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13
Fisiología de la circulación fetal
Renato Frajndlich
2
IntrODuCCIón
Varios aspectos de la vida intrauterina permanecerán 
por mucho tiempo prácticamente como un misterio 
para la comprensión de los estudiosos. Con la intro-
ducción del ultrasonido en tiempo real, superando en 
la inaccesibilidad el feto humano, haciendo posible 
su estudio en condiciones fisiológicas. El estudio de 
la fisiología es complejo. Ahora, cuando nos damos 
cuenta de que este conocimiento es un prerrequisito 
para un mejor entendimiento del comportamiento 
y del desarrollo fetal y que las etapas del comporta-
miento son caracterizadas por la concomitancia de 
muchas variables fisiológicas, pasamos a profundizar 
en este tema de forma mucho más concreta.
sIstEMA CArDIOVAsCuLAr FEtAL
La circulación fetal difiere de la extrauterina tanto 
por su anatomía, como por su función. El sistema 
cardiovascular fetal está ingeniosamente planeado 
para atender las necesidades prenatales y permitir, 
en el nacimiento, las modificaciones que establezcan 
un patrón circulatorio postnatal.1 Su función se ase-
meja a la del aparato circulatorio del adulto; es, por 
ende, más compleja, ya que debe suplir las necesida-
des de un organismo en crecimiento rápido en un 
ambiente de hipoxia relativa (bajas concentraciones 
arteriales de oxígeno), aunque con altas tasas de flu-
jo sanguíneo.
Los pulmones fetales presentan un bajo flujo, 
mantenido a costa de una elevada resistencia vascular 
pulmonar debida principalmente a un importante 
estado de hipoxia. En estas condiciones, la placenta 
funciona como una fístula arteriovenosa con baja re-
sistencia al flujo sanguíneo sistémico.1
Ya que la única conexión entre el feto y el medio 
externo es la placenta, un órgano multifuncional, 
que hace las veces de aparato digestivo (transporte de 
nutrientes), aparato urinario (retiro de los productos 
de degradación) y aparato respiratorio (intercambio 
gaseoso).1
El feto no respira, pues los pulmones contienen 
líquido amniótico y, por tanto, la pequeña cantidad 
de sangre circulante no tiene las condiciones de ser 
oxigenada, es por esto la placenta el órgano que debe 
sustituirla para que el feto reciba así un adecuado su-
ministro de sangre saturada.1
Esta sangre, rica en oxígeno, retorna de la placen-
ta por la vena umbilical que penetra en el abdomen 
a través del ombligo y se dirige hacia el hígado. En 
el hilo hepático, esta vena se divide en dos ramos: 
el mayor es alcanzado por la vena porta y penetra 
en el lóbulo derecho, donde se divide en dos o tres 
ramos, uno para el lóbulo izquierdo y otro para el 
lóbulo cuadrado y caudado, y otro menor que conti-
núa cefálicamente con el nombre de ducto venoso, 
uniéndose a la vena cava inferior. Cerca de la mitad 
de la sangre proveniente de la placenta se dirige al 
sistema venoso porta-hepático; la mitad restante se 
dirige directamente a la vena cava inferior por el duc-
to venoso.2,3 En la entrada del ducto venoso existen 
unas fibras musculares que pueden funcionar como 
esfínter, regulando la distribución del flujo de la vena 
umbilical entre la circulación hepática y la vena cava 
inferior. Este mecanismo protege la circulación fetal 
de variaciones de presión por la contractilidad uteri-
na, además de contribuir a la aparición funcional del 
ducto, con ocasión del nacimiento.4
Después de un corto recorrido en la vena cava in-
ferior, la sangre penetra en el atrio derecho, ya mez-
14 Cardiología Fetal – Ciencia y Práctica
clada con la sangre menos saturada que viene de los 
miembros inferiores, del abdomen y de la pelvis.
Las venas cava superior e inferior desembocan en 
el atrio derecho en puntos no alineados.5 La sangre 
proveniente de la vena cava superior pasa al atrio de-
recho de modo que la crista interveniens, situada en la 
pared postero-lateral del atrio derecho, direcciona el 
flujo hacia el ventrículo derecho, a través de la válvu-
la tricúspide.6 El seno coronario, que drena la sangre 
del miocardio, desemboca en el atrio derecho entre 
la crista dividens, y la válvula tricúspide, hacia la cual 
es redireccionado el flujo. El flujo proveniente de la 
vena cava inferior es dividido por la crista dividens, de 
tal modo que el volumen mayor es direccionado al 
foramen oval y la porción menor alcanza el atrio de-
recho, pasando de ahí al ventrículo derecho, junto 
con el flujo sanguíneo de la vena cava superior. El 
foramen oval permanece patente en la vida fetal, más 
por la energía cinética del flujo sanguíneo que pro-
viene de la vena cava inferior, que por las diferencias 
en las presiones entre los atrios, que son mínimas.7
El volumen que pasa al atrio izquierdo se combina 
con un pequeño flujo de sangre poco oxigenado pro-
veniente de los pulmones. Este volumen de sangre se 
dirige al ventrículo izquierdo, de donde es expulsado 
hacia la aorta, irrigando el cerebro y el miocardio, 
tejidos que exigen mayor aporte de oxígeno.
El débito del ventrículo derecho, cuya inflamación 
se realiza a costa del retorno venoso de la vena cava 
superior, seno coronario y parte del retorno de la vena 
cava inferior que no pasa por el foramen oval, es ex-
pulsado al tronco pulmonar. La alta resistencia flujo 
sanguíneo pulmonar determina que apenas una pe-
queña cantidad de sangre circula a través de las venas 
pulmonares en los pulmones; el resto es dirigido por 
el canal arterial, hacia la aorta descendente, donde se 
irá a mezclar con la sangre proveniente del ventrículo 
izquierdo.
En el pulmón fetal no hay intercambio gaseoso, 
pero los alvéolos presentan otras funciones, como la 
producción de surfactante que impedirá el colapso de 
los alvéolos en el recién nacido.8
Cerca del 40 - 50% de la sangre de la aorta des-
cendente pasa por las arterias umbilicales y retorna a 
la placenta para su oxigenación. El resto de la sangre 
va a irrigar las vísceras y la mitad inferior del cuerpo 
(Fig. 2.1). Varios estudios sobre la circulación fetal en 
los humanos demuestran la similitud con la fisiología 
experimental en animales, aunque tiene importan-
tes diferencias.2 En los fetos humanos parece circular 
menos sangre a través de la placenta, ducto venoso y 
foramen oval, aunque hay más sangre a través de los 
pulmones que en los fetos de las ovejas. Existen im-
portantes variaciones individuales y el patrón varía de 
acuerdo con la edad gestacional. El flujo sanguíneo 
normal disminuye con la edad gestacional, y entre las 
semanas 28 y 32, un nuevo nivel de desarrollo pare-
ce ser alcanzado. En este estadio, el flujo a través del 
ducto venoso y el foramen oval alcanza su mínimo, y 
el flujo a través de los pulmones, su máximo. El ducto 
venoso y el foramen oval son funcionalmente muy pa-
recidos y representan una importante unidad de dis-
tribución para el retorno de sangre venosa. El ramo 
portal izquierdo representa una línea divisoria venosa 
y, de forma similar, el istmo aórtico representa una lí-
nea divisoria arterial. Entonces, la circulación central 
del feto es mucho más flexible y adaptada a la circula-
ción sistémica.
Las respuestas al aumento de postcarga, de hipoxe-
mia y de acidemia en el feto humano son equivalentes 
a aquellas encontradas en los estudios con animales: 
aumento de flujo a través del ducto venoso y el fora-
Fig. 2.1 Circulación fetal.
Ducto 
arterial
Vena cava 
superior
Foramen 
oval
Ducto 
venoso
Vena 
umbilical
Arterias 
umbilicales
Fisiología de la circulación fetal 15
men oval, aumento en la impedancia de los pulmo-
nes, reducción de impedancia en el cerebro y el flujo 
sanguíneo coronario más prominente. Estudios expe-
rimentales en fetos de ovejas, utilizando técnicas de ul-
trasonido, también demostraron que un aumento en 
la resistencia al flujo sanguíneo placentario disminuye 
significativamente el flujo a través del istmo aórtico 
fetal.9
Además de eso, se demostró que el perfil de flujo 
diastólico del istmo está alterado antes que cualquier 
modificación en las ondas de velocidad de flujo de 
la arteria umbilical.Con base en estos datos, parece 
correcto suponer que el monitoreo del perfil de ve-
locidad del flujo a través del istmo aórtico podría ser 
útil para una rápida y eficiente determinación del ba-
lance dinámico de resistencia vascular entre la parte 
superior e inferior del organismo del feto.9 A través 
del curso de la gestación, las variaciones en los ele-
mentos dinámicos como el predominio del ventrículo 
derecho o izquierdo, así como la influencia relativa de 
la impedancia vascular de la placenta o del cerebro, 
podrían teóricamente ser responsables por las varia-
ciones fisiológicas del perfil del flujo de la sangre en el 
istmo. Obviamente, las interpretaciones de cualquier 
alteración patológica en el flujo sanguíneo a través del 
istmo deben tener en cuenta esas alteraciones fisioló-
gicas.
El patrón de velocidad de la sangre en las arterias 
periféricas depende de sus características hemodiná-
micas. La Dopplervelocímetría en las arterias umbili-
cales indirectamente depende de la resistencia vascu-
lar placentaria y, además de eso, los flujos anormales 
pueden servir como índice de insuficiencia placen-
taria asociada a la elevada resistencia de la misma.10 
Estudios experimentales en fetos de ovejas mostraron 
que durante un aumento en la resistencia del flujo 
placentario la oferta de oxígeno hacia el cerebro esta-
ba preservada mientras que el flujo a través del istmo 
aórtico estaba intacto11. Durante un aumento agudo 
en la resistencia vascular placentaria, la oferta de oxí-
geno para el cerebro está preservada a pesar de que 
una falta significativa de oxígeno arterial en el flujo a 
través del istmo aórtico es anterógrada.12
IstMO AórtICO
En el corazón fetal, los ventrículos trabajan parale-
lamente y no en serie, como ocurre con el adulto 
(Fig. 2.2). El concepto establecido es que existen en 
la circulación fetal shunts intra y extracardíacos, sien-
do el principal representante de este último el ducto 
arterial.18 Aunque el ducto arterial sea, en realidad, 
parte del sistema vascular de salida del ventrículo 
derecho formando el “arco pulmonar” con la arteria 
pulmonar principal y la aorta torácica descendente, 
éste no se reconoce como un shunt vascular. En la 
vida postnatal, donde los ventrículos son dispuestos 
en serie, un ducto arterial patente desviaría la sangre 
tanto para la circulación sistémica, como para la cir-
culación pulmonar, dependiendo de la resistencia de 
los dos sistemas circulatorios. En la vida fetal, el flujo 
sanguíneo se disloca a través del arco pulmonar por 
el ducto arterial, lo que debería considerarse como 
un shunt derecho-izquierdo, llevando la sangre lejos 
de los pulmones, y entonces los dos ventrículos ten-
drían que ser considerados como dispuestos en serie, 
como en la vida postnatal.
Por tanto, el concepto de circulación fetal basado 
en dos sistemas circulatorios establecidos de forma 
paralela es incompatible con la identificación del 
ducto arterial como un shunt. En el útero, el segmen-
to vascular arterial actúa de esta forma y confirma 
que esta teoría es el shunt istmo-aórtico. Realmente, 
el istmo, localizado entre el origen de la arteria sub-
clavia izquierda y la parte final de la aorta en el ducto 
arterioso, establece una comunicación entre esas dos 
arterias para, paralelamente, irrigar la parte superior 
e inferior del cuerpo del feto (Fig. 2.3). Esta forma 
de ver la circulación fetal nos trae nuevos y signifi-
cativos paradigmas fisiológicos, nuevas implicaciones 
clínicas, especialmente con la llegada del ultrasonido 
Doppler para el monitoreo fetal (Fig. 2.4).
Patrón de flujo en el istmo normal
Debido a la disposición de los dos circuitos arteriales 
en cada lado del istmo aórtico, la sangre expulsada 
por los ventrículos derecho e izquierdo tiene efectos 
opuestos en la dirección del flujo a través del istmo. 
El volumen de sangre expulsado en la contracción 
del ventrículo izquierdo llevará la sangre hacia ade-
lante, mientras que la expulsión del ventrículo dere-
cho determinará el efecto opuesto (Fig. 2.5). El pa-
trón sistólico final del flujo ístmico se determinará 
por las contribuciones relativas de las expulsiones del 
ventrículo izquierdo y derecho, así como por el ba-
lance entre la resistencia vascular de la parte superior 
e inferior del cuerpo.
En la diástole, cuando las dos válvulas semiluna-
res están cerradas, la dirección del flujo sanguíneo 
del istmo estará influenciada solamente por las dos 
resistencias vasculares, especialmente en el cerebro, 
en la parte superior del cuerpo y en la placenta, por 
el sistema vascular sub-diafragmático (Fig. 2.6). Estu-