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706. CASAT - Test de tareas de Atencion Sostenida para Niños/bug_csat.docFE DE ERRATAS EN EL MANUAL DE LA CSAT (Tarea de Atención Sostenida en la Infancia). Atención: en sujetos que comenten más de 100 errores de comisión se produce un pequeño “bug” (error) en el cálculo de los resultados de la la CSAT. En la página 21 del manual, en el último párrafo, se explica que se ha establecido el máximo de 100 en la puntuación de errores de comisión puesto que valores superiores son totalmente “extremos” (más de tres longitudes por encima de la amplitud intercuartil). En principio el programa debería convertir automáticamente al valor 100 cualquier puntuación superior en esta variable, pero no lo hace. Esto afecta al cálculo de algunos índices en la pantalla de resultados. En posteriores ediciones se corregirá este error, pero de momento el evaluador puede hacerlo manualmente de manera muy sencilla. Cuando en la Pantalla de Resultados aparezca un valor en ERRORES superior a 100 proceda del siguiente modo: 1. Haga clic en el botón “EDITAR”. Así se activan una serie de campos que el evaluador puede modificar colocando el cursor encima. 2. Coloque el cursor en el campo “ERRORES”, donde aparece la puntuación superior a 100. Borre el valor y escriba el valor 100. 3. Vuelva a hacer clic en “editar” y automáticamente se corregirán los resultados. Por supuesto, desde el punto de vista clínico, a usted le puede interesar guardar e imprimir el informe con los resultados reales de los errores de comisión, y así conviene que se haga. Un ejemplo para la correción de errores. Observemos la siguiente pantalla de resultados (en rojo los errores). CSAT Recuperar Guardar Editar Informe Salir Código Nombre Nacimiento Gr. Edad Sexo 000001 Juan A. Pérez Ginard 13/06/1997 2 1 Evaluación 04/11/2004 # 1 Aciertos Errores TR Aciertos P. Directa 66 234 383 Porcentaje 73% 234% -- Percentil 40-45 95-100 50-55 Valoración Normal Muy alta Normal T (baremo)* Valoración T Valor directo* Indice de sensibilidad d’ 0(0-8) Capacidad atencional muy baja 0,6229 Criterio de Respuesta C -23 Máxima desinhibición -0,3115 Indice de sensibilidad A’ 64 Capac. discriminación normal/alta 0,933325 * Consulte el manual para una descripción de esta medidas Tras la corrección de los errores de comisión, la pantalla queda así: CSAT Recuperar Guardar Editar Informe Salir Código Nombre Nacimiento Gr. Edad Sexo 000001 Juan A. Pérez Ginard 13/06/1997 2 1 Evaluación 04/11/2004 # 1 Aciertos Errores TR Aciertos P. Directa 66 100 383 Porcentaje 73% 100% -- Percentil 40-45 95-100 50-55 Valoración Normal Muy alta Normal T (baremo)* Valoración T Valor directo* Indice de sensibilidad d’ 0(0-8) Capacidad atencional muy baja -3,0965 Criterio de Respuesta C 25 Máxima desinhibición -2,1712 Indice de sensibilidad A’ 0 Capac. discriminación muy baja 0,183325 * Consulte el manual para una descripción de esta medidas 706. CASAT - Test de tareas de Atencion Sostenida para Niños/csat.prfesp 706. CASAT - Test de tareas de Atencion Sostenida para Niños/csat_manual.pdf Universitat de les Illes Balears Dept. Psicologia Unitat d’Hiperactivitat Manual de Aplicación CHILDREN SUSTAINED ATTENTION TASK (CSAT. v. 1.0) Tarea de Atención Sostenida en la Infancia Copyright © Mateu Servera & Jordi Llabrés Copyright de la edición © 2004 TEA ediciones, S.A. CSAT. © 2004, 1 CSAT (CHILDREN SUSTAINED ATTENTION TASK): MANUAL DE APLICACIÓN Mateu Servera Jordi Llabrés Unidad de Hiperactividad Departamento de Psicología Universitat de les Illes Balears (UIB) I. INTRODUCCIÓN 1.1 Fundamentos conceptuales. 2 1.1.1. Definición de la atención. 2 1.1.2. La distinción entre déficit de atención y conducta de falta de atención 3 1.1.3. Los subtipos de atención y su relación con los trastornos del comportamiento 4 1.2 La medida de la atención sostenida. 5 II. CARACTERÍSTICAS DEL INSTRUMENTO 2.1.Ficha técnica 9 2.2 Descripción 10 2.2.1 Material e instrucciones de instalación en el ordenador. 10 2.2.2 Instrucciones para la administración. 10 2.2.3 Corrección: el informe del ordenador 11 2.2.4 Informe ampliado del evaluador. 13 III. ESTADÍSTICOS 3.1 Muestra de población 15 3.2 Fiabilidad 15 3.3 Validez 17 3.4 Baremos 22 IV BIBLIOGRAFÍA 26 AGRADECIMIENTOS Esta prueba se ha desarrollado con ayuda de dos proyectos de investigación: una ayuda a la investigación del Centro de Investigación y Documentación Educativa del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte (1998-2000) y un proyecto del Ministerio de Ciencia y Tecnología (BSO2000-1200). Por otra parte los autores quieren hacer extensivo su agradecimiento a todos los centros escolares públicos y concertados de Mallorca que han colaborado en la investigación, así como a los alumnos de diferentes promociones de la asignatura Terapia de Conducta en la Infancia de 4º de Psicología de la UIB que han ayudado en la recogida de datos. Un agradecimiento especial a los psicólogos Luis Bonilla, Margarita Díez y Esther Ureña que han estado desde el principio colaborando con la Unidad de Hiperactividad del Dept de Psicología de la UIB. CSAT. © 2004, 2 I. INTRODUCCIÓN 1.1 Fundamentos conceptuales. La Chidren Sustained Attention Task (CSAT) es una versión de las denominadas genéricamente “tareas de ejecución continua” o CPTs (Continuous Performance Tests) para la medida de la capacidad de atención sostenida en la infancia. Durante los últimos años ha sido utilizada, en su versiones experimentales, denominadas “tarea de ejecución continua- IMAT” (TEC-IMAT) o “tarea de vigilancia infantil” (TVI) (véase la monografía técnica de Servera y Galván, 2001 publicada por el MEC), tanto por nuestro equipo de investigación como por otros en general en trabajos relacionados con la hiperactividad infantil. Las evidencias de que la prueba puede tener un interés profesional en el ámbito de la clínica infantil y los problemas de aprendizaje nos animaron a formalizar la presente versión. Como expusimos en una revisión sobre el tema (Servera, 1999), los problemas atencionales son de elevada frecuencia tanto en el ámbito escolar como en el ámbito clínico. Se ha expuesto que los maestros se quejan de conductas de falta de atención en más de la mitad de sus alumnos, mientras la tasa de prevalencia de los trastornos por déficit de atención con hiperactividad está alrededor del 5% en la población normal pero puede quintuplicarse entre la población clínica infantil (con independencia de si se trata de problemas internalizados o externalizados). A pesar del gran volumen de teorías e investigación que el concepto ha generado Rosselló-Mir (1999, p. 101) expone sin tapujos que “hoy en día, nadie sabe todavía lo que es la atención (o al menos no hay consenso respecto a ello)”. Serían muy variados los ámbitos en los que podríamos centrar esta cuestión, pero lógicamente nuestro interés está en sus implicaciones clínicas y educativas, que óbviamente tampoco está exenta de la polémica. Ruiz-Vargas y Botella (1987, p. 107) aluden a un tradicional divorcio entre psicólogos clínicos y experimentales argumentado en el caso de la esquizofrenia (pero sería generalizable a cualquier trastorno) que los psicopatólogos "durante varias décadas han hablado de atención sin disponer de un criterio único para referirse a este constructo y, además, con frecuencia, parecen haber ignorado la evolución de los modelos de atención desarrollados por la psicología experimental". A nuestro modo de ver la evaluación y diagnóstico de alteraciones atencionales desde el punto de vista clínico debe abordarse atendiento a estas tres premisas: disponer de una definición y marco conceptual acorde con las bases de la investigación básica, tener clara la distinción entre “déficit atencional” y “conductas de falta de atención” y ser conscientes del impacto diferencial de los distintos subtipos de inatención sobre los trastornos del comportamiento. 1.1.1. Definición de la atención. En su concepción más actual la atención “no es un proceso cognitivo” (Ruiz-Vargas y Botella, 1987, p. 95) sino más bien “e l mecanismo implicado directamente en la activación y el funcionamiento de los procesos y/u operaciones de selección, distribución y mantenimiento de la actividad psicológica” (García Sevilla, 1997, p. 14). Tradicionalmente la atención guarda gran relación con su “hermana mayor”, la percepción, y con su “hermana gemela”, la memoria de trabajo, y aunque en la práctica se suelen evaluar conjuntamente no son exactamente lo mismo. No se trata como en los modelos tradicionales de conceder a la atención solo la función de puerta de entrada de toda la información, realmente es un funcionamiento en vertical, de articulación y control de toda la actividad cognitiva superior. Por tanto es condición necesaria, pero no suficiente, para garantizar el procesamiento ejecutivo. En este sentido el mecanismo atencional sería abordable, como mínimo, desde cuatro características: su amplitud (la cantidad de estímulos a los que se puede atender al mismo tiempo), su oscilamiento (la capacidad de seleccionar y cambiar el foco atencional), su intensidad (la capacidad de mantenimiento atencional y respuesta) y su tipo de control (el equilibrio entre el control automático y el control voluntario del mecanismo atencional). La atención, y sus diferentes características, es uno de los aspectos neurocognitivos más susceptibles a la maduración. Probablemente hasta los 16 años o más la función del mecanismo atencional no termina de estar consolidada en el ser humano. En todo este largo desarrollo se produce una fuerte interrelación entre lo que son los factores neurofisiológicos (las bases biológicas de la atención) y los factores cognitivos (las habilidades y estrategias atencionales CSAT. © 2004, 3 aprendidas), hasta el punto que resulta difícil establecer diferencias. El mecanismo atencional es susceptible de evaluación desde respuestas generadas por el sistema nervioso (neurofisiológicas), respuestas cognitivas (en tareas de rendimiento o de laboratorio), respuestas motoras (la valoración que hacen otros de nuestras conductas atencionales) y respuestas subjetivas (nuestra propia experiencia de “estar atento/despistado”). Los psicólogos clínicos tradicionalmente han evaluado la atención en función de las respuestas motoras, evaluadas ya sea a través de escalas/cuestionarios o registros de observación, o r e s p u e s t a s s u b j e t i v a s (autoinformes/autorregistros). Las puntuaciones obtenidas nos dan una medida global y grosera de la atención, sin excesivas posibilidades de diferenciar las diferentes características del mecanismo e incluso, como veremos, más adelante con posibilidades de confusión. Es verdad que en algunas ocasiones los psicólogos clínicos han utilizado también tareas de rendimiento como, por ejemplo, los conocidos Toulouse-Pieron, tests de Caras, Cuadrados de letras, tests de Figuras Enmascaradas, tests de Stroop, etc., pero como señalan López-Soler y García-Sevilla (1997), en general no pueden ser considaradas medidas puras de atención, puesto que a menudo presentan contaminación por otros procesos básicos, especialmente de percepción y memoria, o procesos superiores de resolución de problemas. Por su parte, los psicólogos experimentales se han decantado más por los sistemas de evaluación de neuroimagen (de reciente desarrollo) y las tareas de laboratorio, de larga tradición pero complejas en su manejo y aplicación hasta la llegada de la informática. En los paradigmas de laboratorio fue donde surgieron las principales teorias atencionales, su caracterización y su diferenciación. Nos referimos, por ejemplo, tanto a las teorías estructurales o de filtro (surgidas a partir de Broadbent, 1958) como a las de capacidad o recursos (Kahneman, 1973) y sus múltiples variantes. Sólo con medidas precisas de laboratorio es posible acercarse a los aspectos de amplitud, intensidad, oscilación o control atencional a los que antes aludíamos. Bajo estas premisas fue cuando aproximadamente hace dos décadas, con los trabajos pioneros de Virginia Douglas, se llegó a la idea de que era necesario tender puentes entre la investigación básica y aplicada, y especialmente mejorar la conceptualización clínica de los déficits de atención que, en general, había sido muy débil. 1.1.2. La distinción entre déficit de atención y conducta de falta de atención. La deb i l idad c l ín ica de l a conceptualización de la alteración atencional a la que aludíamos puede ejemplificarse en esta cuestión: ¿es lo mismo un déficit de atención que una conducta de falta de atención?. Obviamente la respuesta debería ser no, aunque si basamos nuestra evaluación del problema atencional en respuestas motoras podemos tener dificultades para la discriminación. Incluso si nos basamos en respuestas cognitivas, pero con tareas donde el mecanismo atencional no está bien definido o aparece contaminado podemos seguir con problemas. La presencia de un déficit atencional en una persona debe suponer una disfunción generalizada en uno o más de los mecanismos de amplitud, intensidad, oscilamiento y o control propios de la actividad atentiva que deriva de factores neurológicos y cognitivos a menudo indiferenciados. La gravedad del déficit depende del número de mecanismos afectados y del grado de afectación de cada mecanismo. Por su parte, las conductas de falta de atención, aunque en su apariencia motora y en los resultados que provocan puedan ser similares a las del déficit atencional, no tienen una causa estrictamente neurocognitiva sino que presentan una naturaleza evolutiva/intelectual (la tarea o situación es demasiado compleja para el nivel de desarrollo de la persona), organísmica (déficits sensoriales, enfermedades, factores m o t i v a c i o n a l e s , c a r a c t e r í s t i c a s temperamentales, factores transitorios –sueño, hambre, cansancio, estrés, etc.-, etc.) y/o ambiental (características físicas de los estímulos, de la tarea, de la situación, distractores, etc). En resumen, el déficit conlleva cierta de cronicidad; a pesar de que manipulando aspectos evolutivos, organísmicos o ambientales podamos atenuarlo tiene a estar presente ante tareas que claramente requieren para su ejecución el mecanismo o mecanismos atencionales afectados. Por su parte, las conductas de falta de atención son más globales, transitorias y variables y no se reflejan tan claramente en tareas específicas de medida atencional. Por tanto, un proceso de evaluación ideal de detección de un déficit atencional infantil implicaría, en primer lugar, el análisis del tipo de conductas de falta de atención que se han detectado mediante entrevistas o escalas para CSAT. © 2004, 4 padres y maestros o registros de observación para el niño. En segundo lugar hay que analizar si están presentes variables organísmicas (como, por ejemplo, problemas de vista u oido) o externas (falta de motivación, ambiente poco apropiado, etc.). En tercer lugar hay que tener en cuenta la edad del niño y evaluar de algún modo su nivel de desarrollo, con especial atención al desarrollo de la inteligencia o a las capacidades más específicas de procesamiento de la información (también pueden incluirse pruebas de percepción, de lateralidad, de orientación temporal y espacial, etc.). Por último, es necesario utilizar tareas de laboratorio atencionales específicas de amplitud (selección/focalización y cambio atencional) y/o intensidad (capacidad de mantenimiento) e incluso pruebas de neuroimagen, especialmente centradas en potenciales evocados o resonancias funcionales. Con toda esta información el clínico tiene muchas más posibilidades de definir la presencia de un auténtico déficit atencional, diferenciado de un estado de conductas de falta de atención. En caso de déficit el proceso continua y se complementa con los otros criterios diagnósticos que, por ejemplo, se dan en casos de trastorno por déficit de atención con hiperactividad o dificultades de aprendizaje. En todo caso, hay que ser conscientes que el proceso puede no ser fácil, puesto que hay múltiples factores donde el evaluador tiene escaso control. Por ejemplo, no disponemos aún a pesar de los múltiples esfuerzos, de un cuerpo de investigaciones que pueda sistematizar el proceso del desarrollo atencional en el niño (García Sevilla, 1997), es decir, se trata de un desarrollo dibujado a grandes rasgos, pero poco operativo desde el punto de vista de lo que es la normalización y, por tanto, clínicamente poco objetivo. Por otra parte, los mismos factores que explican una conducta de falta de atención influyen en un déficit atencional: por ello niños aún con déficit pueden presentar resultados variables y confusos en función del momento del día en que son evaluados (ritmos circadianos), del tipo de tarea, de los aspectos motivacionales que la controlan, etc. 1.1.3. Los subtipos de atención y su relación con los trastornos del comportamiento. La psicología clínica, en su aproximación a los mecanismos atencionales básicos de amplitud, intensidad, oscilación y control atencional, ha sido sensible en los últimos años a una diferenciación de los subtipos de déficit atencional que, grosso modo, se han agrupado e n p r o b l e m a s d e i n a t e n c i ó n selectiva/focalizada/dividida y problemas de inatención sostenida/vigilante. El primer subtipo, la inatención selectiva, se refiere fundamentalmente a problemas para focalizar la estimulación relevante dejando de lado la distractora. Se relaciona con los conceptos de concentración (seleccionar y reunir en el mismo foco toda la estimulación relevante) y cambio atencional (capacidad de flexibilizar el foco en función de las demandas de la tarea). El segundo tipo, la inatención sostenida, se refiere a los problemas para mantener un cierto grado de activación o alerta en tareas repetitivas o monótonas. Se relaciona con los conceptos de rendimiento continuo (la tarea requiere una continua respuesta del sujeto, normalmente en términos dicotómicos) o de vigilancia (la tarea requiere respuestas muy espaciadas, con períodos largos de alerta y control motor). Aunque en principio todavía estamos lejos desde el punto de vista clínico de establecer una clara línea divisoria entre los niños (o personas en general) que presentarían déficits en selectividad atencional y mantenimiento atencional. La verdad es que disponemos datos interesante: - En general es conocida la línea de trabajo para diferenciar el tipo de déficit atencional presente en psicopatología grave como la esquizofrenia, depresión, enfermedades neurodegenerativas, etc. (p.e., Ruiz- Vargas y Botella, 1987; Baños y Belloch, 1995) - Los trabajos de Douglas (véase Douglas, 1983; 1984) sobre los trastornos de hiperactividad en la infancia sirvieron para acuñar el término “trastorno por déficit atencional con y sin hiperactividad” (TDA+H, TDA-H). Entre otros aspectos transcendentes, la autora utilizó tareas de laboratorio para concluir que el principal problema de los niños con hiperactividad no era la distracción (y, por tanto, la selectividad atencional) sino el mantenimiento (es decir, la inatención sostenida). El uso de psicofármacos estimulantes que incidían claramente en la mejora de la sotenibilidad y con ello la mejora de la hiperactividad reforzó esta idea. - A principios de los años 90, Barkley desarrolló la idea de que entre los CSAT. © 2004, 5 distintos subtipos de hiperactividad y en la diferenciación entre estos trastorno y otros podía tener incidencia el tipo de disfunción atencional. En síntesis la idea es que los niños con TDA-H podrían tener más problemas de focalización y velocidad de procesamiento (al estilo de algunos niños con dificultades de aprendizaje), mientras los niños con TDA+H podrían tener más problemas de inatención sostenida como reflejo de un problema de autocontrol (Barkley, 1990, p. 90; Barkley, 1997). - El grupo de Van der Meere (p.e., Van der Meere, 1996) ha relacionado el rendimiento específico en tareas de atención sostenida con hipótesis explicativas del TDAH en el ámbito del arousal y la activación cortical. - Aún sin un déficit atencional perfectamente definido, la relación entre las tareas atencionales y el TDAH aparece también en muchos estudios recientes (Berlin et alia, 2003; Brandeis et alia 2002; Chhabildas, Pennington & Willcut, 2001; Inoue et alia, 1998; Losier et al., 1996; Oades, 2000). La CSAT se enmarca claramente en esta línea, especialmente en el ámbito infantil y centrándose en la atención sostenida. A con t inuac ión desa r ro l l a r emos más detenidamente esta función. 1.2 La medida de la atención sostenida. García-Sevilla (1997, p. 140) define la atención sostenida “la actividad que pone en marcha los procesos y/o mecanismos por los cuales el organismo es capaz de mantener el foco atencional y permanecer alerta ante la presencia de determinados estímulos durante períodos de tiempo relativamente largos”. Estas tareas requieren esfuerzo y acaban provocando siempre un deterioro en la ejecución. Este deterioro puede medirse de dos maneras: en primer lugar por la función de decremento o menoscabo atencional, esto es, por el declive progresivo en la ejecución, que en adultos suele situarse entre los 20 y 35 minutos. En segundo lugar por el resultado final, o nivel de capacidad atencional. En la investigación básica el menoscabo atencional suele tener más valor que la propia capacidad atencional. Pero en la clínica la medida de capacidad puede y de hecho tiene un lugar central. El problema es que en el trabajo experimental pueden diseñarse pruebas de larga duración, complejas y con parámetros más controlados que muchas veces en la práctica clínica serían muy difíciles de mantener. Es por ello, como ocurre en el caso de la CSAT, que partiende de un paradigma experimental se ha pretendido una adaptación para un uso rápido en el ámbito clínico y educativo. Al aludir anteriormente a los conceptos implicados en la atención sostenida implícitamente dabámos entrada a dos tipos de tareas interrelacionadas pero diferenciables, que son las que constituyen básicamente (aunque es posible múltiples variantes) la atención sostenida: las tareas de ejecución continua (CPT) y las tareas de vigilancia (TVI). Por supuesto en ambos casos se trata de tareas simples y dirigidas específicamente al mecanismo atencional. En esencia las CPT son tareas en donde el niño debe emitir de manera constante algún tipo de respuesta dicotómica (confirma y/o rechaza el estímulo) durante períodos prolongados de tiempo, mientras en las TVI debe permanecer alerta y sólo responder de vez en cuando ante la presencia de un determinado estímulo objetivo o target. Existe cierta tendencia a proponer el mismo término, CPT, para ambos tipos de prueba pero ello no es del todo puesto que aunque se centran en el mismo mecanismo atencional lo hacen desde paradigmas diferentes. Históricamente el trabajo de Rosvold y colaboradores (1956) supone un punto de inflexión en el uso de las CPT. Pero pasarán bastantes años hasta que lleguen con fuerza al ámbito clínico, con los trabajos ya comentados de Douglas, los aparatos del sistema diagnóstico de Gordon (1983) y, muy especialmente, los CPT de Conners (1985; 1994; 2000; Conners et alia, 2003; Epstein et alia, 2003). El CPT-II de Conners (2000) es sin duda la prueba de atención sostenida más popular y utilizada en el ámbito anglosajón. Por su parte, las TVI a pesar de su amplio uso en el ámbito experimental no disponen de pruebas tan populares en la clínica. Van der Meere y colaboradores (véase su revisión de 1996 ó Sergeant, 2000) han sido una excepción utilizando de modo comparativo versiones experimentales de las CPT y las TVI en sus estudios sobre el papel del arousal y la activación cortical en los niños con TDAH. S e g ú n el modelo cognitivo-energético (Sergeant, 2000; Sanders, 1983; Van der Meer, CSAT. © 2004, 6 1996), a pesar de que a menudo de presentan como mecanismos sinónimos, el arousal se refiere al efecto de alerta de los sistemas sensoriales y estaría controlado en el área límbico-frontal bajo la influencia primordial de la noradrenalina y la serotonina, mientras la activación cortical se refiere control de la preparación de la respuesta motora y su área se localizaría en los ganglios basales, bajo la influencia primordial de la dopamina y la acetilcolina. A partir de esta definición, se entiende que las CPT miden fundamentalmente arousal (tasas de targets muy elevadas que demandan continuo estado de alerta y memoria de trabajo) y las TVI activación cortical (tasas de targets muy bajas con poca demanda de memoria de trabajo y menor alerta pero con necesidad de mantenimiento del sistema de respuesta). Los resultados de sus trabajos llevaron a conclusiones de gran interés: el rendimiento global o capacidad atencional de los niños con TDAH fue mucho menor que los niños normales en ambas pruebas, pero el menoscabo atencional comparado fue especialmente relevante en las TVI y mucho menor en las CPT. Con lo cual se deduce que serían el mecanismo de activación cortical el más implicado en el TDAH. Los trabajos en esta línea refieren la necesidad de incorporar las TVI a la evaluación de niños con TDAH, y por ende en trastornos relacionados del ámbito del aprendizaje. A pesar de su naturaleza diferencial a la hora de construir una CPT o una TVI los parámetros a tener presentes son prácticamente los mismos: • La duración de la prueba: en sus versiones experimentales, es decir, cuando se busca esencialmente la medida del menoscabo atencional, son pruebas de larga duración que pueden ir desde 30 minutos hasta horas de duración. En el ámbito clínico suelen ser de más corta duración. Por ejemplo, el CPT-II de Conners dura unos 15 minutos para todas las edades, a partir de los 6 años, y aunque ofrece índices de menoscabo está más centrado en capacidad. • Tipo de estímulo a utilizar: normalmente son letras, números o formas simples. El objetivo es atenuar al máximo la influencia de factores de aprendizaje, de memoria, de razonamiento, etc. Es posible, aunque menos frecuente, trabajar la atención sostenida con estímulos auditivos (normalmente se rinde mejor que con los visuales). El número total de estímulos que se presentan es muy variable. • El estímulo objetivo, la señal o target: se define un estímulo X, o un par de estímulos AX (señal preparatoria más target), ante los cuáles el niño debe efectuar algún tipo de respuesta motora, normalmente apretar la barra espaciadora del teclado o tocar en las pantallas táctiles. En las versiones no- X, como el CPT-II de Conners, se debe responder ante todos los estímulos menos uno (la presencia en pantalla de la letra X). • El intervalo de presentación del estímulo: el tiempo que están los estímulos visibles también es variable, pero suele estar entre 200 milisegundos hasta el segundo completo. • El intervalo interestimular: el tiempo que transcurre entre la presentación de cada estímulo y que puede ser muy variable. En las TVI experimentales puede durar minutos, mientras, por ejemplo, en el CPT-II se definen tres intervalos de 1, 2 y 4 segundos. • La razón del evento o ritmo de estimulación: se refiere a la tasa de presentación del target. En las TVI la razón suele ser baja (por debajo del 30%) puesto que se mide una función de “vigilancia”, mientras en los CPT suele ser elevada (hasta el 90% en algunos casos) puesto que se mide una función de “ejecución/inhibición”. • Otras características: la carga de la señal, los múltiples canales, el tipo de discriminación, la previsibilidad del target, el control atencional, el conocimiento de resultados, etc. son otras variables que el experimentador puede manipular. Del mismo modo, en general, tanto en las CPT como en las TVI se obtienen el mismo tipo de puntuaciones. Son las siguientes: • Aciertos y/o Errores de omisión: el número total de aciertos o, en su defecto, el número de targets que el niño ha dejado de señalar (omisiones) • Tiempo de reacción a los aciertos: se mide, en milisegundos, la latencia media de respuesta del sujeto en la identificación de los targets. CSAT. © 2004, 7 • Errores de comisión o falsas alarmas: el número total de veces que el sujeto ha creído identificar un target cuando realmente no lo era. • Tiempo de reacción a las falsas alarmas: se mide, en milisegundos, la latencia media de respuesta del sujeto en las falsas alarmas. Normalmente las t res pr imeras puntuaciones, y muy especialmente los aciertos (u omisiones) y las comisiones, son las más utilizadas. Si se analiza el menoscabo atencional es necesario comparar la evolución de estas puntuaciones a través de distintas fases en las que se divide la prueba, pero si se analiza la capacidad atencional en teoría es suficiente la comparación normativa de un sujeto con la obtenida por su muestra de referencia. Tradicionalmente el problema está en el referente psicológico de cada una de estas dos puntuaciones. En teoría (Barkley, 1990; 1997) la puntuación de aciertos u omisiones es la que más claramente se relaciona con una “disfunción atencional”: el sujeto deja de marcar targets se supone que porque entra en distraibilidad o cansancio. Por el contrario la puntuación de los errores de comisión reflejaría un problema de control motor o de inhibición/impulsividad. Se trata de funciones corticales interrelacionadas pero que refieren vías diferenciales. Lo que no está nada claro es que podamos hablar de funciones neurocognitivas atencionales utilizando por separado meras respuestas motoras (la puntuación de aciertos y la de comisiones). Por ejemplo, ¿refieren lo mismo dos puntuaciones iguales de aciertos, una acompañada con múltiples comisiones y otra con casi ninguna?. A pesar de que a menudo se han presentado estudios clínicos centrados únicamente en las puntuaciones directas de pruebas CPT o TVI, la verdad es que lo más recomendable es utilizar los índices derivados de la Teoría de la Detección de Señales (TDS). La TDS “constituye un modelo psicofísico para evaluar la actuación humana en una amplia variedad de campos como la discriminación sensorial, la percepción y la memoria.” (Reales y Ballesteros, 1997, p. 27), y muy especialmente, por lo que a nuestros intereses respecta, para las tareas de evaluación de la atención sostenida. La TDS nació en el campo de la ingeniería, en el contexto de la detección de señales electromagnéticas en presencia de “ruido” (esto es, la detección de señales contaminadas por otras no deseadas). Fue propuesta por primera vez por Peterson, Birdsall y Fox en un simposium sobre teorías de la información organizado en 1954 por el Massachussets Institut of Technology, y el mismo año Tanner y Swets lo incorporaron a la investigación psicofisiológica. No vamos a entrar en detalle en los aspectos de base de la TDS (el lector puede encontrar información en Blanco, 1996; Blanco y Soto, 2001; Tudela, 1987), ni tampoco en los matemáticos. Nuestra intención es presentar algunos de los índices de la TDS como indicativos de la respuesta neurocognitiva atencional sobre los CPT en general y la CSAT en particular. El diseño que a nosotros nos interesa, y que es el que siguen las CPT y las TVI, es simple: una tarea en la que el sujeto se ve expuestos a ensayos con target (si responde positivamente acierta y si no lo hace o responde negativamente comete error por omisión) y ensayos con ruido o distractores (si responde positivamente comete error por comisión y si no lo hace o responde negativamente realiza un “rechazo correcto”). Después de una aplicación de la tarea podríamos obtener del sujeto una distribución o proporción de los errores de omisión y otra de los de comisión. A partir de ahí se definen los dos conceptos básicos de la TDS: - El índice de sensibilidad o capacidad atencional: expresa la distancia entre la distribución o proporción de omisiones (o si se prefiere aciertos, puesto que en las CPT y TVI son puntuaciones complementarias) y de comisiones. A mayor distancia mayor sensibilidad. - El sesgo de respuesta, criterio de decisión o razón de verosimilitud: las respuestas del sujeto durante la prueba pueden referir un estilo más “conservador”, esto es, intentar no cometer muchas comisiones u otro más “arriesgado”, esto es, intentar que no se escape ningún target. Existen múltiples procedimientos y conceptos matemáticos a tener presentes para el cálculo de estos índices (véase Blanco 1996; Blanco y Soto, 2001), pero en general podríamos hablar de índices “paramétricos” (se basan en la distribución gaussiana o curva normal, transformación de las proporciones de aciertos y comisiones a puntuaciones Z) y “no paramétricos”. Los más populares han sido los índices paramétricos, d’ y Beta ó C, los cuáles son los de más fácil interpretación pero exigen que las distribuciones de orígen (aciertos y comisiones) se ajusten a la curva normal y presenten igualdad de variancias, lo cual no siempre es posible en las CPT aplicadas. A pesar de ello se suelen mantener estos índices CSAT. © 2004, 8 por “razones prácticas”. Nosotros proponemos, además, la adaptación de un índice “no paramétrico” de sensibilidad, A’, todavía de uso muy incipiente en los trabajos clínicos pero no así en los laboratorios (Green y Sweets, 1966; Mcmillan y Creelman, 1990; 1991). d’ (índice de sensibilidad o capacidad) = Z a – Z c Las puntuaciones alrededor del 0 indican “nula sensibilidad” a partir de que las proporciones de aciertos y comisiones son muy similares. Las puntuaciones negativas elevadas indican baja sensibilidad (las comisiones superan en mucho los aciertos) y las puntuaciones positivas elevadas indican alta sensibilidad (los aciertos superan en mucho las comisiones). C (criterio de respuesta)= -0,5 * (Z a + Z c) Las puntuaciones alrededor del 0 indican que no hay un criterio o sesgo de respuesta definido por parte del sujeto, los valores negativos elevados indican un sesgo de respuesta arriesgado (predominido de comisiones sobre omisiones), mientras los valores elevados positivos indican un sesgo conservador (predominido de omisiones sobre comisiones. A’ (índice de sensibilidad o capacidad)= 0,5 + (((a-c)*(1+a-c)) / (4*A*(1-c))) La fórmula anterior és en casos en que la proporción “a” (aciertos) es mayor que la “c” (comisiones), en caso contrario se invierten las posiciones de ambas proporciones en la misma fórmula. Las puntuaciones se mueve entre 0,5 (nula discriminación) y 1 (máxima discriminación). Es posible aplicar un cambio de variable para conseguir un intervalo de puntuaciones entre 0 y 1, basta con que A’=1-A’ en los casos en que la proporción de comisiones sea mayor que la de aciertos. Nota: Z= puntuaciones típicas, a=proporción de aciertos y c=proporción de errores de comisión Los índices más utilizados en las CPT son d’ y Beta (índice que en nuestro caso hemos substituido por C por razones de más fácil interpretación de las puntuaciones). En la figura 1 se expone gráficamente su cálculo a partir de las distribuciones de aciertos y comisiones en la curva normal Figura 1. Los índices d’, C y de la Teoría de Detección de Señales sobre distribuciones de aciertos y comisiones en la curva normal. CSAT. © 2004, 9 II. CARACTERÍSTICAS DEL INSTRUMENTO 2.1.Ficha técnica Nombre: Children Sustained Attention Task (CSAT). Versión computarizada para la evaluación de la atención sostenida basada en los paradigmas de las tareas de vigilancia atencional. El programa utilizado para su elaboración es el Metacard©. Autores: Mateu Servera Barceló y Jordi Llabrés Bordoy (Departamento de Psicología, Universidad de las Islas Baleares) Administración: individual y por ordenador. D u r a c i ó n : 7 minutos y 30 segundos aproximadamente. Niveles de Aplicación: Desde los 6-7 años hasta los 10-11 años. La prueba se ha baremado en cuatro grupos de edad coincidentes con niños de 1º a 4º de primaria. Finalidad: evaluar la capacidad de atención sostenida del niño mediante una tarea de vigilancia. Variables que evalúa: de la actuación del sujeto en la CSAT se obtienen, por una parte, las puntuaciones directas de aciertos, tiempo de reacción a los aciertos y errores de comisión, que a su vez son transformadas en percentiles en función del grupo de referencia del sujeto (4 grupos), y en su caso del sexo. Por otra parte, los índices combinados de la Teoría de Detección de Señales se interpretan en términos de respuesta neurocognitiva de atención, se han adaptado los siguientes: Indice d’: Expresa la capacidad de atención sostenida del sujeto. El programa ofrece el valor directo de la d’ gaussiana (curva normal) y la d’ baremada en función del grupo de edad del sujeto (puntuaciones T). En este caso las Z de aciertos y comisiones se han tipificado en función de las medias y desviaciones estándar de los grupos de referencia. Indice C: Expresa el criterio o sesgo de respuesta del sujeto. El programa ofrece el valor directo de la C gaussiana (curva normal) y la C baremada en función del grupo de edad del sujeto (puntuaciones T). Al igual que en el caso anterior el cálculo del índice se basa en Z de aciertos y comisiones tipificadas en función de cada grupo de edad. Indice A’. Expresa la capacidad de atención sostenida del sujeto en función del nivel de discriminación mostrado y siguiendo una vía de cálculo “no paramétrica”. El programa ofrece el valor directo de la A’ y una A’ baremada en función del grupo de edad del sujeto, si bien en este caso las puntuaciones T derivan de las diferencias absolutas en las medianas de aciertos y errores (aplicación del procedimiento no paramétrico MAD, median absolute differences, alternativo al uso de las puntuaciones Z) . El valor directo de A’ fluctua entre 0 y 1: los valores alrededor de 0,5 indican que no ha habido capacidad de discriminación del sujeto puesto que su porcentaje de aciertos ha sido similar al de errores (baja capacidad atencional), los valores cercanos a 0 indican que ha habido “discriminación” pero es debida a que el sujeto presenta un porcentaje de errores muy superior al de aciertos (muy baja capacidad atencional), y los valores cercanos a 1 indican que ha habido discriminación debido a que el porcentaje de aciertos es muy superior al de errores (muy a l t a c a p a c i d a d a t e n c i o n a l ) . Características de la prueba: (a) target o estímulo objetivo = doble, presencia de un 3 precedido por un 6, (6-3) (b) Respuesta: apretar la barra de espacio del ordenador cada vez que se dé el target. (c) número de estímulos que se presentan en pantalla = 600 (d) duración del estímulo en pantalla = 250 milisegundos (e) intervalo interestimular = 500 milisegundos (f) Porcentaje de presentaciones del target = la combinación 6-3 se da en el 30% de parejas que aparecen durante toda la prueba. (g) duración total de la prueba = 7 minutos y 30 segundos. (h) Número máximo de aciertos: 90 (i) Número máximo de errores de comisión: 100* CSAT. © 2004, 10 * Hemos podido comprobar que valores por encima de 100 son típicos de sujetos outliers/extremos y que se corresponden a valores superiores al percentil 99 en todos los grupos de referencia. Por tanto el programa automáticamente convierte cualquier valor superior a 100. En otras palabras más gráficas: un sujeto con más de 100 errores de comisión ha apretado la barra cada 4 segundos de promedio. 2.2 Descripción 2.2.1 Material e instrucciones de instalación en el ordenador. La CSAT es una prueba para utilizar en ordenadores personales preferentemente con el sistema operativo a partir de windows 98, con un processador mínimo del estilo Pentium II y con 64 MB de RAM. De modo preferible la pantalla también debe configurarse a 640 x 480 pixels, aunque como podrá comprobar el usuario, es posible la aplicación en 800 x 600 pixels. En realidad las condiciones del programa permiten su aplicación en prácticamente todos los ordenadores compatibles, el único problema en ordenadores con procesadores lentos u obsoletos es que la medida del tiempo de reacción puede ser mucho más imprecisa. Para instalar la CSAT inserte el CD o diskette que acompaña a este manual en su ordenador . Observará e l a rch ivo autodescomprimible <csatinst.exe>. Clique sobre él y seleccione o cree previamente la carpeta de su ordenador en el que quiere instalar el programa. A continuación el programa iniciará automáticamente la instalación. En la carpeta correspondiente usted encontrará el programa, <csat.exe>. Clique sobre él y siga las instrucciones para la administración. Tenga presente que tras la primera aplicación de la prueba se autogenerará un archivo de datos (<datos.tab>) que es el que debe preservar siempre, puesto que las sucesivas a d m i n i s t r a c i o n e s s e g u a r d a r á n acumulativamente en él (puede realizar las copias que desee de este archivo de datos). Recuerde, al principio usted no verá el archivo, sólo tras la primera administraciónh de la prueba. También se creará el archivo de preferencias <csat.prf> que únicamente lo que hace es guardar, tras cada aplicación, las preferencias de idioma que ha seleccionado el usuario. Los idiomas disponibles son español y catalán. 2.2.2 Instrucciones para la administración. Siga las siguientes instrucciones: 1. Tras abrir el programa la pantalla le permite, en primer lugar, seleccionar el idioma (español, inglés o catalán). 2. A continuación debe colocar un código para el niño de 6 dígitos, seleccionar el grupo de edad de referencia de los cuatro previstos (ver la tabla 3.1. para ubicarlo conrrectamente), el sexo, el nombre, la fecha de nacimiento del niño (dd/mm/aaaa) y la fecha de evaluación (dd/mm/aaaa). En caso de dudas el botón (?) le ofrece ayuda. 3. Ahora usted puede “empezar” la prueba (o alternativamente ver datos de otros sujetos ya evaluados o salir del programa). 4. Antes de iniciar el programa el programa le informará de qué evaluación se trata del sujeto (la primera, segunda, etc.). 5. En la siguiente pantalla, usted dará las siguientes instrucciones al niño, antes de apretar <practicar>: “Ahora vamos a realizar una tarea sencilla pero que requiere estar atento. La pantalla del ordenador irá proyectando números, del 0 al 9, de manera bastante rápida. Tu debes fijarte bien, puesto que cada vez que veas un 6 y a continuación salga un 3 debes apretar esta barra (se señalla la barra espaciadora del ordenador). No debes apretar ante cualquier otra combinación de números. Por ejemplo, si sale un 6 pero el siguiente número es un 2 no debes apretar. Ahora vamos a practicar a ver si lo has entendido”. 6. El evaluador activa <practicar> en la pantalla y observa el trabajo del niño. Si muestra problemas en la realización de la prueba se le vuelven a dar las instrucciones y se hace hasta un CSAT. © 2004, 11 máximo de tres prácticas. Puede ayudarse de un folio y un lápiz para explicar al niño claramente la secuencia 6 + 3 que deberá seguir durante toda la prueba. Cuando el niño muestre dominio sobre la tarea se le recuerdan brevemente las instrucciones , y se activa <comenzar>. A lo largo de la prueba si el niño da muestras de cansancio hay que darle pequeñas frases de ánimo del tipo "la prueba es un poco largo pero tu sigue", "trabaja un poco más que no falta mucho", etc.. 7. Cuando el evaluador está seguro que el niño ha entendido lo que debe hacer aprieta <comenzar> y el ordenador empieza a registrar las respuestas del niño. 8. Al finalizar aparece en la pantalla una cara sonriente (smile) y el botón <ver datos>. Apriete sobre él y obtendrá el primer informe del ordenador. 2.2.3 Corrección: el informe del ordenador El informe del ordenador ofrece en la parte superior estas posibilidades: Recuperar Guardar Editar Informe Salir Recupera datos de otros sujetos Guarda los datos del sujeto presente O f r e c e l a pos ib i l idad de simular resultados cambiando las puntuaciones del sujeto. Genera un informe en formato html para ser leído e impreso. Sale del programa El campo “editar” es particularmente interesante. Al clicar sobre él se iluminan aquellos campos que usted puede simular para cambiar los datos o las puntuaciones del sujeto. Al volver a clicar “editar” podrá comprobar los cambios surgidos. Ellos es particularmente interesante cuando quiere ver la ubicación de un sujeto en cursos superiores o inferiores. Tras la información del sujeto (código, nombre, etc.). Aparede en una tabla el resumen de las puntuaciones directas de aciertos, comisiones y tiempo de reacción a los aciertos. En la siguiente fila aparece el porcentaje de estas puntuaciones. En la tercera fila el percentil (en intervalos de cinco puntos) y finalmente una primera valoración automática de los resultados. Por tanto, la interpretación de estos resultados no ofrece ninguna dificultad. En todo caso el evaluador debe tener presente que la puntuación de aciertos se refiere más a una “función atencional” y la de comisiones a una “función de inhibición”, sin embargo ambos valores por sí mismos tienen relativo valor. Por ejemplo, dos sujetos pueden tener igual puntuación elevada de aciertos, pero si en un caso los errores de comisión han sido muchos y en el otro pocos la interpretación neurocognitiva no puede ser la misma. Para ello se utilizan los índices derivados de la Teoría de Detección de Señales: los de sensibilidad (d’ y A’) para establecer la capacidad de atención sostenida poniendo las proporciones de aciertos en relación a las de comisiones, y el de criterio de respuesta (C) para establecer si el sujeto ha mostrado una tendencia hacia la consecución de aciertos o hacia la evitación de errores. Veamos con más detalle la interpretación de las puntuaciones. En este grupo de resultados la pantalla del ordenador ofrece los valores baremados de d’, C i A’, una valoración inicial de los mismos y los valores absolutos o basados en la distribución gaussiana (normal). Empezando por estos últimos hay que decir que los valores de d’ i C se consiguen a partir de la transformación en puntuaciones Z de la curva normal de las proporciones de aciertos y comisiones y aplicando las fórmulas ya explicadas. En el caso de A’ (índice “no paramétrico” que prescinde de la curva normal) también se aplica la fórmula establecida sólo que en nuestro caso, cuando en un sujeto la proporción de aciertos es inferior a la de comisiones, aplicamos un cambio de variable y A’ vale 1-A’. Ello se debe a que los valores que derivan de la fórmula original fluctúan sólo entre 0,5 y 1, siendo los valores inferiores indicativos de “no discriminación” y lo superiores de “elevada discriminación”, pero en este último caso la “discriminación” se entiende por igual tanto si ha habido muchos aciertos y pocas comisiones (alto rendimiento) como si ha sido al revés (bajo rendimiento). Es decir que el valor de A’ es el mismo en un sujeto con el 99% de aciertos y el 1% de comisiones que en otro con los mismos valores pero invertidos. Con el cambio de variable A’ fluctúa entre 0 i 1, siendo los valores inferiores CSAT. © 2004, 12 a 0,5 indicativos de que la discriminación deriva de un bajo rendimiento y los superiores de que deriva de un alto rendimiento. Los valores directos (gaussianos o absolutos) de los tres índices tienen relativamente poco valor para una interpretación clínica, tanto porque no es imposible comparar niños de distintas edades como por su propia naturaleza. Por ejemplo, tanto para d’ como A’ estos valores indicarían teóricamente que a mayor puntuación mayor capacidad atencional y a menor puntuación menor capacidad, ¿pero que indican los puntos intermedios, esto es, respectivamente, el 0 en d’ y el 0,5 en A’?. Pues ciertamente no indican “normalidad” puesto que en ambos casos cabría hablar igualmente de “mal rendimiento” del niño: en el caso de d’ el valor intermedio se da siempre que las proporciones de aciertos y comisiones sean similares (da igual que sean ambas elevadas, bajas o intermedias) y en el caso de A’ siempre que ambas se acerquen al valor 0.50. En ambos casos, pues, el rendimiento sería clasificable como malo desde el punto de vista de la capacidad atencional del niño. La solución está, por supuesto, en dar prioridad a los índices baremados por grupos de edad y transformados en puntuaciones T. En el caso de d’ i C las puntuaciones T de un sujeto se consiguen a partir de la baremación de sus proporciones de aciertos y comisiones en puntuaciones Z derivadas de las medias y desviaciones estándar de su grupo de edad de referencia. Por tanto un valor intermedio, alrededor de 50 indica “normalidad”: más concretamente en en el caso de d’ indica que las proporciones de aciertos y comisiones son similares a las del grupo de edad de referencia y en el caso de C que no se observa un criterio o sesgo de respuesta. El cálculo de la A’ baremada es diferente. Dado que A’ se considera un índice “no paramétrico” hemos obtenido T en función de estimadores robutos: es decir, en lugar de las medias y las desviaciones estándar de los grupos de referencia hemos utilizado respectivamente las medianas de las distribuciones de aciertos y comisiones y sus MAD (las medianas de las diferencias absolutas). Por tanto, la puntuación T resultante es un valor estandarizado pero no “normalizado”, si bien se interpreta igual que d’. Los valores elevados indican capacidad atencional, los valores alrededor de 50 normalidad en función del grupo de referencia y los valores inferiores baja capacidad atencional. La relación entre d’ i A’ (véanse los análisis estadísticos en el siguiente apartado) desde el punto de vista de interpretación clínica es algo complicada. La cuestión está en que aunque entre ambas puntuaciones exista una elevada correlación no siempre es tan elevada como cabría esperar de dos índices que pretender medir lo mismo. El índice d’ tiene la ventaja de que presenta mayor impacto sobre las escalas de maestros para valorar distintos aspectos del c o m p o r t a m i e n t o d e l n i ñ o , p e r o matemáticamente tiene el inconveniente que se obtiene a partir de distribuciones que no en todos los casos cumplen los requisitos de ajuste a la distribución normal (ello en nuestro caso se ha conseguido tras una amplia depuración de las muestras de baremación) y de igualdad de las variancias en las distribuciones de aciertos y comisiones (normalmente éstas últimas siempre son mucho más variables). El índice A’ supera estas limitaciones matemáticas, pero como se verá en el siguiente apartado, presenta un impacto relativamente menor sobre las escalas de evaluación de los maestros. A falta de estudios más concluyentes al respecto el clínico debe manejar con precacución y conocimiento de causa la interrelación entre ambos índices, si bien cabe decir que la CSAT es la única prueba conocida por los autores que hace explícito el cálculo de A’, junto a d’, para su interpretación clínica. También la CSAT es de las pocas pruebas que prescinde del más conocido índice de criterio de respuesta Beta por el C. La razón está en que ambos índices, aunque de modo diferente, vienen a medir lo mismo sólo que la interpretación de C es visualmente más fácil, al fluctuar sus valores alrededor del 0 (como en la distribución normal, sin límite teórico por encima y por debajo). En el caso de Beta el punto medio es 1, pero tienen un límite inferior (el valor 0) y teóricamente ninguno por arriba, con lo cual los valores por encima o por debajo del punto medio no son comparables. En esta versión tampoco se ha decidido introducir un índice “no paramétrico” de criterio de respuesta, como por ejemplo B” (Mcmillan y Creelman, 1990), debido a que confiamos que de momento la información que da C es suficiente. Hay que tener en cuenta que la media de C, tras los ajustes en las muestras de baremación de cada grupo de referencia, vale prácticamente 0 en todos ellos, es decir, no se es más o menos arriesgado o conservador en función de la edad en nuestras muestras de baremación. La puntuación baremada de C es el complemento para los índices de capacidad d’ i A’. Éstos índices nos dan una idea del funcionamiento del mecanismo de atención sostenida sobre la prueba, pero C añade informac ión sobre e l mecan ismo interrelacionado de “inhibición conductual”. Esto es, tres sujetos pueden presentar igualmente baja capacidad atencional sobre la CSAT. © 2004, 13 prueba, pero no es lo mismo que C esté en valores normales (en este caso los problemas del sujeto se han debido por igual tanto a la dificultad para detectar targets como a la incapacidad parar inhibir la respuesta ante los distractores), que C presente un valor elevado (los problemas del sujeto están básicamente en una incapacidad para detectar los targets) o que C presente un valor bajo (los problemas del sujeto están básicamente en una incapacidad para inhibir la respuesta ante los distractores). Aunque hasta ahora se ha prestado poca atención a las implicaciones clínicas de C (u otros índices de criterio de respuesta) en la mayoría de estudios con CPT, es evidente que con la CSAT se puede hipotetizar la presencia de una disfunción atencional más pura ante valores C bajos (sin presencia evidente de problemas de control/inhibición motora) y, en cambio, otra más relacionada con este tipo de problemas antre valores altos. Aunque de momento hay que ser muy prudente, por ejemplo, a la hora de intentar equiparar al TDAH con predominio atencional con la primera opción y al TDAH con predominio hiperactividad/impulsividad con la segunda opción. Finalmente en el campo de “notas” puede hacer constar todos aquellos que ha observado o que ha ocurrido durante la evaluación que pueda ser relevante para la comprensión del informe (problemas de conducta en el niño, baja motivación, interrupciones, etc.). 2.2.4 Informe ampliado del evaluador. Tanto sobre la pantalla como en el informe en formato “html” que se genera automáticamente el evaluador tiene una primera información, que debe saber interpretar, valorar y ampliar en función de sus objetivos. Para empezar hay que tener claro qué mide la CSAT: el nivel de atención sostenida a través de un paradigma de vigilancia. Se trata de una medida de base, lo más alejada posible de la contaminación de otros procesos o mecanismos cognitivos y que refiere de modo indirecto el func ionamien to de l o s s i s t emas neuropsicológico implicados. No tiene valor diagnóstico por sí mismo, ni siquiera en el caso de los niños con TDAH, pero es altamente recomendable tanto para estos niños como para los que presenten problemas de aprendizaje. En esta línea, Rapport et alia (2000) presentaron una amplia revisión sobre el papel de las tareas de laboratorio en el diagnóstico del TDAH. Concluyen que entre las múltiples y diferentes pruebas que los investigadores han propuesto sin duda los CPTs o tareas de atención sostenida en general son las que presentan mejores resultados pero deben seguir siendo consideradas complementarias. En términos técnicos podríamos decir que estas tareas presentan una aceptable sensibilidad en el diagnóstico del TDAH (detectan muchos “verdaderos positivos”) pero una baja especificidad (detectan pocos “verdaderos negativos”) (véase, por ejemplo, Reynolds, Lowe y Riccio, 1998; Barkley, DuPaul y McMurray, 1990; Conners, 2000). En términos más comprensivos para padres y educadores podemos decir que cuando a un niño se le aplica en condiciones óptimas una tarea atencional como la CSAT y presenta “muy baja capacidad” tiene elevadas probabilidades de presentar un déficit atencional. Pero, por el contrario, el hecho de estar entre los parámetros de normalidad no garantiza que no pueda tener problemas en otras funciones del mecanismo atencional y/o de inhibición (selectividad, cambio, control, etc.) que no evalúa directamente la prueba. En relación a especificidad de la medida a la que se refiere la CSAT hay que recordar que es normal que la atención correlacione con múltiples medidas de rendimiento intelectual o académico en general pero no en exceso (por eso es un mecanismo de base). A menudo ponemos este ejemplo a los padres: que su hijo sepa mover las piezas de ajedrez no signifique que sepa jugar bien al ajedrez, pero desde luego si comprobamos que no domina bien el movimiento de algunas piezas su capacidad de juego es reducida. Algo así ocurre con la atención sostenida: es condición necesaria pero no suficiente para garantizar el óptimo procesamiento de la información. La CSAT permite otra función que no es estrictamente la comparativa con sus grupos de referencia, sino la intrasujeto. Dado que las tareas de atención computarizadas han demostrado ser altamente sensibles a las mejoras del rendimiento atencional inducido por psicofármacos (Seifert et alia, 2003; Solanto et alia, 1997), muchos profesionales del ámbito de la medicina optan por hacer medidas repetidas al niño para comprobar el efecto de la medicación. La mejora relativamente rápida (en aproximadamente una semana) del rendimiento sobre las tareas atecionales puede ser un buen indicador de buena respuesta al fármaco en niños con TDAH. La aplicación de la prueba en correctas condiciones también es fundamental para poder CSAT. © 2004, 14 extraer conclusiones fiables. Estas condiciones deben incluir aspectos contextuales: un lugar aislado, sin interferencias ni distractores, con un evaluador experimentado en el trato con niños. Pero también aspectos relacionados con la motivación y comportamiento del niño. En principio es deseable que el niño realice la prueba tranquilamente, sin mayor motivación que intentarlo hacerlo bien, como en cualquier otra medida psicológica. Pero en algunos casos al evaluador le puede interesar observar qué diferencia hay en el rendimiento del niño en condiciones “normales” y en condiciones de “reforzamiento”. Ello puede estar indicado cuando hay sospecha que más que déficit atencional el niño presenta bajo rendimiento atencional por desgana, por baja expectativa o por rechazo a pruebas de rendimiento cognitivo. Como hemos comentado anteriormente, en teoría, el niño con déficit de atencion, aún siendo convenientemente reforzado por hacer lo mejor posible la prueba, debe seguir presentando un rendimiento inferior a lo esperado. De todos modos hay que ser prudentes: sin duda en condiciones de reforzamiento el rendimiento mejorará (de la misma manera que niños con TDAH muestran mucha más atención sobre tareas lúdicas reforzadas inmediatamente que sobre tareas escolares de reforzamiento demorado o sin reforzamiento). Por otra parte, un número significativo de niños con TDAH puede que ni en las mejores condiciones pueda acabar la prueba: se trata de casos graves que presentan cansancio precoz y necesidad de cambio continuo de actividad. Por supuesto que en este último caso el experto en trastornos por déficit de atención con hiperactividad puede sacar tantas o más conclusiones de la observación de los problemas del niño por acabar la prueba que de los resultados de la prueba en sí. En definitiva la prueba permite múltiples aplicaciones, incluso sería fácilmente adaptable a trabajos con potenciales evocados y resonancias magnéticas funcionales en el ámbito hospitalario y de laboratorio en general, pero todo ello dependerá de los intereses y conocimientos del clínico. Por tanto todos los aspectos anteriormente comentados pueden formar parte del informe ampliado que se realice tras al aplicación de la prueba, siendo a nuestro entender el aspecto fundamental para sacar el máximo provecho que el evaluador sea un experto o esté muy familiarizado con las teorías atencionals, los trastornos hiperactivos y l a s d i f i cu l t ades de ap rend iza j e . CSAT. © 2004, 15 III. ESTADÍSTICOS 3.1 Muestra de población. Para desarrollar la CSAT se trabajó cuatro años casi con más de 2.000 niños evaluados individualmente. Muchos de estos trabajos iniciales se realizaron para establecer los parámetros de la prueba. Para obtener la muestra de baremación se evaluaron inicialmente a 996 niños de primero a cuarto de eduación primaria procedentes de 11 colegios públicos o concertados de Mallorca. Los centros escolares fueron escogidos al azar y los criterios para la inclusión de sujetos fueron los siguientes: • No estar en la categoria de “necesidad educativa especial”, no pertenecer a programas de integración ni padecer ningún tipo de alteración que pueda condicionar los resultados de la prueba. • No presentar ninguna problemática social o comportamental especial que los maestros hubieran detectado. • No haber presentado ningún problema durante nuestra evaluación individual con la CSAT. • Posteriormente, tras la evaluación, no en estar en los grupos de sujetos ni o u t l i e r s ni extremos en las puntuac iones de “ac ie r tos” , “comisiones”, “tiempo de reacción a los aciertos” y edad (por eso se habla de grupos de edad y no de cursos). Los evaluadores fueron alumnos de últimos cursos de Psicología o licenciados recientes, previamente formados, tanto en la evaluación infantil, como en el manejo de la prueba. Tras la obtención de los resultados globales se realizó un importante trabajo para “depurar” la muestra, especialmente para conseguir ajustar a la distribución normal las distribuciones de aciertos y comisiones (en este último caso siempre resulta más complicado). En este sentido se empezó, en primer lugar, por eliminar a los sujetos extremos, es decir, aquellos sujetos con más de tres longitudes por encima o por debajo la longitud intercuartil y, posteriormente, también a los outliers, es decir, aquéllos que están entre 1,5 y 3 longitudes por encima o por debajo de la amplitud intercuartil. Al final, pues, nos quedamos con una muestra reducida en comparación con la inicial, pero todavía suficientemente amplia para permitirnos la baremación de la prueba . Los sujetos del estudio aparecen en la tabla 3.1. Tabla 3.1. Distribución de la muestra de baremación por grupo de edad y sexo. Grupo Hombre mujer total Media Edad Desv. Est. Edad mínima Edad máxima 1º 116 77 193 7,10 0,30 6,10 7,48 2º 84 62 146 8,00 0,28 7,50 8,49 3º 59 43 102 9,04 0,30 8,51 9,48 4º 76 67 143 10,02 0,31 9,51 11,23 Total 335 249 584 8,38 1,18 6,10 11,23 3.2. Fiabilidad Como ya hemos explicado en su momento, en general, las tareas de ejecución continua y de atención sostenida en general tiene problemas para ofrecer índices de fiabilidad al estilo de otras medidas habituales en psicología clínica o educativa tanto por sus propias características, como por el hecho de que el mecanismo atencional sea altamente sensible a pequeños cambios del propio sujeto, de los ritmos biológicos y de cuestiones ambientales. En nuestro caso hemos optado por ofrecer los siguientes datos para la evaluación de la fiabilidad de la prueba: índices de fiabilidad por el procedimiento test-retest, coeficientes de correlaciones entre bloques de la prueba y errores estándar de medida. Para el análisis de los índices de fiabilidad de la prueba se utilizó una parte de los sujetos de la muestra de baremación. La prueba se pasó dos veces, por la mañana entre las 10 y las 12 horas, con una semana de diferencia y los resultados aparecen en la tabla 3.2. CSAT. © 2004, 16 Tabla 3.2. Fiabilidad test-retest obtenida en un selección de sujetos de la muestra de baremación. Grupo de Edad N Aciertos Comisiones Tiempo de reacción 1º 38 .77 .59 .73 2º 36 .69 .60 .66 3º 36 .73 .62 .85 4º 36 .76 .88 .79 Total 146 .80 .61 .67 Los resultados son similares, por ejemplo, a los datos de fiabilidad test-retest que aparecen en el manual del CPT-II (Conners et al., 2000, p. 57) con una muestra de sólo 23 sujetos (13 de ellos con diagnóstico clínico) pero con un intervalo de tres meses. En estos datos las omisiones (aciertos en nuestro caso) del CPT-II presentan un índice de fiabilidad del .84, las comisiones del .65 y el tiempo de reacción a los aciertos del .55. Los coeficientes de correlación por bloques son una medida basada en el análisis de fiabilidad “dos mitades”. En nuestro caso, con la misma muestra de la fiabilidad test-retest, dividimos la prueba en 3 bloques temporales idénticos y obtuvimos los resultados que aparecen en la tabla 3.3.. Tabla 3.3. Coeficientes de correlación entre bloques. Aciertos Tiempo R. Comisiones bloque 1 bloque 2 bloque 1 bloque 2 bloque 1 Bloque 2 1º bloque 2 ,67 ,82 ,79 bloque 3 ,59 ,86 ,86 ,89 ,67 ,83 2º bloque 2 ,68 ,85 ,65 bloque 3 ,70 ,73 ,84 ,90 ,39 ,51 3º bloque 2 ,63 ,94 ,86 bloque 3 ,59 ,79 ,94 ,94 ,80 ,91 4º bloque 2 ,83 ,89 ,90 bloque 3 ,83 ,83 ,86 ,91 ,90 ,83 Total bloque 2 ,79 ,86 ,85 bloque 3 ,76 ,87 ,88 ,86 ,73 ,81 Los valores son aceptables y, en la muestra total, fluctúan para los aciertos alrededor del .80, alrededor del .85 para los tiempos de reacción y alrededor del .80 para las comisiones. En el manual del CPT-II antes mencionado aparecen datos de estudios de fiabilidad dos mitades para una muestra de 520 sujetos con valores coincidentes con las comisiones (.83) y algo más elevados para omisiones y tiempo de reacción (respectivamente .94 y .95). La desviación de los errores estándar de medida y de estimación se calcularon sobre el total de la muestra de baremación, tomando como referencia los índices de fiabilidad de la tabla 3.2 y las desviaciones estándar de la muestra de baremación. El error estándar de medida representa la distribución de las diferencias entre una puntuación obtenida y la puntuación verdadera. Es decir, permite la estimación de un intervalo de probabilidad en el que se halla la verdadera puntuación de un sujeto en función de la que ha obtenido en una aplicación del test. Por su parte, el error estándar de estimación representa la distribución de las diferencias entre una puntuación estimada o pronosticada a partir de la obtenida y la puntuación verdadera. Es decir, permite la estimación de un intervalo de probabilidad en el que se halla la verdadera puntuación de un sujeto en función de una estimación de la que ha obtenido en una aplicación del test. En este caso el intervalo siempre es igual o menor que el obtenido con el error estándar de medida. En la tabla 3.4. aparecen estos datos. CSAT. © 2004, 17 Tabla 3.4. Las desviaciones de los errores estándar de medida y de estimación por grupos de edad (valores redondeados) 1º 2º 3º 4º Error estándar de medida Aciertos 6 5 5 4 Tiempo R. 34 40 22 28 Comisiones 15 9 11 4 Error estándar de estimación Aciertos 5 4 4 4 Tiempo R. 29 33 20 25 Comisiones 12 7 8 4 Posteriormente, en el apartado de baremos, presentaremos los intervalos de probabilidad que, con un determinado nivel de error, el evaluador puede aplicar para establecer la verdadera puntuación de cada sujeto. 3.3 Validez Los datos que presentamos se basan, en primer lugar, en el análisis de las diferencias por edades en las distintas puntuaciones del CSAT y, en segundo lugar, el análisis de las correlaciones de las puntuaciones del CSAT con escalas para maestros de medida de los problemas de inatención, la impulsividad, la sobreactividad motora, los problemas de conducta, el trabajo y rendimiento escolar en el niño. En ambos casos se hace especial incidencia en aspectos relacionados con la validez de constructo. En el caso de las diferencias por edad se parte de la necesidad de que las puntuaciones directas de aciertos y errores muestren diferencias claras y significativas entre los distintos grupos, dado que las funciones atencionales son altamente sensibles a factores de maduración. Los resultados aparecen en la tabla 3.5. Tabla 3.5. Análisis de las puntuaciones directar de la CSAT por cursos. 1º 2º 3º 4º F Contrastes1 n 193 146 102 143 Aciertos Media 57,59 68,20 71,64 76,96 112,74** 1-2-3-4 DE 11,76 9,25 9,19 8,44 Comisiones Media 42,59 26,15 27,68 18,18 55,19** 1-2,3-4 DE 23,88 14,07 17,08 11,54 T. Reacción Media 403,53 381,91 347,93 361,05 21,46** 1-2,4-3,4 DE 65,04 69,20 56,17 60,60 *p<.05, **p<.01 1Contrastes por Scheffé. En el caso de los aciertos se observa una clara tendencia a la mejora de las puntuaciones por aumento de edad, que se refleja en una diferencia significativa entre todos los cursos. En el caso de las comisiones se observa un descenso muy acusado de 1º en relación a los demás cursos (de hecho se diferencia de todos), posteriormente entre 2º y 3º no hay diferencias, y de nuevo se produce otro descenso significativo en 4º que también se diferencia de todos. Finalmente en tiempo de reacción se produce una diferenciación clara entre 1º y los demás cursos, pero entre éstos hay un pequeño artefacto que provoca una mayor latencia de respuesta en 4º frente a 3º, esto hace que 2º se diferencia de 3º pero no de 4º, en cualquier caso, y aunque el nivel de diferencias sea menor, la tendencia es a disminuir el tiempo de respuesta con la edad. CSAT. © 2004, 18 La tabla 3.6 ofrece las mismas comparaciones referidas a las proporciones de aciertos y comisiones y a los índices basados en la Teoría de Detección de Señales que incorpora la prueba. Tabla 3.6. Comparación por grupos de edad de las proporciones de aciertos y comisiones y los índices d’, C y A’. 1º 2º 3º 4º Media de aciertos 0,64 0,76 0,80 0,86 DE 0,13 0,10 0,10 0,09 Media de comisiones 0,43 0,26 0,28 0,18 DE 0,24 0,14 0,17 0,12 Media de d’ 0,58 1,45 1,58 2,17 DE 0,89 0,85 0,83 0,83 Media de C 0,09 0,02 0,10 0,08 DE 0,37 0,25 0,28 0,22 Mediana de A’ 0,65 0,82 0,83 0,90 MAD 0,21 0,09 0,10 0,07 En el caso de las proporciones de aciertos y comisiones obviamente los ANOVAs y los contrastes tienen el mismo valor que los ya comentados con las puntuaciones directas y refieren claramente el efecto de maduración deseado. En el caso del índice d’ todos los grupos presentan algun grado de discriminación con valores por encima del punto 0 (el punto en el cual no habría diferencias entre las proporciones de aciertos y comisiones). El ANOVA es significativo (F=109,08, p<.01) refieriendo los contrastes diferencias entre todos los grupos de edad. Se demuestra que entre los 6/7 años la prueba es bastante difícil (d’ sólo se acerca al valor 0,60), mientras por encima de los 9/10 años ya alcanza un cierto efecto de techo (d’ mayor de 2) permitiendo aún la discriminación. El índice C prácticamente está alrededor del valor 0 en todos los grupos de edad debido a la depuración de los valores extremos. Pero en términos absolutos podemos añadir que la tendencia es que con la edad mejoraba la capacidad de inhibición/control. Por último el índice A’, del cual dado su carácter no paramétrico se ofrece la mediana y la MAD (valores que se utilizan para la obtención de su puntuación T en los baremos) presenta un ANOVA significativo (F=100,57, p<.01) con diferencias entre todos los grupos de edad, excepto entre el segundo y tercer grupo. En resumen, la prueba parece ser sensible a factores de maduración dentro de los parámetros esperados. En todo caso hay que tener presente que en el caso de los niños más pequeños su capacidad de discriminación se ve algo afectada porque resulta algo difícil y, en el caso de los grupos de edad intermedios, las diferencias son mínimas, especialmente porque se igualan las comisiones, si bien los mayores presentan más aciertos. La tabla 3.7. muestra el análisis de las intercorrelaciones entre las medidas directas de la CSAT y los índices baremados d’, C y A’ Tabla 3.7. Las intercorrelaciones entre las medidas de la CSAT (directas e índices baremados) por grupos de edad y total. 1er grupo Ac Co Tr d’ C Co -.22 Tr -.30 -,17 d’ .78 -,78 -.08 C -.63 -,63 .38 .00 A’ .55 -,92 .03 .94 ,30 2do grupo Co -.23 Tr -.24 -,26 d’ .79 -,79 .01 C -.62 -,62 .40 .00 CSAT. © 2004, 19 A’ .68 -,86 .06 .98 .14 3er grupo Co -.31 Tr .02 -,23 d’ .81 -,81 .15 C -.59 -,59 .17 .00 A’ .69 -,88 .17 .97 .16 4rto grupo Co -.51 Tr .04 -,19 d’ .87 -,86 .14 C -.49 -,49 .15 .00 A’ .85 -,87 .12 .99 .03 Total Co -.47 Tr -.30 -,04 d’ .63 -,67 .03 C -.47 -,52 .29 .00 A’ .73 -,91 .12 .70 .17 Nota: Ac, Aciertos. Co, comisiones. Tr, tiempo de reacción. D’(índice d’ baremado, capacidad atencional). C (índice C baremado, criterio de respuesta). A’ (índice A’ baremado, capacidad atencional) En negrita p<,01 Como se esperaba la relación entre los aciertos y las comisiones es significativa en la dirección lógica: por una parte, a más aciertos menos comisiones y, por otra, a mayor edad mayor correlación negativa (la prueba funciona mejor en edades más avanzadas). El hecho de que la correlación sólo sea moderada da pie a entender que la interrelación entre ambas puntuaciones no impide que midan funciones diferenciables. Más erráticas son las correlaciones de estas dos medidas con el TR.Por una parte la correlación aciertos-TR, aunque en el total sea significativa moderada- baja (a menor tiempo más aciertos o viceversa), es inexistente en los dos grupos de mayor edad Por otra parte, la correlación comisiones-TR es inexistente en el total, pero baja signicativa en casi todos los grupos de edad. Sin duda es la puntuación que de momento menos implicaciones tiene para el análisis de la prueba. En cuánto a los índices de capacidad se observa un efecto que hay que matizar: los aciertos y las comisiones se relacionan más con A’ que con d’, pero hay que tener presente que A’ deriva directamente de las medidas robustas de tendencia central y dispersión de ambas distribuciones, mientras d’ resulta de un proceso de normalización por separado de ambas puntuaciones por grupos de edad. En cualquier caso se trata siempre de correlaciones significativas y elevadas (o muy elevadas) con cierta preponderancia de las comisiones sobre los aciertos (en especial sobre A’). En el caso de C, en el total de la muestra, se observan correlaciones moderadas significativas similares tanto para aciertos como para comisiones en la dirección esperada: cuando se consiguen más aciertos en general también se tiende a un criterio de respuesta más arriesgado y, por supuesto, más comisiones van en la misma dirección. Específicamente la correlación entre los dos índices de capacidad, d’ i A’, es significativa y elevada, especialmente por grupos de edad, puesto que en el total se reduce algo. Dado que trabajamos la baremación por grupos de edad es destacable que ambos índices, aunque partiendo de supuestos matemáticos diferentes, refieran clínicamente la misma significación, al menos a efectos prácticos. En relación al análisis de la relación entre la CSAT y las escalas para maestros, hay que tener presente que se trata de escalas relacionadas con la evaluación del TDAH y que aunque pueden ser un buen referente para la validez de la medida no se pueden esperar correlaciones excesivamente elevadas. Es obvio que las escalas de inatención para maestros, padres u otros evaluadores evalúan multitud de conductas complejas relacionadas directa o indirectamente con aspectos atencionales pero que son valorados de modo subjetivo, mientras las tareas de laboratorio se dirigen a mecanismos atencionales muy precisos y básicos. En nuestro caso analizamos las CSAT. © 2004, 20 correlaciones de las puntuaciones de la CSAT con la ECRA y las ADHD Rating Scales-IV. La ECRA (Escala del Comportamiento y el Rendimiento en el Aula) es una escala de elaboración propia, utilizada en distintos proyectos de investigación (véase, por ejemplo, Servera y Galván, 2001 para una descripción pormenorizada de la escala), pero que realmente utiliza en gran parte una selección de los ítems más utilizados en otras escalas relacionadas con el TDAH y los problemas de comportamiento en general del niño dentro del aula. En el siguiente cuadro se detallan los ítems de dicha prueba. EVALUACION DEL COMPORTAMIENTO Y EL RENDIMIENTO EN EL AULA (ECRA) Este cuestionario pretende obtener información sobre posibles problemas de comportamiento o rendimiento de sus alumnos. Si no se indica lo contrario, usted deberá valorar todas las afirmaciones en función de la siguiente escala: 1 Casi nunca, 2 Pocas veces, 3 A veces, 4 Bastantes veces, 5 Muchas veces. Cuando aparezca alguna pregunta que no pueda responderse con esta escala, se le indicarán nuevos valores posibles de su respuesta. En cualquier caso no escriba nada aquí: ponga el nombre del alumno/a en la Hoja de Respuestas y marque allí todas sus respuestas. Procure evaluar siempre en función de su propia experiencia en el trato del alumno/a y en referencia a lo que usted ha observado durante el presente año académico. 1. No acaba las cosas (juegos, actividades,..) que el/ella mismo/a empieza. 2. No puede concentrarse en una tarea mucho tiempo. 3. Se pierde en sus pensamientos como si estuviera soñando despierto. 4. Tiene dificultades para seguir instrucciones, parece que no escuchara. 5. Sus trabajos son descuidados y poco pulcros. 6. Se distrae muy fácilmente por cualquier cosa. 7. No hace los deberes que se le asignan. 8. No puede estar sentado, es muy inquieto y se mueve mucho. 9. Es nervioso: siempre manosea algo, hace muecas, mueve extremidades, etc. 10. Es impulsivo y actúa sin pensar. 11. Interviene cuando no es su turno o le cuesta esperar turno. 12. En general habla demasiado. 13. Insulta, amenaza o discute con facilidad. 14. Es rechazado por algunos de sus compañeros. 15. Molesta a sus compañeros e interrumpe sus actividades o la clase. 16. Tiene dificultades para trabajar o participar en grupo. 17. Comete errores "tontos" que es capaz de corregir si se los señalan. 18. Tiene dificultades para organizar su trabajo escolar. 19. Muestra disgusto ante tareas o actividades que implican esfuerzo mental. 20. Pierde u olvida instrucciones, objetos o material importante para su trabajo escolar. 21. ¿Este niño/a presenta algún problema físico, sensorial, psíquico o social (problemas familiares, etc.) que influye muy claramente en su rendimiento académico? (A No, B Físico, C Sensorial, D Psíquico, E Social). A continuación valore el rendimiento del niño/niña en las siguientes áreas y siempre en función del nivel de la clase (A Muy Bajo, B Bajo, C Normal, D Alto, E Muy Alto) 22. El área de matemáticas, cálculo y resolución de problemas. 23. El área de lectura y comprensión lectora. 24. El área de escritura y expresión escrita. Los ocho primeros ítems configuran la subescala de problemas de atención. Estos ítems forman parte de la escala CAP (Child Attention Problems) de Edelbrock (véase, Barkley, 1990, p. 201-205 para una descripción) y también serían en gran parte equiparables al listado de los síntomas que el DSM-IV asigna al criterio CSAT. © 2004, 21 de “inatención” del TDAH. Los cuatro siguientes ítems configuran la subescala de impulsividad, el primero deriva del SNAP (escala para el diagnóstico del TDAH de Swanson, Nolan and Pelham, véase, por ejemplo, Swanson, 1992 o la página web <http://www.adhd.net/>) y los restantes prácticamente coinciden con los 3 síntomas del criterio “impulsidad” del DSM-IV para el TDAH. Los ítems del 13 al 16 se agrupan en la subescala de problemas de interacción social y derivan de la propuesta del SNAP para este ámbito pero en nuestro caso centrados en el comportamiento en el aula. Los ítems del 17 al 20 son de elaboración propia, aunque están muy ligados a lo que habitualmente se ha descrito del trabajo académico del niño con TDAH. Por último, el ítem 21 es de control y los tres restantes forman la subescala de rendimiento académico. En la tabla 3.8 aparecen los resultados de las correlaciones entre las puntuaciones directas los índices d’ y A’ (sensibilidad o capacidad atencional) de la CSAT con las subescalas de la ECRA. Tabla 3.8. La relación entre las medidas de la CSAT y las subescalas de la ECRA por grupos de edad. R.Acad. Prob.Escolar Inatención Impulsividad Prob.Social 1º (n=177) d’ .29 -.27 -.26 -.12 -.11 A’ .25 -.24 -.24 -.12 -.10 Aciertos .26 -.23 -.21 -.05 -.08 Comisiones -.20 .19 .20 .14 .09 T.Reacción .03 -.03 -.10 -.14 -.08 2º (n=135) d’ .29 -.30 -.33 -.08 -.17 A’ .27 -.28 -.32 -.07 -.17 Aciertos .26 -.30 -.30 .01 -.08 Comisiones -.20 .17 .23 .13 .19 T.Reacción .04 .09 .00 -.03 -.12 3º (n=93) d’ .37 -.21 -.28 -.11 -.08 A’ .30 -.14 -.20 -.09 -.05 Aciertos .35 -.27 -.31 -.06 -.07 Comisiones -.24 .07 .13 .12 .06 T.Reacción -.10 .16 .20 .10 .07 4º (n=139) d’ .36 -.23 -.37 -.14 -.18 A’ .35 -.21 -.36 -.14 -.18 Aciertos .45 -.25 -.38 -.09 -.16 Comisiones -.17 .14 .26 .15 .14 T.Reacción .03 -.19 -.21 -.19 -.14 total (n=544) d’ .32 -.25 -.30 -.10 -.12 A’ .21 -.17 -.17 -.08 -.13 Aciertos .24 -.21 -.21 -.05 -.13 Comisiones -.18 .14 .15 .12 .13 T.Reacción .04 .02 -.04 -.04 -.03 Nota: en negrita correlaciones significativas con una p.<.01 La puntuaciones directas de la CSAT presentan muy pocas correlaciones que superen el .30 (un punto que podemos considerar interesante más allá de la significación de la correlación) aunque todas en la dirección esperable. En todo caso las más elevadas afectan a la puntuación de aciertos con las escalas de rendimiento escolar, problemas de trabajo académico e inatención (siendo muy inferiores con las subescalas más comportamentales). Las comisiones siguen en la misma dirección aunque con menor impacto y, finalmente, al menos en el total, el tiempor de CSAT. © 2004, 22 reacción a penas se relaciona con las medidas de los maestros. Los índices d’ y A’ se comportan en la dirección esperada, por lo que respecta a la validez de constructo de la CSAT: en ambos casos las correlaciones más elevadas y significativas se dan con las escalas de rendimiento académico, problemas de trabajo escolar e inantención, siendo menores con las escalas comportamentales (impulsividad y problemas de interacción social). La diferencia entre ellos es que en general d’ presenta correlaciones más elevadas, a menudo por encima del .30, mientras A’ está alrededor del .20. Por tanto, en principio el impacto de d’ sobre la conducta del niño valorada por los maestros es mayor que el de A’. En términos genera les se puede af i rmar que aproximadamente el 9% de la variabilidad en las escalas de rendimiento académico e inatención de maestros es explicable por el índice d, mientras alrededor del 4% lo es en el caso de A’. Sin embargo, hay que tener presentes importantes diferencias por grupos de edad: en los más mayores las correlaciones de d’ i A’ sobre las escalas de rendimiento académico e inatención se igualan y en ambos casos el porcentaje de explicación supera el 10% casi siempre. En definitiva los datos apuntan a la validez de constructo, a partir de la mayor relación que se puede establecer entre los índices de la CSAT y las escalas de rendimiento e inatención de los maestros frente a las escalas más comportamentales, es decir, entre medidas donde en teoría la función atencional debe tener más peso. Que estas relaciones sean moderadas- bajas no puede ser considerado insuficiente: como ya hemos explicado antes las medidas conductuales de rendimiento e inatención que puedan hacer los maestros son constructos muy complejos sobre los que una medida objetiva y específica como la CSAT debe mantener cierto impacto, pero en absoluto abarcarlos. 3.4 Baremos El programa de la prueba CSAT proporciona automáticamente un informe basado en la baremación de la prueba. En este apartado vamos a presentar los elementos que sustentan dicho informe. En principio, como es lógico, se contemplan las diferencias significativas que hemos encontrado entre los grupos de edad (ver tabla 3.5), pero en general no se contemplan por sexos. En la monografía técnica de Servera y Galván (2001) se analizan estas diferencias y se llega a la conclusión que son puntuales: afectan en algunos casos (especialmente los niños de menor edad) a los aciertos pero no a las comisiones, de manera que en el conjunto de una muestra de sujetos no se dan significatamente tales diferencias, lo mismo ocurre en la muestra de baremación. La excepción la constituye la puntuación del tiempo de reacción a los aciertos, donde de manera sistemática en todos los cursos los niños presentan tiempos más cortos que las niñas, tal como señala la tabla 3.10. Tabla 3.10. Comparación de las puntuaciones de tiempo de reacción a los aciertos por sexos. Grupo de edad Niños Niñas 1º 116 77 193 Media DE Media DE t TR (msg.) 384,71 65,93 431,9 52,47 5,27** 2º 84 62 146 TR (msg.) 371,74 71,28 395,91 64,19 2,10* 3º 59 43 102 TR (msg.) 331,08 51,99 370,66 54,07 3,72** 4º 76 67 143 TR (msg.) 342,44 55,11 382,16 59,98 4,13** *p<.05, **p<.01 Estos resultados nos han obligado, en el caso de la baremación por percentiles, a ofrecer tablas diferenciadas para niños y para niñas, aunque hay que recordar, como hemos visto antes, que por sí sola la puntuación de tiempo de reacción es la que tiene menos implicaciones en el comportamiento y rendimiento escolar del niño según las evaluaciones de maestros. CSAT. © 2004, 23 Por otra parte, puede ser interesante para el evaluador disponer de una información que no viene reflejada automáticamente en el informe generado por la CSAT y que puede tener especial relevancia en una medida, como es la atención, muy sujeta a fluctuaciones tanto por variables internas del sujeto como ambientales: nos referimos al establecimiento de los intervalos de probabilidad que contienen “la verdadera puntuación del sujeto”. Como es sabido estos intervalos se calculan sumando y restando a la puntuación obtenida por el sujeto (denominada puntuación directa u observada) el error máximo de medida. Este error lo establece el evaluador aceptando un determinado nivel de error alfa que después se multiplica a la desviación de los errores estándar de medida (en nuestro caso las desviación de los errores estándar aparecen en la tabla 3.4). En la tabla 3.11 presentamos los intervalos de probabilidad para un error alfa del 0,1 (es decir, el intervalo contiene la verdadera puntuación del sujeto con una probabilidad del 90%), que se corresponde con una puntuación Z=1,645 en la curva normal. Es fácil para el evaluador calcular por sí mismo otros intervalos de probabilidad; por ejemplo, a una probalidad del 95% le corresponde aproximadamente una Z=1,96 y a un intervalo del 99% una Z=2,576. Tabla 3.11. Errores máximos para establecer el intervalo de probabilidad de la verdadera puntuación del sujeto con un nivel de confianza del 90%. Grupo de edad Aciertos Tiempo de reacción Comisiones 1º 9 56 25 2º 8 66 15 3º 8 36 17 4º 7 46 7 El procedimiento es sencillo. Para establecer el intervalo de probalidad el evaluador debe sumar y restar a la puntuación obtenida por el sujeto el error máximo admitido. Por ejemplo, si un niño del grupo de edad tercero ha obtenido una puntuación de aciertos de 71, de comisiones de 28 y un tiempo de reacción de 350 msg., el intervalo de probabilidad al 90% que contiene su verdadera puntuación de aciertos estará entre los valores 63 y 79, para las comisiones entre los valores 45 y 11 y para el tiempo de reacción entre 386 y 314. La medida con mayor fluctuación, en este caso, es la de comisiones debido a su menor fiabilidad y mayor variabilidad. En la tabla 3.12 aparece la tabla de percentiles por cursos de las puntuaciones de aciertos y comisiones. y en la tabla 3.13 los percentiles del tiempo de reacción por cursos y por sexos. CSAT. © 2004, 24 Tabla 3.12. Principales percentiles de las puntuaciones de aciertos y comisiones. Puntuación Directa de Aciertos Puntuación Directa de Comisiones Percentil 1º 2º 3º 4º 1º 2º 3º 4º Percentil 5 37 50 54 60 12 8 5 3 5 10 41 55 58 63 15 9 8 4 10 15 43 57 60 68 18 11 10 7 15 20 47 60 64 71 20 13 12 8 20 25 50 62 66 72 22 15 13 10 25 30 52 63 67 73 24 17 15 11 30 35 54 64 68 75 28 18 17 12 35 40 55 66 70 77 32 20 21 13 40 45 56 68 71 78 34 21 23 14 45 50 58 69 72 79 38 24 26 15 50 55 60 70 74 80 44 25 27 16 55 60 61 71 75 81 46 28 30 17 60 65 62 72 76 81 50 31 33 19 65 70 63 74 78 83 54 33 35 24 70 75 66 75 78 83 58 35 38 27 75 80 68 77 79 84 64 38 42 28 80 85 70 79 82 86 74 43 50 31 85 90 73 80 84 87 81 46 54 36 90 95 77 82 86 88 89 56 63 42 95 Tabla 3.13. Principales percentiles de la puntuación del tiempo de reacción. Niños Niñas Percentil 1º 2º 3º 4º 1º 2º 3º 4º Percentil 5 286 256 241 260 348 298 273 284 5 10 299 270 263 271 364 313 293 303 10 15 309 282 275 282 372 325 297 315 15 20 326 302 280 291 378 338 320 319 20 25 340 321 286 303 393 348 337 336 25 30 347 335 296 312 402 353 343 338 30 35 354 349 311 321 407 363 345 348 35 40 363 353 317 330 417 371 359 364 40 45 372 369 329 338 421 378 366 371 45 50 380 377 335 341 432 397 376 383 50 55 385 384 347 347 438 401 388 397 55 60 403 392 348 353 448 416 391 403 60 65 414 397 354 362 454 422 400 410 65 70 419 407 360 369 460 430 405 416 70 75 427 422 370 380 475 438 409 424 75 80 437 441 374 392 481 451 413 439 80 85 453 448 381 403 493 470 429 457 85 90 481 461 396 410 500 482 447 470 90 95 502 485 429 426 517 510 460 480 95 En el cuadro 1 aparece una tabla de correspondencias aproximada entre las puntuaciones T (el tipo de puntuación en el que se resumen los resultados de los sujetos en el informe de la CSAT) y el valor en percentiles CSAT. © 2004, 25 Cuadro 1. Correspondencia entre los valores de la puntuación T y la distribución por percentiles Puntuación T Percentil Valoración <29 < 4 Muy Baja 29-35 5-9 Baja 36-42 10-24 Normal Baja 43-57 25-75 Normal 58-64 76-90 Normal Alta 65-71 91-95 Alta >71 > 96 Muy alta Nota: Los valores de los intervalos están ambos incluidos CSAT. © 2004, 26 IV BIBLIOGRAFÍA Baños, R. y Belloch, A. (1995). Psicopatología de la atención. En A. Belloch, B. Sandín y F. Ramos (Eds.), Manual de psicopatología (vol. 1, pp. 165-186). Valencia: McGraw-Hill. Barkley, R.A. (1990). Attention deficit hyperactivity disorder. Nueva York: Guilford. Barkley, R.A. (1997). ADHD and the Nature of Self- Control. Nueva York: Guilford. Berlin, L., Bohlin, G., Nyberg, L., & Janols, L. O. (2003). Sustained performance and regulation of effort in clinical and non-clinical hyperactive children. Child: Care Health & Development, 29(4), 257-267. Blanco, M. J. (1996). Psicofísica. Madrid: Universitas. Blanco, M. J., & Soto, D. (2001). 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CASAT - Test de tareas de Atencion Sostenida para Niños/data.tab 18662890 23/10/2009 1 Maria Virginia Mora Zambrano 13/7/1999 4 2 33 73 420 37 73 0-5 95-100 70-75 0 -0.9535 52 -0.1361 0 sin distraccion, sin embargo en ocasiones se le pasaban los numeros!!! / 18662891 23/10/2009 1 Ender Enrique Bravo Rios 06/06/2000 3 1 9 22 356 10 22 0-5 40-45 65-70 0 -0.5094 86 1.0269 0 Notas / 18662892 23/10/2009 1 diego Jhonyel toyo cova 27/07/2000 3 1 33 428 376 37 428 0-5 80-85 0 -0.3407 -46 0.1703 49 Notas / 18662893 27/10/2009 1 naudy rondon 4/3/1999 4 1 39 998 374 43 998 0-5 70-75 0 -0.1679 -352 0.0839 37 Notas / 18662894 27/10/2009 1 diego murgolo 30/10/1999 4 1 56 279 326 62 279 0-5 35-40 0 0.3113 -51 -0.1557 49 Notas / 18662895 27/10/2009 1 santiago jacobo 9/ 8/1999 4 1 77 10 364 86 10 40-45 25-30 65-70 57 2.3421 54 0.1105 55 Notas / 18662896 03/11/2009 1 guillelvis bayuelo 26/11/1999 4 2 39 222 399 43 222 0-5 55-60 0 -0.1679 -16 0.0839 37 Notas / 18662897 03/11/2009 1 vanessa torres 12/12/1998 4 2 10 26 461 11 26 0-5 70-75 85-90 0 -0.5773 86 0.932 0 18662898 03/11/2009 1 luis jose romero 12/09/2000 3 1 50 109 426 56 109 0-5 90-95 0 0.1397 38 -0.0699 56 Notas / 18662899 3/11/2009 1 yuliany torres 12/10/1999 4 2 12 28 392 13 28 0-5 80-85 50-55 0 -0.5279 84 0.8468 0 Notas / 18662900 3/11/2009 1 joan villalobos 3/7/1999 4 1 43 387 371 48 387 0-5 70-75 0 -0.0557 -90 0.0279 40 Notas / 18662901 3/11/2009 1 miguel angel gomez 21/8/2000 3 1 63 547 362 70 547 15-20 70-75 0 0.5244 -97 -0.2622 63 Notas / 18662902 03/11/2009 1 williangie huggins 4/07/2000 3 2 72 10 339 80 10 50-55 15-20 25-30 61 2.1232 55 0.22 61 Notas / 18662903 3/11/2009 1 daniel losano 30/6/1999 4 1 67 11 329 74 11 10-15 30-35 35-40 44 1.8836 59 0.2847 45 Notas / 18662904 3/11/2009 1 samuel salazar 25/02/1999 4 1 0 0 0 0 0 0-5 0-5 0-5 0 0 103 3.7195 Notas / 18662905 3/11/2009 1 cesar romero 15/07/2000 3 1 70 6 363 78 6 40-45 5-10 70-75 61 2.3195 57 0.395 62 Notas /