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Mecánica de Suelos
Ing. José A. Cuevas
precursor de la Mecánica de Suelos en México
Dr. Nabor Carrillo Flores
relevante investigador de la escuela de Mecánica de Suelos
Mecánica
de
Suelos
T O M O I I
Teoría y Aplicaciones de la Mecánica de Suelos
EULALIO JUAREZ BADILLO
ALFONSO RICO RODRIGUEZ
E D I T O R I A L
M E X I C O
L I M U S A
1 9 7 3
© 1967, Revista INGENIERIA
EULALIO JUAREZ BADILLO
Doctor en Ingeniería. Profesor de la
División de Estudios Superiores
de la Facultad de Ingeniería de
la Universidad Nacional Autónoma
de México*
ALFONSO RICO RODRIGUEZ
Maestro en Ingeniería. Profesor de la
División Profesional y de Estudios
Superiores de la Facultad de Ingeniería
de la Universidad Nacional Autónoma
de México. Profesor de-la
Universidad Iberoamericana
Todos los derechos reservados:
© 1973, EDITORIAL LIMUSA, S. A.
Arcos de Belén Núm. 75, México 1, D. F.
Miembro de la Cámara Nacional de la
Industria Editorial, Registro Núm. 121
Primera reimpresión: 1973
Im prm en Mixico
(971)
PROLOGO DE LOS AUTORES
Es con mucha satisfacción que los autores ponen ahora a dispo
sición de sus estudiantes y del público interesado, el Volumen II de
la obra Mecánica de Suelos, a la que han venido dedicando su entu
siasmo en estos últimos años. Comprenden que entre la aparición de
este libro y el anterior ha pasado un lapso inconveniente y se excusan
por ello, exhibiendo como única disculpa las muchas ocupaciones que
los acosan; ojalá que el Tercer Volumen, que ahora comienzan, dedi
cado a Flujo de Agua en Suelos, pueda estar a disposición de los
lectores con más oportunidad.
La a cogida que el estudiantado y los técnicos de México y Amé
rica Latina han brindado al Tomo I ha sobrepasado con mucho las
modestas esperanzas de los autores, los ha colmado de satisfacción y
los ha convencido de la necesidad de aplicarse a su tarea con reno
vado esfuerzo. Desde aquí quieren expresar público testimonio de
agradecimiento a todos los lectores que han dado tan grata bienve
nida a su trabajo y muy especialmente a los que, yendo más allá,
les han comunicado su impresión personal o sus críticas orientadoras,
tan necesarias en una obra como la presente, especialmente por estar
incompleta y expuesta a la reiteración de defectos.
También quieren los autores expresar su reconocimiento a la Fa
cultad de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de Méxi
co y a la Secretaría de Obras Públicas por el estímulo que les han
brindado en la elaboración de este segundo tomo.
Han colaborado con la obra el señor Humberto Cabrera, quien
hizo los dibujos y la señora Sahadi Rucoz que volvió a realizar todo
el ingrato trabajo de mecanografía. A ambos, los autores expresan
su gratitud por su empeño, dedicación y entusiasmo.
El señor Ing. Ignacio Avilez Espejel tuvo a su cargo la delicada
tarea de editar estas páginas y, es de agradecer el cariño que puso
en ella.
El señor Ing. Javier Barros Sierra, ex Director de la Facultad
de Ingeniería, ex Secretario de Obras Públicas, actualmente Rec
tor de la Universidad Nacional Autónoma de México, ha accedido
bondadosamente a escribir un Prólogo a este libro. Es para sus
autores un motivo muy especial de orgullo y reconocimiento que su
alta personalidad honre estas páginas.
México, D. F„ noviembre de 1967
PROLOGO
Continuando el esfuerzo que les condujo en 1963 a la publi
cación del primer volumen de esta obra, los dos jóvenes ingenieros,
profesores e investigadores Eulalio Juárez Badillo y Alfonso Rico
Rodríguez presentan ahora la segunda parte de su libro, que recoge
las aplicaciones prácticas más importantes de la teoría, desarrollada
en el primer tomo.
Con este nuevo volumen se completa el programa actual de la
materia en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional
y se cubren ciertos aspectos esenciales del contenido de la asigna
tura en el nivel de la maestría.
La obra, primera del género en nuestro país y una de las muy
pocas escritas originalmente en castellano, ha tenido tan amplia cuan
to justa acogida (del Tomo I ha salido ya la segunda edición)
debido, seguramente, no sólo a la ventaja del idioma sino también
a algunas cualidades relevantes, entre las que cabe citar una expo
sición de carácter general y no especializada y una presentación
certeramente didáctica. Puede decirse, extendiendo la célebre frase
del pensador español, que la claridad no sólo es cortesía de filósofos
sino también de sabios. Y estos dos maestros han tenido en alta
consideración a los estudiantes que, cada día en mayor número,
han de enfrentarse con su libro. No hay duda de que ellos, con sus
bien probadas capacidad y perseverancia y con su plausible entusias
mo, habrán de completar en breve su tratado con el tercer y último
volumen, relativo al flujo de agua en suelos.
Es de elemental justicia señalar que los autores, en un rasgo
que tos honra mucho, han cedido los productos de la venta de los
tres volúmenes a la Facultad de Ingeniería, en la que ambos hicieron
los estudios de ingeniería civil y Alfonso Rico; muy brillante alum
no mío por cierto, alcanzó después con alta distinción y, curiosamente,
sin que al principio creyera tener especial vocación para tal espe
cialidad, la maestría en mecánica de suetos.
Al comienzo del libro los autores presentan las imágenes del
Ing. José A. Cuevas y del Dr. Nabor Carrillo Flores. De esta mane
ra, implícitamente dedican su trabajo a dos de los hombres que
más han tenido que ver con el nacimiento y el desarrollo de la
Mecánica de Suelos en México. José A. Cuevas fue sin duda el más
destacado de los precursores de esta disciplina y el hombre que con
su labor estableció los fundamentos para que pudiera hablarse de
xii PROLOGO
una Escuela Mexicana de Mecánica de Suelos; a esta tarea dedicó
durante muchos y difíciles años su singular intuición y su incansable
esfuerzo. Nabor Carrillo, al dedicar aíl naciente campo sus brillantes
dotes 11 su destacado talento, contribuyó quizá en mayor medida
que ningún otro a darle a esa Escuela reconocimiento nacional y
estatura internacional. Es justo y conveniente que la presencia de
estos hombres, ambos ya desaparecidos de entre nosotros, preceda
un trabajo como el que ahora ve la luz.
No me resta sino decir, como observador más o menos cercano
de la incansable labor de los señores Juárez Badillo y Rico, que
merecen, junto con la más cordial felicitación, el agradecimiento de
la Universidad y el de los estudiosos de la mecánica de los suelos.
Ciudad Universitaria, D. F., septiembre de 1967
Javier Barros Sierra*
Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México
Exdirector de la Facultad de Ingeniería de la U.N.A.M.
Exsecretario de Obras Públicas del Poder Ejecutivo
Mexicano.
CAPITULO I
ACCION DE LA HELADA EN LOS SUELOS
1-1. Introducción
En este capítulo se tratarán someramente los problemas que
derivan de la congelación del agua libre contenida en el suelo, por
efecto climático, naciendo especial énfasis en lo que se refiere a
cambios volumétricos y variaciones de propiedades mecánicas.1
Si la temperatura del agua libre llega a un valor igual a su punto
de conqelación, el agua se toma sólida y su volumen aumenta. Tanto
el punto de congelación, como el coeficiente de expansión volumétrica
del agua dependen de la presión actuante sobre ésta. A la presión
atmosférica, el punto de congelación corresponde a una temperatura
de 0°C, en tanto que bajo una presión de 600 atmósferas el agua
se congela a —5°C y a 1100 atmósferas a —10°C. Los coeficientes
de expansión volumétrica son 0.09 a 1 atmósfera, 0.102 a 600 y
0.112 a 1100.
Cuando el agua se congela en masas de grava o arena limpias
hay pues, un aumento de volumen; sin embargo, esta expansión no
necesariamente es de un 10% del volumen inicial de vacíos, como
correspondería al caso normal de agua congelada, puesto que el agua
puede drenarse durante la congelación. Si en una masa de arena se
encuentran capas gruesas de hieloo lentes grandes de esta substancia,
podrá decirse que el hielo se formó por congelación in sita de una
masa de agua previamente existente. Sin embargo, si el agua está
homogéneamente incorporada a la masa de suelo, como es general,
la congelación afecta al conjunto de dicha masa, sin que el agua
forme capas o lentes aislados de hielo.
En limos saturados o arenas limosas en igual condición, el efecto
de la congelación depende mucho del gradiente con el que se abate
la temperatura. Un enfriamiento rápido provoca la congelación in
sita, como en el caso de la arena y la grava, pero si el descenso
de la temperatura es gradual, la mayor parte del agua se agrupa
en pequeñas capitas de hielo paralelas a la superficie expuesta al en-
friamiento. Resulta así una alternación de capas de suelo helado y
estratos de hielo.
En condiciones naturales, en suelos limosos expuestos a fuertes
cambios de clima, pueden formarse capas de hielo de varios centí
metros de espesor. La formación de masas de hielo limpio indica una
1
2—Mecánica de Suelo» n
emigración del agua de los vacíos hacia el centro de congelamiento; el
agua puede proceder del suelo en congelamiento o puede ser absor
bida de un manto acuífero, situado bajo la zona de congelación. En
la fig. 1-1 se muestran tales posibilidades en un espécimen de suelo
fino. El espécimen A descansa sobre una base sólida e impermeable,
en tanto que los B y C tienen su parte inferior sumergida en agua. En
los tres casos, la temperatura de los extremos superiores se mantiene
bajo el punto de congelación del agua. En A el agua que forma los
estratos finos de hieío procede de la masa de la parte, inferior del
espécimen, mientras que en el B, el agua procede de la fuente inferior.
Terzaghi llama al caso A un sistema cerrado, por no variar en él el
contenido total de agua de la masa de suelo; en contraposición, el caso
B sería un sistema abierto. El caso C, aunque pudiera creerse
abierto, es cerrado en realidad, por efecto de la capa de grava fina
existente.
2 CAPITULO I
mil 11 lll'TMl. gangas .
H2 ? _~TExpansión
Consolidado
F IS . I-I. Casos de formación de hielo en suelos finos, según Terzaghi1
En el espécimen A el agua que forma los lentes de hielo proviene,
como se dijo, de la parte inferior; este flujo ascendente del agua
durante el proceso de congelación induce un proceso de consolida
ción en la parte inferior de la muestra, análogo al que se tiene cuando
el agua asciende por capilaridad hacia una superficie de evaporación.
El proceso probablemente prosigue hasta que el contenido de agua
en la parte inferior se reduce al correspondiente al límite de con
tracción, siempre y cuando la temperatura en la superficie de enfria
miento sea lo suficientemente baja. El incremento total de volumen
asociado a un sistema cerrado, tal como el espécimen A, tiene como
limite el incremento volumétrico por congelación del agua contenida
en la masa. Por lo general, oscila entre el 3% y el 5% del volumen
total.
En los sistemas abiertos, representados por el espécimen B, el
desarrollo inicial de los lentes de hielo también es debido al agua
procedente de los niveles inferiores de la masa de suelo, por lo que,
en un principio, esa zona se consolida. Sin embargo, según este
proceso progresa, aumenta la cantidad de agua que se extrae de la
fuente de agua libre, hasta que, finalmente, la cantidad de agua que
toma la muestra por la parte inferior iguala a la que fluye hacia
la zona de congelamiento, manteniéndose constante, de ahí en adelan
te, el contenido de agua en la parte inferior de la muestra.
La experiencia obtenida en regiones en que prevalecen muy bajas
temperaturas durante largos períodos de tiempo, demuestra que el
espesor total de las lentes de hielo formadas en el suelo natural,
trabajando como sistema abierto, puede alcanzar varios metros.
Un sistema abierto puede convertirse en cerrado sin más que
insertar entre la superficie de congelamiento y el nivel freático una
capa de gravilla, tal como se simboliza en el espécimen C de la fig.
1-1. El agua no puede subir por capilaridad a través del suelo grueso
y, por lo tanto, de tal estrato hacia arriba, la masa se comporta como
un sistema cerrado.
Se ha encontrado que los lentes de hielo no se desarrollan a
menos que, en añadidura a la existencia de las condiciones climáticas
apropiadas, exista en el suelo cierto porcentaje mínimo de partículas
finas. También afectan en cierta forma a la formación y desarrollo
de tales lentes, el grado de uniformidad de las partículas, el peso
específico del suelo y el tipo de estratificación. La forma cuantitativa
enNque cada factor afecta a los fenómenos en estudio, no está aún
dilucidada por completo.
En general, se dice que un suelo es susceptible a la acción de
la helada cuando en él pueden desarrollarse lentes apreciables
de hielo puro.
1-2. Efectos de la helada
Cuando el agua se congela en un vacío del suelo bajo una presión
moderada actúa como una cuña, separando las partículas sólidas y
aumentando el volumen de los vacíos. Cuando la congelación ocurre
en un suelo no susceptible a la helada, como la grava o la arena,
o en un sistema cerrado, el aumento de volumen, según se indicó,
tiene como límite un 10% del volumen inicial de los vacíos, por lo
que en un suelo de superficie horizontal, la elevación de dicha super
ficie no podrá ser mayor que
h = 0.1 n H (1-1)
Donde n es la porosidad media del suelo y H el espesor de suelo
en que se deja sentir el efecto de congelación. Por otra parte, en un
MECANICA DE SUELOS (II) 3
sistema abierto constituido por suelo susceptible a la helada, la
expansión por congelación puede llegar a ser mucho mayor que
el limite indicado por la expresión 1-1. La presión que ejerce el suelo
congelado al expanderse aún no está determinada con exactitud, pero
es, desde luego, de gran magnitud y teóricamente puede llegar a
valores de un orden extraordinario, que exceden en mucho a las car
gas usuales sobrepuestas. Así, cualquier estructura situada sobre el
suelo, se eleva juntamente con él.
Por otra parte, durante el deshielo que ocurre al iniciarse la
primavera, la zona congelada de suelo se funde, proceso que, general
mente, dura algunas semanas y va acompañado de asentamientos
del subsuelo. La magnitud de este asentamiento en un suelo dado
depende, fundamentalmente, de si se han formado o no en ese suelo
lentes de'hielo puro durante la época de congelación. En el caso de
suelos no susceptibles a la helada, en que el congelamiento no formó
lentes de hielo, el asentamiento está acotado por la expresión 1-1;
sin embargo, el valor real de tal asentamiento no puede exceder el
aumento de volumen causado por el proceso previo de congelación.
En suelos susceptibles a la helada, en los que el congelamiento haya
formado lentes de hielo, al fundirse éste se tiene el efecto adicional
del colapso de las bóvedas de las cavidades antes llenas de hielo, por
lo que el asentamiento puede aumentar en forma notable; los asenta
mientos diferenciales asociados a este fenómeno son frecuente fuente
de problemas para estructuras suprayacientes, específicamente para
caminos, aeropistas, etc.
En el caso de suelos que formen taludes o laderas, la acción de la
helada produce en esencia un movimiento de las partículas hacia
el pie del talud. Si el material no es susceptible a la helada, las
partículas de suelo colocadas en la superficie del talud se desplazan
normalmente a dicha superficie, durante el proceso de congelación;
durante el deshielo esas partículas descienden verticalmente, con un
desplazamiento neto resultante hacia el pie del talud en la dirección
de su superficie. Si los suelos son susceptibles, en especial si son
limosos, la mayor parte del desplazamiento de las partículas ocurre
durante la licuación posterior de los lentes de hielo formados en el
período de congelación, paralelamente a la superficie del talud; esta
licuación hace que el suelo colocadosobre los lentes de hielo se
desintegre y fluya prácticamente como un líquido viscoso; este fe
nómeno se conoce con el nombre de solifluxión.
En el caso de muros de retención, la congelación del agua libre
en el suelo detrás de la estructura, produce un aumento de presión
sobre ellos, el cual es, desde luego, mucho mayor en suelos suscep
tibles a la helada. Este aumento de presión, reiterado frecuentemente
a través del tiempo, puede terminar por producir el colapso de la
estructura. Si los muros son de concreto reforzado, la falla puede
4 CAPITULO I
llegar a presentarse por esfuerzo cortante en la sección entre el
muro propiamente dicho y su losa de cimentación.
En los suelos susceptibles a la helada, el espesor de los lentes de
hielo formados depende de varios factores, entre los que pueden
enumerarse el grado de susceptibilidad del suelo, la facilidad del
drenaje (tanto para absorber, como para ceder agua), la intensidad
del frío y duración del mismo, especialmente este último factor.
Las soluciones que se han adoptado para evitar la acción nociva
del congelamiento de las capas superficiales del terreno por efecto
climático pueden agruparse en tres tipos diferentes:
a) Substitución de los suelos susceptibles a la helada por otros
no susceptibles, hasta la profundidad necesaria para llegar a niveles
más abajo que la penetración del efecto climático exterior.
b) Drenaje adecuado para abatir el nivel freático a una profun
didad mayor que la altura máxima de ascensión capilar del suelo.
c) Conversión del sistema abierto existente en cerrado. Esto se
logra excavando hasta la profundidad de congelación y colocando a
ese nivel una capa de material grueso, no capilar. Posteriormente
volverá a rellenarse la excavación con el material original.
Lo anterior ha sido aplicado principalmente a caminos y aero-
pistas.
Además de los cambios volumétricos anotados en los párrafos an
teriores, la fase del deshiélo en los suelos produce una disminución
de la resistencia al esfuerzo cortante de los mismos y consecuente
mente, una disminución de su capacidad de carga. Esto es fácilmente
explicable tomando en cuenta lo expuesto en el Capitulo X II del
Volumen I de esta obra, pues al fundirse el hielo y tratar el suelo
de comprimirse, el agua experimentará presiones en exceso de la
hidrostática, que sólo se disipan cuando el agua haya sido totalmente
drenada, lo cual sucede normalmente en periodos de dos o tres
meses, a no ser que se hayan tomado precauciones especiales en lo
referente al drenaje.
1-3. Clasificación de suelos de acuerdo con su susceptibilidad a
la helada
Según A. Casagrande2, un suelo puede considerarse como no
susceptible a la helada si posee menos de un 3% de partículas me
nores de 0.02 mm. El intervalo crítico en el cual el material empieza
a mostrarse susceptible está entre 3% y 10% de contenido de aque
llas partículas, dependiendo de sus características granulométricas.
Los suelos susceptibles a la acción de las heladas pueden clasifi
carse como se muestra en la Tabla 1-1, ampliamente usada por los
técnicos de todo el mundo. En esa tabla los suelos aparecen agrupa
dos en orden creciente de susceptibilidad.
MECANICA DE SUELOS (II) 5
6 CAPITULO I
TABLA 1-1
GRUPO TIPO DE SUELO
Fi Gravas con 3% a 20% de partículas menores que
0.02 mm.
f 2 Arenas con 3% a 15% de partículas menores que
0.02 mm.
F 3—a Gravas con más del 20% de partículas menores que
0.02 mm.
F ,~ b Arenas (excepto las finas limosas), con más del
15% de partículas menores de 0.02 mm.
F t—c Arcillas (excepto finamente estratificadas) con
lp > 12
F*~a Todos los limos inorgánicos, incluyendo los arenosos
F t—b Arenas finas limosas con más del 15% de partícu
las menores de 0.02 mm.
F t—c Arcillas con 7p < 12
F t~ d Arcillas finamente estratificadas
Los suelos más peligrosos desde el punto de vista de la acción
de la congelación son aquellos en que se combine la granulometría
más fina, con la mayor permeabilidad; por ejemplo, las arcillas fina
mente estratificadas con muy delgadas capitas de arena, son los suelos
más peligrosos; también los limos, las arenas limosas y las arcillas
relativamente poco plásticas.
En general, se recomienda no usar los suelos F t cuando se tema
una acción climática intensa. Especialmente resultan contraindicados
en caminos y aeropistas.
1-4. Indice de congelación
La profundidad de la zona de congelación de un suelo depende,
según se dijo, tanto de la duración, como del valor de las tempera
turas que el ambiente alcance bajo el punto de congelación. Para
tomar en cuenta ambos factores en la profundidad de penetración
de una helada, se ha creado el concepto de Indice de congelación.
(Ic).
Para los efectos que siguen, se entenderá por un número de
grados-día (°C-día) la diferencia entre la temperatura media diaria
y la temperatura de congelación del agua. Expresando la tempera
tura en grados centígrados, la temperatura de congelación del agua
es 0‘ C y el número de grados-aías coincide con la temperatura
media diaria.
Si se dibuja para un invierno una gráfica acumulativa de grados-
día contra el tiempo, expresado en días, se obtiene una curva del
tipo de la mostrada en la fig. 1-2.
MECANICA DE SUELOS (II) 7
En dicha gráfica el índice de congelación puede calcularse como
el número de grados-dia entre los puntos máximo y mínimo de la
curva. El índice de congelación está, así, ligado a un invierno dado.
El índice normal de congelación se define como el promedio
de los índices de congelación de un lugar, a lo largo de un lapso de
tiempo prolongado, usualmente diez o más años.
La aplicación principal de estos conceptos ha sido hecha en la
construcción de caminos y aeropistas, en donde se tienen curvas ex
perimentales sobre los espesores mínimos de material no suscepti
ble, que deben colocarse para proteger al suelo situado bajo la
subrasante de los efectos de la congelación. Es normal dar estos
espesores de protección en términos del índice normal de congela
ción de las regiones de que se trate, correspondiendo, como es obvio,
los mayores espesores de capas protectoras a los mayores índices.
8 CAPITULO I
REFERENCIAS
1. Terzaghi, K. — Pe-rmafrnx¡ — Harvard Soil Mecbanics Serles N* 3 7 — Univer
sidad de Harvard— 1952.
2. Casagrande, A. — Notas de clase no publicadas, reproducido en Transactions
of the American Society of Civil Kngineers. — 1948.
J
BIBLIOGRAFIA
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S. Taber — Public Roads Wash. — 1930.
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1947.
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Her majesty’s stationery office — London— 1961.
Ingeniería de Carreteras— L. I. Hewes y C. H. Oglesby— (Trad. O. M. Bece-
rril) — Ed. Continental — México, D. F .— 1959.
CAPITULO II
DISTRIBUCION DE ESFUERZOS EN LA MASA DEL SUELO
H-l. Introducción
En este capítulo se trata el problema de importancia fundamen
tal en Mecánica de Suelos, de la distribución de los esfuerzos apli
cados en la superficie de una masa de suelo a todos los puntos de
esa masa. En realidad puede decirse que tal problema no ha sido
satisfactoriamente resuelto en suelos. Las soluciones que actualmente
se aplican, basadas en la Teoría de la Elasticidad, adolecen de los
defectos prácticos acarreados por las fuertes hipótesis impuestas
por las necesidades de la resolución matemática tan frecuentes, in
fortunadamente, en aquella disciplina. Sin embargo, hasta hoy, la
Mecánica de Suelos no ha sido capaz de desarrollar sus propias
soluciones más adaptadas a sus realidades, por lo cual resulta im
prescindible recurrir aún a las teorías elásticas. Los resultados que
se obtengan en las aplicaciones prácticas deberán siempre de verse
con el debido criterio y, no pocas veces, ajustarse con la experiencia.
Elhecho real concreto es, empero, que de la aplicación de las Teo
rías en uso, el ingeniero civil actual logra, en la inmensa mayoría
de los casos prácticos, una estimación suficientemente aproximada de
los fenómenos reales en que está interesado, de manera que le es
posible trabajar sus proyectos y materiales con factores de seguridad,
por ejemplo, que no desmerecen nunca y frecuentemente aventajan
a los empleados en otras ramas de la ingeniería. Sería infantil creer,
por otra parte, que de la aplicación de las teorías expuestas ade
lante puedan calcularse los asentamientos de una estructura, por
ejemplo, con profética seguridad; los cálculos proporcionarán al inge
niero, en el mejor de los casos (y también en el más frecuente), el
orden de magnitud de tales asentamientos, pero, normalmente, de un
modo suficientemente aproximado como para poder normar el criterio
del proyectista, de modo que éste pueda combatir los efectos nocivos
con eficacia práctica. Podría decirse que, desde el punto de vista
de la Mecánica de Suelos, existen dos problemas en la aplicación de
las teorías elásticas y de la teoría de la consolidación unidimensional
al cálculo de asentamientos: uno, el teórico, dista de estar resuelto y
exige, aún mucho del esfuerzo de los investigadores; otro, el práctico,
relativamente resuelto, pero susceptible de mejoramiento, pues hoy
9
IÜ CAPITULO II
los proyectos relativos a suelos pueden tratarse con razonable segu
ridad y economía.
II-2. El problema de Boussinesq
Los esfuerzos que una sola carga vertical concentrada actuante
en la superficie horizontal de un medio semiinfinito, homogéneo, isó
tropo y linealmente elástico, induce en los puntos de cualquier
vertical trazada en el medio, fueron calculados por vez primera por
Boussinesq *.
En la fig. 11-1, P representa la
carga concentrada actuante según
la vertical: (x, y, z) son las coor
denadas del punto en que se calcu
lan los esfuerzos, referidas a un
sistema cartesiano ortogonal cuyo
origen coincide con el punto de
aplicación de P.
Si r es la distancia radial de A'
a 0 y i)/ el ángulo entre el vector
posición de A (R ) y el eje Z, los
esfuerzos en el punto A pueden
escribirse
FIG . I l-I . E sfuerzos p ro v o c a d o s en un
p u n to d e una m asa d e suelo
p o r una c a rg a c o n c e n tra d a
3 P eos11 _ 3 P z“
2 it z;' 2 Te /?•’• (2- 1)
a, 2 n ;
tte ~ - (1-2 p)
3 cos:í »|; sen- <J> •*— (l-2p ) - C'OS ^ - 1
1 + eos iJ/J
2 tzz* eos3 vj;
eos2 4<
1 + eos
3 PXrc = eos4 di sen J/2 n r
( 2-2 )
(2-3)
(2-4)
En el Anexo Il-a se presenta la deducción de las anteriores
expresiones, por métodos familiares en Teoría de Elasticidad.
En la práctica de la Mecánica de Suelos la expresión 2-1 es,
con mucho, la más usada de las anteriores y su aplicación al cálculo
de asentamientos es de fundamental importancia. A este respecto se
hace necesario recalcar que las expresiones arriba escritas, en par-
MECANICA DE SUELOS (II) 11
ticular la 2-1, se han obtenido suponiendo que el material en cuyo
seno se producen los esfuerzos que se miden es homogéneo, isótropo,
linealmente elástico y semiinfinito, limitado por una sola frontera
plana. Es evidente que el suelo no es homogéneo, pues sus propieda
des mecánicas no son las mismas en todos los puntos de su masa; ni
isótropo, pues en un punto dado esas propiedades varían, en general,
en las distintas direcciones del espado; ni linealmente elástico, pues,
las relaciones esfuerzo-deformación de los suelos no son las que
corresponden a ese comportamiento. Por último, tampoco es semiin
finita ninguna masa de suelo.
De hecho no debe dejar de mencionarse que la aplicación más
frecuente en Mecánica de Suelos de las fórmulas de Boussinesq
estriba en el cálculo de asentamientos de los suelos sujetos a conso
lidación, vale decir de arcillas y suelos compresibles, en los que
algunas de las hipótesis teóricas, la elasticidad perfecta, por ejemplo,
distan de satisfacerse en forma muy especial, aún dentro de los
suelos en general.
Para la aplicación práctica de la fórmula 2-1 es conveniente
expresarla como sigue (fig. II -l) .
3 P z3 3 P
2 tt (r- + z- ) 5/2
que puede escribirse en forma adimensional
1 -V*
(Tí P
de donde
1 + (t ) =
<Tz = A - Po
(2-5)
( 2 -6 )
con
(2 7:
En el Anexo Il-b se presenta una tabla de valores de P0 en
función de la relación r/z. Así, para encontrar el valor de un esfuerzo
normal vertical, at, con la ayuda de la tabla, basta medir la distancia
r del punto de aplicación de la carga al punto de la superficie (A')
exactamente arriba del punto de la masa en que se mide el esfuerzo
(A ) y dividir ese valor de r, entre la z correspondiente al plano en
que se calcula el esfuerzo (distancia entre el plano de aplicación
de la carga y el plano en que se sitúa al punto en que se calcula el
esfuerzo). Con el valor de esta relación, r/z, se selecciona el valor
de P0 correspondiente y se calcula el esfuerzo aplicando la ec. 2-6.
n-3. Extensión de la fórmula de Boussinesq a otras condiciones
de carga comunes
12 CAPITULO II
La carga única concentrada cuyo efecto se ha analizado en la
sección II-2, aunque de acción común en la práctica, no constituye
el único caso que es necesario estudiar. Otras condiciones de carga
muy comunes se pre
sentan a continuación
en. forma concisa, sin
entrar, en general, a
los detalles matemáti
cos de la obtención de
las fórmulas que se in
cluyen.
En la figura II-2
aparece una carga li
neal, uniformemente
distribuida en la lon
gitud y, de p unida
des de carga, por uni
dad de longitud. El
valor de o* en un pun
to de la masa bajo 0
puede obtenerse fácil-
FIG . 11-2. Distribución de esfuerzos con carga lineal de mente integrando la
longitud finita expresión 2-1 a lo lar
go de la línea de car
ga, resultando
<r* = yz3 1
2it (x2 + z2) V* 2 + y2 + z ( — LVx2 + y2
+
y2 + z2 x°- + z2
( 2-8 )
La anterior expresión 2-8 puede ponerse en forma adimensional,
introduciendo los parámetros
En función de tales parámetros, la ec. 2-8 resulta
z_ _ l___________ n_____________ / 1 2 \
" p 2tc (m2 + 1) Vm2 + n2 + 1 Vm* + n2 + 1 m2 + l j
(2-9)
lo cual puede expresarse como
a ,.- ~ = Po (2-10)
En donde p0 es el segundo miembro de la expresión 2-9.
El valor de p0 fue tabulado para diferentes valores de m y n por
R. E. Fadum2 y en el Anexo II-c aparecen las gráficas que responden
a tal tabulación debidas al mismo investigador.
Así, para encontrar el valor de un esfuerzo tr*, en cualquier punto
A debido a una carga lineal de longitud finita, utilizando la gráfica
del Anexo II-c, basta medir las distancias x y y, tal como se definen
en la fig. II-2 y dividir estas distancias entre la profundidad z para
obtener los valores de m y n, respectivamente; con ellos, la gráfica
proporciona directamente el valor de influencia correspondiente, p0.
El esfuerzo a¡ se determina con la ecuación:
MECANICA DE SUELOS (II) 13
Si se desea calcu
lar el valor de a j bajo
un punto 0', diferente
de 0, podrá conside
rarse que la carga li
neal tiene la longitud
9 + y' Y proceder a
calcular así el a"\ des
pués habrá de calcu
larse el esfuerzo co
rrespondiente a una
longitud y' (cr*'"). El
Hz deseado será, evi
dentemente_ / — - // _
Car — <T« fJz
Si se usa la gráfica
propuesta, el sistema
coordenado ortogonal
de referencia debe es
cogerse de modo que
el eje Y sea paralelo a
la carga lineal y el X
normal a ella, por SU F|S n.3 D}sfr¡hue}¿„ J , „finnt* bafr una tapcrfícia
extremo. rectangular un'formamnnt• cargada
<y. = T P o ( 2- 11)
Un caso de condición de carga aún más interesante en la práctica
que el anterior es el que corresponde a la fig. II-3, en la que se
analiza la influencia en la masa del continuo homogéneo, elástico e
isótropo de una superficie rectangular uniformemente cargada, con
w unidades de carga por unidad de área.
El esfuerzo az bajo una esquina de la superficie cargada y a una
profundidadz. puede obtenerse por integración de la ec. 2-1 en toda
el área rectangular, obteniéndose la expresión
ff. = W ( 2xü2 (x '' + r + z-)u" . IT + y- + 2 z2
4 t:Vz'-(.xl‘ + y- + z-) + x2 y- x2 + y- + z~
14 CAPITULO II
4 anq tg ^ Z \ .,) (2-12)
z - ( x - + y + z2) x2 y 1 ' 7■)
Adoptando los parámetros m y ti, tales que m — - y n = (ahora
intercambiables), la ec. 2-12 puede escribirse adimensionalmente
como
ff* _ 1 (2 m n(m2 + n2 4- 1)1/2 m2 + n* + 2
w 4 ttV (m" + n’ + 1 ) + m"ri- nv + r + 1 "**
. 2 m n (m2 + n2 + 1) ,/2\ . _ , , 4
Si al segundo miembro de esta ecuación se le llama w0, puede
tabularse su valor en función de distintos m y n. Esta labor fue
también realizada por Fadum2 y en el Anexo Il-d se muestra una
gráfica con los resultados de la tabulación.
Para encontrar el valor de <r~ en un punto A bajo una esquina de
la superficie rectangular uniformemente cargada se procede a calcular
las distancias x y y (fig. II-3), con las que pueden obtenerse los va
lores d e m v n para diferentes profundidades z a lo largo de la ver
tical. Con la gráfica del Anexo Il-d puede calcularse ahora w0 y
aplicar la ecuación
ffz — w • w0 (2-14)
Así se tiene el valor de ffz, correspondiente a cada profundidad z.
Debe notarse que el sistema coordenado base respecto al cual se
calculó el gráfico del Anexo Il-d es tal que su origen coincide pre
cisamente con la esquina del área rectangular uniformemente carga
da. Si se desean calcular los esfuerzos bajo otro punto, tal como el
A! de la fig. 11-3, podrá procederse haciendo substracciones y adi
ciones convenientes al área cargada. Por ejemplo, en el caso del
punto A’, podría calcularse el cr/ correspondiente al área hipotética
BO’FD ; después los ai" y az,y substractivos correspondientes a las
áreas BO'HO y CO'FE, debiendo notarse que al hacer estas subs
MECANICA DE SUELOS (II) 15
tracciones, el área CO'HG se restó del total inicial dos veces, por lo
que será necesario calcular el esfuerzo cr*' por ella producido y to
marlo como aditivo una vez. El esfuerzo cr'~ deseado será
Un caso especial de gran importancia práctica es el que corres
ponde al cálculo de esfuerzos a lo largo de una normal por el centro
de un área circular uniformemente cargada (tv — presión uniforme).
El caso aparece en la fig. 11-4.
El esfuerzo <r~ en cualquier punto de la vertical bajada por el
centro del círculo cargado puede obtenerse también integrando la
ec. 2-1 a toda el área circular. El proceso se realiza a continuación
con referencia a la fig. II-4, para ilustración de los casos análogos
que se han venido mencionando.
Definiendo un A A como se muestra en la figura citada se tiene
Esa carga, según la expresión 2-1 produce a una profundidad z,
en un punto como el A, un esfuerzo vertical A<r2.
A A = pApAO
En esa área obrará una carga AP
AP = wpApAO
3AP Acr* = —2tz (x2 + y2 + z2)*'2
Entonces:
ya que x2 + y2 = p2
Agrupando
AoV~ 2-x Z* (p2 + z2) 5/2 ApA0
A
El esfuerzo <r2 correspondiente
a toda el área resultará de llevar a
la expresión anterior al límite y de
aplicar la definición usual de in
tegral de superficie.
FIG . 11-4. Distribución del esfuerzo boj o
el centro de una superficie
circular uniformemente car
gada
16 CAPITULO II
<Tz = JÍ
3wz3
2 tz
3wz3
( p2 + 2 2 )5 /2
dpdQ Í
2TT fT
* (p* + z*yn dp =
[2u] r j L i 1 T = ^ f 1 1 . 1L 2 3 (p2 + z2)3/2 Jo l_z3 (r* +2tc L“ " J L 2 3 (p2 +
De donde, finalmente
3/2̂
donde
Lo anterior puede escribirse aún
(Tz — u> ■ W 0
* 1tv0 “ 1
1 +
m
a/2
(2-15)
(2-16)
(2-17)
Los valores de w0 pueden tabularse en función de los correspon
dientes de r/z. En el Anexo Il-e se presenta la tabulación en cues
tión. Encontrando w0, el valor de <rz resulta simplemente de la
aplicación de la fórmula 2-16.
En muchos casos se han de cimentar estructuras sobre suelos
compresibles que contienen finos estratos de arena o limo alternados
con otros de arcilla (arcillas finamente estratificadas). El Dr. A.
Casagrande hizo notar que, en estos suelos, las láminas de arena o
limo actúan como refuerzos del conjunto que restringen la defor
mación horizontal de la arcilla. H. M. Westergaard8 obtuvo una
solución de este problema para el caso extremo en que las deforma
ciones horizontales fueran nulas. De acuerdo con esta solución el
esfuerzo vertical debido a la acción de una sola carga vertical con
centrada superficial, actuante sobre un medio semiinfinito, que se
comporte según la ley de Hooke, pero que tenga totalmente restrin
gida su deformación horizontal, está dado por
donde
2iz (jc2 -I- y2 + K 2z*) 3/2
I 1 2 p,
K - y ] 2 ( ¡ - ü r
(2 -1 8 )
(2 -1 9 )
Siendo p, la relación de Poisson para el material arcilloso blando.
Análogamente al caso de las soluciones obtenidas a partir de la
de Boussinesq, se cuenta en la actual literatura con ecuaciones y
gráficas que permiten extender la solución de Westergaard a otras
condiciones de carga, análogas a las vistas; sin embargo, estos grá
ficos se omiten en esta obra por considerarse que son pocos los
casos prácticos que ameritan su aplicación.
MECANICA DE SUELOS (II) 17
H-4. Algunas otras condiciones de carga con interés práctico
A continuación se mencionan algunos trabajos tendientes a resol
ver el problema de transmisión de esfuerzos al continuo semiinfinito,
homogéneo, isótropo y linealmente elástico, provocados por cargas
superficiales obedientes a diferentes leyes de distribución de interés
práctico.
a) Carga lineal de longitud infinita
Si en la expresión 2-8, correspondiente a la influencia de una
carga lineal de longitud finita, y, esta magnitud crece hasta ser
mucho mayor que las x y z que intervengan en el caso, su valor
podrá considerarse como ( + oo ) y, en tal situación el valor cr, tiene
por limite
P z 3
°* (2-20> ■re (x:2 + z ) 2
Que corresponde al esfuerzo en un punto situado en el plano
normal a la línea de carga, trazado por su extremo, extendiéndose
la línea infinitamente desde el punto origen de coordenadas, en la
dirección del eje Y, hacia ( + oo), (carga semiinfinita).
Si la línea de Carga se extiende también infinitamente en el sen
tido ( — oo) (carga infinita) el esfuerzo crz. a la profundidad z, en
un plano normal a la línea trazada por el origen de coordenadas, es
simplemente el doble del dado por la ec. 2-20.
b) Area circular uniformemente cargada
Este caso ya ha sido tratado en el párrafo precedente, pero
únicamente para encontrar los esfuerzos verticales a lo largo de una
normal al área trazada por su centro. L. Jürgenson* presenta una
solución más general, que permite calcular los esfuerzos verticales y
los cortantes máximos en cualquier punto del medio semiinfinito. En
la fig. II-5 aparece una gráfica en que se vacía la solución antes
mencionada.
3— Mecánica de Suelos II
18 CAPITULO II
FIG. 11-5. Distribución de esfuerzos verticales y cortantes misimos bajo un área circu
lar uniformemente cargada
c) Carga rectangular de longitud infinita
Este caso, fig. II-6, ha sido resuelto por Terzaghi y Carothers4,
quienes dieron las fórmulas que proporcionan los distintos esfuer
zos.
Estas fórmulas son
o-* = — [a + sen a eos 2p] <xx = — [a — sen a eos 2¡S]% Tt
t*» = — sen a sen 2(3 (2-21)%
Los esfuerzos principales y el cortante máximo están dados por
ffi = — (a + sen a) = — (a — sen a)ir
Tmfa = — sen a (2-22)u
MECANICA DE SUELOS (II) 19
F IS . 11-6. Distribución de esfuerzos bajo una carga rectangular de longitud infinita
La dirección en que actúa el esfuerzo principal mayor, crlt es
la de la bisectriz del ángulo a.
El esfuerzo Tmt*. actúa, naturalmente, a 45° respecto a la ante
rior dirección.
En la fig. II-7 aparece una gráfica que da los valores de ov y
de iz. en los distintos puntos del medio semiinfinito.
d) Carga triangular de longitud infinita, (triángulo isósceles)
La solución para este caso fue propuesta por Carothers4 y se
refiere a la fig, II-8,
20 CAPITULO II
F IS . 11-8. Distribucióndo osfuunot bajo una carga triangular da longitud infi
nita (triángulo ¡táscalas)
Las expresiones son:
f f z = ĵ ai + a2 + (ai — a2)
= í r [ ai + az + y (ai — (L*) ~ T ln ’t t ] (2 -2 3 )
= — -j-{ ai — a2)u b
En la fig. II-9 aparece la solución gráfica de las ecuaciones
anteriores para los valores de o* y íx.
Este caso reviste importancia práctica especial por su aplicación
a presas de tierra.
MECANICA D E SUELOS (II) 21
F IS . 11-9. Distribución de estuarios verticales y cortantet máximos bajo yna carga
triangular de longitud infinita (triángulo ¡tásceles)
c) Carga triangular de longitud infinita ( triángulo escaleno)
También Carothers4 dio la solución general para este caso, con
las fórmulas
* = - í [ t - + £ ± Í = £ » - t ^ - t , * ^ I « j - 2 4 >
Que pueden interpretarse en la fig. II -10.
Las expresiones anteriores son susceptibles de tabulación sencilla
en cualquier caso práctico.
22 CAPITULO II
FIG . 11-10. Distribución de esfuerzos bajo una carga triangular de longitud infi
nita (triángulo escaleno)
f) Carga triangular de longitud finita (triángulo rectángulo)
Este importante caso práctico fue resuelto por Hamilton Gray6,
quien dio para los esfuerzos fórmulas que se incluyen a continuación
Bajo el punto O ( fig. II-l 1).
— p° •k (z v d + B2 + z2 z_____
B \ L2 + z2 V X2 +
. B BL \
T a° 9 " w n n w m ( 2 - 2 5 )
y bajo el jjunto Q
9 t ~ 2n B ( v ¿ 2 + z2 (B2 + z2) V ^ 2 + L2 + z2) *2' 26^
El mismo investigador arriba citado proporciona soluciones grá
ficas de esas ecuaciones. En las figs. 11-11 y 11-12 se muestran las
curvas correspondientes.
Es de notar que, con la ayuda de estas gráficas puede encon
trarse el valor de cz bajo cualquier punto del área rectangular suje
ta a la carga triangular; para éllo será necesario usar dichas gráficas
reiteradamente, haciendo las adiciones y substracciones que sean
pertinentes para poder poner al punto cualquiera o bien en la con
dición de O o en la de Q. Para resolver estos problemas pueden
usarse cualesquiera de las distribuciones de carga ya vistas y que
convengan en cada caso.
MECANICA DE SUELOS (II) 23
FIG . II-11. Etfunnot verticales Inducido* bajo ni punto 0, por una carga trkmgular dn
longitud finita (triángulo rectángulo)
Lo anterior implica la hipótesis de que el principio de la super
posición de causas y efectos es aplicable a los problemas de la
naturaleza tratada.
Si se suman las ordenadas de cualquier curva de "n” en la fig*
11-11 con las correspondientes de la fig. 11-12, los resultados repre
sentan las ordenadas provenientes del diagrama de Fadum para una
carga uniformemente distribuida sobre el área rectangular.
V
A
L
O
R
E
S
D
E
24 CAPITULO II
V A L O R E S DE m
FIG . 11-12. Esfuerzos verticales inducidos bajo Q por una carga triangular da longitud
finita (triángulo rectángulo)
g) Carga trapecial de longitud infinita
El problema, resuelto también por Carothers4 tiene, según la fig.
11-13, las siguientes soluciones
MECANICA DE SUELOS (II) 25
i Z
Fl©. 11-13. Distribución de esfuerzos bajo una carga trapecial de longitud infi
nita (trapecio rectángulo)
Desde luego, todas estas ecuaciones son fácilmente tabulables
para el trabajo en un problema práctico, pero para mayor facilidad,
en la fig. 11-14 se incluye una solución gráfica dada por J. O. Os-
terberg para los puntos indicados.
El presente caso es de muy especial importancia práctica por
permitir el cálculo de los esfuerzos inducidos por un terraplén. Para
resolver este problema bajo el centro del terraplén bastará multi
plicar ̂por dos el valor de cz obtenido para cada profundidad z, con
la gráfica presentada. Si se desean calcular los esfuerzos bajo el
centro del extremo final de un terraplén supuesto semiinfinito en
longitud, bastará aplicar la mitad del valor de rsz obtenido para el
terraplén completo de longitud infinita.
h) Plano semiinfinito uniformemente cargado
El problema resuelto por Carothers4 se esquematiza en la fig.
11-15. Los esfuerzos actuantes pueden calcularse con las fórmulas
* = ■ £ [ ) + ? ]
( » >
t«* = — sen2 S %
26
*-h 0 .4 0
O
Z
UJ
O
- i 0 .3 0
UJ
o
c/> °*20
UJ
QC
O
<
>
CAPITULO II
0 .5 0
a/z
F IG . 11-14. G ráfica da valoras da influencia para al cálculo da esfuenos varticalas
debido a la sobrecarga impuesta por una carga trapecial de longitud
infinita (según J . O . Osterbarg)
Los esfuerzos principales en los distintos puntos del continuo de
suelo están dados por
cri = — f (3 + sen (i]TU
cx3 = — [0 — sen 0] (2-29)
p
tai*. = — sen 0 TZ
MECANICA DE SUELOS (II) 27
cargado
FIG . 11-16. Distribución de esfuerzos bajo un plano semiinfinito, uniformemente
cargado, con talud
i) Plano semiinfinito, uniformemente cargado, con talud
La solución a este problema también es debida a Carothers4 y
responde a las siguientes ecuaciones, relacionadas con la fig. 11-16
(2-30)
0* = —
*
[ » ♦
* ' = i \ [p +
t - f - -'•xa —----
75
z
— a
b
28 CAPITULO II
FIG. 11- 17. D hfribuciin do m fm nos bajo bu plano infinito uniformomonto car
gado con taja trapecial no cargada do longitud infinita
j ) Plano infinito uniformemente cargado con faja trapecial descar
gada de longitud infinita
Los esfuerzos en cualquier punto de la masa de suelo en este caso
pueden resolverse con las siguientes ecuaciones, debidas a Garo-
thers4, fig. 11-17.
0V = A £(0 + 0i) — j- (a + ai) + - j - (a — ai)J
= A ["(P + fc) - A ( a + a i) + J L ( « _ « , ) +
ti L a a a fi r i J
t» = A J jA (a — ai>J (2-31)
n-5. La carta de Newmark
Newmark6 desarrolló en 1942 un método gráfico sencillo que
permite obtener rápidamente los esfuerzos verticales (o*) trans
mitidos a un medio semiinfinito, homogéneo, isótropo y elástico
por cualquier condición de carga uniformemente repartida sobre la
superficie del medio. Esta carta es especialmente útil cuando se tie
nen varias áreas cargadas, aplicando cada una de ellas, diferentes
presiones a la superficie del medio.
El método se basa en la ec. 2-15 correspondiente al esfuerzo ver
tical bajo el centro de un área circular utíiformemente cargada. Esta
ecuación puede escribirse
« = !-(. I V /2
w \ 1 + (t / z Y )
Si en esta ecuación se da a crz/w el valor 0.1 se encuentra que r/z
resulta ser 0.27; es decir, que si se tiene un círculo cargado de
radio r = 0.27z. donde z es la profundidad de un punto A bajo el
centro del círculo, el esfuerzo en dicho punto A será
— 0.1 w
Si este círculo de r = 0.27 z se divide en un número de segmentos
iguales (fig. 11-18), cada uno de ellos contribuirá al esfuerzo <r, total
en la misma proporción. Si el número es 20 como es usual en las
cartas de Newmark, cada segmento cooperará para el esfuerzo c* con
0.1w/20 = 0.005 w. El valor de 0.005 es el valor de influencia corres,
pondiente a cada uno de los segmentos circulares considerados.
Si ahora se toma a jw = 0.2, resulta tjz — 0.40; es decir, para el
mismo punto A a la profundidad z, se requiere ahora un círculo carga
do de r = 0.40 z, para que el esfuerzo <r* sea igual a 0.2 w.
MECANICA DE SUELOS (II) 29
Concéntrico con el anterior puede dibujarse otro círculo (fig. II-
18) con dicho r = 0.40 z. Como el primer circulo producía en A un
cTu = 0.1 w, se sigue que la corona circular ahora agregada produce otro
cr* = 0.1 w (de modo que el nuevo círculo total genera <TZ = 0.2 w) .
Así, si los radios que dividían el primer círculo se prolongan has
ta el segundo, se tendrá la corona subdividida en áreas cuya influen
cia es la misma que la de los segmentos originales. (0.005 w ).
De esta manera puede seguirse dando a ae/w valores de 0.3, 0.4,
0.5, 0.6, 0.7, 0.8, 0.9 obteniendo así los radios de círculos concéntri
cos en función de la z del punto A, que den los esfuerzos 0.3 w,
0.4 w, etc. en el punto A. Prolongando los radios vectores ya usados
se tendrá a las nuevas coronas circulares añadidas subdivididas en
áreas cuya influencia es igualmente de 0.005 w sobreel esfuerzo en A.
Para z/w = 1 .0 resulta que el radio del círculo correspondiente
es ya infinito, para cualquier z diferente de cero, por lo que las áreas
que se generan por prolongación de los radios vectores fuera del
círculo en que z/w — 0.9, aun siendo infinitas, tienen la misma
influencia sobre A que las restantes dibujadas.
En el Anexo Il-f se presenta una carta de Newmark construida
para el valor de z que se indica.
Para encontrar el valor de cr* en puntos con diferentes profundi
dades que el A puede precederse en forma similar, construyendo otras
cartas de Newmark, con base en otros valores de z. Debe notarse
sin embargo, que el valor de depende sólo del valor de la relación
r/z, por lo que una sola carta de Newmark puede usarse para deter
minar los <Tz a distintas profuiididades, a lo largo de la vertical por
el centro de los círculos concéntricos, con tal de considerar que la z
usada para la construcción de la carta representa las distintas pro
fundidades a que se desea calcular los esfuerzos, si bien a diferentes
escalas.
Puesto de otra forma, en la práctica se puede hacer funcionar la
carta de Newmark de dos maneras distintas.
a) Usando varias cartas de Newmark. Por ejemplo, si las z usa
das para la construcción de las cartas son 1 cm, 2 cm, 5 cm, 10 cm
y 20 cm y se tiene un área cargada, cuya influencia se desea deter
minar, representada a escala 100, las cartas proporcionarían los
<sz producidos por tal área a profundidades de 1 m, 2 m, 5 m, 10 m y
20 m, que son las z utilizadas a escala 100.
b) Usando una sola carta de Newmark, para lo cual será preciso
disponer de varias plantillas del área cargada cuya influencia se es
tudia, dibujadas a escalas diferentes. Así, por ejemplo, si la carta de
que se dispone fue construida con base en una z de 10 cm, y se
desea conocer el o» que se produce a las profundidades de 2 m, 5 m,
10 m y 20 m, deberán construirse las plantillas a escalas tales que esas
profundidades queden representadas por la z = 10 cm; es decir, a
escalas: 20, 50, 100 y 200.
La plantilla del área cargada, dibujada en papel transparente, se
coloca en tal forma que el centro de 1? carta coincida con el punto
30 CAPITULO II
bajo el cual quieran calcularse los cr*. A continuación se contarán
los elementos de área de la carta cubiertos por dicha área cargada,
aproximando convenientemente las fracciones de elemento. El número
así obtenido, multiplicado por el valor de influencia común de los
elementos (en el desarrollo anterior 0.005) da el valor de influencia
total, que multiplicado por la w que se tenga da el o# deseado.
Posiblemente la máxima utilidad del método de Newmark apa
rezca cuando se tiene una zona con diversas áreas cargadas unifor
memente, pero con cargas de distintas intensidades, pues en este
caso los métodos antes vistos requerirían muchos cálculos, mientras
que la carta de Newmark funciona sin mayor dificultad.
n-6. Estudios sobre sistemas no homogéneos
Burmister12,13,14 estudió el problema de la distribución de esfuer
zos y desplazamientos en un sistema no homogéneo formado por
dos capas, cada una de ellas homogénea, isótropa y linealmente
elástica. La primera capa es infinita horizontalmente, pero'tiene
espesor finito, h. La segunda capa, subyacente a la anterior, es
semiinfinita. Se supone que entre las dos capas existe un contacto
continuo, siendo la frontera plana entre ellas perfectamente rugosa.
E\ y E 2 son los módulos de elasticidad de las dos capas; se estudió
el caso de interés práctico, con aplicación al diseño de pavimentos,
en el cual E x» E t.
Coeficiente de influencia del esfuerzo vertical, (Tz/P
MECANICA DE SUELOS (II) 31
FIG . I I-19. Curvas de influencia de esfuenos verticales transmitidos en un sistema de
dos capas elásticas (según Burmister)
En la fig. 11-19 se muestran las curvas de influencia de la carga
superficial, supuesta circular y uniformemente distribuida, en lo refe
rente a los esfuerzos verticales bajo el centro del área cargada, supo
niendo que el radio del circulo de carga es igual al espesor de la
primera capa. Las curvas mostradas se refieren a distintas relaciones
E i/ E 2 en materiales cuya relación de Poisson se fijó en el valor 0.5
para ambas capas.
Puede notarse que en la frontera y para el caso E 1/E 2 = 1, que
corresponde al problema de Boussinesq ya tratado, el esfuerzo verti
cal es el 70% de la presión aplicada en la superficie, en tanto que
32 CAPITULO II
FIG . 11-20. Comparación do la distribución do otfnonos verticales on un modio homo
géneo y on un sistema do dos capas
si E J E 2 se considera de 100, dicho valor se reduce a sólo un 10%
de la presión superficial.
En la fig. 11-20 se muestra una comparación de las distribucio
nes del esfuerzo vertical en un medio homogéneo en el sistema de
dos capas para el caso en que E JE ? — 10, p = 0.5 y t/h = 1. La
figura se complementa con la 11-19, en el sentido de que muestra
los esfuerzos en cualquier punto de la masa del medio y no sólo en la
vertical.
Según el análisis teórico efectuado por Burmister, el desplaza
miento vertical elástico en la superficie del sistema está dado por la
expresión
A = 1.5 (2-32)
donde
A = desplazamiento vertical en la superficie del sistema
F — factor adimensional de desplazamiento, que depende de la
relación E JE ? y de la relación h/r
p = presión uniforme en el área circular
r = radio del círculo cargado
E 2 = Módulo de Elasticidad de la segunda capa, semiinfinita.
En la fig. 11-21 aparece una gráfica que da los valores de F para
diferentes relaciones de las que tal factor depende.
Para el uso de esa gráfica es preciso determinar primeramente
los valores numéricos de E x y E 2, lo cual se logra por medio de prue
bas de placa. En el caso de que la placa transmisora de las cargas
sea idealmente rígida, la ec. 2-32 se modifica a la forma
'A = 1 .1 8 F | r (2-33)
Si se coloca una placa rígida sobre el material que va a constituir
la segunda capa y se transmite presión, la fórmula 2-33 permite el
cálculo de E 2 pues en tal caso F — 1, por tratarse de un sistema
homogéneo de una sola capa. Efectuando la prueba de placa ahora
en la superficie del sistema de dos capas, la expresión 2-33, nueva
mente usada, permitirá el cálculo de i7 y la gráfica de la fig. 11-20
proporcionará la correspondiente relación E JE ?, de la cual puede
deducirse el valor de É?. Con los valores de E x y E?, así determi
nados, pueden calcularse con las fórmulas anteriores y la gráfi
ca 11-20 los desplazamientos verticales bajo el centro de cualquier
área circular cargada aplicada en la superficie del sistema de dos
capas.
Los resultados de Burmister se han aplicado sobre todo al diseño
de pavimentos, fungiendo el pavimento como primera capa más rí-
MECANICA DE SUELOS (II) 33
4—Mecánica de Suelos II
34 CAPITULO II
- ........r... . .4
• Corga circular, p.uniforroomonto
• i = í i .
h
! primara capa d« Modulo do
1 Elasticidad E,
i
Frontero porfoctamonto r u g o s a j Segunda capa.sem í-infinita, de
j Modulo de Elasticidad E ¿
R e la c ió n de P o ísso n * en om bas c a p a s .
FIG . 11-21. Factores de deformaciin para un sistema de dos capas
gida. Sin embargo, hasta hoy, los métodos analíticos emanados de
estas teorías son menos confiables que otros más empíricos, pero de
resultados más comprobados. Debe observarse que desde el punto
de vista de transmisión de esfuerzos, las teorías de Burmister rinden
resultados que hacen aparecer los obtenidos con la solución básica
de Boussinesq como conservadores (por ejemplo, véase ref. 14).
Recientemente18 se han desarrollado algunos estudios en conexión
con medios semiinfinitos no lineales y no homogéneos; es decir, con
materiales que al ser sometidos a compresión simple muestran reía-
( f k
MECANICA D E SUELOS (II) 35
FIG. 11-22. Relación elástica no lineal entre esfuerzo y deformación en estado
monoaxial de esfuerzos
ciones esfuerzo-deformación del tipo indicado enla fig. 11-22, que
matemáticamente pueden expresarse
e = ( j J n > 1 (2-34)
Donde k es una constante característica del material. En el caso
en que n = 1 la ec. 2-34 representará la ley de Hooke y k coincide
con el módulo de elasticidad del medio.
Las conclusiones que parecen desprenderse de estos estudios son
que en los suelos reales, que indudablemente se acercarán más en su
comportamiento al tipo de deformación elástica sugerido, los es
fuerzos verticales bajo la carga concentrada son menores que los de
terminados haciendo uso de la teoría clásica de Boussinesq y que los
desplazamientos verticales de los puntos bajo la carga ocurren en
forma mucho más concentrada en la cercanía de la superficie que
lo que se desprende de la mencionada teoría clásica. Es muy intere
sante hacer notar que los estudios comentados parecen justificar la
conocida regla empírica, ya mencionada en el Volumen I de esta
obra, en el sentido de que, para el cálculo de asentamientos, es sufi
ciente considerar las deformaciones del suelo hasta una profundidad
comprendida entre una y media y dos veces el ancho del cimiento.
Es oportuno, finalmente, hacer notar que en Mecánica de Suelos, a
pesar de las meritorias tendencias señaladas, el problema de distribu
ción de esfuerzos en la masa del suelo dista de poder ser considerado
como resuelto y es mucho aún lo que en estas direcciones ha de
investigarse.
36 CAPITULO II
ANEXO H-a
El problema de Boussinesq
Desde el punto de vista de la Teoría de la Elasticidad, el pro
blema de Boussinesq es un caso particular del problema de Mindlin,7
en el cual se supone la existencia de un sólido que ocupa la región
del espacio z > 0, en cuyo interior obra una carga concentrada P,
aplicada en el punto z = c, r = 0 (fig. II-a .l). Se trata de calcular
el estado de esfuerzos en un punto cualquiera A de la masa.
El problema de Boussinesq es
una particularización del anterior,
resultado de hacer c = 0, con lo
que la carga concentrada queda
aplicada en la frontera del medio
semiinfinito, homogéneo, isótropo
y linealmente elástico.
La solución del problema puede
lograrse por varios caminos, de
pendiendo de la herramienta mate
mática utilizada. En la ref. 8 se
presenta un tratamiento elegante y
expedito, basado en la aplicación
de la transformación de Hankel; una solución muy general con he
rramienta tensorial podrá verse en la ref. 9. En la ref. 10 se desarrolla
un tratamiento matemático más simple, pero más laborioso. El tra
tamiento que aquí se presenta está basado fundamentalmente en
la ref. 11.
La carga concentrada produce en el medio un estado de esfuerzos
y desplazamientos que evidentemente es simétrico respecto al eje de
aplicación de la carga.
Las ecuaciones de Navier o de la deformación, que expresan
las condiciones de equilibrio en función de las componentes del vector
desplazamiento v (vlt v2, u3), son
FIG. II-a .l. £/ p ro b le m a d e M in d lin
En donde p es el módulo de Poisson, G el módulo de rigidez
r _ E
2 ( 1 + ( i )
F (F i, F 2, Fa) las fuerzas de masa y (xu Xa. x¡) el sistema
coordenado ortogonal de referencia.
Las ecs. 2-a.l tienen como variables únicamente a vlt v2 y v».
Multiplicando las ecs. 2-a.l por los versores ilf i2, t3 respectiva
mente y sumando,
W + V div. v + £ = 0 (2-a.2)
Ecuación que ha sido llamada fundamental de la Teoría de la
Elasticidad.
Si se aplica a 2-a.2 el operador div:
1 -* 1 -+
div. V 2u + - ̂ - div. V div. v + div. F — 0 (2-a.3)
Pero:
div. V 2 v — V z div. v — V 2e
y div. V div. = V a div. p = V 2e
Donde e es la deformación volumétrica o 1er- invariante del ten
sor deformación.
Substituyendo lo anterior en la ec. 2-a.3 y simplificando
" / - I p T V ’ E + b div- ^ = 0 (2'a,4)
Se supondrá ahora la existencia dé una función <f>, potencial de
fuerza, armónica. En tal caso,
F — V<¡> y div. F — V V = 0
por lo tanto, de la ec. 2-a.4 se sigue que, si <¡> existe
V 2£ — 0
Si se aplica, bajo la hipótesis anterior, a la cc. 2-a.2 el operador
escalar V 2, se puede escribir
V 2V 2u + - ¡ 4 - V 2Vdiv. v + 4 V 2 F = 0
[ l G
lo cual da
V 4u + -r4 — V 2V e + ¿ V 2F = 01-2 p G
MECANICA DE SUELOS (II) 37
38 CAPITULO II
pero V 2Ve = V V 2e = 0; por lo tanto
pero esto es
V 4u + - i V 2 F — 0
L r
V 4u + V 2V <f> — o
de donde, si <¡> existe
V 4u = 0 (2-a.5)
La ec. 2-a.5 se cumplirá sí y sólo si existe la mencionada función
potencial <¡>.
Ahora bien, la ec. 2-a.5 puede ponerse
V 4V = V 4!>i ¿i + V 4V2 Í2 + V 4 V 3 h
por lo que se tendrá que verificar
V 4Ui = 0
V 4i>2 = 0 (2-a.6)
V 4us — 0 .
De manera que si existe la función <¡> deben cumplirse las ecs.
biarmónicas 2-a.6.
Se trata ahora de verificar si la siguiente ecuación que se propone
como solución del problema verifica la ec. 2-a.2.
2G v = (c V 2 — V 2 div.) R (2-a.7)
donde
c = constante
R — Rx (x3 x2 x5) ii + i ?2 (* i x 2 X a ) ¿2 -f Ra (xx x2 x3) i3 es el lla
mado vector de Galerkin.
La ec. 2-a.2 puede escribirse
2 G l V ’ + l - ^ 2 Í
Teniendo en cuenta las ecs. 2-a.7 y 2-a.8 puede ponerse
V 2 +
operando
2 G ( V 2 + T—* Vdi v. ) u + 2 F = 0 (2-a.8)
1 — 2 p
(V 2 + r = A ^ V div.) (c V 2- V d iv .)f l + 2 F = 0 (2-a.9)
(cV 4 — V 2V div. + -j — V div. V 2 -
1 V div. V div) R + 2 F = 0
1 — 2p
pero
V 2V div. = V div. V 2 = V div. V div.
por lo cual
C V * R + ( - 1 + ^ V V di”. R + 2 F = 0
La constante c puede escogerse de modo que la ecuación anterior
se reduzca a
c V 4fl + 2 F = 0
para lo cual será preciso que
- 1 + r ^ i - T ^ r = 0
c = 2(1 — p) (2-a.lO)
y entonces
= — F ■ (2 -a .ll)
1 - p
Si las fuerzas másicas son nulas, se tendrá:
V 4R = 0 (2-a,12)
y en tal caso, el vector Galerkin tendrá que ser una función vectorial
Inarmónica.
Por lo tanto, el vector desplazamiento v satisface la ec. 2-a.2
cuando (ver ec. 2-a.7)
2 G v — [2(1 — p) V 2 — V div.] R (2-a.l3)
con la condición de que se cumpla la ec. 2-a.ll.
La ec. 2-a.l3, en forma desplegada, da lugar a
MECANICA DE SUELOS (II) 39
40 CAPITULO II
En las ecs. 2-a.l4 habrá la condición
V 4, Ri = — t — — Fi
1 — tr
= _ _ i _ F 2
1 - [J.
(2-a.l5)
V 4/?s = — F 3
1 — ti
Las ecs. 2-a.l4 proporcionan las componentes del vector despla
zamiento v en términos del vector R, las que pueden relacionarse,
según la Teoría de la Elasticidad, con las deformaciones unitarias
correspondientes; éstas, a su vez, haciendo uso de la Ley de Hooke
generalizada para un medio homogéneo, isótropo y linealmente elás
tico, pueden relacionarse con los esfuerzos producidos en un punto
del medio. Asi, en definitiva, podrá llegarse a expresiones entre los
esfuerzos y las componentes del vector R. El proceso matemático
anterior es simple, aunque muy laborioso y podrá consultarse en
detalle, en la mencionada ref. 11; aquí se pondrán únicamente los
resultados obtenidos.
El triedro (x , y , z ) corresponde al (*i x2 x3) usado anteriormente.
En el caso particular del problema de Boussinesq puede llegarse
a la solución, adoptando un vector Galerkin (R) de la forma
av = 2(1 — n )V 2^ | + (y. V )d i Iv.R
a, = 2 (1 - p) V* ^ + (p V 2 - g ) div. R (2-a. 16)
R = c [ ( l — 2 n )z ln (z + r) -(- 2 p r]t3 (2-a.l7)
MECANICA DE SUELOS (II) 41
donde
t- — x- + y- + z-
La expresión para o-,, dada en las ecs. 2-a,16 puede escribirse
dR3 d3R3
siendo
<r,= [ 2 ( 1 - t r J + txjV2 9z ^
Rh = c ( l —2p)zlog (z + r) + 2qjir
Efectuando operaciones se tiene
= c [ - + (1 — 2 p) log (z + r) ]
oz r
(2-a.l8)
V ’8# - = - < PS z r
= i z ¿ I + c (i
dz3 r v
Agrupando, resulta finalmente
ff* = —
3cz3
r"
(2-a.l9)
p
Frontera
infinito 0
- T n i j c
' r
p T r "
z
P
J
!/ ¡
^ V , i1
/ 1
\
S ^ \ x
Considérese ahora el equilibrio
interno en el seno del medio, (fig.
II-a.2).
En un plano a la profundidad
z — cte debe cumplirse la condi
ción: P = Sama de fuerzas verti
cales internas.
Considerando una superficie
anular en dicho plano,se tendrá
d Fi = | ffzpdpdd
o sea
dFi = - ^ p d p \ y e =
3cz3 2-npdp
FIG . Il-a.2 Equilibrio en el Interior del
semiespado elástico
Lo cual puede escribirse
dP> = ~ (p- £ £ )■ »
42 CAPITULO II
Integrando la expresión anterior en el plano z — cíe
p . — .—• 3 C 7r 2 3 f ° ° 2p̂ P = P
Integrando y despejando, se tiene:
c = - £ (2-a.20)
Z7T
Llevando este valor a la ec. 2-a.l7 y operando este valor con
el resultado obtenido en las ecs. 2-a.l6, se obtiene finalmente:
ffi - J 5 _ L f /, _ 0. . , r2tz + r ) - * 2lz + 2r)
]
2tc r3 L U + r ) ¡
z( r2 — 3x2) ? + 2¡xz
p 1 V, ̂ r2(z +' r) — y2{z + 2r)
2k r3 L (z + rY
l “-> + 2 J
_ 3P z (2-a.21)
_ P xy r , , n z + 2r 3zl
Tlí “ 2w r3 [ + r )2 r2]
_ 3P
Tír “ 1 ÍT
xz
_ 3P i/z2
Twr “ 1 Í T “ F -
que es la solución originalmente propuesta por Boussinesq.
MECANICA D E SUELOS (II) 43
ANEXO n-b
Valores de influencia para el caso de carga concentrada
Solución de Boussinesq
« . = £ ■ p.
r/z Pe r/z Pe r/z P.________r/z
0.00 — 0.4775
1 — 0.4773
2 — 0.4770
3 — 0.4764
4 — 0.4756
5 — 0.4745
6 — 0.4732
7 — 0.4717
8 — 0.4699
9 — 0.4679
0.10 — 0.4657
1 — 0.4633
2 — 0.4607
3 — 0.4579
4 — 0.4548
5 — 0.4516
6 — 0.4482
7 — 0.4446
8 — 0.4409
9 — 0.4370
0.20 — 0.4329
1 — 0.4286
2 — 0.4242
3 — 0.4197
4 — 0.4151
5 — 0.4103
6 — 0.4054
7 — 0.4004
8 — 0.3954
9 — 0.3902
0.30 — 0.3849
1 — 0.3796
2 — 0.3742
3 — 0.3687
4 — 0.3632
5 - 0.3577
6 — 0.3521
7 - 0.3465
8 — 0.3408
9 — 0.3351
0.40 — 0.3294
1 — 0.3238
2 — 0.3181
3 — 03124
4 — 03068
5 — 0.3011
6 — 0.2955
7 — 0.2899
8 — 0.2843
9 — 0.2788
0.50 — 0.2733
1 — 0.2679
2 — 0.2625
3 — 0.2571
4 — 0.2518
5 — 0.2466
6 — 0.2414
7 — 0.2363
8 — 0.2313
9 — 0.2263
0.60 — 0.2214
1 — 0.2165
2 — 0.2117
3 — 0.2070
4 — 0.2024
5 — 0.1978
6 — 0.1934
7 — 0.1889
8 — 0.1846
9 — 0.1804
0.70 — 0.1762
1 — 0.1721
2 — 0.1681
3 — 0.1641
4 — 0.1603
5 — 0.1565
6 — 0.1527
7 — 0.1491
8 — 0.1455
9 — 0.1420
0.80 — 0.1386
1 — 0.1353
2 — 0.1320
3 — 0.1288
4 — 0.1257
5 — 0.1226
6 — 0.1196
7 — 0.1166
8 — 0.1138
9 — 0.1110
0.90 — 0.1083
1 — 0.1057
2 — 0.1031
3 — 0.1005
4 — 0.0981
5 — 0.0956
6 — 0.0933
7 — 0.0910
8 — 0.0887
9 — 0.0865
1.00 — 0.0844
1 — 0.0823
2 — 0.0803
3 — 0.0783
4 — 0.0764
5 — 0.0744
6 — 0.0727
7 — 0.0709
8 — 0.0691
9 — 0.0674
1.10 — 0.0658
1 — 0.0641
2 — 0.0626
3 — 0.0610
4 — 0.0595
5 — 0.0581
6 — 0.0567
7 — 0.0553
8 — 0.0539
9 — 0.0526
1.20 — 0.0513
1 — 0.0501
2 — 0.0489
3 — 0.0477
4 — 0.0466
5 — 0.0454
6 — 0.0443
7 — 0.0433
8 — 0.0422
9 — 0.0412
1.30 — 0.0402
1 — 0.0393
2 — 0.0384
3 - 0.0374
4 — 0.0365
5 — 0.0357
6 — 0.0348
7 — 0.0340
8 — 0.0332
9 — 0.0324
1.40 — 0.0317
1 — 0.0309
2 — 0.0302
3 — 0.0295
4 — 0.0288
5 — 0.0282
6 — 0.0275
7 — 0.0269
8 — 0.0263
9 — 0.0257
1.50 — 0.0251
1 — 0.0245
2 — 0.0240
3 — 0.0234
4 — 0.0229
5 — 0.0224
6 — 0.0219
7 — 0.0214
8 — 0.0209
9 — 0.0204
44 CAPITULO II
r/z P» r/z Po r/z Po r/z P .
1.60 — 0.0200 2.10 — 0.0070 2.60 — 0.0029 3.10 — 0.0013
1 — 0.0195 1 — 0.0069 1 — 0.0028 1 — 0.0013
2 — 0.0191 2 — 0.0068 2 — 0.0028 2 — 0.0013
3 — 0.0187 3 — 0.0066 3 — 0.0027 3 — 0.0012
4 — 0.0183 4 — 0.0065 4 — 0.0027 4 — 0.0012
5 — 0.0179 5 — 0.0064 5 — 0.0026 5 — 0.0012
6 — 0.0175 6 — 0.0063 6 — 0.0026 6 — 0.0012
7 — 0.0171 7 — 0.0062 7 — 0.0025 7 — 0.0012
8 — 0.0167 8 — 0.0060 8 — 0.0025 8 — 0.0012
9 - 0.0163 9 — 0.0059 9 — 0.0025 9 — 0.0011
1.70 — 0.0160 2.20 — 0.0058 2.70 - 0.0024 3.20 — 0.0011
1 — 0.0157 1 — 0.0057 1 — 0.0024 1 — 0.0011
2 — 0.0153 2 — 0.0056 2 — 0.0023 2 — 0.0011
3 — 0.0150 3 — 0.0055 3 — 0.0023 3 — 0.0011
4 — 0.0147 4 — 0.0054 4 — 0.0023 4 — 0.0011
5 — 0.0144 5 — 0.0053 5 — 0.0022 5 — 0.0011
6 — 0.0141 6 — 0.0052 6 — 0.0022 6 — 0.0010
7 — 0.0138 7 — 0.0051 7 — 0.0022 7 — 0.0010
8 — 0.0135 8 — 0.0050 8 — 0.0021 8 — 0.0010
9 — 0.0132 9 — 0.0049 9 — 0.0021 9 — 0.0010
1.80 — 0.0129 2.30 — 0.0048 2.80 — 0.0021 3.30 — 0.0010
1 — 0.0126 1 — 0.0047 1 — 0.0020 1 — 0.0009
2 — 0.0124 2 — 0.0047 2 — 0.0020 2 — 0.0009
3 — 0.0121 3 - 0.0046 3 — 0.0020 3 — 0.0009
4 — 0.0119 4 — 0.0045 4 — 0.0019 4 — 0.0009
5 — 0.0116 5 — 0.0044 5 — 0.0019 5 — 0.0009
6 — 0.0114 6 — 0.0043 6 — 0.0019 6 — 0.0009
7 — 0.0112 7 — 0.0043 7 — 0.0019 7 — 0.0009
8 - 0.0109 8 — 0.0042 8 — 0.0018 8 — 0.0009
9 — 0.0107 9 — 0.0041 9 — 0.0018 9 — 0.0009
1.90 — 0.0105 2.40 — 0.0040 2.90 — 0.0018 3.40 — 0.0009
1 — 0.0103 1 — 0.0040 1 — 0.0017 1 — 0.0008
2 — 0.0101 2 — 0.0039 2 — 0.0017 2 — 0.0008
3 — 0.0099 3 — 0.0038 3 — 0.0017 3 — 0.0008
4 — 0.0097 4 — 0.0038 4 — 0.0017 4 — 0.0008
5 — 0.0095 5 — 0.0037 5 — 0.0016 5 — 0.0008
6 — 0.0093 6 — 0.0036 6 — 0.0016 6 — 0.0008
7 — 0.0091 7 — 0.0036 7 — 0.0016 7 — 0.0008
8 — 0.0089 8 — 0.0035 8 — 0.0016 8 — 0.0008
9 — 0.0087 9 — 0.0034 9 — 0.0015 9 — 0.0008
2.00 — 0.0085 2.50 — 0.0034 3.00 — 0.0015 3.50
1 — 0.0084 1 — 0.0033 1 — 0.0015 a — 0.0007
2 — 0.0082 2 — 0.0033 2 — 0.0015 3.61
3 - 0.0081 3 — 0.0032 3 — 0.0014 'X 6.1
4 — 0.0079 4 — 0.0032 4 — 0.0014 a a nnn£
5 — 0.0078 5 — 0.0031 5 — 0.0014 a — u.uUvO "X 74
6 — 0.0076 6 — 0.0031 6 — 0.0014
7 — 0.0075 7 — 0.0030 7 — 0.0014 3.75
8 - 0.0073 8 — 0.0030 8 — 0.0013 a — 0.0005
9 — 0.0072 9 — 0.0029 9 - 0.0013 3.90
ANEXO I I - d. A r e a r e c t a n g u l a r u n i f o r m e m e n t e c a r g a d a . ( C a s o d e B o u s s i n e s o ) .
MECANICA DE SUELOS (II) 45
r/z Po r/z Po r/z P» r/z Po
3.91
a — 0.0004
4.12
4.13
a — 0.0003
4.43
4.44
a - 0.0002
4.90
4.91
a — 0.0001
6.15
ANEXO H-e
Valores de influencia para área circular uniformemente cargada
Solución de Boussinesq
<7, — W Wo
r/z w„ r/z w. r/z w0 r/z w0
.00 — 0.00000
1— 0.00015
2 — 0.00060
3 — 0.00135
4 — 0.00240
5 - 0.00374
6 - 0.00538
7-0.00731
8 — 0.00952
9-0.01203
.30 — 0.12126
1-0.12859
2 — 0.13605
3 — 0.14363
4-0.15133
5-0.15915
6 — 0.16706
7 — 0.17507
8 — 0.18317
9-0.19134
.60 - 0.36949
1— 0.37781
2 — 0.38609
3 — 0.39431
4 — 0.40247
5 — 0.41058
6 — 0.41863
7 — 0.42662
8 - 0.43454
9-0 .44240
.90 - 0.58934
1 -0.59542
2-0.60142
3 — 0.60734
4-0.61317
5-0.61892
6 — 0.62459
7 — 0.63018
8 — 0.63568
9 — 0.64110
.10-0.01481
1-0.01788
2 — 0.02122
3 - 0.02483
4 - 0.02870
5 — 0.03283
6 — 0.03721
7-0.04184
8 - 0.04670
9-0.05181
.40 — 0.19959
1 — 0.20790
2-0.21627
3 — 0.22469
4-0.23315
5 — 0.24165
6 — 0.25017
7 — 0.25872
8 — 0.26729
9 — 0.27587
.70 - 0.45018
1— 0.45789
2-0.46553
3 — 0.47310
4-0.48059
5-0.48800
6 — 0.49533
7 — 0.50259
8-0.50976
9-0.51685
1.00-0.64645
1— 0.6517!
2 - 0.65690
3 — 0.66200
4 - 0.66703
5-0.67198
6 — 0.67686
7 — 0.68168
8-0.68639
9-0.69104
.20 — 0.05713
1— 0.06268
2 — 0.06844
3 - 0.07441
4 - 0.08057
5 - 0.08692
6 — 0.09346
7-0.10017
8-0.10704
9-0.11408
.50-0.28446
1— 0.29304
2 — 0.30162
3 — 0.31019
4-0.31875
5 - 0.32728
6 — 0.33579
7 — 0.34427
8 — 0.35272
9 — 0.36112
.80 — 0.52386
1— 0.53079
2 — 0.53763
3 — 0.54439
4-0.55106
5-0.55766
6-0.56416
7 — 0.57058
8 — 0.57692
9 — 0.58317
1.10 - 0.69562
1— 0.70013
2 — 0.70457
3 - 0.70894
4-0.71324
5-0.71747
6-0.72163
7 — 0.72573
8-0.72976
9 — 0.73373
46 CAPITULO II
r /z IVe
1.20 — 0.73763
1— 0.74147
2 — 0.74525
3 — 0.74896
4 — 0.75262
5 — 0.75622
6 — 0.75976
7 — 0.76324
8 — 0.76666
9 — 0.77003
1.30 — 0.77334
1— 0.77660
2 — 0.77981
3 — 0.78296
4 — 0.78606
5 — 0.78911
6 — 0.79211
7 — 0.79507
8 — 0.79797
9 — 0.80083
1.40 — 0.80364
1— 0.80640
2 — 0.80912
3 — 0.81179
4 — 0.81442
5 — 0.81701
6 — 0.81955
7 — 0.82206
8 — 0.82452
9 — 0.82694
1.50 — 0.82932
1— 0.83167
2 — 0.83397
3 — 0.83624
4 — 0.83847
5 — 0.84067
r /z w0
1.56 — 0.84283
7 — 0.84495
8 — 0.84704
9 — 0.84910
1.60 — 0.85112
1— 0.85312
2 — 0.85607
3 — 0.85700
4 — 0.85890
5 — 0.86077
6 — 0.86260
7 — 0.86441
8 — 0.86619
9 — 0.86794
1.70 — 0.86966
1— 0.87136
2 — 0.87302
3 — 0.87467
4 — 0.87628
5 — 0.87787
6 — 0.87944
7 — 0.88098
8 — 0.88250
9 — 0.88399
1.80 — 0.88546
1— 0.88691
2 — 0.88833
3 — 0.88974
4 — 0.89112
5 — 0.89248
6 — 0.89382
7 — 0.89514
8 — 0.89643
9 — 0.89771
1.90 — 0.89897
r /z iVo
1.91— 0.900212 — 0.90143
3 — 0.90263
4 — 0.90382
5 — 0.90498
6 — 0.90613
7 — 0.90726
8 — 0.90838
9 — 0.90948
2.00 — 0.91056
2 — 0.91267
4 — 0.91472
6 — 0.91672
8 — 0.91865
2.10 — 0.92053
.15 — 0.92499
.20 — 0.92914
.25 — 0.93301
.30 — 0.93661
.35 — 0.93997
.40 — 0.94310
.45 — 0.94603
.50 — 0.94877
.55 — 0.95134
.60 — 0.95374
.65 — 0.95599
.70 — 0.95810
.75 — 0.96009
.80 — 0.96195
.85 — 0.96371
.90 — 0.96536
.95 — 0.96691
3.00 — 0.96838
.10 — 0.97106
.20 — 0.97346
.30 — 0.97561
3.40 — 0.97753
.50 — 0.97927
.60 — 0.98083
.70 — 0.98224
.80 — 0.98352
.90 — 0.98468
4.00 — 0.98573
.20 — 0.98757
.40 — 0.98911
.60 — 0.99041
.80 — 0.99152
5.00 — 0.99246
.20 — 0.99327
.40 — 0.99396
.60 — 0.99457
.80 — 0.99510
6.00 — 0.99556
.50 — 0.99648
7.00 — 0.99717
.50 — 0.99769
8.00 — 0.99809
9.00 — 0.99865
10.00 — 0.99901
12.00 — 0.99943
14.00 — 0.99964
16.00 — 0.99976
18.00 — 0.99983
20.00 — 0.99988
25.00 — 0.99994
30.00 — 0.99996
40.00 — 0.99998
50.00 — 0.99999 100.00— 1.00000oo — 1.00000
ANEXO n-f
MECANICA DE SUELOS (II) 47
FIG. Il-f. Caria de Nevmark
R EFER EN CIAS
1. Boussinesq, J. — Application des potenciéis á Vetude de f equilibre et da mouve-
ment des solides élastiques — Paris— 1885.
2. Fadum. R. E. — Influence valúes for vertical stresses in a semi-infinite, elas-
tic solid due to surface loads — Universidad de Harvard. Escuela de Gra
duados— 1941.
3. Westergaard, H. M. — A problem of Elasticity suggested bu a problem in Soil
Mechamos. Soft material reinforced by numeróos strong horizontal sheets —
Contributions to the Mechantes of Solids — Stephen Timoshenko, 60th.
Anniversary volume — 1938.
4. Jürgenson, L. — The application o í tbeoríes■ o f Etasticity and Plasticity to
foundation problems — Contributions to Soil Mechanics — Boston Society
of Civil Engineers — 1925-1940.
5. Gray, H. — Charts facilítate Determination o f stresses under loaded arcas —
Civil Engineering — Junio 1948.
6. Newmark, N. M. — Influence chatis for the computation o f stresses in elas-
tic foundations — Boletín N* 45. Vol. 44 — Universidad de Illinois — 1942.
7. Mindlin, R. D . — Contribution au probleme d"equilibre d’élasticité d’un solide
indefiné limité par un plan — "Comptes Rendus” — 201-536-537 — 1935.
8. Sneddon, I. N. — Fourier Transfotms — Me Graw-Hill Book Co. — 1951.
9. Green, A. E. y Zema, W . — Theoretical Elasticity — Oxford University
Press— 1954.
10. Timoshenko, S. y Goodier, J. N .— Theory o f Etasticity — McGraw-Hill
Book Co. — 1951.
11. Westergaard, H. M. — Theory o f Elasticity and Plasticity — John Wiley
and Sons— 1952.
12. Burmister, D. M. — The Theory o f stresses and displacements in layered
systems and application to the design o[ airport runways — Proc. Highway
Research Board— 1943.
13. Burmister, D. M. — The General Theory o f stresses and displacements in
layered soil systems — Journal of Applied Physics — Vol. 16— 1945.
14. Burmister, D. F. — Evaluation o f Pavement systems o f the W ASHD Road
test by layered systems methods — Highway Research Board— Bulletin
177— 1958.
15. Hruban, K .— The basic probtem o f a non-linear and non-homogeneous half
space — Non homogeneity in Elasticity and Plasticity •— Olszak Editor — Per-
gamon Press — 1959.
48 CAPITULO II
BIBLIOGRAFIA
J/T heoretical Soil Mechanics — K. Terzaghi-— John W iley and Sons — 1956.
J Soils Mechanics, Foundations and Earth Structures — G. P. Tschebotarioff —
/ McGraw-Hill Book Co. — 1957.
J Fundamentáis o f Soil Mechanics — D. W . Taylor — John Wiley and Sons —
/ 1956.
' Mecánica de Suelos — J. A. Jiménez Salas — Ed. Dossat— 1954.
J Traité de Mecanique des Sois — J. Caquot y J. Kerissel — Gauthier-Villars—
1956.
''Theory o f Elasticity — S. Timoshenko y J. N. Goodier — McGraw-Hill Book Co.
— 1951.
Theoretical Elasticity — A. E. Green y W . Zema — Oxford University Press —
1954
Theory o f Elasticity and Plasticity — H. M. Westergaard — Harvard University
Press y John W iley and Sons—'1952
Fourier Transforma — I. N. Sneddon-— McGraw-Hill Book C o.— 1951
CAPITULO III
ANALISIS DE ASENTAMIENTOS
m -1. Introducción
En el Capítulo X, correspondiente al Volumen I de esta obra,
se discutieron los conceptos fundamentalés relativos a la magnitud
y evolución de los asentamientos que tienen lugar en un estrato de
suelo compresible, sujeto a cargas. Implícitamente se supuso allí que
el incremento de presión aplicado al estrato (Ap) era uniforme en
todo el espesor del mismo. Por otra parte, en el Capítulo II se ha
tratado lo relativo a la transmisión de esfuerzos al interior de la masa
de suelo, provocados por cargas impuestas en la frontera del estrato
considerado. En el presente capítulo se discutirá el como tomar en
cuenta, para fines de cálculo, la no uniformidad del incremento de
presión transmitido al estrato compresible.
Además de tratar el cálculo de asentamientos en suelos plásticos
compresibles, se incluye en el capítulo también una discusión de los
métodos de cálculo de asentamientos en suelos arenosos finos y
limosos, de estructura suelta, que son susceptibles de experimentar
fuerte compresión volumétrica por efecto de carga combinada con
una condición de saturación rápida. También se incluyen algunos
comentarios sobre los métodos usados hasta hoy para el cálculo de
asentamientos en los suelos friccionantes, en general.
m -2. Asentamientos en suelos plásticos compresibles
En el Capítulo X del Volumen I de esta obra se obtuvo la
fórmula general que permite calcular el asentamiento por consoli
dación de un estrato de espesor H. Dicha fórmula es:
^ = T T 7 7 » <*■»>
En el caso en que los incrementos de presión (Ap) transmitidos
al suelo varíen con la profundidad o en el que Ae/I + e0 varíe apre-
ciablemente a lo largo del espesor del estrato, por ejemplo, por efecto
de preconsolidación en parte de él, se hace necesario expresar la
49
5—Mecánica de Suelos II
50 CAPITULO III
ec. 3-1 en forma diferencial y obtener el asentamiento total por un
proceso de integración a lo largo del espesor del estrato.
Puede entonces escribirse:
A d z = Ae
1 + e0
Lo cual, integrado da:
A ^ = f A L_
Jo 1 + e0 d z
(3-2)
(3-3)
Considerando a la frontera superior del estrato compresible como
origen de las z. La ec. 3-3 es la ecuación general para el cálculo
del asentamiento total por consolidación primaria, supuesto un pro
ceso unidimensional de consolidación.
La ec. 3-3 sugiere un método simple de trabajo para valuar los
asentamientos en un caso práctico dado (fig. III- l) .
Si se tienen pruebas de consoli
dación efectuadas sobre muestras
inalteradas representativas de un
estrato compresible a diferentes
profundidades, se contará con una
curva de compresibilidad para
cada prueba, representativa del
comportamiento del suelo a esa
profundidad, (parte a de la fig.
III- l) . Sobre esas gráficas podrá
llevarse el valor de p0, presión
actual efectiva del suelo a esa
profundidad: con tal valor podrá
obtenerse el correspondiente e0: a
continuación, podrá llevarse, a par
tir de p0, el valor Ap, determinado
según los métodos que se despren
den del Capítulo II y que repre
senta el nuevo esfuerzo efectivo
que deberá aceptar la fase sólida
del suelo cuando éste se haya
consolidado totalmente bajo la
nueva condición de cargas exterio
res, representada por la estructura
cuyo asentamiento se calcula. La
ur ni. U ü J , Li •• j ordenada del valor p ~ p 0 + Ap FIG. III-l. Métodos para la obtención de . . \ r- i , - .
la curva de influencia de los proporcionara la e final que, teori-
as en ta m ien io s camente, alcanzará el suelo a la
a = a h ■■ Curvo de inf luencto
de o se n to m ie n to s
(bi
profundidad de que se trate. Puede así determinarse Ae = e — e0 y,
por lo tanto, Ae/1 + e„.
En la parte b de la fig. III-l se muestra la gráfica Ae/1 + e„ — z,
que deberá trazarse una vez determinados sus puntos por el proce
dimiento anterior aplicado a las distintas profundidades.
Basta verla fórmula 3-3 para notar que el área entre 0 y H
bajo la gráfica anterior, llamada curva de influencia de los asenta
mientos. proporciona directamente el valor de AH.
En algunos casos especiales los asentamientos pueden calcularse
con métodos que son simplificación del anterior. Por ejemplo, en el
caso de un estrato compresible, homogéneo, de pequeño espesor,
en que el coeficiente mv pueda considerarse constante para el inter
valo de presiones en que se trabaja, puede escribirse:
AH = f -7 —T“— dz — f mv. Ap.dz = mv [ Apdz (3-4)
J 0 1 + e0 Jo Jo
La integral representa el área de incremento de presiones entre
las profundidades 0 y H y puede calcularse gráficamente.
Si además Ap puede considerarse constante en el espesor tratado,
la fórmula 3-4 se reduce simplemente a:
A// = mv Ap H (3-5)
La ec. 3-5 goza de una popularidad seguramente inmerecida,
dadas sus limitaciones, no siempre tenidas en cuenta por los que
la usan.
MECANICA DE SUELOS (II) 51
III-3. Método empírico para el trazado de la corva de
compresibilidad
En algunas ocasiones no se tienen los datos pertinentes de con
solidación para poder proceder al trazado de la curva de compresi
bilidad. La causa más frecuente suele ser simplemente el no efectuar
las pruebas de consolidación necesarias.
Él Dr. Terzaghi, a partir de investigaciones experimentales efec
tuadas por distintos investigadores y de otras propias, ha propuesto
una correlación empírica que permite calcular el índice de compresi
bilidad Cc (ver párrafo X-3 del Volumen I de esta obra) a partir
de las características de plasticidad del suelo. Como se discutió en el
capítulo respectivo, la compresibilidad de los suelos aumenta con
el límite líauido. De los resultados de los experimentos mencionados,
Terzaghi propone la siguiente correlación para arcillas remoldeadas
Ce = 0.007 (LL - 10) (3-6)
Para arcillas inalteradas normalmente consolidadas, la ec. 3-6 se
modifica de modo que el índice de compresibilidad Cc resulta alrede
dor de un 30% mayor:
Cc = 0.009 (LL — 10) (3-7)
Las ecs. 3-6 y 3-7 permiten trazar la curva de compresibilidad
en el tramo virgen, de trazo recto en papel semilogarítmico, siempre
que se conozca un punto de ella, que puede determinarse con la
presión efectiva inicial actuante sobre una muestra dada y la relación
de vacíos de la misma.
Debe notarse, sin embargo, que los investigadores reportan dis
crepancias del orden de ± 30% en las correlaciones anteriores y, a
juicio de los autores, éstas podrían aún ser mayores, por lo cual de
ningún modo debe pensarse que los métodos anteriores puedan subs
tituir hoy a los emanados de las pruebas de consolidación.
m -4. Asentamientos en suelos arenosos finos y limosos, sueltos
En la naturaleza es común encontrar depósitos eólicos cemen
tados o no, de estructura generalmente panaloide o simple, bastante
suelta, constituidos por arenas muy finas o limos no plásticos. En
muchos casos el cementante que actúa es el carbonato de calcio,
siendo también frecuentes otros también solubles en agua; en otros
casos, la simple tensión capilar del agua intersticial efectúa el mismo
papel. El loess es un material típico de esta clase.
Es característico de estos suelos, el hecho de que al saturarse o
alcanzar un alto grado de saturación entre en verdadero colapso su
estructura, sobre todo bajo carga, con la consecuencia práctica de
producirse un fuerte asentamiento brusco del estrato. Este fenómeno
ocurre cuando el aguá de saturación disuelve el cementante existente o
bien rompe la tensión capilar del agua intersticial previamente
actuante. Es obvio que este hecho es grave para cualquier estructura
sobreyaciente.
Aunque diversos especialistas han desarrollado métodos para es
timar estos asentamientos, es un hecho cierto que no existe una teoría
general confiable que pueda aplicarse a estos fenómenos. El proce
dimiento más lógico para el cálculo de estos asentamientos es el tratar
de duplicar en el laboratorio las condiciones de saturación que pue
dan llegar a presentarse en el campo. Así, podrán hacerse en labo
ratorio pruebas del tipo de la de consolidación, sobre muestras
inalteradas del material, aplicando las cargas que actuarán en la obra
y saturando por capilariaad la muestra en estas condiciones. Las
mediciones efectuadas en esta prueba permitirán calcular la varia
ción de la relación de vacíos del material que haya tenido lugar y
52 CAPITULO III
con ello poder hacer una estimación de los asentamientos en el
campo. En los suelos predominantemente arenosos cabe mencionar
que, compactando el material en el laboratorio de modo de obtener
la e mínima, se puede llegar a calcular una cota superior del asen
tamiento que pudiera llegar a presentarse. En efecto, la e mínima,
correspondiente al estado más compacto posible de esa formación
en particular, comparada con la relación de vacíos natural, permitirá
calcular el cambio en oquedad que pueda presentarse en el caso más
desfavorable imaginable (por ejemplo, aquél en que, coexistiendo con
las cargas permanentes actuantes, puedan presentarse otras de tipo
transitorio, tales como vibraciones, sismos, etc. después de que el
material se haya saturado). El procedimiento de cálculo, una vez
obtenidos los valores Ae y e0, es totalmente similar' al empleado en el
párrafo anterior para el análisis de la compresibilidad de arcillas;
la fórmula a aplicar sería también la:
1 + e„
MECANICA D E SUELOS (II) 53
m-5. Cálculo de asentamientos por métodos elásticos
La Teoría de la Elasticidad permite resolver muchos problemas
de deformación bajo muy diversas condiciones del medio elástico,
siempre y cuando se hagan respecto a ese medio hipótesis de compor
tamiento, de tipo simplificatorio. Desgraciadamente, la naturaleza de
tales hipótesis es tal que, salvo muy contados casos, las soluciones
obtenidas para las diferentes condiciones bajo estudio tienen un
valor muy discutible en su aplicación a los suelos. Sin embargo, la
presentación de algunas soluciones específicas es útil, pues permiten,
por lo menos, la valuación del orden de magnitud de los desplaza
mientos en algunos casos de interés que carecen de soluciones más
apropiadas.
En el Anexo Ill-a se discute con mayor detalle algunas de las
conclusiones a que puede llegarse usando la mencionada Teoría de
la Elasticidad.
En primer lugar ha de mencionarse el hecho de que por ser los
suelos no homogéneos y anisótropos, se apartan decisivamente de las
hipótesis usualmente atribuidas al medio elástico. Sin embargo, el
hecho más importante estriba en que los suelos no son elásticos y
menos aún linealmente elásticos, como tendría que ser para caer en
el campo de aplicabilidad de la mayoría de las soluciones teóricas.
Lo que en los suelos pudiera considerarse módulo de elasticidad
aumenta con la profundidad, al aumentar la sobrecarga impuesta;
esto es particularmente importante en los suelos granulares. Por otra
parte, la relación de Poisson es muy difícil de medir, aparte de que va
ría con gran cantidad de factores y todo tiende a indicar que, en
suelos, dicha relación no tiene el sentido específico que se le atri
buye en otros campos de la ingeniería y que, en el futuro, los con
ceptos E y p,, se substituirán por parámetros más representativos del
comportamiento mecánico de los suelos.
En efecto, en relación a las citadas constantes elásticas pudiera
decirse que, aún y cuando se aplique a los suelos el criterio, hoy tari
extendido, de los esfuerzos efectivos, salvo en muy contadas excep
ciones, los valores de E y p, cambiarán constantemente, tanto con el
nivel de esfuerzos aplicados al suelo, como con la velocidad de apli
cación de dichos esfuerzos, la historia previa de preconsolidación y
de deformación y con otros factores de menor cuantía, de modo
que se borra por completo la utilidad de tales parámetros, supuestos
constantes, con mayor razón, en otros campos de la ingeniería.
Afortunadamente, sin embargo, pese alo expuesto arriba, en
muchos casos prácticos las distribuciones de esfuerzos que se obtienen
mediante la aplicación de la Teoría de la Elasticidad, han resultado
satisfactorias en sus confrontaciones con el experimento. (Por ejem
plo, véanse las experiencias de Plantema1.) Los desplazamientos,
empero no resultan tan satisfactorios y, a menudo, se desvían defi
nitivamente de los observados, por lo que, en Mecánica de Suelos, a
partir de distribuciones elásticas de esfuerzos, usadas frecuentemen
te, se prefiere desarrollar métodos propios para el cálculo de defor
maciones. El ejemplo clásico de tal proceder es el cálculo de asenta
mientos por consolidación en estratos de arcilla, con la Teoría de
Terzaghi.
m -6. Cálcalo de expansiones
En muchos problemas prácticos, principalmente en lo que toca
a aquellos casos en que el suelo es descargado, como en una exca
vación por ejemplo, es de interés poder determinar las expansiones
que tienen lugar por la descarga efectuada. Esencialmente el pro
blema es parecido al del cálculo de asentamientos y, hasta cierto
punto, con las ideas atrás expuestas se podría desarrollar un proce
dimiento similar para llegar a la meta propuesta. Sin embargo, la
expansión presenta algunas peculiaridades dignas de señalarse y es
conveniente discutir, con base en idealizaciones, algunos conceptos
que no son evidentes, pero que pueden servir de base para analizar
con buen criterio un caso real.
Considérese, primeramente, un suelo de superficie horizontal,
arcilloso y homogéneo, antes de ser descargado.* Para facilidad de
exposición se supone que el nivel freático coincide con la superficie
del terreno. El estado de esfuerzos neutrales, efectivos y totales será
el que se muestra con las líneas punteadas de la fig. III-2. Supóngase
54 CAPITULO III
MECANICA DE SUELOS (II) 55
u P P
FIG . 111-2. Distribución de esfuerzos verticales bajo el fondo de una excavación de
extensión infinita
ahora que se efectúa una excavación instantánea de profundidad h
y de extensión infinita. La presión total removida será ym h y, con
secuentemente, el diagrama de presiones totales se reducirá en esa
cantidad; como el estado de esfuerzos efectivos en la masa del suelo no
puede cambiar instantáneamente, el agua que satura al suelo
tomará la descarga, disminuyendo el diagrama de esfuerzos neutra
les también en la magnitud ym h . Como quiera que la presión original
del agua a la profundidad h era y wh , la nueva presión a esa pro
fundidad, después de la excavación instantánea será:
y ,o h — y mh = — y 'm h
o sea que aparece en el agua una tensión igual a la presión efectiva
a la profundidad h , que en este caso es el peso específico sumergido
del suelo por dicha profundidad.
Debe notarse que, por ser la excavación de extensión infinita
y por ser la nueva ley de presiones en el agua lineal y paralela a la
original, esta nueva distribución de presión es hidrostática y, por lo
tanto, de equilibrio, por lo que el agua no fluirá en ninguna direc
ción; por ello, el anterior estado de presiones neutrales, efectivas y
totales se mantendrá en el tiempo y corresponderá tanto al momento
inicial de la excavación, como a cualquier tiempo subsecuente. Las
presiones efectivas, que se mantienen en el suelo, no permitirán,
en este caso, ninguna expansión.
Al observar el diagrama de presiones en el agua después de la
excavación (líneas llenas de la fig. III-2) se nota que el nivel al
cual la presión neutral es nula (nivel freático) corresponde a la
profundidad.
2U = — /> (3-8)
Yw
Este abatimiento del nivel freático es, teóricamente, inmediato
a la remoción del material excavado. Así, basta con excavar el sue
lo a la profundidad h (en extensión infinita) para lograr que el
nivel freático se abata al valor h + z0 es decir, la profundidad z0
bajo el fondo de la excavación.
Supóngase ahora (fig. III-3) que en el subsuelo del caso anterior
existiese un manto arenoso acuífero, en el que se mantenga la presión
del agua. Si se realiza una excavación instantánea y de extensión
infinita a la profundidad h, los diagramas de presiones inmediata
mente después de efectuada la excavación serán idénticos a los del
análisis anterior, excepto en la zona del acuífero, en donde la presión
neutral no cambia, pero la presión efectiva se verá disminuida en la
magnitud f mh. Si d es la profundidad a que se localiza el acuífero,
la nueva presión efectiva en la frontera superior de éste, inmediata
mente después de efectuada la excavación (t = 0) será:
;p = Y ’md — Y mh
56 CAPITULO III
FI& . 111-3. Distribución de esfuerzos verticales bajo e l fondo de una excavación de
extensión infinita, con un manió acuífero
El valor mínimo a que puede llegar la presión efectiva en la
arena es, evidentemente, cero. En este caso límite se tendrá la máxi
ma profundidad (h) a que puede llevarse la excavación, sin que la
presión neutral en el acuífero (subpresión) levante el fondo, pro
vocando una falla. Esta profundidad será:
hCzit = — d (3-9)y Til
En la fig. III-3 se ha supuesto h < h C IÍt y en este caso, a partir
del instante de la excavación ( t = 0) se inicia un proceso de expan
sión tanto en el estrato arcilloso sobre el acuífero, como en la masa de
arcilla subyacente; este proceso es producido por el flujo del agua
que entra en la arcilla procedente del acuífero. Este proceso de ex
pansión aumenta las presiones neutrales en los estratos arcillosos,
disminuyendo, correspondientemente, las presiones efectivas. En la
fig. III-3 se han dibujado isócronas correspondientes a t = t, un
instante intermedio del proceso; el estado final de las presiones en el
estrato superior de arcilla dependerá de las condiciones de frontera
en el fondo de la excavación; si se supone que toda el agua que
aflora en el fondo de la excavación se drena conforme brota, el
estado final estará dado por las lineas t — oo. En el estrato inferior,
por ser semi-infinito, el proceso de expansión continuará indefinida
mente, si bien a velocidad decreciente y el estado final de presio
nes es el de las líneas t — oo, tal como se muestra en aquella zona
en la misma fig. III-3.
El proceso de expansión analizado es sólo unidimensional y el
flujo del agua es vertical. Por lo tanto, los datos obtenidos del
tramo de descarga de una prueba de consolidación son, en principio,
aplicables.
El bufamiento del fondo de la excavación en un tiempo t tiene,
en un caso como el analizado arriba, dos componentes: el bufamien
to ocurrido en el estrato de arcilla de espesor finito que sobreyace al
acuífero y el que corresponde a la masa semi-infinita situada debajo.
En primer lugar se discutirá el proceso de expansión del estrato
finito.
Un elemento de suelo a la profundidad z estará, antes de efectuar
la descarga, sujeto a una presión efectiva p[ = y'mZ y pasará, al
final de la expansión, a una presión p2, que puede determinarse como
arriba se discutió. Si a una muestra representativa del suelo a esa
profundidad z se le hace una prueba de consolidación, llegando a una
carga máxima de pi y descargándola después a partir de ese valor
hasta p2 como mínimo, en el tramo de descarga de la curva de com
presibilidad así obtenida podrá determinarse la variación Ae corres
pondiente al suelo en la descarga efectuada. Procediendo en forma
análoga para otras profundidades se podrá dibujar la curva
[Ae/ (1 -f- e0) ] — z, de influencia de los bufamientos, la cual cubre
un área que, a la escala correspondiente, mide el bufamiento total del
estrato finito. El bufamiento en el tiempo t podrá determinarse estu
diando la evolución de la expansión con el tiempo, en la misma
forma en que previamente se estudió la del asentamiento primario
(punto X - l l del Volumen I de esta obra).
Los conceptos av, mv y C„ de la Teoría Unidimensional de la
Consolidación tienen sus correspondientes conceptos análogos a„„
mv, y C»s para la descarga, que pueden usarse en los mismos casos
MECANICA DESUELOS (II) 57
58 CAPITULO III
y en forma análoga a la discutida en el Volumen I de esta obra
(Capítulo X ) y en este mismo capítulo.
En cuanto a la masa semi-infinita colocada bajo el acuífero, su
bufamiento total será, teóricamente, infinito, por lo que sólo tiene
sentido práctico calcular el bufamiento para un tiempo finito t. La
expresión (10-d .l) del Anexo X-d del Volumen I de esta obra,
permite efectuar ese cálculo, usando ahora el av„ correspondiente a la
descarga del suelo.
Nótese que el punto clave para que la expansión pueda tener
lugar está en el hecho de que el acuífero mantenga su presión neutral;
si, por algún método artificial, esta presión se abate al valor ymh,
(fig. III-3) el proceso de expansión no podrá tener lugar. Esto se
puede realizar en la práctica por medio de pozos en que se bombee
la cantidad adecuada de agua del acuífero; así se logrará convertir
este caso en otro, análogo al primeramente tratado en esta sección, en
que no existía ningún acuífero. En el Volumen III de esta obra se
tratará detalladamente este método, hoy tan difundido en la práctica.
Si en el caso ahora analizado el acuífero fuese un sistema hidráu
licamente cerrado, es decir, que careciese de una fuente de agua
(por ejemplo, el caso de una lente arenosa de extensión finita), la
presión neutral en el estrato arenoso bajará instantáneamente al salir
el agua y el proceso de expansión no se verificará (en realidad, por
ser el agua incompresible teóricamente, bastará que salga cualquier
cantidad de agua, por poca que sea, para aliviar la presión neutral
en el estrato de arena); este caso se vuelve, así, similar al primero
tratado en esta sección, en el que se tenia una masa de suelo arcilloso
homogénea.
En las obras reales no se tienen, naturalmente, excavaciones de
extensión infinita. Las ideas anteriores, sin embargo, constituyen
la base del criterio para discutir las excavaciones finitas, más o me
nos idealizadas. En la fig. III-4 se muestra el caso de una excavación
finita realizada en un medio arcilloso homogéneo; el nivel freático
se considera a una profundidad
_ . J s . ______ EXCAVACION DE
EXTENSIÓN FINI IA.
h0 a partir de la superficie. En
►— este caso, el efecto de la exca
po rodioi vación no será uniforme en todo
el manto en lo que a disminu
ción de presiones totales se re-
s * / \ fiere, sino que esta disminución
f I ^ habrá de ser estimada en los di-
f \ ferentes puntos usando la Teo
ría de Boussinesq, por ejemplo.
Fimo pío funda En una primera aproximación
FIG. II1-4. E sc u e la del flujo de aguo Podrá af™ r s e q u e lo que dis-
hacia una excavación de ex- minuye la presión neutral en
tensión finita cada punto de la masa será lo
que disminuya la presión total (recuérdese el primero de los dos
casos de excavación infinita arriba tratados); por ello, la presión
neutral disminuirá más en las zonas centrales de la excavación y
en los niveles próximos al fondo y estas disminuciones serán cada
vez menores según se alcancen los bordes de la excavación (o fuera
de ella) y según se profundice en la masa de arcilla homogénea.
Esto da origen a un flujo de agua del exterior hacia el centro y de
las zonas profundas hacia el fondo de la excavación (fig. III-4).
La masa de suelo bajo la excavación se expandirá, por lo tanto,
más en el centro del fondo de ésta y la expansión irá disminuyendo
hacia la periferia. Según ya se dijo, por lo general la permeabilidad
es mayor en la dirección horizontal que en la vertical en depósitos
naturales de arcilla, por lo que el flujo radial hacia la excavación
influye más en la expansión que el vertical, proveniente de zonas
profundas. Ha de hacerse notar en forma muy predominante que
el simple hecho de efectuar la excavación en la masa arcillosa dismi
nuyó las presiones neutrales bajo ella y si se llama nivel freático
al lugar geométrico de los puntos en que la presión neutral es nula
(con origen de presión en la atmosférica), este nivel se habrá abati
do por sí mismo aún más abajo que el fondo de la excavación al
efectuar ésta.
Si bajo el fondo de la excavación hay estratos permeables de
Sran extensión que funcionen como abastecimientos de agua, éstos arán que el proceso de expansión sea mucho más rápido (revísense
las ideas correspondientes al segundo caso discutido de excavación
infinita). Para reducir a un mínimo la velocidad de expansión en el
fondo de una excavación se ha recurrido en la práctica a lo que
resulta obvio tras haber discutido los casos de excavación de exten
sión infinita; en primer lugar se han usado tablestacados más o menos
profundos en los bordes de la excavación, lo cual impide el flujo
radial y permite sólo el vertical, mucho más lento; en segundo lugar
se ha recurrido al uso de pozos de bombeo y otros métodos (electrós-
mosis, por ejemplo) para abatir las presiones neutrales en puntos
específicos y en las zonas próximas a ellos, a fin de constituir una
verdadera pantalla de depresión en torno a la excavación que inter
cepte el flujo horizontal. Como quiera que estas excavaciones nor
malmente son provisionales y se construyen para existir durante un
tiempo relativamente breve, se logra así que en ese tiempo la expan
sión no alcance valores de consideración.
El hecho de que en suelos permeables, como las arenas y las gra
vas, se tenga que recurrir literalmente a abatir el nivel freático para
poder efectuar una excavación en seco, ha hecho pensar frecuen
temente que esto debe lograrse también en arcillas, sin tomar en
cuenta que, en estos materiales, el nivel freático baja por sí mismo
cuando se excava.
MECANICA DE SUELOS (II) 59
Las excavaciones reales no son instantáneas, sino que se efectúan
en un lapso de tiempo. Esto no invalida los razonamientos anteriores;
lo que sucede es que los abatimientos de presión neutral ocurrirán
según la descarga se efectúa.
ANEXO Ill a
Métodos elásticos para el cálculo de asentamientos
Estos métodos tienen una aplicación m'uy limitada en la práctica
de la Mecánica de Suelos, por los motivos expuestos en el cuerpo de
este capítulo. Una de sus aplicaciones podría ser el cálculo de los
asentamientos instantáneos que ocurren al actuar una carga en un
suelo que pudiera considerarse homogéneo, elástico e isótropo. Entre
estos suelos se cuentan por ejemplo algunas arcillas preconsolidadas
o normalmente consolidadas cuando el espesor del estrato no es muy
grande y también aquellos materiales arcillosos cementados que prác
ticamente no se consolidan, debido a la acción del cementante.
En materiales granulares estos métodos no son aplicables, por
no cumplirse definitivamente las hipótesis aceptadas, sobre todo las
referentes a las constantes elásticas. En arenas, lo que pudiera
considerarse el módulo de elasticidad, aumenta con el confinamiento,
es decir, con la profundidad, y crece también en las zonas centrales
de las áreas cargadas, por efecto análogo. Análogamente, lo que
pudiera considerarse la relación de Poisson varía con la compacidad
de la arena y con la magnitud y el tipo de los esfuerzos aplicados,
fundamentalmente.
III-a.l. Asentamiento elástico bajo una carga concentrada
Si se tiene una carga vertical concentrada actuando en la fron
tera de un medio elástico semi-infinito, se ha tratado de estimar en
ocasiones el asentamiento bajo la carga, siguiendo un método aproxi
mado basado en la fórmula de Boussinesq para el esfuerzo normal
vertical ( fórmula 2-1). El análisis que sigue supone que el efecto
de los esfuerzos restantes es despreciable.
Se sabe que:
3 P z3
» - = 2 ñW<2' »
Para puntos bajo la carga R = z, por lo tanto:
__ 3 P 1
~ 2% z*
Aplicando la Ley de Hooke en su forma más simple, correspon
diente a un estado monoaxial de esfuerzos, se tiene :
60 CAPITULO III
dp = dz
En donde dp representa la deformación vertical del elemento dz
a la profundidad z bajo la carga. Integrando la expresión anterior
entre z e oo ( suponiendo estrato de profundidad infinita)MECANICA DE SUELOS (II) 61
3P [ d z _ 3P T 1 I o
2tiB \ z2 2■kE |_ z J
J s
• = s t b t < 3 - a l )
Nótese que la integración fue hecha a partir del nivel z — z hacia
abajo, para evitar la singularidad que presenta la fórmula de
Boussinesq inmediatamente bajo la carga.
La fórmula obtenida por Boussinesq para el desplazamiento ver
tical de un punto a la profundidad z y radio vector R es:
P = 2 Í F 1̂ + ^ [ 2 1̂ ~ ^ + ( / ? ) 1 ~R (3' a-2)
donde p es la relación de Poisson.
Para puntos bajo la carga, la ec. 3-a.2 se reduce a
P ~ 2kÉ z ^ + — 2P-) (3-a.3)
Debe notarse que la ec. 3-a.l coincide con la 3-a.3 para p = 0.5.
Todas las fórmulas anteriores dan el asentamiento elástico bajo
la carga, no debido a consolidación.
m -a.2. Asentamientos elásticos bajo cargas distribuidas
Se considera en primer lugar el caso de una superficie circular
uniformemente cargada (flexible), en la frontera superior de un
medio semi-infinito, elástico, homogéneo e isótropo. D será el diáme
tro de la superficie y p la magnitud de la presión superficial aplicada.
La deformación vertical bajo el centro del área cargada está dada
por:
S c = d - p 2) | - D (3-8.4)
y en los puntos de la periferia por:
8P = — ( l - p 2) £ D (3-a.5)
7T E
El asentamiento promedio del área circular resulta igual a:
5" = ¿ ( 1 - H 2) J - D (3-a.6)
En el caso de una placa circular rígida, con carga total P, la carga
media por unidad de área resulta
P
pm - w
Donde R es el radio de la placa. El asentamiento bajo cualquier
punto de la placa está dado por:
= - p 2) ^ D (3 -a .7 )
donde D = 2R.
Para cargas distribuidas sobre superficie rectangular flexible,
Steinbrenner 2 resolvió el problema del cálculo de asentamientos bajo
una esquina del rectángulo cargado. El asentamiento elástico entre la
superficie y la profundidad z queda dado por:
p, = -jjr (1 - p2)[~Z, ln B-+ S 4-£ h b + v l 2 + b 2 +z2)
62 CAPITULO III
+ S l n - A ± V H Z ^ Z I Z . | +
B (L + y/L2 + B2 + z2) - ]
p LB
+ a g H - 1 - W * “ » < » + > + <3' a'8)
Lo cual puede escribirse:
?z ~ ~ + ^ ~ l1 ~ 2P2)^*] = (3-a.9)
donde F t y E 2 son funciones de z/B y L/B, con z profundidad en el
suelo, B ancho y L longitud del cimiento. En la fig. III-a.l .a, aparece
una gráfica que proporciona los valores de F 1y F 2 y en la parte b de
la misma figura, una gráfica que da directamente el valor de Eji,
para el caso particular de p = 1 /3.
Si el suelo es homogéneo en toda la masa, el asentamiento elás
tico total podrá obtenerse con las fórmulas anteriores, haciendo
z = oo. Si existe una estratificación con cotas zu z2, etc. y módulos
(q)
« i 3 0 S 3 H 0 1 S A
(D)
(-----) Á. (-----) 'J 30 S3a03»A
m|í
D
de elasticidad Ei, E 2. etc., se podrá hallar el asentamiento total por
suma de los parciales de cada capa. El método de disposición de los
cálculos se reputa como obvio. El procedimiento tiene el gran defecto
de no tomar en cuenta la influencia de las distintas rigideces en la
distribución de los esfuerzos. En la ref. 3 aparece un ábaco modifi
cado de los resultados de Steinbrenner y de maaejo aún más sen
cillo (gráfico de López Nieto).
MECANICA DE SUELOS (II) 63
REFEREN C IA S
1. Plantema, G. — Soil Pressure measurements during loading tests on a tunway
— Proc. Zurich (3-15).
2. Steinbrenner — Tafeln zur Setzungsberechnung — Die strasse"— 1934.
3. Jiménez Salas, J. A. — Mecánica del Suelo. Apéndice 14 — Editorial Dossat
— 1954.
4. Juárez Badillo, E. — Notas no publicadas para clases — Se cubren las ideas
expuestas en todo el párrafo III-6 — México, D. F .— 1961.
BIBLIO GRAFIA
J.Theoretical Soil Mechantes—K. Terzaghi—John Wiley and Sons—1956.
^ S oil Mechanics, Foundations and Earth Structurcs — G. P. Tschebotarioff —
, McGraw-Hill Book Co.— 1957.
̂ .Mecánica del Suelo—J. A. Jiménez Salas—Ed. Dossat—1954.
* Traité de Mecanique des Sois — J. Caquot y J. Kerisel — Gauthier-Villars— 1956.
✓ Meccanica del Terreno e Stabilitá delle Pondazioni — C. Cestelli-Guidi — Ulrico
Hoepli Ed. — 1951.
PRESION DE TIERRAS SOBRE ELEMENTOS DE SOPORTE
C A P IT U L O IV
IV-1. Introducción
En este capítulo se trata el importante tema de la determinación
de las presiones que la tierra ejerce sobre elementos de retención en
cargados de soportarla. En la actual ingeniería se usan generalmente
dos tipos de elementos de soporte: los rígidos y los flexibles. Los
primeros serán denominados aquí genéricamente muros y los se
gundos tablestacas. Los muros se construyen generalmente de mani
postería o de concreto, simple o reforzado. Los tablestacas suelen
ser de acero. Aparte, se dará atención al estudio de ademes de
madera o metálicos en cortes y excavaciones.
Un muro diseñado con el propósito de mantener una diferencia
en los niveles del suelo de sus dos lados se llama de retención. La
tierra que produce el mayor nivel se llama relleno y es el elemento
generador de presión. Este tipo de muros constituye un muy impor
tante grupo de elementos de soporte. En la fig. IV-1 se ilustra la
nomenclatura usual en muros de retención y los principales usos de
éstos.
El primer intento para calcular la presión de tierras sobre ele
mentos de soporte con metodología científica fue realizado por
Ch. A. Coulomb,1 sobre la hipótesis de que la tierra es incompresi
ble, que su deformación antes de la falla es despreciable y que
la falla ocurre a lo largo de superficies planas de deslizamiento: la
resistencia al esfuerzo cortante del suelo fue, naturalmente, inter
pretada por Coulomb por medio de su propia ecuación
s = c + cr tg <¿>
Las teorías y métodos de cálculo expuestos por Coulomb atraje
ron gran atención de parte de todos los ingenieros cuyas prácticas,
hasta entonces ciegamente empíricas, frecuentemente culminaban en
fracasos, y desde entonces su influencia ha sido notoria en el campo
teórico inclusive hasta nuestros días. De hecho puede decirse que
desde la época en que las ideas de Coulomb fueron publicadas las
concepciones de los ingenieros sobre los fenómenos de presión de
tierra no sufrieron variación apreciable, hasta hace sólo algunos años,
en que los avances generales de la Mecánica de Suelos introdujeron
6—Mecánica de Suelos II
65
66 CAPITULO IV
NO M ENCLATU RA EN MUROS DE R E T E N C IO N . R R O C A R R IL .
Evpnldo Relleno
SECCIO N EN BALCO N PARA UN CAMINO O UN F E
ALM ACEN AM IEN TO DE M A TER IA LES ORANULARES
MURO DE R E T E N C IO N PARA AO UAY T IE R R A . MURO SEPA RAD O R EN L A TRAN SICIO N E N T R E 2
SE C C IO N E S DE P R E S A .
FIG. IV-1. Nomenclatura y usos comunes de muros de retención
ideas nuevas en este campo específico. Sin embargo es un hecho his
tórico aleccionador el que las ideas de Coulomb, atractivas teórica
mente, no condujesen en la práctica ingenieril a técnicas que aven
tajasen a sus predecesoras, pues entre teoría y realidad se marcó un
claro divorcio. El problema estribó en una cuestión de interpretación
de las teorías a la luz de la práctica; en efecto, durante años se
aplicaron las ideas de Coulomb sobre la base de que el valor del
ángulo <¡¡ era, en cualquier caso y material, el ángulo de reposo
del suelo.
Posiblemente el más importante responsable de la larga carrera
del concepto de ángulo de reposo en estas cuestiones de Mecánica de
Suelos lo fue W . J. M. Rankine2 y, aunque Collin y Darwin3’ 4 7 5
demostraron experimentalmente que, por lo*menos en algunos casos,
el ángulo de fricción interna de un suelo podía diferir tremendamente
del de reposo, el uso de este último en la ecuación de resistencia con
tinuó por largo tiempo, debido a la autoridad del citado Rankine.
Como resultado de investigaciones más recientes se puso de mani
fiesto la falacia inherente al concepto ángulo de reposo. Así en arenas
colocadas a volteo, el ángulo de reposo pudiera coincidir más o menos
con el 4> correspondiente al estado suelto, pero diferirá seriamente del
<f> de una arena compacta. En arcillas, uncriterio ciego pudiera llevar
a decir, a la vista de un pequeño corte casi vertical en equilibrio, que
<j>, interpretado como ángulo de reposo, tuviese valores cercanos a los
90°, lo cual, a todas luces, conducirá a resultados absolutamente erró
neos en cualquier aplicación práctica en que la resistencia de la arcilla
se interprete a partir de tal dato. Huelga decir que la interpretación
que hoy se da al concepto ángulo de fricción interna, <¡>, coincide
con la expuesta en el capitulo correspondiente a resistencia al es
fuerzo cortante en suelos, incluido en el primer volumen de esta
obra.
Con la interpretación actual en lo referente a los parámetros de
resistencia, muchas de las teorías de presión de tierra clásicas perma
necen hoy en la aplicación de la Mecánica de Suelos a los problemas
prácticos. Así es frecuente en la actualidad ver estructuras de soporte
que han sido diseñadas a partir de las teorías expuestas por Rankine
y Coulomb. Tales teorías, según tendrá ocasión de discutirse, distan
de ser óptimas y están afectadas de hipótesis que están lejos de repre
sentar un ideal de perfección, en lo que se refiere al acercamiento con
la realidad; pero, en muchos casos, son las de más fácil aplicación
y su manejo, en principio, resulta animador para los ingenieros,
en el sentido de que parecen no exigir un criterio de especialista muy
desarrollado. Esta sensación, común por otra parte a todas las teorías
ingenieriles cuyo desarrollo matemático sea más o menos completo,
es en muchos casos engañosa y representa un peligro práctico. Todo
indica que no está lejano el día en que el crecimiento de la Mecánica
de Suelos permita el abandono de las Teorías de Rankine o de Cou
lomb y su substitución por otras teóricamente más satisfactorias; sin
embargo, tal día probablemente aún no ha llegado y la investigación
copiosa que hoy se realiza sobre el tema aún no ha producido una
MECANICA DE SUELOS (II) 67
teoría o teorías de uso universal y de desarrollo académicamente ade
cuado para el nivel de la enseñanza. Por ello, en lo que sigue se
encontrarán muchas ideas y estudios clásicos, aunque se procurará
dar alguna orientación respecto a la dirección de los avances del
momento.
68 CAPITULO IV
IV-2. Fuerzas que intervienen en el cálculo de un muro de
retención
En general, las fuerzas actuantes contra un muro de retención
en el cual la sección estructural se mantenga constante a lo largo de
un trecho considerable, pueden calcularse para un segmento uni
tario de muro en la dirección normal al plano del papel, generalmente
un metro. De hecho, cuando en lo que sigue no se mencione la lon
gitud de muro sujeta a análisis, se entenderá que se trata de 1 m.
Cuando se analice un mu
ro acartelado o con machones
o contra-fuertes, generalmen
te se refieren los cálculos al
segmento de muro compren
dido entre dos planos norma
les trazados por el centro de
los mencionados elementos.
A continuación se anali
zan las diferentes fuerzas que
deben tomarse en cuenta en
el cálculo de un muro que, por
simplicidad, se supone trape
cial, fig. IV-2.
Estas fuerzas son:
FIG. IV-2. Esquema que muestra las fuena, prín- a ) E J p e so p r o p i o d e ]
cipotes que actúan sobre un muro de r t*
retención m u ro .
Esta fuerza, que actúa en
el centro de gravedad de la sección, puede calcularse cómodamente
subdividiendo dicha sección en áreas parciales de cálculo sencillo
b) La presión del relleno contra el respaldo del muro, con su
correspondiente intensidad y distribución.
c) La componente normal de las presiones en la cimentación,
(fig. IV -2).
Usualmente se considera a la presión en la cimentación como
Unealmente distribuida a lo largo de la línea AC, dando lugar a un
diagrama trapecial. La resultante vertical de estas presiones {ZV)
actúa en el centro de gravedad de tal diagrama.
d) La componente horizontal de las presiones en la cimentación.
La resultante de estos efectos horizontales se representa en la
fig. IV-2 como ZH. La distribución de estas presiones horizontales,
no dibujada en la mencionada figura, se supone análoga a la de las
presiones normales en arenas y uniforme en suelos plásticos.
e) La presión de la tierra contra el frente del muro.
El nivel de desplante de un muro de retención debe colocarse
bajo la zona de influencia de las heladas y a nivel que garantice la
adecuada capacidad de carga del terreno. Así, la tierra colocada en
el frente del muro ejerce una resistencia, indicada en la figura mul-
ticitada por E ’\ sin embargo, esta fuerza suele omitirse en los cálculos
en algunas ocasiones, a causa de ciertas incertidumbres que pudieran
existir en lo relativo a su magnitud en un caso práctico.
f) Fuerzas de puente.
Se incluye aquí el conjunto de fuerzas actuantes sobre el muro,
si éste forma parte, por ejemplo, de un estribo de puente. El peso
propio de los elementos de puente, las fuerzas de frenaje, centrífu
gas para puente en curva, etc., deben ser consideradas.
g) Las sobrecargas actuantes sobre el relleno, usualmente unifor
memente distribuidas o lineales.
h) Las fuerzas de filtración y otras debidas al agua.
Si se permite la acumulación, de agua tras el muro generará pre
siones hidrostáticas sobre él, independientes de la calidad del relle
no, pero en este caso, por otra parte, se reduce la presión debida a la
tierra por efecto del peso específico sumergido. Sin embargo, esta
condición debe siempre ser evitada, instalando en el muro el drenaje
adecuado que garantice la eliminación eficiente de las aguas. Si en
un relleno arcilloso existen grietas cercanas al muro y el agua las
llena, podrá ejercer, en la correspondiente profundidad, empujes
hidróstáticos contra el muro. Si a través del relleno se establece
un flujo, por ejemplo por lluvia, la condición de presiones contra el
muro puede hacerse más desfavorable, por lo que será preciso analizar
la condición de flujo, tomando en cuenta la presencia de fuerzas
de filtración.
i) Las subpresiones.
Cuando el drenaje bajo el muro no es correcto o ha sufrido
desperfecto, puede almacenarse agua en aquella zona. Si la cimenta
ción es impermeable, el agua puede fluir a lo largo de ella emergiendo
a la superficie del suelo en el frente del muro; en estas condiciones
puede haber riesgo de tubificación. En cimentaciones permeables, el
MECANICA DE SUELOS (II) 69
agua que sale a la superficie puede ser poca, pero en todo caso se
producirán presiones de agua contra los materiales constituyentes del
muro (subpresiones); la distribución de estas subpresiones aparece
en la fig. IV-2.
j) La vibración.
Las vibraciones producidas por el paso del tráfico sobre caminos
o ferrocarriles, máquinas u otras causas, pueden incrementar las
presiones contra muros cercanos. Ello no obstante no es frecuente
introducir estos efectos en los cálculos comunes por lo pequeños. A
veces puede convenir tomar en cuenta la vibración haciendo 8 = 0.
k) El impacto de fuerzas.
Ciertas causas externas, tales como movimiento de vehículos y
otras pueden producir impacto sobre el relleno de un muro. Estos
efectos tienden a ser rápidamente amortiguados por el propio relleno
y no suelen tomarse en cuenta.
I) Los temblores.
El efecto de los movimientos sísmicos puede ser el aumentar
momentáneamente la presión lateral contra un muro. El efecto no
suele ser de gran consideración, pero en zonas críticas puede tomarse
en cuenta incrementando los empujes calculados en un 10%.
m) La acción de las heladas.
Cuando el drenaje de los rellenos no es adecuado, la parte
superior del mismo puede saturarse y en condiciones climáticas apro
piadas el agua puede helarse. Esto puede producir expansiones de
cierta importancia en el relleno sobre el muro y este efecto pue
de hacerse notable cuando se repite frecuentemente. Estos efectos se
evitan con drenaje apropiado.
n) Las expansiones debidas a cambios de humedad en el relleno.
Estos problemas son frecuentes en rellenos arcillosos en los quela expansión produce un aumento en las presiones laterales sobre el
muro; este aumento de las presiones está limitado por las condiciones
de fluencia del muro.
Cuando el suelo se seca, se contrae y la presión disminuye corres
pondientemente. La reiteración de estos procesos puede ser perjudi
cial. El efecto suele presentarse más intensamente en la superficie
del relleno, decreciendo con la profundidad, de modo que rara vez
se manifiesta abajo (¿le 1.5 m aproximadamente, bajo la superficie
del relleno.
No hay ningún método seguro para calcular los incrementos de
presión producidos por estos fenómenos, que pueden evitarse en gran
parte con estratos horizontales de material grueso, que actúe como
dren.
70 CAPITULO IV
MECANICA DE SUELOS (II) 71
En este capítulo se estudiará únicamente el modo de calcular
los empujes laterales que puedan ejercerse entre el relleno y el ele
mento de soporte, sin considerar otras fuerzas.
IV-3. Estados “plásticos” de equilibrio. Teoría de Rankine
en suelos friccionantes
Considérese un elemento de suelo de altura dz situado a una
profundidad z en el interior de un semiespacio de suelo en “reposo”
(es decir sin que se permita ningún desplazamiento a partir de un
estado natural, que es lo que en lo sucesivo se entendrá por "reposo”
en este capítulo); sea la frontera del semiespacio horizontal ( fig.
IV -3). En tales condiciones la presión vertical efectiva actuante sobre
la estructura del elemento es:
Pv — y z (4-1;
Donde y es el peso específico correspondiente al estado en que
se encuentre el medio.
Bajo la presión vertical
actuante el elemento de suelo
se presiona lateralmente ori
ginándose así un esfuerzo ho
rizontal, ph, que, con base en
la experiencia, se ha acepta
do como directamente pro
porcional a pv.
j —
dz
+ —
•ph= >ioyí
FIG. IV-3. Esfuenos actuantes sobre un elemen
to de suelo en "reposo"
pn = K0y z (4-2)
La constante de propor
cionalidad entre pv = y z y
Ph se denomina coeficiente de presión de tierra en reposo y sus
valores han sido obtenidos experimentalmente en laboratorio y en el
campo, observándose, que, para suelos granulares sin finos, oscilá
entre 0.4 y 0.8. El primer valor corresponde a arenas sueltas y el
segundo a arenas intensamente apisonadas; una arena natural com
pacta suele tener un K0 del orden de 0.5.
Si se representa en el diagrama de Mohr el circulo correspon
diente al estado de esfuerzos descrito para el elemento mencionado
(fig. IV-4) se obtendrá un círculo tal como el 1, que evidentemente
no es de falla.
A partir de estas condiciones de esfuerzo en “reposo” se puede
llegar a la falla por dos caminos de interés práctico. El primero con
sistirá en disminuir el esfuerzo horizontal, manteniendo el vertical
constante; se llega así al círculo 2 de falla, con un esfuerzo principal
menor c3 = KA y z, donde KA se denomina coeficiente de presión acti-
72 CAPITULO IV
va de tierras; nótese que este esfuerzo tr3 corresponde en este círculo
a la presión horizontal, pues, por hipótesis, el esfuerzo principal
mayor correspondiente es yz o presión vertical debida al peso del
suelo sobreyaciente sobre el elemento. El segundo camino para llevar
a la falla al elemento en estudio consistirá en tomar al esfuerzo yz
como el principal menor, aumentando por consiguiente ahora la pre
sión horizontal hasta llegar a un valor Kp y z, tal que el círculo resul
tante sea tangente a la línea de falla. El valor Kp recibe el nombre
de coeficiente de presión pasiva de tierras.
Las dos posibilidades anteriores son las únicas de interés práctico
para llegar a estados de falla a partir del de "reposo”, puesto que
respetan el valor yz de la presión vertical, que es una condición
natural del problema, por lo menos en un primer análisis simplificado.
De acuerdo con Rankine se dirá que un suelo está en estado
plástico cuando se encuentra en estado de falla incipiente generali
zado. Asi, de acuerdo con lo anterior, caben dos estados plásticos
prácticos. El que se tiene cuando el esfuerzo horizontal alcanza el
valor minimo Kayz y el que ocurre cuando dicha presión llega al valor
máximo Kpyz. Estos estados se denominan respectivamente activo y
pasivo.
En el estado plástico activo, (fig. IV-4) evidentemente se tiene:
* (4-2)
pv o-i N*
(ver fórmula 11-23, en el Volumen I de esta obra).
Se ve entonces que
K‘ = W = w ( « ° - í ) <4-3>
Expresión que da el valor del coeficiente activo de presión de
tierras.
Análogamente, en el estado plástico pasivo se tendrá:
— = — = t¿ - (4-4)
p v 0-3 N<p
(ver fórmula 11-22, en el Volumen I de esta obra). Y resulta:
Kv = N* = tg2 («5° + £ } (4-5)
para el coeficiente pasivo de presión de tierras.
Los dos casos de estados plásticos anteriores parecen tener una
correspondencia con la realidad ingenieril que los hace de interés
práctico.
Considérese un muro cuyo relleno se supone originalmente en
“reposo”. Dicho muro podrá físicamente ser llevado a la falla de dos
maneras. Una por empuje del relleno, cediendo la estructura hacia su
frente: otra, por acción de algún empuje exterior, incrustándose el
muro en el relleno y deformándose hacia su espalda.
Rankine pensó que, bajo el empuje del relleno, el muro cede y
se desplaza, disminuyendo la presión del relleno a valores abajo del
correspondiente al “reposo”; esto haría que la masa de suelo desarro
lle su capacidad de autosustentación, por medio de los esfuerzos
cortantes generados. Si el muro cede lo suficiente, la presión horizon
tal puede llegar a ser la activa, valor mínimo que no puede disminuir
se aun cuando el muro ceda más a partir del instante de su aparición.
Así, podría razonarse que, con tal de proyectar un muro para
resistir la presión activa, se garantizaría su estabilidad, siempre y
cuando el muro pudiese ceder lo suficiente como para que se desarro
lle, en última instancia, dicha presión activa.
Análogamente se podría razonar para el caso en que el muro
se desplace hacia su respaldo bajo una fuerza exterior suficiente
como para que llegue a desarrollarse la presión pasiva, en cuyo caso
podrá diseñarse la estructura contando con la máxima resistencia del
suelo.
Aplicando conceptos expuestos en el Capítulo XI del Volumen
I de esta obra, puede llegar a determinarse la inclinación de las 1ín<>a«;
de fluencia de una masa de suelo sujeta a cualquiera de los dos
estados “plásticos" aquí analizados. En efecto, según se vio, en un
elemento de suelo sujeto a un esfuerzo principal mayor vertical
MECANICA DE SUELOS (II) 73
74 CAPITULO IV
o-! y a uno menor horizontal cr3, la línea de fluencia se presenta a
un ángulo de 45° + <j>/2 respecto a la dirección del esfuerzo principal
menor, supuesta válida la hipótesis de falla de Mohr-Coulomb. En
la fig. IV-5 se muestran las líneas de fluencia obtenidas en cada
caso; la obtención se explica en los croquis que aparecen en la parte
superior.
(a)
i « i * p .
■yp»
(b)
1 »•>-
A C T IV O
FIG. IV-5. Lineas de fluencia en los estados de equilibrio "plástico"
Debe notarse cuidadosamente que las fórmulas o ideas expuestas
valen sólo para el caso en que la superficie del relleno de tierra sea
horizontal y el paramento del muro vertical. Para superficie de relle
no en plano inclinado se analizan los estados de equilibrio “plástico”
en el Anexo IV-a.
IV-4. Fórmulas para los empujes en suelos friccionantes.
Hipótesis para su aplicación
Si las expresiones para las presiones activa y pasiva, dentro de la
Teoría de Rankine, obtenidas para una profundidad z, se integran
a lo largo de la altura H de un muro de retención, podrán obtenerse
los empujes totales correspondientes. El procedimiento implica la
suposición de que los estados plásticos respectivos se han desarrollado
totalmente en toda la masa del relleno, es decir, que el muro se ha
deformado lo necesario.
Así, para el estado plástico activo podrá escribirse, con base en
la ec. 4-2:
P » Y Z t A £L\
P* = W = tt ; (4 ' 61
Expresión que da lapresión horizontal actuante sobre el muro
a la profundidad z, para el caso de relleno con superficie horizontal.
En un elemento dz del respaldo del muro, a la profundidad z,
obra el empuje.
dE* = ~W ^zdz
Supuesta una dimensión unitaria normal al papel; por lo tanto
en la altura H el empuje total será:
a = 7 ^ J > = 2 7 T ’ 'H- = 4 - JC .TH . (4.7)
La expresión 4-7 da el empuje total activo ejercido por un
relleno de superficie horizontal contra un muro de respaldo vertical.
En forma análoga, para el estado plástico pasivo, a partir de la
fórmula 4-4 se llega al valor del empuje pasivo total:
E P = ¿N tY H * = l- K PyH* (4-8)
Válida también para muro de respaldo vertical y superficie de
relleno horizontal.
Para efectos de cálculo de la estabilidad del muro, considerado
como un elemento rígido, el volumen de presiones puede considerarse
substituido por sendas fuerzas concentradas, cuya magnitud queda
dada por E A y E P; dada la distribución lineal que para ambas presio
nes se tiene en la Teoría de Rankine, se sigue que el punto de apli
cación de tales fuerzas está a un tercio de la altura del muro contado
a partir de la base.
Desde luego ambas fuerzas resultan horizontales en el caso hasta
aquí tratado.
En el caso de que la superficie del relleno sea un plano inclinado
a un ángulo ¡3 con la horizontal, las presiones anotadas para los
casos activo y pasivo en el Anexo IV-a, permiten, por un proceso
de integración análogo al arriba efectuado, llegar a las expresio
nes de los empujes activo y pasivo. Estas expresiones son:
MECANICA DE SUELOS (II) 75
c 1 7 j., f „ cosS — V c o s2S — cos-<¿>“] . .
£ a = t t ^ 1 C O S 0 r Z. (4 -9 )
2 |_ cos0 + y c o s -0 — cos2<£j
E . = ± . , f f fcosg j g g I (4-10)
¿ L COS0 — V COS23 — COS~<jjJ
E n vista de que las distribuciones de presión también son lineales
y su dirección es paralela a la superficie del relleno, las resultantes
serán paralelas a la superficie del relleno y estarán aplicadas a un
tercio de la altura del muro, a partir de su base.
N ótese que para 0 = 0 las fórmulas 4 -9 y 4 -1 0 se reducen a
las (4 -7 ) y (4 -8 ) , respectivamente.
U n caso práctico de interés es el que resulta de considerar la
superficie del relleno, supuesta horizontal, sujeta a una sobrecarga
uniformemeñte distribuida, de valor q. Este caso puede analizarse,
para el estado plástico activo, como sigue:
Se vio que, en este caso:
0"S _ 1 JV"
a i. N<p
Al obrar la sobrecarga q, el esfuerzo vertical se transforma en:
ffi* = ffi + q
y el horizontal en:
= t r 3 -t- A<t3
por lo tanto, podrá ponerse
1 _ ffs + Acr3
ffi + q
de donde
ffs + Ao-3 = 4 j - + - j r rN# N<p
Por comparación con el caso de sobrecarga nula se deduce de
inmediato:
A ph = Ao-3 = = K Áq ( 4 -1 1)
O sea que, para el caso activo, el efecto de la sobrecarga unifor
memente distribuida es simplemente el aumentar uniformemente la
presión actuante contra el muro en el valor dado por la ec. 4-11,
CAPITULO IV
De un modo totalmente análogo puede verse que para el caso
pasivo el efecto de la sobrecarga uniforme es aumentar la presión
en el valor:
A ph = A c i = qNf = KPq (4 -12)
Debe notarse cuidadosamente que las fórmulas 4-11 y 4-12
tienen su campo de aplicación restringido a relleno con superficie ho
rizontal. Para el caso de relleno inclinado podrán obtenerse expre
siones análogas, a partir de las fórmulas que para las presiones
correspondientes aparecen en el Anexo IV-a.
Otro caso de interés práctico es aquél que se tiene cuando parte
del relleno horizontal arenoso tras el muro está en condición sumer
gida. Si H es la altura total del muro y H Xt contada a partir de la
corona, es la altura de arena no sumergida, (fig. IV -6), la presión
vertical del relleno en un punto bajo el nivel del agua será:
pv — yHx + z' Y (4-13)
MECANICA DE SUELOS (II) 77
F I6 . IV-6, Presiones activas de un relleno arenoso parcialmente sumergido y sujeto a
sobrecarga uniformemente distribuida
Así, la presión ejercida horizontalmente por la arena bajo el nivel
freático será:
* = N 7 = w r ( 4 ' 1 4 )
Además, en este caso, sobre el muro y bajo el nivel freático se
ejercerá la presión hidrostática:
Pw — yw z' (4-15)
El empuje total activo estará dado, por consiguiente, por:
Eá = + 7 f í rH lH * + + 2 ^ H l <4' 16)
78 CAPITULO IV
Nótese que, a pesar de que el hecho de que la arena esté sumer
gida hace disminuir el valor de y a T> empuje sobre el muro
aumenta grandemente en este caso, pues el efecto hidrostático del
agua no está afectado por ningún término reductor del tipo \/N$.
Fórmulas análogas a las 4-13 a 4-16 pueden obtenerse para el
caso pasivo y para los casos de relleno no horizontal.
Si, sobre los efectos ahora considerados, existe la sobrecarga uni
forme q, su influencia deberá superponerse. Este es el caso que apa
rece dibujado en la fig. IV-6.
Todas las fórmulas anteriores se aplican frecuentemente en la
práctica de la construcción de muros de retención de mampostería o
de concreto reforzado, por lo cual es de fundamental importancia
recapitular las condiciones de su aplicabilidad. Estas son, por supues
to, las hipótesis de que está afectada la Teoría de Rankine y se
destacan a continuación:
1? Los estados “plásticos”, tanto activo como pasivo, se desarro
llan por completo en toda la masa del suelo. Ya se comentó
que esta hipótesis se verifica razonablemente en los muros
reales, que pueden deformarse lo suficiente para ello, siempre
y cuando el proyectista no tome precauciones especiales para
restringir los movimientos de la estructura como cuerpo rígido.
El tipo de movimiento necesario para que pueda desarrollarse
un estado "plástico” es un ligero giro del muro en torno a su
base, en el sentido conveniente.
2" Cuando la superficie del relleno es horizontal y si el respaldo
del muro es vertical, como implícitamente se ha considerado
hasta ahora, el muro debe ser “liso”, es decir, el coeficiente de
fricción entre él y el suelo de relleno debe ser nulo. Cuando
la superficie del relleno es un plano inclinado a un ángulo ¡3
con la horizontal, ha de admitirse que el muro es rugoso con
un coeficiente de fricción con el suelo tal que las presiones
resultantes sobre el respaldo vertical resulten inclinadas al
mismo ángulo (3.
En muros de concreto reforzado con secciones típicas el aná
lisis por el método de Rankine presenta ciertas variaciones
que se mencionan en el Anexo IV-b.
IV-5. Teoría de Rankine en suelos “cohesivos”
En suelos puramente “cohesivos”, para la aplicación práctica de
las fórmulas que se obtienen a continuación, es necesario tener muy
presente que la “cohesión” de las arcillas no existe como propiedad
intrínseca, según ha quedado establecido en el Capítulo XII del Volu
men I de esta obra, sino que es propiedad circunstancial, expuesta
a cambiar con el tiempo, sea porque la arcilla se consolide o sea que
MECANICA DE SUELOS (II) 79
se expanda con absorción de agua. Por ello, es necesario tener la
seguridad, en cada caso, de que la "cohesión” de que se haya hecho
uso en las fórmulas de proyecto, no cambie con el tiempo. Obviamente
esta garantía, según se comenta adelante, es, por lo menos, muy
difícil de obtener.
Considérese un elemento de suelo puramente "cohesivo” a la
profundidad z. Al igual que en el caso de los suelos friccionantes,
si la masa de superficie horizontal de suelo está en "reposo”, la
presión horizontal sobre el elemento, sujeto a la presión vertical
yz, será K0 yz. En este caso el valor de K0 depende del material y de
su historia previa de esfuerzos (Capítulo XII del Volumen I de esta
obra).
En la fig. IV-7 se representa, en el círculo 1, al estado de esfuer
zos del elemento arriba men
cionado.
Como antes, si se permite
deformación lateral, el mate
rial puede llegar a la falla de
dos modos. En el primero se
permite que el elemento
se deforme lateralmente, por
disminución de la presión ho
rizontal,hasta el valor míni
mo compatible con el equi
librio; este nuevo estado de
esfuerzos se representa con el
círculo 2 y corresponde al es
tado “plástico” activo, en el
cual (ver fig. IV-7) las pre
siones valen:
F!G. IV-7. Estados plásticos en el diagrama de
Mohr. (Suelos cohesivos)
La horizontal:
La vertical:
P a = yz — 2c
Pv = yz
(4-17)
pv es el esfuerzo principal mayor y pÁ el menor, en el círculo de
falla 2 tangente a la envolvente s = c, obtenida en prueba rápida.
El otro modo de alcanzar la falla en el elemento situado a la pro
fundidad z, sería aumentar la presión horizontal hasta que, después
de sobrepasar el valor yz, alcanza uno tal que hace que el nuevo
círculo de esfuerzos (círculo 3) resulte también tangente a la envol
vente horizontal de falla. En este momento se tiene el estado "plásti
co” pasivo y las presiones alcanzan los valores.
La horizontal: pP = yz + 2c
La vertical: p„ = yz
y pP es el esfuerzo principal mayor.
( 4- 18)
También ahora puede establecerse la misma interpretación prác
tica respecto a la generación de los estados plásticos eri el diseño
de muros de retención. Las fórmulas para las presiones activas pueden
relacionarse con el empuje de suelos sobre muros, en tanto que las
pasivas se relacionan con los casos en que los muros presionan al
relleno tras ellos.
Desde este punto de vista pueden obtenerse, como en el caso de
suelos friccionantes, fórmulas para los empujes totales activo y pasivo,
integrando en la altura H del muro las respectivas presiones hori
zontales. El procedimiento para ello es el ya descrito y los resultados
obtenidos son:
E Á = j - y H * - 2 c H (4-19)
E P = ■— y H- + 2cH (4-20)
Estos empujes son horizontales y pasan por el centroide del área
de presiones.
Debe notarse que las fórmulas 4-19 y 4-20 únicamente serían
aplicables si la superficie del relleno tras el muro fuera horizontal
y si los estados plásticos correspondientes se desarrollaran por com
pleto en el relleno.
La fórmula 4-19 proporciona un procedimiento sencillo para
calcular la máxima altura a que puede llegarse en un corte vertical
de material “cohesivo” sin soporte y sin derrumbe. En efecto, para
que un corte vertical sin soporte se sostenga sin fallar, la condición
será E a = 0, lo que, según la expresión 4-19, conduce a:
yH2 — 2cH — 0
y 4c/ /« = — (4 -21 )
T
El valor H c suele denominarse altura crítica del material "cohe
sivo”. La fórmula 4-21 da valores un poco altos de la altura
estable real y en caso de ser usada en la práctica deberá ser afectada
por un factor de seguridad de 2, como mínimo.
La Teoría de Rankine aplicada a suelos "cohesivos’' debe ser
objeto de una discusión de carácter fundamental. En efecto, como va
se mencionó, la "cohesión”, tal como se ha interpretado en el pasado,
no es un elemento de cálculo confiable, sino un parámetro cuya varia
ción con el tiempo es grande, difícil de prever y generalmente ten
diente a disminuir el valor inicial.
80 CAPITULO IV
MECANICA DE SUELOS (II) 81
Como una regla general, el proyectista no debe confiar en ella, por
sugestiva que inicialmente se le presente, en obras de retención. Un
relleno siempre tiene la posibilidad de saturarse de agua más o menos
rápidamente; una excavación siempre induce un flujo hacia sus bor
des. Así, en cualquier caso, el material “cohesivo” tiende a disminuir
su resistencia finalmente y un proyecto basado en la resistencia del
suelo por "cohesión” quedará en condiciones inseguras con el paso
del tiempo.
Se han citado casos en que, por razones particulares, pudiera
pensarse en la posibilidad de que el relleno no variase su contenido
de agua con el tiempo. El caso de relleno superficialmente pavimen
tado (zonas urbanizadas) o recubierto de algún modo es el más
socorrido. Pero aún así, la ruptura de un tubo que conduzca agua,
la presencia de áreas verdes o, inclusive, la utilización posterior dei
terreno para otros fines que obliguen a retirar el recubrimiento, acon
sejan al proyectista no confiar inicialmente en un parámetro de resis
tencia expuesto a desvanecerse.
Existe el hecho adicional
de que cuando el relleno
cohesivo aumenta su conte
nido de agua y, por consi
guiente, pierde “cohesión”,
la presión sobre el muro
aumenta fuertemente sin
signo exterior que lo acuse.
Así la falla se presenta en
forma abrupta, sin avisos
precursores.
Por todo ello no es acon
sejable el uso práctico de las
fórmulas presentadas en es
ta sección para los empujes,
salvo casos tan especiales
que difícilm ente pueden
imaginarse.
Si se observa la primera
de las fórmulas 4-17 se nota
que teóricamente la distri
bución de la presión del re
lleno es lineal, con una zona
superior trabajando a ten
sión y una inferior a com-
Muro de retención mostrando grietas por empuje presión. El valor de la ten-
efe/ relleno. Nótese la falta de drenaje frontal sión en la superficie de
7—Mecánica de Suelos II
82 CAPITULO IV
relleno es 2c y la profundidad a que se extiende la zona de tensiones
caracterizada por p.\ — 0, resulta ser (ver fórmula 4-17):
En la fig. IV-8.a se muestra la distribución de presiones activas
en el presente caso, así como la profundidad a que se extiende la
zona de tensión.
La parte b) de la misma figura muestra la distribución teórica
de la presión pasiva.
Como al suelo no se le supone capacidad para trabajar a la ten
sión, debe admitirse que, en el caso del estado activo, se desarrollarán
grietas verticales, cuya profundidad está dada por la fórmula 4-22.
El mecanismo de la formación de grietas puede concebirse como
sigue: en la superficie es donde el suelo está expuesto al máximo
esfuerzo de tensión: si en este plano por cualquier motivo se inicia
la grieta, en su parte inferior se produce una fuerte concentración
de esfuerzos de tensión, que hará que la grieta progrese hacia abajo,
hasta la zona en que ya no existan esfuerzos de tensión. Es, pues,
bastante lógico suponer que en suelos “cohesivos”, los agrietamientos
se producen siempre a cier
ta profundidad. A falta de
mejor aproximación teórica,
la fórmula 4-22 proporciona
un criterio satisfactorio pa
ra estimar la profundidad
de las grietas producidas.
En vista de todo lo ex
puesto anteriormente en re
lación al concepto de “co
hesión” y a su cambio con
el tiempo, se considera in
necesario extender el análi
sis de los estados plásticos
a los casos de relleno in
clinado y a muros de respaldo no vertical. Esta extensión podrá
verse en la ref. 6.
IV-6. Teoría de Rankine en suelos con “cohesión y fricción”
En el Capítulo XII del Volumen I de esta obra se discutieron las
distintas envolventes de resistencia al esfuerzo cortante de los suelos
y se concluyó que, desde el punto de vista de esfuerzos efectivos,
( a ) (b)
FIG . IV-8. Distribución teórica de la presión ac
tiva y pasiva en suelas puramente
"cohesivos"
MECANICA DE SUELOS (II) 83
todos los suelos pueden considerarse puramente friccionantes; es
decir trató de relegarse el concepto de “cohesión” tal como tradi
cionalmente ha sido considerado, a la categoría de mito.
Ello no obstante, la aplicación práctica del concepto de esfuerzos
efectivos a los problemas diarios presenta la dificultad de valuación
de las presiones de poro en la etapa de proyecto; este problema, ya
se dijo, no está hoy resuelto teóricamente en forma del todo satis
factoria. Por otra parte, sobre todo en obras no muy grandes, resulta
antieconómico programar la medición de las presiones de poro durante
la construcción, e imposible, por lo tanto, el conocer en todo instan
te la resistencia de los suelos al esfuerzo cortante, para poder modi
ficar sobre la marcha tanto el proyecto como los métodos constructi
vos. Esto obliga, como también se aclaró, a seguir usando en el
presente las envolventes de resistencia en función de los esfuerzos
totales; siguiendo este criterio, el proyectista se ve frecuentemente
obligado a trabajar con dos parámetros de cálculo denominados“cohesión y ángulo de fricción” aparentes. En la presente sección se
tratará precisamente la aplicación de la Teoría de Rankine a aquellos
suelos en los que la envolvente de falla, con base en esfuerzos tota
les, obtenida del tipo de prueba triaxial adecuado al caso, presenta
“cohesión” y "fricción”, es decir, es del tipo tantas veces repetido.
s = c + crtg<¡>
Si el relleno es horizontal, puede razonarse de manera análoga
a como se hizo en la sección IV-4 para el material puramente fric
cionante. Con referencia a la fig. IV-9, puede verse que un elemento
de suelo a la profundidad
z, considerado en “reposo”,
está sujeto a un estado de
esfuerzos representado por
el circulo 1. De nuevo pue
de llegarse a la falla por
disminución de la presión
lateral o por aumento de la
misma a partir del valor
K0 yz. Se llega así a dos
círculos representativos de
los estados “plásticos” acti
vo (círculo 2) y pasivo
(círculo 3).
Se vio en el Capítulo XI
del Volumen I de esta obra
que en el caso que se trata
la relación entre el esfuerzo
principal máximo y el mínimo está dada por:
FIG . IV-9. Estados plásticos en el diagrama de
Mohr. (Suelos con "cohesión'1 y "fric
ción")
ctj = ffzN<¡> + 2 c V N#
En el caso del estado activo, pA — cr3 y ax = yz, por lo que:
P Á = N ¡ ~ ^ k ( 4 ' 2 3 )
En tanto que en el pasivo ffj = pP y er3 = yz: por ello:
pv — yz N<¡> + 2 c V Ñ l (4-24)
Las expresiones 4-23 y 4-24 dan las presiones horizontales
que se ejercen en los dos estados plásticos. Los empujes correspon
dientes se obtienen, como siempre, integrando las presiones a lo largo
de la altura H del muro. Se obtiene así:
EA = — y H * - - ^ - H (4-25)
2 N* V N ¡
y
EP = ± N *y H * + 2 c V N ¡H (4-26)
Las líneas de acción teóricamente son horizontales a través del
centroide del área total de presiones.
En el caso del estado activo, al igual que en los suelos puramente
cohesivos, hay ahora una zona del diagrama de presiones que corres
ponde a un estado de tensión. La profundidad a que llega esta zona,
contada a partir de la corona del muro, puede obtenerse con el crite
rio de que en ese punto pA = 0. Si pA — 0.
£ - = w y = (4-27)A/V V Nf> y
Si, por efecto de estas tensiones, el relleno pudiera agrietarse ha
de tenerse en cuenta que dejarán de producirse las tensiones y, por
ello, el punto de aplicación del empuje podrá calcularse con base
en el triángulo inferior de compresiones, únicamente. Como antes,
ahora la expresión 4-27 da una idea plausible para calcular la pro
fundidad de la grieta formada.
La altura crítica con la que puede mantenerse sin soporte el suelo
en corte vertical puede calcularse también con el criterio EA = 0. En
tal caso:
1 y =
84 CAPITULO IV
2 Nj, V N j
H e = - Í VÑ* (4-28)
Para el caso en que la superficie del relleno no sea horizontal, en
el Anexo IV-c se dan normas y fórmulas apropiadas.
IV-7. Influencia de la rugosidad del muro mi la forma
de las líneas de fluencia
En el caso de un muro con relleno horizontal y de respaldo
vertical, la Teoría de, Rankine supone que éste es liso de modo que no
se desarrollan esfuerzos cortantes a, lo largo de él, con lo que
las presiones horizontales son esfuerzos principales. Las líneas de
fluencia resultan ser, entonces, dos familias de rectas inclinadas
45° ± <j>/2, respecto a la horizontal, según que se trate de los esta
dos plásticos activo o pasivo, respectivamente.
Si el respaldo del muro ha de ser considerado rugoso podrán
desarrollarse en su superficie esfuerzos cortantes que modifican la
forma de la red de líneas de fluencia. La nueva forma de estas redes,
con una somera discusión al respecto se presenta en el Anexo IV-d,
para el caso de suelos "friccionantes”.
IV-8. Teoría de Coulomb en suelos “friccionantes”
En 1776 C. A. Coulomb publicó la primera teoría racional para
calcular los empujes en muros de retención. En la Teoría se consi
dera que el empuje sobre un muro se debe a una cuña de suelo
limitada por el paramento del muro, la superficie del relleno y una
superficie de falla desarrollada dentro del relleno, a la que se supone
plana, (fig. IV-10).
MECANICA DE SUELOS (II) 85
FIG. IV-10. Meconismo d * • m pu ¡• d o sun/os " f r íc c io n o n io t " según C o u lo m b
La cuña OAB tiende a deslizar bajo el efecto de su peso y por
esa tendencia se producen esfuerzos de fricción tanto en el respaldo
del muro como a lo largo del plano OB. Supuesto que las resistencias
friccionantes se desarrollan por completo, las fuerzas EA y F resultan
inclinadas respecto a las normales correspondientes los ángulos 5 y <j>,
de fricción entre muro y relleno y entre suelo y suelo respectivamente.
El valor numérico del ángulo 8 evidentemente está acotado, de
modo que:
0 < 8 <<¿
En efecto, 8 = 0 corresponde al muro liso y es inconcebible un
valor menor para un ángulo de fricción. Por otra parte, si 8 > <t>, lo
cual en principio es posible, la falla se presentaría en la inmediata
vecindad del respaldo del muro, pero entre suelo y suelo; este caso
es prácticamente igual a que el deslizamiento ocurriese entre muro
y suelo, por lo que el máximo valor práctico que puede tomarse
en cuenta para 8 es precisamente <¿>. Siguiendo indicaciones de
Terzaghi, el valor de 8 puede tomarse en la práctica como:
| - < 8 < - | ¿ ( « 9 )
Considerando el equilibrio de la cuña se ve que el polígono diná
mico constituido por W, F y E debe cerrarse. Como W es conocida
en dirección y magnitud y se conocen previamente las direcciones
de E y F, dicho dinámico puede construirse para una cuña dada.
Así puede conocerse la magnitud del empuje sobre el muro. Es claro
que no hay razón ninguna para que la cuña escogida sea la que
produce el empuje máximo. Se ve, así, que el método de trabajo que
se propone tiene que desembocar en un procedimiento de tanteos,
dibujando diferentes cuñas, calculando el empuje correspondiente
a cada una y llegando así a una aproximación razonable para el
valor máximo, producido por la cuña “crítica”.
Debe notarse que si el plano de falla escogido coincide con el
respaldo del muro, el empuje correspondiente a esa cuña será, evi
dentemente, nulo y si el plano de falla se escoge formando un án
gulo <t> con la horizontal el empuje también es nulo; en efecto, en
este caso (ver fig. IV-10) la fuerza F resulta vertical hacia arriba;
siendo W vertical hacia abajo, la única posibilidad de equilibrio
será W = F y E = 0. Para cuñas con plano situado entre esas dos
posiciones extremas, el empuje sobre el muro no es cero, luego debe
existir un máximo, que resulta así geométricamente acotado. Ese
máximo es el que ha de aproximarse por el método de tanteos arriba
descrito. En la sección IV-9, se reseñan algunos métodos que per
86 CAPITULO IV
miten llegar a un valor del empuje máximo adecuado para los
proyectos prácticos gráficamente, obviando los tanteos.
Para el caso de un relleno “friccionante” limitado por un plano,
aunque sea inclinado y de un muro de respaldo plano puede darse
un tratamiento matemático a las hipótesis de Coulomb y llegar a
una fórmula concreta para el empuje máximo. Esta fórmula se dedu
ce en el Anexo IV-e y se presenta a continuación:
EA = - y H 2_________________ eos2 (<fr • oj)
MECANICA DE SUELOS (II) 87
2 cos‘w eos (S + u>) Ti + /sen(6 + 0)senfo — fl)~ L \ cos(8 + w ) c o s ( oj — 0 ) _
(4-30)
= ¿ r * K
donde:
Ea empuje activo máximo, según la Teoría de Coulomb
<j> ángulo de fricción interna de la arena
oj ángulo formado entre el respaldo del muro y la vertical
0 ángulo formado entre la superficie plana del relleno y la hori
zontal.
Las demás letras tienen el significado usual en este capítulo.
Si el muro es de respaldo vertical, u = 0 y la fórmula 4-30 se
reduce a:
Ea = ± r H 2 -----------------------eos § í~ 1 + /sen (8 + +) sen (< /.-0 )12 (4-31)
L \ eos 8 eos 0 J
Si, además, el relleno es horizontal 0 = 0 y de la expresión 4-31
se obtiene:
Ea = U h * -------------------<2ͱ------------------ (4-32)
2 c o s 8 [l eos 8
Debe notarse que si 8 = 0 o sea si no hay fricción entre el muro
y el relleno, la ec. 4-32 conduce a la fórmula:
E a - - y H 2 —~ - en ^ _ —1 - y H 2 (4-33)Á 2 1 + s e n $ 2N<,y { óó)
De manera que, para este caso, las teorías de Rankine y Coulomb
coinciden.
88 CAPITULO IV
También es interesante hacer notar que si en la fórmula 4-31 se
considera 8 = ¡J, se obtiene la expresión 4-9 de la Teoría de Ran
kine; es decir que la Teoría de Coulomb coincide con la de Rankine
si el empuje se considera paralelo a la superficie del relleno.
Históricamente Coulomb no consideró el estado pasivo de esfuer
zos, pero sus hipótesis se han aplicado a este caso, siendo posible
obtener fórmulas similares a las presentadas para el caso activo. De
hecho la fórmula para el caso pasivo es la misma 4-30, pero cam
biando en ella <¡> por — <¿>, 8 por — 8 y cambiando el signo del radical
del denominador; la fórmula resulta:
EÁ = ly H > . eos2 + w)
cos2w eos (w — 8) f . _ /sen(8 + <ft)sen(ft + ¡5)
|_ \cos(co — 8 ) c o s ( u — 3) _
(4-34)
La justificación del cambio se ilustra en la fig. IV-11. La deduc
ción de la fórmula es análoga a la presentada en el Anexo IV-e,
teniendo en cuenta las diferencias comentadas.
En el Anexo IV-f se presentan también los análisis por sobre
carga, para relleno estratificado y para respaldo del muro formado
por una linea quebrada, que se salen de la situación analizada en
esta sección.
Si el ángulo 8 es grande, la superficie de deslizamiento real se
aparta mucho del plano supuesto en la Teoría de Coulomb y ésta
conduce a errores de importancia, fuera de la seguridad en la
determinación del empuje pasivo. Terzaghi y Peck valúan ese error
en hasta un 30% si 8 = <j>, teniéndose valores menores para menores
ángulos 8. En el caso del empuje activo la influencia del valor del án
gulo 8 es mucho más pequeña y suele ignorarse en la práctica.
La Teoría de Coulomb no permite conocer la distribución de
presiones sobre el muro, pues la cuña de tierra que empuja se
considera un cuerpo rígido sujeto a fuerzas concentradas, resultantes
de esfuerzos actuantes en áreas, de cuya distribución no se especifica
nada. Por ello, no puede decirse nada, dentro del cuerpo de la Teoría
respecto al punto de aplicación del empuje activo. Para salvar esta
dificultad el propio Coulomb supuso que todo punto del respaldo del
muro representa el pie de una superficie potencial de deslizamiento.
Así puede calcularse el empuje sobre cualquier porción superior del
muro; si ahora se considera un pequeño aumento en la altura de la
porción, calculado el nuevo empuje, se tiene por diferencia con el ante
rior el incremento, AE, de empuje en que aumentó el valor original:
este incremento entre el aumento de altura que se haya considerado
da la presión en ese segmento del muro. Con este método convenien
temente reiterado puede conocerse con la aproximación que se desee,
la distribución de presiones sobre el muro en toda su altura, por cuyo
centroide pasará el empuje resultante. Lo anterior conduce a la dis
tribución hidrostática, con empuje a la altura H J3 en muros con
respaldo plano y con relleno también limitado por superficie plana.
Para los casos en que no se cumplan estas condiciones, el método
anterior resulta laborioso y Terzaghi ha propuesto una construcción
aproximada que, sin embargo, da el punto de aplicación con sufi
ciente precisión en la práctica, según la cual basta trazar por el cen
tro de gravedad de la cuña crítica, una paralela a la superficie de
falla, cuya intersección con el respaldo del muro da el punto de apli
cación deseado.
Por otra parte, cabe un comentario de crácter general respecto
a la Teoría de Coulomb. Aparentemente el método toma en cuenta,
tal como aquí se ha descrito, dos ecuaciones de equilibrio de proyec
ción de fuerzas (a esto equivale, en esencia, el hecho de que el
dinámico sea un polígono cerrado), con dos incógnitas, E y F, de las
cuales, a fin de cuentas, sólo una interesa; sin embargo, debe notarse
que hubiera podido trabajarse con una sola ecuación de proyección
y una sola incógnita (E ) si se proyectasen las fuerzas sobre una
normal a la dirección conocida de F. Puede así afirmarse que la
Teoría de Coulomb utiliza para establecer el equilibrio de la cuña
rígida una sola ecuación de equilibrio, lo cual es insuficiente, según
la Estática.
IV-9. Métodos gráficos para la aplicación de la Teoría de
Coulomb a rellenos “friccionantes”
Se presenta a continuación un método gráfico debido a Culmann®
que permite llegar fácilmente al valor del máximo empuje ejercido
MECANICA DE SUELOS (II) 89
90 CAPITULO IV
contra un muro por un relleno arenoso. El método es general y se
aplica a relleno de cualquier forma; la descripción del método se
refiere a la fig. IV-12.
El método consiste en lo siguiente: por el punto A, de la base del
muro trácense dos líneas, la ‘ <¡>" y la ‘‘6’’; la primera a un ángulo
<j> con la horizontal y la segunda a un ángulo 6 con la anterior. El
ángulo 6 y su método de obtención son los mostrados en la figura
mencionada.
A continuación, escójanse diferentes planos hipotéticos de desli
zamiento, Abx, Ab -2 ■ ■ . etc. El peso de estas cuñas de deslizamiento
podrá calcularse multiplicando su área por el peso específico, y, de
la arena que constituye el relleno (recuérdese que se considera una
dimensión unitaria en la dirección normal al plano del papel). A una
escala de fuerzas conveniente, estos pesos podrán llevarse, a partir de
A sobre la “línea </>"; así se obtienen los puntos au a2 . . . etc.
Por estos últimos puntos trácense ahora paralelas a la “línea 6”,
hasta cortar en los puntos Ci c¡¡. , . etc. a los respectivos planos de
falla de las cuñas. Los segmentos ai Ci. a2 c2 •.. etc. representan, a la
escala de fuerzas antes usada, los empujes que produce cada una de
las cuñas arbitrariamente escogidas. En efecto, en la sección b) de la
fig. IV-12 aparece un triángulo de fuerzas correspondiente a una
cualquiera de las cuñas deslizantes escogidas. El empuje E y el peso
W forman el ángulo 0, puesto que este es, por definición, el ángulo
formado por £ y la vertical. Entre la reacción a lo largo del plano
MECANICA DE SUELOS (II) 91
de falla, F, y W se forma el ángulo ¡3 — <j>, siendo (3 el que forma
el plano de deslizamiento con la horizontal.
FIG . IV -13. El método de Culmann cuando existe una sobrecarga lineal
Considérese ahora el triángulo Aa2 c2r ligado, por ejemplo, a la
misma cuña deslizante. Aa2 es proporcional al peso de la cuña, W,
por construcción. El ángulo en a2 es 0 por ser a2 c2 paralela a la “línea
6". Evidentemente, el ángulo en A, del triángulo Aa2 c2, es (3 — </>,
siendo 3 el ángulo que forma el plano de deslizamiento Ab2 con la
horizontal. Entonces el triángulo Aa¿ c2 es semejante al 123 de
la parte b) de la fig. IV-12, Se ve, comparando esos triángulos que
el lado a2 c2 es el homólogo de E en el triángulo de fuerzas; por lo
tanto esas dos magnitudes son proporcionales y c2 a2 representa a E
a la escala de fuerzas escogida.
Puede trazarse una linea que contenga a todos los puntos c, obte
nidos según se vio. Esta es la “línea de empujes" o línea de Culmann.
Una paralela a la “línea <£”, tangente a la línea de Culmann, permite
calcular el empuje máximo como el segmento ac, interpretado a la
misma escala de fuerzas usada y siendo c el punto de tangencia resul
tante sobre la línea de Culmann. La línea Ac. prolongada hasta b,
proporciona el plano de deslizamiento más crítico, ligado al máximo
empuje.
92 CAPITULO IV
El método de Culmann permite también llegar al empuje máximo
producido por la combinación de un relleno “friccionante” y una
sobrecarga lineal de intensidad q unidades de fuerza por unidad de
longitud (fig. IV -13).
El procedimiento a seguir es totalmente análogo al arriba des
crito, con la diferencia de que a la derecha del plano Ab3 definido
por la posiciónde q, debe llevarse sobre la “línea <f>” no sólo el peso
de la cuña deslizante, sino, sumado, el valor de q a la misma escala de
fuerzas usada. Precisamente en la línea Ab3 la curva de Culmann
deberá presentar una discontinuidad por efecto de la sobrecarga.
F IS . IV -14. Punto de aplicación del empuje, según el método de Culmann
El empuje E ', dado por el segmento a' c' es el máximo conside
rando la sobrecarga, mientras que el segmento ac sería el empuje
máximo, si no hubiese sobrecarga. Se sigue que si la sobrecarga
estuviese situada a la derecha de b" ya no ejercería efecto, pues
en tal caso el empuje sería igual al máximo obtenido con la línea
de Culmann punteada; desde luego la línea cc" se ha trazado para
lela a la “línea <j>”
El punto de aplicación del empuje máximo puede obtenerse tam
bién gráficamente y con suficiente aproximación siguiendo las reglas
que se detallan en la fig. IV-14.
Si no hay sobrecarga lineal una paralela a la superficie de desliza
miento crítica Ab por G, centro de gravedad de la cuña deslizante,
corta el muro en un punto en que puede considerarse aplicado el
empuje E. (fig. IV-14.a).
Si hay sobrecarga, a la fuerza anterior se añadirá, para fines de
diseño, otra, A E, calculada restando E' — E, obtenidos como se indi
ca en la fig. IV-13, y aplicada en el tercio superior del segmento
f¡/, en el que / es la intersección de una paralela a la “línea
trazada por q, con el respaldo del muro y /' es la intersección con el
mismo plano de una paralela a la superficie crítica de deslizamiento,
trazada también por q. (fig. IV-H .b).
En el Anexo IV-g se presenta un método alternativo del de
Culmann, debido a Engesser10.
El método de Culmann puede emplearse para el cálculo del empuje
pasivo ejercido contra un relleno arenoso. El procedimiento y su
demostración son idénticos, con la diferencia de que la “línea <j>"
debe ahora dibujarse formando ese ángulo con la horizontal, pero
hacia abajo.
IV. 10. La Teoría de Coulomb en suelos con “cohesión”
y “fricción”
Cuando un muro con relleno “cohesivo” y “friccionante” está
en las condiciones mostradas en la fig. IV-15.a, la superficie de falla
es una curva como la indicada y, bajo la zona de agrietamiento ya
mencionada, las líneas de fluencia son curvas, (véase el Anexo
IV-c).
MECANICA DE SUELOS (II) 93
FIG . IV-15. Simplificación para llegar a la aplicación de la feorla de Coulomb en
rellenos con materiaI "cohesivo" y "Iriccionante"
Dentro de la cuña A'MM'N'N el estado de esfuerzos es seme
jante al analizado atrás dentro de la Teoría de Rankine y el diagrama
de presiones en la vertical A' A" puede calcularse como ya se dijo. El
empuje total contra el muro estará entonces dado por la resultante de
ese diagrama de presiones combinada con el peso de la cuña B'AA'A"
y la fuerza de reacción existente en la superficie AA'. Todo esto
conduce a un procedimiento laborioso y difícil que normalmente se
abrevia recurriendo a simplificaciones.
Por ejemplo, puede suponerse, como se hace en la parte b) de
la fig. IV-15, que la superficie hipotética de falla supuesta es un
círculo y en tal caso puede calcularse el empuje aplicando el método
del "círculo de fricción”, como más adelante se expone. También
puede suponerse que esa superficie tiene como traza con el papel
94 CAPITULO IV
un arco de espiral logarítmica, lo cual permite desarrollar un método
de cálculo conveniente, que también se menciona posteriormente.
En la mayoría de los casos de la práctica resulta suficientemente
aproximado el considerar a la superficie hipotética de falla como
un plano que se extienda desde la base del muro hasta la zona de
agrietamiento, tal como se muestra en la parte c) de la fig. IV-15.
Así resulta aplicable al caso la teoría de Coulomb en la forma que
a continuación se presenta con referencia a la fig. IV-16.
Supuesta una cuña de deslizamiento, su equilibrio quedará garan
tizado por el de las siguientes fuerzas: el peso propio total, W, calcu
lado como el producto del área de la cuña por el peso específico
del suelo: la reacción entre la cuña y el suelo, con dos componentes,
F debida a la reacción normal y a la fricción y C, debida a la "cohe
sión"; la adherencia, C', entre el suelo y el muro y, finalmente, el
empuje activo E.
Estas fuerzas deben formar el polígono cerrado que aparece en
la fig. IV-16, en el cual puede calcularse el valor de E correspon
diente a la superficie de falla supuesta. Nótese que las fuerzas
C y C' pueden conocerse no sólo en dirección, sino también en
magnitud, multiplicando el parámetro c del suelo por las longitudes
AG y AB' respectivamente.
El método de cálculo lleva a un procedimiento de tanteos para
determinar el máximo E posible. El muro deberá calcularse, por
supuesto, para soportar la combinación de las fuerzas C’ y E míz.
J^n caso del empuje pasivo también puede llegarse a aplicar
™ Teoría de Coulomb simplificando la forma de la superficie de
deslizamiento, que resulta también curva, a modo de considerarla
recta, en forma análoga a la arriba indicada. En estas condiciones,
también puede encontrarse el empuje de proyecto por un procedi
miento de tanteos análogo al descrito para el empuje activo. Vuelve
a insistirse en que, para el caso de empujes pasivos, la Teoría de
Coulomb resulta ya muy poco aproximada y del lado de la inseguri
dad, por lo que su uso no es recomendable.
IV-11. El método del Círculo de Fricción
Este método es aplicable para el caso de que la superficie de
deslizamiento se suponga circular y, de acuerdo con la fig. IV -17,
puede, para el caso activo, desarrollarse como sigue:
MECANICA DE SUELOS (II) 95
Después de calcular la profundidad de la zona agrietada, trácese
una curva circular de centro en O y radio R, la cual se considera
como la traza de una superficie hipotética de falla. El peso de la
masa de tierra deslizante puede calcularse por cualquier procedimiento
práctico, así como la magnitud de las fuerzas C de “adherencia”
entre el muro y el suelo y C, efecto de la “cohesión” a lo largo de la
superficie de deslizamiento. La linea de acción de C es el respaldo
del muro, pero la de C ha de calcularse teniendo en cuenta que debe
ser paralela a la cuerda AM que subtiende el arco circular y estar
situada a una distancia x del centro del citado arco tal que su mo
mento con respecto a ese centro sea igual al momento de los esfuer
zos c a lo largo del arco circular, es decir:
96 CAPITULO IV
A través del centro del triángulo AB'V' dibújese una vertical
hasta cortar a una paralela a la superficie del relleno que pase por
el tercio inferior del segmento A V . En este punto de intersección
puede considerarse aplicada, con suficiente aproximación, la resul
tante de la fuerza P (componente normal y de fricción del empuje
total) y la fuerza de adherencia C , entre el muro y el suelo. Ésto
equivale a suponer que a lo largo de A V hay una distribución lineal
de presiones, cuya resultante, paralela a la superficie del relleno,
actúa contra el respaldo del muro en combinación con el peso del
triángulo AB'V'; a esta acción total sobre el muro, se opone, como
reacción (colineal), la resultante de P y C'. Según se ve, lo anterior
es simplemente la aplicación de las ideas de Rankine. Esta fuerza P
puede considerarse inclinada un ángulo 8 = 2<j>/3, respecto a la nor
mal al respaldo del muro.
Las fuerzas C y C', según ya se comentó, son conocidas en
magnitud y dirección y su resultante puede calcularse. Esta resultante
es el vector 1-2 del dinámico mostrado en la parte b) de la fig.
IV -17. La línea de acción de esta resultante puede obtenerse trazan
do, en la parte a) de la figura, una paralela a la dirección 1-2 por
el punto ae intersección. D. de C y C'.
La línea de acción de la resultante de C y C' puede prolongarse
hasta cortar a la del peso de la masa deslizante. W , en el punto
G. El vector 1-3 del diagrama de fuerzas es la resultante de IV, C
y C'- La línea de acción de estaresultante puede obtenerse trazando
una paralela a tal dirección por el punto G: tal línea de acción debe
prolongarse hasta cortar a la línea de acción de P en el punto H.
Con centro en O y radio igual a Rsen</> dibújese una circunferen
cia; ésta recibe el nombre de "círculo de fricción”. Por H puede
trazarse con suficiente aproximación, una tangente al "círculo de fric
ción”. Es claro que esta línea forma un ángulo <¡¡ con el radio de la
superficie de falla correspondiente al punto I, en el cual corta la tan
gente a la superficie de falla; por lo tanto la línea I f es la linea de
acción de la reacción total que corresponde a la línea de falla AM.
En realidad habría que efectuar una corrección, pues esta resultante
no es tangente al círculo de fricción, pero la corrección es pequeña
y prácticamente despreciable. Este punto se analizará en la sección
correspondiente del Capítulo V.
Por el punto 1 del diagrama de fuerzas debe llevarse una parale
la a // y por el 3 una paralela a P, obteniéndose así el punto 4 que
cierra el polígono de fuerzas y determina el valor del empuje P co
rrespondiente a la superficie de falla supuesta. La composición de
P y C' proporciona el empuje total E correspondiente a la sección
considerada.
Para encontrar el valor máximo posible de P, para fines de
proyecto, deberá seguirse un procedimiento de tanteos, reiterando el
método anterior el número de veces necesario.
Para el caso de empuje pasivo es posible desarrollar un procedi
miento similar al arriba descrito.
IV-12. Método de la espiral logarítmica
Se ilustra a continuación, para el caso de empuje pasivo, otro
método de cálculo muy frecuente en la solución de problemas de pre
sión de tierras. En este método, llamado de la espiral logarítmica,
no es preciso suponer que la superficie de deslizamiento en estudio
sea plana. En la fig. IV-18.a se representa una superficie de contacto
AB que empuja a un relleno de superficie horizontal y constituido
por un material cuya resistencia al esfuerzo cortante sigue la ley
general:
s = c + <rtĝ >
MECANICA DE SUELOS (II) 97
La superficie de deslizamiento consta de una parte curva y otra
recta (segmentos AD y D E).
FIG . IY-18. Ilustración del método de "la espiral logarítmica" para el caso de empujo
pasivo
8—Mecánica de Suelos II
El arco AD es un segmento de espiral logarítmica con centro
en O. El hecho de que, por continuidad, el tramo de espiral deba ser
tangente al segmento de recta D E en D, obliga a que el centro O
caiga sobre el segmento BD. En estas condiciones la ecuación de la
espiral logarítmica puede escribirse como:
r = r0e9t̂ (4-35)
La masa de suelo BDE puede considerarse en estado "plástico”
pasivo de Rankine, de manera que no hay esfuerzos cortantes actuan
do en la sección vertical D F y, sobre ésta, el empuje pasivo es
horizontal (E t) y puede calcularse como ha quedado indicado.
La masa ADFB estará en equilibrio bajo la acción de las siguien
tes fuerzas: su peso propio, W, que pasará a través de su centro
de gravedad: el empuje E u situado a D F /3; la resultante, C, de la
cohesión actuante en el arco AD; la fuerza resultante de la adheren
cia entre el suelo y la superficie AB, C'; la fuerza F, resultante de
los esfuerzos normales y tangenciales de fricción producidos en el arco
AD y la fuerza P, resultante de los esfuerzos normales y tangenciales
de fricción a lo largo de AB. Esta última fuerza estará inclinada
respecto a la normal al muro un ángulo:
5 = 4 *
Como la línea de acción de P no es conocida a priori se debe
recurrir a un artificio aproximado para determinar su magnitud y
posición. El artificio consiste en reemplazar a P por dos fuerzas
P' y P", con la misma dirección que P. La fuerza P' se considera
en equilibrio con W, E\ y F'; en donde E\ y F' son las anteriores
Ei y F, pero considerando en una primera aproximación, que la C
del suelo es nula: la P" debe equilibrar a C, C', E'\ y F" (estas
dos últimas fuerzas son la E x y F, antes citadas, pero admitiendo por
el momento que la y del suelo sea igual a cero). En el primer grupo
se han reunido las fuerzas de masa y las normales y de fricción
debidas al efecto de W; en el segundo grupo aparecen las fuerzas de
cohesión, que son independientes de W. Los puntos de aplica
ción de P' y P" serán, desde luego, AB/3 y AB/2, respectivamente.
En estas condiciones, cada una de esas fuerzas podrá calcularse por
separado y su resultante produce el empuje total P.
Puesto que el arco escogido entre A y D es de una espiral
logarítmica, según la ec. 4-35, todos los radios vectores del mismo
forman un ángulo <j> con la normal al arco en cada punto. Como
4> es el ángulo de fricción interna, se sigue que las direcciones de los
98 CAPITULO IV
radios vectores son las de los elementos de fuerza cuya resultante
es F, por lo que la propia F debe pasar por el centro de la espiral, O.
Para determinar P' puede, entonces, elegirse arbitrariamente una
superficie hipotética de deslizamiento AD E (fig. IV -18). El empuje
E\ se calcula con la ecuación:
E\z=-L y DF*
y actúa en D F/3.
Si se toman ahora momentos en torno a O de las fuerzas E\
W, F ' (momento nulo) y P , se tendrá la magnitud de P . Si el suelo
no tuviese “cohesión”, P sería el valor del empuje total correspon
diente a la superficie de falla supuesta. Con otras superficies de falla
trazadas con el mismo criterio expuesto (moviendo el centro de la
espiral sobre BD ) pueden obtenerse otros valores de P . El mínimo
P obtenido sería el empuje pasivo total de proyecto, si el suelo no
tuviese “cohesión”.
Si el suelo tiene “cohesión”, deberá determinarse el valor de
P", componente del empuje total debida al efecto de aquella. En el
plano D F se considera ahora actuando un empuje pasivo E'\ obteni
do haciendo y — 0 en la expresión usual. Así:
E'\ = 2 c D F V N i
El hecho de hacer y = 0 equivale a anular el peso del suelo,
dejando sólo el término del empuje que depende de la "cohesión"
del mismo. El punto de aplicación de E'\ será el punto medio del
segmento DF.
Si se considera un elemento ds en la superficie AD, obrará en
él una fuerza cds, cuyo momento respecto a O vale: (fig. IV -18.b):
, tdddM — re cosé ds — re cosó = cr2 ddeos
Entonces, el momento de la “cohesión" total será:
M = 1 dM = -7-c ■ (ri2 — r02) (momento de C)
MECANICA DE SUELOS (II) 99
Tomando ahora momentos respecto a O de las fuerzas P", C, C',
E ”i y F" (momento nulo) puede conocerse la fuerza P ' correspon
diente a la superficie de falla supuesta.
Con diferentes superficies de deslizamiento podrán obtenerse otros
P" (deben usarse las mismas trazadas para calcular P ') .
En el caso general, en que el suelo tenga “cohesión” y "fricción”,
conviene llevar en forma gráfica los valores de la suma P' + P" co
rrespondientes a cada superficie de deslizamiento supuesta. La combi
nación mínima da el valor del P total de proyecto.
IV-13. Método semiempírico de Terzaghi para el cálculo
del empuje contra un muro de retención.
Debido a lo poco conveniente de las teorías clásicas, antes únicas
y a la falta de otras de superior arrastre, se han desarrollado en el
pasados algunos métodos empíricos y semiempíricos para la valua
ción de los empujes ejercidos por los rellenos de tierra contra los
elementos de soporte. El Dr. Terzaghi ha propuesto un método es
pecífico que reúne una buena parte de la experiencia anterior con
la suya propia y que constituye quizá, el método más seguro para la
valuación de empujes contra elementos de soporte, con tal de que
éstos caigan dentro del campo de aplicabilidad del método propuesto,
desgraciadamente restringido a muros de escasa altura (alrededor de
unos 7.0 m, como máximo).
El primer paso para la aplicación del método estriba en encasi
llar el material de relleno con el que ha de trabajarse, en uno de los
siguientes cinco tipos:
I. Suelo granular grueso, sin finos.
II. Suelo granular grueso, con finos limosos.
III. Sueloresidual, con cantos, bloques de piedra, gravas, arenas
finas y finos arcillosos en cantidad apreciable.
IV. Arcillas plásticas blandas, limos orgánicos o arcillas limosas.
V. Fragmentos de arcilla dura o medianamente dura, protegidos
de modo que el agua proveniente de cualquier fuente no pe
netre entre los fragmentos.
En general, los tipos de suelo IV y V no son deseables como
suelo de relleno, debiendo ser evitados siempre que sea posible; en
particular, el tipo V debe considerarse absolutamente rechazable
cuando haya riesgo de que pueda entrar agua a los huecos entre los
fragmentos de arcilla, provocando su expansión y el correspondiente
aumento de las presiones sobre el muro.
Si, por alguna razón que siempre procurará evitarse, el muro fuera
a proyectarse antes de conocer el material a usar como relleno, debe
rá realizarse el proyecto sobre las bases más desfavorables.
El método propuesto cubre cuatro casos muy frecuentes en la
práctica, en lo que se refiere a la geometria del relleno y la condi
ción de cargas.
100 CAPITULO IV
l 9 La superficie del relleno es plana, inclinada o no y sin sobre
carga alguna.
29 La superficie del relleno es inclinada, a partir de la corona
del muro, hasta un cierto nivel, en que se toma horizontal.
39 La superficie del relleno es horizontal y sobre ella actúa una
sobrecarga uniformemente repartida.
49 La superficie del relleno es horizontal y sobre ella actúa una
sobrecarga lineal, paralela a la corona del muro y uniforme
mente distribuida.
Para el primer caso de los arriba mencionados, el problema puede
resolverse aplicando las fórmulas:
E„ = ±K»H *
(4-36)
E V = ± K VH>
que proporcionan las componentes horizontal y vertical del empuje
actuante en el plano vertical que pasa por el punto extremo inferior
del muro, en el lado del relleno (fig. IV -19).
En la misma fig. IV-19 se muestran gráficas que permiten obte
ner los valores de K H y Kv, necesarios para la aplicación de las fórmu
las anteriores, en función de la inclinación de la superficie del relleno
y del tipo de material con que haya de trabajarse. Deberá notarse en
la figura citada el criterio empleado para medir la altura H.
Las expresiones y gráficas anteriores proporcionan el valor del
empuje por metro lineal de muro. El empuje deberá aplicarse a la
altura H /3, contada del paño inferior del muro.
En el caso de trabajar con relleno del tipo V, el valor de H con
siderado en los cálculos debe reducirse en 1.20 m respecto al usual
y el empuje obtenido debe considerarse aplicado a la altura
d' = \ ( H - 1.20) (4-37)
contada a partir del nivel inferior del muro.
Cuando el relleno tiene superficie inclinada hasta una cierta altura
y después se hace horizontal (caso 29 de los arriba considerados),
los valores de K„ y Kv deberán obtenerse de las gráficas de la
fig. IV-20. En la misma figura se muestran las convenciones a que
deberán ajustarse las mediciones de las alturas usadas, los puntos y
planos de aplicación del empuje, etc. La altura del punto de aplica
ción, cuando el relleno sea del tipo V, también será la dada por la
expresión 4-37, usando en ella el valor H — 1.20 m.
MECANICA DE SUELOS (II) 101
102 CAPITULO IV
L o s n ú m e ro s e n lo s c u rv a s in d ic a n t i
t ip o de m a te r ia l.
P a ra m a te r ia le s d e l U po 5 lo s c a lc u lo s
se r e a l iz a n c o n u n a a ltu ra , H , m e n o r
que la re a l en 1 .2 0 m
FIG . IV-19. Gráficas para determinar el empuje de rellenos con superficie plana, según
Terzaghi
Cuando el relleno sea de superficie horizontal y soporte sobrecarga
uniformemente distribuida (caso 39 de los antes citados), la presión
horizontal sobre el plano vertical en que se supone actuante el em
puje deberá incrementarse uniformemente en:
p = C q (4-38)
Donde q es el valor de la sobrecarga uniformemente repartida, en las
unidades apropiadas. El valor de C de la fórmula anterior se esco
gerá de la Tabla 4-1.
K
en
K
g
/m
*/
m
MECANICA DE SUELOS (II) 109
H|3 0
i
jl/2 K,
l;/2>
K,H*
K»M*
■ ; í ;
_L_
SUELO TIPO I S U ELO TIPO 2 S U E LO T IP O 3
K„
fjÜ ijü i-
1
-L X
I , 6 J -
h 1 —
-K „ - ■ A V ' - ;
p -
V a lo re * de lo re lac ión H , /H
S U E LO T IPO 4 S U E LO T IP O 5
Valores de la relación H./H
FIG , IY-20. Gráficas para determinar el empuje de rellenos en terraplén, con remate
104 CAPITULO IV
TABLA 4-1
Valores de C
Tipo de relleno c
I 0.27
II 0.30
III 0.39
IV 1.00
V 1.00
Si la superficie del relleno horizontal soporta una carga lineal
paralela a la corona y uniforme (49 caso de los arriba mencionados),
se considerará que la carga ejerce sobre el plano vertical en que se
aceptan aplicados los empujes una carga concentrada que vale:
P = C q'
donde q' es el valor de la carga lineal uniforme y C se obtiene, como
antes de la Tabla 4-1. El punto de aplicación de P puede obte
nerse con la construcción mostrada en la fig. IV-21. Si al trazar la
linea a 40° el punto de aplicación de P resulta bajo la base del muro,
el efecto de q' podrá despreciarse. La carga q' produce también una
presión vertical sobre la losa de cimentación del muro cuyo efecto
podrá calcularse (fig. IV-
21) considerando una in
fluencia a 60° a partir de q',
uniforme en todo el tramo
ab y de magnitud q'/ab,
considerando en los cálculos
sólo la parte de tal presión
que afecte a la losa de ci
mentación (tramo a'b').
Los métodos arriba des
critos se refieren a muros
con cimentación firme, en
cuyo caso la fricción y
la adherencia entre suelo
y muro está dirigida hacia
abajo, ejerciendo un efecto
estabilizante que tiende a
reducir el empuje. Si el mu
ro descansa en terreno blan
F IS . IV-21. Método para calcular la influencia
de una tobrecarga lineal (Método de
Tenaghi)
MECANICA DE SUELOS (II) 105
do su asentamiento puede hacer que la componente vertical del
empuje llegue a invertirse. Esto aumenta el empuje considerablemen
te, por lo que Terzaghi recomienda que, en este caso, los valores
del empujé obtenidos en las gráficas anteriores, se incrementen
sistemáticamente en un 50%.
En los muros calculados con el método semiempírico de Terzaghi
deben proyectarse buenas instalaciones de drenaje, para poder garan
tizar la no generación de presiones hidrostáticas contra el muro, no
tomadas en cuenta en las gráficas anteriores.
IV-14. Arqueo en suelos
En todo lo dicho hasta ahora sobre presión de tierras en muros
de retención, se ha supuesto que el* muro puede desplazarse, sin nin
guna limitación, lo suficiente para que se desarrollen en el relleno
los estados críticos, en el caso de la Teoría de Rankine o para que
tengan lugar los desplazamientos necesarios para llegar al estado
crítico en la cuña deslizante, considerada por Coulomb.
Sin embargo, aún y cuando en muchos muros pudiera conside
rarse que éste es el caso, por lo menos desde un punto de vista
práctico, en algunos claramente no lo es (muros con restricción es
tructural a la deformación; por ejemplo en constituyentes de marcos
rígidos). Además, en otros problemas estructurales, tales como ade
mes o tablestacas, en los que el empuje de tierras juega papel rele
vante, las condiciones anteriores no se cumplen, ni aún adoptando un
criterio simplista. En efecto, en estas estructuras existen puntos cuya
deformación está restringida en alto grado, en los cuales se producen
concentraciones de presión que disminuye, por el contrario, en zonas
donde está menos restringida la deformación. En esta redistribución
de esfuerzos, debida a las condiciones de deformación impuestas,
juega un papel importante el arqueo de los suelos.
El efecto de arqueo puede visualizarse reflexionando como sigue:
supóngase una masa de suelo de gran extensión que descanse
apoyada en una superficie horizontal rígida; supóngase que, por algu
na razón, una parte de esa superficie cede un poco hacia abajo, de
modo que el suelo que haya quedado sobre esa parte tienda también
a descender.Al movimiento de esa masa de suelo relativo al resto de
suelo que ha quedado inmóvil, por estar firmemente apoyado, se
opondrá la resistencia al esfuerzo cortante que pueda desarrollarse
entre la masa móvil y el resto del suelo estacionario. Esta resistencia
tiende a mantener a la masa móvil en su posición original y, por
lo tanto, reduce la presión del suelo sobre la parte cedida de la super
ficie de soporte. Como efecto consecuente, aumentará, por el contra
rio, la presión que las estacionarias ejercen sobre las partes fijas de
la superficie de soporte.
106 CAPITULO IV
Tiene lugar, por lo tanto, una transferencia de presión, de la
parte de la superficie cedida a los apoyos estacionarios. Este efecto
recuerda el modo de trabajar de un arco estructural y de ahí recibe
el nombre de efecto de arqueo.
La consecuencia práctica del efecto anterior en elementos de so
porte en que haya puntos de deformación restringidos y zonas de
cedencia más fácil, es una disminución de presión en estas zonas y
una concentración en aquellos puntos, de modo que, a fin de cuentas,
resultan modificados tanto el diagrama de distribución de presiones,
como la magnitud del empuje total.
En el Anexo IV-h se detalla tanto cualitativa como cuantitati
vamente el efecto de arqueo y su influencia en las presiones a
considerar en los proyectos relativos a estructuras de soporte.
IV.15. Ademes
Se trata ahora el caso de obras de ademado provisional, que se
ejecutan en excavaciones para garantizar la estabilidad de las paredes
durante el tiempo necesario para la construcción. Por lo general, estos
ademes son de madera o de una combinación de elementos de made
ra y elementos de acero y solamente en casos hasta cierto punto
excepcionales se justifica construirlos totalmente de acero.
La disposición de los elementos de soporte suele ser parecida a
la que se describe a continuación. En primer lugar se hinca verti
calmente una serie de postes o viguetas de acero de sección H,
siguiendo el contorno de la excavación a efectuar y hasta una pro
fundidad mayor que el fondo de la misma. En seguida, el espacio
entre esos elementos se reviste con tablas horizontales que se van
añadiendo a medida que la excavación progresa; también, según la
profundidad aumenta, deberán afirmarse los elementos verticales hin
cados con puntales de acero o de madera, colocados transversalmen
te a la excavación, apoyados en largueros longitudinales.
En general, los puntales son los elementos de los que más nece
sita preocuparse el ingeniero proyectista, para lo cual será preciso
conocer la magnitud y la distribución del empuje del suelo sobre
el ademe. Esta magnitud y distribución, como ya se ha dicho, depende
no sólo de las propiedades del suelo, sino también de las restric
ciones que el elemento de soporte imponga a la deformación del
propio suelo y de la flexibilidad de toda la estructura de soporte en
general.
Según la excavación prosigue, la rigidez de los puntales ya coloca
dos impide el desplazamiento del suelo en las zonas próximas a los
apoyos de esos puntales. Por otra parte, bajo el efecto del empuje, el
ademe en las zonas inferiores gira hacia dentro de la excavación, de
manera que la colocación de los puntales en esas zonas va prece-
MECANICA DE SUELOS (II) 107
dída de un desplazamiento del suelo que será mayor, en general,
cuanto mayor sea la profundidad de la zona considerada. Este tipo
de deformación que sufre el suelo durante el proceso de excavación
y colocación del ademe es equivalente, desde el punto de vista de la
distribución de presiones, a un giro del elemento de soporte alrededor
de su extremo superior. En estas condiciones de deformación las
teorías clásicas de Rankine y Coulomb no son aplicables y, por lo
tanto, para calcular el empuje sobre el ademe es preciso recurrir a
otros métodos. En el Anexo IV-i se presenta la forma usual de
efectuar estos cálculos. Sin embargo, es un hecho que en ademes
las teorías proporcionan resultados por lo general muy poco con
fiables, pues no toman en cuenta una serie de efectos reales, tales
como el arqueo, que juegan un papel importante y modifican gran
demente la magnitud y distribución de los empujes dados por las
teorías. En efecto, la distribución de presiones en este tipo de
obras es aproximadamente parabólica, con el punto de aplicación
del empuje muy cerca del punto medio de la altura del ademe, con
trariamente a la distribución lineal, similar a la hidrostática, que las
teorías clásicas consideran en muros de retención. Otra diferencia
importante entre el comportamiento de los muros de retención y los
ademes estriba en que los muros constituyen verdaderas unidades
estructurales, que fallan como un conjunto, por lo que las irregulari
dades locales en la distribución de presiones tras el muro tienen rela
tivamente poca importancia; los ademes, por el contrario, pueden
fácilmente fallar en forma local, rompiéndose un puntal en alguna
zona en que la concentración de presiones sea importante, lo cual po
ne en peores condiciones los restantes puntales y puede conducir al
desarrollo de un mecanismo de falla progresiva.
No hay actualmente ningún modo para saber si el proceso de
excavación y construcción del ademe producirá la suficiente ceden-
cia en el suelo como para que se desarrolle en éste toda la resistencia
al esfuerzo cortante y el empuje llegue al valor correspondiente al
estado activo. De hecho, los puntales suponen una restricción para
la deformación del ademe que permite pensar que, por lo menos en
las zonas próximas a ellos, la presión se concentrará fuertemente.
Ello dependerá de su acuñamiento y del tiempo transcurrido entre
la excavación y su colocación, principalmente.
Todo lo anterior justifica la afirmación ya hecha de que las
teorías clásicas de empuje de tierras no ofrecen suficiente confia-
bilidad en este tipo de estructuras, por lo que, o bien es preciso
recurrir a otros métodos de cálculo (Anexo IV-i) o a mediciones
efectuadas sobre modelos a escala natural o en obras reales. A este
respecto, Terzaghi13 presenta los resultados de medición efectuadas
durante la construcción de obras en arenas compactas y en arcillas
de origen glaciar blandas y medianamente firmes.
Durante la construcción del ferrocarril metropolitano de Berlín,
en arenas uniformes y compactas, con presiones de filtración elimi
nadas abatiendo el nivel freático, se establecieron celdas medidoras
en los ademes empleados, obteniéndose curvas reales de distribución
de presiones. La forma de estas curvas resultó ser bastante errática
y fuera del marco de las teorías establecidas, aunque conservando
cierta tendencia parabólica. Con un criterio puramente práctico, Ter-
zaghi estableció una envolvente sencilla de forma trapecial, útil para
ser aplicada en cualquier lugar en que hayan de ademarse arenas
compactas. Esta envolvente se muestra en la fig. IV-22.a.
108 CAPITULO IV
FIG. IV-22. Envolventes prácticos de presión, según Tenaghi
a) Arenas de Berlín
b) Arcillas de Chicago
Respecto a la magnitud de los empujes totales medidos se obser
vó que eran aproximadamente un 10% superiores a los calculados
con la Teoría de Coulomb y que estaban aplicados en la zona cen
tral del ademe. El valor cíe la presión máxima registrada resultó
ser un 20% menor que la presión máxima correspondiente a una
distribución lineal de empuje activo. Con estos datos, Terzaghi fijó
la altura del trapecio envolvente en el valor.
0.8 pA eos 8
donde
pA eos 8 = componente horizontal de la presión máxima calculada
con la Teoría de Coulomb, (supuesta una distribución
lineal de presiones).
8 = ángulo de fricción entre el ademe y el suelo, conside
rado igual a 2/3 <j>
El valor de pA puede calcularse con la expresión:
2 PÁ
Pá - ~ T T
donde
PA = empuje sobre el ademe calculado según la Teoría de Cou
lomb, con el método gráfico de Culmann, por ejemplo.
H = altura del ademe.
En arenas sueltas no existen hoy observacionesanálogas a las
anteriores que sean totalmente confiables. En este caso, Terzaghi
Eropone el uso de la envolvente de la fig. IV-22.a, modificándola asta tomar la forma correspondiente a la superficie a b d e .
En las arcillas blandas o medianamente firmes de origen glaciar
existentes en Chicago, E. U. A., Terzaghi obtuvo también gráficas
de distribución de presiones, con medidas directas. La envolvente
práctica de tales diagramas se muestra en la parte b) de la fig. IV-22
y también ahora es trapecial. Como en el caso de las arenas, las
mediciones indican que la distribución real de presiones sobre el
ademe sigue una ley aproximadamente parabólica, con máximo en
la parte central y con variaciones que dependen del procedimiento
de excavación y construcción del ademe, además de las propiedades
del suelo. La altura del trapecio vale ahora, según Terzaghi
yH — 2 qu
donde qu representa la resistencia de la arcilla a la compresión simple.
Las observaciones de Chicago se hicieron sobre arcillas del tipo
CL. con resistencia a la compresión simple del orden de 1 kg/cm2.
La parte superior (2 m aproximadamente) del estrato estaba pre-
consolidada por evaporación, mientras que las partes más profundas
eran prácticamente de consolidación normal. Estos datos delimitan
el campo de aplicabilidad práctica del diagrama de la fig. IV-22.b.
IV-16. Ademado en túneles
El problema del ademado en túneles presenta singularidades de
interés suficiente como para ameritar un tratamiento especial. En
efecto, dependiendo de la naturaleza de la roca o el suelo atravesa
do por la obra y de sus accidentes geológicos, el ademe puede no
hacerse necesario o, por el contrario, requerirse a un grado que haga
su costo prácticamente comparable al de las obras de revestimiento
definitivo y que haga de importancia decisiva los criterios y métodos
constructivos empleados en su proyecto y erección.
A continuación se presenta una tabla en la que se indican las
normas más generales de criterio en lo referente a ademado en
MECANICA DE SUELOS (II) 109
CAPITULO IV
Túnel excavado en roca estratificada y fragmentada
MECANICA DE SUELOS (II)
Excavación de un fúnel en roca estratificada
Túnel excavado en roca moderadamente fragmentada
112 CAPITULO IV
túneles que crucen roca. La
Tabla 4-2 se refiere a la fig.
IV-23, en la cual se aprecia
el sentido de las letras usa
das.
La carga Hp se refiere a
la altura de roca que se puede
considerar actuante sobre el
túnel.
En el Anexo IV -j se de
talla más esta cuestión tan
importante y, frecuentemente
tan descuidada por los inge
nieros constructores, a menu
do con deplorables conse
cuencias.
TABLA 4-2
Táñeles en R oca14
Estado de la Roca Carga Hp m Observaciones
Roca sana e Intacta cero Ademe ligero, si hay roca explosiva
Roca sana estratificada 0 a 0.5B Cuando sea necesario, ademe ligero.
Roca moderadamente
fisurada 0 a 0.25B
Ademe ligero, si hay ro
ca explosiva.
Roca moderadamente
fragmentada 0.25B a 0.35 (B+H ,)
Ademe en el techo, ra
ramente en las pare
des y nunca en el
piso
Roca muy fragmentada 0.35 (B + H ,) a 1.10(5+//,) Ademe en el techo y en las paredes
Roca triturada y quí
micamente intacta 1.10(B+H,)
Recomendable ademe
circular
Roca que fluye plásti
camente (a poca
profundidad)
1.10(B+Z/<) a 2.10(B + H ,) Conviene ademe circular
Roca que fluye plásti
camente (a gran
profundidad)
2.10(B+//,) a 4.50(B+í/i) Conviene ademe circular
Roca expansiva Hasta 70 m, independientemente del valor (B+//()
Indispensable ademe
circular
TECHO
PISO
FIG. IV-23. Sección de un túnel
MECANICA DE SUELOS (II) 113
IV-17. Tablestacas ancladas
Las tablestacas ancladas son elementos de retención del suelo,
generalmente en fronteras con agua.
Dependiendo de la profundidad de hincado para un tipo de suelo
dado, se agrupan en tablestacas de apoyo libre y de apoyo fijo. En
el segundo caso la tablestaca se hinca lo suficiente como para que
sólo pueda fallar por flexión o por deficiencia en el anclaje, pero
se excluye la posibilidad de falla por desplazamiento de su extremo
enterrado, al ser superada la resistencia pasiva del terreno; obvia
mente son de apoyo libre las tablestacas que no cumplen estas con
diciones. De acuerdo con las características de su construcción, las
tablestacas pueden ser de dragado o de relleno; en las primeras, la
estructura se hinca en el terreno natural y después se draga su lado
exterior, cediendo espacio a las aguas; en las segundas, por el con
trario, se gana terreno al agua hincando la tablestaca de modo que
una altura importante quede libre y rellenando posteriormente el
lado interior. En la fig. 1V-24 se muestran esquemáticamente los
tipos de tablestacas en lo que respecta a sus tipos de apoyos.
Las tablestacas ancladas
son estructuras que presen
tan muchas particularidades
que am eritan un análisis
especial. Durante siglos se
usaron bajo una base pura
mente empírica, sin intentar
ningún criterio de análisis;
después, en épocas corres
pondientes al comienzo del
presente siglo, se empezó a
dar una atención especial al
problema (H. Krey, 1910,
en A lem ania), elaborán
dose una serie de teorías
entre las que la de la "línea
elástica” y la de la "viga
equivalente” alcanzaron la mayor popularidad entre los proyectistas.
Las hipótesis básicas de todas estas teorías15 se presentan a conti
nuación, con referencia a la fig. IV-25.
En la parte a) de la figura se muestra una tablestaca anclada
con apoyo inferior libre. Se supone que toda la superficie interior
está sujeta a presión activa y que en la parte enterrada de la super
ficie exterior actúa una resistencia pasiva, también calculable por las
teorías clásicas.
(a)
FIG. IV-24. Tablestacas ancladas
a) de apoyo libre
b) de apoyo fijo
9—Mecánica de Suelos II
114 CAPITULO IV
En la parte b ) de la misma figura aparece una tablestaca anclada
de apoyo inferior fijo. Se toma ahora en cuenta que en b existe una
inflexión en la curva elástica de la tablestaca (fig. IV -24.b).
En el diagrama de la fig; IV-25 se muestran las presiones con
sideradas.
Nótese que abajo del punto de inflexión b las presiones se invier
ten, teniéndose la activa por el lado exterior y la pasiva en el inte
rior. La profundidad de hincado D se calcula de tal modo que la
elástica de la tablestaca satisfaga la condición de apoyo fijo tal
como ha quedado indicada al comienzo de esta sección; normalmente,
los cálculos necesarios se realizan dentro del marco de las teorías
clásicas, o bien por un procedimiento de tanteos o con base en hipó
tesis simplificatorias.
FIG. IV-25. Concepciones ciáticas respecta al empuje de tierras sobre tablestacas
ancladas
a) de apoyo libre
b) de apoyo fijo
En las épocas en que se desarrollaron las ideas arriba expuestas
no se sabía nada respecto a su validez; desde entonces se han des
arrollado un gran número de observaciones que demuestran que las
hipótesis antes mencionadas no pueden sostenerse si se desea un
razonable acercamiento a la realidad; sin embargo, estas observacio
nes no han alcanzado frecuentemente entre los proyectistas el eco
deseado. En el Anexo IV-k se mencionan las principales observa
ciones realizadas en los últimos años, reportadas por el Dr. Terzaghi,
así como las modificaciones que el propio investigador propone para
el diseño de las tablestacas ancladas.15
ANEXO IV a
Estados de equilibrio “plástico” en masas de arena de superficie
inclinada. Teoría de Rankine
En el caso de una masa de arena con superficie inclinada los
estados de equilibrio plástico pueden encontrarse analizando las con
diciones de equilibrio de un elemento prismático como el que se
muestra en la fig. IV-a.l.a.
MECANICA DE SUELOS (II) 115
FIG. IV-a.l. Estados "plásticos" en una masa friccionante semiinfinita
Puesto que el estado de esfuerzos en cualquier plano vertical es
independiente de la posición del plano dentro del medio, se sigue
que los esfuerzos en las dos caras verticalesdel elemento de la
parte a) de la figura mencionada, deben ser iguales en magnitud,
pero de sentido contrario. Esto conduce a la idea de que la fuerza
actuante en la cara inferior del elemento debe ser vertical hada arriba
y de valor yz, dado que se considera unitaria la dimensión del
elemento según la horizontal. Los esfuerzos normal y tangenrial que
obran en la cara inferior del elemento en estudio se deducen del
hecho de que las fuerzas correspondientes que los producen son
yz eos ¡3 y yz sen (3, respectivamente y de que el área de la cara
inferior vale 1/cos (3. De ello:
c — yz eos3 (3
( 4 - a . l )
t — yz sen |3 eos 3
Nótese que siempre:
= tg 3 (4-a.2)
por lo que el punto que representa a estos esfuerzos deberá estar
en una recta que pase por el origen y esté inclinada un ángulo 3
con la horizontal. Supóngase que D es ese punto.
El círculo de Mohr que represente al estado plástico activo, cau
sado por una expansión de la masa de suelo en la dirección del talud,
deberá, por lo tanto, pasar por D y ser tangente a la línea de falla
del suelo, inclinada <£ respecto a la horizontal, desarrollándose hacia
la izquierda, al contrario que el círculo representativo del estado
plástico pasivo, que debe cumplir las mismas condiciones, pero
desarrollándose hacia la derecha. Los dos círculos nombrados son,
los que aparecen en la fig. IV-a.l.d.
A partir de estas consideraciones y aplicando la Teoría del Polo
(Capítulo X I del Volumen I de esta obra) se podrán encontrar los
esfuerzos ligados a cualquier dirección dentro de la masa y a la
profundidad z. En efecto, como los esfuerzos r y i anotados arriba
obran en un plano que forma un ángulo 3 con la horizontal y como
la linea OD de la fig. IV -a.l.d tiene precisamente esa misma incli
nación, se concluye que la intersección de OD con el círculo del
estado activo situará al polo correspondiente al estado plástico activo
{Pa) y en forma similar podrá obtenerse el punto Pv. que es el polo
del estado plástico pasivo.
Las direcciones de las superficies de fluencia en ambos estados
se obtendrán trazando paralelas a las rectas que resultan de unir
los respectivos polos con los puntos de falla a, a', b y b'.
116 CAPITULO IV
Se obtienen así las direcciones PAa y PÁa' (dA y dA) para el
caso activo y Ppb y Ppb’ (dp y dp ) para el pasivo. Las partes b)
y e ) de la fig. IV-a.l representan esas superficies de fluencia.
El esfuerzo principal mayor en el estado "plástico” activo estará
representado por la abscisa del punto B y su dirección será normal
a la obtenida uniendo PA y B. Esta dirección forma con las líneas
de fluencia ángulos de 45° — <j>/2. Análogamente, usando Pp y E,
podrá obtenerse una dirección que es normal a la del esfuerzo prin
cipal mayor del estado "plástico” pasivo, que forma ángulos de
45° + <£/2 con las correspondientes líneas de fluencia.
Para obtener la magnitud de los esfuerzos normal y tangencial
sobre un plano vertical a la profundidad z, cuya resultante, según se
vio (fig. IV -a.l.a) es .paralela a la superficie del relleno, simplemente
se trazará una vertical por el polo PA. cuya intersección con el círcu
lo de Mohr del estado activo dará un punto cuyas coordenadas
son los esfuerzos deseados.
Nótese que las coordenadas de dicho punto son, en valor abso
luto, iguales a las del polo Pa, por lo que el segmento OPA repre
sentará ahora la magnitud del esfuerzo total actuante sobre el piano
vertical.
Para 3 = 0, el punto D coincide con B y la presión total sobre un
§lano vertical es horizontal y tiene por magnitud el segmento O A. ¡ste es el caso analizado en la sección IV-3.
Conforme 3 crece, el punto D se mueve sobre el arco Ba (fig.
IV-a. 1 .d) y el polo PA lo hace sobre el arco Aa; por lo tanto, el es
fuerzo total actuante sobre el plano vertical a la profundidad z
(OPA) irá aumentando en magnitud y su dirección será siempre la
dada por el ángulo 3-
El 3 máximo posible es <j>, si ha de haber equilibrio y en este
caso D y PÁ coinciden en a.
En el caso general 0 3 ^ la magnitud del esfuerzo total que
actúa en el plano vertical puede encontrarse con base en conside
raciones geométricas referidas a la fig. IV -a.l. La obtención de esa
presión, dirigida según 3. o sea paralela a la superficie del relleno
y actuante sobre el respaldo vertical del mismo, es algo laboriosa y
no se incluye en esta obra; su expresión es:
f n eos 3 — Veos2 3 — eos2 <f\ v
PA = yz\ eos 3 ------£ ~ 7 - n j ===== = Y* Kah (4-a.3)
L eos 3 + Veos2 3 — eos2 <¡>J
Donde KAa es el coeficiente de presión activa de tierra, cuando
la superficie del relleno está inclinada un ángulo 3-
Si 3 = 0 la fórmula 4-a.3 se reduce a la ya vista:
Pa = Y2 r rS * = Y2192(45 ~ */2)= (4'2)
MECANICA DE SUELOS (II) 117
118 CAPITULO IV
Si 3 = (j>, de la expresión 4-a.3 se obtiene:
pA — yz eos P (4-a.4)
Para el caso del estado plástico pasivo puede razonarse en todo
momento en forma semejante a la anterior, obteniéndose como resul
tado de la presión ejercida a la profundidad z, contra un plano ver
tical, el valor.
Pe
r 8 C O S ( i + V c o s ^ j g i l _ Krf
L eos P — V C O S 2 P — C O S 2 <j>J
(4-a.5)
Esta presión también es paralela a la superficie del relleno.
También ahora para p — 0 (relleno horizontal) se llega a las
fórmulas presentadas en el cuerpo del capítulo (sección ly-3)^ y
para P = <f> se tiene para la presión pasiva una expresión idéntica
a la 4-a.4. Nótese que al crecer el ángulo P la presión pasiva dis
minuye en magnitud, al revés de lo que sucedía con la activa.
ANEXO IV-b
Empujes contra muros de respaldo no vertical
En las secciones de muros de mampostería en que el respaldo no
sea vertical o en las secciones usuales de muros de concreto reforza
do con losa de cimentación han de modificarse los procedimientos
de aplicación de las fórmulas obtenidas en la sección IV-4.
Fl©. IV-b.l. Diagrama da presión acfiva en muros de concrefo reforzado
Considérense los muros mostrados en la fig. IV -b.l. En ellos la
línea AB en la parte a) y las aB en las partes b) y e ) correspon
den a las líneas de fluencia según la dirección d'A de la fig. IV-a.l.d,
representativa de los estados plásticos de Rankine. Al sufrir el muro
el empuje y desplazarse hada la izquierda, como consecuenda de
ello, la libertad que existe para que dicha línea se desarrolle por
completo, es lo que garantizará que se llegue al estado plástico activo
en todos los puntos del relleno a la derecha de dicha linea, ya que,
evidentemente, las líneas de fluencia paralelas a la dirección dA, en
la misma fig. IV-a.l.d, no tienen restricción para su formación.
En la parte a) de la fig. IV-b.l, a partir del punto A, puede
desarrollarse la línea de fluencia sin ningún obstáculo, a causa del
ligero bisel en la losa de cimentación. En el muro b) la línea de
fluencia no puede partir de A, por restricción impuesta por la losa,
por lo que en la parte Aa no se puede llegar a tener un estado
plástico activo. En la parte c) de la fig. IV-b-1, además de la
limitación indicada para b), la línea de fluencia corta al muro en b,
por lo que las presiones arriba del punto b' no pueden ser las corres
pondientes al estado plástico activo.
En el caso a), consecuentemente, podrán aplicarse las fórmulas
de la Teoría de Rankine, presentadas en la sección IV-4 para el
caso de empuje activo con superficie de relleno inclinada, al cálculo
del valor de E Á actuante en la sección vertical AC. Una vez obtenido
EA se encontrará la resultante de dicho empuje con el peso, W, de la
masa de relleno comprendida entre el plano AC y el respaldo del
muro.
En el caso b) de la fig. IV-b.l sólo la parte limitada por aB está
en estado activo y por lo tanto sólo el empuje sobre la parte aC de
la sección vertical AC podrá calcularse con las fórmulas de la sec
ción IV-4. La parte de empuje' correspondiente a la sección a A
tendría que calcularse con otro procedimiento, por ejemplo el de Cou
lomb; sin embargo, en la prácticael empuje total É A se calcula como
si toda la línea AC estuviera en la zona del relleno en estado activo
de Rankine. El error cometido con ello resulta siempre inferior a 2%.
Análogamente, en el caso c) de la figura citada, se ha compro
bado que si se considera el empuje activo actuando en toda la sección
AC, el error cometido no suele sobrepasar al 6%.
Tanto en el caso b) como en el c) los empujes activos calcula
dos deberán componerse con el peso W para encontrar el efecto
total del relleno sobre el muro.
En muros de mampostería con respaldo inclinado pueden suceder
dos casos. El primero, que la línea AB quede dentro del relleno, en
cuyo caso vale todo lo arriba dicho, resultando el empuje total de la
composición de empuje activo actuante sobre un plano vertical tra
zado por el pie del respaldo, con el peso de la cuña comprendida
entre dicho plano y el respaldo del muro. Pero si la línea A S cae
dentro del cuerpo del muro no podrá desarrollarse el estado activo
en el relleno y la presión sobre el muro será mayor que la correspon
MECANICA DE SUELOS (II) 119
120 CAPITULO IV
diente a dicho estado. En ese caso es recomendable recurrir al mé
todo de Coulomb para calcular el empuje.
ANEXO IV-c
Extensión de la Teoría de Rankine en snelos con “cohesión” y
“fricción”
En el cuerpo de este capitulo se analizó la Teoría de Rankine
para suelos con "cohesión” y "fricción”, en el caso de relleno de
superficie horizontal y muro de respaldo vertical.
En el presente Anexo se extenderá tal teoría, primero al caso
en que el relleno tenga como superficie límite un plano inclinado y,
segundo, al caso de muros con respaldo no vertical. Se diferenciará
la presión activa de la pasiva.
Considérese una masa de suelo limitada por una superficie plana
que forme un ángulo 3 con la horizontal. Si se considera un ele
mento de espesor unitario y altura dz a la profundidad z, puede lle
garse a las expresiones:
ct = yz eos2 3
t = yz sen 3 eos 3
Fl©. IV-c.l. C irc u io s de M o fo p a ra e l e s ta d o p lá s t ic o a c t iv o en do s p ro fu n d id a d e s
d ife re n te s . Suelos con "c o h e s ió n " y " f r ic c ió n "
para los esfuerzos normal y tangencial actuantes sobre un plano para
lelo a la superficie del relleno.
En la fig. IV-c.I dichos esfuerzos están representados por el
punto D. El círculo de Mohr correspondiente al estado plástico activo
del elemento será tangente a la envolvente de falla que, incidental
mente, no pasará por el origen, (círculo 1).
El polo, P/¡, podrá encontrarse trazando por D una paralela
a la superficie del relleno hasta cortar al círculo. Esta línea pasará
por el origen y no es paralela a la envolvente de falla, salvo el caso
especial en que |3 = <£. La dirección de las superficies de fluencia
a la profundidad z específicamente está dada, según se discutió en el
cuerpo de este capítulo, por d A y d A1, direcciones que se cortan al
ángulo de 90 —
Si se considera otro elemento análogo a una profundidad mayor
que la anterior, de modo que los esfuerzos normal y tangencial en
la dirección $ de la superficie del relleno, estén representados por
el punto iy, se tendrá un nuevo círculo correspondiente al estado
plástico activo (2 de la fig. IV -c.l). Una de las direcciones de las
superficies de fluencia, a esta nueva profundidad, está dada por la
cTÁ. Debe observarse que en este caso de suelo “cohesivo” y “fric
cionante", la dirección de la línea de fluencia varía con la profundi
dad, según se desprende del hecho de que d ' A no es ya paralela a
d A . Así, ahora las líneas de fluencia del estado plástico activo ya no
son rectas, sino curvas, como las mostradas en la fig. IV-c.2.
MECANICA DE SUELOS (II) 121
FIG. IV-c.2. E stado p lá s t ic o a c t iv o on suelos co n "c o h e s ió n " y " f r ic c ió n "
Obsérvese que las superficies de fluencia conjugadas también
resultan curvas, ya que deben formar con las primeramente conside
radas el ángulo constante 90° —
El efecto arriba mencionado es indudablemente debido a la in
fluencia de la "cohesión” y por lo tanto debe tender a disiparse
conforme la profundidad aumenta; en otras palabras, a profundidad
creciente, las líneas de fluencia tienden a ser las correspondientes
a un material puramente friccionante.
En la fig. ÍV-c.2 se ha considerado el hecho práctico de que el
suelo no trabaja a la tensión. Por ello se ha tomado en cuenta una
zona de profundidad.
2o = — V Ñ ; (4-27)
r
en la cual podrán presentarse grietas.
El diagrama de distribución de presiones sobre un muro de
respaldo vertical deberá empezar a la profundidad z0 y, como se des
prende de la fig. IV -c.l, la intensidad de las presiones ya no es pro
porcional a la profundidad, puesto que los círculos 1 y 2 ya no
son tangentes a una envolvente que pase por el origen. La distribu
ción es del tipo mostrado en la fig. ÍV-c.2 y puede también decirse
que esta distribución, a profundidad creciente, tiende a la lineal,
correspondiente al material considerado como puramente friccionante,
En la práctica, sin embargo, la distribución de presiones se con
sidera lineal, con el empuje resultante paralelo a la superficie del
relleno y pasando a través del centroide del área del diagrama de
presiones. La magnitud de este empuje práctico puede calcularse
como el área del diagrama lineal de presiones, multiplicando la
altura (H — z0) por la mitad de la presión actuante en la base del
muro; ésta puede obtenerse gráficamente en el diagrama de Mohr
midiendo la distancia OPa•
En el caso de que el respaldo del muro sea inclinado podrá
hacerse una discusión similar a la efectuada en el Anexo IV-b. En
la práctica, sin embargo, es usual proceder como allí se indica, com
poniendo la presión actuante sobre un plano vertical trazado por el
extremo de la base del respaldo con el peso de la cuña de suelo
comprendida entre ese plano y el respaldo del muro.
En el caso del estado plástico pasivo puede razonarse de un modo
análogo al activo. Ahora es preciso suponer que, bajo la acción del
muro, el suelo se comprime lo suficiente como para que se desarrollen
en todo punto esfuerzos cortantes iguales a la máxima resistencia. En
este caso, por estar toda la masa sujeta a esfuerzos de compresión,
no habrá zona de agrietamiento. Las líneas de fluencia no son rectas,
si la superficie del relleno es inclinada; uno de los ángulos formados
por las líneas al cortarse sigue siendo 90° + <¡>. La distribución de
presiones sobre un plano vertical da lugar a un diagrama convexo,
en lugar de cóncavo como resultaba en el caso del estado activo;
no existe forma práctica para tomar en consideración tal diagrama
122 CAPITULO IV
de presiones y en los trabajos diarios se aproxima con ley lineal,
siendo su área igual al empuje total que se considera.
Al igual que en el estado activo, si la superficie del relleno es
horizontal, las líneas de fluencia para el caso pasivo se vuelven rectas
y el diagrama de presiones resulta rigurosamente lineal, con lo cual
se obtienen las fórmulas presentadas en la sección IV-6,
En todas las discusiones anteriores, para que logren desarrollarse
los estados plásticos activo o pasivo, es preciso suponer que la defor
mación del muro es la requerida para ello. Como en ambos casos
lo que se necesita es que entre en estado plástico una cuña de mate
rial que parta del pie de la base del muro, el desplazamiento de éste
no precisa ser una traslación paralela a sí mismo, sino que basta con
que el muro pueda girar alrededor del pie de la base, para que pueda
considerarse que los estados pueden generarse. Al considerar la
resistencia del suelo como definida por los parámetros c y <¡>, se
admite que el material es “cohesivo” y “friccionante”; como este no
es el caso, según se discutió ampliamente, las líneas de fluencia de
berían de modificarse de modo que sólo tomasen en consideración las
propiedades del suelo en términos de sus esfuerzos efectivos, que
haría que sufriesenmodificaciones inclusive las distribuciones de
presiones sobre el muro. Desde este punto de vista, aún en los
materiales puramente "cohesivos”, las líneas de fluencia deberían
de cortarse a 90° + <¡>, siendo <f> el ángulo de fricción interna del
suelo. El problema se torna muy complejo si se desea tomar en cuenta
en la Teoría estricta a las propiedades reales del suelo y se complica
especialmente si se introducen condiciones de preconsolidación. Po
dría decirse que este tema puede considerarse realmente inexplorado
hasta hoy y que apenas se ha completado la etapa de aplicación
de teorías a materiales ideales, sin que por el momento hayan crista
lizado las inquietudes sugeridas en los investigadores ante el com
portamiento real de los suelos, cada día mejor conocido.
En realidad la Teoría de Rankine debe verse tan sólo como un
marco de referencia que permita al lector ubicar sus ideas y poder
así enfrentarse con cierta sensación de estabilidad a los problemas
reales del suelo. En las secciones de este capítulo se discuten factdres
importantes que deben tomarse en cuenta cuando la estructura de
contención tiene limitaciones para desplazarse lo requerido en los
estados plásticos.
ANEXO IV-d
Influencia de la rugosidad del muro en la forma de las lineas de
fluencia. Suelos “friccionantes”
Si el respaldo vertical de un muro de retención es rugoso, se
desarrollan a lo largo de él esfuerzos cortantes que influyen en la
MECANICA DE SUELOS (II) 123
forma de las líneas o superficies de fluencia. Considérese un muro
de respaldo vertical rugoso, con relleno horizontal constituido por
un suelo puramente “friccionante”. Si el muro se desplaza o gira en
tomo a su base alejándose del relleno, la masa de arena que tiende
a deslizar genera esfuerzos cortantes en el respaldo del muro a causa
de su tendencia a bajar. Estos esfuerzos cortantes inclinan al empuje
activo resultante un ángulo S respecto a la normal en el plano de con
tacto; éste es el ángulo de fricción entre el suelo y el muro. Este
ángulo se considera positivo cuando la reacción del muro sobre el
relleno tiene componente vertical dirigida hacia arriba. En la fig.
IV-d.l .a se presenta este caso, anotándose las líneas de fluencia
resultantes en tales circunstancias.
124 CAPITULO IV
FIS. IV-d.l. L ineas d e f lu e n c ia en su e lo " f r ic c io n a n te " con m uro d e re sp a ld o rugoso
La zona deslizante tiene una frontera que puede considerarse
compuesta de dos tramos: el bd, curvo y el de, recto. La cuña ade
está formada por dos familias de líneas rectas de fluencia que corres
ponden al estado activo de Rankine. La cuña abd está formada por
dos familias de líneas que, como las anteriores, se cortan a 90° — <j>.
Si por alguna razón, la presencia de una carga vertical sobre la
cresta por ejemplo, el muro tiende a bajar respecto al relleno, el
ángulo S se invertirá y la componente vertical de la reacción del muro
sobre el relleno será hacia abajo. En este caso (fig. IV-d.l.b) la
cuña deslizante resulta mucho menor y las líneas de fluencia se zoni-
fican como antes, invirtiéndose la curvatura de las que no son rectas.
Algo completamente análogo puede decirse del caso de empuje
pasivo, si bien en este caso el ángulo 8 se considera positivo si la
acción del muro sobre el relleno tiene componente vertical dirigida
hacia abajo, (figs. IV-d.l. c y d).
MECANICA DE SUELOS (II) 125
ANEXO IV-e
Deducción de la fórmula de Coulomb para presión de tierra en
suelos friccionantes. Construcción de Rebhann-Poncelet
IV-e.l Construcción de Rebhann-Poncelet
Para la deducción de la fórmula de Coulomb es un excelente pun
to de partida una construcción gráfica presentada en 1871 por G.
Rebhann7, sobre una solución originalmente debida a V. Poncelet8.
Por sí misma la construcción mencionada puede usarse para en
contrar el empuje de proyecto y el plano de falla crítico; desde este
punto de vista la construcción representa un método gráfico de análo
gos efectos a los de Culmann o Engesser.
Las etapas de la construcción, con referencia a la fig. IV -e.l, son
las siguientes:
1. Prolongúese CD hacia ambos sentidos
2. Dibújese AC, con C en el primer quiebre del relleno
3. Dibújese una línea paralela a A C por B, hasta que corte a
CD prolongada, en F
4. Dibújese una línea por A, que forme el ángulo <f> con la
horizontal y llévesela hasta que corte CD en G
5. Dibújese FH, perpendicular a AG por F
6. Dibújese FI, formando un ángulo w + 8 con FH
7. Trácese un semicírculo con diámetro AG, siendo / su centro
8. Dibújese por I una perpendicular a AG, hasta K
9. Con A como centro y AK como radio trácese un arco que
cortará a AG en L
10. Dibújese ML, paralela a FI
11. Con centro en L y ML como radio, dibújese un arco de círcu
lo que cortará a AG en N
12. Dibújese MN
13. Dibújese AM.
El área LMN, multiplicada por y del relleno, es el empuje total
que se ejerce sobre el muro. La línea AM es la traza del plano crítico
de falla y el ángulo VA M es el ángulo de ruptura.
126 CAPITULO IV
Fl©. IV-e.l. C o n s tru cc ió n de R ebhann-P once le t
IV-e.2 Demostración de la construcción de Rebhann-Poncelet
Se hará en las siguientes etapas (fig. IV -e .l) :
1. El peso de la cuña deslizante, W, puede encontrarse como
sigue: los triángulos A C F y ACB s<jn de igual área, por tener igual
base (AC, común) e igual altura “(yues B F es paralela a A C por
construcción).
Así el área de la cuña ABCM es igual a la del triángulo AFM.
Entonces, si AO es normal a FM , se tiene:
W = ^ y OA • FM (4 -e .l)
2 . La expresión para E puede determinarse como sigue:
Dibújese MQ, perpendicular a AG; ya que ML es paralela a Fl
y el ángulo IFH vale w + 8,
4 LMQ = 2L IFH = w + 8
Dibújese la vertical MR. Entonces por la etapa 4 de la cons
trucción:
4 QMR = 4 SAG = <¡>
Sea el 4 VAM — a. Entonces en la figura se ve:
4 RMA = 4 VAM = a
Así:
4 L M A = 4 LMQ + 4 Q M R + 4 RM A— w + 8 + <f> + a
y 4 LAM = 90° — 4 SAG — 4 VAM = 90 — £ — a
En el triángulo LM A:
LM senX-^ LAM) _ sen(90 — <j> — a)
AL s e n (4 LMA) ~ sen(w + 8 + <j> + a) e
La cuña ABCM está en equilibrio por la acción de E y F (parte
b ) de la fig. IV -e .l). El triángulo abe de fuerzas es el que se muestra
en la parte c) de la misma fig. IV -e.l. De él:
E sen á sen (90 — <f> — a)
MECANICA DE SUELOS (II) 127
128 CAPITULO IV
De las ecs. 4-e.l y 4-e.4:
E = AO • F M (4-e.5)
Los triángulos FIG y MLG son semejantes, por lo que:
m = T ¡ ? PM = P G ^ <4- 6 >
m = K T '■ L M ^ L G ^ (4-e.7)
De las relaciones 4-e.5, 4-e.6 y 4-e.7 se tiene:
E = h A O F G Tü-L G T 5 ^ L
de donde
f f _ l A O -F G -IF 1L-LG lt
£ - 2 T — 1 7 B ? -------------3 2 “ , 4 -e'8 >
3, La localización del plano crítico de falla puede determinarse
como sigue:
En la expresión 4-e.8, todas las cantidades son constantes que
dependen del peso específico del suelo, las dimensiones del muro y
la forma de la superficie del relleno, con excepción del último que
brado, cuyo valor es función de la posición del plano de ruptura AM.
Para encontrar el máximo valor de E, que es el que deberá uti
lizarse en el proyecto de un muro, deberá obtenerse el valor máximo
del quebrado:
IL ■ LG
AL
Para facilitar la nomenclatura se hará:
AG = a AI = b y AL = y
entonces:
IL — y — b LG — a — y
por lo tanto:
El problema se centra pues en encontrar el valor de y que haga
máximo el valor de Y en la ec. 4-«.9. Al diferenciar dicha expresión
respecto a y, se tiene
| L = + £ ± - i = o
9.9 y
de donde se llega al valor:
y = \íab (4-e.lO)
Debe demostrarse ahora que la construcción presentada en el
apartado IV-e.l, satisface la ec. 4-e.lO.
Desde luego, en el triángulo rectángulo AIK
(A K ) 2 - ( A I ) 2 + (IK ) 2
y en el triángulo rectángulo IK]
(IK ) 2 = (JK )2 - ( ] I ) 2
por lo tanto
= (AI ) 2 + ( JK)2 - (//) =
MECANICA D E SUELO S (II) 129
pero
AK = AL = y, AI = b, ]K = JI = b - j
substituyendo
y>= » - + ( - 2- ) ‘ - ( ‘ - t ) ’ = * 6
de donde
y = Vah
que es la expresión 4-e.lO. Así la construcción de Rebhann-Pon-
celet queda justificada y debe proporcionar el valor de E máximo
posible, para un problema dado.
La construcción es válida sólo en el caso en el que el punto M
caiga entre el muro y el punto D. Tampoco puede aplicarse sin mo
dificación a muros tipos voladizo. En este caso debe calcularse pri
mero el empuje contra un plano vertical por el punto extremo de la
base del muro y combinar ese empuje con el peso de la cuña de
suelo comprendida entre ese plano y el respaldo del muro.
10—Mecánica de Suelos II
IV-e.3. Deducción de la fórmula de Coulomb
Considérese el caso mostrado en la fig. IV-e.2 en el que un
relleno de superficie inclinada ejerce un empuje contra un muro de
respaldo plano. Si se aplica a ese caso la construcción de Rebhann-
Poncelet podrá notarse que los puntos F y C coinciden con el B y
que el punto G cae ahora sobre la superficie del relleno.
130 CAPITULO IV
Con el punto F considerado en B, la fórmula 4-e.8 queda:
„ 1 f AO • BG • IB1IL • LG . . .
El término entre paréntesis rectangulares es constante y depen
diente solo de los valores de H, 0, w, 8 y fijos para un problema
dado. El último término de la expresión depende de la posición del
plano de falla AM; ya se vio que ese valor es máximo si:
y = Vab
de la figura
AO = AB ■ eos (w — 0)
MECANICA DE SUELOS (II) 131
en el triángulo ABG
BG = AB sen (90° — <t> + w)
sen (tf>- 0)
en el triángulo ABI
IB — A B sen (90° <j> + w)
- A ü- sen (90o ^ s - w )
también de la figura se deduce
IL — tj — b, LG — a — y, AL = y, IG — a — b
y
IL ■ LG _ (y — b) (a — y) _ a¿ , , - X j — - — a — —
pero y = Vab, para obtener el máximo empuje; por lo tanto
— xt— — a — 2 V ab + b —----------------A.L a
substituyendo en la ec. 4-e.ll, se tiene:
p — * / jm , / sen (90° — <¿> + w)
£ - ¿ a f a - p ) x
v . d sen (90 — <£ + o») (a — Vafe)2
sen (90 — 8 — te) a ( a - 6 ) 2
lo cual da:
p _ J_ , ab\2 COS (w — P) eos2 (<ft — m) Afi ( a — Yab\ 2
2 sen (<f> — 0) eos (w + 8) a \ a — b ]
(4-e.l2)
En la fig. IV-e.2 puede verse que:
AB = — • ^ _ sen (<ft — 0) _ sen ( — 0)
eos m ’ a — sen (90° + 0 — w) ~ eos (w — 0)
_ /ah
a — V a F 1 — V i 2 1
- * , - ± - 1 + .|T
b _ sen (8 + >̂) _ sen (8 + <t>)
AB sen (90 — S — w) eos (S 4- w )'
a _ sen (90 + (3 — tv) _ eos (w — 3)
AB sen (<f> — 3 ) sen(<¡!>— 3)
de lo anterior
b _ b/AB _ sen (8 + $) sen (̂ > — 3 )
a a/AB eos (S 4- w) eos (w — 3)
substituyendo todos estos valores en la ec. 4-e.l2 se tiene
B = — y H 2 1 eos (w — 3) eos2 (<f> — w) sen (<¡> - 3)
2 c0s2u> sen (<¡> — 3) eos (5 + w) eos (w — 3)
x 1________________
. sen (S + <ft) sen ( .̂ — 3) ~[2
L eos (S + w) eos (w — 3) J
lo cual aún puede simplificarse hasta llegar a
E — — y H 2 _____________________ eos2 (<f> — w) _
2 , S ~ " I sen (8 + <í>) sen (<£ — 3) 1 2eos- u> eos (5 + w) 1 + J -----
L \ cos(5 + w)cos(w — 3) J
que es la expresión 4-30 a la que se quería llegar.
132 CAPITULO IV
ANEXO IV-Í
Teoría de Coulomb en suelos friccionantes, aplicada a algunos
casos especiales de interés práctico
IV-f.l. Análisis de sobrecargas
La fórmula 4-30 puede ser utilizada para tomar en cuenta la pre
sencia de sobrecargas uniformes sobre la superficie del relleno, pero
no sirve para manejar sobrecargas no uniformes o cargas lineales.
En rellenos horizontales o planos inclinados un ángulo 3 con la
horizontal, el procedimiento usual para tomar en cuenta una sobre
carga uniforme es transformarla en un colchón de tierra equivalente.
Si p es la presión uniforme y y e l peso específico del suelo, la altura
del colchón equivalente será:
MECANICA DE SUELOS (II) 133
El diagrama de presiones será en este caso trapecial y si el muro
tiene altura H, el empuje total vale:
E = M h ' H + Y Hi)K H'f l )
donde K tiene el sentido que se desprende de la fórmula 4-30. El
empuje estará aplicado en el centroide del área del trapecio de
presiones.
IV-f.2. Relleno estratificado
Si el relleno tras el muro está formado por varios estratos de
suelo de espesor constante y paralelos a la superficie del relleno, la
presión lateral total podrá calcularse considerando la carga total
sobre cada estrato como sobrecarga uniforme. También ahora el
valor de K de la fórmula 4-f.l, aplicada al caso presente tiene
el sentido con que aparece en la expresión 4-30. Es conveniente
proceder de arriba a abajo en la consideración de los distintos
estratos.
IV-f.3. Muro de respaldo quebrado
Si un muro tiene su respaldo quebrado como el mostrado en la
fig. IV -f.l, la fórmula de
Coulomb podrá aplicarse
por etapas. Un empuje E x
podrá obtenerse con la ex
presión 4-30 para la parte
BB' del respaldo. El empuje
E 2 se supone ser el corres
pondiente a la parte del dia
grama lineal de presiones
actuante sobre A V que cu
bre la parte AB del respal
do. El empuje de proyecto E
es la resultante de esos dos
y pasa por su intersección.
134 CAPITULO IV
ANEXO IV-g
Construcción gráfica de Engesser
La construcción de Engesser es análoga a la de Culmann y se
aplica de un modo similar. Con referencia a la fig. IV-g.l, la cons
trucción puede realizarse como sigue:
¥.na,y?z„ trabadas las líneas <j> ’ y "0" en la forma vista en la
sección IV -8, llevense sobre la línea " f y a partir de A segmentos
Aalt Aa2 . etc. que representen, a una cierta escala de fuerzas, a
los pesos W j W« .. . etc. de las diferentes cuñas deslizantes supues
tas y limitadas por los planos Abt, Ab2 . . . etc.
Por los puntos au a2. . . etc., trácense paraielas a los respectivos
pianos de deslizamiento Abu Ab , . . . etc.
Una vez dibujadas estas líneas es fácil trazar su envolvente con
suficiente precisión. Esta linea aparece con trazo lleno en la fio.
IV-g.l y recibe el nombre de curva de Engesser. La curva de En
gesser corta a la “línea 6" en el punto c, tal que Ac es el empuje
máximo buscado, representado a la escala de fuerzas utilizada en
el dibujo.
En eíecto, es fácil ver, para la cuña deslizante 1 por ejemplo,
que el triángulo Aa-iCi es semejante al triángulo de fuerzas que
aparece en la citada fig. IV-g.l, de modo que el segmento Aci es el
correspondiente empuje, a la escala de fuerzas usada. Asi el segmento
Ac es el máximo de los empujes obtenibles. No se considera necesa
rio detallar más la demostración del método que es en todo análoga
a la presentada para el procedimiento de Culmann.
El punto de aplicación del empuje puede obtenerse como se indicó
para el método de Culmann.
ANEXO IV-h
Arqueo en suelos
En el cuerpo de este capítulo se trató el arqueo en suelos desde
un punto de vista puramente cualitativo, exponiéndose brevemente en
que consiste este importante efecto. Insistiendo en este aspecto pura
mente descriptivo, se expone a continuación un experimento que
permite visualizar el efecto en forma muy clara.
Considérese una balanza sobre una mesa. Sobre uno de los
platillos de la balanza está situado un cilindro vertical de vidrio
o lucita, de modo que el cilindro no toque el platillo, por estar provisto
de un apoyo independiente situado sobre la mesa. Én el otro platillo
se ha colocado un recipiente con agua, provisto de una llave de
purga; el agua extraída se recogerá en una probeta graduada. En el
platillo situado bajo el cilindro de vidrio se coloca un contrapeso
que equilibre al peso del recipiente colocado en el otro platillo cuando
esté vacío de agua. La fig. IV-h.l muestra un esquema de la dispo
sición de los elementos antes citados.
Una vez colocado el cilindro muy cerca del platillo, pero sin
tocarle, con la balanza fija (sin movimiento en los platillos), se llena
de arena, dejándola caer por la parte superior. La arena descansa
así directamente sobre el platillo. Al mismo tiempo, en el otro platillo,
se coloca agua en el recipiente contrapesado, de manera que el peso
del agua sea igual al de la arena del primer platillo.En estas condi
ciones se dejan en libertad los platillos observándose, como es natu
ral, que quedan equilibrados. Si ahora se abre la llave de purga
del recipiente que contiene el agua, permitiendo que ésta fluya hacia
la probeta, se observará que la balanza no se desnivela, aún cuando el
peso que se pierda de agua sea importante.
Cuando sólo una pequeña fracción del agua original quede en
el recipiente, se notará que la balanza llega a desnivelarse, derra
mándose la arena del cilindro a través del espacio producido bajo
él por el movimiento de la balanza.
MECANICA DE SUELOS (II) 135
Una interpretación sugestiva del experimento descrito consiste
en suponer que lo que sucede en el cilindro es que cuando el platillo
tiende a bajar y a ceder bajo la arena, ésta empieza a trabajar por
arqueo transmitiendo su peso, por fricción, a las paredes del cilindro.
Este efecto disminuye el peso de la arena que gravita sobre el
platillo. A medida que sigue drenándose el agua del recipiente del
otro platillo, el primer platillo bajo la arena seguirá bajando una
magnitud imperceptible, pero suficiente para dar lugar a mayor
desarrollo del efecto de arqueo en la zona inferior de la arena. La
zona superior gravitará sobre los arcos o, mejor dicho para este caso,
bóvedas formadas en la masa granular inferior. El desequilibrio de la
balanza se presenta cuando el peso del agua es igual prácticamente
al peso de la arena contenida en el semi-elipsoide de revolución
indicado en la figura por trazo discontinuo, pues esta masa de arena
no tiene ninguna otra forma de sustentación posible. Una vez roto
el equilibrio, este volumen de arena cede permitiendo el desplome de
los arcos o bóvedas con la consecuencia del derrame de toda la arena
observado en el experimento.
136 CAPITULO IV
FIG . IV-h. I Experimento que ilustra e l efecto de arqueo en suelos granulados
A este efecto de arqueo suele también llamársele acción de silo
por presentarse en los silos para el almacenaje de cereales.
Las teorías de arqueo más estudiadas se refieren por lo general
a dos problemas específicos: el primero considera un estrato de
arena de extensión infinita, pero espesor finito, descansando sobre
una base infinita de la cual cede una sección angosta de longitud
infinita; es decir, se analiza un problema de deformación plana; el
segundo problema considera el caso de un elemento vertical de sopor
te que gira en torno a su extremo superior, provocando el arqueo
de la masa del relleno. En la fig. IV-h.2 (a y c) se esquematizan
ambos problemas mencionados.
MECANICA DE SUELOS (II) 137
Z O N A O E C E O E N C lA
F IS . IV-h.2. ¿os dos problemas más preferentemente tratados por las Teorías de Arqueo
Terzaghi11 distingue tres tipos de teorías de arqueo, en referencia
al tratamiento del primero de los dos problemas mencionados.
1 ) Teorías en las que se consideran las condiciones para el equi
librio de la arena localizada inmediatamente arriba de la zona
de cedencia, sin investigar si los resultados obtenidos son
compatibles con las condiciones de equilibrio de la arena
situada más lejos de dicha zona.
2 ) Teorías basadas en la hipótesis de que la masa completa de
arena colocada sobre la frontera que cede está en condiciones
de equilibrio crítico. Esta hipótesis no es compatible con los
datos experimentales de que se dispone.
3) Teorías en que se supone que las secciones verticales ad y be
(fig. IV-h.2.a), que pasan por los extremos de la faja de
cedencia son superficies de deslizamiento y que la presión
sobre la frontera cedente es igual a la diferencia entre el peso
total de la masa de arena colocada sobre esa frontera y la
resistencia friccionante desarrollada a lo largo de las superfi
cies de fluencia. Las superficies reales de deslizamiento son la
ae y bf, curvas, según indican los datos experimentales, con
una separación mayor en la superficie que el ancho de la
zona de cedencia; por lo tanto la fricción a lo largo de las su-
perficies verticales supuestas no puede estar totalmente des
arrollada, pues esas superficies no son, estrictamente ha
blando, superficies de fluencia. Este hecho produce un error
del lado de la inseguridad.
Las Teorías de los tres grupos conducen a resultados diferentes
entre sí y puede decirse que el fenómeno de arqueo no ha sido
estudiado en la realidad lo suficiente como para poder juzgar el
valor relativo de cada una de ellas. El grupo más sencillo de anali
zar es el mencionado en tercer lugar y una Teoría de este grupo
es la que se expone a continuación.
En ella se considera que la resistencia del suelo está dada en
general, por la ley de Coulomb:
5 = c + ctg<£
Se considera también inicialmente que en la superficie del terreno
considerado actúa una sobrecarga q.
IV-h.2.a se muestra un elemento prismático de suelo
situado a la profundidad z y de espesor dz. El esfuerzo vertical en la
cara superior se denomina cr„ y el esfuerzo horizontal, en las caras
laterales, se supone ser:
cjh = K e v (4 -h .l)
donde K es una constante.
Considerando el equilibrio vertical del prisma elemental se tiene:
2Bydz ~ 2 B (<yv + dav) - 2Bav + 2cdz + 2Kavtg<t> dz (4-h.2)
Simplificando y operando puede llegarse a:
dtxv , K c
- + av- m = r - - E . (4-h.3)
que es una ecuación diferencial lineal, de primer orden y primer
grado. Resolviéndola se tiene
o'v = e - f áz[ J Q e~Jí>ííz dz + C]
donde
P = § tg* y Q = r ~ § -
por lo tanto
OV = c-1<*/*> ~ -§•){ «»(*/«»* dz + C
operando
C\
138 CAPITULO IV
MECANICA DE SUELOS (II) 139
Teniendo en cuenta el planteamiento del problema puede escri
birse la siguiente condición de frontera:
av — q si z — 0 (d-h.5)
Aplicando esta condición a la solución 4-h.4 se llega a:
B
( - 5 ) .ffv - — ' ----- 11 _ e-Kt'Hi/n, ) + q (4. h 6)
K tg<¡>
Donde c es la base de los logaritmos naturales. Si el material
que constituye el estrato bajo estudio es puramente "friccionante”
(c ~ 0), la ecuación anterior se reduce a :
ff, = - (1 - C-Kt" ^ ñ>) + q (4-h.7)Ktg $
Si la sobrecarga q es nula, la ec. 4-h.7 aún puede reducirse a:
oy = (1 - e“Alŝ (s/B)) (4-h.8)Ktg (¡>
Cuando z tiende a oo el valor de oy para un estrato de arena
limpia, sin sobrecarga, tiende a:
" = ■ & ■ (*-h9>
que naturalmente es constante. Se ve entonces que, en este caso, la
presión vertical dentro de la arena ya no sigue la conocida ley lineal
sino que su gráfica se hace curva, acercándose asintóticamente al
valor (4-h.9); de manera que, según la Teoría expuesta, la presión
que actúa en la frontera cedente resulta menor de lo que se deduciría
de la profundidad de tal frontera. Viendo la fórmula 4-h.9 y consi
derando, para fines apreciativos, un valor <j> — 30° y K =1, se tiene:
ffr = 2 By (4-h.lO)
lo cual indica que, para esos valores, la presión que se ejerce sobre la
zona cedente es únicamente la correspondiente a una columna de
arena de altura 2B, o sea el ancho de dicha zona cedente. Es impor
tante notar, en la ec. 4-h.9, que el valor de la presión vertical ov
es proporcional al ancho de la zona cedente, 2B.
Pero por otra parte, los datos de la observación experimental
en arenas12 han demostrado que el valor de K aumenta desde 1, muy
cerca del centro de la frontera que cede, hasta 1.5 en una elevación
2B sobre ese punto. A elevaciones mayores que 5B aproximadamen
te parece ser que el hecho de que la frontera ceda ya no influye
140 CAPITULO IV
en el estado de esfuerzos de la arena. Estos hechos experimentales
imponen la hipótesis de que la resistencia al esfuerzo cortante de
la arena se moviliza sólo en la zona inferior de espesor z2 de las
superficies de deslizamiento ad y be; con esta hipótesis, la parte su
perior de la masa de arena actúa sobre la masa que se extiende en
la altura z2 simplemente como una sobrecarga q y la presión en Id
frontera cedente debe entonces calcularse haciendo uso de la fórmula
4-h.7.
Si Zi (fig. 4-h.2.a) es la profundidad a lo largo de la cual no
existen esfuerzoscortantes en las superficies verticales de desliza
miento, se tendrá
q = yz,
Por lo tanto, para ese valor de q y para z = z2, profundidad
en que la resistencia al esfuerzo cortante de la arena si se moviliza,
la ec. 4-h.7 queda:
OV = (1 - e-K ) + y Zie-* .strwi) (4-h.l 1)
Atg$
Cuando z2 tiende a oo el valor de crv tiende a
- = 4 <4-h-9 >
que es el mismo valor 4-h.9, constante.
Por lo tanto, cuando una parte de la frontera inferior de una masa
de arena de gran espesor cede, la presión sobre esta zona cedente no
es igual a la correspondiente a toda la altura de la arena que gravita
sobre ella, sino que alcanza un valor menor que tiende al dado por
la expresión 4-h.9, independientemente de la profundidad.
Por ejemplo, si <¡> = 40°, K = 1, zx =■ 45, la presión de la arena
crece según ley hidrostática con la profundidad hasta el valor
Zi = 45, pero abajo de éste, la presión queda medida por la
ec. 4-h.l 1 y disminuye cuando la profundidad aumenta, acercán
dose asintóticamente al valor 4-h.9. La teoría indica que a una
profundidad de más de 85, la influencia del peso de la arena en
el espesor zx ya es despreciable, pues a tal profundidad el valor de
o» ya se acerca suficientemente al valor final constante. También
puede decirse que a una elevación de más de 45 ó 65 sobre el centro
de la zona cedente, la presión sobre tal zona cedente ya no se ve in
fluenciada por el estado de esfuerzos prevalecientes en las capas su
periores de la arena.
En realidad, la transición entre la resistencia al esfuerzo cortante
totalmente movilizada en la parte baja de la superficie de desli
zamiento ad y be y el valor nulo en las partes altas de esas superfi
cies es seguramente gradual y, por lo tanto, también será suave la
variación del esfuerzo normal vertical con la profundidad, no alcan
zándose el valor yzu a partir del cual disminuye bruscamente, sino
que comienza a variar gradualmente desde antes de esa cantidad,
con valores ya menores que los correspondientes a la ley lineal. En
la fig. IV-h.2.b se muestra esquemáticamente con línea llena la varia
ción real de er„, verificada con mediciones, en tanto que con trazos
discontinuados se indica la teórica, brusca.
El efecto de arqueo es mucho más difícil de analizar en el segun
do caso, mostrado en la parte c) de la fig. IV-h.2, correspondiente
a un elemento vertical de soporte que gire en torno a su extremo
superior. Para analizar este problema se han hecho diversos intentos
con la hipótesis de que la superficie de deslizamiento es plana, arco
circular o de espiral logarítmica, llegándose en forma cualitativa, a
algunas conclusiones importantes. La distribución de presiones hori
zontales tras el elemento vertical no es, en realidad, lineal, sino que
adopta una forma de tipo parabólico, análoga a la mostrada en la
fig. IV-h.2.c. Esto trae como consecuencia inmediata el que el punto
de aplicación del empuje total se acerque mucho a la mitad de la
altura del relleno. Al mismo tiempo, la investigación ha demostrado
3ue el nuevo empuje es mayor que el correspondiente al estado activo e Rankine.
ANEXO IV-i
Métodos teóricos para el cálculo de empujes sobre ademes.
Método de la espiral logarítmica
MECANICA DE SUELOS (II) 141
Considérese en primer
lugar una excavación en
arena (c = 0 ) de altura
H, como la mostrada en
la fig. IV-i.l. Se supone
en lo que sigue que no
obran presiones hidrostá-
ticas sobre el ademe. La
posición inicial del ademe
corresponde a la línea ab
y la ab' representa la po
sición final.
Se trata de encontrar
el empuje P que obra so
bre el ademe, por metro
de longitud de éste. La
hipótesis básica de este
método consiste en supo
ner que la superficie de
FIG . IV-1.1 Método de lo espiro! logarítmico po
ra el cálculo de empuje en ademes
falla del suelo tiene con el plano del papel una traza constituida
por una espiral logarítmica de ecuación:
r ~ r , e olg$ (4 -i.l)
Donde e es la base de los logaritmos naturales y el sentido de r,
r0 y 6 queda indicado en la fig. IV-i.l.
Como la parte superior de la masa deslizante no puede defor
marse lateralmente, por efecto de la primera hilera de puntales,
la superficie de deslizamiento debe cortar a la superficie del terreno
en ángulo recto. Por una conocida propiedad de la espiral logarítmica,
la normal en cualquier punto forma un ángulo <¡> con el radio vector
de ese punto: por lo tanto el centro de la espiral debe estar sobre
una recta que forme el ángulo <j> con la superficie horizontal del
relleno. El deslizamiento de la cuña de suelo ocurre hacia abajo
en la frontera superior y esta componente del movimiento en toda
la cuña hace que el empuje sobre el ademe resulte inclinado con la
horizontal un cierto ángulo S.
Como ya se ha dicho, la distribución de presiones contra el
ademe no sigue la ley lineal de las teorías clásicas, sino que tiene
una forma aproximadamente parabólica, de modo que el empuje
total resulta aplicado en un punto próximo a H/2. Las observaciones
experimentales han probado que si se adopta el valor n = 0.55H,
contado a partir del fondo de la excavación, como punto de aplica
ción del empuje P, siempre se estará del lado de la seguridad; por
ello, este valor máximo observado es el adoptado en la práctica.
El procedimiento de cálculo se desarrolla como sigue. Escogido
un punto d en la superficie horizontal del terreno, trácese una espiral
logarítmica de ecuación dada por la expresión 4-i.l y que pase por
ese punto y por b. Dadas las propiedades de la espiral, el centro
de esa curva debe quedar en una línea que forme un ángulo <f> con la
superficie horizontal del terreno. Sea O ese centro. La reacción P
de las fuerzas normales y de fricción sobre la superficie de desliza
miento pasa por O, dadas las propiedades de la espiral. Entonces
tomando momentos respecto a O, sólo hay que tomar en cuenta la
fuerza W , peso de la cuña y la P, obteniéndose;
P m = W l
de donde
P = W —m
Puede así desarrollarse un método de tanteos, probando dife
rentes posiciones de la espiral, que producen distintas curvas de
deslizamiento. Naturalmente que el empuje de proyecto será el má
ximo obtenido en los tanteos.
142 CAPITULO IV
La experiencia ha demostrado que el valor de P de proyecto
suele ser aproximadamente un 10% mayor que el obtenido aplicando
la Teoría de Coulomb, haciendo uso del método de Culmann, por
ejemplo. Esto proporciona un criterio de valuación del empuje que es
suficientemente aproximado para análisis preliminares.
En el caso en que el terreno en que se efectúa la excavación
sea puramente “cohesivo” puede aplicarse el mismo método descrito,
con <f> — 0 , en cuyo caso la ecuación de la espiral se reduce a:
r = r0 (4-i.2)
que es la ecuación de una circunferencia. Como, por las razones
expuestas, la curva debe cortar ortogonalmente a la superficie hori
zontal del relleno, se sigue que el centro de la circunferencia debe
de caer sobre la prolongación de la superficie horizontal de dicho
relleno. El método de tanteos se plantea ahora comparando un mo
mento motor, producido por el peso de la cuña de deslizamiento
circular, con otro resistente correspondiente al empuje P y a la
cohesión que se desarrolla a lo largo de la circunferencia que limita
la zona de deslizamiento. Este último momento vale: cLr, siendo
c la cohesión del suelo, L la longitud del arco de la circunferencia
de deslizamiento y r el radio de la misma.
En este caso puede conservarse el valor experimental n =■ 0.55H.
ANEXO IV-j
Ademado en túneles
IV-j.l. Carga de roca
El término carga de roca indica el espesor de la masa de roca
que gravita realmente sobre el techo o arco del túnel.
Si el valor de la carga de roca es diferente de cero y el túnel
carece de ademe, la masa de material que gravita sobre el techo tiende
a penetrar en el túnel poco a poco, en tanto que el techo va adqui
riendo una forma irregular.
La carga de roca depende de la naturaleza de la misma y de
una serie de detallescircunstanciales, tales como su agrietamiento,
grado de alteración, etc. Si la roca está sana o moderadamente agrie
tada, el techo del túnel puede soportarse a sí mismo o requerir un
ademe relativamente débil, en tanto que si el agrietamiento o la alte
ración son muy grandes, el empuje sobre el ademe puede llegar a ser
tan grande como los que se manejan comúnmente en empuje de
tierras. Frecuentemente, a lo largo de un túnel se encuentran preva
leciendo muy diferentes condiciones y el ingeniero ha de estar siem
MECANICA DE SUELOS (II) 143
pre dispuesto a modificar cualquier criterio de diseño preconcebido
a la vista de las condiciones que vaya descubriendo la propia obra.
La carga que actúe sobre los ademes depende en cierta medida
del estado de esfuerzos existente en la masa de roca, antes de perfo
rar el túnel. La relación entre la presión vertical ejercida por la roca
sobre una cierta sección y la horizontal actuante en esa sección, depen
de principalmente de la historia geológica de la roca y puede variar
entre límites muy amplios. En general la presión vertical suele ser
mayor en masas no perturbadas de roca; en una masa plegada, la
presión horizontal depende de si las fuerzas horizontales que causaron
el plegamiento han o no desaparecido; en este último caso, la pre
sión horizontal puede tener cualquier valor, sólo limitado por la resis
tencia de la roca a la compresión. En general, no hay modo de
conocer el estado de esfuerzos en el interior de una masa de roca,
por lo que la existencia de fuertes presiones horizontales sólo puede
deducirse de algunas manifestaciones externas, tales como la aparición
de roca explosiva a pequeña profundidad.
IV-j.2. Túneles en roca sana e intacta
La teoría ha demostrado que, en roca sana, la modificación que
la presencia del túnel impone en el estado de esfuerzos de la masa
general, tiende a nulificarse rápidamente a medida que aumenta el
alejamiento del túnel; de hecho a distancias del orden de un diámetro
el efecto de la excavación ya es despreciable.
En las paredes del túnel el esfuerzo radial, actuante en dirección
normal a la pared, es nulo y el circunferencial, en la dirección de la
tangente, es aproximadamente igual al doble del que existió antes
de perforar el túnel. Un elemento de la pared del túnel está sujeto
a un estado de esfuerzos hasta cierto punto similar al de un espéci
men de roca que se pruebe a la compresión simple; la falla se produce
cuando el esfuerzo circunferencial llegue a igualar a la resistencia
de la roca a la compresión; esto conduce a muy grandes esfuerzos
circunferenciales posibles que, si no hay presiones horizontales en la
masa de roca sana, corresponden a alturas de roca sobre el túnel,
compatibles con d equilibrio, del orden de los miles de metros. En
estas condiciones, es evidente que el túnel en roca sana no precisará
por lo general, ningún ademe.
Existe, sin embargo, un problema rdativamente frecuente en tú
neles que atraviesan roca sana y que hace que éstos deban ademarse
en forma suficiente para la protección de los trabajadores durante el
período de construcción. Este problema suele denominarse roca explo
siva. En muchos casos, de las paredes y del techo de los túneles
que cruzan roca sana se desprenden violentamente lajas de roca, que
salen proyectadas a gran velocidad con el consiguiente peligro. El
fenómeno ocurre cuando la roca en las paredes o techo del túnel
144 CAPITULO IV
MECANICA DE SUELOS (II) 145
está sujeta a estados de deformación elástica intensa; ésta puede
deberse a la permanencia de presiones horizontales, dejadas por fenó
menos de plegamientos tectónicos no disipados o puede deberse a
otras causas no bien definidas aún. En la fig. IV -j.l se muestra un
esquema de la formación de una laja explosiva. El remedio contra
la roca explosiva es dar a las paredes y el techo del túnel un elemen
to que ejerza una fuerza hada ellos que neutralice la tendenda expan
siva. La presión necesaria para lograr el fin perseguido es pequeña
y cualquier ademe que sea capaz de aguantar unas 2 ton/m2 es sufi
ciente para cumplir el objetivo.
A veces, si el fenómeno
de roca explosiva toma pro
porciones muy grandes, se
produce la fragmentación
de las paredes y el techo del
túnel tras el ademe, en cuyo
caso éste deberá proyedarse
l a j a e x p l o s i v a Para soportar el empuje ma
yor que corresponde a ese
tipo de roca. En cualquier
caso el ademe deberá acu
ñarse bien contra las pare
des del túnel.
IV-j.l Generación de roca explosiva
rV-j.3. Túneles
estratificada
en roca
La roca estratificada presenta el problema de romperse fácilmen
te a lo largo de los planos de estratificación y de juntearse transver
salmente a esa dirección. Cuando la estratificación es horizontal se
presenta en estas rocas el efecto conocido como de puente, según el
cual la roca se sostiene sola como una losa sin necesitar ademe,
siempre y cuando la resistencia a la tensión de la losa sea mayor
que los esfuerzos ocasionados por la flexión (fig. IV -j.2). Si los es
fuerzos de tensión son mayores que la resistencia de las losas de roca,
el techo del túnel se agrieta y exige un sostén adecuado.
El efecto de los explosivos en el frente del túnel durante el proce
so de la construcción produce una sobreexcavación que depende de
la distancia entre las juntas de la roca, de la cantidad y potencia
de los explosivos y de la distancia entre el ademe ya colocado y el
frente de trabajo sin ademar. Aún en los casos .en que se permita
el desarrollo completo de la sobreexcavación, al no ademar el frente
del túnel oportunamente, es raro que la cavidad que se forma sobre
el techo del frente, por derrumbe, sobrepase el valor 0.5B, donde B
es el ancho del túnel y esto sólo en caso de que la roca esté muy
11—Mecánica de Suelos II
junteada. Así pues, no es
razonable, en la práctica,
pensar que la carga de ro
ca sobre el adejne pueda
exceder aquel valor, que
constituye un límite supe
rior adecuado para ser
tomado en cuenta en el
proyecto; es claro que, si
el ademe se construye con
rapidez en el frente descu
bierto de la obra y se pro
cura ir acuñando con frag
mentos de roca el espacio
entre dicho ademe y el
embovedamiento provoca
do por las explosiones, se
puede llegar a cargas de roca menores que 0.55.
Si los planos de estratificación de la roca están en dirección
vertical, el monto de la sobreexcavación depende mucho de la distan
cia entre el frente de ataque de la excavación, sin ademar y el
principio del ademe ya construido atrás. Ahora las masas de roca
se sostienen por fricción en sus planos de estratificación y el techo
del ademe sólo tiene que soportar la diferencia entre su peso y dicha
fricción; en realidad, las observaciones prueban que la situación
es más favorable de lo que a primera vista podría decirse y la carga
de roca muy rara vez excede en estos casos el valor del peso de la
masa aflojada por el efecto de los explosivos. Tomando un valor
de la carga de roca del orden de 0.255 (5, ancho del túnel) parece
ser que se garantizan buenas condiciones para el ademe del techo.
Si los planos de estratificación están inclinados respecto al eje
del túnel se ejercen empujes no sólo sobre el techo de éste, sino
también en la pared interceptada por la estratificación. En la fig.
IV-j.3 se muestra esquemáticamente el procedimiento propuesto por
Terzaghi para calcular estos empujes.
La cuña aed empuja a la pared ac del soporte y trata de penetrar
en el túnel. El valor de este empuje, por unidad de longitud del túnel,
puede calcularse suponiendo que a lo largo de de no hay adherencia
entre roca y roca y que, a lo largo de ce se ha producido también una
ruptura, de modo que la masa cefg gravita sobre el techo del túnel.
La cuña ade, entonces, está en equilibrio bajo su peso W, la reacción
F, a lo largo de ad y el empuje E sobre la pared. Como se conoce
W en magnitud y dirección y F y E en dirección {<j> es el ángulo
aparentede fricción interna de la roca de que se trate a lo largo
de los planos de estratificación), puede trazarse el triángulo de fuer
zas correspondiente y obtener el valor de E. El valor del ángulo <f>
146 CAPITULO IV
FIG. IV-j.2. Efecto de puente en roca estrati
ficada
a) con ¡untas transversales muy espa
ciadas
b) con ¡untas transversales próximas
depende no sólo de la na
turaleza de la roca, sino
también de la presión del
agua que pueda existir en
los planos de estratificación
de la misma; la experiencia
ha indicado que si las ma
sas de roca contienen en
sus planos de estratificación
arcilla, <j> puede llegar a va
ler 15°, en tanto que será
del orden de 25°, si la roca
es limpia. El valor de la
carga de roca que la cuña
cefg ejerce sobre el techo
del túnel podrá variar de
0.5B, para estratificación
muy poco inclinada a 0.25B,
en casos sobre estratificación muy escarpada.
IV-j.4. Túneles en roca fisurada
Es frecuente que el fisuramiento ocurra paralelamente a la super
ficie del terreno. En estas rocas los problemas de sobreexcavación
y soporte son muy similares a los tratados para el caso de las
rocas estratificadas. Si las fisuras ocurren al azar, el no poner ademe
conduce generalmente a un embovedamiento, especialmente sobre el
techo; sin embargo, es frecuente que, por lo irregular de la trayec
toria de fisuramiento, la fricción y trabazón entre la roca juegue un
gran papel, por lo que el empuje en las paredes suele ser nulo y en
el techo ligero, correspondiente, cuando mucho, a una carga de roca
equivalente a una altura de una cuarta parte del ancho del túnel.
Cuando este tipo de roca está sujeto a un fuerte estado de defor
mación elástica presenta también el problema de la roca explosiva,
que debe ser prevenido como se dijo atrás.
IV-j.5. Túneles en roca triturada
En este tipo entran una gran variedad de formaciones, desde
roca muy fragmentada hasta roca a tal grado triturada que su
comportamiento sea realmente el de una arena.
En estas rocas es típico el fenómeno conocido como efecto
de arqueo, que indica la capacidad de la roca situada sobre el techo de
un túnel para trasmitir la presión debida a su peso a las masas colo
cadas a los lados del mismo. Este efecto es en todo similar al del
MECANICA DE SUELOS (II) 147
FIG. !V-¡.3. Cálculo de empujes en roca estratifi
cada en planos inclinados
arqueo de arenas, ya mencionado y se produce como una conse
cuencia de la relajación de esfuerzos causada en el techo de la per
foración. En la fig. IV -j.4 se muestra esquemáticamente la masa
de roca afectada por el fenómeno.
148 CAPITULO IV
a b
FIG . IV-i.4. Arquea sobre un túnel
Para determinar la carga que actúa sobre el techo del túnel
tomando en cuenta el efecto de arqueo pueden analizarse teorías,
como la mencionada en el Anexo IV-h, o resultados de pruebas
de laboratorio realizadas sobre arenas. Estas pruebas, bastante re
presentativas del comportamiento de arenas o rocas trituradas situa
das sobre el nivel freático, permiten llegar a algunas conclusiones
de interés práctico. La fig. IV-j.4 muestra la masa de roca afec
tada por el arqueo; el peso de esa masa, que tiende a penetrar
en el túnel mientras no se construya el ademe apropiado, se trans
fiere en su mayor parte a las masas laterales de roca y es resis
tido por la fricción que se desarrolla en las superficies ac y bd.
Nótese que el ancho de la zona de arqueo, Bu es mayor que el ancho
del túnel. También se observa que el espesor D de la zona de arqueo
es aproximadamente igual a 1.5 Bi; por encima de esa altura, los
esfuerzos en la masa de roca permanecen prácticamente inalterados,
cuando se efectúa la excavación. Basta que la roca ceda un poco
en el techo del túnel para que la carga sobre el ademe llegue a valores
inclusive mucho menores que el espesor de la zona de arqueo, D.
Así se obtiene un H^i^. Si a partir de este punto, la deformación
del intradós del arco del túnel sigue aumentando, la carga de roca
vuelve a crecer tendiendo, según la deformación aumenta, a un valor
Hpmáx que es, sin embargo aún bastante menor que D. En general,
dependiendo de circunstancias difíciles de cuantificar, la carga de
roca adopta algún valor Hv. intermedio entre H vmín y Hpmíx.
Después de que el ademe del techo ha sido instalado y adecua
damente acuñado, la carga de roca aumenta con el tiempo, con velo
cidad decreciente, hasta un valor último que vale, según Terzaghi
H„ ui, = 1.15 //p
Donde Hp es el valor de carga de roca originalmente actuante
en el ademe.
Este valor se alcanza independientemente de la profundidad a
que se excave el túnel bajo la superficie del suelo, (véase Anexo
IV-h).
El valor de Hv, actuante sobre el ademe en un principio, depende
de Bx y, según Terzaghi, se tiene:
~Hr — C Bx (d -j.l)
donde C es una constante que depende de la compacidad de la roca
y de la distancia que haya cedido el techo del túnel, antes de que su
ademe se instalase.
Si la roca está totalmente triturada, hasta el grado de presentar
el aspecto de una arena, el ancho de la zona de arqueo llega al
valor:
= B + H t
La carga de roca Hp sobre el techo del túnel puede estimarse,
según la ec. 4-j.l, con los valores de la Tabla 4-j.l obtenidos de
pruebas en modelos representativos en arenas secas.
La presión media sobre las paredes del túnel puede estimarse
aplicando las teorías de presión de tierra en arenas con la ecuación:
P* = 0.3 y (0.5//* + Hp) (4-j.2)
donde y es el peso específico de la masa de roca totalmente triturada
y las demás literales tienen el sentido ya conocido.
Según ya se dijo, estos valores de la carga de roca y la presión
horizontal aumentan con el tiempo un 15% aproximadamente, y este
aumento deberá de tomarse en cuenta para el proyecto.
MECANICA DE SUELOS (II) 149
La experiencia ha indicado que los valores reales que se producen
en los túneles suelen acercarse mucho más a los mínimos que a los
máximos dados por la Tabla 4-j.l. Esto indica que la deformación
del techo del túnel, que tiene lugar durante la excavación basta para
producir el desarrollo completo del arqueo de la masa de roca.
150 CAPITULO IV
TABLA 4-j.l
Roca totalmente tri
turada, equivalente a
arena
Hr Cedencia del techo del túnel
Compacta
Mín: 0.27 (B + H t)
Máx: 0.60 (B + H t)
0.01(B + H t)
0.15(fí + H t) o más
Suelta
Mín: 0.47 {B + H<)
Máx; 0.60 (B + H t)
0.02 (fi + Ht)
0.15(i? + H t) o más
De todo lo anterior se deduce que, en estos tipos de roca, es
conveniente la construcción inmediata del ademe y el acuñamiento
correcto del mismo.
Si el túnel está excavado bajo el nivel freático, las pruebas en
modelos han demostrado que el fenómeno de arqueo no se ve interfe
rido por el flujo que se produce hacia el túnel, que actúa como un
dren subterráneo, pero que las fuerzas de la filtración hacen que
la carga de roca prácticamente se duplique. Naturalmente, el flujo
afecta en forma importante la capacidad de carga en la base de los
puntales del ademado lateral; en el Volumen III de esta obra se
expondrán criterios para cuantificar este importante efecto.
IV-j.6. Túneles en roca fragmentada
Por el término fragmentada se indica una roca, que, por su gran
cantidad de juntas, grietas y fisuras forma bloques independientes
entre los que prácticamente no existe interacción. Las junturas entre
los bloques pueden ser angostas o anchas y pueden o no estar relle
nas de materiales más finos. El comportamiento mecánico de estas
formaciones se parece al de las arenas compactas de grano grueso,
sin ninguna cohesión. Si las junturas entre los bloques están distri
buidas al azar, es frecuente que se presenten presiones, no sólo en el
techo del túnel, sino también en sus paredes.
La carga de roca en estas formaciones está determinada por
leyes parecidas a las que rigen los efectos del arqueo de las arenas;
así, la carga H v sobre el techo de un túnel excavado a profundidad
considerable es independiente de dicha profundidad y dependelineal-
mente de la suma de B + H t.
La experiencia indica que estas rocas no se adaptan de inmediato
al nuevo estado de esfuerzos provocado por la excavación del túnel.
En el momento inmediato posterior a la acción de los explosivos,
algunos bloques de la zona del frente de ataque caen dentro del
túnel, produciendo un embovedamiento en dicho frente y tendiendo
a formarse un domo de bloques inestables que termina donde co
mienza la zona ya ademada del túnel; en estas condiciones, el frente
de ataque se sostiene a sí mismo por un cierto tiempo, al cabo del
cual, la caída de los bloques continúa, formándose una cúpula y otro
domo de roca inestable. Si el ademe sigue sin colocarse, el efecto
es progresivo y la caída de una cantidad de roca produce la inestabi
lidad de otra masa en forma de domo que, a su vez, caerá posterior
mente. El tiempo que la masa inestable de bloques se sostiene a sí
misma depende de la forma y tamaño de los bloques, del ancho de
las junturas, de la matriz que las ocupe y de la distancia entre el fren
te de ataque y el ademe ya instalado. Al tiempo transcurrido entre
la acción de los explosivos y la caída del primer domo de roca
inestable se le llama período de acción de puente, tp. Este período
se atribuye tanto a la resistencia viscosa de la matriz que rellena
las juntas, como a la falla progresiva de las zonas de apoyo entre los
bloques.
Aún cuando se construya un ademe adecuado, bien acuñado con
tra la roca, dentro del tiempo de acción de puente, la carga de roca
sobre el techo del túnel tiende a crecer con el tiempo por dos razones.
En primer lugar, porque según el frente de excavación avanza a
partir de un cierto punto del túnel, el efecto tridimensional de domo
se ve substituido por el bidimensional de arqueo, menos eficaz; en
segundo lugar, porque el acuñamiento del ademe contra la roca no
detiene del todo el acomodamiento de ésta bajo el nuevo estado de
esfuerzos producido por la excavación; estos movimientos aumentan
la carga de roca y el aumento no cesa hasta que los bloques han
alcanzado su acomodo definitivo. El aumento total de la carga de
roca y el tiempo que transcurra hasta que llegue a su valor constante
depende en alto grado de la intensidad del acuñamiento del ademe
contra la roca; si esta operación se hace adecuadamente, el tiempo
mencionado no sobrepasa, en general, una semana. Por otra parte,
si el espacio entre el ademe y la roca no se rellena bien con peda-
cería de roca y el ademe no se acuña convenientemente, la carga
inicial de roca puede ser pequeña, menor inclusive que la que se tiene
cuando aquellas operaciones se ejecuten satisfactoriamente, pero esa
carga crece durante varios meses y su valor final llega a ser mucho
MECANICA DE SUELOS (II) 151
mayor que el que se alcanza en el caso de rellenado y acuñamiento
apropiados,
El tiempo de acción de puente aumenta rápidamente cuando el
espadamiento entre los puntales de ademado disminuye. La distancia
mínima que puede disponerse entre el frente de la excavación y el
prindpio de la zona ademada es algo mayor que la distancia de
avance de la excavación en un dclo de uso de explosivos. Esa distan
cia suele ser del orden de 6/10 del ancho, B, del túnel; varía con
el tipo de roca y muy rara vez excede de 5 ó 6 m. Es evidente, por
otra parte, que si el tiempo de duración de una operadón de explosi
vos es mayor que el período de acción de puente, el ademe debe
llevarse muy cerca del frente de la excavación.
El período de acción de puente debe influir en la programación
de las operaciones de excavadón, limpieza y ademado del túnel. Si
este período es sólo algo mayor que el que se requiere para ventilar
el frente de ataque, tras la acción de los explosivos, serán inevitables
los derrumbes en dicho frente. Cuanto mayor sea la diferencia entre
esos dos tiempos habrá mayor margen para construir el ademe y,
consecuentemente, los derrumbes serán evitados en la correspondiente
propordón, hasta el límite en que el tiempo de acdón de puente cubra
el lapso necesario para ventilar el túnel y ademar el frente descubier
to, en cuyo caso no habrá derrumbes de material, si las operaciones
se llevan convenientemente.
En realidad no existe una frontera específica entre la roca tritu
rada, analizada en la sección IV-j.5 y la roca fragmentada que
ahora se trata; por lo tanto, en este caso la carga de roca puede
variar de 0.25B, que corresponde a la roca moderadamente juntea-
da, ya también analizada, a los valores más grandes que puedan
presentarse en roca triturada. Arbitrariamente pueden distinguir
se dos tipos dentro de la roca fragmentada en lo que se refiere
a la estimación de la carga de roca que se produce: roca mode
radamente fragmentada o roca muy fragmentada. Con base en las
observaciones realizadas en túneles para ferrocarril a través de los
Alpes, se ha llegado a algunas estimaciones de H p en roca modera
damente y muy fragmentada. En túneles con agua a través de roca
moderadamente fragmentada, H„ puede valer inicialmente cero y
aumentar posteriormente a algunos metros. Si la roca está muy frag
mentada, el valor inicial de Hv puede ser más grande. Con base en
estas experiencias puede elaborarse la Tabla 4-j.2.
En túneles en seco los valores de H v pueden ser mucho menores
que en túneles en que el agua esté presente; sin embargo, es reco
mendable diseñar siempre para la condición más crítica, pues es muy
difícil garantizar la ausencia permanente de las aguas en el tipo de
obras que aquí se trata.
El hecho de que las junturas entre los bloques de la roca estén
ocupadas por arcilla puede ser muy importante en épocas en que el
152 CAPITULO IV
MECANICA DE SUELOS (II)
TABLA 4-j.2
153
Tipo de roca
Carga de roca, H ,
Inicial Ultima
Moderadamente
agrietada O 0.25 5 a 0.35 (fl + H t)
Muy agrietada 0 a 0.6 (B + H t) 0.35(B + H t)a1.10 (B + H t)
túnel esté seco, pues la arcilla seca actúa como cementante gracias
a su resistencia al esfuerzo cortante; pero al humedecerse el túnel
esta resistencia al esfuerzo cortante tiende a disiparse con rapidez
y no es prudente, por lo tanto, confiar en ella, salvo casos muy
especiales. Por ello es aconsejable usar los valores de la Tabla
4-j.2 independientemente de la apariencia de la roca durante la
construcción.
IV-j.7. Táñeles en roca alterada y en arcilla
Como ya se ha indicado (ver Volumen 1 de esta obra), la alte
ración química convierte a la mayoría de las rocas, incluyendo todas
las rocas ígneas y la mayor parte de los esquistos y pizarras, en
arcillas. En ocasiones, la conversión es completa, en tanto que en
otras se restringe a ciertos minerales únicamente; la alteración puede
afectar a toda la masa de la roca o puede sólo ocurrir en las partes
próximas a sus fisuras, grietas, juntas, etc. En cualquier caso es
claro que las propiedades mecánicas e hidráulicas de la roca alterada
difieren radicalmente de las de la roca original y tienden a parecerse
mucho y a veces a ser las mismas que las de una arcilla.
Cuando se excava un túnel en estas rocas alteradas se produce
un efecto de arqueo, análogo al tratado en rocas fragmentadas y
trituradas; es decir, la carga de roca, es mucho menor que la presión
correspondiente al peso de todo el material sobreyaciente a la exca
vación. Sin embargo, en rocas alteradas el efecto de arqueo se
presenta asociado con fenómenos que son inexistentes en los otros
tipos de roca mencionados.
En roca alterada o arcilla, el tiempo de acción de puente es mucho
más largo que en arenas o rocas trituradas o fragmentadas, por ello
muv rara vez se hace necesario en estos casos la excavación escalo
nada del frente del túnel; pero, por otra parte, el crecimiento de la
carga de roca con el tiempo, a partir del valor inicial es, en este
caso, mucho mayor y más prolongado que en rocas químicamente
intactas.
Las propiedades de las arcillas de mayor significación en lo que
se refiere a túneles son su expansividad al ser aliviadasde cargas,
la variación de la resistencia al esfuerzo cortante con la presión
normal y la velocidad de reacción a los cambios de esfuerzos.
Cuando la arcilla es aliviada de presiones tiende a expanderse
y en presencia de agua lo hace, generalmente en alto grado; este
fenómeno ya ha sido suficientemente discutido en el Volumen I de
esta obra. Cuando se excava un túnel en estos materiales, la arcilla
de las zonas próximas al borde de la excavación ve disminuidas
fuertemente sus presiones de confinamiento y por lo tanto se expande
tomando agua del material más alejado del túnel; esto trae consigo
la disminución de la resistencia al esfuerzo cortante de la arcilla
próxima a las paredes del túnel. En ocasiones se ha señalado que
es la humedad prevaleciente en general en el interior de los túneles
la causa del reblandecimiento de la arcilla en su techo y paredes;
esta afirmación carece totalmente de consistencia y, de hecho, una
muestra de arcilla extraída de la pared y dejada dentro del túnel,
en contacto con el ambiente, se seca fuertemente en pocos días.
Cuando un túnel en arcilla no es ademado adecuadamente, el
material de las paredes, piso y techo fluye lentamente y tiende
a cerrar la excavación. Se dice entonces que fluye plásticamente.
Durante ese proceso y debido a la expansión que se produce simul
táneamente, la resistencia de la arcilla al esfuerzo cortante disminuye
hasta un mínimo, en el cual se mantiene prácticamente constante;
este valor final se denomina “cohesión última”. Es evidente que el
tiempo que tarden en producirse los fenómenos de expansión y pér
dida de resistencia depende de la permeabilidad de la arcilla, en
primer lugar y del conjunto de sus propiedades en general. Para
un túnel dado y a una profundidad dada, la velocidad de expansión
aumenta rápidamente con las dimensiones de la parte del túnel no
ademada, por lo que suele bastar llevar el ademe suficientemente
cerca del frente de la excavación para prevenir problemas de ex
pansión.
Cuando el frente avanza una cierta distancia adelante del adema
do, la acción tridimensional de domo, que ocurre en el frente, es
sustituida por el efecto bidimensional de arqueo, menos efectivo
naturalmente, por lo que las expansiones tienden a aumentar, sobre
todo en el piso y las paredes del túnel. El flujo hacia el túnel va
asociado con una deformación que alarga a un elemento de arcilla
en la dirección radial y lo acorta en la dirección circunferencial; esta
deformación hace que la fricción interna del material y su cohesión
aparente trabajen, por lo que, en el momento en que la arcilla empieza
a fluir hacia dentro del túnel, el material vecino a las fronteras de
éste empieza a funcionar como un arco que rodea a todo el túnel
154 CAPITULO IV
MECANICA D E SU ELO S (II) 155
llegando a constituir un verdadero cilindro. Este material que resiste
en la periferia de la excavación recibe el nombre de cilindro resis
tente y ayuda poderosamente a soportar la presión de la arcilla
situada más lejos de la excavación.
Tan pronto como el túnel se adema y acuña convenientemente, el
flujo de arcilla cesa, aun cuando ésta no se haya adaptado al nue
vo estado de esfuerzos producido por la excavación y, por lo tanto,
no se haya neutralizado la tendencia a fluir. Como consecuencia de
esto, la presión contra los ademes aumenta, aunque a razón decre
ciente. El tiempo durante el que tal aumento de presión ocurre oscila
entre algunas semanas y muchos meses.
La expansividad de las arcillas depende mucho de la presión a
que hayan sido consolidadas. En arcillas preconsolidadas la capacidad
de expansión es grande, la velocidad con que se presenta el fenó
meno es baja y el incremento de presión sobre los ademes construidos
es grande y lento. Si el túnel está a poca profundidad, el valor
último de la presión sobre el ademe puede exceder la presión del
colchón existente.
Muy frecuentemente las arcillas duras se presentan muy agrie
tadas; estas arcillas se disgregan fácilmente cuando, bajo presión,
fluyen en las paredes de un túnel pues, como ya se dijo, tal fluencia
trae consigo una disminución de longitud de cualquier elemento en
la dirección circunferencial. Estos efectos producen la caída de estos
materiales de los techos de los túneles y el período de acción de
puente de estas arcillas está generalmente limitado por el mencionado
efecto de desmoronamiento.
En arcillas blandas suaves el concepto de periodo de acción de
puente carece de significado, pues estos materiales fluyen desde un
principio.
Todos los mecanismos anteriores pueden presentarse en rocas
que contengan la cantidad suficiente de arcilla; en realidad, ésta
puede ser producto de la descomposición de la propia roca o tener
algún otro origen. La roca en sí puede ser junteada, triturada o,
inclusive, mecánicamente intacta. Sin embargo, las propiedades de
la roca, en lo que se refiere a su capacidad de fluencia o a su expan
sividad, quedan determinadas por las de la arcilla que contenga.
Las escasas pruebas que se han realizado hasta hoy en rocas
que fluyen plásticamente, pero de poca o nula expansividad in
dican que la carga de roca H v es proporcional a (B + H t), pero con
un coeficiente de proporcionalidad más alto que en el caso de roca
muy agrietada. El valor Hp aumenta durante varias semanas a par
tir del momento de la excavación y también crece con la profundidad
del túnel respecto al nivel del terreno. Las mayores presiones repor
tadas por Terzaghi en túneles excavados a profundidades de una
o dos centenas de metros indicaron que el valor de H p correspondien
te aumentó desde 1.10 (B + H t) inicialmente, hasta 2.1 (B + H t)
a que llegó finalmente. A profundidades del orden de más de 300 m,
el valor inicial de Hp medido resultó del orden de 2.10 (B + H t),
pero este valor puede crecer hasta unos 4.50 (B + H t) en el trans
curso de los meses siguientes a la perforación. Otro interesante dato
de la experiencia es que la presión en las paredes parece ser del
orden de un tercio de la que se produce en el techo y la presión
en el piso es como la mitad de ésta última.
En rocas expansivas resultan aplicables las ideas expuestas para
las arcillas preconsolidadas de modo que el período de acción de
puente depende sobre todo de la velocidad de expansión y del espa-
ciamiento entre las fisuras que la roca pueda presentar. La carga
de roca inicial es debida casi exclusivamente al acuñamiento, pero
este valor aumenta durante mucho tiempo, a veces varios meses,
hasta alcanzar cifras muy importantes.
La falla del ademe en roca expansiva va acompañada de una
relajación casi instantánea de la presión, por lo que el ademe fallado
suele bastar durante algunos días para que la falla no tome, por lo
menos, carácteres de catástrofe. La presión aumenta otra vez, cuando
un nuevo ademe substituye al destruido, pero su valor final ya es
menor que el alcanzado anteriormente. Cuando el ademe no es circu
lar, el aumento en contenido de agua y disminución de la resistencia
al esfuerzo cortante que ocurre en la roca próxima al túnel al expan-
derse puede fácilmente ser causa de que los puntales del ademe
penetren en el piso del túnel, comenzando así el colapso general de
la estructura de protección; por ello el tipo de ademado circular
debe considerarse ahora como indispensable.
Muy pocos datos confiables se tienen actualmente para valuar
la carga de las rocas expansivas. En túneles superficiales la carga de
roca puede ser bastante mayor que la correspondiente al material
existente sobre el túnel. En túneles profundos se han llegado a medir
frecuentemente presiones del orden de 10 kg/cm2 y excepcional
mente se han encontrado valores tan altos como 20 kg/cm2; este
último valor es toscamente equivalente a un colchón de 80 m de roca
gravitando sobre el techo del túnel. Estas presiones indican que,
aún en rocas expansivas, el efecto de arqueo es importante. Como
quiera que la expansión trae consigo unalivio de las presiones ejer
cidas por el suelo, siempre que no existan restricciones, es recomen
dable dejar entre el ademe construido y la excavación una holgura;
10 ó 15 cm es un valor satisfactorio.
Un procedimiento recomendado por Terzaghi para la construc
ción del ademado es el siguiente. Se colocan costillas circulares de
acero suficientemente resistentes para aguantar la presión de expan
sión de la roca; como consecuencia la roca fluye en torno a esas
costillas venciendo la resistencia de los elementos de soporte inter
calados entre las costillas, que se construyen relativamente débiles.
Una vez que estos elementos han cedido, se retiran, se rebana el
156 CAPITULO IV
material expandido y se vuelven a construir los elementos interme
dios. Así se logra que la presión vaya siendo controlada sin necesidad
de sustituir todo el ademe o sin construirlo todo de muy alta re
sistencia.
Un aspecto muy importante es, naturalmente, reconocer la expan-
sividad de la roca antes de efectuar la excavación del túnel. Para
ello Terzaghi recomienda tomar muestras de roca fresca, sumergirlas
en agua y medir su incremento de volumen. Un incremento menor de
2% indicaría que la roca no es expansiva, en el sentido en que aquí
se ha venido tratando. Este punto es importante, no sólo para juzgar
la carga de roca, sino también para decidir el grado de acuñamiento
que haya de dársele al ademe; en efecto, se vio que en todos los
tipos de roca antes tratados un buen acuñamiento en el ademe
reduce no sólo el período de tiempo durante el cual la presión
aumenta, sino también el valor final de dicha presión; por el contra
rio, en rocas francamente expansivas ya se mencionó la conveniencia
práctica de dejar una holgura entre el ademe y las paredes de la
excavación, pues esto reduce el valor final de la presión sobre el
soporte. Así pues, el correcto juicio sobre la expansibilidad de la roca
define los procedimientos de construcción en lo que a esta impor
tantísima cuestión se refiere.
NOTA. Este Anexo ha sido elaborado teniendo en cuenta la ref. 14 en forma
muy predominante.
ANEXO IV-k
Tablestacas andadas
rV-k.l. Efecto de los movimientos de la tablestaca en la presión
de tierra
Los métodos clásicos de diseño de tablestacas, que se han men
cionado brevemente en el cuerpo de este capítulo, contienen la
hipótesis básica de que basta un movimiento ínfimo en la estructura
para que las presiones de la tierra se reduzcan a sus valores extremos
y que los movimientos subsecuentes ya no tienen influencia en estas
presiones. Estas hipótesis resultan insostenibles a la luz del conoci
miento que resulta de las mediciones efectuadas en modelos de la
boratorio y en estructuras construidas. Según estas observaciones,
reportadas por Terzaghi, (fig. IV -k.l), el mínimo coeficiente activo
de presión de tierras, KÁ, corresponde, en arenas compactas, a un
valor de deformación de la tablestaca, d, de 0.0005, definiendo esa d
como la relación entre el desplazamiento de la corona del muro por
giro en torno al pie y su altura no enterrada. Este valor permaneció
constante en las pruebas de referencia hasta d = 0.002; la deforma
ción posterior de la estructura hizo que KÁ aumentase, tendiendo al
MECANICA DE SUELOS (II) 157
158 C A PITU LO IV
valor de KÁ mínimo para arenas sueltas. Cuando d llegó a valer 0.0046
el relleno se deslizó en forma aparente. En arenas sueltas el valor de
Ka pasó de 0.4, correspondiente al estado de reposo, a 0.3 para una
d — 0.0003; a partir de esa deformación del muro en adelante, el
valor de KA disminuyó algo, si bien en mucha menor proporción, al
canzando el valor de 0.23 para d = 0.007, que representa la máxima
deformación en el experimento. Se llegó a ese valor sin que el
relleno deslizase. La fricción entre el relleno y la estructura se des
arrolló por completo antes de que la fricción interna en el relleno
lo hiciese. Debe notarse que las deformaciones del muro se ejecu
taron una vez que el relleno se colocó totalmente. Esto es, las
deformaciones fueron efectivas. Esto es importante en la aplicación
a tablestacas, porque gran parte de la deformación de ellas ocurre
mientras se coloca el relleno y si se toma en cuenta que los rellenos
no suelen compactarse y que la deformación total máxima de una
tablestaca no suele exceder de unos cuantos milésimos de su altura,
no se justifica pensar que la presión actuante sea la activa.
Valones de d = Y/H
F IG . IV-k.l. Presiones medidas en modelos de muros con rellenos de arena (se
gún Tersaghi)
Otro punto de discordancia en la aplicación de las Teorías clási
cas, calculando presiones de tierra por el método de Coulomb, por
ejemplo, se tiene al considerar planas las superficies de falla corres
pondiente a los estados activo y pasivo. Tanto teorías posteriores
como las pruebas indican, de hecho, que tales superficies de falla son
curvas y el considerarlas planas, si bien casi satisfactorio en el caso
activo, conduce, en el caso pasivo, a empujes que van siendo mucho
menores que' los reales, cuando el ángulo S de fricción entre la
tablestaca y el suelo sobrepasa los 15°. Estas diferencias son mayores
a mayor ángulo de fricción en el suelo, <j>. En la fig. IV-k.2 pueden
verse gráficas, debidas a Terzaghi, que muestran cuantitativamente
las variaciones a que se ha hecho referencia.
MECANICA DE SUELOS (II) 159
(o)
FIG. IV-k.2 Efecto de la hipótesis de falla plana (Coulomb) en el valor del coeficiente
de presión activa
IV-k.2. Efecto de las presiones de agua no balanceadas
Cuando, como es tan frecuente, las tablestacas están a la orilla
del mar se producen sobre ellas, por efecto de las mareas, presiones
hidrostáticas desequilibradas, a causa de que el nivel del agua libre
a un lado de la estructura es menor que el nivel que el agua alcanza
en el relleno. Otro tanto sucede en orillas de ríos o lagos cuando
las aguas descienden rápidamente o tras fuertes lluvias.
Si los coeficientes de permeabilidad de los materiales de relleno
son conocidos, la presión en desequilibrio puede calcularse trazando
la correspondiente red de flujo y realizando en ella los cálculos
que se detallarán en el Volumen III de esta obra. Si el relleno es
homogéneo, en lo que se refiere a su permeabilidad, podría decirse
que en el lado interior de la tablestaca obra una presión desbalan
ceada igual a
Pío — yw Hw (4-k. 1)
donde H w es la diferencia de alturas de agua en los lados interior
C oefic ien te de presión p a s ivo , K ,
y exterior de la tablestaca. En la zona en que la tablestaca queda
enterrada por sus dos lados, pw va disminuyendo linealmente hasta
reducirse a cero en el extremo inferior.
En todos estos casos existe flujo de agua y, por lo tanto, el
efecto de las fuerzas de filtración deberá ser calculado por los pro
cedimientos descritos en el Volumen III de esta obra.
IV-k.3. Efecto de sobrecargas
Antes de disponer de mediciones sobre estructuras reales ya se
contaba con métodos para tomar en consideración el efecto de las
sobrecargas lineales; con base en la Teoría de Coulomb, se decía
que la magnitud y posición del empuje producido por la sobrecarga
dependía de los ángulos <j> y 8, con el sentido ya mencionado mu
chas veces.
En épocas más recientes Gerber 16 y Spangler 17 realizaron medi
ciones para determinar tanto la magnitud de la presión producida
por la sobrecarga lineal sobre la tablestaca, como su distribución.
El relleno utilizado por Gerber fue arena uniforme de río, con tama
ños entre 0.2 y 1.5 mm; el elemento de soporte fue prácticamente
rígido y consistió en un muro de concreto de 78 cm de altura. Span
gler utilizó como relleno una grava con 13% de finos; el muro fue
de concreto, en voladizo, de unos 2 m de altura y 15 cm de espe
sor; este muro podía girar en torno a la arista exterior de la losa de
cimentación. Aún cuando existieron diferencias en las condiciones
de las pruebas, los resultados de ambos investigadores fueron esen
cialmente iguales.La distribución de la presión horizontal actuante
sobre el soporte correspondió a una línea curva, más o menos para
bólica, con máximo cerca del tercio superior de la altura H de la
estructura, para cargas lineales no muy cerca de la corona del muro.
Hasta una distancia de 0.4 H a partir de la corona del muro, los
empujes medidos fueron prácticamente constantes; posiciones más
lejanas de la sobrecarga producen empujes cada vez menores. Muy
cerca del muro la ley de distribución de presiones se aleja mucho
de la parabólica aproximada, con el máximo muy desplazado hacia
arriba.
Los datos anteriores resultaron incompatibles con los resultados
de la aplicación de la Teoría de Coulomb al problema, pero se
acercan más a los valores que se obtienen aplicando la Teoría de
Boussinesq.
Según esta teoría, el esfuerzo horizontal, ax, producido en un
medio semiinfinito por una sobrecarga lineal vale, a la profundidad
nH y en una sección vertical a mH de la sobrecarga (ver fia.
IV -k .3):
160 CAPITULO IV
MECANICA DE SUELOS (II) 161
Ahora bien, al aplicar
este resultado al caso real
de una tablestaca debe ha-
cerse la consideración de
que este elemento es rí
gido y restringe los des
plazamientos horizontales.
Si una sobrecarga lineal
simétrica a la real obrase
del otro lado de la sección
a-c en el medio semiinfini'
to, el esfuerzo horizontal
en el elemento considerado
seria el doble del dado por
la ec. 4-k.2 y la tendencia
al desplazamiento horizon
tal del elemento sería nula. En el caso real de la tablestaca podría
considerarse que prevalece esta condición de deformación y, por lo
tanto, la presión horizontal sobre ella puede tomarse como:
Fie. IV-k.3. Sobrecarga lineal actuante sobre una
tablestaca anclada
_ 4g m2n
Ph~ W (m*"+ñ*p
(4-k.3)
Esta fórmula está bastante acorde con las observaciones ya cita
das, para valores de m mayores de 0.4; para m < 0.4 las discrepan
cias se hacen fuertes. Para estos últimos valores de m se encontró que
la distribución de las presiones observadas mostraba mayor similitud
con la calculada para m = 0.4, determinada por la ecuación:
P* = i
0.203 n
H (0.16 -I- n2)2 (4-k.4)
Para m > 0.4 el empuje, E, por unidad de longitud de tables
taca es:
= í" «I
phH dn = —it m8 + l (4-k.5)
Para m < 0.4, de acuerdo con lo arriba dicho, conviene conside
rar m = 0.4 y, por lo tanto:
2 q
( M é V i ) = 03511
H-k.6)
12—Mecánica de Suelos II
Todas estas expresiones son más bien conservadoras respecto a
las observaciones realizadas. Ha de tenerse en cuenta que en la
Teoría de Boussinesq la sobrecarga lineal es de longitud infinita, en
tanto que en las pruebas naturalmente no lo fue; además, la teoría
está afectada de una serie de hipótesis tales como la elasticidad per
fecta del medio, etc., que ya han sido mencionadas antes en este
volumen. Ante todo esto, la concordancia entre teoría y observa
ción es muy razonable. También es aceptable pensar que el margen
de seguridad de los cálculos teóricos justifique su uso en condi
ciones de campo diferentes a las prevalecientes en las pruebas
experimentales mencionadas.
Gerber, Spangler y Feld18 estudiaron también experimentalmen
te las presiones horizontales producidas sobre una tablestaca por
efecto de cargas puntuales actuantes en el relleno horizontal. Como
carga puntual utilizaron placas circulares de pequeño diámetro co
locadas a distancias variables de la cresta de la tablestaca; los relle
nos fueron también “friccionantes”. La presión resultó máxima en la
traza con el respaldo del muro de un plano vertical a éste, trazado
por la carga concentrada. En esta línea (ab en la fig. IV -k .3), la
presión se distribuye en la acostumbrada forma parabólica, con máxi
mo a una profundidad del orden de la distancia entre el muro y la
carga concentrada. El empuje total E T causado por la carga pun
tual P es máximo para m — 0 y disminuye constantemente para valo
res crecientes de ese parámetro (m indica ahora la posición de la
carga concentrada P ) . Los valores experimentales encontrados para
E t corresponden a los dados por la ecuación empírica
e ' = p T t t £ f <4'k-7>
basada en los datos reportados por Gerber. La ecuación está formada
de modo que los valores del empuje corresponden a los mayores
observados.
Ninguna de las teorías hoy en uso concuerda satisfactoriamente
con la distribución de presiones horizontales producidas por una
carga concentrada. Para valores de m > 0.4 estas presiones corres
ponden aproximadamente a los valores de la expresión empírica:
_ , P m2 n2
p* - L 77W (m. + n*)* (4' L8)
Para m < 0.4 resulta más aproximado, usando la expresión
4-k.8, mantener m = 0.4, con lo que:
Pk = 0.28 (4-k.9)
162 CAPITULO IV
Las ecs. 4-k.8 y 4-k.9 dan una aproximación buena en la prác
tica a los datos experimentales hoy disponibles.
IV-k.4. Distribución de la presión de tierras
Tanto la teoría como la observación permiten afirmar que la dis
tribución de presiones horizontales en el respaldo de una tablestaca
no es la que corresponde a la ley de Coulomb, sino que depende
grandemente del modo de deformarse que la estructura presenta.
En la fig. IV-k.4 se presentan esquemáticamente los resultados
de las observaciones hechas por distintos investigadores sobre mode
los para el caso de tres tipos de desplazamiento de la estructura de
soporte.
MECANICA DE SUELOS (II) 163
FIG. IV-k.4. Distribuciones de presión observados para diferentes nrodos de deformarse
el soporte
En el caso a) ocurre un giro en torno al pie de la estructura y
como consecuencia la magnitud y distribución de las presiones co
rresponde a la ley lineal de Coulomb. En el caso b) la estructura
se hizo girar en torno a su corona y la distribución de presiones
se apartó ya de la lineal, transformándose a la forma seudopara-
bólica. En la parte c) se muestra la distribución de presiones obte
nidas en una estructura con el desplazamiento impedido en su pie
y corona, pero con posibilidad de flexión en su parte central; tampo
co ahora la distribución sigue la ley lineal.
Como puede observarse en las distribuciones de las partes b)
y c). la presión tiende a bajar en las partes cedentes y a aumentar
en las fijas; esto es una consecuencia del fenómeno de arqueo ya
discutido.
El caso c) representa también resultados obtenidos para la dis
tribución de presiones en tablestacas dragadas. En estas estructuras
Rowe encontró que si el anclaje cedía 0.1% de H la distribución c)
se modificaba bastante, acercándose a la ley lineal de la presión
activa según Coulomb, sin que, por otra parte, se modifique sensi
blemente el empuje total. Este hecho justifica que, en este tipo de
tablestacas, se considere en la práctica a la ley de Coulomb como
buena para representar las presiones realmente actuantes.
En la fig. IV-k.5 se muestran esquemáticamente los resultados de
pruebas realizadas por G. P. Tschebotarioff entre los años 1944 y
1948 sobre tablestacas de relleno.
164 CAPITULO IV
FIG. IV-lc.5. Distribución de presiones sobre tablestacas
a) relativamente rígidas
b) relativamente flexibles
Cuando la tablestaca utilizada como modelo era relativamente
rígida (deformación máxima 0.1% de H en este caso) se encontra
ron curvas de distribución comprendidas en la zona rayada de la
fig. IV-k.5.a, en las cuales la magnitud de la presión puede llegar
a ser mayor que la correspondiente a la tierra "en reposo”, que, en
este caso, correspondió a un valor del coeficiente de presión K0 = 0.4.
Nótese que, en general, la presión fue mayor que la activa.
En pruebas con modelos más flexibles (fig. IV-k.5.b) con defor
mación horizontal máxima del orden de 0.5%, los diagramas de
presión encontrados mostraron presiones de menor intensidad, acer
cándose más, por lo menos en magnitud, a las dadas por la Teoría
de Coulomb (la línea KÁ = 0.23 representa la presión activa según
la Teoría de Coulomb, calculada con <¡> = 34° y 8 = 25°, valores
supuestos en las pruebas).
Lascurvas 1 y 2 se obtuvieron con el mismo relleno arenoso, en
el primer caso colocado en forma natural y en el segundo después
de sometido a una compactación por vibración; nótese aue dicha vi
bración hizo aumentar notablemente las presiones sobre la tablestaca.
MECANICA DE SUELOS (II) 165
Otro punto de interés puesto de manifiesto por las pruebas fue
el referente a la influencia de la colocación del relleno arenoso. Las
curvas de distribución de presiones 3 y 1 ponen de relieve esta in
fluencia. La curva 3 se obtuvo con un relleno construido colocando la
arena del respaldo de la tablestaca hacia atrás; la 1 se obtuvo con
un relleno construido depositando la arena de atrás hacia el respaldo
de la tablestaca.
Los resultados anteriores correspondieron a pruebas efectuadas
en terrenos de cimentación constituida por arena compacta; si ésta es
suelta, se observó para el caso de la curva 3, que las presiones
aumentaron un poco a lo largo de toda la altura de la tablestaca.
Para el caso de rellenos heterogéneos, compuestos por una zona de
arcilla y una cuña de arena en contacto con el respaldo de la tables
taca se observó que, si la cuña parte del pie de la tablestaca hacia
el relleno la distribución de presiones es prácticamente la dada por un
relleno homogéneo de arena. Si la cuña parte de la corona de la
tablestaca hacia el interior del relleno, la curva de presiones medidas
sobre la tablestaca se aleja más del respaldo a lo largo de toda la
altura, respecto a la del relleno de arena homogénea correspondiente.
. 0 .^5 H
/ A
í K Í
Placo rígida
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A REN A V !
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(Apoyo libro)
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A R EN A i : - \ ' • A R EN A
S U E L T A ' ; . ■ \ COMPACTA
(Apoyo libro ) (Apoyo fijo)
(e) (f)Id)
F IS . IV-k.6. Influencia de las condiciones del suelo on la presión pasiva desarrollada
en tablestacas y en e l tipo de deformación de la estructura
Nótese que todas las pruebas muestran un máximo de la presión
en algún nivel comprendido entre el anclaje y el piso de la cara exte
rior de la tablestaca. También se puso de manifiesto que las presio
nes medidas dependen del procedimiento seguido para formar el
relleno, hecho que no es tomado en cuenta por ninguna teoría de
presión de tierra.
Con el fin de obtener datos respecto a la presión pasiva (fig.
IV-k.6) que se produce en la cara exterior enterrada de una tables
taca, Rowe 19 realizó pruebas con una placa rígida que giraba en
torno a su extremo interior (fig. IV-k.6, a y b) que permiten dedu
cir para la tablestaca que nunca tiene lugar un crecimiento lineal de
la presión pasiva, como el que se obtiene con la Teoría de Coulomb
y que, en general, las presiones reales son menores, tendiendo a
valores pequeños en el extremo inferior de la estructura, siempre y
cuando la flexibilidad sea suficiente como para que el extremo infe
rior pueda considerarse eje de rotación, de modo que la situación sea
similar a la de las pruebas. Cuando Rowe hizo girar una placa
rígida enterrada en tomo al punto correspondiente al nivel del piso,
se obtuvo una presión pasiva creciente hacia abajo tal como la que se
muestra en la fig. IV-k.6.c.
Las condiciones del terreno en que está hincada la tablestaca
influyen sobre el tipo de deformación de ésta e influyen también en
el tipo de apoyo que debe considerarse a la estructura. Por ejemplo,
una tablestaca hincada en turba podrá ceder y resultará de apoyo
libre; por otra parte, el hincado en arena compacta producirá segura
mente una condición de apoyo fijo, mientras que en la arena suelta
se presentará una condición intermedia entre la turba y la arena
compacta. En la fig. IV-k.6, parte d), e) y f) se presentan esque
máticamente estas condiciones.
IV-k.5. Influencia de la rigidez a la flexión
en el momento flexionante
De acuerdo con las teorías clásicas utilizadas para diseño de ta
blestacas, mencionadas al principio de este anexo, las condiciones
del apoyo enterrado y, por lo tanto el máximo momento flexionante
en la tablestaca, son independientes de la rigidez de la estructura
a la flexión; según aquellas teorías, el momento flexionante máximo
disminuye cuando la penetración de la tablestaca aumenta, cual
quiera que sea su rigidez a la flexión. Estas afirmaciones no pueden
sostenerse a la luz del conocimiento actual de las relaciones entre
los desplazamientos horizontales de la estructura y las reacciones
del suelo. Baumann 20 puso, por vez primera, de manifiesto las irre
gularidades de aquellas suposiciones, pero fueron las experiencias
de Rowe las que aportaron las primeras evidencias respecto a las
importantes relaciones mencionadas. Usando modelos metálicos de
tablestacas, con rellenos granulares en estado suelto y compacto.
Rowe midió las deformaciones verticales ocurridas en estructuras
con diferentes alturas. En todas las pruebas obtuvo el esfuerzo en
166 CAPITULO IV
las fibras extremas de la placa metálica a lo largo de la altura, el
módulo de elasticidad, el momento de inercia de la sección recta del
muro, la profundidad del anclaje y otros datos de interés. Las lec
turas obtenidas permitieron conocer el momento flexionante en la
tablestaca en cada una de las pruebas. La condición de similitud
entre el modelo y el prototipo es satisfecha por Rowe con ideas que
involucran la suposición de que el módulo de elasticidad de las
arenas crece linealmente con la profundidad, lo cual es sólo aproxi
madamente correcto en arenas sueltas; en arenas compactas, el mó
dulo de elasticidad, hasta donde sea posible hablar de este concepto
en suelos, parece variar más bien con la raíz cuadrada de la profun
didad. Por ello, si la tablestaca se hinca en arenas compactas, las
condiciones del apoyo inferior serán menos favorables que las de
los modelos de Rowe en los que se hayan usado arenas con la misma
compacidad. Rowe define para la tablestaca un número de flexi
bilidad :
_ H*
9 ~ El
Las investigaciones permiten llegar a las siguientes conclusiones im
portantes. En tablestacas muy rígidas, el momento flexionante máxi
mo, M, es independiente prácticamente del número de flexibilidad, p,
y es igual al valor calculado con la hipótesis de apoyo inferior libre
para la estructura; sin embargo, si p excede un cierto valor, M dis
minuye cuando p aumenta y finalmente, tiende a un tercio del máximo
momento en tablestaca de apoyo libre. El valor crítico, pc, en que M
comienza a descender, aumenta cuando la compacidad relativa de
la arena disminuye. El valor de pe es prácticamente independiente
de la profundidad de hincado y del nivel a que actúe el anclaje.
Si la tablestaca fuera perfectamente rígida y el punto en que se
ancla fuese inmóvil, el movimiento de la estructura sería un giro
en torno a dicho anclaje y la distribución de la presión pasiva sería
similar a la curva c) de la fig. IV-k.6, con punto de aplicación del
empuje total inferior a D /3, contado a partir del extremo inferior de
la tablestaca (D, profundidad enterrada). Esta condición correspon
de al apoyo libre ideal. Cuando la flexibilidad aumenta, el extremo
inferior de la tablestaca se traslada cada vez menos y la distribución
de la presión pasiva se acerca a la de las curvas a ) o b) de la misma
figura, mientras la tablestaca tiende a girar en torno a su extremo
inferior. El punto de aplicación del empuje pasivo pasa entonces a
ser mayor que D/2; el "claro libre”, entre el anclaje y el punto de
aplicación del empuje pasivo disminuye y, por ende, el máximo
momento flexionante también decrece. Cuando el extremo inferior
de la tablestaca permanezca totalmente inmóvil, se habrá llegado a
la condición de apoyo fijo.
MECANICA DE SUELOS (II) 167
Cuando una tablestaca se hinca en limo o en arcilla, existe una
restricción inicial fuerte para el movimiento del extremo inferior y
esto puedeproducir temporalmente una condición de apoyo fijo; la
consolidación del material hace, sin embargo, que al cabo de un
tiempo el suelo ceda inclusive más de lo que lo haría una arena suelta;
durante esta cedencia el máximo momento flexionante aumenta. Una
condición permanente de apoyo fijo es difícil de lograr en arcillas,
a no ser que estén fuertemente preconsolidadas.
IV-k.6. Fuerza de anclaje
Cuando la tablestaca pasa de una condición de apoyo libre a otra
de apoyo fijo, por incrementarse su flexibilidad, el máximo momento
flexionante disminuye. Si la parte inferior de la tablestaca está fija,
los extremos fijos de la misma quedan bajo la acción de momentos
que soportan parte de la presión lateral y, en consecuencia la tensión
en el anclaje disminuye; por lo tanto la tensión del anclaje disminuye,
cuando la flexibilidad de la estructura aumenta. Siguiendo un razo
namiento análogo puede afirmarse que la tensión de anclaje será
menor cuanto más compacto sea el suelo en que se hinque la tables
taca y será también menor a mayor profundidad de hincado. Otro
factor que influye en la tensión de anclaje es la profundidad a que
dicho anclaje se construya. También se ha observado que si el an
claje cede, la tensión en él disminuye.
IV-k.7. Diseño de tablestacas ancladas
Para realizar un diseño económico y seguro de una tablestaca
anclada deberán tenerse en cuenta todas las consideraciones gene
rales hasta aquí mencionadas que hacen posible eliminar los errores
más serios de los métodos tradicionales. Actualmente la más impor
tante dificultad con que un método de diseño se encuentra se refiere
a la complejidad estructural de los suelos, que se contrapone a la
inevitable y usual hipótesis de homogeneidad de los mismos, con base
en constantes y elementos de cálculo obtenidos de pruebas realizadas
sobre muestras representativas.
Los pasos a que debe ajustarse un método de diseño de tables
tacas ancladas son los siguientes:
a) Valuación de las fuerzas actuantes en la superficie interior
b) Determinación de la profundidad de penetración
c) Cálculo del máximo momento flexionante
d) Valuación de la fuerza de tensión en el anclaje
e) Determinación de los esfuerzos admisibles en los distintos
elementos de acuerdo con las incertidumbres que se hayan
tenido en la valuación de las fuerzas actuantes.
168 CAPITULO IV
A R E N A
F i g . I V - k . 7 F u e r z a s a c t u a n t e s s o b r e u n a t a b l e s t a c a a n q
i
R ELLEN O ARTIFICIAL
DE A R E N A
Ka= 0 .3 5
SUPERFICIE
DEL SUELO
//7WW7SW
M u — ►
A R C ILL A
D U R A
L I N E A DE D R A G A D O
L A D A DE APOYO U B R E .
a) Valuación de las fuerzas actuantes en la superficie inte-
rior de la tablestaca
Para exponer el método general de valuación de las fuerzas que
actúan sobre una tablestaca se recurrirá a dos casos, uno en el que la
tablestaca se supone hincada en terreno arenoso y otro en arcilla.
Se supondrá que en ambos casos, se construye un relleno de arena,
del terreno natural hasta el punto más alto de la tablestaca. En la
fig. IV-k.7 se muestran ambos casos.
En la figura se mencionan cuatro zonas numeradas I, II, III y IV
que corresponden a
I. Presión activa de tierra debida al peso del suelo tras la
tablestaca
II. Presión activa debida a la sobrecarga uniforme q
III. Presión hidrostática no balanceada
IV. Presión horizontal causada por la sobrecarga lineal q'.
Para calcular estas presiones y las fuerzas resultantes que produ
cen deben calcularse los pesos específicos saturado y sumergido de
los diferentes materiales y sus coeficientes de presión activa. Los
valores de este coeficiente supuestos para la exposición que sigue se
anotan en la fig. IV-k.7. En general, por estar depositados en agua,
los rellenos artificiales quedan más bien sueltos y la tablestaca no se
deforma lo suficiente como para que se desarrolle toda la resistencia
al corte en el suelo; por ello, los valores de KÁ de cálculo suelen ser
mayores que los de los mismos materiales en estado natural cuando
obran tras una tablestaca de dragado. Los valores de KA para suelos
friccionantes pueden estimarse, dentro de la Teoría de Coulomb, con
los de <f> y S correspondientes. Como quiera que el empuje activo
total equilibra al empuje pasivo y a la tensión en el anclaje, aquél
será mayor que dicho empuje pasivo; por lo tanto, para un ángulo
8 dado, la resultante de las fuerzas de fricción en la tablestaca
tenderá a hacer que ésta baje; si el punto extremo inferior de la
estructura estuviese rígidamente apoyado soportaría tal resultante,
pero esto está lejos de suceder-en la realidad, por lo que la tablestaca
se asienta ligeramente hasta que la fricción en la cara interior se hace
similar a la que actúa en la cara exterior enterrada. A causa de estos
hechos el valor de 8 en los casos de presión activa se debe de consi
derar menor que en los de presión pasiva. Terzaghi recomienda
valores de 8 = <j>/2 en la región bajo presión activa, y 8 = 2<f>/3 en
zonas bajo presión pasiva.
Las arenas limosas suelen tener valores de KA mayores que las
limpias de misma compacidad relativa, debido a que su ángulo de
fricción interna es algo menor y su compresibilidad es mayor. En el
caso de rellenos naturales el valor de K¿ podrá determinarse siguien
do las teorías usuales, pero en rellenos artificiales la sobrecarga
MECANICA DE SUELOS (II) 169
uniforme q produce una presión horizontal igual a K¿ veces el propio
valor de q.
La primera etapa para valuar la presión, hidrostática no balan
ceada es determinar correctamente la altura H,0; ésto puede hacerse
conociendo los datos hidrográficos locales. Si el suelo tras la tables
taca es homogéneo en lo referente a la permeabilidad, la ec. 4-k.l
permite calcular la presión no equilibrada. El área III de la fig.
IV-k.7 se ha dibujado esquemáticamente con esta hipótesis. Para
evitar un aumento brusco del valor H w, por ejemplo por fuertes
lluvias, es recomendable el uso de drenaje superficial en el relleno.
Cuando el relleno de la tablestaca no se consolida durante la
construcción, por ejemplo cuando es una arcilla suave, el nivel de
agua inicial en el relleno está en la superficie del mismo; en estos
materiales KA = 1. Ahora la presión horizontal del suelo y agua
combinados contra la tablestaca es ymz, siendo ym el peso específico
del material saturado.
El efecto de cargas lineales estacionarias puede tomarse en cuenta
con las ecs. 4-k.3 y 4-k.4, ya analizadas; las cargas concentradas
actuantes pueden ser fijas o móviles. Las ecs. 4-k.8 y 4-k.9 pro
porcionan las presiones horizontales correspondientes. Si la carga
es fija la presión actúa en una zona específica; si es móvil, toda
la tablestaca ha de ser capaz de soportarla. Desde luego, el relleno
ha de ofrecer capacidad de carga suficiente para soportar las sobre
cargas; en caso contrario éstas se apoyarán en pilotes y ya no ejer
cerán efecto sobre la tablestaca. En el análisis de sobrecargas el
valor de la altura H debe tomarse como la distancia vertical entre la
línea de dragado y la superficie del relleno; con esto se trata de
tomar en cuenta el hecho de que las presiones calculadas son mayo
res que las reales en las zonas profundas del tablestaca.
b) Determinación de la profundidad de penetración
La experiencia ha probado (Rowe) que existe muy pequeña ven
taja en hincar la tablestaca abajo de un nivel que garantice que no
se producirá una falla por movimiento hacia afuera de la parte ente
rrada y que garantice también un desplazamiento convenientemente
pequeño del extremo inferior de la estructura. Como quiera que la
longitud de hincado se refleja en forma importante en la economía
de la obra, se sigue la conveniencia de determinar con buena aproxi
mación la profundidad de hincado conveniente.
La resistencia de un material friccionante al movimiento hacia el
exterior de la zona hincada depende de su peso específico y de su
coeficiente de empuje pasivo. Si el materiales cohesivo, la resisten
cia al movimiento mencionado depende para fines prácticos de la
resistencia a la compresión simple.
170 CAPITULO IV
Cuando exista un flujo de agua del relleno hacia el lado exterior
de la tablestaca será necesario tomar en cuenta la reducción del
peso específico efectivo por fuerzas de filtración asociadas al flujo
ascendente en dicho lado exterior. En el Volumen III de esta obra
se darán criterios apropiados para tales cálculos.
Para los coeficientes de presión pasiva, Tarzaghi recomienda usar
los valores que se muestran en la Tabla 4-k.l.
MECANICA DE SUELOS (II) 171
TABLA 4-k.l
Material Coeficiente de presión pasiva
Arena limpia compacta 9.0
Arena limpia medianamente compacta 7.0
Arena limpia suelta 5.0
Arena limosa compacta 7.0
Arena limosa medianamente compacta 5.0
Arena limosa suelta 3.0
Limo y arcilla l + ^ - C )P + yz
(*) p representa la presión efectiva en la frontera superior del estrato de que se
trate y yz la presión efectiva debida al peso propio de dicho estrato, a la
profundidad considerada.
Los valores anteriores son conservadores y naturalmente podrán
modificarse para cada caso, cuando los valores de ̂ y S se obtengan
de pruebas confiables en muestras representativas: para ello podrán
usarse las gráficas de la fig. IV-k.2. En el caso no frecuente en que
la parte inferior de la tablestaca se soporte no por hincado, sino por
un relleno artificial de arena, podrá asignársele a éste un valor
Kp = 3. Las arenas limosas muy sueltas, por su alta compresibilidad,
no darán un soporte adecuado a la zona hincada de la estructura,
por lo que será aconsejable evitarlas cuando sea posible.
La distribución real observada de la presión pasiva en tablestacas
de apoyo libre es aproximadamente trapecial, con máximo en el extre
mo inferior de la estructura, pero el considerarla asi complica los
cálculos bastante por lo que, en este caso, se mantienen las ideas de
Coulomb de distribución lineal, lo cual produce poco error y del lado
de la seguridad. Para estar en condiciones de seguridad práctica, el
valor de Kp del suelo situado en el lado exterior de la tablestaca se
maneja dividido por un factor de seguridad F g > 1: en el caso en
que el suelo sea limoso o arcilloso, el factor F> divide la resistencia
a la compresión simple. Más adelante se tratarán los valores numé
ricos del coeficiente F„.
172 CAPITULO IV
En la fig. IV-k.7, los puntos Oí, O2 y 03 representan los centroides
de las áreas de presión sobre la tablestaca. Oj es el centroide del
área de presión activa sobre la línea de dragado, 02 de la misma bajo
la línea de dragado y 03 el del área de presión pasiva. Los empujes
correspondientes serán E lt £ 2 y E s y sus posiciones están definidas
por las distancias Lx, L-¿ y L¡. El valor de D debe satisfacer la con
dición de que la suma de los momentos de todas las fuerzas en tomo
al punto A, de anclaje, sea nula:
E\ U + E 2 (Ha + L¿) = E¡¡ (Ha + L3) (4-k.lO)
E 2, E 3, L2 y L¡ pueden expresarse en términos de D, con lo cual,
a partir de la expresión 4-k.lO, puede plantearse una ecuación
de tercer grado en D, que proporciona este valor.
c) Cálculo del máximo momento flexionante
Si la tablestaca se hinca en terreno errático o si no se dispone
de datos seguros del mismo, el momento flexionante máximo en la
estructura se calcula con la hipótesis de apoyo libre. Las fuerzas a
considerar son las mostradas en la fig. IV-k.7.
Si la tablestaca se hinca en un estrato homogéneo de arena lim
pia con compacidad conocida, el momento flexionante máximo calcu
lado con la hipótesis de apoyo libre puede a veces reducirse, con
base en las investigaciones ae Rowe ya mencionadas 19 615. Para
tal efecto, después de calcular el máximo momento flexionante para la
condición de apoyo libre y la sección de la tablestaca requerida,
debe calcularse el número de flexibilidad correspondiente. Este núme-
■ ro dependerá del material usado en la tablestaca y del máximo
esfuerzo admisible que se asigne a aquél. Si el número de flexibilidad
calculado es menor que el valor crítico correspondiente a las condi
ciones del suelo en que la tablestaca esté hincada (gráficas de
Rowe) no será posible hacer ninguna reducción al momento flexio-
nante máximo y con éste deberá proyectarse. En caso contrario
sí será factible hacer una reducción al momento máximo para obtener
el de proyecto: esto redundará en una sección más económica para
la tablestaca.
Se explicó atrás que el apoyo de una tablestaca hincada en limo
compresible o arcilla es en un principio fijo, pero según el tiempo
pasa aquella condición va tendiendo a la de apoyo libre; en este caso,
en ninguna circunstancia se aceptará una reducción al máximo mo
mento flexionante que haya resultado.
d) Valuación de la tensión, en el anclaje
La fuerza de tensión que se produzca en el anclaje de una tables
taca libremente apoyada está determinada por la condición de que
la suma de todas las fuerzas horizontales actuantes en la estructura
debe ser nula. Por lo tanto:
Ar = (E , + E 2 - E 3) l (4 -k .ll)
donde l es el espaciamiento entre anclajes. La tensión en el anclaje
disminuye cuando el número de flexibilidad de la tablestaca aumen
ta, pero la disminución no es tan importante como la que ocurre,
según se dijo, en el momento flexionante máximo. La tensión en
el anclaje debe calcularse con la hipótesis de apoyo libre.
IV-k.8. Requisitos de seguridad
En general las incertidumbres, envueltas en el proyecto de las
tablestacas ancladas dejan amplio campo de acción al criterio del
proyectista, por lo cual puede ser antieconómico o inseguro el aceptar
normas rígidas en lo que se refiere a la valuación de los factores
de seguridad a utilizar en el proyecto. En lo que sigue se dan algu
nas normas generales de criterio que deberán tenerse en cuenta en
todo proyecto de la naturaleza aquí tratada; estas normas son debi
das, al igual que el conjunto de este anexo, a la experiencia del
Dr. Karl Terzaghi.
En lo que se refiere al coeficiente de seguridad F „ para calcu
lar la presión pasiva -en la parte enterrada de la tablestaca, un valor
de 2 o 3, dependiendo del grado de precisión con que se hayan
calculado las fuerzas actuantes en el lado interior de la misma
es satisfactorio para estructuras hincadas en arenas limpias o en
arena limosa; estos valores podrán hacerse descender a 1.5 o 2,
respectivamente, en limos o arcillas, pues en este caso los valores
calculados de Kp están del lado de la seguridad.
Los valores calculados de la profundidad de hincado deberán
incrementarse siempre en un 20%, para compensar posibles excesos
en la profundidad de dragado, socavación o la existencia, no reve
lada por los sondeos, de bolsas de material débil delante de la parte
enterrada de la tablestaca; en este caso, el máximo momento flexio
nante y la tensión en los anclajes deben calcularse con base en la
profundidad de penetración no incrementada.
Los máximos esfuerzos permisibles debidos a la flexión de una
tablestaca de acero con relleno artificial de arena limpia pueden to
marse a lo menos como los dos tercios del esfuerzo de fluencia; esto
vale también para tablestacas dragadas que soporten arenas deposi
tadas naturalmente en el lugar. Si el relleno es de arena limpia o
arena limosa y se construye por un método de sedimentación en
agua, el esfuerzo anterior no debe pasar los dos tercios del esfuerzo
dé fluencia; cuando, en este caso, el relleno sea arcilloso y se le haya
asignado un valor K a — 1 podrán tomarse esfuerzos de flexión igua
les al de fluencia, pues ahora la presión de tierras no puede llegar
a ser mayor que la supuesta.
Las tensiones en los anclajes pueden ser mayores que las calcu
ladas como se dijo atrás, cuando la distribución de la presión de
MECANICA DE SUELOS (II) 173
tierras sobre la tablestaca sea muy diferente de la correspondiente
a la ley de Coulomb; también aumenta esta tensión cuando el suelo,
en el lado exterior de la parteenterrada de la tablestaca, cede, por
ejemplo por efecto de la consolidación, en tanto que la parte alta
del relleno permanece indeformable o cuando dos anclajes vecinos
ceden cantidades diferentes. A causa de todo lo anterior, las barras
o elementos de anclaje deben calcularse sobre la base de los esfuer
zos más pequeños que se hayan usado para el diseño de la estruc
tura en general.
En general, es vital evitar durante la construcción condiciones
de carga no previstas en el proyecto; en este sentido es necesario
tener muy presente que la actual teoría no proporciona, probable
mente, armas para prever todas las eventualidades susceptibles de
presentarse en un caso real, por lo que resulta necesario hacer uso
constante de normas de experiencia y de sentido común que cubran
las inevitables deficiencias de los proyectos. La posibilidad de soca
vación en el frente expuesto, con el correspondiente aumento de la
H libre, es un peligro del tipo mencionado, para cuya previsión hoy
hay muy poco más que la experiencia del proyectista; otro peligro
análogo es la posibilidad de fugas del relleno por las juntas estruc
turales de la tablestaca. En rellenos compresibles existe la posibilidad
de transmitir acciones verticales a las barras de anclaje cuando éstas
no se encierran en elementos tubulares amplios y flexibles, que sigan
los movimientos del suelo sin interferir con el funcionamiento de
dichas barras.
Todas las fallas observadas en tablestacas pueden, según Ter
zaghi, atribuirse a dos causas: mala estimación de las propiedades
de resistencia del suelo o ignorancia, por deficiencia en las explora
ciones y sondeos, de la existencia de algún estrato o bolsón de suelo
de características especialmente desfavorables. Por ejemplo, el uso del
concepto "ángulo de reposo” como definidor de las cualidades de re
sistencia y empuje de los suelos ha sido particularmente desdichado.
Algunas tablestacas en arena han fallado por movimiento hacia
fuera de la tablestaca y el relleno, por la existencia de un estrato de
arcilla blanda bajo la arena, que no cumplió su misión de sostener
la rjarte enterrada de la estructura. En otras ocasiones se han repor
tado fallas de taludes en suelos sumergidos con superficie de falla
desarrollada bajo el anclaje y la tablestaca; en el Capítulo V se darán
criterios para tomar en cuenta este tipo de fallas.
En general, todas las fallas reportadas hasta el presente se hu
bieran podido evitar contando con un buen programa de exploración
y muestreo y realizando sobre las muestras representativas algunas
pruebas sencillas y adecuadas, cuya interpretación fuese correcta.
NOTA. Este Anexo ha sido elaborado teniendo en cuenta muy principalmente
la reí. 15.
174 CAPITULO IV
REFEREN C IA S
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mes a quelques problémes de statique relatifs a l'architecture — Memoires —
Académie Royale — Vol. VII — París— 1776.
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MECANICA DE SUELOS (II) 175
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176 CAPITULO IV
1956.
Teu&s —
SZfi
Crosby Lockwood
CAPITULO V
ESTABILIDAD DE TALUDES
V-l. Generalidades
Se comprende bajo el nombre genérico de taludes cualesquiera
superficies inclinadas respecto a la horizontal que hayan de adoptar
permanentemente las estructuras de tierra, bien sea en forma natural
o como consecuencia de la intervención humana en una obra de
ingeniería. Desde este primer punto de vista los taludes se dividen
en naturales (laderas) o artificiales (cortes y terraplenes).
Aun cuando las laderas naturales pueden plantear y de hecho
plantean problemas que pueden llegar a ser de vital importancia, en
este capítulo se tratarán en forma predominante los taludes artifi
ciales, pero se mencionarán las características más importantes que
pueden ser fuente de preocupación ingenieril en las laderas naturales.
El moderno desarrollo de las actuales vías de comunicación, tales
como canales, caminos o ferrocarriles, así como el impulso que la
construcción de presas de tierra ha recibido en todo el mundo en los
últimos años y el desenvolvimiento de obras de protección contra la
acción de ríos, por medio de bordos, etc., han puesto al diseño y
construcción de taludes en un plano de importancia ingenieril de
primer orden. Tanto por el aspecto de inversión, como por el de
consecuencias derivadas de su falla, los taludes constituyen hoy una
de las estructuras ingenieriles que exigen mayor cuidado por partedel proyectista.
Es obvio que la construcción de estas estructuras es probable
mente tan antigua como la misma humanidad; sin embargo, durante
casi toda la época histórica han constituido un problema al margen
de toda investigación científica; hasta hace relativamente pocos años,
los taludes se manejaron con normas puramente empíricas, sin ningún
criterio generalizador de las experiencias adquiridas. La expansión
del ferrocarril y el canal primero y de la carretera después, provo
caron los primeros intentos para un estudio racional de este campo;
pero no fue sino hasta el advenimiento de la actual Mecánica de
Suelos cuando fue posible aplicar al diseño de taludes normas y cri
terios, que sistemáticamente tomasen en cuenta las propiedades
mecánicas e hidráulicas de los suelos constitutivos, obteniendo expe
riencia sobre bases firmes y desarrollando las ideas teóricas que
permiten conocer cada vez más detalladamente el funcionamiento
13—Mecánjcs de Socios II
177
particular de estas estructuras. La historia del desarrollo de la técni
ca constructiva de presas de tierra y de los métodos de análisis de
las mismas es uno de tantos ejemplos en apoyo de la afirmación
anterior; hoy, gracias a los aportes de la Mecánica de Suelos al aná
lisis de taludes, entre otras razones, se construyen doquiera presas
que hace apenas 30 o 40 años se estimarían imposibles de realizar.
Por principio de cuentas es necesario dejar establecido el hecho
de que la determinación del estado de esfuerzos en los diferentes
puntos del medio material que constituye un talud es un problema
no resuelto en general en la actualidad, ni aún para casos idealiza
dos, como serían los de suponer el material elástico o plástico. Esto
hace que los procedimientos usuales de análisis de estabilidad estruc
tural no pueden utilizarse, por lo que ha de recurrirse a métodos que,
por lo menos en la época en que comenzaron a usarse, eran de tipo
especial. En rigor estos métodos se encasillan hoy entre los de “Aná
lisis Límite”, que cada día van siendo más frecuentes en todos los
campos de la Ingeniería. En esencia estos métodos consisten todos en
imaginar un mecanismo de falla para el talud (la forma específica
de este mecanismo se busca frecuentemente en la experiencia) y en
aplicar a tal mecanismo los criterios de resistencia del material, de
manera de ver si, con tal resistencia, hay o no posibilidad de que el
mecanismo supuesto llegue a presentarse. En taludes siempre se ha
imaginado que la falla ocurre como un deslizamiento de la masa
de suelo, actuando como un cuerpo rígido, a lo largo de una super
ficie de falla supuesta. Al analizar la posibilidad de tal desliza
miento se admite que el suelo desarrolla en todo punto de la super
ficie de falla la máxima resistencia que se le considere.
En el campo del estudio de los taludes existen pioneros de labor
muy meritoria. Collin (1845) 1,2 habló por vez primera de super
ficies de deslizamiento curvas en las fallas de los taludes e imaginó
mecanismos de falla que no difieren mucho de los que actualmente
se consideran en muchos métodos prácticos de diseño. Desgraciada
mente sus ideas, obtenidas de una observación muy objetiva de la
realidad, se vieron obstaculizadas por opiniones anteriores y con
trarias de Ch. A. Coulomb3 quien preconizó la falla plana de los
taludes, hipótesis mucho menos fecunda, según se demostró en el
desarrollo posterior del campo y vio impuestas sus ideas quizá por
el hecho de su mayor prestigio y autoridad. Las ideas de superficie de
deslizamiento no plano fueron resucitadas en Suecia (1916) por Pet-
terson, quien al analizar una falla ocurrida en el puerto de Gottem-
burgo dedujo que la ruptura había ocurrido en una superficie curva y
fueron impulsadas principalmente por W . Fellenius (1927), uno
de los investigadores más importantes del campo de los taludes. La
escuela sueca propuso asimilar la superficie de falla real a una cilin
drica cuya traza con el plano del papel sea un arco de circunferencia;
con esto se busca sobre todo facilidad en los cálculos, pues desde un
178 CAPITULO V
principio se reconoció que la llamada falla circular no representa
exactamente el mecanismo real. Actualmente reciben el nombre ge
nérico de Método Sueco aquellos procedimientos de cálculo de esta
bilidad de taludes en que se utiliza la hipótesis de falla circular.
En 1935 Rendulio propuso la espiral logarítmica como traza de una
superficie de deslizamiento más real, pero Taylor en 1937 puso de
manifiesto que esta curva, que complica bastante los cálculos., propor
ciona resultados tan similares a la circunferencia, que su uso prác
tico probablemente no se justifica.
En la actualidad, la investigación está muy lejos de haber resuelto
todos los aspectos del análisis de los taludes y se están estudiando
en muchas partes otras teorías y métodos de cálculo.
La Teoría de la Elasticidad y la Plasticidad ofrecen perspectivas
de interés, que también están probándose con los mismos fines.
Es preciso hacer una distinción de importancia. Mientras los pro
blemas teóricos de la estabilidad de los taludes distan de estar re
sueltos y constituyen un reto para los investigadores de la Mecánica
de Suelos, los aspectos prácticos del problema están mejor definidos;
hoy se construyen taludes muy importantes con factores de seguridad
muy bajos, lo cual es indicativo de que los métodos actuales, si bien
poco satisfactorios teóricamente, funcionan bastante bien en la prác
tica; es más, cuando tales métodos se han aplicado cuidadosamente,
tras haber investigado correctamente las propiedades de los suelos,
la posibilidad de una falla de consecuencias ha demostrado ser
realmente muy pequeña.
MECANICA DE SUELOS (II) 179
V-2. Tipos y causas de falla más comunes
Los tipos de falla más frecuentes en taludes son los que se men
cionan en lo que sigue:
a) Falla por deslizamiento superficial
Cualquier talud está sujeto a fuerzas naturales que tienden a
hacer que las partículas y porciones del suelo próximas a su
frontera deslicen hacia abajo; el fenómeno es más intenso cerca de
la superficie inclinada del talud a causa de la falta de presión
normal confinante que allí existe. Como una consecuencia, la zona
mencionada puede quedar sujeta a un flujo viscoso hacia abajo que,
generalmente, se desarrolla con extraordinaria lentitud. El desequi
librio puede producirse por un aumento en las cargas actuantes en
la corona del talud, por una disminución en la resistencia del suelo
al esfuerzo cortante o, en el caso de laderas naturales, por razones
de conformación geológica que escapan a un análisis local detallado.
El fenómeno es muy frecuente y peligroso en laderas naturales
y, en este caso, generalmente abarca áreas tan importantes que cual-
180 CAPITULO V
D es lizam ien to s u p e rf ic ia l d e g ran des p ro p o rc io n es (c a r r e te r a H u ix t la -M o to z in t !a . E l p r o
b le m a fu e e v ita d o con c a m b io d e tra z o )
D es lizam ien to s u p e rf ic ia l. N ó te s e los in d ic io s d e co rrim ie n to s re c ien tes en
los c a n tile s d e l fo n d o (c a r re te ra d ire c ta T iju a n a -E n s e n a d a )
quier solución para estabilizar una estructura alojada en esa zona
escapa de los límites de lo económico, no quedando entonces más
recurso que un cambio en la localización de la obra de que se trate,
que evite la zona en deslizamiento. El fenómeno se pone de mani
fiesto a los ojos del ingeniero por una serie de efectos notables,
tales como inclinación de los árboles, por efecto del arrastre produ
cido por las capas superiores del terreno en que enraizan; inclinación
de postes, por la misma razón; movimientos relativos y ruptura de
bardas, muros, etc.; acumulación de suelos en las depresiones y
valles y falta de los mismos en las zonas altas, y otras señales del
mismo tipo.
MECANICA DE SUELOS (II) 181
En la actualidad es muy difícil llegar a establecer por un procesoanalítico la velocidad y la consideración que llegue a tener el fenó
meno. Los factores envueltos son tantos y tan complejos y actúan
en períodos de tiempo tan impredecibles que cualquier análisis teó
rico se hace prácticamente imposible.
b) Falla por movimiento
del cuerpo del talud
En contraste con los mo
vimientos superficiales lentos,
descritos en el inciso ante
rior, pueden ocurrir en los
taludes movimientos bruscos
que afectan a masas conside
rables de suelo, con super
ficies de falla que penetran
profundamente en su cuerpo.
Estos fenómenos reciben co
múnmente el nombre de des
lizamiento de tierras. Dentro
de éstos existen dos tipos cla
ramente diferenciados. En
primer lugar, un caso en el
cual se define una superfi
cie de falla curva, a lo largo
de la cual ocurre el movi
miento del talud; esta super
ficie forma una traza con el
plano del papel que puede
asimilarse, por facilidad y sin
ertor mayor, a una circunfe
rencia. Estas son las fallas
llamadas por rotación. En se
gundo lugar, se tienen las fa
llas que ocurren a lo largo de superficies débiles, asimilables a
un plano en el cuerpo del talud o en su terreno de cimentación.
Estos planos débiles suelen ser horizontales o muy poco inclinados
respecto a la horizontal. Estas son las fallas por traslación.
Las fallas por rotación pueden presentarse pasando la superficie
de falla por el pie del talud, sin interesar el terreno de cimentación o
pasando adelante del pie, afectando al terreno en que el talud se
apoya (falla de base). Además pueden presentarse las llamadas
fallas locales, que ocurren en el cuerpo del talud, pero interesando
zonas relativamente superficiales. En la fig. V -l se presentan estos
tipos de fallas, así como la nomenclatura usual en taludes simples.
Deslizamiento superficial. Nótese la inclinación
del arbolado
182 CAPITULO V
MECANICA DE SUELOS (II) 183
FIG. V -l. N o m e n c la tu ra y fa lla s en e l cuerpo de ta lu des
a) Nomenclatura
b) Fallas por rotación
I Local
II Por el pie del talud
III De base
c) Falla por traslación sobre un plano débil
c) Fallas por erosión
Estas son también fallas de tipo superficial provocadas por arras
tres de viento, agua, etc., en los taludes. El fenómeno es tanto más
notorio cuanto más empinadas sean las laderas de los taludes. Una
manifestación típica del fenómeno suele ser la aparición de irregu
laridades en el talud, originalmente uniforme. Desde el punto de
vista teórico esta falla suele ser imposible de cuantificar detallada
mente, pero la experiencia ha proporcionado normas que la atenúan
grandemente si se las aplica con cuidado.
d) Falla por licuación
Estas fallas ocurren cuan
do en la zona del desliza
miento el suelo pasa rápida
mente de una condición más
o menos firme a la corres
pondiente a una suspensión,
con pérdida casi total de
resistencia al esfuerzo cor
tante. El fenómeno puede
ocurrir tanto en arcillas ex-
trasensitivas como en arenas
poco compactas.
e) Falla por }alta de ca
pacidad de carga en el terre
no de cimentación
Estas fallas se tratarán
preferentemente en capítulos 5f e c fo j e /D erosión en un ta lu d (c a r re te ra
subsecuentes de esta obra. C o m p o s te la -P u e río V a l la r ía )
V-3. Taludes en arenas
La estabilidad de un talud homogéneo con su suelo de cimentación,
construido con un suelo “puramente friccionante”, tal como una arena
limpia, es una consecuencia de la fricción que se desarrolla entre las
§ articulas constituyentes, por lo cual, para garantizar estabilidad astará que el ángulo del talud sea menor que el ángulo de fricción
interna de la arena, que. en un material suelto seco y limpio se
acercará mucho al ángulo de reposo. Por lo tanto, la condición
límite de estabilidad es, simplemente:
a = <¡> (5-1)
Sin embargo, si el ángulo a es muy próximo a <¡>, los granos de
arena próximos a la frontera del talud, no sujetos a ningún confi
namiento importante, quedarán en una condición próxima a la de
deslizamiento incipiente, que no es deseable por ser el talud muy fá
cilmente erosionable por el viento o el agua. Por ello es recomendable
que en la práctica a sea algo menor que <j>. La experiencia ha demos
trado que si se define un factor de seguridad como la relación entre
los valores de a y <f>, basta que tal factor tenga un valor del orden
de 1.1 ó 1.2 para que la erosionabilidad superficial no sea excesiva.
V-4. E l Método Sueco
Como ya se ha dicho, bajo el título genérico de Método Sueco
se comprenden todos los procedimientos de análisis de estabilidad
respecto a falla por rotación, en los que se considera que la superficie
de falla es un cilindro, cuya traza con el plano en el que se calcula
es un arco de circunferencia. Existen varios procedimientos para
aplicar este método a los distintos tipos de suelo, a fin de ver si un
talud dado tiene garantizada su estabilidad. En lo que sigue se men
cionarán los procedimientos para resolver el problema con cada tipo
de suelo de los que se consideran.
a) Suelos “puramente cohesivos” (<j> = 0; cy^O)
Se trata ahora el caso de un talud homogéneo con su suelo de
cimentación y en el cual la resistencia al esfuerzo cortante puede
expresarse con la ley:
s = c
donde c es el parámetro de resistencia comúnmente llamado cohe
sión. El caso se presenta en la práctica cuando se analizan las con
diciones iniciales de un talud en un suelo fino saturado, para el
cupl la prueba triaxial rápida representa las condiciones críticas.
E s este caso el método puede aplicarse según un procedimiento
sencillo debido al Dr. A. Casagrande, que puede utilizarse tanto
184 CAPITULO V
para estudiar la falla de base como la de pie del talud. La descrip
ción que sigue se refiere a la fig. V-2.
MECANICA DE SUELOS (II) 185
FIG . V-2. Procedimiento de A . Casagrande p a n aplicar el
Método Sueco o un talud puramente "cohesiro"
Considérese un arco de circunferencia de centro en 0 y radio R
como la traza de tina superficie hipotética de falla con el plano del
papel. La masa de talud que se movilizaría, si esa fuera la superficie
de falla, aparece rayada en la fig. V-2. Puede considerarse que las
fuerzas actuantes, es decir, las que tienden a producir el deslizamiento
de la masa de tierra, son el peso del área ÁBCDA, (nótese que se
considera un espesor de talud normal al papel de magnitud unitaria
y que bajo esa base se hacen todos los análisis que siguen) más
cualesquiera sobrecargas que pudieran actuar sobre la corona del
talud. El momento de estas fuerzas en tomo a un eje normal a través
de 0 según la fig. V-2, en la que no se consideran sobrecargas, será
simplemente:
Mm = Wd (5-2)
que es el llamado momento motor.
Las fuerzas que se oponen al deslizamiento de la masa de tierra
son los efectos de la “cohesión” a lo largo de toda la superficie de
deslizamiento supuesta. Así:
Mr =■ cLR (5-3)
es el momento de esas fuerzas respecto a un eje de rotación normal
al plano del papel, por O (momento resistente).
En el instante de falla incipiente:
Mm — M r
por lo tanto, en general:
XWd = cLR
186 CAPITULO V
donde el símbolo E debe interpretarse como la suma algebraica de
los momentos respecto a O de todas las fuerzas actuantes (pesos y
sobrecargas).
Si se define un factor de seguridad:
F - = m (5-4)
podrá escribirse:
F- = <5-5>
La experiencia permite considerar a 1.5 como un valor de F,
compatible con una estabilidad práctica razonable. Debe, pues, de
cumplirse para la superficie hipotética seleccionada, que:
F , > 1.5
Por supuesto, no está de ningún modo garantizado que la super
ficie de falla escogida sea la que represente las condiciones más
criticas del talud bajo estudio (círculo crítico). Siempre existirá
la posibilidad de que el factor de seguridad resulte menor al adoptar
otra superficie de falla. Este hecho hace que el procedimiento descrito
se torne un método de tanteos, según el cual deberán de escogerse
otras superficies de falla de diferentes radios y centros,calcular su
factor de seguridad asociado y ver que el mínimo encontrado no sea
menor que 1.5, antes de dar al talud por seguro. En la práctica
resulta recomendable, para fijar el F , mínimo encontrar primera
mente el circulo crítico de los que pasen por el pie del talud y
después el critico en falla de base; el circulo crítico del talud será
el más crítico de esos dos.
En el Anexo V-a se presentan ideas complementarias debidas
a Taylor de gran interés práctico para el análisis sin tanteos de
taludes simples en suelos "cohesivos” homogéneos.
Nótese que en el procedimiento anterior, aparte de la falla
circular, se está admitiendo que la resistencia máxima al esfuerzo
cortante se está produciendo a la vez a lo largo de toda la superficie
de deslizamiento. Esto, en general, no sucede, pues a lo largo de la
superficie de falla real la deformación angular no es uniforme y, por
lo tanto, los esfuerzos tangenciales, que se desarrollan de acuerdo
con ella, tampoco lo serán. Esto implica que la resistencia máxima
del material se alcance antes en unos puntos de la superficie que en
otros, lo cual conduce a una redistribución de esfuerzos en las zonas
vecinas a los puntos en que se alcanzó la resistencia, dependiendo
esta redistribución y la propagación de la falla en estos puntos, de
la curva esfuerzo-deformación del material con que se trabaje. Si ésta
es del tipo plástico llegarán a tenerse zonas, a lo largo de la superficie
de falla, en las que se haya alcanzado la máxima resistencia, pero
MECANICA DE SUELOS (II) 187
ésta se mantendrá aun cuando la deformación angular progrese; por
ello, en el instante de falla incipiente es posible aceptar que, a lo
largo de toda la superficie de falla, el material está desarrollando
toda su resistencia. Por el contrario, en un material de falla frágil
típica, aquellos puntos de la superficie de falla que alcancen la
deformación angular correspondiente a su máxima resistencia ya no
seguirán cooperando a la estabilidad del talud; esto puede producir
zonas de falla que, al propagarse pueden llegar a causar la falla del
talud (falla progresiva). Como se discutió en efCapítulo XII del Vo
lumen I de esta obra, la prueba de esfuerzo cortante directo presenta
este efecto de falla progresiva y algunos investigadores admiten que
el valor menor de la resistencia al corte que con ella se obtiene
representa un mejor valor para el análisis de la estabilidad de un talud
que el obtenido de una prueba triaxial. Sin embargo, la opinión más
general es que el fenómeno de falla progresiva no es en un talud
tan acentuado como en una prueba directa de esfuerzo cortante, por
lo que la resistencia del suelo en esta prueba puede resultar conser
vadora. Estos últimos especialistas consideran preferible usar en un
cálculo real de la estabilidad de un talud un valor de la resistencia
intermedio a los obtenidos en prueba directa y triaxial. La experiencia
y criterio de cada proyectista resultan decisivos en este punto para
definir la actitud de cada uno,
b) Suelos con " cohesión” y “fricción (cyí= 0 ; <¡>=£0 )
Bajo el anterior encabezado han de situarse aquellos suelos que,
después de ser sometidos a la prueba triaxial apropiada, trabajando
con esfuerzos totales, y después de definir la envolvente de falla de
acuerdo con el intervalo de presiones que se tenga en la obra real,
tienen una ley de resistencia al esfuerzo cortante del tipo
s = c +
con parámetro de “cohesión” y de “fricción”.
De todos los procedimientos de aplicación del Método Sueco a
este tipo de suelos, posiblemente el más popular y expedito sea el de
las “dovelas”, debido a Fellenius (1927), que se expone a conti
nuación.
En primer lugar, se propone un círculo de falla a elección y la
masa de tierra deslizante se divide en dovelas, del modo mostrado
en la fig. V-3.a.
El número de dovelas es, hasta cierto punto, cuestión de elección,
si bien, a mayor número, los resultados del análisis se hacen más
confiables.
El equilibrio de cada dovela puede analizarse como se muestra
en la parte b) de la misma fig. V-3. W¡ es el peso de la dovela
de espesor unitario. Las fuerzas Ni y Ti son las reacciones normal
188 CAPITULO V
y tangencial del suelo a lo largo de la superficie de deslizamiento
ALi. Las dovelas adyacentes a la i-esima, bajo estudio, ejercen
ciertas acciones sobre ésta, que pueden representarse por las fuerzas
normales Pi y P2 y por las tangenciales jTi y T2.
En el procedimiento de Fellenius se hace la hipótesis de que el
efecto de las fuerzas Pi y P2 se contrarresta; es decir, se considera que
esas dos fuerzas son iguales, colineales y contrarias. También se acepta
que el momento producido por las fuerzas Ti y T2, que se consideran
de igual magnitud, es despreciable. Estas hipótesis equivalen a con
siderar que cada dovela actúa en forma independiente de las demás
y que Ni y T» equilibran a W¡.
El cociente Ni/ALi se considera una buena aproximación al valor
de cr¡, presión normal actuante en el arco AL», que se considera
constante en esa longitud. Con este valor de o\ puede entrarse a la
ley de resistencia al esfuerzo cortante que se haya obtenido (ver
parte c) de la fig V-3) y determinar ahi el valor de s¡, resistencia
al esfuerzo cortante que se supone constante en todo el arco AL».
Puede calcularse el momento motor debido al peso de las dovelas
como
Mn = RL\Ti\ (5-6)
Nótese que la componente normal del peso de la dovela, Ni, pasa
por 0, por ser la superficie de falla un arco de circunferencia, y por
lo tanto no da momento respecto a aquel punto. Si en la corona
del talud existiesen sobrecargas su momento deberá calcularse en la
forma usual y añadirse al dado por la expresión 5-6.
El momento resistente es debido a la resistencia al esfuerzo cor
tante, s¡, que se desarrolla en la superficie de deslizamiento de cada
dovela y vale;
Mfí = R ls iA L i (5-7)
Una vez más se está aceptando que la resistencia máxima al
esfuerzo cortante se desarrolla al unísono en todo punto de la super
ficie de falla hipotética, lo cual, como ya se discutió, no sucede
realmente debido a las concentraciones de esfuerzos que se producen
MECANICA DE SUELOS (II) 189
en ciertas zonas, las que tienden a generar más bien fallas progre
sivas, antes que las del tipo que aquí se aceptan.
Calculados el momento resistente y el motor puede definirse un
factor de seguridad:
M r l£ á S i/ \L , \ I K
m ~-ir 15 1
F e =
La experiencia ha demostrado que una superficie de falla en que
resulte F , ^ 1.5 es prácticamente estable. El método de análisis con
sistirá también en un procedimiento de tanteos, en el cual deberán
fijarse distintos círculos de falla, calculando el F , ligado a cada uno:
es preciso que el F , m(n no sea menor de 1.5, en general, para garan
tizar en la práctica la estabilidad de un talud. El criterio del
proyectista juega un importante papel en el número de circuios ensa
yados, hasta alcanzar una seguridad razonable respecto al F a min: en
general es recomendable que el ingeniero no respaldado por muy
sólida experiencia no regatee esfuerzo ni tiempo en los cálculos a
efectuar.
El procedimiento arriba descrito habrá de aplicarse en general
a círculos de falla de base y por el pie del talud.
La presencia de flujo de agua en el cuerpo del talud ejerce im
portantísima influencia en la estabilidad de éste y ha de ser tomada
en cuenta por los procedimientos descritos en el Volumen III de
esta obra.
En el Anexo V-b se tratan algunos trabajos que complementan
lo aquí escrito.
c) Suelos estratificados
Frecuentemente se presentan en la práctica taludes formados por
diferentes estratos de suelos distintos, que pueden idealizarse en for
ma similar al caso mostrado en la fig. V-4.
FIG . V-4. Aplicación dpi Método Sueco a taludes en suelos estratificados
Ahora puede realizarse una superposición de los casos tratados
anteriormente. En la figura se suponen tres estratos: el I de material
puramente "friccionante”, el II de material"friccionante" y “cohe-
190 CAPITULO V
sivo” y el III, formado por suelo puramente "cohesivo”. Puede consi
derarse a la masa de suelo deslizante, correspondiente a un círculo
supuesto, dividida por dovelas, de modo que ninguna base de dovela
caiga entre dos estratos, a fin de lograr la máxima facilidad en los
cálculos.
Un problema especial se tiene para obtener el peso de cada
dovela. Ahora debe calcularse en sumandos parciales, multiplicando
la parte del área de la dovela que caiga en cada estrato por el peso
específico correspondiente.
Las dovelas cuya base caiga en los estratos I y II, en el caso de
la fig. V-4 deberán de tratarse según el método de Fellenius, apli
cando las expresiones 5-6 y 5-7 y trabajando en cada caso con la
ley de resistencia al esfuerzo cortante del material de que se trate.
Así se obtienen momentos motores y resistentes parciales.
La zona correspondiente al estrato III, siempre con referencia a la
fig. V-4, debe tratarse con arreglo a las normas dadas en el inciso
a) de esta sección, aplicando las fórmulas 5-2 y 5-3. Así se obtienen
otros momentos motor y resistente parciales.
Los momentos motor y resistente totales se obtienen, natural
mente, como suma de los parciales calculados y con ellos puede
calcularse el F s correspondiente al círculo de falla elegido; usando
otros arcos de circunferencia se podrá llegar al F„ mi-n que no debe
ser menor de 1.5, al igual que en los casos anteriores.
d) Resumen de hipótesis
• Las hipótesis utilizadas en los párrafos anteriores pueden resu
mirse como sigue;
1) Falla circular
2 ) El análisis es bidimensional, respondiendo a un estado de
deformación plana
3) Es válida la ley de resistencia de Mohr-Coulomb
4) La resistencia al esfuerzo cortante se moviliza por completo
y al mismo tiempo en toda la superficie de deslizamiento
5) En su caso, las hipótesis ya comentadas referentes al manejo
de las dovelas (no existe interacción entre ellas)
6) El factor de seguridad se define como la relación entre la
resistencia promedio al esfuerzo cortante a lo largo de la su
perficie de falla y los esfuerzos cortantes actuantes medios en
dicha superficie.
e) Procedimiento de cálculo con el círculo de fricción
Krey4 proporcionó hacia 1936 las ideas que permitieron a los
doctores G. Gilboy y A. Casagrande desarrollar un método especial
de análisis de estabilidad de taludes respecto a fallas por rotación,
conocido con el nombre de procedimiento del círculo de fricción o,
abreviadamente, círculo <¡>.
El procedimiento acepta también que la superficie de desliza
miento de los taludes puede considerarse un cilindro cuya traza con
el plano de los cálculos es un arco de circunferencia (círculo de
falla). La secuela ya ha sido aplicada en este volumen a problemas
de empuje de tierras (ver capítulo IV ).
Considérese el talud mostrado en la fig. V-5, con un círculo
de falla escogido; con centro en 0, del círculo de falla, puede
trazarse el círculo de fricción de radio
r = R sen <j> (5-9)
donde <f> es el ángulo de fricción del material constituyente del talud.
Si f es la resultante de la reacción normal y de fricción en un
elemento de arco de la superficie de falla supuesta, formará con
la normal a esta superficie un ángulo <f> y, por lo tanto, será tangente
al círculo de fricción, según se desprende evidentemente de la fig.
El equilibrio de la masa de suelo deslizante bajo estudio depende
de la acción de las siguientes fuerzas:
W, peso de la masa de suelo, que pasa por el centro de gra
vedad de dicha masa.
MECANICA D E SU ELO S (II) 191
C, fuerza total de cohesión desarrollada a lo largo de toda la
superficie de deslizamiento y generada por la "cohesión”
del suelo.
F, resultante total de las reacciones normales y de fricción.
Se supone que no actúan fuerzas de filtración ni sobrecargas;
las primeras de éstas se tomarán en cuenta, según se dijo, con los
métodos descritos en el Volumen III de esta obra; las segundas con
procedimientos que se desprenden evidentemente de lo que sigue.
La fuerza C puede calcularse, en magnitud, con la expresión
C = c J J (5-10)
donde ce es la “cohesión” del suelo requerida para el equilibrio
y L' la longitud de la cuerda del arco de deslizamiento supuesto. La
línea de acción de la fuerza C debe ser paralela a la cuerda AB
(fig. V -5), puesto que esta cuerda es la línea que cierra el dinámico
de las fuerzas de cohesión que se desarrollan a lo largo de la super
ficie de falla supuesta. Tomando momentos respecto al punto 0 podrá
escribirse
ce L R — ceL'x
donde x es el brazo de momento correspondiente a la fuerza C,
que fija la línea de acción de ésta.
Por lo tanto:
* = J tR (5-11)
Nótese que el valor de x es independiente de ce. La fuerza F
es la resultante total de las fuerzas / que son tangentes al círculo
de fricción; estas fuerzas / no constituyen pues un sistema concu
rrente y la fuerza F no será tangente al círculo de fricción (en la
sección IV-10, sin embargo, se consideró tangente, cometiéndose un
pequeño error de escasas consecuencias que, por supuesto, puede
corregirse en parte adoptando los procedimientos aquí descritos).
La posición F respecto a 0 puede definirse por la expresión
d = K R sen $ (5-12)
donde
d = distancia de 0 a F
K ~ un factor de proporcionalidad mayor que 1, que depende
de la distribución de esfuerzos a lo largo del arco AB
(fig. V -5) y del ángulo central AOB = 26
R,<f> = los sentidos usuales.
192 CAPITULO V
Taylor7 da una gráfica en que
puede encontrarse el valor de K en
función del ángulo central AOB =
26; la gráfica aparece en la fig.
V-6 y está constituida con la hi
pótesis de una distribución senoi
dal de esfuerzos normales a lo
largo del arco AB, con valor nulo
para el esfuerzo en los puntos A
y B,
Con las líneas de acción de W
y C puede encontrarse su punto
de concurrencia, por el cual ha de
pasar la fuerza F, pues si la masa
deslizante ha de estar en equilibrio,
W, C y F han de ser concurrentes.
Con esto se define la línea de acción de F, que pasa por el mencio
nado punto de concurrencia de C y e s tangente a una circun
ferencia con centro en 0 y radio KR sen <¡>.
Conocidas las líneas de acción de F y C puede construirse con
W, conocido en magnitud y posición, un triángulo de fuerzas en el
cual puede determinarse la magnitud de C necesaria para el equi
librio.
La “cohesión” del material constituyente del talud es conocida
por pruebas de laboratorio y vale c; el valor necesario del parámetro
para que el talud sea estable según el cálculo, es decir, para tener la
condición de equilibrio de las fuerzas actuantes es, según la expre
sión 5-10
_ C
c * ~ J J
que puede ya calcularse. Por ello, puede determinarse la relación
Fc = ~ (5-13)Ce
Con lo cual se obtiene un factor de seguridad asociado al círculo
escogido en términos de la "cohesión”.
Si el valor de <f> con el cual se construyó el círculo de fricción
es el real del suelo, la expresión 5-13 proporciona un factor de segu
ridad del talud, el que estaría trabajando, pudiera decirse, en con
dición límite respecto a la fricción.
Cuando se desea que el talud trabaje con seguridad no sólo
respecto a la “cohesión” sino también a la fricción puede aplicarse
el método del círculo <j> con un valor de <f> menor que el real del sudo;
se define as! un factor de seguridad respecto a la fricción5
14—Mecánica de Suelos D
MECANICA DE SUELOS (II) 193
Fl©. V-6. Gráfica para obtener e l valor
de K (Taylor)
194 CAPITULO V
F* = tg 4>
tg <!>e
( 5- 14)
donde <f> es el valor real del suelo y <¡>e el escogido para aplicar
el método, menor que el anterior. En estas condiciones se obtendrá
para el mismo talud un valor de F c distinto y menor que si el <¡>e
elegido hubiese sido igual a <¡>.
Existen así infinitas combinaciones posibles de valores de F c y F<¡>
asociados a un talud dado.
Si se desea que F c — F<¡, — F¡, donde F s es el factor de seguridad
respecto a la resistencia al esfuerzocortante del suelo, para manejar
un solo factor de seguridad ligado a un círculo dado, puede proce-
derse como sigue (Taylor):
Usense varios valores lógicos de <¡>e en la aplicación del método
del círculo <¡>. A cada valor está ligado un F<p y para cada valor
puede obtenerse un F c. Grafíquense esos valores de F c y F<p corres
pondientemente, como se muestra en la fig. V-7.
La curva obtenida corta a una recta a 45° en un punto en que
F c = F f = F ,
Ese punto indica un valor de F<¡, y F c al que corresponde un
cierto valor de <f>e que es con el que tendría que haberse aplicado el
método del círculo para obtener directamente factores de seguridad
iguales respecto a “cohesión" y “fricción”, en el círculo de falla
tentativo que se esté estudiando.
FIG . V-7. Método de Taylor para fí¡ar el factor de seguridad de
un talud.
Puede demostrarse que en un suelo homogéneo sin fuerzas de
filtración y con círculo crítico de falla de base, una vertical tangente
al círculo de fricción pasa por el punto medio del talud. (Anexo V -a).
V-5. Grietas de tensión
Es un hecho experimental que antes de ocurrir un deslizamiento
de tierras en el cuerpo de un talud que no sea puramente friccio
nante aparecen en la corona grietas más o menos longitudinales;
esto es indicativo de la existencia de un estado de tensiones en
esa zona.
La aparición de las grietas causa, en general, los siguientes
efectos:
MECANICA DE SUELOS (II) 195
y sy
‘ ■. 3 . * | ■
c
*
- > , - '
Grieta típica en la corona de un talud en estado de falla incipiente
a) Una reducción en la longitud de la superficie de desliza
miento, con la correspondiente disminución en el momento
resistente, fig. V-8.
b) Una disminución del momento motor, que se reduce en el
peso de la cuña eje .
c) Una generación de empujes hidrostáticos causados por el
agua de lluvia cuando se almacena en la grieta. Estos empujes
son desfavorables a la estabilidad del talud.
Terzaghi ha indicado que los dos últimos efectos señalados
tienden, en general, a contrarrestarse, por lo que su influencia neta
en la estabilidad del talud es despreciable y sólo el primer efecto
mencionado ha de ser tomado en cuenta. Para ello el propio Ter
zaghi ha propuesto, en suelos puramente “cohesivos", substituir
la “cohesión” del suelo, obtenida de pruebas de laboratorio, por un
valor, ca, corregido según la relación (fig. V-8)
r\
be1 ,r-
196 CAPITULO V
De esta manera puede hacerse el análisis por los métodos ya
indicados, como si no existiese grieta.
La posición de la grieta ha de determinarse previamente a la
aplicación de la relación 5-15. Cuando el círculo más crítico posible
pasa por el pie del talud, la experiencia indica que la grieta se locali
za casi siempre a una distancia del borde del talud mayor que la
mitad de la porción de la corona interesada por el círculo ( fig. V -8)
y puede considerarse, para efectos de análisis, que llega hasta dicho
círculo (Dc). Cuando el círculo más crítico posible corresponde a
falla de base, la grieta suele localizarse en la práctica a partir del
hecho también experimental de que la profundidad máxima observada
no sobrepasa H / 2 . Este valor es pues conservador y una vez defi
nido, la grieta puede ser localizada con ayuda del círculo critico
(fig. V-81.
Si se desea tomar en cuenta en los cálculos el efecto del empuje
hidrostático del agua almacenada en las grietas, podrá usarse la
ecuación
A M m = j z 20Yud (5-16)
donde z0 es la profundidad de la grieta y d es la distancia al
centro del círculo, 0, del empuje hidrostático, que actúa en el tercio
inferior de la profundidad agrietada.
V-6. Fallas por traslación
Como ya se ha indicado, las fallas por traslación de una masa
de tierra que forma parte de un talud, ocurren cuando dentro del
terreno de cimentación y a relativamente poca profundidad existe un
MECANICA DE SUELOS (II) 197
estrato paralelo a la superficie del terreno o casi paralelo, cuya
resistencia sea muy baja. El fenómeno es particularmente frecuente
cuando el terreno natural constituye una ladera inclinada, con el
plano débil guardando una inclinación similar. En la naturaleza
los planos débiles típicos son estratos delgados de arcilla muy blanda
o de arena, más o menos fina, sujeta a una subpresión que dismi
nuya los esfuerzos efectivos y rebaje mucho la resistencia del manto
al esfuerzo cortante.
En la fig. V-9 se muestra una falla de la naturaleza en estudio.
FIG . V-9. Superficie da falla compuesta correspondiente a una falla de traslación
Si se supone que la masa de suelo movilizada es aquélla de
fronteras abcd, puede admitirse que la cuña abf ejerce un empuje
activo sobre la parte central bcef; bajo tal empuje esta parte trata
de deslizarse, oponiéndose a ello una reacción (F ) a lo largo de la
superficie cb y el empuje pasivo desarrollado en la cuña cde.
Los valores de los empujes activo (P¿) y pasivo (Pp) pueden
calcularse ya sea por la Teoría de Coulomb o por la de Rankine,
expuestas en el Capítulo IV; conviene considerar horizontales los
empujes, lo cual resulta sencillo y ligeramente dentro de ta seguridad.
Si el suelo del estrato débiles puramente "cohesivo”, el valor
de la fuerza P es simplemente cb.c, donde c es la "cohesión" del
material. Si el estrato débil es arenoso y está sujeto a una subpresión
que reduzca la presión normal efectiva correspondiente al peso de la
masa ecbf en una cantidad importante, la fuerza F deberá calcularse
a partir de ese valor deducido de la resistencia, con la presión normal
efectiva igual a la total menos la neutral. En el Volumen III de
esta obra se darán los métodos para determinar los valores de u.
El factor de seguridad asociado a la superficie compuesta ana
lizada puede definirse como:
a
(5 - 1 7 )
198 CAPITULO V
V-7. Otros métodos de análisis
Rendulic6 ha propuesto, como ya se indicó, el uso de la espiral
logarítmica como curva de falla más representativa que la circular.
En este caso se tiene la ventaja de que las fuerzas de reacción re
sultantes de los esfuerzos normales y de fricción pasan por el centro
de la espiral; a la vez se tienen desventajas que emanan del hecho de
que, en general, la curva espiral es más complicada en su manejo que
la circunferencia. Taylor7 ha demostrado que este método de la
espiral logarítmica proporciona prácticamente los mismos resultados
que el Método Sueco y conduce a superficies de falla de ubicación
parecida. Por todo ello, el uso de la espiral en los problemas prácti
cos es restringido, dado que su aplicación resulta en definitiva más
complicada. En el Anexo V-c se insiste más en estos puntos.
En épocas recientes se han aplicado a los análisis de taludes ecua
ciones e ideas de tipo elasto-plástico. Entre estos trabajos destacan
las aplicaciones de las ecuaciones de Kotter, originalmente obtenidas
por este investigador para el caso de un material puramente "fric
cionante” (c = 0) y generalizadas por Carrillo y Jaky para el caso
0, <j>yt08’9. Estas ecuaciones representan una condición gene
ral que deben satisfacer los esfuerzos a lo largo de cualquier super
ficie de deslizamiento, en condición de falla incipiente.. En el Anexo
V-c se trata también este tema con mayor amplitud.
V-8. Fallas por licuación
Según ya se mencionó en el volumen I de esta obra, las condi
ciones para que una masa de arena pueda entrar en licuación son
que el material esté saturado y en estado más bien suelto y sea some
tido a un efecto dinámico rápido; en estas condiciones ya se discutió
el cambio que puede ocurrir en la distribución interna de presiones
efectivas y neutrales, sin que se modifique la condición exterior de
cargas.
En general, se supone que cualquier talud arenoso, independien
temente de su inclinación, puede ser fácilmente licuable cuando su
relación de vacíos sea mayor que la crítica; esta condición es relati
vamente frecuente en presas de relleno hidráulico y en otros lugares
en que la arena es depositada en forma muy suelta,pero es relativa
mente fácil de evitar en terraplenes y formaciones artificiales, cons
truidas con un proceso de compactación.
En formaciones arcillosas se han presentado en ocasiones fallas
bruscas similares a las de licuación en arenas, que han sido general
mente atribuidas a dos causas diferentes. La primera, por la dismi-
nucíón grande de la “cohesión aparente” del material, cuando éste
aumenta mucho su humedad. La segunda, por la pérdida de resisten-
cia que tiene lugar en arcillas sensibles a causa de la deformación
bajo esfuerzo cortante o por cualquier otra degradación estructural
que pueda tener lugar, aun sin cambio en el contenido de agua.
En cualquier caso, el análisis teórico del problema es, aún hoy,
muy difícil y tosco, por lo que se hace preciso recurrir casi por com
pleto a conclusiones de la experiencia. En el capítulo XI se vuelve
a tratar con mayor detalle este importante problema.
En general, se admite que la expansión con absorción de agua
es causa de falla mucho más frecuente que las degradaciones estruc
turales, a no ser que la sensibilidad de la arcilla sea extrema. Aunque
la arcilla es muy poco permeable existen innumerables circunstancias
por las que puede absorber agua en un caso dado.
Las fallas rápidas por licuación tienen lugar casi siempre en
taludes naturales; no se tiene noticia de que estas fallas se hayan
presentado en terraplenes y bordos eficientemente compactados.
Un reconocimiento geológico de la región en que se ubicarán los
taludes es fundamental para poder predecir la posibilidad del tipo
de fallas bajo estudio; si en la región se presentan deslizamientos de
laderas naturales de diferente inclinación podrá pensarse que el pro
blema es probable.
V-9. Algunos métodos para mejorar la estabilidad de taludes
A continuación se indican algunos métodos que han comprobado
su valor práctico para mejorar la estabilidad de taludes cuyas con
diciones originales no sean satisfactorias.
a) Tender taludes
A primera vista quizá pudiera pensarse que esta solución sea la
más obvia y sencilla en la práctica. Sin embargo, ha de tomarse con
el debido cuidado desde el punto de vista teórico y muchas veces
es irrealizable prácticamente hablando.
Si el terreno constituyente del talud es puramente friccionante
la solución es indicada, pues, según se vio, la estabilidad de estos
suelos es fundamentalmente cuestión de inclinación en el talud; ten
diendo a éste convenientemente, se adquiere la estabilidad deseada.
En suelos “cohesivos”, por el contrario, la estabilidad del talud está
condicionada sobre todo por la altura del mismo y la ganancia al
tender el talud es siempre escasa y, en ocasiones, nula (ver Anexo
V -a). En suelos con “cohesión” y “fricción”, el tender el talud
producirá un aumento en la estabilidad general.
Por otra parte, muchos requisitos prácticos, tales como invasión
de zonas urbanas, condiciones económicas emanadas del movimien
MECANICA DE SUELOS (II) 199
to de grandes volúmenes de tierra, etc., hacen imposible al proyec
tista el pensar en tender los taludes de los terraplenes, bordos, cortes
y demás obras similares, en gran cantidad de casos prácticos.
b) Empleo de bermas laterales o frontales
Se denominan bermas a masas generalmente del mismo material
aue el propio talud, que se colocan adecuadamente en el lado exterior
del mismo a fin de aumentar su estabilidad. En la fig. V-10 se mues
tra en esquema una de estas estructuras.
En general una berma produce un incremento en la estabilidad por
dos motivos. Uno, por su propio peso, en la parte que queda hacia
fuera de la vertical que pasa por el centro del círculo de falla, dis
minuyendo el momento motor (parte bcef de la fig. V -10). Otro,
3ue aumenta el momento resistente, por el incremento en la longitud el arco de falla por efecto de la propia berma.
200 CAPITULO V
Otro efecto importante de las bermas, a veces de gran utilidad,
estriba en la redistribución de esfuerzos cortantes que su presencia
produce en el terreno de cimentación. En efecto, en ciertas zonas de
éste se producen concentraciones de tales esfuerzos que pueden ser
muy perjudiciales, sobre todo en terrenos arcillosos altamente sensi
bles; la presencia de la berma hace que la distribución de esfuerzos
sea más favorable y que un mayor volumen del terreno de cimenta
ción coopere a resistir tales esfuerzos.
En los cálculos prácticos ha de tenerse en cuenta que la presen
cia de la berma modifica la ubicación de la superficie de falla crítica,
por lo que su colocación exige un nuevo cálculo de la estabilidad del
nuevo talud protegido por la berma. La experiencia ha demostrado
que es una buena base para los tanteos el suponer un ancho de berma
del orden de la mitad de la base del terraplén y una altura tal que el
peso de la berma dé un momento igual al requerido para alcanzar
en el talud original el factor de seguridad deseado. A partir de este
principio se procederá por tanteos hasta fijar la berma minima que
cumpla su cometido.
MECANICA DE SUELOS (II) 201
Berma utilizada en e l camino directo México-Puebla para corregir una
falla ocurrida durante la construcción
c) Empleo de materiales ligeros
Se trata ahora de colocar como material de terraplén suelos de
peso específico bajo que, por lo tanto, den bajos momentos motores.
El tezontle, de origen volcánico, con peso específico del orden de
1 a 1.2 ton/m3 ha sido muy empleado para este fin. Otras solu
ciones, tales como substitución de parte del terraplén con tubos,
cajones de concreto hueco, etc., en general resultan muy costosas
y, por ello, su uso ha sido muy limitado.
d) Consolidación previa de suelos compresibles
Cuando los suelos de cimentación de terraplenes sean mantos
compresibles saturados de baja resistencia al esfuerzo cortante, puede
inducirse un proceso de consolidación, acelerado en lo posible, que
aumente la resistencia del material.
Al construir terraplenes es frecuente y económico recurrir a cons
truir la estructura por partes, no erigiendo una mientras la anterior
no haya producido una consolidación suficiente.
En el Capítulo X del Volumen I de esta obra se ha presentado
un método para acelerar el proceso de consolidación por medio de
drenes verticales cilindricos de arena. Desgraciadamente este proce
dimiento, eficiente por otra parte, suele resultar bastante costoso
en la práctica.
El procedimiento para estimar el aumento de la resistencia al
esfuerzo cortante que tiene lugar según el proceso de consolidación
progresa está basado en ideas expuestas y discutidas en los Capítu
los X y XII del Volumen I de esta obra.
Supóngase que se trata de un terraplén que se construye sobre
un suelo compresible, normalmente consolidado, cuya resistencia no
garantiza la estabilidad de la estructura, por lo que se ha decidido
erigir la mitad de su altura, esperando para completarla a .que el
suelo se haya consolidado parcialmente hasta que el aumento de su
resistencia sea suficiente.
Bajo carga rápida, supuesto que el terraplén se construye en
poco tiempo, la resistencia del suelo de cimentación estará represen
tada por la envolvente de la prueba Rápida Consolidada, obtenida
trabajando con esfuerzos totales. Analizando esta envolvente puede
verse que la resistencia, s, al esfuerzo cortante es proporcional a la
carga con que se haya consolidado al material (fig. V - l l ) ,
202 CAPITULO V
*c = P0 <rc = p0+ A p
F IS . V - l l . Aumento de la resistencia rápida con carga de con solidación
En el manto compresible normalmente consolidado, la resistencia
bajo carga rápida será, por lo tanto, proporcional a la profundidad.
Al construir la mitad del terraplén se inducirá un proceso de conso
lidación en el terreno de cimentación, como consecuencia del cual
las presiones efectivas aumentarán en todo punto del mismo. La
resistencia final en cualquier punto del suelo de cimentación, una vez
logrado el 100% de consolidación bajo la nueva carga, puede deter
minarse a partirde las nuevas presiones efectivas existentes al fin
del proceso de consolidación, calculables por los métodos expuestos
en el capítulo III. Así, si es la resistencia inicial de un punto de
la masa consolidada bajo la presión efectiva por peso propio, p¡T, la
resistencia final bajo carga rápida ̂ s/, será la correspondiente a
la nueva presión de consolidación pó + Api donde Ap representa el
incremento de presión efectiva que ha producido la mitad primera
mente construida del terraplén.
La resistencia en un punto correspondiente a un porcentaje de
consolidación entre 0 y 100% tendrá un valor intermedio entre s¡ y
Sf, el cual podrá interpolarse linealmente entre esos dos, según se
desprende obviamente de la fig. V - l l .
MECANICA DE SUELOS (II) 203
Si el suelo de cimentación fuera preconsolidado, el problema
podrá tratarse como el anterior, pero considerando la envolvente Rc
incluyendo el intervalo de preconsolidación.
En ocasiones se ha recurrido en la práctica a algunos otros pro
cedimientos esencialmente equivalentes al arriba expuesto para esti
mar el aumento de resistencia rápida del suelo por consolidación
(Hvorslev10, Rutledge11).
e) Empleo de materiales estabilizantes
El fin de la solución en estudio es mejorar las cualidades de resis
tencia de los suelos mezclándoles algunas substancias que al produ
cir una cementación entre las partículas del suelo natural o al mejo
rar sus características de fricción aumenten su resistencia en los
problemas prácticos. Las substancias más empleadas han sido ce
mentos, asfaltos y sales químicas. Sin embargo, en la práctica estos
procedimientos resultan costosos, por lo que su uso es limitado.
f) Empleo de muros de retención
Cuando un talud es en sí inestable, se ha recurrido con cierta
frecuencia a su retención por medio de un muro. La solución, "cuando
se aplica con cuidado, es correcta aunque, en general, costosa.
Sin embargo, muchas son las precauciones que han de tomarse
en cuenta para el proyecto y construcción de los muros. En el capí
tulo IV se ha tratado el problema general de estas estructuras por
lo que aquí sólo se mencionarán algunas precauciones de carácter
especial.
En primer lugar ha de cuidarse que la cimentación del muro
quede bajo la zona de suelo movilizada por la falla hipotética del
talud, pues se han reportado casos en que el muro, en falla por
rotación por ejemplo, se moviliza en conjunto con el suelo, resultando
totalmente inútil.
En segundo lugar, es preciso tomar precauciones muy especiales
en lo referente al drenaje, dotando al muro en su paramento interno
de filtros de material permeable, que canalicen a las aguas hacia las
salidas que se proyecten a través del muro. En suelos con contenido
apreciable de finos plásticos es preciso tener muy presente la posi
bilidad de que el material del talud se sature, en cuyo caso disminuirá
fuertemente su ‘‘cohesión aparente”, aumentando correspondiente
mente los empujes que produce contra la estructura. Esta ha sido
posiblemente, la principal causa de fallas en muros de retención
usados en vías terrestres, canales, etc.
En general, el muro de retención como elemento estabilizador de
taludes, constituye una de las estructuras más delicadas en lo refe
204 CAPITULO V
rente a su proyecto y construcción y es recomendable que ambas
etapas sean muy cuidadosamente supervisadas por un especialista.
Esto, por supuesto, es tanto más cierto cuanto más altas sean las es
tructuras que se requiera construir y cuanto más plástico sea el
suelo por retener.
D e s liia m ie n to p o r ro ta c ió n causado p o r la p é rd id a d e res istencia d e b id a
a la sa tu ración d e los suelos
T u b e ría p e r fo ra d a p a r a d re n a je in te rn o d e un co rte d e una c a rre te ra
MECANICA DE SUELO S (II) 205
g) Precauciones de drenaje
La principal y más frecuente causa de problemas derivados de
la estabilidad de taludes en obras de ingeniería es, sin duda, la pre
sencia de agua y su movimiento por el interior de la masa de suelo.
Estos efectos y el modo de cuantificarlos se detallarán en las partes
correspondientes del Volumen III de esta obra, pero es obvio desde
este momento que la saturación y el desarrollo de fuerzas de filtra
ción que tiene lugar durante el flujo de agua afectan decisivamente
la estabilidad de las masas de suelo.
Salvo el caso especial de las presas de tierra, en donde el flujo
es un factor inevitable cuya presencia siempre ha de tomarse en
cuenta, en la mayoría de las obras de ingeniería resulta más econó
mico proyectar obras de drenaje que eliminen filtraciones y flujo
que proyectar los taludes para soportar esta condición tan desfavo
rable. Las estructuras comu
nes, tales como cunetas, con
tracunetas, alcantarillas, etc.,
debidamente proyectadas y
construidas han demostrado
hoy ser indispensables y no
es buena la técnica ingenieril
que regatee inversión o es
fuerzos en esta dirección. En
otras ocasiones será preciso
pensar en estructuras especia
les del tipo de pantallas de
drenes protectores, tubería
perforada que penetre conve
nientemente en la masa de
suelo y otras muchas.
En este punto se toca un
aspecto que ha sido y sigue
siendo muy debatido entre los
ingenieros de todo el mundo.
Se trata de definir si resulta
más conveniente proyectar
una obra vial, por ejemplo,
con todas las precauciones de
drenaje en cada lugar, a fin Trinchera de drenaje para la zona central da una
de evitar futuras fallas enea- autopista moderna
reciendo fuertemente la cons
trucción o, por el contrario, si resulta mejor construir con las
precauciones elementales e indispensables, ateniéndose al riesgo de
falla futura en algún lugar aislado en que las condiciones de filtración
y flujo resulten imprevisiblemente críticas. Este último criterio traerá
206 CAPITULO V
O tr a v ista de drenes h o rizo n ta les p a ra c a p ta c ió n d e a g u a en e l in te
r io r d e los cortes d e los cam inos
U n e je m p lo d e una so lución es p e c ia l
p a r a e s ta b il iz a r ta lu d e s en ro ca :
co lo ca c ió n d e b arras d e a n c la je
en los b loq ues sueltos
trastornos en la operación de la obra y acarreará, quizá, riesgos hipo
téticos a sus usuarios, por la posibilidad de derrumbes localizados
bruscos. Apenas puede dudarse que este último criterio resulta más
apropiado para ser usado en países de economía restringida, pues
siempre será más barato y económico arreglar fallas en algunos pun-
MECANICA DE SU ELO S (II) 207
Otra solución especial a un problema de estabilidad de taludes en
roca: el medio viaducto
tos que proteger contra esas fallas cada kilómetro de un camino, por
ejemplo. De todas maneras, por sus implicaciones económicas y aún
morales, el asunto se presta a toda clase de disquisiciones.
Combinación de soluciones a base de muros de retención y
medio viaducto (carretera escénica en Acapulco, Gro.)
208 CAPITULO V
En taludes en excavaciones, el bombeo o los métodos electros-
móticos (ver Volumen III de esta obra) se usan hoy comúnmente y
los segundos parecen prometedores en los problemas de taludes en
general.
h ) Soluciones especiales
Además de las soluciones que se han mencionado, existen muchas
otras y puede decirse que este es un punto en que el ingenio del
proyectista guiado por un buen
criterio tiene amplio campo de ac
ción. En caminos, por ejemplo, el
uso de terraplenes en diente de
sierra ha sido muy socorrido para
rebajar altura de terraplenes por
concepto de sobreelevación en cur
va y así eliminar riesgos de falla
(fig. V-12). En otros casos sobre,
todo en cortes en roca fracturada, los bloques se cosen materialmente
con varillas de acero, pretensadas o no, colocadas en barrenos relle
nados con mortero.
C o rr il iz q u ie r d o C a r ril d e re c h o
FIG. V-12. Terraplenes en diente de
sierra
Un problema especial: el echado de las rocas favorece su deslizamiento
hacia un caminoMECANICA DE SUELOS (II) 209
ANEXO V-a
Consideraciones respecto al análisis de taludes en material
“cohesivo” homogéneo en él cnerpo del talud
y en el terreno de cimentación
V-a.l. Talud “cohesivo” y terreno de cimentación homogéneo
con él y semi-infínito
Los análisis de estabilidad de taludes en suelos "cohesivos” ho
mogéneos en el cuerpo del talud y en el terreno de cimentación han
demostrado (Taylor) que la "cohesión” necesaria para garantizar la
estabilidad de un talud de inclinación dada sigue la ley de propor
cionalidad
c ° ° y n H (5-a.l)
donde:
ym = peso específico del suelo que forma el talud y el terreno
de cimentación
H — altura del talud.«
La relación anterior puede escribirse:
c = N ey„H (5-a.2)
FIG . V-a.l. Literales usadas en el análisis de taludes homogineos
"cohesivos"
15— Mecánica de Suelos II
210 CAPITULO V
Donde Ne se denomina número de estabilidad del talud de que se
trate. N e es función de la inclinación, $, del talud (fig. V-a.l) , cuan
do el círculo más crítico posible pase por el pie del talud. La posibi
lidad de falla de base se analizará más adelante en esta misma
sección.
El sentido de las letras citadas aparece en la fig. V-a.l.
Puede demostrarse que el valor 3 — 53° es una frontera de inte
rés, de modo que si 3 53° la superficie de falla más crítica posible
pasa siempre por el pie del talud y si 3 < 53° el círculo más crítico
se presenta adelante del pie del talud, produciéndose una falla de
base.
En efecto, considérese la fig. V-a.2 en la cual se muestra un talud
en falla de base con una superficie de falla circular cualquiera, que
genera las secciones marcadas con números romanos.
Para encontrar el círculo más crítico posible es preciso buscar aquel
que dé un factor de seguridad (Ft) mínimo. Para ello se analizará
en primer lugar lo que sucede cuando el centro del arco seleccionado
se mueve sobre una trayectoria horizontal, después cuando varíe el
radio, fijo el ángulo central, 29 y, finalmente, cuando varía el ángulo
central, 29, únicamente
o
FIG. V-a.2. Esquema de un talud de material "cohesivo", homo
géneo con el terreno de cimentación, para determi
nar el circulo critico de falla de base
Si el punto 0 se mueve sobre una horizontal (véase fig. V-a.2)
la longitud del arco hipotético de falla no varía, pues los puntos A
y C no abandonan sus respectivas horizontales. Por lo tanto se man
tiene constante el momento resistente que corresponde al producto
cLR. Si se considera ahora como momento motor la expresión HWd.
como se hizo en el cuerpo de este capítulo, por permanecer constante
el momento resistente, el F a mínimo se tendrá, simplemente, cuando el
momento motor sea máximo.
Pero:
Mm ~ Mi + Mu + Mui + Miv
Mi es el momento del peso de la tierra correspondiente a la
sección I de la fig. V-a.2 y vale cero, pues el centroide del
área del sector está siempre en la vertical que pasa por 0.
Ma es el momento del peso de la tierra correspondiente a la
cuña triangular D EF y vale, según la figura mencionada:
M n = ~y b H ym (a — m) (5-a.3)
Mm es el momento, respecto a 0, del peso de la tierra correspon
diente al área DEBG y vale:
vM / n \ u R sen £ -f" a , ¡- ,,Mm = {R sen e — a) H ym -̂------ (5"a-4 )
cü momento del peso de la tierra correspondiente al área CBG, M iv.
no varía cuando el centro del arco de circunferencia escogido se
mueve horizontalmente a partir de 0; su valor es constante, por lo
tanto, y se representará por K.
Teniendo en cuenta las expresiones anteriores podrá escribirse:
Mm = -^-b H ym (a — m) + (R2 sen2 £ — a2) + K (5-a.5)
Interesa el valor máximo de esta función cuando 0 se mueve ho
rizontalmente y este movimiento puede referirse a la variación de a;
por lo tanto interesa la condición:
^ J"-̂ - b H y™ (a — m) + (R2 sen2 e — a2) + k J = 0
de donde:
± b H y m + ^ ( - 2 a) = 0
b _ ny ~2 a — 0
o sea: a ~ ~ 2 (5-a.6)
Así pues, respecto al movimiento del centro del circulo escogido
a lo largo de la horizontal, el círculo de falla más crítico respecto a
falla de base, será aquél cuyo centro esté en la vertical que pase
por el centro del talud.
MECANICA DE SUELOS (II) 211
212 CAPITULO V
Si ahora se fija el ángulo central 26 y se mueve el centro sobre
la vertical que pase por 0, el valor del radio variará y también el
momento motor y el momento resistente. El valor de R que corres
ponde al círculo más crítico para esta condición es bastante compli
cado de obtener y el proceso poco añade, conceptualmente hablando,
al panorama general, por lo cual aquí se proporcionará simplemente
el resultado final del análisis, según el cual el radio del círculo más
crítico resulta ser infinito.
Para que el círculo más crítico posible quede totalmente defini
do y así poder calcular teóricamente la “cohesión" necesaria para el
equilibrio será preciso encontrar el ángulo central 29 que hace míni
mo el factor de seguridad. Como se ha aceptado que el círculo crítico
corresponde a radio infinito, para cualquier ángulo central, 29, dis
tinto de cero, las distancias del
talud a que el círculo de falla
intercepte la superficie del terreno
serán infinitas a ambos lados. Pa
ra hacer el análisis que permita
encontrar el valor de 29 corres
pondiente al círculo crítico con
viene considerar un radio finito
muy grande, al cual posteriormen
te se hará tender a oo, encontrando
los resultados en ese límite. Te
niendo esto en mente, podrá es
cribirse (ver fig. V-a.3).
W = ymH R sen 9
También podrá escribirse:
, R sen 9
d = — 2—
y, desde luego:
L = 2 9R
En falla incipiente: Wd = cLR
por lo tanto
Wd ~2 *fm H R2 se n ® 0
c = ■
FIS. V-a.3. Talud en material "cohesivo",
homogéneo con e l terreno de
cimentación. Yar¡ación del
ángulo central 29
(5-a.7)
de donde:
LR 2 9 R2
__ YmH sen2 9 (5-a.8)
El valor más crítico posible de 9 será el que haga que la c reque
rida para mantener la estabilidad sea máxima. Por lo tanto interesa
estudiar la condición:
= 0 (5-a.9)
MECANICA DE SUELOS (II) 213
d T sen2 9
d ó i ~ T ~ .
de donde:
2 6 sen 6 eos 9 — sen2 9 _ _
_
y
29 sen 9 eos 6 — sen2 6
de donde se obtiene finalmente la ec.:
6 = ^ (5-a.lO)
De la ec. 5-a.lO se deduce que un valor de 0 = 66°45', o sea
29 = 133°30' corresponde al círculo más crítico posible. Si este valor
de 9 se lleva a la ec. 5-a.8 se obtiene:
YmH sen2 66°45' „ _ .c = J - j ---------------- *— = 0.181 y» H (5-a.ll)
66°45' 360c
Si se compara esta expresión con la (5-a.2), podrá verse que, para
el caso de radio infinito, 29 — 133°30', centro del círculo sobre la
vertical media del talud y talud "cohesivo” y homogéneo con el terre
no de cimentación, el número de estabilidad del talud resultaría igual
a 0.181.
Taylor ®«7 y Fellenius 12 realizaron gran volumen de investigación
en este terreno tendiente a evitar a los proyectistas el trabajo largo y
tedioso de los tanteos. Taylor dibujó una gráfica relacionando los
valores del ángulo del talud, 3, con los números de estabilidad obte
nidos para ellos, N e; así obtuvo el primer tramo curvo de la gráfica
superior de la fig. V-a.4, que corresponde a círculos de falla por el
pie del talud. Se ha visto que el número de estabilidad para los círcu
los más críticos posibles que corresponden a la falla de base (R = oo)
es 0.181: este valor define el tramo recto de la misma gráfica en la
misma figura. La intersección de los tramos recto y curvo B se
produce en un valor del ángulo 3 igual a 53°. A mayor número
de estabilidad el círculo es más crítico por lo que la parte recta repre
senta al valor de 2V« para los círculos más críticos, posibles, que son
de falla de base con un ángulo de talud, 8, comprendido entre 0o
y 53°. Para valores de 3 mayores de 53° la parte curva rige y los
círculos más críticos posibles pasan por el pie del talud.
Fellenius observó que para 3 = 60° el ángulo a de la fig. V-a.l
resulta igual a 9 y la tangente a la circunferencia de falla que pase
por el pie del talud, trazada enese punto, es horizontal, y que para
53° < 3 < 60° los círculos más críticos posibles que desde luego
pasan por el pie del talud, interesan al terreno de cimentación: fallas
únicamente en el cuerpo del talud ocurren sólo si 3 > 60°.
214 CAPITULO V
FIG* V-a.4. Gráfica de Tayhr para determinar los números de estabilidad en taludes
en materiales "cohesivos", homogéneos con el terreno de cimentación
V-a.2. Talud “cohesivo” con terreno de cimentación homogéneo
con él y limitado por un estrato horizontal resistente
Es muy frecuente que en la naturaleza aparezcan estratos re
sistentes a una cierta profundidad dentro del terreno de cimentación
cohesivo y homogéneo con el cuerpo de un talud; en lo que sigue se
considerará que estos estratos son horizontales, lo cual, por otra
parte no está lejos del caso real normal.
Cuando la inclinación del talud es menor de 53°, de la discusión
realizada en la sección anterior de este anexo respecto a los círculos
de falla de base, se deduce que el círculo crítico tiende a profundi
zarse, pues siempre existirá un círculo a mayor profundidad al que
corresponda un número de estabilidad mayor, si bien éstos tienden
asintóticamente a 0.181 con la profundidad. De esto se deduce que,
para estos taludes, el círculo crítico será siempre tangente al estrato
resistente. Para fines prácticos, cuando el estrato resistente se en
cuentra a una profundidad mayor que tres veces la altura del talud
propiamente dicho, el número de estabilidad del circulo crítico es
muy cercano a 0.181, y sólo se justifica su cálculo para aquellos
MECANICA DE SUELOS (II) 215
casos en que el estrato resistente está a profundidad comprendida
entre 0 y 3H.
Cuando el estrato resistente corresponde al nivel del terreno y
3 < 60°, la superficie crítica de deslizamiento sigue siendo tangente
a dicho estrato resistente y se desarrolla como se muestra en la
fig. V-a.5.
FIG. V-a.5. Circulo de falla en talud en material "cohesivo"
cuando el terreno de cimentación está constituido
por un material resistente
Para analizar las condiciones de estabilidad de un talud en
material “cohesivo” con un estrato resisten.e localizado en el terreno
de cimentación a una profundidad comprendida entre 0 y 3 H, a
partir del nivel del terreno (H altura del talud), se utiliza el con
cepto de factor de profundidad, D, definido según se desprende
de la fig. V-a.6.
FIG. V-a.6. Esquema para definir los conceptos de factor de
profundidad, D, y factor de alejamiento, n.
Desde luego, para un cierto talud el número de estabilidad dis
minuye si el factor de profundidad va disminuyendo, es decir si el
estrato firme está más próximo al nivel del terreno.
Con base en los cálculos realizados, Taylor pudo trazar las cur
vas que aparecen en la fig. V-a.7, en la cual se consideran ángu-
CAPITULO V
* 2 3 4
F a c t o r do p r o f u n d i d a d , D.
FIG . V-a.7 Gráficas de Taylor p o n defe/minar e l número de estabilidad y
el factor de alejamiento en circuios tangentes a un estrato
resistente
los de talud desde 53° hasta 7.5°. Entrando con el valor de D y
usando la curva de 3 correspondiente puede obtenerse el valor de
N e y el de n, factor de alejamiento, interpolado entre las curvas
mostradas.
En la fig. V-a.8 se muestra un círculo de falla de base cuyo
centro cae en la vertical por el punto medio del talud y que es
tangente a un estrato resistente situado a la profundidad DH.
MECANICA DE SUELOS (II) 217
FIG . V-a.8 Circulo con falla de base tangente a un estrato
resistente
La superficie de falla aflora a una distancia horizantal nH ade
lante del pie del talud. Para círculos tangentes al estrato resistente
y con centro en la vertical media, el valor n determina la posición
del círculo respecto al talud; estos valores pueden obtenerse del mis
mo gráfico mostrado en la fig. V-a.7. Obsérvese que, como era
de esperar para una inclinación del talud dada (curvas llenas de la
figura), n aumenta cuando aumenta D; es decir, cuando el círculo
de falla se profundiza más, aflora a mayor distancia del pie del talud.
Puede observarse que en la práctica hay casos en los que el des
arrollo de la superficie de falla se ve forzado a pasar por el pie del
talud; en la parte inferior de la fig. V-a.7 se muestra un caso de
éstos, en el que el número de estabilidad será menor que si la restric
ción no existiese (y por lo tanto el talud más estable). Los números
de estabilidad correspondientes se calcularán en la misma figura
recurriendo a las líneas discontinuas de segmentos largos.
ANEXO V-b
Consideraciones respecto al análisis de taludes homogéneos
en materiales con cohesión y fricción
Existen numerosos trabajos de mérito cuya finalidad es, a la vez,
ahorrar tiempo a los calculistas de estabilidad de taludes y arrojar
mayor luz sobre el comportamiento de éstos y sobre las conclusiones
que pueden extraerse de los distintos métodos de análisis. De todos
esos, cuya simple mención es imposible en este lugar, se glosan a con
tinuación aquellos que han alcanzado mayor popularidad. Desde lue
go las conclusiones de estos trabajos son aplicables a taludes homo
géneos, en falla por el pie del talud o de base (en cuyo caso se
supone que el material constitutivo del terreno de cimentación es el
mismo del cuerpo del talud propiamente dicho) y se refieren única
mente a la posibilidad de falla de rotación.
a) Trabajos de Fellenius
Fellenius ha extraído algunas conclusiones de carácter general
como resultado de un gran número de aplicaciones del procedimiento
de las dovelas. En varias de las referencias citadas en este capítulo
podrán verse distintas alusiones a sus trabajos. En la Tabla 5-b.l,
aparece un aspecto de las investigaciones de Fellenius; en dicha
Tabla se definen algunos círculos críticos por el pie del talud en
suelos puramente “cohesivos", correspondientes a ángulos de talud,
3, frecuentes en la práctica. Las letras tienen el sentido que se des
prende de la fig. V-b.l.
0
218 CAPITULO V
FIG. V-b. I . Posición del centro del circulo critico por el pie
del talud; trabajo de Fellenius (<fi ^ 0, c 0)
TABLA 5-b.l
Suelos puramente “cohesivos” (c ^ 0; <f> = 0)
Talad P a, a-
---
— 0 0 0
1:0.58 60 29 40
1:1.00 45 28 37
1:1.50 33.8 26 35
1:2.00(o mayor) 26.6(o menor) 25 35
Ha de insistirse que las posiciones tijadas por la Tabla 5-b.l se
refieren a círculos críticos por el pie del talud; para su aplicación
MECANICA DE SUELOS (II) 219
práctica será necesario en cada caso, comparar los factores de segu
ridad con los obtenidos estudiando la falla de base.
b) Trabajos de Taylor5
Siguiendo un procedimiento análogo al expuesto en el Anexo
V-a para suelos puramente "cohesivos”,, Taylor estudió también los
materiales con "cohesión" y "fricción”. En la fig. V-b.2 se presen
tan curvas que relacionan el ángulo de talud, P, con el número de
estabilidad, N e, en función del ángulo de fricción interna del suelo,
<j>, en círculos críticos correspondientes a falla por el pie del talud.
Las gráficas son de uso muy simple: entrando con un valor de
P de proyecto, que se desea verificar y el valor de <j>, obtenido en
pruebas de laboratorio, se obtiene un valor de N e correspondiente;
según la definición del número de estabilidad usada por Taylor,
puede escribirse:
F s = - ^ 4 r (5-b.l)
Y' H
Donde F a es el factor de seguridad del talud analizado en tér
minos de la "cohesión”, que como ya se discutió, no es un verdadero
factor de seguridad. Así pues, las gráficas de la fig. V-b.2 propor-
f lG .
Valores del a'ngulo del talud <£
V-b.2. Gráfica de Taylor para determinar el número de
estabilidad de un talud, <P ^ 0, c ^ 0
220 CAPITULO V
FIG. V-b.3. Números de estabilidad asociados a círculos críticos por el pie del talud,
según N . Jambo
cionan sólo una primera aproximación al problema de la estabilidad
en círculos por el pie del talud; además, será preciso estudiar la
posibilidad de falla de base para llegar al círculo más crítico posible.