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Jo Raven - Hombres salvajes 03 - La cueva del hombre

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Emma James

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Jo Raven La cueva del hombre 
 
 
 
Serie Hombres salvajes 03 
 
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Jo Raven La cueva del hombre 
 
 
 
Serie Hombres salvajes 03 
 
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Jo Raven 
La Cueva del 
hombre 
 
 
 
Serie Hombres salvajes 03 
 
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Nota a los lectores 
Nuestras traducciones están hechas para quienes disfrutan del placer de 
la lectura. Adoramos muchos autores pero lamentablemente no podemos 
acceder a ellos porque no son traducidos en nuestro idioma. 
No pretendemos ser o sustituir el original, ni desvalorizar el trabajo de los 
autores, ni el de ninguna editorial. Apreciamos la creatividad y el tiempo 
que les llevó desarrollar una historia para fascinarnos y por eso queremos 
que más personas las conozcan y disfruten de ellas. 
Ningún colaborador del foro recibe una retribución por este libro más 
que un Gracias y se prohíbe a todos los miembros el uso de este con fines 
lucrativos. 
Queremos seguir comprando libros en papel porque nada reemplaza el 
olor, la textura y la emoción de abrir un libro nuevo así que encomiamos 
a todos a seguir comprando a esos autores que tanto amamos. 
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podremos hacerte llegar muchos más. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
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Sinopsis 
La jaula está rota… 
Hace dos años, Octavia conoció a su cavernícola, Matt Hansen, y 
se enamoró. Desde entonces, la vida ha encontrado su ritmo y es buena. 
Matt y su hermano Kaden han abierto su propio taller de reparación de 
automóviles “Mancave1” y Octavia espera su primer hijo. 
Pero no todo es perfecto en el paraíso. Mary, la hija pequeña de 
Matt, comenzó a tener pesadillas, la hermana de Octavia, Gigi tiene 
problemas con su hijo, y Merc, su hermano, tiene problemas con las 
chicas. 
Entonces, Evan, el mejor amigo de Matt en Destiny, pide ayuda 
después de un accidente, y el viaje se complica cuando Octavia hace que 
su misión sea localizar y salvar a su medio hermano Ross de sí mismo. 
Octavia quiere que todos a su alrededor sean felices. Matt está 
decidido a salvaguardar el final feliz de su familia. 
De una forma u otra, el amor encontrará la manera… 
 
 
1 Mancave: La Cueva del Hombre, o habitación de hombres donde normalmente tienes 
un gran televisor y sillones y juegos (videojuegos, futbolín, mesa de poker…) 
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Parte 1 
 
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Prólogo 
Octavia 
Érase una vez en que entré en una guarida oscura. Un hombre oso 
me saludó, y luego me alejó. Encerrado dentro de sí mismo, acurrucado 
en la oscuridad, se alimentaba de su propio dolor y dormía durante sus 
días. Estaba perdido. Se había perdido a sí mismo. 
Me dispuse a encontrarlo. 
Fue un largo viaje a través de murallas y defensas, avanzando 
penosamente a través de los recuerdos que lo habían convertido en una 
bestia. 
Los mismos recuerdos que lo hicieron humano. 
Sus recuerdos eran como lodo espeso, como sangre, 
arrastrándonos a los dos hacia abajo. Lo cegaron, lo ensordecieron, lo 
aislaron del mundo en que vivía. Como un extraño hechizo, lo 
mantuvieron furioso y chocando contra sus propias murallas, sin salida. 
Era una bestia, pero me recordaba más a un pájaro en una jaula, 
con las alas cortadas. Anhelaba liberarlo, pero no podía darle alas. 
Él tenía que encontrar las suyas. Tenía que recordar que todavía 
las tenía, que su propia mente las había recortado y que podría 
restaurarlas. 
Si lo permitía. Si se las arreglaba para pasar a través de los 
recuerdos hacia el otro lado, donde la vida todavía continuaba igual que 
antes, donde las hojas caían, los bebés lloraban, la gente sonreía y creaba 
nuevos recuerdos. Estaba atrapado. 
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Y me enamoré de él. 
Vislumbré bajo el dolor y la furia un destello de amabilidad, de 
protección y de bondad que me puso de rodillas. Tal vez no todos merecen 
ser salvados, no lo sé. 
Pero él lo hacía. 
La vida le había dado una mala mano de cartas, lo había arrastrado 
hasta que tocó fondo, pero todavía estaba allí, dentro de esa dura 
cáscara. Todo lo que tenía que hacer era tenderle la mano. Intentar 
atraparlo. 
Al principio, él no sabía lo que significaba ese toque. Se había 
acostumbrado a su soledad, a su dolor. Había olvidado las cosas buenas, 
las cosas amables. La alegría. El placer. La calma. 
El amor. 
Pero lentamente recordó. Se acercó más. Derribó sus murallas, una 
por una. 
Y un día se acercó. 
Ese día pensé, todos pueden ser salvados. 
Pensé que el amor es más fuerte que la ira. Más fuerte que la pena. 
El amor gana. 
Por supuesto, era mucho más complicado que eso. No todos 
pueden ser salvados. No todos encuentran el amor y la salvación. Matt 
Hansen rompió el hechizo que lo mantenía cautivo y se entregó a mí, al 
igual que yo me entregué a él, y juntos avanzamos a través de la vida, 
una entidad, un corazón, un nuevo desafío a los juegos del destino. 
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Pero el asunto es que no puedo salvar a todo el mundo. 
Tienen que encontrar a su otra mitad y volver a crecer sus alas por 
su cuenta. 
Debería haberme dado cuenta de eso desde el principio… 
 
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Capítulo Uno 
Matt 
Los aplausos comienzan de nuevo, y me levanto de mi asiento, 
aplaudiendo como un maníaco y aullando como un lobo mientras mi 
chica camina hacia el frente para recibir su grado de Asociada2. Está 
vestida con su toga larga y su gorra de Oxford, su sonrisa radiante. 
Octavia. Mi chica. Mi esposa. 
Mi vida. 
—¡Vamos chica! —grito, y me importa una mierda si las personas 
a mi alrededor comienzan a mirarme mal—. ¡Lo conseguiste! 
—¡Tati! —grita Cole a mi lado, y Mary nos pone los ojos en blanco 
a los dos. A los ocho años, es una pequeña dama, mientras que con seis 
Cole sigue siendo el niño que era cuando conocimos a Octavia. 
—Chicos —suspira, y se coloca un mechón de pelo rubio sobre su 
hombro. Con su vestido azul, con pequeños pendientes de oro colgando 
de sus orejas, brillo labial en sus labios… Maldita sea, mi hija se está 
convirtiendo en una mujer. ¿Cuándo ocurrió eso? 
—¿Va a venir Tati aquí? —pregunta Cole, con los ojos fijos en mí. 
Le revuelvo su cabello oscuro y tiro de él para que los dos nos 
sentemos. 
 
2 Un título o grado de Asociado es un título académico de pregrado otorgado por un 
colegio o Universidad al completar un curso de estudio destinado a durar por lo general 
dos o más años. Se considera un mayor nivel que un diploma de escuela secundaria o 
GED, siendo también una Licenciatura. 
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—Pronto. Cuando la ceremonia termine. 
—¿Y nunca más volverá a las clases? 
—No, las ha terminado. Ahora buscará trabajo. 
—¡Pero está enferma! 
—No está enferma, está… 
—Shhh. —Mary me fulmina con la mirada. Bueno, me fulmina debroma. Creo—. Silencio. 
Asiento, porque ella tiene razón, y sin embargo, mi corazón se 
siente demasiado grande dentro de mi pecho. Quiero saltar y gritar y 
decirles a todos cuán jodidamente feliz estoy. Todo es perfecto en mi vida 
en este momento. 
Estoy tan feliz, y tan jodidamente asustado de que no dure, que 
algo malo suceda y lo derribe todo, como sucedió la última vez que me 
sentí así, justo después de que naciera Cole y mi esposa fuera 
diagnosticada de cáncer. Eso mató a Emma y me aplastó a mí hasta que 
pensé que había muerto junto con ella. 
Hasta que llegó Octavia y me sacó de ese agujero oscuro en el que 
había caído, me ayudó a ponerme de pie y encontrar el camino. Ella me 
sanó, me devolvió a mi familia. Mis hijos, que apenas me conocían. Esta 
alegría de vivir. Y ahora está a punto de darme aún más. 
Afortunadamente, la ceremonia casi ha llegado a su fin. Cuando 
miro alrededor, veo a la madre de Octavia saludándonos desde dos filas 
por detrás. Gigi y Merc, los hermanos de Octavia, también están allí. Gigi 
me hace muecas, o tal vez es a Cole quien también se ha vuelto a mirar. 
Está aburrido, por haber estado sentado aquí tanto tiempo. 
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La preocupación me golpea cuando no veo a Kaden y Hailey en 
ningún lado. Dijeron que estarían aquí, y mi madre está cuidando a sus 
hijos, al pequeño, Shawn, y a la bebé Ashley por esa misma razón. 
Relájate, me digo. Probablemente llegaron tarde y consiguieron 
asientos en la parte de atrás. Kaden está bien. Solo estoy preocupado por 
la conmoción cerebral que sufrió hace unos años... la que lo dejó 
amnésico durante una semana y nos puso a todos jodidamente enfermos 
de miedo, llevando a un síndrome post-conmoción cerebral. Eso significa 
que ha sufrido dolores de cabeza y algunos mareos desde entonces, pero 
la verdad es que ha estado mucho mejor el último año. 
Él está mejor, me repito. Él está bien. No ha pasado nada. Deja de 
intentar amargarte sin más razón que la de ser feliz y estar en paz. 
Mary tira de mi brazo, arquea las cejas y frunce los labios. Código 
para “darse la vuelta y prestar atención a la ceremonia”, supongo. El 
decano de la universidad o algún tipo así está parloteando sobre la 
educación y el trabajo duro y el futuro del estado. Me obligo a permanecer 
sentado y fingir que presto atención, buscando a Octavia con la mirada. 
Está de pie a un lado, junto a su clase, mirándome fijamente. Le 
sonrío, y me devuelve la sonrisa, su cara brillante. Ella es todo lo que 
puedo ver, y es todo lo que puedo hacer para no saltar y correr hacia ella, 
tomarla en mis brazos, y besarla sin sentido. 
Estoy jodidamente orgulloso de ella. Así como tan jodidamente 
enamorado. 
De nuevo mi pecho se aprieta, y mis pulmones no tendrán 
suficiente aire. Maldita sea. Mi respiración hace esa cosa rara a veces 
cada vez que me pongo ansioso. Empezó cuando Emma murió, aunque 
mejoró cuando Octavia entró en mi vida. Esta noche es una noche alegre, 
maldita sea. 
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Cálmate, Matt. 
Ojalá Kaden estuviera aquí para decirme eso. Es más fácil escuchar 
cuando es tu hermano quien te dice que te relajes en vez de la estúpida 
vocecita en tu cabeza, la misma que te susurra todos tus miedos y dudas 
por la noche, poniéndote en este maldito estado de tristeza en primer 
lugar. 
El orador que ha estado monopolizando el micrófono dice algo que 
tiene a todos aplaudiendo como locos, y parpadeo. 
—Se acabó —dice Mary, con esa voz arrogante que ha estado 
usando toda la noche. Me pregunto qué pasa con eso—. Ya puedes ir con 
ella. 
—¿Qué? 
—A Octavia. Has estado actuando como un chico estúpido con ella 
últimamente. 
Ay. Mierda, de acuerdo, realmente necesito hablar con mi hija, ver 
qué es lo que le molesta tanto. Sé que ama a Octavia y que nunca ha 
estado celosa de mi amor por ella, así que, ¿qué está pasando, eh? 
Pero Cole ya está de pie y corre hacia su persona favorita en el 
mundo, y me levanto para seguirlo. Sí, lo primero es lo primero. Esta es 
la noche de Octavia. 
Estamos a punto de celebrarlo. 
* * * * * 
—Ya está hecho —grita en el momento en que pongo mis brazos 
alrededor de ella y la giro un poco, Cole colgando de su vestido—. Se 
acabó. 
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—Eres increíble —le digo, mi pecho lleno hasta reventar con todo 
el amor por ella, y deslizo mi mano hacia su estómago ligeramente 
redondeado—. Estoy tan orgulloso de ti. 
—Gracias —susurra, con los ojos brillantes. Ella tira de Cole a su 
lado—. ¿Dónde está Mary? 
Miro a la primera fila, donde mi hija está sentada remilgadamente, 
con las piernas cruzadas, el teléfono móvil que Kaden le regaló en sus 
manos. Está escribiendo algo, frunciendo el ceño en su hermosa carita. 
—Guau, ¿a quién está enviando mensajes de texto así? —Octavia 
entrecierra los ojos—. ¿Un novio? 
Una mierda. 
—Voy a confiscar ese jodido teléfono está noche. 
Octavia se ríe, envuelve un brazo alrededor de mi espalda, apoya 
su cabeza en mi hombro. 
—Relájate. Probablemente sea solo un amigo de la escuela. 
Su olor me envuelve como un abrazo, y me desplomo un poco 
cuando la tensión me abandona. Tener a Tay presionada a mi lado es lo 
mejor que hay en el mundo, colocado allí arriba con tener a mis hijos en 
mis brazos y a mi hermano a mi lado. 
La mejor sensación que he tenido nunca, esta certeza de que están 
bien, y justo aquí, conmigo. Todo está bien en mi mundo ahora mismo. 
Aprieto a Octavia contra mí. 
—¿Le preguntarás sobre esto? 
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—Puedo intentarlo. —Se encoge de hombros—. Me ha estado 
evitando últimamente. 
Mierda. 
—¿Alguna idea de por qué? 
—¿Tal vez es solo una cosa de la edad? Creo que mi hermana pasó 
por una fase similar. Pero deberías hablar con Mary, asegúrate de que no 
pasa nada. 
Lo haré. 
Juro que eso es exactamente lo que haré mañana. Me duele pensar 
que mi hija esté molesta por algo y no me lo diga, pero voy a llegar al 
fondo de esto. Arreglaré el problema, aunque Octavia tiene razón, tiene 
que ser una fase. 
Y voy a verificar los mensajes en el teléfono de Mary. Si tiene un 
novio, él tendrá que pasar por mí antes de que siquiera vuelva a decir su 
nombre a ella otra vez, y eso es un hecho. 
Mañana. 
—¿Te apetece cenar? —Sumerjo la cabeza, y ella alza la vista, 
separando los labios. La beso, pasando mi lengua por sus labios para 
probar su dulzura. Cuando rompo el beso, ambos jadeamos. 
—Me muero de hambre. —Sonríe, sus ojos con párpados pesados. 
Se lame los labios, y maldición, quiero seguir besándola toda la noche. 
—¿Dónde vamos? 
—Ya verás. 
* * * * * 
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Recogemos a una Mary extrañamente callada mientras salimos, y 
luego se unen a nosotros Gigi, Merc y la madre de Octavia. Gigi abraza a 
su hermana y comienza a charlar sobre el decano y los estudiantes, y el 
clima, y sobre cualquier cosa de la que se pueda hablar. Lo juro, la chica 
no necesita respirar. 
Merc me mira con una mirada paciente y le devuelvo la sonrisa. El 
muchacho se ha convertido en un buen hombre en los últimos años, su 
cabello rubio blanquecino cayendo sobre esos ojos azules que toda la 
familia Watson comparte, aunque los de Octavia son los más bonitos con 
diferencia. 
No es que yo sea parcial ni nada por el estilo. 
—¿Habéis visto a Kaden y Hailey? —les pregunto, pero niegan con 
la cabeza. Esa persistente preocupación está de vuelta en mi pecho, ymientras la empujo sin piedad hacia abajo, mi corazón comienza a latir 
con fuerza, mi respiración acelerándose también. 
Mierda. Levanto mi teléfono para llamar, ver que los retrasó, y 
encuentro que la batería está muerta. Probablemente sea eso, supongo. 
Kaden trató de llamarme y decirme que pasó algo, pero mi teléfono estaba 
muerto. 
Y luego los veo mientras nos dirigimos hacia nuestro coche. 
Saludan y sonríen, y mi corazón acelerado finalmente se ralentiza. 
—¿Dónde has estado? —refunfuño cuando Kaden me agarra del 
brazo en un saludo de hombres y me da una palmadita en la espalda—. 
Os perdisteis la ceremonia. 
—Llegamos al final de ella. Sin embargo, no lamento haberme 
perdido todos los discursos. —Me guiña el ojo y me desinflo, toda mi ira 
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y preocupación se apaga como una vela. Nunca podré estar enfadado con 
mi hermano por mucho tiempo. 
—¿Shawn y Ashley están bien? 
—Sí, están bien. Viendo una película de Disney con mamá. 
—Bien, bien. Vamos a comer. —Llevo a Octavia a mi lado, mi brazo 
envuelto alrededor de sus delgados hombros—. Nos vemos allí. 
—Oye, Matt. 
Me detengo, girándome para mirarlo con expresión interrogativa, 
algo en su voz me detiene. 
—¿Qué? 
Kaden se frota la nuca, y joder, ese gesto nervioso no promete nada 
bueno. 
—Solo que hay algo de lo que necesito hablarte. Más tarde. 
—¿Qué? Kade, vamos, no me dejes colgado así, sabes que lo odio. 
—Eso es quedarse corto—. ¿Está relacionado con la familia? ¿Es el 
Mancave? 
Octavia se acurruca más cerca de mi costado, quitándose la gorra 
Oxford, sus ojos azules muy abiertos. 
—¿Está todo bien? 
Maldición. Lo último que quiero es que ella se preocupe. 
—No es nada tan malo, lo juro. Vamos. —Kaden nos muestra una 
rápida sonrisa, el bastardo, y toma la mano de Hailey—. Nos vemos en el 
restaurante. 
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Quiero llamarlo de nuevo, que me diga en este momento cuál es el 
problema, pero Octavia en mis brazos es el factor decisivo en contra. 
Siento la cálida presión de su vientre en mi costado, de nuestro bebé. No 
necesita más estrés. Ya tuvo suficiente con las náuseas matutinas que 
sufrió durante meses y terminar con su Grado de Asociado. 
Sí, al carajo con eso. Será mejor que hable con él a solas, más tarde. 
Averiguar lo que sucedió, y arreglarlo, para que nuestras vidas 
puedan continuar como lo han hecho durante estos últimos dos años: 
pacíficas, brillantes y felices. 
Es todo lo que quiero. Esta segunda oportunidad de felicidad, con 
Octavia, mis hijos y mi hermano a mi lado. Este final feliz. 
Haría todo lo que fuera necesario para mantenerlo. 
* * * * * 
Cuando llegamos al Trevi’s, Octavia chilla como una niña, y me río, 
contento de su reacción. 
—Aquí es donde me propusiste matrimonio —dice sin aliento. 
—Lo sé. Pareció gustarte. 
—¿La comida? 
—Casarte conmigo. —Le guiño un ojo, y se inclina para besarme la 
mejilla, ahuecando mi rostro. 
—Me encantó —murmura—. Me encanta estar casada contigo aún 
más. 
Los tres anillos en su mano derecha son frescos sobre mi piel. 
Nunca se los quita. Ahí está el anillo de compromiso con la piedra azul 
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que hace juego con sus ojos, el que le entregué aquí mismo, cuando le 
pedí que se casara conmigo, luego su anillo de bodas de oro, y finalmente 
el primer anillo que le di en Destiny: un fino anillo de oro sin marcas. 
Mi primera promesa a ella. Una promesa que mantuve. 
—Bien. —Vuelvo mi cara para besar su boca—. Acostúmbrate a 
eso, porque no voy a irme a ninguna parte. 
Cole hace un ruido vagamente de asco desde el asiento de atrás. A 
través del espejo retrovisor, veo a Mary frunciendo el ceño ante algo que 
está fuera de la ventanilla. 
Me pregunto qué le pasa. 
El Trevi’s es un lugar caro. Cuando le propuse matrimonio, fue algo 
exagerado, pero ahora tengo más dinero del que tenía entonces. Ahorré 
dinero, Kaden se mudó a St. Louis y abrimos un negocio, juntos. 
Oficialmente el Hansen Brothers Workshop. 
Entre nosotros lo llamamos Mancave. 
Octavia lo empezó. Siempre decía: ¿Vas a ir a la Mancave ahora? 
¿Está Kaden en la Mancave? Lo dijo tantas veces que se quedó así. 
Y encaja. ¿Dónde más puede ir un cavernícola sino que a su 
Mancave? 
Aunque para ser honesto, soy más feliz en casa, con ella y nuestra 
pequeña familia. Ella me domó, me convirtió de una bestia a un hombre, 
y este hombre está tan enamorado, que no hay palabras para describir el 
sentimiento. 
Nos detenemos a la entrada del restaurante, y salto para ayudar a 
Octavia. Insiste en que no necesita ayuda, pero yo soy jodidamente 
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protector con ella, especialmente ahora. Me sonríe mientras la sostengo 
en mis brazos, mientras los niños también bajan y vienen a unirse a 
nosotros. Despeino el cabello de Cole, y trato de hacer lo mismo con Mary, 
pero me esquiva claramente con un pequeño giro de ojos. 
El aparcacoches se acerca a nosotros, un chico joven con un pelo 
rubio, como el de Merc. Le doy las llaves y entramos al restaurante. 
Nuestra mesa está en la parte de atrás, y la familia de Octavia ya 
está allí, sentada y leyendo el menú. Su madre se levanta para abrazar a 
su hija otra vez, diciéndole lo orgullosa que está, y luego se sientan y 
comienzan esa conversación susurrada que han estado teniendo desde 
que Octavia se quedó embarazada. 
Creo que para las mujeres, el bebé y el embarazo son importantes, 
y las dejo, suprimiendo mi ardiente curiosidad, con la esperanza de que 
algún día Octavia me lo cuente todo. 
No es que ella no me hable. Lo hace, y me deja ayudarla. Me alegra 
mucho, y oye, ya he sido padre antes. Sé un par de cosas sobre todo eso. 
Mis hijos van directamente a sentarse al lado de Gigi, la hermana 
de Octavia, porque ambos están enamorados de ella, lo juro. Creo que 
Mary quiere ser como ella cuando crezca, y Cole quiere casarse con ella. 
Reprimo un suspiro. Mis hijos están creciendo demasiado rápido. 
En cuanto a mí, me siento al otro lado de Octavia, al lado de su 
hermano Merc, y le doy una palmada en el hombro. 
—¿Cómo estás, amigo? 
Me sonríe, sus claros ojos azules medio cerrados. 
—Hambriento. ¿Es buena la comida aquí? 
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—Es comestible —le informo. Sé que ha visto los precios—. 
Sobrevivirás. 
Incluso si come como un camionero. Tal vez deberíamos pasar por 
un McDonald’s después, y comprarle un par de hamburguesas, por si 
acaso. 
—Ah-huh. Te tomo la palabra. —Lleva una camiseta negra por 
encima de unos vaqueros negros, y solo hace que su piel pálida y su pelo 
rubio destaquen más. 
He visto a Mercury, Merc para los amigos y familiares, convertirse 
en un hombre durante estos últimos años aquí en St. Louis. Ha estado 
trabajando a tiempo parcial con nosotros en el Mancave y tomando clases 
en la universidad. Dice que aún no está seguro de lo que quiere hacer. 
—¡Oye, Matt! —Gigi levanta una ceja hacia mí, levantando la vista 
de su menú, sus mejillas ruborizadas, su cabello rubio largo retorcido en 
un moño desordenado—. Deberías habernos dicho que este era un lugar 
con clase. Estoy tan mal vestida. 
Me encuentro con sus ojos azules grisáceos y levanto las cejas. 
—Estás bien. 
Muy bien, de hecho. Donde Merc se convirtió en un joven tranquilo 
y fuerte, Gigi, Augusta sobre el papel, se ha transformado de una chica 
bonita en una bomba. 
Me preocupa un poco. Soy demasiado joven para ser su padre, perosiempre sentí la necesidad de proteger a los hermanos de Octavia como 
si fueran mis propios hijos. 
Para que quede claro: Octavia es la mujer más guapa del mundo. 
Gigi no tiene nada que hacer con ella, pero puedo ver el atractivo para los 
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hombres jóvenes que zumban a su alrededor como abejas en una gota de 
miel. La chica tiene curvas, y piernas largas, y una cara dulce. Un 
pequeño y agradable paquete por todas partes. 
—Hola, chicos. —Hailey se sienta frente a mí, metiéndose el pelo 
castaño detrás de las orejas, mostrándonos una sonrisa feliz—. Bonito 
lugar. 
Kaden asiente con la cabeza y toma asiento junto a su esposa. ¿De 
qué querría hablarme? Lo inmovilizo con mi mirada, pero finge no darse 
cuenta, volviéndose para hablar con la madre de Octavia, todo 
encantador y toda esa mierda. 
Y Octavia me distrae, volviéndose hacia mí y tomando mi mano. 
—¿Todo bien? 
—Sí. —Aprieto su pequeña mano en la mía—. ¿Y tú? —Evito mirar 
a su madre, evito pensar en las conversaciones susurradas—. ¿Algo que 
deba saber? 
—No. Solo estábamos… —Un rubor sube a sus mejillas y, 
inclinándome, beso su suave boca. ¿Cómo no voy a hacerlo, si es tan 
jodidamente bonita? 
—¿Solo qué? 
—Solo hablábamos. Sobre el pasado. 
Eso me pilla con la guardia baja. 
—¿Sobre cuando estaba embarazada de ti, o…? 
—Oh, no. De eso no. Sobre Jasper, y Ross, y… —Se muerde el labio 
inferior, mirando nuestras manos entrelazadas—. Y las relaciones. 
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—¿Acerca de tu padre? ¿Y ese matón, Ross? 
—Mi medio hermano. 
—¿El que te intimidó cuando eras niña? Y Jasper siendo una 
mierda como padre, y nunca diciéndotelo aunque lo supiera todo el 
tiempo. —Tomo su barbilla en mi mano, levantando su rostro—. 
¿Entonces por qué? 
Sus expresivos ojos se llenan de lágrimas. 
—Nadie merece ser torturado para siempre, Matt. 
Arrugo la frente. 
—¿Qué…? 
¿A qué se debe esto? ¿Por qué debería importarle? ¿Está hablando 
de Jasper o de Ross? ¿Por qué está preocupada? 
Pero tengo que dejar mis preguntas para más tarde, porque la 
camarera llega para tomar nuestro pedido, y con todas las risas y todos 
hablando los unos sobre los otros y bromeando, me olvido de este 
pequeño intercambio por un tiempo. 
Abrimos una botella de champán y brindamos por el futuro de 
Octavia, y luego cambiamos su vaso por uno de zumo de naranja, y 
bebemos. La comida llega poco después, montones de pasta y filetes, y 
todo el mundo se queda en silencio mientras devoran sus comidas. 
Aprovecho el momento para mirarlos a todos, reunidos aquí. Ojalá mi 
madre estuviera con nosotros, pero ella es feliz cuidando a los niños. 
Ojalá mi padre estuviera aquí también, pero espero que nos esté 
observando desde arriba, contento por nosotros. 
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Mira lo lejos que hemos llegado. Todos sufrimos tantas pérdidas, 
enfermedades y accidentes, y llegamos hasta aquí. Una familia feliz. 
Sigue el postre y el café, y miro a Octavia que se está riendo de algo 
que Merc le está diciendo, sonriéndole, cuando Kaden me llama la 
atención. Se levanta y hace un gesto para que lo siga. 
Mi sonrisa se desvanece al recordar nuestra conversación anterior. 
Empujando mi silla, tiro la servilleta sobre mi plato, apresurándome 
detrás de él. 
Salimos a la fresca noche de junio. 
—Escúpelo —murmuro, mi pulso acelerándose—. ¿Qué pasa 
Kade? 
Kaden se frota la boca con la mano y luego se las mete en los 
bolsillos del pantalón. 
—Antes de que empieces a hiperventilar, todo el mundo está bien. 
Pero Evan, ¿Evan Morales? Llamó preguntando por ti. 
—¿Evan? —Me lleva unos largos segundos ubicar el nombre. Evan, 
claro. Solíamos trabajar juntos en el garaje de Jasper, cuando vivía en 
Destiny, cuando conocí a Octavia—. ¿Qué pasó? 
—Llamó a tu móvil pero no pudo localizarte, y llamó a casa, al 
teléfono de mamá, que le diste cuando te mudaste aquí al principio. Yo 
respondí. 
Puse una mano en el brazo de Kaden, luchando contra la necesidad 
de sacudirlo. 
—A Evan. ¿Qué le ha pasado? 
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—Un accidente. No dijo de qué. Aparentemente no tiene familia. 
Necesita tu ayuda. 
 
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Capítulo Dos 
Octavia 
Matt se eleva sobre mí, con los puños apretados en sus costados. 
Con su barba recién dejada de nuevo y su pelo largo, esos impresionantes 
hombros anchos y pecho musculoso, es bastante intimidante. 
—No —gruñe. 
Le doy un golpecito en el pecho y le sonrío. 
—Sí. 
—Tay… Deberías quedarte aquí. 
—Quiero ir contigo. 
—Pero el bebé. No deberías cansarte. —Su voz es ronca, sus ojos 
están preocupados, y ay, amo mucho a este tipo. 
—Mira… —Me acerco hacia él, y sus brazos automáticamente me 
rodean. Acaricia mi pelo—. Estoy bien. Te prometo que te lo diría si no es 
así. Además, no vas a montar a caballo campo a través, ni nada similar. 
Vas a volver a Destiny, mi pueblo. El que me gustaría visitar. 
Retrocede lo suficiente para mirarme. 
—¿Esa es la verdadera razón? 
Esos ojos oscuros pueden ver las profundidades de mi mente, y 
siento el calor derramándose sobre mis mejillas. 
—Sí. 
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—¿Seguro? —Lleva su mano a mi mejilla, su palma fría sobre mi 
enrojecida piel—. Mírame, Tay. 
Mierda. Me encuentro con sus ojos y suspiro. 
—Principalmente es eso. La verdad es que… quería ver cómo estaba 
Ross. 
Su mirada se oscurece, sus cejas gruesas uniéndose. 
—¿Otra vez con eso? No lo entiendo. Él te lastimó. ¿Por qué te 
importa cómo está? 
—Es mi medio hermano. 
—Tay… 
No lo entiende. No puedo culparlo. Golpeó a Ross por mí, 
protegiéndome de sus burlas, y no puede perdonarlo. 
Yo tampoco. Pero lo que mamá me contó… Y ese mal sueño que he 
tenido dos veces hasta ahora… 
—¿Confías en mí? 
Gime, tira de mí de nuevo hacia él, besándome en los labios. 
Susurrando contra ellos: 
—Si te pasa algo… 
—No me pasará nada. A nosotros. —Tomo su cara entre mis 
manos—. Tengo que ir contigo. Llámalo corazonada. Tendré cuidado. 
Estaré contigo. Necesito esto, Matt. 
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Aplasta su boca contra la mía, me besa fuerte, me lame la boca, 
como si no pudiera cansarse de mí. Cuando se echa hacia atrás, jadea, 
sus ojos ardiendo, su cuerpo temblando. 
—Tendrás todo lo que necesites conmigo. Siempre haré lo mejor 
que pueda. Eso lo prometo. 
—Lo sé —susurro, tragándome un nudo en la garganta, porque sé 
que es la verdad—. Tengo todo lo que necesito contigo. Tú eres todo lo 
que necesito. 
Mi cavernícola grande y malo es el mejor hombre del mundo, sin 
mencionar el más sexy también, y me ama. Tengo mucha suerte de 
tenerlo a mi lado. 
Ahora si tan solo pudiera asegurarme de que mi medio hermano 
grande y malo está bien para no tener que preocuparme por él… la vida 
sería perfecta. 
* * * * * 
Cole mira dentro del dormitorio mientras estoy colocando vestidos 
doblados y suéteres dentro de mi maleta. 
—¿También te vas? 
Hay aprensión en sus ojos azules. Tira de mi corazón. 
—Ven aquí. —Me siento en la cama y palmeo el espacio a mi lado—
. ¿Te sientas conmigo? 
Asiente y se sube a la cama. Todavía es tan pequeño, aunque tuvo 
un crecimiento acelerado el año pasado, y sus mejillas de bebé ya no 
están. Pongo mi brazo alrededor desus delgados y estrechos hombros y 
tiro de él a mi lado. 
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—¿Vas a volver a casa? —pregunta. 
—Mi casa está aquí, ahora. Contigo, y con Mary, y Matt. 
—¿Y el bebé? 
Pongo la otra mano sobre mi estómago. Es sorprendente sentir el 
pequeño bulto, saber que hay otra persona viva ahí dentro, que depende 
de mí 
—Sí. Y el bebé. 
—¿Cómo se llama él? 
Me río. 
—¿Cómo sabes que es un niño? 
Los ojos de Cole se ponen en blanco. 
—¿Tú no lo haces? Al igual que sabes que soy un niño. ¿No puedes 
decir que él es uno? 
Parpadeo hacia él. 
—Esa es… una lógica interesante —susurro, divertida y de alguna 
manera conmovida, y exasperada a la vez—. Pero no puedo ver al bebé, 
así que aún no sé si es niño o niña. 
—Bueno, yo lo hago. Es un niño, y es mi hermano. 
Ay, mierda. De la forma en que lo dice… Me arden los ojos, y 
arrastro a Cole más cerca, aplastando su pequeña cara contra mi pecho. 
—Sí. 
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Inhalando el fresco olor de Cole, a champú y a niño, recuerdo 
cuando lo vi por primera vez, en brazos de su padre. Tan pequeño, 
curioso, suave y triste. Ya ha crecido ahora, y casi nunca tiene esa mirada 
triste en sus ojos. Estoy muy contenta por eso. 
—¿Eres feliz, Cole? —Le permito retroceder un poco, para que 
pueda respirar—. ¿Conmigo? 
—Te amo, Tati —dice, su vocecita de niño sonando con honestidad, 
ese fervor infantil sin complicaciones en su expresión. 
—También te quiero, cariño. 
Nunca me ha llamado mamá, ni Mary, y nunca pensé en pedirles 
eso. Su madre está en el cielo. Solo espero haberla reemplazado en todos 
los aspectos que cuenten, y que sigan acudiendo a mí en busca de afecto 
y ayuda a medida que envejezcan. 
—¿Cuánto tiempo estarás fuera? 
—Solo unos días. —Le beso la parte superior de su morena cabeza, 
el color del pelo de Matt, mi cabello. Me pregunto si mi bebé tendrá mi 
color. 
—¿Puedo ir yo también? 
—Tienes escuela. En otro momento. 
—¿Vais a volver? 
Le frunzo el ceño. 
—Por supuesto que volveremos. ¿Pensaste que no lo haríamos? 
Se encoge de hombros. Pero sí, parece que lo hizo. 
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Se acurruca más cerca de mí. 
—No quiero que te vayas. 
Una banda se aprieta alrededor de mi pecho. 
—Cole… 
—Mary también está triste. 
Por supuesto que lo está. No pensé que los niños se lo tomarían 
tan mal. 
—¿Tu hermana está bien? Parece… infeliz últimamente. 
—Solo está de mal humor. Chicas. 
Eso me hace sonreír. 
—Ella estará bien. Pero me lo dirías si algo le está molestando, 
¿verdad? 
—Supongo. 
Le beso el pelo otra vez. 
—Dios, os amo tanto, chicos. ¿Cómo podríamos vivir sin vosotros? 
¡De ninguna manera! 
Me pone pucheros. 
—¿No puedes quedarte? 
—Hay algo que necesito hacer. Pero hablaremos por teléfono todos 
los días. Volveremos antes de que te des cuenta. Y te divertirás con la 
abuela y con Gigi. Prometió llevarte al cine. ¿No será agradable eso? 
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—Supongo que sí. 
Me río de su expresión de asco. 
—Vete a jugar. Necesito terminar de hacer la maleta. 
Obedientemente salta de la cama y huye. Espero que Matt hable 
con ellos, especialmente con Mary, antes de irnos. Debería hablar con él 
sobre esto, pero ha estado ocupado en la tienda, en el Mancave, con 
Kaden, trabajando un poco más antes de que nos vayamos. 
Creo que le preocupa que Kaden no pueda mantener el negocio en 
marcha sin él. Se preocupa tanto, todo el tiempo, por todos nosotros. 
Está preocupado por mí, aunque mi embarazo ha sido fácil, y por Gigi, 
que tiene muchos admiradores a su alrededor, y por Merc, que parece 
indeciso sobre qué hacer con su vida. Por mi madre que a veces tiene 
dolores de ciática, por su propia madre que tuvo neumonía el invierno 
pasado… Y todo eso además de llevar el taller y cuidar de todos nosotros. 
Tal vez debería hablar con Mary yo misma. Después de todo, 
también es mi hija, aunque no lo sea de sangre. ¿Ella hablaría conmigo? 
No estoy segura de que sea una buena idea. Siento que es conmigo 
con quien está realmente molesta. La idea duele. Es mi niña pequeña. 
Haría cualquier cosa por ella. 
Entonces, ¿por qué? 
* * * * * 
—Ahí estás —Matt entra en el dormitorio mucho más tarde y me 
encuentra mirando críticamente mi maleta desbordante. Desliza un 
brazo alrededor de mi cintura—. ¿Qué tal te va haciendo maletas? 
Lo miro con una gran sonrisa. 
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—Fenomenal. ¿Cómo te ha ido el día? 
—Largo y horrible, hasta que te vi. 
Ay. 
Me gira y me besa, un dulce beso, y me derrito en sus brazos. 
Presionada contra su musculoso pecho, envuelta en sus fuertes brazos, 
su gusto en mi lengua, estoy justo donde quiero estar, siempre. 
Y entonces gime en mi boca, tira de mi labio inferior con los dientes 
y el dulce se pone caliente. El fuego por mis venas. 
—¿Los niños? —susurro. 
—Viendo dibujos animados abajo. 
—¿No oirán? Matt, deberías hablar con Mary, ella está… 
—Hablaré con Mary mañana. Ahora —Me lleva hacia atrás, 
empujándome hacia la cama junto a la maleta abierta—, voy a 
desnudarte y lamer cada centímetro de ti. 
Sus grandes manos acarician mis piernas mientras baja mis 
suaves pantalones de yoga, dejándolos caer al suelo y luego engancha 
sus dedos en mis bragas. 
—¿Qué pasó en el taller? —pregunto. 
Me baja las bragas y me acaricia el muslo, su barba rascándome la 
piel, enviando escalofríos de anticipación a través de mí. 
—Shh. Déjame trabajar. 
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—Pero yo solo… —Jadeo cuando su lengua lame un largo y caliente 
camino entre mis piernas, sobre mi clítoris—. Solo estoy preocupada. Has 
estado tan estresado por dejar el taller a Kaden. 
—Todavía estás demasiado coherente —gruñe, y me mira con ojos 
oscuros que destellan de diversión y excitación—. Claramente, necesito 
mejorar mi juego. 
Empuja mis piernas abiertas más ampliamente y presiona su cara 
entre ellas, su lengua apuñalándome, sus dedos acariciándome, 
empujando en mí mientras chupa mi clítoris, y mierda santa, está 
empeñado en hacerme gritar lo suficientemente fuerte como para que los 
niños lo oigan. 
—Matt… —Empujo sus enormes hombros, flotando en el borde de 
la liberación, mis piernas temblando, mi interior apretado fuertemente. 
Se retira instantáneamente, con sus cejas juntas. 
—¿Qué? ¿Te he hecho daño? 
—No, estoy bien. Solo… —Lucho por recuperar el aliento—. Te 
quiero dentro de mí. Y desnudo. En la cama conmigo. 
Su mirada se suaviza, luego brillan las llamas en sus ojos. 
—Me gusta cómo suena eso. 
Llevando la mano detrás de su cabeza, tira del jersey oscuro y la 
camiseta sobre su cabeza, y luego se pone con su cinturón, y me siento 
para mirar, el calor se extiende a través de mí al ver sus musculosos 
brazos y pecho. Mi mirada baja por sus abultados pectorales hacia sus 
abdominales definidos y al bulto de sus pantalones. 
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Me lamo los labios, la piel demasiado caliente, una fiebre de deseo 
me recorre. Dios, este tipo se pone más sexy cada vez que lo miro. Con 
su pelo oscuro y sedoso cayendo sobre su frente, sus largas pestañas 
negras como hollín en sus pómulos, labios suaves abiertos, es tan guapo 
que me duele el corazón. 
Levanta la vista, me sorprende mirando y me guiña un ojo.—¿Ve algo que le guste, Señora Hansen? 
—Tal vez. 
Hace toda una demostración desabrochándose los desgastados 
vaqueros y empujándolos por sus estrechas caderas. 
—Debería hacerte pagar por este peepshow3. 
—Las esposas entran gratis —le informo, tratando de llegar a él—. 
Déjame. 
—Yo soy el que está entrando —murmura, con los párpados 
pesados mientras deslizo sus calzoncillos por sus piernas, dejando que 
su gruesa polla quede libre—. Dentro de ti. 
Oh, sí… 
—Ven aquí. —Envuelvo mis dedos alrededor del grosor de su pene, 
adorando su tacto, tan duro, largo y palpitante en mi mano—. Te 
necesito. 
Se le escapa un sonido, un gemido bajo, y lo aprieta todo en mí con 
deseo. Mi piel se siente demasiado tirante, demasiado caliente, mi pulso 
 
3 Peepshow: Espectáculo erótico que se ve a través de una mirilla. 
 
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latiendo en mi garganta, en mis muñecas, profundamente dentro de mi 
vientre. 
Se retira, en dos movimientos se deshace de sus botas, calcetines, 
pantalones y calzoncillos, y está sobre mí, su boca presionada contra la 
mía, cálida y exigente. Cuando su lengua exige entrada, separo mis 
labios. 
Deslizo mis manos sobre sus anchos hombros, sus gruesos bíceps, 
mi cuerpo arqueándose en apreciación. Se mueve, presiona su erección 
entre mis piernas, y es demasiado. Siento que voy a correrme solo con él 
presionando donde más lo necesito. 
Sus manos están trabajando frenéticamente en los pequeños 
botones de la parte delantera de mi blusa, pero finalmente maldice contra 
mi boca y se sienta hacia atrás, tirando del dobladillo de ella. 
—Quítatela, o voy a hacer trizas esta jodida cosa para quitártela de 
encima. Necesito tocarte. 
Piel con piel. Sé cómo se siente. Siempre es lo mismo con él. Ayer 
hicimos el amor y dormí en sus brazos toda la noche, pero es como si 
hubiéramos estado separados durante meses y estuviéramos ansiosos 
por ponernos las manos encima. 
Juntos nos quitamos la blusa, y mira mis tetas, sus ojos 
oscureciéndose. 
—Eres tan jodidamente sexy. —Respira con reverencia, y se estira 
detrás de mí para desabrocharme el sujetador, dejando que mis tetas se 
derramen fuera—. Mierda santa, eres tan hermosa. 
Lo dice en serio. Lo veo en sus pupilas dilatadas, su respiración 
irregular, su erección, la mano temblorosa que levanta para empujarme 
de vuelta al colchón. Le encantan mis pechos hinchados, mi vientre 
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redondeado, los pocos kilos de más que he engordador desde que me 
quedé embarazada. 
Me ama. 
—Tay… —susurra. 
Cierro los ojos, superada por la emoción y se inclina sobre mí. 
—Te necesito, ahora. 
—Me tienes. —Abro los ojos y lo encuentro agachándose sobre mí, 
con un codo apoyado sobre mi cabeza, ahuecando una teta con la otra 
mano. Su boca se curva hacia arriba en un lateral en una sonrisa torcida, 
sexy—. Pero todavía no estás preparada para mí. 
—Por supuesto que estoy lista... ohh… —Su boca se cierra sobre la 
punta de mi pecho, chupando, burlándose con los dientes, y el placer 
brota directamente hacia abajo, justo donde su mano está ahora 
corriendo, deslizándose entre mis muslos, burlándose, acariciando—. 
Matt… 
Cambia a mi otro seno, lamiendo mi pezón endurecido, soplando 
aire fresco sobre él, chupando ligeramente, y está tan sensible en estos 
días que el placer se mezcla con el dolor. 
—Oh, Dios… —Me retuerzo, pero luego me arqueo de nuevo, 
buscando más. Me está volviendo loca de lujuria—. Por favor… 
Sus dedos se deslizan dentro y fuera de mí, y estoy justo al borde 
de un orgasmo otra vez, muy cerca… y luego jadeo cuando llego en sus 
dedos, su boca sobre mi pecho, mis entrañas apretándose con la fuerza 
de ello. Mis caderas se elevan y caen, surcando las olas del placer. 
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Levanta su cabeza, dándole a mi pezón una lamida persistente que 
me hace gemir, mientras intento reunir mi ingenio disperso. 
—Esto es de lo que estoy hablando —murmura. 
Todo lo que puedo hacer es jadear y retorcerme. 
Luego saca los dos dedos que tenía dentro de mí y los lame, 
lentamente, su mirada nunca abandonando la mía. 
Poniéndome más caliente y molesta de nuevo. 
—Ahora estás lista para mí —dice, y alcanza su polla. Antes de que 
pueda recobrar el poder de hablar, acaricia su erección sobre mi clítoris, 
haciéndome jadear. 
Y empuja en mí. 
Mi mundo se astilla, se rompe, se reduce a este hombre inclinado 
sobre mí, empujando en mí, reclamándome. Sus manos están apoyadas 
en mis costados, y sus poderosos músculos sobresalen en sus brazos 
mientras se baja en una flexión invertida para lamerme la boca. 
Luego empuja de nuevo hacia arriba, saca un centímetro o dos, y 
me empuja con un gemido sincero. 
El placer chispea por mi columna vertebral, extendiéndose como 
fuego líquido en mi vientre, y me muerdo el labio para sofocar un gemido. 
Se siente tan bien. Su mirada ardiente se alza a mi cara, y en sus ojos 
puedo verlo todo: su necesidad, su amor por mí, su deseo y el control que 
tiene sobre sí mismo, tenso y a punto de romperse. 
Por mí. 
Ahora está balanceando sus caderas, entrando y saliendo de mí, 
una bella bestia de hombre, sus pequeños pezones apretados en brotes 
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estrechos, su abdomen tenso en un loco paquete de seis. El sudor brilla 
sobre su piel suave, en las hebras de su corta barba, su pelo oscuro 
pegado a sus sienes mientras gruñe y su ritmo tartamudea, su pene 
hinchándose más dentro de mí. 
Sostiene mi mirada, su cara contrayéndose con lo que parece dolor 
o un placer intenso. 
—Tay… 
Solo el sonido de mi nombre en esa voz áspera y ronca cuando está 
a punto de correrse, y mi núcleo se aprieta alrededor de su pene. 
—Matt… —susurro y me arqueo mientras me corro. 
Te amo. 
 
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Capítulo Tres 
Matt 
Después de un largo día de trabajo, y mi preocupación por Evan, 
volver a casa con mi chica y hundirme dentro de ella es la mejor maldita 
cosa del mundo. 
Esta chica me vuelve loco. Tan bonita. Tan caliente. Tan apretada 
alrededor de mi pene. Amo su corazón, amo su mente, amo sus curvas 
extra sexys del bebé que le puse dentro. Sus exuberantes tetas. Su vientre 
hinchado. Dios, podría estar dentro de ella todo el día y toda la noche. 
Sintiéndola, abrazándola, haciéndola correrse una y otra vez. 
Darle tanto placer que contrarrestara todo el dolor contenido en 
este mundo. 
Dándole todo lo que tengo, todo lo que soy, para mantenerla para 
siempre. 
Siempre con ese profundo miedo arraigado de que podría perderla. 
No puedo. No lo haré. 
Joder. 
—Matt… —susurra, y se arquea, sus manos apretando mis brazos, 
como su coño alrededor de mi polla. Sus ojos se ensanchan un poco, sus 
cejas alzándose cuando se aprieta a mí alrededor y grita. 
Se corre de nuevo, la presión aumentando hasta que no puedo 
evitar que se rompa la presa. Mi aliento sale en un largo gemido, mi visión 
volviéndose blanca, y mi mente apagándose cuando me sacudo dentro de 
ella, ahogándome de placer. 
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Cuando mi cuerpo finalmente se relaja, y abro los ojos para 
mirarla, encuentro una perezosa sonrisa en su bonita cara. Mi maldito y 
estúpido corazón da un vuelco. 
Como todas las veces. 
—Me alegro de que te vengas conmigo —le digo,sin querer salir de 
ella todavía, adorando la sensación de su coño alrededor de mi polla, 
pulsando débilmente, provocando diminutas réplicas de mí. 
Se lame los labios. 
—Siempre lo hago cuando terminas conmigo. 
Le sonrío. 
—Oye. Viniendo a Destiny. —Le gusta burlarse de mí, haciendo mi 
mundo más ligero, y la amo por eso. La amo muchísimo—. Hace mucho 
tiempo que debíamos pasar un tiempo a solas. Quiero follar toda la 
noche, sin temor a que uno de los niños entre. 
—¿Te ha detenido eso alguna vez? 
—Cierto. —Por desgracia, salgo de ella, y me giro a su lado, para 
no aplastarla—. Aun así, podría ser bueno tenerte toda para mí. 
A pesar de los problemas de Evan y mi preocupación por el hombre. 
Pero lo digo en serio. La necesito, necesito tiempo con ella, sin los niños 
y sus hermanos, antes de que llegue el bebé. Tal vez sea por Evan, y por 
el recordatorio de lo frágil que es la paz y la felicidad. 
Hablé con él hoy. No dijo mucho, pero le saqué lo que pasó. Un 
accidente de coche, no por culpa suya. Un brazo y una clavícula rotos 
parecen ser lo peor del daño. 
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Qué puto desastre. Ojalá me hubiera dicho más, pero lo averiguaré 
en el acto. No como si él pudiera detenerme. Después de todo, pidió mi 
presencia allí. 
Me pregunto si este enojo que siento es la razón por la que se 
contuvo todo este tiempo. Probablemente se dio cuenta de que habría ido 
a él en el momento en que me contara cómo eran las cosas, y que 
apagaría las luces a puñetazos de todos los hijos de puta que creen que 
pueden jugar con la vida de la gente. 
La vida de Evan. 
Ruedo de costado para rodearla con mis brazos y enterrar mi cara 
en su suave y perfumado cabello, arrastrándola cerca, tirando de su 
pierna sobre la mía. Encaja tan perfectamente contra mí, junto con 
nuestro bebé en su vientre, acunado entre nosotros. 
—¿Estás bien? —susurra, levantado la cara para mirarme, sus ojos 
azules llenan mi visión como un mar tranquilo—. Estás tenso. 
—Sí, yo… —Beso su frente, levanto mi mano para acariciar un rizo 
oscuro y ponerlo detrás de la concha de su oreja—. Estoy bien. 
—Estás preocupado por Evan —dice. 
Asiento. 
No es una pregunta, y me alegro, porque no quiero confesar que 
estoy preocupado por mucho más. No cuando estar junto a ella es un 
regalo, siento que no tengo derecho a quejarme ni a pedir nada más. 
Incluso si tiene que ver con su padre y el matón de su medio 
hermano, que tanto le preocupa a ella. 
Maldita sea. 
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* * * * * 
Saldremos de la ciudad mañana por la mañana. Es viernes, y me 
tomé hoy y mañana libre, así como el lunes, pero necesitaré ver si 
precisaré más tiempo, dependiendo de lo que Evan necesite de mí. Kaden 
dice que tiene todo el Mancave bajo control. 
¿Y por qué no lo tendría? Nunca antes he dejado la tienda 
enteramente a su cuidado, y no sé por qué demonios me preocupa que 
no pueda conseguirlo. Tiene tanta experiencia como yo como mecánico. 
Es muy bueno en su trabajo. 
Ahí lo tienes. Todo saldrá bien. Kaden se ocupa de la tienda, mi 
madre y la de Octavia cuidarán a los niños, y Gigi y Merc prometieron 
llevarlos al cine y que pasarían tiempo con ellos. Están en buenas manos, 
y estarán bien, aunque nunca los haya dejado solos antes. 
Tal vez eso es todo lo que hay que hacer. La primera vez que me 
alejo de ellos desde que conocí a Octavia. Debe ser la razón por la cual 
mi estómago está retorcido en nudos. 
Es solo por unos días, Jesucristo. Relájate, Matt. Estarán bien sin ti. 
Tiro mi bolso de lona en el asiento trasero de mi camioneta de doble 
cabina y golpeo la puerta con una fuerza innecesaria, luego pateo la llanta 
por si acaso. 
Estarán bien. Estarán aquí, esperando, hasta que regreses. 
Dios, todavía el miedo me domina. Sigue jodiendo mi cabeza. He 
tenido años para aceptar la muerte de Emma, con espacios oscuros en 
mi mente, y se necesita un maldito giro de los acontecimientos, como 
este, para sacarme del jodido camino. 
Bueno, no dejaré que suceda. 
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* * * * * 
—¡Mary! —Abro la puerta de su habitación, pero la encuentro 
vacía—. ¿Dónde está esta chica? 
Entro, giro en círculo, como si fuera a aparecer detrás de una 
cortina o saliera del armario. ¿Dónde está? Debería estar lista para ir a 
la escuela, desayunando abajo con Cole, pero mi búsqueda por la casa 
hasta ahora no arrojó ningún resultado. 
Maldiciendo, deambulo por las escaleras y reviso cada habitación 
de camino a la cocina. Quería hablar con ella antes de irme, y anoche 
pareció estar dormida cuando eché un vistazo en su habitación. 
¿Es posible que mi niñita me esté evitando? 
¿Qué demonios está pasando? 
—Cole. —Todavía está sorbiendo sus Fruit Loops, mirando dibujos 
animados en el pequeño televisor del mostrador—. ¿Estás seguro de que 
no sabes dónde está tu hermana? 
Se encoge de hombros rápidamente, un ligero círculo de sus 
huesudos hombros, y me lanza una mirada furtiva. 
Oh, chico. Arrastro una silla y me siento frente a él 
—Cole. Necesito hablar con Mary. ¿Dónde está? 
Se traga su bocado de cereales, mira de vuelta a la televisión como 
si pudiera escapar a través de la pantalla, y luego se vuelve hacia mí, con 
su boca girada hacia abajo. 
—No quiere que te lo diga. 
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—Bueno, soy su padre. El tuyo también, ¿verdad? Como vuestro 
padre, necesito saber dónde estáis, siempre, para asegurarme de que 
estáis bien. ¿Lo entiendes, amigo? 
Asiente bruscamente y deja su cuchara. Sus mejillas se están 
poniendo rojas. 
—Ella simplemente no quería hablar contigo, eso es todo. 
—Lo curioso es que quiero hablar con ella, así pues chico duro. 
¿Dónde está? 
—Fuera. Debajo del árbol. Le gusta sentarse allí. 
Es cierto, pero hace mucho frío. 
—Gracias amigo. —Me acerco en la mesa y le doy una palmadita 
en la mano. 
Saca su mano de la mía, mirando hacia otro lado. 
—Me odiará por decírtelo. 
—Mary no puede odiarte, Cole. Te ama demasiado. 
Las esquinas de su boca se levantan en una sonrisa de satisfacción. 
—¿Sí? 
Está sonriendo, mirando hacia otro lado, cuando me levanto y salgo 
a buscar a mi hija. Estúpido chico, este niño mío. Cómo es que no sabe 
que Mary lo adora, está más allá de mí. Desde que ella era una cosita y 
él era un bebé llorón, ella mecía su cuna, acariciaba sus rizos oscuros y 
actuaba como su verdadera madre. No podrá odiarle por delatarla. 
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Aunque Mary está cambiando, creo mientras camino por el sendero 
del jardín, hacia el roble que se eleva a un lado. Está actuando de una 
manera que no hubiera previsto. No está actuando como ella misma. 
¿No es demasiado pronto para eso de la cosa de la actuación de 
adolescentes? 
El viento fresco silba por la calle, trayendo una promesa de lluvia. 
Bajo la cabeza y meto las manos en los bolsillos, maldiciéndome por no 
haber cogido un impermeable antes de salir corriendo. 
Las hojas del árbol crujen cuando me acerco. ¿Por qué no pensé en 
buscarla aquí? 
Probablemente porque no creí que prefiriera empaparse antes que 
hablar conmigo. 
—Mary. —Paso por debajo de las ramas—. ¿Dónde estás? 
Veo el pálido destello de su pequeña cara, y sale de detrás del 
grueso tronco del árbol, con las manos atascadas en los bolsillos de su 
parka rosa pálido. 
—Papá. 
—Hija —digo con seriedad, y capto el rizo de una rápida sonrisa. 
—¿Qué estás haciendo aquí? 
—¿Qué estoy…? ¿Lo dicesen serio? ¿Por qué estás aquí afuera y 
no desayunando con Cole? 
—Comí. Ya terminé. 
—¿Y qué? ¿Pensabas que estar en el viento y lluvia te ayudaría a 
digerir más rápido? 
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Me sostiene la mirada con fiereza con sus ojos oscuros. 
—Papá. 
Jesús. Y… 
—Mary. 
Se muerde el labio, pero veo esa sonrisa rápida antes de que 
desaparezca. 
—No me hagas reír. 
—¿Por qué no? —Me acerco, abro mis brazos, y viene hacia mí. Mi 
niñita. Le revuelvo el pelo, y se queja, pero me deja abrazarla por unos 
preciosos momentos antes de tirar hacia atrás—. ¿Qué pasa, señorita? 
¿Qué tienes en mente? ¿Por qué nos estás evitando, a Octavia y a mí? 
—No os estoy evitando —dice, pero es una mentirosa terrible. Esta 
chica nunca ha sido un libro abierto, pero desde que era pequeña llevaba 
su preocupación en su rostro disfrazado de enojo. Atacaba y fulminaba 
con la mirada en vez de llorar. 
Se parece a su padre en esto, supongo. Octavia tuvo que sacarnos 
a ambos de nuestros caparazones protectores. 
—¿Con quién te has estado enviando mensajes de texto, entonces? 
Al menos dime eso. Si es un novio, juro que mantendré mi mente abierta 
y le daré la oportunidad de exponer su caso. 
Finalmente se ríe, y Dios, extrañé el sonido. 
—No es mi novio. 
Un niño, entonces. Archivando eso para una discusión posterior, 
lo intento de nuevo. 
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—Háblame, nena. No puedo ir detrás de ti en el frío cada vez que 
algo anda mal. Mis viejos huesos duelen. 
—No eres viejo —dice. 
—Ese no es el punto. 
Suspira. 
—Todo está bien, papá. Lo prometo. Y no hace tanto frío. 
—No prometas. No… —resoplo, deslizo mi mano por mi cabello. 
Necesita un corte, mucho. Últimamente he estado demasiado ocupado 
como para hacerlo—. Algo te está molestando. Quiero… lo mejor para ti 
y para tu hermano. Para todos nosotros. No soy un tipo fácil para llevarse 
bien, y no el mejor padre, pero te quiero con todo mi corazón. Espero que 
puedas venir a mí con… 
Choca contra mí, envolviendo sus delgados brazos alrededor de mi 
espalda, enterrando su rostro en mi pecho. 
—No eres tú, papi. 
Respiro profundamente. No me ha llamado así, Papi, en lo que 
parece años. Tal vez sean años. 
—Vale. ¿Es Octavia? 
Niega contra mi suéter. 
Tirando de ella contra mí, acaricio su pelo, frunciendo el ceño en la 
mañana gris. No puedo evitar notar que no ha respondido a mi pregunta. 
Algo le está haciendo daño, y no puedo luchar contra ello sin saber lo que 
es. 
Si no es algo que hicimos, entonces, ¿qué es? 
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* * * * * 
Mary desaparece antes de que pueda despedirme apropiadamente, 
y sé que necesito tomarme mi tiempo para sentarme con ella y hablarle 
hasta que se abra y me diga qué es lo que la preocupa. 
Pero mientras tanto, tenemos que prepararnos para un viaje. 
Después de colocar la maleta de Octavia junto a mi bolso en el 
asiento trasero, la ayudo a subirse a la camioneta, en el asiento del 
pasajero. Mis manos se entretienen en ella, al igual que su mirada en mí. 
Alisa una mano sobre su vientre, y Dios, me encanta el ligero 
abultamiento. 
—¿Preparado? —pregunta, extendiendo la mano para tocarme la 
cara, y no sé qué decir. 
¿Lista para ver lo que queda del naufragio de la vida de Evan? ¿Ver 
Destiny, donde nadé en la oscuridad hasta encontrarla, donde un 
psicópata secuestró a mis hijos, y luego a ella, casi matándola? ¿Donde 
viven el cabrón de su padre y el sádico de su medio hermano? 
No estoy seguro, pero no tengo una jodida elección. 
—Estoy listo —respondo de manera uniforme, y giro la cara para 
besar su palma—. Abróchate el cinturón, cariño. Es hora de ponernos en 
ruta. 
Sus dedos se enredan en mi corta barba, acercando mi cara. 
—Deja de preocuparte tanto. Todo saldrá bien. 
—Sí —digo bruscamente, y me inclino para besarla—. Lo sé. 
Me suelta y cierro la puerta mientras me hace una mueca a través 
de la ventanilla. 
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Sacudo la cabeza, camino alrededor de la camioneta y subo detrás 
del volante. 
—¿Qué? 
—Nada. Solo… —Se ríe detrás de su mano—. Estás muy sexy 
cuando fulminas con la mirada. 
Dios, esta chica. Como mi hija entes, me muerdo el labio inferior 
para no resoplar. 
—Dije que te abrocharas el cinturón, señora Hansen. Este será un 
paseo salvaje. 
—Con usted, señor Hansen —murmura, aun riéndose—, siempre 
lo es. 
 
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Capítulo Cuatro 
Octavia 
Cuando salimos de la ciudad, me recuesto en el asiento y cierro los 
ojos. Dios, nos vamos. Es un alivio. No quería admitir que temía al estrés 
de hacer las maletas, de decir adiós a los niños que parecían tan maldita 
jodidamente tristes, a mi madre y a Gigi por teléfono, que hicieron un 
buen trabajo al estresarme más. 
Oh, Dios, todavía es por la mañana. El viaje a Destiny dura 
aproximadamente cuatro horas con buenas condiciones climáticas, salvo 
accidentes o tormentas de granizo. Podría venirme bien un sueñecito. El 
balanceo del coche siempre me ha dado sueño. 
—¿Cansada? —pregunta Matt en voz baja, y capto su mirada 
oscura sobre mí mientras la camioneta se detiene en un semáforo. 
—Un poco. —Aniquilada, en realidad. Me recuesto más 
cómodamente, sonriéndole—. Odio las despedidas. 
Su boca se tensa un poco. 
—Yo también. 
Es obvio que su mente se fue instantáneamente a tiempos más 
oscuros, y a despedidas permanentes. Me mata verlo triste, perdido en 
recuerdos dolorosos. 
Me extiendo hacia él, poniendo mi mano en su brazo. 
—No estaremos fuera mucho tiempo. 
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—Sí. —Pero su mandíbula está apretada y sus manos en el volante 
con los nudillos blancos. 
Mi estómago se tensa. Giro los anillos en mi dedo mientras 
considero el hecho de que nunca ha estado alejado de sus hijos antes, 
desde que nos conocimos. Esto debe estresarlo mucho. 
Uno pensaría que seis años después de la muerte de su esposa ya 
lo habría superado, pero la muerte no es así, me doy cuenta. Esa terrible 
ausencia no desaparecerá. Siempre la echará de menos, siempre se 
sentirá culpable por quedar atrás, siempre se sentirá responsable de todo 
y de todos. 
E incluso aunque el corazón me duele por él, también lo amo aún 
más por ello. Me muestra la clase de hombre que es. 
Del mejor tipo. 
—¿Por qué no duermes un poco? —Deja escapar un largo suspiro—
. Todavía es temprano. Será un día largo. 
Tiro de mi largo suéter. Me pregunto por cuánto tiempo más me 
servirá. Mis tetas son enormes por estos días, y mi estómago parece estar 
hinchándose cada día. 
—¿Cuándo me dirás lo que dijo Evan? ¿Qué le ha pasado? 
—Un accidente. —Sus manos giran sobre el volante—. Un coche 
chocó contra el costado de su camioneta pick-up. Se rompió el brazo, la 
clavícula y algunas costillas. 
—Oh, Dios. —Me siento, mi cansancio olvidado—. Pobre tipo. No 
me extraña que necesite ayuda. ¿Vive solo? ¿Sin familia? 
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—Su novia y él se separaron recientemente —dijo—. Está 
preocupado por su sobrina que se queda con él y sus mascotas. 
—Su sobrina. —Frunzo el ceño—. Pero solo nos quedaremos unos 
días. 
—Su madre vendrá a recogerla la semana que viene. 
—¿Por qué no viene ahora a recogerla y luego se ocupa de su 
hermano? 
—¿Tal vezesté ocupada? 
—Cierto. ¿Así que deja a su hija con él a pesar de que está herido 
y necesita ayuda para sí mismo? 
Matt me mira, con una mirada divertida. 
—Tranquilízate, mejillas dulces. No todas las familias son tan 
unidas como la nuestra. 
Tiene razón. Pero mis ojos se llenan de lágrimas de todos modos. 
—Lo siento mucho por él. 
Le toca a él extender una mano y acariciarme el brazo. 
—Ayudaremos. Tú lo has dicho. Todo saldrá bien. 
Lo hice, ¿verdad? Pero es tan triste lo que la pasó a Evan, lo que le 
pasó a Ross, lo que le está pasando a todo el mundo. 
—Descansa, Tay. Te ves agotada. —Está frotando su mano hacia 
arriba y hacia abajo, por mi brazo—. Resolveremos todo cuando 
lleguemos. 
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Al menos no ha dicho que desearía que me hubiera quedado en 
casa, como insistió al principio. Probablemente sintió lo cerca que estoy 
de llorar a mares. No se necesita mucho en estos días. Intento controlarlo, 
pero no siempre está en mi poder. Odio lo fuera de control que estoy. 
Pero cuando recuerdo por qué, me inunda tanta alegría que apenas 
puedo soportarlo. 
Cerrando los ojos, vuelvo a recostarme en mi asiento, segura de 
que no podré dormir. Todavía estoy muy tensa por la tristeza, el corazón 
latiéndome con fuerza en el pecho. 
Pero entre un latido y el siguiente, el mundo se desvanece, y estoy 
a la deriva por un camino plateado que lleva a la luna, con Matt a mi 
lado. 
* * * * * 
—Tay. Despierta. Vamos. Ya estamos aquí. Tay. 
La voz es insistente y no desaparece incluso cuando la golpeo como 
si fuera un insecto molesto. Zumba en mi oído, y me doy cuenta de que 
tengo un peso en mi hombro, unos dedos que se hunden ligeramente en 
mi carne. 
—¿Qué? —murmuro, parpadeando, entreabriendo los ojos, y 
encuentro la cara de Matt a unos centímetros de la mía—. ¡Cristo! 
—Lo sé… es la barba, ¿no? —murmura, dándome una sonrisa 
torcida—. Pero no, soy solo yo, Matt. 
Me pongo una mano en la cara, exhalando una carcajada. 
—Por Dios… quiero decir, oye. ¿Dónde estamos? 
—Hemos llegado a Destiny. Missouri. 
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Me siento tan repentinamente que casi me golpeo la frente con él. 
—¿Qué? De ninguna manera. ¿Dormí cuatro horas seguidas? 
—Y veinte minutos —dice con gravedad, un brillo en sus ojos 
oscuros, luego se endereza y me da una mano—. Déjame ayudarte. 
Dejo que me saque de la camioneta y me baja suavemente al suelo. 
Me agarro a sus musculosos brazos, apoyándome sobre él, todavía 
aturdida por mi larga siesta, y parpadeo borrosamente a mi pueblo. 
Estoy de vuelta. Y se siente tan raro. Crecí aquí, en estas calles 
estrechas, y sombreadas, entre estas casas bajas. Todo es familiar, y, sin 
embargo… tan extraño. En los últimos dos años desde que nos mudamos 
a St. Louis, nunca regresé. Nunca sentí la necesidad. 
Tengo todo lo que quiero en St. Louis. Mi madre, Gigi, Merc y por 
supuesto Matt y los niños. La universidad a la que asistí. Mis sueños 
para el futuro. Ese es mi hogar ahora. Cambió tan fácilmente de aquí 
para allá, y sé por qué. 
Dicen que el hogar está donde está el corazón, y supongo que es 
verdad. El mío late en St. Louis. 
Y, sin embargo, estar aquí es inquietante. Está moviendo el suelo 
debajo de mis pies. Tantos recuerdos de la infancia. Pasaron tantas cosas 
aquí. 
—¿Estás bien? —pregunta Matt, mirándome. 
—Sí. —Respiro una larga inhalación de los aromas que flotan por 
la calle: tierra húmeda, beicon frito y flores… y lo miro—. Vamos. 
* * * * * 
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La casa de Evan no es muy diferente a aquella en la que vivió mi 
familia la mayor parte de mi vida. Baja, vieja, muy necesitada de 
reparación, el jardín cubierto de maleza, y la valla descascarillada. 
Frunzo el ceño, sin estar segura de qué es lo que me parece extraño 
de todo esto, mientras caminamos hacia la puerta principal y tocamos el 
timbre. Antes de que pueda resolverlo, el picaporte gira y alguien nos 
mira desde el nivel de nuestro pecho. 
—¿Quién sois? —pregunta una vocecita desconfiada, y dos ojos 
oscuros igualmente desconfiados nos miran. 
—Amigos de Evan —digo—. Debes ser su sobrina. ¿Cuál es tu 
nombre? 
—No digo mi nombre a extraños —dice la niña, con una inflexión 
muy adulta, insinuando que está repitiendo textualmente algo que 
probablemente su madre le dijo. 
—Melissa, ¿quién es? —La voz de Evan viene de dentro de la casa, 
y reprimo una sonrisa. 
Ella pone los ojos en blanco. 
—No lo sé. 
—Matt y Octavia Hansen —dice Matt—. Él nos conoce. 
Ella se da la vuelta. 
—Son Matt y Octavia… 
—¿Por qué no lo dijiste? —dice Evan, y aparece en la abertura, 
abriendo la puerta de par en par—. Oh, Dios, gracias por venir. 
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Su brazo izquierdo tiene una escayola, su resistente cabestrillo lo 
mantiene inmovilizado contra su pecho. Hay ojeras bajo sus ojos, 
moratones de color púrpura moteándole, sus mejillas hundidas como si 
hubiera perdido peso recientemente. 
Matt toma su mano ilesa, en un apretón ligero y frunce el ceño 
mientras estudia a Evan. 
—Pareces algo que el gato hizo popó4 fuera. 
Resoplo de risa. Dios mío, qué embarazoso, pero hay algo en Matt 
Hansen diciendo “popó” que me hace resoplar de nuevo. Ha estado 
tratando de usar menos malas palabras delante de sus hijos, y es lindo, 
y sexy, y oh, mierda. 
Pongo una mano sobre mi boca, mis mejillas en llamas. 
—Lo siento. 
—Octavia. Encantado de volver a verte. —Evan me da una cálida 
sonrisa—. Y noté que el sentido de humor de Matt no ha mejorado. 
Matt se rasca la barba y sigue frunciendo el ceño. 
—No intentaba ser gracioso, maldita sea. Te ves como una mierda. 
—Mira a Melissa, que nos mira con ojos muy abiertos y que también se 
las arregla para mirar desde debajo de un flequillo castaño—. Lo siento, 
chica. 
—¿Por qué? —murmura ella. 
Él se estremece. 
 
4 Forma infantil para hacer caca o cagar. 
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—Por nada. 
—No te preocupes por maldecir delante de ella. —Nos informa 
Evan, girándose y cojeando dentro de su casa—. Yo lo hago todo el 
tiempo. Entrad. 
Intercambiando rápidas miradas, seguimos a Evan dentro, bajo la 
mirada asesina de su sobrina. Ella es una cosita diminuta, su pelo una 
maraña salvaje de rizos marrones, sus ojos como los de un gato, de un 
avellana pálido, como el oro. 
Como los de su tío. 
Evan es un tipo alto y larguirucho, con el pelo de color café, 
recortado cerca de su cráneo. Un tatuaje asoma por el escote de su 
camiseta, que se enrosca por la parte posterior de su cuello, como si 
tuviera alas negras extendidas, un cuervo u otra ave de rapiña. 
—Sentíos como en vuestra casa —murmura, cojeando hacia la gran 
y acogedora cocina y abriendo un armario con una sola mano para sacar 
las tazas. Las pone sobre la mesa—. Melissa, alcanza el azúcar para mí, 
¿quieres? 
La niña lo mira amotinándose durante unos largos segundos antes 
de zapatear hacia un armario bajo y sacar un bote de azúcar. Viene 
cuando nos sentamos y lo coloca sobre la mesa. 
—Entonces, ¿sois amigos? —pregunta, flotando a mi lado, y quiero 
estrecharla en mis brazos y acariciar sus rizos saltarines—. ¿Del tío 
Evan? 
—Lo son. —responde Evan por nosotros mientras saca una silla y 
se hunde en ella con un suspiro de cansancio—. Matt y yo solíamos 
trabajar juntos en el taller de Jasper. Y conozco a Octavia desde hace 
muchos años. Ella solíavivir aquí. Creció aquí, ¿no es así? 
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Asiento, sonrío, fingiendo que el olor del café no me revuelve el 
estómago. 
—Claro que sí. Nací aquí, en Destiny. Nos mudamos solo hace 
algunos años. 
La niña se apacigua ligeramente, subiéndose en la última silla libre 
y mira fijamente a su tío como si estuviera esperando señales. 
—Vinieron a ayudarme un poco —continúa Evan—. Solo por unos 
días. 
Es un tipo guapo, me doy cuenta ahora. Nunca le presté mucha 
atención, y es tan diferente a Matt que es ridículo. Donde Matt es alto y 
musculoso, como un árbol, Evan es delgado y más bajo, aunque sus 
brazos desnudos son elegantemente musculosos. 
—Matt mencionó que tenéis mascotas —digo, mirando alrededor 
en busca de cualquier señal de ellas, cualquier tazón de agua o comida, 
cualquier cama de animales, pero no hay nada. 
—Tengo pájaros atrás y una tortuga. 
—Son canarios —añade Melissa, sonriendo por primera vez desde 
que llegamos—. Y Mabel necesita comida. 
De alguna manera había pensado que se refería a perros y gatos. 
—No hay problema. Nosotros nos encargaremos de ellos. 
—Necesito comprarles comida, tal como dijo Melissa. No puedo 
conducir así. Además, soy zurdo. Lo hace todo más difícil. 
Cierra los ojos, inclinando la cabeza, y veo líneas blancas de dolor 
alrededor de su boca. 
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—¿Necesitas analgésicos? 
—Estoy bien. 
—Doc dijo que debería estar descansando, pero no lo está. —Lo 
ataca Melissa, su sonrisa desapareciendo una vez más—. Como en la 
cama. 
—¿Y dejarte sola en la casa? La arruinarás —murmura Evan, 
parpadeando ante su yeso. 
—Muy gracioso, tío Evan. Y cuando mamá me recoja, ¿qué harás? 
—Ella juega con la manga de su suéter—. ¿Quién cuidará de ti? 
—Cuidaré de mí mismo. Eso es lo que hacen los adultos. Ahora ve 
a jugar. Vamos. Necesito hablar con mis amigos. 
Parece que quiere decir algo más, pero en vez de eso hace pucheros, 
se desliza fuera de la silla y sale corriendo de la habitación. 
—Qué linda —digo—. ¿Cuántos años tiene? 
—Ocho. 
—Como Mary. —Matt está mirando la puerta a través de la cual ha 
desaparecido la chica—. Parece más joven. ¿Se queda contigo a menudo? 
—Bastante a menudo. Su madre… no está mucho por aquí. Y me 
gusta tener a Melissa cerca. Es una buena chica. 
—Evan, también mencionaste problemas con Jasper. —Matt se 
inclina hacia adelante, colocando un codo sobre la mesa—. ¿A qué clase 
de problemas te referías? 
—¿Con Jasper? —Me inclino hacia adelante también—. ¿Mi padre? 
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Evan parece sorprendido. 
—Cierto, es tu padre. Sigo olvidando eso. 
—No te preocupes, a veces también lo olvido. No es que haya 
actuado como un padre para mí. 
—Ni para nadie —murmura Evan. 
Un peso me presiona el pecho. 
—Estás hablando de Ross. 
Evan se encoge de hombros. 
No puedo decir por qué estoy preocupada por Ross. Quiero decir, 
mamá me contó esas cosas preocupantes sobre él, pero el tipo del que 
hablamos es un matón. Mi propio némesis personal durante todo el 
instituto. Matt tiene razón. No debería importarme si termina en la calle 
o pudriéndose en prisión. Le está bien empleado. 
Mamá solo transmitía chismes. Tiene sus amigas en Destiny, y 
hablan durante horas y horas por teléfono. Tiene sentido que su 
conversación incluya a su antiguo amante, y nuestro padre, Jasper, y a 
su hijo Ross. No es que ella pensara que me alegraría saber de sus 
problemas. Después de todo, ella amaba a Jasper en aquel entonces, por 
lo que se ve, y nunca consiguió convertir esos sentimientos en odio. Pero 
nunca pensó que me afectaría tanto a mí. Tal vez sea el embarazo. ¿Me 
preocuparía tanto si mi cuerpo no estuviera inundado de hormonas? 
Quiero decir, hoy en día lloro en un santiamén. Esta misma mañana lloré 
como un bebé porque nos quedamos sin leche para mis Fruit Loops. 
Aún así… 
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Con un padre como Jasper Jones, seguro que él no tenía un buen 
modelo en su vida. Su madre se fue de la ciudad cuando éramos todavía 
pequeños, según recuerdo. ¿Qué bondad ha visto en su vida? 
Me entristece. 
Matt frunce el ceño. 
—Ya basta de Ross. ¿Qué hizo Jasper, tío? ¿Y por qué carajo no 
acudiste a mí antes? 
¿Jasper le hizo algo a Evan? 
Él levanta la cabeza, dándole a Matt una mirada sombría. 
—Es complicado. 
Matt golpea la mesa con el puño, haciendo sonar las tazas. 
—¡Deja de ser tan jodidamente vago! 
Me estremezco. 
Matt parece al instante arrepentido. 
—Lo siento, Tay. 
—Escucha… —Evan se muerde el interior de su mejilla—. ¿Por qué 
no metéis vuestras cosas dentro? Y luego podemos hablar. Podéis 
quedaros aquí. Tengo un cuarto de huéspedes arriba que podéis usar. 
—Suena como un plan —dice Matt, y se levanta para meter 
nuestras cosas dentro. 
Miro a Evan, que ha vuelto a cerrar sus ojos, como si luchara 
contra el cansancio, y me levanto para seguir a Matt fuera, para darle un 
momento a solas. 
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62 
Cuando llego a la camioneta, me doy cuenta de que Matt ya ha 
sacado nuestros equipajes y los está arrastrando de camino hacia la casa. 
Dios, su ropa y cosas caben en una bolsa de lona. 
Por supuesto, ¿verdad? Hombres. 
Quiero decir, no lo entiendo. No soy una chica en absoluto 
vanidosa. Raramente me pongo maquillaje, no le presto demasiada 
atención a lo que llevo puesto, a diferencia de Gigi, por ejemplo. Soy fácil 
de contentar. Me gustan mis vestidos, mis zapatos de tacón bajo. Y, sin 
embargo, tengo una maleta llena hasta reventar, y no estoy segura de 
tener suficiente ropa. Quiero decir, ¿y si terminamos quedándonos unos 
días más? ¿O si enfría el tiempo? ¿O se hace más cálido? 
Una bolsa de lona. En serio. 
Además, está levantando mi maleta con una sola mano como si 
fuera un juguete. Como si estuviera vacía o llena de plumas, aunque sus 
bíceps se marquen debajo de su suéter, y mi boca se hace agua. Me 
encanta lo fuerte que es, amo su cuerpo, y daría cualquier cosa por pasar 
mis manos por encima de él ahora mismo… 
No es el momento de estar cachonda, me recuerdo cuando me hago 
a un lado para dejarlo pasar. Dios, ¿qué pasa conmigo hoy? Mi esposo 
está muy bueno, pero estamos en medio de algo. 
—¿Entras? —pregunta mi súper sexy marido, disparándome una 
media sonrisa—. Creo que todavía estás dormida. 
Me río. 
—Tal vez un poco. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
63 
El jardín parece haber estado descuidado durante meses, me doy 
cuenta cuando me apresuro para entrar en la casa. La valla también. La 
pintura de la casa se está pelando en tiras largas. 
Esto es lo que me molestaba cuando llegamos antes. 
Evan acaba de tener el accidente. Lo conozco desde hace mucho 
tiempo, aunque nunca fuimos amigos. Ha vivido en Destiny durante 
muchos años. Cuando estaba en el instituto, él ya estaba trabajando en 
Jasper’s Garage, y mi impresión de él siempre ha sido de ser una persona 
muy pulcra. ¿Por qué dejó que todo cayera en tan mal estado? 
¿Podría tener algo que ver con lo que tiene que decirnos sobre 
Jasper? 
Matt deja nuestras maletas en el pasillo y toma mi mano, tirando 
de mí para darme un rápido beso antes de llevarme de vuelta a la cocina, 
donde Evan está sentado exactamente donde lo dejamos. 
Levanta la vista cuando entramos, y sí, se ve agotado, bolsas 
oscuras bajo sus ojos que no había notado antes. Parecetan emocionado 
por hablar de sus problemas como alguien atado a la silla de un dentista 
loco. 
Matt suelta mi mano y se deja caer en su silla. 
—El equipaje está dentro. Ahora habla. 
—Siempre tan encantador —gruñe Evan. Su rostro está muy pálido 
y cubierto de sudor. 
Me quedo junto a mi silla, todavía no estoy lista para sentarme. 
Preocupada. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
64 
—¿Tienes dolor? ¿Quieres que te traiga algunos analgésicos? ¿O 
algo de comer? 
Me lanza una mirada de sorpresa. 
—Estoy bien. Gracias, Octavia. 
No me tranquiliza, tomo mi asiento y cruzo mis manos sobre la 
mesa. 
—No dudes en pedir cualquier cosa. Para eso estamos aquí. 
Un rubor se eleva a sus pálidas mejillas. 
—Es muy amable por tu parte. Os estoy pidiendo demasiado. 
Tenéis vuestra familia, a vuestros hijos en casa. 
—Los niños están bien, se están quedando con la madre de Matt —
digo rápidamente, porque estoy bastante segura de que Matt ya está 
enloqueciendo por eso, aunque solo hayamos estado fuera unas pocas 
horas—. No te preocupes por eso. 
—Jasper, Evan. —Matt está fulminando con la mirada a su amigo. 
Parece como si pudiera saltar sobre la mesa y sacudir a Evan si no 
estuviera tan golpeado—. Escúpelo. 
—Mira… Desde lo que pasó con ese psicópata que secuestró a 
Octavia y a tus hijos, desde que os fuisteis… las cosas han ido cuesta 
abajo. Jasper como que… se perdió. —Las manos de Evan se contraen 
sobre la mesa. Cerrándolas en puños—. Ha estado gritando a todo el 
mundo en el taller, rompiendo cosas, destrozando la tienda. Bebiendo y 
peleando a puñetazos, desapareciendo del trabajo durante días, y 
volviendo para aterrorizarnos. 
—Infiernos —dice Matt con sentimiento. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
65 
—Sí. El infierno es una buena descripción. Y se ha puesto peor. Se 
supone que él tiene que asumir los trabajos difíciles. Y los ha estado 
jodiendo. Maldita sea, Matt, tuve que enfrentarme a él, decirle que no 
puede trabajar si pone en peligro la vida de la gente, pero me empujó y 
se rió. Dijo que era su taller. 
Mierda santa. 
Matt parece estar a punto de levantarse y golpear algo. 
—Pero tu accidente. No tiene nada que ver con Jasper, ¿verdad? 
—Bueno, eso fue justo después de que me empujara. Me caí y me 
golpeé la cabeza contra el suelo. Estaba mareado y eso explicaría por qué 
no vi el coche que chocó conmigo. 
—Me cago en Cristo —murmura Matt. Está temblando de ira—. Voy 
a matar a ese hijo de puta. 
—Ponte a la cola —dice Evan, y hace una mueca de dolor mientras 
se endereza en su silla—. El Karma lo atrapará algún día, hombre. 
—El Karma no tendrá ninguna posibilidad si consigo llegar a él 
primero. 
—Me largo del garaje —dice Evan—. Me voy de la ciudad, tan pronto 
como mis huesos estén curados. Incluso si encontrar un trabajo en otras 
partes es tan difícil. No puedo seguir haciéndolo. Me mudaré, iré a algún 
lugar lejos de aquí. Tal vez… tal vez mi ruptura con Ruby fue una 
bendición disfrazada. Ya no queda nada que me retenga aquí. 
Oleadas de mortificación me atraviesan, destellos de frío y calor. Mi 
padre hizo esto. Hizo que Evan resultara herido, que deje su trabajo y su 
pueblo. Lastimó a muchas personas, incluyendo a mi madre, 
incluyéndonos a nosotros. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
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Incluyendo a Ross. 
Vine aquí pensando que podía arreglar las cosas de alguna manera, 
pero ahora que estoy aquí, todo parece mucho más complicado de lo que 
parecía en mi mente, y no tengo ni idea de por dónde empezar. 
 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
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Capítulo Cinco 
Matt 
Evan abre una puerta con una sola mano y gesticula con una 
floritura para que entremos. 
—La habitación de huéspedes. Solo que no pude hacer la cama. 
Dejé las sábanas encima, si no os importa hacérosla vosotros mismos. 
Negué con la cabeza, sin molestarme con una respuesta. Vinimos 
a ayudarlo. ¿Pensaba que esperaría que él nos atendiera en todo? 
Dejando caer mi petate en la cama de matrimonio sin hacer, dejo 
la maleta de Octavia junto a la ventana, y me doy la vuelta para mirarlo. 
—Dame una lista de todo lo que necesites, y empezaremos. Comida 
para pájaros, comida para tortugas, medicinas, cosas para la casa… 
déjanoslo a nosotros, ¿de acuerdo? 
Asiente. Su cara está tensa y apretada. 
—Gracias. Te debo una. 
—¿Por qué no quieres tomar nada para el dolor? —Me giro hacia la 
cama y le doy una mirada crítica—. Pareces un animal atropellado. Tu 
sobrina tiene razón, deberías ir y acostarte. 
Bufa suavemente. 
—Tal vez debería. Pero es una niña, y si algo le pasa cuando no 
esté mirando… 
Maldita sea, conozco la sensación. 
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—¿Por qué sigues haciendo eso? —pregunta. 
—¿Haciendo qué? 
—Frotándote la muñeca. Es una cicatriz, ¿no? 
Bajo la mirada, donde estoy frotando el interior de mi muñeca 
izquierda, un gesto inconsciente y nervioso. 
—Sí. Una vieja, sin embargo. Y estábamos hablando de ti, no de 
mí. Dame la jodida lista y vete a la cama, amigo. 
Me echa una larga mirada que dice que es obvio que estoy 
cambiando de tema, pero al diablo con eso. 
—Claro. —Saca una hoja de papel de su bolsillo trasero—. Aquí 
está todo en lo que pude pensar. 
Lo tomo, echándole un rápido vistazo. 
—Impresionante. ¿Quieres que te arrope en la cama? 
—Que te jodan, Hansen. 
Le sonrío. 
—Entonces, ¿a qué estás esperando? Largo de aquí. Te 
despertaremos para el almuerzo. 
—No voy a dormir. 
Cuando salgo de su habitación diez minutos más tarde, en mi 
camino hacia abajo, ya está roncando, tendido en la parte superior de su 
cama. 
Sacudiendo mi cabeza, bajo deprisa las escaleras y busco a Octavia 
para que podamos irnos y poner en marcha este espectáculo. 
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Cuanto antes terminemos aquí, antes podremos volver a casa con 
los niños. No podré respirar bien hasta que eso suceda. 
* * * * * 
La encuentro con Melissa en la sala de estar, vistiendo a una 
muñeca que se parece preocupantemente a un bebé, con un mono rosa 
y una gorra a juego. Las observo en silencio desde la puerta. La niña está 
sonriendo a mi esposa, con una sonrisa de dientes separados, y coge otra 
muñeca apara que la vista. 
Aclarando mi garganta, entro. 
—¿Lista para irnos? 
—¿Ya os vais? —Melissa se queja… como si no nos hubiera estado 
lanzando miradas asesinas desde que llegamos. 
—Solo a buscar algunas cosas que necesita tu tío —dice Octavia, y 
pone su brazo alrededor de la niña, dándole un apretón con las manos. 
Luego se levanta—. Volveremos antes de que te des cuenta para preparar 
el almuerzo. 
—Eso es bueno —dice Melissa, asintiendo—. La comida del tío 
Evan apesta. 
—Espero que no literalmente —me susurra Octavia mientras se 
apresura a pasar junto a mí y a salir de la habitación. 
—Sé buena —le digo a Melissa—. Tu tío está arriba, descansando. 
No tardaremos más de una hora. 
—De acuerdo —asiente, y dudo en la puerta. ¿Estará bien? 
—No abras a nadie más que a nosotros. Y no enciendas nada. 
Velas, o la estufa. ¿Me oyes? 
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—Lo sé. —Y la mirada fulminante de vuelta. Tal vez esté reservada 
solo para mí. Parecía que Octavia le caía bien hace un minuto—. No soy 
estúpida. Mi tío me enseñó todo sobre seguridad. 
Pero no su madre, pienso cuando salgo de lacasa y cierro 
silenciosamente la puerta principal. O su padre. ¿Dónde está su padre? 
No parece estar en la foto en absoluto. 
Pero a veces es mejor así, que un padre abusivo, y mi mente se 
dirige hacia Jasper, y la pregunta de Octavia sobre Ross. 
Maldita sea. 
Octavia espera junto a la camioneta cuando llego, su mirada lejana. 
Está retorciendo los anillos en su dedo, un gesto nervioso que adquirió 
en el último par de años. 
Abro la puerta, ayudándola a subir. Poniendo sus sedosas mejillas 
en mis ásperas manos. 
—¿Qué tienes en la cabeza? 
—Nada —susurra, pero las sombras en sus ojos la traicionan. 
—Este asunto con tu padre te preocupa. Te hace sentir incómoda. 
Pero él no tiene nada que ver contigo, Tay. 
—Por supuesto que sí. Lo dijiste. Es mi padre. 
—Solo por la sangre. —Le acaricio los pómulos con los pulgares—. 
Tal vez deberías quedarte aquí, con la niña, descansando también. 
—Descansé lo suficiente de camino hacia aquí. Vámonos. 
Asiento, retrocedo y cierro la puerta. Tiene razón, hagamos esto, y 
terminémoslo. Y si está molesta porque su padre sigue siendo el mismo 
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gilipollas que fue toda su vida, entonces sí. Pronto nos iremos de aquí 
una vez más, y podrá olvidarse de él. Preocuparse no es bueno para ella, 
ni para el bebé. 
Maldita sea, debería haberme puesto firme e insistido más en que 
no viniera. Por otra parte, estar lejos de ella casi me mataría. 
Estoy tan jodidamente feliz de que esté conmigo. Egoísta, lo sé. Por 
eso necesito asegurarme de que está bien, en cada paso del camino. 
* * * * * 
Encontrar la marca de comida para pájaros que Evan quiere 
resulta ser complicado, pero terminamos encontrando un tipo similar, y 
ciertamente espero que sus jodidos pájaros no sean quisquillosos. Si lo 
son, peor para ellos. Nunca malcrié a mis hijos de esa manera, 
aprendieron a comer todo tipo de cereales, aunque la mayor parte del 
tiempo los complazco de todos modos, y estoy seguro de que no voy a 
empezar con los pájaros. 
Estoy más interesado en conseguir la comida y medicinas para 
Evan. Se ve desgastado hasta los huesos, por su accidente, por lidiar con 
Jasper durante todo este tiempo. Nunca pensé que lo vería así, tan… 
destruido. Las pocas veces que hablamos por teléfono desde que me fui 
sonaba animado y alegre. ¿Cómo iba a saber que las cosas se habían ido 
a la mierda? 
¿Por qué debería saberlo? 
Lanzando la maldita comida para pájaros en la parte de atrás de 
mi camioneta, voy a buscar a Octavia. Tiene la costumbre de desaparecer 
dentro de las tiendas que visitamos. 
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La encuentro hablando con un anciano con una chaqueta de tweed 
y unos pantalones gastados. Se está acariciando el bigote mientras la 
escucha. 
—…¿en prisión? —le pregunta—. Querido Dios. ¿Qué hizo? 
—Nada demasiado malo, pero el fiscal terminó tirando del libro 
contra él y acusándolo de un delito grave. 
—¿Qué hizo él? 
—El chico fue acusado de conducta desordenada. Borracho en un 
lugar público, gritándole a los transeúntes, ya sabes… todo. No debería 
haber sido tan malo, pero este no es su primer rodeo, y al juez no le gusta. 
—Apuesto a que su padre ni siquiera parpadeó cuando fue 
sentenciado. 
—¿Jasper? —El viejo se ríe—. Ross le importa un bledo, y lo sabes, 
chica. 
Ross. 
Me acerco más, y Octavia se da la vuelta con un sobresalto. 
—¿Lista para regresar a casa? 
—Claro. Matt, este es Hugh Price, el dueño de la ferretería del 
centro. Hugh, este es mi marido, Matt Hansen. 
Nos damos la mano. Recuerdo al tipo, ahora que lo menciona. 
—¿De vuelta a la ciudad? —pregunta con su voz ronca. 
—Solo por unos días. Estamos ayudando a un amigo. Evan 
Morales. Tuvo un accidente, se rompió el brazo. 
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—Oh, sí, me enteré de eso. Buen hombre, ese Evan. Aguantando 
ese dolor en la raja del trasero de Jasper Jones, durante años. El tipo es 
un santo. 
Las mejillas de Octavia enrojecen. Dudo que Hugh sepa que Jasper 
es su padre. 
—Deberíamos irnos —le digo, poniendo mi brazo sobre sus 
hombros y tirando de ella hacia mí—. Encantado de conocerlo, señor. 
Él asiente mientras alejo a Octavia. 
—Mi padre es un monstruo —susurra, miserable mientras la ayudo 
a subir a la camioneta—. Y odio que tengas que ayudarme cada vez, y va 
a ser más difícil en los próximos meses, y solo… 
Está a punto de llorar. Veo la humedad en sus ojos. 
—Me encanta ayudarte a subir a la jodida camioneta —le digo, 
inclinándome para besar la sal de sus pestañas—. Y subir las malditas 
escaleras, y luego a las jodidas sillas, y en cada cosa que necesites, 
porque te quiero a ti y a nuestro bebé. ¿Está claro? 
Asiente, las lágrimas derramándose. 
—Y tu padre es un monstruo, así que tiene que ser un milagro, 
porque concibió a la mejor chica de la historia, la mujer más bella e 
inteligente, y tengo mucha suerte de haberte conocido. 
Pone sus brazos alrededor de mi cuello, y la sostengo, enterrando 
mi cara en la dulzura de su cuello. Dios, haría cualquier cosa por esta 
chica. Cualquier cosa en absoluto. 
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Ojalá que implicara golpear a su padre hasta dejarlo hecho una 
mierda. Estaría tan contento de complacerla. Noquearlo sería un tanto 
añadido. 
* * * * * 
Octavia está callada cuando volvemos a casa de Evan y llevamos 
todo adentro. Melissa está flotando alrededor mientras guardamos la 
comida y nos muestra dónde están las pajareras y el terrario. Se ríe 
mientras los pájaros revolotean, y Octavia también sonríe, la chispa ha 
vuelto a sus ojos. 
Si los jodidos pájaros pueden hacer sonreír a mi chica, tal vez no 
sean tan malos, después de todo. 
Consigue que Melissa le ayude a cocinar, y me preparo para 
ayudar. Soy decente cortando cosas, incluso si como cocinero soy una 
mierda, y estaría feliz de tener algo que hacer, para seguir con aquello de 
lo que se trata este viaje. 
Pero me echan de la cocina. Me quedo justo fuera, perplejo. ¿Y 
ahora qué? 
Estar inactivo es la peor idea de la historia. Comienzan todos los 
pensamientos de pánico a dar vueltas una vez más, y tengo que pararme 
de sacar mi teléfono y llamar a casa para asegurarme de que los niños 
están bien. Podría llamar a mi madre, preguntarle si la escuela tuvo que 
llamar para algo. Podría llamar al móvil de Mary. 
O… podría esperar hasta la tarde. No mostrarles mi miedo, no 
asustarlos sin una maldita razón. 
Así que subo para ver cómo está Evan, a falta de algo más para 
hacer. También podría hacer la cama y desempaquetar nuestras cosas, 
mientras estoy en ello. 
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Pero él está despierto, mirando a la puerta, parpadeando cuando 
aparezco en la abertura. 
—Creí oír un ruido que venía de abajo —murmura y se incorpora, 
haciendo una mueca de dolor—. ¿Tienes todo controlado? 
—Sin problemas. —Me apoyo contra el marco de la puerta, 
cruzando mis brazos sobre mi pecho—. ¿Algo que quieras que haga en la 
casa? ¿Cosas para arreglar o limpiar? ¿O tal vez necesitas ayuda para la 
ducha? ¿Envuelves el yeso y el cabestrillo en un plástico? 
—Sí, es un desastre. —Le da al cabestrillo una mirada asesina 
como la de su sobrina. 
Lo que me recuerda… 
—¿Qué pasa con los padres de Melissa? ¿Está su padre cerca? 
Evan suspira y se frota los ojos con su mano buena. 
—No hablemos de su padre. 
Maldita sea. Si se parece en algo a Jasper, como parece ser, 
entonces estoy jodidamente contento. 
—¿Y su madre?¿Por qué demonios dejaría a la niña contigo cuando 
eres tú el que necesita ayuda? 
—No tiene trabajo, y es una yonqui. Ojalá Melissa se quedara 
conmigo permanentemente, pero necesita una madre. Cada vez que se 
queda aquí es un regalo. —Mira hacia otro lado—. Para mí. 
Ojalá supiera qué decir a eso, pero no lo sé. 
 
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Capítulo Seis 
Octavia 
Melissa se toma la cocina muy en serio. Y le gusta pelar las patatas 
y zanahorias. 
Lo cual me va muy bien. Corto las verduras que me pasa, mientras 
las cebollas y la carne chisporrotean en aceite. Añadimos todo, 
agregamos la salsa de tomate y las especias, y cubrimos la olla para 
dejarla hervir a fuego lento. 
—¿Ayudas a tu madre a cocinar a menudo? —Nos sirvo a las dos 
unos vasos altos de zumo de arándanos y me quedo de pie en la ventana, 
mirando hacia el jardín cubierto de vegetación. 
—A mamá no le gusta cocinar. Está muy ocupada —me dice con 
voz seria, y viene a pararse a mi lado, con el vaso agarrado con las dos 
manos—. No está mucho en casa. 
Se me oprime el corazón. 
—¿Con quién te quedas entonces? ¿Cuando ella no está allí? 
—Con un vecino. O aquí, con el tío Evan. 
—Él te quiere. 
—Él es increíble. Solía vivir cerca de nosotras, pero luego se mudó 
aquí. —Su voz se vuelve baja—. Lo extraño. Estoy tan triste de que esté 
herido. 
—Se pondrá bien en un santiamén. Ya lo verás. 
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—Y está solo. 
Me pongo en cuclillas a su nivel, y le meto un mechón de pelo suelto 
detrás de su pequeña oreja. 
—Oh, cariño. Estoy segura de que tiene amigos. 
Mete el labio inferior entre sus dientes. 
—¿Cómo tú tienes a Matt? 
El calor se extiende por mis mejillas. 
—Por supuesto. Como yo y Matt. ¿Y qué hay de ti? ¿No tienes 
hermanos? 
Niega con la cabeza. 
—¿Tú, sí? 
—Sí. Tengo dos, Merc y Gigi. —Frunzo el ceño—. No, en realidad 
tengo tres. 
—¿No sabes cuántos tienes? 
Ridículo, ¿verdad? Me olvidé de él. Me pregunto, ¿se acuerda su 
propio padre de él? 
—Uno es medio hermano, y hace mucho tiempo que no lo veo —le 
explico—. En cualquier caso… —Reorganízate, Octavia—. Lo que quise 
decir, es que Evan tiene personas que se preocupan por él. Él estará bien. 
Y tú también lo estarás. 
Me levanto, y se acerca vacilante, poniendo sus brazos alrededor 
de mi cintura. 
—Me gustas. 
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—Tú también me gustas. Desearía… 
Ojalá ella y Evan vinieran a St. Louis con nosotros. Ojalá pudiera 
salvar a Ross, borrar esa pesadilla que me ha perseguido, salvar al 
mundo entero. 
¿Son las hormonas? ¿Es la sensación de que puedo tener la 
oportunidad de hacer una diferencia? 
¿O sólo soy la reina de las ilusiones? 
* * * * * 
El almuerzo es un asunto silencioso. Evan parece estar a miles de 
kilómetros de distancia, con la cabeza inclinada sobre su plato, 
torpemente inclinado sobre la mesa con su brazo roto en el medio. 
Melissa parece también estar distante, y Matt parece enojado. Me 
pregunto de qué hablaron él y Evan, y cómo me encantaría besar ese ceño 
fruncido entre sus cejas y abrazarlo. 
—¿Tienes alguna cita con el médico? —pregunta, bajando el 
tenedor—. ¿Algún otro recado para que hagamos? 
Evan levanta la mirada, sorprendido. 
—Sí, tengo una cita hoy. Pero llamaré a un taxi, si podéis cuidar a 
Melissa por mí. 
—Te llevaré. —Matt me lanza una mirada interrogativa—. Si a 
Octavia no le importa quedarse en casa. 
—Estaré bien —digo, y me recompensan con la relajación de la 
expresión de Matt y una rápida sonrisa de Melissa. 
¿Por qué pelear? Estoy cansada. Y esta pequeña niña tira de las 
fibras de mi corazón. Además, estoy aquí para ayudar de cualquier 
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manera en que pueda, y eso seguramente incluye hacer de niñera y ver 
dibujos animados con ella, con las piernas elevadas y muchas 
almohadas, ¿verdad? 
Mi teléfono suena y una mirada a la pantalla me dice que es Gigi. 
Me levanto para contestar la llamada, saliendo de la cocina y entrando 
en el salón. Me paro ante la ventana que da a la calle. 
—¿Sí? 
—¿Cómo está mi hermana favorita? 
—Soy tu única hermana —le recuerdo. 
—Eso es cierto. Pero aún así. —Escucho la risa en su voz—. ¿Cómo 
está nuestra ciudad natal? 
—Se ve igual. 
—¿Sin embargo, se siente igual? 
Aparto la cortina a un lado. Dos niños en bicicleta están corriendo 
por la calle vacía. 
—No —admito—. Me siento como una extraña aquí. 
Se queda en silencio por un momento. 
—Eso sólo significa que seguiste adelante. Ya no eres la chica que 
creció allí. Tu vida está aquí, con nosotros. 
—Sí. —Tiene razón. 
¿Cuántos hermanos tienes? 
—¿Y tú? ¿Te sientes bien? —pregunta. 
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Estas preguntas siempre me toman por sorpresa. Me lleva unos 
segundos cada vez recordar que se refieren al bebé. Coloco una mano 
sobre la hinchazón de mi vientre. 
—Estoy bien. ¿Y tú? No hemos hablado últimamente. ¿Cómo van 
las clases? ¿Y el trabajo? 
—Ah, bien. Ya sabes. Lo mismo de siempre. 
Gigi está estudiando para ser una trabajadora social, y sirve mesas 
en un pequeño restaurante en el centro de la ciudad. Pero a veces piensa 
que quiere ser manicura en una peluquería, o estilista en Hollywood. En 
resumen, no sabe lo que quiere más que Merc, sólo que no se preocupa 
por ello. 
O tal vez quiere ser todas esas cosas, y más, y ha abrazado ese 
deseo. 
—¿Planes para esta noche? ¿Salir con Sydney y tu harén? 
—Lo mismo de siempre. Solo yo, mi mejor amiga, y los chicos. ¿Lo 
ves? Tan predecible. —Se ríe—. Para tu información, no tengo un harén. 
—¿No? 
—No. Sydney es la que lo tiene. Y la siguen bajo su propio riesgo. 
Cierto. 
—¿Tienes cuidado, verdad? 
—Siempre, mamá —murmura. 
—Augusta Claire. Cuida tus modales. 
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—¿Usando mi segundo nombre? Ahora estás siendo simplemente 
cruel. 
Es mi turno de reírme. 
—Escucha… —Algo en su voz cambia. Se aclara la garganta—. 
Hablando de mamá… me habló de Ross. 
Me congelo, mis dedos aferrándose a la áspera tela de la cortina. 
—¿Qué te dijo? 
—Que ha pasado por malos momentos. Y te dijo que se lo merecía 
totalmente, lo cual hace, Tati... pero que estabas preocupada y emocional 
e insististe en hablar con él… 
—¿Y qué? ¿Por qué hablar con él es tan malo? ¿Y… emocional? ¿En 
serio? 
—Vamos, Tati. Sabes que lo estás, en estos días. No tiene nada de 
malo. 
Cierto. 
—No es sólo lo que mamá me dijo, ya sabes. He estado pensando 
en él últimamente. ¿Recuerdas como Merc consiguió la dirección real de 
Adam a partir de Ross, y nos ayudó a encontrarlo? 
—¿Al psicópata que te secuestró? Sí, lo recuerdo. Merc se lo sacó a 
Ross, Tati. No hablaron. Y la razón por la que los encerraron juntos esa 
vez fue porque Merc fue y golpeó a Ross en primer lugar. 
Me estremezco. 
—Es cierto, de acuerdo. Pero luego Merc dijo que habían estado 
pasando el tiempo en la cárcel hasta que les permitieron irse. 
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—¿Tu punto es? 
—Eso… que quiero hablar con Merc. ¿Está ahí? 
Gigi suspira dramáticamente. 
—¿Estás en serio ahora? Te llamo como la mejor hermana de la 
historia que soy para estar pendiente de ti y suplicarte de rodillas que te 
olvides de nuestro medio-hermano, ¿y quieres hablar con Merc? Me 
siento herida. 
—No,no lo estás, Gigi. Pásamelo. Y… —Dejo caer la cortina, 
cubriendo la ventana—. Gracias. 
Se ríe. 
—Te quiero, hermanita. Aquí está nuestro dolor en el culo de 
hermanito. ¡Mercury Tyson! Ay. —Hay más gritos, algo se rompe y me 
estremezco. 
—Tati —dice él sin aliento en el teléfono—. ¿Qué pasa? 
—¿Qué está pasando ahí? ¿Qué acaba de romperse? 
—Oh, sólo… nada. No te preocupes por eso. —Se ríe—. Ay. Gigi, 
para. 
Resoplo, moviendo la cabeza. Niños. 
—¿Cómo estás, Merc? 
—Igual que cuando te fuiste esta mañana. Perdido en la 
contemplación de los misterios de la vida y pro… 
—Merc. 
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—Bien, acabo de regresar de las clases. En serio, ¿qué está 
pasando? Gigi dijo que querías hablar conmigo. ¿Te encuentras bien? ¿Es 
el bebé…? 
—Estoy bien, sólo… —Me froto la frente y me digo que no debería 
enfadarme tanto porque me lo pregunten todo el tiempo—. Sólo quería 
preguntarte sobre la vez que estuviste en la celda con Ross. 
El silencio llega desde el otro lado de la línea. 
—¿Merc? 
Se aclara la garganta. 
—Um, ¿por qué lo estás preguntando? Recuerdas que le pegué a 
Ross, y esa fue la razón por la que termináramos allí, ¿verdad? Y luego lo 
golpeé de nuevo… 
—Lo sé. 
Pasa un rato de silencio. 
—No me arrepiento, ya sabes —dice con voz grave—. Ni por un 
segundo. Siempre fue un gilipollas con todos nosotros. 
—Pero hablaste con él. Tú lo dijiste… —Considero cómo 
preguntarle esto—. Bueno, entre una paliza y otra. Dijiste que estabais 
pasando el rato juntos cuando hablamos por teléfono ese día. 
—Mierda, sí, de acuerdo. Hablamos. ¿Y bien? 
—¿De qué hablasteis? 
Silba como si mi pregunta ardiera. 
—Sobre gilipolleces. Todo tipo de cosas. 
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—¿Cómo qué? 
—Tati… —Suspira, capitulando—. Sobre nuestras familias, ¿de 
acuerdo? De eso fue de lo que hablamos. Lo único que teníamos en 
común, de todos modos, e incluso eso… Quiero decir, él habló un poco 
sobre su padre. Yo le hablé de mamá, y de ti. Simplemente… solo cosas. 
Sobre nuestra vida cotidiana, sobre la mierda que pasa en la escuela… 
—¿Qué dijo sobre su padre? 
Otro silbido. 
—¿Qué estás intentando hacer, Tati? 
No lo sé. Ojalá lo supiera, solo sé que no puedo dejarlo pasar, 
todavía no. 
—Dime. 
—Bueno, no vino y lo dijo simplemente, no en realidad, pero su 
padre, nuestro padre, Tati, es un hijo de puta. Bebe y golpea a quien se 
interpone en su camino, y puedes apostar tu trasero a que Ross siempre 
estuvo en su camino, viviendo en la misma casa y todo eso, mientras 
crecía. Lo que seguía pensando mientras hablaba conmigo… ¿sabes lo 
que era? Que tuvimos mucha suerte de que nunca supiéramos que era 
nuestro padre, de que no viviera en nuestra casa. Una jodida buena 
suerte. 
Me siento mal, pero no me sorprende. ¿Cómo podría no estarlo? 
Esto no es exactamente lo que esperaba oír. 
* * * * * 
Matt se va con Evan y, como estaba previsto, Melissa y yo nos 
sentamos en el sofá y vemos dibujos animados, bajo un fuerte de 
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pequeños cojines y una manta. Es relajante, tener su cuerpo delgado y 
cálido cerca del mío. Me recuerda a mi infancia, cuando hacía 
exactamente lo mismo con Gigi y Merc, y fingía que estábamos bajo el 
asedio de monstruos, y comíamos Pop Tarts5 bajo la manta. 
Días divertidos. 
Cole y Mary también lo hacen a veces, pero he estado tan ocupada 
con las clases y las náuseas matutinas en estos últimos meses... náuseas 
matutinas que no se limitaban a las mañanas, por desgracia, que no he 
estado alrededor de ellos tanto como solía hacerlo. 
—¿Haces esto con tu madre? —le pregunto a Melissa cuando deja 
de mirar la televisión para agarrar otra Pop Tart, su cara manchada de 
chocolate. 
—Mamá está muy ocupada. 
—¿Qué trabajo tiene tu madre que la mantiene tan ocupada? 
—Es una representante de ventas para una gran compañía —dice 
con su voz infantil y adulta, y con la boca llena de Pop Tart. Chupándose 
los dedos. 
Me río. 
—Ya veo. Quieres a tu madre, ¿verdad? ¿La extrañas cuando te 
deja aquí con Evan? 
—Sí. —Pero su atención está de vuelta a la televisión, y me recuesto 
con un suspiro. 
 
5 Pop Tarts: Galletas planas rellenas de crema o mermelada. 
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Extraño a los niños. Sé que Matt debe extrañarlos como un 
miembro de su propio cuerpo. Que ya habrá llamado a casa para ver 
cómo están. 
Sólo unos días y volveremos con ellos. Pero quiero que Melissa esté 
con su madre, quiero que Evan esté bien y lejos del garaje, quiero que 
Ross esté lejos de Jasper y su temperamento, quiero que todo sea 
pacífico, agradable y perfecto. 
Dios, ¿podría tener razón Gigi? ¿Estoy demasiado emocional? 
¿Y esto es lo que quieren decir sobre el instinto de anidación del 
embarazo? ¿No es demasiado pronto? 
Por Dios, Octavia… 
* * * * * 
Este día parece interminable, y sin embargo, pasa tan rápido. 
Medio dormitar en el sofá la mayor parte de la tarde seguramente juega 
un papel, me digo a mí misma mientras veo a Matt cortar el césped en el 
jardín. Ya ha comenzado a lijar la cerca y aparentemente también ha 
comprado pintura. 
Evan parece un poco más animado durante la cena, y Melissa 
también parece más feliz. Pero me estoy quedando dormida sobre mi 
plato, y después de la insistencia de Matt, le dejo que recoja la mesa, 
ayude a subir a Evan y acueste a Melissa. 
Me dirijo a la habitación de invitados, me acurruco en la cama, 
pensando en descansar un poco, leo la novela romántica que traje 
conmigo. Con los exámenes finales de la universidad y sintiéndome tan 
aniquilada cada noche, no he tenido la oportunidad de leer lo que me 
gusta en mucho tiempo. 
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Me despierto un rato después con un aliento cálido en mi cuello, y 
algo duro golpeando contra la parte baja de mi espalda, mi cuerpo 
caliente y apretado por el deseo. 
—¿Matt? —susurro, y él tararea contra mi piel, sus labios dejando 
un rastro abrasador mientras los arrastra hacia abajo, su mano 
deslizándose hacia arriba para ahuecar mi pecho a través de mi camisón. 
—¿Quieres que pare? —Sus dientes rozan mi hombro, y me 
estremezco. 
—No. 
—¿Estás segura? —Aprieta mi sensible teta, y gimo, atrapada entre 
el dolor y el placer—. Dime. 
—No te detengas. —Respiro, meciéndome contra su cuerpo—. Por 
favor, no. 
—Joder, Tay… —Su gemido está amortiguado contra mi piel. 
Suelta mi seno, su mano viajando hacia abajo, entre mis piernas, 
levantando mi camisón y deslizándose dentro de mis bragas—. No puedo 
tener lo suficiente de ti. Nunca. 
Mi garganta se cierra ante esas tranquilas palabras, pero no me da 
la oportunidad de recuperarme. Su dedo se desliza dentro de mí, 
acariciando, y el placer me roba el aliento. 
—Oh, Dios… —susurro, muy consciente de que Evan y Melissa 
duermen al otro lado del rellano, sólo el baño nos separa—. Te deseo. 
—Soy tuyo —dice, y me acaricia más fuete, hasta que creo que 
estoy a punto de arder. 
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Luego saca el dedo, y gimo en protesta, justo antes de que me haga 
rodar sobre mi espalda, y me abra las piernas. 
—¿Qué estás…? 
Me guiña el ojo y le da a mi coño una larga y lenta lamida que me 
hace temblar. 
—He estado pensando en hacer esto todo el día —susurra, su 
aliento contra mi húmeda abertura me haceestremecerme—. Probarte, y 
hacer que te corras en mi lengua. 
Santa mierda, cuando me habla sucio es todo lo que puedo hacer 
para no correrme de inmediato. 
—Por favor… —La neblina del sueño se despeja y desaparece, el 
deseo ardiendo a través de mi cuerpo como una fiebre—. Necesito… 
No me deja terminar, encontrar las palabras. Sabe lo que necesito. 
Siempre lo ha hecho, desde que se abrió a mí y dejó caer esas 
gruesas defensas. Se ve formidable, áspero en los bordes, pero por dentro 
es oro puro. 
Colocando sus manos en mis piernas, me sonríe, y se pone a ello, 
lamiendo, chupando, usando su lengua para volverme loca. Estoy 
agarrando las sábanas con tanta fuerza que las yemas de mis dedos se 
están entumeciendo, y trato de mantenerme callada mientras me lleva al 
borde del orgasmo una y otra vez, sin dejarme caer. 
—Matt —siseo, levantándome de la cama mientras me folla con la 
lengua—.Voy a… ¡Dios! 
El placer irrumpe a través de mí, arqueando mi espalda, enviando 
fuegos artificiales estallando por detrás de mis párpados. Él arrastra la 
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parte plana de su lengua hacia arriba, sobre mi clítoris, y otra ola rueda 
sobre mí, dentro de mí, haciéndome gemir en voz alta, levantando mis 
caderas. 
Vagamente, soy consciente de que se está moviendo, 
enderezándose, luego agarra su polla y me penetra. 
—Necesito estar contigo —susurra, gimiendo cuando se desliza en 
casa, llenándome, enviando réplicas a través de mi cuerpo todavía 
tembloroso—. Estar dentro de ti. 
—Sí. Dios, sí. —Estoy jadeando—. Entra dentro de mí. Necesito 
sentirte. 
Murmura algo que no puedo entender y se inclina sobre mí, 
levantando una de mis piernas alrededor de su cadera, empujando más 
profundo, haciéndome jadear. Sale un poco, y empuja su polla dentro, 
sus músculos del pecho apretándose deliciosamente. 
Mi marido es un bombón, lo juro… 
A medida que empieza a empujar en mí en serio, su autocontrol se 
deshilacha, mientras apoya sus manos a cada lado de mí y me lo da, 
golpeándome hasta que no sé dónde termina él y dónde empiezo yo, 
cuando el placer se estrella sobre nosotros y jadeamos y nos retorcemos 
sobre el colchón, es tan perfecto. Es tan hermoso cuando pierde el 
control. 
Y luego finalmente me doy cuenta de lo que ha estado diciendo 
desde el principio. 
—Te quiero —susurra una y otra vez—. Te quiero tanto. 
—Lo mismo te digo. —Respiro, y tiro de su cabeza sobre mis 
pechos, y le beso el pelo. 
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Capítulo Siete 
Matt 
Las nubes están muy cargadas, prometiendo lluvia, y quiero 
terminar de pintar la cerca antes de que comience. El jardín necesita una 
gran reforma. La casa también necesita pintura, pero me pregunto si vale 
la pena arreglarlo todo ya que Evan parece decidido a mudarse. 
Pero al menos el trabajo físico me mantiene ocupado y se asegurará 
de que no tenga problemas con su casero por no mantener este puto lugar 
en el suelo. 
Un movimiento por el rabillo del ojo me hace bajar la brocha, y 
girarme. Es Octavia, que viene caminando por el sendero desde la casa 
con un vestido largo azul, una chaqueta de punto envuelta alrededor de 
su delgado cuerpo, su cabello oscuro volando por el viento. 
Camina hacia mí, y la miro, atrapado en el hechizo. Maldita sea, es 
tan bonita. Tan brillante que hace que mi corazón duela. 
Entonces recuerdo anoche, su cuerpo cálido arqueándose debajo 
de mí, sus gemidos ahogados, y mi polla se endurece en mis pantalones. 
Mi chica. Mía. 
—¿Decidiste arreglar toda la casa? —Sonríe, y espero a que me 
alcance, a que me encuentre, como lo hizo desde el principio. Nadie podía 
verme, salvarme como lo hizo ella, y lo curioso es que siento que sigue 
haciéndolo todos los días. 
Salvándome, una y otra vez. 
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Tiembla, y levanto mi brazo automáticamente, para dejar que se 
acurruque contra mi costado, la brocha goteando en mi otra mano sobre 
la hierba cortada. 
—Cielos. ¿Cómo puedes no tener frío? 
Bajo la vista hacia mi vieja sudadera con capucha y me encojo de 
hombros. 
—Soy un hombre de sangre caliente. 
—Ajá. —Levanta su cara sonriente, y beso sus labios 
entreabiertos—. No hay duda de eso. 
Tiro de ella más cerca. 
—¿Cómo está Evan? 
—Dormido. Dormitando frente al televisor. Pobre tipo, creo que está 
poniéndose al día con un descanso muy necesario. 
Zumbo en acuerdo. 
—¿Y la niña? 
—Jugando a sus pies. Lo adora. Parece que su madre no está 
mucho por aquí. Demasiado ocupada trabajando. 
—¿Sí? —Sorprendido, me echo un poco hacia atrás para mirar su 
cara—. Evan me dijo que su madre está en el paro, entonces ¿qué la 
mantiene tan ocupada? 
Sus delgadas cejas se alzan. 
—Melissa dijo que su madre trabaja muchas horas para una 
compañía como representante de ventas. 
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—Él me dijo que su madre era una drogadicta. 
Los ojos azules de Octavia son redondos como platillos. 
—¿Qué está pasando aquí? 
Sí, ¿qué carajo? 
Los dos nos volvemos para mirar a la casa. 
—Apuesto a que solo estaba repitiendo lo que su madre le dice —
murmuré. 
—Sí —dice Octavia, sonando tan poco convencida como yo. 
Me enfrentaré a Evan cuando se despierte, eso es seguro. Nunca 
tomé a Evan por un tipo con muchos secretos. Parecía abierto y fácil de 
leer cuando vivíamos aquí en Destiny, y yo trabajaba a su lado en el 
Jasper’s Garage. 
Octavia frunce el ceño, inclinando su cara hacia mí otra vez. 
—Quería preguntarte… si tuviste la oportunidad de hablar con 
Mary antes de irnos. 
—Lo intenté. 
—No te dijo mucho, ¿verdad? 
Me encojo de hombros. 
—No, en realidad. 
—¿Podría ser el bebé? ¿Y si está celosa? 
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—Maldición, ¿crees eso? —Miro la brocha que todavía tengo en mi 
mano, distraído—. Nunca pareció celosa de Cole, ni siquiera cuando eran 
más pequeños. Y no hemos hecho nada diferente esta vez. 
—Tienes razón, pero el bebé es un cambio, otro cambio en nuestras 
vidas, en sus vidas. Perdieron a su madre, se mudaron a St. Louis, luego 
a Destiny, me llevasteis en el viaje y de vuelta a St. Louis. Y luego vino 
este viaje. Es la primera vez que estaremos separados desde que entré en 
sus vidas. ¿Quizás piensa que voy a robarle a su padre? 
Me giro para rozar mis labios sobre su cabello. 
—Joder. ¿De verdad crees eso? 
—Tal vez. Podrías confrontarla, preguntarle directamente. 
—De acuerdo. 
—No quiero que piense nada de esto, que esté triste. Son nuestros 
hijos. Los amo. 
Y yo la amo a ella. Más de lo que puede saber. Por amar a mis hijos. 
Por amarme a mí. 
—Lo sé. Ellos también lo saben. —Respiro hondo, percibiendo su 
aroma—. Tal vez no sea nada. Hablaré con Mary de nuevo, tan pronto 
como volvamos. Todo saldrá bien. 
* * * * * 
Reparar la casa y el jardín lleva más tiempo de lo que esperaba. 
Cuando llego a casa para ducharme, lavarme la pintura y sudor, ya es 
mediodía. Vuelvo a bajar para ayudar en la cocina, y al encontrar a todos 
medio dormidos en los sofás, tomo una decisión estratégica y pido pizza. 
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Nadie ha muerto por comer comida para llevar de vez en cuando. 
Ese siempre ha sido mi lema, aunque cuando Octavia entró en nuestras 
vidas y empezó a cocinar comida casera para nosotros, mis hijos 
respiraron aliviados. Te juro que no sabía que los niños podían hartarse 
de pizza, pero ahílo tienes. 
Mientras espero que llegue, sonrío al ver a mi bella esposa 
embarazada tirada en el sofá, Melissa apoyada contra su costado, y Evan 
roncando en el sillón frente al televisor. Salgo. 
El césped está cortado, la valla reparada y pintada, la casa parece 
nueva. Estoy muy contento con los resultados de mi jornada. Y luego me 
siento un poco culpable porque normalmente no tengo este tipo de tiempo 
para cuidar de nuestra casa en St. Louis. 
La culpa me recuerda al taller. 
Marco rápidamente el número de Kaden y camino por el sendero 
hacia el jardín, frunciendo el ceño ante una mala hierba que logró 
escapar al cortacésped. 
La línea suena y suena, y luego se va al buzón de voz. Cuelgo sin 
dejar un mensaje, mi estómago anudado con la familiar ansiedad. Llamo 
de nuevo. Y luego otra vez. Entonces llamo al taller directamente, y 
todavía no hay respuesta. 
Mierda. Odio cómo el pánico hace temblar mis manos. 
Respira, me instruyo. Respira, Matt. Kaden está bien. Hailey está 
bien. 
Todo el mundo está jodidamente bien. 
La vez siguiente que llamo, Kaden contesta. 
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—Hansen Brothers Garage, ¿en qué puedo ayudarlo? —Grita al 
teléfono, y su voz áspera y ronca relaja el nudo retorcido dentro de mí. 
—Kade, ¿por qué coño no contestabas al teléfono? 
—¿Matt? —Suena sin aliento, como si hubiera estado corriendo—. 
¿Qué demonios, hombre? Estaba ocupado. Estoy solo aquí hoy, si lo 
recuerdas. 
—¿Qué se supone que significa eso? Sabes que tuve que venir a 
ayudar a Evan. 
—Lo sé. Mierda, relájate. —Deja escapar un largo aliento—. Es solo 
que tú, o yo, estando lejos, es algo que inevitablemente sucederá, tarde o 
temprano. Tenemos hijos. Hay emergencias. 
—¿Y tú punto es? 
—Te lo he dicho muchas veces, tenemos que contratar a otro 
mecánico para el Mancave, alguien con experiencia que pueda 
administrar el taller si algo sucede. 
—No va a pasar nada. Además, no estoy seguro de que podamos 
pagar a uno. ¿Y a quién contrataríamos? —Me dejo caer en los escalones 
del porche, un dolor de cabeza comenzando por detrás de mis ojos—. 
Maldita sea, a veces siento que todo es mi responsabilidad. 
—Por supuesto que sientes eso. ¿Sabes por qué? ¡Porque nunca me 
dejas tomar ninguna decisión! —ladra Kaden. 
—¿Qué mierda? —Suelto ante el enojo de su voz—. Pero tus dolores 
de cabeza… 
—Maldita sea, Matt, no he tenido ninguno en más de un año. Estoy 
bien. Te lo he dicho muchas veces, si me escucharas. 
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Mierda, tiene razón. Me ha dicho muchas veces que está bien. Y 
pidió más ayuda para el Mancave. ¿Por qué no puedo soltar una pizca de 
control y dejar que se haga cargo de vez en cuando? Es mi hermano, y le 
confiaría mi vida. ¿Por qué no nuestro negocio? Claro, la idea fue mía y 
puse la mayor parte del capital para la empresa, pero, ¿y qué? 
—¿Tienes a alguien en mente? —Me escucho a mí mismo 
preguntar, y tú no podrías estar más sorprendido de que me rindiera tan 
fácilmente—. Para ayudar en el taller. 
Él exhala, y parece como si estuviera tratando de no reírse. 
—¿En serio? Si hablas en serio, te haré una lista. 
—Te diré lo que haremos. —Me froto una mano en la boca, en la 
barba—. Haz esa lista, y tan pronto como vuelva a St. Louis, nos 
pondremos de acuerdo y escogeremos a alguien para contratarlo. 
¿Satisfecho? 
—¿Estás bromeando? —Se ríe a carcajadas, un sonido alegre que 
me hace sonreír—. Demonios, sí, estoy satisfecho. Esa es una buena 
decisión, hombre. Ya lo verás. 
Sí, tal vez. Nunca pensé que capitular haría feliz a Kaden. ¿Por qué 
no puedo renunciar a más control? Tengo que esforzarme más. 
La cosa es que escuchar la risa de mi hermano ha aflojado más que 
el nudo en mi pecho. Me sacudió con recuerdos sueltos de nuestra 
infancia, cuando todo parecía estar hecho de hierba verde y cielos azules, 
todo juego y alegría, sin ninguna preocupación en el mundo. 
Eso es lo que quiero para mi familia. Para mí mismo. Eso vale cada 
astilla de miedo y cada gota de dolor. Vale la pena todo. 
* * * * * 
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—Hola, chica. —Tiro a Octavia contra mí después del almuerzo, 
después de enviar a Evan a descansar y a Melissa a jugar al piso de 
arriba, y la llevo a la sala de estar—. Bueno, aquí estamos, ayudando, y 
la madre de Melissa debería venir mañana o el lunes a recogerla. —Tiro 
de ella al sofá, sentándome y poniéndola en mi regazo—. Cualquiera que 
sea la verdad sobre ella. ¿Pero qué hay de ti? ¿Algo que te gustaría hacer 
mientras estamos en tu antigua ciudad? ¿Algún amigo que quieras 
visitar? 
Realmente necesito hablar con Evan sobre la madre de la chica. Sí, 
sé que no es asunto mío, pero… 
—Necesito ver a Ross. 
Parpadeo, me agarró desprevenido. 
—¿Qué? 
—Ross saldrá de prisión mañana. Podríamos ir a recogerlo. 
—¿Por qué demonios querríamos hacer eso? 
—Porque —dice en voz baja, sus brazos envolviéndose alrededor de 
mi cuello, un rubor en sus mejillas y el brillo de lágrimas en sus ojos—, 
nadie más lo hará. 
Sus palabras se asientan entre nosotros, pesadas y afiladas. 
—Tay… —Joder, ¿cómo puedo convencerla de que abandone ésta 
loca idea?—. Ross está en prisión por una razón. Es un criminal. 
—Está simplemente triste y bebe demasiado. 
—¿Triste? Es un matón. Le gusta patear cachorros y hacer daño a 
la gente. Deja que el gilipollas de su padre vaya a recogerlo. 
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—Esa es la cosa, Matt. Su padre no irá. Nadie lo hará, y yo soy su 
hermana. 
—Medio hermana —digo tercamente—. Y después de la forma en 
que te trató toda tu vida, no le debes nada, Tay. Nada. 
Descansa su cabeza sobre mi hombro, y el dulce peso de su cuerpo 
sobre el mío me distrae, haciendo que mi sangre cante y mi pene se 
endurezca. 
—Gigi llamó. Ella dijo… dijo que debería olvidarme de Ross. 
—¿Lo ves? Hasta tu hermana está de acuerdo conmigo. 
—No importa —suspira—. No soy Gigi. Nunca lo fui. Quiero hacer 
esto por mí. Solo para mostrarle que no está solo en el mundo, ¿no lo 
ves? Eso es todo. 
Considero eso. 
—¿Y eso es todo? Lo traemos de vuelta a aquí, ¿y dejarás esto en 
paz? 
Parece un pequeño precio a pagar para apaciguar la obsesión de 
Octavia con Ross, y llevarla a casa sana y salva. 
—Supongo. Para que tú y Gigi podáis dejarme en paz. 
Me aclaro la garganta, apretando distraídamente mi agarre sobre 
ella. 
Gigi puede ser todo un bombón, pero no parece tener el corazón 
amable de Octavia. Gigi nunca se habría tomado el tiempo para 
conocerme, comprenderme, domarme. Salvarme. 
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Pero en esto ella tiene razón. Octavia tiene que dejar este proyecto 
favorito. 
Ross está más allá de la salvación. 
¿Verdad? 
Más allá de la salvación, ¿quieres decir cómo tú lo estabas?, susurra 
una pequeña voz en mi mente. ¿Quién puede decir quién vale la pena 
salvar y quién no? ¿Y quién dice que tienes algo que decir sobre el corazón 
de Octavia, y por qué crees que su bondad debería detenerse en ti y en 
nadie más? 
Maldita sea. Odio cuando mi voz interior no está de acuerdo 
conmigo. 
—De acuerdo —refunfuño—. Iremos a buscar al jodido Ross a la 
prisión, y lo traeremos de vuelta a aquí. Pero él se mantiene alejado de ti, 
Tay, ¿me entiendes? Si te pone un dedo encima o te mira raro, te juro 
que romperé cada hueso de su maldito cuerpo. 
Ella tiembla y me mira con los ojos entrecerrados. 
—Nada de golpear. Nada de huesos rotos. Tienes que 
prometérmelo, Matt.Maldita sea. 
—Nada de huesos rotos si te mira raro —concedo—. Pero él se 
mantiene alejado de ti, y eso no es negociable. 
Ella suspira y se ríe suavemente. 
—Me parece lo suficientemente justo. Él se portará bien, ya lo 
verás. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
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E incluso si lo hace, no me engañará. Los leopardos no cambian 
sus manchas, y Ross Jones no puede cambiar quién es. La gente no 
cambia. Fin de la historia. 
Tarde o temprano, creo, Octavia se dará cuenta de todo esto, y me 
niego a considerar lo que podría significar… sobre mí. 
 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
101 
Capítulo Ocho 
Octavia 
Me despierto sobresaltada, las lágrimas se secan en mis mejillas, y 
me asfixio, ahogándome en el dolor. Sentada, presiono una mano contra 
mi pecho, tratando de llenar mis pulmones aplastados. 
Oh, Dios… Ese sueño otra vez. Esa pesadilla. 
No puedo dejar que suceda. No puedo permitirlo. 
Dios, quiero ver a mamá, Gigi, Merc, Mary y Cole, y a la madre de 
Matt, Kaden y Hailey. A todos, asegurarme de que estén bien. Ahora 
entiendo cómo se siente Matt. Es como si entrara en una pesadilla 
viviente a veces, donde nada es permanente, donde la felicidad es algo 
temporal, fugaz. 
Así es como me siento ahora mismo. 
Matt… 
Lentamente se asienta que estoy en una sala de estar, pero no en 
casa. La sala de estar de Evan. Las cortinas están corridas, la luz tenue. 
Estoy envuelta con una manta, con almohadas amontonadas a mí 
alrededor. 
Huh. No puedo recordar cómo sucedió esto. Lo último que recuerdo 
es estar besando a Matt aquí, en el sofá, y luego… debo haberme quedado 
dormida en sus brazos. Esto es obra suya. 
Una sonrisa se extiende por mi cara, y el calor por mi pecho, 
acorralando el frío de la pesadilla. Estamos bien. Esto no es… 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
102 
—¿Por qué estás llorando? —pregunta una vocecita detrás de mí, y 
grito. Juro que salté medio metro del sofá, mi corazón latiendo como para 
salirse de mi pecho. 
Oh, Dios mío. 
—¿Te asusté? —pregunta Melissa, caminando alrededor del sofá 
para mirarme. 
Dulce Niño Jesús, dame fuerzas. 
—Un poco. ¿Qué estás haciendo aquí? 
Se encoge de hombros. 
—Jugando. Dormiste mucho tiempo. ¿Tuviste un mal sueño? 
—Sí. 
—También los tengo a veces. 
Palmeo el cojín a mi lado, y se sienta. Atraigo su ligero cuerpo hacia 
mí. 
—¿Sobre qué son? 
Otro encogimiento de hombros. 
—Mamá. 
—¿Ella está en peligro en los sueños? 
Asiente. 
—Y tengo que quedarme con ella, y tengo miedo. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
103 
¿Quedarme con ella? Pero se queda con ella la mayor parte del 
tiempo, ¿no? Aparte del tiempo que pasa aquí con su tío. 
Pero antes de que pueda preguntarle lo que quiere decir, Evan 
entra, y Melissa se levanta y corre hacia él, abrazando sus piernas. 
Mi pecho se constriñe por lo mucho que confía en él. 
—¿Dormiste bien? —me pregunta, y asiento. 
—Lo siento. —Tiro mis piernas al lado del sofá, mi cara ardiendo 
de vergüenza—. Estoy aquí para ayudar, y en cambio paso mi tiempo 
durmiendo. 
—Octavia, Cristo… —Sacude la cabeza, abrazando más a la niña—
. No tienes idea de lo mucho que Matt y tú me habéis ayudado ya, solo 
por estar aquí. Fue más que el accidente y el dolor, fue… demasiado. 
Melissa quería estar aquí, y no podía cuidarla apropiadamente, y dejé el 
garaje, y solo la idea de mudarme, de buscar trabajo en otro lugar, me 
estaba volviendo loco. Y Melissa… lo es todo para mí. Si no puedo cuidar 
de ella… 
Me incorporo más derecha mientras él gira su rostro. Dios. Se está 
desmoronando frente a mis ojos, y no sé si debería fingir que no me doy 
cuenta, o hacer algo, como levantarme y abrazarlo. 
Justo entonces, Matt entra en la habitación, frotándose la frente 
como si estuviera luchando contra un dolor de cabeza, casi chocando con 
Evan y Melissa. 
—Joder. —Retrocede justo a tiempo para no tirarlos al suelo, sus 
oscuros ojos abriéndose de par en par—. Lo siento, chicos. No estaba 
mirando por dónde iba. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
104 
—¿Todo bien? —Evan frunce el ceño, arrastrando a Melissa detrás 
de él con su brazo bueno, un gesto instintivo de protección. Su mirada 
agudizándose—. Pareces aniquilado, hombre. Pensé que era yo el que no 
podía concentrarme estos días. 
Mierda. Poniéndome en pie, me pongo delante de Matt, dándome 
cuenta tardíamente de que es un gesto tan protector como Evan 
empujando a su sobrinita detrás de él. 
—¿Por qué no veis un poco la televisión juntos? Necesito hablar 
con Matt. 
Él frunce el ceño hacia mí, sus cejas oscuras sobre sus ojos. 
—Deberías descansar un poco más. 
La mirada de Evan se mueve entre nosotros. 
—¿Me estoy perdiendo algo? ¿Estás bien, Octavia? 
Matt pone su brazo alrededor de mis hombros, y las comisuras de 
su boca tiran en una sonrisa. 
—Está más que bien. 
Un rubor ardiente sube por mi cuello hasta mis orejas. 
—Yo, eh… 
—Está embarazada —dice Matt, su voz baja y áspera, como una 
caricia, y me estremezco cuando me coloca en su costado. 
—¡Un bebé! —Melissa aparece alrededor de su tío, con la carita 
ansiosa—. ¿Dónde? 
Eso me hace reír, y me pongo la mano sobre la boca. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
105 
—Aún no ha llegado, cariño. 
—Todavía está dentro —gruñe Matt suavemente, y pone una 
posesiva mano sobre mi vientre. 
Hace que mi corazón se estremezca de felicidad. 
Evan niega con la cabeza, sonriendo débilmente. 
—Pensé que había notado una protuberancia por el bebé, pero 
estaba esperando que vosotros compartierais la noticia. Por cierto, 
deberías haber dicho algo por teléfono. Me dejaste arrastrarte hasta aquí 
cuando ella debería estarse tomando las cosas con calma. 
—Oye, me lo estoy tomando con calma. —Hago un gesto al sofá—. 
¿Te perdiste la parte en la que me pasé la mayor parte del día dormida? 
—Los niños son una bendición —murmura, su mirada un poco 
distante, como si no me hubiera escuchado—. Algunas personas no se 
dan cuenta de jodidamente cuánto, no aprecian lo que tienen. 
—Ese lenguaje, Evan —lo regaña Melissa, y yo suelto una 
carcajada. 
Esta niña es demasiado. 
La mirada de sorpresa en el rostro de él significa que ella 
normalmente no hace eso, o de que estaba tan metido en sí mismo que 
se sorprendió de que alguien lo oyera. 
—Lo siento. 
—Está bien —murmura ella, y lucho contra el impulso de resoplar, 
y reír un poco más. 
Jo Raven La cueva del hombre 
 
 
 
Serie Hombres salvajes 03 
 
106 
—El bebé estará aquí en aproximadamente… cuatro meses y… —
Me detengo, escuchando mis propias palabras. 
Cuatro meses. 
Mierda santa. En cuatro meses tendré un bebé en mis brazos, el 
bebé de Matt. Mi corazón se hincha, mis ojos empiezan a arder. 
Oh, no, voy a empezar a llorar sin ninguna buena razón. 
—Vamos a subir —dice Matt, como si sintiera esto. Siempre me 
atrapa, me siente—. Como ella dijo, tenemos que hablar. 
Suavemente, me da la vuelta y me conduce hacia las escaleras. 
Lo dejo hacerlo, aferrada a él. Subimos las escaleras paso a paso. 
Como en la vida, me digo a mí misma, deseando que no caigan las 
lágrimas, mortificada por haberme derrumbado por una cosa tan 
pequeña, tan hermosa. Una cosa buena. 
¿Son las hormonas? Me siento tan abrumada últimamente por los 
sentimientos. Por la preocupación. Por la alegría. 
Eso es algo bueno, ¿verdad? 
Lo mejor de todo. 
Siempre.* * * * * 
—Ven aquí. —En el momento en que estamos dentro de la 
habitación de invitados con la puerta cerrada, me toma en sus brazos—. 
¿Estás bien? 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
107 
Me hundo en su pecho fuerte, sus brazos como paredes a mi 
alrededor, su olor me tranquiliza, me deja fláccida y flexible. 
—Sí. 
—¿Qué pasó? ¿Dije algo que te molestó? 
—No, estuvo bien. Estoy… —Fácilmente conmovida hasta las 
lágrimas, pero no quiero hablar de mí misma—. Parecías enfadado 
cuando entraste en el salón. ¿Qué pasó? 
Retrocede un poco para mirarme. 
—No estaba enfadado contigo, Tay. 
—Lo sé —Le sonrío. Dios, amo a este tipo—. Ya lo sé. Pero algo 
pasó, ¿verdad? 
Frota círculos contra la parte baja de mi espalda sus ojos 
suavizándose. 
—No es nada. Solo que Kaden insiste en que consigamos ayuda 
extra para el taller. Puede que él tenga razón. Dios sabe que tiene tanto 
que decir en este negocio como yo, pero… a veces lo olvido. Olvidé que ya 
no era un niño pequeño y mocoso, sino un hombre adulto con experiencia 
y una familia. Un hombre responsable. Pero estoy demasiado preocupado 
por todo el mundo la mayor parte del tiempo como para dejar que él 
asuma ninguna responsabilidad. Siento que soy el responsable de cada 
problema en el trabajo, o en la familia, y… Y no sé por qué coño te estoy 
diciendo todo esto. No necesitas preocuparte por mi loca mente. 
—Me encanta preocuparme por tu loca mente. Eres mi hombre. Mi 
compañero. Mi amor. Quiero compartirlo todo contigo. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
108 
Suspira y me acerca, presionando mi cabeza contra su pecho, 
donde puedo escuchar el latido de su corazón. 
—No deberías tener que hacerlo. Necesito ordenar mi mierda. 
Superar esta maldita ansiedad, superar este miedo. 
Pero, por supuesto, está preocupado por el garaje. Por su hermano, 
sus hijos. Por Evan y Melissa. 
Claro, yo también estoy preocupada por el futuro. Acabo de obtener 
mi título de educación infantil y estoy embarazada. Todavía tengo que 
hacer mi licenciatura, y conseguir un trabajo ahora está probablemente 
fuera de cuestión, al menos durante el próximo año. La guardería será 
un poco más de lo que podamos permitirnos con la puesta en marcha de 
un nuevo negocio. 
Teníamos la intención de esperar un poco más, la verdad sea dicha, 
pero simplemente sucedió, y no me arrepiento. Solo sé que será un estrés 
extra para los hombros de Matt. Más bocas que alimentar. 
Sin embargo, me dijo que no podría ser más feliz. Y le creo. Puedo 
ver la alegría en sus ojos. Ese orgullo de hombre, y la esperanza en un 
futuro. No puedes fingir eso. No puedes mentir sobre eso. 
¿Verdad? 
—¿Qué pasa, chica? Puedo sentirte temblar, ya sabes. —Su mano 
alisa mi espalda, acariciando mi cabello—. He derramado mis temores 
por ti. Dijiste que querías compartirlo todo. Así que dime qué tienes en 
mente. 
—No quiero ser otra carga —le dije—. Quiero encontrar un trabajo, 
cualquier trabajo, hasta que nazca el bebé. 
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—Cristo, ¿eso es lo que te preocupa? No tienes que hacerlo, Tay. 
Solo porque me ponga paranoico con las cosas a veces no tiene nada que 
ver contigo. Me encanta cuidar de ti, de nuestro bebé también. Sé que 
quieres conseguir tu licenciatura, pero tenemos tiempo para eso. 
Mientras tanto, puedes ayudar en el garaje, si quieres, llevar los libros al 
día. Eres buena con los números, y esas cosas. —Sonríe, lo escucho en 
su voz—. De esa manera puedo levantar la vista y verte cada vez que 
sienta que el mundo se está derrumbando sobre mí, recordar lo 
afortunado que soy, y olvidarme de ser un viejo bastardo gruñón. 
Las lágrimas amenazan de nuevo, incluso mientras sonrío a través 
de ellas ante la imagen de un Matt gruñón cubierto de grasa mirándome 
desde donde esté trabajando en un coche, semidesnudo y sexy como un 
dios, para lanzarme esa sonrisa y un guiño 
—¿Eres… eres feliz conmigo? ¿Estar conmigo, tener este bebé? 
Estoy… 
Tan insegura últimamente. Atrapada entre los cambios de mi 
cuerpo, en mis pensamientos, las hormonas causando estragos en mi 
cerebro, y los trastornos en mi vida, el embarazo, el final de la 
universidad, todo parece demasiado en este momento. 
Todo lo que quiero hacer es anidar en el calor y la tranquilidad, en 
un lugar seguro, con Matt. 
Nidificación. Eso otra vez. 
Dios. 
—¿Hablas en serio? —Se está alejando de nuevo, y no quiero que 
lo haga, quiero permanecer en el círculo de sus brazos, pero él no permite 
nada de eso. Pone un dedo debajo de mi barbilla, inclinando mi cara 
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hacia arriba—. Tay, Demonios, chica. Tú, el bebé… Evan tiene razón. 
Sois una bendición. Tenéis mi puto corazón. Es vuestro. 
¿Y por qué esto, sus palabras, la sinceridad que resuena clara y 
verdadera a través de ellas, me hacen llorar más fuerte? Maldición. 
—Pero he cambiado. Mi cuerpo, mi… mi… 
Dios, ni siquiera sé lo que trato de decir o hacer. 
Pero parece saber a qué me refiero, lo que necesito. 
—Eres la chica más hermosa que he visto en mi vida, y eso no va a 
cambiar, Tay. Nunca. En todo caso, te quiero más cada jodido día. ¿Me 
sientes? —Mueve sus caderas un poco hacia adelante, y jadeo cuando su 
gruesa erección se clava en mi estómago—. Siente cuánto te quiero. 
Se me escapa el aliento apresuradamente, un latido enloquecedor 
comenzando en la parte baja de mi vientre, una ola de deseo rodando por 
mi cuerpo, apretando mis pezones y calentando mi sangre. 
—Dios, te deseo tanto. —Cuando sumerge su cabeza para pasar su 
boca sobre la mía, lamiendo la sal de mis lágrimas en mis labios, le rodeo 
el cuello con los brazos y me pierdo en él. Contra mi boca, susurra—: 
Déjame mostrártelo. 
* * * * * 
Me lleva hacia atrás, hasta que toco la cama, y me baja, 
acostándome, moviéndome para acomodarse entre mis piernas. 
—Me encantan tus vestidos —gruñe—. Me encanta quitártelos, o 
simplemente… —Empuja el dobladillo por mis piernas. Me retuerzo en la 
cama mientras me arrastra hacia abajo las bragas, dejándome 
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expuesta—. Solo levantándolos. Maldita sea, chica… Estás tan mojada 
para mí. 
Lo estoy. El aire fresco se mueve entre mis piernas, sobre mi carne 
sobrecalentada, haciéndome gemir. Y luego frota su pulgar sobre mi 
clítoris, deslizándolo entre mis pliegues, y ya estoy jadeando, 
tambaleándome al borde de un orgasmo que podría destrozarme. 
Así que, por supuesto, trato de cerrar las piernas, escapar de la 
intensidad de las sensaciones, y, por supuesto, él no tolera nada de eso. 
Mantiene mis piernas separadas clavándose más firmemente entre ellas 
y moviendo su pulgar sobre mi clítoris, haciéndome jadear. 
—Mía —dice, su mirada elevándose de mi coño a mi cara, sus ojos 
oscureciéndose a un negro tormentoso—. Te haré correrte. 
No tengo ninguna duda al respecto. 
—Dentro de mí —suspiro—. Te quiero dentro de mí. 
Profundo, llenándome, enredándose conmigo. 
—¿Estás lista para mí? —Sosteniendo mi mirada, me presiona el 
pulgar dentro de mí, y me arqueo, ahogándome en un gemido—. Joder, 
creo que lo estás. 
Todavía me está follando con su pulgar, y estoy jadeando, el placer 
rebotando dentro de mi cuerpo, mi liberación flotando a solo un soplo de 
distancia, fuera de mi alcance, y… 
Saca el pulgar. 
Dejándome al borde del precipicio, sin aliento y sonrojada, el pulso 
profundo dentro de mí, doloroso. 
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Me pasa el pulgar por última vez por encima de mi coño, lo que me 
hace sacudir y sisear, y se sienta sobre sus talones, agarrando el 
dobladillo de su suéter y camiseta, tirando de ambos hacia arriba. 
Distrayéndome de la urgente necesidad de correrme. 
Me apoyo sobre mis codos para mirar cómo se quita la ropa, 
mostrando su pecho musculoso y tatuado, y sus brazos acordonados, su 
cabello alborotado cayendo sobre sus ojos, suaves como la seda negra. 
Para cuando se desabrocha los vaqueros, empujándolos hacia 
abajo, se quita las botas y los calcetines, y finalmente se arrodilla 
desnudo entre mis piernas, mi boca se me seca y mis entrañas se vuelven 
a apretar con deseo. 
—Por mucho que me gusta levantarte el vestido —gruñe en voz 
baja, cerrando su mano alrededor de su polla y acariciándose casi 
distraídamente, con los ojos entrecerrados—. Te quiero desnuda. 
Es tan sexy así, tan ardiente, y el pensamiento se esfuma cuando 
el placer se convierte en un rugido, y el deseo salta como llamas en mi 
sangre, un reguero de pólvora ardiendo en mi estómago. 
Apartando mi mirada de su mano fuerte y grande que está 
trabajando en su erección, de los músculos tensos de su firme estómago 
y los espinosos bordes de su tatuaje negro rizándose alrededor de sus 
costillas, me quito mí rebeca y me retuerzo hasta que puedo quitarme el 
vestido. 
A mitad de mis esfuerzos, sus manos se unen a las mías para 
quitarme el vestido de mi cuerpo, y luego se arrastran por mis hombros, 
sobre mi sostén. 
—Malditamente bella —susurra, y acaricia mis duros pezones a 
través del encaje, enviando bengalas de fuego directamente a mi 
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corazón—. Te quiero encima de mí, montando mi polla, así puedo poner 
mis manos en tus tetas. 
—Matt… —Lo juro, puede hacer que me corra solo con su charla 
sucia. Alcanza detrás de mí para desabrochar mi sujetador, derramando 
mis senos, atrapándolos en sus manos, y sus ojos se dilatan más. 
—Dios, amo tus tetas. Es como… como si estuvieran hechas para 
ser tocadas, lamidas y chupadas. 
Me quejo impotente. Sus pulgares se mueven sobre mis pezones, 
enviando sacudidas de placer directamente a mi coño, y luego sus manos 
se deslizan hacia abajo, a mi redondeado vientre. 
Tararea, sus manos deslizándose más abajo, y creo que me tocará 
donde estoy ardiendo, pero las desliza hacia atrás, agarrándome de los 
brazos y besándome. Me empuja hacia abajo sobre el colchón, su boca 
moviéndose sobre la mía, el roce de su lengua y el rasguño de su barba 
contra la suavidad de sus labios. 
Rompiendo el beso, me sonríe, luego rueda a mi lado y me levanta 
sobre él, con los bíceps abultados, hasta que quedo encima de él, mi largo 
cabello cayendo como una cortina a nuestro alrededor. 
Se mueve debajo de mí, su erección apretada entre nuestros 
cuerpos, un gruñido siseando entre sus dientes. Sus manos, todavía en 
mis brazos, empujándome hacia atrás lentamente, hasta que quedo a 
horcajadas sobre sus musculosos muslos, su pene alzándose, frotándose 
entre mis piernas. 
Y es mi turno de sisear ante las chispas de placer que me atraviesan 
en ese simple acto. 
—Mírate —respira, su mirada recorriendo mi cuerpo, oscura y 
acalorada. Sus manos moviéndose hacia mis pechos hinchados, luego 
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sobre la curva de mi vientre—. Tan jodidamente sexy, Jesús. Más que 
nunca. 
Niego en desacuerdo, muerdo mi labio inferior. Es tan raro. Quiero 
decir… no es como si nunca hubiera estado hinchada en mi vida, pero… 
tengo barriga, y no puedo absorberla. 
Eso es raro. 
Pero a él le gusta. Le gusta el hecho de que me dejó embarazada y 
se excita por la forma en que mi cuerpo se ve, si su masiva erección es 
una indicación. Y Dios, se siente bien cuando me toca, acariciándome, 
sus manos regresando a mis pechos, jugando con mis doloridos pezones. 
Pronto estoy pulsando dentro de nuevo, mi vagina apretando la 
nada, y gimo, necesitando que me llene, que haga que me corra. 
—Matt, por favor… —Está tirando de mis pezones, y es como si me 
tocara entre las piernas, cada tirón un latido, tan intenso que duele. 
—Tay, levántate, solo… —Guía su pene dentro de mí mientras me 
levanto sobre mis rodillas y empuja en mí, avivando las chispas hacia un 
fuego. Su espalda se arquea, sus ojos se cierran, sus manos se aferran a 
mi cintura—. Joder… te sientes tan bien. 
Jadeando, apoyando mis manos en su duro pecho, me muevo, 
tratando de acomodar su gruesa longitud dentro de mí. Se siente 
demasiado grande, demasiado, pero también es perfecto, cada segundo 
mejorando. Muevo las caderas y todo se convierte en placer. Gimiendo, 
me inclino hacia adelante, subiendo y bajando, montando su polla, 
mirando su cara retorcerse de deseo, su boca abriéndose en un jadeo. 
Entonces sus manos se levantan para ahuecar mis pechos, 
amasándolos y apretando, y todo se dispara a mi vientre, el nudo de 
necesidad se aprieta, creciendo, hasta que me estoy desmoronando, 
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gimiendo su nombre en alto y sin siquiera importarme si alguien puede 
oírme. 
 
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Capítulo Nueve 
Matt 
Mi cuerpo está tenso por la excitación, mi polla dura como una 
roca, los músculos de mi estómago anudados, mis piernas temblando 
mientras balanceo mis caderas, penetrándola, persiguiendo el placer. 
Briznas de eso provocando mis sentidos. Ahueco sus tetas, sintiendo su 
dulce peso, frotando sus duros pezones, solo la sensación de ellos en mis 
manos me vuelve loco de lujuria. 
Es tan caliente, tan malditamente caliente que lleve a mí bebé, que 
sus curvas sean mucho más exuberantes ahora, y sus tetas mucho más 
sensibles. Me excita como nada más, me hace arder por ella. 
Cuando su coño se aprieta alrededor de mi polla, aumentando la 
presión, casi me pierdo. Mordiéndome el labio lo suficientemente fuerte 
como para hacerme sangrar, vuelvo a controlarme, deslizo mis manos por 
sus costados para agarrar sus caderas. He estado duro desde que ella se 
durmió sobre mí en el sofá hace horas, e intentar masturbarme en la 
ducha no funcionó muy bien, ya que el agua caliente se agotó y… 
Y necesitaba estar dentro de ella. 
Como lo estoy ahora. Enterrado profundamente, mirándola, 
tocándola, sintiéndola, escuchándola gemir mi nombre… no hay nada 
como eso en todo el jodido mundo. 
—Maldita sea. —La levanto, y la bajo de nuevo, más rápido, más 
fuerte. Sus pesados pechos rebotando un poco, y me aliento se detiene, 
silbando dentro y fuera de mis pulmones. Mi polla tiembla, con tirones, 
dolorosamente fuertes—. Córrete conmigo. 
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Cristo, necesito que se corra, ahora mismo, no puedo contenerme 
más, no puedo parar… 
Gime, la cabeza hacia atrás, presionando hacia abajo en mí, su 
vagina con espasmos alrededor de mi pene, apretando, soltando, una y 
otra vez. 
Maldición… Todo mi cuerpo se arquea, mis muslos se levantan, 
mis caderas se mueven hacia arriba, más profundo en ella. No puedo 
reconocer el sonido que proviene de mí, una especie de gruñido torturado, 
cuando la presión se rompe, y finalmente me dejo ir. Un placer afilado 
como una navaja me atraviesa cuando llego, disparando mi carga dentro 
de su coño, vaciando mis pelotas hasta la última gota, y luego mi pene 
se sacude de nuevo, no dispuesto a parar. 
Tú y yo, amigo. Ojalá pudiera quedarme dentro de ella para 
siempre.* * * * * 
—¿Estás bien? —me pregunta una vocecita junto a mi oído, y la 
aparto—. Hola… 
En mi sueño, es un mosquito que me habla, zumbando palabras 
que realmente no entiendo. 
Tiene la cara de Melissa. 
Espera un minuto… ¿La cara de Melissa? 
Me vuelvo tan rápido que casi me caigo de la cama, y luego me doy 
cuenta de que estoy desnudo. Aplastando mis manos en mi polla medio 
dura, cierro los ojos por un segundo, reuniendo mí ingenio. 
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—Melissa. —Mi voz sale en un graznido. Una mirada a mi lado me 
dice que Octavia sigue dormida. Los dos nos desmayamos después del 
sexo—. ¿Qué hora es? ¿Y nunca llamas a la puerta? 
—Llamé a la puerta. Nadie respondió. 
¡Que me jodan! ¿Dónde diablos está la sábana para cubrirme? 
—Vale. Ahora vete, y saldré en cuanto esté vestido, ¿de acuerdo? 
—Estás desnudo —señala amablemente—. Octavia también. 
—Sí. Tienes toda la razón. Ahora vete. 
—Pero, ¿por qué estás desnudo? ¿Y por qué sonó antes como si 
estuviera herida? 
Jesucristo, ¿tendré que explicar lo de las abejas y los pajaritos 
ahora mismo? Estoy desnudo en la cama, y Octavia se está moviendo 
detrás de mí mientras se está despertando, volviéndome a meter en todo 
tipo de problemas de cosas duras de nuevo. 
Y esta niñita que podría haber sido mi propia hija me está mirando 
con los ojos muy abiertos, probablemente dejándole cicatrices de por 
vida. 
—Octavia está bien. Los dos estamos bien, cariño. Ahora vete… —
Mierda, Octavia ahora está presionada contra mi espalda, y mi polla está 
tratando de salir de entre mis manos. Aprieto los dientes—. Y los dos 
saldremos pronto. 
—De acuerdo. —Nos mira con los ojos muy abiertos—. Evan me 
pidió que viniera a buscarte. Él está abajo. 
Joder. 
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—Enseguida salgo. 
Exhalo un suspiro de alivio una vez que se ha ido, la puerta 
cerrándose detrás de ella, y me vuelvo para mirar a mi esposa. Está 
intentando no reírse. Entonces mi erección le golpea en la cadera, y jadea. 
—Matt… ¿ella vio eso? —Su mirada cae a mi verga, luego su mano 
se desliza hacia abajo, cerrándose a su alrededor, y yo gruño, 
meciéndome en su agarre. 
—No… —Ah, joder, esto es bueno—. No creo que lo hiciera. 
Deberías… oh, joder, chica, para o de lo contrario iremos a por una 
segunda ronda, y que se joda bajar para ver lo que Evan necesita. 
—Muchos “joder” involucrados, ya veo. —Se burla, su lengua 
sobresaliendo entre sus dientes. 
—Si no paras, sí. 
Me guiña un ojo y antes de que sepa lo que está haciendo, se está 
moviendo hacia abajo hasta que puede poner su pequeña y ardiente boca 
sobre mi pene. 
Oh, sí. Que se joda todo lo demás, excepto esto. Me pone tan duro 
que no puedo evitarlo. Un toque suyo, sus dulces labios envueltos 
alrededor de mi polla, y me voy. 
Pero hace más que eso. Aprendió lo que me gusta a lo largo de los 
años, y le gusta volverme loco de lujuria. Arremolina su lengua sobre la 
cabeza de mi pene, mueve su cabeza, chupando mi erección como una 
piruleta, y de repente mis pelotas se elevan y mi vientre se aprieta. 
A pesar de haber tenido ya una ronda, no duraré. De ninguna 
manera. Estoy justo al borde de otro orgasmo, y acaricio su suave pelo 
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fuera de su cara, mi mano inestable, para ver su cara, para ver cómo me 
succiona. 
Sus ojos se encuentran con los míos, brillantes, y eso es todo, lo 
que me empuja justo sobre el borde, cayendo libremente en el placer. 
Tanto placer, siempre que estoy con ella. Mi chica. 
Cuando bajo a tierra, todavía tratando de recuperar el aliento, la 
levanto contra mi pecho. Esta mujer… ¿Amarla? No hay nada como eso. 
¿Pero ser amado por ella? 
Es todo lo que siempre he querido. 
* * * * * 
Evan no está en ninguna parte a la vista cuando bajo por las 
escaleras, mi polla escondida dentro de mis pantalones, para no quemar 
las retinas de niñas pequeñas e inocentes, y mi camisa abotonada. 
—¿Melissa? —grito, revisando la sala de estar y encontrándola 
vacía, luego la cocina—. ¡Evan! ¿Dónde estáis? 
La preocupación comienza a roerme el intestino cuando no puedo 
encontrarlos por ningún lado. ¿Le pasó algo a Evan? ¿O a la niña? Abro 
la puerta de la casa y salgo a la oscura noche. Un viento frío azota contra 
mi cuerpo cuando bajo los escalones del porche. 
Hay una camioneta estacionada afuera de la cerca, y ahí está Evan, 
Melissa sosteniendo su mano buena, hablando con un hombre. Algo 
sobre él es familiar, y un desagradable escalofrío se desliza por mi 
columna vertebral. 
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El tipo tampoco está solo, lo veo mientras camino por el sendero 
hacia ellos. Dos amigos suyos están apoyados en su camioneta, con los 
brazos cruzados sobre el pecho, tratando de parecer intimidantes. 
Se me ponen los pelos de punta. 
—No voy a volver al trabajo, Jasper —dice Evan, su voz apenas 
controlada. Su asimiento sobre Melissa parece doloroso. La chica se 
retuerce, tirando de su mano, y él no parece darse cuenta, encorvado 
sobre sí mismo—. Te lo dije, renuncio. Demonios, ya he terminado con el 
garaje, y con esta ciudad. 
—Tú no vas a ninguna parte, Evan —dice Jasper, su voz un 
gruñido bajo y amenazador, su rostro en sombras. Golpea un dedo en el 
pecho de Evan—. No te dejaré ir. 
—No puedes detenerme, joder. 
—Seguro que puedo. Soy dueño de esta ciudad, y lo sabes muy 
bien. 
—Ya lo has dicho antes. No me hará cambiar de opinión. 
¿De qué diablos va esto? Peor aún, Evan no parece asombrado ante 
esta amenaza apenas velada. Solo cansado. Y me cagüen Cristo, ¿esto ha 
pasado antes? 
—¿Qué está pasando aquí? —Me acerco a Evan, y él me mira, con 
el rostro tenso, la mirada cansada—. Jasper. 
—Bueno, que me parta un rayo. ¿Matt Hansen? La última persona 
que esperaba ver aquí. —En todo caso, la postura de Jasper se vuelve 
más agresiva, el pecho hinchado, la cabeza inclinada hacia atrás, sus 
manos apretadas en puños. 
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Igual que los míos. 
—No sabía que tenía que informarte de mí paradero —murmuro. 
—Oh, es cierto. Sentiste que tenías todo el derecho de dejar la 
ciudad y abandonar a tus amigos. —Sus ojos se dirigen a Evan y luego a 
mí. Levanta sus delgadas cejas. 
Hijo de puta. 
—Hice lo que era mejor para mis hijos. Que es más de lo que puedo 
decir de ti, Jasper Jones. 
Se ríe como si hubiera dicho algo gracioso. 
—Estás saliendo con mi hija. ¿Eso fue un puyazo por eso? Crees 
que serás mi yerno, y tomaremos cervezas y haremos una barbacoa 
juntos, ¿eso es todo? 
Doy un paso al frente, y quedo enfrente a la valla baja. No es que 
me detenga si golpeo a Jasper Jones. 
—No estamos saliendo. Estamos casados y con un hijo en camino. 
Pero lo olvidé, probablemente no sabes nada de eso. Porque no te 
importan tus hijos. Nunca lo ha hecho. 
—¿Cómo te atreves a hablarme así, inútil gilipollas? —La cara de 
Jasper se ha oscurecido. Me pregunto si tendrá un ataque. Si alguien 
alguna vez le ha respondido desde que me fui de la ciudad—. Te voy a 
dar una paliza hasta hacerte papilla. 
—Quiero verte intentarlo. —Por el rabillo del ojo, veo a sus dos 
matones separándose de la camioneta y moviéndose hacia nosotros. Esta 
no será una pelea justa. Evan está herido. Tiene que proteger a Melissa. 
Así que soy yo contra tres. 
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Pero tengo mi ira. Está ardiendoa través de mí, haciendo que mi 
corazón martillee, y mi visión se estreche, después de hervir a fuego lento 
durante tanto tiempo. 
Nunca pensé que volvería ver a este jodido bastardo, pero ahora 
está aquí, frente a mí, amenazando a mi amigo, y la injusticia de todo 
esto... él abandonando a sus hijos, sin decirles nunca la verdad, sin 
ayudarlos, ha estado comiéndome durante años. 
—Me pones una mano encima, chico —dice Jasper, y quiero reírme 
porque me llame chico, pero aprieto los dientes en su lugar—, y haré que 
estos dos te rompan los huesos uno por uno. 
Sus matones lo están flanqueando ahora, y los fulmino con la 
mirada, haciendo balance de la amenaza que representan. Son unos 
cabroncetes de aspecto malvado y cara de rata. 
Esto podría ser un problema, dice una vocecita en la parte de atrás 
de mi cabeza. Pero mi furia no la escucha. 
—Matt, no lo hagas —dice Evan, pero su voz está ahogada por la 
sangre que resuena en mis oídos, un rugido sordo—. No vale la pena, 
hombre. No puede impedir que me vaya de la ciudad. 
Ya me estoy dirigiendo hacia la puerta, y te juro que si el jodido 
Jasper dice otra palabra más, saltaré la jodida valla y le pegaré una paliza 
en ese mismo instante. 
Pero un pequeño toque en mi espalda me detiene. 
—Matt… Para. 
Joder. 
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Me giro sobre mis talones. Octavia está de pie allí, envuelta en su 
rebeca, su pelo cayendo alrededor de su cara, sus ojos asustados. 
¿Cuándo salió de la casa? No me había dado cuenta de nada más que de 
la amenaza de Jasper. 
—Tay… 
—Es mi padre. No… —Traga saliva con fuerza—. No te metas en 
una pelea con él, por favor. 
—Nunca actuó como tu jodido padre. 
—No lo ha hecho —concuerda. 
—¿Así que lo estás protegiendo de todos modos? ¿Al igual que 
quieres hacer con Ross? 
—No. —Levanta la barbilla—. No vale la pena que te lastimen por 
él. Y te hará daño, como nos lo hizo a nosotros. Le importa un bledo de 
todas formas. Pero a mí si lo hace. —Levanta una mano, y la coloca sobre 
mi palpitante corazón, su mirada clara y verdadera—. No voy a verte 
herido. Ignora a ese gilipollas. 
Cristo. Mi sangre está zumbando con la adrenalina. El impulso de 
poner mi puño a través de su odiada cara tiene a mis músculos apretados 
y temblorosos. 
—Bien. De acuerdo. 
—Qué conmovedor —se burla Jasper, y necesito toda mi fuerza de 
voluntad para no darme la vuelta y hacer lo que exactamente estaba a 
punto de hacer cuando Octavia me detuvo—. Te tiene agarrado con una 
correa, ¿eh? Por las bolas. Marica-llorón, como tu amigo aquí, los dos 
atrapados con niñas que no queríais… 
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El mundo se tiñe de rojo. 
—¿Qué dijiste, imbécil? —Me encojo de hombros de la mano de 
Octavia, marchando hacia él, saltando la valla, agarrándolo por el frente 
de su sucio suéter—. Mis hijos lo son todo para mí. Perdí a su madre, no 
la dejé por ninguna otra puta razón, como tú lo hiciste. 
Alguien está arrastrándome lejos de él, dedos romos clavándose en 
mis brazos y hombros, arrancándome de un tirón. 
Me doy la vuelta y los empujo, lanzando mi puño para golpear la 
fea cara del primero de los matones de Jasper, pero Octavia grita mi 
nombre, distrayéndome un precioso segundo. 
Un golpe de un pie bajo el mío me hace caer, y caigo de espaldas, 
jadeando ante el fuego que sube por mi columna vertebral hasta mi 
cabeza. Un puño desciende hacia mi cara, lanzando mi cabeza hacia un 
lado, y un puñetazo en mi plexo solar me deja sin aire, tratando de 
enroscarse alrededor del dolor. 
Joder. 
Antes de que el hombre pueda dar otro puñetazo, ruedo y me pongo 
de pie, cautelosamente, manteniendo mis manos sueltas, listas para 
dejar que mu puño choque contra la cara de cualquiera que se me 
acerque. Lamo la sangre de mis labios. Mi mandíbula ya se está 
hinchando. 
Los matones retroceden. Jasper me fulmina con la mirada. 
—Creo que ya es hora de que tomes a tus gilipollas y te vayas —le 
informo—. Y déjame decirte, si piensas en acercarte a esta casa de nuevo, 
si vuelves a acercarte a Octavia o a Evan, no solo te romperé la cara, sino 
que llamaré a la policía tan rápido que no sabrás qué te golpeó. 
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126 
—¿En serio? —murmura Jasper—. Cogedlo, muchachos. 
Octavia grita cuando ambos me atacan. Pero esta vez no dejo que 
me distraiga. Octavia sigue detrás de la valla, lejos de la violencia, Evan 
con ella. 
Hago caer al primer matón con un gancho de derecha y me giro 
para darle dos puñetazos más en la cara y al pecho del otro, haciéndole 
tropezar. 
Finalmente llego a Jasper, que da dos pasos hacia atrás, 
levantando sus nudosas manos. Las manos de un hombre mucho mayor 
de lo que es, noto, temblorosas, con manchas oscuras en el dorso. Tiene 
la nariz roja, los ojos inyectados en sangre, e incluso a esta distancia, su 
aliento apesta a alcohol. 
—Quédate. Lejos. De. Mi. Familia —espeto, y sigo hasta que casi 
estoy pecho con pecho con Jasper. El padre ausente de mi esposa. El 
némesis de mi amigo—. De Evan, de Octavia y de tus otros hijos. Sabes… 
fue una bendición que no te quedaras para joderlos como hiciste con 
Ross. 
Maldiciendo, Jasper, me esquiva y forcejea con la manija de la 
puerta, entrando en la camioneta. Le lleva dos intentos trepar dentro, y 
me muevo, mirándolo. 
¿Lo asusté lo suficiente? Solo Dios lo sabe. 
Un movimiento gateando a mi derecha, me hace girar 
apresuradamente, pero sus muchachos dan un amplio espacio a mí 
alrededor mientras se dirigen al otro lado de la camioneta. 
¿Nadie había peleado contra ellos antes? Gallinas de mierda 
cobardes. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
127 
—¡Matt! —Octavia sale por la puerta mientras la camioneta se aleja, 
con un brazo doblado sobre su estómago, y yo parpadeo, mi cerebro 
todavía atascado en Jasper—. Matt. 
Entonces la neblina se aclara y la preocupación atraviesa la bruma 
roja de la ira. Joder, ¿qué ha pasado? Su cara está blanca como una 
sábana. La camioneta se baja de la acera y rueda por la calle mientras 
me dirijo hacia ella. 
—Tay. ¿Estás bien? —Corro hacia ella, le arranco el brazo del 
vientre—. ¿El bebé? 
Es su turno de parpadear. Mira hacia abajo. 
—Estoy bien. Pensé que iba a vomitar del miedo, pero el bebé está 
bien. ¿Y tú? Te dieron una paliza. Tu cara… 
Gracias, joder. Un dolor de cabeza martillea en la parte posterior de 
mis ojos. Niego con la cabeza mientras la tomo en mis brazos, mareado 
de alivio. 
—Estoy bien. Siento haberte preocupado. 
Maldición, no debería haber venido a Destiny conmigo. Esto fue un 
error. Si algo le pasara a nuestro bebé, no me lo perdonaría. 
Gracias a Dios que nos vamos. Aunque me siento mal por dejar a 
Evan solo con sus problemas, francamente, mañana no puede llegar lo 
suficientemente rápido. 
 
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Parte 2 
 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
129 
Prólogo 2 
Matt 
Érase una vez, que estaba solo dentro de una jaula. La jaula estaba 
hecha de sueños y recuerdos. Nunca pensé que los recuerdos pudieran 
ser tan duros. Irrompibles. Imposible de escapar. 
Recuerdo que me golpeé contra esas barras hechas por mí mismo, 
los bordes dentados de la felicidad que no podía dejar ir, cortándome con 
todas las cosas buenas que solía tener. 
El amor que solía tener, antes de que la vida me jodiera y me lo 
quitara. 
Estaba amargado. Viví enesa amargura, la respiré, bebí, me aferré 
a ella. 
Mira, pensé que era ira, pero era desesperación. Fue la noche más 
profunda y más oscura de mi vida, y nunca terminaba. No podía 
encontrar el interruptor de la luz, no podía encontrar la puerta. 
Si se supone que debes escapar solo de esa oscuridad, bueno… 
fracasé. No creo que todos podamos salir solos, sin importar cuán fuertes 
creamos que somos. A veces necesitamos ayuda. Necesitamos una mano 
que nos guíe, alguien que no se dé por vencido con respecto a nosotros, 
que aguante sin importar qué. 
Cuando su toque me encontró, no entendí lo que significaba, lo que 
era. Era tan extraña para mí como el resto del mundo exterior. Nada fura 
de mi jaula tenía sentido. Como si mirara a través de un cristal oscuro, 
veía todo torcido y borroso. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
130 
Pero ella era afilada como una espada, su tacto cortó a través de 
mí, y el dolor… el dolor me despertó. Me trajo de vuelta. Estar con ella 
era bueno, era cálido y brillante, y no podía escapar de eso. 
No pude escapar al placer de ello. 
El placer me trajo de vuelta. La alegría de estar con ella. 
Su amor. Me envolvió en ello hasta que ya no pude esconderme 
más. Dejar la jaula dolió como cuchillos, dolió como morir. 
Vivir de nuevo dolió. Pasar más allá de todo lo que solía tener, 
aceptar todo lo que podía tener ahora. Con ella. 
Descubrí que nunca deja de doler. Los recuerdos no desaparecen. 
Todavía cortan jodidamente. 
Pero vivir en el presente, rodeado de amor, vale la pena. 
Vale la pena todo. 
 
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131 
Capítulo Diez 
Octavia 
—Dios, lo siento —dice Matt, abrazándome contra su pecho, y 
todavía estoy tratando de respirar a través del miedo de verlo en el suelo, 
los hombres de Jasper, los de mi padre, lloviendo golpes sobre él—. Siento 
haberte preocupado. No podía soportar la idea de que él se acercara a ti, 
torturándote como le estaba haciendo a Evan. De insinuar que no quería 
a mis hijos, que criarlos era un impedimento, que tener hijos es una 
carga. Solo porque es un gilipollas que no puede apreciar algo bueno 
cuando lo tiene… 
—Lo sé —le susurro, mi corazón frenándose en sus frenéticos 
latidos. 
—No quiero que pienses ni por un segundo que no estoy orgulloso 
y feliz de ser padre, que nuestro bebé… 
—Lo sé. —Retrocedo, levantando la mano a su cara, haciendo una 
mueca de dolor ante el moretón que se extendía allí. Sus ojos todavía son 
tormentosos—. Te dije que él te haría daño si lo dejabas. No pensé que 
enviaría a sus matones a golpearte, pero te hirió donde más importa, te 
hizo pensar que dudaría de ti. Bueno, no lo hago. Nunca. 
Su mirada se suaviza. 
—Bien. Eso es bueno. 
E incluso con el ojo ennegrecido y la mandíbula hinchada, la 
expresión de su rostro es como la calma después de la tormenta. Le doy 
una sonrisa débil, porque mierda, todavía estoy tambaleándome por el 
golpe del miedo. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
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—Bésame —le susurro, y se inclina golpeando su boca contra la 
mía, aplastándome contra él, tragándose la amargura de mi 
preocupación, limpiando mi mente. 
Cuando rompe el beso, enderezándose, me toma un momento 
recuperar el aliento, todo mi cuerpo vibrando de deseo. 
Este chico… mi chico. Tan sexy. 
Pero no parece tan afectado como yo. Por el contrario, frunce el 
ceño, sus ojos oscuros escudriñando el jardín. 
—¿Dónde está Evan? —murmura—. ¿Y Melissa? 
Me alejo y giro para mirar. El jardín está vacío. La puerta de casa 
entreabierta. 
—Debieron haber entrado. 
Tira de mí a su lado. 
—Vamos a ver cómo están. 
La forma en que lo dice retuerce mi estómago otra vez. ¿Piensa que 
Evan no está bien? Tragando la bilis, dejo que me lleve de vuelta a la 
casa. 
* * * * * 
Evan está sentado a la mesa de la cocina, con la cabeza sobre su 
mano buena y los ojos cerrados. Me apresuro a su lado, mientras Matt lo 
mira desde la puerta. 
—¿Dónde está Melissa? —pregunta, y Evan levanta la mirada. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
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—¿Evan? —Pongo una mano en su hombro, y ni siquiera estoy 
segura de que me sienta, o me vea—. ¿Qué pasó? 
—No puede retenerme aquí —dice, y parece atormentado—. Cree 
que conoce mis secretos, que puede colocarlos sobre mi cabeza, pero no 
puede. No tengo nada que ocultar, no me arrepiento de nada, y no me 
importa si Melissa lo descubre. He terminado. 
Comparto una mirada confusa con Matt por encima de la cabeza 
de Evan. ¿De qué está hablando? 
—¿Qué está sosteniendo Jasper sobre tu cabeza? —pregunta Matt, 
su voz baja y mesurada. Tira de una silla hacia atrás y se sienta frente a 
nosotros—. Habla. 
Abro la boca para decir algo, para suavizar la pregunta. A veces 
Matt regresa al cavernícola que era cuando lo conocí por primera vez, 
particularmente cuando se estresa, y ahora mismo la tensión se irradia 
desde cada fuerte línea de su cuerpo. 
Pero Evan no parece desanimarse por el tono dominante. 
—Se enteró de Melissa una vez, cuando su madre me llamó al 
garaje. Hasta el día de hoy, no sé cómo Abby consiguió ese número, pero 
le contó a Jasper toda la triste historia de que supuestamente secuestré 
a su hija y no le dejo ver a Melissa. 
—Suena como un montón de mierda —murmura Matt. 
Evan asiente. 
—Lo es. Conseguí la custodia de Melissa después de que Abby se 
fuera por quinta vez consecutiva con su novio traficante de drogas, 
cuando Melissa era un bebé. Abby firmó los papeles. 
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—No entiendo —susurro, más confundida que nunca—. ¿Abby 
sigue drogándose? ¿Por qué dejas que la niña viva con ella si tienes la 
custodia? 
—Sí, ¿cuál es el trato con ella? —gruñe Matt. 
—Melissa no se queda con su madre. Se está quedando con mi 
hermana. Pero mi hermana, aunque ama a Melissa, es una mujer muy 
ocupada. Trabaja como una… 
—…representante de ventas de una gran compañía —termino, 
mientras el cuadro comienza a formarse en mi cerebro—. Pero su madre 
es… 
—Una drogadicta —termina Matt, frunciendo el ceño—. ¿Está ella 
por aquí? 
—No. 
—Pero entonces, ¿cuál es su relación contigo si…? —empiezo, y me 
apoyo en la mesa, viendo lo que había estado delante de mí todo el 
tiempo. 
—Es tu hija —dice Matt—. Eres el padre de Melissa. 
Santa mierda. 
Evan asiente, pasándose una mano sobre la boca. 
—Mi prometida se fue porque descubrió lo de la niña. Melissa no 
lo sabe. No sabe que soy su padre. Cree que soy su tío, y Deanna es su 
tía. No ha visto a su madre en años. Ninguno de nosotros lo ha hecho. 
—¿Es por eso por lo que te mudaste aquí? —pregunto—. ¿Para 
alejar a Melissa de su madre? 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
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—Tan lejos como pude. Entonces mi hermana se mudó a St. Louis 
para estar más cerca de nosotros, y me quedé. Melissa necesita una 
madre, y yo no… Intenté encontrarle una nueva mamá, pero no funcionó. 
Le aprieto el hombro, no sé qué decir. Se ve tan triste que me rompe 
el corazón. 
—Es una niña maravillosa. Deberías estar orgulloso de ella. 
—Lo estoy. Solo deseo… —Pasa una mano sobre sus ojos—. Ojalá 
pudiera ser lo que ella necesita. 
—Lo eres —dice Matt—. Maldita sea, hombre, créeme, lo eres. Y 
encontraremos la manera de quitarte a Jasper de encima. 
Mierda santa. Miro fijamente su ojo morado y su labio partido y me 
pregunto si debería empezar a preocuparme de nuevo… 
* * * * * 
Melissa entra en la cocina mientras pongola mesa, y Matt calienta 
unos macarrones con queso para la cena. Está bebiendo una cerveza, 
igual que Evan, que aún se ve malhumorado. Esboza una sonrisa cuando 
Melissa se acerca a la mesa para abrazarlo. Dejando su cerveza sobre la 
mesa, abre su brazo bueno para ella, y ella se sube a su regazo. 
Me estremezco, pensando en sus costillas y clavícula rota, pero su 
sonrisa es real. 
Es un buen padre, pienso, escondiendo mi propia sonrisa mientras 
me doy la vuelta para conseguir unos vasos. Me sirvo un poco de zumo, 
y un poco de leche para Melissa, y me siento, repentinamente cansada 
hasta los huesos. 
Otra vez. 
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Mamá me dijo que son las hormonas las que me hacen sentir tan 
cansada todo el tiempo, pero chico, he estado dormida la mayor parte del 
día y aquí estoy, lista para irme a la cama. Pongo una mano sobre mí 
estómago redondeado, tratando de imaginar tener un bebé en mis brazos. 
Nos sentamos alrededor de la mesa para comer, y por un rato hay 
silencio, el único sonido el de los tenedores sobre los platos. Sonidos 
familiares y reconfortantes. 
Entonces Melissa dice: 
—Octavia va a tener un bebé. Y Matt será su papá. 
Las miradas pasan entre los adultos en la mesa. 
—Sí, así es —dice Evan. 
—Yo quiero un papá, también. Y un bebé. 
—¿Un bebé? —Evan se atraganta con su bocado de macarrones 
con queso, una expresión de horror en su rostro. 
—Un hermanito. Mi amiga Louise tiene uno, y es tan lindo. Se 
vomitó encima el otro día. 
No puedo evitarlo, me río. 
Los dos me lanzan una mirada. Como si esto fuera serio. 
Oops. 
—¿No te gusta vivir con Deanna? —pregunta Evan después de un 
momento—. Ella es muy divertida. 
—Siempre está trabajando. —Melissa hace pucheros—. Además, 
prefiero quedarme contigo. 
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Ay, hombre. Evan tiene que decírselo. Debería estar con su hija, y 
ella debería saber que es su padre. Debería saber que Deanna no es su 
madre, sino su tía. 
¿Haría alguna diferencia? ¿Sería menos amada? Sinceramente lo 
dudo. Pero aquí está la cosa: en su lugar, a mí me habría gustado saber 
la verdad. Descubrir quién era mi padre cuando cumplí dieciocho años 
fue un shock. Ojalá lo hubiera sabido antes. 
¿Por qué la vida es tan complicada a veces? 
* * * * * 
—¿Vais a regresar mañana? —pregunta Evan mientras limpiamos 
la mesa. Insistió en ayudar, pero Matt lo fulminó con la mirada hasta que 
se volvió a sentar. Parece exhausto, con manchas púrpuras bajo sus ojos. 
Está acunando su brazo roto en el pecho con el bueno—. ¿De vuelta a St. 
Louis? 
—Sí. Ya no puedo permanecer lejos de la tienda, ni de mis hijos. —
Matt está con agua con espuma hasta los codos, pero mira a Evan por 
encima del hombro—. ¿Por qué? Si necesitas ayuda con otra cosa, solo 
tienes que decirlo. Sabes que encontraré la manera. 
—Lo sé. —Está frunciendo el ceño ante una mancha sobre la mesa, 
o tal vez algo que no puedo ver—. Sí, lo sé. 
Pero no dice nada más. 
—En realidad, nos iremos el martes por la mañana temprano —
digo en voz baja, y miro a Matt. 
Sus cejas se levantan. 
—¿Por qué? 
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—Vamos a ir a recoger a Ross de la prisión antes de irnos, y traerlo 
aquí, a casa. —Trago saliva—. Pensé que estabas de acuerdo. 
Sostiene mi mirada, una expresión ilegible en su áspera cara. 
—Tay… 
Sacudo la cabeza, me pongo manos a la obra con el recipiente de 
macarrones con queso que estoy cubriendo con papel de plástico para 
meterlo en la nevera. 
—Por favor, Matt. Es importante para mí. 
Evan está mirando. 
—¿Por qué quieres hacer eso? ¿Desde cuándo quieres ser amiga de 
una escoria como Ross? 
—Él es mi hermano. 
—Y Jasper es tu padre, pero no veo que desees pasar tiempo en 
familia con él. 
—Por supuesto que no. —Me estremezco ante la idea—. Ross es 
diferente. 
—Es un matón. Está en prisión. 
—No entiendes. —Miro a Melissa que está jugando con sus 
muñecas en un rincón de la cocina, un fuerte de almohadas a su 
alrededor en la alfombra—. Necesito verlo. Hablarle. 
Matt se limpia las manos con una toalla, y se vuelve hacia mí, con 
sus musculosos brazos cruzados sobre el pecho. No dice nada, 
mirándome atentamente, sus ojos oscuros cálidos y preocupados. 
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Y esa mirada es la que me convence para hablar. 
—He estado teniendo ese sueño —digo, y Dios, ahora desearía 
habérselo contado a Matt—. Con Ross. 
—¿Por eso llorabas ayer? —pregunta Melissa, y me doy la vuelta 
para encontrarla mirándome también. 
Genial. 
Asiento. 
—Sí. 
—¿Estabas llorando? —La expresión de Matt se oscurece. Parece 
desgarrado entre arrastrarme a sus brazos, o salir a buscar a Ross y darle 
una paliza por ponerme triste en mis sueños—. ¿De qué se trata el sueño? 
—Es solo… Comienza con un mal presentimiento, la sensación de 
que algo malo va a pasar, ¿sabes? ¿Cómo es a veces en los sueños? —
Cierro la nevera y apoyo mi espalda contra ella—. Estoy conduciendo a 
través de Destiny, en tu vieja camioneta, y voy rápido, tratando de 
escapar de alguien o de algo. Merc va de copiloto, y está hablando 
conmigo, pero no pudo entender las palabras. Sé que está asustado, y yo 
también, y sigue diciendo el nombre de Ross. Sé que está diciendo que 
Ross está en peligro, aunque no pueda oír más, y que tenemos que llegar 
a tiempo para salvarlo. Pero de repente estamos fuera de la carretera, 
rodando, y la cabeza de Merc golpea el salpicadero… —Respiro 
temblorosamente—. La sangre corre por su cara, por sus ojos. Sigo viendo 
a Merc… a Merc muriendo, y luego su cara cambia a la de Ross. Ahí es 
cuando me despierto. 
El silencio saluda a mis palabras. 
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Luego Matt se mueve, deslizando un brazo alrededor de mí y 
besando la parte superior de mi cabeza. 
—Ese es un jodido sueño. 
—Lenguaje —dice Melissa desde su rincón. 
—¿Por qué estás tan preocupada por Ross? —pregunta Evan. 
Me río y resoplo. 
—¿Conoces a nuestro padre? ¿Qué clase de pregunta es esa? 
—Ella tiene razón —dice Matt, sorprendiéndome—. Creciendo con 
Jasper como el único de sus padres, ¿qué posibilidades tendría Ross de 
salir bien? Pero Tay… —Suspira—. Eso no significa que pueda ser 
salvado. Lo sabes, ¿verdad? 
—Sí. —No, pero…—. Sí, lo entiendo. 
—Recogeremos a Ross. —Matt me atrae completamente a sus 
brazos—. Así que todavía queda mañana, Evan, si necesitas que hagamos 
algún recado. 
—Gracias —le susurro. 
—Solo quiero mantenerte a salvo —susurra—, para proteger tu 
corazón. Pero, ¿quién soy yo ara interponerme en el camino de la bondad? 
Lo dice el hombre más bueno que conozco. Y ese corazón del que 
habla… es todo suyo. Lo ha sido, desde el principio. 
 
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Capítulo Once 
Matt 
Maldito Ross. Tomando el control de los sueños de mi chica, 
asustándola. Sí, sé que no es vudú. Él no está haciendo eso. La mente de 
Octavia es la que lo hace. 
Aun así. Ross es un jodido matón y tengo esta cosa en contra de 
los matones. Son psicópatas. Son incurables. Jodidamente 
imperdonables. Todas las historias lacrimosas que puedas contarme 
sobre el padre de Ross, sobre su mala infancia, y las razones por las que 
lo fue, no puedo olvidar que lastimó a mi chica. 
Pero parece que tendré que dejar mi ira en un segundo plano ahora. 
Después de todo, solo vamos a recoger a Ross, llevarlo a casay a seguir 
con nuestro camino. No habrá perdón, ni lazos afectivos, no, si tengo algo 
que decir al respecto. 
Acabar con las pesadillas de Octavia y volver a casa. Ese es el plan. 
Mientras tanto, sin embargo, verifico a Evan, y llevo a Melissa a 
jugar con sus amigos vecinos. La dejo allí y sigo conduciendo. 
A la comisaría de policía en el pueblo siguiente. 
Evan dice que se mudará, pero no ha dicho cuándo, ni a dónde 
piensa ir, así que necesito hacer algunas preguntas sobre Jasper. 
Y también sobre Ross. 
Aparco mi camioneta en la calle, y entro en la comisaría, sin estar 
seguro de a quién preguntar, y con ganas de llamar a Octavia, y luego a 
mis hijos, para asegurarme de que todos estén bien. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
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Lo están, me digo. 
Respira hondo. Haz lo que viniste a hacer aquí. Y luego vete. 
Entro en la oficina decidido a ser rápido. Solo disparar unas 
cuantas preguntas, contarle a alguien mis inquietudes, tal vez, de ser 
posible, buscar una orden de restricción para Evan, y ver si los policías 
pueden vigilar el taller de Jasper, y asegurarse de que no está 
maltratando a sus otros empleados. 
O a su hijo. 
No, no voy a ir allí. Esto es solo la extraña pesadilla de Octavia, los 
miedos se me pegan. Quiero decir, amo a mi chica, pero las hormonas 
del embarazo… sí, no vayas allí. Jodidas cosas alienígenas. 
Cierto. 
Un policía de aspecto serio está sentado detrás de la pantalla de un 
ordenador, en un escritorio cuando entro, y me dirijo hacia él. Estoy 
abriendo la boca para preguntar con quién debo de hablar, cuando 
alguien grita mi nombre. 
—¿Matt? ¿Matt Hansen? 
Me doy la vuelta para ver a un tipo alto, de aspecto hispano, con el 
pelo oscuro cortado cerca de su cuero cabelludo, vestido formalmente con 
pantalones planchados, camisa y corbata. Me resulta familiar, pero mi 
mente se queda en blanco por un segundo. 
—No puedo creer lo que ven mis ojos. —Agarra mi mano y la 
sacude, radiante, su sonrisa blanca y cegadora—. ¿Qué estás haciendo 
aquí? 
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—John —digo lentamente—. John Elba —El detective a cargo del 
caso del hijo de puta loco que fue tras mis hijos y de Octavia hace dos 
años—. No sabía que todavía estabas en la ciudad. 
—¿Yo? Siempre estoy aquí. Tú eres el que se fue. 
—¿Me culpas a mí? 
—No, en absoluto. —Retrocede, mirándome fijamente—. Mierda. 
—¿Qué? ¿Tengo algo en la cara? 
—Cállate. No todos los días te encuentras en presencia de un final 
feliz, un buen final para un cuento feo. Vamos, voy a invitarte a café. 
—Estás loco. —Pero ahora también estoy sonriendo. Claro, John 
Elba está atado a algunos de mis peores recuerdos de este mundo, pero 
tiene razón. Fue un final feliz, y él fue parte de ello. Estaba allí, ayudó, y 
oye, es policía. Justo el tipo de hombre que vine a ver—. Guíame. 
* * * * * 
—Así que, ¿es la vida más amable para ti estos días? —pregunta 
mientras toma una taza de café amargo y horrible—. ¿Todo va bien en St. 
Louis? 
—Ha estado bien —concedo, apartando mi café, y luego tengo que 
corregirme, porque siento que le debo la verdad a este tipo—. Ha sido 
genial. 
—¿Tú y Octavia vais en serio? 
—Nos casamos. Tengo un hijo en camino. —No puedo evitar que 
una sonrisa se extienda por mi cara—. Es bueno, hombre. 
—Se rumorea que abriste tu propio taller. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
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—Rumor, ¿eh? 
—Evan me lo dijo. Me lo encontré el otro día —suspira, empujando 
su taza—. Este café apesta. No tengo ni idea por qué sigo viniendo aquí. 
—¿Porque está justo al lado de la comisaría? 
Me sonríe. 
—Correcto. 
—¿Te enteraste del accidente de Evan? 
—Claro que sí. 
—¿Quizás también escuchaste los rumores sobre Jasper Jones? 
Asiente, su sonrisa resbalando. 
—Ha estado empeorando. Siempre fue un idiota. Podrías verlo en 
la forma en que trató a todos, incluso a su propia esposa. No es de 
extrañar que se separara poco después de que naciera Ross. 
—¿Se fue de la ciudad? 
—Ah, sí, y no dejó dirección de contacto. Realmente no puedo 
culparla, aunque lo sentía por Ross en aquel entonces. Atascado con un 
padre como Jasper, y sin otra familia, todos evitándolos porque Jasper 
era un gilipollas… eso no pudo haber sido fácil. 
¿No me digas? Frunzo el ceño, enojado porque siento una punzada 
de simpatía por Ross. 
—Sí, bueno, Jasper tenía tres hijos más en la ciudad y nunca 
levantó un dedo para ayudarlos. Peor aún, dejaba que Ross se metiera 
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con ellos cada vez que podía. La vida de familia de Octavia tampoco fue 
fácil. 
—Nunca dije que lo fuera. —Me mira con curiosidad—. ¿Por qué 
estás aquí, Matt? ¿Pasa algo malo? 
—¿Qué? —Estoy tan atrapado en mi desasosiego, y confusa ira, 
que me toma un momento recordar que sí, vine aquí por una razón—. 
Oh, claro. Aquí está la cosa: estoy de vuelta a la ciudad con Octavia para 
ayudar a Evan a salir adelante hasta que pueda sostenerse con sus 
propios pies. Y Jasper se presentó ayer con dos de sus matones, haciendo 
amenazas. 
—¿De ahí es de donde sacaste ese ojo morado? 
Me encojo de hombros. 
—No necesitas saber eso. 
—Tienes razón. No lo necesito. —Suspira—. ¿Crees que sus 
hombres habrían golpeado a Evan si no hubieras estado allí? 
—No lo sé. Lo que sé es que le dijo a Evan que no le permitiría irse 
de la ciudad o renunciar a su trabajo en el taller. ¿Por qué necesitaría a 
sus matones para entregar una amenaza? 
—¿Con fines de intimidación? —John lanza un suspiro de 
disgusto—. Qué bastardo, juro… Dios sabe cuántas llamadas tenemos 
para cortar una sangrienta pelea entre él y uno de sus mecánicos. Cada 
vez más me alegro de que te alejaras de este lugar. 
Asiento, reflexionando sobre esto. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
146 
—Bueno, he venido para pedirte que vigiles a Jasper. Asegúrate de 
que no se acerque a Evan de nuevo. ¿Podrías conseguir una orden de 
restricción? 
—Tendría que poner la denuncia él mismo —dice John, 
recostándose en su silla—. ¿De verdad crees que Jasper iría detrás de 
Evan por dejarlo? 
—Encontrar un buen mecánico por aquí es difícil, y si está 
perdiendo hombres a un ritmo constante… 
—Sí, veo tu punto de vista. Maldita sea. 
Mi boca se retuerce en una sonrisa irónica. No me gustaría estar 
en los pulidos zapatos de John. Ni siquiera estoy seguro de que pueda 
proteger a Evan. Diablos, no podía proteger a mi familia cuando ese hijo 
de puta de Jeff Adams fue tras ellos. 
Hablando de quién… 
—¿Y Adams? 
John hace una mueca como si el nombre le doliera físicamente. Sé 
exactamente cómo se siente. 
—Encerrado. 
—¿Y su familia? ¿Hay alguien relacionado con él por ahí? 
—De ningún modo. ¿Por qué me preguntas eso? —Sus ojos se 
entrecierran—. ¿Algo que deba saber? 
—Nah, no lo sé. —Me rastrillo mi mano por mi pelo—. Es un 
psicópata. Esas cosas son hereditarias. 
—Lo dudo. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
147 
—Pero no estás seguro. 
—Matt. Para. 
—Mira, todavía me entra pánico cuando Octavia o mis hijos no 
están en mi línea de visión directa. Preguntar si el tipo que los secuestró 
e intentó matarlos está tras las rejas está dentro de mis derechos. 
—Lo sé. Permanecerá en prisión hasta que se pudra. No tienes 
nada de qué preocuparte, ¿vale? —Pone una mano sobre su corazón, sus 
ojos oscuros serios—. Él, su hermana y cualquiera que lo haya conocido 
no hará una mierda sin que yo lo sepa,y te juro que serás el primero en 
saberlo si se mueven en tu dirección. Estoy cubriéndote las espaldas. 
Miro hacia otro lado, tan jodidamente conmovido que me faltan las 
palabras. 
—Gracias, Johnny. —Me ahogo—. Te lo agradezco. 
—Para ti es Detective Elba —murmura, y se ríe cuando me vuelvo 
para fulminarlo con la mirada—. Debería volver al trabajo. Hablaré con 
Evan, a ver si quiere pedir una orden de alejamiento contra Jasper Jones. 
Empujo mi silla hacia atrás para levantarme. 
—Una última cosa. ¿Qué hay de Ross? 
—¿Qué pasa con él? Lo último que supe es que estaba en prisión. 
—¿Es peligroso? 
John se queda congelado, medio fuera de su silla de plástico, las 
cejas levantadas. 
—¿Peligroso? ¿Te importaría aclararme eso? ¿Peligroso en qué 
sentido? —Se hunde en la silla de nuevo—. Es un gilipollas. Un matón. 
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Le gusta meter la cara de la gente contra la tierra y buscar pelea sin 
razón. 
—Ya veo. —El mismo Ross de siempre. Nada ha cambiado. 
—Sin embargo, hasta donde sé, nunca ha golpeado a una mujer. 
¿Por qué el interés repentino? 
—Lo soltarán de la prisión mañana por la mañana, y vamos a ir a 
recogerlo. Octavia… quiere hablar con él. 
—¿Sobre qué? 
—Sí, buena pregunta. Ella tiene esa idea de que él es… bueno, 
supongo, por debajo de su exterior de gilipollas. Y que necesita su ayuda. 
Ha estado teniendo pesadillas sobre su muerte. 
John no pestañea sobre esto, lo que me recuerda por qué lo respeto 
tanto. 
—Ya veo por qué estás preocupado. Dudo que Ross lastime a 
Octavia, no físicamente de todos modos. Si ella piensa que puede soportar 
el abuso verbal habitual que le gusta repartir, entonces deberíais estar a 
salvo. 
Cierto. Pero eso significa que Octavia está equivocada. 
—¿Así que no ha cambiado en absoluto en todos estos años desde 
que dejamos Destiny? 
—Es difícil para mí decirlo. Él está bebiendo más. Parece estar 
siguiendo los pasos de su viejo. 
Maldita sea. 
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—Volveré a hablar con Octavia, la convenceré de que no vaya a 
buscarlo mañana, de que se olvide de él. 
—Sin embargo… —John se levanta, enderezándose la corbata. 
Parece que le gusta la palabra—. ¿Qué pasa si ella tiene razón? 
—¿Cómo? —Lo miro de soslayo. Está delineado a la luz que entra 
por las ventanas del café, como una aparición, o como un ángel—. ¿Qué 
quieres decir? 
—Solo esto: nunca se sabe lo que hay en el corazón de alguien —
dice, arruinando su actuación de hombre sabio, y me guiña un ojo antes 
de irse. 
¿Lo dice en serio? 
 
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150 
Capítulo Doce 
Octavia 
Nuestro último día en Destiny va demasiado rápido. Entre 
desayunar con Evan y Melissa, pensar en el almuerzo mientras Matt lleva 
a la niña para jugar con unos amigos de la vecindad, y darle a Evan sus 
analgésicos, la mañana pasa volando. 
Matt regresa mucho más tarde con más bolsas de comida para 
pájaros y tortugas, y Melissa, quién estás triste porque regresa hoy a St. 
Louis con la hermana de Evan. Eso hace que el almuerzo sea un asunto 
sombrío. Ella está triste. Evan está en silencio y picotea su comida. Matt 
se ve pensativo, con las cejas juntas, líneas profundas en su frente. 
—Hablé con John hoy —dice Matt después de que el silencio se 
extendiera—. John Elba, el policía que estaba al cargo del caso de Jeff 
Adams. ¿Lo recuerdas? 
¿Cómo podría olvidar algo de los acontecimientos de aquellos días? 
—¿Sobre qué? 
Matt baja el tenedor. 
—Ross. —Su oscura mirada se encuentra con la mía, afilada como 
una espada—. Escúchame, Tay. Ross no ha cambiado. Deberíamos 
olvidarnos de lo de mañana, dejarlo… 
—No. —Me separo de la mesa y me pongo de pie, sin saber a dónde 
ir o qué hacer—. No voy a rendirme antes de empezar. Tengo que hablar 
con él. 
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Él también está de pie, proyectando una gran sombra sobre la 
mesa. 
—Estoy preocupado. Él no es un buen hombre. Podría hacerte 
daño. 
—No lo hará. Y tú estrás allí. —Mi pecho se siente demasiado 
apretado—. Dale una oportunidad, Matt. ¿Por favor? 
Niega, pero vuelve a sentarse. 
—Eso es más o menos lo que dijo John también. 
—¿Lo hizo? —Me dejo caer sobre la silla de nuevo, mis rodillas 
débiles. 
—Dijo que nunca se sabe lo que hay en el corazón de alguien. 
Mi turno de negar con la cabeza. 
—Te arriesgaste conmigo —continúa—. Confío en ti, Tay, mira, no 
fui a la comisaría para eso. Quería hablar con alguien sobre Jasper. 
Encontré a John, y empezamos a hablar, eso es todo. Quiero hacer lo 
mejor para ti. 
—Lo haces. Créeme. —El alivio hace temblar mis manos—. No te 
pido que adoptes a Ross. Solo verlo, ver que está bien, poner esa pesadilla 
a descansar. 
—Entonces lo haremos —dice Matt, con determinación 
endureciendo su voz—. Si eso es lo que necesitas. 
Lo es. Lo sé instintivamente. No descansaré hasta que haya visto 
por mí misma que Ross está bien. 
* * * * * 
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Deanna, que viene a recoger a Melissa, tiene la cabeza llena de rizos 
saltarines y unos grandes ojos marrones. No se parece en nada a Evan, 
y no parece que pueda quedarse quieta más de dos segundos. 
—Meli, ¿estás lista? ¿Empacaste tus cosas? No olvides tus 
muñecas, no vamos a volver por ellas. Evan, ¿tomaste tus medicinas? 
¿Has comido? Oh, Dios, tengo que trabajar hasta tarde esta noche. Meli, 
¿estás lista? 
Mierda santa. Me está volviendo loca, y solo lleva aquí diez minutos. 
Aunque por la forma en la que agarra a Melissa por sus brazos cuando 
la niña pasa y la abraza, es dulce. Está claro que la quiere. 
Pero Melissa se dirige directamente a Evan. 
—Ven con nosotros. —Lanza sus brazos alrededor de sus piernas—
. Por favor, tío Evan. Para poder verte más a menudo. 
—No puedo —dice, la miseria en sus ojos—. Ya hablamos de esto. 
Pero, ¿por qué no? 
—Deberías mudarte a St. Louis —le digo—. Consigue un trabajo 
allí. Es nuestra ciudad, estaremos por allí, ayudaremos. 
—Eso es verdad —dice Matt—. ¿Por qué no buscar en St. Louis? 
Estarías cerca de Melissa, cerca de nosotros y lejos de Jasper Jones. Para 
mí suena bien. 
Evan parece sorprendido. Nos mira de Matt a mí, y de vuelta a 
Melissa. 
—¿Crees que debería? Sigo olvidando que he renunciado… que 
puedo ir a donde quiera ahora. 
—¡Sí! ¡Ven con nosotras! —grita Melissa—. Por favor. 
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—Tranquila. —Le da palmaditas en el brazo—. Tendré que 
encontrar un trabajo. 
—Sí, deberías. —La mirada de Matt se distancia. Me pregunto qué 
pasó por su mente—. Lo resolveremos. 
—¿Realmente dejaste tu trabajo? —Deanna le dispara a Evan una 
mirada afilada—. Siempre dijiste que no podías renunciar a ese salario. 
—Bueno, lo hice. Te lo contaré en otro momento. 
La cara de su hermana hace una cosa extraña, pasando de la 
incredulidad a la preocupación, y luego al alivio. 
—Bien. Melissa no es la única que te echa de menos. Sería genial 
tenerte cerca, por fin, para que dejes de castigarte por lo que pasó con 
Abby. 
—¿Quién es Abby? —pregunta Melissa, y rápidamente se abriga en 
una enorme parka y camina hacia el porche—. ¿Quién es Abby, Evan? 
—Hablaremos de eso también, tal vez —dice, de pie junto a ella en 
el porche—. En otro momento. 
Los miro fijamente, la figura alta de Evan, la pequeña Melissa a su 
lado, la mano de ella en la de él, y una alegría agridulce me llena al pensarque pueden arreglar esto, encontrarse, estar juntos. 
Matt viene detrás de mí, me abraza. 
—¿Así que has decidido arreglar las vidas de todos, curar toda la 
tristeza del mundo? 
—¿Tal vez? —Me río un poco, pero tiene razón. Eso es lo que quiero, 
cómo me siento—. Deseo que sean felices. ¿Es eso algo malo? 
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—Nunca. —Sin dudarlo—. Y creo que he encontrado la solución. 
—¿De qué? 
—Para Evan. 
Intento darme la vuelta y mirarle la cara, pero no me deja. Me 
arropa bajo su barbilla. 
—Dímelo —susurro. 
—Te lo diré cuando volvamos a St. Louis. Hay una o dos cosas que 
necesito aclarar primero. 
—Aguafiestas. 
—Pero me amas de todos modos. 
Sonrío y me recuesto contra él. 
—Con todo mi corazón. 
* * * * * 
—¿Estarás bien cuando nos hayamos ido? —le pregunto a Evan. 
—Estaré bien. 
—Solo le preguntaste diez veces en la última hora —murmura Matt. 
—¿Qué? Solo me aseguro de que tenga todo lo que necesita. 
 —Cuidaste de Melissa y compraste todo lo que necesitaré para una 
semana por lo menos. Estoy listo —Evan me lanza una sonrisa cansada—
. Me estoy acostumbrando al reparto, y estoy moviéndome por mi cuenta, 
y además… necesito decidir qué hacer. Mi contrato de alquiler de esta 
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casa también está terminando. Siento que el destino me está empujando 
a mudarme. 
—Sí, hablaremos de eso. Te llamaré —dice Matt, todo críptico y 
misterioso, y le lanzo una mirada. 
No muerde el anzuelo. Toma otro trago de cerveza y cambia el canal 
de televisión a una reposición de Friends. 
—Sois los mejores amigos de todos los tiempos —dice Evan, tan 
bajo que apenas lo escucho, su mirada fija en un lugar más allá del 
televisor—. Nunca olvidaré lo que hicisteis por mí. 
—Todavía no hemos terminado contigo —murmura Matt, y 
renuncio a tratar de resolverlo, recostándome contra su costado y 
durmiéndome rápidamente. 
En estos días eso es todo en lo que parezco ser buena. 
Eso, y en tratar de salvar al mundo, como si alguna vez pudiera. 
 
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Capítulo Trece 
Matt 
No duermo. 
Después de dar vueltas y vueltas, me levanto y voy al baño, salpico 
un poco de agua en mi cara. Me miro a los ojos cansados en el espejo roto 
del baño y me pregunto cuál es mi problema. 
Sí, Ross es un imbécil, y no tengo ganas de encontrarlo mañana. 
De que Octavia se ponga de nuevo en su camino. No confío en mí mismo 
para no volverme todo cavernícola sobre su culo, golpearlo y tirarlo en los 
arbustos junto a la carretera. 
Si tan siquiera piensa en burlarse de mi esposa, si pone su jodido 
dedo meñique sobre ella… Jesucristo, me estoy cabreando solo de pensar 
en ello. 
¿Por qué acepté esto? 
Oh, claro. Porque Octavia me miró como si se le estuviera 
rompiendo el corazón por insistir en que cambiara de opinión, y no tengo 
poder para rechazar nada de los que esta chica me pida. 
Pesadillas. ¿Cómo podría negarme si cree que viendo a ese gilipollas 
cara a cara puede tranquilizarla? Especialmente ahora. Necesita dormir 
mucho. Cree que no me doy cuenta de lo cansada que está a veces, pero 
es difícil no verlo. Llevar a un bebé no es fácil. 
Así que cuando regreso a la habitación de huéspedes y la encuentro 
sentada, con las manos en su vientre, me paro en seco, mi corazón 
haciendo una danza de guerra contra mis costillas. 
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—Tay, ¿está todo bien? —Me siento a su lado—. ¿Qué pasa? 
—Nada. Solo gases, creo. 
Me relajo. ¿Por qué estoy tan preocupado? No es mi primer rodeo 
con una esposa embarazada. Los cambios de humor, los antojos de 
comida, las náuseas, el hambre, las lágrimas repentinas, he pasado por 
todo esto dos veces, y nunca me arrepentiré ni por un segundo. 
—¿Quieres un poco de té? —le pregunto—. ¿Tal vez un poco de 
manzanilla? 
Solía funcionar con Emma. 
Y así como así, el recuerdo me golpea como un puñetazo, tan fuerte 
que gruño, y no estoy aquí. Estoy con Emma, antes de que se enfermara, 
antes de morir, mucho antes de que todo se fuera a la mierda. 
Cuando estaba embarazada de nuestros hijos, brillaba de felicidad. 
Cuando tuve mi mano sobre su vientre hinchado, sintiendo a nuestros 
bebés dar patadas. Cuando ella se rió y me dijo que serían increíbles. 
No puedo respirar. 
Me pongo de pie y me tropiezo hacia la ventana y la abro, 
desesperado por un poco de aire. Me estoy ahogando. Asfixiando. 
La habitación del hospital donde murió. Mary y Cole llorando en 
casa, preguntando por su madre. Zane, el hermano adoptivo de mi 
esposa, casi bebiendo hasta morir, incapaz de hacer frente a su pérdida. 
Y yo… 
Froto la gruesa cicatriz que corre por el interior de mi brazo, hasta 
mi muñeca, flexiono los dedos normalmente medio entumecidos, los 
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nervios permanentemente dañados por cortar demasiado profundo 
cuando pensaba que mi vida nunca volvería a tener sentido. 
Estaba equivocado. 
Pongo mi mano en el cristal de la ventana. Frío. Tan jodidamente 
frío. Pero esto es real. La falta de aliento, la oscuridad burlándose en los 
bordes de mi mente, todo apesta, pero es real. Estoy aquí, y estoy vivo. 
Regresé de la oscuridad. 
Y si este pueblo, este momento me arrojó de vuelta al pasado, eso 
no significa que sea su prisionero. 
—¿Matt? ¿Qué pasa? 
Ahí está, mi luz brillante en este laberinto. La arrastro a mi lado, 
la meto bajo mi brazo, y le beso la frente. 
—Todo está bien —le digo. 
Suspira, enterrándose más cerca. 
—¿Estás seguro? 
Hace frío en la habitación, y debería meterla de nuevo en la cama, 
pero no me muevo, todavía no. Su aroma dulce y fresco llena mis 
sentidos, suaviza los bordes afilados del pasado. Mi respiración se 
asienta, mis pulmones se expanden. 
—Mientras tú y nuestros hijos estéis bien, no hay nada más que 
quiera —susurro, mirando nuestro reflejo, entrelazados en el cristal 
oscuro. 
Y esa es la verdad. No estoy retrocediendo. Es solo el estrés de estos 
días, Kaden quejándose de que no le estoy dando lo que necesita, Evan 
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necesitando ayuda, Jasper pavoneándose en nuestras vidas, Ross 
cruzándose en nuestros caminos. 
Pero volverá a la normalidad. Volveré al camino. Nunca dejaré de 
extrañar a Emma, y nuestros hijos juntos siempre me recordarán a ella. 
Tantas pequeñas cosas que siempre me la devolverán. 
Pero amo jodidamente mucho a Octavia. Tengo algo bueno con ella, 
con mis hijos. Tengo una buena vida. No más ahogarse en alcohol y 
desesperación. Cuidaré de todos, los mantendré a salvo. No estoy seguro 
de dónde está el peligro, o incluso si lo hay, pero si esto es lo que tengo 
que decirme para mantenerme cuerdo, no volver a resbalar, entonces es 
un pequeño precio a pagar. 
Después de todo, nunca pensé que merecía una segunda 
oportunidad. Ahora la tengo, y lucharé con uñas y dientes para 
conservarla. 
* * * * * 
Finalmente volvemos a la cama, y mientras Octavia está dormida, 
doblo mi cuerpo alrededor de su espalda, aferrándome a ella, 
respirándola. Como siempre, sentirla, olerla, me pone duro, pero no actúo 
en consecuencia. No ahueco sus plenas tetas, no le meto la mano entre 
las piernas para acariciarla, no la despierto y la hago correrse. 
Tampoco me masturbo. Entierro mi nariz en su pelo y cierro mis 
ojos, forzando mi cuerpo, mi pene llorando solo. Todo lo que quiero esta 
noche esir a la deriva con ella en mis brazos, dormir y soñar buenos 
sueños. 
Soñar con el presente y no con el pasado, o con los sombríos 
escenarios del futuro. 
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Creo que al final me las arreglé para dormirme, pero siento como 
si acabara de cerrar los ojos cuando mi teléfono suena en algún lugar 
detrás de mí. 
Desenredándome de Octavia que de alguna manera terminó medio 
encima de mí, busco el móvil. ¿Es mi alarma, es hora de irse ya? 
Pero no, es una llamada entrando, y agarrando el teléfono, salgo 
corriendo del dormitorio, para no despertar a mi chica. 
—¿Matt? —pregunta una voz femenina familiar mientras contesto 
la llamada. 
—Gigi. Son… —Reviso mi reloj. ¿Qué coño?—. Son las cuatro de la 
mañana. ¿Qué pasa? 
—Todos estamos bien, no te preocupes. —Aunque su voz es un 
poco tensa a medida que avanza—. Estoy cuidando a tus hijos esta 
noche. Ayer fuimos al cine, y esta noche fue el turno de tu madre para 
vigilar a los pequeños monstruos… 
—¿Mamá está bien? 
—Sí, sí. Te lo dije, todos estamos bien. 
Me apoyo contra la pared, mi cabeza flotando. 
—Así que estás en casa cuidando a los niños, y todos están bien, 
pero me llamas a las jodidas cuatro de la mañana, y casi dándome un 
ataque al corazón. ¿Por qué demonios? 
—Lo siento. —Su voz es baja—. Es solo que… Mary quiere hablar 
contigo. Bueno, no dijo exactamente eso, pero… 
—¿Pero qué? 
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—Tuvo una pesadilla, y ha estado llorando y gritando tú nombre. 
Bueno, no tu nombre. Papi. Es lo que sigue diciendo. Y algo sobre el bebé 
y Octavia. 
Mierda. 
—¿Qué hay del bebé y Octavia? 
—No lo sé, Matt, en serio. Está llorando, apenas puedo entender lo 
que dice, pero no se calma, y pensé que querrías hablar con ella. Tal vez 
escucharte la calmará. 
Jodida mierda. 
—Pásale el teléfono. 
No debería haber dejado solos a mis hijos. 
No debería haber traído a Octavia. 
No debería estar arruinando las cosas después de todo este tiempo. 
No puedo tener a mi hija triste, o a Octavia en peligro por su insistencia 
en encontrarse con el imbécil de su medio hermano… y sin embargo, no 
podía abandonar a Evan, no después de que me ayudara cuando estaba 
en mi peor momento, cuando vivía aquí. 
Maldita sea. 
—¿Papi? —Viene una vocecita con hipo y mi pecho se aprieta con 
fuerza—. ¿Eres tú? 
—Soy yo, nena. Dime qué te pasa. 
Hay muchos lloriqueos y sollozos que amenazan con romperme el 
corazón. 
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—¿Estás bien, papi? ¿Y Tati también? 
—Sí, los dos estamos bien, y estaremos de vuelta mañana. Estoy 
seguro de que todo fue una pesadilla. —Cierro los ojos mientras el 
lloriqueo continúa—. ¿Por qué no me cuentas de qué se trataba? 
Necesito arreglar esto. De alguna manera. 
—Había sangre, y estaba oscuro, y… y la gente murió, y yo estaba 
asustada. —Su vocecita me está volviendo del revés. Soy su padre. Se 
supone que debo protegerla, asegurarme de que nunca tenga miedo, 
pero, ¿cómo puedo protegerla de un sueño? 
—¿Y tienes ese sueño a menudo, cariño? 
Hipo. Maldición, espero que Gigi esté sosteniéndola ahora mismo, 
dándole el abrazo del que estoy demasiado lejos para ofrecerle. 
—Sí. 
Mierda. 
—¿Qué es lo que te asusta? Algo te está asustando. ¿Qué es? 
Dímelo, y lo arreglaré. 
—Papi… 
—¿Qué pasa? —Froto una mano sobre mi cara. Maldición, sabía 
que algo estaba mal. Debería haber retrasado el venir aquí, debería haber 
insistido en que hablara conmigo antes de irme de St. Louis—. Háblame. 
Sabes que te quiero. A ti y a Cole. Siempre estoy aquí para vosotros. Dime 
qué pasa. 
No dice nada, y creo que no me lo dirá. Pero luego suspira. 
—Estoy asustada —dice, y luego—, sobre el bebé. 
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Huh. 
—El bebé estará bien. ¿Por qué te preocupas por eso? El bebé no 
tomará tu lugar. Nunca. O el de Cole. Os quiero a todos… 
—Prefiero —susurra— tener a Tati. 
Y la línea se corta. 
¿Qué diablos significa eso? ¿Por qué elegir? 
Jesús. Putas pesadillas. Nada de esto tiene sentido, ¿a menos que 
esté celosa del bebé y ese sentimiento se traduzca en miedo y pesadillas? 
¿Quién diablos sabe? 
Una cosa es clara para mí: no puedo esperar a volver a casa y llegar 
al fondo de esto. 
* * * * * 
Después de eso, dormir es una causa perdida. Temblando por los 
malditos nervios me pongo algo de ropa y bajo a la cocina. Preparo un 
poco de café y lo bebo junto a la ventana, mirando hacia la oscuridad. 
Es como un recuerdo de mis primeros y oscuros días en Destiny, 
solo que en aquel entonces había estado bebiendo alcohol. Bebía hasta 
que amanecía, y luego tomaba café para poder funcionar lo suficiente 
como para poder ir a trabajar. 
Un escalofrío me recorre. 
Un ruido en el pasillo aleja mi atención del oscuro contorno de los 
árboles contra el cielo nocturno. Las escaleras crujen, y me doy la vuelta, 
esperando ver a Octavia allí. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
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Pero es Evan. 
Se tambalea hacia la cocina, su camisa medio desabotonada, los 
pantalones del pijama arrugados, sus pies descalzos, y se hunde en una 
silla de la mesa. 
—Matt. 
Le sirvo una taza de café. 
—¿Leche, azúcar? 
—Nah. —Se traga la mitad, o tal vez es todo, qué sé yo, antes de 
mirarme—. Gracias. 
Me encojo de hombros. 
—¿Tampoco podías dormir? 
Se mete la mano en el bolsillo, saca una bolsa de pastillas y la 
arroja sobre la mesa. 
—El dolor me mantiene despierto. Me olvidé tomar esto anoche. 
—Culpa mía. Mierda, debería haberme asegurado de que las 
tomaras. 
—No eres mi niñera, Matt. Viniste, me ayudaste. Estoy agradecido. 
Necesito ser capaz de cuidar de mí mismo. 
—Bueno, esa es la cuestión. —Me siento frente a él, tomo la bolsa 
y estudio las pastillas de dentro—. A veces tienes que aceptar que 
necesitas ayuda. Me alegro de que hayas llamado, hombre. 
Estudia su taza vacía como si contuviera alguna respuesta a una 
pregunta cósmica. 
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—Sí. 
—Oye, Evan. —Esto ha estado en mi mente desde que llegamos, y 
ahora, en la hora oscura, no puedo seguir guardando la pregunta dentro 
de mí—. ¿En realidad, por qué nos pediste que viniéramos? 
Me mira, entrecerrando los ojos. 
—¿Qué quieres decir? 
—Quiero decir, claro, te llevé al médico, te conseguimos comida 
para las mascotas, Octavia jugó con Melissa, y todo estuvo bien. Pero 
podrías haber conseguido a alguien de aquí en Destiny, para que hiciera 
esas cosas por ti. Los muchachos del garaje. Tu hermana. —Me inclino 
hacia adelante, cruzo los brazos sobre la mesa, y dejo que mi corazonada 
se haga realidad—. ¿Qué es lo que querías decirme? 
Sus ojos se abren de par en par antes de mirar rápidamente hacia 
otro lado. Se rasca el yeso, como si pudiera alcanzar la piel que hay 
debajo. 
—No tengo ni idea de lo que estás hablando. 
Me froto ambas manos en la cara y suspiro. 
—Me parece justo. —Las corazonadas pueden estar equivocadas, 
de todos modos, y estoy agotado. Empujo mi silla hacia atrás y me pongo 
en pie—. Entonces volveré a la cama. Trata de dormir un poco, amigo. 
—Matt, espera. 
Me doy la vuelta, apoyándome en el mostrador de la cocina. 
—¿Qué? 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
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Estoy tan cansado que el tiempo parece estirarse y luego romperse, 
moviéndose en extraños saltos.Un segundo estoy allí, y al siguiente Evan 
está de pie frente a mí. Es lo suficientemente alto como para mirarme 
cara a cara, algo que rara vez sucede. Si cualquier otro tipo se parara 
frente a mí, ya habría preparado mis manos en puños, listo para pelear. 
Pero eso no sucede. Se ve horrible, delgado, sufriendo. 
—Mira, yo… —Levanta su mano buena, la deja caer de nuevo—. No 
estoy seguro de lo que quería. Tuve la maldita sensación de hundirme, 
de no tocar fondo, y tuve la idea de que tú podías ayudarme. 
No sé qué decir a eso. 
—Supongo… que quería a un amigo —dice—. Un amigo de verdad, 
que ha pasado por momentos jodidamente malos y ha salido adelante, 
¿sabes? Tal vez necesitaba a alguien en quien confiar, y con quién hablar. 
Tal vez necesitaba contarte sobre Jasper, y sobre Melissa. 
—¿Y conseguiste lo que necesitabas? ¿Te sientes mejor ahora? 
—No lo sé. —Da un paso atrás—. Me siento más ligero, seguro. Pero 
todavía no sé qué hacer con nada de ello. 
No soy Dios. Ni siquiera soy un santo, como Octavia, que quiere 
salvar el mundo. Soy un bastardo gruñón, obsesionado con la muerte y 
con mantener a mi pequeña familia a salvo. 
Pero Evan confió en mí para que le ayudara a encontrar una 
solución. Y creo que la tengo. 
—¿Considerarías venir a trabajar para mí? 
Parpadea hacia mí, pareciendo confundido. 
—¿Par ti? ¿En el taller? 
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—Sí, en el Mancave. Kaden me ha estado fastidiando durante 
mucho tiempo para que contrate a otro mecánico, alguien con experiencia 
y de confianza. No se me ocurrió a nadie a quién sugerir, pero si buscas 
una ciudad a la que mudarte, y un trabajo… 
Extiende su mano buena, apoyándose contra la pared. 
—¿Lo dices en serio? —Su aliento sale tembloroso—. No acepto 
caridad. Yo no… 
—Esto no es caridad. Maldita sea, Evan —niego en desacuerdo—. 
¿Crees que no te habría llamado si hubiera sabido que buscabas trabajo? 
Apenas reuní las piezas ayer: la necesidad de tener a alguien como tú en 
la tienda, la decisión de mudarte de aquí. Solo… dime, ¿estás interesado? 
—Como si tuvieras que preguntar. —Ríe con incredulidad—. 
Estaría en el jodido St. Louis, cerca de mi hermana, de Melissa… 
trabajando contigo. Es como si la Navidad hubiera llegado temprano este 
año. Jesucristo, Matt. No sabes lo que estás ofreciendo. 
Sus ojos están brillantes ahora, y no sé qué hacer con eso, así que 
palmeo torpemente su hombro bueno. 
—Hablaré con Kaden mañana y te llamaré, pero dudo que él diga 
que no. El hombre ha estado sobre mi cabeza para contratar a alguien 
desde siempre. Ahora duerme un poco. Todo saldrá bien, ya lo verás. 
¿Verdad? 
 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
168 
Capítulo Catorce 
Octavia 
Nos levantamos temprano, nos despedimos rápidamente de un 
Evan con unos ojos llorosos y nos subimos a la camioneta. Todavía estoy 
medio dormida, pero al menos Matt parece completamente despierto, la 
línea del ceño fruncido entre sus oscuras cejas más profunda que nunca. 
—¿Qué pasa? —le pregunto mientras conduce por las tranquilas 
calles de Destiny, buscando la salida a la autopista. 
—Nada. 
Incluso su voz está tensa. 
—Matt… 
Está callado mientras sale del pueblo y nos dirigimos a la prisión. 
Lo espero. Me habla en estos días, no como cuando lo conocí. 
Finalmente, me mira de reojo. 
—Mary me llamó esta mañana temprano. Estaba llorando. 
Me enderezo en el asiento donde me había recostado. 
—¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué pasa? 
—Nada está mal. Quiero decir… —Sus dedos golpean un ritmo 
rápido sobre el volante—. Ella está bien, todos están bien. Pero está 
asustada. 
—¿De qué? 
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—No me lo dijo, pero preguntó por ti. Si estabas bien. 
—¿Yo? —Frunzo el ceño, no me lo esperaba—. ¿Estaba teniendo 
un mal sueño? 
Dios sabe que yo sé todo sobre eso. 
—Quizás. —Se encoge de hombros—. Pero eso me dice algo. 
—¿Y qué es eso? 
—No se siente amenazada por ti. Ya sabes, ¿la parte de robar a su 
padre? No creo que eso sea lo que la ha estado molestando. 
—Entonces, ¿qué? 
—No lo sé, Tay. Te lo dije, hablaré con ella tan pronto como 
regresemos. Estoy seguro de que lo resolveremos. 
Le echo un vistazo rápido a su perfil. Fuerte, decidido. Quiero 
salvar al mundo, él está decidido a hacerlo. 
—Lo haremos. 
Juntos haremos nuestro mejor esfuerzo. 
* * * * * 
Las puertas de la prisión son altas, con guardias armados en 
garitas a ambos lados. Mientras estamos sentados en la camioneta, 
esperando, las puertas se abren y dos hombres salen. 
Me inclino hacia adelante, esforzándome por ver en la luz gris de la 
mañana por el cielo nublado. Los dos van mal vestidos, con vaqueros 
viejos y camisas arrugadas, con bolsas de lona raídas y echadas por 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
170 
encima de un hombro. Caminan juntos, unidos contra el resto de 
nosotros, pero no se miran. 
Al acercarse, veo que uno de ellos es viejo, y el otro joven. 
Ross. 
Matt abre su puerta, pero yo estoy fuera de la camioneta antes de 
que pueda ayudarme a bajar. Toma mi mano y envuelve sus dedos en los 
míos, mientras los dos hombres se separan, cada uno dirigiéndose en 
una dirección diferente sin siquiera decirse una palabra o un 
asentimiento el uno al otro. 
Ross está caminando hacia nosotros, pero no creo que se haya 
fijado. Tiene la cabeza baja, sus hombros encorvados, los zapatos 
arrastrándose por el asfalto. 
Matt tira de mí a su costado, y esperamos. Ross disminuye la 
velocidad a unos metros de distancia, alzando la cabeza. Se detiene. Su 
bolso cae al suelo. 
Su mandíbula se afloja, y sus ojos brillan con confusión. Su boca 
forma una exclamación, una palabra, pero no puedo distinguirla. Tal vez 
sea una maldición. 
Doy un paso adelante, tirando de la mano de Matt. 
—Ross. 
Él sacude la cabeza, luego se queda quieto. 
—¿Octavia? ¿Qué estás haciendo aquí? 
Abro la boca, pero no sale nada. No puedo dejar de mirarlo, a mi 
medio hermano, con los ojos de Merc, y la boca de Gigi, y ese pelo rubio 
blanquecino. Su rostro anguloso tiene su propia belleza, una belleza que 
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nunca me interesó cuando todo lo que quería era escupir y abofetear esa 
cara por hacerme tanto daño. 
Pero sobre todo me sorprenden los cambios en él, cuánto más alto 
es, más delgado, algo encorvado de hombros. Miro su cara más delgada, 
la pizca de barba incipiente, sus ojos cautelosos, y apenas puedo creer 
que este sea Ross, el chico que una vez conocí. 
Mi némesis. El chico que odiaba. 
La familia que dejé atrás cuando dejé Destiny. No pensé en él 
durante años, traté de dejar atrás mi vida antes de Matt. 
Pero no puedes borrar el pasado, no puedes eliminarlo. ¿Dónde 
estaría de lo contrario para enfrentar al futuro? 
Matt se adelanta, agarra el bolso de Ross y se lo pone por encima 
del hombro. 
—Vinimos para llevarte a casa. ¿A menos que tengas otros planes? 
La mirada de Ross se balancea hacia Matt, sus cejas se juntan. 
Sacude la cabeza. 
—Bien. Entonces entra en la camioneta. —La otra mano de Matt 
todavía está envuelta alrededor de la mía, y me arrastra de regreso—. 
Vamos, Tay. Vámonos. 
Volvemos a la camioneta, y sigo estirando el cuello para mirar a 
Ross, fingiendo que me estoy metiendo el pelo por detrás de las orejas. 
Él todavía está parado allí, en el medio de la calle, mirando. 
—Matt… 
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—Note preocupes. Me encargo de esto. —Mi puerta quedó abierta, 
por lo que me ayuda a subir al asiento del pasajero. Tira el bolso en el 
asiento de atrás. Su camioneta es de doble cabina, es grande, lo cual es 
útil cuando vamos con los niños. Se mueve lentamente alrededor del 
vehículo, luego se detiene y hace un gesto a mi medio hermano—. 
Muévete, Ross. Octavia quería hablar contigo, pero no pongas a prueba 
mi paciencia, o simplemente me iré y te dejaré aquí, ¿entendido? 
—¡Matt! —Golpeo mi mano contra el parabrisas—. No lo harás. 
Pero lo que Matt dijo parece sacar a Ross de su shock. Parpadea y 
luego se dirige a la camioneta. Sin dejar de mirar a Matt, abre la puerta 
del asiento trasero y se sube al interior. 
Después de un momento, Matt hace lo mismo, deslizándose detrás 
del volante, cerrando su puerta, y de repente estamos los tres dentro de 
la cabina del camión, con el fuerte olor a almizcle masculino, preguntas 
tácitas y sudor corriendo mi espalda y haciendo mis palmas resbaladizas. 
—Tomemos un poco de café —dice Matt, y me quedo mirando 
fijamente hacia adelante, haciendo mi mejor esfuerzo para no girarme y 
mirar a Ross—. Vosotros dos podéis hablar. Luego te dejamos en casa, y 
nosotros volveremos a estar en nuestro alegre camino. 
—Tu alegre camino, ¿adónde? —murmura Ross, en voz baja—. ¿De 
vuelta a St. Louis? 
—¿Dónde más? Ahí es donde vivimos. —Matt tampoco mira hacia 
atrás a Ross, con los ojos en la carretera mientras gira el camión y nos 
lleva de vuelta a la carretera. 
—Sí —resopla Ross—. Te escapaste, ¿no? O eso pensaste. Te fuiste 
muy lejos, y pensaste que eras diferente ahora, alguien importante, no 
una maldita basura de Destiny, en medio de la jodida nada. 
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—Que te jodan, Ross —murmura Matt. 
Mierda. 
—¿Apareces a recogerme y hablar? ¿Estás de broma? ¿Pensaste 
que seríamos amigos ahora, o qué? Me encerraste una vez porque creías 
que había secuestrado a tus hijos. Apuesto a que tu noviecita aquí te 
metió en eso, te dijo que tenía que ser yo, ¿y adivina qué? Todos vosotros 
os fuisteis, pero cada vez que había una pelea, la policía me arrestaba, 
me encerraba y me echaba todo encima. —Su mano se clava en mi 
hombro por detrás, sorprendiéndome con un aullido—. Pequeña perra. 
—Eso es todo. —El camión gira hacia un lado y Matt pisa el freno. 
El vehículo se detiene. Se da media vuelta en el asiento—. Si vuelves a 
hablarle así a mi esposa, golpearé tu cara hasta que ni siquiera tu jodido 
padre te reconozca. Y luego te dejaré aquí para que regreses por tu 
cuenta. ¿Lo entiendes? 
Respiro fuerte, mi corazón chocando contra mi esternón. Pongo 
una mano protectora sobre mi vientre. 
—Solo quería saber cómo estás, Ross. Ver si estabas bien. Nunca 
quise… 
—¿Bien? ¿Cómo diablos podría estar bien? Tú te encargaste de eso, 
y ahora… 
—Vete —dice Matt—. Vamos. Bájate de mí camioneta, o iré yo y te 
sacaré. ¡Lárgate de aquí! 
Ross abre la puerta y salta. 
No, no, no. Así no es como se suponía que iba a ser. Se suponía 
que tenía que hablar con Ross, para preguntarle cómo está realmente. 
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Yo también abro mi puerta. 
—Tay. ¿Dónde vas? —Matt me pone una mano en la pierna, pero 
ya estoy girando, buscando el estribo con mi pie para bajarme—. Espera. 
Pero tengo demasiada intención de salir, de hablar con Ross antes 
de que se vaya, para esperar. Encuentro un punto de apoyo y comienzo 
a deslizarme, una mano en el marco de la puerta, la otra en la puerta. 
Mi pie de alguna manera se resbala, y jadeo cuando la puerta 
comienza a cerrarse, y me caigo a la calle. 
—So, tranquila. —Unas manos fuertes me agarran por debajo de 
las axilas, bajándome más lentamente hacia el asfalto—. ¿Estás bien? 
Jadeo, la adrenalina corriendo por mis venas, haciéndome temblar, 
miro a Ross a través de mi pelo largo. Todavía está sosteniéndome, con 
las cejas juntas sobre sus ojos helados. Hay algo así como una pregunta 
en ellos. Una duda. 
Entonces Matt está ahí, empujándolo. 
—Quítale las manos de encima —gruñe y me envuelve en sus 
brazos—. ¿Estás bien, chica? ¿Te lastimó? 
—No, no lo hizo. Estoy bien. Estoy bien. Él… —Me retuerzo, girando 
en el círculo de los brazos de Matt, buscando a Ross—. No me lastimó, 
Matt, resbalé y me atrapó. ¿Dónde está? 
El agarre de Matt se relaja un poco, y comienzo a moverme detrás 
de Ross, que está alejándose, con las manos en los bolsillos y la cabeza 
inclinada. 
—¡Ross! Espera. 
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—Maldita sea, Tay —Matt parece exasperado—. Que evite que te 
caigas no significa que haya cambiado. Oíste todo lo que dijo en la 
camioneta. 
Lo hice. Y todavía no estoy convencida, no estoy lista para 
rendirme. 
—Ross. Para. —Me apresuro tras su alta figura—. ¡Para! 
Finalmente disminuye la velocidad y se da la vuelta, caminando de 
regreso. 
—¿Qué es lo que quieres? 
—Hablar contigo. 
—Lo estás haciendo. Así pues, ¿qué pasa? Puedo tomar un taxi. No 
necesito el abuso de tu novio. 
—Es mi marido. Y no eres quién para hablar de abuso. 
—¿Sabes qué? Vete a casa, Octavia. No tenemos nada que decirnos. 
Me detengo y abro la boca para pedirle que espere, o enviarlo al 
infierno, cuando una extraña vibración atraviesa mi vientre. Un jadeo se 
me escapa. Presiono una mano en mi estómago redondeado y vuelve a 
suceder. No es mi teléfono en el bolsillo, es mi barriga. 
¿Qué es eso? 
—Tay. Tay, ¿qué pasa? —Matt está a mi lado en un abrir y cerrar 
de ojos, su mano cubriendo la mía—. ¿Estás bien? 
—Sentí algo. Aquí, es… ¿lo sientes? 
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Su cabeza se inclina hacia la mía, y su ceño fruncido se aligera. 
Sonríe. 
—¿Sabes lo que es eso? El bebé pateando. 
Oh, Dios. Las lágrimas se acumulan en mis ojos. 
—¿Estás seguro? 
Asiente, y sus ojos también parecen húmedos. Quiero reír y llorar 
al mismo tiempo. Otro revoloteo viene bajo nuestras manos, y ambos 
sonreímos. 
Entonces una sombra cae sobre nosotros. 
—¿Estás embarazada? —pregunta Ross en voz baja, con los ojos 
redondos como platos—. ¿Hablas en serio? 
Los ojos de Matt se entrecierran, y me estremezco. Si él arruina 
este hermoso momento con sus horribles comentarios, lo juro… No sé lo 
que haré. 
Dejarlo aquí e irme, supongo. 
Pero está callado. Mira donde nuestras manos están descansando 
sobre mi vientre y luego dice: 
—Tú querías hablar. Así que hablemos. 
* * * * * 
Volvemos a la camioneta y nos vamos. Se siente como un sueño. 
Mantengo mis manos en mi vientre, en caso de que el bebé se mueva de 
nuevo, pero todo está tranquilo ahí dentro. 
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¿Matt estaba en lo cierto? ¿Era eso lo que era? Hace que todo 
parezca más real. No es algo abstracto, sino un bebé, moviéndose, 
respirando dentro de mí. 
Ross también se queda callado en el asiento trasero mientras nos 
dirigimos a Destiny, mientras Matt no para de mirarme, su boca 
crispándose en una sonrisa cada vez que atrapa mi atención. 
Le devuelvo la sonrisa, ligeramente aturdida. Qué día, y solo es por 
la mañana. 
Y a medida que nos acercamos a Destiny con sus casas bajas y 
árboles susurrantes, la gente caminando lentamente por la calle, 
levantando una mano para saludarnos y mirarnos pasar, me sorprende 
que ahora que hemos llegado tan lejos, realmente no sé qué decirle a 
Ross. Qué preguntarle, o cómo. 
No tengo idea de qué milagro esperaba hacer, y por qué pensé que 
tenía ese tipo de poder. Matt teníarazón. A menudo tiene razón, porque 
a pesar de sus formas bruscas, es inteligente y comprende mucho más 
de lo que deja ver. 
Ross es un matón. Siempre lo fue, y probablemente siempre lo será. 
Además, siempre la ha tomado conmigo en particular, y aunque nunca 
me puso un dedo encima cuando crecíamos, aparte de ese memorable 
día en el Jasper’s Garage, donde Matt intervino y lo empujó hacia atrás, 
me hizo llorar incontables veces con sus apodos burlones y mezquinos. 
Siempre tenía a sus amigos con él también, y a veces me acorralaban en 
la escuela o de camino a casa, insultándome e insinuando que me había 
acostado con todos ellos mientras los transeúntes miraban. Me hizo 
sentir como una puta, como si no valiera nada. 
Había sido miserable. Y luego descubrí que él sabía desde mucho 
más tiempo que yo que compartíamos el mismo padre… 
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Sí, Matt tenía razón. ¿En qué estaba pensando? 
Estoy tan perdida en mis pensamientos que apenas me doy cuenta 
cuando aparcamos y Matt viene a abrir mi puerta y me ayuda a bajar. 
Soy vagamente consciente de Ross caminando a mi otro lado cuando 
entramos en el restaurante. Aquí es donde vi por primera vez a Matt fuera 
de su casa, con sus dos hijos. Había sido un imbécil cuando le pregunté 
por sus hijos, otra vez, ¿y noto un patrón aquí? 
¿Estoy decidida a salvar a cada hombre que ha sido un gilipollas 
conmigo? 
No, eso no está bien. Solo porque Matt resultó ser oro bajo la arena, 
eso no significa que Ross lo sea también. Después de todo, Matt fue 
grosero conmigo unas cuantas veces. 
Ross me intimidó durante años. 
Un escalofrío me estremece mientras nos sentamos en la mesa de 
una ventana. ¿Es la misma mesa en la que Matt y sus hijos se sentaron 
hace años? ¿Donde me dijo que me metiera en mis asuntos, con sus ojos 
duros y atormentados? 
Si Ross no es como Matt, nada como Merc y todos los hombres que 
me importan, ¿qué es lo que mi subconsciente está tratando de decirme 
en esos sueños? 
La camarera viene con café y el olor me da náuseas, pero estoy 
oficialmente distraída mientras respiro por la nariz. 
Distraída por mis nervios. 
Tal vez vomite de todos modos. Mi estómago se retuerce cuando me 
enfrento a Ross de verdad: el zumbido bajo de la cafetería, las pocas voces 
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de los clientes y el ruido de la cocina. Nunca había estado sentada con él 
en una mesa. 
Nunca hablamos excepto para gritarnos, intercambiar insultos y 
odio. 
Sus ojos azul hielo parpadean alrededor de la cafetería, sus 
hombros rectos como si esperara un ataque. Estudio de nuevo sus 
rasgos, viendo un poco más de Merc allí que nunca antes. 
¿Es por eso por lo que estoy teniendo esos sueños? ¿Por esa vaga 
similitud que marca a Ross como familia, aunque sus acciones no lo 
parezcan? 
—Vamos a pedir algo para desayunar —dice Matt, interrumpiendo 
el incómodo silencio entre nosotros—. Yo invito. 
—¿Por qué? —Ross le lanza una mirada cautelosa. 
Matt solo le frunce el ceño, cruzando sus brazos sobre la mesa. 
Oh, chico. 
—Te invitamos —digo rápidamente—. Y tengo hambre. 
—Por supuesto que sí —murmura Ross, y algo en mi pecho se 
sacude con el dolor recordado, por sus insultos, sus insinuaciones 
mezquinas. 
—¿Qué se supone que significa eso? —susurro. 
—Por tu condición —dice Ross, y hace que suene como una 
enfermedad. 
Por otra parte, él es bueno en esto. En hacerme sentir mal por todo 
lo bueno de mi vida. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
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—¿Te sientes amenazado por los bebés ahora, Ross? —le pregunto, 
y él parpadea. 
Entonces esos ojos helados se entrecierran hacia mí. 
—Oh, ¿eso dolió? Mira, querías que hablara, mejillas dulces. 
Hablaré, pero, ¿estás segura de quieres eso? 
—Maldita sea, Ross. Pórtate bien o patearé tu trasero —gruñe Matt, 
empezando a levantarse de su asiento. 
Pongo una mano en su brazo. 
—Está bien. Deja hablar a Ross. —Me vuelvo hacia mi medio 
hermano—. Así pues, habla. Suéltalo todo. Dime cuál es tu problema 
conmigo, qué ha ido mal dentro de esa cabeza rubia tuya a lo largo de los 
años. A ver si puedes sorprenderme. 
Vuelve a parpadear, su boca funcionando sin hacer ni un sonido. 
Sí, no sé de dónde salieron esas palabras. En mi mente, sería 
paciente, amable, esperando a que él se abriera. Pero parece que hoy no 
es el día de la paciencia. Nada ha salido según lo planeado. 
Probablemente era todo una fantasía, un Ross transformado. 
Claro, me salvó de resbalarme cuando salí de la camioneta antes, 
y aceptó hablar, pero, ¿y ahora qué? 
—De acuerdo. Adelante, Ross, habla —dice Matt, su voz 
peligrosamente plana—. Somos todos oídos. ¿Cuál es tu jodido problema? 
Ilumínanos. 
—¿Mi problema? —Ahora Ross se ve enojado, con los pómulos 
llenos de color—. Te metiste en mi vida hoy, me amenazaste en el 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
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momento en que abrí la boca, y quieres hablar. Entonces, ¿hablar de 
qué? ¿Qué demonios quieres de mí? 
Está vibrando de ira. Lo veo como si estuviera a miles de kilómetros 
de distancia, preguntándome de dónde viene todo esto. 
Temiendo saber la respuesta. 
La camarera aparece en nuestra mesa, con los menús en la mano. 
Nos mira, los deja sobre la mesa y huye. 
—Siempre has sabio que teníamos el mismo padre. 
—Lo sé desde hace mucho tiempo. No sé cuándo me enteré. Papá 
me habló de ti, de que eráis sus bastardos. Que no merecíais estar en 
esta ciudad con nosotros. Que tu madre lo estaba usando para chupar 
todo su dinero. 
—¡Eso no es verdad! —Sé que no debería morder el anzuelo, que 
debería saberlo mejor ahora, pero no puedo evitar la reacción instintiva—
. Jasper tenía tanto dinero, y nunca nos dio ni un centavo. Sabes que es 
verdad. 
—Sí, lo que sea. —Se mete los dedos en el pelo—. No me gustaba 
tenerte retozando por mi ciudad. 
—Tu ciudad —murmura Matt—. Guau. 
—No lo entiendes —dice Ross. 
—Tienes razón, no lo hago. —Matt mueve la cabeza. 
—¿Y en lugar de decirme todo esto, pensaste que sería mejor 
intimidarme? —Trago saliva—. ¿Por qué yo, de todos modos? ¿Por qué no 
Gigi o Merc? 
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—¿Así que hoy es el día en que quieres comprenderlo todo? —
Mueve la cabeza hacia un lado como un pájaro, con los ojos duros—. Por 
ninguna razón real. Tienes más o menos mi edad. Ocupaste mi lugar. 
—¿Qué quieres decir? 
Pero respira hondo y se vuelve a meter la mano por el pelo, 
ignorando mi pregunta. 
—¿De esto se trataba todo lo de hoy? ¿Comprender a Ross y su 
maldad? ¿Darle el desayuno a Ross y hacer que se disculpe? Porque no 
voy a hacer nada de eso. Quédate con tu café y desayuno. Tengo otros 
lugares a los que ir. 
—¿Cómo al amoroso abrazo de tu papá? —Respiro con dificultad, 
el cuello y la cara caliente por la ira—. Adelante, entonces. 
—¿Qué es lo que quieres de mí? —Se lame los labios y mira hacia 
otro lado, un destello de algo extraño pasando por su rostro. Él suena… 
desesperado. 
Por la razón que sea. 
—Ni siquiera yo misma estoy segura —admito—. Estaba 
preocupada. Por ti. 
Se ríe, un sonido áspero que termina abruptamente. 
—¿Estás jodidamente tomándome el pelo? 
No muerdas el anzuelo, Octavia. 
—He estado teniendo sueños contigo. Morías en ellos. Y quería 
asegurarme de que estabas bien. 
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—Estás jodidamente tomándome el pelo. —Pero su mirada me 
evalúa, incierta—. ¿Estásaquí por un sueño? 
—No, no lo entiendes. —Dios, ¿realmente es un imbécil, o tan 
estúpido?—. Estoy aquí por ti. Sueño contigo porque estoy preocupada 
por ti. Así es como funcionan las pesadillas. No te asustan las cosas que 
no te importan. 
—¿Y ahora de repente te importo? 
—Descubrí que estabas en prisión, Ross. Que tu padre, nuestro 
padre, ha estado bebiendo y empujando a todo el mundo en el garaje. 
Fuiste un gilipollas conmigo, así que, ¿por qué iba a importarme, verdad? 
Pero también eres mi hermano, y como el inútil de nuestro padre no está 
ahí para ti, sí, me preocupé. 
Su cara palidece. El nudo en su garganta se mueve mientras traga. 
—Puedes parar esto —susurro—. Este círculo vicioso. Deja de 
beber, de ser malo con la gente, y de meterte en la cárcel. Eres joven, 
Ross. Aún puedes arreglar tu vida. No tienes que convertirte en nuestro 
padre. 
El silencio cae. Matt me está mirando, con la mirada pensativa. 
La cara de Ross está blanca como el papel, manchas rojas en sus 
pómulos. 
Repito mis palabras en mi mente. Ross se está convirtiendo en 
Jasper, ¿no? Bebiendo, metiéndose en problemas, convirtiéndose en un 
solitario odioso que nadie quiere, un tipo con un historial de violencia y 
problemas. Un tipo que el juez enviará a prisión cada vez, porque es un 
alborotador. 
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En el silencio, el chirrido de la silla de Ross siendo empujada hacia 
atrás me sobresalta. 
—Bueno, estoy bien cómo puedes ver. Eso debería tranquilizar tu 
mente, hermanita. —Me muestra sus dientes—. Iros y reproduciros en 
paz, y dejadme destruirme como yo quiera. 
Matt también está de pie. 
—No dejes que te detengamos —dice—. Vete a la mierda, y no 
vuelvas a acercarte a Octavia. 
Pero el nudo en mi garganta no me deja respirar. 
—¿Por qué? —Me inclino hacia adelante—. ¿Por qué me odias 
tanto, Ross? 
Se detiene, de espaldas a mí, y al principio creo que no responderá. 
Pero se da la vuelta con las manos en los costados, sus ojos brillando. 
—Porque lo tenías todo —dice con amargura—. Una madre 
cariñosa y hermanos. Una casa bonita y cálida. Comida caliente en la 
mesa. Tenías amor. Podía verlo en tu cara todos los días, y me cabreaba. 
Tienes mi jodida edad. Podría haber sido yo, pero no fue así. Fuiste tú. 
Yo tengo al borracho, al padre violento, y tú tienes a la madre amorosa. 
Así que pensé que era jodidamente justo que sufrieras un poco, también. 
Compartir mi destino. 
Mi corazón se tambalea, comienza a latir con fuerza. 
—Ross… 
—A la mierda. —Se pasa una mano por la cara y se vuelve a dar la 
vuelta—. Espero que tus sueños se detengan y te olvides de mí. Dejadme 
en paz. Vuelve a tu pequeño mundo perfecto. 
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185 
—Por favor, no te vayas todavía. 
Suspira, sus hombros subiendo y bajando. 
—¿No lo ves? No te odio, Octavia. Me odio a mí mismo. 
Y en dos pasos ya está fuera del restaurante. Observo aturdida a 
través de la ventana mientras se acerca a la camioneta, abre la puerta y 
saca la bolsa de lona. Colgándola sobre su hombro, se aleja y desaparece. 
Probablemente para siempre. Dudo que lo vuelva a ver nunca más, 
excepto en mis sueños, y sin embargo… 
Y sin embargo, tengo la sensación de que esto no ha terminado, 
que esta reunión no fue en vano. El vuelo de una mariposa puede cambiar 
el mundo, así que, ¿por qué no esto? 
 
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186 
Capítulo Quince 
Matt 
Pido el desayuno y luego prácticamente lo fuerzo en Octavia. Ella 
necesita comer, incluso si está conmocionada en este momento. Es como 
si hubiéramos pasado por una jodida explosión nuclear, sentados en el 
páramo que quedó después y tratando de darle sentido. 
Bueno, Octavia tiene que sentirse así. ¿Yo? No estoy tan 
sorprendido. Ross es un hijo de puta cruel. Tenía razón sobre él. 
¿No la tenía? 
Odio cuando surgen las dudas. Sí, es un idiota. Es igual que la 
última vez que lo vi. Más delgado, más duro, seguro. La prisión te hace 
eso. Se ve más cansado, más cuidadoso. 
Pero no menos malvado. 
Aun así, mientras me tomo mi café amargo, puedo oír su voz, sus 
palabras regresando en olas. Tanta rabia en él, tanta furia contra el 
mundo y el destino. Se siente… familiar de alguna manera. Me recuerda 
a cómo me sentí después de la muerte de Emma. 
Tanto dolor. 
Y odio haber encontrado este punto de empatía con él. No soy como 
él. No somos nada parecidos, él y yo. No arranco las alas de las mariposas 
para pasar el rato. 
Pero recuerdo lo que Octavia dijo, lo que él dijo. ¿Qué hubiera 
pasado si hubiera crecido en una casa como la suya? Sin madre, con un 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
187 
cabrón como padre, y a pocas calles de distancia de una familia que 
hubiera deseado tener, compuesta por los otros hijos de mi padre. 
Los niños que escaparon al destino de él. 
Cristo. 
Octavia se limpia los ojos con las manos por enésima vez, y estoy 
enojado con Ross otra vez. 
Pongo mi brazo alrededor de ella y me trago el profundo gruñido en 
mi garganta. 
—Respira hondo, Tay. Todo saldrá bien. 
Sí, a la mierda la empatía. ¿Cómo se atreve ese idiota a lastimar a 
mi chica otra vez y salirse con la suya? Que se joda. No todos los que 
crecen en un hogar abusivo se convierten en un bastardo egoísta. Eso es 
todo de él. 
Y debería haberle dado un puñetazo y dejarlo allí para que se 
guisara en su propia mierda. Solo me contuve por el bien de Octavia, ¿y 
de qué sirvió? 
Le seco las lágrimas con el pulgar y le beso el pelo. 
—Olvídate de Ross —susurro—. Piensa en nosotros, en nuestra 
familia. En el bebé. Gigi, Merc, Mary y Cole. Nuestras madres. Nuestra 
casa en St. Louis. 
—Lo sé —asiente contra mi hombro—. Ojalá que él me escuchara. 
—Nadie puede ser salvado contra su propia voluntad, nena. Si Ross 
quiere cambiar, tendrá que hacerlo él mismo. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
188 
Aunque dudo que alguna vez lo haga. Y todo lo que quiero es hacer 
que Octavia vuelva a sonreír. Este viaje ha sido agotador para ella en 
todos los sentidos, y la responsabilidad pesa mucho sobre mí. Necesito 
cuidar de ella, mantenerla a salvo. Mantenerla feliz. 
Maldición, no puedo esperar a ir a casa y dejar este lío por detrás 
de nosotros. 
* * * * * 
Octavia duerme todo el camino hasta St. Louis, y sigo mirando a 
su cara cansada. Es linda cuando está dormida, tiene la boca relajada, 
las mejillas sonrosadas, las pestañas revoloteando, y a veces hace esos 
pequeños ruiditos de ronquidos. 
Mierda. Sacudo la cabeza, sonriendo. Estoy tan encoñado. Dios, 
amo jodidamente tanto a esta mujer, y todo volverá a estar bien. 
Haré que lo esté. 
Es temprano por la tarde cuando llegamos a la ciudad. Los 
suburbios familiares de mi ciudad nos saludan, edificios oscuros que se 
elevan a través de la luz gris del día, los coches con sus faros encendidos 
cuando cae una ligera llovizna. Los limpiaparabrisas zumban mientras 
disminuyo la velocidad, tomando la salida hacia St. Louis. 
De camino a casa, pasamos por el Mancave, y me resisto a la 
tentación de parar y comprobar las cosas. Apuesto a que Kaden no lo 
apreciará. No hace falta que parezca que no confío en él para que la tienda 
siga funcionando otro día. 
Aunque necesito hablar con él, contarle sobre Evan. Decirle a 
Kaden que confío en su juicio, su experiencia, su capacidad de gestión. 
Que nunca hubiera podido dirigir el garaje sin él. 
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Es curioso como unos días fuera de la ciudad lidiando con un 
amigo roto y un medio cuñado imbécil puede poner algunas cosas en 
perspectiva. A pesar del estrés de estos últimos días, o quizás porque era 
un tipo diferente de estrés, mi mente se siente más clara. Como si hubiera 
despejado un montón de espacio desordenado, y ahora puedo ver cosas 
que antes no podía ver. 
Como la maldita suerte que tengo. 
De acuerdo, lo sabía, pero me ha golpeado como nunca antes. 
Comparado con Evan. Comparado con Ross, por amor de Dios. Soy muy 
afortunado de tener gente tan buena a mí alrededor, de tener a Kaden a 
mi lado. 
Pero primero vamos a casa. Necesito ver a mis hijos, abrazarlos. 
Necesito hablar con Mary y preguntarle a Gigi qué pasó exactamente esa 
noche. Si entendió las divagaciones de Mary. 
Ver a mi madre, nuestra habitación, nuestra cama, caminar por la 
casa y asegurarme de que todo esté como lo dejé, que no se ha 
desmoronado mientras no estaba. 
Aliviar el miedo constante que me invade. Algún día incluso puede 
desvanecerse para siempre. Trabajaré en ello. 
Puede que los niños aún no estén en casa, me doy cuenta mientras 
conduzco por nuestra calle y nuestra casa aparece a la vista. Nunca 
recuerdo los días que tienen actividades, ya que normalmente estoy en el 
trabajo en ese momento. 
Estaciono la camioneta justo en el frente y me reclino con un 
suspiro. Por fin. Observo la casa, al porche, a los rosales que Mary y Cole 
plantaron, al árbol bajo el cual hablé con Mary el viernes, al césped 
cubierto de vegetación. 
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Debería cortar el césped. Repintar la casa. Arreglar la valla, donde 
una tabla podrida se está cayendo. Debería haber hecho eso hace mucho 
tiempo, pero de alguna manera nunca encontré el momento. 
Como no tuve tiempo de hablar con Mary antes de la mañana de 
nuestra partida. 
Otra cosa que necesito arreglar. 
Octavia todavía está fuera de servicio, profundamente dormida, y 
salgo de la camioneta para buscarla. Apenas se mueve cuando la saco y 
la tomo en mis brazos. 
Murmura algo, sonríe, y me abraza el cuello. 
Se siente increíble tenerla acurrucada contra mí, su peso 
contrarrestando el peso en mi pecho, igualándolo. 
Haciéndome sentir ligero. 
A través de la llovizna, camino lentamente hacia la casa, para no 
despertarla, y cuando estoy a mitad de camino la puerta se abre de golpe, 
y Mary sale, su pelo oscuro cayendo sobre su pequeño rostro. 
Ella está aquí. Mi niña está bien. La miro atentamente, la presión 
en mi pecho relajándose. 
Nos mira por un largo momento, y luego comienza a correr hacia 
nosotros, gritando. 
¿Por qué está gritando? 
Me detengo, sorprendido, mientras ella corre por el camino mojado 
y luego se desliza hasta dejarse caer de rodillas y se cubre la cabeza con 
las manos. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
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¿Qué demonios está pasando? 
—¿Mary? —Me apresuro hacia ella, y me paro sobre ella, sin saber 
cómo arrodillarme mientras sostengo a Octavia que está parpadeando 
hacia mí con los ojos somnolientos—. ¿Qué pasa? 
—Sabía que esto sucedería —se lamenta mi hija—, lo sabía. 
Estúpido bebé. Odio a los bebés. Siempre matando. 
¿Matando? 
—Bájame —susurra Octavia, y obedezco, perplejo, conmocionado. 
La dejo en el suelo. 
—¿Alguna idea de lo que está pasando? 
—No, pero voy a averiguarlo. —Se arrodilla en el sendero 
pavimentado, la humedad filtrándose en su vestido—. Mary. Ven aquí. 
Mary alza la vista, los ojos enormes en su rostro, y se lanza hacia 
Octavia. Joder, debería ser más cuidadosa, y Dios, ¿qué he hecho? ¿Por 
qué está Mary en tal estado? 
Poniéndome de rodillas junto a ellas, apenas sintiendo la humedad 
empapando mis pantalones, me acerco a ambas. 
—Estamos aquí. 
—Pensé que estabas muerta —susurra Mary—. Tati, pensé que 
estabas muerta. 
—¿Por qué pensarías eso? —pregunta Octavia en voz baja. 
—El bebé te matará. Mató a mi madre. Después de tener a Cole, 
murió. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
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Se me afloja la mandíbula. ¿Está bromeando? Eso es lo que ha 
estado pensando todo este tiempo, ¿lo que le dio pesadillas? 
¿Qué coño? Estoy seguro de que no lo vi venir. 
* * * * * 
Para cuando la madre de Octavia sale a ver dónde está mi hija, he 
decidido que mi familia necesita tiempo a solas para hablar y arreglar las 
cosas. Así que le doy las gracias, y debe ver algo en mi cara porque ni 
siquiera me pregunta. Besa a Octavia, revuelve el pelo de Mary y luego se 
va recordándonos que Cole está dentro de su habitación, jugando. 
Traigo a mis chicas dentro de la casa, y las acompaño al baño y 
espero fuera mientras se duchan juntas. Me siento en la cama y froto mis 
manos sobre mi cara, preguntándome por cuánto tiempo Mary ha estado 
creyendo que Octavia se moriría una vez que llegara el bebé. 
Desde que se lo dijimos por primera vez, supongo. Durante los 
últimos cuatro meses mi hijita ha estado viviendo con el temor de perder 
a Octavia, como perdió a su madre. 
¿Por qué no vi esto? ¿Por qué no me senté con ella para averiguar 
el problema? 
Detente. 
Podría preocuparme por esto como un perro con un hueso, por 
siempre. Ahora lo sé. Ahora hablaré con ella. 
Ruidos de salpicaduras y risas vienen del interior del baño. Me 
recuesto contra las almohadas, y cierro los ojos. Mi cabeza está llena de 
estática. La noche de insomnio que pasé y el estrés de encontrarnos con 
Ross después, me está pasando factura 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
193 
Me estoy adormilando, casi dormido, cuando un cuerpo pequeño 
choca contra el mío y unas manos pequeñas me dan palmaditas en las 
mejillas. 
—Papi. 
—Cole —murmuro sonriendo—. ¿Qué pasa, amigo? 
—Te eché de menos —dice, y se acurruca a mi lado. Huele a talco 
de bebé y a niño. 
—También te extrañé. —Mantengo un ojo en el baño para ver cómo 
va. El ruido de salpicaduras no ha parado todavía—. ¿Cómo ha ido estos 
últimos días? ¿Te volvieron loco las chicas? 
Se ríe. 
—Sí. 
—Te entiendo. 
—Pero me gustan las chicas —dice en serio. 
—A ti y a mí, amigo. 
—Me casaré con una algún día. 
Lo miro de reojo. 
—Bien. Gracias por el aviso. 
—Será bonita, como mamá, y Octavia y Gigi. 
Mi jodido corazón se retuerce. 
—Tienes buen gusto, tío, te lo reconozco. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
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Se recuesta, sonriendo. 
—Pero no tendré una barba como la tuya. No me gustan las barbas. 
—Me parece justo. 
—Papi, ¿el bebé es un niño como yo? Quiero un hermano. 
—Ya te lo dije, Cole. Todavía no lo sabemos. —No queríamos saber 
si es un niño o una niña por adelantado—. Otra hermana también sería 
genial, ¿verdad? 
Se encoge de hombros, sin parecer convencido. 
—Claro. 
Es tan jodidamente gracioso, mi hijo. Lo abrazo un poco más fuerte. 
—Estoy feliz de que estés aquí, Cole. Tú, y tu hermana, Octavia y 
el bebé que viene… Gigi y Merc, la abuela y la otra abuela. 
—Sí. 
—Ahora las chicas vendrán a vestirse, y bajaremos a almorzar, y 
hablaremos. 
—¿Sobre qué? 
—El bebé. Tú. Mary. Nosotros. De cómo vamos a estar juntos pase 
lo que pase, porque somos una familia y nos cuidamos los unos a los 
otros. 
—Me gusta eso. —Me sonríe. 
—A mí también, Cole. A mí también. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
195 
Capítulo Dieciséis 
Octavia 
Mary no me dejaba ir después de reunirse con nosotros fuera, 
aferrándose a mí, y ahora no me pierde de suvista. No me había duchado 
con ella desde que tenía seis años y era tan pequeña que me agachaba 
para lavarle el pelo, pero ahora mismo quitar mi mano de la más pequeña 
de ella es una lucha. 
Así que nos comprometimos. Me ducho rápidamente y me envuelvo 
en una enorme toalla esponjosa, y me siento fuera de la cabina mientras 
ella se lava el barro. 
La estoy esperando con otra toalla cuando sale. La envuelvo y la 
arrastro a mis brazos. Hay otro revoloteo en mi vientre y sonrío. Dos de 
mis hijos están aquí, conmigo. 
Una sensación increíble. 
—Oye, Mary —le susurro—. Todo va a estar bien. ¿Confías en mí? 
—Tati. —Se agarra fuerte—. No quiero que mueras. 
—No lo haré. Te lo prometo. 
—Por favor, no te mueras. —No parece que me crea—. No 
necesitamos otro bebé. Quiero tenerte a ti. Eres como… mi mamá. Por 
favor, quédate con nosotros. 
Oh, Dios. 
—No me pasará nada. Tener un bebé no significa que moriré, Mary. 
¿Me estás escuchando? 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
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Pero mira hacia otro lado y no dice nada, su pequeño cuerpo 
temblando. 
¿Cómo puedo convencerla de que estaré bien? Es decir, salvo 
accidentes y problemas imprevisibles, estaré bien. Tengo cuidado, 
cumplo con mis citas con el médico, todo parece estar bien. 
No debería tener miedo por mí. No más de lo que debería estar 
preocupada a cuenta de otra persona, y es demasiado joven para pensar 
en la muerte en todo momento. 
—Vamos a vestirnos —le digo—. Almorzaremos con los niños. 
—¿Los niños? 
—Matt y Cole. 
—Papá no es un niño. 
Sonrío, contenta de alejar su mente de pensamientos más oscuros. 
—Es un niño. Un niño grande. 
—Un niño grande, grande —resopla. 
—Sí. Y comeremos y nos sentaremos juntos. Y hablaremos. 
—¿Sobre qué? 
—De todo. 
Lo cual, con suerte, después de esta charla, estará mucho mejor. 
* * * * * 
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De la mano, salimos y entramos en el dormitorio. Mis dos niños 
favoritos están en la cama, con grandes sonrisas en sus caras: Matt y 
Cole. 
Claro, también quiero a Merc, pero es mi hermanito, esa mierda 
apestosa. Una cosa totalmente diferente. 
Mary se tira en la cama, causando el pánico. Matt se apresura a 
atraparla, Cole la patea, y yo me río allí de pie. 
Mi familia. 
Matt lidia con sus dos hijos, los lleva a su regazo y los envuelve en 
un abrazo de oso, con una enorme sonrisa en su cara. Está feliz. Aliviado 
de volver y haberlos encontrado bien. Me pregunto si alguna vez estará 
libre de esa ansiedad. 
Pero ahora se las arregla mejor. Creo que ha estado aprendiendo a 
vivir con ello. 
Girándome con una sonrisa, saco un vestido y unas bragas del 
armario, y vuelvo al baño para vestirme. Para cuando vuelvo a salir, Mary 
también se ha escapado a su dormitorio para vestirse, y la recogemos 
cuando bajamos. 
Lleva un vestido azul como el mío. Me sorprende cómo ha estado 
tratando de vestirse como yo últimamente, con vestidos, su pelo rubio 
recogido hacia atrás. Mi pequeña princesa. 
Tomo su mano, Matt la de Cole, y bajamos, paso a paso. 
Mamá nos ha dejado comida en la nevera, como suele hacer cuando 
cuida a los niños, en caso de que tuvieran hambre y ya sabes, ¿el mundo 
se acabara y no hubiera nada de comer? 
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Bromeamos, pero la verdad es que estamos agradecidos. Mamá es 
una buena cocinera, y entre ir a la universidad, el trabajo y los niños, a 
veces encontrar tiempo para las tareas domésticas es difícil. 
Caliento un poco de la lasaña especialidad de mamá, mientras Matt 
mezcla algunas verduras para una ensalada, y Mary y Cole ponen la 
mesa. Es un poco un déjà vu. Por un momento veo en la mesa a Evan y 
Melissa. 
Espero que los volvamos a ver pronto. Que encontrará la fuerza 
para decirle a su niña la verdad y que Matt encontrará una solución, 
como prometió. 
Matt sirve zumo de arándanos a los niños y nos sentamos a comer. 
Cole escarba contento en su comida, mientras que Mary solo la 
mordisquea y sigue mirándome. 
Aunque me muero de hambre y estoy aspirando mi comida como 
una aspiradora, me detengo y bajo el tenedor. 
Parece que esta conversación no puede esperar más. Matt se 
encuentra con mi mirada y asiente. 
—Mary, cariño… tienes que creerme —le digo, agarrando su mano 
sobre la mesa—. Estaré bien. Tanto el bebé, como yo, estaremos bien. No 
tenemos que elegir. 
—Pero, Papi… —Lo mira, con la boca temblando—. Díselo a Tati. 
Ella no me cree. Mamá murió cuando tuvo a Cole. Díselo. 
El tenedor de Cole suena en su plato. Nos mira con unos ojos azules 
y redondos. 
Mierda. 
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—Mary, ven aquí. —Matt se gira y abre los brazos—. Tú también, 
Cole. —Espera a que se bajen de sus sillas y se suban a su regazo. Se 
instalan allí, un niño en cada musculoso muslo, abrazándolos cerca—. 
Voy a contaros un cuento. Una historia real. Sobre vuestra mamá y yo. 
Me pongo una mano sobre la boca. Nunca he estado celosa de su 
primera esposa, Emma. ¿Cómo puedes estar celoso de los muertos? Pero 
el calor se acumula detrás de mis ojos y en el cuello. Siento que debería 
salir de aquí, que no soy parte de esto, pero no puedo alejarme. 
Soy parte de esta historia. 
—Érase una vez —dice Matt, con su profunda voz que amo tanto—
, que conocí a una mujer joven cuyo nombre era Emma. 
—Mamá —dice Cole. 
—Tu mamá. Era tan bonita. Contaba los chistes más tontos. Tenía 
un hermano adoptivo. 
—Tío Zane —dice Mary. 
—Ese mismo. La amaba tanto. Le pedí que se casara conmigo, y 
dijo que sí. Y luego os tuvimos a vosotros dos y fuimos muy felices. 
Las lágrimas se deslizan por mis mejillas, calientes. Las limpio 
apresuradamente. 
—Vuestra mamá estaba bien después de teneros a los dos. Tener 
bebés no es malo para ti. Pero se enfermó por otra cosa, algo que no tenía 
nada que ver con vosotros. Sé que perderla duele. Pero eso no significa 
que le vaya a pasar algo a Octavia. —Besa los rizos de Mary, luego la 
frente de Cole—. Créeme. Tú y Cole no tuvisteis nada que ver con la 
muerte de vuestra madre. Nada en absoluto. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
200 
Mary me mira, con el labio inferior metido entre los dientes. Parece 
estar vacilando entre creernos y mantener sus propias creencias. Parece 
que se aferró a esta idea desde que su madre murió. Eso son muchos 
años para dejarlos atrás de un solo golpe. 
—Mamá nos amaba —dice Cole, con esa voz de niño grave que hace 
que mi corazón se estremezca. 
—Claro que sí —dice Matt, su voz un poco áspera. 
—Y Tati también nos ama. 
—Oh, sí —susurro, y les doy una sonrisa acuosa. 
—Creo —dice Cole— que cuando mamá vio que tenía que irse, envió 
a Tati para estar con nosotros. Tati no nos dejará. Ahora es nuestra 
mamá. 
Eso es. Estos niños romperán mi corazón en pedazos. Me levanto 
temblorosa y me arrodillo a los pies de Matt para poder poner mis brazos 
alrededor de ellos. 
—No os voy a dejar. No tenéis idea de cuánto os amo. Y seré vuestra 
mamá a partir de ahora, si me queréis. 
Cuando dicen que sí, lloro tan fuerte que no puedo ver, y todo lo 
que me impide ahogarme en el suelo de felicidad son sus brazos alrededor 
de mí, y la voz de Matt diciendo mi nombre. 
Nos tomó un tiempo llegar aquí, pero no lo habría hecho de otra 
manera. Puede que haya perdido a Ross, quizás pueda que nunca pude 
salvarlo, pero tengo esta familia, y debería contar mis bendiciones. 
Soy tan increíblemente afortunada. 
 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
201 
Capítulo Diecisiete 
Matt 
Es un día duro. Primero Evan, luego Ross, luego Mary. Me siento 
como si hubiera pasado por el escurridor y, sin embargo, me siento más 
ligero que antes. Por lo menos ahora sé lo que comía a Mary todos estos 
meses, y aunque hablar sobre su madre fue como abrirme el corazón, 
creo que marcó una diferencia. 
Se siente así, mientras nos acurrucamos en el sofá los cuatro, 
frente al televisor, incluso si Mary y Cole no se pelean por el programa 
que estamos viendo, lo cual es muy inusual. Pero Mary se acurrucó 
contra mi costado, intercalada entre Octavia y yo, Cole sentado a 
nuestros pies, y las paredes defensivas que protegían la mirada de ella 
parecen estar abajo. 
Se ríe cuando Octavia le hace cosquillas en el brazo. Me saca la 
lengua cuando le pregunto sobre la escuela. Todo dicho y hecho, es la 
misma de siempre. 
Solo espero que dure, y que la hayamos convencido de que todo 
saldrá bien. 
El zumbido de la televisión, combinado con el día que tuve me 
adormece. Al principio, el sonido del timbre es como el eco de un sueño, 
hasta que Cole salta como si tuviera resortes en el trasero y corre hacia 
la puerta. 
¿Qué carajo…? ¿No puede un hombre pasar una velada tranquila 
con su familia, después de la mierda emocional que acabamos de vivir? 
—¡Gigi! —grita Cole, y suspiro, frotándome los ojos. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
202 
—¿Quieres que la eche? —susurra Octavia—. Pareces agotado. 
—Tú también —le susurro—, y te amo. 
Me sonríe un poco, agita el cabello de Mary y se levanta. 
—¿Entonces no la vas a despedir? 
—¿Alguna vez has intentado echar a Gigi? —resoplo—. Está aquí 
para verte, y se saldrá con la suya de una manera u otra. Mejor tratarlo 
como quitarse una tirita. Arrancarla de una sola vez. 
—¿Me estás comparando con una tirita? —exige Gigi, entrando en 
la sala de estar, precedida por Cole que está tirando de su mano 
decididamente. 
Maldita sea la súper audición de esta chica. 
—¿Quién, yo? Nah. ¿Qué pasa, G? 
Se ríe mientras agarra el brazo de Octavia y la acerca para darle un 
beso en la mejilla. 
—Simplemente vine para ver cómo os fue vuestro viaje. ¿Destiny 
estaba todavía donde lo habíamos dejado? 
—¿Por qué no lo estaría? —pregunta Cole, preocupado. 
—Destiny siempre estará allí —dice Octavia sonriendo—. Tal como 
lo dejamos. 
—¿Por qué tocaste el timbre? —murmuro mientras me enderezo en 
el sofá—. Tienes las llaves de la casa. 
—Sí, pero sabía que estabais dentro. No podía entrar sin llamar. —
Se posa en el reposabrazos del sofá, arrastrando a Cole—. ¡Ahora 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
203 
cuéntamelo todo! ¿Encontrasteis a Evan? ¿Cómo está? ¿Viste a alguien 
más? ¿Visitaste nuestra antigua casa? 
—No encontramos el tiempo —dice Octavia—. Para visitar la casa, 
quiero decir. Además la pareja que se mudó la pintó de un color verde 
chillón, y no quería verla así. 
Ni siquiera había pensado en preguntarle si quería visitarla. Espero 
que esté diciendo la verdad. 
Sin embargo, la sonrisa que envía en mi dirección me tranquiliza. 
—Evan está bien —le digo—. Tuvo un pequeño accidente, pero se 
está recuperando bien. Tengo planes de verlo más a menudo a partir de 
ahora. —Acaricio el pelo de Mary—. Puede que tú también lo veas. 
—¿Pensando en invitarlo a St. Louis? —pregunta Gigi, a la que no 
se le escapa nada. 
—Tal vez. 
La mirada brillante de Octavia está en mí, y es una lucha para no 
decirle en lo que estoy pensando. Pronto lo sabré con seguridad, y hablaré 
con ella. Hablaré con Evan. 
Pero primero tengo que hablar con Kaden. Mañana. 
—¿Cómo están Merc y mamá? —Octavia tiene la mano sobre su 
vientre, y me pregunto si el bebé está pateando de nuevo. 
Quiero ir a ella, poner mi mano sobre la suya, pero tengo a Mary 
acurrucada contra mi costado, y esta noche necesita toda la seguridad 
que pueda darle. Así que me quedo quieto. 
—Oh, bien. Ya conoces a mamá. Ha estado horneando sin parar 
para ti. Probablemente se pase mañana y descargue una tonelada de 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
204 
pasteles y galletas para todos los bebés —asiente a Octavia con una 
sonrisa—. Nacidos y aún no nato. 
—Si sigue haciendo eso, estaré como una ballena cuando llegue el 
bebé —murmura Octavia, con las mejillas enrojecidas. 
—¿Tú? Nah —Gigi chasquea la lengua—. Si no supiera que estás 
embarazada, no lo habría adivinado. Mamá dice que así es con el primer 
bebé. Ahora, después de que tengas al segundo, bueno… —Se encoge de 
hombros—. Boom. Estado de las ballenas. 
—¡Gigi! —Octavia se ríe. Su hermana siempre se las arregla para 
sorprenderla y divertirla al mismo tiempo. 
Pero… más bebés. Me gusta cómo suena eso. 
Y oye, ¿qué hay de malo con eso, verdad? Me encanta ser padre, 
dirigir mi pequeña compañía, cuidar de ellos y ponerlos en el buen 
camino. Asegurándome de que reúnan buenos recuerdos para 
mantenerlos felices cuando crezcan, que sepan que siempre tendrán un 
hogar al que regresar. 
Claro, la paternidad me estresa a veces, no lo negaré, pero no lo 
dejaría por nada del mundo. 
—Vamos, hagamos chocolate caliente y hablemos —dice Octavia, 
tirando de un mechón del cabello rubio de Gigi—. Quiero escuchar lo que 
estabas haciendo mientras estábamos fuera. 
—¿Quién, yo? Haces que parezca como si fuera a recibir una 
bofetada. ¿La voy a recibir? Solo preguntaba por pura curiosidad. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
205 
—Y cómo lo está haciendo Merc, no esos comentarios vagos que 
diste por teléfono. Vamos, o me beberé todo el chocolate caliente. Chop, 
chop6. 
Gigi suspira, acaricia la cabeza de Cole y se levanta para seguir a 
su hermana. 
Esto de la intimidación de hermana mayor ya no funciona conmigo. 
Soy lo suficientemente mayor como para conocer los trucos. 
Intimidación con chocolate caliente. Necesito recordar esto. Quiero 
decir, ya que soy una especie de figura paterna para Gigi. Un padre muy 
joven, considerando que acaba de cumplir los diecinueve años, pero aun 
así. Me lo tomo en serio. Tendré que pedirle a Octavia más información 
sobre el método del chocolate caliente. 
Sonrío. 
Y cuando Cole vuelve a acurrucarse a mi lado, Mary en el otro lado, 
sé que no me rendiré. 
Nunca. 
 
 
6 Frase derivada del chino cantonés que significa: Apúrate. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
206 
Capítulo Dieciocho 
Octavia 
—Así que suéltalo. —Revuelvo el cacao en polvo con la leche 
caliente y añado un poco de extracto de vainilla, como le gusta a Gigi—. 
Has estado tan reservada últimamente. 
—¿Yo? —Gigi se apoya en el mostrador, cruzando sus largas 
piernas por el tobillo. Vestida con unos vaqueros ajustados y unas botas 
negras, un suéter blanco en la parte superior y su pelo largo en un moño 
desordenado encima de su cabeza, se ve… hermosa. Mi hermanita es una 
maravilla—. Soy inocente. 
—Como un corderito. —Vierto el líquido humeante en dos tazas 
altas—. ¿Cómo está tu mejor amiga? 
—¿Sydney? Oh, está bien. Ya sabes. Clases de universidad, 
chicos… 
—Sobre esos. ¿Dijiste que tenía un harén? 
—Más o menos. —Se encoge de hombros y toma la taza que le 
paso—. ¿Cuántos son un harén de todos modos? 
—¿Con cuántos chicos está saliendo? 
—Saliendo. Suenas como mamá. —Se ríe, sorbiendo su chocolate—
. Ay. Está ardiendo. 
—Por eso se llama chocolate caliente. —Me hundo en una silla, 
demasiado cansada para aguantar de pie ni un segundo más—.No has 
respondido a mi pregunta. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
207 
—¿Sobre los chicos con los que está saliendo? —Hace una mueca—
. No lo sé, Tati. ¿Tres? Creo. Pero no estoy segura de que estén saliendo. 
—Entonces, ¿qué están haciendo? 
—Todos son buenos amigos. Eso es lo que ella dice. Los conoce 
desde siempre, como yo conocí a nuestros chicos del vecindario aquí en 
St. Louis, antes de mudarnos de nuevo. Nunca salí con ellos. 
—Nos mudamos aquí hace solo dos años. ¿Y te refieres a ese chico, 
Jared? 
—Su nombre es Jarett, y qué pasa con él, ¿eh? Dios, Tati, te juro 
que suenas cada vez más como mamá. 
—Tal vez es porque soy madre. 
—Lo que sea. —Agita una mano hacia adelante y hacia atrás—. 
Actuabas así desde que éramos pequeños. Te encantaba jugar a ser 
mamá con nosotros. 
Trago duro. 
—Eso es porque os amo a ti y a Merc. 
Su sonrisa fácil se desvanece. 
—Oh, Dios, lo sé, Tati. ¿Crees que no lo sé? Solo estoy bromeando. 
—Pone su taza sobre la mesa, se sienta frente a mí y toma mi mano—. 
¿Te puse triste? Lo siento mucho. Sabes que siempre hablo sin pensar. 
Le sonrío, molesta porque puedo llorar en un santiamén, así como 
así. 
—Lo sé. Que estás bromeando, quiero decir. Bueno, también 
pensar antes de hablar sería lo ideal. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
208 
Resopla y suelta mi mano. 
—Eso fue innecesario. —Me guiña un ojo y arrastra su taza más 
cerca—. De todos modos, no te estoy ocultando nada. No tengo ni idea de 
por qué pensarías eso. Sydney tiene esos chicos amigos. No novios, solo 
amigos varones, y salimos a veces todos juntos. Eso es lo que hicimos el 
sábado por la noche. Fue divertido, y evita que estúpidos idiotas me 
lancen líneas de ataque. 
—¿Muchos estúpidos idiotas hacen eso? 
Se ríe suavemente, toma un sorbo de su bebida. 
—A veces. 
—¿Y qué hay de tu amigo? Ese chico de nuestra calle. Jared, o algo 
así. 
—¿Jarett? ¿Cómo lo recordaste? 
—Erais los mejores amigos cuando nos mudamos aquí. 
—Eso fue hace años, Tati. 
—Oh. Pensé que te habías mantenido en contacto. Solo vive a unas 
pocas puertas de la casa de mamá, ¿verdad? 
Se da la vuelta. 
—No me mantengo en contacto. Pero oye. Basta de hablar de mí. 
¿Qué hay de ti? Cuéntame las últimas noticias —dice alegremente, 
volviendo su mirada hacia mí. Asiente hacia mi mano que descansa sobre 
mi vientre—. ¿Qué pasa con eso? 
—Yo… —El calor sube a mi cara—. Sentí que el bebé se movió hoy. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
209 
—¡Oh, Dios mío! ¿Puedo sentirlo yo también? 
—No estoy segura. Ahora está todo tranquilo ahí dentro. 
—Ah, el frijolito. —Me mira—. Estoy tan emocionada por 
convertirme en tía, de verdad. No, eso no salió bien. Quiero decir, desde 
el principio. ¿Entiendes lo que quiero decir? Me encanta ser la tía de Cole 
y Mary, pero no los conocí antes de que nacieran, como a Bean7. 
Resoplo. 
—¿Así que su nombre es Bean? 
—Oh mierda, ¿es un ella? 
—No, yo… aún no lo sabemos. —Me acaricio la barriga—. Bean, 
¿eh? 
—Sí. —Se inclina más cerca—. Oye, Bean. ¿Puedes oírme? Esta es 
la tía Gigi. 
—Tía Gigi. —Ahora me estoy riendo. Absurdo. Pero real—. Mierda. 
—Ten cuidado en cómo le hablas al bebé —advierte Gigi, con 
seriedad, y solo me hace reír más fuerte—. No la escuches, Bean. 
Escúchame a mí. Yo cuidaré de ti. 
Oh, hombre. Y así como así, me río y lloro al mismo tiempo, porque 
eso fue muy dulce. 
—Te quiero, hermanita. —Me las arreglo a decir entre risas y 
lágrimas. 
 
7 Bean: Haba, habichuela, frijol, alubia. 
 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
210 
Se acerca en la mesa y me abraza. 
—Lo mismo digo, hermanita —me susurra. 
—Oh, Gigi. —Me aferro a ella—. Hablé con Ross. Y fue tan horrible 
como siempre. ¿Por qué pensé que cambiaría?, ¿que podía ayudarlo? 
—Lo intentaste —dice—. No te preocupes, hermana. Hombres como 
Ross, se salvan a sí mismos. Son egoístas. No necesitas preocuparte por 
él. 
Empiezo a pensar que tiene razón. 
* * * * * 
Los niños ya están metidos en sus camas, con las luces apagadas, 
para cuando Gigi se va con la promesa de hablar de Merc otro día. Cierro 
la puerta del dormitorio de los niños y camino de puntillas por el rellano 
hasta nuestra habitación. 
Matt también está en la cama, lo descubro cuando entro, cerrando 
la puerta detrás de mí. 
Está sobre la espalda, con un brazo doblado bajo la cabeza, las 
sábanas hasta la cintura, el pecho desnudo, y… 
Santo Niño Jesús. Es tan sexy. 
¿Qué iba a hacer? No puedo recordarlo. Ese pecho, tatuado y 
musculoso, sus abultados bíceps y sus fuertes pectorales, están alejando 
todo pensamiento coherente de mí cabeza. Sus ojos están cerrados, las 
pestañas oscuras abanicando sus pómulos, su pelo moreno cayendo 
sobre su frente. Es hermoso. 
¿Está dormido? 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
211 
Si lo toco sin que lo sepa, para sentir esos espectaculares músculos 
bajo mis manos, ¿estaría mal visto? ¿Qué pasa si tiro hacia debajo de las 
sábanas para ver si está duro, o cómo se ve su polla cuando está blanda? 
No estoy segura de haberla visto así nunca. 
Mordiendo mi labio inferior, con un latido enloquecedor entre mis 
piernas, me subo a la cama y me arrastro hacia él, arrastrando mi vestido 
por las sábanas. No lo suelo sorprender a menudo con la guardia baja, y 
me encanta lo relajado que se ve. 
Levanto una mano a su pecho y se ríe suavemente, 
sobresaltándome. Su mano se lanza alrededor de mi muñeca. 
—Te tengo. 
—Eres un bastardo, Matt Hansen. —Suelto una risa sin aliento. 
Tira de mí contra él, sus ojos oscuros calientes. 
—Me estabas mirando. 
—Pillada. Entonces, ¿qué vas a hacer? 
—Te dejaré que continúes con lo que sea que estuvieras a punto de 
hacer. 
—Quería tocarte. 
Sonríe. 
—¿Querías aprovecharte de mí increíble cuerpo? 
—Estás tan lleno de ti. 
—Sabes qué, adelante. Eres bienvenida. —Arroja sus brazos a los 
lados, sobre la cama—. Adelante. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
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Suspiro, giro los ojos con cariño. 
—¿Por qué te aguanto? 
—Honestamente, no lo sé —dice suavemente, y tira de mis manos, 
colocándolas en sus duros pectorales. Eso me distrae. Paso las puntas 
de los dedos sobre su piel caliente, hasta su estómago en tabla de lavar. 
Me pongo encima de él y gime—. Dios, te deseo. 
Me siento, y sí, a través de las sábanas, puedo sentirlo. No blando. 
Duro. 
Muy, muy duro. 
—Entonces, tómame —susurro, invadiéndome el amor, deseo y mi 
necesidad de él. Mi marido. Mi hombre. Mi todo. 
Sus manos se mueven sobre mi cuerpo, debajo de mi vestido, entre 
mis piernas, acariciándome, extendiéndome, y gimo, apoyando mis 
manos en su pecho, inclinándome hacia adelante. Los escalofríos 
deslizándose sobre mi piel. 
—Sí —respiro cuando me aparta las bragas y me mete un dedo 
dentro, follándome lentamente con él. El calor se acumula en mi vientre—
. Por favor. Te deseo. 
—Joder, Tay… —Me acaricia, y su erección empuja contra mi 
trasero. Gimiendo, me recuesto y retiro las sábanas—. Oh, mierda… 
Su dedo se desliza hacia afuera, y se sienta a medias, empujando 
mi vestido hacia arriba, mientras lo guío dentro de mí, su mirada clavada 
entre mis piernas. Empuja en mí, tan grueso y duro, y agarro sus manos, 
para estabilizarme mientras me sumerjo, tomándolo. 
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Serie Hombres salvajes03 
 
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—Sí. —Su cabeza cae hacia atrás, con sus tendones marcados en 
el cuello—. Así. 
Ya es un baile familiar, nuestros cuerpos moviéndose juntos 
sincronizados, esforzándose por liberarse, mientras tratamos de estar 
callados, de no despertar a los niños. Su mano se cuela por debajo de mi 
vestido, encuentra mi pecho y juguetea con mi pezón duro a través de la 
tela de mi sujetador. 
Mi boca cae abierta en un largo gemido mientras un golpe de placer 
pasa a través de mí, mi corazón apretado con fuerza. Sus caderas se 
tensan, y me agarro a él, la presión aumentando rápidamente, su polla 
acariciando en mi interior en lo más profundo. 
Me ahogo en un llanto cuando me corro, por el placer que se abre 
paso a través de mi cuerpo, agudo y exquisito, quitándome el aliento. 
Antes de que pueda hacer que mis pulmones vuelvan a funcionar, 
me gira y me penetra profundamente, levantando mis piernas alrededor 
de su cintura. 
—Tan caliente —susurra—. Cada día contigo es mejor, Tay. Cada 
día te quiero más. ¿Sabes lo que esto significa? 
—No —gimoteo, imposiblemente llena y al borde de otro orgasmo. 
Este ángulo de su pene, la presión justo allí… me está empujando al 
borde rápido. 
—Significa —Empuja de nuevo, más profundo, más fuerte—, que 
soy tuyo, para siempre. 
Y sus palabras, esas palabras, me hacen temblar y arañarlo, 
deshaciéndome debajo de él. Gruñe y se pone rígido, también, su semen 
caliente me llena, y me golpea unas cuantas veces más, sacando el 
máximo del placer. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
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Todavía jadeando, pongo los brazos alrededor de su cuello y tiro de 
él hacia mí. 
—Bien —le susurro y le beso, porque no tengo palabras que puedan 
expresar cómo me siento. 
Ni hoy, ni nunca. 
Mientras rueda a mi lado y me lleva en sus brazos, estoy en paz. 
He hecho todo lo que he podido para salvar a Ross y a Evan, y para 
ayudar a Melissa y Mary, y estoy cansada, triste y feliz, y tan agradecida 
porque Matt me ame y no me deje ir. 
 
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Capítulo Diecinueve 
Matt 
Cuando conduzco al Mancave a la mañana siguiente, para hablar 
con Kaden y volver al trabajo, es con un sentimiento de satisfacción que 
no he sentido en mucho tiempo. Una sensación de alivio, de piezas 
encajando en su lugar y formando una imagen que puedo darle sentido. 
Una foto con la que puedo trabajar, una foto de mi vida con Octavia, 
mis hijos, mi madre y mi hermano, llena de sol. 
Prácticamente estoy silbando mientras aparco la camioneta y salgo, 
tomándome un momento para mirar nuestra tienda. Hansen Brothers, 
dice en grandes letras negras en el cartel de la parte superior. 
Esos somos nosotros. Lo logramos. Pasamos por momentos 
difíciles, pero estamos aquí, con nuestras familias. Feliz. Tiene que contar 
para algo, ¿verdad? Tiene que significar algo. 
Que nos mantendremos juntos, pase lo que pase, y lo superaremos. 
Me dirijo hacia el taller, pasando más allá de dos coches con sus 
motores expuestos, y veo a Kaden desde lejos. Está hablando por 
teléfono, con una mano metida en por su pelo que brilla como la plata a 
luz de la mañana. 
Heh. Soy la oveja negra en una familia de rubios. Kaden, Gigi, 
Merc… incluso Ross con su negra alma es tan rubio como un querubín. 
—Hey. —Levanto la mano para saludarlo, sin entrar por detrás 
para no darle un susto de muerte, y se da la vuelta, una sonrisa 
iluminando su rostro. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
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—Matt. Dame un minuto y termino con esto. 
—Tómate tu tiempo. 
Entro en nuestra oficina y muevo el ratón para activar el 
ordenador. Reviso nuestro planing, veo qué automóviles me ha asignado, 
y luego me levanto y voy a buscar mi kit de herramientas y guantes de 
trabajo pesado. Al ver el primer coche que necesita mi ayuda, un viejo 
Chevy, tarareo y me encuentro sonriendo. 
Se siente bien estar de regreso, haciendo mi trabajo, jugando con 
los motores y las máquinas. Me relaja, siempre lo ha hecho, desde que 
era un niño y aprendí al lado de mi padre a arreglar coches. 
Papá. No pienso en él tan a menudo como debería, probablemente. 
Ni siquiera he visitado su tumba, todavía no. Al principio no estaba en 
un buen momento, no sabía lo que diría o haría cuando viera su lápida. 
La idea de que se haya ido es una espina clavada en mi mente. Lo 
amaba. Lo extraño. Era un buen padre. Ojalá estuviera aquí, para jugar 
con sus nietos, enseñarles lo que me enseñó a mí. 
Espero poder darles a mis hijos lo que me dio, este sentido de un 
lugar en el mundo, de cosas que aprender, hacer y explorar. 
Dejando mi bolsa de herramientas, estoy a punto de buscar en el 
interior lo que necesito y ponerme a trabajar, cuando Kaden se acerca a 
mí. 
—Matt. 
Lo agarro en un abrazo de oso cuando me alcanza, le palmeo la 
espalda. 
—Kade. ¿Cómo están las cosas por aquí? 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
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—Nunca han estado mejor. Es curioso cómo funciona todo como 
un reloj cuando no estás cerca, está… —Se lamenta cuando le doy una 
palmada más fuerte en la espalda—. Creo que me rompiste las costillas. 
—Te lo mereces. 
Retrocede, sonriendo. 
—¿Estaba todo bien en Destiny? ¿Está bien tu amigo Evan? 
—Lo estará. Sobre eso… ¿Sabes de cómo te quejaste otra vez de 
que no estábamos contratando a nadie para ayudar aquí? 
Kaden asiente. 
—¿Evan? ¿Está buscando trabajo? 
—Sí, y un nuevo comienzo. Tiene experiencia y es un buen tipo. 
¿Qué dices? 
Me mira con los ojos entrecerrados. 
—¿Qué, mi opinión importa ahora? 
—Sí, lo hace —resoplé, molesto conmigo mismo por haber dejado 
que pensara lo contrario—. Siempre lo ha hecho, Kade. Lo juro. 
Asiente, mete las manos en los bolsillos de su mono y se balancea 
sobre sus talones. 
—Si crees que Evan es bueno para este trabajo, contratémoslo. 
Increíble. Mi pecho se aligera más. No puedo esperar para llamar a 
Evan y darle la noticia. 
—¿Y Hailey y los niños? —Golpeo a Kaden en la espalda otra vez, y 
tose. 
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—Cristo, ¿estás tratando de matarme? 
—Te estás ablandando conmigo, Kade. 
Resopla. 
—Jódete, hermano. Vale más que seas amable conmigo. Tengo 
noticias. 
—¿Qué noticias? 
—Zane está en la ciudad. Acabo de estar hablando con él. 
—Ese hijo de puta. ¿Por qué no me lo dijo? 
—Llamó al taller primero. Le dije que volverías hoy. Bueno, sabía 
que llegarías ayer, pero quería darte tiempo con tus hijos. 
Me da una mirada larga e insegura. 
—Gracias. Tienes razón, necesitaba ese tiempo con los niños. ¿Y 
Zane? ¿Está todo bien con él? 
—Sí, sí, todo está bien. Dijo que solo estaba de paso. 
—¿De paso a dónde? 
—¡Hasta aquí! —dice una voz familiar, y Zane entra, todo cresta 
perversa y tatuajes, sonriendo de oreja a oreja. Me agarra, me golpea su 
puño en mi espalda, y es mi turno de jadear de dolor—. Te tengo. Vine a 
verte, viejo bastardo gruñón. ¿Cómo has estado? 
—Bien. —Retrocedo antes de que me golpee de nuevo—. ¿Qué estás 
haciendo por aquí? ¿Dakota y el niño están contigo? 
—No. Los dejé en casa. —Se encoge de hombros—. Las náuseas 
matutinas son una cabronada. 
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—¿Un bollo en el horno? 
—Sí. —Me mira, tan orgulloso, y mi puto corazón revolotea al verlo 
tan feliz. Zane es mi hermano menor tanto como Kaden, y este chico ha 
pasado por mucho. Se merece lo mejor de la vida—. ¿Tú también, por lo 
que he oído? ¿Cuándo ibas a decírmelo,cabrón? 
—¿Decirte qué? 
—Que vas a ser padre otra vez. ¿Cuándo nacerá el bebé? 
—En cuatro meses. ¿Y el tuyo? 
—Aún queda camino por recorrer. Quedan seis meses, supongo. 
¿Niño o niña? 
Me froto la parte posterior de mi cuello, sonriendo. 
—No lo sabemos. 
—Hombre. ¿Por qué diablos no? ¿Sabes lo que significa eso, no? 
—¿Qué? 
—El niño nacerá y lo llamarás “Bebé” y “Conejito” durante los 
próximos dos jodidos años. 
Me río. 
—Eso es una gilipollez. 
—Te lo juro por Dios. Lo he visto pasar todo el jodido tiempo. ¿Qué 
pasa, Kaden? 
—Estamos bien. —Mi hermano está sacudiendo la cabeza—. 
¿Sabes qué? Os dejo para que os pongáis al día, y volveré al trabajo. 
Podríamos ir a tomar algo más tarde, ¿qué dices? 
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—Por mí está bien —dice Zane, y asiento. 
—¿Cuánto tiempo te quedarás? —Lo arrastré a mi oficina—. ¿Y 
estás seguro de que todo está bien por casa? 
—Sí, no te preocupes. Te lo dije, todo el mundo está bien en 
Madison. Nos estamos expandiendo. —Se ríe—. Estamos repoblando la 
ciudad. Muchos bebés por todos los lados. ¿Qué hay de tus hijos y 
Octavia? 
—Bien. —Pienso en ayer y en cómo terminó el día—. Sí, todo está 
bien. El garaje, también. Tenemos otro mecánico para ayudarnos, un 
viejo amigo mío. 
—¿Y la familia de Octavia? Tiene un hermano y una hermana, 
¿verdad? 
Cruzo mis brazos sobre mi pecho, pensando en esos dos, y la larga 
conversación de Octavia con Gigi ayer. Solo capté algunos detalles sobre 
una chica, Sydney y muchos chicos… exactamente lo que me preocupa 
cuando se trata de Gigi. 
Y luego está Merc, pensativo, tranquilo, un poco perdido, con un 
ocasional ataque de ira explosiva, como cuando golpeó a Ross cuando 
vivíamos en Destiny. 
—Creo que todos vamos a estar bien —digo finalmente, cuando 
Zane parece que va a hablar—. Sí, estamos bien. Ahora dime cómo está 
todo el mundo. Quiero detalles. 
—Cabronazo… —Zane se ríe, y se posa sobre mi escritorio—. Por 
dónde empezar… Pregúntame y te responderé, ¿qué te parece? 
Trato hecho. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
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* * * * * 
Hablando de Merc… entra en el garaje más tarde ese día, después 
de haber enviado a Zane a casa de Kaden, donde se está quedando con 
la promesa de que nos reuniremos más tarde. 
Se detiene a unos metros de distancia, se quita sus enormes 
auriculares, su aparato habitual, y pasa una mano por su cabello rubio 
que está alborotado en todas las direcciones. Salgo de debajo del coche 
en el que he estado trabajando, y comienza a tropezar hacia atrás. 
¿Qué le pasa? 
—Merc. —Me levanto y resisto el impulso de levantar las manos y 
mostrarle que no llevo armas—. No sabía que vendrías hoy. Déjame 
lavarme las manos. 
—Sí, claro. —Se revuelve el pelo otra vez—. Quiero decir, no tienes 
que pararte por mí. 
—¿Simplemente pasabas por aquí? —Le doy una sonrisa aguda y 
frunce el ceño. 
Ah, un chiste privado. No importa. 
Tragando un suspiro, voy al lavabo a lavarme la suciedad y el aceite 
de las manos. Las limpio sobre un paño sucio que hace el papel de toalla 
y me doy la vuelta para encontrar a Merc justo donde lo dejé, apoyándose 
en el coche que había estado arreglando, con el pelo como un erizo y una 
mirada lejana en sus ojos. 
—Entonces, ¿qué pasa? —Levanto el puño, y lo golpea 
distraídamente—. ¿No tienes clases ni trabajo hoy? ¿Qué está pasando? 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
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—No pasa nada. —Se pone los auriculares y se los quita otra vez. 
Sus mejillas están sonrojadas. 
—Ajá. Ven a sentarte conmigo. —Hay un banco junto a la bahía del 
garaje, y conduzco a Merc hacia allí. Hundiéndome en él, estiro las 
piernas y pongo las manos por detrás de mi cabeza—. Ahora podemos 
hablar. 
Merc suspira y se desploma a mi lado. 
—Eres un dolor en el culo. 
—Oye, apareciste aquí, pareciendo todo angustiado y esas cosas. 
¿Debería ignorarte? 
Un músculo salta en su mandíbula. 
—Lo que sea. Mira, Matt… entiendes de chicas, ¿verdad? 
Esa es una pregunta directa, justo allí, y yo la pedí. Aun así, me 
tomo mi tiempo y pienso en la conversación con mi hijo de seis años la 
noche anterior. Me encojo de hombros. 
—Tal vez. Algunos días. ¿Por qué? ¿Problemas con las chicas? 
Quiero decir, el chico es guapo en esa forma hielo frío y rosas de 
Gigi y Ross. También ha estado haciendo ejercicio, y es fuerte. Lo he 
tenido ayudando en el taller más de una vez. Apuesto a que a las 
chiquillas les gusta. 
Así que a menudo me he preguntado por qué nunca lo vemos con 
una chica o un chico, para el caso. De cualquier manera en que se 
balancee. Me pregunto si es asexual, si no fuera por el hecho de que lo 
he visto revisar a algunas chicas de vez en cuando. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
223 
—Si le gustas a una chica… lo sabrías, ¿verdad? Quiero decir, no 
es como si fueran una raza alienígena ni nada así… Las señales deberías 
ser claras. 
Alienígenas, señales… 
—Um, ¿supongo? —Recuerdo a Octavia mirándome, sonriendo, 
sonrojándose, cocinando para mis hijos, perdonando mis toscos modales. 
¿Cuándo supe que le gustaba? No estoy seguro de poder poner el 
dedo encima. Ella dice que se enamoró de mí desde el principio. 
La primera vez que la vi, le di un portazo en su cara. Entonces, 
¿qué fue? ¿Cómo sabía ella que me gustaba? Las relaciones humanas 
son jodidamente complicadas. 
—¿Quién es esa chica de la que estamos hablando? —pregunto, 
para ganar algo de tiempo—. ¿La conozco? 
—Nah. La conocí en la universidad, estamos juntos en una clase. 
Pero es tan… caliente y fría, ¿sabes? Me está volviendo loco. 
—¿Sí? —Frunzo el ceño. Eso no suena nada bien. Octavia estaba 
enojada conmigo a veces, pero tenía razón, porque estaba siendo un 
estúpido—. ¿Cómo? 
—Como… viene a sentarse cerca de mí, me pasa su bolígrafo, 
diciéndome que deberíamos quedar para tomar un café. Y luego, la vez 
siguiente, simplemente me ignora. Es tan jodidamente raro, tío. 
—Sí —Le echo un vistazo—. ¿Por qué no pasas de ella? Hay un 
montón de chicas en el campus, amigo. 
Se encoge de hombros. 
—Me gusta. Cuando está de buen humor. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
224 
Hago un gesto de dolor. Hay una receta para el desastre justo ahí… 
¿verdad? 
—No estoy seguro de que sea una buena idea, Merc. 
—Me gusta… sus ojos, su boca, sus putas tetas, tío… —Merc 
suspira triste, y quiero reír, pero mantengo la boca cerrada para que 
continúe—. Me gusta su olor, su voz, como le gustan las mismas 
canciones que a mí, las mismas clases. Me gusta estar con ella, ¿sabes? 
Oh, mierda. Está enamorado de una chica malhumorada. 
—¿No puedes hablar con ella? ¿Averiguar qué está pasando? 
—Lo intenté. Siempre está huyendo. Me molesta muchísimo. 
Maldita sea. Entonces pienso, yo era un bastardo malhumorado 
cuando Octavia entró en mi vida y derribó mis murallas. No se dio por 
vencida conmigo, incluso cuando era un verdadero imbécil con ella. Me 
salvó. 
Pero dudo en decirle todo esto a Merc. Lo que funcionó para 
nosotros puede no funcionar para él. Además, ¿por qué demonios tengo 
que compararlo todo con Octavia y conmigo? 
—Mira, no debí descargar esto sobre ti. —Se levanta, ajusta las 
correas de su mochila a sus hombros. Tiene la mandíbula apretada—. 
Haciéndote estas estúpidas preguntas. No eres mi padre, y no somos 
chicas para sentarnos a hablar de cosas como estas. Olvida todo esto, 
¿de acuerdo? Tengo que irme. 
Guau. 
—Un segundo, hombre. No solo las chicas hablan de esta mierda. 
Y sí, seguro que no soy tu padre, pero…¡Merc, espera! 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
225 
Ya se está marchando a través de la bahía, y es muy rápido. Me 
pongo de pie y corro detrás de él, alcanzándolo justo antes de que salga 
a la calle. 
—¿Qué? —espeta, y si tuviera que apostar, diría que está enfadado 
consigo mismo por hablar conmigo y abrirse—. Dije que te olvides de lo 
que dije. Fue un error. 
—De acuerdo. No volveremos a hablar de eso. ¿Pero Merc? Para. 
Se detiene y me mira fijamente. 
—¿Y ahora qué? 
Ay. Este chico podría haber sido mío. Tiene una mirada de lanzar 
dagas con una palmadita. 
—No me dejaste terminar, hombre —le dije—. Lo que quería decir 
es… que siempre puedes hablar conmigo. Los tíos hablamos de chicas, 
¿vale? Mucho. Confía en mí en eso. Y sí, las chicas son difíciles de 
entender, y hacemos todo lo posible, pero todas son tan diferentes, 
¿entiendes lo que quiero decir? Habla con ella, a ver qué dice, pero no te 
acerques demasiado, Merc… no hasta que te demuestre claramente que 
le gustas. ¿De acuerdo? 
Mírame, dando consejos de amor. ¿Quién murió y me convirtió en 
Cupido, verdad? 
Aun así, me importan los hermanos de Octavia, y odiaría ver a Merc 
herido. 
Juega con las correas de su mochila, sin mirarme. 
—Sí. Tienes toda la razón. Mantendré mi distancia hasta que 
resuelva esto. Gracias, Matt. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
226 
No hay de qué, creo que se vuelve a poner los auriculares y se gira 
para irse. 
Joder, espero haberle dado un buen consejo y no haber arruinado 
su vida. 
Por otra parte, tengo hijos. Es un riesgo que corro todos los días. 
Esperemos que lo haga bien. 
* * * * * 
Tomar una copa con Zane es un desafío, porque el hombre no bebe, 
ya no. No desde que Emma murió y se emborrachó hasta un coma del 
que tuvo la suerte de despertar. 
Su alta cresta es fácil de ver cuando entro en el bar con poca luz. 
En estos días es morada oscura, las puntas blancas. Los anillos de plata 
en su ceja brillan mientras salta de su taburete. 
Nos damos la mano y golpeamos los puños y, por fin, terminando 
nuestro saludo de hermanos, tomamos asiento, y pido una cerveza. 
Zane levanta su copa y brinda antes de tomar un trago. Parece 
cerveza, pero conociendo a Zane, probablemente sea zumo de manzana. 
—Pensé que habías cambiado de opinión. 
—¿Te has vuelto loco? Además, no llego tarde. 
Zane hace todo un espectáculo revisando su reloj. 
—Define tarde, entonces. 
—Está bien, entonces llegué un poco tarde. El primer día de vuelta 
en el garaje, tenía mucho que hacer. 
Jo Raven La cueva del hombre 
 
 
 
Serie Hombres salvajes 03 
 
227 
—Lo sé, hombre. Solo te tomaba el pelo. Tómate un trago, relájate. 
Suéltate el pelo. O tu barba. Lo que sea más largo. 
Me río y me froto la barba mientras el camarero desliza mi cerveza 
delante de mí. 
—Estás de buen humor. 
—Sí, lo estoy. La vida es jodidamente buena ahora. A veces… a 
veces tengo miedo a que todo me vuelva a ser arrebatado, ¿sabes? 
Sí, sé exactamente a qué se refiere. 
Tomando un largo trago de mi cerveza, pongo la botella en la barra 
y la giro. 
—¿De verdad estás aquí solo para verme? 
—Sí. —Pone los ojos en blanco un poco—. Solo quería hablar 
contigo. Ver a tus hijos. De lo contrario, se olvidarán de su increíble tío 
Zane, y, ¿dónde me dejaría eso, eh? 
—Eres increíble. 
Resopla. 
—Dime cómo están todos. 
—Sí, señor. 
—Y sin protestar. —Le sonrío con satisfacción y me acomodo para 
escuchar cómo le está yendo a la Inked Brotherhood8 y el Damage Boyz. 
Resulta que bien. Estaba diciendo la verdad después de todo, 
supongo. La tienda Damage Control se ha expandido. La nueva tienda se 
 
8 Inked brotherhood: Hermandad Tatuada. 
Jo Raven La cueva del hombre 
 
 
 
Serie Hombres salvajes 03 
 
228 
llama Collateral Damage, y el negocio está en auge. A todos los chicos, 
chicas y bebés les va bien. 
Finalmente, mis músculos, tensos desde que entró al garaje antes, 
comienzan a relajarse. 
—Y tenemos esa colaboración con una tienda de tatuajes de 
Chicago —dice Zane— para… Jesús, ¿quién es esa? 
Me vuelvo para mirar… junto con toda la población masculina del 
bar, por lo que se ve. Una botella de cerveza se estrella en el suelo. 
Debería haber sido divertido. 
Pero conozco esa cabeza de pelo rubio platino con sus vetas azules 
y rosadas, esa boca plena, ese cuerpo curvilíneo. La conozco, y maldigo. 
Conozco a esa chica. Diablos, claro que sí. 
—Esa es una salvaje —murmura Zane. 
—Sí. Es la hermana de Octavia, Gigi. 
—¿Esa es Gigi? —silba Zane—. Ha cambiado mucho desde la 
última vez que la vi. 
Sí. 
—Esa chica puede hacer volver las cabezas —murmura Zane, 
tomando un sorbo de su zumo indefinido—. No me malinterpretes, 
Dakota es la única mujer que hace girar mi cabeza, pero esta tiene que 
tener su selección de chicos. Solo tiene que hace señas con su dedo 
meñique. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
229 
—Lo sé —gruño. La veo pasar, con sus caderas balanceándose—. 
Maldita sea, no soy su padre. ¿Crees que tendré derecho a golpear a 
cualquier hombre que traiga a casa si no está a la altura? 
Me froto las sienes. 
De repente, Zane se ríe. 
—Joder, esto tiene que ser un dolor de cabeza para ti. Apuesto a 
que te empeñas en buscar los defectos de cada novio potencial, como si 
fuera un coche. Comprueba el motor. Comprueba si hay abolladuras. 
Comprueba la pintura. Ordena una revisión general. 
—Cállate —le digo pero sonrío. Tiene toda la razón—. ¿Y qué tiene 
de malo? 
Aunque no estoy seguro de que Gigi lo aprecie. Es tan testaruda 
como su hermana. A veces me pregunto si sabe el efecto que tiene en los 
hombres. 
La mayoría de las veces, Octavia no tiene ni idea de lo bonita y sexy 
que es. Tengo la sensación de que su hermana pequeña no está mucho 
mejor en eso. 
Pero donde Octavia simplemente nunca lo cree, es casi como si Gigi 
no quisiera saberlo. O no le importara. Probablemente tampoco le importe 
si deja un rastro de corazones rotos a su paso. Un hermoso desastre 
natural. 
La veo desaparecer en la parte oscura del bar y me pregunto a 
quién ha venido a ver. 
Me pregunto si tengo derecho a preguntar más tarde. Si debería 
preocuparme. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
230 
Por ella. 
Por él. 
—Quieres entrometerte, cabrón —murmura Zane—. Eres 
demasiado parecido a mí. 
—¿Lo soy? 
—Sí. Corro por ahí intentando que mis amigos hablen cuando 
tienen un problema, y es como arrancarse las uñas. Y luego la mierda 
golpea el ventilador, y les hago desear que estuvieran muertos por no 
contármelo antes. Estúpidos gilipollas. 
Me río. 
—Dudo que nos parezcamos, hombre Zen. 
Murmura algo por lo bajo y llama al camarero para que rellene su 
copa, levantando su vaso. 
Todavía no sé lo que está bebiendo. 
Tomo un trago de mi cerveza. 
—Solo quiero que mi familia esté a salvo. 
—Ese es exactamente mi punto. 
—Y todos van y hacen lo que quieren de todos modos, porque así 
es como es la gente, Zane. 
—Estúpidos gilipollas —concuerda, y me sonríe como un zorro. 
Jesús. Riendo, le doy una palmada en el brazo y me trago mi 
cerveza, y luego levanto la botella. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
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—Otra. —Me inclino y le digo a la oreja perforada cubierta de metal 
de Zane—. Me alegro de que hayas pasado por aquí, amigo. 
Me alegro mucho. 
 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
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Capítulo Veinte 
Octavia 
El verano se está asentado para siempre. Desaparecieron las 
rachas de frío. Hace demasiado calor para pensar, y Matt me dio el día 
libre hoy en el Mancave con órdenes de descansar. Dijo que el garaje 
puede mantenerse por un día sin mí, y que de todos modos hace 
demasiado calor en la pequeña oficina con el aire acondicionado 
chisporroteando, en sus últimos coletazos. 
No hay discusión cuando él se pone súper protector. 
Mary y Cole se están quedando con su otra abuela hoy, y Hailey va 
a venir con los pequeños. Mamá se ofreció a venir y ayudarme a hacer 
limonada fría y galletas para tomar en la terraza trasera donde se está 
más fresco. 
—Deberías sentarte afuera y esperarme —dice mamá, sacando las 
bandejas de aromáticas galletas—. Descansa los pies. 
—Mamá, deja de quejarte. Mis pies están bien. —Solo han pasado 
dos semanas desde nuestro viaje a Destiny y vuelta. Mi bulto ni siquiera 
ha crecido mucho—. Deja la bandeja aquí, y traeré los platos. 
Suspira y refunfuña, y sinceramente, no recuerdo que ella haya 
puesto los pies en alto en su vida, aunque, a decir verdad, no recuerdo 
sus embarazos de Gigi o de Merc. Era demasiado pequeña. 
—Estas salieron bien. —Mamá coloca la bandeja en el mostrador y 
revolotea alrededor de la cocina, recogiendo platos y vasos antes de que 
yo dé un paso hacia los armarios—. Te hice un poco de pastel de 
mantequilla, también. ¿Lo has visto? Está aquí, todo envuelto. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
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—¡Mamá! Tranquila. Y deja de hornear para mí. No debería tomar 
tantos dulces. 
—Oh, cariño, me encanta hornear para ti. El bebé necesita comer, 
y quiero decir, Dios sabe cuándo tu hermana me dará un nieto. Es una 
frívola. 
—¿Frívola? ¿Y qué es esta discriminación? ¿Qué hay de Merc? 
—Merc querría sentar cabeza. 
—¿Merc? ¿Estamos hablando del mismo tipo? 
—En lo más profundo de él, quiere encontrar una buena chica y 
levantar un hogar. Lo sé. 
Está bien, mamá… Enojada, me quito un mechón de pelo de la cara 
y me abanico. Tanto calor. 
—Continúa, ve a sentarte fuera. Llevaré todo —insiste mamá, 
espantándome, y parpadeo porque… ¿lleva puestos unos pendientes que 
cuelgan en forma de plumas de pavo real? 
¿En serio? 
Algo ha habido diferente en ella últimamente, y no he sido capaz 
de reconocer exactamente qué, pero ahí está, tan claro como el día. 
Ella es una versión más sexy de mi madre. 
Vestida con un vestido vaporoso que termina por encima de sus 
rodillas, un cinturón ancho ceñido a su cintura, un escote considerable, 
con el pelo recogido en un ingenioso moño, y maquillaje. 
Sí, eso es maquillaje. Discreto, claro, solo un toque de rímel y 
sombra de ojos, pero hace que brillen los bonitos ojos de mamá. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
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Me detengo y me doy la vuelta. 
—¿Mamá? 
—Sí, Tati. ¿Qué pasa? —Coloca sus puños en las caderas y me 
sonríe. 
—¿Por qué estás vestida así? ¿Qué está pasando? —Miro a nuestro 
alrededor—. ¿Hay algún fotógrafo merodeando por ahí? ¿Tenemos una 
fiesta sorpresa? 
Frunce el ceño. 
—¿Fiesta sorpresa? No, no que yo sepa. ¿Por qué? 
—Estás toda… emperifollada. 
Su boca se abre y se cierra. 
Luego se ríe. 
—Oh, ¿eso? ¿Acabas de darte cuenta? 
El calor se filtra en mi cara. 
—Bueno, sí. ¿Qué está pasando? Estás… Mamá, ¿estás saliendo 
con alguien? 
—Lo haces sonar como si fuera algo malo. Sé que soy un poco vieja 
para eso… 
—¿Qué? No. Mamá, no creo eso. 
Es joven. Nos tuvo joven. Apenas tiene cuarenta años. 
—¿Quién es el tipo? 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
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—Un vecino, el señor Nelson. —El color sube a sus mejillas—. Paul. 
Oh, Dios mío. Mamá se está sonrojando por culpa de Paul. Nunca 
pensé que vería el día. Se siente raro. Un poco embarazoso. Quiero decir, 
es mi madre, y se está sonrojando como una colegiala. Está saliendo con 
alguien. 
Pero esto es solo mi complejo de hija. 
—Me alegro por ti. —Atrapo sus manos en las mías, esas manos 
callosas y trabajadoras que se ven mucho más viejas que el resto de ella—
. Espero que él te haga feliz. No dejes que… —Trago saliva, destellos de 
Jasper Jones y de Ross pasan por mi mente—. No dejes que te lastime, 
mamá, ¿de acuerdo? Si no te trata bien, te vas. 
Sus ojos se llenan. 
—De acuerdo. 
—Te mereces solo lo mejor —susurro y la abrazo—. Al mejor del 
mundo. 
* * * * * 
—No puedo esperar para ver a la bebé Ashley —dice mamá 
mientras prepara la mesa en la terraza—. No la veo con la suficiente 
frecuencia, o al bebé Shawn, para el caso. 
Por alguna razón, mamá decidió decorar los nombres de los hijos 
de Hailey con la etiqueta de “bebé”. Dice, si le preguntas, que es para 
diferenciarlos de los demás, pero, ¿de qué otros? No es como si 
tuviéramos otra Ashley o Shawn en la familia. 
Me da miedo descubrir cómo llamará al mío. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
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Un bocinazo de la calle nos hace cruzar la casa hasta el porche 
delantero. El coche de Hailey está estacionado justo en el frente, y bajo 
los escalones para saludarla. Ella me sonríe desde detrás del volante. 
—Hola —dice, y apaga el motor—. Cuánto tiempo sin verte. 
Es verdad. 
—Deberíamos vernos más a menudo. —Muevo mis dedos hacia los 
niños en sus asientos para bebés de la parte posterior—. Hola chicos. 
Shawn devuelve el saludo con una sonrisa incierta. Su cabello es 
oscuro, liso cayendo como una cortina sobre su frente. Muy lindo. Ashley 
está mirando hacia atrás, en su súper asiento de bebé y no puede verme. 
Su pequeña cabeza se balancea como una manzana en un cubo. 
Qué gracioso. 
Hailey sale del coche y juntas sacamos a los niños. Ella toma a 
Shawn que es más pesado, y yo recojo a Ashley que no pesa 
prácticamente nada. 
Entierro mi nariz en sus rizos rubios. ¿Por qué huelen tan bien los 
bebés? Como leche, azúcar y polvo. 
Mamá nos lleva hasta la parte de atrás, y nos sentamos en cómodas 
sillas de bambú con grandes cojines floreados. Levanto a Ashley sobre 
mis rodillas y Hailey coloca su silla estratégicamente para evitar que el 
hiperactivo Shawn se caiga por los escalones del jardín. 
Ella es tan bonita. Es como una diosa urbana, con su corte de pelo 
chic, sus reflejos, el cuerpo alto y curvilíneo. Siempre me he sentido como 
una niña pequeña a su lado. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
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Ahora ya no, me doy cuenta mientras me acerco, escuchando 
historias de las hazañas destructivas de Shawn, riendo hasta que me 
duele el costado. No tengo ni idea de cuándo ocurrió el cambio, y dudo 
que tenga que ver con la forma en que mis senos se han agrandado en 
los últimos meses. 
Es por como Matt me ama, pienso y me recuesto, limpiándome las 
lágrimas de risa de mis ojos. La forma en que me mira, la forma en que 
me abraza, como si fuera la mujer más bella del mundo. Me tomó un 
tiempo creerlo… un par de años, pero finalmente caló, el conocimiento de 
que solo me quiere a mí y a ninguna otra chica. 
Eso es suficiente para hacer que una chica se sienta como una 
princesa, ¿verdad? 
Ashley se retuerce en mi regazo, y acaricio su cabecita peluda. Mi 
vida es perfecta. 
Casi perfecta. Evan se mudará a St. Louis esta semana, y realmente 
espero que le diga la verdad a su hija, que encontrará paz y un amor 
propio. 
Y Ross… Sí, no voy a pensar más en él. Espero que encuentre su 
propia paz, de alguna manera. Él y Jasper, y todos en Destiny. No me 
sentiré responsable de ellos por más tiempo. 
Ahorrarémi tiempo y energía para aquellos que me aman, aquellos 
que se ganaron un lugar en mi corazón. Y hay muchos de esos a mí 
alrededor, y todavía tengo que conocer a muchos más. 
¿Verdad, Bean? 
 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
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Capítulo Veintiuno 
Matt 
Mount Olive Cemetery es un lugar tranquilo y hermoso. La hierba 
es verde, las lápidas blancas, un viento cálido silbando entre ellas. 
Me arrodillo ante la tumba de mi padre. Hay un ramo de flores 
marchitas en la lápida. Probablemente sean de Kaden. A veces viene aquí, 
me dijo, para hablar con papá. Hacerle preguntas. 
Dice que papá nunca responde, pero que le gusta venir de todos 
modos. Las respuestas vienen después. 
Cuando papá murió, no me encontraba en el estado mental 
adecuado para venir aquí. Llegué al funeral, luego recuerdo vagamente 
que dejé a los niños con mi madre y me fui a emborrachar a un bar en el 
centro de St. Louis. Honestamente no puedo recordar cuándo y cómo 
llegué a casa después de eso. Viniendo justo después de la muerte de 
Emma, me destruyó. 
—Lo siento, papá —susurro—. Soy una pobre excusa de hijo. Pero 
lo estoy intentando. Estoy mejorando. Dios, desearía que todavía 
estuvieras aquí. 
Kaden dice que papá nunca fue un buen padre, lo que siempre me 
hizo preguntarme por qué sigue visitando su tumba. Probablemente 
quiere decir que quería que papá fuera más, que diera más. Kaden es el 
más joven. ¿Era el favorito de papá? No lo recuerdo muy bien. 
El punto es que papá hizo todo lo que pudo. Él era quien era, nunca 
fingió ser el padre del año. Pero amaba a mamá. Nos amaba a nosotros. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
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Estuvo a mi lado cuando perdí a Emma, y todo se fue al infierno. Estuvo 
allí, una presencia tranquila. Ayudó a cuidar a mis hijos. A mí. 
—Gracias. —Clavo mis dedos en la tierra húmeda—. Espero que 
supieras lo agradecido que te estoy. Lo hago. Siempre lo estaré. —Mis 
ojos se sienten calientes. Presiono una mano sobre ellos—. También lo 
estoy intentando, ¿sabes? No dejaré de intentar ser un buen padre. Creo 
que… no es una cualidad. Nunca podrás ser un buen padre. Siempre 
estás en el proceso de intentarlo, ¿no? Estás siendo un buen padre. A 
través de los buenos y los malos momentos. De las buenas decisiones y 
de las malas. Me imagino que siempre que ame a mis hijos más que a mi 
vida misma, y los ponga en primer lugar, seré un buen padre. Solo espero 
que sea suficiente. 
—Es suficiente —dice una voz detrás de mí, y me vuelvo para mirar 
a Evan con Melissa. No los vi acercarse. Los había dejado en mi 
camioneta, fuera del cementerio—. Más que suficiente, y lo sabes. 
Tal vez. 
—Ahora estoy listo para irme. 
—¿Estás seguro? Podemos esperar. Solo le estaba mostrando a 
Melissa las lápidas. 
—Estoy seguro. Solo quería saludar a mí padre. —Acaricio la tierra 
mojada y me levanto—. Debí hacerlo hace mucho tiempo. 
—Bueno, nunca es demasiado tarde, ¿verdad? Es… —Evan se 
detiene, mira a Melissa—. Nunca es demasiado tarde. Espero. 
Le doy una palmada en el hombro. 
—Cierto. No esperes demasiado, ¿eh? 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
240 
Asiente y tira de Melissa contra su costado. 
—Sí. 
—¿Está mi papá aquí? —pregunta señalando las lápidas—. Evan, 
¿está muerto? ¿Está enterrado aquí? ¿Está…? 
—No, no lo está —dice, y la aleja de la tumba de mi padre. Jurando 
por lo bajo. 
—Mejor hacerlo cuanto antes —le digo, siguiéndolos por el camino 
hacia mi camioneta—. Sabes que tengo razón. 
—Estoy trabajando en ello, hombre. Necesito un poco más de 
tiempo. Déjame instalarme en St. Louis, encontrar un lugar donde 
quedarme, ver si te gusta mi trabajo en el garaje… 
Veo a Melissa correr hacia la camioneta. 
—Esas son excusas, Evan. 
Sacude la cabeza y se detiene, dándose la vuelta para mirarme. 
—Yo no sería un buen padre. 
—Sabes que pensaba lo mismo de mí. Puedes ser un gran padre, 
amigo. Ya lo estás siendo. 
—Me odiará cuando se entere. —La mira por encima de su 
hombro—. Cuando le diga que le mentí todo este tiempo. 
—Las chicas son difíciles de entender —murmuro, y escondo una 
sonrisa—. Pero confía en mí. Lo harás genial. Y si no, iré a patearte el 
trasero. 
—¿Lo prometes? —Una leve sonrisa se extiende por su cara. 
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Serie Hombres salvajes 03 
 
241 
—¿Para qué están los amigos? Tienes mi palabra. 
—Te tomo la palabra —dice sonriendo y se dirige a la camioneta. 
Tengo el presentimiento de que todo va a salir bien. Y si no, bueno, 
demonios. Seguiremos intentándolo hasta que lo hagamos bien. Así es 
como funciona el amor. 
Octavia me enseñó eso. Y nunca lo olvidaré. 
Fin 
 
 
Jo Raven La cueva del hombre 
 
 
 
Serie Hombres salvajes 03 
 
242 
Staff 
Traductora: Mdf30y 
Correctora: Pily1 
Diseño: Lelu y Laavic 
Lectura Final: Laavic 
Jo Raven La cueva del hombre 
 
 
 
Serie Hombres salvajes 03 
 
243 
Serie Hombres salvajes 
01 – Cavernícola 
Matthew Hansen es el tipo de hombre apuesto que ha 
hecho que las mujeres crecieran susurrando detrás de 
sus manos y riéndose como colegialas. 
Oscuro, alto y misterioso, es un recién llegado a nuestra 
pequeña ciudad. Es un mecánico áspero, cubierto de 
grasa, y un padre soltero. 
Dulce, ¿verdad? 
Además, está buscando una niñera y yo estoy buscando 
desesperadamente un trabajo. 
Suena como el trato perfecto. 
Solo que él es un imbécil. Un bruto incivilizado y 
corpulento. Cero en modales. Cero en interés en 
hacerme sentir bienvenida en su casa. Totalmente 
grosero. 
Pero, oh, tan sexy. 
Y necesito el trabajo. Puedo hacer esto. 
Una cosa es segura: no me puedo enamorar del cavernícola. No importa lo sexy 
que sea. Lo misterioso. Lo torturado. 
Esa es la única regla… y una que estoy a punto de romper. 
 
 
 
1,5 – Alborotador 
Hailey se muda a una nueva ciudad, dejando atrás su 
pasado y comenzando una nueva vida. Todo lo que 
quiere es olvidarse de su ex infiel y ser feliz. 
Lo último que espera es enamorarse de un chico malo 
local con una reputación aún peor, sin importar lo 
guapo que sea y cómo no puede dejar de desnudarla 
con sus ojos... 
 
 
 
Jo Raven La cueva del hombre 
 
 
 
Serie Hombres salvajes 03 
 
244 
 
02 - Deshecho 
Kaden Hansen era todo mi mundo. Me enamoré 
perdidamente. Y luego me engañó. 
O eso pensé yo. Estaba bastante segura, ¿de acuerdo? 
De todos modos, huí y me negué a hablar con él 
nuevamente. 
Pero, ¿y si estuviera equivocada? No confío en los 
hombres. Mi ex me engañó con mi prima. En nuestra 
cama. Y Kaden, mi novio, bueno… creo que también me 
engañó. 
La confianza es algo frágil, y la mía ya está destrozada. 
Así que volé de vuelta a Chicago, poniendo distancia 
entre nosotros antes de que Kaden pudiera lastimarme 
más. He renunciado a los hombres para siempre, 
concentrándome en mi trabajo y esperando que el dolor 
desaparezca. 
Ya superé lo de Kaden. De verdad, lo juro. Ya no lo amo. Se acabó. 
Solo un milagro podría volver a unirnos en este punto… y quién cree en ellos, 
¿verdad? 
 
03 – La cueva del hombre 
La jaula está rota… 
Hace dos años, Octavia conoció a su cavernícola, Matt 
Hansen, y se enamoró. Desde entonces, la vida ha 
encontrado su ritmo y es buena. Matt y su hermano Kaden 
han abierto su propio taller de reparación de automóviles 
“Mancave” y Octavia espera su primer hijo. 
Pero no todo es perfecto en el paraíso. Mary, la hija 
pequeña de Matt, comenzó a tener pesadillas, la hermana 
de Octavia, Gigi tiene problemas con su hijo,y Merc, su 
hermano, tiene problemas con las chicas. 
Entonces, Evan, el mejor amigo de Matt en Destiny, pide 
ayuda después de un accidente, y el viaje se complica 
cuando Octavia hace que su misión sea localizar y salvar 
a su medio hermano Ross de sí mismo. 
Octavia quiere que todos a su alrededor sean felices. Matt 
está decidido a salvaguardar el final feliz de su familia. 
De una forma u otra, el amor encontrará la manera… 
Jo Raven La cueva del hombre 
 
 
 
Serie Hombres salvajes 03 
 
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Sobre la Autora 
Jo Raven es una de las autoras más vendidas del 
New York Times y USA Today. Escribe romance 
vanguardista, contemporáneo y New Adult, con 
chicos malos y sexys y heroínas de voluntad 
fuerte. 
Escribe sobre luchadores de MME y artistas de 
tatuajes, con pasados oscuros que sangran en el 
presente, lealtad y cruda emoción. Si a eso se 
agrega un asombroso suspense, escenas de sexo 
súper calientes y un final feliz, se da con una historia de Jo Raven.