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El perfil del revolucionario Antonio Gramsci desde la perspectiva psicosexual

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 El perfil del revolucionario: Antonio Gramsci 
desde la perspectiva psico-sexual de Noemi Ghetti 
(reseña y comentario del libro “Gramsci e le donne”) 
[48’03’’] 
Mauricio Lucio Maldonado 
El Alto, 26 de julio, 2021 
 
 
1. El perfil psicológico de Antonio Gramsci. Las clases subalternas (los oprimidos y 
explotados, trabajadores en todas sus manifestaciones y todos aquellos que viven en los 
márgenes de la historia) solamente luego de mucho tiempo y sacrificios inexorables 
logran forjarse mediante la lucha de clases a sus propios intelectuales; rápidamente 
estos intelectuales, que no son otra cosa que el germen del nuevo Estado viviendo en el 
seno y en la dialéctica de las propias clases subalternas, son objeto de dos efectos del 
proceso de dominación social por parte de las clases gobernantes (banqueros, truts de 
empresarios y terratenientes, propietarios y las instituciones de su Estado) el primero 
es la asimilación que se abre en toda línea para estos, principalmente a través de los 
partidos políticos parlamentarios, luego y si no es suficiente lo anterior se despliega el 
mecanismo de eliminación física, encarcelamiento, asesinato y muerte para provocar el 
primer efecto, es decir ocultar el hecho de que exista la posibilidad ideal y material 
(ambos aspectos representados en la figura del intelectual revolucionario) de 
superación del orden establecido. Gramsci fue un intelectual revolucionario de las 
clases subalternas de Italia de inicios del siglo anterior y su intrepidez, firmeza e 
2 
inteligencia fueron tales que le hizo una herida profunda al propio establishment que lo 
eliminó físicamente. 
¿Y cómo era este intelectual revolucionario de las clases subalternas que con su claridad 
en esa función tendía a mostrar hacia todos los confines del mundo el rol de un 
intelectual revolucionario de toda clase subalterna en la era moderna? Gramsci desde 
1947, la primera salida de su obra bajo la acción de sus compañeros de partido, provocó 
una influencia inmensa en distintas regiones del planeta. La edición temática de sus 
Cuadernos de la Cárcel (1948-1951) hizo posible reconocer en una primera aproximación 
la amplitud de temas y la vastedad de sus propuestas, sin embargo, tuvo que pasar 
hasta 1975, con la edición de Valentino Gerratana, para que el estudio de este pensador 
visualice los contornos que componen su obra manuscrita en forma de notas y apuntes 
de investigación. El resultado que suscitó el conocimiento de este aspecto teórico de 
Gramsci relacionado por ejemplo con su biografía se demostraba de suma utilidad para 
demarcar las líneas de pensamiento de un autor que en vida, lamentablemente, nunca 
pudo escribir ni publicar un libro propiamente dicho. Ya desde entonces a la par del 
interés por la reconstrucción de sus elaboraciones conceptuales también resaltaban las 
observaciones que reparaban en las conductas de Gramsci, desde la perspectiva 
humana-personal, como un moderno intelectual revolucionario de las clases 
subalternas y de la clase proletaria en particular. Esto validaba aquella expresión de 
Togliatti por la cual la única forma de comprender sus ideas y planteamientos era 
poniéndolos en relación a su acción práctica y política, uniendo su pensamiento con los 
movimientos reales (Togliatti, 213-234; 214). 
Desde entonces se ha venido construyendo un edificio no siempre homogéneo que en 
su conjunto se puede denominar historiografía gramsciana, de la cual brota el perfil 
psicológico de Antonio Gramsci: si nos alejamos de la bellaquería que presenta a 
Gramsci, justamente por la ausencia de libros explícitos a su cuidado y/o de su autoría, 
como un arrepentido, confundido, y traidor que se obtiene con forzados procedimientos 
heurísticos, encontramos una rica fuente de conocimiento de los fundamentos de su 
actitud y lo que representa este comportamiento ético-moral en la persona de un 
revolucionario actual. 
¿Qué tan coherentes fueron efectivamente en su vida y su mundo personal, en aquella 
intersección formada por el ámbito privado y público de la personalidad, los grandes 
utopistas que soñaron y actuaron por un mundo mejor y aquellos revolucionarios que 
pelearon por ello? En la época de la Segunda Internacional el cubano José Marti exigía 
que se observe una coherencia en la personalidad de cualquier revolucionario o de 
quien quiera construirse como tal, pensaba que la práctica era la forma suprema de 
demostrar la coherencia moral entre lo que se dice y lo que realmente se piensa, repetía: 
3 
“hacer es la mejor forma de decir” (Marti, p. 197). Nos viene a la mente aquel episodio 
contado en la intimidad de las cartas de Marx y Engels a Nikolai Frantsevich Danielson 
(también conocido como N-on, Nik-on, Nikolai-on, el primer traductor al ruso de El 
Capital de Marx que fue la primera traducción a otro idioma de ese capolavoro) donde se 
describía a Bakunin como un truhan culto, parte de una organización entre intelectuales 
con la canalla, (Marx-Engels-Danielson, pp. 18-19) o aquellas entrevistas a John Lennon 
que a pesar de sus inspiradoras letras pacifistas e igualitaristas en su vida personal se 
encargaba de alejarse sistemáticamente de esos parámetros. El libro de Noemi Ghetti 
titulado Gramsci e le donne. Gli affetti, gli amori, le idee [Gramsci y las mujeres. Los afectos, 
los amores y las ideas] publicado el 2020 por la editorial Donzelli, p. 189, es una 
monografía de nueve capítulos y una nota marginal donde se reconstruye, a través de 
las diferentes etapas de vida del revolucionario sardo, su relación y comportamiento 
hacia las mujeres mediante la investigación biográfica, histórica y filológica, 
ofreciéndonos un perfil psicológico que relaciona los datos de su vida pública y más 
conocida por todos, con su vida no declarada, pero que de todas formas se proyecta en 
su producción teórica y política, todo lo anterior en relación a lo que Gramsci piensa 
sobre las mujeres en general. 
 
En los primeros capítulos empieza a delinearse el perfil humano y psicológico del 
revolucionario: a pesar de toda la carestía en la que estaba sumido el joven protagonista 
Antonio Gramsci en sus primeros años turineses (lejos de su familia, de su consentidora 
y protectora madre, eventos que cuando son leídos en el relato apasionante de sus más 
importantes biógrafos como Giuseppe Fiori, Beppe Vacca y Angelo D’Orsi no dejan de 
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impactar amargamente en la sensibilidad), Noemi Ghetti nos presenta unas 
instantáneas –metafóricamente hablando– de su desenvolvimiento, anímico y 
psicológico; nos lo presenta en medio de la dificultad disfrutando de su existencia, de 
la vida y de la cultura, casi como si se tratase de momentos Zen. Riendo y viviendo 
apasionadamente, en espectáculos teatrales y conciertos a los que asistió enamorándose 
día a día de la ciudad subalpina y de una mujer, Pía Carena, quien lo recordaba así: 
«dentro de aquel hombre había un jovenzuelo, que amaba la opereta porque le divertía 
(…) tenía momentos de una serenidad maravillosa» (Ghetti, p. 24). Pero Gramsci no 
actuaba así, como una fuga de la realidad, ni siquiera como la solución individual e 
idealista de su realidad, a la Fromm que piensa que «Freedom and Independence can be 
achieved only when the chains of illusion are broken» (Fromm, p. 138), es decir, que los 
estereotipos pueden ser sustituidos por otros para empezar a gozar de la vida y 
finalmente si te ahogas es porque crees en tu mente que te ahogarás, por tanto: bastaría 
pensar en que el prejuicio que el hombre se hace de la gravedad desaparezca de la mente 
para que la realidad gravitacional lo haga con ella…, ¡si todo fuera tan fácil, la historia 
sería resuelta en los libros y en las precisiones conceptuales! como nos lo hacían notar 
en 1845 dos jóvenes hegelianos de izquierda (Marx-Engels, p. 11-12). 
Ya siendo un dinámico militante y participando en charlas y en el activismo 
revolucionariode entonces planteaba poner en pie «organizaciones independientes de 
mujeres donde las mujeres –tímidas– se formen en un rol de dirigentes, mediante el 
ejercicio de un papel concreto en la organización y representación» («se habrían 
habituado a hablar en reuniones, interesarse en las cuestiones sociales y políticas, 
desarrollado su espíritu de iniciativa y aprendido a dirigir» explicando las razones del 
atraso de la condición femenina en Italia, «con tono anti-retórico» (Ghetti, p. 26), como 
lo recordaba Camila Ravera, otra compañera suya, quien evocaba estas imágenes: 
Una vez cuando Gramsci se quedó con nosotros algunos días, pasó casi todo el 
día en la cocina conmigo mientras preparaba el almuerzo. Se entretenía 
hablándome sobre cosas del partido; recuerdo que hablamos del encuentro de 
Firenze de 1920, el que preparó la ruptura de Livorno, Gramsci me narró detalles 
de cómo se desarrolló la reunión, las actitudes políticas, la intervención de los 
compañeros, combinando lo narrado con bromas y observaciones vivaces, como 
solía hacer. Me dio así en la cocina una buena lección de historia del partido 
(Ghetti, p. 46). 
En otro testimonio de otra de sus compañeras de militancia como fue la revolucionaria 
Teresa Noce se presenta a Gramsci como: 
[…] la única persona de todo el partido que buscaba poner en práctica el 
pensamiento teórico sobre la emancipación de las mujeres. Cuando iba a casa de 
5 
los compañeros, en todos lados era lo mismo, es decir el esposo que trabajaba para 
el Partido y la mujer que hacía las labores de la casa. Él iba a la cocina y ayudaba 
a la mujer secando los platos, indignado con el compañero que lo había invitado, 
el cual ni siquiera pensaba ayudar en algo a su esposa. Sostenía esta teoría de que 
como en el régimen capitalista la división del trabajo sirve a los empresarios sobre 
todo a explotar mejor a los obreros, también en las familias existe una división del 
trabajo, y desgraciadamente –decía– también en las familias de los compañeros; 
división por la cual al esposo se reservaba el trabajo político, un trabajo de un 
escalón más alto, y a la mujer –aun cuando sea compañera– la cocina, lavar platos, 
cuidar a los niños. […] y cuando Gramsci les hacía observar estas cosas le decían: 
“ella no entiende”. Nunca pensó que una ama de casa no entendiese nada y quería 
siempre que la mujer esté allí cuando hablaba con el esposo. Se dirigía a la 
compañera o a la esposa buscando involucrarla en la conversación (Ghetti, p. 47). 
 
Más que una dádiva que un individuo puede entregar al otro en forma facultativa, como 
sería el trato igualitario en la vida real, o por lo menos en ese poco espacio que puede 
ser definido o influido por el individuo en su cotidianidad, Gramsci sentía natural esa 
actitud como parte de su propia necesidad de forjarse un espíritu integral de sí mismo, 
y de su crecimiento personal. Similar a aquel razonamiento que el marxismo heredó del 
pensamiento social por el cual se dice que un pueblo que oprime a otro no puede ser 
libre y que la liberación de esa opresión también libera al propio opresor, se puede decir 
6 
que un hombre que subyuga a otro humano por principio no es libre y no puede conocer 
su propia libertad hasta que la otra parte alcance esa misma condición de paridad. 
Gramsci cuando se encontraba empeñado en los planes revolucionarios, con la firme 
intención de intervenir en favor de la revolución proletaria en su país, que se creía 
inminente e inevitable, encerrado en el trabajo político intenso, sentía con dramatismo 
esa ausencia, e insistía a su futura esposa «¿Cuándo será posible que vengas a vivir y a 
trabajar conmigo?» (Ghetti, p. 114) «Tu amor me reforzó, ha hecho de mi un verdadero 
hombre, o por lo menos, me ha hecho entender lo que es un hombre y tener una 
personalidad […] siento que tú me quieres como yo y que seremos muy felices porque 
llevaremos en toda nuestra actividad, en todo nuestro trabajo la energía y el coraje que 
nace de la felicidad y de la alegría de la acción creativa» (Ghetti, p. 121). Y en sus 
respuestas exigía por parte de su interlocutora que entre ellos haya una extrema 
claridad, aun cuando sea para sangrar «debes decirme qué piensas realmente […] sin 
temor a hacerme mal». 
[…] he pensado mucho en ti en estos días, que estas lejos. Trabajaba, pero 
precisamente por eso sufría, porque quisiera que tu trabajes junto a mí, cerca de 
mí; no puedo estar solo, me siento disminuido, que no puedo hacer todo lo que 
quisiera: una parte de mi voluntad está lejos de mi (Ghetti, p. 123). 
*** 
Uno de los episodios que más invita a meditar del libro se encuentra en el capítulo más 
extenso que está relacionado a los eventos de la revolución social rusa de Octubre de 
1917, vividos en primera persona por nuestro joven protagonista, quien después se 
convertiría en un dirigente internacional del movimiento capitaneado por Lenin y 
Trotsky; como lo demuestra Noemi Ghetti esta fue, aparte de todo lo que se sabe, una 
revolución en la psicología de las masas que lucharon por cerca de cincuenta años 
denodadamente y con mucho sacrificio contra el zarismo, incluso antes, si pusiésemos 
como referencia los levantamientos campesinos que configuraron la particularidad 
rusa. Por eso Marx decía que eran necesarias las revoluciones en relación a las masas, 
no solo para arrebatar el poder a los dominadores, que de otra forma no sucedería, sino 
principalmente por la urgente transformación en la mente, en la psicología de las masas 
y en su conducta, esto a su vez lleva consigo la determinante fuerza sobre los individuos 
a los cuales se les presentan consecuentes cambios en su mente, psicología y conducta. 
Este es el escenario, relatado por Noemi Ghetti donde se desarrolla el amor entre 
Gramsci y la disciplinada militante bolchevique Giulia Schucht, relación de la cual 
nacieron dos niños. Los detalles aparecidos en este libro (y con otros detalles más 
asombrosos en otro suyo La cartolina di Gramsci. A Mosca, tra politica e amori 1922 – 1924 
[La postal de Gramsci. En Moscú, entre política y amores 1922 – 1924]) inevitablemente nos 
7 
hace evocar algunos hechos un tanto más conocidos en estas latitudes que derivan de la 
misma agitación ecuménica de los trabajadores y los revolucionarios comunistas de 
inicios del Novecientos, como se dice en la terminología técnica jurídica: sobre los 
mismos sujetos, objeto y causas, en la que se construyeron contemporáneamente 
situaciones similares, apasionadas e increíbles en todas las latitudes del mundo. No 
podemos no asemejar la vivencia de Gramsci con Giulia y la Comintern con la vivencia 
en 1934 del revolucionario latinoamericano Luis Carlos Prestes y la militante alemana 
bolchevique y funcionaria de la Comintern Olga Benario. Tras el fracaso de un 
levantamiento en Brasil en 1924 y su feroz aplastamiento, los sobrevivientes se 
reunieron con Prestes, y su grupo de rebeldes, formando un contingente llamado 
“Columna Prestes”, que recorrió trece Estados del gigante sudamericano con 1.500 
hombres en una marcha de 25.000 kilómetros durante 2 años y medio. Derrotada esa 
nueva incursión revolucionaria Prestes se exilió en Bolivia y después en Argentina. El 
"Cavaleiro da Esperança" desde entonces inició su formación en el marxismo, logrando 
relacionarse con el argentino Rodolfo Ghioldi, dirigente de la Internacional Comunista. 
En 1931 Prestes se estableció en la Unión Soviética y posteriormente fue elegido 
miembro del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, siendo miembro 
destacado del Partido Comunista de Brasil, posteriormente por orden de la Comintern 
intentó regresar clandestinamente a Brasil en diciembre de 1934, acompañado de Olga 
Benario quien así debía simular ser la esposa de Prestes que con un nombre e identidad 
falsas en un crucero de lujo, para no levantar sospechas, retornaba a ejecutar el plan 
internacionalista, lamentablementeel intento de la “segunda marcha de la Esperanza” 
fue descubierta y reprimida con saña y alevosía por el gobierno “nacionalista” del 
general Getulio Vargas, aliado consecuente del Tercer Reich de Hitler, por lo mismo que 
Olga fue entregada a la policía nazista muriendo posteriormente en uno de sus campos 
de concentración. Una misión militante y propia de los deberes políticos de los 
comunistas que permitió una de las historias más dramáticas, apasionantes e increíbles 
de amor entrecruzada entre revolución y militancia, donde como en el caso de Gramsci 
lamentablemente los finales no resultaron felices (Amado, 2011). La relación de Antonio 
Gramsci y Giulia Schucht –tal como la narra Noemi Ghetti–, en esas circunstancias, 
aparece así de fascinante y demostrativa de los perfiles psicológicos y las cargas 
emocionales y mentales que tienen consigo estas personalidades dentro del movimiento 
revolucionario moderno. 
En un intento importante por explicar el carácter de estas historias personales 
específicas, Noemi se sirve de aquella descripción que también usó Gramsci para 
analizar la República de los Soviets luego de la muerte de Lenin como una revolución 
pasiva, «cumplida a través de la asimilación subrepticia y sistemática, en las oficinas del 
Estado y en las fábricas, de “especialistas” pertenecientes a la clase burguesa antes de la 
8 
revolución, [que fueron] la causa de la total pasivización y de la desmotivación de los 
trabajadores» (Ghetti, p. 106). 
Ese capítulo, en efecto, comienza recordándonos el inocultable rol del movimiento 
político de las mujeres en el inicio, continuación y, en sentido negativo ante su ausencia 
como movimiento fortalecido, en el declive de la revolución. Noemi Ghetti nos retrotrae 
a las imágenes de la prensa bolchevique de entonces donde se exaltaba la activa 
participación de las mujeres; como se sabe: por pan y por el hambre las mujeres 
lideraron los amotinamientos fundamentales que desencadenaron la revolución, la 
psicología de esas masas subalternas puede extraerse al escudriñar los documentos y 
las manifestaciones de la época; puede decirse que en la psicología de la mujer de los 
primeros años de la revolución soviética, ellas afrontaban, además, una liberación en 
primera persona, no solo económica, «la revolución de Octubre no solo comportó 
cambios enormes sobre los derechos de propiedad y sobre la religión, sino que fue una 
revolución sexual. Dos decretos de Lenin de diciembre de 1917, sobre la disolución del 
matrimonio y sobre el matrimonio civil, abrían sendero a la legislación sobre la familia 
y sobre la problemática de género más progresistas que el mundo hubiese visto nunca» 
(Ghetti, pp. 107-108); como también se desprende de la representación que hizo el 
cineasta Vittorio De Sica en el film I girasoli donde se contrasta la mentalidad de las dos 
esposas, una italiana y la otra rusa, que por azares de la guerra tiene el protagonista, 
interpretado por el insuperable Marcello Mastroianni. Octubre también puede ser 
considerado como una auténtica revolución sexual de masas. La revolución pasiva 
implica principalmente la pasivización de esa animosidad en los sectores subalternos, y 
Noemi Ghetti proyecta una hipótesis muy interesante sobre Lenin y dos fechas que 
tienen que ver con encuentros y despedidas de mujeres muy relacionadas a sus asuntos 
privados personales como fechas que señalan el inicio y la interrupción de la utopía 
revolucionaria, precisamente porque la revolución, en la conducta de sus dirigentes, le 
habría dado la espalda a la cuestión sexual, de la familia y de la educación, a todos esos 
asuntos diríamos prosaico - cotidianos que enferman a las personas y que las hacen 
infelices pero que al mismo tiempo las comprometen en un sueño que rechaza este 
presente, rechazando los elementos prosaicos del diario vivir. 
Sobre las críticas a la revolución rusa, sin entrar en la franca propaganda anticomunista 
pero tampoco en el mundo de la hagiografía, se ha leído y debatido ampliamente, desde 
el día siguiente de la revolución hasta hoy, y sin embargo, he aquí una crítica muy 
importante: la actitud que la revolución rusa tuvo ante la cuestión sexual heredada del 
pasado en un país atrasado, jerarquizado y machista, y hacia el futuro, es decir sobre la 
creación de nuevas costumbres que debe poner en práctica cualquier revolución social 
moderna, donde el rol de todos: hombres, mujeres, niños, ancianos, etc., y su 
cotidianidad tantas veces presente en forma de sufrimiento gire e imponga una 
9 
combinación de creatividad, dispuesta a superar los problemas humanos. Si revolución 
no significa la crítica frontal a todo tipo de desigualdad creada y arrastrada hasta hoy 
en los sectores subalternos, entonces la revolución no alcanzaría la dignidad de lo 
universalmente necesario. ¿Acaso hoy no es posible inflamar las almas en favor de una 
intervención revolucionaria por quienes ayer en la noche se fueron a dormir en el 
cemento de una plaza o bajo un puente y con el estómago vacío? 
*** 
Otro episodio de este tipo de referencias personales a través de los cuales se viven y 
plantean hechos históricos trascendentales es aquel en el que Gramsci, cuando su hijo 
mayor tenía meses de nacido (él, trabajando en la actividad política profesional) envía 
un poco de dinero y algunos enseres para la manutención del pequeño (con su primer 
sueldo como diputado «pagado por el Estado Fascista») con un compañero que visitaba 
la Rusia soviética, siendo todo lo cual devuelto con cierta indignación al interpretar 
Giulia que este tipo de cosas ya no serían necesarias en un Estado socialista, que sería 
mejor de que los hijos no recibieran nada de lo que el Estado revolucionario no les 
pudiera dar, «Giulia juzgaba esa oferta como burguesa» (Ghetti, p. 124), como la carta 
del Che cuando dirigiéndose a Fidel y bajo la misma lógica le dice que a sus hijos no les 
dejaba nada, porque el Estado revolucionario se encargaría (Guevara, pp. 441-442): una 
mezcla de esperanza con alguna dosis de ingenuidad que pesa en el sentir de los 
combatientes que prefirieron vivir la revolución que escribir sobre ella. 
Y Gramsci le respondía: 
[…] tú crees estar en un blindado porque vives en un Estado soviético, pero debes 
admitir que incluso en un Estado soviético estas condiciones permanecerán 
todavía por mucho tiempo y [qué tal si] alguna vez les dan a las madres un niño 
distinto, dado que la disciplina soviética no es tan buena como para garantizar 
niñeras especializadas en los centros, […] leyendo esto que escribiste a propósito 
de las leyes soviéticas que defienden el derecho del niño a los cuidados de la 
sociedad en su conjunto además del padre, de la madre, etc. ¿Sabes que me parece 
más Rousseau que Lenin? (Ghetti, pp. 124-125). 
2. La literatura popular y nacional italiana en el siglo XXI y su traductibilidad en el 
mundo. Cuando pensamos en la literatura nacional y popular italiana rápidamente nos 
viene a la mente la descripción hecha por el mismo Gramsci en su tiempo, y la lista de 
títulos que compondrían esta historiografía se encontraría integrada seguramente por 
nombres como Carlo Collodi, Alessandro Manzoni o las fabulas y obras teatrales del 
mismo Maquiavelo; Estoy casi seguro empero de que ninguno de estos tres autores es 
enseñado hoy en las propias escuelas italianas. El paso del tiempo inevitablemente 
sustituye autores y obras por otros y otras siempre contemporáneas y actuales, nada 
10 
nos puede hacer pensar que actualmente la literatura nacional y popular italiana sea la 
misma del Ochocientos. Un autor de la talla de Perry Anderson se sorprende y en 
alguna medida se fatiga al ver el crecimiento inmenso de estudios de autores italianos 
que los últimos cincuenta años (y esta no es una tendencia exclusiva de Italia) son 
rehabilitados y reconsiderados con los métodos de la filología, relacionados con sus 
biografíasintelectuales y funcionalizados con sus actitudes antropológicas, otorgando 
al mundo detalles que alcanzan empresas editoriales insospechadas como la llamada 
edición enciclopédica. Ahora bien, en el caso de la literatura popular moderna ¿acaso 
no es legítimo para la intelectualidad orgánica de los estratos subalternos no gritar a los 
cuatro vientos la enseñanza de los grandes luchadores sociales, de los líderes 
revolucionarios, celebrar su vida y sus proezas, generando obras que en forma de 
novela popular expliquen el fundamento de aquellos que mientras vivieron lucharon y 
lo siguen haciendo mediante su remembranza? A pesar de que pareciera este un ámbito 
muy de literatos, son precisamente en estos debates, en el rol que tuvieron en la historia 
más reciente unos y otros y en la valoración que se les otorga mediante este tipo de 
escritos y actividades culturales donde se va moldeando molecularmente el imaginario 
popular, este espacio que tiene como producto la historiografía y como protagonistas a 
los intelectuales no es neutro sino un campo de batalla en disputa permanente. Dos 
ejemplos para dejar en claro esto: el discurso sobre la masacre de Le Foibe (E. Gobetti, 
2021) o el libro sobre Las Antinomias de Gramsci (Anderson, 2018) que aun presentándose 
en apariencia literaria más bien son programas políticos específicos. 
El libro de Noemi Ghetti se inscribe en este intenso intercambio literario, que hoy es la 
literatura nacional y popular italiana. ¿Pero qué sucede cuando los ecos de esta 
voluptuosa concurrencia traspasan los confines nacionales? Sin duda la tarea de 
traducción de textos de esta índole conllevaría la posibilidad de ajustar lo más posible 
a las construcciones del original el texto en español, y esto seguramente enriquecería la 
propia historiografía italiana, sin embargo, si aspiramos a conseguir la equivalencia 
funcional que consiste en que la traducción produzca en sus lectores el efecto más 
aproximado al que se supone que el texto de la lengua original produjo o produce en 
sus lectores originales, nos encontramos ante una nueva condición que empieza a 
delimitar una tendencia revolucionaria mundial contemporánea y que puede ser 
denominada, en el ámbito de la actividad cultural, como “cosmopolitismo popular 
revolucionario”. 
3. Un nuevo género de auto-superación para militantes revolucionarios. Y esta 
literatura, a veces muy razonadora y filológica, etc., ¿tiene la posibilidad de dejar de 
hacer la guerra con alfileres, como cuando a Marx, encontrándose como periodista, le 
faltó espacio para desarrollar sus investigaciones en el ámbito estricto de la 
comunicación social y se desarrolló como escritor e investigador científico? (Carta de 
11 
Marx a A. Ruge) ¿Pueden las obras literarias populares cumplir el rol de la artillería? 
¿Es decir llevar a la acción los postulados, incidir en la ética de los individuos concretos 
y que a su vez estos, en conjunto, se conviertan en una fuerza real e histórica? La cultura 
popular –para usar una metáfora matemática– es el dominio de imágenes del pensar 
filosófico en un momento dado, su sedimentación y su continuación, solo que por otros 
medios. Esta literatura no tiene porqué renunciar a batallar con herramientas eficaces, 
que no serían otras que aquellas preestablecidas en el modo de exposición, que de esta 
manera comienza a configurarse como un novísimo género de auto-superación para 
todo aquel ciudadano en vías de formación crítica y militante. 
Noemi Ghetti se ocupa del significado histórico de la biografía de Gramsci en relación 
a las mujeres de su vida, otorgándole un sentido muy preciso que, en el lenguaje del 
Belcanto diríamos es su filo metálico alcanzado en los registros más avanzados dentro 
de la ingente marea historiográfica italiana gramsciana, todo lo cual nos muestra la 
robustez alcanzada por esta: la composición entre filología, historia y biografía, en 
detalles no muy bien conocidos y entendidos antes, es la muestra de cuanto se sostuvo 
antes. Quizá por este carácter el libro logra un resultado notable respecto su género 
literario el cual puede considerarse dentro de los libros de auto-superación; producto 
de la exposición de hechos y la conjunción de significados, designaciones y sentidos, el 
lector se encuentra ante un escrito que contiene preceptos deontológicos que luchan por 
plantearse en el debate actual, estableciendo algunas propuestas que podríamos llamar 
máximas éticas: El libro nos recuerda que en cuanto a las mujeres Gramsci sugería la 
formación de «una cualidad superior a las exigidas a los varones y una mayor dosis de 
tenacidad y perseverancia, […] sus familiares deben hacerle sentir que depende de ella 
y de su voluntad si sabrá estudiar por su cuenta, más allá de los programas escolares 
para estar en condiciones de hacer un salto y emprender una carrera escolar más 
brillante [de lo contrario les tocaría la suerte de] convertirse en buenas madres de 
familia, como se dice, en la medida de que encuentren al imbécil que se case con ellas» 
(Ghetti, p. 19). 
En Gramsci y sus relaciones sentimentales como de amistad y compañerismo primaba 
la «educación del pensar y del descubrimiento de la verdad, la que cada uno tiene en sí 
pero que ninguno posee» (Ghetti, p. 22). 
La relación que Gramsci estableció con las mujeres en el transcurso de su vida desde su 
casa en Cerdeña con sus hermanas y su madre, luego en Turín con sus compañeras y 
finalmente en Rusia con las hermanas Schucht, dejó profunda incidencia en estas y sus 
actitudes. En el caso de Pía Carena se la ve luego con una identidad resuelta, dándose 
formas de escribir el manifiesto de la revuelta que, aun cuando fue ahogada en sangre, 
se inscribe en el conjunto de proezas que esa generación estaba en grado de realizar en 
12 
la explícita intención de sustituir la sociedad actual. Ya en la parte del desenlace del 
libro, cuando esperamos el final relacionado obviamente a la muerte del protagonista y 
las múltiples tareas dejadas por él sin término, la autora nos otorga un final, igual de 
aleccionador y digno de la historia de un combatiente y jefe de la clase obrera. El 
capítulo final cierra con la imagen de Tania Schucht, aquella mujer que a pesar de ser 
rusa y simpatizante de los primeros tiempos del bolchevismo viviendo en Roma no se 
sentía digna de disfrutar de algún beneficio de la revolución «sin haber soportado los 
sacrificios de esta». La misma Tatiana que a la muerte de su cuñado se reveló, entre las 
peligrosas insidias del fascismo y la política internacional del stalinismo, la primera 
valerosa e inteligente defensora del legado gramsciano, cuyo valor e importancia fue la 
primera en estimar, puesto que ella vivió de alguna forma los últimos años junto al 
prisionero. Integrar esta obvia verdad en la vulgata que plantea que la salvación de los 
cuadernos se la debe enteramente a Togliatti «es lo menos que se puede hacer» (Ghetti, 
p. 176). 
Y por fin reencontramos a Tatiana uniéndose, aunque por breve tiempo, a la vida de sus 
sobrinos es decir a los hijos de Antonio Gramsci, como cerrando el conjunto producto: 
“Gramsci – Tatiana-Giulia – Hijos – Tatiana – Gramsci – continuación de la lucha”. Al 
leer la sabiduría y profundidad alcanzada por los diez años de relación que sostuvo con 
Gramsci el pedagogo y motivador político, se puede reconocer el resultado gramsciano 
concreto, o sea la construcción práctica de la concepción de la búsqueda de una nueva 
personalidad en un caso específico, la construcción de aquella «mujer libre del hombre» 
buscando «ambos ser libres del capital» (Ghetti, p. 38) como recitaba el lema de lucha 
que tenían sus compañeras mujeres, quienes encontraban en Gramsci a un colaborador 
honesto. Un lector de Gramsci de habla española que en general no tiene muchas 
noticias sobre el destino posterior de esta gran mujer no puede dejar de sentir 
satisfacción enterándosede estos episodios finales que nos muestran partes de su vida 
gozando en forma diferida del vivir gramsciano. 
Giuliano, el segundo hijo de Gramsci, declaro sobre su tía favorita: 
Me quería mucho y estaba de buen grado conmigo, nos unía el amor por la 
música. Yo asistía a una escuela musical del barrio y, modestia aparte, era 
bastante bueno. Me acompañaba en su estudio y a menudo me decía: “¿puedes 
tocar para mí?”. También me acompañaba cuando hacía las tareas del colegio y si 
era necesario intervenía para ayudarme: su método era muy distinto del que me 
enseñaban los profesores. Lo recuerdo como si hubiese sucedido ayer, yo 
quedando sorprendido por su inteligencia cuando una vez me dio una lección de 
literatura rusa. Para mí, muchacho, era fascinante vivir al lado de una persona 
13 
con tanto nivel intelectual y con tan marcada superioridad espiritual (Ghetti, p. 
178). 
4. ¿La cuestión de la mujer o la cuestión sexual? La cuestión de la mujer, que pretende 
configurarse en una estricta particularidad “natural” del ser femenino, en muchos casos 
pasa por alto la integralidad y reciprocidad de las determinaciones que surgen de la 
relación mujer-hombre y hombre-mujer. Como se planteó ut supra el hombre en su rol 
de subyugador no es libre y naturalmente en su relación con un ser subyugado no puede 
gozar de la plenitud de sus propias potencialidades. A ambos los involucra la cuestión 
sexual, que aunque parezca de la esfera privada es parte del orden de producción y 
reproducción del régimen capitalista. 
Para no caer en esa parcialidad Gramsci utilizó la “quistione” sexual por la cual, con el 
uso de la “i” en vez de la “e” de la palabra italiana questione, intenta resaltar la necesidad 
de intervención práctica y urgente sobre el asunto, que en un contexto de expresiones 
dialectales le infunde un especial énfasis que muchas veces no encuentra traducción ni 
equivalencia funcional, pero que es preciso mencionar. El concepto de cuestión sexual 
en vez de cuestión femenina o cuestión de la mujer subraya no tanto la diferencia de 
género como la especificidad de la relación hombre-mujer (Ghetti, p. 33). 
En los Cuadernos de la cárcel Gramsci observa que «la cuestión de la importancia de las 
mujeres en la historia romana es similar a la de los grupos subalternos, pero solo hasta 
un cierto punto; el “machismo” solo en cierto sentido puede compararse con un 
dominio de clase, por consiguiente, tiene más importancia para la historia de las 
costumbres que para la historia política y social» (Cuaderno 25, § 4, Tomo 6, p. 181). 
Noemi comenta: «la milenaria cuestión sexual, antes que política y social, es natural y 
cultural en conjunto: las mujeres no son una clase, son un género, presente en la historia 
desde siempre en cada estrato social, y a la par de los varones están involucradas, más 
allá del separatismo vetero-feminista, en una ineludible y a menudo complicada 
dialéctica entre seres humanos. Una dialéctica entre seres naturalmente iguales por 
nacimiento y distintos por identidad sexual, no establecida en el principio de 
contradicción del logos griego» (Ghetti, p. 34). 
*** 
A Gramsci que asistía a los eventos teatrales y a las manifestaciones culturales de la 
época, grandes y pequeñas, le llamó la atención el hecho de que en la representación de 
la obra teatral del noruego Henrik Ibsen, Casa de muñecas, donde la protagonista de la 
obra Nora Helmer en el «Acto Tercero» (Ibsen, pp. 145-206), luego de dos partes muy 
aplaudidas por el público tanto por el drama como por la representación de los actores, 
entre ellos la gran Emma Grammatica, que interpretaba a la protagonista, abandona a 
sus hijos y deja a su esposo para intentar encontrar una forma distinta de vivir, donde 
14 
ella y sus prioridades individuales como persona y como humano puedan realizarse. 
Gramsci desde su columna de reseñas teatrales comenta el hecho y se pregunta: «¿por 
qué el público se quedó mudo, por qué no sintió simpatía ante el acto profundamente 
moral de Nora Helmer que abandona su casa, su esposo, y sus hijos, para buscarse 
solitariamente a sí misma, para escavar y buscar en la profundidad de su propio yo las 
raíces robustas de su propio ser moral, para realizar los deberes que cada uno tiene hacia 
sí mismo antes que hacia los demás?» (Ghetti, p. 27). 
Se pregunta también si puede darse una distinta costumbre y tradición: «por la cual la 
mujer y el hombre no sean solo músculos, nervios y piel, sino esencialmente espíritu, 
para la cual la familia no sea solo un instituto económico, sino especialmente un mundo 
moral en acto, que se complete por la íntima fusión de dos almas que encuentran en el 
otro lo que le falta a cada uno individualmente, por la cual la mujer no sea solamente 
aquella que alimenta con su cuerpo a los recién nacidos y sienta, en relación a ellos, un 
amor hecho de carne y sangre, sino que sea una criatura humana para sí, con una 
consciencia para sí, con necesidades interiores propias, con una personalidad humana 
toda suya y una dignidad de ser independiente» (Ghetti, p. 29). 
La costumbre de la burguesía grande y pequeña se revuelca, no comprende un 
mundo hecho así. La única forma de liberación femenina que se consiente 
comprender […] es aquella de la mujer que se convierte al libertinismo. El 
libertinismo es en verdad la única acción dramática femenina que nuestras 
costumbres comprenden: el logro de la libertad fisiológica y sexual. No se sale 
fuera del circulo muerto de nervios, de músculos y de piel sensible […] La mujer 
de nuestros países, que tiene una historia, la mujer de la familia burguesa, queda 
como la primera esclava, sin profundidad de vida moral, sin sueños espirituales, 
sometida incluso el momento en que parece rebelarse, más esclava incluso 
cuando encuentra la única libertad que le es permitida, la libertad del 
libertinismo. Se queda como la mujer que nutre con su ser a los niños, la muñeca 
que es más apreciada mientras más estúpida, más amada y exaltada cuanto más 
renuncia a sí misma, a las obligaciones que debería tener para sí misma, para 
dedicarse a los demás, sean extraños o familiares […]. La hipocresía del sacrificio 
benéfico es otra de las apariencias de la inferioridad interior de nuestra 
costumbre. […] Pero junto a esta hay otra costumbre en formación, que es más 
nuestra, porque es la de la clase a la que pertenecemos. ¿Costumbre nueva? 
Simplemente costumbre que se identifica mejor con la moral universal, porque es 
profundamente humana, y porque está hecha de espiritualidad más que de 
animalidad, de alma más que de economía o de nervios y músculos. Las libertinas 
potenciales no pueden comprender el drama de Nora Helmer (Ghetti, p. 30). 
15 
[Sin embargo] lo comprenden por ejemplo dos mujeres proletarias que yo 
conozco, dos mujeres que no tuvieron la necesidad ni del divorcio ni de la ley 
para reencontrarse a sí mismas, para crearse el mundo donde fuesen mejor 
comprendidas y más humanas ellas mismas. Dos mujeres proletarias las cuales 
con el consentimiento pleno de sus esposos, que no son trajeados sino simples 
trabajadores, y sin hipocresías, abandonaron su familia y se fueron con el hombre 
que mejor representaba su otra mitad, continuando en sus responsabilidades 
domésticas, sin que por eso se creasen situaciones propias de relato de Boccaccio 
que no son otra cosa que los residuos más específicos de la gran y pequeña 
burguesía de los países latinos. Ellas no habrían reído toscamente de la criatura 
que la fantasía de Ibsen puso en escena, porque habrían reconocido en ella una 
hermana espiritual, el testimonio artístico de que su acto es comprendido en otros 
lugares, porque es esencialmente moral, porque es una aspiración de almas 
nobles a una humanidad superior (Ghetti, p. 31). 
La inspiración gramsciana sobre las militantes de entonces la podemos encontrar 
también al leer una nota que el libro nos presentay que es un hecho ejemplificador de 
cuanto se dijo, en este caso nos referimos a Camila Ravera que escribía una nota el 6 de 
octubre de 1921: 
Esclavo del capital, el hombre, corrompido por su misma esclavitud, busca tomar 
revancha subyugando a su esposa, explotándola y martirizándola. Extenuado de 
un trabajo sin gozo y sin ideal, el hombre busca refugiarse en el alcohol y en el 
bandidismo; la mujer ‘custodia del fuego’, es siempre la víctima. Es la mujer la 
que prepara la carne de cañón, la carne que será explotada, la carne del placer. La 
mujer no será libre hasta cuando el hombre no lo sea […] Se recae a menudo en la 
vana discusión sobre la superioridad o la inferioridad de uno u otro sexo, sobre 
la reivindicación de una mayor consideración para la mujer respecto al hombre, 
sobre el derecho de tener iguales atribuciones en el partido y en las 
organizaciones, o sobre similares argumentos ya superados […]. La cuestión 
femenina no es para nosotros, solamente una cuestión moral; ni se puede pensar 
en resolverla con la afirmación o la demostración de que la mujer no sea inferior 
al hombre, o con la solicitud de equiparación de los dos sexos como lo entiende 
el feminismo burgués. 
Detener la mirada femenina sobre exigencias parciales para imponer la idea de que se 
vive en una sociedad de igualdad para la mujer y hacer de eso un programa político 
significa no sentir la sincera intuición de trastocar los fundamentos de la desigualdad, 
el movimiento que se arma de tan limitada perspectiva termina legitimando la negación 
de la igualdad real. De la mano del mismo mecanismo legitimador incluso se vuelve 
16 
tolerable que los niños sean abandonados en la calle y que se le niegue la comida a los 
migrantes, en pleno siglo XXI, hablando de solidaridad pero dejando las cosas como 
están. El acto de liberación social no puede dejar de forjarse hoy un nuevo punto de 
partida en base a estas premisas. La beneficencia y la consideración no son suficientes 
para enfrentar estos males. 
Para la autora este es un aporte original del revolucionario sardo «el análisis gramsciano 
en relación a la cuestión no es solamente más actual y refinada que la apurada lógica 
leninista, sino radicalmente distinta. La “cuestión sexual” es incluso pre-política, tiene 
relevancia ético-civil. Gracias a Gramsci el pensamiento marxista se enriquece con una 
atención que hasta ahora no se tenía sobre aspectos íntimos y profundos de la vida de 
las mujeres y consecuentemente de los niños y de todos los oprimidos y excluidos de la 
historia. A la mujer no le basta una “independencia” económica y jurídica frente al 
hombre, se necesita también la realización de una nueva imagen interior de si y el 
desarrollo de una nueva identidad, de una nueva consciencia incluso en el ejercicio de 
su sexualidad» (Ghetti, p. 144). 
Preguntas y planteamientos que, bien dice Noemi Ghetti al terminar su libro, en un 
nuevo ambiente de globalización, involucran a todos y «a cuya respuesta el trabajo se 
propone como un aporte» (Ghetti, p. 189). 
17 
 
 
En el proyecto que la editorial La Riel, pensamiento crítico, de El Alto 
Bolivia, se encuentra realizando sobre la traducción de la 
historiografía gramsciana, el autor de las otras dos imágenes que 
acompañan esta pequeña reseña, Gary Oscar Pinto Villanueva, 
presentó esta como sugerencia de la portada del libro: 
La postal de Gramsci. En Moscú, entre política y amores 1922-1924. 
 
18 
Textos y obras mencionadas 
AMADO, JORGE, O cavaleiro da Esperança, Vida de Luis Carlos Prestes, São Paulo, 
Companhia das Letras, 2011. 
ANDERSON, PERRY, Las antinomias de Antonio Gramsci, trad. Lourdes Bassols, Madrid, 
Akal, 2018; además existen dos ediciones en español: 1) editorial Fontamara, Barcelona, 
1981; 2) Cuadernos Políticos, número 13, México, editorial Era, julio-septiembre de 1977, 
pp. 4-57. 
 “CHE” GUEVARA, ERNESTO, Carta de despedida a Fidel – marzo 1965, Obras escogidas, 
Santiago-Chile, Resma, 2004. 
COLLODI, CARLO, Le aventure di Pinocchio. Storia di un buratino, Treviso, Ronzani Editori, 
2019; en español ID., Las aventuras de Pinochio, Barcelona, ed. Juventud, 1947. 
D’ORSI, ANGELO, Gramsci: Una nuova biografia, Milán, ed. Feltrinelli, 2017, ed. revisada y 
aumentada, 2018. 
DE SICA, VITTORIO, film dirigido: I girasoli, con la actuación de Marcello Mastroianni, 
Sophia Loren y Ludmila Savelyeva, música de Henry Mancini, 1969. 
FIORI, GIUSEPPE, Vita di Antonio Gramsci, Bari, Editori Laterza, 1966; en español ID., Vida 
de Antonio Gramsci, trad. Jordi Solé-Tura, Barcelona, 2da edición, 1976. 
FROMM, ERICH, Beyond the chains of illusion: my encounter with Marx and Freud, New York, 
Simon & Schuster, 1962; en español ID., Las cadenas de la ilusión. Una biografía intelectual, 
trad. Enrique Martínez Cid, Barcelona, Paidós, 2008. 
GHETTI, NOEMI, Gramsci e le donne. Gli affetti, gli amori, le idee, Roma, Donzelli Editore, 
2020. 
GHETTI, NOEMI, La cartolina di Gramsci. A Mosca, tra politica e amori 1922 – 1924, Roma, 
Donzelli Editore, 2016. 
GOBETTI, ERIK, E allora le foibe? Fact Checking: la storia alla prova dei fatti, Bari, Laterza, 
2021. 
GRAMSCI, ANTONIO, Cuadernos de la cárcel, edición crítica a cargo de Valentino Gerratana, 
ed. ERA – Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, trad. Ana María Palos, 6 
tomos, 1985 (Tomo VI, 2000). 
IBSEN HENRIK, La casa de muñecas, Buenos Aires, Losada, 2013. 
MACHIAVELLI, NICCOLÒ, Favola di Belfagor, a cargo de Pasquale Stoppelli, Mondadori, 
2021; en español MAQUIAVELO, El archidiablo Belfegor, España, Revista literaria de 
novelas y cuentos, 1932. 
MACHIAVELLI, NICCOLÒ, Mandragola, Firenze, Sansoni, 2002; en español MAQUIAVELO, 
La Mandragola, trad. Helena Puigdoménech, Madrid, Cátedra, 1999. 
19 
MANZONI, ALESSANDRO, I Promessi sposi, a cargo de Angelo Marchese, Milán, 
Mondadori, 1985; en español, ID., Los prometidos, México, Universidad Nacional 
Autónoma de México, 2008. 
MARTI, JOSÉ, “Propósitos” Revista Venezolana, Caracas, 1ro de julio de 1881, Obras 
completas, T. VII. 
MARX – ENGELS – DANIELSON, Correspondencia 1868 – 1895, compilación de José Aricó, 
México, Siglo XXI editores, 1981. 
MARX – ENGELS, La ideología alemana (1845), trad. Wenceslao Roces, México, Ediciones 
Pueblos Unidos, 4ta reimpresión, 1979. 
MARX A ARNOLD RUGE, Colonia, 25 de enero de 1843, en K. Marx, Escritos de juventud, 
trad. Wenceslao Roces, México, Fondo de Cultura Económica, pp. 691-692, 1982. 
TOGLIATTI, PALMIRO, “Il leninismo nel pensiero e nell’azione di A. Gramsci (appunti)” (1958), 
ahora en ID., Scritti su Gramsci, editado por Guido Liguori, Roma, Editori Riuniti, 2001. 
VACCA, GIUSEPPE, Vita e pensieri di Antonio Gramsci 1926 – 1937, Turín, Einaudi, 2012; en 
español ID. Vida y pensamiento de Antonio Gramsci 1926 – 1937, trad. A. J. Antón, Madrid, 
ed. Akal, 2020.

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