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Tres teorías sobre el desarrollo del niño: Erikson, Piaget y Sears Henry Maier Amorrortu editores lodo profesional que realiza tareas asistenciales con niños y jóvenes tiende a apoyarse en conceptos cir cunscriptos sobre el proceso de de sarrollo, seleccionando los más afi nes a su formación o los que cuen tan con mayor aval de su experien cia. Una visión más amplia y pro funda sobre dicho proceso, como la que pretende ofrecerle esta obra, no puede menos que beneficiarlo en la eficacia de su trabajo diario. Cada una de las teorías examinadas en el presente volumen se ocupa de una dimensión esencial del ser hu mano — el aspecto emocional, la cog nición, la conducta— , que tiene una evolución propia pero a la vez en trelazada con la de las otras dos. Reunidas en un marco de referencia conjunto, estas teorías establecen qué función cumplen en el desarro llo del niño el tiempo y la experien cia, esos factores que, al decir de Henry Adams, «modifican todas las perspectivas». Por extraño que parezca, pocas teo rías de la personalidad abarcan su evolución total desde el nacimiento hasta la madurez; las tres que aquí se analizan, además de satisfacer ese requisito, se complementan entre sí, ya que en la práctica la aplicabilidad de cada una está determinada por la índole de la actividad primordial que se desea indagar. Erikson ha reelaborado las fases de desarrolle propuestas por Freud des pojándolas de muchas de sus conno taciones biosexuales o instintivas y asignando mayor importancia a los procesos de socialización, no ya den tro del triángulo hijo-madre-padre, (Continúa en la segunda solapa.) Tres teorías sobre el desarrollo del niño: Rrikson, Piaget y Sears Henry W. Maíer Amorrortu editores Buenos Aires Director de la biblioteca de psicología, Jorge Colapinto Tbree Tbeoríes of Child Development: The Contributions of Erik H. Erikson, ]ean Piaget and Robert R. Sears, and Their Applications, Henry W. Maier Primera edición en inglés, 1965; edición revisada, 1969 Primera edición en castellano, 1971; primera reimpresión, 1974; segunda reimpresión, 1976; tercera reimpresión, 1977; cuarta reimpresión, 1979 Traducción, Aníbal C. Leal Revisión técnica, Leonor Ghinsberg de Sanguinetti Unica edición en castellano autorizada por Harper & Roto, Publishers, Incorporated, Nueva York, y debidamente pro tegida en todos los países. Queda hecho el depósito que previene la ley n? 11.723. © Todos los derechos de la edición castellana reservados por Amorrortu editores S. A.. Icalma 2001, Buenos Aires. La reproducción total o parcial de este libro en forma idén tica o modificada, escrita a máquina por el sistema multi- graph, mimeógrafo, impreso, etc., no autorizada por los edi tores, viola derechos reservados. Cualquier utilización debe ser previamente solicitada. Industria argentina. Made in Argentina. ISBN 84-610-4001-5 Impreso en los Talleres Gráficos Didot S. A., Icalma 2001, Buenos Aires, en abril de 1979. Tirada de esta edición: 4.000 ejemplares. Prólogo l .mprendí este estudio en la convicción de que tanto la prác tica como la investigación deben partir de un fundamento teórico. Mi propósito es exponer las teorías de Erik H. Lrikson, Jean Piaget y Robert R. Sears, así como algunas ile las inferencias que se extraen de ellas para la práctica corriente, con la esperanza de que promuevañ nuevas ideas, afirmen nuestro compromiso intelectual y orienten la labor profesional. La exposición de estas teorías se basa en una investigación de los principales trabajos de los tres autores. (En el caso de Piaget utilicé las traducciones inglesas o alemanas, salvo cuando disponía únicamente del original francés. El propio Piaget opina que las traducciones de su obra la han resu mido y vuelto más legible; en este sentido afirma: « . . .Creo que mi texto original, bastante difícil, ha llegado a ser más comprensible en inglés, gracias a los esfuerzos de mis tra ductores» [122, pág. v ] .) Cada teoría constituye una sín tesis de la obra de su creador. He tratado de ofrecer los conceptos más recientes cuando estos sustituían a los ha llazgos anteriores. Conservé la terminología técnica de los autores y como los tres evitan comprometerse con los nive les de edad, tales períodos se citan simplemente con fines de orientación. Una idea fundamental de este libro es que el profesional dedicado a la asistencia se ocupa de las nor mas del desarrollo, más que de las referidas a la edad cronológica. El énfasis puesto en el desarrollo psicosocial parece negar el desarrollo madurativo (es decir, físico, fisiológico, mo tor y neurológico). Confiamos en que el lector llenará este vacío con su propio trabajo en tales campos. Además, el doctor Edmund A. Smith, al revisar el manuscrito, me hizo notar que estas teorías han sido elaboradas por hombres, cuando el tema — el desarrollo del niño por vía de la 7 crianza sena presuntamente más afín a las mujeres. Por añadidura, la síntesis e interpretación de dichas teorías estuvieron a cargo de un autor de sexo masculino y las críticas a que se sometió el manuscrito provinieron en su mayoría de personas de ese sexo. Hubiera sido imposible redactar esta obra si careciéramos de las sagaces y precursoras contribuciones de Erik H. Erikson, Jean Piaget y Robert R. Sears. He contraído una deuda especial con los profesores Erikson y Sears por el uso de manuscritos inéditos, así como por el permiso que otorgaron para citar pasajes de sus libros. Sin embargo, la responsabilidad por la exactitud de lo mencionado en este volumen me corresponde totalmente. Vaya mi reconocimiento a los cuarenta y tantos editores que gentilmente concedieron su autorización para utilizar los pasajes seleccionados que aquí reproducimos, y cuya nómina se hallara en la Bibliografía. Agradezco las sugerencias de carácter critico, sumamente útiles, que sobre el manuscrito total o ciertos fragmentos del mismo reabzaron los doctores Dale B. Harris, Robert W. Macdonald, Edmund A. Smith y Calvin Y. Takagi. También fue muy útil el escrupuloso trabajo de preparación de originales a cargo de la señorita Faifh N. Smith y el cuidadoso mecanografiado de muchas y pacientes secretarias. La entusiasta acogida que tuvo la primera edición de esta obra por parte de alumnos y colegas nos permitió reeditarla incorporando varias modi ficaciones esenciales, así como el material más reciente de los tres teóricos. Sin embargo, lo más importante es que este libro no podría haber sido escrito y revisado de no ser por el vital interés que manifestaron por él mi esposa, Jeanne, y mis hijos Mark, Peter y Scott, quienes participaron en su gestación primitiva y en su actual renacimiento. Henry W. Maier Universidad de Washington Seattle, Washington 8 1. Introducción a las tres teorías El tiempo y la experiencia (. . .) modifican todas las pers pectivas. Henry Adams. «E l tiempo y la experiencia modifican todas las perspec tivas»; bien podría haber sido ese el título de este libro. Reunimos aquí tres teorías paralelas y congruentes del desa rrollo infantil, que, estudiadas simultáneamente, ofrecen una perspectiva unificada del desarrollo emocional, cognos citivo y conductal. Creemos que tal perspectiva es impor tante para los profesionales dedicados a la asistencia, pues todo esfuerzo profesional influye, en definitiva, en los sen timientos, los pensamientos y la acción de quienes buscan ayuda. En los últimos dos capítulos se ofrece un análisis del proceso asistencial y de las implicaciones de las tres teorías para el profesional de cualquiera de las disciplinas asistenciales. _ Cada teoría se ocupa de un aspecto distinto del desarrollo —emocional o afectivo,1 intelectual y conductal— . Estas tres teorías, reunidas como marco de referencia asociado acerca del desarrollo infantil, sitúan en perspectiva las funciones que el tiempo y la experiencia representan en el desenvol vimiento humano, del nacimiento a laadultez y de la pa ternidad a la ciudadanía del mundo. La asistencia, en el último tercio del siglo xx, exige un esfuerzo unitario pero multidimensional. A. J. Toynbee saluda dichas actividades como una realización de este siglo, pues . . . [nosotros] comenzamos a concebir los distintos aspectos de la vida humana como otras tantas facetas de una natu raleza humana unitaria, en lugar de vernos obligados, como nuestros predecesores/ a enfocar por compartimientos el es tudio del Hombre, dividiéndolo artificialmente en una serie de «disciplinas»: historia, sociología, economía, psicología, 1 Denominado desarrollo afectivo en las paginas de este libro. 9 teología, etc. Esta nueva posibilidad de estudiar la vida humana como una unidad debería permitirnos viajes men tales de descubrimiento que apenas han sido factibles en el pasado [83, pág. 174 ].2 La comprensión de la profundidad y la amplitud reales del desarrollo infantil constituye un prerrequisito para el tra bajo eficaz con niños y jóvenes, especialmente cuando el profesional quiere ocuparse de las desviaciones respecto del desarrollo normal. En sus «viajes mentales de descubrimien to», todo profesional dedicado a la asistencia se apoya en los conceptos circunscriptos del desarrollo infantil que ha seleccionado específicamente como propios, y que cuentan con el beneficio de la compenetración y el conocimiento derivados de su propia experiencia. Tiende a subrayar los conceptos que le son más útiles en sus propias actividades, así como los que tienen una mayor afinidad con su modo' profesional de pensamiento y su sistema de valores. El psiquiatra, el psicólogo, el trabajador social o el maestro extraen del cuerpo común de conocimientos aquel que cada uno considera más apropiado para su labor con niños y jóvenes. Sin embargo, el esfuerzo por alcanzar una com prensión más vasta del desarrollo humano capacitará mejor a dicho profesional y a sus instituciones para asistir a los individuos de modo más competente y con mayor conoci miento de causa. La adquisición continua de una perspectiva más amplia representa una conquista y un desafío. Hemos reunido en un libro las teorías de Erik H. Erikson, Jean Piaget y Robert R. Sears con la convicción de que cada teórico investigó y conceptualizó una dimensión esen cial del funcionamiento humano. Cada una de ellas __el afecto, la cognición y la conducta— se desarrolla a través de un proceso particular en el marco de su propio continuo de desarrollo, y, a su vez, se entrelaza con los procesos de las otras dos. Aunque la norma que establece «trabajar con la persona integral» es válida, afrontamos la compleja paradoja de que mientras nos ocupamos del «conjunto» de bemos conocer sus partes y establecer relaciones con ellas. 2 Los números entre corchetes remiten a las Referencias bibliográ ficas (veanse pag. 322 y sigs.). 10 El profesional dedicado a la asistencia tiene que decidir en determinado punto de su diagnóstico o su tratamiento si se ocupará básicamente de los aspectos afectivos, cognoscitivos o conducíales del desarrollo, y, por consiguiente, con qué procesos de desarrollo se relacionará esencialmente. Su acti tud obedece a la comprensión cabal,de que un cambio en los procesos afectivos puede ayudar al individuo a entender con mayor claridad las experiencias de la vida y a condu cirse de modo más competente. Inversamente, una modi ficación en el funcionamiento cognoscitivo puede contribuir para que una persona sienta y se conduzca de diferente modo. Al mismo tiempo, la adquisición de una conducta y un conocimiento práctico más competentes promoverán un cambio en las experiencias cognoscitivas y afectivas. Abrigamos la esperanza de que este libro acreciente la com prensión que el lector tiene de cada una de estas dimen siones de desarrollo cuando estudie, trabaje y se relacione con las personas concebidas como seres humanos con futuro. Significado del desarrollo En un principio, la palabra desarrollo fue un termino bio lógico referido al crecimiento físicamente observable^ del tamaño o la estructura de un organismo durante un período determinado. Aplicada a las ciencias de la conducta, denota los procesos vinculados temporalmente, los cambios progre sivos del funcionamiento adaptativo. En este libro, la palabra maduración sugiere el crecimiento orgánico, mientras^ que el término desarrollo se relaciona con el desarrollo sociopsico- lógico. En este sentido, el desarrollo alude a una integración de los cambios constitucionales y aprendidos que conforman la personalidad en constante desarrollo de un individuo. Debe distinguirse entre desarrollo y cambio. Cambio implica una transición de un estado a otro, en tanto que desarrollo se refiere a los elementos dinámicos y unidireccionales del cambio. Por consiguiente, el desarrollo es un proceso, y el cambio, un producto. El primero tiene lugar dentro de sistemas que se definen por sus estructuras y sus procesos dinámicos inherentes. Las teorías de Piaget y Erikson tratan 11 de ambas cuestiones; Sears hace hincapié en el Ínter juego de las fuerzas dinámicas y se ocupa poco de los aspectos es tructurales. Aunque pueda parecer contradictorio, el desarrollo se basa tanto en el cambio como en la constancia. Por definición, el desarrollo implica cambio; pero precisamente porque se fun da en el cambio previsible incluye la constancia del cambio. La aceptación de una regularidad rítmica en los procesos de desarrollo normal abre el camino a nuestro examen de los problemas del desarrollo. De hecho, el desarrollo anor mal o patológico es extraordinario, es decir, un desarrollo imprevisible, en el que varían el ritmo y lá intensidad pre vistos de los procesos de desarrollo «normal». En cual quier caso, el desarrollo «normal» o «anormal» entraña, procesos de desarrollo. En su condición de agente del cam bio, el profesional dedicado a la asistencia debe estar fami liarizado con estos procesos a fin de crear condiciones que promuevan su vitalización de acuerdo con un curso de desarrollo «normal». En la introducción a cada uno de los capítulos se examinan los supuestos básicos de cada teórico. Corresponde formular aquí algunos supuestos generales relacionados con el estudio de las tres teorías. Cualquier teoría del desarrollo infantil debe dar una respuesta al problema de la oposición entre la «unidad en la continuidad» y la «unidad en la disconti nuidad». Las tres teorías han sido elegidas porque, en opi nión del autor, satisfacen los criterios de la «unidad en la continuidad». En las tres la conducta cuantitativa deriva de niveles de conducta anteriores. Desde el punto de vista cualitativo, todos los cambios de conducta se convierten en productos de capas de conducta preexistentes, y este hecho determina que la conducta en desarrollo sea cualitativa mente original comparada con la correspondiente / al nivel anterior. . Aunque la mayoría de las teorías de la personalidad han reconocido que la niñez es el período formativo de la per sonalidad humana, cada una de las que se tratan aquí im plica una interpretación más o menos diferente del alcance que el desarrollo ulterior de la niñez tiene para modificar anteriores adquisiciones aportadas por el desarrollo. Cada teoría incluye su propio ordenamiento del desarrollo, con 12 su propia serie de fases secuenciales. La comprensión del ordenamiento del desarrollo peculiar de una teoría es esen cial para la comprensión de la misma. Cada teoría establece un comienzo que suministra el fundamento de todo el desa rrollo ulterior. Siempre es posible remontarse de este último a una fase anterior — y, en definitiva, a una primera fase— . A medida que cada nueva fase se hace evidente, podemos me dirla por sus propios logros inmediatos. Cuando los modos de cada fase se han definido e integrado con los de fases anteriores, sirven como fundamentos de nuevas caracterís ticas de desarrollo. Selección de las tresteorías Al principio, el autor decidió que para ser incluida en este volumen una teoría debía ocuparse del desarrollo de la personalidad como un proceso continuo y secuencial, que partiese del status del niño como infante y se ocupase de cada etapa subsiguiente del crecimiento psicológico: niñez temprana, niñez y adolescencia. Más aún, las teorías selec cionadas debían complementarse mutuamente para ofrecer una explicación compleja del desarrollo de la personalidad humana. Aunque los procesos físicos, psicológicos y neuro- lógicos son componentes importantes del desarrollo de la personalidad, se ha omitido intencionalmente el examen de estas áreas porque dicha información aparece en otras pu blicaciones. Por extraño que parezca, aunque había un elevado número de teorías de la personalidad, eran muy escasas las que satisfacían los criterios mencionados. La mayoría de ellas se refieren al hombre como un producto virtualmente com pleto; solo unas pocas se ocupan del estudio del desarrollo de la personalidad desde el nacimiento hasta la madurez. Kurt Lewin y Harry Stack Sullivan, por ejemplo, han con tribuido mucho a la comprensión de las relaciones entre los hombres [7 5 ], pero ofrecen una limitada información acerca del continuo total de desarrollo. Unicamente los sistemas conceptuales de Erik H. Erikson, Sigmund Freud, O. H. Mowrer, Jean Piaget y Robert R. Sears se prestaban a un 13 examen más atento dentro de los límites que habíamos esta blecido. Estos cinco sistemas teóricos abordaron de tres modos el estudio del desarrollo de la personalidad: 1) el psicoanalí- tico, que hace hincapié en los procesos emocionales, tanto conscientes como inconscientes, y les atribuye el carácter de fuerzas motivacionales básicas; 2) la exploración de la con ducta aprendida, que se apoya en las manifestaciones de la conducta; y 3) la investigación del funcionamiento cognos citivo, que destaca la conquista intelectual del individuo respecto de sus experiencias de vida. En el dominio psicoanalítico, se prefirió en definitiva el trabajo de Erikson al de Freud o sus demás discípulos —Karen Horney, Cari Jung y Otto Rank— . El autor estima que solo la obra de aquel ha progresado hasta el punto de que sea justificado reconocerla como una teoría nueva y sustancialmente distinta, claramente diferenciada de la teoría psicoanalítica freudiana.3 Es evidente que Jean Piaget debía' ser incluido en este volumen, porque su insuperada labor precursora acerca del desarrollo cognoscitivo comprende muchos conocimientos todavía no utilizados que pueden ser valiosos para los pro fesionales modernos. Entre los teóricos del aprendizaje, hemos escogido la inter pretación de Sears, quien considera que aquel es una fuerza fundamental del desarrollo de la personalidad, en lugar de la ofrecida anteriormente por Mowrer. El trabajo de Sears es menos ecléctico y aparentemente ha hallado un público más amplio que el intento de Mowrer [97] de «casar» la teoría del aprendizaje con las formulaciones psicoanalíticas. Importancia de las tres teorías Como ya lo mencionamos, Erikson extiende las enseñanzas psicoanalíticas más allá de las anteriores formulaciones de 3 Llamamos particularmente la atención sobre las publicaciones más recientes de R. W. White [174], cuyos trabajos representan otro impulso hacia la comprensión de la psicología del yo. 14 Freud. En conjunto, la investigación y los escritos de dicho autor han ampliado significativamente el pensamiento psico analítico mediante la integración de conocimientos origi nados en campos como la antropología cultural, la psicología social, el desarrollo infantil, la psicología de la Gestalt, la literatura, las artes y el estudio del hombre en la historia. El trabajo de Erikson señala a la imaginación de quienes se dedican a la asistencia, dominios más vastos que los- frecuentados por los estudiosos y profesionales del psico análisis — entre ellos, la asistencia social, la educación es pecial, la educación en la niñez temprana, la enfermería, la psiquiatría, la psicología y el asesoramiento pastoral— . Sus ideas han tenido eco en una amplia gama de revistas y libros (véanse págs. 343-48). Aunque anterior a los de Sears y Erikson, el trabajo de Piaget constituye sin duda un hito no superado en el es tudio del pensamiento cognoscitivo. Sus publicaciones ini ciales hallaron reconocimiento en la literatura especializada de Estados Unidos y estimularon el interés en la noción en términos de estadios. Recientemente se reavivó en dicho país el interés suscitado por Piaget, y han menudeado las traducciones y publicaciones de sus escritos anteriores. En este libro, las publicaciones de Piaget y los hallazgos de su investigación han sido integrados en un marco de desarrollo único, con el fin de sintetizar sus diferentes contribuciones en una teoría significativa y unificada. La investigación y los trabajos de Sears se fundan en con ceptos y técnicas asociados con la teoría del aprendizaje, pero incorporan otra dimensión a la comprensión del desa rrollo infantil. Gran parte de su obra consiste en la infor mación y el resumen de la investigación realizada en colabo ración con otros. Sin embargo, fue Sears quien tuvo el valor de arriesgar su propia reputación publicando estos hallazgos. Se aventuró en terrenos que otros teóricos norteamericanos del aprendizaje no se atrevieron a transitar y extrajo infe rencias generales para el profesional a partir de estudios empíricos.4 En esencia, su labor abarca la crianza de los 4 Una excepción puede ser el esfuerzo más reciente de S. Bijou y D. M. Baer en Child Development: A Systematic and Empírical Theory [12]. 15 niños, el influjo que ejercen las fuerzas ambientales en los procesos de desarrollo del niño en crecimiento, según él los observa en la escena norteamericana contemporánea, específicamente entre familias enteras de la clase media. Su obra merece ser incluida aquí, no solo por su importancia, sino también porque refleja los principales métodos de in vestigación utilizados en los centros contemporáneos de Estados Unidos para el estudio del niño. Las tres teorías com o m arco in tegral de referencia Las teorías de Erikson, Piaget y Sears se ocupan de enfo ques evidentemente distintos pero complementarios del de sarrollo de la personalidad. Cada una de ellas contribuye en algo a la comprensión del individuo como un todo in divisible. Cada una se relaciona con las otras, a la manera de un engranaje, sin que ello implique la modificación de las fases secuenciales de desarrollo dentro de su propio marco conceptual. Puede afirmarse que, desde un punto de vista longitudinal, cada teoría describe un continuo de desarrollo que tiene su propia coherencia interna, al mismo tiempo que confirma la integridad de las otras dos. En un plano horizontal, cada una puede tratar en cierta etapa un episodio más o menos diferenciado, que es posible defi nir en términos de una teoría, sin absolver o refutar los principios expresados en las otras. En la práctica, la apli- cabilidad de cada teoría está determinada por la naturaleza de la actividad. Por ejemplo, si el motivo de la interven ción es un problema de conducta social y de formación de hábitos, los hallazgos particulares de Sears parecen los más pertinentes. Si la necesidad de ayuda tiene que ver con la comprensión de una situación por el niño, la reseña deta llada del desarrollo intelectual efectuada por Piaget será instructiva y confiable. Y 'si el problema del niño se vincula con la madurez emocional, los conceptos de Erikson per mitirán a quien presta asistencia asumir el carácter de posible mentor. Es necesario considerar las tres dimensiones del funcionamiento humano cuando se ayuda al niño en su 16 desarrollo o se diagnostica y trata un problema referido al mismo. Una rápida ojeada á la carrera profesional, la metodología de investigación y los hallazgos de los tres teóricos puedesuscitar la pregunta de si este libro no está reuniendo a autores contradictorios entre sí. Pero un examen más atento de los trabajos respectivos sugiere que la compatibilidad entre las diferentes teorías es más significativa que la diver gencia. Para Sybil Escalona la teoría cognoscitiva de Piaget es compatible y se complementa con la teoría psicoanalítica. En el mismo sentido, Charles Odier comenta: . . .el aspecto más vigoroso de la doctrina psicoanalítica freudiana es el más débil de la doctrina de Piaget, y vice versa. ( . . . ) Comparando la evaluación del individuo con un río, diría que tanto Freud [con su enfoque psicoanalí- tico] como Piaget llegaron a la fuente del mismo, pero cada uno por su propia orilla. Por definición, este para- lelismb las condenó a no reunirse nunca [103, pág. 32]. * En la monografía publicada a fines de 1960, Peter H. Wolff agrega: A pesar de sus diferencias metodológicas y sus objetivos divergentes, ambos métodos [el análisis de Piaget y el psico análisis de Freud] pueden complementarse mutuamente y suministrar una imagen exhaustiva del proceso de desarrollo, aportando cada uno datos en las áreas en que el otro es deficiente [177, págs. 11-12], En una publicación reciente, el propio Erikson vincula su trabajo con los hallazgos de Piaget [6 5 ], como si cada uno de ellos estuviese tejiendo la misma «trama de desarrollo» con hilos diferentes. A su vez, el esfuerzo consciente de Sears para unificar los conceptos básicos de la teoría psi coanalítica con los de su propia teoría del aprendizaje con firma nuestros esfuerzos orientados a interrelacionar las tres teorías. Por ahora permítasenos sugerir que cada teoría introduce de modo convincente un conjunto de procesos básicos y que, en conjunto, las tres pueden proporcionar un conve- 17 rúente «núcleo de procesos básicos». El eje de este libro es la disposición para el desarrollo y la realización del mis mo, aspectos ambos que se vinculan constantemente con las fases de desarrollo. Pero, en contraste con los índices de maduración, como la edad ósea, la talla física y el peso, o con intervalos cronológicos como los días, los meses y los años transcurridos desde el nacimiento, no hay normas reales que permitan medir la disposición para el desarrollo, su progreso o sus fases. Debemos recordar que solo es po sible medir o evaluar a cada individuo en el contexto de su propio desenvolvimiento, y que, si bien la teoría del desa rrollo puede ayudar a la elaboración de una comprensión generalizada de los procesos del desarrollo infantil, única mente cabe utilizarla con eficacia cuando se la aplica al individuo de acuerdo con los rasgos específicos de su propia y original situación. 2. La teoría psicoanalítica de Erik H. Erikson Esbozo biográfico de Erikson Erik H. Erikson — uno de los más cabales analistas y eru ditos de la escena norteamericana contemporánea— nació de padres daneses en Francfort, Alemania, en 1902. Su padre murió poco después de su nacimiento; su madre volvió a casarse, y su padrastro, Homburger, adoptó al niño. Por esta razón, sus primeros trabajos llevan el nombre de Homburger. Cuando adoptó la ciudadanía norteamericana, en 1939, decidió atenerse a su apellido original. Erik Erikson asistió a la escuela elemental y al «gimnasio de humanidades» de Karlsruhe, Alemania, antes de comen zar su Wanderjahre en Europa Central. De acuerdo con sus propias palabras, «entonces era artista, eufemismo europeo que designa al joven de cierto talento pero que carece de destino definido» [62 b, pág. 40]. Durante esos años des cubrió su verdadero interés e, involuntariamente, su primer vínculo con Estados Unidos, cuando se le pidió que ense ñara con Dorothy Burlingham y Peter Blos en una pequeña escuela norteamericana de Viena. Adquirió su entrenamien to psicoanalítico bajo la dirección de Anna Freud y August Aichhorn, en el Instituto Psicoanalítico de Viena. Estas enseñanzas fueron su único curso académico formal, además de un certificado otorgado por la Escuela María Montes- sori; probablemente haya sido de los pocos integrantes va rones de la Montessori Lehrerinnen Verein. También cono ció personalmente a Sigmund Freud. Enseñó y practicó el psicoanálisis, y escribió sus primeros artículos [48-50], en los que aplicó el pensamiento psicoanalítico a los problemas educacionales. Erikson entró en contacto con Estados Unidos, primero al contraer matrimonio con una norteamericana,1 y luego al 1 Erikson no solo vinculó el viejo y el nuevo mundo, sino que se relacionó con las artes, al contraer matrimonio con Joan Mowat 19 aceptar en 1933 una invitación para ejercer y dictar con ferencias en Boston durante dos años. Después, durante un año, fue investigador asociado de psicología del Depar tamento de Neuropsiquiatría de la Escuela Médica de Har vard. De 1936 a 1939 ocupó un cargo en el Departamento de Psiquiatría del Instituto de Relaciones Humanas y en la Escuela de Medicina de Yale. En ese lapso trabajó en tres problemas fundamentales del desarrollo del yo: 1) los ' conceptos de las modalidades sociales, según se manifiestan en la conducta espacial lúdicra de los niños [31, 52, -55, 7 0 ]; 2) el desarrollo del yo como un continuo — resumido en el capítulo «Problemas de la infancia y la niñez tem prana» de la Cyclopedia of Medicine [4 7 ]— ; y 3) investi gaciones antropológicas acerca del hombre en el tiempo y el espacio. En relación con este último aspecto, realizó ex cursiones de campo a una reserva india, acompañado por H. Scudder Mekkeel, y trató de aplicar el enfoque clínico a los estudios antropológicos de los individuos dentro de su grupo sociocultural [42], De 1939 a 1944, Erikson participó en el «Estudio [longi tudinal] de orientación infantil» de la Universidad de Cali fornia. También en este caso sus esfuerzos abarcaron tres áreas fundamentales: 1) diferencias sexuales en la cons trucción de los juegos infantiles [27, 52, 5 3 ]; 2 ) resolu ciones de conflictos en diferentes fases de los ciclos vitales del hombre [3 3 ], y 3) permanentes indagaciones antropoló- gico-culturales respecto de problemas concernientes al desa rrollo infantil [42, 43]. Durante los seis años siguientes, !enseñó en el Instituto Psicoanalítico de San Francisco, la Universidad de Califor nia y la Fundación Menninger de Topeka, Kansas. Los escritos de Erikson de este período reflejan una extensión de sus tenues conceptos anteriores acerca de las modalidades y los esfuerzos del hombre por conformar la educación del niño según la imagen de su destino hístórico-sociai. Asimismo, estableció el marco de la teoría que desarrolló en su primer libro, Chiidhood and Society [2 5 ], cuyo título condensa bien la inquietud teórica del propio Erikson — la Serson, artista norteamericana —profesional por derecho propio como terapeuta ocupacional y escritora—. 20 síntesis de las tareas de desarrollo y sociales— . Este libro incorporó a la teoría psicoanalítica freudiana los esfuerzos del hombre para vivir eficazmente en un medio social dado. Su publicación hizo que Erikson se convirtiese en uno de los principales expositores de la psicología del yo en Estados Unidos, jerarquía que su antigua maestra, Anna Freud, ha bía alcanzado en Inglaterra. El trabajo de Erikson refleja las inquietudes de nuestra época: las relaciones interperso nales, lá salud mental y el desarrollo humano en el contexto de una nueva cultura en una sociedad nueva. Sus ideas acerca de las condiciones básicas de una personalidad sana [63, pág. 76] y sus publicaciones ulteriores [44, págs. 65- 136] representaron una nueva teoría del desarrollo infantil. En 1951, Erikson se trasladó nuevamente al Este para incor porarse al equipo del Austen Riggs Center, en Stockbridge, Massachusetts, al mismo tiempo que continuó cumpliendo tareas docentes de dedicación parcial en el Instituto Psiquiá trico del Oeste, la Universidad de Pittsburgh y el Instituto de Tecnologíade Massachusetts. Desde entonces, su inves tigación y sus escritos se basan en la teoría que desarrolló antes y durante las deliberaciones relacionadas con su con tribución a la Conferencia del Medio Siglo en la Casa Blanca [33, 44, 47, 56, 63]. En los últimos quince años, el pensamiento creador y erudito de Erikson ha despertado interés fuera de los Estados Unidos. Chiidhood and Society y otras obras han sido traducidas y publicadas en muchos países, y Erikson ha participado en gran número de colo quios científicos interdisciplinarios [34, 44, 62, 64]. Perió dicamente se consagró a estudios especiales — p. ej., un año en el Centro de Estudios Avanzados de las Ciencias de la Conducta en Palo Alto, California, 1960-1961; y una ex cursión a la India en 1965, para realizar estudios acerca de las cuestiones generacionales, incluidos los años de infan cia del Mahatma Gandhi— . Erikson es un hombre de nuestro tiempo. Sus trabajos más recientes se han ocupado de muchos problemas contemporá neos inquietantes: el negro, que quiere hallar un lugar ade cuado en la sociedad; la variación del papel de las mujeres; la búsqueda de sentido y reconocimiento por parte de la juventud alienada en un mundo cambiante y cada día más anónimo [29, 30, 36, 38, 40, 41, 49, 65]. 21 A partir de 1961, Erikson ha sido profesor de Desarrollo Humanó en la Universidad de Harvard, justa distinción otorgada a un estudioso que no realizó una carrera univer sitaria formal y a un hombre imbuido de un auténtico sentido de humildad. En sus trabajos Erikson supone que los lectores aceptan y comprenden las formulaciones psicoanalíticas fundamentales. Sus escritos son los de un artista; pinta el trasfondo con amplias pinceladas y completa los detalles particulares y me nudos del primer plano inmediato. Como Freud, la mayoría de su material proviene de casos clínicos. Si aquel utilizó el drama mitológico griego, Erikson aclara sus conceptos con referencias a la poesía, el folklore y la sabiduría de la vida cotidiana. Aunque Erikson elevó a una nueva jerarquía el pensamiento psicoanalítico, constituye uno de los principales expositores e intérpretes del pensamiento freudiano [32, 35 ]. Su compenetración con la obra de Freud y su inte gridad como uno de lós analistas y teóricos contemporáneos más destacados fueron justamente honrados cuando se le- solicitó en 1956 que pronunciase la Alocución del Cente nario de Goethe, en Francfort — su ciudad natal— , en honor del centésimo aniversario del natalicio de Sigmund Freud. Sin embargo, Erikson merece reconocimiento como erudito y científico por derecho propio; en un artículo re ciente y sugestivo, Robert W. White rinde tributo a Erikson por su capacidad de avanzar más allá de los límites esta blecidos por Freud.2 . La teoría de Erikson y la teoría psicoanalítica freudiana Sobre la base de la teoría analítica freudiana, Erikson levan ta una sólida construcción; él mismo afirma que Freud es la «roca» que sirve de fundamento a todo el desarrollo de la teoría de la personalidad [57, pág. 8], En sus primeros tra 2 La nueva concepción de White acerca de un sentido de la com petencia merece atención, lo mismo que su sugestivo análisis y críti ca de las fases de desarrollo de Erikson [174, pág. 106-07]. 22 bajos, Erikson asumió el papel del teórico que aplica las enseñanzas de Freud. Recientemente ha sugerido que si Freud viviese incorporaría a su teoría de la libido los co nocimientos contemporáneos adquiridos en los campos de la biología, la bioquímica y la fisiología. En su opinión, aun hoy la teoría de Freud mantendría su carácter esencialmente biológico [ 65, pág. 85 ]. Erikson se muestra ahora más dis puesto a aceptar el hecho de que su propio pensamiento representa un progreso decisivo con respecto a la psicología freudiana. Mientras Freud reaccionaba ante los escrúpulos y las tensiones de una sociedad que se modificaba como con secuencia de los progresos tecnológicos y de los efectos de las rígidas costumbres sexuales sobre la competencia social del individuo, Erikson relaciona su obra con la pro blemática y el dilema de su tiempo — las variables condi ciones de una era de cambio, los movimientos sociales con síntomas de alienación [30, 38]— . La teoría de Erikson se aparta del modelo freudiano al destacar la importancia de tres áreas fundamentales. En primer lugar, más que el ello, Erikson destaca el yo, actitud que Freud insinuó en El problema de la ansiedad [69]. Erikson afirma que su primer tratado fundamental, Child- hood and Society, es una «obra psicoanalítica acerca de las relaciones del yo con la sociedad» [25, pág. 12], Su premisa básica supone que el individuo tiene la capacidad innata de relacionarse de manera coordinada con un ambiente tí pico y predecible. La importancia capital que Erikson atri buye a la continuidad de la experiencia implita que la fun ción del yo trasciende las fases del desarrollo sexual (libi dinoso) postulados por Freud. Erikson reelabora las fases orgánicas de Freud, de modo que estas pierden muchas de sus connotaciones biosexuales; sin embargo, no rompe del todo con el modelo freudiano. Para Erikson, la motivación inconsciente es un hecho aceptado. Por lo tanto, se siente con derecho a asignar una mayor importancia al estudio de los procesos de socialización. David Rapaport afirma con razón que la formulación de Erikson es una «teoría de las relaciones con la realidad» [135, pág. 14]. Puesto que le interesa la lucha del hombre por controlar, dominar y ven cer, presta menos atención a los instintos, incluido el de muerte. 23 En segundo lugar, Erikson introduce una nueva formulación básica: la relación del individuo con los padres dentro del contexto familiar, y con un medio social más amplio dentro del marco de la herencia histórico-cultural de la familia. Este complejo social reemplaza a la clásica matriz freudiana de la dinámica del individuo en una realidad constituida por el triángulo niño-madre-padre. Erikson se ocupa de la dinámica que opera entre los integrantes de la familia y su realidad sociocultural. Hace poco afirmó: No podemos separar el crecimiento personal del cambio comunal, como tampoco podemos disociar ( . . . ) las crisis de identidad en la vida individual y las crisis contempo ráneas del desarrollo histórico, porque ambos tipos de crisis contribuyen a definirse mutuamente y en verdad dependen las unas de las otras [38, pág. 23]. Tercero, si la misión de Freud fue demostrar la existencia y el funcionamiento del inconsciente, la misión de Erikson, en respuesta a los reclamos de su época, ha sido señalar las oportunidades de desarrollo del individuo qué lé ayudan a triunfar sobre los riesgos psicológicos de la vida. La adver tencia de Freud acerca de la condenación social del hombre si se lo abandona a sus inclinaciones innatas halla respuesta en la premisa optimista de Erikson, en el sentido de que toda crisis personal y social aporta elementos que se orientan hacia el crecimiento. En tanto Freud consagró sus estudios a la etiología del desarrollo patológico, Erikson se con centra en la solución exitosa de las crisis del desarrollo. Además, se aventura «a conjeturar sobre las implicaciones psicosociales de la evolución humana» [51, pág. 149]. Por lo tanto, Erikson imprime una nueva orientación a la teoría psicoanalítica. Este enfoque permite una interpreta ción más optimista y una mayor aplicación a la vida cotidia na. Ademas, se presta de modo más inmediato que su pre— decesora freudiana a la formulación de hipótesis y a la investigación. 24 Supuestos fundamentales de la teoría de Erikson Una reseña de los supuestos fundamentales de la teoría de Erikson debe incluir, inevitablemente, las formulaciones freu- dianas que dicho autor considera sobrentendidas. En el material que sigue se especificarán los supuestos freudianos; aquellos que no tienen ese carácter pueden atribuirse a Erikson. Siete subtítulosbastan para resumir tales supuestos: 1. Enfoque de la elaboración teórica 2. El orden de la vida humana 3. Valores humanos fundamentales 4. Etiología de la conducta humana 5. El núcleo del funcionamiento humano 6. El recién nacido 7. El ambiente físico, social, cultural e ideacional Enfoque de la elaboración teórica Para obtener sus datos, Erikson confía naturalmente en las técnicas y los métodos psicoanalíticos. En sus investigaciones presta particular atención a las «señales» del material incons ciente y preconsciente, según este se manifiesta en la comu nicación verbal y en la conducta lúdicra. Según Erikson, el psicoanálisis depende de la comprensión de los hábitos indi viduales que son idiosincrásicos, y que se convierten en los «medios oficiosos» — el placer franco o la inquietud secre ta— del individuo en el proceso de su vida cotidiana. Para Erikson, el psicoanálisis está entre la ciencia y el arte [65, pág. 62]. Supone que, como los procesos fundamentales del desarrollo humano se revelan solo en sus síntomas de discre pancia aparente, un estudio de la desviación grave de la personalidad puede suministrar los indicios necesarios para la comprensión del desarrollo normal. Amplía el dominio psicoanalítico de la apreciación analítica del individuo a grupos de individuos y culturas íntegras. Así como Freud pensaba que el estudio de los sueños era el camino que llevaba al inconsciente del adulto, Erikson sugiere que el juego constituye la situación más adecuada para estudiar el yo del niño. 25 También supone Erikson que no es posible iniciar una ‘inves tigación científica sin una teoría orientadora. Cualquier as pecto particular del desarrollo debe evaluarse en el marco de una comprensión teórica del contexto total de desarrollo. Sus muestras se componen de casos clínicos. Observa a los individuos en su medio natural y estudia las biografías po pulares. Destaca que cada estudio de casos contribuye a comprobar y a enriquecer la trama de su teoría total. Como él mismo escribe: «Aquí nos interesa más la configuración general y la integración de los enfoques de desarrollo en el mundo que la aparición inicial de habilidades específicas que han sido tan bien explicadas en la literatura dedicada al desarrollo infantil» [63, pág. 104]. En general, Erikson muestra una audaz confianza en su propio sentido intuitivo de la oportunidad, la selección de muestras y la elección de técnicas. Le interesan más los datos cualitativos que las mediciones cuantitativas. Su teoría nace de deducciones rea lizadas a partir de datos suministrados por su propia com penetración con problemas muy seleccionados y pertinentes. Su modelo es una fusión de sus propios esfuerzos psicoana- líticos y de su conocimiento de la psicología freudiana, el desarrollo infantil, la antropología cultural y la historia. El'orden de la vida humana Erikson admite que «al indicar una serie de equilibrios bá sicos, de los cuales parece depender la salud psicosocial de una personalidad, encontré implícito un sistema latente de valores universales basado en la naturaleza del creci miento humano, las necesidades del yo en proceso de desa rrollo y ciertos elementos comunes en los sistemas de edu cación infantil» [81, pág. 185]. A su juicio, los fenómenos psicológicos y las estructuras biológicas han seguido una historia evolutiva similar; los fenómenos de ambos órdenes se hallan estrechamente interrelacionados. En la historia evolutiva del hombre hubo un desarrollo simultáneo de la estructura fisiológica y de la dotación psicológica. Por ejem plo, la estructura primaria de los organismos vivos más primitivos consiste casi exclusivamente en una cavidad oral, y su modo esencial de vida es la ingestión — es decir, la 26 incorporación—-. Los organismos más complejos poseen es tructuras funcionales adicionales y modos psicológicos más complejos; Erikson ve en el ciclo de vida psicogenética de cada individuo una repetición de su historia evolutiva filo- genética. La primera fase de desarrollo del infante, similar a los esfuerzos orales de incorporación, no es muy distinta de la naturaleza básica de la medusa. Cada fase.de desarrollo tiene su contraparte en la evolución filogenética del hombre; el desarrollo de la personalidad se ajusta a principios bio lógicos. Pero la evolución biológica cesa con el nacimiento: «El organismo que madura continúa desenvolviéndose, no por el desarrollo de nuevos órganos, sino mediante una se cuencia prescripta de capacidades locomotrices, sensoriales y sociales» [63, pág. 97], El desarrollo psicológico y social sucede al biológico; el desarrollo del yo determina la con fluencia recíproca del organismo humano y su mundo: «Los mismos actos que ayudan al bebé a sobrevivir ayudan a la cultura a sobrevivir en él» [26, pág. 325]. Erikson también concilia la unidad en la continuidad con los reclamos socia les de unidad en k discontinuidad. La unidad es la resul tante de presiones contrarias y continuas durante las dife rentes fases de desarrollo. El individuo que se desarrolla se esfuerza por alcanzar la unidad depositando su confianza en un pasado y un futuro continuos, y en su identidad con ambos. Sin embargo, la mayoría de las culturas exigen diferentes pautas de conducta para los distintos niveles de edad. Erikson supone que las leyes epigenéticas espacio- temporales operan siempre que hay crecimiento: El crecimiento constituye una diferenciación de partes pre establecidas a lo largo de una secuencia dada de períodos críticos. En el crecimiento de la personalidad, es tarea del yo (en el sentido psicoanalítico) y del proceso social reunidos mantener esa continuidad que salva la inexorable disconti nuidad entre cada una de estas etapas [34, pág. 7]. En última instancia, el individuo unifica las fuerzas biológi cas, psicológicas y sociales. Para citar a Erikson, «un ser humano, por lo tanto, es siempre un organismo, un yo y un miembro de la sociedad, y está comprometido en los tres procesos de organización» [25, pág. 32], 27 Valores humanos fundamentales Erikson destaca el poder creador y adaptativo del individuo, y respeta la capacidad original de cada uno para crear su modo de vida, para asumir su propia fe y su propia indig nación. No cree que la conducta humana sea «buena» ni «mala»; se trata más bien de que cada ser humano puede, potencialmente, producir tanto lo «bueno» como lo «malo». Erikson nos recuerda uno de los más promisorios axiomas de Freud: «Los hombres son no solo peores, sino también mejores de lo que ellos mismos creen» [25, pág. 288]. La fe de Erikson en la capacidad de creación social del hombre se refleja en su propio comentario optimista: «Poco es lo que no puede remediarse después, y mucho lo que puede impedirse absolutamente» [63, pág. 104]. La preservación de la inviolabilidad del individuo requiere la confianza y el respeto de la sociedad y la cultura circundan tes. A su vez, la perpetuación de las instituciones sociales exige el respeto y el reconocimiento correspondientes de los individuos que dependen de ellas. Por lo tanto, la inviola bilidad del individuo está garantizada en su mundo social. «A fin de que el mundo sea más seguro para la democracia, debemos asegurar esta para el niño sano» [63, pág. 145]. Etiología de la conducta humana Erikson acepta el modelo freudiano de un organismo car gado de energía psicosexual. Esta energía o impulso existe desde el nacimiento y genera todos los procesos psicoló gicos. Como Freud, Erikson denomina libido a dicha energía — instinto omnímodo y fuerza motivadora— . 3 Esta libido abarca dos inclinaciones humanas que se oponen dinámica 3 La libido debe definirse como una fuerza o energía innata, indi ferenciada e inespecífica, que en parte es sexual (incorporando así la interpretación de Freud), pero que es sobre todo un aspecto no especificado del sistema humano que impulsa a su realización. En esencia, energía libidinosaes la denominación de una fuerza toda vía desconocida que dirige el desarrollo epigenético del sistema hu mano. En diferentes puntos de este capítulo, se utilizarán los tér minos descriptivos «impulso», «deseo» y «compulsión», en lugar de energía libidinosa. 28 mente y crean una polaridad básica. Tenemos en primer lugar el impulso de vivir, de gratificarse y de sobrepasar los propios límites. Este concepto es afín a la formulación íreudiana original del impulso sexual de vivir, de expan dirse y de gratificarse. En segundo término está el impulso opuesto, que implica una incitación a retornar a la condición anterior al nacimiento, o por lo menos a una fase previa de menor complejidad. Este deseo de retornar o de regresar entraña otro: el de autodestrucción, y puede afirmarse que es paralelo al concepto íreítdiano del instinto de muerte, el deseo de deshacer todo vínculo con la vida. Estos dos im pulsos contrarios están siempre presentes y crean una pola ridad que estimula la conducta en todas y cada una de las fases de desarrollo de la vida. En esencia, es la lucha del individuo, que tiene su contraparte social en la lucha entre las fuerzas progresistas y reaccionarias. Los componentes psicológicos de masculinidad y feminidad representan otra polaridad fundamental del individuo; la bisexualidad es inherente a todos los seres. Puesto que todas las formas de conducta tienen su origen en el interjuego de las pola ridades, Erikson sugiere que la etiología del conflicto y la recurrencia de las crisis son componentes esenciales y cons tantes de la vida. Desde las primeras experiencias biológicas ( respiración, des canso y alimentación), la mayoría de los procesos corpo rales asimilan lentamente energía libidinosa como carga emocional de refuerzo. Dichos procesos se desarrollan y varían con la maduración somática y fisiológica del indi viduo. Crean diferentes demandas en cuanto a expresiones de. conducta por intermedio de las zonas libidinosas,4 y originan, asimismo, distintos modos de expresión. Este últi mo es, evidentemente, un concepto propio de Erikson, y será descripto con todo detalle cuando se realice la expo sición de cada fase de desarrollo. En otras palabras, la maduración corporal halla su contraparte emocional en el desarrollo de la personalidad. La experiencia sensorial, que como tal apenas ocupa un lugar en las enseñanzas de Freud o de Erikson, aumenta los componentes emocionales de las 4 La palabra zona se refiere a un concepto psicológico de un área corporal circunscripta por su coherencia neurológica más que por su proximidad anatómica. 29 zonas erógenas del individuo. Estas zonas, y sus expresiones — o modos— de conducta, sirven como prototipos a partir de los cuales se desarrollan todas las actitudes futuras, aun las más complejas del adulto. Las fuerzas libidinosas se asocian a distintos niveles de la experiencia vital. Como Freud, Erikson reconoce experien cias conscientes, preconscientes e inconscientes. Sin embar go, al pasar de una teoría libidinosa a una teoría del yo, Erikson desecha la idea de una «dinastía» de los impulsos.5 Afirma que las fuerzas instintivas del hombre no están vinculadas con unas pocas pautas instintivas, como en el caso de los animales, sino más bien con pautas muy flexibles, transferibles y sobre todo adaptables a ilimitados estilos de vida [65, pág. 87] , Las energías libidinosas y sus manifestaciones en estas tres capas de la conciencia forman diferentes constelaciones psi cológicas, conocidas como estructuras hipotéticas o como los tres procesos analíticos fundamentales. Tanto las estructuras como sus respectivos procesos dinámicos llevan nombres idénticos, y es posible describirlos en términos de la tríada freudiana del ello, el yo y el superyó. Al igual que Freud, Erikson supone que el ello comprende la suma de las «pre siones de los deseos excesivos» originados en la energía libidinosa no consumida, no reorganizada e inconsciente. Además, incl¡ re en el ello depósitos fiiogenéticos de ten dencias libidino:,; _ insatisfechas en el curso de la historia evolutiva del organismo. El ello es «todo lo que nos haría meras criaturas ( . . . ) la suma del deseo que debe ser su perado para alcanzar la condición humana» [25, pág. 167]. Se atribuye al yo el carácter de una configuración psicoló gica constituida por los actos conscientes, que son contro lados a su vez por ella — síntesis e integración de la experiencia anterior con las tareas actuales que el individuo afronta en su campo perceptual-cognoscitivo— . Implícita mente, Erikson afirma que el yo imprime al individuo una 5 Esta variación se ha acentuado paulatinamente en el curso de los años, y es interesante que recién en 1967 Erikson acepte su condi ción de hombre del siglo xx que se orienta hacia los elementos, mientras que en el período darviniano Freud ya tenía puestos los ojos en la falta de solución de continuidad entre el hombre’ y el reino animal. 30 dirección específica y «fragua» la historia de su desarrollo. Se supone que el superyó se compone de la experiencia personal y de las ideas y actitudes de los adultos y pares significa tivos. Freud formuló la idea de que el ello sufre varias transfigu raciones en el curso del desarrollo psicosexual del individuo, las cuales, por consiguiente, alteran el contenido del yo y el superyó. Erikson modifica este supuesto atribuyendo igual importancia al yo, síntesis de la experiencia anterior y pre sente. El yo « ...p e rm ite que el hombre reúna los dos grandes desarrollos evolutivos, su vida interior y su proyecto social» [51, pág. 149]. El yo no es aquí el producto freu- diano de las presiones del ello y el superyó; Erikson señala más bien la fuerza y la debilidad relativas del yo, que delinea el curso del desarrollo psicosexual y que decide el «destino» de cada individuo; la dirección de la conducta individual está determinada por la capacidad del individuó para desa rrollar y utilizar sus procesos yoicos. Los mecanismos de defensa freudianos dejan de ser importantes para el manejo de los procesos del ello; el eje fundamental es ahora la naturaleza de los procesos del yo — el juego, el lenguaje, el pensamiento y los actos— . Estas son las maniobras de adap tación ante las influyentes fuerzas internas y externas. Por consiguiente, la adaptación viene a ser no solo un modo, sino también un triunfo de la vida humana. El núcleo del funcionamiento humano En total acuerdo con Freud, Erikson supone que los aspec tos emocionales ( libidinosos) de la vida impregnan todas las funciones humanas. La naturaleza del contenido emocional, o la calidad de las relaciones interpersonales, determinan el núcleo básico de la estructura del hombre. Por lo tanto, Erikson, al igual que Freud, se interesa por la relación emo cional entre las personas, más que por la personalidad en sí misma. La vida de cada individuo — su modo de percibir, pensar, hacer y sentir-— depende sobre todo del equilibrio relativo de jos tres procesos afectivos fundamentales: el ello, el yo y el superyó. En el desarrollo del niño, el juego es particularmente im 31 portante. Erikson piensa que constituye una de las princi pales funciones del yo. El juego generalmente implica tres dimensiones fundamentales: 1) el contenido y la configu ración de sus partes, que crean e l tema subyacente: 2) los componentes comunicativos verbales y no verbales; y 3) los modos de conclusión, o interrupción del juego. El juego se vincula con la experiencia de vida que el niño intenta repetir, dominar o negar con el fin de organizar su mundo interior en relación con el exterior. Además, el juego entraña autoenseñanza y autocuración: «E l niño utiliza el juego para compensar las derrotas, los sufrimientos y las frustraciones, en especial las que se originan en un uso limitado, técnica y culturalmente, del lenguaje» [53, pág. 561]. «Jugar a tal o cual cosa» es una expresión común paraesta forma de con ducta. En la niñez, la actividad lúdicra se convierte en el medio de razonar y permite que el niño se libere de los límites impuestos al yo por el tiempo, el espacio y la reali dad, manteniendo al mismo tiempo una noción de realidad, porque él y los demás saben que se trata «solo de un juego». En otras palabras, el juego constituye el medio de autoexpresión más adecuado del yo, del mismo modo que los sueños permiten expresarse al ello. Para Erikson, el niño que juega se encamina hacia una nueva forma de dominio y hacia nuevas etapas de desarrollo. Dicho autor cita a William Blake: «Los juguetes del niño y las razones del anciano son el fruto de las dos estaciones» [25, pág. 195]. Además de destacar, como Freud, la gravitación de las ex periencias de los primeros años, Erikson reconoce la posi bilidad de que existan diferencias constitucionales en cuan to a la sensibilidad inicial. Sin embargo, básicamente los primeros dos años de vida, los años de formación, suminis tran los fundamentos de toda motivación ulterior y de las disposiciones personales. Erikson subraya que los mismos fac tores que determinan las relaciones interpersonales san»", contribuyen al establecimiento de relaciones patológicas. 'L¡ perturbación de la personalidad constituye un desequilibro «de la economía libidinosa total». La desviación emocional no es un producto ni una condición irreversible; una perso nalidad desviada posee una configuración diferente de ros mismos procesos en curso de desarrollo que hallamos en una personalidad sana. Erikson propone tres logros del yo como 32 prerrequisitos para una personalidad madura y sana: «1 ) la conciliación del orgasmo genital y las necesidades sexuales extragenitales; 2 ) la conciliación del amor y la sexualidad; 3} la conciliación de las pautas procreadoras sexuales y pro ductoras de trabajo» [25, pág. 87], Los rasgos característicos de una personalidad madura y sana serían, en resumen, la felicidad individual combinada con la ciudadanía responsable. El recién nacido Desde el punto de vista orgánico, el bebé recién nacido no es muy distinto de su contraparte prenatal; psicológicamen te, ya está dotado de personalidad; tiene su herencia indivi dual, así como todas las potencialidades innatas para un desarrollo original de la personalidad. Sin más explicaciones, Erikson supone que las diferencias sexuales determinan di ferentes experiencias de desarrollo y que el ambiente gravita profundamente en el nacimiento — es posible que aun antes del mismo— . En conjunto, el individuo continúa siendo un participante activo en la formación de su propio destino. A medida que un niño madura, influye sobre la familia, pero también sufre la influencia de esta. La sociedad necesita del recién nacido para prolongarse, y este necesita de la sociedad para su propia crianza. El ambiente físico, social, cultural e ideacional Los influjos del ambiente físico, social e ideacional corren parejos con los procesos biológicos y psicológicos innatos que plasman el desarrollo de la personalidad. Por ejemplo, gran parte del futuro de un individuo depende de un hecho casual — v. gr., el modo como una persona dada reacciona frente a él— o del lugar o del tiempo en que ocurre tal acontecimiento. Las fuerzas ambientales limitan y al mismo tiempo liberan al individuo. El ambiente típico ofrece am plio margen para la elección individual, y el individuo quiere que su sociedad lo diríja así como la sociedad desea dirigirlo. Puesto que en la civilización avanzada hallamos una división del trabajo, el niño moderno se encuentra en manos de dife 33 rentes adultos, que lo educan, le enseñan y ayudan, y que asumen la responsabilidad de establecer un equilibrio ade cuado entre su conducta, su aprendizaje y su bienestar. Nor malmente, cada adulto tiende a dirigir el desarrollo natural del niño haciendo hincapié en la gama circunscripta por su sociedad y su herencia, y con el tiempo las pautas poten ciales adoptan la forma de una pauta de vida.; el individuo se ajusta poco a poco a un estilo particular de vida. Además de servir como guía para la formación del individuo, los conceptos religiosos e idealistas ayudan a este en la búsqueda de un futuro que trascienda los datos inmediatos de su vida. Cada individuo necesita una explicación clara de la exis tencia a la luz de una teoría o una creencia inteligible. La religión y la ideología proporcionan una explicación que el hombre necesita y que excede los límites de la razón indi vidual. La cultura enriquece el aspecto humano de la vida. El hom bre vive movido por fuerzas instintivas, y la cultura insiste en el uso «apropiado» de estas fuerzas. Es el medio cultural, según como el individuo lo interprete, el que selecciona la naturaleza de cada experiencia individual. El niño y sus padres nunca están solos; por intermedio de la conciencia del progenitor, las generaciones contemplan los actos del niño, con su aprobación le ayudan a integrar sus relaciones, o con su desaprobación las dividen en innumerables detalles perturbadores [47]. El infante realiza sus primeras expe riencias en la sociedad mediante su propio cuerpo. Los con tactos físicos significativos son los primeros hechos sociales del niño y constituyen los comienzos de las pautas psicoló gicas de su conducta social ulterior. Los modos básicos en que una cultura, una clase o un grupo étnico organizan la experiencia se trasmiten a las primeras experiencias corpo rales del infante y vinculan permanentemente al niño con su medio original. En general, dicho adoctrinamiento cultural temprano se trasmite y se percibe inconscientemente. Erikson supone que la adolescencia prolongada que obser vamos en la mayor parte del mundo occidental crea una distancia considerable entre la maduración psicosomática y psicosocial, y afecta el desarrollo de la personalidad de un modo similar al que se manifiesta en los años de formación de la niñez temprana: «Es humano tener una niñez pro 34 longada; es civilizado tener una niñez aún más prolongada. La niñez prolongada hace del hombre un virtuoso técnico y mental, pero también deja en él un perdurable residuo de inmadurez emocional» [25, pág. 12]. Erikson supone que las grandes variaciones entre las culturas y los grupos sociales no aportan variables independientes ni explican las diferencias individuales. Concibe a estas últimas como factores recíprocos e interrelacionados. El entrena miento del niño sirve para mantener vivo y sano al pequeño individuo dependiente; también sirve automáticamente como garantía de la continuación y preservación de las cualidades particulares de una sociedad. «En cada paso, el niño que crece debe extraer un vitalizador sentido de realidad a partir de la conciencia de que su propio modo de asimilar la expe riencia (su síntesis del yo) es una variante eficaz de una identidad grupal y concuerda con su plan espacio-tempo ral y de vida» [25, pág. 208], Más recientemente, Erikson destacó que estamos ante un divorcio entre la cultura tradi cional y las tareas de la sociedad actual. Este nuevo énfasis se trasmite también a la crianza de los niños, a medida que estos perciben la conciencia de pares de sus padres y la preocupación parental por las variables culturales contempo ráneas y una nueva «sociedad en construcción» [38, pág. 41]. En suma, el niño que se desarrolla necesita de la socie dad, y esta de él. El concepto de desarrollo en Erikson El desarrollo es un proceso evolutivo que se funda en una secuencia de hechos biológicos, psicológicos y sociales expe rimentada universalmente, e implica un proceso autotera- péutico destinado a curar las heridas provocadas por las crisis naturales y accidentales inherentes al desarrollo. En sí mismo, este último «consiste en una serie de infancias que reclaman una variedad de subambientes, de acuerdo con la etapa que el niño haya alcanzado y el ambiente vivido en las etapasprevias» [62a, pág. 304]. Las primeras cinco etapas de Erikson son esencialmente una reformulación y ampliación de las etapas de desarrollo psico- >5 sexual de Freud. Sin embargo, para Erikson constituyen fases en constante movimiento; un individuo nunca tiene una per sonalidad, siempre está volviendo a desarrollar su persona lidad. En la concepción de este autor, una fase se distingue por su propio tema de desarrollo, por su relación con las fases anteriores y ulteriores, y por el papel que desempeña en el plan total de desarrollo. El desarrollo sigue un curso en zigzag de una fase a otra; pero se lo conoce por su regula ridad fundamental. La vida se ajusta a una secuencia epige- nética, y la conciencia de*este hecho ayuda a los padres a alcanzar «una convicción casi somática de que lo que están haciendo tiene sentido» [63, pág. 107]. Erikson cita a Ben jamín Spock: «Para ser un buen padre uno tiene que creer en la especie — de un modo o de otro— » [63, pág. 109]. De hecho, según Erikson, el progenitor y el niño solo per ciben el sentido real del desarrollo y se comunican entre sí su comprensión inconsciente de los procesos de desarrollo a medida que relacionan su historia conjunta de desarrollo. Aunque en la exposición que sigue no se mencionen estas comunicaciones inconscientes, su presencia debe considerarse un hecho real. Puede afirmarse que un recién nacido es un «generalista» que tiende a acentuar su especialización durante una niñez cada vez más prolongada [45, pág. 606], En cada fase de desa rrollo el individuo debe afrontar y dominar cierto problema fundamental, que es su dilema en ella. La crisis de desarrollo subyacente es universal, y la situación particular se define culturalmente. A modo de ilustración, señalaremos que en muchas culturas occidentales se trata el destete como si fuese una crisis de desarrollo; en realidad, es la primera crisis en el aprendizaje del desarrollo de la confianza — confianza en la regularidad y en la posibilidad de vaticinar los hechos fun damentales de la vida, y aceptación del cambio como parte de ella— . A medida que se resuelve cada dilema, el individuo puede pasar a la fase siguiente. Por lo tanto, el desarrollo es un proceso continuo en el que cada fase tiene la misma jerarquía como parte del continuo, pues halla su antecedente en las fases anteriores y su solución final en las ulteriores. Cada etapa sucesiva ofrece la posibilidad de nuevas solu ciones a los problemas previos, y al mismo tiempo siempre existe un elemento de conservadorismo, porque cada adqui 36 sición temprana perdura en una u otra forma en las fases posteriores. Las etapas de desarrollo constituyen el calendario del yo y reflejan la estructura de lás instituciones sociales pertinentes. Un individuo pasa a la fase siguiente tan pronto está prepa rado biológica, psicológica y socialmente, y cuando su pre paración individual coincide con la preparación social. Cada fase introduce una nueva serie de cargas sociales intensivas, y, en conjunto, las fases abarcan una serie de cargas institui das en la vida humana. Hay tres variables esenciales: pri mero, las leyes internas del desarrollo que, como los procesos biológicos, son irreversibles; segundo, las influencias cultu rales, que especifican el índice deseable de desarrollo y fa vorecen ciertos aspectos de las leyes interiores a expensas de otros; y tercero, la reacción idiosincrásica de cada indi viduo y el modo particular de manejar su propio desarrollo en respuesta a los reclamos de su sociedad. Debe señalarse que la regresión temporaria en cualquiera de las diferentes áreas fundamentales del desarrollo es considerada como un subproducto natural del proceso de desarrollo. Para demos trar la fe de Erikson en el poder del yo, citamos esté comentario optimista: «Los niños “ se rompen” una y otra vez, y a diferencia de Humpty Dumpty, se reconstituyen nuevamente» [63, pág. 83]. Este poder de integración del yo establece puentes entre etapas que en caso contrario serían inevitablemente discontinuas. Al mismo tiempo, en cada fase de desarrollo se reúnen dos fuerzas contrarias que exigen una solución conjunta o síntesis. La coexistencia de dichas fuerzas contrarias genera los auténticos desafíos al yo y la activación de éste alrededor de las oportunidades ofrecidas en cada fase de desarrollo. La solución eficaz de los conflictos de cada fase provoca un movimiento ascen dente en la escala de madurez. Erikson compara las contra partes negativas de cada fase con los riesgos de descompo sición en el metabolismo del cuerpo [58 ]. Siempre hay ries gos físicos y psicológicos, y el individuo debe superarlos para impedir la descomposición y el deterioro. El retraso o el fracaso del desarrollo despojará al individuo de su posible supremacía y amenazará toda su jerarquía de desarrollo. Erikson describe ocho etapas epigenéticas de desarrollo (las tres últimas corresponden a la adultez), pero la primera 37 y la última de la niñez (fases I y V) han recibido una aten ción más cuidadosa que las restantes fases infantiles. Puede que su especial interés responda a la fascinación que ejercen en él estos períodos y a su importancia estratégica para los esfuerzos contemporáneos en torno de la crianza en el mundo occidental. Es posible concebir cada fase como una crisis vertical, que culmina en una solución psicosocial individual, y al mismo tiempo como una crisis horizontal, que exige resolver satis factoriamente, desde el punto de vista personal y social, el problema de las fuerzas motivacionales. La infancia, la niñez y la adolescencia abarcan las primeras cinco fases: 1) sentido de la confianza básica; 2) sentido de la autonomía; 3) sen tido de la iniciativa; 4) sentido de la industria; y 5) sentido de la identidad. Las tres fases de la adultez son: 6) senti do de la intimidad; 7) sentido de la generatividad; y 8) sentido de la integridad. Erikson antecede intencionadamente el título que describe cada fase con la expresión «sentido de», porque el sentimiento afectivo de haber logrado la rea lización de una etapa de confianza, autonomía, iniciativa, etcétera, o de verse frustrado en la empresa es el factor determinante de mayor importancia para el desarrollo de las fases sucesivas. El individuo que se desarrolla procura domi nar el tema de la fase (y superar sus acechanzas). Alcanzar un «sentido de» positivo — es decir, una idea de competencia en las esferas más relevantes para ese punto particular de su desarrollo— se transforma, por consiguiente, en el problema más importante para cada individuo. Por lo tanto, recomen damos al lector que inserte mentalmente la expresión «sen tido de. . . » dondequiera que el autor utilice sin aditamen tos, en honor a la brevedad, los rótulos descriptivos de Erikson. Además, este último utiliza la palabra versas para indicar la lucha vital entre los dos polos.6 Debe señalarse que el reconocimiento de que el desarrollo continúa una vez superadas la fase y la edad de la adoles cencia constituye en sí mismo un descubrimiento contempo 6 E l autor ha parafraseado la palabra versus de Erikson, con el fin de describir más específicamente el proceso observado en el niño que se desarrolla, y para evitar la implicación errónea de que los movimientos contradirecdonales pueden neutralizarse mutua mente. 38 ráneo original.7 En el estudio del desarrollo infantil, la comprensión del período total de desarrollo es esencial, sobre todo porque el adulto que presta ayuda afronta sus propias tareas de desarrollo a la par que sirve también como instru mento del desarrollo del niño. I Fase I: Adquisición de un sentido de la confianza básica al mismo tiempo que se supera un sentido de la desconfianza básica: Realización de la esperanza Erikson ubica el fundamento de todo el desarrollo ulterior en esta primera fase: la adquisición de esperanza [6 5 ]. Des pués de una vida de regularidad rítmica, calor yprotección en el útero, el infante experimenta la realidad de la vida en sus primeros contactos con el mundo exterior. Aunque nació desnudo, dócil y vulnerable, . . .posee una apariencia y una serie de respuestas que des piertan la ternura de los adultos que lo cuidan y provocan en ellos el deseo de atender a sus necesidades ( . . . ) la vul nerabilidad de su condición de recién nacido y la manse dumbre de su inocente estado de necesidad tienen su propio poder. Los bebés están indefensos, pero tienen madres a su disposición, familias que protegen a las madres, sociedades que sostienen la estructura de las familias y tradiciones que confieren continuidad cultural a los sistemas de cuidado y educación [51, págs. 150-51]. El niño desarrolla un sentido de la expectativa gracias a una mezcla de confianza y desconfianza. Su sentido de la con fianza básica —como factor opuesto a un sentido de la des confianza básica— se convierte en el tema crítico de su pri mera fase de desarrollo. En el caso del neonato, el sentido de la confianza exige una sensación de comodidad física y una experiencia mínima del temor o la incertidumbre. Si se le aseguran estos elementos, 7 Platón y muchos otros filósofos del pasado han descripto etapas de desarrollo posteriores a la adolescencia. Sin embargo, en esencia los modernos teóricos del desarrollo se han referido solo al desarrollo de la niñez como si no hubiese un desarrollo adulto continuo. 39 extenderá su confianza a nuevas experiencias. Por el contra rio, las experiencias físicas y psicológicas insatisfactorias de terminan un sentido de la desconfianza, y conducen a una percepción temerosa de las situaciones futuras. Un sentido de la confianza básica ayuda al individuo a crecer psicológicamente y a aceptar de buena gana las experiencias nuevas. Cada vez que su confianza le dé buenos resultados, se acentuará la tendencia a las expectativas favorables res pecto de nuevas experiencias, las cuales siempre ofrecerán ocasiones para sentir desconfianza. Sin embargo, el niño pequeño debe aprender a confiar aun en su propia descon fianza. Por ejemplo, el hecho de confiar en la experiencia de meter en la boca objetos nuevos también incluye la des confianza frente a lo desconocido. Solo la atmósfera confia ble de su ambiente inmediato mantiene su equilibrio general de confianza. A lo largo de la infancia, la fe y la convicción de los padres aseguran la confianza básica del pequeño en el bienestar y el orden de su universo, y su auténtica depen dencia respecto del mismo — incluida la confianza en lo desconocido y lo imprevisible— . Los propios padres pueden hallar seguridad frente a sus sentimientos de incertidumbre y desconfianza por medio de la religión o la filosofía. En general, la primera y fundamental tarea de desarrollo, que consiste en establecer el sentido de la confianza básica, coincide con el rápido período de maduración de la infan cia. Es un período durante el cual el crecimiento del cuerpo puede ser abrumador y suscitar considerable desconfianza, a menos que nuevos modos de conducta corporales ofrezcan una adecuada compensación. El mantenimiento de las fun ciones corporales representadas por la respiración, la inges tión, la digestión y los movimientos motores son las únicas preocupaciones del organismo joven, y estas últimas incluyen su finalidad inmediata de interacción con el medio. Por lo tanto, las experiencias corporales proporcionan la base, de un estado psicológico de confianza; las sensaciones corporales se convierten en la primera experiencia «social», y la mente del individuo las generaliza para utilizarlas como referencia futura. Que el infante se convierta en una persona confiada y satisfecha de la sociedad, o en una desconfiada y exigente, preocupada por las necesidades corporales, depende en gran medida de cómo se lo trate en esta primera fase. 40 Antes de continuar ocupándonos del entrelazamiento de las condiciones físicas y psicológicas, será necesario rastrear el origen de todas las.fuerzas psicológicas. La energía psico lógica ( libido) aparece con el nacimiento e impulsa al orga nismo a sobrevivir y evitar la destrucción. Esta energía se desenvuelve a partir de la experiencia psicosocial, de las sensaciones corporales, las necesidades somáticas y la res puesta ambiental a estas sensaciones. Tales hechos orgánico- sociales generan la energía libidinosa y se expresan mediante los procesos del ello. La energía libidinosa indefinida, «ex cedente», no asociada hasta ahora con ninguna experiencia de vida, adopta la forma de fuerzas potenciales del ello, dis puestas a hallar expresión cuando y donde parezca apropiado. Si bien la energía libidinosa se manifiesta primariamente en las funciones del ello, también se muestra en los primeros rasgos de las funciones del yo. El llanto y- lá succión del infante, los reflejos visuales y los movimientos motores están dotados de energía libidinosa, pero luego se establece paula tinamente el control cortical (Eriksón reconoce que la ma duración neurológica es un componente importante del desa rrollo del yo) y se convierten en procesos diferenciados del yo; hasta aquí no es posible discernir todavía las funciones del superyó. El infante depende totalmente de la atención y el control externos. La energía libidinosa se entrelaza estrechamente con las zonas corporales, en torno de las cuales se desenvuelven las más decisivas experiencias de vida; por consiguiente, estas zonas se transforman en centros erógenos significativos de los pro cesos del ello y el yo potencial. Durante los primeros 3 a 4 meses, gran parte de la rutina del infante se centra alrededor de la absorción de aire, alimento, luz,- sonido y otros estí mulos corporales. Los contactos más regulares y significa tivos entre el infante y su medio social se realizan a través de la absorción de alimento; su boca y su actividad de suc ción establecen el contacto primario con el mundo exterior; el contacto oral y la succión alivian una sensación generali zada de incomodidad y constituyen en sí mismos una fuente de satisfacción. Así, el infante se encuentra oralmente con su sociedad; recibe y da amor con su boca, mediante la con ducta modal de incorporación; sin embargo, no es la duración del contacto oral ni la cantidad de alimento y de succión lo que determina la calidad de la experiencia, sino la naturaleza de los contactos interpersonales que regulan dichos vínculos orales y la incorporación oral — es decir, la calidad de la comodidad física y psicológica inspirada por la alimentación y su conclusión— la que determina el sentimiento del orga nismo joven con respecto a su vida social temprana. La madre, o la persona que cuida al niño, le acerca a este el mundo social. El medio se expresa a través del pecho de la madre, o del sustituto, que es la mamadera. El amor y el placer de la dependencia, tan importantes en esta fase, son trasmitidos al niño por el abrazo de la madre, su reconfor tante calidez, su sonrisa y el modo en que ella le habla. Pronto el pequeño infante incorpora las cualidades orales, olfatorias, visuales, auditivas y motoras, a medida que se acentúa el desarrollo de las mismas. Erikson habla de una etapa oral-respiratoria-sensorial en la cual todos los contactos sociales implican un modo incorporativo. La calidad de un sentido de la confianza o de la desconfianza se halla estre chamente relacionada con la primera modalidad social — la aceptación del medio tal cual es— . La experiencia emocional depende de la reciprocidad del recibir y el dar, y entraña el grado de relajación y confianza vinculados con estos actos. El organismo joven aprende a regular su sistema de acuerdo con el modo en que están organizados los métodos de aten ción infantil del ambiente materno. El infante coordina el recibir y el confiar como una sola experiencia, de acuerdo con el modo en que su madre o cualquier otra persona funda mentalque le dispensa cuidados coordina el dar y el confiar mientras lo atiende. A medida que el infante madura, el reci bir incluye alcanzar, apropiarse de y comprobar oralmente todo lo que puede aferrar. Los actos de recibir y alcanzar llevan a la modalidad social siguiente: aferrar. Los actos de aferrar y asir también se manifiestan en la modalidad oral incorporativa de succión prolongada del objeto inicial — el pezón, o los sustitutos apropiados— y en la percepción visual, la localización de sonidos y las experiencias táctiles. En las situaciones en que el sentido inicial de la confianza mediante el acto de recibir se ha desarrollado insatisfactoriamente, el individuo tiende a realizar actividades fortuitas en un esfuerzo por obtener lo que siente le falta para la satisfacción de sus necesidades. 42 Su insatisfacción se origina en una falta de integración ade cuada, y la consecuencia de su reducida experiencia de recepción es un sentido de la desconfianza frente a la vida. A medida que el bebé crece, encuentra un renovado placer en integrarse de manera más activa y agresiva con su medio; para Erikson, esta es la segunda etapa oral. El modo incor porativo alcanza un clímax cuando aparecen los primeros dientes. El aferrar está ahora sometido a un control vo luntario total, y la percepción visual se extiende a un campo más amplio. En esta segunda etapa incorporativa, la moda lidad social de aferrar es análoga al proceso de apretar (mor der) con los nuevos dientes, al que reemplaza como conducta modal y esencial. Desde el punto de vista psicológico, el niño i ¡ende a incorporar exclusivamente, a conservar como propio lo que adquiere o se le da. Ahora la experiencia le ha ense ñado que puede conservar a su ambiente por obra de sus propios esfuerzos. Erikson explica este deseo de retener como una reacción ante la experiencia somática de incomodidad producida por la dentición, los cólicos u otras tempranas mo lestias corporales. Sin embargo, la retención mediante la mor dedura a menudo determina el retraimiento de la madre, y esto estimula en el niño un renovado apremio por retener con mayor vehemencia. El morder por un sentido de frus tración es una expresión secundaria, similar a la actividad casual que describimos antes, que consiste en tratar de apo derarse de lo que se juzga dado en forma inadecuada. Por lo tanto, el desarrollo oral es el comienzo de una expe riencia continua y constante de regularidad y continuidad en la relación niño-madre. Mediante el desarrollo oral, el niño adquiere las primeras experiencias de satisfacción apropiada y consecuente de sus necesidades básicas, y establece para su yo en desarrollo pautas y límites de conducta particulares. El infante asocia cada vez más su estado interno de bienestar con la conducta consecuente de la persona que lo cuida. Las expe riencias adversas pueden retrasar este posible desarrollo del yo; sin embargo, si la confianza ha prevalecido en las prime ras experiencias del niño, este se hallará dispuesto a afrontar nuevas situaciones y a superar la desconfianza inicial. Erikson afirma que ese primer intercambio entre la madre y el niño es una «fuente de fe [que] ( . . . ) permite a una madre res ponder a las necesidades y a los reclamos corporales y psí 43 quicos del bebé, de modo tal que él aprende de una vez para siempre a confiar en ella, en sí mismo y en el mundo» [60, pág. 101]. Aunque Erikson considera que el niño pequeño participa en uña matriz social, acepta también que parece ser totalmente egocéntrico y conducirse como si sólo él existiera e impor tara. En sus formas de juego más tempranas, el bebé depende totalmente de sí mismo. Su actividad comienza y se centra en su propio cuerpo, con la repetición de la percepción sen sorial, las sensaciones cinestésicas y la vocalización. En el juego se refleja el tema evolutivo de la incorporación y la retención. Poco a poco, las actividades de juego comienzan a incluir todo lo que está al alcance del bebé en su mundo objetivo. La permanente y confiable relación niño-madre constituye la base de una futura identificación del primero con la segunda, y de esta con aquel. En otras palabras, la madre misma, y los sentimientos que hacia ella suscita en el niño, represen tan una realidad interior y una posibilidad exterior de pre dicción. Una sana identificación acentúa además el incentivo de la madre a convertirse en la persona significativa de la vida del niño. El niño pequeño asimila para sí mismo las cualidades de su madre, a la par que proyecta sobre ella algunos de sus propios sentimientos. Los niños tienden a identificarse con — o a proyectar— los aspectos de su medio humano inmediato que los afectan profundamente en cual quier sentido. La secuencia de este creciente sentido de pertenencia a una persona fundamental se hace evidente en los casos de separación. Erikson sugiere que la ligazón a una persona fundamental cobra importancia alrededor del sexto mes de vida. Por consiguiente, la separación, por transitoria que sea, puede ejercer una profunda influencia negativa durante esta etapa formativa aguda. Debe observarse que Erikson incluye la experiencia conjunta y la regulación mutua de la frustración como componentes esenciales de la identificación con referencia al sentido básico de la confianza. La experiencia misma del establecimiento de úna regulación mutua determina momentos de frustración tanto para el niño como para la madre. La frustración origina sentimientos de incertidumbre y un sentido básico de des confianza solo cuando no se resuelve oportunamente en con 44 fianza. Los niños tienden a percibir las inseguridades y las intenciones inconscientes de sus padres, así como los pensa mientos conscientes y la conducta manifiesta de estos, aunque no comprenden la causa y el significado de los mismos. De hecho, Erikson no atribuye gran importancia, a los hábitos individuales o a los actos de destreza de la madre cuando atiende al niño; en cambio, destaca los temas subyacentes relacionados con las emociones y las actitudes que motivaron al progenitor en el manejo, cuidado y educación del niño. Sugiere que los esfuerzos iniciales de educación fracasan cuando «se convierten en educación del padre más que del niño» [25, pág. 270], Además de la madre, otros adultos entran en la vida del infante y ejercen una influencia similar, como sustitutos temporarios de aquella o como personas que tienen cierto propósito en la crianza — o bien ejerciendo un papel disuasivo al respecto— . La calidad de la atención materna depende hasta cierto punto del apoyo que la madre reciba de otros adultos de la casa — generalmente el esposo— , de la familia en que nace el niño, del reconocimiento por parte de la sociedad de que la familia es una de las instituciones básicas y del modo en que la cultura garantiza la continuación de mores fundamentales y valores sociales. Fase II : Adquisición de un sentido de la autonomía al mismo tiempo que se combate contra un sentido de la duda y la vergüenza: Realización de la voluntad A medida que aumenta la confianza del infante en su madre, en su medio y en su modo de vida, comienza a descubrir que la conducta que desarrolla es la suya propia. Afirma un sentido de la autonomía. Realiza su voltmtad. Sin embargo, su permanente dependencia crea al mismo tiempo un sentido de la duda respecto de su capacidad y su libertad para afirmar su autonomía y existir como unidad independiente. Esta duda se acentúa a causa de cierta vergüenza suscitada por la rebelión instintiva contra su dependencia anterior, que le complacía mucho, y por el temor de sobrepasar quizá sus propios límites o los del ambiente. Erikson cree que estas presiones contradictorias en el niño -—a afirmarse y a auto- 45 negarse el derecho y la capacidad de realizar dicha afirma ción— proporcionan el tema fundamental de la segunda fase. En esta lucha, el niño pequeño experimenta un impulsointerior a demostrar su propia voluntad y su movilidad muscular, a la par que una renuencia intrínseca a experi mentar con sus cualidades potenciales. En este momento, el niño necesita una guía sensible y comprensiva, así como un apoyo graduado, pues de lo contrario puede sentirse deso rientado y forzado a volverse contra sí mismo, con vergüenza y dudas acerca de su propia existencia. El niño « . . . debe aprender a querer lo que puede ser y a convencerse de que él quería lo que tuvo que ser» [51, pág. 155], Este período coincide en general con la fase anal de Freud, que se mani fiesta entre los 18 meses y los 3 años. Desde el punto de vista físico, el niño pequeño sufre una aceleración de la maduración. Sus movimientos y su movi lidad pasan a ser fenómenos bien coordinados y asimilados, en la medida en que extender la mano, caminar, trepar, retener y soltar ya no son actividades que se realizan por sí mismas, sino más bien los medios para emprender nuevos intentos. El pequeño encuentra cada vez más difícil e inde seable permanecer en el espacio que se le ha asignado para desplegar sus actividades; quiere explorar su mundo propio y realizar nuevas proezas. El control muscular, mejorado y refinado, le ayuda a regular sus funciones eliminatorias; ad quiere capacidad para controlar sus esfínteres anal y uretral. Este factor de maduración se ve consolidado aún más por la dieta — que ahora ya no está formada exclusivamente por alimentos blandos— , lo cual le permite deposiciones más controlables. Así, la zona anal se convierte en el centro de los esfuerzos físicos, sociales y psicológicos del niño. La maduración física se correlaciona con un aumento de la energía libidinosa y con la canalización de esta energía a través de las formas de expresión del ello, el yo y el superyó rudimentario. El origen del deseo de autonomía y la negación de esta puede hallarse en la expresión de los violentos im pulsos del ello. A veces, estos impulsos son más fuertes que la capacidad del niño para afrontarlos, e incluso gravitan sobre la capacidad de los progenitores para tratarlos. Sin embargo, el aumento de la impulsividad del ello coincide en general con un crecimie nto del yo. Una mayor movilidad, una 46 percepción más refinada, el mejoramiento de la memoria y una mayor capacidad de integración neurológica y social, son todos factores que contribuyen a fortalecer el yo. Este equi librio en constante fluctuación entre los procesos del ello y el yo se ve influido, además, por la aparición de procesos superyoicos. Por rudimentarios que estos sean, se acentúan en tanto el niño aumenta y utiliza su autonomía. A medida que el niño adquiere una relativa autonomía en ciertas áreas de su vida, integra en sí mismo estos factores orientadores de control y dirección que antes, cuando se hallaba en estado de total dependencia, eran manejados por otros. En este desarrollo psicogenético del ello, el yo y el superyó, Erikson concentra la atención sobre el segundo. Esencial mente, es el desarrollo adecuado del yo lo que determina un crecimiento sano; el yo permite tener conciencia del sí mismo como unidad autónoma en áreas circunscriptas de la vida, así como la integración de la experiencia de la auto nomía. Cuando al individuo le es posible verse a sí mismo como organismo que puede ser lo que quiere, y cuando comienza a percibir los «límites» entre él y su progenitor o el sustituto de este, amplía el sentido de la confianza dentro de su sí mismo en expansión. Aunque en circunstan cias ordinarias esta confianza ya no puede ser destruida tan fácilmente por sus propios esfuerzos de independencia ó los reclamos de su ambiente controlador, el individuo siente en sí mismo y en su mundo el peligro de verse atrapado en si tuaciones que excedan su capacidad de resolución. Este temor crea cierta duda acerca de sí mismo y de las posibi lidades de fracaso. Muchos de los contactos psicosociales de este período se centran alrededor de la modalidad recientemente adquirida de retener y soltar. El niño está preocupado por las activi dades ligadas con las percepciones de retención y liberación, las relaciones interpersonales, los deseos y los objetos sus ceptibles de ser manipulados. La alternativa de retener o soltar se carga de libido, porque generalmente implica la interferencia — o el recuerdo de la interferencia— del pro genitor. Retener y soltar con las manos, la boca, los ojos y eventualmente los esfínteres, se convierten en incidentes de ambigüedad y ambivalencia reales, pues dichos actos ope ran sometidos al conflicto interior del deseo de retornar a 47 las antiguas situaciones de dependencia, en oposición ^aT deseo de ensayar la propia iniciativa. Gran parte de esta lucha tiende a concentrarse en el control de los esfínteres, pues el control adecuado de la eliminación tiene consi derable importancia cultural en las sociedades occidentales. El proceso de eliminación pone de manifiesto también en el cuerpo del niño una nueva zona erógena, que hasta esta etapa de su crecimiento había permanecido en estado latente. Por consiguiente, esta zona se asocia con la lucha por la autonomía. Toda la preocupación porque el niño elimine a una hora y en un lugar determinados se centra alrededor de la aprobación y de la confianza que la madre dispensa a su hijo, de la autoestima de aquella cuando realiza bien su tarea, y de la incomodidad, tensión y posterior alivio que siente' el niño cuando se afirma la rutina de elimi nación. Dichas experiencias proporcionan un tema y una prueba de la idea general del niño acerca de la autorregula ción frente a la regulación por otros. La educación esfínter riana conduce a una mayor autonomía del niño, así como a su subordinación a la dirección de los adultos en un área de conducta que hasta ese momento se ha desarrollado sin ninguna inhibición. En una cultura social donde la educación eficaz del movimiento intestinal no es una preocupación esen cial durante esta etapa de desarrollo, es posible que el pro genitor trate otras áreas de conducta de manera similar o análoga. Naturalmente, a medida que el área de preocupa ción se cargue intensamente de sentimiento, el niño transfe rirá el significado de esta lucha a otras áreas de su vida. Tiende a considerar las actividades conexas como si fuera posible retenerlas, como sií fuesen accesibles al tacto y al desorden, o como si fuera necesario expulsarlas, evitarlas o limpiarlas. Muchas de sus actividades propenden a girar en torno de la recolección, el atesoramiento y la acumu lación, versus la eliminación y el ordenamiento de las cosas en los lugares adecuados. Ya se ha sugerido que gran parte de la autoestima inicial del niño y de la liberación de su sentido infantil de omni potencia depende de su capacidad para mantener la firmeza de la confianza en sí mismo, hasta que halle su definitivo equilibrio, de poder. La frustración de dicho poder real o potencial de autoexpresión adquiere un significado cada vez más importante. El niño debe incorporar la experiencia de la frustración como una realidad de su vida, y concebirla como un aspecto natural de los hechos concretos, más que como una amenaza total a su propia existencia. Así, es importante que el niño comprenda, en este período, que un ataque a su autonomía (p. ej., la frustración) en un área dada no lo reduce a la impotencia en todas las demás áreas. El juego asume particular importancia durante esta fase y ofrece al niño un refugio seguro que le permite desarrollar su autonomía dentro de su propio conjunto de límites o leyes. Cuando el juego se desenvuelve de acuerdo con es tas leyes, es posible dominar la duda y la vergüenza. Erikson afirma: « . . .el pequeño mundo de los juguetes manejables es un puerto creado por el niño, adonde regresa cuando necesita reorganizar su yo» [25, pág. 194]. El juego del niño, y sus rápidos cambios de hum or— de la alegre certidumbre a la total impotenciay la desespera ción— , suministran una prueba palpable de que los contra rios están muy cerca uno del otro. Esta contigüidad explica, en parte, las cualidades proximales del amor y el odio. Por consiguiente, tal etapa es decisiva para la relación entre el amor y el odio, la cooperación y la terquedad, la libertad de la autoexpresión y su represión. De un sentido de auto control sin pérdida de la autoestima deriva un perdurable sentimiento de autonomía y orgullo; de un sentido de impo tencia muscular y anal, de pérdida del autocontrol y de ex cesivo control por parte del progenitor deriva un permanente sentimieHto de duda y vergüenza [63, pág. 112]. En estos primeros años de la niñez, la relación entre el niño y el progenitor varía. Durante la primera fase de su historia común, la madre y el niño consagraron muchos esfuerzos a establecer una confianza mutua y una disposición a afrontar juntos nuevas situaciones. En la segunda fase, el niño peque ño viola esa confianza mutua y trata de afirmar su autonomía en áreas diferenciadas. Se empeña tenazmente en hacerlo todo solo: alimentarse, caminar, vestirse y abrir y cerrar cosas. En esta etapa, vivir significa expandirse agresivamente, actuar de acuerdo con la propia voluntad, e insistir en los límites que uno mismo se fija .8 La educación esfinteriana 8 Estas actitudes normales de desarrollo del niño de 2 a 4 años 49 no es más que un ejemplo típico de los problemas de esta edad. Refleja del modo más elocuente el tema de las rela ciones entre el niño y el progenitor, y el establecimiento de regulaciones mutuas. «[E ste sentido de la autonomía] se acentúa cuando en el manejo que los padres hacen del pequeño individuo se refleja un sentido de la dignidad y de la independencia, y la confiada expectativa de que el tipo de autonomía pro movido antes no se verá frustrado después» [63, pág. 120]. En este dar y recibir entre el niño y el progenitor, es de suma importancia la capacidad de este último para conceder gradual independencia al niño, por lo menos en áreas rela tivamente seguras. El confortable goce del progenitor que otorga libertad en ciertas áreas, al mismo tiempo que man tiene una actitud firme en otras, se expresará en el sentido de la tolerancia y seguridad en sí mismo del niño. La fir meza de un progenitor, advierte Erikson, « . . . debe proteger [al niño] contra la potencial anarquía de un sentido de la discriminación aún no educado, contra su incapacidad para retener y soltar con cautela» [63, pág. 112]. Lo que es más importante, la responsabilidad del establecimiento de límites sensatos incumbe al progenitor. El niño es todavía flexible; si conoce y comprende plenamente cuáles son sus límites y lo que se espera de él, en general su crecimiento será sano. Por el contrario, se hará casi inaccesible cuando se encuentre implicado en actividades que cree que entiende y están a su alcance, pero que en realidad no son permisibles en su caso. Es en este punto donde la firmeza tolerante del adulto deter minará la diferencia entre la afirmación por el niño de su propia capacidad de automanejo y de autocontrol, y un sen timiento cada vez más acentuado de duda y vergüenza de sí mismo. Esto último se convierte en una carga intolerable, pues el niño o se siente incapaz de demostrar su propio valor, o experimenta impulsos irreprimibles hacia el ejer cicio del control. En uno u otro caso, duda de su capacidad para convertirse en un ser independiente. El progenitor sensato percibe fácilmente la precaria posición del niño — en especial, en las primeras etapas de una con nos recuerdan el espíritu y el orgulloso nacionalismo asociados ge neralmente con la vida de una nación joven. ciencia todavía muy frágil— . Es un período en que el niño aprende a «extorsionar» a su progenitor con la amenaza de su regresión [28], Al mismo tiempo, sin embargo, esta for ma de reclamo, comparada con la que se basa en la depen dencia total de la fase anterior, promueve la regulación mutua. El niño aprende a conseguir que alguien haga por él algo que desea, a la par que él mismo aprende a dar, pues el recibir entraña siempre algún aspecto del dar. El padre, así como todos los adultos que, además de la madre, se encuentran en el ambiente inmediato del niño, adquiere un significado cada vez mayor en su conciencia. En sus esfuerzos por hallar los límites de su sí mismo, el niño entra constantemente en contacto con diversos grados de libertad en distintas áreas de conducta y con diferentes adultos. Rápidamente aprende a utilizar estas diferencias, y tiende a relacionarse de distinto modo con cada adulto. Su sentido de la confianza, o de la desconfianza, en lá medida en que haya sido adquirido, se extiende fácilmente a otras personas del hogar, de acuerdo con el grado de autonomía segura que puede establecer con cada uno. Asimismo, por primera vez otros niños adquieren significado para él. Erik son sugiere que un hermano recién nacido aparece como un rival y provoca celos, pues el intruso inevitablemente exige gran parte de la atención de su madre. Esta disminución de la atención que siempre recibió tiene efectos aún más graves a causa del hondo deseo de dependencia que todavía compite con un deseo de autonomía. Otros niños adquieren significado solo como objetos de juego o como elementos adicionales que satisfacen sus necesidades de atención. El medio social del niño gravita de manera directa en su comprensión final de su sentido de la autonomía, o en sus dudas acerca del mismo. Para el niño, liberar sus pensamien tos y sentimientos mediante su conducta no es intrínseca mente bueno ni malo; estos valores dependen de la defini ción cultural asignada a los impulsos naturales a afirmarse, y determinarán el tipo de recursos de educación infantil uti lizados para regular la conducta del niño. Erikson señala que todas las pautas de crianza provocan cierto sentimiento de duda y vergüenza. Lo que varía de una cultura a otra, o de una familia a otra, es simplemente a qué conductas se les fijan valores positivos o negativos. El grado o el 51 tipo de conducta permitidos al niño, y el modo en que aquella es controlada, gravitarán directamente en la actitud del individuo hacia las organizaciones y los ideales sociales en una etapa ulterior de su vida. Para Erikson, es funda mental el hecho de que la pauta de educación infantil deter mina la forma eventual de autoridad política que el individuo considerará más satisfactoria; y viceversa, que la ideología política de la época tiene cierta influencia sobre los límites de las pautas aceptables de crianza. Fase III : Adquisición de un sentido de la iniciativa y supe ración de un sentido de la culpa: Realización de la finalidad Después de haber aprendido a ejercer cierto grado de con trol consciente, tanto sobre sí mismo como sobre su me dio, el individuo puede avanzar rápidamente hacia nuevas conquistas en esferas sociales y espaciales cada vez más amplias. Un sentido de la iniciativa impregna la mayor parte de la vida del niño cuando su medio social lo incita a desa rrollar una actividad y alcanzar una finalidad —es decir, a dominar tareas específicas— . Se le pide que asuma la res ponsabilidad de sí mismo y de lo que está englobado en su mundo (su propio cuerpo, sus juguetes, sus animalitos domésticos, a veces un hermano menor). El [y su sociedad] comprenden que se lo cuenta como una persona y que la vida tiene una finalidad para él. Dicha comprensión origina una serie de nuevos interrogantes, que no son más que oscuras variaciones de la pregunta: «Sí, pero, ¿qué he ve nido a hacer aquí?» A medida que el niño investiga y elabora fantasías acerca de la persona activa que desea llegar a ser, consciente e inconscientemente pone a prueba sus poderes, sus conocimientos y sus cualidades potenciales. Inicia formas de conducta cuyas implicaciones trascienden los límites de su persona; incursiona en las esferas de otrosy logra que estos se vean implicados en su propia conducta. Este nuevo enfoque incluye acentuados sentimientos de incomodidad y culpa, porque la confiada autonomía que alcanzó es inevi tablemente frustrada en alguna medida por la conducta autó noma separada de los otros, que no siempre concuerda con la suya propia y que, sobre todo, niega hasta cierto punto 52 las formas anteriores de confiada dependencia que había creado con los adultos que lo cuidan. Por consiguiente, expe rimenta cierto sentido de la culpa y el correspondiente deseo de sofocar todo intento que choque con el impulso hacia una continuación de su iniciativa investigadora. Este último impulso conduce a un sentimiento aún más intenso de culpa que se origina en la negación de sus propios deseos y de las oportunidades que le ofrece su medio. Tal polaridad de la iniciativa en oposición a la pasividad o la culpa por haber ido demasiado lejos — es decir, por vivir con exce siva o muy escasa intensidad, en comparación con los esfuer zos interiores— constituye el tema fundamental de este período, que generalmente abarca los años preescolares y del jardín de infantes. Erikson subraya que el dominio psicológico del campo am bulatorio y la modalidad de los órganos alienta y refleja las realizaciones propias de la maduración del niño. Desde el punto de vista de la maduración, el niño ha asimilado la capacidad de alcanzar, tomar, retener; ahora está asimilando la de caminar, correr, brincar, etc. Luego podrá desarrollar estas adquisiciones, desplazándose con más libertad, conoci miento y energía en un medio cada vez más amplio. E l niño descubre que en su creciente movilidad no se diferencia de los adultos de su medio. Ello lo lleva a otras comparaciones, incluida la presencia de sorprendentes disparidades que sus citarán en él preguntas e inquietudes. Durante esta fase ha mejorado su uso del lenguaje; ahora formula preguntas que íe permiten comenzar a comprender muchos antiguos y nue vos misterios. Esta extensión del lenguaje y la locomoción hace que el niño ensanche su campo de actividad e imagi nación; y es inevitable que algunas de las posibilidades lo atemoricen. Fácilmente puede pensar y temer: «Soy lo que puedo imaginar que seré» [63, pág. 127]. Ahora, el cuerpo más desarrollado del niño puede expresar sus impulsos innatos a expandirse y a vivir sin ataduras —impulsos que han sido descriptos, en general, como una constelación de procesos del ello— . El individuo empieza a revelar una disposición a afrontar conscientemente sus im pulsos internos. Erikson reconoce la existencia de una con dición que tiene dos aspectos. Los procesos del ello exigen una nueva forma de expresión en momentos en que el yo 53 se ha desarrollado lo suficiente como para ofrecer nuevos modos expresivos a dichos procesos. Simultáneamente, el joven superyó se ha desarrollado hasta un punto que le permite aprender de las situaciones de crisis. En general, el niño encara la crisis universal que consiste en pasar de una « . . . estrecha ligazón con sus padres, al lento proceso de transformarse en un progenitor, en un portador de tra dición» [25, pág. 225]. Naturalmente, su primer paso es convertirse en su propio «progenitor», supervisándose a sí mismo en el papel de sus auténticos padres. Tal proceso comienza a realizarse en esta fase. La conciencia del niño asume cada vez más las funciones de apoyo y control de los adultos significativos de su medio. E l superyó se organiza a partir de «voces externas oídas con bastante firmeza», que si bien continúan siendo escu chadas, aparecen de modo creciente como las voces interiores de la conciencia del niño. En cierto sentido, la conciencia se organiza a partir de los progenitores considerados como modelo; en otro — más válido— , la conciencia en desarrollo del niño se construye con el material aportado por el su peryó de los progenitores y su herencia sociocultural [46]. El superyó de los padres — y por consiguiente; en medida considerable, el superyó del niño en proceso de crecimiento— incluye los gustos y los criterios de clase, así como las características y las tradiciones culturales de la sociedad [3 3 ]. Por lo tanto, el niño incorporará a su conciencia lo que el progenitor es realmente como persona, y no simple mente lo que trata de enseñar al niño. A pesar de los fuertes impulsos del ello y de las funciones integradoras del superyó, el yo determina las realizaciones fundamentales del desarrollo. El niño se preocupa mucho de refinar sus actividades musculares, la exactitud de su per cepción, su evaluación de los otros y sus cualidades de co municación. El lenguaje representa algo más que la mera comunicación; implica asumir una posición en una cuestión o situación dadas y un compromiso verbal con dicha posi ción. Los procesos del yo reflejan las capacidades conduc íales del niño y están dirigidos hacia una existencia inten cional y un sentido de autoidentidad que reemplaza al de egocentricidad anterior y que representa el sentido de rea lidad psicológico y conductal del niño en el marco de sus 54 cualidades, su conocimiento y su disposición emocional en un medio cada vez más amplio. Sin embargo, esta autoidentidad incluye también la desconfianza, las dudas, los temores y los restantes residuos de los conflictos polares con los que el niño todavía lucha como parte de sus esfuerzos conscientes e inconscientes para afrontar los problemas cotidianos. 1.1 desarrollo psicológico en esta fase gira en torno de dos tareas fundamentales. Primero, el ello, el yo y el superyó comienzan a hallar un equilibrio mutuo, de modo que el individuo pueda convertirse en una unidad psicológica inte grada, una personalidad por derecho propio. De ahora en adelante, su desarrollo se centra en su relación con los pa dres, los pares y otros seres humanos de su universo en proceso de expansión. Segundo, el joven individuo comienza a advertir diferencias sexuales entre las personas de su me dio, y estas diferencias afectan tanto sus propios sentimientos (impulsos del ello), como el curso que él debe seguir en concordancia con los reclamos sociales de su sociedad; es decir, los requerimientos de su yo y los criterios sociales de su familia a menudo rivalizan con los impulsos de su ello. Ahora, el niño afronta un período de intenso aprendizaje que a través de sus limitaciones le abre futuras posibilidades. Gran parte del tiempo, el niño se asocia con otros de su propia edad. Entra activamente en la vida de otros, y por lo tanto inicia una multitud de nuevas experiencias. Sobre todo, se ve a sí mismo — aprende, asocia y realiza expe riencias— como varón o como niña. Al mismo tiempo, no puede evitar que su aprendizaje, sus contactos sociales y su experiencia incorporen nuevos pensamientos, sentimientos y hechos imaginados o realizados que proveen de una nueva área a su sentimiento de culpa. El niño a menudo teme haber excedido sus derechos, y, en efecto, suele ser ese el caso. Pone constantemente en tela de juicio su rol sexual: ¿Su conducta concuerda con lo que se espera de su sexo? ¿Está bien que en muchos sentidos todavía sienta y actúe como un niño del sexo opuesto? ¿Está bien que, con respecto a sus deseos sexuales, ya no sienta como un niño? Así, esta fase aporta momentos en los que se experimenta un sentido de realizaciones auténticas y momentos en los que se originan el temor al peligro y un sentimiento de culpa. 55 En la psicología psicoanalítica, esta fase de desarrollo se caracteriza por sus complicaciones edípicas. En sus escritos iniciales, Erikson acepta la tesis freudiana de una crisis fun damental de desarrollo que afecta al niño, a sus padres (espe cialmente al progenitor de sexo opuesto) y a la familia como representante de las mores sociales. En publicaciones más recientes, Erikson cuestiona la generalización y la simplifi cación excesiva derivadas de la interpretación del concepto freudianodel complejo de Edipo por parte de otros autores. Erikson observa que la adhesión al sexo opuesto es indu dable, pero que hasta entonces él (o ella) lo ha sido todo para el niño y el auténtico (y único) representante de su grupo sexual [65, pág. 24]. Debe tenerse muy en cuenta que estos movimientos hacia el sexo opuesto se manifiestan cuando el niño descubre que él importa en el contexto de un grupo familiar, y cuando puede expresar un afecto intencio nal. El movimiento afectivo del niño no es incestuoso en términos de nuestras mores occidentales; significa más bien que el amor siempre se orienta hacia aquel que más le ha demostrado su existencia y accesibilidad. Un varón tiende a orientarse hacia su madre, el objeto de amor más asequible, porque es ella quien le ha ofrecido sus constantes cuidados. La madre probablemente alentará y aceptará la adhesión de su hijo, porque también ella siente la masculinidad en él — el hombre en ciernes— . Al mismo tiempo, la sociedad induce al niño a desplazar su identificación hacia el padre. En general, para el niño es fácil admirar a su padre, porque este representa los símbolos de masculinidad (conducta del yo y valores del superyó) que su cultura (particularmente la cultura específica de su hogar) valora como deseables y admirables. En cambio, una niña tiende a fijar su deseo en el hombre más confiable y asequible — generalmente el pa dre— . También aquí estamos ante una situación de proxi midad, más que de incesto. La relación edípica de una niña es más indirecta que la de un varón, porque sus deseos generalmente no se fijan en la misma persona en la cual se apoyó durante su dependencia infantil. Su relación edípica con el padre es romántica,9 pero continúa identificada con 9 La palabra romántico implica una situación «irreal», ficticia, con amplias oportunidades para practicar el galanteo y otras futuras ha bilidades femeninas. 56 la madre, que representa todo lo que está condensado en sus propios esfuerzos hacia la feminidad. ( luando el varón o la niña encuentran un afecto romántico en el progenitor del sexo opuesto, tienden a expresar des confianza frente a todos los que interfieren en esa nueva relación. Asimismo, se suscitan antiguos sentimientos de desconfianza, pues el niño percibe el carácter tenue de esta nueva relación. Naturalmente, se desarrolla un sentimiento de rivalidad con el progenitor del mismo sexo, que conduce a dos secuencias interdependientes. Una implica el reemplazo gradual del progenitor «deseado» por otros objetos de amor más accesibles; es decir, por personas que pueden conver tirse sin riesgo alguno en receptores de su inversión emo cional, porque el niño comprueba que su progenitor es emo cionalmente bastante inalcanzable para él. La otra secuencia está vinculada con la percepción más apropiada de la realidad por parte del niño. Comprende cada vez más claramente la desigualdad física, social y sexual entre él y el progenitor «rival». Por lo tanto, estos factores lo inducen a buscar nuevas experiencias y satisfacciones en la relación con indi viduos más próximos a su propia edad. El progenitor es exitosamente reemplazado como objeto de amor inmediato, pero se consolida su posición (la posición del padre o la madre) como yo ideal del sexo contrario. El progenitor del mismo sexo se convierte en modelo superyoico. El niño trata de realizar las aspiraciones de este progenitor, pero rara vez lo logra. Lo que es más importante, el progenitor de su propio sexo desempeña el papel de factor fundamental de identificación. Los varones y las niñas desarrollan un agudo interés por los genitales de ambos sexos. La conciencia de las dispari dades, en especial la ausencia de órganos visibles en el caso de las niñas, crea inquietudes específicas. Ambos sexos ima ginan que algo les ha ocurrido a los genitales femeninos, y que ello también les puede suceder a los masculinos. Este temor suscita incertidumbre, y entraña la posibilidad de toda suerte de miedos o sentimientos imaginarios de culpa, en relación con este u otros hechos inexplicados. La modalidad de esta etapa es diferente en cada sexo, aun que ambas modalidades exhiben un matiz activo y agresivo, con la conquista como meta; a su tiempo, ambas constituirán 57 las expresiones de masculinidad o feminidad madura de los individuos. Como Freud, Erikson afirma que esta es la fase genital. Desde el punto de vista psicológico, las fantasías y los sentimientos eróticos tienden a centrarse alrededor de los genitales, que constituyen la zona erógena fundamental de esta fase. La modalidad esencial del varón en este momento es la in trusión — el impulso hacia adelante en el espacio, el tiempo, las nuevas áreas de conocimiento y la vida de los indivi duos— . Este último aspecto refleja de modo más específico el deseo sexual fundamental del varón, que se expresa en las actividades motrices intensas, con penetración del espacio, la curiosidad por explorar todas las esferas desconocidas y abordar de frente a las personas y los problemas. La moda lidad intrusiva halla su expresión más natural en los hechos cotidianos de la vida del niño. Las formulaciones verbales y las preguntas de este, sus actividades y sus relaciones sociales tienen todas un carácter intrusivo. A medida que recorre esta etapa, que incluye la resolución de sus tenden cias edípicas, su preocupación sexual tiende a desplazarse de las personas al juego creador. La modalidad esencial en las niñas es la recepción, análoga a la posición biosexual de la mujer — provocar o atraer al intruso— que conduce a la pasividad activa de la niña y la futura mujer. Aquí, los impulsos sexuales libidinosos de la niña se traducen en actitudes de atracción y seducción — pro voca, maquina intrigas, excita— y, sobre todo, en una adap tación temprana del modo materno de incorporación. Du rante esta fase, la niña comienza a prepararse para su futuro papel de madre. Su manera de comunicarse, sus actividades y sus relaciones sociales reflejan las características conduc íales y psicológicas cada vez más acentuadas que implican el esfuerzo por conseguir que otros la incluyan en su vida. Así, los varones y las niñas, cada uno de distinta manera, hallan nuevos medios para resolver sus impulsos antagónicos en esta fase. El juego, que es el más indispensable y natural agente autoterapéutico, asume ahora dos formas esenciales. Primero, el niño necesita tiempo, para consagrarlo al juego solitario o para soñar despierto sin que nadie lo moleste, con el fin de «expresar jugando» o «soñando» los conflictos y su resolución. También necesita la compañía de otros chicos 58 para «jugar» juntos sus crisis de vida individuales y mutuas. Unas veces, se utilizan pequeños objetos para representar las fuerzas antagónicas [53 ]; otras, su relación lúdicra con per sonas reales constituye una oportunidad para elaborar derro tas anteriores o problemas no resueltos. Sin embargo, en el niño se ha acentuado el sentido de realidad y ello es en ocasiones un inconveniente, pues aquel a menudo atribuye un sentido prohibido (aunque necesario) a sus fantasías lú dicras, lo cual origina un ulterior sentimiento de culpa. En estos casos, el niño se muestra tenso, y listo para interrum pir su juego «prohibido», por temor de que lo descubran; y con frecuencia lo hace en el momento mismo en que el juego ha alcanzado el punto autoterapéutico. La fase de desarrollo coloca la relación niño-progenitor en una situación triangular, en la que el niño se convierte en un asociado independiente y activo, sí no competitivo. Como lo hemos sugerido, solo el niño que ha experimentado con éxito su autonomía puede renunciar a la posesión romántica del progenitor. Aquel que tuvo menos éxito necesita afe rrarse a dicho apoyo. Precisa sentirse seguro de sí como individuo, pues de lo contrario se ve atrapado nuevamente en el interrogante: «¿Qué es m í?», en oposición a «¿Qué no es mí,sino el otro?». El niño y los padres colaboran en problemas relacionados con el desarrollo del primero, pero que traspasan los límites de sus reclamos inmediatos. Su preocupación se extiende paulatinamente a cuestiones de confianza y desconfianza so cial, y a su propia relación con la sociedad de la que su familia forma parte. Cuando los padres trabajan y juegan con el niño, pueden expresar su identificación común con individuos, ideas y valores, más allá de sí mismos. Los padres continúan desempeñando el papel de freno toda vez que el yo incompleto o el superyó inmaduro del niño nece sita apoyo o control. Además, durante este período es necesario que existan otras personas significativas en la vida del niño, pues este tal vez contemple objetivos que están fuera del ámbito familiar. Necesita de otras personas para experimentar distintas alter nativas conductales. El niño comienza a comprender que hay diferencias entre sus propios criterios y los que aplican los adultos. Le parece que sus padres pueden hacer cosas 59 que a él no le son permitidas. La rivalidad pasa de la competencia por la satisfacción en la dependencia a la com petencia por la asociación en igualdad de condiciones. Los hermanos mayores reemplazan a los más jóvenes como posi bles rivales. El niño ingresa con toda su capacidad de indagación en un círculo social cada vez más amplio. Quiere conocer su mun do, y se le alienta en forma creciente a que se ajuste a las enseñanzas de su sociedad, en ese universo que se despliega ante él. Las escuelas de párvulos, los jardines de infantes y la escuela elemental son las principales instituciones socia les que, junto con el hogar y la iglesia, indican al niño la gama de iniciativas apropiadas para él en ese momento de su vida. La gradación de la actividad indagatoria y de la agresión permisible según la edad, el sexo y los roles sociales son recursos culturales que idealmente ayudan al individuo a desarrollarse del modo más eficaz en el contexto de su cultura. Erikson establece una relación entre el grado de iniciativa individual estimulada o permitida, y el sistema económico de la comunidad. Sugiere que la capacidad potencial de tra bajo y de éxito material del individuo en el marco econó mico de su sociedad depende del dominio que llegue a tener de esta fase de desarrollo — el período en el que se realiza un sentimiento de la finalidad— . Ya hemos señalado que el niño parece crecer como una unidad física y psicológica. El niño pequeño llega a ser él mismo. Pone a prueba su nueva independencia dinámica en relación con las numerosas facetas del ambiente inmediato y en proceso de expansión. Puede adquirir gradualmente cierta compenetración con las instituciones, las oportunida des y los roles que le permitirán en el futuro una participa ción responsable como adulto. Le gusta manipular juguetes significativos, empuñar herramientas y asumir responsabili dades por sí mismo y por otros niños más pequeños. Su fracaso en relacionarse con uno de sus padres y desplazar al otro conduce a eventuales éxitos en diferentes tareas de la vida. Su gran caudal de energía le permite olvidar rápida mente sus frustraciones y comenzar de nuevo con esfuerzos mejor orientados. Comprueba que la dirección era acertada, aunque no el momento. Un sentido de realización compensa 60 rápidamente la mayor parte de la culpa y el fracaso: « . . .el futuro adquiere una mayor importancia, en contraposición con el pasado. El futuro absuelve el pasado» [33, pág. 385]. Fase IV : Adquisición de un sentido de la industria y rechazo de un sentido de la inferioridad: Realización de la compe ten cia La búsqueda dinámica del niño lo ha puesto en contacto con un caudal de nuevas experiencias. Pronto comprende que necesita hallar un lugar entre los individuos de su misma edad, porque en su carácter de niño pequeño en edad escolar no puede ocupar un sitio en igualdad de con diciones entre los adultos, ni se lo invita a hacer tal cosa. Por consiguiente, dirige sus abundantes energías hacia los problemas sociales que puede dominar con éxito. El tema fundamental de esta fase refleja su determinación de domi nar las tareas que afronta. Como dice Erikson, la polaridad de esta fase es un sentido de la industria versus un sentido de la inferioridad. Por una parte, hay un constante movimiento de energía para consagrar todo el esfuerzo posible a la pro ducción. A ello se opone una presión continua para retro ceder hacia un nivel anterior de menor producción. El temor del individuo se acentúa también por el hecho mismo de que todavía es un niño, una persona incompleta, situación que tiende a suscitar sentimientos de inferioridad. Más o menos entre los 7 y los 11 años, el niño trata de resolver estos sentimientos de inferioridad; utiliza diligentemente todas las oportunidades de aprender haciendo y experimenta con los rudimentarios conocimientos requeridos por su cultura. A medida que aprende a manejar los instrumentos y los sím bolos de ella, parece comprender que este aprendizaje le ayudará a convertirse en una persona competente. El ritmo de maduración física es más lento, como si fuera necesario consolidar lo que ya ha sido incorporado. El desa rrollo psicológico refleja una pauta similar. El varón y la niña han hallado temporariamente sus respectivos límites psico lógicos y sociales. Cada uno puede afrontar a los otros con realismo, sin pérdida de autoestima; cada uno puede trabajar para llenar los vastos huecos existentes dentro de los límites 61 que en ese momento presentan sus respectivas capacidades. Cabe reformular el concepto freudiano de latericia de la siguiente manera: En los años intermedios no hay nada latente, excepto los impulsos a establecer vínculos con un asociado del sexo opuesto. El niño «latente» continúa invir tiendo una parte de sí mismo y de su energía libidinosa tanto como antes, y trabaja incesantemente para desarrollar sus cualidades corporales, musculares y perceptivas, así como su creciente conocimiento del mundo, que tiene para él una importancia cada vez mayor. Sobre todo, se concentra en su capacidad para relacionarse y comunicarse con los indi viduos que le son más significativos: sus pares. Un sentido de realización por haber actuado eficazmente, ser el más fuerte, el mejor, el más inteligente o el más rápido, son los éxitos que procura alcanzar. El niño evita el fracaso casi a cualquier precio. Mientras consigue asimilar las tareas del yo dentro de las esferas de su propio grupo de edad, el ello y el superyó no se ven perturbados y se mantienen dentro de límites seguros. La mayoría de sus esfuerzos están consa grados al mejoramiento de sus procesos yoicos, porque su sociedad le da a entender que el modo en que maneje la situación actual determinará su futuro. Siente que si demues tra sus cualidades en las áreas en que es más competente se asegurará un futuro exitoso. En parte, las actividades de los niños continúan segregadas según el sexo aun más claramente que antes, si bien en situaciones inmediatas los varones o las niñas hallan que es más fácil expresar sus intereses bisexuales y desarrollar en forma temporaria actividades que suelen estar reservadas al sexo opuesto. Sin embargo, en esencia todas las actividades y sentimientos reflejan esfuerzos competitivos, más que autó nomos. Cuando trata de destacarse en todas y en cada una de las cosas que ensaya, el niño no intenta eliminar psicoló gica o realmente a otros — por el contrario, quiere y necesita la permanente asociación y cooperación— , pues tiene nece sidad de sus contemporáneos sobre todo para medir sus propias cualidades y su propia valía. Le interesan en par ticular las operaciones del mundo material, que intenta tra ducir a las modalidades de su propia vida social; la relación entre la fuerza y el poder social puede servir como ejemplo. «Aprende a existir en el espacio y en el tiempo tal como 62 aprende a serun organismo en el espacio-tiempo de su cul tura. Cada función de las partes así aprendidas se basa en cierta integración de todas las modalidades de los órganos entre sí y con la imagen que su cultura tiene del mundo» [25, pág. 91]. Al jugar, el niño se apoya mucho en el aspecto social e incor pora a dicha actividad situaciones de la vida real. El sexo no siempre es el contenido del juego; los dos sexos tienden a segregarse en diferentes formas de juego, aunque en oca siones los varones y las niñas entran en el mundo del grupo opuesto, participando a veces en juegos considerados en ge neral como particularmente apropiados para el otro sexo. De todos modos, las modalidades básicas relacionadas con los roles sexuales psicosociales determinan, en última instancia, la preocupación fundamental del juego de un individuo. Hacia el final de esta fase, el juego comienza a perder im portancia con la pubertad y la incorporación de los valores adolescentes, el individuo abandona lentamente sus hábitos anteriores, y lo que había sido un compromiso industrioso en el juego se funde poco a poco con un compromiso de trabajo que al principio participa a medias del juego y que luego deviene real. Los adolescentes tienden a seguir un curso medio entre el juego y el trabajo, entre la niñez y la adultez. Las relaciones niño-progenitor evolucionan hacia un nivel realista de dependencia en las áreas en que esta es aún nece saria o deseable; en otras ájjeas, el niño propende a relacio narse con sus padres y con otros adultos sobre una base más igualitaria. Ha comenzado a reconocer que con el tiempo tiene que romper con su acostumbrada vida familiar. Al llegar a esta edad, ha superado — por lo menos provisional mente— su lucha edípica por el poder. Dado que el niño ve a sus progenitores como representantes de la sociedad en que debe actuar, empieza ahora a compararlos con otros representantes. Los amigos de sus padres y los padres de sus amigos adquieren nueva importancia para él, sus vecinos y la escuela se convierten en determinantes sociales significa tivos, y los desconocidos constituyen descubrimientos suges tivos e importantes. Los varones y las niñas buscan identifi carse con otros adultos, porque los padres ya no pueden satisfacer totalmente los requerimientos del niño en esta 63 área. Mientras estén libres de compromisos vocacionales y conyugales podrán desplazar sus ideales y su dedicación per sonal hacia cualquier rol adulto, o hacia cualquier combina ción de roles adultos, y se identificarán con los aspectos de los individuos más significativos para ellos, sin contem plar la personalidad y la situación total de aquellos. Id mundo de los pares llega a ser tan importante como el de los adultos. Los pares son necesarios en relación con la autoestima y sirven como criterios para medir el éxito o el fracaso del varón y la niña; entre ellos, el niño encuentra otra fuente de identificación extrafamiliar. Es interesante observar que los hermanos ya no son competidores signi ficativos, a menos que formen parte del grupo de edad de los pares. A medida que el niño se desarrolla, la sociedad parece preocuparse cada vez más por incorporarlo sobre una base igualitaria; escuelas, las iglesias y las organizaciones juveniles lo alientan a participar más activamente. Por lo tanto, el eje se ha desplazado de la dependencia respecto del progenitor como aquel que más influye sobre el niño, a la dependencia respecto de las instituciones sociales. Como en cada fase anterior y ulterior, el niño se convierte en una persona muy distinta. Para citar a Erikson « [se transforma] en una persona con cualidades cognoscitivas más amplias y con capacidad mucho mayor para interactuar con una gama mucho más extensa de personas en las que está interesado, a las que comprende, y que reaccionan frente a él» [65, pág. 26]. Erikson destaca que el origen de muchas de las actitudes ulteriores del individuo hacia el trabajo y los hábitos de trabajo puede hallarse en el grado de eficaz sentido de la industria promovido durante esta fase; en cambio, la tec nología básica para ejecutar su tarea proviene de capacidades innatas que permiten el desarrollo de los conocimientos va lorados por su cultura. Así, la importancia dada a la arte sanía experta cimienta la ulterior actividad científica. Es necesario, para adquirir un sentido de la industria y re chazar un sentido de la inferioridad, que el niño haya subli mado eficazmente gran parte de sus deseos anteriores. D u rante este período a menudo se afirma que el niño «tiene pretensiones excesivas». El joven consagra sus abundantes energías al mejoramiento de sí mismo y a la conquista de 64 personas y cosas. Su impulso hacia el éxito incluye la con ciencia de la amenaza del fracaso. Este temor subyacente lo incita a trabajar más duramente para tener éxito, porque cualquier acción a medias, cualquier forma de mediocridad, lo acercará demasiado a un sentido de la inferioridad, sen sación que debe combatir para avanzar seguro de sí mismo hacia su edad adulta. Fase V. Adquisición de un sentido de la identidad al mismo tiempo que se supera un sentido de la difusión de la iden tidad: Realización de la fidelidad El sentido de la identidad trae consigo una superación de los problemas de la niñez y una auténtica disposición para afrontar, como posible igual, los problemas del mundo adul to. Así como un sentido de la confianza fue necesario antes para que el infante ampliase sus experiencias infantiles, tam bién la adquisición de un sentido de la identidad es necesaria ahora para adoptar decisiones propias de la adultez, por ejemplo la elección vocacional y conyugal. Muy oportuna mente, Erikson se concentró más en el desenvolvimiento de la identidad que en cualquier otra adquisición de desa rrollo. Este autor nos recuerda que en tiempos de Freud las energías psicosexuales se utilizaban impropiamente; hoy, afrontamos en todo el mundo problemas relacionados con la identidad racial, nacional, personal, profesional, etc.10 Estamos haciendo que eso suceda * [65, págs. 28-29]. «No podemos separar el crecimiento personal del cambio social», dice Erikson, «ni podemos separar ( . . . ) la crisis de iden tidad en el desarrollo histórico, porque los dos aspectos contribuyen a su mutua definición y realmente dependen uno de otro» [38, pág. 23]. En esencia, el problema implica una suerte de relatividad psicosocial. La formación de la identi- 10 Erikson nos recuerda sagazmente que no es casualidad que éi tuviese aguda conciencia de las luchas de otros por su identidad. El propio Erikson es un inmigrante, y por consiguiente el desarrollo de la identidad fue para él una faceta importante de su vida. * El autor subraya suceda (happen) para sugerir la idea del ha¡>- pening de la cultura hippie, que retomará luego (véase la nota de pág. 68). (N. de la R. T.) 65 dad es ahora no solo un problema vinculado con el desa rrollo, sino también una cuestión social en un país carac terizado por el cambio. «Por lo tanto, la conciencia de la identidad es una nueva forma de la duda original (la cual se relacionaba con la confiabilidad de los adultos que educan y del niño mismo), solo que en la adolescencia esta duda consciente de sí misma se refiere a la confiabilidad y la reconciliabilidad de todo el período de niñez que ahora debe quedar atrás» [46, pág. 99], mientras los esfuerzos se orientan al logro de una posi ción permanente. El joven no pregunta quién es él sino más bien qué y en qué contexto él puede ser y devenir. La identidad depende de la transformación en una parte (con la que se cuenta y con la que es posible contar) de un conjunto más amplio. El sentido de la identidad, así como la superación del sen tido de la difusión de la identidad, constituyen los polos de esta fase de desarrollo. En un extremo, hay un esfuerzo por integrar las direcciones internas y externas; en el lado contrario, hay difusión,que conduce a un sentido de inesta bilidad en medio de numerosos y confusos reclamos internos y externos. Esta polaridad debe resolverse en el período de la adolescencia, si se desea prevenir perturbaciones tran sitorias o duraderas en la adultez. La certidumbre en cuanto al lugar que ocupa en el presente y el futuro garantiza al individuo su confianza inmediata y su progreso con respecto a los niveles anteriores de desarrollo. Erikson cita un afo rismo hallado en una taberna de vaqueros del Oeste: No soy lo que debería ser, no soy lo que seré, pero no soy lo que fui [63, pág. 139]. A medida que el niño madura físicamente para convertirse en adulto, experimenta un rápido crecimiento corporal, con importantes cambios psicológicos y anatómicos. Su anterior confianza en su propio cuerpo y el dominio de sus funciones se ven bruscamente conmovidos; necesita recuperarlos gra dualmente mediante una reevaluación de sí mismo. Busca confortamiento en sus pares, que también se encuentran en estado de cambio y necesitados de aprobación. Los ritos de la pubertad y la confirmación religiosa desempeñan con fre 66 cuencia la función de sellos culturales del nuevo status del individuo dentro de la continuidad de su sí mismo en de sarrollo. Los principales cambios determinados por la maduración invariablemente transforman el equilibrio de la integración ello-yo-superyó; ahora es necesario incorporar nuevas fuerzas psicológicas, la mayoría originadas en el ello. Los factores que antes constituían impulsos psicosexuales provisionalmen te latentes o sublimados exigen ahora la atención total del joven. El deseo de realización sexual con un compañero del sexo opuesto ya no puede ser desechado por inapropiado' o ridículo, porque en definitiva estos impulsos derivan físi camente de una etapa biológica avanzada, la etapa genital. En parte, los procesos intensificados del ello se equilibran con procesos superyoicos más universales, relacionados con la edad. Fundamentalmente, sin embargo, es el yo adoles cente el que debe contener al ello pospubertal y equilibrar al superyó recientemente invocado. La repetición del tema edípico halla en el joven una matriz social distinta, que ya no se limita a su posición dependiente en el seno de la familia. Además, sus procesos yoicos ya no se ven empeque ñecidos por los poderosos procesos del ello. Muy probable mente, han alcanzado el punto en que ayudan al individuo a diferenciar sus límites y a discriminar los problemas que puede manejar en su vida cotidiana de los que exceden su capacidad inmediata de resolución. Los deseos edípicos se: adherirán a los demás vínculos del joven con sus padres, y él buscará una expresión diferente y más satisfactoria en sus relaciones extrafamiliares. Ahora, la relación hijo-progenitor es transitoria y está anclada exclusivamente en su historia conjunta y en su mutua anticipación del futuro del joven. En otras palabras, los padres entran en la vida del joven sano solo en virtud de su historia-social y psicológica conjunta, y de su creencia común en su futuro. De otra manera, perma necen junto a otras personas como adultos significativos a los ojos del joven. En la adolescencia, el yo realiza una síntesis gradual del pasado y el futuro. Dicha síntesis es el problema esencial de esta fase final, antes de la adultez sociopsicológica. Puede describírsela como un período de autoestandarización en la búsqueda de identidad sexual, de edad y ocupacional. El 67 joven busca un sentido de mismidad, un compromiso con roles específicos seleccionados entre muchas alternativas, por que la identificación con un ideal del yo o una persona ya no es totalmente útil. En este período de su vida, el joven integra todas las identificaciones anteriores. La integración gradual pero completa de las mismas abarca la identidad del yo. El joven asume entonces con fidelidad su nueva posición como persona que se halla definitivamente ubicada en los planos psicosociaí, económico y cultural. Percibe la promesa la ayudala de una identidadde un futuro más amplio con más universal. Erikson señala que muchos adolescentes tardíos afrontan un permanente problema de difusión de la identidad en relación a sus propias posibilidades y al lugar que les espera en su sociedad. El problema de esta fase — «¿quién seré?»— continúa manifestándose por doquier. Es posible que el in dividuo resuelva su dilema inclinándose hacia la delincuencia, eligiendo así la identidad contraria a la que la sociedad sugiere, antes que permanecer como un ser anónimo. La identidad negativa refleja « . . . u n desesperado intento de reconquistar cierto dominio en una situación en la cual los elementos de identidad positiva disponibles se anulan mu tuamente» [46, pág. 88], El anterior concepto de desarrollo de la identidad negativa cobra particular importancia para nuestros dilemas sociales contemporáneos. Los jóvenes hippies se sienten como si estu vieran fuera del ámbito de sus mayores. Antes que verse al margen de la historia y la sociedad, se afirman sin ambages en 1a. escena contemporánea, de modo tal — un modo par ticularmente contrario a las expectativas de su sociedad— que sus bappenings* se convierten en los acontecimientos de su propia sociedad. Para ellos, como para cualquier joven en desarrollo, una identidad negativa es preferible a la falta de identidad. Erikson compara la lucha del joven por su identidad con el dilema histórico de los negros norte americanos que, como él mismo indica con acritud, tienen que volverse hacia el Poder Negro o la demostración de re- * El autor juega con el doble sentido del sustantivo happening: el más general, que corresponde al castellano «suceso», o «aconteci miento», y el que alude más específicamente a los «acontecimientos» de la cultura hippie. (N , de la R. T.) 68 sistenda pasiva, hacia los musulmanes negros o los sit-ins, * para vencer su «condición de seres inaudibles, invisibles, anónimos y sin rostro» en su propia comunidad y en la his- loria de su país [65, págs. 25-27]. Este autor observa que la canción adoptada por la actual generación, We Shall Over eóme (Venceremos), alude de manera muy vivida a los esfuerzos que estas voces sin sonido y esos rostros sin per files realizan para superar su no existencia difusa. Quieren ser oídos y considerados parte de su sociedad. En realidad, crear y hallar aceptación para los propios esfuerzos implica adquirir tanto un sentido de la fidelidad — lealtad a un código grupal de ética— como un sentido de la aceptación ile los fracasos que uno sufre en la competencia y la bondad —es decir, la aceptación de aquello por lo cual se nos aver gonzó, se nos castigó, y con respecto a lo cual nos sentimos culpables [65, págs. 35-36]— . La adolescencia representa una postergación socialmente autorizada de la adultez, implica un recurso psicológico de seguridad. Erikson establece una analogía: la adolescencia como extensión de la niñez significa una moratoria psico- social, del mismo modo que la latencia constituye una mora toria psicosexual [46 ]. Las instituciones sociales de dife rentes culturas otorgan una ubicación a estas moratorias institucionalizadas en la educación formal prolongada, el aprendizaje, la conscripción militar, el internado, etc. La moratoria incorpora ambas presiones de la polaridad de la fase. Sanciona la difusión de la identidad y proporciona certidumbre. Se convierte en un componente esencial y tem porario del desarrollo adolescente. Erikson explica clara mente: Una moratoria es un período de postergación concedido a alguien que no está en condiciones de afrontar cierta obliga ción, o impuesto a alguien que necesita disponer de tiempo para hacerlo. Aquí me refiero a la postergación de los com promisos del adulto, pero no se trata solo de una posterga ción. Aludo a un período caracterizado por una permisividad selectiva de la sociedad y por un sugestivo espíritu de juego * Sit-ins:Forma de protesta que consiste en permanecer sentados en ei suelo en lugares donde está expresamente prohibido hacerlo (p. ej., plazas, estaciones, lugares públicos en general). (N. de la R. T.) 69 en el joven; sin embargo, es también un período de com promiso profundo ( aunque a menudo transitorio) por parte de este último, y de aceptación ceremonial del compromiso por parte de la sociedad. Estas moratorias exhiben grandes variaciones según los individuos, y se acentúan en las per sonas muy dotadas (para mejor o para peor); por supuesto, también hay variaciones institucionales vinculadas con los modos de vida de las culturas y subculturas [34, pág. 5 ], Así, el individuo necesita tiempo para integrarse en la edad adulta, y la sociedad se lo concede. El joven experimenta con pautas de identidad antes de adoptar decisiones más integrales. El adolescente se toma un tiempo antes de com prometerse en un desarrollo continuo. Esta situación puede darse en cualquier combinación, o simplemente en cualquiera de las siete dimensiones siguientes; cada dimensión repre senta una polarización parcial de las crisis de desarrollo sobre el continuo de desarrollo [37, 39, 175]. 1. Perspectiva temporal versus difusión temporal. Un con cepto del tiempo es esencial para la identidad. Si su pers pectiva del tiempo es un problema, el joven puede reclamar una acción inmediata o inmovilizarse totalmente, en la deses perada esperanza de que el tiempo se detendrá y esa temida decepción nunca se materializará [175]. El adolescente uti liza, en forma intermitente, oportunidades para postergar el planeamiento y rememorar el pasado. Solo cuando puede ver su vida en una perspectiva definida su sentido del tiempo lo conduce a un sentido de identidad plena. 2. Certidumbre acerca de sí mismo versus apatía. La certi dumbre acerca de sí mismo implica una lucha entre la con ciencia de identidad y la huida hacia la apatía. En la adoles cencia, el joven puede exhibir un aire de vanidad total o de insensibilidad, como si su propia apariencia fuese todo lo que importa, o como si ello careciese absolutamente de importancia. Solo cuando el conocimiento de sí mismo y las impresiones que él expresa a otros coinciden, adquiere certidumbre de su mismidad y un sentido de su propia identidad, al mismo tiempo que disminuye su autoconcien- cia, con los sentimientos concomitantes de duda y confusión acerca de sí y de su autonomía. 70 3. Experimentaciones de rol versus identidad negativa. El niño que se desarrolla halla numerosas oportunidades de experimentar con muchos roles, pero el adolescente com prueba que la experimentación está limitada por peligros y compromisos. En su caso, la experimentación tiene un carácter esencial. El interés por los extremos, los experi mentos con los contrarios, especialmente los que son mal mirados por los mayores, se convierten en el centro de sus experimentaciones de rol con las imágenes que tienen de sí mismos. En última instancia, la identidad positiva o nega tiva depende de la experimentación exitosa con una amplia gama de roles. 4. Previsión del logro versus parálisis en el trabajo. El ado lescente necesita desarrollar su sentido de la industria dentro de una pauta persistente, en lugar de afrontar oportunidades situacionales desvinculadas unas con otras. La lucha para completar una tarea, o a veces simplemente para iniciarla, se convierte en una cuestión fundamental cuando el joven reflexiona acerca de la suficiencia de su propia dotación. «Generalmente, ello no trasunta falta de capacidad; en rea lidad, [a veces] algunos de los individuos más dotados padecen particularmente esta situación» [175, pág. 3 ]. La persistencia y la integración son esenciales para plasmar una identidad ocupacional y trazar planes de gran alcance. 5. Identidad sexual versus difusión bisexual. El adolescente necesita resolver sus conflictos bisexuales y con el tiempo identificarse con su propio rol sexual. Necesita experimentar comodidad en su gama de contactos con los miembros del sexo opuesto. Necesita verse primero totalmente varón (o mujer). En este punto, el adolescente no puede concebirse como un poco de ambas cosas. La adolescencia ofrece situa ciones y actitudes de permanentes experimentaciones que tienen que resolverse si la identidad sexual del joven ha de contribuir a un sentido más integral de identidad y a acer carlo a la conducta prescripta para los adultos de su sexo. 6. Polarización del liderazgo versus difusión de la autori dad. La capacidad del adolescente para dirigir y acatar debe coincidir con el índice de autoridad de su sociedad. Un enfoque realista y claro de la autoridad — y la disposición a asumir autoridad, llegado el caso— son actitudes estrecha mente vinculadas con el dominio eficaz de las fases anteriores 71 de desarrollo y con la eventual aceptación de una identidad positiva. 7. Polarización ideológica versus difusión de ideales. El ado lescente debe seleccionar una filosofía básica, una ideología o una religión, que le den una confianza fundamental en su vida y en su sociedad. La adolescencia afronta muchas alternativas. Sin embargo, «los adolescentes tienden a ma nifestar prejuicios inflexibles y una belicosa lealtad a las ideas y los valores de su propio grupo. Este manifestarse contra algo es una de sus principales necesidades, pues al contrastar su propia persona y sus ideas con las de un grupo contrario, afirman su sentido de sí mismos» [175, pág. 4 ]. Durante la adolescencia, el individuo tiene oportunidad de j trabajar en estas siete áreas y de utilizar las numerosás fa cetas de su moratoria. Los « . . . extremos de experiencia, j subjetiva, alternativas de preferencia ideológica y posibilida des de compromiso realista pueden convertirse en el objeto ] del juego, social y del dominio conjunto» [46, pág. 119]. Si ; la moratoria fracasa, significa que el individuo se ha definido ! muy tempranamente y está comprometido con la sociedad adulta antes de hallarse preparado, o alienta hondos sentí- ! miéntos de fracaso porque se lo dejó librado al peligro de esta crisis y se siente perdido como persona. En esta última situación, no sabe qué quiere ser verdaderamente o quién es en realidad ante los ojos de los otros. Aparece la ambiva lencia en las actividades conducíales, verbales y cognosci tivas. De hecho, la organización y la meditación acerca de las alternativas son actividades importantes. E l lenguaje a me nudo se limita a reflejar en voz alta el pensamiento. El hábito adolescente de conversar interminablemente con de terminado amigo del mismo sexo o grupo de edad es uno de los medios de búsqueda de una identidad. Una vez concertado un perdurable compromiso de identidad, el len guaje ya no es importante solo como medio de comunicación; también viene a ser esencial para revelar un compromiso con los valores sociales que concuerdan con su identidad. El juego ya ha perdido su importancia como función funda mental del yo. Ahora es más probable que el individuo se 72 encuentre jugando a ser más joven como válvula de escape de sus impulsos regresivos, porque su sociedad mira con ma los ojos la conducta infantil del adolescente. Erikson afirma que en la adolescencia la representación de roles y las incur siones en la fantasía constituyen ,un modo apropiado de manejar la difusión de la identidad. La representación de roles y la exageración verbal del tipo «Te desafío a» y «Me atrevo a» son una forma de juego social y un legítimo sucesor del juego infantil [62 b~\. «En el adolescente sano, una gran capacidad de fantasía va acompañada por mecanismos yoicos que permiten al individuo internarse profundamente en peli grosas regiones de la fantasía o la experimentación social y contenerse a último momento, y distraerse en la compañía de otros, la actividad, la literatura o la música» [34, pág. 13]. Este juego, o experimentación social, incluye esencial mente actitudes yroles de significado adulto — conducta ocu- pacional, preparación para la intimidad, selección del futuro cónyuge, etc.— . Más tarde, la conducta de pandilla, camarilla o multitud, con su insistencia en los ritos y otras formas de conformidad de los miembros del grupo, constituirá un as pecto fundamental de la representación de roles y un impulso hacia la autoexpresión. El joven seleccionará a sus adultos significativos, a las personas que tienen mayor importancia para él, a causa de su influencia anterior o porque represen tan relaciones actuales esenciales. En este primer grupo, el niño puede incluir a sus padres, maestros, vecinos y otras personas conocidas que le inspiran confianza. Los miembros del segundo grupo son seleccionados de acuerdo con el significado que tienen para el adolescente que atraviesa un período de difusión temporaria de roles, más que por sus funciones sociales. Si el joven los considera aceptables, los asistentes sociales, los psicólogos, los sacerdotes, los jueces, los oficiales de reclutamiento, los directores de equipo, los instructores de baile o cualquiera de las personas hacia las cuales puede volverse en su búsqueda están en condiciones de convertirse en individuos que ejercen influencia funda mental en su desarrollo. Los padres han perdido sus roles de apoyos esenciales y fuentes de valores, y han sido reemplazados por el grupo de pares del individuo. Estos absorben la mayor parte de los principales intereses sociales y de la energía del adolescente 73 en desarrollo. Se convierten en compañeros de edad y aso ciados. El desplazamiento hacia la asociación competitiva con y entre los compañeros de edad comenzó en fases ante riores, y se convierte en un hecho real en la fase actual. Dichas relaciones con los pares desempeñan la función de una autoridad esencial para el completamiento de la identi dad del yo. Las amistades y los amores del adolescente, así como la sobreidentificación con ciertos héroes o su total rechazo son intentos de llegar « . . . a una definición de la propia identidad proyectando las propias imágenes yoicas difusas en otra persona» [25, pág. 228], Los pares emergen como intermediarios en una sociedad en la que el adoles cente eventualmente debe hallar su identidad interior —y la continuidad de su identidad— frente a otros, como asociado íntimo y como persona con una carrera ocupacional y social. Así como el individuo afronta la crisis de esta fase, que consiste en hacer una elección compatible consigo mismo y con las oportunidades que ofrece su sociedad, también esta enfrenta el problema de conceder tiempo, espacio y libertad social suficientes al adolescente, sin negar su ámbito final de orientación y control sobre él. En realidad, a pesar de las discrepancias aparentemente agudas entre los criterios y objetivos del joven y los de su sociedad, hay escaso peli gro de que se aparte en grado excesivo de las normas socia les. Todos sus esfuerzos están dirigidos a la clarificación de su rol como miembro de la sociedad. Erikson subraya que la adolescencia no constituye una afirmación, sino una crisis normativa [46 ]. «En la juventud, la historia de vida [del individuo] se intercepta, por lo tanto, con la historia; así los individuos se ven confirmados en sus identidades, y se re genera el estilo de vida de las sociedades» [59, pág. 23]. Sin embargo, hoy esta crisis normativa asume una nueva dimensión. Recientemente, Erikson observó que en cierto modo los adolescentes tienen una existencia transitoria, y que son «existencialistas por naturaleza»; pueden llegar a comprometerse intensamente con agudos conflictos contem poráneos, que ellos aíslan tanto de sus antecedentes histó ricos como de los compromisos con el futuro [65, pág. 39]. Las diversas formas del happening y otras manifestaciones exigen el «ingrediente» de un compromiso intenso e inme diato, sin reparar en las consecuencias. Inversamente, la 74 actual alienación de la juventud mediante el aislamiento social, las drogas o la marihuana implica evitar o, en el mejor de los casos, postergar la intimidad. En suma, lo que Erikson hace es, en esencia, establecer una vinculación entre la irritante experiencia de la sociedad con la juventud y el desconcertante desarrollo de esta. Sin duda, la original ex periencia de desarrollo de la juventud moderna incorpora algo específico a todo el desarrollo ulterior. Según Erikson, . . . presenciamos una situación en la cual los jóvenes exhiben franca y casi burlonamente una confusión de identidad, pues prefieren hallar su propio camino hacia nuevos compromisos éticos [65, pág. 38]. Lentamente, el individuo se convierte en un miembro inter dependiente de su sociedad. Dos fases antes abandonó la intensa dependencia respecto de su familia; ahora necesita un status integral junto a sus pares en la sociedad. Su creci miento y su transformación graduales tienen sentido para quienes comienzan a tener significado para él. Halla identi ficaciones nuevas y cada vez más completas, trátese de gru pos de una manzana del barrio, de una ocupación que le interesa, o de una asociación de espíritus afines [59 ]. Los adolescentes « . . . avanzan con rapidez hacia una imagen cultural de la adultez, con mucha ansiedad subyacente y una considerable regresión a actitudes anteriores» [98, pág. 410]. La confianza en su medio, desarrollada previamente, y la comprensión de sí mismos como unidades creadoras determinan su nivel final de participación en el dominio adulto. Cuando estos cimientos no se han consolidado, se corre el riesgo de que los adultos asignen al individuo una identidad que era solo un aspecto de su difusa identidad. En dichos casos, la sociedad puede catalogarlo como «delincuen te», «vago», «payaso», etc., pese a que quizás el individuo mantuvo esa identidad negativa solo provisionalmente [39 ], o, para citar a un personaje de una novela de Faulkner: «Ninguno de nosotros es totalmente loco, y ninguno total mente cuerdo, hasta que el saldo final nos diga que es de un modo u otro» [61, pág. 43]. Por ende, no hay otra fase del ciclo de vida en la cual la promesa de hallarse y la ame naza de perderse estén tan estrechamente unidas [59]. 75 El joven también ve en los valores, la religión y la ideología de su cultura una importante fuente de confianza. La religión y las ideologías sociales suministran una clara perspectiva para la filosofía básica del hombre. Esta última neutraliza las identidades autónomas e individuales. El joven busca algo y a alguien que sean válidos. Esa actitud se refleja en una « . . . desconcertante combinación de voluble devoción y súbita perversidad, a veces más devotamente perversa, y otras más perversamente devota» [59, pág. 6], Esta bús queda induce roles colectivos y experimentaciones destinados a combatir las inhibiciones individuales y los sentimientos de culpa. Contribuyen a resolver el deseo de autoafirmación opuesto a la sumisión a un líder, por ejemplo una figura paterna o un hermano mayor. Sobre todo, aseguran la con tinuidad genética de su identidad y su autoestima como miembro de la sociedad y la cultura; la integración de las presiones en sentidos contrarios: ser y no ser parte de la propia sociedad [46 ]. Un sentido de identidad asegura al individuo un lugar definido en su sector social. El joven halla su fidelidad,11 . . .la continuidad progresiva entre lo que ha sido durante los prolongados años de su niñez y lo que promete ser en el futuro previsible; entre el carácter que él se atribuye y lo que percibe que otros ven y esperan de él [56, pág. 165]. El diagrama epigenético de Erikson (cuadro 2-1) muestra claramente una representación horizontal de estos focos mul- tidimensionales de desarrollo’. Fase VI. Adquisición de un sentido de la intimidad y la solidaridad, y evitación de un sentido del aislamiento: Rea lización del amor Concluidas su niñez y su primera juventud, el individuo comienzala vida como miembro integral de nuestra socie- 11 11 «Fidelidad» es una palabra que Erikson emplea —con buen tino— en todos sus escritos a partir de 1961, cuando define el desarrollo de la identidad. 76 C ua dr o 2- 1. D ia gr am a ep ig en ét ic o de E ri ks on so br e la s fa se s de 3 o* o d 5 5 ! -d a l l i •n ¡3*ío ><2'cS 8 s « %Ti $ S - 2 t-H w w ,0 tí O « i v -Sá-a •n-a-= ■ St! S - e 2¿2 g 2 S >-8-0 2 ga « i a I 3 .0.&r§ 3 g 0'Ó B *C 0 >53 g 2 d iil i a s e<¡ o Mftm « eo3a'B ■K rt 3 8 © _ C O cá t í| | >•2 3 tí'O W3 "2 eá ■ 5 a a 0w > ñ S’B-S sW +•» Jh -i-i K % ” 3,2 O bU.o ► S tí 5 0> va p. t f f j & B, g a ij § «s-aPd > m í* ela de N eo II. Ni ñe z tem pr a III . Ed ad ju eg o IV . Ed ad es co lai V. Ad ole s ce nc ia VI . Ad ul to jov en VI I. Ad ul te VI H. Ed ad ma du r. 77 dad occidental.12 Es el momento de acometer seriamente la tarea de una plena participación en la comunidad, de gozar de la vida con libertad y responsabilidad adultas. Para Erikson, el logro de la adultez psicológica implica un creci miento continuado y un tiempo sociopsicológico consagrado al estudio o al trabajo en una carrera dada, así como la intimidad social con el otro sexo a fin de elegir un compa ñero para la prolongada relación íntima del matrimonio como persona, ser social y ciudadano. La identidad del yo adquiere su fuerza definitiva con la elección de compañeros cuyas identidades yoicas sean com plementarias en algún punto esencial, y que puedan fusio narse en el matrimonio sin crear una peligrosa discontinuidad de la tradición, o una similitud incestuosa — situaciones am bas que tienden a perjudicar el desarrollo del yo de los hijos— [33, pág. 381]. El tema fundamental del desarrollo gira ahora en torno a una disposición psicológica y un compromiso de mutua inti midad en el matrimonio. Dicha disposición incluye la capa cidad y la voluntad de dispensarse mutua confianza, de regular los ciclos de trabajo, procreación y recreación con vistas a una participación más integral y satisfactoria de cada uno en la sociedad, con el fin de sentar las bases de un desarrollo sano de los posibles hijos. Hallar un sentido de la solidaridad en la elección de un compañero que representa el ideal de toda la experiencia anterior con el sexo opuesto es una empresa azarosa, y viene a reforzar este hecho la existencia de una crisis de desarrollo contraria, que se rela ciona con el sentido de aislamiento y distancia si el individuo permanece solo.13 En esta fase, es necesario superar la incli nación a mantener una distancia social segura, a repudiar 12 E. E. Whitman escribió un artículo acerca de las tareas de des arrollo en la edad adulta en Erikson. Véase L. E. Whitman, «The developmental tasks of adulthood according to Erik H. Erikson» (tesis inédita de licenciatura), Seattle: University of Washington, 1968 [174 a], 13 En una publicación de 1968, Erikson resume el concepto en una hueva frase: «La adultez joven denota una crisis de la intimidad versus el distanciamiento» [38, pág. 136], 78 a los otros y a destruir a quienes puedan aproximarse [38, pág. 136]. Esta crisis está saturada de sentimientos de vacío social y de que se es una unidad aislada en un mundo de unidades familiares. Más aún, la crisis implica un modo de genitalidad, que antes estaba sublimada, y cuya solución se alcanza mediante el matrimonio. Para utilizar las palabras de Freud, el individuo demuestra su capacidad de realizar una adultez sana mediante su capacidad para lieben und arbeiten (amar y trabajar). Logra una pauta de vida per sonalizada que le garantiza una «identidad individual en la intimidad conjunta» [51, pág. 159]. Por extraño que pa rezca, en los mundos del trabajo y el amor hablamos de «hallar un camino». En el trabajo y en el matrimonio, esos esfuerzos están dirigidos a mejorar e interpretar las pautas de cooperación, teniendo en cuenta — en mayor o menor medida— la competencia y las pautas de amor, amistad y otras asociaciones. Si estos esfuerzos no son satisfechos en el matrimonio, el individuo debe aislarse y encontrar solu ciones que se desvían de la norma aceptada, para orientarse hacia relaciones interpersonales más formales y asociaciones amorosas más bien inorgánicas. Esto es válido tanto en la esfera del trabajo como en la esfera del amor. La superación de la adolescencia requiere un sentido de identidad; la superación de la primera fase de la adultez exige hallar un sentido de la identidad compartida. La solidaridad del ma trimonio es el logro evolutivo e individual de la selectividad del amor sexual, « . . . por la verificación mutua mediante la experiencia de hallarse uno mismo, cuando uno se entrega, en otro» [51, pág. 158]. Una pauta personalizada de vida es válida también en las esferas de la ciudadanía y el tra bajo. El joven tiene que experimentar una unidad íntima con su sociedad, si no quiere sentirse aislado. En el trabajo, encauza sus energías con el fin de «progresar», o hace lo propio en las inversiones laborales de su vida (vocaciones o aficiones) que para él son auténtico trabajo. Erikson sugiere que los hombres y las mujeres son semejantes en su capa cidad de ciudadanía y trabajo; sin embargo, sus modalidades para relacionarse con estos aspectos de la vida son dis tintas. Sobre todo, los progresos técnicos han introducido una diferencia en las normas políticas y sociales, de modo que las mujeres se han incorporado a esferas de la vida que 79 están más allá de los límites tradicionales del ama de casa, la que atiende al marido y la madre. Las mujeres han entrado en campos que antes eran «solo para hombres» — las cien cias políticas y la ingeniería, el manejo de camiones y las oficinas de los ejecutivos, por ejemplo— y han incorporado así cualidades femeninas a esas esferas del mundo del trabajo [1 7 4 # ].14 Fase VII. Adquisición de un sentido de la generatividad y evitación de un sentido de la absorción en sí mismo: Reali zación del CUIDADO La creación de una nueva unidad basada en la confianza y la intimidad mutuas incluye la preparación de un hogar para comenzar un nuevo ciclo de desarrollo, mediante una división del trabajo en la vivienda compartida. Lina unión conyugal sana es la base que permite asegurar el cuidado y el desa rrollo satisfactorio de la nueva generación. La preocupación por esta última constituye el tema de la segunda fase de desarrollo de la edad adulta, un sentido de la generatividad versus un sentido del estancamiento. Debe observarse que las palabras «generatividad» y «estancamiento» no se re fieren al individuo que procrea, sino al curso que él fija y sigue con su compañero en la sociedad en general, con el fin de garantizar a la generación siguiente las esperanzas, las virtudes y la sabiduría que él ha acumulado. Un sentido individual de generatividad incluye la responsabilidad como progenitor por los esfuerzos y los intereses de su sociedad en el apoyo a las medidas de atención y educación infantil, a las artes y las ciencias, a las tradiciones que pronto se incorporarán a la vida del individuo que está desarrollándose. 14 En un estudio reciente, L. E. Whitman analiza las tareas de desarrollo de la edad adulta en Erikson. En el artículo de esa au tora se hace evidente que Erikson se refiere a las mujeres mucho más de lo que el autor de este libro ha advertido. Esta observación subraya nuevamente una limitación inherente en este libro que ya ha sido mencionada en el prólogo (pág. 7 ). Este libro integra el trabajo de hombres y está escrito por un hombre. El estudio de Lois E . Whitman indica claramente que una mujer habría perci bido y reaccionado de un modo distinto, y escrito también una obra diferente. 80 La vida de cada individuo implica una. carrera que amal gama el amor por sus hijos, por su trabajo y sus ideas. Su vida, personal, creadora e ideacional, y su comunidad,tienen que convertirse en una unidad, a menos que la absorción en sí mismo desgaste y aparte sus esfuerzos y a su propia per sona de su comunidad. Cada adulto admite o rechaza el desafío de aceptar a la nueva generación como responsabili dad propia, y asegurarle la confianza basada en la primera fase de desarrollo de Erikson. Fase VIII. Adquisición de un sentido de la integridad y evitación de un sentido de la desesperación: Realización de la SABIDURÍA Finalmente, a medida que el adulto procrea y asegura el desarrollo de la nueva generación, adquiere una perspectiva más cabal de su propio ciclo; desarrolla un sentido de la integridad. Su sentido de la confianza alcanza su grado más pleno como «seguridad con respecto a la integridad de otro» [25]. Así, el primer tema de desarrollo se convierte en el último, y al mismo tiempo es evidente que el tema final arraiga en el primero. La integridad reposa en la aceptación del ciclo de vida colectiva e individual de la humanidad, « . . . algo que tiene que ser, y que, necesariamente, no per mite sustituciones. Por consiguiente, significa un amor nuevo y distinto a los padres del individuo. Es una camaradería con las formas organizadoras de épocas distantes y con acti vidades diferentes» [25, pág. 232]. Si se lo adquiere, el sentido de la integridad aporta una solución eficaz al sentido contrario de la desesperación y disgusto ante los muchos estilos de vida; y de temor a la muerte como remate de una vida irrealizada. En otras palabras, esta fase final implica un sentido de sabiduría y una filosofía de la vida que a menudo van más allá del ciclo vital del individuo, y que están relacionados directamente con el futuro de los nuevos ciclos de desarrollo.15 Para citar a Erikson, «. . .los niños sanos 15 Mientras estuvo en la India, en 1965, Erikson estudió la vida de Ghandi y tipificó sus últimos años como ejemplo de un sentido de la integridad-, «Ghandi ( . . . ) recto, pero no rígido; tímido, pero no retraído; temeroso, y sin embargo decidido; inteligente, pero no 81 no temerán la vida, si los padres poseen una integridad suficiente como para no temer la muerte» [25, pág. 233], Influencias culturales norteamericanas sobre el desarrollo En los escritos de Erikson aparecen conceptos que, según afirma el propio autor, se hallan evidentemente vinculados con la cultura, y que tienen especial importancia para el desarrollo del niño y la familia en las subculturas interac tuantes de Estados Unidos. Primero, Erikson subraya la rapidez de los cambios que ocurren en todas las prácticas sociales y culturales. Según afirma, «Es posible llegar a ser norteamericano hasta cierto punto en el curso de la vida, aunque uno haya nacido en otra parte. Y una vez que se llega a ser norteamericano, es necesario continuar siéndolo, aunque se lo haya sido desde el comienzo» [44, pág. 136], Segundo, a todo lo largo de su vida el individuo afronta polaridades. Cada rasgo auténticamente norteamericano, original de las culturas norteamericanas, tiene su opuesto igualmente característico [25], Puede afirmarse que, en ge neral, el norteamericano vive con dos series de verdades. A modo de ejemplo: cualquiera de las formulaciones contra dictorias siguientes, o ambas, expresan actitudes y expectati vas peculiarmente norteamericanas: «Respeta su punto de vista» e «Incrépalo y dile lo que piensas. ¡Este es un país libre!». El propio Erikson experimentó dicha polaridad cuando en 1950 se le pidió^ lo mismo que a sus colegas de la Uni versidad de California, que prestara un juramento especial de lealtad, para afirmar «la validez del juramento pres tado al asumir el cargo». Como consideramos que el pro blema del «juramento de lealtad» es todavía un asunto fundamental en la escena norteamericana contemporánea, libresco; tenaz, pero no obstinado; sensual, pero no blando; todo lo cual se resume en una integridad que en esencia es inexplicable, y sin la cual ninguna evaluación puede sostenerse» [36, pág. 633], 82 pensamos que los sagaces comentarios del propio Erikson acerca de esta debatida cuestión tienen suma importancia. En una declaración dirigida a sus colegas del claustro de la Universidad de California, Erikson dice: . . .Puedo afirmar que el juramento constitucional abarca, a mi juicio, de modo admirable e integral mis obligaciones para con el país, el Estado y la profesión. Me molesta que se me pida la ratificación de que hablaba en serio cuando firmé el juramento constitucional. Podría aceptarse la nece sidad de dicha afirmación adicional siempre y cuando pa reciese efectiva en una situación especial de urgencia. A mi entender, este documento es un gesto inútil para afrontar el peligro de que en la vida universitaria se infiltren los adoc trinadores, los conspiradores y los espías. Pues una persona subversiva no necesita tener un carnet del partido; un cons pirador no se atiene a sus propias declaraciones; es posible que muy pocos sepan que determinada persona es miembro del partido; un presunto comisario no vendrá a pedir audien cia; y un adoctrinador fanático no creerá que miente cuando afirma que representa la verdad objetiva. En este caso, alguien podría preguntarse: ¿Por qué no aceptar este gesto inútil, si salva la cara de personajes muy importantes, ayuda a calmar la histeria publica y no per judica a nadie? Mi respuesta es la de un psicólogo. En efecto, creo que este gesto, que ahora salva la cara de algunas per sonas importantes, a la larga perjudicará a otras que son mucho más importantes: lo estudiantes. Se ha hablado mu cho de la libertad académica del claustro; por mi parte, estoy preocupado por ciertos peligros que amenazan el espí ritu del cuerpo de estudiantes, peligros que pueden originarse en los «compromisos» que se nos ha pedido aceptar. Para muchos estudiantes, sus años de estudio representan el único contacto que mantienen con el pensamiento y la teo ría, el único contacto con los hombres que enseñan cómo examinar los dos aspectos de un problema y llegar, al mismo tiempo, a conclusiones decisivas, cómo comprender y al mis mo tiempo actuar con convicción. Los jóvenes son suspi caces, y con razón; exhiben una embarazosa sagacidad. No creo que deje de llamarles la atención el hecho de que los hombres que deben enseñarles a pensar y a actuar con sen- 83 satez y espontaneidad deban sufrir un test político; firmar una declaración que implícitamente pone en tela de juicio la validez del juramento que prestaron al asumir el cargo; refrendar «compromisos» tan indefinidos que se vean con denados a sospechar permanentemente de sí mismos y unos de otros, y comprometerse con una «verdad objetiva» que, como muy bien lo saben, es esquiva. Las personas de más edad, como nosotros, pueden reírse de este asunto y olvi darlo; sin embargo, en los individuos más jóvenes — y espe cialmente en aquellos estudiantes que están motivados para consagrarse a la enseñanza— bien puede abrirse un peligroso abismo entre la «verdad oficial» y esas dudas profundas y a menudo radicales que son la condición necesaria del desa rrollo del pensamiento. . . Por mi parte, me sería difícil pedir a quienes constituyen el objeto de mi investigación [las personas] y a mis alumnos que trabajen conmigo, si me prestase a participar sin protesta en un gesto impreciso, temeroso y un tanto vindicativo, concebido para combatir cierto mal apelando a un recurso más o menos mágico — cuando se trata de un mal que debe ser afrontado con un esfuerzo mucho más profundo y coordinado— . En este sentido, puedo afirmar que mi conciencia no me permitió refrendar el documento después de haber jurado s que desempeñaría mi cargo de acuerdo con mis mejores luces [24, págs. 244-45]. La declaración precedente muestra con claridad el esfuerzo del propio Erik Erikson para definir su posición frente a reclamos antagónicos. También representa la aplicación prác tica de su propia formulación teórica enel sentido de que la generación de los mayores es la que debe demostrar a la juventud una «verdad objetiva» que a los ojos de esta puede aparecer todavía simplemente como algo impreciso y esquivo. Tercero, solo en el contexto norteamericano de crianza el yo individual obtiene tanto reconocimiento y goza de tan elevado número de oportunidades. El ídolo norteamericano aún tiene su cuna en una cabaña de troncos, de acuerdo con el sueño norteamericano. Se aprecia al nuevo ídolo por que conquista su lugar mediante su propio esfuerzo, impo niéndose a las tentaciones interiores y exteriores. Este «yo 84 que se ha hecho a sí mismo», con su inigualado desarrollo de las funciones yoicas que le permiten trabajar, pensar, jugar, amar, recordar, reír y sobre todo integrar, merece admiración por su autenticidad y salud. Cuarto, a juicio del propio Erikson su concepto de mora toria, que « . . . en el peor de los casos representa una tierra de nadie entre la niñez y la madurez, y en el mejor un pe ríodo normal de deportes y travesuras, de pandillas, grupos y reuniones» [25, pág. 298], en ningún país ha sido acep tado de modo tan universal como en las culturas norteame ricanas. Las variables actitudes adolescentes hacia la autori dad y los conflictos que resultan de todo ello no se centran explícitamente en torno al padre como autoridad, porque el adolescente norteamericano tiene un ideal paterno complejo, formado por muchas figuras masculinas. En realidad, el hijo y el padre, o la hija y la madre, se identifican conjunta mente con algunos de los mismos ideales. Además, las va riaciones del humor adolescente se concentran en los pares y no en la familia, porque en este punto del desarrollo los problemas relacionados con la familia se abordan sobre todo en el grupo de pares. Quinto — y este hecho es más significativo en Estados Uni dos que en ningún otro país— , la madre se alza como símbolo de la familia. Ella es un «fenómeno histórico», en su condición de defensora de la decencia y la moral de los tiempos de la frontera. La madre era la persona que otrora hacía o destruía al hombre de la frontera [25 ], y continúa desempeñando esa función en los filmes del Oeste. En la vida contemporánea y cotidiana sigue utilizando esa influen cia en los partidos políticos y en ciertas esferas de intereses especiales. Es la autoridad en problemas de costumbres, pero puede conservar un carácter sumamente femenino en sus sentimientos y sugerir en secreto normas que denuncia en forma explícita. Esto último es particularmente válido en el dominio del sexo, en el que ataca la libre expresión de los placeres sensuales y sexuales, al mismo tiempo que acentúa el sexo en su vestido, el uso de los cosméticos y la elección de cuadros, libros y revistas. En los casos de conflicto, tiende a culpar a los niños y no a sí misma, afirmando que existe una rigurosa separación entre el status de la niñez y el adulto. 85 Sexto, hay un cambio decisivo en la posición psicológica tanto del padre como de la madre. En el pasado, las madres tenían que desempeñar los roles de madre y padre [25, pág. 254]. Asumían la responsabilidad total del cuidado de los niños, mientras los padres cultivaban el papel de hijos nacidos libres. Solo cuando el padre se convirtió en «papi» para todos los niños, la madre vino a ser «mami». «E l ma- mismo», sugiere Erikson, «es solo un paternalismo situado erróneamente» [25]. Este cambio reciente coloca a las ma dres y los padres en una posición nueva, para la cual carecen de prototipo o de una imagen que ellos mismos hayan for jado. El veloz cambio sobrevenido sugiere al progenitor que no quiere ser como su propio progenitor. No puede volverse hacia él para obtener consejo y apoyo en los problemas relacionados con la crianza de los niños y la familia. Séptimo, las actividades del hombre en el seno de la familia, así como en su vida social, se han modificado como conse cuencia de las dos grandes guerras. Ahora el hombre puede reconocer sus tendencias bisexuales, puede aceptar ciertos intereses femeninos como la atención de los niños, el cuidado del hogar y las artes culinarias. El hombre demostró su masculinidad mediante su exitosa supervivencia como sol dado en dos grandes guerras; puede sentirse libre entonces para exhibir sus intereses más femeninos, sin que ello im plique una amenaza a su masculinidad. Octavo, vista la falta de tradición entre los miembros ma yores de la familia, uno de los reguladores culturales funda mentales, . la familia en la cultura norteamericana tiende a depender de la regulación mutua en el seno de aquella, que restablece el autocontrol tanto en el niño como en el pro genitor. Por una parte, la familia norteamericana, en tanto grupo, ha perdido su importancia como regulador de los criterios familiares. Además, carece de control interno, porque cada miembro procura conquistar autonomía y se orienta hacia la autoridad exterior a la familia. En la unidad iamiliar, el niño aparece como asociado del adulto. En la familia norteamericana, los derechos de los miembros indi viduales, tanto adultos como niños, están protegidos contra el dominio ejercido por cualquier otro miembro o grupo de miembros — p. ej., padres, niños, niños mayores, todos los varones, etcétera— . Como se ha indicado, se observa la regulación mutua del sí mismo, más que la preservación de la familia. Erikson utiliza la analogía de un congreso en miniatura, con un consenso implícito en el sentido de que ninguna combinación de fuerzas eliminará a uno cual quiera de los grupos de presión. En suma, la familia se muestra tolerante frente a los diferentes intereses, porque «nadie puede estar seguro de que tiene razón, pero todos deben hacer concesiones — en beneficio de su propio cambio futuro— » [25, pág. 277], Resumen Es necesario estudiar y comprender en su totalidad la con tribución de Erikson, como integración de numerosos con ceptos y proposiciones entrelazados. El diagrama de trabajo de este autor (cuadro 2-2) resume gráficamente su esquema de desarrollo. Se trata en verdad de un diagrama de trabajo, pues para Erikson la labor aún no está agotada. Sus formu laciones se hallan todavía sujetas a cambios y a un proceso de expansión a medida que continúa su estudio. Como investigador, escritor y pensador dotado de capacidad creadora, Erikson siempre enfoca los problemas individuales en relación con la situación total. Su trabajo merece ser considerado el punto de partida de una nueva y fundamental etapa en la teoría psicoanalítica. Con su amplia apreciación de las posibilidades humanas, Erikson atribuye el carácter de empresa creadora a los esfuerzos del individuo en desa rrollo para utilizar sus propios impulsos internos y adecuarlos a las oportunidades ambientales. Al mismo tiempo, la per sonalidad en proceso de desarrollo es víctima de los azares de la vida a causa de una combinación de fuerzas instintivas, parentales, sociales, culturales y ambientales que no consi guen impedir su desarrollo eficaz, porque el éxito depende de la canalización de las tendencias innatas en una dirección que satisfaga la necesidad del individuo y de su comunidad, y asegure a ambos una herencia cultural permanente. En esencia, «el hombre experimenta la vida y la muerte — el pasado y el futuro— en función del movimiento de las ge neraciones» [4 3 a, pág. 725]. 87 C ua dr o 2- 2. D ia gr am a de t ra ba jo d e Er ik so n so br e la s fa se s de d es ar ro llo . El desarrollo es un proceso de maduración vinculado con un proceso educativo. En términos técnicos, constituye el creci miento del yo combinado con la calidad de la experiencia yoica que el ambiente inmediato ha proporcionado al niño. En el verdadero sentido de la expresión, Erikson es un psicólogo del yo. 89 3. La teoría cognoscitiva dejean Piaget Vida y obra de Piaget Jean Piaget es zoólogo por vocación, epistemólogo por afición y lógico por su método. Para la investigación del desa rrollo infantil ha creado (como Freud) una nueva disciplina [5, pág. 10], agregando nuevas dimensiones al estudio y la comprensión de los niños. Suele citarse el acertado comen tario de J. H. Flavell: «Quien estudie a Piaget nunca podrá mirar del mismo modo a los niños» [5, pág. 10]. Jean Piaget nació en 1896 en Neuchátel, ciudad universitaria suiza. De acuerdo con sus propias palabras, su niñez estuvo dominada por la combinación de una madre inteligente, enérgica, pero un tanto neurótica, y un padre erudito que adoptaba un aire desprendido y lejano frente a los estallidos emocionales de su esposa y los frustrados estudios científicos de su hijo. Piaget afirma que el origen de su interés por el desarrollo intelectual, más que por el emocional, se re monta a los solitarios días de su niñez: Muy pronto comencé a renunciar a los juegos en favor del trabajo serio. Más aún, siempre me desagradó todo lo que significara apartarse de la realidad, una actitud que relaciono con ( . . . ) la escasa salud mental de mi madre. Este factor perturbador fue el mismo que, al comienzo de mis estudios de psicología, determinó que me interesara profundamente en los problemas del psicoanálisis y la psicopatología. Aun que este interés me ayudó a alcanzar cierta independencia y a ampliar mi panorama cultural, a partir de entonces nunca experimenté el menor deseo de orientarme más a fondo en esa dirección, prefiriendo siempre el estudio de la norma lidad y de las actividades del intelecto al de los trucos del inconsciente [108, pág. 238], A la edad de diez años, Piaget publicó su primer artículo acerca de un raro gorrión albino, en la Revista de historia 90 natural de Neuchátel. Este artículo determinó que se le invi tase a ocupar el cargo de curador del Museo de Historia Natural de Ginebra. Sin embargo, la invitación fue rápida mente cancelada cuando el director del museo descubrió que el estudioso que había escrito ese artículo era todavía un escolar de pantalones cortos. Después, como alumno del gim nasio, su investigación acerca de los moluscos lo puso en contacto con los enfoques científicos de las ciencias bioló gicas. Continuó sus estudios acerca de los moluscos y otros temas científicos en la Universidad de Neuchátel (1915- 1918), aunque en esta época ya había conquistado prestigio fuera de los límites de Suiza. Este trabajo culminó en su tesis doctoral, titulada Los moluscos de Valíais (1918). Durante sus estudios universitarios Piaget descubrió la so ciología y la psicología. Los escritos de Bergson despertaron en él un febril interés en la idea de identificar a Dios con la vida. Piaget afirma que esta idea . . .me elevó casi al éxtasis, porque me permitió ver en la biología la explicación de todas las cosas y de la mente mis ma ( . . . ) [Sin embargo] en lugar de hallar ahí la culmi nación de la ciencia ( . . . ) recogí la impresión de estar ante una construcción ingeniosa sin base experimental: entre la biología y el análisis del conocimiento necesitaba algo dis tinto a la filosofía. Creo que en ese momento descubrí una necesidad que solo podía satisfacer la psicología [108, pág. 240]. Así, además de sus estudios de ciencias naturales, Piaget aplicó sus energías a la lectura de publicaciones filosóficas y psicológicas. Durante este período — afirma— «comencé a leer todo lo que cayó en mis manos, después de mi infor tunado contacto con la filosofía de Bergson: un poco de Kant, Spencer, Augusto Comte ( . . . ) Durkheim, Tarde ( . . . ) y en psicología, a William James, Th. Ribot y Janet» [108, pág. 241], Es probable que el joven Piaget se haya sentido envuelto en un constante torbellino en su búsqueda de una explicación científica de la existencia psicológica del hombre. Escribió incesante y sistemáticamente, como si estu viese preparando artículos para publicaciones científicas, pero solo se trataba de una comunicación privada consigo 91 mismo, y dichos trabajos no estaban destinados al público. En una novela filosófica esbozó conceptos rudimentarios acerca del desarrollo intelectual, que anticipaban de modo sorprendente las investigaciones que llevaría a cabo durante los siguientes treinta años. Sus contactos con los laboratorios psicológicos de la Universidad de Zurich (1918) lo condu jeron al laboratorio experimental de Alfred Binet, en París (1919-1921), donde realizó investigaciones psicológicas de carácter clínico. A lo largo de esos años asistió a conferencias de Pfister, Jung y Freud; estos hombres de ciencia lo fami liarizaron con la teoría y los métodos de la investigación psicoanalítica. A los 25 años Piaget comenzó su carrera profesional, movido por el deseo de encontrar un nexo lógico entre la psicología y la biología. Procuró hallar pautas sistemáticas de pensa miento que correspondiesen a la jerarquía biológica de la célula, el organismo y la especie. Más aún, se lanzó a la búsqueda de una metodología de investigación aplicable a la investigación cualitativa. Su trabajo en el laboratorio de Binet lo llevó a observar que las respuestas de un niño a las preguntas corrientes eran el punto de partida de nuevos y más profundos interrogantes. En otras palabras, el niño mismo, y no las preguntas, se convertía en fuente de datos. Las preguntas espontáneas del niño eran fuentes adicionales que permitían alcanzar el significado real de los pensamien tos infantiles. Durante los treinta años siguientes, Piaget y j sus colaboradores crearon más de cincuenta técnicas de inves tigación — a veces muy ingeniosas— que se basaron en el descubrimiento inicial de que el niño, las interpretaciones que este hace de sus propios comentarios y sus preguntas suministraban la «clave» de la investigación del desarrollo intelectual. La metodología de investigación de Piaget com bina las técnicas psicoanalíticas con los procedimientos ha bituales de la investigación experimental. Piaget postuló que un estudio del desarrollo intelectual proporcionaría la em briología de la inteligencia. De acuerdo con sus propias palabras: Tracé planes que entonces creí definitivos: Consagraría dos o tres años más al estudio del pensamiento infantil y luego retornaría a los orígenes de la vida mental — es decir, estu- 92 diaria la aparición de la inteligencia durante los primeros dos años— . Después de haber obtenido así, objetiva e induc tivamente, cierto conocimiento de las estructuras elementa les de la inteligencia, estaría en condiciones de abordar el problema del pensamiento en general y de elaborar una epistemología psicológica y biológica [108, pág. 244]. Sus investigaciones durante los años 1921-1925 fueron la base de cinco publicaciones fundamentales, que aparecieron entre 1924 y 1932 [110, 111, 117, 118, 120], Estas pri meras publicaciones hicieron conocer su nombre en los cen tros universitarios de Europa y Estados Unidos. En realidad, en este último país dichas publicaciones hallaron un público más amplio que cualquiera de sus escritos ulteriores. Gran parte de las actuales críticas norteamericanas a la investiga ción de Piaget se refieren a sus trabajos iniciales, y consti tuyen observaciones que el propio autor sería el primero en reconocer y considerar: Sabía muy bien que el pensamiento se origina en la acción, pero creía entonces que el lenguaje refleja directamente actos, y que para comprender la lógica del niño bastaba buscarla en el dominio de las conversaciones o las interac ciones verbales. Solo más tarde, al estudiar las pautas de la conducta inteligente de los primeros dos años de vida, apren dí que para comprender cabalmente la génesis de las opera ciones intelectuales era menester considerar primero la ma nipulación y la experiencia con objetos [108, pág. 247]. Varias experiencias personales y profesionales importantes abrieron paso al segundo período de la labor de Piaget. El nacimiento de sus tres hijos (1925,1927 y 1931) lo puso en contacto permanente e íntimo con individuos en proceso de desarrollo, una experiencia que no podía .repetirse ni siquiera en condiciones ideales de laboratorio. Planeó y llevó a cabo detalladas observaciones sobre la conducta de mani pulación de los niños, y advirtió que los procesos percep- tuales y conceptuales son operaciones interrelacionadas, más que independientes. Su estudio del desarrollo perceptual se concentró en las ilusiones ópticas y en sus implicaciones para el desarrollo intelectual, así como en la idea de que el desa rrollo intelectual se desenvolvía de distinto modo en la 93 concepción de los objetos, del espacio, de la causalidad y del tiempo. Además, prestó renovada atención a la fase afec tiva de la conducta humana en sus estudios acerca del juego, los sueños y la imitación [122], Las tres publicaciones fundamentales de este período (1925-1929) incluyen una revisión de su anterior estudio de las etapas de desarrollo, más restringidas en cuanto a los límites de edad [113 121” 122], Posteriormente, Piaget habría de afirmar que los años 1929- 1939 representaron el período consagrado a la formulación del concepto psicológico de agmpamientos que remataría su teoría del desarrollo cognoscitivo. Después, durante los años que siguieron inmediatamente a la Segunda Guerra Mundial, Piaget continuó su investigación, sus conferencias y sus tra bajos de redacción en tres ámbitos: como profesor de Histo ria del pensamiento científico en la Universidad de Gine bra, como subdirector del Instituto J. J. Rousseau, y como director de la Oficina Internacional de Educación. En 1949, satisfizo una antigua ambición con la publicación de Introduction u l cpistetnologic gcuetique — el manuscrito que había anticipado cuando llegó por primera vez a Gine bra, en 1921, y una esfera de estudio que le llevó a con vertirse en fundador del Centro de Epistemología Genética de Ginebra— . (Este Centro publicó bajo la dirección de Piaget más de veinte volúmenes acerca de la investigación epistemológica.) La afiliación de Piaget a una amplia gama de asociaciones profesionales,1 su designación en la Sorbona -—-primera cá tedra ocupada por una persona de nacionalidad extranjera desde Desiderio Erasmo (1530)— y la obtención de seis grados honorarios en cuatro países distintos,1 2 destacan cla ramente sus estrechos contactos con los círculos científicos y universitarios de su tiempo. Además, prestó servicios en la UNESCO y fue director de la Junta Internacional de Edu cación. Sus publicaciones representan más de 18.000 páginas 1 Société Románele de Philosophie; Société de Sociologie de Genéve; Société Suisse de Psychoanalyse; Société de Neurologie y Société Frangaise de Psychologie [99], 2 Universidad de Harvard, 1936; Sorbona, París, 1946; Universidad de Bruselas, 1949; Universidad de Río de Janeiro, 1949; Universidad de Chicago, 1953; Universidad de Pensilvania, 1965. 1 94 [128, pág. 164]. Esta fecundidad da pruebas de su mente infatigable y creadora, y confirma su propia observación de que la ampliación del horizonte individual permite abrir nuevas fronteras del conocimiento. Fundamentalmente, su obra es la de un psicólogo genético y un filósofo; su perso nalidad sensible y magnética y su humor cumplen la función de un «aglutinante internacional» [141], que contribuye a agrupar ideas afines. Como Colón, Piaget se propuso inves tigar tierras desconocidas. Pero descubrió un nuevo conti nente que aún ha de ser utilizado por muchas generaciones futuras. La teoría de Piaget en relación con otras teorías predominantes Aunque es el primero en reconocer las limitaciones de una teoría unidimensional, Piaget tiende, de todos modos, a limitarse y a apoyarse en su propio sistema de pensamiento lógico. Al mismo tiempo, mantiene contacto con los psicó logos contemporáneos y aplica las enseñanzas de estos a su propio trabajo, E. J. Anthony alude a su poder de inte gración: « . . . [P ia g e t es] un hombre que fecunda con su genio todo lo que toma prestado, que traspone y amplía todo lo que incorpora, al mismo tiempo que reconoce gene rosamente las fuentes» [6, pág. 34]. En una mesa redonda de investigación, en 1953, Piaget formuló la siguiente de claración: Aun sabemos muy poco acerca del grado de independencia o dependencia entre los dos sistemas [el sistema de la acción humana y el sistema fisiológico]. En cierta etapa pueden parecer muy independientes, pero a veces se descubre que esta independencia solo dura un tiempo, hasta que el tras fondo fisiológico demuestra que entre los dos sistemas había una dependencia mucho mayor que lo que se creyó inicial mente. La interpretación en términos de estructuras — es decir, de estructuras similares en un sistema o en otro— en realidad constituye solo una hipótesis de trabajo. Es una 95 medida precautoria que deja abierto el camino al estableci miento de relaciones ulteriores entre los dos, una vez que la ciencia fisiológica se haya desarrollado [124, pág. 168], El interés de Piaget en el trabajo de otros autores no ha sido retribuido como podía esperarse, y en apariencia ello res ponde a las dificultades vinculadas con la lectura de sus escritos y el seguimiento de su complejo razonamiento. La teoría de Piaget y el psicoanálisis participan del intento de explicar la conducta humana con arreglo a un sistema, y de evitar los datos cuantitativos. E. J . Anthony afirma que la teoría de Piaget es una psicología del yo, que se apoya en el aspecto cognoscitivo, libre de conflictos, de la conducta humana [6 ]. El interés de Piaget en la génesis del todo y sus partes se manifestó sin que el autor tuviese conocimiento de la psicología de la Gestalt, de la que se enteró única mente cuando ya había completado su investigación inicial. John H. Flavell ya se ha referido al hecho notable de que falta un reconocimiento explícito de la teoría del aprendi zaje [66, págs. 3-4]. Piaget explica este hecho en uno de sus trabajos más recientes (1967), cuando comenta que la teoría del aprendizaje de Hull, Toman y sus colaboradores ejerció escasa influencia sobre la educación y otras profe siones prácticas, porque se basa en el estudio de los roedores más que de los niños —-y en particular de las ratas de labo ratorio, que generalmente han perdido gran parte de sus instintos de roedores [5, iv ]— .3 Más aún, Piaget concibe el aprendizaje como una función del desarrollo. El aprendi zaje no puede explicar el desarrollo, mientras que las etapas de desarrollo pueden explicar en parte el aprendizaje. Sin embargo, el teórico del aprendizaje ve el desarrollo como un proceso independiente, como una parte del proceso pri mario de aprendizaje o como una función de este último. No sorprende la facilidad con que Piaget ha sido citado y entendido erróneamente por sus críticos. Su estilo literario es complicado y su terminología a veces confusa. Sus térmi nos científicos carecen de definición, y con frecuencia los 3 W. Mays señala que Hull utiliza la lógica para descubrir la teoría psicológica, mientras que Piaget emplea la lógica para comprender lo que se ha descubierto [93]. aplica con distinto sentido. Wayne Dennis observó cierta vez: «Acudimos a Piaget en busca de ideas, no de estadís ticas ( . . . ) Esperaba refutar sus teorías y me convencí de que muchas de ellas eran válidas» [19, pág. 161]. En esen cia, el estudio de Piaget se impone por sus ideas acerca del desarrollo intelectual. Piaget no se propuso investigar el desa rrollo cognoscitivo de los individuos, sino más bien el de sarrollo de la cognición. A nosotros nos corresponde clasificar sus conceptos según su importancia para la investigación, la enseñanza y la terapia de seres humanos individuales. Supuestos fundamentales de la teoría de Piaget Antes de considerar la teoría del desarrollo de Piaget es aconsejable examinar los supuestos fundamentales que le sirven de base, resumidos en los siguientessubtítulos: 1. Enfoque de la elaboración teórica 2. El orden del cosmos 3. Etiología de la conducta humana 4. Valores humanos fundamentales 5. El núcleo del funcionamiento humano 6. El recién nacido 7. El ambiente físico, social e ideacional Enfoque de la elaboración teórica Un factor fundamental en la elaboración de cualquier teoría es el enfoque científico de su autor y la selección que realiza de los instrumentos científicos. La historia vital de Piaget refleja claramente su educación inicial en las ciencias bio lógicas, cuando recopilaba y clasificaba datos. El hombre de ciencia se complementa con el filósofo, que busca sistemas lógicos que aporten explicaciones internamente coherentes de todas sus partes. Piaget parte del supuesto de que la investigación detallada de una pequeña muestra de una especie suministrará una información básica inherente a todos los miembros de la 97 misma.4 Por ejemplo, los niños de Ginebra, y en especial sus propios hijos, representan a los niños en general.5 Hasta hace muy poco no tenía en cuenta las diferencias sexuales; dividía sus muestras solo de acuerdo con los límites de edad deseados. 6 Además, Piaget supone que la confiabilidad de un hallazgo se relaciona directamente con los datos más o menos completos proporcionados por el informante. Mide la validez por el grado de consistencia interna que existe entre sus hallazgos y sus proposiciones teóricas. En otras palabras, para Piaget la investigación empírica es un instru mento que confirma o refuta hechos establecidos previamente por vía lógica.7 Una vez establecidos los hechos, es posible generalizar sobre ellos. Estos hallazgos sirven no solo como base para adquirir inductivamente nuevos datos, sino tam bién como fuente para la deducción hipotética de nuevos conceptos. Para Piaget, la consistencia lógica de todos los hallazgos es el criterio más decisivo de su posible utilidad. Piaget introduce dos métodos fundamentales de investigación que son muy afines a los que se utilizan en las ciencias nucleares [124]: 1. El análisis paso a paso fundado en una investigación de causa y efecto, que forma una red caracterizada por las relaciones jerárquicas y los vínculos combinados. 2. El análisis de las implicaciones, considerando el campo 4 Después que Piaget desarrolló su propio marco teórico, su inves tigación ulterior (aproximadamente desde 1939) muestra un aumen to constante del número de sujetos utilizados para la comprobación de cada nueva hipótesis. En la última década, sus investigaciones tienen un n de 1.500. 5 Estudios recientes en diferentes regiones del mundo ■—Nueva York, Japón y Africa occidental—- han confirmado la validez de las hipótesis de Piaget. De ello se deduciría que las pautas de pensa miento y el desarrollo cognoscitivo de los niños de Nueva York, Tokio o Africa Occidental son idénticos a los que hallamos en los niños de Ginebra [5, pág. 33]. 6 En una mesa redonda (1935), Piaget comenta que ahora sabe que los varones y las niñas enfocan consecuentemente de distinto modo los problemas relacionados con las cuestiones espaciales [133 c, pág. 114]. 7 John H. Flavell duda de la validez de algunos de los trabajos de Piaget, al observar que a veces este fuerza los hallazgos de su in vestigación empírica para validar su hipótesis teórica [66]. 98 como un todo y también la coordinación de sus partes. En matemáticas este método es comparable al de los grupos y en lógica a la operación proposicional. La investigación empírica unida al modo inductivo de razo namiento es semejante al primer enfoque; el razonamiento por vía lógica combinado con la construcción de hipótesis por deducción es similar al segundo. Piaget subraya que la lógica simbólica puede aplicarse científicamente como instru mento de investigación, por lo menos en la misma medida que las técnicas estadísticas empleadas en forma más corrien te. E. A. Smith observó que dicho autor maneja un sistema cerrado, pues ha llegado a la conclusión de que el desarrollo de la cognición alcanza cierto equilibrio en la madurez (pre sumiblemente hacia el final de la adolescencia), de modo que un individuo puede aplicar la lógica como un instrumen to fundamental del funcionamiento cognoscitivo. Smith observó, además, que Piaget interrumpió su trabajo, así como su esquema del desarrollo, en el punto en que un individuo tiende a utilizar los mismos instrumentos que aquel empleó básicamente en sus actividades de investigación.8 El orden del cosmos Piaget cree en el orden universal. Sugiere una sola unidad de todas las cosas: biológicas, sociales, psicológicas e ideado- nales, tanto en los sistemas vivos como en los inertes. Toda la ciencia está interrelacionada. Un teorema definido en una rama de la ciencia guarda relación directa, a su juicio, con las leyes y los principios de otras ramas. En general, Piaget insiste en la unidad cósmica, lo cual explica su idea de que sus propias muestras son representativas; supone que cual quier desviación, cultural o hereditaria, es una variación no consecuente del proceso regular de desarrollo. En ocasiones, su posición es más endeble, y alude a un paralelismo basado en un isomorfismo entre los procesos psicológicos y bioló- cos [124]. La organización espontánea de las actividades 8 El doctor E. A. Smith, profesor de la Escuela de Asistencia Social de la Universidad de Washington, compartió esta observación con el autor mientras estudiaba una edición anterior de este libro. 99 proporciona el fundamento de toda la lógica y el orden na tural predominantes. Inversamente, los modelos biológicos de jerarquía, de encajamiento reticulado suministran la cla ve para la comprensión del orden cósmico y la relación entre las partes, así como la relación de las partes con el todo. Siempre se manifiestan cuatro acciones espontáneas: 1. La acción del todo sobre sí mismo (que determina la ley de la preservación y la supervivencia). 2. La acción de todas las partes (que determina la ley de la alteración y la preservación). 3. La acción de las partes sobre sí mismas (que determina la ley de la preservación y la supervivencia). 4. La acción de las partes sobre el todo (que determina la ley de la alteración y la preservación). La acción espontánea y el cambio dinámico inherente y cons tante mantienen el desarrollo evolutivo de cada organismo con movimientos hacia una movilidad, una complejidad y una versatilidad más acentuadas, y una mayor unidad de todas las acciones de las partes implicadas, la ultima de las cuales tiende a promover la gravitación del conjunto hacia un sentido de equilibrio. Piaget reconoce tres formas posibles de equilibrio: 1. Predominio del todo con alteración de las partes. 2. Predominio de las partes con alteración del todo. 3. Preservación recíproca de las partes y del todo. La meta final del proceso evolutivo es el tercer nivel de equi librio, alcanzado únicamente por los organismos más desarro llados — el ser humano cuando logra la madurez intelec tual— . Etiología de la conducta humana Piaget se atribuye la condición de investigador del desarrollo humano; los problemas de etiología de la conducta desbordan su campo de investigación. De todos modos, en su carácter de hombre de ciencia filósofo, trata problemas etiológicos. 100 Su teoría del desarrollo cognoscitivo descansa en una cadena de supuestos que hallan explicación en dos aspectos dife rentes de su teoría del desarrollo: Primero, el crecimiento biológico apunta a todos los procesos mentales como con tinuación de procesos motores innatos; y segundo, en los procesos de la experiencia — el origen de todas las caracte rísticas adquiridas— el organismo descubre la existencia separada de lo que experimenta. En otras palabras, no es tanto la maduración como la experiencia lo que define la esencia del desarrollo cognoscitivo. Al experimentar sus pro pios reflejos innatos, el individuo se ve llevado a utilizarlos y a aplicarlos, yde ello se desprende la adquisición de nue vos procesos conductales. Por consiguiente, la adquisición de sistemas humanos de organización no es puramente social ni enteramente un resultado de la maduración; estos siste mas se originan más bien en las pautas naturales de vida de un individuo. De acuerdo con las palabras de Piaget, son una «ley de la naturaleza». La evolución de la organización cognoscitiva se explica mediante dos supuestos diferentes, sugeridos alternativamente por Piaget: 1. La organización y la interrelación de los objetos, el espa cio, la causalidad y el tiempo implican la existencia a priori de pautas definidas de desarrollo intelectual. 2. El intelecto organiza su propia estructura en virtud de su experiencia con los objetos, el espacio, la causalidad y el tiempo, y la interrelación de estas realidades ambientales. Todos los atributos de la personalidad dependen esencial mente del desarrollo de la capacidad intelectual del individuo para organizar su experiencia. En relación con lo anterior, la totalidad de la experiencia plasma los intereses de un indi viduo y las experiencias específicas que tiende a realizar. Es decir, los intereses representan una prolongación de nece sidades a las cuales el individuo puede adaptarse, pero que aún no ha asimilado [128, pág. 34]. Debe concebirse siempre la conducta cognoscitiva humana como una combinación de las cuatro áreas siguientes: 1. Maduración (diferenciación del sistema nervioso). 2. Experiencia (interacción con el mundo físico). 101 3. Transmisión social (cuidado y educación para influir so bre la naturaleza de la experiencia del individuo). 4. Equilibrio (autorregulación de la adaptación cognoscitiva, es decir, «el principio supremo del desarrollo mental, según el cual el crecimiento mental progresa hacia niveles de orga nización cada vez más complejos y estables») [128, pág. 1], Piaget postula que la adaptación es el esfuerzo cognoscitivo del organismo — la persona pensante— para hallar un equi librio entre él mismo y su ambiente, y ello depende de dos procesos interrelacionados concebidos por aquel: la asimila ción y la acomodación. La asimilación significa que una persona adapta el ambiente a sí misma, y representa el uso del medio exterior por el individuo según este lo concibe. Las experiencias se adquie ren solo en tanto el individuo mismo puede preservarlas y consolidarlas en función de su propia experiencia subjetiva. Así, el individuo experimenta un hecho en la medida en que puede integrarlo. Esto último es análogo a la asimilación del alimento por el tubo digestivo; es decir, se toma el alimento solamente si el organismo puede manejarlo. La acomodación es un proceso directamente inverso a la asi milación, y representa la influencia del ambiente real. Adap tarse es concebir e incorporar la experiencia ambiental como esta es realmente. Por ejemplo, el estrépito de una puerta que se cierra inesperadamente es asimilado según el impac to que produce en el individuo que lo oye; la naturaleza del ruido está determinada por el modo en que el individuo lo interpreta. Sin embargo, el individuo también se adapta en diferentes grados al ruido en lo que este representa real mente; es decir, acomoda la experiencia. Para repetir la ana logía anterior, el sistema digestivo cambia para acomodarse a nuevos reclamos de absorción de alimentos [129]. Así, los procesos de asimilación y acomodación actúan siem pre juntos. Se entrelazan e implican simultáneamente una fuerza antagónica entre polos contrarios; es decir, la asimi lación siempre está equilibrada por la fuerza de la acomoda ción, y esta última es posible solo con la función de asi milación. Nunca se realiza la experiencia con un objeto del medio exterior a menos que tenga una influencia personal y asimilativa. Piaget subraya que un objeto no puede existir 102 por sí mismo; siempre entraña la asimilación y la acomo dación de quien lo experimenta [121]. Repetimos: los pro cesos de asimilación y acomodación aportan presiones com plementarias pero opuestas entre sí. La presión que impulsa a pensar, a sentir y a actuar como se lo hacía antes se opone a la presión que mueve a pensar, a sentir y a actuar de acuerdo con las demandas reales de la nueva situación. Piaget orga niza su teoría sobre la base de estos modelos biológicos de homeostasis evolutiva. Su modelo implica que 1) las anti guas estructuras se ajustan (asimilan) a nuevas funciones; y 2) que las nuevas estructuras sirven (se acomodan) a ias antiguas funciones en circunstancias modificadas [129]. Valores humanos fundamentales El origen de los supuestos de Piaget acerca de los valores humanos fundamentales puede hallarse en sus conceptos del orden cósmico y en su propia filosofía de la vida. Piaget sugiere que es posible explicar los valores básicos mediante el supuesto de que los mismos siguen un esquema evolutivo, o de que la evolución se ajusta a un sistema de valores. De acuerdo con cualquiera de ambos supuestos, el individuo tiene un carácter único y posee una amplia gama de posi bilidades. El supuesto científico de Piaget acerca de la «dis tribución normal» de todos los rasgos básicos sugiere un en foque democrático respecto de las posibilidades de cada individuo. Este autor supone que lo natural es una forma democrática de interacción humana. Más aún, afirma que los hombres alcanzan un sentido de solidaridad tan pronto logran cierto nivel de madurez. Su concepto de «la justicia distri butiva, como culminación del sentido de justicia de los hom bres» significa que la igualdad recíproca representa la meta natural y última de los individuos maduros. El núcleo del funcionamiento humano Según los define Piaget, los procesos primarios se refieren a dos expresiones originales del individuo. Primero, los pro cesos primarios especifican todas las actividades originales 103 del organismo y todas las formas inmediatas de funciona miento humano que se derivan de aquellas. Luego, Piaget aplica el término a todos los procesos mentales tempranos e indiferenciados hasta la edad de 7 años, momento en que el niño empieza a aplicar el modo lógico de razonamiento a su propio pensar. En los procesos primarios, los contrarios parecen estar en situación de proximidad, sin que haya un sentido del tiempo o de contradicción lógica. E l hecho de que Piaget utilice los mismos términos para la totalidad de la conducta humana temprana y para el desarrollo de los primeros procesos mentales sugiere que, a su juicio, las fun ciones intelectuales constituyen el núcleo de todas las acti vidades humanas. No cabe duda de que, para Piaget, la historia del desarrollo intelectual es también la historia de la formación de la personalidad. Sugiere que la facultad de conocer sirve de coordinadora, y que ella ocupa una posición que sería para lela a la función sintética del yo en una formulación ana lítica.9 La conciencia carece de definición en el sistema de Piaget. Por inferencia, puede concebírsela como un estado de cono cimiento sin una contraparte, como es el caso del inconsciente psicoanalítico, que suele oponerse a la conciencia. Sin em bargo, al mismo tiempo Piaget acepta el concepto psicoana lítico de procesos inconscientes, y los explica como la esfera de interés de otro campo. En el sistema de Piaget, lo incons ciente se refiere simplemente a un extremo de su continuo de conciencia. El pensamiento inconsciente es «una serie de operaciones, no reales sino posibles, no ejecutadas manual mente, pero de todos modos delineadas en el organismo» [117, pág. 145]. Implica pensar fuera o más allá de la propia conciencia. Como proceso cognoscitivo, la identificación está estrecha mente vinculada con la capacidad mental para concebir otro modelo en relación con uno mismo. De modo similar, se acepta la imitación como una función intelectual, sin darle un matiz afectivo y sin subrayar la repetición de las expe riencias perceptivas.El fuego, parte esencial de la evolución de la inteligencia, comienza con un predominio de la asimi 9 Véase el capítulo 2, «La teoría psicoanalítica de Erik H . Erikson». 104 lación en una actividad adaptada.10 El lenguaje es un pro ducto de actividades mentales. A pesar de su importancia fundamental en una etapa ulterior de la vida, el lenguaje, al igual que el juego, aparece como parte del continuo de desa rrollo intelectual. En contraste, la percepción supone un status subordinado. Las experiencias perceptuales no están dispuestas en un continuo; se centralizan de momento en momento. Así como los pulmones suministran oxígeno al cuerpo, los impulsos perceptuales proporcionan al intelecto impresiones que deben traducirse en experiencias de vida. Piaget supone que el afecto humano (la emoción) se desa rrolla a partir de los mismos procesos primarios que su contraparte intelectual. Sus supuestos vacilan entre la posi bilidad de que el afecto ocupe un rango igual o de que le corresponda una posición subordinada a la organización inte- ■ lectual. En ciertos casos, el afecto regula las energías de los actos y la estructura intelectual determina las técnicas; y en otros, los procesos intelectuales determinan la capacidad de receptividad emocional. Sin embargo, puede afirmarse, en general, que las dos funciones, intelecto y afecto, son como las dos caras de una moneda. «Ambas están siempre reuni das, como una unidad. Ambas contribuyen a la adaptación al ambiente» [125, pág. 275]. «La razón y los sentimientos no son facultades independientes, siempre están unidas en los hechos» [3; pág. 3]. «No amamos sin tratar de com prender, y ni siquiera odiamos sin un empleo sutil del juicio» [122, pág. 207], Por lo tanto, la teoría de Piaget descansa en el supuesto de que la personalidad humana se desarrolla a partir de un com plejo de funciones intelectuales y afectivas, y de la inter relación de las dos funciones. Los procesos intelectuales orientan al individuo organizando e integrando estas fun ciones de la personalidad humana. Piaget sostiene que alcanzar una situación de casi equilibrio 10 Brian Sutton-Smith observó en 1966 que Piaget percibe el juego como una función primaria del pensamiento, pero que apenas lo explica en su continuo de desarrollo. Además, refuta a Piaget con sus propias observaciones en el sentido de que el juego también aparece como un proceso independiente de pensamiento. (Véase el intercambio de notas entre Brian Sutton-Smith y Jean Piaget [127, 167, 168].) 105 en condiciones de cambio constante es la meta de todas las funciones humanas — biológicas, afectivas y sobre todo men tales— . Define el equilibrio como un estado en el cual « . . . todas las transformaciones virtuales compatibles con las relaciones del sistema se compensan mutuamente» [129, pág. 41]. La vida se encuentra a sí misma en un campo de movi miento constante, y « . . . l a s operaciones intelectuales se desarrollan de acuerdo con las estructuras del todo. Estas estructuras denotan los tipos de equilibrio hacia los cuales se orienta la evolución en su totalidad, simultáneamente orgánica, psicológica y social, con raíces que llegan tan hondo como la propia morfogénesis biológica» [108, pág. 256], Cualquier estado de equilibrio es totalmente teórico y en el mejor de los casos solo se logra transitoriamente. Los es fuerzos orientados hacia un estado de equilibrio constituyen el problema supremo y esencial de la psicología. Piaget piensa que la psicología debe elaborar las leyes del equilibrio, que son primariamente descriptivas de los procesos de cam bio que rigen los estados de equilibrio [ 1 2 6 ]. Piaget reconoce dos presiones en sentidos contrarios. El individuo busca estabilidad a través de sus esfuerzos por al canzar un nuevo y más avanzado equilibrio. En otras pala bras, Piaget supone la misma lucha sugerida por Freud [68] y otros, en el sentido de que el individuo trata de conciliar sus deseos personales con los reclamos del medio. La cogni ción admite la cualidad de deseo activada por el aspecto afectivo de la conducta; también reconoce las oportunidades y los límites establecidos por el medio. Rapaport observa que estos supuestos podrían traducirse fácilmente a la opo sición psicoanalítica entre las orientaciones de placer y de realidad [136]. Piaget supone un estado de esfuerzo constante hacia un equilibrio, similar a la construcción de una pirámide en per manente expansión. La vida es una serie progresiva de inten tos de equilibrar formas. Cada intento descansa en adquisi ciones previas, y cada uno — con creciente complejidad— crea nuevas formas que proporcionan a su vez los funda mentos de las formas estables ulteriores. 106 El recién nacido Piaget supone que el niño nace como un organismo biológico provisto de una serie de reflejos cuya estructura psicológica puede describirse como una «conciencia protoplasmática» [6 ]. Se atribuyen al recién nacido tres impulsos (o conduc tas instintivas) filogenéticamente heredados: 1. Un impulso a nutrirse, más una capacidad de buscar y utilizar alimentos. 2. Un impulso hacia un sentido de equilibrio (equilibrio con respecto a la posición, la luz, la temperatura y el sonido, así como reacciones frente a una súbita perturbación de este sentido de equilibrio). La reacción refleja difusa del recién nacido ante la perturbación de su equilibrio puede identifi carse fácilmente como emoción original. Lo que es más im portante, Piaget considera que e l desarrollo cognoscitivo es autónomo respecto de estos impulsos orgánicos. 3. Un impulso hacia la independencia respecto del ambiente y la adaptación al mismo, a lo que se añade cierta capacidad hereditaria de conquistar considerable independencia. El ambiente físico, social e ideacional Los anteriores supuestos de Piaget se complementan con los que se relacionan con el medio circundante, al que el individuo está adaptándose. La posición de Piaget se resume en su aceptación del teorema de Durkheim, según el cual todas las realidades sociales — valores y procesos— son crea ción de los hombres [120], Sin el hombre, el mundo social e ideacional no constituye una entidad. Dicho mundo es el reflejo de la socialización experimentada por cada individuo en su desarrollo cognoscitivo. El universo está indiferen ciado para el recién nacido. Piaget postula que el individuo y su ambiente representan un todo sincrético. El concepto que un individuo tiene de los objetos •—vale decir, todas las cosas (o personas) hacia las cuales se dirigen los actos, pensamientos y sentimientos, o viceversa— y sus ideas nacen simultáneamente con su conciencia de sí mismo. Por extraño que parezca, estos fenómenos de factura humana se convier 107 ten en parte del medio externo del individuo, y activan sus procesos de adaptación. En otras palabras, los aspectos social, psicológico e ideacional, así como los objetos físicos, surgen como entorno y configuran un campo para el individuo.11 El campo de cada individuo puede acelerar, retardar y mo dificar el orden de sucesión del proceso de crecimiento indi vidual [124]. Este aserto, fundamental en la teoría de Pia- get, justifica su mayor concentración en las fases de desarro llo que poseen una secuencia irrevocable. Piaget se refiere a su teorema cuando examina los hallazgos de Dennis, Deutsche y otros que recogieron diferentes datos al repetir algunas de sus investigaciones. Sugiere que el origen de los hallazgos de estos autores acerca de las diferentes edades promedio puede encontrarse en las variaciones ambientales (culturales, socioeconómicas, etc.) entre los dos grupos de sujetos. Lo más importante — sostiene Piaget— es el hecho de que la secuencia de las fases de desarrollo continúa siendo la misma [122]. Concepción del desarrollo en Piaget Para Piaget, el desarrollo es un proceso inherente, inalterable y evolutivo; sin embargo, dentro de ese proceso sitúa una seriede fases y subfases diferenciadas. Siempre que Piaget incluya subfases diferenciadas dentro de cualquiera de sus fases fundamentales de desarrollo, las denominaremos esta dios. Confiamos en que este enfoque aclarará mejor su idea de un desarrollo regular, definible y secuencial. En una rese ña de la primera fase de desarrollo de Piaget se destacan las subfases, es decir los estadios. Como se verá poco más ade lante, dividió la fase sensoriomotriz (la primera fase de de sarrollo) en una progresión de seis estadios diferenciados. Piaget y sus intérpretes utilizan indiscriminadamente ambos términos: «fase» y «estadio». Emplearemos el término fase cuando nos refiramos a uno de los cinco períodos funda mentaos en que Piaget divide el desarrollo cognoscitivo. Una 11 11 Aquí se utiliza la palabra campo en términos de la psicología de la Gestalt. 108 fase es la conformación en pautas homogéneas del estilo de vida de un individuo en el curso de ese período. Aunque a menudo se afirma que las fases de desarrollo de Piaget repre sentan una de sus enseñanzas fundamentales, como sí fuesen una entidad, de hecho no son más que puntos de referencia para comprender la secuencia del desarrollo. Son útiles solo para demostrar el curso del desarrollo y no representan el desarrollo mismo. Piaget afirma que las fases constituyen instrumentos indispensables para el análisis de los procesos de desarrollo, y las compara con el método biológico de clasificación [122, pág. 56]. Las fases de desarrollo de Piaget son un «recurso» conveniente para una exposición del desa rrollo cognoscitivo. Cada fase refleja una gama de pautas de organización que se manifiestan en una secuencia definida dentro de un período de edad aproximado en el continuo de desarrollo. El comple- tamiento de una fase da lugar a un equilibrio transitorio, así como al comienzo de un desequilibrio que corresponde a una nueva fase. Cada fase sugiere la capacidad potencial y el nivel de conducta probable. Debe observarse aquí que Piaget evita deliberadamente el enfoque estadístico; le inte resan la pauta y el orden de secuencia, más que un análisis cuantitativo. Piaget se ocupa de una tendencia hacia la mani festación de pautas, sin apoyarse en una medida estadística de la tendencia. Que el individuo utilice o no en forma predominante su capacidad potencial es otro problema. El ritmo de desarrollo de un individuo tiende a coincidir con los límites evidente mente arbitrarios de Piaget. Como este lo subraya, lo im portante es el orden de sucesión de estas fases. La sucesión es siempre la misma. Por lo tanto, las fases de desarrollo están subordinadas a la edad, según las observaciones pre liminares y superficiales de Piaget. Además, no están sujetas a la edad con referencia a su orden de secuencia. Las seis generalizaciones siguientes resumen el concepto de desarrollo en Piaget: 1. Háy una continuidad absoluta de todos los procesos de desarrollo. 2. El desarrollo responde a un proceso continuo de gene ralizaciones y diferenciación. 109 3. Esta continuidad se obtiene mediante un desenvolvimiento continuo. Cada nivel de desarrollo arraiga en una fase ante rior y se continúa en la siguiente. 4. Cada fase implica una repetición de procesos del nivel anterior bajo una diferente forma de organización (esque ma). Las pautas anteriores de conducta son experimentadas como inferiores y se convierten en parte del nuevo nivel superior [1 3 3 a]. 5. Las diferencias en la pauta de organización crean una jerarquía de experiencia y acciones. 6. Los individuos alcanzan diferentes niveles dentro de la jerarquía, aunque « . . . en el cerebro de cada individuo existe la posibilidad de todos estos desarrollos, si bien no todos se realizan» [126, pág. 156], Teoría de Piaget acerca del desarrollo Los escritos de Piaget introducen una variedad de divisiones en el desarrollo. Por ejemplo, en las obras publicadas en 1956 [130] el autor ilustra un continuo de desarrollo me diante una división en tres fases fundamentales: 1. La fase sensoriomotriz (en general, de 0 a 2 años). 2. El período de preparación para el pensamiento conceptual (en general, de los 2 a los 11/12 años). 3. La fase del pensamiento cognoscitivo (en general, de los 11 o 12 años en adelante). Aquí se analiza la teoría de Piaget en el marco de sus fases de desarrollo más tradicionales e inclusivas: la fase sensorio- motriz, la preconceptual, la del pensamiento intuitivo, la de las operaciones concretas y la de las operaciones formales. La propiedad de los nombres atribuidos a estas cinco fases se revelará en la exposición de cada una. La fase sensoriomotriz La palabra sensoriomotriz describe eficazmente el primer pe ríodo del continuo de desarrollo, que depende principalmente de la experiencia sensoriomotora y somatomotora. Esta fase abarca un período que va del nacimiento hasta más o menos los 24 meses, lapso durante el cual se entiende que el niño es un bebé, a causa de la dependencia de su cuerpo como medio de autoexpresión y comunicación. En la terminología de Piaget, la palabra sensoriomotriz indica que el niño crea un mundo práctico totalmente vinculado con sus deseos de satisfacción física en el ámbito de su experiencia sensorial inmediata. Las tareas fundamentales de desarrollo de este período son la coordinación de los actos o actividades mo toras, y la percepción o sensopercepción en un «todo» tenue. En otras palabras, el nuevo organismo debe verse como parte activa de su medio y ser capaz de percibir a este último en el horizonte de su experiencia inmediata. Es probable que Piaget haya atribuido gran importancia a este primer período del desarrollo humano. Consagra un análisis más exhaustivo a los primeros dos años de vida que a cualquier período ulterior. Sus detallados estudios [113, 121, 125] analizan este período sobre la base de seis estadios diferenciados de desarrollo. Estos estadios, al igual que las fases fundamentales de desarrollo, están organizados unos sobre otros. El desarrollo sensoriomotriz puede explicarse de acuerdo con estos seis estadios sucesivos de organización: 1. Uso de los reflejos. 2. Reacciones circulares primarias. 3. Reacciones circulares secundarias. 4. Coordinación de los esquemas secundarios y su aplicación a nuevas situaciones. 5. Reacciones circulares terciarias. 6. Invención de medios nuevos mediante combinaciones mentales. El uso de reflejos prevalece en el primer estadio de las fases sensoriomotrices. El primer mes de vida se caracteriza por la ejercitación de los reflejos, continuación de las actividades prenatales de desarrollo. Con el nacimiento, la individualidad del niño se expresa en el llanto, la succión y las variaciones del ritmo respiratorio. Estas respuestas conducíales configu ran la iniciación del desarrollo de la personalidad. La natu raleza misma de los reflejos, la repetición espontánea median- 111 i te el estímulo interno o externo, suministra la experiencia necesaria para su maduración. La experiencia repetitiva esta blece un ritmo y una cualidad de regularidad. También pro porciona los primeros indicios de uso secuencial y un sentido de orden. Por ejemplo, el reflejo de succión depende de la práctica para un buen funcionamiento. La localización del pezón y la experiencia inmediata de tener algo que succionar aportan un ciclo de experiencia fundamental para todo el desarrollo ulterior. Debe observarse que este concepto refleja vividamente tanto los aspectos dinámicos como ambientales de la teoría de Piaget. El cambio o el desarrollo sobreviene mediante el proceso de «vivir». El organismo nunca es algo; siempre está convirtiéndose en algo, por el hecho mismo de que afronta un medio que también formula su reclamo al individuo, a causa de la mera existencia de este último en aquel. El uso repetitivo de los reflejos, combinado con la madura ción neurológica y física, tiende a formar hábitos. Además, la repetición inevitablementeimplica variación accidental y contactos diferenciados con el medio. Piaget omite otras explicaciones acerca de los hábitos y del paso de los reflejos a los movimientos voluntarios. Como ya lo hemos señalado, el funcionamiento humano se basa esencialmente en el proceso de adaptación, que com prende la interacción de los procesos de asimilación y aco modación. La adaptación, un proceso fundamental en la concepción de Piaget, comienza con estas primeras varia ciones de los actos reflejos y del repertorio cada vez más nutrido de la conducta. Primero, implica una asimilación generalizada, en la cual el niño incorpora cada vez más elementos de su medio momentáneo e inmediato. Este pro ceso de incorporación no es selectivo e incluye todos los es tímulos a los cuales su equipo sensorial puede responder. La repetición y la experiencia secuencial preparan el camino para una generalización rudimentaria y una asimilación por reconocimiento. La generalización de las experiencias prácti cas en categorías abstractas tales' como la experiencia palpa ble, táctil o visual entraña un ordenamiento. También inicia un proceso de diferenciación en un medio actuante previa mente indiferenciado. El niño de un mes se encuentra en una fase puramente autista. Adapta (asimila) su medio total 112 i mente de acuerdo con sus propias demandas orgánicas. Expe rimenta con todos los objetos para obtener satisfacción. Inicia pautas generales de organización de la conducta que son fun damentales para su vida en proceso de desenvolvimiento. La importancia de estas pautas se destaca más en los estadios siguientes. Las reacciones circulares primarias señalan el comienzo del segundo estadio, cuando los movimientos voluntarios reem plazan lentamente a la conducta refleja. Este desarrollo re quiere una maduración. El niño debe alcanzar cierta madurez neurológica antes de que pueda comprender sus propias sen saciones. Su vida psíquica comienza cuando la maduración « . . .ya no modifica los objetos asimilados de un modo físi- coquímico, sino que simplemente los incorpora en su propia forma de actividad» [126, pág. 8 ]. Aproximadamente al se gundo mes, el niño puede repetir conscientemente esta acción. Sus actividades constituyen esencialmente la repe tición voluntaría de ló que antes no era más que una con ducta automática. Esta repetición de la conducta es ahora una respuesta deliberada al estímulo reconocido de una expe riencia previa. Las respuestas adquiridas accidentalmente (por ejemplo, aferrar o empujar con la mano) se convierten en nuevos hábitos sensoriomotrices. Descubren nuevos sec tores de estos ambientes en constante multiplicación (el plural de la palabra «ambiente» ha sido utilizado en forma deliberada con el fin de subrayar el concepto de Piaget en el sentido de que el niño pequeño conoce muchos ambien tes; el niño es aún incapaz de coordinar las partes de sus experiencias en una o varias unidades integradas). Las reacciones se vinculan estrechamente con los estímulos. La experiencia se conecta estrechamente con el ambiente que estimula la reacción, y la repetición —principalmente la re petición secuencial— conduce a la comprensión de que un estímulo experimentado en repetidas ocasiones posee valor de señal. Aquí comienza un nuevo ciclo en la secuencia de con ducta. Por ejemplo, la estimulación de la palma y el acto de aferrar se convierte en una unidad voluntaria y cognoscitiva de conducta. Piaget afirma que estamos ante una reacción circular primaria. Esta última alude a la asimilación de una experiencia previa y al reconocimiento del estímulo que desencadena la reacción. Piaget afirma que con esta aparece 113 el proceso de acomodación. El niño incorpora y adapta sus reacciones a una realidad ambiental. Se produce una síntesis de la asimilación y la acomodación, que en esencia constituye la adaptación. Por simple que sea, la reacción circular primaria suministra una pauta de organización, un esquema mediante el cual dos o tres factores se organizan en una pauta de relación, superpuesta a las pautas de acción previas: la reproducción, la repetición y la secuencialidad. Para Piaget, esquema es la pauta establecida de una unidad psicológica significativa y repetible de conducta intelectual o de sus prerrequisitos. Es un hecho de conducta que puede repetirse y coordinarse con otros. Piaget eligió el término kantiano porque en su teoría asumía una posición similar a la que formuló dicho filósofo en su discurso acerca de la razón humana. Piaget también definió los esquemas como un producto del intelecto que permite a la comprensión aplicar sus categorías. El individuo en crecimiento puede utilizar ahora nuevas funciones sensoriomotrices. Por ejemplo, la visión se con vierte en una experiencia continua. La succión, la prensión y la audición suministran episodios de experiencia con pautas de reacción circular recientemente desarrolladas. Los objetos, como estímulos, llegan a relacionarse estrechamente con la pauta de conducta en proceso de desarrollo. Cada objeto, y el espacio implicado en una secuencia de acción, se convierten en unidades de experiencia diferenciadas pero aisladas, y cada experiencia se manifiesta como un acontecimiento vital momentáneo. Si examinamos más de cerca el asunto, el afe rramiento del dedo de la madre que está fuera del campo visual y la succión del pezón proporcionan dos centros de experiencia, mientras que oler el pezón, tocarlo con la boca y mirar el rostro de la madre se convierten en parte de una secuencia de experiencia (reacción) en el mundo del niño, heterogéneo desde el punto de vista experiencial. Lo que es más importante, comienza a perfilarse la coordinación ojo- mano como un logro esencial del desarrollo. Dos nuevas áreas de organización arraigan en este estadio. Primero, una idea de causalidad puede explicarse más tarde en términos de este reconocimiento temprano de la secuencia de los hechos. El alimento, como extensión de la succión o el aferramiento, se relaciona con estas experiencias intuitivas 114 tempranas. «Por lo tanto, el primer sentido de la relación causal en el niño es simplemente una conexión difusa entre una acción por una parte y un resultado por otra, sin una comprensión de las relaciones espaciales o de los objetos intermedios» [109, pág. 50], Segundo, una idea de espacio temporal halla sus raíces genéticas en la seriación de los hechos experimentados. Sin embargo, durante años el niño siente toda seriación como un presente prolongado. La se cuencialidad también conduce a una incorporación más acen tuada de una relación entre la acción y el estímulo de la acción. Esto último sugiere que las leyes de las teorías E-R cobran importancia con el desarrollo, pero no actúan como tales durante los períodos de desarrollo muy tempranos. El niño abandona lentamente su autismo y reconoce secciones de su ambiente. Sin embargo, es incapaz de distinguir entre los estímulos externos e internos, pues para él cada uno de estos tipos representa un ambiente separado. El tema fun damental de este período es la capacidad del niño para incorporar los nuevos resultados de su conducta como parte de su conducta continuada. Las experiencias nuevas o ante riores carecen de significado, a menos que se conviertan en parte de una pauta de reacción circular primaria. El niño tiene que experimentar cualquier objeto nuevo mediante su acostumbrado repertorio de actividades sensoriales — succio nar, tocar, etcétera— . Lo que es más importante, el niño aprende del proceso de interacción con el objeto más que del objeto mismo. Por ejemplo, reaccionará con satisfacción ante una nueva baby-sitter (niñera) si esta lo manipula más o menos del mismo modo que las personas con quienes se halla enteramente familiarizado. La reacción circular secundaria, expresión que describe muy bien el tercer estadio de desarrollo, entraña una continua ción de las pautas de reacción circular primariacombinadas con una función secundaria que eleva la reacción primaria más allá de su actividad básicamente orgánica. Entre el cuarto y el noveno mes, la conducta del niño continúa desarrollando formas familiares de experiencia. Su aparato sensoriomotor es capaz de «incorporar» (conocer) solo los hechos a los cuales ha llegado a acostumbrarse. El objetivo fundamental de su conducta es la retención, no la repetición. El niño se esfuerza por lograr que los hechos duren, por crear un estado 115 de permanencia. Este esfuerzo determina un ulterior cono cimiento del ambiente y la acomodación al mismo — el pri mer conocimiento real que el niño tiene de las fuerzas ambientales— . Las nuevas reacciones secundarías repiten y prolongan las reacciones circulares primarias. Por ejemplo, el reflejo de prensión se desarrolla a partir de una secuencia de «aferrar» y «retener», para desembocar en actividades unificadas como sacudir, empujar o arrastrar. La actividad continúa siendo el motivo primario de la experiencia. Sin embargo, el niño amplía cada vez más el ámbito de su actividad relacionando dos o más actividades sensoriomotrices en una secuencia experiencial, o esquema. El niño combinará en una sola experiencia las experiencias visuales, táctiles u otras de carác ter diferenciado. Este constante proceso intelectual de com binación se basa sobre todo en la visión como coordinadora fundamental. Los aspectos visibles de un objeto pueden servir como desencadenantes de una secuencia de acción. Por ejemplo, la percepción del extremo de un cordel familiar puede bastar para inducir al niño a tirar, y hasta sacudir la capota del cochecito sobre su cabeza. El cordel, el sacudón y el movimiento de la capota forman un universo, aunque el niño todavía no sabe que él mismo pertenece a ese universo [113]. Una secuencia de acción contiene el potencial de mu chas realizaciones intelectuales. La mayoría de los fundamen tos de la futura comprensión cognoscitiva se adquieren durante esta primera fase sensoriomotriz, que puede resumir se así: 1 1. El niño reacciona ante objetos distantes; y aunque todavía cree que los fines y los medios son uno, comienza a dife renciar entre causa y efecto. 2. La evaluación cualitativa y cuantitativa se basa en estas experiencias simples (es decir, «más» o «menos» sacudi das). 3. Las reacciones diversas y diferenciadas, así como las pau tas de respuesta, se reúnen por último en una secuencia única y unificada de acción. 4. Esta coordinación de experiencias distintas en un esquema hace que el niño empiece a tomar conciencia de que también él forma parte de la esfera de acción. 116 5. La noción de tiempo se introduce superficialmente en la mente del infante, a medida que adquiere una oscura idea de un «antes» y un «después» en cada secuencia de acción. 6. El reconocimiento de cierto estímulo como parte de una secuencia de acción global incorpora el empleo de símbolos como una suerte de taquigrafía para la comprensión, y con duce eventualmente a la comunicación. Este conocimiento temprano de los estímulos como símbolos significa también la introducción de un sentido de futuro. 7. La variedad de las pautas de acción disponibles, la inicia ción de un reconocimiento de los símbolos, la proyección rudimentaria del tiempo, así como el aumento de la acomo dación, subrayan los aspectos intencionales de la conducta infantil que empieza a delinearse. Cada uno de estos siete fundamentos tiene significado para el niño en crecimiento; sin embargo, solo la síntesis de todos ellos indica el desarrollo intelectual real. Una vez rea lizado, el desarrollo intelectual estimula tres nuevos procesos de la conducta humana: la imitación, el juego y el afecto. La imitación depende de la capacidad para diferenciar entre varios hechos y para reaccionar ante los que fueron selec cionados. La repetición consistía en la autoimitación sin con ducta alternativa; pero hacia la segunda mitad del primer año de vida, el niño es capaz de imitar sistemáticamente los movimientos observados y algunos sonidos. La imitación comienza con la repetición de reacciones circulares primarias y secundarias adquiridas, y no implica un modelo nuevo. Lo que es más importante, la imitación aparece solo después de la integración de esquemas tales como la visión, la audi ción, la prensión, etcétera. No es posible imitar nada hasta que el individuo ha asimilado el modo de hacerlo. Vale la pena observar que el niño únicamente puede imitar lo que ya ha hecho. Piaget afirma que es difícil describir el comienzo del juego, pero que una vez que este ha aparecido sus antecedentes se revelan fácilmente en la repetición, las actividades circu lares y la adquisición de nuevas habilidades. La capacidad de sacudir, por ejemplo, puede convertirse en juego cuando se asimila la correspondiente habilidad. No cabe duda de que una actividad se transforma en juego si el individuo la 117 repite como el gozoso despliegue de una conducta compren dida [122], Sin embargo, es difícil establecer el límite exacto entre la conducta corriente y la conducta de juego. Vale la pena observar que el juego forma parte de las acti vidades del niño en su tercer estadio sensoriomotriz. El niño empieza a jugar en su primer año de vida. El afecto (o la emoción), concebido originariamente como una parte indivisible del desarrollo intelectual primario, se delinea en esta fase como una función diferenciable y sepa rada, pero afín. El aumento del contacto ambiental, particu larmente en las acciones que van más allá de las meras expresiones orgánicas, introduce una jerarquía de actos po tenciales. Los procesos afectivos emergen en relación con estas diferencias de la experiencia. Piaget sitúa aquí las raíces genéticas del interés, que más tarde darán lugar al afecto o a la fuerza que confiere dirección a la conducta humana. En los primeros seis meses, el afecto tiene escaso significado, porque el niño carece de un sentido de permanencia. Cree en un objeto solo durante el tiempo en que lo percibe. Deja de tener conciencia del mismo una vez que ha salido de su ámbito de percepción. Piaget atribuye la preferencia y la dependencia inicial del niño respecto de la persona que le dispensa cuidados maternales al simple deseo de una «perma nencia afectiva sin localización» [113]. En otras palabras, en estos casos el afecto domina los procesos primarios sin fundamento histórico ni racional. El estadio de los esquemas secundarios, y su aplicación a nuevas situaciones, incluye el cuarto estadio sensoriomotriz, y tiende a coincidir con el primer aniversario del niño. Durante este estadio, el infante utiliza logros de conducta anteriores esencialmente como bases para incorporar otros a su repertorio cada vez más amplio. Piaget cree que este período, aunque transicional, posee importancia suficiente como para representar un estadio separado. Los modos familiares de las actividades sensoriomotrices se aplican a nuevas situaciones. El aumento de la experimen tación, facilitado por la mayor movilidad del niño, orienta el interés de este hacia un ambiente que está más allá de su funcionamiento hasta entonces limitado. Ahora realiza ex periencias con objetos nuevos; prueba y experimenta nuevas 118 maneras de manejarlos. Por ejemplo, comienza a descubrir que el ocultamiento de un objeto es anterior al hallazgo. Cuando un niño tiene conciencia de que un objeto continúa existiendo aun fuera de su percepción inmediata, es capaz de razonar al punto de desplazar el obstáculo que le impide percibir el objeto. Los fines y los medios se diferencian aún más mediante la experimentación y el descubrimiento de medios que inicialmente no tenían una relación intencional con el fin deseado. Así, durante este período el niño se dedica a una experimentación constante y repetida — a pesar de que para el observador casual la aparición de nuevos conocimientos y de una nueva conciencia a menudo parecefruto de un aprendizaje espontáneo— . Hacia el fin del primer año de edad, el niño ha refinado su capacidad de generalizar y diferenciar, al punto que los episodios experienciales específicos se generalizan para dar paso a clases de experiencia. Cada una se distingue de las otras mediante signos reconocidos y evoca diferentes conjun tos de secuencias de acción. Cuando el niño puede interpretar estos signos, prever la acción y percibir su propio universo más allá de los límites de la esfera de acción sensoriomotriz, comienza a perfilarse la capacidad de razonamiento inteli gente. En esta fase del desarrollo, la conducta se basa en el ensayo y el error; el niño utiliza anteriores pautas de con ducta de modos diferentes y selecciona los resultados más útiles para la consecución de los objetivos deseados. Piaget reconoce que durante este período la adaptación es un resul tado de la experimentación casual. El niño adapta nuevas actividades y nuevos objetos de la experiencia a esquemas adquiridos previamente. Esta nuevas adquisiciones de la con ducta son importantes por dos razones: Primero, el individuo en desarrollo puede distinguir los objetos de la actividad afín y percibirlos como tales; segundo, la adquisición de un nivel de organización basado en el desarrollo le permite distinguir ios resultados finales de los medios utilizados. Este nivel de organización intelectual abre nuevas perspec tivas. La capacidad de reconocer signos y de anticipar res puestas apropiadas para los mismos, crea en el niño un sen tido de independencia respecto de la acción que está desa rrollándose. El centro de actividad se separa de los propios actos del niño. Por ejemplo, la búsqueda postergada de un 119 objeto ausente, así como la experimentación sobre la base del ensayo y el error, revelan la capacidad de un niño para mantenerse al margen de su secuencia de acción. El niño puede experimentar la acción mediante la observación. Deja que ocurran las cosas y observa los resultados. Se trata de un progreso importante. Observa para comprender lo que está fuera de su actividad inmediata. Por ejemplo, contempla cómo rueda la pelota y luego responde con expresión com placida o con gritos de dolor. Aquí es evidente la presencia de actividades intelectuales. Sin embargo, el pensamiento se mantiene por entero dentro del rango de clasificaciones del niño. Por ejemplo, la expresión «adiós» puede significar para él que «mamá, papá (o cualquier otro) se marcha», «salir a pasear», «dar una vuelta en coche», «salir de casa», o que «se ha retirado un objeto» o «ha desaparecido». E l descubrimiento de nuevos medios mediante la experimen tación activa nos conduce a las reacciones circulares terciarias propias del quinto estadio. En general, este estadio tiene lugar en la primera mitad del segundo año de vida. Los procesos acomodativos proporcionan un mayor equilibrio a los procesos que al principio no eran más que asimilativos. La experimentación activa aún constituye una gran parte de las actividades cotidianas, incluida la progresión de las reac ciones circulares primarias, secundarias y terciarias, como repetición cíclica de procesos anteriores, con el agregado de cualidades adquiridas recientemente. Parece casi como si el niño estuviera diciéndose: «¡Ensayemos ahora de otro mo do!». Esta experimentación incluye la aplicación de antiguos medios, propios de las reacciones circulares secundarias, a nuevas situaciones. El niño incorpora a su conocimiento los actos de esta nueva experimentación y sus resultados. Piaget localiza en esta repetición cíclica las raíces del juicio racional, y en definitiva del razonamiento intelectual: La aplicación de medios familiares a nuevas situaciones o la invención de nuevos medios constituyen, desde el mismo punto de vista funcional, una serie de razonamientos reales, pues como ya lo hemos subrayado, el esquema utilizado en calidad de medio (poco importa si es algo familiar o ha sido inventado en el momento) está incluido en el esquema que caracteriza el resultado final, del mismo modo que los juicios 120 i se encuentran en un estado de implicación mutua en el marco de la conclusión [121, pág. 268]. Corresponde al razonamiento el mérito de esta repetición cíclica. El individuo trata de aprehender la situación en curso tal como ella es y comienza a observar sus componentes. El niño puede ingresar ahora en una secuencia de acción en un punto cualquiera, sin reproducir la secuencia en su totalidad. Cuando sabe que los objetos son independientes de su se cuencia de acción, el niño se interesa más por su ambiente. Piaget observa que los indicios sensoriales, la percepción y la conciencia perceptiva constante implican tres adquisiciones claramente diferenciadas. Los indicios sensoriales no siempre señalan percepción, del mismo modo que la percepción nó siempre garantiza la conciencia de esa misma percepción. Mientras no alcance este nivel de desarrollo, el niño no está en condiciones de formular un concepto inicial de «cosa» —la conciencia inicial de un objeto como entidad, con sus propias cualidades distintivas— . Antes de este pe ríodo, el indicio sensorial ha sido solo una parte necesaria de la secuencia total de acción. Un desarrollo más importante es la capacidad del niño de observar que el descubrimien to de nuevos objetos o de nuevos métodos de conducta y la utilización de este descubrimiento entrañan dos pasos diferenciados. El primero precede al segundo, pero el segun do no siempre sigue inmediatamente al primero, y a veces no se manifiesta en absoluto. En el curso de la vida, la con ciencia de la disponibilidad de una actividad no implica su utilización. Esta distinción es un logro en sí mismo, que se incorpora como un nuevo modo de conducta. El conocimiento de las relaciones entre los objetos proporcio na los primeros indicios de la memoria y la retención. Piaget atribuye al niño más pequeño la capacidad de retener pautas de conducta previas tan pronto estas se han convertido en parte de una secuencia de conducta. Ahora, con la capacidad de distinguir entre los objetos y la acción en proceso de desarrollo, el niño puede continuar considerando un objeto más allá de su propia percepción sensoriomotriz mientras comprende la relación inmediata del mismo con lo que resta después de la secuencia de acción. En otras palabras, el conocimiento de la relación de un objeto con otros (incluido 121 su uso) es esencial para la rememoración del objeto. Por consiguiente, la incapacidad de recordar responde a una incapacidad de comprender relaciones. Por supuesto, durante este período temprano del desarrollo infantil, solo se entien den y reflejan en actos las relaciones inmediatas. El descubrimiento de los objetos como tales lleva al conoci miento de sus relaciones espaciales. Por ejemplo, llenar y vaciar objetos huecos con otros más pequeños, o adaptar bloques de diferentes formas a las aberturas que les corres ponden, son experimentos típicos de los niños de esta edad. El reconocimiento de las relaciones espaciales entre los obje tos, y de las rotaciones y reversiones de los objetos en el espacio, conduce al conocimiento de los movimientos del propio individuo y de otras personas. En este punto, las relaciones causales comienzan a asumir una nueva dimensión. El niño reconoce la existencia de causas que son totalmente independientes de su actividad. Otras personas se convierten en centros autónomos de acción. Más aún, el niño distingue entre su propia persona como actor, como el poder que está detrás del movimiento de objetos inanimados, y la capacidad de otros individuos para originar acción. Este nuevo enfoque es esencial para el desarrollo de su capacidad de relacionarse con diferentes personas. Piaget sostiene que dichos desarrollos son necesarios para la con ducta afectiva de competencia y rivalidad. Nos hemos referido a las reacciones primarias y secundarias como componentesesenciales en la formación de hábitos, lo cual implica la continuación de una pauta de conducta adqui rida previamente en una fase de desarrollo ulterior. Sin embargo, a partir del segundo año de vida, el aumento de los procesos acomodativos es una amenaza permanente para los hábitos antes establecidos. De acuerdo con las palabras de Piaget: . . . el medio externo impone una ampliación continua de las reacciones del sujeto y esa nueva experiencia quiebra constan temente el viejo marco. Por eso los hábitos adquiridos se superponen tarde o temprano a los esquemas reflejos, y los esquemas de inteligencia se superponen a los primeros. Por supuesto, también puede afirmarse que el sujeto acepta esta necesidad con placer, pues la «acción circular» en todos los 122 niveles es precisamente un intento de conservar las noveda des y de afirmarlas mediante la asimilación reproductiva [121, págs. 265-66], La capacidad de imitar depende de la acomodación sistemá tica, del poder de discernir diferencias entre los objetos. La capacidad de imitar, de ser o de actuar como otra persona, no aparece, de acuerdo con Piaget, hasta aproximadamente el segundo año de vida, y aún entonces se reduce a la fase de acción de su modelo. Ello se debe a que el niño no puede retener todavía un modelo como símbolo mental en sí mismo, o designar una clase de actos o de objetos, que esté en con diciones de utilizar a voluntad a pesar de la ausencia per- ceptual del modelo real. El juego se convierte paulatinamente en una función expre siva del niño en desarrollo, y consiste fundamentalmente en la repetición de la conducta aprendida como ocupación satis factoria para el individuo. Merece señalarse el hecho de que el juego repite la fase de acción y no pretende representar ningún concepto particular. Por ejemplo, un niño que juega a «acostarse para dormir» imita dicha acción, no el concepto de «la hora de ir a la cama» o de «la hora de acostarse». El juego es caracterizado como lúdicro, pues se trata de una actividad calculada para divertir y estimular al individuo que la practica, al paso que la asimilación se realiza con una progresiva diferenciación entre el signo, el significante y el significado. Piaget utiliza el término significante para refe rirse al signo mental de una acción subsiguiente. El juego se halla cada vez menos comprometido con el contexto del medio existente y comienza a tener sentido solo en el ámbito del mundo ficticio y personal del propio niño. El juego lúdicro indica el aspecto personal y terapéutico del juego, como si este debiera «legalizar» un predominio de la asi milación. El estadio de la invención de nuevos medios mediante com binaciones mentales se inicia alrededor de la segunda mitad del segundo año de vida. Hay un gradual desplazamiento del foco, que pasa de las experiencias sensoriomotrices reales a una reflexión más acentuada acerca de las mismas. La frase «mediante combinaciones mentales» sugiere un nivel avan zado de conducta intelectual. Obviamente, este estadio de 123 desarrollo es la culminación de adquisiciones anteriores y tiende un puente hacia la siguiente fase de desarrollo. Por el momento, el infante propende a actuar de modos defi nidos, hasta que se consolidan sus pautas de acción. Con el tiempo, estas se transforman en su esquema de conducta, por el proceso mismo de su experiencia con ella. Estos pri meros indicios de operaciones mentales aparecen como si fue sen frutos de la intuición, término que Piaget aplica a veces a este estadio [100], Solo más tarde la conducta revela una comprensión más clara y la tendencia a apoyarse en experien cias previas. Hasta aquí el niño se ha limitado al conocimiento de su medio únicamente en cuanto se refiere a sus secuencias de acción. Hacia la segunda mitad del primer año, el niño ad quiere clara conciencia de los objetos como centros indepen dientes y autónomos dotados de cualidades que les perte necen, al margen de su propia intención y acción. «¿Cuándo adquieren permanencia los objetos?» es un interrogante que aparece en toda la investigación de Piaget acerca de los infan tes y los niños pequeños. Durante la segunda mitad del segundo año de vida, el niño revela un conocimiento de la permanencia de los objetos y simultáneamente descubre un enfoque nuevo de su ambiente. Lo que es más importante, percibe y utiliza objetos por sus cualidades intrínsecas. Puede usarlos de modo diferenciado, al margen y más allá de su experiencia inmediata con ellos. Primero, el individuo se discrimina a sí mismo como un objeto entre muchos. Luego, descubre que los objetos pueden perdurar en el tiempo. Es posible entonces la retención de imágenes mentales de obje tos adquiridas recientemente, más allá de las experiencias sensoriales inmediatas con ellas. En otras palabras, el niño adquiere lentamente la capacidad de percibir un objeto sepa rándolo y recordándolo al margen de su presencia perceptual. Además, comienza a relacionar el objeto con nuevos actos (o viceversa) sin percibir en realidad todos los actos. Las propiedades del objeto están estrechamente vinculadas con la imagen recordada del mismo: sus usos, su forma, su magnitud y su color. La comprensión de cada cualidad del objeto exige un nivel distinto de madurez intelectual. De este modo, una imagen «permanente» de un objeto en un niño puede estar formada por solo una de las cualidades de ese objeto. El niño entonces percibe y recuerda de un objeto aquellos aspectos que en un período determinado fue capaz de comprender. Sin embargo, ya ha comenzado a prever la acción, gracias a su capacidad de responder a las señales; y con la adquisición de las imágenes retenidas y la capacidad de relacionarlas con experiencias anteriores, comienza a formular nuevas imágenes propias. En suma, piensa. Corresponde observar la nueva relación del niño con su me dio. No solo realiza la experiencia de su propia persona como una entre muchas, sino que también se comprende a sí mismo como una entidad única. En situaciones simples puede pen sarse a sí mismo en relación con situaciones del pasado y el futuro inmediato, así como con las que corresponden al presente. También puede concebir objetos sin poseer una detallada experiencia personal de los mismos. La capacidad de percibir la causa, adquirida previamente, se extiende a un punto en que puede verse a sí mismo como la causa potencial o el iniciador de la acción. Esta nueva perspectiva del funcionamiento mental también afecta la conducta aprendida anteriormente. Las pautas sen- soriomotrices son reemplazadas lentamente por desempeños semimentales. El niño posee una capacidad inicial de recordar sin tener que repetir una actividad con su sistema sensorio- motor. Percibe la causalidad simple por vía de la sola per cepción; puede iniciar desvíos o alternativas ante formas más simples de acción sin actuar realmente mediante el mé todo del ensayo y el error. De todos modos, durante cierto tiempo dependerá de su enfoque sensoriomotor. Se muestra’ lento en el uso de su nueva pauta organizativa de pensa miento. A través de la imitación intenta ahora copiar el acto mismo o el símbolo representativo del acto. Por ejemplo, un niño puede imitar el trabajo de un progenitor o una acción par ticular con el fin de expresar la idea de que «va a trabajar» como su progenitor. En cualquier caso, el proceso imitativo implica un predominio de la acomodación de un modelo ambiental. Este modo de conducta es importante para la imitación de los sonidos en el desarrollo del lenguaje. Anteriormente, el juego había sido puramente funcional. Entrañaba la repetición de actividades vitales con la fina lidad placentera de lograr una satisfacción egocéntrica. Sin embargo, la adquisición de símbolos representativos abre nuevas posibilidades en la esfera de la conducta de juego. Hasta aquí nuestro análisis ha evitado el concepto de ego- centricidad de Piaget, el estado de confusiónentre el sí mismo y el mundo externo. Se denomina egocentrismo al estado indiferenciado de conciencia que existe antes del ca racterizado por las perspectivas múltiples. En esencia, toda la conducta del infante y del niño pequeño descansa en una falta de diferenciación entre este y su ambiente. La egocen- tricidad se debe a una ignorancia de la perspectiva social más que a una falta de sensibilidad social. La identificación como proceso mental se hace evidente hacia el fin del segundo año de vida, aunque sus orígenes se re montan a los primeros estadios de desarrollo. En el curso de este proceso, el niño imita y recuerda las características reproducibles del modelo. Sin embargo, la capacidad de imi tar depende del nivel de su desarrollo intelectual, y la elec ción del modelo se vincula con su interés en asimilar la conducta de aquel. En otras palabras, la identificación eficaz descansa en la capacidad intelectual de diferenciar y en el incentivo afectivo a imitar. Piaget afirma: Cuando el sujeto percibe a los objetos como diferenciados de sí mismo y a los modelos como objetos, ya no puede asimilar íntegramente los modelos; los percibe diferentes y similares a sí mismo. Ahora ya no es solo la identidad, sino también la similitud lo que se convierte en fuente de interés. Es verdad que aún son únicamente los modelos que tienen cierta analogía con los esquemas del niño los que determinan la imitación. Aquellos que se encuentran muy alejados de su experiencia lo dejan indiferente [122, págs. 50-51]. La fase preconceptual El material de Jean Piaget concerniente al niño de 2 a 4 años es ambiguo; sus investigaciones y escritos acerca de este período son limitados. Para Piaget, este es un período de transición entre las pautas de vida propias de una conducta puramente dedicada a la autosatisfacción y la conducta rudi mentariamente socializada. La vida del niño en el período de 2 a 4 años parece ser de permanente investigación. Investiga su ambiente y las posi bilidades de actividad en él. Todos los días descubre nuevos símbolos que utiliza en la comunicación consigo mismo y con otros. Estos símbolos todavía tienen en esencia una referencia personal para él. En este momento no puede comprender el sistema más general de significados que posee el mundo adulto. Así, aunque el niño y el adulto emplean más o menos el mismo lenguaje, no siempre poseen un marco común para comunicarse; el contenido del pensa miento del niño es fundamentalmente preconceptual. Sin embargo, el enfoque egocéntrico de esta fase refleja un progreso decisivo con respecto a la conducta autista de la fase anterior: «E l interjuego de relaciones prácticas en el mundo real enseña al niño a desplazar los centros del espacio y sus objetos desde su acción hacia sí mismo y, de ese modo, a situarse en el punto medio de ese mundo que está naciendo» [123, pág. 38]. El conocimiento que el niño tiene del mundo se limita a lo que percibe de él; no sabe de alternativas. Además, percibe sus mundos físico y social según la experiencia previa que ha tenido de ellos. Esta visión limitada de las cosas lo lleva al supuesto de que todos piensan como él y lo comprenden sin que él deba esforzarse por expresar sus pensamientos y sentimientos. Es inevitable que durante esta fase la asimilación continúe siendo su tarea suprema; de lo contrario, no podría incorporar las nuevas experiencias que lo conducirán a una visión más amplia de su mundo. El juego ocupa la mayoría de las horas de vigilia del niño, pues esta actividad sirve para consolidar y ampliar sus ad quisiciones anteriores. El juego, con su énfasis en el cómo y el porqué, se convierte en el instrumento primario de adaptación; el niño transforma su experiencia del mundo en juego con rapidez. Por ejemplo, un niño se comportará co mo si hubiese asimilado la rutina de vestirse tan pronto como pueda ponerse sus ropas de cualquier modo. Por lo tanto, «vestirse» se transforma en un juego, aunque la manera en que lleve a cabo el acto de vestirse difiere considerable mente del método que fijan las normas de sus mayores. 127 Para el niño pequeño «vestirse» es una actividad subjetiva, y, por consiguiente, puede constituir un juego. Cuando jue ga, el niño aspira de hecho a ejecutar tareas de la vida real, y en ese sentido el juego puede implicar actividades que van de las más simples a las más complicadas. El juego imaginario o simbólico se caracteriza por su acentuado ca rácter egocéntrico; para el niño, el juego posee todos los elementos de la realidad, mientras que para el espectador desprevenido parece mera fantasía. Por ejemplo, un trozo de madera puede representar un conejo comiendo y otro la zanahoria. En esta fase cabe afirmar que el niño se abre camino en la vida mediante el juego. El juego simbólico y la repetición lúdicra de los hechos reales ponen al niño en contacto con los problemas y los objetos de la vida cotidiana. A la manera de una espiral, sus contactos se desenvuelven cada vez más hasta convertirse en una experiencia realista con su mundo social. Como el juego, el lenguaje también es vehículo del desarro llo. E l niño repite palabras y las vincula con objetos visi bles o acciones percibidas. Gracias a su reciente adquisición de la fonación adecuada y al uso más o menos correcto de las palabras, el niño de 2 o 3 años utiliza el lenguaje para expresar su propia experiencia. Por ejemplo, «la sopa está caliente» significa para el niño que su propia sopa está ca liente; aún no puede comprender que esta frase es aplicable a todas las sopas. Como en el juego, el niño experimenta su mundo exclusivamente desde un punto de vista egocéntrico. Su lenguaje no sólo repite la historia del desarrollo sensorio- motor, sino que también la reemplaza. Cuanto más un niño expresa verbalmente un deseo, una experiencia o un pensa miento sin necesidad de recurrir a las acciones, más se pone de relieve que acepta el lenguaje, como transmisor de signi ficados; puede verter en palabras el símbolo mental. Es el paso necesario antes de que el niño pueda aprender a gene ralizar y comprender conceptos objetivos. La comunicación mediante el lenguaje verbal o no verbal establece un vínculo entre el pensamiento y la palabra, al mismo tiempo que niega el mundo autista de la imaginería y el juego lúdicro. El lenguaje llega a ser posible en el momento en que el niño renuncia a su mundo autista y a su respuesta circular primaria de autoimitación. 128 La imitación de oíros y la imitación simbólica son en general procesos espontáneos en los niños de esta edad. Un ejemplo de imitación simbólica podría ser el de un niño que, en cuclillas y con una lapicera en una mano, quiere imitar toda la secuencia de acción de su padre cuando escribe una carta; en el mismo sentido, el simple uso de una medalla de sheriff puede ser adecuado para que el niño se vea a sí mismo en el rol de sheriff. El niño imita según como per cibe y se preocupa poco de la exactitud. Considera que un modelo es importante para él y a menudo trata de incorpo rar en un gesto su propia percepción de toda la secuencia de acción exhibida por aquel. La imitación le ofrece un cúmulo de nuevos símbolos de objetos y enriquece su repertorio de conductas asequibles. El proceso de desplazamiento de la atención de sí mismo a otros y luego de vuelta a sí mismo le ayuda aún más a refinar su imitación para reproducir mejor la secuencia de acción del modelo. Sobre todo durante esta fase, sus intereses y su conciencia se centran particular mente en los objetos y los actos de su mundo ambiental. El niño se ve obligado de continuo a evaluar y revaluar su percepción del medio. Piaget no explica estos procesos como un intento infantil de agudizar la percepción, sino más bien como los resultados de los procesos psicológicos de acomodación y de la disposición del niño, sobre la base de su propio desarrollo, para renunciar a una parte de su subje tividad. El cambioesquemático de esta última permite for mular una percepción más exacta y un uso más representativo del lenguaje. Sin embargo, sus imágenes perceptuales, espe cialmente las de carácter visual, continúan siendo primarias. No se asemejan al concepto que el adulto tiene del objeto y de su significado simbólico. Vale la pena observar que la falta o el grave retraso del juego, el lenguaje o la conducta imitativa deja al niño en su mundo autista y lo torna menos sensible al influjo de su medio. El juego, que implica lenguaje e imitación, conduce a la comunicación con el mundo exterior y a un gradual proceso de socialización. David Rapaport afirma: Por lo tanto, el mero hecho de expresar nuestro pensamien to, o de expresarlo a otros, o de guardar silencio y mani festarlo solo para uno mismo debe tener enorme importancia 129 para la estructura y el funcionamiento del pensamiento en general y de la lógica infantil en particular. Ahora bien, entre el autismo y la inteligencia hay muchos grados, que varían de acuerdo con su capacidad de ser comunicados. Por con siguiente, estas variedades intermedias deben estar sujetas a una lógica especial, intermedia también entre la lógica del autismo y la lógica de la inteligencia. Proponemos denominar pensamiento ego-céntrico a la prin cipal de estas formas intermedias — es decir, al tipo de pen samiento que, como el que se manifiesta en nuestros niños, procura adaptarse a la realidad, pero no se comunica como tal— [ 136, pág. 158], El pensamiento y la razón en el niño de 2 años son total mente egocéntricos,, con predominio de la autorreferencia. Estos procesos se desarrollan automáticamente en el niño, a medida que se ve involucrado en un incidente o en otro, sin que asocie los hechos con su significado general. Al utilizar este lenguaje recientemente aprendido, el niño solo reem plaza su anterior tendencia a apoyarse en la conducta pura mente sensoriomotriz. En sí mismo, el uso del lenguaje no siempre indica que el niño haya alcanzado una organización intelectual más avanzada. Con la ayuda de palabras, el niño sitúa sus experiencias en condiciones de proximidad verbal. El lenguaje implica muchas expresiones dirigidas hacia sí mismo. Sin embargo, con las experiencias secuenciales el niño se basa en su idea de proximidad; es decir, todo lo que ocurre en la proximidad de otra cosa tiene relación con ella. El niño razona que un hecho seguido de otro debe tener una relación causal. Comienza a pensar en términos de rela ciones y establece su propio criterio de causa y efecto. Por ejemplo, el niño pequeño puede interpretar los actos de pasar al lado de un banquito y tropezar con una pata del mismo como hechos interrelacionados. Ve al banquito como causa de su caída y le atribuye la culpa, a causa de su asociación con aquella. Es evidente aquí el animismo, la atribución de vida y conciencia a objetos inanimados; más adelante exa minaremos este punto. La experiencia repetida de hechos consecutivos se coordina con las configuraciones perceptuales del niño- 130 Cualquier cambio en la configuración se corresponde con una modificación de las predicciones; por eso no hay una con servación generalizada ( . . . ) [el razonamiento es todavía, de modo esencial y característico, irreversible] ( . . . ) Solo hay conciencia de las relaciones percibidas o concretas, pero aún no se conoce ningún sistema de posibles transformaciones de estas relaciones ( . . . ) [Sin embargo, más adelante] el cam bio de una configuración a otra adquiere mayor importancia. Dichos cambios ( . . . ) [luego llegan a ser] comprendidos como partes de acciones, pero de acciones reversibles [124, pág. 138], El niño ordena sus conceptos de espacio y de relaciones espa ciales mediante su experiencia subjetiva; para él la vida es lógica dentro de su propio marco de referencia. Se trata del mismo nivel de conducta que a veces se prolonga en la vida adulta, cuando un punto de vista o una acción puede explicarse y justificarse únicamente por autorreferencia y solo en los términos de la historia propia del individuo. Las observaciones de Piaget subrayan dos fenómenos esen ciales característicos de esta edad. Primero, se razonan y juzgan los hechos por su apariencia exterior, al margen de su lógica objetiva. El proceso « ( . . . ) es simplemente un nivel reflexivo de internalización y simbolización, que per mite el razonamiento; pero se origina en el nivel sensorio- motor, antes del desarrollo del lenguaje y el pensamiento interior» [133 b, pág. 61]. Se basa totalmente en juicios subjetivos. Por ejemplo, un niño preferirá un vaso lleno hasta el borde a un vaso de doble tamaño lleno hasta los tres cuartos de su capacidad, basando la elección en su propio concepto de lo que es «un vaso lleno». Y ello, aunque haya visto que en el segundo de los vasos se echó más leche; en todo caso, juzga según ve las cosas — es decir, las compara ciones son puramente visuales— [131]. Segundo, en el pensamiento preconceptual un niño tiende a realizar la experiencia del aspecto cualitativo o del aspecto cuantitativo; no percibe simultáneamente los dos, o una re lación conectiva entre las nociones de cantidad y calidad. El niño no ha alcanzado el punto en que puede fusionar con ceptos de objetos,’ espacio y causalidad en interrelaciones temporales con un concepto de tiempo. 131 Las tendencias del niño a atribuir poder a los objetos están cerca del preconcepto de causalidad y de la percepción de las características fenoménicas. Sobre la base de su propio proceso de razonamiento se justifica esta actitud, pues el niño ya no considera que todos los actos emanen de él mismo. «Por consiguiente, adjudica a otra persona [o a objetos físicos] un poder exagerado sobre el universo, una suerte de artificialización determinada por la proyección de la acti vidad personal en esos nuevos centros de fuerzas constituidos por otros “ sí mismos” » [113, pág. 308]. En esencia, el pensamiento del niño refleja la incapacidad de diferenciar entre sus propios actos y los del objeto. Atribuir a un modelo una deseabilidad y/o un poder desu sado conduce a la identificación. Piaget explica del siguiente modo la aparición de esta: E l niño se siente cerca de los que satisfacen sus necesidades e intereses inmediatos. Los elige como modelo. Estos mo delos seleccionados espontáneamente a menudo se convierten durante años en el patrón de medida de los juicios de valor. A pesar de inevitables conflictos, particularmente durante el período de negativismo, alrededor de los tres años, el modelo elegido espontáneamente, que suele ser el adulto que cuida del niño, continúa siendo el objeto de identificación y obe diencia. En condiciones corrientes, el niño pequeño alienta un sentido de respeto y temor ante los poderes superiores de quien lo cuida. Lo sitúa en una posición de omnipotencia. El sentido infantil de la obediencia y el temor ( . . . ) se de riva de una combinación de amor y miedo y proporciona el fundamento de su conciencia. La obediencia al mandato se convierte en obligación moral solo cuando la persona que exige obediencia inspira temor y reverencia. E l respeto a la persona que cuida hace que se obedezcan los valores esta blecidos por ella [125, pág. 308]. En este nivel, la identificación se origina en una combinación de imitación y de sentimientos de temor y reverencia hacia el modelo. Este sentido de temor y reverencia proviene de la constante experiencia del niño con dicho modelo, general mente representado por los padres, porque estos han man tenido una permanente asociación con las secuencias de con 132 ducta más satisfactorias para el sí mismo del propio niño. Son también los únicos modelos que el niño conoce y puede incorporar a su esquema intelectual y afectivo [122], El foco original de interés del individuo en su propio cuerpo se ha ampliado para incluir intereses en el medio experi mentado inmediatamente. Losepisodios vinculados con los sentimientos familiares le suministran ahora la mayor parte de las experiencias cargadas de afecto. Esta identificación desarrollada espontáneamente se convierte en guía de todos los juicios. Con una capacidad cada vez mayor para diferen ciar el afecto, el niño organiza su sistema de valores y su conciencia. La identificación se fortalece también mediante la acomodación del niño a la presión del medio. Las restric ciones y los reclamos de obediencia del adulto son tan reales para la experiencia infantil como los episodios de auto- satisfacción. Mucho antes de que el niño tenga una concepción de la obediencia, comprende la actividad que consiste en «hacer lo que se le manda». Equipara esto último a complacer a sus padres y establece una relación causal entre ambos hechos. En su conducta responde a las exigencias verbales y cree que un «buen niño» es el que satisface los reclamos de sus progenitores. El niño pequeño interpreta literalmente las órdenes, como si las palabras fueran objetos o actos. Por consiguiente, a menudo se encuentra en un dilema, pues no puede cumplir las órdenes tal como las percibe. Por ejemplo, la orden «sé bueno» solo consigue confundirlo. No sabe qué hacer, pues esa orden no implica el reclamo de una conducta específica. Para él aún no existe el concepto generalizado de «lo bueno». El niño aplica su deseo de obedecer a su conducta de juego. Así como la obediencia a los adultos está en el orden natural de las cosas, también las reglas que rigen los juegos son sagradas e intocables. El centro del juego de los niños de 3 ó 4 años son sus propias actividades. Por consiguiente, «ganar» significa realizar eficazmente dichas actividades. A menos que su triunfo exija la eliminación del otro niño, no le parece nada contradictorio que varios niños triunfen al mismo tiempo. Lo único que importa es comple tar exitosamente su juego. 133 La fase del pensamiento intuitivo Para los niños de 4 a 7 años el hecho más importante es la ampliación del interés social en el mundo que los rodea. El contacto repetido con otras personas inevitablemente reduce la egocentricidad y aumenta la participación social. En una publicación reciente [119], Piaget indica que esta fase es una extensión de la anterior; de hecho, ambas abarcan el pensamiento preoperacional y juntas constituyen un puente entre la aceptación pasiva del medio tal como se lo experi menta y la capacidad de reaccionar frente a él de modo rea lista. En este segundo período de transición, la fase de pensamiento intuitivo, el niño comienza a utilizar palabras para expresar su pensamiento. Al principio, su pensamiento y su razonamiento todavía permanecen ligados a las acciones. Así como el niño tuvo que coordinar la experiencia sensorio- motriz en un nivel anterior, en este el niño tiene que coor dinar perspectivas de diferentes individuos, incluido él mis mo. Debe coordinar sus propias versiones subjetiva y ego céntrica del mundo con el mundo real que lo rodea. Durante esta fase, actúa cada vez más según una pauta consecuente de razonamiento. Tiende a comportarse de un modo similar al de sus mayores, como si supiera intuitivamente cuál es la naturaleza de la vida que lo rodea; exhibe los primeros indi cios reales de cognición. Cuando el niño tiene edad suficiente para iniciar la concu rrencia a la escuela, su pensamiento consiste sobre todo en la verbalización de sus procesos mentales. Así como antes utilizara su aparato motor para expresar su pensamiento, ahora emplea el lenguaje, pese a que el pensamiento continúa siendo en gran parte egocéntrico. Su percepción y su inter pretación del medio están siempre teñidas por sus precon ceptos personales y naturalmente discreparán del pensa miento de sus mayores y del mundo real. Además, puede pensar solo en una idea por vez. El niño lucha todavía para hallar un equilibrio más ade cuado entre la asimilación y la acomodación. Trata de adap tar sus nuevas experiencias a sus pautas de pensamiento pre vias. «Las partes de la realidad con las que vuelve a toparse están colmadas de una multitud de nuevos matices y elemen tos, que al principio, cuando se asimilan los hechos al 134 esquema habitual, pueden ser ignorados, pero que a la larga deben tenerse en cuenta» [122, pág. 83]. El interés cada vez más acentuado en los hechos que ocurren determina una mayor asimilación. O, formulado inversamente, los procesos acomodativos se extienden para verificar, estabilizar y gene ralizar los diferentes modelos, con el fin de que el individuo pueda asimilar preceptos más universales. Simultáneamente, el desarrollo actual implica la generalización de símbolos como imágenes de un concepto más integral. La organización de su conocimiento en expansión ayuda al niño a obtener la capacidad de generalizar su experiencia mental. Por ejemplo, un niño que tiene 2 bolitas grandes de color rojo y 3 bolitas azules pequeñas las considera «una colección de 5 bolitas». Los símbolos «dos más tres», en términos figurados, pueden ser manipulados mentalmente y modificados en el símbolo representativo «cinco». O bien, en esta fase, usar una medalla de sheriff — que en el período preconceptual significaba «yo soy un sheriff»— significa para el niño que está represen tando el papel que, en su opinión, es el que corresponde al sheriff. En otras palabras, los procesos asimilativos se erigen sobre las imágenes tempranas, a menudo más allá de los límites del conocimiento consciente del propio niño. Sin em bargo, debe subrayarse que este debe comprender primero el preconcepto de ser un sheriff, para entender luego que el concepto de sheriff representa la ley y el orden. Para el niño es todavía difícil concebir simultáneamente dos ideas, y este hecho llama la atención sobre una de las prin cipales preocupaciones de Piaget: la capacidad de ver con juntamente las partes y de relacionarlas con el todo. En este punto el niño es aún incapaz de pensar en términos del todo; le preocupan las partes. Si intentara pensar en términos del todo, perdería de vista las partes y sus relaciones, precisa mente lo que está comenzando a aprehender. Esta pérdida, o amnesia infantil, aparece con frecuencia cuando se modifica el medio o cuando en una situación intervienen otros hechos o una fuerza que es incapaz de comprender. Un resumen del experimento de Piaget que consiste en aparear dos hileras paralelas permite ilustrar este problema. Un niño considerará que dos conjuntos idénticos de botones contienen una misma cantidad de estos mientras cada botón adicional se coloque muy próximo a los restantes botones de su grupo. Si a la 135 vista del niño se reorganiza cada hilera en dos pilas de diferentes dimensiones, el niño afirmará que el montón que parece mayor es el que tiene más botones, aunque en rea lidad cada pila incluya el mismo número de botones. Por consiguiente, no es posible considerar el concepto de un «todo» inalterado sin una inspección de sus partes. Mientras las pilas o las hileras parezcan iguales, el niño afirmará que no se han quitado o agregado botones a ninguno de los gru pos, y negará que haya diferencia en la cantidad contenida en cada uno de ellos [116]. La alteración del campo percep- tual, el cambio de una fila apareada de botones a pilas desr- parejas pero idénticas, creó una intervención ambiental y una nueva situación que excede las posibilidades de aprehensión intelectual del niño y borra sus ideas anteriores. En esta fase se juzgan las experiencias de acuerdo con las apariencias exteriores y los resultados. No hay indicadores intrínsecos. Los indicios externos definen cada nueva situación. La cama de un niño trasladada a otro cuarto se convierte en una cama nueva y distinta, si el cuarto o su disposición establece una nueva relación dimensional [131, pág. 40]. Vale la pena observar que el niño emplea cada vez más un lenguaje apropiado sin comprender totalmente su significado.Por ejemplo, en los primeros años de esta fase distingue su brazo derecho del izquierdo, pero no tiene noción de los conceptos de «derecha» e «izquierda». En esta fase, el cono cimiento del niño es específico, pero él lo aplica universal mente. Además, el niño puede pensar únicamente en térmi nos del hecho que está ocurriendo. Cualquier experiencia es juzgada por su estado final o resultado. La velocidad, la habilidad, la cantidad de trabajo u otros hechos acumulativos son evaluados de acuerdo con su apariencia una vez com pletados. Por ejemplo, cualquier tarea que pueda completar primero será considerada la «más fácil», o un autito de juguete que llega primero en una carrera será el «más veloz», aunque haya debido recorrer una distancia más corta, com parado con los otros. El niño juzgará de acuerdo con un solo indicio, generalmente de carácter espacial. Su razonamiento da un salto de la premisa a la conclusión. El resultado justi fica la «lógica» empleada. Cierto hecho tenía que ocurrir. El niño intenta el razonamiento «lógico», aunque sea de modo espurio, y esta actividad representa un paso adelante. 136 De hecho, el niño continúa una pauta anterior que consiste en relacionar todas las cosas, con un agregado importante: ahora elige un punto de referencia objetivo. En cierto sen tido, su razonamiento es transductivo: es decir, relaciona lo particular con lo particular. En otro sentido, es sincrético en su descripción de las cosas como un todo, pues estas cosas no armonizan. El niño no advierte esta contradicción. Mien tras razona esencialmente desde su propio punto de vista, no puede atribuir leyes fijas a la causalidad, ni ve la necesidad de proceder así. Sin embargo, la representación visual y la experiencia personal le permiten percibir relaciones simples y establecer sus propios preceptos. Un niño de esta edad explica los sueños de un modo similar al que utiliza para ex plicar su mundo objetivo. Supone que los sueños existen fuera del soñador, y los hechos que ocurren los atribuye a personas y criaturas «reales» que aparecieron en el sueño. Más tarde explicará un sueño según lo visualizó mientras lo soñaba. Naturalmente, el aumento de la acomodación durante estos años exige que se preste mayor atención a los hechos que están fuera de la propia persona. La atención a otros puntos de vista amplía la perspectiva del niño y al mismo tiempo reduce su egocentricidad. Su mayor perspectiva incluye tam bién una más cabal comprensión de su mundo objetivo, y en los objetos observa las cualidades múltiples de forma, color, utilidad. Sin embargo, percibe como absoluta cada cualidad o cada atributo de un objeto o una persona; es común que un niño de esta edad vea la noche como algo siem pre «negro», o al héroe de una historia como un ser siempre «valeroso». El niño no tiene noción de evaluación o rango, ni de relatividad, excepto en términos de contrarios absolu tos; hay siempre «un mejor» y «un peor». Este hecho explica su habitual falta de apreciación del. verdadero valor de los otros. Como no existe una jerarquía de valores, el niño no percibe diferencias entre lo que es totalmente bueno o lo que es totalmente malo, y se muestra esencialmente egocéntrico en su comprensión de lo que le complace o desa grada. Piaget caracteriza este enfoque como una «generali zación inmediata e ilegítima» [117]. La nueva conciencia de cualidades múltiples tales como k forma, la velocidad o el valor moral no sugiere necesaria- 137 I mente una comprensión de los conceptos básicos relacionados con aquellas. Sin embargo, al mismo tiempo el niño está adquiriendo los prerrequisitos de dicha comprensión. Lenta mente toma conciencia del hecho de que una propiedad -—p. ej., la altura— no excluye la presencia simultánea de otra — p. ej., el ancho— . Una vez que ha llegado a este punto, detectará otras pautas de relación y con el tiempo comprenderá que es posible mantener totales la cantidad y la calidad aunque se reduzca un atributo o aumente otro. Debe subrayarse que el niño puede evaluar únicamente las relaciones que corresponden a un objeto o precepto. Las relaciones entre dos o más objetos o ideas todavía exceden sus posibilidades de comprensión, porque es incapaz de con cebir varios puntos o ideas fuera de los límites de un solo objeto, como partes de un todo aún más amplio. Por evidente que parezca es importante señalar que un niño en edad preescolar puede contar, aunque no tenga el concepto de número. Un año después, poco más o menos, general mente adquiere un concepto relativo de número, al margen de su capacidad para contar. Piaget sostiene que un niño debe dominar los principios de conservación de la cantidad, tales como la permanencia y la continuidad, antes de que pueda desarrollar dicho concepto. Aquella es una noción lógica y lleva al niño a la fase siguiente de organización intelectual. Durante esta fase de pensamiento intuitivo, el niño mantiene la idea preconceptual de que sus pensamientos y su cuerpo constituyen una sola cosa. Un ejemplo de ello es el caso del niño que tropieza con un banquito «malo». En concordancia con esto último, al principio de la fase intuitiva el niño cree que todo lo que tiene actividad está dotado de vida. Sin embargo, hacia la parte final de esta fase atribuye vida úni camente a los objetos que tienen movimiento o que pueden producir energía. Además, a falta de una mejor comprensión de la causalidad y las leyes naturales, el niño razona en dos planos. En algunas situaciones, v. gr. en el juego lúdicro, sus explicaciones no tienen relación con los hechos apa rentes. Por ejemplo, explica que el cielo ha sido creado por los hombres. O puede afirmar que las nubes tienen vida y que atraviesan el cielo por su propia voluntad. Esta actitud responde al hecho de que en su proceso de desarrollo con 138 tinúa predominando la asimilación; desde su punto de vista, su mundo físico y su mundo psicológico todavía están entre lazados — experimenta los pensamientos, las cosas y las personas como si estuvieran en un mismo plano— . Ello ex plica la observación de que el respeto de un niño por un juguete es igual a su respeto por las personas. Todo esto nos permite ilustrar un importante teorema de Piaget: La comprensión de diferentes objetos puede mani festarse en diferentes momentos de la vida del niño, pero en cada caso responde a un ciclo similar. En la fase pre conceptual, los objetos familiares más inmediatos son per cibidos plenamente de acuerdo con lo que son; los objetos distantes, con los cuales existe una familiaridad más casual, son comprendidos enteramente solo en un período ulterior de la vida. Por ejemplo, es posible que el niño se refiera a un «nuevo» sol que aparece día tras día. Así, aunque atribuye existencia permanente a su pelota, aun cuando esta falte, no hará lo mismo con el sol, que es un objeto más lejano. Y aunque reconozca que el movimiento de su pelota depende de una fuerza exterior, continúa enfocando el sol con una actitud animista. El niño cree que el nuevo sol «se levanta» por si mismo todas las mañanas. Cada cambio del campo exige una nueva apreciación. No es sorprendente que un niño necesite contar otra vez sus caramelos si se los reagrupa (p. ej., si se los deposita en una bolsita) después de un recuento inicial. Según se ha afirmado, en el caso del niño una nueva disposición visual modifica las condiciones de la parte [130]. El pensamiento intuitivo introduce una conciencia rudimen taria de las relaciones, que eventualmente puede ser esque matizada en una jerarquía conceptual; pero en general dichas comprensiones tempranas están vinculadas con hechos con cretos. En el caso del niño en edad preescolar, la familia consiste en todas las cosas vivas que se hallan inmediata y físicamente próximas, y a menudo incluye a los animalitos domésticos; la familia aún no está separada en tiempo y espacio. Para el niño es casi imposible comprendercabal mente que él pertenece a una familia dada, y asimismo a determinada localidad y a determinado país, todo ello simul táneamente. Esto tiene implicaciones importantes para com prender el sentido de pertenencia de un niño. 139 En este nivel, el lenguaje cumple tres funciones. Primero, como instrumento importante del pensamiento intuitivo, se lo utiliza para reflexionar sobre un hecho y para proyectarlo hacia el futuro. La conversación con uno mismo es común a esta edad, y popularmente se la denomina «pensar en voz alta». Segundo, el lenguaje continúa siendo esencialmente un vehículo de comunicación egocéntrica, y la asimilación es su proceso adaptativo más poderoso. El lenguaje se limita a unas pocas expresiones de comunicación porque, en general, hasta los 7 u 8 años un niño supone que todos piensan como él. Las discusiones son simplemente conflictos de afirmaciones contrarias, sin que haya comprensión ni motiva ción que salve la falta de comprensión. Las disputas verbales adquieren un carácter vehemente, porque se aceptan fácil mente las palabras como pensamientos y hechos. Por ejem plo, dos niños pueden discutir acerca de su preferencia por un Ford o un Chevrolet. Quizá han oído una discusión si milar de los padres, pero ninguno de ellos posee un cono cimiento real de los méritos del coche preferido, aunque cada uno afirme lo que considera correcto. Cada niño defiende su punto de vista porque piensa que el poder de las palabras basta para fundamentar su tesis. Asimismo, es posible que un niño llore porque se lo ha llamado «tonto», pues siente que si se lo califica de ese modo se lo convierte, de hecho, en un tonto. Finalmente, el lenguaje es un medio de comu nicación social en el sentido acomodativo. Es un medio para comprender el ambiente exterior y adaptarse a él. La con versación representa una extensión del pensamiento en voz alta, proyecta los pensamientos individuales hacia el plano social y alienta las expresiones colectivas. En los primeros años de esta fase, el lenguaje implica un «monólogo colec tivo», análogo al juego paralelo. El lenguaje sirve como excitación mutua para la acción, más que como medio de intercambio de mensajes e ideas [128, págs. 20-21]. El juego refleja gran parte del desarrollo intelectual evo lutivo de estos primeros años de la niñez. En la superficie, el juego adquiere un carácter visiblemente social, pero los procesos de pensamiento subyacentes todavía conservan su tono egocéntrico. En el juego, el niño utiliza ahora una imaginación simbólica más amplia; por ejemplo, la compren sión del acto de «ser un sheriff» va del mero uso del distin NO tivo en la fase preconceptual, al juego «como si yo fuese un sheriff» en la fase actual y a la representación del papel de sheriff, como guardián de la ley y el orden, en la. fase siguiente. Los juegos que consisten en hallar objetos que faltan, por ejemplo el escondite, o los juegos de adivinanza, se incorporan en esta edad al repertorio de juegos del niño.. Asimismo, aparecen auténticos juegos de imaginación que indican que el niño ha alcanzado un nuevo nivel de pensa miento organizativo; ahora puede pensar con referencia a otros. Lo más importante, sin embargo, es que el juego cobra un carácter más social. Las disciplinas sociales, por ejemplo las reglas colectivas, reemplazan una por una a los símbolos lúdicros individuales; y los juegos tradicionales, v. gr., la «mancha», que son típicos del grupo de edad, reem plazan a los juegos espontáneos. En realidad, la mayoría de los juegos se relacionan ahora con otros individuos. Por consiguiente, las consideraciones y las reglas de carácter colectivo se convierten en una necesidad. Desde la edad preescolar en adelante se pone de manifiesto el desarrollo intelectual y social, en relación inversa con la distorsión sim bólica y el juego lúdicro. Cuanto más acentuada sea la aco modación a la realidad, mayor será la oportunidad de adap tación sin apelar al juego. En definitiva, no existen límites claros entre el juego y el trabajo. En una fase anterior, la imitación apareció como un fin en sí mismo y el niño la utilizó sin una conciencia cabal de los valores intrínsecos del modelo. La actividad y los objetivos se confundían. En este caso, con un conocimiento consciente de algunas de las pautas de relación del mundo social, el niño tiende a imitar a otros con el fin de incorporar sus valores o el status que ellos representan. Piaget subraya que este esfuerzo de imitación no debe confundirse con la identi ficación. La pauta organizativa de identificación varía de una fase a otra. La identificación incorpora una interesante mezcla de la asimilación de imágenes mentales simples de objetos deseables a una pauta establecida de pensamiento y conducta en el niño. Las dimensiones sociales recientemente ampliadas permiten establecer nuevas relaciones e incorporar a las mismas sentimientos anteriores. En un sentido analí tico, la transferencia de sentimientos depende, para su ex presión, de la comprensión actual de los factores ambientales 141 y de la relación de unos con otros. (En la teoría psicoanalí- tica, la transferencia se refiere al desplazamiento inapropiado en otra persona de una o más fijaciones emocionales revividas —en general, ligadas originariamente a un progenitor— que no fueron superadas o asimiladas eficazmente en la niñez temprana. Por este proceso, un individuo menos significativo en la vida del niño se convierte por lo común en objeto fantaseado del amor o el odio de la persona fijada.) Debe recordarse que los valores morales del niño pequeño se generalizan a medida que se aprenden. Hasta aquí, el niño tiende a concebir las leyes morales como valores absolutos de las cosas reales. Las reglas, las obligaciones morales y sus fuentes fenoménicas son concebidas como una unidad. Así como el nombre y los atributos de un objeto son inse parables de él, también lo son los valores y las reglas mo rales. Por ejemplo, la orden «no toques las tijeras» se convierte en una cualidad de las tijeras. O bien, el padre y la obediencia debida a él se perciben como una unidad. El aumento de los contactos sociales, junto con una imitación más exacta, determina gradualmente nuevas comprensiones. Se advierte que las reglas de los adultos son elásticas y que ya no tienen carácter de absolutas. Ello coloca al niño en una situación de conflicto, porque no tiene modos diferentes de afrontar este nuevo problema, ni puede hallar una solu ción hasta que combine un nivel superior de pensamiento con una comprensión de la relatividad de las obligaciones sociales. Como antes, el primer cambio sobrevendrá en la conducta relacionada con la práctica cotidiana y los hábitos bien asimilados. Los valores menos relacionados con la vida cotidiana no son puestos en tela de juicio hasta más tarde. En general, la obediencia a los adultos continúa siendo el código moral predominante para el niño de 4 a 7 años. La obediencia a los adultos todavía significa «ser bueno», mien tras que la desobediencia significa «ser malo». En esta fase, un niño considera que todos los actos de los adultos son justos. Los niños muestran su acatamiento mediante un res peto unilateral y un sometimiento a la autoridad y el prestigio de los adultos. En el juego y la fantasía, el niño representa las reglas y los valores de sus mayores. Puede comportarse de manera que parezca haber adoptado como propias las convenciones socia 142 les de aquellos. En su juego y en su lenguaje puede reflejarse un sentido de cooperación mutua y de responsabilidad social, pero ello no existe en su pauta de pensamiento. Por consi guiente, para un niño de esta edad tiene escaso sentido adjudicar al grupo la responsabilidad por la conducta de unos pocos. La responsabilidad mutua y la solidaridad grupal exceden aún sus posibilidades de comprensión. El niño pe queño juzga una mentira por el grado de desobediencia que implica;no toma en cuenta los motivos o las circunstancias subyacentes. El niño considera el carácter de una mentira por su valor aceptado más que por el propósito intencional; no percibe las implicaciones del engaño, pues piensa esen cialmente en sí mismo: «[U n niño] ( . . . ) miente tal como fabula, de modo que la obligación de no mentir, establecida por la imposición de los adultos, aparece desde el principio en sus formas más externas: una mentira es lo que no coin cide con la verdad, independientemente de las intenciones del sujeto» [120, págs. 143-44]. En esta fase, la desobe diencia es una interrupción de la autoridad de los adultos más que una violación de la obligación moral. Por ejemplo, las llamadas «malas palabras» son tabúes lingüísticos. Se afirma que usarlas «está mal» porque infringen tabúes im puestos por los adultos. El sentido de propiedad involu crado en la evitación de palabras desagradables no puede manifestarse mientras el niño ño se vea a sí mismo en un plano social similar al que ocupan otros y mientras no com prenda la necesidad de cooperación mutua que reemplazará el respeto restrictivo y unilateral dispensado a los adultos. Piaget advierte que el respeto unilateral a la autoridad tarda en ceder el lugar a pautas más avanzadas a causa de su componente de culpa. Piaget nunca investigó el desarrollo de la culpa y de su dinámica subyacente. Aunque discute el supuesto freudiano de la culpa como hecho anterior a la memoria, parece aceptar la formulación de Freud de que la culpa más tarde constituye un producto y una expresión de la conciencia. El niño percibe la desobediencia como un insulto a la autoridad de los adultos, aunque aquella sea inevitable, como en las situaciones de torpeza involuntaria. Si se siente responsable de un incidente, halla escaso alivio en escapar a la censura de un adulto. «E l sentido de culpa es proporcional, no a la negligencia incidental ( . . . ) sino a 143 los actos físicos en sí mismos» [120, pág. 177]. El niño pequeño espera la reprobación como una consecuencia natu ral de una supuesta fechoría. El niño percibe el castigo como una secuencia necesaria que sigue a una transgresión cual quiera de los estándares adultos. Percibe la necesidad de la expiación y el castigo en proporción con la gravedad de la falta, al margen de las circunstancias subyacentes. Cierta mente, hasta la edad de 5 años, el niño ve la necesidad de que haya una acción punitiva, que puede adoptar la forma del castigo al inocente y satisfacer igualmente sus expecta tivas. Durante estos primeros años, la expectativa del castigo se refleja también en la creencia del niño en el castigo auto mático y la justicia inmanente. Piaget utiliza la expresión justicia inmanente para describir al sujeto que atrae sobre sí mismo un veredicto de culpabilidad y luego se autoinflige el castigo siempre que comete una transgresión. El niño conserva la misma idea hasta el final de esta fase. Como hemos sugerido, el respeto unilateral a los adultos cede lentamente, como resultado del conocimiento de muchas autoridades adultas cuyas reglas varían y de las inconse cuencias que se manifiestan aun en las reglas de un mismo adulto. Al mismo tiempo, el niño se aparta paulatinamente de su autoridad única, por lo común un progenitor, y tiende a cooperar con otras autoridades, aún sin advertir por com pleto el sentido de la cooperación social. Es muy posible que un niño de 6 años participe con otros en una hazaña menor opuesta a los deseos de un adulto. Pero el niño de 6 años simplemente está cooperando en el plano de la acción, mientras que en su pensamiento acepta plenamente la auto ridad adulta, aunque a los ojos de esta el incidente pueda parecer un acto deliberado en contra de ella: El pensamiento siempre se retrasa con respecto a la acción, y es necesario practicar la cooperación durante mucho tiempo antes de que el pensamiento reflexivo destaque claramente las consecuencia de aquella. La idea de autonomía aparece en el niño aproximadamente un año después que la conducta cooperativa y la conciencia práctica de la autonomía ( . . . ) Por consiguiente, podemos arriesgar la hipótesis de que el juicio verbal y teórico del niño corresponde, en términos generales, al juicio práctico y 144 concreto que aquel formuló al ejecutar determinados actos durante los años que precedieron al interrogatorio [recolec ción de datos] [120, págs. 114-15]. ha fase de las operaciones concretas En la fase anterior, el niño tomó conciencia de ciertas rela ciones mediante una apreciación más exacta de la posición social que ocupaba en su medio. En esta fase, logra percibir un hecho desde perspectivas diferentes. Estas múltiples pers pectivas hacen que el individuo adquiera conciencia de la reversibilidad, un término utilizado deliberadamente porque, en virtud de haber adquirido inteligencia sensoriomotriz, el individuo ha practicado la reversibilidad en sus contactos cotidianos con objetos. La reversibilidad es « . . .la posibili dad permanente de regresar al punto de partida de la ope ración dada» [130, pág. 272], En otras palabras, la rever sibilidad es la capacidad de vincular un hecho o pensamiento con un sistema total de partes interrelacionadas a fin de concebir el hecho o el pensamiento desde su comienzo hasta su final o desde su final hasta su comienzo. Se obtiene la reversibilidad anulando una operación (inversión o nega ción) o por vía de reciprocidad (operación recíproca como equivalente). El niño alcanza un nuevo nivel de pensamiento, a saber, el pensamiento operacional. Este se refiere a la capacidad mental de ordenar y relacionar la experiencia como un todo organizado. Sobre la base de un trabajo posterior (después de 1929), Piaget separa el pensamiento operacional en dos fases diferenciadas: pensamiento operacional concreto y formal. Las operaciones concretas presuponen que la expe rimentación mental depende todavía de la percepción. De los 7 a los 11 años, el individuo no puede ejecutar operaciones mentales a menos que consiga percibir concretamente su lógica interna. Al pasar revista a las pautas organizativas del pensamiento concreto, las pautas de conducta serán consideradas aquí como un proceso total. La asimilación y la acomodación pasan a ser una experiencia de «equilibrio móvil», más que una experiencia de presiones contradictorias [119]. Esto último responde en parte a la nueva perspectiva que el niño 145 tiene del tiempo. Con anterioridad a este nivel de madurez, la asimilación y la acomodación siempre compitieron por el predominio; sin embargo, la nueva capacidad de considerar simultáneamente varios puntos de vista y de retornar cada vez al estado original, indica la existencia de progresos orga nizativos fundamentales. El niño puede explorar varias solu ciones posibles de un problema sin adoptar necesariamente una cualquiera de ellas, porque en todo momento está en condiciones de regresar a un enfoque original. El conoci miento de múltiples enfoques de un objeto confiere elasti cidad al suyo propio, que antes era rígido e intuitivo, y le permite ordenar sus datos sensoriales en dos niveles de pen samiento cognoscitivo. Primero, una vez conocidas las partes de un todo, el niño las estudia y las clasifica en su mutua relación; más tarde ello desembocará en una comprensión del todo. Esta forma de comprensión, se origina en el campo de la experiencia; sin embargo, la experiencia con el medio físico y social, y las abstracciones que el niño aprende a elaborar a partir de expe riencias concretas con objetos, lo conducen a métodos mate máticos de conceptualización. Por ejemplo, la adquisición del concepto de peso procede de un ordenamiento de experien cias reales vinculadas con sensaciones de lo «pequeño», lo «mediano» y lo «grande». En este nivel, el niño esencial mente reflexiona acerca de las relaciones como si tuviese que formular ecuaciones. Relaciona su conducta conlas conse cuencias que ella determinará. Por ejemplo, si al pasar por un bosque un niño quiere abrir una nuez, elegirá una piedra suficientemente grande para realizar esa tarea. Su pensamien to tiende a desarrollarse del siguiente modo: La piedra grande equivale a la nuez partida. Su pensamiento se con centra en ambos extremos de la ecuación. Ahora procura resolver ambos polos de la ecuación; es decir, quiere saber qué medios pueden realizar determinados fines. Segundo, en este punto de su desarrollo el niño se preocupa igualmente por crear para sí mismo sistemas de clasificacio nes. Tenderá a conceptualizar y clasificar cada objeto como parte de un sistema total más amplio. Organizará sus partes en un todo mayor mediante los sistemas jerárquicos del en cajamiento o los reticúlados. El encajamiento es un término descriptivo para clasificar una l i ó relación interna entre las partes más pequeñas y el todo inclusivo. Se usa esta expresión del mismo modo que cuando se describen los bloques de encajar, un juguete que consiste en cajas que se ajustan exactamente unas en otras. En cual quier caso, en su empleo conceptual o como descripción de un juguete, el encajamiento pone de relieve que todas las clases son aditivas. Cada conjunto mayor incluye todas las partes anteriores. Mediante el encajamiento, los niños reúnen las partes de su mundo en un todo «ajustado». De pronto, el reino animal y las diferentes ideas que antes estaban desvinculadas entre sí tienen sentido para ellos. Por otra parte, los reticúlados se refieren a una forma espe cial de clasificación en la cual el eje es el vínculo conectivo y las partes vinculadas entre sí. El ordenamiento conceptual mediante una jerarquía de reticúlados destaca la creación de subclases de objetos relacionados. Las clases relacionadas están vinculadas conceptualmente entre sí para crear un todo coordinado. Como en el enrejado de una valla, también en la vinculación mental vale la pena señalar la relación rever sible entre las subclases y el conjunto más amplio. Los reticúlados establecen el «conjunto» — la valla o el mundo interconectado ordenadamente— . En este momento de la vida del niño, la relación entre los fragmentos de conoci miento está determinada por su mutua relación lógica, más que por su mera proximidad en la experiencia. Lo que es más importante, la cognición articulada en dos sistemas dis tintos de ordenamiento pone de relieve la creciente con ciencia del niño de que cada objeto posee varios puntos de referencia y puede ser ordenado de acuerdo con ellos. El niño está en condiciones de visualizar cualquier objeto en relación con uno o varios conjuntos, que a su vez se con vierten en parte de una unidad o sistema aún más amplio. De abora en adelante, la vida del niño se desarrolla en un mundo ordenado, donde él puede organizar sus experiencias en forma separada o como parte de una unidad. La capacidad de ordenar experiencias y de tener conciencia de su mutua y real relación contribuye a crear una idea de certidumbre. El niño puede explicar sus experiencias o pen samientos en relación con otros. Puede ordenar su expe riencia como le parece adecuado. En este momento, todo ordenamiento le debe ser ofrecido en forma única, con la 147 ayuda de un modelo concreto. Si se le ofrece elegir, el niño es incapaz de hacerlo a menos que pueda ponderar cada posibilidad y percibir las relaciones entre ellas. Piaget des taca que el niño primero domina la seriación de agregados reducidos con pequeñas unidades cuantitativas de clases fa miliares. El ordenamiento mediante la seriación implica la manipulación activa de símbolos u objetos en nuevas jerar quías. Antes, debido a su perspectiva egocéntrica, el niño solo conocía jerarquías irreversibles; con su enfoque actual, puede empezar a razonar sobre la base de una jerarquía objetiva. Por ejemplo, ahora es posible resolver parcialmente la anterior seudoparadoja de la pertenencia simultánea a la familia, la ciudad, etcétera. Debe observarse que todo este proceso es gradual y que las perspectivas egocéntricas conti núan manifestándose en los asuntos más alejados de la vida cotidiana. Otra vez nos encontramos aquí con el prin cipio de proximidad. La clasificación, la seriación y los ordenamientos jerárquicos reúnen un conjunto de sistemas de referencia que antes eran independientes en sistemas más amplios unificados e inter relacionados. El nuevo esquema organizativo de reversibilidad emerge directamente de la cognición de actividades reversi bles. El niño ha venido desempeñando dichas actividades constantemente. Sin embargo, sólo gracias a una acomodación y una comprensión más exacta de las relaciones el niño ha cobrado conciencia de su significado. Para repetir un ejemplo anterior, el niño sabe ahora que la cantidad de leche vertida en un recipiente más pequeño es igual a la que contiene el recipiente original. El concepto de constancia, al margen de la apariencia fenoménica, abre el camino a nuevas perspec tivas de comprensión. La reversibilidad establece un equili brio móvil. Cualquier operación mental puede retornar a su punto de partida, abordarse desde extremos opuestos y rela cionarse a la vez con el mismo conjunto. Es posible repetir una operación mental en una dirección distinta o modificarla por la inclusión de nuevos obstáculos («rodeos»). Todas estas variaciones pueden ocurrir sin anular la lógica o el contenido original del pensamiento. Cabe formular esta pre gunta: «¿E l pensamiento es reversible y puede una persona volver siempre a su premisa original inmodificada?». Ciertamente, tanto la psicología de la Gestalt como el teo 148 rema de la respuesta circular de M. P. Follett [67] nega rían esta posibilidad. Lo fundamental es que en este punto el niño pasa de un modo de pensamiento inductivo a otro deductivo. En todas sus operaciones mentales, su razonamiento se basa en el conocimiento de un conjunto más amplio y en la relación lógica que hay en él; una adquisición de desarrollo que tiene importancia para su aprendizaje y su relación con el mundo social e ideacional. Lo que es más importante, el niño en cuentra explicaciones que se vinculan con los objetos y los hechos. El sol ya no «sale de las nubes». Su mundo pasa de lo mitológico a lo científico [128, pág. 42], Debe subrayarse que las capacidades mentales para las ope raciones concretas se desarrollan una por una, yendo de la experiencia más simple a la común y, con el tiempo, a la más remota. Las diferentes cualidades del espacio son cono cidas en una secuencia definida. Primero, el niño estima la magnitud en términos de longitud; luego — después de un año, poco más o menos— , lo hace en términos de peso; pero la magnitud como expresión de volumen generalmente no es entendida hasta casi el final de la fase. Dicho orden se repite en el caso de la asimilación de los objetos. Los conceptos relacionados con los objetos preceden al aprendizaje de los conceptos vinculados con el espacio, la causalidad y el tiem po. El niño también comprende en este orden las leyes de su ambiente. Por ejemplo, la comprensión de que una flor mantiene su magnitud y su forma bajo el lente de aumento no implica necesariamente que el niño comprenda del mismo modo que quince minutos de mirar televisión equivalen a quince minutos de tarea. Para el niño todavía es común confundir diferentes perspectivas de un hecho en su razona miento. Las operaciones mentales « . . . se desarrollan en for ma separada, campo por campo, y determinan una estructu ración progresiva de estos campos, sin que se alcance una generalidad total» [112, págs. 15-16]. Cada campo o com binación de campos forman islas de conocimiento, sin que se logre una conciencia cabal de las relaciones lógicas ni un enfoque unificado de la vida. A medida que el niño se acostumbra al pensamiento opera- cional, puede concebir dos hipótesis y comprender la relación que existe entre las mismas,si bien ello no implica que sea 149 capaz de comunicar esta comprensión mediante palabras o actos. Nuevamente, aquí el conocimiento precede a la capa cidad de verbalizarlo y aplicarlo. Como afirmamos anteriormente, el pensamiento puede equi pararse a la experimentación mental con los símbolos de la relación dentro del campo de la percepción. Este proceso se desarrolla a partir de experiencias pasadas. La conciencia previa de la repetición y la regularidad rítmica ha apuntado hacia las experiencias de ordenamiento. La generalización y la diferenciación de experiencias tales como el juego, el uso y el estudio introdujeron clases que encierran posibilidades de relación jerárquica. Estos pasos de la experiencia son esenciales para la conceptualización. El niño ha aprendido a generalizar y a deducir a partir de experiencias simples. Cada nueva comprensión se realiza a expensas de sus creencias personales (egocéntricas), que no pueden ser fácilmente eliminadas. El aumento de la objetividad en un área no excluye necesariamente el pensamiento egocéntrico en otras. Cada nueva adquisición de una conducta objetiva más avan zada entraña inicialmente solo una forma superficial de con ducta. Cuando se siente amenazado, el niño retorna automá ticamente a su modo anterior, intuitivo y egocéntrico, de pensamiento y razonamiento. Hasta aquí, el concepto de tiempo ha incluido solo una no ción de secuencialidad en la que el «antes» y el «después», así como las diferencias temporales, eran medidas según distancias espaciales. En este nivel, los conceptos tales como «pasado», «presente», «futuro» y su interrelación son enten didos como parte del continuo temporal. El tiempo se inde pendiza de los datos perceptuales. Lentamente, llega a invo lucrar una estructuración progresiva de conceptos, como «igual distancia», «duración» y «velocidad». Naturalmente, en un-principio la conceptualización exige el empleo de sím bolos propios del conocimiento perceptivo. El concepto de «tiempo» es plenamente entendido en virtud de la coordi nación de los conceptos de «igual distancia» y «velocidad». A la postre, después de repetidas experiencias, el niño, ya un joven adolescente, será capaz de explicar que una hora de trabajo tiene siempre la misma duración, sea cual fuere el contenido de la tarea encomendada. En su adquisición del lenguaje, el niño adopta definiciones 150 L de palabras sin conocer bien lo que ellas expresan. Ha utili zado el lenguaje simbólico sin una cabal comprensión de su significado. En el nivel actual de organización mental, el lenguaje continúa siendo un instrumento de comunicación, pero también sirve como vehículo del proceso de pensa miento. El lenguaje sigue un continuo de desarrollo que va de la expresión verbal al intercambio verbal. Esto último implica la internalización de las palabras, los pensamientos y los hallazgos mentales, así como, paulatinamente, una internalización de los actos junto con la experimentación mental [128, págs. 17-18], Además, la estructura del len guaje adquiere importancia y se convierte igualmente en un instrumento del pensamiento y la comunicación. Mientras en la fase anterior de desarrollo, el niño solo habrá sido capaz de oír y percibir la palabra «algunos» y sus impli caciones en la frase «algunos de ustedes», en la fase opera tiva es capaz de hacer consciente la estructura de la oración y de responder apropiadamente a la formulación «algunos de ustedes». Por extraño que parezca, las impresiones verbales comunicadas se correlacionan con los juicios conceptuales conscientes del individuo acerca de sus propios actos. Tanto la comunicación consciente como los juicios conceptuales conscientes están retrasados un año o más con respecto al momento en que el individuo manifestó de modo inequívoco la conducta pertinente, sin cabal conocimiento de su signi ficado y de los símbolos necesarios para explicar esta nueva comprensión. Asimismo, los pensamientos y las palabras si guen a la acción posible y a la fase de la acción. El pensa miento verbal continúa siendo marginal con respecto al pensamiento real que, aunque verbalízado, permanece cen trado en los actos hasta aproximadamente los 11 o 12 años de edad [122 a, x n ] . En el mismo sentido, la evaluación que el niño hace de los relatos está retrasada con respecto a su evaluación de la vida, porque el contenido de dichos relatos generalmente se refiere a hechos que están más alejados de su experiencia cotidiana. Las experiencias más distantes son entendidas posteriormente. Los contactos de un niño con su ambiente físico son más productivos. Primero, el aumento de la acomodación estimula un deseo real de verificación del proceso acomodativo, que se acelera a causa de una disminución de la egocentricidad. 151 Segundo, una percepción más exacta y una conciencia del proceso de la percepción amplían la comprensión actual de su experiencia con el ambiente. Parte de estas ampliaciones están vinculadas con un aumento de la comprensión de las dimensiones múltiples de un objeto y de su permanencia en el espacio y en el tiempo. Sobre todo, el niño aplica, con conocimiento de ello, su interpretación de lo que percibe. Tiene ciertos puntos de referencia y puede fundar sus expe riencias en un sistema racional y comunicable. Ya no es el centro de sus propias experiencias de vida. El niño puede utilizar ahora un patrón de medida real que no sea autorreferencial (como lo es, p. ej., su propio cuerpo). Llega a conocer internamente a los objetos. Estos últimos y los hechos tienden a ser definidos según su uso. El niño continúa preocupándose esencialmente por su éxito o su fra caso práctico, sin prestar mucha atención a los medios utili zados. Las mediciones ofrecen la posibilidad de establecer una cadena de comparaciones sistemáticas y de descubrir gra dualmente las leyes del ordenamiento y el agrupamiento. Obsérvese que la idea de medición no podía ser entendida mientras el niño no adquiriese una noción de espacio. Las ideas animistas perduran, porque se atribuye vida a los objetos que tienen movimientos espontáneos. En realidad, en la base de la mayoría de las interpretaciones objetivas hay una fórmula animista. Durante esta fase, el niño aún concibe los fenómenos naturales como producidos por. el hombre para el hombre. Además, los hechos más compli cados todavía reciben una explicación circular. En otras pa labras, la explicación inmediata del ambiente por parte del niño no coincide con su propio razonamiento y su convic ción final. Solo en una etapa ulterior de esta fase las expli caciones físicas y naturales contribuyen a una comprensión más realista. La pérdida del animismo obliga al niño a en frentarse con el concepto de muerte y a aplicar una interpre tación biológica a toda la vida que lo rodea. Los hechos que no están a su alcance siguen girando en torno de un ego centrismo socializado. Por ejemplo, puede creer que el sol sale porque necesitamos luz. Piaget subrayó que el progreso intelectual se expresa también en la conducta involuntaria. El niño ahora explica que los sueños son percibidos únicamente por el individuo que sue 152 ña. Los sueños están en la cabeza y se hacen visibles mien tras uno está dormido. Esta última explicación sugiere la confusión que aún existe entre las cosas y los símbolos. Piaget destaca que el conocimiento más amplio de los fac tores físicos siempre precede al conocimiento de los factores sociales. El niño tiene que realizar la experiencia de una nueva perspectiva de los fenómenos físicos antes de que le sea posible extender esta pauta o esquema a su esfera social. Por ejemplo, el conocimiento de los lados izquierdo y dere cho como puntos de referencia objetivos en el espacio debe preceder al reconocimiento de dos puntos de vista como diferentes puntos de referencia en las relaciones sociales. La emancipación respecto del dominio de los progenitores y la participación como igualen su mundo social determi nan un cambio de los modelos de imitación del niño. El deseo de verificación se expresa también en el plano social. La observación, la comparación y la comprensión de otros insume una parte importante de la vida del niño. Está an sioso por evitar la contradicción consigo mismo, un fenó meno notable en las fases anteriores, e intenta comprender las diferentes pautas de conducta social. El juego y la con versación ya no son medios primarios de autoexpresión, y se convierten en medios para comprender los mundos físico y social. Con el tiempo, se obtiene un nuevo e importante nivel de conducta social comprendiendo a otros en términos de su posición social. La incorporación del principio de re versibilidad y la manipulación mental de imágenes simbólicas son evidentes. Este logro también contribuye a que hacia el final de esta fase la idea de mutualidad, que existía en el nivel anterior, se desarrolle en el sentido de un concepto de respeto mutuo. El respeto mutuo exige la adquisición de una perspectiva social más amplia. «E s indispensable que se hayan establecido entre ellos (los niños) y uno mismo (el adulto) esas relaciones simultáneas de diferenciación y reci procidad que caracterizan la coordinación de puntos de vista» [126, pág. 162], Inversamente, es posible coordinar dife rentes puntos de vista solo en la medida en que las personas involucradas están dispuestas a participar en el proceso. El reconocimiento de la seriación y la jerarquía del encaja miento también sitúan la comprensión que el niño tiene de su familia en una nueva perspectiva, pues ahora entiende 153 que la familia está formada por aquellos que se hallan rela cionados inmediatamente por la «sangre»; esto significa que los animalitos domésticos pierden su status inmediato como miembros de la familia inmediata. La comprensión de las relaciones interpersonales y de «sangre» proporciona el es quema de este nuevo conocimiento. Hay imitación en dos sentidos. El mayor interés del niño en la mecánica y en la verificación de las partes conduce a la imitación de los detalles. Por otro lado, la conciencia de las múltiples relaciones del modelo alienta la imitación de los aspectos simbólicos de aquel, por ejemplo la asunción mental de roles. La imitación viene a reflejar los fines per seguidos y a subordinarse a ellos. Su naturaleza anterior (puramente acomodativa) está equilibrada por la facultad acomodativa. «La reversibilidad característica de las opera ciones de la inteligencia lógica no se adquiere en bloque, sino que se la prepara en el curso de una serie de estadios sucesivos: ritmo elemental, regulaciones cada vez más com plejas ( . . . ) y en defintiva, estructuras operativas reversi bles» [108, pág. 256]. La imitación continúa porque el niño comprende plenamente la importancia del modelo y del pro ceso de imitación. La imitación de los detalles también influye sobre el juego, en tanto las construcciones intrincadas y complicadas pro porcionan una satisfacción igual a la del juego simbólico, pese a que todavía incluyen muchos de los símbolos ŷ las características autárquicas de aquel. Los juegos colectivos rápidamente acumulan reglas representativas. Por ejemplo, es probable que los niños de un vecindario que juegan espontáneamente a la pelota organicen un juego muy estruc turado, con reglas universales para toda la barriada. Así como la imitación halla su equilibrio, el juego pierde sus características asimilativas y se convierte en un proceso su bordinado y equilibrado de pensamiento cognoscitivo. Este proceso es confirmado aún más por el hecho de que la curiosidad ya no se expresa en el juego activo, sino en la experimentación intelectual. La conducta afectiva también se acerca al estado de equili brio definido por Piaget. La conciencia de la obligación se equipara con la conciencia de la necesidad de una manera que no difiere mucho de los antiguos esquemas de reacción 154 circular primaria. Si antes retener era igual a mantener la mano cerrada, ahora'la exigencia de mantener el juego social es igual a la obligación moral de respetar un acuerdo mutuo. El conocimiento de los sentimientos en relación con varios sistemas de valores alienta el equilibrio y la constancia de la conducta. Por ahora, el niño se encuentra en el proceso activo de ordenar sus impulsos, con un interés implícito concentrado en la realización de un equilibrio. La conciencia halla sus puntos de apoyo en los centros re cientemente adquiridos de respeto mutuo y conocimiento de la necesidad de obediencia colectiva. En este nuevo nivel, el pensamiento cognoscitivo logra internalizar los valores morales. El nuevo concepto de tiempo tiende a liberar los estándares morales de las situaciones temporarias y específi cas. El niño reúne en varios sistemas los criterios que adqui rió y puso en práctica en el pasado. También incorpora los comentarios, los criterios y las expectativas de sus.mayores. Básicamente, relaciona las prácticas fragmentarias, lo que oye decir y el conocimiento, en un sistema práctico e interconec tado, aunque las consecuencias teóricas del mismo no serán comprendidas hasta más tarde. Estos procesos de integración se fortalecerán mediante las interpretaciones apropiadas de los adultos significativos. Por otra parte, la falta de expli caciones adecuadas y de orientación por parte de aquellos, combinada con su dominación, retrasa el crecimiento del enfoque moral. JEn general, los niños de 9 a 12 años están interesados en la existencia de reglas que regulen sus actividades mutuas. Examinan todos los detalles de las reglas. Indagan el signi ficado de las partes, con el fin de establecer relaciones veri- ficables y de garantizar para sí mismos un sentido de per manencia. La reciprocidad social conduce a un sentido de igualdad que se extiende a los cdnceptos de castigo justo. 1A igualdad en el castigo, para compensar exactamente el daño inferido o para hacer a otro exactamente lo que este nos hizo, constituye un juicio justo. Un sentido de la igualdad apunta a un sentido de la autonomía. El niño se ve a sí mismo y v ea los otros como personas autónomas que actúan de modo independiente. Se esfuerza por alcanzar una obje- tividad_.total en la aplicación de las reglas y las medidas disciplinarias. Un varón o una niña en edad preadolescente 155 insisten en modificar el peso de la autoridad adulta; el énfasis se desplaza al respeto de todos por los criterios de los pares. La violación de la reciprocidad parece el peor de los crímenes. Además, se definen objetivamente las mentiras. Estas son peores cuanto más se intenta con ellas engañar y negar el respeto mutuo. Dicha actitud representa una inversión de las concepciones sustentadas por el niño más pequeño. Al mismo tiempo, a los ojos de los adoles centes es permisible mentir un poco a los adultos. El juicio expiatorio sigue teniendo vigencia en relaciones más remotas, por ejemplo en los cuentos y en el plano teórico. El sentido de la igualdad aparece primero en la interacción coti diana con los pares. Sin embargo, el respeto unilateral con tinúa manifestándose mucho más tiempo en hábitos tales como los modales y la limpieza, en la religión y en la relación con grupos particularmente autoritarios, como los policías, donde las creencias anteriores se vuelven a consolidar cons tantemente por la imposición adulta, como si fuesen «de cretos de carácter universal» [120]. La fase de las operaciones formales La última fase del desarrollo intelectual sobreviene entre los 11 y los 15 años; desde el punto de vista de la maduración, la niñez concluye y comienza la juventud. Mas aun, la natu raleza del pensamiento sufre un cambio que Piaget, en una publicación de 1958 [133c], vincula con la maduración de las estructuras cerebrales. A diferencia del niño, el joven se convierte « . . . en un individuo que piensa mas alia del presente y elabora teorías acercade todo, complaciéndose especialmente en reflexiones acerca de lo que no es» [126, pág. 148]. Adquiere la capacidad de pensar y razonar fuera de los límites de su propio mundo realista y de sus propias creencias. En suma, ingresa en el mundo de las ideas y las esencias separadas del mundo real. La cognición comienza a apoyarse en el simbolismo puro y en el uso de proposiciones, antes que en la realidad exclusivamente. Las proposiciones adquieren importancia para él como modo de razonamiento en el que las relaciones adoptan la forma de hipótesis de carácter causal y son analizadas por los efectos que acarrean. 156 Los procesos asimilativos y acomodativos reciben escasa aten ción en esta fase final. Ambos hallan su equilibrio integrán dose en los procesos inconscientes y espontáneos del funcio namiento humano. La conducta cognoscitiva casual es reemplazada por un en foque sistemático de los problemas. La seriación implica algo más que la suma de fenómenos semejantes: sirve para ordenar sistemáticamente y controlar un orden establecido. Es en este nivel que el joven empieza a comprender las relaciones geométricas y los problemas relacionados con pro porciones. Los hallazgos de Piaget en torno al desenvolvimiento de la concepción de la geometría definieron una clara secuencia de desarrollo cognoscitivo, que ejerce influencia sobre la formación de conceptos y el aprendizaje de muchas cuestio nes. La siguiente progresión es importante. 1. Comprensión cualitativa de objetos y hechos (Fase I I I ) a. Distancia y longitud b. Area y volumen interior ,c. Comparaciones de objetos o hechos ' 2. Comprensión de actividades métricas (Fase IV ) a. Medición de la longitud en una, dos o tres dimensiones b. Coordinación de planos: ángulos y áreas. 3. Operaciones mentales con símbolos (Fase V) a. Cálculo de relaciones b. Relación mutua de diferentes sistemas [131, 389] Observamos que los conceptos geométricos son comprendi dos en la secuencia natural de: espacio, tiempo, realidad y causalidad; número, orden, medida, forma y magnitud; mo vimiento, velocidad, fuerza y energía [169]. Estos progresos de las operaciones mentales tienen implica ciones que van más allá del manejo de problemas geomé tricos y aritméticos; influyen en los problemas vinculados con las relaciones sociales. Se refieren a la relatividad, el equilibrio y la igualdad entre conceptos, acciones y reaccio nes. La cognición objetiva de las proporciones abre el camino a la comprensión de la relatividad en las situaciones corrien tes. Del mismo modo que el aumento de la objetividad y la socialización trasladó antes el eje de la egocentricidad a la 157 reciprocidad social, también la objetividad aguda y el cono cimiento de las relaciones relativas determinan un nuevo nivel de organización y un nuevo enfoque del medio físico y social. El concepto de relatividad tiene su origen en otros dos logros esenciales de la fase operacional formal: el razonamiento por vía de hipótesis o la aplicación de formulaciones preposicio nales, y el uso de la implicación. Piaget afirma que el ordenamiento y el razonamiento siste máticos por vía de hipótesis es una actividad . . .destinada a formular todas las hipótesis posibles acerca de los factores operativos [del fenómeno considerado], y luego, a organizar [estos] experimentos en función de dichos factores. Las consecuencias de esta nueva actitud son las siguientes. En primer lugar, el pensamiento ya no va de lo real a lo teórico, sino que parte de la teoría para establecer o veri ficar relaciones reales entre las cosas. En lugar de limitarse a coordinar hechos del mundo real, el razonamiento hipoté- tico-deductivo extrae las implicaciones de posibles formula ciones y por consiguiente origina una síntesis única de lo posible y lo necesario [119, pág. 19]. Evidentemente, la preocupación del joven consiste ahora en establecer hipótesis. Tiende a pensar y a razonar con propo siciones más que con símbolos. Debe subrayarse que no se trata simplemente de que nuevas formas lingüísticas expresen, en el nivel de las operaciones concretas, relaciones ya conocidas entre los objetos. Estas nuevas operaciones, en especial las que se refieren al meca nismo de la prueba, han modificado toda la actitud expe rimental. . / La lógica de las proposiciones es particularmente útil en cuanto nos permite descubrir ciertos tipos nuevos de inva riantes que están fuera del ámbito de la verificación empírica. Por ejemplo, al estudiar los movimientos de pelotas de dife rentes pesos y masas sobre un plano horizontal, algunos adolescentes pueden formular el problema en términos de los factores de resistencia o inercia [119, pags. 19-20]. 158 La capacidad de razonar mediante hipótesis suministra al joven un nuevo instrumento para comprender su mundo físico y las relaciones sociales que mantiene dentro de él. Uno de estos nuevos instrumentos es la deducción lógica por implicación. En su niñez, el individuo logró deducir relacio nes sobre la base de la yuxtaposición, la proximidad, la trans- ducción y otras pautas de relación irreversible. Ahora, las formulaciones preposicionales de los agrupamientos dan lu gar a la formación de nuevos conceptos. Estos últimos son el producto de la deducción por implicación. El razonamiento por implicación permite que el joven introduzca supuestos simples-y lógicos adoptando una tercera posición, sin apelar a la verificación por medios distintos de los lógicos. El joven inicia una búsqueda de hipótesis generales que puedan ex plicar los hechos observados y posibles que le han ocurrido. Cada nexo parcial es agrupado en relación con el todo, que es un conjunto estructurado a partir de todos los subcon juntos [130] con una integración de la totalidad de las partes en este todo. El razonamiento actúa constantemente en función de un conjunto estructurado, y todas las deduc ciones se fundan en los hechos posibles, no simplemente en los hechos empíricos observados. De hecho, «la realidad viene a ser secundaria respecto de la posibilidad» [130]. La reversibilidad permite que el pensamiento se ramifique en el dominio de la posibilidad, sin perder el sentido de realidad. La deducción introduce la posibilidad de establecer rela ciones lógicas entre totalidades contradictorias y aparente mente desvinculadas. Es un nuevo medio de generalización y diferenciación aplicable en especial a la integración eventual de totalidades hasta aquí no integradas y distintas. Final mente, el mundo de Piaget alcanza su definitiva homoge neidad. La sugerencia.de dicho autor en el sentido de que el razonamiento hipotético-deductivo constituye el criterio fun damental para develar la quinta y última fase del desarrollo subraya la importancia de esta nueva pauta de pensamiento. Todos los esfuerzos intelectuales anteriores a este nivel ten dieron a ampliarse e intensificarse en un plano horizontal. El pensamiento era verificado en términos de sus relaciones horizontales, de la relación lógica que guardaba con sus partes y en función de un todo integrado. La adolescencia 159 se caracteriza por ser una edad en la cual el joven piensa más allá del presente. Establece relaciones verticales. Elabora nociones, ideas y — eventualmente— conceptos acerca de todo lo que proviene del pasado, se manifiesta en el pre sente y se prolonga hacia el futuro. El joven separa variables y combinaciones de variables que no podía alcanzar hasta ahora mediante la observación directa. Centra su interés en cuestiones amplias y en los más minuciosos detalles. Entre los 14 y 15 años, el joven muestra un pensamiento cognos citivo maduro y su pensamiento operacional depende exclu sivamente del simbolismo. En suma, piensa aplicando símbo los del pensamiento; desarrolla conceptos de conceptos. Vale la pena señalar que al joven ya no le satisfacen los hechos empíricos de carácter exclusivamente superficial. Con cibe sus observaciones de los hechos de la vidasimplemente como puntos de partida, o como prueba del más amplio dominio de lo posible. Con la ayuda de sus nuevas cualidades mentales y de su capacidad para formular hipótesis, estruc tura una gran variedad de posibles combinaciones de hechos. Al mismo tiempo, intenta demostrar empíricamente cuáles son las posibilidades que podrían materializarse. Una vez que ha afirmado una serie de hipótesis, no realiza un ordenamien to final, sino que considera estos hallazgos temporarios o nuevos insights como puntos de partida para nuevas com binaciones de posibles enfoques de los problemas vitales. Es interesante señalar que en un trabajo muy anterior [122], Piaget localiza un proceso similar en la interpretación que el niño hace de sus sueños. En este nivel final de conducta cognoscitiva, el joven justifica los sueños como instrumentos de pensamiento; los sueños son pensamientos internos, o pensamientos con uno mismo, y solo parecen ser reales. El lenguaje continúa desarrollándose y estimula el pensa miento cognoscitivo y la conducta, porque « . . . transmite a cada uno un sistema ya preparado de ideas, de clasificación, de relaciones, un caudal inagotable de conceptos reconstrui dos en cada individuo de acuerdo con las pautas seculares que plasmaron las generaciones anteriores» [126, pág. 159]. El ambiente físico aparece ante el joven con numerosos ma tices nuevos. Los objetos adquieren un carácter relativo en función de su uso apropiado y sus propiedades cobran im portancia para los reclamos de la situación. El joven com 160 prende que el valor de los objetos se halla estrechamente relacionado con el sistema de valores del hombre. Incluso los nombres de los objetos se explican por último como algo impuesto a aquellos, sin gravitación sobre su existencia. Ade más, aun los objetos lejanos, como el sol y la luna, son incorporados dentro de un sistema racional. Piaget vincula el reconocimiento de que la vida está limitada al hombre, los animales y las plantas, con un nuevo sentido de inca pacidad y temor reverencial en presencia de la naturaleza todopoderosa. El joven halla su sitio, junto a otros orga nismos vivos, en un mundo en constante desarrollo. Y como su posición dentro de la familia ya está definida, el joven considera a esta y a sus miembros en relación con otras fa milias de su sociedad. Piaget señala que el desarrollo de la personalidad no comien za a cristalizar hasta esta quinta fase, en la que el joven está en condiciones de utilizar el pensamiento deductivo — mo mento en que se definen para él reglas y valores, y puede elaborar sus propias hipótesis— . La personalidad «existe» cuando el «sí mismo» es capaz de someterse a cierto tipo de disciplina social. Es lo contrario de un estado de «anomia», relacionado con la ausencia de un «sistema personal» y de normas sociales pertinentes. Es el momento en que el ado lescente elabora su plan de vida [128, pág. 65 ].12 El adolescente se complace en utilizar este nuevo poder de manipular ideas sin comprometerse seriamente con ninguna. Puede compararse el carácter insustancial de su manipulación de las ideas y de las prácticas sociales con su práctica ante rior de imitar la conducta de otros, sin una verdadera inten ción de adoptar permanentemente cualquiera de dichas for mas. Así como le gusta, en sus ratos de ocio, barruntar todas las causas posibles y codificarlas en reglas complicadas, tam bién juega con nuevos conceptos, corrientes y extremos, para adelantarse a todas las eventualidades. Sin embargo, su interés fundamental es sopesar, clasificar y reevaluar dife rentes criterios sociales. Su manipulación de los conceptos 12 Hemos visto antes que Piaget, como acostumbraba hacerlo la juventud europea de su tiempo, escribió su «plan de vida» a esa edad: En Estados Unidos se pide al joven estudiante secundario que formule sus planes para el futuro («¿Q ué espera obtener de la edu cación universitaria?») cuando solicita ingresar en una universidad. 161 sociales, así como de otras expresiones ideacionales trátese de intangibles éticos o religiosos— se ajusta a una progresión similar a la de su comprensión de las cualidades físicas. Como señalamos antes, el joven ya no necesita de la mera y rudi mentaria realidad. Puede «soñar», de acuerdo con la expre sión popular, acerca de todas las posibles implicaciones, sin determinar qué es práctico y socialmente real, por lo menos en forma provisional. Primero visualizo la permanencia de las ideas en el espacio y el tiempo. Después vio la perma nencia de las relaciones entre las ideas; y, por último, cada grupo de ideas fue organizado en relación con otros, con fines de clasificación, comparación e integración final en un sis tema significativo. La formación de una posición social e ideacional esta estre chamente vinculada con la adquisición de valores^ morales o con la ejercitación de la conciencia. La deducción por vía de hipótesis y el juicio por implicación ofrecen al joven opor tunidades de razonar más allá del problema de la causa y el efecto. Por ejemplo, en el caso de dos jovencitos que discuten acerca de sus turnos respectivos, el juicio de causa y efecto fundará la decisión en la pregunta: «¿Quién estaba prime ro?». El juicio por implicación exigiría una evaluación total de la situación de cada niño en relación con un contexto más amplio. De este último enfoque emerge una nueva lógica de los valores morales. La temprana investigación em pírica de Piaget acerca de la mentira [120] apunta a este nuevo nivel de cognición. Alrededor de los 11 o 12 años, el joven comienza a definir la mentira de modo muy distinto que en su niñez,. Todo lo que es intencionalmente falso merece el calificativo de mentira, a causa de su aspecto in tencional y del significado que implica. Este nuevo concepto refleja también la perspectiva socialmente autónoma del ado lescente que está madurando. Se ha señalado que la indivi dualización se origina en una perspectiva más adecuada por parte del adolescente. También puede relacionársela con este nuevo conocimiento de la relatividad. Su anterior sentido de igualdad .se convierte en un sentido de equidad, que Piaget define como «simplemente un desarrollo del iguali tarismo en pos de la relatividad» [120, pag. 316]. El niño incorpora lentamente conceptos sutiles de rectitud y justicia, que tienden hacia la equidad. 162 Podemos describir entonces estos procesos como un estado en el cual . . . nunca se define la igualdad sin tener en cuenta cómo está situado cada individuo. En el dominio de la justicia retributiva, la equidad consiste en determinar cuáles son las circunstancias atenuantes. ( . . . ) En el dominio de la justicia distributiva, la equidad consiste en tener presentes la edad, los servicios anteriormente prestados, etcétera; en suma, en definir matices de la igualdad [120, pág. 284]. En contraste con las actitudes de la niñez temprana, el cas tigo infligido a un grupo con el fin de sancionar a los infrac tores desconocidos aparece ahora como una injusticia para los miembros inocentes. Es sabido que en la adolescencia se adquieren nuevos valores que mas tarde, hacia el final de aquella, alcanzarán un equi librio. De acuerdo con Piaget, dicho equilibrio puede expli carse mediante cuatro realizaciones de desarrollo: 1. El mundo social se convierte en una unidad orgánica, que tiene leyes y regulaciones propias, así como divisiones de roles y funciones sociales. 2. Un sentido de la «solidaridad moral», cultivado conscien temente, ha «disuelto» la egocentricidad. 3. De ahora en adelante, el desarrollo de la personalidad depende de un intercambio de ideas mediante la intercomu nicación social, en lugar de la simple imitación mutua. 4. Un sentido de la igualdad ocupa el lugar de la sumisión a la autoridad adulta [120], A j uici,° de Piaget, alrededor de los 14 y 15 años el indi- viduo halla su equilibrio, porque el joven puede encarar la realizaciónde operaciones que se compensarán mutuamente [130]. En esencia, articula operaciones preposicionales en pautas estructuradas de relaciones y sistemas, que a su tiempo conformarán una sola unidad. Piaget llega a la conclusión de que « e i todo estructurado, considerado como una forma de equilibrio de la conducta operacional del sujeto, tiene por consiguiente, fundamental importancia psicológica» [119, pag. 45]. En este punto concluye el análisis del desarrollo 163 b- en Piaget. Aunque este autor no lo dice explícitamente, sugiere, en efecto, que ya se ha establecido la pauta funda mental de pensamiento y razonamiento del individuo. El individuo ha alcanzado la madurez intelectual. Debemos insistir en que el proceso que hemos esbozado constituye el desarrollo posible. El índice real y el grado de consumación de cada fase varía en cada individuo. Es muy probable que un individuo alcance el punto de consumación (madurez) en un área, al mismo tiempo que exhibe un desarrollo incompleto en otras. Por consiguiente, no sor prende que coexistan el pensamiento egocéntrico y la inte ligencia madura en lo referente a las perspectivas físicas. Es posible que dicha divergencia se manifieste en muchas áreas. Asimismo, los fenómenos de desarrollo pueden prolongarse más allá de sus niveles de edad usuales y aproximados. Resumen Desde el comienzo de su vida profesional, Jean Piaget consa gró todas sus energías creadoras a develar la naturaleza y la dirección del desarrollo intelectual. Si tuviésemos que des cribirlo diríamos que se trata de un hombre de ciencia que investiga la naturaleza y la lógica del desarrollo humano. Piaget estableció que el desarrollo intelectual se ajusta a una pauta anticipable: 1 1. Todo el desarrollo sigue una dirección unitaria. 2. Las progresiones de desarrollo responden a un orden; es fácil describirlas de acuerdo con el criterio de que existen cinco fases de desarrollo distintas. 3. Hay divergencias organizativas diferenciadas entre la con- ducta. de la niñez y la conducta adulta en todas las ateas del funcionamiento humano. 4. Todos los aspectos maduros de la conducta tienen su origen en la conducta infantil y se desenvuelven a lo largo de todas las pautas ulteriores de desarrollo. _ 5. Todas las tendencias de desarrollo están interrelacionadas y son interdependientes; la madurez de desarrollo implica la integración final y total de todas las tendencias de desarrollo. 164 El cuadro 3-1 resume gráficamente el continuo del desarrollo cognoscitivo. Al reseñar la investigación y las enseñanzas de Piaget, com probamos que nos ofrece una gran variedad de temas de desarrollo que pueden servir como principios orientadores para el estudio y la investigación del desarrollo cognoscitivo o para el abordaje de individuos más adecuado en lo refe rente a su funcionamiento afectivo. Piaget reconoce una serie de tendencias básicas que trascien den todos los procesos de desarrollo: 1. Todo desarrollo se ajusta a una misma secuencia. Al comienzo de la vida hay una suerte de transposición meta- mórfica de los procesos orgánicos en procesos volitivos. 2. Todos los fenómenos de desarrollo reflejan una tendencia natural al cambio, desde una complejidad simple hacia una complejidad cada vez más acentuada. 3. Cada aspecto del desarrollo comienza con experiencias o problemas corrientes y concretos. Solo después de dominar totalmente una experiencia concreta el desarrollo se orienta hacia el conocimiento de su correspondiente abstracción. 4. El desarrollo de la personalidad pasa de la experiencia con el mundo físico a la experiencia con el mundo social y finalmente con el mundo ideacional. Cada nueva dimensión es experimentada primero a través de sus realidades físicas, antes de que puedan incorporarse consideraciones de tipo social y, más tarde, ideacional. 5. El desarrollo de la personalidad comienza con una orien tación egocéntrica, pasa por un período de apreciación obje tiva pura y, a medida que se avanza hacia la madurez, surge un sentido de relatividad. 6. La conducta intelectual se desenvuelve descriptivamente de la actividad sin pensamiento al pensamiento con menor énfasis en la actividad. En otras palabras, la conducta cog noscitiva se desarrolla del hacer al hacer con conocimiento, y finalmente a la conceptualización. 7. Un objeto se conoce primero por su uso, luego por su permanencia, su símbolo representativo, su lugar en el espa cio, sus cualidades (peso, etcétera) y finalmente por su rela tividad en el espacio, el tiempo y la utilidad. 8. Las acciones de todos los objetos son atribuidas primero 165 cáJí) S ’S o cd §.§ ••i “5 T3 y 3 d 'O W O5S O § «u Oaa **•*«o O j -o<333 u T3 £ O tí S #" CU £ £ »fltí TH! lo tu o ?É fe .5 [¿i O pq:£. <u tá y. v. g Ü • s i lo <s ü s 2 n • O5.1-2 166 al animismo. Luego, este se limita a los objetos que se mue ven y, con el tiempo, únicamente a aquellos que se perpetúan a sí mismos. Solo la adquisición del pensamiento cognoscitivo permite una explicación mediante realidades naturales o mecánicas. 9. El sentido de ética y de justicia (conciencia) se basa primero en la completa adhesión a la autoridad adulta, pero ella es reemplazada luego por la adhesión a la mutualidad, a la reciprocidad social, y, finalmente, por la adhesión a la in tegridad social. 10. En el curso de la vida, las adquisiciones de desarrollo previas se conservan como componentes activos. Cuando el individuo afronte nuevos problemas o se sienta obligado a retornar a pautas anteriores saldrán a la luz distintos aspectos de estas últimas. , En general, la teoría de Piaget nos proporciona un marco de referencia. Sus tendencias de desarrollo describen las posibilidades individuales. El perfil concreto de desarrollo de cada individuo se asemeja a un barograma que exhibe picos en algunas áreas y depresiones en otras. Además, pueden existir variaciones en un punto cualquiera del enfoque indi vidual de los problemas cotidianos. Sin embargo, fundamen talmente su teoría demuestra con claridad que en el desarro llo cognoscitivo hay pautas regulares cuya experiencia todos realizan. A su vez, ello nos permite vaticinar el modo y el grado de comprensión de un individuo en todo el curso de su desarrollo. 4. La teoría del aprendizaje de Robert R: Sears Vida y carrera profesional de Sears Robert Richardson Sears — el único norteamericano nativo de los tres teóricos examinados en esta obra— utiliza un enfoque experimental del desarrollo infantil en lugar de un enfoque clínico. Robert R. Sears nació en 1908 en Palo Alto, California; pasó gran parte de su niñez en la Univer sidad de Stanford y en sus proximidades; su padre dictaba allí la cátedra de Educación. Sears se diplomó en esa casa de altos estudios a los 21 años, eligiendo como especialidad principal psicología y como especialidad secundaria lengua inglesa. Estimulado por el profesor Lewis M. Terman, de dicha universidad, se dirigió al Este para continuar sus estudios psicológicos en Yale. Después de completar su tesis doctoral, Effect of Optic Ablation on the Visuo-Motor Behavior of Goldfish, en 1932 [89 ], inició su carrera aca démica, y 10 años después era profesor titular. Su primer cargo universitario fue una designación conjunta de la Uni versidad de Illinois y el Instituto de Investigaciones Juve niles de Chicago (1932-1936). Los nombramientos posterio res en el Instituto de Relaciones Humanas de la Universidad de Yale (1936-1942), en el Centro de Investigación del Bienestar Infantil de Iowa (1942-1949) y en el Laboratorio de Desarrollo Llumano de Harvard (1949-1953) lo llevaron a casi todas las regiones de Estados Unidos. Curiosamente, desde 1953 Sears se encuentra de nuevo en la Universidad de Stanford, donde ha sido director ejecutivo del Departa mento de Psicología y decano de Humanidades y Ciencias a partir de 1964. Su importancia profesional fue reconocida cuando se lo eligió presidente de la AsociaciónPsicológica Norteamericana en 1950-1951, y nuevamente en 1960-1961. El interés especial de Sears en la teoría del aprendizaje se remonta posiblemente a su estrecha asociación con Clark L. Hull, profesor y colega suyo en la época de Yale. Otras 168 influencias importantes para Sears fueron las de Dollard, Miller, Doob y Mowrer; colaboró con este último en una investigación conjunta acerca de la aplicación de la teoría del aprendizaje a los problemas sociales inmediatos [20, 96, 149]. Más recientemente, sus investigaciones y trabajos re flejan la atracción ejercida en él por la teoría del aprendizaje y la terminología de B. F. Skinner [144, 153, 161]. Hacia 1943, el estudio de las concepciones psicoanalíticas lo con venció de la significativa importancia de las relaciones pro- genitor-hijo y de su fecundo potencial para las investigaciones sobre la teoría del aprendizaje. Desde entonces, sus princi pales proyectos de investigación y los conceptos originados en ellos han girado en torno al desarrollo de la niñez tem prana. En 1944, explicó así la problemática que veía per filarse ante él: Parece dudoso que la mera comprobación de la teoría psico- analítica constituya una tarea apropiada para la psicología experimental. Su método general es valioso, pero las técnicas utilizables resultan torpes. En vez de tratar de aferrarse a la cola de un cometa que no ha sido concebido para llevar semejante carga, tal vez sería conveniente que los expe- rimentalistas obtuvieran todos los indicios, intuiciones y ex periencia posibles del acervo del psicoanálisis, y luego comen zaran por sí mismos la laboriosa tarea de construir una psi cología sistemática de la personalidad, pero con un sistema fundado en datos de la conducta más que vivenciales [148, pág. 329]. Sears, cuya obra es un tanto ecléctica, ha intentado conciliar la teoría psicoanalítica con la conductista. Organiza la teoría del aprendizaje sobre la base de la teoría psicoanalítica y en forma paralela a ésta. Como resultado de su labor expe rimental en estos campos divergentes, ha realizado impor tantes contribuciones a la formulación de la teoría del apren dizaje, particularmente en lo que respecta al desarrollo de la dependencia y la identificación durante los primeros años de la niñez. 169 Ampliación de la teoría del aprendizaje en Sears Como empirista, Sears centra la atención en aquellos aspectos de la conducta que tienen carácter manifiesto y pueden me dirse; a su juicio, el mejor modo de medir el desarrollo de la personalidad es mediante la acción y la interacción social. La conducta activa puede ser evaluada bajo dos pers pectivas: 1) poniendo el énfasis en la secuencia de hechos de un continuo de acción concerniente en un tema particular y en las causas y efectos de los hechos; y 2) destacando la experiencia que el individuo realiza con respecto al apren dizaje a partir de una secuencia de acción — es decir, los efectos que tiene sobre el aprendizaje la secuencia estímulo- respuesta (E-R), en la cual cada efecto de una acción puede convertirse en la causa aprendida de la conducta futura— . Sears se ocupa esencialmente de esta última. La importancia que atribuye al refuerzo y a la motivación del impulso secundario (aprendido) se basa en la teoría del aprendizaje de Hull, pero su propio trabajo con Dollard, Miller y otros, en relación con la hipótesis de frustración-agresión [20, 85], ha desarrollado aún más dichos aspectos. La acción es provocada por un impulso que tiene fuerza suficiente para obligar al individuo a responder a un indicio o estímulo. Inicialmente, todos los estímulos están asociados con impulsos primarios o innatos, como el hambre, etcétera. La satisfacción o la frustración resultante de la conducta pro movida por estos impulsos primarios hace que el individuo adopte una conducta ulterior. Durante este proceso de inter acción, aprende nuevos modos de conducta, cuyos resultados satisfactorios refuerzan la conducta de logro. A su vez, el refuerzo constante de acciones específicas origina impulsos nuevos o aprendidos, y equivalentes del impulso primario; son los impulsos secundarios: «E l individuo no espera el comienzo del impulso primario (contracción del estómago o cambios químicos de la sangre) antes de iniciar la res puesta de adaptación apropiada (comer). Más bien, responde a la estimulación del impulso secundario, que puede estar vinculada con el tiempo, el lugar o la orden verbal» [95, pág. 429 ]. En otras palabras, los impulsos secundarios se originan en las influencias sociales ejercidas sobre su desa rrollo. 170 Por consiguiente, el marco de referencia al cual Sears adhiere siempre es la secuencia E-R. El estímulo o indicio que activa la respuesta del individuo también determina cuándo, dónde y cómo responderá, y al desencadenar una secuencia de acción dirigida hacia un objetivo dado, sirve al mismo tiempo para reducir la intensidad del impulso. Sears se preocupa particu larmente de la calidad o el valor de refuerzo de cada res puesta dirigida hacia un objetivo. El tipo de conducta y sus resultados — según los experimenta el individuo— indican si una secuencia de acción será un hecho insignificante y transicional, con un valor de refuerzo escaso o nulo, o si contribuirá en forma permanente al repertorio de conductas del individuo, teniendo de ese modo un valor de refuerzo considerable o efectivo. Este último tiende no solo a forta lecer la conducta misma sino también a integrar impulsos secundarios dentro del sistema motivacional del individuo. El origen de las diferencias de conducta entre los individuos puede hallarse en el valor de refuerzo derivado de variacio nes, incluso minúsculas, de secuencias de acción, similares. Debemos señalar aquí, que, en un individuo dado, el refuer zo de la conducta o de los impulsos secundarios solo es posible si las técnicas de refuerzo varían en alguna medida. Por ejemplo, un niño acostumbrado al elogio constante deja rá de sentirse influido por las alabanzas, a menos que haya variaciones notables en el modo de expresarle aprobación por su conducta. Pero en una secuencia E-R cualquiera, la respuesta de un individuo puede ser un estímulo para otro; por ejemplo, el llanto de un niño en respuesta a una caída se convierte en el estímulo de la respuesta de la madre, que acude a ayu darlo y confortarlo. Por consiguiente, la mayoría de los actos humanos son hasta cierto punto sociales e interpersonales. Sears reconoce la importancia de la interacción humana, y señala el hecho de que el desarrollo del niño se manifiesta en el marco de unidades de conducta diádicas, más que en el marco de las unidades de conducta monódicas, de un solo individuo, de las cuales se han ocupado extensamente los psicólogos. Por consiguiente, la conducta adaptativa y su refuerzo en un individuo deben ser estudiadas con referencia a la respuesta real o anticipada de otro. El diadismo de Sears propone, para los efectos de la investigación, una 171 separación práctica entre el antecedente y el consecuente. Cada secuencia E-R puede estudiarse con respecto a la con ducta interrelacionada de dos o más individuos, mientras que el estímulo y la respuesta en sí mismos solo merecen una consideración secundaria. Sears comprobó experimentalmente muchos conceptos psico- analíticos. Su familiaridad con estos últimos lo llevó a utili zar en su teoría del aprendizaje conceptos tales como repre sión, regresión, proyección, sublimación, y las etapas de desarrollo psicosexual oral, anal, edípica y de latencia. Es significativo que en sus investigaciones más recientes [157, 161, 164], estos conceptos analíticos aparezcan como siste mas motivacionales de carácter fundamental dentro de la estructura de una teoría del aprendizaje. El trabajo de Sears ha contribuido en gran medida a la aplicación y comproba ción de los conocimientos originados en los conceptos psico- analíticos y de la teoría delaprendizaje. Sears abrió nuevos caminos a la comprensión y a la orientación del desarrollo infantil. Auténtico representante del enfoque predominante en Esta dos Unidos respecto de la elaboración teórica, Sears afirma que tanto en las ciencias de la conducta como en las físicas, la teoría debe fundarse en la investigación empírica y ade cuadamente controlada: «Una teoría se sostiene o no de acuerdo con su eficacia en el ordenamiento de las observa ciones empíricas» [164, pág. 3 8 2 ],1 Su investigación expe rimental se limita exclusivamente a los norteamericanos na tivos. Sus estudios, referidos esencialmente a situaciones diádicas, se ocupan en general de la relación madre-hijo. Sears omite la diada padre-hijo, como si la anterior fuese la más exhaustiva. Hace una notable excepción a esta norma al estudiar la relación entre Mark Twain y su padre, cuando en su estudio biográfico se ocupa de la relación entre dicho escritor y sus progenitores [153]. Sears utiliza técnicas estándar de investigación, con variables bien controladas, para predecir la conducta. Sin embargo, al interpretar sus hallazgos a veces extrae inferencias que ex 1 En su investigación más reciente, no vacila en aplicar este crite rio a sus propios trabajos anteriores, cuando los hallazgos posterio res no confirman los datos previos [161], 172 ceden el alcance de sus datos de investigación, y con frecuen cia incorpora a sus conclusiones inferencias extraídas de ha llazgos simplemente preliminares, en ocasiones desprovistos de significación estadística. Supuestos fundamentales de la teoría de Sears El orden del universo Como cualquier hombre de ciencia, Sears cree en la posi bilidad de conocer el universo. Pero su interés y su trabajo científico se concentran en aspectos seleccionados de la con ducta humana. Solo a veces, como en sus trabajos con algu nos colaboradores en relación con el teorema de frustración- agresión [20, 96], en su estudio más reciente acerca de la identificación [150, 151, 161] y en la equivalencia concep tual de las variables transculturales [1960 a], Sears se aven tura a aplicar sus hallazgos a conceptos más generalizados y ofrece una formulación de principios universales de la conducta humana. Valores humanos fundamentales Sears juzga al hombre por sus actos; para él, estos últimos representan el núcleo de la individualidad, la capacidad creadora o la vulnerabilidad del individuo. Sears se muestra optimista acerca de la naturaleza social universal del hombre y de su infinita capacidad de aprender [150]. Asimismo, destaca la influencia que los padres ejercen en el desarrollo de la personalidad del niño. Son las prácticas de crianza del progenitor las que determinan la naturaleza del desarrollo de un niño. A su vez, las diferencias de personalidad entre los individuos responden sobre todo, en su opinión, a las diversas posibilidades de acceso de los padres a distintas formas de información acerca de las prácticas de crianza de los niños. Por consiguiente, es importante que los padres tengan acceso a los conocimientos más modernos. Sears da a 173 entender que todos los padres se desempeñarían mejor si supieran más. Etiología de la conducta Sears sostiene que, por ahora, carece de importancia com prender la fuente de la conducta humana. Sin embargo, aunque no se ocupa explícitamente de problemas etiológicos, se basa al parecer en los siguientes supuestos. Primero, una conducta es tanto la causa como el efecto de otra conducta; Sears cree que los impulsos primarios tienen solo un valor instrumental para la iniciación de la conducta en un mundo social. Es el medio el que conforma la con ducta. Por ejemplo, en un período muy temprano de la vida del niño, un progenitor tiende a reaccionar de distinta ma nera ante un hijo que ante una hija. Por consiguiente, desde una edad muy temprana, los niños de cada sexo se ven sometidos a diferentes métodos de crianza, y, por lo tanto, se desarrollan de distinto modo. Segundo, la conducta está automotivada por su efecto de reducción de la tensión. Al margen de este supuesto, Sears sostiene que la causa final carece de importancia, mientras la reducción de las necesidades inmediatas puede relacionarse con la predicción de la conducta ulterior. Tercero, cada unidad de conducta que precede a un objetivo aumenta el potencial de refuerzo, sea porque se ha repetido antes del logro o por la posterior repetición de la conducta como resultado de> la consecución del objetivo. Cuarto, toda conducta reforzada con caracte rísticas equivalentes a los impulsos forma sistemas motiva- cionales secundarios. Estos deseos socialmente aprendidos motivan toda la conducta humana. Incluyen la conducta de conformidad con la cultura, porque los actos socialmente significativos se basan en motivos condicionados gradualmen te mediante experiencias sociales [155]. Quinto, la frustra ción, la agresión, la identificación y los hábitos sociales tie nen cada uno su propio modo de desarrollo. La frustración es siempre el producto de una interferencia anticipada o sufrida previamente en la realización de un objetivo o en un acto instrumental conducente a la reali zación del objetivo [149]. La frustración crea un impulso 174 interno hacia la agresión, que eventualmente exige una ex presión exterior.2 Por consiguiente, los sentimientos agresi vos arraigan en un poderoso sistema motivacional dentro de cada individuo. Igualmente, la identificación se basa en las experiencias tempranas de imitación espontánea de la con ducta y en el refuerzo a través del reconocimiento recibido cuando se imita y la satisfacción personal que implica descu brir la presencia de la conducta de otros en nuestros propios actos. Las diferencias sexuales y su socialización crean dife rencias normativas de desarrollo [146]. Los hábitos se ex plican por la persistencia de una conducta, sin imitación de pautas nuevas y diferentes. En cierto sentido, el hábito puede definirse como una conducta que soportó (o resistió) el cambio o la extinción [148]. Los cambios de conducta son el resultado y extraen su fuerza de 1) la maduración física, 2) el condicionamiento cultural, y 3) las expectativas de los otros con respecto a la conducta inmediata. El núcleo del funcionamiento humano Para Sears la personalidad es el producto de una «vida de acción diádica que ha modificado la potencialidad del indi viduo para una acción ulterior» [159, pág. 476], Por con siguiente, el funcionamiento humano debe concebirse como un resultado de los efectos interactivos de todas las influen cias, tanto constitucionales como experienciales, que han actuado sobre el individuo [164]. Puesto que toda conducta está formada por respuestas orientadas hacia objetivos, los hechos de conducta deben explicarse por las ulteriores se cuencias de acción. El individuo es el protagonista constante de su conducta. El deseo de aprender inherente al niño y el impulso de la madre a proceder bien crean una situación diádica en la cual el conocimiento adecuado de los actos determina el justo equilibrio de la conducta humana. Para 2 La hipótesis de frustración-agresión ha sido puesta en tela de jui cio por el propio Sears, sobre la base de su investigación más re ciente, cuando observó, en relación con otras investigaciones, que por lo menos en esta indagación particular la frustración tiene es casa relación con la agresión [160, pág. 92]. 175 citar a Sears: «Si una madre conoce el efecto de determinada práctica, puede decidir si la utilizará o no. Puede fundar sus juicios en un conocimiento del resultado que obtendrá» [164, pág. 17]. Las emociones afectan el grado de refuerzo que puede obte ner una acción. Sears las concibe como respuestas cualita- tivas-cuantitativas ante actos previstos o experimentados. Nunca se las considera como entidades. Por ejemplo, para Sears la agresión es una respuesta orientada hacia un objetivo. Un acto agresivo puede explicarsecomo una contraagresión, suscitada o anticipada por una acción diádica previa. En la medida en que toda conducta constituye en esencia acciones reforzadas, puede concebirse fácilmente el desarrollo como un proceso de entrenamiento. Por consiguiente, la conducta del niño es el resultado del modo de criarlo. La con ducta adaptativa depende del aprendizaje reforzado. Sears presta escasa atención al juego.3 En cierto lugar, afir ma que el juego es aprendizaje por vía de ensayo y error. El aprendizaje mediante el ensayo y el error constituye un medio para descubrir la orientación perceptual (la sensación, el gusto o el movimiento de las cosas). El juego es también una forma de orientación racional — se trata de descubrir qué hacen las cosas, qué representan y qué espacio y tiempo ocupan [152]— . En otra ocasión, Sears atribuye al juego un componente irracional. Hay juego, lo mismo que fantasía, «cuando alguna de las leyes de los universos físico y social ha sido anulada, de modo que [aquel] es un resultado de los impulsos y los hábitos del niño que manifiestan diferentes constantes en lo que atañe a la conducta» [147, pág. 498]. Todas las funciones humanas se ajustan a las mismas leyes de conducta. En el juego o la fantasía una persona tiende a aplicar antecedentes de conducta (constantes) distintos de los que hallamos en la interacción usual y cotidiana. La conducta social depende casi exclusivamente de la influencia de otros, más que de los procesos internos de desarrollo. 3 Citamos la posición de Sears acerca del juego porque tanto Erik- son como Piaget suponen que el juego es una función humana fun damental del desarrollo. No se conoce la posición de Sears al res pecto. Hasta ahora, se ha ocupado del juego únicamente en proyec tos de investigación aislados. 176 E l recién n acido El recién nacido tiene diferentes necesidades biológicas que determinan impulsos primarios; el hambre, la sed, la tensión sexual, el sueño, la fatiga, las necesidades de actividad, la eliminación de los desechos y el mantenimiento de la tem peratura óptima están interrelacionados con los impulsos primarios. Estos impulsos conforman un complejo y son los instigadores del aprendizaje social: Al nacer, el niño tiene la posibilidad de asegurarse muchas formas de gratificación originadas en su mundo. Puede co mer, puede eliminar cuando lo necesita, puede ser calentado o refrescado, puede recibir mimos y amor. Estas experien cias no solo son gratificadoras, sino también fuentes de aprendizaje [143, pág. 68]. Por ende, la causa del aprendizaje posterior del infante debe buscarse en la familia, y un estudio de esta nos lleva a una descripción del desarrollo en la niñez temprana. El ambienté físico y social El ambiente físico y social se aborda sobre la base de los contactos previos que se hayan tenido con él. El individuo llega a un conocimiento de ambos solo en la medida en que los experimente como parte de su secuencia de conducta [154]. Con el tiempo, la sociedad inculca motivos, intereses, conocimientos y actitudes «apropiados» en el niño, a medida que este aprende a actuar en concordancia con las expecta tivas ambientales. Por consiguiente, los estímulos varían con cada cultura. Cada sociedad y cada cultura cuida de que se refuercen ciertos actos; solo los actos reforzados incor poran valores que se convierten en parte de la herencia social de una persona. Tiene particular importancia por sus impli caciones el supuesto de que toda socialización, por permisiva que sea, incluye inevitablemente ciertos elementos de frus tración, o conducirá a esta a causa de su eventual generali zación y aplicación a nuevas y más amplias secuencias de acción [162], El papel de los progenitores es fundamental, 177 pues estos constituyen los agentes de refuerzo más impor tantes. Sears no reconoce a las clases socioeconómicas u otros núcleos sociales per se como variables que discriminen entre las prácticas de crianza. A su juicio, el criterio fundamental es este: ¿Qué acceso tienen los padres a los conceptos más importantes sobre las prácticas de crianza? Sears afirma que las diferencias entre los distintos grupos socioeconómicos con respecto a las prácticas de crianza disminuirán a medida que aumente el acceso a una misma información y la comu nicación inmediata de nuevos conceptos a todas las capas socioeconómicas de la sociedad. Por consiguiente, la relación entre cultura y desarrollo de la personalidad descansa en el aprendizaje social. Concepción de Sears acerca del desarrollo La investigación y los escritos de Sears ponen de manifiesto dos posiciones diferentes en relación con el desarrollo infan til. Sus escritos y el análisis de los hallazgos de su investiga ción sugieren que concibe el desarrollo como una cadena continua de hechos que se agregan a las adquisiciones ante riores y en parte las reemplazan. Asevera lo siguiente: La crianza de los niños es un proceso continuo. Todos los momentos que el niño vive en contacto con sus padres ejercen cierta influencia sobre su conducta actual y sus posibilidades de acción futura. El desarrollo de un niño parece ser un proceso bastante ordenado. Renuncia a modos de conducta que ya no son apropiados, y adquiere nuevas formas de acción adecuadas a su edad y condiciones de vida [164, págs. 314, 466]. Al mismo tiempo, el enfoque de investigación de Sears y su exposición de los datos sugieren que él intenta la apli cación del concepto de las fases de desarrollo. Por consi guiente, deducimos que Sears considera el desarrollo como una secuencia continua y ordenada de condiciones que ori ginan actos, nuevos motivos para estos y pautas eventuales de conducta. Mientras la vida social cotidiana se desenvuelva 178 como si las fases de desarrollo fuesen una realidad, todo aprendizaje social tenderá a ajustarse a pautas comparables. Vale decir: los primeros aprendizajes del infante — el des tete, la alimentación, la educación esfinteriana, la educación sexual— así como la dependencia infantil vinculada con la edad, implican claramente una expectativa de diferentes ni veles de disposición. Por consiguiente, las condiciones sociales establecen la existencia de fases de desarrollo, al margen de que estas se basen en hechos concretos independientes. Por lo tanto, expondremos la concepción de Sears en tres fases de desarrollo.4 I. La fase de la conducta rudimentaria, que se funda en las necesidades innatas y en el aprendizaje propio de la infancia temprana.5 II. La fase de los sistemas motivacionales secundarios basa dos en el aprendizaje centrado en la familia. III. La fase de los sistemas motivacionales secundarios basa dos en el aprendizaje extrafamiliar. La primera fase comprende esencialmente los primeros me ses de vida del niño, cuando su experiencia ambiental aún no dirige su aprendizaje. En la segunda fase se da la mayor parte del influjo de la socialización sobre la niñez temprana. Y la tercera fase introduce problemas de desarrollo que ex ceden los límites de la niñez temprana. Sin embargo, esta última fase no incluye material suficiente para sugerir que en sí misma conforma una fase exclusiva según el criterio de Sears; simplemente contiene un material que desborda los límites de las primeras dos fases. Estas tres fases concuerdan con los supuestos teóricos de Sears. Podemos describirlas metafóricamente como tres círcu los concéntricos que se expanden en un estanque de agua donde se ha arrojado una piedra. El primer círculo, el inte rior, representa el ambiente más íntimo del niño, constituido 4 La responsabilidad de la articulación de estas tres fases de desarro llo recae totalmente sobre la interpretación y el método de organi zación personales del autor de este libro. 5 En una publicación reciente [146, pág. 161], Sears especifica la existencia de una «fase de infancia», que dura hasta los 16 meses, y sugiere que hay pautas de desarrollo en fases. 179 por los progenitores.El segando implica la aparición del niño en un ambiente familiar más amplio; y el más externo sim boliza la gradual penetración social del niño en su propio vecindario. A medida que se expande, cada círculo se fusiona con el siguiente, y de ese modo pierde su diferenciación original. En el mismo sentido, la expansión de cada fase de desarrollo, como los círculos convergentes, abarca una esfera más amplia de aprendizaje. Al examinar cada una de estas fases de desarrollo, investi garemos el material de Sears en relación con lo siguiente: el sentido de la fase dada, el lugar de las necesidades prima rías, el lugar de los sistemas motivación ales secundarios, los cinco sistemas motivacionales fundamentales de Sears (de pendencia, alimentación, educación esfinteriana, sexo y agre sión), los procesos especialmente importantes del desarrollo ( identificación, juego, motilidad, razonamiento y conciencia) y los factores sociales (status del progenitor, sexo, posición ordinal, clase, educación y herencia cultural). Fase I. Conducta rudimentaria: Necesidades innatas y aprendizaje de la primera infancia La conducta de un infante durante los primeros 10 a 16 meses de vida consiste en los intentos de reducir la tensión interior originada en sus impulsos. Las necesidades de ase gurarse alimentos, eliminar sus desechos y experimentar calidez personal al mismo tiempo que obtener comodidad física constituyen las fuentes del aprendizaje. Simultánea mente, el modo en que estas necesidades innatas son satis fechas introduce las experiencias ambientales de aprendizaje. Estas experiencias relativas a la crianza se relacionan cada vez más con los estímulos fisiológicos, hasta que el apren dizaje social se convierte en el motor esencial de la conducta. La primera fase abarca precisamente este período de pre socialización, el período de la conducta asocial rudimentaria. En esta fase, las necesidades innatas determinan los impulsos primarios y los indicios para la acción. El hambre, la fa tiga, el dolor, etc., provocan tensiones que el niño busca reducir por medio de una respuesta gratificante. Gran parte de esta búsqueda inicial de gratificación adopta la forma 180 de ensayos y errores. Llorar, luchar y contener la respiración, por ejemplo, son actos basados en indicios de dolor y cons tituyen respuestas que simplemente se producen. El niño se encuentra en tra estado puramente autista, desvinculado del mundo social. Poco a poco, el infante aprende que la reduc ción del dolor se relaciona con alguno de sus actos. Se es fuerza entonces, poí imitar aquellos que antes tuvieron éxito. Por ejemplo, el indicio de hambre se asocia con la secuencia: llanto y.pecho (o mamadera) con el fluido que reduce el hambre. Sus actos se convierten cada vez más en una conducta aprendida; es decir, se transforman en parte de una secuencia con una respuesta aprendida, orientada hacia una meta. Cuando la conducta del infante tiende a una conducta específica, orientada hacia una meta, son las acciones completas que provocan una reducción de la ten sión las que tienen mayores probabilidades de volver a repetirse, toda vez que se manifieste dicha tensión. Las respuestas repetidamente satisfactorias y los hechos conco mitantes que condujeron a la satisfacción aparecen conjun tamente como experiencias recompensatorias. En el caso del infante, la prontitud, la confiabilidad, la rfgularidad y la calidez personal de la madre (contactos físicos estrechos, caricias, etc.) suministran el refuerzo esencial. Por ejemplo, una madre que consagra una considerable y adecuada aten ción a su hijo cuando este la necesita está proporcionando un refuerzo de apoyo. A su vez, lo más probable es que el niño adapte su conducta a las formas que le asegurarán la atención consecuente de la madre. El niño aprende a reclamar una conducta recíproca por parte de la madre, y la gama de variables dependientes tienden a ser más una función de la crianza que de la edad [161, pág. 38], Por consiguiente, el niño se ve estimulado a seleccionar las respuestas que su medio parece esperar de él. Se siente inclinado a mani pular el medio para obtener respuestas gratificantes, y el medio le sugiere la gama de satisfacciones que puede ofrecer. La clave del control se afirma en esta relación diádica. El infante aprende tanto a controlar como a ser controlado. Más aún, desea someterse al control. Debido a sn rápido aprendizaje, desarrolla tempranamente «técnicas propias para cooperar con quienes lo atienden, así como para controlar los y asegurarse su crianza» [164, pág. 138]. 181 aquí en adelante tiene lugar un proceso de socialización. «Cada niño posee siempre un repertorio de actos que nece sitan reemplazo» [164, pág. 464], Un desarrollo exitoso se caracteriza por la disminución del autismo y de los actos centrados en necesidades innatas, y por el aumento de la conducta diadica, centrada en lo social. El fracaso del desa rrollo se manifiesta en la falta de movimiento, o en la inver sión de las tendencias antes mencionadas. El desarrollo de la niñez temprana plantea tres problemas esenciales: 1. ¿En qué condiciones aprende el niño su sistema motiva- cional? 2. ¿En qué circunstancias los padres y otros factores am bientales refuerzan el aprendizaje del niño? 3. ¿Cuáles son los resultados del aprendizaje del niño, o cuáles sus pautas de conducta? Dentro de la teoría de Sears, la dependencia es un compo nente central del aprendizaje [144, 153, 161]. El refuerzo recompensatorio en todas las situaciones diádicas depende de que el niño mantenga contactos consecuentes con una o más personas. Esta relación esencial se inicia con los primeros contactos niño-madre, cuando aquel pasa de los procesos de aprendizaje fundados en el ensayo y el error a los que se basan en el refuerzo diádico. Una relación diádica promueve la dependencia, y por lo tanto la refuerza. El infante tiende a depender desde el nacimiento, a responder a las personas como a fenómenos ambientales recurrentes durante los dos primeros meses de su vida. Apela a ellas cuando siente ham bre, frío, o padece cualquier otro estado de necesidad bio lógica. Del cuarto al duodécimo mes de vida la relación diádica de alimentación acentúa el impulso de dependencia [162]. Una vez que la conducta apropiada asegura la depen dencia, existe una relación auténticamente diádica. Tanto el niño como la madre tienen un repertorio de actos signifi cativos que estimulan las respuestas del otro compatibles con las propias expectativas. Inicialmente, al igual que los restantes sistemas motivacio- nales que examinaremos, la dependencia comienza con la participación pasiva del niño, hasta que más tarde puede mantenerla activamente. El depender implica un ejercicio de 182 roles «determinado por la necesidad de reconquistar _ el control de los recursos parentales que suministran al niño muchas formas de gratificación, especialmente la expresión de amor» [144]. Por consiguiente, el aprendizaje de la dependencia activa parte de un estado de dependencia pasiva, con la ayuda del adulto como principal agente de refuerzo, para alcanzar un estado de dependencia en el cual el adulto ya no desempeña ese papel fundamental. Esto último no ocurre hasta la siguiente fase de desarrollo. Para el niño, depender se convierte en una necesidad profunda que no puede ser eliminada ni ignorada. En realidad, cuanto ma yores sean los esfuerzos del niño para satisfacer sus frus tradas necesidades de dependencia, más insistentes y absor bentes serán sus reclamos de dependencia. Por lo tanto, no debe sorprender que la permisividad hacia la dependencia sirva para satisfacer las necesidades de esta última. La necesidad infantil innata de reducir la tensión provocada por el hambre se asocia rápidamente con dos componentes esenciales e interrelacionados de la secuencia de ingestión de alimentos: succionar y estar cerca de la persona que lo nutre. A causa dela constante repetición y de la profunda asociación con la respuesta orientada hacia un fin, el acto instrumental de la succión pronto se convierte en un hábito arraigado y en un impulso independiente que se fortalece con la edad, mientras continúa siendo el medio básico que per mite calmar el hambre. La madre es considerada como una parte indispensable de la actividad de succión y de la inges tión de todo alimento. Su imagen, su olor, su tacto, etcétera, están estrechamente asociados con la gratificación. El niño, «no solo aprende a esperar que ella se acerque cuando [él tiene] hambre, sino que también aprende que la necesita» [164, pág. 66]. Este vínculo entre la necesidad de alimento y el deseo de tener a la madre es esencial para esta fase de desarrollo, pero constituye un disuasor potencial del desa rrollo en las fases de socialización ulteriores. Por lo tanto, la madre que suministra alimento promueve una relación diá dica y al mismo tiempo refuerza la dependencia respecto de ella misma como adulto que dispensa cuidados. El deseo natural del niño de eliminar desechos y de ser percibido sexualmente sigue siendo el deseo asocial. Durante esta primera fase y en este punto de su desarrollo, el infante 183 no asocia directamente con la eliminación las presiones que se ejercen sobre él para que mantenga la higiene corporal y cubra sus órganos sexuales con ropas. Según las primeras investigaciones de Sears acerca de la hipótesis de frustración-agresión, esta última es una con secuencia de aquella.6 La agresión se convierte fácilmente en un aspecto temprano y fundamental de la conducta apren dida, porque hay frustración desde el momento mismo en que el niño experimenta incomodidad, o dolor, o demora en hallar alivio cuando sufre una experiencia ingrata. La agre sión, que generalmente se manifiesta mediante la cólera, como enojo o expresión de malhumor, es esencialmente una respuesta a esta frustración. El pequeño infante, o un indi viduo mayor con una reserva de conductas semejante a la infantil, depende de aquellos procesos de comunicación vital que tienen particular importancia para él. Su agresión se expresa mediante una forma vocal generalizada (el llanto), cambios en el ritmo respiratorio o en la ingestión de alimen tos, o mediante la postura de todo su cuerpo. La permisi vidad hacia las exhibiciones de frustración tiene para el niño un significado diferente que la permisividad hacia la depen dencia. La permisividad de los padres hacia las primeras no refuerza las pautas de conducta, sino que deja en el niño un caudal de agresión no canalizadá. Por el contrario, la acep tación permisiva de la dependencia conduce lógicamente al niño a una dependencia más acentuada respecto del adulto que le dispensa atención. Al mismo tiempo, implica la dis posición a hacer por el niño lo que él se niega a resolver por sí mismo. Es probable que este último aspecto incluya tanto la superación de la frustración como la ayuda directa para expresar la agresión. El modo en que el adulto trata la de pendencia y el control sienta las bases del proceso de iden tificación. Durante esta primera fase, el autocontrol del niño se origina en el control ejercido por sus padres. Gran parte del medio social en que el niño nace tiene im plicaciones inherentes para su eventual desarrollo. El sexo del niño, su posición en la constelación familiar, la felicidad básica de su madre, la posición social y el status educacional 6 Más recientemente, Seats ha sugerido que esta hipótesis debe set comprobada nuevamente (véase nota 2 de pág. 175). 184 de la familia son variables importantes que afectarán de un modo o de otro su desarrollo. Fundamentalmente, una madre comprende a su hijo según la disposición general que tenga hacia la crianza de los niños. Secundariamente, reacciona de distinto modo frente al hijo de acuerdo con el sexo de este. Desde el nacimiento, «el niño pertenece a un sexo o al otro, y la sociedad comienza a inculcar en él motivos, intereses, conocimientos y actitudes apropiados a dicha condición» [163; pág. 221], El sexo del niño «constituye un estímulo importante para la madre. Sitúa al niño en una categoría social que tiene enormes repercusiones en la educación» [146, pág. 141; 164, pág. 419]. A juicio de Sears, la posición ordinal del niño es significa tiva en cuanto a la distancia que debe recorrer el control ejercido por los padres. En las familias numerosas hay una distancia considerable hasta el control final (el progenitor), y el primogénito se halla expuesto a una educación más "directa por parte de aquel, mientras que los restantes her manos suelen tener una intermediario adicional en cada her mano mayor. Más importante aún que la posición ordinal es la distancia entre las edades de los niños y la libertad de que goza la madre para tratar directamente con cada niño sin necesidad de «diluir» dichos contactos con otros niños mayores, que también compiten por su atención. Además, una madre tiende a sentirse menos frustrada por las tareas cotidianas que debe cumplir en relación con el segundo hijo. Un hijo único tiende a recibir una mayor atención por parte del progenitor de su propio sexo, y el hijo menor de una familia numerosa parece hallarse sobre todo bajo la disciplina de la madre, sea cual fuere su sexo [164], La educación de la madre tiene cierta relevancia, o por lo menos la tiene su capacidad para la tarea de tratar simultáneamente, de dis tintos modos a los hijos que se encuentran en diferente' puntos del desarrollo. Gran parte del desarrollo temprano ¿b un niño refbb 'a personalidad de la madre --su cay a ¿dar» ríe ser ir .: mr-che amante, de regular su permibvi • sus actitud?•• .1 ? h instrucción sexual y esfimetiana- Lar capacK-.d; ó/ la madre están estrechamente asociadas con ru ptopU autoesti ma, su evaluación de! padre y sus sentimientos r «x a de su situación actual en 1» vida. Un indico eVvackt cu cada uno 185 de estos tres factores se correlaciona con un gran entusiasmo y una profunda calidez en la crianza del niño. Finalmente, el status social, la educación y los antecedentes culturales de la madre predeterminan muchas prácticas con cernientes a la crianza. El niño tiene mayores probabilidades de lograr un desarrollo saludable si la madre no anhela otra situación en la vida. Esta observación es válida tanto para la madre que trabaja como para el ama de casa, si cada una de ellas considera que la suerte que le ha tocado es la más apropiada en su caso. La posición general de la madre en la escala socioeconómica parece afectar el desarrollo del niño en menor grado que la amplitud de su educación. La madre menos instruida (generalmente la madre de clase inferior) es la que adopta actitudes inapropiadas con respecto a la per misividad y el control. Inversamente, un nivel de educación más elevado y el acceso a los conceptos contemporáneos acerca de la crianza preparan a las madres para una aplicación más racional del control y una permisividad más acentuada hacia la dependencia. Sears sugiere que las diferencias de clase socioeconómica se relacionan esencialmente con el grado de acceso a la principal matriz de la comunicación en la actualidad: el conocimiento y la aplicación del mismo. Esta primera fase vincula la dotación biológica del niño recién nacido con la dotación de su medio social. Asimismo, intro duce al infante en el medio y constituye el fundamento de las interacciones cada vez más acentuadas con el mismo. Fase II. Sistemas motivacionales secundarios: El aprendizaje centrado en la fam ilia Les aspectos de la vida indisciplinada del infante comienzan a someterse uno por uno a los rigores de la educación impar tida por los progenitores. Durante esta segunda fase se inicia k socialización, que comprende la niñez temprana, el lapso que transcurre entre la segunda mitad de! segundo año de vida y la edad en que el niño ingresa en la escuela. A lo largo de