacia aquí. No digas nada estúpido —balbuceó Kelsey antes de acariciar su cabello. Malice se detuvo frente a nosotras y me miró de arriba abajo. Si le gustó el atuendo que William eligió para mí, entonces no lo dejó ver. Su 82 labio se crispó cuando me retorcí en mi lugar. Su mirada pesada se sintió como un yunque sobre mi piel expuesta. —¿Es esta la nueva empleada? —preguntó a Kelsey, su voz se elevó levemente para que la gente a nuestro alrededor pudiera escuchar. Me dieron instrucciones estrictas de fingir que era solo una empleada más y no acercarme a Malice en público. —Sí, señor —respondió Kelsey, con voz temblorosa. Se suponía que íbamos a fingir ser extraños, pero no pude evitar sentir tensión entre nosotros. Fue palpable. Inolvidable. También abrumadoramente sensual. Ciertamente, todos los demás también lo reconocieron. —Se ve bien —murmuró antes de estirar la mano para pasar su dedo por mi costado. Mi piel hormigueó en todos los lugares que tocó. Lentamente, Malice se inclinó para susurrarme al oído. Su aliento caliente se deslizó por mi cuello—. Ven a verme después de tu turno. Malice se apartó y asentí. —Sí, señor —susurré. Hizo una pausa a unos ocho centímetros de mi rostro e inhaló mi aroma, con una sonrisa en sus suaves labios. —Encajarás bien aquí —respondió antes de dejarnos para ir a sentarse en un reservado de la esquina. En el momento en que estuvo fuera del alcance del oído, Kelsey dejó escapar un silbido bajo. —Estás en problemas —dijo—. No quieres estar en el radar del señor Civella, cariño. La miré, aparentemente helada. —¿Por qué no? —pregunté. Poco sabía ella, estaba justo en medio de cualquier radar que tuviera Malice. Kelsey tomó una servilleta en broma y fingió limpiar la baba de mi barbilla. —Porque ese hombre es mortal —respondió ella, todo el humor de su voz desapareció. Sabía con total certeza que tenía toda la razón. —Me mantendré alejada de él —prometí, aunque ya no sabía cómo iba a ser posible. —Vamos. —Kelsey sonrió alentadoramente antes de llevarme de regreso al puesto de la anfitriona. Era un escritorio enorme con dos 83 pantallas de computadora de gran tamaño—. Cada cliente tiene una tarjeta. En el momento en que cruzan la puerta, se espera que escaneen su tarjeta. Aparecerá un perfil personalizado en la computadora. —En el escritorio, Hale estaba apoyado contra la pared con los brazos cruzados sobre su pecho y el ceño fruncido. Esperaba que no estuviera planeando quedarse allí toda la noche. Kelsey se acercó a él y le tendió la palma—. ¿Puedo pedir prestada tu tarjeta de membresía? Es para fines de capacitación. —Hale resopló molesto antes de hurgar en el bolsillo del pecho y sacar una pieza negra rectangular de plástico—. ¡Gracias! — canturreó Kelsey antes de volver al escritorio. Escaneó la tarjeta e inmediatamente apareció el perfil de Hale. Tenía una foto poco halagüeña de él, una lista de cada vez que se registraba en el club, a qué habitaciones iba y cuáles eran sus preferencias. También había una lista de sus intérpretes favoritos. Sus perversiones…favoritas. —El programa es bastante intuitivo —explicó Kelsey—. Proporcionará sugerencias basadas en su historial, gustos y disgustos. También tenemos un sistema de programación para nuestros invitados. Los miembros pueden reservar habitaciones en línea, y se mostrará aquí. Tu trabajo es informarles de lo que está programado. Por ejemplo —dijo Kelsey, escaneando el perfil de Hale—, aquí dice que Hale tiene un crush fetish. —¿Qué es eso? —pregunté. Ella agitó la mano con indiferencia. —A él le gusta ver mujeres pisando cosas. Aplastándola con sus tacones, ¿sabes? —Se inclinó para leer las notas de su perfil—. Dice que le gusta ver cómo aplastan a los gatitos, los insectos y los cachorros. — Hizo una pausa para hacer una mueca—. Pero no abusamos de los animales en este establecimiento. Aquí no avergonzamos a la gente por sus perversiones, pero Eden’s Place debe tener al menos algunos estándares, ¿eh? Tenemos un intérprete que pisa sobre el vidrio y alimentos. —Bueno, gracias a Dios por eso —susurré. No podía imaginar a qué clase de monstruo le gustaba ver aplastados a animales inocentes. Era demasiado barbárico y esto me dijo todo lo que necesitaba saber sobre Hale. No confiaba en él ni un poco. Miré el calendario por encima de su hombro. Un intérprete con la etiqueta Crush Fetish se destacaba en rojo. Kelsey continuó, llamando por encima del hombro a Hale. —Tu chica está en la habitación Calla Lily esta noche. Hale se acercó a nosotras y agarró su tarjeta de Kelsey. 84 —Estoy bien esta noche —comenzó antes de mirarme desde arriba—. Tuve mi propia actuación privada hace un par de días. Fue caliente, algopor lo que normalmente tendría que pagar una cuota para verlo. Oh… oh Dios mío. No. Ciertamente no estaba hablando de… Pero por supuesto que lo estaba. Mi estómago se hundió cuando me di cuenta de lo que significaban sus palabras. Había cumplido su repugnante fantasía. Verme… aplastar… a ese hombre fue su perversión. Vendí mi alma y se excitó. —Pasemos a la gestión del perfil del trabajo… —dijo Kelsey, ajena a la crisis existencial que estaba teniendo. Tuve que presionar mi mano contra mi boca para no vomitar. —Va a vomitar —dijo Hale mientras hacía crujir los nudillos. Trak. Trak. Trak. Kelsey llamó su atención hacia mí, confundida. —¿Juliet? ¿Estás bien? —Estoy bien —me apresuré a salir—. Solo necesito usar el baño. Ni siquiera le di a Kelsey la oportunidad de hablar, caminé tan rápido como mis tacones de aguja de trampa mortal me pudieron llevar y lo más lejos posible de Hale. No me importaba a dónde fuera, solo necesitaba poner algo de distancia entre nosotros. Me sentí tan mal, sabiendo que uno de los momentos más traumáticos de mi vida lo excitó. Fue un giro de los acontecimientos invasivo y desagradable que me hizo sentir mal del estómago. Bajé por uno de los pasillos laterales, sin saber muy bien a dónde iba. Las luces rojas parpadeantes dificultaban el desplazamiento por el espacio. Mi visión se volvió borrosa y mi corazón se aceleró. Sabía en mi interior que no me había tomado el tiempo para procesar todo. Seguí empujando hacia adelante, pero algo en Hale me envió al límite. Pero una luz blanca y cruda me llamó la atención, sacándome de mis pensamientos. El pasillo era como un acuario gigantesco con tanques sin agua. Tanto a mi izquierda como a mi derecha había paredes de vidrio que me separaban de los intérpretes. Las cortinas negras cubrían algunas secciones. Algunas ya estaban abiertas para que las vieran los invitados. La primera exhibición mostraba a un hombre besando suavemente una muñeca inflable. Tiernamente. Lentamente. Era un hombre titán, músculos abultados y piel morena reluciente. Su lengua se deslizó por la 85 boca inflada con una lujuria tan apasionada que me sonrojé. No tenía audiencia, pero actuaba de todos modos. Seguí caminando por el pasillo. La siguiente habitación estaba bañada por una luz azul verdosa. Una mujer estaba acostada en una cama en medio de la habitación, las sábanas rosas estaban revueltas y retorcidas a su alrededor. Sostenía un consolador de forma extraña que parecía… fuera de este mundo. Casi como el tentáculo de un pulpo. Todavía llevaba bragas negras y frotaba el tentáculo de plástico sobre su clítoris mientras arqueaba la espalda del colchón. Miré con asombro. Aunque sabía que este era su trabajo y que el propósito de este club era sumergirme en las fantasías más profundas de los ricos y poderosos, no pude evitar sentir que me estaba entrometiendo en algo al mirar fijamente. Una mujer con un vestido rubí intenso, con el cabello rizado azul oscuro recogido en su coronilla, se sentaba frente al espejo y miraba con ojos hambrientos. El espectador parecía rígido y fascinado. Seguí avanzando por la fila de exhibiciones. Algunos intérpretes no tenían a nadie mirando. Algunos tenían cinco o seis hombres presionados lo más cerca posible del cristal. El pasillo era ancho y cada pared de vidrio tenía asientos colocados frente a ellos. A cada lado de mí estaba cada perversión imaginable. Todas las razas, géneros, orientación sexual y edad estaban representadas en Eden’s Place. Una hermosa mujer que parecía tener más de sesenta y cinco años estaba vestida completamente de cuero y estaba golpeando con un látigo a un hombre mucho más joven. Hice todo lo posible para eliminar cualquier prejuicio de mi mente. Era una locura para mí lo grande que era este almacén de sueños. Hubo algunas perversiones que no entendí. Hombres vestidos como animales perseguían a mujeres desnudas en una habitación. En otra habitación solo había una mujer que se hacía un tatuaje en la vagina. No fue hasta que llegué al final de la sala de exposiciones que me quedé realmente sorprendida por lo que vi. Allí, en su jaula de cristal del placer, estaba Anthony Civella. 86 Separado sólo por la pared de cristal, me quedé mirando descaradamente a Anthony Civella. Su impresionante cuerpo estaba en forma y saludable. Su cabello castaño y desgreñado estaba enredado y húmedo como si acabara de ducharse y se pasó la mano al azar por éste. Cada contorno de sus músculos estaba claramente definido. Tenía piernas largas y gruesas como troncos de árboles y un torso tallado que parecía roca cortada. La mirada penetrante de sus ojos brilló con peligro cuando me vio mirando. No parecía avergonzado, sino resignado. Fue una mirada de aceptación, como si hubiera esperado que entrara dando tumbos en esta sala de juegos. Me desafió con su mirada. Quería que lo viera, que lo viera de verdad. La abuela una vez nos consiguió un pase de temporada para el zoológico local, y me enamoré de este tigre audaz en la sección de animales depredadores. Cuando era niña, bromeaba diciendo que él era mi mascota y hacía que la abuela se sentara conmigo frente a su exhibición durante horas y horas. Empacaríamos el almuerzo y nos acomodaríamos en el banco frente a su extravagante jaula. Con el tiempo, me encontré sintiendo lástima por el poderoso animal. No estaba destinado al zoológico; él tampoco estaba destinado a mí. Anthony se parecía mucho a ese tigre. Desnudo. Primitivo. Único. Libre, pero de alguna manera encadenado también. Quería saber más. Estaba completamente desnudo y mis ojos recorrieron lentamente todo su cuerpo. El miembro de Anthony ya estaba duro. Era grueso, largo e impresionante. A diferencia de las otras habitaciones, esta jaula de cristal estaba dividida en dos por una delgada pared negra. Su cuerpo estaba resbaladizo por el aceite, y se pasó las manos temblorosas por el estómago mientras miraba la pared que lo separaba del otro lado de la exhibición. Había una puerta que daba a cada lado de la pared. Ya había un par de hombres y mujeres sentados y preparándose para el espectáculo. Encontré un asiento en la primera fila. Tal vez no fue ético o profesional de mi parte sentarme y mirar, pero me impulsaba una 87 oscura curiosidad. Anthony se mordió el labio, luego se dio la vuelta para mirar hacia la puerta por un momento. Jadeé en el sitio a su espalda. Las cicatrices gruesas y elevadas se alineaban en cada centímetro de su piel desde el cuello hacia abajo. Era como si alguien le hubiera dado un látigo en el cuerpo y hubiera marcado todas las partes disponibles de él que pudieron. Estaba tan conmocionada por la destrucción en su piel que no noté que una puerta se abría al otro lado de la pared. Aparté mis ojos de su daño en el cuerpo para observar a la mujer que entró en su jaula de cristal dividida. Tenía una hermosa piel cremosa y cabello castaño oscuro. Sus ojos eran negros y estaban delineados con un delineador de ojos grueso. Estaba completamente desnuda con pechos pequeños y una vagina sin afeitar. Anthony giró el cuello y se acercó a la pared. Colocó ambas palmas contra el grueso divisor y luego hizo algo inesperado. Honestamente, no había forma de describirlo sin sonar crudo. Deslizó a un lado la división, revelando un agujero perfectamente circular en la pared. Me pregunté qué estaba haciendo con eso, pero mi pregunta fue respondida rápidamente cuando deslizó su endurecido miembro a través de la abertura circular. Había oído hablar de los agujeros de la gloria antes, pero nunca había visto uno en acción. Al ver el miembro de Anthony, la mujer se arrodilló frente a él y envolvió sus labios alrededor de su palpitante miembro. Me sonrojé y puse mis dedos sobre mi boca. No podía creer lo que estaba viendo y no entendía mi reacción. Estaba ansiosa por Anthony. El acto era extrañamente vulnerable. No sabía quiéno qué había al otro lado de la pared. También estaba un poco celosa. Me pregunté si eligió esta exhibición o si esto era algo… más. —Si te vas a burlar, entonces lárgate de aquí —siseó la voz de William. Salté en mi asiento, sorprendida de escucharlo. Una mano pesada se apoyó sobre mi hombro cuando se agachó a mi lado. Luego vino una pregunta tan venenosa que prácticamente quemó—. ¿Qué estás haciendo aquí? Demonios. Se suponía que debía estar trabajando. Estaba disgustada y avergonzada a la vez por lo que había sucedido con Hale. Me escapé para dejar algo de espacio entre nosotros, pero luego terminé bajando por la madriguera del conejo de Eden’s Place. Este club era intenso y detallado. La forma en que lo configuraron daba voz a todos los deseos. Lo que comenzó como querer escapar de Hale se convirtió en una exploración. 88 En lugar de responderle, le hice una pregunta. No me importaba que Anthony tuviera sus propias perversiones. Quería saber quién lo lastimó. —¿Qué le pasó a Anthony? Esas cicatrices en su espalda eran abusivas y crueles por naturaleza. —Vamos —dijo William mientras asentía hacia el pasillo y se alejaba de la jaula de Anthony. Me puse de pie justo cuando otra mujer entraba en la sala de exposición. Y otra mujer. Todas ellas alineadas. Desnudas, relucientes de sudor y lujuria en sus ojos. Todas estaban dispuestas a arrodillarse y complacer a Anthony. ¿Sabría la diferencia entre cada mujer? ¿Le importaba? ¿Eran solo un placer sin rostro para que él se excitara?— ¿Señorita Cross? —llamó William una vez más. No podía apartar los ojos de la escena. Era sexual pero también… triste. Anthony estaba solo, de pie allí, con la cabeza echada hacia atrás y los ojos cerrados con fuerza. Como si excitarse fuera de alguna manera doloroso para él. Ver la creciente multitud al otro lado de la división hizo que pareciera una exhibición de arte y nada más. Anthony se redujo a solo su miembro. No conocían al hombre detrás de la pared. No conocían las cicatrices de su piel. Y tampoco él las conocía. Las lágrimas llenaron mis ojos mientras lo miraba. Sus palmas se estrellaron contra la pared. Sus músculos se flexionaron. Gimió y se mordió el labio. Otra mujer se arrodilló y comenzó a chuparlo. William agarró mi muñeca y suavemente me levantó y me alejó. —Vamos —susurró con ternura. No esperaba estar tan emocionada, pero había algo en esto que me revolvió el estómago. Una vez fuera de la vista de la sala de exposición, William me empujó contra la pared y acunó mis mejillas con sus manos. Sentí su pulgar rozar mi piel, aplastando las lágrimas mientras me miraba. —Alguien lo lastimó —susurré. Fue tan evidente. ¿Cómo podían todas esas personas mirarlo cuando era evidente que algo no andaba bien? No conocía a Anthony tan bien, pero reconocí el dolor dentro de él. William se inclinó más cerca por un momento, como si quisiera besar mi frente. Esperé pacientemente, por alguna razón deseando el consuelo que me ofrecía. —Anthony fue secuestrado por uno de los socios comerciales de Cora hace un año. Ella lo ordenó —admitió William. 89 Todavía no sabía quién era esa perra de Cora, pero una repentina ola de furia se apoderó de mí. Quería matarla. Terminar con ella. Arruinarla. William continuó. —Ha luchado por tener intimidad física con la gente desde entonces. Incluso los abrazos le molestan. Demonios, le va mejor con los muertos que con los vivos. Negué con la cabeza. Esto era terrible. —¿Por qué? —pregunté—. ¿Por qué se lo llevaron? William se apartó, un destello de dolor atravesó su expresión. —Nuestro padre crio a Nicholas para que fuera ambicioso. Pero creció demasiado rápido. El primer año después de la muerte de nuestros padres, se apoderó de territorios como si nada. Enfadó a mucha gente, y supongo que se podría decir que todos fuimos unos engreídos. En cuestión de dieciocho meses, formamos un imperio con el que nuestro padre solo podía soñar. Estábamos motivados por el dolor. Cuando nuestros padres murieron, queríamos construir algo en su memoria. Tragué saliva. —Pero todo tiene un costo —susurré. William asintió solemnemente. —Lo tuvieron durante ocho días. Ocho días fue todo lo que se necesitó para cambiarlo por completo. Regresó con la piel destrozada. Se despertaba en medio de la noche gritando. La única persona que podía ayudarlo era Vicky. Demonios, todavía confía en ella para casi todo. No puede pasar un día sin hablar con ella. Ella lo comprende. —Y Vicky ahora está al otro lado del mundo —dije con un escalofrío—. ¿Por qué Malice la enviaría lejos si ella es la única persona con la que Anthony se conecta? ¿No viste lo que estaba pasando allí? No se veía feliz, William. —No teníamos otra opción. Cora es vengativa y está diez pasos por delante de nosotros. Nicholas mató al socio que abusó de Anthony, y ahora ella quiere venganza. Nick se niega a permitir que algo le pase a Vicky también. Él podría ser un engreído, un loco hijo de puta, pero se preocupa por su familia y se siente muy culpable por lo que le pasó a Anthony. Aunque realmente no conocía a Anthony tan bien, sentí un renovado sentido de propósito sobre mi papel aquí en Eden’s Place. No solo estaba buscando una rata, estaba encontrando una manera de que Vicky volviera a casa. Estaba devolviendo algo de sanación a la vida de Anthony. 90 —Tenemos que encontrar a la rata —dije con voz severa. Pensé en lo que Malice me había susurrado cuando nos encontramos antes. —Y lo haremos. No estoy seguro de cuánto vamos a averiguar de manera realista en el club —respondió—. Nicholas está convencido de que podríamos encontrar algún tipo de pista aquí. Absorbí sus palabras. —¿Por qué cree Malice que la rata está asociada con Eden’s Place? William miró alrededor del pasillo oscuro antes de contestarme. —Hicimos arreglos para que llegara un envío de armas en una fecha y hora específicas. Nos reunimos con el proveedor en Eden’s Place para discutir. El ejército de Cora estaba en el lugar de intercambio y robó nuestro envío. También mató a tres de nuestros hombres. —Realmente odio a esta perra —gruñí, sintiéndome de repente asesina. El labio de William se crispó. —Creo que el problema es más profundo, tal vez incluso sea alguien en nuestra infraestructura. Nicholas no quiere creer que alguien cercano a nosotros nos haya traicionado. Es complicado, así que asegúrate de ser diligente. Estaba en la punta de mi lengua decirle a William que no confiaba en Hale. Algo en él simplemente se sentía mal, pero estaba en su círculo íntimo. Aparte de saber que tenía una perversión despiadada, realmente no sabía mucho más sobre él. Y no era como si los Civella no lo supieran ya. Tenían una base de datos completa dedicada a los deseos más profundos y oscuros de todos. William caminó delante de mí de regreso al puesto de la anfitriona. Lo vi caminar, mientras trataba de pensar en cómo iba a manejar estar cerca de Hale sin vomitar. Necesitaba hablar con Malice sobre encontrar a alguien más que me cuidara. Probablemente tampoco me ayudaba a mantener un perfil bajo tener a uno de sus hombres vigilándome. Una vez que vi el puesto de la anfitriona, Kelsey frenéticamente me saludó con la mano. Dejé caer mis hombros. —¿A dónde te fuiste? —siseó mientras seguía a William con la mirada. No miró en mi dirección y se sentó en la barra—. No puedes simplemente deambular. Te despedirán en el acto si te atrapan holgazaneando, y no quieres perder tu trabajo aquí el primer día. Aún no has establecido tu lealtad, y esta gente hará cualquier cosa para evitar que sus secretos salgan a la luz, ¿me entiendes? 91 —Lo siento. Me perdí —mentí antes de mirar a mi alrededor. Hale faltaba—. ¿Dónde está Hale? —Nicholas vino con un trabajo para él —respondió con indiferencia—. Mira, hablo en serio. No puedes irte así, ¿de acuerdo? Lo digo por tu protección. Le brindé una sonrisa de disculpa.—Lo siento. Yo solo… ¿Te parece que Hale es raro? La conciencia se instaló en los rasgos de Kelsey, y asintió. —Ah, ya veo. Sí, Hale es un maldito psicópata. Supongo que estoy acostumbrada a él. Lo prometo, tiene una de las fantasías más oscuras aquí. La mayoría de la gente tiene perversiones bastante normales. Malice no deja que los depredadores de niños atraviesen nuestras puertas y todo lo que hacemos aquí es consensuado. Eden’s Place tiene un terapeuta sexual de tiempo completo para asegurarse de que todo se maneje de manera segura. Estoy segura de que fue un poco abrumador escuchar su perversión de inmediato. Los que aplastan cosas suelen ser inofensivos, solo lo mantenemos en el archivo para que sepamos si progresa, ¿sabes? Asentí. —¿Qué quieres decir con… si progresa? El labio de Kelsey se apretó en una delgada línea y miró a su alrededor. —No estoy calificada para explicar esto, pero haré lo mejor que pueda. Tenemos protocolos establecidos. A veces, Eden puede ser una salida para los miembros, ¿sabes? A veces, se convierte en una adicción. A veces, se vuelve, así como una bola de nieve andante que crece cada vez más. Se vuelve peligroso. Nos gusta darle a la gente una muestra de sus fantasías, pero no queremos que se nos escape de las manos. A pesar de sus terribles negocios, el señor Civella es muy exigente con esto. —¿Y qué es Hale? —pregunté, sin estar segura de querer la respuesta—. ¿Está aquí por el desahogo, la adicción, o es una bola de nieve? —Hale es una bola de fuego esperando que suceda —susurró Kelsey—. No puedes cederle ni un centímetro con su perversión. Maldición. Le acababa de dar una kilómetro. 92 Al final de mi turno, mis pies habían superado el punto de dolor y estaban completamente entumecidos. Kelsey repasó conmigo todos los detalles de nuestro trabajo y vi más sexo del que jamás había visto en el porno. También aprendí sobre diferentes manías. Algo de eso fue extraño e inquietante. Mucho fue caliente y teatral. Algunos me dieron ganas de vomitar. Fue una noche agotadora, mucho más difícil de lo que había experimentado en Dick’s Diner. Apenas tuve tiempo de detenerme y orinar. Además de dirigir el mostrador de bienvenida, Kelsey y yo también brindamos apoyo a los intérpretes. La mayor parte de mi noche la pasé llevándoles varios suministros. Con su aparente e inagotable energía, Kelsey continuó arrojando órdenes a través de sus auriculares. —Denea necesita un tampón en el escenario siete. —¡Alguien que vaya y le recuerde a Paige de tomar un descanso! ¿Ha comido ya? Maldición, que alguien traiga su cena. —¡Sherrie! ¿Te importaría hacer un turno en la sala de fetiches de pies? —Alguien vaya a decirle a Cassandra que deje de besarse con Julius en el armario de almacenamiento y se prepare para su exhibición de masturbación bajo el agua en el escenario ocho. —Nikki es nuestra intérprete estrella. Si no tengo al menos treinta sillas listas para su escenario, personalmente te meteré el estilete en el trasero. —¿Necesitas un masaje en los pies, Brandy? Tendré un terapeuta de masaje aquí en veinte minutos. Solo di la palabra. —Tenemos a un pervertido jodiendo con el intérprete en el cuarto escenario. El guardia necesita refuerzos. —Nikita no puede funcionar en estas condiciones. Necesita vaselina, una lata de crema batida, algo de cuero y un par de tacones decentes. Aquí estamos sirviendo fantasías, no desastres, ¿de acuerdo? 93 Estaba asombrada. Conmocionada. Honestamente, ni siquiera podía seguir el ritmo. Pude ver por qué necesitaban una segunda anfitriona. Era casi imposible coordinarse con los intérpretes mientras se registraba a las personas. Una vez que terminamos, estaba hambrienta y cansada hasta los huesos. Me senté una vez que se fue el último miembro del club y solté un fuerte suspiro. —Demonios, Kelsey. ¿Cómo hacías todo esto sola? —pregunté. Con indiferencia, estaba escribiendo un informe para un nuevo miembro y masticando su goma de mascar. —Te acostumbrarás. —Mis pies me están matando —lloré—. Quiero decir, en serio, simplemente corres como si nada. Me miró. —Usa plantillas de gel para tus zapatos. Cambio de juego total. Eran casi las tres de la mañana y estaba lista para irme a casa. Saqué mi teléfono, verifiqué dónde estaba la parada de autobús más cercana y suspiré cuando me di cuenta de que estaba a media milla de distancia. Esta no era una parte de la ciudad por la que quería caminar a casa. Especialmente con estos tacones. Era el tipo de lugar en el que se necesitaban unas zapatillas firmes para correr y gas pimienta. Sin embargo, Hale no estaba a la vista. Malice quería reunirse conmigo después de mi turno, pero ya se había ido a casa. ¿Esperaba que volviera a su mansión? No sabía dónde estaba Anthony, y aparentemente William se quedaba aquí hasta las seis de la mañana para prepararse para la noche siguiente. —Bueno, hemos acabado —dijo Kelsey antes de tomar un par de sudaderas de un armario secreto debajo de su escritorio y ponérselas sobre su ropa—. Lo hiciste bien —dijo con una sonrisa—. Vete a casa y descansa un poco. —Gracias por toda tu ayuda —le respondí—. Realmente lo aprecio. —¿Quieres que te acompañe a la salida? —preguntó. El orgullo me hizo mantener la boca cerrada por no tener auto. No quería tener que explicar que tenía que caminar hasta la parada de autobús más cercana. Odiaba el transporte público de noche. Probablemente tendría que esperar unos treinta minutos en la parada, ya que pasan menos autobuses después de la medianoche. Tal vez podría ver cuánto cuesta un Uber. Probablemente sería más de lo que podría permitirme en este momento, pero muy pronto no tendría que preocuparme por eso. Mi 94 nuevo salario hacía que todo este loco trabajo valiera la pena. Compraría alimentos que no tuvieran que cocinarse en un microondas. Podría salir a comer con la abuela. Comprarle esos zapatos ortopédicos que había estado mirando. Estaba tan emocionada. —Tengo que ir al baño —mentí—. Adelante, saldré pronto. Me dio una palmada en el hombro. —Nos vemos mañana —respondió alegremente antes de irse. Un guardaespaldas la escoltó fuera del edificio. Marqué el número de Malice en mi teléfono celular. Sonó, sonó y sonó. Cuando fue al correo de voz, colgué en lugar de dejar un breve mensaje. Si hubiera querido hablar, me habría dado más instrucciones. No era como si tuviera algo que decirle, aparte de mis suposiciones sin pruebas sobre Hale. Decidí que probablemente era más seguro pedirle a William que me llevara, pero cuando pasé por su oficina, estaba vacía. Maldición. Tampoco era como si tuviera su número. Presioné mi aplicación de Uber y me horroricé al descubrir que un viaje a casa costaría sesenta dólares. Teniendo en cuenta que solo tenía doce dólares a mi nombre, esa no era una opción. Después de mucho dolor, decidí que la única forma de llegar a casa era caminando y tomando el autobús. Maldición. El aire de la noche era húmedo, pero no terriblemente caluroso. No era una parte de la ciudad bien iluminada, pero usé mi teléfono celular para iluminar las calles. Podría haber atraído más la atención sobre mí, pero al menos no estaba gritando en cada sombra y cada callejón. Crecí en esta ciudad y, desde que conocí a Malice, supe que mis temores no eran infundados. Estaba en gran peligro y tendría que encontrar un viaje alternativo para seguir adelante. William había mencionado antes la idea de comprarme un auto y solo esperaba que lo dijera en serio. Afortunadamente, todavía tenía mi chaqueta de punto y jeans para ocultar mi atuendo escandaloso. Unos cuantos vagabundos en la calle me miraron con los ojos inyectados en sangre cuando pasé. Una pareja me silbó. Uno me siguió durante media cuadra antes de darse por vencido. Mis pies doloridos hormigueaban con cada paso rápido, y recé para que el autobús llegara rápidamente. A pesar del cansancio, estaballena de adrenalina por mi aterradora caminata. Una vez en la parada, solté un suspiro de alivio. Sabía que era solo una ilusión. Todavía no me sentía tan segura, pero al menos estaba debajo de una estructura y había terminado la parte más difícil de mi viaje. 95 Me senté en un banco y estabilicé mi respiración mientras esperaba mi transporte. —Es muy tarde en la noche. ¿Te importa si me siento contigo? Nosotras las chicas tenemos que estar juntas, ¿no? —dijo una voz ronca con un ligero acento sureño. Salté un poco ante el sonido y me volví para enfrentar a mi intrusa. Era una mujer hermosa con cabello castaño hasta los hombros, ojos castaños y largas pestañas. Tenía los labios ligeramente agrietados y una ligera capa de pecas se esparcía por su nariz. Las duras luces de la parada del autobús en lo alto proyectaban sombras debajo de sus ojos y tiró de su suave camisa de seda mientras me evaluaba. —Toma asiento —le dije mientras me deslizaba hacia el banco. Parecía fuera de lugar para esta parte de la ciudad. Pero supuse que yo también. —¿Acabas de salir del trabajo? —preguntó. —Sí —respondí—. Estoy lista para llegar a casa. ¿Y tú? La mujer cruzó las piernas y miró hacia la calle. —Supongo que siempre estoy trabajando. Nunca tengo tiempo libre realmente, ¿sabes? Incluso cuando lo estoy, sigo cuidando de mi hermano. Conocía bien ese sentimiento. Las responsabilidades nunca terminaban, ni tampoco las cargas. Amaba a mi abuela y quería la mejor vida para ella, pero también pasé muchas noches llorando hasta quedarme dormida porque no estaba segura de cómo iba a hacer que todo funcionara. —Mi hermano tenía tanto potencial… —continuó, como queriendo hacerme morder el anzuelo. Quizás solo necesitaba a alguien con quien hablar. Decidiendo que no tenía mucho más que hacer mientras esperaba mi autobús, cedí. —¿Qué le pasó? Su respuesta fue instantánea. —Le dispararon cinco veces. Sobrevivió milagrosamente. Desafortunadamente, su vida tuvo un costo. No es más que un caparazón del humano que solía ser. Es trágico, de verdad. Lo sentía por esta mujer extraña, realmente lo sentía. —Cielos. Lo siento mucho. —En realidad, no sabía qué más decir. 96 —Estoy decidida a acabar con su tirador. Siento que ha consumido mi vida. ¿Y puedes culparme? Haríamos cualquier cosa por las personas que amamos, ¿no es así… Juliet? —El sonido de mi nombre convirtió mis venas en hielo. ¿Cómo me conocía? Me levanté de mi asiento, pero ella simplemente sonrió—. Espero que no te importe, pero tenía que conocer a la chica por la que Nicholas Civella está tan preocupado. Eres solo una niña, ¿eh? —Eres Cora —dije, sin molestarme en preguntar si era cierto, porque sentía su identidad en mis entrañas. —Y tú eres Juliet Cross —respondió ella, con una sonrisa maliciosa en los labios—. Nick pensó que eras mi rata. Estoy casi decepcionada de no haber sabido de ti antes. Habrías sido una gran rata. Aún podrías, ya sabes. —¿Qué quieres? —pregunté, porque sabía que esta no era solo una visita agradable. Ella quería algo de mí. —Me gusta tu estilo. Directo al grano —respondió—. Creo que es obvio que estás por encima de tus posibilidades, Juliet. Y sé que crees que lo estás haciendo bien con tu abuela, pero Nicholas Civella no se preocupa por ti. Él es incapaz de entender tu lucha como yo puedo. Sé que te tiene en sus manos, pero puedo protegerte. Puedo salvarte. Curiosamente, me encontré sintiéndome atraída por su oferta. Cora no me pareció maliciosa. No tenía el mismo mal presentimiento en mi estómago como lo tenía con Hale. Hablaba con tal convicción que realmente creí que podía ayudarme. Pero la historia de Anthony me impidió creerle. —Heriste a Anthony —respondí. —Mi socio comercial lastimó a Anthony. Y pagó el precio por eso con su vida. Nicholas le disparó a mi hermano cinco veces. Nadie es inocente en este juego. Juego. Ella lo llamaba un juego. A lo lejos, se acercaba un autobús. Solté un suspiro de alivio. —Creo que podríamos trabajar juntas, Juliet —insistió Cora—. Tengo una visión tan gloriosa de esta ciudad, de nuestro futuro. No te permitas morir en la red de Civella. Tu abuela no merece perder a su hija y a su nieta. Las lágrimas comenzaron a llenar mis ojos. Lo que dijo sonaba tan bien, pero también se sentía tan mal en mi corazón. —P… pero —balbuceé, sin saber qué decir. 97 —Solo piénsalo, ¿de acuerdo? —dijo con un guiño justo cuando el autobús llegaba. Nos miramos brevemente la una a la otra. Sus ojos eran suaves y compasivos. No se parecía a la loca villana asesina que Nicholas hizo que pareciera. —Está bien —susurré antes de dar la vuelta y correr hacia el autobús. Me senté en la última fila y miré por la ventana, pero Cora se había ido. 98 La mansión Civella parecía menos impresionante para mí hoy. Quizás era la falta de sueño que nublaba mi cerebro, o quizás era el conocimiento de todos los secretos que se escondían dentro de su fortaleza, pero ahora no estaba tan aterrorizada. El sol de la madrugada besó mis mejillas. Afuera olía a hierba recién cortada. Caminé hacia la puerta con una sensación de confianza que se sintió forzada, toqué el timbre y esperé pacientemente a que un guardia me dejara entrar. Terminé mi noche con miedo, pero comencé mi día con una decisión. Iba a contarle a Malice todo lo que pasó anoche. No porque confiara más en Malice. Era un maldito retorcido. No, era porque le temía menos a Cora. Si se corriera la voz de que estaba trabajando con Cora, Malice quemaría mi vida hasta los cimientos. —¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó Hale desde el otro lado de la puerta. Ni siquiera lo había notado acercarse. Se veía apenas sereno, como si hubiera pasado toda la noche caminando de un lado a otro por los pisos. Tenía una mancha en su camisa y sus pantalones estaban arrugados. Miré sus zapatos desgastados. A la luz del día, este hombre parecía terriblemente humano. Normal. Poco impresionante y olvidable. —Necesito hablar con Malice —respondí. Me miró de arriba abajo, escudriñando mi camisa de gran tamaño, mis jeans descoloridos y mi rostro limpio. Mi cabello todavía estaba húmedo por la ducha y mi estómago retumbaba por la falta de comida. Estaba cansada. Agotada. Abrumada. Pero sobre todo, estaba resignada a mi destino. —El jefe está en una reunión. —Puedo esperar. —En realidad no acepta citas. Si quiere verte, lo hará. —Hale comenzó a alejarse, así que saqué mi teléfono celular de mi bolsillo y llamé al mismísimo diablo. Ring. Ring. 99 Ring. —¿Hola? —Cora me hizo una visita —le dije en un tono aburrido—. Estoy fuera de tu casa y Hale no me deja entrar. Esperé un par de instantes. Entonces, la voz ronca de Malice maldijo. —Demonios. Las puertas se abrieron casi de inmediato. —Nos vemos pronto —canturreé antes de colgar el teléfono y pasar junto a Hale como un orgulloso flamenco. Por supuesto, el bastardo no podía dejarme tener mi momento, porque estaba decidido a seguirme adentro. Sentí sus ojos en mi espalda mientras ascendía por el sinuoso camino que conducía a la casa. Malice ya estaba de pie en el vestíbulo cuando abrí la puerta principal. Parecía que acababa de salir de la cama y se puso el primer par de pantalones y la camisa arrugada que pudo encontrar. Su cabello rubio estaba revuelto y no debería haber lucido tan sexy como se veía. Supongo que era temprano. Pero no podía perder ni un minuto más. —Cuéntame todo —exigió. Y así lo hice. p —Sabía dónde estabas. Sabía en qué estación de autobuses estarías y cuándo. Tenía mi propia teoría personal al respecto, pero el principal culpable estaba rondando por encima de mí en este momento. Hale tenía que saber que no me llevaría de regreso a casa después de mi turno. —Necesitas un auto —se quejó William mientras se acariciaba la barbilla—. Lo arreglaré hoy. —Debería haber sido resuelto ayer —bramó Malice.El rostro de William estaba contraído por la ira. —Eres igual de capaz de coordinar estas cosas. Fue idea tuya instalarla en el club. ¿Qué es lo que siempre dices? Protege tus 100 inversiones. ¿O cómo la llamaste, un juguete? ¿Qué diferencia hace para ti? Anthony intervino. Toda la familia Civella y Hale estaban sentados alrededor de una mesa de conferencias. —Solo le importan las cosas después de que Cora las pone en sus manos. Felicitaciones, Juliet. Tu patrimonio neto se duplicó. Malice sacó un cuchillo de su bolsillo y comenzó a rascar la superficie de la mesa. Observé todo el intercambio con las cejas levantadas. —No estoy decepcionada por mi valor, ¿de acuerdo? —dije—. Sé que a nadie aquí realmente le importa si me pasa algo. Estoy compartiendo que Cora estaba en mi espacio, porque me pagan por brindar información. Malice me miró a los ojos, una emoción desconocida parpadeó en su mirada. —Consíguele un maldito auto. Quiero escoltas para todos mis empleados a sus autos después de sus turnos. Hale respondió a Malice. —Lo coordinaré. —Puedo hacerlo —exclamó William—. Puedo hacer algo, ¿sabes? William todavía vestía su traje de la noche anterior y tenía algo de barba en su mandíbula. Parecía que necesitaba una siesta. O una cerveza. Anthony estaba garabateando en un bloc de notas junto a mí. Tuve la impresión de que no solía asistir a las reuniones familiares, pero nadie lo detuvo cuando entró y se dejó caer a mi lado. —Bien —respondió Malice—. Quieres sentirte realmente útil por una vez, hazlo. Necesitamos aumentar la seguridad diez veces en el club. Hablando de eso, ¿dónde estuviste durante todo esto, Hale? Todos nos volvimos para mirar al cabrón fornido, grasiento y desagradable. Mi guardaespaldas designado practicó su respuesta. —Teníamos un invitado rebelde del que estaba cuidando. Está en el informe de fin de día que envió Kelsey. Por supuesto que lo hizo. Hale era la rata y lo iba a demostrar. —Esto prueba aún más que es alguien en el club —dijo Malice mientras rodeaba la mesa. —O podría significar alguien de tu círculo íntimo —respondió William. 101 —¿Esto al menos prueba que soy leal a la causa? —pregunté. Más que nada, quería que confiaran en mí. Al final, decidí presentar la verdad hoy porque las consecuencias de no decirle a Malice lo que sucedió anoche eran mayores que las posibles recompensas de trabajar con Cora. Malice odiaba a las ratas y me negaba a convertirme en algo que este psicótico odiara. —Significa que desconfío un poco menos de ti. Pero no te entusiasmes demasiado —respondió Malice. Anthony se rio entre dientes. —Genial. Entonces me iré. William se animó en su asiento. Anthony dejó de hacer garabatos para mirarme. Malice se inclinó sobre su mesa y golpeó la parte superior con los dedos. —¿A dónde crees que vas? —¿A casa? —respondí—. En realidad, no he comido desde el almuerzo de ayer y estoy agotada. Solo soy la informante, no el cerebro detrás de lo que sea que planees hacer con Cora. Hice mi trabajo. Te di información. Ahora, estoy fuera de horario. Anthony extendió la mano para rozar sus dedos sobre los míos. —Puedo traerte comida, ¿qué quieres? —preguntó suavemente. Cuando Anthony no estaba cortando cuerpos, en realidad era increíblemente dulce. —Está bien. Tengo un largo viaje en autobús a casa… —¡No más malditos autobuses! —gritó Malice antes de apuñalar la mesa con su cuchillo. Puse los ojos en blanco. Anthony tenía razón, la única razón por la que Malice tenía sus calzones torcidos era porque Cora se acercó a su propiedad. En realidad, no le importaba un carajo mi seguridad. —Te conseguiré uno de nuestros autos —interrumpió William. —De acuerdo. Pero recuerda lo que dije acerca de nada de autos de asesinatos. Anthony necesita trabajar en su técnica para borrar evidencias —dije mientras le daba un codazo en broma a Anthony. —Soy muy bueno limpiando el ADN —protestó. —Guardaste la ropa de una chica muerta en tu calabozo de la muerte —respondí secamente—. En serio, ¿has escuchado alguno de mis podcasts? 102 —Ahora. Te veías sexy con su ropa. Y es bueno que las tuviera. Tendrías que haberte deshecho de un cadáver estando desnuda — respondió antes de mirarme con una… expresión confusa—. Oh, mierda, acabo de tener una erección. Me alejé de Anthony. Se rio y continuó garabateando. —Bien. Te compraré un auto nuevo. Podemos pasarlo bien si lo desea, señorita Cross. Incluso me detendré en tu restaurante favorito en el camino —ronroneó William. Su tono se sentía sensual y burlón, como si de alguna manera estuviera reclamando algo con sutiles sugerencias. Me volví para mirarlo. Aunque estaba cansada, la idea de pasar el día con él sonaba atractiva… —No. Juliet se va a quedar aquí y comerá —decidió Malice antes de volverse hacia mí—. Necesitas descansar antes de tu turno de esta noche para que puedas estar alerta. Puedes tomar una siesta en la habitación de invitados, y cuando te despiertes, quiero hablar sobre tu turno de esta noche y algunos posibles sospechosos, ¿de acuerdo? No necesariamente tenía que irme a casa. La abuela tenía planes con Linda hoy. Finalmente consiguió su boleto para Palm Springs y estaba planeando comprar algunos lindos vestidos de verano para el viaje, pero todavía no me gustaba pasar un día más lejos de ella. —Realmente necesito irme a casa. —Y esa realmente no es una decisión que puedas tomar. Tráele algo de comida, Anthony, y por el amor de Dios, no quiero que vuelva a caminar después de su turno —gruñó Malice. —Ay. A Nicky le importa —canturreó Anthony con voz quejumbrosa—. Lo juro, Cora tiene el toque mágico. —Malice miró a su hermano con una advertencia tácita en su mirada. Anthony levantó las manos en señal de rendición—. Está bien, Nicky. No puedes salvar a todos. Malice se volvió hacia Hale. —¿Y en cuanto a ti? Tenemos algunas cosas que discutir sobre tu papel aquí. Todos menos Hale se pueden ir. Nicholas Civella era como un maldito sargento militar. William y Anthony se levantaron inmediatamente, escuchando a su hermano como si esto fuera normal. Estaba en mi naturaleza interrogarlo. Crucé los brazos sobre mi pecho y lo miré. —Me gustaría escuchar lo que tienes que decirle a Hale. 103 Malice me fulminó con la mirada. Anthony, a quien aparentemente le gustaba un buen festival de teatro, detuvo su éxodo para ver el partido de tenis de lucha por el poder entre su hermano mayor y yo. —¿Por qué? —preguntó. —Supuestamente es mi guardaespaldas. Solo quiero estar informada de cómo planea protegerme de Cora en caso de que ella vuelva aparecer. Se ausentó la mayor parte de mi turno anoche y casualmente desapareció cuando tuve que caminar a casa. Solo quiero saber cómo planea mantener seguros a tus empleados. Hale se puso rojo brillante, la ira tan claramente prevaleció en su expresión que tuve que contener una sonrisa. —Señor, hice mi trabajo. He trabajado con usted durante cuatro años. No soy solo una niñera. No me di cuenta de que era responsable de ella después de su turno. ¿Qué espera? ¿Se supone que debo moverme con la perra? Por supuesto que no. Hale no se iba a acercar a quince metros de mi abuela si tenía algo que decir al respecto. Estaba furiosa. —Discutiremos los límites de tu papel más tarde. En este momento, quiero charlar con Juliet —dijo Malice en un tono oscuro. —Oooh, alguien está en problemas —canturreó Anthony antes de salir de la sala de conferencias. William negó con la cabeza y suspiró. De alguna manera, sentí que había cometido un error. —Fuera. Todos —insistió Malice. William me miró fijamente, como si me suplicara en silencio que le pidiera que se quedara. Para ser mi héroe. Ser mi persona. Pero en cambio, asentí. La puerta de la sala de conferencias se cerró con el sonido de bloqueo y Malice y yo nos quedamos solos. —¿Crees que soy incapaz de mantenerte a salvo, pequeña luchadora? —susurrósu pregunta amenazadoramente. El apodo era nuevo para mí. Vi como rodeó la gran mesa rectangular y se acercó a mí. —Creo que Cora está más cerca de lo que piensas —le respondí en un susurro, enfrentándome a él por razones que no podía explicar—. Creo que estás haciendo malabares con demasiados platos y ya tienes una lista de personas de las que te sientes responsable. No hay lugar para extraños, ¿verdad? Malice me levantó y me sentó en la mesa de conferencias. Lentamente. Suavemente. 104 —¿Es así? —respondió en voz baja—. ¿Sigues siendo una extraña, Juliet? —No actúes como si me conocieras. No actúes como si te importara. Veo a través de tus juegos, Malice —dije con voz ronca. Él estaba tan cerca que inhalé su aroma. —Dime. ¿A qué juego estoy jugando? Me recliné sobre la mesa, apoyando mis palmas en la madera dura mientras ponía algo de distancia entre nosotros. —Enviaste a Vicky lejos, sabiendo muy bien que ella es la única persona que puede comunicarse con Anthony. Ahora, de repente me colocan en todo tipo de posiciones para pasar tiempo con él. No estarías llenando ese vacío, ¿verdad? La culpa puede ser un gran motivador, Malice. Su labio se crispó. —Continúa. ¿Entonces no lo iba a negar? Interesante. Continué. —No sé por qué, pero te gusta castigar a William. Me besaste para vengarte de él. Pero ¿por qué? ¿Qué hizo tu hermano para que quisieras hacerle daño? Malice agarró el cuello de mi camisa y tiró de mí hacia sí. —¿Y qué pasaría si te besara ahora mismo? ¿Qué propósito tendría para eso, pequeña luchadora? No hay nadie aquí para ver. Mis hermanos no están mirando. Me quedé mirando sus suaves labios por un momento. La tensión entre nosotros era tan densa que casi se me hizo difícil respirar. —No lo sé. Tal vez para sentir algo. Tal vez porque eres egoísta. No confío en que cuides mi cuerpo, Malice. No me siento segura contigo. No me siento protegida. Trabajaré para ti. Te contaré todos los secretos. Pero no confiaré en ti. He visto de primera mano lo que les sucede a las personas que supuestamente amas y no quiero tener nada que ver con eso. Vicky está en otro país en contra de su voluntad. Anthony está cubierto de cicatrices. —Puedo mantenerte a salvo. Puedo proteger a todos. —Su declaración fue acompañada de un gruñido. —Muéstrame que puedes proteger a la gente que realmente te importa, y luego hablaremos, Malice —respondí antes de apoyar ambas manos contra su pecho y empujarlo. 105 Se quedó sin palabras, y con toda la confianza que pude reunir, me levanté de la mesa y salí de la sala de conferencias, sintiéndome un poco más poderosa que cuando llegué. 106 —No creo que este traje de baño me quede bien —dijo la abuela mientras miraba el traje de baño negro que tenía en la mano. La abuela quería mojar los dedos de sus pies en el jacuzzi de su hermana en Palm Springs. Lo agarré de sus manos pálidas y lo doblé. —¡Es tu talla! —respondí antes de poner mi brazo alrededor de ella. Después de darle un breve abrazo, lo puse en su maleta grande con estampado de guepardo antes de continuar trabajando en una carpeta de emergencia con una lista de todos sus medicamentos y contactos de emergencia. ¿Estaba nerviosa de que la abuela estuviera durante todo el recorrido en California sin mí? Absolutamente. ¿Estaba todavía emocionada por ella? Sí. A regañadientes, sí. Había pasado una semana completa desde que vi a Cora en esa parada de autobús, y Malice estaba tratando de demostrarme que estaba equivocado acerca de su capacidad para mantenerme a salvo. Tenía un auto, un BMW, y una escolta todos los días antes y después de mi turno. A veces, había visto a alguien aparcado fuera de nuestra casa, pero afortunadamente nunca fue Hale. Malice le estaba enviando un mensaje claro a Cora si ella estaba mirando: yo era de él. Malice también habló con el doctor Hoffstead sobre el viaje de la abuela, y se coordinaron con otro doctor en Los Ángeles que accedió a estar de guardia en caso de que necesitara algo mientras visitaba a su hermana. La abuela tuvo otro chequeo ayer y fue autorizada para su viaje. El doctor Hoffstead parecía extasiado de vernos y me agradeció profusamente por las buenas palabras que le di a Malice. La abuela estaba feliz. Realmente feliz. La atrapaba sonriendo para sí misma y tarareando. —Agnes dijo que podríamos ir al casino y ver una banda de covers de Bon Jovi una noche, así que necesitaré un vestido bonito para eso — dijo con una sonrisa embelesada. Salté de su cama y comencé a buscar en su armario. 107 La abuela siempre había sido muy unida a su hermana Agnes. Probablemente la hubiera visitado más a menudo, pero la mantuve aquí. Después de la desaparición de mamá, la abuela no se sintió realmente cómoda al dejarme. Pero esto se sintió como un nuevo comienzo. Una aventura apasionante. Aunque estaba realmente preocupada por ella, sabía que estaría en buenas manos. Y por doloroso que fuera admitirlo, ¿quién sabía cuánto tiempo más sería capaz de hacer esto? Esto iba a ser bueno para la abuela, y si era honesta, estaba feliz de tenerla lejos de aquí mientras hacía todo este trabajo con Malice. Mentirle a la abuela era difícil. Tratar de hacer el papel de detective mientras la cuidaba nos estaba debilitando a las dos. —Estoy tan emocionada —dijo la abuela antes de mirarme. La sonrisa en su rostro se redujo un poco, e inclinó la cabeza hacia un lado— . Sabes que no tengo que irme. Si prefieres que me quede aquí… Rápidamente la interrumpí. —Estoy emocionada de que te vayas. Solo me preocupo por ti. Pero sé que la tía Agnes te cuidará bien. Sin embargo, será extraño estar separada de ti. La abuela se acercó a mí y envolvió sus brazos alrededor de mi cintura para un tierno abrazo. Aspiré su aroma a lavanda y suspiré. —Tal vez esto sea algo bueno. Trabajas muy duro, Juliet. Luego, vienes a casa y cocinas mi comida, doblas mi ropa, estás al pendiente de mi medicina. Necesitas relajarte de vez en cuando y no preocuparte por tu abuela. Siento que has estado asustada desde que desapareció tu madre. Como si tuvieras miedo de perderme de vista. No quiero eso para ti. Quería discutir con mi abuela y decirle que no era cierto, que yo no era la misma niña pequeña que tenía miedo de que todas las personas que amaba desaparecieran algún día. El Parkinson no era un secuestrador, no era un oficial de policía que me dijo que mi madre nunca volvería. Pero era una enfermedad lenta que estaba carcomiendo a mi abuela y sentí que no teníamos suficiente tiempo. La amaba y quería que experimentara la vida. No iba a dejar que mis miedos le impidieran ver a su hermana. —Estoy emocionada de que te vayas, abuela —enfaticé, más por mi bien que por el de ella—. Será bueno para ti. Estoy bien, lo prometo. La abuela parecía que quería hablar un poco más, pero el timbre de la puerta hizo que ambas hiciéramos una pausa. —¿Estás esperando a alguien? —preguntó. Negué con la cabeza. 108 —Iré a ver quién está en la puerta. No esperaba ver a Malice de pie en el porche de mi abuela. En cuanto vi sus ojos penetrantes mirándome, quise darle un portazo en el rostro. Él predijo mi instinto de inmediato y extendió la mano para empujar su palma contra la puerta, evitando que lo bloqueara de mi casa. Imbécil. La delgada corbata negra alrededor de su cuello hacía juego con sus pantalones negros y su camisa blanca. Su cabello rubio estaba peinado hacia un lado como si acabara de regresar de la peluquería. En la calle, pude ver una de sus limusinas y un par de guardias parados afuera de la puerta del conductor. —¿Qué estás haciendo aquí? —siseé. —Necesito que trabajes esta noche —dijo, abriéndose camino a través de la puerta con una sonrisa. No lo quería cerca de la abuela. —¿Y no podías decirme eso en un mensaje de texto? —pregunté. Parecía estar perdido en medio de nuestra pequeña casa. —Quería asegurarme deque no necesita nada para su viaje. El doctor Hoffstead envió un informe. Me alegro de que la atiendan allí. ¿En qué aerolínea vuela? —¿Por qué quieres saber? —pregunté. Eché los hombros hacia atrás y miré hacia el pasillo donde la abuela todavía estaba en su dormitorio. Muy pronto ella saldría aquí y querría hablar con Malice. Cada vez era más difícil ocultar mi doble vida. Malice dio un paso más hacia mí. Y otro paso. Sus ojos recorrieron mi cuerpo de arriba abajo. Estaba en pantalones cortos y una camiseta sin mangas, nada demasiado revelador, especialmente en comparación con el uniforme de Eden’s Place. Pero la forma en que me miró me hizo sentir desnuda. —Pensé que podía mejorar su vuelo de forma anónima para que se sintiera más cómoda. Su razonamiento me tomó por sorpresa. Vaya. De acuerdo. Eso estaría bien, de hecho. —Puedo enviarte por correo electrónico la información de su vuelo. Pero, Malice, no quiero estar más endeudada contigo de lo que ya estoy. Aprecio tu amabilidad, pero estamos bien. No necesitamos… —¿Sabías que no tenías cerrojo en tu puerta hasta ayer, Juliet? — preguntó, interrumpiéndome—. Eso no es muy seguro… 109 —¿Se trata de lo que dije antes? ¿De que no me proteges? Has probado tu punto. No necesitaba que él compensara en exceso. ¿No tenía su propia familia con la que obsesionarse? —Eché un buen vistazo a tu refrigerador. Son todas comidas rápidas y baratas. No es el sustento que me gustaría para ti. —Estamos bien, Malice —dije con los dientes apretados—. Puedes irte ahora. Te lo agradezco, pero… Malice se levantó en mi espacio. Siempre estaba invadiendo mi espacio. Su oscura presencia hizo que mi respiración se detuviera y un rápido escalofrío me recorrió la columna vertebral. —Vengo cuando quiero. Me iré cuando me quiera ir. Puedes esperar más chequeos de mí en el futuro. Me gusta tener el dedo en el pulso de todos los empleados de mi imperio. Estás a salvo, pequeña luchadora. No me sentí muy segura con sus ojos hambrientos mirándome. Malice se inclinó aún más cerca. Rozando su mejilla contra la mía, susurró en mi oído. —Dime que me vaya de nuevo y te llevaré conmigo —amenazó. Aunque su voz fue suave y tierna, sentí una punzada de miedo que me heló las venas. Tragué saliva. La abuela salió lentamente de su habitación y comenzó a caminar hacia nosotros, con una sonrisa en el rostro. Rápidamente le susurré a Malice. —Por favor, no le dejes saber que estoy trabajando para ti. Malice no parecía el tipo de hombre que escucharía mis súplicas, pero podía tener esa esperanza. —Eres tú de nuevo —balbuceó la abuela. Ella lo miró de arriba abajo mientras se acariciaba la barbilla—. Nicholas, ¿verdad? Pasaste por aquí la semana pasada para dejar algo para Juliet. Fue una experiencia muy extraña. Vi cómo la expresión de Malice se torcía en una mirada amistosa y acogedora que hizo que mi corazón se detuviera. Su sonrisa fue genuina. Sus ojos parecían amables. Era un actor hermoso. Si no lo supieras bien, nunca habrías visto la muerte, la destrucción y el peligro que hay debajo. —Estaba en la zona y decidí pasar a verte antes de tu viaje. ¿Tienes todo lo que necesitas, Ruthie? ¿Ruthie? Puse los ojos en blanco. Estupendo. 110 Ella le sonrió. —Oh, sí. Tengo todo empacado y listo para partir. ¡Estoy tan emocionada! Mi vuelo sale temprano en la mañana. ¿Deberíamos ir a la cocina? —preguntó la abuela. Hizo una pausa por un momento, su mano temblaba a su lado—. Juliet hizo… hizo… Horneó galletas. La abuela estaba teniendo un día bastante bueno, así que escuchar su tartamudeo me hizo entrar en pánico internamente. ¿Quizás ella no necesitaba irse? La abuela seguía mirándome y no podía deducir si estaba nerviosa por toda la actividad o si era algo más. Malice tenía esa cualidad instintiva en él que hacía que tu piel se erizara de miedo. No podía culparla si le tenía miedo. Pero luego mis sospechas tomaron un giro completamente diferente cuando la abuela me guiñó un ojo. ¡Guiñó! Fue un movimiento travieso, y comencé a preguntarme si ella tenía planes diferentes para Malice y para mí. —Eso suena encantador. ¿No sabía que pudieras hornear, Juliet? —dijo mientras me miraba. —Hay muchas cosas que no sabes sobre mí —exclamé. Y quería que siguiera siendo así. Si quería sobrevivir, necesitaba mantener a distancia a este hombre peligroso. Malice abrió el camino hacia la cocina. Él abría el camino a todas partes. La abuela me rodeó con el brazo y me susurró al oído. —Oh, le gustas. Es muy guapo. Me portaré lo mejor que pueda. Se sentó en nuestra silla de cocina de segunda mano con pintura blanca rayada y una pata de madera temblorosa. La abuela insistió en conseguir la bandeja de galletas. Observé con la respiración contenida mientras se giraba para agarrarlo con ambas manos. Ella se concentró en el plato, y yo me concentré en no agarrar a Malice por la oreja y sacarlo de nuestra casa. Su amabilidad tenía un costo. Necesitaba averiguar cuál era su motivo oculto. Mientras estaba distraída, Malice envolvió sus dedos alrededor de mi muñeca y me acercó para poder susurrarme al oído. —Deja de ser tan difícil, o voy a decirle a tu dulce abuela lo que sí sé de ti. He visto a tu verdadero yo. No te olvides quién tiene el poder aquí. Un escalofrío recorrió mi espalda. —¿Qué estás haciendo aquí? —pregunté. 111 Me miró y se mordió el labio inferior antes de soltar mi muñeca y dejarme ir. Esperé a que me dijera lo que quería decir con eso, pero nunca llegó una explicación. La abuela dejó el plato con un fuerte sonido metálico y se rio entre dientes. —Chispas de chocolate. Mi favorito. Ofrecería un poco de leche, pero no tenemos. Las primeras palabras de Malice me obsesionaron. «Eché un buen vistazo a tu refrigerador. Son todas comidas rápidas y baratas. No es el sustento que me gustaría para ti». Parecía fuera de lugar en nuestra casa anticuada con su traje de diseñador. —Esto se ve encantador —comenzó—. Gracias. Me senté a su lado, pero no tenía apetito. La abuela estaba encantada. Era extraño que trajera a alguien a casa para conocerla. Había tenido amigos y novios a lo largo de los años, pero nadie, aparte de Vicky, parecía lo suficientemente importante como para traer a casa. Si Vicky no hubiera estado viviendo una doble vida tan peligrosa, probablemente la habría traído aquí para conocer a la abuela, pero de lo contrario, este era mi lugar sagrado. Era cautelosa acerca de a quién dejaba entrar en mi vida. También era cautelosa acerca de quién me importaba. Tal vez fueron mis problemas de abandono asomando su fea cabeza, pero la abuela era mi persona. No se la presentaba a cualquiera. —Recuérdame de nuevo, ¿cómo conoces a mi nieta? —preguntó la abuela. Su voz se había estabilizado un poco ahora que estábamos sentados. La cocina era su dominio. A pesar de que había dejado de cocinar con tanta frecuencia desde su diagnóstico de Parkinson, todavía prosperaba en esta sala. Diablos, tuve la charla de sexo mientras ella estaba haciendo mi pastel de chocolate favorito. Me preocupaba lo que diría Malice. —La conocí en el restaurante. Soy un poco habitual y entablamos una especie de amistad. Se necesitó cada gramo de autocontrol que poseía para no poner los ojos en blanco. —Bueno, tienes una amistad bastante única. Darle a mi nieta un teléfono celular nuevo sugiere que son más cercanos que meros conocidos. Perdóname si me estoy entrometiendo, pero es extraño que mi nieta me presente a alguno de sus… amigos. 112 Ante esta información, Malice se pavoneó. Fue como si tuviera acceso sin filtros a los matices de mi vida. Fue entrometido y, sin embargo, no me sentí incómoda. Quizás si Malice supiera lo sola que estaba, confiaría más en mí. —Bueno, me siento honrado de estar en la vida de Juliet —dijo con suavidad. Traté de sentir si estaba siendo sarcástico o bromeando, pero no encontré ningún indiciode mentira—. Supongo que se podría decir que he tomado un interés particular en su bienestar. Tengo una familia numerosa, para mí es una segunda naturaleza cuidar a las personas en mi vida. Ante sus palabras, la abuela sonrió aún más. No tenía idea de que el diablo la estaba estafando. —Eso es simplemente encantador. De hecho, me alegro de que Juliet tenga a alguien. He estado ansiosa por salir de la ciudad durante el próximo mes, y es un gran alivio saber que alguien estará aquí para cuidarla. Malice me miró y puso una mano pesada sobre la mía. La abuela miró fijamente donde nuestra piel se tocaba. —Prometo cuidar muy bien de Juliet mientras no estés —dijo con seriedad. No le creí ni por un segundo. Me quedé en silencio mientras la abuela y Malice entablaban una larga conversación sobre Palm Springs y la tía Agnes. Fue tan suave y gentil con mi abuela. Siempre que ella dudaba o tropezaba con sus palabras, él esperaba pacientemente a que volviera a encontrar la frase. Fue cortés. Amable. Era casi como sentarse al lado de una persona completamente diferente. No lo reconocí, ni quise hacerlo. No quería creer que hubiera un lado de este monstruo que pudiera ser agradable. —Palm Springs está en el sur de California, ¿verdad? Solía ir a Los Ángeles con mi madre cuando éramos niños. Íbamos a un parque temático y montábamos atracciones hasta que vomitábamos. A mi madre le encantaba. Algunos de mis recuerdos favoritos sucedieron allí —dijo Malice con una sonrisa. Estaba tan cerca de él que casi nos tocábamos. Escuchar su versión de sus padres fue nuevo para mí. Conocía del hombre y la mujer que Vicky extrañaba mucho, pero ¿quiénes eran para Malice? —Oh, suena maravillosa. ¿Vive en la zona? —preguntó la abuela. Ante su pregunta, un destello del torturado Malice atravesó su máscara cuidadosamente construida. Fue un momento rápido y vulnerable, pero lo reconocí claramente. 113 —Falleció hace tres años. Espero algún día llevar a mis futuros hijos al parque temático de allí para mantener viva su memoria. La abuela le dedicó una sonrisa tensa y compasiva. —Siento tu pérdida. Malice asintió con rigidez. —Gracias, Ruthie. Al final de nuestra pequeña cita de galletas, la abuela estaba enamorada y Malice sabía más sobre mí de lo que yo quería. Pero todo lo que pude hacer era sentarme, sonreír y portarme bien. Lo acompañé a la puerta principal mientras mi abuela continuaba empacando, y una vez que estuvimos en el porche a salvo fuera del alcance de su oído, dejé escapar un suspiro. —Mientras ella no esté, quiero que te quedes en mi propiedad — dijo Malice de inmediato. La sonrisa en sus ojos se había desvanecido. La cortesía en su tono había desaparecido por completo. —¿Por qué? —pregunté. Inesperadamente, una sonrisa cruzó su expresión e invadió mi espacio personal. Sus dos manos se juntaron contra mis mejillas, el calor de sus palmas me hizo estremecer. Rápidamente, me atrajo hacia un beso agradable y me ahogué por completo en la conmoción. Sus labios eran suaves e insistentes. Apasionados. Nuestros cuerpos chocaron entre sí con una frenética ola de necesidad. Me besó como un hombre en una misión, su lengua invadió mi boca y me lamió como si fuera postre o cocaína. En un terrible giro del destino, el diablo sabía a mi postre favorito: galletas con trozos de chocolate. Se apartó con un gemido y yo… no sabía cómo sentirme con su toque, su atención o el aleteo en mi vientre. Mal. Se sentía muy mal. No podía involucrarme con un hombre que finalmente me dejaría. —La abuela estaba mirando. Empaca una maleta. Múdate esta noche —dijo, su demanda no dejó lugar para protestas mientras caminaba por la acera hacia su automóvil y los guardias lo esperaban. Maldición. No pude evitar preguntarme si Malice alguna vez me besaría sin nadie mirándome, sin ningún motivo oculto. 114 Como tenía que trabajar esta noche, Malice hizo los arreglos para que la abuela fuera al aeropuerto por la mañana. A ella le encantó su consideración y prácticamente me empujó por la puerta cuando le mencioné que ofreció que me quedé con él mientras no estaba. La abuela siempre me consideró una solitaria y se culpaba por ello. Pensaba que debería haberme presionado más para salir y ser social después de la desaparición de mamá, pero honestamente, no tenía ningún deseo de actuar como una adolescente normal y hacer amigos cuando el mundo se sentía tan grande. La secundaria no era más que un experimento social. Había probado el mundo real y no me divertían las payasadas de los adolescentes. Vicky fue mi único acto de rebeldía. Mi conexión con el mundo exterior. Permanecí fuera de la Mansión Civella durante un rato largo. Los guardias me observaban molestos, esperando que entre. Tenía una bolsa pequeña con ropa para un par de días atada a mi espalda y un ceño fruncido posado en mi cara. A pesar de que ya había planeado mi salida, no había peleado contra Malice por esta loca idea suya. Una parte de mí quería acercarme y ver cómo vivían. Quería probar la dinámica familiar y presenciarla de primera mano. Tenía curiosidad por lo que sucedía detrás de escena, y más aún, quería entender sus motivaciones para invitarme aquí. ¿Significaba que comenzaba a confiar en mí? ¿O que no confiaba en absoluto? —¿Señorita? —llamó uno de los guardias. Aferré la correa de mi bolso hasta que mis nudillos se pusieron blancos—. El señor Civella la está esperando. Aclaré mi garganta, una pregunta formándose en mi mente. ¿Qué hermano me estaba esperando? Anthony, ¿el aliado trágico pero peculiar? William, ¿el hombre que había visto todas las semanas durante tres años pero que apenas conocía? ¿O Malice, Nicholas, el diablo con traje? Cuando no me moví para entrar a la casa, el guardia carraspeó. 115 —William está en la suite de invitados. Ha estado trabajando allí durante las últimas horas. Entonces era William, ¿eh? ¿Por qué estaba trabajando en la suite de invitados? La curiosidad despertó, finalmente reuní mi coraje y entré por la puerta principal. Fue un movimiento familiar. A pesar de que no había ni un centímetro de esta propiedad que no estuviera bajo vigilancia, se sintió intrusivo simplemente cruzar las puertas. Aunque, supuse que la familia Civella estaba acostumbrada. Todos los días de sus vidas transcurrían bajo la mirada atenta de sus guardias armados. Se sentía extraño vagar por los pasillos de su mansión. Sabía a dónde iba, pero casi esperaba que alguien saltase de un pasillo en sombras y me dijera que se suponía que no debía estar aquí. Avancé rápidamente hasta que estuve en la puerta del dormitorio de invitados. Levanté el puño para golpear, pero ésta se abrió de un tirón antes que pudiera hacerlo. —Ahí estás —dijo William con una sonrisa. Su atuendo era algo que nunca imaginé que lo vería usando. Llevaba jeans casuales y una camisa blanca. Su cabello estaba desordenado y despeinado. Intenté mirar a su alrededor para ver qué estaba haciendo allí, pero pasó a mi lado y cerró la puerta rápidamente. —¿Qué estás haciendo ahí? —pregunté. Se mordió el labio y se secó una gota de sudor en la frente. —Nicholas dijo que vendrías a quedarte con nosotros por unas semanas mientras Ruthie está fuera de la ciudad visitando a su hermana. Ladeé la cabeza. —¿Por qué te tuteas con la abuela? —pregunté, pero él me ignoró. —Intenté hacer que tu habitación sea lo más cómoda posible. Hice que trajeran un tocador nuevo para que pudieras prepararte aquí. Y si no te gusta la ropa de cama, podemos… —¿Has estado decorando mi habitación? —pregunté. No sabía decir si estaba sorprendida o halagada. William me estaba sorprendiendo constantemente. Era mucho más que la silenciosa estatua estoica de un hombre que me observó con ferocidad durante los últimos tres años. —Solo quería que estés cómoda —susurró suavemente antes de pasar a mi lado para abrir la puerta. Lo primero que noté fue un edredóna la semana, pero era muy valioso para mí. Nuestro tiempo juntas significaba mucho para mí. No dejaba entrar a mucha gente. La mayor parte del tiempo, éramos mi abuela y yo contra el mundo. Me acababa de graduar de la preparatoria hace unas semanas y no podía decir nada personal sobre mis compañeros. No me malinterpreten, podía forzar una sonrisa y hacer una pequeña charla con el mejor de ellos, pero al final del día, mantenía mi círculo pequeño. Así era más fácil. Mientras menos personas tenías en tu corazón, menos oportunidades tenías de perder. —¿Cómo está tu abuela? —preguntó entonces Vicky. Mi buen humor vaciló y su guardaespaldas inclinó la cabeza para escuchar mi respuesta. Siempre escuchando, mi extraño. —Su Parkinson está empeorando. Dejó caer una olla de agua el otro día y estuve tan asustada. Gracias al cielo que aún no había comenzado a cocinar. ¿Y si estaba hirviendo? No puedo saber si su medicina la enferma o es su Parkinson. Y su doctor es un pedazo de mierda. Es difícil conseguir una cita y luego se sienta con ella durante dos minutos. Apenas le hace preguntas, luego escribe una receta y nos envía una factura. 13 Vicky extendió la mano y me dio una palmada en el brazo. Tenía una mirada ausente en sus ojos, pero su boca estaba torcida en una mueca apenada. —No puedo imaginar lo difícil que es. Aclaré mi garganta. —Me preocupa constantemente que vaya a caerse. Tiene más días buenos que malos, pero me pone ansiosa. Empecé a prepararle todas las comidas del día por la mañana. —¿Has considerado ese lugar del que hablamos? Vas a tener que encontrar algo antes de ir a la universidad —preguntó Vicky. Me había traído un folleto sobre un lugar de residencia asistida para mi abuela hace unas semanas. Eventualmente, mi abuela necesitaría mucha más ayuda. El Parkinson era una enfermedad desagradable que afectaba su sistema nervioso. Temblaba constantemente y ya estaba luchando por hablar. El folleto fue bueno, e incluso tomé el autobús allí para mirar alrededor la semana pasada. Pero la verdad era que, incluso si podía permitirme un lugar como ese, no sentía que pudiera dejarla. La abuela me acogió después de que mamá… desapareciera. Me abrazó la noche en que mamá no apareció después de su turno en la tienda. Me arrastró al departamento de policía cuando no pudimos localizarla a la mañana siguiente. Llamó a las estaciones de noticias cuando la policía no dio prioridad al caso de persona desaparecida de mamá. Ella me ayudó a investigar. La abuela nunca se rindió con mamá. Fue mi mayor defensora y protectora. No quería abandonarla ahora. —Tienen un spa y una enfermera las veinticuatro horas. Tendría su propio apartamento y la comida aparentemente es increíble —agregó Vicky, orgullosa de sí misma por investigar. La casa también costaba siete mil dólares al mes. No tenía esa cantidad de dinero. Me negué a decirle a Vicky que ya estaba planeando asistir a la universidad a tiempo parcial en línea para poder quedarme en casa y cuidar de la abuela. Mi mejor amiga estaba tan decidida a que saliera e hiciera algo por mí misma. Quería la experiencia universitaria completa, pero no era una opción para mí. —Fui a verlo —respondí. —Y te encantó, ¿verdad? —preguntó con ojos brillantes. El guardaespaldas se movió en su asiento y refunfuñó algo en voz baja. —Estoy muy agradecida de que te hayas tomado el tiempo de investigar eso —evadí. A Vicky le gustaba ayudar, solo que a veces vivía 14 en su propio mundo de sueños de oportunidades. Éramos de lados opuestos de la ciudad. El dinero no era realmente un problema para ella. —¡Te amo, chica! Para eso estoy aquí. —Entonces… ¿Diamond? ¿Ese era su nombre? —pregunté, cambiando de tema. Vicky devoraba novios como yo devoraba historias de crímenes reales. Asistía a una escuela privada en el centro y siempre contaba historias sobre fiestas en mansiones vacías con adolescentes estúpidos follando por todas partes. Era algo que deseaba poder hacer. Me gradué de la preparatoria junto a mi casa, donde teníamos detectores de metales en todas las puertas y amenazas de bomba los viernes. —Él tenía demasiados deseos de pasar el rato —respondió con un gesto de la mano y un bufido—. Nos estábamos divirtiendo, pero luego quiso… más. Ese parecía ser un tema común con Vicky. Nunca permitía que la gente se acercara demasiado. Nunca los dejaba entrar en el redil. Aunque éramos mejores amigas en todos los aspectos que importaban, todavía había muchas cosas que no sabía sobre su vida personal. Parte de eso se debía a que creció en la mafia. Por mi seguridad, no hablaba de su familia ni de dónde vivía. No quería que nada se volviera contra mí. No enviábamos mensajes de texto ni nos llamábamos a menudo. Solo teníamos estos breves momentos de amor superficial. Supongo que, a diferencia de los chicos con los que ella salía, yo estaba de acuerdo con las migajas. Era mejor que no tener nada. Era mejor que estar completamente sola. —Entonces, ¿quién es tu próxima víctima? —pregunté. Su guardaespaldas refunfuñó una vez más y tocó el Rolex en su muñeca. —Es hora, Vicky. —Moví rápidamente mi atención hacia él con los ojos muy abiertos. Fue la primera vez que lo escuché hablar. Y oh, hombre, su voz era profunda pero suave. Era el tipo de voz que derrite las bragas de una mujer. —¿Puedes hablar? —pregunté con incredulidad. Se quitó las gafas de sol y me miró fijamente por un momento, sus ojos marrones mirando intensamente los míos. Tragué. Tener toda su atención en mí hizo que mi estómago diese un vuelco. Vicky se aclaró la garganta y miró hacia la mesa. Aparté mis ojos de su guardaespaldas sin nombre y la miré con preocupación. —No vamos a estar quedando por un tiempo, Juliet. Bueno, eso fue una sorpresa. 15 —Ah, ¿sí? ¿Vas a tomarte un descanso de las citas de pollas? Frunció el ceño. —Voy a tomarme un descanso de muchas cosas. Yo… tengo que hacer algo por mi familia. De hecho, quería hablar contigo hoy… No quiso mirarme a los ojos, pero sentí que estaba a punto de dejar caer algo grande. —¿Qué sucede? ¿Estás bien? —Ya no puedo reunirme los jueves, Juliet —susurró. Di un respingo. Seguramente había malinterpretado lo que dijo. —¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué? No puedes pasar una semana sin verme la cara. Deja de tontear. —Le di un codazo con ironía. Sacudió su cabeza. —No bromeo. No puedo decirte lo que sucede. Es solo que… no es seguro en este momento. Su guardaespaldas colocó algo de dinero en el mostrador por su comida, una señal de que estaban a punto de irse. —¿Estás en peligro? Espera. ¿Cuándo te volveré a ver? Vicky salió del reservado y se secó los ojos. —Prometo enviarte un mensaje de texto cuando sea seguro. No quería molestarte, pero quería decírtelo en persona. —No me has dicho nada, Vick —le respondí con el ceño fruncido— . Vamos. Soy yo. ¿Estás terminando nuestra amistad? —El pánico se apoderó de mi cuerpo. ¿Me abandonaba? ¿En serio haría eso? Tomó su bolso y me miró con ojos empañados. —Te enviaré un mensaje de texto cuando sea seguro de nuevo. — ¿Qué demonios? Vicky y su guardaespaldas empezaron a salir por la puerta y los seguí. Comencé a llorar mientras la llamaba. —¿Me vas a dar un abrazo de despedida? Somos mejores amigas, Vicky. He seguido tus reglas. Nunca te presioné. Guardé tus secretos. Hizo una pausa y se giró sobre sus talones, lágrimas calientes corrían por sus mejillas. Me quedé estupefacta mientras se acercaba a mí sin decir una palabra. —Te amo —susurró antes de envolverme en un gran abrazo. La apreté con fuerza, mil millones de preguntas ardían en mi lengua. 16 —Solo dime qué sucede, Vicky —susurré. Me apretó más fuerte antes de alejarse. —Gracias por hacerme sentir normal, Juliet. Miré a su guardaespaldas, un hombre al que había visto semanalmente durante los últimos tres años pero que apenas conocía. Tenía una expresión triste en su rostro que noverde oscuro en la cama lujosa. —Tu color favorito es el verde, ¿verdad? Voy a pedirle a uno de los chicos que entreguen un relleno insonorizado para esta pared para 116 cuando grabes tus podcasts. Noté que te perdiste un episodio la semana pasada… —¿Escuchas mi podcast? —pregunté. —Fui tu segundo suscriptor —respondió con orgullo—. Me decepcionó cuando no subiste uno nuevo la semana pasada. —No tuve tiempo. Ha habido muchos cambios últimamente — respondí distraídamente. Si era honesta, había estado fingiendo que mi podcast no existía. No estaba segura de poder hablar de asesinos y criminales, sabiendo que también estaba sumida en el mundo oscuro de la matanza. —¿Te gusta? —preguntó William. Rodeé la habitación. Todas mis lociones florales favoritas estaban en el tocador. Había una pintura abstracta en blanco y negro de Jack el Destripador en la pared, y un perchero de ropa en la esquina estaba lleno de atuendos nuevos para el trabajo, todos elegidos por William. Cada detalle se sentía adaptado a mi personalidad. Sobre la mesita de noche había un block en blanco. Una vez le dije a Vicky que dormía con una libreta de papel y un bolígrafo junto a mi cama para poder escribir mis sueños. También había un par de zapatillas mullidas junto a la puerta. Me gustaban las texturas suaves y la comodidad. Odiaba llevar zapatos en casa, pero tampoco me gustaban los pies fríos. Una canasta tejida en el suelo estaba llena de mantas dobladas de diversa suavidad. Vicky siempre bromeaba diciendo que era una adicta al consuelo y los abrazos. Me encantaba envolverme en una manta suave y ver misterios de asesinatos todas las noches. Era un diseño sencillo, pero fueron todos los detalles pequeños los que me hicieron verme a través de los ojos de William. —En serio has estado prestando atención todos estos años — susurré mientras pasaba mi mano sobre un escritorio con una computadora portátil nueva puesta con orgullo encima. Eso ciertamente no era mío… —Por supuesto que presté atención —respondió William. —¿Por qué el silencio? Todas esas visitas, todos esos años. Me senté frente a ti todas las semanas, y nunca me dijiste ni una palabra. Y sin embargo, conoces mi color favorito. Conoces mis pasatiempos. Mis miedos. Mis preferencias. —Miré la luz de noche enchufada a la pared. Una vez le dije a Vicky que le tenía miedo a la oscuridad—. También podríamos haber sido amigos, ¿sabes? —dije. Estaba sorprendentemente frustrada por todo el tiempo que nos perdimos. 117 Miró sus zapatos de diseñador antes de responderme. —Te lo dije. Vicky y yo teníamos un trato… —¿Por qué? —pregunté. Miró al suelo. —Le hice prometer que haría todo lo que estuviera en su poder para mantenerte a salvo. Ella accedió a mis condiciones mientras me mantuviera callado. Quería una cosa para sí. Y en realidad, ni siquiera puedo culparla. Negué con incredulidad. —Entonces, esperaste. Todo este tiempo… ¿Las reglas fueron idea tuya? William se humedeció los labios. —Nunca quise esta vida para ti. —Supongo que es demasiado tarde —susurré. —Nos conformamos con lo que nos dan. Debería estar mal, pero no me arrepiento. Miré hacia William y traté de pensar en lo que estaría haciendo ahora mismo si hubiera dejado que Vicky salga de mi vida. Probablemente estaría intentando averiguar lo que le pasó. Aún estaría trabajando en Dick's. Me las estaría arreglando, y la abuela no tomaría los nuevos fármacos experimentales. Ahora ella estaba prosperando. Tenía auto. Un apoyo financiero. Y yo tenía a William. Tenía este lado completamente nuevo de él que nunca habría tenido antes si me hubiera guardado para mí esa noche. —¿Por qué no te arrepientes? —pregunté. Él sonrió y dio un paso más hacia mí. Otro paso. Y Otro más. —Porque no te habrías abierto si hubieras pensado que estaba prestando atención. Era algo romántico de decir. No podía pensar en ningún hombre que solo quisiera escuchar todos los matices de mi vida, pero William lo hacía. Observaba y aprendía. —Me siento en desventaja —admití. —¿Por qué? —Sabes todo de mí, y no sé nada de ti. 118 Mis palabras tuvieron un efecto oscuro en él, porque el rostro de William se retorció en una expresión que no pude ubicar. —Probablemente sea mejor así —admitió antes de tomar mi mejilla. —¿Por qué? —Cuanto más sepas, menos te agradaré —dijo antes de inclinarse aún más cerca. Sus palabras probablemente estaban destinadas a alejarme, pero en cambio, me hicieron sentir lástima por él. ¿A cuántas personas rechazó porque no se creía digno de ser aceptado? —Ponme a prueba —susurré. Sus ojos se oscurecieron. Deslizó su mano más abajo hasta que estuvo envuelta alrededor de mi garganta. —Soy un asesino —gruñó. Arqueé mi espalda. —Yo también. —Solo me preocupo por mí —agregó. —Esta hermosa habitación considerada dice lo contrario. Presionó su muslo entre mis piernas, y gemí cuando presionó contra mi núcleo. —Me gusta lastimar a la gente —dijo a medida que apretaba mi cuello. Solté mi respuesta ásperamente, tentándolo. —Me gusta el dolor. —Mi corazón palpitaba con la honestidad de eso. Se sintió como una proclamación condenatoria. El comienzo de una consciencia mayor. Sus labios chocaron con los míos. Fue como un accidente automovilístico. No dejamos nada más que daños a nuestro paso. Movió su mano y luego aferró mi pesado pecho. Mi cuerpo disfrutó de cada movimiento, apretón, pellizco, mordida y lamida. Me saboreó. Me consumió. Envolví mis brazos alrededor de su cuello y me presioné lo más cerca posible de él, mi cuerpo como una ola áspera, arqueándose y chocando para sentirlo todo, para liberar parte del placer aumentando como la marea en mis venas. Presionó su muslo con más fuerza contra mi núcleo, y lo monté mientras nos besábamos, empapando mis bragas descaradamente. 119 Me sobresaltó un golpe en la puerta, pero William envolvió sus brazos alrededor de mi espalda rápidamente y me mantuvo en mi lugar a medida que se abría la puerta del dormitorio. —¿Juliet está aquí? Fui a la vieja tienda de videos en K Avenue y encontré el santo grial de los documentales sobre crímenes reales —sonó la voz de Anthony. William hundió sus dientes en mi labio inferior una vez más antes de alejarse—. ¡Estás aquí! —agregó Anthony emocionado— . Espero que estés lista para un maratón de películas. Ya le dije a Nicholas que no vamos a trabajar esta noche. William dio un paso atrás, con los ojos totalmente abiertos al ver a su hermano. Anthony, quien estaba llevando su gorro característico y un Henley gris con sudaderas negras, se acercó a mí con los brazos llenos de una caja de cartón. Se acercó y se inclinó rápidamente para besarme en la mejilla. Fue un toque ligero como una pluma y muy breve, pero envió una oleada por mi espalda. Fue cariñoso, pero no se sintió amigable. ¿No me vio besándome con su hermano hace un momento? Parecía que William también estaba sorprendido por el comportamiento de su hermano. Sabía que Anthony luchaba con la intimidad física. ¿Solo era un beso en la mejilla, o significaba algo más? Si tuviera que adivinar, elegiría lo último en función de la boca de William colgando abierta. Aclaré mi garganta. —No estoy segura de poder simplemente llamar al trabajo… —Por supuesto que puedes. Nicholas no puede y no me dirá que no. La respuesta de Anthony fue rápida y genuina. Albergaba mucho sobre Malice. —Ah, ¿sí? —pregunté. Anthony se encogió de hombros en respuesta. Mordí el interior de mi mejilla. La culpa de Malice por Anthony era profunda. Era una dinámica que aún estaba descifrando. Ver a Anthony en el escenario de Eden's Place había revelado mucho sobre el trauma que tuvo que superar. —De acuerdo. Bueno, entonces los dejaré… —dijo William, pero no hizo ningún movimiento para irse. Anthony dejó la caja y se inclinó sobre ella para examinar los DVD amontonados en su interior. —Algunos de estosson antiguos. Deberíamos convertirlo en un juego de beber. Cada vez que un hombre con un bigote de los setenta 120 apuñala a alguien, tomamos un trago. —Me reí. El sentido del humor de Anthony definitivamente vibraba con el mío, y su actitud despreocupada me ayudaba a procesar el beso intenso que William y yo acabábamos de compartir—. Pero podríamos morir intoxicados por el alcohol, así que tal vez no sea una buena idea—añadió a medida que enderezaba la columna y se giraba para mirarme. —Probablemente —coincidí—. Pero eso no es ni remotamente divertido. Él sonrió. —Humor negro. Me encanta. —Anthony luego se volvió hacia su hermano—. ¿Por qué sigues aquí? Odias los programas de crímenes. William se aclaró la garganta una vez más. —Eso es porque la mayoría de los asesinos son descuidados y dejan rastro. Es frustrante verlo. Si simplemente contrataran a un equipo de limpieza decente y se deshicieran de sus armas, tendrían mucho más éxito. —Personalmente, me encanta lo descuidados que son —respondió Anthony, con el brazo levantado con exasperación—. No todo el mundo tiene un Anthony Civella en su nómina. Soy el mejor hombre de limpieza que el dinero puede comprar. —No diría eso —interrumpí. Anthony me arqueó una ceja espesa. —Ah, ¿no? —Quiero decir, estaba dispuesta a hervir el cuerpo de un hombre con lejía. Todo lo que tienes que hacer es llevar el auto fúnebre a una funeraria. Elimina el misterio y la diversión. Anthony echó la cabeza hacia atrás y se rio. —En primer lugar, el hecho que puedas bromear sobre tu asesinato me dice que lo estás afrontando maravillosamente. —Me sonrojé ante sus palabras. No estaba segura si en realidad estaba sobrellevando la situación o si estaba tan ocupada y desapegada de mis propias emociones que me parecía natural bromear sobre la distancia entre mi conciencia y mi trauma—. En segundo lugar, siento que me han desafiado y ahora tengo que demostrar que soy digno. Ve a matar a alguien, William. Haré la limpieza por ti. Sentí que el miedo brotó de mi pecho. —Oh, no tienes que hacer eso… 121 —¿Tienes alguna preferencia? —preguntó William, aburrido. ¿Lo estaba complaciendo o hablaba en serio? Las palabras de Anthony llenaron mi mente. Nicholas no puede y no me dirá que no… ¿Eso iba para todos los hermanos Civella? ¿Sus culpas por lo que le sucedió corría tan profundo? —Alguien difícil de esconder. Mucha masa muscular. Alto. Algún hijo de puta voluminoso. William, sacó literalmente su maldito teléfono y comenzó a tomar notas. Empecé a respirar con dificultad. —Por favor, no mates a alguien solo para probarme algo. Era una broma. William puso los ojos en blanco. —Puede ser, como, un violador o algo así. Elige una amenaza para la sociedad, Batman, así Juliet no lo tendrá en la consciencia. —Entonces, un gran hombre musculoso y malvado. Debería ser bastante fácil de encontrar. ¿Mañana está bien? Esta noche tengo que adelantar la contabilidad en Eden's Place. —Perfecto. —Anthony se frotó las manos, y yo negué con la cabeza. —Está bien, ahora me voy de verdad. Por favor, compórtate —dijo William con una sonrisa pequeña. Era agradable verlo sonreír, incluso si estaba conspirando para matar a alguien mañana por capricho. Anthony extendió la mano y entrelazó sus dedos con los míos. Miré nuestras manos unidas antes de mirar a William. Nos estaba observando boquiabierto. De acuerdo, Anthony en realidad no estaba acostumbrado a tocar a la gente. Esto era grande. William finalmente recogió la mandíbula del suelo y salió de la habitación de invitados, y Anthony me arrastró hasta la cama y me sentó en el colchón junto a él. —La semana pasada no hiciste un podcast —dijo—. Tenía muchas ganas de escuchar tu comentario sobre el Asesino del Zodíaco. Dejé escapar un suspiro profundo y puse mis manos detrás de mi cabeza. —Honestamente, no me sentí con ganas. El podcast adquiere una vibra completamente nueva cuando también eres un asesino —susurré. Anthony se acostó a mi lado. Ambos miramos al techo por un momento antes de que él hablara. 122 —Y aquí estaba pensando que habías seguido adelante. ¿Quieres hablar de eso? —En realidad no —respondí. Evitarlo era más divertido. Se volvió de costado y apoyó la cabeza en su brazo para mirarme. —¿Por qué empezaste el podcast? ¿Qué te hizo querer hacerlo? Tragué pesado. —Es algo personal —respondí con voz ronca. —Bueno, considerando que William te contó todo sobre mis problemas con los toques y mis aventuras sexuales gloriosas, creo que es justo que también compartas un poco de tu daño conmigo. Me mordí el labio. Esperaba que Anthony y yo pudiéramos ignorar lo que había visto. No sabía cómo hablar de eso con él. Pero tenía razón. Parecía el tipo de persona que no me ahogaría con lástima ni me haría un montón de preguntas estúpidas. —Mi madre desapareció durante su caminata a casa hace seis años —respondí—. Trabajaba en una tienda de comestibles. Turno de noche. Empaquetadora. Estaba a solo un par de cuadras de distancia. Salía a las dos de la mañana, luego caminaba las dos cuadras a casa. Pero una noche, nunca llegó. Anthony escuchó pacientemente mientras le contaba mi historia. Como de costumbre, se me cerró la garganta y sentí que me emocionaba. Nunca era fácil. —La policía apareció. Solo había una cámara de tráfico funcionando en ese momento. La mostraba dirigiéndose por la calle Gardenia. Pero nunca llegó a la otra calle. Simplemente… desapareció. Prácticamente de la nada. —¿La policía tuvo alguna pista? —preguntó Anthony. —Nada. A nadie le importaba una madre pobre del lado malo de la ciudad. Le preguntaron a la abuela si era propensa a huir. En la secundaria se metió en problemas por la marihuana, y estaba en su historial, así que también la etiquetaron como drogadicta. —Hombre, malditos policías. —Nadie la buscó —continué—. Pero yo lo hice. Revisé todas las matrículas en las imágenes que enviaron. Había un Nissan sin marcas con matrículas temporales. Mamá era hermosa. Preciosa. Sé que se la llevaron. Sé que no me abandonó voluntariamente. Quiero decir, la mierda estaba difícil. Estaba frustrada con su vida, pero no me habría dejado. —Las lágrimas estaban corriendo ahora por mi rostro. Podía 123 matar a un hombre a sangre fría, pero hablar de mi madre era como arrancar una costra que no se curaría. Dejé que se pudriera sobre mi alma y se llenara de pus. Era un dolor ensangrentado, enfermo, febril que se quedó conmigo siempre. —Debe ser difícil no saber por qué o cómo —susurró Anthony. —Todos pensaron que se fue a propósito. Pero sé la verdad. Mamá me amaba, ¿sabes? No se habría ido simplemente. —Me limpié los ojos con las mangas—. Algunos de sus compañeros de trabajo dijeron que tenía una mochila grande con ella en el trabajo. —¿Eso era normal para ella? Sollocé. —No. Pero no me dejó. Fue víctima de un crimen. Descubriré lo que pasó. Y hasta ese día, analizo escenas de crimen. Aprendo. Observo. Me distancio un poco. Dejo que el misterio consuma mi vida. Es tanto una distracción como un recordatorio de lo que he perdido. —Dejé de hablar por un momento y pensé en todas las cosas que me había perdido porque tenía demasiado miedo para rendirme, demasiado miedo para perder su recuerdo—. Es por eso por lo que Vicky y yo nos llevamos tan bien. Ella me creyó. Lo discutió conmigo y me dio una idea de la escena del crimen. Nunca me juzgó. Nunca me hizo sentir estúpida por aferrarme a la verdad. El mundo quería que siguiera adelante, pero Vicky me aceptó como soy. Anthony extendió la mano y secó una lágrima perdida en mi mejilla antes de hablar. —Es buena en eso —coincidió. Sabía que Vick y Anthony eran muy cercanos. En cierto modo, Anthony y yo estábamos unidos por ella. Ambos fuimos salvados por su amabilidad. Ella ayudó a Anthony a navegar luego de ser capturado y torturado. Ella me ayudó a procesar la desaparición de mi madre.También fue la persona que sugirió que comience un podcast. No podía descansar a menos que estuviera haciendo algo. Necesitaba sentir que estaba trabajando hacia una solución, aunque a veces sentía que nunca habría una. Anthony se acercó para tomar mi mano. Una vez más, el toque me hizo detenerme. ¿Por qué se sentía cómodo tocándome? Como si respondiera a mi pregunta tácita, entonces habló. —Esto me gusta. No lo cuestiones por ahora, ¿de acuerdo? Asentí. Y pasamos el resto del día viendo documentales sobre crímenes y tomados de la mano. 124 125 Eden's Place estaba lleno de gente el sábado por la noche. Al momento en que comencé mi turno, una fila de clientes en la puerta me estaban haciendo demandas. Decidí usar algo un poco más modesto porque había hecho el descubrimiento desafortunado que en el puesto de anfitriona había un respiradero que soplaba aire helado constantemente. A pesar del calor del verano afuera, mi puesto estaba helado como el invierno. Llevaba pantalones cortos, botas hasta la rodilla y un corsé. William me sorprendió con un suéter de encaje que se veía sexy y cómodo. No era exactamente el uniforme aprobado, pero no era una intérprete, y me negaba a sentirme miserable durante todo mi turno. También boté cada par de tacones que William me consiguió. Llevaría zapatos planos o nada, así que Dios me ayude. —Por favor, pase su tarjeta —le dije cortésmente a la mujer que esperaba en la recepción. Había estado trabajando durante una semana entera en Eden's Place y estaba empezando a acostumbrarme. La mujer vestía un largo vestido de noche azul marino que brillaba bajo las luces tenues. Era una habitual bien pagada con un fetiche de los pies y fruncía el ceño ante mis zapatos cada vez que me veía. Es duro, Meredith. Intenta estar de pie todo el día. A Meredith también le gustaba deambular y probar el talento. No podía culparla, algunos de los intérpretes eran demasiado embriagadores para resistirse. —Ya sé a dónde voy —dijo con una sonrisa vertiginosa—. Anthony debería actuar esta noche. —Se echó el cabello hacia atrás y agitó las cejas. —De hecho, Anthony canceló su show de esta noche. Creo que otro intérprete debería estar ocupando su lugar. —No debería haberme emocionado corregirla, pero lo estaba. No estaba exactamente celosa de Anthony estando en el escenario. Simplemente me dolía pensar que la gente se excitaba con sus mecanismos de afrontamiento. Es como si estuviera cortando un pedazo de su trauma y dándoselo a otros para que se deleiten. Si se sentía empoderado por eso, entonces lo apoyaba, pero había llegado a conocerlo y a preocuparme por él, en mi poco tiempo aquí. —Oh. —La mujer frunció el ceño—. Entonces, supongo que iré a mi habitual. —Sonreí a medida que se alejaba, y puse los ojos en blanco cuando se perdió de vista. 126 —Es tan molesta. Al menos esta vez no hizo ningún comentario sobre tus zapatos planos —dijo Kelsey. Estaba actualizando la base de datos a mi lado, agregando miembros nuevos, editando los perfiles de los existentes. Una de las cosas interesantes de Eden's Place era que a las personas se les daba constantemente la oportunidad de descubrir aspectos nuevos de su sexualidad. Nuestro trabajo era mantener sus perfiles actualizados de modo que pudiéramos ofrecerles todas las oportunidades para explorar—. Hablando de eso, hoy no estás exactamente uniformada. Le di una mirada de disculpa. —Aquí hace tanto frío. Tienen la ventilación al máximo. Necesito una chaqueta y una manta térmica. ¿Por qué siempre está tan frío? Me alegra que William me haya dado esta chaqueta para mantenerme caliente. —Me estremecí para enfatizar mi punto. —En realidad, no siempre fue así. Alguien empezó a jugar con el termostato casi al mismo tiempo que tú empezaste a trabajar. Tal vez alguien con autoridad quiera que cubras algo —bromeó. —Tal vez —reflexioné. —Oye, tengo que ir a hablar con William. ¿Estás bien aquí? —¡Estoy bien! Ve. Me froté los brazos, y se acercó otro cliente. Era bajo y musculoso. Su cabeza calva resplandecía bajo la luz tenue, y su traje arrugado apenas cumplía con el código de vestimenta. —Bienvenido —dije cortésmente antes de pasar su tarjeta. Una alerta apareció al momento en que lo hice—. ¿Señor Graves? Aquí dice que tiene dos meses de atraso en sus cuotas de membresía. Le pido disculpas, pero no podemos dejarlo entrar hasta que liquide su cuenta. Me aconsejaron cómo manejar una situación como esta en mi primer día, pero era la primera vez que me encontraba con el problema. Por supuesto, Hale, mi guardaespaldas designado, no estaba por ningún lado. Por lo general, aparecía conmigo, pero desaparecía una vez que llegaba al trabajo. No me quejaba, porque quería estar lo más lejos posible de él, pero ahora que estaba sola con un miembro del club al que tendría que rechazar, me sentí nerviosa. —Eso es una mierda. Le dije a Nicholas que pagaría el mes que viene —gruñó. Seguí buscando en su perfil. Había una nota adjunta a su cuenta. —Aquí dice que no se le permite entrar en ninguna circunstancia. Voy a tener que pedirle que se vaya. 127 Mi voz vaciló cuando hablé. Su rostro se volvió de un rojo enojado, y rápidamente miré a mi alrededor para ver si había alguien cerca que pudiera ayudarme. —Jódete. ¡Quiero hablar con un maldito gerente! —gritó—. ¡No le debo una mierda a la familia Civella, ellos me deben a mí! Enderecé mi columna. —Señor, voy a tener que pedirle que se calme y se vaya. Si tiene alguna pregunta sobre nuestra decisión, puede programar una cita con William. —Quiero hablar ahora mismo con el maldito jefe —argumentó antes de rodear el escritorio y caminar hacia mí. Mi respiración se detuvo en mi garganta. —Señor, será mejor que retroceda… —¡Mira puta, mejor cállate de una jodida vez! —chilló. Vi a algunas personas alejándose discretamente. No podía creerlo, pero en realidad esperaba que apareciera Hale. El hombre se estiró y empujó mi pecho. —Engreída calientapollas. ¿Vas a echarme a patadas? —se burló— . Tal vez no necesito un show. Tal vez solo necesito mostrarte quién es el puto jefe. Se humedeció sus labios amenazadoramente, y estaba a punto de huir cuando dos hombres corpulentos lo agarraron por los brazos y lo arrastraron lejos de mí. Malice se detuvo estoicamente al otro lado del escritorio, sus brazos musculosos a los lados y su expresión plana. —Nick, solo estaba jodiendo. Quítame a estos tipos de encima — dijo el señor Graves. Malice hizo crujir sus nudillos uno por uno. Nadie habló, y sentí que él era ahora el intérprete. Todos los ojos estaban puestos en nosotros, y se emocionaron al ver a su líder intrépido deleitándose en su brutalidad. —Graves, ya no puedes llamarme Nick. Mis enemigos me llaman Malice, ¿o lo has olvidado? Me había acostumbrado tanto a llamar a Nicholas Civella por su apodo amenazante que nunca analicé lo que eso significaba. Aparentemente, esto era un gran asunto, porque el señor Graves palideció de inmediato. —Hemos sido socios durante años —tartamudeó. 128 —Dejaste de pagar tus deudas. Hostigaste a mi empleada. Te volviste arrogante, Graves —respondió Malice. Su labio se curvó en la palabra empleada. —Pagaré. ¡Lo prometo! —Sigues diciendo eso. Escuché que te gusta presumir de tu membresía aquí, Graves. Has estado muy charlatán. Sabes lo que le pasa a la gente que no puede mantener la puta boca cerrada. —Malice sacó un arma y, como si fuera una señal, todos los que estaban mirando desaparecieron. Era como si supieran exactamente lo que vendría y lo que se esperaba que hagan. Incluso el camarero del vestíbulo desapareció. —Juliet, cierra los ojos. Tengo una regla bien conocida en mi establecimiento —dijo Malice. No parpadeé. Estaba congelada de miedo y… curiosidad. El señor Graves comenzó a sollozar incontrolablemente, y tembló en el agarre del guardia. Malice apuntó su arma a Graves, peromantuvo sus ojos fijos en mí. —Estás tan a salvo como lo que puedas testificar en el tribunal, Juliet. Si no ves nada, no arriesgas nada. —Nos miramos el uno al otro por algunos latidos más frenéticos de mi corazón. Inhalé. Exhalé. Sentí cada segundo como un acto de desafío. Malice apretó el gatillo. Me estremecí. La sangre salpicó los suelos de mármol. Graves resopló y jadeó antes de caer al suelo. Lo vi todo. Lo asimilé. —Deberías haber cerrado los ojos, Juliet —dijo Malice antes de sacar un pañuelo de su bolsillo y envolver su arma en él. Me aclaré la garganta y miré al hombre que me estaba amenazando hace unos minutos. —Supongo que tendrás que aprender a confiar en mí, Malice — susurré, asegurándome de enfatizar el nombre que ahora sabía que tenía mucho más peso que un simple juego entre nosotros. Era un juego de palabras, una etiqueta para sus enemigos. Su familia y amigos cercanos lo conocían como Nick. Yo lo conocía como Malice porque era el enemigo. Malice inhaló y pasó por encima del cuerpo de Graves para llegar hasta mí. Sus ojos se deslizaron de arriba abajo por mi cuerpo. Hubo algo en su lectura que me hizo querer lucir y ser fuerte. —Vuelve al trabajo —gruñó en voz baja antes de mirar mi muslo. No me atreví a seguir su mirada. 129 Malice se agachó entonces, poniéndose al nivel de mi núcleo. El calor inundó mi cuerpo a medida que lo miraba. Había tanto poder debajo de mí. Me gustó cómo se veía allí, sus labios al nivel de mi coño. Extendió su pulgar y limpió una gota de sangre que había salpicado en mi muslo. La gota carmesí manchando mi piel cremosa, y su huella digital estaba estampada en mi cuerpo con la tinta sangrienta. —La confianza se gana —dijo mientras se ponía de pie. —Estoy de acuerdo —respondí. —Que alguien encuentre a Hale. Quiero que me explique por qué no estaba en su estación —dijo Malice por encima del hombro. Ni siquiera había notado que los guardias se llevaban el cuerpo de Graves y que el equipo de limpieza ya estaba puliendo el piso. Sonreí. —Hale probablemente está intentando reunirse con Cora — respondí. El ceño de Malice se profundizó. —¿Estás compartiendo evidencia o haciendo una suposición basada en tu propio prejuicio? —No confío en él, Malice. Nunca está aquí. ¿Conoces siquiera a Hale? ¿Sabes a dónde va durante su turno aquí o qué está haciendo cuando no estás cerca? Esta no es la primera vez que ha desaparecido convenientemente de su puesto. No es que me queje. Quiero a ese hombre lo más lejos posible de mí. —Sacudí mis nervios y seguí hablando—. Algo no está bien con él. Sigues esperando que te cuente sobre una rata, pero creo que hay una justo debajo de tus narices. —A menos que tengas alguna evidencia apropiada, entonces… —Malice, él sabía que ese día iba en el autobús. Él miró a su alrededor. —Podemos discutir esto más tarde. Sé que estás conmocionada por lo que pasó aquí, pero no arrojemos culpas sin pruebas, ¿de acuerdo? Hale es un empleado leal. Puse los ojos en blanco. ¿Por qué nadie ve lo que yo veía? —Bien. Malice apretó los labios en una línea delgada. —Creo que me debes algo —dijo. 130 Me crucé de brazos. La fila de personas queriendo acceder al club estaba creciendo de nuevo, pero Malice me tenía clavada en el suelo. —¿Te debo algo? —Hoy te protegí. Me aseguré de que estuvieras a salvo. Por supuesto que querría una palmadita en la espalda por salvarme. —Podría haberlo manejado —espeté—. Incluso sin mi turbio guardaespaldas, habría estado bien. —Claro. Entonces, ¿nada de gracias? —preguntó. —No creo que tu ego necesite la caricia —respondí, mi voz con un ronquido sensual. Malice soltó una bocanada de aire y se arregló la corbata. —¿Ahora estás matando gente en el vestíbulo, Nick? —preguntó William. Ni siquiera lo había escuchado acercarse. Con un movimiento rápido, mi extraño silencioso envolvió sus brazos alrededor de mí y me miró a los ojos—. ¿Estás bien? —William acarició mi mejilla tiernamente. No estaba realmente segura de cómo me sentía. Mi caja secreta escondida de mierdas que estaba evitando se estaba llenando hasta el borde. —Sí. Estoy bien. Supongo que después de todo no necesitas encontrar un cuerpo para Anthony. William se rio entre dientes. —Y yo que estaba ansioso por hacer justicia hoy. —¿No tienes un maldito trabajo que hacer? —gruñó Malice, su ira reverberando a través de la habitación. William mantuvo sus brazos alrededor de mí. Se sintió como un desafío. —¿Y tú? —respondió William. Malice sonrió a un espectador cerrando la distancia entre nosotros tres. —Hermano, hacer mi trabajo nunca ha sido el problema. La última vez que lo comprobé, eras tú quien quería salirse. Ponte a trabajar de una puta vez y deja de poner mi paciencia a prueba, o Anthony tendrá esta noche dos cuerpos para derretir. 131 —Cierra los ojos —susurró Malice, su rostro ensombrecido en la oscuridad—. Si ves mi maldad, tendré que matarte. Me reí y reí. —Qué manera de morir —respondí. Tanta sangre. Una masacre. Pisé un puente hecho de calaveras para llegar hasta él. Un paso. Dos. Los huesos que crujieron tocaron un himno de muerte a medida que caminaba. —¡No te vayas! —suplicó William. No podía verlo. Mi extraño silencioso observaba. Siempre observaba. —Cierra los ojos, Juliet. —Cierra los ojos… p Desperté con un grito ahogado. El sudor goteó por mi cara a medida que intentaba calmar mi respiración. Estaba oscuro en mi habitación. Todo el escenario sintiéndose como una continuación espeluznante de la pesadilla que acababa de tener. El viento fuera de mi ventana estaba aullando. Si escuchaba con atención, podía oír a los guardias hablando consigo mismos al final del pasillo. Se suponía que debía sentirme segura aquí, pero no lo hacía. Quería ir a casa. Terminé regresando con Malice después de mi turno en el trabajo. Me pregunté si estaba intentando evitar que vaya a la policía después de lo que había visto o si tenía otras razones para quererme cerca. A pesar de que me aterrorizaba, aún sentía que verlo asesinar a Graves igualó un poco el campo de juego. Ambos teníamos algo el uno del otro. No es que alguna vez pudiera actuar en consecuencia. 132 Hale nunca apareció durante el resto de mi turno. En cambio, Malice pasó por el puesto de anfitriona varias veces durante la noche. Siguió observándome con sus ojos oscuros. Pensé que se suponía que debía pasar desapercibida en Eden's Place, pero ahora me sentía como el centro de atención. Incluso Kelsey me estaba tratando de manera diferente. Normalmente parlanchina, pero había guardado silencio el resto de nuestro turno. No sabía si debía abordar lo que había sucedido o no. Dormí todo el día. Estaba acostumbrada a trabajar hasta altas horas de la noche en el restaurante, pero adaptarme a Eden's Place y quedarme en la Mansión Civella era agotador. Era difícil para mí sentirme segura y dormir profundamente mientras estaba aquí. Seguía esperando que aparezca Hale o que Malice decida que ya no necesitaba a su pequeña espía. La mayoría de las noches solo di vueltas y vueltas, pero supongo que el cansancio finalmente me alcanzó. Un golpe en la puerta detuvo mis pensamientos, y me subí las mantas hasta la barbilla, como si un algodón suave pudiera protegerme del mal viviendo en esta casa. —¿Juliet? —La voz apagada de Anthony atravesó la puerta gruesa. —Entra —llamé. Entró llevando un traje que lo hacía lucir atractivo pero que no encajaba con su personalidad. Lo prefería mucho más con jeans, una camisa desteñida y un gorro. La expresión de su rostro era una mezcla de incertidumbre y emoción. Siguió mordiéndose el labio mientras desviaba la mirada. —¿Dormiste bien? —preguntó. Bostecé. —Tuve una pesadilla bastante intensa —admití—. Creo que quiero irme a casa. Aquí no duermo bien. Dejó de mirar al techo para mirarme fijamente y frunció el ceño. —¿Por qué no has estadodurmiendo bien? Sonreí cortésmente. —En realidad, aquí no me siento segura, Anthony —admití—. Tu hermano podría decidir matarme en cualquier momento. Y eso no es precisamente un sueño reparador. —De hecho, no creía que Malice siguiera queriendo lastimarme. En todo caso, estaba haciendo todo lo posible para demostrar que estaba a salvo con él. Pero aun así, parecía tener una de esas personalidades que se volteaban con el viento, y no quería terminar jamás en su lado malo. 133 Anthony se sentó en el colchón a mis pies y me miró solemnemente. —Juliet, no te hará daño —dijo en voz baja—. Lo prometo. No estaba exactamente segura si esa era una promesa que él pudiera cumplir, pero asentí de todos modos. Anthony podría haber sostenido su culpa sobre la cabeza de su hermano, pero solo llegaría hasta cierto punto. No estaba convencida que Malice se preocupara lo suficiente por su familia como para dejar que Anthony lo controle así. —Me enteré de lo que pasó en Eden's Place. ¿Quieres hablar de ello? —preguntó después. —En realidad, no. De hecho, estoy fingiendo que no sucedió. Pero parece que tienes tu cuerpo —bromeé. El humor y las tácticas de evitación eran la forma en que iba a sobrevivir a este mundo loco de crimen en el que me metí. —Nop. Ese cuerpo es de Nick. Lo matas, lo limpias. Lo miré boquiabierta. —¿Incluso el jefe tiene que limpiar sus propios cuerpos? Anthony palmeó mi pierna debajo de las mantas. —Especialmente el jefe. Podría disfrutarlo más que yo. Es un maldito hijo de puta retorcido. No quiero perturbarte ni nada así, pero Nick no solo mata a la gente en su club por antojo. Vio a ese hijo de puta amenazándote y perdió la calma. Todo el mundo está hablando ahora de eso. Y los chismes son deliciosos —arrulló. Fruncí el ceño. —No sé nada de eso. Vi el saldo de la cuenta de Graves. Mierda, debía mucho dinero. Tenía una cuenta abierta en el bar de seis cifras. —A Nick no le importa el dinero —respondió Anthony—. No administra Eden's Place con fines de lucro. Lo hace porque lo único que vale más que el dinero es la información y las conexiones. Graves dejó de ser útil hace meses, por lo que tuvo que comenzar a pagar. ¿Por qué crees que hace que Kelsey y tú mantengan informes tan detallados sobre todos? —Pensé en lo que Anthony estaba diciendo. De hecho, era brillante. Malice tenía tanto con qué chantajear sobre todo el mundo que era invencible—. Graves solía ser propietario de algunas compañías navieras. Ayudaba en el contrabando de armas. Pero empezó a descuidarse. Embargaron algunos barcos. Nos hizo más difícil hacer lo que teníamos que hacer. —Así que, es por eso por lo que Malice lo mató —interrumpí. 134 —No estaría tan seguro —respondió Anthony con una sonrisa tentativa—. Pero no hablemos de él. —Dejó de hablar para tirar de su cuello—. ¿Me preguntaba si querías ir a cenar? Basado en lo nervioso que parecía, no pude evitar pensar que esto definitivamente era más que una cena. —¿Como… en una cita? Exhaló y se puso rígido. Intenté mirarlo a los ojos, pero estaba mirando al suelo. —Sí. Una cita. Anthony me agradaba mucho. Sentía una conexión profunda con él, pero necesitaba ser honesta. Solté mi respuesta y lo lamenté instantáneamente. —He besado a tus dos hermanos. Se rio. —Ah, ¿sí? —Vi como puso su puño debajo de su barbilla juguetonamente—. Dime. ¿Cómo estuvo? William parece del tipo apasionado y trágico. Nick probablemente te sujetó y te obligó a besarlo. No se equivocó del todo en ninguno de los dos. —De hecho, eso es bastante exacto. Solo quiero ser clara con lo que está pasando para que no pienses que te estoy engañando ni nada… — La decepción me golpeó como una tonelada de ladrillos. No me había dado cuenta de que se sentía así, y quería explorarlo más. Simplemente no sabía qué carajo estaba haciendo con William y Malice. Era un jodido desastre de proporciones épicas. Sabía que en algún nivel, solo estaba siendo usada y confundida. Nada saldría de esto, pero tampoco quería ser solo una muñeca. —Dime algo —comenzó Anthony mientras presionaba sus palmas contra el colchón y se arrastraba hacia mí—. ¿Quieres besarme, Juliet? Tragué pesado, pero mi respuesta fue casi instantánea. Había algo en estos hombres que me arrancaba la verdad de los labios. —Sí. Anthony sonrió antes de cernirse a solo unos centímetros de mi cara. Mi corazón se aceleró. —También quiero besarte —admitió en un susurro—. Y no he querido hacer eso desde… —Anthony luego se estiró y rozó sus nudillos suavemente a lo largo de mi mandíbula—. Juliet, no haces que mi piel arda. Quiero explorar eso más. 135 Intenté no sentirme decepcionada, pero de repente me sentí como un experimento. ¿Me deseaba, o era una especie de prueba de sus límites y curación? —Está bien —gruñí. —Me gustas —susurró Anthony—. Apareciste y empezaste a hablar sobre moler huesos y licuar cuerpos. He estado escuchando tu voz durante el último año en tu podcast. Eres divertida, fuerte, cariñosa e impresionante. Me. Gustas. Me gusta cómo me haces sentir. Así que, adelante y besa a mis hermanos. No voy a dejar de sentirme normal porque son unos bastardos egoístas y confundidos sexualmente. —¿Pero te gusto? —repetí. Por qué necesitaba esto confirmado por este hombre ridículamente atractivo era casi patético. —En serio me gustas. Vístete. Te llevaré a mi restaurante favorito. Me mordí el labio. —Está bien. Anthony se levantó de la cama con una sonrisa renovada en su rostro hermoso. Una vez que estuvo en la puerta, hablé. —¿Oye, Anthony? Se detuvo. —¿Sí? —Tú también me gustas mucho. p La cena probablemente era la peor comida que hubiera probado en mi vida. Anthony me llevó a este restaurante en ruinas que probablemente necesitaba una inspección sanitaria, pero pude ver por qué le gustaba. Estaba casi vacío y era espacioso. Admitió en el viaje hasta aquí que a veces las multitudes lo ponían ansioso. Le sugerí que le prepararía la cena para una segunda cita, y eso le hizo sonreír. Había llevado un vestido veraniego lavanda que era coqueto pero cómodo. Mis tacones de cuña resonaron ruidosos contra el cemento mientras caminábamos de regreso a su auto. A pesar de todo, fue una cita muy linda. Anthony era atento, coqueto y peculiar. Me preguntó acerca de mis episodios de podcast favoritos y, planeó en broma nuestra próxima expedición para deshacernos de cadáveres. 136 El aire de la noche era cálido y denso, y nuestras manos se rozaron a medida que regresábamos al auto. Lo había pasado bien, pero luchaba por entender dónde estaba la línea con él. Me encontré queriendo estirarme y tomar su mano, pero me detuve cuando me di cuenta de que podría incomodarlo. En un momento, se estaba rascando la mandíbula, y me lamí los labios en apreciación. Los ángulos fuertes de su rostro eran tentadores, pero entonces me sentí culpable por desearlo. La atracción era instantánea con algunas personas. Era esta pasión ardiente que fluía libremente. No podías evitarla. No podías ignorarla. Con otros, la atracción era lenta, intencional y secreta. Se movía como melaza. Con Anthony, no estaba segura de lo que se me permitía hacer. Quería tocarlo y explorarlo, pero al mismo tiempo no quería abrumarlo. Le estaba dejando tomar la iniciativa, y no estaba segura de adónde iba este tren. —No estoy seguro lo que había en la pasta que acabo de comer — bromeó. —Probablemente cerebros —dije inexpresiva—. ¿Sabías que Peter Bryan mató a su mejor amigo, y luego frio sus sesos con mantequilla antes de comérselos? —pregunté. —Episodio treinta y tres —respondió Anthony con una sonrisa—. Recuerdo tu serie de canibalismo. No puedo decir que alguna vez haya estado tentado a comerme alguno de los cuerpos que he manipulado. ¿Follármelos? Tal vez, pero nunca comer. —¿Te follarías a un cadáver? —pregunté, sin estar segura si quería la respuesta. Era una línea difícil para mí.Y egoístamente, no podía competir con un cadáver frío. Estaba completamente viva. Si esa era su preferencia, no había esperanza para nosotros. No estaba segura de poder salir de manera realista con un necrófilo, sin importar lo mucho que disfrutara de su compañía. —Lo he pensado, pero nunca lo hice. Antes de Eden's Place, pensé que sería una buena manera de escape. Los muertos no pueden lastimarte. No pueden moverse. No pueden golpearte hasta que te desmayes. No le temo a los muertos. Es a los vivos a los que hay que prestar atención —dijo Anthony. Era la primera vez que lo escuchaba hablar abiertamente sobre lo que le había sucedido, y no supe cómo responder. Mi respuesta inicial fue lástima, pero algo me dijo que eso molestaría a Anthony. —Jamás te lastimaría, Anthony —susurré cuando llegamos a su auto. 137 —Lo sé —respondió en voz baja. Ojalá supiera cómo manejar esta situación. Quería consolarlo y besarlo todo al mismo tiempo—. ¿Puedo probar algo? Asentí, sin estar segura de lo que quería intentar, pero confiando de todos modos en él. Me empujó contra el auto suavemente y se dispuso a acunar mis mejillas. Mi respiración se atascó en mi garganta. —Voy a besarte, Asesina —dijo en voz baja. Mi corazón empezó a acelerarse. La atracción y la emoción se encendieron dentro de mí. —Está bien —respondí, sin saber qué más decir. Los labios de Anthony se sintieron suaves y tímidos al principio. Esperé pacientemente a que encuentre su ritmo, y mantuve los puños a mi lado para evitar agarrarlo. Sonrió triunfalmente contra mis labios, y sentí con total certeza que definitivamente había una chispa entre nosotros. Se movió más intencionalmente después de un momento prolongado. Su lengua lamió la comisura de mis labios. Gimió y presionó su cuerpo contra el mío. Me tomó todo lo que tenía para no pasar mis dedos por su cabello y tirar de sus mechones ondulados. Bajó las manos, y tocó la piel sensible de mi cuello. Delineó mi seno con la palma y sentí su erección dura presionando contra mi estómago. —Maldición —dijo. Me tenía jadeando. Derritiéndome. Quería más, y con Anthony, no había duda de si esto estaba bien o mal. No me sentía disgustada conmigo por gustarle. Él era la elección segura. El hermano al que también le gustaba. —Tócame —susurró entre besos. Acepté su demanda y pasé mis manos de arriba abajo por su pecho. Despacio, despacio, despacio. Me aseguré de que pudiera predecir cada movimiento de mis manos. Noté que sus labios habían dejado de moverse. Y cuando alcancé su cuello, se estremeció. —Lo siento —susurré antes de alejarme. Levantó las manos bruscamente y las envolvió alrededor de mis muñecas. —Por favor, no te disculpes. Eso fue… increíble. Maravilloso. Lágrimas de felicidad llenaron sus ojos, y me sentí abrumada por su alegría. Su expresión era tan increíblemente suave que quise tocar sus mejillas y deleitarme con ellas. Era una imagen tan vívida de alivio. Nuestro beso fue brillante y hermoso. No podía imaginar lo impresionante que se sentiría finalmente confiar en alguien lo suficiente para hacer eso. —Eres muy bueno besando… —comenté atragantada. Mis bragas estaban empapadas. Me estaba dejando con ganas, pero no estaba 138 molesta. En todo caso, estaba más ansiosa por el próximo beso, el siguiente paso. Se secó una lágrima perdida, y me encontré sintiéndome agradecida de que me dejara ser parte de este momento. Se palpó los bolsillos rápidamente, y luego maldijo. —Mierda. Dejé mis llaves adentro. Vuelvo enseguida. Observé su espalda a medida que corría de regreso al restaurante, un balanceo feliz a sus pasos. Presionando las yemas de mis dedos contra mis labios llenos, reflexioné sobre lo que acababa de pasar hasta que escuché sonar mi teléfono. Metiendo la mano en mi bolsillo, lo saqué y respondí sin mirar el identificador de llamadas. —¿Juliet? —La voz de Vicky resonó en el auricular—. William me acaba de llamar y me dijo que estabas con Anthony. ¿Qué estás haciendo? Hice una mueca. No sabía cómo contarle a mi mejor amiga lo que acababa de pasar. No solo había roto todas las reglas del código de chicas, sino que también había traicionado su confianza. Durante toda nuestra relación, dejó en claro que quería que me mantenga lejos de esta vida, de su familia. Pero me había zambullido de cabeza. Los besé. Los besé a todos. Trabajaba en su club. Estaba viviendo en su casa. —Fuimos a cenar —susurré, sintiéndome avergonzada. —Lo que sea. Anthony no va a cenar con la gente. No le gustan las multitudes. Demonios, la mayoría de los días come en su calabozo de muerte. Juliet, en serio ¿qué estás haciendo? Quiero decir, de verdad. No estoy allí, y estoy escuchando cosas. Cosas que no me gustan. —Hubo un borde en su tono. Sonó como una amenaza. No supe cómo responder. —No estás aquí —susurré—. Siento que me veo obligada a navegar por algo que no entiendo. Extraño a mi mejor amiga. —Y también te extraño, pero ¿por qué estás pasando tanto tiempo con mis hermanos? —No iba a dejarme evitar el tema. No estaba preparada para esta confrontación, pero sabía que teníamos que hablar. Me encogí de hombros, aunque no pudiera ver el movimiento. —Anthony ha sido muy amable conmigo. La abuela fue a California a visitar a su hermana, y te extraño, y todo esto ha sido bastante jodido. Él ha sido amable conmigo, Vicky. Es dulce y divertido. —Juliet, está enfermo —siseó Vicky. Me quedé mirando el cemento—. Nunca vivirá una vida normal. Se va a matar en juergas cuando se siente fuera de control de una situación. Hablas de asesinos 139 en tu pequeño podcast, así que crees que sabes lo que puedes manejar, pero una vez encontré a Anthony bañado en sangre en la peluquería porque entró un hombre que se parecía a su abusador. Protegerlo es un trabajo de tiempo completo. Puedes pensar que es lindo y divertido. Ama profundamente, pero no es seguro. Lo digo como alguien que los ama a los dos, mantente jodidamente alejada. Todos mis hermanos están literalmente locos. Solo acabas de arañar la superficie. Anthony siempre estará controlado por el trauma que experimentó. Ni siquiera me había dado cuenta de que estaba conteniendo la respiración. Mis ojos estaban fijos en el suelo. Luchaba por aceptar todo lo que ella había dicho, pero lo que más me molestó era lo poco que pensaba de él. Anthony amaba profundamente a Vicky. Ella lo consolaba. Lo ayudaba y trataba como un humano. Si escuchaba lo que acababa de decir, estaría destrozado. Amaba a Vicky, y entendía por qué estaba intentando protegerme, pero aun así era una mierda de su parte decirlo. —Vicky, creo que estás equivocada. Creo que Anthony es mucho más de lo que le pasó. Mi teléfono fue arrancado de mis manos antes que pudiera escuchar su respuesta. Ni siquiera había escuchado a Anthony acercarse, y de repente me sentí avergonzada de saber lo que había escuchado al menos mi lado de la conversación. Su rostro estaba en blanco, y me odié por eso, pero me encontré buscando en su expresión la ira incontrolable escondiéndose debajo de la superficie. —Hola, hermana —dijo Anthony con una sonrisa genuina—. Sé que estás preocupada por nosotros. También te quiero. —Y luego colgó el teléfono. Le tendí la mano para que me lo devuelva, pero su expresión se contrajo. La furia se filtró por cada poro, cada ángulo duro. Se echó hacia atrás y arrojó mi teléfono tan fuerte como pudo en la distancia antes de dejar escapar un grito áspero. Fue tremendamente fuerte, cubriendo el sonido del teléfono chocando con el cemento. Las venas se le hincharon en el cuello a medida que gritaba. Lo observé sin vergüenza alguna, asimilando toda la fuerza de este momento. Su voz se quebró, y dejó de gritar para jadear. Dejé que estabilice su respiración por un momento largo antes de hablar. —¿Anthony? —llamé tiernamente. Quise extender la mano y tocarlo, consolarlo. —Vamos, Asesina —susurró. Y nos subimos a su auto.Y condujimos de regreso a la Mansión Civella. Y me pregunté qué estaba pasando dentro de la mente hermosa de Anthony. 140 141 El Rolex en la muñeca de William brillaba a la luz del sol. Tenía una mano en el volante de su Porsche descapotable y otra en mi muslo. Me había regalado un pañuelo Chanel para sujetar mi cabello castaño y unas gafas de sol Prada para tapar el sol de la mañana. Me sentía como una vieja estrella de Hollywood mientras conducíamos por la autopista hacia el centro de la ciudad. El destino era una sorpresa, pero estaba disfrutando del viaje, sobre todo porque la compañía era muy atractiva. Esta mañana temprano, William entró en la habitación de invitados con una bolsa de viaje colgada del brazo y me dijo que bajara en veinte minutos. Me preparé con ilusión, emocionada por pasar el día con mi extraño silencioso a pesar de su exigente saludo mañanero. Estaba ansiosa por tener la oportunidad de verlo en su elemento y saber más sobre él. También quería salir de casa. Me parecía que cada día la agenda solo incluía trabajo, sueño y más trabajo. Llegamos a un semáforo en rojo y me agarró la mano, apretándola ligeramente. —¿Vas a decirme a dónde vamos? —pregunté, con una voz sorprendentemente baja y sugerente. Ver a William detrás de ese potente auto de lujo y tomándome de la mano hacía que mi corazón palpitara con fuerza. Bajó sus gafas para mirarme a los ojos. —Voy a mimarte —susurró. Me gustaba la idea de ser mimada por mi extraño silencioso. Después de hacer una parada para comprar croissants y café, llegamos a un spa de lujo en Briarcliff. William se detuvo ante el valet y le entregó sus llaves al empleado antes de guiarme al interior. En cuanto cruzamos las puertas, nos encontramos con una avalancha de actividad al mismo tiempo. De repente, una mujer delgada me entregó una copa de champán, y luego un hombre empezó a tratar suavemente de esponjarme el cabello mientras susurraba órdenes a su ayudante. Una persona tomó la chaqueta de William y otra, una mujer burbujeante de cabello rosa rizado y gafas de montura gruesa, se dirigió hacia mí. —Bienvenidos a Penn Avenue Luxury Spa. Empezaremos con un masaje en pareja, una sesión de ventosas miofasciales, una exfoliación 142 de renovación corporal, corte de cabello completo, color y peinado. Manicuras. Pedicuras. El señor Civella ha pedido todos los servicios de la lista —dijo con una sonrisa de vértigo antes de bajar la voz a un susurro—. ¡Chica, cuéntame tus secretos! Este hombre pidió todo. No reparó en gastos. Qué suerte. ¿Tiene un hermano? Tenía dos, no es que fuera a compartir. Cuando volví a mirar a William, vi su cara tranquila y relajada, como si estuviera disfrutando de todo esto. —¿Un día en el spa? —pregunté. Se lamió los labios antes de responder. Fue un movimiento lento, pausado y lleno de intención. —Sólo lo mejor para usted, señorita Cross. p No había ningún punto de tensión en mi cuerpo. Cada uno de mis músculos estaba completamente relajado. El masaje de dos horas con William fue más allá de todo lo que había experimentado. Fue sensual, relajante, pacífico. Me pareció que cada vez que miraba a William, tenía sus ojos puestos en mí, como si fuera la mujer más hermosa que jamás hubiera visto. Nunca me habían tratado con tanto lujo. Me habían exfoliado la piel y limado las uñas, me estaban haciendo mechas doradas en el cabello. Tenía suficiente papel de aluminio en el cabello como para captar la emisora de noticias local, una broma que a mi estilista no le hizo mucha gracia. Supongo que no era la primera vez que lo oía. Estaba sentada bajo un enorme secador de cabello y mirando a William. Era como tomar un indulgente trago de fino champán. Me quedé mirando sin vergüenza ni reservas. Miré el tatuaje de calavera en su cuello, la forma en que sus pestañas se curvaban ligeramente, las venas de sus manos. El constante movimiento de su manzana de Adán. Pasé los dedos por el suave albornoz que envolvía mi cuerpo y tarareé en señal de agradecimiento. —Me encanta este albornoz —susurré. William estaba sentado en un sillón de cuero cercano, con las piernas cruzadas y las mangas remangadas. Tenía su iPad en la mano y estaba leyendo un libro electrónico. Me miró por encima del borde de su iPad. 143 —Puedes quedártelo. Me sonrojé. —Gracias por lo de hoy —susurré—. Pero… Me miró y apagó su iPad. Me encantaba que nunca sintiera que estaba luchando por la atención de William. Estaba completamente atento a mí. —¿Pero qué? —¿Por qué? Esto se siente como un regalo excesivo. William sonrió mientras se inclinaba hacia delante para apoyar la barbilla en su puño. —¿Excesivo? —No me quejo. Es que se siente… —William esperó pacientemente a que contestara. Ni siquiera pude terminar mi pensamiento—. ¿Por qué? ¿Por qué yo? —Me gustan las cosas excesivas —murmuró—. Y me hace feliz darle todas las cosas que se merece, señorita Cross. —Me moví en mi asiento—. No estás acostumbrada a esto —observó. —No, no lo estoy —respondí con una risa incómoda. —¿Sabes lo que he notado en ti? —preguntó. Negué con la cabeza, las láminas de aluminio de mi cabello se agitaron conmigo. —¿Qué? —Haces todo por los demás. He visto cómo te dejas la piel y no te quejas ni una sola vez. Tantas veces quise ayudarte, pero… —El trato —terminé por él. Me negaba a estar resentida con mi mejor amiga por haber llegado a ese acuerdo con William, pero aun así, me escocía—. ¿Puedes decirme algo? —Cualquier cosa. —¿Qué pasó entre tú y Malice? Mi pregunta hizo que William se moviera en su asiento. Lo observé inhalar y luego exhalar, retrasándose. —Soy muy bueno en los negocios —admitió William—. La mayor parte de nuestra… fortuna… legal es el resultado de mis tediosos esfuerzos con la bolsa de valores y de incursionar en inversiones complejas en todo el país. Siempre se me ha dado bien. 144 —Eso aún no explica por qué él… —¿Me odia? Mi hermano fue entrenado desde su nacimiento para ser competitivo. Es el primogénito. Hay una frase en las familias reales que se puede aplicar a mi familia. Él es el heredero, yo soy el repuesto. Supongo que eso creó muchas fricciones entre nosotros. Tiene que demostrar constantemente su valía con los demás en nuestra organización, y como resultado, se ve obligado a ponerme en mi lugar. Hay quien piensa que soy más adecuado para su puesto. —¿Quieres su trabajo? —pregunté. William dio un sorbo a su bebida. —No vale la pena desafiarlo ahora. En su mayor parte, me gusta ser el repuesto. A veces me pregunto si sería más fácil. Nicholas me odia porque sabe que soy muy capaz de tomar el mando. Sin embargo, me parece bien esperar mi momento. Ahora mismo, estoy sentado frente a una de las mujeres más hermosas que he visto nunca y mi hermano está en algún lugar oliendo a una rata. Eso llamó mi atención. Me incliné más para escucharlo. —¿De qué estás hablando? William parecía incómodo, como si no tuviera que decir nada. —Nick está investigando la situación de Hale por ti. Mis cejas se alzaron. —¿En serio? —Decidimos que sería mejor que estuvieras lejos de la mansión hasta que las cosas se arreglen. También iba a llevarte a cenar esta noche. —Entonces, ¿Hale es culpable? ¿Qué has encontrado? ¿Dónde está Malice ahora? —Tenía un millón de preguntas. ¿Malice realmente me estaba escuchando? ¿Y me había enviado lejos? Con William de todas las personas. —Hale está tramando algo —respondió William—. No te preocupes, Nick se está encargando de ello. —Me recosté en mi asiento—. Maldita sea. No pude evitar sonreír—. ¿Por qué sonríes así? —¡Porque tengo razón! —exclamé—. Sabía que ese cabrón era un asqueroso. La reivindicación es dulce. —Me deleité en la gloria de tener razón mientras el peluquero terminaba mi corte y color. Necesité toda la fuerza que poseía para no enviar un mensaje de texto a Malice. Quería ver la cara grasientade Hale en el momento en que lo atraparan. 145 No fue hasta que me estaba vistiendo que me di cuenta de que mi trabajo estaba hecho. Hecho. Había encontrado a la rata. Hice lo que Malice me contrató para hacer. ¿Significaba esto que podía volver a casa? Todo parecía anticlimático. Salí al vestíbulo sintiendo menos entusiasmo. No estaba segura de lo que esto significaba para mi futuro en Eden’s Place o mi papel en la familia Civella. ¿Dejaría Malice de financiar el tratamiento de mi abuela ahora que mi trabajo había terminado? Reflexioné sobre mis preocupaciones mientras William pagaba la cuenta. Me aclaré la garganta para captar su atención, y en el momento en que sus ojos se posaron en mí, sentí cómo se me erizaba la piel por su pesada mirada. —Estás impresionante —susurró. Me moví incómoda y miré al suelo. —Es increíble lo que los profesionales entrenados pueden hacer con un cepillo de cabello. Sentí la mano de William bajo mi barbilla. Me hizo subir la mirada hasta que no pude evitarlo. —No hagas eso —susurró. —¿Hacer qué? —Tiene esos grandes y hermosos ojos marrones que me persiguen, señorita Cross. —Mis ojos se llenaron de emoción ante sus palabras—. Me gustas tanto con la camiseta manchada de Dick’s Diner como ahora. Solía soñar con esas malditas ojeras. La piel cubierta de grasa. Tinta de bolígrafo en tus dedos por hacer los deberes en la cocina durante los descansos. —William levantó mi mano e inspeccionó mis uñas recién pintadas—. Te mordías las uñas hasta la carne cuando estabas ansiosa. —Me acomodó el cabello con mechas claras detrás de la oreja—. Recuerdo la primera vez que te vi con el cabello suelto. —Rozó su mejilla con la mía e inhaló mi aroma—. Quise envolverlo en mi puño y acercarte para darte un beso. Cerré los ojos, separé los labios y me estremecí ante el suave sonido de su voz. William me puso la mano en la parte baja de la espalda y me guio hasta el exterior, donde nos esperaba su auto. Las piernas me temblaban a cada paso. Lo deseaba. Una vez que ambos estuvimos en el auto, un valiente momento de locura me golpeó como un puñetazo. Se movió para poner el auto en marcha, pero me incliné sobre la consola central y estampé mis labios 146 contra los suyos. William tardó un segundo en darse cuenta de lo que estaba pasando. Sentí todas las emociones reflejadas en su beso. Conmoción. Asombro. Lujuria. Apoyé mi mano en su pecho y arrastré mis dientes por su boca. Gimió y pasó sus dedos por mi cabello, tirando ligeramente. —Gracias por lo de hoy —susurré entre besos antes de pasar a chuparle el cuello. No me importaba que todo el mundo en ese maldito spa nos estuviera mirando desde las ventanas. Necesitaba esto. Aquí mismo. Ahora mismo. William me agarró el seno y gimió. Chupé su piel hasta que se puso azul, un moretón en la forma de mis labios. Nos besamos, caliente y pesado como adolescentes cachondos, hasta que su polla estuvo tan dura que pude verla claramente a través del contorno de sus pantalones. Bajé lentamente la mano, pero él me agarró de la muñeca, deteniéndome. —Mierda —maldijo antes de sacar el teléfono de su bolsillo y contestar. No, no. Quería seguir adelante. Hice un mohín mientras él hablaba—. ¿Qué quieres, Nick? Me dolió un poco que William nos detuviera para contestar su teléfono. Acabé sentándome en mi asiento enfadada. —¿Qué quieres decir con que ha desaparecido? ¿Cómo lo has dejado escapar? Dirigí mi atención a William. ¿Estaban hablando de Hale? —Maldición. Está bien. Volvemos… No. Ella está bien… Sí. Lo disfrutó mucho. —Escuché atentamente—. No me digas, la mantendré a salvo… Sí. Sí, volveré directamente, Nick. ¿Puedes dejarme…? —William puso los ojos en blanco y tiró su teléfono en la consola central—. Me colgó. —¿Hale se escapó? —pregunté en tono aburrido mientras William subía la capota de su descapotable. Parecía apropiado que el maldito bastardo saliera corriendo; probablemente había tenido un plan de contingencia todo el tiempo. —Sí —respondió William con una maldición—. Y Nicholas está ahora en su habitual diatriba sobreprotectora. Negué con la cabeza. —Anthony vive más o menos en un calabozo, Vicky está al otro lado del mundo. ¿Qué es lo siguiente? ¿Va a encerrarte en tu oficina? — pregunté. Malice no podía controlar todo y a todos. 147 —A mi hermano no le importa lo que me ocurra —respondió William en un tono siniestro—. Pero probablemente te mantendrá en casa en el futuro inmediato. —¿A mí? —pregunté, con la palma de la mano puesta sobre mi pecho en señal de sorpresa—. ¿Por qué a mí? William me miró exasperado antes de salir del estacionamiento. —Vamos a casa antes de que envíe un ejército a recogernos. 148 Me quedé mirando mi reflejo mientras la abuela hablaba. Anthony había reemplazado mi teléfono ya que había roto el anterior. Malice quería que estuviera accesible en todo momento, el imbécil prepotente. —Oh, Juliet. Te encantaría estar aquí. Ojalá pudieras venir —dijo la abuela. Sonaba malditamente bien, mejor de lo que había sonado en meses. Era como si le hubieran quitado un peso de encima. —Me alegro de que te estés divirtiendo —contesté, genuinamente emocionada de que lo estuviera pasando tan bien con su hermana. Necesitaba estas vacaciones. Habían salido a ver bandas de jazz, a la playa, a las montañas. La abuela se movía todos los días y, según las actualizaciones de la tía Agnes, lo estaba haciendo fenomenal. No estaba segura de sí era el cambio de escenario o estar con su hermana, o la medicina del doctor Hoffstead. De cualquier manera, me sentí increíblemente aliviada al saber que a la abuela le estaba yendo tan bien. Estaba prosperando. Me gustaría poder verlo en persona. —¿Cómo está Nicholas? ¿Está cuidando bien a mi chica? —Era tan extraño escuchar a la abuela usar su nombre cuando yo seguía llamándolo por su alter ego malvado. Honestamente, no había visto a Malice desde el tiroteo en Eden’s Place. Habían pasado tres días desde mi día de spa con William, y aunque no lo había visto, me tenía en arresto domiciliario. Había un guardia ubicado constantemente en la puerta de mi casa. Me estaba volviendo absolutamente loca permanecer aquí todos los días. William y Malice se fueron esta mañana para seguir la pista de Hale, pero no había escuchado nada más. No estaba segura de que alguna vez lo haría. Algo me decía que Hale se había adentrado profundamente en la organización, y pasaría un tiempo antes de que Malice se vengara. —No lo he visto, pero estoy bien. Trabajando y manteniéndome ocupada —le aseguré. Malice había accedido a dejarme ir a Eden’s Place esta noche, sobre todo porque Kelsey estaba desbordada y agobiada. Una vez más, Malice nunca me habló directamente. Sólo recibía mensajes de texto aleatorios con exigencias o directivas verbales de su ejército de trajeados. 149 —El señor Jonas llamó el otro día y dijo que no te había visto en la cafetería recientemente. ¿Cambiaste tu turno? —preguntó la abuela. Odiaba mentirle, pero no iba a decirle que trabajaba en un club de sexo con peligrosos mafiosos y que hacía de espía. —Estos días trabajo en el turno de noche, abuela —mentí. —Oh, sabes que odio eso —dijo en un tono enojado—. No es seguro para una chica bonita como tú trabajar durante la noche en esa parte de la ciudad. Tal-tal vez podríamos encontrarte un trabajo mejor con un horario más constante. Eres una chi-chica inteligente. —Me di cuenta de que se estaba poniendo nerviosa porque le costaba decir las palabras. Me sentí mal por preocuparla. —Creo que es una gran idea. Podemos hablar más al respecto cuando vuelvas. Mejoraré mi currículum y veré quién está contratando, ¿sí? —ofrecí, sobre todo para tranquilizarla. Ya había recibido mi primer cheque de Malice y el dinero era demasiado bueno para dejarlo pasar. Tendría que inventar otra mentira. Todo estaba empezando a acumularse. Primero la abuela. Vicky.Yo. —Bien. Bueno, la tía Agnes y yo vamos a nadar de nuevo. Se siente tan bien en estos huesos viejos estar en el agua y simplemente sentarnos. Avísame si necesitas algo, ¿sí? Y no te esfuerces demasiado. —No lo haré, abuela —prometí—. Te quiero mucho. —Ten un feliz día, cariño. Yo también te quiero. Colgué el teléfono y encendí mi rizador. Era mi primer turno de regreso en Eden’s Place desde el tiroteo, y no estaba deseando que llegara. Seguí viendo el rostro enojado de Malice cuando apretó el gatillo. El señor Graves era un personaje sombrío, pero ¿cuándo comencé a desensibilizarme ante la muerte? La noche después de que lo vi asesinado, dormí como un bebé, sin considerar ni una sola vez las implicaciones legales de lo que había presenciado ni la obligación moral que tenía de sentir algo por el asesinato. En poco más de tres semanas, había comenzado a confiar lentamente en Malice y su imperio. Comprendí que él controlaba esta ciudad. Demonios, tal vez incluso todo el país. Sus conexiones superaban con creces las mías, y el asesinato no era la cosa condenatoria que una vez creí que era. Todavía tenía pesadillas sobre la muerte de mi alma, pero estaba aprendiendo a sobrellevarlas. Estaba disfrutando de la oscuridad. Me había convertido en uno de los monstruos que antes me obsesionaban. Revisé mi maquillaje, tratando de decidir el look que quería para esta noche. Alguien llamó suavemente a mi puerta. 150 —Adelante —dije distraídamente mientras me ajustaba la bata. —Maldita perra —gruñó una voz familiar. Mis ojos buscaron la fuente. Mi estómago dio un vuelco por el tono. No. No. No podía ser. Todo mi cuerpo se congeló. Inmediatamente, mis ojos encontraron su reflejo. Estaba de pie en la puerta, con los brazos cruzados sobre el pecho. Tenía una sonrisa maníaca en su rostro, una que me recordaba todas las cosas retorcidas de las que era capaz. Me levanté rápidamente para encararlo, con una expresión severa en mi rostro. —¿Qué quieres? —pregunté. Examiné su rostro y noté un ojo morado, hinchado y furioso. Ignoró mi pregunta y se acercó. —Todo iba bien antes de que llegaras —gruñó. Inspiré profundamente, obligando a mis temblorosos huesos a calmarse. No podía salir de esto si tenía miedo. Sólo tendría que gritar y uno de las docenas de guardias irrumpiría aquí. Hale tenía que saberlo, ¿no? No me haría daño. ¿O estaba desquiciado? —Al final te habrían atrapado —respondí, con la barbilla en alto y los hombros echados hacia atrás. Hale se acercó. De repente deseé tener un cuchillo o algo para defenderme de este maldito cretino. —Hiciste demasiadas preguntas. Lo hiciste dudar de mí. —Hiciste todo eso por tu cuenta. ¿Cuánto tiempo llevas trabajando con Cora, Hale? ¿Cuánto tiempo llevas traicionando a Malice? Sonrió. —Meses. La paga es mejor. Soy tan leal como el dinero en mi billetera y Cora tiene un montón. —Entonces, ¿por qué volver, eh? Te pagaron. —No obtuve todo lo que quería —dijo con voz ronca mientras se acercaba a mí. Busqué algo, cualquier cosa, para defenderme. —¿De qué estás hablando? 151 Las fosas nasales de Hale se ensancharon y acortó la distancia que quedaba entre nosotros. —No podía dejar de pensar en ti. La forma en que le aplastaste el cráneo con el pie. —Dejó de hablar para frotar su mano sobre su dura polla en los pantalones. La bilis subió por mi garganta. Quise vomitar sobre él—. La sangre salpicó por todas partes. Fue la cosa más caliente que he visto en mi vida —dijo con reverencia antes de agarrar mi brazo y sujetarme contra la pared. Su aliento era rancio. Sus ojos brillantes me absorbieron—. Fue hermoso —susurró con asombro en su tono—. Quiero que lo hagas por mí de nuevo. Me contoneé y empujé contra él. Por alguna razón, parecía que no podía mover los pies. Los tenía plantados en el suelo por el miedo. Fue esta conciencia crónica de las armas asesinas adheridas a mis piernas. Mi propio cuerpo me estaba traicionando y alimentando a mí enemigo. —Vete a la mierda —maldije. —Qué boca tan sucia. Tan desagradable. No tienes idea de en qué te estás metiendo. Lo miré, con los ojos furiosos. —La gente sigue diciéndome eso. Pero sé exactamente en lo que me estoy metiendo. ¿Por qué estás aquí? Ambos sabemos que Malice te pateará el culo por tocarme. Hale echó la cabeza hacia atrás y se rio. —¿Crees que a alguno de los Civella le importas una mierda? He visto chicas ir y venir. Entretuviste a Nick durante medio segundo y ahora crees que significas algo. Esta habitación se usa todo el tiempo. Las chicas de Eden’s Place también son utilizadas por los hermanos. Empujé y retorcí, tratando de alejarme del hombre desquiciado. —¿Y qué? No cambia el hecho de que Malice odia las ratas. Hale se rio. —¿Pero lo hace? Todavía estoy aquí, ¿no? Prácticamente pude atravesar la puerta principal. Miré su ojo morado una vez más. —Te dio ese ojo morado, ¿no? Y acabará con quien te haya dejado entrar aquí. Hale frunció el ceño. —No quedará nadie para que él acabe. 152 Esa amenaza siniestra me aterrorizó. ¿Hale los había matado a todos? Empujé de nuevo, pero era como una pared de ladrillos, imposible de mover. —¿Cuál es tu plan entonces, eh? ¿Venir aquí y asustarme? Y entonces, en un movimiento repulsivo, Hale se agachó y se bajó la cremallera de los pantalones. —Estoy aquí para mostrarte lo inútil que eres. Estoy aquí para recordarte que no eres nada. Nadie. Puedes delatar todo lo que quieras, pero nadie te creerá. Nadie se preocupa por ti. Estás completamente sola. Te voy a follar aquí mismo, voy a llenar toda esta mansión con tus gritos, y no habrá una sola persona que corra a rescatarte. Nunca había sentido tanto miedo en mi vida. Fue abrumador y condenatorio. Me temblaban las piernas. Mis ojos se abrieron de par en par. Me sentí congelada sin poder actuar. Mi capacidad de huir o luchar se había roto. Me quedé allí impotente mientras sus aterradoras palabras se acumulaban en mi alma. Nunca había entendido a las mujeres que no luchaban por su vida contra hombres malvados. Siempre había pensado en lo que haría en este tipo de situaciones, cómo patearía, arañaría, gritaría y golpearía para salir de esto sin importar qué. Pero el shock fue demasiado. Mi cuerpo estaba completamente congelado. Desgarró mi bata con sus desagradables y carnosas manos, exponiendo mis pechos desnudos. Solté el aliento que estaba conteniendo y me di cuenta de que tenía que hacer algo. Algo, maldita sea. Grité fuerte. Éste se abrió paso por mi garganta. Rompió mis cuerdas vocales en pedazos. Mis venas se hincharon. Hale rio, rio y rio. Metió la mano entre mis piernas. Junté mis muslos, pero era imposible evitar su invasión. Odié la forma en que las ásperas yemas de sus dedos golpearon mis partes más íntimas. Odié las lágrimas que corrían por mi cara. Solté más gritos. Lo abofeteé. Finalmente pude moverme. Por fin luché. Pero no fui lo suficientemente fuerte. ¿Cómo podía ser tan jodidamente débil? —¡Ayuda! Por favor, ayúdenme. Quizás Hale tenía razón. Yo no era nadie. Yo no era especial. Estaba completamente sola. Como mi madre la noche en que desapareció. Me inmovilizó. Frotó rudamente a lo largo de mi sexo. Tenía ganas de vomitar, ojalá pudiera. Quería orinarme encima de él. Cagarme 153 encima, incluso. Quería darle asco. Cualquier cosa para alejarlo, pero no tenía control sobre mí misma. Y entonces, como un caballero con un traje de Gucci, Malice entró por la puerta. El tiempo se ralentizó. El alivio me golpeó. Oh, Dios, iba a vivir. Iba a sobrevivir. Mis ojos se abrieron de par en par cuando se acercó a Hale y me lo quitó de encima con una fuerza que ni siquiera sabía que poseía. Hale se sorprendió por el ataque, pero luchó rápidamente. Malice ni siquiera se inmutó cuando un puño salió volando hacia su rostro. Ambos forcejearon en el suelo, rodando, golpeando y dando puñetazos. Grité pidiendomás ayuda. ¿Dónde estaban los malditos guardias? Malice se las arregló para sacar un fino cable de su bolsillo y envolverlo alrededor de la garganta de Hale. Sus piernas rodearon el torso de Hale y sus brazos tiraron del cable con tanta fuerza que le cortó la piel e hizo que se formaran gotas de sangre a lo largo del cuello carnoso de Hale. Me estremecí mientras observaba con horror y satisfacción. Nicholas había venido a buscarme. No, Malice había venido a buscarme. —Maldita sea, desmáyate —maldijo mientras los movimientos de Hale se ralentizaban y su rostro se ponía azul. Vi como el cuerpo de Hale se quedaba imposiblemente quieto. Y, finalmente, dejó de moverse por completo. Malice quitó el cable y comprobó su pulso. —Así es, hijo de puta, no puedes morir tan fácilmente. —Malice entonces me miró—. ¿Estás bien? Ni siquiera sabía cómo responder a esa pregunta. Aparentemente, mi vacilación fue suficiente respuesta. Malice tomó el cable y rápidamente ató las manos de Hale. Luego, lo hizo rodar sobre su estómago mientras maldecía. —Maldito pervertido pendejo. —Hale gimió. Sí. Sin duda alguna estaba vivo. ¿Qué planeaba Malice? —Él es la rata —susurré—. Intentó… Malice detuvo su trabajo para mirarme. Una vez más, hizo una pregunta que todavía no podía responder. 154 —¿Estás bien? —Claro —respondí. ¿Qué más había que decir? Aparentemente, mi respuesta no fue lo suficientemente buena, porque Malice dejó escapar un gruñido literal a través de sus dientes apretados. Se inclinó, agarró la cintura de los pantalones de Hale y se los bajó, dejando al descubierto su pálido trasero—. ¿Qué haces? —pregunté. —Pásame ese rizador —espetó. Me quedé helada. —¿Qué? —Pásame el maldito rizador —gruñó Malice. Sus ojos estaban llenos de intención. Era la primera vez que lo veía fuera de control. Por lo general, era tan… calculador. —No entiendo —respondí. ¿Qué iba a hacer, rizar el cabello de Hale? Malice resopló y me empujó para recoger el rizador de mi tocador. Era una varita gruesa, perfecta para hacer ondas definidas. Todavía no entendía… Malice tiró una de las nalgas peludas de Hale hacia un lado y rápidamente empujó el hierro caliente por el culo de Hale. El olor a piel quemada me llenó la nariz. La espalda de Hale se arqueó y se despertó con un sobresalto, gritando como si el rizador le quemara literalmente de dentro hacia fuera. Me llevé la mano a la boca con horror, pero también me resultó excitante. Venganza. Era espantoso. La sangre brotaba de su culo. El humo llenaba el aire. Quemando, quemando, quemando. Luchó contra el cable atado alrededor de sus muñecas. Malice se rio como un maníaco mientras presionaba su rodilla contra la espalda de Hale, empujándolo hacia abajo mientras esencialmente lo quemaba vivo. —¿Creíste que podías joderme? ¿Joder a mi chica? ¿Pensaste que podías alimentar a Cora con secretos y que no lo sabría? Hale gritó y gritó. Envolví mi bata alrededor de mi cuerpo y miré con asombro. Sentí que su conciencia se desvanecía, se desvanecía, se desvanecía. Tuvo espasmos en el suelo, pero una vez más cayó débil. Sentí una repentina necesidad de decirle algo. Quería contarle exactamente lo que me dijo. Mi voz fue sorprendentemente fuerte, a pesar de todo el trauma que había experimentado. 155 —No eres nada. Nadie. Nadie se preocupa por ti. Estás completamente solo. Llenaste toda esta mansión con tus gritos y ni una sola persona corrió en tu rescate. Y Hale, el asqueroso, murió a causa de un rizador caliente en el culo. 156 —Lo mataste —dije. Malice sonrió, como si esto fuera gracioso. Como si la muerte brutal en su habitación de invitados no era más que una salida para su destrucción. —Lo hice. Estaba temblando, todo mi cuerpo sacudiéndose por la adrenalina y el miedo. —Tú… tú lo torturaste —susurré. —Lo hice. —Me salvaste. Malice se suavizó un poco ante mi tono asombrado. —Lo hice —repitió una vez más. Unas palabras tan sencillas llenas de significado sentimental. Le importaba—. Y lo haría de nuevo. Ahora ven aquí y fóllame mientras su cadáver observa. Jadeé ante el cambio repentino en la habitación. Su atención estaba plenamente en mí. Aferré mi bata y apreté la tela de seda en mi puño. —¿Qué? —pregunté. Malice enderezó su espalda, pasó por encima del cuerpo sin vida de Hale, y se acercó a mí. —Quítate la bata. —No. —Déjame ver lo que es mío —insistió. —Me acaban de agredir —respondí bruscamente. No estaba segura de querer que me tocaran—. Y no soy tuya —agregué rápidamente. Esto estaba mal, muy mal. Mi piel se enrojeció. El poder emanando de él me golpeó en oleadas. —Vives en mi casa —insistió. 157 —Me iré. —Más cerca. Se acercó mucho más. —Firmo tus cheques. —Renunciaré. Envolvió su mano alrededor de mi cuello. —Arruiné tu alma —susurró. —Quizás para empezar estaba arruinada. Malice estampó sus labios contra los míos con una pasión candente. Sentí mi cuerpo tensarse ante la presencia dura de su cuerpo presionándose contra mi torso. Pasó sus manos por mi cabello y tiró de las raíces hasta que gemí. Luego rasgó mi bata y expuso mi piel. No se sintió intrusivo como cuando Hale me tocó. Fue un crudo placer puro atravesando mi sistema. Fue como una dosis de heroína. Lo besé profundamente, pero vi que el cuerpo de Hale se contrajo, como si las terminaciones nerviosas muertas de su cuerpo se agitaran y sacudieran con unos pequeños últimos momentos de desafío. Hizo que mis labios se quedaran inmóviles y mi consciencia se volvió pesada. —Mierda —maldijo Malice cuando se dio cuenta que estaba mirando a Hale. Él podría estar bien haciendo un espectáculo para un cadáver, pero yo no lo estaba—. Córrete para mí y te sacaré de aquí — dijo, su tono una exigencia dura. Malice luego me tocó donde Hale tuvo sus dedos desagradables hace unos minutos. Ahora estaba empapada, mi deseo resbaladizo cubriendo mis muslos. No me molesté en preguntarme qué carajo me pasaba. Malice ya había distorsionado mi percepción del bien y el mal. Envolví mi brazo alrededor de su cuello mientras trabajaba en mi coño. Mantuve mis ojos en Hale. Su cuerpo sin vida pareciendo ganar. Se masturbó conmigo asesinando a alguien, ahora también estaba excitándome con su muerte humillante. —Sabía que necesitabas esto —susurró Malice—. Así es, Pequeña Luchadora. Muéstrale a ese maldito bastardo lo bien que se siente correrte en tus propios términos. Más rápido, más rápido, más rápido. Malice trabajó mi clítoris codicioso. Me arqueé y gemí. Grité. Hundí mis dientes en el cuello de Malice a medida que frotaba mi protuberancia hinchada. Estaba tan jodidamente sensible. Cada sacudida envió una onda de choque a través de mi cuerpo. Apenas podía mantenerme en pie, el placer tan fuerte, y cuando me corrí, no me molesté en contener mi grito. Dejé que mi voz resonase por los pasillos, de la misma manera que Hale me amenazó. Dijo que, después de todo, toda la mansión oiría mis gritos. Qué se joda. 158 Me invadió ola tras ola de placer. La adrenalina de la muerte intensificó cada sensación. Mis músculos se contrajeron, luego todos se relajaron a la vez. Jadeé y me habría derrumbado si no fuera por los brazos fuertes de Malice sosteniéndome erguida. —Muy bien, mi Pequeña Luchadora. Te sacaré de aquí. Me levantó, y envolví mis piernas alrededor de su cintura antes de acariciar mi rostro en el hueco de su cuello. Ahora que el efecto de mi orgasmo había desaparecido, me sentía abrumada por lo que había sucedido. Hale estaba muerto y yo, bailé metafóricamente sobre su tumba. Cero arrepentimientos. Me sacó del dormitorio y se detuvo en un intercomunicador fuera de mi habitación. Apretó el botón. —¿Por qué no había nadie vigilando al guardia en la casa? — retumbó su voz. Tomó un momento prolongado para que alguien responda, y con cada tic-tac del reloj, pude sentir el cuerpo de Malice tensándose contraentendí. —No hagas esto —supliqué. Él desvió la mirada, un sorprendente destello de dolor cruzó su expresión. Vicky estaba a punto de dejarme llorando allí sobre el asfalto caliente cuando una caravana de Mercedes-Benz entró en el estacionamiento de Dick. —Maldición —maldijo Vicky antes de pararse frente a mí, como un escudo humano. —Maldición —repitió su guardaespaldas. 17 —Maldición —murmuré en voz baja cuando las puertas del auto se abrieron de golpe y salieron una multitud de hombres en traje. Traté de contar cuántas personas había, pero se desvanecieron dentro y fuera del aire de la noche como sombras. Pudieron ser doce o cien. Su presencia fue enorme e intimidante, y no poder ver con claridad se sumó al terror total de todo. —Entra, Juliet —susurró Vicky con urgencia. Sí, no. Ni loca iba a entrar; tuve la fuerte sensación de que correr llamaría aún más la atención en mí. Sería como un pez en un barril. Sin mencionar que no era una cobarde. Puede que no conociera este mundo, pero no iba a dejar que mi mejor amiga enfrentara lo que sea que fuera esto, sola. No abandonaría a mi amiga. Observé con asombro la peligrosa sincronía entre ellos. Sus trajes variaban en diferentes tonos de negro y gris carbón. Sus zapatos de cuero estaban pulidos e impecables. Solo vi un par de mujeres en el grupo, pero vestían atuendos similares a los de los otros hombres, como si el costoso traje de diseñador fuera una especie de uniforme de trabajo. —Tienes que irte, Juliet —susurró. Sintiendo que la vida de Vicky estaba en peligro, planté mis pies firmemente en el asfalto, esperando. No ignoraba a la mafia de Kansas City y de lo que eran capaces. No sabía exactamente el rango de su familia en el sistema, pero el hecho de que tuviera un guardaespaldas siguiéndola era suficiente para asumir que era importante en su organización, o importante para alguien. A pesar de la noche calurosa, un escalofrío se deslizó por mi columna y luché contra esa sensación instintiva y abrumadora de huir. No fue hasta que uno de los autos del medio se abrió y un hombre alto salió del vehículo que me quedé sin aliento en el pecho. Él era… atractivo. Aterradoramente. Cabello rubio peinado hacia un lado. Labios suaves. Hombros anchos y complexión musculosa. Se elevaba por encima de todo el mundo 18 y tenía el tipo de presencia que hacía que te sentaras y prestaras atención. —Maldición —maldijo Vicky—. No hay forma de escapar de esto ahora. —¿Qué quieres decir? —murmuré mientras se acercaba más a mí, su espalda chocando con mi pecho. Envolvió sus brazos hacia atrás y alrededor de mí mientras levantaba la barbilla desafiante. Su guardaespaldas se mantuvo firme y estaba en alerta, pero por primera vez en mi vida, noté una caída sumisa en sus hombros, como si él también temiera lo que se avecinaba para nosotros. Era fácil decir que el hombre que acechaba hacia nosotros estaba a cargo. Fue como un cambio de energía. Todos se volvieron para mirarlo. Se movían cuando él se movía, respiraban cuando él respiraba. Encontré toda la experiencia muy… etérea ya que estaban perfectamente en sintonía entre sí. Fue como si el mundo entero girara bajo sus órdenes. —William —saludó el rubio. Su voz fue ronca y áspera. Cortés, controlada. No levantó la voz en el aire nocturno, habló como un hombre acostumbrado al mundo acercándose para escuchar lo que tenía que decir. Cada sílaba que salía de sus labios era un lujo. —Nicholas —respondió el guardaespaldas de Vicky antes de caminar hacia adelante. Los dos hombres se abrazaron. El abrazo pareció forzado, pero aún cómodo, como si hubieran practicado el movimiento en eventos políticos para demostrar algo. ¿William? ¡¿William?! ¿El nombre del guardaespaldas de Vicky era William? Parpadeé un par de veces mientras le daba vueltas al nombre en mi mente. Mi extraño silencioso, mi mosca en la pared, el hombre que sabía todo sobre mí por asociación tenía un nombre. Saber esto y escuchar su voz en una noche lo hizo sentir más real. En realidad, no pude disfrutar de la comprensión de esto, porque comenzaron a murmurar algo entre ellos, luego se volvieron para mirarme. Olas de terror me golpearon como un rayo. —Vicky. Seguro que sabes cómo crear problemas —dijo el rubio, Nicholas. Mi mejor amiga se aclaró la garganta ante sus palabras. Ella respondió con ironía. —Nicholas, seguro que sabes cómo ser un gran dolor en el culo. — Pareció divertido por una fracción de segundo, pero su expresión se transformó en ira controlada. Vicky luego miró a su alrededor a la caravana de autos estacionados a nuestro alrededor y suspiró—. ¿De verdad necesitabas traer toda la caravana para esto? 19 Su pregunta fue recibida con un enojado resoplido. —Solo quería asegurarme de que no huyeras de tus responsabilidades —respondió con frialdad—. Muéstrame a quién escondes a tu espalda. —No. —La respuesta de Vicky fue rápida, contundente y llena de veneno—. No va a pasar, Nicholas. Él se mordió el interior de la mejilla y le dirigió una mirada enfadada. Aparentemente, este rubio no estaba acostumbrado a que lo desafiaran. Lo miré por detrás de Vicky y sus ojos anormalmente brillantes llamearon de ira. —Creo que olvidas quién está a cargo aquí —dijo, puntuando cada palabra con un poder feroz. —Creo que olvidas que eres mi hermano y no un director de prisión. —¿Hermano? ¿Estaban emparentados? Después de pasar los últimos tres años en este extraño limbo de la amistad donde no se me permitía saber nada sobre la vida privada de Vicky, era una sensación tan extraña conocer a su hermano ahora. Mirándolo, vi indicios de sus rasgos similares. Su nariz afilada. Sus ojos feroces y piernas largas. Pero si eran familia, ¿por qué temblaba Vicky? Se volvió para mirar a su guardaespaldas, William, y negó con la cabeza—. ¿Y tú? A veces, creo que te preocupas por mí. Otras veces, me pregunto cómo diablos estamos relacionados. Pensé que a ti también te importaba, William. No mientas y me digas que no es así. Estaba tan confundida pero demasiado asustada para hacer o decir algo. Mordí mi labio mientras intercambiaban un silencioso enfrentamiento. Quería ver si la gente del restaurante estaba mirando o si habían dirigido su atención a otra parte. Todos sabían que no debían meterse con la mafia. Incluso si nunca había interactuado con ellos fuera de mis visitas con Vicky, sabía que debía mantenerme en secreto. Si veía algo, no diría nada. No sobreviví en la parte mala de la ciudad metiendo mis narices en los asuntos de otras personas. Es por eso por lo que Vicky confiaba tanto en mí. Mi teléfono barato empezó a sonar. El estridente sonido rompió el pesado silencio y maldije. Solo había una persona que me estaría llamando en este momento. La abuela. Sentí la atención de todos en mí y Nicholas sonrió. —¿Vas a contestar eso? Tragué saliva. Tuve un breve momento para pensar en mis opciones. Tan valientemente como pude, bromeé. —No quería ofenderte. 20 Los ojos de William se movieron nerviosamente. Vicky envolvió su cuerpo contra el mío. Mi teléfono siguió sonando en el aire nocturno. —Por favor, adelante —respondió Nicholas con malicia. Esto se sintió como un truco del que no quería participar. Pero aun así… Quizás fue debido a la desaparición de mi madre que me costaba ignorar las llamadas telefónicas de mi abuela. Nunca quise que mi abuela se preguntara o se preocupara si estaba bien. No saber lo que le pasó a mamá significó que nos viéramos obligadas a preocuparnos perpetuamente por ella por el resto de nuestras vidas. Necesitaba trabajar en ello, pero estaba ansiosa por no responder. Además, si estaba a punto de morir, primero quería hablar con mi abuela. Saqué mi teléfono con la pantalla rota de mi sostén y rápidamente respondí. —Hola, abuela. ¿Estás bien? —Juliet, ¿eres tú? —Sí, abuela, soy yo. ¿Estás bien? —Miré el pavimento, pero escuché pasosel mío. —Un grupo de hombres fue visto en la entrada sur. Hemos estado barriendo la zona durante los últimos cuarenta y cinco minutos, y encontramos una maleta con cables de aspecto turbio. Estamos esperando a que aparezca nuestro experto en bombas, jefe. Encendimos la alarma para una evacuación entera de la mansión hace una hora. Malice maldijo. Lo abracé con más fuerza, y el movimiento hizo que se estire para palmear mi espalda como para consolarme. Fue inesperado, pero le di la bienvenida. Tendría mucho tiempo para atormentarme con todo lo que había sucedido hoy. —Estoy en la casa en este preciso momento, y no está sonando ninguna alarma. Quiero saber quién estaba programado hoy para estar a cargo de Juliet Cross, y quiero que lo entierren con Hale. Una pausa recibió la demanda de Malice. —¿Hale, señor? —preguntó. —Hale ahora está muerto en el dormitorio de la señorita Cross. Necesito un equipo de limpieza aquí ahora mismo, y quiero un informe completo en mi escritorio en seis horas sobre las alianzas y contactos conocidos de Hale. Quiero que cambien todas las malditas contraseñas de esta casa. Quiero un barrido de su computadora portátil, teléfono y automóvil. Cada puto video de seguridad que puedan encontrar sobre el 159 hijo de puta entregado con el informe, o voy a comenzar a meter balas en unos cuantos cráneos. Me mordí el labio cuando sonó una ronda de Sí, jefe en el intercomunicador. —¿Qué nivel de amenaza tiene la bomba? —¿A qué se refiere, señor? —¿Crees que estoy seguro para follarme a mi chica en mi propia casa, o deberíamos irnos? Quise arrancarle los ojos con mis uñas. Malice sonrió. —Es bastante mínimo, señor. Está a unos treinta metros de la casa. Parece más una distracción que cualquier otra cosa. Aunque, le sugiero que se vaya por su seguridad… Malice terminó la comunicación, soltó un bufido, y comenzó a caminar por el pasillo hacia una habitación al final. Mordí mi labio nuevamente a medida que me dejaba en una cama lujosa. Mierda. Probablemente no debí decirle te lo dije al aterrador jefe enojado de la mafia. —Tenía un plan. ¡Lo tenía todo bajo mi puto control! —gritó antes de sacar su teléfono de su bolsillo y marcar. Encontré una manta de sobra y la envolví alrededor de mi cuerpo, pero Malice se acercó a mí y me la quitó de un tirón. Imbécil de mierda. —Cancela la distracción. Hale está muerto —dijo Malice a la vez que la otra persona en la línea contestó. Miré alrededor de la habitación. Muebles oscuros. Paredes negras. Sábanas negras. Pinturas abstractas en blanco y negro llenaban la pared. Cortinas oscuras también cubrían unas ventanas del piso al techo. Era un dormitorio caprichoso que encajaba perfectamente con la personalidad de Malice. No tenía ni idea que dormía tan cerca de donde me estaba quedando. —Como jodidamente muerto, William —continuó Malice—. Le metí un rizador caliente por el culo. Actualmente está tirado en el suelo de la habitación de Juliet, cocinándose como un asado. La imagen me hizo presionar mi mano contra mi boca. El vómito subió por mi garganta, pero lo tragué. Me negaba a sentirme apenada por lo que habíamos hecho. Era él o yo, y una vez más me elegí a mí. —Debe haber descubierto que lo dejamos ir a propósito. Los guardias encontraron una bomba en el jardín sur, y el cabrón desactivó la alarma. Pensó que tendría una última follada antes de huir. Y, por supuesto, eligió un momento en el que pensó que no estaría en todo el 160 día. Simplemente, da la casualidad de que volví para agarrar mi billetera cuando escuché a Juliet gritar. Mierda, gracias a Dios que Malice había vuelto. Me miró de arriba abajo. —Sí… —dijo a William—. Está bien. —William debe haber estado gritando en la otra línea, porque Malice apartó el teléfono de su oído por un momento. No me quitó los ojos de encima ni una sola vez—. ¿William? —Pausó—. ¡William! —Más pausas. Sentí que mi pecho comenzó a subir y bajar pesado. La tensión era espesa entre nosotros. Obviamente, teníamos asuntos pendientes—. Maldita sea, William. Adiós. Tengo algo muy importante que debo hacer. —Colgó su teléfono y lo arrojó al suelo— . Abre las piernas, Pequeña Luchadora. Pequeña Luchadora. No lo obedecí. —¿No tienes trabajo que hacer? ¿Una posible bomba con la que lidiar y un cadáver en tu habitación de invitados? —me burlé de él. Por alguna razón, sentía esta necesidad inexplicable de negarle a este hombre el control que ansiaba tan desesperadamente. Quería estar a cargo. —Abre tus malditos muslos —exigió. Los apreté entre sí aún más fuerte. —¿Qué estás intentando probar? —pregunté. Se humedeció los labios, como si estuviera saboreando el sabor de mi boca en la suya. Podría haber tenido un momento de debilidad en la habitación de invitados, pero no estaba dispuesta a ceder otra vez. Había tenido mi orgasmo, no necesitaba que Malice se retorciera de un lado a otro. Se acercó a mí y se arrodilló. Besó mis rodillas ligeramente. Delicada. Tierna. Brevemente. Después, con sus manos tatuadas, me abrió los muslos y se inclinó para respirarme. Quise resistirme y esconderme. Era tan audaz de su parte exponerme así. Pero los ojos de Malice se pusieron en blanco. Gimió y frotó su cara a lo largo de mi coño. Se deleitó con mi aroma, mi calor, mi lujuria. —No tengo nada que probar, Pequeña Luchadora. Te quiero ahora mismo. Mañana, podría matarte. Ayer, te odiaba. Los monstruos operan en sus necesidades básicas. Lamió una línea lenta en mi hendidura, y casi salté de la cama. —Entonces, ¿esto solo se trata de excitarte? —pregunté, mi voz temblorosa. 161 —Se trata de lo bien que sabes. —Hizo una pausa antes de lamerme nuevamente. Me retorcí en el colchón—. Se trata de hacerte gritar. —Clavó sus dedos en mi carne, probablemente dejando pequeños moretones en la forma de sus dedos. Enredé mis manos en su cabello y lo obligué a mirarme. —Solo quieres sentirte como el héroe por un poco más de tiempo —susurré. Conocía su pasado. Sabía que lo impulsaba construir y proteger su imperio, del mismo modo que a mí me impulsaba protegerme y encontrar respuestas. Malice gruñó, y supe que lo había golpeado donde dolía. Envolvió su mano alrededor de mi muñeca y quitó mi mano de su cabeza. Luego, se levantó y me empujó de espaldas en la cama para no tener que mirarme a los ojos. Algo me decía que luchaba con la realidad en mi mirada. —Cállate y siénteme, Pequeña Luchadora —susurró antes de besar mi estómago, mi pecho, mi mandíbula. Me moví para levantar su barbilla, desafiándolo una vez más a que me mirara a los ojos. —Malice, gracias por salvarme —respondí. Mis palabras lo estimularon. Se quitó su cinturón frenéticamente, su camisa, sus pantalones. Mantuvo sus ojos esmeraldas en mí mientras se quitaba la ropa del cuerpo. Y oh, qué maravilloso cuerpo tenía. Tatuajes intrincados cubrían cada centímetro de su piel. Un hermoso arte sorprendente diseñado por un artista genuino. Las líneas eran impecables. Se habían curado perfectamente y fluían sin problemas con cada línea de su cuerpo. Había un búho enojado en su pecho con una expresión gruñona y preciosas alas extendidas sobre sus pectorales. Me pregunté si el simbolismo hablaba de la sabiduría serena de Malice. En su cuello había un loto en blanco y negro con letras cursivas envueltas alrededor. Lo leí y me mordí el labio. Civella. Estaba marcado literalmente con el apellido de su familia. Cuando se bajó sus calzoncillos negros, jadeé ante el metal brillante perforando su dura y larga polla. Debatí preguntarle si las barras recubriendo su eje le habían dolido, pero tenía la impresión de que nada le dolía. Malice era invencible. Brutal. Endurecido por la organización mortal para la que fue criado para liderar. 162 Se arrastró sobre mí, sus músculos tensos y definidos. Extendí la mano y pasé mi mano por un año tatuado en negrita en sus abdominales. 2018. —¿Qué significaesto? —pregunté. Quería entenderlo. Malice dejó escapar un jadeo pequeño cuando tracé los números en negrita sensualmente. —Es el año en que vi cómo asesinaron a mis padres —admitió antes de apartar mi mano suavemente. No esperaba esa respuesta, y mi corazón se rompió por él. ¿Qué tipo de vida vivió?— Me recuerda que nunca debo ser complaciente. No confíes en nadie. No dejes entrar a nadie. Lo entendía. Yo misma había construido un muro a mi alrededor tan alto que incluso mi mejor amiga apenas miraba por encima del borde. Este hombre había vivido una vida de derramamiento de sangre. Había visto sufrir y morir a las personas más cercanas a él. —Malice, fóllame —susurré. Esto era imprudente, incorrecto y tan jodido. Este hombre me había obligado a matar a otro. No protegería mi corazón. No se preocuparía por mí. Era peligroso e impredecible. Pero quería sentirlo solo una vez. Quería ser imprudente. Malice tenía razón, se trataba de necesidades básicas y nada más. Quería comprender las partes físicas más crudas de él. Si iba al infierno, entonces montaría en el regazo del diablo en el camino hacia abajo. Malice sujetó mis manos sobre mi cabeza y se instaló entre mis muslos temblorosos. Me sobresalté ante la invasión brusca de su polla. Presionó contra mi entrada, provocándome y tentándome. —No puedo controlarme cuando estoy contigo —dijo con voz ronca. No quería su control. Quería su pene. Quería su lado salvaje. Empujó dentro de mí con un movimiento rápido que me hizo gemir ruidosamente y arquearme fuera de la cama. Era tan jodidamente grueso. Los piercings en su polla me hicieron sentir llena, y cada uno golpeó un punto sensible dentro de mí. Se estiró a lo largo de mi cuerpo, sin dejar de sujetarme con sus manos, y me encantó la forma en que sus músculos se abultaron a medida que se deslizó dentro y fuera de mi coño resbaladizo. —Estás tan jodidamente apretada —dijo antes de gruñir una maldición—. Como si tu coño estuviera hecho para mi polla. —Se inclinó para envolver su boca alrededor de mi pezón, deteniéndose un momento en sus embestidas para arrastrar sus dientes afilados a lo largo de mi piel sensible. Me retorcí y gemí mientras envolvía mis piernas alrededor de su cintura. 163 Luego avanzó a mi escote y hundió sus dientes en mi piel, extrayendo sangre. Grité por el dolor agudo justo cuando empezó a follarme más fuerte. Gotas de mi sangre se derramaron por su boca, y miré la huella que sus dientes dejaron en mi pecho. Cortes violentos y enojados en la forma de su cruel sonrisa me devolvieron la vista. Empujé contra su pecho, enojada porque me hubiera mordido tan duro, pero también ligeramente excitada por la brutalidad de todo. —Vamos, Pequeña Luchadora. Lucha contra el gran monstruo malo —se burló antes de agarrar mi cintura y castigarme con su polla. Cada estocada fuerte de su cuerpo fue condenatoria. Rastrillé mis uñas por su espalda. Quería marcar su piel como él había marcado la mía. Quería arruinar sus tatuajes hermosos y cavar tan profundo que encontraría algo de permanencia en su alma. Me retorcí y apreté mis piernas con más fuerza a su alrededor. Mordí su hombro, chupé su cuello, lamí su labio inferior y tiré del frío aro del pezón en su piel entintada. Follamos, follamos, follamos. Más duro. Más rápido. Profundo, profundo, profundo y más profundo. Fue una pasión brusca compartida entre dos personas que eran desconocidas y conocidas íntimamente. Habíamos sido testigos de los pecados más profundos del otro. Juramos lealtad a nuestros cuerpos, nuestra confianza y nuestras intenciones más sucias. Seguimos follando, follando y follando. No cambiamos de posición. Al final resultó que, a Malice le gustaba mirarme a los ojos. Tal vez porque veía fragmentos de sí en mi mirada. Y cuando me corrí, fue la liberación más dulce de mi vida. Ninguno de los dos gritó, fue una de esas pequeñas muertes silenciosas. Una ola de culminación que nos dejó a los dos agotados y agitados. Se derrumbó encima de mí y lamió una gota de sudor de mi cuello. —Guau —susurré. No había esperado que sea tan intenso… simplemente demasiado. Malice guardó silencio. Permaneció callado cuando salió de mí. No dijo ni una maldita palabra cuando fue a limpiarse. Ni un susurro escapó de sus labios cuando le pregunté si estaba bien. La finalidad de todo esto me hizo sentir vacía. Solo me quedé allí tumbada con su semen filtrándose de mí. Sin abrazos, ni palabras dulces. Sin besos tiernos. Ni… nada. Estaba acostada allí cuando la puerta se abrió y Anthony entró trotando. Suspiró aliviado al verme, luego notó que estaba desnuda rápidamente. Anthony evaluó pensativo la situación en cuestión de unos 164 momentos. No estaba segura de cuánto sabía él sobre lo que había sucedido o si esto desencadenaría algo en él. Malice aún estaba en su baño adjunto haciendo Dios sabe qué. —¿Estás bien? ¿Te lastimó? —preguntó Anthony gentilmente mientras se acercaba más a mí. Mis ojos se llenaron de lágrimas. No estaba segura de por qué estaba llorando. Vergüenza por lo que había hecho con Malice. Miedo por lo que pasó con Hale. Terror por el asesinato brutal del que fui testigo. Anthony se quitó sus zapatos con delicadeza y agarró una manta. Me miró por un momento breve y dejó escapar un escalofrío antes de cubrirme con la tela suave. —Aquí estoy. No lo pensé dos veces cuando se subió a la cama a mi lado… la cama que olía a sexo. La cama en la que acababa de follar con su hermano. Envolvió sus brazos alrededor de mí, y dejé escapar un suspiro de alivio. Este era el consuelo que necesitaba. Incluso si estaba mal y era egoísta. Besó mi coronilla suavemente y me abrazó. No me soltó cuando Malice salió del baño, completamente desnudo y cubierto de rasguños y mi sangre. Caminó orgulloso hacia la cama, vistiendo la brutalidad de nuestra follada como una medalla de honor. Si estaba sorprendido de que Anthony me estuviera tocando, no lo demostró. No fue hasta que Anthony lo miró furioso, y luego giró mi cabeza para colocar un húmedo beso caliente en mi boca que la máscara de Malice se desvaneció en la nada. El shock cubrió su expresión. Besé a Anthony con mis ojos en Malice, preocupada por lo que esto significaba, confundida por todo lo que había sucedido. —Yo te protegeré —susurró Anthony—. Siempre te mantendré a salvo —prometió antes de mirar furioso a su hermano. Malice agarró su ropa y nos dejó solos en su dormitorio sin una sola palabra. 165 La ansiedad era casi como tener una mosca rebelde apareciendo en tu habitación. Quizás una avispa mortal era más preciso. O un elefante sentado en tu pecho. ¿Pero esta noche? Esta noche, tenía una mosca zumbando alrededor de mi cabeza. Aterrizando en mi piel. Arrastrándose por mis mejillas. Intenté acostarme desesperadamente en la cama de Malice, con los ojos cerrados con fuerza, pero aún podía escuchar ese zumbido constante en mis oídos. Vueltas, vueltas y vueltas. Si abría la boca, ¿aterrizaría en mi lengua? Si abría los ojos, ¿bebería de mis lágrimas? Si me tragara una mosca, ¿construiría un hogar en mi estómago? Nadie vería la mosca, pero yo la sentiría. Sin mariposas para la dama de las moscas. Anthony y yo estábamos acostados en la cama de Malice, y no pude evitar pensar en moscas en mi estómago, comiéndose la muerte enterrada dentro de mí. A ellas les gustaba esa mierda, ¿no? Acudían en masa. Probablemente tendría moscas siguiéndome por el resto de mi maldita vida. Dejarían un rastro de destrucción a su paso. La casa Civella tenía moscas en las paredes. Sobre los muebles. Mantenían los bichitos cargados en sus armas. Anthony gimió. Tenía una mano apoyada en mi cuerpo, pero la apartó bruscamente, como si mi toque lo quemara. La gente era vulnerable cuando dormía. Estaba hablando con alguien en sus sueños. Diciéndoles que se vayan a la mierda. Anthony estaba luchando contra sus propias moscas. Quise extenderla mano y apartar el cabello sudoroso de su frente, pero tenía una mosca en mi cerebro de la que no podía deshacerme. Me levanté y me limpié. Semen seco cubría mi piel. Mi cabello estaba enredado. El aire olía a carne quemada. Bzzz. Esa maldita mosca tenía que morir. Encontré ropa de mi talla doblada cuidadosamente en el baño. Encontré que la tela era suave al tacto. Se sentía muy lujosa. William 166 estuvo aquí. ¿Sabía lo que había hecho? ¿Estaba tan disgustado conmigo como ya lo estaba yo misma? Anthony soltó un grito mientras dormía. Necesitaba matar todas mis moscas por él. No podía abrazarlo y consolarlo hasta que lo hiciera. El guardia fuera de nuestra habitación preguntó dónde iba. Le dije que necesitaba matar una mosca. Habló por su radio y me siguió, curioso. Bzz. Bzz. Bzz. Bzz. No era más que un hombre sin rostro, sin nombre. Afortunadamente, no me detuvo. El rey en su radio dijo que me deje en paz. Libre para matar la mosca, ¿qué suerte tenía, no? Me reí mientras agarraba mi bolso y mis llaves. Me siguieron calle abajo. Un convoy de hombres. Testigos de mi cacería. Mis dedos temblaron a medida que conducía tras la mosca. Sabía a dónde iba, seguían a la muerte, ¿no? La conmoción era casi como tener una razón para escapar. p Ring. Ring. Un hombre estaba detrás de mí, con los brazos cruzados sobre el pecho. —Contesta el teléfono, Vicky —maldije. Tenía cosas importantes que hacer. —¿Hola? —Oh, bien, estás aquí —suspiré de alivio mientras me paseaba por el cemento duro. Estaba descalza. Hasta que ya no lo estaba. Un hombre trajeado me entregó unas chanclas—. Mamá dejó su trabajo a las 2:36 a.m. —dije al teléfono. Vicky guardó un silencio sepulcral. Siempre lo hacía cuando hablaba de esto—. Las cámaras la vieron irse con una mochila. Nunca tenía una mochila. Pero ese día la tenía. 167 —Oh, Juliet —dijo Vicky con ternura—. ¿Estás en Gwendola Lane? ¿Estás sola? No estaba sola. Nunca estaba sola. Tenía la mosca en mi estómago y el muro de los hombres de Malice a mi espalda. —Habría tomado esta ruta a casa. Es el camino directo a la casa de la abuela. Pero ¿y si iba a parar en algún lugar? ¿Y si tenía ropa por lavar en esa mochila, Vicky? Hay una lavandería automática las veinticuatro horas en la calle Hannah. Podría haber caminado hasta allí… —Juliet, ya revisamos las imágenes de seguridad de la calle Hannah, y nadie en la lavandería la vio —respondió Vicky en voz baja. Lo sabía. En serio lo hacía. Ninguna piedra sin remover. Era una teoría, una pista, un callejón sin salida. Nada. Moscas por todas partes. —Está bien. ¿Y si la secuestraron…? Vicky me interrumpió. —Juliet. ¿Puedes sentarte? Hagamos nuestros ejercicios de respiración. Los que practicamos la última vez —susurró. Su tono me enfureció. ¿No lo entendía? —No quiero respirar. Quiero encontrar a mi maldita madre. Suspiró en el auricular. —Está bien. Dame un segundo. Voy a enviar un mensaje de texto a alguien. Conté mis pasos entre tiendas. Miré el sol saliendo por el este. Encontré un trozo de chicle viejo en el cemento. Evidencia. Consigue toda la evidencia. —Está bien, ¿Juliet? ¿Sigues ahí? —¿Y si tomó un taxi a casa? ¿Y si no se sentía…? —Cariño, no tomó un taxi. Cierto, cierto. —¿Escuchas eso? —¿Qué escucho? —Esa mosca. No deja de zumbar. —Sería mucho más fácil si Vicky estuviera aquí—. ¿Cuándo vendrás a casa? La respuesta de Vicky fue inmediata. —Pronto, cariño. ¿Hoy pasó algo? 168 Lágrimas por las moscas comenzaron a rodar por mis mejillas. Saladas. Calientes. —Hale está muerto —susurré—. Me lastimó, Vicky. Vicky jadeó. Los hombres observándome se alzaron más erguidos. Alguien estaba viniendo. —Oh, Dios mío, Juliet. ¿Estás bien? Eso es todo, no me importa lo que diga Nick, voy a volver a casa. Más lágrimas comenzaron a fluir por mis mejillas. Quería a mi mejor amiga. Quería saber lo que le pasó a mi madre. Quería ver a Hale morir una y otra y otra vez. Quería que Malice me hubiera abrazado después que folláramos. Quería quitarle las pesadillas a Anthony. Quería perderme con mi extraño silencioso. Quería matar la maldita mosca. Las calles estaban hechas de batir de alas. Ojos me seguían a todos lados. Cubrían todas las superficies. Se arrastraban por mi piel. Estaban hundiéndose en mis oídos, mis ojos, mi nariz, mi boca. —Vicky, te extraño. No estoy bien. Dejó escapar un suspiro lento en el receptor. Pasó el tiempo. Sollocé al teléfono. El muro de guardias se movió nervioso sobre sus pies. —Tal vez tu mamá no estaba caminando a casa. Dijo que estaba enamorada de ese padre soltero que frecuentaba la tienda. Tal vez finalmente hizo algo al respecto —ofreció Vicky, distrayéndome. Era una teoría que discutíamos a menudo. —Jeffrey Dahmer disfrazado de padre soltero trabajando en el turno nocturno —dije, disgustada. —Es posible —ofreció Vicky, aplacándome—. ¿Oye, Juliet? ¿Hay alguien ahí? Alcé la vista justo cuando Malice, Anthony y William salieron de un auto. —Todos están aquí. Vicky susurró en mi oído. —Genial. ¿Por qué no vas a casa y descansas un poco? ¿Me quedaré en la línea si quieres? Podemos volver a hablar de las teorías. Tengo un bloc para tomar notas. William me tendió la mano, y la miré como si su cuerpo fuera un arma. Anthony comenzó a pasearse inquieto por el cemento, mirando la 169 basura en el suelo, las manchas en las ventanas y las tiendas alineadas en la calle. Malice vestía una camisa salpicada de sangre. —Señorita Cross, vámonos a casa —dijo William. La realidad de este momento se sintió de repente muy pesada. —Pero… pero tengo que matar la mosca… —Mis palabras no eran reales. No había ninguna mosca. —Asesina, ¿dónde está la mosca? —preguntó Anthony a medida que se quitaba un zapato. Más lágrimas corrieron por mis mejillas. Era este sufrimiento sin fin. Sin cierre. Sin respuestas. Era este dolor que nunca cesaría. Asentí hacia la tienda que era demasiado barata para invertir en cámaras de video. —Ahí —susurré. Anthony asintió, se acercó a la ventana y la golpeó con el zapato. El golpe fuerte fue satisfactorio. —¿Dónde más, Asesina? Tragué pesado. Odiaba y amaba ese apodo. —Ahí —dije, señalando el suelo. Anthony pisoteó. Se veía ridículo, golpeando a mis demonios imaginarios. Malice habló finalmente, sus palabras oscuras y crueles. —¿Dónde más, Pequeña Luchadora? —Lo miré por un momento, los recuerdos de lo que habíamos hecho juntos aun persiguiéndome. ¿Merecía saber sobre mis moscas?— dime —insistió una vez más. Luego señalé el semáforo. Malice sacó su arma, apuntó al semáforo, y disparó una bala. El vidrio se hizo añicos y el estallido eliminó una mosca más zumbando en mi cerebro. —Señorita Cross, muéstrame dónde están todas las moscas — suplicó William. Mi rostro se retorció en agonía y miré hacia mi pecho. —Aquí —susurré mientras apuntaba a mi corazón—. Está aquí. Colgué a Vicky y caminé hacia el auto. La conmoción se estaba desvaneciendo, y todo lo que quedaba era una tristeza abrumadora. Los hermanos Civella me siguieron. Anthony empezó a hablar de matamoscas eléctricos. Malice insistió en que me siente en su regazo. William condujo. Temblando. Sollozando. 170 Riendo. También muriendo un poco. El zumbido cesó. Mis héroes habían matado a la mosca. Y nunca volvimos a hablar de eso. 171 Después de un par de días de cuidado personal, exigí normalidad. El shock que experimenté fue intenso, pero no necesariamente desconocido. Vicky llamó dos veces al día para asegurarse que no volviera a pasear por las calles. Malice no me hablaba. William prácticamente vivía en el trabajo. Anthony estaba construyendo una trampa para moscas sofisticada en su calabozo de la muerte. Estaba avergonzada. Sabía lo que era el shock. Sabía que había tenido un momento temporal de locura. Sabía que era razonable. Sabía. Sabía. Sabía.Tenía que salir de la casa Civella. No podía dormir en la habitación de invitados porque, a pesar de que el personal borró cada centímetro de evidencia de la habitación, aún me recordaba a Hale. Estuve tentada de llamar a la puerta de Malice y dormir en su cama, pero cada vez que reuní el coraje para hacerlo, me convencí de que lo mejor era que no lo hiciera. Malice no tuvo que decir ni una sola palabra para hacerme saber cómo se sentía por lo que habíamos hecho. Se había presentado para luchar contra mis demonios en Gwendola Lane porque era un riesgo de seguridad, no porque le importara. No era la chica que domó a la bestia. Era un cuerpo con el que pasar el tiempo. Esta mañana me fui para quedarme en casa de la abuela. Anhelaba algo familiar, y de todos modos tenía que comprobar las cosas. Tenía un montón de correo esperándome, y mi colchón barato pero cálido. Después de dar vueltas y vueltas durante horas, me levanté para prepararme para mi turno en Eden's Place. Quizás mantener mi distancia era mejor. Quedarme en casa de la abuela me facilitaría el regreso a mi vida. —¿Estás bien, cariño? —preguntó Kelsey mientras actualizaba algunos perfiles de miembros. —¿Sí, por qué? —Sigues resoplando y hoy pareces distraída. —Hizo una pausa para bajar la voz—. ¿Es el tiroteo que ocurrió? Te acostumbrarás. La próxima vez, cierra los ojos, ¿de acuerdo? No ves nada, no dices nada, nena. 172 La muerte del señor Graves parecía ahora tan lejana. Casi lo había olvidado. Asentí. Probablemente era más fácil aceptar sus suposiciones sobre por qué me sentía de esta manera. No estaba segura de poder confiar en ella lo suficiente como para decir lo que en realidad me estaba molestando. ¿Era una locura sentirse ofendida por el silencio de Malice? Estaba a punto de mandarlo a la mierda y de todos modos soltar todo, pero una presencia fuerte entró por la puerta principal, casi dejándome sin aire en mi pecho. Malice pasó a mi lado como si no fuera más que una pintura en la pared. Me hizo sentir invisible. Quizás consiguió lo que quería de mí. Conocía a muchos hombres que trataban a las mujeres como conquistas o muescas en el poste de la cama. Una vez que usó mi cuerpo, pasé a serle inútil. Y odié cómo me hizo sentir eso. De todas las cosas por las que obsesionarse, esta era la más ridícula de la lista. Había tenido la noción extraña de que podía ser yo quien lo cambie. Ser deseada por Malice era como una droga. Ser protegida por él era un subidón indescriptible. Era como mantener el equilibrio sobre el borde afilado de una hoja. Peligroso. Seguro. Él era todas esas cosas. Una parte de mí estaba harta de mí por sentirme así, una parte de mí estaba agradecida que él ya no invadiera mi espacio personal y me exigiera cosas que me sentía incómoda dándole. Estaba mal quererlo. Lo sabía. No había nada bueno que pudiera surgir de una relación con él, o para el caso, con cualquiera de ellos. Sin embargo, su indiferencia dolía mucho más de lo que quería admitir. —Oh, chica —dijo Kelsey con un silbido bajo—. Estás muy mal. Atraje mi atención hacia ella y traté de pasar inadvertida. —No sé a qué te refieres —respondí, con la nariz levantada en el aire como si pudiera fingir a través de la verdad con mi orgullo intacto. —Le tienes ganas al Jefe —respondió antes de empujarme—. No puedo decir que te culpe. Tiene una vibra peligrosa y un cuerpo a la altura. Ardiente. —Se abanicó para dar énfasis—. Pero, niña, no se folla con ese hombre. Dejé escapar un bufido. No servía de nada negarlo. —Me lo follé —respondí. Chilló, el tipo de chillido que hacen las mujeres cuando reciben un chisme jugoso. Empezó a saltar de arriba abajo y a empujarme. —Solo sé que su pene es inmenso. Enorme, ¿verdad? —Enorme. Y perforado. 173 Se desmayó. —Maldita sea. ¿Estuvo bueno? ¿Te dio una nalgada? Parece que le gusta eso. El Jefe no tiene un perfil en el club, pero he hecho algunas observaciones. Le gusta ir a la sala de perversiones con sangre para relajarse. ¿Te cortó? Oh, Dios mío, eso es tan sexy. Levanté las manos, rogándole sin decir palabra a Kelsey que baje la velocidad. —Me mordió —admití de mala gana. En ese momento, no se sintió como algo perverso. Simplemente se sintió como una necesidad desbordante. Como si mi pulso fuera demasiado errático para que mi cuerpo lo contenga todo. Quería explorarlo más, pero… no, no había futura folladas entre el diablo y yo. —Fue rudo, apasionado y simplemente tomó el control. —Amo a un hombre que toma el control, te arroja contra el colchón y te folla a pelo —dijo Kelsey con voz soñadora. —Fue caliente —concordé—. Muy caliente. Sabe lo que hace, pero… —¿Pero ahora finge que no existes? —preguntó—. Suena muy común para la población general de imbéciles con penes. Intenté encogerme de hombros y actuar como si esto no fuera nada. —Solo necesito superarlo y seguir adelante. He besado a sus dos hermanos, así que probablemente sea mejor si… —Espera. ¿Besaste a Anthony y William? —chilló. Presioné mi dedo índice contra mi labio, animándola a reducir la velocidad. —¿Cómo fue? Oh, Dios mío. No puedo creer… —Sí, Juliet. Dime cómo fue… —interrumpió una voz profunda. Tenía ese tono ronco de alguien que no había usado sus palabras en un tiempo. Supe que era mi extraño silencioso antes de darme la vuelta y encontrarme con su mirada cruel. —William —saludé. Kelsey pareció querer agarrar una bolsa de palomitas de maíz y ver nuestro intercambio. —Necesito hablar contigo. Ahora —dijo antes de agarrar mi brazo y empujarme por el pasillo hacia su oficina. Kelsey sonrió como una colegiala mientras él me arrastraba lejos de la recepción. —No tienes que maltratarme —gruñí cuando llegamos frente a la puerta. 174 —¿Kelsey y tú no estaban justamente hablando de cómo amaban a un hombre que toma el control? —me desafió a medida que me miraba. Mi corazón se aceleró. —En el dormitorio —contesté, mi tono destilando sarcasmo. Mi extraño silencioso presionó su lengua contra el interior de su mejilla y negó con la cabeza. —Señorita Cross, ¿no lo sabes? Puedes divertirte mucho fuera del dormitorio. —Después abrió la puerta de su oficina y presionó mi espalda baja para guiarme dentro. Crucé mis brazos sobre mi pecho. —William, ¿qué quieres? —pregunté mientras veía alrededor. Su oficina estaba limpia y lujosa. Los detalles de alta gama se podían encontrar en los muebles marrones y la silla elegante. Su computadora portátil estaba abierta sobre el escritorio, y tenía una pila prolija de papeles en la esquina. Era espacioso y caprichoso, con una pared en tonos oscuros y fotografías de intérpretes actuando como un punto focal en el fondo. —Quería ver cómo estabas. Me di cuenta de que anoche dormiste en tu casa. —Oh, ¿ahora te importa? No te he visto en tres días. No desde… William se humedeció los labios. —Necesitaba tiempo para pensar. No quería empeorar las cosas para ti. —Se pasó la mano por el cabello con nerviosismo. —¿Empeorar cómo? —pregunté. —Como aplastar moscas imaginarias en la calle donde secuestraron a tu madre. Te hemos ayudado antes, pero nunca ha sido tan malo. Me sentí avergonzada. Probablemente nunca sobreviviría a mi momento de debilidad. Dejé escapar un suspiro molesto. —Bueno, tampoco he matado a nadie, he sido agredida y luego he visto morir a ese hombre. —Está bien, es justo. Anoche te fuiste. ¿Por qué? —En realidad, no me gustó mucho dormir en la misma habitación que el fantasma de Hale. Aún huele a imbécil chamuscado ahí —me quejé, intentando restarle importancia a un recuerdo verdaderamente perturbador. No podía borrarlo de mi mente. 175 —Bromeando para sobrellevar la situación, como lo hace Anthony. —Mi extraño me miró de arriba abajo. Hoy no había puesto mucho esfuerzo en mi apariencia. Probablemente me daría una queja por no cumplir con el código de vestimenta. Mis pantalones cortos eran de mezclilla,y mi corsé y las mangas de encaje cubrían la mayor parte de mi piel. Por alguna razón, todos mis otros atuendos me hacían sentir vulnerable. Hale me había visto con ellos. Quería quemar todo mi guardarropa. —Hoy no tenías que venir aquí —dijo en voz baja. Esos ojos inquisitivos estudiaron cada centímetro de mí. No tenía que expresar sus pensamientos para que saber lo que estaba pensando. Mi extraño silencioso me conocía a nivel celular. Sabía que estaba colgando de mi cordura por mi dedo meñique. —Malice dijo que podía volver —respondí. William estampó su puño en su escritorio inesperadamente. —Y todo lo que dice Nicholas es ley, ¿verdad? —gruñó—. Dirijo este maldito lugar, pero él es el jefe, ¿verdad? —William tenía una disposición naturalmente gruñona, pero verlo así era un nivel diferente de ira—. ¿Te gustó? —¿Qué me gustó? William me levantó y me puso en su escritorio. Lo miré fijamente. —Follar con el jefe. Fruncí el ceño. —Eso no es de tu maldita incumbencia. Tiró de la parte superior de mi corsé, exponiendo la parte superior de mis pechos. —¿Te gusta que te marquen, Juliet? Vamos, dímelo. Imagina que estamos de vuelta en el restaurante y estás derramando tus patéticas tripas por toda la mesa. ¿Quieres hablar de cómo te folló? ¿Las cosas sucias que dijo? O podemos hablar de la desaparición de tu madre. Señorita Cross, ¿quieres llorarme otra vez? —Eso es suficiente —espeté. —¿Lo es? Ahora que no soy un extraño, de repente no quieres contarme tus secretos. ¿Te asusta que sea humano? ¿Que pueda escuchar toda la mierda asquerosa que tienes en tu alma? —Jódete —le gruñí. Este no era el William que me invitó a los días de spa y derramó poesía a mis pies. Esta era una versión enojada de mi extraño silencioso. Un hombre herido que estaba celoso. El hombre que 176 tenía que competir por un espacio en esta familia todos los días de su vida. William era un hombre con algo que demostrar, y ahora mismo yo era su víctima. Lo desafié, sintiéndome viva por primera vez en días. —¿Qué te cabrea más, saber que me follé a tu hermano o saber que lo disfruté? William sonrió. —Señorita Cross, puedes follar con quien quieras. Pero no comparto cuando se trata de ti. Dejaré que se queden con los sucios pedazos dañados de tu alma, pero me quedaré con tu corazón. Suspiré, mis pechos subiendo y bajando con cada respiración. —¿Crees que le di mi corazón a Malice? —me burlé. —Creo que lo robó —espetó William antes de inclinarse para arrastrar sus dientes a lo largo de mi cuello—. Justo como cualquier otra maldita cosa en mi vida. William se apartó rápidamente y rodeó su escritorio. Observé con los ojos entrecerrados cuando se inclinó debajo de su silla y sacó una gran caja de terciopelo negro. —Sabes, estaba guardando esto. Para un momento especial. — William se acercó a mí y abrió la caja, revelando el collar de perlas más largo que hubiera visto en mi vida—. Trescientos mil dólares en perlas. Como una cuerda —dijo, con voz ronca mientras las sacaba de la caja. Observé la colección. Era hermoso. Impresionante. Ni siquiera había visto trescientos mil dólares, y mucho menos en joyería. —Quítate los pantalones cortos y abre las piernas, señorita Cross —susurró. Estaba tan desesperada por sentir algo, por conectarme con mi extraño silencioso a pesar del dolor compartido entre nosotros, que obedecí instantáneamente. Fue apresurado y torpe. Deslicé la mezclilla por mis piernas y luego me paré con ambas piernas tan abiertas como pude. William me miró fijamente por un momento antes de caer de rodillas y enroscar las perlas alrededor de mis tobillos, atándome sin apretar a la pata de su escritorio. Las perlas se sintieron frías al tacto y delicadas envueltas alrededor de mis piernas temblorosas. La cuerda era tan larga que pudo atarla con cuidado alrededor de ambas piernas, y luego ponerse de pie con más holgura. —Las manos delante de ti —exigió. 177 Obedecí. Las envolvió alrededor de mi muñeca dos veces. Respiré pesadamente cuando después colocó el resto colgando entre mis piernas, tirando de manera que hubiera una tensión apretada en el collar de perlas contra mi coño. Mis delgadas bragas de encaje no proporcionaban ninguna una barrera. Jadeé, sintiéndome sensible de repente. —Señorita Cross —dijo a medida que me rodeaba con ambos brazos, abrazándome fuerte mientras tiraba de la cuerda. Trabajó el collar de perlas de un lado a otro. De ida y vuelta. Más rápido—. Quiero que pienses solo en mí. —Incliné la cabeza hacia atrás y gemí—. Quiero tus ojos sobre mí. Quiero tus manos sobre mí. Lo quiero todo de ti. En todas partes. Siempre. Besó mi cuello y se movió más rápido. Arqueé mi espalda, más cerca, más cerca, más cerca. —Sí —siseé. —Dime que me perteneces. —Me quedé inmóvil, a pesar del placer construyéndose. Mis ojos se abrieron del todo y, en contra de los deseos de William, pensé en la boca de Malice sobre mi pecho y en Anthony abrazándome. William me frotó más rápido, el dulce ritmo tántrico obteniendo placer de mi cuerpo con cada movimiento de las perlas. Besó mi boca. Lamió mi lengua. Mordió mi labio inferior con sus dientes afilados—. Dime que eres mía. No podía decirlo. No sabía lo que me depararía el futuro, pero sabía que era demasiado tarde para pertenecer a un solo hombre. —Dilo, señorita Cross. Me mordí el labio. El silencio fue ensordecedor. Estaba tan cerca de correrme en su escritorio, por esas perlas caras. No era más que una colección de placer floreciente, respiraciones ásperas y culpa. Construyéndose, más y más. Y luego nada. William se apartó de mí. De repente me sentí fría como el hielo. Se agachó, agarró la cuerda de perlas y la arrancó ferozmente de mi cuerpo. Las perlas se esparcieron por todas partes alrededor del lugar. Rebotaron y huyeron de mi cuerpo. Dondequiera que mirara, las perlas cubrían sus pisos de madera, deslizándose debajo de sus gabinetes y escritorios. William me fulminó con la mirada, la ira ardiendo a través de sus ojos marrones. —No terminaremos esto hasta que puedas decirme que eres mía y solo mía, señorita Cross. 178 Levanté la barbilla y lo miré fijamente. Estaba avergonzada, sofocada, cachonda y frustrada sexualmente. —Entonces nunca terminaremos, Extraño. 179 —El jefe te busca —dijo un hombre calvo con los brazos cruzados sobre el pecho. Lo miré fijamente a través de la rendija de mi puerta principal. Llevaba tres días sin ir a trabajar y estaba de nuevo en casa de la abuela. Simplemente me negué. William me humilló. Nunca había estado tan excitada y me había negado tanto. Eso fue cruel, y había alcanzado mi límite para sus mierdas. Mi trabajo estaba hecho. Ya habíamos descubierto que Hale era el infiltrado. El dinero era genial, pero ¿a qué precio? Me sentía tan jodidamente barata y utilizada. Solo era un juguete para estos hombres. —¿Qué jefe? —pregunté. —El que importa. —Todos importan —respondí con ligereza—. Dile a Malice que renuncio. El trabajo está hecho. El hombre no pareció divertirse con mi desafío. —Esa no es una opción. Lo fulminé con la mirada. —¿Cómo te llamas? —Garret. —Garret. Dile al señor Civella que puede atragantarse con mi polla enorme. Y si tanto me desea, que deje de esconderse como un marica y venga a hablarme él mismo. Le cerré la puerta en la cara a Garret y le puse llave. Qué se jodan los hombres Civella. Qué se joda Eden's Place. Qué se jodan todas las cosas desagradables que había hecho. No podía seguir haciéndolo. Quería una tarde normal para hacer cosas normales. Me senté frente mi computadora portátil vieja, un corcel fiel que había sobrevivido a años de actualizaciones y grandes archivos de audio de podcast. Era lenta, pero era mía. Tenía que comenzar a buscar universidades en línea dentro de mi presupuesto y solicitar ayuda federal. Mierda aburrida, normal y tediosa. Me encantaba. 180 Exceptoque, no me encantaba. No me atrevía a mirar la solicitud de la Universidad de Texas A&M, aunque ya tenía memorizados sus requisitos de admisión. Tenían uno de los mejores programas de ciencias forenses del país. Algunos de sus graduados terminaron trabajando en equipos de élite en ciudades más grandes. Era una quimera, algo que siempre había deseado pero que sabía que no era una posibilidad para mí. Puede que la abuela esté ahora bien, pero estaba en un camino inevitablemente deprimente. Me negaba a abandonarla. Había una universidad comunitaria local que ofrecía cursos básicos en línea dentro de mi presupuesto. Podía encontrar un trabajo con horarios más constantes y… Un golpe fuerte en mi puerta me hizo detenerme abruptamente. No. No iba a abrir. No conocía a mucha gente a la que se pudiera reconocer por la forma de llamar a una puerta, pero ese insistente bam, bam, bam era todo Malice. Seguí escribiendo en mi computadora mientras él golpeó. Enderecé mi espalda. Ya no podía controlarme. Había terminado. El vidrio de la ventana de la sala de estar se hizo añicos y salté de mi asiento con un chillido. Efectivamente, Garret estaba atravesando nuestra ventana. Parecía completamente molesto conmigo mientras apartaba los fragmentos y entraba a nuestra sala. Permanecí mirando en silencio con la boca abierta y sorprendida a medida que él se quitaba los cristales de la chaqueta del traje y giraba su cuello. Me miró y sonrió. ¡Maldita sea, sonrió! Como si supiera algo que yo no sabía. —Vas a pagar para arreglar eso —le dije, pero, naturalmente, me ignoró. En su lugar, Garret se dirigió a la puerta principal, desbloqueó la cerradura y giró el pomo. Malice entró con Anthony a su espalda. —Este lugar es muy bonito. Parece que podría ser el decorado de un documental policíaco de los años noventa —exclamó Anthony mientras aplaudía—. ¡Quiero decir, la nostalgia! ¡Vaya! ¿Es una foto tuya en tercer grado? Frenillos. Me encanta. —Hola, Anthony —dije, ignorando a propósito a Malice, quien me miraba con el ceño fruncido. Ambos hombres no podían tener un aspecto más diferente. Malice llevaba su traje característico, Anthony llevaba jeans y una camiseta descolorida. —Faltaste al trabajo —gruñó Malice. 181 —Renuncié —respondí—. ¿No recibiste mi carta de renuncia? La dejé en el escritorio de William después de que se burlara de mi clítoris con perlas lujosas valoradas en casi un cuarto de millón de dólares. —Me enteré de eso —intervino Anthony—. ¿Qué tal estuvo? —Mis ojos se abrieron de par en par. ¿A Anthony en serio no le importaba mi relación con sus hermanos? Eran los otros dos los que me daban un caso grave de latigazo cervical. —Estuvo genial —contesté, con un tono aburrido. Malice apretó la mandíbula. —¿Por qué renuncias? No debería tener que recordarte lo que está en juego aquí. —De acuerdo. ¿Vas a matarme? ¿Chantajearme? ¿Follarme hasta la sumisión? Estoy por encima de las amenazas, y a mi modo de ver, tengo tanto sobre ti como tú sobre mí. Anthony dejó escapar un silbido bajo. —Oh, cariño, yo no habría hecho eso… Malice se quitó la chaqueta, mostrándome el arma atada a su costado. —Vas a volver para quedarte en nuestra casa. Puedes dormir en mi cama o en el calabozo de la muerte de Anthony. —¡Ooh, una fiesta de pijamas! Nos acaban de entregar un cuerpo, ¡así que será una fiesta! También he guardado el pene de Hale por si quieres apuñalarlo un par de veces. Mis cejas se alzaron. —No —espeté. Malice asintió, no como si estuviera de acuerdo conmigo, sino como si intentara calmarse. —¿Qué te importa? No he hablado contigo desde… —Mi voz se fue desvaneciendo. —¿Desde que ustedes dos follaron? —terminó Anthony por mí, su expresión se suavizó—. Técnicamente, hablaste en la situación del matamoscas, pero no estabas realmente allí, Asesina. —¿Se trata de eso? ¿Estás enfadada porque no te abracé después de follar contigo? ¿Quieres sentirte especial, amada, deseada? Por lo que parece, recibes mucha atención de mis hermanos. Uno de ellos se está quejando conmigo porque parece creer que te reclamó primero. El otro 182 lloriquea todo el día porque no estás en casa. ¿Y Vicky? Está amenazando con volver a casa si no cuido de ti. Anthony intervino. —Haces que lloriquear suene como una palabrota. El hecho de que esté en contacto con mis emociones y sea capaz de expresar mis necesidades no me convierte en un maldito llorón; solo te pedí cortésmente que arregles esto y traigas a Juliet a casa. Suspiré. —Anthony, esa no es mi casa. Él resopló. —Es que aún no lo sabes, pero yo soy tu hogar. Está bien, te llegaré a gustar. —Esto es una pérdida de tiempo —dijo Malice a medida que se pellizcaba el puente de la nariz. Malice se acercó a mí sin previo aviso, y me arrojó por encima de su hombro. Dejé escapar un grito y su mano fuerte sujetó mi trasero. —Vas a volver a casa. Una vez que estás en el equipo, no hay forma de salir. No me gusta tener que preocuparme por ti mientras estás aquí, y es mucho más fácil vigilarte cuando estás bajo mi techo. Le di un puñetazo en la espalda. —Solo quieres controlarme. La luz del sol golpeó mi espalda, y solté un grito, no es que nadie quiera ayudarme. Malice tenía esa habilidad extraña de hacer que la gente se disperse y cierre los ojos de golpe. —Anthony, ve a buscar su computadora portátil —gritó Malice. —¿Te refieres a ese dinosaurio en la mesa de su cocina? Claro. Malice me dejó en el suelo, y lo miré fijamente. —Vete a la mierda —grité. Levantó la mano como si fuera a darme un revés, y me estremecí. Mi terror repentino hizo que se detenga. Nos miramos fijamente durante un momento breve antes de que él hablara de nuevo. —Anthony quiere que vuelvas a casa —susurró finalmente. De repente, Malice pareció… indefenso. En ese momento no era un gran mafioso malvado. Era un hermano vulnerable decidido a hacer cualquier cosa para compensar su terrible pasado. —¿Es por eso por lo que ya no me hablas? —pregunté. 183 —Anthony no suele… —Lo sé. Pero tal vez no le estás dando suficiente crédito. Entró directamente en tu habitación después de que nosotros… —¿Follamos? —ofreció. —Eso no lo perturbó. —Anthony estaba reclamando su derecho —respondió Malice. —No. William estaba reclamando su derecho cuando me humilló en Eden's Place. Tú estabas reclamando tu derecho cuando Hale intentó agredirme. Anthony sólo estaba… —Pensé en lo que quería decir por un momento antes de continuar—. Anthony solo estaba ahí para mí. Se parece a Vicky en ese aspecto. Malice se aclaró la garganta. —Hace tiempo que Anthony no está ahí para ninguna persona viva. Estoy intentando navegar esto mientras dirijo nuestro negocio y protejo a mi familia. De alguna manera, te han añadido a la lista de personas que ahora tengo que proteger, y me hace sentir fuera de control cuando haces maniobras de mierda como esta. —No es una mierda. —Es una completa mierda —dijo Anthony a mi espalda. No solo llevaba mi computadora portátil dinosaurio, sino que también había sacado todas las fotos mías del instituto que estaban colgadas en la pared y las estaba equilibrando en sus brazos—. Las quiero. Me las llevo. Negué con la cabeza. —Allí no me siento cómoda. Solo puedo pensar en el hombre que maté, en Hale y en todos los malditos guardias que patrullan el recinto. Sólo necesito algo de normalidad, ¿de acuerdo? —Lo normal es aburrido —canturreó Anthony. —Los asesinos no tienen normalidad —añadió Malice. —De acuerdo. Pero cuando la abuela regrese, me mudaré a casa. Lo digo en serio. Anthony, no puede vivir sola. Me encanta pasar tiempo contigo… —Entonces admites que me amas —me interrumpió. —Eso no es lo que dije. Chasqueó la lengua. —Entonces, me amas. Continúa. 184 —Pero la abuela necesita mi ayuda. Esto es temporal. Podemos ser amigos, y eres bienvenido aquí cuando quieras. Pero no puedes obligarme a aceptarlo que digas. Ya no te tengo miedo —mentí. Anthony resopló, Malice pareció querer darme una razón para temerle. —Métela en el maletero —dijo Anthony con un tono aburrido. —¿Qu-qué? —Malice ni siquiera vaciló. Presionó el llavero y el maletero de su auto se abrió de golpe—. No me voy a meter en ese maldito maletero. —Lo miré—. Hay una lona. ¿Es un maletero para cadáveres? Diablos, no. Malice me levantó y arrojó sin esfuerzo en el maletero como si fuera un saco de patatas. Me escabullí, haciendo lo posible por salir de allí. Anthony bloqueó mi vista. Inclinándose, me miró fijamente con la cabeza ladeada. —A veces, un poco de miedo es bueno para el alma. Y entonces, cerró el maletero de golpe. p Me sentí claustrofóbica. Cada inhalación caliente y laboriosa. Era como si hubieran golpeado a propósito cada bache posible. Me golpeé la cabeza con el techo del auto y me encontré cada vez más enfadada mientras conducíamos. También sentí una sensación abrumadora de traición. Se suponía que Anthony estaba de mi lado. A pesar de su meta de meterme en el maletero, no le temía como debería. Lo compadecía. ¿Por qué sentía que tenía que llegar a esos extremos? ¿Por qué tenía tanto miedo de perderme? Después de lo que me pareció una hora de tráfico intermitente, finalmente detuvieron el auto. Gotas de sudor caían por mi cuello y ansiaba un trago de agua helada. Esperé. Y esperé. Y… esperé. —Anthony, ¡déjame salir de una maldita vez! —grité. Iba a arrancarle los ojos cuando saliera de aquí. Alguien golpeó la puerta del maletero con la palma de la mano—. ¡Vete a la mierda! —grité una vez más. Pasaron minutos. Podrían haber sido horas, pero no estaba segura. El espacio parecía hacerse cada vez más pequeño. Mi respiración se volvió 185 rápida y superficial. ¿Y si me quedo sin aire? ¿Y si dejo de respirar? ¿Y si me dejaban aquí para que me cocine en el calor del verano? ¿Quién cuidaría de la abuela? Y entonces se abrió el maletero. —Juliet, me decepcionas —dijo Anthony. —Y tú maldita sea, me haces enojar —gruñí antes de salir a toda prisa del maletero. Estaba increíblemente adolorida y me sentía mareada por el calor. —Aw, no me odies. Tengo una sorpresa para ti —respondió Anthony mientras Malice se acercaba a mí, sosteniendo una botella de agua. Intenté quitársela de las manos, pero él la apartó de mi alcance y optó por desenroscar la tapa y tomar sorbos lentos, tragos constantes hasta que la botella estuvo casi vacía. Entonces, solo entonces, me la entregó. —Imbécil —gruñí antes de quitársela con un siseo. No es suficiente. No era suficiente. Una vez que terminé con el agua, eché un vistazo a mi alrededor. Estábamos en un barrio residencial que había visto días mejores. Las casas de madera con la pintura descascaradas tenían arbustos muy crecidos en sus patios y juguetes de niños en sus caminos de entradas. —¿Dónde estamos? —Adivina —respondió Anthony a medida que rebotaba sobre las puntas de los pies. Malice miró su reloj. Miré la casa frente a la que habíamos estacionado. Me resultaba familiar. —Espera… —susurré cuando avancé por el camino de entrada—. ¿Esta es la casa del Carnicero de Kansas City? —chillé, como si Anthony me hubiera dejado en un concierto de Harry Styles y no en la casa de un asesino en serie. —El único —respondió Anthony. Malice me miró como si estuviera loca. —¿Podemos entrar? —Sí. También he pensado que podríamos hacer algunas fotos, para la página de inicio de tu podcast —respondió Anthony antes de sacar una cámara de alta calidad. —¡Esto es jodidamente épico! —grité. Estuve a punto de acercarme a Anthony y a Malice para envolverlos en un abrazo, pero entonces 186 recordé que me arrojaron dentro de un maletero y me trajeron hasta aquí, y decidí que seguía muy, muy enojada con estos imbéciles. —¿Vamos, mi señora? —preguntó Anthony a medida que me tendía la mano. Lo miré con los ojos entrecerrados. —Hagamos esto —murmuré antes de entrar sola. Malice se rio en voz baja. La casa había estado vacía durante muchos años, porque estaba cubierta de polvo. Anthony tarareó mientras abría las ventanas para que pudiéramos ver a medida que recorría la casa. —¡Voy a preparar la cámara! —gritó mientras tanteaba los ajustes. Malice me siguió. —Así que, ¿esto te interesa? —preguntó titubeante. Respondí su pregunta con una propia. —¿De verdad quieres conocerme? Intentó no sonreír. —Mantén a tus enemigos cerca y todo eso. —Entonces Malice se aclaró la garganta—. Anthony me habló de tu madre y del significado de Gwendola Lane. ¿No has conseguido ninguna pista? Miré al suelo de linóleo y negué con la cabeza. —Nunca. —¿Seguro que no era una marginada? —preguntó Malice. Era la típica pregunta de mierda. La policía lo había preguntado. Las noticias la habían acusado de eso cuando acudimos a ellos para que dieran a conocer su caso de desaparición. —Ella me amaba —susurré. —El amor es una debilidad —susurró Malice a medida que pasaba un dedo por el papel tapiz amarillo descolorido que se estaba despegando. —No estoy de acuerdo. Actúas como si hablaras por experiencia — respondí. —Más bien como un espectador. Vi cómo el amor de mis padres el uno por el otro los mató. Mi madre era su mayor debilidad, y mi padre tenía muchos enemigos. Fue casi demasiado fácil lo rápido que la abatieron. A mi padre le dispararon mientras sollozaba sobre su cuerpo. No supo proteger a los suyos, estaba demasiado cegado por el amor para hacer lo que había que hacer. 187 Miré en la cocina a Anthony, quien estaba haciendo fotos de las encimeras y los pisos. —Te preocupas por tus hermanos —observé—. ¿Son tu debilidad? Malice rechinó los dientes y me miró fijamente, con veneno puro en su expresión. —No tengo ninguna debilidad. Me ocupo de los míos… —Excepto cuando no lo haces —interrumpí. Fue un golpe bajo, pero Malice necesitaba un golpe duro de realidad—. No eres invencible. —Sin embargo, lo salvé. Puedo salvarlos a todos. Puedo protegerlos a todos. Extendí la mano lentamente y rocé con mis nudillos el dorso de su mano. —Entonces estás demostrando mi punto —susurré—. El amor no es tu debilidad. Te ha hecho más fuerte. Más astuto. Más adaptable. Brutal. Determinado. —¡Oh, Dios mío! ¿Esto es una salpicadura de sangre? —exclamó Anthony, rompiendo la severidad del momento. Sonreí—. No, espaguetis — añadió después en tono abatido. —Ve a disfrutar de tu exploración espeluznante de asesinatos con Anthony —dijo finalmente Malice tras un momento largo—. Voy a esperar en el auto. Observé su espalda a medida que salía de la habitación. Anthony me sacó una foto. —Hermosa —susurró mientras miraba la pantalla digital. 188 Anoche dormí en la habitación de Malice. Me sentí incómoda y fuera de lugar, pero él tenía trabajo que hacer, así que estaba sola. Era mejor que dormir en el calabozo de la muerte de Anthony. Lo había considerado, pero cuando fui a echar un vistazo allí, no estaba segura de lo que me horrorizó más, los tres cuerpos puestos en los refrigeradores o el hecho de que el colchón de Anthony tuviera unos cinco centímetros de grosor. Sin juzgar, pero me negaba rotundamente a dormir en la misma habitación donde había matado a un hombre, en una cama que parecía hecha para prisioneros. Además, la única razón por la que me fui de allí fue para volver a sentirme normal; dormir en el calabozo de la muerte donde todo empezó no me iba a hacer ningún favor. Al menos tenía una sábana ajustable y no estaba durmiendo en un colchón sin nada y manchado. Cuando me fui, Anthony hizo un comentario sobre la remodelación de una de las habitaciones de arriba para que pudiéramos, y cito, «abrazarnos». A pesar de sentirme agotada, me levanté y me vestí para el día. Tenía todo el fin de semana libre en Eden's Place. Malice me dejó claro que tendría que volver al trabajo eventualmente, pero entendía mi necesidad de undescanso. Incluso sonrió un poco cuando sugirió tomarse el fin de semana libre, como si le emocionara hacer enojar a su hermano. No había visto a William desde el incidente de las perlas. No podía determinar si quería verlo o si el espacio entre nosotros me estaba dando claridad mental. Amar a William sería la respuesta fácil. Se preocupaba por mí. Me conocía. Pero no quería enfrentarme a las demandas para las que no tenía respuesta. Después de vestirme con unos pantalones cortos de cintura alta y una camiseta inmensa, me hice una trenza francesa en mi cabello castaño y me puse un poco de rímel y corrector. Mis mejillas estaban sonrosadas por la corriente constante de pensamientos que fluían por mi mente. Malice había sido vulnerable ayer conmigo. Anthony era tan intrusivo como romántico. Tenerlos a los dos juntos con su total atención en mí era emocionante y aterrador en partes iguales. No había esperado divertirme tanto como lo hice en la casa del Carnicero de Kansas City. Pasamos una buena hora haciendo fotos y tomando notas para mi podcast. Anthony incluso quiso ser un anfitrión invitado. Y todo el tiempo, Malice nos observó con sus ojos inquisitivos. No esperó en el auto 189 como dijo que haría. Nos observó abiertamente, como si pudiera entenderme. Hubo algo en su mirada que me hizo sentir caliente. Sentí que podía destrozarme con una sola mirada. Bajé lentamente a la cocina para almorzar. Los guardias estaban zumbando con actividad, caminando de un lado a otro y hablando por sus radios con expresiones vertiginosas. Una vez en la cocina, encontré algunos embutidos, pan para un sándwich y me senté a comer. Un guardia, al que no conocía, se unió a mí en la cocina y apoyó su espalda en la pared, observándome en silencio. Siempre me observaban. —¿Pasa algo? —pregunté, sin esperar realmente una respuesta. —El jefe vendrá a verte pronto —respondió con un tono aburrido. Me giré para mirarlo. Ah, Garret. El imbécil que destrozó la ventana de mi abuela. —Me debes una ventana —dije, con la boca llena de mi sándwich. Garret era un soldadito bueno, pero no me provocaba escalofríos como Hale, así que no me importaba tenerlo como sombra. —Ya está arreglada —respondió. Le di un mordisco a mi sándwich y mastiqué lentamente, sorprendida con su respuesta. Estaba ansiosa por ver qué jefe quería verme y por qué, y cuando Malice entró en la cocina, mi piel se erizó con conciencia. Tenía una sonrisa emocionada en su rostro. Era un aspecto que no había visto en él. —Date prisa y come, tenemos que ir a un lugar —dijo antes de tomar una botella de agua de la nevera, desenroscar la tapa y dar unos cuantos tragos. Observé cómo su manzana de Adán subió y bajó a medida que bebió el agua fresca. —¿A dónde vamos? —pregunté. Malice no me contestó, simplemente me miró por encima de su botella de agua antes de dejarla. —Date prisa. No tenemos tiempo. —¿Otra vez con prisa? —¿Tiempo para qué? Malice rodeó la isla de la cocina con su traje, esos zapatos de vestir de diseño que resonaban contra la baldosa mientras se acercaba a mí. —¿Recuerdas lo que te dije cuando empezaste a trabajar para mí? Tragué pesado. Recordaba con claridad lo que había dicho. Aún me atormentaba. 190 —Un día, podría llamarte y decirte que necesito que quemes un edificio. Al día siguiente, podría necesitarte en un vestido de noche y de mi brazo en un evento. Podría necesitarte para mantener a Vicky obediente. Podría necesitarte para herir a mi hermano. A veces, sabrás por qué estás en algún lugar. A veces no lo sabrás. Serás mi pequeña mascota, apareciendo cuándo y cómo te necesite. —Sí —dije con dificultad, y el miedo me invadió casi al instante. —Jefe —interrumpió el guardia—. ¿Quieres que prepare al equipo? —preguntó. —No. Voy a hacer esto solo. Garret pareció sorprendido por esto. Era la primera vez que veía una reacción en el soldado frío. —¿Solo? —Solo —repitió Malice. Si Malice estaba tan decidido a hacer esto solo, ¿por qué tenía que acompañarlo? —Jefe, la información que recibimos decía que allí habría al menos seis hombres —añadió el guardia. Vaciló con sus palabras, como si tuviera miedo de hablar. ¿Seis hombres? ¿A dónde diablos íbamos? —Entonces dile a Anthony que voy a traer seis malditos cadáveres —espetó Malice antes de agarrar mi brazo y levantarme suavemente de mi taburete en la barra. —¿Vamos a una matanza? ¿Una búsqueda del tesoro? ¿Tal vez una cena y una película? —pregunté, haciendo tiempo. Se detuvo en la puerta principal y me miró a los ojos. —Las tres cosas —respondió con un guiño. ¿Malice estaba… coqueteando conmigo? Caminamos hacia el auto en silencio. Probablemente debería haber sentido miedo. Esa habría sido la respuesta normal, pero mi pulso se ralentizó cuando llegamos a su auto, un Mercedes Benz oscuro e irreconocible con matrículas temporales que parecían más permanentes que cualquier otra cosa. Me ubiqué en el asiento del copiloto y vi cómo uno de sus hombres le acercaba una gran pistola. No sabría decir qué era, pero el metal negro y el gran cañón parecían intimidantes y poderosos. Él se quitó la chaqueta del traje y se la lanzó a otro hombre, revelando dos pistolas más pequeñas y un cuchillo largo sujeto a su cuerpo. En su cinturón no había más que municiones. 191 Malice parecía preparado para la guerra, Fuéramos donde fuéramos. Se sentó en el asiento delantero y encendió el auto, el motor era un ronroneo tranquilo comparado con la energía rugiente que desprendía mi compañero durante el día. —¿Debería haber traído un chaleco antibalas? —pregunté, buscando información. Malice salió del largo camino sinuoso. —Tengo uno para ti en el maletero —respondió, con un tono directo. —¿Necesito un arma? —cuestioné. —¿Sabrías usar una? —No. —Entonces no. Malice aceleró por las calles de Kansas City, con una mano en el volante y la otra colocada precariamente sobre mi muslo. Sus dedos fuertes rodeaban mi cuerpo y subían, subían, subían. —¿A dónde vamos? —chillé—. Si vamos a matar personas, ¿no crees que debería estar preparada? Malice apretó mi pierna y giró hacia la autopista. —Vamos a recuperar algo que me robaron hace casi tres años. —¿De quién? —Cora Albertine —respondió Malice. —¿Cora? ¿Cómo la Cora que intenta matarte? ¿La Cora que hizo que Hale dejara una bomba en tu jardín? Malice aceleró el motor y comenzó a adelantar vehículos, entrando y saliendo del tráfico con facilidad. —La misma. —¿Qué robó? ¿Por qué lo recuperaremos ahora? ¿Por qué me trajiste? No me gusta esto… —Deja de preocuparte. Cora está ahora mismo en una reunión con uno de mis proveedores, intentando robar mi territorio. No lo conseguirá, pero ella no lo sabe. La perra tonta trajo un ejército con ella porque cree que es una trampa, pero es demasiado codiciosa para dejar pasar la oportunidad. —Hizo una pausa para conducir por el arcén y esquivar un Cadillac que circulaba lentamente—. Tengo un hombre dentro que me 192 informó de dónde podía encontrar mi pertenencia y el código de la caja fuerte para sacarla. Vamos a entrar en su casa y recuperarla. Tragué pesado. —Haces que parezca fácil —grazné. —Lo será. Voy a enseñarle lo que se siente tener a alguien en su espacio, y ni siquiera tendré que utilizar todos mis recursos para conseguirlo. Ella va a mirar atrás y verá que soy un ejército de un solo hombre, y que no debería joderme. Miré por la ventana, sintiendo un escalofrío antinatural recorriéndome. Por alguna razón, había algo estimulante en saber lo que estábamos a punto de hacer. Tal vez Malice había jodido con mi cabeza. —¿Y yo qué voy a hacer? —pregunté. Me miró fijamente. —Quédate a mi lado. Mis cejas se alzaron. Mierda. p El complejo de Cora no era tan lujoso como la mansión de Malice. Tenía una puerta metálica que rodeaba el almacén y estaba construido fuera de la ciudad. Parecía una base militar enruinas, y no pude evitar comparar su montaje con la sofisticación de la mafia de Kansas City. Verlo de cerca me hizo pensar que ella no era más que una cucaracha en la cocina de los Civella. —¿Aquí es donde vive Cora? —pregunté mientras nos deteníamos. Malice ni siquiera se molestó en estacionar lejos del edificio. Era como si quisiera que supieran que estaba allí. Se colocó un pasamontañas con un dibujo de una calavera en la cara y me entregó uno a juego. —Sí. Quédate cerca de mí. Salimos del auto y ambos nos pusimos el chaleco antibalas. Mientras subía la cremallera, mis dedos temblaban por la adrenalina. ¿Qué demonios estaba haciendo? Mi sentido de la autoconservación estaba perdiendo ante mi curiosidad. —¿Lista? —preguntó, casi aburrido. 193 —Malice, no hagas que me maten. Se detuvo un momento para mirarme, sus ojos verdes asomando a través de la máscara negra. Su respuesta amortiguada fue brusca pero severa. —Nunca te pasará nada. Nunca. —No entendía cómo podía pasar de ser tan sobreprotector a ponerme voluntariamente en peligro, pero tal vez tenía algo que demostrar. Asentí, sobre todo porque estaba demasiado aturdida para responder. En la puerta principal, un hombre con una pistola colgada del pecho abrió la puerta de metal oxidado y saludó a Malice. —Jefe —dijo. Hice la conexión de que este era el hombre que Malice tenía dentro—. Ahora hay ocho hombres en el recinto. El collar está en la caja fuerte del despacho de Cora. El código está aquí —dijo mientras le entregaba a Malice un trozo de papel. Malice lo miró y luego arrugó el papel en su puño. —Lo hiciste bien. Ahora vete. Me reuniré contigo y te entregaré tu dinero en la casa de seguridad. El tipo asintió y se dirigió rápidamente hacia una motocicleta estacionada en el patio delantero. ¿Ocho hombres? ¿Y estábamos haciendo esto por un collar? Malice levantó la barbilla, echó los hombros hacia atrás y entró por la puerta principal como si fuera el dueño del lugar, conmigo prácticamente pegada a su espalda. Quería estar lo más cerca posible del bastardo loco en caso de que ocurriera algo. En cuanto pasamos por la puerta principal, mis ojos escudriñaron el patio. El espacio estaba despejado hasta donde podía ver, pero sabía que eso era solo temporal. Era como la calma antes de la tormenta. El recinto de Cora parecía aún más deteriorado por dentro. Era un páramo de polvo sucio, con paredes de metal manchadas, cubiertas de óxido y clavos rotos asomando por cada hoja. Unos cuantos autos estaban estacionados dentro de la muralla, y el gran almacén frente a nosotros tenía un agujero en el techo. —Espera —dijo Malice a medida que extendía el brazo. Me detuve y contuve la respiración. Mierda, mierda, mierda. ¿Qué diablos estaba haciendo? ¿Por qué estaba aquí? Malice se dio la vuelta y levantó su pasamontañas para dejar al descubierto sus labios suaves. Levantó su mano con firmeza y subió mi máscara hasta la nariz. 194 —Deberíamos conmemorar el momento —dijo con una sonrisa. —¿Qué momento? —Estaba desbordada de adrenalina, pero también estaba aterrorizada. Y tal vez un poco excitada. —Esta es nuestra primera cita, Pequeña Luchadora —dijo antes de acercarse a mí para darme un beso apasionado allí mismo, en medio del recinto de Cora. Rodeó mi cintura con el brazo que no sostenía su pistola enorme y pasó la lengua por mi labio inferior. Parecía el tipo de beso que se prolongaba eternamente. Mi cuerpo se fundió en su abrazo. Jadeé cuando sus dientes se hundieron en mi labio. Malice me consumió, succionando y saboreando. Un disparo interrumpió el momento apasionado. Me aparté y me di cuenta de que era Malice quien había disparado su arma. Su brazo estaba extendido y apuntaba a un hombre desangrándose en el suelo. ¿Le había disparado mientras me besaba? —Se acabó la diversión —susurró. Lamí mis labios antes de volver a bajar la máscara. Se rio, con un sonido desquiciado. Otro hombre dobló la esquina, con la pistola en alto y apuntando hacia nosotros. Malice le disparó eficientemente una vez. Dos veces. Tres veces. Cada bala poderosa se alojó en su pecho. —Sígueme —ordenó. Otra bala zumbó en el aire. Chillé cuando un tercer hombre disparó por encima de nosotros. Malice comenzó a trotar hacia la puerta principal que conducía al interior del edificio y la mantuvo abierta para mí. —Las damas primero. Menudo caballero de mierda. —Estás loco —susurré antes de entrar. No debí haber entrado primero. Allí mismo había un hombre con una pistola apuntada directamente a mi cráneo. Malice, el protector eficiente, envolvió sus brazos alrededor de mi cintura, apuntó y disparó antes de que mi atacante tuviera siquiera un momento para procesar lo que estaba sucediendo. Cayó hacia atrás, aterrizando con una salpicadura de sangre en el duro suelo de cemento. —¡Acabas de utilizarme como escudo humano! —chillé. Malice, quien todavía seguía rodeando mi cuerpo con sus armas humeantes, se inclinó y rozó sus dientes a lo largo de mi cuello, sacando sangre con sus puntas afiladas. Jadeé y presionó su polla dura contra mi trasero—. Quiero una cita de verdad después de esto. Malice se rio antes de empujarme hacia la habitación. Me sentía como una rehén y un escudo humano. 195 —No tengo citas reales, Pequeña Luchadora. Clavé mis talones y me di la vuelta para mirarlo. —Cierto. William es el romántico —me burlé de él. Malice disparó su arma. Ni siquiera tuve que girarme para saber que otro hombre nos perseguía. Escuché cómo el cuerpo caía al suelo. Malice me miró. Quería arrancarle el pasamontañas y ver bien su rostro. —Tengo muchas ganas de follarte —gimió. El sentimiento era mutuo. —Entonces, vamos a buscar tu maldito collar. Malice agarró mi mano con su mano libre. Según mis cuentas, aún teníamos que luchar contra cuatro hombres. Respiraba con dificultad, atravesando el almacén manchado de sangre sin saber dónde estábamos. Solo rezaba para que Cora y su equipo no aparecieran mientras estábamos aquí. Estábamos subiendo una escalera de metal cuando se apagaron las luces. Resistí el impulso de gritar. Lo único peor que estar en esta situación de locura era no poder ver quién se acercaba, no es que pudiera defenderme si pudiera. —¿Malice? —pregunté. —Shhh… No me atreví a moverme. Mis pies hacían demasiado ruido en los escalones de metal. Todo lo que escuchaba era el golpeteo fuerte de mi sangre a través de mis venas. Thump thump. Thump thump. Una bala cortó el aire y los gritos de un hombre resonaron en todo el recinto. Malice encendió la linterna acoplada a su rifle y apuntó a nuestro atacante. —¿Cómo diablos lo viste? —pregunté. —Muévete. —Subimos los escalones. Casi no podía respirar, estaba muy asustada—. Sigue avanzando, Pequeña Luchadora. Muéstrame lo fuerte que eres. En un momento de estupidez valiente, espeté. 196 —Eres increíblemente ridículo —argumenté—. No te entiendo. Un segundo estás asfixiando a todo el mundo con tu sobreprotección, y al siguiente me llevas a un tiroteo. En la parte superior de los escalones, Malice me empujó contra la pared de metal, casi dejándome sin aire. —Sólo estoy probando tu punto. Estaba exasperada. —¿Y qué punto sería ese? —Me haces más fuerte. No tengo miedo de traerte aquí, porque me haces sentir el hombre más fuerte de la habitación. Soy intocable. Invencible. Pregúntame por qué. Tragué pesado. Sus labios estaban tan cerca de los míos. Quería arrancar nuestras máscaras y devorar su boca. —¿Por qué? —Porque quemaría el mundo hasta los cimientos antes de dejar que te pase algo. Aniquilaría a cualquiera, cualquier cosa, que te pusiera en peligro. Presioné mi frente contra la suya. Esto sonaba como una declaración, pero estaba tan abrumada que no sabía cómo procesarlo. —Vamos —susurró antes de entrelazar sus dedos con los míos. Caminamos por el pasillo sin ser molestados y nos detuvimos al final de este,donde fuimos bloqueados por una puerta cerrada. —¿Supongo que no tienes llave? —cuestioné. Malice la derribó con su bota y corrió hacia el interior, con la pistola en alto. El silencio y el vacío nos recibieron. Era difícil distinguir todo debido a la oscuridad total de la habitación, pero la oficina de Cora no era impresionante. Tenía un solo escritorio, dos sillas y archivadores metálicos alineados en la pared. Nada de este espacio era intimidante o incluso memorable. Una vez más, me hizo preguntarme cómo hacía para competir con los hombres de Malice. Ella era como la versión de Wish.com de un jefe de la mafia. La segunda mejor. Tal vez incluso la tercera mejor. —Ven conmigo, Pequeña Luchadora —dijo Malice mientras abría un armario que colgaba de la pared. No tuvo que pedírmelo dos veces. Detrás del armario había una caja fuerte incrustada en la pared. Malice sacó el papel arrugado de su bolsillo y tecleó los números rápidamente. Dos. Cinco. Ocho. Nueve. Sonó un pitido y se abrió con facilidad. Casi con demasiada facilidad. 197 —Aléjense de la caja fuerte —exigió una voz acentuada. Malice y yo nos giramos para mirar hacia la puerta donde estaban los dos hombres restantes, con las armas en alto y apuntándonos. Uno de los hombres era alto, y el otro era más o menos de mi altura. La linterna de Malice no hacía mucho por mostrar sus rasgos, pero podía escuchar su respiración pesada por la boca. —El jefe va a estar muy emocionado. ¡Hombre, hemos atrapado a Nicholas Civella! —exclamó el alto—. Joey se va a arrepentir de haber huido. Malice se aclaró la garganta. —Es Malice para ti —gruñó antes de apuntar rápidamente hacia ellos y enviar bala tras bala a su pecho. Apretó el gatillo y descargó todo lo que tenía, y vi cómo los cuerpos se convertían en un amasijo de carne, sangre y arrepentimiento. Me agaché y abracé mis rodillas presionándolas contra mi pecho. Malice no se detuvo. Incluso cuando los hombres se habían ido hacía mucho tiempo, siguió disparando. La sangre salpicó por todas partes, cubriendo de rojo la oficina de Cora. La linterna iluminó los fuegos artificiales color carmesí que volaron, y sentí cómo las calientes gotas húmedas se posaron en mi piel. Empapando mi camisa, mis pantalones cortos. Manchando el suelo. Malice se detuvo y colocó un cargador nuevo en su rifle. —Levántate, Pequeña Luchadora. No nos acobardamos —exigió. Mis piernas temblaban, pero hice lo que me dijo. Una parte enferma de mí se preguntaba qué me pasaba. ¿Por qué este asesinato brutal me hacía desear besarlo, montarlo, lamer la sangre de su piel? Malice sacó una caja pequeña de terciopelo de la caja fuerte y dejó escapar un suspiro de alivio. —Está aquí, en serio está aquí —dijo, con un tono de asombro. Miré lo que sostenía, curiosa por saber qué había inspirado tanto derramamiento de sangre. Era un collar sencillo con una cadena de oro y un único diamante diminuto. No era experta en joyería fina, pero no parecía valer mucho. —Gírate y recoge tus trenzas —susurró Malice a medida que lo sacaba de la caja. —¿Qué? Oh no, no tienes que… —Hazlo —exigió. 198 Me giré y levanté las dos trenzas. Sus dedos rozaron mi piel ensangrentada, haciendo mi piel se erice. Sentí la cadena delicada envolver mi cuello y su aliento caliente recorriendo mi columna. —Este collar era de mi madre —susurró en voz baja. De repente, mi corazón dio vuelco por él. El peso sentimental y el poder de este gesto me golpearon con toda su fuerza, y sentí las emociones crudas trepando por mi garganta. —Malice… —Te queda muy bien —susurró. Dudaba que pudiera ver el collar en la habitación oscura, pero podía escuchar el alivio en su tono. Recuperar esta pieza de sus padres era importante para él. Me di la vuelta una vez que lo sujetó bien y rodeé su cuello con mis brazos. Malice se derrumbó en mi abrazo y dejó que toda la fuerza escapara de su cuerpo. Se permitió ser vulnerable durante el más breve de los momentos. Tenso. Lo apreté contra mí. —Vamos, Pequeña Luchadora —susurró. Me aparté y toqué el collar con mi dedo ensangrentado. —De acuerdo —respondí. Y algo me decía que seguiría a este hombre a cualquier parte. 199 Una capa de sangre seca se adhería a mi piel. En el camino de regreso del recinto de Cora, experimenté una descarga de adrenalina como nunca había experimentado. Malice recorrió en silencio las calles de Kansas City con sus dedos entrelazados entre los míos, y cuando llegamos a su mansión, el peso de lo que habíamos hecho se posó sobre mí. —Cora contrató al hombre que mató a mis padres —admitió Malice antes de sacar un porro del bolsillo y encenderlo. Parecía un prisionero de guerra descansando después de la batalla, cubierto de una capa de sangre. Lo observé, inhalando lentamente y exhalando—. Robó el collar de Ma el día que los mató. Se lo llevó a Cora como si fuera una especie de premio. Miré el diamante pequeño resplandeciendo bajo el sol de la tarde. Cuánta sangre. —Lo siento mucho —susurré, sin saber qué más decir. —Papá se lo compró cuando no tenía nada —continuó antes de dar una calada larga a su porro. Mantuvo el humo en su pecho durante un momento antes de expulsar una columna enorme de humo—. Un collar de cien dólares y la promesa de construir un imperio. Sabes, se hizo cargo de esta mafia. Había otra familia en el poder antes de que él llegara. Siempre me decía lo fácil que era perder el equilibrio si no tenías el cuidado suficiente. —Me miró fijamente, toda su conducta cayendo desde lo alto—. Quiero que te lo quedes. Tengo mi propia promesa para ti, Pequeña Luchadora. Contuve la respiración, esperando su respuesta. —¿Y qué promesa sería esa? —interrumpió Anthony. Miré hacia el camino de entrada—. ¿Prometes mantenerla a salvo? Anthony tenía las manos en los bolsillos mientras se acercaba a nosotros. Parecía casualmente letal, con una expresión dura y un pavoneo pausado. Se detuvo frente a mí y miró el collar que llevaba en el cuello. —Supongo que esa no es tu sangre —refunfuñó antes de lamer su pulgar y extender la mano para limpiar mi mejilla. 200 —Estoy a salvo —respondí en voz baja. —La seguridad es relativa —susurró Anthony. Malice se quedó mirando entre nosotros, esperando, observando. —Oye, ¿Juliet? —dijo Anthony con un susurro tímido—. ¿Recuerdas cuando fuimos a atrapar moscas? —Asentí. Esperé que se explayara sobre eso, pero no lo hizo. En lugar de eso, Anthony envolvió su mano alrededor de mi muñeca y tiró suavemente de mí hacia la puerta. —¿A dónde la llevas? —preguntó Malice, con un tono cruel. Anthony inclinó la cabeza hacia atrás y dejó escapar una risa maníaca. Me sentía atrapada entre los dos hermanos peligrosos, sin saber qué hacer. Quería ir con Anthony, pero también quería escuchar la promesa que me estaba haciendo Malice. ¿Por qué esto tenía que ser tan complicado? —Ya sabes cómo funciona esto —dijo Anthony—. Me alegro mucho de que por fin hayas comenzado a sentir algo después de todos estos años. Me preocupaba que las únicas emociones de las que fueras capaz fueran la culpa y la ira. Te queda bien. —Anthony solía ser muy juguetón. No esperaba que fuera tan sarcástico con su hermano. Malice parpadeó y luego dio otra calada lenta a su porro. —Pero ambos sabemos que estás en deuda conmigo. Me gusta Juliet. Es amable, divertida y no me hace sentir como si estoy dañado, loco o al borde de mi asiento. Eres bienvenido a probar tu versión del amor con ella. No descarto compartir. De todos modos, en estos días soy medio hombre. —Anthony —murmuré. Él no era la mitad de nada. Lo veía como un todo, hermoso y trágico. Valiente. Fuerte. Compasivo. —Ambos sabemos quién manda aquí —expresó Malice. Anthony se rio una vez más, como si fuera lo más hilarante que hubiera escuchado. —Eres el jefe, pero eres esclavo de tu culpa. Adelante, aférrate al poco control que tienes, porque es lo único que te mantendrácaminando hacia mí. —N-no puedo recordar cuándo… volverás a casa. Estaba preocupada. La voz de la abuela estaba agotada y llena de preocupación. Era el tipo de mujer que llama antes de una tormenta para asegurarse de que te quedas dentro. Y si no la llamaste para hacerle saber que llegaste a tu destino, te hablaría con severidad. —Estoy bien, abuela. Solo trabajo hasta tarde. No tenías que quedarte despierta. ¿Por qué no te vas a dormir y yo…? Nicholas parecía amenazador mientras se acercaba a Vicky y a mí. Instintivamente supe que mi llamada se interrumpiría en el momento en que llegara a su destino. —Voy a prepararnos el desayuno. Sé que los wafles son tus favoritos. Pero no puedo encontrar el almíbar. Y alguien quitó todas las perillas de mi estufa —se quejó la abuela, ajena al caos en el que me encontraba. Quería decirle que no se preocupara por mí. Mi boca esbozó una sonrisa maníaca. ¿Qué diablos estaba pasando? —Te cocinaré wafles en cuanto llegue a casa, ¿de acuerdo? Tengo un cliente. Te llamaré más tarde. Te amo. —Ta-también te amo. Colgué y solté un suspiro tembloroso. 21 —Lo siento —dije suavemente antes de prepararme para lo que estaba por venir. —¿Quién eres? —preguntó Nicholas. —No es de tu maldita incumbencia —espetó Vicky antes de soltarme para meterse en la cara de su hermano—. ¿Por qué tienes que arruinarlo todo? Vienes aquí con tu ejército de matones y tratas de asustar a mis amigos. ¡No todos son enemigos, Nick! —gritó. Me puse rígida por la tensión. Nicholas hizo crujir sus nudillos lentamente. Uno por uno: crack, crack, crack. El sonido me hizo temblar. Fue tan meticuloso y tranquilo, con un toque aterrador en cada movimiento. Luego, con un movimiento que casi me lo pierdo, rápidamente le dio un revés a mi mejor amiga. Ninguna de las dos tuvo tiempo de siquiera procesar lo que acaba de suceder. Fue brutal y rápido. Ella se cayó y se golpeó la frente contra el duro cemento. —¿Qué demonios? —siseé en un susurro antes de agacharme a su lado para asegurarme de que estaba bien. En un instante, Vicky se incorporó de repente y, como una chica ruda experimentada, se secó la sangre del rostro y lo miró con odio. Manos se enredaron en mi cabello y me levantaron del suelo antes de que pudiera siquiera revisar a Vicky. Mi cuero cabelludo ardió y me apreté contra el cuerpo de Nicholas. —¿Quién es? —le preguntó Nicholas a William. —Sólo una camarera —mintió William. —¿Sólo una camarera? Oh, bueno, en ese caso. —Con su mano libre, Nicholas sacó una glock que estaba atada a su costado y presionó el cañón contra mi mejilla. El frío metal de la pistola me lastimó la piel y grité. El agarre que tenía sobre mi cabello no cedió. Cerré los ojos con fuerza y lloriqueé, demasiado congelada por el miedo para hacer algo—. Entonces no te importa si mato a la perra, ¿verdad? —Por favor, detente, Nicholas —dijo con voz ahogada Vicky. Abrí los ojos y los miré a los tres, sin saber qué decir o cuál era el problema. Siempre pensé que Vicky me mantenía en secreto debido a sus enemigos, pero no tenía idea de que estaba relacionada con un monstruo—. Ella es mi amiga, Nick —admitió, esta vez su tono suave y familiar. William dio un paso más hacia nosotros. El agarre de Nicholas en mi cabello se aflojó un poco, pero fue suficiente para sentir una apariencia de alivio. 22 —Una amiga, ¿eh? Los Civella no tienen amigos. Tenemos enemigos y socios comerciales. Debería volarle los sesos sólo para darte una lección. —No le dije nada sobre nuestra familia —prometió Vicky—. Pregúntale a William, él ha estado conmigo cada vez que nos hemos visto. —Cada vez, ¿eh? —preguntó Nicholas antes de mover el cañón de la pistola a mi labio inferior. Lo presionó con fuerza y me miró al rostro— . Dime, William. ¿Por qué me has estado ocultando este pequeño secreto? —Mi boca estaba tan seca que mi lengua se lanzó involuntariamente para lamer mis labios, pero en lugar de eso, la pasé por el metal de la pistola. Sabía a cobre y humo. Nicholas miró fijamente mi boca y vi cómo su nuez se movía arriba y abajo. —Vicky necesitaba una amiga después de que mamá murió — explicó William con calma—. Te acuerdas de lo mal que estaba. —Eso fue hace tres malditos años. Le recetaron Prozac y estuvo bien. —No estaba bien, Nicholas. Lo sabes. Cuando se hicieron amigas, noté que a Vicky le estaba yendo mejor. Empecé a acompañarla para asegurarme de que Vick no dijera algo que no debería. Fue inofensivo. —Si era inofensivo, entonces no lo mantendrían en secreto de mí. Sabes que tenemos una rata. No me di cuenta de que le estabas dando queso justo debajo de mi nariz. —¡Ella no es la rata! —gritó Vicky. —¡Y no eres digna de confianza! —gritó en respuesta. —Vete a la mierda. No es que normalmente prestes atención a lo que hago, Nicholas —respondió Vicky—. Al parecer, solo te importa lo que hago cuando afecta tus ganancias. —Se supone que debes estar en un avión a Italia en cuatro horas. Perdóname por asegurarme de que hiciste lo que se supone que debes hacer. Tienes este hábito desagradable y egoísta de hacer lo que quieres, al diablo con las consecuencias. —¿Italia? —pregunté antes de cerrar inmediatamente mis labios. No quise hablar. No estaba exactamente segura de cómo salir de esto. Se suponía que mi amistad con Vicky era algo despreocupado, un escape de nuestras vidas. Nicholas me miró con ira escrita en su expresión. —¿Conoces a Cora, mesera? —preguntó, su voz oscura y amenazante. 23 Negué con la cabeza. —No conozco a nadie con ese nombre. —¡Mentirosa! —exclamó audazmente antes de tirar de mi cabello con más fuerza—. ¿Pensaste que podrías colarte y contar todos mis secretos? Cora va a aprender a no joder conmigo. Las lágrimas empezaron a rodar por mi rostro. —No conozco a Cora. No sé de qué estás hablando —grité. —¡Hale! —gritó Nicholas antes de girarme para enfrentarlo. Ambas manos se envolvieron alrededor de mis brazos y apretó con fuerza. De cerca, pude respirar su aliento a whisky. Escuché cada exhalación. La barba incipiente en su afilada barbilla estaba tan cerca que podía pasar mi lengua por su mandíbula. Era como mirar al sol durante demasiado tiempo. No podía parpadear, apenas podía respirar. Estaba asombrada y, al mismo tiempo, completamente aterrorizada. Nos miramos el uno al otro mientras se acercaba un hombre corpulento. Jadeé cuando Nicholas presionó su cuerpo contra el mío. Músculos duros chocaron con cada curva suave de mi cuerpo. Se me puso la piel de gallina. —¿Sí, jefe? —Llévala al sótano de los muertos. Llama a Anthony y dile que pronto tendré un nuevo cuerpo para él. Este restaurante parece un establecimiento familiar, y no quiero manchar su estacionamiento con sangre. Soy así de amable, ¿no es así, Vicky? —No —gritó mi mejor amiga. Un grito de asombro viajó por mi garganta, pero fue interrumpido por la fuerza de una pistola que se estrelló contra mi sien derecha. Parpadeé dos veces, grité y colapsé en los brazos del mismísimo Satanás. 24 La sangre seca se pegó a mi piel helada. Hacía tanto frío que me castañeteaban los dientes, una gran diferencia con el calor exterior. El aire acondicionado de arriba estaba a tope, enviando una brisa helada sobre mi piel expuesta. Mi camiseta había desaparecido, pero afortunadamente todavía tenía mi minifalda, un sostén y ropa interior. Las cuerdas apretadas que unían mis muñecas detrás de mi espalda eran ásperas, rozando mi piel en carne viva. Estaba en el duro suelo de cemento, pero no podía ver nada. Todo en esta habitación parecía diseñado para humillarme y provocar algún tipo de tortura psicológica. Pesadas cadenas me asfixiaban y me mantenían atada al suelo. No sabía cuánto tiempo había estado aquí. Sentía la vejiga increíblemente llena y muy pronto tendría que orinarme encima. Mi enfoque del trauma fue de naturaleza clínica. No grité cuando me desperté atada y sola.cuerdo. Ahora, acostúmbrate a esta dinámica, porque no voy a dar marcha atrás. Y con esas palabras de despedida, Anthony me guio hacia la casa Civella. Se detuvo en el vestíbulo y dejó escapar una exhalación temblorosa. —Sé que el calabozo te asusta, Asesina. Pero es mi lugar seguro, y necesito calmarme. ¿Podemos ir allí? ¿Por favor? 201 Tragué con fuerza. —De acuerdo. —Si había alguien con quien pudiera enfrentar mis miedos, ese era Anthony. p El baño pequeño se llenó de vapor. Era extraño estar de nuevo aquí. La última vez que estuve en esta habitación, estaba lavando mis pecados por el desagüe. Ahora, me estaba librando de la promesa sangrienta de Malice. —¿Puedo? —preguntó Anthony, con voz ronca. Alcanzó el borde de mi camisa y la levantó ligeramente. Asentí, encantada de que me tocara. Tener a Anthony tan cerca era como regresar a casa. Estaba demasiado asustada para hablar. ¿Y si arruino esto? —Estaba preocupado por ti —dijo Anthony mientras levantaba la delgada camiseta manchada sobre mi cabeza y la tiraba al suelo—. Casi me subí a mi auto y conduje hasta el recinto de Cora para darle una paliza a Nick. Me mordí el labio. —No quise asustarte. Anthony rodeó mi cuerpo, como si me envolviera en un abrazo, y desabrochó el sujetador. Se estremeció al momento en que los tirantes cayeron por mis hombros y mis pechos quedaron libres. Se apretó más contra mí, y lo sentí inhalar y exhalar contra mi cuerpo. —Ya no estoy seguro de saber lo que significa realmente tener miedo. Se apartó y cayó de rodillas. Observé fascinada mientras desabotonaba mis pantalones cortos y los deslizaba por mis caderas. —¿Por qué? —balbuceé. —Supongo que cuando has pasado por el infierno, todo lo demás te parece fácil. No estoy enojado porque Nick te haya arriesgado hoy. Estoy enojado porque confió en ti para manejarlo. Estoy cansado de que mi familia me trate como si estuviera roto. —Anthony, no estás roto —dije a medida que me quitaba los pantalones cortos. Alcanzó mi ropa interior y la bajó lentamente, jadeando al ver mi vagina. 202 —Nick te llevó a la sala de juegos del diablo porque confiaste en que él cuidaría de ti. Puede que disfrute del privilegio que me otorga su culpa, pero algún día, espero que él también confíe en mi seguridad. Amo a mi familia, Juliet. Anthony se inclinó y bendijo la parte interna de mi muslo con un beso trágico. Succionó mi piel flexible mientras estiraba la mano para clavar sus dedos en los globos carnosos de mi trasero. Incliné la cabeza hacia atrás y me deleité con sus provocaciones. Se acercó al vértice de mis muslos y me inspiró. —Métete en la ducha —exigió antes de alejarse. Me entristeció que nuestro momento hubiera terminado, pero no quería presionarlo. Se puso de pie y miró al suelo mientras yo me movía para pararme bajo el chorro de agua humeante. Esperé. Y esperé. Anthony apagó las luces, bañando la habitación de oscuridad total. Contuve la respiración cuando lo escuché apartar la cortina. Entró en la ducha pequeña conmigo, su presencia cálida y reconfortante. Jadeé cuando envolvió sus brazos a mi alrededor y acarició mi cuello. —Es más fácil para mí… —Hizo una pausa—. Cuando no puedo ver. —Anthony, solo siénteme. Pasé mis dedos por sus abdominales lentamente, su clavícula, sus bíceps. Me dejó explorar los surcos duros de su cuerpo. Evité su espalda y las cicatrices que sabía que estaban allí, a pesar de que quería borrar el dolor con mis labios temblorosos. Anthony me hizo girar sin previo aviso, y presionó mi espalda contra su torso. Me sentí demasiado consciente de su polla dura contra mi trasero. Besó mi hombro. Mi espalda. Pasó sus manos por mis brazos y alcanzó alrededor de mi cintura y entre mis piernas. Dejé escapar un gemido cuando sus dedos encontraron mi punto dulce de placer. —Estás demasiado caliente —susurró—. Demasiado viva. —Su tono sonó dolido. No sabía lo que quería de mí, pero en ese momento le habría dado cualquier cosa. Acarició mi clítoris con la yema del dedo, rodeándolo con círculos rítmicos. Apoyé las dos palmas de las manos en la pared de azulejos mientras el agua caliente llovía sobre nosotros. —Maldición —maldije. Anthony se sentía demasiado bien como para expresarlo con palabras. En la oscuridad, en este momento íntimo, disfrutaba de cada sensación. 203 Entonces, sin previo aviso, Anthony puso el agua helada. Fue un shock para mi sistema, y me aparté de un tirón, confundida por lo que estaba haciendo. —¿Qué está pasando? —pregunté. —Cuando terminó conmigo, me puso en un refrigerador con los demás —admitió Anthony. Intenté apartarme de la corriente helada, pero no pude. —Anthony, ¿quiénes son los demás? —pregunté, mis dientes empezaron a castañetear. —Los fríos. Los muertos —admitió antes de presionarme contra la pared y besarme con fuerza. Presioné contra su cuerpo para entrar en calor. No entendía lo que decía y quería respuestas. —Me tocó. Me torturó —dijo Anthony entre besos. No podía decir si eran lágrimas o agua corriendo por su rostro—. Luego me arrojó con todas sus otras víctimas. Pensé que estaba muerto. Debí haber estado muerto. Comencé a llorar. No podía imaginar todo el dolor por el que pasó este pobre hombre. Acaricié sus dos mejillas, olvidando el frío que sentía. Pareció completamente cómodo. —Estaba desnudo —confesó—. Los usé como una manta. Me consolaron. Todos sus miembros muertos. Sus ojos sin vida. Ya no sé cómo estar con alguien vivo. Anthony Civella prosperaba con los muertos porque fueron los únicos que estuvieron allí para él durante su momento más oscuro. Me imaginé a este hombre ensangrentado siendo arrojado a una pila de víctimas. Era espantoso. Con esta comprensión, dejé que el agua congelara mi piel. Calmé el castañeteo de mis dientes. Me puse rígida. Me convertí en lo que Anthony necesitaba. —Déjame morir un poco por ti —susurré. Me levantó y me sacó de la ducha y del baño. Me colocó sobre una mesa de metal. Besó mi piel. Recorrió mi cuerpo con sus manos. Se colocó encima de mí. Abrió mis piernas y me penetró profundamente. Fue una experiencia de desapego. Me sentí desconectada. Él. Él. Él. Todo en lo que podía concentrarme era en Anthony Civella y sus demonios. A medida que pasó el tiempo, me acomodé en la calidez creada por nuestros cuerpos en movimiento. Encontré la superficie de mi placer. Me arrastré hasta el primer plano de mi mente. Utilizó mi cuerpo para sus fines egoístas. Pero no se sintió enfermo, ni retorcido, ni equivocado. No me sentí utilizada. Se sintió como un progreso, un paso hacia la 204 recuperación de su poder. Cuando me besó, le devolví el beso. Gemí. Participé. Disfruté. Le mostré lo vivo que estaba con cada respuesta, cada respiración agitada. Cada gemido, contracción, apriete y sollozo. —Sí —grité cuando se movió más rápido. La mesa de metal era ruidosa, y cada sacudida de su cuerpo provocó un estrepitoso sonido chirriante. Anthony me pareció tan fuerte en este momento. Era la persona más poderosa que hubiera conocido. Conquistó mi cuerpo y sus pesadillas. —Nunca te dejaré ir —dijo—. Eres mía, Asesina. 205 Enfrenté mis miedos y me quedé dormida en el calabozo de la muerte. No era cómodo, estar acostada en el colchón delgado de Anthony. Pero él dormía profundamente, sus brazos musculosos envueltos en mi cuerpo. Pasé la mayor parte de la noche mirando su rostro. Me negué a sentir lástima por él; un hombre como Anthony, que había superado tanto, no merecía nada más que asombro. A la mañana siguiente, cuando nos despertamos, me envolvió en su manta suave y besó mi hombro desnudo. No hablamos de lo que pasó la noche anterior. Quizás evitarlo no era saludable. Pero ahora me sentía más cerca de él. Comprendía mejor su pasado traumático, y también era capaz de navegar sus necesidades únicas. Palma con palma, nos tomamos de la mano y subimos las escaleras.No lloré. No hiperventilé. Analicé la situación de una manera tan indiferente que mi terror latente arañó mi alma, ansiando salir. Quizás fue toda una vida viendo el mundo a través de los ojos de un pesimista. Quizás esperaba que me pasara esto algún día. Desde la desaparición de mi madre, me había estado preparando para que la maldad del mundo también me atrapara. Mi mente pensaba en cosas triviales que afrontar. Por alguna razón, no podía dejar de pensar en mi turno de mediodía. ¿Ya me lo había perdido? A medida que pasaba más tiempo, me preocupé por Vicky. Me preocupé por mi abuela. Me preocupaba no salir viva de este maldito lugar. Ella nunca sabría lo que me pasó. Nunca sabría si estaba viva o muerta. Nunca sabría si estaba a salvo. Si había huido. Sería como la desaparición de mi madre de nuevo. La habitación olía a óxido. Tenía una energía escalofriante, como si la muerte estuviera a la vuelta de cada esquina. Aunque mi mente estaba confusa por el duro golpe que mi cráneo recibió en el estacionamiento de Dick's Diner, aun así, supuse que estaba en un sótano en alguna parte. Pasé la mayor parte de mi vida leyendo casos sin resolver e investigando crímenes reales, pero estar en medio de eso no era un pasatiempo. No era como mi podcast cuidadosamente trabajado. Era espantoso. 25 La puerta de metal se abrió, bañándome con una brillante luz fluorescente. Contuve la respiración y cerré los ojos con fuerza. Mi cabeza palpitaba por el golpe. Mis labios estaban agrietados. En un tono siniestro, una voz profunda maldijo. Escuché movimiento y parpadeé media docena de veces para aclarar mi visión y poder ver quién se acercaba. Cuando el hombre se agachó frente a mí, el calor se elevó de su cuerpo y acarició mi piel. Sentí un escalofrío recorrer mi espalda y vi a mi extraño. Me tomó un momento recordar su nombre. ¿Cómo lo habían llamado? —¿William? —mi voz se quebró—. Por favor, déjame salir de aquí. Extendió la mano y acarició mi mejilla con sus suaves dedos. Me estremecí lejos de su toque. Era tan extraño sentirse tan familiar pero distante de él. El toque era demasiado íntimo para lo que éramos, y, a pesar del consuelo que me brindó brevemente, también me empapó de miedo. Durante tanto tiempo, mi extraño fue una mosca en la pared. Una obligación que teníamos que cumplir. Un precio que pagar por mi amistad con Vicky. Bromeaba con él. Lo normalicé. Pero ahora, era el enemigo. —Nunca quise que esto sucediera —susurró con voz suave—. Quería mantenerte lo más lejos posible de Nicholas. Me lamí los labios secos y me alejé de él lo más que pude. Pero mi extraño no cedió. Se inclinó más cerca. Más cerca. —¿Qué me van a hacer? —pregunté. Se aclaró la garganta y acercó su frente a la mía. Cada vez que parpadeaba, el aleteo de sus pestañas rozaba mi piel. ¿Qué estaba haciendo? —¿Quieres la verdad? —Creo que me debes eso —gruñí. Todavía había algo de pelea en mí a pesar de mi cuerpo dolorido y mi cabeza palpitante. Me preocupaba por Vicky tanto como estaba enojada con ella. ¿Cómo pudo dejar que sucediera esto? Siempre pensé que el riesgo valía la pena, pero ahora… —Te debo mucho más que la verdad —respondió sombríamente, un sentido de admiración en sus palabras que me hizo fruncir el ceño— . Tienes que hacer todo lo que esté a tu alcance para convencer a Nicholas de que no eres la rata. —Pero no lo soy. No sé nada —sollocé. —Lo sé —me aseguró William—. Pero las cosas se han liado últimamente y Nicholas no está jodiendo. Te matará, Juliet. 26 Un sollozo atravesó mi garganta seca. ¿Matarme? —No pedí esto. No sé nada —grité. William me lanzó una mirada ahogada de lástima. —Te pondrá a prueba. Te romperá. Te quemará. Tienes que hacer todo lo que puedas para demostrar tu lealtad —dijo—. Mi hermano no valora la vida humana. Le importa nuestro apellido y el imperio que ha construido. Todos los demás están en su camino. —Esa amarga admisión sonó a veneno verbal. William obviamente odiaba a su hermano. Tragando, me sentí atrapada, atrapada en una situación desesperada de la que no podía escapar. —¿Cuánto tiempo me va a tener aquí? William se apartó un poco y se mordió el labio. —Vicky acaba de tomar un avión a Italia, así que supongo que tu interrogatorio comenzará pronto. El dolor me recorrió tanto como el alivio. No entendía por qué Vicky tenía que irse a Italia, pero al menos estaba lejos del monstruo de su hermano. —¿Quién es él? —Nicholas es el jefe y nuestro hermano mayor. Heredó este reino de gánsteres. Mi esperanza menguó. —¿Y quién eres tú? —pregunté—. Todo este tiempo pensé que eras su guardaespaldas. Sus labios formaron una sonrisa tensa y respondió. —Creo que de muchas maneras lo soy. Es mi hermana pequeña. Solo… quería asegurarme de que estaba bien. Cuando llegaste, vi una manera fácil de ayudar a mi hermana a lidiar con su dolor. Se puso de pie y se secó las palmas de las manos en los muslos antes de meterse ambas manos en los bolsillos. —¿Por qué Nicholas cree que soy una rata? —pregunté. Quizás si supiera más, podría encontrar una salida a esto. Quizás podría demostrarles que no soy nadie. No tenía amigos. No hablaba con nadie fuera de la abuela. Una segunda persona abrió la puerta y atravesó el umbral. La habitación ya helada pareció descender otros veinte grados en el momento en que la mirada helada de Nicholas aterrizó en mí. 27 —Ese es exactamente el tipo de pregunta que haría una rata. Y para que conste, mientras estemos aquí, me llamarás Malice. Un escalofrío helado me golpeó con ese nombre. Malice. Malice. Malice. Encajaba perfectamente con su homónimo. Detrás de él, dos hombres fuertes llevaron un cuerpo boca abajo al frío sótano. Reconocí a uno de los guardias vestidos como Hale, el hombre que me golpeó en la cabeza con una pistola. El hombre gruñó y tosió, como si cada una de sus costillas estuviera rota. Malice asintió a mi lado, y los dos guardias dejaron al extraño y destrozado hombre justo a mis pies. El crujir de huesos me dio náuseas. Gritó y miré a William. ¿Qué se suponía que debía hacer con esto? —Tu abuela es una dama agradable —dijo Malice mientras hacía crujir sus nudillos—. Es una pena que esté enferma. Supongo que su medicina no es barata. Cora paga a sus ratas muy bien. Quería ser fuerte, de verdad lo quería, pero más lágrimas corrían por mis mejillas. ¿Había visto a mi abuela? —Por favor, no la lastimes. Es inocente. Malice miró su reloj. —No quería que la pobre mujer se preocupara, así que le dije que pasaste la noche con Vicky. Sin embargo, es extraño. Ni siquiera sabía quién era Vicky. Dejé escapar un suspiro tembloroso. —Vicky me hizo prometer que nunca hablaría de ella con nadie. Tenía reglas. —Ya veo —dijo Nicholas, Malice—. Háblame de estas reglas. Tranquilicé mi voz. Era un mantra que me sabía de memoria. —No hacer preguntas personales. No presentarme sin avisar. Nunca, jamás decirle a nadie que somos amigas. —Me sorprende. Por lo general, mi hermana es descuidada. De hecho, le debes importar una mierda —reflexionó mientras se frotaba la afilada mandíbula—. Entonces, ¿nunca se encontraron fuera del restaurante? 28 —Nos encontramos en el cementerio un par de veces —respondí— . Pero las demás veces fue en el restaurante. —¿Y William siempre estuvo ahí? —preguntó. Miré a mi extraño silencioso y tragué. —No sabía su nombre, pero sí. Siempre estuvo ahí, mirando, escuchando. —William cambió su peso. —Interesante. Malice se acercó a su hermano y le dio un golpecito en la mejilla con la palma abierta; no creó un sonido de golpe, pero aun así se vio duro. —Tres años has ido a mis espaldas. Hablaremos de esto. William asintió levemente, aunque su labio se curvó. —Mire, señorita Cross, tengo algunas reglas propias. Mantengo un control estricto sobre mi familia porque nuestros enemigos son bastardos creativos a los que les gusta derribarnos.No estoy completamente convencido de que no trabajes para Cora. —¡Ni siquiera conozco a Cora! —sollocé, interrumpiéndolo. Ignoró mi arrebato y continuó. —Voy a necesitar alguna influencia para asegurarme de que, en el futuro, tu lealtad sea hacia el nombre Civella y mi organización. Sollocé más fuerte. —Haré lo que sea. Malice asintió hacia el cuerpo frente a mí. Casi me había olvidado del hombre roto y jadeante ante mí. Todavía estaba encadenada al suelo, arrodillada como una mujer atrapada en una oración perpetua. —¿Quieres demostrar que no eres una rata? Mátalo —dijo Malice antes de cruzar los brazos sobre su pecho. —¿Qué? —jadeé—. No conozco a este tipo. No soy capaz de… —Eres tú o él. Ha estado trabajando con Cora a mis espaldas. En realidad, él es la razón por la que no estás muerta en este momento. El hecho de que él no te conociera probablemente salvó tu patética vida — dijo Malice antes de deshacer los botones de sus muñecas y arremangarse las mangas blancas—. Si quieres demostrar que eres digna, mátalo. —No. N-no puedo simplemente… —Miré al hombre. Tenía los ojos amoratados e hinchados. Su camisa estaba manchada con rojo sangre. 29 Su pierna estaba doblada en un ángulo incómodo. Por lo que parecía, ya estaba medio muerto. Pero no era una asesina. ¿Este hombre tenía familia? ¿Era un espectador inocente absorbido por el mundo mortal de la mafia de Kansas City?—. No puedo… —Bien —dijo Nicholas encogiéndose de hombros antes de sacar su arma y apuntar directamente a mi cabeza. Grité. William se estremeció. —No soy una asesina —sollocé—. No puedo. Malice se acercó a mí y se agachó hasta que estuvimos al nivel de los ojos, con la cabeza ladeada. Tenía los ojos esmeralda más hermosos. —Eres una cosita bonita, ¿lo sabías? —Extendió la mano y metió mi cabello detrás de mis orejas, y en el momento en que su piel rozó la mía, comencé a orinarme por puro miedo. Miró el charco que se estaba formando a mi alrededor, pero no se movió para evitar que sus zapatos de diseñador se mojaran. La vergüenza llenó mi cuerpo y se rio—. No le tengo miedo a la orina, Juliet Cross. —Extendió la mano, agarró mi garganta y apretó—. Te follaría en un charco hecho con tu orina y la sangre de ese hombre sin dudarlo un segundo. Tu existencia es lo que me repugna. Tu miedo simplemente me excita. —Nicholas —interrumpió William, pero el loco a mi lado ignoró a su hermano. —Mátalo y todo esto terminará. Empecé a sollozar y Malice se inclinó para lamer mis lágrimas. Jadeé y resollé. Mi corazón se sentía como si estuviera a punto de latir a través de mi pecho. Una línea lenta de pensamientos se arrastró por mi mente. —¿Tiene familia? —pregunté. ¿Cómo podría siquiera considerar esto? —¿Siquiera importa? Si quieres vivir, soy tu familia. Soy tu ley. Soy tu todo. —¿Cómo podría…? —Más sollozos me abrieron y me tragaron por completo. ¿Estaba dispuesta a darle mi humanidad a cambio de mi vida? No podía imaginar… Escuché moverse las cadenas que me ataban al suelo, y pronto, estaba libre. Sin embargo, todavía me sentía abrumada. Abrumada con una elección que no quería hacer. El hombre empezó a gritar. —¡No! No, no hagas esto. —Su voz fue entrecortada y rota—. Mi esposa… ¿Tenía esposa? 30 —Sé creativa —sugirió Nicholas con una sonrisa maliciosa. Estaba disfrutando esto—. Tienes dos minutos antes de que te meta una bala en el cráneo. Mis muñecas todavía estaban atadas a la espalda. Mis piernas estaban débiles. Todo mi cuerpo tembló. —No puedo —grité. —No me importa lo que puedas y no puedas hacer. Resuélvelo. Me acerqué al hombre y lo miré. No tenía rasgos discernibles que yo pudiera notar. Me pregunté cuántas veces lo había visto por la ciudad. ¿Tenía aspiraciones de vida? ¿Cuántos años tenía? Lágrimas calientes bajaban por mis mejillas mientras rogaba por su vida con palabras confusas y entrecortadas. El tiempo pasaba demasiado rápido. No tuve el lujo de odiarme por lo que estaba considerando. —Un minuto —dijo Malice. Su guardia, Hale, se rio. William me miró de manera alentadora. Después de estudiar varios casos de delitos, supe que era muy difícil asfixiar a alguien. Se necesitaba mucha fuerza que no tenía en este momento, pero era una opción humana. El reloj de tiempo seguía avanzando. Sin embargo, una parte muy oscura de mi mente ya había tomado la decisión. Se sentía primitivo. Era él o yo. Era mi vida, mi futuro o su fin. Era la abuela o… Me incliné hacia delante y le susurré al oído. —Lo siento mucho. —Al final del día, sobreviviría. No dejaría a nadie atrás, preguntándose qué pasó, no como lo que me pasó a mí. Me negaba a morir hoy. Me negaba a dejarme intimidar por un asesinato. Dejé que las partes más oscuras de mí tomaran el volante e hice lo que me dijo, como un soldado en la guerra. Malice sonrió cuando me aparté. Se rio cuando me paré lentamente con piernas temblorosas. Cruzó los brazos sobre su pecho cuando levanté mi pie descalzo y lo golpeé contra su cráneo. Repetí la acción. De nuevo. De nuevo. El sonido de huesos crujiendo llenó mis oídos. Con todo mi peso desnudo, pisoteé su cráneo hasta que la sangre brotó de todos los orificios. Sus huesos cóncavos atravesaron el cerebro, las venas y mi humanidad. No luchó, pero siseos escaparon de sus labios cuando lo aplasté de nuevo. Y de nuevo. Y de nuevo. 31 A pesar de la adrenalina, me dolía el pie por la fuerza bruta. Estaba pisando cemento. Recé para que sus huesos afilados y agrietados no me apuñalaran. Lo que sea que los hombres de Malice le hubieran hecho antes de este punto lo había roto mucho más allá de la reparación, o al menos, eso es lo que me dije a mí misma. Abracé la realidad en la que no tenía otra opción, donde él estaba muerto de todos modos. Donde cuando me dieron la opción de matar o morir, hice el sacrificio egoísta. Esta decisión me perseguiría para siempre. Cerré los ojos y dejé que mi pulso rugiente ahogara el repugnante sonido de sus gemidos y gorgoteos. Sus huesos agrietándose. Su dolor. Luego, se quedó quieto. Demasiado quieto. Sin pulso. Sin respiraciones estremecedoras. Nada. Y cuando acabó, sentí una oleada de náuseas que me recorrió la garganta. —Buen trabajo. —Malice se me acercó sigilosamente. Lentamente, lentamente, se movió hasta que sus labios se cernieron sobre mi oreja. El asombro cubrió su tono. Miré a William, quien me miró con una mezcla de amabilidad y disgusto. Quité el pie y puse la mayor distancia posible entre el cadáver y yo. La sangre cubría mi piel, se hundía en las grietas de mi talón. Me quedé mirando los dedos de los pies carmesí con asco. Mis brazos atados y espalda se estrellaron contra la pared de cemento y una ola de mareo me invadió. Casi me desmoroné al darme cuenta de lo que había hecho. Maté a un hombre. Maté a un hombre. —Para que conste —comenzó Malice—, nunca te iba a disparar. No pensé que fueras capaz. Apenas pude ver por las lágrimas. Las sombras se movieron por la habitación cuando sus guardias se fueron. —¿Qué? —dije con voz ahogada. —De todos modos, se estaba muriendo. Probablemente no iba a durar mucho más. Le perforé el pulmón antes de que llegáramos aquí. Pero terminaste el trabajo. —Malice sacó su teléfono y el brillo de su pantalla iluminó su hermoso y cruel rostro. —Eres un maldito monstruo —susurré. —Dice la mujer que acaba de aplastar el cráneo de un hombre con su pie descalzo —espetó distraídamente mientras tecleaba. Sentí mi pecho apretarse. Apenas podía respirar. ¿Qué había hecho?— Fue 32 hermoso. He visto a hombres adultos acobardarse ante una petición como esa. Más lágrimas vacías cayeron por mis mejillas y lo miré con incredulidad. —Estás loco. —Dime —exigió Malice—. Cuando lloras, ¿es porque realmente sientes una sensación de tristeza? ¿O lloras porque sientes que se supone que debes hacerlo, porque el mundo observa cómo respondes y no quieres que nadie sepael monstruo que realmente eres? Me atraganté con la conmoción. Fue una pregunta que me dejó completamente atónita. —Tu abuela tiene una cita con el doctor mañana. Probablemente deberías darte prisa y deshacerte del cuerpo para poder llegar a casa a tiempo para la cena. Está haciendo pastel de carne. Le gusta cocinar, Juliet. Deja que la mujer cocine. Negué con la cabeza, sintiéndome lenta y confundida. —¿Qué? Resopló, puso los ojos en blanco y se guardó el teléfono en el bolsillo. —Deshazte del cuerpo, vete a casa y asegúrate de que tu abuela llegue a tiempo a la oficina del doctor Hoffstead mañana, Juliet. No tengo el hábito de repetirme. —¿Doctor Hoffstead? —pregunté con voz quebrada. Reconocí ese nombre. Era uno de los principales neurocientíficos del estado. Había deseado llevar a mi abuela con él desde que obtuvimos el diagnóstico, pero la lista de espera era demasiado larga y ni siquiera podía permitirme una consulta, y mucho menos los tratamientos que me ofrecía. —Bienvenida a la familia, Juliet. Hay ventajas por vender tu alma al diablo —dijo con una sonrisa. 33 El agua hirviendo hizo que mi piel se volviera de un rojo intenso. Mi mirada se dirigió hacia el suelo de baldosas, donde el agua teñida de carmesí se arremolinaba por el desagüe. Todavía no estaba segura de dónde estaba. El sótano tenía una puerta oculta que conducía a un baño con una cabina de ducha compacta. El vapor llenó rápidamente la habitación debido al agua caliente, y traté de fingir que estaba en un espacio normal, tomando una ducha normal y sin lavar la sangre de mi víctima. Estaba muy consciente del hombre parado junto a la puerta. Estaba en estado de shock. Emociones vacías arañaban la superficie de mi mente, pero solo podía mirar a mi pie. Fue demasiado fácil pisotear su cráneo. Ni siquiera lo cuestioné. Estaba en modo de supervivencia. Era vida o muerte, y lo hice. —Nunca te iba a matar… No sabía si Malice me estaba probando o entrenándome. Mi cuerpo estaba envuelto en una sensación de vergüenza que no me dejaba ir. Había una extraña desconexión entre mi mente y mi capacidad para expresar lo que sucedió. Sabía que estaba mal. Sabía que ahora era una asesina. Conecté los puntos y entendí lo brutal de lo que acababa de hacer. Pero se sentía como esta sangrienta experiencia extracorporal. —Date prisa —ordenó Hale, el guardia que estaba fuera de la puerta del baño. Había deducido que era la mano derecha de Malice. Siempre era el primero en recibir un trabajo y ahora estaba a cargo de vigilarme. Cerré el agua, preguntándome cuándo me dejarían ir. Los comentarios de Malice sobre la abuela me dieron ganas de asegurarme de que estaba bien. Pero había algo más que quería que hiciera primero. Quería que me deshiciera del cuerpo. Encontré una toalla raída y la envolví alrededor de mi torso tembloroso. Apenas me cubría. La ropa que llevaba puesta estaba apilada en el suelo, cubierta de sangre y orina. No había forma de que me la volviera a poner. Quise quemar la evidencia de lo que sucedió aquí hoy, tenía que quemar la evidencia. Era una asesina. 34 Abrí la puerta y miré al hombre que hacía guardia. —No tengo ropa. Puso los ojos en blanco y resopló. —No es mi problema. Anthony está esperando. Envolvió su mano fornida alrededor de la manija de la puerta y la abrió de un tirón con un solo movimiento brusco, arrastrándome con él. Casi me caí de cara en el suelo de cemento. Mi toalla, que ya estaba abierta, cayó al suelo, dándole una vista a Hale. —Otro espectáculo, ¿eh? —preguntó mientras miraba mis pechos expuestos—. Es mi día de suerte. Me agarró del brazo y me ayudó a enderezarme, y sentí su mirada pesada en mi cuerpo desnudo y tembloroso. Ya había soportado suficiente trauma por el día y sentí que mi piel se congelaba al sentir su mirada en mis pechos. —Retrocede —gruñí antes de liberar mi brazo y tomar rápidamente la toalla para envolverme. El sótano todavía estaba oscuro, pero la luz del baño lo iluminaba un poco. Por el rabillo del ojo, aún pude ver el cuerpo abandonado del extraño que había asesinado. Mi garganta se cerró. El pánico subió por mi columna vertebral. —Te sugiero que mantengas tus ojos para ti mismo, Hale. Ya sabes cómo se pone Nicholas con sus mascotas. —Una voz extraña y alegre atravesó el oscuro sótano, haciendo que girara mi atención hacia la fuente. —Sí, jefe —dijo Hale, mi niñera. ¿Jefe? Todavía estaba tratando de descifrar la dinámica de este escuadrón de terror, y saber que había varios hombres de diferentes rangos en mi presencia me ponía nerviosa. —Puedes irte ahora —dijo la voz. Escuché que se encendía un interruptor de luz antes de que los destellos fluorescentes atacaran mi visión. En la esquina de la habitación había una mesa larga de metal con varias herramientas encima. Junto a ella estaba un hombre con un traje de goma, guantes hasta los codos y un gorro en la cabeza. Mechones de cabello castaño asomaban a través de su gorra y se humedeció los labios apreciativamente al verme. Tenía los ojos crueles de Malice y la boca melancólica de William. Pero lo más importante, noté un tatuaje en su cuello que me pareció extrañamente familiar. Era un par de alas de ángel idénticas al tatuaje de mi mejor amiga. Con una mirada, supe que estaban relacionados de alguna manera. Hale se disculpó y salió de la sala de tortura del sótano. 35 —¿Quieres algo de ropa? Tuve que deshacerme de una drogadicta la semana pasada y era de tu talla. La pobre prostituta murió de una sobredosis en el club. Malo para el negocio, ¿sabes? —dijo con una sonrisa antes de agarrar una caja de debajo de la mesa y deslizarla por el suelo hacia mí. Chocó con el cadáver que estaba tratando desesperadamente de ignorar. —¿Tienes una caja de ropa de muertos por ahí? —pregunté con incredulidad. De todo lo que me había dicho, eso fue lo más ridículo. ¿No sabía cómo deshacerse de las pruebas correctamente? Eso era suficiente para enviar a alguien a la cárcel. Desde luego no iba a llevar puesta una sentencia de cárcel. Agarró una sierra y la golpeó contra la mesa, haciendo un fuerte eco a mi alrededor. —¿Eso es raro? —preguntó. —Es estúpido. Deberías echarles lejía y luego quemarlas. Asegurarte de que no haya rastros de tu ADN en ellas. ¿Y si la policía tiene una orden judicial para este lugar? El hermoso hombre arqueó la ceja hacia mí. —¿Por qué suenas tan experimentada con esto? Espera, espera, espera. Eres Juliet, ¿sí? Tienes ese podcast de crimen verdadero al que Vicky me hizo suscribir —dijo, como si de alguna manera explicara todo— . Mi hermana dijo que podría ayudarme a mejorar mi juego. Todavía estoy en el episodio siete. Ese asesino en serie Joe Ball me hace querer comenzar una granja de caimanes. ¿Te lo imaginas? Obtendrías una mascota épica y un servicio de limpieza gratuito. Es un genio, honestamente. —¿Escuchas mi podcast? —tartamudeé. —Lo que sea que Vicky quiera, lo consigue —dijo con una sonrisa encantadora—. Soy un tonto por mi hermanita. —¿Eres su hermano? —Solo era una línea giratoria de preguntas. Había tanto que quería saber. Tres hermanos. Mi mejor amiga tenía tres hermanos y no conocía a ninguno de ellos. —Su hermano favorito. Y tú eres su mejor amiga secreta — respondió antes de mover los hombros juguetonamente—. Realmente enojó a Nicholas que todos supieran de ti menos él. Sin embargo, no puedo culpar a Vick por querer mantenerte para ella sola. A Nick le gusta hacerse cargo, ¿no? Asentí, como si entendiera. Como si esto no fuera una locura. Como si no hubiera un cuerpo muerto e hinchado a mi lado. 36 —Hablando de eso —continuó—, ¿te importaría vestirte? Puedes quedarte desnuda si quieres, pero tenemos un cuerpo del que deshacernos. Un puto auténtico desastre, también. La gravedad es una perra. Ya tiene lividez post mórtem, y supongo que una vez que lo movamos, habrá un desagradable deslizamientode la piel. Solo otro día más en el paraíso. Con una mano, agarré mi toalla y me llevé la otra a la boca para evitar que se me escapara un grito. Podría haber estado entumecida antes, pero la sensación de terror estaba brotando de mí. —Ah, no te pongas aprensiva ahora. Ni siquiera hemos empezado todavía. Soy Anthony, por cierto. Es un placer conocerte. —¿Empezado qué? —dije con voz ahogada, ignorando su saludo. Anthony puso los ojos en blanco y se acercó a mí. Tuve que levantar la cabeza para mirarlo, y cuanto más se acercaba, más suaves se volvían sus rasgos. Su rostro era exótico y hermoso. A pesar de su loca carrera, se veía delicado de cerca. Hermoso. Tenía la energía de Vicky, y aunque no lo conocía, sus similitudes me reconfortaron. Ignorando mi desnudez, puso ambas manos sobre mis hombros. —Vamos a deshacernos de este cuerpo, nena —dijo en voz baja mientras me miraba. Negué con la cabeza, pero estaba desenfrenado—. Sí —insistió—. Vamos a deshacernos de él. —¿Por qué? ¿Por qué tengo que hacerlo? —pregunté con horror. —Las reglas de Nicholas. Si tienes las pelotas para matar a alguien, entonces es tu trabajo asegurarte de que se haya limpiado correctamente. Evita que sus hombres se pongan a matar sin razón. Miré hacia el suelo donde yacía el extraño y solté un grito ahogado. —Oh, Dios. No. No puedo. —Claro que puedes —respondió con una sonrisa alentadora—. Es solo un cuerpo. Y en cuanto hayas terminado con esto, Nicholas dijo que puedes irte a casa con tu abuela. Salir de aquí me motivó un poco. Quería alejarme lo más posible de este lío y de estos hombres. —¿Puedo irme una vez que hayamos terminado? —pregunté. Se sintió como si hubiera algún tipo de trampa. —Seré honesto aquí, Asesina. En realidad, nunca te vas. Pero sí, limpia tu desorden y puedes irte a casa. 37 Dejé escapar un suspiro tembloroso. Mi mente era como un rompecabezas gigante. Solo necesitaba quitar la parte de mí que se estaba volviendo loca por asesinar a alguien. —De acuerdo, está bien. ¿Qué hacemos? Anthony sonrió y dejó caer sus manos de mis hombros y cayeron a su costado. —La elección de la asesina —respondió. Asesina. Era una asesina. —Ni siquiera sé por dónde empezar. ¿No tienes una fosa común que usas? Ciertamente una pandilla tiene protocolos para mierda como esta —le contesté. —Eres la verdadera experta en delitos. ¿Qué harías si fueras una asesina en serie? Dejé escapar un suspiro, mi mente de repente recorrió una variedad de escenarios. Había tantas variables. Era imposible reducirlo. —¿De dónde lo recogieron? —pregunté con voz temblorosa. —Casino River Boat —respondió Anthony sencillamente, con un toque de curiosidad en su tono. —Maldición. Bien podrías haber ondeado una enorme bandera con la dirección de tu casa —maldije—. Los casinos tienen el software de reconocimiento facial más sofisticado del mundo. Una vez que se sepa que fue visto por última vez allí, es solo cuestión de tiempo antes de que lo rastreen aquí. ¿Al menos se subieron a un auto sin identificación? —Por supuesto. No somos unos idiotas —respondió Anthony con una sonrisa—. Y el casino no será un problema. —No puedes ser engreído con esto. El casino es un problema enorme. —Somos dueños del casino —respondió Anthony antes de buscar en su bolsillo un palillo de dientes y ponérselo entre los dientes—. Todo el metraje ha sido eliminado. Él nunca estuvo allí. —¿Qué pasa con su familia? —pregunté. —Su esposa apareció en una reunión de la Asociación de Padres y Maestros con dos ojos morados hace tres días. No buscará a su marido imbécil. Si algún policía viene a fisgonear, lo cual no hará, les informará de su extenso asunto con una prostituta de Las Vegas. Nicholas ya le pagó por sus problemas y su cooperación. Arqueé las cejas. 38 —¿Dónde está su auto? —pregunté. —Desarmadero. El bastardo conducía un BMW. —Cambió su peso entre sus dos pies—. ¿Puedo simplemente decir que el hecho de que estés pensando en todo esto me pone caliente? —¿Cuál era su nombre? —dije con voz ronca. Esta era la parte personal. Necesitaba saber quién era. Incluso si él era un humano de mierda, saber quién era pintaba una imagen de culpa a la que necesitaba aferrarme para poder al menos mantener una apariencia de mi humanidad. —No te lo voy a decir —respondió Anthony—. No te servirá de nada. No aprendas su historia de fondo. No los personalices. No los recuerdes. Toma lo que hiciste hoy y mételo en una caja pequeña, luego pon esa caja en una caja más grande. Luego, encadena esa caja para cerrarla y tírala al fondo del océano y finge que nunca existió. Sí. Eso no sonaba exactamente como un mecanismo de afrontamiento saludable. Anthony me miró por un momento. —¿Es eso lo que haces? —pregunté. La vulnerabilidad brilló a través de su expresión, una suavidad que me recordó a Vicky. —No. Yo prospero en la oscuridad, nena. Podrías decirme que le corte el brazo y luego me masturbe con su mano, y lo haría. —Ese es un ejemplo muy específico y realmente no quiero que lo expliques —interrumpí, haciéndolo reír. —No naciste en este mundo, así que no voy a ser duro contigo. Nicholas te entrenará. William te salvará. Yo simplemente te aceptaré donde estés. ¿Y en este momento? No estás en un lugar para escuchar el nombre de este imbécil o conocer su historia de fondo. De todos modos, no haría ninguna diferencia. Así que déjalo y dime cómo nos vamos a deshacer de su cuerpo. Dejé escapar un suspiro tembloroso. No quería que me entrenaran. No quería ser salvada. En este punto, quería que me dejaran en paz. Esto se sintió como el comienzo de algo ineludible. Sin embargo, Anthony tenía razón. No estaba segura de poder pasar el resto del día si estaba obsesionada con las consecuencias de lo que había hecho. Necesitaba ser un robot. Sin emociones. —¿Tienes acceso a un crematorio? —pregunté. Quemarlo parecía el mejor curso de acción. 39 —Nop —respondió, enfatizando la p. Mierda, realmente esperaba que tuvieran uno. Pensé en el episodio treinta y cuatro de mi podcast e hice una mueca. —Supongo que podríamos hacer lo que hacen los carteles de la droga —murmuré especulativamente—. ¿Tienes hidróxido de sodio? O lejía. Si lo calentamos a trescientos grados, podemos licuar el cuerpo en unas tres horas —ofrecí antes de temblar—. Algunos huesos pueden sobrevivir al proceso, pero siempre podemos triturarlos hasta convertirlos en un polvo fino. Luego podemos… verter el líquido por el desagüe una vez que se enfríe. —Las cejas de Anthony se arquearon con sorpresa mientras continuaba—. ¿Necesitaremos un tambor de cincuenta y cinco galones? La lejía es realmente barata. Cuesta 15 dólares en una tienda de suministros agrícolas. Cuatro kilos pueden disolver al menos tres cuerpos. Es casi económico. —Una risa histérica salió de mis labios. ¿Esto era real? Anthony levantó las manos. —Está bien. Entonces, eres toda una psicópata. Genial, genial. Estaba bromeando sobre lo del crematorio. De hecho, tenemos una funeraria en nuestro registro bancario. Solo tenemos que meterlo en el auto fúnebre y dejarlo. Pero es bueno tener un Plan B, un Plan B aterrador. Eso se siente como mucho trabajo, hombre. Entonces, ¿esta era la línea? Observé a Anthony por un momento. Estaba completamente a gusto junto al cuerpo. ¿Estaba desensibilizado o era algo más? No tenía la misma energía autoritaria que los demás, pero aún tenía una presencia poderosa. Era contradictorio, peculiar y único. —Imbécil —respondí finalmente antes de pisar fuerte. Mi cuerpo se sacudió por el movimiento, y sus ojos se centraron en mis pechos apenas contenidas. Mis mejillas se sonrojaron al tiempo que sus dientes se hundían en su labio inferior, y sus amplios ojos me miraron de arriba abajo. —Por favor, ponte la ropa de la prostituta muerta. Estoy a punto de terminar con una erección en la sala de tortura y me dijeron que ya no se me permitía excitarme