Logo Passei Direto
Material
¡Estudia con miles de materiales!

Vista previa del material en texto

DR. YOSELMAN R. MIRABAL
AÑO 2018
TEOLOGÍA PENTECOSTAL
Una perspectiva académica
TEOLOGÍA PENTECOSTAL:
UNA PERSPECTIVA ACADÉMICA 
Dr. Yoselman R. Mirabal
Derechos Reservados 2018
Producciones Mirabal
Ministerio de Publicaciones Cristianas, Inc.
C/ Respaldo 4 #142, Las Palmas, Herrera,
Santo Domingo Oeste, Rep. Dom.
www.produccionesmirabal.com
E-mail: yomirabal@yahoo.com
Tels: 809-334-4063 / 829-683-6821
ISBN: Tapa rústica/9789945–9080–2–2 
ISBN: Tapa dura/978–9945–9080–1–5
Diagramación:
Yancarlos Medrano
Corrección y estilo:
Rev. Jerson Carvajal, M. A.
Dr. Francisco Pablo Fortuna
Corrección de citas bíblicas
Lic. Edward Cifre
Primera edición: 5,000 ejemplares
Santo Domingo, Santo Domingo Oeste, 
República Dominicana
Año 2018
Impreso en la editora La Unión
C/ 1° #1, Reparto Rosa, Las Palmas de Herrera,
Santo Domingo Oeste, Rep. Dom. • Tel: 809–537–4711
www.produccionesmirabal.com
 Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un 
estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les 
aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos 
del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. 
Hechos 2:1–4 Reina–Valera 1960 
Índice de contenidos
Ideas centrales ............................................................................... 
Prólogo ............................................................................................ 
Presentación.................................................................................... 
 Capítulo I. Conceptuación
1.1. Teología.................................................................................
	 1.1.1.	Definición	etimológica.............................................
 1.1.2. Concepciones técnicas de la teología....................
1.2. Pentecostés.......................................................................... 
1.3. Pentecostal...........................................................................
1.4. Neopentecostal...................................................................
1.5.	Académico(a)....................................................................... 
Capítulo II. Origen, evolución y situación actual
del pentecostalismo
2.1. Antecedentes bíblicos........................................................
2.2. Antecedentes históricos.................................................... 
2.3.	Nacimiento	del	movimiento	pentecostal:	Topeka
 y la calle Azusa................................................................... 
2.4.	Pentecostalismo	en	América	Latina................................ 
2.5.	Origen	del	movimiento	pentecostal	en	la	República
	 Dominicana........................................................................ 
Capítulo III. Unción o conocimiento:
La gran dicotomía entre los pentecostales
3.1.	Causas	y	consecuencias	de	esta	dicotomía......................
	 3.1.1.	Causas	de	la	dicotomía............................................
	 3.1.2.	Consecuencias	de	la	dicotomía..............................	
3.2.	Unción	y	conocimiento:	dos	caras	de	una	misma	moneda....
3.3.	Importancia	del	equilibrio	en	la	vida	cristiana.............
15
17
19
24
24
24
26
28
29
31
36
37
41
45
52
61
62
66
67
70
12 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
 Capítulo IV. Doctrinas básicas de los pentecostales
					4.1.	Componentes	generales	de	la	doctrina	pentecostal.......
	 4.1.1.	Las	Sagradas	Escrituras..........................................
	 4.1.2.	El	sincretismo	teológico..........................................	
	 4.1.3.	Las	experiencias	pentecostales..............................		
	 4.1.4.	Los	dogmas	o	reglas	internas.................................
4.2.			Reseña	de	algunas	doctrinas	pentecostales	con
	 	fundamentos	sólidos	en	las	Sagradas	Escrituras..........
	 4.2.1.	La	inspiración	de	las	Sagradas	Escrituras............
 4.2.2. Dios............................................................................
	 4.2.3.	La	creación...............................................................
	 4.2.4.	La	caída	del	ser	humano:	El	pecado	y	su	castigo.....	
	 4.2.5.	Jesucristo	como	salvador,	bautizador	con	el	Espíri-	 	
	 												tu	Santo,	sanador	y	rey	que	vendrá	otra	vez..............
	 4.2.6.	El	Espíritu	Santo:	Tema	central	en	la	teología
 pentecostal............................................................... 
	 4.2.7.		El	bautismo	en	el	Espíritu	Santo	y	el	hablar
 en lenguas...........................................................................
4.2.8.	La	justificación	por	la	fe..............................................
4.2.9.	La	salvación......................................................................
4.2.10.	El	nuevo	nacimiento....................................................
4.2.11.	La	santificación..............................................................
4.2.12.	La	resurrección	de	Cristo..........................................
4.2.13.	La	iglesia	de	Cristo.......................................................
4.2.14.	El	rapto	o	arrebatamiento	de	la	iglesia.................
4.2.15.	Del	estado	del	ser	humano	después	de	la	muerte		 	
	 		y		de	la	resurrección	de	los	muertos...................................
4.2.16.	El	juicio	final..................................................................
4.2.17. Otras doctrinas pentecostales..................................
Capítulo V. Creencias, dogmas y tabúes pentecostales
5.1. Creencias.........................................................................................
5.1.1.	La	letra	mata,	más	el	Espíritu	vivifica......................
5.1.2.	Lo	que	el	Espíritu	diga	eso	se	hará...........................
5.1.3.	Las	mujeres	no	deben	cortarse	el	pelo.....................
5.1.4.	No	se	tiene	el	Espíritu	Santo	si	no	se	habla
en lenguas......................................................................................
79
81
82
84
85
87
88
90
91
92
94
95
99
100
102
106
107
109
112
114
116
117
118
129
130
131
131
133
13Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
		5.1.5.	Noé	predicó	durante	120	años..................................
5.1.6.	Solo	los	creyentes	pentecostales	serán	salvos.....
5.1.7.	Cuando	se	tiene	relaciones	sexuales	el	Espíritu		 	
	 												Santo	se	va	en	ese	momento......................................
5.1.8.	La	oración	debe	ser	realizada	con	los	ojos
 cerrados............................................................................
5.1.9.	Los	niños	no	deben	ser	bautizados..........................	
5.1.10.	Tomar	café	o	té	es	pecado.........................................
5.1.11.	Las	mujeres	no	se	pueden	preparar	para
	 no	tener	hijos..................................................................
5.1.12.	Los	creyentes	católicos	no	son	cristianos...........
5.1.13.	Tomar	vino	es	pecado.................................................
5.1.14.	El	hombre	es	la	cabeza	de	la	mujer........................
5.1.15.	Fumar	es	pecado...........................................................
5.1.16. No es bíblico el uso de la danza en la iglesia......
5.1.17.	Judas	Iscariote	murió	ahorcado...........................	
5.1.18.	Las	mujeres	no	deben	usar	pantalones,
	 prendas,	maquillaje,	tintes,	pintarse
	 las	uñas	ni	ponerse	extensiones	de	pelo.............
5.2.	Dogmas.................................................................................	
5.2.1.	No	se	puede	tomar	la	Santa	Cena	si	la
	 persona	no	es	bautizado(a)........................................
5.2.2. No se puede usar una Biblia digital en lugar
 de una física...................................................................
5.2.3.	En	el	templo	los	hombres	deben	ir	de	un
	 lado	y	las	mujeres	de	otro..........................................
5.2.4.	El	hombre	no	debe	usar	bigotes	ni	barba...........
5.2.5.	En	todo	culto	se	debe	desarrollar	undevocional	o	primera	parte,	un	cultural
	 o	segunda	parte	y	el	mensaje,	el	cual	debe
	 ir	al	final...........................................................................
5.2.6. No	se	puede	orar	dándole	la	espalda	al	púlpito....
5.2.7.	Las	personas	no	pueden	divorciarse	ni
	 celebrar	nuevas	nupcias..............................................
5.2.8.	Con	esa	o	ese	te	tienes	que	casar.............................
5.2.9.	No	se	puede		bautizar	si	se	convive	con
	 alguien	sin	estar	casado(a)........................................
5.2.10.	La	disciplina	en	la	iglesia	pentecostal................. 
134
136
137
138
139
140
142
143
144
146
147
149
150
153
155
156
158
160
160
162
163
165
167
169
170
14 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
5.3.	Tabúes	pentecostales.........................................................
5.3.1.	No	es	espiritual	hablar	de	sexo	en	la	iglesia.........
5.3.2.	La	decisión	o	iniciativa	en	el	amor	debe	ser
											del	hombre,	no	de	la	mujer.....................................
5.3.3.	Tener	sexo	oral	con	su	pareja	es	inmoral..............
5.3.4.	Escuchar	música	con	ritmo	urbano:	merengue
 o bachata es pecado................................................. 
5.3.5.	Ir	al	cine,	gimnasio	o	estadio	de	béisbol	es	pecado....	
5.3.6.	Las	mujeres	no	pueden	ser	pastoras.....................
5.3.7.	Los	líderes	cristianos	no	son	políticos	partidistas...		
Capítulo VI. Desafíos actuales de la iglesia pentecostal
6.1.	Proclamar	la	verdadera	espiritualidad..................................
6.2.	Ver	la	iglesia	como		una	empresa	administrable.................
6.3.	La	brecha	generacional...........................................................
6.4.	La	economía.............................................................................
6.5.	La	educación.............................................................................
6.6.	La	liturgia.................................................................................
6.7.	La	tecnología.............................................................................
6.8. Otros desafíos de la iglesia pentecostal................................ 
OTROS LIBROS DEL AUTOR
173
175
177
178
180
181
182
191
197
202
209
219
222
231
236
172
Ideas centrales
	•		 Para	entender	la	teología	pentecostal	es	necesario,	de	entrada,	
tener	algunas	nociones	básicas	sobre	qué	es	la	teología	y	a	qué	
se	le	llama	Pentecostés.	Además,	por	qué	se	les	llama	pentecos-
tales	a	muchos	creyentes	y	a	otros	neopentecostales,	y	cuáles	
fueron	las	razones	por	las	que	esta	obra	se	elaboró	desde	una	
perspectiva	académica.
•	 Conocer	sobre	el	origen,	evolución	y	situación	actual	del	pente-
costalismo	es	fundamental,	si	se	desea	entender	el	«constructo	
teológico»	pentecostal.	En	ese	sentido,	existen	algunos	antece-
dentes	bíblicos	e	históricos	que	se	deben	destacar,	así	como	lo	
relacionado	al	nacimiento	del	movimiento	pentecostal	en	Tope-
ka	y	la	calle	Azusa.	Además,	lo	concerniente	al	pentecostalismo	
en	América	Latina	y	su	origen	en	la	República	Dominicana.	
•	 La	unción	 	y	el	conocimiento	constituyen	 la	gran	«dicotomía»	
entre	 los	creyentes	pentecostales.	Por	esta	razón,	es	necesario	
analizar las causas y consecuencias de esta realidad. No caben 
dudas	de	que	unción	y	conocimiento	son	dos	caras	de	una	mis-
ma	moneda,	y	que	es	de	suma	importancia	el	equilibrio	de	am-
bas	virtudes	en	la	vida	del	cristiano,	sea	este	pentecostal	o	no.
•	 Dentro	de	la	teología	pentecostal	existe	una	serie	de	doctrinas	
básicas	que	se	deben	conocer,	y	que	son	el	resultado	de	cuatro	
componentes	generales,	entre	ellos:	Las	Sagradas	Escrituras,	el	
sincretismo	teológico,	las	experiencias	pentecostales	y	los	dog-
mas	o	 reglas	 internas,	 los	 cuales	 forman	parte	 inequívoca	del	
«constructo	teológico»	del	movimiento	pentecostal,	y	que	no	se	
pueden	pasar	por	alto,	dada	la	naturaleza	del	presente	libro.
16 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
•	 El	movimiento	pentecostal	está	lleno	de	una	serie	de	creen-
cias,	dogmas	y	tabúes	que	se	deben	conocer	y	revisar.	No	es	
posible	que	en	pleno	siglo	XXI,	se	sigan	enseñando	tantas	
cosas	que	debieron	ya	ser	superadas	y	contextualizadas	por	
los	líderes	y	maestros	de	las	iglesias	evangélicas	pentecos-
tales	de	este	tiempo.	
•	 Por	todo	lo	antes	expresado,	las	iglesias	pentecostales	tienen	
hoy	en	día	muchos	retos	que	debe	afrontar	con	mucha	altura,	
dignidad	y	precisión.	Estos	son:	Proclamar	la	verdadera	espi-
ritualidad,	ver	la	iglesia	como		una	empresa	administrable,	la	
brecha	generacional,	la	economía,	la	educación,	la	liturgia	y	la	
tecnología.	No	cabe	dudas	de	que	la	iglesia	pentecostal	debe	
renovarse	en	sus	bases	fundamentales,	y	atender	rápidamen-
te estos grandes desafíos.
Prólogo
Leer	esta	obra	me	trasladó	a	mi	niñez,	a	mis	inicios	en	la	escuela	
bíblica	o	dominical	y	en	la	obra	misionera,	junto	a	mi	madre	y	herma-
nos,	donde	crecimos	y	nos	desarrollamos;	rodeados	de	gente	humil-
de	y	con	un	vehemente	deseo	de	hacer	la	obra	de	Dios.	Aprendimos	
viendo	a	otros,	oyendo	predicadores,	maestros,	entre	otros.	Fuimos	
prácticos,	por	así	decirlo.
Este	libro,	titulado:	«Teología	pentecostal,	una	perspectiva	acadé-
mica»,	 escrito	 por	 el	Dr.	 Yoselman	R.	Mirabal;	 un	 amigo,	 hermano,	
colega	y	sobre	todo	una	persona	apasionada	por	 la	escritura,	ha	sido	
cuidadosamente	elaborado	para	ofrecer	al	lector	una	panorámica	clara	
y	precisa	de	los	fundamentos	de	la	teología	pentecostal.	Estamos	frente	
a	una	obra	que	nunca	antes	había	visto	escrita,	de	una	manera	explícita	
y	vivencial	con	una	intuición	debida	para	abordar	estos	tópicos;	para	
hacer	conciencia	plena	de	situaciones	que	se	han	vivido	por	décadas	en	
el seno de la iglesia pentecostal.
La verdad es, que todo lo que hacíamos en la iglesia, era con 
entrega y amor, pero sin una clara definición teológica. Por 
tanto, se hace necesario tener una teología pentecostal que esté 
bien definida y asumida por todos, la cual evite esos concep-
tos litúrgicos y doctrinales que, en un por ciento muy elevado, 
provienen de la iglesia católica romana, así como de la teología 
reformada y de «experiencias personales» nacidas en aviva-
mientos que marcaron ideologías que hoy persisten en muchas 
de nuestras iglesias, y que a veces, se utilizan como bases de las 
doctrinas que se enseñan.
18 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
 
Solo	alguien,	como	el	Dr.	Mirabal,	que	ha	vivido	estas	«experiencias	
pentecostales»,	puede	escribir	sobre	 las	mismas,	y	a	 la	vez	analizarlas	
y	desglosarlas	como	están	plasmadas	en	este	libro.	Esta	obra	explica	la	
«teología	pentecostal»	desde	una	perspectiva	académica,	resaltando	los	
inicios,	los	antecedentes	históricos,	bíblicos	y	vivenciales	del	autor,	y	con	
las	historias	de	diversos	avivamientos	que	marcaron	épocas,	y	que	a	la	
vez,	dieron	inicio	a	conceptos	que	se	enseñan	hoy	como	doctrinas.
Sin	dudas,	este	 	material	ayudará	a	tener	un	panorama	más	claro,	
a	 fin	de	 conocer	mejor	 la	 teología	 pentecostal,	 y	 las	 cosas	 en	 las	 cua-
les	(que	como	yo)	hemos	sido	instruidos.	Servirá,	además,	como	marco	
referencial	y	de	consulta	para	futuros	trabajos	sobre	esta	temática,	así	
como	libro	de	texto	para	seminarios,	institutos	y	universidades	cristia-
nas.	Martín	Lutero	(1517),	dijo:	
«La iglesia no debe determinar lo que enseña las Escrituras, es 
las Escrituras quién debe determinar lo que enseña la iglesia».
Espero,	sinceramente,	que	el	contenido	de	este	libro	sea	una	voz	
de	alerta,	y	que	nuestras	iglesias	puedan	tener	su	teología	pentecos-
tal bien definida.
Dr. Eduardo Leonardo Piña Mateo
Rector	de	la	Universidad	Bíblica	Internacional,	(UBI)
Extensión	República	Dominicana	
Para	hablar	con	propiedad	sobre	la	teología	pentecostal,	a	diferencia	de	quienes	solo	pueden	hacer	una	simple	reseña	por	lo	que	otros	han	vivido,	hay	que	experimentar	y	ser	testigo	de	una	serie	de	cosas,	
momentos,	situaciones	y	realidades	propias	del	ambiente	pentecostal,	a	
fin	de	poder	hablar	con	 	conocimiento	de	causa.	La	realidad	es	que	 la	
«experienciapentecostal»	provee	una	serie	de	vivencias	que,	aun	los	que	
han	sido	parte	de	ellas,	no	pueden	explicarlas	a	plenitud	a	los	demás,	ya	
que	se	requiere	ser	testigos	de	las	mismas.	
Por tanto, de entrada declaro que soy pentecostal de la cabeza 
a los pies. Nací y desarrollé mi carácter cristiano, por 40 años, 
en una iglesia evangélica pentecostal. He vivido profundos mo-
mentos del mover y accionar del Espíritu Santo, siendo testigo 
ocular de muchas de sus operaciones en mi vida y en otros cre-
yentes de ayer y hoy. Entre ellas: el hablar en lenguas, sanidad 
divina, milagros diversos, sueños, éxtasis, pérdida temporal del 
control físico, revelación, palabras de ciencia, entre otros, que 
definitivamente, no tienen explicación lógica para el ser huma-
no común, natural o de ciencia. 
Ahora	bien,	 escribir	 sobre	 la	 teología	pentecostal	desde	una	pers-
pectiva	académica,	no	solo	es	difícil,	sino	complejo	y	retador.	Todo	esto,	
dada la realidad y naturaleza de las iglesias de persuasión pentecostal. 
En	ese	sentido,	soy	testigo	de	una	época	donde	se	 imponían	(y	se	 im-
ponen	hasta	el	día	de	hoy)	muchas	normas	o	reglas,	las	cuales	se	deno-
minaban	«enseñanzas	bíblicas»	que,	a	decir	verdad,	nunca	las	entendí	
plenamente,	y	mucho	menos	comprendía	por	qué,	la	mayoría	de	estas,	
estaban	dirigidas	hacia	las	mujeres,	quedando	los	hombres	libres	de	mu-
chas	de	estas	observaciones.	
 Introducción
20 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
Ante todo, es necesario reconocer que la cristiandad (en senti-
do general) está llena de normas o reglas, así como de «tabúes» 
y enseñanzas de hombres que, bien intencionadas o no, están 
muy lejos de lo que la Biblia ordena, y esto provoca confusión 
y divergencias conceptuales en el pueblo de Dios, sean o no 
pentecostales. Pero además, limitan el alcance, desarrollo y efi-
cacia de la labor de la iglesia en la proclamación efectiva del 
Evangelio a los no creyentes. 
Al	hacer	 la	presente	 investigación,	 con	fines	de	publicarla	 en	 este	
libro,	 tanto	de	 campo	como	bibliográfica,	 se	 revisaron	 los	 intentos	de	
algunos	autores	de	ofrecer	una	visión,	más	o	menos	básica,	sobre	este	
tema	en	particular.	Sin	embargo,	la	mayoría	de	la	literatura	al	alcance,	
publicada	hasta	ahora,	se	enfoca	en	los	temas	relacionados	con	la	teo-
logía	sistemática,	vistos	desde	una	perspectiva	pentecostal,	dejando	de	
lado	los	aspectos	medulares	vinculados	a	la	teología	pentecostal,	propia-
mente	dicho.		
La presente obra es un intento, desde la perspectiva académi-
ca y tomando en cuenta la experiencia pentecostal del autor, 
de presentar de forma lógica, objetiva, ordenada y vívida, libre 
de todo sectarismo religioso, denominacional o confesional, el 
«constructo teológico» pentecostal, sin que el presente esfuer-
zo y enfoque esté dirigido, necesariamente, a validar o no las 
bases que lo sustentan, sean éstas bíblicas, dogmáticas, teoló-
gicas, de experiencias subjetivas o tradicionales. 
En	ese	sentido,	se	da	inicio	en	el	primer	capítulo	con	algunas	ideas	
sobre	qué	es	la	teología	y	a	qué	se	le	llama	Pentecostés.	Además,	por		qué	
se	les	llama	pentecostales	a	muchos	creyentes	y	a	otros	neopentecosta-
les,	para	finalizar	 con	 la	definición	del	 término	académico(a),	dada	 la	
naturaleza	de	la	presente	obra.	En	el	capítulo	dos	se	presenta	una	breve	
síntesis	sobre	el	origen,	evolución	y	situación	actual	del	pentecostalismo,	
destacando	algunos	antecedentes	bíblicos	e	históricos.	Además,	el	naci-
miento	del	movimiento	pentecostal	en	Topeka	y	la	calle	Azusa,	el	pente-
costalismo	en	América	Latina	y	su	origen	en	la	República	Dominicana.
21Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
Para	los	fines	de	la	presente	obra,	es	importante	destacar	el	hecho	de	
que	la	unción		y	el	conocimiento	constituyen	la	gran	dicotomía	entre	los	
creyentes	pentecostales.	Por	esta	razón,	es	el	tema	central	del	capítulo	
tres,	a	fin	de	analizar	las	causas	y	consecuencias	de	esta	dicotomía,	des-
tacando,	finalmente,	que	unción	y	conocimiento,	son	dos	caras	de	una	
misma	moneda,	y	que	es	de	suma	importancia	el	equilibrio	de	ambas	
virtudes	en	la	vida	del	cristiano,	sea	éste	pentecostal	o	no.
A la altura del capítulo cuatro se hace un desglose de las doc-
trinas básicas de los pentecostales, siendo destacadas aquellas 
que, a juicio del autor, cuentan con fundamentos sólidos en las 
Sagradas Escrituras. Sin embargo, antes de presentarlas, se 
destacan algunos de los componentes generales de la doctrina 
pentecostal, entre ellos: las Sagradas Escrituras, el sincretismo 
teológico, las experiencias pentecostales y los dogmas o reglas 
internas, los cuales forman parte del «constructo teológico» 
del movimiento pentecostal, y que no se pueden pasar por alto, 
dada la naturaleza del presente libro.
El	movimiento	pentecostal	está	lleno	de	una	serie	de	creencias,	dog-
mas	y	tabúes	que	se	deben	conocer	y	revisar.	No	es	posible	que	en	pleno	
siglo	XXI,	se	sigan	enseñando	tantas	cosas	que	debieron	ser	superadas	
y	 contextualizadas	por	 los	 líderes	 y	maestros	de	 las	 iglesias	 evangéli-
cas	pentecostales	de	este	tiempo.	Creencias	como:	«la	letra	mata,	más	
el	Espíritu	vivifica»	«lo	que	el	Espíritu	diga	eso	se	hará»	«no	se	tiene	el	
Espíritu	Santo	si	no	se	habla	en	lenguas»	«solo	los	pentecostales	serán	
salvos»	«tomar	café	o	 té	es	pecado»	«los	católicos	no	son	cristianos»,	
entre	otras,	deben	ser	erradicadas	de	la	mente	de	los	creyentes.	
Dogmas	como:	«no	se	puede	tomar	la	Santa	Cena	si	la	persona	no	es	
bautizada»	«en	el	templo	los	hombres	deben	ir	de	un	lado	y	las	mujeres	
del	otro»	«no	se	puede	orar	dándole	 la	espalda	al	púlpito»	«con	esa	o	
ese	te	tienes	que	casar»,	entre	otros,	deben	ser	revisados.	Peor	aún	son	
los	tabúes,	tales	como:	«no	es	espiritual	hablar	de	sexo	en	la	iglesia»	«la	
decisión	o	 iniciativa	en	el	amor	debe	ser	del	hombre,	no	de	 la	mujer»	
«escuchar	música	con	ritmo	urbano:	merengue	o	bachata	es	pecado»	«ir	
al	cine,	gimnasio	o	estadio	de	béisbol	es	pecado»,	entre	otros,	los	cuales	
no	deben	formar	parte	del	pensamiento	pentecostal.	
22 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
Finalmente,	en	el	capítulo	seis,	se	presentan	una	serie	de	retos	que	
debe	afrontar		la	iglesia	pentecostal	en	la	actualidad,	entre	ellos:	procla-
mar	la	verdadera	espiritualidad,	ver	la	iglesia	como		una	empresa	admi-
nistrable,	la	brecha	generacional,	la	economía,	la	educación,	la	liturgia	
y	la	tecnología.	Así	como:	El	analfabetismo	bíblico,	la	agenda	LGBT,	la	
iglesia	 pentecostal	 desde	 un	marco	 jurídico,	 el	 ejercicio	 del	 liderazgo	
local,	 la	arquitectura	y	 la	planificación	estratégica.	No	cabe	dudas,	de	
que	la	iglesia	pentecostal	debe	renovarse	en	sus	bases	fundamentales,	y	
atender	con	altura	y	esmero	estos	grandes	desafíos.
Teología pentecostal: Una perspectiva académica, es un es-
fuerzo por sistematizar el «pensamiento teológico» de los pen-
tecostales, tarea difícil dada la naturaleza del movimiento y 
todo lo señalado en el contenido de la presente obra. Es un pe-
queño aporte a la comunidad pentecostal, esperando que sirva 
de marco referencial para futuros trabajos sobre esta temática, 
así como libro de texto para los institutos, seminarios y univer-
sidades cristianas. 
Además,	 les	 servirá	 a	 los	 cristianos	 no	 pentecostales,	 ya	 que	 con	
esta	obra	en	las	manos	tienen	una	herramienta	sólida	que	les	permitirá	
abordar	con	mayor	precisión	y	altura	el	pensamiento	de	quienes,	como	
yo,	forman	parte	de	uno	de	los	movimientos	cristianos	más	antiguos	y	
de	mayor	alcance,	empuje	y	potencial	de	la	historia	del	cristianismo,	el	
pentecostalismo.	¡Amén!			
Capítulo I
 CONCEPTUACIÓN
Una	de	las	grandes	dificultades	de	las	personas	es	poder	entender	el	significado	a	fondo	de	muchos	de	los	términos	y	palabras	que	sue-len	ser	usados	con	una	diversidad	de	acepciones	y	aplicaciones.	En	
ese	orden,	es	necesario	destacar	que	una	de	las	cosas	que	se	deben	tomar	
en	cuenta,	en	sentido	general,	es	que	todo	término	que	se	emplea	tiene	
a	la	vez	diferentes	formas	de	apreciación,	según	elcontexto	en	el	que	se	
utilice,	el	uso	común	de	cada	pueblo,	y	el	área	del	saber	al	que	se	aplique.	
Dada la naturaleza de esta realidad, se quiere en esta ocasión, 
explicar una serie de conceptos que se han elaborado en el ám-
bito académico de la teología, ya que los significados tienen 
una connotación particular para el entendimiento pleno de los 
mismos en el ámbito pentecostal. Sin lugar a dudas, cada tema 
y área del saber, de labor o ambiente de vida, sea religioso, polí-
tico, económico o social, crea en su entorno su propio lenguaje 
o apreciación de una palabra o expresión, que en ocasiones di-
ficulta la comunicación efectiva y crea ciertas confusiones. 
Son	estas	las	razones	por	las	cuales,	a	continuación,	se	presentan,	
lo	que	se	consideran	conceptos	básicos	en	el	ámbito	de	la	teología	pen-
tecostal,	a	los	fines	de	estar	en	sintonía	sobre	su	uso	en	el	contexto	de	la	
presente	obra.	¡A	ver!
24 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
1.1. TEOLOGÍA
Hablar	de	«teología»,	en	especial	en	algunos	círculos	pentecosta-
les,	es,	según	muchos,	simplemente	desviarse	de	la	entera	«consagra-
ción	espiritual».	No	obstante,	a	continuación,	se	presentará	el	concepto	
«teología»	de	diferentes	 formas,	 y	 cómo	 la	han	considerado	grandes	
baluartes	 del	 estudio	 de	 las	 Sagradas	 Escrituras	 durante	 todo	 este	
tiempo	del	cristianismo.
1.1.1. Definición etimológica
La palabra «teología» proviene de las palabras griegas: 
theos=Dios y logos=estudio. Los antiguos griegos usaron el 
término en su sentido literal. De ahí que se haya aplicado el 
término «theologoi» o «teólogos» a quienes escribían la his-
toria de los dioses y sus hazañas. Este término fue usado por 
primera vez por Platón en el libro «La República» para refe-
rirse a la comprensión de la naturaleza divina por medio de 
la razón, en oposición a la comprensión literaria propia de los 
poetas coetáneos. 1
Se	cree	que	Ferécides	fue	el	primer	hombre	conocido	como	teólogo.	
La	obra	fue	titulada:	Teología.	Otros	consideran	que	fue	Homero,	quien	
se	estima	que	pudo	vivir	en	el	siglo	VIII	a.	C.,	en	Jonia	(hoy	región	de	
Turquía),	por	la	obra	«Ilíada	y	la	Odisea».	Ahora	bien,	en	sentido	literal,	
el	término	«teología»	puede	aplicarse	a	las	investigaciones	científicas	de	
personas	sagradas,	cosas	o	relaciones,	ya	sean	éstas	reales	o	imagina-
rias.	Siendo	así,	según	los	expertos,	el	término	designado	a	la	«teología»	
debe	llevar	la	expresión	cristiana,	ya	que	existe	teología	cristiana	y	teo-
logía	étnica	(no	cristiana). 2
1.1.2. Concepciones técnicas de la teología
Teología	es	una	ciencia	cuyo	objeto	es	Dios.	Por	 ser	 ciencia,	 está	
conformada	por	un	conjunto	de	conocimientos	que	exigen	ser	elabo-
rados	con	rigor,	expuestos	con	precisión	y	estudiados	con	seriedad.	La	
teología	parte	siempre	de	los	datos	revelados	y,	sobre	ellos,	piensa,	ra-
zona,	saca	conclusiones	y	usa	los	principios	filosóficos,	poniéndolos	a	
su	servicio.	En	ese	sentido,	decía	Tomás	de	Aquino	(1260),	que	la	filo-
sofía	es	esclava	de	la	teología.	
25Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
Aunque la verdad es una, se puede llegar a ella por distintos 
caminos: por los sentidos, por la razón y por la fe. El camino 
utilizado por la filosofía es el de la razón, el propio de la teo-
logía es la fe, aunque le puede ayudar, y de hecho le ayuda, la 
razón. La razón, en la filosofía, lleva al conocimiento de algu-
nas verdades sobrenaturales, como la existencia de Dios y las 
propiedades que posee, y la existencia e inmortalidad del alma 
humana. Sin embargo, hay otras muchas verdades sobrenatu-
rales, como los misterios de la Santísima Trinidad o Triunidad 
y de la encarnación del Hijo de Dios, a las que nunca se hubiera 
podido llegar por medio de la razón. A estas verdades se llega 
únicamente por medio de la fe, a través del ejercicio teológico. 
Ahora	 bien,	 durante	 siglos	 han	 surgido	 de	 los	 labios	 de	 grandes	
eruditos	bíblicos,	diferentes	y	aceptables	definiciones	acerca	de	la	teo-
logía	cristiana,	algunas	de	las	cuales	se	han	querido	compartir	en	este	
libro,	de	manera	que	puedan	servir	de	ilustración	a	todos.	Al	final	se	
expondrá	la	concepción	que	ha	labrado	el	autor	de	este	libro	en	los	úl-
timos	años	de	estudios	que,	a	diferentes	niveles,	ha	realizado	sobre	la	
teología cristiana.
La teología cristiana:
•	 Es	la	representación	sistemática	de	las	doctrinas	de	la	fe	cris-
tiana	(H.	Aorton	Wiley).
•	 Es	la	ciencia	que	trata	de	la	existencia,	el	carácter	y	los	atribu-
tos	de	Dios;	sus	leyes	y	gobierno;	las	doctrinas	que	hemos	de	
creer,	el	cambio	moral	que	debemos	experimentar	y	los	debe-
res	que	tenemos	que	cumplir	(Dr.	Samuel	Wakefield).
•	 Es	 una	 reflexión	 y	 estudio	 crítico	 y	 científico	 de	Dios,	 par-
tiendo	del	hecho	de	 su	 revelación	 en	 la	historia,	 en	 la	 crea-
ción,	en	la	naturaleza	moral	y	religiosa	del	hombre,	en	Cristo	
y	 en	 especial	 en	 las	 escrituras	 judeocristianas	 (Lic.	Miguel	
García	Zarseño).
•	 Teología	es	la	exhibición	de	los	hechos	de	la	Escritura	en	su	
orden	propio	y	en	relación	con	los	principios	y	verdades	gene-
rales	involucradas	en	los	hechos	mismos	que	llenan	y	armo-
nizan	el	todo	(Dr.	Charles	Hodge).
•	 Teología	es	la	ciencia	de	Dios	y	de	las	cosas	divinas,	basadas	
en	 la	 revelación	hecha	al	hombre	por	medio	de	Jesucristo	y	
26 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
sistematizadas	en	sus	varios	aspectos	dentro	de	la	iglesia	cris-
tiana	(Dr.	William	Burton	Pope).
•	 La	teología	es	un	conjunto	de	técnicas	y	métodos	de	naturale-
za	humana	que	pretenden	alcanzar	conocimientos	particula-
res	sobre	las	entidades	divinas	(Enciclopedia	Wikipedia).
•	 Tomás	de	Aquino	definió	teología	como	una	ciencia	unifica-
da	en	la	que	se	tratan	todas	las	cosas	bajo	el	aspecto	de	Dios,	
porque	son	Dios	mismo	o	porque	se	refieren	a	Dios.
• Teología es la aplicación de la palabra de Dios por personas a 
todas	las	áreas	de	la	vida	(Dr.	John	Frame).
•	 Teología	es	la	comprensión	de	la	lógica	del	actuar	de	Dios,	sobre	
todo	en	la	creación	del	hombre,	a	partir	de	la	toma	de	conciencia	
de	ese	mismo	actuar	de	Dios	captado	por	experiencia;	compren-
sión	que	es	autenticada	por	los	medios	críticos	que	correspon-
den	a	la	epísteme	propia	de	la	teología	(Dr.	Gustavo	Baena).
Las	definiciones	presentadas	son	solo	algunas	de	las	tantas	que	se	
han	 formulado	acerca	de	 la	 teología	 cristiana,	 tratando	de	 exponer	 lo	
que	a	juicios	e	investigaciones	entienden	debe	definirse	por	teología.	A	
continuación,	algunos	conceptos	del	autor	sobre	la	teología	cristiana:
«Teología:	es	la	ciencia	que	trata	del	estudio	del	conocimiento	de	
Dios,	sus	obras,	propósitos	y	naturaleza,	mediante	el	análisis	reflexi-
vo	y	crítico,	con	la	finalidad	de	mostrar	a	la	humanidad	la	razón	de	
ser	de	todo	el	universo».
Se debe señalar que muchas personas que quizás no han teni-
do la oportunidad de analizar a fondo las Sagradas Escrituras, 
ignoren la grandeza y privilegio de ser un amante del saber de 
Dios. En el Salmos 119:105 dice: «Lámpara es a mis pies tu 
palabra, y lumbrera a mi camino».
1.2. PENTECOSTÉS 
El	 término	«Pentecostés»	 viene	 del	 griego	 «pentekosté»,	 y	 literal-
mente	significa	«el	quincuagésimo	día».	Era	la	fiesta	judía	de	las	sema-
nas	o	de	 las	primicias	(Éxodo	34:22;	Deuteronomio	16:9–11;	Números	
28:26),	que	también	se	llamaba	la	fiesta	de	la	siega	(Éxodo	23:16)	o	día	
de	las	primicias,	que	caía	en	el	día	número	50	después	de	la	fiesta	de	la	
27Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
Pascua	y	se	iniciaba	a	principios	del	mes	de	Siván,	en	mayo.	El	último	
día	de	esa	fiesta	se	denominaba	«Domingo	Blanco».	El	nombre	pro-
viene	de	las	ropas	blancas	que	como	costumbre	vestían	los	que	eran	
bautizados	 durante	 esta	 fiesta.	 Era	 una	 fiesta	 de	 agradecimiento	 a	
Dios por la cosecha. 3
Sin	embargo,	en	el	Nuevo	Testamento,	la	palabra	“Pentecostés”	co-
bra	más	valor,	puesto	que	fue	en	el	día	de	Pentecostés	cuando	Dios	por	
primera	vez	derramó	el	Espíritu	Santo	sobre	los	creyentes,	según	el	libro	
de	los	Hechos	capítulo	2.Es	así	como	en	el		día	de	“Pentecostés”	se	da	
inicio	a	la	iglesia	cristiana.	Los	sucesos	ocurridos	allí	transformaron	la	
festividad	judía	en	una	cristiana.	
Según las afirmaciones del libro de los Hechos, en Pentecostés 
se cumple la promesa del derramamiento universal del Espíri-
tu de Dios al fin de los tiempos. El relato de Pentecostés prepa-
ra la predicación misionera de Pedro y los demás apóstoles. El 
acontecimiento de Pentecostés tuvo como consecuencia en la 
iglesia primitiva un afianzamiento de la vida cristiana; la per-
severancia unánime en las casas donde se reunían, ya que los 
templos llegaron más adelante; la perseverancia en la doctri-
na apostólica y la fidelidad en la oración, las cuales no pueden 
concebirse sin la fuerza que sostiene a la comunidad. 
28 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
Por	eso,	cuando	la	comunidad	crece,	los	apóstoles	se	reservan	la	mi-
sión	de	dedicarse	a	la	oración	y	al	servicio	del	mensaje	(Hechos	6:4).	Lo	
que	hasta	Pentecostés,	fecha	decisiva	para	la	iglesia	cristiana,	solo	había	
caído	en	suerte	a	unos	pocos	«privilegiados»,	se	convierte	desde	este	día	
en	el	signo	distintivo	más	importante	de	la	iglesia	de	judíos	y	gentiles.	
Según	Hechos	2:4,	todos	estaban	«llenos	del	Espíritu	Santo».	
1.3. PENTECOSTAL
La	palabra	«pentecostal»	es	un	derivado	nominal	de	la	palabra	«Pen-
tecostés»,	que	se	halla	en	la	Biblia	en	pasajes	como	Hechos	2:1;	20:16	y	
1	Corintios	16:8.	Por	tanto,	el	 término	«pentecostal»	es	descriptivo	de	
aquellos	que	afirman	haber	tenido	la	experiencia	de	recibir	el	Espíritu	
Santo	como	lo	recibieron	los	primeros	discípulos	en	el	día	de	Pentecos-
tés.		El	hecho	de	que	Dios	derramara	de	su	Espíritu	por	primera	vez	en	la	
fiesta	judía	de	«Pentecostés»	es	la	razón	por	la	cual	se	asocia	tal	término	
con	esa	experiencia.	
Más que a una sola denominación religiosa y eclesiástica, el 
término «pentecostales» se refiere, en forma genérica, a toda 
una familia de iglesias muy semejantes en doctrina, en la forma 
de adoración y en los métodos del trabajo espiritual y misio-
nero. Se les conoce con nombres diferentes, pero todos ellos 
ponen énfasis principalmente en dos doctrinas: el bautismo 
del Espíritu Santo y los dones espirituales. Las iglesias pen-
tecostales son aquellas que se caracterizan por la creencia en 
la permanencia de los dones espirituales, particularmente los 
nueve dones mencionados en 1 Corintios 12. 
29Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
Josué	Barrientos	 (2004),	dice:	«En	 las	 iglesias	pentecostales	 los	
miembros	son	 instados	a	buscar	 incansablemente	y	con	mucha	 fe	el	
bautismo	en	el	Espíritu	Santo.	Para	tales	fines	se	hacen	retiros,	cultos	
especiales,	cultos	de	avivamientos	y	sesiones	de	búsqueda	del	bautis-
mo	en	el	Espíritu	Santo.	En	muchas	iglesias	y	organizaciones	pente-
costales	no	se	puede	llegar	a	ser	pastor,	ministro	o	ni	siquiera	diácono	
si	no	ha	sido	bautizado	en	el	Espíritu	Santo	con	la	evidencia	inicial	de	
hablar en lenguas».4 
Sin	embargo,	hablar	en	lenguas,	como	se	explicará	más	adelante,	no	
es	 la	única	evidencia	o	señal	del	bautismo	en	el	Espíritu	Santo.	La	re-
cepción	del	Espíritu	Santo	es,	 simplemente,	Dios	entrando	a	morar	en	
la	vida	del	creyente	para	acompañarlo	en	el	anhelo	de	obedecer	todo	lo	
que	Dios	manda.		Recibir	el	Espíritu	Santo	es	el	comienzo	de	una	vida	
de	testimonio	y	servicio	para	Dios.	Por	tanto,	decir:	«soy	pentecostal»	es	
decir:	«me	identifico	con	lo	que	ocurrió	en	el	día	de	Pentecostés».	Creo	
y	tengo	la	misma	experiencia	del	Espíritu	Santo	como	lo	recibieron	los	
creyentes en ese día. 
1.4. NEOPENTECOSTAL
El	 neopentecostalismo	 es	 la	 versión	moderna	 del	 pentecostalismo	
genuino	o	clásico	de	principios	del	siglo	XX.	Dada	la	falta	de	consenso	en	
cuanto	a	su	conceptualización,	se	ha	dificultado	una	adecuada	discusión	
y	construcción	en	el	campo	académico.	Entre	las	principales	caracterís-
30 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
ticas	 que,	 de	 forma	 compleja,	 los	 investigadores	 asocian	 al	 fenómeno	
neopentecostal	están:	el	énfasis	en	la	teología	de	la	prosperidad,	la	gue-
rra	espiritual,	 la	confesión	positiva,	 la	 iglesia	apostólica,	el	ministerio	
profético,	 la	 sanidad	divina,	 la	 incursión	en	 la	política,	el	 impulso	del	
liderazgo	pastoral	femenino,	la	implantación	de	mega	iglesias	y	el	lide-
razgo	emprendedor	y	transformacional.		
Sin lugar a dudas, los principales representantes, tienen ori-
gen pentecostal. Los énfasis modernos que se hacen entre los 
neopentecostales sobre Espíritu Santo rompen algunos de los 
esquemas tradicionales de la «teología pentecostal clásica», con-
siderándose algunas manifestaciones como absurdas e ilógicas. 
Ramiro Jaimes (2012), lo describe de la siguiente manera: 
«Se	trata	de	manifestaciones	masivas	con	líderes	carismáticos	fuer-
tes…	Los	cánticos,	exhortaciones	y	orientaciones	son	técnicas	terapéu-
ticas	para	las	masas	sufridas…	A	nivel	doctrinal,	 la	Biblia	es	como	un	
amuleto	 donde	 se	 entresacan	 frases	 que	 se	 repiten	 para	 aplicarlas	 en	
casos	de	exorcismo	o	sanidad	divina.	El	pastor	en	la	«cura	divina»	es	un	
agente	moral	que	 trae	prosperidad	y	estabilidad.	Posee	una	autoridad	
mesiánica,	que	se	extiende	a	su	poderío	económico…	funciona	como	un	
gran	negocio	de	fe	internacional.	Hay	evangelistas	de	este	tipo	en	Brasil,	
Puerto	Rico,	Venezuela,	Estados	Unidos	y	Europa».5
Aunque el tejido de expresiones neopentecostales es más eviden-
te en las comunidades de corte pentecostal, éste también cobija, 
poco a poco, al resto de congregaciones evangélicas. Esta pene-
tración se debe, en parte, a la ancha y rauda autopista comunica-
cional y tecnológica que ofrece la aldea global, a la atomización 
del mundo evangélico y a la incapacidad de reacción ante las di-
námicas sociales, políticas y económicas de este tiempo.
Los	teólogos,	historiadores	y	sociólogos	de	 la	religión	al	referirse	
a	este	tipo	de	pentecostalismo	lo	identifican	como	«neopentecostalis-
mo»,	pues	se	distancia	sustancialmente	del	pentecostalismo	clásico	e	
histórico.	El	neopentecostalismo	busca	responder,	como	lo	hizo	el	pen-
tecostalismo	de	los	años	60,	a	las	necesidades	espirituales	y	materiales	
de	la	población	latinoamericana.	Pero	esta	vez,	ya	no	desde	una	crítica	
a	la	estructura	de	clase	existente,	sino	desde	el	entreguismo	al	sistema	
neoliberal,	globalizado	y	consumista.
31Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
Los	creyentes	neopentecostales	recurren	a	una	rica	y	colorida	 li-
turgia	que	le	ha	dado	resultado	a	la	hora	de	retener	adeptos.	Así,	re-
sulta	 en	 una	 forma	 alternativa	 de	 articular	 la	 espiritualidad	 con	 las	
tendencias	del	mundo	moderno:	 las	nuevas	tecnologías,	 la	movilidad	
humana,	el	 individualismo,	el	éxito	y	el	consumismo,	entre	otros	as-
pectos.	Desde	 ahí	 se	 entienden	 los	 esfuerzos	 del	 fenómeno	 religioso	
por	modificar	la	liturgia	tradicional	evangélica,	incluir	a	la	mujer	en	el	
culto,	participar	en	la	política	y	emplear	los	medios	masivos	de	comu-
nicación	con	fines	proselitistas.
Se dice que el movimiento neopentecostal está en raudo cre-
cimiento, pero la misma dificultad que presenta su definición 
no permite contar con estadísticas reales. No obstante, en 
algo que no hay discusión es en los orígenes evangélicos. El 
devenir del neopentecostalismo en Latinoamérica es aún in-
cierto, por tanto, lo prudente es observar cómo será su desa-
rrollo en los próximos años.
1.5. ACADÉMICO(A) 
Dada	la	naturaleza	de	este	libro,	el	cual	tiene	un	enfoque	desde	una	
perspectiva	académica,	y	que	muchos	de	los	que	lo	 leerán	no	son	aca-
démicos,	propiamente	dicho,	a	 continuación,	algunas	 ideas	 sobre	este	
término	en	particular.	Los	libros	con	enfoques	académicos	pueden	ser	
definidos	de	muchas	maneras,	pero	en	todo	caso	hay	ciertas	caracterís-
ticas	y	regularidades	que	les	son	propias.	Por	tanto,	estos	son	el	tipo	de	
libros	o	documentos	que	se	producen	en	el	marco	del	quehacer	científico	
y	académico.	El	propósito	fundamental	es	difundir,	ante	un	grupo	deter-
minado,	losconocimientos	generados	a	partir	de	un	trabajo	de	análisis,	
reflexión	e	investigación.
Pedro	Chávez	Calderón	(1999),	señala	que	el	libro	o	texto	académi-
co,	«a	diferencia	de	otros,	se	ubica	en	una	esfera	específica	de	uso	de	la	
lengua,	la	científico–académica»,	lo	cual	«exige	la	adopción	de	un	con-
junto	de	reglas	 formales	y	 temáticas	precisas».	De	modo	que	estos	no	
responden	simplemente	a	 las	pretensiones	 individuales	 (de	 la	persona	
o	las	personas	que	lo	escriben)	sino	que	se	enmarca	en	un	campo	que	
32 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
lo	trasciende,	y	que	le	impone	el	manejo	de	un	lenguaje	accesible	y	co-
mún,	asegurando	así	su	transmisión	efectiva.6
Partiendo	de	lo	anterior,	el	autor	antes	citado,	destaca	las	caracte-
rísticas	básicas	del	libro	o	texto	académico,	los	cuales	pueden	resumir-
se	en	los	siguientes	puntos:
1.	 Son	 intertextuales.	 Recurren	 a	 otros	 libros	 o	 textos	 para	
fundamentar	o	validar	los	planteamientos	o	bien	para	refu-
tar	o	reforzar	las	conclusiones	de	aquellos	(de	allí	la	impor-
tancia	que	se	le	da	a	las	citas).	
2.	 Comunican	resultados.	Todo	trabajo	científico	tiene	por	ob-
jeto	dar	a	conocer	 los	resultados	de	un	proceso	 intelectual	
(riguroso	y	sistemático)	de	investigación	o	reflexión	en	torno	
a	un	objeto	o	asunto	en	particular.	De	esta	manera,	cada	tra-
bajo	se	entiende	como	un	aporte	al	área	temática	en	la	que	
se	enmarca.
3.	 Se	sustentan	en	argumentos	claros.	A	pesar	de	informar	so-
bre	resultados,	estos	libros	o	trabajos	también	son,	en	mayor	
o	en	menor	medida,	argumentativos,	ya	que	exponen	la	po-
sición	de	quien	los	escribe.	Sin	embargo,	los	argumentos	no	
deben	ser	el	reflejo	de	prejuicios	y	prenociones,	y	debe	pri-
mar	la	claridad,	precisión	y	brevedad	en	la	exposición.
4.	 Siguen	un	orden	 lógico.	Este	 tipo	de	 trabajo	se	caracteriza	
por la presentación ordenada en partes diferenciadas y lógi-
camente	consecutivas.	
33Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
Los	libros	o	textos	académicos	son	elaboraciones	intelectuales	que	
abordan	 un	 tema	 particular	 o	 profundizan	 en	 él,	 y	 lo	 hacen	 de	 una	
manera	formal.	Los	autores	de	este	tipo	de	textos	suelen	ser	estudian-
tes,	profesores	e	 investigadores.	Por	 tanto,	 la	presente	obra	 titulada:	
«Teología	 pentecostal,	 una	 perspectiva	 académica»,	 ha	 sido	 escrita	
partiendo	de	esta	definición	y	siguiendo	los	rigores	de	una	investiga-
ción	bibliográfica	y	de	campo,	libre	de	todo	sectarismo	religioso,	deno-
minacional	o	confesional.
Referencias bibliográficas 
[1] Varios autores, (2006). Términos teológicos: Diccionario de Bolsillo,
Editorial Mundo Hispano. El Paso Texas, USA.
[2] Ramm, Bernard (1978). Diccionario de Teología Contemporánea. Casa
Bautista de Publicaciones. El Paso Texas, USA.
[3] Varios autores, (2006). Términos teológicos: Diccionario de Bolsillo,
Editorial Mundo Hispano. El Paso Texas, USA.
[4] Barrientos, Josué (2004). El pentecostalismo y el 
neopentecostalismo. Identidades confusas, CDE, Honduras.
[5] Jaimes, Ramiro (2012). «El neopentecostalismo como objeto de investigación 
y categoría analítica». Revista Mexicana de Sociología, México. 
[6] Chávez Calderón, Pedro (1999). Conocimiento, ciencia y método. 
Métodos de investigación. Publicaciones Culturales, México.
34 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
CAPÍTULO I
GUÍA DIDÁCTICA
CONCEPTUACIÓN
1. La palabra «teología» proviene de dos palabras griegas, 
¿Cuáles son?
2. ¿Qué es la teología, según Miguel García Zarseño? 
3. El término «Pentecostés» viene del griego «pentekosté» y lite-
ralmente significa...
4. ¿Qué se cumplió en Pentecostés, según el libro de los Hechos?
5. El término «pentecostales» se refiere, en forma genérica, a...
6. ¿Qué es neopentecostalismo?
7. ¿Qué dice Ramiro Jaimes sobre el neopentecostalismo?
8. ¿Cuáles son las características básicas del libro o texto 
académico?
Capítulo II
ORIGEN, EVOLUCIÓN Y SITUACIÓN 
ACTUAL DEL PENTECOSTALISMO
El	pentecostalismo,	también	llamado	movimiento	pentecostal,	es	el	nombre	con	que	se	conoce	al	conjunto	de	iglesias	y	organizaciones	religiosas	que	resaltan,	entre	otras,	 la	doctrina	cristiana	del	bau-
tismo	en	 el	Espíritu	Santo.	Al	 igual	que	 en	 todo	 el	 protestantismo,	 el	
movimiento	pentecostal	no	posee	un	dirigente	mundial	debido	a	las	di-
ferentes	creencias	y	opiniones	sobre	doctrinas,	prácticas	y	liturgias	que	
hay	entre	las	iglesias	que	lo	conforman.	
Durante la realización de la fiesta del «Pentecostés» narrado 
en Hechos capítulo 2, sucedió el descenso del Espíritu San-
to y el inicio de la actividad de la iglesia cristiana en sentido 
general; por ello también se le conoce como la celebración del 
Espíritu Santo. Los pentecostales afirman que la práctica de 
hablar lenguas conocida en su momento como «éxtasis espi-
ritual» se produce por voluntad del Espíritu Santo, y que las 
personas que viven dicha experiencia pueden expresar lengua-
jes angélicos o humanos que no les son propios y pueden o no 
ser entendidos por aquellos que lo escuchan.
Por	otro	lado,	el	término	«iglesias	pentecostales»	se	usa	indistin-
tamente	para	todas	aquellas	iglesias	que	forman	parte	del	movimiento	
pentecostal,	es	decir,	para	todas	aquellas	iglesias	que	están	dentro	del	
pentecostalismo	 histórico,	 pentecostalismo	 clásico,	 pentecostalismo	
unicitario	y	neopentecostalismo.	Una	iglesia	pentecostal	puede	traba-
jar	de	forma	independiente	o	estar	afiliada	a	una	organización,	minis-
terio	o	apostolado	de	mayor	cobertura.	«Pentecostal»	es	considerado	
como	una	tendencia	o	movimiento	doctrinal	y	espiritual	de	gran	em-
36 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
puje,	que	caracteriza	a	buen	número	de	denominaciones	que	tienen	su	
origen	dentro	del	cristianismo	protestante.	
Según Josué Barrientos (2004), hoy, las iglesias pentecostales y 
neopentecostales constituyen la rama del cristianismo de más 
rápido crecimiento. Se estima que en América Latina confor-
man el 80% de las iglesias de origen protestante, y que han 
dejado muy atrás a las iglesias históricas originadas en la Re-
forma del siglo XVI y XVII. 1
La	 «pentecostalidad»	 es	 un	 movimiento	 dentro	 del	 cristianismo,	
donde	se	da	una	apertura	a	la	persona,	presencia	y	poder	del	Espíritu	
Santo.	Dicha	apertura	incluye	el	desarrollo	del	carácter	de	Cristo	en	la	
vida	del	creyente	por	la	obra	del	Espíritu	Santo	(Gálatas	5:16–23).	Ade-
más,	la	capacitación	del	«Cuerpo	de	Cristo»	para	el	ejercicio	del	lideraz-
go	por	medio	de	los	diferentes	ministerios,	dones	y	carismas	(1	Corintios	
12).	Por	tanto,	a	continuación,	se	presenta	una	síntesis	apretada	sobre	
el	origen,	desarrollo	y	evolución	del	pentecostalismo,	a	fin	de	poner	en	
contexto	el	«constructo	teológico»	pentecostal.	¡A	ver!
2.1. ANTECEDENTES BÍBLICOS
El	Nuevo	Testamento	revela	que	la	 iglesia	del	primer	siglo	creía	
en	el	bautismo	en	el	Espíritu	Santo	(Hechos	11:15–16).	De	igual	forma	
los	 cristianos	 del	 primer	 siglo	 practicaban	 la	 imposición	 de	manos	
para	que	ocurra	lo	que	hoy	se	conoce	como	la	«experiencia	pentecos-
tal»	en	los	creyentes	(Hechos	8:14–17).	La	historia	relata	que	en	una	
visión	que	 tuvo	 el	 apóstol	 Pedro	 en	 la	 azotea	de	una	 casa	 en	 Jope,	
Dios	 le	 reveló	 que	 debía	 amar	 a	 los	 semejantes	 a	 pesar	 de	 que	 no	
fueran	judíos,	pues	ante	Dios	no	hay	acepción	de	personas;	Cornelio,	
un	centurión	de	la	compañía	llamada	«La	Italiana»,	envió	por	él	para	
que	viniera	a	Cesarea	(Hechos	10:5).
Pedro	aceptó	ir	a	Cesarea	por	mandato	de	Dios,	y	llegó	a	casa	de	Cor-
nelio.	Hasta	ese	momento	el	grupo	que	se	reunía	en	la	casa	de	Cornelio	
no	había	tenido	la	experiencia	de	Pentecostés.	Cuando	Pedro	comenzó	
el	discurso,	el	Espíritu	Santo	cayó	sobre	los	presentes	y	empezaron	a	ha-
blar	en	lenguas,	magnificando	a	Dios.	Desde	ese	momento,	a	ese	grupo	
de	la	casa	de	Cornelio	se	consideró	pentecostal	(Hechos	10:44–46).	
37Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
Cuando	el	apóstol	Pablo	llegó	a	Éfeso,	se	encontró	con	una	situación	
muy	comprometedora;	los	cristianos	de	esa	iglesia	habían	sidobautiza-
dos	por	el	bautismo	de	Juan	y	ni	siquiera	sabían	que	existía	el	Espíritu	
Santo.	Entonces	Pablo	los	bautizó	según	el	mandato	de	Jesús	y	habién-
doles	impuesto	las	manos,	vino	sobre	ellos	el	Espíritu	Santo,	y	hablaban	
en	lenguas	y	profetizaban	(Hechos	19:1–6).
Por	otro	lado,	Pedro	y	Juan	habían	llegado	hasta	Samaria,	donde	ha-
bía	un	grupo	de	cristianos	bautizados	en	agua,	pero	que	no	habían	sido	
bautizados	con	el	Espíritu	Santo.	Por	este	motivo,	Pedro	y	Juan	impu-
sieron	las	manos	sobre	ellos	y,	según	dice	Hechos	8:17,	estos	recibieron	
el	Espíritu	Santo.	
En ese sentido, Bernardo Campos (1997), dice: «Este es uno 
de los pasajes en donde no se menciona que los creyentes 
hayan hablado en nuevas lenguas, lo cual ha generado mu-
cha discusión entre los cristianos, ya que la mayoría de los 
pentecostales cree que el «hablar en lenguas» es una señal 
inequívoca e indispensable de haber recibido el bautismo en 
el Espíritu Santo» 2 
Sin	 embargo,	muchos	 grupos	 pentecostales	modernos	 creen	 que	
sí	 lo	hicieron,	pues	Simón	el	mago	había	querido	comprar	el	don	del	
Espíritu	Santo	por	haber	visto	un	gran	prodigio,	que	muchos	teólogos	
presumen	que	fue	el	don	de	lenguas	manifestado	en	los	samaritanos	
(Hechos	8:14–17).
2.2. ANTECEDENTES HISTÓRICOS 
Antes	del	movimiento	pentecostal	moderno	hubo	muchos	eventos	
con	características	pentecostales	sin	llamarse	aún	«pentecostales».	Por	
ejemplo:	Ireneo	(130–202	d.C.),	obispo	de	Lyon	y	discípulo	del	apóstol	
Juan,	habla	acerca	de	 las	manifestaciones	del	Espíritu	Santo,	sobre	el	
don	de	lenguas,	el	don	de	profecía,	que	aclaraban	los	misterios	de	Dios.	
A	continuación	se	cita:	«De	igual	manera	nosotros	oímos	a	muchos	her-
manos	que	poseen	dones	proféticos	y	que	por	medio	del	Espíritu	hablan	
toda	clase	de	idiomas	y	traen	a	luz	para	beneficio	general	las	cosas	ocul-
tas	de	los	hombres	y	declaran	los	misterios	de	Dios,	a	quienes	también	
los	apóstoles	calificaron	de	espirituales».	3
38 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
Por	otro	lado,	está	Pacomio	(287–346	d.C.),	el	cual	después	de	mo-
mentos	especiales,	podía,	bajo	el	poder	del	Espíritu,	hablar	los	idiomas	
griego	y	latín	que	jamás	había	aprendido.	Estos	actos	eran	considerados	
sobrenaturales	y	que	eran	dones	dados	por	el	Espíritu	Santo	para	capa-
citar a los líderes de la iglesia». 
Agustín de Hipona (354–430 d.C.), también llamado San 
Agustín, dice que ellos aún practicaban la imposición de las 
manos sobre los creyentes, esperando que el Espíritu Santo, al 
igual que en años anteriores, hiciera hablar en nuevas lenguas, 
según se puede observar en la siguiente cita: «Hacemos toda-
vía lo que los apóstoles hicieron cuando impusieron las manos 
sobre los samaritanos, invocando sobre ellos el Espíritu Santo. 
Mediante la imposición de manos se espera que los creyentes 
hablen en nuevas lenguas». 
Aunque	no	existen	muchos	registros	de	la	manifestación	del	Espí-
ritu	Santo	durante	la	Edad	Media,	algunos	autores	mencionan	que	los	
valdenses,	cátaros	y	los	frailes	mendicantes	hablaban	en	lenguas	de	la	
Europa	Meridional.	Durante	los	inicios	del	protestantismo,	Martín	Lu-
tero	fue	considerado	profeta	y	evangelista,	e	interpretaba	y	estaba	dota-
do	de	todos	los	dones	espirituales.	De	aquí	que	se	diga	que	la	Reforma	
Protestante	haya	 influido	a	un	gran	cambio	para	 los	países	Europeos,	
pues	para	algunos	no	solamente	fue	un	«despertar	espiritual»,	sino	que	
movió	a	la	iglesia	y	a	los	gobiernos	humanos.	
Mark	Washington	(2014),	hablando	sobre	Juan	Wesley	(1703–1791),	
(pastor	anglicano	y	padre	del	Metodismo),	consideraba	que	mucho	del	
cristianismo	primitivo	se	perdió	de	vista	y	que	algunos	hombres	áridos	
y	formales	comenzaron	a	ridiculizar	los	dones	de	los	que	ellos	carecían,	
clasificándolos	como	exhibiciones	de	locura	o	impostura.	4
Sostiene	el	referido	autor,	que	Wesley	registró	muchas	historias	ex-
traordinarias	en	sus	diarios,	tales	como:	la	sanidad	de	personas,	de	ani-
males	y	del	poder	del	Espíritu	Santo	a	través	de	la	oración.	Las	iglesias	
metodistas	fueron	el	medio	para	preparar	el	camino	al	recibimiento	del	
Espíritu	Santo	en	los	creyentes	en	la	versión	moderna	del	pentecostalis-
mo,	debido	a	que	la	predicación	se	basa	en	la	santidad,	consagración	y	la	
salvación	por	gracia;	enseñanzas	que,	más	adelante,	las	hoy	denomina-
das	iglesias	pentecostales,	marcan	de	gran	importancia	para	recibir	el	
bautismo	en	el	Espíritu	Santo.	
39Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
En	las	primeras	décadas	de	1800	se	comenzó	a	dar	un	énfasis	a	la	
predicación	de	la	perfección	cristiana,	creando	así	«la	cruzada	de	san-
tidad».	En	1830,	se	publicó	una	guía	para	la	«perfección	cristiana»,	que	
más	tarde	sería	la	revista	oficial	del	movimiento.	Este	movimiento	creía	
que	la	«entera	santificación»	podía	obtenerse	hoy	en	día	a	través	de	la	fe,	
la	cual,	según	ellos,	anulaba	la	naturaleza	pecadora	del	ser	humano	y	era	
llamada	segunda	obra	de	gracia.
El	movimiento	formaba	parte	del	segundo	gran	despertar	cristiano	
de	los	Estados	Unidos.	Desde	entonces	se	comenzó	a	dar	más	énfasis	en	
el	Espíritu	Santo	como	dador	de	la	santidad.	En	1840,	el	«movimiento	
de	santidad»	comenzó	a	predicar	sobre	la	necesidad	del	bautismo	en	el	
Espíritu	Santo.	Se	considera	a	Juan	Morgan	como	el	mayor	contribui-
dor	del	movimiento,	 escribió	 la	obra:	«La	 santidad	aceptable	a	Dios»,	
en	donde	mencionaba	que	el	bautismo	del	Espíritu	Santo	y	los	dones	no	
debían	ser	exclusivos	de	la	iglesia	apostólica,	sino	que	era	un	privilegio	
para	todos	los	creyentes.	También	decía	que	este	bautismo	no	debía	con-
fundirse	con	la	influencia	del	Espíritu	Santo	con	la	cual	los	pecadores	se	
convertían	al	cristianismo.
En	1857,	en	las	publicaciones	del	«movimiento	de	santidad»	se	co-
menzaron	a	publicar	términos	que	actualmente	son	usados	por	el	«mo-
vimiento	pentecostal»,	tales	como:	el	púlpito	pentecostal,	 los	hombres	
y	mujeres	pentecostales	y	ser	pentecostal.	Ya	para	finales	del	siglo	XIX,	
Scofield	escribió	que	en	esa	época	empezó	a	producirse	un	interés	por	el	
40 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
Espíritu	Santo,	y	que	se	habían	escrito	más	libros,	manuales	y	trabajos	
sobre	este	tema	que	en	los	1800	años	anteriores.
Según	James	M.	Boice	(1996),	ya	a	partir	de	1840,	casi	todas	las	ra-
mas	del	«movimiento	de	santidad»	estaban	enseñando	una	variante	del	
bautismo	en	el	Espíritu	Santo,	aunque	con	algunas	diferencias	en	signi-
ficados.	Por	lo	tanto,	se	consideran	estos	eventos	como	los	antecedentes	
del	pentecostalismo	moderno.	El	«movimiento	de	santidad»	descansaba	
en	cuatro	principios	doctrinales:	la	justificación	por	la	fe,	la	santificación	
como	una	segunda	obra	de	la	gracia,	la	sanidad	divina	y	la	segunda	ve-
nida	de	Cristo	previa	al	milenio.	5
Por	tanto,	como	resultado	de	todas	estas	experiencias	antes	citadas,	
se	comenzó	a	crear	un	nuevo	lenguaje	en	el	que	la	palabra	«pentecostal»	
se	mencionaba	más	y	más,	se	comenzaron	a	preguntar	si	la	experiencia	
del	día	de	«Pentecostés»	no	sería	también	para	todos	los	tiempos	y	se	
comenzó	a	orar	por	los	enfermos	practicando	la	sanidad	divina.
Incluso	nació	una	iglesia	que	se	llamó	a	sí	misma	«pentecostal»,	que	
fue	la	Iglesia	Pentecostal	del	Nazareno,	pero	este	calificativo	no	estaba,	
necesariamente,	unido	al	fenómeno	de	la	glosolalia	o	el	hablar	en	len-
guas.	Más	aún,	cuando	aparecieron	los	pentecostales	que	ponían	énfasis	
en	el	don	de	lenguas,	esa	iglesia	suprimió	de	su	nombre	la	palabra	«pen-
tecostal»	para	no	ser	confundida	con	ellos.	En	resumen,	se	puede	decir	
que,	para	fines	del	siglo	XIX,	había	una	combinación	de	expectaciones	
41Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
que	cada	vez	señalaban	con	mayor	intensidad	en	dirección	de	lo	que	pos-
teriormente	se	concretaría	con	el	nombre	de	«movimiento	pentecostal».
2.3. NACIMIENTO DEL MOVIMIENTO 
PENTECOSTAL: TOPEKA Y LA CALLE AZUSA 
La	mayoría	de	los	expertos	en	el	tema	coinciden	en	señalar	que	todo	
lo	relacionado	a	lo	que	hoy	se	conoce	como	«movimiento	pentecostal»	
comenzó	 en	 1898,	 cuando	Charles	 F.	 Parham,un	ministro	metodista	
de	Kansas	afiliado	al	«movimiento	de	santidad»,	se	estableció	en	la	ci-
dad	de	Topeka,	Kansas,	y	desde	ahí	dirigía	una	escuela	bíblica,	llamada	
Bethel	College,	y	un	«hogar	de	sanidad»,	donde	se	atendía	a	los	enfermos	
y	se	oraba	por	ellos.	A	fines	de	1900,	Parham	tuvo	que	ausentarse	de	la	
escuela	y	dejó	a	los	alumnos	la	tarea	de	buscar	en	la	Biblia	todo	lo	relati-
vo	al	bautismo	en	el	Espíritu	Santo.
Al	regreso,	le	informaron	que,	según	ellos,	en	el	libro	de	los	Hechos	
de	los	apóstoles,	la	glosolalia	o	hablar	en	lenguas	era	la	señal	de	que	una	
persona	había	sido	bautizada	con	el	Espíritu	Santo	y	que	estaban	ansio-
sos	porque	se	repitiera	en	ellos	la	experiencia	de	Pentecostés.	La	última	
noche	de	diciembre	de	1900,	Parham	y	los	alumnos	tuvieron	un	culto	de	
oración	en	el	que	pidieron	ser	bautizados	con	el	Espíritu	Santo.
42 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
Poco	después	de	la	media	noche,	es	decir,	en	las	primeras	horas	del	
siglo	XX,	una	alumna	de	nombre	Agnes	Ozman	comenzó	a	hablar	en	
otras	lenguas.	El	mismo	Parham	tuvo	la	experiencia	unos	días	después	
y	luego	le	siguieron	otros	de	los	alumnos.	Durante	los	siguientes	cinco	
años,	Parham	y	los	alumnos	se	dedicaron	a	diseminar	esta	«Fe	Apostó-
lica»,	como	llamaron	al	movimiento,	por	todo	el	medio	oeste,	haciendo	
numerosos	conversos.
En	 ese	 sentido,	 Jesse	 Lyman	Hurlbut	 (2013),	 considera	 a	Topeka,	
Kansas,	como	la	cuna	del	hoy	conocido	«movimiento	pentecostal	mo-
derno»,	 al	 que	 se	 le	 llama,	 también,	 «pentecostalismo	 clásico»,	 pues	
aunque	en	ese	mismo	tiempo	se	estaban	dando	ya	experiencias	aisladas	
semejantes,	tanto	en	Estados	Unidos	como	en	otros	países,	es	un	hecho	
que	fue	a	partir	de	Topeka	que,	el	«mensaje	pentecostal»	se	comenzó	a	
proclamar	con	una	intensidad	que	antes	no	se	había	conocido	y	que	per-
mitió	a	dicho	mensaje	difundirse	por	toda	la	tierra.	6
En 1905 Parham mudó el instituto bíblico a Houston, donde 
se produjeron las mismas manifestaciones carismáticas. Desde 
ahí evangelizó todo Texas y el sudoeste. A los cuatro principios 
o creencias iniciales del «movimiento de santidad», Parham 
había añadido un quinto: el bautismo del Espíritu Santo con la 
«evidencia inicial» del hablar en otras lenguas. 
Aunque	Parham	era	un	racista	convertido	 (de	hecho	 fue	miembro	
activo	del	Ku	Kux	Klan),	aceptó	a	un	alumno	negro,	bautista,	de	nombre	
William	J.	Seymour,	 con	 la	 condición	de	que	 tomara	 las	 clases	 en	un	
salón	contiguo.	En	1906	Seymour	se	trasladó	a	los	Ángeles,	California,	
invitado	a	predicar	en	una	Iglesia	Nazarena.	El	primer	domingo	que	pre-
dicó	en	esa	iglesia,	Seymour	habló	del	bautismo	en	el	Espíritu	Santo	y	
del	don	de	 lenguas	como	«evidencia	 inicial»	de	haberlo	recibido.	Esto	
asustó	a	la	congregación,	que	le	cerró	las	puertas.	
Richard	Asbury,	que	no	había	asistido	al	culto	de	aquel	domingo	lo	
invitó	a	su	casa.	Seymour	compartió	con	los	anfitriones	el	«mensaje	pen-
tecostal»	y	comenzó	a	formar	una	pequeña	congregación.	Muy	pronto	la	
casa	de	los	Asbury	fue	insuficiente	para	dar	cabida	a	todos	los	que	acudían,	
al	principio	más	por	 curiosidad,	 al	 contemplar	 los	 extraños	 fenómenos	
que	ahí	se	daban,	y	el	grupo	se	cambió	a	la	calle	Azuza	de	los	Ángeles,	a	un	
viejo	y	amplio	depósito	abandonado	que	rentaron	y	acondicionaron	con	
43Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
suma	pobreza	para	que	sirviera	de	iglesia.	Le	dieron	a	la	nueva	iglesia	el	
nombre	de	«Misión	de	la	Fe	Apostólica»	(Apostolic	Faith	Gospel	Misión).
En	1906	Seymour	 invitó	al	maestro	Parham	a	predicar	en	Azusa,	
pero	éste	lo	hizo	en	términos	tan	negativos	para	la	congregación	y	para	
la	persona	de	Seymour,	que	rompieron	con	él,	y	los	lazos	entre	los	dos	
líderes	nunca	más	volvieron	a	restablecerse.	Sin	embargo,	como	herede-
ro	de	las	enseñanzas	de	Parham,	las	cinco	enseñanzas	principales	de	la	
misión	de	la	calle	Azusa	eran:	1)	Justificación	por	la	fe,	2)	Santificación	
como	obra	concreta	de	la	gracia,	3)	El	bautismo	del	Espíritu	Santo,	evi-
denciado	por	el	hablar	en	otras	lenguas,	4)	La	sanidad	divina,	o	curacio-
nes	por	el	poder	de	la	oración,	y	5)	El	arrebatamiento	personal	pre–mi-
lenarista	de	los	santos	en	la	segunda	venida	de	Cristo.
Según R. Newmann (1978), en el corto período que va de 
1906 a 1909 aquella congregación aumentó notablemente la 
feligresía, y de ese lugar, el «mensaje pentecostal» comenzó a 
diseminarse por todo el mundo. El campo abonado para la di-
fusión de sus enseñanzas, y del que a la vez se originaba, eran 
las iglesias adheridas al «movimiento de santidad». Comenza-
ron a llegar a la calle Azusa «peregrinos» de otras ciudades de 
Estados Unidos y Canadá. 7
44 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
Algunos	de	estos	pastores,	al	volver	a	las	iglesias	de	origen,	las	«pen-
tecostalizaron»,	como	pasó,	por	ejemplo,	con	la	Iglesia	de	Dios	en	Cristo;	
otros	llevaron	el	mensaje	a	Europa:	Noruega,	Suecia,	Dinamarca,	Ingla-
terra,	Alemania,	Francia	y	Rusia.	En	América	Latina	llegó	hasta	Chile	y	
Brasil,	donde	echó	profundas	raíces.	De	Azusa	salieron	misioneros	por	
lo	menos	a	36	países.	Al	morir	Seymour	en	1922,	la	viuda	se	hizo	cargo	
de	la	misión,	pero	ésta	finalmente	fue	cerrada	en	1929.	
La	misión	de	la	«fe	apostólica»	desapareció,	pero	sirvió	de	potente	
ímpetu	inicial	y	de	inspiración	al	«pentecostalismo»	de	todo	el	mundo,	
mucho	más	 todavía	que	 la	congregación	de	Topeka.	Esta	misión	de	 la	
calle	Azusa	fue	el	antecedente	de	importantes	iglesias	que	fueron	sur-
giendo	en	años	sucesivos,	como	las	Asambleas	de	Dios	y	 la	Iglesia	del	
Evangelio	Cuadrangular.	
En cuanto a la teología, aparte de los cinco puntos mencio-
nados que los distingue, la gran mayoría de los pentecostales 
sostienen las doctrinas del cristianismo protestante histórico 
(con la excepción de los «unitarios», de doctrina sabeliana), 
pero en un sentido conservador y fundamentalista. Más ade-
lante, se ampliará sobre las doctrinas básicas, las cuales tienen 
fundamentos bíblicos sólidos, así como las creencias, dogmas y 
tabúes que se fueron añadiendo, teniendo como base el sincre-
tismo teológico, las experiencias subjetivas, la tradición pente-
costal y la dogmática. 
Muchos	son	premilenaristas	en	cuanto	a	la	escatología,	y	la	mayoría	
son	dispensacionalistas.	Con	respecto	al	bautismo	en	agua,	generalmen-
te	se	oponen	al	bautismo	de	infantes	y	son	inmersionistas.	El	«cristia-
nismo	pentecostal»	es	hoy	la	variante	del	cristianismo	que	más	crece	en	
todo	el	mundo,	especialmente	en	Sudamérica,	África	y	países	asiáticos.	
Se	considera	que	hay	entre	700	y	900	millones	de	cristianos	pentecos-
tales,	de	los	cuales	entre	50	y	80	millones	serían	carismáticos	católicos,	
numerosos	sobre	todo	en	Estados	Unidos,	Sudamérica,	el	Caribe,	India	
y	África,	pero	con	fuerte	presencia	también	en	Francia	e	Italia.	
45Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
2.4. PENTECOSTALISMO EN AMÉRICA LATINA 
El	pentecostalismo,	como	ya	se	ha	indicado,	hizo	aparición	en	Amé-
rica	Latina	en	los	inicios	del	siglo	XX.	En	su	rápido	desarrollo	enfrentó	
variados	acontecimientos	antes	de	transformarse	en	una	de	las	princi-
pales	expresiones	de	la	fe	cristiana	y	ser	parte	constitutiva	de	la	cultura	
religiosa	del	continente.	De	ahí,	que	sea	el	movimiento	más	estudiado	
por	los	sociólogos,	antropólogos,	historiadores	y	teólogos,	entre	otros.	
En esta sección, se dará una panorámica a la «raíz protestante» 
del pentecostalismo latinoamericano, los orígenes, el rápido 
crecimiento numérico y cómo se puede augurar el futuro. Este 
análisis se caracteriza por no perder de vista el contexto de la 
realidad latinoamericana, como el lugar donde la fe cristiana, 
en este caso pentecostal, debe ser vívida y testimoniada. 
En	ese	sentido,	es	necesario	recordar	que	las	sociedades	latinoame-
ricanas	entre	los	años	1909	y	1990	vivieron	densos	conflictos	políticos,	
socioeconómicos,	populares	 y	 culturales.	 Sin	 embargo,	 el	 conjunto	de	
creencias	 religiosas	 se	mostraron	 estables	 y	 auténticamente	 legitima-
das.	Las	utopíasreligiosas,	en	forma	especial	del	catolicismo	popular	y	
del	emergente	protestantismo,	eran	alternativas	socialmente	aceptadas	
para	enfrentar	los	altos	índices	de	mortalidad,	que	generaban	temor	e	
inseguridad	en	la	población,	como	también,	los	diversos	proyectos	polí-
ticos	que	se	han	disputado	el	acceso	al	poder.	
46 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
Se	puede	observar	además,	los	diferentes	y	variados	intentos	de	libe-
ración	que	van	desde	la	Revolución	mexicana	a	la	cubana,	pasando	por	
las	seguidillas	de	golpes	de	estados	e	intervención	militar	de	potencias	
extranjeras,	junto	a	la	permanente	articulación	de	movimientos	popula-
res,	sociales,	de	campesinos	e	indígenas	que	lucharon	por	una	vida	más	
digna.	En	el	corazón	de	tan	trágica	realidad	nació,	creció	y	se	consolidó	
el	pentecostalismo	en	el	continente	Latinoamericano.	
Al respecto, y por citar un caso, José Míguez Bonino (1993), 
afirma lo siguiente: «Todas las historias del pentecostalismo 
latinoamericano comenzaron con el despertar asociado con el 
nombre del misionero Willis C. Hoover, la Iglesia Metodista y 
la ciudad de Valparaíso, en Chile, y continúan con Francescon 
y las Asambleas de Dios en Brasil. Luego el pentecostalismo 
se multiplica, se diversifica y se expande, y desde la década de 
1950 se presenta como el rostro popular del protestantismo en 
América Latina. Los entusiastas hablan de más de 100 millo-
nes de pentecostales, al inicio del presente milenio. 8
A	lo	dicho	por	este	distinguido	teólogo	Argentino,	José	Míguez	Boni-
no,	y	probablemente	el	más	prominente	entre	los	protestantes	del	conti-
nente,	se	debe	agregar	el	origen	del	pentecostalismo	mexicano	y	que	co-
rrespondió	al	protagonismo	de	una	mujer,	Romana	de	Valenzuela,	quien	
en	medio	de	la	Revolución	Mexicana,	en	1914,	en	el	norte	de	este	país	y,	
junto	a	un	puñado	de	hombres	y	mujeres,	fundó	la	«Iglesia	Apostólica	
de	la	Fe	en	Cristo	Jesús».	Historias	como	estas,	y	aun	no	contadas,	son	
variadas	y	múltiples.	
Por	otra	parte,	la	llegada	del	pentecostalismo	procedente	de	los	Es-
tados	Unidos	de	Norte	América	fue	posterior	a	las	fechas	antes	referi-
das	y	tiene	su	propia	historia	ordenada	en	conformidad	a	los	intereses	
de	los	líderes	nacionales	y	extranjeros.	El	origen	del	pentecostalismo	
latinoamericano	 fue	policéntrico;	Chile,	Brasil	 y	México	 fueron	 rele-
vantes	en	la	gestación,	consolidación	y	expansión	del	movimiento,	no	
obstante	comparten	elementos	socio	religiosos	comunes:	los	integran-
tes	son	personas	pobres,	son	mujeres,	inmigrantes,	obreros	y	campe-
sinos,	son,	en	la	mayoría	de	los	casos,	los	desheredados	de	la	tierra	los	
que	optaron	por	la	fe	pentecostal.
47Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
En ese sentido, el pentecostalismo temprano fue un movi-
miento laico donde las fronteras clericales eran inexistentes. 
Por consiguiente, la relación entre el pastor o misionero con 
la hermandad o congregación siempre fue cercana y sin fron-
teras, lo que permitió articular comunidades estables guiadas 
por normas y reglas sencillas, pero por sobre todo, atractivas y 
acogedoras para los sectores marginales. Por lo tanto, la par-
ticipación activa de los laicos fue una de las claves del éxito. 
Fue un hecho, que el pentecostalismo en su espontaneidad se 
articuló y se organizó de manera tal, que generase múltiples 
oportunidades para que el creyente común y corriente asumie-
ra responsabilidades en el grupo local. 
Las	múltiples	prácticas	cúlticas	propias	del	pentecostalismo	se	ori-
ginaron	 por	 las	más	 diversas	 experiencias	 de	 fe	 de	 los	 creyentes.	 En	
principio,	las	prácticas	de	hablar	en	lenguas,	profecías,	oración	por	los	
enfermos,	danza	en	el	espíritu,	que	para	el	observador	externo	resulta-
ban	extrañas	e	incomprensibles,	expresiones	que	por	la	frecuencia	e	im-
pacto	paulatinamente	fueron	encauzadas	mediante	normas	tendientes	a	
evitar	los	excesos	y	desordenes.	
La	articulación	de	comunidades	con	grandes	espacios	de	 libertad,	
donde	los	fieles	pudieron	expresar	espontáneamente	los	más	profundos	
sentimientos	religiosos	y	a	 la	vez	participar	en	la	construcción	de	una	
comunidad	de	creyentes	litúrgica	y	teológicamente	autosustentable,	fue	
clave	en	la	implantación	del	pentecostalismo	en	el	continente.
Por	supuesto,	el	pentecostalismo	de	origen	local,	en	los	primeros	
50	años	fue	un	movimiento	que	financieramente	se	autosustentaba.	
Los	recursos	provinieron	de	las	ofrendas	y	diezmos	que	disciplinada-
mente	daban	los	fieles.	Los	recursos	materiales	lo	constituían,	bási-
camente,	los	templos,	capillas	y	locales	de	reunión;	estos	lugares	eran	
modestos,	 sencillos	 y	 prácticos,	 algunos	 facilitados	por	 los	 fieles,	 y	
otros	adquiridos	colectivamente.	
Para Frank Bartleman (1997), el auge inicial del pentecos-
talismo de origen local y misionero, permitió que cada uno 
tuviera un sentimiento de participar en el ejercicio del poder 
y de contribuir con la espontaneidad a la vitalidad del movi-
48 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
miento. En este sentido, y para utilizar una expresión actual 
existió una auténtica «democratización de las funciones di-
rectivas», que se vio reforzada por la homogeneidad social y 
cooperación económica y material de los fieles. Pese a lo ante-
rior, para acceder al ministerio pastoral se debía recorrer una 
larga caminata, marcada por el compromiso, la disciplina y 
la entrega a la causa. Esto aseguró que al ministerio pastoral 
no se accediera por favoritismo, herencia familiar ni por una 
formación teológica formal. 9
Los	 pastores	 y	 encargados	 fueron	 la	 expresión	 auténtica	 de	 la	
comunidad,	 la	diferencia	con	el	resto	de	 los	fieles	no	fue	ni	el	origen	
social,	 ni	 la	manera	de	 vivir,	 ni	 la	 formación	 intelectual,	 sino	 senci-
llamente	las	cualidades	de	tipo	«carismáticas»	y	capacidad	de	conduc-
tores	de	hombres	y	mujeres	en	medio	de	una	sociedad	tradicional	que	
tenía	muy	 poco	 que	 ofrecer	 a	 los	más	 pobres.	 La	 naciente	 jerarquía	
eclesial	pentecostal	siempre	dirigió	 las	comunidades	apelando	más	a	
la	«emotividad»	que	a	la	racionalidad.
Al	cumplir	un	siglo	de	vida,	el	pentecostalismo	está	plenamente	es-
tablecido	en	todo	el	continente	Latinoamericano	y	con	múltiples	rostros,	
pero	mayoritariamente	popular	y	marginal.	Hoy,	en	el	movimiento	pen-
tecostal,	hay	más	de	200.000	pastores,	y	el	número	de	capillas,	templos	
y	lugares	de	reunión,	superan	a	los	de	la	iglesia	católica.	
49Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
Por	otro	lado,	la	plataforma	bíblica	y	teológica	se	mantiene	en	forma	
casi	inalterable.	Esta	observancia	se	nutre	con	los	programas	de	forma-
ción	de	los	pastores	y	líderes;	formación	que	se	evidencia	en	lo	que	se	
enseña	en	los	institutos	y	seminarios.	A	esto	se	debe	agregar,	la	literatu-
ra,	la	música,	programas	radiales	y	televisivos	y	visitas	permanentes	de	
conferencistas	provenientes	del	país	del	norte.	En	la	reflexión	bíblica	y	
teológica	pentecostal	se	evidencia	una	clara	ausencia	de	una	dialéctica	
entre	fe	y	realidad	latinoamericana.	
Para Ramiro Jaimes (2012), temas como fe y política, fe y 
economía, fe y justicia social, fe y derechos humanos, entre 
otros, no tienen lugar en la ref lexión y el discurso teoló-
gico pentecostal. Sin embargo, se debe reconocer que hay 
un número cada vez más creciente de pastores y líderes que 
están en la búsqueda de construir un «pensamiento teoló-
gico» propio, que surja de la ref lexión entre fe y realidad 
del continente. Este es un verdadero desafío para las nuevas 
generaciones de pastores y teólogos de las iglesias pentecos-
tales de origen norteamericano. 10
Por	otro	lado,	está	la	forma	de	dirigir	en	las	iglesias	pentecostales,	ya	
que	a	pesar	de	las	grandes	transformaciones	que	se	han	experimentado	
en	términos	de	membresía,	economía,	edificaciones	y	comunicaciones,	
la	forma	de	dirigir	se	mantiene	casi	invariable	desde	hace	más	de	vein-
te	años.	Aún	con	todo	 lo	antes	expuesto,	se	espera	que	el	movimiento	
pentecostal	siga	creciendo,	especialmente	en	contextos	de	pobreza,	in-
seguridadsocial	e	 indígenas,	pues	en	medio	de	esta	realidad	se	gestó,	
articuló y desarrolló. 
Pero,	¿Cuál	será	el	futuro	del	movimiento	en	el	presente	siglo	XXI?	
Las	respuestas	pueden	ser	muy	disímiles	y	hasta	incompatibles	con	el	
Evangelio	de	Jesucristo,	pues	las	experiencias	así	lo	demuestran.	La	ac-
titud	de	cómo	las	iglesias	pentecostales	han	reaccionado	frente	a	perio-
dos	traumáticos	y	dolorosos	que	ha	vivido	el	continente,	especialmente	
durante	la	última	parte	del	siglo	pasado,	evidencia	esta	contradicción.	
50 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
La historia demuestra que muchas iglesias pentecostales guar-
daron el más absoluto silencio frente a grandes tragedias, como 
la reiterada violación de los derechos humanos y las injusti-
cias sociales más aberrantes que significaron la desaparición 
de personas, exilio y tortura. Pero también, se debe reconocer 
que una minoría de iglesias, comunidades, hombres y mujeres 
pentecostales asumieron un rol profético y pastoral, como fue 
la oposición a las dictaduras militares y la guerrilla de «Sende-
ro Luminoso» en los Andes en Perú, solo por nombrar un caso.
La	actitud	del	pentecostalismo	frente	a	 la	realidad	social	esta-
rá	 determinada	 por	 el	modelo	 de	 «misión»	 que	 asuma	 y	 la	 forma	
de	cómo	se	relacionará	con	los	poderes	económicos	y	políticos;	por	
tanto,	esta	será	muy	variada,	diversa	y	contradictoria.	He	aquí	un	
gran	desafío	y	una	gran	oportunidad	para	que	 los	 líderes	actuales	
del	pentecostalismo	permitan	que	el	Espíritu	Santo	hable	a	las	igle-
sias	como	en	los	tiempos	bíblicos.	
En	 esencia	 el	 pentecostalismo	 nació	 como	 una	 religión	 popular,	
relegada	del	protestantismo	histórico,	racional	y	burocrático.	El	pente-
costalismo	surgió	en	la	periferia	del	mundo,	alejado	de	los	centros	del	
poder	político,	económico	y	religioso.	Fue	abiertamente	rechazado	y	es-
tigmatizado	como	una	secta	de	fanáticos.	Aunque	se	gestó	en	el	seno	del	
protestantismo	histórico,	este	no	le	reconoció.	
51Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
Según	Pablo	A.	Deiros	(1994),	las	iglesias	pentecostales	crecieron	en	
medio	de	los	sectores	populares	del	continente	donde	la	vida	religiosa	
se	fusionó	con	la	cultura	popular.	Es	decir,	las	prácticas	religiosas	de	la	
«fe	pentecostal»	pasaron	a	ser	parte	de	la	vida	cotidiana	de	los	integran-
tes.	En	la	actualidad,	el	pentecostalismo	lo	configuran	cientos	de	miles	
de	iglesias	o	comunidades	pequeñas	e	independientes	con	orígenes	muy	
diversos	y	que	requieren	ser	estudiadas	desde	la	sociología	y	la	antropo-
logía,	pues	se	trata	de	un	fenómeno	religioso	importante	para	el	futuro	
de	la	fe	cristiana	en	sectores	marginales.	11
En	 ese	 sentido,	 durante	 los	 últimos	 30	 años,	 diferentes	 esfuerzos	
confluyen	 para	 que	 un	 número	 creciente	 de	 pentecostales	 accedan	 a	
una	 formación	 teológica	 profesional	 de	 alto	 nivel.	 Esto	 ha	 significado	
la	génesis	de	la	sistematización	de	la	experiencia	social,	religiosa,	bíbli-
ca,	teológica,	pastoral	e	histórica	del	pentecostalismo	en	el	continente.	
Además,	un	número	apreciado	de	pentecostales	han	accedido	a	estudios	
doctorales en prestigiosas facultades de teología en diferentes lugares de 
prestigio internacional.
Hoy, en los círculos pentecostales hay un mayor interés, y has-
ta lo que se puede llamar, «hambre intelectual» por acceder a 
un mayor conocimiento bíblico y teológico y de cómo la «fe 
pentecostal» puede ser más eficaz en tierras latinoamericanas. 
Se abre así, una nueva etapa en su reflexión y producción, cada 
vez más profunda y sólida. Esto se hará visible en las cátedras 
de teología pentecostal, tesis doctorales, publicaciones de alto 
nivel, lo que le permitirá al movimiento contar con una «elite 
pensante» capaz de dialogar con otras tradiciones y religiones 
que buscan también un espacio en el continente. Pero por so-
bre todo, a la luz del Evangelio y el Espíritu Santo, ayudará al 
pentecostalismo a «dialogar» con la realidad y encontrar sóli-
das raíces en la cultura latinoamericana. 
Para	finalizar,	es	necesario	destacar	que	el	futuro	del	pentecosta-
lismo	estará	marcado	por	una	fuerte	institucionalización	de	las	igle-
sias	 que,	 en	muchos	 aspectos,	 transitará	 por	 el	mismo	 camino	 que	
hizo	el	protestantismo	histórico	en	siglos	anteriores,	debido	al	proce-
so	de	secularización	y	modernización	que	se	continuará	desarrollan-
do en el continente. 
52 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
Los	pentecostales	buscarán	alianza	con	los	poderes	políticos	
y	 económicos	 del	 continente	 cuya	 relación	 se	 cortejará	 en	 mo-
mentos	de	crisis	social.	
Para Manuel J. Gaxiola (2013), estas crisis sociales, económi-
cas y éticas desatarán muchas discusiones internas en las igle-
sias, las cuales serán estimuladas por los distintos enfoques del 
pensamiento teológico o de interpretación bíblica que harán 
los actores. El pentecostalismo tendrá un rol más relevante, 
pues se articularán propuestas teológicas y nuevos «paradig-
mas» para la misión, cuyos aportes, en momentos de crisis, se-
rán orientadores y refrescantes. 12
Por	otra	parte,	en	la	medida	que	la	pobreza	continúe,	especialmente	
en	las	grandes	urbes,	el	pentecostalismo,	la	multiplicación	y	autonomía	
se	mantendrá.	El	pentecostalismo	será	una	vertiente	autónoma,	profé-
tica,	esperanzadora	y	factor	de	renovación	del	pentecostalismo	latinoa-
mericano,	en	la	medida	que	este	se	vincule	con	otros	sectores	del	movi-
miento,	como	lo	son	los	neopentecostales.
2.5. ORIGEN DEL MOVIMIENTO PENTECOSTAL 
EN LA REPÚBLICA DOMINICANA 
En	el	caso	de	la	República	Dominicana,	el	«pentecostalismo»	inició	
al	principio	del	siglo	pasado	a	través	de	la	ciudad	de	San	Pedro	de	Ma-
corís.	Bienvenido	Álvarez	Vega	(1990),	al	respecto	dice:	«El	movimiento	
pentecostal	tuvo	un	tímido	inicio	en	la	República	Dominicana	en	1918,	
cuando	el	predicador	puertorriqueño	Salomón	Feliciano	 llegó	a	Santo	
Domingo	 desde	 Puerto	 Rico.	 Esta	 iniciativa	 parece	 haber	 palidecido	
por	diversas	razones,	hasta	que	el	2	de	septiembre	de	1930,	el	misione-
ro	Francisco	Hernández	(Pancho)	viene	al	país,	 también	desde	Puerto	
Rico,	junto	con	su	esposa	Victoria	Colón	y	su	hija	Rebeca	Hernández	a	
reactivar	el	movimiento».	13 
Esta	llegada,	afirma	Álvarez	Vega,	es	considerada	como	el	inicio	de	
lo	que	hoy	se	conoce	como	el	«movimiento	pentecostal	dominicano».	De	
esa	manera	comenzó,	formalmente,	la	iglesia	pentecostal	en	República	
Dominicana.	A	partir	de	la	década	de	los	80,	sin	embargo,	el	movimien-
to	ha	crecido	varias	veces	más	de	lo	que	lo	habría	hecho	desde	sus	orí-
53Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
genes	en	estas	tierras	hasta	nuestros	días,	tanto	en	la	versión	conciliar,	
como	independiente	y	neopentecostal.
Al	respecto,	afirma	Álvarez	Vega	que:	«En	efecto,	en	un	listado	con-
tentivo	de	las	37	denominaciones	pentecostales	establecidas	en	el	país,	
según	algunas	 indagaciones,	solo	nueve	 fueron	fundadas	entre	1930	y	
1960.	Las	restantes	28	nacieron	entre	1960	y	1990,	pero	principalmente	
entre	1960	y	1979.	Igualmente,	las	iglesias	independientes	y	el	neopen-
tecostalismo	se	desarrollan	intensamente	a	partir	de	los	años	ochenta.
A	pesar	de	todo	esto	es	necesario	destacar	que	el	pentecostalismo	
protestante	tiene	algunos	puntos	débiles,	entre	ellos:	Tendencia	a	la	di-
visión	y	fragmentación,	riesgo	de	caer	en	el	fraude	(la	gente	busca	mila-
gros	y	 los	donativos	son	abundantes),	misticismo	inmaduro,	centrarse	
más	en	los	milagros	que	en	Dios,	y	el	peligro	de	caer	en	las	manos	de	
líderes	sectarios	y	autoritarios.	Más	adelante,	se	ampliarán	estos	puntos.
54 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
Referencias bibliográficas
[1] Barrientos, Josué (2004). El pentecostalismo y el 
neopentecostalismo. Identidades confusas, CDE, Honduras.
[2] Campos, Bernardo (1997). De la Reforma Protestante a la 
Pentecostalidad de la Iglesia. Debate sobre el Pentecostalismo 
en América Latina. CLAI. Quito, Ecuador.
[3] Zaldívar, Raúl (2006). Teología sistemática desde una perspectiva 
latinoamericana, Editorial Clie,Barcelona, España. 
[4] Washington, Mark (2014). Visión bíblica de contribución 
a la misión bíblica de Juan Wesley, Lima, Perú. 
[5] Boice, James M. (1996). Los fundamentos de la fe 
cristiana, Editorial Unilit, Miami, Florida, USA. 
[6] Hurlbut, Jesse Lyman (2013). La Historia de la Iglesia Cristiana 
Pentecostal, Editorial Vida, Miami, Florida, USA. 
[7] Newmann, R. (1978). Historia de Azusa. USA.
[8] Bonino, José Míguez (1993). El reino de Dios y la historia, en El Reino de Dios 
y América Latina. Casa Bautista de Publicaciones, El Paso, Texas, USA.
[9] Bartleman, Frank (1997). Azusa Street. El Despertar Pentecostal de 
Principios del Siglo Veinte. Editorial Peniel, Buenos Aires, Argentina. 
[10] Jaimes, Ramiro (2012). El neopentecostalismo como objeto de investigación 
y categoría analítica. Revista Mexicana de Sociología, México.
[11] Deiros, Pablo A. (1994). Latinoamérica en llamas. Historia 
y creencias del movimiento religioso más impresionante 
de todos los tiempos. Editorial Caribe, Nashville.
[12] Gaxiola, Manuel J. (2013). El Pentecostalismo o Movimiento Pentecostal 
Moderno. En Iglesias y grupos religiosos en México. Cuaderno 2. México. .
[13] Álvarez Vega, Bienvenido (1990). Movimiento Pentecostal Dominicano. 
El Campo religioso dominicano: diversidad y expansión. Departamento 
de Estudios de Sociedad y Religión, Santo Domingo, R. D. 
55Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
CAPÍTULO II
GUÍA DIDÁCTICA
ORIGEN, EVOLUCIÓN Y SITUACIÓN 
ACTUAL DEL PENTECOSTALISMO
1. El término «iglesias pentecostales» se usa indistinta-
mente para...
2. Cuando el apóstol Pablo llegó a Éfeso, se encontró con 
una situación con los cristianos de esa iglesia, ¿Qué suce-
día en esa iglesia?
3. Antes del movimiento pentecostal moderno, hubo mu-
chos eventos con características pentecostales sin llamar-
se aún «pentecostales». Mencione dos de ellos.
4. Juan Wesley registró muchas historias extraordinarias en 
sus diarios, ¿De qué tratan esas experiencias? 
5. El «movimiento de santidad» descansaba en cuatro princi-
pios, ¿Cuáles eran?
6. La última noche de diciembre de 1900, Parham y los alum-
nos tuvieron un culto de oración en el que pidieron ser 
bautizados con el Espíritu Santo, ¿Qué pasó allí? 
7. ¿Cuáles eran las cinco enseñanzas principales de la misión 
de la calle Azusa?
8. Transcriba lo que dice José Míguez Bonino sobre el pente 
costalismo en América Latina.
9. Las múltiples prácticas cúlticas propias del pentecostalis-
mo, se originaron por...
10. Para Frank Bartleman, el auge inicial del pentecostalismo 
de origen local y misionero, permitió...
11. ¿Qué dice Ramiro Jaimes sobre la teología pentecostal?
12. Según Pablo A. Deiros, las iglesias pentecostales crecieron 
en medio de...
13. En el caso de la República Dominicana, ¿Cuándo inicia el 
pentecostalismo?
CAPÍTULO III
UNCIÓN O CONOCIMIENTO: LA GRAN 
DICOTOMÍA ENTRE LOS PENTECOSTALES
En	sentido	general,	la	dicotomía,	es	la	división	de	un	objeto	o	concep-to	en	dos	partes	complementarias	pero	separadas.	La	dicotomía,	en	relación	al	pensamiento	o	a	las	ideas,	se	puede	encontrar	en	concep-
tos	que	son	aparentemente	opuestos	pero	a	la	vez	complementarios.	En	
el	tema	que	ocupa,	se	puede	decir	que	entre	los	creyentes	pentecostales	
ha	existido,	desde	los	mismos	orígenes,	una	pugna	abierta	entre	quienes	
consideran	que	el	conocimiento	es	bueno,	necesario	e	imprescindible	en	
la	vida	del	cristiano,	y	los	que	consideran	que	solo	basta	estar	revestido	
de	la	unción	del	Espíritu	Santo.
Ser cristiano, mantenerse firme y dar testimonio de ser ver-
daderamente transformado por Jesucristo es, y seguirá siendo, 
la meta de todos aquellos que tomaron la decisión de obede-
cer la voz de Dios. Sin embargo, este anhelo es mediatizado 
por quienes, dentro de la «fe pentecostal», entienden que para 
lograrlo es necesario vivir según ciertos ideales, unos dando 
énfasis solo a la unción y otros al conocimiento.
En	mi	experiencia	personal	de	más	de	40	años	de	vida	cristiana	de-
sarrollada	en	el	ámbito	pentecostal,	he	sido	víctima	en	ocasiones	por	los	
de	mi	comunidad	evangélica,	de	muchas	desconsideraciones.	Una	de	ellas	
ocurrió	en	momentos	en	que	comenzaba	a	interesarme	por	los	estudios	
bíblicos	y	el	conocimiento	de	Dios	en	sentido	general.	Recuerdo	que	mi	
primer	pastor,	al	cual	aprecio	mucho	y	respeto,	al	expresarle	mi	interés	en	
estudiar	teología	en	el	seminario	me	expresó:	«Teología	¿Para	qué?	Eso	no	
es	necesario,	Cristo	está	a	la	puerta,	no	hay	tiempo	para	eso».	
58 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
Esto	lo	hizo	al	tratar	de	convencerme	de	la	poca	importancia	de	in-
gresar	al	seminario.	Esta	respuesta	me	confundió	tanto	que	me	frustró.	
A	pesar	de	ello,	seguí	en	mi	afán	de	conocer	más	de	Dios	y	las	Sagradas	
Escrituras,	hasta	que	finalmente	inicié	los	estudios	y	desde	entonces	no	
me	he	detenido	en	la	búsqueda	de	ese	conocimiento	que	queramos	o	no,	
busquémoslo	o	no,	es	vital	en	 la	vida	cristiana.	Sin	 lugar	a	dudas,	esto	
le	ha	sucedido	a	miles	de	creyentes	pentecostales	en	diferentes	latitudes	
que,	deseosos	por	conocer	más	a	fondo	las	realidades	de	Dios,	sus	obras	y	
grandeza,	de	diferentes	maneras	han	sido	influenciados	por	personas	que,	
sea	por	 ignorancia	o	con	intenciones	personales	sanas,	han	coartado	 la	
iniciativa	de	muchos,	hasta	hacerlos	desistir.
Las	preguntas	claves	aquí	son:	¿Importan	los	estudios	bíblicos?	¿Es	
necesario	estudiar	la	Biblia	para	ser	cristiano?	¿Es	un	deber	espiritual	
ponerse	a	investigar	el	texto	bíblico?	Claro	que	la	respuesta	a	todas	estas	
preguntas	es	necesariamente	«sí».	Lamentablemente,	muchos	creyentes	
pentecostales	han	perdido	la	estabilidad	cristiana	por	no	haber	tomado	
tiempo	para	estudiar	 correctamente	 las	Sagradas	Escrituras.	Algunos	
creyentes	afirman	que	ellos	solo	quieren	escuchar	sermones	prácticos,	
no	sermones	que	enseñan	teología.	
Por	otro	lado,	en	cuanto	a	la	unción,	las	preguntas	claves	aquí	son:	
¿Es	 importante	 la	unción?	¿Es	necesaria	 la	unción	para	ser	cristiano?	
¿Es	un	deber	espiritual	activar	y	 renovar	 la	unción?	Claro	que	 la	 res-
puesta	a	 todas	estas	preguntas	es	necesariamente	«sí».	Es	 la	gran	di-
cotomía	entre	 los	 creyentes	pentecostales,	 en	 la	 cual	 se	encuentran,	y	
que	si	no	se	trabaja	en	ambas	direcciones	no	se	encontrará	el	verdadero	
camino	hacia	el	éxito	y	estabilidad	cristiana.
59Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
En ese sentido, Manuel J. Gaxiola (2013), dice: «Debemos re-
conocer que muchos pentecostales se han aferrado demasiado 
al conocimiento y en ese afán han perdido la unción, esa gracia 
especial que Dios da; parecen sepulcros blanqueados, máqui-
nas del saber, pero carentes de esencia y frescura espiritual. 
Igual pasa a lo inverso». 1
En	ese	sentido,	al	leer	el	libro	de	los	Hechos,	lo	primero	que	llama	la	
atención	es	el	actuar	del	Espíritu	Santo.	Hay,	sin	embargo,	otro	detalle	
muy	importante	en	el	libro,	el	cual	es	el	ministerio	de	capacitación	para	
los	hermanos	y	líderes.	En	la	iglesia	primitiva	había	bastante	oración	y	
predicación,	pero	también	hubo	mucha	capacitación	(Mateo	28:19–20).	
La	iglesia	capacitaba	porque	para	Jesús	esto	era	de	prioridad.	Al	comien-
zo	los	apóstoles	eran	los	maestros	de	la	comunidad	cristiana	(1	Juan	1:3).	
Pero	era	inevitable	que	tarde	o	temprano	ellos	tendrían	que	compartir	
dicha	responsabilidad	con	otros,	debido	al	volumen	de	trabajo.
Donde	nacía	una	 iglesia	cristiana,	Dios	 levantaba	maestros	 (capa-
citadores).	En	los	escritos	de	Pablo	hay	evidencias	de	esto	(1	Corintios	
12:28;	Romanos	12:6–7;	Efesios	4:11).	Los	pastores	debían	jugar	un	pa-
pel	importante	en	la	capacitación	de	la	iglesia.	La	enseñanza	(capacita-
ción)	no	era	algo	que	se	añadía	a	la	responsabilidad	pastoral,	cuando	no	
había	quien	ejerciera	esa	responsabilidad,	sino	que	era	una	responsabi-
lidad	no	menos	importante	que	la	predicación.	Lewis	J.	Sherrill	(2009),	
ha	identificado	cinco	materias	que	se	impartían	en	la	iglesia	primitiva	
durante	el	período	apostólico,	estas	son:
1.	 La	interpretacióncristiana	del	Antiguo	Testamento.	
2.	 Las	enseñanzas	del	Evangelio.
3.	 La	confesión	cristiana	de	la	fe.
4.	 La	vida	y	dichos	de	Jesús.
5.	 El	estilo	de	vida	cristiana.	2
El	Nuevo	Testamento	está	repleto	de	ejemplos	de	la	primera	(Ma-
teo	5:21;	27:31).	El	mensaje	del	Evangelio	 fue	otro	elemento	 impor-
tante	en	el	 currículo	de	 la	 iglesia	primitiva	 (Romanos	1:16).	La	 ter-
cera	 clase	de	enseñanza	en	 la	 iglesia	primitiva	 tenía	que	ver	 con	 la	
confesión	de	fe	del	individuo.	Toda	la	instrucción	durante	el	período	
del	Nuevo	Testamento	estaba	fundamentada	en	una	fe	y	compromiso	
personal	(Efesios	4:20;	Romanos	10:9–10).
60 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
La	cuarta	clase	de	enseñanza	tenía	que	ver	con	las	enseñanzas	de	
Jesús	y	la	descripción	de	su	vida	y	ministerio.	Estas	enseñanzas	eran	
el	 fundamento	 del	 discipulado	 y	 tenían	 carácter	 obligatorio	 (Lucas	
6:46).	La	quinta	clase	de	enseñanza	tenía	que	ver	con	la	vida	cristia-
na.	Era	 inevitable	que	 tarde	o	 temprano	 la	 iglesia	 iba	a	desarrollar	
una	serie	de	instrucciones	que	tenían	que	ver	con	la	conducta	cristia-
na.	Pronto	empezaron	a	surgir	preguntas	acerca	de	¿Cuál	debería	ser	
la	 actitud	 cristiana	hacia	 la	 esclavitud?	¿Podría	 el	 creyente	 casarse	
con	una	pagana?	Entre	otras.	
En sentido general, el desarrollo cristiano o la capacitación 
pueden ser definidos como un progreso educativo destinado a 
mejorar la actuación individual de cada persona o grupo. Des-
de el punto de vista del alumno, la capacitación es el proceso 
mediante el cual se adquiere la comprensión, aptitudes, cono-
cimientos y habilidades esenciales para la realización inteligen-
te y eficiente de las responsabilidades asignadas. 
Pablo	escribió:	«Entretanto	que	voy,	ocúpate	en	la	lectura,	la	exhor-
tación	y	la	enseñanza.	No	descuides	el	don	que	hay	en	ti,	que	te	fue	dado	
mediante	profecía	con	la	imposición	de	las	manos	del	presbiterio.	Ocú-
pate	 en	 estas	 cosas;	permanece	 en	 ellas,	 para	que	 tu	 aprovechamien-
to	sea	manifiesto	a	todos.	Ten	cuidado	de	ti	mismo	y	de	la	enseñanza;	
persiste	en	ello,	pues	haciendo	esto,	te	salvarás	a	ti	mismo	y	a	los	que	te	
escuchen»	(1	Timoteo	4:13–16).
El	Nuevo	Testamento	indica	que	los	cristianos	han	de	crecer	en	gra-
cia	y	en	conocimiento	de	nuestro	Señor	y	Salvador	Jesucristo	(2	Pedro	
3:18).	Estos	dones	y	talentos	deben	ser	cultivados,	pulidos	y	usados.	La	
iglesia	pentecostal	tiene	una	gran	responsabilidad	en	esto.	Por	un	lado,	
el	creyente	individual	es	animado	a	esperar	a	Jehová	(Salmos	27:	14),	a	
estar	quieto	(Salmos	46:10)	y	a	no	desmayar	(Gálatas	6:9).
Por	otro	 lado,	 la	amonestación	a	Timoteo,	es	«que	avives	el	 fuego	
del	don	de	Dios	que	está	en	ti,	que	te	fue	dado	por	la	imposición	de	mis	
manos»	(2	Timoteo	1:6).	Pedro	 también	amonesta:	«Añadid	a	vuestra	
fe,	virtud;	a	la	virtud,	conocimiento;	al	conocimiento,	dominio	propio;	
al	dominio	propio,	paciencia;	a	la	paciencia,	piedad;	a	la	piedad,	afecto	
fraternal;	al	afecto	fraternal,	amor»	(2	Pedro	1:5–7).
61Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
Sin	lugar	a	dudas,	la	unción	y	el	conocimiento	ayudan	a	conocer	y	a	
sentir	mejor	a	Dios	y	sus	propósitos,	obedecerle	y	glorificarle	más	ple-
namente,	a	edificar	una	cosmovisión	cristiana	(sea	pentecostal	o	no)	con	
la	cual	pueda	interpretar	apropiadamente	todos	los	aspectos	de	la	vida	
y	la	cultura,	a	entender	los	pensamientos	de	Dios	a	su	manera	y	guardar	
la	fe	cristiana	que	fue	una	vez	dada	a	los	santos,	y	de	esa	manera	estar	
protegidos	de	los	falsos	profetas,	falsos	maestros	y	las	varias	formas	de	
engaño	satánico.
3.1. CAUSAS Y CONSECUENCIAS 
DE ESTA DICOTOMÍA 
Al	revisar	 la	historia	cristiana	y	en	especial	 todo	lo	relacionado	al	
movimiento	 pentecostal,	 desde	 los	 orígenes	 en	 el	 Nuevo	 Testamento	
hasta	el	día	de	hoy,	se	debe	reconocer	que,	tanto	en	ese	entonces	como	
en	lo	que	se	conoce	como	el	movimiento	pentecostal	moderno,	existen	
algunos	elementos	que	giraron	en	torno	a	ambos	momentos	que	no	se	
deben	pasar	por	alto,	esto	si	se	desea	establecer	causas	y	posibles	conse-
cuencias	de	la	dicotomía	que	tienen	los	creyentes	pentecostales	en	cuan-
to	a	la	unción	y	el	conocimiento,	dada	la	naturaleza	y	alcance	del	pente-
costalismo	en	los	últimos	tiempos.	A	continuación,	se	hace	un	pequeño	
esbozo sobre este particular.
62 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
3.1.1. Causas de la dicotomía 
Sin	lugar	a	dudas,	la	«experiencia	pentecostal»,	desde	los	inicios	dio	
mucha	«agua	a	beber»	a	los	líderes	de	la	iglesia	y,	posteriormente,	a	los	
que	hoy	se	sitúan	dentro	del	pentecostalismo.	Uno	de	los	que	se	atrevió	
a	intervenir	y	establecer	pautas	sobre	el	manejo	y	uso	de	los	dones	y	ma-
nifestaciones	del	Espíritu	Santo	entre	los	creyentes,	fue	el	apóstol	Pablo,	
en	la	ya	conocida	situación	de	la	iglesia	en	Corinto.	Para	que	reinara	el	
orden	en	las	reuniones	cristianas,	el	apóstol	Pablo	se	vio	en	la	necesidad	
de	establecer	unas	normas	que	regularan	el	procedimiento	de	hablar	en	
lenguas	en	los	cultos	(1	Corintios	14:22).
Tres	años	después	de	la	fundación	de	la	iglesia	en	Corinto	y	durante	
la	ausencia	de	Pablo,	surgieron	numerosos	problemas	que	demandaban	
la	atención	del	apóstol;	esto	se	sabe	por	la	misma	epístola.	En	primer	lu-
gar,	algunas	facciones	habían	debilitado	la	iglesia.	Debido	a	la	elocuencia	
y	conocimiento	de	Apolos,	muchos	de	la	iglesia	lo	habían	ensalzado	por	
encima	de	Pablo	(1	Corintios	1:12;	3:	4;	Hechos	18:24–19).	
Otros,	se	jactaban	de	que	no	eran	seguidores	ni	de	Pablo	ni	de	Apo-
los,	sino	de	Pedro,	uno	de	los	primeros	apóstoles	(1	Corintios	1:12).	Otros,	
afirmaban	no	estar	unidos	a	ningún	dirigente	humano,	y	profesaban	ser	
seguidores	de	Cristo	(1	Corintios	1:12).	Además,	como	los	miembros	de	
esa	iglesia	vivían	en	medio	de	la	depravada	población	de	Corinto,	mu-
chos	que	habían	renunciado	a	los	caminos	de	impiedad	recayeron	en	los	
antiguos	hábitos	de	vida	(capítulo	5).
63Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
La	iglesia,	a	pesar	de	ser	partícipe	y	tener	la	manifestación	del	Es-
píritu	 Santo	 de	manera	 amplia,	 se	 había	 desacreditado,	 debido	 a	 que	
los	cristianos	llevaban	los	pleitos	a	los	tribunales.	La	Cena	del	Señor	se	
había	convertido	en	una	ocasión	de	comilonas	(capítulo	11:17–34).	Asi-
mismo,	habían	surgido	preguntas	en	cuanto	al	matrimonio	y	problemas	
sociales	relacionados	con	él	(capítulo	7).	Además,	en	cuanto	al	consumo	
de	alimentos	sacrificados	a	los	ídolos	(capítulo	8).	También,	se	entendía	
mal	la	función	adecuada	de	los	dones	espirituales	(capítulo	12–14).
La situación era tal, que causó serios temores a Pablo. Este 
ya había escrito una carta a la iglesia (capítulo 5:9), y hay la 
posibilidad de que hubiera visitado brevemente a Corinto du-
rante su permanencia en Éfeso (2 Corintios 13:1). También, 
había enviado a Timoteo (1 Corintios 4:17; 16:10) y a Tito a 
Corinto (2 Corintios 2:13). Además, redactó la epístola a los 
Corintios. De hecho, algunos expertos consideran que fue-
ron cuatro las cartas que el apóstol Pablo les escribió y solo 
dos llegaron a nosotros (2 Corintios 7:8). Es en este contexto, 
de malas prácticas y mal uso de los dones espirituales, que el 
apóstol Pablo habla del don de lenguas.
El	apóstol	Pablo	anhelaba	que	los	corintios	no	se	engañaran	acerca	
de	la	verdadera	naturaleza	de	los	dones	espirituales	y	el	uso	correcto	de	
los	mismos	en	 la	 iglesia.	La	necesidad	de	aclarar	este	 tema,	sin	duda,	
surgió	por	el	hecho	de	que	los	corintios,	hacía	poco,	se	habían	separado	
del	paganismo;	por	esta	causa	habían	estado	sin	conocer	la	revelación	
del	verdadero	Dios	y	la	influencia	del	Espíritu	Santo.	En	esta	iglesia,	evi-
dentemente,	hubo	un	marcado	énfasis	y	hasta	abuso	del	don	de	lenguas.	
Sin	 embargo,	 un	 cristiano	 bajo	 la	 influencia	 de	 cualquiera	 de	 los	
otros	dones	no	es	menos	poderoso,	importante	o	más	bajo	a	la	vista	de	
Dios,	que	uno	donde	aparezca	el	más	espectacular	don	de	lenguas.	Era,	
según	algunos	teólogos,	el	don	más	deseado	porque	era	el	más	«visible»	
a	la	vista	de	todos,y	se	le	veía	como	la	marca	o	la	prueba	de	que	el	posee-
dor	tenía	el	Espíritu	Santo.	Es	el	mismo	énfasis	e	interpretación	que	se	
le	da	hoy	en	día	en	el	ámbito	pentecostal.	
En	ese	sentido,	Julián	Guamán	(2011),	dice:	«Para	muchos	cris-
tianos	de	este	tiempo,	el	don	de	lenguas	simboliza	el	bautismo	visible	
del	Espíritu	Santo.	Y	pobre	del	creyente	que	aunque	sea	por	un	mo-
64 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
mento,	en	la	vida	cristiana,	no	hable	en	lenguas.	Algunos	pentecosta-
les	creen	que	el	no	hablar	en	lenguas	es	una	señal	de	la	falta	de	unción	
y	conversión	plena	de	la	persona».	3
No	caben	dudas	de	que	el	deseo	de	 la	manifestación	del	Espíritu	
Santo	estriba	en	la	esperanza	de	edificar	a	la	iglesia	por	la	cual	Cris-
to	entregó	su	vida	y	derramó	el	Santo	Espíritu,	para	purificarla	y	en-
tregarla	a	Dios	«como	una	esposa,	santa,	sin	manchas	ni	arrugas.	Sin	
embargo,	 se	debe	recordar	que	 la	capacidad	de	hablar	otros	 idiomas	
fue	un	don	que	se	dio	a	los	discípulos	con	el	propósito	especial	de	que	
pudieran	llevar	el	mensaje	evangélico	a	todo	el	mundo.	Por	el	bien	de	
los	discípulos	y	de	aquellos	que	habrían	de	recibir	el	mensaje	por	me-
dio	de	ellos,	el	Espíritu	Santo	los	capacitó	para	proclamar	el	Evangelio	
con	fluidez	en	los	idiomas	más	hablados	por	los	peregrinos,	en	especial	
en	la	fiesta	de	Pentecostés.
Este fue un gran milagro, y cumplió una de las últimas prome-
sas de Cristo. Además, facilitó que hubiera una gran cosecha 
de creyentes ese día (Hechos 2:41), y tuvo efectos de alcance 
mundial en los años que siguieron. La narración no dice si este 
don de hablar en otras lenguas fue permanente, pero se debe-
ría tener en cuenta que lo que el Espíritu hizo una vez, es capaz 
de repetirlo cuando sea necesario. Todo esto era el cumpli-
miento de lo que ya Jesús había dicho según Marcos 16:17–20, 
el cual expresó: «Y estas señales seguirán a los que creen: En 
mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; 
tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, 
no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y 
sanarán». Además, ver Lucas 10:19.
65Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
No	obstante	a	todo	esto,	es	importante	destacar	que	el	don	de	len-
guas	no	es	una	evidencia	clara	de	santidad	o	ser	salvo,	ni	es	el	don	más	
importante	que	Dios	da	a	través	del	Espíritu	Santo.	De	hecho,	en	la	ex-
periencia	acumulada	en	el	ejercicio	del	ministerio	a	diferentes	niveles,	se	
ha	sido	testigo	de	personas	que,	estando	en	pecado	conocido	por	muchos,	
hablan	en	nombre	de	Dios,	en	lenguas	y	danzan	en	el	Espíritu	Santo.	
La Biblia enseña que Satanás puede imitar los dones del Espí-
ritu Santo: «No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en 
el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre 
que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día; Señor, 
Señor, ¿No profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echa-
mos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos mila-
gros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de 
mí, hacedores de maldad» (Mateo 7:21–23). 
Dado	todo	lo	expresado,	a	continuación,	algunas	conclusiones	sobre	
las	causas	de	esta	dicotomía	entre	muchos	creyentes	pentecostales:
 Primero:	En	aquel	entonces	como	ahora,	hubo	un	deseo	exce-
sivo	de	obtener	y	demostrar	públicamente	el	don	de	lenguas	(1	
Corintios	14:23).	Esto	condujo	al	consejo	de	Pablo	a	los	creyen-
tes	de,	«procurar	los	mejores	dones,	siendo	el	mayor	de	todos	el	
amor	 cristiano»	 (1	Corintios	 12:31;	 13:13).	Corinto	 es	 culpable	
de	cultivar	excesivamente	el	don	de	lenguas	y	de	haber	sido	ne-
gligente	en	cuanto	al	amor,	el	don	de	profecía,	y	de	predicar	el	
Evangelio.	El	apóstol	está	tratando	de	corregir	el	abuso	del	don	
de	 lenguas,	pero	 tampoco	 condena	el	 genuino	don	de	 lenguas	
porque	un	espurio	o	falso	don	de	lenguas	se	haga	manifiesto.	
 Segundo:	Desde	el	principio,	la	situación	creada	en	torno	a	la	
manifestación	y	manejo	de	 los	dones	del	Espíritu	Santo,	per-
mitió	al	igual	que	hoy,	la	aparición	del	fanatismo,	la	soberbia	
espiritual	 e	 intolerancia	 entre	 los	 creyentes,	 torpeza	 intelec-
tual,	agresividad	y	manipulación	emocional	por	muchos	líde-
res	pentecostales,	así	como	una	expectación	ardiente	de	expe-
rimentar	lo	sobrenatural,	lo	cual	está	muy	de	moda	hoy	en	día	
entre	las	iglesias	neopentecostales.	Sin	lugar	a	dudas,	el	fana-
tismo,	la	fe	ciega,	el	sentimentalismo	y	el	emocionalismo,	una	
66 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
vez	hallan	cabida	en	la	mente	y	el	corazón,	trastornan	el	buen	
juicio	de	cualquier	ser	humano.	
 Tercero:	 Somos	 testigos	 en	 ocasiones,	 de	mucho	 ruido	 pero	
nada	de	verdadera	unción	y	poder	de	Dios.	Para	muchos,	subir	
el	volumen	del	equipo	de	sonido,	cantar	rápido	y	acelerado	hasta	
entrar	en	éxtasis:	«euforia	de	alegría,	brincar,	saltar	girar,	dan-
zar,	remolinear»,	esto	es	la	unción	y	el	verdadero	poder	de	Dios.	
Pero	termina	el	momento	o	 la	actividad	y	todo	sigue	igual,	no	
hay	cambio	alguno	en	la	vida	cristiana	de	la	persona.
Por	tanto,	la	plena	y	genuina	manifestación	de	la	presencia	de	Dios	
y	del	Espíritu	Santo	trae	como	resultado	verificable:	Humillación	ante	
Dios,	confesión	de	pecados	ocultos	o	no	confesados,	santidad,	obedien-
cia	a	Dios	y	la	Biblia,	verdadera	confraternidad	entre	el	pueblo	de	Dios,	
servicio	voluntario	por	amor	a	Dios,	verdadera	adoración	y	alabanza.
3.1.2. Consecuencias de la dicotomía 
Hay	que	admitir	que	todo	lo	antes	mencionado	ha	traído	como	con-
secuencia	muchas	interpretaciones	equivocadas	sobre	lo	que	es	o	signi-
fica	la	unción,	así	como	la	aparición	y	mal	manejo	de	ciertas	«manifes-
taciones	pentecostales»,	que,	como	dice	Hank	Hanegraaff	(1993),	en	el	
libro	Cristianismo	en	Crisis,	provocan	lo	siguiente:
«Los creyentes de hoy corren frenéticamente de iglesia en igle-
sia, buscando soluciones rápidas y sintiéndose más confusos 
con cada pasajera fantasía. Desde las invasiones de milagros en 
campañas supuestamente evangélicas, hasta la sabiduría reci-
bida por revelación, la exageración y el sensacionalismo pare-
cen ser el nombre del juego. Las novedades doctrinales proli-
feran a velocidades tan inimaginables, que las gentes terminan 
desorientándose. Una y otra vez yo he escuchado el enfurecido 
grito: ¡Ya no sé ni en qué creer!». 4
Otra	 de	 las	 consecuencias	 producto	 de	 esta	 dicotomía	 entre	 los	
creyentes	pentecostales	sobre	la	unción–conocimiento,	es	la	«soberbia	
espiritual»	 e	 «intelectual»	 que	muchos	 exhiben	 de	manera	 abierta	 y	
contraria	a	los	postulados	del	Texto	Sagrado.	Existe	en	el	seno	de	algu-
nas	iglesias	pentecostales,	degradantes	tipificaciones,	grupos	élites	que	
67Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
aunque	se	autodenominan	«espirituales»	brindan	un	servicio	mediocre	
a	 los	demás,	 los	cuales,	a	decir	verdad,	no	entienden	e	 interpretan	de	
múltiples	maneras	estas	realidades.
Finalmente,	se	encuentran	a	unos	tratando	de	aplicar	literalmente	
el	contenido	de	las	Sagradas	Escrituras,	y	otros	poniendo	en	duda	la	va-
lidez	del	contenido	de	la	Biblia,	ambos,	con	el	propósito	de	acomodar	y	
encontrar	en	el	Texto	Sagrado	fundamentos	para	alimentar	la	«teología	
pentecostal»	 sobre	este	particular.	El	 tema	que	se	aborda	a	 continua-
ción,	permitirá	entender	una	realidad	de	la	cual	nadie	se	puede	escapar,	
ya	que	sin	este	entendimiento	no	se	podrá	encontrar	ese	equilibrio	que	
todos	 los	 creyentes	necesitan	 entre	 la	unción	 y	 el	 conocimiento,	 si	 en	
verdad	 se	 quiere	 entender	 el	 plan	 y	 obrar	de	Dios	para	 con	 el	 pueblo	
escogido,	la	iglesia.
3.2. UNCIÓN Y CONOCIMIENTO: DOS 
CARAS DE UNA MISMA MONEDA
En	términos	generales,	la	expresión	«dos	caras	y	la	misma	moneda»	
simboliza	los	pros	y	los	contras	de	un	asunto,	cuestión	de	la	vida	o	de	
las	cosas.	Tiene	mucho	significado	y	puede	ser	motivo	de	debate,	ya	que	
la	moneda,	por	lo	regular,	tiene	cara	y	cruz,	con	la	misma	igualdad	de	
categoría	por	ambos	lados,	anverso	y	reverso,	siendo	el	valor	invariable.	
No	siempre	una	moneda	de	la	misma	cuantía,representa	idéntico	costo	
o	valor.	Según	la	persona	que	lo	posea,	puede	darle	mayor	o	menor	im-
portancia.	Si	la	moneda	es	propiedad	de	una	persona	solvente,	dos	pesos	
o	dólares,	por	ejemplo,	son	poca	cosa,	pero	si	por	el	contrario	es	un	me-
nesteroso	el	dueño	de	la	misma,	ésta	le	puede	sacar	de	una	necesidad	y	
el	importe	es	tenido	en	cuenta.
68 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
En	ese	sentido,	una	conclusión	a	la	que	muchos	han	llegado	es	que	
la	unción	y	el	conocimiento	son	«dos	caras	de	 la	misma	moneda».	La	
unción	es	presencia	de	Dios.	La	unción	simboliza	ser	 investido	de	po-
der	suficiente	por	medio	del	Espíritu	Santo.	La	unción	trae	convicción	y	
contrición	por	el	pecado.	Por	el	conocimiento	se	puede	entender	(saber)	
que	se	ha	pecado.	El	conocimiento	indica	lo	que	se	tiene	que	hacer,	o	de	
lo	que	se	tiene	que	apartar,	la	unción	ayuda	a	hacer	eso	realidad.	La	pre-
sencia	de	Dios	no	necesariamente	da	conocimiento,	lleva	a	la	sabiduría.	
No	se	trata	de	escoger	uno	de	los	dos,	tampoco	de	enfatizar	en	uno	más	
que	otro.	Son	«dos	caras	de	la	misma	moneda».	No	puede	haber	pleno	
crecimiento	espiritual	si	no	están	los	dos	elementos	reunidos.	
Josué Barrientos (2004), hablando sobre este particular indi-
ca lo siguiente: «Esta pugna entre la unción y el conocimiento 
es innecesaria, ambos extremos están equivocados. Muchos se 
han convertido en cristianos fríos y esqueléticos porque pasan 
horas largas estudiando la Biblia de manera intelectual, para 
conocerla, para llenar su ego, o convertirse en un buen maes-
tro, ignorando al Dios de la Biblia, el cual quiere acercarse a 
nosotros y no puede hacerlo a menos que busquemos su unción 
y presencia en oración, adoración y meditación diaria». 5 
En	ese	sentido,	está	el	ejemplo	de	la	alimentación	y	el	ayuno,	los	cua-
les	son	como	las	«dos	caras	de	una	misma	moneda»,	que	es	la	nutrición	
integral.	Se	acepta	que	es	saludable	no	trabajar	durante	un	día	y	medio	a	
la	semana,	y	durante	cuatro	o	cinco	semanas	en	el	año	para	descansar	y	
recrearse	(re–crear,	crear	de	nuevo).
 
También,	se	acepta	que	es	saludable	dormir	una	tercera	parte	de	la	
vida,	para	que	los	músculos,	glándulas	y	el	sistema	nervioso	se	recupe-
ren	de	las	actividades	diarias.	Pero	¿Qué	hay	de	la	digestión?	Algunas	
personas	no	dan	tregua	a	los	órganos	digestivos:	estómago,	intestinos,	
hígado,	páncreas	y	glándulas	asociadas	a	ellos.	
Como	un	esclavo	de	un	amo	tiránico,	el	aparato	digestivo	de	mu-
chas	personas	no	tiene	un	solo	día	de	descanso,	a	veces	ni	tan	siquiera	
unas	pocas	horas.	No	es	de	extrañarse	el	gran	número	de	enfermeda-
des	digestivas	que,	de	uno	u	otro	modo,	resultan	del	agotamiento,	del	
trabajo	 incesante	 que	 impide	 eliminar	 las	 toxinas	 acumuladas	 día	 a	
día,	 desajustando	 el	 delicado	balance	 entre	desgaste	 y	 recuperación.	
69Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
Eso	mismo	pasa	en	la	vida	espiritual	del	cristiano.	Se	necesita	alimen-
tarse	por	medio	del	conocimiento	y	revitalizarse	por	medio	de	la	un-
ción	fresca	del	Espíritu	Santo.
Por	otro	lado,	se	tiene	la	teoría	y	la	práctica.	Mientras	la	teoría	está	
constituida	por	un	sistema	de	valores,	ideas	y	creencias,	la	práctica	no	es	
solo	una	actividad	observable,	sino	que	se	trata	de	una	«praxis»	porque	
tiene	una	finalidad,	aplica	ciertos	principios,	pese	al	nivel	de	abstrac-
ción,	 influencian	 la	práctica	que	entonces	no	puede	ser	distinta	a	una	
acción	reflexionada.	Son	«dos	caras	de	una	misma	moneda»,	no	son	dos	
fenómenos	diferentes,	sino	que	son	dos	aspectos	de	una	misma	realidad;	
que	es	absolutamente	impensable	una	práctica	desprendida	de	una	teo-
ría	que	la	explica,	que	la	comprende	y	justifica.
Finalmente,	está	la	fe	y	las	obras.	Martín	Lutero	es	conocido	como	el	
campeón	de	la	reforma	protestante,	porque	hizo	emerger	el	papel	de	la	fe	
que	salva,	desde	el	fondo	del	pozo	donde	estaba	sepultada	por	el	desme-
dido	énfasis	en	las	obras	como	medio	de	salvación.	Pero	con	el	tiempo	el	
énfasis	fue	puesto	solo	en	la	fe,	y	entonces	se	desconoció	el	papel	de	las	
obras	como	parte	de	la	vida	del	que	ha	sido	justificado	por	la	fe.	
Hay	muchos	en	el	pentecostalismo	que	sostienen,	que	todo	lo	que	se	
necesita	para	la	salvación	es	tener	fe;	las	obras	no	significan	nada,	la	fe	
es	lo	único	esencial.	Pero	la	Palabra	de	Dios	dice	que	la	fe	sola,	sin	obras,	
es	muerta	(Santiago	2:20).	El		gran	problema	es	la	tendencia	natural	en	
querer	apropiarse	de	la	justicia	por	la	fe	en	Cristo,	haciendo	a	un	lado	las	
buenas	obras	de	la	vida	práctica	en	Cristo.	
70 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
Así pues, fe y obras, los dos elementos (caras) de la experiencia 
cristiana aludidos, por ser parte de un todo al sumarse, en lugar 
de ser partes aisladas, son complementarias e interdependien-
tes entre sí. Santiago 2:17–18, establece esta complementarie-
dad e interdependencia diciendo: «Así también la fe, si no tiene 
obras, es muerta en sí misma. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y 
yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré 
mi fe por mis obras». A continuación, se hace una paráfrasis 
de este pasaje, haciendo una contextualización a propósito del 
tema en cuestión: «Pero alguno dirá: Tú tienes unción, y yo 
tengo conocimiento. Muéstrame tu unción sin conocimientos, 
y yo te mostraré mi unción por medio de mis conocimientos». 
El	que	no	obra,	su	fe	está	muerta.	El	tal	puede	decir	que	tiene	fe,	pero	
no	hay	obras	que	la	respalden.	Si	se	aplica	el	principio	a	la	vida	espiri-
tual,	se	halla	con	la	sorpresa	de	que	la	fe	del	que	no	cultiva	el	hábito	de	
orar	y	de	estudiar	la	Biblia	diariamente	es	una	fe	muerta.	No	hay	vida	
en	ella.	Una	fe	así,	sencillamente	no	puede	producir	salvación.	Si	la	fe	se	
aviva	mediante	la	oración	y	el	estudio	de	la	Palabra,	no	hacerlo	equivale	
a	matarla.	La	llama	es	débil,	apagada.	De	esa	misma	manera	actúan	la	
unción	y	el	conocimiento	en	la	vida	del	cristiano,	sea	este	pentecostal	o	
no,	logrando	el	éxito	en	todas	las	áreas	de	la	vida.	
3.3. IMPORTANCIA DEL EQUILIBRIO 
EN LA VIDA CRISTIANA
La	palabra	«equilibrio»	no	aparece	en	las	Sagradas	Escrituras;	más	
bien	es	un	término	que	proviene	del	latín	«aequilibrium»,	el	cual	en	su	
sentido	estricto	hace	referencia	a	la	situación	en	la	que	se	encuentra	un	
cuerpo	 cuando,	 pese	 a	 tener	 poca	 base	 de	 sustentación,	 logra	mante-
nerse	sin	caerse.	A	pesar	de	que	la	palabra	«equilibrio»	no	aparece	en	
la	Biblia,	el	principio	y	su	importancia	están	ampliamente	señalados	y	
motivados.	En	un	sentido	simbólico	(el	cual	se	usará	en	esta	sección),	el	
«equilibrio»	se	refiere	a	la	armonía	entre	cosas	diversas,	la	mesura,	la	
ecuanimidad,	la	sensatez	en	los	juicios	y	los	actos	de	avenencia.	6
Para	lograr	el	éxito	integral	de	los	creyentes,	se	necesita	armonía	
y	equilibrio	en	todas	las	áreas	de	la	vida.	Si	se	observa	la	naturaleza	y	
71Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
la	perfecta	armonía,	todas	las	cosas	subsisten,	gracias	a	Dios,	en	base	
a	leyes	físicas	y	biológicas,	las	cuales	sostienen	al	mundo	material.	La	
salud	 física	depende	del	«equilibrio	biológico»	de	 las	diferentes	 sus-
tancias	que	nutren	y	soportan	la	vida.	El	mundo	en	que	se	habita,	con	
la	flora,	fauna	y	recursos	naturales,	depende	de	un	ecosistema	maravi-
lloso	que	si	se	rompiese	produciría	serias	catástrofes	y	amenazas	para	
todos	los	seres	vivientes.
Todos	los	desequilibrios	y	extremos	producen	problemas.	En	la	his-
toria	 de	 la	 iglesia	 se	 ha	 visto	 cómo	 los	 «radicalismos»	han	 llevado	 al	
cristianismo	a	muchas	divisiones,	las	cuales	han	situado	a	la	fe	en	gran-
des	conflictos.	Si	se	analiza	fríamente	las	páginas	del	pasado,	se	saca-
rán	lecciones	que	revelan	el	peligro	existente	cuando	no	se	sabe	buscar	
el	«equilibrio»	en	cada	doctrina,	costumbre	o	norma.	El	 ser	humano,	
como	un	ente	espiritual	y	físico,	depende	para	la	salud	mental	del	«equi-
librio»	que	haya	en	el	entorno.
Si	 se	 observa	 detenidamente	 lo	 que	 ocurriría	 si	 este	 equilibrio	 se	
rompiese,	se	vería	aparecer	en	el	cuerpo	humano	enfermedades	físicas,y	en	la	mente	las	enfermedades	emocionales,	que	llevan	al	desequilibrio	
mental;	y	en	la	naturaleza,	la	destrucción	de	especies,	la	desertización,	
entre	otras.	Por	tanto,	es	necesario	que	el	equilibrio	entre	la	unción	y	el	
conocimiento	en	el	ámbito	pentecostal	(y	en	el	protestantismo	en	sentido	
general),	ejerza	una	influencia	plena	y	eficaz	entre	lo	humano	y	divino.
72 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
El equilibrio para el ser humano en general y el creyente en 
particular se origina en el corazón. Es del corazón (el espíri-
tu) de donde emana la vida de Dios, y esa vida que se da en 
Jesús es la que produce el equilibrio verdadero en el indivi-
duo. El Texto Sagrado indica que: «Sobre toda cosa guarda-
da, guarda tu corazón; porque de él mana la vida» (Prover-
bios 4:23). Sin embargo, se debe reconocer que hay muchas 
personas desequilibradas y excéntricas (fuera del centro) en 
muchas iglesias pentecostales. 
Por	tanto,	es	muy	importante	que	se	esté	atentos	al	estado	del	co-
razón;	no	solo	al	físico	con	los	problemas	de	colesterol,	infartos,	entre	
otros,	 si	no	más	aún	a	 la	esencia	espiritual	para	saber	qué	emana	del	
interior.	 Las	 Sagradas	 Escrituras	 indican	 que:	 «Y	 en	 esto	 conocemos	
que	somos	de	la	verdad,	y	aseguraremos	nuestros	corazones	delante	de	
él;	pues	si	nuestro	corazón	nos	reprende,	mayor	que	nuestro	corazón	es	
Dios,	y	él	sabe	todas	las	cosas».
El	asunto	de	la	unción	y	el	conocimiento,	representan	dos	realidades	
externas	con	las	cuales	los	pentecostales	deben	trabajar	en	el	 interior.	
Encontrar	un	equilibrio	en	cuanto	a	la	unción	y	el	conocimiento	quizás	
parezca	un	sueño	imposible.	Por	todo	lo	antes	expresado,	se	debe	enten-
der	que	dada	la	naturaleza	y	realidad	de	la	iglesia	pentecostal,	la	tarea	no	
será	nada	fácil.	Esto	se	debe	a	muchas	razones;	entre	ellas	la	falta	de	una	
identidad	teológica	clara	y	asumida	por	todos.	Todos	saben	que	existe	un	
«sincretismo	teológico»	entre	los	creyentes,	que	crea	muchas	distorsio-
nes	hacia	el	entendimiento	de	muchas	de	las	creencias	y	prácticas	que	se	
observan	en	la	iglesia	pentecostal.	
73Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
Ramiro	Jaimes	(2012),	dice:	«Hay	que	reconocer	que	el	ambiente	
pentecostal,	a	pesar	de	las	distorsiones	y	diversas	formas,	posee	un	
atractivo	diferenciador	que	a	muchos	persuade	y	anima.	Su	carácter	
espontáneo	y	puntualizaciones	en	cuanto	a	las	vivencias	de	muchos,	
crea	un	escenario	cargado	de	un	alto	grado	de	expectación	que	mue-
ve	y	paraliza	a	su	vez	al	individuo.	Sin	embargo,	somos	testigos	de	
las	 exageraciones,	usurpaciones,	manipulaciones	y	arrogancia	que	
exhiben	y	ref lejan	muchos	de	los	que	se	mueven	y	promueven	este	
ambiente	espiritual».	7 
En	la	otra	esquina	están	los	que	no	aceptan	bajo	ninguna	circuns-
tancia	que	Dios	se	pueda	mover	o	manifestar	genuinamente	de	esa	ma-
nera,	 y	 plantean	 la	necesidad	de	 evitar	 esas	 formas	de	 culto	 y	 adora-
ción.	Estos,	mantienen	las	tradicionales	formas	litúrgicas	y	obligan	a	los	
miembros	a	seguir	las	pautas,	protocolos	y	actividades	según	el	modelo	
que	tradicionalmente	han	forjado	o	aprendido,	llegando	al	extremo	de	
impedir	la	manifestación	libre	del	Espíritu	Santo,	en	todas	las	formas	de	
obrar	entre	los	creyentes.	Todo	esto	hace	casi	imposible	lograr	un	equili-
brio	que	permita	aprovechar	en	su	justa	dimensión	todo	lo	relacionado	a	
la	unción	y	el	conocimiento,	los	cuales	como	se	expresó,	son	«dos	caras	
de	una	misma	moneda».
Uno	de	 los	primeros	pasos	que	 se	debe	dar	hacia	 el	 equilibrio,	 es	
aceptar	 la	necesidad	y	 responsabilidad	que	 se	 tiene	 como	creyente	de	
hacer	un	«balance»	entre	la	unción	y	el	conocimiento.	Alguien	dijo:	«El	
primer	paso	para	la	solución	de	un		problema,	es	reconocer	que	el	pro-
blema	existe»,	y	esto	contiene	mucha	verdad.	Hasta	que	no	se	entienda	
que	es	importante	el	equilibrio	entre	la	unción	y	el	conocimiento,	y	se	
piense	que	en	la	posición	en	la	que	se	está	es	la	verdadera	y	suficiente;	
considerando	que	lo	demás	es	secundario	o	irrelevante,	se	seguirá	tra-
tando	de	«tapar	el	sol	con	un	dedo».
Todos	 los	extremos	 son	malos.	La	clave	está	en	poder	 situarse	en	
un	punto	medio	que	ayude	a	ver	las	cosas	desde	un	ángulo	en	el	que	se	
pueda	mover	(en	algún	momento)	en	ambas	direcciones.	Hoy,	más	que	
nunca,	el	creyente	y	la	iglesia	en	sentido	general,	deben	hacer	un	balance	
que	les	permita	alcanzar	a	los	demás	a	favor	del	reino	de	Dios.	Esto	solo	
será	posible	cuando	se	pueda	crear	plena	conciencia	sobre	la	necesidad	
de	equilibrar	en	las	vidas	y	corazones	de	cada	creyente,	 la	unción	y	el	
conocimiento,	todo	el	tiempo.
74 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
Referencias bibliográficas
[1] Gaxiola, Manuel J. (2013). El Pentecostalismo o Movimiento Pentecostal 
Moderno. En Iglesias y grupos religiosos en México. México.
[2] García Canclini, Nestor (2009). Culturas híbridas. Estrategias para 
entrar y salir de a la modernidad. Debolsillo. México. 
[3] Guamán, Julián (2011). Evangélicos en el Ecuador. Tipologías y formas 
institucionales del protestantismo. Ediciones Abya Yala. Quito, Ecuador. 
[4] Hanegraaff, Hank (1993). Cristianismo en crisis. 
Editorial Unilit, Miami, Florida, USA.
[5] Barrientos, Josué (2004). El pentecostalismo y el 
neopentecostalismo. Identidades confusas, CDE, Honduras.
[6] García de Diego, Vicente (1985). Diccionario etimológico español e 
hispánico, Madrid, S.A.E.T.A., 12ª edición, Madrid, Espasa–Calpe.
[7] Jaimes, Ramiro (2012). El neopentecostalismo como objeto de investigación 
y categoría analítica. Revista Mexicana de Sociología, México. 
CAPÍTULO III
GUÍA DIDÁCTICA
UNCIÓN O CONOCIMIENTO:
LA GRAN DICOTOMÍA ENTRE LOS PENTECOSTALES
1. ¿Qué es una dicotomía?
2. Al leer el libro de los Hechos, lo primero que llama la 
atención es el actuar del Espíritu Santo. Hay, sin embargo, 
otro detalle muy importante en el libro, ¿Cuál es?
3. Según Lewis J. Sherrill, se han identificado cinco materias 
que se impartían en la iglesia primitiva durante el período 
apostólico, ¿Cuáles eran esas materias?
4. Transcriba el pasaje bíblico de 1 Timoteo 4:13–16.
5. El apóstol Pablo anhelaba que los Corintios no se engañaran 
acerca de...
6. Transcriba una de las tres conclusiones acerca de las 
causas de esta dicotomía, la cual tiene a muchos creyentes 
pentecostales sobre la unción y el conocimiento.
7. ¿Qué dice Hank Hanegraaff, en el libro Cristianismo en 
Crisis, sobre las consecuencias de la dicotomía: Unción o 
conocimiento?
8. En términos generales, la expresión «dos caras y la misma 
moneda» simboliza...
9. ¿Qué dice Josué Barrientos, sobre la pugna entre la unción 
y el conocimiento?
10. Hay muchos en el pentecostalismo que sostienen que todo 
lo que se necesita para la salvación es...
11. Para lograr el éxito integral de los creyentes, ¿Qué se 
necesita?
12. Uno de los primeros pasos que se debe dar hacia el 
equilibrio en la vida cristiana, es...
CAPÍTULO IV
 DOCTRINAS BÁSICAS DE LOS PENTECOSTALES
Todas	las	enseñanzas	de	Jesús	se	comunicaron	oralmente.	Él	no	dejó	ni	siquiera	una	palabra	escrita	de	instrucción	para	la	iglesia	primi-tiva.	Cuando	la	iglesia	primitiva	dio	inicio	en	el	día	de	Pentecostés,	
la	 enseñanza	 cristiana	 que	 tenía	 era	 la	 palabra	hablada.	De	hecho,	 el	
Nuevo	Testamento	que	se	conoce	hoy	no	se	completó	hasta	casi	termi-
nar	el	primer	siglo.	Por	esta	razón,	la	iglesia	del	primer	siglo	tenía	que	
depender,	mayormente,	de	las	enseñanzas	habladas	de	los	apóstoles.	En	
ese	sentido,	el	apóstol	Pablo	exhortó	a	los	tesalonicenses:	«Así	que,	her-
manos,	estad	firmes,	y	retened	la	doctrina	que	habéis	aprendido,	sea	por	
palabra,	o	por	carta	nuestra»	(2	Tesalonicenses	2:15).
Pablo deseaba que los cristianos siguieran las enseñanzas 
habladas, tanto como las escritas. Según el testimonio de la 
iglesia primitiva, todos los apóstoles dedicaban sus vidas a la 
predicación del Evangelio, enseñando constantemente. Pablo 
escribió a los corintios: «Os alabo, hermanos, porque en todo 
os acordáis de mí, y retenéis las instruccionestal como os las 
entregué» (1 Corintios 11:2). En ese sentido, el Nuevo Testa-
mento contiene todas las doctrinas y mandamientos morales 
necesarios para la vida cristiana. 
Por	tanto,	 la	«doctrina	pentecostal»	es	el	conjunto	de	principios	o	
enseñanzas	sobre	fe	y	práctica,	en	los	cuales	se	fundamenta	la	iglesia,	
basados	en	la	Palabra	de	Dios,	revelada	a	nosotros	por	el	Espíritu	Santo.	
2	Timoteo	3:16–17,	 refiriéndose	 al	 contenido	del	Antiguo	Testamento,	
dice:	«Toda	(la)	Escritura	(es)	 inspirada	por	Dios,	y	útil	para	enseñar,	
para	redargüir,	para	corregir,	para	 instruir	en	 justicia,	a	fin	de	que	el	
78 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
hombre	de	Dios	sea	perfecto,	enteramente	preparado	para	toda	buena	
obra». De ahí se desprende la necesidad y propósito general.
M. Fédou (2000), dice: «Se hace muy difícil el poder identi-
ficar claramente, cuáles son las doctrinas que todo creyente 
necesita observar el día de hoy, sean estos pentecostales o no, 
ya que muchas enseñanzas del Nuevo Testamento, quedaron 
mezcladas dentro de las creencias de la religión oficial de Is-
rael, el judaísmo, quedando así una ardua tarea hermenéutica 
para los pastores y maestros de hoy, la cual permita extrapolar 
las doctrinas básicas que deben observar los creyentes en Cris-
to de este tiempo». 1
En	ese	sentido,	la	tarea	del	maestro,	pastor	o	teólogo	es,	pues,	des-
cubrir	«piadosamente»	las	enseñanzas	bíblicas	y	exponerlas	en	una	for-
ma	lógica	y	organizada.	No	tiene	la	libertad	de	añadir,	restar,	cambiar	
o	criticarlas.	Siempre	debe	someterse	a	 la	autoridad	de	 las	Escrituras,	
buscando	en	oración	la	 iluminación	del	Espíritu	Santo	(1	Juan	2:20;	1	
Corintios	2:9–16).	
Por	tal	razón,	en	el	presente	capítulo	se	hace	un	esbozo	de	aquellas	
doctrinas	que,	a	juicio	fundamentado	en	los	estudios	e	investigaciones	
del	autor,	tienen	una	sustentación	bíblica	sólida,	sabiendo	que,	como	se	
explica	en	el	siguiente	tema,	existe	una	serie	de	componentes	de	la	«doc-
trina	pentecostal»	que,	en	efecto,	forman	parte	del	«constructo	teológi-
co»	del	pentecostalismo.	Sin	embargo,	como	se	destacará	más	adelante,	
algunos	de	estos	no	tienen	fundamento	sólido	en	las	Sagradas	Escritu-
ras,	pero,	en	un	libro		como	este,	no	se	deben	pasar	por	alto;	esto	es	si	se	
desea	entender	plenamente	lo	que	los	pentecostales	enseñan.	
En	todo	caso,	es	necesario	destacar	que	los	pentecostales,	desde	los	
orígenes,	asumieron	muchas	de	las	doctrinas	básicas	de	los	metodistas	
e	iglesias	históricas	de	la	época,	destacándose	solo	algunas	vinculadas	
al	tema	del	Espíritu	Santo	y		Jesucristo	como	salvador,	bautizador	con	el	
Espíritu	Santo,	sanador	y	Rey	que	vendrá	otra	vez.	De	manera	que,	des-
pués	de	destacar	los	componentes	generales	de	la	«doctrina	pentecos-
tal»,	se	hace	un	esbozo	de	las	principales	doctrinas	que	los	pentecostales	
creen	y	enseñan	a	los	creyentes.	¡A	ver!		
79Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
4.1. COMPONENTES GENERALES DE 
LA DOCTRINA PENTECOSTAL
Para	 identificar	 los	 componentes	 de	 las	 doctrinas	 cristianas,	 y	
dentro	 de	 estas	 las	 pentecostales,	 se	 debe	 entender	 que	 durante	 la	
época	apostólica	 la	 fe	era	del	corazón,	una	rendición	personal	de	 la	
voluntad	a	Cristo	como	Señor	y	Rey,	una	vida	de	acuerdo	con	su	ejem-
plo,	y	como	resultado	del	hecho	de	que	el	Espíritu	Santo	moraba	inte-
riormente.	Pero	luego	de	esta	época,	la	fe	gradualmente	había	llegado	
a	ser	mental,	una	fe	del	intelecto;	una	fe	que	creía	en	un	sistema	de	
doctrina	 riguroso.	Se	daba	 énfasis	 a	 la	 creencia	 correcta,	más	bien	
que	a	la	vida	espiritual	interna.	
En	ese	sentido,	las	normas	del	carácter	cristiano	eran	aún	elevadas	
y	la	iglesia	tenía	muchos	creyentes	enriquecidos	por	el	Espíritu	Santo;	
pero	la	doctrina	estaba	convirtiéndose	más	y	más	en	la	prueba	del	cris-
tianismo.	«El	Credo	de	los	Apóstoles»,	la	más	antigua	y	sencilla	declara-
ción	de	la	creencia	cristiana,	fue	compuesto	durante	este	período.	
Luego surgieron tres grandes escuelas de teología: en Ale-
jandría, en Asia Menor y en el Norte de África. Estas escue-
las fueron establecidas para la instrucción de aquellos que, 
de hogares paganos, habían aceptado la fe cristiana; pero 
pronto se convirtieron en centros de investigación de las 
doctrinas de la iglesia. Grandes maestros estaban asociados 
con estas escuelas. La escuela en Alejandría fue fundada en 
el año 180 d. C., por Panteno, que había sido un filósofo es-
toico, pero como cristiano era eminente por el fervor de su 
espíritu y la elocuencia en la enseñanza oral. Fue sucedido 
por Clemente de Alejandría. 2
Pero	el	más	grande	de	esta	escuela	y	el	expositor	más	capaz	de	todo	
el	período	lo	fue	Orígenes,	quien	enseñó	y	escribió	sobre	muchos	temas,	
mostrando	gran	saber	y	poder	intelectual.	El	más	grande	representante	de	
la	escuela	de	Asia	Menor,	fue	Ireneo,	que	combinó	el	celo	evangelista	con	
la	habilidad	del	escritor	consumado.	Murió	como	mártir	en	el	año	200	d.	
C.	La	escuela	del	Norte	de	África	estaba	en	Cartago,	y	por	medio	de	una	
serie	de	escritores	y	teólogos	capaces,	hizo	más	que	cualquiera	de	las	otras	
escuelas	para	darle	forma	al	pensamiento	teológico	de	Europa.
80 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
Los dos nombres más destacados de esta escuela fueron los del 
brillante y fervoroso Tertuliano y el del más conservador, pero 
hábil obispo Cipriano, que murió como mártir en la persecución 
de Decio, 258 d. C. Por otro lado, mientras la iglesia luchaba 
por su propia existencia en contra de la persecución, permaneció 
unida, aunque se escuchaban rumores de disensión doctrinal. 
Pero cuando la iglesia no solamente se vio libre de peligros, sino 
que también dominaba, se levantaron acalorados debates acerca 
de las doctrinas que sacudían los mismos cimientos. 
Según	Antonio	Cortés	(2006)	durante	este	período	(el	período	que	
va	desde	el	313	d.	C.	al	476	d.	C.)	 fueron	 llevadas	a	cabo	tres	grandes	
controversias,	además	de	muchas	otras	de	menor	 importancia,	y	para	
decidir	estas	cuestiones	se	convocaban	concilios	de	toda	la	 iglesia.	En	
estos	 concilios,	 solamente	 los	obispos	 eran	miembros	votantes.	Todos	
los	demás	clérigos	y	laicos	se	debían	someter	a	esas	decisiones.	3
El	tiempo	pasó,	y	desde	luego,	después	de	la	reforma	protestante	se	
agregaron	a	muchos	de	los	grupos	cristianos	una	serie	de	componentes	
que	permitieron	la	construcción	de	interesantes	«sistemas	y	constructos	
teológicos»	dignos	de	estudiar.	Ahora	bien,	cuando	se	hace	un	análisis	de	
los	componentes	generales	de	la	«doctrina	pentecostal»,	vista	a	partir	del	
«florecer»	del	movimiento	pentecostal	clásico,	se	deben	tomar	en	cuenta	
algunos	componentes	que,	con	la	Sagrada	Escritura	como	base,	permiten	
identificar	el	«constructo	doctrinario»	de	los	pentecostales	de	hoy	en	día,	
los	cuales	se	ilustran	en	el	gráfico	anterior	y	se	explican,	a	continuación.	
81Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
4.1.1. Las Sagradas Escrituras
Sin	lugar	a	dudas,	la	fuente	principal	de	la	doctrina	pentecostal	es	
la	Biblia.	Se	considera	así,	uno	de	los	componentes	principales	del	«apa-
rato	 teológico»	pentecostal.	Por	 tanto,	 la	 fundamentación	principal	es	
bíblica,	en	el	sentido	de	que	todas	las	Escrituras	canónicas	son	la	fuente	
principal	y	determinante	de	las	enseñanzas.	No	hay	otro	libro	que	iguale	
a	la	Biblia	en	importancia	para	los	pentecostales,	por	tanto,	se	motiva	
el	conocimiento	básico	de	las	Sagradas	Escrituras,	a	través	de	diversos	
programas	educativos,	uno	de	ellos	es	la	Escuela	Bíblica	o	Dominical.	
Es	obvio	que	si	se	quiere	definir	qué	es	la	Biblia,	se	empezaría	dicien-
do	que	es	el	registro	de	la	Palabra	viva	de	Dios,	el	cual	relata	los	hechos	
salvíficos	de	Dios	a	través	de	todos	los	tiempos;	de	su	alianza	con	Israel,	
de	su	misericordia,	de	su	amor	desprendido	por	 los	seres	humanos	al	
enviar	a	Jesucristo	y	de	la	salvación	puesta	al	alcance	de	todos	por	medio	
de	la	gracia	divina.
Biblia es una palabra de origen griego (el plural de biblion, «pa-
piro para escribir» y también «libro»), y significaliteralmente 
«los libros». Del griego, ese término pasó al latín, y a través 
de él a las lenguas occidentales, no ya como nombre plural, 
sino como singular femenino: la Biblia, es decir, el Libro por 
excelencia. Con este término los pentecostales designan a la 
colección de escritos reconocidos como Sagrados por el pueblo 
Judío y por la iglesia cristiana en sentido general. 4 
82 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
En	la	Biblia	se	encuentran	mensajes	de	los	profetas,	palabras	de	Je-
sús	y	testimonios	de	los	apóstoles.	Los	profetas,	Jesús	y	los	apóstoles	ac-
tuaron	y	hablaron	en	distintas	épocas	y	en	circunstancias	muy	diversas.	
Pero	todos	anunciaron	la	Palabra	de	Dios.	La	Biblia	no	es	solo	un	libro	de	
reglas	e	historia	Antigua.	Ella	contiene	miles	de	promesas	maravillosas	
que	aplican	a	todos	aquellos	que	creen	en	cualquier	tiempo.
El	reto	que	enfrenta	actualmente	la	humanidad	es	saber,	compren-
der	y	experimentar	las	cosas	maravillosas	que	Dios	ha	prometido	ha-
cer	por	aquellos	que	creen.	Las	promesas	de	Dios	en	la	Biblia	son	más	
que	 suficientes	 para	 satisfacer	 las	 necesidades	 en	 cualquier	 área.	 La	
única	condición	es	confiar	y	obedecer	a	Dios,	y	esperar	que	él	haga	lo	
que	Él	dice	que	hará.	Para	muchos	pentecostales,	la	Biblia	es	la	pala-
bra	de	Dios	desde	la	cual	se	reflexiona	todo	lo	referente	a	la	salvación,	
encontrando	en	ella	un	plan	de	salvación,	el	cual	es	puesto	en	práctica	
por	la	gracia	misericordiosa	de	Dios	para	la	vida	cotidiana.	Para	otros	
cristianos,	las	Sagradas	Escritura	es	la	fuente	y	el	criterio	primario	de	
la doctrina cristiana. 
Mediante las Sagradas Escritura, el Cristo vivo encuentra al 
ser humano en la experiencia de la gracia redentora. La Biblia 
no solo es la norma de fe de los pentecostales, sino la historia 
de la salvación, donde la injusticia, la violencia, la opresión y la 
maldad, son derrotadas por el gran amor de Dios. Esta es la 
esperanza de los que sufren; la fuente de la fe y alegría de los 
oprimidos y los marginados en la tierra.
La	Palabra	de	Dios	es,	ante	todo,	la	fuente	primaria	de	la	doctrina	
pentecostal	y	el	relato	de	una	historia	que	se	extiende	desde	la	creación	
del	mundo	hasta	el	fin	de	los	tiempos.	Desde	el	Génesis	hasta	el	Apo-
calipsis,	la	Biblia	proclama	los	hechos	portentosos	de	Dios.	A	través	de	
ellos,	Dios	se	revela	como	Señor,	Padre	y	Salvador;	a	fin	de	liberar	del	
pecado	y	de	la	muerte	eterna	a	toda	la	humanidad.	
4.1.2. El sincretismo teológico 
Siendo	que	la	teología	cristiana	es	la	representación	sistemática	de	
las	doctrinas	de	la	fe	cristiana,	y	la	ciencia	que	trata	de	la	existencia,	el	
carácter	y	las	propiedades	de	Dios,	las	leyes	y	gobierno,	las	doctrinas	que	
se	han	de	creer,	el	cambio	moral	que	se	debe	experimentar	y	los	deberes	
83Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
que	se	tienen	que	cumplir,	teniendo	como	fuente	principal	las	Sagradas	
Escrituras,	hay	que	prestarle	mucha	atención	al	tema	del	«sincretismo	
teológico»	como	componente	general	de	la	doctrina	pentecostal.	
Según Pablo A. Deiros (1994), el sincretismo teológico es el pro-
ceso por el cual los elementos de una teología son asimilados en 
otra tendencia o creencia teológica, que ocasionen un cambio en 
los principios fundamentales o la naturaleza de las mismas. Es 
la unión de dos o más creencias opuestas o no, de modo que la 
forma sintetizada es una cosa nueva. No siempre es una fusión 
total, pero puede ser una combinación de segmentos separados 
que siguen siendo compartimentos identificables. 5
En	ese	sentido,	hay	que	reconocer	que	la	construcción	del	«aparto	
teológico»	de	los	pentecostales,	a	diferencia	de	otros	grupos	cristianos,	
es	 inequívocamente,	un	sincretismo	 teológico;	una	mezcla	de	diferen-
tes	corrientes	de	pensamientos	teológicos	que	imposibilita	establecer	un	
criterio	uniforme,	claro	y	preciso	de	los	postulados	sustentados.		
Por	esta	razón,	en	 la	 introducción	de	este	 libro	se	destaca	que	es-
cribir	 sobre	 la	 teología	pentecostal,	desde	una	perspectiva	académica,	
no	solo	es	difícil,	sino	complejo	y	retador.	Todo	esto,	dada	la	realidad	y	
naturaleza	de	las	iglesias	de	tendencia	pentecostal,	cuyos	«fundamen-
tos	teológicos»	no	son	solo	bíblicos,	sino,	la	suma	de	las	bases	bíblicas,	
dogmáticas,	teológicas	y	de	experiencias		de	algunos	de	los	integrantes.						
Una teología bíblica sólida, con una fundamentación auténti-
ca, sucede cuando existe un diálogo entre el texto y el contex-
to, donde las preguntas suscitadas por el contexto se traen al 
texto en busca de respuestas, mientras a la vez el texto plantea 
nuevas preguntas que confrontan al contexto. La «verdadera 
teología» amonesta en contra de los peligros del «sincretismo» 
en cuanto a las creencias teológicas, prácticas religiosas y es-
tilos de vida éticos, pero no es empujada a la inercia, ya que es 
progresiva en el tiempo.
Por	tanto,	una	teología	bíblica	sólida	culmina	en	que	las	buenas	
nuevas	del	Evangelio	penetran	 toda	situación,	con	 la	novedad	de	 la	
redención	del	pecado,	la	culpa	y	el	poder	demoníaco,	la	liberación	de	
la	desesperación	humana	y	 la	 injusticia	 social	 y	 la	 actualización	de	
84 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
la	 fe,	 la	 esperanza	 y	 el	 amor.	Por	 esto	 se	necesitan	programas	per-
manentes	de	orientación,	en	beneficio	de	la	educación	teológica	de	la	
iglesia	pentecostal;	para	no	permitir	el	sincretismo,	la	desnaturaliza-
ción	y	el	deterioro	de	la	identidad	del	cristianismo	pentecostal	puro,	
lo cual ha sido difícil de alcanzar.
4.1.3. Las experiencias pentecostales 
 
El	 tema	de	 las	 experiencias,	 como	«vivencias	 del	Espíritu	 Santo»	
alcanzadas	por	muchos	de	los	creyentes	pentecostales,	crea	un	escenario	
muy	complejo	y	lleno	de	cuestiones	muy	subjetivas	y	particulares	que,	en	
definitiva,	han	contribuido,	para	bien	o	mal,	en	la	construcción	del	«apa-
rato	teológico»	pentecostal	actual.	No	hay	forma	de	desvincular	algunas	
creencias,	de	dichas	experiencias	que,	reales	o	no	para	algunos,	benefi-
ciosas	o	no	para	otros,	están	latentes	en	la	mente	y	corazón	de	quienes	
pertenecen	a	una	iglesia	pentecostal,	creando	así,		la	norma	de	conducta	
cristiana	para	la	mayoría	de	ellos.	
En	ese	sentido,	se	está	puntualizando	sobre	cuestiones	como:	el	ha-
blar	en	 lenguas,	 sanidad	divina,	 éxtasis,	pérdida	 temporal	del	 control	
físico,	revelación,	visión,	interpretar	lenguas,	reprender	al	diablo,	dan-
zar	sin	control,	arrebatos	momentáneos,	bautismo	en	el	Espíritu	Santo,	
voz	audible,	profecías,	sueños,	discernimiento	de	espíritus,	ser	llevado	
al	cielo	o	infierno,	entre	otros	que,	sin	lugar	a	dudas,	en	un	libro	como	
este,	hay	que	referirlas	como	cuestiones	que	influyen,	directa	o	indirec-
tamente	en	la	construcción	de	las	doctrinas	básicas	de	los	pentecostales.	
85Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
Aun	así,	no	es	el	interés	de	esta	obra	entrar	en	detalles	de	cada	una	
de	estas	experiencias,	las	cuales	son	una	realidad	en	el	ámbito	pentecos-
tal.	Sin	embargo,	cada	una	de	ellas	aporta	una	serie	de	creencias,	prác-
ticas	y	convicciones	entre	los	creyentes,	las	cuales,	más	adelante,	pasan	
a	formar	parte	de	las	normas	y	formas	de	ver	e	interpretar	el	contenido	
de	 la	Biblia,	ya	que	se	 les	da	mucha	credibilidad	al	 resultado	de	estas	
experiencias,	dado	que	en	muchos	casos	se	suele	usar	el	nombre	de	Dios	
para	darles	fuerza	con	las	famosas	frases:	«Dios	me	dijo»	«Así	dice	el	
Señor»,	lo	cual	puede	o	no	ser	verdad	en	cuanto	al	origen	del	mensaje.	
Estas	experiencias	son	portadoras	de	mensajes	y	ordenanzas	que,	por	lo	
regular,	los	creyentes	deben	acatar,	aun	cuando	éstas	no	tienen	ninguna	
o	escasa	fundamentación	bíblica.
4.1.4. Los dogmas o reglas internas
Otro	 de	 los	 componentes	 esenciales	 de	 la	 «teología	 pentecostal»	
son	los	dogmas.	Los	«dogmas»	(para	los	fines	de	esta	obra)	son	aquellas	
normas,	reglas	o	prácticas	que	la	iglesia	establece	o	que	son	propuestas	
por	las	autoridades	eclesiásticas	como	política	institucional,	los	cuales	
se	consideran	necesarios	para	mantenerun	orden,	y	que	no	están	con-
tenidas	o	cimentadas,	necesariamente,	en	las	Sagradas	Escrituras,	pero	
que	en	la	práctica	se	les	da	el	mismo	o	mayor	peso	de	observancia	que	las	
«doctrinas»,	las	cuales	sí	tienen	fundamento	bíblico.	
En ese sentido, hay que reconocer que a muchos maestros y 
líderes pentecostales les conviene que las congregaciones no 
entiendan qué es lo uno y lo otro. De esta manera hacen pa-
sar los «dogmas» como algo santo, indiscutible e inobjetable. 
Ordenan cualquier cosa y ante la mínima señal de protesta, la 
autoridad indica que hay un «espíritu inmundo de rebeldía». 
Dicen que la bendición está en la obediencia (y que esta debe 
ser ciega, sorda y muda), cuando en realidad la obediencia ple-
na debe ser hacia las cosas que están de acuerdo con la Biblia.
¿Qué	son	los	dogmas?	En	el	uso	corriente,	la	palabra,	«dogma»	es	
empleada	evidentemente	en	un	sentido	amplio	y	otro	estrecho.	La	pa-
labra	 «dogma»	 viene	 del	 griego	 «dokein»	 derivada	 del	 verbo	 griego	
«dokeo»	 que	 etimológicamente	 tiene	 el	 valor	 de	 «parecer,	 opinión	 o	
creencia».	Se	usó	en	 los	escritos	de	 los	autores	 clásicos	antiguos	para	
significar	una	opinión	o	 lo	 que	parece	 verdadero	 a	 una	persona.	Más	
86 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
adelante,	(en	el	siglo	primero)	«dogma»	pasó	a	significar	leyes	u	orde-
nanzas	decretadas	e	impuestas	a	otros.	6
Actualmente, en el lenguaje actual de la teología, el «dogma» 
suele ser considerado como una «doctrina», en la que la iglesia 
propone de manera definitiva una verdad revelada. Sin embargo, 
para los fines de esta obra, se seguirá usando la palabra «dogma» 
conforme a la idea o significado dado al inicio. Hay varias opi-
niones acerca de los «dogmas» y ello deriva de la diversidad de 
posturas respecto al objetivo y alcance de los mismos.
Ahora	bien,	¿Era	realmente	necesario	que	hubiera	dogmas	en	la	igle-
sia?	¿Era	inevitable	la	evolución	del	cristianismo	hacia	esta	forma	de	ex-
presión	y	de	regulación	de	la	fe?	¿Forma	parte	de	la	identidad	misma	de	
la	fe?	Aunque	la	iglesia	pentecostal	se	sienta	a	disgusto	ante	este	tipo	de	
preguntas,	el	creyente	está	en	el	derecho	a	plantearlas.	Históricamente,	
los	«dogmas»	han	sido,	y	son,	origen	de	dificultades	ecuménicas.
El	«dogma»,	sea	como	norma	o	doctrina	en	su	formulación,	no	es	una	
adquisición	invariable,	sino	una	respuesta	a	las	dificultades	del	momento.	
Los	«dogmas»,	considerados	como	punto	y	final,	son	poco	operativos	en	
tiempos	futuros.	Por	tanto,	no	se	puede	convertir	 los	«dogmas»	en	una	
fuente	del	trabajo	teológico	como	si	fueran	la	Biblia	misma.	La	historia	
del	«dogma»	critica	al	dogma;	corrige	equivocaciones,	elimina	elementos	
temporales,	suplementa	defectos;	incorpora	las	ganancias	del	pasado,	al	
mismo	tiempo	que	abre	horizontes	más	amplios	para	el	futuro.
87Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
Ahora	bien,	se	sabe	que	la	iglesia	pentecostal,	en	cuanto	a	realidad	
humano–divina,	no	existe	como	algo	totalmente	desencarnado	y	sin	es-
tructuras.	Los	pentecostales,	como	cualquier	otro	grupo	religioso	o	hu-
mano,	conviven	entre	sí,	gracias	a	normas	y	reglas	de	comportamiento	
que	viabilizan	el	quehacer	interno	y	externo	de	la	misma.	Sin	embargo,	
muchas	de	estas	«normas»	son	consideradas	en	muchos	aspectos	como	
opresivas,	limitantes	de	la	libertad	en	Cristo	y	la	acción	del	Espíritu	San-
to,	así	como	un	atentado	a	la	autonomía	de	la	conciencia	o	a	la	iniciativa	
y	creatividad	de	las	personas.
Para	Josué	Barrientos	(2004),	las	«reglas»	pueden	ser	el	resultado	
de	un	frío	legalismo,	de	un	habituarse	a	seguir	las	«normas»	sin	darles	el	
valor	que	merecen,	sin	reconocer	que	a	veces	un	conflicto	de	«normas»	
exige	discernir	sobre	cuál	sea	la	más	importante	y	cuál	habría	que	dejar	
por	 el	momento	 entre	 paréntesis.	 El	 «legalismo»	puede	 llevar,	 cierta-
mente,	a	la	uniformidad,	pero	olvidando	el	«espíritu	amoroso»	que	debe	
existir	en	todo	corazón	cristiano,	sea	este	pentecostal	o	no.	7
Respetar	 las	«reglas	o	normas»	de	 la	 iglesia,	 en	 cambio,	debe	 ser	
algo	que	nazca	desde	la	fe	y	el	amor	y	no	como	una	imposición	doctrina-
ria.	Más	adelante,	en	el	próximo	capítulo	se	estarán	presentando	algu-
nos	de	los	dogmas	que,	a	juicio	del	autor,	deben	ser	revisados	por	la	igle-
sia	pentecostal	de	este	tiempo.	Por	tanto,	los	«dogmas»	deben	cambiar	y	
no	se	debe	equiparar	los	«dogmas»	con		las	«doctrinas	bíblicas»;	esto	ha	
sido	un	error	histórico	que	debe	ser	reparado	hoy.	Desafortunadamente,	
los	dogmas	existentes	en	muchas	de	las	iglesias	pentecostales	constitu-
yen	un	componente	clave	y	 fundamental	para	entender	el	«constructo	
teológico» pentecostal.
4.2. RESEÑA DE ALGUNAS DOCTRINAS 
PENTECOSTALES CON FUNDAMENTOS 
SÓLIDOS EN LAS SAGRADAS ESCRITURAS
El	criterio	general	para	basar	las	doctrinas	debe	ser	las	Sagradas	Escri-
turas,	la	Biblia;	siendo	esta	la	principal	fuente	doctrinal	válida	de	muchas	
denominaciones,	en	particular	 las	de	corriente	evangélica	o	protestante.	
Aunque	existen	enormes	diferencias	en	 las	creencias	de	aquellos	que	se	
identifican	como	cristianos,	aun	así	es	posible	identificar	las	doctrinas	que,	
en	la	gran	mayoría,	observan	las	iglesias	cristianas	de	este	tiempo. 
88 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
En	ese	sentido,	muchas	 iglesias	pentecostales	tienden	a	aceptar	 la	
mayoría	de	las	doctrinas	de	otras	confesiones	protestantes	e	incluso	las	
católicas	 romanas,	 naturalmente,	 con	 algunas	 excepciones,	 y	 dándole	
mayor	énfasis	e	importancia	a	otras	que	hablan	mucho	de	su	naturaleza.	
Entre	las	doctrinas	pentecostales	que,	a	juicio	del	autor	poseen	una	sus-
tentación	sólida	en	la	Biblia,	están	las	siguientes:	
4.2.1. La inspiración de las Sagradas Escrituras
La	inspiración	bíblica,	según	la	teología	pentecostal,	es	un	carisma	
sobrenatural,	dado	por	Dios	a	ciertos	seres	humanos	del	pueblo	de	Dios	
del	Antiguo	y	Nuevo	Testamento,	para	consignar	por	escrito,	con	validez	
general	y	pública,	aquellos	misterios	de	Dios	y	de	su	intervención	en	la	
historia	de	 la	salvación	humana,	que	Él	ha	querido	que	 fuesen	de	ese	
modo	entregados	a	la	iglesia	de	este	tiempo,	sea	esta	pentecostal	o	no,	a	
favor	de	la	entera	santificación.	
La palabra «inspiración» significa «soplo hacia afuera». Ya que 
Dios inspiró la Biblia, esta es un producto divino. Los hombres 
fueron los vehículos de que Dios se valió para dar al mensaje 
forma escrita. Cómo se realizó esto, es un misterio; que se rea-
lizó, es un hecho. En ese sentido, existen muchas teorías, sin 
embargo, la inspiración y la revelación van de la mano. 8
89Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
El	término	«inspiración»	se	encuentra	en	la	misma	Escritura:	«Toda	
Escritura	es	inspirada	por	Dios	y	útil	para	enseñar...»	(2	Timoteo	3:16).	
Equivalentemente	se	expresa	en	2	Pedro	1:21,	que	dice:	«Nunca	profecía	
alguna	ha	venido	por	voluntad	humana,	sino	que	hombres	movidos	por	
el	Espíritu	Santo	han	hablado	de	parte	de	Dios».	En	ese	sentido,	la	«ins-
piración»	está	en	el	origen	mismo	del	lenguaje,	es	decir,	de	la	actividad	
del hagiógrafo o escritor sagrado. 
Este	proceso	consiste	en	una	«ilustración	sobrenatural»	del	enten-
dimiento,	que	le	ayudó	al	autor	humano	a	pensar	y	concebir	intelectual-
mente	con	rectitud.	Una	disposición	de	la	voluntad,	que	le	lleva	a	querer	
escribir	con	fidelidad	lo	que	ha	puesto	en	su	entendimiento	y	una	asis-
tencia	divina,	a	favor	del	hagiógrafo,	para	que	escriba,	de	hecho,	todas	
las	 cosas	que	Dios	quiso.	Por	 tanto,	 se	puede	decir	 que	 cada	 facultad	
humana	recibe	la	fuerza	del	Espíritu	Santo	según	su	propia	naturaleza.	
Julián	Guamán	 (2011),	hablando	de	 la	 inspiración	dice:	«Al	 influ-
jo	sobrenatural	de	Dios	sobre	la	inteligencia	y	voluntad	de	cada	uno	de	
los	escritores	sagrados	se	llama	inspiración...,	Dios	no	solo	hizo	y	habló,	
sino	que	quiso	que	sus	palabras	llegaran	frescas	y	vivas	a	sus	hijos	de	to-
dos	los	tiempos	y	para	ello	inspiró	a	unos	hombres	para	que	escribieran	
el	mensaje	de	salvación.	Por	tanto,	la	Biblia	tiene	como	autor	principala	Dios,	pero	se	sirvió	de	unos	autores	a	quienes	inspiró,	iluminándoles	
el	entendimiento	para	que	comprendieran	lo	que	Dios	quería	decirles,	
moviéndoles	la	voluntad	para	que	escribieran	lo	concerniente	al	conoci-
miento	de	Dios	y	la	salvación	eterna».	9
En ese sentido, los evangélicos pentecostales creen que la Biblia 
es la única regla suficiente, segura e infalible de todo conoci-
miento, fe y obediencia salvadora. Que esta Palabra de Dios 
no fue enviada ni producida por la voluntad humana, sino que 
los santos de Dios, siendo guiados por el Espíritu Santo, la ha-
blaron, conforme dice el apóstol Pedro. Después, Dios, por un 
cuidado especial que Él lleva de nosotros y de nuestra salva-
ción, mandó a sus siervos los profetas y apóstoles consignar 
por escrito la Palabra revelada. Por esta razón, tales escritos y 
palabras son denominadas: santas y divinas Escrituras (1 Pe-
dro 1:10–12; 2 Timoteo 3:16; Romanos 15:4).
90 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
4.2.2. Dios
Desde	la	antigüedad,	todas	las	naciones	y	religiones	han	creído	en	
la	existencia	de	Dios;	esta	idea	no	se	ha	perdido,	al	contrario,	al	paso	
del	tiempo	se	va	renovando	más	y	más.	Ahora	bien,	por	sí	solo,	el	ser	
humano	no	puede	conocer	a	Dios.	Si	bien	es	posible	conocer	algunas	
propiedades	de	Dios	en	la	naturaleza	y	en	la	historia,	el	verdadero	co-
nocimiento	de	Dios	proviene	de	Él	 y	 la	 revelación	especial	que	 es	 la	
Biblia y Jesucristo.
Newton Clarke dijo: «Del concepto que se tenga de Dios de-
pende la calidad de religión de un alma o de una raza, y de 
acuerdo con la idea que exista de Dios, de su carácter y relación 
con los demás seres, se determina el espíritu y la sustancia de la 
doctrina cristiana». 10
Sin	lugar	a	dudas,	Dios	es	un	espíritu	infinito,	eterno,	inmutable	en	
su	ser,	poder,	santidad,	justicia,	bondad	y	verdad.	A	Dios	entonces	no	se	
le	puede	definir	a	plenitud,	sino	que	se	le	conoce	a	través	de	las	propieda-
des	que	posee	en	sí	mismo.	El	ser	humano	puede	hablar	y	comunicarse	
directamente	con	Dios,	sin	intermediarios,	mediante	la	oración,	puede	
recibir	revelaciones	personales,	sabiduría	e	 inteligencia	adicional	para	
entender	los	misterios	y	la	naturaleza	de	Dios.
Los	cristianos,	en	sentido	general,	consideran	a	Dios	como	un	ser	
que	interviene	y	participa	en	la	historia	humana,	que	habla	y	se	reve-
la.	 Las	 Sagradas	 Escrituras	 no	 tratan	 de	 demostrar	 la	 existencia	 de	
Dios	mediante	pruebas	metódicas	o	convencionales.	Se	la	asume	como	
prueba	evidente,	como	creencia	natural	para	el	ser	humano.	No	enun-
cian	una	serie	de	pruebas	de	la	existencia	como	condición	preliminar	
para	la	fe.	Declaran	el	hecho	y	piden	al	ser	humano	que	se	embarque	
en	una	aventura	de	fe.
En ese sentido, los evangélicos pentecostales creen con todo 
el corazón y confiesan con la boca, que hay un ser espiritual, 
creador, que se ha revelado a los seres humanos en Jesucristo, 
al que se le llama Dios: el cual es eterno, incomprensible, invi-
sible, inmutable, infinito, todopoderoso, perfectamente sabio, 
justo, bueno y fuente de todos los bienes. 
91Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
Ahora	bien,	cuando	los	escritores	inspirados	del	Antiguo	Testamen-
to	hablan	del	 «brazo	de	 Jehová»,	 se	ha	de	 entender,	 desde	 luego,	 que	
emplean	una	figura	material	para	ayudar	a	la	pobre	y	limitada	compren-
sión	del	ser	humano,	y	que	el	«brazo»	equivale	a	la	poderosa	operación	
de	Dios	en	la	humanidad.	Por	tanto,	Dios	es	Eterno,	sin	principio	ni	fin,	
Alfa	y	Omega,	cuya	explicación	se	halla	solo	en	su	misma	persona,	sin	
referencia	a	ninguna	causa	anterior	(1	Timoteo	6:16;	Isaías;	40:28;	Sal-
mos	45:6;	Génesis	17:1;	Hebreos	1:12;	Santiago	1:17).
4.2.3. La creación
La	cuestión	del	origen	de	la	humanidad	es	un	tema	recurrente	que	
ha	 intentado	ser	explicado	en	todas	 las	culturas	y	pueblos	de	diversas	
formas,	con	connotaciones	científicas,	políticas,	religiosas	e	ideológicas,	
entre	otras.	Esa	búsqueda	de	los	orígenes	no	es	exclusiva	de	una	discipli-
na,	sino	que	ha	estado	a	cargo	de	equipos	interdisciplinares,	abordándo-
se	desde	la	biología,	la	geología,	la	etología,	la	antropología,	la	prehisto-
ria,	la	paleontología	y	desde	luego	la	teología.	
En ese sentido, la «teología pentecostal» fundamentada en la fe 
en las Sagradas Escrituras, cree que el ser humano fue creado 
por Dios, el cual es llamado por diferentes nombres. Al con-
junto de creencias, inspiradas en la Biblia, según la cual la tie-
rra y cada ser vivo que existe actualmente provienen de un acto 
de creación, y que este acto de creación fue llevado a cabo de 
acuerdo con un propósito divino, se denomina creacionismo. 
Esta teoría sostiene que el origen o evolución del universo, la 
vida y la persona humana, son el resultado de acciones racio-
nales emprendidas de forma deliberada por uno o más agentes 
inteligentes, denominada la divinidad, es decir Dios.
92 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
La	Biblia,	libro	sagrado	de	todos	los	cristianos,	enseña	que	Dios	creó	
al	ser	humano	a	su	imagen	y	semejanza	y	que	lo	puso	a	cargo	de	la	crea-
ción	entera:	«Y	creó	Dios	al	hombre	a	su	imagen,	a	imagen	de	Dios	lo	
creó;	varón	y	hembra	los	creó.	Y	los	bendijo	Dios,	y	les	dijo:	Fructificad	
y	multiplicaos;	llenad	la	tierra,	y	sojuzgadla,	y	señoread	en	los	peces	del	
mar,	en	las	aves	de	los	cielos,	y	en	todas	las	bestias	que	se	mueven	sobre	
la	tierra»	(Génesis	1:27–28).	
Por	tanto,	los	evangélicos	pentecostales	creen,	firmemente,	que	en	
el	principio	agradó	a	Dios	para	la	manifestación	de	la	gloria	de	su	poder,	
sabiduría	y	bondad	eternos,	 crear	o	hacer	el	mundo	y	 todas	 las	cosas	
que	en	él	hay,	ya	sean	visibles	o	invisibles,	y	todas	muy	buenas.	Después	
que	Dios	hubo	creado	 todas	 las	demás	criaturas,	 creó	al	 ser	humano,	
varón	y	hembra,	con	almas	racionales,	haciéndolos	aptos	para	aquella	
vida	para	 la	cual	 fueron	creados;	siendo	hechos	a	 imagen	de	Dios,	en	
conocimiento,	justicia	y	santidad	de	la	verdad,	teniendo	la	ley	de	Dios	
escrita	en	los	corazones,	y	el	poder	para	cumplirla	y,	sin	embargo,	con	la	
posibilidad	de	transgredirla,	por	haber	sido	dejados	a	la	libertad	de	su	
propia	voluntad,	la	cual	es	mutable	(Nehemías	9:6;	Salmos	95:4–5;	148:	
1–6;	Proverbios	8:22–23).
4.2.4. La caída del ser humano: El pecado y su castigo
Según	la	teología	pentecostal,	fue	el	ser	humano	quien	pecó,	y	fue-
ron	los	ángeles	los	que	pecaron,	y	en	ambos	casos	lo	hicieron	voluntaria-
mente.	Lo	cierto	es	que	mientras	todos	los	seres	creados	reconocieron	la	
lealtad	del	amor,	hubo	perfecta	armonía	en	el	universo	de	Dios.	
En	 ese	 sentido,	 la	 palabra	«pecado»	proviene	de	 una	palabra	he-
brea,	que	significa,	errar,	iniquidad,	maldad,	culpa,	rebelión,	transgre-
sión,	maldad,	lo	malo;	y	del	griego,	que	significa,	injusticia,	iniquidad,	
maldad,	falta;	transgresión,	infracción,	rebelión,	contravención;	ofensa,	
delito,	falta,	yerro;	malicia.	Por	tanto,	los	autores	bíblicos	describieron	
al	pecado	con	diversos	términos.	
J. Dupuis (2000), sobre este particular dice: «El pecado es 
una rebelión en contra de la santidad y soberana voluntad de 
Dios. Por consiguiente, es tanto una condición del corazón, 
de la mente, voluntad y sentimientos, como el práctico resul-
tado palpable de dicha condición en pensamiento, palabras y 
93Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
hechos que ofenden a Dios y transgreden su santa ley. Trági-
camente, el pecado en cualquier dimensión, distancia de Dios. 
Se debe resistir la tentación de actuar como si fuéramos justos, 
especialmente apoyándonos en nuestras buenas obras». 11 
Las	Sagradas	Escrituras	afirman	que:	«Si	afirmamos	que	no	tene-
mos	pecado,	nos	engañamos	a	nosotros	mismos	y	no	tenemos	la	ver-
dad.	Si	confesamos	nuestros	pecados,	Dios,	que	es	fiel	y	justo,	nos	los	
perdonará	y	nos	limpiará	de	toda	maldad.	Si	afirmamos	que	no	hemos	
pecado,	lo	hacemos	pasar	por	mentiroso	y	su	palabra	no	está	en	noso-
tros»	(1	Juan	1:8–10).
La tradición judeocristiana, cuya fuente fundamental es la Bi-
blia, entiende el pecado, en términosgenerales, como el aleja-
miento del ser humano de la voluntad de Dios. De acuerdo al 
Antiguo Testamento, esta voluntad está representada por la 
ley, preceptos y estatutos dados por Dios al pueblo de Israel, 
y registrados en los libros sagrados. De acuerdo con el Nuevo 
Testamento, la naturaleza pecaminosa del ser humano no se 
puede superar con el esfuerzo de seguir la ley de Dios; por lo 
tanto, solo mediante la fe en Jesucristo, y un renacer espiritual, 
puede vencerse esta naturaleza, y por ende, dejar de pecar.
Por	tanto,	sobre	la	caída	del	ser	humano,	el	pecado	y	su	castigo,	los	
pentecostales		creen	que	Dios	creó	al	ser	humano	recto	y	perfecto,	y	le	
dio	una	 ley	 justa,	que	hubiera	sido	para	vida	si	 la	hubiera	guardado.	
Sin	embargo,	no	permaneció	mucho	 tiempo	en	este	honor,	ya	que	al	
ser	 tentado	por	 la	serpiente,	deliberadamente	 transgredió	 la	 ley	bajo	
la	cual	habían	estado	y	también	el	mandato	que	le	había	sido	dado,	al	
comer	del	fruto	prohibido.	
Por	este	pecado,	los	primeros	padres	cayeron	de	la	justicia	ori-
ginal	y	comunión	con	Dios,	por	lo	que	atrajeron	sobre	sí	la	muerte	
y	 sobre	 todos	 los	 descendientes.	 Esta	 corrupción	 de	 la	 naturaleza	
permanece	durante	esta	vida	en	todos	los	seres	humanos,	por	lo	que	
estos	necesitan	un	salvador,	este	es	Jesucristo	(Génesis	3:15,	22–24;	
Romanos	3:23;	6:23;	5:12–14).
94 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
4.2.5. Jesucristo como salvador, bautizador con el 
Espíritu Santo, sanador y Rey que vendrá otra vez
Jesús	es,	sin	 la	menor	duda,	 la	piedra	angular	del	cristianismo	en	
sentido	general.	No	hay	identidad	cristiana	sin	una	referencia	explícita	a	
Jesús,	que	es	lo	que	verdaderamente	define	el	ser	cristiano.	La	figura	de	
Cristo	resulta	impresionante	por	todo	concepto.	Al	leer	en	la	Biblia,	don-
de	se	halla	contenido	sobre	su	paso	por	la	tierra,	sorprende	la	exactitud	
y	grandeza	del	Mesías.
Raúl Zaldívar (2006), dice: «El cristianismo se funda en un 
hecho: la figura de Jesús, su vida terrestre y, lo que es más im-
portante, la creencia de que Jesús vive, pues resucitó, porque 
es Hijo de Dios. Ésta es la nota original de la fe cristiana, el 
cristianismo es la única religión que desborda la historia por lo 
trascendental de su contenido y se encarna en una persona que, 
no solamente transmite una doctrina, sino que se presenta ella 
misma como la verdad y la justicia vivientes». 12 
Jesús	de	Nazaret,	también	conocido	como	Jesús,	Cristo	o	Jesucristo,	
es	la	figura	central	de	los	pentecostales	y	una	de	las	figuras	más	influyen-
tes	de	la	cultura	occidental.	La	vida	de	Jesús	de	Nazaret	llega	a	nosotros	
a	través	de	los	evangelios.	En	estas	escrituras	se	describe	a	Jesucristo	
como	un	hombre	pacífico,	y	alejado	de	la	violencia	característica	de	los	
años	de	la	dominación	del	Imperio	Romano.
En	ese	sentido,	los	evangélicos	pentecostales	creen	que	en	Jesucristo	
habita	corporalmente	toda	la	plenitud	de	la	deidad,	por	lo	que	confiesan	
que	la	divinidad	está	en	Jesús.	Publican	y	defienden	la	supremacía	del	Se-
ñor	Jesucristo.	Que	Dios	consumó	la	promesa	hecha	a	los	antiguos	padres	
por	boca	de	los	santos	profetas	al	manifestarse	al	mundo,	en	el	tiempo	por	
Él	determinado,	como	el	Hijo	único,	el	cual	tomó	forma	de	siervo	y	se	hizo	
semejante	a	los	hombres,	tomando	realmente	una	verdadera	naturaleza	
humana	con	todas	las	debilidades,	excepto	el	pecado	por	comisión,	siendo	
concebido	en	el	seno	de	la	bienaventurada	virgen	María	por	el	poder	del	
Espíritu	Santo,	sin	intervención	de	varón	(Colosenses	2:9;	Gálatas	4:4;	Fi-
lipenses	2:5–8;	Hebreos	2:17–18;	4:15;	Lucas	1:35).
95Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
Además, que el Señor Jesucristo asumió de muy buena mane-
ra el oficio de mediador y fiador, nació bajo la ley, la cumplió 
correctamente y sufrió para que los seres humanos no fueran 
eternamente castigados, siendo hecho pecado y maldición por 
todos, soportando las más terribles aflicciones en el alma y los 
más dolorosos sufrimientos en el cuerpo, fue crucificado y mu-
rió y permaneció en el estado de los muertos, aunque sin ver 
corrupción. Al tercer día resucitó de entre los muertos con el 
mismo cuerpo en que sufrió, pero glorificado, con el cual tam-
bién ascendió al cielo, y allí está a la diestra de Dios.
Por	otro	lado,	Jesucristo	es	bautizador	con	el	Espíritu	Santo,	sa-
nador	y	regresará	para	juzgar	a	los	seres	humanos	y	a	los	ángeles	al	
final	 del	mundo	 (Gálatas	 3:10–13;	Efesios	 1:20;	Mateo	 28:1–18).	 El	
único	 redentor	 es	 el	 Señor	 Jesucristo,	 quien	 como	 redentor	 realiza	
los	oficios	de	Profeta,	de	Sacerdote	y	de	Rey.	Como	Profeta	revela	a	su	
pueblo,	por	su	Palabra	y	Espíritu,	la	voluntad	de	Dios	para	la	salva-
ción;	como	Sacerdote	ofreció	(a	sí	mismo)	una	sola	vez	sacrificio	por	
los	pecados	de	la	humanidad	para	revelar	la	justicia	divina	y	reconci-
liarlos	con	Dios,	y	hacer	continua	intercesión	por	ellos;	como	Rey	está	
llamando	a	 la	 iglesia	del	mundo	para	ser	un	pueblo	para	sí	mismo,	
gobernándoles,	 defendiéndoles,	 sometiendo,	 salvando,	 preservando	
y	bendiciendo	a	sus	siervos;	y	refrenando,	venciendo	y	tomando	ven-
ganza	de	todos	los	enemigos,	suyos	y	de	ellos	(Hebreos	7:17–27;	Apo-
calipsis	17:14;	1	Pedro	3:22;	2	Timoteo	4:1).
4.2.6. El Espíritu Santo: Tema central 
en la teología pentecostal
Sin	lugar	a	dudas,	el	tema	central	en	la	teología	pentecostal,	es	el	
Espíritu	Santo.	Aun	así,	en	términos	bíblicos	y	teológicos	no	siempre	
es	posible,	ni	tampoco	necesario,	distinguir	minuciosamente	entre	la	
obra	del	Espíritu	Santo	y	aquella	del	Padre	y	del	Hijo.	Dios	es	uno	y	
la	 interrelación	 entre	 las	 diversas	 actividades	 de	 cada	 persona	 de	 la	
deidad	es	tan	cercana	que,	no	siempre	se	puede	discernir,	en	términos	
prácticos,	una	de	la	otra.	
96 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
Basilio de Cesarea (1996), dice: «En muchas de sus activi-
dades, Dios actúa a través del Hijo, en el poder del Espíritu 
Santo. Como principio general podría decirse que todas las 
obras divinas se originan en el Padre, son llevadas a cabo 
por el Hijo, y son traídas a fructificación en este tiempo por 
medio del Espíritu Santo». 13
Ahora	bien,	 la	misión	principal	del	Espíritu	Santo	es	convencer	al	
mundo	de	pecado,	justicia	y	juicio.	Jesús	dijo:	«Y	cuando	él	venga,	con-
vencerá	al	mundo	de	pecado,	de	justicia,	y	de	juicio»	(Juan	16:8).	En	ver-
siones	diferentes	se	utilizan	distintas	palabras	para	«convencer»,	tales	
como:	dar	convicción,	exponer	y	 redargüir.	De	pecado,	por	cuanto	no	
creen	en	mí	(Juan	16:9).	Aquí	hay	algo	que	es	imposible	que	el	hombre	
logre.	Nadie	puede	producir	 convicción	 en	 el	 corazón	de	otro.	 Solo	 el	
Espíritu	Santo	puede	vencer	la	ceguera	y	el	engaño	pecaminoso	del	cora-
zón	humano	y	hacer	que	un	hombre	o	mujer	se	dé	cuenta	de	la	grandeza	
de	su	propia	iniquidad.	
De	justicia,	por	cuanto	voy	al	Padre,	y	no	me	veréis	más	(Juan	16:	
10).	La	justicia	de	la	cual	el	Espíritu	trae	convicción	no	es	la	justicia	hu-
mana,	 sino	 la	 justicia	de	Cristo.	La	 justicia	de	Cristo	está	atestiguada	
por	el	hecho	que	Él	fue	levantado	de	los	muertos	y	ascendió	al	Padre.	Si	
hubiera	sido	un	impostor,	como	insistía	el	mundo	religioso	al	rechazarlo,	
el Padre no lo hubiera recibido.
97Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
De	juicio,	por	cuanto	el	príncipe	de	éste	mundo	ha	sido	ya	juzga-
do	(Juan	16:11).	El	mundo	es	culpable	al	rechazar	creer	en	Cristo;	la	
condenación	es	 atestiguada	por	 la	 justicia	de	Cristo	 exhibida	 en	 su	
regreso	al	Padre;	por	lo	tanto,	no	le	espera	sino	juicio.	Si	Cristo	va	a	
juzgar	al	príncipe	(Satanás)	de	éste	mundo,	entonces	todos	los	que	le	
siguen	serán	asimismo	juzgados.
En	ese	sentido,	es	necesario	destacar	que	para	los	evangélicos	pen-
tecostales,	 el	Espíritu	Santo	 juega	un	papel	 importante,	no	 solo	 en	 la	
salvación	del	alma,	sino	en	la	entera	santificación	del	creyente	y	sin	este	
ministerio	nadie	podría	llegar	a	ser	un	hijo	de	Dios	auténtico.	El	Espíritu	
Santo	tiene	un	ministerio	continuo	que	busca	ejecutar	en	todo	creyente;es	en	verdad	el	secreto	de	la	fuerza	y	progreso	de	la	nueva	vida	espiritual.	
Los	 pentecostales	 enfatizan	 que	 el	 Espíritu	 Santo	 continúa	 siendo	 el	
agente	activo	en	el	caminar	progresivo	de	los	hijos	de	Dios.	Por	tanto,	en	
la	«teología	pentecostal»	la	obra	del	Espíritu	Santo	incluye	lo	siguiente:
1.	 El	creyente	es	santificado	por	el	Espíritu	Santo.	«Elegidos	según	
la	presciencia	de	Dios	Padre	en	santificación	del	Espíritu,	para	
obedecer	y	ser	rociados	con	la	sangre	de	Jesucristo…»	(1	Pedro	
1:2;	2	Tesalonicense	2:13).	Al	tratar	la	doctrina	de	la	santifica-
ción,	 los	pentecostales	observan	que	 la	 santificación	 tiene	dos	
fases:	la	primera	consiste	en	ser	separados	para	Dios,	y	la	segun-
da	en	limpieza	necesaria	y	continúa.	El	creyente	disfruta	de		este	
ministerio	de	gracia	al	creer	en	la	palabra	de	Dios	y	al	rendirse	
al	Espíritu	Santo.
2.	 El	creyente	es	fortalecido	para	humillar	los	deseos	de	la	carne	
que	 son	 pecaminoso	mediante	 el	 Espíritu	 Santo.	 «Porque	 los	
que	son	de	la	carne	piensan	en	las	cosas	de	la	carne;	pero	los	que	
son	del	Espíritu,	en	las	cosas	del	Espíritu.	Porque	el	ocuparse	de	
la	carne	es	muerte,	pero	el	ocuparse	del	Espíritu	es	vida	y	paz	…	
Mas	vosotros	no	vivís	según	la	carne,	sino	según	el	Espíritu,	si	
es	que	el	Espíritu	de	Dios	mora	en	vosotros	…	Pero	si	Cristo	está	
en	vosotros,	el	cuerpo	en	verdad	está	muerto	a	causa	del	pecado,	
más	el	espíritu	vive	a	causa	de	la	justicia	…	Así	que,	hermanos,	
deudores	somos,	no	a	la	carne;	porque	si	vivís	conforme	a	la	car-
ne,	moriréis;	mas	si	por	el	Espíritu	hacéis	morir	las	obras	de	la	
carne,	viviréis»	(Romanos	8:5–13).
98 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
3.	 El	Espíritu	Santo	transforma	al	creyente	a	la	imagen	de	Cristo.	
Este	pensamiento	de	los	pentecostales	tiene	que	ver	con	la	in-
fluencia	santificadora	del	Espíritu	Santo,	al	transformar	la	natu-
raleza	de	los	hijos	de	Dios.	«Por	tanto	nosotros	todos,	mirando	
a	cara	descubierta	como	un	espejo	de	gloria	del	Señor,	 somos	
transformados	de	gloria	en	gloria	en	la	misma	imagen,	como	por	
el	Espíritu	del	Señor»	(2	Corintios	3:18).	
4.	 El	Espíritu	Santo	 fortalece	al	creyente	y	 le	revela	a	Cristo	con	
mayor	intensidad.	«Para	que	os	dé,	conforme	a	las	riquezas	de	su	
gloria,	el	ser	fortalecidos	con	poder	en	el	hombre	interior	por	su	
Espíritu,	para	que	habite	Cristo	por	la	fe	en	vuestros	corazones,	
a	fin	de	que	arraigados	y	cimentados	en	amor,	seáis	plenamente	
capaces	de	comprender	con	todos	los	santos	cuál	sea	la	altura,	
la	longitud,	la	profundidad	y	la	altura,	y	de	conocer	el	amor	de	
Cristo,	que	excede	a	todo	conocimiento,	para	que	seáis	llenos	de	
toda	plenitud	de	Dios»	(Efesios	3:16–19).
5.	 El	Espíritu	Santo	guía	a	los	hijos	de	Dios.	«Porque	todos	los	que	
son	 guiados	 por	 el	 Espíritu	 de	Dios,	 éstos	 son	 hijos	 de	Dios»	
(Romanos	8:14).	«Pero	si	sois	guiados	por	el	Espíritu,	no	estáis	
bajo	la	ley»	(Gálatas	5:18).	Jesús	dijo	del	Espíritu	Santo:	«Él	os	
guiará»	(Juan	16:13).	Uno	de	los	privilegios	más	grandes	de	los	
hijos	de	Dios,	según	creen	los	pentecostales,	es	el	de	ser	condu-
cidos,	todo	el	tiempo,	por	la	omnisciente	e	infalible	guianza	del	
Espíritu	Santo.	
6.	 El	Espíritu	Santo	ejecuta	el	oficio	de	Consolador.	En	cuatro	pa-
sajes	de	la	Biblia	en	el	Evangelio	de	San	Juan,	Jesús	se	refiere	al	
Espíritu	Santo	como	el	Consolador.	Los	pasajes	son:	Juan	14:16–
18;	14:26;	15:26;	y	16:7–15.	
7.	 El	Espíritu	Santo	produce	fruto	en	la	vida	del	creyente.	Las	si-
guientes	escrituras	son	sumamente	pertinentes	al	tema:	Gálatas	
5:22;	Romanos	14:17;	15:13;	1	Timoteo	4:12;	2	Timoteo	2:24–25;	
3:10;	2	Corintios	6:6;	Efesios	5:9;	2	Pedro	1:5–7.	La	obra	del	Es-
píritu	Santo	en	relación	con	el	ministerio	o	servicio.
99Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
4.2.7. El bautismo en el Espíritu Santo y el hablar en lenguas
Según	la	teología	pentecostal,	todos	los	creyentes	tienen	el	derecho	
de	recibir	y	deben	buscar	fervientemente	la	promesa	del	Padre,	el	bautis-
mo	en	el	Espíritu	Santo	y	fuego,	según	el	mandato	del	Señor	Jesucristo.	
Esta	era	la	experiencia	normal	y	común	de	la	primera	iglesia	cristiana.	
Con	este	bautismo	viene	una	investidura	de	poder	para	la	vida	y	el	servi-
cio	y	la	concesión	de	los	dones	espirituales,	así	como	el	aprovechamien-
to	en	el	liderazgo	o	ministerio	(Lucas	24:49;	Hechos	1:4,	8;	1	Corintios	
12:1–31).	Esta	experiencia	se	considera	distinta	a	la	del	nuevo	nacimien-
to	y	subsecuente	a	ella	(Hechos	8:12–17;	10:44–46;	11:14–16;	15:7–9).	
Con	el	bautismo	en	el	Espíritu	Santo,	el	creyente	recibe	experien-
cias	como	la	de	ser	lleno	del	Espíritu	(Juan	7:37–39;	Hechos	4:8),	una	
reverencia	más	profunda	para	Dios	(Hechos	2:43;	Hebreos	12:28),	una	
consagración	más	intensa	a	Dios	y	dedicación	a	su	obra	(Hechos	2:42)	
y	un	amor	más	activo	para	Cristo,	para	su	Palabra	y	para	los	perdidos	
(Marcos	16:20).	Según	creen	la	mayoría	de	los	pentecostales,	el	bautis-
mo	de	los	creyentes	en	el	Espíritu	Santo	se	evidencia	con	la	señal	física	
inicial	 de	hablar	 en	otras	 lenguas	 como	el	Espíritu	 los	dirija	 (Hechos	
2:4).	Aun	cuando	muchos	teólogos	hacen	ciertas	diferencias,	el	hablar	
en	lenguas	en	este	caso	es	esencialmente	lo	mismo	que	el	don	de	lenguas	
(1	Corintios	12:4–10,	28),	pero	es	diferente	en	propósito	y	uso.	En	ese	
sentido,	se	destaca	que	el	apóstol	Pablo	clasificó	el	hablar	en	lenguas	en	
tres:	lenguas	humanas,	angelicales	y	las	que	constituyen	un	misterio,	ya	
que	nadie	las	entiende	(1	Corintios	13:1;	14:2).	
100 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
En ese sentido, Raúl Zaldívar (2006), dice: «El tema de la glo-
solalia o don de hablar en lenguas, sigue siendo hoy motivo de 
mucha discusión, aun en los círculos pentecostales. Los deba-
tes llegan al punto de considerar si se debe enseñar o no como 
doctrina, ya que no hay acuerdos plenos sobre el mismo». 14
Sin	 embargo,	 en	 esta	 sección	 se	ha	 considerado	presentarla	 como	
una	de	las	doctrinas	que,	se	quiera	o	no,	tiene	bases	sólidas	en	las	Sagra-
das	Escrituras.	En	ese	sentido,	para	la	mayoría	de	los	pentecostales,	el	
hablar	en	lenguas	es	una	facultad	del	Espíritu	Santo,	según	se	registró,	
por	primera	vez,	en	el	día	de	Pentecostés	(Hechos	2:1–11),	y	más	adelan-
te	en	Hechos	10:44–48;	19:1–6	que	permite	a	un	creyente	en	Jesucristo	
hablar	en	un	idioma	desconocido.	
Esto	 (hablar	 en	 lenguas)	 también	 se	 conoce	 como	 glosolalia,	 que	
proviene	del	griego,	«glossa»,	que	significa,	lengua»;	y	«lalein»,	hablar.	
Los	pentecostales	creen	que	la	experiencia	de	las	lenguas	está	hoy	en	día	
en	continuidad	con	el	fenómeno	verificado	en	el	Nuevo	Testamento.	15
También	se	afirma,	que	desde	el	día	de	Pentecostés	en	adelante,	el	
hablar	 en	 lenguas	 es	 el	 resultado	normal	 y	 corriente	del	 bautismo	 en	
el	Espíritu	Santo.	Por	esta	razón,	se	motiva	a	los	creyentes	a	que	oren	
solicitando	dicho	bautismo	y	esperen	recibirlo	con	la	señal	de	hablar	en	
lenguas.	Por	 tanto,	de	acuerdo	con	 la	mayoría	de	 los	pentecostales,	el	
hablar	en	lenguas	desconocidas	es	la	indispensable	evidencia	de	haber	
recibido	 el	 «bautismo	 en	 el	Espíritu»,	mientras	 que	 otros,	 como	 es	 el	
caso	del	autor	de	este	libro,	no	exigen	este	requisito,	aunque	admiten	que	
el	hablar	en	lenguas	es	una	«clase	de	evidencia»	del	bautismo	muy	de-
seable	y	valiosa,	la	cual	se	debe	solicitar	en	oración	y	esperar	todo	aquel	
que	desee	recibir	el	bautismo	en	el	Espíritu	Santo.	
4.2.8. La justificación por la fe
La	enseñanza	de	 la	 justificación	por	 fe	es	 lo	que	separa	el	 cristia-
nismo	bíblico	de	todos	los	otros	sistemas	de	creencias.	El	ser	humano	
es	 salvo	 como	 resultado	de	 la	 gracia	por	medio	de	 la	 fe.	Por	 tanto,	 la	
justificación	es	por	fe	y	no	por	obras.	La	palabra	«justificado»	significa	
«pronunciado	o	declarado	 justo».	Para	un	cristiano,	sea	pentecostal	o	
no,	la	justificación	es	el	acto	de	Dios	que	no	solo	perdona	los	pecados	del	
creyente,	sino	que	le	aplica	la	justicia	de	Cristo.	
101Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
En ese sentido, la justificación es unaobra completa de Dios 
y es instantánea, a diferencia de la santificación, que es un 
proceso continuo de crecimiento por el cual el creyente se pa-
rece más a Jesús (2 Corintios 5:17; 1 Tesalonicenses 5:23). La 
santificación se produce después de la justificación. Una vez 
que una persona es justificada, no hay nada más que necesite 
hacer a fin de obtener la entrada al cielo. Ya que la justifica-
ción viene por la fe en Cristo, sobre la base de su obra a favor 
del ser humano, las obras son descalificadas como medio de 
salvación (Romanos 3:28). 
Por	 tanto,	 los	 pentecostales	 creen	 que	 Jesucristo	 se	 ha	 puesto	 en	
lugar	 del	 ser	 humano	 para	 proveer	 plena	 salvación,	 inmolándose	 a	 sí	
mismo	en	el	madero	de	la	cruz,	y	derramando	su	preciosa	sangre	para	
purificación	de	los	pecados.	Cristo	padeció	tanto	en	el	cuerpo	como	en	el	
alma,	sintiendo	el	terrible	sufrimiento	que	la	humanidad	merecía	por	los	
pecados;	y	ha	padecido	todo	esto	para	el	perdón	de	estos	pecados.
Por lo cual, el creyente halla toda clase de consuelo en Cristo 
y no necesita buscar o inventar algún otro medio para reconci-
liarse con Dios, sino solamente su ofrenda; porque con una sola 
ofrenda hizo perfecto para siempre a los santificados. El Espíritu 
Santo enciende en los corazones una fe sincera, la cual abraza a 
Jesucristo con todos sus méritos, se lo apropia; fuera de Él ya no 
busca ninguna otra cosa para salvarse. Todo lo que es necesario 
para la salvación se halla en Jesucristo, por lo que aquel que po-
see por la fe a Jesucristo, tiene en Él la salvación completa.
En	ese	sentido,	la	bienaventuranza	radica	en	el	perdón	de	los	peca-
dos,	en	la	regeneración,	por	voluntad	de	Jesucristo,	y	en	esto	está	com-
prendida	la	justicia	ante	Dios,	y	por	esto,	se	aferra	siempre	de	este	fun-
damento,	dando	todo	el	honor	a	Dios,	sin	vanagloriarnos	de	los	méritos	
del	 ser	humano,	 apoyándose	y	descansando	 tan	 solo	 en	 la	obediencia	
de	Cristo,	la	cual	es	la	propia	nuestra,	si	se	cree	en	Él	(Apocalipsis	13:8;	
Efesios	2:	9,10;	Romanos	5:2;	10:17).	Por	tanto,	la	justificación	es	un	acto	
de	la	gracia	de	Dios	hacia	los	pecadores	arrepentidos,	mediante	el	cual	
perdona	todos	los	pecados,	y	les	acepta	como	justo	ante	sus	ojos,	sola-
mente	a	causa	de	la	justicia	de	Cristo	que	le	da	nueva	vida.	Esta	se	recibe	
únicamente	por	la	fe.
102 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
En	el	Evangelio	se	revela	una	justicia	que	Dios	otorga	al	creyente,	y	
éste	es	el	gran	tema	de	Romanos	1:16—5:21.	El	«corazón»	del	sublime	
asunto	 se	halla	 en	Romanos	3:21–31,	 los	 cuales	deben	analizarse	 con	
todo	cuidado.	En	vista	de	que	el	ser	humano	era	incapaz	de	procurar	la	
justicia	mediante	 la	obediencia	a	 la	 ley,	Dios	 tomó	 la	 iniciativa	por	su	
gracia,	mandando	a	su	Hijo,	quien	satisfizo	 las	exigencias	de	 la	 ley	en	
el	Calvario:	«Pero	ahora,	aparte	de	la	ley,	se	ha	manifestado	la	justicia	
de	Dios,	testificada	por	la	ley	y	por	los	profetas;	la	justicia	de	Dios	por	
medio	de	la	fe	en	Jesucristo...».
4.2.9. La salvación
La	teología	pentecostal	plantea	que	la	única	esperanza	de	redención	
para	el	ser	humano	es	a	través	de	la	sangre	derramada	de	Jesucristo,	el	
Hijo	de	Dios.	Que	la	salvación	se	recibe	a	través	del	arrepentimiento	para	
con	Dios	y	la	fe	en	el	Señor	Jesucristo.	El	ser	humano	se	convierte	en	hijo	
y	heredero	de	Dios	según	la	esperanza	de	vida	eterna	por	el	lavamiento	
de	la	regeneración,	la	renovación	del	Espíritu	Santo	y	la	justificación	por	
la	gracia	a	 través	de	 la	 fe	 (Lucas	24:47;	Juan	3:3;	Romanos	 10:13–15;	
Efesios	2:8;	Tito	2:11;	3:5–7).	En	ese	sentido,	la	evidencia	interna	de	la	
salvación	es	el	testimonio	directo	del	Espíritu	Santo	(Romanos	8:16).	La	
evidencia	externa	ante	todos	los	hombres	es	una	vida	de	justicia	y	verda-
dera	santidad	(Efesios	4:24;	Tito	2:12).	
Se	entiende	que	la	gracia	de	Dios	que	trae	salvación	al	ser	huma-
no	ha	sido	manifestada	al	género	humano	por	la	predicación	del	arre-
pentimiento	hacia	Dios	y	fe	en	el	Señor	Jesucristo.	El	hombre	es	salvo	
cuando	acepta	por	la	fe	el	sacrificio	de	Cristo	en	la	cruz	del	calvario,	
aceptando,	a	su	vez,	el	ministerio	del	Espíritu	Santo	que	redarguye	de	
pecado	y	guía	por	la	senda	de	justicia.	Así,	el	ser	humano	justificado	
por	gracia,	actuando	en	fe,	viene	a	ser	heredero	de	Dios,	según	la	divi-
na	promesa	de	vida	eterna.
103Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
Ahora	bién,	en	el	ámbito	de	la	teología	protestante	existe	un	mar-
cado	énfasis	en	favorecer	dos	tendencias	teológicas	en	cuanto	al	tema	
de	la	salvación,	las	cuales	han	dominado	las	ideas	centrales	sobre	este	
asunto	en	particular	en	los	últimos	400	años.	Ellas	son	el	calvinismo	y	
el	arminianismo.	Por	considerarlo	de	suma	importancia	para	este	libro	
y,	para	entender	mejor	este	asunto,	se	presenta	una	síntesis	apretada	
de	ambas	corrientes	teológicas,	las	cuales,	a	decir	verdad,	poseen	mu-
chos	fundamentos	bíblicos	sólidos.	
Según	Pablo	Hoff	(2005),	aunque	el	calvinismo	fue	un	sistema	idea-
do	originalmente	por	Agustín	de	Hipona	(354–430	d.	C.),	debe	su	nom-
bre	 y	 elaboración	final	 al	 teólogo	 y	 reformador	 francés,	 Juan	Calvino	
(1509–1564).	 El	 calvinismo	 recalca	 la	 soberanía	 de	 Dios	 y	 puede	 ser	
agrupado en cinco principios centrales. 16
1.	 La	depravación	total	del	ser	humano	(Efesios	2:1;	Colosenses	2:	
13;	Juan	6:44,	65;	1	Corintios	2:	14).		
2.	 La	elección	incondicional	(Efesios	1:5,	Juan	15:16–19;	Romanos	
9:13–18).
3.	 La	expiación	limitada:	Cristo	no	murió	por	toda	la	humanidad	
sino solo por los elegidos. 
4.	 La	gracia	irresistible	(Romanos	8:30;	1:7;	Efesios	1:11;	2	Tesalo-
nicenses	2:13–14;	2	Corintios	3:3–6;	Mateo	22:	14).	
5.	 La	perseverancia	de	los	santos	(Filipenses	1:6;	2	Timoteo	1:12;	
Judas	versículo	24;	Juan	6:39-40).	
Según	el	citado	autor,	este	sistema	plantea	que	todo	es	predestina-
do	por	Dios	y	cita	la	Confesión	de	Fe	de	Westminster,	la	cual	define	la	
predestinación	así:	«Dios	desde	 la	eternidad...	ordenó	 libre	e	 inaltera-
blemente	todo	lo	que	sucede...	Sin	embargo,	lo	hizo	de	tal	manera,	que	
Dios	ni	es	autor	del	pecado...	ni	hace	violencia	al	 libre	albedrío	de	sus	
criaturas...»	(Confesión	de	Westminster,	sección	I)
 
Por	otro	lado,	de	acuerdo	con	los	estudios	realizados	por	Hoff	(2005),	
la	corriente	arminiana	fue	desarrollada	por	el	teólogo	holandés,	Jacobo	
Arminio	(1560–1609).	Él	atacó	la	doctrina	calvinista	de	que	Dios	había	
preordenado	algunos	a	la	salvación	y	otros	a	la	condenación.	Señaló	que	
semejante	concepto	no	presenta	«las	buenas	noticias»,	es	repugnante	a	
la	naturaleza	sabia,	justa	y	bondadosa	de	Dios	y	algo	contrario	al	libre	
104 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
albedrío	 del	 ser	 humano.	 Sobre	 todo,	 la	 predestinación	 incondicional	
haría	que	Dios	sea	«el	autor	del	mal».
Según Arminio, la predestinación se basa en la presciencia 
(conocimiento de antemano) de Dios: «Porque a los que an-
tes conoció, también los predestinó», y son «elegidos según la 
presciencia de Dios» (Romanos 8:29; 1 Pedro 1:2). Es decir, 
sabiendo de antemano a quienes les recibirían libremente y 
perseverarían en la fe, Dios los predestinó a ser salvos. La elec-
ción se condiciona a la respuesta de la persona, algo previsto 
eternamente por Dios. El problema para los calvinistas es que 
piensan que no se puede separar la presciencia de Dios de la 
predestinación. Dicen que la presciencia de Dios dependía de 
que Él hubiera predestinado todas las cosas. 
Este	teólogo	holandés,	concuerda	con	Calvino	en	que	el	ser	humano	
es	depravado	e	incapaz	en	sí	mismo	para	agradar	a	Dios	o	aun	arrepen-
tirse.	Pero	Dios	le	provee	gracia	para	tener	fe,	volver	a	Dios	y	obedecerle.	
Si	no	hubiera	provisto	tal	gracia,	las	invitaciones	universales	carecerían	
de	sentido	(Isaías	55:1;	Mateo	11:28;	Hechos	17:30;	Marcos	1:14–15).	Los	
puntos	principales	del	arminianismo,	a	diferencia	del	calvinismo,	son:
1.	 El	decreto	o	propósito	de	salvación	de	parte	de	Dios	se	aplica	
a	todos	los	creyentes	en	Cristo	que	perseveran	en	la	fe.	
2.	 Cristo	muriópor	 todos	 los	seres	humanos,	y	Dios	no	quiere	
que	 ninguno	 perezca	 (2	 Corintios	 5:14,15;	 Tito	 2:11;	 1	 Juan	
2:2;	2	Pedro	3:9).
3.	 El	 Espíritu	 Santo	 ayuda	 a	 los	 seres	 humanos	 a	 tener	 fe	 en	
Cristo	para	la	salvación,	pero	no	obliga	a	nadie	en	tal	sentido	
(Juan	3:16).
4.	 La	gracia	salvadora	de	Dios	no	es	irresistible.
5.	 Es	posible	que	los	cristianos	caigan	de	la	gracia	y	se	pierdan	eter-
namente	(Hebreos	6:4–8;	2	Pedro	2:20–22;	Apocalipsis	3:5).	
Ahora	 bien,	 como	 se	 puede	 observar,	 ambas	 corrientes	 teológicas	
vinculadas	al	tema	de	la	salvación	poseen	suficientes	argumentos	bíbli-
cos	para	sostenerse.	Esto	ha	impedido	que	los	expertos	y	creyentes	en	
sentido	general	se	pongan	plenamente	de	acuerdo.	Sin	embargo,	al	ana-
lizar	la	«teología	pentecostal»	sobre	el	tema	de	la	salvación,	se	encuentra	
que	existe	una	fuerte	declinación	hacia	la	postura	arminiana,	la	cual	es	
105Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
apoyada	y	mejor	explicada,	más	adelante,	por	Juan	Wesley.	De	hecho,	
hoy	en	día	se	habla	de	la	corriente	Arminio–Wesleyana,	para	referirse,	
en	especial,	al	tema	de	la	salvación	en	el	ámbito	pentecostal.			
Por	tanto,	los	evangélicos	pentecostales	creen,	como	se	indicó	al	ini-
cio	de	este	tema,		que	la	salvación	tiene	su	origen	en	la	gracia	de	Dios	y	
se	recibe	por	 la	 fe	en	Jesucristo	del	pecador	arrepentido:	«Porque	por	
gracia	sois	salvos	por	medio	de	 la	 fe».	Es	el	aspecto	más	amplio	de	 la	
obra	de	Dios	a	favor	de	los	seres	humanos.	Potencialmente,	la	gracia	de	
Dios	 trae	 salvación	a	 todas	 las	personas,	pero	 la	 incredulidad	 levanta	
una	barrera	entre	Dios	y	el	ser	humano	e	impide	que	la	corriente	salva-
dora	de	la	gracia	llegue	efectivamente	a	la	persona	rebelde	y	falta	de	fe.	
En	relación	con	el	creyente,	los	pentecostales	hacen	notar	tres	etapas	de	
la	salvación.	Estas	son:	
1. Pasada.	La	salvación	del	alma,	en	cuanto	a	su	liberación	de	la	
condenación,	 es	 completa	 y	 eternamente	 segura	 desde	 el	mo-
mento	en	que	se	confiesa	en	Jesucristo,	el	Salvador.	
2. Presente y continua.	Es	voluntad	de	Dios	que	la	obra	salvadora	
se	manifieste	plenamente	en	 las	vidas	de	 los	 creyentes.	«Ocu-
paos	en	[llevada	cabo]	vuestra	propia	salvación	con	temor	y	tem-
blor»	(Filipenses	2:12);	es	decir,	todos	los	efectos	de	la	salvación,	
que	ya	es	de	la	persona,	han	de	cumplirse	y	manifestarse	en	un	
sentido	análogo.	«Anhelad,	como	niñitos	recién	nacidos,	la	leche	
espiritual	no	adulterada,	para	que	por	ella	crezcáis	para	salva-
ción»	(1	Pedro	2:2);	o	sea,	para	una	vida	espiritual	plenamente	
desarrollada	(Juan	3:16;	Hechos	3:19;	4:12;	1	Timoteo	2:	4–6).	Es	
una	salvación	presente	y	progresiva,	por	la	cual	el	poder	divino	
que	fluye	de	la	cruz	y	de	la	resurrección,	aplicado	al	creyente	por	
el	Espíritu	Santo,	hace	efectiva	la	liberación	del	dominio	del	pe-
cado y le prepara para el destino eterno propuesto por Dios.
3. Futura.	Aún	gemimos	en	este	cuerpo,	sintiendo	tanto	los	im-
pulsos	de	la	carne	por	dentro,	como	la	presión	del	mundo	por	
fuera,	pero	somos	«guardados	por	el	poder	de	Dios	median-
te	 la	 fe,	para	alcanzar	 la	salvación	que	está	preparada	para	
ser	manifestada	en	el	tiempo	postrero»	(1	Pedro	1:5).	En	este	
sentido,	«ahora	está	más	cerca	nuestra	salvación	que	cuando	
creímos»	(Romanos	13:11).	
106 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
Por	 tanto,	 la	 salvación	 completa	 se	 relaciona	 con	 la	 venida	 del	
Señor	y	abarca	toda	la	obra	de	Dios	en	cuanto	a	la	totalidad	del	ser	
humano,	ya	que	recibirá,	en	la	primera	resurrección,	un	cuerpo	glo-
rificado	por	medio	del	cual	se	cumplirá	todo	el	propósito	de	Dios	en	
orden	al	ser	humano	(1	Corintios	15:42–55).	Todas	las	posibilidades	
de	la	personalidad	humana	han	de	desarrollarse	en	el	estado	eterno,	
sin	estorbo	y	dentro	de	la	voluntad	de	Dios.
4.2.10. El nuevo nacimiento
La	 doctrina	 del	 nuevo	 nacimiento	 representa	 una	 pieza	 clave	 en	
la	teología	pentecostal,	ya	que	tiene	que	ver	con	la	obra	redentora	de	
Dios	a	través	de	Jesucristo	a	todos	los	creyentes,	lo	cual	no	es,	necesa-
riamente,	una	reformación.	La	reformación	es	de	origen	humano	y	eso	
solo	afecta	el	exterior,	por	tanto,	no	puede	cambiar	al	ser	humano	en	
su	interior.	Este	tiene	un	corazón	que	es	«engañoso,	más	que	todas	las	
cosas,	 y	 perverso»	 (Jeremías	 17:9),	 que	necesita	 una	 transformación	
vital	dentro	de	la	persona.
Para	José	M.	García	(2007),	el	nuevo	nacimiento	no	es	solo	un	cam-
bio	de	corazón,	ya	que	no	es	el	cambio	de	«algo»	en	el	ser	humano,	ni	
remover	«algo»	en	 la	persona;	sino	es	comunicar	«algo»	al	 individuo,	
«algo»	que	nunca	ha	poseído.	El	nuevo	nacimiento	es,	 literalmente,	 la	
impartición	de	la	naturaleza	divina	al	corazón	y	a	la	vida	del	pecador,	
haciéndolo	una	nueva	creación.	17
Este	 se	 lleva	 a	 cabo	mediante	 la	 unión	personal	 con	Jesucristo	 (1	
Juan	 5:12;	 2	Pedro	 1:4).	El	Evangelio	 recibe	 al	 ser	 humano	 caído	por	
naturaleza,	y	lo	regenera	al	traerle	la	nueva	vida	en	Dios.	La	descripción	
del	nuevo	nacimiento	en	el	Nuevo	Testamento	es	como	otro	nacimiento:	
«Todo	aquel	que	cree	que	Jesús	es	el	Cristo,	es	nacido	de	Dios;	y	todo	
aquel	que	ama	al	que	engendró,	ama	también	al	que	ha	sido	engendrado	
por	él»	(1	Juan	5:1).	Juan	3:8	habla	del	cristiano	como	«nacido	del	Espí-
ritu»	«Más	a	todos	los	que	le	recibieron,	les	dio	potestad	de	ser	hechos	
hijos	de	Dios…	los	cuales…	son	engendrados…	de	Dios»	(Juan	1:12–13).
Pero también, la regeneración es una limpieza: «Nos salvó… 
por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración» 
(Tito 3:5). Esto implica el alma lavada de la contaminación de 
la vida antigua. «Por el lavamiento de la regeneración»; pero 
107Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
también por la «renovación en el Espíritu Santo» (Tito 3:5; 
Colosenses 3:10; Romanos 12:2; Salmos 51:10). Una nueva 
creación: «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatu-
ra es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas» 
(2 Corintios 5:17; Efesios 2:10; 4:24; Gálatas 6:15).
Y	finalmente,	la	regeneración	es	un	tipo	de	resurrección.	Al	describir	
el	nuevo	nacimiento	como	una	resurrección,	se	debe	dar	cuenta	que	es	
precedido	por	la	muerte.	Los	creyentes	han	sido	crucificados	con	Cristo	
y	también	han	sido	resucitados	con	Él.	Ambas	verdades	son	una	«reali-
dad	espiritual»	mediante	la	identificación	con	Cristo	en	su	muerte,	se-
pultura y resurrección. 
Por	tanto,	en	la	teología	pentecostal	se	cree	que	la	fe	verdadera,	ha-
biendo	sido	obrada	en	el	ser	humano	por	el	oír	de	la	Palabra	de	Dios	y	
por	la	operación	del	Espíritu	Santo,	le	regenera,	le	hace	una	nueva	perso-
na,	le	hace	vivir	en	una	vida	nueva,	y	le	libera	de	la	esclavitud	del	pecado	
(Juan	3:3–6;	Tito	3:5;	1	Pedro	1:23;	1	Juan	3:9;	2	Corintios	5:17).
4.2.11. La santificación
 
El	tema	de	la	santificación	es	puntual	en	la	teología	pentecostal,	ya	
que	se	considera	como	una	de	las	operaciones	y	trabajos	permanentes	
del	Espíritu	Santo	en	la	vida	del	creyente.	La	santificación	es	un	acto	de	
separación	de	 todo	 lo	malo,	y	de	dedicación	a	Dios	 (Romanos	12:1–2;	
1	Tesalonicenses	5:23;	Hebreos	13:12).	La	Biblia	prescribe	una	vida	de	
«santidad	sin	la	cual	nadie	verá	al	Señor»	(Hebreos	12:14).
Por tanto, con el poder del Espíritu Santo, los pentecostales 
entienden que se puede obedecer el mandato que dice: «Sed 
santos porque yo soy santo» (1 Pedro 1:15–16). En ese senti-
do, la santificación se efectúa en el creyente cuando este reco-
noce su identidad con Cristo en su muerte y resurrección, y 
por fe se propone vivir cada día en esta unión con Cristo. Esto 
requiere el someter todas sus facultades al dominio del Es-
píritu Santo (Romanos 6:1–11, 13; 8:1, 2, 13; Gálatas 2:20; 
Filipenses 2:12, 13; 1 Pedro 1:5).
108 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
La	doctrina	de	la	santificación	en	la	teología	pentecostal	abarca	
dos	ideas	básicas:	separación	del	mal	y	dedicación	a	Dios	y	su	
servicio.	Siempre	que	una	persona	o	una	cosa	son	separadas	de	
las	relaciones	comunes	de	la	vida	para	serdedicada	a	usos	sa-
grados,	tal	persona	o	cosa	ha	sido	separada	o	santificada	para	
Dios.	La	santificación	es	posicional	e	instantáneamente	por	un	
sencillo	acto	de	fe	en	Cristo.	Es	además,	práctica	y	progresiva.	
Ahora	bien,	 en	el	 ámbito	pentecostal	 se	ha	dado	un	énfasis	muy	
pronunciado	a	 la	 santificación	o	 santidad	que	se	puede	observar	por	
fuera,	más	que	aquella	producida	en	el	interior	del	creyente,	ya	que	es	
vinculada	a	cuestiones	de	atuendo	y	formas	de	hablar	y	comportarse	
que,	como	dice	el	apóstol	Pablo:	«Pues	si	habéis	muerto	con	Cristo	en	
cuanto	a	los	rudimentos	del	mundo,	¿por	qué,	como	si	vivieseis	en	el	
mundo,	os	sometéis	a	preceptos	tales	como:	No	manejes,	ni	gustes,	ni	
aun	toques	(en	conformidad	a	mandamientos	y	doctrinas	de	hombres),	
cosas	que	todas	se	destruyen	con	el	uso?	Tales	cosas	tienen	a	la	verdad	
cierta	 reputación	de	sabiduría	en	culto	voluntario,	en	humildad	y	en	
duro	trato	del	cuerpo;	pero	no	tienen	valor	alguno	contra	los	apetitos	
de	la	carne»	(Colosenses	2:20–23).
Aun	con	todo	esto,	los	pentecostales	creen	que	en	el	proceso	de	san-
tificación,	el	creyente	es	transformado	gradualmente	y	va	creciendo	de	
gloria	en	gloria.	La	completa	o	entera	 santificación	se	alcanzará	en	el	
encuentro	final	con	el	Señor	Jesucristo.	«Y	el	Dios	de	paz	os	santifique	
en	todo,	para	que	vuestro	espíritu	y	alma	y	cuerpo	sean	guardados	en-
109Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
tero,	sin	reprensión	para	la	venida	de	nuestro	Señor	Jesucristo»	(1	Tesa-
lonicenses	5:23).	La	santificación	es	la	voluntad	de	Dios	para	todos	los	
creyentes	y	debe	ser	diligentemente	practicada	mediante	la	obediencia	a	
la palabra de Dios.
4.2.12. La resurrección de Cristo
La	resurrección	de	Jesucristo	es	una	de	las	doctrinas	capitales	del	
Evangelio	y	de	la	teología	cristiana	en	sentido	general.	El	apóstol	Pablo,	
hablando	en	1	Corintios	 15:1–6,	dice:	«Además	os	declaro,	hermanos,	
el	evangelio	que	os	he	predicado,	el	cual	también	recibisteis,	en	el	cual	
también	perseveráis;	por	el	cual	asimismo,	si	retenéis	la	palabra	que	os	
he	predicado,	sois	salvos,	si	no	creísteis	en	vano.	Porque	primeramente	
os	he	enseñado	lo	que	asimismo	recibí:	Que	Cristo	murió	por	nuestros	
pecados,	conforme	a	las	Escrituras;	y	que	fue	sepultado,	y	que	resucitó	al	
tercer	día,	conforme	a	las	Escrituras;	y	que	apareció	a	Cefas,	y	después	a	
los	doce.	Después	apareció	a	más	de	quinientos	hermanos	a	la	vez,	de	los	
cuales	muchos	viven	aún,	y	otros	ya	duermen».	
Daniel Ruíz Bueno (2016), al respecto dice: «Es imposible e 
inútil tratar de determinar cuál es más importante: su muerte 
o resurrección, porque la una sin la otra nunca podrían haber 
sido suficientes para la salvación de los seres humanos. Si Cris-
to hubiera permanecido en la tumba, su muerte no hubiera 
sido más que la de un mártir por la fe cristiana. No nos hubiera 
dado nada más que una filosofía. Sin embargo, sin el sacrificio 
vicario de su muerte, su resurrección no hubiera presentado 
ningún poder salvador». 18
110 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
Sin	embargo,	 fue	 la	 resurrección	 la	que	confirmó	verdaderamente	
que	Él	era	el	Hijo	de	Dios	(Romanos	1:3–4).	La	resurrección	prueba	que	
su	muerte	 fue	 de	 valor	 suficiente	 para	Dios	 cubrir	 todos	 los	 pecados,	
porque	fue	el	sacrificio	del	Hijo	de	Dios.	La	resurrección	fue	el	funda-
mento	sobre	el	cual	la	iglesia	fue	edificada.	Los	apóstoles	le	dieron	un	
lugar	de	mayor	importancia.	En	el	famoso	pasaje	de	1	Corintios	capítulo	
quince,	versículos	13–19,	se	encuentra	una	de	las	más	poderosas	suposi-
ciones	negativas	que	pueden	ser	hechas	en	conexión	con	la	fe	cristiana.	
Pablo	enuncia	cinco	hechos	negativos	que,	si	fueran	ciertos,	despojarían	
al	Evangelio	de	todo	poder	y	bendición.	Estos	son:
1. Nuestra predicación sería vana.	«Y	si	Cristo	no	resucitó,	vana	
es	 entonces	nuestra	predicación»	 (V.	 14).	A	nuestro	Evangelio	
le	 sería	 robada	 su	nota	de	 gozo	 y	 sería	 cambiada	por	un	 can-
to	fúnebre.	Se	convertiría	en	un	Evangelio	de	muerte,	una	sim-
ple	biografía	de	un	hombre	que	vivió	una	vida	extraordinaria,	
pero	sufrió	una	muerte	ordinaria,	aunque	ignominiosa	aun	sien-
do	«muerte	de	cruz».	Si	Jesús	no	hubiera	ganado	la	victoria	en	
el	calvario,	como	es	evidenciando	por	su	resurrección	sobre	la	
muerte,	el	infierno,	y	la	tumba,	todavía	seríamos	víctimas.	Para	
dar	efectividad	al	Evangelio	era	necesaria	la	victoria	de	la	tumba	
abierta	y	el	poder	del	Señor	resucitado.
2. La fe sería vana.	«vana	es	también	vuestra	fe»	(V.	14).	Todo	lo	
que	ha	sido	aceptado	por	fe	como	un	regalo	de	Dios,	por	medio	
de	Jesucristo;	filiación	divina,	vida	eterna,	justificación,	santifi-
cación,	glorificación,	y	un	hogar	en	el	cielo,	realmente	no	se	re-
cibirían.	Si	Cristo	no	hubiera	resucitado	éstos	no	serían	del	ser	
humano.	Pablo	repite	lo	mismo	en	el	versículo	diecisiete.	La	fe	es	
siempre	impotente	a	menos	que	su	objeto	le	dé	poder.
3. Los apóstoles serían testigos falsos.	 «Y	 somos	hallados	 falsos	
testigos	 de	Dios;	 porque	hemos	 testificado	de	Dios	 que	Él	 re-
sucitó	a	Cristo,	al	cual	no	resucitó,	si	en	verdad	los	muertos	no	
resucitan»	(V.	15).	Un	requisito	esencial	para	el	apostolado	era	
ser testigo de la resurrección de Cristo. Al elegir un sucesor para 
Judas,	 uno	 de	 los	 prerrequisitos	 era	 que	 este	 fuera	 testigo	 de	
la	resurrección	de	Cristo.	Estos	hombres	eran	falsos	testigos	si	
Cristo	no	hubiera	resucitado.	Si	Cristo	no	hubiera	resucitado,	el	
111Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
material	entero	de	autenticidad	bíblica	se	hubiera	desmantelado	
dejando	a	los	creyentes	sin	un	fragmento	de	dicha	autoridad.
4. Los creyentes estarían todavía en sus pecados.	«Aún	estáis	en	
vuestro	pecado.»	(V.	17).	«Llamarás	su	nombre	Jesús,	porque	Él	
salvará	a	su	pueblo	de	sus	pecados»	(Mateo	1:21).	Si	Cristo	no	
hubiera	resucitado,	no	poseería	más	eficacia	salvadora	que	la	de	
cualquier	otro	carácter	histórico.	Era	necesaria	la	resurrección	
de	Jesucristo	para	mostrar	el	valor	justificativo	de	su	muerte.
5. Aquellos que han muerto perecerían.	 «Entonces	 también	 los	
que	durmieron	en	Cristo	perecieron.	Si	en	esta	vida	solamente	
esperamos	en	Cristo,	 somos	 los	más	dignos	de	 conmiseración	
de	todos	los	hombres»	(Vs	18,	19).	Es	mejor	sufrir	como	aque-
llos	que	no	tienen	esperanza	que	sufrir	como	aquellos	que	tienen	
una	falsa	esperanza.	La	esperanza	que	sostuvo	a	los	mártires	en	
su	sacrificio	y	que	sostuvo	a	multitudes	que	han	muerto	desde	
entonces	en	la	fe	sería	una	falsa	esperanza	«si	Cristo	no	hubiera	
resucitado»	Pero	lejos	de	este	pensamiento,	Pablo	declara	triun-
falmente:	«Mas	ahora	Cristo	ha	resucitado	de	los	muertos;	pri-
micias	de	los	que	durmieron	es	hecho»	(1	Corintios	15:20).	
Uno	no	puede	más	que	estar	impresionado	al	leer	los	primeros	capí-
tulos	del	libro	de	Hechos	y	ver	el	prominente	lugar	dado	por	los	apóstoles	
a	la	verdad	de	la	resurrección	de	Jesucristo.	El	primer	mensaje	predicado	
después	del	derramamiento	del	Espíritu	Santo	en	el	día	de	Pentecostés	
es	casi	enteramente	sobre	el	tema	de	la	resurrección	de	Jesús	(Hechos	
2:22–36).	El	segundo	mensaje	registrado,	predicado	por	Pedro	desde	el	
pórtico	del	templo	de	Salomón,	de	nuevo	menciona	este	gran	hecho:	«Y	
matasteis	al	autor	de	la	vida,	a	quien	Dios	ha	resucitado	de	los	muertos	
de	lo	cual	nosotros	somos	testigos»	(Hechos	3:15).	
Hablando luego ante el sanedrín, Pedro no deja pasar la opor-
tunidad sin dar testimonio de que Jesús vive otra vez. «Sea no-
torio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el 
nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificas-
teis y a quien Dios resucitó de los muertos, por Él este hombre 
está en vuestra presencia sano» (Hechos 4:10). Difícilmente 
había algún mensaje predicado a una persona o multitud en el 
que no se mencionara la resurrección de Cristo. 
112 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
En	ese	sentido,	y	 fundamentados	en	todo	 lo	anteriormente	ex-
puesto,	en	la	teología	pentecostal	se	cree	en	la	resurrección	de	Cristo,	
de	locual	ha	de	entenderse	que	el	cuerpo	del	Señor	Jesús,	que	fue	
muerto	realmente	en	la	cruz	y	sepultado	en	una	tumba,	fue	levan-
tado	por	el	Espíritu	Santo	al	tercer	día,	desprendidos	los	dolores	de	
la	muerte	(1	Corintios	15:14–19;	15:55;	Romanos	6:5;	Mateo	28:5–7).
4.2.13. La iglesia de Cristo
El	concepto	que	se	tenga	de	qué	es	la	iglesia	de	Cristo	y	lo	que	
esta	representa	en	la	tierra,	es	de	suma	importancia	para	cualquier	
cristiano,	sea	este	pentecostal	o	no.	En	ese	sentido,	 la	palabra	que	
hoy	se	traduce	como	«iglesia»	tiene	un	doble	trasfondo:	el	primero	es	
el	trasfondo	griego,	el	cual	viene	de	la	palabra	«ekklesia»,	que	tiene	
el	sentido	de	la	gente	convocada	y	reunida	en	asamblea.	
En	el	Nuevo	Testamento	se	usa	115	veces,	3	de	 las	 cuales	 se	
traduce	como	«asamblea»	y	112	como	«iglesia».	Era	una	asamblea	
en	que	cada	uno	tenía	el	mismo	derecho	e	idéntico	deber	de	tomar	
parte.	El	segundo	trasfondo	de	la	palabra	«iglesia»	es	hebreo,	que	
viene	de	la	palabra	hebrea	«qahai»,	que	proviene	de	una	raíz,	que	
también	significa	«convocar».	19
El término «iglesia» se usa en el Nuevo Testamento cuan-
do se habla de una congregación local de cristianos llama-
dos, tales como: «La iglesia de Dios que está en Corinto» 
(1 Corintios 1:2), y también, cuando se hace referencia 
a todo el pueblo de Dios, como en la afirmación de que 
Cristo es la ‘cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual 
es su cuerpo’ (Efesios 1:22–23). Por tanto, en esencia, la 
iglesia, es un conjunto de personas congregadas, porque 
Dios las ha llamado a su presencia para escuchar su voz. 
Desde	el	punto	de	vista	del	autor	de	esta	obra,	la	iglesia	cristiana	
es:	«El	grupo	de	dos	o	tres	personas	o	más	que,	reunidas	en	el	nom-
bre	y	autoridad	del	Señor	Jesucristo	y	teniendo	como	base	las	Sagra-
das	Escrituras;	le	invocan	y	proclaman	la	verdad	del	Evangelio,	sin	
importar	el	lugar,	nombre	que	se	adjudiquen,	denominación	y	estilo	
de	gobierno	local	que	apliquen».
113Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
Ahora	bien,	 según	el	 concepto	bíblico,	 la	palabra	 iglesia	 se	 refiere	
a	un	grupo	de	personas,	no	a	un	edificio.	La	raíz	del	significado	de	 la	
palabra	«iglesia»	no	es	un	edificio,	sino	la	gente.	Por	tanto,	la	iglesia	se	
compone	de	discípulos	o	alumnos	de	Jesucristo,	que	se	reúnen	para	re-
cibir	instrucción	de	Dios,	y	la	Biblia	es	su	libro	de	texto.	
En	 la	 teología	pentecostal,	 la	 iglesia	 es	 el	 cuerpo	de	Cristo.	Efesios	
1:22–23,	dice:	«Y	sometió	todas	las	cosas	bajo	sus	pies,	y	lo	dio	por	cabeza	
sobre	todas	las	cosas	a	la	iglesia,	la	cual	es	su	cuerpo,	la	plenitud	de	aquel	
que	todo	lo	llena	en	todo».	En	la	actualidad	se	puede	decir	que	la	iglesia	
está	formada	por	todos	los	creyentes	desde	el	tiempo	de	Pentecostés	(He-
chos	2)	hasta	que	se	produzca	el	arrebatamiento	de	la	iglesia.	De	acuerdo	a	
la	Biblia,	la	iglesia	está	compuesta	por	todos	aquellos	que	han	depositado	
la	fe	en	Jesucristo	para	salvación	(Juan	3:16;	1	Corintios	12:13).	
Para	 los	pentecostales,	 todas	 las	personas	en	 todo	el	mundo	que	
profesan	la	fe	del	Evangelio	y	obediencia	a	Dios	en	Cristo	conforme	al	
mismo,	que	no	destruyan	su	propia	profesión	mediante	errores	funda-
mentales	o	conductas	impías,	son	y	pueden	ser	 llamados	santos	visi-
bles;	y	de	tales	personas	deben	estar	compuestas	todas	las	congrega-
ciones	locales	(Efesios	5:22–32;	Mateo	16:18;	Hechos	2:47;	Colosenses	
1:18;	1	Timoteo	3:15).	
Por tanto, en la teología pentecostal se hace énfasis en que la 
iglesia es el cuerpo de Cristo, la morada de Dios a través del 
Espíritu Santo, divinamente señalada para el cumplimiento de 
la «gran comisión». Cada creyente, nacido del Espíritu, es par-
114 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
te integrante de la iglesia de los primogénitos, cuyos nombres 
están escritos en el cielo (Efesios 1:22–23; 2:21–22). El propó-
sito de Dios concerniente al ser humano es de buscar y salvar 
lo que se había perdido, ser adorado por este y de edificar un 
cuerpo de creyentes a la imagen de Jesucristo, razón primor-
dial de la existencia humana.
En	ese	sentido,	la	iglesia	ha	de	ser	un	cuerpo	en	el	cual	el	ser	huma-
no	pueda	adorar	a	Dios	(1	Corintios	12:13).	Una	agencia	de	Dios	para	la	
evangelización	del	mundo	(Hechos	1:8;	Marcos	16:15).	Un	canal	por	el	
cual	el	propósito	de	Dios	es	edificar	un	cuerpo	de	santos	perfeccionados	
a	la	imagen	de	su	Hijo	(Efesios	4:11–16;	1	Corintios	12:28;	14:12).	
4.2.14. El rapto o arrebatamiento de la iglesia 
La	palabra	«rapto»	no	se	encuentra	en	la	Biblia.	Proviene	de	la	pala-
bra	griega	«harpazo»	que	se	usa	para	referirse	a	arrebatar.	Esta	palabra	
griega	se	traduce	como:	Arrebatar,	alcanzar,	quitar,	capturar,	tomar	por	
la	fuerza.	En	ese	sentido,	en	la	teología	pentecostal	se	cree	que	el	«rapto»	
sucederá	en	«un	abrir	y	cerrar	de	ojos»	(1	de	Corintios	15:52;	1	Tesaloni-
censes	4:16-17).	Esta	doctrina	ha	sido	muy	cuestionada	y	puesta	en	duda	
por	los	no	pentecostales,	ya	que	se	preguntan	si	el	«rapto	secreto»	de	la	
iglesia de Cristo tiene peso teológico y bíblico. 20
115Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
Sin	embargo,	como	sucede	con	otros	temas	y	creencias,	para	el	au-
tor	de	este	 libro,	su	esencia	sí	está	contenida	o	 incluida	en	el	 tema	de	
la	segunda	venida	de	Cristo,	lo	cual	obliga	a	considerar	el	asunto	como	
bueno	y	válido	para	los	fines	de	la	presente	obra.	La	segunda	venida	de	
Cristo	constituye	la	bendita	esperanza	del	creyente,	seguido	por	el	visi-
ble	retorno	de	Cristo	con	los	santos	para	reinar	en	la	tierra	por	mil	años	
(Zacarías	14:5;	Mateo	24:25–30;	Apocalipsis	1:7;	19:11–14).		
La	doctrina	del	«arrebatamiento»	en	la	teología	pentecostal	sigue	el	
criterio	teológico	organizacional	dispensacionalista,	el	cual	organiza	los	
tiempos	en	 función	a	siete	dispensaciones.	Esta	doctrina	sostiene	que	
Cristo	vendrá	no	solo	repentinamente,	sino	secretamente	en	el	aire,	para	
arrebatar	a	la	iglesia.	Este	encuentro	en	el	aire,	afirman	los	pentecosta-
les,	durará	siete	años,	durante	los	cuales	se	hará	una	celebración	para	
recompensar	a	los	santos,	y	también	las	bodas	del	Cordero;	a	ese	período	
le	llaman	«el	día	de	Cristo».	Después	de	los	siete	años	el	Señor	bajará	
a	la	tierra	para	juzgar	a	las	naciones;	a	este	juicio	le	llaman	«El	día	del	
Señor»	(1	Tesalonicenses	3:13;	4:13;	5:1–4).
Finalmente, se destaca que el «rapto» es el levantamiento de 
la iglesia, previo al período de gran tribulación que vendrá 
sobre aquellos que no aceptaron a Jesucristo como salvador, 
mientras que la segunda venida, es cuando el Señor mismo 
venga en las nubes, con todos los ángeles, y cristianos que 
hayan sido levantados en el «arrebatamiento», a luchar contra 
los ejércitos del mundo, liderados por el «anticristo», en un 
intento final por hacer desaparecer a Israel, y con ello a los 
Judíos, de la faz de la tierra.
Por	tanto,	la	segunda	venida	de	Cristo	incluye	el	rapto	de	los	santos,	
que	 es	 la	 esperanza	bienaventurada,	 seguido	por	 el	 regreso	visible	de	
Cristo	con	los	salvados	para	reinar	sobre	la	tierra	por	mil	años	(Zaca-
rías	14:5;	Mateo	24:27–30;	Apocalipsis	1:7;	19:11–14;	20:1–6).	Este	rei-
no	milenario	traerá	la	salvación	de	Israel	como	nación	(Ezequiel	37:21,	
22;	Sofonías	3:19,20;	Romanos	11:26,27)	y	el	establecimiento	de	una	paz	
universal	(Isaías	11:6–9;	Salmo	72:3–8;	Miqueas	4:3–4).	Se	cree	en	el	
«rapto»	como	la	premilenial	e	inminente	venida	de	Cristo	para	reunir	a	
su	pueblo,	la	iglesia	con	Él,	y	que	estas	profecías	se	cumplirán	al	debido	
tiempo	sin	cometer	el	error	de	fijar	fechas	a	este	acontecimiento.
116 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
4.2.15. Del estado del ser humano después de la 
muerte y de la resurrección de los muertos
Lo	 relacionado	a	 la	 vida	después	de	 la	muerte	y	 la	 resurrección	de	
los	muertos,	así	como	otras	doctrinas	similares	contenidas	en	la	Biblia,	
son	objeto	de	mucha	resistencia	de	aquellos	que	piensan	que	estas	creen-
cias	son	mitos.	Igual	lo	hacen	con	la	mayoría	de	los	temas	que	se	abordan	
en	las	Sagradas	Escrituras,	por	esto	en	ellibro	de	los	Hebreos	11:6,	dice:	
«Pero	sin	fe	es	imposible	agradar	a	Dios;	porque	es	necesario	que	el	que	se	
acerca	a	Dios	crea	que	le	hay,	y	que	es	galardonador	de	los	que	le	buscan».	
Por	tanto,	en	la	teología	pentecostal	se	cree	y	enseña	que	los	cuer-
pos	de	los	seres	humanos	vuelven	al	polvo	después	de	la	muerte	y	ven	
la	corrupción,	pero	las	almas	permanecen	conscientes,	teniendo	subsis-
tencia	(algunos	cristianos	creen	en	el	sueño	del	alma,	es	decir,	que	están	
inconscientes	después	de	la	muerte).	Al	morir,	las	almas	de	los	justos	son	
hechas	perfectas	en	santidad,	pasan	a	la	presencia	del	Señor,	esperando	
la	redención	de	sus	cuerpos.	Las	almas	de	los	que	no	creyeron	son	arro-
jadas	al	infierno	o	seol,	donde	permanecen	atormentadas	y	envueltas	en	
densas	tinieblas,	reservadas	para	el	juicio	del	gran	día	(2	Timoteo	1:10;	
Filipenses	1:	21–23;	2	Corintios	5:8;	Eclesiastés	12:7;	Hebreos	12:23).
Creen	que	solo	existen	estos	dos	lugares	para	las	almas	separadas	de	
sus	cuerpos	y	ningún	otro	(La	Iglesia	Católica	Apostólica	y	Romana	cree	
en	la	existencia	de	un	lugar	al	cual	llaman	el	purgatorio	donde	van	la	al-
mas	de	aquellos	que	pueden	ser	perdonados	por	medio	de	 intervencio-
nes	desde	acá	en	la	tierra	en	su	favor).	En	ese	sentido,	los	pentecostales	
entienden	que	los	santos	que	se	encuentren	vivos	en	el	último	día,	serán	
transformados,	 y	 todos	 los	muertos	 serán	 resucitados	 con	 sus	mismos	
cuerpos,	aunque	con	diferentes	cualidades,	y	estos	serán	unidos	otra	vez	
a	sus	almas	para	siempre.
Los	muertos	 en	Cristo	 resucitarán	y	 los	 santos	que	 viven	 serán	
transformados	y	ambos	serán	arrebatados	al	cielo	con	cuerpos	trans-
formados	para	recibir	al	Señor	y	luego	descenderán	con	el	Señor.	La	
tierra	será	 transformada,	 la	nueva	Jerusalén	descenderá	del	 cielo	y	
los	santos	vivirán	en	una	tierra	nueva	para	siempre.	Los	que	no	cre-
yeron	ni	sirvieron	a	Jesucristo,	serán	resucitados	para	deshonra,	se-
rán	 sentenciados	 a	 los	 inefables	 tormentos	del	 cuerpo	 y	 alma	 en	 el	
117Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
horno	de	fuego,	junto	al	diablo	y	los	ángeles	malvados,	su	destino	es	
la	muerte	eterna.
4.2.16. El juicio final
En	la	teología	pentecostal	se	establece	que	Dios	tiene	separado	un	día	
en	el	cual	juzgará	al	mundo	con	justicia	por	Jesucristo,	a	quien	todo	poder	y	
juicio	han	sido	dados	por	el	Padre.	En	aquel	día,	todas	las	personas	que	han	
vivido	sobre	la	tierra	comparecerán	delante	del	gran	trono	de	Dios	para	dar	
cuenta	de	sus	pensamientos,	palabras	y	acciones,	y	para	recibir	conforme	a	
lo	que	hayan	hecho	mientras	estaban	en	el	cuerpo,	sea	bueno	o	malo.
En ese sentido, el propósito de Dios al establecer este día, es la 
manifestación de la gloria de su misericordia en la salvación eter-
na de los santos, y la de su justicia en la condenación eterna de 
los no creyentes que son malvados y desobedientes; pues enton-
ces entrarán los justos a la vida eterna y recibirán la plenitud de 
gozo y gloria con recompensas eternas en la presencia del Señor; 
pero los malvados, que no conocieron a Dios ni obedecieron al 
Evangelio de Jesucristo, serán arrojados al tormento eterno y 
castigados con eterna perdición, lejos de la presencia del Señor y 
de la gloria de su poder (Apocalipsis 20: 10–15). 
Por	tanto,	los	pentecostales	creen	que	habrá	un	juicio	final	en	el	que	
los	 pecadores	 muertos	 serán	 resucitados	 y	 juzgados	 según	 sus	 obras.	
Todo	aquel	cuyo	nombre	no	se	halle	en	el	libro	de	la	vida,	será	confinado	
a	sufrir	castigo	eterno	en	el	lago	que	arde	con	fuego	y	azufre,	que	es	la	
muerte	segunda,	junto	con	el	diablo	y	los	ángeles	malvados,	la	bestia	y	el	
falso	profeta	(Mateo	25:46;	Marcos	9:43–48;	Apocalipsis	19:20;	20:11–
118 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
15;	21:8).	Finalmente,	se	esperan	cielos	nuevos	y	la	tierra	nueva:	«Pero	
nosotros	esperamos,	según	sus	promesas,	cielos	nuevos	y	tierra	nueva,	
en	los	cuales	mora	la	justicia»	(2	Pedro	3:13;	Apocalipsis	21:27).
4.2.17. Otras doctrinas pentecostales
Existen	otras	doctrinas	que	gravitan	en	la	teología	pentecostal,	las	
cuales	 algunas	 denominaciones,	 confesiones,	 concilios	 y	 ministerios	
pentecostales	entienden	como	buenas	y	válidas.	Una	parte	de	estas	son	
incluidas	en	los	reglamentos	y	manuales	de	doctrinas	y,	dada	la	natura-
leza	de	este	libro,	se	presentan	en	este	apartado	a	manera	de	«síntesis	
apretada»	para	conocimiento	general.	
Algunas de ellas son seriamente cuestionadas por estar fuera 
de contexto, así como por la falta de sustentación bíblica sólida. 
Otras, no son observadas por algunos grupos pentecostales por-
que se entiende que están incluidas en otras doctrinas o temas, y 
las demás, no se aplican ni se aceptan por muchas de las iglesias, 
concilios y ministerios, ya que estás, a su juicio, desde el punto 
de vista bíblico y teológico, no representan ningún peligro para 
la salvación de los creyentes en Jesucristo. Estas son: 
1. La Trinidad.	Aun	cuando	el	término	«Trinidad»	está	en	desuso	
en	el	campo	de	la	teología	moderna,	ya	que	hoy	se	habla	de	«Triunidad»	
para	referirse	al	Padre,	Hijo,	y	Espíritu	Santo,	es	uno	de	los	conceptos	
más	difíciles	de	explicar	por	 los	 teólogos	a	 la	gente	 común	que	no	ha	
realizado	estudios	profundos	de	la	Biblia.	La	historia	del	pensamiento	
cristiano	registra	diferentes	enfoques	a	la	misma,	que	van	desde	las	po-
siciones	más	ortodoxas	y	bíblicas	hasta	las	herejías	más	notorias.	 	Sin	
embargo,	 la	 realidad	 es	 que	 la	mayoría	 de	 los	 pentecostales	 creen	 en	
Dios	que	es	Padre,	Hijo,	y	Espíritu	Santo	a	la	vez.	De	ahí,	que	se	hable	de	
tres	personas	distintas	y	un	solo	Dios	verdadero.	
La	palabra	«trinidad»	no	se	encuentra	en	las	Sagradas	Escrituras,	
pero	está	implícita	en	ella	(Mateo	3:16–17).	La	iglesia	pentecostal	adop-
tó	en	su	 teología	este	 término	para	definir	el	 conocimiento	de	Dios,	y	
guarda	armonía	con	la	Palabra	de	Dios.	Por	tanto,	creen	en	Dios	en	tres	
formas	propias,	cada	una	en	particular	poseyendo	las	propiedades	que	
definen	la	personalidad,	a	saber:	pensamiento,	voluntad	y	sentimiento	
(Mateo	28:19;	2	Corintios	13:14;	Juan	14:16–17).
119Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
2. El pecado original o la depravación.	 Los	 pentecostales	
creen	que	el	ser	humano	fue	creado	por	Dios	a	su	imagen	y	semejanza,	
pero	este	por	la	trasgresión	a	la	ley	divina	fue	destituido	de	la	comunión	
y	armonía	con	el	creador.	A	pesar	del	fracaso	Espiritual	del	ser	humano,	
Dios	en	su	amor	se	propuso	restaurarlo	por	medio	del	sacrificio	vicario	
de	Jesucristo	en	la	cruz;	elevado	precio	de	la	redención	de	la	humanidad.
En ese sentido, el ser humano fue creado bueno y justo; porque 
Dios dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a 
nuestra semejanza». Sin embargo, el ser humano por voluntad 
propia cayó en transgresión, atrayendo así, no solo la muerte 
física, sino también la espiritual, que es la separación de Dios 
(Génesis 1:26, 27; 2:17; 3:6; Romanos 5:12–19).
3. La libertad humana o albedrío.	Se	cree	en	los	círculos	pen-
tecostales,	que	la	creación	del	ser	humano	a	la	imagen	de	Dios,	incluyó	
la	capacidad	de	escoger	entre	el	bien	y	el	mal	y,	que	por	ello,	fue	hecho	
moralmente	responsable;	que	por	la	caída	en	pecado	de	Adán	llegó	a	ser	
depravado,	de	tal	modo,	que	no	puede	por	las	propias	fuerzas	naturales	
y	obras,	tornarse	y	prepararse	para	la	fe	y	para	invocar	a	Dios	(Deutero-
nomio	30:19;	Josué	24:15;	Filipenses	1:21;	Proverbios	14:12).	
En	ese	sentido,	la	gracia	de	Dios	por	Jesucristo,	se	concede	gratuita-
mente	a	todos	los	hombres,	capacitando	a	todos	los	que	quieran	tornarse	
del	pecado	a	la	justicia,	a	creer	en	Jesucristo	para	perdón	y	limpieza	de	
pecado,	y	a	seguir	las	buenas	obras	agradables	y	aceptas	a	su	vista.	La	
persona,	aunque	posea	la	experiencia	de	la	regeneración	y	de	la	entera	
santificación,	posee	libre	albedrío	para	caer	de	la	gracia	y	apartarse,	y	si	
no	se	arrepiente	de	su	pecado	se	perderá	eternalmente	y	sin	esperanza.
4. El arrepentimiento.	Este	representa	en	la	vida	dela	persona	
un	 cambio	 sincero	 y	 completo	de	 la	mente	 respecto	 al	 pecado,	 con	 el	
reconocimiento	de	culpa	personal	y	la	separación	voluntaria	del	pecado.	
Por	tanto,	los	pentecostales	entienden	que	el	Espíritu	de	Dios	da	a	todos	
los	que	quieran	arrepentirse,	la	ayuda	benigna	de	la	contrición	de	cora-
zón	y	esperanza	de	misericordia,	para	que	crean	en	el	perdón	y	logren	la	
vida	espiritual	plena	(Hechos	3:19;	11:18;	2	Corintios	5:17).
5. El bautismo en agua.	Las	Sagradas	Escrituras	establecen	 la	
ordenanza	del	bautismo	en	agua.	En	ese	sentido,	se	entiende	que	todos	
120 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
los	que	se	arrepienten	y	creen	en	Cristo	como	Salvador	y	Señor	deben	
ser	bautizados.	De	esta	manera	declaran	ante	el	mundo	que	han	muerto	
con	Cristo	y	que	han	sido	resucitados	con	Él	para	andar	en	nueva	vida	
(Mateo	28:19;	Marcos	16:16;	Hechos	2:38;	10:47–48;	Romanos	6:4).	Para	
los	pentecostales,	la	práctica	del	bautismo	por	inmersión	se	ordena	en	
las	Sagradas	Escrituras.	El	bautismo	bíblico	por	inmersión	es	hecho	en	
el	nombre	del	Padre,	del	Hijo,	y	del	Espíritu	Santo,	y	es	el	testimonio	del	
nuevo	nacimiento	en	la	Fe	del	Señor	Jesucristo.	
Para participar de esta ordenanza, los pentecostales enseñan 
que el creyente deberá tener la capacidad mental, emocional 
y espiritual necesaria, y ser instruido en los principios funda-
mentales de las Sagradas Escrituras y las doctrinas de la igle-
sia. Esta ordenanza del bautismo en agua es para todos los que 
realmente se han arrepentido, y han aceptado en sus corazones 
a Cristo como Salvador y Señor. 
6. El ejercicio del ministerio.	Dios	ha	provisto	un	ministerio	
que	constituye	un	llamamiento	divino	y	ordenado	con	el	cuádruple	pro-
pósito	de	dirigir	a	la	iglesia	en:	(1)	la	evangelización	del	mundo	(Marcos	
16:15–20);	(2)	la	adoración	a	Dios	(Juan	4:23–24);	(3)	la	edificación	de	
un	cuerpo	de	los	santos	para	perfeccionarlos	a	la	imagen	de	su	Hijo	(Efe-
sios	4:11,	16)	y	(4)	satisfacer	las	necesidades	humanas	con	ministerios	de	
amor	y	compasión	(Salmo	112:9;	Gálatas	2:10;	6:10;	Santiago	1:27).	
En ese sentido, los pentecostales creen y entienden que la obra 
del ministerio y la evangelización corresponden a la iglesia, y 
esta consiste en predicar el Evangelio a toda criatura y pre-
sentarles el plan de salvación como se enseña en las Sagradas 
Escrituras. Para cumplir esa gran tarea, Dios otorga dones y 
ministerios que, en diferentes capacidades y áreas del quehacer 
interno de la iglesia, permiten la edificación plena de los miem-
bros y las comunidades a las que pertenecen.
7. La Cena del Señor.	Para	los	evangélicos	pentecostales,	la	Cena	
del	Señor	o	«Santa	Cena»,	es	la	expresión	simbólica	que	denota	su	par-
ticipación	de	la	naturaleza	divina	del	Señor	Jesucristo	(2	Pedro	1:4);	y	
un	recordatorio	de	la	segunda	venida	(1	Corintios	11:26).	En	ese	sentido,	
se	 cree	que	 es	una	ordenanza	para	 todos	 los	 creyentes.	 Siendo	que	 el	
bautismo	es	el	testimonio	del	nuevo	nacimiento	y	la	Cena	del	Señor	testi-
121Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
monio	del	desarrollo	de	la	vida	cristiana,	la	mayoría	de	los	pentecostales	
creen	que	solo		deben	participar	de	ella	los	creyentes	que	estén	en	plena	
comunión	y	bautizados.	Más	adelante,	en	el	próximo	capítulo,	se	fija	la	
posición	del	autor	de	este	libro	en	cuanto	al	requisito	de	ser	bautizado	
para	participar	en	la	Cena	de	Señor.		
La Cena del Señor consiste de los elementos del pan sin leva-
dura y del fruto de la vid; es un recuerdo de la pasión y muerte 
de Jesucristo, un acto profético de la segunda venida; una ex-
presión de la comunión como creyentes en Cristo; y por tanto, 
está ordenada a todos los fieles hasta que Él venga. El pan sim-
boliza el cuerpo glorioso de Cristo, el cual vivifica el fruto de la 
vida, y el vino que simboliza la sangre de Jesucristo que limpia 
de todo pecado. 
8. La sanidad divina.	En	la	teología	pentecostal,	la	sanidad	divi-
na	forma	una	parte	integral	del	Evangelio	de	Jesucristo.	La	liberación	de	
la	enfermedad	ha	sido	provista	en	la	expiación	y	es	el	privilegio	de	todos	
los	creyentes	(Isaías	53:4–5;	Mateo	8:16–17;	Santiago	5:14–16).	En	ese	
sentido,	creen	en	la	doctrina	bíblica	de	la	sanidad	divina	y	amonestan	a	
los	creyentes	a	que	se	esfuercen	en	ofrecer	la	oración	de	fe	para	la	sani-
dad	de	los	enfermos.	La	liberación	de	toda	enfermedad	ha	sido	provista		
a	los	que	creen	por	el	sacrificio	expiatorio	de	Cristo	(Isaías	53:4;	Marcos		
16:17–18;	Santiago	5:14–16).	Aun	así,	 los	 servicios	médicos	 y	 agencias	
providenciales	no	han	de	ser	rehusados	cuando	sean	necesarios.
Las Sagradas Escrituras presentan la sanidad divina como una 
provisión de Dios para todos los creyentes. La enfermedad y 
la muerte son señaladas como consecuencia de la caída del ser 
humano en pecado. Cristo, al reconciliarlo con Dios, median-
te la fe en el sacrificio expiatorio, llevó las enfermedades. A 
la iglesia de Cristo se le ha conferido la facultad espiritual de 
proclamar y extender la curación divina a toda persona. Para 
hoy, el propósito salvífico de Dios no ha cambiado y desea ha-
cer partícipes a las criaturas humanas de esas bondades; y la 
sanidad divina es una de ellas.
9. Diezmos y ofrendas.	Aun	cuando	la	práctica	del	diezmo	fue	
instituida	en	el	Antiguo	Testamento,	 los	evangélicos	pentecostales	en-
tienden	 que	 no	 fue	 abolida	 en	 el	 Nuevo	 Testamento.	 En	 ese	 sentido,	
122 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
creen	que	Dios	ordena	a	los	creyentes	a	pagar	diezmos	para	el	sosteni-
miento	del	ministerio	y	a	dar	ofrendas	para	los	diversos	gastos	de	la	obra	
del	Señor,	así	como	para	socorrer	a	los	pobres,	las	viudas	y	los	enfermos	
(Génesis	 14:20;	28:20–22;	Mateo	3:8–10;	23:23;	Lucas	 11:42;	 18:12;	2	
Corintios	8:2–3;	9:6–9).
10. El matrimonio.	El	matrimonio	es	una	unión	para	toda	la	vida	
y,	que	de	acuerdo	a	las	enseñanzas	del	Señor	Jesús,	solo	existe	una	cau-
sa	para	el	divorcio:	 la	 fornicación	(Mateo	19:9).	Por	 tanto,	 se	cree	que	
un	creyente	que	se	divorció,	no	debe	casarse	mientras	viva	el	cónyuge	
(Marcos	10:11–12).	Y	se	declaran	en	contra	del	matrimonio	de	creyentes	
con no creyentes. 
Además, debe ser entre un hombre y una mujer, rechazando el 
matrimonio entre personas del mismo sexo. Aunque puedan 
existir otras causas y condiciones tales que puedan justificar 
un divorcio de acuerdo con la ley civil, en las mayoría de las 
iglesia pentecostales creen, que solo el adulterio es una base 
escrituraria para el divorcio y solo el adulterio proporciona la 
base que pueda justificar el cónyuge en volver a casarse (Mateo 
5:31, 32; 19:3; 1 Corintios 7:12; 10–16). Naturalmente, exis-
ten iglesias y concilios pentecostales que han establecido otras 
causas para permitir que los líderes y miembros puedan optar 
por una nueva nupcias; tal es el caso del Concilio Evangélico de 
las Asambleas de Dios en la República Dominicana. 
11. Gobiernos del mundo. Se	cree	que	los	gobiernos	del	mundo	
son	permitidos	por	Dios.	En	ese	sentido,	los	pentecostales	están	agra-
decidos	de	aquellos	países	que	consagran	en	las	constituciones	la	liber-
tad	de	culto	y	derechos	humanos.	Por	otra	parte,	creen	lo	que	la	Biblia	
enseña,	el	«no	matar»,	amar	al	prójimo	como	a	nosotros	mismos	y	no	
vengarnos,	pues	«mía	es	la	venganza,»	dice	Dios,	«Yo	pagaré».	En	ese	
sentido,	 están	prestos	 a	 servir	 a	 la	 patria	 alegremente	 en	 cualesquier	
servicio	de	«no	combatiente».	(1	Pedro	2:13–16;	Romanos	13:1–10).	
12. Atuendo.	La	mayoría	de	las	iglesias	pentecostales	creen	que	el	
hombre	y	la	mujer	deben	vestir	honestamente	y	que	es	vergonzoso	mos-
trar	la	desnudez	(1	Pedro	3:1–7;	1	Timoteo	2:9–10).	La	mujer	debe	ves-
tir	femeninamente	y	el	hombre	masculinamente	(Deuteronomio	22:5).	
123Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
Muchas	 iglesias	entienden	que	 	 la	mujer	cristiana	no	debe	cortarse	el	
cabello	porque	le	es	deshonra	(1	Corintios	11:6–15).	Y	que	es	deshonesto	
que	el	varón	se	deje	crecer	el	cabello	(1	Corintios	11:14).	También,	que	ni	
el	hombre,ni	la	mujer,	deben	depender	de	adornos	y	pinturas	artificiales	
para	las	extremidades	del	cuerpo,	ni	usar	perlas	o	adornos	innecesarios	
(1	Pedro	3:1–7;	Isaías	3:16–24;	Romanos	13:14).
13. Homosexualismo y lesbianismo.	Los	pentecostales	se	opo-
nen	a	la	orientación	sexual	invertida,	atracción	o	relaciones	sexuales	en-
tre	individuos	de	un	mismo	sexo,	ya	que	este	acto	sexual	priva	el	don	de	
la	 vida.	Por	 cuanto	 el	homosexualismo	y	 el	 lesbianismo	 son	prácticas	
prohibidas	por	Dios	en	la	Biblia,	las	iglesias	pentecostales	reafirman	es-
tar	en	contra	de	tales	prácticas.	Aunque	afirman	que	hay	perdón	y	liber-
tad	en	Cristo	Jesús	para	los	que	renuncian	a	tales	prácticas	y	creen	en	Él	
(Génesis	1:27–28;	2:22–24;	5:2;	Levítico	18;22;	20:13	Romanos	1:18–32;	
1	Corintios	6:9;	1	Timoteo	1:9–10).
14. Aborto.	 Los	 evangélicos	 pentecostales	 están	 conscientes	 de	
que	el	aborto	(la	expulsión	o	extracción	prematura	del	cigoto,	embrión	o	
feto)	tiene	ramificaciones	médicas,	legales,	teológicas,	éticas	y	persona-
les.	Sin	embargo,	la	ley	de	Dios	es	radicalmente	contraria	a	todo	aborto	
provocado,	que	es	querido	y	aplicado	como	fin	o	medio.	Siendo	Dios	el	
dador	de	la	vida	y	preservador	de	la	misma,	ha	confiado	en	nosotros,	los	
seres	humanos,	la	digna	misión	de	conservar	la	vida.	
Por ello, las iglesias pentecostales creen que es un deber prote-
ger la vida con el más especial de los cuidados desde la concep-
ción, por lo cual, el infanticidio y el aborto que conlleva maldad 
y premeditación son crímenes abominables (Salmo 139:13–16; 
Jeremías 1:5; Deuteronomio 27:25; 28:4; 2 Reyes 8:12; 15:16; 
Job 3:11; 10:8–12; Salmos 127:3; 71:6; Isaías 13:18; 46:3–4). 
Por tanto, entienden que es preferible dar en adopción cual-
quier criatura, que provocar un aborto.
124 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
Referencias bibliográficas 
[1] Fédou, M. (2000). Las religiones según la fe cristiana. 
Desclée de Brouwer. Bilbao, España.
[2] González, Justo (1994). Historia del Cristianismo. Editorial Unilit, Colombia. 
[3] Cortés, Antonio. (2006). Historia del Cristianismo: Vol. III: El Mundo 
Moderno. Editorial Trotta. Universidad de Granada, Madrid, España.
[4] Varios autores, (2006). Términos teológicos: Diccionario de Bolsillo,
Editorial Mundo Hispano, El Paso Texas.
[5] Deiros, Pablo A. (1994). Latinoamérica en llamas. Historia 
y creencias del movimiento religioso más impresionante 
de todos los tiempos. Editorial Caribe, Nashville.
[6] García de Diego, Vicente (1985). Diccionario etimológico español e 
hispánico, Madrid, S.A.E.T.A., 12ª edición, Madrid, Espasa–Calpe.
[7] Barrientos, Josué (2004). El pentecostalismo y el 
neopentecostalismo. Identidades confusas, CDE, Honduras.
[8] Varios autores, (2006). Términos teológicos: Diccionario de Bolsillo,
Editorial Mundo Hispano, El Paso Texas.
[9] Guamán, Julián (2011). Evangélicos en el Ecuador. Tipologías y formas 
institucionales del protestantismo. Ediciones Abya Yala. Quito, Ecuador.
[10] Rincón, Felipe; Mirabal, Yoselman (2012). Introducción al 
Cristianismo. Publicaciones Mirabal. Santo Domingo, Rep. Dom.
[11] Dupuis, J. (2000). Hacia una teología cristiana del pluralismo 
religioso. Santander. Sal Terrae. Bilbao, España.
[12] Zaldívar, Raúl (2006). Teología Sistemática desde una perspectiva 
latinoamericana, Editorial Clie, Barcelona, España.
[13] De Cesarea, Basilio (1996). El Espíritu Santo. 
Editorial Ciudad Nueva. Madrid, España.
[14] Zaldívar, Raúl (2006). Teología Sistemática desde una perspectiva 
latinoamericana, Editorial CLIE, Barcelona, España.
[15] Varios autores, (2006). Términos teológicos: Diccionario de Bolsillo,
Editorial Mundo Hispano, El Paso Texas.
[16] Hoff, Pablo (2005). Teología Evangélica. Editorial Vida. Miami, Florida, USA.
[17] García Pérez, José Miguel (2007). Los orígenes históricos del 
cristianismo. Editorial Encuentro, Buenos Aires, Argentina. 
[18] Ruíz Bueno, Daniel (2016). Padres Apostólicos. Editorial 
Biblioteca de autores cristianos. Madrid, España.
[19] Varios autores, (2006). Términos teológicos: Diccionario de Bolsillo,
Editorial Mundo Hispano, El Paso Texas.
[20] García de Diego, Vicente (1985). Diccionario etimológico español e 
hispánico, Madrid, S.A.E.T.A., 12ª edición, Madrid, Espasa–Calpe.
125Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
CAPÍTULO IV
GUÍA DIDÁCTICA 
 DOCTRINAS BÁSICAS DE LOS PENTECOSTALES
1. ¿Qué dice M. Fédou sobre las doctrinas que todo creyente 
necesita observar el día de hoy?
2. ¿En qué lugares surgieron las primeras tres grandes 
escuelas teológicas?
3. Biblia es una palabra de origen griego, y significa 
literalmente...
4. Según Pablo A. Deiros, ¿Qué es el sincretismo teológico?
5. Una teología bíblica sólida, con una fundamentación 
auténtica, sucede cuando...
6. ¿Cuáles son algunas de las experiencias pentecostales?
7. ¿Qué son los dogmas, según el autor de este libro?
8. Para Josué Barrientos, las «reglas» pueden ser...
9. ¿Qué es la inspiración bíblica, según la teología pentecostal?
10. Los evangélicos pentecostales creen que la Santa Escritura es...
11. ¿Qué dice Newton Clarke sobre Dios?
12. ¿Qué es el creacionismo?
13. La tradición judeocristiana, cuya fuente fundamental es la 
Biblia, entiende el pecado, en términos generales, como...
14. ¿Qué creen los evangélicos pentecostales sobre Jesucristo?
15. ¿Por qué el Espíritu Santo es el tema central en la teología 
pentecostal?
16. ¿Cuál es la misión principal del Espíritu Santo, según Juan 16:8–11?
17. En la teología pentecostal, ¿Qué incluye la obra del Espíritu Santo?
18. ¿Qué dice Raúl Zaldívar sobre la glosolalia o don de 
hablar en lenguas?
19. De acuerdo con la mayoría de los pentecostales, el hablar 
en lenguas desconocidas es la indispensable evidencia de...
20. ¿Qué es la justificación?
21. ¿Qué plantea el calvinismo sobre el tema de la salvación? 
22. ¿Cuál es el punto de vista del arminianismo en cuanto al 
tema de la salvación? 
23. ¿Cuál es la corriente teológica que prevalece en la teología 
pentecostal sobre la salvación?
24. Según José M. García, ¿Qué es el nuevo nacimiento?
126 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
25. La doctrina de la santificación en la teología pentecostal 
abarca dos ideas, ¿Cuáles son?
26. ¿Por qué es importante el tema de la resurrección de Cristo?
27. Pablo enuncia cinco hechos negativos que, si fueran ciertos, 
despojarían al Evangelio de todo poder y bendición, 
¿Cuáles son?
28. El término «iglesia» se usa en el Nuevo Testamento cuando 
se habla de...
29. Desde el punto de vista del autor de este libro, ¿Qué 
es la iglesia?
30. ¿En qué consiste la doctrina del «arrebatamiento», según 
la teología pentecostal?
31. En la teología pentecostal se cree y enseña que los cuerpos 
de los seres humanos...
32. Por tanto, habrá un juicio final en el que los pecadores 
muertos serán...
33. Existen otras doctrinas que gravitan en la teología 
pentecostal. Por favor, enumérelas. 
34. Hable de la sanidad divina.
35. ¿Qué opina usted sobre el aborto?
CAPÍTULO V
 CREENCIAS, DOGMAS Y TABÚES PENTECOSTALES
Los	temas	vinculados	a	las	creencias,	dogmas	y	tabúes	del	movimien-to	pentecostal	requieren	ser	abordados	en	la	presente	obra	por	múl-tiples	razones,	las	cuales	serán	puntualizadas	más	adelante.	Ahora	
bien,	de	entrada	es	necesario	destacar	que,	aun	cuando	muchas	de	ellas	
hoy	están	descontinuadas	y	han	cesado,	otras		siguen	gravitando	como	
parte	de	la	teología	pentecostal,	en	las	mentes	y	en	el	accionar	de	mu-
chos	líderes,	maestros	y	creyentes	de	las	iglesias	pentecostales.
Los que tienen algunas décadas en el movimiento pentecostal, 
conocen el origen, desarrollo y evolución de éstas, así como las 
razones que en su momento las motivaron de forma firme y 
enérgica en el accionar de la iglesia pentecostal. Entre ellas: el 
bajo nivel cognitivo (bíblico y secular) de los líderes y maestros 
de entonces, las diversas situaciones que se daban en medio del 
pueblo y el deseo desmedido de algunos líderes de mantener la 
«hegemonía» en la iglesia. También, la mismaespontaneidad y 
desorganización del movimiento pentecostal, el anhelo sincero 
de algunos de mantener a los creyentes lejos de las tentaciones 
y la composición socio–económica de los miembros de las igle-
sias, la cual ha variado mucho en los últimos años.
128 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
John S. Banks (1998), sobre el particular dice: «La mayoría se 
estas creencias, dogmas y tabúes pentecostales, de una u otra 
forma se teologizaron, al interpretar inadecuadamente las Sa-
gradas Escritura, con el fin de validar y justificar «teológica-
mente» las ideas propias de la época y, desafortunadamente, 
forman parte del «aparato teológico» de las iglesias pentecos-
tales. Estos son asumidos y observados, en algunos casos, con 
mayor fuerza y rigor que la teología bíblica y sistemática, sóli-
damente fundamentadas en la Biblia». 1
Sin	embargo,	se	debe	aclarar	que,	para	el	autor	de	este	libro,	ningu-
na	de	ellas,	son	determinantes	para	la	salvación	del	ser	humano,	sean	
o	no	creyentes	pentecostales.	Es	decir,	no	importa	que	usted	crea	o	no,	
aplique	u	observe	las	mismas,	afortunadamente,	no	representan	ningún	
peligro	para	la	salvación.	Pero	además,	es	necesario	destacar	que,	hay	
cosas	que	están	en	la	Biblia	que	no	aplican	a	 los	creyentes	de	hoy,	sin	
embargo,	otras	que	no	están	contenidas	en	las	Sagradas	Escrituras,	de-
ben	ser	observadas	hoy,	como	es	el	caso	de	fumar	que,	aun	cuando	no	
hay	prescripción	bíblica,	debe	ser	tomado	en	cuenta	para	ser	regulado.
En ese sentido, se cita nuevamente al apóstol Pablo, cuando en 
colosenses 2:20–23, dice: «Pues si habéis muerto con Cristo 
en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿Por qué, como si vi-
vieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No 
manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a manda-
mientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen 
129Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
con el uso? Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de 
sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del 
cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la 
carne». Y el autor de este libro entiende que: «Mucho menos 
en cuanto a la salvación». 
En	realidad,	la	vida	cristiana	no	es	tan	difícil	y	compleja	como	algu-
nos	líderes	y	maestros	quieren	destacar	e	insistir.	Se	sabe	que	en	la	ma-
yoría	de	los	casos	esto	se	hace	por	el	anhelo	sincero	que	tienen	algunos	
de	mantener	a	los	creyentes	alejados	del	pecado.	En	ese	sentido,	Jesús	
dijo:	«Porque	mi	yugo	es	fácil,	y	ligera	mi	carga»	(Mateo	11:30).	Por	tan-
to,	en	este	capítulo	se	presentará	una	síntesis	apretada	de	algunas	de	las	
creencias,	 dogmas	 y	 tabúes	del	movimiento	pentecostal,	 con	 el	 fin	de	
que	los	creyentes	pentecostales	de	la	nueva	generación,	así	como	los	de	
la	generación	anterior,	y	los	que	no	son	pentecostales,	tengan,	desde	una	
perspectiva	académica,	una	panorámica	básica	sobre	las	mismas,	lo	cual	
permita	reflexionar	adecuadamente	sobre	estos	asuntos	en	particular.	
5.1. CREENCIAS
En	términos	básicos,	una	«creencia»	es	el	estado	de	la	mente	en	el	
que	un	individuo	supone	verdadero	el	conocimiento	o	la	experiencia	que	
tiene	acerca	de	un	suceso	o	cosa.	Es	la		idea	o	pensamiento	que	se	asume	
como	verdadero.	La	Real	Academia	Española	(RAE)	define	a	la	creencia	
como	el	firme	asentimiento	y	conformidad	con	algo.	La	conformación	
de	una	«creencia»	nace	desde	el	interior	de	una	persona	(se	desarrolla	
a	partir	de	las	propias	convicciones	y	los	valores	morales),	aunque	tam-
bién	es	influenciada	por	factores	externos	y	el	entorno	social	(la	familia,	
la	iglesia,	la	escuela,	entre	otros).	2
Ahora bien, es importante destacar que las «doctrinas» son 
un tipo de «creencias» que, desde la perspectiva teológica po-
seen una sustentación sólida en las Sagradas Escrituras, las 
cuales se abordaron en el capítulo anterior. No así las creen-
cias que se presentan en esta sección. Por tanto, a la hora de 
hablar de «creencias», es necesario señalar la existencia de 
una gran variedad de ellas en el ámbito de la fe cristiana, en 
especial, entre los pentecostales.
130 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
Para	 los	fines	de	 la	presente	obra,	estas	«creencias»	que	se	presen-
tarán,	a	continuación,	poseen	un	denominador	común,	todas	tienen	una	
aparente	«fundamentación	bíblica»,	sin	embargo,	no	resisten	un	análisis	
hermenéutico	mínimo.	Son	muchas,	aun	así,	se	presentan	algunas	de	las	
«creencias»	que	durante	décadas	han	gravitado	en	el	accionar	de	las	igle-
sias	pentecostales,	las	cuales	se	abordan	a	manera	de	síntesis.	
5.1.1. La letra mata, más el Espíritu vivifica
Esta	creencia	es	 clave	para	entender	el	porqué	de	 la	existencia	de	
tantas	creencias	entre	los	pentecostales	sin	un	fundamento	bíblico	só-
lido	que	los	respalde.	La	idea	es	tomada	del	apóstol	Pablo	cuando	en	2	
Corintios	3:6,	dice:	«Él	cual	asimismo	nos	hizo	ministros	competentes	
de	un	nuevo	pacto,	no	de	la	letra,	sino	del	Espíritu;	porque	la	letra	mata,	
pero	el	Espíritu	vivifica».
Sin	embargo,	el	apóstol	Pablo	ya	había	mencionado	que	ni	él	ni	sus	
compañeros	necesitan	cartas	de	recomendación	como	otros,	pues	las	car-
tas	de	recomendación	estaban	ya	escritas	en	los	corazones	de	los	habitan-
tes	de	Corinto.	En	ese	sentido,	se	tiene	una	comparación	de	cartas	escritas	
a	mano,	en	papiro,	y	cartas	escritas	en	el	corazón	por	el	Espíritu.	Aunque	
Pablo	no	lo	afirma	explícitamente,	se	está	basando	en	Jeremías	31:31–34.	
Este	profeta	ya	había	profetizado	que	este	día	vendría:	«un	nuevo	pacto	no	
basado	en	una	ley	escrita	en	piedras,	sino	escrita	en	corazones	humanos,	
un	día	en	que	su	pueblo	le	conocería	más	íntimamente».
En ese sentido, William Dyrness (1999), dice: «El primer pac-
to era basado en letras escritas en piedra (la ley de Moisés), el 
segundo es basado en algo mucho más íntimo. La «letra que 
mata» a la que hace referencia el apóstol Pablo, es la letra de 
la ley dada en el desierto a Moisés, no a las obtenidas a tra-
vés de los estudios que pueda realizar una persona, sea en el 
campo bíblico, teológico o de las ciencias en sentido general. 
Sin lugar a dudas, que muchos se han dejado influenciar de 
la expresión bíblica: «abre tu boca que yo te la llenaré», viven 
siempre improvisando y rellenando en las oportunidades que 
se les ofrece para edificar la iglesia». 3
131Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
El	Espíritu	Santo	da	sabiduría	celestial	y	espiritual,	pero	ésta	debe	
estar	acompañada	de	un	conocimiento	general	de	la	realidad	del	mensa-
je	que	la	iglesia	debe	aplicar	hoy,	en	un	mundo	lleno	de	necesidades	que	
la	iglesia	debe	suplir.	Da	pena	que	muchos	hayan	dejado	atrás	los	estu-
dios,	los	compromisos	familiares,	los	compromisos	sociales,	entre	otros;	
según	ellos,	porque	la	letra	mata,	más	el	Espíritu	vivifica.
5.1.2. Lo que el Espíritu diga eso se hará
 
A	pesar	de	no	existir	ningún	pasaje	bíblico	sólido	que	haga	alusión	a	
esta	creencia,	y	que	no	existe	una	referencia	bíblica	de	la	cual	se	pueda	
deducir	(salvo	Hechos	13:1–2;	16:7),	la	realidad	es	que	esta	«declaración»	
goza	de	mucha	simpatía	entre	los	creyentes	pentecostales.	Esta	toma	el	
nombre	de	un	reconocido	canto,	coro	o	canción	con	un	enorme	arraigo	
entre	muchos	creyentes	de	las	iglesias	pentecostales	y	que,	sin	lugar	a	
dudas,	en	muchas	ocasiones	bloquea,	paraliza	e	impide	cualquier	tipo	de	
orden o regulación en los cultos. 
Esta	expresión	es	utilizada	en	muchas	ocasiones	para	manipular	al-
gunos	momentos	del	culto,	a	los	fines	de	darle,	según	algunos,	toda	la	
libertad	al	Espíritu	Santo.	Sin	embargo,	lo	que	se	aprecia	es	el	dominio	
del	espíritu	humano	y	el	deseo	protagónico	de	algunos,	queriendo	indi-
car	que	son	personas	más	espirituales	que	los	demás.	El	apóstol	Pablo	en	
1	Corintios	14:40,	dice:	«Pero	hágase	todo	decentemente	y	con	orden».	
Es	decir,	no	es	que	no	se	le	de	libertad	al	Espíritu	Santo	en	los	corazones,	
pero	debe	existir	un	orden,	una	regulación	en	el	culto,	la	cual	es	necesa-
ria en toda reunión de los creyentes en Cristo. 
5.1.3. Las mujeres no debencortarse el pelo
Una	de	las	citas	en	cuestión,	es	el	pasaje	de	1	Corintios	11:2–16,	en	el	
cual	el	apóstol	Pablo	habla	sobre	el	pelo	del	hombre	y	de	la	mujer.	Esto	
lo	hace	en	función	a	la	predicación	o	profecía,	y	en	el	dejar	atrás	modas	
asociadas	con	el	paganismo,	de	ninguna	manera	fuera	de	ese	escenario	y	
ocasión.	Tomando	además,	claro	está,	elementos	de	la	cultura	y	costum-
bres	de	la	época.	Sin	embargo,	el	cabello	largo	de	la	mujer	no	es	el	punto	
principal	de	la	enseña	del	apóstol	Pablo	en	este	pasaje	y	otros	similares.		
132 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
Según declara James Garrett (1996), «En la sociedad de la an-
tigua Grecia era costumbre que los hombres mantuvieran las 
cabezas descubiertas durante la adoración. La costumbre de 
las mujeres era mantener las cabezas cubiertas para mostrar 
reverencia a Dios. El cabello largo también era de importancia 
para la iglesia de Corinto, ya que muchas mujeres que antes 
servían como «prostitutas santas» en los templos griegos se es-
taban convirtiendo al cristianismo. Antes de rendirse a Cristo 
estas mujeres ofrecían sus cuerpos en prostitución para «ado-
rar» a los dioses griegos y así juntar fondos para el sostén del 
templo y sacerdotes paganos. Una característica que distinguía 
a las «prostitutas santas» era el que se rapaban el pelo». 4 
Pero	 hoy	 día,	 esa	 costumbre	 no	 es	 ni	 debe	 ser,	 necesariamente,	
guardada	ni	observada	por	las	iglesias	que	están	en	otras	culturas.	Por	
tanto,	una	cristiana	no	pierde	la	salvación	si	se	corta	o	alisa	el	cabello,	
o	si	el	varón	creyente	se	lo	deja	crecer,	ya	que	esto	no	forma	parte	de	la	
realidad	cultural	que	se	vive	en	este	tiempo	y	contexto,	ni	es	una	con-
dicionante	bíblica	sólida	que	aplique	a	los	creyentes	de	hoy.	Este	asunto	
debe	ser	algo	opcional	y	no	debe	formar	parte	del	«cuerpo	doctrinal»	
de	las	iglesias	de	Jesucristo	en	este	tiempo.
133Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
5.1.4. No se tiene el Espíritu Santo 
si no se habla en lenguas
Como	se	indicó	en	el	capítulo	anterior,	muchas	iglesias	pentecosta-
les	creen	y	enseñan	que	no	se	tiene	el	Espíritu	Santo	si	no	se	habla	en	
lenguas.	Ahora	bien,	¿Todos	los	creyentes	deben	hablar	en	lenguas?	¿Si	
no	hablo	en	lenguas	significa,	necesariamente,	que	no	he	sido	bautizado	
por	el	Espíritu	Santo?	La	realidad	es	que	no,	la	Biblia	dice	que	hay	diver-
sidad	de	dones,	de	ministerios	y	de	actividades	pero	que	todos	proceden	
de	un	mismo	Dios	(1	Corintios	12:4–6)	y	que	a	cada	uno	le	es	dada	la	
manifestación	del	Espíritu	(en	este	caso,	de	 los	dones)	para	el	bien	de	
todos	(1	Corintios	12:7).	
Igual	que	hay	diversidad	de	ministerios,	también	hay	diversidad	de	
dones	espirituales.	Por	tanto,	pretender	que	todos	los	creyentes	hablen	
en	lenguas	como	una	señal	inequívoca	o	requisito	para	reflejar	en	estos	
el	bautismo	del	Espíritu	Santo,	resulta	tan	absurdo	como	pretender	que	
todos	los	cristianos	sean	pastores	o	todos	sean	maestros.	No	necesaria-
mente	hablar	en	lenguas	es	una	prueba	evidente	de	que	tienes	contigo	al	
Espíritu	Santo.	Ni	siquiera	en	las	iglesias	pentecostales,	que	una	persona	
«hable	en	lenguas»	es	una	garantía	de	nada.	
Michael Green (1997), dice: «Hablar en lenguas puede ser una 
evidencia de tener contigo al Espíritu Santo, cierto. Pero tam-
bién, puede ser que tengas contigo un espíritu demoníaco o 
de que simplemente inventes palabras y las digas en voz alta 
para fingir una supuesta espiritualidad delante de los demás 
(cosa cada vez más frecuente en las iglesias pentecostales). Ser 
bautizado por el Espíritu Santo no es sinónimo de hablar en 
lenguas. Ni todos los que han sido bautizados por el Espíritu 
Santo hablan en lenguas». 5
Por	 tanto,	 si	 eres	 un	 creyente	 nacido	 de	nuevo,	 ya	 has	 nacido	 del	
Espíritu	Santo	 (Juan	3:1–8),	y	el	Espíritu	Santo	 te	ha	sellado	 (Efesios	
1:13–14),	lo	has	recibido	(1	Corintios	2:12),	mora	dentro	de	ti	(1	Corintios	
6:19),	te	ungió	(1	Juan	2:27),	te	ha	bautizado	(1	Corintios	12:13)	y	ya	te	ha	
otorgado	uno	o	varios	dones	(no	necesariamente	el	de	lenguas).
134 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
El énfasis al «don de lenguas» que se ve hoy en muchas iglesias 
pentecostales, recuerda mucho a lo que Pablo reprochaba a los 
corintios: hablando todos al mismo tiempo, sin intérprete y en 
una completa confusión, lo cual haría que cualquiera que entre 
por la puerta piense que ha entrado en un manicomio. Dios no 
es Dios de confusión sino de paz (1 Corintios 14:33).
5.1.5. Noé predicó durante 120 años
Por	años	se	enseñó	en	la	Escuela	Bíblica	o	Dominical	de	las	igle-
sias	pentecostales	que	Noé	estuvo	predicando	al	mundo	de	entonces	
por	120	años,	ya	que	vendría	un	diluvio.	Aun	algunos	predicadores	y	
teólogos	siguen	diciendo	que	Noé	predicó	por	esa	cantidad	de	tiempo	
y	otros	han	dicho	que	el	tiempo	de	su	predicación	fue	menos	y	algunos	
mucho	más	largo	que	eso.	En	ese	sentido,	se	ha	escuchado	en	muchísi-
mas	ocasiones	a	predicadores	y	evangelistas	pentecostales	(de	alto	per-
fil),	inclusive	en	grandes	campañas	evangelísticas,	diciendo	que	Noé	le	
predicaba	a	la	gente	de	esa	época	para	que	se	salvara,	se	arrepintieran	
y	que	ellos	no	querían	entrar	al	arca	y	Noé	 les	 insistía	que	entraran	
para	que	pudieran	ser	salvos.
Sin	 embargo,	 aun	 cuando	 en	Mateo	 24:37–39	 se	 hace	 alusión	 al	
tema,		la	verdad	es	que	en	ningún	momento	la	Biblia	puntualiza	que	Noé	
le	predicara	a	esas	personas	y	le	sugiriera	que	entraran	al	arca	para	que	
sobrevivieran	del	diluvio,	ya	que	Dios	no	 instruyó	a	Noé	para	que	 les	
predicase	a	ellos.	Dios	solo	le	indicó	que	construyera	el	arca,	ya	que	la	
determinación	fue	eliminar	aquella	generación	humana	y	levantar	otra.	
En	Génesis	capítulo	6	se	relatan	los	sucesos	ocurridos	antes	del	Diluvio.	
Se	dice	que	Dios	vio	la	terrible	situación	de	pecado	que	se	había	adueña-
do	de	la	raza	humana.	Dios	decidió	no	cerrar	los	ojos	ante	tanta	maldad	
y	pecado	y	tomó	cartas	en	el	asunto.	Entonces	dijo	Jehová:	«No	conten-
derá	mi	espíritu	con	el	hombre	para	siempre,	porque	ciertamente	él	es	
carne;	pero	vivirá	ciento	veinte	años»	(Génesis	6:3).
En ese sentido, William Dyrness (1999), dice: «Dios planeó el 
arca como el medio para la salvación de Noé y su familia. No 
hay referencias de que Noé conociera anticipadamente la inun-
dación, hasta que Dios se las reveló a él. Las cosas estaban suce-
diendo normalmente antes que Dios le hablara a él. El espacio 
135Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
físico del arca no fue diseñado para las personas de ese entonces, 
solo para Noé, su familia y los animales. La salvación para Noé y 
su familia fueron solamente por la gracia divina». 6
El	único	pasaje	bíblico	que	muchos	toman	como	referencia	para	«de-
ducir»	que	Noé	predicó	es	2	Pedro	2:5,	que	dice:	«Tampoco	perdonó	al	
mundo	antiguo,	sino	que	guardó	a	Noé,	pregonero	de	justicia,	con	otras	
siete	personas,	y	trajo	el	diluvio	sobre	el	mundo	de	los	impíos».	Nótese	
que	 la	expresión	«pregonero	de	 justicia»	no	necesariamente	tiene	que	
significar	que	Noé,	efectivamente,	predicó	 la	destrucción	del	mundo	a	
través	de	un	diluvio.	El	relato	no	registra	eso.	
En	pocas	palabras,	Noé	no	pudo	haber	predicado	la	destrucción	de	
la	humanidad,	ya	que	esa	no	fue	la	encomienda,	misión	u	ordenanza	de	
parte	de	Dios.	La	Biblia	de	Jerusalén	traduce	el	pasaje	así:	«Si	no	perdo-
nó	al	antiguo	mundo,	aunque	preservó	a	Noé,	heraldo	de	la	justicia,	y	a	
otros	siete,	cuando	hizo	venir	el	diluvio	sobre	un	mundo	de	impíos»	(2	
Pedro	2:5).	Lo	que	el	apóstol	Pedro	está	diciendo	en	el	referido	pasaje,	es	
que	en	términos	comparativos,	representativos	o	simbólicos,	Noé	con	su	
ejemplo	de	vida	y	de	manera	indirecta	o	tácita,	envió	un	mensaje	claro	
de	 la	 justicia	de	Dios,	 el	 cual	 salva	al	 justo	y	 condena	al	pecador.	Por	
tanto,	la	expresión	«pregonero	de	justicia»,	es	un	«título	honorifico»,	no	
una	expresión	que	deba	tomarse	como	literal.
136 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
Los principios hermenéuticos indican que, toda doctrina o en-
señanza bíblica debe contarcon dos o tres pasajes que la res-
palden y que estén en sentido literal, no simbólico o ilustrativo. 
El autor de este libro creo que Noé no predicó a voz en cuello 
que el mundo iba a ser anegado en agua, puesto que Dios había 
determinado salvar solo a Noé y a su familia (Génesis 6:18), así 
que, no tendría mucho sentido una predicación, como se conoce 
hoy. Dios estaba tan molesto con esa generación, que el Texto 
Sagrado dice: «...y Jehová le cerró la puerta» (Génesis 7:16).
5.1.6. Solo los creyentes pentecostales serán salvos
Existe	una	marcada	tendencia	entre	muchos	líderes,	maestros	y	
creyentes	en	pensar	que	solo	los	de	la		iglesia	pentecostal	serán	sal-
vos,	ya	que	se	consideran	ser	la	auténtica	y	verdadera	iglesia	de	Cris-
to.	La	construcción	de	esta	creencia	es	compleja,	debido	a	que	es	el	
resultado	de	un	proceso	de	«deducción»	del	contenido		de	una	serie	
de	 pasajes	 bíblicos,	 los	 cuales	 son	 sacados	 de	 contexto	 y	 aplicados	
de	forma	arbitraria,	dando	como	resultado	dichas	ideas.	Los	pasajes	
bíblicos	 de	 donde	 se	 extraen	 esas	 ideas	 son:	Mateo	 7:13–14;	 22:14;	
Lucas	13:22–27;	Romanos	9:27,	entre	otros.
Se alega que los pentecostales son los «verdaderos» sustentan-
tes de la «sana doctrina» y que cumplen fielmente con los man-
datos del señor, con la ayuda del Espíritu Santo. Sin embargo, 
en Mateo 24:13, Jesús dijo: «Mas el que persevere hasta el fin, 
éste será salvo». Dios le da la oportunidad de salvarse a todos 
los seres humanos sin importar a la iglesia cristiana a la que 
pertenezca. Él quiere que todos los seres humanos sean sal-
vos y vengan al conocimiento de la verdad (1 Timoteo 2:4). 2 
Pedro 3:9, dice claramente que Dios no quiere «que ninguno 
perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento».
Por	tanto,	sea	pentecostal	o	no,	la	salvación	es	de	Jesucristo,	el	cual	
es	el	camino	la	verdad	y	la	vida.	La	verdadera	iglesia	de	Cristo	es	una,	
llámese	como	se	llame,	donde	quiera	que	esté.	Por	tanto,	no	solo	los	cre-
yentes	pentecostales	 serán	salvos.	Todo	aquel	que	 invocare	el	nombre	
del	Señor	será	salvo	(Romanos	10:13).
137Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
5.1.7. Cuando se tiene relaciones sexuales el 
Espíritu Santo se va en ese momento
Durante	muchos	años	la	inmensa	ignorancia	en	el	campo	«sexual»	
en	las	comunidades	e	iglesias	pentecostales,	dieron	origen	a	muchos	«ta-
búes	sexuales»	que	hoy	se	consideran	como	absurdos.	Tal	es	el	caso	que	
ocupa,	ya	que	creer	que	cuando	se	tiene	relaciones	sexuales	el	Espíritu	
Santo	se	va	en	ese	momento,	es	una	muestra	más	del	«fanatismo»	impe-
rante	en	muchos	creyentes	pentecostales.
En	ese	sentido,	Bernardo	Stamateas	(1996),	dice:	«Muchos	creyentes	
no	poseen	un	conocimiento	«básico»	sobre	la	sexualidad.	Esto	les	con-
duce	 a	 inventar	 innumerables	 explicaciones	 sobre	 este	 particular.	 Sin	
embargo,	el	conocimiento	«verdadero»	libera,	y	ayuda	a	vivir	una	«se-
xualidad»	libre	de	culpas	y	miedo,	además,	permite	lograr	una	relación	
de	pareja	más	armoniosa	y	placentera.	En	ese	orden,	son	muchos	los	que	
piensan	que	la	Biblia	es	un	conjunto	de	libros	que	rechazan	el	«sexo»	y	
lo	consideran	como	una	maldición.	El	hecho	de	que	casi	no	exista	biblio-
grafía	que	aborde	este	tema,	indica	la	desconfianza	y	la	sospecha	de	que	
la	«sexualidad»	y	la	Biblia	están	reñidas	entre	sí».	7 
Por	tanto,	la	orientación	sin	«trabas»	ni	«tabúes»	es	fundamental	
para	una	educación	correcta	sobre	la	sexualidad.	Muchos	evangélicos	
pentecostales	aún	continúan,	sin	saberlo,	con	erróneas	concepciones	
sobre	la	«sexualidad»,	y	así	se	 las	transmiten,	sin	querer,	a	 los	hijos.	
Ahora	bien,	es	importante	destacar	que	no	existe	un	marco	referencial	
bíblico	sólido	que	 indique	que	cuando	se	 tiene	relaciones	sexuales	el	
Espíritu	Santo	se	va	en	ese	momento.	Esa	es	una	creencia	errónea	y	sin	
fundamentos	bíblicos.
Sin lugar a dudas, los contenidos educacionales que se fue-
ron recibiendo desde múltiples lugares, los «mandatos» sobre 
qué «es» y «no» es la «sexualidad» que ha marcado la iglesia, 
familia y las amistades, así como las comunicaciones calleje-
ras, la influencia de los medios de comunicación, entre otras, 
han forjado la actual concepción sobre este particular. Este 
contexto conforma una serie complejísima de creencias y «es-
tímulos», los cuales van a influir y marcar la concepción que 
se tenga sobre la sexualidad.
138 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
5.1.8. La oración debe ser realizada con los ojos cerrados
Con	 mucha	 frecuencia,	 la	 oración	 es	 vista	 como	 una	 «fórmula	
mágica».	 Si	 no	 se	 dice	 exactamente	 las	 cosas	 correctas	 o	 se	 toma	 la	
posición	correcta,	Dios	no	escuchará	y	responderá	la	oración.	Esto	es	
completamente	 antibíblico.	Dios	 no	 responde,	 necesariamente,	 a	 las	
oraciones	basadas	en	cuándo	se	ora,	dónde	se	está,	qué	posición	corpo-
ral	se	adopta,	o	en	qué	orden	de	contenido	se	dicen	las	oraciones.	Por	
tanto,	la	oración	no	está	limitada	a	posturas	determinadas	o	conven-
cionales;	tampoco	está	restringida	a	lugares	de	adoración	o	a	ceremo-
nias	religiosas.	La	Biblia	dice:	«Quiero,	pues,	que	los	hombres	oren	en	
todo	lugar»	(1	Timoteo	2:8).
Al	orar,	 la	postura	física	no	es	tan	importante	como	la	actitud	del	
corazón.	Algunos	grupos	insisten	en	que	uno	debe	cerrar	los	ojos	o	arro-
dillarse	cada	vez	que	ora,	o	que	debe	colocar	las	manos	de	cierta	forma.	
Todo	esto	 carece	de	 importancia,	 si	bien	el	 arrodillarse	es	un	acto	de	
humildad	cuando	se	hace	sinceramente	y	cerrar	los	ojos	puede	ayudar	a	
la	concentración	de	la	persona	en	ese	momento,	no	son	determinantes	
para	la	efectiva	aplicación	y	resultados.	
139Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
Jesús	 rechazó	 algunas	 actitudes	 al	 orar	 cuando	 dijo:	 «Y	 cuando	
ores,	no	seas	como	los	hipócritas;	porque	ellos	aman	el	orar	en	pie	en	
las	sinagogas	y	en	las	esquinas	de	las	calles,	para	ser	vistos	de	los	hom-
bres;	de	cierto	os	digo	que	ya	tienen	su	recompensa.	Mas	tú,	cuando	
ores,	entra	en	tu	aposento,	y	cerrada	la	puerta,	ora	a	tu	Padre	que	está	
en	secreto;	y	tu	Padre	que	ve	en	lo	secreto	te	recompensará	en	público.	
Y	orando,	no	uséis	vanas	repeticiones,	como	los	gentiles,	que	piensan	
que	por	 su	 palabrería	 serán	 oídos.	No	 os	 hagáis,	 pues,	 semejantes	 a	
ellos;	porque	vuestro	Padre	sabe	de	qué	cosas	tenéis	necesidad,	antes	
que	vosotros	le	pidáis»	(Mateo	6:5–8).
Por tanto, la manera correcta de orar, es expresando lo que hay 
en el corazón a Dios. Sentado, de pie, o de rodillas; con las 
manos abiertas o cerradas; ojos abiertos o cerrados; en voz alta 
o en silencio; en un templo, en casa, o al aire libre; por la ma-
ñana o por la noche, todas estas cosas son asuntos secundarios, 
sujetos a la preferencia personal, convicción y conveniencia. El 
deseo de Dios es que la oración sea una conexión real y perso-
nal entre Él y la persona.
5.1.9. Los niños no deben ser bautizados 
En	las	iglesias	evangélicas	pentecostales	no	se	bautizan	los	niños,	bajo	
el	fundamento	de	que	éstos	no	tienen	conciencia	de	pecado	ni	de	qué	arre-
pentirse,	pues	se	cree	que	este	sacramento	es	para	ser	aplicado	solo	a	los	
adultos.	Sin	embargo,	en	su	lugar,	celebran	la	presentación	de	niños,	como	
una	ceremonia	que	cumple	el	deseo	de	Jesús,	según	Marcos	10:14,	cuando	
dice:	«Viéndolo	Jesús,	se	indignó,	y	les	dijo:	Dejad	a	los	niños	venir	a	mí,	y	
no	se	lo	impidáis;	porque	de	los	tales	es	el	reino	de	Dios».	
Ahora bien, según Carlos Jiménez (1994), el convencimiento 
de que los apóstoles ordenaron el bautismo de los niños, lo 
mismo que el de los adultos, se halla ya atestiguado en Orí-
genes (siglo III d. C), y, prescindiendo de algunas excepciones 
dignas de tenerse en cuenta, llegó a convertirse en una convic-
ción indiscutida hasta el siglo actual. Se afirma que los argu-
mentos tradicionales en pro del establecimiento del bautismo 
de los niños por parte de los apóstoles se hallan justificados 
tanto teológicamente como por la moderna investigación bí-
140 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
blica y arqueológica.El convencimiento, por ejemplo, de que el 
bautismo de toda una casa (Hechos 11:14; 16:15; 16:33; 18:8) 
se refería también a los niños pequeños». 8
Por	otro	lado,	las	palabras	de	Jesús	acerca	de	los	niños	pequeños	y	el	
reino	de	Dios	(Marcos	10:14)	se	entienden,	según	la	crítica	de	las	formas,	
como	si	el	relato	tuviese	una		«situación	vital»	en	una	comunidad	que	se	
hacía	la	pregunta	«¿Debemos	hacer	bautizar	a	nuestros	niños»	A	ella	se	
contestaba	tácitamente	con	esta	respuesta	que	se	presuponía:	«Sí,	llevad-
los	al	bautismo,	como	una	vez	fueron	llevados	a	Jesús»,	esta	conclusión	se	
ve	corroborada	por	la	suposición	de	que	el	mandato	de	Jesús	«no	se	lo	im-
pidáis»	reflejaba	un	antiguo	uso	litúrgico	de	esta	fórmula	en	el	bautismo.
Finalmente,	se	citan	inscripciones	sepulcrales	del	cristianismo	pri-
mitivo	como	prueba	para	demostrar	que	en	la	primitiva	iglesia	se	admi-
nistraba	el	bautismo	a	los	niños.	Mientras	que	no	pocos	teólogos	se	dejan	
impresionar	por	estos	argumentos,	otros	los	consideran	insostenibles	y	
creen	que,	 en	 cuanto	 al	 bautismo	de	 los	 niños,	 no	 llegó	 su	 aplicación	
hasta	finales	del	siglo	II	d.	C.	Para	el	autor	de	este	libro,	la	presentación	
de	niños	en	las	iglesias	pentecostales	es	equivalente	al	bautismo,	solo	le	
hace	falta	rociarlos	o	sumergirlos	en	agua,	ya	que	en	esencia,	hace	refe-
rencia	al	mismo	asunto	e	interés	de	Dios	por	los	niños.
5.1.10. Tomar café o té es pecado
Cuando	me	entregué	a	Cristo,	hace	unos	40	años,	se	me	indicó	que	
tomar	café	o	té		era	pecado,	una	complacencia	dañina	que,	a	semejanza	
de	otros	males,	perjudica	el	alma,	pues	estas	bebidas	creaban	adicción,	y	
por	tanto,	debía	evitarlas.	Con	cierta	frecuencia	algunos	tratan	de	ubicar	
en	la	Biblia	alguna	referencia	(de	cualquier	naturaleza)	que	respalde	la	
prohibición	de		tomar	café	o	el	té,		pero	la	legítima	verdad,	es	que	las	Sa-
gradas	Escrituras	no	hacen	ninguna	mención	de	este	asunto	ni	de	estas	
palabras	dentro	de	sus	páginas.	
La prohibición de tomar café o té, según Donner Theo (2004), 
no tiene raíces en la iglesia evangélica pentecostal, sino que 
proviene de la iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos 
Días (mormones). Sin embargo, muchas iglesias pentecostales 
han comprado ese discurso que, en términos médicos y cien-
141Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
tíficos, tienen mucha fuerza o razón de ser, pero no bíblica ni 
teológicamente. 9 
Una	de	las	respuesta	usuales	que	se	escuchan	es	que	éstos	contie-
nen	cafeína,	una	sustancia	alcaloide	del	grupo	de	las	«xantinas»	que	
es	estimulante	del	sistema	nervioso	central,	 la	cual	aumenta	el	nivel	
de	alerta	y	disminuye	 la	somnolencia.	En	ese	sentido,	 tienen	cafeína	
el	café,	el	extracto	de	guaraná,	el	 té,	 las	bebidas	de	cola,	 las	bebidas	
energéticas,	entre	otras.	
Por	tanto,	para	muchos	el	beber	té	y	café	es	un	pecado,	ya	que	estos	
tienen	una	tendencia	mayor	a	nublar	el	intelecto	y	debilitar	las	energías.	
Se	cree	que	los	que	tienen	el	hábito	de	tomar	té	o	café,	no	pueden	adorar	
a	Dios	cuando	están	privados	de	estos	narcóticos	habituales,	e	indican	
que	la	«gracia	divina»	será	impotente	para	animar,	vitalizar	o	espiritua-
lizar	las	oraciones	o	los	testimonios.	
Sin	 embargo,	 la	Asociación	Médica	Americana	 reconoció	 oficial-
mente	que:	«Beber	té	o	café	de	forma	moderada	no	tiene	ningún	efecto	
negativo	 sobre	 la	 salud,	 siempre	 y	 cuando	 se	 lleve	 un	 estilo	 de	 vida	
saludable».	De	hecho,	en	los	últimos	años,	no	solo	se	han	refutado	la	
mayoría	de	los	efectos	adversos	asociados	a	la	bebida;	también	se	ha	
demostrado	que	provee	múltiples	beneficios	ajenos	a	la	cafeína,	al	pun-
to de considerarla un nutriente. 
142 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
Estos	estudios	indican	que	el	tomar	café	ayuda	a	prevenir	el	Alzhe-
imer,	 reduce	 el	 riesgo	de	diabetes	 tipo	2,	 sirve	 de	 analgésico,	 comba-
te	dolores	de	tipo	existencial,	como	depresiones,	aumenta	el	colesterol	
bueno	y	disminuye	el	colesterol	malo,	ayuda	a	combatir	algunos	tipos	de	
cáncer,	aumenta	el	rendimiento	y	el	mantenerse	sobrio.	
Finalmente, todas las personas, cristianas o no, pentecostales o 
no, tienen el derecho de decidir lo que van a comer y a beber, o 
no. Pero estas, no tienen el derecho de imponer esas opiniones 
en nadie más, especialmente cuando se está aplicando o usan-
do la Biblia incorrectamente. 
5.1.11. Las mujeres no se pueden 
preparar para no tener hijos
El	tema	de	que	las	mujeres	no	se	pueden	preparar	para	no	tener	hi-
jos	es	viejo,	y	no	solo	atañe	a	las	iglesias	pentecostales.	Aunque	desde	
hace	más	de	dos	mil	años	atrás,	ya	se	buscaban	métodos	anticonceptivos	
en	 las	civilizaciones	antiguas,	estos	métodos	anticonceptivos,	como	se	
conocen	hoy	en	día	(pastillas,	parches,	entre	otros),	existen	desde	hace	
solo	unos	30	a	40	años,	y	por	lo	tanto,	nada	se	dice	explícitamente	res-
pecto	a	ellos	en	las	Sagradas	Escrituras.
Ahora	 bien,	 el	 significado	 del	 matrimonio	 incluye,	 por	 diseño	 de	
Dios,	dar	a	luz	a	hijos	y	enseñarles	los	caminos	de	Cristo	(Génesis	1:26–
28).	Sin	embargo,	la	Biblia	no	prohíbe	la	anticoncepción.	Por	definición,	
la	anticoncepción	es	simplemente	lo	opuesto	a	la	concepción.	Dadas	al-
gunas	creencias,	muchas	parejas	de	las	iglesias	pentecostales	han	tenido	
muchos	hijos	y	estos	sufren	las	consecuencias	propias	de	la	falta	de	aten-
ción,	ropa	y	alimento,	lo	cual	constituye	una	gran	irresponsabilidad	por	
parte	de	quienes	así	actúan.	
Peggy Sanday (1981), dice: «Algunos toman como marco re-
ferencial la palabras del apóstol Pablo en 1 Timoteo 2:15, que 
dice: «Pero se salvará engendrando hijos, si permaneciere en 
fe, amor y santificación, con modestia». Este pasaje, tomado 
fuera de contexto, no solo crea distorsiones sobre el tema en 
cuestión, sino que introduce en escena el tema de la salvación 
que, en ningún sentido, está sujeto a tener hijos. Si una per-
143Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
sona practica la anticoncepción para retrasar la llegada de los 
hijos hasta que esté más madura y mejor preparada espiritual 
y financieramente, es admisible y entendible el uso de anti-
conceptivos por un tiempo». 10
Todas	las	parejas	casadas	deben	buscar	el	tener	hijos	a	su	tiempo.	Al	
mismo	tiempo,	no	hay	argumento	bíblico	que	califique	explícitamente	
como	malo	el	uso	del	control	natal	por	un	tiempo.	En	ese	sentido,	todas	
las	parejas	casadas	deberían	buscar	la	voluntad	del	Señor	al	considerar	
cuándo	deberían	tratar	de	tener	hijos,	y	cuántos	buscarían	tener.
5.1.12. Los creyentes católicos no son cristianos
Un	cristiano	es	alguien	que	sigue	la	verdadera	fe	de	Jesucristo.	En	los	
Hechos	de	los	Apóstoles,	se	lee	que	fue	en	Antioquía	donde,	por	primera	
vez,	a	los	seguidores	de	Cristo	se	les	llamó	cristianos	(Hechos	11:26).	Es	
interesante	que	fuera	también	en	Antioquía,	en	el	año	110	d.C.,	que		el	
término	«católico»	 fue	por	primera	vez	aplicado	a	 la	 iglesia	 cristiana.	
Esto	fue	hecho	por	el	célebre	mártir	de	la	antigua	iglesia	cristiana,	Igna-
cio.	Sin	embargo,	para	muchos	evangélicos	pentecostales,	los	católicos	
no	son	cristianos	y	mucho	menos	alcanzarán	la	salvación.	
En el griego la palabra «katholikos», «católico», significa uni-
versal. Por lo tanto, la única iglesia cristiana de ese entonces 
llegó a ser conocida como la iglesia católica. Tiene bastante 
sentido que los dos términos, cristiano y católico, sean inter-
cambiables; pues la única iglesia cristiana que existió desde el 
principio, llevó el nombre de iglesia católica. 11
En	ese	sentido,	el	adjetivo	«cristiano»,	aplicado	a	una	persona,	sig-
nifica	básicamente	«alguien	que	cree	en	Cristo	y	le	sigue».	Cristiano	es	
aquel	que	confiesa	haber	hallado	a	Dios	en	la	persona	de	Jesucristo,	o	
más	bien,	el	que	sostiene	que	Dios	mismo	le	ha	llamado	y	encontrado	
por	medio	de	Jesús.	Por	 tanto,	ser	cristiano	es	 lo	mismo	que	estar	en	
comunión	con	Cristo,	reconocerle	como	Señor.	Entonces,	decir	que	los	
católicos	no	son	cristianos,	es	un	absurdo.	
Cristianismo,	básicamente,	es	el	modo	de	vida	y	ladoctrina	y	de	los	
seguidores	de	Cristo,	tal	y	como	fueron	predicadas	desde	los	primeros	
tiempos	de	la	iglesia.	De	hecho,	ya	antes	del	año	107	a.	de	C.,	la	palabra	
144 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
«cristianismo»	aparece	por	primera	vez	en	la	carta	de	Ignacio,	Obispo	
de	Antioquía,	a	los	Magnesios.	A	lo	largo	del	tiempo	cuando	de	la	iglesia	
única	(universal,	católica)	se	separaban	grupos	con	su	particular	inter-
pretación	de	 la	Biblia	 y	 las	 enseñanzas	de	 Jesús,	 se	 les	 fueron	dando	
nombres	que	los	relacionaban	con	el	fundador	y	las	enseñanzas.
Por ejemplo, los montanistas (siglo II), por el líder Montano, 
los arrianos (siglo IV), por Arrio de Alejandría, los docetistas 
(S.I) por su enseñanza de que la carne de Jesús no era real sino 
aparente («dokesis» quiere decir en griego «apariencia»), los 
pelagianos (siglos IV y V) por el líder Pelagio. 
Posteriormente	los	luteranos	en	el	S.	XVI,	por	seguir	las	tesis	de	Lu-
tero,	los	calvinistas	por	Calvino,	los	presbiterianos	por	la	forma	de	go-
bierno	eclesial	que	se	funda	en	un	consejo	de	ancianos	(presbíteros),	los	
metodistas	del	S.	XVIII,	por	el	apodo	que	les	pusieron	gracia	a	su	vida	
«metódica»,	los	bautistas	desde	el	S.	XVI	por	su	énfasis	en	el	rebautismo	
o	el	bautismo	solo	de	 los	adultos	y	naturalmente,	 los	pentecostales	de	
principios	del	S.	XX,	por	el	énfasis	en	la	recepción	del	Espíritu	Santo	y	
los	dones	como	en	Pentecostés.	
5.1.13. Tomar vino es pecado
Bíblicamente	hablando,	no	es	pecado	beber	vino.	En	otras	palabras,	
el	acto	de	beber	vino	en	sí	y	por	sí	mismo	no	es	pecado.	De	hecho,	Pablo	
le	recomienda	a	Timoteo	que	beba	vino	para	el	estómago	y	enfermeda-
des	(1	Timoteo	5:23).	Además,	Jesús	no	transformó	el	agua	en	jugo,	sino	
que	la	convirtió	en	vino	(Juan	2:7–9).	En	ese	sentido,	algunos	creyentes	
pentecostales	intentan	justificar	el	hecho	de	que	Jesús	convirtió	el	agua	
en	algo	que	no	era	vino,	o	un	«vino	celestial»,	sin	alcohol,	o	que	fue	dilui-
do	en	agua	hasta	que	no	se	sintiese	el	alcohol,	o	cosas	semejantes.	
Por	tanto,	en	el	pasaje	de	Juan	2:1–11	(de	las	bodas	de	Caná),	se	en-
cuentra	el	único	testimonio	bíblico	que	se	tiene	sobre	cómo	era	el	vino,	
ya	 que	 el	maestresala	 probó	 el	 agua	hecha	 vino,	 sin	 saber	 él	 de	 dón-
de	era,	aunque	lo	sabían	los	sirvientes	que	habían	sacado	el	agua.	Este	
llamó	al	esposo,	y	le	dijo:	«Todo	hombre	sirve	primero	el	buen	vino,	y	
cuando	ya	han	bebido	mucho,	entonces	el	inferior;	mas	tú	has	reservado	
el	buen	vino	hasta	ahora».	
145Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
Muchos	citan,	«fuera	de	contexto»,	el	pasaje	de	Gálatas	5:9	y	el	de	
1	 Corintios	 5:6,	 el	 cual	 dice	 que:	 «Un	poco	 de	 levadura	 leuda	 toda	 la	
masa»,	con	el	objetivo	de	frenar	a	los	creyentes	en	cuanto	a	tomar	vino,	
indicando	que,	 sin	 importar	 la	 cantidad	 ingerida,	 ya	 se	ha	pecado,	 lo	
cual	tiene	buenas	intenciones,	pero	como	dice	un	refrán:	«La	fiebre	no	
está	en	la	sábana».	Esos	pasajes	no	se	aplican	al	tema	en	cuestión.	
Ahora	bien,	si	el	beber	vino	es	una	tentación	para	alguien	que	no	es	
tan	maduro	en	la	fe,	no	se	debería	participar	de	la	bebida	frente	a	esa	
persona	(Romanos	15:1).	Por	otro	lado,	el	apóstol	Pablo	dice:	«Por	tanto,	
nadie	os	juzgue	en	comida	o	en	bebida,	o	en	cuanto	a	días	de	fiesta,	luna	
nueva	o	días	de	reposo»	(Colosenses	2:16).	Como	se	ve,	a	partir	de	aquí,	
se	tiene	una	clara	enseñanza	respecto	a	que	no	se	debe	juzgar	a	las	per-
sonas	en	cuanto	a	los	alimentos	o	bebidas	que	prefiera	el	otro.	
Finalmente,	 cabe	 señalar	 que	 en	 países	 europeos	 como	España	 y	
Francia,	y	en	algunos	de	América	como	Argentina,	se	tiene	por	costum-
bre	tomar	una	copa	de	vino	con	las	comidas,	lo	cual	no	constituye	nin-
guna	falta	a	los	mandamientos	de	Dios.	El	pecado	sería	emborracharse,	
transgrediendo	las	palabras	del	apóstol	Pablo	cuando	dijo:	«No	os	em-
briaguéis	con	vino,	en	lo	cual	hay	disolución;	antes	bien	sed	llenos	del	
Espíritu»	(Efesios	5:18).	
Se	debe	señalar	que,	«sed	 llenos	del	Espíritu»	es	 la	acción	de	estar	
llenos	de	la	Palabra	de	Dios,	por	tanto,	no	se	limita	a	tener	experiencias	
místicas	o	emociones	canalizadas	por	algún	concierto,	evento	o	congreso,	
ni	necesariamente,	limitarse	al	hablar	en	lenguas	o	danzar	en	el	Espíritu.
146 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
5.1.14. El hombre es la cabeza de la mujer
Sin	 lugar	a	dudas,	este	es	uno	de	 los	 temas	que	no	ha	habido	 for-
ma	de	separarlo	de	la	vida	cristiana	en	las	iglesias	pentecostales	de	este	
tiempo,	por	muchas	razones,	las	cuales	más	adelante	se	estarán	desta-
cando.	Las	referencias	bíblicas	son	muchas,	pero	muy	mal	aplicadas	y	
sacadas	de	contexto,	dado	el	interés	de	algunos	de	mantener	a	la	mujer	
en	bajo	perfil	en	relación	al	hombre.	
El	pasaje	clave	está	en	Efesios	5:23,	que	dice:	«Porque	el	marido	es	
cabeza	de	la	mujer,	así	como	Cristo	es	cabeza	de	la	iglesia,	la	cual	es	su	
cuerpo,	y	él	es	su	Salvador».	La	clave	de	este	asunto	está	en	la	palabra	
«cabeza»,	la	cual	para	los	latinoamericanos	está	asociada	a	jerarquía	o	
autoridad,	y	esto	se	aleja	del	sentido	bíblico.	El	hombre	debe	ser	el	«sa-
cerdote	del	hogar»,	es	decir	el	que	está	para	guiar	espiritual	y	socialmen-
te	a	todos	en	el	hogar;	no	el	jefe,	mandamás	o	cabeza	en	el	sentido	de	que	
es	el	que	decide	todo	sin	consultar	a	nadie.	
Para quienes son parte de una iglesia pentecostal, las «prescrip-
ciones» contenidas en las Sagradas Escrituras que, aun cuan-
do contienen «principios» que son fundamentales y aplicables 
en el día de hoy, estas son, por lo regular, sacados «arbitraria-
mente» de un contexto sociocultural muy distinto al nuestro 
e introducidos en las «prácticas hogareñas» sin la adecuación 
pertinente, es decir, sin ponerlas en contexto.
En	ese	sentido,	Silvia	Vera	Acampo	(1987),	dice:	«Este	«escenario»	
crea	una	serie	de	distorsiones	en	cuanto	al	«ideal»	planteado	en	la	Bi-
blia	y	la	realidad	de	las	sociedades	del	mundo	actual,	poniéndoles	una	
«camisa	de	fuerza»	a	los	matrimonios	y	familias	que	desean	establecer	
reglas,	normas,	y	construir	«roles»	distintos	a	los	que	se	proponen	en	la	
sociedad	y	en	el	ámbito	de	la	fe,	constituyéndose	esto	en	un	gran	«reto»	
para	las	«familias»	de	hoy	en	sentido	general».	12
Ahora	bien,	la	Biblia,	puesta	adecuadamente	en	contexto,	puede	
ayudar	a	iluminar	y	a	solucionar,	aunque	sea	en	parte,	tanta	desorien-
tación	existente.	Es	necesario,	por	 tanto,	usar,	 interpretar	y	aplicar	
los	 textos	 bíblicos,	 escritos	 en	 otros	 tiempos	 históricos,	 contextos	
culturales	y	costumbres	sociales,	a	la	necesidad	y	realidad	de	la	fami-
lia	de	este	tiempo.	Como	ya	se	ha	indicado	en	secciones	anteriores,	no	
147Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
todo	lo	que	está	en	la	Biblia	es	para	nosotros	hoy;	fueron	asuntos	para	
la	época	que,	no	necesariamente,	trascienden,	literalmente,	a	nuestro	
contexto	en	particular.	
En ocasiones se culpa a las Sagradas Escrituras y al Dios de 
ellas, de ser los precursores del «machismo», que en los tiem-
pos del Antiguo Testamento se conocía como la era de los pa-
triarcas. En ese sentido, Héctor B. Olea (2016), dice: «Dios no 
es machista, Dios no es feminista, Dios no es varón, Dios no es 
mujer; pero el discurso teológico de la tradición judeocristiana 
(AT y NT), elaborado, estructurado, contado y divulgado por 
varones; sí es machista, desfavorable a la mujer, donde jamás 
dominó la idea siquiera de una igualdad relativa entre el varón 
y la mujer, y donde es claro que la mujer siempre estuvo a la 
sombra del liderazgo y señorío del varón, en la sociedad, en el 
hogar, en el clan, en la tribu, en la monarquía, en el templo, en 
la sinagoga, y en las asambleas cristianas». 13
En	 ese	 sentido,	 las	 familias	 de	 hoy	 deben	modificar	 la	 forma	 de	
«crianza»	 de	 los	 varones	 en	 cuanto	 a	 los	 quehaceres	 del	 hogar.	 Esas	
«ideas»	de	que	los	varones	no	cocinan,	ni	lavan	los	platos	o	limpian	la	
casa,	entre	otros	trabajos	domésticos,	deben	cambiar.	A	los	varones	se	
les	debe	«enseñar»	que	esas	cosas	no	son	solo	de	las	hembrasy	que	for-
man	parte	de	las	«tareas	cotidianas»	que	ellos	deben	realizar.
Por	tanto,	el	hombre	no	tiene	que	ser	un	machista,	ni	la	mujer	una	
feminista.	Los	que	han	madurado	sobre	el	tema	saben	que	nunca	fue	el	
deseo	de	Dios	de	que	el	hombre	tuviera	la	última	palabra	en	todo.	Hay	
que	elaborar	una	«teología	de	género»	que	equipare	el	papel	de	la	mujer	
a	la	par	con	la	del	hombre,	a	los	fines	de	mejorar	las	relaciones	interper-
sonales,	crear	un	abanico	más	amplio	de	análisis	y	discusión	que	permi-
ta	aprovechar	en	su	justa	dimensión	el	potencial	que	Dios	colocó,	tanto	
en	el	hombre,	como	en	la	mujer.
5.1.15. Fumar es pecado
La	Biblia	 nunca	menciona	 directamente	 el	 fumar.	 Por	 tanto,	 no	 se	
puede	considerar	que	un	creyente	que	fume,	esté	pecando.	Sin	embargo,	
se	pueden	considerar	un	par	de	principios	que,	ayudarían	a	entender	la	
148 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
necesidad	de	evitar	la	práctica	de	fumar.	Primero,	la	Biblia	en	1	Corintios	
6:12,	dice:	«Todas	las	cosas	me	son	lícitas,	mas	no	todas	convienen;	todas	
las	cosas	me	son	lícitas,	mas	yo	no	me	dejaré	dominar	de	ninguna».	
Más	 adelante,	 en	 el	mismo	 pasaje	 dice:	 «¿O	 ignoráis	 que	 vuestro	
cuerpo	es	templo	del	Espíritu	Santo,	el	cual	está	en	vosotros,	el	cual	te-
néis	de	Dios,	y	que	no	sois	vuestros?	Porque	habéis	sido	comprados	por	
precio;	glorificad,	pues,	a	Dios	en	vuestro	cuerpo	y	en	vuestro	espíritu,	
los	cuales	son	de	Dios»	(1	Corintios	6:19–20).	Indudablemente	el	fumar	
es	muy	malo	para	la	salud	del	cuerpo.	Fumar	es	responsable	de	muchas	
enfermedades,	 tales	como:	cáncer,	enfermedades	 respiratorias	a	 largo	
plazo	(crónicas),	enfermedades	cardíacas,	así	como	muerte	prematura.	
Fumar hace que el aliento y la ropa tengan mal olor, provoca 
manchas en los dientes y los dedos, aumenta la posibilidad de 
sufrir insomnio, incrementa el riesgo de sufrir psoriasis, causa 
envejecimiento prematuro, hace que se vuelva gris el pelo o haya 
calvicie prematura, hace que se estrechen los vasos sanguíneos 
y aumenta los problemas dentales. Sin embargo, la verdad es 
que muchos hombres piadosos han sido fumadores, como el 
caso del famoso predicador británico C.H. Spurgeon. Según 
otras fuentes Kart Barth, Martin Lutero, y actualmente T. B. 
Joshua, entre otros, fumaron y fuman. Claro está, Spurgeon y 
los demás hacían mal al cuerpo al fumar, pero no pecaban con 
esto, ya que éstos fueron y son hombres piadosos y fantásticos 
maestros de la Palabra de Dios. 
Sin	lugar	a	dudas,	hay	muchos	verdaderos	creyentes	en	Jesucristo	
que	fuman.	El	fumar	no	hace	que	una	persona	pierda	la	salvación.	Sin	
embargo,	al	igual	que	muchos	otros	hábitos,	el	fumar	es	perjudicial	para	
la	salud	de	cualquier	persona	y	debe	ser	abandonado,	y	vencido	con	la	
ayuda	de	Dios.	Si	una	persona	desea	verdaderamente	vencer	este	mal	
hábito,	recuerde	que	luchar	por	vencer	es	lo	que	Dios	espera.	Tal	vez	no	
sea	fácil,	pero	el	carácter	se	fortalece	en	la	batalla.	Por	lo	que,	sea	bíblico	
o	no,	no	es	recomendable	fumar,	sea	este,	creyente	o	no	en	Cristo.		
149Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
5.1.16. No es bíblico el uso de la danza en la iglesia
Los	que	se	oponen	al	uso	de	la	danza	en	la	iglesia	pentecostal	indi-
can	que,	 las	«danzas	cristianas»	no	son	el	producto	de	una	expresión	
de	júbilo	genuino,	por	lo	tanto,	no	sirven	para	adorar	al	Señor.	Que	son	
una	coreografía	ensayada	y	practicada	con	el	fin	de	no	hacer	el	ridículo.	
Sostienen	que	no	tienen	nada	de	espiritual,	ya	que	se	hace	en	la	carne	y	
son	una	pérdida	de	tiempo	en	la	iglesia,	tiempo	que	se	debe	utilizar	para	
orar,	predicar,	alabar	y	adorar	en	espíritu	y	en	verdad.
Además,	que	éstas	se	han	convertido	en	una	entretención	más	den-
tro	del	«culto»	y	que	el	público	no	sabe	qué	significa	ni	qué	quiere	decir	
cada	movimiento	que	hacen	los	y	las	danzarinas,	y	que	ni	ellos	mismos	
saben	lo	que	hacen	ni	por	qué	lo	hacen,	considerándolas	como	una	moda	
más	en	la	iglesia	contemporánea.	
Sin embargo, la danza ha sido una parte importante de la expre-
sión religiosa a través de la historia. En la tradición cristiana, la 
danza se ha mencionado varias veces en el Antiguo Testamento, 
cuando los fieles danzaban para expresar adoración, alabanza y 
agradecimiento. La danza de alabanza permite que las danza-
rinas utilicen sus cuerpos como templos de Dios. A través de 
la danza, los fieles muestran intimidad y devoción a Dios. El 
danzar ayuda a liberar tensiones, adelgazar y expresar alegría. 
150 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
En	ese	sentido,	E.	Mullins	(2013),	dice:	«El	cristianismo	y	la	danza	
han	sido	a	menudo	vistos	como	menos	compatibles,	debido	al	énfasis	en	
el	cuerpo.	Esto	se	debe	a	que	el	cuerpo	se	asocia	a	menudo	con	lo	carnal,	
o	 la	sexualidad.	Sin	embargo,	 la	danza	de	alabanza	es	acerca	de	 la	 fe,	
no	de	la	sexualidad.	Se	danza	con	el	propósito	de	elevar	una	ofrenda	de	
adoración	a	Dios	y	no	para	mostrar	un	show.	La	danza	en	la	iglesia	no	
constituye	ningún	pecado,	ya	que	este	escenario	no	envuelve	influencias	
mundanas	o	carnales».	14 
Por	tanto,	así	como	la	danza	espontánea	es	percibida	como	parte	
del	movimiento	 del	 Espíritu	 Santo	 en	 las	 personas,	 una	 coreografía	
podría	serlo	igualmente.	El	Espíritu	Santo	es	quien	(en	última	instan-
cia)	enseña	o	guía	a	los	coreógrafos	a	esperar	hasta	que	Dios	les	ins-
pire	los	movimientos	de	danza	correctos,	de	la	misma	manera	en	que	
los	pastores	están	inspirados	para	escribir	los	sermones.	Usar	danzas,	
banderines	y	coreografía	en	un	culto	de	adoración	llama	la	atención	de	
la	gente	para	que	adore	a	Dios,	y	les	ayuda	a	poner	la	mente	en	el	Señor	
y	buscar	más	su	rostro.	
Hoy en día, en muchas iglesias pentecostales clásicas o con-
servadoras la danza está creciendo, con programas para la 
juventud, y provocando que un gran número de creyentes 
deseen convertirse en danzarinas y danzarines profesionales, 
como Dios se lo merece. El apóstol Pablo dice: «Por lo demás, 
hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo 
justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen 
nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en 
esto pensad (Filipenses 4:8).
5.1.17. Judas Iscariote murió ahorcado 
Este	 caso	 es	 bien	 complejo.	 Según	 la	 narración	 de	Mateo,	 Judas		
arrepentido	por	haber	entregado	a	Jesucristo	en	mano	de	los	enemigos,	
no	pudo	soportar	la	angustia	de	este	recuerdo,	y	desesperado	se	ahorcó.	
Mateo	es	el	único	evangelista	que	relata	los	detalles	de	la	muerte,	y	lo	
hace	de	esta	manera:	«Entonces	Judas,	al	ver	que	lo	habían	condenado,	
aturdido	por	el	remordimiento,	devolvió	las	30	monedas	de	plata	a	los	
Sumos	Sacerdotes	y	a	los	ancianos,	diciendo:	«He	pecado,	entregando	a	
un	hombre	inocente».	Pero	ellos	le	contestaron:	«Y	a	nosotros	¿qué	nos	
151Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
importa?	Eso	es	cosa	tuya».	Entonces	Judas	tiró	las	monedas	en	el	Tem-
plo,	fue	y	se	ahorcó»	(Mateo	27:3–8).
Pero...,	¿La	muerte	de	Judas	sucedió	realmente	de	esta	manera?	No	
se	dudaría	si	no	fuera	porque	otro	libro	del	Nuevo	Testamento,	los	He-
chos	de	los	Apóstoles,	da	una	información	totalmente	distinta.	Cuenta	
este	libro	que	cuando	los	apóstoles	quisieron	buscar	un	sucesor	para	Ju-
das,	a	fin	de	volver	a	completar	el	número	de	los	doce	discípulos,	Pedro	
pronunció	un	discurso	y	dijo:
«Hermanos,	era	necesario	que	se	cumpliera	la	Escritura,	en	la	que	el	
Espíritu	Santo,	por	medio	de	David,	había	dicho	ya	acerca	de	Judas,	que	
fue	el	guía	de	los	que	apresaron	a	Jesús.	Pues	Judas	era	uno	de	los	nues-
tros,	y	obtuvo	un	puesto	en	este	ministerio.	Pero	fue	y	compró	una	finca	
con	el	dinero	que	le	pagaron	por	su	maldad.	Luego	cayó	de	cabeza,	se	re-
ventó	por	el	medio	y	se	derramaron	todos	sus	intestinos.	Cuando	los	ha-
bitantes	de	Jerusalén	lo	supieron,	llamaron	a	aquella	finca	«Acéldama»,	
que	en	su	lengua	quiere	decir	«Campo	de	Sangre»	(Hechos	1:16–19).
Sin	 lugar	 a	 dudas,	 existen	 entre	 estos	 dos	 relatos	 demasiadas	
divergencias,	ya	que	se	 tiene,	pues,	dos	versiones	distintassobre	 la	
muerte	de	Judas	el	Iscariote:
a.	 Mientras	Mateo	 habla	 de	 un	 suicidio,	 Hechos	más	 bien	
dice	que	se	trató	de	un	accidente:	se	cayó	y	su	cuerpo	se	
reventó	contra	el	suelo.
b.	 Mateo	afirma	que	a	Judas	se	le	remordió	la	conciencia	por	
la	traición	y	fue		a	devolver	las	30	monedas	a	los	sacerdo-
tes.	En	Hechos,	 en	 cambio,	 no	hubo	 arrepentimiento	ni	
devolución	del	dinero.
c.	 Según	Mateo,	con	las	monedas	devueltas	por	Judas	los	sa-
cerdotes	adquirieron	el	 campo	de	un	alfarero,	 y	 lo	usaron	
como	cementerio	para	los	judíos	extranjeros	que	morían	en	
Jerusalén.	Hechos,	en	cambio,	afirma	que	quien	compró	el	
campo	fue	el	mismo	Judas.
d.	 Mateo	puntualiza	que	el	campo	adquirido	por	los	sacerdo-
tes	era	un	terreno	desértico	(en	griego=agrón).	Mientras	que	
Hechos	aclara	que	era	una	finca	 (en	griego=joríon),	donde	
Judas	encontró	una	espantosa	muerte,	precipitándose	qui-
zás	desde	el	techo	de	la	casa.
152 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
e.	 Para	Mateo	el	misterioso	nombre	de	«Campo	de	Sangre»		
alude	a	la	muerte	de	Jesucristo	(ya	que	fue	comprado	con		
el	dinero	de	 la	venta).	Para	Hechos,	el	nombre	alude	a	 la	
muerte	de	Judas	(ya	que	allí	había	fallecido	trágicamente	
el	pobre	apóstol).
¿Se	pueden	conciliar	 los	dos	 relatos?	Como	se	puede	observar,	 son	
muchas	las	diferencias	entre	los	dos	relatos,	los	cuales	están	en	la	Biblia.	
Algunos	han	 intentado	hacerlos	coincidir,	diciendo,	por	ejemplo,	que	 la	
cuerda	o	la	rama	del	árbol	pudieron	haberse	roto,	y	al	caer	el	cuerpo	se	
destrozó	contra	el	suelo.	Pero	para	que	esto	sucediera	debió	haberse	ahor-
cado	de	un	árbol	muy	alto	y	en	Palestina	no	existen	árboles	tan	altos.
Otros,	con	más	imaginación,	han	sugerido	que	Judas	posiblemente	
se	ahorcó	de	un	árbol	plantado	en	el	borde	de	un	precipicio.	Y	al	rom-
perse	la	cuerda	o	la	rama,	su	cuerpo	se	despedazó	contra	el	 fondo	del	
valle.	De	 ser	 así,	 el	 cuerpo	de	 Judas	debería	haber	 caído	 con	 los	pies	
para	abajo,	tal	como	estaba	colgado.	Sin	embargo,	Pedro	asegura		que	
Judas	«cayó	de	cabeza»	(Hechos	1:18).	Esto	es	imposible,	a	menos	que	se	
hubiera	«ahorcado»	de	los	pies.	De	todos	modos,	las	divergencias	men-
cionadas	vuelven	irreconciliables	a	ambos	relatos,	y	han	hecho	fracasar	
los	numerosos	intentos	de	armonización.	
Benjamín Olea Cordero (2015), experto en Biblia, sobre este 
tema indica: «Muchos de los que se esfuerzan en armonizar 
las dos versiones lo hacen atendiendo al principio, ajeno a la 
misma Biblia, de que lo narrado tiene que ser histórico y que, 
por tanto, hay que compatibilizar las diferencias. Estas dos no-
ticias no pueden ser llevadas a armonización; en consecuencia, 
no hay posibilidad de que ambas sean históricas. Y de hecho, 
seguramente, ni una ni la otra lo son». 15
Desde	el	punto	de	vista	del	autor	de	este	libro,	la	muerte	de	Judas	es	
una	«narración	ilustrativa»	como	lo	son	otros	relatos	bíblicos,	cuya	in-
tención	es	la	de	mostrar	(en	el	caso	que	ocupa)	el	tipo	de	final	de	aquellos	
que	venden	al	Señor	o	su	primogenitura	por	unas	cuantas	«monedas»	
o	un	«plato	de	lentejas».	Sea	usted	quien	a	partir	de	lo	expuesto	fije	la	
posición	que	considere	más	ecuánime,	no	solo	de	este	caso,	sino	de	los	
demás	que	están	contenidos	en	las	Sagradas	Escrituras.	
153Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
5.1.18. Las mujeres no deben usar pantalones, 
prendas, maquillaje, tintes, pintarse las 
uñas ni ponerse extensiones de pelo
El	tema	de	los	pantalones,	prendas,	maquillaje,	tintes,	pintarse	las	
uñas	o	ponerse	extensiones	de	pelo,	en	especial	en	el	ámbito	pentecostal	
conservador	o	clásico	es,	y	seguirá	siendo	por	mucho	tiempo,	cuestión	
de	muchos	debates,	pero	sobre	todo	de	discriminación	e	impedimento	
para	el	avance	del	Evangelio.	Muchos	líderes	y	maestros	de	estas	iglesias	
prohíben	el	hecho	de	que	las	mujeres	usen	estas	cosas.		Esta	prohibición	
la	basan,	primeramente,	en	Deuteronomio	22:5,	que	dice:	«No	vestirá	la	
mujer	traje	de	hombre,	ni	el	hombre	vestirá	ropa	de	mujer;	porque	abo-
minación	es	a	Jehová	tu	Dios	cualquiera	que	esto	hace».	
Sin	embargo,	 las	ordenanzas	en	Deuteronomio	22:5,	 fueron	dadas	
en	un	tiempo	cuando	aún	no	existían	los	pantalones,	y	la	ropa	común,	
tanto	para	el	hombre	como	para	la	mujer,	eran	las	túnicas,	es	decir	vesti-
dos.	Por	lo	cual,	Dios	no	tenía	en	mente	el	uso	de	pantalones,	sino	que	le	
estaba	presentando	reglas	de	vestimenta	a	Israel	con	implicaciones	que	
iban	más	allá	del	uso	de	pantalones.	
Por	 otro	 lado,	 algunos	 líderes,	maestros	 y	 pastores	 pentecostales,	
prohíben	que	las	creyentes	usen	maquillaje,	se	tiñan	el	cabello,	que	se	
pongan	extensiones	de	pelo	o	usen	joyas.		Estos	basan	la	creencia	en	1	
Timoteo	2:9–10,	que	dice:	«Asimismo	que	las	mujeres	se	atavíen	de	ropa	
decorosa,	 con	pudor	y	modestia;	no	 con	peinado	ostentoso,	ni	oro,	ni	
perlas,	ni	vestidos	costosos,	sino	con	buenas	obras,	como	corresponde	a	
mujeres	que	profesan	piedad»	Además	de	Isaías	3:18–24.
154 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
Sin embargo, al analizar 1 Timoteo 2, el apóstol Pablo no está 
prohibiendo el arreglo de la mujer sino identificando aquellas 
cualidades que adornan a una creyente. Ni el oro, las perlas o 
ropa costosa complementan la vida espiritual de una cristiana. 
El adorno de una hija de Dios es guardar la decencia y arreglarse 
con modestia. No se deben usar ropa, prendas o arreglos que 
llamen la atención hacia sí mismas. El usar maquillaje, tintes, 
extensiones de pelo o prendas no es pecado si se hace con mo-
destia y sin descuidar el servicio a Dios. Una mujer peca cuando 
usa ropa indecente o usa peinados o prendas para autogloriarse. 
En	ese	sentido,	algunos	llegan	al	extremo	de	prohibir	por	comple-
to	el	arreglo	físico	de	una	mujer	creyente;	no	peinados,	no	maquillaje,	
no	 joyas	y	hasta	el	no	usar	 ropa	con	colores.	Estas	personas	basan	 la	
doctrina	en	1	Pedro	3:3–4,	que	dice:	«Vuestro	atavío	no	sea	el	externo	
de	peinados	ostentosos,	de	adornos	de	oro	o	de	vestidos	lujosos,	sino	el	
interno,	el	del	corazón,	en	el	incorruptible	ornato	de	un	espíritu	afable	y	
apacible,	que	es	de	grande	estima	delante	de	Dios».	
Para tener una mejor comprensión de los versículos tres y cua-
tro de 1 Pedro 3, es importante incluir los versículos del uno 
al seis. En estos versículos el enfoque del apóstol Pedro no es 
la belleza, sino en el cómo una mujer creyente puede evangeli-
zar al esposo no creyente por medio de la conducta. La belleza 
externa de la esposa no es suficiente para que el esposo incré-
dulo reciba al Señor en el corazón. Lo que si puede marcar la 
diferencia en la evangelización del cónyuge es una conducta 
íntegra y respetuosa (1 Pedro 3:2). 
En	ese	sentido,	Robert	W.	Palmer	(1999),	dice:	«El	ser	una	mujer	
mal	arreglada	y	descuidada	en	su	atuendo	de	nada	sirve,	si	no	tiene	un	
corazón	suave	y	apacible	que	 le	ayuda	a	respetar	a	su	marido	y	hon-
rar	a	Dios.	Por	tanto,	una	cristiana	no	peca	con	arreglarse	o	adornar	
el	físico.	Sin	embargo,	un	mejor	adorno	que	el	externo,	es	el	adornar	
su	espíritu	y	corazón	cumpliendo	los	propósitos	de	Dios.	La	voluntad	
de	Dios	para	la	mujer	cristiana	es	la	santidad,	la	modestia,	la	belleza	
interna	y	arreglarse	de	tal	manera,	que	le	indica	al	mundo	que	Cristo	
mora	en	todo	su	ser».	16
155Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
Por	 tanto,	 el	uso	de	pantalones,	prendas,	maquillaje,	 tintes,	pin-
tarse	las	uñas	o	ponerse	extensiones	de	pelo	en	las	mujeres	creyentes	
de	las	iglesias	pentecostales,	no	debe	ser	motivo	de	discriminación	o	
aislamiento	a	estas	del	cuerpo	de	Cristo,	siempre	que	lo	hagan	de	una	
forma	moderada	y	adecuada	a	la	ocasión	y	lugar	que	se	utilice,	sabien-
do	que,	el	contexto	en	que	se	vive	es	muy	diferente	al	escenario	bíblico,	
tanto	social	como	culturalmente.		
5.2. DOGMAS 
Los	«dogmas»	(como	se	indicó	en	el	capítulo	anterior)	son	aquellas	
normas,	reglas	o	prácticas	que	la	iglesia	establece	o	que	son	propuestas	
por	las	autoridades	eclesiásticas	como	política	institucional,	los	cuales	
se	consideran	necesariospara	mantener	un	orden,	y	que	no	están	con-
tenidas	o	cimentadas	en	las	Sagradas	Escrituras,	pero	que	en	la	práctica	
tienen	el	mismo	o	mayor	peso	de	observancia	que	las	«doctrinas»,	las	
cuales	sí	tienen	fundamento	bíblico	sólido.	
Ahora bien, ¿Por qué hay dogmas en la iglesia? ¿Cuál es la uti-
lidad? ¿Cómo benefician la labor interna de la iglesia? ¿Cuáles 
dogmas deben ser eliminados y cuales deberían permanecer? 
¿Son o no importantes los dogmas? ¿En qué áreas se deben 
aplicar los dogmas? ¿Cómo hacer frente al uso actual de los 
dogmas? Esas son algunas de las preguntas pendientes de res-
ponder por la iglesia pentecostal de hoy, si se desea ser compe-
titivos y adecuar el accionar de la iglesia, dada la realidad de los 
nuevos tiempos. 
Muchos	«dogmas»	no	permiten	que	las	 	estructuras	y/o	esquemas	
internos	sean	transformados	y	ampliados.	El	cómo,	cuándo,	dónde	hacer	
dicha	revisión,	son	tareas	pendientes	de	cada	iglesia,	concilio	o	denomi-
nación	en	particular.	Las	normas	o	reglas	de	trabajo	de	cada	 iglesia	y	
la	aplicación	deben	tener	una	perspectiva	contextualizada	a	la	realidad	
actual,	lo	cual	ayudará	a	que	se	tenga	«identidad	propia»,	sin	que	esto	
represente	un	 atentado	 a	 los	 buenos	principios	que	 tiene	 la	 iglesia	de	
Cristo,	situados	en	las	Sagradas	Escrituras.
156 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
En ese sentido, Stanley M. Harton (1996), dice: «El dogma 
en su formulación no debe ser una adquisición invariable, sino 
una respuesta a las dificultades del momento. No debe ser «In 
saecula saeculorum», es decir, por los siglos de los siglos o para 
siempre o eternamente. ¿Cuánto tiempo debe durar o perma-
necer una «norma» o «dogma» en el accionar de una iglesia? 
Solo el necesario para que el mensaje llegue y se logre los ob-
jetivos propuestos. Desde luego, esto requerirá una evaluación 
particular, adecuada y justa, según el contexto o área de la igle-
sia en que se apliquen los dogmas». 17 
Por	tanto,	una	cosa	es	«dogma»	y	otra	es	«doctrina	bíblica».	¿Qué	
diferencia	existe	entre	doctrina	y	dogma?	Doctrina,	es	la	revelación	de	
Dios	de	una	verdad	tal	como	se	encuentra	en	las	Escrituras	Sagradas.	
Dogma,	es	la	declaración	u	ordenanza	de	la	iglesia	con	respecto	de	esa	u	
otra	verdad,	expresada	en	reglas	o	normas.	No	es	lo	mismo,	no	es	igual.	
Por	tanto,	algunos	«dogmas»	deben	cambiar	y	no	se	debe	equiparar	los	
«dogmas»	con		las	«doctrinas	bíblicas»;	esto	ha	sido	un	error	histórico	
de	las	iglesias	pentecostales	que	debe	ser	reparado	hoy.	Son	muchos	los	
«dogmas»		existentes	en	las	iglesias	pentecostales.	Sin	embargo,	a	conti-
nuación,	se	presentan	algunos	para	el	análisis	y	revisión.	
5.2.1. No se puede tomar la Santa Cena si la persona no 
es bautizado(a)
La	Santa	Cena,	Cena	del	Señor,	la	Comunión,	Eucaristía	o	el	parti-
miento	del	pan,	son	algunos	de	los	nombres	que	se	les	da	a	la	ceremonia	
cristiana	que	simboliza	la	comunión	con	Cristo	expresada	mediante	la	
ingestión	de	pan	y	vino,	representando	el	cuerpo	y	la	sangre	de	Cristo	
entregados	para	la	salvación	de	la	humanidad.
 
La	enseñanza	bíblica	sobre	la	Cena	del	Señor	se	encuentra	en	1	Co-
rintios	11:27–34	y	promueve	la	participación	abierta	para	los	creyentes.	
Todos	aquellos	que	son	creyentes	en	Dios	mediante	la	fe	personal	en	Jesu-
cristo,	son	dignos	de	participar	de	la	Cena	del	Señor,	por	el	hecho	de	que	
han	aceptado	la	muerte	de	Cristo	como	pago	por	los	pecados	cometidos.
Sin embargo, el espíritu de esta ceremonia y el anhelo de Cristo 
se ven coartados por la forma en que ésta se realiza en muchas 
de las iglesias pentecostales de este tiempo. Tanto..., que se 
157Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
tendría que preguntar si es una Santa Cena o Santa División. 
El solo recordar las referencias del pasaje de 1 Corintios 11:27–
30 que dice: «De manera que cualquiera que comiere este pan 
o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del 
cuerpo y de la sangre del Señor» «Por lo cual hay muchos en-
fermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen». Esto 
hace temblar y huir de participar de ese momento tan especial. 
En	ese	sentido,	Josué	Barrientos	(2004),	dice:	«No	cabe	dudas	que	
las	interpretaciones	mal	fundadas	de	este	pasaje	y	el	anhelo	desmedido	
de	algunos	de	los	líderes	de	las	iglesias	pentecostales,	hacen	que	la	Cena	
del	Señor	sea	algo	súper	exclusiva,	ya	que	han	convertido	dicha	práctica	
en	algo	totalmente	divorciado	del	sentido	y	propósito	original».	18
Por	tanto,	¿De	dónde	se	extrae	la	idea	de	que	para	participar	de	la	
Cena	del	Señor	se	requiere	ser	bautizado?	¿Quién	o	quienes	pueden	de-
cidir,	quién	puede	o	no	participar	de	este	Sacramento?	¿Hasta	qué	punto	
se	puede	medir	 la	 condición	espiritual	de	un	creyente	al	momento	de	
tomar	la	Santa	Cena?
¿Sabe	usted	la	cantidad	de	creyentes	que	por	los	«miedos	infunda-
dos»	no	toman	la	Cena	del	Señor?	La	división	que	se	produce	en	la	igle-
sia	a	 la	hora	de	 tomarla,	en	 la	cual	 se	puede	observar	al	grupo	de	 los	
«pecadores»	por	un	 lado	y	 los	«santos»	por	el	otro.	Los	que	se	«van»	
con	Cristo	y	los	que	se	«quedan».	Los	que	están	«bien»	y	los	que	están	
«mal».	¿Es	ese	el	propósito	fundamental	de	la	Santa	Cena?	¿Cumple	esta	
práctica	actualmente	con	el	espíritu	que	le	dio	origen?
158 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
Todos aquellos que son creyentes en Dios mediante la fe per-
sonal en Jesucristo, son dignos y deben participar de la Cena 
del Señor. Por tanto, la forma en que muchas iglesias pente-
costales de este tiempo realizan la Santa Cena, introduce una 
condición que no es bíblica, la cual entorpece el propósito ori-
ginal, pues se ha convertido en una «Santa División», lo cual 
es discriminatorio y representa un atentado a la libertad de los 
creyentes en Cristo Jesús.
Bíblicamente,	 la	Cena	del	Señor	debe	 estar	 abierta	para	 todos	 los	
creyentes	 y	 no	debe	 ser	 exclusiva	 a	 un	determinado	 grupo	de	 la	 igle-
sia.	Lo	importante	es	que	los	que	participan	sean	creyentes	nacidos	de	
nuevo,	caminando	en	comunión	con	el	Señor	y	los	demás.	Finalmente,	
antes	de	participar	de	la	Cena	del	Señor,	cada	creyente	debe	examinarse	
personalmente	(1	Corintios	11:28).	
5.2.2. No se puede usar una Biblia 
digital en lugar de una física
En	muchas	iglesias	pentecostales	no	se	les	permite	a	los	miembros	
usar	una	Biblia	digital	en	lugar	de	una	física.	Entre	las		razones	que	se	
alegan	están:	«que	aleja	al	creyente	de	la	Biblia»,	«crea	cristianos	de-
pendientes»,	«contribuye	con	la	ignorancia	en	el	pueblo	de	Dios»,	«no	
ofrece	la	oportunidad	de	crear	mapas	mentales	y	recordar	versículos	
bíblicos»,	«no	anima	ni	facilita	las	anotaciones».	También,	que	«el	es-
tudio	en	digital	aniquila	el	deleite	de	la	lectura	de	la	Biblia	impresa»,	y	
que	«no	ofrece	ningún	atractivo	para	que	el	creyente	pase	tiempo	con	
la	Biblia	o	la	lleve	a	la	iglesia».
Además,	que	«la	Biblia	electrónica	a	menudo	solo	es	usada	por	el	
creyente	para	una	referencia	rápida»,	y	que	«la	lectura	electrónica	no	es	
sostenible	por	mucho	tiempo»	pues	«cansa	la	vista	y	hace	más	daño	a	
los	ojos	que	la	lectura	en	papel»,	y	que	«hoy	más	que	nunca,	andar	con	la	
Biblia	física	es	un	testimonio	necesario	e	importante».
La verdad es que da mucha tristeza que en medio de la atrac-
tiva ola de invenciones tecnológicas, no existe el deseo de mu-
chos creyentes de estar actualizados y relevantes en una so-
ciedad tan cambiante. En este tiempo, en un solo dispositivo 
portátil se puede tener: teléfono, cámara fotográfica y de video, 
159Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
navegador, agenda, radio, televisor, computador, calculadora, 
grabadora, biblioteca, correo, archivo, banco, mensajería, entre 
otros, que deben ser integrados al accionar interno de las igle-
sias pentecostales. La versatilidad y facilidad que brindan estos 
dispositivos «inteligentes» es fascinante. 
Sin	lugar	a	dudas,	la	influencia	de	muchas	iglesias	se	desvanece	en	
medio	de	una	 amplia	 oferta	de	productos	 y	medios	 tecnológicos,	 am-
pliando	así	la	brecha	entre	iglesiay	sociedad.	Esta	realidad	que	se	vive	
en	torno	a	 la	«tecnología»	representa	un	gran	«desafío»	para	las	 igle-
sias	pentecostales	de	este	tiempo.	La	«tecnología»	está	presente	en	todo,	
desde	el	trabajo,	la	comunidad,	la	familia,	en	todo	lo	relacionado	con	la	
vida	cotidiana,	y	quiérase	o	no,	en	cualquier	iglesia.	
En ese sentido, Julio Cabero (2000), dice: «La tecnología se 
está convirtiendo en la «piedra angular» casi para todo y to-
dos. Sabemos que la Palabra de Dios ya nos adelantaba lo que 
pasaría (Daniel 12:4). Las «tecnologías» fueron creadas «para 
hacernos la vida más fácil», es por ello que hoy estamos rodea-
dos de aparatos eléctricos. Todo esto, nos guste o no, ya forma 
parte de los tiempos en los que vivimos». 19
El	«desafío»	de	la	iglesia	pentecostal	de	este	tiempo	consiste,	preci-
samente,	en	preparar	a	los	creyentes	para	vivir	en	la	sociedad	del	cono-
cimiento	y	aprovechar	todo	lo	que	las	«tecnologías»	ofrecen	para	hacer	
eso	posible.	Muchas	iglesias	pentecostales	se	han	limitado	a	«transmi-
tir»	el	mensaje	del	Evangelio	haciendo	uso	de	los	medios	o	«canales	tra-
dicionales»	dentro	de	los	templos.	La	relación	de	la	iglesia	con	el	uso	de	
las	herramientas	«tecnológicas»,	no	es	incompatible	con	una	vida	de	fe,	
oración	y	búsqueda	constante	del	Espíritu	Santo.	
Por	tanto,	usar	una	Biblia	digital	en	lugar	de	una	impresa	no	tiene	
nada	de	maldad,	la	realidad	es	que	para	muchos	creyentes	de	hoy	es	más	
práctico	y	útil	leer	y	estudiar	en	un	formato	digital.			
160 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
5.2.3. En el templo los hombres deben ir 
de un lado y las mujeres del otro
Muchas	iglesias	pentecostales,	inconscientes	o	conscientes,	mantie-
nen	de	modo	selectivo,	algunas	ideas	del	Antiguo	Testamento,	las	cuales	
ni	los	propios	judíos	practican	en	este	tiempo.	Dado	el	estatuto	de	im-
pureza	legal	de	las	mujeres	en	el	judaísmo	a	causa	de	la	sangre	(por	la	
menstruación),	en	general	la	mujer	(en	el	judaísmo	ortodoxo),	es	consi-
derada	«impura»	(Levítico	15:19–33).	
De	hecho,	la	idea	llegó	más	lejos	en	la	antigüedad	cristiana,	ya	que	
había	que	separar	a	las	mujeres	para	evitar	la	«distracción»	de	los	hom-
bres	en	la	iglesia,	lo	cual	persiste	hasta	el	día	de	hoy.	En	las	iglesias	pen-
tecostales,	salvo	algunas	excepciones,	los	hombres	deben	ir	de	un	lado	
y	 las	mujeres	del	otro	cuando	están	en	el	 templo.	Esto	se	hace,	según	
explican	algunos,	para	que	no	haya	«distracción»	en	la	actividad	duran-
te	el	culto	propiamente	dicho.	De	esta	manera	todos,	hombres	y	mujeres	
están	más	cómodos	y	tranquilos	en	esos	momentos	para	concentrarse	
en la adoración a Dios.
 
Sin	embargo,	no	se	toma	en	cuenta	la	tutela	de	los	hijos	durante	el	
culto,	y	el	hecho	de	que	la	arquitectura	de	los	templos	de	las	iglesias	pen-
tecostales,	en	la	mayoría,	no	están	adecuadas	para	atender	a	los	niños,	
dejando	a	las	madres	con	la	mayor	carga	y	responsabilidad.	Esta	norma,	
más	que	ayudar,	crea	una	división	de	la	familia,	la	cual	es	innecesaria,	
ya	que	limita	a	la	mujer	del	disfrute	pleno	durante	el	culto.	
5.2.4. El hombre no debe usar bigotes ni barba
Existe	en	muchas	 iglesias	pentecostales,	 la	prohibición	del	uso	de	
la	barba	y	bigotes	en	los	hombres,	en	especial	a	 los	líderes	y	pastores;	
siendo	incluso	prescrito	en	los	reglamentos	de	algunos	concilios	pente-
costales.	Sin	embargo,	la	Biblia	no	condena	el	uso	de	la	barba	ni	mucho	
menos	del	bigote	en	los	creyentes,	aunque	tampoco	lo	ordena	para	los	
creyentes	en	Cristo.	Por	tanto,	este	asunto	debe	quedar	a	criterio	de	cada	
creyente,	dentro	de	la	libertad	que	todos	los	creyentes	tienen	en	Cristo.	
Sin	embargo,	la	idea	de	que	el	hombre	debe	usar	bigotes	y	barba	es	
sostenida	por	Clemente	de	Alejandría	(195	d.C.),	el	cual	al	respecto	dijo:	
«Que	la	quijada	tenga	barba.	Porque	una	barba	amplia	es	lo	apropiado	
161Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
para	el	hombre.	Y	si	alguien	se	afeita,	no	debe	afeitarse	todo	porque	esto	
es	una	desgracia.	También	el	bigote,	por	motivos	de	limpieza	al	comer,	se	
recorta	las	puntas	con	tijera,	pero	sin	afeitarlo	lo	cual	sería	indecoroso».	
Y	añade:	¡Qué	afeminado	es	para	el	hombre	afeitarse,	peinarse	con	fine-
za	y	arreglarse	delante	del	espejo	afeitándose	y	rapándose	la	barba	para	
que	sean	lisas	sus	mejillas!
Más adelante, Cipriano (250 d.C.), dijo: «La barba no debe ser 
rapada, no se desfiguren la barba». Sin embargo, la verdad es 
que no todos los cristianos de hoy en día hacen una lectura tan 
«literal» y descontextualizada de la antigua ordenanza mosai-
ca que dice: «No te recortes el pelo de las sienes ni de la barba» 
(Levítico 19:27). No obstante, aunque por honestidad herme-
néutica, no se puede considerar el uso o no del bigote ni de la 
barba como «pecado» en este tiempo.
El	usar	bigotes	o	barba	no	es	un	asunto	que	tenga	nada	que	ver	con	
la	cristiandad,	la	ética,	sino	con	la	idea	estética	que	cada	persona	tiene.	
Simple	cuestión	de	gustos,	modas	y	preferencias	culturales	o	personales	
que	no	deben	ser	reguladas	por	las	iglesias,	sean	o	no	pentecostales.	De-
jarse	crecer	la	barba	es	una	decisión	personal	y	no	hay	nada	en	la	Biblia	en	
contra	de	ello,	pero	al	mismo	tiempo,	depende	de	lo	que	las	personas	con-
sideren	aceptable.	Por	tanto,	ninguna	iglesia,	sea	o	no	pentecostal,	tiene	
derecho	a	evaluar	o	discriminar	a	un	hermano	si	usa	o	no	barba	y	bigote.	
162 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
5.2.5. En todo culto se debe desarrollar un 
devocional o primera parte, un cultural o segunda 
parte y el mensaje, el cual debe ir al final
La	liturgia,	el	culto	a	Dios,	la	adoración,	es	la	forma	más	adecuada	de	
la	iglesia	para	ponerse	en	contacto	y	comunicación	con	Dios,	a	través	de	
gestos,	palabras,	ritos,	acciones,	y	así	poder	participar	de	la	maravillosa	
gracia	de	Dios,	santificarse	y	entrar	en	esa	vida	íntima	de	Dios.	Sin	em-
bargo,	la	«liturgia	pentecostal»	está	en	crisis,	y	esto	representa	un	gran	
«desafío»	para	la	iglesia	de	este	tiempo.	
Se	sabe	que	en	la	iglesia	primitiva,	la	reunión	que	hoy	se	llama	«cul-
to»	contenía	un	«orden»	para	el	desarrollo,	en	el	cual	había,	entre	otras:	
oración,	estudio	de	la	doctrina	y	el	partimiento	del	pan;	mientras	que	
el	enfoque	era	determinado	por	la	necesidad	de	hermandad		y	armonía,	
crecimiento	en	el	conocimiento	de	Cristo	y	la	motivación	hacia	la	misión.	
Por	 tanto,	 es	necesario	destacar	que	 la	«adoración»	es	el	 centro	de	 la	
vida	espiritual	de	la	iglesia.	
En ese sentido, Jürgen Moltmann (2000), dice: «Hoy en día, 
desafortunadamente, el corazón de muchos creyentes desfa-
llece cuando en las reuniones o cultos son testigos de que en 
todo culto se debe desarrollar un devocional o primera parte, 
un cultural o segunda parte y el mensaje, el cual debe ir al fi-
nal. En ese sentido, no se cultiva la comunión entre los demás, 
ni se profundiza en la palabra, y se le dedica poco tiempo a la 
oración. Peor aún, nuestros «cultos» están llenos de pleitos, re-
gaños y reclamos hasta para «motivar» a los creyentes a alabar 
a Dios, cosas que han llenado los cultos de hojarasca, metales 
que resuenan, o címbalos que retiñen». 20 
Toda	«liturgia»	debe	ser	«dinámica»	y	saber	adaptarse	a	los	tiem-
pos,	pues	si	bien	es	cierto	que	las	verdades	bíblicas	que	se	expresan	
no	 cambian,	 ya	 que	 son	 verdades	 esenciales	 de	 la	 fe,	 las	 formas	 sí	
deben	cambiar	y	adaptarse	a	los	nuevos	tiempos.	Ahora	bien,	¿Cómo	
dinamizar	y	actualizar	la	liturgia	pentecostal	de	hoy	en	día?	¿Qué	ha-
cer	para	sacar	los	pleitos,	regaños	y	los	típicos	reclamos	a	la	hora	de	
«motivar»	a	los	creyentes	a	alabar	a	Dios	y	para	que	se	integren	a	las	
actividades?	¿Cómo	sacar	toda	esa	hojarasca,	metales	que	resuenan,	
o	címbalos	que	retiñen	de	los	cultos?			
163Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
Para lograr esto, se debe procurar una liturgia o culto con 
un contenido variado, dinámico y actualizado. Que favorez-
ca la participación integral y contribuya a la eliminación de 
la «inacción» de los demás durante el culto. Debe ser una 
«liturgia» que contribuya a la «edificaciónespiritual» de los 
que participan en la misma. Por tanto, debe ser una liturgia 
integral. Lo «integral» es aquello que comprende todos los 
aspectos o todas las partes necesarias para estar completo. 
Una liturgia contextualizada, alude a personas, hombres y 
mujeres en situaciones concretas actuales. 
También,	debe	ser	una	liturgia	participativa,	donde	todos	los	creyen-
tes,	bautizados	o	no,	sean	incluidos	en	el	culto,	no	solo	como	espectado-
res,	sino	como	participantes	activos	de	todo	el	contenido	y	desarrollo.	
Pero	además,	debe	ser	una	liturgia	pertinente,	ya	que	en	la	iglesia	pen-
tecostal	de	este	 tiempo,	 se	ha	perdido	«el	 factor	 sorpresa».	El	«factor	
sorpresa»	es	un	elemento	que	convierte	un	determinado	«culto»	en	una	
experiencia	inolvidable,	liberadora	y	edificadora.	
En	el	«culto»	de	la	iglesia,	la	gente	debe	recuperar	el	«espíritu	fes-
tivo»	que	se	ha	perdido.	El	Espíritu	de	Dios	convierte	el	«culto»	en	una	
fiesta.	En	esa	«fiesta»	reina	la	paz	y	la	alegría.	Hay	música	alegre,	al	son	
de	tambores,	guitarra,	batería	y	pianos.	Hay	danza	espiritual,	abundan	
los	abrazos	y	gestos	humanos	alegres,	la	intercesión	mueve	a	la	solidari-
dad	y	provoca	muestras	de	cariño.	
En	este	 contexto,	 el	 afecto	 y	 la	 ternura	 se	 comparten,	 se	 suelta	 la	
lengua,	 se	desatan	 las	 inhibiciones,	 las	 emociones	 se	 liberan,	 los	 sen-
timientos	 afloran,	 los	 sentidos	 se	 llenan	del	poder	del	Espíritu	Santo,	
todo	se	vuelve	fiesta.	Fiesta	que	reúne	a	los	pobres	y	a	los	ricos,	fiesta	
que	celebra	el	amor,	la	justicia,	la	paz,	la	hermandad	y	la	solidaridad.	Y	
esta	experiencia	particular	de	fe,	alegría	y	comunión,	les	permite	a	las	
personas	enfrentar	las	«durezas»	de	lo	cotidiano	con	fuerzas	y	energías	
renovadas.	Por	tanto,	el	orden	y	contenido	de	los	cultos	puede,	y	debe	ser	
revisado	por	la	iglesia	pentecostal	de	este	tiempo.
5.2.6. No se puede orar dándole la espalda al púlpito
En	la	mayoría	de	las	iglesias	pentecostales	se	enseña	que	no	se	puede	
orar	dándole	la	espalda	al	púlpito.	Sin	embargo,	se	sabe	que	esta	prác-
164 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
tica	 tiene	 origen	 en	 Israel,	 en	 el	 cual	 era	 costumbre	 orar	 de	 frente	 al	
lugar	donde	se	supone	está	la	presencia	de	Dios,	pues	oraban	de	frente	
al	templo.	Esa	es	la	razón	por	la	cual	Daniel	(que	estaba	en	el	cautiverio	
en	Babilonia)	abría	las	ventanas	de	la	habitación	que	miraba	a	Jerusalén.	
Los	 judíos	de	 la	diáspora	oraban	dirigiéndose	hacia	Jerusalén,	en	
concreto	hacia	la	Shekináh,	el	lugar	del	templo	llamado	el	«Sancta	Sanc-
torum»	(Santo	de	los	Santos),	 lugar	más	manifiesto	de	la	presencia	de	
Dios,	y	aún	después	de	la	destrucción	del	templo,	siguió	siendo	costum-
bre	en	la	Sinagoga	volverse	hacia	Jerusalén	en	la	oración,	así	expresaban	
los	deportados	judíos	la	esperanza	escatológica	en	la	aparición	del	Me-
sías,	 la	reconstrucción	del	templo	y	 la	reunión	del	pueblo	de	Dios	dis-
perso	en	la	diáspora.	De	este	modo,	la	orientación	de	la	oración	estaba	
inseparablemente	unida	a	las	expectativas	mesiánicas	de	Israel.	
Martín Wallraf (1998), sostiene que hasta el siglo II, orar mi-
rando a Oriente era tan común en el Judaísmo como orar mi-
rando a Jerusalén. No puede causar extrañeza pues, que los 
primeros cristianos, surgidos precisamente en ese ambiente del 
judaísmo, realizaran prácticas similares. Hacia Oriente oraba 
el apóstol Pablo, según el libro apócrifo «Hechos de Pablo», 
compuesto por un presbítero de Asia Menor, hacia el año 180 
d.C.: «Entonces Pablo volvió su rostro hacia Oriente, elevó sus 
manos al cielo y estuvo en oración durante un buen rato». 21
165Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
Por	otro	lado,	Tomás	de	Aquino	explica	el	fin	escatológico	de	la	ora-
ción	del	cristiano	hacia	el	Oriente:	«Orar	en	dirección	a	Oriente	es	ade-
cuado,	en	primer	lugar	porque	la	rotación	de	los	cielos,	que	manifiesta	
la	majestad	 divina,	 empieza	 por	 el	 Este.	 En	 segundo	 lugar,	 porque	 el	
Paraíso	 estaba	 situado	 al	Este,	 según	 la	 versión	de	 los	LXX	del	 texto	
de	Génesis,	y	nosotros	ansiamos	volver	al	Paraíso.	Y	en	tercer	lugar,	a	
causa	del	propio	Cristo,	que	es	la	luz	del	mundo,	es	llamado	el	Oriente,	
que	sube	por	los	cielos	de	los	cielos	hacia	el	Este,	y	cuya	segunda	venida	
se	espera,	según	el	evangelista	Mateo,	viniendo	de	Oriente:	Igual	que	el	
relámpago	sale	del	levante	y	brilla	hasta	el	poniente,	así	ocurrirá	con	la	
venida	del	Hijo	del	Hombre».
Sin	 embargo,	 la	 orientación	 que	 se	 tome	 a	 la	 hora	 de	 orar,	 para	
los	creyentes	de	hoy,	sean	o	no	pentecostales,	no	tiene	ninguna	obli-
gación	bíblica.	Solo	es	cuestión	de	solidaridad	con	costumbres	judías	
que	en	su	momento	y	escenario	tuvieron	mucha	relevancia,	lo	cual	no	
corresponde,	necesariamente,	a	la	iglesia	de	Jesucristo	de	este	tiempo.	
El	creyente	puede	 tomar	 la	orientación	que	más	 le	convenga	o	desee	
cuando	tenga	que	orar.		
5.2.7. Las personas no pueden divorciarse 
ni celebrar nuevas nupcias
El	«divorcio»	y	las	«nuevas	nupcias»,	son	de	los	temas	que	hoy	si-
guen	siendo	«controversiales»	por	diversas	razones,	entre	ellas:	escri-
turales,	 eclesiásticas	 y	 sicológicas,	 representando	 uno	 de	 los	 grandes	
«retos»	para	las	iglesias	pentecostales	y	los	matrimonios	en	la	actuali-
dad.	Esto	obliga	a	profundizar	un	poco	más	sobre	estos	temas,	a	fin	de	
edificar	adecuadamente	a	los	creyentes	sobre	este	asunto	en	particular.	
Sin lugar a dudas, existen sobre el «divorcio» y los «divorciados(as)» 
muchas actitudes equivocadas en algunas iglesias pentecostales 
conservadoras. A juzgar por la forma en que estas iglesias tratan 
a las personas divorciadas, podría creerse que piensan que éstos 
han cometido un «pecado imperdonable». Ahora bien, de en-
trada, se deja claro, que los que obtienen un «divorcio» de modo 
pecaminoso (sin motivos justificados) no deben ser «excusados» 
por lo que han hecho, pues han pecado. Pero, precisamente por-
que es «pecado» este tipo de «divorcio», se requiere el perdón.
166 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
El	pecado	de	«divorciarse»	de	un	cónyuge	por	motivos	no	bíblicos	
es	malo,	no	solo	por	la	«miseria»	y	«dolor»	que	ocasiona,	sino	especial-
mente	porque	es	una	ofensa	contra	Dios.	Sin	embargo,	no	queda	grabado	
de	modo	«indeleble»	en	la	vida	del	pecador,	de	modo	que	no	pueda	ser	
lavado	y	borrado	por	la	sangre	de	Cristo.	Cuando	la	persona	obtiene	un	
divorcio,	por	las	razones	que	sean,	puede	ser	perdonada,	limpiada,	res-
taurada	y	reinsertada	por	la	iglesia	de	Cristo,	tal	como	lo	hace	con	otros	
tipos	de	«pecados»	que	se	mencionan	en	1	Corintios	6:9–11.	
Edgar Reyna (2015), dice: «La iglesia evangélica pentecostal 
de hoy no debe hacer caso omiso del divorcio, ni de censu-
rarlo simplemente, ya que ni uno ni otro extremo son bíbli-
cos, sino que, como dirigentes y responsables de la iglesia de 
Cristo, se ha de procurar también regularlo adecuadamente 
entre el pueblo de Dios, según los principios establecidos en 
las Sagradas Escrituras». 22
En	ese	 sentido,	 la	pareja	debe	hacer	 todo	 lo	posible	para	 resolver	
los	conflictos.	Es	siempre	conveniente	preguntarse;	¿He	hecho	todo	lo	
que	puedo	para	hacer	que	el	otro	sea	feliz	y	para	hacer	que	funcione	el	
matrimonio?	Aun	 así,	 si	 la	 pareja	 llega	 a	 la	 triste	 decisión	de	«divor-
ciarse»	precisará	de	parte	de	la	iglesia	y	de	los	líderes	un	trato	redentor.	
No	caben	dudas	de	que	la	Biblia	reconoce	y	regula	el	divorcio.	Como	el	
«divorcio»	es	un	concepto	bíblico,	usado	y	mencionado	frecuentemente	
en	las	páginas	de	la	Biblia,	los	creyentes	deben	hacer	todo	lo	que	puedan	
para	entender	y	enseñar	lo	que	Dios	dice	sobre	el	mismo.	
Por	otro	lado,	¿Qué	se	puede	decir	sobre	el	nuevo	casamiento?	¿Per-
mite,	disuade,	estimula	o	tolera	la	Biblia	el	nuevo	casamiento?	En	la	Bi-
blia	no	hay	nada	en	contra	del	nuevo	casamiento	después	de	la	muerte	de	
un	cónyuge.	La	Biblia	declara:	«Pero	si	su	marido	muere	(el	cónyuge	que	
queda),	es	libre	de	esa	ley,	de	tal	manera	que	si	se	une	a	otro	marido,	no	
será	adúltera»	(Romanos	7:3).	Estadeclaración	es	puntual:	no	es	malo	
volverse	a	casar	en	estos	casos.	
Ahora	bien,	el	problema	sobre	este	asunto	en	particular	surge,	cuan-
do	 la	 iglesia	 pentecostal	 de	 hoy	 se	 ve	 en	 la	 «necesidad»	 de	 tomar	 en	
cuenta	otras	«condiciones	o	realidades»	que	se	dan	en	estos	casos,	en	
especial,	cuando	las	personas	se	han	divorciado,	sea	por	causas	justas	
o	no.	En	ese	sentido,	existen	diversas	posiciones	de	líderes,	maestros	y	
167Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
pastores	e	 iglesias	pentecostales,	 las	cuales	por	razones	de	espacio	no	
son	abordadas	en	esta	sección,	algunas	de	las	cuales	limitan	y	coartan	
la	libertad	de	los	creyentes	de	volver	a	casarse	o	contraer	«nuevas	nup-
cias»,	creando	así	situaciones	muy	tensas	y	desafortunadas.
Por	naturaleza,	los	casos	de	«divorcio»	y	«nuevas	nupcias»	son	com-
plejos;	no	son	tan	simples	de	tratar	como	algunos	piensan.	Sin	embargo,	
los	que	se	han	divorciado	y	decidan	casarse	o	no,	deben	ser	ministrados	
en	 la	 iglesia	 adecuadamente.	De	 todos	modos,	 actuar	 como	 iglesia	de	
Cristo,	en	el	«matrimonio»	de	cualquier	pareja,	cuando	uno	o	ambos	son	
divorciados,	contrae	riesgos	que	se	deben	afrontar	con	mucha	sabiduría	
y	amor,	dada	las	diversas	posiciones	sobre	este	tema.	Por	tanto,	el	divor-
ciarse	y	volver	a	casarse	o	no	entre	los	cristianos,	entonces,	es	un	asunto	
personal	que	depende	del	«estado	emocional	y	espiritual»	más	que	de	
cualquier	otra	cosa.	
5.2.8. Con esa o ese te tienes que casar
Durante	décadas,	ha	existido	una	marcada	tendencia	en	el	ámbito	
de	algunas	de	las	iglesias	pentecostales	conservadoras,	los	cuales	ejer-
cen	«presiones»	en	los	que	tienen	una	relación	de	noviazgo	formal,	a	los	
fines	de	que	estos	rápidamente	contraigan	matrimonio.	Esto	ha	llegado	
al	extremo,	que	condicionan	 la	aceptación	pública	de	dicha	relación	a	
que	se	fije	la	fecha	de	la	boda,	la	cual	no	debe	rebasar	(según	ellos)	los	
seis	meses,	máximo	un	año.	
Sin	embargo,	el	noviazgo	es	una	«relación	transitoria»	que	ayuda	a	
las	parejas	a	conocerse	en	cuanto	a	carácter,	sentimientos,	gustos,	afi-
ciones,	ideales	de	vida,	entre	otras.	Por	tanto,	se	requiere	de	suficiente	
tiempo	y	una	firme	convicción	de	que	se	está	con	la	persona	indicada,	
ya	que	el	matrimonio	cristiano	es	un	mandato	del	Señor,	y	debe	ser	du-
radero,	hasta	que	la	muerte	los	separe.	Por	tanto,	no	debe	tomarse	esa	
decisión	a	la	ligera	ni	por	«presiones»	de	nadie.	Para	casarse	o	contraer	
matrimonio,	se	deben	conjugar	una	serie	de	factores	y	condiciones	que	
permitan	garantizar	la	estabilidad	y	duración	de	dicha	unión.	
Según Warren Neil Clark (2014), en muchos casos existen 
otras razones por lo que las parejas se quieren o les obligan 
a casarse. Entre ellas: «intereses», «presiones», «circunstan-
cias», «por haberse adelantado y ya han tenido relaciones se-
168 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
xuales», «un embarazo», entre otras, las cuales no deben 
ser razones ni condiciones «capitales» para casarse, ya que 
el casamiento en estos casos no resuelve esos problemas, 
solo es una solución transitoria y el matrimonio debe ser 
algo permanente. 23
Los	 novios	 antes	 de	 casarse	 deben	 conocerse	 y	 tratarse	 el	
tiempo	que	necesiten.	No	todas	las	parejas	requerirán	del	mismo	
tiempo,	 dada	una	 serie	 de	 condiciones	particulares	 que	 se	 con-
jugan	en	ese	sentido.	De	manera	que,	decir	que	la	boda	debe	ser	
un	año,	dos,	o	cinco,	es	poner	una	«camisa	de	fuerza»	a	quienes	
finalmente	pueden	o	no	llegar	al	matrimonio.	
Finalmente,	si	la	persona	con	la	que	se	sostiene	un	noviazgo	po-
see	sabiduría	y	discernimiento,	 tiene	el	corazón	dispuesto	en	bus-
car	 lo	mejor	para	 ti,	disfruta	de	buena	reputación	por	cumplir	 los	
compromisos,	termina	con	responsabilidad	lo	que	comienza,	mues-
tra	respeto	hacia	todos,	tiene	una	actitud	positiva	hacia	la	vida,	vive	
en	disciplina	y	dominio	propio,	administra	bien	el	dinero,	tiene	una	
vida	espiritual	activa	de	estudio	de	la	Biblia	y	oración,	es	amable	en	
el	trato	con	los	demás,	y	sobre	todo	se	siente	amor	por	esa	persona,	
se	está	frente	a	un	o	una	buen(a)	candidato(a)	para	el	matrimonio.	
Aun	con	todo	esto,	es	necesario	entender	que	la	decisión	de	con-
traer	matrimonio	es	una	cuestión	«personal»	de	quienes	están	in-
teresados	en	hacerlo.	Ni	 las	 familias,	ni	 la	 iglesia	o	 cualquier	otra	
institución	o	grupo	deben	imponer	condiciones	o	trazar	pautas	para	
que	esto	sea	una	realidad.	El	hecho	de	tener	una	relación	formal	de	
noviazgo	no	 implica,	 necesariamente,	 el	 cumplimiento	 estricto	 de	
un	«contrato»,	sea	este	moral,	social	o	espiritual	que	obligue	a	 las	
partes	a	tener	que	casarse.
Hoy	en	día,	existe	una	gran	cantidad	de	matrimonios	que	fueron	
«víctimas»	de	presiones	sociales,	culturales	y	eclesiásticas,	las	cua-
les	viven	una	relación	basada	solo	en	el	compromiso	«moral	o	ecle-
sial»,	pero	carecen	de	la	fuerza	vital	que	debe	sostenerlo,	el	«amor»,	
el	 cual	 debe	 ser	 la	 base	 fundamental	 de	 toda	 relación	 de	 parejas.	
Muchas	de	estas	parejas	al	poco	tiempo	se	divorcian	o	conviven	en	
condiciones	muy	desafortunadas.
169Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
Por	 tanto,	 esa	 condición	 para	 los	 que	 tienen	 noviazgo,	 de	 que	
«con	esa	te	tienes	que	casar»,	es	una	norma	que	debe	ser	revisada	en	
el	ámbito	evangélico	pentecostal,	permitiendo	mayor	espacio	y	nivel	
de	opciones	para	quienes	desean	hacer	las	cosas	«bien»,	a	fin	de	que	
estas	(las	parejas)	perduren	para	siempre.
5.2.9. No se puede bautizar si se convive 
con alguien sin estar casado(a)
El	bautismo	es	un	sacramento,	una	de	las	sagradas	órdenes	da-
das	por	Jesucristo,	según	Mateo	28:19.	Una	ceremonia	de	iniciación	
por	medio	de	la	cual	una	persona	confiesa	tener	fe	únicamente	en	
Cristo	como	medio	para	la	salvación	eterna,	y	por	el	cual	la	persona	
es	 admitida	 como	miembro	 del	 cuerpo	 visible	 de	 Jesucristo,	 que	
es	 la	 iglesia.	 Sin	 embargo,	 las	 cuestiones	 vinculadas	 al	 bautismo	
giran	en	torno	a	una	serie	de	interrogantes	y	cuestiones	que	ha	di-
vidido	grandemente	a	los	teólogos	de	todos	los	tiempos,	creándose	
así	diversas	posturas	y	corrientes	de	pensamientos,	las	cuales	son	
asumidas	por	las	diferentes	confesiones,	denominaciones,	concilios	
e	iglesias	cristianas,	y	entre	ellos	están	los	pentecostales.	
Entre	ellas	están:	¿Es	el	bautismo	para	salvación?	¿Quiénes	cali-
fican	para	ser	bautizados?	¿Cuál	es	la	forma	de	aplicarlo:	inmersión,	
aspersión	o	derramamiento?	¿Puede	ser	inmediatamente	después	de	
confesar	a	Cristo	o	hay	que	esperar	que	la	persona	de	frutos	dignos	
de	 arrepentimiento?	 ¿Quiénes	 están	 autorizados	 en	 la	 iglesia	 para	
bautizar?	¿Si	una	persona	no	llega	a	bautizarse,	pierde	la	salvación?	
¿Puede	bautizarse	a	una	persona	si	esta	convive	con	alguien	sin	estar	
casado(a)?	Y	la	lista	de	preguntas	continúa	de	forma	interminable.	
Pues	aunque	muchos	no	lo	crean,	en	las	Sagradas	Escrituras	exis-
ten	suficientes	bases,	sólidas,	que	responden	de	forma	puntual,	pero	
en	diferentes	sentidos	y	direcciones,	cada	una	de	estas	interrogantes,	
creándose	en	los	lectores	un	mar	de	confusiones,	aun	en	las	más	altas	
instancias	de	la	iglesia	cristiana,	y	el	quehacer	bíblico	y	teológico.	
Desafortunadamente, en esta sección no hay espacio para 
sustentar a plenitud las tesis que se han planteados, ya que 
la presente obra no trata solo sobre este tema. La pregunta 
170 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
clave aquí es: ¿Cuál debe ser la posición más correcta, adecuada 
y prudente de la iglesia de Cristo en cuanto al tema del bautis-
mo en lo referente a si se puede o no bautizar a una persona si 
esta convive con alguien sin estar casado(a)? 
Ahora	bien,	si	se	entiende,	como	lo	entiende	el	autor	de	esta	obra,	
que	el	bautismo	no	salva,	sino	que	es	una	señal	de	fe	pública	en	Cristo,	
por	qué	condicionarlo	a	tantos	protocolos	o	requisitos	para	la	aplicación.	
En	el	caso	del	bautismo	y	la	salvación,	la	Biblia	es	clara	y	puntual,	en	el	
sentido	de	que	la	salvación	es	por	gracia,	a	través	de	la	fe	en	Jesucristo,no	por	obras	de	ninguna	especie,	incluyendo	el	bautismo	(Efesios	2:8–9).	
Por	tanto,	¿Por	qué	utilizarlo	como	«mecanismo	de	presión»	a	 los	
creyentes	para	 integrarlo	a	 la	 iglesia	y	 las	actividades	 internas?	¿Para	
qué	insistir	en	esas	«nomas»	que	limitan	la	aplicación	del	bautismo,	im-
pidiendo	la	integración	de	los	creyentes	al	pleno	disfrute	de	los	privile-
gios	de	los	lavados	con	la	sangre	de	Cristo?	En	ese	sentido,	la	iglesia	pen-
tecostal	debe	revisar	esta	práctica	y	adecuarla	a	las	necesidades	de	los	
nuevos	tiempos,	a	fin	de	que	todos	los	que	crean	y	acepten	al	Señor	Jesu-
cristo	puedan	ser	bautizados,	sin	tantas	condiciones	y	trabas	humanas.	
5.2.10. La disciplina en la iglesia pentecostal 
El	tema	de	 la	disciplina	en	 las	 iglesias	pentecostales	requiere	mu-
cha	atención,	 ya	que	por	muchos	años	ha	existido	 la	necesidad	de	un	
procedimiento	claro,	justo	y	ecuánime	en	el	manejo	disciplinario,	tanto	
de	los	«líderes	locales»,	como	de	los	miembros	en	sentido	general.	Esta	
realidad	ha	ocasionado	el	derrumbe	de	la	moral	y	la	buena	reputación	de	
muchos	hombres	y	mujeres	de	Dios,	los	cuales	han	sido	víctimas	de	un	
manejo	inadecuado	en	cuanto	a	los	procesos	disciplinarios	que	giran	en	
torno	a	las	faltas	cometidas,	echando	por	tierra,	de	la	noche	a	la	mañana,	
20,	30	y	hasta	40	años	de	vida	cristiana	ejemplar	o	labor	ministerial.	
En ese sentido, Knicker Bocker (1990), dice: «Los miem-
bros de una institución, sea cual sea, y más si se denomi-
na cristiana o evangélica, deben conocer cuál es el proceso 
que debe seguirse cuando algunos de los miembros se vean 
envueltos en alguna dificultad, a fin de poder actuar de la 
forma más correcta y apegada a los principios bíblicos y re-
glamentos de la institución». 24
171Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
Por	tanto,	las	personas	tienen	derechos,	los	cuales	están	consigna-
dos	en	la	Biblia,	la	constitución	y	las	leyes	de	cada	país,	que	no	deben	
ser	pasados	por	alto	y	mucho	menos	violentados.	Se	debe	ser	respetuo-
so	de	esas	 leyes,	máxime	por	 la	condición	de	cristianos;	por	ello	hay	
que	conocerlas	para	no	«pecar»	por	ignorancia.	En	términos	bíblicos,	
existen	 algunas	«formas»	para	 aplicar	 una	disciplina	 a	 un	 creyente,	
entre	ellas	están:	
1.	 La	amonestación:	privada	o	pública	(Romanos	15:14;	Colosenses	
3:16;	1	Tesalonicenses	5:14;	2	Tesalonicenses	3:4–15;	Tito	3:10–
11).	La	Escritura	misma	es	un	 tipo	de	amonestación	 (1	Corin-
tios	 10:11).	Los	 cristianos	deben	amonestarse	 y	 animarse	mu-
tuamente	(Hebreos	10:24–25).	
2.	 Reprender,	exhortar,	persuadir,	convencer	(Mateo	18:15;	Efesios	
5:11;	1	Timoteo	5:20;	2	Timoteo	4:2;	2:15).	
3.	 La	excomunión.	Las	descripciones	dadas	por	el	Señor	Jesucristo	
y	el	apóstol	Pablo	definen	esta	forma	final	de	disciplina,	según	
Mateo	18:17;	1	Corintios	5:11–13.	
Sin	embargo,	en	el	caso	de	 la	excomunión,	 la	persona	no	queda	
excluida	de	la	asistencia	al	templo,	pues	es	un	lugar	público	y	aun	los	
no	 creyentes	 son	 bienvenidos	 a	 las	 asambleas	 públicas	 (1	Corintios	
14:23–25).	Tampoco	ha	de	pensarse	que	 la	«excomunión»	sea	 irre-
172 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
vocable,	pues	 la	persona	que	se	arrepiente	y	busca	 la	purificación	y	
el	perdón	de	Dios	ha	de	ser	bienvenida	de	nuevo	a	la	comunión	de	la	
iglesia	local	(2	Corintios	2:6–8).
Finalmente, se notará que ninguna forma de disciplina impues-
ta, bíblicamente, incluye el factor tiempo. Por tanto, es un error 
histórico y una práctica inadecuada de las iglesias pentecostales 
establecer tiempos de disciplina a los miembros, períodos que 
oscilan en tres, seis, nueve meses y hasta un año o dos, según 
consideren los oficiales o diáconos de la iglesia. La disciplina 
debe prevalecer solo hasta que la persona se restaure, lo cual pue-
de variar, según el caso y el tratamiento que se le dé, así como la 
madurez cristiana que posea la persona en ese momento.
Por	otro	 lado,	 la	disciplina	es	para	cuando	un	creyente	comete	un	
pecado,	no	una	falta,	lo	cual	no	es	lo	mismo	ni	es	igual.	Por	ejemplo:	Lle-
gar	tarde	al	culto	o	faltar	a	una	reunión	importante	es	una	falta,	lo	cual	
requiere	amonestación	si	la	persona	es	recurrente,	pero	en	realidad,	no	
ha	cometido	un	pecado.	Se	comete	pecado	si	lo	que	la	persona	hizo	está	
en	contra	de	la	doctrina	contenida	en	la	Biblia,	no	así,	necesariamente,	
cuando	se	viola	una	norma	interna	de	la	iglesia	en	sentido	general.	Y	aun	
en	esto,	existe	mucha	exageración	y	mala	aplicación	de	la	disciplina	de	
los	miembros	a	lo	interno	de	muchas	iglesias	pentecostales.	
5.3. TABÚES PENTECOSTALES
La	cristiandad,	por	todo	el	mundo,	está	llena	de	tabúes	y	enseñanzas	
de	hombres	que,	bien	intencionadas	o	no,	están	muy	lejos	de	lo	que	la	
Biblia	dice,	y	esto	contribuye	a	tanta	confusión	y	divisiones	conceptuales	
en	el	pueblo	de	Dios.	Las	iglesias	pentecostales	no	son	la	excepción,	ya	
que	son	muchas	las	ideas	y	prácticas	erradas	que,	aunque	observarlas	o	
no,	ni	salvan	ni	condenan,	hacen	la	vida	cristiana	más	compleja	y	difi-
cultosa	de	lo	que	debe	ser	en	términos	bíblicos.	
En	 ese	 sentido,	 la	palabra	«tabú»	designa	a	una	 conducta,	 activi-
dad	o	costumbre	prohibida,	moralmente	inaceptable,	impuesta	por	una	
sociedad,	grupo	humano	o	religión.	Es	 la	prohibición	de	algo	natural,	
de	contenido	religioso,	económico,	político,	sexual,	social	o	cultural	por	
una	razón	no	justificada,	basada	en	prejuicios	infundados.	Una	cosa	que	
173Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
no	se	puede	decir,	hacer	o	tratar	debido	a	ciertos	prejuicios	o	ideas	reli-
giosas,	sociales	o	culturales.	25
La palabra «tabú» viene del polinesio: «tapu» (prohibición). Se 
refería a algo sobrenatural y peligroso. Tan peligroso, que no se 
debía ni pronunciar, y al que lo pronunciaba se le castigaba fí-
sicamente. Por tanto, romper un «tabú», es considerado como 
una falta imperdonable por la sociedad o grupo que lo impone. 
Los «tabúes» pueden incluir: restricciones alimentarias, sobre 
actividades y relaciones, y en el uso del lenguaje. 26
Sin	embargo,	mantener	los	«tabúes»,	en	cualquier	escenario,	impli-
ca	seguir	viviendo	en	 la	 ignorancia.	Limitar	el	 conocimiento	y	permi-
tir	que	éstos	subsistan,	es	un	grave	error	en	este	tiempo.	Los	«tabúes»	
o	actitudes	«prohibidas»	son	innumerables,	ya	que	todo	aquello	que	la	
iglesia	pentecostal	ve	como	algo	negativo	para	la	vida	espiritual	e	insti-
tucional	se	convierte	de	inmediato	en	un	tabú.	
En	 la	 vida	 cristiana,	 todos	 se	 enfrentan	diariamente	 a	diversos	 ta-
búes,	muchas	veces	sin	darse	cuenta	o	sabiendo	que	existen,	y	en	ocasio-
nes	dejándose	llevar	por	los	mismos,	sin	saber	que	es	un	tabú.	Por	todo	lo	
antes	expresado,	a	continuación,	algunos	de	esos	tabúes	muy	comunes	y	
frecuentes	en	muchas	de	las	iglesias	pentecostales	de	este	tiempo.	¡A	ver!
5.3.1. No es espiritual hablar de sexo en la iglesia
Sin	lugar	a	dudas,	las	actitudes	negativas,	las	malas	interpretaciones	
teológicas,	la	herencia	cultural	y	las	experiencias	infantiles,	han	distor-
sionado	el	verdadero	sentir	y	vivir	de	la	«sexualidad»	creada	por	Dios	
que,	además	de	la	reproducción,	es	para	el	«placer»	del	ser	humano.	En	
ese	sentido,	un	concepto	correcto	y	sano	de	la	«sexualidad»	es	funda-
mental	para	la	salud	espiritual	y	mental	de	cada	persona.	Aun	así,	para	
muchos	evangélicos	pentecostales,	hablar	de	«sexualidad»	en	la	iglesia	
no	es	espiritual,	porque	creen	que	hablar	de	sexo	no	edifica	el	alma.	
Algunas	personas,	entre	ellos	 líderes,	dicen:	«si	quieren	hablar	de	
esos	temas,	está	bien,	pero	vayan	un	poco	lejos,	o	de	campamento,	a	una	
montaña,	hablen	 todo	 lo	que	quieran,	pero	 en	 el	 templo	no».	Muchos	
creen	que	la	plenitud	del	Espíritu	Santo	solo	 llega	hasta	 la	cintura,	ya	
que	de	ahí	para	abajo	se	encuentran	partes	sucias,	viles	y	pecaminosas.	
174 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
Qué	bueno	que	hoy	en	día,	a	pesar	de	todos	estos	«tabúes»,	muchas	pa-
rejas	están	buscando	ayuda	para	solucionar	las	dificultades	«sexuales»,	
que,	aunque	tímidamente,	se	puede	hablar	conaltura	y	de	frente	de	estos	
temas,	los	cuales	son	parte	de	la	vida	diaria.	Dios	está	muy	interesado	en	
que	la	vida	sexual	sea	placentera,	amorosa	y	llena	de	la	cobertura	divina.
En ese sentido, Bernardo Stamateas, (1996), dice: «La «sexua-
lidad» concebida desde una visión holística y, por tanto, enten-
dida en su acepción plena, no puede ser considerada como un 
aspecto marginal, sino como una realidad profunda, presente 
y operante en todas las dimensiones de la persona. Por tanto, 
la «sexualidad» es un don de Dios que se ha de integrar plena 
y gozosamente a la espiritualidad». 27
En	la	sociedad	y	aun	dentro	de	algunas	iglesias	pentecostales,	exis-
te	una	gran	ambivalencia	frente	a	la	«educación	sexual»,	un	gran	inte-
rés	por	saber	más,	pero	cierta	resistencia	para	hablar	directamente	del	
tema.	Esta	actitud,	es	en	parte,	el	resultado	del	desconocimiento	sobre	
los	 beneficios	de	 la	 educación	«sexual»,	 y	 también,	 del	miedo	que	 los	
seres	 humanos	 sienten	 ante	 la	 posibilidad	 de	 caer	 en	 situaciones	 que	
no	puedan	manejar	plenamente.	Siempre	se	ha	considerado	el	tema	del	
«sexo»	como	un	«tabú»,	algo	difícil	de	tratar.
Por	 tanto,	muchas	 de	 las	 «ideas	 sexuales»	 que	 algunos	 creyentes	
pentecostales	tienen,	están	basadas	en	creencias	falsas,	doctrinas	mal-
entendidas,	y	estas	afirmaciones	suelen	venir	de	personas	a	quienes	se	
les	otorga	poder	para	influir	en	las	vidas	y	formar	ideas.	Sin	embargo,	la	
«sexualidad»	no	es	algo	tan	difícil	de	entender:	Dios	la	creó,	quiere	que	
se	practique	dentro	del	matrimonio,	y	todo	lo	que	se	haga	allí	está	ben-
decido	(excepto,	por	supuesto,	lastimar	o	dañar	a	la	pareja).	
175Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
La	«educación	sexual»	es	importantísima,	ya	que	es	indispensable	
que	el	ser	humano,	sea	cristiano	o	no,		aprenda	a	practicar	el	«sexo»	sa-
bia	y	conscientemente	para	una	vida	más	placentera.	Hombres	y	mujeres	
sufren	las	consecuencias	de	la	escasa	«educación	sexual»	y,	cuando	lle-
gan	al	matrimonio	con	errados	y	añejos	conceptos,	estos	imposibilitan	
una	verdadera	armonía	sexual.	
Finalmente,	la	«educación	sexual»	favorece	el	desarrollo	de	actitu-
des	positivas	hacia	la	«sexualidad»,	entendida	como	elemento	inherente	
al	ser	humano,	fuente	de	placer	y	bienestar	que	contribuye	a	la	forma-
ción	y	enriquecimiento	de	la	personalidad.	También,	permite	a	la	perso-
na	reconocerse,	 identificarse	y	aceptarse	como	ser	sexual	y	reservado,	
sin	«tabúes»	ni	temores,	angustias,	ni	sentimientos	de	culpa.	Además,	
aumenta	la	capacidad	de	«amar»,	destacando	el	valor	del	componente	
afectivo	para	el	ser	humano,	propiciando	el	disfrute	de	la	vida	en	pareja	
y	la	armonía	familiar.
5.3.2. La decisión o iniciativa en el amor 
debe ser del hombre, no de la mujer
En	tiempos	antiguos	el	hombre	debía	tomar	la	iniciativa	(en	todos	
los	sentidos)	para	comenzar	y	mantener	una	relación	amorosa	con	una	
mujer.	La	mujer	estaría	esperando	la	primera	llamada,	una	invitación	a	
una	cita,	una	confesión	de	amor	y	luego	de	un	tiempo	una	propuesta	de	
matrimonio.	Sin	embargo,	hoy	en	día	la	mujer	tiene	más	confianza	en	sí	
misma;	porque	en	este	tiempo	el	hombre	tiene	menos	iniciativa	a	la	hora	
de	tomar	decisiones,	sea	en	cuanto	al	noviazgo	o	estando	ya	casados.	
Hace alrededor de veinte años era una verdadera vergüenza 
que una mujer tomara la iniciativa, pero los estereotipos han 
cambiado, y hoy en día una mujer puede tomar la iniciativa si 
realmente le gusta algún hombre y quiere estar o permanecer 
con él. Hoy en día, si se espera que el hombre se acerque, y le 
hable a una mujer como ella quiere o desea que lo haga y la in-
vite a salir o le declare su interés de una relación formal, puede 
que se quede esperando un largo tiempo. Por eso, cada vez son 
más las mujeres que dejan de lado los prejuicios y tabúes, y se 
animan a tomar la iniciativa. 
176 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
Es	cierto	que	la	mayoría		de	las	mujeres	prefieren	(dada	la	influencia	
cultural	y	religiosa)	que	él	sea	la	«cabeza»,	el	que	siempre	lleve	la	inicia-
tiva.	Pero,	si	ella	da	el	primer	paso	no	significa	que	está	«mal»	e	indique	
que,	 según	 el	 caso,	 es	 «dominante»,	 «fácil»	 o	 promiscua.	En	 tiempos	
como	los	de	«hoy»,	cambiantes,	modernos	y	vertiginosos,	pero	por	sobre	
todo	efímeros:	¿Por	qué	todavía	hay	quienes	dentro	y	fuera	de	la	iglesia	
pentecostal	siguen	atados	a	la	premisa	de	que	es	el	hombre	quien	debe	
tomar	la	iniciativa	en	cuanto	a	lo	amoroso,	y	de	cuyo	enunciado	se	des-
prende	que	 la	mujer	no	debería	hacer	más	que	esperar	 ser	 invitada	a	
tomar	algo,	ir	al	cine	o	pasear,	para	que	luego	él	le	declare	el	interés	en	
una	relación	de	noviazgo?	¿Por	qué	no	pueden	ser	ellas	las	que	den	un	
paso	al	frente	con	una	propuesta,	quizás	inesperada	o	deseada?	
Jeffrey y Wenona De León (2010), al respecto dicen: «La so-
ciedad «machista» en la que vivimos, está casi escrito en piedra 
que son los hombres los que deben tomar la iniciativa cuando 
están interesados en una relación de pareja. Todo el problema 
está en que, de acuerdo a las «reglas» de muchas iglesias pen-
tecostales conservadoras, no es correcto que una mujer exprese 
los sentimientos hacia un hombre, porque puede parecer una 
persona «fácil» y éste por su lado, ya no la va a tomar en serio 
ni la va a respetar, y eso es absurdo». 28 
Por	tanto,	que	la	mujer	dé	el	primer	paso	cuando	se	siente	atraída	por	
un	hombre,	siendo	ambos	solteros,	no	es	un	pecado,	ni	está	mal,	ni	bíblica	
ni	legalmente.	No	obstante,	se	recomienda	que	primero	la	joven	o	mujer	
interesada	haga	una	especie	de	investigación	de	la	persona	que	le	gusta	
para	saber	cómo	proceder.	Hay	que	hacer	un	pequeño	trabajo	de	investi-
gación,	averiguar	qué	cosas	le	gustan	o	qué	no	le	gusta,	porque	lo	puede	
espantar.	Una	vez	se	conoce	un	poco	más	de	él,	es	bueno	orar	a	Dios	para	
que	le	guíe	en	todo	momento	en	ese	proceso	y	proceda	sin	temor.
Finalmente,	no	permita	que	nadie	decida	por	usted,	ya	que	la	deci-
sión	de	formalizar	o	no	un	noviazgo	o	relación	es	responsabilidad	única	
y	exclusivamente	de	cada	persona.	Muchas	veces	se	sabe	exactamente	
qué	es	lo	que	se	debe	hacer,	cómo	debe	hacerse,	y	conscientes	de	los	be-
neficios	y	las	cosas	que	están	en	juego,	aun	así,	no	se	hacen,	permitiendo	
que	 otros	 tengan	 la	 iniciativa	 y	 decidan	por	nosotros	 en	un	 tema	 tan	
personal	e	íntimo	como	lo	es	el	noviazgo	y	la	relación	de	parejas.	Tomar	
la	iniciativa	en	cuanto	a	la	relación	de	parejas,	sea	pentecostal	o	no,	no	
177Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
es	cuestión	de	cultura	o	género;	tanto	hombres	como	mujeres	pueden	y	
deben	tener	la	libertad	de	expresar	los	deseos	en	igualdad	de	oportuni-
dades	y	según	las	circunstancias.
5.3.3. Tener sexo oral con su pareja es inmoral
Sin	lugar	a	dudas,	el	«sexo	oral»	es	una	de	las	prácticas	sexuales	que	
generan	mucha	«controversia»	en	la	mayoría	de	los	grupos	pentecosta-
les,	sean	conservadores	o	no.	En	todos	los	estudios	teológicos	y	bíblicos	
que	he	realizado	a	todos	los	niveles	durante	más	de	30	años,	he	podido	
notar	que	en	 la	Biblia	no	hay	nada	que	hable	en	contra	del	 sexo	oral.	
Las	relaciones	«sexuales»	condenadas	por	la	Biblia	son:	el	adulterio,	la	
homosexualidad,	la	fornicación	(sexo	entre	solteros)	y	el	sexo	bestial	o	
zoofilia	(sexo	con	animales).	
En ese sentido, es necesario destacar que la Biblia no indica «de 
manera expresa» lo que se le permite hacer a un esposo o es-
posa en la relación sexual. Las normas, reglas y parámetros lo 
han establecido muchos, a partir de algunos pasajes, que cuan-
do se analizan exegéticamente, es decir, a profundidad, se caen 
dichos argumentos.
En	efecto,	cuando	se	ingresa	en	el	campo	de	la	«sexología»,	surgen	
muchas	preguntas.	A	lo	largo	de	charlas,	talleres	y	conferencias,	sea	en	
iglesias,	campamentos	o	grupos	juveniles,	muchos	se	preguntan	cómo	
se	puede	saber	qué	sí	o	qué	no	en	cuanto	al	sexo,	y	surgen	siempre	cues-
tiones	como:	¿Es	pecado	el	sexo	oral?	¿Qué	es	normal	y	qué	es	anormal?	
¿Cómo	puedo	saber	qué	le	agradaDios	y	qué	no,	en	ese	sentido?	Y	así	
interminablemente.
La	persona	que	cree	que	no	es	«normal»	(moral)	tener	«sexo	oral»,	
sencillamente	no	procederá	a	practicarlo.	De	igual	manera,	si	cree	que	
es	«normal»,	lo	practicará	sin	ningún	tipo	de	remordimiento.	Mucho	de	
lo	que	se	cree	como	«moral	o	normal»,	en	realidad	forma	parte	de	las	
enseñanzas	que	se	reciben	en	el	ámbito	de	las	iglesias	y	familias;	actua-
lizadas	y	reelaboradas	en	un	momento	dado.
El	«sexo	oral»	es	una	«práctica	sexual»	en	la	que	se	estimulan	los	
órganos	genitales	masculinos	y	femeninos	con	la	boca,	los	labios	y	la	len-
gua,	con	la	finalidad	de	dar	placer	a	la	pareja.	Es	la	«estimulación»	de	la	
178 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
vagina	o	el	pene	a	través	de	la	boca,	por	lo	que	se	requiere	que	esas	par-
tes	estén	bien	limpias,	ya	que	el	cuerpo	propaga	un	olor	único.	Una	vez	
que	se	estimula,	comienza	a	destilar	un	líquido	seminal	transparente,	en	
la	mujer	se	agranda	el	clítoris	por	la	contracción	de	la	sangre,	siendo	el	
placer,	único,	para	ambos.	
En ese sentido, R. Belaúnde (1988), dice: «El «sexo oral», aun-
que ha sido tema «tabú» a lo largo de la historia, es una activi-
dad que muchos, sean cristianos o no, practican dentro de una 
relación de pareja. Sin embargo, todavía hoy en día hay dudas 
sobre cómo practicarlo, sobre la seguridad frente a enferme-
dades de transmisión «sexual» o sobre otras cuestiones rela-
cionadas. Los hombres y mujeres que tienen «sexo oral» con 
sus parejas son más felices. Hay que apartarse de los «tabúes» 
sobre este particular, y disfrutar de esta práctica con higiene y 
responsabilidad».29
Ahora	bien,	una	práctica	sexual,	para	que	sea	placentera,	debe	ser	
voluntaria.	En	materia	«sexual»,	 se	debe	 regir	por	 la	 ley	del	 amor.	El	
amor	al	 cónyuge	 lleva	a	 evitar	 todo	aquello	que	pueda	dañar	 los	 sen-
timientos	 y	 la	 intimidad.	Por	 tanto,	 si	usted,	 en	 su	«conciencia»,	 cree	
que	practicar	 el	 «sexo	 oral»	 es	 un	 error	 o	 pecado,	 simplemente	no	 lo	
practique,	pero	tampoco	juzgue	tajantemente	al	que	lo	hace	dentro	de	
los	confines	de	la	intimidad	de	pareja.	Dentro	del	contexto	matrimonial,	
el	«sexo	oral»	está	 fuera	de	«pecado»,	 siempre	y	cuando	se	haga	bajo	
consentimiento	mutuo.	
5.3.4. Escuchar música con ritmo urbano, 
merengue o bachata es pecado 
Sin	lugar	a	dudas,	el	apego	de	muchos	cristianos	pentecostales,	a	lo	
que	estos	consideran	«leyes	bíblicas»,	mantiene	a	muchos	en	la	iglesia	en	
constantes	debates	sobre	cuestiones	triviales	que	para	nada	contribuyen	
al	avance	del	Evangelio	de	Jesucristo.	Hay	quienes	opinan	que	solo	los	
cantos	gregorianos	son	apropiados	para	la	música	en	la	iglesia,	señalan-
do	los	estilos	de	música	contemporánea	como	«menores»	o	«banales».	
Para	quienes	así	piensan,	la	asociación	de	la	música	con	canciones	in-
terpretadas	con	instrumentos	que	habitualmente	se	utilizan	en	música	
secular,	sólo	por	eso,	resulta	inaceptable.	
179Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
Jesús	en	el	Evangelio	de	Juan	(Juan	4:24),	le	revela	el	secreto	de	la	
adoración	a	la	mujer	samaritana,	diciéndole:	«Dios	es	Espíritu	y	los	que	
le	adoran	deben	adorarle	en	Espíritu	y	verdad».	Es	decir,	que	lo	que	real-
mente	importa	es	la	disposición	del	corazón	al	cantar,	alabar	y	adorar	a	
Dios,	y	es	realmente	secundario	que	se	haga	con	una	orquesta	sinfónica,	
tambores	africanos,	una	sencilla	guitarra	o	a	capela.	
En ese sentido, Antonio Cruz (2003), dice: «La adoración a 
Dios con la música, no puede restringirse a cierto estilo o rit-
mo musical, sino que tenemos que aprender a «gustar» de la 
variedad de ritmos y estilos existentes. La mayoría de las con-
troversias que se generan en este punto, son producidas por la 
cultura, formación o simplemente por las preferencias musi-
cales, y esto no deja ver el fondo de la cuestión. Hay canciones 
con contenidos buenos y malos de todos los géneros musicales, 
pero no es sensato comparar música de distintos géneros, pues 
¿Con qué argumentos lo hacemos? Cada instrumento puede 
ejecutarse bien o mal, y cada canción puede interpretarse con 
mucha, poca o ninguna sustentación bíblica». 30
Por	 ejemplo,	 Marcos	 Witt	 canta	 baladas	 y	 rancheras	 mexicanas	
cristianas.	Lo	hace	porque	él	es	mexicano.	Esa	es	la	música	oriunda	de	
México,	las	rancheras.	¿Es	pecado	escuchar	rancheras	cristianas	en	las	
iglesias	pentecostales	de	República	Dominicana?	¡No!	Estanislao	Mari-
no	canta	baladas	y	guarachas	venezolanas	cristianas.	Lo	hace	porque	él	
es	venezolano.	Esa	es	la	música	oriunda	de	Venezuela,	la	guaracha.	¿Es	
pecado	escuchar	guarachas	cristianas?	¡No!	
180 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
Por otro lado, Nancy Ramírez canta baladas, ballenatos y 
cumbias colombianas cristianas. Lo hace porque ella es co-
lombiana. Esa es la música oriunda de Colombia, la cumbia 
y el ballenato. ¿Es pecado escuchar cumbias y ballenato cris-
tianos? ¡No! Finalmente, Giovani Ríos canta baladas, meren-
gues y bachatas dominicanas cristianas. Lo hace porque él es 
dominicano. Esa es la música oriunda de República Domini-
cana, el Merengue y la Bachata. ¿Es pecado escuchar Meren-
gues y Bachatas cristianos? ¡No!
Lo	mismo	sucede	con	los	puertorriqueños,	con	los	cubanos,	con	los	
argentinos,	entre	otros.	Algunos	alegan	que	el	merengue	y	la	salsa	son	
músicas	para	bailar,	no	para	alabar.	¿Pues	acaso	no	bailan	los	cubanos	
el	son,	los	mexicanos	la	ranchera,	los	colombianos	la	cumbia,	y	los	ena-
morados	la	balada?	¿Dónde	dice	en	la	Biblia	que	el	ballenato	y	la	balada	
cristianas	son	santificadas,	mientras	que	el	merengue,	la	salsa,	reggae-
tón,	reggae	o		los	ritmos	urbanos	son	del	diablo?	
He participado muchas veces, en diferentes países, en reu-
niones de oración y celebraciones diversas en distintas igle-
sias, concilios y ministerios cristianos, pentecostales o no, 
y en cada una de esas reuniones la música era utilizada de 
maneras muy diversa. En algunas, los cantos eran muy efu-
sivos, en otros reflexivos, en otros solo cantos del himnario o 
antiguos. Otros cantaban muy suavemente, pero en todos los 
casos se pudo experimentar y saborear cómo la música ayuda 
al ser humano a encontrarse con Dios y ser edificado, que es 
lo realmente importante. 
5.3.5. Ir al cine, gimnasio o estadio de béisbol es pecado 
Muchos	de	los	creyentes	de	las	iglesias	pentecostales	de	hoy	no	tie-
nen	 conocimiento	de	 que,	 en	décadas	pasadas,	 y,	 en	 ciertos	 círculos	
pentecostales,	a	los	miembros	no	se	les	permitió,	ni	se	le	permite	hoy,	
en	algunas	iglesias,	ir	al	cine,	gimnasio	o	estadio	de	béisbol,	ya	que	se	
consideran	lugares	no	aptos	para	un	creyente	y	lo	tipifican	como	peca-
do.	Sin	embargo,	cuando	se	escribió	el	Nuevo	Testamento,	no	existían	
algunas	actividades	que	existen	hoy	en	día,	como	ir	al	cine,	gimnasio	
o	estadio	de	béisbol.	Además,	oír	la	radio,	mirar	la	televisión,	leer	pe-
181Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
riódicos	o	revistas,	jugar	algún	deporte,	video	juegos,	entre	otras.	De	
modo	que	no	se	puede	encontrar	en	el	Nuevo	Testamento,	mandatos	
claros	y	precisos	sobre	estas	actividades.	
Lo	que	si	tiene	el	Nuevo	Testamento	son	principios	que	se	aplican	
a	cualquier	actividad	en	general	que	realice	un	creyente,	sin	 importar	
su	naturaleza.	El	punto	de	partida	es	lo	que	el	apóstol	Pablo	dice	en	1	
Corintios	6:12,	que	dice:	«Todas	las	cosas	me	son	lícitas,	mas	no	todas	
convienen;	todas	las	cosas	me	son	lícitas,	mas	yo	no	me	dejaré	dominar	
de	ninguna».	Según	lo	que	dice	este	texto,	en	las	cosas	en	las	cuales	la	
Biblia	en	general	no	se	ha	pronunciado	en	cuanto	a	si	es	bueno	o	malo,	el	
creyente	está	en	libertad	de	hacerlas.	Sin	embargo,	el	mismo	apóstol	Pa-
blo	afirma	que	no	todas	las	cosas	convienen.	Esto	significa	que	algunas	
cosas,	aun	siendo	lícitas	para	el	creyente,	puede	que	no	sean	de	ayuda.
Se sabe, que la literatura que se lee, los programas y la música 
que se escucha, afectan profundamente los sentimientos, el 
pensamiento y conducta. También, que es imperativo para el 
cristiano leer, mirar y escucharesas cosas que inspiran, ins-
truyen y desafían a alcanzar un nivel moral más elevado, así 
como evitar aquellas que alteran las buenas costumbres. Sin 
embargo, ninguna de estas cosas (ir al cine, gimnasio, estadio 
de béisbol, oír la radio, mirar la televisión, leer periódicos o 
revistas, jugar algún deporte o ver video juegos) en sí mismas, 
son malas o pecaminosas. 
En	realidad,	 son	vehículos,	 transmisores	de	 ideas,	espacios	de	re-
creación	 que,	 si	 se	 utilizan	 sabia	 y	 rectamente,	 pueden	 servir	 para	 el	
«ocio»,	y	como	«válvula	de	escape»,	lo	cual	es	necesario	para	combatir	
el	día	a	día	de	los	creyentes,	así	como	para	dar	gloria	a	Dios.	La	triste	
verdad	es	que	el	peligro	y	riesgo	de	«pecar»	está	en	todos	los	lugares	y	
todas	las	cosas	que	se	hacen	o	tienen,	incluyendo	las	cosas	materiales	y	
el	templo	o	lugar	de	reunión	de	los	creyentes.
5.3.6. Las mujeres no pueden ser pastoras
Existe	 en	 muchas	 iglesias	 cristianas,	 entre	 ellas	 pentecostales,	
cierto	rechazo	a	que	las	mujeres	sean	pastoras	y	que	éstas	ocupen	al-
gunas	 funciones	a	nivel	ejecutivo	en	muchos	concilios,	ministerios	y		
denominaciones.	La	 tendencia,	en	ese	sentido,	es	a	 la	baja,	pero	aún	
182 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
persisten	aquellos	que	se	oponen	firmemente	a	la	idea	de	que	las	muje-
res	sean	pastoras,	líderes	de	concilios	o	ministerios.	
Ahora	bien,	¿Por	qué	todavía	hay	quienes	siguen	atados	a	la	premisa	
de	que	es	el	hombre	quien	debe	ejercer	el	pastorado	y	no	la	mujer?	¿Por	
qué	no	pueden	ellas	ser	las	pastoras	y	las	que	den	un	paso	al	frente	en	
los	asuntos	relacionados	con	el	liderazgo	en	sentido	general?	Peor	aún,	
¿Qué	pasa	cuando	ellos	(los	hombres),	por	diversas	razones	no	ejercen	el	
«pastorado»	que	se	entiende	deben	asumir	en	un	momento	dado?	Todo	
este	 asunto	 radica,	 en	 que	 de	 acuerdo	 a	 una	 fundamentación	 bíblica	
errada,	no	es	«correcto»	que	una	mujer	ejerza	el	pastorado,	entendién-
dose	que	debe	ser	el	hombre	y	no	la	mujer	quien	lo	haga,	ya	que	de	lo	
contrario	se	viola	el	mandato	bíblico	y,	por	ende,	no	se	va	a	ver	bien,	lo	
cual es absurdo.
En ese sentido, el psicólogo de Harvard, Tim Bell (1995), in-
dica que la habilidad de las mujeres para interactuar con los 
demás y adaptarse a los distintos temperamentos y puntos de 
vista, el conocimiento y el control de los propios impulsos, la 
buena gestión de la ansiedad, el optimismo ante las dificulta-
des y la adaptación ante las distintas situaciones, hacen que las 
mujeres sean idóneas para el ejercicio pastoral. 31
Por	tanto,	hay	que	elaborar	una	«teología	de	género»	que	«equipare»	
el	papel	de	la	mujer	a	la	par	del	hombre	en	todos	los	sentidos	y	ámbitos	
de	la	vida,	incluyendo	el	ejercicio	del	pastorado,	a	los	fines	de	mejorar	y	
adecuar	el	accionar	de	la	iglesia	en	sentido	general.	Hoy	en	día,	la	mu-
jer	tiene	más	confianza	en	sí	misma;	tiene	acceso	a	áreas	y	puestos	de	
«liderazgo»	que	hasta	hace	poco	eran	consideradas,	por	su	naturaleza,	
exclusivamente	para	el	sexo	masculino;	a	estas	les	gusta	adoptar	respon-
sabilidades	y	no	olvidar	la	capacidad	femenina.
5.3.7. Los líderes cristianos no son políticos partidistas 
Todos	 los	«líderes»,	cristianos	o	no,	viven	y	realizan	 la	«actividad	
política»	 de	 forma	 consciente	 o	 inconsciente	 en	 un	 algún	momento	 y	
forma	determinada,	tanto	dentro	como	fuera	de	la	iglesia,	sea	esta	pen-
tecostal	o	no.	Un	«líder»	sin	creencias,	ideas,	o	«proyecto	político»,	es	
una	persona	«vacía»,	que	más	tarde	o	temprano	dejará	de	serlo.	La	per-
183Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
manencia	como	«líder»	está	estrechamente	relacionada	con	los	fines	que	
persigue,	con	los	valores	que	lo	sustentan.
Los líderes cristianos son, técnicamente, «políticos». Como 
ocurre con todo ejercicio del liderazgo, ponen un especial én-
fasis en las relaciones personales y en la permanencia del li-
derazgo, utilizando para esto «estrategias políticas» que así 
lo permitan. Por tanto, el «líder» siempre ejerce una función 
política. Las funciones «políticas» de un «líder» dependen del 
tipo de grupo que debe dirigir y coordinar. También depende 
del tipo de estructura y del objetivo común de la organización. 
En	ese	 sentido,	 es	necesario	destacar	que	 el	«liderazgo	 cristiano»	
desempeña	una	«función	política»	importante,	la	cual	arrastra	toda	una	
serie	de	ingredientes	imprescindibles	para	la	promoción	socioespiritual	
de	los	valores	del	reino.	Para	Henri	Charles	(1990),	el	«liderazgo»	impli-
ca,	por	razones	obvias,	dominar	el	escenario,	convencer	no	solo	con	la	
palabra	sino	con	una	imagen	adecuada	para	cada	circunstancia.	32
El	«liderazgo»	debe	asentarse	en	un	conocimiento	profundo	y	ex-
haustivo	de	lo	que	sucede	y	preocupa	en	el	entorno.	Además,	las	opinio-
nes	y	sensibilidades	que	existen	sobre	los	temas	más	diversos.	De	esta	
forma	el	«líder»	irá	tomando	el	pulso	a	la	manera	de	pensar,	a	los	deseos	
y	aspiraciones	de	aquellos	a	los	que	pretende	representar.	
Por	tanto,	detectar	problemas,	articular	soluciones,	buscar	apoyo	
para	ponerlas	en	práctica	y	ejecutarlas,	son	«funciones	políticas»	que	
contribuyen	a	generar	una	percepción	favorable	sobre	el	ejercicio	del	
«liderazgo»	que	beneficia	a	los	demás.	Sin	lugar	a	dudas,	en	el	ámbi-
to	cristiano	pentecostal	existe	un	rechazo	en	cuanto	al	ejercicio	de	la	
«política	partidaria»,	debido,	entre	otras	cosas,	a	las	malas	experien-
cias	en	los	países	 latinoamericanos,	y	 lo	desleal	y	corrompida	que	se	
encuentra en la actualidad.
Por	otro	 lado,	 las	 iglesias	pentecostales	están	muy	divididas	en	
cuanto	a	preferencias,	 lo	cual	dificulta	 la	«unidad	del	voto	partida-
rio»	entre	los	creyentes.	La	Biblia	ofrece	«principios	eternos»	que	son	
útiles	para	todos	los	sistemas	políticos.	Ella	no	pretende	ser	un	libro	
de	«políticas»,	 sino	una	guía	para	 los	«políticos»,	a	 fin	de	alcanzar	
una	acción	«política»	responsable.	Por	tanto,	se	necesita	un	ejercicio	
184 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
ético	de	la	«política»	y	una	«teología»	de	la	política,	del	poder	y	de	la	
mayordomía	de	la	creación.
Finalmente,	decir	que	 los	«líderes	cristianos»	no	son	«políticos»	
y	que	no	ejercen	funciones	«políticas»,	es	una	idea	que	carece	de	fun-
damento	teórico	y	práctico	en	materia	de	«liderazgo»,	y	por	ende	un	
«tabú».	 Existe	 una	 faceta	 o	 «dimensión»	 del	 ejercicio	 del	 liderazgo	
cristiano,	sea	este	pentecostal	o	no,	que	es	técnicamente	«política».
Referencias bibliográficas 
[1] Banks, John S. (1998). Manual de Doctrina Cristiana. 
Editorial CLlE, Barcelona, España.
[2] Real Academia Española, (2001). Diccionario de la Lengua 
Española, vigésima segunda edición, España.
[3] Dyrness, William (1999). Temas de la Teología del Antiguo 
Testamento. Editorial Vida, Miami, Florida, USA.
[4] Garrett, James (1996). Teología Sistemática. Casa 
Bautista de Publicaciones, El Paso, TX, USA.
[5] Green, Michael (1997). Creo en el Espíritu Santo. 
Editorial Caribe, Miami, Florida, USA.
[6] Dyrness, William (1999). Temas de la Teología del Antiguo 
Testamento. Editorial Vida, Miami, Florida, USA. 
[7] Stamateas, Bernardo (1996). Sexualidad y erotismo en 
la pareja. Editorial CLIE, Barcelona, España.
[8] Jiménez, Carlos (1994). Crisis en la Teología Contemporánea. 
Edición revisada, Editorial Vida, Miami, Florida, USA.
[9] Theo, G. Donner (2004). Fe y Posmodernidad. Una Cosmovisión Cristiana 
para un Mundo Fragmentado. Ediciones Kairos, Buenos Aires, Argentina.
[10] Sanday, Peggy (1981). Poder femenino y dominio 
masculino. Editorial Mitre, Barcelona, España.
[11] Tuggy, Alfred E. (1996). Léxico Griego–Español del Nuevo 
Testamento, Editorial Mundo Hispano, El Paso Texas, USA.
[12] Acampo, Silvia Vera (1987). Los roles masculino y 
femenino. Editorial CEA, Buenos Aires, Argentina. 
[13] Olea Cordero, Benjamín (2015). Artículo publicado 
en Facebook sobre la mujer.
[14] Mullins, E. Y. (2013). La Religión Cristiana en su Expresión Doctrinal. 
Casa Bautista de Publicaciones, El Paso, Texas, USA.
[15] Olea Cordero, Benjamín (2015). Artículopublicado 
en Facebook sobre el caso de Judas. 
[16] Palmer, W Robert (1999). Como entender la Biblia, Editora Red, U.S.A.
185Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
[17] Stanley M. Harton (1996). Teología Sistemática, una perspectiva 
pentecostal Editorial Vida, Miami, Florida, USA.
[18] Barrientos, Josué (2004). El pentecostalismo y el 
neopentecostalismo. Identidades confusas, CDE, Honduras.
[19] Cabero, Julio (2000). Las nuevas tecnologías para la mejora 
educativa. ditorial Kronos. Sevilla, España.
[20] Moltmann, Jürgen (2000). El Espíritu Santo y la teología 
de la vida. Ediciones Sígueme. Salamanca.
[21] Wight, Fred H. (1998). Usos y Costumbres de las Tierras Bíblicas. 
Editorial Portavoz, Grand Rapids, Michigan, USA.
[22] Reyna, Edgar (2015). Terapia de pareja. Nexo Local, Quito, Ecuador.
[23] Neil Clark, Warren (2014). Cómo hallar el amor de tu 
vida. Editorial CLC. Serie Favoritos, Colombia.
[24] Bocker, Knicker (1990). Dirección y concepción de 
un líder. Lecturas Selectas, Inglaterra.
[25] Real Academia Española, (2001). Diccionario de la Lengua 
Española, vigésima segunda edición, España.
[26] García de Diego, Vicente (1985). Diccionario etimológico español e 
hispánico, Madrid, S.A.E.T.A., 12ª edición, Madrid, Espasa–Calpe.
[27] Stamateas, Bernardo (1996). Sexualidad y erotismo en 
la pareja. Editorial CLIE, Barcelona, España.
[28] De León, Jeffrey y Wenona (2010). Como encontrar la 
pareja ideal. Editorial Dinámica. Colombia.
[29] Belaúnde, R. (1988). Educación y conducta sexual. Editorial 
Artes y Ciencias, Buenos Aires, Argentina.
[30] Cruz, Antonio (2003). Postmodernidad. El Evangelio ante el 
Desafío del Bienestar. Editorial Clíe. Terrassa, España.
[31] Bell, Tim (1995). Paradigmas de la Psicología 
Femenina. Editorial Paidós, México. 
[32] Charles, Henri (1990). Gestión estratégica de los recursos 
humanos. Ediciones Deusto, Madrid, España.
186 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
CAPÍTULO V
GUÍA DIDÁCTICA 
 CREENCIAS, DOGMAS Y TABÚES PENTECOSTALES
1. ¿Qué dice John S. Banks, sobre las creencias, dogmas y 
tabúes pentecostales?
2. En términos básicos, ¿Qué es una creencia?
3. ¿A qué se refiere la expresión bíblica: «La letra mata, más el 
Espíritu vivifica»?
4. ¿Crees que no se tiene el Espíritu Santo si no se habla en lenguas?
5. ¿Qué dice William Dyrness sobre Noé? 
6. Los principios hermenéuticos indican que, toda doctrina o 
enseñanza bíblica debe contar con...
7. ¿Crees que cuando se tiene relaciones sexuales el Espíritu 
Santo se va en ese momento?
8. La manera correcta de orar, es...
9. ¿Es pecado bautizar a los niños?
10. La prohibición de tomar café o té, según Donner Theo, 
tienen las raíces en...
11. ¿Es pecado si una persona practica la anticoncepción?
12. ¿Qué significa la palabra «católico»?
13. La Biblia, puesta adecuadamente en contexto, puede ayudar a...
14. Las familias de hoy deben modificar la forma de «crianza» 
de los varones en cuanto a...
15. ¿Qué dice E. Y Mullins sobre el cristianismo y la danza 
en la iglesia?
16. ¿Cuáles son los dos relatos que existen sobre la muerte de 
Judas el Iscariote?
17. ¿Se pueden conciliar los dos relatos?
18. ¿Qué dice Robert W. Palmer sobre el atuendo de la mujer?
19. Según Stanley M. Harton, ¿Qué son los dogmas?
20. ¿De dónde se extrae la idea de que para participar de la 
Cena del Señor se requiere ser bautizado?
21. El «desafío» de la iglesia pentecostal de este tiempo 
consiste, precisamente, en preparar a los creyentes para...
22. Dejarse crecer la barba es una decisión...
187Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
23. ¿Qué contenía la reunión que hoy llamamos «culto» para el 
desarrollo en la iglesia primitiva?
24. En el «culto» de la iglesia, la gente debe recuperar el...
25. Tomás de Aquino explica el fin escatológico de la oración 
del cristiano hacia el Oriente, ¿Cuál es?
26. ¿Es perdonable el pecado de «divorciarse» de un cónyuge 
por motivos no bíblicos?
27. ¿Permite, disuade, estimula o tolera la Biblia el nuevo 
casamiento?
28. Según Warren Neil Clark, en muchos casos existen otras 
razones por lo que las parejas se quieren o les obligan a 
casarse, ¿Cuáles son?
29. ¿Es el bautismo en agua un requisito para la salvación?
30. En términos bíblicos, existen algunas «formas» para aplicar 
una disciplina a un creyente, ¿Cuáles son?
31. ¿Qué es un «tabú»?
32. Muchos creen que la plenitud del Espíritu Santo solo 
llega hasta...
33. Muchas de las «ideas sexuales» que algunos creyentes 
pentecostales tienen, están basadas en...
34. ¿Es un pecado, está mal, bíblica o legalmente que la mujer 
dé el primer paso cuando se siente atraída por un hombre, 
siendo ambos solteros?
35. ¿Cuáles son las relaciones «sexuales» condenadas por la Biblia?
36. ¿Qué dice R. Belaúnde sobre el «sexo oral»?
37. Hable sobre el escuchar música con ritmo urbano, 
merengue o bachata.
38. Se sabe, que la literatura que se lee, los programas y la 
música que se escuchan, afectan...
39. ¿Qué dice Tim Bell sobre la habilidad de las mujeres?
40. Todos los «líderes», cristianos o no, viven y realizan la 
actividad... 
CAPÍTULO VI
DESAFÍOS ACTUALES DE LA IGLESIA PENTECOSTAL
Después	de	presentar	una	 serie	de	 temas	 vinculados	 a	 la	 teología	pentecostal	y	observar	las	grandes	discusiones	que	sobre	diversos	asuntos se producen a lo interno de las iglesias de persuasión pen-
tecostal,	 se	debe	reconocer	que	 las	mismas	 tienen	grandes	«desafíos»	
en	el	 actual	 escenario	de	vida	 cristiana.	En	ese	 sentido,	un	«desafío»	
se	suele	definir	como	esa	situación	difícil	o	peligrosa	con	la	que	alguien	
se	enfrenta.	Acción	que	se	debe	llevar	a	cabo	y	que	supone	un	«reto»,	el	
cual	pone	a	prueba,	brindando	 la	oportunidad	de	medir	 la	capacidad,	
aguante	y	voluntad.	
Ahora bien, hablar de los grandes «desafíos» que tendrá la igle-
sia pentecostal en las siguientes décadas del siglo XXI, no es 
un ejercicio especulativo, ni meramente académico; es, sobre 
todo, una muestra de fidelidad a la bendita misión que Cristo 
delegó al pueblo escogido, la iglesia, la cual debe ser «sal de la 
tierra» y «luz del mundo». Jesús reprobó a los fariseos y sadu-
ceos de ese tiempo por saber reconocer los cambios atmosfé-
ricos y las variaciones del clima, pero desconocían las señales 
más importantes: las «señales de los tiempos», en el sentido 
escatológico y misionero. 
Por	tanto,	el	gran	«desafío»	es,	que	sin	perder	la	esencia	de	la	iden-
tidad	pentecostal,	se	pueda	«dialogar»	e	«interactuar»	sobre	los	gran-
des	temas	que	debe	encarar	 la	 iglesia	de	Cristo	en	este	tiempo.	Todo	
esto,	sin	que	este	«diálogo»	o	«revisión»	se	convierta	en	un	relativismo	
190 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
moral,	en	una	religión	a	la	carta,	superflua	y	vana.	La	Biblia	ha	de	ser	
leída	y	entendida	en	su	contexto,	pero	también	vivida	en	un	entorno	
particular.	Las	iglesias	pentecostales	de	este	tiempo	no	pueden	seguir	
pretendiendo	«escapar»	del	mundo,	como	si	esto	las	hiciera	más	«san-
tas»;	todo	lo	contrario,	es	en	ese	contexto	en	que	las	iglesias	están	in-
sertas,	en	el	cual	la	vida	y	misión	toman	relevancia	y	pertinencia.	
Pablo A. Deiros (1997), dice: «Ciertamente el «mundo» si-
gue representando ese lugar de tinieblas, pecado y rechazo del 
Dios verdadero, pero, ¿No es acaso este el campo «fértil» en el 
que el Señor Jesucristo ha dejado la iglesia para ser sal y luz? 
No se puede seguir visualizando al «mundo» como enemigo 
del cual hay que escapar. Debe ser lo inverso, ha de verse, como 
ese lugar, que está repleto de hombres y mujeres necesitados; 
urgentemente del amor, la paz, y la justicia de Jesucristo». 1 
Hoy	más	que	nunca,	no	se	debe	pasar	por	alto	el	anhelo	expresado	
en	la	oración	de	Jesús,	cuando	dijo:	«Padre,	no	te	pido	que	los	saques	
del	mundo	sino	que	los	guardes	del	mal.	Santifícalos	en	tu	verdad,	tu	
Palabra	 es	 verdad»	 (Juan	 17:15–17).	Además,	 son	 claves	 las	palabras	
del	apóstol	Pablo	en	Romanos	12:2,	cuando	dijo:	«No	os	conforméis	a	
este	siglo,	sino	transformaos	por	medio	dela	renovación	de	vuestro	en-
tendimiento,	para	que	comprobéis	cuál	sea	la	buena	voluntad	de	Dios,	
agradable y perfecta».
La manera de ser iglesia hoy se ha revolucionado de tal ma-
nera que, es inaplazable hacer los «ajustes» necesarios a esas 
formas de ver y manejar los temas vinculados al accionar de 
la iglesia pentecostal en este tiempo. Toca ahora a las iglesias 
pentecostales, hacer una reflexión profunda para llegar a una 
«nueva concepción de ser iglesia» que, sin perder las bases y 
orientaciones bíblicas, sí pueda ser representativa y eficaz de la 
realidad del mundo actual.
Son	mucho	los	«desafíos»	que	tienen	las	iglesias	pentecosta-
les	 en	este	 tiempo,	 sin	 embargo,	 a	 continuación,	 se	presentarán	
algunos	que,	a	juicio	del	autor,	son	los	más	urgentes	para	el	abor-
daje	y	consideración.	¡A	ver!
191Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
6.1. PROCLAMAR LA VERDADERA ESPIRITUALIDAD
Uno	 de	 los	 primeros	 desafíos	 de	 la	 iglesia	 pentecostal	 de	 este	
tiempo	 es	 «proclamar	 la	 verdadera	 espiritualidad»,	 ya	 que	 el	 tema	
de	 la	 «espiritualidad»,	 dentro	 y	 fuera	del	 ámbito	 evangélico	 pente-
costal,	es	mucho	más	complejo	de	lo	que	hasta	ahora	se	ha	pensado.	
Más	aún,	cuando	se	trata	de	tipificarlo	y	establecer	grados	o	niveles.	
Pero…	¿Qué	es	la	«espiritualidad»?	¿Qué	es	ser	«espiritual»?	¿Cómo	
se	es	«lleno	del	Espíritu»?	¿Qué	implica	el	«bautismo	en	el	Espíritu	
Santo»?	¿Cómo	creyentes	es	posible	andar	en	el	Espíritu?	¿Es	viable	
una	 verdadera	 espiritualidad,	 como	 nuevas	 criaturas,	 inmersas	 en	
esta	realidad	postmoderna	de	hoy?		
Sin	lugar	a	dudas,	la	ignorancia	de	muchos	creyentes	en	cuanto	
a	los	temas	espirituales	es	grande.	Esto	lleva	a	que	cada	quien	forje	
un	criterio	propio	sobre	la	espiritualidad.	Se	suele	dar,	por	supues-
to,	que	la	conciencia	y	la	mente	están	siempre	bien	formadas	sobre	
este	tema,	y	se	sabe	muy	bien	«discernir»	lo	bueno	y	lo	malo;	lo	que	
edifica	o	destruye.	Pero,	a	decir	verdad,	no	siempre	es	así.	En	ese	
sentido,	es	común	en	temas	de	«espiritualidad»	la	presencia	de	un	
subjetivismo	arbitrario,	el	cual	no	se	fundamenta	en	las	enseñanzas	
de	las	Sagradas	Escrituras,	sino	en	las	«experiencias	pentecostales»	
particulares de unos cuantos. 
192 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
Por tanto, cuando se habla de «espiritualidad» se echa mano 
de uno de esos términos que hoy sirven para referirse a tantas 
cosas, en parte por la riqueza y variedad de elementos que le 
son propios. Esta es la razón, por la cual el concepto «espiri-
tual» o «espiritualidad», según el escenario en el que se ex-
prese, puede tener muchos significados, que a partir de quién 
o quiénes lo aborden variará de forma radical la apreciación y 
quizás no se estén dando a entender adecuadamente. Sin em-
bargo, existen algunos elementos o componentes que pueden 
servir de base y que permitirán elaborar una definición en la 
que la mayoría se sientan cómodos.
En	ese	sentido,	Segundo	Galilea	(1998),	dice:	«La	«espiritualidad»	
entre	 los	 creyentes	no	debe	 ser	una	 imposición,	 sino	 el	 resultado	de	
una	«elección»	que	hagamos,	de	«conocer	y	crecer»	en	nuestra	relación	
cotidiana	con	Jesucristo,	por	medio	del	Espíritu	Santo	en	nuestras	vi-
das.	Cuando	«pecamos»	contristamos	al	Espíritu	Santo	(Efesios	4:30;	
1	 Juan	 1:5–8),	 y	 erigimos	 una	 barrera	 entre	Dios	 y	 nosotros.	 Por	 lo	
tanto,	una	«iglesia	espiritual»	es	aquella	cuyos	creyentes	han	nacido	de	
nuevo,	quienes	hacen	una	consistente	y	continua	«elección»	de	rendir-
se	a	Dios	por	medio	del	Espíritu	Santo».	2
Ahora	bien,	el	autor	de	este	libro	entiende	por	«iglesia	espiritual»	
a:	«El	grupo	de	dos	o	tres	personas	o	más	que,	reunidas	en	el	nombre	y	
autoridad	del	Señor	Jesucristo	y	teniendo	como	base	las	Sagradas	Es-
crituras,	le	invocan	y	proclaman	la	verdad	del	Evangelio,	sin	importar	
el	lugar,	nombre	que	se	adjudiquen,	denominación	y	estilo	de	gobierno	
local	que	apliquen.	Cuyos	miembros	permiten	que	Dios,	a	 través	del	
Espíritu	Santo,	guíe	y	controle	su	conducta,	comportamiento	y	estilo	
de	 vida	para	 con	 los	 semejantes,	 por	medio	de	una	 vida	de	 oración,	
ayuno	y	comunión	con	Dios».
Por tanto, la «espiritualidad» va más allá de una «lista de co-
sas» que no se pueden hacer y otras cosas que se deben practi-
car. Una vida espiritual, genuina y saludable, libre de ataduras, 
da como resultado una vida exterior diferente, una vida mo-
vida por «amor a Dios» y al prójimo, andando en el Espíritu 
Santo, libres de pecado, viviendo bajo los valores del reino de 
Dios, donde el que sirve es el mayor, donde el pobre, necesita-
193Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
do y marginado es feliz; esa es la verdadera espiritualidad. El 
«fervor espiritual» me lleva a adorar a Dios en la realidad de la 
vida diaria con mis semejantes y con mi Señor. 
La	«espiritualidad»,	en	sentido	esencial,	debe	ser	equilibrada	entre	
doctrina	y	vivencia,	entre	teoría	y	práctica.	La	vida	cristiana	y	la	autén-
tica	«espiritualidad»	no	se	deben	considerar	como	algo	solo	exterior,	
sino	interior.	Sin	lugar	a	dudas,	existen	muchas	iglesias	pentecostales	
con	«altas	experiencias	espirituales»,	las	cuales	reflejan	una	«praxis»	
bastante	incoherente	del	Jesús	de	los	evangelios	y	otro	tanto	ocurre	en	
las	iglesias	más	tradicionales.	
En	la	mayoría	de	los	casos,	esta	realidad	se	presenta	dada	las	con-
cepciones	y/o	experiencias	distorsionadas	acerca	de	la	«verdadera	espi-
ritualidad»	que	debe	exhibir	la	iglesia	de	hoy.	Sin	embargo,	no	se	debe	
hablar	de	una	genuina	o	verdadera	«espiritualidad»	sin	dialogar	previa-
mente	sobre	el	Espíritu	Santo	y	de	la	relación	de	éste	con	Jesús.	Entre	las	
cosas	que	provee	el	Espíritu	Santo	de	Dios	a	la	iglesia	están:	Sabiduría	e	
inteligencia,	consejo	y	fortaleza,	conocimiento	y	temor	del	Señor.	
Nuevamente se cita a Segundo Galilea (1998), cuando dice: 
«La originalidad y la autenticidad de la espiritualidad cristia-
na consiste en que seguimos a un Dios que asumió la condi-
ción humana; que tuvo una historia como la nuestra; que vivió 
nuestras experiencias; que se entregó a una causa por la cual 
sufrió; tuvo éxitos, alegrías y fracasos; por lo cual entregó su 
vida. Ese hombre, Jesús de Nazaret, igual a nosotros menos en 
el pecado por comisión, en el cual habitaba la plenitud de Dios, 
es modelo único de nuestra vida humana y cristiana». 3
Para	muchas	 iglesias	 pentecostales	 de	 este	 tiempo,	 la	 genuina	 o	
verdadera	«espiritualidad»	se	manifiesta	al	subir	el	volumen	del	equi-
po	de	sonido,	cantar	rápido	y	acelerado	hasta	entrar	en	éxtasis,	«eu-
foria	de	alegría,	brincar,	 saltar	girar,	danzar,	 remolinear»;	esta	es	 la	
«unción»	y	el	verdadero	«poder	de	Dios».	Pero	termina	el	momento	o	
la	actividad	y	todo	sigue	igual,	no	hay	cambio	alguno	en	las	personas	
que	participan	de	la	actividad.
194 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
Sin	 embargo,	 la	 «plena»	 y	 «genuina»	manifestación	 de	 la	 pre-
sencia	de	Dios	 y	 su	Espíritu	Santo	 trae	 como	 resultado	 verificable,	
entre	 otros:	 «Humillación	 ante	Dios,	 confesión	de	pecados	ocultos,	
santidad,	obediencia	a	Dios	y	su	Palabra,	verdadera	confraternidad	
en	el	pueblo	de	Dios,	servicio	voluntario	por	amor	a	Dios,	verdadera	
adoración y alabanza». 
Sin lugar a dudas, el fanatismo de algunos, la fe ciega de otros, 
el sentimentalismo y emocionalismo de muchos, una vez ha-
llan cabida en la mente y el corazón de ciertos creyentes, tras-
tornan el intelecto de cualquier ser humano. Hay que admitir 
que todo lo antes mencionado ha traído como consecuencia, 
entre muchos pentecostales, interpretaciones equivocadas so-
bre lo que es o significa la «espiritualidad». 
Otra	de	las	consecuencias,	producto	de	las	interpretaciones	equi-
vocadas	 sobre	 lo	que	 es	o	 significa	 la	«espiritualidad»,	 es	 la	«sober-
bia	espiritual»	que	muchos	pentecostales	exhiben	de	manera	abierta	
y	 contraria	 a	 los	 postulados	del	Texto	Sagrado.	Existe	 en	 el	 seno	de	
muchas	iglesias	pentecostales,	degradantes	tipificaciones,	grupos	«éli-tes»,	que	aunque	se	autodenominan	«espirituales»	brindan	un	servicio	
mediocre	a	los	demás.	
Según	la	experiencia	pentecostal	del	autor	de	este	libro,	ser	«espiri-
tual»	es	el	resultado	de	la	aplicación	de	cinco	elementos	«esenciales»,	los	
cuales	permiten	al	creyente	perseverar	en	la	fe	cristiana	y	ser	eficientes	
en	el	cumplimiento	de	la	misión	como	iglesia	de	Cristo.	Éstos	son:
1. Vida devocional
La	«devoción»	tiene	que	ver	con	ese	amor,	fervor	y	veneración	que	
se	debe	exhibir	o	expresar	a	 través	de	 los	«ejercicios	espirituales»,	y	
que	 representan	 las	 vajillas	 del	 «poder»	 para	 el	 creyente	 en	 sentido	
general.	 Es	 posible	 que	 usted	 considere	 otros	 «ejercicios»	 que	no	 se	
presentan	en	esta	lista,	pero	estos,	en	términos	básicos,	han	de	consi-
derarse	necesarios	en	una	iglesia	espiritual.	Estos	son:
a.	 La	oración:	orar	es	hablar	con	Dios.	La	comunicación	con	Dios	
es	 fundamental.	 La	 oración	no	 solamente	 conlleva	 peticiones,	
sino	que	debe	incluir	adoración,	acción	de	gracias,	confesión,	in-
195Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
tercesión	y	por	supuesto,	peticiones.	Por	tanto,	la	iglesia	de	hoy	
debe	fomentar	la	oración	en	las	diversas	formas	o	estilos.
b.	 El	 ayuno:	 la	 práctica	 del	 ayuno	 es	 tan	 antigua	 como	 el	 ser	
humano	mismo,	y	dentro	de	los	propósitos	básicos	están:	El	
de	 doblegar	 los	 deseos	 de	 la	 carne,	 afligir	 el	 espíritu	 en	un	
acto	de	humillación	hacia	Dios,	corregir	y	humillar	el	alma.	
Se	 realiza	 en	momentos	en	que	 la	 iglesia	necesita	acercarse	
más	a	Dios,	y	lo	acompaña	de	reflexión,	confesión,	lectura	de	
la	Biblia,	lamento,	entre	otros.	
c.	 La	lectura	y	estudio	de	la	palabra	de	Dios:	debe	existir	no	solo	un	
tiempo	para	el	estudio	y	lectura	diaria	de	la	Biblia,	sino	un	espa-
cio	para	que	la	iglesia	se	actualice	en	lo	referente	a	los	hallazgos	
y	nuevos	descubrimientos	y	apreciaciones	del	Texto	Sagrado.	La	
iglesia	pentecostal	de	hoy,	está	llamada	a	interpretar	correcta-
mente	las	Sagradas	Escrituras,	ya	que	atraviesa	una	de	las	peo-
res crisis doctrinales. 
d.	 La	 adoración:	 la	 adoración	 en	 la	 iglesia	 pentecostal	 debe	 ser	
como	expresó	Jesús,	«en	espíritu	y	en	verdad».	La	«verdadera	
adoración»	no	es	mecánica	o	un	espectáculo;	es	aquella	que	se	
realiza	con	sinceridad	y	verdadera	necesidad	de	Dios.	
2. Vida de unción
En	el	Antiguo	Testamento,	el	acto	de	«ungir»	se	aplicaba	a	los	sacrifi-
cios	para	la	consagración	(Éxodo	30:26)	a	través	de	los	sacerdotes.	En	el	
Nuevo	Testamento	se	observa	esta	«práctica»	hacia	los	enfermos	(Marcos	
6:13;	Santiago	5:14).	Esta	«costumbre»	se	ha	generalizado	entre	los	cris-
tianos	en	los	últimos	años,	en	especial	entre	los	evangélicos	pentecostales.
Se	dice	que	hay	«unción»	cuando	se	produce	un	«mover	especial»	
como	resultado	de	la	llenura	del	Espíritu	Santo	y	que	en	la	mayoría	
de	los	casos	es	acompañada	de	algunas	manifestaciones,	tales	como:	
caídas,	temblor,	risa,	llanto	y	pérdida	del	control	físico,	las	cuales	son	
tomadas	por	muchos	 como	algunas	de	 las	 señales	de	 la	«operación	
sobrenatural»	del	Espíritu	Santo.	Una	«iglesia	espiritual»	debe	estar	
cubierta	por	la	unción,	ya	que	no	será	eficiente	en	el	desarrollo	de	la	
196 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
vida	cristiana	plena,	si	ésta	no	es	revestida	y	acompañada	de	la	co-
bertura	del	Espíritu	Santo.
3. Vida de fe
Algunos	ven	 la	 fe	 como	una	 fuerza	 casi	mágica	y	que	 si	 se	 logra	
tener	suficiente,	uno	prosperará,	se	mantendría	firme	en	el	Señor	y	ten-
dría	una	vida	placentera.	Pero,	¿Qué	hacer	para	lograr	más	fe	entre	los	
creyentes?	¿Cuáles	son	las	señales	de	una	fe	verdadera?	En	el	libro	de	
Hebreos	 capítulo	 once,	 el	 escritor	usa	palabras	 y	 frases,	 tales	 como:	
«perseverar»,	«soportar»,	«no	perder	la	esperanza».	
Por tanto, una «iglesia espiritual» es aquella que lleva una «vida 
de fe», lo cual no es tan fácil como muchos quieren enfatizar. 
La fe que se describe en la epístola a los Hebreos no viene cu-
bierta de azúcar; Dios no le garantiza a nadie una vida de lujos 
y descanso. Es una fe rigurosa; consiste en un «compromiso 
constante» de creer en Dios a pesar de todo y evitar el pecado, 
así como un compromiso constante de aferrarnos a Él, pase lo 
que pase, cueste lo que cueste.
4. Vida de testimonio
Un	pensador	dijo:	«Se	necesita	toda	una	vida	para	construir	una	
buena	 «imagen»	 y	 solo	 un	minuto	 para	 perderla».	 Por	 otro	 lado,	 en	
Hebreos	12:1–3	dice	lo	siguiente:	«Por	tanto,	nosotros	también,	tenien-
do	en	derredor	nuestro	tan	grande	nube	de	testigos,	despojémonos	de	
todo	peso	 y	 del	 pecado	que	nos	 asedia,	 y	 corramos	 con	paciencia	 la	
carrera	que	tenemos	por	delante».	Toda	iglesia	tiene	en	el	entorno,	mu-
chos	ojos	que	 están	 sobre	 ella,	 por	 tanto,	 esto	 implica	que	no	podrá	
ser	ejemplo	de	los	demás	si	los	miembros	arrastran	tras	sí	un	lastre	de	
errores	y	pecados	sin	solventar.
Una «iglesia espiritual» goza de buen testimonio, lo cual es cla-
ve si se quiere gozar de respeto de quienes les rodean. Alguien 
dijo: «Tus hechos no me permiten escuchar lo que dices». No 
hay mejor mensaje e ilustración que el buen ejemplo en la forma 
de conducirse y desenvolverse. 
197Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
5. Vida disciplinada
La	disciplina	no	tiene	un	fin	en	sí,	pero	ayuda	a	 los	creyentes	en	
general	a	«progresar»	en	la	vida	cristiana.	Estas	abarcan	aspectos	es-
pirituales,	mentales,	sociales	y	 físicos.	La	 iglesia	que	 logra	organizar	
bien	las	ideas,	alcanza	ventajas	sobre	otras	que	viven	al	azar.	Una	igle-
sia	pentecostal	con	un	accionar	«disciplinado»	puede	concentrarse	en	
lo	esencial	y	descartar	lo	que	no	es	tan	importante.
En ese sentido, Benno Sander (1990), dice: «Las iglesias «in-
disciplinadas» son presa fácil de la improvisación. Para la 
iglesia de Jesucristo, la «disciplina» significa seguir a Cristo 
negándose a sí mismo y tomando resueltamente su cruz. Es 
tener la capacidad de regular la «conducta» y evitar el «peca-
do» mediante principios y criterios, y no mediante el impul-
so, la presión y la costumbre, es decir la capacidad natural de 
subordinarse». 4
La	«disciplina»	es	una	señal	clara	de	«madurez	espiritual»	en	los	
creyentes,	ya	que	regula	los	apetitos,	las	emociones,	el	mal	humor,	la	
manera	de	hablar,	y	permite	establecer	prioridades.	La	«disciplina»	es	
lo	que	más	necesita	el	hombre	o	la	mujer	de	este	tiempo	y	es	lo	que	me-
nos	quiere.	Finalmente,	a	través	del	Espíritu	Santo,	todos	los	creyentes	
son	guiados,	fortalecidos	y	revestidos	de	la	gracia	de	Dios	para	resistir	
al	enemigo	y	al	«pecado»,	a	fin	de	que	el	propósito	de	Dios	se	cumpla	
plenamente	en	cada	uno	de	los	que	creen	en	Él.
6.2. VER LA IGLESIA COMO UNA 
EMPRESA ADMINISTRABLE
Sin	 lugar	 a	 dudas,	 ver	 la	 iglesia	 pentecostal	 como	 una	 empresa	
administrable,	 es	 otro	de	 los	 grandes	desafíos	de	hoy.	Al	 transitar	 e	
incursionar	en	el	campo	de	 la	administración,	sea	eclesiástica	o	em-
presarial,	 son	muchas	 las	 cosas	que	se	deben	 tomar	en	cuenta	antes	
de	precisarlas.	Esto	se	debe	a	que	existen	muchos	«teóricos»	en	este	
campo	que	no	valoran	algunos	«detalles»,	los	cuales	no	permiten	una	
adecuación	plena	en	el	ámbito	cristiano.	
198 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
Son	aspectos	relativos	a	las	costumbres,	dogmas,	estilos,	concep-
ción	general	sobre	el	liderazgo,	entre	otros,	que	sin	lugar	a	dudas,	im-
piden	 un	 aprovechamiento	 de	 los	 «principios	 administrativos»	 pro-
piamente	 dichos	 en	 el	 ámbito	 de	 la	 iglesia	 pentecostal.	 Ahora	 bien,	
administrar	es	sinónimo	de	gobernar,	regir,	dirigir,	controlar.	Es	lograr	
que	las	«cosas»	sean	hechas	mediante	otras	personas,	asegurando	el	
logro	de	las	metas	preestablecidas,	a	través	de	la	continua	y	consciente	
dirección	del	trabajo,	aplicando	las	acciones	específicas	ya	diseñadas.	
Sin	lugar	a	dudas,	el	estilo	de	dirección	de	las	iglesias	pentecosta-
les	durante	los	últimos	años	ha	sido	enriquecido	por	la	gran	afluencia	
e	 integración	de	personas	de	 los	diferentes	«estratos	sociales»,entre	
los	cuales	hay	muchos	profesionales	de	las	diferentes	áreas	del	conoci-
miento,	quienes	han	provocado	numerosos	cambios	en	el	ejercicio	del	
liderazgo	interno	de	la	iglesia	de	Cristo,	y	esto	es	bueno.
Adalberto Chiavenato (1993), dice: «La necesidad e importan-
cia de una buena administración en las iglesias pentecostales 
de estos días se debe, no solo a la necesidad de orden local, sino 
también a las exigencias de los gobiernos, las cuales requieren 
que las instituciones, como la iglesia, estén acordes a los pará-
metros legales y administrativos de este tiempo». 5
Se	debe	reconocer	que	Dios	está	obrando	maravillas	en	estos	días,	
las	 iglesias	pentecostales	están	creciendo.	Sin	embargo,	el	desafío	es	
muy	grande.	Cada	día	hay	más	personas,	más	recursos,	más	obras	que	
hacer,	más	necesidad	de	administrarlas	bajo	 la	dirección	y	sabiduría	
199Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
que	provee	el	Espíritu	Santo.	Pero	todo	esto	requerirá	de	nuevos	«pa-
radigmas»	que	permitan	aprovechar,	adecuadamente,	todos	los	recur-
sos	con	los	que	cuenta	la	iglesia,	en	especial,	los	recursos	humanos.
En ese sentido, la iglesia, sea grande o pequeña, debe ser diri-
gida tomando en cuenta los preceptos básicos de la adminis-
tración de empresas. Los líderes cristianos son «administra-
dores» que organizan, trazan, guían y dirigen los asuntos de 
la iglesia. El apóstol Pablo declara en 1 Corintios 12:28, que 
la administración también es un don espiritual: «En la iglesia 
Dios ha puesto, en primer lugar, apóstoles; en segundo lugar, 
profetas; en tercer lugar, maestros; luego los que hacen mila-
gros; después los que tienen dones para sanar enfermos, los 
que ayudan a otros, los que administran...». 
Jesucristo	 es	 el	 administrador	 por	 excelencia,	 sentó	 las	 bases	
de	una	organización	universal	de	 la	 iglesia.	En	1	Corintios	4:1–2,	el	
apóstol	Pablo	dice:	«Así,	pues,	téngannos	los	hombres	por	servidores	
de	Cristo,	y	administradores	de	los	misterios	de	Dios.	Ahora	bien,	se	
requiere	de	los	administradores,	que	cada	uno	sea	hallado	fiel.	En	la	
Biblia	se	encuentran	abundantes	informaciones	y	orientaciones	sobre	
la	administración.	Sin	una	visión	o	filosofía	de	ministerio,	carente	de	
comprensión	de	los	programas	y	las	actividades,	la	iglesia	se	mueve	
sin	un	sentido	de	dirección.	Para	que	el	líder	pueda	administrar	efi-
cazmente	 la	 iglesia,	necesita	presentarle	una	visión,	y	ésta	requiere	
ponerse por escrito. 
Si	 la	 iglesia	 tiene	 bien	 establecida	 la	 visión	 y	misión,	 se	 puede	
convertir	en	una	empresa	administrable.	Muchas	 iglesias	pentecos-
tales	 en	Latinoamérica,	 están	muy	 alejadas	de	 esto	por	 la	 carencia	
antes	señalada.	Se	observa	que	muchas	iglesias	están	fragmentadas,	
ya	que	cada	ministerio	o	departamento	 lleva	un	rumbo,	visión,	de-
claraciones	de	fe	y	aún	una	filosofía	particular	e	independiente	de	la	
general	que	debe	tener	la	iglesia.	Esta	realidad	requiere	de	los	líderes	
que	sean	buenos	administradores.
Para	 poner	 en	 funcionamiento	 y	 llevar	 a	 la	 práctica	 una	 visión,	
hay	tres	cosas	básicas	que	el	pastor/líder	debe	hacer,	según	Armando	
Cuesta	Santos	(2005),	estas	son:
200 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
•	 Primero,	ver	los	recursos	humanos.	Ver	las	personas	necesarias	
para	poner	en	práctica	la	visión.
•	 Segundo,	tener	bien	claro	y	presentar	el	plan	ministerial,	o	sea,	
el	programa	de	la	iglesia.	
•	 Tercero,	el	presupuesto	de	la	iglesia,	porque	todo	lo	que	se	quie-
re	hacer,	no	se	puede	sin	dinero.	Los	recursos	financieros,	deben	
proveerse	para	poder	poner	en	práctica	todos	los	proyectos.	6
Cuando	la	iglesia	se	propone	implementar	una	visión,	necesita	de	
personas,	 un	 plan,	 luego	 un	 presupuesto	 que	 haga	 del	 proyecto	 una	
realidad.	Es	por	estos	elementos,	que	la	iglesia	puede	ser	tratada	como	
una	empresa	totalmente	administrable,	científicamente.	Una	empresa	
está	 formada	por	 tres	 elementos	principales:	 los	bienes	materiales	o	
elemento	pasivo,	los	recursos	humanos	o	el	elemento	activo,	y	sistemas	
o	normas	de	conductas.	La	iglesia	cuenta	con	estos	tres	elementos:
•	 Bienes	materiales:	Para	desarrollar	la	tarea,	la	iglesia	necesita	un	
terreno,	construir	edificios,	tener	sillas	y	diferentes	tipos	de	mue-
bles.	También	posee	recursos	financieros,	provenientes	de	diez-
mos,	ofrendas	y	donaciones.
•	 Recursos	humanos:	Es	la	parte	vital	de	la	iglesia	y	constituye	el	
factor	primario	en	la	administración.	
•	 Sistemas:	La	iglesia	posee	organigrama,	manuales,	reglamentos,	
entre	otros,	pero	la	base	del		gobierno	y	disciplina	es	la	Biblia.	
La	administración	es	necesaria	para	traer	eficiencia,	orden	y	orga-
nización	al	trabajo	de	la	iglesia,	a	fin	de	que	todos	los	recursos	—inclu-
yendo	 recursos	humanos—	sean	usados	efectivamente	para	alcanzar	
logros	significativos	en	el	 reino.	En	ese	sentido,	existen	una	serie	de	
mitos	con	respecto	a	la	administración,	entre	ellos:
•	 Dios	requiere	fidelidad,	no	efectividad.
•	 Las	instituciones	son	más	importantes	que	la	gente.
•	 Los	números	no	son	importantes,	lo	que	importa	es	la	santidad.
•	 La	administración	no	es	bíblica.	
•	 La	administración	limita	el	accionar	del	Espíritu	Santo
Sin	 lugar	a	dudas,	hoy	en	día	el	 liderazgo	no	se	puede	concebir	ni	
sostener	sin	una	buena	estructura	organizacional,	planeamiento,	y	su-
pervisión	administrativa.	La	Biblia	como	fuente	inagotable	de	sabiduría	
201Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
abunda	en	información	y	ejemplos	sobre	la	organización	y	el	orden	en	
materia	administrativa.	En	la	creación	Dios	demuestra	la	habilidad	ad-
ministrativa;	planeando,	ejecutando,	organizando	y	evaluando	cada	eta-
pa	creativa	realizada,	lo	cual	refleja	una	administración	y	control	divino	
en todo el proceso. 
Es	 importante	destacar	que,	 la	«administración»	de	 la	 iglesia,	sea	
esta	pentecostal	o	no,	implica	el	ordenamiento	de	todos	los	recursos	de	
la	congregación,	de	tal	manera	que	esta	cumpla	su	misión.	Cuando	se	
habla	de	«administración»	no	 solo	 se	debe	pensar	 en	 la	parte	 econó-
mica,	sino	también	en	los	recursos	espirituales	y	humanos.	Los	líderes	
son	administradores	(1	Corintios	4:1–2)	del	Evangelio	y	serán	fieles	en	la	
medida	que	usen	todos	los	recursos	en	forma	sabia	para	lograr	ese	fin.
Los	recursos	humanos	de	hoy	deben	ser	bien	administrados	y	usa-
dos	según	el	don	o	talento	que	Dios	haya	depositado	en	cada	uno,	en-
tendiendo	que	cada	don	o	talento	es	especial	para	Dios,	y	no	se	deben	
menospreciar	 directa	 o	 indirectamente.	 Para	 ello,	 es	 necesario	 crear	
conciencia	sobre	la	necesidad	de	que	en	la	iglesia	pentecostal,	como	una	
«empresa	administrable»,	 exista	un	departamento	de	 recursos	huma-
nos	que	vigile	y	oriente	todo	el	potencial	humano,	a	favor	del	reino	y	la	
misión	de	la	iglesia	en	sentido	general.	
Para Henri Charles (1990), la falta de una planificación y or-
ganización efectiva de la labor como iglesia de Jesucristo, per-
miten que la improvisación sea la «reina» y esto no es bueno. 
Cuando algunos de los profesionales de las diferentes áreas, 
202 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
así como los miembros, no son edificados correctamente so-
bre el presupuesto a ejecutar, y el personal de algunas áreas 
claves de la iglesia u organización ve que no se admiten in-
cursiones en ciertos renglones, esto crea desconfianza e in-
dignación entre quienes entienden que no se ha procedido o 
administrado adecuadamente. 7
Por	tanto,	al	reflexionar	sobre	lo	que	ha	sido	el	desarrollo	evolutivo	
de	la	«administración»	de	la	iglesia	pentecostal	en	las	últimas	tres	dé-
cadas,	se	debe	entender	la	necesidad	de	aplicar	una	administración	que	
permita	evitar	caer	en	los	«males»	señalados	y	responder	efectivamen-
te	en	el	cumplimiento	de	la	misión	de	los	líderes	de	las	iglesias	en	este	
nuevo	escenario.	Una	«administración	eficaz»	es	clave	para	el	éxito	de	la	
labor interna de la iglesia pentecostal y Dios desea prosperidad en todo 
lo	que	ha	encomendado,	y	si	no	es	así,	se	debe	evaluar	y	corregir	a	tiempo	
las	faltascometidas,	y	todo,	todo	saldrá	bien.
6.3. LA BRECHA GENERACIONAL
Mucho	se	ha	hablado	y	se	seguirá	discutiendo	desde	distintas	pers-
pectivas,	sobre	la	«brecha	generacional».	No	es	para	menos.	Es	uno	de	
los	grandes	desafíos,	no	solo	en	el	ámbito	de	la	iglesia	pentecostal,	sino	
de	la	sociedad	en	sentido	general.	Es	una	realidad	que	siempre	ha	esta-
do	latente	en	el	ambiente	y	se	manifiesta	de	diversas	maneras,	creando	
serias	 situaciones	 que	 pueden	 degenerar	 en	 relaciones	 humanas	muy	
problemáticas.
Utilizando un lenguaje sencillo, la «brecha generacional» se 
podría definir como las diferencias que existen entre la gene-
ración actual y las generaciones anteriores. En el ámbito de la 
iglesia pentecostal, una brecha generacional puede utilizarse 
para describir las diferencias en las acciones, creencias, gustos, 
entre los miembros de una iglesia local o concilio, ministerio o 
denominación. 8 
Actualmente,	una	de	las	áreas	donde	la	«brecha	generacional»	se	
manifiesta	con	mayor	intensidad	en	las	iglesias	pentecostales,	está	re-
lacionada	con	las	nuevas	luces	en	materia	bíblica,	teológica	y	confesio-
nal,	ya	que	estas	han	influido	sensiblemente	en	el	accionar	de	los	cre-
203Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
yentes	en	todas	las	áreas,	teniendo	un	desarrollo	acelerado,	explosivo,	
y	algunas	de	las	generaciones	anteriores	de	creyentes	se	han	quedado	
rezagadas	 en	un	porcentaje	 bastante	 elevado,	 incluyendo	 a	personas	
con	larga	data	e	influencia	entre	los	pentecostales.
Sin	lugar	a	dudas,	las	«nuevas	luces»	en	materia	bíblica,	teológica	y	
confesional	han	creado	un	nuevo	escenario	y	este	a	la	vez	ha	ampliado	la	
«brecha	generacional»,	convirtiéndose	en	un	gran	desafío	para	la	iglesia	
pentecostal	en	sentido	general.	Esto	lleva	a	considerar	la	aplicación	de	
una	serie	de	«cambios	estratégicos»	que	permitan	cerrar	esta	«brecha»,	
la	cual	está	afectando	el	aprovechamiento	pleno	de	los	recursos	huma-
nos	en	la	iglesia.	Entre	las	estrategias	que	se	deben	aplicar	están:		
1. Importantizar a todas personas 
En	 todas	 las	 organizaciones	 de	 cualquier	 naturaleza,	 sean	 estas	
empresas	 comerciales,	 instituciones	 educativas,	 partidos	 políticos,	
clubes	deportivos,	comités	de	desarrollo	comunitario	y	de	manera	muy	
particular	 en	 las	 iglesias	 pentecostales,	 las	 personas	deberían	 ser	 lo	
más	importante.	Sin	embargo,	lamentablemente,	en	la	gran	mayoría	de	
los	casos,	no	es	así;	creando	una	«distancia»	o	«brecha»	que	debe	ser	
adecuadamente	salvada.
En	las	estructuras	de	las	iglesias	pentecostales	de	este	tiempo,	los	
puestos	o	cargos	resultan	ser	más	importantes	que	las	personas	que	los	
desempeñan.	Es	muy	popular	en	este	ámbito	el	dicho:	«Las	personas	
pasan,	las	instituciones	quedan».	En	el	caso	de	las	iglesias	bien	estruc-
turadas,	 la	 triste	 realidad	es,	que	 la	persona	es	 importante	mientras	
está	activa	o	en	el	cargo;	cuando	ésta	deja	la	función,	cualquiera	que	
ésta	sea,	como	dice	el	dicho	popular:	«Muerto	el	rey	viva	el	rey,	o	rey	
muerto,	rey	puesto»,	por	lo	regular,	son	olvidados	y	abandonados	casi	
por	completo,	creando	así	una	«brecha»	difícil	de	zanjar.
204 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
En	ese	sentido,	lo	que	está	sucediendo	es	que,	cuando	una	perso-
na	ha	adquirido	un	mayor	grado	de	madurez	espiritual,	de	estabilidad	
emocional,	de	capacidad	intelectual,	de	experiencia	ministerial	y	pre-
paración	académica	 (pues	nadie	no	se	 forma	de	 la	noche	a	 la	maña-
na),	por	su	edad,	porque	ya	no	pertenece	a	la	estructura	de	la	iglesia	
o	porque	no	conviene	a	los	intereses	particulares	de	algunos	«líderes»	
de	turno,	se	le	margina,	y	por	lo	mismo,	no	se	le	toma	en	cuenta,	creán-
dose así una brecha. 
Es	más,	a	los	aportes	de	estas	personas,	no	se	les	da	el	crédito	que	
merecen.	¿No	será	que	algunos	saludan	con	sombrero	ajeno?	¿Es	po-
sible construir el presente y proyectarse hacia el futuro prescindiendo 
del	pasado?	¿Cuánto	vale	la	experiencia	acumulada	durante	tantas	dé-
cadas?	¿Es	inteligente	prescindir	de	ellos?	¿Es	que	esta	situación	debe	
ser	así	necesariamente?	
El	autor	de	la	presente	obra	opina	que	no.	No	cabe	la	menor	duda	
de	que	el	reino	de	Dios	y	la	iglesia	pentecostal	se	beneficiarían	de	una	u	
otra	forma	con	el	aporte		de	estos	experimentados	siervos	y	siervas	de	
Dios,	evitando	que	la	«brecha	generacional»	sea	cada	día	más	ancha.	
Así	que,	si	se	tuviera	una	conciencia	clara	de	la	importancia	de	las	per-
sonas,	si	los	líderes	en	funciones	fueran	depositarios	del	amor	de	Je-
sús,	y	tomaran	la	determinación	de	comprometerse	con	los	hermanos,	
si	existiera	congruencia	entre	lo	que	se	predica	y	lo	que	se	vive,	esto	se	
podría	cambiar	positivamente.	
En ese sentido, Inés Figueroa (1999), dice: «Las personas de-
ben estar por encima de los programas, los edificios, las estra-
tegias de trabajo, la estructura, el dinero o del cargo. Es evi-
dente que cuando la gente deja de ser lo más importante en 
la iglesia, ésta se desvirtúa y deja de ser iglesia. Es religión, es 
ortodoxia, es institución, pero no la iglesia que Jesús fundó. Y 
téngase siempre presente que, la responsabilidad principal de 
la iglesia, es ser iglesia. La iglesia, aunque es una institución 
divina, también es humana, integrada por seres humanos; y 
mientras esté en este mundo, debe ser más humana, porque 
cuando es más humana, entonces, es más cristiana». 9
205Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
Los	seres	humanos,	sin	distinción	de	etnia,	género,	posición	social,	
situación	económica,	títulos	académicos,	cargos	o	puestos	en	las	insti-
tuciones	y	empresas,	en	el	gobierno,	y	de	manera	particular	en	la	igle-
sia	pentecostal	como	comunidad	sanadora,	reconciliadora	y	restaura-
dora,	deben	ser	más	importantes	que	todo	lo	demás,	y	por	esta	razón,	
son	las	personas	quienes,	en	sentido	general,	deben	estar	por	encima	
de	cualquier	ganancia,	interés	particular	o	institucional.
2. Transformar el actual sistema administrativo 
Para	adecuarse	en	este	contexto,	y	lograr	ampliar	y	transformar	el	
accionar	de	la	«dinámica	interna»	de	las	iglesias	pentecostales,	a	fin	de	
ir	cerrando	la	«brecha	generacional»,	es	necesario,	entre	otras	cosas,	
desarrollar	y	tener	una	formación	ministerial	que	sea	teológicamente	
sólida,	ministerialmente	útil	y	contextualmente	relevante.	Es	por	ello	
que,	a	continuación	se	presentan	algunas	sugerencias:
Primera.	Realizar	una	crítica	seria	de	lo	logrado	¿Qué	se	ha	al-
canzado	hasta	el	momento?	¿Cuáles	han	sido	 los	 resultados?	¿Hasta	
qué	punto	se	está	impactando	con	la	labor	que	realiza	la	iglesia?	¿Cuál	
ha	sido	el	desarrollo	y	el	crecimiento	de	los	creyentes	en	términos	per-
sonales	 y	 espirituales?	 Una	 iglesia	 pentecostal	 contextualmente	 re-
levante,	es	aquella	pensada	desde	un	contexto	determinado,	para	un	
contexto	determinado.	La	iglesia	llega	a	ser	verdaderamente	efectiva	y	
universal	cuando	es	profundamente	contextual.	
Segunda.	 Las	 iglesias	 y	 organizaciones	 eclesiásticas	 deben	 ser	
más	abiertas	al	intercambio,	al	establecimiento	de	un	sistema	«diná-
mico»	mediante	 el	 cual,	 se	 pueda	 establecer	 las	 bases	de	una	nueva	
forma	de	dirección	y	aprovechamiento	de	 los	 recursos	humanos	a	 lo	
interno	de	 la	misma,	 en	 la	 que	 se	 analicen	 y	 establezcan	 los	 nuevos	
parámetros	y	condiciones	para	integrarse	a	la	labor	local,	que	permita	
un	encaje	adecuado	al	contexto.
Tercera.	Establecer	una	«dinámica	 interna»	con	 identidad	pro-
pia.	Si	hoy	no	se	ha	avanzado	hacia	la	persecución	y	aplicación	de	un	
estilo	«contextual»	capaz	de	transformarse	y	que	impacte	significati-
vamente		a	los	miembros	de	la	iglesia	en	la	sociedad,	ha	sido	por	care-
cer	de	esa	«forma	particular»	que	debe	forjar	cada	iglesia,	la	cual	esté	
libre	de	la	heredada	de	los	colonizadores.	Debe	ser	un	«estilo»	que	se	
206 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
identifique	con	las	realidades	y	necesidades	del	lugar,	de	forma	tal,	que	
los	miembros	y	la	sociedad	en	general	se	sientan	identificados.
Cuarta.	Formar	a	los	miembros	de	las	iglesias	sobrela	base	de	un	
saber	más	relevante	y	contextual.	Hay	que	exhibir	más	madurez	y	dejar	
las	discusiones	estériles	de	asuntos	que,	si	bien	sirven	de	«identidad»	
para	una	determinada	iglesia,	denominación,	confesión	o	concilio,	no	
son	tan	relevantes	para	identificar	la	iglesia	de	Cristo,	que	en	sentido	
básico	es	una	e	indivisible.	
Finalmente, Juan Wagwnveld (2000), dice lo siguiente: «Un 
iglesia contextualmente relevante, es aquella que toma en se-
rio los desafíos de la religiosidad posmoderna, hedonista y 
superficial. Trabajará con el problema del poder y los pode-
res. Esto solo será posible cuando se forme a las personas en 
un saber más relevante, que se ubique adecuadamente en el 
contexto y que humildemente se entienda la situación actual 
que atraviesa la iglesia y el aprovechamiento efectivo de los 
recursos humanos, y que se ponga todo al pie de la cruz y 
disponerse a ser parte de lo nuevo que Dios quiere hacer. ¿Se 
tendrá el valor para hacer esto?». 10
3. Eliminar las trabas en la dinámica interna de la iglesia
A	 pesar	 de	 los	 resultados	 de	 las	 nuevas	 «luces»	 de	 los	 últimos	
años,	y	la	apertura	a	nuevos	líderes	y	personas	al	quehacer	interno	y	
externo	de	la	iglesia	en	sentido	general,	hoy	en	casi	todas	las	iglesias	
pentecostales,	 concilios,	 confesiones	 y	ministerios	 existen	numero-
sos	«obstáculos»	para	 algunos	que	desean	 cambios	 en	 los	«cóncla-
ves».	Todo	esto	ha	ocasionado	la	estampida	de	muchas	personas	de	
las	 iglesias	y	concilios,	 los	cuáles	pasan	a	otras	organizaciones	y	en	
algunos	casos	forman	pequeños	grupos,	los	cuales,	más	adelante,	se	
constituyen	en	iglesias	formales.
Las	 trabas	 son	 los	 diferentes	 obstáculos	 internos	 o	 externos,	 re-
glamentaciones,	tradiciones	y	dogmas	que	muchas	veces	se	convierten	
en	un	impedimento	para	el	crecimiento		y	la	integración	plena	de	los	
miembros	de	una	iglesia	u	organización	y	que	la	generación	anterior	se	
aferra	en	mantener;	todo	esto,	sin	importar	las	opiniones,	sugerencias	
207Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
e	ideas	de	algunos	de	la	nueva	generación	que	piensan	diferente	y	que	
desean	«crecer»	en	el	Señor.	Entre	las	trabas	más	comunes	están:
A. La concentración de los poderes.	Muchas	iglesias	o	con-
cilios	no	avanzan,	ni	dejan	avanzar	a	los	miembros,	sencillamente	por-
que	«todo»	debe	ser	analizado	y	ponderado	por	un	grupo	reducido	de	
personas,	 la	mayoría	de	 la	 generación	anterior,	 los	 cuales	deben	dar	
la	aprobación.	Esta	situación	se	da	en	muchas	iglesias	pentecostales	y	
concilios	denominados	«pequeños»	y	con	más	de	10	a	20	años	de	crea-
dos	o	fundados.	No	delegan,	no	crean	comisiones,	no	distribuyen	equi-
tativamente	el	trabajo	y	esto	no	ayuda.	Esa	concentración	de	poderes	
no	permite	una	rápida	atención	a	muchas	situaciones	y	crea	disgustos,	
malos	entendidos,	ampliando	así	la	brecha	generacional.
B. Los dogmas o normas institucionales. Buena parte de 
los	líderes	y	miembros	de	algunas	iglesias	o	concilios	son	sometidos	
a	«lineamientos	dogmáticos»	atentatorios	a	la	libertad	de	expresión,	
al libre debate de las ideas y en algunos casos al precepto bíblico. 
Las	normas	de	algunas	 iglesias	pentecostales	son	tan	«tajantes»	y	
«arbitrarias»,	que	se	constituyen	en	un	«freno»	para	el	desarrollo	
integral	de	los	miembros.	
C. El protagonismo.	Esta	es	una	de	las	trabas	más	viles	y	con-
trarias	a	la	voluntad	expresada	por	el	Señor	Jesucristo,	pues	Él,	indica	
que	el	que	desea	ser	mayor,	deberá	ser	el	servidor	de	todos.	El	deseo	
desmedido	 de	 sobresalir,	 destacarse,	 presentarse	 como	 el	 único	 que	
hace	las	cosas	bien	y	que	sin	su	presencia	y/o	participación	las	cosas	
no	se	desarrollan	de	manera	exitosa,	es	un	grave	error.	Muchos	no	per-
miten	que	otros	trabajen,	ni	que	las	ideas	prosperen,	por	temor	a	ser	
desplazados,	lo	cual	limitaría	su	«poder»	e	«influencia»	en	medio	del	
pueblo,	y	esto	es	«egolatría»,	y	quienes	la	ejercen	tendrán	que	rendir	
cuenta a Dios por estas acciones. 
D. El bajo nivel cognoscitivo.	Muchos	líderes	de	algunos	con-
cilios	 e	 iglesias,	 no	 poseen	 los	 estudios,	 preparación	 y	 experiencias	
necesarias	para	 ejercer	 el	 liderazgo,	 situación	que	no	 ayuda,	 pues	 el	
desconocimiento	no	permite	 la	 apertura	a	nuevas	 ideas,	 esquemas	e	
incursión	de	quienes	sí	dominan	algunas	áreas,	creando	un	«ambiente	
tenso»	por	la	negativa	e	intolerancia	que	se	exhibe	en	ese	sentido.	Esto	
provoca	la	estampida	de	muchos	que,	entienden	pueden	ser	compren-
208 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
didos	y	manejados	con	más	respeto	y	consideración	e	ir	donde	las	ideas	
son	entendidas	y	respaldadas	más	fácilmente.	
E. El abuso de poder.	Esto	consiste	en	el	uso	excesivo,	indebido	
e	injusto	de	la	autoridad	que	se	ha	conferido	o	delegado.	El	abuso	de	
poder	se	refleja	en	la	confianza,	el	aspecto	psicológico,	la	manipulación	
y	hasta	en	lo	físico	de	las	personas	que	se	dirige.	Esto	es	grave.	Se	sus-
cita	cuando	deliberadamente	se	ejerce	la	«autoridad»	para	beneficiar	
particularmente	a	alguien	en	desmedro	del	derecho	u	oportunidad	del	
otro.	La	 indiscreción	de	muchos	 líderes,	 la	 falta	de	ética	ministerial,	
entre	otras	cosas,	son	«abuso	de	poder»;	una	traba	en	la	dinámica	in-
terna	de	la	iglesia	pentecostal	que	debe	ser	superado.
4. Fomentar la tolerancia entre generaciones
El	 término	«tolerancia»	ha	 adquirido	diversos	 sentidos:	 por	una	
parte,	significa	indulgencia	respecto	a	ciertas	creencias;	por	otra,	res-
peto	 a	 los	 enunciados	 y	 prácticas,	 siempre	 que	 se	 hallen	 dentro	 del	
orden	prescrito	y	aceptado	libremente	por	la	comunidad;	finalmente,	
actitud	de	comprensión	frente	a	las	opiniones	contrarias	en	las	relacio-
nes	interindividuales,	sin	cuya	actitud	se	hacen	imposibles	las	relacio-
nes	sociales.	Por	tanto,	tolerancia	es	«respeto	y	consideración	hacia	las	
opiniones	o	prácticas	de	los	demás,	aunque	rechacen	las	nuestras».	11
La	 iglesia	pentecostal	debe	fomentar	 la	 tolerancia	entre	genera-
ciones,	ya	que	ser	tolerante	no	requiere	necesariamente	compartir	en	
todo	la	opinión	de	los	demás,	ni	dejar	de	mantener	las	propias	con-
vicciones	porque	estén	pasadas	de	moda.	De	hecho,	ser	tolerante	es	
reconocer	y	respetar	a	los	demás	el	derecho	a	pensar	y	actuar	o	hacer	
las	cosas	de	otro	modo.	
209Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
La	tolerancia	es	una	virtud	muy	necesaria	en	la	iglesia	pentecostal;	
ahora	bien,	tener	«tolerancia	afable»	hacia	otra	persona	no	le	concede	
a	ésta	el	derecho	de	hacer	 lo	malo;	 tampoco	 la	 tolerancia	 te	obliga	a	
aprobar	la	mala	conducta	de	los	demás.	Dios	estableció	fronteras	para	
definir	los	límites	aceptables	de	tolerancia.	Se	corre	peligro	cuando	se	
desobedecen	esos	límites	divinos.	
El problema con esto de la tolerancia, consiste, en que es usa-
da por algunos para iniciar la aceptación de «prácticas» como el 
aborto, la homosexualidad y otros estilos de vida pecaminosos. 
Esto es inaceptable, ya que lo que se debe tolerar es la verdad, la 
justicia, la honradez, la obediencia y el amor para todos. Tam-
bién, como dice el apóstol Pablo: «Por lo demás, hermanos, todo 
lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, 
todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud al-
guna, si algo digno de alabanza, en esto pensad (Filipenses 4:8).
Ahora	bien,	practicar	la	«tolerancia»	no	implica	pasar	por	alto	la	
injusticia	 social	ni	 renunciar	a	 las	 convicciones	personales.	Significa	
que	 toda	 persona	 es	 libre	 de	 adherirse	 a	 sus	 propias	 convicciones	 y	
acepta	que	 los	demás	se	adhieran	a	 las	 suyas.	También	significa	que	
uno	no	ha	de	imponer	las	opiniones	a	los	demás.	Todo	diálogo	requie-
re	«respeto»	por	la	opinión	y	la	persona	del	otro.	Se	debe	ejercitar	la	
capacidad	de	crítica	y	de	propuesta.	Con	esto	se	estará	gestando	ya,	en	
pequeño,	una	iglesia	pentecostal	más	abierta,	plural	y	tolerante,	más	
dispuesta	a	leer	los	«signos	de	los	tiempos»	y	de	esa	manera	cerrar	la	
«brecha	generacional»	presente	en	la	iglesia	de	hoy.
6.4. LA ECONOMÍA
Elfinanciamiento	de	las	operaciones	de	la	iglesia	pentecostal	es,	sin	
duda	alguna,	 la	preocupación	principal	de	 los	responsables	de	admi-
nistrar	la	iglesia.	El	contexto	de	escasez	de	recursos,	limita	seriamente	
las	 posibilidades	 de	 llevar	 a	 cabo	 los	 planes	 y	 estrategias	 diseñados	
para	satisfacer	las	demandas	de	todo	tipo	que	enfrentan	los	miembros	
de	la	iglesia	y	comunidad.	La	existencia	de	una	serie	de	corrientes	de	
pensamientos	sobre	el	particular	y	la	actitud	de	muchas	iglesias	pen-
tecostales	hacia	el	«dinero»,	han	creado	un	gran	desafío	que	debe	ser	
encarado	con	mucha	responsabilidad	y	sabiduría	por	la	iglesia	de	hoy.
210 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
Sin	lugar	a	dudas,	la	«economía»	es	el	medio	por	excelencia.	Casi	
nada	 puede	 hacerse	 sin	 ella,	 pero	 nada	 auténticamente	 valioso	 pue-
de	hacerse	solo	con	ella.	Adorar	el	«dinero»	como	un	fin	en	sí	mismo	
es	un	tipo	de	 idolatría;	menospreciarlo	es	una	ingenuidad.	La	 iglesia	
pentecostal,	como	todas	 las	 instituciones,	necesita	de	 la	«economía»	
para	cumplir	la	misión;	para	ella	el	«dinero»	es	importante,	como	para	
cualquier	grupo	humano	que	quiera		hacer	bien	el	trabajo	y	tener	una	
proyección	general	adecuada.	Ni	más	ni	menos.	
En	términos	puramente	humanos,	de	eficacia,	hay	que	reconocer	
que	la	iglesia	pentecostal	ha	logrado		«rentabilizar»	los	recursos;	sabe	
hacer	«más»	 con	«menos».	Además,	 la	 inmensa	mayoría	de	 las	per-
sonas	que	manejan	los	recursos	económicos	en	la	 iglesia	pentecostal	
de	hoy,	lo	hacen	honradamente.	A	esta	actitud	de	«honradez»	hay	que	
añadir	 la	 transparencia,	 ya	que	 la	 iglesia	debe	 ser	más	 transparente	
que	cualquier	otra	institución.	
La	«economía»	es	importante	para	la	iglesia	pentecostal	en	todo	
momento,	 ya	que	ésta	 se	 encuentra	presente	en	 la	vida	de	 todos	y	
hasta	en	los	actos	más	sencillos.	Hoy	más	que	nunca	el	«dinero»	es	
necesario	para	 la	vida.	Sin	embargo,	 la	Biblia	advierte	en	1	Timo-
teo	6:10,	lo	siguiente:	«Porque	raíz	de	todos	los	males	es	el	amor	al	
dinero,	el	cual	codiciando	algunos,	se	extraviaron	de	la	fe,	y	fueron	
traspasados	de	muchos	dolores».
211Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
1. El gran dilema: prosperidad o conformidad
Como	ya	se	ha	 indicado,	el	«factor	dinero»	es	un	gran	«desafío»	
para	la	iglesia	pentecostal	en	la	actualidad,	pues	este	tiene	que	ver	con	
los	 aspectos	 de:	 empleo,	 casas,	 sustento	 diario,	 educación,	 templos,	
ofrendas	y	diezmos,	entre	otros.	Sin	embargo,	hoy	en	día	 se	presen-
ta	un	gran	dilema:	«prosperidad»	o	«conformidad»,	las	cuales	repre-
sentan	dos	posturas	o	ideas	muy	bien	fundamentadas	en	las	Sagradas	
Escrituras,	creando	confusión	entre	algunos	creyentes	que	suelen	afe-
rrarse	a	una	u	otra	postura	de	manera	firme	y	categórica,	creando	así,	
cierta	«antagonía»	que	se	debe	superar.	
En	ese	sentido,	considérese	la	teología	de	la	prosperidad,	también	
conocida	como	«Evangelio	de	la	prosperidad»,	el	cual	es	un	conjunto	
sistematizado	de	doctrinas	de	 grupos	neopentecostales	 que	 enseñan	
que	 la	 «prosperidad	 económica»	 y	 el	 éxito	 en	 los	 negocios	 son	 una	
«evidencia	externa»	del	favor	de	Dios.	También	es	conocida	como	«pa-
labra	de	fe»	o	«confiésalo	y	recíbelo».
Carlos Jiménez (1994), dice: «Es una enseñanza común en-
tre muchos telepredicadores, y, también, entre algunas igle-
sias pentecostales y neopentecostales. Estableciendo que Dios 
quiere que los cristianos sean exitosos en «todos los caminos», 
especialmente en el área de las finanzas. Los defensores de esta 
«doctrina» aseguran que el propósito de fondo es la financia-
ción de predicadores alrededor del mundo (evangelización), 
basada en algunos versículos de la Biblia». 12
Por	otro	 lado,	 los	críticos	de	estas	enseñanzas	arguyen	que	estas	
«doctrinas»	son	usadas	para	enriquecer	indebidamente	a	ciertos	líde-
res	pentecostales	que	explotan	la	ingenuidad	de	los	creyentes	sinceros	
que	ofrendan	dinero,	y	que	el	énfasis	en	«la	bendición	material»	es	una	
mala	interpretación	de	la	Biblia.	
 
Hoy,		muchas	iglesias	pentecostales,	ministerios,	profetas	y		após-
toles	 enseñan	 y	 promueven	 una	 prosperidad	 inmediata,	 la	 cual	 se	
obtiene	 solo	 confesándola.	 La	 principal	motivación	 radica	 en	 que	 la	
persona	«pacte»	cosas	materiales	y	dinero,	y	lo	entregue	al	profeta	o	
apóstol	de	turno,	a	cambio	de	recibir		una	gran	prosperidad		y	milagro	
para	su	vida.	Esta	«prosperidad»	está	sujeta	a	la		confesión	de	la	boca	
212 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal
y		en	la	fe	ciega,	en		las	«añadiduras»	que	se	quiere	recibir	y		no	en	la	
justicia		y	plan	de	Dios	para	cada	persona.	
 
Sin	lugar	a	dudas,	esta	clase	de	«enseñanza»		puede	hacer	que	las	
personas	busquen	a	Jesús	solo	por	los	panes	y	los		peces,	por	las	rique-
zas	y	el	éxito,	y	no	por	la	salvación	del	alma.		Esta	clase	de	«Evangelio»	
hace	ver		a	Jesús	solo	como	a	un	gran	mago	o	hacedor	de	milagros	y	no	
como	el	salvador	de	la	vida	humana.	Hoy	existen	muchos	«apóstoles»	
que	son	como	«dioses»	aparecidos	de	otro	planeta.	Estos	«dioses»	son	
alabados	e	idolatrados	por	muchos	incautos	que	han	caído	en	el	engaño	
apostólico	del	encantamiento	y	los	hechizos	de	la	nueva	era	y	la	filoso-
fía	humanista	del	éxito	y	positivismo.	
En	cambio,	la	«genuina	bendición»	de	Dios,	es	un	estado	continuo	
de	la	«presencia	de	Dios»	en	la	vida	de	los	creyentes,	en	un	proceso	de	
enseñanza	y	aprendizaje,	en	donde	Dios	permitirá		en	su	santa	volun-
tad,	que	 los	discípulos	pasen	por	 toda	clase	de	pruebas	y	aflicciones	
de	 toda	 índole,	 para	 así	 estar	 preparados	 para	 toda	 buena	 obra.	 En	
ese	sentido,	 la	Biblia	es	bien	clara;	 la	bendición	de	Dios	es	 la	misma	
presencia	de	Dios	en	la	vida	de	los	creyentes	en	Jesucristo,	aun	cuando	
estén	pasando	tribulaciones	y	pruebas,	entre	ellas,	las	económicas.	
Por otro lado, a diferencia de los partidarios de la «prosperi-
dad», están los que entienden que el creyente debe «conten-
tarse» con lo que Dios le ha dado. La definición de «conten-
tamiento» desde una perspectiva Bíblica es: «Una satisfacción 
interior que no exige cambios en circunstancias externas». Pero 
es obvio que ésta no es la manera en que las masas del mundo 
ven la vida, incluyendo a muchos creyentes pentecostales. In-
cluso aquéllos que son muy ricos, continúan esforzándose por 
más dinero, poder y niveles relativos de satisfacción. 
Sin	embargo,	 la	 realidad	es	que	hoy	en	día,	 el	«contentamiento»	
entre	los	creyentes	pentecostales	es	un	gran	desafío.	¿Se	ha	detenido	a	
echarle	una	mirada	a	la	iglesia	pentecostal	últimamente?	Si	lo	ha	he-
cho,	puede	advertir	que	encontrará	muy	poco	«contentamiento»	allí.	
Miembros	de	iglesias	están	descontentos	con	los	pastores.	Los	pastores	
están	frustrados	con	las	directivas;	 los	equipos	de	alabanza	y	adora-
ción	están	en	desacuerdo	sobre	el	estilo	de	música	en	el	servicio;	 los	
213Teología Pentecostal: Una perspectiva académica
padres	no	están	satisfechos	con	los	programas	juveniles	y	la	juventud	
se desconecta si no son entretenidos. 
Según William Cutrer y Sandra Glahn (2015), las estadísti-
cas dicen que el número de divorcios entre cristianos es por 
lo menos igual al promedio nacional. Esto significa que los es-
posos no están satisfechos con las esposas, y que las esposas 
están hartas de los maridos. La depresión, el abuso de drogas 
y alcohol, e incluso el suicidio entre adolescentes en hogares 
cristianos es un problema tan grande como lo es para aquellos 
adolescentes en hogares no cristianos. 13 
Aun	con	todo	esto,	los	que	entienden	que	el	creyente	debe	«contentar-
se»	con	lo	que	Dios	le	ha	dado,	entre	ellos	el	autor	de	este	libro,	ofrecen	
algunos	pasos	para	aprender	a	tener	«contentamiento».	Entre	ellos:	
•	 El	primer	paso	en	el	camino	para	tener	«contentamiento»,	es	re-
conocer	que	tener	«contentamiento»	no	es	algo	que	Dios	da,	sino	
algo	que	se	tiene	que	aprender	y	poner	en	práctica.	
•	 El	siguiente	paso	para	aprender	a	 tener	contentamiento	es	ser	
capaz	de	distinguir	 las	cosas	que	son	eternas	de	 las