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MEMORIAS DEL SIMPOSIO
La Ruta del Esclavo en el
Río de la Plata:
su historia y sus consecuencias
Simposio internacional convocado por la
Oficina UNESCO de Montevideo,
en colaboración con la
Unidad Temática de Afrodescendientes (UTA)
de la Intendencia Municipal de Montevideo.
UNESCO
4
PARTE INTRODUCTORIA
Los autores se hacen responsables por la elección y presentación de los hechos que figuran en la presente publicación
y por las opiniones que aquí expresan, las cuales no reflejan necesariamente las de la UNESCO, y no comprometen
a la Organización.
Las denominaciones empleadas en esta publicación y la forma en que aparecen presentados los datos, no implican de
parte de la UNESCO juicio alguno sobre la condición jurídica de países, territorios, ciudades o zonas, o de sus
autoridades, ni sobre la delimitación de sus fronteras o límites.
© Oficina de UNESCO en Montevideo
Edificio MERCOSUR
Dr. Luis Piera 1992
11200 Montevideo, Uruguay
Teléf. (598-2) 413 20 75
Fax. (598-2) 413 20 94
Email. montevideo@unesco.org.uy
Página web: www.unesco.org.uy
Primera edición: octubre 2005
Tiraje: 250 ejemplares
Supervisión general: Herman van Hooff, con la colaboración de Manuel E. Bernales Alvarado
Coordinación general: Álvaro Ortega
Edición de textos: Melba Guariglia, con la colaboración de Anastasia Monjas
Coordinación de la publicación: Maider Maraña, con la colaboración de Silvia Diez
Diseño de tapa: María Noel Pereyra
Asistencia: Corina Fugasot
Diseño de interior: Stella Fernández - mastergraf srl
ISBN: 92-9089-081-9
Impreso en Uruguay
Memorias del Simposio
La Ruta del Esclavo en el Río de la Plata: su historia y sus consecuencias
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
5
PARTE INTRODUCTORIA
La Ruta del Esclavo en el Río de la Plata
Herman van Hooff ...................................................................................... 9
Mensaje del Director General de la UNESCO............................................................................... 11
Síntesis del Simposio
Álvaro Ortega y Anastasia Monjas ............................................................... 13
Reseña de la esclavitud en la Región Sur
Mario Silva ................................................................................................. 25
Estudio del comercio de esclavos en el Río de la Plata.
Archivo General de la Nación de Argentina
Gustavo Fabián Alonso ............................................................................... 43
PRIMER PANEL
Marco histórico
Experiencias de vida, formas de trabajo y búsqueda de libertad
Silvia Mallo ................................................................................................ 57
La esclavitud en el Paraguay
Alfredo Boccia Romañach ........................................................................... 77
Vecindad, frontera y esclavitud en el norte uruguayo y sur de Brasil
Eduardo Palermo ........................................................................................ 93
Esclavitud y abolición en el Río de la Plata en tiempos de revolución y república
Ana Frega, Alex Borucki, Karla Chagas, Natalia Stalla .................................. 117
El sustrato mesiánico de las rebeliones negras
en la América Colonial: el caso de Palmares
Teresa Porzecanski ...................................................................................... 151
Índice
ÍNDICE
UNESCO
6
PARTE INTRODUCTORIA
SEGUNDO PANEL
Culturas vivas y las expresiones artísticas espirituales
África en el Río de la Plata
Beatriz Santos ............................................................................................. 161
Expresiones culturales de los afro-rioplatenses
Tomás Olivera ............................................................................................ 165
Religiones afro-uruguayas: aspectos del trance en la Umbanda blanca
Teresa Porzecanski ...................................................................................... 175
Rituales africanos en el Uruguay del siglo XIX
Óscar Montaño........................................................................................... 187
TERCER PANEL
Situación social
Repensando Latinoamérica: los afrodescendientes en el Cono Sur del siglo XXI
Manuel Bernales Alvarado ........................................................................... 221
La esclavitud como sistema, la rebelión como derecho
Danilo Antón .............................................................................................. 225
Direitos humanos e a política de ações afirmativas no Brasil
Rui Da Silva Santos ..................................................................................... 245
Derechos humanos y política de acciones afirmativas en Brasil
Rui Da Silva Santos ..................................................................................... 253
El racismo y los derechos humanos en Uruguay
Romero Rodríguez ...................................................................................... 261
Currículos de autores ............................................................................................................... 287
ÍNDICE
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
7
PARTE INTRODUCTORIA
UNESCO
8
PARTE INTRODUCTORIA
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
9
A propuesta de Haití y de varios países de África, la Conferencia General de la UNESCO
aprobó en su 27ª sesión, en 1993, la realización del proyecto “La Ruta del Esclavo”. El proyecto
fue oficialmente lanzado durante la Primera Sesión del Comité Científico Internacional sobre
la Ruta del Esclavo en setiembre de 1994 en Ouidah (Benín), que fue uno de los ejes del
comercio de esclavos en el Golfo de Guinea.
La idea de una “ruta” expresa la dinámica del movimiento de pueblos, civilizaciones y
culturas, mientras que la idea de “esclavo” trata no sólo del fenómeno universal de la esclavitud,
sino también en términos más precisos y explícitos, la trata transatlántica de esclavos en el
Atlántico, el Océano Índico y el Mediterráneo.
El proyecto de “La Ruta del Esclavo” tiene un doble objetivo: por un lado apunta a
romper el silencio y a dar a conocer universalmente la cuestión de la trata transatlántica de
esclavos y de la esclavitud en el Océano Índico y en el Mediterráneo, con sus causas y modali-
dades, por medio de un trabajo científico. Por otro, pretende hacer hincapié, de manera obje-
tiva, en sus consecuencias, en particular en las interacciones entre los pueblos concernientes de
Europa, África y el Caribe.
El proyecto se articula mediante programas de investigación científica y de educación y
enseñanza; un programa sobre los sitios de memoria de la esclavitud y la diáspora, y un progra-
ma que fomenta las culturas vivas y las expresiones artísticas y espirituales.
La Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia
y la Intolerancia, celebrada en Durban en el año 2001, dio un nuevo impulso al tema de la
esclavitud, calificándolo como crimen contra la Humanidad; así como también por la
proclamación de la Asamblea General de Naciones Unidas del año 2004, que lo declaró
“Año Internacional de Conmemoración de la Lucha contra la Esclavitud y de su Aboli-
ción”.
Como resultado de estos acontecimientos, los últimos diez años han visto un gran nú-
mero de actividades, estudios e investigaciones en el tema de la esclavitud y sus consecuencias.
LA RUTA DEL ESCLAVO
EN EL RÍO DE LA PLATA
Herman van Hooff
UNESCO
10
PARTE INTRODUCTORIA
Sin embargo, en la zona que nos concierne, el Río de la Plata, el proyecto “La Ruta del Esclavo”
ha sido un gran desconocido.
Es por esa razón que la Oficina de la UNESCO convocó el 18 de octubre de 2004 a un
simposio sobre el tema: “La ruta del esclavo en el Río de la Plata: su historia y sus consecuencias”.
Este simposio aspiraba, de forma integral, a desarrollartres aspectos: el pasado, el presen-
te y el futuro. Es así que el simposio incluyó contribuciones sobre la investigación histórica, la
situación actual social y cultural de la población afrodescendiente y proyecciones para un mun-
do sin racismo y exclusión social.
Por medio de esta publicación deseamos compartir las ponencias y resultados del simposio.
Herman van Hooff
Asesor del Patrimonio Mundial en América Latina y el Caribe
Asesor de Cultura para el MERCOSUR
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
11
Con la trata de esclavos y la esclavitud, el mundo conoció una de las páginas más trágicas
de su historia.
Esa empresa de deshumanización, contraria a los fundamentos mismos de la Declara-
ción Universal de Derechos Humanos, unánimemente condenada por la comunidad interna-
cional, en particular durante la Conferencia Mundial de Durban contra el Racismo, la Discri-
minación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia que la calificó de “crimen
contra la humanidad”, exige la reflexión y la vigilancia de todos.
La UNESCO se felicita de que el año 2004, en el que se celebra el bicentenario de
la instauración de la primera república negra, Haití, haya sido proclamado por la Asam-
blea General de las Naciones Unidas “Año Internacional de Conmemoración de la Lucha
contra la Esclavitud y de su Abolición”. Así, diez años después del inicio del proyecto de la
UNESCO “La Ruta del Esclavo”, el mundo tiene la oportunidad no sólo de cumplir el
necesario deber de memoria respecto de esa tragedia sin precedentes, sino de dar a conocer
el sinnúmero de influencias que ese diálogo forzado ejerció en las culturas y civilizaciones
de Europa, las Américas y el Caribe. Más allá de esa mirada retrospectiva, se trata de
formular una advertencia contra todas las formas de racismo, de discriminación y de into-
lerancia contemporáneas, y de propiciar una conciencia más aguda del respeto necesario
de la persona humana.
Institucionalizar la memoria, impedir el olvido, reavivar el recuerdo de una tragedia
ocultada o ignorada durante mucho tiempo y restituirle el lugar que le corresponde en la con-
ciencia de la humanidad, es responder a nuestro deber de memoria. Para ello es menester pro-
mover y vulgarizar la historia de la trata de esclavos y de la esclavitud, así como realizar una
labor científica rigurosa que ponga de manifiesto la verdad histórica de ese drama con un ánimo
constructivo. Es urgente que ese episodio, cuyas consecuencias se plasmaron para siempre en la
geografía y la economía mundiales, ocupe su debido lugar en los manuales escolares y los pro-
gramas de estudios de todos los países del mundo.
Koïchiro Matsuura
MENSAJE DEL DIRECTOR GENERAL DE LA UNESCO
CON MOTIVO DEL AÑO INTERNACIONAL
DE CONMEMORACIÓN DE LA LUCHA
CONTRA LA ESCLAVITUD Y DE SU ABOLICIÓN (2004)
UNESCO
12
PARTE INTRODUCTORIA
En esa celebración del bicentenario de la primera república negra y en esa conmemora-
ción de las grandes figuras del abolicionismo, no hemos de olvidar ni los acontecimientos
precursores acaecidos entre 1791 y 1804 en la isla de Santo Domingo, que llevaron a la libera-
ción de los pueblos de América Latina y del Caribe, ni la historia más amplia y compleja de la
esclavitud en distintos lugares, una historia hecha de generosos adelantos en el plano filosófico,
político, cultural y social, pero en la que hubo también trágicos retrocesos. Lo que pondremos
en relieve es el triunfo de los principios de libertad, igualdad y dignidad de los derechos de la
persona, en una etapa trascendente en la historia de la liberación de los pueblos y de la aparición
de los Estados de las Américas y del Caribe.
Esa conmemoración debe constituir también el marco de un diálogo más estrecho entre
las culturas y las civilizaciones. Al recordar las interacciones culturales provocadas por la trata
de esclavos, que llevó tantos hombres y mujeres de África lejos de su tierra natal, podemos
celebrar el extraordinario encuentro de culturas nacido de ese diálogo forzado. Las Américas y
el Caribe fueron transformados de modo profundo y duradero por ese encuentro, que aportó a
ese continente tradiciones culturales, ingeniosidad, conocimientos técnicos y científicos, apti-
tudes y espiritualidad que son indisociables de las culturas americanas y caribeñas. El segundo
objetivo de esta conmemoración será, pues, conocer y reconocer la huella que han dejado las
culturas africanas en la formación de las culturas y civilizaciones del mundo.
La restitución histórica debería crear las condiciones propicias para la promoción de un
diálogo equitativo entre los pueblos, que respete la universalidad de los derechos humanos y
refuerce el compromiso de luchar contra todas las formas contemporáneas de esclavitud y racis-
mo, tal como invita la Declaración final de la Conferencia de Durban. Estudiar y analizar a
fondo ese episodio histórico permitirá comprender mejor y adherirse con una convicción re-
afirmada a los valores fundamentales de la dignidad de la persona con miras a construir un
futuro digno y duradero.
Universalizar la conciencia de la tragedia de la trata de esclavos y la esclavitud es una
exigencia que se refiere no sólo al pasado, sino también al presente y al futuro. Su relevancia
pedagógica, ética y cívica puede ser considerable si sabemos prestarle la debida atención.
Por esa razón, exhorto a una participación más intensa de la sociedad civil en su totali-
dad, así como de los sectores público y privado en todos los Estados Miembros, con el fin de
que todos tomen, cada uno a su manera, una parte activa en la celebración de este año 2004.
Koïchiro Matsuura
22 de diciembre de 2003
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
13
Propósito
El Simposio Internacional “La Ruta del Esclavo en el Río de la Plata: su historia y sus
consecuencias”, organizado por la Oficina de UNESCO en Montevideo con la estrecha colabo-
ración de UNESCO Brasilia, se celebró el 18 de octubre de 2004 en la Sala de Conferencias del
Edificio Mercosur en Montevideo, Uruguay.
Convocado con motivo del Año Internacional de Conmemoración de la Lucha contra la
Esclavitud y de su Abolición, el Simposio reunió a 18 expertos regionales procedentes de los
cuatro países del Mercosur —Argentina, Paraguay, Uruguay y Brasil— para debatir acerca de
las distintas facetas de la trata de esclavos en la región rioplatense y sus consecuencias.
El objetivo de esta reunión científica y académica es triple. En primer lugar, analizar y
comprender mejor el fenómeno de la trata de esclavos en el Río de la Plata, así como también las
características particulares que ésta adquirió para cada país de la región. En segundo lugar, dar
a conocer las influencias y aportaciones generadas por las expresiones culturales de los esclavos
africanos en el marco de este diálogo forzado, pero de enriquecimiento, entrecruce y fusión
cultural, que representó el proceso de esclavitud. Finalmente, reflexionar acerca de los mecanis-
mos de promoción social de los afrodescendientes, como base para combatir las formas con-
temporáneas de esclavitud, de racismo y de discriminación y reforzar la tolerancia, el diálogo
intercultural y el respeto a la diversidad cultural.
Se trata de ofrecer un espacio de análisis y reflexión común que permita avanzar el debate
regional sobre la trata de esclavos. También contribuir, mediante una incursión histórica al
pasado, con el deber de poner de manifiesto no sólo la historia de la esclavitud desde una
perspectiva subregional, sino también la existencia de formas contemporáneas de esclavitud,
racismo y discriminación.
El Simposio se articuló a través de tres mesas de trabajo. La primera mesa, titulada “Mar-
co histórico”, estuvo orientada a discutir las dimensiones políticas, económicas, culturales y
jurídicas de la trata de esclavos como proceso amplio y complejo. Esta mesa analizó la evolución
Síntesis del simposioÁLVARO ORTEGA y ANASTASIA MONJAS
Álvaro Ortega y Anastasia Monjas
UNESCO
14
PARTE INTRODUCTORIA
del proceso de esclavitud, desde su origen hasta su abolición, pasando por las formas de resis-
tencia y la lucha por la libertad. La segunda mesa, titulada “Culturas vivas y las expresiones
artísticas y espirituales” se refirió al aporte de lo afro en las artes, las expresiones culturales y la
religión de la región. La tercera y última mesa de trabajo, se tituló “Situación social” y trató las
consecuencias sociales actuales de la trata de seres humanos bajo formas contemporáneas de
esclavitud, racismo y discriminación y los instrumentos para su combate, en términos de polí-
ticas de acción afirmativas, con proyección hacia el futuro.
Cada uno de los tres paneles fue seguido por un espacio de debate, abierto a aclaraciones
y preguntas a los expositores. En estos espacios, los asistentes pudieron aportar valiosas opinio-
nes y desarrollar temas de interés vinculados a las problemáticas tratadas en las ponencias,
generándose un provechoso intercambio entre conferencistas y público asistente.
Actividades previas
El Simposio se inserta en el marco de diversas acciones previas implementadas de forma
conjunta por el Sector de Cultura y el Sector de Ciencias Sociales y Humanas de la Oficina de
UNESCO en Montevideo.
Una primera actividad intersectorial tuvo como escenario el Edificio del Poder Le-
gislativo de Uruguay. El acto, titulado “Los afrouruguayos reflexionamos sobre el legado de la
esclavitud y sus consecuencias”, se celebró el 1º de junio de 2004 y fue inaugurado por el
Presidente de la Cámara de Representantes, diputado José Amorín Batlle. El objetivo era
brindar una oportunidad a destacados afrodescendientes (abogados, médicos, intelectua-
les e historiadores) para llevar al Parlamento su voz. De este modo, los descendientes de
esclavos pudieron narrar por ellos mismos y con sus propias palabras el pasado de la trata
de esclavos como situación histórica, y presentar, delante de numerosos parlamentarios,
sus preocupaciones acerca de las formas contemporáneas de discriminación. La actividad
—que comenzó con la proyección del vídeo “Rompiendo las cadenas”, elaborado por la
UNESCO, y se cerró con una exposición de instrumentos afro-latinoamericanos— tuvo
una buena acogida por parte de las más de 60 personas asistentes al evento: diputados,
prensa y miembros de partidos políticos.
La segunda actividad intersectorial fue organizada de forma conjunta por la Oficina
de UNESCO en Montevideo, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Uruguay y el
CECUPI (Centro Cultural por la Paz y la Integración). Consistió en un acto cultural
titulado “La cultura y la identidad afrouruguaya proyectada al exterior”. El evento contó
con el apoyo de la Embajada de los Estados Unidos de América y de la asociación Mundo
Afro. Se celebró el 13 de julio de 2004 en la Cancillería de Uruguay, contando con la
asistencia de numerosos miembros del cuerpo diplomático y altos funcionarios de relacio-
nes internacionales. La apertura del evento estuvo a cargo del Embajador Jorge Meyer, del
Ministerio de Relaciones Exteriores de Uruguay. También intervino el señor Manuel
Bernales en representación de UNESCO. Un panel compuesto por distintos expositores
trató temáticas variadas incluyendo la revalorización de la cultura afro en la identidad
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
15
uruguaya, el origen del tango y del candombe, la mujer afrodescendiente y la resistencia y
lucha por la libertad. El evento incluyó el acto de lanzamiento de la novela “Gloria y
tormento”, de los escritores Jorge Chagas y Lauro Marauda. Para cerrar el acto, un grupo
de músicos y bailarines ofrecieron un concierto titulado “Entre jazz, tango y candombe”.
La tercera actividad se realizó en la Escuela Haití, el 23 de agosto de 2004 en ocasión del
Día Internacional del Recuerdo de la Trata de Esclavos y de su Abolición. En colaboración con
el CECUPI, se organizó una jornada de reflexión dirigida a los alumnos de la escuela mencio-
nada, por medio de la cual éstos fueron expuestos a la problemática de la esclavitud. La activi-
dad comprendió una charla histórica impartida por un historiador uruguayo afrodescendiente
y un cuento infantil sobre el tema de la aceptación y la diversidad cultural elaborado por un
escritor costarricense, narrado por una actriz uruguaya.
Cabe destacar una intensa labor de difusión de la temática. En particular, subrayar
el trabajo de divulgación de la Declaración de la primera reunión de la Red Regional de
Instituciones de Investigación sobre Religiones Afroamericanas, llevado a cabo por la
Oficina de UNESCO en Montevideo a petición de la Oficina de UNESCO en La Haba-
na, que llevó a la publicación de notas en algunos medios de prensa especializada
uruguaya.
Difusión y audiencia
El Sector de Cultura de la Oficina de UNESCO en Montevideo, con la colabora-
ción de la Unidad de Publicaciones de la misma oficina, procedió a realizar una labor de
difusión de la convocatoria —vía fax, correo electrónico, llamadas telefónicas e invitacio-
nes personalizadas— a redes académicas, medios de comunicación, movimientos sociales
de interés general y organizaciones de afrodescendientes. Asimismo, la Unidad de Publica-
ciones de la Oficina de UNESCO en Montevideo elaboró un póster de propaganda sobre
la Jornada que se distribuyó a las distintas universidades uruguayas. Previo a la realización
del Seminario, periódicos de Uruguay, Argentina y Paraguay difundieron notas de infor-
mación sobre el Simposio. Respecto de la cobertura en radio, se destaca la intervención de
Herman van Hooff, Especialista de Programa de la Oficina de la UNESCO en Montevi-
deo y Asesor de Cultura para el Mercosur, en una emisión de Radio Montecarlo.
El encuentro reunió a más de 70 participantes, incluyendo asociaciones de
afrodescendientes, docentes e investigadores, periodistas de la temática, centros de investiga-
ción especializados, expertos en gestión de proyectos con comunidades afro, estudiantes de
antropología, derecho, sociología y humanidades y medios de comunicación local. El acto de
apertura contó también con la presencia del recientemente designado Delegado Permanente de
Uruguay ante la UNESCO y del Subsecretario de Educación y Cultura del Uruguay y Presi-
dente de la Comisión Nacional del Uruguay para la UNESCO.
Distintos documentos y materiales de información, incluyendo el Mensaje del Director
General de la UNESCO con motivo del Año Internacional de Conmemoración de la Lucha
contra la Esclavitud y de su Abolición se pusieron a disposición de los participantes.
Álvaro Ortega y Anastasia Monjas
UNESCO
16
PARTE INTRODUCTORIA
Sesión de apertura
La intervención del señor Jorge Grandi, Director de la Oficina de UNESCO en Monte-
video, abrió la jornada de reflexión. El señor Grandi recordó en primer lugar el mensaje del
Director General de la UNESCO con motivo del Año Internacional de Conmemoración de la
Lucha contra la Esclavitud y de su Abolición, del cual citó la referencia al deber necesario de
institucionalizar la memoria de la esclavitud. A continuación, señaló que el objetivo del Simpo-
sio era contribuir a esclarecer y hacer visible la cuestión de la trata de esclavos transatlántica
mediante una reflexión académica y científica rigurosa de carácter regional. Hizo especial énfa-
sis en la dimensión regional del Simposio, que afirmó, viene dada por la historia compartida de
interacción, proximidad y diálogo en el Río de la Plata como espacio de acercamiento y separa-
ción. Grandi concluyó su intervención dando la bienvenida a todos los participantes y dio por
inaugurado el Simposio.
Acto seguido hizo uso de la palabra el Delegado Permanente de Uruguay ante la UNESCO,
señor Pablo Sader, quien tuvo palabras de sentido reconocimiento hacia la Oficina de la
UNESCO en Montevideo por esta iniciativa. El señor Sader comenzó su intervenciónseñalan-
do el innegable aporte del componente afro en la configuración de los rasgos distintivos de la
cultura y religiosidad uruguaya. Se refirió a las formas contemporáneas de esclavitud y a las
políticas de acción afirmativa para superar las desigualdades. En su exposición, Sader subrayó la
manifiesta voluntad y compromiso del Ministerio de Asuntos Exteriores del Uruguay de unirse
a la acción de la comunidad internacional para la conmemoración de la lucha de la trata negrera.
El acto de apertura contó también con la presencia del Subsecretario de Educación y
Cultura y Presidente de la Comisión Nacional del Uruguay para la UNESCO, el señor Daniel
Bervejillo, quien acogió con entusiasmo el Seminario al que calificó de “forma ejemplar de
cumplir con la misión de la UNESCO”. En particular, expresó que el Seminario debe servir
para pasar revista a toda forma de enriquecimiento cultural que supuso la trata de esclavos y
alertar sobre cualquier forma de discriminación. Cerró su exposición reiterando sus felicitacio-
nes por la iniciativa de organizar el Simposio.
El panel inaugural contó con la participación del señor Mario Silva, representante de
Ediciones Étnicas, quien apoyándose en una presentación PowerPoint, describió la ruta de afri-
canos esclavizados desde las antiguas civilizaciones del continente africano hasta América y el
Caribe. Recordó la extrema violencia que acompañó el transporte de esclavos y el sufrimiento y
muerte al que fueron sometidos los africanos. También se refirió al enriquecimiento de los
tratantes, negociantes, caciques y compañías extranjeras generado por el comercio de los escla-
vizados. Su presentación fue ilustrada con cifras y gráficos, incluyendo estimaciones de la
cantidad de esclavos afectados por país. Por último, agradeció a los coordinadores del Semina-
rio por dar la oportunidad a los afrodescendientes de revivir y reflexionar acerca de su pasado.
En la mesa principal estuvo el señor Herman van Hooff, Asesor de Cultura para el
Mercosur de la Oficina de UNESCO en Montevideo, quien comenzó su intervención hacien-
do referencia al contexto en el que se inscribe el Seminario. Recordó las diversas actividades
realizadas por la Oficina UNESCO en Montevideo en el marco de un programa intersectorial
acordado entre el Sector de Cultura y el Sector de Ciencias Sociales y Humanas (actividades en
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
17
la Asamblea de Representantes, en la Cancillería y en la escuela Haití). Asimismo, presentó el
proyecto de la UNESCO “La Ruta del Esclavo” y se refirió a la proclamación por la Asamblea
General de las Naciones Unidas del año 2004 como Año Internacional de Conmemoración de
la Lucha contra la Esclavitud y de su Abolición, año que marca a su vez el bicentenario de la
instauración del primer Estado negro: la República de Haití. A continuación destacó la estrecha
vinculación de la temática de la esclavitud con la construcción de sociedades respetuosas con la
diversidad cultural. Para concluir su exposición, el señor Van Hooff recordó el propósito del
Seminario de profundizar los conocimientos sobre la trata negrera y agradeció la amplia asistencia.
A continuación, tomó la palabra el señor Gustavo Alonso, Coordinador General del
Área de Digitalización del Archivo General de la Nación de Argentina. El motivo de su inter-
vención fue presentar un proyecto de conservación y digitalización de fondos documentales
llevado a cabo por el Archivo General de la Nación en el marco del Proyecto de la UNESCO
“La Ruta del Esclavo”. La iniciativa supone el relevamiento, selección, catalogación y digitalización
de 500 documentos escritos referidos al comercio de esclavos. Se trata de bandos de gobernado-
res y virreyes, padrones municipales, expedientes judiciales, licencias y registros de navíos, rea-
les órdenes y cédulas, reglamentos y otras disposiciones legales, que abarcan el período de 1563
a 1821 y se refieren al contexto geográfico del Virreinato del Río de la Plata: Argentina, Uru-
guay, Paraguay, Brasil, Bolivia y Perú. Los documentos, de amplia temática, dan cuenta de las
dimensiones políticas, económicas, sociales y culturales de la trata, desde bandos que prohíben
a los esclavos bailar, llevar armas o ciertas vestimentas, hasta documentos que revelan las ganan-
cias acarreadas por el comercio negrero (protocolos de escribanos que certificaban los precios de
venta de los esclavos, registros de entrada de dinero en las arcas de la Real Hacienda, derechos
de cabala cobrados por las transacciones de compraventa de esclavos), pasando por reglamentos
acerca de los castigos aplicables en caso de fuga o documentos que regulan los trabajos de los
negros en estancias, chacras o minas. También hay escritos que se refieren a la presencia de
esclavos en el ejército, a las legislaciones abolicionistas y a la organización de las comunidades
negras (en sociedades, cofradías y gremios). Alonso concluyó su intervención destacando el
éxito del proyecto y su contribución al objetivo de facilitar el acceso, la consulta y la difusión de
material procedente de fuentes originales a especialistas, investigadores, estudiosos y otras per-
sonas interesadas en el estudio de la trata de esclavos.
Álvaro Ortega y Anastasia Monjas
UNESCO
18
PARTE INTRODUCTORIA
PRIMER PANEL
MARCO HISTÓRICO
Los trabajos del Simposio se iniciaron con una primera sesión de trabajo dedicada a dar
un panorama histórico sobre la esclavitud en el Río de la Plata, así como las características
particulares de la misma para los distintos países de la región.
El objetivo principal de este primer panel fue exponer, con base en referencias documen-
tales y cifras, el proceso completo de la trata de esclavos como proceso complejo y amplio, desde
el surgimiento hasta la abolición, pasando por sus distintas etapas evolutivas. En forma anexa,
también se pretendió describir los aspectos de la vida cotidiana de los esclavos: la interacción
con el resto de grupos y sujetos históricos, el grado de violencia, sometimiento y brutalidad de
la captura, el transporte, la venta y la imposición de trabajo forzado, el reclutamiento de negros
en los ejércitos durante las guerras, los caminos hacia la libertad en la sociedad del Virreinato,
etcétera.
Esta primera mesa fue moderada por la señora Marta Goldberg.
La trata de esclavos en el Virreinato
La primera ponencia estuvo a cargo de la señora Silvia Mallo, investigadora de la Univer-
sidad Nacional de La Plata, Argentina, quien hizo una exposición acerca de los patrones de vida
de los africanos en el Río de la Plata. Describió en primer lugar la interacción de los esclavos
con el resto de la sociedad, con énfasis en las relaciones entre amo y esclavo. A continuación,
hizo una presentación sobre el sistema de organización del trabajo de los esclavos, mencionan-
do como característica propia de la región las actividades domésticas y artesanales a jornal.
Mallo habló de la supervivencia, adaptación, desarraigo, presiones y perjuicios que sufrieron
los africanos esclavizados y de su constante deseo de libertad. Se detuvo en describir los caminos
hacia la libertad, el progreso personal y los modos de integración de los esclavos emancipados
una vez alcanzada la libertad, para sumirse en una posterior condición de servidumbre y discri-
minación racial. En definitiva, la exposición se centró en el impacto del sistema esclavista sobre
la vida cotidiana de las poblaciones afectadas por la trata negrera.
La esclavitud en un Paraguay mediterráneo y cruce de caminos
El señor Alfredo Boccia, investigador paraguayo especializado en la temática de la escla-
vitud y miembro de la Academia de Historia de Paraguay, hizo un recorrido histórico al régi-
men de la esclavitud del Paraguay desde una dimensión histórico-documental. Su presentación
se centró en primer lugar en describir la estructura social y económica del Paraguay de la época
colonial, comocontexto para entender las causas y la evolución de la esclavitud. Narró las
condiciones de vida de los esclavos en el Paraguay, su diversidad cultural y su relación de coexis-
tencia con los siervos indios guaraníes y con los amos blancos. También se centró en el proceso
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
19
de abolición paraguayo, describiendo las sucesivas leyes y decretos que significaron la progresi-
va abolición de la esclavitud. Como nota final, Boccia hizo una reflexión acerca del mestizaje
hispano guaraní y la identidad nacional paraguaya.
Vecindad, frontera y esclavitud en el Sur de Brasil
El señor Eduardo Palermo, profesor de Historia y coordinador de un equipo de investi-
gación de la organización Mundo Afro en temas de esclavitud en el espacio fronterizo, hizo una
exposición sobre la evolución temporal de la esclavitud en la frontera uruguayo-brasileña. Ha-
bló de la existencia de estancias en la región de frontera en las cuales los esclavos trabajaban
como agricultores, constructores y criados, sirviendo como elemento de acumulación de capi-
tal y riqueza para los estancieros. Comentó la vinculación política en ambos lados de la frontera
y el tráfico inter-fronterizo entre estancias de Uruguay y Brasil. Su exposición se ilustró con el
análisis de cifras provenientes de archivos parroquiales, censos locales y contratos de peonaje,
destacándose la intensa labor de relevamiento realizada por su equipo de investigación en estan-
cias y la realización de entrevistas a descendientes de esclavos en la zona de frontera.
Esclavitud y abolicionismo en los países del Río de la Plata
La última intervención estuvo a cargo de la señora Ana Frega y del señor Alex Borucki,
profesores de Historia de la Universidad de la República del Uruguay, quienes presentaron un
proyecto de investigación sobre la esclavitud elaborado por un equipo de investigadores del
Departamento de Historia de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Su
intervención, apoyada en una presentación PowerPoint, se centró inicialmente en los procesos
de construcción estatal en la región rioplatense y su relación con los aspectos económicos y
sociales de la esclavitud como proceso complejo de experiencias individuales y colectivas. La
segunda parte de su exposición se refirió a los distintos caminos —individuales y colectivos—
hacia la libertad (compra de la libertad, uniones de negros con indígenas, abolicionismo gra-
dual y múltiples legalidades, reclutamiento en batallones del ejército). Los panelistas cerraron
su exposición refiriéndose a la legislación abolicionista en el marco de un proceso de abolición
como conquista.
Álvaro Ortega y Anastasia Monjas
UNESCO
20
PARTE INTRODUCTORIA
SEGUNDO PANEL
CULTURAS VIVAS Y LAS EXPRESIONES ARTÍSTICAS
Y ESPIRITUALES
En horas de la tarde, el moderador del segundo panel fue el señor Boccia. Señaló que el
objetivo del segundo panel era, en primer lugar, exponer los mecanismos de resistencia cultural
que emplearon los esclavos africanos para proteger sus expresiones culturales y, en segundo
lugar, analizar la influencia y los aportes del componente afro en la identidad cultural actual de
la región.
Se trata de examinar el aporte de las expresiones culturales africanas en la configuración
de una nueva propuesta estética, base de la originalidad y creatividad en América Latina. Para
ello, se analizarán los legados étnicos, integrantes del patrimonio inmaterial latinoamericano
como medio de expresión, arte y comunicación popular, que abarcan una multitud de aspectos:
pautas de conducta, prácticas y saberes, tradiciones, costumbres y hábitos ancestrales, el univer-
so mítico-simbólico, la expresión oral (personajes, representaciones y leyendas comunitarias),
las cosmovisiones éticas, espirituales y religiosas, las lenguas, la música, la artesanía, la danza,
etcétera. 
África en el Río de la Plata
La primera ponencia de este segundo panel estuvo a cargo de la señora Beatriz Santos,
periodista, escritora, cantante y Presidenta de CECUPI (Centro Cultural por la Paz y la Inte-
gración), quien describió las estrategias de resistencia de los afrodescendientes para lograr que
su actividad cultural persistiera e influyera en el proceso de formación de nuevos sincretismos.
Se centró en narrar la existencia de las naciones negras, los palenques y los quilombos. Para
finalizar, Santos habló de la dominación y de las actitudes discriminatorias hacia el pleno desa-
rrollo de la cultura de los afrodescendientes y lanzó un llamamiento respecto de la necesidad de
fomentar la participación de la comunidad en todos los niveles de la sociedad civil. Según
Beatriz Santos, el gran reto de los afrodescendientes reside en desarrollar su identidad, luchar
por el reconocimiento de sus derechos y tomar visibilidad y presencia. Concluyó su exposición
con un poema de su autoría.
Diálogo intercultural
A continuación, la señora Marta Goldberg, historiadora y Jefa de la División Historia en
la Universidad Nacional de Luján, Argentina, hizo una presentación de los aspectos demográfi-
cos de la población afro en el Río de la Plata en la etapa colonial y poscolonial. Habló de la
imposición de la religión, de la prohibición de bailar y de la respuesta de las comunidades
africanas que no fue de sometimiento sino de resistencia física y espiritual. Se centró en las
naciones africanas como mecanismo que permitió recrear y mantener las regiones, religiones y
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
21
cultos africanos. La exposición de Goldberg abordó el proceso de transculturación, encuentro,
fusión y diálogo intercultural entre indios, europeos y africanos, distintas bases culturales que
han sido procesadas y conforman hoy una nueva y rica realidad cultural, de policroma diversi-
dad, que caracteriza el proceso creador y la sensibilidad de Latinoamérica como continente
mestizo.
Expresiones culturales
El señor Tomás Olivera, Director del grupo artístico Conjunto Bantú y Presidente de la
Asociación Africanía, realizó una exposición acerca de las expresiones culturales africanas y el
legado de las mismas en las culturas americanas.
En la primera parte de su exposición se ubicó en el punto de partida: África. En este
contexto, se refirió a los valores propios de la sociedad africana, los oficios africanos, las lenguas
africanas, las creencias religiosas y las manifestaciones culturales: tambores y ritmos, danza,
oralidad, cuentos, leyendas y proverbios.
La segunda parte de su exposición refirió al punto de llegada: el Río de la Plata, analizan-
do la influencia y aporte de la esclavitud y las raíces africanas, con realidades heterogéneas, a los
países rioplatenses. Olivera habló de las expresiones culturales y artísticas rioplatenses hereda-
das de la esclavitud (candombe, murga, tango, milonga, canciones tradicionales, percusiones y
ritmos musicales). A continuación se centró en el caso de Uruguay, destacando las culturas
negras en este país y las expresiones de música y danza afrouruguayas de origen negro-africano.
Por último, hizo referencia a las formas de supervivencia cultural y sincretismos, y a la
renovación y permanente cambio de las manifestaciones culturales y religiosas africanas en
América. Habló de la reelaboración de la presencia de África en América y de la “gestación de
una cultura afroamericana”.
Religiones afro-uruguayas
Para finalizar el panel hizo uso de la palabra la señora Teresa Porzecanski, antropóloga,
investigadora y profesora de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República
y co-fundadora del Centro UNESCO de Montevideo, quien hizo una exposición acerca de la
religiosidad afroamericana y de los sincretismos gestados a partir del proceso de la trata de
esclavos, con énfasis en los movimientos religiosos afrouruguayos.
Porzecanski expuso la influencia de las religiones y cosmologías tradicionales africanas,de extremada variedad, en la adecuación y transformación de los sistemas de creencia y en
particular en la generación de nuevas construcciones, sincretismos y prácticas religiosas en Uru-
guay. Habló del sincretismo afro-indio y la penetración de la religiosidad indígena en el
africanismo. Por último, comentó la aportación de los elementos de la religiosidad africana
bantú y yoruba en las manifestaciones religiosas montevideanas.
Álvaro Ortega y Anastasia Monjas
UNESCO
22
PARTE INTRODUCTORIA
TERCER PANEL
SITUACIÓN SOCIAL
La apertura del tercer panel estuvo a cargo del señor Manuel Bernales Alvarado, modera-
dor de la mesa y Especialista de Programa del Sector de Ciencias Sociales y Humanas de la
Oficina de UNESCO en Montevideo.
Bernales se refirió al doble objetivo de este último panel. Por un lado, analizar la situa-
ción económica, social, política y cultural actual de los afrodescendientes de la región con base
en cifras e indicadores económicos, demográficos y sociales de la población negra. Por otro
lado, analizar el papel del Estado en la promoción de la igualdad racial. A este respecto, se
presentará un balance de las experiencias e iniciativas interministeriales implementadas en Bra-
sil por el Gobierno de Lula, con la participación de la sociedad civil y el sector privado, en el
marco de un proceso de incorporación de la dimensión raza en la puesta en práctica de una
política nacional de promoción de la equidad.
Repensando Latinoamérica: los afrodescendientes
en el Cono Sur del siglo XXI
El señor Bernales comenzó su exposición con una reflexión personal acerca del fe-
nómeno de la esclavitud como acontecimiento histórico en la perspectiva o mirada de los
derechos humanos y sociales. Recordó que la esclavitud es contraria a los fundamentos de
la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 y fue unánimemente conde-
nada por la comunidad internacional durante la Conferencia Mundial de Durban contra
el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia
que la calificó de “crimen contra la humanidad”. Bernales se refirió a las repercusiones e
impacto de la trata de esclavos en la sociedad actual bajo la forma de nuevas maneras
contemporáneas de esclavitud (servidumbre por deudas, trabajo forzado en adultos y ni-
ños/as, explotación sexual, comercio y desplazamiento de seres humanos, explotación la-
boral) e indicó la necesidad de llevar a la práctica las decisiones internacionales, reglas y
normas de acción afirmativa.
En otra parte de su exposición, el señor Bernales destacó la apuesta de la Oficina de
UNESCO de Montevideo por una visión interdisciplinaria del fenómeno de la trata negrera,
instrumentalizada por medio de un programa conjunto de colaboración entre el Sector de
Cultura y el Sector de Ciencias Sociales y Humanas.
Por último, apuntó la necesidad de extender la reflexión científica sobre la esclavi-
tud y la exclusión a un contexto geográfico ampliado que incluya la cuenca del Pacífico
Sur y a nuevos actores sociales como los indígenas. Subrayó la necesidad de profundizar en
las categorías sociales, antropológicas y políticas de la servidumbre y la esclavitud, en el
marco de un trabajo conjunto entre los distintos organismos involucrados en la
temática.
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
23
El aporte afro a la geografía social de la región platense
Por su parte, el señor Danilo Antón, geógrafo e investigador uruguayo dedicado a la temática
de los pueblos nativos, con una importante trayectoria como gestor de proyectos con comunidades
indígenas y de afrodescendientes, aportó detalles suplementarios sobre el proceso de esclavización, al
que calificó de “proceso meditado, brutal y doloroso de dilución de la identidad cultural y de las
prácticas culturales de una África muy diversa”. Hizo un breve recorrido por las estrategias de super-
vivencia empleadas, tales como las rebeliones, los quilombos y los palenques, la adopción de nuevas
lenguas o las formas de expresión como la percusión y la danza.
Afrodescendientes y la Agenda Política
El señor Rui Santos, funcionario de la Administración Municipal de Porto Alegre, hizo
una presentación acerca de la política nacional de promoción de la igualdad racial propuesta
por el Gobierno del Presidente Lula y describió los mecanismos, programas y acciones concre-
tas para enfrentar la discriminación racial llevadas a cabo en Brasil a nivel federal, estatal y local.
Informó acerca de la puesta en funciones de una Secretaría Especial de políticas de promoción
de la igualdad racial con estatus ministerial. Agregó sobre la incorporación al currículo oficial
de todas las instituciones de enseñanza del país de la temática étnica (relaciones étnico-raciales
e Historia y Cultura Afrobrasileña y Africana) de forma obligatoria. Se trata de que los profeso-
res desarrollen un nuevo abordaje sobre el tema del papel del negro en la sociedad brasileña que
reconozca y valorice la diversidad y fomente actitudes y valores de tolerancia y respeto a los
derechos humanos.
Con base en el análisis de distintos indicadores (acceso a la educación, distribución del
PBI, mercado de trabajo, mortalidad, tasas de analfabetismo o acceso a las NTIC), el represen-
tante de la Municipalidad de Porto Alegre describió las desigualdades estructurales y sociales y
la posición de marginalización, discriminación, injusticia social y pobreza que afecta a la pobla-
ción negra brasileña.
Finalmente, Santos subrayó la necesidad de políticas de acción afirmativas. Estos meca-
nismos públicos, basados en el establecimiento de cuotas o directrices y metas específicas, dife-
renciadas para la población negra, son esenciales para la promoción de la igualdad racial y de los
derechos humanos.
Integración, acciones afirmativas y nuevas formas de esclavitud
El último panel finalizó con las palabras del señor Romero Rodríguez, relator de Nacio-
nes Unidas para la Discriminación Racial y Director General de Mundo Afro, quien ilustró
desde su propia perspectiva el interés que su organización atribuye a la temática. Romero habló
de la situación actual de exclusión, racismo y discriminación social, económica, laboral y polí-
tica del colectivo de afrodescendientes en Uruguay. Se refirió a datos oficiales de la población
negra en este país que ilustran los alarmantes índices de pobreza y desocupación y las dificulta-
des de acceso a la educación del colectivo afrouruguayo.
Álvaro Ortega y Anastasia Monjas
UNESCO
24
PARTE INTRODUCTORIA
En la última parte de su exposición, Romero Rodríguez reivindicó la urgente necesidad
de establecer acciones afirmativas y mecanismos de apoyo que fomenten el desarrollo
socioeconómico y cultural de los afrouruguayos y promuevan la igualdad. Hizo especial refe-
rencia a la necesidad de una política educativa que tome conciencia de la temática, hoy ausente
de los manuales escolares y programas de estudio del Uruguay.
Finalmente, subrayó la importancia de adoptar un punto de vista multidisciplinario, y
por ello agradeció la iniciativa de organizar este Simposio como actividad de reflexión conjunta
y debate entre sociólogos, historiadores, politólogos, antropólogos y otras disciplinas.
Conclusiones y clausura del acto
Las palabras de clausura del acto estuvieron a cargo del señor Herman van Hooff, quien
resumió las discusiones de la jornada y celebró el desarrollo y aceptación del Simposio que
cumplió con las expectativas y objetivos de contribuir a mejorar la comprensión acerca del
fenómeno de la esclavitud africana, sus causas históricas, aportaciones, modalidades y conse-
cuencias.
Con relación a las líneas de trabajo esbozadas en concordancia con las conclusiones del
Simposio, el señor Van Hooff manifestó la necesidad de concertar esfuerzos a nivel regional
para continuar en la tarea de difusión y sensibilización de la temática, a la vez que expresó el
interés de desarrollariniciativas similares en el futuro.
Se congratuló de las deliberaciones celebradas, de participación abierta, que permitieron
intercambios enriquecedores entre conferenciantes y asistentes. El debate generado permitió
formular opiniones que corresponden a preocupaciones actuales bajo un enfoque plural.
Van Hooff agradeció a los conferencistas y asistentes por haber acudido al Simposio y
por el apoyo manifestado. En particular, mencionó la presencia de organizaciones de
afrodescendientes, de las que destacó la importancia de su participación.
En otra parte de su exposición hizo notar la colaboración entre los Sectores de Cultura y
de Ciencias Sociales de la Oficina de UNESCO en Montevideo, y extendió su agradecimiento
a los colegas de la Organización involucrados en la coordinación del Simposio, haciendo un
reconocimiento especial a Álvaro Ortega, Corina Fugasot, Silvia Diez y María Noel Pereyra.
Para finalizar, expuso que como aporte intelectual y científico y de la misma metodolo-
gía del Simposio, está prevista la elaboración de una publicación que incluirá las ponencias del
seminario completadas, así como otros ensayos complementarios.
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
25
Mario Ángel Silva
Introducción
Millones de africanos llegaron de forma forzada a América. De sus vidas, culturas y
civilizaciones poco o nada se dice en los programas oficiales de enseñanza, cercenando las posi-
bilidades de conocer algo más de la esclavitud.
Los descendientes de estos africanos forman parte de América, teniendo en común un
pasado de esclavos y una inquebrantable resistencia que por medio del arte, la religión y cultu-
ras diversas, mantienen vivo el legado de sus antepasados. Civilizaciones, formas de vida y
pensamiento se nos ha negado conocer hasta el presente. El continente africano que las socieda-
des de las Américas conocen, es diferente al que existía y, en gran parte, existe todavía.
En la diversidad de lenguas, culturas y pueblos se desarrollaron civilizaciones que deter-
minaron el desarrollo y la estabilidad de sus pueblos por muchos siglos. África conoció la
abundancia, el progreso y la estabilidad en reinados y Estados-nación que permitieron un avan-
ce desconocido por la mayoría de nuestras sociedades, así como lo son las contribuciones sus-
tanciales que los africanos —traídos como mano de obra esclava—, y sus descendientes brinda-
ron a la creación de las Américas.
Lenguas y pueblos
En África es posible identificar cuatro familias lingüísticas: Congo Níger - Kordofaniana,
Khoisan, Afroasiática, Nilo-sahariana. Éstas, a lo largo de muchos años recrean pensamientos,
transforman realidades, desarrollan religiones y son el vivo legado cultural de sucesivas genera-
ciones.
De la riqueza del tronco lingüístico Níger-Congo se desprenden las lenguas Bantúes, de
singular importancia para los descendientes de africanos en los países sureños de América, ya
que diversos estudios indican una fuerte presencia de africanos en las regiones del Río de la
Plata.
Reseña de la esclavitud
en la Región Sur
MARIO ÁNGEL SILVA
UNESCO
26
PARTE INTRODUCTORIA
Las lenguas Bantúes cubren gran parte de África, el actual Gabón, el sur de Camerún,
pasan por la república centroafricana casi hasta el Cabo de Buena Esperanza en la actual Sudáfrica
y en la región del actual Congo y Angola.
En la familia Khoisan se encuentran las lenguas san y los khoikhoi en África del Sur, así
como los bosquimanos conocidos por su “clic” característico.
Al Noreste encontramos el árabe, el Berebere, el Haussa, el Somali y otros, pertenecien-
tes a la familia llamada Afroasiática. Y en la zona del Nilo y el Sahara, el Sudanés oriental y
central, así como las lenguas que se hablaban en el Imperio Songhay.
ALGUNAS CIVILIZACIONES AFRICANAS
Civilización egipcia
La civilización egipcia es la más conocida y estudiada en el continente americano, for-
mando parte de los programas de enseñanza de nuestros países. Egipto fue centro de irradiación
cultural, formado por el río Nilo, Patrimonio de la Humanidad, aseguró la continuidad de la
cultura egipcia durante seis milenios.
Dinastías faraónicas dejaron obras que hoy se incluyen en estudios arquitectónicos y
arqueológicos que descubren la civilización allí surgida.
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
27
Mario Ángel Silva
Civilización de Nubia
Situada al sur de la primera catarata del Nilo, con abundancia de yacimientos de oro,
canteras de granito y ébano, comercializaban con los egipcios como base esencial para la cons-
trucción de las colosales arquitecturas de Egipto.
Concentraba la comercialización en el mercado de Kerma, situada en el reinado de Kush,
donde se destacaban las explotaciones auríferas y las maderas finas junto a una producción
artesanal de armas de bronce, joyas, perfumes, incienso, pieles y objetos de marfil. La metrópoli
de Kerma generó una estabilidad comercial que perduró cerca de mil años.
La expansión y el contacto con otras regiones del continente llevó a que, por el año 540
a.C, se conformaran nuevos centros en competencia con Kerma. Gracias a los yacimientos de
hierro y la construcción de hornos para su tratado e industrialización, la ciudad de Meroe llegó
a ser un centro por el que se introduce, mediante su técnica metalúrgica, la Edad del Hierro en
África.
En incesante progreso se crea una importante industria metalúrgica que produce armas e
instrumentos para la agricultura, mejorando la producción agrícola y logrando una supremacía
militar y política.
Civilización Axum
Muchas veces hablamos del bíblico Rey Salomón y de la Reina de Saba, pero raramente
los ubicamos formando parte de una civilización africana y de un poderoso imperio.
El Imperio de Axum desarrolló una cultura autóctona, donde la agricultura jugaba un
rol fundamental. Las cosechas de cereales, los plantíos de banana, así como la cría de caballos y
ganado eran parte de esta cultura. A partir del siglo IV, bajo el emperador Ezana, accedieron a
la escritura y se procesó un auge religioso del Cristianismo que se mantiene hasta nuestros días.
Fue en este imperio que nació uno de los hombres de ciencia más relevantes, Zara Yaqob,
llamado por algunos europeos el “Descartes Africano”.
Zara Yaqob es el autor de una de las obras importantes en filosofía: “Hatata”, escrita
cuando tenía 68 años, en 1667. En este tratado muestra una filosofía racionalista, sin influen-
cias extranjeras, donde pone como principio básico la razón de la “bondad de la naturaleza
humana”. Este hombre de Etiopía ha educado generaciones con su pensamiento, y se considera
uno de los grandes científicos que África ha brindado a la Humanidad.
El Imperio de Ghana
Desde el siglo IV hasta el año 1076, en tierras de la actual Mauritania, se desarrolló el
poderoso Imperio de Ghana.
Su prosperidad y estabilidad se debieron principalmente a sus inmensos yacimientos de
oro, base de la economía del imperio.
El control del oro era tarea personal e intransferible del rey, evitando las posibilidades de
inflación. El poder personal del rey era total y a su muerte se le enterraba en fastuosas edificacio-
UNESCO
28
PARTE INTRODUCTORIA
nes instaladas en los bosques, y jun-
to con él eran enterrados sus sirvien-
tes vivos, para que lo acompañaran
en el más allá.
A fines del año 1076, este
imperio fue derrotado y conquista-
do por los almoravides, cerrándose
la etapa de esplendor y magnificen-
cia del Imperio de Ghana.
Esta región fue denominada
por los ingleses la Costa de Oro, y de
ella salieron los mejores mineros y
orfebres para ser trasladados hacia
América en calidad de esclavos.
En la actualidad, el pueblo
ashanti toma el nombre del Esta-
do de Ghana, aunque no se corres-
ponde con su territorio.
El Imperio de Malí
La capital del imperio fue la ciudad de Tombuctú, fundada alrededor del año 610 por el
Rey Mensa Suleiman (4), cerca del río Níger. Otrasfuentes señalan que fueron los pueblos
tuareg, en el año 1100, entre quienes se mantiene una antigua leyenda que dice que un grupo de
estos pueblos confió a una vieja esclava el cuidado de un pozo. El nombre de esta anciana era
Tin Boktu (“la del ombligo”), dejándole su nombre a esta ciudad. Ésta fue varias veces ocupada
y dominada; desde 1325 hasta 1433, por el Imperio de Malí; desde 1468 hasta 1591, por el
Imperio Songhay; desde 1591 hasta 1780, la hispanomarroquí; desde 1826 hasta 1862, los
peul, finalmente los franceses desde 1893 hasta 1960.
Tombuctú tuvo un próspero desarrollo cultural y religioso. Importante centro comer-
cial, consolidó los intercambios comerciales de toda África, dando lugar a una metrópoli rica,
capital de la cultura y ciencia de la época.
Poseía bibliotecas y jueces, sacerdotes religiosos y doctores. La intelectualidad se agrupaba en
torno de su Universidad y eran constantes los intercambios con las Universidades de Bagdad, El
Cairo y Córdoba. Llegó a contar en el siglo XVI, con 180 escuelas donde centenares de profesores
enseñaban teología, tradición, gramática, retórica, geografía, astrología, historia, etcétera.
Este mundo académico proyectó una cultura del saber donde, guiados por el Co-
rán, los escribas reproducían textos y manuscritos para el aprendizaje de sus estudiantes.
Tombuctú se convirtió en la metrópoli más rica, no sólo por el comercio sino por su
acción cultural y educativa.
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
29
Mario Ángel Silva
El Imperio Songhay
En el siglo XV los pueblos songhay se alzaron contra el Imperio Malí, desarrollando su
propio imperio y comenzando una expansión hacia los pueblos de los bosques del sur donde
dominaron a los akhan, tomando sus reservas de madera y cultivos. También realizaron su
expansión hacia los altos del río Níger ocupando importantes yacimientos de oro.
Al tener como centro la ciudad de Tombuctú, mantuvo su poderío hasta el año 1591. Su
poderoso gobernante, Sonni Ali Ber, anexó otras ciudades y fue sucedido a su muerte, en el año 1492,
por su hijo quien fue destronado por Askia Mohammed Toure, fundador de una nueva dinastía.
 Imperio Kanem-Bornu
En lo que es actualmente El Chad, en la costa de su lago, se instaló una fuerte comunidad
de pescadores que fue la cuna de un imperio milenario, el Kanem-Bornu. Como base organizativa
tenían la familia del rey y un Consejo de Patriarcas que regían la vida socioeconómica y cultural
del imperio.
En el siglo XI, su rey, Hume, se convirtió al Islam rodeándose de profesores e intelectua-
les que le dan nueva proyección al imperio.
Es entonces que se pone en práctica el Derecho Musulmán que consolida las estructuras
vigentes, logrando una expansión hacia lo que son los actuales Sudán, Malí y Ghana.
Yoruba
En los bajos del río Níger, los pueblos yoruba tuvieron un significativo desarrollo nucleados
por las ciudades de Benín, Oyo e Ife. Los “hijos de Odudua”, como ellos se denominan, se cree
que son originarios de Egipto.
En sus 25 reinos centralizados, a partir del año 850 y desde la ciudad de Ife, se disemina-
ron por toda la región centros artísticos y religiosos extraordinarios. A partir de 1350 d.C.,
ciertas desavenencias llevaron a que se erigiera un nuevo centro rival entre los pueblos, y así se
consolida el Reino de Oyo, cuya tradición milenaria se remonta a la antigua civilización Nok.
Los Oni de Ife y el Alafin de Oyo todavía son considerados reyes yorubas y reconocidos
en la actual Nigeria. En el siglo XVII consiguieron establecer un Estado fuerte, el Reino de
Oyo, desintegrándose en una multitud de reinos en el siglo XIX.
Ife
Las tradiciones de esta ciudad sagrada tienen hasta el presente trascendencia, no sólo para los
pueblos que viven actualmente en esa región de Nigeria. La religión desplegada desde allí se mantie-
ne viva en Afroamérica por medio del Candomblé, extendido en Brasil y en el Río de la Plata.
Zeca Ligiero, en su libro “Iniciación al Candomblé”, afirma que esta religiosidad, trasmitida
por la tradición oral, se basa en las enseñanzas dejadas hace más de 2500 años por el profeta Orumila.
En ellas se trasmitía un sistema ético de vida mediante un sistema de adivinación, “dafa”.
UNESCO
30
PARTE INTRODUCTORIA
Las enseñanzas dejadas por Orumila, proceden de su aprendizaje con el profeta
Melquisedec, integrante de una secta de ascetas llamada “Los Esenios”, cerca de la antigua
Palestina. De allí, la similitud que existe entre los oráculos de los esenios y los usados por los
sacerdotes de Ife.
Los investigadores confirman la intensa religiosidad de los pueblos Yorubas y su concen-
tración en la ciudad sagrada de Ife, donde se cuenta de 401 a 601 deidades que le profesan
culto. El niño al nacer es visto por un Babalawo (sacerdote) que determinará qué orisha debe
seguirlo.
Falta investigar acerca de las repercusiones de las religiones desarrolladas desde Ife, en
América, donde se cuentan por miles sus adeptos.
Benín
Este reino se fundó entre los siglos XII y XIII siendo el Rey de Ife, Oranmiyan, quien
logró unir a los pequeños reinos de la región. El sucesor de Oranmiyan fue su hijo Eweka,
considerado el primer Rey Oba de Benín, en contraposición a su padre, Rey de Ife.
La economía de los pueblos yorubas y de sus reinos de Benín e Ife, es agrícola, en donde
el cacao y el ñame junto con los cultivos de yuca, maíz, algodón y lentejas son parte fundamen-
tal de su estilo de vida.
Durante el siglo XVI se produjo un hecho significativo: se prohibió la exportación de
esclavos varones en el Reino de Benín a fin de evitar la disminución de su población, negocian-
do con otros reinos el abastecimiento de mano esclava de otras naciones.
La cultura yoruba juega un sustancial papel en América, conformando centros culturales
propios como en Bahía-Salvador. También su lengua es estudiada por instituciones del movi-
miento afro de las Américas.
El poder y la autoridad entre los yorubas pueden ser físicos o espirituales, encontrándose
a lo largo de su proceso histórico etapas en las que una persona anciana, débil y pobre puede dar
órdenes a un joven robusto, y no siempre era forzoso que el rey fuese la persona con mayor
poder, ya que éste podía tener la fuerza física pero no el poder espiritual. Esto se comprueba en
el hecho de que los reinos yorubas, antes de la colonización, no contaban con ejércitos perma-
nentes ni con obediencia absoluta. Para estos pueblos esto no constituía un signo de debilidad
de los monarcas sino un reconocimiento a los poderes espirituales de éstos.
Las sociedades eran jerárquicamente constituidas. En la cima estaba el Oba (rey)
seguido por los demás monarcas, “Ijoye”, a continuación los más ancianos llamados “Baale”,
y en la base los habitantes comunes, “Ebi”. Los conceptos de “Agbara” (poder) y “Ase”
(autoridad) están diferenciados entre los pueblos yorubas donde el “Ola” (honor) tenía un
gran significado.
Estos principios van adquiriendo diferentes significados en los seis períodos que los
investigadores distinguen en esta civilización, en el correr de los cuales van sufriendo poderosos
cambios. Los períodos se diferencian por famosos monarcas y sus derrocamientos o períodos
históricos como la colonización británica.
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
31
Mario Ángel Silva
El primero se puede definir como la época de Obatala, derrocado por Oduduwa
(segundo período) quien realiza la expansión de los reinos yorubas. El tercero es Lajamisan,
a quien siguen los reinados de Benín y Oyo, para finalizar con lo que es propiamente la
colonización británica.
Culturas del Magreb
Una vez surgido el Islam, éste tuvo un rápida expansión consolidándose entre los pue-
blos almoravides y almohades en el siglo XV, avanzando hacia el sur de África, ingresando en el
Reino de Ghana y Malí, lugares de grandes concentraciones de oro. Por el desierto y a través de
los tuareg, llegaronal Reino de los Songhay y al Imperio de Kanem.
Desde ciudades como Cartago y Utica, una vez independizados de Tiro, fundaron
reinos autónomos con contacto comercial con el sur de España. En la Edad Media, logra-
ron consolidar pueblos como la ciudad de Fez, suntuosa, donde la atención sanitaria se
desarrollaba por medio de una red de hospitales asilos, rodeados por bellos jardines.
El Reino del Kongo
Los pueblos bantúes, alrededor del siglo XV, conformaron una estructura organizativa
en torno de seis provincias controladas por un rey, donde éste tenía la exclusividad de la
exportación de todo lo producido por los integrantes del reino.
Estas riquezas contaban con variedad y cantidad de productos: armas de hierro,
joyas de cobre, cerámica y abundantes productos agrícolas como el aceite de palma.
En su apogeo se destacó la Reina Nzinga quien, durante el siglo XVI, mandó a sus hijos y
parientes de la corte a estudiar a Lisboa, abriendo una especie de consulado para relacionarse diplo-
máticamente con los reyes de Portugal. Fue conocida por su intercambio con los portugueses a
quienes demandaba técnicos para mejorar la producción de su reino.
Imperio del Gran Zimbabwe
Entre los pueblos shona de origen bantú, surgió el Imperio del Gran Zimbabwe, basado
en la explotación de oro.
La vida administrativa del imperio se situaba en la ciudad de Kilwa, que fue la capital de
dos grandes imperios: Monomotapa y Changamire. Estos estaban situados en la actual
Mozambique, basándose su economía en la explotación de oro. A partir del siglo XVII pasaron
a dominio portugués.
Famosas fueron las fortificaciones que el soberano Monomotapa hizo erigir, que hoy son
parte de los mayores monumentos que se encuentran en el continente africano, obras maestras
del acervo de la Humanidad.
Zimbabwe conoció gran esplendor hasta cerca del siglo XIX, donde comenzó a declinar
tras las invasiones de pueblos del sur, los Nguni.
UNESCO
32
PARTE INTRODUCTORIA
Estas son algunas de las civilizaciones que perduraron y se dieron a conocer al mundo.
No fueron las únicas ya que cientos de reinos, naciones y pueblos se desarrollaron en el conti-
nente más grande del mundo.
Rutas del tráfico de esclavos
Principales rutas de comercio o esclavista
Árabes
Árabes y europeos
Ruta de trabajadores convictos
Europeos
Rutas dentro de África
Principales destinos y puntos de tránsito
Principales puntos de carga de esclavos
Primario
Secundario
Terciario
Fuente: Joseph Harris
Mapa de la diáspora africana
Fuente: Joseph Harris
Mapa de la diáspora africana
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
33
Mario Ángel Silva
Principales puertos de la trata de africanos
esclavizados
El tráfico de africanos esclavizados produjo grandes beneficios económicos para quienes
lo practicaron, independientemente de la nacionalidad de los barcos que cruzaban el Atlántico.
Las naves partían de Europa con variadas mercaderías de escaso valor en esos mercados, y una
vez en costas africanas intercambiaban la carga por africanos capturados. Luego emprendían el
viaje a América, donde obtenían los productos que luego comercializarían en Europa. Este
proceso se llamó “comercio triangular”.
Varios puertos tuvieron un rol preponderante en el tráfico de africanos esclavizados: en
la costa occidental africana, la Isla de Gorea, el Puerto de Elmina (donde alternaron su dominio
portugueses y holandeses), Calabar, Cabinda y Luanda (este último ligado al arribo de africanos
a este sector del continente). Zanzíbar en la costa oriental emerge como uno de los más noto-
rios.
En el continente americano, específicamente en la región Sur, Buenos Aires y Montevi-
deo cumplieron el papel de receptores y de tránsito hacia otros destinos como Potosí, Paraguay
y Valparaíso, de donde eran llevados a Perú. Río de Janeiro y Bahía también proveían de escla-
vos al Río de la Plata.
Ruta del esclavo, Unesco, Folleto realizado por
la asociación “Les Anneaux de la Mémoire”
UNESCO
34
PARTE INTRODUCTORIA
Forma de transporte
Las potencias europeas se alternaron el predominio del tráfico esclavista; los portu-
gueses tomaron la vanguardia y dominaron en la segunda mitad del siglo XV y la primera
del XVI. Los holandeses, con una flota poderosa desplazaron a los portugueses desde la
segunda mitad del siglo XVI y los primeros del XVII. En la segunda mitad del siglo XVII,
la supremacía la tuvo Francia y en el siglo XVIII Inglaterra. Luego de la corriente abolicio-
nista, desde la segunda mitad del siglo XIX, la trata de africanos esclavizados estuvo en
manos de particulares.
Las condiciones de transporte eran realmente infrahumanas, los traficantes hacían rendir
al máximo la capacidad de las bodegas de los barcos.
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
35
Mario Ángel Silva
Algunas de las compañías que participaron
del comercio transatlántico de africanos esclavizados
• South Sea Company (Inglesa)
• Compañía Marina de Guerra (Portuguesa)
• Real Compañía de Filipinas (Española) año 1778
• Compañía de Bristol (Inglesa) año 1778
• Su Majestad Fidelísima (Portuguesa) año 1779
• Marina de Guerra (Francesa) año 1804
• Enrique Clark y Compañía (Inglaterra)
• Peleg Clark, Coleb Garner, Wiliam Vernong (New Port-EEUU) años 1795- 96
• M. Mackay (Boston-EE UU) año 1805
• Nicols (Boston-EE UU) 1805
• Juan Collet (Filadelfia-EE UU) año 1806
La magnitud de capitales privados y estatales acumulados, producto de la triangulación
comercial, fue la base del desarrollo industrial europeo.
Por diversos factores existen variaciones en cuanto a la estimación de africanos arribados
a América, aquí citamos algunas fuentes:
FUENTE FECHA CANTIDAD
WILLIAM DU BOIS SIGLO XVI 900.000
SIGLO XVII 2.750.000
SIGLO XVIII 7.000.000
SIGLO XIX 4.000.000
ROGER BASTIDE 1666-1776 3.000.000
(citando al “Black Year Book”) (*) 1680-1786 2.130.000
1716-1756 3.500.000
1752-1762 70.000
1759-1769 40.000
1776-1800 1.850.000
CAIO PRADO JUNIOR 1800-1887 (A Brasil) 6.881.740
SERGIO BUARQUE DE HOLANDA 1846-1850 por año: 50.000
ENCICLOPEDIA CATÓLICA —— 12.000.000
(*) Los datos no incluyen el siglo XIX, período en el que el tráfico fue más intenso.
FFFFFUENTEUENTEUENTEUENTEUENTE::::: Asociación Grupo “OGUM DAS MATAS”.
UNESCO
36
PARTE INTRODUCTORIA
Durante el proceso de captura y traslado existía una gran mortandad. Algunos investiga-
dores estiman que por cada africano llegado vivo, morían otros tres. Para tener una magnitud
de la conciencia que existía respecto de este genocidio citamos al abolicionista inglés Willian
Fox: “si una familia que usa cinco libras de azúcar por semana se abstuviese por veintiún meses, un
negro se vería exento del cautiverio y del asesinato” (año 1792).
Los puertos de Montevideo y Buenos Aires eran el paso obligatorio de aquellos que
serían destinados a otros puntos de la región. Los destinos finales podían ser Santa Fé, Corrien-
tes, Tucumán, Santiago del Estero, Misiones, en Argentina; el Potosí, en Bolivia; Asunción, en
Paraguay. El trayecto más largo era el viaje por tierra hasta Mendoza, de allí hasta el puerto de
Valparaíso en Chile, para luego ser transportados por mar hasta El Callao, Perú.
A comienzos del siglo XVII, la Colonia del Sacramento, en el Sur occidental del territo-
rio que hoy ocupa Uruguay, proveía de esclavos a Buenos Aires.
Brasil
Brasil es el país de América que más tráfico de esclavos realizó, y fue el último en abolir
la esclavitud (1888). Las cifras de algunos investigadores rondan los cuatro millones de perso-
nas africanas ingresadas como esclavas, en el caso del investigador Caio Prado Junior (ver pági-
na 11), estima 6.681.740 solamente en el período 1800 - 1887.
Ruta de africanos esclavizados en el Sur
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
37
Mario Ángel Silva
Más del 50%
Más o menos 50%
Menos del 50%
Ubicación e incidencia porcentual
de la población afrodescendienteActualmente, Brasil es el país con más población afrodescendiente fuera de África, y se
ubica en segundo lugar detrás de Nigeria, en cantidad de población afro. De acuerdo a las
estadísticas oficiales (IBDGE), el 45,4% de la población del país es afrodescendiente. Según la
región varía la incidencia porcentual, siendo mayor al 50%, en los estados del Norte.
Paraguay
Paraguay no es considerado cuando se habla de esclavitud en la región, sin embargo fue
destino de muchos esclavizados africanos. Merece capítulo aparte el contingente de negros
arribados junto a Artigas, quienes conformaron la comunidad Camba Cuá, aún vigente.
Las características de explotación comercial durante la Colonia, no requerían de gran
cantidad de mano de obra esclavizada al no existir extensas plantaciones. La mayoría provenían
de los puertos de Montevideo y Buenos Aires, aunque también existía cierto contrabando desde
Brasil. En 1653 se conformó el primer campamento o pueblo de los negros, Tabapy. En 1740
se funda el pueblo La Emboscada y en el mismo año, en sus proximidades, se funda el pueblo de
Aregua.
Durante el gobierno de López no se liberó a los esclavos, en cambio se promulgó la ley
del Útero Libre que garantizaba que los hijos de esclavos serían libres a partir de los 25 años. No
fue hasta el 2 de diciembre de 1869 que se abolió definitivamente la esclavitud.
De acuerdo al censo del año 1846 existían unos 17.212 negros y mulatos (Germán de
Granada, Valladolid). Según el investigador Reid Andrews (Universidad de Pittsburg, EUA),
esta población significaba el 11% del total de habitantes.
UNESCO
38
PARTE INTRODUCTORIA
 Asunción y La Emboscada
Ubicación de la población afroparaguaya
Argentina
En pocos países se ha invisibilizado la presencia africana como en Argentina, a pesar de
que existen evidencias de su temprano ingreso en esta región. Hallazgos arqueológicos demues-
tran la presencia africana en la primera fundación de la ciudad de Santa Fé (litoral argentino).
Los registros de tráfico esclavista no permiten dar una estimación precisa, dado que
el contrabando jugaba un rol preponderante. El puerto de Buenos Aires para muchos
africanos significó tan sólo una etapa, dado que de allí partían hacia otros puntos.
Hernandarias informó al rey que entre 1612 y 1615 salieron de Buenos Aires, 4.515 afri-
canos esclavizados. Santa Fé, Corrientes, Misiones, Tucumán, Córdoba, Salta, Catamarca,
Potosí, Asunción, Santiago de Chile, Valparaíso y El Callao, eran algunos de los destinos
finales. La travesía duraba meses.
Diego Luis Molinari (“Documentos para la Historia Argentina”, T. VII), estima que hasta
el año 1730 habían ingresado al puerto de Buenos Aires 17.730 esclavos. En el año 1813 se
decretó la libertad de vientres, pero la abolición de la esclavitud no fue efectiva hasta la Consti-
tución de 1853.
La construcción de una identidad europea excluyente, significó la desaparición ideológi-
ca antes que física de los afroargentinos. Sin embargo, aún quedan descendientes de africanos
en varios puntos del país, tanto en la Provincia de Buenos Aires, como en la Capital Federal,
Santa Fé, Córdoba, Salta, Tucumán y Corrientes, donde existe un barrio emblemático llamado
Camba Cuá.
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
39
Mario Ángel Silva
Salta
Tucumán
Córdoba
Misiones
Corrientes
Santa Fe
Buenos Aires
Uruguay
La presencia africana en Uruguay no es ajena al contexto histórico de la región, como se
señalara anteriormente, el puerto de Montevideo fue destino y salida hacia otros puntos de la
región. Pero el territorio tuvo otros puertos para el tráfico esclavista, Colonia cumplía con la
misión de abastecer a Buenos Aires de esclavos; en las costas de Rocha se introducían de contra-
bando; la vasta superficie a cubrir no permitía tener un control en toda su extensión y la fron-
tera terrestre con Brasil era transitada por esclavos en ambas direcciones.
En 1608 con Hernandarias trajeron “treinta piezas de esclavos negros y negras”.
Con la fundación de la Colonia del Sacramento en 1680, los portugueses introducían
unos 1200 africanos esclavizados al año, el 50% tenía Buenos Aires como destino, mientras el
resto era diseminado por el resto de la región.
Cuando llegaron las tropas españolas a Montevideo, a partir de 1724, comienza un ince-
sante tráfico de esclavos que para el año 1743 se encontraba en pleno apogeo.
Si se toma como base los navíos llegados al puerto de Montevideo, hasta el año 1840
habrían ingresado 40.000 esclavos. Si sumamos el contrabando más los ingresos desde Brasil,
esa cifra podría aumentar considerablemente.
Ubicación de los afroargentinos
Corrientes
UNESCO
40
PARTE INTRODUCTORIA
La abolición de la esclavitud llevó un proceso de treinta años aproximadamente, hasta
hacerse efectiva en el año 1846. A pesar de ello, hasta 1865 los brasileños ingresaban a territorio
uruguayo a “capturar esclavos fugitivos” con la anuencia del gobierno.
Actualmente, la población afrouruguaya se encuentra concentrada en la zona fronteriza
con Brasil, en el centro del territorio nacional, y en su capital, Montevideo.
Consideraciones finales
Este trabajo no pretende más que reflejar la escala que tuvo el tráfico de africanos escla-
vizados en la región Sur del continente americano. Diversas corrientes históricas han pretendi-
do minimizarla en su cantidad, fundamentalmente en la calidad del trato hacia los esclavos. Un
individuo privado de su libertad, tratado como mercancía, forzado a renunciar a su cultura, en
un contexto hostil, no puede haber recibido buen trato y mucho menos contar con los derechos
de un ser humano. La sola mención de estos elementos contradice la “bondad” de la esclavitud
en la región.
El nacimiento de naciones independientes no produjo cambios sustanciales para los es-
clavos ni para los “libertos”. ¿Puede un ser humano considerarse libre cuando no goza de la
plenitud de sus derechos?
La plena ciudadanía aún hoy es una deuda pendiente con los afrodescendientes; conocer
en forma cabal su historia, su aporte a la construcción de las naciones y su cultura es su derecho
y un deber de la sociedad en su conjunto.
Nuestra historia es riquísima desde sus raíces, como sociedad civil hemos procurado
conocerla, cubriendo vacíos no resueltos. Contar la historia de los afrodescendientes es un
derecho que nos corresponde y un deber que debemos asumir.
Ubicación de la población
afrouruguaya
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
41
Mario Ángel Silva
Fuentes
El resumen de las civilizaciones africanas ha sido extraído textualmente del libro “Mbundo
Malungo Mundele” del profesor Romero J. Rodríguez, próximo a editarse.
El tráfico de esclavos ha sido basado en el trabajo editado por UNESCO para la Ruta del
Esclavo.
Otras fuentes ya han sido mencionadas a lo largo del texto.
Bibliografía
ANDREWS, Reid. Afroargentinos de Buenos Aires.
——: Afro latinamerican 1800-1900.
CORIA, Juan Carlos. Pasado y presente de los negros en Buenos Aires.
MONTAÑO, Oscar. Umkhonto.
SCHAVELZON, Daniel. Arqueología de Buenos Aires.
REVISTA DE INDIAS. vol. XLIII, núm. 171, págs. 230-231.
RODRÍGUEZ, Romero J. Comunidades afro del Cono Sur.
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
43
Gustavo Fabián Alonso
Estudio del comercio de esclavos
en el Río de la Plata.
Archivo General de la Nación de Argentina
 GUSTAVO FABIÁN ALONSO
La creación de los archivos a través de los siglos estuvo íntimamente ligada a la búsqueda
de legitimación del poder estatal. El resguardo de la documentación como prueba de los actos
llevados a cabo por los Estados, se transformó en uno de los asuntos más importantes en mate-
ria de gobierno, aun en la antigüedad.
En Argentina, la creación del Archivo General de la Provincia ha servido no sólo como apoyo
a la historia nacional, sino como prueba y testimonio de los actos administrativosllevados a cabo
por el gobierno. En los considerandos de la creación del Archivo General, en 1821, se establecen
estos dos fines: “La conservación de los archivos de un país asegura sin duda a su historia la materia y los
documentos más exactos de ella (se relaciona con la investigación histórica). Más el arreglo y clasifica-
ción por ramos y épocas de los antecedentes de las distintas oficinas que hacen al servicio de una adminis-
tración, contribuye a un tiempo de la prontitud y al acierto del despacho (no descuida el servicio del
archivo para con el Estado-Administración). El gobierno no puede desentenderse de las reclamaciones
que se elevan diariamente contra el estado actual de casi todos los archivos y casos de gravedad y frecuentes
ponen de manifiesto la justicia con que se reclama”.1 Esto está referido al soporte legal que constituyen
los archivos en referencia de los reclamos de la sociedad contra éste. Hay en los antecedentes un
sentido de utilidad práctica, acorde al Estado rivadaviano de la época.
Respecto de la conservación y difusión de la documentación, la constante creación en los
últimos años de nuevos soportes de tipo informáticos plantea interesantes soluciones a una
mejor conservación, permitiendo que la digitalización de los documentos sea la vía de difusión
que conecte la información contenida en los diferentes repositorios del mundo.
Los nuevos formatos han replanteado el futuro de los archivos que podríamos denomi-
nar “comunes”, o sea los de soporte papel e incluso los llamados archivos audiovisuales forma-
dos por filmes, cintas de sonido y videos. El avance de la tecnología digital es tan acelerado que
estos últimos soportes se ven hoy sobrepasados por el CD, DVD, entre otros.
1. Decreto de fundación del Archivo General de la Nación (1821), AGN, Sala 10, 12-2-3.
UNESCO
44
PARTE INTRODUCTORIA
A pesar de todo, y de las reservas de cierta parte de la comunidad archivística respecto
del futuro de los “archivos sin papel” , estos se han convertido en los últimos años en el medio
más adecuado en materia de conservación para los materiales en soporte papel, principalmente
de la difusión de los acervos documentales.
El futuro de los archivos y de los archiveros (o archivistas) como profesionales, depende
de la necesidad de replantearse la incorporación de estos nuevos soportes al conjunto de la
documentación ya resguardada, tratando de formar un conjunto de información que sirva a los
fines para los cuales fueron creados los archivos: dar prueba y testimonio del pasado.
Es necesario convencer a los responsables de los archivos y a los Estados nacionales, de
que la tarea no consiste en reemplazar un soporte por otro mejor o más práctico, sino en hacer
que los soportes digitales sean un vehículo de difusión más a la hora de “mundializar” la infor-
mación, y que el soporte papel siga manteniendo el mismo valor informativo y legal que tiene
hasta ahora.
El Archivo General de la Nación de Argentina, acorde a estos nuevos preceptos, ha rea-
lizado en el marco de un contrato de financiación con la UNESCO, dentro del programa de la
Memoria del Mundo, en el cual está incluida parte de la documentación conservada en el
archivo, la digitalización de 500 documentos sobre la trata de esclavos. La ayuda aportada por
esta institución ha sido de un valor inestimable, posibilitando la concreción de una mejor
difusión y conservación de los documentos que el archivo atesora.
Archivo del Mercosur
El Archivo General de la Nación de Argentina resguarda valiosos documentos, no sólo
del pasado argentino, sino de los países del Cono Sur de la América meridional. De modo que
puede ser considerado para el período colonial y las primeras décadas del período independien-
te como uno de los principales Archivos del Mercosur. La documentación que custodia de esta
época refleja en forma completa la historia regional, en virtud de que la administración españo-
la se había caracterizado por llevar sus archivos en forma minuciosa centralizándolos en la
ciudad capital del virreinato.
En el siglo XVI se fundan las primeras ciudades en el actual territorio argentino, desta-
cándose Santiago del Estero (1554) y Córdoba (1573), una cadena de centros urbanos localiza-
dos a lo largo de la ruta por la que a partir de 1545 al descubrirse los filones de plata en Potosí,
se comercializaba parte de la producción minera del Alto Perú. En 1580 se funda Buenos Aires
como puerto para sacar eventualmente por vía marítima la producción de todas las provincias
interiores.
Durante el siglo XVII, la corona de los Austrias se vio inmersa en continuas guerras
territoriales y endeudada con financistas extranjeros, provocando un desorden administrativo y
contable importante. Los enormes territorios americanos no supieron ser bien administrados y
las potencias europeas comenzaron a lanzarse a la conquista de zonas desprotegidas por España.
De ahí la imperiosa necesidad de realizar una reforma territorial, contable y administrativa de
todos los territorios americanos.
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
45
Gustavo Fabián Alonso
La estructuración administrativa de las Indias pecó desde un principio de la plasticidad
necesaria para controlar los enormes territorios conquistados. Era lógico que la Corona no
podría gobernar casi todo el continente desde solamente dos virreinatos, el de Nueva España,
con cuatro audiencias y dieciocho gobernaciones; y el del Perú, con cinco audiencias y diez
gobernaciones. Se hacía necesario organizar otro sistema para mejorar la administración india-
na corrigiendo los vicios y defectos acumulados a lo largo del tiempo, que ponían obstáculos al
desarrollo colonial y perjudicaban al erario real.
La oportunidad de cambiar la situación colonial se presentó a partir de la llegada de la
dinastía borbónica al trono de España a principios del siglo XVIII. Los nuevos reyes se aboca-
ron a la tarea de reestructurar territorial, financiera y administrativamente sus colonias, luego
de un siglo de marchas y contramarchas en este sentido.
Las reformas comenzaron en las capitanías de Chile, Caracas, Guatemala y Santo Do-
mingo, a las que dotaron de una mayor autonomía. Entre 1717 y 1739 la Corona instauró en
forma permanente el Virreinato de Nueva Granada y en 1776, de resultas de una expedición
militar encabezada por Pedro Cevallos, el del Río de la Plata.
Concluida la acción bélica, el jefe de la operación se dirigió a la corte, solicitando que la
creación provisional del virreinato se tornase definitiva. El 14 de junio de 1777, pidió al minis-
tro José de Gálvez el traslado de la Audiencia desde Charcas a Buenos Aires y el establecimiento
de un tribunal de cuentas. El rey aprobó la propuesta y el 27 de octubre de ese mismo año,
expidió el título de nuevo virrey en el nombramiento de Cevallos.
De modo que el nuevo virreinato se confirmaba dejando atrás una creación meramen-
te occidental con el único propósito de transferir recursos a las tropas expedicionarias. La
monarquía borbónica respondía a las advertencias estratégicas para detener el avance lusita-
no, eventualmente británico; paralelamente la región recibía un trato preferencial que per-
mitió a sus primeros virreyes concretar una amplia labor económica y social. Jerarquizada al
calor de la guerra, Halperín Donghi señala que “Buenos Aires era a la vez capital virreinal y
cabeza de la inmensa retaguardia para el sistema defensivo que —desde Paraguay hasta la
Patagonia— debía proteger el amenazado frente atlántico del imperio español de la amenaza
terrestre de Portugal, y la marítima de su aliada y protectora británica”.
A partir de la creación del Virreinato del Río de la Plata en 1776, Buenos Aires y su
territorio adyacente comenzaron a experimentar un significativo desarrollo. La jurisdicción del
nuevo virreinato comprendía las antiguas provincias de Tucumán, Buenos Aires y Paraguay, los
gobiernos del Alto Perúy la zona de Cuyo, segregada de la Capitanía General de Chile. En líneas
generales, abarcaba los actuales territorios de Argentina, Bolivia, Paraguay, Uruguay, y desde
1784 a 1796, la Intendencia de Puno en el sur del Perú. Además administraba parte de Río
Grande del Sur en Brasil y las islas de Fernando Poo y Anabón en la costa occidental de África.
La disgregación de varias provincias del Virreinato del Perú y su reunión bajo una auto-
ridad con residencia en Buenos Aires, implicaba el reconocimiento de la creciente gravitación
que los territorios del extremo sur atlántico tenían en el imperio español. El régimen de libre
comercio, la creación de la Aduana y de la Audiencia porteñas y la reorganización de las juris-
dicciones provinciales completaron la reforma.
UNESCO
46
PARTE INTRODUCTORIA
El paso de Buenos Aires de su rango de cabeza de Gobernación a cabeza del virreinato,
implicó una fuerte centralización administrativa, económica y política, al tiempo un nuevo
ordenamiento jerárquico que afectó a todos los países del Cono Sur.
El Archivo General de la Nación de Argentina conserva la producción documental com-
pleta del período del gobierno español en América, aunque las piezas más modernas alcanzan
aproximadamente el año 1821, fecha en la que se terminan de suprimir las últimas instituciones
que habían caracterizado la burocracia indiana.
El comercio, la navegación, los impuestos, la agricultura, la industria, los hospitales, la
vida en las fronteras, los pueblos indígenas, las estadísticas poblacionales, las diversas órdenes
religiosas, la conflictividad social, los transportes, las campañas contra los portugueses, los con-
flictos con los británicos y las guerras guaraníticas, son algunos de los aspectos que pueden
estudiarse a partir de estos fondos coloniales.
Además de la creación del virreinato, otro aspecto fundamental para el desarrollo de
Buenos Aires fue la implantación del Tratado de Libre Comercio de 1778, el cual permitió
abrir una ruta comercial directa con la metrópoli. El comercio debía realizarse en navíos
españoles y con tripulaciones ibéricas, se promovían las construcciones navales, se detalla-
ban los puertos autorizados para el intercambio, se establecían el registro de cargas y los
consulados en los puertos de mayor movimiento, se habilitaba el intercambio entre puer-
tos americanos, y se dictaban normas fiscales tendientes al fomento de manufacturas en la
metrópoli y de materias primas coloniales. La ampliación del radio de influencia de Bue-
nos Aires hasta el Alto Perú, con el aporte de las riquezas de sus centros mineros, sellaron
definitivamente las transformaciones.
Como consecuencia de esta normativa, nuestra institución contiene un gran volumen de
documentos que reflejan la evolución del comercio atlántico desde fines del siglo XVII, todo el siglo
XVIII e inicios del XIX, no solamente de mercaderías, sino también el tráfico negrero. En este rubro,
fue el Consejo de Indias el que primero tuvo competencia sobre el tema, y creó en su seno una Junta
de Negros. Como los españoles no se dedicaron en forma directa a este comercio, entregaron a
terceros países la tarea de introducir negros esclavos en las regiones necesitadas de mano de obra. A
pesar de algunas tentativas de volver a tomar el control de la trata de esclavos a fines del siglo XVIII,
la Corona española no pudo nunca realizar esta tarea por sí sola.
La peculiar evolución administrativa de la región confiere al Archivo General de la Na-
ción de Argentina un rol privilegiado para el estudio de las naciones que forman parte del
Mercosur como miembros plenos, y de otras que actúan como observadoras.
La trata de esclavos en el Río de la Plata
La trata de esclavos en la América española atravesó diversas etapas durante los siglos
XVI a XIX. En un primer momento fueron comerciantes portugueses los que en mayor núme-
ro llegaban al puerto de Buenos Aires a partir del otorgamiento de licencias. La Corona españo-
la se beneficiaba con estos ingresos otorgándoselos a comerciantes extranjeros y no a vecinos de
las regiones americanas.
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
47
Gustavo Fabián Alonso
Estas licencias, sin embargo, no solucionaban el tema de abastecimiento de mano de
obra, por lo que el contrabando se constituyó en la forma más común de solucionar este proble-
ma. Además de éste, existían otras formas cuasi-ilegales de introducción de negros, por ejem-
plo, las arribadas forzosas.
Recordemos que en Buenos Aires estaba prohibido el comercio libre a partir de una Real
Cédula de 1595 que se extendió por espacio de todo el siglo XVII. Solamente llegaban al puerto
en forma legal dos o tres navíos de permiso, insuficientes para abastecer de mercaderías a la
región.
Sin embargo fueron los contratos de asiento, ya en el siglo XVIII, los que solucionaron
en gran parte el abastecimiento de esclavos, siempre a la par del contrabando que nunca dejó de
ser una manera de introducir negros y sacar frutos de la tierra y plata procedente del Alto Perú.
En los inicios del siglo XVII estos contratos fueron firmados con compañías portugue-
sas, más tarde se trató con los genoveses, para terminar el siglo con una mayoritaria presencia de
comerciantes holandeses.
Algunos asientos contemplaron la introducción de esclavos en el Río de la Plata, como el
firmado con Gómez Reynel en 1595 que estipulaba el ingreso de 600 “piezas”. Pero si bien las
licencias y asientos constituyeron excepciones a las prohibiciones reales que pesaban sobre Bue-
nos Aires desde 1594, el contrabando fue la vía más utilizada para ingresar a ese puerto merca-
derías y esclavos.
Hasta 1640 fueron los portugueses los que controlaron el tráfico ilegal en el Río de la
Plata. Sus posesiones en la costa de África y Brasil, sumado al hecho de responder al mismo rey
que España, fueron de vital importancia para el manejo de la trata en el Atlántico sur. La
separación de las coronas y la pérdida de puntos estratégicos como Luanda en África y Recife en
Brasil produjeron una merma en su comercio negrero.
En el siglo XVIII se inicia una nueva etapa de comercio negrero con el otorgamiento de
los llamados tratados de Asiento de Negros. En 1702 es conferido el asiento a la Real Compañía
Francesa de Guinea y con posterioridad al tratado de Utrecht, a la South Sea Company inglesa,
en 1713. En este sentido, los introductores de negros debían pagar un impuesto a la Corona
española, además de serle permitido introducir cierta cantidad de mercaderías a cambio.
La compañía inglesa dejó de funcionar en 1750, lo que trajo aparejado nuevos problemas a la
Corona española para proveer esclavos en un territorio en expansión comercial, sedienta de mano
de obra para estancias, minas y ciudades del virreinato. Los Borbones intentarán paulatinamente
liberar el tráfico de esclavos mediante la creación de compañías de comercio, como la de Filipinas
(1785), la sanción del Reglamento de Libre Comercio en 1778 o la Real Cédula de 1791, que
liberaba el tráfico de esclavos a cambio de la salida de frutos del territorio.
Entrado el siglo XIX, la Asamblea Constituyente determinó la libertad de vientres en
1813 aboliendo el tráfico de esclavos; sin embargo continuó hasta más allá de mediados del
siglo a pesar de que la Constitución de 1853 abolió la esclavitud definitivamente.
Respecto de las fuentes que contiene el Archivo General de la Nación para el estudio de la
trata y otros temas vinculados a la población de color en el Río de la Plata, podemos mencionar los
Registros de Navíos, decomisos de esclavos, licencias de introducción, Libros de Asiento, contratos
UNESCO
48
PARTE INTRODUCTORIA
de introducción, Alcabalas de negros, licencias y pasaportes de esclavos, Consulado de Buenos
Aires, Protocolos de Escribanos, Tribunales, Sociedades Africanas, Hacienda, Golfo de Guinea,
Cabildo de Buenos Aires, Reales Cédulas y órdenes, Temporalidades, entre otros.Recordemos que estas series documentales son las contenidas en la División Colonia
Sección Gobierno (Sala IX), sin mencionar los documentos de la Contaduría Colonial (Sala
XIII), que son de gran importancia en materia económica para el estudio del comercio negrero.
En esta última sección se destacan los libros de Cargo y Data, Manual y Mayor, Cuentas,
diferentes tipos de impuestos, entre otros.
La digitalización de documentos sobre trata de esclavos
La documentación referida a la trata de esclavos, como respuesta al requerimiento soli-
citado por UNESCO, incluida en la Memoria del Mundo en el año 1996, corresponde al
fondo documental “Virreinato del Río de la Plata”, el cual integra la mayor parte de los 4140
legajos contenidos dentro de la División Colonia-Sección Gobierno, que resguarda nuestro
repositorio. Las fechas extremas de las series de esta división se extienden desde 1563-1821.
A pesar de que la creación del virreinato se produce en 1776, la documentación elegida para
la digitalización de documentos sobre esclavos rebasa esta fecha, ya que el primer documento elegi-
do es de 1602. Esto responde a la idea de incluir dentro de los registros los antecedentes principales
de la trata en la antigua gobernación de Buenos Aires, que formaba parte, antes de la creación del
virreinato, del Virreinato del Perú. Además, si nos hubiéramos circunscrito sólo al período 1776-
1810, habríamos dejado de lado casi dos siglos de comercio negrero en el Río de la Plata de abun-
dante documentación contenida en las diversas series que conforman el fondo colonial mencionado.
El mayor volumen documental sobre esclavos, y de toda la documentación colonial, está
contenido dentro del segmento temporal que va de 1776-1810. Esto responde fundamental-
mente al crecimiento comercial y administrativo-judicial producido a raíz de la creación del
Virreinato (1776) y de la Audiencia de Buenos Aires en 1785.
No están incluidos, por tanto, los documentos sobre esclavos contenidos en la División-
Colonia-Sección Contaduría (Sala XIII. 3312 legajos), dentro de la cual se resguardan los regis-
tros contables de la Corona española en estas tierras durante el período 1575-1821. Entre ellos
podemos mencionar el fondo del Tribunal de Cuentas, donde se incluyen los libros contables
de las diferentes Cajas Reales de la región, las alcabalas y otros registros impositivos, libros de
tesorería de la Real Hacienda, decomisos de esclavos, asientos de navíos, arribadas forzosas,
Consulado, entre otros documentos ya mencionados.
Al plantearnos el estudio surgió el problema de qué elegir para digitalizar sobre el con-
junto de documentos sobre esclavos del gobierno colonial. La cantidad de 500 documentos
representaba un porcentaje menor dentro de esta sección. Además, no todos los documentos
sobre esclavos están catalogados, por tanto la tarea se hizo más ardua al tener que revisar series
enteras para encontrar en ellas documentos representativos de la trata.
Al no tener una estadística exacta de la cantidad de documentos sobre este tema
contenidos en la división colonia, no podemos establecer fehacientemente cuántos de ellos
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
49
Gustavo Fabián Alonso
hay, pero seguramente estos 500 registros no llegan a constituir un 10-15 por ciento
del total de la misma.
Se siguieron dos líneas de trabajo: por un lado, buscar los documentos que estuvieran en
mal estado de conservación, recordando que es esta una de las primeras y principales funciones
de todo archivo. Por otro lado, atender a las múltiples posibilidades temáticas de los diversos
investigadores potenciales sobre la esclavitud, otorgándoles “pistas” de investigación de la masa
documental sobre la que se trabajó.
El porcentaje de documentos en mal estado de conservación es mínimo, a pesar de los
más de cuatrocientos años que llevan de vida. Los más deteriorados lo están por los elementos
constitutivos del soporte, fundamentalmente los confeccionados con tintas ferrogálicas que van
“comiendo” el papel que las contiene.
Sobre el papel en sí, debemos decir que son los más antiguos los mejor conservados, ya
que éstos se hacían con elementos y procesos mecánicos artesanales y de mejor calidad de los
hechos en el siglo XVIII, principalmente durante el siglo XIX, aunque en las primeras décadas
de éste se encuentran buenas pastas de papel.
Respecto de satisfacer los requerimientos del público usuario, decidimos seguir lo que
llamamos la “línea de vida de los esclavos”. Mediante la elección de 500 documentos debíamos
tratar de mostrar el camino seguido por los negros desde que llegan en los barcos desde su África
natal, hasta que mueren en una tierra en la que fueron obligados a habitar.
Este ciclo de vida o ruta del esclavo lo empezamos a recrear a partir de la llegada de los
primeros navíos con cargamento de negros al puerto de Buenos Aires, en los primeros años del siglo
XVII. En estas primeras décadas de la trata, los navíos con licencia (2, 6, 23,)2 se mezclaron con los
barcos llegados de contrabando (1,10,55). El contrabando constituyó, desde un principio, la prin-
cipal entrada de negros durante casi todo el período del tráfico en estas tierras. Las disposiciones
legales emitidas para prohibir el contrabando (22), así como los decomisos de negros dan cuenta de
esto. Los remates de esclavos decomisados (4) están presentes en forma constante en la documenta-
ción, dando cuenta de la forma ilegal de la entrada de negros al Río de la Plata.
El largo viaje desde las costas africanas, especialmente desde Guinea, Angola, Mozambique
o de otros centros de extracción dominados en un principio por los portugueses, diezmaban el
cargamento humano hasta el punto de prohibir la entrada de los barcos a puerto “por las enfer-
medades traídas en ellos”(51).
Luego de su llegada, los negros comenzaron a ser distribuidos para trabajar en las dife-
rentes regiones del virreinato. Algunos de ellos se quedaron en la ciudad para trabajos domésti-
cos, en las obras públicas (16) o en labores artesanales, pero la gran mayoría fue enviada a
trabajar en el polo minero de Potosí (11,14) para reemplazo de mano de obra indígena en las
minas, en las estancias y chacras abastecedoras de productos al cerro rico, vacías ya de brazos
indígenas llevados al socavón (8).
2. Los números entre paréntesis significan el número de orden de cada uno de los documentos en el catálogo cronológico
de esclavos.
UNESCO
50
PARTE INTRODUCTORIA
En 1610, el Cabildo de Buenos Aires acuerda permisos para importar negros “para el
trabajo dada la escasez de indios que hay”(8). Este mismo cuerpo actúa diligentemente sobre el
trabajo esclavo y permite “introducir negros a cambio de cueros y lanas a estas provincias”(9).
Otro de los destinos más comunes de los negros, además de Potosí y su zona de
influencia más cercana, son las minas de Uspallata en la antigua capitanía general de Chi-
le, como lo demuestra una comunicación del teniente de rey Diego de Salas dando cum-
plimiento a órdenes del virrey en el sentido de permitir la introducción de negros a ese
destino (102) o una Real Orden de 1776 que establece la introducción de 100 negros “para
las minas de Uspallata”, en el Reino de Chile. Éste era una de las rutas de salida de los
negros ingresados por Buenos Aires.
La falta de mano de obra no es sólo privativa de Potosí o Chile. Un auto del gobernador
Hernando Arias de Saavedra de 1615, establece que los negros vendidos en almoneda pública
“sean llevados a trabajar a las provincias de Buenos Aires, Santa Fé y Asunción” (13).
Las pingües ganancias que acarrea el comercio de esclavos se pueden corroborar en la entrada
de dinero en las arcas de la Real Hacienda, desde las primeras décadas del siglo XVII (11,12), sobre
todo por el derecho de alcabalas cobrados a raíz de la compra-venta de negros (29, 30).
Los Protocolos de Escribanos muestran el accionar de los escribanos de laciudad
por medio de su intervención en las compra-ventas de negros desde muy tempranos años.
Por ejemplo, la venta de una negra el 24 de junio de 1605 en Buenos Aires es certificada
por el escribano en $220 (5). En otra venta de 1621 se venden los hombres en $250 y a
$450 las mujeres (20). El alto precio de las mujeres respecto de los hombres obedece a
razones de crecimiento vegetativo, y la ventaja de disponer de un vientre joven que daría
nuevos esclavos.
Lo inhumano de este tráfico se reflejaba en las marcas sobre los cuerpos, maltrato al que
eran sometidos los esclavos al llegar a puerto o ser vendidos a sus amos (28, 32). Esta costumbre
empieza a ser desterrada durante la segunda mitad del siglo XVIII.
Asentados en la ciudad, a los esclavos se los encuentra trabajando en diversas tareas,
como vendedores de mercaderías en la plaza central o en las obras públicas, sobre todo aquellos
que quedaban a disposición de la Corona o el Cabildo. En éste pueden ser pregoneros, como el
negrito José, que es nombrado en 1735 (69). Sin embargo, algunas disposiciones legales les
prohíben hacer ciertos trabajos, como atender pulperías (34) o vender vinos (18).
El otorgamiento de licencias a compañías extranjeras para el comercio de esclavos se
destaca en los expedientes. La Real Compañía de Guinea francesa tiene este privilegio durante
los primeros trece años del siglo XVIII (47), y en 1703 empiezan a llegar los primeros barcos
procedentes de Guinea con el sufrido cargamento humano (47). El asiento establece sólo traer
negros y se le prohíbe a la compañía, mediante Real Cédula del 11 de octubre de 1703, introdu-
cir mercadería en los puertos de América (48), pero el contrabando solucionaba esta prohibición.
En 1705 el Cabildo de Buenos Aires acordó otorgar a la compañía un paraje destinado a
edificar un hospicio para alojar a los negros recién desembarcados (52). En 1712 las relaciones
no parecen ser las mejores entre los oficiales reales y la compañía, la cual estableció una deman-
da contra estos por no dejarle desembarcar un cargamento de 140 negros (55).
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
51
Gustavo Fabián Alonso
Contrariamente, son los ingleses los que llegaron con barcos negreros a raíz de la paz
de Utrech de 1713, y la concesión de la exclusividad del transporte y venta de negros a la
South Sea Company (55, 56, 61, 66), privilegio que se extenderá por lo menos hasta 1750.
Los Bandos de gobernadores y virreyes de Buenos Aires tienen en cuenta las formas de
vida de los esclavos desde las primeras décadas del siglo XVIII. Los mismos reglamentan los
trabajos de éstos en las cosechas de la campaña de Buenos Aires (77, 90), o la colocación laboral
en términos perentorios de aquellos que vagan sin trabajo estable (78), o la prohibición de usar
boleadoras en zona urbana “por ser un arma ofensiva” (80). También son reclutados para expedi-
ciones punitivas contra indios rebeldes (89).
La pena más común para aquellos esclavos díscolos son los azotes corporales (87), que
incluso en cantidades elevadas provocaba la muerte del castigado.
La fuga parece haber sido una de las respuestas más frecuentes de resistencia contra la
esclavitud. Existen numerosos expedientes y disposiciones legales sobre este tema. Los negros se
fugaban a la campaña bonaerense o cruzaban el río hacia la Banda Oriental (227), otros llega-
ban hasta las tolderías de indios para vivir entre ellos. Los gobernadores y virreyes emitieron en
forma constante órdenes sobre no admitir en las casas o campos esclavos fugados (112, 122) o
sin licencia (107). Muchos son los expedientes judiciales iniciados por propietarios de esclavos
que reclaman la devolución de algún esclavo fugado atrapado por la justicia o por personas que
les daban cabida en su hogar para hacer uso de ellos (127, 133).
Los malos tratos parecía ser la razón principal de la fuga. Muchos esclavos son registra-
dos en los expedientes de tribunales con golpes denunciados por los mismos compradores, que
al ver el mal estado de salud de alguno de ellos, solicitaban les sea devuelto su dinero a cambio
de la entrega del esclavo maltratado (130, 147, 148, 210).
La presentación de demandas judiciales de los negros, no sólo por medio de sus represen-
tantes, como los capitanes de morenos (148) o el defensor de pobres (204) sino, y sobre todo a
fines del siglo XVIII, son litigios personales solicitando la libertad mediante la manumisión
(171, 175, 245) o la denuncia de malos tratos contra ellos (169). Algunos esclavos llegan a
cometer homicidio sobre sus amos debido a esto (110).
Son numerosísimos los expedientes judiciales referentes a esclavos, especialmente duran-
te la segunda mitad del siglo XVIII. Los temas más comunes son las solicitudes de devolución
de esclavos fugados, malos tratos recibidos, homicidios, robos, heridas, solicitudes de libertad,
fugas, entre otros.
La dispersión territorial de los negros se puede rastrear mediante los inventarios de bie-
nes laicos y religiosos. Existen registros de órdenes religiosas, especialmente de los jesuitas, que
detallan entre “sus bienes” a esclavos negros, sobre todo en los numerosos inventarios de las
juntas de Temporalidades creadas en todo el virreinato luego de la expulsión de jesuitas en
1767, que incluyen grandes cantidades de negros entre sus trabajadores (152, 154, 155), pre-
sentes en todas las regiones del virreinato.
La campaña de Buenos Aires es escenario de la vida de estos esclavos. Se los encuentra en las
cosechas, en el trabajo de las estancias, en los padrones tomados en los pueblos (179) o en las
sumarias criminales levantadas por las autoridades judiciales y policiales de la campaña bonaerense.
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52
PARTE INTRODUCTORIA
A partir de la segunda mitad del siglo XVIII, se visualiza en los expedientes una
mayor tendencia hacia la organización gremial y adaptación cultural de los negros. Así lo
demuestra el expediente iniciado por los cofrades de San Baltasar y las Ánimas solicitando
construir una capilla para celebrar sus funciones (221) o la solicitud de aprobación de sus
Constituciones en 1785 (226). Las cofradías comienzan a salir en procesión por las calles,
previo permiso otorgado por la autoridad (281) competente.
También los encontramos integrando las compañías de morenos hacia 1774 (230). Al-
gunos de ellos ocupan algún puesto de importancia en estas compañías de negros libres, como
Manuel Frías, que se queja de que el encargado de recoger negros fugitivos y gobernar los
tambos le ha restado autoridad a sus órdenes (247), e incluso este mismo sargento Frías llega a
solicitar se le informe al teniente de Rey “algunos hechos sobre el comportamiento de soldados” de
su compañía (256).
Los Bandos hacen mención entre 1760-70 de la “prohibición de los bailes indecentes de
negros en la ciudad”. Estos bailes debían pagar una limosna los días domingo y de fiestas donde
sí les estaba permitido bailar y divertirse (233).
Algunos documentos se destacan por su curiosidad, por ejemplo la Real Provisión emi-
tida para que se cumpla la sentencia de azotes y dos años de presidio para el esclavo Francisco
Dulce por haber “engañado” a la hija de su amo (259), o una lista de negros libres destinados
como trabajadores en la expedición a Fernando Poo y Annobón “para extraer negros esclavos...”
(173), o la demanda hecha contra Marcos Gadea porque un perro suyo mordió a un esclavo de
Tomás Silveyra (231).
En 1791 la Real Cédula de Libre Comercio de Esclavos aumentó notablemente la entra-
da de buques negreros que salían con frutos y cueros de la región, trayendo aparejado un au-
mento de las actividades ganaderas que financiarían, con impuestos rebajados, expediciones
triangulares al África y otros puertos americanos. Un antecedente similar se produjo apenas dos
años después de la creación del virreinato con la sanción, en 1778, del Reglamento para el
comercio libre de España e Indias que habilitóa Buenos Aires como puerto legal de comercio
con España y otros puertos americanos.
Estas prerrogativas tuvieron su cenit con la habilitación del comercio extranjero dada en
1795. Así, el Río de la Plata se introdujo definitivamente en el mercado internacional, si bien el
dominio económico de la región se concentró en manos de comerciantes y hacendados del
litoral con base en los puertos de Buenos Aires y Montevideo (297).
Estas ventajas económicas se ven reflejadas en el aumento de la documentación relativa al
tráfico de esclavos, no sólo en forma legal sino por el contrabando que siguió siendo, a pesar de
esta legalidad aparente, la forma más provechosa de enriquecimiento. Por supuesto, esta “ilega-
lidad aparente” está dada por la anuencia de las autoridades que, al igual que los comerciantes
locales, se enriquecen.
Los expedientes comerciales o del Consulado son testigos del enriquecimiento de comer-
ciantes locales que obtienen patentes de introducción de negros en grandes cantidades. Apare-
cen nombres como Tomás Antonio Romero, quien solicita se le permita exportar $250.000 de
frutos del país como pago de la introducción de negros (322, 324), o el de Pedro Duval, que
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
53
Gustavo Fabián Alonso
incluso solicita ser liberado del pago del derecho de alcabalas por ser introductor de negros
(323, 405), o Martín de Sarratea, que como apoderado de la Real Compañía de Filipinas,
creada para el comercio de negros en 1785, firma un expediente sobre la entrada de negros
traídos de Bonni por barcos de la Compañía (366).
Las disposiciones legales intentan controlar la entrada masiva de negros luego del esta-
blecimiento del libre comercio de negros en 1791. Un Bando de 1793 establece un reglamento
“sobre la entrada y manutención de negros bozales en la ciudad” (315).
Acorde al crecimiento sostenido del comercio, en 1794 empieza a funcionar el Consula-
do de Buenos Aires, el cual solicita que “se le informe todo lo concerniente a la extracción de frutos
y la introducción de negros a estas provincias desde la costa de África, a nacionales y extranjeros”
(305). Este organismo se erigirá como órgano rector de los asuntos de comercio de la ciudad,
donde estarán representados los principales comerciantes que tendrán influencia en las decisio-
nes relativas al comercio y la agricultura de la región (343, 354, 355).
Paralelamente, los negros de la ciudad empiezan a agremiarse con más fuerza, sobre todo
en las actividades artesanales más comunes entre ellos, como los zapateros, y a tal punto se
agremian que en 1793 solicitan ser “separados del gremio de españoles, indios y mulatos” (307),
dentro del cual ya no quieren estar.
El accionar de los negros en la defensa de Buenos Aires frente a las invasiones inglesas
está reflejado en diversos expedientes de otorgamiento de libertad por la acción de los mismos
en la invasión. Antonio Díaz solicita desde la cárcel ser puesto en libertad por “haber actuado en
la defensa de Buenos Aires durante las invasiones inglesas” (478), o la liberación hecha por el
Cabildo de nueve esclavos por “los méritos contraídos en defensa de la ciudad”, en 1808 (470).
La presencia de los negros en las guerras de la independencia se observa en los documen-
tos. Los dueños de esclavos son reacios a entregar a sus esclavos para el esfuerzo bélico, se quejan
de tener que entregarlos al Estado o de que éste no se los devuelva a la brevedad (496, 497, 499).
El joven Estado nacional hace constantes relevamientos de esclavos capaces de tomar las armas
(489, 500), ya que su destino eran los regimientos patrios.
Este sucinto recorrido temporal sobre el conjunto de las series documentales que confor-
man la Sección Gobierno Colonial, revela la dispersión y enormidad temática de los documen-
tos relativos a esclavos.
Sobre el total de 500 documentos, las imágenes escaneadas alcanzaron a 9.980. El catá-
logo cronológico se completó con el relevamiento de los documentos relativos a esclavos conte-
nidos en los catálogos de nombres y temáticos de la Sección Gobierno Colonial conservados en
el Archivo. Además, se confeccionó un índice general extraído del inventario de la división
Colonia (sala IX).
UNESCO
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PARTE INTRODUCTORIA
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Buenos Aires.
PRIMER PANEL
Marco histórico
UNESCO
PRIMER PANEL
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LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
57
Silvia C. Mallo
La actual fragmentación de las ciencias sociales y de los estudios históricos ha provocado
la distorsión del objeto de estudio y las posibilidades de repensar los problemas centrales de la
historia mundial, así como la observación de influencias mutuas y entrecruzadas entre los dife-
rentes espacios afectados por el colonialismo y la dominación económica. La expansión signifi-
có la comunicación de los espacios, entonces parcialmente conocidos, Europa, África y Asia,
con nuestro continente, entonces desconocido. El espacio atlántico, ámbito de convergencia de
procesos históricos significativos a partir de dicha expansión, dio lugar a construcciones histó-
ricas originales y al surgimiento del sistema capitalista mundial. El sistema de trabajo y la
obtención de la mano de obra impactaron sobre las sociedades campesinas —en las que durante
siglos se centrara la supervivencia— para generar áreas diferenciadas por cambios sustanciales
en el estándar de vida de las diferentes poblaciones. África y América Latina se colocaron “en el
ángulo negativo entre el atraso y el progreso, la tradición y la modernización, la inocencia política y
la vulnerabilidad para la manipulación externa, la pobreza y el desarrollo, el centro y la periferia, el
primero y el tercer mundo”. (Stern,1993)
 La transición del feudalismo al capitalismo basado en la expansión europea condujo a la
configuración del sistema-economía-mundo, al desarrollo de diversos métodos de control y
división del trabajo, la existencia de variedad de productos en diferentes regiones y la creación
de un Estado fuerte en las áreas centrales. A su turno, todo ello impactó en las estructuras y
cambios políticos, administrativos y culturales. En los siglos XVII y XVIII, ya establecida la
relación inicial entre los continentes, la incipiente industrialización, la hegemonía holandesa en
el Atlántico y el asentamiento de colonias en América del Norte generaron el desarrollo capita-
lista de Gran Bretaña y Francia. Vinculadas en América al Caribe y a la plantación tabacalera de
las colonias del sur de América del Norte configuraron, agregadas al nordeste portugués de
Brasil, las denominadas áreas de plantación en territorios americanos. Estas últimas se diferen-
ciaron de las áreas de antiguo asentamiento en el área de dominación hispánica y de las restantesexperiencias colonizadoras.
Experiencias de vida, formas de trabajo
y búsqueda de libertad
SILVIA C. MALLO
UNESCO
PRIMER PANEL
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Se ha señalado reiteradamente que los cambios que generan la evolución de la mano de
obra asalariada en la agricultura, la producción ganadera y la industria, se produjo solamente en
la costa europea occidental donde dicho proceso tuvo lugar. Por consiguiente, es allí donde se
desarrollan los Estados y las clases privilegiadas que obtendrán la acumulación de capital con
los mayores beneficios. Entretanto, Latinoamérica y Europa Oriental se mantienen ligadas a la
mano de obra forzada esclava o servil para producir metálico, azúcar y cereales y la antigua
Europa del sur o mediterránea, se ubicó en la semi periferia, transformada en una región de
intermediación en la que prevalecen relaciones laborales variadas y producción de cereales. El
modelo económico y laboral, entonces, derivó directamente de la expansión y de la instaura-
ción del sistema económico mundial atlántico o en términos de Wallerstein (1974-1980) “siste-
ma mundo”, organizado y administrado desde las áreas centrales e indirectamente vinculado al
cambiante mercado internacional y a los intereses locales con éste, relacionados en las áreas
periféricas.
La historiografía estuvo desde el siglo XIX, particularmente desde 1920, centrada en esta
problemática: la pervivencia americana de tradiciones culturales y religiosas enraizadas en el
medioevo generadoras de estructuras económicas anacrónicas; las particularidades de la bús-
queda de beneficio por parte de los colonizadores y el impacto de la explotación mercantilista
como impulsora de la estructura económica y de las relaciones sociales en América. Otro tema
fue la subordinación de Iberoamérica como proveedora de artículos primarios y de excedentes
al mercado europeo en pleno proceso de expansión, en el contexto del creciente capitalismo
comercial. Fundamentalmente se centró en la explotación de la mano de obra de las poblacio-
nes originarias y esclavas la tenencia de la tierra, la cuestión agraria y el aniquilamiento y poste-
rior crecimiento de la población en las áreas colonizadas. Las teorías de la dependencia pusieron
el acento en la conformación de una realidad dual que se evidenciaba separando la realidad
latinoamericana en un área con una estructura agraria latinoamericana tradicional, y otra en la
que los enclaves capitalistas se ligaban con mayor dinamismo y conexión con el sistema atlánti-
co y la economía mundo. Surgieron impulsadas por estas posiciones visiones históricas de con-
junto como las de T. Halperín Donghi y Stanley y Bárbara Stein.1
Desde la década del setenta del siglo XX reaparece la preocupación por la cuestión del
sistema mundo atlántico con los textos de Wallerstein. Este autor pone el acento en la unidad
del análisis histórico desde el siglo XVI en el conjunto del sistema mundo como una totalidad
en la que se generaron relaciones particulares de producción que ejercieron una influencia
decisiva sobre la dinámica y la amplitud de las funciones. Wallerstein no entendió al capitalis-
mo como la reimplantación de relaciones coercitivas de trabajo a partir de la mano de obra libre
asalariada. Señaló, por una parte, la optimización de la combinación del uso de la mano de obra
coercitiva que benefició al sistema capitalista —la economía mundial europea—. Por la otra,
distinguió la esclavitud de la antigüedad y la servidumbre medieval de aquella impuesta por el
capitalismo (encomienda-esclavitud). Basado en los estudios realizados sobre las plantaciones
1. Halperín Donghi, Tulio. Historia Contemporánea de América Latina. Madrid, Alianza Editorial. 1969, 1970 Stein,
Stanley y Barbara. La herencia colonial de América Latina, México, Siglo XXI, eds. 1970.
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
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Silvia C. Mallo
del Caribe cuyos plantadores residen en Europa, propuso el esquema del moderno sistema
mundo. 2
Uno de sus críticos —Steve Stern— señala en la década del noventa del siglo XX que
Wallerstein no considera la racionalidad de la producción minera en México y Perú. Allí, la
economía mundo es, sostiene, sólo una de las variadas fuerzas generadoras del desarrollo de la
fuerza de trabajo y la economía en estas áreas periféricas. Recuerda que en México predomina-
ron los trabajadores libres asalariados indios o esclavos africanos. En Perú en 1570, se reorgani-
zó la mano de obra (mita), la división del trabajo y la tecnología (mercurio, etcétera)
cuadruplicando la producción. También se organizó la economía de los espacios complementa-
rios proveedores para el consumo de los trabajadores de la minería. Considera que las elites
locales demostraron tener intereses divergentes con los de la economía mundo y surgieron
mercados regionales e interregionales. Asimismo, considera que el autor olvida que se generó
además un mercado indígena de producción, consumo y especulación que se desarrolló en
forma autónoma y que no se explica a través de la economía mundo europea. 3
Considerando la influencia de la economía mundo en las áreas de plantación, señala que
en la cuestión de la mano de obra vinculada a la producción azucarera brasileña, la utilización
de la mano de obra africana se impone con posterioridad a 1630, esto es, a un siglo del comien-
zo de la explotación azucarera. Muestra que fueron las condiciones de insuficiencia o posibili-
dades de explotación de la mano de obra indígena masculina local, que llevó a que sean las
mujeres las que cultivan la tierra forzándose la utilización de la mano de obra esclava africana.
Se reproduce el esquema de la inicial utilización de los indentured servants en las plantaciones
británicas del Caribe y del sur de los Estados Unidos y de los engagés en las colonias azucareras
francesas, condicionando la incorporación de la mano de obra africana dependiente de la trata
a otras posibilidades alternativas de generar la producción.
En la relación de la economía mundo y África, el tema recibió desde 1940 la atención de
distintos estudiosos que desestimaron la influencia africana en el desarrollo de una economía
mundo. La perspectiva africanista impulsó a su vez el análisis de la actividad, adaptaciones,
elecciones e iniciativa desde los estudios de Ranger a partir de 1970. Otros historiadores africa-
nos se interesaron exclusivamente por la dinámica interna de la sociedad africana, sus puntos de
partida y su propio proceso histórico. Pocos son los que se preocupan por ubicar a África en el
contexto mundial. Hopkins y Alpers resaltaron la importancia de los mercados mundiales afri-
canos señalando uno los aspectos positivos de su existencia, y el segundo como una condición
negativa respecto de las posibilidades de un desarrollo autónomo y equilibrado. Las teorías de la
dependencia y las de la economía mundo de Wallerstein fracasaron para explicar el proceso
histórico africano. Phillip Curtin, Meillasoux, Manning, Frederick Cooper intentaron entre la
2. Wallerstein, I. The Modern World System. Capitalist Agriculture and the Origins of the European World-Economy in the
Sixteenth Century, New York Academic Press. 1974. Traducción en español El moderno sistema mundial. La agricultura capita-
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UNESCO
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década del setenta y la del noventa explicar y centrar la relación de Áfricacon la trata de esclavos
y el capitalismo. 4
Thornton retomó el tema de la participación de África en la configuración del mundo
atlántico en el período precapitalista centrando el análisis de las causas y consecuencias de la
diáspora africana hacia el Atlántico. Delineó las tendencias posibles de investigación que rela-
cionan a África y América Latina a partir de la interrelación de los dos grupos oprimidos:
africanos e indígenas; los contactos y la cooperación entre ambos y las rebeliones contra los
españoles en los primeros tiempos de la conquista. 5
En síntesis, la mano de obra constituye un eje central de análisis en la consideración del
proceso histórico del espacio atlántico. Por consiguiente, la trata de pobladores de África y su
forzada inmigración al continente americano son la resultante de dicho proceso, transformán-
dolos en ese contexto histórico en pobladores de nuestros territorios.
Integración y discriminación
Las diferentes formas de dominación implantadas en América con posterioridad a
la conquista incluyó la introducción del sistema esclavista que se desarrolló en este caso
sobre la base de la importación de pobladores africanos. Centrado en la rentabilidad eco-
nómica que su utilización producía, implicaba un beneficio para los sectores dominantes
de la sociedad. Generaba en la interacción, no sólo una amplia gama de relaciones particu-
lares y específicas sino también cambios considerables en la estructura de la sociedad,
definida, por su presencia y la de los colonizadores agregados a la de la población origina-
ria, como multiétnica.
La integración de los africanos a las sociedades americanas en el período colonial entre
los siglos XVI y XVIII y la realidad que viven a su término en el siglo XIX cuando se extiende la
abolición de la trata primero y de la esclavitud después, han movilizado a los historiadores de
todos los tiempos. En ese período colonial y comienzos del independiente al colonizador euro-
peo inmigrante, a los esclavos africanos (inmigrantes forzados) y al indígena nacido en Améri-
ca, se fueron agregando los mulatos y zambos entremezclándose todos ellos en su calidad de
esclavos o de libres. Se integraron a un mundo americano en el que la construcción de la
identidad era confusa y trabajosa. No lo era la evidencia de la marginación sociocultural que
pervive en la memoria y lo largo del tiempo. Los estudios históricos referidos al individuo como
sujeto de la historia, persona, persona jurídica, ciudadano, señalan la especificidad del esclavo
porque no se encuadra en dichas categorías. Se agrega últimamente el interés por la relación de
todos ellos y de cada uno con el poder, las redes y el Estado. Para reconstruir estos procesos
históricos intentamos acercarnos a sus experiencias e historias de vida por medio de situaciones
4. Cooper, Frederick. “Africa and the World Economy” en: Cooper, F., Isaacman, A.; Mallon, F: Roseberry, W. y Stern,
Steve. Confronting Historical Paradigms: Peasants, labor and the capitalist World System in Africa and Latin America. Winsconsin,
The University of Winsconsin Press, 1993, cap. 3, págs. 83- 201.
5. Thornton, John. Africa and africans in the making of the atlantic world 1400-1680, Cambridge, Cambridge University
Press, 1992 y “Contactos forzados: África y América”; en: Pease, F. y Moya Pons. F. (dirs) Historia General de América Latina,
vol. II, Ed. Unesco-Trotta, París, 2000, págs. 49-70.
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
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Silvia C. Mallo
de conflicto que viven en el contexto de las fuentes y casos judiciales, interactuando con otros
integrantes de la sociedad a la que se incorporan, lo que evidencia los prototipos individuales y
las formas de relación.
Orígenes y definición de la esclavitud
 A punto de partida de la oposición entre esclavitud y servidumbre se pueden conocer las
actitudes discriminatorias de la época. Por ejemplo, analizar la situación de los esclavos ante la
Justicia. Tanto la esclavitud como la servidumbre surgen y se alternan en distintos sistemas
sociales como métodos coercitivos de obtención de mano de obra sin salario, vistos como for-
mas extra económicas. Precisamente se imponen por una ley que los define como sistemas de
producción alternativa. Es decir, legitima la explotación de un sector dominante sobre otro
basado en la inexistencia del salario y en una relación en la cual amos y señores —estos últimos
con diferencias remarcables y en conjunto con el Estado— hacen uso de la propiedad de otro
individuo integrante o incorporado a la sociedad. En la definición teórica la relación entre
ambos —amo y esclavo, señor y siervo—, deja un espacio de negociación en el que el cambio se
produce respetando la costumbre, consagrando el statu quo.
La esclavitud en las Antiguas Grecia y Roma coincide con la conformación de sociedades
más complejas y politizadas, y la creación legal del ciudadano o elite ligada al Estado. Extendida
a toda Europa, su desaparición genera a fines de la antigüedad la aparición de la servidumbre en
tanto que la esclavitud reaparece en el proceso de expansión europeo en el Mediterráneo atlán-
tico y particularmente en el Nuevo Mundo. Ambos sistemas desaparecen por ley en un largo
proceso entre 1750 y 1860 cuando progresivamente se produce la abolición de la trata, más
tarde de la esclavitud en América y desaparece la servidumbre en Rusia.
 La esclavitud se define siempre como una inmigración forzosa por provenir los esclavos
desde afuera de la sociedad, o sea desde el desarraigo de lo propio. Relacionándose con la
guerra, la trata o comercialización, vinculada a altos índices de mortalidad y de carencia de
inmunidad para las enfermedades que sufren en el traslado, pasan por varias pruebas de super-
vivencia. Ello implica generalmente que son étnicamente diferentes de sus amos y de la socie-
dad a la que se integran. El eje en el que se comprende su existencia gira alrededor del cautiverio
o carencia de libertad, la fidelidad al amo genera una relación que no implica la reciprocidad
como en el caso del siervo y el señor, y sí la inexistencia de identidad ante la ley. Ubicados
cultural y socialmente siempre por debajo de la sociedad en la que se insertan, el esclavo es
percibido como cosa o como bien y a diferencia del siervo es, hasta fines del siglo XVIII,
responsabilidad del amo y no del Estado. Entonces, la resistencia impone la codificación. No es
ciudadano ni persona jurídica (si no existe acusación criminal) y no carece de significación
política pero no es parte esencial de ella.
La existencia de esclavos y de libres genera en la sociedad un concepto diferente del
honor en el que el libre se distingue por su tenencia, en tanto el esclavo carece de él. La aspira-
ción por lo tanto es obtener la libertad, con ella el honor y la dignidad. El derecho a comprar su
propia libertad, la coartación o manumisión, generaba en la sociedad americana una situación
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ambigua cruzada en el lenguaje de la época por la “calidad” y por el “color”, que en ambos casos
conducían al desprestigio. 6
Para los historiadores la ley es, tanto como las instituciones y en mayor medida la que
administra justicia, una construcción histórica. En cada momento y proceso histórico debemos
atender a la particularidad de estas construcciones que en un contexto dado están diferenciadas.
Si bien una sociedad está atravesada por el delito, presenta modalidades particulares que van
más allá de la normativa a la que recurre en su estrategia cada individuo. Eso significa que
interesa la forma usual de manipular la normativa en provecho propio tanto como el concepto
de justicia vigente en cada época y en cada lugar, así como la evidencia del “sentido común”
vigente y las costumbres consensuadas. Incide en el tema la aparición de representantes de otras
instituciones como la Policía o los Jueces de Paz que alteran las reglas del juego. La existencia en
el períodode diversos tribunales de Justicia o fueros (el eclesiástico y el del consulado o el
militar) permiten un entrecruzamiento que ofrecen otra mirada sobre cada uno de los temas
identificados.
Sociedad y Justicia
 En la transición del siglo XVIII al XIX, en el proceso histórico que está en marcha
pesan sobre la Justicia las tres tradiciones que la construyeron por medio del derecho talmúdico,
el derecho canónico y el derecho islámico con una fuerte impronta religiosa de la que el Estado
no se ha separado aún. Reciprocidad, equidad y analogía son los principios básicos sobre los
mecanismos de solidaridad desarrollados, basados en el principio de la justicia distributiva que
aspira a garantizar a cada uno lo que le corresponde. Aplicada sobre una sociedad rígidamente
jerarquizada, lo hará según el estatus social. Es decir que —como señala Giovanni Levi— es
una sociedad en la que la desigualdad es aceptada, estratégica y racional. Por lo tanto, se trans-
forma en una pluralidad de equidades, según el derecho que le corresponde y que es reconocido
por cada individuo de acuerdo a su situación social. La ley difiere para cada estrato social, para
cada persona en una sociedad estratificada pero móvil y dinámica en la que conviven diversos
sistemas normativos, esforzándose para encontrar lo que es justo para cada uno. 7
No es extraño que en esta sociedad del antiguo régimen, corporativa y jerárquica, cada
uno adscriba a diferentes matices en la construcción de su propia identidad porque es lo que le
permite pertenecer al “cuerpo social”. Desde el punto de vista de la sociedad, la rioplatense se
define en Hispanoamérica como una sociedad multirracial con esclavos. En este tipo de socieda-
des la necesidad de la esclavitud es incidental o superficial y no una parte integral de la econo-
mía. Es este el aspecto fundamental en el que se diferencian de las sociedades de esclavos, como
en el caso de las economías de plantación de Brasil, el Caribe y el sur de Estados Unidos carac-
terizadas además por la habitación en barracas, el trabajo en cuadrillas y la mayor preservación
de prácticas culturales africanas. Las sociedades con esclavos como la nuestra devienen de la
misma conquista del territorio en tiempos del descubrimiento de América, precedida por la
6. Bush M.L. (Ed), Serfdom & Slavery. Studies in legal bondage, London-New York, Longman, 1996.
7. Giovanni Levi, “Reciprocidad mediterránea”, en: Hispania, LX/1, 2000, Madrid, España, págs. 103-126.
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Silvia C. Mallo
renovación de la esclavitud de origen africano en España después de la expulsión de los moros.
Los esclavos acompañaron a los conquistadores desde su etapa inicial y fueron aumentando con
el tiempo. 8
Del hecho de ser la cotidianidad uno de los aspectos que hoy intentan rescatarse entre la
memoria y la historia, los negros, morenos o pardos —como lo denominan los documentos—
esclavos y libres surgen en una dimensión diferente en el estudio actual de las sociedades ame-
ricanas. Analizados en el contexto de lo público y lo privado, lo doméstico y lo familiar, la
intimidad, las actitudes, lo simbólico y la búsqueda de la identidad, el imaginario y las menta-
lidades, su presencia es ineludible como generadora de actitudes que les son particulares. Estra-
tegias, relaciones y lazos sociales y el intento reiterado de formar sus propias familias y de
asociarse, también les atañen, apareciendo sistemáticamente en las fuentes judiciales. Se descu-
bre en ellos el grado de conciencia y aceptación de la normativa, así como su evasión. El manejo
de la información y la relación con el poder, del amo o del Estado los muestra en su esclavitud,
intentando elegir su propio destino. Lo hicieron en el proceso dinámico que muestra la inesta-
bilidad de las relaciones sociales, aun en un área hispanoamericana marginal y de frontera.
“Los diferentes grupos de la población se comprometen en un proceso
continuo de manipulación y construcción social de la realidad —dice R. Douglas
Cop— especialmente en una sociedad multirracial, porque en ésta lo étnico se
constituye en una identidad social que puede ser reafirmada, modificada y aun
rechazada, porque el uso de la identidad étnica es libre, flexible y estratégica.” 9
Afortunadamente fue abandonada ya la concepción de “la inanición histórica del escla-
vo”, entendida como su “anulación total de cualquier injerencia en la construcción de socieda-
des históricas”. Existe en ellos el constante deseo de la libertad y su búsqueda como aspiración
humana. Actualmente son visualizados como grupos creativos con relación a la generación de
nuevos procesos de adaptación y resistencia, a punto de haber aprendido por necesidad a utili-
zar las contradicciones del sistema colonial en su provecho. Una nueva lectura de las fuentes
permite indagar en esta nueva visión. 10
En los archivos judiciales se encuentran imágenes que, provenientes de casos particula-
res, enriquecen nuestra idea acerca de los patrones de vida de los africanos en el Río de la Plata.
Es esta una de las fuentes más ricas a las que podemos recurrir para conocer las circunstancias
que rodean a cada individuo en lo referido a las formas de subsistencia y adaptación al medio,
tanto en el orden económico como en el social y de los valores vigentes. El conflicto, el delito,
8. Lucena Salmoral, Manuel. Los códigos negros de la América Española. Alcalá, Unesco-Universidad de Alcalá, 1996.
9. Cope, Douglas, The limits of racial domination. Plebeian society in colonial México City. 1660-1720, Wisconsin, The
University of Winsconsin Press, 1994.
10. Díaz Díaz, Rafael Antonio. Historiografía de la esclavitud negra en América Latina. Temas y problemas generales,
Bogotá, Pontificia Universidad Javeriana, N° 8, diciembre 1994. Aguirre, Carlos, Agentes de su propia libertad. Los esclavos de
Lima y la desintegración de la esclavitud. 1821. 1854, Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú, Fondo Editorial, 1993.
Hünefeldt, Christine. Paying the price of freedom. Family and Labor among Lima’s slaves. 1800-1854. Berkeley, University of
California Press.
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la disputa o simplemente la preservación de los derechos, originan su presencia ante los tribuna-
les. Una justicia cara y discriminatoria como la de entonces no es accesible a estos sectores
sociales, por ello representan a una mínima porción de la población negra esclava o libre. Son
los amos los que se presentan a la Justicia para defenderlos en los delitos de los que se los acusa,
o discuten sobre la propiedad de los esclavos y su venta. Después de 1789 ellos mismos solicitan
su papel de venta exponiendo sus situaciones o discuten sus salarios o la propiedad de terrenos,
casas y herencias. Aparecen como testigos o están presentes en otros casos judiciales.
En los casos revisados, observamos que ellos sufrieron las presiones de la discriminación
racial y de los prejuicios que acompañaban a los de su raza y sector social en el que se ubicaban. Se
resistieron al desafío del medio perdiendo en más de una oportunidad lo que consiguieron con su
esfuerzo, especialmente sus familias. Aprendieron malas artes, las que les enseñó el medio en el que
vivían, y rápidamente, la noción de las ventajas que podían obtener de su trabajo o de los pequeños
negocios. Aprendieron a veces el arte más sutil de volcar a su favor las opiniones cuando su éxito
personal le permitía superar su condición. El “blanqueamiento” o indianización según la región de
la que hablamos, entendido como adaptación al medio y como búsqueda de generar hijos libres en
el caso de los matrimonios interraciales, fue parte de sus vidas.
La distribución de la población africana
y mulata en el territorio del Virreinato
La población africana, negra y mulata —componente que a veces aun hoy se niega—
tuvo en el territorio una dimensión digna de ser considerada. Los habitantes de color consti-tuían, según el espacio, entre un 8 y hasta un 73 por ciento de la población total. Eran aquellos
que habían quedado en el puerto y eran trasladados al interior como destino, los que provenían
de territorio portugués o los que habían nacido en estas tierras. Su posterior y paulatina desapa-
rición se inscribe en el contexto del proceso de las guerras por la independencia y en el de un
profundo mestizaje con el que colaboró la disminución del grupo masculino adulto.
Múltiples interrogantes surgen frente a esta realidad a pesar de todo lo que se ha avanza-
do en el tema. Las preocupaciones se centraron en la cuantificación, en explicar su desaparición
y en su herencia cultural. La demografía histórica fue más estudiada en Córdoba y Buenos Aires
y se avanza ahora sobre el noroeste, litoral y Paraguay. Sólo un minucioso rastreo de los archivos
locales —censos y archivos parroquiales— y la discusión de conjunto de criterios y metodologías
básicas, permitirán una reconstrucción del proceso histórico en el ámbito de todo el Virreinato.
El volumen y destino de la población negra y mulata rioplatense, y las formas de adapta-
ción e integración forzosa a la sociedad local en la que se vieron compelidos a elaborar su propia
identidad, fue siempre una preocupación central en quienes se dedican al tema. Se procura
visualizar el conjunto y extender las observaciones hacia el ámbito de todo el territorio del
virreinato con estudios específicos y generales. A fines del período colonial, entre 1740 y 1810,
se estima que alrededor de 45.000 africanos habían ingresado por los puertos de Montevideo y
Buenos Aires hacia otros destinos en el interior del antiguo virreinato constituyendo, donde
fueron más requeridos, aproximadamente entre el 30 por ciento y el 70 por ciento de la pobla-
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ción. Posteriormente desciende la importación y prima el desequilibrio de sexos ingresando
mayor cantidad de mujeres, fenómeno intensificado por las guerras por la independencia.
En el contexto internacional se inicia la difusión de la política de abolición a lo que se
agrega la ideología igualitaria dominante en la época que, junto con una oleada inmigratoria
masiva en la segunda mitad del siglo XIX, contribuye a desdibujar su existencia. Negros, par-
dos, morenos y mulatos, africanos y rioplatenses, procedieron de esta corriente migratoria for-
zosa integrándose como protagonistas de la sociedad.
Definida como una sociedad de frontera con esclavos, caracterizada por comportamien-
tos laxos, propios de ésta, la sociedad recurrió al negro africano esclavo como solución inmedia-
ta a la escasez de mano de obra. Presente desde el comienzo de la implantación de sociedades
dominantes con posterioridad a la conquista, no cumplía una función económica esencial como
en la economía de plantación. Es en la diversidad del proceso histórico y del prototipo de cada
una de las sociedades de las regiones que conforman el territorio virreinal donde ponemos el
acento. Era ésta una sociedad en proceso de expansión espacial y económica y de transforma-
ción social y política en su transición a la independencia.
Ellos vivieron entonces su experiencia personal ligada a la demanda de trabajo en las
áreas urbanas (artesanal, doméstico) y en las áreas rurales (ganadería, agricultura, transporte) y
a su integración a los ejércitos. Como propiedad eran un bien de herencia, gozando sin distin-
ción de género del privilegio de ser protegido y cuidado, así como también el de ser explotado,
prestado o alquilado. Cada una de las experiencias individuales vividas en esclavitud los pusie-
ron en más de una oportunidad en situaciones inéditas y difíciles de definir respecto de su
carácter de esclavos.
Aun en la suposición de una mayor estabilidad del esclavo doméstico o del artesano,
traspasado el proceso de desarraigo y de adaptación inicial, ellos experimentaron la inestabili-
dad y una constante movilidad espacial (cambio de funciones en su trabajo, venta, alquiler,
préstamo o búsqueda de su propia supervivencia o la de sus amos). Compartieron con los otros
integrantes de los sectores bajos de la sociedad esta experiencia, la de la inestabilidad, aunque
con rasgos y tintes diferentes en los que la condición de esclavo privado de la libertad era el
rasgo principal. Generaron experiencias y estrategias que les eran propias entre la adaptación y
la huida, comportamientos particulares y un sentido de la vida que los distanciaba y diferencia-
ba tanto de la cultura dominante de sus amos como de aquellos con los que compartían expe-
riencias y con los que elaboraban en conjunto una cultura popular. Los blancos pobres y las
castas, conformadas por indios, mestizos, por último por negros y mulatos libres y esclavos,
compartían los avatares de la vida cotidiana con los restantes sectores de la sociedad y desarro-
llaban, con el consiguiente resentimiento, una conciencia clara de pertenencia a los mismos.
Herbert Klein señala como valores básicos en la cultura de los esclavos a la autonomía y
el saber. Ambos están íntimamente relacionados con lo laboral ya que es la de ellos “una existen-
cia dominada por el trabajo”.11 Los esclavos africanos tenían la mayor participación en el
11. Klein, Herbert S. La esclavitud africana en América Latina y el Caribe. Madrid, Alianza Editorial, Alianza América,
1986, págs. 107, 120.
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mercado laboral con la menor división por sexo. La autonomía y el saber, en el que diferencia-
mos la especialización laboral y la cuota de poder cotidiano que el saber o el estar informado
implica, les permitía acceder al mundo de los sueños, permitirse pensar en mejorar dentro de su
propia condición y proyectarse ellos y sus descendientes hacia el futuro.
La vida de relación y las alianzas íntimas permitieron a las mujeres el desarrollo de estra-
tegias y otras vías de acceso al cambio de condición que, aunque fueran más de una vez infruc-
tuosas, eran las más directas. Más allá de las estrategias femeninas en el ámbito doméstico en su
contacto directo con el amo, un proceso, el de blanqueamiento-indianización, se dio de hecho.
Este proceso complejo y general del mestizaje acompañó a la totalidad de la población
americana y aquí, tanto a los esclavos como a los liberados, a los negros y a los mulatos o
zambos. Ligado al proceso demográfico se fundamenta tanto en las diferencias existentes en los
índices de masculinidad y de femineidad, como en las prácticas vigentes en las uniones matri-
moniales que surgen del estudio de los archivos parroquiales. De ellos se infieren las caracterís-
ticas de la conformación de parejas no sacramentadas o uniones de hecho cuyo único indicio es
la dimensión de la ilegitimidad de los hijos.
Cifras de la población afro en el espacio virreinal
El objetivo que planteamos inicialmente en este avance es precisamente el de visualizar a
la totalidad de la población afroargentina, esclava y libre, cuando la sociedad americana transita
hacia la modernidad entre la Ilustración y el Romanticismo conformando sus Estados naciona-
les. Las diferencias de fecha del relevamiento y de datos consignados en cada caso hacen dificul-
tosa la compulsa de la escasa información existente para cada región e infructuoso el intento
comparativo. Censistas, estimaciones de viajeros y estudiosos de cada población local consig-
nan a la ciudad solamente, o a ésta y la campaña circundante, apuntan la existencia de esclavos
en su conjunto o no diferencian entre negros y morenos, mulatos o pardos, esclavos o libres,
mujeres y hombres.
El Virreinato del Río de la Plata comprendía los actuales territorios de Argentina, Uru-
guay, Bolivia y Paraguay. Maeder calcula 1.262.500 habitantes para todo el virreinato y 362.000
habitantes en 1800 sólo para el territorio argentino. El área altoperuana en la que se asentaba
Potosí era la más poblada correspondiéndoleel 63 por ciento (800.000) de la población total.
La población del territorio rioplatense constituía un 28.7 por ciento y los territorios del Para-
guay 8 por ciento (100.000).12 La diversidad de este territorio, con recursos muy diferentes,
intensa circulación de personas y bienes, cuyo espacio no está entonces enteramente dominado
y con fronteras interiores permeables, genera diferentes realidades.
Se perfilan dos grandes regiones durante la dominación colonial. Ambas diferenciadas
por el desarrollo cultural y la cantidad de su población indígena originaria, así como por el
grado de inserción de sus economías a los circuitos generados por la producción minera potosina
y a la conexión con el espacio atlántico en el contexto del sistema mercantilista vigente:
12. Frías, Susana, “La expansión de la población” en: Academia Nacional de la Historia. Nueva Historia de la Nación
Argentina, Buenos Aires, Ed. Planeta, 1999, t. II, pág. 89.
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a) el espacio mediterráneo y andino articulado entre el interior potosino y los puer-
tos chilenos del Pacífico, conectado particularmente a través de Santa Fé;
b) el litoral fluvial y atlántico que articula las relaciones y circulación entre el espacio
portugués, Asunción, Corrientes, Santa Fé y el complejo de puertos conectados
con el Atlántico: Buenos Aires-Montevideo.
El noroeste y Cuyo, sobre la precordillera andina, contaban con población indígena
originaria disponible como mano de obra y se caracterizaron por su vinculación con el espacio
minero altoperuano al que abastecían, con el Pacífico y Chile. La pacificación de las sublevacio-
nes calchaquíes a mediados del siglo XVII y la continua resistencia indígena de las tribus del
Chaco Gualamba en la frontera oriental habían inquietado a la región hasta el final del período
colonial.13 Un espacio articulador de todas las regiones, camino obligado hacia todas partes,
era Córdoba. La ciudad y su campaña contaba con 40.000 habitantes al comenzar el siglo XIX
y ha sido uno de los espacios en los que más se ha estudiado al grupo afrodescendiente.
En el noroeste y Cuyo, regiones de antiguo asentamiento y de encomiendas que perdu-
ran a lo largo de todo el período colonial, se generaron sociedades profundamente jerarquizadas.
Contaba en 1800, según Maeder, aproximadamente con un 63 por ciento de la población del
territorio. El noroeste con un 52 por ciento y Cuyo un 11 por ciento. Aumentó en cifras totales
en el período intercensal (1778 y 181) de 85.642 habitantes a 196.663.
El litoral fluvial y el Río de la Plata tenía una población indígena agricultora en las
misiones jesuíticas y Paraguay, y una población indígena más dispersa en el resto de la región
que acompañó el proceso de ocupación del espacio promovido por la actividad ganadera. A
comienzos del siglo XIX contaba con 116.000 habitantes constituyendo el 36 por ciento de la
población del territorio. Con fronteras interiores en permanente inestabilidad subsistían como
productores de yerba mate, de la ganadería y contrabandeaban entre Asunción y Buenos Aires-
Montevideo, conectándose con el Atlántico y el área de colonización portuguesa y con el inte-
rior. Esta sociedad jerarquizada pero más laxa en sus comportamientos, estaba vinculada con la
navegación y tráfico en los ríos y enfrentaba el ataque permanente proveniente de los enclaves
indígenas en sus fronteras interiores
PORCENTAJES DE LA COMPOSICIÓN ÉTNICA POR REGIONES: 1810-1814
LITORAL INTERIOR CUYO
COMPOSICIÓN BS. AIRES CORRIENTES CORDOBA CATAMARCA LA RIOJA MENDOZA SAN JUAN
ÉTNICA CIUDAD CIUDAD
1810 1814 1813 1812 1814 1812 1812
INDIOS 0,4 17,3 0,6 34,0 22,0 19,0 44,0
CASTAS 27,7 11,9 57,8 31,0 45,0 37,0 21,0
BLANCOS 71,9 70,8 41,6 35,0 33,0 44,0 35,0
VALOR ABSOLUTO 55.416 30.184 10.859 20.962 14.128 13.318 12.979
Fuente: Celton, Dora E. “La población. Desarrollo y características demográficas” en Academia Nacional de la Historia
Nueva Historia de la Nación Argentina, t. 4, “La configuración de la República Independiente”, Buenos aires, Editorial Planeta,
t. 4, págs. 45-75.
13. Guzmán, María Florencia. Los mulatos-mestizos en la jurisdicción riojana a fines del siglo XVIII: El caso de los Llanos,
en: Temas de Asia y África, 2, Buenos Aires, Sección de Asia y África, Facultad de Filosofía y Letras, 1993.
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En Buenos Aires, puerto de introducción, ocurría lo contrario a lo que ocurría en el resto
del territorio. Negros y mulatos constituían, según Susan Socolow, el 28.4 % en 1778 de los
cuales 81.4 % eran esclavos y 18.6 % libres. Estos últimos, los libres, llegarían a constituir,
alrededor de 1830, cincuenta años después, un 50 %. En Corrientes, que contaba con indios
guaraníes de las misiones jesuíticas, las castas constituían el 11.6 % de la población.
POBLACIÓN AFROMESTIZA EN EL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA: 1778
ÁREA GEOGRÁFICA AFROMESTIZOS ESCLAVOS LIBRES
Catamarca 73,6 [710] [518]* val.abs. [7198] v.a.
Salta 67,6 19,5 48,1
Tucumán 64,0 — —
Santiago del Estero 54,13 — —
Córdoba 54,0 29,0 49.6 / 56,8*
La Rioja 47,0 8,0 39,0
Cuyo 17,0 — —
Buenos Aires 28,4 81,4 18.6
Santa Fé — — —
Entre Ríos — — —
Corrientes y Misiones 11,6 0,5 11,1
Montevideo 30,6
Paraguay, todo el territorio 14.01
Fuente: Maeder, Comadrán Ruiz, Jorge, Evolución demográfica argentina durante el período hispánico 1535-1810, Bue-
nos aires, Eudeba, 1964. Ernesto J. A., “Evolución demográfica argentina 1810-1869”, Buenos aires, Eudeba, 1969; y “Demo-
grafía y potencial humano de Corrientes. El Censo provincial de 1814”, en: Revista Nordeste N° 5, Resistencia, Universidad
Nacional del Nordeste, pág. 130; *Archondo, Aníbal, “La población de Córdoba según el empadronamiento de 1778”. Serie
de Ensayos N° 27, Córdoba, Facultad de Ciencias Económicas, Universidad Nacional de Córdoba, 1998; Frega, Ana, “Cami-
nos de libertad en tiempos de revolución. Los esclavos en la Provincia Oriental Artiguista, 1815, 1820”, en: Bentancur et al.
(comps). Estudios sobre la cultura afro-rioplatense. Historia y presente. Montevideo, Facultad de Humanidades y Ciencias de la
Educación, 2004, Boccia Romañach, Alfredo. Esclavitud en el Paraguay. Asunción, Unesco, 2004, pág. 228.
Aun cuando los datos son escasos e imprecisos en las zonas de asentamiento más antiguo,
cercanos a Potosí, en los dos primeros siglos de la Colonia la existencia de afrodescendientes es
alta. La presencia de negros y mulatos libres es importante indicando que fueron las regiones
del interior del noroeste los mercados de esclavos más importantes del territorio en los primeros
tiempos. La situación inversa observamos en Buenos Aires y Montevideo donde aumenta la
población esclava a medida que avanza el siglo XVIII vinculada a las concesiones otorgadas
desde principios de siglo a ingleses y franceses. En el litoral la presencia esclava es comparativa-
mente poco significativa aun después de la expulsión de los jesuitas, combinándose la presencia
de mano de obra indígena disponible y el predominio de una economía ganadera que no la
demanda.
Influencia esclavista en la economía regional
Esta sociedad hispanoamericana rioplatense con esclavos donde éstos tienen mayores
posibilidades de integración, aun de movilidad social y espacial que los de las áreas de planta-
ción, explica tradicionalmente la preferencia por su utilización como mano de obra ante el
desprecio por el desarrollo de tareas manuales de los sectores más altos de la sociedad étnicamente
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
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blanca. Un sistema en el que se desarrollaban sobre todo actividades domésticas y artesanales a
jornal,14 recordamos que el derecho romano estableció para el esclavo dos derechos
fundamentales.
 Uno de los derechos es el que deja al esclavo un margen de negociación con el amo
quien lo autoriza a obtener su propio peculio, es decir, obtención delpago de su trabajo al
margen del desarrollado para el amo y/o bienes obtenidos con el producto de su trabajo. El
ejercicio de este derecho fue usual en el territorio del virreinato y condujo al esclavo a hacer uso
del segundo derecho, a la manumisión o coartación, con ello a la libertad. En esta instancia se
produce otro fenómeno observado en los archivos judiciales: la copropiedad de un esclavo, su
alquiler y las peripecias a que lo somete el hecho de ser un bien heredable lo ponen más de una
vez en situaciones inéditas y difíciles de definir respecto de su carácter de esclavo, sin que ello
signifique que deje de serlo.
Un esclavo en condiciones normales tiene específicamente dos posibilidades de escape
de su condición:
1. El tipo de trabajo que desarrolla, el cual legalmente le permite mediante la autori-
zación del amo acumular el capital correspondiente a su manumisión para la compra
de sí mismo o para otros fines, peculio o estipendio. 15
2. Las condiciones de mayor o menor flexibilidad en su vida cotidiana, que le deja
un margen de acción como persona o individuo, aun como cabeza de familia
(capataces, artesanos, trabajadores especializados).
Ambas posibilidades se presentan de diferentes formas en la ciudad y la campaña, ade-
más de otros arreglos informales y circunstanciales que no sólo provienen de las estrategias de
retención de sus amos, sino también de su propia creatividad para subsistencia o adaptación.
La sociedad integra a los inmigrantes forzosos africanos a actividades de servicio, domés-
ticas y artesanales jornaleras en las ciudades del Virreinato, a tareas propias del sistema de la
estancia ganadera rioplatense y a labranza en las áreas rurales. Cuando complementamos los
datos propios de la legislación, los datos censales y de registros parroquiales, más las observacio-
nes realizadas por los contemporáneos y viajeros con la información que nos proveen los archi-
vos judiciales y notariales, descubrimos que en la vida cotidiana, aun dentro del sistema de
esclavitud, estos africanos tenían ciertas “oportunidades”.
En la normativa entonces vigente se plantea que tiene un derecho básico a su manumi-
sión, obtenida por donación o pagando su propio precio, pero esta normativa no dice nada
respecto de estos “escapes”, producto de permisos del amo o de su desinterés o desconexión con
14. Saguier, Eduardo. “La naturaleza estipendiaria de la esclavitud urbana colonial. El caso de Buenos Aires en el siglo
XVIII”, Revista Paraguaya de Sociología, Año 26, Nº 74, enero-abril 1989, págs. 45 a 46.
15. Mallo, Silvia. “Población afroargentina. Del peculio al patrimonio y la propiedad”, en: Actas del XII Congreso Nacio-
nal de Arqueología. Facultad de Ciencias Naturales. Universidad Nacional de La Plata, Facultad de Ciencias Naturales, La
Plata, t. II, págs. 434 a 439.
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la vida del esclavo de su propiedad. Los hemos calificado como “vías de escape” o “libertad de
hecho” que aun cuando sólo se conserva en condición de esclavo, van deteriorando el concepto
de esclavo y de la misma sociedad acerca de la condición servil. Estas vías de escape están ligadas
a su ocupación, tanto como a las formas de vida cotidiana que caracterizan en nuestras tierras a
las zonas urbanas. Esto que llamamos deterioro de la condición servil es más difícil de explicar
desde la esclavitud. Un esclavo no deja de ser esclavo ni adquiere mayores derechos por estas
“vías de escape”, pero en situaciones que no llegan al conflicto o al enfrentamiento son espacios
que el amo otorga y el esclavo adopta. Otros historiadores han comprobado esta peculiaridad
de nuestra esclavitud en otras áreas de Hispanoamérica.16
La cuestión que nos interesa está relacionada no sólo con el uso que cada esclavo hace de
lo que Klein denomina el tiempo para sí, sino también a las posibilidades de movilidad espacial
y a las estrategias utilizadas para desarrollar su talento y capacidad, así como para emprender el
camino hacia la manumisión y la libertad. Si ligamos la ocupación de cada esclavo a su saber y
a su manejo de información y las características de cada relación amo-esclavo a las formas de
vida cotidiana, vemos cómo se construye la identidad afroamericana de aquellos que se vieron
forzados a renunciar a la propia. Estas condiciones conducen a la aceptación de la cultura
dominante, a la integración, a la generación de lo afroamericano desde la cultura y al mestizaje
desde lo biológico. “No ha de sorprender que la cultura creada por el esclavo en América —dice
Herbert Klein— sirviera para dos propósitos opuestos: integrarlo a la sociedad dominada por el amo
blanco y proporcionarle una identidad y un sentido que lo protegiera de la opresión y de la hostilidad
de esa misma sociedad.” 17
Las “vías de escape” son aún mayores en las áreas rurales y en las tierras de frontera. El
aislamiento, que borra todo tipo de diferencias en las zonas de frontera, facilita cierta libertad
dentro de la esclavitud y vivir como si fuera libre logrando el ascenso social.18 Entretanto, la
16. Díaz Díaz, Rafael Antonio. “Historiografía de la esclavitud negra en América Latina: Temas y problemas generales”,
en: América Negra, Bogotá, Pontificia Universidad Javeriana, N° 8, diciembre de 1994; Aguirre, Carlos, Agentes de su propia
libertad: Los esclavos de Lima y la desintegración de la esclavitud. 1821-1854, Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú,
Fondo Editorial, 1993; Hünefeldt, Christine, Paying the price of freedom. Family and Labor among Lima’s slaves. 1800-1854.
Berkeley, University of California Press.
17. Klein, Herbert, La esclavitud africana ... ob cit.
18. Un ejemplo de movilidad social y autogestión entre tantos otros: El pardo José Blanco, cuyo defensor utilizaba como
argumentación para solicitar información de pobreza para litigar, que era “escaso de fortuna” y que “no tiene más haberes que
aquel preciso para no perecer su mujer e hijos de los cuales aún tiene el desconsuelo de ver a dos reducidos a la esclavitud” y
“que por su miseria no ha podido libertarlos, contra el constante deseo de un padre a quien no anima otro sentimiento…” no era
visto con esos ojos por su contrincante y los diez testigos que éste presentaba. Se basaban estos últimos en que “mantiene una
regular población y es uno de los labradores más fuertes en el cultivo y sembrado… las sementeras que hace de trigo general-
mente (producían) veinte fanegas anuales y que todos los años recogía crecido número de sembraduras de todas especies,
aunque hay quienes lo aventajan. Se calcula por los rastrojos que siembra de diez a doce fanegas de trigo, maíz y otras…
Mantenía peones asalariados para el beneficio y cultivo de las tierras y un pastor para el copioso número de animales… y que
éstos eran suyos propios… Tenía pulpería propia la cual administraba personalmente… Su casa en la campaña estaba siempre
frecuentada por individuos de uno y otro sexo que salían a tomar los aires y a recrearse. En una oportunidad en la que el juez le
solicitó el pago de doscientos pesos, no tuvo dificultad en hacerlo sin empeñar nada”. Un padre concentrado en los beneficios
posibles dejaba en situación de esclavitud a esposa e hijos y una justicia habitualmente discriminatoria con los de su raza y
particularmente con los libres, en este caso lo declaró pobre “porque es de la clase de un proficuo labrador, atento hacendado
y miembro útil a ambos estados eclesiástico y secular”. Sin duda había hecho las alianzas apropiadas como para tener a la
Justicia de su parte. Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires. Real Audiencia. Informaciones de Pobreza 1786: 7-5-
9-20.
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
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Silvia C. Mallo
extensa pampa y el sistema implantado por los amos provee posibilidades de subsistencia, de
acceso a la tierra o poseer en propiedad algo de ganado. Todo ello puede haber significado para
los que obtenían su libertad un aliciente oincentivo para su traslado a la zona rural y, en el caso
de los esclavos que trabajan en las áreas rurales donde se hacen más laxos los controles dentro de
la esclavitud. Ello no significa que dejaran de ser sujetos de la mayor preferencia en la instancia
del ejercicio del control social.
Si nos atenemos a la caracterización del mercado de trabajo es difícil definir en qué
condiciones estarían los esclavos que hacen uso de esta oportunidad de “vías de escape”.19 Son
aquellos que reiteradamente alquilados han perdido el contacto con su amo e incluso la noción
de quién es éste; los hombres y mujeres que viviendo en el interior del país son enviados a
Buenos Aires o de la ciudad al campo a “buscar la vida”, aquellos cuyos amos murieron intestados
o no volvieron de algún viaje y, aun los que en ausencia del amo se hacen cargo de la casa y de
los niños huérfanos. Es cierto que la condición de esclavo es la antítesis de la de libre y que es
esta la situación ambicionada por quien no la disfruta, pero encontramos casos en los que hay
esclavos que viven “libremente” sin responder a órdenes de los amos que a veces son desintere-
sados, negligentes o ausentes. 20
Más allá de las posibilidades de mejora dentro de su propia condición haciendo uso de
las mencionadas “vías de escape”, la ley y la autorización del amo les dieron un espacio y un
margen de acción para obtener su propio peculio. Éste los condujo por el camino hacia la
aceptación de las formas de vida de la sociedad en la que se insertaban: la acumulación que
conducía a la propiedad y a la libertad. La propiedad de muebles e inmuebles (casas, ranchos y
terrenos) adquirida por los esclavos, su actividad permanente en la compra y venta en las pulpe-
rías, la contratación y compra de esclavos en el caso de los negros libres es un hecho demostra-
do. En las áreas rurales la tierra y el ganado son adquiridos también por los esclavos y por los
libres. Las situaciones de conflicto de linderos o de propiedad y herencia son los casos judiciales
más numerosos entre los iniciados por los calificados como negros libres.
La manumisión, que significaba adquirirse a sí mismos para vivir en libertad, era para un
esclavo el bien más preciado. No olvidemos que por otra parte estaba sujeto a una doble pre-
sión: vive en una sociedad en proceso de transición y por su condición está pronto a la experi-
mentación personal, a la constante adaptación al cambio. Caía entonces en la otra trampa que
se le tendía cuando ya creía haber experimentado demasiado: cazado y vendido en África, trans-
portado y vendido en América, adaptado tras muchos desgarros, no sólo había sobrevivido sino
que el sistema le permitía alcanzar cierta forma de libertad. Ella implicaba tener la identidad de
un objeto de propiedad de alguien. Conocería ahora la indignidad del libre, la búsqueda deses-
perada de su propia subsistencia y del escaso respeto que le brindaban sus (ahora) conciudada-
19. Romano, Ruggiero. “Fundamentos del funcionamiento del sistema económico colonial”, en: Heraclio Bonilla, ed. El
sistema colonial en la América Española, Ed. Crítica, Barcelona, 1991, págs. 239-280.
20. Marta B. Goldberg y Silvia C. Mallo. “La población africana en Buenos Aires y su campaña. Formas de vida y
subsistencia, en: Temas de África y Asia 2, Facultad de Filosofía y Letras, UBA, Buenos Aires 1994, pág. 17; 2ª. versión
corregida y aumentada, “Trabajo y vida cotidiana de los africanos de Buenos Aires 1750 – 1850” en: CD Colección Tavera,
Madrid, España, ed. Fundación Larramendi, en prensa.
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nos, cuyos prejuicios les permitían aceptar la libertad pero para los que la igualdad era aún
difícil de aceptar.
Hoy sabemos acerca de sus sufrimientos porque doscientos expedientes judiciales infor-
man de promesas de libertad incumplida, de impedirles obtener su propio peculio, de maltra-
tos, pedido de papeles de venta y fijación de un precio justo para su libertad. Todos ellos guia-
dos por la esperanza de conseguir la libertad la siguieron buscando a pesar de la desilusión, la
sensación de injusticia y el abuso de la ley que permitía la alteración del orden natural de los
seres humanos..
La disyuntiva de las conciencias de entonces se movía entre la injusticia del sistema de
esclavitud y la conservación de la propiedad privada. La discusión giró a partir de 1813 tanto en
torno de la manumisión como de la situación de los libertos. No consideran en términos gene-
rales provechosa la manumisión y son comunes opiniones tales como “...se pregunta a la
común experiencia si la clase a la que pertenece Buenaventura aprecia más la libertad de la calle
que la natural bien entendida”.
En el mejor de los casos opinan que hay que transformarlos en hombres útiles al Estado,
pero siempre hay quien considera que lo mejor que podían esperar los esclavos era la clase de
vida que llevaban con sus amos “no habiendo ningún interés en que se dé la libertad a un sujeto
vago”. Es más, manifiestan que “...excitará a la risa el oír el ser obra tan pía y meritoria la de
conceder libertad a un esclavo como la es la de dar limosa a los pobres”.
Precios elevados, castigos y golpizas, aun con instrumentos cortantes, por querer cam-
biar de amo, desconocimiento del aprendizaje de determinadas habilidades como las de criada
de tocador, mucama o cocinera, saber leer y escribir, coser, etcétera, fueron las estrategias utili-
zadas por los amos para impedir la manumisión y las experiencias vividas entonces por los
esclavos. El reclamo de libertad se fue trocando, cuando la convivencia era insostenible, sola-
mente por la solicitud ante la Justicia de cambio de amo.21 Carlos Mayo señala que la pervivencia
de formas apenas encubiertas de servidumbre negra tienen cierta lógica en una economía en
expansión y escasa de brazos y por ello esta sociedad se aferró al trabajo esclavo e intentó “...au-
mentar el pool de trabajadores servilizados...”, ignorando la abolición.22
La ansiedad que mueve a los amos y al Estado a intentar la pervivencia del sistema
esclavista se explica con los datos existentes acerca del trabajo desarrollado en cada caso. En
Buenos Aires, en plena expansión, era sostenida la demanda de diferentes servicios. Ocupados
en la ciudad en el servicio doméstico, como artesanos se destacan sastres, barberos y albañiles, se
observa su aumento en el período independiente. Uno de cada 3.5 residentes era negro o mula-
to, en su mayoría, esclavos. Entre los artesanos, en 1810 el 14 por ciento de los oficiales y
aprendices era negro y mulato libres, en tanto el 4.5 por ciento era esclavo. En la campaña la
población negra constituía el 6.3 por ciento en su mayoría esclavo (90.1 por ciento), dos tercios
de ellos hombres por lo que consideramos que ruralización y blanqueamiento van también de la
21. Silvia Mallo. “La libertad en el discurso del Estado, de amos y esclavos. 1780-1830”, en: Revista de Historia de
América, Nº 112, México, Instituto Panamericano de Geografía e Historia, julio-diciembre de 1991.
22. Carlos Mayo. “Inmigración africana”, en: Temas de África y Asia, 2, Buenos Aires, Sección de Estudios de Asia y África.
Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, 1993.
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
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Silvia C. Mallo
mano. Se desempeñaban como servicio doméstico, peones permanentes, capataces, artesa-
nos y pulperos.23 En el interior, los estudios realizados en Córdoba en la segunda década
del período independiente, muestran a las castas ocupadas en tareas artesanales.24 En el
litoral, los esclavos aparecen en proporciones muy inferiores pero esclavos negros, mulatos y
mestizos eran utilizados en las estancias ganaderas de Corrientes. Con una población de
30.184 habitantes se estima que el 11.1 (11.5 por ciento) era de color y el 0,5 (2 por
ciento) esclavo. Comercio y contrabando activo de ganado con la frontera brasileña parecen
haber complementado el salariode vestimenta y alimentación que recibían en las estancias.
Inserción social y configuración familiar de la población afro
La movilidad social era entonces la segunda meta a alcanzar después de liberarse, pero
otra frustración esperaba a aquellos que habían sido liberados por disposición del Estado y que
habían participado, acompañados por sus familias, en las guerras por la independencia. En
muchos casos ellos volvieron a la esclavitud. Otros lograban su propia libertad y al cabo de un
servicio al que se comprometían por más de catorce años, se veían impedidos de liberar a sus
cónyuges y a sus propios hijos. Los niños libertos eran reiteradamente reclamados por padres
libres, esposos de esclavas vendidas y separadas de sus hijos y por sus propias madres. Ellos
resistieron a una educación inadecuada y por el maltrato a sus hijos; en estos casos la Justicia
escuchó sus reclamos.
 En la frontera del sur bonaerense, en Magdalena, las mujeres esclavas se casaban con
esclavos, en tanto algunas mujeres libres del grupo afromestizo accedían al matrimonio con
hombres blancos de los sectores bajos. En Morón, en la campaña, por el contrario los esclavos
se unieron proporcionalmente a esclavas y a mujeres libres, mientras que las mujeres libres de
color se unieron preferentemente a pardos y negros libres. En el interior sabemos que en Córdo-
ba, en la primera mitad del siglo XVIII y en Salta y Catamarca a lo largo de todo el período, los
esclavos preferían unirse a mujeres indias, a pesar de no haber pocas mujeres esclavas, probable-
mente asegurando la libertad a sus hijos. En Córdoba, en la segunda mitad del siglo, prefirieron
a negras libres e indias. Las esclavas mujeres prefirieron a negros libres o esclavos; en Salta a
pesar de que estaba prohibido el matrimonio de indios con esclavas para no sustraer a los hijos
23. Marta B. Goldberg. “La población negra y mulata de la ciudad de Buenos Aires. 1810-1840”, en: Desarrollo Econó-
mico, 16, 61, Buenos Aires, 1976, La población de color en la campaña de Buenos Aires: según el Padrón de 1744, XII Jornadas
de Historia Económica, Córdoba, 1994, y La población de color de las Parroquias de Luján y Pilar 1731-1770, presentado en las
IX Jornadas Interescuelas y Departamentos de Historia. Montevideo, 1995. Marta Goldberg y Silvia Mallo, ob. cit., Juan Carlos
Garavaglia y José Luis Moreno (eds), Población, sociedad, familia y migraciones en el espacio rioplatense. Siglos XVIII y XIX. Ed.
Cántaro, Buenos Aires, 1993. Marta B. Goldberg, Ernesto J. A. Maeder, Evolución demográfica argentina. 1810-1869, Eudeba,
Buenos Aires, 1969. José Luis Moreno, La estructura social y demográfica de la ciudad de Buenos Aires en 1778, en: Anuario 8.
Universidad del Litoral, Rosario, 1965. Lyman Jonson, Estimaciones de la población de Buenos Aires en 1774, 1778 y 1810, en:
Desarrollo Económico, 19, 73, Buenos Aires, 1979. Lyman Johnson y Susan M. Socolow, Población y espacio en el Buenos Aires
del siglo XVIII, en: Desarrollo Económico, 20, 79, 1980, Buenos Aires, Susan Socolow, Buenos Aires en tiempo de la Indepen-
dencia, en: Stanley Ross, Thomas Mc Gann eds., Buenos Aires. 400 Años, Instituto Panamericano de Geografía e Historia,
México, 1985.
24. Hugo Moyano. La organización de los gremios en Córdoba. Sociedad Artesanal y producción artesanal.1810-1820.
Centro de Estudios Históricos, Córdoba, 1986.
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de la tributación a indios libres. En la Banda Oriental “la vigencia de la esclavitud mediatizó
por completo los alcances normativos al conspirar su carácter comercial, la voluntad de los amos o
la vida misma, contra todo intento de normalización”.25 En los archivos judiciales se encuen-
tran numerosos casos de matrimonios y uniones no sacralizadas de negros y mulatos libres
con esclavas y de libres con indios y mestizos, si bien no tienen peso numérico complemen-
tan los aportados por los archivos parroquiales y puede observarse, especialmente en áreas
rurales, una relación dinámica a lo que se agrega la confusión de censistas y escribientes en
la definición del color.
En Buenos Aires en 1827 aproximadamente la mitad de la población afromulata es libre.
Una vez libres la inestabilidad laboral de los sectores bajos y el descuento de jornales por enfer-
medad, cuya curación ellos mismos debían costear, era la nueva experiencia a afrontar. Podían
percibir que los que ahora eran sus patrones no pagaban los salarios convenidos y, en caso de
reclamarlos, utilizaban como rehén a la familia del esclavo o aumentaban su precio para retener-
los. Algunos —los menos— aumentaban los salarios para que no se fueran. Otros exitosos y
aun disfrutando de un considerable bienestar económico, alquilando yeguas para trillar, con-
chabando peones para el trabajo estacional y comercializando trigo con el pulpero, pero los más
parecen haber sido peones rurales residiendo donde la cosecha o el ganado los demandaba.
Dos frustraciones debían enfrentar aún. Una de ellas la familia esclava dispersa e inesta-
ble que no mejoró en el caso de los liberados recientes. Muchos de ellos perdían esposa/o e hijos
en búsqueda de la libertad, aun cuando lograban conservar alguna propiedad. Los matrimonios
siguieron estando constituidos por libres y esclavos preferentemente. Un matrimonio de libres
llevaba generalmente la peor parte en el trabajo cautivo que ambos desempeñaban, y con tres o
cuatro niños experimentaban una vida de sacrificios.
Una vez establecidos, con su familia y sus hijos, enfrentaban otra frustración que fue la
extensión del uso del vocablo de negro o mulato como insulto, incluso para otros integrantes de
los sectores bajos. Debían seguir esperando demostraciones de respeto del que eran merecedores,
no sólo por su dedicación al trabajo sino también por la capacidad de superación que demostra-
ron tener enfrentando, al menos durante las dos primeras generaciones, los embates de un
destino incierto.26
Mientras el Estado borbónico y los primeros gobiernos independientes propiciaban el
poblamiento de la campaña y el trabajo agrícola, e incorporaba a negros libres primero y a
25. Carlos Birocco. Población de origen africano en el Morón criollo (1778-1850); Gabriela Gresores, Negros, mulatos y
pardos en la Magdalena colonial; María Cristina Marí, Matrimonios de castas en el pago de Morón (1770-1793), en: Revista de
Historia bonaerense: Negros. Morón, Instituto Histórico del Partido de Morón, marzo de 1998. Zacca de Cabezas, Isabel E.,
“Matrimonio, mestizaje y control entre los indios, negros, mestizos y afromestizos en la ciudad de Salta. 1766-1800”, IX
Jornadas Interescuelas y Departamentos de Historia, Montevideo, 1995. Florencia Guzmán, “La ciudad de Catamarca a fines
de la colonia: un aporte al estudio de las relaciones socioétnicas”, XVI Jornadas de Historia Económica, Quilmes, 1998. María
del Carmen Ferreira, El matrimonio de castas en la ciudad de Córdoba. 1770-1779. Junta Provincial de Córdoba, Córdoba,
1997; Bentancur, Arturo, “Algunas pautas acerca de la organización familiar de esclavos y libertos en el Montevideo
Tardocolonial”, en: Bentancur, Arturo; Borucki Alex y Frega, Ana (comps.) Estudios sobre la cultura afro-rioplatense. Historia y
presente, Montevideo, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Universidad de la República, 2004, págs. 17-30.
26. Silvia Mallo, “Hombres, mujeres y honor. Injurias, calumnias y difamación en Buenos Aires (1740-1840). Un aspecto
de la mentalidad vigente”, en: Estudios-Investigaciones Nº 13, La Plata, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Universidad Nacional de La Plata, 1993.
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
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Silvia C. Mallo
esclavos al ejército y a la policía después, en las ciudades se les otorgaba una vía de ascenso
social al adquirir corporativamente una firme identidad como no la tienen los libres. En la
realidad cotidiana la población afrodescendiente, esclava o libre, estaba sometidaal uso y
abuso que ejercitaban los Alcaldes de Barrio en las ciudades y los Alcaldes de la Hermandad
en las áreas rurales. La actitud de los amos en el período independiente coincide plenamen-
te con la adoptada por el Estado en el proceso posterior a mayo, donde la necesidad de
incorporar soldados al ejército lo inducía a prodigar promesas de libertad.
Los esclavos cambiaron de amo. Familias enteras acompañaron desde Buenos Aires, el
interior, el litoral y la Banda Oriental al ejército de Rondeau y al de Belgrano, llegando hasta
Ayohuma. Al volver reclamaban una libertad que no había sido registrada en ninguna parte por
lo que se veían obligados a seguir trabajando para algún militar transformado en el nuevo amo.
La decepción por la pérdida de la identidad de criollo recién adquirida, con riesgo de sus vidas
en un contexto en el que la libertad del país era proclamada como el bien más preciado, generó
una serie de juicios que no siempre fueron satisfactorios para los esclavos. Lo mismo ocurrió
con los esclavos de los españoles, quienes se fueron de estas tierras.27
Mucho se ha hablado acerca de los prejuicios que se desarrollaron a partir de la óptica
racista que señalaba a negros y mulatos, esclavos o libres como protagonistas principales de
actividades delictivas. El dicho que transcribe Torre Revello “si negro delincuente, si mulato más”,
confirma el prejuicio. Éste los hace enemigos potenciales de la sociedad para los sectores domi-
nantes y como contraparte se ha señalado que hay que verlos, en el caso de los esclavos, como
formas de resistencia cotidiana y mecanismos de rechazo y de adaptación a la vez. En Buenos
Aires se ha calculado que en el período sólo el 20 por ciento de los delincuentes era africano o
de descendencia africana. A fines del siglo XVIII usan el aparato judicial y manejan la informa-
ción y la oportunidad de hablar, callarse o huir después de cometido el delito evitando ser
apresados (muchos circulan por Buenos Aires sin problema). Los amos los inducen al delito, a
la injuria, los envían a robar, a pegar, a matar, por un lado, y por otro los protegen del delito y
ocultan a la Justicia. La pregunta frente a esto es si se trata de resistencia o de adaptación al
sistema vigente.
Conclusiones
Los estudios acerca de la población afro en el territorio del Virreinato del Río de la Plata
necesitan investigaciones de demografía histórica básicas, fundamentalmente desarrolladas en
archivos parroquiales para identificar a cada individuo y darle la dimensión y el lugar que
merece como sujeto histórico, parte integrante de la comunidad. Iniciados los estudios demo-
gráficos generales en la década del sesenta, asombró a los historiadores la dimensión que adqui-
ría esta población en el período tardocolonial.
27. Mallo, Silvia C. “La libertad en el discurso del Estado, de amos y esclavos. 1780-1830”, en: Revista de Historia de
América. México IPGH, N° 112, julio diciembre 1991.
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En la última década historiadores interesados en los estudios demográficos en general
y en el seguimiento de la población negro-mulata desde los archivos parroquiales y censos,
desde los archivos judiciales y notariales, han dado nuevo impulso al tema. Hay mucho aún
por hacer, por lo que hoy sólo podemos arribar a conclusiones parciales.
 La población afromulata como protagonista persiguiendo la libertad, luchando por
su destino y por el futuro de sus hijos se integró a la sociedad americana rioplatense. Los
archivos judiciales, siguiendo los primeros aportes de Fernando Ortiz a la historia cubana,
mostraron en este territorio americano una realidad más flexible que complementa la imagi-
nada por los primeros que se ocuparon de la condición jurídica. Estudiando la interacción
entre los diferentes integrantes de la sociedad, negros y mulatos, libres y esclavos, hombres
y mujeres, aparecieron como dinámicos participantes. No se trató solamente de desapareci-
dos. Podemos observarlos integrados en un proceso de mestizaje del que nosotros mismos
damos cuenta hoy. En algunas áreas mucho más libres que esclavos, mestizados mediante la
elección de sus parejas o manumitidos. Con un destino diferente según la región en la que
habitaron, pero participando activamente en la producción y en la construcción de la socie-
dad otorgando rasgos distintivos a la cultura local. Ellos generan un panorama complejo en
el que debemos profundizar para vislumbrar nuestro proceso histórico y de conformación
de nuestra sociedad.
 En síntesis, si no lo eligieron, los esclavos fueron creativos en la elaboración de sus
destinos, en el uso de estrategias múltiples para poder escapar de la opresión de amos poco
racionales. Mucho tiempo tuvo que pasar para que su propia identidad ante la sociedad y el
Estado fuera reconocida, y en función de las nuevas ideas que al respecto se desarrollan en el
siglo XIX, tuvo que admitir la negación de su origen y una nueva invisibilidad, tanto desde las
actitudes personales como desde la sociedad.
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
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Alfredo Boccia Romañach
La esclavitud en el Paraguay
ALFREDO BOCCIA ROMAÑACH
El régimen de la esclavitud en cada país de la Cuenca del Plata asumió características
particulares. El del Paraguay, como en los demás, debe ser investigado desde una dimensión que
abarque los elementos básicos articulados de la cuestión (histórico-documentales), tales como
causas, evolución y consecuencias sociales, económicas y culturales del mismo. No puede esca-
par a un estudio de esta índole el grado de violencia que alcanzó el trato de seres humanos
sometidos a la humillación y a la brutalidad de los poderosos, ni dejar de considerar el tiempo
en el que se desarrollaron las ocurrencias.
La estructura básica de este ensayo se centra en el estudio de los sistemas esclavistas en
América del Sur. El potencial económico de cada país permitió esquematizar modelos diferentes
de esclavitud, con regímenes de mayor o menor severidad según los patrones de la productivi-
dad agrícola o minera, que fueron desde la explotación inmisericorde del trabajador esclavo
hasta el trato más humano y benevolente, tal como ocurrió en la provincia del Paraguay.
Existen estudios conocidos que explican el mecanismo esclavista brasileño, la estructura
básica de la explotación del negro en los ingenios azucareros en un régimen empresarial de
monocultivo, la magnitud de las cifras de esclavos africanos incorporados al sistema y la com-
pleja organización que comprendía la captura, el transporte, la venta y la imposición del trabajo
forzado de millones de seres. Se conocen también referencias documentales que hablan de la
introducción clandestina de cautivos a través de los puertos de Buenos Aires, Montevideo y
Colonia del Sacramento y de las fortunas habidas por la venta de miles de los mismos, llegados
de contrabando y destinados a Lima y Charcas.
Las planillas de importación dan cuenta del número y origen de los negros arribados a
los barracones de Retiro en Buenos Aires, la nómina de los intermediarios del oprobioso nego-
cio, el precio de cada operación y el diseño de los hierros con que eran marcados los infelices
esclavos.
Robin Blackburn (2002) admite que la esclavitud en el Río de la Plata respondió a su
papel histórico de entrepuente del tráfico entre África y América del Sur española, principal-
UNESCO
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mente Charcas, con sus minas, donde los esclavos eran usados como criados domésticos, arte-
sanos, porteadores, troperos o constructores.
En la América española, los esclavos fueron siempre posesiones valiosas. Sus dueños
ganaban estatus y cualquier hombre de piel clara podía aspirar a ser un hidalgo: el blanco de
cualquier casta que adquiriese un esclavo pasaba a ser un señor, un noble y amo.
A partir de estos antecedentes se puede intentar una respuesta a una interrogante muy
frecuente: ¿por qué hay pocos negros en Paraguay?
Con elpropósito de brindar mayor ilustración es imperativo introducir al lector en el
pasado histórico paraguayo y rioplatense, y hacerle participar de ese universo colonial de siervos
indígenas y de esclavos negros. Ese contacto íntimo con el pasado le permitirá testimoniar las
instancias más dramáticas de la esclavitud, tanto indígena como africana, y acceder a la diversi-
dad cultural de los hombres y mujeres sometidos a la servidumbre, con sus creencias, su religio-
sidad y sus coloridas costumbres.
En esta incursión histórica se podrá verificar una serie de continuas interacciones cultu-
rales que afectaron por igual a amos y a esclavos. En primer lugar, la opresión blanca fue impri-
miendo en las etnias dominadas algunas de las “virtudes de la civilización”, tales como el con-
cepto abstracto del poder representado por las leyes y sus símbolos, una nueva religión que les
advertía del pecado original mostrándoles el camino de salvación de sus “pobres almas conde-
nadas”. Simultáneamente, a resultas de la convivencia del blanco con negros e indígenas, estos
últimos grupos fueron ganando espacios en el entorno doméstico del primero que sin notarlo se
vio atrapado por los hábitos de sus criados, por el encanto de sus mujeres, por el sabor de sus
comidas, por el lenguaje y la tonalidad musical de sus expresiones y hasta por el magnético
atractivo de sus ritmos y bailes.
La relación amo-siervo fue surgiendo paulatinamente entre los conquistadores europeos
y los indígenas. Luego de escaramuzas bélicas, españoles y guaraníes iniciaron una alianza de
carácter económico y militar con un fin común: los metales de la Sierra de la Plata. De la
convivencia de estos grupos resultó el mestizo hispano-guaraní, fundamento preciso de la iden-
tidad nacional paraguaya, un producto humano con características bien definidas, arquetipo
principal y único de su población. Los guaraníes entendían este acuerdo como un trato de
familia, pasando en adelante a considerar a los españoles con el apelativo “tovayá”, cuñados en
el idioma nativo. Antes de una década existía una población mestiza estable, con rasgos defini-
dos y con un incontaminado sentido de cohesión. Estos “mancebos de la tierra”, que así eran
llamados, traían impreso el sello de su singular posición. El díscolo y altivo hijo de hidalgo,
agraciado con el favor de su rango que lo distinguía de sus medio-hermanos de sangre, no
abandonó a la parentela indígena ni se desvinculó de los lazos que lo unían al rancho comunal
materno, el “oga”. Esta singular situación hizo que se conservaran vivos en su casi integridad el
idioma, los usos aprendidos en la selva, la libertad natural y el orgulloso y acentuado amor a su
tierra. Entretanto, el español no encontró otro recurso para subsistir que explotar a sus aliados,
encontrando en el brazo indígena el elemento necesario para el sustento del mismo y su proge-
nie. Como contrapartida otorgaba a los guaraníes la garantía necesaria frente al acoso de las
etnias enemigas y no sometidas del Chaco.
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
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Alfredo Boccia Romañach
 La mujer guaraní, en el pobre rancho del español, fue una pieza insustituible para asegu-
rar su subsistencia. Ella labraba y cosechaba la tierra, tejía los vestidos, cocinaba los alimentos,
atendía a los enfermos, al tiempo que cuidaba de la numerosa prole engendrada con el conquis-
tador. Esta mujer constituyó el pilar estructural de la familia al asegurar el sustento y constituir-
se en la base productiva doméstica.
La provincia del Paraguay, por el alejamiento y por la falta de metales preciosos, dejó de
merecer la atención de la corona española. Asunción, creada como avanzada en el camino a la Sierra
del Plata, generadora de ciudades, sede del mayor núcleo poblacional de la Cuenca del Plata, pronto
perdió su poder estratégico para convertirse en la más olvidada y pobre posesión de la metrópoli.
Con la despoblación del puerto y del asentamiento de la primera Buenos Aires en 1541,
impuesta por circunstancias de supervivencia de la ya raleada hueste mendocina, y del traslado
de sus escasos habitantes a Asunción, se produjo el ingreso de los primeros hombres de color en
la lejana provincia. Los indios guaraníes observaron con asombro el desembarco de hombres y
mujeres retintos, de piel brillante y cabellos encaracolados, rememorando un estupor similar
que causara el arribo de los blancos y barbudos europeos, con unos extraños animales y asustadoras
armas de fuego. Con el correr de los años una cantidad de negros que se presume no pasó de tres
centenas siguió arribando durante los dos siglos siguientes en carácter de servidores domésticos
de los conquistadores, religiosos, mercaderes y funcionarios peninsulares. Estos fueron conoci-
dos por los indígenas con el mote de cambá, término que subsiste hasta la fecha.
La poca magnitud cuantitativa e importancia de los negros en el Paraguay, se atribuye a
que en esta provincia no había minas ni explotaciones agrícolas extensivas. Por tanto, no se
impuso la necesidad de importar en gran escala elementos de esta índole ni llevar a cabo la trata
de negros, como ocurría en los puertos del Plata y en las costas de la América portuguesa. Ese
importante comercio de africanos, significó el origen de un amplio segmento de la población
de color que se percibe principalmente en el Caribe y en Brasil.
Al finalizar la conquista del Paraguay el panorama racial en estas tierras adquirió contor-
nos firmemente perfilados: una abrumadora población guaraní, dos a cuatro millares de mesti-
zos, unas cinco centenas de europeos y muy pocos criollos, así como negros y mulatos a los que
se sumaron algunos fugitivos ingresados a través de las permeables fronteras con el Portugal
americano. En esta situación demográfica, la sangre blanca europea y la negra africana en me-
nor cantidad, se diluyeron en el gran torrente de la vitalidad india, generando un producto que
respondía a proporciones aritméticas claras. Es casi imposible, dado el intenso mestizaje con los
indios, identificar en la constitución física del paraguayo la pequeña contribución sanguínea
del negro africano.
En ningún momento de la historia paraguaya hubo un caudal de negros, esclavos o
libertos, en proporción ni cantidad suficientes para dejar impresos sus rasgos fisonómicos. In-
cluso estos africanos, por su escasa población no llegaron a mantener sus idiomas originales
adoptando, como los “conquistadores” europeos, el lenguaje del sometido, el guaraní.
La pobreza casi igualitaria de amos y esclavos, a más de su estrecha convivencia, impidie-
ron que se produjeran abismales diferencias de castas, como se observó en otras provincias de la
misma región platina.
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La literatura romántica se ha esmerado en pintar cuadros idílicos de seducción, de un
incontenible atractivo por parte de las doncellas guaraníes hacia el brioso y deslumbrante con-
quistador español, pero se ha guardado relatar las rapiñas, las rancheadas o la saca de mujeres y
niños, arrastrados desde sus “tava”,1 por la codicia de capitanes y funcionarios reales. Como se
ha visto, la mujer había adquirido un valor superlativo en la economía familiar, tanto que la
fortuna del español se medía por el número de mujeres que tenía a su servicio. Tampoco debe
ignorarse la existencia de otra corriente literaria de origen anglosajón, que insiste en exagerar las
atrocidades producidas en la conquista española de América, el genocidio y la explotación de
los indios que llevaron a la extinción casi completa de algunos pueblos. Es la tan divulgada
“leyenda negra”.
En Paraguay, si bien religiosos y funcionarios abusaron de sus potestades para provecho
propio, hubo desde un principio una severa política real de protección a los naturales, una
suerte de preocupación por el trato del indio avasallado, convertido por disposiciones reales en
súbditos de la Corona. Aun así, estas medidasfueron acatadas y no siempre cumplidas. La Real
Cédula del 2 de agosto de 1530 ordenaba claramente: “(...) en lo sucesivo, aun en tiempos de
guerra, considerada justa, que nadie osara cautivar indios, y tampoco podrá obtener esclavos por vías
de rescate (...)”
Los monarcas estuvieron algunas veces más preocupados en la administración del quinto
real que en la atención de las noticias llegadas del Paraguay denunciando abusos, maltratos y
usurpaciones infligidos a los naturales por parte de encomenderos o funcionarios complacien-
tes. Los excesos respondían a la falta de celo de los gobernadores y oficiales reales en el cumpli-
mento de los mandatos de la Corona, pues bajo el amparo de la incomunicación procedían
como verdaderos reyezuelos involucrados en oscuras negociaciones. La respuesta a una carta
enviada a España podía tardar fácilmente más de un año, cuando ya el remitente había muerto
o las condiciones tratadas en las epístolas habían perdido actualidad.
Se puede admitir que a pesar de la explotación de los indígenas, a partir del siglo XVII no
se produjeron grandes desbordes ni insurrecciones. Sin embargo, el tratamiento del siervo de
origen guaraní continúa siendo motivo de opiniones desencontradas, dado que los límites entre
la servidumbre y la esclavitud no son muy nítidos y dependen más de la apreciación personal e
interesada de los cronistas. Someter a los nativos a trabajos forzados, a prestar obediencia a un
lejano y desconocido rey, a aceptar las imposiciones de una nueva fe y un nuevo ordenamiento
que les hacía perder su identidad, su estructura familiar y su innata libertad, eran medidas
semejantes a las que afectaban a las naciones negras capturadas en África. Había poca diferencia
en el trato del siervo indígena con el del esclavo negro, siendo éste mejor considerado en razón
de su elevado precio.
El 27 de abril de 1574 Felipe II dispuso que “todos los negros y negras, mulatos y mulatas
libres debían pagar un tributo anual en metálico equivalente a un marco de plata, más o menos,
conforme a las tierras donde viviesen, y la institución de un padrón de los mulatos libres que resulten
1. Estructura grupal de ranchos indígenas que respondía a intereses familiares.
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tributarios”. Esta imposición derivó rápidamente en la institución del Amparo. Félix de Azara
(“Viaje por la América Meridional”) demarcador de límites y residente por muchos años en la
provincia del Paraguay, discurre sobre el tema: “Los hombres de color sufrían la humillación
conocida con el nombre de Amparo, instituida por el Visitador Alfaro, y por la cual cada hombre de
color, libre, de diez y ocho a cincuenta años de edad, pagará tres pesos de tributo anual, y como
entonces no había en el país moneda ni comercio y mucha gente de color no podía pagar (...) se ideó
entregarlos a los eclesiásticos y a los españoles de posición para emplearlos, pero a condición de pagar
por ellos el citado tributo. Esta manera de entregar a un español un hombre de color es lo que se
llamaba amparo (...)”
Es un hecho evidente que en Paraguay la esclavitud negra careció de ambiente económi-
co. Ante minúsculas empresas agrícolas de supervivencia y la abundancia de mano de obra
indígena barata y accesible, la posesión de un esclavo negro resultaba más un motivo de figura-
ción que una necesidad. El negro era un artículo caro al que sólo podían acceder los colegios y
algunos comerciantes de buena renta. Los españoles pobres se limitaban a tener servidumbre
indígena, cuya manutención estaba al alcance de sus bolsas. A causa de la economía de consu-
mo imperante en el Paraguay, los esclavos recibían un trato más familiar que en otras provin-
cias: “No se conocen esas leyes y esos castigos atroces que se quieren disculpar como necesarios para
retener a los esclavos en el trabajo. La suerte de estos desgraciados no difiere nada de la de los blancos
de la clase pobre y es hasta mejor”. (Azara, “ Viajes...”, 1969)
Azara en el capítulo dedicado a Negros y Mulatos (“Geografía física...” 1904) resalta lo
siguiente: “De la humanidad de estos españoles resulta el que hay muchos esclavos y libres de estas
castas honradísimos que tienen más honor y vergüenza sin comparación que los mejores indios civili-
zados. El ser más los negros y mulatos libres que los esclavos arguye la humanidad de estas gentes muy
superior a la de los extranjeros (...) las mulatas corresponden en lo físico a los hombres y los españoles
hallan en ellas un atractivo inexplicable que se las hace preferir a las españolas (...) las negras no
tienen igual fortuna y son las últimas para materias de amor”. El cronista agrega que estas mulatas
no son modelos de castidad ni resistencia, y es raro que conserven su virginidad hasta la edad de
nueve o diez años: “Son espirituales, finas y tienen aptitud para todo; saben escoger; son limpias,
generosas y hasta magníficas cuando pueden. Los mulatos tienen las mismas cualidades (...) sus vicios
más comunes son el juego de las cartas, la borrachera y la trampa; pero los hay muy honrrados (...)”
El mismo demarcador Azara (“Geografía física y esférica...” 1904) aporta la siguiente
información: “La mayoría muere sin haber recibido un solo latigazo, se los trata con bondad, no
se los atormenta jamás en el trabajo, no se les pone marca y no se les abandona en la vejez. Puede
decirse con verdad que cualquier muchacho recibe más azotes en la esquila de Europa que el esclavo
de peor dueño aquí ”.
La eximia escritora Josefina Pla (1975) sostiene: “que los pobres poseyesen a veces siervos, no
puede extrañar, si se tiene en cuenta que el esclavo, en muchos casos, era, antes que una carga, una
posibilidad de no morirse de hambre, pues él mantenía al amo viejo e indigente con su trabajo”.
Una traba para el ingreso de esclavos africanos al Paraguay fue su elevado costo, que en
Asunción llegaba a duplicar el valor que tenía en el puerto de desembarque, Buenos Aires. Esta
circunstancia económica produjo que entrara un limitado número de ellos.
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Los médicos viajeros suizos Rengger y Lompchamp (“Ensayo...” Ed. 1928) mencio-
nan: “Siempre eran particulares los que los hacían venir para servirse de ellos; y así nunca hubo en
este país un mercado de negros como en los puertos del mar. Casi todos son mulatos o negros
criollos, porque desde hace mucho tiempo no se han introducido negros bozales”.
Cada una de las órdenes religiosas de Asunción poseía una esclavatura destinada a los
servicios domésticos. Dominicos, franciscanos y mercedarios estaban ubicados en el centro de
la ciudad y sus rancherías se hallaban en las cercanías de los colegios: “Cercano al convento, pero
no dentro de sus muros, estaban los ranchos de sus esclavos. La ranchería de los esclavos de Santo
Domingo se hallaba en la actual plaza Mariscal López, la de San Francisco en el costado sur de la
plaza Uruguaya; y la de los mercedarios donde hoy se levanta el Hotel Guaraní”. (Alberto Duarte
de Vargas, “Cartografía Colonial”, 2001)
El mismo autor (“Un loteamiento...”, 2001) calcula que la ranchería de los esclavos de los
jesuitas tenía poco más de 8.600 metros cuadrados y la ubica en la manzana comprendida entre
las actuales calles Benjamín Constant, 14 de Mayo, 15 de Agosto y El Paraguayo Independien-
te. Con la expulsión de la orden en 1767 sus esclavos pasaron a manos de la Junta de
Temporalidades.
Los religiosos poseían en sus estancias una verdadera multitud de esclavos en cantidad
suficiente para servir de fundamento a cuatro de los cinco pueblos de origen negro: Tabapy,
Emboscada, Aregua y Paraguari. La esclavatura de la estancia de los dominicos de Tabapy fue
origen del pueblo del mismo nombre, hoy conocido como San Roque González de Santa Cruz.
El permanente asedio de los indios Mbayás, provenientes de la orilla occidental del río
Paraguay obligó a los funcionarios colonialesa organizar una cadena de fuertes militares que
recibieron el nombre de presidios. Con este fin, parte de la población de Tabapy fue desarraiga-
da y trasladada a un nuevo asentamiento cercano al presidio de Arecutacuá que recibió el nom-
bre de San Agustín de Emboscada, organizado como pueblo en 1740 por el gobernador don
Rafael de la Moneda. Estos habitantes eran obligados a prestar servicio militar, del que hasta
entonces se hallaban exonerados.
Los esclavos de los mercedarios se constituyeron más tarde en los fundadores de la pobla-
ción de Aregua. Según Félix de Azara (“Geografía física...”, 1904) “Aregua era un pueblo de
mulatos. Los padres mercedarios tienen en su estancia más de doscientas almas, de todas castas, las
cuales han pasado muchos años por esclavos del convento de la Merced de la capital, a cuyo cuidado
están en lo temporal y lo espiritual, pero en 1783 se declaró en juicio contradictorio que las ciento
treinta y dos eran libres. Los demás son esclavos del mismo convento. Sin embargo, todo viene a ser lo
mismo pues las libres están en amparo de dichos padres. Pasan estos mestizos por holgazanes y ladro-
nes, que es fama común a todos los esclavos, y amparados de las tres religiones que hay en la provincia”.
Paraguari fue sede de la mayor estancia de los ignacianos. Ernesto Maeder (1996) indica
que a la expulsión de los jesuitas había 519 esclavos en la estancia de Paraguari y que al hacerse
la tasación el número se elevó a 542, con un valor total de 73.334 pesos plata, cifra mayor que
el valor adjudicado a las extensas tierras y al ganado en ellas contenido.
Juan Francisco de Aguirre, capitán demarcador español contemporáneo de Azara, escri-
be que de una población de 89.178 habitantes en 1772, la población negra y parda, incluyendo
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a libres y esclavos no pasó jamás de 10.000. Buenos Aires, en la época, según “Informes de
Bucarelli y Cevallos”, tenía una población poco menor a 25.000, de la cual una tercera parte,
7.268 eran pardos.
Según la doctora Bárbara Potthast-Jutkeit (1996) a fines del período colonial estaban
conformados tres grupos: “blancos, indios y pardos —con este último apelativo eran denomina-
das las castas de negros, mulatos y zambos— pero la pertenencia a los dos primeros se fundaba más
bien en criterios culturales y étnicos que raciales. Al grupo de los blancos, casi siempre llamados
españoles, pertenecían casi todos los mestizos criollos paraguayos aculturados, sin importar el porcen-
taje de sangre blanca o indígena que tenían, ni la clase social a la que pertenecían, así como un
ínfimo número de europeos puros. El grupo de pardos abarcaba todos los matices de piel negra. En
general sólo se diferenciaba entre esclavos y pardos libres. La progresiva mezcla, sin embargo, tuvo
como resultado que incluso los límites entre esos tres grupos se fueran borrando cada vez más.”
Ocurrida la emancipación de las colonias españolas, el Paraguay optó por no integrar las
Provincias Unidas y escogió el camino de la doble independencia, de la corona española y del puerto
de Buenos Aires. Los porteños pretendían que las distintas provincias que formaban el territorio del
Río de la Plata acatasen la autoridad de su Junta Provisional y le jurasen obediencia. Era imposible
que Paraguay, de larga y penosa explotación económica por la sub-metrópoli, aceptase dicha depen-
dencia. Una vez más se ponía en evidencia la añeja rivalidad entre Buenos Aires y Asunción. La gesta
emancipadora fue una manifestación de sentimientos nacidos en esta tierra, en la lucha sin tregua
contra los bandeirantes, contra los jesuitas en las revoluciones comuneras, y contra la carga onerosa
que significaba la aduana llamada “puerto preciso de Santa Fé”.
Pero la independencia no ocasionó cambios fundamentales en la jerarquía social de la
provincia liberada. Existía a la sazón un número creciente de negros libertos por efecto de
disposiciones oficiales, por mandas testamentarias o por decisión de los propietarios que pre-
miaban así a sus antiguos servidores. Frecuentemente, el liberto recibía un adicional de vacas
lecheras y alguna parcela de tierra para asegurar su sustento.
A pesar de la proclamada libertad e igualdad que manifestaban los revolucionarios del
Mayo paraguayo, estos olvidaban —tal cual ocurrió en otros países— la condición de sus servi-
dores negros que continuaron esperando por muchos años la obtención de su propia liberación.
En enero de 1812 la Suprema Junta Gubernativa, atendiendo sugerencias del Cabildo,
creyó conveniente a los altos intereses de la nación, fundar el pueblo de Tevegó en la abandona-
da reducción de los Guaná en las costas del Alto Paraguay, al norte de la Villa de Concepción:
“(...) en arbitrar las medidas conducentes y oportunas al resguardo y pacificación de la frontera, ha
tomado la resolución de que todas las familias que componen la numerosa parcialidad de pardos de
Tabapy, vayan a fundar un nuevo pueblo en el paraje de Tevegó, sobre la costa del río Paraguay (...)”.
(Alfredo Viola, “Origen de los pueblos…”, 1986) El intento de mantener la población fracasó a
causa del hambre y el aislamiento. En 1823 se decretó su disolución definitiva ordenándose el
traslado de los pardos a la Villa de Concepción.
En 1814, durante el Primer Consulado, en pleno fervor antiespañol, los cónsules prohi-
bieron el matrimonio de españoles con mujeres que no fuesen negras, indias o mulatas, orde-
nando que no se hiciera ningún enlace matrimonial sin previa autorización del gobierno.
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De acuerdo a la visión de los comerciantes europeos J. P. y W. P. Robertson (1838), en
Paraguay había marcadas jerarquías de clases y grados, sin llegar al refinamiento europeo por el
cual un hombre de cierto rango se sentiría humillado tratando a sus inferiores: “En ocasión de
prepararse una fiesta, el cronista salió junto con la anfitriona, poderosa señora de ochenta y cuatro
años, a repartir las invitaciones para la ocasión. La matrona iba acompañada por dos lindas mulatas
y un sirviente negro”. A la vista de lacayos femeninos de piel oscura y esclavo de piel negra, no
dejaba de señalar que “la gran masa de la población era una casta formada de elemento español y del
indígena. Asunción por entonces no pasaba de una población de 10.000 almas donde había muy
pocos negros y no abundaban los mulatos”.
Como ocurría en otros países el esclavo podía comprar su libertad, pero el dueño debía
ser resarcido de la pérdida que le significaba desprenderse de su valioso patrimonio. El valor de
un esclavo dependía del estado de salud del mismo, de la edad y de las habilidades, siempre
exageradas por el propietario con el fin de obtener una mejor remuneración o poner trabas a la
operación de venta cuando convenía al caso. Podía tasarse desde 250 pesos hasta 700 o más. La
primera cifra era el monto de costumbre fijado por los tasadores oficiales en los casos donde
intervenía la Justicia, pues era común que al no llegar a un acuerdo de precio el esclavo acudiera
al gobierno solicitando papel de venta. A fines de comparación es útil recordar que el valor de
una vaca lechera no pasaba de siete pesos.
Ya proclamado Gaspar Rodríguez de Francia Dictador Perpetuo del Paraguay, declaró
mulatos a algunos de sus enemigos, nacionales o extranjeros; pues no conocía mote más indig-
no para calificarlos que este epíteto. Las autoridades tenían en sus manos el control de los
matrimonios, pudiendo impedir la consumación de aquel que presentara impedimentos, debi-
do a la impureza de sangre de uno de los contrayentes. El resultado de esa arbitraria medida fue
el incremento de las uniones clandestinas, siendo el concubinato desde entonces el modelo
estructural de las familias paraguayas más pobres.
Las propiedades confiscadas a los españoles y las incautadas después de la seculari-
zación de los conventos en 1824, formaronel grueso de la esclavatura del Estado. Así
como anteriormente las extensas estancias de los jesuitas y las propiedades particulares
confiscadas se convirtieron en Estancias del Estado y la servidumbre en Esclavos de la
Patria. Las que fueron en tiempos coloniales Estancias del Rey, pasaron a llamarse Estan-
cias de la República: “Con el correr de los años crecieron en número, lo que permitió a nuestro
país, con el aumento del ganado vacuno y equino de las estancias privadas, autoabastecerse en
esos rubros luego de casi dos siglos de importarlos del Río de la Plata”. (Viola, “Anuario…”,
1990)
Parte de los pardos fue incorporada a las guardias nacionales constituyéndose las llama-
das compañías de pardos establecidas algunas de ellas al sur en la localidad de Santiago. Williams
(1971) afirma que en 1824 se hizo una leva de 600 mulatos que formó en ese entonces el cuerpo
de lanceros comandados por blancos. Aclara el autor que “los mulatos no reciben paga alguna y el
gobierno los viste y mantiene”. En una comunicación dirigida al delegado de Itapúa, el dictador
Francia manifestaba “que fue preciso que él personalmente enseñara el manejo de la lanza y modo de
traerla a caballo a los escuadrones de pardos lanceros que formé (...)” . Solamente en 1830 el
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dictador Francia permitió a las unidades de pardos libres llevar armas de fuego, pues era de
rigor que los hombres que formasen parte de la tropa de línea fuesen de casta blanca.
El doctor Viola (1990) precisa que “los mulatos prestaban servicio militar igual que los
vecinos blancos, en caso de peligro de invasión de indígenas o en los presidios de la frontera norte.
Francia escribía en 1831 al comandante de Concepción preguntando si cada uno de los ciento cuatro
pardos ha participado de los socorros de vestuarios (...) un poncho, una camisa, un chaleco, un
pantalón y un cuchillo entregados a manera de retribución por los servicios prestados en defensa de la
patria”.
Pese a las extrañas actitudes del autocrático gobernante, generadas tal vez por algún ata-
vismo familiar —era hijo de un portugués venido de Brasil contratado por los españoles—
ejerció sin embargo un trato justo e igualitario con los negros y mulatos criollos, destinándolos
al cuidado de los presidios para defensa de las fronteras. El dictador tenía un obsesivo interés en
mantener un estado militarizado siguiendo los moldes de los gobiernos coloniales procediendo
a actualizar los armamentos y las estructuras del ejército. Sumados a los regimientos de Volun-
tarios de Caballería, los cuerpos de Artillería y los de negros y mulatos, estas unidades comple-
taban un total de unos dos mil quinientos soldados.
En setiembre de 1820 se produjo un acontecimiento insólito: el ingreso al Paraguay del
general oriental José Gervasio Artigas en carácter de asilado. El contingente que acompañaba al
perseguido y traicionado líder era de unas doscientas personas, compuesto principalmente por
gente de color. Fue el mayor aflujo de sangre negra en la historia del Paraguay en un corto
espacio de tiempo.
Ana Ribeiro (2004) reproduce un relato de José María Artigas: “Llegó a las fronteras del
Paraguay (José Gervasio Artigas) con doscientos libertos y algunos oficiales, escribió al dictador soli-
citando su entrada a la provincia y éste otorgándosela, mandó inmediatamente a recibirlo. En efecto,
lo recibió un oficial en las primeras guardias al que entregó Artigas su espada y su bastón y a su
ejemplo todos los soldados sus armas”.
El dictador Francia guardaba desconfianza y resentimiento hacia Artigas, con quien había
tenido desavenencias por las noticias llegadas al Paraguay de que el jefe oriental pensaba en una
posible invasión. Prudentemente dispuso mantenerlo aislado, apenas con la compañía de un par de
hombres de su servicio, en la lejana población de San Isidro de Curuguaty —entonces importante
centro económico debido a la explotación de la yerba mate— instalada en medio de la jungla.
La tropa constituida por los llamados pardos artiguistas fue asignada por el dictador a
labores agrícolas, en reductos cuyos habitantes se conservan hasta el día de hoy, leales a su
origen. Son los célebres morenos de Laurelty y Camba Cuá —centros ubicados a menos de una
veintena de quilómetros de Asunción— quienes acriollados y hablando en guaraní hoy se sien-
ten orgullosos de sus ancestrales ritos y costumbres, siendo vestigios tangibles de la presencia
negra en Paraguay. Sin la participación de éstos, no hubiera sobrevivido en el país ninguna otra
memoria cultural relacionada con los hombres de color. “Instalados que fueron en sus respectivos
lotes, el Gobierno proveyó a cada varón adulto de una yunta de novillos para amansar y convertir en
bueyes, herramientas e implementos de la branza (...)”. (Héctor F. Decoud, “El Campamento
de Laurelty”, 1930)
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En 1840, a la muerte de Francia, fueron liberados por disposición del dictador los
pocos esclavos que pertenecían al difunto gobernante.
Una de las primeras medidas tomadas por los cónsules Carlos Antonio López y
Mariano Roque Alonso, fue dictar la Ley del Vientre Libre, que en concreto significaba la
abolición progresiva de la esclavitud al declarar que en adelante las mujeres nacidas de
vientres esclavos serían libres a los veinticuatro años, en cambio los varones lo serían re-
cién a la edad cumplida de veinticinco. Asimismo, otorgaba a los adultos el derecho de
adquirir su propia libertad por una suma módica, al mismo tiempo que prohibía la salida
y entrada al país de cualquier otro elemento de color. Alfred Demersay (1860) considera
que los negros se vieron beneficiados con estas disposiciones. Posiblemente el cronista
francés desconocía que desde los tiempos primigenios de la colonia, las Leyes de Indias
establecían el derecho del esclavo de solicitar “Papel de Venta”, que en sí consistía en
cambiar de dueño. Una Cédula Real disponía “que si algún negro o negra, u otros cualquiera
tenidos por esclavos, proclaman a la libertad, los oigan y hagan justicia (Las Audiencias) y
provean que por esto no sean maltratados por sus amos”.
La Ley de Libertad de Vientres fue aprobada el 24 de noviembre de 1842 y determinaba
en su primer artículo “que desde el primero del año entrante de 1843, serán libres los vientres de las
esclavas, y sus hijos que nacieren en adelante, serán llamados Libertos de la República del Paraguay”.
El artículo 13 disponía la prohibición de sacar fuera del territorio de la República esclavos o
libertos de edad menor, aun cuando declaren aquéllos y éstos que quieren seguir a sus señores o
a sus patrones. Por el artículo 14 de la ley se prohibía la admisión de esclavos de otras provincias
en el territorio de la República de donde viniesen prófugos, y los comandantes de frontera
debían ordenar su salida inmediata del Paraguay para evitar reclamos y quejas de los propietarios.
Eran en ese entonces de primordial interés la consolidación del Paraguay como país
independiente, obtener el reconocimiento de su independencia y conservar la integridad del
territorio nacional. Por ello los cónsules ejercieron una política de acercamiento hacia el Impe-
rio del Brasil, a sabiendas que esta nación hacía esfuerzos por mantener el control del Río de la
Plata y evitar la reestructuración de las Provincias Unidas dentro de los límites de lo que fuera el
virreinato del mismo nombre.
En estas instancias entraron en juego los esclavos fugitivos llegados al Paraguay proce-
dentes de las provincias vecinas del Brasil, como lo venían haciendo desde los tiempos de la
colonia, pero en tal momento estratégico el gobierno debió incluir el precitado artículo 14 para
no tener más causas de roces con el Imperio.
A partir de la Ley de Libertad de Vientres, hubo un gran aumento de la natalidad entre
los siervos esclavos en razón de que sabían que sus hijos nacerían libertosy que serían libres en
la edad adulta. Consecuencia de la misma ley fue la caída de precios de la esclavatura negra
durante la segunda mitad del siglo XIX.
Otra ley que influiría, aunque en menor grado en la liberación de esclavos, fue la que
ordenaba la libertad de aquellos pertenecientes a extranjeros transeúntes. El periódico El Sema-
nario, en su número 60 del año 1854, publicaba la lista de las indemnizaciones abonadas
durante ese año a propósito de dichas operaciones. Otras favorecidas fueron las mulatas, siempre
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y cuando fueran jóvenes, de tez clara y de buen aspecto, quienes obtenían fácil y prontamente su
condición de libres por los favores sexuales prestados a sus ricos y generosos amantes.
A diferencia de lo que ocurría en las “senzalas” del Brasil, y en forma similar en los
“segundos patios” de las casas de Buenos Aires, los esclavos domésticos paraguayos vivían en la
misma finca del amo, en ranchos construidos expresamente para ellos y en las proximidades de
la casa principal. El trato que se dispensaba a los empleados domésticos, según observaba el
viajero francés Alfred Demersay, era igualitario: “en la práctica no existe ninguna distinción entre
servidumbre esclava y libre”.
Como en la generalidad de los casos, el esclavo paraguayo era un elemento de trabajo que
podía ser vendido, alquilado o trasferido por donación o herencia. Era frecuente que el esclavo
sirviera de soporte económico al viejo amo, pidiendo limosnas o trabajando fuera de la casa.
Un caso llamativo y extraordinario da a conocer el doctor Alfredo Viola, en su libro
recientemente publicado “Cárceles y otras penas. Época de Carlos Antonio López” (2004). En
dicha obra el autor se refiere al contenido de un documento que se encuentra en el Archivo
Nacional de Asunción: “Un curioso caso judicial se presentó con un anciano marido engañado por
su esposa que mantenía relaciones íntimas con el esclavo de la casa. Como el anciano recibió orden
judicial de que venda a su esclavo, prefirió perder a su esposa antes que desprenderse de su esclavo. Por
lo visto el esclavo le era más útil que su esposa”.
La reapertura controlada de los puertos y la activación del comercio hicieron que surgie-
ra una burguesía privilegiada, especialmente formada por los amigos de la familia gobernante.
Los detractores del régimen, perjudicados en su patrimonio, buscaron refugio en Buenos Aires
donde iban a recalar los enemigos del gobierno reforzando el número de los emigrados ya
existentes desde la época de la dictadura francista.
En la práctica no surgieron mayores modificaciones en la estructura social y económica
en la nueva nación, pero la venta de esclavos del depósito fiscal era cosa tan natural como
vender mercaderías de un almacén, del cual se proveían de mano de obra los pudientes, espe-
cialmente los emparentados con la familia del Primer Magistrado y sus allegados más cercanos.
El gobierno del primer López fue altamente constructivo. La contratación de técnicos ex-
tranjeros permitió organizar una fundición de hierro, montar el mejor arsenal de Sudamérica, cons-
truir uno de los primeros ferrocarriles y barcos a vapor. No descuidó el sagaz primer presidente la
preparación bélica con objetivo de persuadir a sus poderosos vecinos a frenar sus ambiciones de
expansión. Se hallaba hacia el sur enfrentando añejos conflictos políticos con Buenos Aires, en
particular con el gobierno rosista, que se resistía tozudamente a reconocer la independencia paragua-
ya. Por el norte se mantenía latente el peligro de las hordas de indios Mbayás, hábilmente estimula-
dos por las fuerzas imperiales en la extensa zona del Alto Paraguay cuya soberanía estaba indefinida.
En estas circunstancias, la mano de obra del esclavo negro fue exhaustivamente aprove-
chada, siguiendo las experiencias de fines de la colonia. Data de dicha época la utilización de la
destreza manual de los negros y mulatos en labores de motricidad fina, tales como la reparación
de armas de fuego. A fines de la colonia existía una armería que tenía nueve oficiales y estaba
bajo la dirección de Miguel Tiragalo, en cuya fábrica cierto esclavo del Estado, “el negro herrero
llamado Manuel se dedicaba a la compostura de fusiles”. (Viola, 1990)
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La labor de los esclavos consistía principalmente en actividades sufridas y pesadas.
Los pardos trabajaban como peones en las obras públicas, en las armerías, en las herrerías y
en las carpinterías del Estado. Una parte de ellos estaba encargada del cuidado de los bienes
de las estancias celosamente controladas por los gobernantes. En la capital había varios
grupos a cargo de diversos funcionarios, empleados en servicios y talleres públicos.
El padrón realizado en 1845 por orden del obispo Basilio López, que abarcó todo el
territorio de la República del Paraguay y que se conserva en el Archivo Nacional de Asunción,
casi íntegro, fue utilizado por varios investigadores de la demografía histórica. Uno de estos
investigadores (Williams, 1971) proporciona las siguientes cifras: la población negra y parda
era de 17.212 personas de un total de 232.862 habitantes. Por su parte, Cooney (1994), estima
que en 1846 había en Paraguay unos 240.000 habitantes y refiere: “Podemos identificar 17.181
negros o pardos (cerca del siete por ciento de la población total de la República), de los cuales 7.866
(cuarenta y seis por ciento de la población negra) eran esclavos y 519 libertos. El resto eran obviamen-
te pardos libres”.
En pleno desarrollo de la Guerra de la Triple Alianza, en 1866, el sucesor de don Carlos,
su hijo, el mariscal presidente Francisco Solano López, hizo anunciar que los dueños que desea-
sen vender sus esclavos para el ejército podrían hacerlo a un precio razonable. Los propietarios,
compelidos moralmente por la situación, dieron carta de libertad a sus esclavos en forma gra-
tuita para su alistamiento. Un año después el gobierno ordenaba la emancipación y el recluta-
miento de los esclavos y libertos de la República para incorporarlos al ejército. Participaron así
batallones de pardos que fueron casi exterminados en su totalidad durante el curso de la guerra.
Una de las unidades más célebres fue el llamado Batallón Nambi-í2 formado por combatientes
negros. “Con los negros criollos descendientes del grupo étnico originario de las huestes artiguistas se
formó el Batallón Nº 6, que por rara coincidencia enfrentó durante la Guerra Guazú a las tropas del
General Venancio Flores”. (C. Colmán Villamayor, 1990)
Asunción, en los tiempos inmediatos a la ocupación, enero de 1869, tenía una población
aproximada de 10.000 personas, incluyendo el contingente del ejército de ocupación de Brasil,
estimado entre 2.000 y 3.000 hombres. De éstos, una gran parte eran hombres de color, origi-
narios de las extensas plantaciones de caña de azúcar. Don Alfredo Viola, luego de citar el caso
de esclavización de combatientes paraguayos en Uruguay, describe la triste historia de los niños
errantes en la Asunción ocupada por los aliados: “Después de la batalla de Yatay y de la capitula-
ción de Uruguayana, los jefes y oficiales aliados se distribuían prisioneros paraguayos como si fueran
bienes personales para destinarlos a sus fazendas o estancias, especialmente los de piel morena. Lo
mismo ocurrió en nuestro territorio con los niños, fueran estos huérfanos o no. Los pequeños sorpren-
didos en las calles eran tomados en muchos casos para enviarlos... como presentes a familiares y
amigos, en calidad de sirvientes o esclavos, o imponiendo elevados precios por el rescate de las infelices
criaturas”.
Desde el año de 1869 hasta la retirada del ejército imperial, siete años después se había
desarrollado una intensa relación entre las legiones de mujeres sobrevivientes y desampara-
2. Nambi-í: así llamaban los paraguayos a los soldados brasileños de color y de orejaspequeñas.
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
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Alfredo Boccia Romañach
das con los soldados brasileños. Aun así no se observó una llamativa producción de niños
amulatados, extirpe que se diluyó en el curso de dos o tres generaciones. Apenas persistieron
algunos apellidos portugueses, comunes de ser hallados entre la población de todos los
niveles sociales y económicos. Una gran proporción de mujeres amancebadas con comba-
tientes brasileños acompañó a sus hombres cuando estos fueron desmovilizados y repatria-
dos a sus lugares de origen, produciéndose un éxodo de unas dos mil novecientas familias,
mujeres y niños paraguayos, con destino a Brasil.
Después de la guerra, el gobierno provisorio decretó la emancipación completa y sin
restricciones de los pocos esclavos supervivientes. El individuo de color asumió la totalidad de
sus derechos ciudadanos y se fundió en la masa del pueblo sin discriminación alguna. En los
preámbulos del manifiesto del 10 de setiembre de 1869 se declaraba: “Que es incompatible la
existencia de la esclavitud con los principios de la libertad, igualdad y justicia que el gobierno
proclama y se propone difundir y arraigar en el país. Que la esclavitud, institución anti-cristiana y
criminal, es un triste legado de los tiempos que pasaron y que solamente la bárbara tiranía que ha
pesado sobre este pueblo ha podido perpetuarla”.
En el periódico La Regeneración del 7 de octubre de 1869, se lee: “La esclavitud es la llaga
más terrible de los pueblos, no podría permanecer aun en una nación que recién nace a la libertad,
y que, desde luego, debe hacer todos los esfuerzos posibles por desarraigar los elementos del pasado
despotismo”. Y agrega el espirituoso cronista: “Ya no habrá más esclavos en el Paraguay. La oportu-
nidad es inmejorable para dar este paso”.
Este decreto fue ratificado implícitamente por el artículo número 25 de la Constitución
Nacional de 1870, que expresaba: “En la República del Paraguay no hay esclavos, si alguno existe
queda libre desde la jura de esta Constitución, y una ley especial reglará las indemnizaciones a que
diere lugar esta declaración. Los esclavos, que de cualquier modo se introduzcan, quedan libres por el
solo hecho de pisar el territorio paraguayo”.
Un cálculo estimativo de la población paraguaya de la posguerra habla de unos 200.000
habitantes, con una extraordinaria escasez de hombres, en una proporción de tres mujeres por
varón en la ciudad; relación que podía llegar a cincuenta mujeres por varón en algunos pueblos
de la campaña. El Paraguay se convirtió en un país de mujeres. Esta población femenina atraía
especialmente la atención de la mayoría de los viajeros extranjeros. “El elemento mujeril está aquí
en gran mayoría, y su modo de ser es tan especial que no hay un solo barullo en que no tome parte
activa”, relataba el comandante argentino Julio de Vedia al Ministro de Guerra Gainza, sobre la
participación de las mujeres en la vida pública.
En cuanto a la gente de color superviviente al gran holocausto americano, se puede
señalar el casi total exterminio del varón negro utilizado en la guerra como carne de cañón. En
términos cuantitativos, mejor suerte tuvo la mujer de color con sus pequeños vástagos, cuya
progenie siguió creciendo vegetativamente hasta hoy día, como se puede observar en los encla-
ves de Laurelty, Camba Cuá, y en menor proporción en el pueblo de Emboscada.
En los tiempos actuales, imbuidos de nuevas doctrinas humanísticas y espirituales que
ensalzan la libertad y el respeto a los derechos humanos, cuando estamos a punto de convencer-
nos de que la esclavitud es cosa del pasado, verificamos con aflicción que si bien han cambia-
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do las formas y procedimientos está aún inserta en la sociedad moderna una suerte de
cautiverio. Un sector humano persiste encadenado, emergente de la brecha que separa a
ricos y pobres, a dominadores y dominados, a empleadores y empleados. No se puede
hablar de libertad mientras perduren los primitivos sistemas de explotación laboral en las
grandes empresas mercantiles de producción. O en cuanto persista la antigua costumbre de
los “criados”, extraídos de la pobreza del campo para servir en las tareas domésticas a cambio
de un techo y un poco de comida, y tal vez de una educación primaria. Estas condiciones
son semejantes a una verdadera esclavitud.
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LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
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Eduardo R. Palermo
Vecindad, frontera y esclavitud en el norte
uruguayo y surde Brasil *
EDUARDO R. PALERMO
Para comprender la situación histórica de la esclavitud en la zona de frontera, es necesa-
rio definir el espacio geográfico fronterizo, ya que esta zona tiende a ser concebida de diversas
formas. El concepto varía desde el lugar geográfico desde donde se mira, ya que para quienes
residen en la frontera ésta se compone de una serie de elementos que en general no son interpre-
tados por aquellos que no viven allí, más aún si esta visión se proyecta desde centros urbanos
capitalinos y portuarios.
El origen etimológico e histórico de la palabra frontera no está asociado a conceptos
legales, políticos o intelectuales, la frontera es lo que está al frente, nace como una necesidad de
la vida social, es hacia donde se expande la sociedad; por ende es una zona de amplia comuni-
cación que va adquiriendo un profundo sentido político, de interpenetración mutua y de per-
manente manipulación de la estructuras sociopolíticas y culturales. (Osorio Machado, 1998)
Medianeira Padoin (1999) expresa: “trabalhamos com a noção de espaço fronteiriço platino
como espaço social e economicamente construido e que adquiriu um perfil de região, com um sentido
totalizador enquanto espaço de circulação de homens, de idéias, de culturas e de mercadorias”. El
concepto emitido define más los atributos económicos y sociales que la realidad física de una
zona territorial que se crea como límite o marca frente a otro territorio, en este caso frente a otro
Estado. La misma autora sostiene “é preciso que o significado global de fronteira faça-se acompanhar
do termo região, pois região fronteiriça compreende um espaço que se posiciona frente a outro espaço
de mando ou de poder de decisão, ou seja, ‘as fronteiras são relativas ao Estado’. Se, entretanto, o
espaço é entendido como ‘fato social’, resultado da produção da ação humana, o qual está em cons-
tante construção, onde o ‘tempo histórico se transforma em paisagem incorporado ao espaço’ , pode-se
usar o termo espaço fronteiriço com sentido mais amplo e completo”.
*
La presente investigación está siendo realizada desde el año 2001 y cuenta con la colaboración de la Prof. Paola
Saccardi.
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Este espacio en permanente construcción socioeconómica genera especificidades y sin-
gularidades como el contrabando. Sostiene la historiadora Selva Chirico (1999), cuando hace
referencia al tema: “este aspecto es también parte de lo que conforma una típica área de frontera. Si
el tráfico llena una necesidad económica o social, no se considera su legalidad. La persona dedicada
a tal actividad no es sujeto de rechazo porque las contravenciones, por cotidianas, pierden sanción
social”. Implica que desde la visión de los centros de poder este es un fenómeno ilegal, mientras
que desde la óptica del poblador es una estrategia de vida: “O que é policiável no contrabando é
secundario. O que é fundamental nao pode ser policiado, porque é histórico”. (Bleil de Souza, 1995)
La frontera opera como una zona de oportunidades abiertas para la economía, pues dependien-
do de la situación, comerciantes, inversores, hacendados y particulares aprovechan estas “opor-
tunidades” refugiando su capital, sus ganados, sus esclavos de un lado u otro de la “línea”.
Es clave, entonces, aceptar que la frontera tiene sus propias reglas y costumbres, sus
propios tiempos y actores históricos. En muchos casos el doble discurso se transforma en la
norma: si por un lado deben cumplirse las leyes del Estado, por el otro hay una realidad de vida
que es insoslayable y que se articula en redes de poder que impulsan, frenan y modifican las
órdenes emanadas de los poderes centrales. La aplicación de las leyes depende más de las perso-
nas que quieran o puedan llevarlas adelante y de las redes de poder en que se está inmerso, que
del propio grado de institucionalidad que reviste la ley. La voluntad del gobierno manifiesta
una cosa y “la frontera se manifiesta” de otra muy distinta. (Palermo, 2001)
Las sociedades están constituidas por múltiples redes socioespaciales de poder que se
superponen y se intersectan. Este concepto complejiza la visión de la sociedad y es especialmen-
te útil para comprender la frontera, por cuanto se la concibe como múltiples redes de poder
donde la economía, la cultura, las costumbres, las relaciones de clase, el poder político y las
instituciones son determinantes de los procesos históricos. Las sociedades tienen múltiples ni-
veles de interacción por donde discurre el poder, entendido como la capacidad de organizar y
alcanzar objetivos mediante el dominio del medio donde se habita, y éste adopta diferentes
formas y características, extensivo, intensivo, autoritario, difuso, que tiene por resultado prácti-
cas sociales que incorporan relaciones de poder. (Mann, 1991)
Tradicionalmente se ha confundido a la frontera con los límites del Estado y a las socie-
dades con la nación, pero en definitiva frontera, Estado, nación y sociedad son construcciones
del accionar humano, dinámicas por definición y generadoras de intersticios donde cabe el
surgimiento de modalidades regionales o locales propias. Estas modalidades son esencialmente
dinámicas, pero también resistentes con relación a las redes de poder generadas y cómo ellas se
sustentan en el tiempo y en el espacio. Podemos concebir entonces a la frontera como “un
espacio de interrelación, donde los intercambios culturales y redes de interacción generan nuevos
códigos culturales”. (Bentancor, Ángelo, 1998)
La zona geográfica sobre la cual se asienta nuestra definición de frontera ocupa un espa-
cio comprendido entre los ríos Ibicuy, Cuareim, Uruguay, Negro, Yaguarón, extendiéndose
hasta la laguna Merín; en la actualidad abarcaría el sur de Río Grande del Sur y los departamen-
tos de Artigas, Salto, Rivera, Tacuarembó, Cerro Largo y Paysandú resaltando que la zona ha
variado a lo largo de los últimos 300 años. Esta extensa región del lado oriental está caracteriza-
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Eduardo R. Palermo
da por la fuerte presencia de riograndenses como propietarios de tierra, del portuñol, por usos
y costumbres propiamente norteños, y por la presencia masiva de esclavos cuya manumisión
está asociada más a los procesos históricos brasileños que a la legislación oriental.
Esclavitud, “criadagem” y discriminación
El primer aspecto, por más obvio que parezca, para introducirnos en el tema de la escla-
vitud del negro africano, es afirmar que el tráfico negrero fue el sometimiento violento de
millones de seres humanos contra su voluntad con la finalidad de sustentar la economía emer-
gente y la competencia colonial de los países europeos, configurando el mayor genocidio de la
historia de la humanidad. Lamentablemente, genocidios modernos son más reconocidos que el
de los casi 100 millones de personas traídas de África en contra de su voluntad, a lo largo de
cuatro siglos, de las cuales menos de la mitad llegaron a destino.
El comercio triangular desarrollado en el Atlántico, para situarnos apenas en el marco de
las culturas europeas occidentales y cristianas, proveyó de mano de obra para el desarrollo de la
agricultura y economía colonial, así como de grandes capitales que permitieron la Revolución
Industrial. Estos millones de hombres, mujeres y niños/as, transportados como “piezas de éba-
no”, como “cabezas”, acondicionados en barcos negreros diseñados especialmente para el trans-
porte de la valiosa mercancía, separados de sus familias originales, asesinados como medida
ejemplar, torturados en los viajes y sometidos a actos de brutalidad permanente, fueron la
fuerza de trabajo en todos los ámbitos de la sociedad del nuevo mundo. Suplantaron al indio en
casi todas partes, realizaron los trabajos manuales considerados indignos para el hombre blan-
co, fueron agricultores que modificaron la agricultura colonial, hasta ese momento práctica-
mente de subsistencia, fueronconstructores de edificaciones, mineros, cocineros, amas de le-
che, “negritos de los mandados”, peones, soldados; en fin, realizaron todo tipo de actividades y
profesiones posibles en la sociedad.
No obstante su activa participación en la economía como generador de divisas para sus
patrones y de productos para la comercialización, el negro esclavo no fue considerado un inte-
grante real de la sociedad. Moacir Flores (2004) define con claridad la situación: esclavos y
libertos no eran ciudadanos, solamente los hombres que nacieron libres lo eran, por ello no
podían ser tratados como iguales, restándole apenas ser tratados con humanidad, aunque esto
dependía de los sentimientos de su propietario.
La pesada herencia de la esclavitud no culmina cuando ésta es jurídicamente abolida,
aspecto central de nuestra investigación: en qué momento la esclavitud como fenómeno jurídi-
co-político llega a su fin en la frontera, habida cuenta de las peculiaridades de la propia frontera.
Es necesario descubrir los mecanismos que le dieron sustentación en el tiempo bajo formas
encubiertas y, en muchos casos, legalizadas. El esclavo cuando deja de ser tal por obra de la
manumisión, la mayoría de las veces pasa a la categoría de criado manteniéndose dentro de la
estructura familiar de sus amos, alcanzando su completa liberación a la muerte de los amos o en
generaciones posteriores. Los testimonios de nietos y descendientes de esclavos residentes en la
frontera así lo atestiguan. La esclavitud deja paso a un cambio de categoría, los criados, la
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servidumbre de las estancias y casas de familia donde la discriminación continúa siendo la
misma. El negro, con toda la carga de discriminación que pesa social y culturalmente, quedó en
una situación legal de desprotección paradójicamente en momentos que obtiene su libertad. El
doble discurso presente en la sociedad de la época en muchos aspectos lo perjudicó y discriminó
aún más.
El problema central debemos situarlo entonces no sólo sobre la esclavitud, sino en la situa-
ción social, económica y cultural del negro desde la esclavitud en adelante. Picotti (1998) sostiene
que “la esclavitud real de los africanos no concluye con el acto jurídico, sino que perdura hasta el presente
en forma de conflictos y tensiones sociales, en la discriminación refinada y encubierta de un no reconoci-
miento de su presencia y en general de una no adecuada valoración. Los pueblos afro americanos han sido
constantemente marginados”. Esta marginación, fundamentalmente de orden político-social en cuanto
a su participación como ciudadanos, ha llevado a un grado extremo de desconocimiento y de desva-
lorización del aporte afro a la cultura en general, a la política y a la construcción de la independencia
de los estados americanos. Su aporte al crecimiento económico y a la producción fue y es muy alto;
y continúa regido por el concepto de mano de obra barata, siendo la situación de la mujer más
compleja pues es discriminada por negra y por mujer. Tanto en el caso de Río Grande del Sur como
de Uruguay, los números actuales indican esta discriminación de género y laboral, siendo explícito
que la mayoría de los afrodescendientes forman parte de los sectores de menores ingresos en nuestras
sociedades, vale decir, siguen siendo los más pobres como en el período colonial con lo cual se agrega
otro factor discriminatorio.
El sistema esclavista racializó las relaciones de producción provocando nuevas contradic-
ciones y conflictos a los ya existentes. El negro mercancía, el negro que sólo sirve para trabajar,
analfabeto e ignorante, es una creación cultural del colonizador quien no sólo suprimió su
libertad sino que buscó aniquilar su cultura, identidad e imaginario colectivo. Pero no pudo
destruirlo completamente pues los recursos de resistencia fueron variados, entre ellos el suicidio
como mecanismo de liberación. (Picotti, 1998)
Navegando entre estos aspectos, los esclavos africanos y sus descendientes supieron ela-
borar mecanismos de resistencia y supervivencia por medio de su cultura. La mayoría de las
veces estos mecanismos han sido denominados como bárbaros o salvajes, lujuriosos o demoníacos.
García (1986) sostiene: “en líneas generales el aporte cultural de los africanos a la conformación de
la identidad del continente americano y la permanente creación y producción cultural de los afro
americanos fueron proyectados hasta nuestros días bajo una óptica de inferioridad frente al aporte
occidental (…)” El problema se centra en que durante los últimos 500 años la cultura hegemónica
ha sido la eurocéntrica, por lo tanto la única válida; esto no implica negar la existencia de otras
culturas que rompiendo las barreras de los estereotipos raciales han logrado sobrevivir y emer-
ger hasta ocupar paulatinamente el lugar que les corresponde.
Aun hoy, para muchos, los negros son sinónimo de samba y candombe, buenos deportis-
tas y excelentes mucamas. Basta observar el espacio dedicado a este tema en los libros de texto
oficiales para el alumno, utilizados actualmente en secundaria, y las fotos de los afrodescendientes
allí expuestas (notorios deportistas y músicos), algo similar ocurre con los textos de historia y
ciencias sociales brasileños, aunque las leyes del actual gobierno están cambiando la situación.
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
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Eduardo R. Palermo
Origen de la esclavitud en la región de frontera
El territorio de Río Grande del Sur fue en Brasil el de menor número de esclavos, esto se
debió al escaso desarrollo de la agricultura intensiva y al predominio generalizado de la ganade-
ría y del modelo económico de la estancia, así como a la utilización masiva del indio en todas las
actividades; por ende la concentración de esclavos se dio masivamente en la zona portuaria
(puerto de Montevideo y de Río Grande) y en los saladeros. Los primeros esclavos llegaron a
esta provincia de Río Grande de San Pedro en 1725 con el grupo colonizador de Joao Magalhaes
para la fundación de Viamao. En 1737, con la expedición de Silva Pais que funda Río Grande,
llegó un nuevo contingente de negros.
A fines del siglo XVIII ocurren dos fenómenos capitales, por un lado el crecimiento de la
explotación minera en Minas Gerais aumenta la demanda de carne vacuna para la alimentación
de los trabajadores, así como caballos y mulas para tareas de transporte y carga. Por otro lado,
una serie de sequías muy graves en el nordeste (1777, 1779 y 1792) aniquilan su rodeo ganade-
ro provocando un fuerte aumento de la demanda de charque. Estas sequías determinaron que el
empresario cearense José Pintos Martins llegara a Pelotas donde instala el primer saladero de la
región en 1780, provocando de inmediato un rápido aumento del contrabando de ganado
desde la Banda Oriental. Esto cambiará dramáticamente la situación de la esclavitud en la zona,
promoviendo un ingreso masivo de esclavos para el trabajo en las charqueadas. La importancia
de la esclavitud en el sector saladeril lo demuestran las estadísticas. En 1814 existían en Pelotas
2.226 esclavos, es decir el 50 por ciento de la población de la ciudad, mientras que en el resto de
la provincia el porcentaje de esclavos era de 29 por ciento. Entre 1814 y 1833 el trabajo de los
esclavos permitió transformar en charque cinco millones de vacas en 33 establecimientos
saladeriles de Pelotas. (Maestri, 1993)
Tempranamente se desarrolló el tráfico negrero a través de la frontera. En enero de 1778
el comandante de la fortaleza de Santa Teresa da cuenta de que “el Cabo Antonio Sánchez me ha
entregado dos negros llamados Gertrudis y Lucía y también a Florencio González y Joseph Pereira de
la Cruz, los que mandaré hasta la primera guardia portuguesa para que los entreguen a disposición
del Gobernador de Río Grande (…)”. En julio el capitán Merlo recibe dos esclavos más para ser
devueltos y en agosto informa que demoró la devolución de otroscinco esclavos. (Pereda,
1965)
En 1785 el virrey Loreto ordena al gobernador Del Pino prohibir el ingreso de esclavos
negros desde la línea de fronteras. En 1792 Cipriano de Melo, desde Cerro Largo, informa que
apresó a varios negros esclavos que pretendían ser introducidos desde Río Grande del Sur junto
a varias cargas de tabaco a través de la laguna Merín.
Para los esclavos estos vastos territorios fronterizos eran una enorme cárcel de la que
difícilmente podían huir, un verdadero panóptico, su color de piel los delataba y bastaba para
ser objeto de prisión y averiguaciones.
Desde Río Grande las autoridades hacían lo propio, en noviembre de 1788 José Joaquín
Ribeiro envía a “dos negros encontrados en el distrito de Cerro Pelado y por sus declaraciones son
prófugos de sus dominios y esclavos de Luis Gutiérrez y de Joaquín Simoes (...)” En 1803 desde la
Villa de Melo se devuelve un negro llamado Antonio y en setiembre el gobernador riograndense
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Paulo José da Silva Gama reclama la devolución de un esclavo retenido en la guardia de Melo.
(Pereda, 1965)
Los libros parroquiales, auxiliares muy importantes en nuestro trabajo, demuestran la
existencia de esclavos desde muy temprano. Es el caso de la Villa de Melo, la más fronteriza de
todas las poblaciones, creada como guardia del Tacuarí en 1792 y luego trasladada a su empla-
zamiento actual en 1795. Allí el 25 de febrero de 1798 son bautizados los esclavos Isidro (16
años), Alexos (16 años) y Félix (14 años) propiedad de Margarita de Viana, viuda de Juan Pedro
Aguirre, en setiembre se bautiza a Eusebia, niña esclava de Francisco González, hija de sus
esclavos Vicente y María. Estos esclavos se casaron en setiembre de 1797 con autorización de su
propietario, Vicente con 28 años y María con 23. En agosto de 1798 se autoriza el matrimonio
de Juan, 30 años, con María del Rosario, 20 años, naturales de Angola, ambos esclavos del
capitán de milicias de la frontera Andrés Freire.
Intereses y valores de la economía esclava
Para el estanciero riograndense el esclavo significó una forma de riqueza y capitalización
que se contabilizaba entre las existencias de la estancia y significaban un recurso importante
para los pagos y compromisos económicos. Helen Osorio (1999) trabajando con inventarios de
bienes post-mortem de hacendados de RGS deja claramente determinado este aspecto. Su
periodización del siglo XVIII y principios del XIX demuestra entre otras cosas el peso del valor
del ganado, tierras y esclavos en el total de bienes avaluados. En este sentido, el ganado fue el
principal elemento económico de 1760 a 1800, representando el 40 por ciento del capital,
mientras que los esclavos para el mismo período presentan una evolución bastante móvil, desde
un 18 por ciento en 1770 subiendo hasta un 38 por ciento en el período 1775 - 1785, para
luego descender entre 1790 - 1800 a una banda oscilante de 22 a 30 por ciento. De 1800 a 1815
el ganado sufre una pronunciada caída que lo sitúa en un 20 por ciento mientras que los escla-
vos mejoran su valor en el capital superando al ganado y situándose por encima de esa cifra
hasta el 30 por ciento, con lo cual observamos que el valor del esclavo se mantuvo relativamente
estable como capital del estanciero. De 1810 a 1825 el ganado vuelve a recuperar su importan-
cia hasta situarse en un 30 por ciento mientras que los esclavos cortan esta tendencia perdiendo
valor y alcanzando un piso del 22 por ciento hacia final del período.
Osorio aporta otros elementos para entender estos valores los cuales tienen que ver con
“la aceleración del crecimiento económico del período: la población pasa de 17.923, en 1780, a
41.083 en 1805 y la población esclava pasa de 5.102 a 13.859, lo que significa una tasa de creci-
miento anual de 3,37 % para la población total, y de 4,09 % para la población esclava; el rebaño
vacuno creció 320 % de 1780 a 1791 y el plantel promedio de esclavos de 6 a 8”. (Osorio, 1999)
Si bien el número de esclavos se redujo en términos generales, el plantel de los mismos a
nivel predial se concentró en determinadas zonas, como ser la frontera con Uruguay, ya que la
inmigración de europeos (muy numerosa desde principios del siglo XIX) determinó un cambio
en las estructuras productivas del norte y centro de RGS, por otra parte la legislación brasileña
prohibió a los colonos alemanes, italianos y de otras procedencias poseer esclavos; en 1850 una
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Eduardo R. Palermo
ley provincial prohíbe la introducción de esclavos en el territorio demarcado para las colonias
existentes y para aquellas que se formen en un futuro, no obstante se autoriza que el dueño de
los esclavos pueda introducirlos allí pagando impuestos. (César, 1979)
Osorio (1999) determina que el valor medio de un esclavo de 20 a 30 años de edad
aumentó un 30 por ciento entre 1795 y 1810 y luego un 56 por ciento desde 1810 a 1825. Este
estudio también demuestra que para el período en cuestión se concentró el número de esclavos
en los grandes predios, ya que en la medida en que avanzamos en el tiempo a los propietarios de
menor porte les representa un mayor desembolso la adquisición de los mismos.
Esta situación será particularmente importante con posterioridad a 1850 ya que el pro-
ductor fronterizo mediano no podrá competir con el gran propietario y el uso intensivo de la
mano de obra esclava encarecía aún más los precios. Muchos propietarios optaron por contratar
peones libres o libertos y adoptaron ideas liberales respecto del tráfico que fue prohibido en el
Brasil en 1850. Sin embargo, la prohibición no impidió que se siguieran introduciendo escla-
vos, Guilhermino César (1979) cita el caso de Manuel Pinto de Fonseca, “un abutre contraban-
dista de carne humana” que introdujo en forma ilegal a mediados del siglo XIX, 120.000 africa-
nos.
Desde 1773 por lo menos puede verificarse la participación del esclavo en los trabajos
camperos, el negro fue factor esencial para el desarrollo de la ganadería y la pecuaria en Río
Grande del Sur y particularmente en la zona de frontera con Uruguay. La existencia de los
gauchos negros es mencionada en numerosos documentos del período virreinal: “desde los pri-
meros tiempos de la colonia hubo en las estancias negros esclavos ocupados en las tareas rurales.
Negros que por fuerza tuvieron que ser hábiles en arrear ganado, tirar el lazo, carnear, domar,
marcar… con el tiempo iban a llegar a ser gauchos”. (Caula, 2004)
El número de propietarios riograndenses con campos en territorio oriental era tal que
puede afirmarse que el norte del Río Negro era un apéndice económico y social del imperio.
Cada una de estas unidades de producción disponía de un número de esclavos que junto a
libertos, hombres libres y agregados conformaban la mano de obra disponible.
Parte de este proceso de concentración de la propiedad y población de origen brasileño
estuvo marcado por flujos y reflujos migratorios que acompañaron los movimientos políticos
regionales, la guerra de los Farrapos expulsó población hacia la frontera oriental, la Guerra
Grande (especialmente 1843 - 1851) expulsó población hacia RGS, los tratados del 51 con
Brasil, especialmente en el tránsito de ganados y esclavos, hizo renacer la economía riograndense
y promovió la nueva ocupación de tierras generando grandes latifundios: “en estas campañas casi
desiertas, se instalaron los nuevos propietarios con sus familias y sus esclavos. Los brasileros emigrados
continuaban considerándose súbditos del Imperio e ignorando la legislación uruguaya trasladaban
una ‘esclavitud apenas disfrazada’”. (Bleil de Souza, 1999)
Estos tratados acabaron por crear las condiciones legales para que los estancieros
riograndenses continuaran utilizando la región al norte del Río Negro como invernada del
ganado para las charqueadas “gaúchas”, utilizando como mano de obra esclavos.
En 1859, el senador paulista SilvaFerraz describía la situación de la frontera con estas
palabras: “al pasar al otro lado del río Yaguarón, el traje, el idioma, las costumbres, la moneda, los
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pesos, las medidas, todo, todo señores, hasta la otra banda del río Negro, todo señores, hasta la tierra:
todo es brasilero”. (Barrios Pintos, 1990)
Bleil de Souza (1999) cuantifica la presencia de los estancieros riograndenses, sus intere-
ses, propiedades e inversiones en la frontera: “en 1888, vísperas de la abolición de la esclavitud en
Brasil, alcanzaba un índice de 82 por ciento de las propiedades del departamento de Rivera. En
Artigas y Cerro Largo, respectivamente 68 por ciento y 64 por ciento de los propietarios eran
riograndenses. En Salto y Tacuarembó encontramos 52,5 por ciento y 55,6 por ciento de las estancias
propiedad de brasileros. En los departamentos de Treinta y Tres y Rocha un cuarto de los propietarios
eran riograndenses”.
En 1890 el Jefe Político de Artigas registrará que de los 21.174 habitantes del departa-
mento, 4.000 eran brasileños. Más del 60 por ciento de las inversiones realizadas en la región
era de riograndenses. En la misma época en Cerro Largo las inversiones realizadas por brasile-
ños representaban aproximadamente 50 por ciento del total. En Rivera tal proporción se eleva-
ba a más del 70 por ciento. En 1893 se estimaba que los capitales invertidos por riograndenses
en los departamentos de Tacuarembó era de 35 por ciento, en Salto 44 por ciento, en Cerro
Largo 56 por ciento y en Artigas 64 por ciento. En el departamento de Rivera, la cifra alcanzaba
el 79 por ciento de los capitales invertidos.
Estos datos nos dan la dimensión de los intereses económicos en la frontera y por ende el
grado de vinculación económica entre las sociedades de uno y otro lado de la frontera. Convie-
ne aclarar que muchos de los hacendados propietarios de la tierra eran hijos de brasileños,
registrados en parroquias de nuestro país, pero que continuaban con las prácticas socioeconómicas
de sus mayores, por lo cual la influencia de estos y su número puede ser cuantificada en una
cifra mayor al que manifiestan los censos departamentales o seccionales.
Es importante marcar que durante el período 1843 -1860 ocurre una serie de fenómenos
que impacta la frontera en lo económico, social y político, que tiene mucho que ver con la
situación de la esclavitud.
En 1843 ya instalado el gobierno del Cerrito, Oribe prohíbe la venta de ganados a RGS
y establece guardias en la frontera para controlar el contrabando. En 1846 Oribe decreta la
abolición de la esclavitud y adopta medidas, especialmente en los departamentos y distritos de
frontera, para asegurar el cumplimiento de las mismas, entre ellas, reconocer que los esclavos
fugados del Brasil y residentes en nuestro territorio son hombres libres. Cabe recordar que en
1845 culmina la guerra de los Farrapos con la mal llamada paz de Poncho Verde y no se da
solución al tema de la esclavitud, ya que los negros enrolados en el ejército farroupilha fueron
entregados al ejército imperial como botín de guerra, por lo que el número de fugados fue muy
alto. (Flores, 2004)
Esta situación acelerará la participación del gobierno imperial en la definición de la
Guerra Grande, pues el temor general a una fuga masiva de esclavos y que estos formaran parte
de un gran ejército para invadir el Brasil con apoyo de Rosas y Oribe, excitaba la imaginación
política en Río de Janeiro, a la cual Andrés Lamas desde el periódico carioca El Comercio se
encargaba de aumentar. En los hechos el gobierno brasileño afirmaba que desde la ley de 1846
se había cuadruplicado la cifra de esclavos fugados a través de la frontera de Río Grande del Sur.
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
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A partir de 1848 el gobierno del Cerrito también prohíbe que los estancieros brasileños
trasladen sus haciendas desde las estancias orientales a las estancias del otro lado de la frontera,
afectando la producción de las charqueadas. Con la prohibición (en Brasil desde 1850) del
tráfico de esclavos el valor de los mismos aumenta y en algunas estancias esta mano de obra
desaparece.
Una de las medidas adoptadas por los hacendados brasileños, que se consideraban súbdi-
tos del imperio a pesar de tener sus propiedades en territorio oriental, fue reclamar ante éste
para que presionara al gobierno del Cerrito a abandonar sus medidas. Paralelamente, José Pedro
de Abreu, (Chico Pedro o Moringue) Barón de Yacuí, propietario de campos en Salto y Artigas,
iniciaba sus famosas californias o moringadas, consistentes en el robo de ganados y negros que
se vendían en las ciudades de Alegrete, Bagé y Pelotas. Esto queda registrado en los informes del
Jefe Político de Tacuarembó que sostienen que las sanciones aplicadas a los súbditos brasileños
son por violar diferentes leyes nacionales, cometer delitos comunes y por el robo y caza de
negros libres en nuestro territorio para ser conducidos a la provincia vecina y reducidos a escla-
vitud.
Las listas de propietarios brasileños en la frontera en 1850 revela que existían 1181 due-
ños de estancias que sumaban 3403 leguas de campo, es decir 8 millones y medio de hectáreas
pobladas de ganados que alimentaban los saladeros fronterizos. (Barrios Pintos, 1990)
En 1851 se firman los tratados de paz que ponen fin a la Guerra Grande y los propieta-
rios brasileños recuperan la plenitud de sus derechos, incluyendo la propiedad de esclavos. Esto
generó las condiciones para que un nuevo flujo de inmigrantes vinieran a ocupar las tierras de
la frontera uruguaya con capitales, ganados y más esclavos.
Las leyes nacionales prohibían la introducción de esclavos, pero se generó un sistema de
registro que disfrazó la esclavitud bajo la forma de contratos de coloniaje con una duración
promedio de 20 años, extendida hasta 40 años, fijando un salario anual que era la mitad del
acostumbrado a los peones orientales. (Acevedo Díaz, 1933)
En octubre de 1852 el gobierno nacional envía a los gobiernos departamentales una
circular estableciendo los mecanismos para realizar este trámite de devolución: debía mediar
una denuncia escrita o verbal del propietario, presentarse ante el Jefe Político departamental y
exhibir la documentación de propiedad del esclavo. En el Artículo 6 se establece la prohibición
de introducir esclavos desde Brasil bajo la condición de peones, para lo cual se debería presentar
ante el Juez la carta de libertad primero. Este sistema de reclamo permitía salvar las apariencias,
ya que para los propietarios no era demasiado difícil demostrar la propiedad de los esclavos,
habida cuenta de que muchos estaban registrados a ambos lados de la frontera y los nombres de
los sirvientes se repetían de tal manera que uno podía pasar por otro y hacer legítimo el reclamo.
Dado el marco sociocultural de la época creemos que las autoridades no pusieron demasiado
empeño en verificar la documentación o veracidad del reclamo.
Esto puede comprobarse estudiando los libros de Bautismo de Tacuarembó, donde en-
contramos como hecho singular el bautismo de siete negros adultos procedentes de África, la
mitad de los bautismos de ese año 1852, con lo cual queda demostrado lo relativo del cumpli-
miento estricto de la ley. En materia religiosa es interesante recordar las sucesivas denuncias
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contra el cura de Livramento que a caballo recorría las dilatadas campañas de los actuales depar-
tamentos de Artigas y Rivera bautizando a familias enteras, entre ellos a los esclavos con lo cual
se los nacionalizaba brasileños dentro de nuestro territorio.
Andrés Lamas desde Río de Janeiro afirma en 1856 que los hacendados traen esclavos a
nuestro territorio bajo contratos que a veces se extienden por 30 años, con ello convierten al
esclavo en colono y cuando conviene lo llevan al otro lado de la frontera, haciéndose costumbre
que se los bautizara allípara que nazcan esclavos: “De esta manera en algunos establecimientos del
Estado Oriental no sólo existe de hecho la esclavitud sino que al lado del criadero de vacas se establece
un pequeño criadero de esclavos”. (Acevedo Díaz, 1933)
Contratos de peonaje
Para ejemplificar estos aspectos se pueden analizar los contratos de peonaje del departamento
de Cerro Largo. Este documento ha sido relevado por los investigadores Borucki, Chagas y Stalla e
incorporado en su investigación inédita “Esclavitud y trabajo entre la guerra y la paz. Una aproxima-
ción al estudio de los morenos y pardos en la frontera del Estado oriental (1835-1855)”.
Estos contratos de colonato estipulados por ley son sin duda una prolongación disfraza-
da de la esclavitud. No tenemos por qué dudar de la voluntad positiva del legislador, pero ya
explicamos que la frontera tiene sus propias normas de funcionamiento y las autoridades locales
pocas veces verificaban la información disponible y no se sorprendían ante algunos contratos
vergonzosos como el de niños menores de 4 años, por ejemplo.
A los efectos de hacer inteligible el análisis directo del documento, hemos agrupado los
datos siguiendo el criterio de establecer una escala de edades (de 1 a 9 años, de 10 a 17, de 18 a
24, de 25 a 29 y de 30 a 49 años), la duración promedio de los contratos y el monto estipulado
de los mismos, con lo cual lo resumimos en los siguientes aspectos: (MHN.T.353)
• la mayoría de los contratos son de individuos en plenitud de su fuerza laboral (18
a 49 años) que representan el 64,5 por ciento del total, mientras que púberes y
adolescentes representan el 13 por ciento. Un 18 por ciento de los contratos figu-
ran sin edad, pero no es difícil pensar que en su mayoría son individuos mayores
de 18 años de acuerdo a los montos que se fijan;
• los contratos se concentran mayoritariamente entre los años 1853 y 1856 con el
65 por ciento;
• el promedio general de duración de los contratos fue de 17 años, el valor prome-
dio de los mismos fue de 687 patacones, pero debemos señalar que estos prome-
dios varían según los sectores etarios:
Franja etaria patacones duración promedio
01 a 09 años 572 20 años y medio
10 a 17 años 866 24 años.
18 a 24 años 693 17 años y medio
25 a 29 años 711 15 años y medio
30 a 49 años 635 16 años
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De los 32 contratos sin estipular edad, los datos que se desprenden son estos:
Duración promedio de los contratos 17 años y monto promedio 668 patacones.
Estos contratos de peonaje fueron discutidos y condenados en el Parlamento uruguayo
por representar una forma encubierta de esclavitud. En 1861 el presidente Bernardo Berro
denunció la cláusula del tratado de Comercio que garantizaba el libre tránsito de ganado hacia
Río Grande y prohíbe la celebración de contratos de trabajo entre patrones brasileños y “ciuda-
danos de color” por un período máximo de seis años. Los contratos celebrados entre patrones
riograndenses y negros debían ser realizados ante la Jefatura Política Departamental, donde el
peón era informado de su condición de hombre libre. Los sucesos políticos de 1863 y la procla-
ma de Venancio Flores llamando a los brasileños residentes en el Estado oriental a defender sus
intereses económicos no permitió dar cabal cumplimiento a esta decisión.
Estadísticas recogidas en Brasil y Uruguay
Los datos censales de los cuales disponemos permiten afirmar una presencia impor-
tante de esclavos, negros y afrodescendientes en la región. Si bien la mayoría de estos
censos de población adolecen de serios defectos en la recolección de los datos, debido a la
imprecisión de quienes son encargados de recogerlos, también al ocultamiento de datos
por parte de las unidades censadas, los mismos permiten acercarnos a una realidad dife-
rente de la que se ha proyectado al presente. Una afirmación clásica es que la región platense
es la más europea de Sudamérica, no hay indios y escasos negros. Los datos censales con
todos sus defectos confirman lo contrario.
En 1840 se realiza un censo de población en el departamento de Tacuarembó, en el
distrito de Cuñapirú-Corrales, donde se debió realizar dos veces el registro pues en la primera
instancia se ocultó el número de dependientes, en la segunda instancia el número de pobladores
total se duplicó, ante lo cual el Juez de Paz adopta como criterio aumentar en un 30 por ciento
todos los números.
Algo similar ocurre con los diversos censos realizados en la provincia vecina. Las varia-
ciones en la división territorial y administrativa hace relativamente difícil crear una serie esta-
dística para esta zona de frontera, por lo que apoyándonos en los datos disponibles hemos
utilizado el concepto de espacio fronterizo aceptado, es decir, espacio de contactos e intercam-
bios. Con ello pretendemos demostrar la concentración de población afro en la región.
Censos de Río Grande del Sur
Los datos siguientes están contenidos en la publicación “Censos do RS: 1803-1950”,
editado por la Secretaría de Coordinación y Planeamiento, en Porto Alegre.
El primer censo de los que disponemos data de 1814, sobre un total de 70.656 poblado-
res, 20.611 eran esclavos (29 %), 5399 eran libertos, con lo cual los negros suman el 37 %. El
20 % de los esclavos se concentraban en las charqueadas. En Pelotas los esclavos eran el 51 % de
la población, en Río Grande el 31 %, en Piratiní el 42 %.
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En 1858 la población de RGS ascendía a 282.547 personas, de las cuales 70.880
eran esclavos (25 %) y 5413 (2 %) libertos. Discriminados por distritos obtenemos las
siguientes cifras: Cacapava (Cacapava, San Gabriel y Santa María) 6012 esclavos, Bagé
(Bagé y Livramento) 4016, Alegrete (Alegrete, Uruguayana) 4398, Piratiní (Piratiní,
Cangussu y Yaguarón) 10.663 y Río Grande (Río Grande, San José del Norte y Pelotas)
10.959. Estos son los distritos que engloban nuestra región de estudio y allí se ubican
36.048, es decir el 51 % del total de esclavos de la provincia. Esta población esclava
convivía con 83.428 hombres libres representando sobre el total de la población de la
región más del 30 %. Las ciudades que más concentraban esclavos eran Yaguarón (5056),
Pelotas (4788), Río Grande (4369) y Bagé (4016), sumadas todas ellas allí se concentran el
51 % de los esclavos de la región de frontera sur de RGS. (Monti, 1985)
El 30 de setiembre de 1873 se cierra la matrícula de esclavos en RGS, sumando en total
98.378 , el 22 % de la población total.
En 1883 la población esclava representaba 62.138 individuos, el 36 % de los mismos se
ubicaba en las ciudades más cercanas a la frontera uruguaya (Alegrete, Bagé, Don Pedrito,
Yaguarón, Pelotas, Piratiní, Quarahy, Rosario, Río Grande, San Gabriel y Livramento), las
poblaciones con más esclavos eran Pelotas (6526), Bagé (2435), Río Grande (2345) Yaguarón
(1946) y Livramento (1776). (Monti, 1985)
En 1885 los esclavos eran 27.242, una sensible disminución producto del trabajo de las
sociedades emancipadoras y de los clubes abolicionistas conformadas por ciudadanos de ambos
sexos, predominando en el primero el sexo femenino y en el segundo la masonería.
Censos en Tacuarembó, Cerro Largo y Rivera
Los primeros censos que importan son los cisplatinos de 1824; en Tacuarembó la pobla-
ción ascendía a 2283 habitantes, siendo los esclavos un 29 % de la misma y 64 % de los hogares
tenían esclavos. (Borucki et all, 2004)
En los distritos de lo que hoy es Rivera, el número total de pobladores es de 1310 habi-
tantes, de los cuales 406 figuran específicamente como esclavos, es decir un 31 %. Respecto de
los hogares el 75 % poseían esclavos, en este caso la relación de esclavos por hogar es de tres para
cada uno. (Barrios Pintos, 1962)
El censo de Cerro Largo, en 1824, determina un total de 3773 habitantes donde 1336
son negros, es decir un 35 %. Desagregando estos datos por zona obtenemos que en los distritosde Tacuarí y Yaguarón alcanzan un 39 %; esta es la zona por donde transitan las tropas rumbo
a Bagé, Pelotas y Yaguarón donde se ubican los saladeros. (Gil, 1982)
Para el mismo departamento, en 1836, la población asciende a 4640 habitantes de los
cuales en forma genérica un 25 % son esclavos, 54 % de las familias poseía esclavos. (Gil,1982)
En 1895, se realiza un censo en la ciudad de Rivera que determina la existencia de 5489
habitantes, de ellos 785 (14 %) son mestizos, 571 (11 %) son morenos y 675 (12 %) son
mulatos, de lo cual se desprende que el 23 % son afrodescendientes. Como dato complementa-
rio el 73 % eran analfabetos. (Barrios Pintos, 1982)
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Archivos parroquiales de
Cerro Largo, Tacuarembó y Artigas
Una de las principales fuentes documentales que hemos investigado son los archivos
parroquiales. La principal limitante de éstos radica en que la mayor o menor información
depende del interés del cura párroco y de sus percepciones sobre la sociedad. Así, mientras
algunos se limitan a bautizar o casar señalando solamente los nombres de las personas, en otros
casos se detalla su procedencia, color de piel o señas particulares.
Estos archivos exponen por un lado fechas de bautismos, matrimonios y defunciones,
por otro, procedencia de las personas y en muchos casos, al margen del registro, un indicador
que aclara, por ejemplo: esclavo de fulano de tal, párvulo liberado, negro, pardo, mulato, indio,
china o misturado, generando con ello una “clasificación” étnica y social que tiene que ver con
las percepciones de la época.
Los primeros datos corresponden al Libro Primero de matrimonios de 1797; es el casa-
miento de Vicente y María quienes un año después registran a su hija Eusebia. Los primeros
bautismos datan de 1798 y son los antes mencionados de Isidro, Alexos y Félix.
Los registros donde aparece la palabra esclavo son muy numerosos y la propiedad de los
mismos hace un corte en toda la sociedad, poseían esclavos los curas párrocos de la villa, el
comandante de la campaña y frontera del Brasil, Joaquín de Soria, grandes estancieros como
Bernardo Suárez de Rondelo, José Francisco Núñez, principal autoridad civil de Melo hasta
1814, primer Alcalde y comandante militar hasta 1813, primer diputado electo por Melo para
el Congreso de Abril; entre los fundadores de la Villa encontramos varios propietarios de escla-
vos, siendo ellos españoles, orientales y portugueses, de profesiones comerciantes y estancieros.
Matrimonios:
1797 a 1810 12 matrimonios
1811 a 1820 30 matrimonios
1821 a 1827 32 matrimonios
1828 a 1829 14 matrimonios
1830 a 1834 14 matrimonios
1838 a 1851 66 matrimonios
1852 a 1857 31 matrimonios
En total 199 matrimonios de esclavos y libertos.
Bautismos:
1797 a 1810 59 bautismos
1811 a 1820 132 bautismos
1821 a 1824 98 bautismos
En total 289 bautismos de hijos de esclavos y libertos.
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Aunque resulte un tanto árido el manejo de los datos, parece importante marcar el eleva-
do número de niños, niñas y púberes esclavizados, marcando una tendencia que se reforzará
con el tiempo en la medida en que se controle el tráfico oceánico y disminuya la disponibilidad
de “piezas de ébano” de mayor edad. Esta es una de las caras más terribles del tráfico negrero,
obviada en nuestros libros de estudio. Los datos permiten conocer la procedencia de los escla-
vos, en muchos casos se incluye la procedencia de la madre o padres cuando el bautizado es
nacido en la villa de Melo o parroquia.
Situaciones similares encontramos en Tacuarembó, en menor grado en Artigas, aunque
en este caso se prefirió marcar el color de piel o la insólita categoría de “misturado” de los
bautizados o contrayentes.
Desde sus orígenes la población de San Fructuoso de Tacuarembó estuvo vinculada a la
presencia de las etnias indígena y negra. En los campos de Ana Josefa Barberá, negra liberta,
casada con Carlos Montiel, paraguayo, donatarios artiguistas que reciben título de propiedad
en 1808, pero que pueblan la zona desde mucho antes, se fundará la población en el Rincón de
Tía Ana. En 1812 en pleno éxodo escribirá su testamento donde expresa su voluntad de que allí
se funde una capilla. Con la fundación oficial de Tacuarembó (el 28 de enero de 1832) bautis-
mos, casamientos y defunciones pasan a ser centralizados en este lugar.
En la población de San Fructuoso de Tacuarembó, se realiza el relevamiento en las actas
de bautismo de la capilla, desde el Libro Primero de 1838 a 1853, fichando 161 bautismos de
niños, niñas y adolescentes esclavos, hijos de esclavos y también de libertos. En la generalidad
de las actas de bautismo figura la condición de esclavo de los padres, al margen se coloca la
condición del niño, “párvulo libertado”, formalidad que en la práctica no se cumplió en mu-
chos casos. Esto lo hemos probado haciendo el seguimiento de algunos apellidos de niños
nacidos bajo esta condición que figuran 18 o 20 años después como esclavos del mismo dueño.
Los propietarios de esclavos eran tanto estancieros de origen brasileño como orientales y euro-
peos; en el mismo libro de bautismo junto al de un esclavo figuraba, por ejemplo, el bautismo
1820 - María Josefa, 9 años, Vitorina, negra adulta, Manuel, 14 años, Feliciano, 20 años,
Manuel, 18 años, todos del Congo; Jacinta, 17 años, Lubolo; Juan, 9 años, José, 10 años,
Manuel Calixto, 9 años, María Ignacia, 9 años, todos de Costa de Guinea; José, 15 años,
Cambundá;
1821 - Juan José, 18 años, Munyolo; Antonio, 12 años, José María, 10 años, Juan, 17 años,
Francisco, 14 años, Congo; Bernardo, 20 años, Cambundá; Juana,14 años, Benguela;
Francisca, 25 años, Costa de Guinea;
1822 - Francisco, 22 años, Antonio, 18 años, Mozambique; Manuel, 11 años, Costa de
Guinea; Antonio, 9 años, Cambindá;
1823 - Miguel, 9 años, Juan, 20 años, José, 30 años, María, 16 años, Antonio, 15 años,
Francisca, 18 años, Isabel, 25 años, Congo; María, 14 años, Candinva; María, 40 años, José,
15 años, Bangela; Antonio, 11 años, José Antonio, 25 años, Mozambique; Domingo, 32 años,
Canvindá; Rufina, 9 años, Manuel, 10 años, Mina;
1824 - Manuel Cayetano, 12 años, Mozambique; Rosa, 21 años, Monyolo; Joaquín, 20 años,
Mina.
Ejemplos
de
bautismos
de
esclavos
provenientes
de África
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de una hija del Jefe Político de Tacuarembó, lo cual nos habla de la distancia entre la ley y las
costumbres.
En la misma medida estas actas permiten conocer quiénes eran los propietarios de esclavos y
su permanencia en la región; tomemos como ejemplo a dos: José Suárez, que figura en el Censo de
1824 en Cuñapirú-Corrales con seis esclavos, bautiza en 1839 a “Alberto, a Francisco, a Matilde, a
Ubaldina y a Isabel, esclavos de su propiedad”. En 1857, se registra un juicio que le realiza el negro
Vicente Suárez contra José Suárez, por querer éste someterlo a condición de esclavitud “siendo nacido
y bautizado en la República Oriental, parroquia de San Fructuoso”. El encargado de dirimir este difícil
asunto fue el cura párroco Santiago Osés quien elevó el expediente al Juez de la 4ta. sección de
Tacuarembó, distrito de Cuñapirú-Corrales, donde vivían ambos litigantes. Familiares y vecinos del
lugar testificaron la condición de libre de Vicente con lo cual se resolvió que no podía ser esclavizado
por haber nacido libre. (Michoelsson, 1999) Cabe recordar que Suárez fue uno de los primeros en
explotar las vetas auríferas de los cerros y arroyos de la zona, para lo cual utilizó en forma intensiva
mano de obra esclava traída de Brasil.
El otro actor que hemos seleccionado a modo de ejemplo es el Padre Gervasio Antonio
Pereyra Carneiro, vecino de comarca de Suárez que en el censo de 1824 figura con seis esclavos
y un dependiente. La mayoría de los bautismos inscritos entre los años 1838 y 1842 fueron
realizados poreste cura brasileño que tenía como característica principal ser esclavista, hecho
que no mereció la condena del párroco de San Fructuoso, Juan Bruno Picabea Ramírez, quien
realizaba los asientos en el libro de actas. Se registra que en noviembre de 1838 bautiza a “Ágneda,
hija de Dominga, su esclava”; al margen no figura “párvula libertada”.
Los archivos informan también de la procedencia de los esclavos Fortunato, 16 años,
Mozambique y José, 13 años, nación Benguela (Angola), ambos esclavos de Eufrasio Bálsamo,
bautizados en 1840, esclavos recientemente comprados. Sobre quiénes eran los propietarios de
los mismos y cómo eran regalados a los niños de la familia como mercancía, se desprende del
acta de bautismo de “Enriqueta, nacida el 10 de abril de 1838, hija de María Angélica, negra
esclava de los menores de Josefina Rodríguez”.
Entre los propietarios de esclavos hemos identificado a varios pobladores fundadores de
la Villa, a Jueces de Paz, Jefe Político, presbíteros, comerciantes y hacendados.
La presencia de esclavos aún figura en los bautismos de 1852 y suponemos que se extien-
de en el tiempo, aunque la denominación de esclavo se sustituye por moreno, africano o negro.
En 1866 se consigna el bautismo de Casimira, hija de Juliana Bálsamo, donde no dice que sus
padres sean esclavos, aunque en el margen del acta el cura asentó: “Casimira, la esclava de
Bálsamo”, Eufrasio Bálsamo.
Es importante tener en cuenta que los esclavos bautizados en una parroquia uruguaya
eran “un porcentaje” del total de esclavos cuyos bautismos se registraban con curas párrocos de
Livramento, Don Pedrito y Bagé, ya que de esa manera se los nacionalizaba brasileños y con ello
se los hacía esclavos legales, luego volvían a ser introducidos al territorio oriental pero en condi-
ción de peones o agregados.
En el caso de la parroquia de San Eugenio, predominan los bautismos y matrimonios de
indígenas, prácticamente la palabra esclavo no se utiliza, en general se los denomina negros,
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morenos o africanos, después mulatos o pardos. Para este caso hemos realizado un relevamiento
de los primeros libros de bautismos y matrimonios sobre 1011 registros de 1857, 1858 y 1860.
Blancos 22,36 %
Indios y mestizos 58,65 %,
AFROS 12,66 %
Misturados 6,33 %,
En 1860 se registra el matrimonio de José, 60 años, costa de África, con Rita, negra
brasileña de 50 años: “ambos esclavos de Feliciano da Costa”. Al margen el cura dispuso además
“negros pobres”.
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
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Eduardo R. Palermo
Uruguay
1825-18371825-18371825-18371825-18371825-1837 - Ley de libertad de vientres y prohibición de tráfico de esclavos, en
1830 una ley haciendo extensiva a todo el Estado, de 5 de setiembre de 1825,
sobre libertad de vientres, en la Constitución de 1830 se reitera la prohibición
del tráfico, en 1837 una ley estableciendo la tutela de los colonos africanos:
“Debiendo poner término a los abusos a que ha dado lugar la inejecución del
Art.131 de la Constitución y teniendo en vista que en el caso de repetirse la intro-
ducción de negros como esclavos o de cualquier otro modo, son absolutamente
necesarias medidas (...) para asegurar la suerte de los que en el hecho de pisar el
territorio (…) tienen derecho a gozar de los privilegios de hombres libres, allí se
declara que todos los negros que sean introducidos en la República desde la publi-
cación de esta ley, bajo cualquier denominación son libres de hecho y de derecho,
los negros serán puestos en tutela por la autoridad pública, hasta cumplir su mayor
edad, los tutores serán obligados a darles buen trato, vestirlos competentemente,
asistirlos en sus enfermedades e instruirlos en la religión y buena moral; no están
comprendidos en esta ley, los esclavos que fugados de sus amos que se asilen en
nuestros territorios, los mismos serán entregados a sus propietarios y extraídos in-
mediatamente para fuera del país. Los esclavos que se introduzcan con sus amos,
viniendo estos emigrados, con sus intereses o al servicio de personas transeúntes,
pero no pueden ser vendidos ni enajenados con ningún titulo y deben ser extraídos
en el término de un año, contado desde la introducción”.
1842 -1842 -1842 -1842 -1842 - Ley aboliendo la esclavitud; en sus considerandos dice: “Que desde el
año 1814 no han debido reputarse esclavos nacidos en el territorio de la Repúbli-
ca. Que desde julio de 1830 tampoco han debido introducirse esclavos en ella.
Que entre los que existen por consiguiente con esa denominación, son muy po-
cos, así por el Art.1 se destinan a todos los varones útiles al servicio militar y los
demás y mujeres permanecerán como pupilos”.
1846 - 1846 - 1846 - 1846 - 1846 - Ley de abolición de la esclavitud del gobierno de Oribe, que puso punto
final al tema debido a los esfuerzos políticos y administrativos para hacerla
cumplir. Su aplicación determinó la huida masiva de esclavos hacia nuestras
tierras provocando las amenazas de formación de un gran ejército anti-imperial
de rosistas, nacionalistas y negros fugados.
1852 -1852 -1852 -1852 -1852 - Circular del gobierno a los jefes políticos determinando cómo proceder
ante los propietarios de esclavos que realicen los reclamos de acuerdo al Trata-
do de 1851 de devolución de los mismos, y con aquellos que los posean en
territorio oriental, debiendo presentar ante las jefaturas la correspondiente carta
de libertad. No podrá ser perseguido ningún negro por su condición de tal si no
es fugado de Brasil, si es residente o peón o figura en la condición de tal, debe
ser amparado en sus derechos como poblador de la República. En el Artículo 6
se establece la prohibición de introducir esclavos desde Brasil bajo la condición
de peones, para lo cual se debería presentar primero, ante el Juez, la carta de
libertad de los mismos.
1853 -1853 -1853 -1853 -1853 - Ley declarando abolido todo tipo de patronato sobre menores de color
y declarando piratería el tráfico de esclavos.
1861 -1861 -1861 -1861 -1861 - El presidente Berro prohíbe la celebración de contratos de peonaje por
más de 6 años y determina su estricto registro en las jefaturas políticas.
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Brasil
En el caso concreto de Río Grande del Sur, la formación desde 1881 de asociaciones
y clubes abolicionistas dio el impulso definitivo al movimiento abolicionista, éste tendrá
una expresión valiente y decidida por medio de la prensa y de la masonería. Entre 1883 y
1884 todas las ciudades y villas de la provincia crean sus centros abolicionistas y serán las
logias masónicas las responsables de coordinar la recolección de fondos para las
manumisiones, a su vez de enviar fondos de una ciudad a otra cumplida su misión. Los
resultados primarios de la campaña de liberación de 1884 arrojaron la cifra de 34.986
manumisiones compradas. En 1887 la matrícula de esclavo había caído a 8436, no obs-
tante algunas villas y ciudades donde se declaró extinguida la esclavitud, en realidad so-
brevivió algún tiempo, caso de Livramento donde años después se liberan los últimos
cuatro esclavos. (Monti, 1985)
Procedencia étnico y/o geográfica de los esclavos de la región
Resulta ilustrativo mencionar las diferentes procedencias a las cuales pertenecen los esclavos
relevados en los diferentes archivos y documentos consultados. Estos datos parecen particularmente
útiles pues permiten una aproximación a la cultura general de los esclavos, otorgan pistas para
profundizar los conocimientos sobre las formas de actuar y pensar de los pueblos de donde provie-
nen, así como rastrear el origen posible de diversas manifestaciones incorporadas a la vida cotidiana,
tales como las comidas, el arte y artesanía, la música, la religión y el idioma.
Estas procedencias son:
Angola, Benguela, Bolo, Caranllí, Casampí, Cambundu, Cambundá, Cambindá, Costa
de África, Costa de Guinea, Congo, Criollos, Guinea, Lubolo, Mina, Mozambique, Munyolo,
Mufunví, Muyumbí,Rebolo, Visamón
Congo 19.8 %, Benguela 14.06 %, Costa de Guinea 9.38 %, Angola 6.77 %, Costa de
África 5.73%, Mozambique 5.21 %, Caranllí 3.12 %, Mina 3.12 %, Lubolo 2.60 %, los demás
tienen un porcentaje menor al 2%.
1827 - 1827 - 1827 - 1827 - 1827 - El gobierno de Pedro I conviene con Gran Bretaña abolir el tráfico de
esclavos;
18311831183118311831 - - - - - Ley que determina la libertad de todos los esclavos introducidos a partir
de ésta;
1850 - 1850 - 1850 - 1850 - 1850 - Nuevo tratado con Gran Bretaña que pone fin al tráfico negrero;
18511851185118511851 - Ley Queiroz aboliendo definitivamente el tráfico. Esta trajo como conse-
cuencia un intenso tráfico ilegal a lo largo de los años y una ola de robos y
secuestros en territorio oriental;
18711871187118711871 - Ley de libertad de vientres;
18791879187918791879 - Ley Sinimbú, reglamentando y favoreciendo el ingreso de inmigrantes
libres y determinando las relaciones contractuales entre empleados y patrones.
Esta ley es considerada clave en el camino hacia la abolición de la esclavitud;
18851885188518851885 - Ley Saraiva o de los sexagenarios, determinando la liberación de los
esclavos mayores de 65 años. (Orlandini, 1999) (Lobarinhas, 1999)
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
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Eduardo R. Palermo
Para Río Grande del Sur, Maestri (1993) resalta la importancia de los angoleños en su
conjunto, en 1803 sobre 1104 esclavos introducidos los porcentajes son: Benguela 37%, Angola
34%, Rebolo 8%, Congo y Mina 6% (págs.32-34). Para el caso uruguayo, particularmente
montevideano, Montaño (2001) establece como principales naciones a Guinea, Costa de Gui-
nea, Congo, Angola y Mozambique, siendo estos últimos los más numerosos (págs.61-62).
Si agrupamos los datos regionales mencionados considerando como Angola —Angola,
Benguela Cambindá y Lubolo—, representan el 25 % del total y como Congo - Congo, Mufunví,
Munyolo, Muyumbí- representan el 23,45 %.
Conclusiones
La persistencia en el tiempo del fenómeno esclavista en el espacio fronterizo tiene directa
relación, según nuestra interpretación de los procesos históricos, con los siguientes elementos:
1. La masiva presencia de población de origen luso-brasileña que eran los mayores
propietarios de la tierra.
2. Su enorme influencia política, económica y social que hizo predominar sus cos-
tumbres.
3. La explotación de los esclavos fue una de las características singulares de esta ma-
siva presencia luso-brasileña que generaba adicionalmente estatus social emulado
por otros sectores de la sociedad.
4. La falta de interés o posibilidades reales de aplicación de las leyes antiesclavistas
por parte de los representantes del gobierno.
5. Las profundas vinculaciones políticas entre caudillos en la frontera hizo que la
omisión en este tema fuera reiterada y la propia frontera se transformara en un
escenario de negociaciones donde la tierra, el ganado y los esclavos eran los puntos
de negociación. (Palermo, Saccardi, 2003)
La finalización del ciclo esclavista con la Ley Áurea de 1888 en Brasil, puso un punto
final en materia jurídica. Los esclavos fueron liberados en su gran mayoría, no obstante muchos
de los esclavos manumitidos firmaron cartas de compromiso de continuación de sus trabajos
por 5, 10 y 15 años, por lo cual a la etapa de esclavo le siguió la de criado. En el caso de nuestra
región, en los contratos de peonaje no consta que fueran abolidos en la práctica, por lo cual se
continúa un ciclo de servidumbre.
A ambos lados de la frontera y en fechas diversas, desde 1860 en adelante, se fueron
formando pueblos de negros en campos cedidos por sus antiguos amos o se les dejó vivir en
comunidades en la condición de agregados; existen testimonios documentales y fundamental-
mente testimonios de descendientes de antiguos esclavos. Estas colectividades se asentaron en
general a escasa distancia de la frontera entre ambos estados, tal vez como una forma de protec-
ción contra eventuales cambios políticos. Recientemente, en uno de los distritos del municipio
de Livramento el gobierno federal reconoció la condición de kilombola a una familia de negros
que se ajusta a lo ya comentado.
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112
� En 1872 el Jefe Político de Tacuarembó recuerda a los comisarios de las
diversas seccionales que “se prohíbe la entrega de esclavos fugados del Brasil”,
razón para creer que esta era una práctica que se continuaba en el tiempo, y
luego aconseja: “para evitar la costumbre inmoral de llevar negros libres de este
Estado a esclavizarlos en el Brasil, se ordena a los comisarios de frontera
apersonarse a los transeúntes que vayan acompañados de tales negros a fin de
averiguar si lo hacen de libre y espontánea voluntad”. (AGN. Doc. de la Jefatura
Política de Tacuarembó)
� En 1872 el maestro de la escuela pública de varones y secretario de la
Comisión Auxiliar de Rivera (que formaba parte del departamento de
Tacuarembó), devuelve una esclava fugada de Livramento, propiedad de un
influyente militar, con la finalidad de evitar molestias y mantener las buenas
normas de convivencia entre ambas sociedades vecinas. (AGN. Doc. de la Jefa-
tura Política de Tacuarembó)
� Manifiesta el diario El Siglo de Montevideo, en octubre de 1877, que en
Tacuarembó fue comprada la libertad de esclavos fugitivos de Brasil que desde
hacía algún tiempo permanecían detenidos por la justicia a solicitud de su amo,
Desiderio Antúnez Maciel. Estos eran Adán Martínez y Pedro Píriz. Cabe decir
que don Desiderio tenía sus campos en la zona de Vichadero, departamento de
Rivera, y él y varios familiares fueron denunciados por “tener criaderos de escla-
vos en sus estancias”.
� En 1884 en Artigas, la Junta Económica Auxiliar recibe la renuncia de
uno de sus miembros; se proponen entonces dos nombres, uno de ellos el de
Francisco Beleda, registrado en el acta entre paréntesis de “color negro”. En la
sesión siguiente se aceptó por nota la integración de uno de los ciudadanos
propuestos y se establece “recomendando a la vez en la misma nota a esta
comisión delegue al olvido la proposición que hizo el Dr. Gil en una persona
indigna para miembro de esta comisión”. La persona indigna lo era Beleda por
su sola condición de negro, ya que era un vecino reconocido como hombre de
trabajo en la Villa (dato proporcionado por la historiadora profesora Olga Pedrón.
Actas de la JEA.1884).
� En 1897 en el periódico La Verdad de Rivera se encuentra el siguiente
anuncio: “se necesitan dos empleadas para servicio doméstico de preferencia
negras y aseadas”.
� En 1905 en la villa de Quarahy, vecina de Artigas, el Prefeito municipal,
hombre vinculado en sus ideas y familiarmente a los clubes abolicionistas, man-
dó construir una puerta lateral en el cementerio central destinada a negros y
pobres, como consta en actas de la Cámara Municipal, para que de esa mane-
ra el féretro y la procesión de los deudos no pasaran frente a las tumbas y
mausoleos de las familias distinguidas de Quarahy (dato proporcionado por la
historiadora de Quarahy, profesora Diva Simoes. Actas de la prefeitura de
Quarahy).
� En 1931 desde el Ministerio del Interior se ordena a los Jefes de Policía
que contraten a ciudadanos de color también para ser agentes de policía ya
que la Constitución sanciona como única diferencia entre los hombres la de los
talentos y virtudes.
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
113
Eduardo R. Palermo
La memoria oral de muchos de los descendientes de esclavos y criados aportan pis-
tas interesantes sobre la vida de estas personas después de 1888 a ambos lados de la fron-
tera.
Por ejemplo: Raymunda Fraga Núñez, nacida en 1889 y fallecida con 109 años en
la ciudad de Artigas. Raymunda era hija de esclavos en un establecimiento del departa-
mento de Salto, su madre la tuvo junto a un cerco de piedra y al poco tiempo fue separada
de ella no viéndola nunca más. Fue dada en crianza a unafamilia de apellido Viera, en la
ciudad de Artigas. En 1904 emigró al Brasil con motivo de la Guerra Civil y volvió años
después. No sabía leer ni escribir, no fue enviada a la escuela, hablaba siempre en portu-
gués. Era de mediana estatura, toda su vida anduvo descalza, sus pies eran grandes, de
empeine muy alto y redondos. Vestía siempre de blanco, con un pañuelo de color en la
cabeza. Vivía en la misma casa de sus patrones pero comía después que ellos, realizaba
todas las tareas de la casa como mucama, lavandera y limpiadora, cuando niña era la
encargada de juntar las vacas y realizar el ordeñe. Se la trataba con mucha severidad, casti-
gándola con palmeta en las manos y otras partes del cuerpo, tenía una gran cicatriz del
lado derecho de su espalda, producto de castigo con látigo o vara de membrillo. Raymunda
hablaba muy poco, tomaba mate sola y tuvo a su hija María Esther, única, con 46 años.
Cuando ésta nació, siguiendo una vieja tradición de nuestra campaña, fue bautizada en su
casa por una prostituta con agua, una ramita de romero y una vela.
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LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
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LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
117
Ana Frega, Alex Borucki, Karla Chagas, Natalia Stalla
Esclavitud y abolición en el Río de la Plata
en tiempos de revolución y república
ANA FREGA, ALEX BORUCKI,
 KARLA CHAGAS, NATALIA STALLA
La temática de la esclavitud no ha merecido un tratamiento suficiente por parte de los
historiadores rioplatenses, hecho que en los últimos años ha comenzado a revertirse.1 Los
avances de la Historia social así como la percepción de la necesidad de contar con información
acerca de los orígenes sociales, étnicos y culturales de la población rioplatense, han servido de
incentivo a los estudios académicos. En ese sentido, las líneas de investigación aquí desarrolla-
das procuran una contribución desde el ámbito científico a la construcción de una “memoria
colectiva” que reconozca e incorpore la participación de grupos sociales “silenciados” por la
historiografía de corte “nacionalista” o “tradicionalista”.
Este trabajo sintetiza algunos resultados de investigaciones iniciadas a fines de la década
del noventa sobre esta temáticaen el territorio de la Provincia/Estado Oriental, realizadas sobre
la base de la compulsa de un variado repertorio de fuentes documentales éditas e inéditas.
Además de las disposiciones de los distintos gobiernos en torno de la esclavitud o la documen-
tación referente a los batallones de pardos y morenos (listas de revista, comisiones clasificado-
ras, etcétera), se ha recurrido a expedientes judiciales, padrones y censos de población, testa-
mentarías, prensa periódica, entre otros, a fin de combinar un enfoque institucional con una
aproximación primaria a las percepciones de los esclavos y las esclavas en este período histórico.
En la primera parte, realizada por Ana Frega, se aborda el proceso abierto con la crisis
revolucionaria iniciada en el Río de la Plata en 1810 y se cierra a inicios de la década de 1830.
El marco cronológico se justifica en el primer caso, pues la ruptura institucional ambientó la
fuga de esclavos, requirió la leva de afrodescendientes libres y esclavos, así como promovió el
inicio de disposiciones tendientes a la abolición progresiva de la esclavitud. La fecha de cierre
coincide con la formación del Estado Oriental del Uruguay (1830), el Pacto de la Confedera-
1. En el caso uruguayo, sin embargo, es necesario mencionar el estudio pionero de Eugenio Petit Muñoz sobre la
condición jurídica de los esclavos (1948), primer tomo de una investigación más ambiciosa junto a Edmundo Narancio y José
M. Traibel acerca de la condición jurídica, social, económica y política de esclavos y libertos durante el período colonial en la
Banda Oriental, que no llegó a concretarse.
UNESCO
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118
ción de las Provincias del Litoral (1831), la renuncia de Pedro I y el inicio de la Regencia
(1831).
En la segunda parte, realizada por Alex Borucki, Karla Chagas y Natalia Stalla, se analiza
la continuidad del tráfico de esclavos, el mantenimiento de las formas de trabajo asociadas a la
esclavitud, los contextos y características de las leyes de abolición dictadas en ambas orillas del
Río de la Plata, y los mecanismos que llevaron a una prolongación institucional de las formas de
trabajo forzado hasta dos décadas después del dictado de la primera ley que había declarado
abolida la esclavitud en Uruguay.
Por último, se ha reunido en una cronología información acerca de la trata de esclavos y
las distintas medidas abolicionistas. Cabe señalar que las menciones al proceso en las Provincias
Unidas/Confederación Argentina/República Argentina, fueron tomadas de la bibliografía espe-
cífica consultada, especialmente los trabajos de Marta Goldberg (1976), George Reid Andrews
(1989), Silva C. Mallo (1991) y Liliana Crespi (1995). Cierra el trabajo una bibliografía gene-
ral, plural en cuanto a enfoques y rigor metodológico, a efectos de brindar al lector interesado
algunas pistas para profundizar este abordaje.
Abolición de la esclavitud y guerras de independencia
en el Río de la Plata
En primer lugar, es necesario tener presente que la abolición de la esclavitud fue una
conquista, no una concesión. Como ha estudiado Herbert Klein (1986), aun cuando, por ejem-
plo, se hubieran expandido las voces que condenaban esa brutal institución, o los sectores
industriales reclamaran la extensión de la fuerza de trabajo libre y la ampliación del potencial
mercado de consumidores, “los amos pelearon o aplazaron cada paso encaminado a la liberación
de sus esclavos”.
En segundo término, la obtención de la libertad de los esclavos fue un complejo proceso
de experiencias individuales y colectivas que no admite una lectura unívoca y que implicó una
diversidad de respuestas y reacciones. A las medidas institucionales se sumaron, complementa-
ron, presionaron u opusieron los diversos caminos de resistencia de los distintos grupos de
población esclavizada.
En tercer lugar, sin que ello suponga desconocer experiencias históricas anteriores, puede
sostenerse que la coyuntura de las guerras de independencia y los procesos de construcción
estatal en Hispanoamérica favorecieron el recorrido de distintos “caminos de libertad”. La crisis
de la monarquía española debilitó los lazos de control facilitando las fugas, los movimientos
revolucionarios requirieron la transformación de los esclavos en “hombres de guerra” debiendo
ofrecer la libertad a cambio, las proclamas presentaban la lucha como el “grito de los pueblos de
la América por su libertad” ambientando disposiciones que prohibían el tráfico de esclavos y
declaraban que nadie nacería esclavo. Ello no supone desconocer que los significados de los
términos “libertad”, “patria”, y “nación” variaban en función de los intereses y posición de
quien los estuviera enunciando, y que en las revoluciones hispanoamericanas en general, fueron
especialmente restrictivos en lo referente a la institución de la esclavitud. Bajo argumentos de
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Ana Frega, Alex Borucki, Karla Chagas, Natalia Stalla
diverso tipo —defensa del derecho de propiedad, falta de preparación de los esclavos para vivir
en libertad, entre otros— se justificó el mantenimiento de la esclavitud o de formas derivadas
bajo el nombre de “pupilaje” o “colonato”. Esclavos y libertos tampoco fueron incluidos en la
asociación política de ciudadanos portadores de iguales derechos, base de la soberanía de la
Nación. A pesar de estas consideraciones, la coyuntura revolucionaria posibilitó un espacio
para la búsqueda de la libertad, aunque los esclavos supieran que dependía de la fuerza que
individual o colectivamente tuvieran para obtenerla y defenderla.
La crisis revolucionaria en el Plata, al igual que en otras regiones de Hispanoamérica,
abrió un espacio a los planteos que proponían un camino lento hacia la abolición de la esclavi-
tud (Klein, 1986; Andrews, 1989; Martínez Montiel, 1992). Desde el inicio mismo de la revo-
lución, el bando españolista denunció la fuga de esclavos, a su vez, el bando patriota fomentó la
formación de batallones de pardos y morenos a cambio de otorgar la libertad luego de cierta
cantidad de años de servicio (Martínez Montero, 1940-1942; Isola, 1975; Andrews, 1989;
Montaño, 1997). Por ejemplo, luego del inicio de los enfrentamientos en la región de Soriano
en la Banda Oriental el 28 de febrero de 1811, las primeras tropas que llegaron como “apoyo”
desde Buenos Aires fueron regimientos de pardos y morenos comandados por Miguel Estanislao
Soler. A su vez, la fuga de más de mil esclavos de ambos sexos, “riqueza y brazos de estos hacenda-
dos”, según el denunciante, fue comunicada por el Comandante del Apostadero Naval a las
autoridades españoles por oficio fechado el 19 de noviembre de ese año (Comisión Nacional
“Archivo Artigas”, en adelante, Archivo Artigas, tomo IV, 1953).
A pesar de estos hechos, las posturas revolucionarias respecto de la esclavitud no fueron
claras. Entre los grupos dirigentes se manifestó la tensión entre derechos contradictorios. Por
un lado, el derecho individual a la libertad, que favorecía el dictado de medidas de corte aboli-
cionista. Por otro, el derecho individual de propiedad, que amparaba a los amos del bando
patriota y restringía el alcance de algunas disposiciones de otorgamiento de cartas de libertad a
los esclavos de los “enemigos” de la revolución, cuyos bienes podían ser considerados botín de
guerra. Por último, el derecho del Estado a reclutar ejércitos en defensa de la patria sirvió de
sustento al enrolamiento obligatorio de esclavos en batallones de pardos y morenos en condi-
ciones inferiores de remuneración y ascensos bajo la promesa de la libertad.
Abolicionismo “gradual”
En abril de 1812 el Superior Gobierno de las Provincias Unidas prohibió el tráfico de
esclavos y en febrero de 1813 la Asamblea General Constituyente reunida en Buenos Aires
decretó la libertad de vientres, marcando una dirección gradual para la emancipación de los
esclavos. (Ravignani, 1937) Un reglamento fijó lascondiciones de los “libertos” o “pupilos”: a)
los curas debían pasar mensualmente a las autoridades locales la relación de los “niños de castas”
que bautizaran indicando el nombre de los patrones; b) los libertos podían ser separados de sus
madres a partir de los dos años y “traspasados” a otro tutor; c) debían servir gratis hasta los
quince años los varones y los catorce las mujeres; d) a partir de esa edad, recibirían un salario de
un peso mensual que sería depositado en la Tesorería Filantrópica hasta que a los veinte años los
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varones y dieciséis las mujeres, quedaran plenamente emancipados; e) en esta condición, si
estaban casados con mujeres libres o libertas, podían solicitar un predio para labranza de cuatro
cuadras cuadradas. (Ravignani, 1937) Pero ni siquiera con estas limitaciones la medida fue
respetada en su totalidad. La aplicación del decreto parece haber sido más estricta en Buenos
Aires que en otras partes de las Provincias Unidas. (Andrews, 1989) Según un artículo apareci-
do en 1816 en la Gazeta de Buenos-Ayres, entre 1813 y 1815 habían nacido en la antigua capital
del virreinato 2003 libertos, de los cuales sobrevivían 1253 en 1816 (Crespi, 1995), aunque se
consignan sólo los casos registrados. En ocasiones las madres debían ir a juicio, pero si lograban
brindar pruebas sobre la fecha de nacimiento de la criatura, el tribunal fallaba en su favor.
Una medida a medio camino entre las preocupaciones humanitarias (junto a la presión
británica) y el imperativo de la guerra de recursos, fue el decreto de la Asamblea disponiendo
que los esclavos de países extranjeros quedaran libres “por solo el hecho de pisar el territorio de las
Provincias Unidas”. Si bien el decreto se aprobó el 4 de febrero de 1813, fue publicado tiempo
después, previendo seguramente las repercusiones que generaría en la corte portuguesa. Esta
disposición tenía como antecedente el derecho de asilo aplicado, por ejemplo, cuando las dis-
putas hispano-lusitanas por Colonia de Sacramento que concedía la libertad a los esclavos
fugados. (Petit Muñoz, Narancio, Traibel, 1948) La reclamación de la corte portuguesa en Río
de Janeiro argumentó que esa disposición violaba los términos del armisticio de mayo de 1812
(el tratado Rademaker-Herrera, por el que se habían retirado los portugueses de la Banda Orien-
tal), ante lo cual solicitó a Gran Bretaña que mediara —léase presionara— ante el gobierno de
las Provincias Unidas para su revocación. La disposición de la Asamblea atentaba contra la
propiedad individual, se decía en la nota, en tanto un “crecido número” de esclavos de la Capita-
nía de Río Grande de San Pedro se había fugado. Aceptada la mediación por Lord Strangford,
se dirigió al gobierno de las Provincias Unidas destacando que si bien los principios generales
del decreto cuestionado eran reconocidos en Gran Bretaña (por el “simple y natural resultado de
la Constitución británica establecida hacía siglos”), su gobierno era “sumamente sensible” frente a
cualquier medida que pudiera perjudicar la “seguridad y tranquilidad” de Brasil y advertía que
cualquier ataque injusto que se le hiciera “no sería jamás indiferente a la Corte de Londres”. La
respuesta del gobierno de las Provincias Unidas fue rápida: dispuso la suspensión del decreto y
la devolución de los esclavos fugados, hasta tanto la Asamblea General resolviera sobre la revo-
cación que se solicitaba.2 Reunida la Asamblea decidió restringir el alcance de la medida a la
prohibición del tráfico de esclavos dispuesta en 1812. La enmienda fechada el 21 de enero de
1814 se fundamentaba en “el interés de calmar las alarmas de un poder vecino”: sólo serían consi-
derados libres los esclavos introducidos por vía de comercio o venta, no aquellos que vinieran
fugados de otros países o los que, introducidos por extranjeros en calidad de sirvientes, se
conservaran en su propiedad y servicio. (Ravignani, 1937)
2. Agradecemos esta documentación a los historiadores brasileños Susana Bleil de Souza y Fabrício Prado. No deja de
ser interesante que la misma figure como antecedentes al Tratado de Extradición y devolución de esclavos fugados que fue
firmado el 12 de octubre de 1851. La nota de la Corte de Brasil al gobierno de las Provincias Unidas está fechada el 30 de
noviembre de 1813; la de Lord Strangford el 27 del mismo mes y la respuesta del gobierno es del 28 de diciembre de 1813.
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Ana Frega, Alex Borucki, Karla Chagas, Natalia Stalla
En la Provincia Oriental, es importante resaltarlo, a pesar del enfrentamiento en defensa
de la soberanía particular de los pueblos que llevó a no reconocer la autoridad del gobierno de
las Provincias Unidas, la disposición de la Asamblea General Constituyente sobre la “libertad
de vientres” tuvo vigencia. No parece haber ocurrido lo mismo con el reglamento estableciendo
los años de “pupilaje”, es decir, las fuentes no indican la obligatoriedad de servicio de los libertos.
Por otro lado, parece que su aplicación debió pelearse en cada caso en los tribunales. Se dio en
estas situaciones que la mayor o menor vigencia de las resoluciones dependió de la cercanía con
los lugares de decisión. Mientras que, por ejemplo, en la región de Maldonado continuaron las
ventas de niños esclavos, en las capitales o villas cercanas (Montevideo, Buenos Aires, Colonia)
la vía jurídica pudo ser transitada. (Frega, 2004)
A efectos de ilustrar la lucha de las madres por la libertad de sus hijos, así como la
vigencia de la ley de 1813 en el territorio de la Provincia Oriental, sintetizamos dos expedientes
judiciales. Gregoria Fruanes se presentó en 1815 ante el delegado de José Artigas en Montevi-
deo, Miguel Barreiro, denunciando que su amo estaba incluyendo a su hijo en el precio de
venta. Según su testimonio, su hijo había nacido “en el dichoso tiempo de un Sistema Liveral y de
Livertad, tan analogo al grito gral. dela America y aun de la misma naturaleza.” Denunciaba a su
amo, don Juan Méndez Caldeyra, quien “sólo mira sus intereses y desdice con sus obras el Patriotis-
mo y honrrades que anuncia con sus labios”. El expediente quedó trunco al dar vista a Méndez
Caldeyra. El otro caso que presentamos es el de Cristina, quien defendía la libertad de su hija.
En noviembre de 1820 don Vicente Ramos, vecino y juez del pueblo de San Salvador, se presen-
tó a las autoridades de Colonia reclamando la propiedad de una “negrita chica”, hija de su
antigua criada Cristina. Argumentaba en su favor que “en esta Banda no ha[bía] habido semejan-
te orden de Libertad a ningún negro recién nacido” y que el gobierno de Buenos Aires había
actuado contra derecho cuando había determinado que “la cría [era] libre y no dentraba en la
venta” de la criada que había hecho en aquella ciudad. El escrito presentado por la esclava
Cristina, por el contrario, sostenía que “Don Jose Artigas, a cuyo cargo estuvo esta Provincia jamas
desaprobó esta gracia, antes la hizo cumplir”. Mencionaba, además, la existencia de antecedentes
favorables en ese mismo juzgado -lo cual confirmaba que era necesario recurrir a los tribunales
para hacer valer esta disposición- y, por si su pedido era desestimado, solicitaba papel de venta
para su “desgraciada” hija a fin de librarla del “corazón de fiera” de don Vicente Ramos. Las
autoridades locales fallaron en favor de la libertad de la niña. (Frega, 2004)
En otras regiones del “Sistema de los Pueblos Libres” también se procuró utilizar la
independencia política respecto del gobierno de las Provincias Unidas para desconocer la vigen-
cia de la libertad de vientres. Esto parece haber ocurrido en Corrientes bajo el gobierno de José
de Silva en 1815 y aun después, ya que en noviembre de 1817 Juan Bautista Méndez debió
solicitar al Cabildo Gobernador de Corrientes que le remitiera copia del oficio de Artigas don-
de “reprovava” tal interpretación para hacerla circular por“estas campañas”. Según Méndez “estan
en este error viviendo estas jentes, vendiendo Livertos por Esclavos”. (Archivo Artigas, tomo XXXIV,
2003)
La dominación luso-brasileña determinó que nuevamente los hijos de las esclavas here-
daran esa condición. Fue en el año 1825, reiniciada la lucha, en que la Sala de Representantes de
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la Provincia Oriental aprobó el 5 de setiembre una ley que reinstauraba la vigencia de la libertad
de vientres y la prohibición del tráfico de esclavos. (Comisión Nacional de homenaje del
Sesquicentenario de los hechos históricos de 1825, 1975) Sin embargo, su puesta en vigencia, al
igual que en el período anterior, fue resistida. En las plazas de Colonia y Montevideo continuó
el dominio brasileño hasta la firma de la Convención Preliminar de Paz entre la República de las
Provincias Unidas (de la que formaba parte la Provincia Oriental) y el Imperio de Brasil. Allí,
por tanto, no se aplicaba lo resuelto en 1825 y correspondió al gobierno provisorio del nuevo
Estado reparar esa situación. A pesar de que la Asamblea Constituyente y Legislativa había sido
instalada en diciembre de 1828, la minuta de resolución sobre el tema no fue presentada hasta
enero de 1830. Finalmente se resolvió por la afirmativa, pero argumentos legalistas se interpu-
sieron para evitar que tuviera vigencia desde la misma fecha que en el resto del territorio. Que-
daron en minoría posiciones como la de Tomás Diago, quien había expresado: “sufra un peque-
ño ataque la propiedad y que triunfe la humanidad oprimida”. (Presidencia de la República, tomo
VI, 1980)
Las otras “trampas” legales se vinculaban con los reglamentos de presas de buques corsarios.
La reglamentación aprobada en las Provincias Unidas en 1816 establecía que en el caso de que
entre las presas hubiera negros, éstos serían destinados al ejército o al servicio de particulares,
siendo considerados libres después de cierto período de tiempo según el caso. En la guerra
contra el Imperio del Brasil se recurrió nuevamente a las Patentes de Corso, y se calcula que
fueron apresados buques negreros con más de 3.000 personas, las que fueron ingresadas en
calidad de “libertos”. La Jefatura de Policía de Buenos Aires se encargaba del alistamiento de
aquellos útiles para el ejército y el reparto de los demás, hasta que un decreto de setiembre de
1827 facultó a los dueños de las embarcaciones para empeñar ellos mismos el servicio de los
libertos, valuándolos en 200 pesos cada uno y dejándolos sometidos a un régimen de patronato
similar al de la reglamentación de 1813. Para completar este mecanismo semi-encubierto de
introducción de esclavos, se habilitó la cesión o venta de los patronatos. (Crespi, 1995)
La incorporación al ejército
La formación de batallones de morenos y pardos reconocía antecedentes coloniales.
En una guerra de recursos constituían un “botín” codiciado y su utilización para engrosar
las filas de todos los bandos no implicaba cuestionar la institución de la esclavitud, en
tanto los derechos de los particulares eran traspasados al Estado. Las Provincias Unidas,
por ejemplo, formaron con pardos y morenos libres los regimientos N° 6 y N° 9 que se
emplearon en los frentes de la Banda Oriental y Alto Perú, Y con esclavos “rescatados” a
sus amos en los regimientos N° 7 y N° 8 de Infantería y Segundo Batallón de Cazadores.
Un decreto de la Asamblea Constituyente del 31 de mayo de 1813 autorizó al gobierno a
formar un regimiento de negros esclavos, “pagando a sus propietarios el respectivo importe”.
(Ravignani, 1937) También se formó el Regimiento de Infantería N° 10 de integración
mixta, aunque mayoritariamente con afrodescendientes: los morenos eran aproximada-
mente el 75 por ciento, los pardos el 8 por ciento y sólo el 17 por ciento restante, blancos.
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Ana Frega, Alex Borucki, Karla Chagas, Natalia Stalla
(Andrews, 1989) Según los datos de ese historiador, mediante este sistema instaurado en
1813 se reclutaron 1.016 soldados esclavos, y entre 1815 y 1818 fueron agregados 1.059
libertos más. En general, se reclutaban todos los varones entre 16 y 30 años y si bien se
establecía que quedaban libres desde el momento en que eran “filiados”, debían servir
durante por lo menos un año más después de concluida la guerra para hacer efectiva su
libertad. A efectos de evitar los “ocultamientos” solieron fijarse multas de hasta 500 pesos
(el valor de dos esclavos aproximadamente) a aquellos amos que quisieran evadir la leva de
sus criados.
La Provincia Oriental bajo gobierno artiguista mostró algunos matices, si bien no hubo
disposiciones abolicionistas de carácter general. Ya se mencionó la vigencia de la libertad de
vientres, a lo que se agregaría el derecho de los negros y zambos libres a recibir suertes de
estancia o los fallos en favor de los reclamos de los esclavos que llegaban a José Artigas como
tribunal de alzada. Suele citarse la resolución en favor de Ana Gasquen o Gandara, esclava de
Francisco Aguilar, amparando su reclamo en que si bien no existía una ley sobre el particular,
era “conforme à los intereses del systema se proteja la Libertad de la Esclavatura contra las leyes del
Despotismo”.3
Sin embargo, las exigencias militares parecieron predominar en las disposiciones
respecto de los esclavos. El gobierno artiguista no escapó al imperativo de reforzar las
tropas con los esclavos, ni tampoco a la tradición de respetar la propiedad privada de los
“patriotas”, por lo que la leva de morenos y pardos fue una de las primeras medidas del
gobierno oriental en la Provincia. Como en otros casos, se comenzó con los esclavos de los
“enemigos de la revolución”. Ya fuera para aplicar el producido de su venta a los fondos
públicos, como para engrosar el cuerpo de artillería que se estaba formando, a mediados
de 1815 se comisionó a los alcaldes para que remitieran los negros que no tuvieran ocupa-
ción ni carta de libertad (Archivo Artigas, tomo XXIII, 1990). Además de las tareas mili-
tares, los negros debían encargarse del “movimiento general de Artillería y útiles de guerra
contenidos en las Bóvedas”. (Archivo Artigas, tomo XXVIII, 1994) Acarreo de armamentos,
cavado de zanjas, construcción de galpones y otros trabajos pesados quedaban a cargo de
los morenos y pardos. Sus remuneraciones también acusaban discriminación. Al fijar las
dotaciones que debía recibir la tropa de la guarnición de Montevideo, el Cabildo Gober-
nador en acuerdo con el Delegado Barreiro dispuso que los soldados morenos recibieran
tres pesos mensuales, contra seis que recibirían los soldados blancos. En julio de 1816,
ante la escasez del erario las asignaciones fueron rebajadas, cubriendo únicamente gastos
de subsistencia. Las diferencias entre las tropas veteranas y los cuerpos de morenos se
acortaron: tres pesos para los primeros y dos pesos y medio para los segundos, equivalente
a la paga de los Regimientos Cívicos de Caballería. (Archivo Artigas, tomo XXIV, 1991)
3. Su amo era el conocido traficante de esclavos Francisco Aguilar. Una copia de este expediente se halla en el archivo
particular de éste (Fondo Archivos particulares, Caja N° 46) y el original en el Fondo de Administración de Justicia, Maldonado
y San Carlos (Caja 15, exp. 132, letra G), ambos en el Archivo General de la Nación. Este caso ha sido mencionado, por
ejemplo, en Díaz de Guerra (1974) y Montaño (1997).
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La formación de batallones de pardos y morenos tampoco escapó a las resistencias
de los amos en el bando oriental. Aun con los escasos datos existentes para el período es
posible señalar que el porcentaje de hogares en los centros urbanos, que contaba con por
lo menos un esclavo, rondaba el 45 por ciento, tal como se desprende de los padrones de
San Carlos y Maldonado a comienzos de la década de 1820. En Montevideo la proporción
de hogares con esclavos seguramente era mayor, entanto que hacia 1819 se calculaba que
constituían la cuarta parte de la población.4 Esta “extensión” de la posesión de esclavos,
aunque en pequeño número, llevó a que se dispusiera que la leva se aplicara a partir de
aquellos propietarios de por lo menos tres esclavos, a los que se les tomaría uno. De allí en
más, a los que tuvieran cuatro se les tomaría dos, a los de cinco, tres, y así sucesivamente.
A los que tenían dos o uno no se les tomó ninguno “por consideración a q.e los hortelanos no
pueden estar sin menos”, como indicaba Barreiro a Joaquín Suárez en agosto de 1816. Pre-
viendo mayores quejas, recordaba Barreiro: “los negros van á servir en clase de milicia, y por
consequencia los amos los tienen siempre seguros y se les sacan con el fin de desciplinarlos,
arreglarlos, y tenerlos listos para marchar á la primera orden”. (Archivo Artigas, tomo XXXI,
1998) Ahora bien, las resistencias a la formación de regimientos de pardos y morenos iban
más allá del reclamo individual ante la pérdida de un bien, considerado parte del capital.
Encerraban un temor al “desorden social” testimoniado por las frecuentes quejas ante los
supuestos desmanes e indisciplina de tales regimientos, fundamentalmente por considerar
alentadas sus acciones por la dirigencia artiguista. A pesar de las quejas y evasiones, en una
semana se reclutaron 390 esclavos, y en la lista de revista de enero de 1817 (previo al
abandono de Montevideo por parte de las tropas orientales ante el avance portugués),
sumadas las nuevas compañías a las de morenos y pardos libres de constitución anterior,
totalizaron 555 plazas de soldados, 72 de cabos, 14 de tambores y pitos y 39 de sargentos.
(Frega, 2004)
El reinicio de las guerras de independencia en el territorio oriental, esta vez ante las
tropas brasileñas, convocó a los antiguos soldados de los regimientos de pardos y morenos. En
1825 se dictaron nuevas disposiciones para la “recolección de Todos los negros y pardos libres, y
todos aquellos que sean tenidos sin legítima propiedad que hubiesen sido soldados” a los efectos de
incorporarlos al servicio militar. También en esta ocasión, los amos procuraron evadir por dis-
tintos medios estas disposiciones. (Díaz de Guerra, 1983) Culminada la guerra con Brasil tam-
poco se procedió a otorgar la libertad a aquellos que habían participado, pues se les exigió un
servicio mínimo de tres años; en caso contrario, serían devueltos a sus amos. (Martínez Montero,
1940-1942)
4. Dado el interés de los amos por ocultar los esclavos (sujetos a la leva en la situación de guerra que se vivía),
seguramente la proporción de esclavos fuera mayor. Por otro lado, el padrón no refiere a morenos y pardos libres, ni tampoco
a libertos. Los padrones de Maldonado y San Carlos se encuentran en el Archivo General de la Nación, Fondo Archivo General
Administrativo, Libro 283 y el de Montevideo en el Libro 261.
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Ana Frega, Alex Borucki, Karla Chagas, Natalia Stalla
Caminos alternativos hacia la libertad
La documentación muestra cómo ante las fisuras de los mecanismos de control o
ante las limitadas medidas abolicionistas hubo quienes procuraron caminos propios de
libertad. En esa situación se hallan las mujeres que se ampararon en los decretos que,
fomentando la fuga de esclavos del enemigo, les prometían la libertad si se incorporaban
al ejército. Desde su lectura, los decretos eran aplicados a ellas sin ninguna contrapartida
por ser mujeres. Así lo planteó Ana, esclava de doña Manuela Antonia Cuba, luego de la
rendición de los españoles en 1814. La resolución fue favorable, pero sin fisurar la institu-
ción de la esclavitud: Ana había pasado a pertenecer al Estado de las Provincias Unidas, y
éste la declaraba libre. (Frega, 2004)
Otro tipo de situaciones refiere a los regimientos de pardos y morenos. Para los esclavos
la integración a las filas patriotas podía ser una etapa transitoria: así como huían de casa de sus
amos podían desertar de los regimientos y acortar el plazo para obtener su libertad. No estaba
lejos la experiencia de los tiempos de la colonia, donde un espacio rural abierto y multiétnico
alimentaba la idea del “cimarronaje” e incluso, el intento de conformar un palenque o quilom-
bo, como habría surgido de la tentativa de fuga “masiva” de 1803, aun insuficientemente ana-
lizada. Alistarse por “algún tiempo” y luego abandonar las filas, sin depender de los inciertos
resultados de la guerra, era una estrategia posible en esta coyuntura. Este es el caso, por ejemplo,
del moreno Antonio Rodríguez, quien se presentó al Cabildo de Montevideo en abril de 1816
solicitando su libertad —estaba preso en la Ciudadela— a cambio de alistarse “en la milicia de
artilleria”, donde “como moreno libre [...], sere util en quanto pueda ála Patria”. Según su relato
había servido en el Regimiento N° 10 del que había desertado y se encontraba preso por haberse
negado a entregar a su antiguo amo parte de los jornales que percibía en diversos trabajos, por
ejemplo, la cosecha de trigo. Más allá del caso en particular, la argumentación utilizada en el
petitorio fue la siguiente: “Yo Exmo. Señor soy libre desde que me filiaron, y el susodicho Señor dexo
de ser mi amo desde el momento que me entrego ¿por que pues, contra toda justicia quiere esclavisarme
nuevamente? quando la Patria me hizo libre y me puso en el fuero de mis derechos. Quando el
mencionado Sor. fuese algun americano, ó huviese prodigado sus intereses en favor de este govierno
por adhesion a elSistema, no replicaria y me someteria ásus ordenes: pero Señor es Europeo y enemigo
del Pais en que vive”.
En la consideración del esclavo, la “Patria”, es decir, la revolución, lo había puesto en el
“fuero de sus derechos” —aquí, el derecho a la libertad— y esos derechos, al ser naturales, no
podían supeditarse a la obligación de permanecer en las filas. A esto sumaba, reflejando las
contradicciones con el derecho a la propiedad ya apuntadas, el fundamento político: su antiguo
amo era español europeo y pertenecía al “enemigo”, por lo que no podía ampararse en los
bandos que mandaban “recoger” los morenos y pardos que no tuvieran carta de libertad a fin de
devolverlos a sus antiguos amos. (Frega, 2004)
Las formas de resistencia adoptaban diversas modalidades: la “huida a los montes” para
evitar la leva, la deserción e incluso la insubordinación. Un ejemplo de ello fue resultado de las
negociaciones de los jefes del Batallón de Libertos, Rufino Bauzá, José Monjaime y Manuel
Oribe con el gobierno lusitano en Montevideo. Partidarios de un acuerdo con el Directorio de
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las Provincias Unidas decidieron a mediados de 1817 abandonar el ejército oriental y dirigirse
a Buenos Aires. Lecor accedió a ello y dispuso su ingreso a Montevideo para un posterior cruce
del Río de la Plata. Parte de los soldados del regimiento, sin embargo, decidió desertar y acoger-
se a una disposición lusitana que les ofrecía la libertad. Ante las acusaciones que le formuló
Bauzá de promover la desintegración de su batallón, respondió Lecor: “Se equivoca V. S. supo-
niendo que la conducta de los Negros es el resultado de la seducción, quando en la esperanza de su
libertad se halla un alisiente mui poderoso”. El objetivo de esta disposición del gobierno luso-
brasileño no era proteger la libertad de los esclavos (recuérdese las reclamaciones ante la dispo-
sición de la Asamblea General Constituyente en 1813) sino derrotar al ejército oriental. En el
Registro Geral das Cartellas de liberdade donde fueron anotados los soldados se incluyó 179
individuos en 1817 y totalizó 231 cartas de libertad hasta 1821. (Frega, 2004) La deserción de
los jefes ambientó la de la tropa, aunque los caminos seguidos fueron diferentes, tal vez por la
incierta posibilidad de gozar de la libertad si seguían integrando el ejército en una lucha que no
necesariamente sentían como propia.
Respectode sublevaciones de esclavos en el ejército oriental, las informaciones son
fragmentarias y escasas. En el mismo año 1817 se habría producido en Purificación un
levantamiento que habría involucrado a unos 200 soldados negros, la mayoría de los cua-
les, según el informante, habían sido tomados prisioneros de las tropas del Directorio. El
motivo del levantamiento habría sido “que no se les daba Carne ni demas auxilios”. La
validez de este testimonio es cuestionable, en tanto fue dado ante el ejército de las Provin-
cias Unidas por otro evadido de Purificación en julio de 1817. (Archivo Artigas, tomo
XXXIII, 2000) Es probable que se tratara de antiguos integrantes de batallones de pardos
y morenos de las Provincias Unidas, tanto porque la práctica de utilizar prisioneros en el
ejército era común a todos los bandos como por lo que se desprende de este oficio de José
Artigas al Gobernador de Santa Fé, Mariano Vera, fechado el 22 de enero de 1817. En éste
le ordenaba que remitiera al Cuartel General “todos los Libertos” de las tropas de Buenos
Aires que se encontraban “en ese Pueblo” pues estaba fomentado “éste Regim[ien].to y el de
Blanden[gue].s”. (Archivo Artigas, tomo XXXIV, 2003)
Otros esclavos pudieron encontrar en la revolución una posibilidad de ascenso social.
Presentados voluntariamente, integrando los regimientos comunes, probablemente su posición
fue mejor que la de aquellos reclutados en forma forzosa. El naturalista francés Auguste de
Saint-Hilaire que recorrió la Provincia Oriental pocos meses después de la derrota artiguista,
recogió testimonios acerca de que los soldados artiguistas que mostraban mayor valor eran los
negros fugados, “porque luchaban por su propia libertad”. (Saint-Hilaire, 1887) Aunque el temor
pudiera ser exagerado, a fines de 1816 el Comodoro de la flota británica en el Río de la Plata
anunciaba posibles fugas masivas de esclavos y refería al temor de las “clases propietarias y de
alguna consideración” en ambas orillas del Plata por la popularidad de José Artigas entre las
clases bajas. (Graham, Humphreys, 1962) De las tropas que acompañaron a Artigas, diversos
testimonios refieren al accionar de un Batallón de Negros con unas 200 plazas al mando de José
María Gorgonio Aguiar, quien ingresó junto al caudillo a Paraguay en setiembre de 1820.
(Découd, 1930)
LA RUTA DEL ESCLAVO EN EL RÍO DE LA PLATA: SU HISTORIA Y SUS CONSECUENCIAS
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Ana Frega, Alex Borucki, Karla Chagas, Natalia Stalla
Balance provisorio de una etapa
A través de esta apretada síntesis se han mostrado las contradicciones y limitaciones
que presentaron las disposiciones tomadas por los distintos gobiernos de la región platense
respecto al tema de la esclavitud. Asimismo, se recogieron testimonios que daban cuenta
de la lucha de los esclavos por su libertad. Sin entrar a considerar otros resultados, parece
claro que la incorporación a los ejércitos fue el elemento predominante en las distintas
políticas. No contamos con cifras confiables acerca de cómo esto puede haber influido en
la proporción de población esclava en el conjunto, ni tampoco si la participación en las
guerras de independencia generó una mayor disminución de los esclavos varones. El cua-
dro que se presenta a continuación es meramente aproximativo ya que no se tiene infor-
mación para los mismos cuarteles en cada año. De todas maneras, los resultados parecen
coincidir con la tendencia que muestran las conclusiones de Goldberg (1976) y Andrews
(1989) para Buenos Aires. Durante las guerras de independencia disminuyó la población
esclava y esa disminución se manifestó en mayor proporción en aquellos de sexo masculi-
no. Al no contar con datos acerca de negros y pardos libres, no es posible concluir si la
disminución se produjo por las muertes en combate o porque efectivamente alcanzaron la
libertad.
TABLA 1.
Evolución de la población esclava en Montevideo por sexo, 1805-1819 (en porcentajes)
Año Esclavos Esclavas Relación % esclavos/as
de masculinidad sobre población total
1805* 54.4 45.6 119 30.6
1814** 47.9 52.1 92 25.7
1819*** 44.0 56.0 78 24.8
Fuentes: Para 1805, Arredondo (1928), padrón levantado en diciembre de 1805. Para 1814, Archivo Gral. de la
Nación, Fondo Archivo Gral. Administrativo, Libro 254, padrón del Cuartel 2 levantado en agosto de 1814. Para
1819, ibídem, Libro 261, padrones de los cuarteles 1, 3 y 4 de Montevideo levantados en setiembre de 1819.
Notas: (*) No se incluye la población de extramuros. Allí la proporción de esclavos varones es de 80%. (**) El
padrón fue levantado por las autoridades de Buenos Aires; se tomaron en cuenta datos de 14 de las 16 manzanas del
cuartel, por hallarse las otras dos ilegibles. (***) Se consideraron los totales de cada cuartel; pueden existir pequeñas
diferencias si se toman los datos de cada manzana.
Otro aspecto a considerar es el mantenimiento de las formas de discriminación, arraiga-
das tras siglos de ser considerados como “cosas con elementos supervinientes de persona”. (Petit
Muñoz, 1948) Vayan algunos ejemplos en esta dirección. En 1820, en Maldonado, un amo se
quejaba de que se hubiera atendido el pedido de papel de venta formulado por su esclava
Clemencia por los malos tratos de que era objeto. Según su opinión, “todo amo está autorizado
para dar una correccion álos criados q.e se extrabian”. [No es] motivo suficiente para q.e se le despoje
del dominio, solamente sobre la quexa de la culpada”. A comienzos del año siguiente en esa misma
región fue detenido durante nueve días por embriaguez el negro “llamado Juan Antonio”, quien
“estubo sirviendo a la Patria con [Gorgonio] Aguiar”. Posteriormente fue remitido a las autorida-
des con el propósito de que se tomaran otras medidas, “baxo el concepto que este moreno bagando
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128
por la Campaña no podrá ser muy util al Vecindario”. Aunque se admitiera su condición de
libertad, los morenos y pardos, al igual que indios, gauchos y “hombres sueltos” debían ser
“disciplinados”. Al prejuicio étnico se sumaba el temor al “desorden” social. (Frega, 2004) En
1830, meses antes de la Jura de la Constitución del Estado Oriental, se denunció en la prensa la
discriminación de que eran objeto en las escuelas públicas los pardos y morenos. La respuesta de
uno de los miembros de la Junta de Instrucción Pública fue terminante. En caso de acceder a la
escuela, debían estar separados: “Las castas tienen por ahora progenitores incivilizados. Jóvenes
groseros, ordinarios e inciviles no deben hombrearse con quienes una educación más estudiada les da
un rango superior”. (Villa, Mendive, 1980)
Aunque es posible afirmar un tratamiento más favorable a los esclavos en aquellos casos
que llegaban directamente a José Artigas, o bien para aquellos afrodescendientes que integraron
batallones comunes y no los regimientos “de color”, no hubo cambios sustanciales respecto de
las formas de obtención de la libertad entre la colonia y las guerras de independencia. Aparecen
manumisiones gratuitas en algunos casos, en otros luego de tantos años de servicio o por com-
pra, y no siempre la integración de regimientos de pardos y morenos se tradujo en la obtención
de la carta de libertad. En algunos pleitos las autoridades se inclinaron a defender los derechos
de los esclavos, pero en otros las demoras, la interrupción de las actuaciones o las resoluciones
beneficiaron a los amos. En cuanto a la devolución de esclavos, el criterio predominante parece
haber sido el político, es decir, se protegía la propiedad de los partidarios de la revolución y se
requisaba -o se concedía la libertad- a los esclavos de los enemigos. La coyuntura de las guerras
de independencia, sin embargo, posibilitó que los esclavos encontraran un espacio de libertad y
en lo inmediato pudieran “descontar” una parte del tiempo de opresión y discriminación. Pese
a la inexistencia de medidas generales de corte abolicionista, el orden provisorio que proclama-
ba la revolución privilegiaba alos “más infelices” y así fue interpretado por los esclavos, quienes
procuraron también sus propios caminos de liberación.
Abolición y esclavitud en tiempos de la república
El Río de la Plata experimentó tras la finalización del ciclo revolucionario una intensa
incorporación al mercado mundial. Este proceso se inició a través de la comercialización en los
mercados europeos, de los productos del complejo estanciero-saladeril, lo cual dinamizó las
economías de Buenos Aires, Montevideo y Porto Alegre. El entorno rural que alimentó la
dinámica de esos puertos, sufrió algunos cambios tras la revolución. El desarrollo de las grandes
estancias en la campaña bonaerense promovió la ampliación de poderes en sectores que termi-
narían confiando el gobierno a Juan Manuel de Rosas. La expansión de las haciendas brasileñas
en el Estado Oriental, junto al avance de la ganadería en Río Grande del Sur, fue el marco que
propició el ensayo independentista de los farrapos. Ambos fenómenos, fueron expresión de un
proceso que con matices afectaba a la región.
Los núcleos estanciero-saladeriles promovieron durante el segundo tercio del siglo XIX
el empleo de trabajadores forzados que habrían de incrementar sus dividendos. De este modo
se reactivaron ciertas formas de trabajo coactivo a partir del resurgimiento del tráfico esclavista
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en el Uruguay independiente y el empleo por parte de las estancias en Buenos Aires, de cautivos
indígenas y de inmigrantes españoles contratados. (Gelman, 1999) Es posible asistir tras 1820
al período de auge de la charqueada esclavista de Río Grande del Sur. Es necesario advertir en
qué forma la demanda del complejo estanciero-saladeril aumentó las necesidades de mano de
obra. Los propietarios optaron por el desarrollo de formas de trabajo forzado tanto en el medio
rural como en el urbano. Las soluciones encontradas en Buenos Aires, Montevideo y Porto
Alegre diferían en tanto que sus coyunturas políticas eran disímiles.
A contrapelo de las condiciones socioeconómicas, la impronta igualitaria de la revolu-
ción implicaba serios compromisos políticos para las repúblicas del Plata. Las ideas de la Ilus-
tración, el despliegue de los movimientos abolicionistas y la condena de la trata por el Congreso
de Viena (1815), iniciaron una coyuntura internacional propicia para liquidar la esclavitud
durante el siglo XIX. Los nuevos Estados debieron resolver el legado esclavista de su pasado
colonial, justo en momentos en que escaseaba la mano de obra.
El porcentaje de habitantes de origen africano continuaba siendo importante en la re-
gión. A pesar de las guerras de independencia, en Buenos Aires constituían la cuarta parte de la
población hacia mediados de la década de 1830. (Goldberg, 1976; Andrews, 1989) En Uru-
guay, la población negra se concentraba en Montevideo, así como en la frontera este y noreste.
En la capital representaban entre la quinta y la cuarta parte de la población. Los padrones
estadísticos de la década de 1830 evidencian el impacto demográfico de la población esclava en
las jurisdicciones de Minas, Rocha, Cerro Largo y Tacuarembó. En algunos casos el peso
poblacional de los esclavos representó el 14 por ciento de los habitantes y en otros se aproximó
a constituir un tercio, conformando una minoría relevante. Esto significaba una tasa de pobla-
ción esclava similar a la de sociedades esclavistas vecinas, pues en Río Grande del Sur en ese
mismo período un tercio de la población era esclava. (Osorio, 2004) Por otra parte, en Buenos
Aires y Montevideo la población negra se organizó en asociaciones de base africana, denomina-
das “naciones africanas” o “salas de nación”. Estas representaban los espacios de sociabilidad
predominantes entre la población de origen africano.
La persistencia del tráfico de esclavos
La fundación republicana generó una coyuntura abierta para el debate sobre los princi-
pios que debían imperar en el Estado Oriental del Uruguay. En el caso de la esclavitud, se
debían establecer las bases para la abolición. No obstante, los constituyentes de 1830 sólo se
limitaron a incluir la libertad de vientres y la prohibición del tráfico de esclavos en la Carta
Magna, refrendando y ampliando a todo el territorio las disposiciones que habían sido estable-
cidas por la Sala de Representantes de la Provincia Oriental en 1825. Hubo un acuerdo tácito
para no abrir el debate sobre la esclavitud, pues se entendió que las Cámaras Legislativas del
Uruguay independiente debían regular la aplicación de las medidas anti-tráfico y proyectar para
el futuro una fórmula para declarar la abolición. Al parecer los constituyentes prefirieron no
generar conflictos sobre un tema que consideraban delicado pero secundario. El debate en la
Asamblea Constituyente y Legislativa sobre la ampliación de las medidas contra la esclavitud a
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Montevideo y Colonia, evidenció la dificultad de los asambleístas para idear soluciones que
simultáneamente resguardaran los derechos de libertad de los esclavos y los de propiedad de sus
amos. En el planteo de esa dicotomía los últimos nunca salieron perjudicados. Las Cámaras
Legislativas del Estado Oriental recién aprobaron en 1837 un reglamento para la prohibición
constitucional del tráfico. En el ínterin, se reactivó la introducción de esclavos.
Luego del establecimiento de la Asamblea Constituyente y Legislativa, las primeras evasiones
sistemáticas a la prohibición del tráfico ocurrieron en Montevideo y Colonia. Las disposiciones
sobre la libertad de vientres y la prohibición del tráfico recién se aplicaron allí a partir del 20 enero
de 1830. De esta forma, se “legalizó” la introducción de esclavos desde el año 1825 hasta esa fecha.
En 1830 también se estableció una política limitativa sobre la emancipación de los escla-
vos que habían participado en la guerra de independencia. Cada caso fue evaluado por las
autoridades políticas y militares. Esta cuenta podía resultar gravosa para el gobierno oriental,
pues además de los esclavos militarizados en la reciente guerra, se amparó a antiguos soldados
de las fuerzas artiguistas, así como a algunos esclavos fugados del territorio brasileño. Los solda-
dos-esclavos debieron documentar su participación en la guerra mediante listas de revista o
testimonios de sus jefes, y comprobar la duración de su servicio en las armas. De otra forma,
podían retornar a la esclavitud. La capacidad de apelación ejercida por los antiguos esclavos al
emplear a su favor argumentos republicanos y patrióticos, constituyó una herramienta eficaz
cuando coincidía con la actuación de funcionarios que atendían favorablemente sus reclamos.
Al agotarse las instancias judiciales, las suscripciones o rifas “patrióticas” probablemente consti-
tuyeron la única salida legal para obtener la libertad. En la prensa no surgieron voces contrarias
a emancipar los soldados de la patria. Sin embargo, los amos procuraron activamente la retribu-
ción monetaria prescrita por el Estado o la devolución del soldado a su antigua condición de
esclavo. A pesar del patriotismo exaltado por la fundación republicana, varios soldados
afrodescendientes debieron volver al servicio de sus amos como esclavos.
En el mismo período se asiste en Buenos Aires al ascenso y consolidación del rosismo.
Juan Manuel de Rosas mantuvo relaciones de clientelismo con las “naciones africanas” de Bue-
nos Aires, interviniendo directamente en la elección de sus líderes, donando sitios para sus
establecimientos, así como participando ocasionalmente de sus festividades. (González Bernaldo,
2001) Durante el rosismo las “naciones africanas” se multiplicaron, y participaron activamente
en los festejos del régimen. Algunos diarios rosistas estaban especialmente orientados a la pobla-
ción de origen africano. No obstante, a fines de 1831, durante el primergobierno de Rosas, se
liberalizó la introducción y venta de esclavos “de servicio” en Buenos Aires. Esta resolución era
contraria a las disposiciones de la Revolución de Mayo, siendo restituida la prohibición de ese
tipo de tráfico en 1833. La reinstauración del tráfico de servidores domésticos en esa ciudad
alimentó el debate montevideano sobre la introducción de esclavos.
Las disposiciones contra el tráfico de esclavos en Uruguay requerían la sanción legislativa
de una reglamentación que resolviera las situaciones no previstas y dispusiera los procedimien-
tos para combatir la introducción. Quedaba por definir una solución legal para aplicar a los
esclavos que arribaban al país con sus amos, quienes no se ajustaban a la ley contra la trata. Los
traficantes podían aprovecharse de ciertas irregularidades, de “arreglarse” con los funcionarios
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Ana Frega, Alex Borucki, Karla Chagas, Natalia Stalla
del puerto o la Policía, haciendo pasar esclavos recién sacados de África como sirvientes de los
pasajeros. Al año siguiente de la Jura de la Constitución se generó una polémica sobre la dife-
renciación entre esclavos de “servicio” (cuya propiedad generaba lucro a su amo debido a su
trabajo) o de “peculio” (introducidos para la venta). El fondo del debate radicaba en cuánto más
se podían aflojar los derechos de libertad de los esclavos a favor de los derechos de propiedad de
los amos, pues ambos estaban proclamados en la Constitución.
Luego de 1830 la introducción de pequeños contingentes de esclavos de “servicio” con-
tinuó —casi sin control alguno— hasta 1837. El arribo constante de argentinos y brasileños a
Uruguay debido a la coyuntura regional favoreció esta modalidad de tráfico. Tras el ascenso de
Juan Manuel de Rosas, sucesivas oleadas de opositores al régimen se refugiaron en Montevideo.
Hacia 1831 una revuelta se levantó contra Pedro I de Brasil. El Emperador abdicó ese año,
quedando el gobierno en manos de una regencia de tendencia liberal hasta 1841, cuando fue
coronado Pedro II. Tanto los sucesos de 1831, como la Guerra de los Farrapos (1835-1845)
impulsaron a que algunos riograndenses se establecieran en Montevideo, siendo acompañados
en numerosas ocasiones por sus esclavos. Los introductores y quienes los defendieron, se ampa-
raron en el artículo constitucional que garantizaba el respeto de la propiedad de los inmigrantes,
en la cual se situó indefectiblemente a los esclavos. La polémica entre los derechos de libertad y
propiedad también fue afectada por el discurso sobre los beneficios económicos que los “brazos
esclavos” podrían generar al país, lo cual dirimió el problema a favor de los amos. En aquel
momento se argumentó que las economías de Brasil, Cuba y el sur de los Estados Unidos eran
las de mayor “riqueza” del continente, señalando que las tres estaban sostenidas por la esclavitud.
El gobierno oriental también participó del tráfico de esclavos como forma de aumentar
la renta fiscal, colaborando con el mayor operativo de introducción forzada de africanos al
Uruguay independiente. Hubo grandes arribos de “colonos” africanos que llegaban a Montevi-
deo y Maldonado, a partir de contratos entre el Estado e introductores privados. Los negocian-
tes entregaron 30.000 pesos al gobierno por la concesión, lo cual constituía algo más de 46
pesos por “colono”, pues para uno de los contratos se había fijado que los embarques debían
sumar 650 africanos. Se estableció que los “colonos” no debían ser mayores de 16 años de edad
y que los varones no debían superar el 60 por ciento de los africanos embarcados. El precio de
venta en Montevideo oscilaba entre 200 pesos para los menores de 8 años y 220 pesos para los
mayores. Sin embarco, los africanos una vez arribados al territorio oriental fueron vendidos
hasta en 300 pesos. En pos de asegurar las ganancias, se autorizó a los traficantes a cargar hasta
150 “colonos” por arriba de la cifra convenida, para cubrirse de la mortandad que implicaba el
viaje transoceánico de niños, niñas y jóvenes.
El panorama de las cifras y condiciones contractuales evidencia cuan lucrativo resultaba
el negocio. El gobierno de Fructuoso Rivera recibió importantes ingresos fiscales a partir de
otorgar permisos de introducción de africanos. Tanto los traficantes como el gobierno se bene-
ficiaron de esta operación. Los africanos servirían a sus patronos por un período de doce años,
a contarse una vez que el niño cumpliera los 12 años de edad. Los registros policiales sólo
anotaron como “colonos” a un pequeño porcentaje de africanos introducidos por medio de este
operativo, siendo la mayoría vendida como esclava.
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TABLA 2:
Edad y sexo de 141 africanos desembarcados por el Águila I (1833)
Sexo \ 
Edad 8 a 9 años de edad 14 a 18 años de edad
Femenino 56 6
Masculino 68 11
Fuente: Archivo General de la Nación, Fondo Archivo General Administrativo, Ministerio de Gobierno, Caja
848, [Relación de 141 de los 239 africanos desembarcados en Santa Lucía], 2 de noviembre de 1833. Nota: Uno de
los africanos de mayor edad murió luego del desembarque.
TABLA 3:
Edad y sexo de 194 africanos desembarcados por el Delfina (1835)
Sexo \ 
Edad De 4 a 7 años De 8 a 11 años Mayores de 12 años
Femenino 18 25 12
Masculino 76 58 5
Fuente: María Díaz de Guerra, 1983.
En el caso del navío Águila I, casi el 90 por ciento de los africanos empadronados por la
policía no alcanzaba los 10 años de edad. El 56 por ciento era de sexo masculino y el 44 por
ciento del femenino. Los recibos de traspaso del patronato que transcribió María Díaz de Gue-
rra de los africanos llevados por el bergantín Río de la Plata a Maldonado en 1834, correspon-
den a menores de 9 años e incluso a un “colono” que tenía 5 años. (Díaz de Guerra, 1983) La
relación de sexo y edad de los africanos del Delfina brinda perspectivas similares. En ese embar-
que, el 72 por ciento de los africanos eran del sexo masculino y el 28 por ciento del femenino,
lo cual superaba la cuota máxima de varones estipulada por el contrato. Debemos advertir que
este grupo constituía el 77 por ciento del total de africanos desembarcados por el Delfina. Hubo
37 niños, niñas y jóvenes africanos que fallecieron por efecto del clima y las enfermedades luego
de su llegada a la costa de Maldonado.
El viaje desde Montevideo hasta la costa africana, incluyendo la provisión de africa-
nos y el retorno, podía llevar siete meses. El 3 de agosto de 1833 partió hacia Angola el
bergantín de bandera uruguaya Río de la Plata, sólo con lastre. Al parecer, la mayor parte
de los “colonos” procedían de esa región africana. Aunque debía desembarcar en la capital
oriental, el bergantín arribó a Maldonado el 14 de febrero de 1834. Trasladaba 336 “colo-
nos” africanos, así como 40 libras de carey y 200 cocos de bálsamo. La escala en Maldonado
se debió al aprovisionamiento de víveres, pero también a causa de una revuelta de un
grupo de marineros de ese navío. La sublevación fue reprimida, tras lo cual los africanos
fueron desembarcados en el puerto.
Por medio de la introducción de “colonos” africanos más de mil niños, niñas y jóvenes
africanos arribaron como esclavos a la nueva república. Ante la dimensión que adquirió la
empresa de los “negreros” orientales, la marina inglesa desplegó algunas medidas de fuerza con-
tra los navíos que hacían ese tráfico. Igualmente, el gobierno inglés presionó durante la segunda
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mitad de la década de 1830, a partir de la firma de un tratado contra la trata de esclavos,
para que los navíos orientales no pudieran evadir la vigilancia británica.
En reiteradas ocasiones durante la década de 1830, el Poder Legislativo intentó regla-
mentar la prohibición de la trata. Sucesivos fracasos dejaron abierta una brecha parala
continua introducción de esclavos. Recién en 1835 el gobierno de Manuel Oribe implementó
medidas efectivas contra el tráfico. El corolario de ese impulso fue la creación de un regla-
mento que preveía aplicarse sobre todos los esclavos introducidos sin excepción. No obstan-
te, esa medida habría de tener particular vigor luego de la abolición de la esclavitud. La ley
de 1837 se aplicó en especial sobre las mujeres y niños que aguardaban la emancipación
total de sus antiguos amos por efecto de las leyes de abolición generadas durante la Guerra
Grande. El patronato aseguró la sujeción de las esclavas emancipadas en Montevideo duran-
te el conflicto, y de los menores de edad hasta 1853, al servicio de sus patrones.
La política antiesclavista británica en el Cono Sur americano, se evidencia mediante la suce-
sión de tratados de prohibición del tráfico firmados en 1839 con Chile, Uruguay y la Confederación
Argentina y en 1850 con Brasil. Si bien el tratado anglo-uruguayo preveía la reciprocidad en la
inspección de los buques, su efecto más relevante era la habilitación a la armada británica para
registrar los navíos de bandera uruguaya sospechados de trasladar —o de haber trasladado— escla-
vos para su venta. El tratado fijó que en un plazo máximo de ocho meses tras su firma, el 13 de julio
de 1839, debían canjearse las ratificaciones para entrar en vigencia. Esto recién ocurrió el 21 de
enero de 1842. La tardanza del gobierno oriental no se vinculó a factores burocráticos, sino a la
continuidad de un tráfico ilegal de esclavos semi-encubierto.
En el Río de la Plata, la búsqueda de trabajadores forzados a bajo costo (españoles contrata-
dos, indios capturados, jóvenes africanos), en pos de optimizar los dividendos de una coyuntura
favorable, propició la reactivación del tráfico esclavista. La trata adoptó nuevas formas (“colonos”
africanos) que le otorgaron una precaria validez. Al cerrarse esa puerta, el tráfico perduró en la más
amplia ilegalidad. A partir de estas consideraciones es posible entender la dura resistencia ofrecida
por los amos de esclavos ante los avances del proceso abolicionista en Montevideo. Al comenzar la
coyuntura bélica, la preservación política del gobierno de la capital terminó por forzar la incorpora-
ción de los esclavos para su defensa militar. La esclavitud no concluyó determinantemente, por lo
menos en Uruguay, a partir de su declive económico como sistema de trabajo. Varios episodios
durante la década de 1830 cuestionaron la validez moral y legal de la esclavitud así como del tráfico.
No obstante, ambos perduraron debido al lucro que generaban.
Guerra Grande y abolición
Las primeras medidas de leva de morenos libres y esclavos durante la Guerra Grande
(1839-1851), que habrían de desembocar en la abolición de la esclavitud, se superpusieron a la
liquidación definitiva del tráfico de esclavos. No existió un período bien definido entre la su-
presión del tráfico esclavista y la abolición, sino que ambos procesos fueron casi simultáneos.
De este modo, los africanos constituían una parte importante de la población negra de Monte-
video al momento de la abolición. Aún en 1853 se contó más de un millar de africanos entre los
anotados en el registro policial de servidores domésticos de Montevideo.
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Sólo algunas voces aisladas propugnaron la abolición durante la década de 1830. Se entendía
que la abolición general sería perjudicial para sus propios beneficiarios, los esclavos. La lucha contra el
tráfico de esclavos —no el abolicionismo— se estableció como tema de debate para la prensa. El
discurso abolicionista recién se instaló en la opinión pública en 1841, cuando Juan Manuel de Rosas
expresó su voluntad de invadir Uruguay para restablecer el gobierno de Manuel Oribe. La prensa
montevideana, particularmente los exiliados argentinos, debatieron en torno de diferentes proyectos
para emancipar a los esclavos. Esta medida era percibida como la única capaz de poner un freno a los
ejércitos de la Confederación Argentina. El debate se inició en torno del “armamento de los negros”,
pero pronto devino en respaldar la “abolición de la esclavitud”. Sólo un contexto político internacional
favorable y una coyuntura bélica apremiante determinaron la concreción de la abolición. Más allá de
la legislación y de los discursos contra la esclavitud, las prácticas de manumisión del poder político
fueron signadas por una dinámica estrictamente bélica. Debemos advertir que en otros conflictos,
como la Guerra de los Farrapos, se había enrolado a una parte de los esclavos, pero esto no devino en
la abolición. Por tanto, no sólo la coyuntura bélica permite entender el proceso de abolición urugua-
yo, sino que también debe atenderse su devenir intelectual.
Es posible caracterizar la coyuntura iniciada en 1839 como una situación de excep-
ción. La Guerra Grande cuestionó la existencia del Uruguay, el cual pudo haber desapareci-
do como entidad independiente. Esto se tradujo en la inseguridad de sus ciudadanos, pues
el Estado no era capaz de garantizar su vida, propiedad o libertad. La coyuntura bélica
afectó profundamente a las comunidades, por medio de la inseguridad de los bienes y las
vidas. El Estado para afrontar la lucha debió confiscar o contratar los recursos de los particu-
lares, surgiendo conflictos cuando éstos se negaron a entregarlos, aunque se asegurara una
retribución en el futuro. Los bienes requeridos fueron básicamente caballos, carne y techo.
Además se sumó otro tipo de apropiación a partir del empleo generalizado de los esclavos
por las tropas. El devenir de la guerra hacia 1841-1842, obligó a Fructuoso Rivera a plan-
tear la defensa del territorio oriental ante una posible invasión de Oribe, o por otra parte, a
reforzar la retaguardia en pos de avanzar sobre la provincia de Entre Ríos. Para ambas ope-
raciones era necesaria la formación de cuerpos de infantería, por lo que se recurrió al enrola-
miento forzado de morenos libres y esclavos.
El proceso de abolición fue lento y conflictivo, aun bajo los apremios de la guerra. Los
sectores propietarios lograron posponer los planes de leva de esclavos, afectando las primeras
medidas sólo a los morenos libres. Algunos esclavos aprovecharon esta coyuntura para escapar
de sus amos incorporándose al ejército. Al complicarse la guerra, el gobierno de Montevideo
dispuso el enrolamiento de 300 esclavos mediante un sorteo, el cual fracasó. La mecánica de
sorteo ofreció amplias posibilidades de evasión a los amos, cuya resistencia expuso cuan impor-
tante era aún la esclavitud. Las prácticas de manumisión basadas en padrones y sorteos
individualizaban a los amos que debían remitir a los esclavos, colonos y libertos al ejército. A
partir de que estas obligaciones sólo operaban sobre algunos amos o patrones, éstos podían
evadirlas a través de diversas estrategias. Las formas de resistencia, beneficiadas por la individua-
lización de amos y patrones, sólo podrían ser liquidadas mediante una manumisión general que
terminara por abolir la esclavitud. Esta disposición debía primero enganchar a los esclavos a
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través del ejercicio de la fuerza y luego reconocer los derechos de los amos. La obstinación de los
vecinos de Montevideo en pos de conservar la propiedad de sus esclavos, sumada a una coyun-
tura militar negativa, contribuyó a generar un escenario propicio para ello.
Al peligrar la situación del gobierno se procedió a la leva general de esclavos por medio de
la abolición. La sanción de la ley de abolición por la Asamblea General el 12 de diciembre de
1842 no cumplió los mecanismos constitucionales normales. La premura por dar trámite a la
medida revela la urgente necesidad de efectivos del gobierno en Montevideo (que se conocerá
como Gobierno de la Defensa luego de haberse iniciado el sitioa la capital). Los comisarios de la
capital notificaron inmediatamente a los amos y esclavos de la disposición. Se enviaron comuni-
caciones urgentes a la campaña, solicitando la pronta remisión de los morenos aptos para el
servicio militar, y se advirtió a los comandantes militares departamentales y a los alcaldes la
finalización de la esclavitud, ordenando el envío y custodia de los enrolados a los cuarteles.
Los esclavos emancipados fueron concentrados para su clasificación por parte de una
comisión que los examinaba, determinando si eran aptos para integrar el ejército, si poseían
alguna deficiencia, enfermedad, o si eran muy mayores o menores. Quienes no eran incorpora-
dos retornaban con sus antiguos amos en calidad de pupilos, concediéndoles una papeleta que
certificaba la causa de su baja. No todos los esclavos manumitidos fueron incorporados al
ejército, sino que algunos trabajaron para reforzar las defensas de la plaza. Tradicionalmente no
se vincula a los esclavos con la integración de la caballería, pues el cabalgar les permitía fácil-
mente desertar. No obstante, la documentación revela, entre otras cosas, que eran buscados
esclavos aptos para andar a caballo.
La situación de quienes fueron emancipados en la campaña fue penosa, pues debieron
transitar a pie el camino hacia Montevideo. Diversas partidas fueron enviadas desde los depar-
tamentos durante diciembre y enero, siendo concentrados los morenos en el Cantón del Miguelete
(situado en el saladero de Beltrán, cerca del Paso del Molino) donde operaba la Comisión
Clasificadora. La forzada calidad de tales envíos devela el continuado ejercicio de violencia
sobre los afrodescendientes. Los enrolados eran conducidos bajo estrictas medidas de seguridad
para evitar las fugas.
Tras la abolición, las estrategias de evasión de los amos se redujeron a sacar a los esclavos
del país. Los brasileños optaron por embarcar sus esclavos en navíos de guerra del Imperio, lo
cual efectuaron la misma noche del 12 de diciembre. Los comerciantes más importantes de la
capital, así como los barraqueros y saladeristas, poseían muelles sobre la bahía que les permitie-
ron embarcar a sus esclavos. En ocasiones, los propietarios orientales enviaron a sus esclavos a la
frontera. Otros desertaron al bando enemigo, llevando a sus esclavos consigo. Algunos vecinos
denunciaron a quienes encubrían a los esclavos emancipados de la capital. Los negros libres
intentaron huir a la campaña para escapar de las levas. Una forma más efectiva, y más compleja,
mediante la cual los morenos eludieron el alistamiento forzado, era consiguiendo pasaportes
extranjeros. De igual forma, la deserción al campo enemigo fue una estrategia de evasión.
Una vez establecido en el territorio oriental el gobierno de Manuel Oribe (que se conoce-
rá como Gobierno del Cerrito) aplicó medidas de alistamiento, tales como la incorporación de
los esclavos del enemigo o el reclutamiento de los morenos libres y colonos hasta concretar la
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abolición. A pesar de la apremiante necesidad de efectivos, a la hora de tomar las decisiones
sobre la propiedad pesó el garantizar los bienes de quienes estaban con la causa. La ley de
abolición de 1846 promulgada por ese bando no hizo mención explícita a que los esclavos
liberados fueran enrolados. La reglamentación y la puesta en práctica de la ley evidenciaron su
carácter militar. Días después de promulgada la ley de abolición se realizaron listados para
conocer la cantidad de esclavos aptos para el ejército, así como para notificar a los amos de que
debían presentarse con sus esclavos ante las jefaturas departamentales. Se crearon las Comisiones
Clasificadoras de Esclavos, cuyo funcionamiento se concretó entre 1846 y 1847. La necesidad
de efectivos condujo a que el gobierno de Manuel Oribe trasladara e incorporara a sus batallones
a los esclavos de la campaña, antes de que las comisiones se hubiesen constituido. Probablemen-
te las autoridades del Cerrito conocían los problemas generados por la leva de esclavos, pues se
aseguraron de garantizar los derechos de retribución de los amos. Ese fue el principal cometido
de las Comisiones Clasificadoras de Esclavos.
En la Defensa las mujeres, los menores y los “inútiles” para la guerra quedaron bajo el
patronato de sus antiguos amos. En cambio, en el Cerrito el patronato sólo afectó a los morenos
menores de edad. En la Defensa sólo fueron emancipadas las madres, hermanas y esposas de los
soldados a partir de los reclamos de éstos. Las solicitudes de las mujeres que carecían del amparo
militar tuvieron suerte diversa.
La ley de 1842 tuvo variadas y contradictorias interpretaciones sobre el patronato de las
morenas. El cometido del patronato, según se expresaba, era amparar a las esclavas que carecían
de propiedad. El plazo del patronato evitaría que los antiguos amos las echasen a la calle. De
esta forma, las morenas podrían lograr algún ahorro para su propia subsistencia como mujeres
libres, previo a su total emancipación. Igualmente, se pretendía que las antiguas esclavas se
habituaran a la vida social en libertad. No obstante, la perversión de los fines del patronato
radicó en que los patronos prolongaron el servicio de las pupilas, incluso reteniendo el dinero
que ellas obtenían a partir de su trabajo para terceros.
Los patronos mantuvieron a buena parte de las pupilas bajo su servicio hasta el final del
conflicto, pues sólo se emanciparon quienes así lo solicitaron. Cada caso de emancipación
constituía una nueva instancia en que se evaluaba la libertad de las mujeres. En cada caso
confluía la opinión de las morenas, de los patronos, de las autoridades políticas y militares, así
como de los juristas. Se confrontaron las solicitudes de las morenas con la pretensión de los
patronos de prolongar la servidumbre. En medio de esa discusión, las autoridades militares
ampararon a los familiares de su tropa. Políticos, militares y asesores jurídicos estaban impreg-
nados del sentido humanitario de la abolición, pero éste no sólo se vinculó a la sensibilidad
romántica predominante entre los intelectuales, sino a los compromisos republicanos inscritos
en la revolución oriental. La completa emancipación de las morenas que carecían de vínculos
con el ejército sólo puede entenderse en el marco de esa lucha moral contra la esclavitud.
En el Gobierno del Cerrito se respetó el límite de los 25 años de edad para el patronato
femenino. Mediante el relacionamiento con militares o de arrimarse al campamento, las
morenas lograron la libertad propia y la de sus hijos. Las mujeres no sólo se ampararon en
los reglamentos militares, sino que fueron sujetas a la justicia militar. Las madres lograron
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tramitar con éxito dispar la libertad de sus hijos, que permanecían en poder de sus antiguos
amos. La capacidad de reclamo de las morenas en ciertos casos generó respuestas positivas de
las más altas jerarquías del Cerrito.
El final de la guerra en la Confederación Argentina devino en la abolición de la
esclavitud. El bando que derrotó al rosismo en 1852 intentó quebrar la relación clientelar
entre Rosas y la población negra, por lo que abolió la esclavitud en la Constitución de 1853.
(Andrews, 2004) Los exiliados argentinos en Montevideo, que luego ocuparon el gobierno
en Buenos Aires, habían participado en la campaña a favor de la abolición en Uruguay en
1841-1842. Rosas había otorgado favores materiales y prestigio a los afrodescendientes,
pero también les exigió participar en las guerras civiles mantenidas casi en forma constante
en las provincias, así como en la región. Los primeros diarios publicados por asociaciones de
base africana surgieron luego de 1852, cuando Rosas ya no ejercía su dominio sobre la
prensa local. La primera Constitución argentina incluyó entre sus postulados laabolición
de la esclavitud. No obstante, la provincia de Buenos Aires se mantuvo al margen del siste-
ma federal hasta 1861. Si bien la Constitución de Buenos Aires de 1854 prohibía el tráfico
de esclavos, no hacía mención a la abolición. (Clementi, 1974; Andrews, 1989) Por lo
tanto, el final de la esclavitud recién se extendió a Buenos Aires en 1861.
El proceso de militarización de la población de origen africano, que también afectaba a
los sectores populares en el Río de la Plata, se intensificó durante la Guerra Grande. La milita-
rización de las sociedades hispanoamericanas entre el ciclo revolucionario y la modernización
(1810-1870), contribuyó a que el ejército desempeñara un rol clave en los nacientes Estados.
La incorporación a la tropa afectó especialmente a los habitantes pobres de las sociedades pos-
revolucionarias, quienes eran comúnmente sujetos a levas. El ejército fue una de las institucio-
nes en donde se recreaba el orden social ideado por la elite. La militarización terminó acercando
e integrando, no sin resistencias y fracasos, a los sectores populares al imaginario social de la
dirigencia. (Salvatore, 1992) A causa de su condición étnico-racial y de su situación
socioeconómica, los morenos y pardos fueron especialmente afectados por la militarización.
La inserción de los afrodescendientes en las tropas era de antigua data, pero se advierte
una profundización de este proceso durante la Guerra Grande. La “militarización” de los negros
o “negrificación” del ejército fue simultánea a la abolición de la esclavitud. La militarización
posibilitó a sectores marginados el acceso a nuevas formas de organización y solidaridad. Por
otra parte, el poner en armas a un grupo marginado causaba temor en las elites, pues fortalecía
la capacidad de resistencia de un sector socialmente excluido. (Andrews, 1989) El camino reco-
rrido entre el reclutamiento y la deserción, junto a los períodos de variada permanencia en el
ejército, caracterizó las historias de vida de muchos afrodescendientes.
Una de las necesidades que el ejército cubría era la alimentación, la cual comprendía a
todos los habitantes del campamento, tanto hombres como mujeres. Los morenos en el ejército
no sólo encontraron comida y vestimenta para sí mismos, sino para sus familias, que en ocasio-
nes vivían junto a ellos en la línea de fortificaciones. Las confiscaciones también beneficiaron a
los soldados afrodescendientes, en tanto se establecieron en terrenos y solares abandonados o
expropiados. No sólo mejoraron sus condiciones materiales, sino que en cierto modo mejoró su
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participación en el reparto del prestigio social. Es posible que los morenos, amparados en su
fuero militar, hayan planteado cierta resistencia ante las formas de discriminación predominantes.
Las insurrecciones armadas de 1846 y 1853 en Montevideo, evidencian el rol políti-
co cumplido por los batallones de morenos durante y tras el fin de la guerra, pues se estable-
cieron como brazo armado de los grupos que se disputaban el control del país. Las descrip-
ciones de quienes fueron vencidos durante estos enfrentamientos igualaron la “barbarie” de
los negros a la “crueldad” de quienes los comandaban, caracterizando esos episodios me-
diante el saqueo y la matanza. En tanto el bando colorado se convirtió en el partido de
gobierno y sus fuerzas se tornaron en el ejército profesional del Uruguay, la inclusión de los
afrodescendientes en las fuerzas armadas redundó en su adscripción a ese bando. Algunos
soldados u oficiales de origen africano pudieron establecer una relación clientelar con los
jefes colorados tras la Guerra Grande, pues los últimos fueron los mandos del ejército estatal
durante la segunda mitad del siglo. La leva de afrodescendientes fue una práctica de larga
duración. Las guerras civiles de la segunda mitad del siglo XIX, así como la Guerra del
Paraguay, afectaron la integridad demográfica de la comunidad negra.
TABLA 4.
Evolución de la población negra, Minas, Rocha, Cerro Largo. (1834-1855)
Año Minas Rocha Cerro Largo
Relación % de Relación % de Relación % de
de población de población de población
masculinidad negra masculinidad negra masculinidad negra
1834-1836 166 14% 143 29% 252 25%
1854-1855 109 12% 98 14% s/d s/d
Fuente: Archivo General de la Nación, Fondo Archivo General Administrativo, Libro Nº 273, Padrones de
Tacuarembó y Cerro Largo, 1822, 1834, 1836; Libro Nº 283, Padrón de Maldonado y su jurisdicción, 1820-1834-
1836; Libro Nº 285, Padrón de Maldonado y su jurisdicción, 1834; Libro Nº 282, Padrón de Maldonado y su jurisdic-
ción, 1854-1857; Libro Nº 287 A, Padrón del departamento de Minas de 1855. Nota: Los datos de 1834-1836
refieren sólo a la población esclava. Se incluye a los denominados como “morenos” y “pardos”. Para el caso de Rocha
en 1834 no se determinó el sexo de 41 individuos, calculando la relación de masculinidad sobre 489 morenos.
Debemos advertir la disminución tanto porcentual como numérica de los habitantes de
origen africano tras la Guerra Grande. En el caso de la villa de Minas, la población total en
1855 se había triplicado con relación a las cifras de 1826, mientras que la cifra de
afrodescendientes sólo se había incrementado en un 94 por ciento. Incluso lo ocurrido en los
partidos del sur de Minas parece describir una disminución en números absolutos de los more-
nos y pardos. La población total de los partidos de Campanero, Soldado, Casupá, Malmarajá,
Barriga Negra y Santa Lucía, creció un 61 por ciento entre 1826 y 1855, pero el número de
morenos y pardos disminuyó en un 16 por ciento. Mientras que la población total de esos
partidos creció de 1042 a 1684 habitantes, el número de afrodescendientes disminuyó de 143
a 120 en igual período. Con relación a Rocha, también es posible advertir un descenso
tanto numérico como porcentual de la población negra. El impacto de la guerra se eviden-
cia en la disminución abrupta de la relación de masculinidad tanto en Minas como en
Rocha. Ambas jurisdicciones contaban con una relación muy alta de masculinidad entre la
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población esclava antes de la Guerra Grande. El más elevado índice de masculinidad de
Cerro Largo, probablemente se corresponde a su poblamiento tardío con relación a Minas y
Rocha. El empleo de mano de obra esclava en las estancias y labranzas de la frontera este y
noreste se había alimentado de la persistencia del tráfico interoceánico de esclavos, así como
del contrabando de esclavos desde Brasil.
Las situaciones pendientes tras la abolición
La abolición y la integración de los morenos al ejército afectaron los intereses de los
propietarios. Ambas leyes de abolición habían previsto el resarcimiento a los amos, pero hacia el
final de la guerra esto aún no se había efectuado. Las demandas de retribuciones por daños
durante la guerra incluyeron los reclamos de los propietarios. Algunos sectores vinculados al
comercio de importación y exportación tuvieron mejores oportunidades de cobrar adeudos por
la leva de sus esclavos, por medio del canje de papeles de derechos de Aduana. El gobierno
reunió los reclamos y documentó las deudas para su posterior pago, dejando en manos de la
Junta de Crédito Público la tarea de justipreciar los reclamos y cuantificar la deuda del Estado
con los perjudicados por la guerra. De este modo, sólo es posible estudiar la retribución a los
amos de esclavos rastreando el devenir de la Junta de Crédito Público durante la segunda mitad
del siglo XIX.
Las dificultades de cobrar sus retribuciones impulsaron a los antiguos amos a sujetar a los
hijos de los ex esclavos. Luego de finalizada la guerra, los morenos y las morenas reclamaron a
sus hijos, quienes seguían sujetos al pupilaje. Los padres entendían que más allá de la denomi-
nación éstos continuaban sirviendo a las familiasde sus antiguos amos en calidad de esclavos.
El sistema de patronato, establecido en ambas leyes de abolición, amparaba esta situación. Los
hijos de los antiguos esclavos continuaron viviendo con los amos, cometiéndose abusos graves
contra los menores. Ante esta situación fueron frecuentes los pedidos, reclamos y hasta arreba-
tos de menores por parte de sus padres. De esta forma, se entabló una disputa entre padres y
tutores que revivió en tiempo de paz los conflictos entre amos, esclavos y poder político genera-
dos durante la guerra, alcanzando las causas judiciales a los ámbitos de decisión política. En
1853 la Cámara de Representantes eliminó el patronato, quedando los “menores de color” bajo
las condiciones generales de la minoridad. Se configuraron situaciones particulares sobre los
afrodescendientes huérfanos o de familias pobres. Los patrones los sujetaron laboralmente bajo
la denominación de “criados” en familias de sectores medios y altos.
El término “criado” poseía una doble connotación, de amparo y de trabajo, por lo que el
pupilaje era definido a través de las responsabilidades del “tutor” y las órdenes del “patrón”. El
pupilaje como figura jurídica pretendía asegurar la subsistencia y educación de los menores pobres
o en situación de orfandad, aunque en ocasiones se degeneraba a causa del maltrato doméstico.
Como forma de resistencia, los menores fugaban e incluso robaban a sus patrones. Niños, niñas
y jóvenes fueron encuadrados en situaciones policiales a partir de sus intentos, en general infruc-
tuosos, de evadir el control de sus tutores-patrones. Los menores afrodescendientes que carecían
de familiares que quisieran sacarlos del pupilaje, sólo podían salir mediante la huida.
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La abolición tuvo efectos en la frontera uruguayo-brasileña tras 1846. Antes, los
amos de esclavos brasileños habían logrado evadir la ley de 1842. Los reclamos de los
brasileños alimentaron las demandas del Imperio contra el Gobierno del Cerrito. Hasta la
definición final de las alianzas, que derivó en la invasión brasileña al territorio uruguayo, el
Imperio no realizó un reclamo formal por la devolución de los esclavos. Desde 1835, los
esclavos se habían beneficiado de la Guerra de los Farrapos fugando al Uruguay. Los esclavos
vivieron diversas situaciones durante las fugas, pues en el camino se enfrentaban a varios
peligros, tales como ser vueltos a capturar o perder la vida. Los riesgos incluían a las gavillas
de salteadores y los avatares de la naturaleza. Fue frecuente el paso de partidas organizadas
cuyo fin era capturar afrodescendientes para utilizarlos con diferentes fines, tanto para robar
como para venderlos. Los esclavos tuvieron que desarrollar estrategias de supervivencia
durante el trayecto, las cuales no se limitaron ni agotaron al momento de su llegada, pues
debían resolver la forma de huir, conseguir dónde establecerse y cómo asegurar su subsisten-
cia. Podemos identificar prácticas de huida individuales y colectivas. La fuga generalmente
implicó un destino incierto. A pesar de esto, algunos individuos conocían estrategias que
garantizaban su subsistencia en las comunidades en donde se insertaban. A partir de los
acuerdos de 1851 con Brasil, Uruguay se comprometió a extraditar los esclavos brasileños
huidos. Esto no inhibió la continuidad de las fugas de esclavos brasileños hacia el Uruguay.
Por otra parte, los contratos de peonaje constituyeron una vía legal que permitió a los
propietarios brasileños perpetuar el empleo de esclavos a modo de “peones contratados”. Por
medio de esos contratos se obligaba a los esclavos brasileños a trabajar durante largos períodos
en el territorio oriental, a modo de trabajadores forzados. La continuidad de las haciendas de
frontera implicó la creación de una legalidad de excepción que amparó la aplicación de trabajo
forzado en el territorio oriental.
En Cerro Largo, la duración de los “contratos de peonaje” disminuía promedialmente con
relación a la edad de los peones contratados, quienes mayoritariamente se ubicaban en la franja
entre 12 y 31 años. El monto de los contratos descendía cuando el contratado era menor o
mayor que la franja etaria que hemos señalado. No se establecieron diferencias de género al
fijarse los montos de los contratos, pues se estipulaban montos similares para hombres y muje-
res contratados en iguales períodos. Hemos advertido una equiparación en la tasación de los
esclavos hombres y mujeres que luego eran contratados como peones. A pesar de no poder
detallar las labores realizadas por las mujeres, se confirma su incorporación a la economía de
hacienda y la explotación de su trabajo.
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TABLA 5.
 Relación de la edad de los contratados y el monto de los contratos.
Cerro Largo (1850-1860)
Monto del Años de
Edad del contratado contrato contratación Nº de contratos
(en patacones) (en promedio)
Menores de 12 años 666 22 10
De 12 a 21 años 821 20 51
De 22 a 31 años 682 16 62
De 32 a 41 años 616 14 18
Mayores de 42 años 412 11 11
Fuente: Museo Histórico Nacional, Archivo del Cnel. José G. Palomeque. Jefatura Policial del departamento de
Cerro Largo, t. III, (1860-1861), f. 93. Nota: Hubo 32 contratos en los cuales no figuró la edad del contratado.
La mayor parte de los contratos establecían largos plazos de trabajo, entre 15 y 20 años,
tanto para hombres como mujeres. No hemos encontrado una estacionalidad en los contratos,
lo cual no es extraño, pues no eran acuerdos temporalmente renovables. Una vez que el contrato
se firmaba se iniciaba un largo período de trabajo continuado. La vigencia de los contratos
subsistía incluso a la muerte de los patronos. Los “peones contratados” figuraban en los inventarios
de los propietarios rurales, remedando la situación de los esclavos en las sucesiones testamenta-
rias antes de la abolición.
Tras la Guerra Grande, la presión brasileña sobre los sucesivos gobiernos uruguayos
impidió la resolución de la situación de los “peones contratados”. Los intentos de las autoridades
orientales para impedir la introducción de trabajadores forzados recién se concretaron en 1862.
No obstante, la influencia del Imperio sobre el gobierno oriental dificultó la aplicación de esas
medidas. La continuidad de formas de trabajo semi-libres inhibió la conformación de un mer-
cado libre de trabajo en la frontera, lo cual no fue el único freno a la expansión del capitalismo
en la zona. Los padrones estadísticos posteriores a la guerra revelaron múltiples situaciones de
dependencia en que quedaron los afrodescendientes de la campaña tras la abolición. La convi-
vencia entre antiguos amos y esclavos —potenciada por los contratos de peonaje— debió con-
tribuir a fijar antiguas formas de relacionamiento social en la frontera.
En el espacio fronterizo uruguayo-brasileño se establecieron corrientes migratorias de pobla-
ción negra en ambas direcciones. Por una parte, las fugas de esclavos brasileños así como el arribo de
“peones contratados”, por otra, los raptos de morenos orientales llevados a Brasil. El fin del tráfico
interoceánico en el Imperio (1851) determinó carencias crónicas de mano de obra esclava y en
consecuencia el alza de precio de los esclavos. El tráfico interno determinó que los esclavos de Río
Grande del Sur fueran vendidos y conducidos hacia los estados de mayor dinamismo económico de
Brasil. Asimismo, se iniciaron y sucedieron secuestros de morenos orientales en la frontera, quienes
eran capturados para ser trasladados al Imperio en donde eran vendidos como esclavos. La finaliza-
ción del tráfico interoceánico hacia Brasil tuvo efectos en la legislación uruguaya. Bajo el impulso
de las autoridades diplomáticas británicas el Estado Oriental declaró piratería a la trata de
esclavos en 1853. La marina inglesa sospechaba que a través de la costa

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