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DR. YOSELMAN R. MIRABAL AÑO 2018 TEOLOGÍA PENTECOSTAL Una perspectiva académica TEOLOGÍA PENTECOSTAL: UNA PERSPECTIVA ACADÉMICA Dr. Yoselman R. Mirabal Derechos Reservados 2018 Producciones Mirabal Ministerio de Publicaciones Cristianas, Inc. C/ Respaldo 4 #142, Las Palmas, Herrera, Santo Domingo Oeste, Rep. Dom. www.produccionesmirabal.com E-mail: yomirabal@yahoo.com Tels: 809-334-4063 / 829-683-6821 ISBN: Tapa rústica/9789945–9080–2–2 ISBN: Tapa dura/978–9945–9080–1–5 Diagramación: Yancarlos Medrano Corrección y estilo: Rev. Jerson Carvajal, M. A. Dr. Francisco Pablo Fortuna Corrección de citas bíblicas Lic. Edward Cifre Primera edición: 5,000 ejemplares Santo Domingo, Santo Domingo Oeste, República Dominicana Año 2018 Impreso en la editora La Unión C/ 1° #1, Reparto Rosa, Las Palmas de Herrera, Santo Domingo Oeste, Rep. Dom. • Tel: 809–537–4711 www.produccionesmirabal.com Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. Hechos 2:1–4 Reina–Valera 1960 Índice de contenidos Ideas centrales ............................................................................... Prólogo ............................................................................................ Presentación.................................................................................... Capítulo I. Conceptuación 1.1. Teología................................................................................. 1.1.1. Definición etimológica............................................. 1.1.2. Concepciones técnicas de la teología.................... 1.2. Pentecostés.......................................................................... 1.3. Pentecostal........................................................................... 1.4. Neopentecostal................................................................... 1.5. Académico(a)....................................................................... Capítulo II. Origen, evolución y situación actual del pentecostalismo 2.1. Antecedentes bíblicos........................................................ 2.2. Antecedentes históricos.................................................... 2.3. Nacimiento del movimiento pentecostal: Topeka y la calle Azusa................................................................... 2.4. Pentecostalismo en América Latina................................ 2.5. Origen del movimiento pentecostal en la República Dominicana........................................................................ Capítulo III. Unción o conocimiento: La gran dicotomía entre los pentecostales 3.1. Causas y consecuencias de esta dicotomía...................... 3.1.1. Causas de la dicotomía............................................ 3.1.2. Consecuencias de la dicotomía.............................. 3.2. Unción y conocimiento: dos caras de una misma moneda.... 3.3. Importancia del equilibrio en la vida cristiana............. 15 17 19 24 24 24 26 28 29 31 36 37 41 45 52 61 62 66 67 70 12 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal Capítulo IV. Doctrinas básicas de los pentecostales 4.1. Componentes generales de la doctrina pentecostal....... 4.1.1. Las Sagradas Escrituras.......................................... 4.1.2. El sincretismo teológico.......................................... 4.1.3. Las experiencias pentecostales.............................. 4.1.4. Los dogmas o reglas internas................................. 4.2. Reseña de algunas doctrinas pentecostales con fundamentos sólidos en las Sagradas Escrituras.......... 4.2.1. La inspiración de las Sagradas Escrituras............ 4.2.2. Dios............................................................................ 4.2.3. La creación............................................................... 4.2.4. La caída del ser humano: El pecado y su castigo..... 4.2.5. Jesucristo como salvador, bautizador con el Espíri- tu Santo, sanador y rey que vendrá otra vez.............. 4.2.6. El Espíritu Santo: Tema central en la teología pentecostal............................................................... 4.2.7. El bautismo en el Espíritu Santo y el hablar en lenguas........................................................................... 4.2.8. La justificación por la fe.............................................. 4.2.9. La salvación...................................................................... 4.2.10. El nuevo nacimiento.................................................... 4.2.11. La santificación.............................................................. 4.2.12. La resurrección de Cristo.......................................... 4.2.13. La iglesia de Cristo....................................................... 4.2.14. El rapto o arrebatamiento de la iglesia................. 4.2.15. Del estado del ser humano después de la muerte y de la resurrección de los muertos................................... 4.2.16. El juicio final.................................................................. 4.2.17. Otras doctrinas pentecostales.................................. Capítulo V. Creencias, dogmas y tabúes pentecostales 5.1. Creencias......................................................................................... 5.1.1. La letra mata, más el Espíritu vivifica...................... 5.1.2. Lo que el Espíritu diga eso se hará........................... 5.1.3. Las mujeres no deben cortarse el pelo..................... 5.1.4. No se tiene el Espíritu Santo si no se habla en lenguas...................................................................................... 79 81 82 84 85 87 88 90 91 92 94 95 99 100 102 106 107 109 112 114 116 117 118 129 130 131 131 133 13Teología Pentecostal: Una perspectiva académica 5.1.5. Noé predicó durante 120 años.................................. 5.1.6. Solo los creyentes pentecostales serán salvos..... 5.1.7. Cuando se tiene relaciones sexuales el Espíritu Santo se va en ese momento...................................... 5.1.8. La oración debe ser realizada con los ojos cerrados............................................................................ 5.1.9. Los niños no deben ser bautizados.......................... 5.1.10. Tomar café o té es pecado......................................... 5.1.11. Las mujeres no se pueden preparar para no tener hijos.................................................................. 5.1.12. Los creyentes católicos no son cristianos........... 5.1.13. Tomar vino es pecado................................................. 5.1.14. El hombre es la cabeza de la mujer........................ 5.1.15. Fumar es pecado........................................................... 5.1.16. No es bíblico el uso de la danza en la iglesia...... 5.1.17. Judas Iscariote murió ahorcado........................... 5.1.18. Las mujeres no deben usar pantalones, prendas, maquillaje, tintes, pintarse las uñas ni ponerse extensiones de pelo............. 5.2. Dogmas................................................................................. 5.2.1. No se puede tomar la Santa Cena si la persona no es bautizado(a)........................................ 5.2.2. No se puede usar una Biblia digital en lugar de una física................................................................... 5.2.3. En el templo los hombres deben ir de un lado y las mujeres de otro.......................................... 5.2.4. El hombre no debe usar bigotes ni barba........... 5.2.5. En todo culto se debe desarrollar undevocional o primera parte, un cultural o segunda parte y el mensaje, el cual debe ir al final........................................................................... 5.2.6. No se puede orar dándole la espalda al púlpito.... 5.2.7. Las personas no pueden divorciarse ni celebrar nuevas nupcias.............................................. 5.2.8. Con esa o ese te tienes que casar............................. 5.2.9. No se puede bautizar si se convive con alguien sin estar casado(a)........................................ 5.2.10. La disciplina en la iglesia pentecostal................. 134 136 137 138 139 140 142 143 144 146 147 149 150 153 155 156 158 160 160 162 163 165 167 169 170 14 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal 5.3. Tabúes pentecostales......................................................... 5.3.1. No es espiritual hablar de sexo en la iglesia......... 5.3.2. La decisión o iniciativa en el amor debe ser del hombre, no de la mujer..................................... 5.3.3. Tener sexo oral con su pareja es inmoral.............. 5.3.4. Escuchar música con ritmo urbano: merengue o bachata es pecado................................................. 5.3.5. Ir al cine, gimnasio o estadio de béisbol es pecado.... 5.3.6. Las mujeres no pueden ser pastoras..................... 5.3.7. Los líderes cristianos no son políticos partidistas... Capítulo VI. Desafíos actuales de la iglesia pentecostal 6.1. Proclamar la verdadera espiritualidad.................................. 6.2. Ver la iglesia como una empresa administrable................. 6.3. La brecha generacional........................................................... 6.4. La economía............................................................................. 6.5. La educación............................................................................. 6.6. La liturgia................................................................................. 6.7. La tecnología............................................................................. 6.8. Otros desafíos de la iglesia pentecostal................................ OTROS LIBROS DEL AUTOR 173 175 177 178 180 181 182 191 197 202 209 219 222 231 236 172 Ideas centrales • Para entender la teología pentecostal es necesario, de entrada, tener algunas nociones básicas sobre qué es la teología y a qué se le llama Pentecostés. Además, por qué se les llama pentecos- tales a muchos creyentes y a otros neopentecostales, y cuáles fueron las razones por las que esta obra se elaboró desde una perspectiva académica. • Conocer sobre el origen, evolución y situación actual del pente- costalismo es fundamental, si se desea entender el «constructo teológico» pentecostal. En ese sentido, existen algunos antece- dentes bíblicos e históricos que se deben destacar, así como lo relacionado al nacimiento del movimiento pentecostal en Tope- ka y la calle Azusa. Además, lo concerniente al pentecostalismo en América Latina y su origen en la República Dominicana. • La unción y el conocimiento constituyen la gran «dicotomía» entre los creyentes pentecostales. Por esta razón, es necesario analizar las causas y consecuencias de esta realidad. No caben dudas de que unción y conocimiento son dos caras de una mis- ma moneda, y que es de suma importancia el equilibrio de am- bas virtudes en la vida del cristiano, sea este pentecostal o no. • Dentro de la teología pentecostal existe una serie de doctrinas básicas que se deben conocer, y que son el resultado de cuatro componentes generales, entre ellos: Las Sagradas Escrituras, el sincretismo teológico, las experiencias pentecostales y los dog- mas o reglas internas, los cuales forman parte inequívoca del «constructo teológico» del movimiento pentecostal, y que no se pueden pasar por alto, dada la naturaleza del presente libro. 16 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal • El movimiento pentecostal está lleno de una serie de creen- cias, dogmas y tabúes que se deben conocer y revisar. No es posible que en pleno siglo XXI, se sigan enseñando tantas cosas que debieron ya ser superadas y contextualizadas por los líderes y maestros de las iglesias evangélicas pentecos- tales de este tiempo. • Por todo lo antes expresado, las iglesias pentecostales tienen hoy en día muchos retos que debe afrontar con mucha altura, dignidad y precisión. Estos son: Proclamar la verdadera espi- ritualidad, ver la iglesia como una empresa administrable, la brecha generacional, la economía, la educación, la liturgia y la tecnología. No cabe dudas de que la iglesia pentecostal debe renovarse en sus bases fundamentales, y atender rápidamen- te estos grandes desafíos. Prólogo Leer esta obra me trasladó a mi niñez, a mis inicios en la escuela bíblica o dominical y en la obra misionera, junto a mi madre y herma- nos, donde crecimos y nos desarrollamos; rodeados de gente humil- de y con un vehemente deseo de hacer la obra de Dios. Aprendimos viendo a otros, oyendo predicadores, maestros, entre otros. Fuimos prácticos, por así decirlo. Este libro, titulado: «Teología pentecostal, una perspectiva acadé- mica», escrito por el Dr. Yoselman R. Mirabal; un amigo, hermano, colega y sobre todo una persona apasionada por la escritura, ha sido cuidadosamente elaborado para ofrecer al lector una panorámica clara y precisa de los fundamentos de la teología pentecostal. Estamos frente a una obra que nunca antes había visto escrita, de una manera explícita y vivencial con una intuición debida para abordar estos tópicos; para hacer conciencia plena de situaciones que se han vivido por décadas en el seno de la iglesia pentecostal. La verdad es, que todo lo que hacíamos en la iglesia, era con entrega y amor, pero sin una clara definición teológica. Por tanto, se hace necesario tener una teología pentecostal que esté bien definida y asumida por todos, la cual evite esos concep- tos litúrgicos y doctrinales que, en un por ciento muy elevado, provienen de la iglesia católica romana, así como de la teología reformada y de «experiencias personales» nacidas en aviva- mientos que marcaron ideologías que hoy persisten en muchas de nuestras iglesias, y que a veces, se utilizan como bases de las doctrinas que se enseñan. 18 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal Solo alguien, como el Dr. Mirabal, que ha vivido estas «experiencias pentecostales», puede escribir sobre las mismas, y a la vez analizarlas y desglosarlas como están plasmadas en este libro. Esta obra explica la «teología pentecostal» desde una perspectiva académica, resaltando los inicios, los antecedentes históricos, bíblicos y vivenciales del autor, y con las historias de diversos avivamientos que marcaron épocas, y que a la vez, dieron inicio a conceptos que se enseñan hoy como doctrinas. Sin dudas, este material ayudará a tener un panorama más claro, a fin de conocer mejor la teología pentecostal, y las cosas en las cua- les (que como yo) hemos sido instruidos. Servirá, además, como marco referencial y de consulta para futuros trabajos sobre esta temática, así como libro de texto para seminarios, institutos y universidades cristia- nas. Martín Lutero (1517), dijo: «La iglesia no debe determinar lo que enseña las Escrituras, es las Escrituras quién debe determinar lo que enseña la iglesia». Espero, sinceramente, que el contenido de este libro sea una voz de alerta, y que nuestras iglesias puedan tener su teología pentecos- tal bien definida. Dr. Eduardo Leonardo Piña Mateo Rector de la Universidad Bíblica Internacional, (UBI) Extensión República Dominicana Para hablar con propiedad sobre la teología pentecostal, a diferencia de quienes solo pueden hacer una simple reseña por lo que otros han vivido, hay que experimentar y ser testigo de una serie de cosas, momentos, situaciones y realidades propias del ambiente pentecostal, a fin de poder hablar con conocimiento de causa. La realidad es que la «experienciapentecostal» provee una serie de vivencias que, aun los que han sido parte de ellas, no pueden explicarlas a plenitud a los demás, ya que se requiere ser testigos de las mismas. Por tanto, de entrada declaro que soy pentecostal de la cabeza a los pies. Nací y desarrollé mi carácter cristiano, por 40 años, en una iglesia evangélica pentecostal. He vivido profundos mo- mentos del mover y accionar del Espíritu Santo, siendo testigo ocular de muchas de sus operaciones en mi vida y en otros cre- yentes de ayer y hoy. Entre ellas: el hablar en lenguas, sanidad divina, milagros diversos, sueños, éxtasis, pérdida temporal del control físico, revelación, palabras de ciencia, entre otros, que definitivamente, no tienen explicación lógica para el ser huma- no común, natural o de ciencia. Ahora bien, escribir sobre la teología pentecostal desde una pers- pectiva académica, no solo es difícil, sino complejo y retador. Todo esto, dada la realidad y naturaleza de las iglesias de persuasión pentecostal. En ese sentido, soy testigo de una época donde se imponían (y se im- ponen hasta el día de hoy) muchas normas o reglas, las cuales se deno- minaban «enseñanzas bíblicas» que, a decir verdad, nunca las entendí plenamente, y mucho menos comprendía por qué, la mayoría de estas, estaban dirigidas hacia las mujeres, quedando los hombres libres de mu- chas de estas observaciones. Introducción 20 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal Ante todo, es necesario reconocer que la cristiandad (en senti- do general) está llena de normas o reglas, así como de «tabúes» y enseñanzas de hombres que, bien intencionadas o no, están muy lejos de lo que la Biblia ordena, y esto provoca confusión y divergencias conceptuales en el pueblo de Dios, sean o no pentecostales. Pero además, limitan el alcance, desarrollo y efi- cacia de la labor de la iglesia en la proclamación efectiva del Evangelio a los no creyentes. Al hacer la presente investigación, con fines de publicarla en este libro, tanto de campo como bibliográfica, se revisaron los intentos de algunos autores de ofrecer una visión, más o menos básica, sobre este tema en particular. Sin embargo, la mayoría de la literatura al alcance, publicada hasta ahora, se enfoca en los temas relacionados con la teo- logía sistemática, vistos desde una perspectiva pentecostal, dejando de lado los aspectos medulares vinculados a la teología pentecostal, propia- mente dicho. La presente obra es un intento, desde la perspectiva académi- ca y tomando en cuenta la experiencia pentecostal del autor, de presentar de forma lógica, objetiva, ordenada y vívida, libre de todo sectarismo religioso, denominacional o confesional, el «constructo teológico» pentecostal, sin que el presente esfuer- zo y enfoque esté dirigido, necesariamente, a validar o no las bases que lo sustentan, sean éstas bíblicas, dogmáticas, teoló- gicas, de experiencias subjetivas o tradicionales. En ese sentido, se da inicio en el primer capítulo con algunas ideas sobre qué es la teología y a qué se le llama Pentecostés. Además, por qué se les llama pentecostales a muchos creyentes y a otros neopentecosta- les, para finalizar con la definición del término académico(a), dada la naturaleza de la presente obra. En el capítulo dos se presenta una breve síntesis sobre el origen, evolución y situación actual del pentecostalismo, destacando algunos antecedentes bíblicos e históricos. Además, el naci- miento del movimiento pentecostal en Topeka y la calle Azusa, el pente- costalismo en América Latina y su origen en la República Dominicana. 21Teología Pentecostal: Una perspectiva académica Para los fines de la presente obra, es importante destacar el hecho de que la unción y el conocimiento constituyen la gran dicotomía entre los creyentes pentecostales. Por esta razón, es el tema central del capítulo tres, a fin de analizar las causas y consecuencias de esta dicotomía, des- tacando, finalmente, que unción y conocimiento, son dos caras de una misma moneda, y que es de suma importancia el equilibrio de ambas virtudes en la vida del cristiano, sea éste pentecostal o no. A la altura del capítulo cuatro se hace un desglose de las doc- trinas básicas de los pentecostales, siendo destacadas aquellas que, a juicio del autor, cuentan con fundamentos sólidos en las Sagradas Escrituras. Sin embargo, antes de presentarlas, se destacan algunos de los componentes generales de la doctrina pentecostal, entre ellos: las Sagradas Escrituras, el sincretismo teológico, las experiencias pentecostales y los dogmas o reglas internas, los cuales forman parte del «constructo teológico» del movimiento pentecostal, y que no se pueden pasar por alto, dada la naturaleza del presente libro. El movimiento pentecostal está lleno de una serie de creencias, dog- mas y tabúes que se deben conocer y revisar. No es posible que en pleno siglo XXI, se sigan enseñando tantas cosas que debieron ser superadas y contextualizadas por los líderes y maestros de las iglesias evangéli- cas pentecostales de este tiempo. Creencias como: «la letra mata, más el Espíritu vivifica» «lo que el Espíritu diga eso se hará» «no se tiene el Espíritu Santo si no se habla en lenguas» «solo los pentecostales serán salvos» «tomar café o té es pecado» «los católicos no son cristianos», entre otras, deben ser erradicadas de la mente de los creyentes. Dogmas como: «no se puede tomar la Santa Cena si la persona no es bautizada» «en el templo los hombres deben ir de un lado y las mujeres del otro» «no se puede orar dándole la espalda al púlpito» «con esa o ese te tienes que casar», entre otros, deben ser revisados. Peor aún son los tabúes, tales como: «no es espiritual hablar de sexo en la iglesia» «la decisión o iniciativa en el amor debe ser del hombre, no de la mujer» «escuchar música con ritmo urbano: merengue o bachata es pecado» «ir al cine, gimnasio o estadio de béisbol es pecado», entre otros, los cuales no deben formar parte del pensamiento pentecostal. 22 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal Finalmente, en el capítulo seis, se presentan una serie de retos que debe afrontar la iglesia pentecostal en la actualidad, entre ellos: procla- mar la verdadera espiritualidad, ver la iglesia como una empresa admi- nistrable, la brecha generacional, la economía, la educación, la liturgia y la tecnología. Así como: El analfabetismo bíblico, la agenda LGBT, la iglesia pentecostal desde un marco jurídico, el ejercicio del liderazgo local, la arquitectura y la planificación estratégica. No cabe dudas, de que la iglesia pentecostal debe renovarse en sus bases fundamentales, y atender con altura y esmero estos grandes desafíos. Teología pentecostal: Una perspectiva académica, es un es- fuerzo por sistematizar el «pensamiento teológico» de los pen- tecostales, tarea difícil dada la naturaleza del movimiento y todo lo señalado en el contenido de la presente obra. Es un pe- queño aporte a la comunidad pentecostal, esperando que sirva de marco referencial para futuros trabajos sobre esta temática, así como libro de texto para los institutos, seminarios y univer- sidades cristianas. Además, les servirá a los cristianos no pentecostales, ya que con esta obra en las manos tienen una herramienta sólida que les permitirá abordar con mayor precisión y altura el pensamiento de quienes, como yo, forman parte de uno de los movimientos cristianos más antiguos y de mayor alcance, empuje y potencial de la historia del cristianismo, el pentecostalismo. ¡Amén! Capítulo I CONCEPTUACIÓN Una de las grandes dificultades de las personas es poder entender el significado a fondo de muchos de los términos y palabras que sue-len ser usados con una diversidad de acepciones y aplicaciones. En ese orden, es necesario destacar que una de las cosas que se deben tomar en cuenta, en sentido general, es que todo término que se emplea tiene a la vez diferentes formas de apreciación, según elcontexto en el que se utilice, el uso común de cada pueblo, y el área del saber al que se aplique. Dada la naturaleza de esta realidad, se quiere en esta ocasión, explicar una serie de conceptos que se han elaborado en el ám- bito académico de la teología, ya que los significados tienen una connotación particular para el entendimiento pleno de los mismos en el ámbito pentecostal. Sin lugar a dudas, cada tema y área del saber, de labor o ambiente de vida, sea religioso, polí- tico, económico o social, crea en su entorno su propio lenguaje o apreciación de una palabra o expresión, que en ocasiones di- ficulta la comunicación efectiva y crea ciertas confusiones. Son estas las razones por las cuales, a continuación, se presentan, lo que se consideran conceptos básicos en el ámbito de la teología pen- tecostal, a los fines de estar en sintonía sobre su uso en el contexto de la presente obra. ¡A ver! 24 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal 1.1. TEOLOGÍA Hablar de «teología», en especial en algunos círculos pentecosta- les, es, según muchos, simplemente desviarse de la entera «consagra- ción espiritual». No obstante, a continuación, se presentará el concepto «teología» de diferentes formas, y cómo la han considerado grandes baluartes del estudio de las Sagradas Escrituras durante todo este tiempo del cristianismo. 1.1.1. Definición etimológica La palabra «teología» proviene de las palabras griegas: theos=Dios y logos=estudio. Los antiguos griegos usaron el término en su sentido literal. De ahí que se haya aplicado el término «theologoi» o «teólogos» a quienes escribían la his- toria de los dioses y sus hazañas. Este término fue usado por primera vez por Platón en el libro «La República» para refe- rirse a la comprensión de la naturaleza divina por medio de la razón, en oposición a la comprensión literaria propia de los poetas coetáneos. 1 Se cree que Ferécides fue el primer hombre conocido como teólogo. La obra fue titulada: Teología. Otros consideran que fue Homero, quien se estima que pudo vivir en el siglo VIII a. C., en Jonia (hoy región de Turquía), por la obra «Ilíada y la Odisea». Ahora bien, en sentido literal, el término «teología» puede aplicarse a las investigaciones científicas de personas sagradas, cosas o relaciones, ya sean éstas reales o imagina- rias. Siendo así, según los expertos, el término designado a la «teología» debe llevar la expresión cristiana, ya que existe teología cristiana y teo- logía étnica (no cristiana). 2 1.1.2. Concepciones técnicas de la teología Teología es una ciencia cuyo objeto es Dios. Por ser ciencia, está conformada por un conjunto de conocimientos que exigen ser elabo- rados con rigor, expuestos con precisión y estudiados con seriedad. La teología parte siempre de los datos revelados y, sobre ellos, piensa, ra- zona, saca conclusiones y usa los principios filosóficos, poniéndolos a su servicio. En ese sentido, decía Tomás de Aquino (1260), que la filo- sofía es esclava de la teología. 25Teología Pentecostal: Una perspectiva académica Aunque la verdad es una, se puede llegar a ella por distintos caminos: por los sentidos, por la razón y por la fe. El camino utilizado por la filosofía es el de la razón, el propio de la teo- logía es la fe, aunque le puede ayudar, y de hecho le ayuda, la razón. La razón, en la filosofía, lleva al conocimiento de algu- nas verdades sobrenaturales, como la existencia de Dios y las propiedades que posee, y la existencia e inmortalidad del alma humana. Sin embargo, hay otras muchas verdades sobrenatu- rales, como los misterios de la Santísima Trinidad o Triunidad y de la encarnación del Hijo de Dios, a las que nunca se hubiera podido llegar por medio de la razón. A estas verdades se llega únicamente por medio de la fe, a través del ejercicio teológico. Ahora bien, durante siglos han surgido de los labios de grandes eruditos bíblicos, diferentes y aceptables definiciones acerca de la teo- logía cristiana, algunas de las cuales se han querido compartir en este libro, de manera que puedan servir de ilustración a todos. Al final se expondrá la concepción que ha labrado el autor de este libro en los úl- timos años de estudios que, a diferentes niveles, ha realizado sobre la teología cristiana. La teología cristiana: • Es la representación sistemática de las doctrinas de la fe cris- tiana (H. Aorton Wiley). • Es la ciencia que trata de la existencia, el carácter y los atribu- tos de Dios; sus leyes y gobierno; las doctrinas que hemos de creer, el cambio moral que debemos experimentar y los debe- res que tenemos que cumplir (Dr. Samuel Wakefield). • Es una reflexión y estudio crítico y científico de Dios, par- tiendo del hecho de su revelación en la historia, en la crea- ción, en la naturaleza moral y religiosa del hombre, en Cristo y en especial en las escrituras judeocristianas (Lic. Miguel García Zarseño). • Teología es la exhibición de los hechos de la Escritura en su orden propio y en relación con los principios y verdades gene- rales involucradas en los hechos mismos que llenan y armo- nizan el todo (Dr. Charles Hodge). • Teología es la ciencia de Dios y de las cosas divinas, basadas en la revelación hecha al hombre por medio de Jesucristo y 26 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal sistematizadas en sus varios aspectos dentro de la iglesia cris- tiana (Dr. William Burton Pope). • La teología es un conjunto de técnicas y métodos de naturale- za humana que pretenden alcanzar conocimientos particula- res sobre las entidades divinas (Enciclopedia Wikipedia). • Tomás de Aquino definió teología como una ciencia unifica- da en la que se tratan todas las cosas bajo el aspecto de Dios, porque son Dios mismo o porque se refieren a Dios. • Teología es la aplicación de la palabra de Dios por personas a todas las áreas de la vida (Dr. John Frame). • Teología es la comprensión de la lógica del actuar de Dios, sobre todo en la creación del hombre, a partir de la toma de conciencia de ese mismo actuar de Dios captado por experiencia; compren- sión que es autenticada por los medios críticos que correspon- den a la epísteme propia de la teología (Dr. Gustavo Baena). Las definiciones presentadas son solo algunas de las tantas que se han formulado acerca de la teología cristiana, tratando de exponer lo que a juicios e investigaciones entienden debe definirse por teología. A continuación, algunos conceptos del autor sobre la teología cristiana: «Teología: es la ciencia que trata del estudio del conocimiento de Dios, sus obras, propósitos y naturaleza, mediante el análisis reflexi- vo y crítico, con la finalidad de mostrar a la humanidad la razón de ser de todo el universo». Se debe señalar que muchas personas que quizás no han teni- do la oportunidad de analizar a fondo las Sagradas Escrituras, ignoren la grandeza y privilegio de ser un amante del saber de Dios. En el Salmos 119:105 dice: «Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino». 1.2. PENTECOSTÉS El término «Pentecostés» viene del griego «pentekosté», y literal- mente significa «el quincuagésimo día». Era la fiesta judía de las sema- nas o de las primicias (Éxodo 34:22; Deuteronomio 16:9–11; Números 28:26), que también se llamaba la fiesta de la siega (Éxodo 23:16) o día de las primicias, que caía en el día número 50 después de la fiesta de la 27Teología Pentecostal: Una perspectiva académica Pascua y se iniciaba a principios del mes de Siván, en mayo. El último día de esa fiesta se denominaba «Domingo Blanco». El nombre pro- viene de las ropas blancas que como costumbre vestían los que eran bautizados durante esta fiesta. Era una fiesta de agradecimiento a Dios por la cosecha. 3 Sin embargo, en el Nuevo Testamento, la palabra “Pentecostés” co- bra más valor, puesto que fue en el día de Pentecostés cuando Dios por primera vez derramó el Espíritu Santo sobre los creyentes, según el libro de los Hechos capítulo 2.Es así como en el día de “Pentecostés” se da inicio a la iglesia cristiana. Los sucesos ocurridos allí transformaron la festividad judía en una cristiana. Según las afirmaciones del libro de los Hechos, en Pentecostés se cumple la promesa del derramamiento universal del Espíri- tu de Dios al fin de los tiempos. El relato de Pentecostés prepa- ra la predicación misionera de Pedro y los demás apóstoles. El acontecimiento de Pentecostés tuvo como consecuencia en la iglesia primitiva un afianzamiento de la vida cristiana; la per- severancia unánime en las casas donde se reunían, ya que los templos llegaron más adelante; la perseverancia en la doctri- na apostólica y la fidelidad en la oración, las cuales no pueden concebirse sin la fuerza que sostiene a la comunidad. 28 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal Por eso, cuando la comunidad crece, los apóstoles se reservan la mi- sión de dedicarse a la oración y al servicio del mensaje (Hechos 6:4). Lo que hasta Pentecostés, fecha decisiva para la iglesia cristiana, solo había caído en suerte a unos pocos «privilegiados», se convierte desde este día en el signo distintivo más importante de la iglesia de judíos y gentiles. Según Hechos 2:4, todos estaban «llenos del Espíritu Santo». 1.3. PENTECOSTAL La palabra «pentecostal» es un derivado nominal de la palabra «Pen- tecostés», que se halla en la Biblia en pasajes como Hechos 2:1; 20:16 y 1 Corintios 16:8. Por tanto, el término «pentecostal» es descriptivo de aquellos que afirman haber tenido la experiencia de recibir el Espíritu Santo como lo recibieron los primeros discípulos en el día de Pentecos- tés. El hecho de que Dios derramara de su Espíritu por primera vez en la fiesta judía de «Pentecostés» es la razón por la cual se asocia tal término con esa experiencia. Más que a una sola denominación religiosa y eclesiástica, el término «pentecostales» se refiere, en forma genérica, a toda una familia de iglesias muy semejantes en doctrina, en la forma de adoración y en los métodos del trabajo espiritual y misio- nero. Se les conoce con nombres diferentes, pero todos ellos ponen énfasis principalmente en dos doctrinas: el bautismo del Espíritu Santo y los dones espirituales. Las iglesias pen- tecostales son aquellas que se caracterizan por la creencia en la permanencia de los dones espirituales, particularmente los nueve dones mencionados en 1 Corintios 12. 29Teología Pentecostal: Una perspectiva académica Josué Barrientos (2004), dice: «En las iglesias pentecostales los miembros son instados a buscar incansablemente y con mucha fe el bautismo en el Espíritu Santo. Para tales fines se hacen retiros, cultos especiales, cultos de avivamientos y sesiones de búsqueda del bautis- mo en el Espíritu Santo. En muchas iglesias y organizaciones pente- costales no se puede llegar a ser pastor, ministro o ni siquiera diácono si no ha sido bautizado en el Espíritu Santo con la evidencia inicial de hablar en lenguas».4 Sin embargo, hablar en lenguas, como se explicará más adelante, no es la única evidencia o señal del bautismo en el Espíritu Santo. La re- cepción del Espíritu Santo es, simplemente, Dios entrando a morar en la vida del creyente para acompañarlo en el anhelo de obedecer todo lo que Dios manda. Recibir el Espíritu Santo es el comienzo de una vida de testimonio y servicio para Dios. Por tanto, decir: «soy pentecostal» es decir: «me identifico con lo que ocurrió en el día de Pentecostés». Creo y tengo la misma experiencia del Espíritu Santo como lo recibieron los creyentes en ese día. 1.4. NEOPENTECOSTAL El neopentecostalismo es la versión moderna del pentecostalismo genuino o clásico de principios del siglo XX. Dada la falta de consenso en cuanto a su conceptualización, se ha dificultado una adecuada discusión y construcción en el campo académico. Entre las principales caracterís- 30 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal ticas que, de forma compleja, los investigadores asocian al fenómeno neopentecostal están: el énfasis en la teología de la prosperidad, la gue- rra espiritual, la confesión positiva, la iglesia apostólica, el ministerio profético, la sanidad divina, la incursión en la política, el impulso del liderazgo pastoral femenino, la implantación de mega iglesias y el lide- razgo emprendedor y transformacional. Sin lugar a dudas, los principales representantes, tienen ori- gen pentecostal. Los énfasis modernos que se hacen entre los neopentecostales sobre Espíritu Santo rompen algunos de los esquemas tradicionales de la «teología pentecostal clásica», con- siderándose algunas manifestaciones como absurdas e ilógicas. Ramiro Jaimes (2012), lo describe de la siguiente manera: «Se trata de manifestaciones masivas con líderes carismáticos fuer- tes… Los cánticos, exhortaciones y orientaciones son técnicas terapéu- ticas para las masas sufridas… A nivel doctrinal, la Biblia es como un amuleto donde se entresacan frases que se repiten para aplicarlas en casos de exorcismo o sanidad divina. El pastor en la «cura divina» es un agente moral que trae prosperidad y estabilidad. Posee una autoridad mesiánica, que se extiende a su poderío económico… funciona como un gran negocio de fe internacional. Hay evangelistas de este tipo en Brasil, Puerto Rico, Venezuela, Estados Unidos y Europa».5 Aunque el tejido de expresiones neopentecostales es más eviden- te en las comunidades de corte pentecostal, éste también cobija, poco a poco, al resto de congregaciones evangélicas. Esta pene- tración se debe, en parte, a la ancha y rauda autopista comunica- cional y tecnológica que ofrece la aldea global, a la atomización del mundo evangélico y a la incapacidad de reacción ante las di- námicas sociales, políticas y económicas de este tiempo. Los teólogos, historiadores y sociólogos de la religión al referirse a este tipo de pentecostalismo lo identifican como «neopentecostalis- mo», pues se distancia sustancialmente del pentecostalismo clásico e histórico. El neopentecostalismo busca responder, como lo hizo el pen- tecostalismo de los años 60, a las necesidades espirituales y materiales de la población latinoamericana. Pero esta vez, ya no desde una crítica a la estructura de clase existente, sino desde el entreguismo al sistema neoliberal, globalizado y consumista. 31Teología Pentecostal: Una perspectiva académica Los creyentes neopentecostales recurren a una rica y colorida li- turgia que le ha dado resultado a la hora de retener adeptos. Así, re- sulta en una forma alternativa de articular la espiritualidad con las tendencias del mundo moderno: las nuevas tecnologías, la movilidad humana, el individualismo, el éxito y el consumismo, entre otros as- pectos. Desde ahí se entienden los esfuerzos del fenómeno religioso por modificar la liturgia tradicional evangélica, incluir a la mujer en el culto, participar en la política y emplear los medios masivos de comu- nicación con fines proselitistas. Se dice que el movimiento neopentecostal está en raudo cre- cimiento, pero la misma dificultad que presenta su definición no permite contar con estadísticas reales. No obstante, en algo que no hay discusión es en los orígenes evangélicos. El devenir del neopentecostalismo en Latinoamérica es aún in- cierto, por tanto, lo prudente es observar cómo será su desa- rrollo en los próximos años. 1.5. ACADÉMICO(A) Dada la naturaleza de este libro, el cual tiene un enfoque desde una perspectiva académica, y que muchos de los que lo leerán no son aca- démicos, propiamente dicho, a continuación, algunas ideas sobre este término en particular. Los libros con enfoques académicos pueden ser definidos de muchas maneras, pero en todo caso hay ciertas caracterís- ticas y regularidades que les son propias. Por tanto, estos son el tipo de libros o documentos que se producen en el marco del quehacer científico y académico. El propósito fundamental es difundir, ante un grupo deter- minado, losconocimientos generados a partir de un trabajo de análisis, reflexión e investigación. Pedro Chávez Calderón (1999), señala que el libro o texto académi- co, «a diferencia de otros, se ubica en una esfera específica de uso de la lengua, la científico–académica», lo cual «exige la adopción de un con- junto de reglas formales y temáticas precisas». De modo que estos no responden simplemente a las pretensiones individuales (de la persona o las personas que lo escriben) sino que se enmarca en un campo que 32 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal lo trasciende, y que le impone el manejo de un lenguaje accesible y co- mún, asegurando así su transmisión efectiva.6 Partiendo de lo anterior, el autor antes citado, destaca las caracte- rísticas básicas del libro o texto académico, los cuales pueden resumir- se en los siguientes puntos: 1. Son intertextuales. Recurren a otros libros o textos para fundamentar o validar los planteamientos o bien para refu- tar o reforzar las conclusiones de aquellos (de allí la impor- tancia que se le da a las citas). 2. Comunican resultados. Todo trabajo científico tiene por ob- jeto dar a conocer los resultados de un proceso intelectual (riguroso y sistemático) de investigación o reflexión en torno a un objeto o asunto en particular. De esta manera, cada tra- bajo se entiende como un aporte al área temática en la que se enmarca. 3. Se sustentan en argumentos claros. A pesar de informar so- bre resultados, estos libros o trabajos también son, en mayor o en menor medida, argumentativos, ya que exponen la po- sición de quien los escribe. Sin embargo, los argumentos no deben ser el reflejo de prejuicios y prenociones, y debe pri- mar la claridad, precisión y brevedad en la exposición. 4. Siguen un orden lógico. Este tipo de trabajo se caracteriza por la presentación ordenada en partes diferenciadas y lógi- camente consecutivas. 33Teología Pentecostal: Una perspectiva académica Los libros o textos académicos son elaboraciones intelectuales que abordan un tema particular o profundizan en él, y lo hacen de una manera formal. Los autores de este tipo de textos suelen ser estudian- tes, profesores e investigadores. Por tanto, la presente obra titulada: «Teología pentecostal, una perspectiva académica», ha sido escrita partiendo de esta definición y siguiendo los rigores de una investiga- ción bibliográfica y de campo, libre de todo sectarismo religioso, deno- minacional o confesional. Referencias bibliográficas [1] Varios autores, (2006). Términos teológicos: Diccionario de Bolsillo, Editorial Mundo Hispano. El Paso Texas, USA. [2] Ramm, Bernard (1978). Diccionario de Teología Contemporánea. Casa Bautista de Publicaciones. El Paso Texas, USA. [3] Varios autores, (2006). Términos teológicos: Diccionario de Bolsillo, Editorial Mundo Hispano. El Paso Texas, USA. [4] Barrientos, Josué (2004). El pentecostalismo y el neopentecostalismo. Identidades confusas, CDE, Honduras. [5] Jaimes, Ramiro (2012). «El neopentecostalismo como objeto de investigación y categoría analítica». Revista Mexicana de Sociología, México. [6] Chávez Calderón, Pedro (1999). Conocimiento, ciencia y método. Métodos de investigación. Publicaciones Culturales, México. 34 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal CAPÍTULO I GUÍA DIDÁCTICA CONCEPTUACIÓN 1. La palabra «teología» proviene de dos palabras griegas, ¿Cuáles son? 2. ¿Qué es la teología, según Miguel García Zarseño? 3. El término «Pentecostés» viene del griego «pentekosté» y lite- ralmente significa... 4. ¿Qué se cumplió en Pentecostés, según el libro de los Hechos? 5. El término «pentecostales» se refiere, en forma genérica, a... 6. ¿Qué es neopentecostalismo? 7. ¿Qué dice Ramiro Jaimes sobre el neopentecostalismo? 8. ¿Cuáles son las características básicas del libro o texto académico? Capítulo II ORIGEN, EVOLUCIÓN Y SITUACIÓN ACTUAL DEL PENTECOSTALISMO El pentecostalismo, también llamado movimiento pentecostal, es el nombre con que se conoce al conjunto de iglesias y organizaciones religiosas que resaltan, entre otras, la doctrina cristiana del bau- tismo en el Espíritu Santo. Al igual que en todo el protestantismo, el movimiento pentecostal no posee un dirigente mundial debido a las di- ferentes creencias y opiniones sobre doctrinas, prácticas y liturgias que hay entre las iglesias que lo conforman. Durante la realización de la fiesta del «Pentecostés» narrado en Hechos capítulo 2, sucedió el descenso del Espíritu San- to y el inicio de la actividad de la iglesia cristiana en sentido general; por ello también se le conoce como la celebración del Espíritu Santo. Los pentecostales afirman que la práctica de hablar lenguas conocida en su momento como «éxtasis espi- ritual» se produce por voluntad del Espíritu Santo, y que las personas que viven dicha experiencia pueden expresar lengua- jes angélicos o humanos que no les son propios y pueden o no ser entendidos por aquellos que lo escuchan. Por otro lado, el término «iglesias pentecostales» se usa indistin- tamente para todas aquellas iglesias que forman parte del movimiento pentecostal, es decir, para todas aquellas iglesias que están dentro del pentecostalismo histórico, pentecostalismo clásico, pentecostalismo unicitario y neopentecostalismo. Una iglesia pentecostal puede traba- jar de forma independiente o estar afiliada a una organización, minis- terio o apostolado de mayor cobertura. «Pentecostal» es considerado como una tendencia o movimiento doctrinal y espiritual de gran em- 36 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal puje, que caracteriza a buen número de denominaciones que tienen su origen dentro del cristianismo protestante. Según Josué Barrientos (2004), hoy, las iglesias pentecostales y neopentecostales constituyen la rama del cristianismo de más rápido crecimiento. Se estima que en América Latina confor- man el 80% de las iglesias de origen protestante, y que han dejado muy atrás a las iglesias históricas originadas en la Re- forma del siglo XVI y XVII. 1 La «pentecostalidad» es un movimiento dentro del cristianismo, donde se da una apertura a la persona, presencia y poder del Espíritu Santo. Dicha apertura incluye el desarrollo del carácter de Cristo en la vida del creyente por la obra del Espíritu Santo (Gálatas 5:16–23). Ade- más, la capacitación del «Cuerpo de Cristo» para el ejercicio del lideraz- go por medio de los diferentes ministerios, dones y carismas (1 Corintios 12). Por tanto, a continuación, se presenta una síntesis apretada sobre el origen, desarrollo y evolución del pentecostalismo, a fin de poner en contexto el «constructo teológico» pentecostal. ¡A ver! 2.1. ANTECEDENTES BÍBLICOS El Nuevo Testamento revela que la iglesia del primer siglo creía en el bautismo en el Espíritu Santo (Hechos 11:15–16). De igual forma los cristianos del primer siglo practicaban la imposición de manos para que ocurra lo que hoy se conoce como la «experiencia pentecos- tal» en los creyentes (Hechos 8:14–17). La historia relata que en una visión que tuvo el apóstol Pedro en la azotea de una casa en Jope, Dios le reveló que debía amar a los semejantes a pesar de que no fueran judíos, pues ante Dios no hay acepción de personas; Cornelio, un centurión de la compañía llamada «La Italiana», envió por él para que viniera a Cesarea (Hechos 10:5). Pedro aceptó ir a Cesarea por mandato de Dios, y llegó a casa de Cor- nelio. Hasta ese momento el grupo que se reunía en la casa de Cornelio no había tenido la experiencia de Pentecostés. Cuando Pedro comenzó el discurso, el Espíritu Santo cayó sobre los presentes y empezaron a ha- blar en lenguas, magnificando a Dios. Desde ese momento, a ese grupo de la casa de Cornelio se consideró pentecostal (Hechos 10:44–46). 37Teología Pentecostal: Una perspectiva académica Cuando el apóstol Pablo llegó a Éfeso, se encontró con una situación muy comprometedora; los cristianos de esa iglesia habían sidobautiza- dos por el bautismo de Juan y ni siquiera sabían que existía el Espíritu Santo. Entonces Pablo los bautizó según el mandato de Jesús y habién- doles impuesto las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo, y hablaban en lenguas y profetizaban (Hechos 19:1–6). Por otro lado, Pedro y Juan habían llegado hasta Samaria, donde ha- bía un grupo de cristianos bautizados en agua, pero que no habían sido bautizados con el Espíritu Santo. Por este motivo, Pedro y Juan impu- sieron las manos sobre ellos y, según dice Hechos 8:17, estos recibieron el Espíritu Santo. En ese sentido, Bernardo Campos (1997), dice: «Este es uno de los pasajes en donde no se menciona que los creyentes hayan hablado en nuevas lenguas, lo cual ha generado mu- cha discusión entre los cristianos, ya que la mayoría de los pentecostales cree que el «hablar en lenguas» es una señal inequívoca e indispensable de haber recibido el bautismo en el Espíritu Santo» 2 Sin embargo, muchos grupos pentecostales modernos creen que sí lo hicieron, pues Simón el mago había querido comprar el don del Espíritu Santo por haber visto un gran prodigio, que muchos teólogos presumen que fue el don de lenguas manifestado en los samaritanos (Hechos 8:14–17). 2.2. ANTECEDENTES HISTÓRICOS Antes del movimiento pentecostal moderno hubo muchos eventos con características pentecostales sin llamarse aún «pentecostales». Por ejemplo: Ireneo (130–202 d.C.), obispo de Lyon y discípulo del apóstol Juan, habla acerca de las manifestaciones del Espíritu Santo, sobre el don de lenguas, el don de profecía, que aclaraban los misterios de Dios. A continuación se cita: «De igual manera nosotros oímos a muchos her- manos que poseen dones proféticos y que por medio del Espíritu hablan toda clase de idiomas y traen a luz para beneficio general las cosas ocul- tas de los hombres y declaran los misterios de Dios, a quienes también los apóstoles calificaron de espirituales». 3 38 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal Por otro lado, está Pacomio (287–346 d.C.), el cual después de mo- mentos especiales, podía, bajo el poder del Espíritu, hablar los idiomas griego y latín que jamás había aprendido. Estos actos eran considerados sobrenaturales y que eran dones dados por el Espíritu Santo para capa- citar a los líderes de la iglesia». Agustín de Hipona (354–430 d.C.), también llamado San Agustín, dice que ellos aún practicaban la imposición de las manos sobre los creyentes, esperando que el Espíritu Santo, al igual que en años anteriores, hiciera hablar en nuevas lenguas, según se puede observar en la siguiente cita: «Hacemos toda- vía lo que los apóstoles hicieron cuando impusieron las manos sobre los samaritanos, invocando sobre ellos el Espíritu Santo. Mediante la imposición de manos se espera que los creyentes hablen en nuevas lenguas». Aunque no existen muchos registros de la manifestación del Espí- ritu Santo durante la Edad Media, algunos autores mencionan que los valdenses, cátaros y los frailes mendicantes hablaban en lenguas de la Europa Meridional. Durante los inicios del protestantismo, Martín Lu- tero fue considerado profeta y evangelista, e interpretaba y estaba dota- do de todos los dones espirituales. De aquí que se diga que la Reforma Protestante haya influido a un gran cambio para los países Europeos, pues para algunos no solamente fue un «despertar espiritual», sino que movió a la iglesia y a los gobiernos humanos. Mark Washington (2014), hablando sobre Juan Wesley (1703–1791), (pastor anglicano y padre del Metodismo), consideraba que mucho del cristianismo primitivo se perdió de vista y que algunos hombres áridos y formales comenzaron a ridiculizar los dones de los que ellos carecían, clasificándolos como exhibiciones de locura o impostura. 4 Sostiene el referido autor, que Wesley registró muchas historias ex- traordinarias en sus diarios, tales como: la sanidad de personas, de ani- males y del poder del Espíritu Santo a través de la oración. Las iglesias metodistas fueron el medio para preparar el camino al recibimiento del Espíritu Santo en los creyentes en la versión moderna del pentecostalis- mo, debido a que la predicación se basa en la santidad, consagración y la salvación por gracia; enseñanzas que, más adelante, las hoy denomina- das iglesias pentecostales, marcan de gran importancia para recibir el bautismo en el Espíritu Santo. 39Teología Pentecostal: Una perspectiva académica En las primeras décadas de 1800 se comenzó a dar un énfasis a la predicación de la perfección cristiana, creando así «la cruzada de san- tidad». En 1830, se publicó una guía para la «perfección cristiana», que más tarde sería la revista oficial del movimiento. Este movimiento creía que la «entera santificación» podía obtenerse hoy en día a través de la fe, la cual, según ellos, anulaba la naturaleza pecadora del ser humano y era llamada segunda obra de gracia. El movimiento formaba parte del segundo gran despertar cristiano de los Estados Unidos. Desde entonces se comenzó a dar más énfasis en el Espíritu Santo como dador de la santidad. En 1840, el «movimiento de santidad» comenzó a predicar sobre la necesidad del bautismo en el Espíritu Santo. Se considera a Juan Morgan como el mayor contribui- dor del movimiento, escribió la obra: «La santidad aceptable a Dios», en donde mencionaba que el bautismo del Espíritu Santo y los dones no debían ser exclusivos de la iglesia apostólica, sino que era un privilegio para todos los creyentes. También decía que este bautismo no debía con- fundirse con la influencia del Espíritu Santo con la cual los pecadores se convertían al cristianismo. En 1857, en las publicaciones del «movimiento de santidad» se co- menzaron a publicar términos que actualmente son usados por el «mo- vimiento pentecostal», tales como: el púlpito pentecostal, los hombres y mujeres pentecostales y ser pentecostal. Ya para finales del siglo XIX, Scofield escribió que en esa época empezó a producirse un interés por el 40 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal Espíritu Santo, y que se habían escrito más libros, manuales y trabajos sobre este tema que en los 1800 años anteriores. Según James M. Boice (1996), ya a partir de 1840, casi todas las ra- mas del «movimiento de santidad» estaban enseñando una variante del bautismo en el Espíritu Santo, aunque con algunas diferencias en signi- ficados. Por lo tanto, se consideran estos eventos como los antecedentes del pentecostalismo moderno. El «movimiento de santidad» descansaba en cuatro principios doctrinales: la justificación por la fe, la santificación como una segunda obra de la gracia, la sanidad divina y la segunda ve- nida de Cristo previa al milenio. 5 Por tanto, como resultado de todas estas experiencias antes citadas, se comenzó a crear un nuevo lenguaje en el que la palabra «pentecostal» se mencionaba más y más, se comenzaron a preguntar si la experiencia del día de «Pentecostés» no sería también para todos los tiempos y se comenzó a orar por los enfermos practicando la sanidad divina. Incluso nació una iglesia que se llamó a sí misma «pentecostal», que fue la Iglesia Pentecostal del Nazareno, pero este calificativo no estaba, necesariamente, unido al fenómeno de la glosolalia o el hablar en len- guas. Más aún, cuando aparecieron los pentecostales que ponían énfasis en el don de lenguas, esa iglesia suprimió de su nombre la palabra «pen- tecostal» para no ser confundida con ellos. En resumen, se puede decir que, para fines del siglo XIX, había una combinación de expectaciones 41Teología Pentecostal: Una perspectiva académica que cada vez señalaban con mayor intensidad en dirección de lo que pos- teriormente se concretaría con el nombre de «movimiento pentecostal». 2.3. NACIMIENTO DEL MOVIMIENTO PENTECOSTAL: TOPEKA Y LA CALLE AZUSA La mayoría de los expertos en el tema coinciden en señalar que todo lo relacionado a lo que hoy se conoce como «movimiento pentecostal» comenzó en 1898, cuando Charles F. Parham,un ministro metodista de Kansas afiliado al «movimiento de santidad», se estableció en la ci- dad de Topeka, Kansas, y desde ahí dirigía una escuela bíblica, llamada Bethel College, y un «hogar de sanidad», donde se atendía a los enfermos y se oraba por ellos. A fines de 1900, Parham tuvo que ausentarse de la escuela y dejó a los alumnos la tarea de buscar en la Biblia todo lo relati- vo al bautismo en el Espíritu Santo. Al regreso, le informaron que, según ellos, en el libro de los Hechos de los apóstoles, la glosolalia o hablar en lenguas era la señal de que una persona había sido bautizada con el Espíritu Santo y que estaban ansio- sos porque se repitiera en ellos la experiencia de Pentecostés. La última noche de diciembre de 1900, Parham y los alumnos tuvieron un culto de oración en el que pidieron ser bautizados con el Espíritu Santo. 42 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal Poco después de la media noche, es decir, en las primeras horas del siglo XX, una alumna de nombre Agnes Ozman comenzó a hablar en otras lenguas. El mismo Parham tuvo la experiencia unos días después y luego le siguieron otros de los alumnos. Durante los siguientes cinco años, Parham y los alumnos se dedicaron a diseminar esta «Fe Apostó- lica», como llamaron al movimiento, por todo el medio oeste, haciendo numerosos conversos. En ese sentido, Jesse Lyman Hurlbut (2013), considera a Topeka, Kansas, como la cuna del hoy conocido «movimiento pentecostal mo- derno», al que se le llama, también, «pentecostalismo clásico», pues aunque en ese mismo tiempo se estaban dando ya experiencias aisladas semejantes, tanto en Estados Unidos como en otros países, es un hecho que fue a partir de Topeka que, el «mensaje pentecostal» se comenzó a proclamar con una intensidad que antes no se había conocido y que per- mitió a dicho mensaje difundirse por toda la tierra. 6 En 1905 Parham mudó el instituto bíblico a Houston, donde se produjeron las mismas manifestaciones carismáticas. Desde ahí evangelizó todo Texas y el sudoeste. A los cuatro principios o creencias iniciales del «movimiento de santidad», Parham había añadido un quinto: el bautismo del Espíritu Santo con la «evidencia inicial» del hablar en otras lenguas. Aunque Parham era un racista convertido (de hecho fue miembro activo del Ku Kux Klan), aceptó a un alumno negro, bautista, de nombre William J. Seymour, con la condición de que tomara las clases en un salón contiguo. En 1906 Seymour se trasladó a los Ángeles, California, invitado a predicar en una Iglesia Nazarena. El primer domingo que pre- dicó en esa iglesia, Seymour habló del bautismo en el Espíritu Santo y del don de lenguas como «evidencia inicial» de haberlo recibido. Esto asustó a la congregación, que le cerró las puertas. Richard Asbury, que no había asistido al culto de aquel domingo lo invitó a su casa. Seymour compartió con los anfitriones el «mensaje pen- tecostal» y comenzó a formar una pequeña congregación. Muy pronto la casa de los Asbury fue insuficiente para dar cabida a todos los que acudían, al principio más por curiosidad, al contemplar los extraños fenómenos que ahí se daban, y el grupo se cambió a la calle Azuza de los Ángeles, a un viejo y amplio depósito abandonado que rentaron y acondicionaron con 43Teología Pentecostal: Una perspectiva académica suma pobreza para que sirviera de iglesia. Le dieron a la nueva iglesia el nombre de «Misión de la Fe Apostólica» (Apostolic Faith Gospel Misión). En 1906 Seymour invitó al maestro Parham a predicar en Azusa, pero éste lo hizo en términos tan negativos para la congregación y para la persona de Seymour, que rompieron con él, y los lazos entre los dos líderes nunca más volvieron a restablecerse. Sin embargo, como herede- ro de las enseñanzas de Parham, las cinco enseñanzas principales de la misión de la calle Azusa eran: 1) Justificación por la fe, 2) Santificación como obra concreta de la gracia, 3) El bautismo del Espíritu Santo, evi- denciado por el hablar en otras lenguas, 4) La sanidad divina, o curacio- nes por el poder de la oración, y 5) El arrebatamiento personal pre–mi- lenarista de los santos en la segunda venida de Cristo. Según R. Newmann (1978), en el corto período que va de 1906 a 1909 aquella congregación aumentó notablemente la feligresía, y de ese lugar, el «mensaje pentecostal» comenzó a diseminarse por todo el mundo. El campo abonado para la di- fusión de sus enseñanzas, y del que a la vez se originaba, eran las iglesias adheridas al «movimiento de santidad». Comenza- ron a llegar a la calle Azusa «peregrinos» de otras ciudades de Estados Unidos y Canadá. 7 44 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal Algunos de estos pastores, al volver a las iglesias de origen, las «pen- tecostalizaron», como pasó, por ejemplo, con la Iglesia de Dios en Cristo; otros llevaron el mensaje a Europa: Noruega, Suecia, Dinamarca, Ingla- terra, Alemania, Francia y Rusia. En América Latina llegó hasta Chile y Brasil, donde echó profundas raíces. De Azusa salieron misioneros por lo menos a 36 países. Al morir Seymour en 1922, la viuda se hizo cargo de la misión, pero ésta finalmente fue cerrada en 1929. La misión de la «fe apostólica» desapareció, pero sirvió de potente ímpetu inicial y de inspiración al «pentecostalismo» de todo el mundo, mucho más todavía que la congregación de Topeka. Esta misión de la calle Azusa fue el antecedente de importantes iglesias que fueron sur- giendo en años sucesivos, como las Asambleas de Dios y la Iglesia del Evangelio Cuadrangular. En cuanto a la teología, aparte de los cinco puntos mencio- nados que los distingue, la gran mayoría de los pentecostales sostienen las doctrinas del cristianismo protestante histórico (con la excepción de los «unitarios», de doctrina sabeliana), pero en un sentido conservador y fundamentalista. Más ade- lante, se ampliará sobre las doctrinas básicas, las cuales tienen fundamentos bíblicos sólidos, así como las creencias, dogmas y tabúes que se fueron añadiendo, teniendo como base el sincre- tismo teológico, las experiencias subjetivas, la tradición pente- costal y la dogmática. Muchos son premilenaristas en cuanto a la escatología, y la mayoría son dispensacionalistas. Con respecto al bautismo en agua, generalmen- te se oponen al bautismo de infantes y son inmersionistas. El «cristia- nismo pentecostal» es hoy la variante del cristianismo que más crece en todo el mundo, especialmente en Sudamérica, África y países asiáticos. Se considera que hay entre 700 y 900 millones de cristianos pentecos- tales, de los cuales entre 50 y 80 millones serían carismáticos católicos, numerosos sobre todo en Estados Unidos, Sudamérica, el Caribe, India y África, pero con fuerte presencia también en Francia e Italia. 45Teología Pentecostal: Una perspectiva académica 2.4. PENTECOSTALISMO EN AMÉRICA LATINA El pentecostalismo, como ya se ha indicado, hizo aparición en Amé- rica Latina en los inicios del siglo XX. En su rápido desarrollo enfrentó variados acontecimientos antes de transformarse en una de las princi- pales expresiones de la fe cristiana y ser parte constitutiva de la cultura religiosa del continente. De ahí, que sea el movimiento más estudiado por los sociólogos, antropólogos, historiadores y teólogos, entre otros. En esta sección, se dará una panorámica a la «raíz protestante» del pentecostalismo latinoamericano, los orígenes, el rápido crecimiento numérico y cómo se puede augurar el futuro. Este análisis se caracteriza por no perder de vista el contexto de la realidad latinoamericana, como el lugar donde la fe cristiana, en este caso pentecostal, debe ser vívida y testimoniada. En ese sentido, es necesario recordar que las sociedades latinoame- ricanas entre los años 1909 y 1990 vivieron densos conflictos políticos, socioeconómicos, populares y culturales. Sin embargo, el conjunto de creencias religiosas se mostraron estables y auténticamente legitima- das. Las utopíasreligiosas, en forma especial del catolicismo popular y del emergente protestantismo, eran alternativas socialmente aceptadas para enfrentar los altos índices de mortalidad, que generaban temor e inseguridad en la población, como también, los diversos proyectos polí- ticos que se han disputado el acceso al poder. 46 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal Se puede observar además, los diferentes y variados intentos de libe- ración que van desde la Revolución mexicana a la cubana, pasando por las seguidillas de golpes de estados e intervención militar de potencias extranjeras, junto a la permanente articulación de movimientos popula- res, sociales, de campesinos e indígenas que lucharon por una vida más digna. En el corazón de tan trágica realidad nació, creció y se consolidó el pentecostalismo en el continente Latinoamericano. Al respecto, y por citar un caso, José Míguez Bonino (1993), afirma lo siguiente: «Todas las historias del pentecostalismo latinoamericano comenzaron con el despertar asociado con el nombre del misionero Willis C. Hoover, la Iglesia Metodista y la ciudad de Valparaíso, en Chile, y continúan con Francescon y las Asambleas de Dios en Brasil. Luego el pentecostalismo se multiplica, se diversifica y se expande, y desde la década de 1950 se presenta como el rostro popular del protestantismo en América Latina. Los entusiastas hablan de más de 100 millo- nes de pentecostales, al inicio del presente milenio. 8 A lo dicho por este distinguido teólogo Argentino, José Míguez Boni- no, y probablemente el más prominente entre los protestantes del conti- nente, se debe agregar el origen del pentecostalismo mexicano y que co- rrespondió al protagonismo de una mujer, Romana de Valenzuela, quien en medio de la Revolución Mexicana, en 1914, en el norte de este país y, junto a un puñado de hombres y mujeres, fundó la «Iglesia Apostólica de la Fe en Cristo Jesús». Historias como estas, y aun no contadas, son variadas y múltiples. Por otra parte, la llegada del pentecostalismo procedente de los Es- tados Unidos de Norte América fue posterior a las fechas antes referi- das y tiene su propia historia ordenada en conformidad a los intereses de los líderes nacionales y extranjeros. El origen del pentecostalismo latinoamericano fue policéntrico; Chile, Brasil y México fueron rele- vantes en la gestación, consolidación y expansión del movimiento, no obstante comparten elementos socio religiosos comunes: los integran- tes son personas pobres, son mujeres, inmigrantes, obreros y campe- sinos, son, en la mayoría de los casos, los desheredados de la tierra los que optaron por la fe pentecostal. 47Teología Pentecostal: Una perspectiva académica En ese sentido, el pentecostalismo temprano fue un movi- miento laico donde las fronteras clericales eran inexistentes. Por consiguiente, la relación entre el pastor o misionero con la hermandad o congregación siempre fue cercana y sin fron- teras, lo que permitió articular comunidades estables guiadas por normas y reglas sencillas, pero por sobre todo, atractivas y acogedoras para los sectores marginales. Por lo tanto, la par- ticipación activa de los laicos fue una de las claves del éxito. Fue un hecho, que el pentecostalismo en su espontaneidad se articuló y se organizó de manera tal, que generase múltiples oportunidades para que el creyente común y corriente asumie- ra responsabilidades en el grupo local. Las múltiples prácticas cúlticas propias del pentecostalismo se ori- ginaron por las más diversas experiencias de fe de los creyentes. En principio, las prácticas de hablar en lenguas, profecías, oración por los enfermos, danza en el espíritu, que para el observador externo resulta- ban extrañas e incomprensibles, expresiones que por la frecuencia e im- pacto paulatinamente fueron encauzadas mediante normas tendientes a evitar los excesos y desordenes. La articulación de comunidades con grandes espacios de libertad, donde los fieles pudieron expresar espontáneamente los más profundos sentimientos religiosos y a la vez participar en la construcción de una comunidad de creyentes litúrgica y teológicamente autosustentable, fue clave en la implantación del pentecostalismo en el continente. Por supuesto, el pentecostalismo de origen local, en los primeros 50 años fue un movimiento que financieramente se autosustentaba. Los recursos provinieron de las ofrendas y diezmos que disciplinada- mente daban los fieles. Los recursos materiales lo constituían, bási- camente, los templos, capillas y locales de reunión; estos lugares eran modestos, sencillos y prácticos, algunos facilitados por los fieles, y otros adquiridos colectivamente. Para Frank Bartleman (1997), el auge inicial del pentecos- talismo de origen local y misionero, permitió que cada uno tuviera un sentimiento de participar en el ejercicio del poder y de contribuir con la espontaneidad a la vitalidad del movi- 48 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal miento. En este sentido, y para utilizar una expresión actual existió una auténtica «democratización de las funciones di- rectivas», que se vio reforzada por la homogeneidad social y cooperación económica y material de los fieles. Pese a lo ante- rior, para acceder al ministerio pastoral se debía recorrer una larga caminata, marcada por el compromiso, la disciplina y la entrega a la causa. Esto aseguró que al ministerio pastoral no se accediera por favoritismo, herencia familiar ni por una formación teológica formal. 9 Los pastores y encargados fueron la expresión auténtica de la comunidad, la diferencia con el resto de los fieles no fue ni el origen social, ni la manera de vivir, ni la formación intelectual, sino senci- llamente las cualidades de tipo «carismáticas» y capacidad de conduc- tores de hombres y mujeres en medio de una sociedad tradicional que tenía muy poco que ofrecer a los más pobres. La naciente jerarquía eclesial pentecostal siempre dirigió las comunidades apelando más a la «emotividad» que a la racionalidad. Al cumplir un siglo de vida, el pentecostalismo está plenamente es- tablecido en todo el continente Latinoamericano y con múltiples rostros, pero mayoritariamente popular y marginal. Hoy, en el movimiento pen- tecostal, hay más de 200.000 pastores, y el número de capillas, templos y lugares de reunión, superan a los de la iglesia católica. 49Teología Pentecostal: Una perspectiva académica Por otro lado, la plataforma bíblica y teológica se mantiene en forma casi inalterable. Esta observancia se nutre con los programas de forma- ción de los pastores y líderes; formación que se evidencia en lo que se enseña en los institutos y seminarios. A esto se debe agregar, la literatu- ra, la música, programas radiales y televisivos y visitas permanentes de conferencistas provenientes del país del norte. En la reflexión bíblica y teológica pentecostal se evidencia una clara ausencia de una dialéctica entre fe y realidad latinoamericana. Para Ramiro Jaimes (2012), temas como fe y política, fe y economía, fe y justicia social, fe y derechos humanos, entre otros, no tienen lugar en la ref lexión y el discurso teoló- gico pentecostal. Sin embargo, se debe reconocer que hay un número cada vez más creciente de pastores y líderes que están en la búsqueda de construir un «pensamiento teoló- gico» propio, que surja de la ref lexión entre fe y realidad del continente. Este es un verdadero desafío para las nuevas generaciones de pastores y teólogos de las iglesias pentecos- tales de origen norteamericano. 10 Por otro lado, está la forma de dirigir en las iglesias pentecostales, ya que a pesar de las grandes transformaciones que se han experimentado en términos de membresía, economía, edificaciones y comunicaciones, la forma de dirigir se mantiene casi invariable desde hace más de vein- te años. Aún con todo lo antes expuesto, se espera que el movimiento pentecostal siga creciendo, especialmente en contextos de pobreza, in- seguridadsocial e indígenas, pues en medio de esta realidad se gestó, articuló y desarrolló. Pero, ¿Cuál será el futuro del movimiento en el presente siglo XXI? Las respuestas pueden ser muy disímiles y hasta incompatibles con el Evangelio de Jesucristo, pues las experiencias así lo demuestran. La ac- titud de cómo las iglesias pentecostales han reaccionado frente a perio- dos traumáticos y dolorosos que ha vivido el continente, especialmente durante la última parte del siglo pasado, evidencia esta contradicción. 50 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal La historia demuestra que muchas iglesias pentecostales guar- daron el más absoluto silencio frente a grandes tragedias, como la reiterada violación de los derechos humanos y las injusti- cias sociales más aberrantes que significaron la desaparición de personas, exilio y tortura. Pero también, se debe reconocer que una minoría de iglesias, comunidades, hombres y mujeres pentecostales asumieron un rol profético y pastoral, como fue la oposición a las dictaduras militares y la guerrilla de «Sende- ro Luminoso» en los Andes en Perú, solo por nombrar un caso. La actitud del pentecostalismo frente a la realidad social esta- rá determinada por el modelo de «misión» que asuma y la forma de cómo se relacionará con los poderes económicos y políticos; por tanto, esta será muy variada, diversa y contradictoria. He aquí un gran desafío y una gran oportunidad para que los líderes actuales del pentecostalismo permitan que el Espíritu Santo hable a las igle- sias como en los tiempos bíblicos. En esencia el pentecostalismo nació como una religión popular, relegada del protestantismo histórico, racional y burocrático. El pente- costalismo surgió en la periferia del mundo, alejado de los centros del poder político, económico y religioso. Fue abiertamente rechazado y es- tigmatizado como una secta de fanáticos. Aunque se gestó en el seno del protestantismo histórico, este no le reconoció. 51Teología Pentecostal: Una perspectiva académica Según Pablo A. Deiros (1994), las iglesias pentecostales crecieron en medio de los sectores populares del continente donde la vida religiosa se fusionó con la cultura popular. Es decir, las prácticas religiosas de la «fe pentecostal» pasaron a ser parte de la vida cotidiana de los integran- tes. En la actualidad, el pentecostalismo lo configuran cientos de miles de iglesias o comunidades pequeñas e independientes con orígenes muy diversos y que requieren ser estudiadas desde la sociología y la antropo- logía, pues se trata de un fenómeno religioso importante para el futuro de la fe cristiana en sectores marginales. 11 En ese sentido, durante los últimos 30 años, diferentes esfuerzos confluyen para que un número creciente de pentecostales accedan a una formación teológica profesional de alto nivel. Esto ha significado la génesis de la sistematización de la experiencia social, religiosa, bíbli- ca, teológica, pastoral e histórica del pentecostalismo en el continente. Además, un número apreciado de pentecostales han accedido a estudios doctorales en prestigiosas facultades de teología en diferentes lugares de prestigio internacional. Hoy, en los círculos pentecostales hay un mayor interés, y has- ta lo que se puede llamar, «hambre intelectual» por acceder a un mayor conocimiento bíblico y teológico y de cómo la «fe pentecostal» puede ser más eficaz en tierras latinoamericanas. Se abre así, una nueva etapa en su reflexión y producción, cada vez más profunda y sólida. Esto se hará visible en las cátedras de teología pentecostal, tesis doctorales, publicaciones de alto nivel, lo que le permitirá al movimiento contar con una «elite pensante» capaz de dialogar con otras tradiciones y religiones que buscan también un espacio en el continente. Pero por so- bre todo, a la luz del Evangelio y el Espíritu Santo, ayudará al pentecostalismo a «dialogar» con la realidad y encontrar sóli- das raíces en la cultura latinoamericana. Para finalizar, es necesario destacar que el futuro del pentecosta- lismo estará marcado por una fuerte institucionalización de las igle- sias que, en muchos aspectos, transitará por el mismo camino que hizo el protestantismo histórico en siglos anteriores, debido al proce- so de secularización y modernización que se continuará desarrollan- do en el continente. 52 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal Los pentecostales buscarán alianza con los poderes políticos y económicos del continente cuya relación se cortejará en mo- mentos de crisis social. Para Manuel J. Gaxiola (2013), estas crisis sociales, económi- cas y éticas desatarán muchas discusiones internas en las igle- sias, las cuales serán estimuladas por los distintos enfoques del pensamiento teológico o de interpretación bíblica que harán los actores. El pentecostalismo tendrá un rol más relevante, pues se articularán propuestas teológicas y nuevos «paradig- mas» para la misión, cuyos aportes, en momentos de crisis, se- rán orientadores y refrescantes. 12 Por otra parte, en la medida que la pobreza continúe, especialmente en las grandes urbes, el pentecostalismo, la multiplicación y autonomía se mantendrá. El pentecostalismo será una vertiente autónoma, profé- tica, esperanzadora y factor de renovación del pentecostalismo latinoa- mericano, en la medida que este se vincule con otros sectores del movi- miento, como lo son los neopentecostales. 2.5. ORIGEN DEL MOVIMIENTO PENTECOSTAL EN LA REPÚBLICA DOMINICANA En el caso de la República Dominicana, el «pentecostalismo» inició al principio del siglo pasado a través de la ciudad de San Pedro de Ma- corís. Bienvenido Álvarez Vega (1990), al respecto dice: «El movimiento pentecostal tuvo un tímido inicio en la República Dominicana en 1918, cuando el predicador puertorriqueño Salomón Feliciano llegó a Santo Domingo desde Puerto Rico. Esta iniciativa parece haber palidecido por diversas razones, hasta que el 2 de septiembre de 1930, el misione- ro Francisco Hernández (Pancho) viene al país, también desde Puerto Rico, junto con su esposa Victoria Colón y su hija Rebeca Hernández a reactivar el movimiento». 13 Esta llegada, afirma Álvarez Vega, es considerada como el inicio de lo que hoy se conoce como el «movimiento pentecostal dominicano». De esa manera comenzó, formalmente, la iglesia pentecostal en República Dominicana. A partir de la década de los 80, sin embargo, el movimien- to ha crecido varias veces más de lo que lo habría hecho desde sus orí- 53Teología Pentecostal: Una perspectiva académica genes en estas tierras hasta nuestros días, tanto en la versión conciliar, como independiente y neopentecostal. Al respecto, afirma Álvarez Vega que: «En efecto, en un listado con- tentivo de las 37 denominaciones pentecostales establecidas en el país, según algunas indagaciones, solo nueve fueron fundadas entre 1930 y 1960. Las restantes 28 nacieron entre 1960 y 1990, pero principalmente entre 1960 y 1979. Igualmente, las iglesias independientes y el neopen- tecostalismo se desarrollan intensamente a partir de los años ochenta. A pesar de todo esto es necesario destacar que el pentecostalismo protestante tiene algunos puntos débiles, entre ellos: Tendencia a la di- visión y fragmentación, riesgo de caer en el fraude (la gente busca mila- gros y los donativos son abundantes), misticismo inmaduro, centrarse más en los milagros que en Dios, y el peligro de caer en las manos de líderes sectarios y autoritarios. Más adelante, se ampliarán estos puntos. 54 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal Referencias bibliográficas [1] Barrientos, Josué (2004). El pentecostalismo y el neopentecostalismo. Identidades confusas, CDE, Honduras. [2] Campos, Bernardo (1997). De la Reforma Protestante a la Pentecostalidad de la Iglesia. Debate sobre el Pentecostalismo en América Latina. CLAI. Quito, Ecuador. [3] Zaldívar, Raúl (2006). Teología sistemática desde una perspectiva latinoamericana, Editorial Clie,Barcelona, España. [4] Washington, Mark (2014). Visión bíblica de contribución a la misión bíblica de Juan Wesley, Lima, Perú. [5] Boice, James M. (1996). Los fundamentos de la fe cristiana, Editorial Unilit, Miami, Florida, USA. [6] Hurlbut, Jesse Lyman (2013). La Historia de la Iglesia Cristiana Pentecostal, Editorial Vida, Miami, Florida, USA. [7] Newmann, R. (1978). Historia de Azusa. USA. [8] Bonino, José Míguez (1993). El reino de Dios y la historia, en El Reino de Dios y América Latina. Casa Bautista de Publicaciones, El Paso, Texas, USA. [9] Bartleman, Frank (1997). Azusa Street. El Despertar Pentecostal de Principios del Siglo Veinte. Editorial Peniel, Buenos Aires, Argentina. [10] Jaimes, Ramiro (2012). El neopentecostalismo como objeto de investigación y categoría analítica. Revista Mexicana de Sociología, México. [11] Deiros, Pablo A. (1994). Latinoamérica en llamas. Historia y creencias del movimiento religioso más impresionante de todos los tiempos. Editorial Caribe, Nashville. [12] Gaxiola, Manuel J. (2013). El Pentecostalismo o Movimiento Pentecostal Moderno. En Iglesias y grupos religiosos en México. Cuaderno 2. México. . [13] Álvarez Vega, Bienvenido (1990). Movimiento Pentecostal Dominicano. El Campo religioso dominicano: diversidad y expansión. Departamento de Estudios de Sociedad y Religión, Santo Domingo, R. D. 55Teología Pentecostal: Una perspectiva académica CAPÍTULO II GUÍA DIDÁCTICA ORIGEN, EVOLUCIÓN Y SITUACIÓN ACTUAL DEL PENTECOSTALISMO 1. El término «iglesias pentecostales» se usa indistinta- mente para... 2. Cuando el apóstol Pablo llegó a Éfeso, se encontró con una situación con los cristianos de esa iglesia, ¿Qué suce- día en esa iglesia? 3. Antes del movimiento pentecostal moderno, hubo mu- chos eventos con características pentecostales sin llamar- se aún «pentecostales». Mencione dos de ellos. 4. Juan Wesley registró muchas historias extraordinarias en sus diarios, ¿De qué tratan esas experiencias? 5. El «movimiento de santidad» descansaba en cuatro princi- pios, ¿Cuáles eran? 6. La última noche de diciembre de 1900, Parham y los alum- nos tuvieron un culto de oración en el que pidieron ser bautizados con el Espíritu Santo, ¿Qué pasó allí? 7. ¿Cuáles eran las cinco enseñanzas principales de la misión de la calle Azusa? 8. Transcriba lo que dice José Míguez Bonino sobre el pente costalismo en América Latina. 9. Las múltiples prácticas cúlticas propias del pentecostalis- mo, se originaron por... 10. Para Frank Bartleman, el auge inicial del pentecostalismo de origen local y misionero, permitió... 11. ¿Qué dice Ramiro Jaimes sobre la teología pentecostal? 12. Según Pablo A. Deiros, las iglesias pentecostales crecieron en medio de... 13. En el caso de la República Dominicana, ¿Cuándo inicia el pentecostalismo? CAPÍTULO III UNCIÓN O CONOCIMIENTO: LA GRAN DICOTOMÍA ENTRE LOS PENTECOSTALES En sentido general, la dicotomía, es la división de un objeto o concep-to en dos partes complementarias pero separadas. La dicotomía, en relación al pensamiento o a las ideas, se puede encontrar en concep- tos que son aparentemente opuestos pero a la vez complementarios. En el tema que ocupa, se puede decir que entre los creyentes pentecostales ha existido, desde los mismos orígenes, una pugna abierta entre quienes consideran que el conocimiento es bueno, necesario e imprescindible en la vida del cristiano, y los que consideran que solo basta estar revestido de la unción del Espíritu Santo. Ser cristiano, mantenerse firme y dar testimonio de ser ver- daderamente transformado por Jesucristo es, y seguirá siendo, la meta de todos aquellos que tomaron la decisión de obede- cer la voz de Dios. Sin embargo, este anhelo es mediatizado por quienes, dentro de la «fe pentecostal», entienden que para lograrlo es necesario vivir según ciertos ideales, unos dando énfasis solo a la unción y otros al conocimiento. En mi experiencia personal de más de 40 años de vida cristiana de- sarrollada en el ámbito pentecostal, he sido víctima en ocasiones por los de mi comunidad evangélica, de muchas desconsideraciones. Una de ellas ocurrió en momentos en que comenzaba a interesarme por los estudios bíblicos y el conocimiento de Dios en sentido general. Recuerdo que mi primer pastor, al cual aprecio mucho y respeto, al expresarle mi interés en estudiar teología en el seminario me expresó: «Teología ¿Para qué? Eso no es necesario, Cristo está a la puerta, no hay tiempo para eso». 58 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal Esto lo hizo al tratar de convencerme de la poca importancia de in- gresar al seminario. Esta respuesta me confundió tanto que me frustró. A pesar de ello, seguí en mi afán de conocer más de Dios y las Sagradas Escrituras, hasta que finalmente inicié los estudios y desde entonces no me he detenido en la búsqueda de ese conocimiento que queramos o no, busquémoslo o no, es vital en la vida cristiana. Sin lugar a dudas, esto le ha sucedido a miles de creyentes pentecostales en diferentes latitudes que, deseosos por conocer más a fondo las realidades de Dios, sus obras y grandeza, de diferentes maneras han sido influenciados por personas que, sea por ignorancia o con intenciones personales sanas, han coartado la iniciativa de muchos, hasta hacerlos desistir. Las preguntas claves aquí son: ¿Importan los estudios bíblicos? ¿Es necesario estudiar la Biblia para ser cristiano? ¿Es un deber espiritual ponerse a investigar el texto bíblico? Claro que la respuesta a todas estas preguntas es necesariamente «sí». Lamentablemente, muchos creyentes pentecostales han perdido la estabilidad cristiana por no haber tomado tiempo para estudiar correctamente las Sagradas Escrituras. Algunos creyentes afirman que ellos solo quieren escuchar sermones prácticos, no sermones que enseñan teología. Por otro lado, en cuanto a la unción, las preguntas claves aquí son: ¿Es importante la unción? ¿Es necesaria la unción para ser cristiano? ¿Es un deber espiritual activar y renovar la unción? Claro que la res- puesta a todas estas preguntas es necesariamente «sí». Es la gran di- cotomía entre los creyentes pentecostales, en la cual se encuentran, y que si no se trabaja en ambas direcciones no se encontrará el verdadero camino hacia el éxito y estabilidad cristiana. 59Teología Pentecostal: Una perspectiva académica En ese sentido, Manuel J. Gaxiola (2013), dice: «Debemos re- conocer que muchos pentecostales se han aferrado demasiado al conocimiento y en ese afán han perdido la unción, esa gracia especial que Dios da; parecen sepulcros blanqueados, máqui- nas del saber, pero carentes de esencia y frescura espiritual. Igual pasa a lo inverso». 1 En ese sentido, al leer el libro de los Hechos, lo primero que llama la atención es el actuar del Espíritu Santo. Hay, sin embargo, otro detalle muy importante en el libro, el cual es el ministerio de capacitación para los hermanos y líderes. En la iglesia primitiva había bastante oración y predicación, pero también hubo mucha capacitación (Mateo 28:19–20). La iglesia capacitaba porque para Jesús esto era de prioridad. Al comien- zo los apóstoles eran los maestros de la comunidad cristiana (1 Juan 1:3). Pero era inevitable que tarde o temprano ellos tendrían que compartir dicha responsabilidad con otros, debido al volumen de trabajo. Donde nacía una iglesia cristiana, Dios levantaba maestros (capa- citadores). En los escritos de Pablo hay evidencias de esto (1 Corintios 12:28; Romanos 12:6–7; Efesios 4:11). Los pastores debían jugar un pa- pel importante en la capacitación de la iglesia. La enseñanza (capacita- ción) no era algo que se añadía a la responsabilidad pastoral, cuando no había quien ejerciera esa responsabilidad, sino que era una responsabi- lidad no menos importante que la predicación. Lewis J. Sherrill (2009), ha identificado cinco materias que se impartían en la iglesia primitiva durante el período apostólico, estas son: 1. La interpretacióncristiana del Antiguo Testamento. 2. Las enseñanzas del Evangelio. 3. La confesión cristiana de la fe. 4. La vida y dichos de Jesús. 5. El estilo de vida cristiana. 2 El Nuevo Testamento está repleto de ejemplos de la primera (Ma- teo 5:21; 27:31). El mensaje del Evangelio fue otro elemento impor- tante en el currículo de la iglesia primitiva (Romanos 1:16). La ter- cera clase de enseñanza en la iglesia primitiva tenía que ver con la confesión de fe del individuo. Toda la instrucción durante el período del Nuevo Testamento estaba fundamentada en una fe y compromiso personal (Efesios 4:20; Romanos 10:9–10). 60 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal La cuarta clase de enseñanza tenía que ver con las enseñanzas de Jesús y la descripción de su vida y ministerio. Estas enseñanzas eran el fundamento del discipulado y tenían carácter obligatorio (Lucas 6:46). La quinta clase de enseñanza tenía que ver con la vida cristia- na. Era inevitable que tarde o temprano la iglesia iba a desarrollar una serie de instrucciones que tenían que ver con la conducta cristia- na. Pronto empezaron a surgir preguntas acerca de ¿Cuál debería ser la actitud cristiana hacia la esclavitud? ¿Podría el creyente casarse con una pagana? Entre otras. En sentido general, el desarrollo cristiano o la capacitación pueden ser definidos como un progreso educativo destinado a mejorar la actuación individual de cada persona o grupo. Des- de el punto de vista del alumno, la capacitación es el proceso mediante el cual se adquiere la comprensión, aptitudes, cono- cimientos y habilidades esenciales para la realización inteligen- te y eficiente de las responsabilidades asignadas. Pablo escribió: «Entretanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhor- tación y la enseñanza. No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio. Ocú- pate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamien- to sea manifiesto a todos. Ten cuidado de ti mismo y de la enseñanza; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te escuchen» (1 Timoteo 4:13–16). El Nuevo Testamento indica que los cristianos han de crecer en gra- cia y en conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo (2 Pedro 3:18). Estos dones y talentos deben ser cultivados, pulidos y usados. La iglesia pentecostal tiene una gran responsabilidad en esto. Por un lado, el creyente individual es animado a esperar a Jehová (Salmos 27: 14), a estar quieto (Salmos 46:10) y a no desmayar (Gálatas 6:9). Por otro lado, la amonestación a Timoteo, es «que avives el fuego del don de Dios que está en ti, que te fue dado por la imposición de mis manos» (2 Timoteo 1:6). Pedro también amonesta: «Añadid a vuestra fe, virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; al afecto fraternal, amor» (2 Pedro 1:5–7). 61Teología Pentecostal: Una perspectiva académica Sin lugar a dudas, la unción y el conocimiento ayudan a conocer y a sentir mejor a Dios y sus propósitos, obedecerle y glorificarle más ple- namente, a edificar una cosmovisión cristiana (sea pentecostal o no) con la cual pueda interpretar apropiadamente todos los aspectos de la vida y la cultura, a entender los pensamientos de Dios a su manera y guardar la fe cristiana que fue una vez dada a los santos, y de esa manera estar protegidos de los falsos profetas, falsos maestros y las varias formas de engaño satánico. 3.1. CAUSAS Y CONSECUENCIAS DE ESTA DICOTOMÍA Al revisar la historia cristiana y en especial todo lo relacionado al movimiento pentecostal, desde los orígenes en el Nuevo Testamento hasta el día de hoy, se debe reconocer que, tanto en ese entonces como en lo que se conoce como el movimiento pentecostal moderno, existen algunos elementos que giraron en torno a ambos momentos que no se deben pasar por alto, esto si se desea establecer causas y posibles conse- cuencias de la dicotomía que tienen los creyentes pentecostales en cuan- to a la unción y el conocimiento, dada la naturaleza y alcance del pente- costalismo en los últimos tiempos. A continuación, se hace un pequeño esbozo sobre este particular. 62 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal 3.1.1. Causas de la dicotomía Sin lugar a dudas, la «experiencia pentecostal», desde los inicios dio mucha «agua a beber» a los líderes de la iglesia y, posteriormente, a los que hoy se sitúan dentro del pentecostalismo. Uno de los que se atrevió a intervenir y establecer pautas sobre el manejo y uso de los dones y ma- nifestaciones del Espíritu Santo entre los creyentes, fue el apóstol Pablo, en la ya conocida situación de la iglesia en Corinto. Para que reinara el orden en las reuniones cristianas, el apóstol Pablo se vio en la necesidad de establecer unas normas que regularan el procedimiento de hablar en lenguas en los cultos (1 Corintios 14:22). Tres años después de la fundación de la iglesia en Corinto y durante la ausencia de Pablo, surgieron numerosos problemas que demandaban la atención del apóstol; esto se sabe por la misma epístola. En primer lu- gar, algunas facciones habían debilitado la iglesia. Debido a la elocuencia y conocimiento de Apolos, muchos de la iglesia lo habían ensalzado por encima de Pablo (1 Corintios 1:12; 3: 4; Hechos 18:24–19). Otros, se jactaban de que no eran seguidores ni de Pablo ni de Apo- los, sino de Pedro, uno de los primeros apóstoles (1 Corintios 1:12). Otros, afirmaban no estar unidos a ningún dirigente humano, y profesaban ser seguidores de Cristo (1 Corintios 1:12). Además, como los miembros de esa iglesia vivían en medio de la depravada población de Corinto, mu- chos que habían renunciado a los caminos de impiedad recayeron en los antiguos hábitos de vida (capítulo 5). 63Teología Pentecostal: Una perspectiva académica La iglesia, a pesar de ser partícipe y tener la manifestación del Es- píritu Santo de manera amplia, se había desacreditado, debido a que los cristianos llevaban los pleitos a los tribunales. La Cena del Señor se había convertido en una ocasión de comilonas (capítulo 11:17–34). Asi- mismo, habían surgido preguntas en cuanto al matrimonio y problemas sociales relacionados con él (capítulo 7). Además, en cuanto al consumo de alimentos sacrificados a los ídolos (capítulo 8). También, se entendía mal la función adecuada de los dones espirituales (capítulo 12–14). La situación era tal, que causó serios temores a Pablo. Este ya había escrito una carta a la iglesia (capítulo 5:9), y hay la posibilidad de que hubiera visitado brevemente a Corinto du- rante su permanencia en Éfeso (2 Corintios 13:1). También, había enviado a Timoteo (1 Corintios 4:17; 16:10) y a Tito a Corinto (2 Corintios 2:13). Además, redactó la epístola a los Corintios. De hecho, algunos expertos consideran que fue- ron cuatro las cartas que el apóstol Pablo les escribió y solo dos llegaron a nosotros (2 Corintios 7:8). Es en este contexto, de malas prácticas y mal uso de los dones espirituales, que el apóstol Pablo habla del don de lenguas. El apóstol Pablo anhelaba que los corintios no se engañaran acerca de la verdadera naturaleza de los dones espirituales y el uso correcto de los mismos en la iglesia. La necesidad de aclarar este tema, sin duda, surgió por el hecho de que los corintios, hacía poco, se habían separado del paganismo; por esta causa habían estado sin conocer la revelación del verdadero Dios y la influencia del Espíritu Santo. En esta iglesia, evi- dentemente, hubo un marcado énfasis y hasta abuso del don de lenguas. Sin embargo, un cristiano bajo la influencia de cualquiera de los otros dones no es menos poderoso, importante o más bajo a la vista de Dios, que uno donde aparezca el más espectacular don de lenguas. Era, según algunos teólogos, el don más deseado porque era el más «visible» a la vista de todos,y se le veía como la marca o la prueba de que el posee- dor tenía el Espíritu Santo. Es el mismo énfasis e interpretación que se le da hoy en día en el ámbito pentecostal. En ese sentido, Julián Guamán (2011), dice: «Para muchos cris- tianos de este tiempo, el don de lenguas simboliza el bautismo visible del Espíritu Santo. Y pobre del creyente que aunque sea por un mo- 64 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal mento, en la vida cristiana, no hable en lenguas. Algunos pentecosta- les creen que el no hablar en lenguas es una señal de la falta de unción y conversión plena de la persona». 3 No caben dudas de que el deseo de la manifestación del Espíritu Santo estriba en la esperanza de edificar a la iglesia por la cual Cris- to entregó su vida y derramó el Santo Espíritu, para purificarla y en- tregarla a Dios «como una esposa, santa, sin manchas ni arrugas. Sin embargo, se debe recordar que la capacidad de hablar otros idiomas fue un don que se dio a los discípulos con el propósito especial de que pudieran llevar el mensaje evangélico a todo el mundo. Por el bien de los discípulos y de aquellos que habrían de recibir el mensaje por me- dio de ellos, el Espíritu Santo los capacitó para proclamar el Evangelio con fluidez en los idiomas más hablados por los peregrinos, en especial en la fiesta de Pentecostés. Este fue un gran milagro, y cumplió una de las últimas prome- sas de Cristo. Además, facilitó que hubiera una gran cosecha de creyentes ese día (Hechos 2:41), y tuvo efectos de alcance mundial en los años que siguieron. La narración no dice si este don de hablar en otras lenguas fue permanente, pero se debe- ría tener en cuenta que lo que el Espíritu hizo una vez, es capaz de repetirlo cuando sea necesario. Todo esto era el cumpli- miento de lo que ya Jesús había dicho según Marcos 16:17–20, el cual expresó: «Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán». Además, ver Lucas 10:19. 65Teología Pentecostal: Una perspectiva académica No obstante a todo esto, es importante destacar que el don de len- guas no es una evidencia clara de santidad o ser salvo, ni es el don más importante que Dios da a través del Espíritu Santo. De hecho, en la ex- periencia acumulada en el ejercicio del ministerio a diferentes niveles, se ha sido testigo de personas que, estando en pecado conocido por muchos, hablan en nombre de Dios, en lenguas y danzan en el Espíritu Santo. La Biblia enseña que Satanás puede imitar los dones del Espí- ritu Santo: «No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día; Señor, Señor, ¿No profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echa- mos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos mila- gros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad» (Mateo 7:21–23). Dado todo lo expresado, a continuación, algunas conclusiones sobre las causas de esta dicotomía entre muchos creyentes pentecostales: Primero: En aquel entonces como ahora, hubo un deseo exce- sivo de obtener y demostrar públicamente el don de lenguas (1 Corintios 14:23). Esto condujo al consejo de Pablo a los creyen- tes de, «procurar los mejores dones, siendo el mayor de todos el amor cristiano» (1 Corintios 12:31; 13:13). Corinto es culpable de cultivar excesivamente el don de lenguas y de haber sido ne- gligente en cuanto al amor, el don de profecía, y de predicar el Evangelio. El apóstol está tratando de corregir el abuso del don de lenguas, pero tampoco condena el genuino don de lenguas porque un espurio o falso don de lenguas se haga manifiesto. Segundo: Desde el principio, la situación creada en torno a la manifestación y manejo de los dones del Espíritu Santo, per- mitió al igual que hoy, la aparición del fanatismo, la soberbia espiritual e intolerancia entre los creyentes, torpeza intelec- tual, agresividad y manipulación emocional por muchos líde- res pentecostales, así como una expectación ardiente de expe- rimentar lo sobrenatural, lo cual está muy de moda hoy en día entre las iglesias neopentecostales. Sin lugar a dudas, el fana- tismo, la fe ciega, el sentimentalismo y el emocionalismo, una 66 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal vez hallan cabida en la mente y el corazón, trastornan el buen juicio de cualquier ser humano. Tercero: Somos testigos en ocasiones, de mucho ruido pero nada de verdadera unción y poder de Dios. Para muchos, subir el volumen del equipo de sonido, cantar rápido y acelerado hasta entrar en éxtasis: «euforia de alegría, brincar, saltar girar, dan- zar, remolinear», esto es la unción y el verdadero poder de Dios. Pero termina el momento o la actividad y todo sigue igual, no hay cambio alguno en la vida cristiana de la persona. Por tanto, la plena y genuina manifestación de la presencia de Dios y del Espíritu Santo trae como resultado verificable: Humillación ante Dios, confesión de pecados ocultos o no confesados, santidad, obedien- cia a Dios y la Biblia, verdadera confraternidad entre el pueblo de Dios, servicio voluntario por amor a Dios, verdadera adoración y alabanza. 3.1.2. Consecuencias de la dicotomía Hay que admitir que todo lo antes mencionado ha traído como con- secuencia muchas interpretaciones equivocadas sobre lo que es o signi- fica la unción, así como la aparición y mal manejo de ciertas «manifes- taciones pentecostales», que, como dice Hank Hanegraaff (1993), en el libro Cristianismo en Crisis, provocan lo siguiente: «Los creyentes de hoy corren frenéticamente de iglesia en igle- sia, buscando soluciones rápidas y sintiéndose más confusos con cada pasajera fantasía. Desde las invasiones de milagros en campañas supuestamente evangélicas, hasta la sabiduría reci- bida por revelación, la exageración y el sensacionalismo pare- cen ser el nombre del juego. Las novedades doctrinales proli- feran a velocidades tan inimaginables, que las gentes terminan desorientándose. Una y otra vez yo he escuchado el enfurecido grito: ¡Ya no sé ni en qué creer!». 4 Otra de las consecuencias producto de esta dicotomía entre los creyentes pentecostales sobre la unción–conocimiento, es la «soberbia espiritual» e «intelectual» que muchos exhiben de manera abierta y contraria a los postulados del Texto Sagrado. Existe en el seno de algu- nas iglesias pentecostales, degradantes tipificaciones, grupos élites que 67Teología Pentecostal: Una perspectiva académica aunque se autodenominan «espirituales» brindan un servicio mediocre a los demás, los cuales, a decir verdad, no entienden e interpretan de múltiples maneras estas realidades. Finalmente, se encuentran a unos tratando de aplicar literalmente el contenido de las Sagradas Escrituras, y otros poniendo en duda la va- lidez del contenido de la Biblia, ambos, con el propósito de acomodar y encontrar en el Texto Sagrado fundamentos para alimentar la «teología pentecostal» sobre este particular. El tema que se aborda a continua- ción, permitirá entender una realidad de la cual nadie se puede escapar, ya que sin este entendimiento no se podrá encontrar ese equilibrio que todos los creyentes necesitan entre la unción y el conocimiento, si en verdad se quiere entender el plan y obrar de Dios para con el pueblo escogido, la iglesia. 3.2. UNCIÓN Y CONOCIMIENTO: DOS CARAS DE UNA MISMA MONEDA En términos generales, la expresión «dos caras y la misma moneda» simboliza los pros y los contras de un asunto, cuestión de la vida o de las cosas. Tiene mucho significado y puede ser motivo de debate, ya que la moneda, por lo regular, tiene cara y cruz, con la misma igualdad de categoría por ambos lados, anverso y reverso, siendo el valor invariable. No siempre una moneda de la misma cuantía,representa idéntico costo o valor. Según la persona que lo posea, puede darle mayor o menor im- portancia. Si la moneda es propiedad de una persona solvente, dos pesos o dólares, por ejemplo, son poca cosa, pero si por el contrario es un me- nesteroso el dueño de la misma, ésta le puede sacar de una necesidad y el importe es tenido en cuenta. 68 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal En ese sentido, una conclusión a la que muchos han llegado es que la unción y el conocimiento son «dos caras de la misma moneda». La unción es presencia de Dios. La unción simboliza ser investido de po- der suficiente por medio del Espíritu Santo. La unción trae convicción y contrición por el pecado. Por el conocimiento se puede entender (saber) que se ha pecado. El conocimiento indica lo que se tiene que hacer, o de lo que se tiene que apartar, la unción ayuda a hacer eso realidad. La pre- sencia de Dios no necesariamente da conocimiento, lleva a la sabiduría. No se trata de escoger uno de los dos, tampoco de enfatizar en uno más que otro. Son «dos caras de la misma moneda». No puede haber pleno crecimiento espiritual si no están los dos elementos reunidos. Josué Barrientos (2004), hablando sobre este particular indi- ca lo siguiente: «Esta pugna entre la unción y el conocimiento es innecesaria, ambos extremos están equivocados. Muchos se han convertido en cristianos fríos y esqueléticos porque pasan horas largas estudiando la Biblia de manera intelectual, para conocerla, para llenar su ego, o convertirse en un buen maes- tro, ignorando al Dios de la Biblia, el cual quiere acercarse a nosotros y no puede hacerlo a menos que busquemos su unción y presencia en oración, adoración y meditación diaria». 5 En ese sentido, está el ejemplo de la alimentación y el ayuno, los cua- les son como las «dos caras de una misma moneda», que es la nutrición integral. Se acepta que es saludable no trabajar durante un día y medio a la semana, y durante cuatro o cinco semanas en el año para descansar y recrearse (re–crear, crear de nuevo). También, se acepta que es saludable dormir una tercera parte de la vida, para que los músculos, glándulas y el sistema nervioso se recupe- ren de las actividades diarias. Pero ¿Qué hay de la digestión? Algunas personas no dan tregua a los órganos digestivos: estómago, intestinos, hígado, páncreas y glándulas asociadas a ellos. Como un esclavo de un amo tiránico, el aparato digestivo de mu- chas personas no tiene un solo día de descanso, a veces ni tan siquiera unas pocas horas. No es de extrañarse el gran número de enfermeda- des digestivas que, de uno u otro modo, resultan del agotamiento, del trabajo incesante que impide eliminar las toxinas acumuladas día a día, desajustando el delicado balance entre desgaste y recuperación. 69Teología Pentecostal: Una perspectiva académica Eso mismo pasa en la vida espiritual del cristiano. Se necesita alimen- tarse por medio del conocimiento y revitalizarse por medio de la un- ción fresca del Espíritu Santo. Por otro lado, se tiene la teoría y la práctica. Mientras la teoría está constituida por un sistema de valores, ideas y creencias, la práctica no es solo una actividad observable, sino que se trata de una «praxis» porque tiene una finalidad, aplica ciertos principios, pese al nivel de abstrac- ción, influencian la práctica que entonces no puede ser distinta a una acción reflexionada. Son «dos caras de una misma moneda», no son dos fenómenos diferentes, sino que son dos aspectos de una misma realidad; que es absolutamente impensable una práctica desprendida de una teo- ría que la explica, que la comprende y justifica. Finalmente, está la fe y las obras. Martín Lutero es conocido como el campeón de la reforma protestante, porque hizo emerger el papel de la fe que salva, desde el fondo del pozo donde estaba sepultada por el desme- dido énfasis en las obras como medio de salvación. Pero con el tiempo el énfasis fue puesto solo en la fe, y entonces se desconoció el papel de las obras como parte de la vida del que ha sido justificado por la fe. Hay muchos en el pentecostalismo que sostienen, que todo lo que se necesita para la salvación es tener fe; las obras no significan nada, la fe es lo único esencial. Pero la Palabra de Dios dice que la fe sola, sin obras, es muerta (Santiago 2:20). El gran problema es la tendencia natural en querer apropiarse de la justicia por la fe en Cristo, haciendo a un lado las buenas obras de la vida práctica en Cristo. 70 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal Así pues, fe y obras, los dos elementos (caras) de la experiencia cristiana aludidos, por ser parte de un todo al sumarse, en lugar de ser partes aisladas, son complementarias e interdependien- tes entre sí. Santiago 2:17–18, establece esta complementarie- dad e interdependencia diciendo: «Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras». A continuación, se hace una paráfrasis de este pasaje, haciendo una contextualización a propósito del tema en cuestión: «Pero alguno dirá: Tú tienes unción, y yo tengo conocimiento. Muéstrame tu unción sin conocimientos, y yo te mostraré mi unción por medio de mis conocimientos». El que no obra, su fe está muerta. El tal puede decir que tiene fe, pero no hay obras que la respalden. Si se aplica el principio a la vida espiri- tual, se halla con la sorpresa de que la fe del que no cultiva el hábito de orar y de estudiar la Biblia diariamente es una fe muerta. No hay vida en ella. Una fe así, sencillamente no puede producir salvación. Si la fe se aviva mediante la oración y el estudio de la Palabra, no hacerlo equivale a matarla. La llama es débil, apagada. De esa misma manera actúan la unción y el conocimiento en la vida del cristiano, sea este pentecostal o no, logrando el éxito en todas las áreas de la vida. 3.3. IMPORTANCIA DEL EQUILIBRIO EN LA VIDA CRISTIANA La palabra «equilibrio» no aparece en las Sagradas Escrituras; más bien es un término que proviene del latín «aequilibrium», el cual en su sentido estricto hace referencia a la situación en la que se encuentra un cuerpo cuando, pese a tener poca base de sustentación, logra mante- nerse sin caerse. A pesar de que la palabra «equilibrio» no aparece en la Biblia, el principio y su importancia están ampliamente señalados y motivados. En un sentido simbólico (el cual se usará en esta sección), el «equilibrio» se refiere a la armonía entre cosas diversas, la mesura, la ecuanimidad, la sensatez en los juicios y los actos de avenencia. 6 Para lograr el éxito integral de los creyentes, se necesita armonía y equilibrio en todas las áreas de la vida. Si se observa la naturaleza y 71Teología Pentecostal: Una perspectiva académica la perfecta armonía, todas las cosas subsisten, gracias a Dios, en base a leyes físicas y biológicas, las cuales sostienen al mundo material. La salud física depende del «equilibrio biológico» de las diferentes sus- tancias que nutren y soportan la vida. El mundo en que se habita, con la flora, fauna y recursos naturales, depende de un ecosistema maravi- lloso que si se rompiese produciría serias catástrofes y amenazas para todos los seres vivientes. Todos los desequilibrios y extremos producen problemas. En la his- toria de la iglesia se ha visto cómo los «radicalismos» han llevado al cristianismo a muchas divisiones, las cuales han situado a la fe en gran- des conflictos. Si se analiza fríamente las páginas del pasado, se saca- rán lecciones que revelan el peligro existente cuando no se sabe buscar el «equilibrio» en cada doctrina, costumbre o norma. El ser humano, como un ente espiritual y físico, depende para la salud mental del «equi- librio» que haya en el entorno. Si se observa detenidamente lo que ocurriría si este equilibrio se rompiese, se vería aparecer en el cuerpo humano enfermedades físicas,y en la mente las enfermedades emocionales, que llevan al desequilibrio mental; y en la naturaleza, la destrucción de especies, la desertización, entre otras. Por tanto, es necesario que el equilibrio entre la unción y el conocimiento en el ámbito pentecostal (y en el protestantismo en sentido general), ejerza una influencia plena y eficaz entre lo humano y divino. 72 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal El equilibrio para el ser humano en general y el creyente en particular se origina en el corazón. Es del corazón (el espíri- tu) de donde emana la vida de Dios, y esa vida que se da en Jesús es la que produce el equilibrio verdadero en el indivi- duo. El Texto Sagrado indica que: «Sobre toda cosa guarda- da, guarda tu corazón; porque de él mana la vida» (Prover- bios 4:23). Sin embargo, se debe reconocer que hay muchas personas desequilibradas y excéntricas (fuera del centro) en muchas iglesias pentecostales. Por tanto, es muy importante que se esté atentos al estado del co- razón; no solo al físico con los problemas de colesterol, infartos, entre otros, si no más aún a la esencia espiritual para saber qué emana del interior. Las Sagradas Escrituras indican que: «Y en esto conocemos que somos de la verdad, y aseguraremos nuestros corazones delante de él; pues si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas». El asunto de la unción y el conocimiento, representan dos realidades externas con las cuales los pentecostales deben trabajar en el interior. Encontrar un equilibrio en cuanto a la unción y el conocimiento quizás parezca un sueño imposible. Por todo lo antes expresado, se debe enten- der que dada la naturaleza y realidad de la iglesia pentecostal, la tarea no será nada fácil. Esto se debe a muchas razones; entre ellas la falta de una identidad teológica clara y asumida por todos. Todos saben que existe un «sincretismo teológico» entre los creyentes, que crea muchas distorsio- nes hacia el entendimiento de muchas de las creencias y prácticas que se observan en la iglesia pentecostal. 73Teología Pentecostal: Una perspectiva académica Ramiro Jaimes (2012), dice: «Hay que reconocer que el ambiente pentecostal, a pesar de las distorsiones y diversas formas, posee un atractivo diferenciador que a muchos persuade y anima. Su carácter espontáneo y puntualizaciones en cuanto a las vivencias de muchos, crea un escenario cargado de un alto grado de expectación que mue- ve y paraliza a su vez al individuo. Sin embargo, somos testigos de las exageraciones, usurpaciones, manipulaciones y arrogancia que exhiben y ref lejan muchos de los que se mueven y promueven este ambiente espiritual». 7 En la otra esquina están los que no aceptan bajo ninguna circuns- tancia que Dios se pueda mover o manifestar genuinamente de esa ma- nera, y plantean la necesidad de evitar esas formas de culto y adora- ción. Estos, mantienen las tradicionales formas litúrgicas y obligan a los miembros a seguir las pautas, protocolos y actividades según el modelo que tradicionalmente han forjado o aprendido, llegando al extremo de impedir la manifestación libre del Espíritu Santo, en todas las formas de obrar entre los creyentes. Todo esto hace casi imposible lograr un equili- brio que permita aprovechar en su justa dimensión todo lo relacionado a la unción y el conocimiento, los cuales como se expresó, son «dos caras de una misma moneda». Uno de los primeros pasos que se debe dar hacia el equilibrio, es aceptar la necesidad y responsabilidad que se tiene como creyente de hacer un «balance» entre la unción y el conocimiento. Alguien dijo: «El primer paso para la solución de un problema, es reconocer que el pro- blema existe», y esto contiene mucha verdad. Hasta que no se entienda que es importante el equilibrio entre la unción y el conocimiento, y se piense que en la posición en la que se está es la verdadera y suficiente; considerando que lo demás es secundario o irrelevante, se seguirá tra- tando de «tapar el sol con un dedo». Todos los extremos son malos. La clave está en poder situarse en un punto medio que ayude a ver las cosas desde un ángulo en el que se pueda mover (en algún momento) en ambas direcciones. Hoy, más que nunca, el creyente y la iglesia en sentido general, deben hacer un balance que les permita alcanzar a los demás a favor del reino de Dios. Esto solo será posible cuando se pueda crear plena conciencia sobre la necesidad de equilibrar en las vidas y corazones de cada creyente, la unción y el conocimiento, todo el tiempo. 74 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal Referencias bibliográficas [1] Gaxiola, Manuel J. (2013). El Pentecostalismo o Movimiento Pentecostal Moderno. En Iglesias y grupos religiosos en México. México. [2] García Canclini, Nestor (2009). Culturas híbridas. Estrategias para entrar y salir de a la modernidad. Debolsillo. México. [3] Guamán, Julián (2011). Evangélicos en el Ecuador. Tipologías y formas institucionales del protestantismo. Ediciones Abya Yala. Quito, Ecuador. [4] Hanegraaff, Hank (1993). Cristianismo en crisis. Editorial Unilit, Miami, Florida, USA. [5] Barrientos, Josué (2004). El pentecostalismo y el neopentecostalismo. Identidades confusas, CDE, Honduras. [6] García de Diego, Vicente (1985). Diccionario etimológico español e hispánico, Madrid, S.A.E.T.A., 12ª edición, Madrid, Espasa–Calpe. [7] Jaimes, Ramiro (2012). El neopentecostalismo como objeto de investigación y categoría analítica. Revista Mexicana de Sociología, México. CAPÍTULO III GUÍA DIDÁCTICA UNCIÓN O CONOCIMIENTO: LA GRAN DICOTOMÍA ENTRE LOS PENTECOSTALES 1. ¿Qué es una dicotomía? 2. Al leer el libro de los Hechos, lo primero que llama la atención es el actuar del Espíritu Santo. Hay, sin embargo, otro detalle muy importante en el libro, ¿Cuál es? 3. Según Lewis J. Sherrill, se han identificado cinco materias que se impartían en la iglesia primitiva durante el período apostólico, ¿Cuáles eran esas materias? 4. Transcriba el pasaje bíblico de 1 Timoteo 4:13–16. 5. El apóstol Pablo anhelaba que los Corintios no se engañaran acerca de... 6. Transcriba una de las tres conclusiones acerca de las causas de esta dicotomía, la cual tiene a muchos creyentes pentecostales sobre la unción y el conocimiento. 7. ¿Qué dice Hank Hanegraaff, en el libro Cristianismo en Crisis, sobre las consecuencias de la dicotomía: Unción o conocimiento? 8. En términos generales, la expresión «dos caras y la misma moneda» simboliza... 9. ¿Qué dice Josué Barrientos, sobre la pugna entre la unción y el conocimiento? 10. Hay muchos en el pentecostalismo que sostienen que todo lo que se necesita para la salvación es... 11. Para lograr el éxito integral de los creyentes, ¿Qué se necesita? 12. Uno de los primeros pasos que se debe dar hacia el equilibrio en la vida cristiana, es... CAPÍTULO IV DOCTRINAS BÁSICAS DE LOS PENTECOSTALES Todas las enseñanzas de Jesús se comunicaron oralmente. Él no dejó ni siquiera una palabra escrita de instrucción para la iglesia primi-tiva. Cuando la iglesia primitiva dio inicio en el día de Pentecostés, la enseñanza cristiana que tenía era la palabra hablada. De hecho, el Nuevo Testamento que se conoce hoy no se completó hasta casi termi- nar el primer siglo. Por esta razón, la iglesia del primer siglo tenía que depender, mayormente, de las enseñanzas habladas de los apóstoles. En ese sentido, el apóstol Pablo exhortó a los tesalonicenses: «Así que, her- manos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra» (2 Tesalonicenses 2:15). Pablo deseaba que los cristianos siguieran las enseñanzas habladas, tanto como las escritas. Según el testimonio de la iglesia primitiva, todos los apóstoles dedicaban sus vidas a la predicación del Evangelio, enseñando constantemente. Pablo escribió a los corintios: «Os alabo, hermanos, porque en todo os acordáis de mí, y retenéis las instruccionestal como os las entregué» (1 Corintios 11:2). En ese sentido, el Nuevo Testa- mento contiene todas las doctrinas y mandamientos morales necesarios para la vida cristiana. Por tanto, la «doctrina pentecostal» es el conjunto de principios o enseñanzas sobre fe y práctica, en los cuales se fundamenta la iglesia, basados en la Palabra de Dios, revelada a nosotros por el Espíritu Santo. 2 Timoteo 3:16–17, refiriéndose al contenido del Antiguo Testamento, dice: «Toda (la) Escritura (es) inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el 78 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra». De ahí se desprende la necesidad y propósito general. M. Fédou (2000), dice: «Se hace muy difícil el poder identi- ficar claramente, cuáles son las doctrinas que todo creyente necesita observar el día de hoy, sean estos pentecostales o no, ya que muchas enseñanzas del Nuevo Testamento, quedaron mezcladas dentro de las creencias de la religión oficial de Is- rael, el judaísmo, quedando así una ardua tarea hermenéutica para los pastores y maestros de hoy, la cual permita extrapolar las doctrinas básicas que deben observar los creyentes en Cris- to de este tiempo». 1 En ese sentido, la tarea del maestro, pastor o teólogo es, pues, des- cubrir «piadosamente» las enseñanzas bíblicas y exponerlas en una for- ma lógica y organizada. No tiene la libertad de añadir, restar, cambiar o criticarlas. Siempre debe someterse a la autoridad de las Escrituras, buscando en oración la iluminación del Espíritu Santo (1 Juan 2:20; 1 Corintios 2:9–16). Por tal razón, en el presente capítulo se hace un esbozo de aquellas doctrinas que, a juicio fundamentado en los estudios e investigaciones del autor, tienen una sustentación bíblica sólida, sabiendo que, como se explica en el siguiente tema, existe una serie de componentes de la «doc- trina pentecostal» que, en efecto, forman parte del «constructo teológi- co» del pentecostalismo. Sin embargo, como se destacará más adelante, algunos de estos no tienen fundamento sólido en las Sagradas Escritu- ras, pero, en un libro como este, no se deben pasar por alto; esto es si se desea entender plenamente lo que los pentecostales enseñan. En todo caso, es necesario destacar que los pentecostales, desde los orígenes, asumieron muchas de las doctrinas básicas de los metodistas e iglesias históricas de la época, destacándose solo algunas vinculadas al tema del Espíritu Santo y Jesucristo como salvador, bautizador con el Espíritu Santo, sanador y Rey que vendrá otra vez. De manera que, des- pués de destacar los componentes generales de la «doctrina pentecos- tal», se hace un esbozo de las principales doctrinas que los pentecostales creen y enseñan a los creyentes. ¡A ver! 79Teología Pentecostal: Una perspectiva académica 4.1. COMPONENTES GENERALES DE LA DOCTRINA PENTECOSTAL Para identificar los componentes de las doctrinas cristianas, y dentro de estas las pentecostales, se debe entender que durante la época apostólica la fe era del corazón, una rendición personal de la voluntad a Cristo como Señor y Rey, una vida de acuerdo con su ejem- plo, y como resultado del hecho de que el Espíritu Santo moraba inte- riormente. Pero luego de esta época, la fe gradualmente había llegado a ser mental, una fe del intelecto; una fe que creía en un sistema de doctrina riguroso. Se daba énfasis a la creencia correcta, más bien que a la vida espiritual interna. En ese sentido, las normas del carácter cristiano eran aún elevadas y la iglesia tenía muchos creyentes enriquecidos por el Espíritu Santo; pero la doctrina estaba convirtiéndose más y más en la prueba del cris- tianismo. «El Credo de los Apóstoles», la más antigua y sencilla declara- ción de la creencia cristiana, fue compuesto durante este período. Luego surgieron tres grandes escuelas de teología: en Ale- jandría, en Asia Menor y en el Norte de África. Estas escue- las fueron establecidas para la instrucción de aquellos que, de hogares paganos, habían aceptado la fe cristiana; pero pronto se convirtieron en centros de investigación de las doctrinas de la iglesia. Grandes maestros estaban asociados con estas escuelas. La escuela en Alejandría fue fundada en el año 180 d. C., por Panteno, que había sido un filósofo es- toico, pero como cristiano era eminente por el fervor de su espíritu y la elocuencia en la enseñanza oral. Fue sucedido por Clemente de Alejandría. 2 Pero el más grande de esta escuela y el expositor más capaz de todo el período lo fue Orígenes, quien enseñó y escribió sobre muchos temas, mostrando gran saber y poder intelectual. El más grande representante de la escuela de Asia Menor, fue Ireneo, que combinó el celo evangelista con la habilidad del escritor consumado. Murió como mártir en el año 200 d. C. La escuela del Norte de África estaba en Cartago, y por medio de una serie de escritores y teólogos capaces, hizo más que cualquiera de las otras escuelas para darle forma al pensamiento teológico de Europa. 80 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal Los dos nombres más destacados de esta escuela fueron los del brillante y fervoroso Tertuliano y el del más conservador, pero hábil obispo Cipriano, que murió como mártir en la persecución de Decio, 258 d. C. Por otro lado, mientras la iglesia luchaba por su propia existencia en contra de la persecución, permaneció unida, aunque se escuchaban rumores de disensión doctrinal. Pero cuando la iglesia no solamente se vio libre de peligros, sino que también dominaba, se levantaron acalorados debates acerca de las doctrinas que sacudían los mismos cimientos. Según Antonio Cortés (2006) durante este período (el período que va desde el 313 d. C. al 476 d. C.) fueron llevadas a cabo tres grandes controversias, además de muchas otras de menor importancia, y para decidir estas cuestiones se convocaban concilios de toda la iglesia. En estos concilios, solamente los obispos eran miembros votantes. Todos los demás clérigos y laicos se debían someter a esas decisiones. 3 El tiempo pasó, y desde luego, después de la reforma protestante se agregaron a muchos de los grupos cristianos una serie de componentes que permitieron la construcción de interesantes «sistemas y constructos teológicos» dignos de estudiar. Ahora bien, cuando se hace un análisis de los componentes generales de la «doctrina pentecostal», vista a partir del «florecer» del movimiento pentecostal clásico, se deben tomar en cuenta algunos componentes que, con la Sagrada Escritura como base, permiten identificar el «constructo doctrinario» de los pentecostales de hoy en día, los cuales se ilustran en el gráfico anterior y se explican, a continuación. 81Teología Pentecostal: Una perspectiva académica 4.1.1. Las Sagradas Escrituras Sin lugar a dudas, la fuente principal de la doctrina pentecostal es la Biblia. Se considera así, uno de los componentes principales del «apa- rato teológico» pentecostal. Por tanto, la fundamentación principal es bíblica, en el sentido de que todas las Escrituras canónicas son la fuente principal y determinante de las enseñanzas. No hay otro libro que iguale a la Biblia en importancia para los pentecostales, por tanto, se motiva el conocimiento básico de las Sagradas Escrituras, a través de diversos programas educativos, uno de ellos es la Escuela Bíblica o Dominical. Es obvio que si se quiere definir qué es la Biblia, se empezaría dicien- do que es el registro de la Palabra viva de Dios, el cual relata los hechos salvíficos de Dios a través de todos los tiempos; de su alianza con Israel, de su misericordia, de su amor desprendido por los seres humanos al enviar a Jesucristo y de la salvación puesta al alcance de todos por medio de la gracia divina. Biblia es una palabra de origen griego (el plural de biblion, «pa- piro para escribir» y también «libro»), y significaliteralmente «los libros». Del griego, ese término pasó al latín, y a través de él a las lenguas occidentales, no ya como nombre plural, sino como singular femenino: la Biblia, es decir, el Libro por excelencia. Con este término los pentecostales designan a la colección de escritos reconocidos como Sagrados por el pueblo Judío y por la iglesia cristiana en sentido general. 4 82 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal En la Biblia se encuentran mensajes de los profetas, palabras de Je- sús y testimonios de los apóstoles. Los profetas, Jesús y los apóstoles ac- tuaron y hablaron en distintas épocas y en circunstancias muy diversas. Pero todos anunciaron la Palabra de Dios. La Biblia no es solo un libro de reglas e historia Antigua. Ella contiene miles de promesas maravillosas que aplican a todos aquellos que creen en cualquier tiempo. El reto que enfrenta actualmente la humanidad es saber, compren- der y experimentar las cosas maravillosas que Dios ha prometido ha- cer por aquellos que creen. Las promesas de Dios en la Biblia son más que suficientes para satisfacer las necesidades en cualquier área. La única condición es confiar y obedecer a Dios, y esperar que él haga lo que Él dice que hará. Para muchos pentecostales, la Biblia es la pala- bra de Dios desde la cual se reflexiona todo lo referente a la salvación, encontrando en ella un plan de salvación, el cual es puesto en práctica por la gracia misericordiosa de Dios para la vida cotidiana. Para otros cristianos, las Sagradas Escritura es la fuente y el criterio primario de la doctrina cristiana. Mediante las Sagradas Escritura, el Cristo vivo encuentra al ser humano en la experiencia de la gracia redentora. La Biblia no solo es la norma de fe de los pentecostales, sino la historia de la salvación, donde la injusticia, la violencia, la opresión y la maldad, son derrotadas por el gran amor de Dios. Esta es la esperanza de los que sufren; la fuente de la fe y alegría de los oprimidos y los marginados en la tierra. La Palabra de Dios es, ante todo, la fuente primaria de la doctrina pentecostal y el relato de una historia que se extiende desde la creación del mundo hasta el fin de los tiempos. Desde el Génesis hasta el Apo- calipsis, la Biblia proclama los hechos portentosos de Dios. A través de ellos, Dios se revela como Señor, Padre y Salvador; a fin de liberar del pecado y de la muerte eterna a toda la humanidad. 4.1.2. El sincretismo teológico Siendo que la teología cristiana es la representación sistemática de las doctrinas de la fe cristiana, y la ciencia que trata de la existencia, el carácter y las propiedades de Dios, las leyes y gobierno, las doctrinas que se han de creer, el cambio moral que se debe experimentar y los deberes 83Teología Pentecostal: Una perspectiva académica que se tienen que cumplir, teniendo como fuente principal las Sagradas Escrituras, hay que prestarle mucha atención al tema del «sincretismo teológico» como componente general de la doctrina pentecostal. Según Pablo A. Deiros (1994), el sincretismo teológico es el pro- ceso por el cual los elementos de una teología son asimilados en otra tendencia o creencia teológica, que ocasionen un cambio en los principios fundamentales o la naturaleza de las mismas. Es la unión de dos o más creencias opuestas o no, de modo que la forma sintetizada es una cosa nueva. No siempre es una fusión total, pero puede ser una combinación de segmentos separados que siguen siendo compartimentos identificables. 5 En ese sentido, hay que reconocer que la construcción del «aparto teológico» de los pentecostales, a diferencia de otros grupos cristianos, es inequívocamente, un sincretismo teológico; una mezcla de diferen- tes corrientes de pensamientos teológicos que imposibilita establecer un criterio uniforme, claro y preciso de los postulados sustentados. Por esta razón, en la introducción de este libro se destaca que es- cribir sobre la teología pentecostal, desde una perspectiva académica, no solo es difícil, sino complejo y retador. Todo esto, dada la realidad y naturaleza de las iglesias de tendencia pentecostal, cuyos «fundamen- tos teológicos» no son solo bíblicos, sino, la suma de las bases bíblicas, dogmáticas, teológicas y de experiencias de algunos de los integrantes. Una teología bíblica sólida, con una fundamentación auténti- ca, sucede cuando existe un diálogo entre el texto y el contex- to, donde las preguntas suscitadas por el contexto se traen al texto en busca de respuestas, mientras a la vez el texto plantea nuevas preguntas que confrontan al contexto. La «verdadera teología» amonesta en contra de los peligros del «sincretismo» en cuanto a las creencias teológicas, prácticas religiosas y es- tilos de vida éticos, pero no es empujada a la inercia, ya que es progresiva en el tiempo. Por tanto, una teología bíblica sólida culmina en que las buenas nuevas del Evangelio penetran toda situación, con la novedad de la redención del pecado, la culpa y el poder demoníaco, la liberación de la desesperación humana y la injusticia social y la actualización de 84 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal la fe, la esperanza y el amor. Por esto se necesitan programas per- manentes de orientación, en beneficio de la educación teológica de la iglesia pentecostal; para no permitir el sincretismo, la desnaturaliza- ción y el deterioro de la identidad del cristianismo pentecostal puro, lo cual ha sido difícil de alcanzar. 4.1.3. Las experiencias pentecostales El tema de las experiencias, como «vivencias del Espíritu Santo» alcanzadas por muchos de los creyentes pentecostales, crea un escenario muy complejo y lleno de cuestiones muy subjetivas y particulares que, en definitiva, han contribuido, para bien o mal, en la construcción del «apa- rato teológico» pentecostal actual. No hay forma de desvincular algunas creencias, de dichas experiencias que, reales o no para algunos, benefi- ciosas o no para otros, están latentes en la mente y corazón de quienes pertenecen a una iglesia pentecostal, creando así, la norma de conducta cristiana para la mayoría de ellos. En ese sentido, se está puntualizando sobre cuestiones como: el ha- blar en lenguas, sanidad divina, éxtasis, pérdida temporal del control físico, revelación, visión, interpretar lenguas, reprender al diablo, dan- zar sin control, arrebatos momentáneos, bautismo en el Espíritu Santo, voz audible, profecías, sueños, discernimiento de espíritus, ser llevado al cielo o infierno, entre otros que, sin lugar a dudas, en un libro como este, hay que referirlas como cuestiones que influyen, directa o indirec- tamente en la construcción de las doctrinas básicas de los pentecostales. 85Teología Pentecostal: Una perspectiva académica Aun así, no es el interés de esta obra entrar en detalles de cada una de estas experiencias, las cuales son una realidad en el ámbito pentecos- tal. Sin embargo, cada una de ellas aporta una serie de creencias, prác- ticas y convicciones entre los creyentes, las cuales, más adelante, pasan a formar parte de las normas y formas de ver e interpretar el contenido de la Biblia, ya que se les da mucha credibilidad al resultado de estas experiencias, dado que en muchos casos se suele usar el nombre de Dios para darles fuerza con las famosas frases: «Dios me dijo» «Así dice el Señor», lo cual puede o no ser verdad en cuanto al origen del mensaje. Estas experiencias son portadoras de mensajes y ordenanzas que, por lo regular, los creyentes deben acatar, aun cuando éstas no tienen ninguna o escasa fundamentación bíblica. 4.1.4. Los dogmas o reglas internas Otro de los componentes esenciales de la «teología pentecostal» son los dogmas. Los «dogmas» (para los fines de esta obra) son aquellas normas, reglas o prácticas que la iglesia establece o que son propuestas por las autoridades eclesiásticas como política institucional, los cuales se consideran necesarios para mantenerun orden, y que no están con- tenidas o cimentadas, necesariamente, en las Sagradas Escrituras, pero que en la práctica se les da el mismo o mayor peso de observancia que las «doctrinas», las cuales sí tienen fundamento bíblico. En ese sentido, hay que reconocer que a muchos maestros y líderes pentecostales les conviene que las congregaciones no entiendan qué es lo uno y lo otro. De esta manera hacen pa- sar los «dogmas» como algo santo, indiscutible e inobjetable. Ordenan cualquier cosa y ante la mínima señal de protesta, la autoridad indica que hay un «espíritu inmundo de rebeldía». Dicen que la bendición está en la obediencia (y que esta debe ser ciega, sorda y muda), cuando en realidad la obediencia ple- na debe ser hacia las cosas que están de acuerdo con la Biblia. ¿Qué son los dogmas? En el uso corriente, la palabra, «dogma» es empleada evidentemente en un sentido amplio y otro estrecho. La pa- labra «dogma» viene del griego «dokein» derivada del verbo griego «dokeo» que etimológicamente tiene el valor de «parecer, opinión o creencia». Se usó en los escritos de los autores clásicos antiguos para significar una opinión o lo que parece verdadero a una persona. Más 86 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal adelante, (en el siglo primero) «dogma» pasó a significar leyes u orde- nanzas decretadas e impuestas a otros. 6 Actualmente, en el lenguaje actual de la teología, el «dogma» suele ser considerado como una «doctrina», en la que la iglesia propone de manera definitiva una verdad revelada. Sin embargo, para los fines de esta obra, se seguirá usando la palabra «dogma» conforme a la idea o significado dado al inicio. Hay varias opi- niones acerca de los «dogmas» y ello deriva de la diversidad de posturas respecto al objetivo y alcance de los mismos. Ahora bien, ¿Era realmente necesario que hubiera dogmas en la igle- sia? ¿Era inevitable la evolución del cristianismo hacia esta forma de ex- presión y de regulación de la fe? ¿Forma parte de la identidad misma de la fe? Aunque la iglesia pentecostal se sienta a disgusto ante este tipo de preguntas, el creyente está en el derecho a plantearlas. Históricamente, los «dogmas» han sido, y son, origen de dificultades ecuménicas. El «dogma», sea como norma o doctrina en su formulación, no es una adquisición invariable, sino una respuesta a las dificultades del momento. Los «dogmas», considerados como punto y final, son poco operativos en tiempos futuros. Por tanto, no se puede convertir los «dogmas» en una fuente del trabajo teológico como si fueran la Biblia misma. La historia del «dogma» critica al dogma; corrige equivocaciones, elimina elementos temporales, suplementa defectos; incorpora las ganancias del pasado, al mismo tiempo que abre horizontes más amplios para el futuro. 87Teología Pentecostal: Una perspectiva académica Ahora bien, se sabe que la iglesia pentecostal, en cuanto a realidad humano–divina, no existe como algo totalmente desencarnado y sin es- tructuras. Los pentecostales, como cualquier otro grupo religioso o hu- mano, conviven entre sí, gracias a normas y reglas de comportamiento que viabilizan el quehacer interno y externo de la misma. Sin embargo, muchas de estas «normas» son consideradas en muchos aspectos como opresivas, limitantes de la libertad en Cristo y la acción del Espíritu San- to, así como un atentado a la autonomía de la conciencia o a la iniciativa y creatividad de las personas. Para Josué Barrientos (2004), las «reglas» pueden ser el resultado de un frío legalismo, de un habituarse a seguir las «normas» sin darles el valor que merecen, sin reconocer que a veces un conflicto de «normas» exige discernir sobre cuál sea la más importante y cuál habría que dejar por el momento entre paréntesis. El «legalismo» puede llevar, cierta- mente, a la uniformidad, pero olvidando el «espíritu amoroso» que debe existir en todo corazón cristiano, sea este pentecostal o no. 7 Respetar las «reglas o normas» de la iglesia, en cambio, debe ser algo que nazca desde la fe y el amor y no como una imposición doctrina- ria. Más adelante, en el próximo capítulo se estarán presentando algu- nos de los dogmas que, a juicio del autor, deben ser revisados por la igle- sia pentecostal de este tiempo. Por tanto, los «dogmas» deben cambiar y no se debe equiparar los «dogmas» con las «doctrinas bíblicas»; esto ha sido un error histórico que debe ser reparado hoy. Desafortunadamente, los dogmas existentes en muchas de las iglesias pentecostales constitu- yen un componente clave y fundamental para entender el «constructo teológico» pentecostal. 4.2. RESEÑA DE ALGUNAS DOCTRINAS PENTECOSTALES CON FUNDAMENTOS SÓLIDOS EN LAS SAGRADAS ESCRITURAS El criterio general para basar las doctrinas debe ser las Sagradas Escri- turas, la Biblia; siendo esta la principal fuente doctrinal válida de muchas denominaciones, en particular las de corriente evangélica o protestante. Aunque existen enormes diferencias en las creencias de aquellos que se identifican como cristianos, aun así es posible identificar las doctrinas que, en la gran mayoría, observan las iglesias cristianas de este tiempo. 88 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal En ese sentido, muchas iglesias pentecostales tienden a aceptar la mayoría de las doctrinas de otras confesiones protestantes e incluso las católicas romanas, naturalmente, con algunas excepciones, y dándole mayor énfasis e importancia a otras que hablan mucho de su naturaleza. Entre las doctrinas pentecostales que, a juicio del autor poseen una sus- tentación sólida en la Biblia, están las siguientes: 4.2.1. La inspiración de las Sagradas Escrituras La inspiración bíblica, según la teología pentecostal, es un carisma sobrenatural, dado por Dios a ciertos seres humanos del pueblo de Dios del Antiguo y Nuevo Testamento, para consignar por escrito, con validez general y pública, aquellos misterios de Dios y de su intervención en la historia de la salvación humana, que Él ha querido que fuesen de ese modo entregados a la iglesia de este tiempo, sea esta pentecostal o no, a favor de la entera santificación. La palabra «inspiración» significa «soplo hacia afuera». Ya que Dios inspiró la Biblia, esta es un producto divino. Los hombres fueron los vehículos de que Dios se valió para dar al mensaje forma escrita. Cómo se realizó esto, es un misterio; que se rea- lizó, es un hecho. En ese sentido, existen muchas teorías, sin embargo, la inspiración y la revelación van de la mano. 8 89Teología Pentecostal: Una perspectiva académica El término «inspiración» se encuentra en la misma Escritura: «Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar...» (2 Timoteo 3:16). Equivalentemente se expresa en 2 Pedro 1:21, que dice: «Nunca profecía alguna ha venido por voluntad humana, sino que hombres movidos por el Espíritu Santo han hablado de parte de Dios». En ese sentido, la «ins- piración» está en el origen mismo del lenguaje, es decir, de la actividad del hagiógrafo o escritor sagrado. Este proceso consiste en una «ilustración sobrenatural» del enten- dimiento, que le ayudó al autor humano a pensar y concebir intelectual- mente con rectitud. Una disposición de la voluntad, que le lleva a querer escribir con fidelidad lo que ha puesto en su entendimiento y una asis- tencia divina, a favor del hagiógrafo, para que escriba, de hecho, todas las cosas que Dios quiso. Por tanto, se puede decir que cada facultad humana recibe la fuerza del Espíritu Santo según su propia naturaleza. Julián Guamán (2011), hablando de la inspiración dice: «Al influ- jo sobrenatural de Dios sobre la inteligencia y voluntad de cada uno de los escritores sagrados se llama inspiración..., Dios no solo hizo y habló, sino que quiso que sus palabras llegaran frescas y vivas a sus hijos de to- dos los tiempos y para ello inspiró a unos hombres para que escribieran el mensaje de salvación. Por tanto, la Biblia tiene como autor principala Dios, pero se sirvió de unos autores a quienes inspiró, iluminándoles el entendimiento para que comprendieran lo que Dios quería decirles, moviéndoles la voluntad para que escribieran lo concerniente al conoci- miento de Dios y la salvación eterna». 9 En ese sentido, los evangélicos pentecostales creen que la Biblia es la única regla suficiente, segura e infalible de todo conoci- miento, fe y obediencia salvadora. Que esta Palabra de Dios no fue enviada ni producida por la voluntad humana, sino que los santos de Dios, siendo guiados por el Espíritu Santo, la ha- blaron, conforme dice el apóstol Pedro. Después, Dios, por un cuidado especial que Él lleva de nosotros y de nuestra salva- ción, mandó a sus siervos los profetas y apóstoles consignar por escrito la Palabra revelada. Por esta razón, tales escritos y palabras son denominadas: santas y divinas Escrituras (1 Pe- dro 1:10–12; 2 Timoteo 3:16; Romanos 15:4). 90 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal 4.2.2. Dios Desde la antigüedad, todas las naciones y religiones han creído en la existencia de Dios; esta idea no se ha perdido, al contrario, al paso del tiempo se va renovando más y más. Ahora bien, por sí solo, el ser humano no puede conocer a Dios. Si bien es posible conocer algunas propiedades de Dios en la naturaleza y en la historia, el verdadero co- nocimiento de Dios proviene de Él y la revelación especial que es la Biblia y Jesucristo. Newton Clarke dijo: «Del concepto que se tenga de Dios de- pende la calidad de religión de un alma o de una raza, y de acuerdo con la idea que exista de Dios, de su carácter y relación con los demás seres, se determina el espíritu y la sustancia de la doctrina cristiana». 10 Sin lugar a dudas, Dios es un espíritu infinito, eterno, inmutable en su ser, poder, santidad, justicia, bondad y verdad. A Dios entonces no se le puede definir a plenitud, sino que se le conoce a través de las propieda- des que posee en sí mismo. El ser humano puede hablar y comunicarse directamente con Dios, sin intermediarios, mediante la oración, puede recibir revelaciones personales, sabiduría e inteligencia adicional para entender los misterios y la naturaleza de Dios. Los cristianos, en sentido general, consideran a Dios como un ser que interviene y participa en la historia humana, que habla y se reve- la. Las Sagradas Escrituras no tratan de demostrar la existencia de Dios mediante pruebas metódicas o convencionales. Se la asume como prueba evidente, como creencia natural para el ser humano. No enun- cian una serie de pruebas de la existencia como condición preliminar para la fe. Declaran el hecho y piden al ser humano que se embarque en una aventura de fe. En ese sentido, los evangélicos pentecostales creen con todo el corazón y confiesan con la boca, que hay un ser espiritual, creador, que se ha revelado a los seres humanos en Jesucristo, al que se le llama Dios: el cual es eterno, incomprensible, invi- sible, inmutable, infinito, todopoderoso, perfectamente sabio, justo, bueno y fuente de todos los bienes. 91Teología Pentecostal: Una perspectiva académica Ahora bien, cuando los escritores inspirados del Antiguo Testamen- to hablan del «brazo de Jehová», se ha de entender, desde luego, que emplean una figura material para ayudar a la pobre y limitada compren- sión del ser humano, y que el «brazo» equivale a la poderosa operación de Dios en la humanidad. Por tanto, Dios es Eterno, sin principio ni fin, Alfa y Omega, cuya explicación se halla solo en su misma persona, sin referencia a ninguna causa anterior (1 Timoteo 6:16; Isaías; 40:28; Sal- mos 45:6; Génesis 17:1; Hebreos 1:12; Santiago 1:17). 4.2.3. La creación La cuestión del origen de la humanidad es un tema recurrente que ha intentado ser explicado en todas las culturas y pueblos de diversas formas, con connotaciones científicas, políticas, religiosas e ideológicas, entre otras. Esa búsqueda de los orígenes no es exclusiva de una discipli- na, sino que ha estado a cargo de equipos interdisciplinares, abordándo- se desde la biología, la geología, la etología, la antropología, la prehisto- ria, la paleontología y desde luego la teología. En ese sentido, la «teología pentecostal» fundamentada en la fe en las Sagradas Escrituras, cree que el ser humano fue creado por Dios, el cual es llamado por diferentes nombres. Al con- junto de creencias, inspiradas en la Biblia, según la cual la tie- rra y cada ser vivo que existe actualmente provienen de un acto de creación, y que este acto de creación fue llevado a cabo de acuerdo con un propósito divino, se denomina creacionismo. Esta teoría sostiene que el origen o evolución del universo, la vida y la persona humana, son el resultado de acciones racio- nales emprendidas de forma deliberada por uno o más agentes inteligentes, denominada la divinidad, es decir Dios. 92 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal La Biblia, libro sagrado de todos los cristianos, enseña que Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza y que lo puso a cargo de la crea- ción entera: «Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra» (Génesis 1:27–28). Por tanto, los evangélicos pentecostales creen, firmemente, que en el principio agradó a Dios para la manifestación de la gloria de su poder, sabiduría y bondad eternos, crear o hacer el mundo y todas las cosas que en él hay, ya sean visibles o invisibles, y todas muy buenas. Después que Dios hubo creado todas las demás criaturas, creó al ser humano, varón y hembra, con almas racionales, haciéndolos aptos para aquella vida para la cual fueron creados; siendo hechos a imagen de Dios, en conocimiento, justicia y santidad de la verdad, teniendo la ley de Dios escrita en los corazones, y el poder para cumplirla y, sin embargo, con la posibilidad de transgredirla, por haber sido dejados a la libertad de su propia voluntad, la cual es mutable (Nehemías 9:6; Salmos 95:4–5; 148: 1–6; Proverbios 8:22–23). 4.2.4. La caída del ser humano: El pecado y su castigo Según la teología pentecostal, fue el ser humano quien pecó, y fue- ron los ángeles los que pecaron, y en ambos casos lo hicieron voluntaria- mente. Lo cierto es que mientras todos los seres creados reconocieron la lealtad del amor, hubo perfecta armonía en el universo de Dios. En ese sentido, la palabra «pecado» proviene de una palabra he- brea, que significa, errar, iniquidad, maldad, culpa, rebelión, transgre- sión, maldad, lo malo; y del griego, que significa, injusticia, iniquidad, maldad, falta; transgresión, infracción, rebelión, contravención; ofensa, delito, falta, yerro; malicia. Por tanto, los autores bíblicos describieron al pecado con diversos términos. J. Dupuis (2000), sobre este particular dice: «El pecado es una rebelión en contra de la santidad y soberana voluntad de Dios. Por consiguiente, es tanto una condición del corazón, de la mente, voluntad y sentimientos, como el práctico resul- tado palpable de dicha condición en pensamiento, palabras y 93Teología Pentecostal: Una perspectiva académica hechos que ofenden a Dios y transgreden su santa ley. Trági- camente, el pecado en cualquier dimensión, distancia de Dios. Se debe resistir la tentación de actuar como si fuéramos justos, especialmente apoyándonos en nuestras buenas obras». 11 Las Sagradas Escrituras afirman que: «Si afirmamos que no tene- mos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no tenemos la ver- dad. Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad. Si afirmamos que no hemos pecado, lo hacemos pasar por mentiroso y su palabra no está en noso- tros» (1 Juan 1:8–10). La tradición judeocristiana, cuya fuente fundamental es la Bi- blia, entiende el pecado, en términosgenerales, como el aleja- miento del ser humano de la voluntad de Dios. De acuerdo al Antiguo Testamento, esta voluntad está representada por la ley, preceptos y estatutos dados por Dios al pueblo de Israel, y registrados en los libros sagrados. De acuerdo con el Nuevo Testamento, la naturaleza pecaminosa del ser humano no se puede superar con el esfuerzo de seguir la ley de Dios; por lo tanto, solo mediante la fe en Jesucristo, y un renacer espiritual, puede vencerse esta naturaleza, y por ende, dejar de pecar. Por tanto, sobre la caída del ser humano, el pecado y su castigo, los pentecostales creen que Dios creó al ser humano recto y perfecto, y le dio una ley justa, que hubiera sido para vida si la hubiera guardado. Sin embargo, no permaneció mucho tiempo en este honor, ya que al ser tentado por la serpiente, deliberadamente transgredió la ley bajo la cual habían estado y también el mandato que le había sido dado, al comer del fruto prohibido. Por este pecado, los primeros padres cayeron de la justicia ori- ginal y comunión con Dios, por lo que atrajeron sobre sí la muerte y sobre todos los descendientes. Esta corrupción de la naturaleza permanece durante esta vida en todos los seres humanos, por lo que estos necesitan un salvador, este es Jesucristo (Génesis 3:15, 22–24; Romanos 3:23; 6:23; 5:12–14). 94 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal 4.2.5. Jesucristo como salvador, bautizador con el Espíritu Santo, sanador y Rey que vendrá otra vez Jesús es, sin la menor duda, la piedra angular del cristianismo en sentido general. No hay identidad cristiana sin una referencia explícita a Jesús, que es lo que verdaderamente define el ser cristiano. La figura de Cristo resulta impresionante por todo concepto. Al leer en la Biblia, don- de se halla contenido sobre su paso por la tierra, sorprende la exactitud y grandeza del Mesías. Raúl Zaldívar (2006), dice: «El cristianismo se funda en un hecho: la figura de Jesús, su vida terrestre y, lo que es más im- portante, la creencia de que Jesús vive, pues resucitó, porque es Hijo de Dios. Ésta es la nota original de la fe cristiana, el cristianismo es la única religión que desborda la historia por lo trascendental de su contenido y se encarna en una persona que, no solamente transmite una doctrina, sino que se presenta ella misma como la verdad y la justicia vivientes». 12 Jesús de Nazaret, también conocido como Jesús, Cristo o Jesucristo, es la figura central de los pentecostales y una de las figuras más influyen- tes de la cultura occidental. La vida de Jesús de Nazaret llega a nosotros a través de los evangelios. En estas escrituras se describe a Jesucristo como un hombre pacífico, y alejado de la violencia característica de los años de la dominación del Imperio Romano. En ese sentido, los evangélicos pentecostales creen que en Jesucristo habita corporalmente toda la plenitud de la deidad, por lo que confiesan que la divinidad está en Jesús. Publican y defienden la supremacía del Se- ñor Jesucristo. Que Dios consumó la promesa hecha a los antiguos padres por boca de los santos profetas al manifestarse al mundo, en el tiempo por Él determinado, como el Hijo único, el cual tomó forma de siervo y se hizo semejante a los hombres, tomando realmente una verdadera naturaleza humana con todas las debilidades, excepto el pecado por comisión, siendo concebido en el seno de la bienaventurada virgen María por el poder del Espíritu Santo, sin intervención de varón (Colosenses 2:9; Gálatas 4:4; Fi- lipenses 2:5–8; Hebreos 2:17–18; 4:15; Lucas 1:35). 95Teología Pentecostal: Una perspectiva académica Además, que el Señor Jesucristo asumió de muy buena mane- ra el oficio de mediador y fiador, nació bajo la ley, la cumplió correctamente y sufrió para que los seres humanos no fueran eternamente castigados, siendo hecho pecado y maldición por todos, soportando las más terribles aflicciones en el alma y los más dolorosos sufrimientos en el cuerpo, fue crucificado y mu- rió y permaneció en el estado de los muertos, aunque sin ver corrupción. Al tercer día resucitó de entre los muertos con el mismo cuerpo en que sufrió, pero glorificado, con el cual tam- bién ascendió al cielo, y allí está a la diestra de Dios. Por otro lado, Jesucristo es bautizador con el Espíritu Santo, sa- nador y regresará para juzgar a los seres humanos y a los ángeles al final del mundo (Gálatas 3:10–13; Efesios 1:20; Mateo 28:1–18). El único redentor es el Señor Jesucristo, quien como redentor realiza los oficios de Profeta, de Sacerdote y de Rey. Como Profeta revela a su pueblo, por su Palabra y Espíritu, la voluntad de Dios para la salva- ción; como Sacerdote ofreció (a sí mismo) una sola vez sacrificio por los pecados de la humanidad para revelar la justicia divina y reconci- liarlos con Dios, y hacer continua intercesión por ellos; como Rey está llamando a la iglesia del mundo para ser un pueblo para sí mismo, gobernándoles, defendiéndoles, sometiendo, salvando, preservando y bendiciendo a sus siervos; y refrenando, venciendo y tomando ven- ganza de todos los enemigos, suyos y de ellos (Hebreos 7:17–27; Apo- calipsis 17:14; 1 Pedro 3:22; 2 Timoteo 4:1). 4.2.6. El Espíritu Santo: Tema central en la teología pentecostal Sin lugar a dudas, el tema central en la teología pentecostal, es el Espíritu Santo. Aun así, en términos bíblicos y teológicos no siempre es posible, ni tampoco necesario, distinguir minuciosamente entre la obra del Espíritu Santo y aquella del Padre y del Hijo. Dios es uno y la interrelación entre las diversas actividades de cada persona de la deidad es tan cercana que, no siempre se puede discernir, en términos prácticos, una de la otra. 96 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal Basilio de Cesarea (1996), dice: «En muchas de sus activi- dades, Dios actúa a través del Hijo, en el poder del Espíritu Santo. Como principio general podría decirse que todas las obras divinas se originan en el Padre, son llevadas a cabo por el Hijo, y son traídas a fructificación en este tiempo por medio del Espíritu Santo». 13 Ahora bien, la misión principal del Espíritu Santo es convencer al mundo de pecado, justicia y juicio. Jesús dijo: «Y cuando él venga, con- vencerá al mundo de pecado, de justicia, y de juicio» (Juan 16:8). En ver- siones diferentes se utilizan distintas palabras para «convencer», tales como: dar convicción, exponer y redargüir. De pecado, por cuanto no creen en mí (Juan 16:9). Aquí hay algo que es imposible que el hombre logre. Nadie puede producir convicción en el corazón de otro. Solo el Espíritu Santo puede vencer la ceguera y el engaño pecaminoso del cora- zón humano y hacer que un hombre o mujer se dé cuenta de la grandeza de su propia iniquidad. De justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más (Juan 16: 10). La justicia de la cual el Espíritu trae convicción no es la justicia hu- mana, sino la justicia de Cristo. La justicia de Cristo está atestiguada por el hecho que Él fue levantado de los muertos y ascendió al Padre. Si hubiera sido un impostor, como insistía el mundo religioso al rechazarlo, el Padre no lo hubiera recibido. 97Teología Pentecostal: Una perspectiva académica De juicio, por cuanto el príncipe de éste mundo ha sido ya juzga- do (Juan 16:11). El mundo es culpable al rechazar creer en Cristo; la condenación es atestiguada por la justicia de Cristo exhibida en su regreso al Padre; por lo tanto, no le espera sino juicio. Si Cristo va a juzgar al príncipe (Satanás) de éste mundo, entonces todos los que le siguen serán asimismo juzgados. En ese sentido, es necesario destacar que para los evangélicos pen- tecostales, el Espíritu Santo juega un papel importante, no solo en la salvación del alma, sino en la entera santificación del creyente y sin este ministerio nadie podría llegar a ser un hijo de Dios auténtico. El Espíritu Santo tiene un ministerio continuo que busca ejecutar en todo creyente;es en verdad el secreto de la fuerza y progreso de la nueva vida espiritual. Los pentecostales enfatizan que el Espíritu Santo continúa siendo el agente activo en el caminar progresivo de los hijos de Dios. Por tanto, en la «teología pentecostal» la obra del Espíritu Santo incluye lo siguiente: 1. El creyente es santificado por el Espíritu Santo. «Elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo…» (1 Pedro 1:2; 2 Tesalonicense 2:13). Al tratar la doctrina de la santifica- ción, los pentecostales observan que la santificación tiene dos fases: la primera consiste en ser separados para Dios, y la segun- da en limpieza necesaria y continúa. El creyente disfruta de este ministerio de gracia al creer en la palabra de Dios y al rendirse al Espíritu Santo. 2. El creyente es fortalecido para humillar los deseos de la carne que son pecaminoso mediante el Espíritu Santo. «Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz … Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros … Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, más el espíritu vive a causa de la justicia … Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne; porque si vivís conforme a la car- ne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis» (Romanos 8:5–13). 98 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal 3. El Espíritu Santo transforma al creyente a la imagen de Cristo. Este pensamiento de los pentecostales tiene que ver con la in- fluencia santificadora del Espíritu Santo, al transformar la natu- raleza de los hijos de Dios. «Por tanto nosotros todos, mirando a cara descubierta como un espejo de gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor» (2 Corintios 3:18). 4. El Espíritu Santo fortalece al creyente y le revela a Cristo con mayor intensidad. «Para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu, para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la altura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda plenitud de Dios» (Efesios 3:16–19). 5. El Espíritu Santo guía a los hijos de Dios. «Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios» (Romanos 8:14). «Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley» (Gálatas 5:18). Jesús dijo del Espíritu Santo: «Él os guiará» (Juan 16:13). Uno de los privilegios más grandes de los hijos de Dios, según creen los pentecostales, es el de ser condu- cidos, todo el tiempo, por la omnisciente e infalible guianza del Espíritu Santo. 6. El Espíritu Santo ejecuta el oficio de Consolador. En cuatro pa- sajes de la Biblia en el Evangelio de San Juan, Jesús se refiere al Espíritu Santo como el Consolador. Los pasajes son: Juan 14:16– 18; 14:26; 15:26; y 16:7–15. 7. El Espíritu Santo produce fruto en la vida del creyente. Las si- guientes escrituras son sumamente pertinentes al tema: Gálatas 5:22; Romanos 14:17; 15:13; 1 Timoteo 4:12; 2 Timoteo 2:24–25; 3:10; 2 Corintios 6:6; Efesios 5:9; 2 Pedro 1:5–7. La obra del Es- píritu Santo en relación con el ministerio o servicio. 99Teología Pentecostal: Una perspectiva académica 4.2.7. El bautismo en el Espíritu Santo y el hablar en lenguas Según la teología pentecostal, todos los creyentes tienen el derecho de recibir y deben buscar fervientemente la promesa del Padre, el bautis- mo en el Espíritu Santo y fuego, según el mandato del Señor Jesucristo. Esta era la experiencia normal y común de la primera iglesia cristiana. Con este bautismo viene una investidura de poder para la vida y el servi- cio y la concesión de los dones espirituales, así como el aprovechamien- to en el liderazgo o ministerio (Lucas 24:49; Hechos 1:4, 8; 1 Corintios 12:1–31). Esta experiencia se considera distinta a la del nuevo nacimien- to y subsecuente a ella (Hechos 8:12–17; 10:44–46; 11:14–16; 15:7–9). Con el bautismo en el Espíritu Santo, el creyente recibe experien- cias como la de ser lleno del Espíritu (Juan 7:37–39; Hechos 4:8), una reverencia más profunda para Dios (Hechos 2:43; Hebreos 12:28), una consagración más intensa a Dios y dedicación a su obra (Hechos 2:42) y un amor más activo para Cristo, para su Palabra y para los perdidos (Marcos 16:20). Según creen la mayoría de los pentecostales, el bautis- mo de los creyentes en el Espíritu Santo se evidencia con la señal física inicial de hablar en otras lenguas como el Espíritu los dirija (Hechos 2:4). Aun cuando muchos teólogos hacen ciertas diferencias, el hablar en lenguas en este caso es esencialmente lo mismo que el don de lenguas (1 Corintios 12:4–10, 28), pero es diferente en propósito y uso. En ese sentido, se destaca que el apóstol Pablo clasificó el hablar en lenguas en tres: lenguas humanas, angelicales y las que constituyen un misterio, ya que nadie las entiende (1 Corintios 13:1; 14:2). 100 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal En ese sentido, Raúl Zaldívar (2006), dice: «El tema de la glo- solalia o don de hablar en lenguas, sigue siendo hoy motivo de mucha discusión, aun en los círculos pentecostales. Los deba- tes llegan al punto de considerar si se debe enseñar o no como doctrina, ya que no hay acuerdos plenos sobre el mismo». 14 Sin embargo, en esta sección se ha considerado presentarla como una de las doctrinas que, se quiera o no, tiene bases sólidas en las Sagra- das Escrituras. En ese sentido, para la mayoría de los pentecostales, el hablar en lenguas es una facultad del Espíritu Santo, según se registró, por primera vez, en el día de Pentecostés (Hechos 2:1–11), y más adelan- te en Hechos 10:44–48; 19:1–6 que permite a un creyente en Jesucristo hablar en un idioma desconocido. Esto (hablar en lenguas) también se conoce como glosolalia, que proviene del griego, «glossa», que significa, lengua»; y «lalein», hablar. Los pentecostales creen que la experiencia de las lenguas está hoy en día en continuidad con el fenómeno verificado en el Nuevo Testamento. 15 También se afirma, que desde el día de Pentecostés en adelante, el hablar en lenguas es el resultado normal y corriente del bautismo en el Espíritu Santo. Por esta razón, se motiva a los creyentes a que oren solicitando dicho bautismo y esperen recibirlo con la señal de hablar en lenguas. Por tanto, de acuerdo con la mayoría de los pentecostales, el hablar en lenguas desconocidas es la indispensable evidencia de haber recibido el «bautismo en el Espíritu», mientras que otros, como es el caso del autor de este libro, no exigen este requisito, aunque admiten que el hablar en lenguas es una «clase de evidencia» del bautismo muy de- seable y valiosa, la cual se debe solicitar en oración y esperar todo aquel que desee recibir el bautismo en el Espíritu Santo. 4.2.8. La justificación por la fe La enseñanza de la justificación por fe es lo que separa el cristia- nismo bíblico de todos los otros sistemas de creencias. El ser humano es salvo como resultado de la gracia por medio de la fe. Por tanto, la justificación es por fe y no por obras. La palabra «justificado» significa «pronunciado o declarado justo». Para un cristiano, sea pentecostal o no, la justificación es el acto de Dios que no solo perdona los pecados del creyente, sino que le aplica la justicia de Cristo. 101Teología Pentecostal: Una perspectiva académica En ese sentido, la justificación es unaobra completa de Dios y es instantánea, a diferencia de la santificación, que es un proceso continuo de crecimiento por el cual el creyente se pa- rece más a Jesús (2 Corintios 5:17; 1 Tesalonicenses 5:23). La santificación se produce después de la justificación. Una vez que una persona es justificada, no hay nada más que necesite hacer a fin de obtener la entrada al cielo. Ya que la justifica- ción viene por la fe en Cristo, sobre la base de su obra a favor del ser humano, las obras son descalificadas como medio de salvación (Romanos 3:28). Por tanto, los pentecostales creen que Jesucristo se ha puesto en lugar del ser humano para proveer plena salvación, inmolándose a sí mismo en el madero de la cruz, y derramando su preciosa sangre para purificación de los pecados. Cristo padeció tanto en el cuerpo como en el alma, sintiendo el terrible sufrimiento que la humanidad merecía por los pecados; y ha padecido todo esto para el perdón de estos pecados. Por lo cual, el creyente halla toda clase de consuelo en Cristo y no necesita buscar o inventar algún otro medio para reconci- liarse con Dios, sino solamente su ofrenda; porque con una sola ofrenda hizo perfecto para siempre a los santificados. El Espíritu Santo enciende en los corazones una fe sincera, la cual abraza a Jesucristo con todos sus méritos, se lo apropia; fuera de Él ya no busca ninguna otra cosa para salvarse. Todo lo que es necesario para la salvación se halla en Jesucristo, por lo que aquel que po- see por la fe a Jesucristo, tiene en Él la salvación completa. En ese sentido, la bienaventuranza radica en el perdón de los peca- dos, en la regeneración, por voluntad de Jesucristo, y en esto está com- prendida la justicia ante Dios, y por esto, se aferra siempre de este fun- damento, dando todo el honor a Dios, sin vanagloriarnos de los méritos del ser humano, apoyándose y descansando tan solo en la obediencia de Cristo, la cual es la propia nuestra, si se cree en Él (Apocalipsis 13:8; Efesios 2: 9,10; Romanos 5:2; 10:17). Por tanto, la justificación es un acto de la gracia de Dios hacia los pecadores arrepentidos, mediante el cual perdona todos los pecados, y les acepta como justo ante sus ojos, sola- mente a causa de la justicia de Cristo que le da nueva vida. Esta se recibe únicamente por la fe. 102 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal En el Evangelio se revela una justicia que Dios otorga al creyente, y éste es el gran tema de Romanos 1:16—5:21. El «corazón» del sublime asunto se halla en Romanos 3:21–31, los cuales deben analizarse con todo cuidado. En vista de que el ser humano era incapaz de procurar la justicia mediante la obediencia a la ley, Dios tomó la iniciativa por su gracia, mandando a su Hijo, quien satisfizo las exigencias de la ley en el Calvario: «Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo...». 4.2.9. La salvación La teología pentecostal plantea que la única esperanza de redención para el ser humano es a través de la sangre derramada de Jesucristo, el Hijo de Dios. Que la salvación se recibe a través del arrepentimiento para con Dios y la fe en el Señor Jesucristo. El ser humano se convierte en hijo y heredero de Dios según la esperanza de vida eterna por el lavamiento de la regeneración, la renovación del Espíritu Santo y la justificación por la gracia a través de la fe (Lucas 24:47; Juan 3:3; Romanos 10:13–15; Efesios 2:8; Tito 2:11; 3:5–7). En ese sentido, la evidencia interna de la salvación es el testimonio directo del Espíritu Santo (Romanos 8:16). La evidencia externa ante todos los hombres es una vida de justicia y verda- dera santidad (Efesios 4:24; Tito 2:12). Se entiende que la gracia de Dios que trae salvación al ser huma- no ha sido manifestada al género humano por la predicación del arre- pentimiento hacia Dios y fe en el Señor Jesucristo. El hombre es salvo cuando acepta por la fe el sacrificio de Cristo en la cruz del calvario, aceptando, a su vez, el ministerio del Espíritu Santo que redarguye de pecado y guía por la senda de justicia. Así, el ser humano justificado por gracia, actuando en fe, viene a ser heredero de Dios, según la divi- na promesa de vida eterna. 103Teología Pentecostal: Una perspectiva académica Ahora bién, en el ámbito de la teología protestante existe un mar- cado énfasis en favorecer dos tendencias teológicas en cuanto al tema de la salvación, las cuales han dominado las ideas centrales sobre este asunto en particular en los últimos 400 años. Ellas son el calvinismo y el arminianismo. Por considerarlo de suma importancia para este libro y, para entender mejor este asunto, se presenta una síntesis apretada de ambas corrientes teológicas, las cuales, a decir verdad, poseen mu- chos fundamentos bíblicos sólidos. Según Pablo Hoff (2005), aunque el calvinismo fue un sistema idea- do originalmente por Agustín de Hipona (354–430 d. C.), debe su nom- bre y elaboración final al teólogo y reformador francés, Juan Calvino (1509–1564). El calvinismo recalca la soberanía de Dios y puede ser agrupado en cinco principios centrales. 16 1. La depravación total del ser humano (Efesios 2:1; Colosenses 2: 13; Juan 6:44, 65; 1 Corintios 2: 14). 2. La elección incondicional (Efesios 1:5, Juan 15:16–19; Romanos 9:13–18). 3. La expiación limitada: Cristo no murió por toda la humanidad sino solo por los elegidos. 4. La gracia irresistible (Romanos 8:30; 1:7; Efesios 1:11; 2 Tesalo- nicenses 2:13–14; 2 Corintios 3:3–6; Mateo 22: 14). 5. La perseverancia de los santos (Filipenses 1:6; 2 Timoteo 1:12; Judas versículo 24; Juan 6:39-40). Según el citado autor, este sistema plantea que todo es predestina- do por Dios y cita la Confesión de Fe de Westminster, la cual define la predestinación así: «Dios desde la eternidad... ordenó libre e inaltera- blemente todo lo que sucede... Sin embargo, lo hizo de tal manera, que Dios ni es autor del pecado... ni hace violencia al libre albedrío de sus criaturas...» (Confesión de Westminster, sección I) Por otro lado, de acuerdo con los estudios realizados por Hoff (2005), la corriente arminiana fue desarrollada por el teólogo holandés, Jacobo Arminio (1560–1609). Él atacó la doctrina calvinista de que Dios había preordenado algunos a la salvación y otros a la condenación. Señaló que semejante concepto no presenta «las buenas noticias», es repugnante a la naturaleza sabia, justa y bondadosa de Dios y algo contrario al libre 104 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal albedrío del ser humano. Sobre todo, la predestinación incondicional haría que Dios sea «el autor del mal». Según Arminio, la predestinación se basa en la presciencia (conocimiento de antemano) de Dios: «Porque a los que an- tes conoció, también los predestinó», y son «elegidos según la presciencia de Dios» (Romanos 8:29; 1 Pedro 1:2). Es decir, sabiendo de antemano a quienes les recibirían libremente y perseverarían en la fe, Dios los predestinó a ser salvos. La elec- ción se condiciona a la respuesta de la persona, algo previsto eternamente por Dios. El problema para los calvinistas es que piensan que no se puede separar la presciencia de Dios de la predestinación. Dicen que la presciencia de Dios dependía de que Él hubiera predestinado todas las cosas. Este teólogo holandés, concuerda con Calvino en que el ser humano es depravado e incapaz en sí mismo para agradar a Dios o aun arrepen- tirse. Pero Dios le provee gracia para tener fe, volver a Dios y obedecerle. Si no hubiera provisto tal gracia, las invitaciones universales carecerían de sentido (Isaías 55:1; Mateo 11:28; Hechos 17:30; Marcos 1:14–15). Los puntos principales del arminianismo, a diferencia del calvinismo, son: 1. El decreto o propósito de salvación de parte de Dios se aplica a todos los creyentes en Cristo que perseveran en la fe. 2. Cristo muriópor todos los seres humanos, y Dios no quiere que ninguno perezca (2 Corintios 5:14,15; Tito 2:11; 1 Juan 2:2; 2 Pedro 3:9). 3. El Espíritu Santo ayuda a los seres humanos a tener fe en Cristo para la salvación, pero no obliga a nadie en tal sentido (Juan 3:16). 4. La gracia salvadora de Dios no es irresistible. 5. Es posible que los cristianos caigan de la gracia y se pierdan eter- namente (Hebreos 6:4–8; 2 Pedro 2:20–22; Apocalipsis 3:5). Ahora bien, como se puede observar, ambas corrientes teológicas vinculadas al tema de la salvación poseen suficientes argumentos bíbli- cos para sostenerse. Esto ha impedido que los expertos y creyentes en sentido general se pongan plenamente de acuerdo. Sin embargo, al ana- lizar la «teología pentecostal» sobre el tema de la salvación, se encuentra que existe una fuerte declinación hacia la postura arminiana, la cual es 105Teología Pentecostal: Una perspectiva académica apoyada y mejor explicada, más adelante, por Juan Wesley. De hecho, hoy en día se habla de la corriente Arminio–Wesleyana, para referirse, en especial, al tema de la salvación en el ámbito pentecostal. Por tanto, los evangélicos pentecostales creen, como se indicó al ini- cio de este tema, que la salvación tiene su origen en la gracia de Dios y se recibe por la fe en Jesucristo del pecador arrepentido: «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe». Es el aspecto más amplio de la obra de Dios a favor de los seres humanos. Potencialmente, la gracia de Dios trae salvación a todas las personas, pero la incredulidad levanta una barrera entre Dios y el ser humano e impide que la corriente salva- dora de la gracia llegue efectivamente a la persona rebelde y falta de fe. En relación con el creyente, los pentecostales hacen notar tres etapas de la salvación. Estas son: 1. Pasada. La salvación del alma, en cuanto a su liberación de la condenación, es completa y eternamente segura desde el mo- mento en que se confiesa en Jesucristo, el Salvador. 2. Presente y continua. Es voluntad de Dios que la obra salvadora se manifieste plenamente en las vidas de los creyentes. «Ocu- paos en [llevada cabo] vuestra propia salvación con temor y tem- blor» (Filipenses 2:12); es decir, todos los efectos de la salvación, que ya es de la persona, han de cumplirse y manifestarse en un sentido análogo. «Anhelad, como niñitos recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salva- ción» (1 Pedro 2:2); o sea, para una vida espiritual plenamente desarrollada (Juan 3:16; Hechos 3:19; 4:12; 1 Timoteo 2: 4–6). Es una salvación presente y progresiva, por la cual el poder divino que fluye de la cruz y de la resurrección, aplicado al creyente por el Espíritu Santo, hace efectiva la liberación del dominio del pe- cado y le prepara para el destino eterno propuesto por Dios. 3. Futura. Aún gemimos en este cuerpo, sintiendo tanto los im- pulsos de la carne por dentro, como la presión del mundo por fuera, pero somos «guardados por el poder de Dios median- te la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero» (1 Pedro 1:5). En este sentido, «ahora está más cerca nuestra salvación que cuando creímos» (Romanos 13:11). 106 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal Por tanto, la salvación completa se relaciona con la venida del Señor y abarca toda la obra de Dios en cuanto a la totalidad del ser humano, ya que recibirá, en la primera resurrección, un cuerpo glo- rificado por medio del cual se cumplirá todo el propósito de Dios en orden al ser humano (1 Corintios 15:42–55). Todas las posibilidades de la personalidad humana han de desarrollarse en el estado eterno, sin estorbo y dentro de la voluntad de Dios. 4.2.10. El nuevo nacimiento La doctrina del nuevo nacimiento representa una pieza clave en la teología pentecostal, ya que tiene que ver con la obra redentora de Dios a través de Jesucristo a todos los creyentes, lo cual no es, necesa- riamente, una reformación. La reformación es de origen humano y eso solo afecta el exterior, por tanto, no puede cambiar al ser humano en su interior. Este tiene un corazón que es «engañoso, más que todas las cosas, y perverso» (Jeremías 17:9), que necesita una transformación vital dentro de la persona. Para José M. García (2007), el nuevo nacimiento no es solo un cam- bio de corazón, ya que no es el cambio de «algo» en el ser humano, ni remover «algo» en la persona; sino es comunicar «algo» al individuo, «algo» que nunca ha poseído. El nuevo nacimiento es, literalmente, la impartición de la naturaleza divina al corazón y a la vida del pecador, haciéndolo una nueva creación. 17 Este se lleva a cabo mediante la unión personal con Jesucristo (1 Juan 5:12; 2 Pedro 1:4). El Evangelio recibe al ser humano caído por naturaleza, y lo regenera al traerle la nueva vida en Dios. La descripción del nuevo nacimiento en el Nuevo Testamento es como otro nacimiento: «Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él» (1 Juan 5:1). Juan 3:8 habla del cristiano como «nacido del Espí- ritu» «Más a todos los que le recibieron, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios… los cuales… son engendrados… de Dios» (Juan 1:12–13). Pero también, la regeneración es una limpieza: «Nos salvó… por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración» (Tito 3:5). Esto implica el alma lavada de la contaminación de la vida antigua. «Por el lavamiento de la regeneración»; pero 107Teología Pentecostal: Una perspectiva académica también por la «renovación en el Espíritu Santo» (Tito 3:5; Colosenses 3:10; Romanos 12:2; Salmos 51:10). Una nueva creación: «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatu- ra es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas» (2 Corintios 5:17; Efesios 2:10; 4:24; Gálatas 6:15). Y finalmente, la regeneración es un tipo de resurrección. Al describir el nuevo nacimiento como una resurrección, se debe dar cuenta que es precedido por la muerte. Los creyentes han sido crucificados con Cristo y también han sido resucitados con Él. Ambas verdades son una «reali- dad espiritual» mediante la identificación con Cristo en su muerte, se- pultura y resurrección. Por tanto, en la teología pentecostal se cree que la fe verdadera, ha- biendo sido obrada en el ser humano por el oír de la Palabra de Dios y por la operación del Espíritu Santo, le regenera, le hace una nueva perso- na, le hace vivir en una vida nueva, y le libera de la esclavitud del pecado (Juan 3:3–6; Tito 3:5; 1 Pedro 1:23; 1 Juan 3:9; 2 Corintios 5:17). 4.2.11. La santificación El tema de la santificación es puntual en la teología pentecostal, ya que se considera como una de las operaciones y trabajos permanentes del Espíritu Santo en la vida del creyente. La santificación es un acto de separación de todo lo malo, y de dedicación a Dios (Romanos 12:1–2; 1 Tesalonicenses 5:23; Hebreos 13:12). La Biblia prescribe una vida de «santidad sin la cual nadie verá al Señor» (Hebreos 12:14). Por tanto, con el poder del Espíritu Santo, los pentecostales entienden que se puede obedecer el mandato que dice: «Sed santos porque yo soy santo» (1 Pedro 1:15–16). En ese senti- do, la santificación se efectúa en el creyente cuando este reco- noce su identidad con Cristo en su muerte y resurrección, y por fe se propone vivir cada día en esta unión con Cristo. Esto requiere el someter todas sus facultades al dominio del Es- píritu Santo (Romanos 6:1–11, 13; 8:1, 2, 13; Gálatas 2:20; Filipenses 2:12, 13; 1 Pedro 1:5). 108 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal La doctrina de la santificación en la teología pentecostal abarca dos ideas básicas: separación del mal y dedicación a Dios y su servicio. Siempre que una persona o una cosa son separadas de las relaciones comunes de la vida para serdedicada a usos sa- grados, tal persona o cosa ha sido separada o santificada para Dios. La santificación es posicional e instantáneamente por un sencillo acto de fe en Cristo. Es además, práctica y progresiva. Ahora bien, en el ámbito pentecostal se ha dado un énfasis muy pronunciado a la santificación o santidad que se puede observar por fuera, más que aquella producida en el interior del creyente, ya que es vinculada a cuestiones de atuendo y formas de hablar y comportarse que, como dice el apóstol Pablo: «Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne» (Colosenses 2:20–23). Aun con todo esto, los pentecostales creen que en el proceso de san- tificación, el creyente es transformado gradualmente y va creciendo de gloria en gloria. La completa o entera santificación se alcanzará en el encuentro final con el Señor Jesucristo. «Y el Dios de paz os santifique en todo, para que vuestro espíritu y alma y cuerpo sean guardados en- 109Teología Pentecostal: Una perspectiva académica tero, sin reprensión para la venida de nuestro Señor Jesucristo» (1 Tesa- lonicenses 5:23). La santificación es la voluntad de Dios para todos los creyentes y debe ser diligentemente practicada mediante la obediencia a la palabra de Dios. 4.2.12. La resurrección de Cristo La resurrección de Jesucristo es una de las doctrinas capitales del Evangelio y de la teología cristiana en sentido general. El apóstol Pablo, hablando en 1 Corintios 15:1–6, dice: «Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen». Daniel Ruíz Bueno (2016), al respecto dice: «Es imposible e inútil tratar de determinar cuál es más importante: su muerte o resurrección, porque la una sin la otra nunca podrían haber sido suficientes para la salvación de los seres humanos. Si Cris- to hubiera permanecido en la tumba, su muerte no hubiera sido más que la de un mártir por la fe cristiana. No nos hubiera dado nada más que una filosofía. Sin embargo, sin el sacrificio vicario de su muerte, su resurrección no hubiera presentado ningún poder salvador». 18 110 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal Sin embargo, fue la resurrección la que confirmó verdaderamente que Él era el Hijo de Dios (Romanos 1:3–4). La resurrección prueba que su muerte fue de valor suficiente para Dios cubrir todos los pecados, porque fue el sacrificio del Hijo de Dios. La resurrección fue el funda- mento sobre el cual la iglesia fue edificada. Los apóstoles le dieron un lugar de mayor importancia. En el famoso pasaje de 1 Corintios capítulo quince, versículos 13–19, se encuentra una de las más poderosas suposi- ciones negativas que pueden ser hechas en conexión con la fe cristiana. Pablo enuncia cinco hechos negativos que, si fueran ciertos, despojarían al Evangelio de todo poder y bendición. Estos son: 1. Nuestra predicación sería vana. «Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación» (V. 14). A nuestro Evangelio le sería robada su nota de gozo y sería cambiada por un can- to fúnebre. Se convertiría en un Evangelio de muerte, una sim- ple biografía de un hombre que vivió una vida extraordinaria, pero sufrió una muerte ordinaria, aunque ignominiosa aun sien- do «muerte de cruz». Si Jesús no hubiera ganado la victoria en el calvario, como es evidenciando por su resurrección sobre la muerte, el infierno, y la tumba, todavía seríamos víctimas. Para dar efectividad al Evangelio era necesaria la victoria de la tumba abierta y el poder del Señor resucitado. 2. La fe sería vana. «vana es también vuestra fe» (V. 14). Todo lo que ha sido aceptado por fe como un regalo de Dios, por medio de Jesucristo; filiación divina, vida eterna, justificación, santifi- cación, glorificación, y un hogar en el cielo, realmente no se re- cibirían. Si Cristo no hubiera resucitado éstos no serían del ser humano. Pablo repite lo mismo en el versículo diecisiete. La fe es siempre impotente a menos que su objeto le dé poder. 3. Los apóstoles serían testigos falsos. «Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que Él re- sucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan» (V. 15). Un requisito esencial para el apostolado era ser testigo de la resurrección de Cristo. Al elegir un sucesor para Judas, uno de los prerrequisitos era que este fuera testigo de la resurrección de Cristo. Estos hombres eran falsos testigos si Cristo no hubiera resucitado. Si Cristo no hubiera resucitado, el 111Teología Pentecostal: Una perspectiva académica material entero de autenticidad bíblica se hubiera desmantelado dejando a los creyentes sin un fragmento de dicha autoridad. 4. Los creyentes estarían todavía en sus pecados. «Aún estáis en vuestro pecado.» (V. 17). «Llamarás su nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mateo 1:21). Si Cristo no hubiera resucitado, no poseería más eficacia salvadora que la de cualquier otro carácter histórico. Era necesaria la resurrección de Jesucristo para mostrar el valor justificativo de su muerte. 5. Aquellos que han muerto perecerían. «Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres» (Vs 18, 19). Es mejor sufrir como aque- llos que no tienen esperanza que sufrir como aquellos que tienen una falsa esperanza. La esperanza que sostuvo a los mártires en su sacrificio y que sostuvo a multitudes que han muerto desde entonces en la fe sería una falsa esperanza «si Cristo no hubiera resucitado» Pero lejos de este pensamiento, Pablo declara triun- falmente: «Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; pri- micias de los que durmieron es hecho» (1 Corintios 15:20). Uno no puede más que estar impresionado al leer los primeros capí- tulos del libro de Hechos y ver el prominente lugar dado por los apóstoles a la verdad de la resurrección de Jesucristo. El primer mensaje predicado después del derramamiento del Espíritu Santo en el día de Pentecostés es casi enteramente sobre el tema de la resurrección de Jesús (Hechos 2:22–36). El segundo mensaje registrado, predicado por Pedro desde el pórtico del templo de Salomón, de nuevo menciona este gran hecho: «Y matasteis al autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos de lo cual nosotros somos testigos» (Hechos 3:15). Hablando luego ante el sanedrín, Pedro no deja pasar la opor- tunidad sin dar testimonio de que Jesús vive otra vez. «Sea no- torio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificas- teis y a quien Dios resucitó de los muertos, por Él este hombre está en vuestra presencia sano» (Hechos 4:10). Difícilmente había algún mensaje predicado a una persona o multitud en el que no se mencionara la resurrección de Cristo. 112 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal En ese sentido, y fundamentados en todo lo anteriormente ex- puesto, en la teología pentecostal se cree en la resurrección de Cristo, de locual ha de entenderse que el cuerpo del Señor Jesús, que fue muerto realmente en la cruz y sepultado en una tumba, fue levan- tado por el Espíritu Santo al tercer día, desprendidos los dolores de la muerte (1 Corintios 15:14–19; 15:55; Romanos 6:5; Mateo 28:5–7). 4.2.13. La iglesia de Cristo El concepto que se tenga de qué es la iglesia de Cristo y lo que esta representa en la tierra, es de suma importancia para cualquier cristiano, sea este pentecostal o no. En ese sentido, la palabra que hoy se traduce como «iglesia» tiene un doble trasfondo: el primero es el trasfondo griego, el cual viene de la palabra «ekklesia», que tiene el sentido de la gente convocada y reunida en asamblea. En el Nuevo Testamento se usa 115 veces, 3 de las cuales se traduce como «asamblea» y 112 como «iglesia». Era una asamblea en que cada uno tenía el mismo derecho e idéntico deber de tomar parte. El segundo trasfondo de la palabra «iglesia» es hebreo, que viene de la palabra hebrea «qahai», que proviene de una raíz, que también significa «convocar». 19 El término «iglesia» se usa en el Nuevo Testamento cuan- do se habla de una congregación local de cristianos llama- dos, tales como: «La iglesia de Dios que está en Corinto» (1 Corintios 1:2), y también, cuando se hace referencia a todo el pueblo de Dios, como en la afirmación de que Cristo es la ‘cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo’ (Efesios 1:22–23). Por tanto, en esencia, la iglesia, es un conjunto de personas congregadas, porque Dios las ha llamado a su presencia para escuchar su voz. Desde el punto de vista del autor de esta obra, la iglesia cristiana es: «El grupo de dos o tres personas o más que, reunidas en el nom- bre y autoridad del Señor Jesucristo y teniendo como base las Sagra- das Escrituras; le invocan y proclaman la verdad del Evangelio, sin importar el lugar, nombre que se adjudiquen, denominación y estilo de gobierno local que apliquen». 113Teología Pentecostal: Una perspectiva académica Ahora bien, según el concepto bíblico, la palabra iglesia se refiere a un grupo de personas, no a un edificio. La raíz del significado de la palabra «iglesia» no es un edificio, sino la gente. Por tanto, la iglesia se compone de discípulos o alumnos de Jesucristo, que se reúnen para re- cibir instrucción de Dios, y la Biblia es su libro de texto. En la teología pentecostal, la iglesia es el cuerpo de Cristo. Efesios 1:22–23, dice: «Y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de aquel que todo lo llena en todo». En la actualidad se puede decir que la iglesia está formada por todos los creyentes desde el tiempo de Pentecostés (He- chos 2) hasta que se produzca el arrebatamiento de la iglesia. De acuerdo a la Biblia, la iglesia está compuesta por todos aquellos que han depositado la fe en Jesucristo para salvación (Juan 3:16; 1 Corintios 12:13). Para los pentecostales, todas las personas en todo el mundo que profesan la fe del Evangelio y obediencia a Dios en Cristo conforme al mismo, que no destruyan su propia profesión mediante errores funda- mentales o conductas impías, son y pueden ser llamados santos visi- bles; y de tales personas deben estar compuestas todas las congrega- ciones locales (Efesios 5:22–32; Mateo 16:18; Hechos 2:47; Colosenses 1:18; 1 Timoteo 3:15). Por tanto, en la teología pentecostal se hace énfasis en que la iglesia es el cuerpo de Cristo, la morada de Dios a través del Espíritu Santo, divinamente señalada para el cumplimiento de la «gran comisión». Cada creyente, nacido del Espíritu, es par- 114 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal te integrante de la iglesia de los primogénitos, cuyos nombres están escritos en el cielo (Efesios 1:22–23; 2:21–22). El propó- sito de Dios concerniente al ser humano es de buscar y salvar lo que se había perdido, ser adorado por este y de edificar un cuerpo de creyentes a la imagen de Jesucristo, razón primor- dial de la existencia humana. En ese sentido, la iglesia ha de ser un cuerpo en el cual el ser huma- no pueda adorar a Dios (1 Corintios 12:13). Una agencia de Dios para la evangelización del mundo (Hechos 1:8; Marcos 16:15). Un canal por el cual el propósito de Dios es edificar un cuerpo de santos perfeccionados a la imagen de su Hijo (Efesios 4:11–16; 1 Corintios 12:28; 14:12). 4.2.14. El rapto o arrebatamiento de la iglesia La palabra «rapto» no se encuentra en la Biblia. Proviene de la pala- bra griega «harpazo» que se usa para referirse a arrebatar. Esta palabra griega se traduce como: Arrebatar, alcanzar, quitar, capturar, tomar por la fuerza. En ese sentido, en la teología pentecostal se cree que el «rapto» sucederá en «un abrir y cerrar de ojos» (1 de Corintios 15:52; 1 Tesaloni- censes 4:16-17). Esta doctrina ha sido muy cuestionada y puesta en duda por los no pentecostales, ya que se preguntan si el «rapto secreto» de la iglesia de Cristo tiene peso teológico y bíblico. 20 115Teología Pentecostal: Una perspectiva académica Sin embargo, como sucede con otros temas y creencias, para el au- tor de este libro, su esencia sí está contenida o incluida en el tema de la segunda venida de Cristo, lo cual obliga a considerar el asunto como bueno y válido para los fines de la presente obra. La segunda venida de Cristo constituye la bendita esperanza del creyente, seguido por el visi- ble retorno de Cristo con los santos para reinar en la tierra por mil años (Zacarías 14:5; Mateo 24:25–30; Apocalipsis 1:7; 19:11–14). La doctrina del «arrebatamiento» en la teología pentecostal sigue el criterio teológico organizacional dispensacionalista, el cual organiza los tiempos en función a siete dispensaciones. Esta doctrina sostiene que Cristo vendrá no solo repentinamente, sino secretamente en el aire, para arrebatar a la iglesia. Este encuentro en el aire, afirman los pentecosta- les, durará siete años, durante los cuales se hará una celebración para recompensar a los santos, y también las bodas del Cordero; a ese período le llaman «el día de Cristo». Después de los siete años el Señor bajará a la tierra para juzgar a las naciones; a este juicio le llaman «El día del Señor» (1 Tesalonicenses 3:13; 4:13; 5:1–4). Finalmente, se destaca que el «rapto» es el levantamiento de la iglesia, previo al período de gran tribulación que vendrá sobre aquellos que no aceptaron a Jesucristo como salvador, mientras que la segunda venida, es cuando el Señor mismo venga en las nubes, con todos los ángeles, y cristianos que hayan sido levantados en el «arrebatamiento», a luchar contra los ejércitos del mundo, liderados por el «anticristo», en un intento final por hacer desaparecer a Israel, y con ello a los Judíos, de la faz de la tierra. Por tanto, la segunda venida de Cristo incluye el rapto de los santos, que es la esperanza bienaventurada, seguido por el regreso visible de Cristo con los salvados para reinar sobre la tierra por mil años (Zaca- rías 14:5; Mateo 24:27–30; Apocalipsis 1:7; 19:11–14; 20:1–6). Este rei- no milenario traerá la salvación de Israel como nación (Ezequiel 37:21, 22; Sofonías 3:19,20; Romanos 11:26,27) y el establecimiento de una paz universal (Isaías 11:6–9; Salmo 72:3–8; Miqueas 4:3–4). Se cree en el «rapto» como la premilenial e inminente venida de Cristo para reunir a su pueblo, la iglesia con Él, y que estas profecías se cumplirán al debido tiempo sin cometer el error de fijar fechas a este acontecimiento. 116 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal 4.2.15. Del estado del ser humano después de la muerte y de la resurrección de los muertos Lo relacionado a la vida después de la muerte y la resurrección de los muertos, así como otras doctrinas similares contenidas en la Biblia, son objeto de mucha resistencia de aquellos que piensan que estas creen- cias son mitos. Igual lo hacen con la mayoría de los temas que se abordan en las Sagradas Escrituras, por esto en ellibro de los Hebreos 11:6, dice: «Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan». Por tanto, en la teología pentecostal se cree y enseña que los cuer- pos de los seres humanos vuelven al polvo después de la muerte y ven la corrupción, pero las almas permanecen conscientes, teniendo subsis- tencia (algunos cristianos creen en el sueño del alma, es decir, que están inconscientes después de la muerte). Al morir, las almas de los justos son hechas perfectas en santidad, pasan a la presencia del Señor, esperando la redención de sus cuerpos. Las almas de los que no creyeron son arro- jadas al infierno o seol, donde permanecen atormentadas y envueltas en densas tinieblas, reservadas para el juicio del gran día (2 Timoteo 1:10; Filipenses 1: 21–23; 2 Corintios 5:8; Eclesiastés 12:7; Hebreos 12:23). Creen que solo existen estos dos lugares para las almas separadas de sus cuerpos y ningún otro (La Iglesia Católica Apostólica y Romana cree en la existencia de un lugar al cual llaman el purgatorio donde van la al- mas de aquellos que pueden ser perdonados por medio de intervencio- nes desde acá en la tierra en su favor). En ese sentido, los pentecostales entienden que los santos que se encuentren vivos en el último día, serán transformados, y todos los muertos serán resucitados con sus mismos cuerpos, aunque con diferentes cualidades, y estos serán unidos otra vez a sus almas para siempre. Los muertos en Cristo resucitarán y los santos que viven serán transformados y ambos serán arrebatados al cielo con cuerpos trans- formados para recibir al Señor y luego descenderán con el Señor. La tierra será transformada, la nueva Jerusalén descenderá del cielo y los santos vivirán en una tierra nueva para siempre. Los que no cre- yeron ni sirvieron a Jesucristo, serán resucitados para deshonra, se- rán sentenciados a los inefables tormentos del cuerpo y alma en el 117Teología Pentecostal: Una perspectiva académica horno de fuego, junto al diablo y los ángeles malvados, su destino es la muerte eterna. 4.2.16. El juicio final En la teología pentecostal se establece que Dios tiene separado un día en el cual juzgará al mundo con justicia por Jesucristo, a quien todo poder y juicio han sido dados por el Padre. En aquel día, todas las personas que han vivido sobre la tierra comparecerán delante del gran trono de Dios para dar cuenta de sus pensamientos, palabras y acciones, y para recibir conforme a lo que hayan hecho mientras estaban en el cuerpo, sea bueno o malo. En ese sentido, el propósito de Dios al establecer este día, es la manifestación de la gloria de su misericordia en la salvación eter- na de los santos, y la de su justicia en la condenación eterna de los no creyentes que son malvados y desobedientes; pues enton- ces entrarán los justos a la vida eterna y recibirán la plenitud de gozo y gloria con recompensas eternas en la presencia del Señor; pero los malvados, que no conocieron a Dios ni obedecieron al Evangelio de Jesucristo, serán arrojados al tormento eterno y castigados con eterna perdición, lejos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder (Apocalipsis 20: 10–15). Por tanto, los pentecostales creen que habrá un juicio final en el que los pecadores muertos serán resucitados y juzgados según sus obras. Todo aquel cuyo nombre no se halle en el libro de la vida, será confinado a sufrir castigo eterno en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda, junto con el diablo y los ángeles malvados, la bestia y el falso profeta (Mateo 25:46; Marcos 9:43–48; Apocalipsis 19:20; 20:11– 118 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal 15; 21:8). Finalmente, se esperan cielos nuevos y la tierra nueva: «Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia» (2 Pedro 3:13; Apocalipsis 21:27). 4.2.17. Otras doctrinas pentecostales Existen otras doctrinas que gravitan en la teología pentecostal, las cuales algunas denominaciones, confesiones, concilios y ministerios pentecostales entienden como buenas y válidas. Una parte de estas son incluidas en los reglamentos y manuales de doctrinas y, dada la natura- leza de este libro, se presentan en este apartado a manera de «síntesis apretada» para conocimiento general. Algunas de ellas son seriamente cuestionadas por estar fuera de contexto, así como por la falta de sustentación bíblica sólida. Otras, no son observadas por algunos grupos pentecostales por- que se entiende que están incluidas en otras doctrinas o temas, y las demás, no se aplican ni se aceptan por muchas de las iglesias, concilios y ministerios, ya que estás, a su juicio, desde el punto de vista bíblico y teológico, no representan ningún peligro para la salvación de los creyentes en Jesucristo. Estas son: 1. La Trinidad. Aun cuando el término «Trinidad» está en desuso en el campo de la teología moderna, ya que hoy se habla de «Triunidad» para referirse al Padre, Hijo, y Espíritu Santo, es uno de los conceptos más difíciles de explicar por los teólogos a la gente común que no ha realizado estudios profundos de la Biblia. La historia del pensamiento cristiano registra diferentes enfoques a la misma, que van desde las po- siciones más ortodoxas y bíblicas hasta las herejías más notorias. Sin embargo, la realidad es que la mayoría de los pentecostales creen en Dios que es Padre, Hijo, y Espíritu Santo a la vez. De ahí, que se hable de tres personas distintas y un solo Dios verdadero. La palabra «trinidad» no se encuentra en las Sagradas Escrituras, pero está implícita en ella (Mateo 3:16–17). La iglesia pentecostal adop- tó en su teología este término para definir el conocimiento de Dios, y guarda armonía con la Palabra de Dios. Por tanto, creen en Dios en tres formas propias, cada una en particular poseyendo las propiedades que definen la personalidad, a saber: pensamiento, voluntad y sentimiento (Mateo 28:19; 2 Corintios 13:14; Juan 14:16–17). 119Teología Pentecostal: Una perspectiva académica 2. El pecado original o la depravación. Los pentecostales creen que el ser humano fue creado por Dios a su imagen y semejanza, pero este por la trasgresión a la ley divina fue destituido de la comunión y armonía con el creador. A pesar del fracaso Espiritual del ser humano, Dios en su amor se propuso restaurarlo por medio del sacrificio vicario de Jesucristo en la cruz; elevado precio de la redención de la humanidad. En ese sentido, el ser humano fue creado bueno y justo; porque Dios dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza». Sin embargo, el ser humano por voluntad propia cayó en transgresión, atrayendo así, no solo la muerte física, sino también la espiritual, que es la separación de Dios (Génesis 1:26, 27; 2:17; 3:6; Romanos 5:12–19). 3. La libertad humana o albedrío. Se cree en los círculos pen- tecostales, que la creación del ser humano a la imagen de Dios, incluyó la capacidad de escoger entre el bien y el mal y, que por ello, fue hecho moralmente responsable; que por la caída en pecado de Adán llegó a ser depravado, de tal modo, que no puede por las propias fuerzas naturales y obras, tornarse y prepararse para la fe y para invocar a Dios (Deutero- nomio 30:19; Josué 24:15; Filipenses 1:21; Proverbios 14:12). En ese sentido, la gracia de Dios por Jesucristo, se concede gratuita- mente a todos los hombres, capacitando a todos los que quieran tornarse del pecado a la justicia, a creer en Jesucristo para perdón y limpieza de pecado, y a seguir las buenas obras agradables y aceptas a su vista. La persona, aunque posea la experiencia de la regeneración y de la entera santificación, posee libre albedrío para caer de la gracia y apartarse, y si no se arrepiente de su pecado se perderá eternalmente y sin esperanza. 4. El arrepentimiento. Este representa en la vida dela persona un cambio sincero y completo de la mente respecto al pecado, con el reconocimiento de culpa personal y la separación voluntaria del pecado. Por tanto, los pentecostales entienden que el Espíritu de Dios da a todos los que quieran arrepentirse, la ayuda benigna de la contrición de cora- zón y esperanza de misericordia, para que crean en el perdón y logren la vida espiritual plena (Hechos 3:19; 11:18; 2 Corintios 5:17). 5. El bautismo en agua. Las Sagradas Escrituras establecen la ordenanza del bautismo en agua. En ese sentido, se entiende que todos 120 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal los que se arrepienten y creen en Cristo como Salvador y Señor deben ser bautizados. De esta manera declaran ante el mundo que han muerto con Cristo y que han sido resucitados con Él para andar en nueva vida (Mateo 28:19; Marcos 16:16; Hechos 2:38; 10:47–48; Romanos 6:4). Para los pentecostales, la práctica del bautismo por inmersión se ordena en las Sagradas Escrituras. El bautismo bíblico por inmersión es hecho en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo, y es el testimonio del nuevo nacimiento en la Fe del Señor Jesucristo. Para participar de esta ordenanza, los pentecostales enseñan que el creyente deberá tener la capacidad mental, emocional y espiritual necesaria, y ser instruido en los principios funda- mentales de las Sagradas Escrituras y las doctrinas de la igle- sia. Esta ordenanza del bautismo en agua es para todos los que realmente se han arrepentido, y han aceptado en sus corazones a Cristo como Salvador y Señor. 6. El ejercicio del ministerio. Dios ha provisto un ministerio que constituye un llamamiento divino y ordenado con el cuádruple pro- pósito de dirigir a la iglesia en: (1) la evangelización del mundo (Marcos 16:15–20); (2) la adoración a Dios (Juan 4:23–24); (3) la edificación de un cuerpo de los santos para perfeccionarlos a la imagen de su Hijo (Efe- sios 4:11, 16) y (4) satisfacer las necesidades humanas con ministerios de amor y compasión (Salmo 112:9; Gálatas 2:10; 6:10; Santiago 1:27). En ese sentido, los pentecostales creen y entienden que la obra del ministerio y la evangelización corresponden a la iglesia, y esta consiste en predicar el Evangelio a toda criatura y pre- sentarles el plan de salvación como se enseña en las Sagradas Escrituras. Para cumplir esa gran tarea, Dios otorga dones y ministerios que, en diferentes capacidades y áreas del quehacer interno de la iglesia, permiten la edificación plena de los miem- bros y las comunidades a las que pertenecen. 7. La Cena del Señor. Para los evangélicos pentecostales, la Cena del Señor o «Santa Cena», es la expresión simbólica que denota su par- ticipación de la naturaleza divina del Señor Jesucristo (2 Pedro 1:4); y un recordatorio de la segunda venida (1 Corintios 11:26). En ese sentido, se cree que es una ordenanza para todos los creyentes. Siendo que el bautismo es el testimonio del nuevo nacimiento y la Cena del Señor testi- 121Teología Pentecostal: Una perspectiva académica monio del desarrollo de la vida cristiana, la mayoría de los pentecostales creen que solo deben participar de ella los creyentes que estén en plena comunión y bautizados. Más adelante, en el próximo capítulo, se fija la posición del autor de este libro en cuanto al requisito de ser bautizado para participar en la Cena de Señor. La Cena del Señor consiste de los elementos del pan sin leva- dura y del fruto de la vid; es un recuerdo de la pasión y muerte de Jesucristo, un acto profético de la segunda venida; una ex- presión de la comunión como creyentes en Cristo; y por tanto, está ordenada a todos los fieles hasta que Él venga. El pan sim- boliza el cuerpo glorioso de Cristo, el cual vivifica el fruto de la vida, y el vino que simboliza la sangre de Jesucristo que limpia de todo pecado. 8. La sanidad divina. En la teología pentecostal, la sanidad divi- na forma una parte integral del Evangelio de Jesucristo. La liberación de la enfermedad ha sido provista en la expiación y es el privilegio de todos los creyentes (Isaías 53:4–5; Mateo 8:16–17; Santiago 5:14–16). En ese sentido, creen en la doctrina bíblica de la sanidad divina y amonestan a los creyentes a que se esfuercen en ofrecer la oración de fe para la sani- dad de los enfermos. La liberación de toda enfermedad ha sido provista a los que creen por el sacrificio expiatorio de Cristo (Isaías 53:4; Marcos 16:17–18; Santiago 5:14–16). Aun así, los servicios médicos y agencias providenciales no han de ser rehusados cuando sean necesarios. Las Sagradas Escrituras presentan la sanidad divina como una provisión de Dios para todos los creyentes. La enfermedad y la muerte son señaladas como consecuencia de la caída del ser humano en pecado. Cristo, al reconciliarlo con Dios, median- te la fe en el sacrificio expiatorio, llevó las enfermedades. A la iglesia de Cristo se le ha conferido la facultad espiritual de proclamar y extender la curación divina a toda persona. Para hoy, el propósito salvífico de Dios no ha cambiado y desea ha- cer partícipes a las criaturas humanas de esas bondades; y la sanidad divina es una de ellas. 9. Diezmos y ofrendas. Aun cuando la práctica del diezmo fue instituida en el Antiguo Testamento, los evangélicos pentecostales en- tienden que no fue abolida en el Nuevo Testamento. En ese sentido, 122 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal creen que Dios ordena a los creyentes a pagar diezmos para el sosteni- miento del ministerio y a dar ofrendas para los diversos gastos de la obra del Señor, así como para socorrer a los pobres, las viudas y los enfermos (Génesis 14:20; 28:20–22; Mateo 3:8–10; 23:23; Lucas 11:42; 18:12; 2 Corintios 8:2–3; 9:6–9). 10. El matrimonio. El matrimonio es una unión para toda la vida y, que de acuerdo a las enseñanzas del Señor Jesús, solo existe una cau- sa para el divorcio: la fornicación (Mateo 19:9). Por tanto, se cree que un creyente que se divorció, no debe casarse mientras viva el cónyuge (Marcos 10:11–12). Y se declaran en contra del matrimonio de creyentes con no creyentes. Además, debe ser entre un hombre y una mujer, rechazando el matrimonio entre personas del mismo sexo. Aunque puedan existir otras causas y condiciones tales que puedan justificar un divorcio de acuerdo con la ley civil, en las mayoría de las iglesia pentecostales creen, que solo el adulterio es una base escrituraria para el divorcio y solo el adulterio proporciona la base que pueda justificar el cónyuge en volver a casarse (Mateo 5:31, 32; 19:3; 1 Corintios 7:12; 10–16). Naturalmente, exis- ten iglesias y concilios pentecostales que han establecido otras causas para permitir que los líderes y miembros puedan optar por una nueva nupcias; tal es el caso del Concilio Evangélico de las Asambleas de Dios en la República Dominicana. 11. Gobiernos del mundo. Se cree que los gobiernos del mundo son permitidos por Dios. En ese sentido, los pentecostales están agra- decidos de aquellos países que consagran en las constituciones la liber- tad de culto y derechos humanos. Por otra parte, creen lo que la Biblia enseña, el «no matar», amar al prójimo como a nosotros mismos y no vengarnos, pues «mía es la venganza,» dice Dios, «Yo pagaré». En ese sentido, están prestos a servir a la patria alegremente en cualesquier servicio de «no combatiente». (1 Pedro 2:13–16; Romanos 13:1–10). 12. Atuendo. La mayoría de las iglesias pentecostales creen que el hombre y la mujer deben vestir honestamente y que es vergonzoso mos- trar la desnudez (1 Pedro 3:1–7; 1 Timoteo 2:9–10). La mujer debe ves- tir femeninamente y el hombre masculinamente (Deuteronomio 22:5). 123Teología Pentecostal: Una perspectiva académica Muchas iglesias entienden que la mujer cristiana no debe cortarse el cabello porque le es deshonra (1 Corintios 11:6–15). Y que es deshonesto que el varón se deje crecer el cabello (1 Corintios 11:14). También, que ni el hombre,ni la mujer, deben depender de adornos y pinturas artificiales para las extremidades del cuerpo, ni usar perlas o adornos innecesarios (1 Pedro 3:1–7; Isaías 3:16–24; Romanos 13:14). 13. Homosexualismo y lesbianismo. Los pentecostales se opo- nen a la orientación sexual invertida, atracción o relaciones sexuales en- tre individuos de un mismo sexo, ya que este acto sexual priva el don de la vida. Por cuanto el homosexualismo y el lesbianismo son prácticas prohibidas por Dios en la Biblia, las iglesias pentecostales reafirman es- tar en contra de tales prácticas. Aunque afirman que hay perdón y liber- tad en Cristo Jesús para los que renuncian a tales prácticas y creen en Él (Génesis 1:27–28; 2:22–24; 5:2; Levítico 18;22; 20:13 Romanos 1:18–32; 1 Corintios 6:9; 1 Timoteo 1:9–10). 14. Aborto. Los evangélicos pentecostales están conscientes de que el aborto (la expulsión o extracción prematura del cigoto, embrión o feto) tiene ramificaciones médicas, legales, teológicas, éticas y persona- les. Sin embargo, la ley de Dios es radicalmente contraria a todo aborto provocado, que es querido y aplicado como fin o medio. Siendo Dios el dador de la vida y preservador de la misma, ha confiado en nosotros, los seres humanos, la digna misión de conservar la vida. Por ello, las iglesias pentecostales creen que es un deber prote- ger la vida con el más especial de los cuidados desde la concep- ción, por lo cual, el infanticidio y el aborto que conlleva maldad y premeditación son crímenes abominables (Salmo 139:13–16; Jeremías 1:5; Deuteronomio 27:25; 28:4; 2 Reyes 8:12; 15:16; Job 3:11; 10:8–12; Salmos 127:3; 71:6; Isaías 13:18; 46:3–4). Por tanto, entienden que es preferible dar en adopción cual- quier criatura, que provocar un aborto. 124 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal Referencias bibliográficas [1] Fédou, M. (2000). Las religiones según la fe cristiana. Desclée de Brouwer. Bilbao, España. [2] González, Justo (1994). Historia del Cristianismo. Editorial Unilit, Colombia. [3] Cortés, Antonio. (2006). Historia del Cristianismo: Vol. III: El Mundo Moderno. Editorial Trotta. Universidad de Granada, Madrid, España. [4] Varios autores, (2006). Términos teológicos: Diccionario de Bolsillo, Editorial Mundo Hispano, El Paso Texas. [5] Deiros, Pablo A. (1994). Latinoamérica en llamas. Historia y creencias del movimiento religioso más impresionante de todos los tiempos. Editorial Caribe, Nashville. [6] García de Diego, Vicente (1985). Diccionario etimológico español e hispánico, Madrid, S.A.E.T.A., 12ª edición, Madrid, Espasa–Calpe. [7] Barrientos, Josué (2004). El pentecostalismo y el neopentecostalismo. 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Una teología bíblica sólida, con una fundamentación auténtica, sucede cuando... 6. ¿Cuáles son algunas de las experiencias pentecostales? 7. ¿Qué son los dogmas, según el autor de este libro? 8. Para Josué Barrientos, las «reglas» pueden ser... 9. ¿Qué es la inspiración bíblica, según la teología pentecostal? 10. Los evangélicos pentecostales creen que la Santa Escritura es... 11. ¿Qué dice Newton Clarke sobre Dios? 12. ¿Qué es el creacionismo? 13. La tradición judeocristiana, cuya fuente fundamental es la Biblia, entiende el pecado, en términos generales, como... 14. ¿Qué creen los evangélicos pentecostales sobre Jesucristo? 15. ¿Por qué el Espíritu Santo es el tema central en la teología pentecostal? 16. ¿Cuál es la misión principal del Espíritu Santo, según Juan 16:8–11? 17. En la teología pentecostal, ¿Qué incluye la obra del Espíritu Santo? 18. ¿Qué dice Raúl Zaldívar sobre la glosolalia o don de hablar en lenguas? 19. De acuerdo con la mayoría de los pentecostales, el hablar en lenguas desconocidas es la indispensable evidencia de... 20. ¿Qué es la justificación? 21. ¿Qué plantea el calvinismo sobre el tema de la salvación? 22. ¿Cuál es el punto de vista del arminianismo en cuanto al tema de la salvación? 23. ¿Cuál es la corriente teológica que prevalece en la teología pentecostal sobre la salvación? 24. Según José M. García, ¿Qué es el nuevo nacimiento? 126 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal 25. La doctrina de la santificación en la teología pentecostal abarca dos ideas, ¿Cuáles son? 26. ¿Por qué es importante el tema de la resurrección de Cristo? 27. Pablo enuncia cinco hechos negativos que, si fueran ciertos, despojarían al Evangelio de todo poder y bendición, ¿Cuáles son? 28. El término «iglesia» se usa en el Nuevo Testamento cuando se habla de... 29. Desde el punto de vista del autor de este libro, ¿Qué es la iglesia? 30. ¿En qué consiste la doctrina del «arrebatamiento», según la teología pentecostal? 31. En la teología pentecostal se cree y enseña que los cuerpos de los seres humanos... 32. Por tanto, habrá un juicio final en el que los pecadores muertos serán... 33. Existen otras doctrinas que gravitan en la teología pentecostal. Por favor, enumérelas. 34. Hable de la sanidad divina. 35. ¿Qué opina usted sobre el aborto? CAPÍTULO V CREENCIAS, DOGMAS Y TABÚES PENTECOSTALES Los temas vinculados a las creencias, dogmas y tabúes del movimien-to pentecostal requieren ser abordados en la presente obra por múl-tiples razones, las cuales serán puntualizadas más adelante. Ahora bien, de entrada es necesario destacar que, aun cuando muchas de ellas hoy están descontinuadas y han cesado, otras siguen gravitando como parte de la teología pentecostal, en las mentes y en el accionar de mu- chos líderes, maestros y creyentes de las iglesias pentecostales. Los que tienen algunas décadas en el movimiento pentecostal, conocen el origen, desarrollo y evolución de éstas, así como las razones que en su momento las motivaron de forma firme y enérgica en el accionar de la iglesia pentecostal. Entre ellas: el bajo nivel cognitivo (bíblico y secular) de los líderes y maestros de entonces, las diversas situaciones que se daban en medio del pueblo y el deseo desmedido de algunos líderes de mantener la «hegemonía» en la iglesia. También, la mismaespontaneidad y desorganización del movimiento pentecostal, el anhelo sincero de algunos de mantener a los creyentes lejos de las tentaciones y la composición socio–económica de los miembros de las igle- sias, la cual ha variado mucho en los últimos años. 128 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal John S. Banks (1998), sobre el particular dice: «La mayoría se estas creencias, dogmas y tabúes pentecostales, de una u otra forma se teologizaron, al interpretar inadecuadamente las Sa- gradas Escritura, con el fin de validar y justificar «teológica- mente» las ideas propias de la época y, desafortunadamente, forman parte del «aparato teológico» de las iglesias pentecos- tales. Estos son asumidos y observados, en algunos casos, con mayor fuerza y rigor que la teología bíblica y sistemática, sóli- damente fundamentadas en la Biblia». 1 Sin embargo, se debe aclarar que, para el autor de este libro, ningu- na de ellas, son determinantes para la salvación del ser humano, sean o no creyentes pentecostales. Es decir, no importa que usted crea o no, aplique u observe las mismas, afortunadamente, no representan ningún peligro para la salvación. Pero además, es necesario destacar que, hay cosas que están en la Biblia que no aplican a los creyentes de hoy, sin embargo, otras que no están contenidas en las Sagradas Escrituras, de- ben ser observadas hoy, como es el caso de fumar que, aun cuando no hay prescripción bíblica, debe ser tomado en cuenta para ser regulado. En ese sentido, se cita nuevamente al apóstol Pablo, cuando en colosenses 2:20–23, dice: «Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿Por qué, como si vi- vieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a manda- mientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen 129Teología Pentecostal: Una perspectiva académica con el uso? Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne». Y el autor de este libro entiende que: «Mucho menos en cuanto a la salvación». En realidad, la vida cristiana no es tan difícil y compleja como algu- nos líderes y maestros quieren destacar e insistir. Se sabe que en la ma- yoría de los casos esto se hace por el anhelo sincero que tienen algunos de mantener a los creyentes alejados del pecado. En ese sentido, Jesús dijo: «Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga» (Mateo 11:30). Por tan- to, en este capítulo se presentará una síntesis apretada de algunas de las creencias, dogmas y tabúes del movimiento pentecostal, con el fin de que los creyentes pentecostales de la nueva generación, así como los de la generación anterior, y los que no son pentecostales, tengan, desde una perspectiva académica, una panorámica básica sobre las mismas, lo cual permita reflexionar adecuadamente sobre estos asuntos en particular. 5.1. CREENCIAS En términos básicos, una «creencia» es el estado de la mente en el que un individuo supone verdadero el conocimiento o la experiencia que tiene acerca de un suceso o cosa. Es la idea o pensamiento que se asume como verdadero. La Real Academia Española (RAE) define a la creencia como el firme asentimiento y conformidad con algo. La conformación de una «creencia» nace desde el interior de una persona (se desarrolla a partir de las propias convicciones y los valores morales), aunque tam- bién es influenciada por factores externos y el entorno social (la familia, la iglesia, la escuela, entre otros). 2 Ahora bien, es importante destacar que las «doctrinas» son un tipo de «creencias» que, desde la perspectiva teológica po- seen una sustentación sólida en las Sagradas Escrituras, las cuales se abordaron en el capítulo anterior. No así las creen- cias que se presentan en esta sección. Por tanto, a la hora de hablar de «creencias», es necesario señalar la existencia de una gran variedad de ellas en el ámbito de la fe cristiana, en especial, entre los pentecostales. 130 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal Para los fines de la presente obra, estas «creencias» que se presen- tarán, a continuación, poseen un denominador común, todas tienen una aparente «fundamentación bíblica», sin embargo, no resisten un análisis hermenéutico mínimo. Son muchas, aun así, se presentan algunas de las «creencias» que durante décadas han gravitado en el accionar de las igle- sias pentecostales, las cuales se abordan a manera de síntesis. 5.1.1. La letra mata, más el Espíritu vivifica Esta creencia es clave para entender el porqué de la existencia de tantas creencias entre los pentecostales sin un fundamento bíblico só- lido que los respalde. La idea es tomada del apóstol Pablo cuando en 2 Corintios 3:6, dice: «Él cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu vivifica». Sin embargo, el apóstol Pablo ya había mencionado que ni él ni sus compañeros necesitan cartas de recomendación como otros, pues las car- tas de recomendación estaban ya escritas en los corazones de los habitan- tes de Corinto. En ese sentido, se tiene una comparación de cartas escritas a mano, en papiro, y cartas escritas en el corazón por el Espíritu. Aunque Pablo no lo afirma explícitamente, se está basando en Jeremías 31:31–34. Este profeta ya había profetizado que este día vendría: «un nuevo pacto no basado en una ley escrita en piedras, sino escrita en corazones humanos, un día en que su pueblo le conocería más íntimamente». En ese sentido, William Dyrness (1999), dice: «El primer pac- to era basado en letras escritas en piedra (la ley de Moisés), el segundo es basado en algo mucho más íntimo. La «letra que mata» a la que hace referencia el apóstol Pablo, es la letra de la ley dada en el desierto a Moisés, no a las obtenidas a tra- vés de los estudios que pueda realizar una persona, sea en el campo bíblico, teológico o de las ciencias en sentido general. Sin lugar a dudas, que muchos se han dejado influenciar de la expresión bíblica: «abre tu boca que yo te la llenaré», viven siempre improvisando y rellenando en las oportunidades que se les ofrece para edificar la iglesia». 3 131Teología Pentecostal: Una perspectiva académica El Espíritu Santo da sabiduría celestial y espiritual, pero ésta debe estar acompañada de un conocimiento general de la realidad del mensa- je que la iglesia debe aplicar hoy, en un mundo lleno de necesidades que la iglesia debe suplir. Da pena que muchos hayan dejado atrás los estu- dios, los compromisos familiares, los compromisos sociales, entre otros; según ellos, porque la letra mata, más el Espíritu vivifica. 5.1.2. Lo que el Espíritu diga eso se hará A pesar de no existir ningún pasaje bíblico sólido que haga alusión a esta creencia, y que no existe una referencia bíblica de la cual se pueda deducir (salvo Hechos 13:1–2; 16:7), la realidad es que esta «declaración» goza de mucha simpatía entre los creyentes pentecostales. Esta toma el nombre de un reconocido canto, coro o canción con un enorme arraigo entre muchos creyentes de las iglesias pentecostales y que, sin lugar a dudas, en muchas ocasiones bloquea, paraliza e impide cualquier tipo de orden o regulación en los cultos. Esta expresión es utilizada en muchas ocasiones para manipular al- gunos momentos del culto, a los fines de darle, según algunos, toda la libertad al Espíritu Santo. Sin embargo, lo que se aprecia es el dominio del espíritu humano y el deseo protagónico de algunos, queriendo indi- car que son personas más espirituales que los demás. El apóstol Pablo en 1 Corintios 14:40, dice: «Pero hágase todo decentemente y con orden». Es decir, no es que no se le de libertad al Espíritu Santo en los corazones, pero debe existir un orden, una regulación en el culto, la cual es necesa- ria en toda reunión de los creyentes en Cristo. 5.1.3. Las mujeres no debencortarse el pelo Una de las citas en cuestión, es el pasaje de 1 Corintios 11:2–16, en el cual el apóstol Pablo habla sobre el pelo del hombre y de la mujer. Esto lo hace en función a la predicación o profecía, y en el dejar atrás modas asociadas con el paganismo, de ninguna manera fuera de ese escenario y ocasión. Tomando además, claro está, elementos de la cultura y costum- bres de la época. Sin embargo, el cabello largo de la mujer no es el punto principal de la enseña del apóstol Pablo en este pasaje y otros similares. 132 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal Según declara James Garrett (1996), «En la sociedad de la an- tigua Grecia era costumbre que los hombres mantuvieran las cabezas descubiertas durante la adoración. La costumbre de las mujeres era mantener las cabezas cubiertas para mostrar reverencia a Dios. El cabello largo también era de importancia para la iglesia de Corinto, ya que muchas mujeres que antes servían como «prostitutas santas» en los templos griegos se es- taban convirtiendo al cristianismo. Antes de rendirse a Cristo estas mujeres ofrecían sus cuerpos en prostitución para «ado- rar» a los dioses griegos y así juntar fondos para el sostén del templo y sacerdotes paganos. Una característica que distinguía a las «prostitutas santas» era el que se rapaban el pelo». 4 Pero hoy día, esa costumbre no es ni debe ser, necesariamente, guardada ni observada por las iglesias que están en otras culturas. Por tanto, una cristiana no pierde la salvación si se corta o alisa el cabello, o si el varón creyente se lo deja crecer, ya que esto no forma parte de la realidad cultural que se vive en este tiempo y contexto, ni es una con- dicionante bíblica sólida que aplique a los creyentes de hoy. Este asunto debe ser algo opcional y no debe formar parte del «cuerpo doctrinal» de las iglesias de Jesucristo en este tiempo. 133Teología Pentecostal: Una perspectiva académica 5.1.4. No se tiene el Espíritu Santo si no se habla en lenguas Como se indicó en el capítulo anterior, muchas iglesias pentecosta- les creen y enseñan que no se tiene el Espíritu Santo si no se habla en lenguas. Ahora bien, ¿Todos los creyentes deben hablar en lenguas? ¿Si no hablo en lenguas significa, necesariamente, que no he sido bautizado por el Espíritu Santo? La realidad es que no, la Biblia dice que hay diver- sidad de dones, de ministerios y de actividades pero que todos proceden de un mismo Dios (1 Corintios 12:4–6) y que a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu (en este caso, de los dones) para el bien de todos (1 Corintios 12:7). Igual que hay diversidad de ministerios, también hay diversidad de dones espirituales. Por tanto, pretender que todos los creyentes hablen en lenguas como una señal inequívoca o requisito para reflejar en estos el bautismo del Espíritu Santo, resulta tan absurdo como pretender que todos los cristianos sean pastores o todos sean maestros. No necesaria- mente hablar en lenguas es una prueba evidente de que tienes contigo al Espíritu Santo. Ni siquiera en las iglesias pentecostales, que una persona «hable en lenguas» es una garantía de nada. Michael Green (1997), dice: «Hablar en lenguas puede ser una evidencia de tener contigo al Espíritu Santo, cierto. Pero tam- bién, puede ser que tengas contigo un espíritu demoníaco o de que simplemente inventes palabras y las digas en voz alta para fingir una supuesta espiritualidad delante de los demás (cosa cada vez más frecuente en las iglesias pentecostales). Ser bautizado por el Espíritu Santo no es sinónimo de hablar en lenguas. Ni todos los que han sido bautizados por el Espíritu Santo hablan en lenguas». 5 Por tanto, si eres un creyente nacido de nuevo, ya has nacido del Espíritu Santo (Juan 3:1–8), y el Espíritu Santo te ha sellado (Efesios 1:13–14), lo has recibido (1 Corintios 2:12), mora dentro de ti (1 Corintios 6:19), te ungió (1 Juan 2:27), te ha bautizado (1 Corintios 12:13) y ya te ha otorgado uno o varios dones (no necesariamente el de lenguas). 134 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal El énfasis al «don de lenguas» que se ve hoy en muchas iglesias pentecostales, recuerda mucho a lo que Pablo reprochaba a los corintios: hablando todos al mismo tiempo, sin intérprete y en una completa confusión, lo cual haría que cualquiera que entre por la puerta piense que ha entrado en un manicomio. Dios no es Dios de confusión sino de paz (1 Corintios 14:33). 5.1.5. Noé predicó durante 120 años Por años se enseñó en la Escuela Bíblica o Dominical de las igle- sias pentecostales que Noé estuvo predicando al mundo de entonces por 120 años, ya que vendría un diluvio. Aun algunos predicadores y teólogos siguen diciendo que Noé predicó por esa cantidad de tiempo y otros han dicho que el tiempo de su predicación fue menos y algunos mucho más largo que eso. En ese sentido, se ha escuchado en muchísi- mas ocasiones a predicadores y evangelistas pentecostales (de alto per- fil), inclusive en grandes campañas evangelísticas, diciendo que Noé le predicaba a la gente de esa época para que se salvara, se arrepintieran y que ellos no querían entrar al arca y Noé les insistía que entraran para que pudieran ser salvos. Sin embargo, aun cuando en Mateo 24:37–39 se hace alusión al tema, la verdad es que en ningún momento la Biblia puntualiza que Noé le predicara a esas personas y le sugiriera que entraran al arca para que sobrevivieran del diluvio, ya que Dios no instruyó a Noé para que les predicase a ellos. Dios solo le indicó que construyera el arca, ya que la determinación fue eliminar aquella generación humana y levantar otra. En Génesis capítulo 6 se relatan los sucesos ocurridos antes del Diluvio. Se dice que Dios vio la terrible situación de pecado que se había adueña- do de la raza humana. Dios decidió no cerrar los ojos ante tanta maldad y pecado y tomó cartas en el asunto. Entonces dijo Jehová: «No conten- derá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; pero vivirá ciento veinte años» (Génesis 6:3). En ese sentido, William Dyrness (1999), dice: «Dios planeó el arca como el medio para la salvación de Noé y su familia. No hay referencias de que Noé conociera anticipadamente la inun- dación, hasta que Dios se las reveló a él. Las cosas estaban suce- diendo normalmente antes que Dios le hablara a él. El espacio 135Teología Pentecostal: Una perspectiva académica físico del arca no fue diseñado para las personas de ese entonces, solo para Noé, su familia y los animales. La salvación para Noé y su familia fueron solamente por la gracia divina». 6 El único pasaje bíblico que muchos toman como referencia para «de- ducir» que Noé predicó es 2 Pedro 2:5, que dice: «Tampoco perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, y trajo el diluvio sobre el mundo de los impíos». Nótese que la expresión «pregonero de justicia» no necesariamente tiene que significar que Noé, efectivamente, predicó la destrucción del mundo a través de un diluvio. El relato no registra eso. En pocas palabras, Noé no pudo haber predicado la destrucción de la humanidad, ya que esa no fue la encomienda, misión u ordenanza de parte de Dios. La Biblia de Jerusalén traduce el pasaje así: «Si no perdo- nó al antiguo mundo, aunque preservó a Noé, heraldo de la justicia, y a otros siete, cuando hizo venir el diluvio sobre un mundo de impíos» (2 Pedro 2:5). Lo que el apóstol Pedro está diciendo en el referido pasaje, es que en términos comparativos, representativos o simbólicos, Noé con su ejemplo de vida y de manera indirecta o tácita, envió un mensaje claro de la justicia de Dios, el cual salva al justo y condena al pecador. Por tanto, la expresión «pregonero de justicia», es un «título honorifico», no una expresión que deba tomarse como literal. 136 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal Los principios hermenéuticos indican que, toda doctrina o en- señanza bíblica debe contarcon dos o tres pasajes que la res- palden y que estén en sentido literal, no simbólico o ilustrativo. El autor de este libro creo que Noé no predicó a voz en cuello que el mundo iba a ser anegado en agua, puesto que Dios había determinado salvar solo a Noé y a su familia (Génesis 6:18), así que, no tendría mucho sentido una predicación, como se conoce hoy. Dios estaba tan molesto con esa generación, que el Texto Sagrado dice: «...y Jehová le cerró la puerta» (Génesis 7:16). 5.1.6. Solo los creyentes pentecostales serán salvos Existe una marcada tendencia entre muchos líderes, maestros y creyentes en pensar que solo los de la iglesia pentecostal serán sal- vos, ya que se consideran ser la auténtica y verdadera iglesia de Cris- to. La construcción de esta creencia es compleja, debido a que es el resultado de un proceso de «deducción» del contenido de una serie de pasajes bíblicos, los cuales son sacados de contexto y aplicados de forma arbitraria, dando como resultado dichas ideas. Los pasajes bíblicos de donde se extraen esas ideas son: Mateo 7:13–14; 22:14; Lucas 13:22–27; Romanos 9:27, entre otros. Se alega que los pentecostales son los «verdaderos» sustentan- tes de la «sana doctrina» y que cumplen fielmente con los man- datos del señor, con la ayuda del Espíritu Santo. Sin embargo, en Mateo 24:13, Jesús dijo: «Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo». Dios le da la oportunidad de salvarse a todos los seres humanos sin importar a la iglesia cristiana a la que pertenezca. Él quiere que todos los seres humanos sean sal- vos y vengan al conocimiento de la verdad (1 Timoteo 2:4). 2 Pedro 3:9, dice claramente que Dios no quiere «que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento». Por tanto, sea pentecostal o no, la salvación es de Jesucristo, el cual es el camino la verdad y la vida. La verdadera iglesia de Cristo es una, llámese como se llame, donde quiera que esté. Por tanto, no solo los cre- yentes pentecostales serán salvos. Todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo (Romanos 10:13). 137Teología Pentecostal: Una perspectiva académica 5.1.7. Cuando se tiene relaciones sexuales el Espíritu Santo se va en ese momento Durante muchos años la inmensa ignorancia en el campo «sexual» en las comunidades e iglesias pentecostales, dieron origen a muchos «ta- búes sexuales» que hoy se consideran como absurdos. Tal es el caso que ocupa, ya que creer que cuando se tiene relaciones sexuales el Espíritu Santo se va en ese momento, es una muestra más del «fanatismo» impe- rante en muchos creyentes pentecostales. En ese sentido, Bernardo Stamateas (1996), dice: «Muchos creyentes no poseen un conocimiento «básico» sobre la sexualidad. Esto les con- duce a inventar innumerables explicaciones sobre este particular. Sin embargo, el conocimiento «verdadero» libera, y ayuda a vivir una «se- xualidad» libre de culpas y miedo, además, permite lograr una relación de pareja más armoniosa y placentera. En ese orden, son muchos los que piensan que la Biblia es un conjunto de libros que rechazan el «sexo» y lo consideran como una maldición. El hecho de que casi no exista biblio- grafía que aborde este tema, indica la desconfianza y la sospecha de que la «sexualidad» y la Biblia están reñidas entre sí». 7 Por tanto, la orientación sin «trabas» ni «tabúes» es fundamental para una educación correcta sobre la sexualidad. Muchos evangélicos pentecostales aún continúan, sin saberlo, con erróneas concepciones sobre la «sexualidad», y así se las transmiten, sin querer, a los hijos. Ahora bien, es importante destacar que no existe un marco referencial bíblico sólido que indique que cuando se tiene relaciones sexuales el Espíritu Santo se va en ese momento. Esa es una creencia errónea y sin fundamentos bíblicos. Sin lugar a dudas, los contenidos educacionales que se fue- ron recibiendo desde múltiples lugares, los «mandatos» sobre qué «es» y «no» es la «sexualidad» que ha marcado la iglesia, familia y las amistades, así como las comunicaciones calleje- ras, la influencia de los medios de comunicación, entre otras, han forjado la actual concepción sobre este particular. Este contexto conforma una serie complejísima de creencias y «es- tímulos», los cuales van a influir y marcar la concepción que se tenga sobre la sexualidad. 138 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal 5.1.8. La oración debe ser realizada con los ojos cerrados Con mucha frecuencia, la oración es vista como una «fórmula mágica». Si no se dice exactamente las cosas correctas o se toma la posición correcta, Dios no escuchará y responderá la oración. Esto es completamente antibíblico. Dios no responde, necesariamente, a las oraciones basadas en cuándo se ora, dónde se está, qué posición corpo- ral se adopta, o en qué orden de contenido se dicen las oraciones. Por tanto, la oración no está limitada a posturas determinadas o conven- cionales; tampoco está restringida a lugares de adoración o a ceremo- nias religiosas. La Biblia dice: «Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar» (1 Timoteo 2:8). Al orar, la postura física no es tan importante como la actitud del corazón. Algunos grupos insisten en que uno debe cerrar los ojos o arro- dillarse cada vez que ora, o que debe colocar las manos de cierta forma. Todo esto carece de importancia, si bien el arrodillarse es un acto de humildad cuando se hace sinceramente y cerrar los ojos puede ayudar a la concentración de la persona en ese momento, no son determinantes para la efectiva aplicación y resultados. 139Teología Pentecostal: Una perspectiva académica Jesús rechazó algunas actitudes al orar cuando dijo: «Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hom- bres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis» (Mateo 6:5–8). Por tanto, la manera correcta de orar, es expresando lo que hay en el corazón a Dios. Sentado, de pie, o de rodillas; con las manos abiertas o cerradas; ojos abiertos o cerrados; en voz alta o en silencio; en un templo, en casa, o al aire libre; por la ma- ñana o por la noche, todas estas cosas son asuntos secundarios, sujetos a la preferencia personal, convicción y conveniencia. El deseo de Dios es que la oración sea una conexión real y perso- nal entre Él y la persona. 5.1.9. Los niños no deben ser bautizados En las iglesias evangélicas pentecostales no se bautizan los niños, bajo el fundamento de que éstos no tienen conciencia de pecado ni de qué arre- pentirse, pues se cree que este sacramento es para ser aplicado solo a los adultos. Sin embargo, en su lugar, celebran la presentación de niños, como una ceremonia que cumple el deseo de Jesús, según Marcos 10:14, cuando dice: «Viéndolo Jesús, se indignó, y les dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios». Ahora bien, según Carlos Jiménez (1994), el convencimiento de que los apóstoles ordenaron el bautismo de los niños, lo mismo que el de los adultos, se halla ya atestiguado en Orí- genes (siglo III d. C), y, prescindiendo de algunas excepciones dignas de tenerse en cuenta, llegó a convertirse en una convic- ción indiscutida hasta el siglo actual. Se afirma que los argu- mentos tradicionales en pro del establecimiento del bautismo de los niños por parte de los apóstoles se hallan justificados tanto teológicamente como por la moderna investigación bí- 140 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal blica y arqueológica.El convencimiento, por ejemplo, de que el bautismo de toda una casa (Hechos 11:14; 16:15; 16:33; 18:8) se refería también a los niños pequeños». 8 Por otro lado, las palabras de Jesús acerca de los niños pequeños y el reino de Dios (Marcos 10:14) se entienden, según la crítica de las formas, como si el relato tuviese una «situación vital» en una comunidad que se hacía la pregunta «¿Debemos hacer bautizar a nuestros niños» A ella se contestaba tácitamente con esta respuesta que se presuponía: «Sí, llevad- los al bautismo, como una vez fueron llevados a Jesús», esta conclusión se ve corroborada por la suposición de que el mandato de Jesús «no se lo im- pidáis» reflejaba un antiguo uso litúrgico de esta fórmula en el bautismo. Finalmente, se citan inscripciones sepulcrales del cristianismo pri- mitivo como prueba para demostrar que en la primitiva iglesia se admi- nistraba el bautismo a los niños. Mientras que no pocos teólogos se dejan impresionar por estos argumentos, otros los consideran insostenibles y creen que, en cuanto al bautismo de los niños, no llegó su aplicación hasta finales del siglo II d. C. Para el autor de este libro, la presentación de niños en las iglesias pentecostales es equivalente al bautismo, solo le hace falta rociarlos o sumergirlos en agua, ya que en esencia, hace refe- rencia al mismo asunto e interés de Dios por los niños. 5.1.10. Tomar café o té es pecado Cuando me entregué a Cristo, hace unos 40 años, se me indicó que tomar café o té era pecado, una complacencia dañina que, a semejanza de otros males, perjudica el alma, pues estas bebidas creaban adicción, y por tanto, debía evitarlas. Con cierta frecuencia algunos tratan de ubicar en la Biblia alguna referencia (de cualquier naturaleza) que respalde la prohibición de tomar café o el té, pero la legítima verdad, es que las Sa- gradas Escrituras no hacen ninguna mención de este asunto ni de estas palabras dentro de sus páginas. La prohibición de tomar café o té, según Donner Theo (2004), no tiene raíces en la iglesia evangélica pentecostal, sino que proviene de la iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (mormones). Sin embargo, muchas iglesias pentecostales han comprado ese discurso que, en términos médicos y cien- 141Teología Pentecostal: Una perspectiva académica tíficos, tienen mucha fuerza o razón de ser, pero no bíblica ni teológicamente. 9 Una de las respuesta usuales que se escuchan es que éstos contie- nen cafeína, una sustancia alcaloide del grupo de las «xantinas» que es estimulante del sistema nervioso central, la cual aumenta el nivel de alerta y disminuye la somnolencia. En ese sentido, tienen cafeína el café, el extracto de guaraná, el té, las bebidas de cola, las bebidas energéticas, entre otras. Por tanto, para muchos el beber té y café es un pecado, ya que estos tienen una tendencia mayor a nublar el intelecto y debilitar las energías. Se cree que los que tienen el hábito de tomar té o café, no pueden adorar a Dios cuando están privados de estos narcóticos habituales, e indican que la «gracia divina» será impotente para animar, vitalizar o espiritua- lizar las oraciones o los testimonios. Sin embargo, la Asociación Médica Americana reconoció oficial- mente que: «Beber té o café de forma moderada no tiene ningún efecto negativo sobre la salud, siempre y cuando se lleve un estilo de vida saludable». De hecho, en los últimos años, no solo se han refutado la mayoría de los efectos adversos asociados a la bebida; también se ha demostrado que provee múltiples beneficios ajenos a la cafeína, al pun- to de considerarla un nutriente. 142 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal Estos estudios indican que el tomar café ayuda a prevenir el Alzhe- imer, reduce el riesgo de diabetes tipo 2, sirve de analgésico, comba- te dolores de tipo existencial, como depresiones, aumenta el colesterol bueno y disminuye el colesterol malo, ayuda a combatir algunos tipos de cáncer, aumenta el rendimiento y el mantenerse sobrio. Finalmente, todas las personas, cristianas o no, pentecostales o no, tienen el derecho de decidir lo que van a comer y a beber, o no. Pero estas, no tienen el derecho de imponer esas opiniones en nadie más, especialmente cuando se está aplicando o usan- do la Biblia incorrectamente. 5.1.11. Las mujeres no se pueden preparar para no tener hijos El tema de que las mujeres no se pueden preparar para no tener hi- jos es viejo, y no solo atañe a las iglesias pentecostales. Aunque desde hace más de dos mil años atrás, ya se buscaban métodos anticonceptivos en las civilizaciones antiguas, estos métodos anticonceptivos, como se conocen hoy en día (pastillas, parches, entre otros), existen desde hace solo unos 30 a 40 años, y por lo tanto, nada se dice explícitamente res- pecto a ellos en las Sagradas Escrituras. Ahora bien, el significado del matrimonio incluye, por diseño de Dios, dar a luz a hijos y enseñarles los caminos de Cristo (Génesis 1:26– 28). Sin embargo, la Biblia no prohíbe la anticoncepción. Por definición, la anticoncepción es simplemente lo opuesto a la concepción. Dadas al- gunas creencias, muchas parejas de las iglesias pentecostales han tenido muchos hijos y estos sufren las consecuencias propias de la falta de aten- ción, ropa y alimento, lo cual constituye una gran irresponsabilidad por parte de quienes así actúan. Peggy Sanday (1981), dice: «Algunos toman como marco re- ferencial la palabras del apóstol Pablo en 1 Timoteo 2:15, que dice: «Pero se salvará engendrando hijos, si permaneciere en fe, amor y santificación, con modestia». Este pasaje, tomado fuera de contexto, no solo crea distorsiones sobre el tema en cuestión, sino que introduce en escena el tema de la salvación que, en ningún sentido, está sujeto a tener hijos. Si una per- 143Teología Pentecostal: Una perspectiva académica sona practica la anticoncepción para retrasar la llegada de los hijos hasta que esté más madura y mejor preparada espiritual y financieramente, es admisible y entendible el uso de anti- conceptivos por un tiempo». 10 Todas las parejas casadas deben buscar el tener hijos a su tiempo. Al mismo tiempo, no hay argumento bíblico que califique explícitamente como malo el uso del control natal por un tiempo. En ese sentido, todas las parejas casadas deberían buscar la voluntad del Señor al considerar cuándo deberían tratar de tener hijos, y cuántos buscarían tener. 5.1.12. Los creyentes católicos no son cristianos Un cristiano es alguien que sigue la verdadera fe de Jesucristo. En los Hechos de los Apóstoles, se lee que fue en Antioquía donde, por primera vez, a los seguidores de Cristo se les llamó cristianos (Hechos 11:26). Es interesante que fuera también en Antioquía, en el año 110 d.C., que el término «católico» fue por primera vez aplicado a la iglesia cristiana. Esto fue hecho por el célebre mártir de la antigua iglesia cristiana, Igna- cio. Sin embargo, para muchos evangélicos pentecostales, los católicos no son cristianos y mucho menos alcanzarán la salvación. En el griego la palabra «katholikos», «católico», significa uni- versal. Por lo tanto, la única iglesia cristiana de ese entonces llegó a ser conocida como la iglesia católica. Tiene bastante sentido que los dos términos, cristiano y católico, sean inter- cambiables; pues la única iglesia cristiana que existió desde el principio, llevó el nombre de iglesia católica. 11 En ese sentido, el adjetivo «cristiano», aplicado a una persona, sig- nifica básicamente «alguien que cree en Cristo y le sigue». Cristiano es aquel que confiesa haber hallado a Dios en la persona de Jesucristo, o más bien, el que sostiene que Dios mismo le ha llamado y encontrado por medio de Jesús. Por tanto, ser cristiano es lo mismo que estar en comunión con Cristo, reconocerle como Señor. Entonces, decir que los católicos no son cristianos, es un absurdo. Cristianismo, básicamente, es el modo de vida y ladoctrina y de los seguidores de Cristo, tal y como fueron predicadas desde los primeros tiempos de la iglesia. De hecho, ya antes del año 107 a. de C., la palabra 144 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal «cristianismo» aparece por primera vez en la carta de Ignacio, Obispo de Antioquía, a los Magnesios. A lo largo del tiempo cuando de la iglesia única (universal, católica) se separaban grupos con su particular inter- pretación de la Biblia y las enseñanzas de Jesús, se les fueron dando nombres que los relacionaban con el fundador y las enseñanzas. Por ejemplo, los montanistas (siglo II), por el líder Montano, los arrianos (siglo IV), por Arrio de Alejandría, los docetistas (S.I) por su enseñanza de que la carne de Jesús no era real sino aparente («dokesis» quiere decir en griego «apariencia»), los pelagianos (siglos IV y V) por el líder Pelagio. Posteriormente los luteranos en el S. XVI, por seguir las tesis de Lu- tero, los calvinistas por Calvino, los presbiterianos por la forma de go- bierno eclesial que se funda en un consejo de ancianos (presbíteros), los metodistas del S. XVIII, por el apodo que les pusieron gracia a su vida «metódica», los bautistas desde el S. XVI por su énfasis en el rebautismo o el bautismo solo de los adultos y naturalmente, los pentecostales de principios del S. XX, por el énfasis en la recepción del Espíritu Santo y los dones como en Pentecostés. 5.1.13. Tomar vino es pecado Bíblicamente hablando, no es pecado beber vino. En otras palabras, el acto de beber vino en sí y por sí mismo no es pecado. De hecho, Pablo le recomienda a Timoteo que beba vino para el estómago y enfermeda- des (1 Timoteo 5:23). Además, Jesús no transformó el agua en jugo, sino que la convirtió en vino (Juan 2:7–9). En ese sentido, algunos creyentes pentecostales intentan justificar el hecho de que Jesús convirtió el agua en algo que no era vino, o un «vino celestial», sin alcohol, o que fue dilui- do en agua hasta que no se sintiese el alcohol, o cosas semejantes. Por tanto, en el pasaje de Juan 2:1–11 (de las bodas de Caná), se en- cuentra el único testimonio bíblico que se tiene sobre cómo era el vino, ya que el maestresala probó el agua hecha vino, sin saber él de dón- de era, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua. Este llamó al esposo, y le dijo: «Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido mucho, entonces el inferior; mas tú has reservado el buen vino hasta ahora». 145Teología Pentecostal: Una perspectiva académica Muchos citan, «fuera de contexto», el pasaje de Gálatas 5:9 y el de 1 Corintios 5:6, el cual dice que: «Un poco de levadura leuda toda la masa», con el objetivo de frenar a los creyentes en cuanto a tomar vino, indicando que, sin importar la cantidad ingerida, ya se ha pecado, lo cual tiene buenas intenciones, pero como dice un refrán: «La fiebre no está en la sábana». Esos pasajes no se aplican al tema en cuestión. Ahora bien, si el beber vino es una tentación para alguien que no es tan maduro en la fe, no se debería participar de la bebida frente a esa persona (Romanos 15:1). Por otro lado, el apóstol Pablo dice: «Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo» (Colosenses 2:16). Como se ve, a partir de aquí, se tiene una clara enseñanza respecto a que no se debe juzgar a las per- sonas en cuanto a los alimentos o bebidas que prefiera el otro. Finalmente, cabe señalar que en países europeos como España y Francia, y en algunos de América como Argentina, se tiene por costum- bre tomar una copa de vino con las comidas, lo cual no constituye nin- guna falta a los mandamientos de Dios. El pecado sería emborracharse, transgrediendo las palabras del apóstol Pablo cuando dijo: «No os em- briaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu» (Efesios 5:18). Se debe señalar que, «sed llenos del Espíritu» es la acción de estar llenos de la Palabra de Dios, por tanto, no se limita a tener experiencias místicas o emociones canalizadas por algún concierto, evento o congreso, ni necesariamente, limitarse al hablar en lenguas o danzar en el Espíritu. 146 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal 5.1.14. El hombre es la cabeza de la mujer Sin lugar a dudas, este es uno de los temas que no ha habido for- ma de separarlo de la vida cristiana en las iglesias pentecostales de este tiempo, por muchas razones, las cuales más adelante se estarán desta- cando. Las referencias bíblicas son muchas, pero muy mal aplicadas y sacadas de contexto, dado el interés de algunos de mantener a la mujer en bajo perfil en relación al hombre. El pasaje clave está en Efesios 5:23, que dice: «Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador». La clave de este asunto está en la palabra «cabeza», la cual para los latinoamericanos está asociada a jerarquía o autoridad, y esto se aleja del sentido bíblico. El hombre debe ser el «sa- cerdote del hogar», es decir el que está para guiar espiritual y socialmen- te a todos en el hogar; no el jefe, mandamás o cabeza en el sentido de que es el que decide todo sin consultar a nadie. Para quienes son parte de una iglesia pentecostal, las «prescrip- ciones» contenidas en las Sagradas Escrituras que, aun cuan- do contienen «principios» que son fundamentales y aplicables en el día de hoy, estas son, por lo regular, sacados «arbitraria- mente» de un contexto sociocultural muy distinto al nuestro e introducidos en las «prácticas hogareñas» sin la adecuación pertinente, es decir, sin ponerlas en contexto. En ese sentido, Silvia Vera Acampo (1987), dice: «Este «escenario» crea una serie de distorsiones en cuanto al «ideal» planteado en la Bi- blia y la realidad de las sociedades del mundo actual, poniéndoles una «camisa de fuerza» a los matrimonios y familias que desean establecer reglas, normas, y construir «roles» distintos a los que se proponen en la sociedad y en el ámbito de la fe, constituyéndose esto en un gran «reto» para las «familias» de hoy en sentido general». 12 Ahora bien, la Biblia, puesta adecuadamente en contexto, puede ayudar a iluminar y a solucionar, aunque sea en parte, tanta desorien- tación existente. Es necesario, por tanto, usar, interpretar y aplicar los textos bíblicos, escritos en otros tiempos históricos, contextos culturales y costumbres sociales, a la necesidad y realidad de la fami- lia de este tiempo. Como ya se ha indicado en secciones anteriores, no 147Teología Pentecostal: Una perspectiva académica todo lo que está en la Biblia es para nosotros hoy; fueron asuntos para la época que, no necesariamente, trascienden, literalmente, a nuestro contexto en particular. En ocasiones se culpa a las Sagradas Escrituras y al Dios de ellas, de ser los precursores del «machismo», que en los tiem- pos del Antiguo Testamento se conocía como la era de los pa- triarcas. En ese sentido, Héctor B. Olea (2016), dice: «Dios no es machista, Dios no es feminista, Dios no es varón, Dios no es mujer; pero el discurso teológico de la tradición judeocristiana (AT y NT), elaborado, estructurado, contado y divulgado por varones; sí es machista, desfavorable a la mujer, donde jamás dominó la idea siquiera de una igualdad relativa entre el varón y la mujer, y donde es claro que la mujer siempre estuvo a la sombra del liderazgo y señorío del varón, en la sociedad, en el hogar, en el clan, en la tribu, en la monarquía, en el templo, en la sinagoga, y en las asambleas cristianas». 13 En ese sentido, las familias de hoy deben modificar la forma de «crianza» de los varones en cuanto a los quehaceres del hogar. Esas «ideas» de que los varones no cocinan, ni lavan los platos o limpian la casa, entre otros trabajos domésticos, deben cambiar. A los varones se les debe «enseñar» que esas cosas no son solo de las hembrasy que for- man parte de las «tareas cotidianas» que ellos deben realizar. Por tanto, el hombre no tiene que ser un machista, ni la mujer una feminista. Los que han madurado sobre el tema saben que nunca fue el deseo de Dios de que el hombre tuviera la última palabra en todo. Hay que elaborar una «teología de género» que equipare el papel de la mujer a la par con la del hombre, a los fines de mejorar las relaciones interper- sonales, crear un abanico más amplio de análisis y discusión que permi- ta aprovechar en su justa dimensión el potencial que Dios colocó, tanto en el hombre, como en la mujer. 5.1.15. Fumar es pecado La Biblia nunca menciona directamente el fumar. Por tanto, no se puede considerar que un creyente que fume, esté pecando. Sin embargo, se pueden considerar un par de principios que, ayudarían a entender la 148 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal necesidad de evitar la práctica de fumar. Primero, la Biblia en 1 Corintios 6:12, dice: «Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna». Más adelante, en el mismo pasaje dice: «¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual te- néis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios» (1 Corintios 6:19–20). Indudablemente el fumar es muy malo para la salud del cuerpo. Fumar es responsable de muchas enfermedades, tales como: cáncer, enfermedades respiratorias a largo plazo (crónicas), enfermedades cardíacas, así como muerte prematura. Fumar hace que el aliento y la ropa tengan mal olor, provoca manchas en los dientes y los dedos, aumenta la posibilidad de sufrir insomnio, incrementa el riesgo de sufrir psoriasis, causa envejecimiento prematuro, hace que se vuelva gris el pelo o haya calvicie prematura, hace que se estrechen los vasos sanguíneos y aumenta los problemas dentales. Sin embargo, la verdad es que muchos hombres piadosos han sido fumadores, como el caso del famoso predicador británico C.H. Spurgeon. Según otras fuentes Kart Barth, Martin Lutero, y actualmente T. B. Joshua, entre otros, fumaron y fuman. Claro está, Spurgeon y los demás hacían mal al cuerpo al fumar, pero no pecaban con esto, ya que éstos fueron y son hombres piadosos y fantásticos maestros de la Palabra de Dios. Sin lugar a dudas, hay muchos verdaderos creyentes en Jesucristo que fuman. El fumar no hace que una persona pierda la salvación. Sin embargo, al igual que muchos otros hábitos, el fumar es perjudicial para la salud de cualquier persona y debe ser abandonado, y vencido con la ayuda de Dios. Si una persona desea verdaderamente vencer este mal hábito, recuerde que luchar por vencer es lo que Dios espera. Tal vez no sea fácil, pero el carácter se fortalece en la batalla. Por lo que, sea bíblico o no, no es recomendable fumar, sea este, creyente o no en Cristo. 149Teología Pentecostal: Una perspectiva académica 5.1.16. No es bíblico el uso de la danza en la iglesia Los que se oponen al uso de la danza en la iglesia pentecostal indi- can que, las «danzas cristianas» no son el producto de una expresión de júbilo genuino, por lo tanto, no sirven para adorar al Señor. Que son una coreografía ensayada y practicada con el fin de no hacer el ridículo. Sostienen que no tienen nada de espiritual, ya que se hace en la carne y son una pérdida de tiempo en la iglesia, tiempo que se debe utilizar para orar, predicar, alabar y adorar en espíritu y en verdad. Además, que éstas se han convertido en una entretención más den- tro del «culto» y que el público no sabe qué significa ni qué quiere decir cada movimiento que hacen los y las danzarinas, y que ni ellos mismos saben lo que hacen ni por qué lo hacen, considerándolas como una moda más en la iglesia contemporánea. Sin embargo, la danza ha sido una parte importante de la expre- sión religiosa a través de la historia. En la tradición cristiana, la danza se ha mencionado varias veces en el Antiguo Testamento, cuando los fieles danzaban para expresar adoración, alabanza y agradecimiento. La danza de alabanza permite que las danza- rinas utilicen sus cuerpos como templos de Dios. A través de la danza, los fieles muestran intimidad y devoción a Dios. El danzar ayuda a liberar tensiones, adelgazar y expresar alegría. 150 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal En ese sentido, E. Mullins (2013), dice: «El cristianismo y la danza han sido a menudo vistos como menos compatibles, debido al énfasis en el cuerpo. Esto se debe a que el cuerpo se asocia a menudo con lo carnal, o la sexualidad. Sin embargo, la danza de alabanza es acerca de la fe, no de la sexualidad. Se danza con el propósito de elevar una ofrenda de adoración a Dios y no para mostrar un show. La danza en la iglesia no constituye ningún pecado, ya que este escenario no envuelve influencias mundanas o carnales». 14 Por tanto, así como la danza espontánea es percibida como parte del movimiento del Espíritu Santo en las personas, una coreografía podría serlo igualmente. El Espíritu Santo es quien (en última instan- cia) enseña o guía a los coreógrafos a esperar hasta que Dios les ins- pire los movimientos de danza correctos, de la misma manera en que los pastores están inspirados para escribir los sermones. Usar danzas, banderines y coreografía en un culto de adoración llama la atención de la gente para que adore a Dios, y les ayuda a poner la mente en el Señor y buscar más su rostro. Hoy en día, en muchas iglesias pentecostales clásicas o con- servadoras la danza está creciendo, con programas para la juventud, y provocando que un gran número de creyentes deseen convertirse en danzarinas y danzarines profesionales, como Dios se lo merece. El apóstol Pablo dice: «Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad (Filipenses 4:8). 5.1.17. Judas Iscariote murió ahorcado Este caso es bien complejo. Según la narración de Mateo, Judas arrepentido por haber entregado a Jesucristo en mano de los enemigos, no pudo soportar la angustia de este recuerdo, y desesperado se ahorcó. Mateo es el único evangelista que relata los detalles de la muerte, y lo hace de esta manera: «Entonces Judas, al ver que lo habían condenado, aturdido por el remordimiento, devolvió las 30 monedas de plata a los Sumos Sacerdotes y a los ancianos, diciendo: «He pecado, entregando a un hombre inocente». Pero ellos le contestaron: «Y a nosotros ¿qué nos 151Teología Pentecostal: Una perspectiva académica importa? Eso es cosa tuya». Entonces Judas tiró las monedas en el Tem- plo, fue y se ahorcó» (Mateo 27:3–8). Pero..., ¿La muerte de Judas sucedió realmente de esta manera? No se dudaría si no fuera porque otro libro del Nuevo Testamento, los He- chos de los Apóstoles, da una información totalmente distinta. Cuenta este libro que cuando los apóstoles quisieron buscar un sucesor para Ju- das, a fin de volver a completar el número de los doce discípulos, Pedro pronunció un discurso y dijo: «Hermanos, era necesario que se cumpliera la Escritura, en la que el Espíritu Santo, por medio de David, había dicho ya acerca de Judas, que fue el guía de los que apresaron a Jesús. Pues Judas era uno de los nues- tros, y obtuvo un puesto en este ministerio. Pero fue y compró una finca con el dinero que le pagaron por su maldad. Luego cayó de cabeza, se re- ventó por el medio y se derramaron todos sus intestinos. Cuando los ha- bitantes de Jerusalén lo supieron, llamaron a aquella finca «Acéldama», que en su lengua quiere decir «Campo de Sangre» (Hechos 1:16–19). Sin lugar a dudas, existen entre estos dos relatos demasiadas divergencias, ya que se tiene, pues, dos versiones distintassobre la muerte de Judas el Iscariote: a. Mientras Mateo habla de un suicidio, Hechos más bien dice que se trató de un accidente: se cayó y su cuerpo se reventó contra el suelo. b. Mateo afirma que a Judas se le remordió la conciencia por la traición y fue a devolver las 30 monedas a los sacerdo- tes. En Hechos, en cambio, no hubo arrepentimiento ni devolución del dinero. c. Según Mateo, con las monedas devueltas por Judas los sa- cerdotes adquirieron el campo de un alfarero, y lo usaron como cementerio para los judíos extranjeros que morían en Jerusalén. Hechos, en cambio, afirma que quien compró el campo fue el mismo Judas. d. Mateo puntualiza que el campo adquirido por los sacerdo- tes era un terreno desértico (en griego=agrón). Mientras que Hechos aclara que era una finca (en griego=joríon), donde Judas encontró una espantosa muerte, precipitándose qui- zás desde el techo de la casa. 152 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal e. Para Mateo el misterioso nombre de «Campo de Sangre» alude a la muerte de Jesucristo (ya que fue comprado con el dinero de la venta). Para Hechos, el nombre alude a la muerte de Judas (ya que allí había fallecido trágicamente el pobre apóstol). ¿Se pueden conciliar los dos relatos? Como se puede observar, son muchas las diferencias entre los dos relatos, los cuales están en la Biblia. Algunos han intentado hacerlos coincidir, diciendo, por ejemplo, que la cuerda o la rama del árbol pudieron haberse roto, y al caer el cuerpo se destrozó contra el suelo. Pero para que esto sucediera debió haberse ahor- cado de un árbol muy alto y en Palestina no existen árboles tan altos. Otros, con más imaginación, han sugerido que Judas posiblemente se ahorcó de un árbol plantado en el borde de un precipicio. Y al rom- perse la cuerda o la rama, su cuerpo se despedazó contra el fondo del valle. De ser así, el cuerpo de Judas debería haber caído con los pies para abajo, tal como estaba colgado. Sin embargo, Pedro asegura que Judas «cayó de cabeza» (Hechos 1:18). Esto es imposible, a menos que se hubiera «ahorcado» de los pies. De todos modos, las divergencias men- cionadas vuelven irreconciliables a ambos relatos, y han hecho fracasar los numerosos intentos de armonización. Benjamín Olea Cordero (2015), experto en Biblia, sobre este tema indica: «Muchos de los que se esfuerzan en armonizar las dos versiones lo hacen atendiendo al principio, ajeno a la misma Biblia, de que lo narrado tiene que ser histórico y que, por tanto, hay que compatibilizar las diferencias. Estas dos no- ticias no pueden ser llevadas a armonización; en consecuencia, no hay posibilidad de que ambas sean históricas. Y de hecho, seguramente, ni una ni la otra lo son». 15 Desde el punto de vista del autor de este libro, la muerte de Judas es una «narración ilustrativa» como lo son otros relatos bíblicos, cuya in- tención es la de mostrar (en el caso que ocupa) el tipo de final de aquellos que venden al Señor o su primogenitura por unas cuantas «monedas» o un «plato de lentejas». Sea usted quien a partir de lo expuesto fije la posición que considere más ecuánime, no solo de este caso, sino de los demás que están contenidos en las Sagradas Escrituras. 153Teología Pentecostal: Una perspectiva académica 5.1.18. Las mujeres no deben usar pantalones, prendas, maquillaje, tintes, pintarse las uñas ni ponerse extensiones de pelo El tema de los pantalones, prendas, maquillaje, tintes, pintarse las uñas o ponerse extensiones de pelo, en especial en el ámbito pentecostal conservador o clásico es, y seguirá siendo por mucho tiempo, cuestión de muchos debates, pero sobre todo de discriminación e impedimento para el avance del Evangelio. Muchos líderes y maestros de estas iglesias prohíben el hecho de que las mujeres usen estas cosas. Esta prohibición la basan, primeramente, en Deuteronomio 22:5, que dice: «No vestirá la mujer traje de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer; porque abo- minación es a Jehová tu Dios cualquiera que esto hace». Sin embargo, las ordenanzas en Deuteronomio 22:5, fueron dadas en un tiempo cuando aún no existían los pantalones, y la ropa común, tanto para el hombre como para la mujer, eran las túnicas, es decir vesti- dos. Por lo cual, Dios no tenía en mente el uso de pantalones, sino que le estaba presentando reglas de vestimenta a Israel con implicaciones que iban más allá del uso de pantalones. Por otro lado, algunos líderes, maestros y pastores pentecostales, prohíben que las creyentes usen maquillaje, se tiñan el cabello, que se pongan extensiones de pelo o usen joyas. Estos basan la creencia en 1 Timoteo 2:9–10, que dice: «Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad» Además de Isaías 3:18–24. 154 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal Sin embargo, al analizar 1 Timoteo 2, el apóstol Pablo no está prohibiendo el arreglo de la mujer sino identificando aquellas cualidades que adornan a una creyente. Ni el oro, las perlas o ropa costosa complementan la vida espiritual de una cristiana. El adorno de una hija de Dios es guardar la decencia y arreglarse con modestia. No se deben usar ropa, prendas o arreglos que llamen la atención hacia sí mismas. El usar maquillaje, tintes, extensiones de pelo o prendas no es pecado si se hace con mo- destia y sin descuidar el servicio a Dios. Una mujer peca cuando usa ropa indecente o usa peinados o prendas para autogloriarse. En ese sentido, algunos llegan al extremo de prohibir por comple- to el arreglo físico de una mujer creyente; no peinados, no maquillaje, no joyas y hasta el no usar ropa con colores. Estas personas basan la doctrina en 1 Pedro 3:3–4, que dice: «Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios». Para tener una mejor comprensión de los versículos tres y cua- tro de 1 Pedro 3, es importante incluir los versículos del uno al seis. En estos versículos el enfoque del apóstol Pedro no es la belleza, sino en el cómo una mujer creyente puede evangeli- zar al esposo no creyente por medio de la conducta. La belleza externa de la esposa no es suficiente para que el esposo incré- dulo reciba al Señor en el corazón. Lo que si puede marcar la diferencia en la evangelización del cónyuge es una conducta íntegra y respetuosa (1 Pedro 3:2). En ese sentido, Robert W. Palmer (1999), dice: «El ser una mujer mal arreglada y descuidada en su atuendo de nada sirve, si no tiene un corazón suave y apacible que le ayuda a respetar a su marido y hon- rar a Dios. Por tanto, una cristiana no peca con arreglarse o adornar el físico. Sin embargo, un mejor adorno que el externo, es el adornar su espíritu y corazón cumpliendo los propósitos de Dios. La voluntad de Dios para la mujer cristiana es la santidad, la modestia, la belleza interna y arreglarse de tal manera, que le indica al mundo que Cristo mora en todo su ser». 16 155Teología Pentecostal: Una perspectiva académica Por tanto, el uso de pantalones, prendas, maquillaje, tintes, pin- tarse las uñas o ponerse extensiones de pelo en las mujeres creyentes de las iglesias pentecostales, no debe ser motivo de discriminación o aislamiento a estas del cuerpo de Cristo, siempre que lo hagan de una forma moderada y adecuada a la ocasión y lugar que se utilice, sabien- do que, el contexto en que se vive es muy diferente al escenario bíblico, tanto social como culturalmente. 5.2. DOGMAS Los «dogmas» (como se indicó en el capítulo anterior) son aquellas normas, reglas o prácticas que la iglesia establece o que son propuestas por las autoridades eclesiásticas como política institucional, los cuales se consideran necesariospara mantener un orden, y que no están con- tenidas o cimentadas en las Sagradas Escrituras, pero que en la práctica tienen el mismo o mayor peso de observancia que las «doctrinas», las cuales sí tienen fundamento bíblico sólido. Ahora bien, ¿Por qué hay dogmas en la iglesia? ¿Cuál es la uti- lidad? ¿Cómo benefician la labor interna de la iglesia? ¿Cuáles dogmas deben ser eliminados y cuales deberían permanecer? ¿Son o no importantes los dogmas? ¿En qué áreas se deben aplicar los dogmas? ¿Cómo hacer frente al uso actual de los dogmas? Esas son algunas de las preguntas pendientes de res- ponder por la iglesia pentecostal de hoy, si se desea ser compe- titivos y adecuar el accionar de la iglesia, dada la realidad de los nuevos tiempos. Muchos «dogmas» no permiten que las estructuras y/o esquemas internos sean transformados y ampliados. El cómo, cuándo, dónde hacer dicha revisión, son tareas pendientes de cada iglesia, concilio o denomi- nación en particular. Las normas o reglas de trabajo de cada iglesia y la aplicación deben tener una perspectiva contextualizada a la realidad actual, lo cual ayudará a que se tenga «identidad propia», sin que esto represente un atentado a los buenos principios que tiene la iglesia de Cristo, situados en las Sagradas Escrituras. 156 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal En ese sentido, Stanley M. Harton (1996), dice: «El dogma en su formulación no debe ser una adquisición invariable, sino una respuesta a las dificultades del momento. No debe ser «In saecula saeculorum», es decir, por los siglos de los siglos o para siempre o eternamente. ¿Cuánto tiempo debe durar o perma- necer una «norma» o «dogma» en el accionar de una iglesia? Solo el necesario para que el mensaje llegue y se logre los ob- jetivos propuestos. Desde luego, esto requerirá una evaluación particular, adecuada y justa, según el contexto o área de la igle- sia en que se apliquen los dogmas». 17 Por tanto, una cosa es «dogma» y otra es «doctrina bíblica». ¿Qué diferencia existe entre doctrina y dogma? Doctrina, es la revelación de Dios de una verdad tal como se encuentra en las Escrituras Sagradas. Dogma, es la declaración u ordenanza de la iglesia con respecto de esa u otra verdad, expresada en reglas o normas. No es lo mismo, no es igual. Por tanto, algunos «dogmas» deben cambiar y no se debe equiparar los «dogmas» con las «doctrinas bíblicas»; esto ha sido un error histórico de las iglesias pentecostales que debe ser reparado hoy. Son muchos los «dogmas» existentes en las iglesias pentecostales. Sin embargo, a conti- nuación, se presentan algunos para el análisis y revisión. 5.2.1. No se puede tomar la Santa Cena si la persona no es bautizado(a) La Santa Cena, Cena del Señor, la Comunión, Eucaristía o el parti- miento del pan, son algunos de los nombres que se les da a la ceremonia cristiana que simboliza la comunión con Cristo expresada mediante la ingestión de pan y vino, representando el cuerpo y la sangre de Cristo entregados para la salvación de la humanidad. La enseñanza bíblica sobre la Cena del Señor se encuentra en 1 Co- rintios 11:27–34 y promueve la participación abierta para los creyentes. Todos aquellos que son creyentes en Dios mediante la fe personal en Jesu- cristo, son dignos de participar de la Cena del Señor, por el hecho de que han aceptado la muerte de Cristo como pago por los pecados cometidos. Sin embargo, el espíritu de esta ceremonia y el anhelo de Cristo se ven coartados por la forma en que ésta se realiza en muchas de las iglesias pentecostales de este tiempo. Tanto..., que se 157Teología Pentecostal: Una perspectiva académica tendría que preguntar si es una Santa Cena o Santa División. El solo recordar las referencias del pasaje de 1 Corintios 11:27– 30 que dice: «De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor» «Por lo cual hay muchos en- fermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen». Esto hace temblar y huir de participar de ese momento tan especial. En ese sentido, Josué Barrientos (2004), dice: «No cabe dudas que las interpretaciones mal fundadas de este pasaje y el anhelo desmedido de algunos de los líderes de las iglesias pentecostales, hacen que la Cena del Señor sea algo súper exclusiva, ya que han convertido dicha práctica en algo totalmente divorciado del sentido y propósito original». 18 Por tanto, ¿De dónde se extrae la idea de que para participar de la Cena del Señor se requiere ser bautizado? ¿Quién o quienes pueden de- cidir, quién puede o no participar de este Sacramento? ¿Hasta qué punto se puede medir la condición espiritual de un creyente al momento de tomar la Santa Cena? ¿Sabe usted la cantidad de creyentes que por los «miedos infunda- dos» no toman la Cena del Señor? La división que se produce en la igle- sia a la hora de tomarla, en la cual se puede observar al grupo de los «pecadores» por un lado y los «santos» por el otro. Los que se «van» con Cristo y los que se «quedan». Los que están «bien» y los que están «mal». ¿Es ese el propósito fundamental de la Santa Cena? ¿Cumple esta práctica actualmente con el espíritu que le dio origen? 158 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal Todos aquellos que son creyentes en Dios mediante la fe per- sonal en Jesucristo, son dignos y deben participar de la Cena del Señor. Por tanto, la forma en que muchas iglesias pente- costales de este tiempo realizan la Santa Cena, introduce una condición que no es bíblica, la cual entorpece el propósito ori- ginal, pues se ha convertido en una «Santa División», lo cual es discriminatorio y representa un atentado a la libertad de los creyentes en Cristo Jesús. Bíblicamente, la Cena del Señor debe estar abierta para todos los creyentes y no debe ser exclusiva a un determinado grupo de la igle- sia. Lo importante es que los que participan sean creyentes nacidos de nuevo, caminando en comunión con el Señor y los demás. Finalmente, antes de participar de la Cena del Señor, cada creyente debe examinarse personalmente (1 Corintios 11:28). 5.2.2. No se puede usar una Biblia digital en lugar de una física En muchas iglesias pentecostales no se les permite a los miembros usar una Biblia digital en lugar de una física. Entre las razones que se alegan están: «que aleja al creyente de la Biblia», «crea cristianos de- pendientes», «contribuye con la ignorancia en el pueblo de Dios», «no ofrece la oportunidad de crear mapas mentales y recordar versículos bíblicos», «no anima ni facilita las anotaciones». También, que «el es- tudio en digital aniquila el deleite de la lectura de la Biblia impresa», y que «no ofrece ningún atractivo para que el creyente pase tiempo con la Biblia o la lleve a la iglesia». Además, que «la Biblia electrónica a menudo solo es usada por el creyente para una referencia rápida», y que «la lectura electrónica no es sostenible por mucho tiempo» pues «cansa la vista y hace más daño a los ojos que la lectura en papel», y que «hoy más que nunca, andar con la Biblia física es un testimonio necesario e importante». La verdad es que da mucha tristeza que en medio de la atrac- tiva ola de invenciones tecnológicas, no existe el deseo de mu- chos creyentes de estar actualizados y relevantes en una so- ciedad tan cambiante. En este tiempo, en un solo dispositivo portátil se puede tener: teléfono, cámara fotográfica y de video, 159Teología Pentecostal: Una perspectiva académica navegador, agenda, radio, televisor, computador, calculadora, grabadora, biblioteca, correo, archivo, banco, mensajería, entre otros, que deben ser integrados al accionar interno de las igle- sias pentecostales. La versatilidad y facilidad que brindan estos dispositivos «inteligentes» es fascinante. Sin lugar a dudas, la influencia de muchas iglesias se desvanece en medio de una amplia oferta de productos y medios tecnológicos, am- pliando así la brecha entre iglesiay sociedad. Esta realidad que se vive en torno a la «tecnología» representa un gran «desafío» para las igle- sias pentecostales de este tiempo. La «tecnología» está presente en todo, desde el trabajo, la comunidad, la familia, en todo lo relacionado con la vida cotidiana, y quiérase o no, en cualquier iglesia. En ese sentido, Julio Cabero (2000), dice: «La tecnología se está convirtiendo en la «piedra angular» casi para todo y to- dos. Sabemos que la Palabra de Dios ya nos adelantaba lo que pasaría (Daniel 12:4). Las «tecnologías» fueron creadas «para hacernos la vida más fácil», es por ello que hoy estamos rodea- dos de aparatos eléctricos. Todo esto, nos guste o no, ya forma parte de los tiempos en los que vivimos». 19 El «desafío» de la iglesia pentecostal de este tiempo consiste, preci- samente, en preparar a los creyentes para vivir en la sociedad del cono- cimiento y aprovechar todo lo que las «tecnologías» ofrecen para hacer eso posible. Muchas iglesias pentecostales se han limitado a «transmi- tir» el mensaje del Evangelio haciendo uso de los medios o «canales tra- dicionales» dentro de los templos. La relación de la iglesia con el uso de las herramientas «tecnológicas», no es incompatible con una vida de fe, oración y búsqueda constante del Espíritu Santo. Por tanto, usar una Biblia digital en lugar de una impresa no tiene nada de maldad, la realidad es que para muchos creyentes de hoy es más práctico y útil leer y estudiar en un formato digital. 160 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal 5.2.3. En el templo los hombres deben ir de un lado y las mujeres del otro Muchas iglesias pentecostales, inconscientes o conscientes, mantie- nen de modo selectivo, algunas ideas del Antiguo Testamento, las cuales ni los propios judíos practican en este tiempo. Dado el estatuto de im- pureza legal de las mujeres en el judaísmo a causa de la sangre (por la menstruación), en general la mujer (en el judaísmo ortodoxo), es consi- derada «impura» (Levítico 15:19–33). De hecho, la idea llegó más lejos en la antigüedad cristiana, ya que había que separar a las mujeres para evitar la «distracción» de los hom- bres en la iglesia, lo cual persiste hasta el día de hoy. En las iglesias pen- tecostales, salvo algunas excepciones, los hombres deben ir de un lado y las mujeres del otro cuando están en el templo. Esto se hace, según explican algunos, para que no haya «distracción» en la actividad duran- te el culto propiamente dicho. De esta manera todos, hombres y mujeres están más cómodos y tranquilos en esos momentos para concentrarse en la adoración a Dios. Sin embargo, no se toma en cuenta la tutela de los hijos durante el culto, y el hecho de que la arquitectura de los templos de las iglesias pen- tecostales, en la mayoría, no están adecuadas para atender a los niños, dejando a las madres con la mayor carga y responsabilidad. Esta norma, más que ayudar, crea una división de la familia, la cual es innecesaria, ya que limita a la mujer del disfrute pleno durante el culto. 5.2.4. El hombre no debe usar bigotes ni barba Existe en muchas iglesias pentecostales, la prohibición del uso de la barba y bigotes en los hombres, en especial a los líderes y pastores; siendo incluso prescrito en los reglamentos de algunos concilios pente- costales. Sin embargo, la Biblia no condena el uso de la barba ni mucho menos del bigote en los creyentes, aunque tampoco lo ordena para los creyentes en Cristo. Por tanto, este asunto debe quedar a criterio de cada creyente, dentro de la libertad que todos los creyentes tienen en Cristo. Sin embargo, la idea de que el hombre debe usar bigotes y barba es sostenida por Clemente de Alejandría (195 d.C.), el cual al respecto dijo: «Que la quijada tenga barba. Porque una barba amplia es lo apropiado 161Teología Pentecostal: Una perspectiva académica para el hombre. Y si alguien se afeita, no debe afeitarse todo porque esto es una desgracia. También el bigote, por motivos de limpieza al comer, se recorta las puntas con tijera, pero sin afeitarlo lo cual sería indecoroso». Y añade: ¡Qué afeminado es para el hombre afeitarse, peinarse con fine- za y arreglarse delante del espejo afeitándose y rapándose la barba para que sean lisas sus mejillas! Más adelante, Cipriano (250 d.C.), dijo: «La barba no debe ser rapada, no se desfiguren la barba». Sin embargo, la verdad es que no todos los cristianos de hoy en día hacen una lectura tan «literal» y descontextualizada de la antigua ordenanza mosai- ca que dice: «No te recortes el pelo de las sienes ni de la barba» (Levítico 19:27). No obstante, aunque por honestidad herme- néutica, no se puede considerar el uso o no del bigote ni de la barba como «pecado» en este tiempo. El usar bigotes o barba no es un asunto que tenga nada que ver con la cristiandad, la ética, sino con la idea estética que cada persona tiene. Simple cuestión de gustos, modas y preferencias culturales o personales que no deben ser reguladas por las iglesias, sean o no pentecostales. De- jarse crecer la barba es una decisión personal y no hay nada en la Biblia en contra de ello, pero al mismo tiempo, depende de lo que las personas con- sideren aceptable. Por tanto, ninguna iglesia, sea o no pentecostal, tiene derecho a evaluar o discriminar a un hermano si usa o no barba y bigote. 162 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal 5.2.5. En todo culto se debe desarrollar un devocional o primera parte, un cultural o segunda parte y el mensaje, el cual debe ir al final La liturgia, el culto a Dios, la adoración, es la forma más adecuada de la iglesia para ponerse en contacto y comunicación con Dios, a través de gestos, palabras, ritos, acciones, y así poder participar de la maravillosa gracia de Dios, santificarse y entrar en esa vida íntima de Dios. Sin em- bargo, la «liturgia pentecostal» está en crisis, y esto representa un gran «desafío» para la iglesia de este tiempo. Se sabe que en la iglesia primitiva, la reunión que hoy se llama «cul- to» contenía un «orden» para el desarrollo, en el cual había, entre otras: oración, estudio de la doctrina y el partimiento del pan; mientras que el enfoque era determinado por la necesidad de hermandad y armonía, crecimiento en el conocimiento de Cristo y la motivación hacia la misión. Por tanto, es necesario destacar que la «adoración» es el centro de la vida espiritual de la iglesia. En ese sentido, Jürgen Moltmann (2000), dice: «Hoy en día, desafortunadamente, el corazón de muchos creyentes desfa- llece cuando en las reuniones o cultos son testigos de que en todo culto se debe desarrollar un devocional o primera parte, un cultural o segunda parte y el mensaje, el cual debe ir al fi- nal. En ese sentido, no se cultiva la comunión entre los demás, ni se profundiza en la palabra, y se le dedica poco tiempo a la oración. Peor aún, nuestros «cultos» están llenos de pleitos, re- gaños y reclamos hasta para «motivar» a los creyentes a alabar a Dios, cosas que han llenado los cultos de hojarasca, metales que resuenan, o címbalos que retiñen». 20 Toda «liturgia» debe ser «dinámica» y saber adaptarse a los tiem- pos, pues si bien es cierto que las verdades bíblicas que se expresan no cambian, ya que son verdades esenciales de la fe, las formas sí deben cambiar y adaptarse a los nuevos tiempos. Ahora bien, ¿Cómo dinamizar y actualizar la liturgia pentecostal de hoy en día? ¿Qué ha- cer para sacar los pleitos, regaños y los típicos reclamos a la hora de «motivar» a los creyentes a alabar a Dios y para que se integren a las actividades? ¿Cómo sacar toda esa hojarasca, metales que resuenan, o címbalos que retiñen de los cultos? 163Teología Pentecostal: Una perspectiva académica Para lograr esto, se debe procurar una liturgia o culto con un contenido variado, dinámico y actualizado. Que favorez- ca la participación integral y contribuya a la eliminación de la «inacción» de los demás durante el culto. Debe ser una «liturgia» que contribuya a la «edificaciónespiritual» de los que participan en la misma. Por tanto, debe ser una liturgia integral. Lo «integral» es aquello que comprende todos los aspectos o todas las partes necesarias para estar completo. Una liturgia contextualizada, alude a personas, hombres y mujeres en situaciones concretas actuales. También, debe ser una liturgia participativa, donde todos los creyen- tes, bautizados o no, sean incluidos en el culto, no solo como espectado- res, sino como participantes activos de todo el contenido y desarrollo. Pero además, debe ser una liturgia pertinente, ya que en la iglesia pen- tecostal de este tiempo, se ha perdido «el factor sorpresa». El «factor sorpresa» es un elemento que convierte un determinado «culto» en una experiencia inolvidable, liberadora y edificadora. En el «culto» de la iglesia, la gente debe recuperar el «espíritu fes- tivo» que se ha perdido. El Espíritu de Dios convierte el «culto» en una fiesta. En esa «fiesta» reina la paz y la alegría. Hay música alegre, al son de tambores, guitarra, batería y pianos. Hay danza espiritual, abundan los abrazos y gestos humanos alegres, la intercesión mueve a la solidari- dad y provoca muestras de cariño. En este contexto, el afecto y la ternura se comparten, se suelta la lengua, se desatan las inhibiciones, las emociones se liberan, los sen- timientos afloran, los sentidos se llenan del poder del Espíritu Santo, todo se vuelve fiesta. Fiesta que reúne a los pobres y a los ricos, fiesta que celebra el amor, la justicia, la paz, la hermandad y la solidaridad. Y esta experiencia particular de fe, alegría y comunión, les permite a las personas enfrentar las «durezas» de lo cotidiano con fuerzas y energías renovadas. Por tanto, el orden y contenido de los cultos puede, y debe ser revisado por la iglesia pentecostal de este tiempo. 5.2.6. No se puede orar dándole la espalda al púlpito En la mayoría de las iglesias pentecostales se enseña que no se puede orar dándole la espalda al púlpito. Sin embargo, se sabe que esta prác- 164 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal tica tiene origen en Israel, en el cual era costumbre orar de frente al lugar donde se supone está la presencia de Dios, pues oraban de frente al templo. Esa es la razón por la cual Daniel (que estaba en el cautiverio en Babilonia) abría las ventanas de la habitación que miraba a Jerusalén. Los judíos de la diáspora oraban dirigiéndose hacia Jerusalén, en concreto hacia la Shekináh, el lugar del templo llamado el «Sancta Sanc- torum» (Santo de los Santos), lugar más manifiesto de la presencia de Dios, y aún después de la destrucción del templo, siguió siendo costum- bre en la Sinagoga volverse hacia Jerusalén en la oración, así expresaban los deportados judíos la esperanza escatológica en la aparición del Me- sías, la reconstrucción del templo y la reunión del pueblo de Dios dis- perso en la diáspora. De este modo, la orientación de la oración estaba inseparablemente unida a las expectativas mesiánicas de Israel. Martín Wallraf (1998), sostiene que hasta el siglo II, orar mi- rando a Oriente era tan común en el Judaísmo como orar mi- rando a Jerusalén. No puede causar extrañeza pues, que los primeros cristianos, surgidos precisamente en ese ambiente del judaísmo, realizaran prácticas similares. Hacia Oriente oraba el apóstol Pablo, según el libro apócrifo «Hechos de Pablo», compuesto por un presbítero de Asia Menor, hacia el año 180 d.C.: «Entonces Pablo volvió su rostro hacia Oriente, elevó sus manos al cielo y estuvo en oración durante un buen rato». 21 165Teología Pentecostal: Una perspectiva académica Por otro lado, Tomás de Aquino explica el fin escatológico de la ora- ción del cristiano hacia el Oriente: «Orar en dirección a Oriente es ade- cuado, en primer lugar porque la rotación de los cielos, que manifiesta la majestad divina, empieza por el Este. En segundo lugar, porque el Paraíso estaba situado al Este, según la versión de los LXX del texto de Génesis, y nosotros ansiamos volver al Paraíso. Y en tercer lugar, a causa del propio Cristo, que es la luz del mundo, es llamado el Oriente, que sube por los cielos de los cielos hacia el Este, y cuya segunda venida se espera, según el evangelista Mateo, viniendo de Oriente: Igual que el relámpago sale del levante y brilla hasta el poniente, así ocurrirá con la venida del Hijo del Hombre». Sin embargo, la orientación que se tome a la hora de orar, para los creyentes de hoy, sean o no pentecostales, no tiene ninguna obli- gación bíblica. Solo es cuestión de solidaridad con costumbres judías que en su momento y escenario tuvieron mucha relevancia, lo cual no corresponde, necesariamente, a la iglesia de Jesucristo de este tiempo. El creyente puede tomar la orientación que más le convenga o desee cuando tenga que orar. 5.2.7. Las personas no pueden divorciarse ni celebrar nuevas nupcias El «divorcio» y las «nuevas nupcias», son de los temas que hoy si- guen siendo «controversiales» por diversas razones, entre ellas: escri- turales, eclesiásticas y sicológicas, representando uno de los grandes «retos» para las iglesias pentecostales y los matrimonios en la actuali- dad. Esto obliga a profundizar un poco más sobre estos temas, a fin de edificar adecuadamente a los creyentes sobre este asunto en particular. Sin lugar a dudas, existen sobre el «divorcio» y los «divorciados(as)» muchas actitudes equivocadas en algunas iglesias pentecostales conservadoras. A juzgar por la forma en que estas iglesias tratan a las personas divorciadas, podría creerse que piensan que éstos han cometido un «pecado imperdonable». Ahora bien, de en- trada, se deja claro, que los que obtienen un «divorcio» de modo pecaminoso (sin motivos justificados) no deben ser «excusados» por lo que han hecho, pues han pecado. Pero, precisamente por- que es «pecado» este tipo de «divorcio», se requiere el perdón. 166 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal El pecado de «divorciarse» de un cónyuge por motivos no bíblicos es malo, no solo por la «miseria» y «dolor» que ocasiona, sino especial- mente porque es una ofensa contra Dios. Sin embargo, no queda grabado de modo «indeleble» en la vida del pecador, de modo que no pueda ser lavado y borrado por la sangre de Cristo. Cuando la persona obtiene un divorcio, por las razones que sean, puede ser perdonada, limpiada, res- taurada y reinsertada por la iglesia de Cristo, tal como lo hace con otros tipos de «pecados» que se mencionan en 1 Corintios 6:9–11. Edgar Reyna (2015), dice: «La iglesia evangélica pentecostal de hoy no debe hacer caso omiso del divorcio, ni de censu- rarlo simplemente, ya que ni uno ni otro extremo son bíbli- cos, sino que, como dirigentes y responsables de la iglesia de Cristo, se ha de procurar también regularlo adecuadamente entre el pueblo de Dios, según los principios establecidos en las Sagradas Escrituras». 22 En ese sentido, la pareja debe hacer todo lo posible para resolver los conflictos. Es siempre conveniente preguntarse; ¿He hecho todo lo que puedo para hacer que el otro sea feliz y para hacer que funcione el matrimonio? Aun así, si la pareja llega a la triste decisión de «divor- ciarse» precisará de parte de la iglesia y de los líderes un trato redentor. No caben dudas de que la Biblia reconoce y regula el divorcio. Como el «divorcio» es un concepto bíblico, usado y mencionado frecuentemente en las páginas de la Biblia, los creyentes deben hacer todo lo que puedan para entender y enseñar lo que Dios dice sobre el mismo. Por otro lado, ¿Qué se puede decir sobre el nuevo casamiento? ¿Per- mite, disuade, estimula o tolera la Biblia el nuevo casamiento? En la Bi- blia no hay nada en contra del nuevo casamiento después de la muerte de un cónyuge. La Biblia declara: «Pero si su marido muere (el cónyuge que queda), es libre de esa ley, de tal manera que si se une a otro marido, no será adúltera» (Romanos 7:3). Estadeclaración es puntual: no es malo volverse a casar en estos casos. Ahora bien, el problema sobre este asunto en particular surge, cuan- do la iglesia pentecostal de hoy se ve en la «necesidad» de tomar en cuenta otras «condiciones o realidades» que se dan en estos casos, en especial, cuando las personas se han divorciado, sea por causas justas o no. En ese sentido, existen diversas posiciones de líderes, maestros y 167Teología Pentecostal: Una perspectiva académica pastores e iglesias pentecostales, las cuales por razones de espacio no son abordadas en esta sección, algunas de las cuales limitan y coartan la libertad de los creyentes de volver a casarse o contraer «nuevas nup- cias», creando así situaciones muy tensas y desafortunadas. Por naturaleza, los casos de «divorcio» y «nuevas nupcias» son com- plejos; no son tan simples de tratar como algunos piensan. Sin embargo, los que se han divorciado y decidan casarse o no, deben ser ministrados en la iglesia adecuadamente. De todos modos, actuar como iglesia de Cristo, en el «matrimonio» de cualquier pareja, cuando uno o ambos son divorciados, contrae riesgos que se deben afrontar con mucha sabiduría y amor, dada las diversas posiciones sobre este tema. Por tanto, el divor- ciarse y volver a casarse o no entre los cristianos, entonces, es un asunto personal que depende del «estado emocional y espiritual» más que de cualquier otra cosa. 5.2.8. Con esa o ese te tienes que casar Durante décadas, ha existido una marcada tendencia en el ámbito de algunas de las iglesias pentecostales conservadoras, los cuales ejer- cen «presiones» en los que tienen una relación de noviazgo formal, a los fines de que estos rápidamente contraigan matrimonio. Esto ha llegado al extremo, que condicionan la aceptación pública de dicha relación a que se fije la fecha de la boda, la cual no debe rebasar (según ellos) los seis meses, máximo un año. Sin embargo, el noviazgo es una «relación transitoria» que ayuda a las parejas a conocerse en cuanto a carácter, sentimientos, gustos, afi- ciones, ideales de vida, entre otras. Por tanto, se requiere de suficiente tiempo y una firme convicción de que se está con la persona indicada, ya que el matrimonio cristiano es un mandato del Señor, y debe ser du- radero, hasta que la muerte los separe. Por tanto, no debe tomarse esa decisión a la ligera ni por «presiones» de nadie. Para casarse o contraer matrimonio, se deben conjugar una serie de factores y condiciones que permitan garantizar la estabilidad y duración de dicha unión. Según Warren Neil Clark (2014), en muchos casos existen otras razones por lo que las parejas se quieren o les obligan a casarse. Entre ellas: «intereses», «presiones», «circunstan- cias», «por haberse adelantado y ya han tenido relaciones se- 168 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal xuales», «un embarazo», entre otras, las cuales no deben ser razones ni condiciones «capitales» para casarse, ya que el casamiento en estos casos no resuelve esos problemas, solo es una solución transitoria y el matrimonio debe ser algo permanente. 23 Los novios antes de casarse deben conocerse y tratarse el tiempo que necesiten. No todas las parejas requerirán del mismo tiempo, dada una serie de condiciones particulares que se con- jugan en ese sentido. De manera que, decir que la boda debe ser un año, dos, o cinco, es poner una «camisa de fuerza» a quienes finalmente pueden o no llegar al matrimonio. Finalmente, si la persona con la que se sostiene un noviazgo po- see sabiduría y discernimiento, tiene el corazón dispuesto en bus- car lo mejor para ti, disfruta de buena reputación por cumplir los compromisos, termina con responsabilidad lo que comienza, mues- tra respeto hacia todos, tiene una actitud positiva hacia la vida, vive en disciplina y dominio propio, administra bien el dinero, tiene una vida espiritual activa de estudio de la Biblia y oración, es amable en el trato con los demás, y sobre todo se siente amor por esa persona, se está frente a un o una buen(a) candidato(a) para el matrimonio. Aun con todo esto, es necesario entender que la decisión de con- traer matrimonio es una cuestión «personal» de quienes están in- teresados en hacerlo. Ni las familias, ni la iglesia o cualquier otra institución o grupo deben imponer condiciones o trazar pautas para que esto sea una realidad. El hecho de tener una relación formal de noviazgo no implica, necesariamente, el cumplimiento estricto de un «contrato», sea este moral, social o espiritual que obligue a las partes a tener que casarse. Hoy en día, existe una gran cantidad de matrimonios que fueron «víctimas» de presiones sociales, culturales y eclesiásticas, las cua- les viven una relación basada solo en el compromiso «moral o ecle- sial», pero carecen de la fuerza vital que debe sostenerlo, el «amor», el cual debe ser la base fundamental de toda relación de parejas. Muchas de estas parejas al poco tiempo se divorcian o conviven en condiciones muy desafortunadas. 169Teología Pentecostal: Una perspectiva académica Por tanto, esa condición para los que tienen noviazgo, de que «con esa te tienes que casar», es una norma que debe ser revisada en el ámbito evangélico pentecostal, permitiendo mayor espacio y nivel de opciones para quienes desean hacer las cosas «bien», a fin de que estas (las parejas) perduren para siempre. 5.2.9. No se puede bautizar si se convive con alguien sin estar casado(a) El bautismo es un sacramento, una de las sagradas órdenes da- das por Jesucristo, según Mateo 28:19. Una ceremonia de iniciación por medio de la cual una persona confiesa tener fe únicamente en Cristo como medio para la salvación eterna, y por el cual la persona es admitida como miembro del cuerpo visible de Jesucristo, que es la iglesia. Sin embargo, las cuestiones vinculadas al bautismo giran en torno a una serie de interrogantes y cuestiones que ha di- vidido grandemente a los teólogos de todos los tiempos, creándose así diversas posturas y corrientes de pensamientos, las cuales son asumidas por las diferentes confesiones, denominaciones, concilios e iglesias cristianas, y entre ellos están los pentecostales. Entre ellas están: ¿Es el bautismo para salvación? ¿Quiénes cali- fican para ser bautizados? ¿Cuál es la forma de aplicarlo: inmersión, aspersión o derramamiento? ¿Puede ser inmediatamente después de confesar a Cristo o hay que esperar que la persona de frutos dignos de arrepentimiento? ¿Quiénes están autorizados en la iglesia para bautizar? ¿Si una persona no llega a bautizarse, pierde la salvación? ¿Puede bautizarse a una persona si esta convive con alguien sin estar casado(a)? Y la lista de preguntas continúa de forma interminable. Pues aunque muchos no lo crean, en las Sagradas Escrituras exis- ten suficientes bases, sólidas, que responden de forma puntual, pero en diferentes sentidos y direcciones, cada una de estas interrogantes, creándose en los lectores un mar de confusiones, aun en las más altas instancias de la iglesia cristiana, y el quehacer bíblico y teológico. Desafortunadamente, en esta sección no hay espacio para sustentar a plenitud las tesis que se han planteados, ya que la presente obra no trata solo sobre este tema. La pregunta 170 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal clave aquí es: ¿Cuál debe ser la posición más correcta, adecuada y prudente de la iglesia de Cristo en cuanto al tema del bautis- mo en lo referente a si se puede o no bautizar a una persona si esta convive con alguien sin estar casado(a)? Ahora bien, si se entiende, como lo entiende el autor de esta obra, que el bautismo no salva, sino que es una señal de fe pública en Cristo, por qué condicionarlo a tantos protocolos o requisitos para la aplicación. En el caso del bautismo y la salvación, la Biblia es clara y puntual, en el sentido de que la salvación es por gracia, a través de la fe en Jesucristo,no por obras de ninguna especie, incluyendo el bautismo (Efesios 2:8–9). Por tanto, ¿Por qué utilizarlo como «mecanismo de presión» a los creyentes para integrarlo a la iglesia y las actividades internas? ¿Para qué insistir en esas «nomas» que limitan la aplicación del bautismo, im- pidiendo la integración de los creyentes al pleno disfrute de los privile- gios de los lavados con la sangre de Cristo? En ese sentido, la iglesia pen- tecostal debe revisar esta práctica y adecuarla a las necesidades de los nuevos tiempos, a fin de que todos los que crean y acepten al Señor Jesu- cristo puedan ser bautizados, sin tantas condiciones y trabas humanas. 5.2.10. La disciplina en la iglesia pentecostal El tema de la disciplina en las iglesias pentecostales requiere mu- cha atención, ya que por muchos años ha existido la necesidad de un procedimiento claro, justo y ecuánime en el manejo disciplinario, tanto de los «líderes locales», como de los miembros en sentido general. Esta realidad ha ocasionado el derrumbe de la moral y la buena reputación de muchos hombres y mujeres de Dios, los cuales han sido víctimas de un manejo inadecuado en cuanto a los procesos disciplinarios que giran en torno a las faltas cometidas, echando por tierra, de la noche a la mañana, 20, 30 y hasta 40 años de vida cristiana ejemplar o labor ministerial. En ese sentido, Knicker Bocker (1990), dice: «Los miem- bros de una institución, sea cual sea, y más si se denomi- na cristiana o evangélica, deben conocer cuál es el proceso que debe seguirse cuando algunos de los miembros se vean envueltos en alguna dificultad, a fin de poder actuar de la forma más correcta y apegada a los principios bíblicos y re- glamentos de la institución». 24 171Teología Pentecostal: Una perspectiva académica Por tanto, las personas tienen derechos, los cuales están consigna- dos en la Biblia, la constitución y las leyes de cada país, que no deben ser pasados por alto y mucho menos violentados. Se debe ser respetuo- so de esas leyes, máxime por la condición de cristianos; por ello hay que conocerlas para no «pecar» por ignorancia. En términos bíblicos, existen algunas «formas» para aplicar una disciplina a un creyente, entre ellas están: 1. La amonestación: privada o pública (Romanos 15:14; Colosenses 3:16; 1 Tesalonicenses 5:14; 2 Tesalonicenses 3:4–15; Tito 3:10– 11). La Escritura misma es un tipo de amonestación (1 Corin- tios 10:11). Los cristianos deben amonestarse y animarse mu- tuamente (Hebreos 10:24–25). 2. Reprender, exhortar, persuadir, convencer (Mateo 18:15; Efesios 5:11; 1 Timoteo 5:20; 2 Timoteo 4:2; 2:15). 3. La excomunión. Las descripciones dadas por el Señor Jesucristo y el apóstol Pablo definen esta forma final de disciplina, según Mateo 18:17; 1 Corintios 5:11–13. Sin embargo, en el caso de la excomunión, la persona no queda excluida de la asistencia al templo, pues es un lugar público y aun los no creyentes son bienvenidos a las asambleas públicas (1 Corintios 14:23–25). Tampoco ha de pensarse que la «excomunión» sea irre- 172 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal vocable, pues la persona que se arrepiente y busca la purificación y el perdón de Dios ha de ser bienvenida de nuevo a la comunión de la iglesia local (2 Corintios 2:6–8). Finalmente, se notará que ninguna forma de disciplina impues- ta, bíblicamente, incluye el factor tiempo. Por tanto, es un error histórico y una práctica inadecuada de las iglesias pentecostales establecer tiempos de disciplina a los miembros, períodos que oscilan en tres, seis, nueve meses y hasta un año o dos, según consideren los oficiales o diáconos de la iglesia. La disciplina debe prevalecer solo hasta que la persona se restaure, lo cual pue- de variar, según el caso y el tratamiento que se le dé, así como la madurez cristiana que posea la persona en ese momento. Por otro lado, la disciplina es para cuando un creyente comete un pecado, no una falta, lo cual no es lo mismo ni es igual. Por ejemplo: Lle- gar tarde al culto o faltar a una reunión importante es una falta, lo cual requiere amonestación si la persona es recurrente, pero en realidad, no ha cometido un pecado. Se comete pecado si lo que la persona hizo está en contra de la doctrina contenida en la Biblia, no así, necesariamente, cuando se viola una norma interna de la iglesia en sentido general. Y aun en esto, existe mucha exageración y mala aplicación de la disciplina de los miembros a lo interno de muchas iglesias pentecostales. 5.3. TABÚES PENTECOSTALES La cristiandad, por todo el mundo, está llena de tabúes y enseñanzas de hombres que, bien intencionadas o no, están muy lejos de lo que la Biblia dice, y esto contribuye a tanta confusión y divisiones conceptuales en el pueblo de Dios. Las iglesias pentecostales no son la excepción, ya que son muchas las ideas y prácticas erradas que, aunque observarlas o no, ni salvan ni condenan, hacen la vida cristiana más compleja y difi- cultosa de lo que debe ser en términos bíblicos. En ese sentido, la palabra «tabú» designa a una conducta, activi- dad o costumbre prohibida, moralmente inaceptable, impuesta por una sociedad, grupo humano o religión. Es la prohibición de algo natural, de contenido religioso, económico, político, sexual, social o cultural por una razón no justificada, basada en prejuicios infundados. Una cosa que 173Teología Pentecostal: Una perspectiva académica no se puede decir, hacer o tratar debido a ciertos prejuicios o ideas reli- giosas, sociales o culturales. 25 La palabra «tabú» viene del polinesio: «tapu» (prohibición). Se refería a algo sobrenatural y peligroso. Tan peligroso, que no se debía ni pronunciar, y al que lo pronunciaba se le castigaba fí- sicamente. Por tanto, romper un «tabú», es considerado como una falta imperdonable por la sociedad o grupo que lo impone. Los «tabúes» pueden incluir: restricciones alimentarias, sobre actividades y relaciones, y en el uso del lenguaje. 26 Sin embargo, mantener los «tabúes», en cualquier escenario, impli- ca seguir viviendo en la ignorancia. Limitar el conocimiento y permi- tir que éstos subsistan, es un grave error en este tiempo. Los «tabúes» o actitudes «prohibidas» son innumerables, ya que todo aquello que la iglesia pentecostal ve como algo negativo para la vida espiritual e insti- tucional se convierte de inmediato en un tabú. En la vida cristiana, todos se enfrentan diariamente a diversos ta- búes, muchas veces sin darse cuenta o sabiendo que existen, y en ocasio- nes dejándose llevar por los mismos, sin saber que es un tabú. Por todo lo antes expresado, a continuación, algunos de esos tabúes muy comunes y frecuentes en muchas de las iglesias pentecostales de este tiempo. ¡A ver! 5.3.1. No es espiritual hablar de sexo en la iglesia Sin lugar a dudas, las actitudes negativas, las malas interpretaciones teológicas, la herencia cultural y las experiencias infantiles, han distor- sionado el verdadero sentir y vivir de la «sexualidad» creada por Dios que, además de la reproducción, es para el «placer» del ser humano. En ese sentido, un concepto correcto y sano de la «sexualidad» es funda- mental para la salud espiritual y mental de cada persona. Aun así, para muchos evangélicos pentecostales, hablar de «sexualidad» en la iglesia no es espiritual, porque creen que hablar de sexo no edifica el alma. Algunas personas, entre ellos líderes, dicen: «si quieren hablar de esos temas, está bien, pero vayan un poco lejos, o de campamento, a una montaña, hablen todo lo que quieran, pero en el templo no». Muchos creen que la plenitud del Espíritu Santo solo llega hasta la cintura, ya que de ahí para abajo se encuentran partes sucias, viles y pecaminosas. 174 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal Qué bueno que hoy en día, a pesar de todos estos «tabúes», muchas pa- rejas están buscando ayuda para solucionar las dificultades «sexuales», que, aunque tímidamente, se puede hablar conaltura y de frente de estos temas, los cuales son parte de la vida diaria. Dios está muy interesado en que la vida sexual sea placentera, amorosa y llena de la cobertura divina. En ese sentido, Bernardo Stamateas, (1996), dice: «La «sexua- lidad» concebida desde una visión holística y, por tanto, enten- dida en su acepción plena, no puede ser considerada como un aspecto marginal, sino como una realidad profunda, presente y operante en todas las dimensiones de la persona. Por tanto, la «sexualidad» es un don de Dios que se ha de integrar plena y gozosamente a la espiritualidad». 27 En la sociedad y aun dentro de algunas iglesias pentecostales, exis- te una gran ambivalencia frente a la «educación sexual», un gran inte- rés por saber más, pero cierta resistencia para hablar directamente del tema. Esta actitud, es en parte, el resultado del desconocimiento sobre los beneficios de la educación «sexual», y también, del miedo que los seres humanos sienten ante la posibilidad de caer en situaciones que no puedan manejar plenamente. Siempre se ha considerado el tema del «sexo» como un «tabú», algo difícil de tratar. Por tanto, muchas de las «ideas sexuales» que algunos creyentes pentecostales tienen, están basadas en creencias falsas, doctrinas mal- entendidas, y estas afirmaciones suelen venir de personas a quienes se les otorga poder para influir en las vidas y formar ideas. Sin embargo, la «sexualidad» no es algo tan difícil de entender: Dios la creó, quiere que se practique dentro del matrimonio, y todo lo que se haga allí está ben- decido (excepto, por supuesto, lastimar o dañar a la pareja). 175Teología Pentecostal: Una perspectiva académica La «educación sexual» es importantísima, ya que es indispensable que el ser humano, sea cristiano o no, aprenda a practicar el «sexo» sa- bia y conscientemente para una vida más placentera. Hombres y mujeres sufren las consecuencias de la escasa «educación sexual» y, cuando lle- gan al matrimonio con errados y añejos conceptos, estos imposibilitan una verdadera armonía sexual. Finalmente, la «educación sexual» favorece el desarrollo de actitu- des positivas hacia la «sexualidad», entendida como elemento inherente al ser humano, fuente de placer y bienestar que contribuye a la forma- ción y enriquecimiento de la personalidad. También, permite a la perso- na reconocerse, identificarse y aceptarse como ser sexual y reservado, sin «tabúes» ni temores, angustias, ni sentimientos de culpa. Además, aumenta la capacidad de «amar», destacando el valor del componente afectivo para el ser humano, propiciando el disfrute de la vida en pareja y la armonía familiar. 5.3.2. La decisión o iniciativa en el amor debe ser del hombre, no de la mujer En tiempos antiguos el hombre debía tomar la iniciativa (en todos los sentidos) para comenzar y mantener una relación amorosa con una mujer. La mujer estaría esperando la primera llamada, una invitación a una cita, una confesión de amor y luego de un tiempo una propuesta de matrimonio. Sin embargo, hoy en día la mujer tiene más confianza en sí misma; porque en este tiempo el hombre tiene menos iniciativa a la hora de tomar decisiones, sea en cuanto al noviazgo o estando ya casados. Hace alrededor de veinte años era una verdadera vergüenza que una mujer tomara la iniciativa, pero los estereotipos han cambiado, y hoy en día una mujer puede tomar la iniciativa si realmente le gusta algún hombre y quiere estar o permanecer con él. Hoy en día, si se espera que el hombre se acerque, y le hable a una mujer como ella quiere o desea que lo haga y la in- vite a salir o le declare su interés de una relación formal, puede que se quede esperando un largo tiempo. Por eso, cada vez son más las mujeres que dejan de lado los prejuicios y tabúes, y se animan a tomar la iniciativa. 176 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal Es cierto que la mayoría de las mujeres prefieren (dada la influencia cultural y religiosa) que él sea la «cabeza», el que siempre lleve la inicia- tiva. Pero, si ella da el primer paso no significa que está «mal» e indique que, según el caso, es «dominante», «fácil» o promiscua. En tiempos como los de «hoy», cambiantes, modernos y vertiginosos, pero por sobre todo efímeros: ¿Por qué todavía hay quienes dentro y fuera de la iglesia pentecostal siguen atados a la premisa de que es el hombre quien debe tomar la iniciativa en cuanto a lo amoroso, y de cuyo enunciado se des- prende que la mujer no debería hacer más que esperar ser invitada a tomar algo, ir al cine o pasear, para que luego él le declare el interés en una relación de noviazgo? ¿Por qué no pueden ser ellas las que den un paso al frente con una propuesta, quizás inesperada o deseada? Jeffrey y Wenona De León (2010), al respecto dicen: «La so- ciedad «machista» en la que vivimos, está casi escrito en piedra que son los hombres los que deben tomar la iniciativa cuando están interesados en una relación de pareja. Todo el problema está en que, de acuerdo a las «reglas» de muchas iglesias pen- tecostales conservadoras, no es correcto que una mujer exprese los sentimientos hacia un hombre, porque puede parecer una persona «fácil» y éste por su lado, ya no la va a tomar en serio ni la va a respetar, y eso es absurdo». 28 Por tanto, que la mujer dé el primer paso cuando se siente atraída por un hombre, siendo ambos solteros, no es un pecado, ni está mal, ni bíblica ni legalmente. No obstante, se recomienda que primero la joven o mujer interesada haga una especie de investigación de la persona que le gusta para saber cómo proceder. Hay que hacer un pequeño trabajo de investi- gación, averiguar qué cosas le gustan o qué no le gusta, porque lo puede espantar. Una vez se conoce un poco más de él, es bueno orar a Dios para que le guíe en todo momento en ese proceso y proceda sin temor. Finalmente, no permita que nadie decida por usted, ya que la deci- sión de formalizar o no un noviazgo o relación es responsabilidad única y exclusivamente de cada persona. Muchas veces se sabe exactamente qué es lo que se debe hacer, cómo debe hacerse, y conscientes de los be- neficios y las cosas que están en juego, aun así, no se hacen, permitiendo que otros tengan la iniciativa y decidan por nosotros en un tema tan personal e íntimo como lo es el noviazgo y la relación de parejas. Tomar la iniciativa en cuanto a la relación de parejas, sea pentecostal o no, no 177Teología Pentecostal: Una perspectiva académica es cuestión de cultura o género; tanto hombres como mujeres pueden y deben tener la libertad de expresar los deseos en igualdad de oportuni- dades y según las circunstancias. 5.3.3. Tener sexo oral con su pareja es inmoral Sin lugar a dudas, el «sexo oral» es una de las prácticas sexuales que generan mucha «controversia» en la mayoría de los grupos pentecosta- les, sean conservadores o no. En todos los estudios teológicos y bíblicos que he realizado a todos los niveles durante más de 30 años, he podido notar que en la Biblia no hay nada que hable en contra del sexo oral. Las relaciones «sexuales» condenadas por la Biblia son: el adulterio, la homosexualidad, la fornicación (sexo entre solteros) y el sexo bestial o zoofilia (sexo con animales). En ese sentido, es necesario destacar que la Biblia no indica «de manera expresa» lo que se le permite hacer a un esposo o es- posa en la relación sexual. Las normas, reglas y parámetros lo han establecido muchos, a partir de algunos pasajes, que cuan- do se analizan exegéticamente, es decir, a profundidad, se caen dichos argumentos. En efecto, cuando se ingresa en el campo de la «sexología», surgen muchas preguntas. A lo largo de charlas, talleres y conferencias, sea en iglesias, campamentos o grupos juveniles, muchos se preguntan cómo se puede saber qué sí o qué no en cuanto al sexo, y surgen siempre cues- tiones como: ¿Es pecado el sexo oral? ¿Qué es normal y qué es anormal? ¿Cómo puedo saber qué le agradaDios y qué no, en ese sentido? Y así interminablemente. La persona que cree que no es «normal» (moral) tener «sexo oral», sencillamente no procederá a practicarlo. De igual manera, si cree que es «normal», lo practicará sin ningún tipo de remordimiento. Mucho de lo que se cree como «moral o normal», en realidad forma parte de las enseñanzas que se reciben en el ámbito de las iglesias y familias; actua- lizadas y reelaboradas en un momento dado. El «sexo oral» es una «práctica sexual» en la que se estimulan los órganos genitales masculinos y femeninos con la boca, los labios y la len- gua, con la finalidad de dar placer a la pareja. Es la «estimulación» de la 178 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal vagina o el pene a través de la boca, por lo que se requiere que esas par- tes estén bien limpias, ya que el cuerpo propaga un olor único. Una vez que se estimula, comienza a destilar un líquido seminal transparente, en la mujer se agranda el clítoris por la contracción de la sangre, siendo el placer, único, para ambos. En ese sentido, R. Belaúnde (1988), dice: «El «sexo oral», aun- que ha sido tema «tabú» a lo largo de la historia, es una activi- dad que muchos, sean cristianos o no, practican dentro de una relación de pareja. Sin embargo, todavía hoy en día hay dudas sobre cómo practicarlo, sobre la seguridad frente a enferme- dades de transmisión «sexual» o sobre otras cuestiones rela- cionadas. Los hombres y mujeres que tienen «sexo oral» con sus parejas son más felices. Hay que apartarse de los «tabúes» sobre este particular, y disfrutar de esta práctica con higiene y responsabilidad».29 Ahora bien, una práctica sexual, para que sea placentera, debe ser voluntaria. En materia «sexual», se debe regir por la ley del amor. El amor al cónyuge lleva a evitar todo aquello que pueda dañar los sen- timientos y la intimidad. Por tanto, si usted, en su «conciencia», cree que practicar el «sexo oral» es un error o pecado, simplemente no lo practique, pero tampoco juzgue tajantemente al que lo hace dentro de los confines de la intimidad de pareja. Dentro del contexto matrimonial, el «sexo oral» está fuera de «pecado», siempre y cuando se haga bajo consentimiento mutuo. 5.3.4. Escuchar música con ritmo urbano, merengue o bachata es pecado Sin lugar a dudas, el apego de muchos cristianos pentecostales, a lo que estos consideran «leyes bíblicas», mantiene a muchos en la iglesia en constantes debates sobre cuestiones triviales que para nada contribuyen al avance del Evangelio de Jesucristo. Hay quienes opinan que solo los cantos gregorianos son apropiados para la música en la iglesia, señalan- do los estilos de música contemporánea como «menores» o «banales». Para quienes así piensan, la asociación de la música con canciones in- terpretadas con instrumentos que habitualmente se utilizan en música secular, sólo por eso, resulta inaceptable. 179Teología Pentecostal: Una perspectiva académica Jesús en el Evangelio de Juan (Juan 4:24), le revela el secreto de la adoración a la mujer samaritana, diciéndole: «Dios es Espíritu y los que le adoran deben adorarle en Espíritu y verdad». Es decir, que lo que real- mente importa es la disposición del corazón al cantar, alabar y adorar a Dios, y es realmente secundario que se haga con una orquesta sinfónica, tambores africanos, una sencilla guitarra o a capela. En ese sentido, Antonio Cruz (2003), dice: «La adoración a Dios con la música, no puede restringirse a cierto estilo o rit- mo musical, sino que tenemos que aprender a «gustar» de la variedad de ritmos y estilos existentes. La mayoría de las con- troversias que se generan en este punto, son producidas por la cultura, formación o simplemente por las preferencias musi- cales, y esto no deja ver el fondo de la cuestión. Hay canciones con contenidos buenos y malos de todos los géneros musicales, pero no es sensato comparar música de distintos géneros, pues ¿Con qué argumentos lo hacemos? Cada instrumento puede ejecutarse bien o mal, y cada canción puede interpretarse con mucha, poca o ninguna sustentación bíblica». 30 Por ejemplo, Marcos Witt canta baladas y rancheras mexicanas cristianas. Lo hace porque él es mexicano. Esa es la música oriunda de México, las rancheras. ¿Es pecado escuchar rancheras cristianas en las iglesias pentecostales de República Dominicana? ¡No! Estanislao Mari- no canta baladas y guarachas venezolanas cristianas. Lo hace porque él es venezolano. Esa es la música oriunda de Venezuela, la guaracha. ¿Es pecado escuchar guarachas cristianas? ¡No! 180 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal Por otro lado, Nancy Ramírez canta baladas, ballenatos y cumbias colombianas cristianas. Lo hace porque ella es co- lombiana. Esa es la música oriunda de Colombia, la cumbia y el ballenato. ¿Es pecado escuchar cumbias y ballenato cris- tianos? ¡No! Finalmente, Giovani Ríos canta baladas, meren- gues y bachatas dominicanas cristianas. Lo hace porque él es dominicano. Esa es la música oriunda de República Domini- cana, el Merengue y la Bachata. ¿Es pecado escuchar Meren- gues y Bachatas cristianos? ¡No! Lo mismo sucede con los puertorriqueños, con los cubanos, con los argentinos, entre otros. Algunos alegan que el merengue y la salsa son músicas para bailar, no para alabar. ¿Pues acaso no bailan los cubanos el son, los mexicanos la ranchera, los colombianos la cumbia, y los ena- morados la balada? ¿Dónde dice en la Biblia que el ballenato y la balada cristianas son santificadas, mientras que el merengue, la salsa, reggae- tón, reggae o los ritmos urbanos son del diablo? He participado muchas veces, en diferentes países, en reu- niones de oración y celebraciones diversas en distintas igle- sias, concilios y ministerios cristianos, pentecostales o no, y en cada una de esas reuniones la música era utilizada de maneras muy diversa. En algunas, los cantos eran muy efu- sivos, en otros reflexivos, en otros solo cantos del himnario o antiguos. Otros cantaban muy suavemente, pero en todos los casos se pudo experimentar y saborear cómo la música ayuda al ser humano a encontrarse con Dios y ser edificado, que es lo realmente importante. 5.3.5. Ir al cine, gimnasio o estadio de béisbol es pecado Muchos de los creyentes de las iglesias pentecostales de hoy no tie- nen conocimiento de que, en décadas pasadas, y, en ciertos círculos pentecostales, a los miembros no se les permitió, ni se le permite hoy, en algunas iglesias, ir al cine, gimnasio o estadio de béisbol, ya que se consideran lugares no aptos para un creyente y lo tipifican como peca- do. Sin embargo, cuando se escribió el Nuevo Testamento, no existían algunas actividades que existen hoy en día, como ir al cine, gimnasio o estadio de béisbol. Además, oír la radio, mirar la televisión, leer pe- 181Teología Pentecostal: Una perspectiva académica riódicos o revistas, jugar algún deporte, video juegos, entre otras. De modo que no se puede encontrar en el Nuevo Testamento, mandatos claros y precisos sobre estas actividades. Lo que si tiene el Nuevo Testamento son principios que se aplican a cualquier actividad en general que realice un creyente, sin importar su naturaleza. El punto de partida es lo que el apóstol Pablo dice en 1 Corintios 6:12, que dice: «Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna». Según lo que dice este texto, en las cosas en las cuales la Biblia en general no se ha pronunciado en cuanto a si es bueno o malo, el creyente está en libertad de hacerlas. Sin embargo, el mismo apóstol Pa- blo afirma que no todas las cosas convienen. Esto significa que algunas cosas, aun siendo lícitas para el creyente, puede que no sean de ayuda. Se sabe, que la literatura que se lee, los programas y la música que se escucha, afectan profundamente los sentimientos, el pensamiento y conducta. También, que es imperativo para el cristiano leer, mirar y escucharesas cosas que inspiran, ins- truyen y desafían a alcanzar un nivel moral más elevado, así como evitar aquellas que alteran las buenas costumbres. Sin embargo, ninguna de estas cosas (ir al cine, gimnasio, estadio de béisbol, oír la radio, mirar la televisión, leer periódicos o revistas, jugar algún deporte o ver video juegos) en sí mismas, son malas o pecaminosas. En realidad, son vehículos, transmisores de ideas, espacios de re- creación que, si se utilizan sabia y rectamente, pueden servir para el «ocio», y como «válvula de escape», lo cual es necesario para combatir el día a día de los creyentes, así como para dar gloria a Dios. La triste verdad es que el peligro y riesgo de «pecar» está en todos los lugares y todas las cosas que se hacen o tienen, incluyendo las cosas materiales y el templo o lugar de reunión de los creyentes. 5.3.6. Las mujeres no pueden ser pastoras Existe en muchas iglesias cristianas, entre ellas pentecostales, cierto rechazo a que las mujeres sean pastoras y que éstas ocupen al- gunas funciones a nivel ejecutivo en muchos concilios, ministerios y denominaciones. La tendencia, en ese sentido, es a la baja, pero aún 182 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal persisten aquellos que se oponen firmemente a la idea de que las muje- res sean pastoras, líderes de concilios o ministerios. Ahora bien, ¿Por qué todavía hay quienes siguen atados a la premisa de que es el hombre quien debe ejercer el pastorado y no la mujer? ¿Por qué no pueden ellas ser las pastoras y las que den un paso al frente en los asuntos relacionados con el liderazgo en sentido general? Peor aún, ¿Qué pasa cuando ellos (los hombres), por diversas razones no ejercen el «pastorado» que se entiende deben asumir en un momento dado? Todo este asunto radica, en que de acuerdo a una fundamentación bíblica errada, no es «correcto» que una mujer ejerza el pastorado, entendién- dose que debe ser el hombre y no la mujer quien lo haga, ya que de lo contrario se viola el mandato bíblico y, por ende, no se va a ver bien, lo cual es absurdo. En ese sentido, el psicólogo de Harvard, Tim Bell (1995), in- dica que la habilidad de las mujeres para interactuar con los demás y adaptarse a los distintos temperamentos y puntos de vista, el conocimiento y el control de los propios impulsos, la buena gestión de la ansiedad, el optimismo ante las dificulta- des y la adaptación ante las distintas situaciones, hacen que las mujeres sean idóneas para el ejercicio pastoral. 31 Por tanto, hay que elaborar una «teología de género» que «equipare» el papel de la mujer a la par del hombre en todos los sentidos y ámbitos de la vida, incluyendo el ejercicio del pastorado, a los fines de mejorar y adecuar el accionar de la iglesia en sentido general. Hoy en día, la mu- jer tiene más confianza en sí misma; tiene acceso a áreas y puestos de «liderazgo» que hasta hace poco eran consideradas, por su naturaleza, exclusivamente para el sexo masculino; a estas les gusta adoptar respon- sabilidades y no olvidar la capacidad femenina. 5.3.7. Los líderes cristianos no son políticos partidistas Todos los «líderes», cristianos o no, viven y realizan la «actividad política» de forma consciente o inconsciente en un algún momento y forma determinada, tanto dentro como fuera de la iglesia, sea esta pen- tecostal o no. Un «líder» sin creencias, ideas, o «proyecto político», es una persona «vacía», que más tarde o temprano dejará de serlo. La per- 183Teología Pentecostal: Una perspectiva académica manencia como «líder» está estrechamente relacionada con los fines que persigue, con los valores que lo sustentan. Los líderes cristianos son, técnicamente, «políticos». Como ocurre con todo ejercicio del liderazgo, ponen un especial én- fasis en las relaciones personales y en la permanencia del li- derazgo, utilizando para esto «estrategias políticas» que así lo permitan. Por tanto, el «líder» siempre ejerce una función política. Las funciones «políticas» de un «líder» dependen del tipo de grupo que debe dirigir y coordinar. También depende del tipo de estructura y del objetivo común de la organización. En ese sentido, es necesario destacar que el «liderazgo cristiano» desempeña una «función política» importante, la cual arrastra toda una serie de ingredientes imprescindibles para la promoción socioespiritual de los valores del reino. Para Henri Charles (1990), el «liderazgo» impli- ca, por razones obvias, dominar el escenario, convencer no solo con la palabra sino con una imagen adecuada para cada circunstancia. 32 El «liderazgo» debe asentarse en un conocimiento profundo y ex- haustivo de lo que sucede y preocupa en el entorno. Además, las opinio- nes y sensibilidades que existen sobre los temas más diversos. De esta forma el «líder» irá tomando el pulso a la manera de pensar, a los deseos y aspiraciones de aquellos a los que pretende representar. Por tanto, detectar problemas, articular soluciones, buscar apoyo para ponerlas en práctica y ejecutarlas, son «funciones políticas» que contribuyen a generar una percepción favorable sobre el ejercicio del «liderazgo» que beneficia a los demás. Sin lugar a dudas, en el ámbi- to cristiano pentecostal existe un rechazo en cuanto al ejercicio de la «política partidaria», debido, entre otras cosas, a las malas experien- cias en los países latinoamericanos, y lo desleal y corrompida que se encuentra en la actualidad. Por otro lado, las iglesias pentecostales están muy divididas en cuanto a preferencias, lo cual dificulta la «unidad del voto partida- rio» entre los creyentes. La Biblia ofrece «principios eternos» que son útiles para todos los sistemas políticos. Ella no pretende ser un libro de «políticas», sino una guía para los «políticos», a fin de alcanzar una acción «política» responsable. Por tanto, se necesita un ejercicio 184 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal ético de la «política» y una «teología» de la política, del poder y de la mayordomía de la creación. Finalmente, decir que los «líderes cristianos» no son «políticos» y que no ejercen funciones «políticas», es una idea que carece de fun- damento teórico y práctico en materia de «liderazgo», y por ende un «tabú». Existe una faceta o «dimensión» del ejercicio del liderazgo cristiano, sea este pentecostal o no, que es técnicamente «política». Referencias bibliográficas [1] Banks, John S. (1998). Manual de Doctrina Cristiana. Editorial CLlE, Barcelona, España. [2] Real Academia Española, (2001). Diccionario de la Lengua Española, vigésima segunda edición, España. [3] Dyrness, William (1999). Temas de la Teología del Antiguo Testamento. Editorial Vida, Miami, Florida, USA. [4] Garrett, James (1996). Teología Sistemática. Casa Bautista de Publicaciones, El Paso, TX, USA. [5] Green, Michael (1997). Creo en el Espíritu Santo. 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Ediciones Deusto, Madrid, España. 186 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal CAPÍTULO V GUÍA DIDÁCTICA CREENCIAS, DOGMAS Y TABÚES PENTECOSTALES 1. ¿Qué dice John S. Banks, sobre las creencias, dogmas y tabúes pentecostales? 2. En términos básicos, ¿Qué es una creencia? 3. ¿A qué se refiere la expresión bíblica: «La letra mata, más el Espíritu vivifica»? 4. ¿Crees que no se tiene el Espíritu Santo si no se habla en lenguas? 5. ¿Qué dice William Dyrness sobre Noé? 6. Los principios hermenéuticos indican que, toda doctrina o enseñanza bíblica debe contar con... 7. ¿Crees que cuando se tiene relaciones sexuales el Espíritu Santo se va en ese momento? 8. La manera correcta de orar, es... 9. ¿Es pecado bautizar a los niños? 10. La prohibición de tomar café o té, según Donner Theo, tienen las raíces en... 11. ¿Es pecado si una persona practica la anticoncepción? 12. ¿Qué significa la palabra «católico»? 13. La Biblia, puesta adecuadamente en contexto, puede ayudar a... 14. Las familias de hoy deben modificar la forma de «crianza» de los varones en cuanto a... 15. ¿Qué dice E. Y Mullins sobre el cristianismo y la danza en la iglesia? 16. ¿Cuáles son los dos relatos que existen sobre la muerte de Judas el Iscariote? 17. ¿Se pueden conciliar los dos relatos? 18. ¿Qué dice Robert W. Palmer sobre el atuendo de la mujer? 19. Según Stanley M. Harton, ¿Qué son los dogmas? 20. ¿De dónde se extrae la idea de que para participar de la Cena del Señor se requiere ser bautizado? 21. El «desafío» de la iglesia pentecostal de este tiempo consiste, precisamente, en preparar a los creyentes para... 22. Dejarse crecer la barba es una decisión... 187Teología Pentecostal: Una perspectiva académica 23. ¿Qué contenía la reunión que hoy llamamos «culto» para el desarrollo en la iglesia primitiva? 24. En el «culto» de la iglesia, la gente debe recuperar el... 25. Tomás de Aquino explica el fin escatológico de la oración del cristiano hacia el Oriente, ¿Cuál es? 26. ¿Es perdonable el pecado de «divorciarse» de un cónyuge por motivos no bíblicos? 27. ¿Permite, disuade, estimula o tolera la Biblia el nuevo casamiento? 28. Según Warren Neil Clark, en muchos casos existen otras razones por lo que las parejas se quieren o les obligan a casarse, ¿Cuáles son? 29. ¿Es el bautismo en agua un requisito para la salvación? 30. En términos bíblicos, existen algunas «formas» para aplicar una disciplina a un creyente, ¿Cuáles son? 31. ¿Qué es un «tabú»? 32. Muchos creen que la plenitud del Espíritu Santo solo llega hasta... 33. Muchas de las «ideas sexuales» que algunos creyentes pentecostales tienen, están basadas en... 34. ¿Es un pecado, está mal, bíblica o legalmente que la mujer dé el primer paso cuando se siente atraída por un hombre, siendo ambos solteros? 35. ¿Cuáles son las relaciones «sexuales» condenadas por la Biblia? 36. ¿Qué dice R. Belaúnde sobre el «sexo oral»? 37. Hable sobre el escuchar música con ritmo urbano, merengue o bachata. 38. Se sabe, que la literatura que se lee, los programas y la música que se escuchan, afectan... 39. ¿Qué dice Tim Bell sobre la habilidad de las mujeres? 40. Todos los «líderes», cristianos o no, viven y realizan la actividad... CAPÍTULO VI DESAFÍOS ACTUALES DE LA IGLESIA PENTECOSTAL Después de presentar una serie de temas vinculados a la teología pentecostal y observar las grandes discusiones que sobre diversos asuntos se producen a lo interno de las iglesias de persuasión pen- tecostal, se debe reconocer que las mismas tienen grandes «desafíos» en el actual escenario de vida cristiana. En ese sentido, un «desafío» se suele definir como esa situación difícil o peligrosa con la que alguien se enfrenta. Acción que se debe llevar a cabo y que supone un «reto», el cual pone a prueba, brindando la oportunidad de medir la capacidad, aguante y voluntad. Ahora bien, hablar de los grandes «desafíos» que tendrá la igle- sia pentecostal en las siguientes décadas del siglo XXI, no es un ejercicio especulativo, ni meramente académico; es, sobre todo, una muestra de fidelidad a la bendita misión que Cristo delegó al pueblo escogido, la iglesia, la cual debe ser «sal de la tierra» y «luz del mundo». Jesús reprobó a los fariseos y sadu- ceos de ese tiempo por saber reconocer los cambios atmosfé- ricos y las variaciones del clima, pero desconocían las señales más importantes: las «señales de los tiempos», en el sentido escatológico y misionero. Por tanto, el gran «desafío» es, que sin perder la esencia de la iden- tidad pentecostal, se pueda «dialogar» e «interactuar» sobre los gran- des temas que debe encarar la iglesia de Cristo en este tiempo. Todo esto, sin que este «diálogo» o «revisión» se convierta en un relativismo 190 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal moral, en una religión a la carta, superflua y vana. La Biblia ha de ser leída y entendida en su contexto, pero también vivida en un entorno particular. Las iglesias pentecostales de este tiempo no pueden seguir pretendiendo «escapar» del mundo, como si esto las hiciera más «san- tas»; todo lo contrario, es en ese contexto en que las iglesias están in- sertas, en el cual la vida y misión toman relevancia y pertinencia. Pablo A. Deiros (1997), dice: «Ciertamente el «mundo» si- gue representando ese lugar de tinieblas, pecado y rechazo del Dios verdadero, pero, ¿No es acaso este el campo «fértil» en el que el Señor Jesucristo ha dejado la iglesia para ser sal y luz? No se puede seguir visualizando al «mundo» como enemigo del cual hay que escapar. Debe ser lo inverso, ha de verse, como ese lugar, que está repleto de hombres y mujeres necesitados; urgentemente del amor, la paz, y la justicia de Jesucristo». 1 Hoy más que nunca, no se debe pasar por alto el anhelo expresado en la oración de Jesús, cuando dijo: «Padre, no te pido que los saques del mundo sino que los guardes del mal. Santifícalos en tu verdad, tu Palabra es verdad» (Juan 17:15–17). Además, son claves las palabras del apóstol Pablo en Romanos 12:2, cuando dijo: «No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio dela renovación de vuestro en- tendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta». La manera de ser iglesia hoy se ha revolucionado de tal ma- nera que, es inaplazable hacer los «ajustes» necesarios a esas formas de ver y manejar los temas vinculados al accionar de la iglesia pentecostal en este tiempo. Toca ahora a las iglesias pentecostales, hacer una reflexión profunda para llegar a una «nueva concepción de ser iglesia» que, sin perder las bases y orientaciones bíblicas, sí pueda ser representativa y eficaz de la realidad del mundo actual. Son mucho los «desafíos» que tienen las iglesias pentecosta- les en este tiempo, sin embargo, a continuación, se presentarán algunos que, a juicio del autor, son los más urgentes para el abor- daje y consideración. ¡A ver! 191Teología Pentecostal: Una perspectiva académica 6.1. PROCLAMAR LA VERDADERA ESPIRITUALIDAD Uno de los primeros desafíos de la iglesia pentecostal de este tiempo es «proclamar la verdadera espiritualidad», ya que el tema de la «espiritualidad», dentro y fuera del ámbito evangélico pente- costal, es mucho más complejo de lo que hasta ahora se ha pensado. Más aún, cuando se trata de tipificarlo y establecer grados o niveles. Pero… ¿Qué es la «espiritualidad»? ¿Qué es ser «espiritual»? ¿Cómo se es «lleno del Espíritu»? ¿Qué implica el «bautismo en el Espíritu Santo»? ¿Cómo creyentes es posible andar en el Espíritu? ¿Es viable una verdadera espiritualidad, como nuevas criaturas, inmersas en esta realidad postmoderna de hoy? Sin lugar a dudas, la ignorancia de muchos creyentes en cuanto a los temas espirituales es grande. Esto lleva a que cada quien forje un criterio propio sobre la espiritualidad. Se suele dar, por supues- to, que la conciencia y la mente están siempre bien formadas sobre este tema, y se sabe muy bien «discernir» lo bueno y lo malo; lo que edifica o destruye. Pero, a decir verdad, no siempre es así. En ese sentido, es común en temas de «espiritualidad» la presencia de un subjetivismo arbitrario, el cual no se fundamenta en las enseñanzas de las Sagradas Escrituras, sino en las «experiencias pentecostales» particulares de unos cuantos. 192 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal Por tanto, cuando se habla de «espiritualidad» se echa mano de uno de esos términos que hoy sirven para referirse a tantas cosas, en parte por la riqueza y variedad de elementos que le son propios. Esta es la razón, por la cual el concepto «espiri- tual» o «espiritualidad», según el escenario en el que se ex- prese, puede tener muchos significados, que a partir de quién o quiénes lo aborden variará de forma radical la apreciación y quizás no se estén dando a entender adecuadamente. Sin em- bargo, existen algunos elementos o componentes que pueden servir de base y que permitirán elaborar una definición en la que la mayoría se sientan cómodos. En ese sentido, Segundo Galilea (1998), dice: «La «espiritualidad» entre los creyentes no debe ser una imposición, sino el resultado de una «elección» que hagamos, de «conocer y crecer» en nuestra relación cotidiana con Jesucristo, por medio del Espíritu Santo en nuestras vi- das. Cuando «pecamos» contristamos al Espíritu Santo (Efesios 4:30; 1 Juan 1:5–8), y erigimos una barrera entre Dios y nosotros. Por lo tanto, una «iglesia espiritual» es aquella cuyos creyentes han nacido de nuevo, quienes hacen una consistente y continua «elección» de rendir- se a Dios por medio del Espíritu Santo». 2 Ahora bien, el autor de este libro entiende por «iglesia espiritual» a: «El grupo de dos o tres personas o más que, reunidas en el nombre y autoridad del Señor Jesucristo y teniendo como base las Sagradas Es- crituras, le invocan y proclaman la verdad del Evangelio, sin importar el lugar, nombre que se adjudiquen, denominación y estilo de gobierno local que apliquen. Cuyos miembros permiten que Dios, a través del Espíritu Santo, guíe y controle su conducta, comportamiento y estilo de vida para con los semejantes, por medio de una vida de oración, ayuno y comunión con Dios». Por tanto, la «espiritualidad» va más allá de una «lista de co- sas» que no se pueden hacer y otras cosas que se deben practi- car. Una vida espiritual, genuina y saludable, libre de ataduras, da como resultado una vida exterior diferente, una vida mo- vida por «amor a Dios» y al prójimo, andando en el Espíritu Santo, libres de pecado, viviendo bajo los valores del reino de Dios, donde el que sirve es el mayor, donde el pobre, necesita- 193Teología Pentecostal: Una perspectiva académica do y marginado es feliz; esa es la verdadera espiritualidad. El «fervor espiritual» me lleva a adorar a Dios en la realidad de la vida diaria con mis semejantes y con mi Señor. La «espiritualidad», en sentido esencial, debe ser equilibrada entre doctrina y vivencia, entre teoría y práctica. La vida cristiana y la autén- tica «espiritualidad» no se deben considerar como algo solo exterior, sino interior. Sin lugar a dudas, existen muchas iglesias pentecostales con «altas experiencias espirituales», las cuales reflejan una «praxis» bastante incoherente del Jesús de los evangelios y otro tanto ocurre en las iglesias más tradicionales. En la mayoría de los casos, esta realidad se presenta dada las con- cepciones y/o experiencias distorsionadas acerca de la «verdadera espi- ritualidad» que debe exhibir la iglesia de hoy. Sin embargo, no se debe hablar de una genuina o verdadera «espiritualidad» sin dialogar previa- mente sobre el Espíritu Santo y de la relación de éste con Jesús. Entre las cosas que provee el Espíritu Santo de Dios a la iglesia están: Sabiduría e inteligencia, consejo y fortaleza, conocimiento y temor del Señor. Nuevamente se cita a Segundo Galilea (1998), cuando dice: «La originalidad y la autenticidad de la espiritualidad cristia- na consiste en que seguimos a un Dios que asumió la condi- ción humana; que tuvo una historia como la nuestra; que vivió nuestras experiencias; que se entregó a una causa por la cual sufrió; tuvo éxitos, alegrías y fracasos; por lo cual entregó su vida. Ese hombre, Jesús de Nazaret, igual a nosotros menos en el pecado por comisión, en el cual habitaba la plenitud de Dios, es modelo único de nuestra vida humana y cristiana». 3 Para muchas iglesias pentecostales de este tiempo, la genuina o verdadera «espiritualidad» se manifiesta al subir el volumen del equi- po de sonido, cantar rápido y acelerado hasta entrar en éxtasis, «eu- foria de alegría, brincar, saltar girar, danzar, remolinear»; esta es la «unción» y el verdadero «poder de Dios». Pero termina el momento o la actividad y todo sigue igual, no hay cambio alguno en las personas que participan de la actividad. 194 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal Sin embargo, la «plena» y «genuina» manifestación de la pre- sencia de Dios y su Espíritu Santo trae como resultado verificable, entre otros: «Humillación ante Dios, confesión de pecados ocultos, santidad, obediencia a Dios y su Palabra, verdadera confraternidad en el pueblo de Dios, servicio voluntario por amor a Dios, verdadera adoración y alabanza». Sin lugar a dudas, el fanatismo de algunos, la fe ciega de otros, el sentimentalismo y emocionalismo de muchos, una vez ha- llan cabida en la mente y el corazón de ciertos creyentes, tras- tornan el intelecto de cualquier ser humano. Hay que admitir que todo lo antes mencionado ha traído como consecuencia, entre muchos pentecostales, interpretaciones equivocadas so- bre lo que es o significa la «espiritualidad». Otra de las consecuencias, producto de las interpretaciones equi- vocadas sobre lo que es o significa la «espiritualidad», es la «sober- bia espiritual» que muchos pentecostales exhiben de manera abierta y contraria a los postulados del Texto Sagrado. Existe en el seno de muchas iglesias pentecostales, degradantes tipificaciones, grupos «éli-tes», que aunque se autodenominan «espirituales» brindan un servicio mediocre a los demás. Según la experiencia pentecostal del autor de este libro, ser «espiri- tual» es el resultado de la aplicación de cinco elementos «esenciales», los cuales permiten al creyente perseverar en la fe cristiana y ser eficientes en el cumplimiento de la misión como iglesia de Cristo. Éstos son: 1. Vida devocional La «devoción» tiene que ver con ese amor, fervor y veneración que se debe exhibir o expresar a través de los «ejercicios espirituales», y que representan las vajillas del «poder» para el creyente en sentido general. Es posible que usted considere otros «ejercicios» que no se presentan en esta lista, pero estos, en términos básicos, han de consi- derarse necesarios en una iglesia espiritual. Estos son: a. La oración: orar es hablar con Dios. La comunicación con Dios es fundamental. La oración no solamente conlleva peticiones, sino que debe incluir adoración, acción de gracias, confesión, in- 195Teología Pentecostal: Una perspectiva académica tercesión y por supuesto, peticiones. Por tanto, la iglesia de hoy debe fomentar la oración en las diversas formas o estilos. b. El ayuno: la práctica del ayuno es tan antigua como el ser humano mismo, y dentro de los propósitos básicos están: El de doblegar los deseos de la carne, afligir el espíritu en un acto de humillación hacia Dios, corregir y humillar el alma. Se realiza en momentos en que la iglesia necesita acercarse más a Dios, y lo acompaña de reflexión, confesión, lectura de la Biblia, lamento, entre otros. c. La lectura y estudio de la palabra de Dios: debe existir no solo un tiempo para el estudio y lectura diaria de la Biblia, sino un espa- cio para que la iglesia se actualice en lo referente a los hallazgos y nuevos descubrimientos y apreciaciones del Texto Sagrado. La iglesia pentecostal de hoy, está llamada a interpretar correcta- mente las Sagradas Escrituras, ya que atraviesa una de las peo- res crisis doctrinales. d. La adoración: la adoración en la iglesia pentecostal debe ser como expresó Jesús, «en espíritu y en verdad». La «verdadera adoración» no es mecánica o un espectáculo; es aquella que se realiza con sinceridad y verdadera necesidad de Dios. 2. Vida de unción En el Antiguo Testamento, el acto de «ungir» se aplicaba a los sacrifi- cios para la consagración (Éxodo 30:26) a través de los sacerdotes. En el Nuevo Testamento se observa esta «práctica» hacia los enfermos (Marcos 6:13; Santiago 5:14). Esta «costumbre» se ha generalizado entre los cris- tianos en los últimos años, en especial entre los evangélicos pentecostales. Se dice que hay «unción» cuando se produce un «mover especial» como resultado de la llenura del Espíritu Santo y que en la mayoría de los casos es acompañada de algunas manifestaciones, tales como: caídas, temblor, risa, llanto y pérdida del control físico, las cuales son tomadas por muchos como algunas de las señales de la «operación sobrenatural» del Espíritu Santo. Una «iglesia espiritual» debe estar cubierta por la unción, ya que no será eficiente en el desarrollo de la 196 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal vida cristiana plena, si ésta no es revestida y acompañada de la co- bertura del Espíritu Santo. 3. Vida de fe Algunos ven la fe como una fuerza casi mágica y que si se logra tener suficiente, uno prosperará, se mantendría firme en el Señor y ten- dría una vida placentera. Pero, ¿Qué hacer para lograr más fe entre los creyentes? ¿Cuáles son las señales de una fe verdadera? En el libro de Hebreos capítulo once, el escritor usa palabras y frases, tales como: «perseverar», «soportar», «no perder la esperanza». Por tanto, una «iglesia espiritual» es aquella que lleva una «vida de fe», lo cual no es tan fácil como muchos quieren enfatizar. La fe que se describe en la epístola a los Hebreos no viene cu- bierta de azúcar; Dios no le garantiza a nadie una vida de lujos y descanso. Es una fe rigurosa; consiste en un «compromiso constante» de creer en Dios a pesar de todo y evitar el pecado, así como un compromiso constante de aferrarnos a Él, pase lo que pase, cueste lo que cueste. 4. Vida de testimonio Un pensador dijo: «Se necesita toda una vida para construir una buena «imagen» y solo un minuto para perderla». Por otro lado, en Hebreos 12:1–3 dice lo siguiente: «Por tanto, nosotros también, tenien- do en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante». Toda iglesia tiene en el entorno, mu- chos ojos que están sobre ella, por tanto, esto implica que no podrá ser ejemplo de los demás si los miembros arrastran tras sí un lastre de errores y pecados sin solventar. Una «iglesia espiritual» goza de buen testimonio, lo cual es cla- ve si se quiere gozar de respeto de quienes les rodean. Alguien dijo: «Tus hechos no me permiten escuchar lo que dices». No hay mejor mensaje e ilustración que el buen ejemplo en la forma de conducirse y desenvolverse. 197Teología Pentecostal: Una perspectiva académica 5. Vida disciplinada La disciplina no tiene un fin en sí, pero ayuda a los creyentes en general a «progresar» en la vida cristiana. Estas abarcan aspectos es- pirituales, mentales, sociales y físicos. La iglesia que logra organizar bien las ideas, alcanza ventajas sobre otras que viven al azar. Una igle- sia pentecostal con un accionar «disciplinado» puede concentrarse en lo esencial y descartar lo que no es tan importante. En ese sentido, Benno Sander (1990), dice: «Las iglesias «in- disciplinadas» son presa fácil de la improvisación. Para la iglesia de Jesucristo, la «disciplina» significa seguir a Cristo negándose a sí mismo y tomando resueltamente su cruz. Es tener la capacidad de regular la «conducta» y evitar el «peca- do» mediante principios y criterios, y no mediante el impul- so, la presión y la costumbre, es decir la capacidad natural de subordinarse». 4 La «disciplina» es una señal clara de «madurez espiritual» en los creyentes, ya que regula los apetitos, las emociones, el mal humor, la manera de hablar, y permite establecer prioridades. La «disciplina» es lo que más necesita el hombre o la mujer de este tiempo y es lo que me- nos quiere. Finalmente, a través del Espíritu Santo, todos los creyentes son guiados, fortalecidos y revestidos de la gracia de Dios para resistir al enemigo y al «pecado», a fin de que el propósito de Dios se cumpla plenamente en cada uno de los que creen en Él. 6.2. VER LA IGLESIA COMO UNA EMPRESA ADMINISTRABLE Sin lugar a dudas, ver la iglesia pentecostal como una empresa administrable, es otro de los grandes desafíos de hoy. Al transitar e incursionar en el campo de la administración, sea eclesiástica o em- presarial, son muchas las cosas que se deben tomar en cuenta antes de precisarlas. Esto se debe a que existen muchos «teóricos» en este campo que no valoran algunos «detalles», los cuales no permiten una adecuación plena en el ámbito cristiano. 198 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal Son aspectos relativos a las costumbres, dogmas, estilos, concep- ción general sobre el liderazgo, entre otros, que sin lugar a dudas, im- piden un aprovechamiento de los «principios administrativos» pro- piamente dichos en el ámbito de la iglesia pentecostal. Ahora bien, administrar es sinónimo de gobernar, regir, dirigir, controlar. Es lograr que las «cosas» sean hechas mediante otras personas, asegurando el logro de las metas preestablecidas, a través de la continua y consciente dirección del trabajo, aplicando las acciones específicas ya diseñadas. Sin lugar a dudas, el estilo de dirección de las iglesias pentecosta- les durante los últimos años ha sido enriquecido por la gran afluencia e integración de personas de los diferentes «estratos sociales»,entre los cuales hay muchos profesionales de las diferentes áreas del conoci- miento, quienes han provocado numerosos cambios en el ejercicio del liderazgo interno de la iglesia de Cristo, y esto es bueno. Adalberto Chiavenato (1993), dice: «La necesidad e importan- cia de una buena administración en las iglesias pentecostales de estos días se debe, no solo a la necesidad de orden local, sino también a las exigencias de los gobiernos, las cuales requieren que las instituciones, como la iglesia, estén acordes a los pará- metros legales y administrativos de este tiempo». 5 Se debe reconocer que Dios está obrando maravillas en estos días, las iglesias pentecostales están creciendo. Sin embargo, el desafío es muy grande. Cada día hay más personas, más recursos, más obras que hacer, más necesidad de administrarlas bajo la dirección y sabiduría 199Teología Pentecostal: Una perspectiva académica que provee el Espíritu Santo. Pero todo esto requerirá de nuevos «pa- radigmas» que permitan aprovechar, adecuadamente, todos los recur- sos con los que cuenta la iglesia, en especial, los recursos humanos. En ese sentido, la iglesia, sea grande o pequeña, debe ser diri- gida tomando en cuenta los preceptos básicos de la adminis- tración de empresas. Los líderes cristianos son «administra- dores» que organizan, trazan, guían y dirigen los asuntos de la iglesia. El apóstol Pablo declara en 1 Corintios 12:28, que la administración también es un don espiritual: «En la iglesia Dios ha puesto, en primer lugar, apóstoles; en segundo lugar, profetas; en tercer lugar, maestros; luego los que hacen mila- gros; después los que tienen dones para sanar enfermos, los que ayudan a otros, los que administran...». Jesucristo es el administrador por excelencia, sentó las bases de una organización universal de la iglesia. En 1 Corintios 4:1–2, el apóstol Pablo dice: «Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios. Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel. En la Biblia se encuentran abundantes informaciones y orientaciones sobre la administración. Sin una visión o filosofía de ministerio, carente de comprensión de los programas y las actividades, la iglesia se mueve sin un sentido de dirección. Para que el líder pueda administrar efi- cazmente la iglesia, necesita presentarle una visión, y ésta requiere ponerse por escrito. Si la iglesia tiene bien establecida la visión y misión, se puede convertir en una empresa administrable. Muchas iglesias pentecos- tales en Latinoamérica, están muy alejadas de esto por la carencia antes señalada. Se observa que muchas iglesias están fragmentadas, ya que cada ministerio o departamento lleva un rumbo, visión, de- claraciones de fe y aún una filosofía particular e independiente de la general que debe tener la iglesia. Esta realidad requiere de los líderes que sean buenos administradores. Para poner en funcionamiento y llevar a la práctica una visión, hay tres cosas básicas que el pastor/líder debe hacer, según Armando Cuesta Santos (2005), estas son: 200 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal • Primero, ver los recursos humanos. Ver las personas necesarias para poner en práctica la visión. • Segundo, tener bien claro y presentar el plan ministerial, o sea, el programa de la iglesia. • Tercero, el presupuesto de la iglesia, porque todo lo que se quie- re hacer, no se puede sin dinero. Los recursos financieros, deben proveerse para poder poner en práctica todos los proyectos. 6 Cuando la iglesia se propone implementar una visión, necesita de personas, un plan, luego un presupuesto que haga del proyecto una realidad. Es por estos elementos, que la iglesia puede ser tratada como una empresa totalmente administrable, científicamente. Una empresa está formada por tres elementos principales: los bienes materiales o elemento pasivo, los recursos humanos o el elemento activo, y sistemas o normas de conductas. La iglesia cuenta con estos tres elementos: • Bienes materiales: Para desarrollar la tarea, la iglesia necesita un terreno, construir edificios, tener sillas y diferentes tipos de mue- bles. También posee recursos financieros, provenientes de diez- mos, ofrendas y donaciones. • Recursos humanos: Es la parte vital de la iglesia y constituye el factor primario en la administración. • Sistemas: La iglesia posee organigrama, manuales, reglamentos, entre otros, pero la base del gobierno y disciplina es la Biblia. La administración es necesaria para traer eficiencia, orden y orga- nización al trabajo de la iglesia, a fin de que todos los recursos —inclu- yendo recursos humanos— sean usados efectivamente para alcanzar logros significativos en el reino. En ese sentido, existen una serie de mitos con respecto a la administración, entre ellos: • Dios requiere fidelidad, no efectividad. • Las instituciones son más importantes que la gente. • Los números no son importantes, lo que importa es la santidad. • La administración no es bíblica. • La administración limita el accionar del Espíritu Santo Sin lugar a dudas, hoy en día el liderazgo no se puede concebir ni sostener sin una buena estructura organizacional, planeamiento, y su- pervisión administrativa. La Biblia como fuente inagotable de sabiduría 201Teología Pentecostal: Una perspectiva académica abunda en información y ejemplos sobre la organización y el orden en materia administrativa. En la creación Dios demuestra la habilidad ad- ministrativa; planeando, ejecutando, organizando y evaluando cada eta- pa creativa realizada, lo cual refleja una administración y control divino en todo el proceso. Es importante destacar que, la «administración» de la iglesia, sea esta pentecostal o no, implica el ordenamiento de todos los recursos de la congregación, de tal manera que esta cumpla su misión. Cuando se habla de «administración» no solo se debe pensar en la parte econó- mica, sino también en los recursos espirituales y humanos. Los líderes son administradores (1 Corintios 4:1–2) del Evangelio y serán fieles en la medida que usen todos los recursos en forma sabia para lograr ese fin. Los recursos humanos de hoy deben ser bien administrados y usa- dos según el don o talento que Dios haya depositado en cada uno, en- tendiendo que cada don o talento es especial para Dios, y no se deben menospreciar directa o indirectamente. Para ello, es necesario crear conciencia sobre la necesidad de que en la iglesia pentecostal, como una «empresa administrable», exista un departamento de recursos huma- nos que vigile y oriente todo el potencial humano, a favor del reino y la misión de la iglesia en sentido general. Para Henri Charles (1990), la falta de una planificación y or- ganización efectiva de la labor como iglesia de Jesucristo, per- miten que la improvisación sea la «reina» y esto no es bueno. Cuando algunos de los profesionales de las diferentes áreas, 202 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal así como los miembros, no son edificados correctamente so- bre el presupuesto a ejecutar, y el personal de algunas áreas claves de la iglesia u organización ve que no se admiten in- cursiones en ciertos renglones, esto crea desconfianza e in- dignación entre quienes entienden que no se ha procedido o administrado adecuadamente. 7 Por tanto, al reflexionar sobre lo que ha sido el desarrollo evolutivo de la «administración» de la iglesia pentecostal en las últimas tres dé- cadas, se debe entender la necesidad de aplicar una administración que permita evitar caer en los «males» señalados y responder efectivamen- te en el cumplimiento de la misión de los líderes de las iglesias en este nuevo escenario. Una «administración eficaz» es clave para el éxito de la labor interna de la iglesia pentecostal y Dios desea prosperidad en todo lo que ha encomendado, y si no es así, se debe evaluar y corregir a tiempo las faltascometidas, y todo, todo saldrá bien. 6.3. LA BRECHA GENERACIONAL Mucho se ha hablado y se seguirá discutiendo desde distintas pers- pectivas, sobre la «brecha generacional». No es para menos. Es uno de los grandes desafíos, no solo en el ámbito de la iglesia pentecostal, sino de la sociedad en sentido general. Es una realidad que siempre ha esta- do latente en el ambiente y se manifiesta de diversas maneras, creando serias situaciones que pueden degenerar en relaciones humanas muy problemáticas. Utilizando un lenguaje sencillo, la «brecha generacional» se podría definir como las diferencias que existen entre la gene- ración actual y las generaciones anteriores. En el ámbito de la iglesia pentecostal, una brecha generacional puede utilizarse para describir las diferencias en las acciones, creencias, gustos, entre los miembros de una iglesia local o concilio, ministerio o denominación. 8 Actualmente, una de las áreas donde la «brecha generacional» se manifiesta con mayor intensidad en las iglesias pentecostales, está re- lacionada con las nuevas luces en materia bíblica, teológica y confesio- nal, ya que estas han influido sensiblemente en el accionar de los cre- 203Teología Pentecostal: Una perspectiva académica yentes en todas las áreas, teniendo un desarrollo acelerado, explosivo, y algunas de las generaciones anteriores de creyentes se han quedado rezagadas en un porcentaje bastante elevado, incluyendo a personas con larga data e influencia entre los pentecostales. Sin lugar a dudas, las «nuevas luces» en materia bíblica, teológica y confesional han creado un nuevo escenario y este a la vez ha ampliado la «brecha generacional», convirtiéndose en un gran desafío para la iglesia pentecostal en sentido general. Esto lleva a considerar la aplicación de una serie de «cambios estratégicos» que permitan cerrar esta «brecha», la cual está afectando el aprovechamiento pleno de los recursos huma- nos en la iglesia. Entre las estrategias que se deben aplicar están: 1. Importantizar a todas personas En todas las organizaciones de cualquier naturaleza, sean estas empresas comerciales, instituciones educativas, partidos políticos, clubes deportivos, comités de desarrollo comunitario y de manera muy particular en las iglesias pentecostales, las personas deberían ser lo más importante. Sin embargo, lamentablemente, en la gran mayoría de los casos, no es así; creando una «distancia» o «brecha» que debe ser adecuadamente salvada. En las estructuras de las iglesias pentecostales de este tiempo, los puestos o cargos resultan ser más importantes que las personas que los desempeñan. Es muy popular en este ámbito el dicho: «Las personas pasan, las instituciones quedan». En el caso de las iglesias bien estruc- turadas, la triste realidad es, que la persona es importante mientras está activa o en el cargo; cuando ésta deja la función, cualquiera que ésta sea, como dice el dicho popular: «Muerto el rey viva el rey, o rey muerto, rey puesto», por lo regular, son olvidados y abandonados casi por completo, creando así una «brecha» difícil de zanjar. 204 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal En ese sentido, lo que está sucediendo es que, cuando una perso- na ha adquirido un mayor grado de madurez espiritual, de estabilidad emocional, de capacidad intelectual, de experiencia ministerial y pre- paración académica (pues nadie no se forma de la noche a la maña- na), por su edad, porque ya no pertenece a la estructura de la iglesia o porque no conviene a los intereses particulares de algunos «líderes» de turno, se le margina, y por lo mismo, no se le toma en cuenta, creán- dose así una brecha. Es más, a los aportes de estas personas, no se les da el crédito que merecen. ¿No será que algunos saludan con sombrero ajeno? ¿Es po- sible construir el presente y proyectarse hacia el futuro prescindiendo del pasado? ¿Cuánto vale la experiencia acumulada durante tantas dé- cadas? ¿Es inteligente prescindir de ellos? ¿Es que esta situación debe ser así necesariamente? El autor de la presente obra opina que no. No cabe la menor duda de que el reino de Dios y la iglesia pentecostal se beneficiarían de una u otra forma con el aporte de estos experimentados siervos y siervas de Dios, evitando que la «brecha generacional» sea cada día más ancha. Así que, si se tuviera una conciencia clara de la importancia de las per- sonas, si los líderes en funciones fueran depositarios del amor de Je- sús, y tomaran la determinación de comprometerse con los hermanos, si existiera congruencia entre lo que se predica y lo que se vive, esto se podría cambiar positivamente. En ese sentido, Inés Figueroa (1999), dice: «Las personas de- ben estar por encima de los programas, los edificios, las estra- tegias de trabajo, la estructura, el dinero o del cargo. Es evi- dente que cuando la gente deja de ser lo más importante en la iglesia, ésta se desvirtúa y deja de ser iglesia. Es religión, es ortodoxia, es institución, pero no la iglesia que Jesús fundó. Y téngase siempre presente que, la responsabilidad principal de la iglesia, es ser iglesia. La iglesia, aunque es una institución divina, también es humana, integrada por seres humanos; y mientras esté en este mundo, debe ser más humana, porque cuando es más humana, entonces, es más cristiana». 9 205Teología Pentecostal: Una perspectiva académica Los seres humanos, sin distinción de etnia, género, posición social, situación económica, títulos académicos, cargos o puestos en las insti- tuciones y empresas, en el gobierno, y de manera particular en la igle- sia pentecostal como comunidad sanadora, reconciliadora y restaura- dora, deben ser más importantes que todo lo demás, y por esta razón, son las personas quienes, en sentido general, deben estar por encima de cualquier ganancia, interés particular o institucional. 2. Transformar el actual sistema administrativo Para adecuarse en este contexto, y lograr ampliar y transformar el accionar de la «dinámica interna» de las iglesias pentecostales, a fin de ir cerrando la «brecha generacional», es necesario, entre otras cosas, desarrollar y tener una formación ministerial que sea teológicamente sólida, ministerialmente útil y contextualmente relevante. Es por ello que, a continuación se presentan algunas sugerencias: Primera. Realizar una crítica seria de lo logrado ¿Qué se ha al- canzado hasta el momento? ¿Cuáles han sido los resultados? ¿Hasta qué punto se está impactando con la labor que realiza la iglesia? ¿Cuál ha sido el desarrollo y el crecimiento de los creyentes en términos per- sonales y espirituales? Una iglesia pentecostal contextualmente re- levante, es aquella pensada desde un contexto determinado, para un contexto determinado. La iglesia llega a ser verdaderamente efectiva y universal cuando es profundamente contextual. Segunda. Las iglesias y organizaciones eclesiásticas deben ser más abiertas al intercambio, al establecimiento de un sistema «diná- mico» mediante el cual, se pueda establecer las bases de una nueva forma de dirección y aprovechamiento de los recursos humanos a lo interno de la misma, en la que se analicen y establezcan los nuevos parámetros y condiciones para integrarse a la labor local, que permita un encaje adecuado al contexto. Tercera. Establecer una «dinámica interna» con identidad pro- pia. Si hoy no se ha avanzado hacia la persecución y aplicación de un estilo «contextual» capaz de transformarse y que impacte significati- vamente a los miembros de la iglesia en la sociedad, ha sido por care- cer de esa «forma particular» que debe forjar cada iglesia, la cual esté libre de la heredada de los colonizadores. Debe ser un «estilo» que se 206 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal identifique con las realidades y necesidades del lugar, de forma tal, que los miembros y la sociedad en general se sientan identificados. Cuarta. Formar a los miembros de las iglesias sobrela base de un saber más relevante y contextual. Hay que exhibir más madurez y dejar las discusiones estériles de asuntos que, si bien sirven de «identidad» para una determinada iglesia, denominación, confesión o concilio, no son tan relevantes para identificar la iglesia de Cristo, que en sentido básico es una e indivisible. Finalmente, Juan Wagwnveld (2000), dice lo siguiente: «Un iglesia contextualmente relevante, es aquella que toma en se- rio los desafíos de la religiosidad posmoderna, hedonista y superficial. Trabajará con el problema del poder y los pode- res. Esto solo será posible cuando se forme a las personas en un saber más relevante, que se ubique adecuadamente en el contexto y que humildemente se entienda la situación actual que atraviesa la iglesia y el aprovechamiento efectivo de los recursos humanos, y que se ponga todo al pie de la cruz y disponerse a ser parte de lo nuevo que Dios quiere hacer. ¿Se tendrá el valor para hacer esto?». 10 3. Eliminar las trabas en la dinámica interna de la iglesia A pesar de los resultados de las nuevas «luces» de los últimos años, y la apertura a nuevos líderes y personas al quehacer interno y externo de la iglesia en sentido general, hoy en casi todas las iglesias pentecostales, concilios, confesiones y ministerios existen numero- sos «obstáculos» para algunos que desean cambios en los «cóncla- ves». Todo esto ha ocasionado la estampida de muchas personas de las iglesias y concilios, los cuáles pasan a otras organizaciones y en algunos casos forman pequeños grupos, los cuales, más adelante, se constituyen en iglesias formales. Las trabas son los diferentes obstáculos internos o externos, re- glamentaciones, tradiciones y dogmas que muchas veces se convierten en un impedimento para el crecimiento y la integración plena de los miembros de una iglesia u organización y que la generación anterior se aferra en mantener; todo esto, sin importar las opiniones, sugerencias 207Teología Pentecostal: Una perspectiva académica e ideas de algunos de la nueva generación que piensan diferente y que desean «crecer» en el Señor. Entre las trabas más comunes están: A. La concentración de los poderes. Muchas iglesias o con- cilios no avanzan, ni dejan avanzar a los miembros, sencillamente por- que «todo» debe ser analizado y ponderado por un grupo reducido de personas, la mayoría de la generación anterior, los cuales deben dar la aprobación. Esta situación se da en muchas iglesias pentecostales y concilios denominados «pequeños» y con más de 10 a 20 años de crea- dos o fundados. No delegan, no crean comisiones, no distribuyen equi- tativamente el trabajo y esto no ayuda. Esa concentración de poderes no permite una rápida atención a muchas situaciones y crea disgustos, malos entendidos, ampliando así la brecha generacional. B. Los dogmas o normas institucionales. Buena parte de los líderes y miembros de algunas iglesias o concilios son sometidos a «lineamientos dogmáticos» atentatorios a la libertad de expresión, al libre debate de las ideas y en algunos casos al precepto bíblico. Las normas de algunas iglesias pentecostales son tan «tajantes» y «arbitrarias», que se constituyen en un «freno» para el desarrollo integral de los miembros. C. El protagonismo. Esta es una de las trabas más viles y con- trarias a la voluntad expresada por el Señor Jesucristo, pues Él, indica que el que desea ser mayor, deberá ser el servidor de todos. El deseo desmedido de sobresalir, destacarse, presentarse como el único que hace las cosas bien y que sin su presencia y/o participación las cosas no se desarrollan de manera exitosa, es un grave error. Muchos no per- miten que otros trabajen, ni que las ideas prosperen, por temor a ser desplazados, lo cual limitaría su «poder» e «influencia» en medio del pueblo, y esto es «egolatría», y quienes la ejercen tendrán que rendir cuenta a Dios por estas acciones. D. El bajo nivel cognoscitivo. Muchos líderes de algunos con- cilios e iglesias, no poseen los estudios, preparación y experiencias necesarias para ejercer el liderazgo, situación que no ayuda, pues el desconocimiento no permite la apertura a nuevas ideas, esquemas e incursión de quienes sí dominan algunas áreas, creando un «ambiente tenso» por la negativa e intolerancia que se exhibe en ese sentido. Esto provoca la estampida de muchos que, entienden pueden ser compren- 208 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal didos y manejados con más respeto y consideración e ir donde las ideas son entendidas y respaldadas más fácilmente. E. El abuso de poder. Esto consiste en el uso excesivo, indebido e injusto de la autoridad que se ha conferido o delegado. El abuso de poder se refleja en la confianza, el aspecto psicológico, la manipulación y hasta en lo físico de las personas que se dirige. Esto es grave. Se sus- cita cuando deliberadamente se ejerce la «autoridad» para beneficiar particularmente a alguien en desmedro del derecho u oportunidad del otro. La indiscreción de muchos líderes, la falta de ética ministerial, entre otras cosas, son «abuso de poder»; una traba en la dinámica in- terna de la iglesia pentecostal que debe ser superado. 4. Fomentar la tolerancia entre generaciones El término «tolerancia» ha adquirido diversos sentidos: por una parte, significa indulgencia respecto a ciertas creencias; por otra, res- peto a los enunciados y prácticas, siempre que se hallen dentro del orden prescrito y aceptado libremente por la comunidad; finalmente, actitud de comprensión frente a las opiniones contrarias en las relacio- nes interindividuales, sin cuya actitud se hacen imposibles las relacio- nes sociales. Por tanto, tolerancia es «respeto y consideración hacia las opiniones o prácticas de los demás, aunque rechacen las nuestras». 11 La iglesia pentecostal debe fomentar la tolerancia entre genera- ciones, ya que ser tolerante no requiere necesariamente compartir en todo la opinión de los demás, ni dejar de mantener las propias con- vicciones porque estén pasadas de moda. De hecho, ser tolerante es reconocer y respetar a los demás el derecho a pensar y actuar o hacer las cosas de otro modo. 209Teología Pentecostal: Una perspectiva académica La tolerancia es una virtud muy necesaria en la iglesia pentecostal; ahora bien, tener «tolerancia afable» hacia otra persona no le concede a ésta el derecho de hacer lo malo; tampoco la tolerancia te obliga a aprobar la mala conducta de los demás. Dios estableció fronteras para definir los límites aceptables de tolerancia. Se corre peligro cuando se desobedecen esos límites divinos. El problema con esto de la tolerancia, consiste, en que es usa- da por algunos para iniciar la aceptación de «prácticas» como el aborto, la homosexualidad y otros estilos de vida pecaminosos. Esto es inaceptable, ya que lo que se debe tolerar es la verdad, la justicia, la honradez, la obediencia y el amor para todos. Tam- bién, como dice el apóstol Pablo: «Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud al- guna, si algo digno de alabanza, en esto pensad (Filipenses 4:8). Ahora bien, practicar la «tolerancia» no implica pasar por alto la injusticia social ni renunciar a las convicciones personales. Significa que toda persona es libre de adherirse a sus propias convicciones y acepta que los demás se adhieran a las suyas. También significa que uno no ha de imponer las opiniones a los demás. Todo diálogo requie- re «respeto» por la opinión y la persona del otro. Se debe ejercitar la capacidad de crítica y de propuesta. Con esto se estará gestando ya, en pequeño, una iglesia pentecostal más abierta, plural y tolerante, más dispuesta a leer los «signos de los tiempos» y de esa manera cerrar la «brecha generacional» presente en la iglesia de hoy. 6.4. LA ECONOMÍA Elfinanciamiento de las operaciones de la iglesia pentecostal es, sin duda alguna, la preocupación principal de los responsables de admi- nistrar la iglesia. El contexto de escasez de recursos, limita seriamente las posibilidades de llevar a cabo los planes y estrategias diseñados para satisfacer las demandas de todo tipo que enfrentan los miembros de la iglesia y comunidad. La existencia de una serie de corrientes de pensamientos sobre el particular y la actitud de muchas iglesias pen- tecostales hacia el «dinero», han creado un gran desafío que debe ser encarado con mucha responsabilidad y sabiduría por la iglesia de hoy. 210 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal Sin lugar a dudas, la «economía» es el medio por excelencia. Casi nada puede hacerse sin ella, pero nada auténticamente valioso pue- de hacerse solo con ella. Adorar el «dinero» como un fin en sí mismo es un tipo de idolatría; menospreciarlo es una ingenuidad. La iglesia pentecostal, como todas las instituciones, necesita de la «economía» para cumplir la misión; para ella el «dinero» es importante, como para cualquier grupo humano que quiera hacer bien el trabajo y tener una proyección general adecuada. Ni más ni menos. En términos puramente humanos, de eficacia, hay que reconocer que la iglesia pentecostal ha logrado «rentabilizar» los recursos; sabe hacer «más» con «menos». Además, la inmensa mayoría de las per- sonas que manejan los recursos económicos en la iglesia pentecostal de hoy, lo hacen honradamente. A esta actitud de «honradez» hay que añadir la transparencia, ya que la iglesia debe ser más transparente que cualquier otra institución. La «economía» es importante para la iglesia pentecostal en todo momento, ya que ésta se encuentra presente en la vida de todos y hasta en los actos más sencillos. Hoy más que nunca el «dinero» es necesario para la vida. Sin embargo, la Biblia advierte en 1 Timo- teo 6:10, lo siguiente: «Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores». 211Teología Pentecostal: Una perspectiva académica 1. El gran dilema: prosperidad o conformidad Como ya se ha indicado, el «factor dinero» es un gran «desafío» para la iglesia pentecostal en la actualidad, pues este tiene que ver con los aspectos de: empleo, casas, sustento diario, educación, templos, ofrendas y diezmos, entre otros. Sin embargo, hoy en día se presen- ta un gran dilema: «prosperidad» o «conformidad», las cuales repre- sentan dos posturas o ideas muy bien fundamentadas en las Sagradas Escrituras, creando confusión entre algunos creyentes que suelen afe- rrarse a una u otra postura de manera firme y categórica, creando así, cierta «antagonía» que se debe superar. En ese sentido, considérese la teología de la prosperidad, también conocida como «Evangelio de la prosperidad», el cual es un conjunto sistematizado de doctrinas de grupos neopentecostales que enseñan que la «prosperidad económica» y el éxito en los negocios son una «evidencia externa» del favor de Dios. También es conocida como «pa- labra de fe» o «confiésalo y recíbelo». Carlos Jiménez (1994), dice: «Es una enseñanza común en- tre muchos telepredicadores, y, también, entre algunas igle- sias pentecostales y neopentecostales. Estableciendo que Dios quiere que los cristianos sean exitosos en «todos los caminos», especialmente en el área de las finanzas. Los defensores de esta «doctrina» aseguran que el propósito de fondo es la financia- ción de predicadores alrededor del mundo (evangelización), basada en algunos versículos de la Biblia». 12 Por otro lado, los críticos de estas enseñanzas arguyen que estas «doctrinas» son usadas para enriquecer indebidamente a ciertos líde- res pentecostales que explotan la ingenuidad de los creyentes sinceros que ofrendan dinero, y que el énfasis en «la bendición material» es una mala interpretación de la Biblia. Hoy, muchas iglesias pentecostales, ministerios, profetas y após- toles enseñan y promueven una prosperidad inmediata, la cual se obtiene solo confesándola. La principal motivación radica en que la persona «pacte» cosas materiales y dinero, y lo entregue al profeta o apóstol de turno, a cambio de recibir una gran prosperidad y milagro para su vida. Esta «prosperidad» está sujeta a la confesión de la boca 212 Dr. Yoselman Rodwin Mirabal y en la fe ciega, en las «añadiduras» que se quiere recibir y no en la justicia y plan de Dios para cada persona. Sin lugar a dudas, esta clase de «enseñanza» puede hacer que las personas busquen a Jesús solo por los panes y los peces, por las rique- zas y el éxito, y no por la salvación del alma. Esta clase de «Evangelio» hace ver a Jesús solo como a un gran mago o hacedor de milagros y no como el salvador de la vida humana. Hoy existen muchos «apóstoles» que son como «dioses» aparecidos de otro planeta. Estos «dioses» son alabados e idolatrados por muchos incautos que han caído en el engaño apostólico del encantamiento y los hechizos de la nueva era y la filoso- fía humanista del éxito y positivismo. En cambio, la «genuina bendición» de Dios, es un estado continuo de la «presencia de Dios» en la vida de los creyentes, en un proceso de enseñanza y aprendizaje, en donde Dios permitirá en su santa volun- tad, que los discípulos pasen por toda clase de pruebas y aflicciones de toda índole, para así estar preparados para toda buena obra. En ese sentido, la Biblia es bien clara; la bendición de Dios es la misma presencia de Dios en la vida de los creyentes en Jesucristo, aun cuando estén pasando tribulaciones y pruebas, entre ellas, las económicas. Por otro lado, a diferencia de los partidarios de la «prosperi- dad», están los que entienden que el creyente debe «conten- tarse» con lo que Dios le ha dado. La definición de «conten- tamiento» desde una perspectiva Bíblica es: «Una satisfacción interior que no exige cambios en circunstancias externas». Pero es obvio que ésta no es la manera en que las masas del mundo ven la vida, incluyendo a muchos creyentes pentecostales. In- cluso aquéllos que son muy ricos, continúan esforzándose por más dinero, poder y niveles relativos de satisfacción. Sin embargo, la realidad es que hoy en día, el «contentamiento» entre los creyentes pentecostales es un gran desafío. ¿Se ha detenido a echarle una mirada a la iglesia pentecostal últimamente? Si lo ha he- cho, puede advertir que encontrará muy poco «contentamiento» allí. Miembros de iglesias están descontentos con los pastores. Los pastores están frustrados con las directivas; los equipos de alabanza y adora- ción están en desacuerdo sobre el estilo de música en el servicio; los 213Teología Pentecostal: Una perspectiva académica padres no están satisfechos con los programas juveniles y la juventud se desconecta si no son entretenidos. Según William Cutrer y Sandra Glahn (2015), las estadísti- cas dicen que el número de divorcios entre cristianos es por lo menos igual al promedio nacional. Esto significa que los es- posos no están satisfechos con las esposas, y que las esposas están hartas de los maridos. La depresión, el abuso de drogas y alcohol, e incluso el suicidio entre adolescentes en hogares cristianos es un problema tan grande como lo es para aquellos adolescentes en hogares no cristianos. 13 Aun con todo esto, los que entienden que el creyente debe «contentar- se» con lo que Dios le ha dado, entre ellos el autor de este libro, ofrecen algunos pasos para aprender a tener «contentamiento». Entre ellos: • El primer paso en el camino para tener «contentamiento», es re- conocer que tener «contentamiento» no es algo que Dios da, sino algo que se tiene que aprender y poner en práctica. • El siguiente paso para aprender a tener contentamiento es ser capaz de distinguir las cosas que son eternas de las