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Antiguo becario de la Alexander von Humboldt Stiftung 
Catedrático de Derecho Penal de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires 
Catedrático de Derecho Penal de la Facultad de Derecho de la Universidad de Belgrano 
DELITOS CONTRA LA 
INTEGRIDAD SEXUAL 
SEGUNDA EDICIÓN ACTUALIZADA 
Talcahuano 442 - Tel. (011) 4373-0544 - C1013AAJ Buenos Aires 
Tucumán 2644 - Tel. (0342) 455-5520 - S3000CAF Santa Fe 
Arturo M. Bas 284 - Tel. (0351) 428-4418 - X5000KLF Cbrdoba 
De lo que llaman los hombres 
Virtud, justicia y bondad, 
Una mitad es envidia, 
Y la otra no es caridad. 
ANTONIO MACHADO, 
Proverbios y cantares 
Poco tiempo después de que saliera a luz nuestro primer tomo del 
libro que se ocupaba de la parte especial, el legislador decidió reformar 
por completo el Título 111, Delitos contra la honestidad, por otro, 
llamado desde ahora Delitos contra la integridad sexual, según ley 
25.087 (B.O. 14-5-99). Esto motivó la idea de no seguir con la pu- 
blicación del resto de nuestra obra y dedicamos a estudiar la reforma 
a los efectos de que el tomo primero quedara completo. Pues bien, el 
libro que el esforzado lector tiene entre sus manos es el que actualiza 
el respectivo capítulo. 
Debemos decir que este libro sale a luz gracias a la colaboración 
de la abogada y ayudante de la cátedra de la Facultad de Derecho de 
la Universidad de Buenos Aires, María Mercedes Rubio, que trabajó 
con gran responsabilidad, dedicación y, debemos decirlo, sin cuya ayu- 
da no lo hubieramos podido terminar, dado el trabajo y las obligaciones 
previamente asumidas. 
Las opiniones sobre las reformas están expresamente incluidas en 
el texto, de modo que sería perder el tiempo, tanto del lector como 
nuestro, hacer un análisis detallado de ellas en este breve prólogo. 
Sólo podemos hacer un examen general y decir que no son del todo 
satisfactorias, ya que no se entiende qué se quiso hacer con estas 
reformas. Más que nada, nos sugieren la idea de que se basan en 
palabras, en donde se intenta ser moderno, pero que al no saber los 
autores mucho sobre el fondo del asunto, se termina diciendo lo mismo, 
pero con distinto ropaje. Ser progresista no es una cuestión termino- 
lógica, ni siquiera ideológica, sino que, en estas épocas que corren, 
10 primero que se requiere es tener una fuerte base de conocimientos, 
sin los cuales se puede terminar siendo un reaccionario, ya que como 
no se saben los efectos de las cosas que se ponen en práctica, se 
termina, en muchos casos, desatando tormentas, por el solo hecho de 
decir que se es el dueño del desastre. Y decimos del desastre porque 
no se dominan los efectos, y cuando se intenta ese dominio, ya es 
tarde. El pensamiento reaccionario ha dominado todo. Es que, en el 
fondo, la crisis de nuestra ciencia es una crisis de conocimiento. Pocos 
estudian, todos opinan, hablan y discuten, como si antes hubieran es- 
tudiado. 
Por eso, tampoco hay que asombrarse. Lo inmediato, lo fácil, es 
lo que la sociedad argentina quiere. Y todo acompañado de dinero, 
que debe llegar a cualquier costo. La cultura norteamericana, y su 
idea de que la vida es dinero, nos ha invadido. Ya no se come bien, 
sino sólo hamburguesas; ya no se bebe vino, sino cola; ya no hay 
cine, sino efectos especiales, en donde más hombres mueren mejor. 
Total, son todos iguales, de gimnasio, flacos y sin cerebro. Eso nos 
han vendido y eso hemos comprado, vaya a saber en nombre de qué 
ideología. Lo interesante sería analizar cómo se llegó a esto y cuánta 
responsabilidad tienen los intelectuales en esta invasión de cosas de 
plástico. Por eso no nos asombra esta reforma, en una sociedad en 
donde la diversión paga, como los circos de la Roma decadente, consiste 
en reírse de los ancianos, de los pobres y de los que tienen un defecto 
físico. 
De todas maneras, como hombres de Derecho, y respetuosos de la 
ley, sólo nos cabe hacer estas reflexiones y aplicar la ley de manera 
que ocasione el menor daño posible, en una democracia a la que todos 
tenemos derecho. 
En síntesis, el título podría haber sido "Delitos contra la libertad 
sexual y la indemnidad sexual". Era ésta una manera de quitarle todo 
tipo de connotación moral, que es absolutamente innecesaria y ha pro- 
vocado problemas en la interpretación de estos tipos penales, espe- 
cialmente de discriminación, frente al "otro distinto", que nada tiene 
que ver con el Derecho Penal. 
De lo que se trata, entonces, no es del castigo de aquel que es 
sexualmente distinto, sino de proteger el ámbito sexual de la persona 
de tercefos que intentan inmiscuirse en él, sin el consentimiento válido 
del sujeto pasivo. 
El problema, como se verá en el tema de la corrupción, está en la 
dificultad de analizar qué es lo normal sexual. Salvo que se recurra 
a un concepto puramente natural, lo cual encubre una ideología natu- 
ralista-religiosa, es muy difícil dar un concepto de qué se entiende 
por conducta sexual normal. 
EL BIEN JUI~DICO PROTEGIDO EN LOS 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
El Código Penal trata en el Título 111 los delitos contra la integridad 
sexual, agrupando diversos tipos penales a partir de intereses de pro- 
tección comunes1. El primer grupo de delitos es el referido al abuso 
sexual y sus figuras derivadas (el art. 119 trata el abuso en tres gra- 
daciones: el abuso sexual simple, el gravemente ultrajante y el cometido 
con acceso camal, o violación, y el art. 120 contempla el estupro, es 
decir, el abuso cometido por medio de seducción). El segundo grupo 
tipifica la corrupción (de menores en el art. 125, primer párrafo, y 
sus agravantes en el segundo y tercer párrafos). El tercer grupo se 
refiere a la prostitución, dentro de la cual se comprenden los tipos de 
trata de personas (el art. 125 bis reprime la prostitución de menores, y 
el 126 la de mayores; el 127 tipifica la explotación económica de quien 
ejerce la prostitución; el 127 bis la trata de menores de 18 años, y el 
127 ter la trata de mayores). Un cuarto grupo regula los delitos atinentes 
a la pornografía (art. 128), las exhibiciones obscenas (art. 129) y el 
rapto (art. 130). Finalmente se regula la acción procesal penal, el ave- 
nimiento y la participación de sujetos calificados (arts. 132 y 133). 
El bien jurídico protegido en el Título 111 
En su versión original, este título se rubricaba Delitos contra la 
honestidad, pero dicho rótulo ha sido modificado por la ley 25.087 que 
' Este título fue profundamente reformado por la ley 25.087, promulgada el 
14-4-99 y publicada en el B. O. el 14-5-99. Entre otras modificaciones sustanciales, 
la ley eliminó la división del título en capítulos. 
lo denominó Delitos contra la integridad sexual. El legislador fwidó el 
cambio sosteniendo que se ha redefinido el bien jurídicamente protegido, 
que pasa a ser la integridad sexual de la persona y no un concepto 
público de honestidad o la honra de los varones allegados a la víctima. 
En este sentido se ha sostenido que "Una percepción de las agre- 
siones sexuales acorde con el estado actual de nuestra cultura debe 
considerar el crimen sexual estrictamente como una injuria a la inte- 
gridad física y psíquica y a la libre decisión de la víctima, y no una 
injuria a la pureza o castidad de ella, ni al honor de algún varónv2. 
Sin embargo la aseveración no es cierta y peca de ignorancia pues 
tanto la doctrina como la jurisprudencia nacional habian determinado 
qué bienes jurídicos se protegían en cada uno de los tipos penales que 
integran el título. De manera que más parece una demagógica afirma- 
ción que un dato objetivo surgido de la realidad. 
No obstante, cabe a la nueva rúbrica similar critica a la que for- 
muláramos al concepto de "h~nestidad"~. No es aceptable un Derecho 
Penal que no tutele bienes sino normas éticas o morales, o, lo que es 
lo mismo, que no garantice bienes jurídicos sino indique la manera 
en que habrán de usarse esos bienes aun cuando de su uso diferente 
no derive afectación alguna de bienes jurídicos ajenos4.Como ya se había hecho notar con anterioridad a la reforma de 
1999, en realidad, el único punto que une a todos los delitos que trata 
el Título 111 del Código Penal, es lo sexual5. Y esto es así porque no 
hay un bien jurídico único que aglutine a todas las figuras, por más 
que se lo intente buscar. Por ello Nhñez afirmaba que la protección 
se discierne a la fidelidad, a la reserva y normalidad sexuales de los 
individuos y a la decencia sexual pública6. 
L. L., Antecedentes Parlamentarios, No 4, 1999, p. 1614. 
' En la anterior edición señalamos que el concepto es peligroso, ya que puede 
llevar a interpretaciones de tipo sectario, atentatorias del espíritu democrático-liberal 
que inspira la Constitución Argentina, que lleve a castigar conductas que están pro- 
tegidas por el artículo 19 de la Norma Fundamental. 
DIEZ RIPOLLES, José Luis, El Derecho Penal ante el sexo, Bosch, Barcelona, 
p. 32. 
CREUS, Carlos, Derecho Penal. Parte especial, t. 1, p. 179. 
ti NÚÑEZ, Ricardo C., Derecho Penal argentino, Bibliográfica Omeba, Buenos 
Aires, 1961, t. IV, p. 213. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
El problema de este título, y no sólo referido al nombre, es analizar 
cuál es el bien jurídico. 
La fidelidad se refería al adulterio, la reserva sexual a la violación, 
el estupro, el abuso deshonesto y el rapto. La normalidad sexual, a la 
corrupción. La decencia sexual, a todo lo referente a la conducta sexual 
obscena7. 
Intentando definir el concepto de "integridad" Villada destaca 
que, con la reforma, se comienza a reconocer que la mayor dañosidad 
de estos delitos se verifica en el campo de la salud y especialmente 
la salud mental, con lo que se ha desplazado el nudo de la proble- 
mática de la esfera de la libertad al de la integridad y dignidad 
físico-sexual8. 
Gavier9, por su parte, entiende que el punto de contacto de los 
delitos contenidos en el título es su vinculación con el trato sexual 
entre los seres humanos, y está compuesto por delitos que atentan 
contra la reserva sexual. 
Finalmente, Creuslo define la integridad sexual como el normal 
ejercicio de la sexualidad, básicamente asentado sobre la libertad del 
individuo, cuya vigencia se prepara mediante la normalidad del desa- 
rrollo de la sexualidad en el mismo que, según este autor, depende 
tanto de circunstancias individuales cuanto del entorno social. 
En el mismo sentido Buompadre ha sostenido que la imprecisión 
de los legisladores a la hora de dotar de contenido al bien jurídico 
creado es patente. "Todos los delitos (o, al menos, en su gran mayoría) 
configuran una lesión a la dignidad de la persona humana, a su inte- 
gridad física o psíquica, o a su libertad personal, de manera que iden- 
tificar el concepto de integridad sexual con estos otros valores del 
individuo q u e ya se encuentran, por otra parte, protegidos en el Código 
Penal-, sólo consigue dotar al concepto de un contenido tan amplio, 
' NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, ps. 2131214. 
VILLADA, Jorge Luis, Delitos sexuales, Gofica Editora, 1999, p. 2. 
GAVIER, Enrique A., Delitos contra la integridad sexual, Marcos Lemer, 
Córdoba, p. 16. 
'O CREUS, Carlos, Delitos sexuales segMn la ley 25.087, en J . A. del 21-7-99, 
6115, ps. 219. 
vago y complejo, que a la postre resulta indefinible"". El citado autor, 
intentando buscar cuál es el bien jurídico, afirma que pareciera que 
la idea de la integridad sexual es un aspecto de la libertad personal 
en su realización específica como el derecho de todo individuo a ejercer 
libremente su sexualidad. Por lo tanto, cree que la integridad sexual 
hace referencia a la libertad sexual entendida como el derecho de toda 
persona a su autorrealización o autodeterminación en el ámbito de la 
sexualidad12. 
A nuestro criterio, el bien jurídico "integridad sexual" no es otra 
cosa que la libertad sexual de la persona mayor de 18 años, y el libre 
desarrollo sexual de los menores de esa edad, teniendo en cuenta que 
nadie puede introducirse en la esfera sexual ajena, sin la voluntad de 
la otra persona, con capacidad para consentir, y menos aún en quien 
no lo puede hacer. 
Dicho de otra manera, el bien jurídico es la libertad sexual, en 
su doble vertiente positivo-dinámica, esto es la capacidad de la persona 
de libre disposición de su cuerpo a efectos sexuales, o la facultad de 
comportarse en el plano sexual según sus propios deseos. En la vertiente 
negativa, es la posibilidad de negarse a ejecutar él mismo o a tolerar 
la realización por otros de actos de naturaleza sexual que no desee 
soportar. 
En cuanto a los menores de 13 años, o personas privadas de sentido 
o abusando de un trastorno mental, el bien jurídico es la intangibilidad 
o indemnidad sexual de la persona. En este punto hay interés del 
Derecho en evitar que terceras personas, ajenas a la vida del menor, 
tengan injerencia en su personalidad a través de su sexualidad. 
" BUOMPADRE, Jorge, Delitos contra la integridad sexual (un paradigma de 
lo que no hay que hacer). Almnas observaciones a la lev 25.087 de reformas al 
Código Penal, en Revistas de Ciencias Penales, 1999, ps. 49 y SS. 
l 2 BUOMPADRE, ob. cit., p. 51. 
EL DELITO DE ADULTERIO 
El Código Penal regulaba el delito de adulterio en el artículo 11 8, 
haciendo una distinción entre el adulterio del hombre y de la mujer. 
Las críticas de la doctrina y los pocos fallos que se dictaron en la 
jurisprudencia argentina llevaron a la derogación por los artículos 2" 
y 4" de la ley 24.453. 
EL DELITO DE ABUSO SEXUAL SIMPLE 
(EN REEMPLAZO DEL "ABUSO DESHONESTO")' 
SUMARIO: 1. Disposición legal. 11. Antecedentes históricos. 111. Bien jurídico protegido. 
IV. El tipo penal del abuso sexual. 1. Tipo objetivo. a) Conceptos generales. b) Las 
tesis existentes en la doctrina sobre los actos que constituyen el abuso sexual. b. 1) 
Doctrina subjetivista. b.2) Doctrina objetivista. c) Sujeto activo y sujeto pasivo. d) 
Modalidades del abuso sexual. d.1) Victima menor de 13 años. d.l.1) Uso de 
violencia. d.1.2) La resistencia. d. 1.3) La sorpresa. d.2) Uso de amenazas. d.3) 
Mediante abuso coactivo de una relación de dependencia, autoridad o poder. d.3.1) 
Acoso sexual. d.4) Victima sin consentimiento libre. d.4.1) Victima privada de 
razón. d.4.2) Victima privada de sentido. d.4.3) Victima imposibilitada de resistir el 
acto. e) Consentimiento y exclusión de tipicidad. 2. El tipo subjetivo. a) La opinión 
doctrinaria. b) Concepto del tipo subjetivo en nuestra opinión. V. Consumación y 
tentativa. VI. Concurso de delitos. VII. Acción penal. Pena. VIII. Jurisprudencia. 
1. Disposición legal 
El Código Penal argentino contiene en el Título 111, del Libro 11, 
bajo el epígrafe Del i tos c o n t r a la in tegr idad sexual, el abuso sexual 
simple, como tipo penal básico, en su artículo 119, primer párrafo: 
Será reprimido con reclusión o prisión de 6 meses a 4 años el que 
abusare sexualmente de persona de uno u otro sexo cuando, ésta 
fuera menor de 13 años o cuando mediare violencia, amenaza, 
abuso coactivo o intirnidatorio de una relación de dependencia, 
de autoridad, o de poder, o.aprovechandose de que la víctima por 
cualquier causa no haya podido consentir libremente la acción ... 
' El título Abuso deshonesto fue eliminado por la ley 25.087, y el tipo penal, 
c0nternpl.o ahora en el art. 119, primer párrafo, fue profundamente modificado. 
11. Antecedentes históricos 
La denominación jurídica "abuso sexual simple"2 viene a reem- 
plazar a la de "abuso deshonesto", prevista en el derogado artículo 
127 del Código Penal. 
Aquella figura había sido introducida por el proyecto de 1891, 
en su artículo 152, castigando al que abusare deshonestamente de per- 
sona de uno u otro sexo, concurriendo alguna circunstancia de la vio- 
lación sin que haya cópula; agravándolo por la calidad del sujeto ac- 
tivo3. 
Aquel delito era distinto a la violación y al.estupro. Los proyectos 
de 1906 (art. 130), de 1917 (art. 127), y el Código Penal, posterior- 
mente, sustituyen sólo la fiase"sin que haya cópula" por la de "sin 
que haya acceso camalu4, siendo mantenida la misma estructura en 
los proyectos de 195 1 (art. 269) y 1960 (art. 162). 
La reforma introducida por la ley 25.087, modifica la denomina- 
ción jurídica del tipo penal, y amplía los factores que anulan el libre 
consentimiento de la persona más allá de la fuerza física y la intimi- 
dación, incluyendo supuestos coactivos o intimidatorios de abuso de 
poder o de autoridad, e incorporando otras relaciones de jerarquía. En 
el fondo, no hay que ser muy sagaz para entender que se trata del 
libre consentimiento de la persona, de modo que toda la enumeración 
podría haberse resumido por una forma general, que hubiera dicho 
"cualquier otra causa que elimine la libertad de consentir". Asimismo 
se eleva la edad de la víctima de 12 a 13 años. 
111. Bien jurídico protegido 
El bien jurídico que se protege es la reserva sexual de la víctima 
entendida como el respeto a su incolumnidad física, y dignidad en 
tanto persona, especialmente desde la óptica de su pudicia personal- 
sexual5. 
Introducida por la citada ley 25.087. 
NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 307. 
NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 308. 
VILLADA, ob. cit., p. 3 1. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
Núñez entendía, respecto de la anterior norma, en términos que 
se pueden utilizar en la actual redacción, que la norma tutela la reserva 
sexual, entendida ésta como el derecho del individuo a la incolurnnidad 
del consciente y voluntario trato sexual. Es, dice Núñez, un ultraje al 
pudor privado. El ajamiento o injuria tiene por objeto la pudicia del 
individuo, ya que toda persona tiene derecho a no ser víctima de actos 
lesionadores de la reserva sexual de su propio cuerpo6. 
El tipo básico, en la nueva estructura de la ley, es el abuso sexual 
con fuerza e intimidación, esto es, la agresión sexual, y sobre éste se 
van agregando los demás incisos regulados ahora como formas cali- 
ficadas o agravadas de la conducta que conllevan mayor pena. Esta 
es la forma más racional de entender la ley desde un punto de vista 
dogmático. 
Este tipo básico es la agresión sexual, sin acceso carnal, ni intro- 
ducción de objetos, ni tampoco penetración bucal o anal. 
Se exige, en principio, una relación corporal directa entre el sujeto 
activo y el pasivo, de modo que son típicos los actos de tocamientos en 
las partes pudendas, sin el consentimiento de la víctima, la manipulación 
sexual sobre su cuerpo, tanto del tercero como obligando al sujeto pasivo 
a que lo haga ella misma. También es agresión sexual obligar a la víctima 
a que realice actos de este tipo sobre el cuerpo de terceros. 
Pero quedan fuera del tipo penal los actos de mera contemplación 
de la persona, que podrán entrar en otros tipos penales, como ser las 
coacciones, o los artículos 128 y 129 del Código Penal. 
Para Creus, se protege la libertad, que constituye la esfera de 
reserva sexual de la víctima, que el autor viola atacando su pudor 
individual7. 
Es decir, que, teniendo en mira la integridad física y psíquica de 
las personas como parte de su dignidad, lo que primordialmente se 
tutela es la voluntad o el consentimiento del sujeto, respecto de aquellos 
actos de disposición en materia sexual ejecutados por otro, sobre su 
cuerpo. En síntesis, se protege la libertad de la persona de consentir 
actos sexuales o del abuso de la situación en los casos de menores 
de 13 años. 
NÚÑEZ, ob. cit., p. 213. 
' CREUS, ob. cit., t. 1 , p. 230. 
W. El tipo penal del abuso sexual 
1. Tipo objetivo 
a) Conceptos generales 
A nuestro juicio, el tipo penal de abuso, previsto en el artículo 
119, primer párrafo es el tipo penal básico sobre el cual se estructura 
toda la sistemática de los delitos de abuso sexual propiamente dicho. 
De modo que los demás tipos penales no son otra cosa que el abuso 
al que se le suma alguna otra circunstancia que agrava el tipo básico. 
Por ello lo esencial es poder conceptualizar qué es el abuso sexual. 
De acuerdo a lo que se desprende del artículo 11 9, primer párrafo, 
del Código Penal, abusa sexualmente la persona que realiza actos cor- 
porales de tocamiento o acercamiento, de carácter sexual, con persona 
de uno u otro sexo, menor de 13 años, o cuando mediare violencia, 
abuso coactivo o intimidatorio de una relación de dependencia, de 
autoridad o de poder, o aprovechándose de que la víctima, por cualquier 
causa, no haya podido consentir libremente la acción. Quedan excluidos 
de esta figura aquellos actos que importen el intento o la consumación 
del acceso carnal, los que están regulados en el párrafo 3" del mismo 
artículo. Soler aclara que los actos en que la víctima es obligada a 
efectuar en su propio cuerpo, no encuadran en este delito, sino even- 
tualmente en el de corrupcións. Sin embargo, Núñez afirma que estos 
actos de tocamiento en el propio cuerpo, o de un tercero, encuadran 
en la figura típica9. Ambos autores no dan ninguna razón para funda- 
mentar su tesis. De acuerdo a la redacción de la ley, no hay motivo 
alguno para limitar la norma, habida cuenta de que lo prohibido es el 
abuso sexual sin acceso carnal, y no hay duda que, si el autor realiza 
tocamientos o hace tocar por un tercero, o si obliga a la víctima a 
hacerlo, está atacando la libertad sexual protegida. 
Hay coincidencia en que no se tipifica el abuso por palabras que 
pronuncie el autor o la víctima; ni tampoco cuando se trate de una 
simple contemplación del autor a la víctima; ni por la contemplación 
de ésta de actos obscenos por parte del sujeto activo sobre su propio 
SOLER, Derecho Penal argentino, Ejea, Buenos Aires, t. 111, p. 330. 
NUÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 3 10. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
cuerpo, lo que podrá configurar el delito de exhibiciones obscenas 
previsto en el artículo 129 del Código Penallo. 
Por el contrario, configura abuso sexual el acto de lesbianismo, 
en el que no puede haber acceso camal, y el acto libidinoso, el cual 
tiene un significado objetivo impúdico. 
Respecto de la fellatio in ore, a partir de la reforma introducida 
por la ley 25.087, que crea un nuevo tipo penal 4 abuso sexual 
gravemente ultrajante-, queda excluida dicha conducta de la figura 
del abuso sexual simple, pasando, a integrar la del tipo penal del artículo 
119, segundo párrafo, del Código Penal. Sobre nuestra opinión Creus, 
quien entiende que la fellatio in ore es ahora violación, ha sostenido 
que no faltarán quienes sigan negándose a calificar como acceso camal 
el coito bucal, pese a que el mismo se prevé en el artículo 119, tercer 
párrafo, no obstante que la inclusión de esos casos fue uno de los 
motivos que suscitó el deseo de reforma. Quienes participen de la 
tesis negativa, señala el autor, a lo más podrían erradicar la punición 
del coito bucal en el párrafo 2" del artículo 11 9 -abuso sexual agravadc- 
por las circunstancias de su realización, en cuanto lo califica de poseer 
"gravedad ultrajante", y aún así podría discutirse ya que en tal caso 
lo ultrajante radicará en la naturaleza del abuso antes que en las cir- 
cunstancias de su realización1'. A esta reflexión de Creus se le podría 
contestar que una cosa es lo que el legislador ha pensado, y otra muy 
distinta lo que ha escrito, y que, por sobre todo, el principio de legalidad 
no puede ser vulnerado por la incapacidad de quien hace una ley de 
volcar lo que piensa en un texto. La tarea del dogmático es conciliar 
una interpretación armónica con la Constitución. 
En la edición anterior destacamos que, a nuestro juicio, el concepto 
de acceso carnal no abarcaba la fellatio in ore, fundando esta posición 
tanto en razones científicas como en los propios antecedentes legis- 
lativos. Sin embargo, también advertimos sobre la necesidad de una 
reforma que aclarara la situación en tomo a esta cuestión, a los fines 
de respetar el principio de legalidad y evitar la analogía. La ley 25.087, 
'O NUÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 310; SOLER, ob. cit., t. 111, p. 330; CREUS, ob. 
cit., t. 1, p. 23 1." CREUS, Delitos sexuales según la ley 25.087 cit. 
con la nueva redacción del delito de violación, no ha solucionado la 
controversia, y, más allá de las propias opiniones, habrá que ceñirse 
a su letra. Si hubiera querido solucionar el problema, en lugar de "por 
cualquier vía" debió aludir específicamente a la "vía oral", que era 
justamente sobre la cual se dividían las opiniones en la doctrina y 
jurisprudencia. En ese aspecto analícese la pobre discusión en el Se- 
nado, la confesión de que era una mala reforma, y las absurdas pala- 
bras del senador Yoma cuando quiso interpretar a qué se aludía por 
cualquier víaI2. 
b) Las tesis existentes en la doctrina sobre 
los actos que constituyen el abuso sexual 
El abuso sexual simple, es el tipo básico, de allí la importancia 
de dar un concepto, que tiene que ver, sin duda alguna, con lo que la 
doctrina venía diciendo aun antes de la reforma. 
b.1) Doctrina subjetivista l3 
Esta teoría sostiene que el delito únicamente se tipifica cuando 
el autor se propone con su acto desahogar un apetito de lujuria, pero 
sin ánimo de llegar al coitoI4. 
Así, afirman que son dos los elementos que caracterizan al abuso: 
uno material-objetivo, que consiste en la comisión de actos libidinosos, 
no tendientes al acceso camal, y otro, subjetivo, que se establece por 
la voluntad y conciencia de cometer un abuso, con propósito libidinoso, 
sin llegar a la conjunción camal. En este sentido, señalan que cuando 
falta el fin de satisfacer un impulso erótico, libidinoso, no surge este 
delito, a pesar de la ofensa que se comete contra la libertad sexual, 
ya que éste se caracteriza precisamente por una acción que tiende a 
desahogar un apetito de lujuria. Sin ello, la acción sería atípica. 
En esta misma posición Molinario y Aguirre Obarrio afirman que 
es necesario el ánimo libidinoso. Como consecuencia de ello, si el 
l2 "La oreja". 
l3 Una amplia referencia para la doctrina italiana en MANCI, Filippo, Reati 
sessuali, Fratelli Bocca, Torino, 1927, ps. 147 y ss. 
l4 FONTÁN BALESTRA, Tratado de Derecho Penal, Abeledo-Perrot, Buenos 
Aires, 1969, t. V, p. 121. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
acto material ha sido dirigido con el solo fin de ofender a la víctima, 
tal hecho no sería el de abuso, sino el de injuria real. Es el caso del 
autor que toca las partes pudendas de la víctima a los efectos de hacerle 
pasar vergüenza en público15. 
b.2) Doctrina objetivista 
Los autores que siguen un criterio objetivo, consideran que se 
restringe indebidamente el delito en cuestión al exigir que los actos 
de claro sentido sexual tengan que tener el elemento subjetivo, con- 
sistente en la finalidad libidinosa o sexual del autor. Núñez16 afirma 
que el Código no tiene como requisito del tipo que el autor tenga un 
fin libidinoso, sino que lo que en verdad se protege es el derecho a 
la libertad corporal contra el ultraje que implica la intromisión indebida 
de un tercero. 
Por supuesto que los actos libidinosos son siempre abusivos si se 
cometen en contra de la voluntad de la víctima, pues tienen un sig- 
nificado impúdico subjetivo, que es el dolo del autor, y poseen aptitud 
para constituir el delito, cualquiera sea la parte del cuerpo sobre la 
que recaigan y aunque el autor no logre la satisfacción de su sexo". 
Pero también son típicos otros actos que no tengan esa finalidad, pero 
que objetivamente son impúdicos, por afectar las partes pudendas de 
la víctima. Encuadran pues en este concepto los actos de naturaleza 
sexual que son hechos para burlarse de la víctima. También son actos 
libidinosos los que tienen más de un significado sexual, como ser un 
examen ginecológico que objetivamente puede parecer como libidi- 
noso, que sólo resultarán típicos si se les suma el dolo del autor. 
En estos casos, será abusivo el acto si la intención del autor es 
abusiva18. Lo que interesa entonces, es que el acto sea objetivamente 
abusivo, con prescindencia del elemento subjetivo. Y esto porque el 
objeto de la ley es proteger la libertad corporal, en pos de la integridad 
Is MOLINARIO, Alfredo, Los delitos, actualizado por Eduardo Aguirre O b b o , 
Tea, Buenos Aires, 1996, t. 1 , p. 435. 
l6 NÚÑEZ, ob. cit., p. 309. 
l7 CARRARA, Francesco, Programa de Derecho Criminal. Parte especial, 3a ed., 
Temis, Bogotá, 1972, ps. 1544 y 1548. 
l8 NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 312. 
sexual y dignidad de la persona, contra el ultraje de un tercero -sin 
analizar sus deseos-; por lo que cabe concluir que puede constituir un 
abuso sexual cualquier acto con sentido objetivamente impúdico, con la 
única limitación del acceso camal y que la ofensa sea consciente. Se 
comete entonces el delito mediante una acción efectuada sobre el cuerpo 
de la víctima, aunque no sea con una finalidad sexual, si el autor tiene 
conocimiento que lesiona la libertad sexual de la persona ofendida. 
Son actos libidinosos, los que son objetivamente impúdicos por 
afectar partes pudendas de la víctima, aunque el autor no tenga la 
finalidad de obtener una satisfacción sexual, sino, por ejemplo, hacer 
una broma, humillar a la víctima. Hay actos que objetivamente pueden 
o no tener sentido impúdico en relación a lo sexual (beso, abrazo), 
en los cuales únicamente existirá abuso si el ánimo del autor es abusivo, 
es decir si ofende el pudor y el decoro sexual de la víctima o satisface 
deseos lujuriosos del autor19. A modo de ejemplo, Núñez y Creus 
afirman que el que se aferra a la pierna de una mujer para no caerse, 
no incurre en la figura legal; pero si se toma de aquélla porque es de 
una mujer en especial, su acto es ofensivo para el decoro sexual de 
la víctimaz0. 
A nuestro juicio no ha quedado claro para la doctrina el tipo 
subjetivo del delito. Hay que distinguir entre el dolo del autor y el 
elemento subjetivo del tipo, consistente en dolo y el ánimo libidinoso. 
En todos los casos se exige el dolo o la intención del autor del toca- 
miento de una de las partes pudendas de la víctima, o cualquiera de 
los actos ya enumerados con anterioridad, aun con una finalidad ul- 
terior, como ser la de la burla, de modo que se puede afirmar que 
entiendo actos objetivos realizados dolosamente, es decir, conociendo 
la objetividad sexual del acto se dará el tipo penal del abuso, aunque 
no sea con ánimo libidinoso. Esto parece surgir no ya de la reforma, 
de por sí oscura, sino de los conceptos generales de lo que es el dolo 
dentro de la teoría del delito. 
c) Sujeto activo y sujeto pasivo 
El sujeto activo de este delito puede ser tanto el hombre como 
l9 NÚÑEZ, ob. cit., ps. 312; SOLER, ob. cit., ps. 324. 
20 NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 312; CREUS, ob. cit., t. 1, p. 232. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
la mujer, al igual que el sujeto pasivo. El sujeto pasivo puede ser 
cualquier persona física, hombre o mujer, cuyo cuerpo sufra el abuso 
sexual por parte del autor. 
Un caso que suscitó polémica en la doctrina fue el del abuso a 
la mujer prostituta. Habiendo definido el bien jurídico como un atentado 
a la libertad sexual del sujeto pasivo, resulta obvio que la prostituta 
puede ser sujeto pasivo de este delito (ver infra, cuando se trate el 
delito de violación). 
En cuanto al consentimiento de la víctima, éste no debe existir, 
ya que la ley exige que el hecho se cumpla con la concurrencia de 
actos violentos por parte del autor, o la imposibilidad de resistencia, 
por parte de aquélla, por alguna de las situaciones previstas en la ley. 
En este sentido, y más allá de la retórica de los diputados que fun- 
damentaron el proyecto, la falta de consentimiento sigue siendo la 
base de todos estos delitos. El argumento dado por los legisladores 
acerca de que la víctima de un robo no necesita probar que resistió 
el robo y se infiere del hecho de haber entregado el dinero, que no 
ha consentido el acto, y que por tanto no se puede discutir sobre el 
consentimiento en los delitos sexuales, no resiste el menor análisis. 
En ambos casos, si la víctima desea entregar lacosa, y lo hace desde 
su ámbito de libertad, no habrá robo, a lo sumo quedarán subsistentes 
las lesiones o el daño. Y si la víctima consiente el hecho, tampoco 
habrá abuso sexual. Se vuelve a equivocar la Exposición de Motivos 
y tergiversa los principios constitucionales cuando afirma que las víc- 
timas de robo no necesitan comprobar si se resistieron. Según el texto 
constitucional, lo que sí se deberá probar es la fuerza o la violencia 
que hace que el acto sea robo. De igual manera habrá que comprobar 
en los presentes algunos de los extremos del tipo penal, para que se 
configure el tipo. Recuérdese, y sería bueno que los diputados lo hi- 
cieran, que toda persona es inocente hasta la existencia de sentencia 
f m e . Cualquier demagogia sobre la víctima no puede romper el prin- 
cipio constitucional. 
Cuando se trata de una persona menor de 13 años de edad, su 
consentimiento para el acto es irrelevante, bastando, por lo tanto, el 
hecho abusivo para consumar la actitud reprochable. 
Si la víctima es mayor, el delito se configura si concurre alguna 
de las circunstancias descriptas en el párrafo. 
d ) Modalidades del abuso sexual 
d . 1) Víctima menor de 13 años 
La edad de la víctima, en el primer supuesto del tipo penal de 
abuso sexual, que sustituye a la figura derogada de abuso deshonesto, 
ha sido elevada por la ¡ey 25.087, de 12 a 13 años. Si desde la versión 
del Código Penal argentino de 1921 se mantuvo la edad de 12 años, 
en la actualidad, cuando las relaciones sexuales entre menores son 
más habituales, dado que es más frecuente que la vida sexual se inicie 
en edades más tempranas2', no existen motivos para fundamentar esta 
modificación. El proyecto de 1891 de Piñero, Rivarola y Matienzo; 
el de 1906, y el de Tejedor, ya establecían la edad de 12 años. En el 
último de los mencionados se decía que la ley ha querido rodear de 
esta garantía a la sencillez y la inocencia; ella ha visto un monstruo 
de bárbara lujuria en el que profana de ese modo lo que por todo 
género de razones humanas y divinas debía serle re~petable~~. El pro- 
yecto de 195 1 también establecía la edad de 12 años, e igualmente el 
de 1953. No se entiende después de estas citas, cómo el legislador 
puede cambiar de 12 a 13 años sin ninguna explicación que fundamente 
tal modificación. Es otra muestra más de la arbitrariedad de la reforma 
y de la falta de estudio con que ella se hizo. 
Entrando al análisis pormenorizado del tema, habrá abuso sexual 
si la víctima fuere menor de 13 años, aun con su consentimiento. 
La criminalidad reside en la falta de madurez mental del menor para 
entender el significado fisiológico del acto sexual, en el sentido cul- 
tural, situación de la que el sujeto activo se aprovecha y abusa para 
lograrlo. 
La ley presume juris et de jure la falta de conocimiento por la 
edad y voluntad de la víctima y, por ende, la imposibilidad de prestar 
21 Hecho éste que el mismo legislador admite, cuando exige el "aprovechamiento 
de la inmadurez del menor", en el delito de estupro -vid Antecedentes Parlamentarios 
de La Ley, p. 16 1 S-. 
22 Nota al art. 253, citando a Pacheco. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
consentimiento para el acto. No es que la ley presuma la falta de 
capacidad de consentimiento de la menor, sino que la presunción es 
sobre la yalidez del consentimiento jurídi~o*~. ES, como afirma Núñez, 
una presunción basada en razones de cultura y no de aptitud sexual 
propiamente dicha24. 
d.l.1) Uso de violencia 
Debe entenderse como tal el empleo de violencia material, esto 
es energía física aplicada por el autor sobre la víctima o en su contra 
con el fin de anular o vencer su resistencia, y con ello abusar sexual- 
mente. 
El abuso sexual se logra violentamente cuando su realización su- 
pone la resistencia física consciente de la víctima y su vencimiento 
por el autor del hecho. Entre la violencia y resistencia debe mediar 
una relación de oposición respecto del objetivo sexual del autorz5. 
Quedan comprendidos dentro del concepto de violencia, por dis- 
posición del artículo 78 del Código Penal, todos los casos en que se 
han utilizado medios hipnóticos o narcóticos. 
La violencia material consiste en una energía fisica, animal, me- 
cánica o de otra naturaleza, ejercida por el autor o por un partícipe 
sobre la víctima, con el propósito de lograr la ejecución de los actos 
libidinosos. 
La resistencia constituye un elemento fundamental para estimar 
la existencia de violencia fisica. Deberá, entonces, analizarse en cada 
caso si la voluntad contraria de la víctima, exteriorizada mediante 
actos, fue vencida por el empleo de la fuerza física. Esta deberá ser 
bastante como para vencer una resistencia seria y constante. No se 
requiere el empleo brutal de ella, ni una resistencia heroica de la víc- 
tima, bastando que sea capaz de sujetar e inutilizar la resistencia de 
una persona común. 
Puede darse la situación en que el autor hace ingerir a la víctima 
'' CARMONA SALGADO, Concepción, Delitos contra el honor, en COBO DEL 
ROSAL, Manuel (dir.), Curso de Derecho Penal español, M. Pons, Madrid, 1996, p. 260. 
24 NÚÑEZ, ob. cit., t. 111, p. 254. 
NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 259. 
estupefacientes con el fin de disminuir o anular la resistencia que ésta 
pudiere oponer. El ofrecimiento y aceptación de la droga no quita el 
carácter delictivo pues el autor se valió de la debilidad de la víctima, 
o sabía que la oposición a los actos del autor iría desapareciendo 
suministrado el estupefaciente. Ésa fue, entonces, la finalidad buscada 
por el autor para abusar sexualmente al sujeto pasivo, haciéndole perder 
a este último su capacidad de poder oponerse a tales actos, lo cual le 
permitió obtener ventajas que, de otro modo, no hubiese logrado. Vol- 
vemos a insistir en que el bien jurídico sigue siendo la libertad de la 
persona, de modo que este consentimiento así logrado no es válido. 
d. 1.2) La resistencia 
Existe efectivamente resistencia cuando la víctima se opone y 
exterioriza tal oposición, sin que sea necesario que tal oposición sea 
desesperada y que haya vencido todos los esfuerzos. Obviamente que 
dicha resistencia es inconcebible sin la violencia del autor y viceversa. 
La resistencia deberá ser seria, esto es, verdadera, no fingida, que 
es en última instancia expresión de una voluntad manifiestamente con- 
traria al acto. Debe ser, además, constante, que se refiere al tiempo 
de dicha resistencia, con igual grado e intensidad opuesta, no adoptada 
al principio y luego abandonada. Es de destacar que la constancia en 
el grado e intensidad debe surgir de la voluntad y no de la fuerza 
física de la víctima que, lógicamente, irá disminuyendo por el cansancio 
a medida que se la ejerce. El cesar de la víctima en su accionar, ya 
sea por agotamiento o temor que el acto inspira, no deberá, en ningún 
caso, entenderse como con~entimiento~~. 
En cambio, no es resistencia la vergüenza o el pudor que constituye 
la coquetería, ya que si bien para vencerla hay que usar cierto grado 
de fuerza, la intención del sujeto pasivo es consentir el acto libidinoso, 
lo cual, por no haber voluntad opuesta, descarta cualquier tipo de 
abuso sexual. Estos conceptos siguen vigentes aun cuando de ciertos 
párrafos de la Exposición de Motivos pareciera deducirse la falta de 
importancia del consentimiento de la víctima. Suele suceder, cuando 
el legislador no maneja técnicamente el tema y cuando quiere proteger 
26 NÚÑEZ, ob. cit., t . IV, p. 260. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
con mayor vigor un bien jurídico, que termina desprotegiéndolo. Por 
suerte, como la Exposición de Motivos no se plasmó en el texto, el 
intérprete puede, con ley en mano, argumentar de acuerdo a los prin- 
cipios legales correctos. 
d. 1.3) La sorpresa 
La sorpresa ha sido asimilada a la violencia, tanto por la doctrina 
como por la jurisprudencia. En efecto, puede ser que la víctima se 
vea sorprendida por los actos ahusivos del autor, no contando con los 
elementossuficientes para "resistir", puesto que nada, hasta el mo- 
mento, podía hacerle suponer que se hallaba en peligro. En este caso, 
el ataque se consuma contra la voluntad del sujeto pasivo, cuando no 
se halla en condiciones para impedir el ataque, debido a la menor 
defensa contra la agresión, que no pudo ser prevista. Núñez2' afirma 
sobre el punto: "La naturaleza del abuso, que lo vuelve de más fácil 
realización que el acceso carnal, tiene influencia en lo que atañe a la 
configuración del caso del fraude impeditivo de la resistencia de la 
víctima. Respecto del abuso, la sorpresa es una circunstancia que, 
respecto de determinados actos abusivos, como son los manoseos, los 
besos y abrazos impúdicos, ya es suficiente para evitar la resistencia 
de la persona ofendida y afirmar la no aceptación del acto por su 
víctima". Es decir, que los supuestos enumerados por el artículo 119, 
primer párrafo, del Código Penal comprenden distintas circunstancias 
que se caracterizan por la ausencia de consentimiento de la víctima. 
El aprovecharse de la víctima por cualquier causa, de modo que no 
haya podido consentir libremente, también puede ser por vía de la 
sorpresa con que el ataque ha sido llevado a cabo. 
La jurispruden~ia~~ resolvió que se configura el delito en estudio, 
si los actos libidinosos realizados por el agente no fueron consentidos 
por la víctima, quien, por lo sorpresivo de la agresión sexual, no se 
halló en condiclones de oponer resistencia al comportamiento de 
aquél. 
Tanto es así, que no escapa al reproche penal la conducta del 
'' NÚÑEZ, ob. cit., p. 313. 
'* Cám. Crirn. y Correc., L. L. del 23-11-66; E. D. del 27-2-67; id. CS de Santa 
Fe, Rep. .L. L. del 1 1-643. 
autor, si no medió consentimiento por parte de la víctima, quien, dada 
la agresión sexual sorpresiva, no pudo ofrecer resistencia al compor- 
tamiento del agresor. 
d.2) Uso de amenazas 
El uso de amenazas equivale a la intimidación del antiguo texto. 
La intimidación es todo acto de violencia moral, idóneo para producir 
temor en el ánimo del sujeto pasivo, en forma tal que éste se encuentre 
obligado a soportar o ejecutar la acción que el agente propone. Se 
trata de la violencia moral o vis compulsiva, que .consiste en la amenaza 
de un mal futuro que el autor profiere a la víctima. El temor debe ser 
razonable y tener un fundamento, ya que eso es requisito básico de 
la amenaza. 
Representa la amenaza de sufrir un mal grave, injusto, determi- 
nado, posible, futuro y dependiente de la voluntad del autor, el cual 
podrá recaer sobre cualquier bien, persona, o interés del sujeto pasivo. 
El anuncio del mal debe ser de tal magnitud que intimide a la víctima 
y que le infunda un miedo que doblegue la resistencia. 
La amenaza, según un grupo de autores, debe ser inmediata o 
inminente con relación a la situación de peligro para la víctima, de 
modo que no se dará el delito si dicha circunstancia temporal no ocu- 
Otro grupo de autores admite que el mal amenazado sea futuro, 
teniendo en cuenta las circunstancias del caso30. Núñez, si bien no se 
pronuncia de una manera tajante, afirma que "el mal a producir sea 
de inmediato o luego", bastando que haya producido efecto en la víc- 
tima3'. 
No es un problema menor el que está relacionado con la gravedad 
de las amenazas. El criterio objetivo, sustentado por Gimbernat, sostiene 
el sentido de que el mal que se obliga a la víctima a soportar debe ser 
también muy grave. Muñoz Conde ha respondido a esta tesis que ella 
olvida la posición concreta de la víctima. Núñez es bastante claro al 
29 GIMBERNAT ORDEIG, Sobre algunos aspectos del delito de violación en el 
Código Penal español, en Estudios de Derecho Penal, Madrid, 1990, y CARMONA 
SALGADO, ob. cit., p. 252. 
'O CARMONA SALGADO, ob. cit., p. 252. 
3' NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 263. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
afirmar que la amenaza de un mal para algunas personas puede ser grave, 
en cambio para otras no. Y esto tiene que ver con la psiquis de cada 
persona, sus miedos, su condición cultural, etcétera. Piénsese por ejem- 
plo, en el caso de una mujer que crea firmemente en que cierto juego 
de naipes tiene consecuencias funestas para sus hijos, y frente a esta 
circunstancia accede a la relación sexual, con el solo fin de evitar un 
daño a sus hijos. No se podrá decir que no se ha vulnerado la libertad 
de la víctima con el fin de tener relaciones sexuales32. 
La amenaza de un mal también puede dirigirse a terceros, como 
a la propia víctima. Sólo se podrá discutir si el tercero tiene un vínculo 
ya familiar o de otro tipo. La doctrina alemana limitó el caso a la 
existencia del vínculo, pero no es impensable el caso que ponga a una 
mujer en la alternativa de aceptar la relación sexual, caso contrario se 
mata a otra persona. No hay duda que en estos supuestos, la aceptación 
de la relación no ha sido hecha con la libertad que exige la ley. 
d.3) Mediante abuso coactivo de una relación 
de dependencia, autoridad o poder 
Esta modalidad de comisión del delito de "abuso sexual" fue in- 
troducida por la ley 25.087, y engloba relaciones de autoridad y je- 
rarquía en las que el autor se encuentra con la víctima en relación de 
preeminencia, la cual puede forzar su libre consentimiento. 
A nuestro entender, estas tres formas de comisión ya eran típicas 
pues quedaban incluidas en las modalidades precedentes (violencia o 
amenazas), por lo que su especificación nos resulta redundante, en el 
sentido de que siempre debe existir, a raíz de la dependencia de la 
autoridad o del poder, una forma de violencia o amenaza por la cual 
la víctima accede a la pretensión del autor. 
La relación de dependencia puede darse en materia laboral, edu- 
cacional, institucional, religiosa, o análoga, siempre que no caiga en 
la agravante prevista en el cuarto párrafo del mismo artículo. Com- 
prende también aquellos casos de dependencia económica, social, 
sanitaria o de otra índole33. 
32 NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 263; CARMONA SALGADO, ob. cit., p. 253; 
G I ~ E R N A T ORDEIG, ob. cit. y CREUS, ob. cit., p. 194. 
33 VILLADA, ob. cit., p. 35. 
La relación de autoridad comprendena aquellos casos en que el 
abuso es ejecutado por un superior jerárquico, en estructuras u orga- 
nismos o instituciones que operan en base a códigos o pautas de au- 
toridad o disciplina, e imponen un tipo de obediencia o sometimiento 
a reglas de carácter rígido (como las FF. AA., policía, e t ~ . ) ~ ~ . 
Con respecto a las "relaciones de poder", resulta harto difícil de- 
sentrañar cuáles quedan abarcadas que no hayan sido ya incluidas en 
las situaciones descriptas en los párrafos que preceden. Creus entiende 
que son todas aquellas que colocan a la persona del sujeto pasivo en 
la precisión de obedecer las decisiones del autor, no derivadas ni de 
la dependencia ni de la autoridad en sentido funcional (incluido el 
sentido laboral de lo f~nc iona l )~~ . Se trataría, entonces, de aquellas 
personas unidas a la víctima por un vínculo de poder particular, del 
que se aprovechan para llevar a cabo el abuso. Por ejemplo, podrían 
incluirse a quienes detentan una posición de garantes, y condicionan 
su auxilio a la concesión de favores sexuales (guardavidas, guía de 
montaña, etc.). 
d.3.1) Acoso sexual 
Se suele denominar "acoso sexual" a aquellas formas de presión 
sexual que se dan en determinados ámbitos, en los que se desarrollan 
relaciones de preeminencia implícitas (trabajo, colegio, universidad, 
etc.), y que genera, como consecuencia, que el sujeto pasivo se vea 
compelido a tolerar las presiones, para permanecer o progresar en 
dichos ámbitos. El sujeto activo coacciona a la víctima a que se someta 
sexualmente, abusando de la autoridad que le confiere su función. 
Sin bien esta figura se hallaba contemplada en numerosos pro- 
yectos de ley, lo cierto es que no fue incluida como figura autónoma 
en la ley 25.087. Lo que sí es viable es su subsunción en algunas de 
las modalidades antes estudiadas.De todas formas, sigue vigente el principio de que el bien jurídico 
es la libertad sexual, de modo que la aceptación, tanto del hombre 
como de la mujer, de la relación sexual debe haber sido condicionada 
34 Ídem nota anterior. 
35 CREUS, art. cit., p. 3. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
en su decisión y en su motivación. Pero no hay que confundir los 
casos de abuso con aquellos en que la presunta víctima acepta el trato 
sexual con el fin de escalar posiciones en su ámbito, ya sea una empresa, 
ya sea la administración pública. De pretenderse sancionar esta con- 
ducta se estaría, por una parte, violando el artículo 19 de la Constitución 
Nacional, en el sentido de que cada uno es dueño de sus actos, decidir 
libremente, y segundo, sería una aplicación analógica de los tipos pe- 
nales, que ya de por sí son confusos y vagos. 
d.4) Víctima sin consentimiento libre 
La fórmula vendría a ser análoga a la empleada por el legislador 
en el delito de estafa, en el sentido de que se enumera una serie de 
situaciones en las cuales la víctima no ha tenido la libertad de decidir, 
las que no hay que confundir con la motivación de la persona, rema- 
tando con la expresión: "que la víctima por cualquier causa no ha 
podido consentir libremente". Con lo cual se demuestra que el legis- 
lador no tiene memoria histórica ni conocimiento científico, porque 
hubiera bastado estudiar lo que ha sucedido con otros tipos penales 
así redactados para no incurrir en el mismo error. 
En esta fórmula se englobarían todas las situaciones que estaban 
antes tratadas por la doctrina y la jurisprudencia y que el propio Código 
había receptado. Entre ellas resultan de relevancia las siguientes: 
d.4.1) Víctima privada de razón 
Entre las situaciones incluidas se encuentra la de la persona "pri- 
vada de razón"36 que es quien no posee la capacidad de comprender, 
en este caso, el significado del acto sexual. 
Dicha situación, se diferencia del supuesto del menor de 13 años. 
porque en éste, a los efectos de apreciar la capacidad de la víctima, 
deberá determinarse su edad sin examen de su capacidad real de com- 
prensión, en tanto que la falta de razón exige que ello se averigüe3'. 
36 Este supuesto, con anterioridad a la sanción de la ley 25.087, se encontraba 
previsto específicamente en el art. 119, 2 O párrafo, al que se hacía remisión en el art. 
127, que legislaba el abuso deshonesto. 
37 NÚÑEZ, ob. cit., t. 111, p. 255. 
Núfiez3*, sostiene que es necesario que se trate de un trastorno de las 
facultades semejante a los que produce la inimputabilidad delictiva. 
Dentro de este contexto se podrían incluir todas las anomalías o de- 
ficiencias idóneas para perturbar las capacidades cognoscitivas, valo- 
rativas y ejecutivas del sujeto afectado, tales como las psicosis y oli- 
gofrenia~ graves. En síntesis, se debe remitir a nuestro concepto del 
artículo 34, inciso l o del Código Penal, especialmente a la idea de la 
comprensión de la criminalidad del acto39. 
Distinto trato deberá darse en esta hipótesis al "consentimiento" 
respecto del caso del menor de 13 años, toda vez que este último nunca 
estuvo en condiciones de consentir válidamente tal acto; en cambio, en 
los casos en que se compruebe que durante un intervalo lúcido el sujeto 
pasivo prestó consentimiento para que se consumara la conducta típica 
y luego perdió la razón, se considera que el incapaz consintió en plena 
capacidad. No obstante, para que dichos actos se entiendan consentidos, 
deben concordar sustancialmente con el asentimiento otorgado. 
La justificación de la punición reside en el abuso de la situación 
de la persona privada de razón; por ello, no alcanza que el sujeto 
pasivo esté privado de razón, sino, además, que el autor abuse de la 
situación. Por ende, el autor debe saber el estado de la víctima y 
querer realizar el acto sexual aprovechándose de tal situación40. Si 
esto es así, no habría dificultad en aceptar que estas personas tengan 
relaciones sexuales, ya que de lo contrario se las estaría condenando 
a una especie de abstención sexual perpetua. 
A esta misma conclusión habíamos llegado ya en la primera edi- 
ción. De manera que la reforma no hace otra cosa que receptar lo que 
la doctrina venía diciendo de manera lógica y coherente. 
d.4.2) Víctima privada de sentido4' 
También en este caso, el autor se aprovecha del estado de la víc- 
38 NÚÑEZ, ob. cit., t. 111, p. 255 y t. 11, ps. 36 y SS. 
39 DONNA, Edgardo A,, Teoría del delito y de la pena, Astrea, Buenos Aires, 
t. 2, 1995, ps. 224 y SS. 
40 CARMONA SALGADO, ob. cit., p. 256. 
41 También este supuesto, con anterioridad a la reforma, estaba previsto en el 
art. 119, 2" párrafo. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
tima, la que se encuentra privada de sentido para comprender el acto. 
Esto supone la carencia o grave perturbación de las facultades cog- 
noscitivas y volitivas de la víctima, por razones no patológica^^^. 
Son casos que la doctrina y la jurisprudencia han conceptualizado 
como formas de pérdida o trastorno de la conciencia, que le impiden 
a la víctima comprender la significación de su acto. Se puede ejem- 
plificar: sueño, ebriedad total, desmayo, sonambulismo, etcétera. 
También este estado debe ser aprovechado por el autor, habida 
cuenta que rigen las mismas razones que hemos dado para las personas 
privadas de razón. 
Como dato de interés se puede traer la opinión de Car~-ara~~ cuando 
se refería a la mujer ebria o dormida: "...El sueño o la ebriedad de la 
mujer -afirma- no agotan por sí solos la materialidad de la violencia, 
que exige siempre una voluntad contraria; constituye una mera pre- 
sunción de violencia que debe ser completada con la prueba directa 
de esa voluntad contraria. Es decir, cuando se comprueba que la mujer, 
de quien se abusó mientras se encontraba en ese estado, habría con- 
sentido al encontrarse en el libre ejercicio de su entendimiento o vo- 
luntad, no hay delito punible ..." 
Está claro que el tipo penal no requiere que el autor haya puesto 
a la víctima en estado de inconsciencia, por el uso de medios hipnóticos 
o narcóticos, ya que lo aludido hace al empleo de violencia y nos 
encontraremos, entonces, ante la primera hipótesis analizada en el ar- 
tículo en estudio. 
En consecuencia, en los casos en que el abuso sexual se efectúa 
sin el consentimiento de la víctima mientras ella se halla sumida en 
el sueño, se configura el delito, porque la víctima no pudo consentir 
libremente la acción, situación de la que el autor se aprovechó. 
d.4.3) Víctima imposibilitada de resistir el acto44 
Este supuesto es aquel caso en el cual la víctima puede comprender 
42 CARMONA SALGADO, ob. cit., p. 254. 
43 CARRARA, Francesco, Programa de curso de Derecho Criminal, 5" ed., t. IV, 
$ 1516. 
44 Esta situación también se preveía específicamente en el derogado art. 119, 2' 
p h . , al que el art. 127 hacía referencia. 
el sentido del acto, pero no puede oponerse materialmente a su eje- 
cución en virtud de un impedimento material que la imposibilita, cuya 
base se encuentra en una ineptitud física. 
Tal imposibilidad física para repeler el acto sexual debe ser total, 
toda vez que ante la mínima fuerza que practique la víctima para 
resistir la acción del autor, que incite al sujeto activo a la utilización 
de fuerza para vencer tal resistencia, estaremos frente a la hipótesis 
de violencia. 
El estado de vulnerabilidad debe provenir de un estado físico o 
de salud, entendido tal como cualquier proceso patológico orgánico- 
funcional que le impida al sujeto pasivo oponer resistencia al acto 
sexual de acuerdo a su voluntad (por ej.: parálisis, hemiplejía, estado 
febril, etc.). 
Un impedimento psíquico que excluya la reacción física adecuada 
de la víctima por incomprensión del acto, cae en la hipótesis de falta 
de razón o de sentido. 
Basta solamente con que la víctima carezca del poder de resistencia 
al acto, aun cuando dicha imposibilidad haya sido causada por personas 
ajenas al autory que éste se aproveche de ella, para incluir su conducta 
en el supuesto en análisis. 
Se exige el dolo del autor, y el aprovechamiento de la situación 
de la víctima. 
e ) Consentimiento y exclusión de tipicidad 
La existencia del consentimiento puede traer aparejada diferentes 
consecuencias según las diferentes hipótesis contempladas en el tipo 
penal. De esta manera, en los casos en que las víctimas fueren menores 
de 13 años, se incurre siempre en abuso sexual, sea que la víctima preste 
o no su consentimiento. La razón es, como lo hemos dicho oportuna- 
mente, que la ley considera que dicho consentimiento, en caso de existir, 
es inoperante por la falta de madurez necesaria de la víctima para 
discernir el significado y alcance del acto. En virtud de ello, exista o no 
consentimiento de la víctima, siempre la conducta será típica. 
Respecto de la víctima privada de razón, que presta su consenti- 
miento, éste, en principio, deviene irrelevante, pues el sujeto pasivo 
carecía de las facultades mentales -o aquéllas se encontraban altera- 
das-, circunstancia que le impedía elegir con total libertad y lucidez. 
Pero, si no ha existido el aprovechamiento de este estado, la conducta 
es atípica. 
Sin embargo, es distinto el caso en que la víctima presta su con- 
sentimiento para que se efectivice el acto de significación impúdica 
durante un intervalo lúcido de ella, y luego pierda la razón. Aquí se 
considera que el incapaz consintió y, por lo tanto, la conducta no es 
típica. 
En el supuesto en que la víctima se hallase "privada de sentido", 
mal puede otorgar en ese estado de inconsciencia consentimiento válido 
alguno, razón por la cual estaremos ante la presencia del tipo penal 
de abuso sexual simple. El error de Carrara en la cita es que el con- 
sentimiento es a posteriori del hecho, con lo cual el delito en sí se 
habría tipificado, pero lo que podría faltar es la voluntad de la víctima 
de iniciar la acción penal. 
Sin embargo, si el autor comienza a realizar los actos impúdicos 
a la mujer que se encuentra profundamente dormida y ésta despierta 
inmediatamente y consiente el acto, no habrá abuso sexual. 
En cuanto a la violencia y a las amenazas, para que se configure 
la conducta típica, la víctima deberá oponer resistencia a la acción 
del autor, lo que será demostrativo de su falta de consentimiento. Sin 
embargo, si luego de ofrecer resistencia la víctima desiste por agota- 
miento o por miedo no debe entenderse como con~entimiento~~. 
Diferente es el caso en el que no existe resistencia del sujeto 
pasivo respecto de la violencia ejercida por el autor, supuesto que, 
entonces, no quedará encuadrado dentro del inciso en estudio por ca- 
recer de uno de los elementos necesarios: la resistencia que significa 
la falta de consentimiento al accionar del sujeto activo. 
2. El tipo subjetivo 
a) La opinión doctrinaria 
El delito de abuso sexual es doloso. El elemento subjetivo consiste 
45 C F U S , ob. cit., p. 194. 
en el conocimiento por parte del autor de que se realiza un acto de 
carácter sexual sin el consentimiento de la víctima, y sin penetración. 
En este sentido se puede aplicar lo propuesto por Gómez, quien, re- 
firiéndose al "abuso deshonesto", afirmaba que integran el tipo penal 
las acciones llevadas a cabo para humillar, vejar, burlarse, o para excitar 
o satisfacer la propia lasciva, y sólo quedan excluidas las que tienden 
al logro del acceso camal o su t en t a t i~a~~ . 
Enseña Núñez4' que la distinta naturaleza de los actos constitutivos 
de un abuso tiene influencia en la conformación del dolo del autor. 
Así, si el acto es libidinoso, éste lleva inherente un dolo especial -que 
éste llama dolo espec9co-, consistente en la finalidad sexual del autor. 
Si el corpus del abuso tiene como sustento material una conducta cuyo 
significado puede ser no abusivo, también se requiere un dolo especial, 
representado por el fin impúdico del autor. Sin embargo, basta el dolo 
común cuando el corpus del abuso está constituido por una conducta 
material cuya significación impúdica es evidente (en este caso, el dolo 
puede ser directo, indirecto o eventual, y es compatible con cualquier 
designio del autor tendiente a la ofensa de la honestidad del sujeto 
pasivo). 
Molinario y Aguirre Obarrio opinan que se requiere un ánimo 
libidinoso y que no haya existido dolo de acceso 
b) Concepto del tipo subjetivo en nuestra opinión 
Un análisis adecuado del tipo subjetivo es necesario realizarlo 
desde una perspectiva dogmática. No hay duda de que el tipo penal 
requiere dolo y, a nuestro juicio, es dolo directo, habida cuenta que, 
además de que el autor del hecho debe tener la intención del tocamiento 
impúdico, debe serlo en contra de la voluntad de la víctima. Con lo 
cual se descarta cualquier forma culposa o imprudente en el hecho. 
Y en este punto, parece ser que la posición de Núñez es por demás 
ingenua. El ejemplo del autor que realiza tocamientos sólo por causar 
una afectación sobre el honor y no para afectar la integridad sexual 
46 GÓMEZ, ob. cit., t. 111, p. 217. 
47 NÚÑEZ, ob. cit., ps. 3 1513 16. 
48 MOLINARIO y AGUIRRE OBARRIO, ob. cit., t. 1, p. 435. 
de la víctima, no es ni real ni lógico. Y esto porque ese autor sabe 
que la afectación, aun cuando su fin último sea el daño del honor, 
tiene en cuenta que está afectanao la libertad sexual de la persona y, 
además, su acto tiene un claro contenido sexual. No hay, en este caso, 
una conducta sexual neutra. 
Por ende, se requiere un elemento subjetivo del tipo, que hace 
que el sujeto tenga un ánimo de estar realizando una acción de carácter 
sexual. Por ello, sólo se admite el dolo directo, ya que no es compatible 
ninguna otra actitud subjetiva del autor. En este sentido es interesante 
la posición de Díez Ripolles, que exige un elemento subjetivo de lo 
injusto, que no se identifica con el dolo. Tal elemento subjetivo existe 
en todos en los supuestos de abuso sexual y estupro, y consiste en 
involucrar sexualmente a la víctima. Este elemento consiste en poder 
excitarse, satisfacerse sexualmente e, incluso, causar algún tipo de 
d i~p l ace r~~ . Es que son distintas la conciencia y voluntad de realizar 
el tipo objetivo, de la tendencia a involucrar sexualmente a la víctima. 
Por tal motivo, una vez constatado el elemento subjetivo de la finalidad 
de involucrar, es preciso que exista el dolo respecto a la realización 
de los elementos objetivos del tipo. 
No hay dolo en el autor en los casos de error o si el acto es 
realizado por otro motivo totalmente distinto que el sexual. 
V. Consumación y tentativa 
El delito se consuma cuando el autor produce actos de tocamiento, 
ya sea sobre el cuerpo de la víctima, logrando que lo sean sobre el 
autor o un tercero, o que el propio sujeto pasivo realice tocamientos 
en su cuerpo. 
La doctrina se ha dividido al tratar el tema de la tentativa. Solerso, 
claramente influenciado por la teoría formal-objetiva, señala que es 
sumamente difícil concebir la tentativa en los casos de violencia pre- 
sunta, ya que el hecho -no mediando resistencia- consiste en el con- 
tacto; antes de él no hay nada, y después del primer contacto el delito 
está consumado. 
49 D ~ E Z RIPOLLES, ob. cit., p. 498. 
SOLER, ob. cit., p. 328. 
Núñez5' sostiene que es posible que el autor intente cometer un 
abuso sin lograrlo. Ello se daría cuando la víctima ofreciera resistencia 
al autor, y el autor, tomándola de sus brazos o luchando, demostrara 
por sus actos la intención de abusar de su cuerpo, y no lo lograra52. 
Asimismo, es posible que no siendo el caso de la lucha cuerpo a 
cuerpo o de la intimidación, el autor realice actos demostrativos de 
su intención de consumar el abuso que no lo involucren. 
No hay motivo para seguir la posición de Soler, que ya hemos 
criticado en otra ocasión53. 
VI. Concurso de delitos 
Cuando el autor actúe con la intención de acceder carnalmente a 
la víctima, lo logre o no, los actos de abuso son absorbidos por el 
delitode violación consumado o tentado, de acuerdo a lo dispuesto 
por artículo 119, tercer párrafo, que prevé tal situación54. 
Deben distinguirse los actos de abuso sexual simple de los que 
constituyen la tentativa de violación, ya que presentan una semejanza 
externa que tiende a prestarse a confusión. Tal distinción radica ex- 
clusivamente en el dolo del autor. Si se comprueba que el propósito 
es el de consumar el acceso carnal, entonces habrá tentativa de vio- 
lación; si, en cambio, existe un genérico fin sexual, habrá abuso. Se 
requiere que además, objetivamente, dentro de los actos abusivos, los 
que practique el autor importen un comienzo de ejecuciód5. 
Respecto de los delitos de corrupción y prostitución, fiecuente- 
mente se consuman mediante actos que implican un abuso de la víctima. 
En este caso el tipo de corrupción absorbe al de abuso sexual, aunque 
en algunos casos ambos tipos podrán concurrir idealmente56. 
En los casos de lesiones leves producidas al realizar actos que 
configuren abuso sexual, quedan abs~rbidas por la figura; pero en 
caso de lesiones graves, concurren material o realmente. 
51 NÚÑEZ, ob. cit., p. 3 16. 
52 SOLER, ob. cit., t. 111, p. 328. 
5' DONNA, Edgardo A., La tentativa, Belgrano, 1996, ps. 30 y SS. 
54 NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 314. 
55 SOLER, ob. cit., p. 326. 
56 NÚÑEZ, ob. cit., p. 318. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
VII. Acción penal. Pena 
Es un delito perseguible de instancia privada, de acuerdo a lo 
en el artículo 72, inciso lo del Código Penal, cuando no re- 
sultare la muerte de la persona ofendida o lesiones configurativas del 
artículo 9 1. 
Sin embargo, se procederá de oficio cuando el abuso fuere co- 
metido contra un menor que no tenga padre, tutor ni guardador, o que 
lo fuere por uno de sus ascendientes, tutores o guardadores. 
Asimismo, se prevé que de existir intereses gravemente contra- 
puestos entre aquéllos y el menor, el fiscal podría actuar de oficio, si 
así resultare más conveniente para el interés superior del menor5'. Se 
contemplan en este caso situaciones en las que el incapaz y su repre- 
sentante tengan intereses contrarios que, sin embargo, no provengan 
de un actuar delictuoso por parte de este último (por ej., en el caso 
de la madre que no pueda, no quiera o tenga miedo, o si el representante 
no puede denunciar, por su relación de parentesco con el autor). No 
es cierto lo que Villada dice, cuando afirma que la verdadera crítica 
es que la ley "no obligue" a actuar al fiscal, sino que "lo faculte" a 
ellos8, pues dada la complejidad de las relaciones en juego, obligar al 
fiscal a que en todos los casos actúe, sería contraproducente y no 
conveniente. 
Sin perjuicio de lo que diremos más adelante, el artículo 132, 
primer párrafo, del Código Penal, admite que la víctima, aunque sea 
menor de edad, pueda efectuar denuncia, asesorado y10 representado 
por "instituciones oficiales o privadas- sin fines de lucro de protección 
o ayuda a las víctimas". No especifica la ley si esa representación es 
viable aun contra la voluntad de quienes se hallan autorizados a instar 
la acción penal por el artículo 72. Entendemos que en esa hipótesis, 
deberá intervenir el fiscal, en virtud de la existencia de "intereses 
gravemente contrapuestos". 
Nuevamente el legislador, con un criterio absolutamente patema- 
lista, se ha inmiscuido en un ámbito que le es ajeno, y donde sólo 
por excepción debe entrar, como es la familia y la decisión de los 
57 Esta Última hipótesis fue introducida al art. 72 del CÓd. Pen., por la ley 25.087. 
58 VILLADA, ob. cit., p. 9. 
padres sobre temas tan graves. Supóngase el siguiente ejemplo: los 
padres, asesorados por los médicos, psicólogos y psiquiatras tratantes 
del menor deciden no instar la acción penal, y el menor, convencido 
por estas organizaciones estatales o privadas, que sabe Dios compuestas 
por quién y con qué fines deciden o influyen sobre él, encuentra a un 
fiscal receptivo que quiera perseguir a toda costa al autor del hecho, 
y el fiscal decide actuar de oficio, causando daños irreparables a la 
víctima. No nos vamos'a cansar de criticar el patemalismo del Estado, 
el positivismo criminológico que hay detrás de todo ello, que perma- 
nentemente reincide aún con el ropaje de un progresismo inexistente. 
La pena prevista para el tipo básico, es de seis meses a cuatro 
años de prisión. 
VIII. Jurisprudencia 
1. Constituye el delito de abuso deshonesto y no el de corrupción la 
conducta que no revierte intensidad tal ni está rodeada de alternativas 
espectaculares como para hacer término medio posible una desviación 
futura del comportamiento sexual de la víctima. Para estimar el daño 
sufi-ido por esta es esencial ponderar el grado de madurez, sin olvidar 
que la iniciación sexual siempre es perturbadora para el menor aun 
en condiciones medianamente d e f ~ b l e s como normales. 
2. El abuso deshonesto es un delito doloso, representado por la 
fmalidad impúdica del autor que en el caso cedió a un impulso 
repentino, rápidamente satisfecho sin consumar acceso camal, ni 
someter al menor a tratamientos lascivos de otro tipo, que pudiesen 
ser indicativos de que se propuso o hizo factible, según una esti- 
mación realista, la corrupción del menor. De allí que la probabilidad 
de que el incidente sea meramente episódico en el comportamiento 
sexual futuro del menor, es mucho más factible que una desnatu- 
ralización del mismo. 
Cám. Nac. Crim. y Correc., sala VI, 19- 1 1-85, "Rodríguez, Ángel 
R.", L. L. 1986-E-717, Sec. jurisp. agrup., casos 5740 y 5741 
Aun aceptando que el prevenido considerara necesaria la realización 
de masajes en las piernas y glúteos de sus alumnas de gimnasia 
artística para una mejor práctica de esta disciplina -circunstancia 
DELITOS CONTRA LA INTEGRiDAD SEXUAL 
que no se ha acreditado que sea imprescindible ni que fuera uni- 
versalmente adoptada-, si lo cierto es que con algunas alumnas 
llegó a zonas púdicas, lo que en concreto se encuentra acreditado 
respecto de una menor, se configura el delito de abuso deshonesto. 
Cám. Nac. Crim. y Correc., sala V, 24-12-81, "C., F. A.", L. L. 
1983-A-563 (36.229-S) 
La acción del acusado que, en un juego inventado, colocó boca abajo 
al menor y logró quitarle las prendas, luego de lo cual refregó su 
miembro viril sobre sus nalgas hasta eyacular configura el delito de 
abuso de deshonesto (art. 127, Cód. Pen.), y no el de corrupción. En 
efecto, el simulacro de ayuntamiento practicado por el encartado no 
necesariamente deja secuelas: no sólo por tratarse de un episodio 
aislado, sino porque el menor no ha podido captar el verdadero sig- 
nificado de la acción, que relata en términos infantiles y como un 
juego, pero sin comprender el significado degradante de tales actos. 
Por otra parte nada indica que haya dejado secuelas en la salud moral 
del menor, y por lo tanto no puede aceptarse que estén signados por 
el estigma de la corrupción, que tiene lugar en circunstancias de 
mayor gravedad, alterando el sentido natural y sano de la sexualidad. 
Cárn. Nac. Crirn. y Correc., sala V, 14-12-79, "V., R.", 
BCNCyC, 980-V-83 
Si el procesado sólo ha realizado actos sexuales en una sola opor- 
tunidad, para satisfacer sus deseos propios, no con intenciones co- 
rruptas, más aún teniendo en cuenta la edad -60 años-, la enfer- 
medad que el mismo padece y la manera de realizar el acto, co- 
rresponde la calificación de abuso deshonesto. 
Cárn. Nac. Crim. y Correc., sala 1, 17-1 1-89, "Bruno, Leopoldo 
A,", L. L. 1990-B-245 
En el delito de abuso deshonesto el ámbito de protección es el de 
la reserva sexual de una persona, y el dolo no requiere ninguna 
especificación, sino que basta con que el sujeto sepa que toca un 
lugar o zona de las llamadas pudendas de la víctima. 
Cám. Nac. Crim. y Correc., sala 1, 21-2-91, "Orellana, Hector 
A.", L. L. 1992-B-71, con nota de Jorge Daniel López Bolado 
La tenue entidad sexual de los tocamientos -pocos y breves- y la 
discutible percepciónlibidinosa que de ellos tuvo el menor, alejan 
la posibilidad de que sean considerados un aporte erótico exógeno 
o una estimulación capaz de alterar el proceso de su maduración 
sexual y distorsionar el estadio evolutivo del proceso de identifi- 
cación sexual por el que naturalmente -en el caso- transitaba el 
menor en ese período de su vida. Estas conclusiones excluyen las 
figuras delictivas de corrupción de menor o de abuso deshonesto. 
Trib. Oral Crim. No 7,29-4-98, "V., C.", L. L. 1998-E-649 
Sorpresa 
Respecto del abuso deshonesto, la sorpresa es una circunstancia 
que respecto de determinados actos abusivos, como son los mano- 
seos, besos y abrazos impúdicos, ya es suficiente para evitar la 
posibilidad de resistencia de la persona ofendida y a f m a r la no 
aceptación del acto por su víctima. 
Cám. Nac. Crim. y Correc., sala 1, 21-2-91, "Orellana, Héctor 
A,", L. L. 1992-B-7 1, con nota de Jorge Daniel López Bolado 
No se configuró el delito de abuso deshonesto por cuanto el sin- 
dicado no realizó un acto aislado de torpe desfogue sexual con 
equívocas consecuencias en la sexualidad de la menor, sino, al con- 
trario, llevó a cabo diversos y prolongados contactos libidinosos 
sobre el cuerpo de la víctima, que reiteró en corto lapso, o sea; 
prácticas idóneas para provocar una anormal precocidad sexual. La 
naturaleza y persistencia del comportamiento lujurioso revelan una 
tendencia cierta a la depravación sexual de la niña, por medio de 
actos prematuros y excesivos, sin duda aprehendidos por el tipo 
del artículo 125 del Código Penal. 
C h . Nac. Crim. y Correc., sala VII, 10-3-82, "Baruja, Anto- 
nio", BCNCyC, 982-2-36 
El beso, como cualquier otro acto corporal puede tener múltiples 
significados, que deben determinarse en cada caso particular, según 
10s elementos circunstanciales que le dan sentido y traducen la 
realidad de su contenido intencional. El beso en sí no es concep- 
tualmente impúdico pero puede llegar a serlo y lo es en concreto 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
cuando responde al móvil de la apetencia sexual. Por ello, la con- 
ducta del encausado que tuvo la intención de besar a la niña fuer- 
temente cuando la vio en la calle, introduciéndola en un zaguán 
cercano con tal propósito, configura tentativa de abuso deshonesto. 
Cám. Nac. Crim. y Correc., sala 11, 7-7-81, "Vera, Carlos E.", 
BCNCyC, 981-VIII-159 
Cuando el sujeto activo satisface sus deseos dentro de ciertos límites, 
aunque torpes, el hecho quedará encuadrado como abuso desho- 
nesto; en cambio cuando, el sujeto, además de satisfacer su propia 
libídine, tiende a buscar la depravación del sujeto pasivo, se con- 
figura el tipo penal de corrupción. 
Cám. Nac. Crim. y Correc., sala 1, 17- 1 1-89, "Bruno, Leopoldo 
A.", L. L. 1990-B-245 
ABUSO SEXUAL GRAVEMENTE ULTRAJANTE 
SUMARIO: 1. Disposición legal. 11. Tipicidad. 1 . Tipo objetivo. a) Acción: abuso sexual. 
a.1) Duración en el tiempo. a.2) Sometimiento gravemente ultrajante. a.3) Sujeto 
activo y sujeto pasivo. b) Tipo subjetivo. 2. Consumación y tentativa. 111. Jurispru- 
dencia. 
1. Disposición legal 
La ley 25.087 introdujo, en el segundo párrafo del artículo 119, 
una modalidad agravada de abuso sexual: "...cuando el abuso por su 
duración o circunstancias de su realización, hubiere configurado un 
sometimiento sexual gravemente ultrajante para la víctima". 
11. Tipicidad 
1. Tipo objetivo 
a) Acción: abuso sexual 
La fórmula castiga con mayor severidad las conductas que, en 
comparación con la figura de "abuso sexual simple", resultan más 
dañosas para la víctima, sin llegar a la penetración, por la forma en 
que fue realizada. 
La acción típica no difiere de la ya analizada en la figura básica. 
Se trata de actos objetivamente impúdicos, realizados bajo alguna de 
las circunstancias previstas en el primer párrafo del artículo 119 del 
Código Penal. Sin embargo, la agravante requiere, además, que el 
abuso se prolongue en el tiempo, o se realice bajo circunstancias es- 
peciales, que tienen como fin un sometimiento sexual gravemente U]- 
kajante. 
a.1) Duración en el tiempo 
Se exige que el abuso se prolongue temporalmente. Dicha pro- 
longación puede deberse a que el acto dure más tiempo del normal 
requerido para la realización de la conducta abusiva, o que se trate 
de una modalidad reiterada o continuada a través del tiempo. 
La excesiva prolongación temporal implica un peligro para la in- 
tegndad física y un innecesario vejamen para la dignidad de la víctima1. 
Téngase en cuenta además, que puede confluir este tipo penal con 
alguno de los tipos de rapto y de privación ilegal de la libertad. 
El problema estriba en cuál es el tiempo, de modo que el tipo penal 
queda abierto a la apreciación subjetiva del juez, de manera que se ha 
creado un tipo penal que está en el límite de la inconstitucionalidad. 
a.l.1) Por las circunstancias de su realización 
Esta variante prevé la realización de un acto único que resulte 
altamente dañoso para el sujeto pasivo, ya sea por el carácter degradante 
de la conducta o por el peligro que ella trae aparejada para la víctima. 
Gavier los define como actos que, en sí mismos, son intrínseca- 
mente escandalosos, humillantes, peligrosos, y de un alto contenido 
vejatorio para la víctima2. 
a.2) Sometimiento gravemente ultrajante 
Existe "sometimiento" cuando se pone a otra persona, generalmente 
por la fuerza o la violencia, bajo la autoridad o el dominio de otra. 
Este elemento implica reducir al sujeto pasivo al estado de cosa, 
sobre la que se ejerce dominio o disponibilidad, de modo tal que anula 
la libertad o autodeterminación sexual, y, más allá, reduce a la mínima 
expresión su dignidad personal3. 
Creus entiende por "sometimiento", la ausencia de voluntad de 
la víctima, que es reemplazada por la del autor. 
Ahora bien la cualidad de "gravemente ultrajante" del sometimiento 
requerido por el tipo penal, despertará, sin lugar a dudas, serias críticas 
' GAVIER, ob. cit., p. 29. 
2 GAVIER, ob. cit., p. 39. 
3 VILLADA, ob. cit., p. 46. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRID~D SEXUAL 
en la doctrina, y numerosos problemas en la jurisprudencia, por la 
vaguedad de ambos términos y por la imprecisión consistente en no 
poder determinar cuál es la correcta de las combinaciones posibles que 
pueden hacerse de las características definitorias del tipo penal. 
La reforma española, que es la fuente del presente artículo, fue 
también gravemente criticada. Así Serrano Gómez expresó "una vez 
más, estamos ante conceptos imprecisos que conllevan una gran in- 
seguridad jurídica. En principio, cualquiera de las agresiones sexuales 
contempladas en los artículos 178 o 179 tienen carácter vejatorio, pero 
sin embargo, al hacerse referencia expresa a 'particularmente' puede 
entenderse que se trata de supuestos muy calificados, como podría ser 
cometer los hechos en público para desprestigiar a la víctima, et~étera"~. 
Obsérvese que en antecedente, la memoria FGE decía que se re- 
cogía con respecto a las especiales condiciones vejatorias o degradantes 
para la víctima que se trata de un elemento tendencial, de menosprecio 
de la víctima, que puede derivar de un espíritu sádico o injurioso de 
humillación sobreañadida5. 
Igual crítica había expresado Manuel Cancio Meliá cuando afir- 
maba que lo que se especificaba era la violencia o intimidación que 
debía ser degradante o vejatoria, sosteniendo que: "Parece que con 
dWpersigue el legislador la finalidad de delimitar con maior excatiur 
el contenido de la conducta descripta, especialmente al utilizar la pa- 
labra particularmente". Y agregaba: "Sin embargo no va a ser sencillo 
alcanzar ese propósito, pues teniendo en cuenta las características de 
los hechos agravados, la tarea de constatar la concurrencia en el hecho 
de un grado de degradación o vejación superior al ya ínsito en el 
hecho realizado con la fuerza o intimidación, parece de difícil sujeción 
a unos criterios claros y pree~tablecidos"~. 
Villada, sindecirlo expresamente, entiende que la gravedad ul- 
trajante deberá determinarse a partir de la verificación de la extensión 
SERRANO GÓMEZ, Alfonso, Derecho Penal. Parte especial, Dykinson, Ma- 
drid, 1999, p. 193. 
SERRANO GÓMEZ, ob. cit., p. 193. 
CANCIO MELIA, Manuel, en RODRÍGUEZ MOURULLO, Gonzalo (dir.) y 
JORGE BARREIRO, Agustín (coord.), Comentarios al Código Penal, Cívitas, Madrid, 
1997, p. 527. 
del daño psíquico o emocional causado a la víctima, el que el juez 
deberá valorar en cada caso7, con lo cual está en un error, pues no se 
tipifica a priori, sino a posteriori, y no se analiza lo objetivo de lo 
gravemente ultrajante, sino el resultado. 
Por nuestra parte entendemos que lo "gravemente ultrajante", son 
los actos sexuales que objetivamente tienen una desproporción con el 
propio tipo básico, y que producen en la víctima una humillación más 
allá de lo que normalmente se verifica con el abuso en sí. Con lo cual 
no se puede tomar en cuenta la sensibilidad extrema de la víctima, sino 
el carácter objetivo del acto. Por ende tampoco depende la agravante de 
una víctima poco sensible, como en el caso de una prostituta acostum- 
brada a ser sometida, ya que el hecho es objetivo, por lo que en este 
caso la mujer o el hombre que sufre el abuso, tendrá la misma protección 
por la ley. Esto debe ser abarcado por el dolo, por lo que el sujeto debe 
querer abusar de una manera más gravosa para la víctima. Entran acá, 
y quizá sean el foco de atención, aquellos casos de sometimiento sádico 
de la víctima al autor, en los cuales la persona es utilizada como objeto 
a los fines de los deseos sexuales del sujeto activo. 
Queda abarcada por este inciso, y dada la gravedad de la pena, la 
fellatio, porque provoca una humillación y sometimiento en la víctima 
y es sexualmente degradante cuando se hace en contra de su voluntad. 
Entran también en este caso, la introducción de objetos, tal como lo ha 
receptado el Código español, tanto por vía anal como por vía vaginal. 
De modo que, y en síntesis, no queda al arbitrio del juez lo que 
para él es ultrajante, sino lo que para. la normalidad excede el límite 
de desahogo sexual, y se le agrega un contenido "más sádico del 
autor". Haciendo un parangón, no es lo mismo el robo con violencia 
y además golpes no necesarios a la víctima. Esto debería haber re- 
querido una agravante que los legisladores olvidaron hacer. 
Coincidente con esto, e intentando poner límite, Gavier entiende 
que quedarían comprendidos en este concepto actos objetivamente im- 
púdicos, tales como el empalamiento, la introducción de dedos, lengua 
U otros objetos o elementos ortopédicos, un implante no consentido, 
etcétera, toda vez que es indudable que hechos de tamaña gravedad 
VILLADA, ob. cit., p. 48. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
no podían estar reprimidos con la misma pena que un furtivo tocamiento 
de nalgas o senos, en un colectivo repleto de pasajeros8. Asimismo 
se subsumen en la figura el cunnilingus, la utilización de otros ins- 
trumentos que no sean el órgano sexual masculino, el sometimiento 
violento y prolongado que no culmine en la penetración, etcéterag. 
a.3) Sujeto activo y sujeto pasivo 
Como en la figura básica, el sujeto activo puede ser cualquier 
persona física -hombre o mujer-, con capacidad de culpabilidad. 
El sujeto pasivo, por su parte, también puede ser cualquier persona 
que padezca el abuso sobre su propio cuerpo, cualquiera sea su edad, 
condición física o mental. 
b) Tipo subjetivo 
El delito de abuso sexual gravemente ultrajante es doloso. El ele- 
mento subjetivo consiste en el conocimiento de que se realiza un acto 
de carácter sexual, sin el consentimiento de la víctima, sin llegar al 
coito. A esto se suma un elemento subjetivo del tipo, que es el animus 
del autor de someter a la víctima, degradarla, por alguna de las mo- 
dalidades ya explicadas. Por eso el dolo requerido por el tipo es el 
dolo directo, y no admite ninguna otra especie de éste. El problema 
puede estar acá en que el autor no tenga este ánimo, por lo que se 
volverá al tipo penal básico. 
2. Consumación y tentativa 
En el caso del abuso cometido en forma reiterada o continuada 
temporalmente, el delito se consuma en el momento en que excede 
el tiempo normal, y cuando se produce el sometimiento sexual gra- 
vemente ultrajante. Cuando el ultraje se realiza mediante un acto único, 
el delito se consuma en la realización misma. 
Se admite la tentativa cuando el autor realice actos demostrativos 
de su intención de consumarlo, pero no lo logra por razones ajenas a 
SU voluntad. 
S GAVIER, ob. cit., ps. 28/29. 
Antecedentes Parlamentarios, L. L. 1999-5-1556. 
III. Jurisprudencia 
La fellatio in ore no configura el delito de violación por no constituir 
"acceso carnal", sino el de abuso deshonesto (en el caso de autos, 
en concurso ideal con lesiones leves), ya que "la boca, como cual- 
quier parte del cuerpo humano que no sea la vagina o el ano, resulta 
incapaz de generas un coito, aunque sea anormal. Su uso violento 
o fraudatorio no puede implicar un coito violento o abusivamente 
logrado; significa un abuso deshonesto, del cuerpo ajeno" (del voto 
del doctor Andereggen). 
Cám. Nac. Crim. y Correc., sala VI, 5-6-81, "Pérez, C. A.", 
BCNCyC, 981 -VII-136 
En contra: Comete el delito de violación quien penetra con su órgano 
sexual masculino en la cavidad bucal de persona de uno u otro 
sexo, mediando la utilización de fuerza o intimidación. 
Cám. Nac. Casación Penal, sala 111, 19-11-98, "Bronsztein, 
Daniel E.", L. L. 1998-F-692 
ABUSO SEXUAL CON ACCESO 
CARNAL (VIOLACIÓN)' 
SUMARIO: 1. Significado. 11. Disposición legal. 111. Antecedentes históricos. IV. El bien 
jurídico protegido. V. El tipo penal de la violación. 1. Tipo objetivo. a) Acción: 
acceso carnal. b) El problema de lafellatio in ore, la imaginación del legislador y la 
letra de la ley. c) Sujeto activo. d) Sujeto pasivo. d.1) El matrimonio. d.2) El 
concubinato. d.3) La prostituta. e) Modalidades de la violación. Las acciones típicas. 
e.]) Víctima menor de 13 años. e.2) Cuando mediare violencia o amenazas. e.3) 
Abuso coactivo o intimidatorio de una relación de dependencia, de autoridad o de 
poder. e.4) Falta de consentimiento libre. 2. Tipo subjetivo. a) Problemas referidos 
al error. 3. Consumación y tentativa. 4. Concurso con otros delitos. 5. Acción penal. 
6. Pena. VI. Agravantes de los tipos penales contenidos en el artículo 119 del Código 
Penal. VII. Agravantes en los casos de los párrafos lo y 2" del articulo 119 del Código 
Penal. 1 . Agravación por el resultado. a) Grave daño a la salud física o mental de la 
víctima. b) Resultado de muerte (art. 124 del Cód. Pen.). 2. Agravación por el 
parentesco. 3. Agravante por la calidad del autor. 3.a) Ministro de un culto. 3.b) 
Agravante cuando el autor tuviere conocimiento de ser portador de una enfermedad 
de transmisión sexual grave y hubiera existido peligro de contagio. 4. Tutor o 
curador. 5. Encargado de la educación o guarda. 6. Agravante por pluralidad de 
autores. 7. Agravante por el uso de armas. 8. Agravante por la calidad del autor: 
personal policial o de seguridad. 9. Agravante cuando el hecho fuera cometido 
contra un menor de 18 años, aprovechando la situación de convivencia preexistente 
con el mismo. VIII. Jurisprudencia. 
1. Significado 
El tercer párrafo del artículo 119 del Código Penal reprime el 
abuso sexual cuando éste se efectúa en las circunstancias previstas en 
el primer párrafo, mediante acceso carnal. 
' La rubrica, como ya se señalara, fue eliminada por la ley 25.087. 
Esta nominación jurídica es equivalente a la de "violación", uti- 
lizada con anterioridad a la reforma introducida por la ley. Tan cierto 
es esto, que en la reforma al Código español, que quiso eliminar la 
palabra "violación", en la última modificatoria del año 1999 volvió a 
introducirla. Esto demuestra la poca seriedad del legislador, en el sen- 
tido de que podría haberse tomado el trabajo de analizarlo que había 
pasado en el país que habían tomado como fuente. 
Los autores han proporcionado, con pequeñas variantes, la defi- 
nición de "violación". Así, Núñez2 la define como "el acceso camal 
de un varón con otra persona, abusando de la inmadurez o estado 
mental de ésta, o de su indefensión o mediante la violencia, y sin 
derecho a exigirlov3. Soler, por su parte afirma que la violación consiste 
en el acceso camal con persona de uno u otro sexo ejecutado mediante 
violencia real o presunta4. Para Carmona Salgado %n el anterior Có- 
digo español, que tenía una redacción similar al nuestro- el delito de 
violación consiste en tener acceso carnal con otra persona por vía 
vaginal, anal o bucal5. 
Podríamos decir entonces que la violación es el acceso camal 
logrado en los casos en que medie fuerza o intimidación para vencer 
la resistencia u oposición del sujeto pasivo, o con persona que se 
encuentre físicamente imposibilitada para expresar su disenso o resis- 
tirse, o con quien, por ser menor de 13 años ocarecer de discernimiento 
para ello, no posee la capacidad jurídica necesaria para consentir la 
relación sexual. 
11. Disposición legal 
El Código Penal argentino, dentro de Libro 2, Título 111, bajo el 
epígrafe Delitos contra la integridad sexual, regula lo que realmente 
es el delito de violación aunque no se le haya puesto ese nombre, 
NÚÑEZ, Ricardo, Tratado de Derecho Penal. Parte especial, Lemer, Córdoba, 
1988, t. 111, p. 247. En el mismo sentido se pronuncia MORENO (h), Rodolfo, El 
Código Penal y sus antecedentes, Tomrnasi, 1923, vol. IV, p. 239. 
NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 246. 
SOLER, Derecho Penal argentino cit., t. 111, p. 291. 
CARMONA SALGADO, en COBO DEL ROSAL, Manuel (dir.), Manual de 
Derecho ,Penal, Revista de Derecho Privado, Madrid, t. 1, p. 242. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
figura subsumida en el artículo 119, tercer párrafo, del Código Penal, 
comprendiendo sus dos formas agravadas en el cuarto párrafo del men- 
cionado artículo y en el artículo 124. 
La disposición simple, prevé pena "...cuando mediando las cir- 
cunstancias del primer párrafo, hubiere acceso camal por cualquier 
vía". 
m. Antecedentes históricos 
El Proyecto Tejedor preveía la figura de violación en la Libro 11, 
Sección la, Título 111, Capítulo 2", artículos 252 y 253 -De la viola- 
ción-, que decía: "Se comete el delito de violación cuando empleando 
violencia física o amenazas de un peligro inminente y actual para el 
cuerpo o la vida, se obliga a una mujer a sufrir la aproximación sexual 
contra su voluntad". En la nota se remitía el Código al artículo 186 
del Código de Baviera, y afirmaba: "La violación, dice el comentario 
oficial, envuelve contra la persona un doble ataque en su físico, y en 
su integridad moral. Estas dos especies de ataques pueden causar a la 
víctima el más grande daño, y comprometer la felicidad de toda la 
existencia. El legislador tiene pues razón en dictar contra este delito 
penas severas. Los elementos de este crimen son primero el empleo 
de la violencia, ya resulte de vías de hecho directas, o de amenazas 
contra el cuerpo o la vida, vis velmetus, segundo, la unión corporal o 
conjunción de los órganos sexuales, tercero, falta de consentimiento 
de parte de la mujer atacada. Por lo demás poco importa que el crimen 
se dirija contra un hombre o contra una mujer, contra una mujer honrada 
u otra que no lo sea, porque esta misma no ha perdido la disposición 
de su cuerpo". Hubiera bastado que nuestros legisladores leyeran este 
artículo y su nota para poder legislar de una manera más inteligente 
entendiendo cuál es el bien jurídico en la cuestión, por una parte, y 
por otra no haciendo afirmaciones que no son ciertas, ni siquiera en 
los antecedentes más lejanos. Es tan claro que lo que se protege es 
la libre disposición del cuerpo que en la nota se sostiene: "Así, el que 
escala o rompe las puertas de una casa, para penetrar donde se halla 
una mujer que lo espera, y se entrega voluntariamente, no es culpable 
de violación". 
El proyecto de Villegas, Ugarriza y García, en sus artículos 269 
y 270 regulaba el delito de violación y se decía en el primero de ellos: 
"Se comete el delito de violación cuando empleando la violencia física, 
o amenazas de un peligro inminente o actual, se obliga a una mujer 
a sufrir la aproximación sexual contra su voluntad", y el artículo 272 
regulaba expresamente con arresto mayor a la violación de una mujer 
prostituta, con lo cual, nuestros legisladores nada inventaron, sino que 
no leyeron. El Código de 1886, en su artículo 127, regulaba la violación 
de la siguiente forma: "Se comete violación en cualquiera de los casos 
siguientes cuando ha habido aproximación sexual, cuando el acto no 
llegue a consumarse", y en tres incisos enumeraba los casos de fuerza, 
intimidación, cuando la mujer se halla privada de razón o de sentido. 
El proyecto de Piñero, Rivarola y Matienzo de 1891, agregó o 
incluyó en la fórmula la persona que tuviera concúbito fuera del ma- 
trimonio, con persona de uno u otro sexo, y en la Exposición de Motivos 
decían los autores: "Establecemos que para que haya violación es me- 
nester el concúbito ilegítimo en las condiciones enunciadas, y no sim- 
plemente como dispone el Código, que haya aproximación sexual, 
aunque el acto no llegue a consumarse. La violación requiere acceso 
camal, el acto de yacer. Así se ha entendido y se entiende en la doctrina; 
así lo prescriben los códigos penales más adelantados como el español, 
el holandés, el italiano, el húngaro, el chileno, etcétera. El Código 
Tejedor decía únicamente que se comete violación cuando se obliga 
a una mujer a sufrir la aproximación sexual". Podría entenderse que, 
según este texto, la aproximación sexual equivale a la cópula, es la 
cópula misma; pero la frase "aunque el acto no llegue a consumarse", 
añadida a aquélla en el precepto vigente, artículo 127, indica que, ante 
el Código, la violación podrá existir, sin que haya verdadero concúbito, 
y Por lo menos originará dudas sobre el instante consurnativo del delito. 
El proyecto de Segovia de 1895 mantenía la expresión "concúbito 
fuera del matrimonio con personas de uno u otro sexo", artículo 162. 
La Ley de Reformas de 1903, 4189, sustituyó la fórmula anterior por 
"tener concúbito". Rodolfo Moreno (h) dice: "Que la ley de reformas 
siguió el proyecto de 1891 el cual ya utilizaba el concepto (art. 146). 
Los redactores de este proyecto hicieron la enmienda de la fórmula 
del Código de 1886, porque la frase "aunque el acto no llegue a con- 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
sumarse", indica que la violación podrá existir, sin que haya verdadero 
concúbito, o, por lo menos, originar dudas sobre el instante consuma- 
tivo del d e l i t ~ " ~ . 
La fórmula "tener acceso camal" apareció en el proyecto de 1906, 
en su artículo 121, tal como surge de la Exposición de Motivos al 
proyecto de 19 17, e incorporado luego al Código de 192 1. Dicho pro- 
yecto, en cuya comisión estaban Rivarola, Saavedra, Moyano Gasitúa, 
Piñero y Ramos Mejía nada dice en su Exposición de Motivos, sin 
embargo introduce en el artículo 121 la expresión "acceso camal". En 
éste, en la Exposición de Motivos, se remitían al proyecto de 1906. 
Así pasó al proyecto de 1917 y luego en el Código Penal. Los proyectos 
posteriores a éste continuaron haciendo hincapié en que lo esencial 
de la violación es el "acceso camal". Moreno afirma que propuso un 
aumento de pena a este proyecto, habiendo tenido en cuenta la ley 
9 143, llamada Ley Palacios7. 
Finalmente, la ley 25.087, sancionada en 1999, aumentó los factores 
que anulan el libre consentimiento, más allá de la fuerza física y la 
intimidación, incluyendo supuestos de abuso de poder o de autoridad, 
idénticos a los previstos en la figura básica de abuso sexual simple. 
IV. El bien jurídico protegido 
Doctrinariamente existen posturas diversas respecto de cuál es el 
bien jurídico que se pretende tutelar. 
Si bien la doctrina hatratado de enfocar el bien jurídico con 
distintas palabras. Por ejemplo, Carrara habla de la violación como 
una ofensa a la "pudicia indi~idual"~, o Soler, diciendo que el bien 
lesionado por tal conducta es la "libertad sexual", y agregando que: 
"...se vulnera invadiendo ilícitamente la esfera de reserva propia de 
ese ámbito de la persona, en la que ella, consciente y libremente, 
puede permitir penetrar a quien desee o impedir que otros lo haganvg-'O, 
NÚÑEZ, ob. cit, t. 111, p. 247. 
' Un análisis completo en MORENO (h), ob. cit., p. 238. 
CARRARA, Francesco, Derecho Criminal. Parte especial, t. IV, p. 15 13. 
FONTAN BALESTRA, ob. cit., t. IV, p. 60. 
'O SOLER, Derecho Penal argentino cit., t. 111, p. 292. 
o el propio Fontán Balestra", hablando de libertad individual en cuanto 
cada cual tiene el objeto de su actividad sexual, sosteniendo que se 
trata de un delito contra la "voluntad sexual", parece haber coincidencia 
con el antecedente antes enunciado del Código de Baviera, en cuanto 
a que lo que se protegía era el libre consentimiento de la víctima a 
la relación sexual. 
Analizando el contenido del artículo 119, tercer párrafo, puede 
afirmarse que la ley tiene en cuenta, por un lado, la libertad individual, 
en cuanto hace a la integridad sexual de las personas. Esta libertad 
puede ser entendida desde un doble aspecto, positivo-dinámica, por 
un lado, como la capacidad de libre disposición del propio cuerpo a 
los efectos sexuales, es decir, el consentimiento de la víctima de man- 
tener trato sexual con terceros con arreglo a su querer libre y consciente. 
Por otro, negativo-pasiva, esto es, la capacidad del sujeto para no 
ejecutar actos de naturaleza sexual que no desee12. 
Esta noción de libertad sexual se puede utilizar cuando la violación 
se comete mediante el empleo de fuerza o intimidación, habida cuenta 
de que no es necesario ningún requisito esencial en la víctima, en la, 
cual se presume su capacidad de conocer y de valorar el alcance del 
acto que se pretende ejecutar13. 
En cambio no puede aceptarse tan fácilmente que el bien jurídico 
es la libertad sexual en los casos de la menor de 13 años y de la 
persona privada de sentido, ya que no existe tal libertad. De allí la 
protección de estas personas, con lo cual se habla de intangibilidad 
sexual o de indemnidad sexualI4. Por.este motivo nuestra doctrina ha 
afirmado que se trata de una invasión o el ataque de tal derecho me- 
diante acciones violentas o abusivas que avasallan la li&e e íntima 
decisión por parte del autor. Ello significa que el violador abusa o 
aprovecha las circunstancias o calidades de la víctima que le impiden 
prestar válidamente su consentimiento, o bien que con violencia lo 
elimina, reemplaSando así la voluntad de la víctima -efectiva o pre- 
11 FONTÁN BALESTRA, ob. cit., p. 60. 
'2 CARh4ONA SALGADO, ob. cit., p. 241. 
13 Ídem nota anterior. 
14 CARh4ONA SALGADO, ob. cit., p. 242. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
sumida por ley- por la suya . En palabras de Núñez, es el abuso de 
situación o de un estado de una personal5. 
Pero en el fondo, sigue siendo la falta de libertad real de la 
víctima de poder aceptar un acto entendiendo su significación, no 
sólo intelectual, sino afectivamente. Es de esto de lo que se aprovecha 
el autor en el caso de la persona menor de 13 años. 
V. El tipo penal de la violación 
El tercer párrafo del artículo 119 del Código Penal prevé el tipo 
básico de la violación estableciendo: 
La pena será de seis a quince años de reclusión o prisión cuando 
mediando las circunstancias del primer párrafo, hubiere acceso 
camal por cualquier vía. 
1. Tipo objetivo 
a ) Acción: acceso camal 
El núcleo del tipo es el acceso camal. Por "acceso camal" se 
entiende la introducción del órgano genital masculino en el cuerpo de 
otra persona, no siendo necesario para su consumación que la pene- 
tración sea total o que se produzca la eyaculación16. Dice Frías Ca- 
ballero'' que "el elemento material de la violación se halla constituido 
por la conjunción carnal como fin, contra o sin la voluntad del sujeto 
pasivo y empleando la violencia como medio o aprovechando de la 
especial condición del mismo señalada por la ley". 
A los efectos de dar un concepto de acceso carnal, se pueden 
encontrar, tal como se verá en las definiciones que siguen, dos criterios, 
que han intentado poner algo de claridad en el tema aunque sin mucho 
resultado. 
El llamado criterio biologista busca dar una solución al problema 
desde un punto de vista puramente natural. Para ello acude a un con- 
l 5 NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 245. 
l6 Cám. Crim. Correc., sala XI, 30-8-91, E. D. 144-326. 
l7 FRÍAS CABALLERO, Jorge, El proceso ejecutivo del delito, 2" ed., Biblio- 
gráfica Argentina, Buenos Aires, 1995, p. 266. 
cepto de acceso carnal visto desde un punto de vista meramente fi- 
siológico. Acceso camal, se dice desde esta postura, es sólo la pene- 
tración del órgano sexual masculino, por vías normales o anormales, 
en el cuerpo de la víctima. 
En cambio, el llamado criterio jurídico afirma que es toda actividad 
directa de la libido, natural o no, en la que existe penetración del 
órgano genital del actor que puede representar el coito o una forma 
degenerada o equivalente de ésteI7-l. 
Como podrá apreciar el lector, ninguno de los dos acierta con la 
precisión que concuerde con el principio de legalidad, que no es lo 
mismo que el positivismo j ~ r í d i c o ' ~ - ~ . 
El acceso camal es sin duda una concepto normativo del tipo, 
cuyo contenido debe ser buscado en lo que culturalmente se entiende 
por tal, en relación al bien jurídico protegido. Volvamos al proyecto 
de 1891, en donde se equipara el acceso camal con el acto de yacer. 
La fórmula intentaba diferenciarse del Proyecto Tejedor en cuanto se 
castigaba solamente la aproximación sexual. Está claro entonces que 
lo que se interpretó dogmáticamente no fue un acto sexual más, sino 
que se tenía en claro que era el yacer con otra persona. 
La doctrina española había discutido el problema antes de la última 
reforma. Una parte de los autores había sostenido que el término yacer 
incluía solamente los accesos heterosexuales vaginales, lo que impli- 
caba que quedaran fuera los accesos homosexuales y los accesos he- 
terosexuales no vagina le^'^-^. 
Otro sector doctrinario había sostenido que se incluían los accesos 
heterosexuales no vaginales, especialmente el coito anal heterosexual. 
Ferrer Sama, Cobo del Rosal y González Rus basaron su posición en 
que tal conducta ha sido valorada por la sociedad como grave, y que 
existe una equivalencia funcional entre ellas, ya que en el coito anal 
17-' BUOMPADRE, ob. cit. 
17-2 NAUCKE, La progresiva pérdida del contenido del principio de legalidad 
penal como consecuencia de un positivismo relativista y politizado, en la insostenible 
situación del Derecho Penal, en Estudios de Derecho Penal, dir. por Carlos María 
Romeo Casabona, Comares, Granada, 1999, p. 531. 
17" DÍEZ RIPOLLES, José Luis, La protección de la libertad sexual, Bosch, 
Barcelona, 1995, p. 40. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
se sustituye a la vagina, cumpliendo la misma función. Además, el 
término yacer, como tener trato carnal con alguna persona, no obsta 
a esta interpretación1'-4. El argumento básico era que yacer y acceso 
carnal eran la misma cosa, de manera que no había inconveniente en 
esta extensión de la palabra. 
Díez Ripolles había sostenido en esta controversia que si bien era 
de justicia material la equiparación del coito heterosexual vaginal con 
el coito heterosexual anal, esto no era posible. Sin embargo terminaba 
afirmando que "Es preciso, por otra parte, interrumpir en este punto 
la ampliación de las conductas sexuales incluibles en el tipo de vio- 
lación, tanto por sus progresivas diferencias materiales y valorativas 
respecto a las dos conductas hasta ahora propuestas, como por el mayor 
riesgo de que una mayor ampliación haga ya prácticamente imposible 
unacorrecta delimitación entre las conductas de violación y las de 
abuso 
Con estos elementos a la mano, no hay duda de que, en primer 
lugar, el acceso camal es la penetración del órgano masculino en la 
vagina de la mujer. Éste sería el concepto básico de acceso camal, 
dentro de una concepción cultural más conservadora. Si se busca un 
concepto más amplio, que abarque una idea de lo sexual no discrimi- 
nadora del "otro", se puede extender la idea de acceso camal a la 
penetración del órgano masculino vía anal. 
En estos dos conceptos se engloba la idea de acceso camal, como 
forma análoga de cúpula sexual. Como el término es normativo, varía 
según las épocas, de allí que el legislador debe esforzarse en concep- 
tualizarlo más. Pero está claro que se trata de un concepto de claro 
contenido sexual y, además, que tiene que ver con el acto sexual básico. 
La introducción del órgano sexual por la boca es otra cosa, tiene 
otra identidad, tanto física como valorativa y, cuando es forzada, se 
trata de una acción que degrada de alguna manera a la víctima. 
A nuestro juicio la cuestión del acceso camal, por cualquier vía, 
viene a solucionar esta discusión, de manera que abarca tanto el coito 
heterosexual vaginal, como el coito heterosexual anal. La explicación 
174 D ~ E Z RIPOLLES, ob. cit., p. 41. 
17-5 D ~ E Z RIPOLLES, ob. cit., p. 43. 
de la ley "por cualquier vía", tiene este sentido y no habilitar analó- 
gicamente y con una interpretación absolutamente ilógica otras aber- 
turas del cuerpo, y no sólo la boca. Porque en este punto la doctrina 
que avala esta posición, no explica el motivo por el cual la expresión 
"cualquier vía" no habilita otras partes del cuerpo, como ser la oreja, 
una herida, etcétera. 
De esta manera, queda claro que el acceso camal sólo abarca lo 
antes expresado, por absoluto respeto al principio de legalidad, que 
en este tipo de delitos se respeta poco. 
La explicación se refuerza en base al texto español, que fue en 
principio el modelo de esta reforma, en cuanto el citado código hizo 
una clara descripción del tipo penal, admitiendo tanto las vías antes 
descriptas, como la bucal. 
El artículo 179 de la ley de España expresamente habla de que 
en caso de agresión sexual, mediante acceso camal por vía vaginal, 
anal o bucal, o introducción de objetos por alguna de las dos primeras 
vías, el responsable será castigado, como reo de violación. Descripción 
que se repite en los artículos 182.1, 183.2. 
En cambio, habida cuenta de la exigencia del acceso carnal, que- 
darían fuera de las acciones típicas las prácticas homosexuales feme- 
ninas ya que no habría penetración. 
Soler define el acceso camal como la penetración del órgano sexual 
en el cuerpo de la víctima, siendo indistinto que la misma se haga 
por vía normal o anormal, aclarando que ésta es la nota distintiva del 
delito de violación de los demás abusos, en los que no se requiere 
acceso y que están contemplados en el tipo del artículo 124 del Código 
Penal. . 
Según ManziniI8, "acceso camal" es el acto por el cual el órgano 
genital de una de las personas, que puede ser sujeto activo o pasivo, 
es introducido en el cuerpo de la otra, por vía normal o anormal, de 
modo que haga posible el coito o un equivalente del mismo. 
Para Ure19, la expresión "acceso camal" debe entenderse en el 
sentido de penetración del órgano sexual masculino en orificio natural 
l 8 MANZINI, Vincenzo, Trattato di Diritto Penale, Torino, 1947, vol. VII, p. 257. 
l9 URE, Ernesto, Los delitos de violación y estupro, Ideas, Buenos Aires, 1952, p. 15. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
de la víctima, de modo de posibilitar la cópula o un equivalente de 
la misma, sea por vía normal o anormal. 
Núñez por su parte afirma que acceso camal significa introducción, 
aunque imperfecta, del órgano sexual masculino en el cuerpo de la 
víctimaz0. Ésta es la posición de la mayoría de la doctrina argentinaz1. 
Sobre la base de lo expuesto, podemos definir al "acceso camal" 
como la penetración del órgano masculino en el cuerpo de la víctima, 
con el propósito de practicar coito, siendo indiferente que la penetración 
sea total o parcial, que se produzca o no desfloración, que se llegue 
o no a la eyaculación. 
Para que exista acceso camal es indispens'able, ante todo, que se 
haya introducido el miembro viril de una persona en la cavidad orgánica 
de otra, no interesando si esta introducción es completa o sólo a medias, 
basta con que ella haya existido real y efectivamente. 
La Suprema Corte de Justicia de TucumánZ2 siguió, en principio, 
tal criterio al afirmar que no basta la simple aproximación sexual para 
que haya delito de violación, sino que es preciso que el acceso camal 
se haya efectivamente realizado, aun cuando el mismo no haya sido 
ni completo ni perfectoz3. 
Tampoco interesa para que haya acceso camal la existencia o no 
de la seminatio intra vas, ya que puede considerarse consumado el 
acceso camal aunque no se haya producido la eyaculación. Basta, re- 
petimos, con que haya existido introducción del miembro viril por 
incompleta o imperfecta que sea. 
En este orden de ideas, existen numerosos fallos que siguen tal 
posición: "La norma del artículo 11 9 del Código Penal se estructura 
en función del sentido de los vocablos acceso camal como entrada 
20 NÚÑEZ, ob. cit., p. 248. 
2' Conf. MOLINARIO y AGUIRRE OBARRIO, Los delitos cit., t. 1, p. 420; 
ODERIGO, Mario, Código Penal anotado, 3a ed., Depalma, 1957, p. 162; FRÍAS 
CABALLERO, ob. cit., p. 277. 
22 Fallo publicado en L. L. XV-8 18. 
23 El error de la sentencia estaba, desde otra perspectiva, en sostener que había 
tentativa ya que el himen estaba intacto de acuerdo a la pericia médica, dado que 
esa integridad no es prueba suficiente para determinar que el acceso camal no se ha 
verificado, pues existen ciertos hímenes, llamados complacientes, que permiten el 
acceso camal sin desgarrarse. 
del órgano genital en el cuerpo, ya sea por vía normal o anormal. 
Quienes postulan una asimilación entre tal contenido conceptual y el 
coito vulgar o vestibular, por la razón que fuere, exorbitan el principio 
de legalidad"24. 
"Para la consumación de la violación no es exigible la perfección 
del acceso carnal ni la desfloración de la mujer, bastando con la in- 
troducción del órgano sexual masculino en el cuerpo de la mujer ..."25 
b) El problema de la 'yellatio in ore", la imaginación 
del legisladory la letra de la ley 
El tema había sido discutido en la anterior redacción. La doctrina 
y jurisprudencia no se habían puesto de acuerdo sobre el punto. Una 
primera posición afirmaba que la introducción del miembro masculino 
por vía bucal no encuadraba dentro de la figura de violación sino, por 
el contrario, en la de abuso desh~nes to~~ . Así, por ejemplo, se había 
dicho, por parte de la jurisprudencia que: "La fellatio in ore o coito 
oral no configura el delito de violación sino el de abuso deshonesto. 
El acceso camal, fórmula empleada por nuestra ley, no puede ser tan 
distinto que admita a través de una interpretación jurídica confundir 
la función orgánica genital, posible en forma normal a través de la 
receptividad vagina1 y en forma anormal por la anal, pero nunca por 
la bucal..."*' 
Esta posición tenía a su principal defensor, en nuestra doctrina, 
en Núñez, quien fundaba su posición tanto en razones científicas como 
en los propios antecedentes legislativos2*. 
24 CP0303 LP, P. 59.445, RSD-63-80, S. 19-6-80, "E. A. sNiolaciÓn". 
25 CP0303 LP, P. 59.445, RSD-63-80, S. 19-6-80 "E. A. s/violaciÓn7'; Cám. Nac. 
Crim., sala 1, 15-9-92, c. 41.369, "Marin, C.", Boletín de Jurisprudencia, año 1992, 
N" 3. 
26 GÓMEZ, Eusebio, Tratado de Derecho Penal, t. 111, p. 87; NÚÑEZ, ob. cit., 
p. 249; CARMONA SALGADO, ob. cit., p. 245. 
27 Cám. Nac. Crim., sala IV, 2-8-83, c. 27.523, "Blanco, Néstor", Boletín de 
Jurisprudencia, año 1983, No 4, julio-agosto, p. 158; sala VI, 5-6-81, C. 7.173, "Pérez, 
C. A.", Boletín de Jurisprudencia, año1981, p. 136; sala VI, 26-4-89, C. 17.415, 
"Tiraboschi, J.", Boletin de Jurisprudencia, año 1989, No 2; sala 1, 7-4-82, C. 25.989, 
"Longo, E.", Boletín de Jurisprudencia, año 1982, No 5, septiembre-octubre, p. 206. 
NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, ps. 2481249. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
En cuanto a los antecedentes legislativos, se afirmaba que Tejedor 
recurrió para su concepto de sodomía a Las Partidas, que expresaban 
en el proemio, Título 21, página 7, como inversión sexual. Decían 
Las Partidas que "Sodomítico dizen al pecado en que caen los omes 
yaziendo unos con otros, contra natura, e costumbre natural"29. Además 
el artículo 129 del Código de 1886, al igual que la ley española, se 
refería a la sodomía como concúbito del hombre con hombre30. Además 
Núñez afirmaba que estos antecedentes se basan en razones científicas, 
ya que "si bien el ano no es el órgano destinado por la naturaleza 
para ser el vaso receptor de la penetración copular natural, por poseer, 
lo mismo que la vagina, glándulas de evolución y proyección erógenas, 
en su contacto con el órgano masculino cumple, aunque antinatural- 
mente, una función semejante a la que realiza la vagina. Esto no ocurre 
con la boca, agregaba Núñez, la cual careciendo de este tipo de glán- 
dulas no resulta apta como elemento constitutivo del cóncubito, aunque 
por resortes psicológicos y mecánicos sirva para el desfogue libidinoso 
del actor y del paciente. La boca como los senos o cualquier otra 
parte del cuerpo humano que no sea la vagina o el ano, resulta así 
incapaz de generar coito, aunque sea an~rmal"~'. 
Carmona Salgado en España afirmaba que la fellatio no debía 
integrar el delito de violación, ya que no cabría hablar en sentido 
estricto de acceso camal y sólo impropiamente de penetración, ya que 
la boca no es un órgano de dicha naturaleza, aunque pueda operar 
como sustitutivo para ello. Se trata más bien de una forma de mas- 
turbación; al igual que el denominado coito inter femora forma parte 
del artículo 430, en concordancia con la doctrina italiana32. 
La posición contraria, es decir la que admitía la violación consu- 
mada por la fellatio in ore, no encontraba diferencia entre el coito 
oral de cualquier otra penetración contra natura; debido a que el criterio 
jurídico del acceso camal era entendido como actividad directa de la 
libido, natural o no, en la que existe una penetración del órgano genital 
del autor, que puede representar el coito o cualquier forma degenerada 
29 Cit. por NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 249, 
Ídem nota anterior. 
31 Ídem, ps. 2491250. 
32 CARMONA SALGADO, ob. cit., p. 246. 
de éste33. Esta posición estaba reflejada por los fundamentos de la 
sentencia del Tribunal Superior de Córdoba34. Allí se afirmó que el 
artículo 119 había receptado la sodomía que estaba castigada por el 
artículo 129 del Código Penal de 1886, que también incluía el coito 
in ore, según lo demuestra la mención que hace Tejedor en su curso 
de la Bula de Pío IV de 156835. 
Por nuestra parte afirmábamos que el concepto de acceso camal 
no abarcaba la fellatio. A los argumentos antes enunciados, agregá- 
bamos las consideraciones del Derecho alemán, que directamente habla 
de coito, con lo cual se excluye directamente tal concepto. Y así deberá 
ser entendido el concepto de "acceso camal", a partir de la sanción 
de la ley 25.087, teniendo en cuenta tanto el texto, como la finalidad 
de la ley. 
Mientras el Código mantenga la expresión "acceso camal", que 
como se ha visto tiene una larga tradición en nuestros proyectos, y 
en el sentido de lo que significa la expresión, no hay otra altemativa 
que sostener que es la introducción del órgano masculino en vía vagina1 
O anal, no entrando, en consecuencia, al vía bucal, o la llamada fellatio, 
por más que el legislador haya inventado esta reforma para solucionar 
este problema, al agregar "por cualquier vía", ya que, de tomarse li- 
teralmente la expresión se ampliaría el tipo de manera descomunal. 
De manera que si hubieran querido arreglar o solucionar la disputa 
doctrinal que se analiza ut supra, debieron agregar al texto, en lugar 
de "cualquier vía", una enumeración taxativa de sus intenciones. A 
modo de ejemplo, cabe citar aquí la reforma efectuada en 1995 al 
Código Penal español, que en los artículos 182 y 183 claramente dis- 
tinguió el concepto de acceso camal y el de penetración anal o bucal, 
aunque sometiéndolos a la misma pena. Pero como las intenciones no 
se trasladan mágicamente a la ley, la ley dice lo que dice, y los re- 
dactores de la ley piensan lo que piensan36. 
33 FONTÁN BALESTRA, ob. cit., p. 64. 
'4 Fallo del 31-5-48, L. L. 51-917. 
35 NÚÑEZ, ob. cit., p. 249. 
36 En el mismo sentido, y con amplitud, BUOMPADRE, ob. cit., p. 57. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
c) Sujeto activo 
Autor material del hecho, en principio, sólo puede ser el hombre, 
porque es el único que puede penetrar. Consecuente con esta idea, 
sujeto activo sólo puede ser un hombre, ya que es el que posee, como 
es obvio, el miembro viril, que sirve para la penetración. En el caso 
de la mujer el tema pasa por la imposibilidad de acceder camalmente 
a otra persona, esto es, la incapacidad de penetrarla, aunque Núñez 
afirma que esto sería posible en el caso de una deformación del órgano 
sexual de la mujer (clítoris hipertr~fiado)~'. Insistimos, mientras el 
legislador insista en utilizar la palabra "acceso camal". De manera 
que cuando un hombre o mujer es penetrado por objetos, el tipo se 
desplaza al párrafo anterior de "sometimiento sexual gravemente ul- 
trajante para la víctima". 
El problema se suscita en los casos en que la mujer actúe como 
autor mediato, esto es, valiéndose de un inimputable o de alguien que 
actúe con error. En estos supuestos si la violación es un delito de 
propia mano, no podrá tipificarse el artículo 119, párrafo tercero del 
Código Penal. Si por el contrario no se trata de este tipo de delitos 
la cuestión cambiaría y tanto podría ser autor el que ejerce la violencia 
sobre la persona, como quien realiza el acceso camal. De admitirse 
esta hipótesis, quien ejerce la violencia sobre la víctima, como el autor 
detrás del actuante, será considerado autor idóneo. 
Núñez ha mantenido una posición intermedia, ya que si bien 
afirma que sólo el hombre puede ser autor del delito de violación, 
basado en que conceptualmente sólo el hombre penetra, sumado a 
lo expresamente dispuesto por el artículo 120 del Código Penal que 
sólo admite la posibilidad de que el hombre sea autor, afirma que 
la mujer puede cometer la violación de un varón menor de 12 años 
-ahora, 13-, haciéndose acceder camalmente por él mediante las 
debidas exc i tac i~nes~~. 
Soler, desde una posición más tradicional en la doctrina argentina, 
afirma que sólo el hombre es autor, y que "una mujer puede cometer 
37 NÚÑEZ, ob. cit., t. 111, p. 250. 
38 Ídem nota anterior. 
actos impúdicos como sujeto activo, pero esos actos serán ultrajes al 
pudor o serán corrupción ..."39 
A nuestro criterio la cuestión reside en descifrar si a este tipo de 
delitos se los puede conceptualizar como de propia mano, que son 
aquellos tipos penales que son concebidos, conforme a su contenido 
de ilícito, de tal modo que sólo puede ser autor de ellos quien esté 
en condiciones de llevar a cabo por sí e inmediatamente la acción 
prohibida4". Son delitos de actividad y no de resultado, debido a que 
predomina el desvalor de acción frente al desvalor de resultado. El 
resultado es predominantemente neutro frente al derecho y el desvalor 
se constituye porque al autor le está prohibida la acción. Los terceros 
que no participan de ese círculo sólo podrán ser cómplices del autor 
principal, pero no coautores o autores mediatos. 
Para Maurach y ZipP1 pertenecen a esta categoría de delitos los 
llamados carnales, como ser el delito de incesto. Pero expresamente 
se afirma que la violación del párrafo 177 del Código Penal alemán 
no es un delito de propia mano, toda vez que se puededividir la 
fuerza que es aplicada por una persona, y la penetración que puede 
serlo por otra4*. Sobre la base de ello se soluciona, como violación, 
el caso de la madre celestina que presenta como remilgos la seria 
resistencia de la doncella, colaborando en vencer esa re~istencia~~. Des- 
de esta posición, la mujer pueda ser coautora de la violación de otra 
mujer, ya que no se trata de un delito de propia mano, en el caso de 
colaborar sosteniendo a la víctima, o cuando utiliza a un hombre inim- 
putable para consumar el hecho; problema que la teoría clásica no 
había podido solucionar al afirmar que la violación era un delito de 
propia mano. 
Buompadre ha planteado que el tema se ha solucionado habida 
cuenta la forma verbal empleada por el legislador en el texto ya que, 
39 SOLER, ob. cit., t. 111, p. 309. 
MAURACH, Reinhardt y ZIPF, Heinz, Derecho Penal. Parte general, t. 1, 
$ 21 y t. 11, p. 368; DONNA, Teoría del delito y de la pena cit., t. 11, p. 84. 
41 MAURACH y ZIPF, Derecho Penal. Parte general cit. 
42 SCHONKE, SCHRODER y LENCKNER, 5 177; WELZEL, Hans, Deutscher 
Strafrecht, p. 433. 
43 MAURACH y ZIPF, ob. cit., t. 11, p. 368, $ 21. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
actualmente, se habla de "hubiere" acceso carnal, en contraposición 
al verbo "tuviere" que empleaba el antiguo artículo 119 del Código 
Penal. Siguiendo la doctrina española dice "Con la nueva nomativa, 
el cambio de verbo parecería indicar que ya no se requiere que el 
autor tenga acceso camal, sino que en el abuso sexual hubiere acceso 
carnal, circunstancia de la cual puede inferirse que tanto el hombre 
como la mujer pueden ser autores del delito44. 
No crzemos en la agudeza de nuestros legisladores sino sola- 
mente en un error en la copia del texto de España, de manera que 
el problema sigue vigente tal como lo habíamos planteado en la 
edición anterior. 
d) Sujeto pasivo 
El artículo 119, tercer párrafo, remitiendo al primero de ellos, 
admite como sujeto pasivo tanto al hombre como a la mujer, bastando, 
al decir de Soler, que se trate de una persona, agregando Núñez que 
sólo puede serlo una persona con vida. Debe descartarse, en conse- 
cuencia, el acceso carnal sobre un cadáver (necrofilia), o un animal 
(bestialidad), por no revestir aquéllas tal carácter de "persona" definido 
por el Derecho4'. Esto tiene una tradición en la legislación argentina, 
tal como se ha visto en los antecedentes, especialmente en el Proyecto 
Tejedor y en el Código Penal de 1887 el sujeto pasivo de este delito 
sólo podía ser la mujer, aunque en la nota de éste contradecía el propio 
texto, tal como se ha transcripto. El proyecto de 189 1 modificó el 
sistema, introduciendo la expresión "persona de uno u otro sexo" para 
referirse al sujeto pasivo. El texto introducido en la reforma de 1999, 
remitiendo al primer párrafo del artículo 119, mantiene la forma del 
anterior. 
Hay dificultades en lo referente al sujeto pasivo en algunos casos 
debido a que la doctrina argentina no ha manejado un concepto correcto 
del bien jurídico protegido. La cuestión radica en solucionar determi- 
nados casos en los cuales el sujeto activo estaría en condiciones de 
exigir el acceso camal al otro y, ante la negativa de éste último, logra 
BUOMPADRE, ob. cit., p. 56. 
45 SOLER, ob. cit., t. 111, p. 343; NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 251. 
dicho acceso mediante la violencia o abuso. Dicha situación puede 
manifestarse en el matrimonio, en el concubinato y en la prostitución. 
Parte de la doctrina se inclinaba por sostener que, en la medida 
en que el sujeto activo tenga derecho a exigir el acto sexual no podría 
darse el tipo de la violación46, debido que el sujeto pasivo estaría 
obligado o habría prestado su consentimiento para ser accedido car- 
nalmente. Lo expuesto ocurre tanto en el caso de la esposa, quien 
dentro de las obligaciones matrimoniales tiene las del débito conyugal, 
como la concubina, ya que la cohabitación implica la realización del 
acto sexual; como así también, la prostituta, debido a que al aceptar 
dinero o encontrarse en un prostíbulo importa el ofrecimiento de su 
cuerpo por un determinado precio y más aún si recibió la suma esti- 
pulada. 
La corriente doctrinaria opuesta sostiene que al ser el bien jurídico 
la libertad, la negativa de la mujer en estos casos lleva a que se tipifique 
el delito de violación. 
d. 1) El matrimonio 
Atento a lo regulado por la ley 23.515 que incorporó al Código 
Civil los artículos 198 y siguientes, podemos colegir que el vínculo 
matrimonial crea ciertos derechos y obligaciones entre los cónyuges 
entre los que se encuentra el derecho del marido y el deber de la 
mujer al acceso camal. 
Con relación a ello, Belluscio dice sobre el débito conyugal que: 
"No lo alude la ley argentina pero no se puede dudar de su existencia, 
deber que hace al cumplimiento de fines esenciales de la unión de la 
pareja humana -como son la satisfacción del instinto sexual y la per- 
petuación de la especie- y que justifica la sujeción al deber de fidelidad. 
Por lo tanto, aun no expresado específicamente en los textos legales, 
el débito conyugal existe y su incumplimiento injustificado puede fun- 
dar sanciones civilesv4'. Sobre la base de ello la doctrina ha sostenido 
que "el marido tiene derecho a exigirle a la esposa el acceso camal 
natural (acceso vaginal), y su violericia o abuso para poseerla no lo 
NÚÑEZ, ob. cit., t. 111, p. 252; SOLER, ob. cit., t. 111, p. 309. 
47 BELLUSCIO, Augusto C., Derecho de Familia, Depalma, 1979, t. 11, p. 386. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
vuelven reo de violación, aunque lo responsabilicen por los delitos 
que pueda consumar (lesiones) e importen un ejercicio arbitrario de 
SU derecho"48. 
Parte de la doctrina hace una diferencia entre acceso carnal natural, 
es decir por vía vaginal, por una parte, y el acceso camal anormal o 
anal, por la otra. En el primer caso, el marido tiene derecho a exigirle 
el acceso camal a la esposa y la violencia ejercida sobre ella para 
consumar el acto no constituirá violación. Ello sin perjuicio de otros 
tipos penales, tales como lesiones, amenazas, etcétera. En cambio si 
el acceso fuera por vía anal, como no está dentro del débito conyugal 
tipifica el delito de violación49. Sería ésta, aunque no se lo dice ex- 
presamente, una causal de justificación a favor del esposo, ya que 
actuaría en ejercicio legítimo de un derecho. Gimbernat ha sostenido 
que la conducta ni siquiera sería típica, aunque podría encuadrar dentro 
del delito de coacciones. 
Otra circunstancia a analizar es si el acceso camal violento cons- 
tituye violación cuando la esposa se opone basándose en razones pro- 
filácticas (en caso de sida) o fisiológicas. SolerS0 responde a ello afir- 
mativamente si la oposición de la esposa es legítimamente fundada 
con el fin de evitar el contagio de un mal. 
En nuestra opinión, el artículo 119 del Código Penal es preciso 
al referirse a que el sujeto pasivo puede ser "persona de uno u otro 
sexo", no imponiendo excepciones a las relaciones matrimoniales o 
concubinales; por lo que no es dable suponer que las relaciones con- 
yugales constituyan una excepción a la figura. En consecuencia, frente 
a la negativa de la mujer de cumplir con el débito conyugal, el marido 
-sin perjuicio de la vía judicial para intentar las sanciones civiles 
previstas, como ser el divorcio- será responsable del delito de violación 
si media ejecución del acto sea por medio de la fuerza -por vía normal 
o anormal o por razones profilácticas- y en contra de la voluntad de 
la víctima. Ello fundamentalmente se basa en la prevalencia de la 
libertad individual de la víctima en el campo sexual, en cuanto a su 
consentimiento 4 libertad- de mantener trato sexual con arreglo a su 
48 NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 252. 
49 NÚÑEZ, ob. cit., t. 111, p. 252. 
SOLER, ob. cit., t. 111, p. 309. 
querer libre y consciente, eliminando todo ataque violento por parte 
del autor que avasalle la íntima y libre decisión de lacónyuge. Además, 
el débito conyugal no está regulado como institución jurídica, más 
allá de las afirmaciones de nuestros civilistas, siendo por ello incom- 
patible el recurso a la violencia, mediante el ejercicio de un derecho, 
que no existe5'. Y si se reconociera el derecho del esposo al débito 
conyugal tampoco ello lo habilita a actuar mediante violencia, ya que 
ningún derecho puede hacerse valer abusivamente. 
A iguales conclusiones se debe llegar en el caso de separación 
de los cónyuges, en virtud de que ello implica separación de cuerpos 
y desaparición del débito conyugal. 
La tendencia jurisprudencia1 sostiene que mediando divorcio o 
separación de hecho el acceso camal logrado con violencia o abuso 
constituye también el tipo penal de violación, al margen que los cón- 
yuges hayan dejado de cohabitar. 
d.2) El concubinato 
La opinión de la postura negativa de la existencia de violación 
cuando el acceso carnal se llevara a cabo mediante abuso o violencia, 
ante la negativa de la esposa, entiende que si bien no existe un derecho 
legal del hombre de acceder a la mujer, tal situación -la del concu- 
binato- hace presumir el consentimiento de ésta. 
Sin embargo consideramos, tal como se ha analizado en el de la 
mujer casada, que la falta de voluntad de realizar el acto sexual y su 
consumación mediante violencia, coloca al concubino dentro del tipo 
penal de violación, toda vez que el bien jurídico lesionado es la libertad 
sexual. 
d.3) La prostituta 
Este supuesto ya ha sido analizado al referimos al abuso sexual 
simple. Como dijimos, no hay problema para resolver la cuestión en 
cuanto a la violación de la mujer prostituta (se incluye al hombre), 
habiendo definido el bien jurídico como un atentado a la libertad sexual 
del sujeto pasivo. A lo más se podrá discutir el error del autor, ya 
" CARMONA SALGADO, ob. cit., t. 1, p.263 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
que puede presumir el consentimiento en el caso de que la mujer 
realice su trabajo en algún lugar especial. La polémica que se había 
planteado con relación a si la prostituta podía ser sujeto pasivo del 
delito de violación carece en la actualidad de razón de ser. Recuérdese 
que el error doctrinal se debía a que se sostenía que el bien jurídico 
era la honestidad, y como la prostituta no lo era, luego no podía ser 
sujeto pasivo de tal delitos2. 
De todas formas la diferenciación que se hace en dos supuestos, 
esto es, la meretriz que ejerce su labor en un prostíbulo bajo regla- 
mentación y la mujer que ejerce la prostitución en la calle y no se 
encuentra en la situación precedente, no tiene relevancia a los efectos 
de la tipicidad objetiva. Ahora bien, en el primer caso, el hombre que 
cumplió el pago exigido y luego ante la negativa de la mujer la accede 
violentamente, si bien el tipo objetivo se habrá cumplido, la discusión 
puede residir en si el autor no habrá podido actuar en base a un error, 
que tanto puede ser de tipo como de prohibición. Sería el caso del 
pintor que no cumple con su trabajo, y quien le ha pagado lo fuerza 
y lo lleva a su casa reteniéndolo para que realice el trabajo. A ninguno 
de los autores antes citados, y nos referimos a Núñez y Jiménez de 
Asúa, se les hubiera ocurrido pensar, ni por un momento, que en ese 
supuesto no hubiera existido privación ilegal de la libertad, como mí- 
nimo. Por ende no se entiende el desplazamiento de la cuestión sólo 
porque esté en juego la libertad sexual de la persona. 
De todas formas, y como ésta era una cuestión discutible en doc- 
trina los legisladores debieron solucionar el conflicto haciendo las acla- 
raciones pertinentes y no omitir dejando, como el caso del acceso 
camal, sin solucionar el problema básico. De nuevo el pensamiento 
del legislador no se tradujo en el texto, lo que ya no causa ningún 
tipo de asombro. 
e) Modalidades de la violación. Las acciones típicas 
El tercer párrafo del artículo 119 no es otra cosa que un agravante 
del abuso sexual antes explicado, al que se le agrega el acceso carnal 
por cualquier vía. 
52 Ídem, p. 262. 
e. 1) Víctima menor de 13 años 
Se protege en este caso el candor, la inocencia o la ineptitud por 
falta de madurez mental para entender el sentido en sí del acto. Por 
ello el consentimiento del menor es inoperante, de modo que, aun 
mediando consentimiento, el hecho se tipifica de igual manera. 
e.2) Cuando mediare violencia o amenazas 
Los criterios tratados sobre este punto en el delito de abuso sexual 
simple son igualmente adecuados a los efectos de poder explicar el 
delito base. Debe tratarse de violencia física, continuada y suficiente, 
empleada sobre el sujeto pasivo y capaz de vencer la resistencia (seria, 
persistente, real, efectiva) de la víctima, de modo que se presente 
como la causa inmediata y directa del abuso con acceso carnal. El 
uso de la fuerza supone la resistencia consciente de la víctima y su 
vencimiento por el autor. Hay resistencia de aquélla cuando se opone 
materialmente a ser objeto del hecho. 
También tipifica el delito de violación el uso de amenazas. Se 
entienden por tales los actos de violencia moral, idónea para producir 
temor en el ánimo del sujeto pasivo, en forma tal que éste se encuentre 
obligado a soportar o ejecutar la acción que el agente propone. Las 
amenazas deben ser suficientes para producir, en quien las sufre, un 
estado de temor tal que lo determine a obrar según los deseos del 
autor y aun contra su propia voluntad, ya que la amenaza debe referirse 
a un mal grave e inminente. 
e.3) Abuso coactivo o intimidatorio de una relación 
de dependencia, de autoridad o de poder 
Nos remitimos en este punto a las modalidades abusivas analizadas 
en el "abuso sexual simple". 
e.4) Falta de consentimiento libre 
Como también se analizara oportunamente se trata de casos en 
que la persona ofendida se hallare privada de razón o de sentido, sea 
en forma permanente (enfermedad o trauma mental) o accidental (ebrio, 
sueño, hipnotismo, adicción a las drogas), o causas externas a su vo- 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
luntad. Lo que aquí se protege es la falta de comprensión por parte 
de la víctima, pues se supone su oposición si hubiera comprendido la 
naturaleza de los hechos. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que el 
autor se debe aprovechar de esta situación, de manera que si ese apro- 
vechamiento no se da en la realidad, no se dará el delito de violación. 
Asimismo se engloban en este supuesto las circunstancias de im- 
posibilidad física de resistir el acto (por ej., cuando la víctima sea 
paralítica o tenga las pi-ernas amputadas). El sujeto pasivo comprende 
el significado de la acción de que es objeto, pero no puede actuar su 
voluntad en contrario y oponerse materialmente a la acción del autor. 
También se contempla bajo esta hipótesis toda otra circunstancia, 
aparte de las enumeradas, que prive a la víctima, en el momento del 
hecho, de la facultad de obrar materialmente contra el acto abusivo, 
como ser el fraude del médico que engaña a la paciente. 
2. Tipo subjetivo 
El elemento primordial que conforma el tipo subjetivo es el dolo, 
entendiéndose por tal el querer dominado por la voluntad de realización 
del tipo objetivo. En términos más sencillos, es la voluntad de actuar 
referida al resultado que sustenta la accións3. 
De esta manera el autor actúa dolosamente cuando conoce el tipo 
objetivo y entonces se dispone a realizar la acción allí descripta, lo 
que exige una concordancia entre lo que se conoce y lo que se pretende 
llevar a cabo, lo que lleva a que en casos de error, dicha congruencia 
desaparezca, debido a que el componente intelectual del dolo quedará 
excluido. 
El delito de violación es en todas sus formas doloso. A nuestro 
criterio se exige el dolo directo, ya que, sea por el abuso de situación, 
sea por la violencia o las amenazas, es incompatible cualquier otra 
clase de dolo, como el indirecto o el eventual. En este sentido es 
interesante la posición de Díez Ripolles, queexige un elemento sub- 
jetivo de lo injusto, que no se identifica con el dolo. Tal elemento 
subjetivo existe en todos los supuestos de abuso sexual y estupro, y 
consiste en involucrar sexualmente a la víctima. Este elemento consiste 
53 DONNA, ob. cit., t. 11, p. 89. 
en poder excitarse, satisfacerse sexualmente, e incluso causar algún 
tipo de d i~p l ace r~~ . Es que es distinta la conciencia y voluntad de 
realizar el tipo objetivo de la tendencia de involucrar sexualmente a 
la víctima. Hay actos, especialmente en la tentativa, que son equívocos, 
y no se podrían distinguir estas acciones de las meramente terapéuticas. 
Por tal motivo, una vez constatado el elemento subjetivo de la finalidad 
de involucrar, es preciso que exista el dolo respecto a la realización 
de los elementos objetivos del tipo. Ambos unidos configuran el tipo 
de la violación. Por estas razones, sólo se admite el dolo directo55. 
En este sentido debe dejarse claro que no se admite la forma 
culposa. No es ésta la opinión en España, en donde se ha llegado a 
sostener que es admisible el tipo culposo cuando se trate de una vio- 
lación de una menor de 12 años por la vía del error vencible sobre 
un elemento esencial del tipo, en virtud del artículo 6" bis a, del Código 
Penal, en opinión de Muñoz Conde, Bajo y 
La posibilidad del dolo eventual, según Núñez, se admite sólo en 
lo que atañe al conocimiento de la situación de la que el autor abusa 
o de la resistencia que se le opone5'. 
En el supuesto de personas privadas de razón o de sentido, y en 
los demás supuestos de personas que no hayan podido consentir li- 
bremente la acción, es necesario también que el autor tenga conoci- 
miento de esa situación y se aproveche de ella. 
Lo mismo ocurre cuando la víctima fuere menor de 13 años. Como 
expresa M~l ina r io~~ , no es cuestión de revisar documentos de identidad, 
sino de lo que razonablemente puede apreciarse por el aspecto personal. 
Sin embargo, se han dado casos en los que la edad que representa la 
víctima es bien diferente de la real. Estos errores de tipo pueden pro- 
ducir dificultades, que se han reflejado tanto en la doctrina como en 
la jurisprudencia. 
54 DÍEZ RIPOLLES, ob. cit., p. 498. 
DÍEZ RIPOLLES, ob. cit., p. 499. Es dudosa la opinión de Creus en cuanto 
a que dolo se exige (ob. cit., p. 198). 
56 CARMONA SALGADO, ob. cit., p. 264. 
57 NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 265. 
58 MOLINARIO y AGUIRRE OBARRIO, ob. cit., p. 430. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
a) Problemas referidos al error 
Cuando Roxin trata el tema del error de prohibición da como 
ejemplo clásico el del sujeto que mantiene relaciones sexuales con 
una mujer enferma mental y no sabe en absoluto de esa ~rohibición~~. 
Más adelante da el caso del Tribunal Federal alemán que sostuvo que 
había error de prohibición invencible en el caso en el cual dos labra- 
dores habían tenido relaciones sexuales con una mujer enferma mental 
y esterilizeda, sin tener absoluta conciencia de la prohibición de dichas 
relaciones. Afirma Roxin que "Si los sujetos no tuvieron en modo 
alguno dudas, si además creían moverse en un ámbito privado no re- 
gulado jurídicamente y, en vista del asentimiento de la mujer, tampoco 
tenían conciencia de perjudicar, no existió para ellos ningún motivo 
para reflexionar sobre una posible antijuridicidad de su conducta"60. 
Es preciso analizar la posibilidad de que un sujeto mantenga acceso 
camal con mujer menor de 13 años, en la creencia de que se trata de 
una mujer mayor de esa edad y menor de 16 e inmadura sexualmente. 
En este caso, respecto del tipo penal de violación falta el dolo, 
pues el autor cree que la mujer es mayor de 13, y con relación al 
delito de estupro, no concurre un elemento objetivo ya que la víctima 
es menor de esa edad. 
Las decisiones judiciales han dado diversas soluciones al problema 
concluyendo desde la atipicidad del hecho6', pasando por la solución 
de que debido al error del autor la conducta encuadra en el delito de 
violaciód2, hasta que, no obstante la edad de la menor, el hecho en- 
cuadra en la figura de estupro63. 
La atipicidad de la conducta se fundó en que el error del sujeto 
sobre la edad de la víctima impide la calificación de la conducta como 
delito de violación, en tanto que la edad de la mujer - objetivamente 
menor de 13 años- obsta al encuadre del hecho como delito de estupro, 
59 ROXiN, Claus, Derecho Penal. Parte general, t. 1, 5 21, p. 871. 
ROXIN, ob. cit., $ 21, p. 888. 
61 Cám. Apel. de Mar del Plata, 23-8-70; Cam. Crim. Capital, sala 111, 8-8-75. 
62 Cám. Apel. de Mercedes, 11-4-58, fallo de primera instancia del Dr. E. 
Zaffaroni. 
63 SCJ de Tucumán, 15-4-44, seguida luego por numerosos pronunciamientos. 
JI es por tanto un supuesto de atipicidad. Chiappini ha sostenido la 
impunidad porque faltan los conocimientos necesarios para el dolo de 
violación y también faltaría el sujeto pasivo del estupro6". 
En cuanto al encuadre de hecho en el delito de violación, su 
fundamento se basó en que no es admisible calificar el hecho como 
estupro pues la víctima no es mujer mayor de 13 años. Ello permite 
tipificar el ilícito en el artículo 119, tercer párrafo, del Código Penal, 
pues el error del agente no es más que un error accidental. 
En fallo dictado en primera instancia se entendió que el hecho 
encuadra en el original inciso lo del artículo 119 del Código Penal 
(ahora, art. 119, tercer párrafo), pero se debe aplicar la pena prevista 
para el delito de estupro (art. 120 del Cód. Pen.) porque el error del 
sujeto importa la falsa suposición de una atenuante que determina un 
menor reproche (Zaffaroni). 
La .opinión que encuadra la conducta en el delito de estupro afirma 
que el error del autor acerca de la edad de la mujer excluye su dolo 
respecto del delito de violación, pero la conducta encuadra en la figura 
de estupro y, por tanto, es aplicable la pena prevista en el artículo 
120 del Código Penal. 
El error del autor descartaría la realización típica de la figura de 
violación, tanto en su forma consumada como en la tentada, en virtud 
de la inexistencia del dolo para llevar a cabo aquel tipo penal por 
parte del autor. 
Asimismo, la falta de uno de los elementos del tipo objetivo, 
determinado por la insuficiente edad de la víctima, impide admitir la 
eventual impunidad como delito tentado, como así también que el 
hecho configure estupro consumado. En efecto, el sujeto activo que 
cree tener acceso carnal con mujer mayor de 13 años y menor de 16, 
y lo tiene con una niña menor de esa edad establecida por el artículo 
119, tercer párrafo, del Código Penal, lleva a cabo una acción con el 
fin de cometer un delito determinado (estupro), cuya consumación es 
imposible como tal por la falta de idoneidad del sujeto sobre el que 
recae la acción (art. 44, último párrafo del Cód. Pen.). 
CREUS, ob. cit., p. 199, ha criticado a este autor al decir que lo punido es 
el acceso carnal ilícito, así como los principios del artículo 48 del Código Penal. 
puesto, y que no se consume por razones ajenas a la voluntad del 
autor, de acuerdo al artículo 42 del Código Penala. 
La tentativa es una manifestación delictiva con un déficit en el 
tipo objetivo o, dicho en otros términos, en la tentativa se da que, 
junto a un tipo penal subjetivo cumplido plenamente, existe un tipo 
penal objetivo in~ompleto~~. 
El Tribunal Supremo de España, siguiendo la tesis del delito frus- 
trado ha sostenido que existe frustración en los casos de tentativa 
cuando existe una desproporción entre los órganos genitales del varón 
y de la mujer como sujeto pasivo70. Habrá tentativa de violación cuando 
la acción del autor tenga, desde un punto de vista objetivo, un déficit, 
que en el caso consiste en la falta de penetración, por razones ajenas 
al autor, acción que debe encuadrar en el comienzo de ejecución del 
acto. 
En el tan discutido problema de cuándo hay comienzo de ejecución, 
el planteo en el delito de violación fue el que llevó a demostrarel 
error de la teoría de formal objetiva, ya que si existía tentativa al 
realizar una parte del núcleo del tipo, la consecuencia era que en el 
delito de violación no se podrían dar actos de tentativa. Por ello se 
tomó en cuenta en la tentativa, de acuerdo con Frank, las acciones 
que por su vinculación necesaria con la acción típica eran parte inte- 
grante de ella, pero ahora teniendo en cuenta la directa puesta en 
peligro del bien jurídico, de acuerdo a un juicio ex ante basado en la 
experiencia ex post7'. 
También, como se sabe, hemos tomado partido por una teoría 
intermedia, basada en la teoría subjetiva, habida cuenta la voluntad 
criminal revelada, pero complementada por la teoría de la impresión 
teniendo en cuenta el peligro corrido por el bien j~rídico'~. Serán actos 
preparatorios aquellos que requieren otros actos, incluso de terceros, 
para que se comience a lesionar el bien jurídico, en este caso la libertad 
NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 281; CARMONA SALGADO, ob. cit., p. 265; 
GOSSEL, ob. cit., $ 24. 
69 DONNA, La tentativa cit., p. 22. 
STJ de Espafia, 21-10-69, cit. por CARMONA SALGADO, ob. cit., p. 265. 
7' DONNA, La tentativa cit., ps. 30 y SS. 
72 ídem nota anterior, p. 36. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
sexual. El estadio de la tentativa es alcanzado por una acción que, si 
bien no es propiamente la acción típica, no está separada de ella por 
actos parciales (teoría de los actos parcia le^)^^. En consecuencia habrá 
tentativa cuando el sujeto comience con los tocamientos impúdicos, 
pero no cuando el autor cite a su víctima al lugar de los hechos. 
Para Frías Caballero habrá tentativa de violación cuando el autor 
sobrepase el mero principio de ejecución y que no haya alcanzado en 
su realización práctica el momento consumativo así determinad^^^. 
Sin embargo, si el propósito del autor no era acceder carnalmente 
a la víctima y lo limitó a factores de naturaleza sexual pero que excluían 
el coito, estaremos ante un abuso sexual simple o gravemente ultrajante, 
tipo penal que se subsume en el artículo 119, primero o segundo pá- 
rrafos, del Código Penal. 
La jurisprudencia se ha expedido sobre el punto al expresar: 
"...Para calificar un hecho como tentativa de violación debe poderse 
establecer que el propósito del agente era el acceso carnal en el que 
la violación consiste y no simplemente un torpe desahogo, cosa no 
infrecuente y que hace encuadrar el hecho como abuso deshonesto 
consumado [...] El valor exculpante del desistimiento de una tentativa 
de violación, no excluye que el autor pueda ser responsabilizado por 
los actos cometidos durante el proceso ejecutivo del delito incompleto 
y que a su turno sean constitutivos de abuso deshonesto ("abuso se- 
xual", tras la refonna de la ley 25.087), que es la figura subsidiana 
anterior ..."75 Como toda tentativa, la de violación pudo ser desistida: 
"el autor puede pero ya no quiere"76. En tal caso, la tentativa será im- 
pune, pero deja vigente la pena aplicable por otras figuras penales que 
se hubieren consumado en el transcurso del procedimiento encaminado 
al acceso camal (lesiones graves; privación de la libertad, e t ~ . ) ~ ~ . 
73 MAURACH y GOSSEL, Derecho Penal. Parte general cit., t. 11, 40, No 
marginal 48. 
74 FRÍAS CABALLERO, ob. cit., p. 308. 
75 Cám. Nac. Crim., sala 1, 29-6-88, causa 33.544, "Verón, Luis", Boletín de 
Jurisprudencia, año 1988, No 2, abril-mayo-junio, p. 200; sala V, 3-4-81, causa 13.296 
"Garnica, B.", Boletín de Jurisprudencia, año 198 1 , p. 100. 
76 LAJE ANAYA, Justo, Comentarios al Código Penal, Depalma, 1979, vol. 11, 
p. 343. 
77 CREUS, ob. cit., p. 195. 
Los requisitos del desistimiento serán diversos según el desarrollo 
alcanzado por la acción del autor. El desistimiento no es posible si el 
hecho ha sido detenido por un tercero, ya que a partir de ese momento 
ya no puede ser voluntario. 
4. Concurso con otros delitos 
Las lesiones leves producidas por la violencia ejercida para lograr 
el acceso camal, y las propias originadas del mismo acceso (rotura 
del himen) quedan absorbidas por la figura de violación, en virtud del 
principio de consunción de acuerdo a Carmona Salgado7*. 
Las lesiones inferidas a la víctima, antes o durante el acceso camal 
por puro sadismo, constituye un delito independiente que concurre 
con el de violación, al igual que las inferidas con posterioridad al 
acto, cualquiera fuere el motivo. Núñez ha sostenido que las lesiones 
y la muerte de la persona resultantes del acceso, no concurren ni ideal 
ni materialmente con ella, afirmando que, de ser así, cuando el resultado 
ha sido buscado, es decir intencional, el mínimo de la pena que co- 
rresponda sería más benigno que cuando el resultado ha sido prete- 
r inten~ional~~. 
Respecto de las amenazas, la coacción y la privación de libertad, 
son tipos delictivos absorbidos por el artículo 119, tercer párrafo, del 
Código Penal, siempre que ellas se empleen con el único fin de reducir 
a la víctima para consumar el acto violatorio, en virtud de que no se 
concibe la violación de la libertad sexual sin vulnerar al mismo tiempo 
la libertad personal. Sin embargo, esa privación de la libertad que 
queda absorbida por la conducta de abuso sexual con acceso camal 
es la estrictamente necesaria para la violación. 
La postura dominante sostiene que cuando la privación de libertad 
se prolonga en el tiempo se computará como un hecho independiente 
que concurrirá real o materialmente con el delito de violacións0. 
En lo referente al abuso sexual simple, todo tocamiento impúdico 
o concomitante al acceso camal es, en principio, absorbido por la 
figura de violación. 
CARMONA SALGADO, ob. cit., p. 267; CREUS, ob. cit., p. 198. 
79 NÚÑEZ, ob. cit., ps. 268 y SS. 
TSJ de Cordoba, sent. 13, 31-8-89, Comentario y Justicia, t. LVIII, p. 62. 
La jurisprudencia se ha pronunciado sobre el punto: "El delito de 
violación concurre idealmente con el de corrupción de menores, pues 
si bien parte de la doctrina y jurisprudencia opinan que la figura más 
grave por la consunción absorbe a la de menor gravedad, ello no 
ocurre necesariamente dado que, aunque pueda haber violación o ten- 
tativa de ella sin corrupción, ello no ocurre cuando se tiene acceso 
carnal violent~"~'. Pero, también se ha dicho, que "...Configura úni- 
camente el delito de violación la conducta del procesado que en el 
interior de una obra de construcción accedió carnalmente a una menor 
de 9 años de edad, no debiendo calificarse el mencionado ilícito en 
concurso ideal con el delito de corrupción. La 'cuestión constituye un 
aparente concurso de leyes, toda vez que no cabe una doble calificación 
legal de la conducta, ya que ésta queda atrapada por la figura de 
violación, resolviéndose así el caso por la relación de consunción que 
entre ambas figuras penales se opera..."82 
En cuanto al concurso con la corrupción, el tema será analizado 
con mayor rigor cuando tratemos el delito de corrupción aunque es 
nuestra opinión que ambos delitos se excluyen. 
5. Acción penal 
La violación es un delito perseguible por acción pública, depen- 
diente de instancia privada de la persona ofendida, de su tutor, guar- 
dador o representante legal, salvo que resultare la muerte de aquélla 
o que fuera cometido contra un menor que no tenga padres, tutor ni 
guardador, o que lo fuere por uno de sus ascendientes, tutor o guardador 
(art. 72, Cód. Pen.). 
Asimismo, se prevé que de existir intereses gravemente contra- 
puestos entre aquéllos y el menor, el fiscal podría actuar de oficio, si 
así resultare más conveniente para el interés superior del menorg3. 
Por otro lado, el artículo 132, primer párrafo, del Código Penal 
admite que la víctima, aunque sea menor de edad, pueda efectuar 
Sala IV, 19-1 2-9 1, causa 40.474, "Acosta, E.", Boletín de Jurisprudencia, año 
1991, No 5. 
Cám. Nac. Crim., sala VII, 19-5-82, causa 1917, "Rodriguez Vallejos, A.", 
Boletin de Jurisprudencia, año 1982, No 3, mayo-junio, p. 134. 
Esta últimahipótesis fue introducida al art. 72 del Cód. Pen. por la ley 25.087. 
denuncia asesorado y10 representado por "instituciones oficiales o pri- 
vadas sin fines de lucro de protección o ayuda a las víctimas". Repe- 
timos la crítica hecha a este párrafo al tratar el abuso sexual simple, 
pues se introducen instituciones oficiales o privadas que nada tienen 
que hacer en la decisión, cuidado y protección que los padres tienen 
para con sus hijos. 
6 . Pena 
La pena será de reclusión o prisión de seis a quince años, ele- 
vándose de ocho a veinte en el caso del artículo 119, cuarto párrafo, 
y de quince a veinticinco en el caso del artículo 124 del Código Penal. 
Si resultare la muerte del sujeto pasivo, la pena será de reclusión 
no menor de diez años y de reclusión perpetua si además el hecho 
hubiere sido cometido por un ascendiente, descendiente, adoptante, 
adoptado, afin en la línea recta, hermano o encargado en la educación, 
guarda o custodia de la víctima. 
VI. Agravantes de los tipos penales contenidos 
en el artículo 119 del Código Penal 
La segunda parte del artículo 127 establece que: 
"Si el autor del hecho fuera alguna de las personas mencionadas 
en el artículo 122, se le aplicara de tres a diez años de reclusión o 
prisión". 
Es decir la fórmula prevé únicamente el agravamiento cuando la 
persona fuere ascendiente, descendiente, afin en línea recta, hermano, 
sacerdote o encargado de la educación o guarda de aquélla, no refi- 
riéndose tal párrafo al resultado de grave daño en la salud de la víctima, 
o el concurso de dos o más personas (art. 122), como así tampoco el 
resultado de muerte de la persona ofendida (art. 124). 
La interpretación mayoritaria entiende la norma como que se re- 
fiere solamente a las personas señaladas precedentementes4, ya que 
84 N. del A.: "Por la propia redacción del articulo y por razones de tipo histórico 
legislativo, debe prevalecer la idea de que el sentido restrictivo es el que vale". LAJE 
ANAYA, ob. cit., p. 394. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
no se puede ampliar por vía doctrinaria el tipo penal. Sostienen que 
la agravante no comprende el resultado lesivo ni la participación de 
dos o más autoresg5. En contra, consideran que la ley, al referirse "a 
las personas mencionadas en el artículo 122", comprende también el 
hecho llevado a cabo con el concurso de dos o más personasg6. 
En cuanto al funcionamiento de las agravantes; éstas lo hacen 
respecto de cada una de las formas del acto ilícito previstas en el 
artículo 119. Para que se produzca el agravamiento es necesario que 
antes la conducta del autor encuadre en algunos de los incisos del 
delito base. Es decir, primero se requiere el acto abusivo violento, y 
luego la acción se considera más grave si se llevó a cabo por un 
ascendiente. 
Puede presentarse el caso de pluralidad de agravantes, por ejemplo, 
el autor es un hermano, que a la vez es sacerdote; el padre ayuda a 
que abusen sus hijos de su hija mujer, menor de 13 años, valiéndose 
de fuerza. En estos casos, la conducta delictiva es una sola. La plu- 
ralidad sólo tiene valor a los efectos de la medida de la pena, por un 
mayor injusto. 
VII. Agravantes en los casos de los párrafos lo y 2" 
del artículo 119 del Código Penal 
Para los delitos de violación y de abuso sexual agravado, se prevén 
agravantes por el resultado, por el parentesco entre el autor y la víctima, 
por la calidad del autor en el caso de ministro de algún culto reconocido, 
y de portador de una enfermedad de transmisión sexual, por la relación 
de educación o guarda que media entre autor y víctima, por la calidad 
de funcionario del sujeto activo, por el número de autores y por el 
uso de armas, y que aumentan la escala penal de ocho a veinte años. 
Nótese el absurdo que se prevé la misma pena para conductas 
que en su figura básica están sometidas a penas diferentes. 
Asimismo se establece que en el caso del abuso sexual simple la 
pena se elevará de tres a diez años de prisión o reclusión, por los 
8 5 N Ú Ñ ~ ~ , ob. cit., p s . 31617; SOLER, ob. cit., p . 99; RAMOS, ob. cit., t. V, p. 265. 
86 MORENO, ob. cit., t. IV, p . 297; FONTÁN BALESTRA, ob. cit., t. V, p. 295. 
mismos motivos anteriormente vistos, salvo los del inciso c, es decir 
que el sujeto fuere portador de una enfermedad sexual grave. Esta 
limitación del inciso c, es inentendible porque en el abuso sexual simple 
puede eventualmente existir peligro de contagio de la enfermedad, en 
el caso que el contacto sea por vía sanguínea. 
Asimismo, en el caso que un mismo hecho caiga en una multipli- 
cidad de agravantes, si bien no se da una agravante propia que contenga 
la suma de una o más agravantes del tipo básico, al existir un mayor 
injusto deberá tenerse en cuenta a los efectos de la medición de la pena. 
Las circunstancias aludidas pueden ser clasificadas de la forma 
siguiente: 
1. Agravación por el resultado 
El abuso sexual agravado y la violación se agravan cuando re- 
sultare.un grave daño en la salud física o mental de la víctima (art. 
119, 4" párr. del Cód. Pen.) y la muerte de la víctima (art. 124, Cód. 
Pen.). 
Dentro de esta agravante genérica, quedan comprendidos entonces 
dos supuestos: 
a) Grave daño a la salud fisica o mental de la víctima 
Para Núñez el daño se refiere al tipo penal de los artículos 90 y 
91, esto es, a las lesiones graves y gravísimas, por lo tanto no abarca 
la simple estructura corporal, debiendo ser un perjuicio de serias con- 
secuenciass7. En cambio, para Creus -únicamente quedan excluidos de 
la agravante y absorbidos por el tipo penal los daños estructurales que 
carezcan de influencia fisiológica, aunque sea temporal, o los que tienen 
escasa importancias8. 
Sin embargo parte de la doctrina afirma que no es necesario acudir 
a los conceptos típicos de las lesiones previstas en esas normas, pues 
de acuerdo a otros criterios puede tratarse también de un daño de 
importantes consecuencias que no alcance los límites de las lesiones 
del artículo 90 y menos las del artículo 91. 
NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, ps. 2681269. 
88 GREUS, ob. cit., p. 205. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
Es necesario que el daño en la salud no forme parte de los designios 
del agente, pues la voluntad dirigida a ese evento cambiaría el título 
de la figura o la haría concurrir materialmente con lesiones. En este 
caso, el dolo sería distinto. Esto ha planteado en la doctrina argentina 
una seria discusión de qué se entiende por grave daño en la salud, y 
su relación con el elemento subjetivo del autor. 
Según Núñez, en referencia a la legislación anterior, el "grave 
daño" de que habla la ley -desde el punto de vista del autor- puede 
estar comprendido en la intención de aquél, salvo que constituya una 
lesión grave o gravísima, porque si no fuera de esa manera, si se 
limitara la aplicación del artículo 122 al solo'caso de daño preterin- 
tencional, se debería castigar el hecho con la pena de la violación 
simple o con las dos correspondientes a los delitos cometidos, lo que 
resulta incongruente porque en ambos casos la pena sería de menor 
entidad que la que permitiría el artículo 12289. 
Ure y Soler sostienen la tesis que entre la acción del autor y las 
lesiones existe una relación culposa, por lo tanto se daría una relación 
semejante a los delitos preterintencionales. Afirma el primero de ellos 
que es de la esencia de las mismas que el resultado agravante no haya 
sido querido ni buscado por el autor, y Soler, que la voluntad dirigida 
al resultado previsto por la violación agravada importaría la comisión 
de otro delito que concurriría materialmente con la violación, existiendo 
en cambio en estos casos, entre la acción principal del agente tendiente 
a la violación y el posterior resultado, "una relación de producción 
meramente cu lpo~a"~~. 
El tipo puede concurrir con el de lesiones leves, siempre y cuando 
éstas no se traten de las que ya son presupuestadas por la violencia 
que configuran los delitos, como serla rotura del himen, las lesiones 
inguinales, por lo que no pueden considerarse como infracciones pe- 
nales autónomas ni como el daño que agrava la figura simple de la 
violación. 
La solución de que exista una relación culposa con el resultado 
ofrece dudas en el sentido que la pena se ajusta más a la intención 
dolosa del autor, aunque sea este caso dolo indirecto o eventual. La 
89 NÚÑEZ, t. IV, p. 270. 
90 SOLER, ob. cit., p. 349. 
pena para la acción imprudente, no pareciera ser ni lógica ni justa de 
acuerdo a las escalas penales ni a la dogmática del delito como tal9'. 
La pena que prevé el Código es de ocho a veinte años, y los dos 
tipos agravados tienen sanciones que van de cuatro a diez y de seis 
a quince años. Las lesiones culposas del artículo 84 tienen un máximo 
de tres años, de modo que no pareciera ni justo ni equitativo dentro 
de la dogmática del Código sostener que las lesiones producidas por 
el autor son culposas dada la desproporción en el monto de la pena. 
Más bien habría que hacer jugar entonces los artículos 90, que tiene 
pena de hasta seis años, y 91, que tiene pena de hasta diez años, dado 
que en este caso los máximos coinciden. De todas formas, si bien ésta 
es una interpretación más armónica con el principio de culpabilidad, 
no se puede pretender que nuestros legisladores lo hayan tenido en 
cuenta, dada la total desprolijidad con la que se ha trabajado, de manera 
que éste sería un detalle casi menor. Es tal la desproporción y la 
sobrevaloración de los bienes jurídicos en juego, que la agravante en 
el supuesto de la violación tiene casi la misma pena que en el delito 
de homicidio. 
De todas formas, estas agravantes por el resultado son la rémera 
que queda de imputar solamente, y desde un punto de vista objetivo, 
los hechos causados provenientes de un causalismo que sólo tenía en 
cuenta el resultado externo de la acción. 
En segundo término la ley 25.087 ha incorporado como agravante 
el daño a la salud mental de la víctima, lo que deberá ser entendido 
como un plus mayor al normal daño que se ocasiona habitualmente 
al sujeto pasivo. Éste va a ser un punto de discusión en la doctrina y 
en la jurisprudencia, porque no hay duda de que el resultado mediato 
de todo abuso sexual es un daño en la salud mental o psíquica de la 
víctima. De modo que hay que darle contornos precisos a esta agra- 
vante, ya que de lo contrario nunca se podría dar el tipo básico. En- 
tonces, debe entenderse como grave daño a la salud mental de la 
víctima el trauma inmediato que tiene el sujeto pasivo, que se traduce 
en problemas graves de conducta. Supóngase el siguiente ejemplo: el 
abuso sexual de una menor puede provocar en su adolescencia graves 
91 Parece seguir esta idea Creus (ob. cit., t. 1 , p. 206) 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
trastornos sexuales en su relación con el sexo opuesto. Está claro que 
no se puede esperar entonces a la adolescencia de la menor para aplicar 
la agravante. El tema ya h e tratado por la teoría de la imputación 
objetiva con resultados s~milares~~. De todas formas, cabe destacar 
que gran parte de la doctrina y la jurisprudencia entendían en este 
sentido que la enfermedad mental se encontraba comprendida dentro 
del concepto de salud. 
b) Resultado de muerte (art. 124, Cód. Pen.) 
Se agravan los tres tipos de abuso sexual contenidos en el artículo 
119, en los casos en que resultare la muerte de la persona ofendida. 
También en este punto la cuestión de la relación subjetiva puede 
discutirse. La doctrina no ha distinguido, aunque se acerca Núñez más 
a la solución propuesta por nosotros. Para Núñez, además de la muerte 
como resultado preterintencional, quedan comprendidos en la agravante 
los supuestos en que el resultado de muerte haya sido previsto como 
consecuencia probable del acceso y eventualmente aceptada su pro- 
d ~ c c i ó n ~ ~ . Para Soler, en cambio, sólo queda comprendida en la agra- 
vante la muerte como resultado preterintencional. 
A nuestro juicio sólo integran la agravante aquellos resultados de 
muerte que han sido abarcados por el dolo indirecto y eventual del 
autor, concurriendo realmente con el homicidio culposo en los casos 
en que así suceda. 
En cambio, cuando el autor seleccionó el abuso sexual como medio 
para matar a la víctima no habrá agravante, sino ambos delitos (abuso 
sexual en cualquiera de sus formas y homicidio) los que concurrirán 
realmente. Cuando la muerte es el medio para conseguir la consumación 
del hecho típico del modo que lo quiere el autor, aquél concurrirá con 
el homicidio calificado del artículo 80, inciso 7" del Código Penal, 
siempre que la violación se produjera mientras, por ejemplo, la víctima 
estuviera agonizando. 
Hay que tomar en cuenta que si se mata a la víctima para preparar, 
facilitar o consumar el abuso, en realidad éste no se consumará (sería 
92 DONNA, Edgardo A., La imputación objetiva, ps. 41 y SS. 
93 NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 270; SOLER, ob. cit., t. 111, p. 298. 
un caso de necrofilia). Consecuentemente, el hecho entra directamente 
en las previsiones del artículo 80, inciso 7" del Código Penal. 
2. Agravación por el parentesco 
Los delitos previstos en el artículo 119 también se agravan cuando 
el hecho es cometido por ascendiente, descendiente, afín en línea recta 
o hermano de la víctima. 
En consecuencia, el vínculo de consanguinidad no tiene límite de 
grado, por lo que se extienden en la forma que establecen las dispo- 
siciones civiles estipuladas en los artículos 350, 351 y 363 del Código 
Civil, sea el hijo legítimo o extramatrimonial, quedando comprendido 
el abuso cometido por el padre al hijo adoptado legalmente -o que 
esté bajo su tutela, como veremos más adelante-. 
En cuanto a los hermanos, no se distingue entre bilaterales o uni- 
laterales, es decir procedentes del mismo padre y de la misma madre 
o de un padre y distintas madres y viceversa (arts. 360 y 361, Cód. 
Civ.). 
Soler, Ure y C r e ~ s ~ ~ sostienen que tal agravante proviene del ca- 
rácter incestuoso de la relación. Es decir, la agravante se funda, 'io 
en la violación de un específico deber de guarda que puede no existir 
en alguno de los supuestos mencionados (por ej., entre hermanos). 
Sin embargo, N ú ñ e ~ ~ ~ lo motiva en la infracción a una obligación de 
resguardo sexual proveniente del vínculo parental. 
El hecho de que el autor no conozca el vínculo que lo unía a la 
víctima lo hace encontrarse ante un'error de tipo que eliminaría el 
dolo de la figura agravada, sin perjuicio que queden subsistente los 
tipos penales de los párrafos lo, 2" y 3". 
3. Agravante por la calidad del autor 
3.a) Ministro de un culto 
La agravante opera cuando el autor es un ministro de algún culto 
reconocido o no. 
94 URE, ob. cit., p. 95; SOLER, ob. cit., t. 111, p. 299; CREUS, ob. cit., t. 1, 
p. 200. 
N . ~ E Z , ob. cit., p. 270. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
No cabe duda de que la ley ha tenido en cuenta no sólo la inob- 
servancia de atender a la asistencia espiritual o al cuidado de la víctima, 
sino también la particular situación en que ésta pueda encontrarse 
respecto del autor, lo cual puede favorecer su actividad tomándola por 
ello más peligrosa para el bien jurídico protegido. 
La posición mayoritaria sostiene que no basta la condición reque- 
rida en el sujeto activo, sino que es necesario que exista una relación 
de confianza y respeto. Lo importante es determinar si la persona se 
hallaba en esa situación de respeto, es decir de influencia moralg6. 
Soler afirma que la agravación se funda en el hecho de que el delito 
aparece cometido por una persona que está particularmente obligada 
a tutelar a la víctima, por lo que hay dos deberes lesionados, el de la 
honestidad y el deber moral de protección asumido, aceptado o sim- 
plemente debido97. 
Con anterioridad a la reforma introducida por la ley 25.087, la 
agravante contenía el término "sacerdote", comprendiendo a todo mi- 
nistro de una religión, cualquiera fuerasu jerarquía. La situación ha 
variado con la redacción de la nueva ley, admitiéndose ahora la agra- 
vante aun cuando el ministro no pertenezca a un culto reconocido. 
Para algunos la sola calidad de ministro de culto sitúa al autor 
en la agravante, aunque esa calidad no sea conocida por la víctima; 
para otros, por el contrario, es necesario que, por lo menos, exista 
alguna relación entre el autor y la víctima derivada de la calidad de 
aquél, aunque más no sea el simple sentimiento de respeto que inspira 
a la víctima el conocimiento de dicha calidad. Consecuentemente con 
esta posición no se requiere que el ministro abuse de su función de 
tal para cometer el hecho. 
El autor debe haber tenido presente las ventajas que su condición le 
otorgaba en cuanto a las oportunidades para cometer el hecho, y aprove- 
charse de esa situación (como consejero espiritual de menores, por ej.)98. 
Por ello, no queda incluido en la agravante, por su sola calidad, 
el ministro de culto que actúa como cualquier sujeto, sin que la víctima 
lo conozca como tal. 
SOLER, ob. cit., t. 111, p. 299. 
97 SOLER, ob. cit., t. 111, p. 299. En igual sentido Soler (ob. cit., t. 1 , p. 201). 
98 CREUS, ob. cit., t. 1 , p. 292. 
Al respecto, Gavier afirma que con la nueva redacción del texto 
legal debe entenderse que la mayor criminalidad del hecho responde 
en este caso a que el ataque a la integndad sexual de la víctima fue 
perpetrado por una persona que, quebrantando su deber de moralidad 
y honestidad que su calidad especial le imponía, vio favorecida la 
materialización de sus propósitos delictivos por las facilidades que 
aquella condición le brindó99. 
3.b) Agravante cuando el autor tuviere conocimiento 
de ser portador de una enfermedad de transmisión 
sexual grave y hubiera existido peligro de contagioloO 
Se agrava el delito cuando el autor sabiéndose portador de una 
enfermedad de transmisión sexual (sífilis, herpes genital, hepatitis B, 
sida, etc.) lleva a cabo la acción típica, poniendo en peligro la salud 
de la víctima. 
La agravante contempla dos circunstancias que deben concurrir 
en una única conducta. Esto es: que el autor lleve a cabo el abuso 
sexual contemplado en los párrafos 2" y 3", conociendo que es portador 
de una enfermedad sexual grave, y que, por el modo en que lleva a 
cabo el acceso camal, pueda producir el contagio sin necesi&d de 
que este resultado se produ~ca'~' . 
Se trata de un delito de peligro concreto, de modo que el bien 
jurídico salud debe haber corrido realmente riesgo. De lo cual se deduce 
que la sola portación de la enfermedad no alcanza para agravar los 
tipos. El motivo de la agravante se da porque además del atentado a 
la integndad sexual de la víctima el autor, despreciando la salud del 
sujeto pasivo, actúa de igual forma. 
4. Tutor o curador 
Es tutor aquel a quien la ley confiere el derecho para gobernar 
la persona y bienes del menor de edad, que no está sujeto a la patria 
potestad, y para representarlo en todos los actos de la vida civil (art. 
377 y SS., Cód. Civ.). 
99 GAVIER, ob. cit., ps. 5015 1. 
'O0 Agravante introducida por la ley 25.087. 
'O' VILLADA, ob. cit., p. 66. 
Es curador quien administra los bienes al mayor de edad, declarado 
incapaz (arts. 468 y SS.). 
La ley 25.087, ha incluido expresamente a estas dos figuras, que 
la doctrina y jurisprudencia siempre consideraron incluidas entre las 
personas encargadas de la educación o guarda del sujeto pasivo. 
5. Encargado de la educación o guarda 
El fundamento de la agravación en este caso reside en la infi-acción 
de los deberes particulares inherentes al cargo del autor o las obliga- 
ciones que asumiera voluntariamente. Es decir, es la particular relación 
del agente con la víctima la que la ley ha tenido en cuenta para fundar 
la mayor punibilidad. 
También en este inciso se ha discutido si es necesario que exista 
un abuso, por parte del autor, de la situación que tiene frente a la 
víctima, debido a la relación de educación o guarda. 
Para Núñez, no es indispensable que el autor cometa el delito 
abusando de la función, pero sí que exista una concreta vinculación 
con el sujeto pasivo en virtud de la función que respecto de él cumple 
el agente: el maestro caerá en la agravante si viola a la alumna del 
colegio en que enseña, pero al contrario, no cuando lo hace sobre una 
alumna de otro establecimiento con el que no posee relación alguna. 
Soler en cambio exige una situación de influencia moral, lo que se 
acerca más al sentido de la agravante'02. 
La ley diferencia al encargado de la educación del encargado de 
la guarda. 
El primero es quien tiene a su cargo la tarea de instruir o corregir 
al sujeto pasivo, formando su personalidad en un ambiente de estudio, 
aunque no tenga como tarea específica enseñar una materia (precep- 
tores). Quedan excluidas las relaciones de enseñanzas ocasionales, 
como las conferencias o cursos breves. Por tanto pueden ser maestros 
de escuela primaria, secundaria y universitaria; institutrices, precep- 
tores, y todo aquel que con la víctima tenga una relación de impartir 
conocimientos, siendo necesario que el juzgador aprecie debidamente 
si quien proporcionaba las enseñanzas gozaba de un predicamento tal 
'O2 SOLER, ob. cit., t. 111, p. 300. 
que le permitiera abusar de la confianza otorgada para comenzar la 
ejecución del acto. 
El encargado de la guarda es aquel que, de modo regular (el simple 
encargo momentáneo de vigilancia no está comprendido) debe cuidar 
a una persona por convención u oficio (director de un hospital de 
enfermos mentales) o por una situación de hecho, atendiendo sus ne- 
cesidades, aunque no conviva con ella, y se trate de un encargo que 
no se desempeñe con continuidad (acompañar a un menor a un largo 
viaje). La relación de la guarda también puede proceder por una vía 
no directa, mediando la relación del autor con un tercero. Así, la ju- 
risprudencia ha reconocido la calidad del concubino que asume fun- 
ciones de jefe del hogar, respecto de los hijos de la concubina, pero 
tales sujetos no quedan subsumidos en la agravante cuando no han 
asumido esa calidad de jefe del hogar, y mucho menos el que se limita 
a mantener relaciones íntimas con la madre. 
No es necesario que los padres, tutores, curadores o guardadores 
hayan perdido el gobierno del incapaz, sino que basta que el acto haya 
sido cometido por la persona que cuida a éste, no solamente sobre la 
base de una disposición legal sino, también, de una situación de hecho 
creada por cualquier circunstancia. 
Tampoco la ley pone como requisitos la permanencia o tempora- 
lidad de la guarda para que el acto resulte agravado. 
6. Agravante por pluralidad de autores 
Se prevé la aplicación de la agravante cuando el hecho fuere co- 
metido por dos o más personas. 
La razón de la agravante por el número de autores radica, igual 
que en el Código de Italia, en que se le facilita al autor el abuso, 
debido a que aumenta la probabilidad de éxito del acto, pero, al mismo 
tiempo, disminuye la resistencia que pueda oponer la propia víctima103. 
El fundamento de esta agravante reside, pues, en el estado de 
indefensión de la víctima, ya que no es lo mismo defenderse de un 
agresor que de varios. No es necesario que todos los partícipes tengan 
acceso camal, basta que otros concurran a la ejecución material del 
'O3 NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 277. 
DELITOS CONTRA LA INTEGNDAD SEXUAL 
evento, no solamente a su auxilio o preparación, no siendo necesario 
que todos sean penalmente responsables, ya que la incapacidad de 
alguno no hace variar el hecholo". 
Una ayuda remota o distante que sólo facilite la comisión del 
acto por una sola persona, como el préstamo de una habitación, y 
participaciones similares no importan verdaderos actos de ejecución 
y no pueden ser causales de agravamiento, por la ausencia de dos o 
más personas en esa ejecuciónlo5. 
En cuanto al número de personas que deben intervenir, con an- 
terioridad a la reforma de la ley25.087 existían diferentes posturas, 
toda vez que el texto utilizaba la expresión "concurso de dos o más 
personas". 
Así, Soler, Fontán Balestra y ManigotIo6 sostenían que bastaba 
que el autor fuera ayudado por otra persona, pues el verbo "concurrir" 
comprendía tanto al autor como a los cómplices, cuando el delito 
fuese cometido por varias personas, y Núñez entendía que la ley hacía 
referencia a la violación cometida por el sujeto que accede camalmente 
con el concurso de dos o más persona^'^' (es decir, tres en total). 
La primera posición ha sido la escogida por el legislador. En 
consecuencia, debe entenderse que se agrava el abuso si por lo menos 
dos personas lo llevan a cabo, ya sea ambos en calidad de autores, o 
como autor y cómplice. 
7. Agravante por el uso de armas108 
Se agravan las figuras del artículo 119 del Código Penal si el 
autor utilizó armas para su ejecución. El fundamento reside en el mayor 
peligro para la vida de la víctima. 
El legislador entendió que la incorporación de las armas, así como 
el caso de la pluralidad de autores, también tiene relación con un 
aumento de la violencia por parte de los sujetos activos y el peligro 
adicional para la víctima que de ese uso se deriva. Así como la ley 
'O4 ODERIGO, ob. cit., ps. 155 y 507. 
'O5 CREUS, ob. cit., t. 1 , p. 203. 
lo6 SOLER, ob. cit., t. III, p. 300. 
NÚÑEZ, ob. cit., p. 278. 
Io8 Agravante introducida por la ley 25.087. 
distingue entre un ataque contra la propiedad cometido con armas del 
cometido sin armas, así debe distinguirse entre una violación cometida 
con armas, en la cual el peligro para la vida de la víctima es evidente 
y manifiesto, a la cometida sin armas109. 
Como el legislador ha remitido al delito de robo, habrá que tras- 
pasar toda la dogmática allí explicada a esta agravante. En cuanto al 
concepto de armas debe entenderse a todo objeto o instrumento, medios 
o máquinas destinados a ofender o a defenderse. Por lo tanto arma es 
todo elemento capaz de aumentar el poder ofensivo del autor. Esto 
incluye las armas propias e impropiasH0. Pero no será arma, el arma 
de fuego descargada que no funcione, que sea de juguete, ya que no 
existe un real peligro para la víctima. 
Asimismo deberá exigirse un uso efectivo del arma como tal, es 
decir, como amenaza directa a la víctima por lo que no basta para 
configurar la agravante el llevar un arma, o su mera exhibición, en la 
cintura, el bolsillo, o dentro de una bolsa"', sin perjuicio de que la 
conducta se adecue a las figuras básicas de abuso. 
8. Agravante por la calidad del autor: 
personal policial o de seguridad 
Se agrava también el tipo penal cuando el hecho fuere cometido 
por personal perteneciente a las fuerzas policiales o de seguridad, en 
ocasión de sus funciones 
Son fuerzas policiales la Policía Federal y las de las provincias, y 
fuerzas de seguridad la Gendarmería, Prefectura, y Policía Aeronáutica. 
Para la configuración de la agravante, sus miembros deben haber 
abusado sexualmente del sujeto pasivo "en ocasión de sus funciones", 
es decir, mientras se encontraban cumpliendo algún acto o procedi- 
miento dentro de su competencia funcional y territorialH2. 
Entendemos que la agravante, sin duda, tiene su motivo en la si- 
tuación de preeminencia en que se encuentra el agente de seguridad 
'O9 Diario de Sesiones, Antecedentes Parlamentarios de L. L., p. 1615. 
"O DONNA, Derecho Penal. Parte especial cit., la ed., t. 1, ps. 2561257. 
"' TOZZINI, Carlos, Los delitos de hurto y robo, Depalma, Buenos Aires, 1995, 
p. 311. 
I l 2 GAVIER, ob. cit., p. 56. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
respecto del civil, especialmente cuando este Último se halla detenido, 
y además porque está violando un deber específico, que todo funcionario 
policial o de seguridad tiene, de protección a las personas, transformán- 
dolo en un abuso de él. En el caso de autoridades policiales, se condenaba 
por violación agravada en los casos de violación llevada a cabo por 
preventores, cuando la víctima había quedado a su cargo en un móvil 
policial o en la comisaría. De ahí que la ley no hace más que receptar 
lo que ya la jurisprudencia venía sosteniendo hasta la reforma. 
9. Agravante cuando el hecho fuera cometido contra 
u n menor de 18 años, aprovechando la situación 
de convivencia preexistente con el mismo 
La agravante requiere dos condiciones, que sea contra un menor 
de 18 años y que se aproveche de la situación de convivencia pre- 
existente. Debe hacerse notar el mal español usado por nuestros le- 
gisladores, ya que han utilizado "mismo" como sustantivo, cuando no 
es exacta esta utilización. Parecería decir la norma que este "mismo" 
es el menor de 18 años. Quedarían comprendidos en esta nueva hi- 
pótesis aquellas personas que, si bien mantienen una convivencia es- 
table con el grupo familiar, no cumplen funciones de guarda o cuidado 
de la víctima -por ejemplo los hijastros, los parientes que viven bajo 
el mismo techo, el personal doméstico, etcétera-. 
El sujeto activo debe ser mayor de 18 años, debe conocer la edad 
de la víctima y debe convivir con ella, de modo efectivo, al momento 
del hecho. 
En este caso se prevé el aprovechamiento de la situación de cer- 
canía y las consecuentes facilidades que le otorga al sujeto activo esta 
proximidad y relación de confianza con el menor de 18 años. 
VIII. Jurisprudencia 
El tipo delictual de la violación protege la libertad sexual y, aunque 
la víctima o destinataria del atropello no pueda oponer virginidad, 
no es menos cierto que ello no la compromete con el primero que 
quiera llegar al acceso. 
C h . Pen. de Santa Fe, sala 11, 17-9-79, "A., M.", Z. 980-21 -340 
El delito de violación contemplado en el artículo 119 del Código 
Penal no requiere para su configuración la perfección fisiológica 
del acto sexual o el ingreso en el conducto vaginal. 
SCJBA, 11-5-82, "Demichelis, Luis O. y otro", D. J. B. A. 
123-77 
Ha existido violación, ya que si bien no hubo penetración completa 
o perfecta, en cierta medida la hubo, ya que de otro modo no podría 
explicarse el fuerte dolor, aludido por la víctima, la irritación anal 
manifestada por la madre y la dilatación espontánea del esfínter 
con pérdida de tonismo, las escoriaciones y congestión de toda el 
área. 
Cám. Nac. Crim y Correc., sala VI, 25-9-81, "Rubio, A. A.", 
BCNCyC, 98 1 -X-235 
El acceso carnal por vía anal, del que resultó víctima un menor 
varón, configura el delito de violación en concurso ideal con 
corrupción; sin que tenga relevancia, con respecto a la primer 
figura que la penetración no haya sido completa o que la eya- 
culación no se hubiera concretado en el interior de la cavidad 
rectal. La conducta del procesado tuvo entidad más que suficiente 
para desviar de su normal cauce el natural instinto sexual del 
menor víctima, cuyo estudio médico psiquiátrico no permite in- 
ferir que de su parte haya existido falta de comprensión de lo 
ocurrido, con imprevisibles consecuencias futuras sobre su co- 
rrecto sentido de la moral sexual. 
Cám. Nac. Crim. y Correc., sala 11, 27-6-80, "Rodríguez, Ra- 
món", BCNCyC, 980-X-237 
El Código Penal, al introducir en el inciso 3' del artículo 119 la 
palabra intimidación, está demostrando que no pretende de los su- 
jetos pasivos de este delito resistencias de grado tal que causen un 
daño físico, sino que por el contrario, acepta que una mujer con 
el fui de conservar su integri&d física decline de su libertad sexual 
y admta que un hombre la posea de hecho. 
C h . Nac. Fed. Crim. y Correc., sala 1, 26-2-80, "Suárez, Luis 
M. y otros", J. A. 980-11-309 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
Si frente al anuncio de un mal objetivamente débil, la víctima se 
atemorizó en forma incluso reprochable, la intimidación existe y 
configura el tipo de la violación. 
C h . Nac. Crim. y Correc., sala 1, 14-8-90, "Retamozo, Héctor 
A,", L. L. 1992-A-256, J. A. 1991-1-604 
En la violación, la intimidación sobre la víctima debe contemplar 
el efectopsicológico sobre ella, pudiendo presentarse la amenaza 
mediante palabras, señales o actos en forma oral o por mímica, de 
manera que afecten la capacidad de elección del sujeto, coartando 
su libertad. 
Cam. Nac. Crim. y Correc., sala VI, 30-8-91, "Veira, Héctor R.", 
L. L. 1992-B-58, D. J. 1992-1-67, J. A. 1991-IV-345, E. D. 
144-326 
En el caso de una acusación altemativa o subsidiaria, resulta inco- 
rrecto y amesga un planteo de múltiple juzgamiento o de error 
lógico en la fundamentación, examinar por separado ambas impu- 
taciones y contener dos dispositivos distintos, incluso de signo con- 
trario, para cada una de las imputaciones. Ello no se da cuando el 
hecho histórico es el mismo, y la diferencia sustancial radica en el 
modo en que se desarrolló la conducta que incorpora un nuevo 
ingrediente -en el caso, uso de estupefacientes- para lograr un fin 
diferente -vencer la resistencia para lograr el acceso carnal-, lo 
que arrojó un resultado de muerte. 
Cám. 2" Crim. de Catamarca, 27-2-98, "Luque, Guillermo D. y 
otro", L. L. 1998-D-89 1 (40.700-S), NOA, 1998-3-94 
La objetividad material del delito de violación está constituida por 
el acceso carnal obtenido mediante violencia; mientras que para 
que se configure el delito de abuso deshonesto previsto en el artículo 
127 del Código Penal, deben darse las características de la violación 
excepto el núcleo de la acción, es decir, sin que haya acceso camal. 
C h . Nac. Casación Penal, sala 111, 19-1 1-98, "Bronsztein, 
Daniel E.", L. L. 1998-F-692 
La regla del artículo 78 del Código Penal se refiere a la violencia 
física o "vis absolilta" y no a la moral o "vis compulsiva". Ello es 
así pues los hipnóticos o narcóticos a que se refiere la norma eli- 
minan la voluntad, incluso en los grados mínimos necesarios para 
la acción, lo que no es compatible con la coacción, donde la voluntad 
del coacto subsiste (en el caso, los estupefacientes fueron suminis- 
trados a la víctima para facilitar su violación). 
C h . 2" Crim. de Catamarca, 27-2-98, "Luque, Guillermo D. y 
otro", L. L. 1998-D-891 (40.700-S), NOA, 1998-3-94 
Corresponde aplicar el máximo de la pena a quien abusó de una 
menor de ocho años introduciéndole el miembro viril por la vía 
bucal, en razón de la forma de comisión de los hechos, el daño 
producido y el actuar del procesado bordeando dos tipos penales: 
la violación y la corrupción (del voto del doctor Donna). 
Cám. Nac. Crim. y Correc., sala VI, 26-4-89, "Tiraboschi, Julio 
E.", D. J. 1990-1-546, J. A. 1989-IV-74 
Resistencia 
Hay violación si sobre la víctima de 19 años, los autores participaron 
en el acceso camal no obstante la oposición material y moral de 
aquélla, suficientemente demostrativa de su intolerancia al ataque 
sexual de que era objeto (en el caso el delito concurre materialmente 
con los de rapto y atentado contra la libertad individual y estos 
últimos entre ellos en concurso ideal). 
Cám. Fed. de La Plata, sala 11, Penal, 29-6-82, "R., F. del V. y 
otro", L. L. 1982-D-298 
Para la configuración del delito de violación es preciso que la re- 
sistencia de la mujer que a f m a haber sido violentada, se haya 
manifestado con gritos o actos de fuerza que verdaderamente de- 
muestren en ella una voluntad opuesta a la de su atacante; no basta 
que se haya limitado a decir que no quiere, dejando luego que el 
hombre satisfaga su deseo sin resistírsele. 
Cám. Nac. Crim. y Correc., sala 1, 1 1-10-79, "I., H. E. y otro", 
J. A. 980-111-247 
La intimidación en el delito de violación se provoca por el anuncio 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
de un mal, un daño que infunda miedo y doblegue la resistencia 
de la víctima, debiendo atenderse a las circunstancias de cada caso. 
Cám. Nac. Crim. y Correc., sala 1, 14-8-90, "Retamozo, Héctor 
A,", L. L. 1992-A-256, J. A. 1991-1-604 
La resistencia de la víctima requerida para la configuración del 
delito de violación no debe ser necesariamente heroica, desesperada 
o hasta la muerte, en tanto es dable aceptar que la mujer decline 
su libertad sexual con el fin de conservar su integridad física y en 
tales circunstancias soporte que un hombre la posea de hecho. 
Cód. Pen. de Vera, 4-3-97, "G., J. L.", L. L. Litoral 1997-1 179 
La tipificación del delito de violación, que establece el artículo 
119, inciso 1" del Código Penal, surge cuando el imputado tuvo 
acceso camal con una menor de doce años, siendo irrelevante a 
los fines penales que la menor haya o no prestado su consentimiento 
para la realización del acto sexual, por cuanto dicho consentimiento 
carece de validez para declarar impune el acto por razones de in- 
madurez psíquica, o sea, que el tipo penal se integra sólo con la 
existencia del acceso camal y la minoridad de la víctima. 
Cám. 5" Crim. de Córdoba, 27-5-83, "G., P. S.", L. L. C. 984-746 
(62-R) 
El dolo de violación no es extraño al dolo del abuso deshonesto, 
pues media entre ambas figuras suficiente afinidad ontológica y 
porque en todos los casos el dolo del agente no se extiende sólo 
al resultado especial o más grave, sino que comprende también los 
otros que él sabe medios indispensables para conseguir el fin de- 
seado. 
Cám. Nac. Com. y Correc., sala V, 3-4-8, "Garnica, B.", 
BCNCyC 981-V-101, J. A. 981-111-212 
Si el marido de quien se había separado de hecho la mujer, al 
encontrar a ésta en la vía pública la llevó a la fuerza a una cantera 
próxima y allí la golpeó produciéndole lesiones y la obligó a man- 
tener repetidos accesos carnales, esta conducta encuadra en el ar- 
ticulo 119, inciso 3" del Código Penal, porque es ofensiva de la 
libertad o reserva sexual de la víctima, desde que ésta tenía derecho, 
al no mediar intimación judicial de volver al hogar, a no ser forzada 
a mantener relaciones carnales con el autor. 
TS de Córdoba, Sala Crim. y Correc., 2- 10-78, "C., J. D.", supl. 
L. L. 979-92 
No obstante que el procesado admitió haber tenido relaciones se- 
xuales con la víctima, y porque sus dichos se hallan corroborados 
por las imputaciones de ésta y por las manifestaciones de los co- 
procesados, la falta del conocimiento preciso y actualizado de uno 
de los elementos del tipo del artículo 120 del Código Penal (creía 
que la damnificada tenía 15 ó 14 años), excluye el dolo, razón por 
la cual debe ser absuelto del delito de violación que se le imputa~a. 
Cam. Nac. Crim. y Correc., sala 1, 29-8-80, "Fontana, M. O.", 
BCNCyC, 980-X-236 
1. Para calificar un hecho como tentativa de violación, debe poderse 
establecer que el propósito del agente era el acceso camal en el 
que la violación consiste y no simplemente en un torpe desahogo, 
cosa no infrecuente y que hace encuadrar el hecho como abuso - 
deshonesto consumado. 
2. La figura correspondiente es la violación, pero no consumada sino 
tentada si el procesado no obró con el fin de satisfacer lascivamente 
su necesidad sexual, sino con el manifiesto propósito de acceder a 
la víctima, es decir, no con lo que constituiría el dolo del abuso 
deshonesto, que excluye el acceso carnal, sino con lo que sena dolo 
de la violación ... Que no haya concretado el inter criminis en toda 
su extensión, no cambia el tipo penal, menos aún, cuando demostrado 
está que el cese de la acción delictiva no se debió a su propia voluntad, 
sino a algo ajeno a ella, a la eyaculación prematura, que al parecer 
lo dejara exhausto sexualmente, a punto tal que no siguió insistiendo 
en su repudiable proceder. Es de convenir entonces que el procesado 
de ser imputable, habría sido autor de tentativa de violación. 
Cám. Nac. Crim. y. Correc., sala V, 3-4-81, "Garnica, B.", 
BCNCyC 981-V-101, J. A. 981-111-212 
Los tipos penales de violación, abuso deshonesto, exhibiciones obs- 
cenas, no son tipos penales remanentes, es decir que, cuando no 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
se dé la corrupción se darán aquéllos, sino que, jurídicamente tienen 
distinta conceptualización y diferentes dolos. 
C h . Nac. Crim. y Correc., sala I,23-11-90, ''Servidio,Vicente 
M.", L. L. 199 1 -E-628 
1. La figura contemplada en el artículo 119, inciso 3" del Código 
Penal se comienza a ejecutar cuando el individuo pone manos o 
intimida al sujeto pasivo en grado tal que incide sobre la determinación 
de la presunta víctima, con el ostensible propósito de someterla a 
trato camal. Si no llega a consumar el hecho por la resistencia opuesta 
por la víctima o por razones ajenas a su voluntad el hecho debe 
quedar en el terreno de la tentativa (art. 42, Cód. Pen.). 
2. No son simples actos preparatorios de carácter libidinoso, sino 
que importa tentativa de violación al pretender mediante violencias 
mantener acceso camal con la víctima si está demostrada la voluntad 
de yacer y el hecho no fue consumado por la resistencia que opuso. 
Cam. 2" Crim. de Mercedes, San Luis, 23-5-80, "Morales, Rey- 
naldo M.", J. A. 982-1-388 
Quien está en condiciones de insistir, se halla también en condi- 
ciones de desistir, de lo que se sigue, que no puede excluirse el 
efecto exculpante del desistimiento de la tentativa de una violación 
-sin perjuicio de la tipicidad subsidiaria o residual que puede llegar 
a quedar nerfecta- si no cabe rechazar la posibilidad de que tras 
producida una eyaculación interfemora, el agente se halle en con- 
diciones de lograr, en el mismo contexto de acción, su propósito 
final. 
Cam. Nac. Crim. y Correc., sala V, 3-4-81, "Gamica, B.", 
BCNCyC 981-V-101, J. A. 981-111-212 
EL DELITO DE ESTUPRO' 
SUMARIO: 1. Disposición legal. 11. Concepto. 111. Antecedentes nacionales. IV. Análisis 
del tipo de estupro del Código de 1922. 1. Bien jurídico protegido. 2. El tipo penal. 
a) Tipo objetivo. a. 1) Acceso camal. a.2) Sujeto activo. b) Sujeto pasivo. b.1) La 
seducción. V. El tipo penal de "estupro" según la ley 25.087. 1. Bien jurídico 
protegido. VI. El tipo penal. 1. Tipo objetivo. a) Abuso sexual gravemente ultrajante 
o acceso camal. b) Sujeto activo. c) Sujeto pasivo. c.]) La seducción. Clases. c.2) El 
sistema actual. c.3) El aprovechamiento. 2. Tipo subjetivo. a) Casos de error. VII. 
Consumación y tentativa. VIII. Acción penal. Pena. IX. Agravantes. X. Concurso 
con otros delitos. XI. Jurisprudencia. 
1. Disposición legal 
El artículo 120 del Código Penal, modificado sustancialmente por 
la ley 25.087 reemplaza al que, en los textos anteriores, la doctrina 
denominaba "estupro". 
El tipo penal castiga a quien realiza alguna de las acciones previstas 
en el 2" y 3" párrafos del artículo 119, con una persona menor de 16 
años, aprovechándose de su inmadurez sexual, en razón de la mayoría 
de edad del autor, su relación de preeminencia respecto de la víctima 
u otra circunstancia equivalente, siempre que no resulte un delito más 
severamente penado. 
Las circunstancias agravantes son las vistas precedentemente: por 
el resultado, en razón del parentesco, por la existencia de enfermedad 
' Esta rúbrica, como todas las del título, ha sido eliminada, legislándose el tipo 
penal en el art. 120 del Cód. Pen. 
transmisible sexualmente en el sujeto activo, por la comisión por miem- 
bros de las fuerzas policiales o de seguridad, o por convivencia. 
11. Concepto 
El estupro, en la nueva redacción del tipo penal, comprende con- 
ductas que giran sobre dos ejes: primero, la seducción de la víctima 
menor de 16 años, que debido a su inmadurez sexual presta consen- 
timiento para el acto. Y en segundo lugar, la mayoría de edad del 
autor, aclarando que por tal vamos a entender mayoría de edad legal, 
o sea 21 años, y no mayoría de edad con respecto a la víctima, que 
sería otra interpretación posible, pero fuera de contexto y en principio 
analógica. Por ende estamos en el ámbito del estupro con seducción 
real. 
De todas formas, sigue vigente que al ser el abuso, consentimiento 
mediante, por la seducción de la víctima menor de 16 años, se distingue 
este tipo penal de las figuras del artículo 119 del Código Penal que 
tienen como base la violencia, ya sea real o presunta2. 
.I 
111. Antecedentes nacionales 
A partir del Proyecto Tejedor que en su artículo 254, Libro 11, 
Sección Primera, Título 111, preveía pena de tres años de prisión cuando 
la violación recayera sobre mujer honrada. Posteriormente, el Código 
de 1886, en el artículo 130 hablaba del que estuprare a una mujer 
virgen, mayor de 12 años y menor de 15, empleando seducción, y el 
proyecto de Piñero, Rivarola y Matienzo fue el que estableció la fór- 
mula que estaba vigente en el Código, sacando la palabra seducción. 
Afirmaban lo siguiente: "Las modificaciones que al respecto proyec- 
tamos consisten: Primero en sustituir la palabra virgen que califica a 
la mujer mayor de 12 y menor de 15, víctima del delito, con la voz 
'honestidad'. La virginidad es una condición muy difícil de comprobar 
y, tomando el término en su significado técnico puede existir o no 
existir en la mujer más casta e inocente. En efecto, si oímos a los 
médicos legistas, la rotura del himen, indicio de la pérdida de la vir- 
* NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 285; CREUS, ob. cit., t. 1, p. 207. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
ginidad, puede ocunir por cualquier accidente y es posible también 
que no se efectúe en el acceso camal. Entretanto lo que la ley se 
propone amparar es la honestidad de las mujeres menores de 15 años. 
En consecuencia ésta debe ser la condición exigible en la víctima del 
atentado. Segundo en suprimir la cláusula 'empleando la seducción' 
que implica el medio de cometer el delito. Esa cláusula es vaga y 
susceptible de originar dudas, o alude a los engaños, a las maquina- 
ciones de que se haya valido el estuprador. La ley no necesita mencionar 
estos medios, porque el hecho no puede ejecutarse por otros, desde 
que no se debe suponer que la mujer honesta, menor de 15 años sea 
capaz de consentir en ser prostituida, sino que ha cedido a los halagos 
y artificios del seductor, y desde que, si el culpable empleara la fuerza 
o el miedo o si la ofendida se hallara privada de razón o de sentido 
o en la imposibilidad3 de consentir el acto, importaría violación". Es 
decir, nuestro legislador, como no sabía los antecedentes que habían 
llevado a la conformación del delito de estupro, de un plumazo volvió 
al Código de 1886, con lo cual demostró, primero, la ignorancia, y 
segundo, que para ser progresista en esta materia hay que saber Derecho 
Penal. Su confusión radicó en la palabra "honesta", no dándose cuenta, 
tal como lo vamos a hacer notar, todo lo que la doctrina y la juris- 
prudencia habían dicho sobre este punto, que aclaraba suficientemente 
el tema, como para poder reformarlo, pero hacerlo con más claridad 
que lo hecho por la ley 25.087. 
IV. Análisis del tipo de estupro del Código de 1922 
Explicaremos en este punto el delito de estupro, tal como la doc- 
trina y la jurisprudencia lo habían delimitado con anterioridad a la 
reforma, a los efectos de poder entender qué ha querido hacer el le- 
gislador con la sanción de la ley 25.087, tarea altamente dificultosa 
dada su incapacidad para transmitir las ideas. 
1. Bien jurídico protegido 
El bien jurídico que se pretendía salvaguardar era la honestidad 
Páginas 139 del proyecto, y 41 1 del Digesto de Codificación Penal Argentina, 
coord. por Zaffaroni y Arnedo. 
sexual, entendida ésta como la reserva sexual, basada en la inex- 
periencia de la mujer". 
Se entendía que la honestidad sexual, por tener una vinculación 
muy íntima con la evolución biológica del individuo, adoptaba mo- 
dalidades diferentes con relación a las etapas de su desarrollo. Así, 
frente al sexo, no era igual la actitud de la persona cuando era impúber 
que cuando había llegado a la adolescencia o a la adultez. 
La inocencia y la. inexperiencia, dentro de la edad que fijaba el 
Código Penal, eran las condiciones que requería la ley para dar un 
concepto medio de la honestidad. La inocencia hacía presumir la inex- 
periencia. 
La ilicitud que se castigaba, en el fondo, era que el consentimiento 
que se había dado resultaba ineficazdebido que la víctima, por su 
estado de inocencia y falta de experiencia sexual, no había podido dar 
un consentimiento que abarcara todas las consecuencias del acto. En- 
tonces, no había duda de que se protegía la libertad sexual de la víctima, 
ya que el consentimiento estaba viciado, y el autor se había aprovechado 
del vicio que radicaba en la inexperiencia sexual de la víctima5. 
Es decir, se castigaba un acceso carnal cuya ilicitud encontraba 
fundamento en la temprana edad y en la inexperiencia de la víctima6. 
Además, la ley se refería a la honestidad; cuando expresaba "mujer 
honesta". Nuestra doctrina mayoritaria sostenía que honesta era la mu- 
jer sin experiencia sexual, por ello se decía que el bien protegido era 
la inexperiencia sexual de la mujer7. 
2. El tipo penal 
a ) Tipo objetivo 
a.1) Acceso camal 
El concepto de acceso camal era la base del tipo penal, entendido 
éste como la conjunción sexual lograda por la vía de la seducción. 
NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 287. 
' CARMONA SALGADO, ob. cit., p. 286. 
En, igual sentido Creus (ob. cit., t. 1, p. 207). 
' NUÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 287; SOLER, ob. cit. t. 111, ps. 302 y SS. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
La remisión expresa del artículo 120 al 119, llevaba sin dudas al con- 
cepto de acceso carnal. La letra expresa de la ley excluía el acceso 
camal entre varones, ya que la ley determinaba que sólo lo podía ser 
la mujer honesta. 
Encuadraba en el concepto de acceso camal la relación vía va- 
ginal, pero se discutía si la vía antinatural (anal) era apta para que 
dicho acceso camal encuadrara en el tipo penal de estupro. Así, 
parte de la doctrina8 consideraba que no había estupro cuando el 
acceso camal se realizaba por vía anal, toda vez que dejarse acceder 
por otras vías presuponía deshonestidad en la víctima, lo que des- 
truiría uno de los elementos esenciales del tipo. Otros autoresg fun- 
damentaban la ausencia de estupro cuando el acceso camal era por 
vía antinatural en que "el hecho de que el estupro sólo se cometiera 
con mujer, inducía a pensar que se había estructurado sobre la base 
fisiológica distintiva del hombre y la mujer, pues sólo ella poseía 
la vía propia para el acceso carnal. De otro modo, también el varón 
debería poder ser víctima de estupro; sin embargo la ley sólo con- 
sideraba como víctima posible, a la mujer. Si el varón, entre 12 y 
15 años, honesto, fuese accedido carnalmente, el hecho habría podido 
subsumirse en el artículo 125 del Código Penal. Ante tal desprotec- 
ción de la mujer en dos casos llevados a cabo en iguales condiciones 
era más justo pensar que ante el acceso carnal, vía anal, la mujer 
sería víctima de corrupción, al igual que el hombre". 
Sin embargo, NúñezI0 sostenía que el acceso carnal realizado por 
vía anal del hombre a la mujer, podía configurar estupro. El fundamento 
de ello era que nada se oponía a que la víctima sea una menor sin 
experiencia en asuntos sexuales y que, por ello, aceptara como naturales 
cosas que no lo son. Sin embargo, la razón principal se encontraba 
en la ley, que admitía la posibilidad de la honestidad frente a todas 
las formas de acceso del artículo 119 siempre que lo sufriera una 
mujer. 
FONTAN BALESTRA, Carlos, Delitos sexuales, Depalma, Buenos Aires, 1945, 
p. 1 13. Tratado de Derecho Penal cit., t. V, p. 102. 
LÓPEZ BOLADO, Jorge, Los médicos y el Código Penal, Universidad, Buenos 
Aires, 1981, ps. 1001101. 
lo NÚÑEZ, ob. cit., p. 288. 
La penetración por vía bucal Vellatio in ore) no encuadraba 
dentro del tipo penal de estupro, sino que se desplazaba al abuso 
deshonesto y eventualmente a la corrupción1'. 
a.2) Sujeto activo 
Sujeto activo del delito podía ser el varón, ya que sólo el hombre 
era quien podía acceder carnalmente a la víctima y sostiene Núñez 
que la doctrina era en su momento unánime12. El varón, entonces, 
cualquiera sea su edad, realizaba el tipo de estupro y, por consiguiente, 
era sujeto activo de este delito si consumaba el acceso camal en las 
condiciones del artículo 120. 
Sin embargo, se plantea el problema, ya tratado en el capítulo de 
"Violación", de si éste delito es un delito de propia mano. Según cuál 
sea la respuesta, se podrá mantener la idea de que sólo el hombre 
puede ser autor del estupro, o si también puede serlo el autor de atrás. 
Ejemplo de este último caso es el de la mujer que se vale de un 
inimputable para acceder carnalmente a una mujer -honesta- mayor 
de 12 y menor de 15 años, o la mujer que se vale del error de un 
tercero a los fines de lograr el acceso carnal. También la mujer que ' 
por envidia ayuda a la seducción o directamente seduce y entrega a 
la víctima a un tercero, son clásicos ejemplos que la doctrina argentina 
sancionaría como cómplices, cuando en realidad la persona de atrás 
es el real autor. 
Consideramos que no hay razón para considerar al estupro como 
un delito de propia mano, remitiéndonos a los argumentos dados al 
explicar el tema en el delito de violación. 
b) Sujeto pasivo 
Los tres requisitos que se exigían para el delito de estupro con 
respecto al sujeto pasivo eran que fuera una mujer, entre 12 y 15 años 
de edad, que ésta fuera honesta y que existiera seducción, basada en 
ese carácter de la mujer. 
l 1 "Tiraboschi, J.", aunque en este caso la víctima era menor de 12 años de edad, 
causa 17.415, Boletín de Jurisprudencia, año 1989, No 2; "Blanco, N.", causa 27.523, 
Boletín de Jurisprudencia, año 1983, No 4, p. 158. 
l2 NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 289; SOLER, ob. cit., t. 111, p. 301. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
E1 Proyecto Tejedor y el Código de 1886, en su artículo 130, 
exigían que la mujer fuera "virgen", entendiendo la virginidad como 
un estado físico de la mujer que se refería a la entereza de su órgano 
sexual por no estar roto su himen. Rivarola, Piñero y Matienzo habían 
criticado, al elaborar su proyecto de Código de 1891, al sistema de 
la ley entonces vigente, demostrando que la exigencia de la virginidad 
presentaba el inconveniente de que, en ciertos casos, ella puede faltar 
por efecto de un mero accidente y sin que haya mediado acceso camal, 
en otros, en cambio, puede subsistir a pesar de haber mediado acceso 
camal, en los casos de hímenes complacientes. Era la virginidad un 
elemento de juicio demasiado falaz como para ser erigido en elemento 
constitutivo de un delito de la gravedad del estupro. Por ello, se re- 
emplazó la condición de "virginidad" por la de "hone~tidad"'~. 
La honestidad de acuerdo a la estructura del Código Penal era un 
elemento normativo del tipo que debía ser probado y comprendido 
por el dolo del autor. Se trataba de un "estado moral de inexperiencia 
o de incontaminación sexual de la mujer, determinable por su con- 
ducta"I4. Y este punto es importante porque la ley no exigía que la 
mujer desconociera lo relativo al sexo. Bien podía ser que la víctima 
tuviera instrucción del tema y, sin embargo, ser víctima de este delito. 
En palabras de Núñez, el artículo 120 no amparaba sólo a las menores 
cándidas sino también a las advertidas, pero sin experiencia en el trato 
sexual y no corrompida^'^. 
Sobre esta base se afirmaba que seguía siendo honesta la mujer 
violada, ya que mantenía su desconocimiento sobre lo sexual y no 
porque mantuviera incólume su situación moral, como indebidamente 
se afirmaba, debido a que "mujer honesta" era la que no había tenido 
acceso camal con un hombre, voluntariamente16. 
Consecuentemente, se sostenía que no hay estupro de mujer ca- 
sada", divorciada o viuda, mayor de 12 años y menor de 15, ya que 
l 3 SOLER, ob. cit., t. 111, ps. 302 y SS.; NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, ps. 292 y SS. 
l4 NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 292; CREUS, ob. cit., t. 1 , ps. 208í209. 
l5 NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 292. 
l6 GONZÁLEZ ROURA, Manual de Derecho Penal, 2a ed., p.106; MORENO, 
t. IV, p. 25 1 . 
l7 GOMEZ, ob. cit., t. 111, p. 137; MORENO, ob. cit., t. IV, p. 252. 
ésta tenía experiencia en lo sexual, salvo casos en los que se demuestreque no ha tenido relación sexual y mantiene su inexperiencia1*. Por 
eso era deshonesta, para el Código Penal, la mujer que carecia de 
inocencia en la práctica sexual, como la que carecia de ella por la 
profanación de la conducta, al decir de Núñezlg. 
Como era un elemento del tipo, la honestidad no se presumía, de 
modo tal que debía ser probada. Para ello debía apreciarse la conducta 
de la menor anterior al hecho, sus costumbres, etcétera. Sin embargo, 
no debía confundirse este extremo con las creencias religiosas o morales 
del juzgador, sino que se analizaba la inexperiencia sexual de la víc- 
timaz0. 
b.1) La seducción 
La sustitución de "mujer virgen" por "mujer honesta" aludida, le 
daba al estupro carácter de un acceso camal logrado mediante "se- 
ducción presunta", entendiéndose a ella como la presunción de la ley, 
juris et de jure, de que la víctima por su inexperiencia cede seducida 
por la propia naturaleza del acto sexual. Así, CarraraZ1 decía que "la 
seducción presunta por las condiciones del sujeto activo y por sus 
relaciones con la mujer, se encuentra en todos aquellos casos en que 
el hombre, sin llegar a actos que constituyan verdadera violencia moral 
o física, abusa de alguna situación de autoridad que le da cierto imperio 
sobre la mujer para hacerla consentir a sus deseos". 
Lo expuesto significa que el tipo penal, dándose las condiciones 
de edad y honestidad, presumía que la víctima, por su inexperiencia, 
cedía seducida por la propia naturaleza del acto, y no por el engaño 
del sujeto activo. 
Creus afmaba que la exigencia de honestidad reemplazaba la 
exigencia de la seducción, de modo que aunque esa modalidad no 
exista igual se dará el delito de estupro. 
l 8 CREUS, ob. cit., t. 1 , p. 209. 
l9 NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 293. 
20 NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 294. 
21 CARRARA, ob. cit., $ 1501. 
V. El tipo penal de "estupro" segun la ley 25.087 
1. Bien jurídico protegido 
Con la supresión del elemento "mujer honesta" del tipo penal del 
estupro, queda claro que la ilicitud que se castiga es que el consen- 
timiento que se ha dado resulta ineficaz, debido a que la víctima, por 
su estado de inmadurez sexual, falta de experiencia sexual y seducción 
real del autor, no ha podido consentir de manera válida, porque no ha 
podido comprender la significación del acto. 
De la lectura de la Exposición de Motivos, surge una especie de 
escándalo de nuestros legisladores con la expresión "mujer honesta" 
que si se hubiera entendido con la acepción dada por la doctrina y 
jurisprudencia ya mencionadas, se podría haber reformado el artículo 
con cierta coherencia. A nuestro juicio se protege entonces ya no a 
la mujer sino a cualquier persona, entre 13 y 16 anos, que por su 
inmadurez sexual y la seducción del autor no puede comprender la 
real significación del acto. 
En este sentido se tiende a una protección esencialmente "indi- 
vidualista" del nuevo Derecho Penal sexual, siendo ésta la que entiende 
que la protección de menores es también protección de la libertad 
individual. Así, se dirá que en los preceptos de protección de la juventud 
se atiende, de modo inmediato, a la protección del individuo que, por 
ser inmaduro, todavía no puede decidir por sí mismo, intentándose, 
no lograr su desarrollo de acuerdo a las valoraciones éticas o necesi- 
dades sociales, sino garantizar un área de protección de modo que el 
acuñamiento de las ideas sobre la conducta sexual del joven quede 
reservado a él mismo una vez conseguida la madurez22. 
Entonces, no hay duda de que se protege la libertad y la confor- 
mación sexual de la víctima, ya que el consentimiento está viciado, 
y el autor se ha aprovechado del vicio que radica en su inexperiencia 
sexualz3. 
De todas formas sigue vigente lo dicho anteriormente sobre el 
bien jurídico protegido. 
22 DIEZ RIPOLLES, ob. cit., ps. 234/235. 
23 CARMONA SALGADO, ob. cit., p. 286. 
VI. El tipo penal 
1. ?'+o objetivo 
a) Abuso sexual gravemente ultrajante o acceso camal 
El tipo penal remite directamente a los conceptos de abuso sexual 
gravemente ultrajante o mediante acceso camal, que son la base del 
tipo penal cuando se cometan mediante la seducción con un mayor 
de 13 años y menor de 16. 
Para el desentrañamiento del concepto de estos elementos remi- 
timos a lo dicho anteriormente. 
Dichas conductas no deben haberse producido bajo ninguna de 
las modalidades comisivas enumeradas en el inciso lo del artículo 119, 
pues su presencia convertiría las conductas en abuso sexual agravado 
o violación. 
b) Sujeto activo 
Sujeto activo puede ser tanto el hombre como la mujer. Sin em- 
bargo en el caso de acceso camal, el sujeto activo del delito sólo a 
puede ser el varón, ya que sólo éste es quien puede acceder camalmente 
a la víctima, pues es quien puede introducir su órgano sexual dentro 
del de la mujer. 
Sobre la discusión de si la mujer podría ser autor, remitimos a 
los argumentos dados al explicar el tema en el delito de violación. 
En ambos casos, el sujeto activo deberá ser mayor de 21 años de 
edad, dado que es expreso el texto de la ley cuando afirma "en razón 
de la mayoría de edad". Sin embargo la mala redacción del artículo 
puede dar pie a otra interpretación en el sentido de que sea mayor de 
edad con respecto a la víctima. Y esto parece ser lo que quiso decir 
la diputada Carrió cuando expresó, hablando del aprovechamiento de 
la inmadurez sexual: "En razón a una diferencia de edad significativa 
que implica una relación de predominio o ascendencia, y no aquellas 
situaciones en las cuales existe una relación sexual libremente con- 
sentida y deseada entre jóvenes". Quedémonos en esta fiase y se verá 
nuevamente cómo una cosa es lo que piensan y otra cosa es lo que 
escriben, porque la ley dice "aprovechamiento de inmadurez sexual 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
en razón de la mayoría de edad del autor". Y no se le puede escapar 
a cualquier persona, salvo a nuestros diputados, que puede haber apro- 
vechamiento sexual de un menor entre 13 y 16 aÍios por otra persona 
de la misma edad, y que no sería una relación sexual libremente con- 
sentida y deseada entre jóvenes. Queda claro entonces que dogrnáti- 
camente debe entenderse que sujeto activo es aquella persona mayor 
de 21 años que aprovecha la inmadurez de la víctima, en base a su 
relación de preeminencia para poder abusar sexualmente de ella. 
c) Sujeto pasivo 
Los tres requisitos que se exigen para el delito de estupro con 
respecto al sujeto pasivo, son: que sea mayor de 13 y menor de 16 
años; que sea sexualmente "inmaduro", y que exista seducción, basada 
en ese carácter del sujeto pasivo. 
Podrá ser sujeto pasivo del delito de estupro tanto el hombre como 
la mujer, pues la ley nada dice al respecto. 
El menor deberá tener 13 años cumplidos, pero no haber cumplido 
los 16. 
Si no cumplió los 13 años encuadra dentro de las figuras del 
artículo 119, tercer párrafo. En cambio, si la víctima fuese mayor de 
16 y no se dieran los extremos del artículo 119, el hecho sería impune 
por a t i~ ic idad~~. 
La mujer deberá además ser "inmadura sexualmente". La reforma 
introducida por la ley 25.087 suprimió la expresión "mujer honesta", 
exigiendo ahora, respecto del sujeto pasivo, su inmadurez sexual, de 
la que el autor se aprovecha para consumar el delito. 
Villada sostiene que el sujeto pasivo debe carecer de conocimiento 
y práctica de carácter sexual que le permitan razonablemente realizar 
actos abusivos o carnales de parte del sujeto activozs. 
Sigue vigente que lo relevante no es la instrucción o los conoci- 
mientos del tema, sino su desconocimiento real o práctico sobre la 
materia. Será inmadura sexualmente la mujer violada, ya que mantiene 
su desconocimiento sobre lo sexual, y no la mujer casada, divorciada 
24 SOLER, ob. cit., t. 111, p. 302. 
25 VILLADA, ob. cit., p. 74. 
o viuda mayor de 13 años y menor de 16, ya que ésta tiene experiencia 
en lo sexual, salvo casos en los que se demuestre que no hatenido 
relación sexual y mantiene su inexperiencia. 
Advierten Gavier y Buompadre que el término "inmadurez sexual" 
es una expresión impropiamente utilizada por la ley, teniendo en cuenta 
que el término inmadurez, en su acepción jurídico-penal, alude a la 
falta de desarrollo de las facultades intelectuales como para comprender 
la naturaleza de los actos realizados por el autor, y que el límite entre 
la madurez y la inmadurez sexual fue fijado por la propia ley a los 
13 años: a partir de esa edad podría hablarse de ingenuidad o inex- 
periencia sexual pero no de inmadurez. De todas formas insistimos 
que inmadurez sexual es falta de experiencia en lo sexual, pero en el 
sentido de aquella persona que no comprende la significación última 
del acto, aunque puede conocerla intelectualmente. 
Como es un elemento del tipo, la inmadurez no se presume, de 
modo tal que deberá ser probada por la acusación, y de acuerdo a la 
sana crítica. 
c. 1) La seducción. Clases 
"Seducir" proviene del latín seducere, entre cuyas varias acepcio- 
nes figura la de atraerse, llevarse, llevar consigo o con uno. En nuestro 
idioma, puede entenderse el engañar con maña y viveza, o como el 
conjunto de artificios y halagos desplegados por el seductor que hacen 
que la víctima, a raíz de su propia inexperiencia, ceda al acto sexual. 
La otra acepción puede ser "conseguir sexualmente a una persona 
mediante mañas o engaños". Como decía Torrentes, "Lo de seducir 
doncellas tenía cierto valor en otros tiemposflZ6. En sentido jurídico, 
la seducción verdadera tiene por sustrato indispensable el "engaño". 
La doctrina clasifica Ia seducción en sus dos formas: la presunta 
y la real. 
Como N ú ñ e ~ ~ ~ - ' señala, la diferencia entre seducción real y se- 
ducción presunta es que en la primera, el autor debe lograr el acceso 
26 SECO, Manuel; ANDRÉS, Olimpia y RAMOS, Sabino, Diccionario del es- 
pañol actual, Aguilar, 1999, t. 2, p. 4057. 
26-' NÚÑEZ, ob. cit., p. 292. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
engañando o persuadiendo a la víctima, debiendo probarse el engaño 
o la persuasión. En cambio en la seducción presunta, la ley presume 
juris et de jure que la víctima, por su inexperiencia, cede seducida 
por la propia naturaleza del acto. 
Según nuestro criterio, y más allá de las explicaciones históricas 
que daban la razón a la posición de Núñez en el texto anterior, en el 
sentido de que se exigía la seducción presunta, habíamos afirmado 
que una correcta forma de legislar este delito sería que se admitiera 
la seducción real, en el sentido de que el autor se hubiese aprovechado 
de la falta de experiencia en lo sexual de la menor víctima, a fin de 
respetar el principio de legalidad y culpabilidad, y actualizar la figura 
a limites más racionales2'. 
Ello, pues el sistema vigente hasta la reforma acarreaba una ficción 
sumamente problemáticas, cual era suponer que de la honestidad (inex- 
periencia) de una mujer que accedía al trato sexual, a una determinada 
edad, podía presumirse la seducción. 
La jurisprudencia, advirtiendo esta falencia del tipo penal, inten- 
taba justificar la inclusión de la seducción como elemento integrante 
del tipo penal, llegando a soluciones en que verdaderamente se exigía 
la prueba de la seducción, pues no podía el juez "presumirla". De este 
modo se decía: "La seducción es un elemento esencial del delito [...] 
cuando se prueba su ausencia, el tipo se destruye ..."28, "La seducción 
constituye un requisito implícito de la figura del estupro, pues no 
cabría un juicio disvalioso con consecuencias penales, si no concurriera 
en el sujeto activo una conducta tendiente a lograr el consentimiento 
de la víctima"29. 
c.2) El sistema actual 
La nueva redacción del artículo 120, en nuestra opinión, exige la 
seducción real pues prevé que el autor realice las conductas típicas 
"aprovechándose de la inmadurez sexual" de la víctima. Es decir, el 
texto actual ya no presume iuris et de iure la seducción como conse- 
27 Ver la edición anterior de la presente obra. 
28 Repertorio L. L. 1976-11-489. 
29 Cam. la Crim. de Salta, 12-11-75, "M. V.", J. A. 1976-11-489. 
cuencia de la inexperiencia sexual, sino que exige que el juez, para 
verificar si existió aprovechamiento o no, investigue los medios de 
que se valió el autor en la realización de la conducta típica (por ej. 
promesa de matrimonio, excitación del instinto, regalos, engaños, etc.). 
Como contrapartida, recobra validez el consentimiento de la víc- 
tima, aunque sea "inmadura sexualmente", si el autor no se aprovecha 
de ella, modificándose sustancialmente el sistema por el cual, en base 
a la seducción presunta, se le imponía un deber de abstención total. 
La doctrina ha trabajado sobre la estructura de la seducción. Se 
puede entender que hay elementos objetivos y subjetivos. Según Boix 
Reig el estupro tendría tres fases que se implican unas a otras: el 
medio seductivo, el propósito o finalidad de seducir a la víctima para 
conseguir el acceso carnal, y la seducción real del sujeto pasivo, como 
causa decisiva del acceso sexual. Esta acción del autor, según Quintano 
Ripollés, produce una aminoración de las facultades de resistencia de 
la mujer, siendo ésta la causa directa que posibilita la realización del 
coito30. 
En esta estructura de la seducción pueden entrar en juego las - 
relaciones que vinculan a los sujetos, los distintos engaños, etcétera. 
c.3) El aprovechamiento 
Aprovecharse es sacar partido o utilizar ventajas propias de una 
situación de hecho, que en el caso concreto del ilícito que tratamos 
es la inmadurez sexual de la víctima, sumada a la mayoría de edad 
del autor, a su situación preeminente de sujeto activo3' o circunstancia 
equivalente. 
La relación de preeminencia u otra circunstancia equivalente res- 
pecto de la víctima deberá ser analizada en cada caso, descartándose 
hipótesis de coacción, pues si no el autor incurriría en los supuestos 
del artículo 11 9 del Código Penal. Debe tratarse, como afirma Villada, 
de una situación de mera ventaja o circunstancia facilitadora de la 
seducción o abordaje que despliega el sujeto activo sobre el sujeto 
pasivo32. 
30 BOIX REIG, El delito de estupro fraudulento, Madrid, 1979, p. 175. 
3' VILLADA, ob. cit., p. 75. 
32 VILLADA, ob. cit., p. 74. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
El aprovechamiento debe manifestarse a través de conductas ten- 
dientes a lograr el consentimiento de la víctima. Debe aceptarse que 
no resulta igual la utilización de cualquier medio para que se configure 
el aprovechamiento exigido por el estupro, sino que cuanto mayor sea 
la inexperiencia por inmadurez del sujeto pasivo, menores serán las 
exigencias para considerarla seducida, y viceversa. 
2. Tipo subjetivo 
El dolo del autor consistirá en el conocimiento que posea de los 
elementos que conforman el tipo objetivo, esto es, inmadurez sexual, 
mayor de 13 años y menor de 16, y la voluntad de realizar tal'conducta 
tipificada en el delito de estupro33. 
A nuestro juicio, el dolo de1 autor es el abuso gravemente ultrajante 
o la violación propiamente dicha, a lo que se suma un elemento sub- 
jetivo del tipo consistente en hacerlo mediante la seducción o, tal 
como dice la letra de la ley, el aprovechamiento de la inexperiencia 
del sujeto pasivo, por lo que no es posible otro dolo que no sea el 
directo. 
a ) Casos de error 
Puede ocurrir que el autor actúe con error respecto de la edad de 
la víctima -creyendo que era mayor de 16 años- o de su inmadurez 
sexual. En tales casos, el autor estará obrando con un error sobre 
alguno de los elementos del tipo objetivo, situación que, aunque sea 
vencible, excluirá el dolo al no existir la figura culposa. 
Los demás casos de error y la relación de este tipo legal con la 
violación, ya ha sido analizada cuando tratamos el delito de violación 
al cual remitimos. 
La jurisprudencia se expidió al respecto expresando: "Las mani- 
festaciones alegadas por el imputado por el delito de estupro -que 
ignorabaque la víctima no tuviera 15 años (redacción anterior de la 
figura legal) y que aparentaba más edad-, que no han sido desvirtuadas 
por las constancias de la causa -no se efectuó la correspondiente pericia, 
33 N ~ E Z , ob. cit., t. IV, p . 295; SOLER, ob. cit., t. 111, p s . 301 y SS; CREUS, 
ob. cit., t. 1, p. 210; MOLINARIO y AGUIRRE OBARRIO, ob. cit., t. 1, p. 444. 
ni depusieron personas sobre tal circunstancia-, llevan a concluir sobre 
la base del principio de la duda, que el imputado actuó en la emergencia 
ante un error de hecho no imputable, que excluye la culpabilidad del 
VII. Consumación y tentativa 
El estupro se consuma con alguna de las formas de comisión 
previstas en el tipo penal, siendo válido lo dicho oportunamente sobre 
lo desarrollado para el delito de abuso sexual gravemente ultrajante 
o de violación. Así, habrá tentativa cuando el autor comienza a realizar 
actos inequívocos de ejecución, pero no lo consuma por circunstancias 
ajenas a la voluntad del autor (art. 42, Cód. Pen.). 
Como ejemplo de tentativa, podría el estuprador haber obtenido 
el consentimiento de la víctima y haber dado comienzo a la ejecución 
del acto sexual, pero no haber logrado consumarlo por circunstancias 
ajenas a su voluntad, verbigracia, si hubiera sido sorprendido, en ese 
mismo instante, por los padres de la víctima. Nada se opondría, en 
tal supuesto, a la existencia de una tentativa de estupro35. 
VIII. Acción penal. Pena 
El estupro es un delito dependiente de instancia privada, valiendo 
lo ya expresado al referirnos a las figuras de abuso sexual. 
La figura básica del estupro -artículo 120-, prevé una pena de 
reclusión o prisión de 3 a 6 años. 
Para las circunstancias agravantes, en los casos del artículo 122, 
segundo párrafo, la ley prevé una pena de reclusión o prisión de seis 
a diez años y, en el caso del artículo 124, la de reclusión o prisión 
de quince a veinticinco años. 
M. Agravantes 
El Código agrava la penalidad del delito de estupro cuando aparece 
cometido con el concurso de ciertas circunstancias que especifican los 
34 CP0301 LP, P. 75.081, RSD-103-89, 28-9-89, "A. R s1Estupro". 
" MOLINARIO y AGUIRRE OBARRIO, ob. cit., t. 1, p. 445. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
artículos 119, incisos a, b, c, e, y f, y 124 del Código Penal. Se aplica, 
así, la agravante del resultado de grave daño en la salud física o mental 
de la víctima, o por la comisión del hecho por un ascendiente, des- 
cendiente, afín en línea recta, hermano, tutor, curador, ministro de 
algún culto reconocido o no, encargado de la educación o guarda, o 
por el conocimiento del autor de una enfermedad grave, transmisible 
sexualmente, cuando hubiera habido peligro de contagio, o cuando el 
sujeto activo perteneciera a fuerzas policiales o de seguridad, en ocasión 
de sus funciones, o si el hecho se cometiera contra un menor con el 
que se conviviera previamente. También es aplicable la agravante del 
artículo 124 cuando resultare la muerte de la persona ofendida. 
Todo ello se ha explicado al tratarse el artículo 119, cuarto párrafo, 
a cuyas páginas nos remitimos. 
Dado que la base del delito es el aprovechamiento de la inmadurez 
sexual de la víctima, el injusto del hecho es más grave cuando alguna 
de las personas que se nombran en los incisos respectivos realiza el 
acto, ya que se vale de la posición o la condición que tiene fiente a 
la víctima. 
En la agravante por muerte o lesiones, está claro que se exige 
dolo, habida cuenta de que la seducción no se puede lograr por medio 
de la violencia, y este punto no parece haberlo advertido la doctrina, 
que sólo hace una remisión al delito de violación. Es que no es pensable 
el delito de estupro, en el cual existe la seducción, y que al mismo 
tiempo exista violencia que cause la muerte, porque el tipo penal se 
convertiría en violación. Por ende, la muerte será siempre un homicidio 
que concurrirá realmente con el tipo de estupro. 
X. Concurso con otros delitos 
Nos remitimos a lo dicho oportunamente para el delito de vio- 
lación, dejando asentado que, como el delito de estupro no requiere 
el uso de la violencia o amenazas que exige el artículo 119, segundo 
y tercer párrafos, la figura del artículo 120 absorbe las lesiones leves 
que se originen del acto mismo del acceso camal; no así aquellas 
extrañas a la consumación, las que concursarán en forma real o ma- 
terial. 
Si el estupro es precedido por el rapto de la menor (art. 131), 
ambos delitos, que representan dos hechos distintos e independientes, 
concurrirán realmente (art. 55). 
XI. Jurisprudencia 
El bien jurídico protegido mediante la figura del estupro [...] es la 
reserva sexual o inexperiencia de la víctima. Por lo tanto, queda 
excluida la condición objetiva de punibilidad de la honestidad si 
la propia menor involucrada -a pesar de su virginidad- admite que 
mantuvo relaciones sexuales ante el requerimiento formulado por 
su novio y porque se encontraba preparada para ello. 
Cám. 2" Crim. de Formosa, 22-4-97, "R. D. T., V. A,", L. L. 
Litoral. 1998-238 
Nuestra ley de fondo se aplica a todo el temtono de la República, 
que abarca a personas de nivel medio bastante uniforme en los 
centros capitalinos, pero en provincias y sobre todo en lugares más 
apartados de las urbes, las relaciones sexuales extramatrimoniales, 
aun en edades incluidas en el tipo de estupro, no se hallan del todo 
reprobadas, sobre todo si el "novio" tiene intenciones serias. 
Cám. Nac. Crim. y Correc., sala IV, 7-5-87, "Sánchez, Felix", L. 
L. 1987-D-534 
Resulta agravado [...] el estupro cometido por el concubino de la 
madre de la víctima, si está acreditada la dilatada relación concu- 
binaria mantenida sin interrupciones, el interés del procesado en 
ocuparse de las menores que quedaban a su cargo durante buena 
parte del día, concordados con la clara conciencia que el procesado 
tenía de su papel. 
Cám. Nac. Crim. y Correc., sala 1, 14-4-88, "P., C.", L. L. 
1988-E-32 
ARTÍCULOS DEROGADOS POR LA LEY 25.087 
SUMARIO: 1. El delito de estupro fraudulento. 11. Agravantes del delito de violación. 
111. Agravantes del delito de estupro. IV. Corrupción, abuso deshonesto y ultrajes 
al pudor. 
1. El delito de estupro fraudulento 
Se hallaba contemplado en el artículo 121 del Código Penal, y 
fue derogado por la ley 25.087. 
II. Agravantes del delito de violación 
Se hallaban legisladas en el artículo 122 del Código Penal, dero- 
gado por la ley 25.087. El tipo penal, con modificaciones, fue intro- 
ducido como cuarto párrafo del artículo 119. 
111. Agravantes del delito de estupro 
Se encontraban previstas en el artículo 123 del Código Penal, 
derogado por la ley 25.087. Actualmente se hallan legisladas en el 
segundo párrafo del artículo 120. 
IV. Corrupción, abuso deshonesto y ultrajes al pudor 
Esta rúbrica, como las restantes que encabezaban los capítulos 
del presente Título, ha sido eliminada por la ley 25.087. 
SUMARIO: 1. Nociones generales. l . Disposiciones legales. 2. Antecedentes legislativos. 
3. Bien jurídico protegido. 4. La corrupción y la prostitución como estados. 11. 
Corrupción de menores. 1. Tipicidad. a) Tipo objetivo. a. 1) Acción de corromper. b) 
Promover y facilitar. b. 1 .) La promoción de la corrupción de menores. b.2) Facilita- 
ción de la corrupción de menores. c) Sujeto activo y pasivo. d) Tipo subjetivo. d. 1) 
El dolo. d.2) El error. 2. Agravantes de la corrupción. a). Engaño. b) Violencia. c) 
Amenaza, abuso de autoridad o cualquier otro medio de intimidación o coerción. d) 
Ascendientes. e) Cónyuge. f) Persona conviviente. g) Hermano, tutor, o persona 
encargada de la educación o guarda. 3. Concurso con otros delitos. 4. Consumación 
y tentativa. 111. Prostitución de menores. 1. Tipicidad. a) Tipo objetivo. a.1) La 
acción de prostituir. b) La promoción y facilitación de la prostitución de menores. c) 
Sujeto activo y pasivo. d) Tipo subjetivo. d. 1) El dolo. 2. Agravantes de la prostitu- 
ción. 3. Consumación y tentativa.IV. Prostitución de mayores de edad. 1. Promoción 
y facilitación de la prostitución de mayores de edad. 2. Tipicidad. a) Tipo objetivo. 
b) Tipo subjetivo. b. 1) Los elementos subjetivos del tipo: las finalidades de quien 
promueve o facilita. b.2) El ánimo de lucro. b.3) Satisfacción de deseos ajenos. V. 
Explotación económica del ejercicio de la prostitución de la víctima. 1. Explotación 
económica. 2. Medios comisivos. VI. Jurisprudencia. 
1. Nociones generales 
1. Disposiciones legales 
El Código Penal, modificado por la ley 25.087, ha estructurado 
La bibliografía consultada es, además de las obras clásicas: MANFREDINI, 
Mario, Dei delitti contro il buon costume e I'ordine delle famiglie, en VV. AA., 
Trattato di Diritto Penale, 2" ed., Francesco Vallardi Editor, Milano, 1921, vol. IX; 
MARTMEZ, Lisandro, Derecho Penal sexual, 2" ed., Temis, Bogotá, 1977; MANCI, 
Filippo, Reati sessuali, Fratelli Bocca Editori, Torino, 1927, ps. 167 y SS.; POLAINO 
NAVARRETE, Delitos relativos a la prostitución, en COBO DEL ROSAL, Manuel 
este tema en cuatro artículos, independizando en normas autónomas 
la corrupción y la prostitución: el artículo 125 se refiere a la promoción 
o facilitación de la corrupción de menores, obviándose, tras la reforma 
de 1999, el elemento subjetivo que contenía el texto reemplazado (áni- 
mo de lucro o satisfacción de deseos propios o ajenos), y agravándose 
progresivamente la figura básica en el segundo párrafo del artículo, 
cuando la víctima fuere menor de 13 años de edad, y en el tercero, 
siempre tratándose de menores de 18 años de edad, cuando mediare 
engaño, violencia, amenaza, o cualquier medio de intimidación o coer- 
ción, como también si el autor fuera ascendiente, cónyuge, hermano, 
tutor o persona conviviente o encargada de su educación o guarda. El 
tipo penal de corrupción de mayores ha sido derogado por la ley de 
reforma. 
Por su parte, el artículo 125 bis del Código Penal argentino castiga 
la promoción o facilitación de la prostitución de menores de edad, y 
agrava, como en el artículo precitado, la figura básica en los dos pá- 
rrafos siguientes del artículo 125 bis. En el artículo 126, el legislador 
reincide en el problema de la satisfacción de deseos ajenos o con 
ánimo de lucro, tipificando la promoción o facilitación en el caso 
mayores de edad, no diferenciándose este texto del antiguo 126, y 
previendo medios comisivos especiales para perpetrar el hecho (cuando 
mediare engaño, abuso de una relación de dependencia o de poder, 
violencia, amenaza o cualquier otro medio de intimidación o coerción). 
El artículo 127 prevé ahora el rufianismo o rufianería, castigándose 
al que explotare económicamente el ejercicio de la prostitución de 
una persona; el artículo 127 bis contempla la trata de menores de 18 
años para que ejerzan la prostitución, y el artículo 127 ter la trata de 
mayores, a los mismos fines. 
En síntesis, se ha vuelto al esquema del decreto-ley 17.567 en 
donde se diferenciaba, de acuerdo al proyecto de 1960, entre corrupción 
por un lado y prostitución por otro. Sin embargo, se reiteran errores 
groseros. El más grave es no haber tomado el concepto de corrupción 
(dir.), Manual de Derecho Penal. Parte especial, Revista de Derecho Privado, Madrid, 
1993, p ~ . 321 y SS.; GOSSSEL, Strajiecht Besonderer Teil, 5 28; MAURACH y 
SCHROEDER, Strafrcht BT, 9 22 y SS.; HORN, Strafgesetzbuch, § 178; ESTRELLA 
y GODOY LEMOS, Código Penal, t. 1, ps. 370 y SS. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
tal como Soler lo había indicado, dejando nuevamente un tipo penal 
abierto, ya que nadie sabe qué es la corrupción sexual de una persona. 
Además, tampoco se define qué es la prostitución de una persona. De 
modo que donde debió reformarse, no se lo hizo de la manera adecuada. 
De todas formas se puede afirmar que la idea que ha seguido el co- 
dificador consiste en abstenerse de dar un patrón de conductas sexuales, 
y esto es correcto, más aún en un Estado democrático de Derecho, y 
por lo tanto no tipifica la corrupción de mayores, ya que ello es im- 
posible, salvo casos excepcionales2. En cambio, en la prostitución se 
tipifica tanto la promoción o facilitación tanto de menores como de 
mayores, aunque en este último caso exige mayores requisitos la ley, 
especialmente en cuanto a los medios, y agrega la explotación eco- 
nómica de la prostitución y la llamada "trata de blancas", tanto de 
menores como de mayores. En este aspecto no se le puede reprochar 
al legislador la construcción que ha hecho, salvo lo antes dicho y la 
supresión de las rúbricas de los capítulos, ya que no se entiende bien 
el motivo de su eliminación. 
2. Antecedentes legislativos 
Entre los antecedentes de las normas en estudio, se puede citar a 
Tejedor, que incluyó entre los "Crímenes y delitos contra la honesti- 
dad", artículo 259, el siguiente delito: "El que habitualmente, o con 
abuso de autoridad o confianza, promoviere o facilitare la prostitución 
o corrupción de menores de 20 años, para satisfacer los deseos de 
otro, será castigado con un año de prisión". El proyecto reproducía 
casi textualmente el Código español de 1850. En la nota afirmaba: 
"Siguiendo a Pacheco, que ésta es la única regla que establece nuestro 
Código respectiva al lenocinio. Pero como se ve en él no se castiga 
éste cuando es simple, sino cuando lleva consigo algunas de las cir- 
cunstancias que expresa. Primero, promover o facilitar la corrupción; 
segundo, que sean menores los prostituidos o corrompidos; tercero, 
que esto se verifique habitualmente o con abuso de autoridad o con- 
fianza: cuanto, en fin, la comipción o prostitución no tenga por objeto 
El profesor Aguirre Obarrio afirma que sólo seria posible la corrupción de 
mayores débiles mentales. Esta es la opinión vertida en la discusión personal con el 
Maestro. 
el goce propio, los deseos del corruptor mismo, sino satisfacer apetitos 
ajenos. No hay pues delito en el simple lenocinio. Lo que puede, lo 
que debe haber en este punto son reglas de policía". Se cita como 
antecedente, además, al Código de Baviera, aunque esto ha sido dis- 
cutido por Molinario y Aguirre Obarrio en su posición de defensa de 
la no tipificación del depravador directo3. 
"Y refiriéndose al artículo 208 del Código de Baviera afirmaba que 
en éste al abuso de autoridad se impone la misma pena que en el incesto. 
En principio, dice el comentario .oficial, el lenocinio no se considera ni 
como un delito ni como un crimen. No es más que una contravención 
castigada en ciertos casos con pena de policía. Pero cuando se ejerce 
por los padres, tutores, o institutores, la ley ve en éste un acto tan odioso 
como si los padres mismos hubiesen corrompido a su hijo. Y aquí la 
equiparación entre el lenocinio, en este caso particular, y el incestov4. 
También se cita el proyecto de 1881, que en su artículo 276 ex- 
presa: "El que promoviere o facilitare, para satisfacer las pasiones de 
otro, la prostitución o corrupción de menores de uno u otro sexo será 
castigado con la pena de prisión mayor, si los menores no tuvieren 
los 14 años cumplidos. La pena será de prisión menor, si los menore: 
hubiesen pasado esa edad". Suprimió el requisito de habitualidad y el 
de abuso de confianza5. El artículo 277 castigaba con de penitenciaria 
menor si el hecho enunciado en el artículo precedente se hubiera eje- 
cutado con un niño que no hubiese cumplido 11 años. 
El Código de 1886, en el artículo 132, estableció: "El que habi- 
tualmente o con abuso de autoridad o confianza, promoviere o facilitare 
la prostitución o corrupción de menores, será castigado con prisión 
de uno a .tres años si la menor tuviera menos de 18 años y más de 
14, y con penitenciaria por tres a seis años si la menor tuviese menos 
de 14 años cumplidos". 
Rivarola, comentarista de aquel Código, compara ese texto con 
el de Tejedor y el de 1881, criticando la supresión de la frase "para 
MOLINARIO, ob. cit., t. 1, p. 465. 
ZAFFARONI, ob. cit., p. 238 (p. 216 del Código de Buenos Aires,nota al 
art. 259). 
Molinario (ob. cit., t. 1, p. 465) se refiere al proyecto de 1881 de Villegas, 
Ugarriza. y García. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
satisfacer los deseos de otro", afirmando que, aun sin ella, la ley no 
contemplaba la seducción directa6. 
El proyecto de 1891, artículo 154, afirmaba: "El que promoviere 
o facilitare la prostitución o corrupción de menores de 18 años, para 
satisfacer deseos ajenos, será castigado con uno a tres años de prisión". 
No solamente reduce la edad de protección a 18 años, se refiere 
a ambos sexos y suprime los recaudos de habitualidad y abuso, sino 
que también volvió expresamente a la frase "para satisfacer deseos 
ajenos". La Exposición de Motivos se refiere a la intromisión de ter- 
ceros y descarta la seducción directa. Decía: "El Código reprime la 
corrupción o prostitución de menores en su artículo 132. Por este 
artículo se ha reformado en varias partes el artículo 259 del Código 
Tejedor [...] En el artículo vigente se ha suprimido la cláusula. La 
supresión puede haber obedecido a uno de los dos motivos siguientes: 
o se ha creído que la frase era superflua pues no podía ni debía en- 
tenderse que se facilitara o promoviera la corrupción para satisfacer 
deseos propios, sino que el acto se realizaría siempre para satisfacer 
deseos ajenos; o se ha pensado que la disposición debía comprender 
también los casos en que se facilitase o promoviese la prostitución 
para satisfacer los deseos propios de la gente. Cualquiera que haya 
sido el fundamento, la enmienda es inconveniente. Si ha sido el primer 
motivo enunciado, porque, lejos de mejorar la redacción del precepto, 
con la enmienda se ha introducido un elemento de duda, y el artículo 
132, tal como se halla concebido, dará lugar a interpretaciones con- 
tradictorias, como ha sucedido en Francia con un texto redactado aná- 
logamente. Si ha sido el segundo, porque se confunden dos casos muy 
diversos: el del mediador ó proxeneta, que desempeña un oficio vil y 
procura satisfacer pasiones ajenas y el del que sólo se propone alimentar 
las propias. Además, este caso se hallaba ya reprimido por los artículos 
anteriores sobre el estupro..."' 
La ley de 1903 sustituyó el artículo 132 con el texto de 1891 y 
agregó: "En caso de nueva condena será deportado. La pena será de 
tres a seis años de penitenciaria: 1) si el menor no tuviere 12 años 
MOLINARIO, ob. cit., t. 1, p. 465. 
ZAFFARONI, ob. cit., p. 413, y art. 151 del proyecto. 
cumplidos; 2) si el autor fuere ascendiente, afín en línea recta, marido 
o persona encargada de la educación o guarda de la víctima". 
Moreno, en su comentario a esta ley, dice: "La innovación de de- 
portar al que reincide en este delito es muy saludable. Los intermediarios 
de esta naturaleza usan su comercio como una verdadera profesión a la 
cual vuelven luego de cumplidas las condenas de la ley"s. 
El Proyecto de 1906 repite la fórmula y por vez primera dice 
"para satisfacer deseos propios o ajenos". La Exposición de Motivos 
nada aclara. 
Moreno, que modificó la fórmula del proyecto de 1906 en el suyo, 
entendía que de ninguna manera se había incluido aquí el caso de 
seducción directa; los deseos propios también se referían a tercería, 
según lo expresa Aguirre Obanio. 
Posteriormente, la ley 9143 de 1913 volvió a retocar los textos 
comentados. Pero existe acuerdo doctrinal en que, a decir de Juan 
Ramos, se nota "una redacción apresurada que tiene por objeto refundir 
en un solo texto, lleno de contradicciones y errores, fiases de la ley 
francesa, del proyecto de 1906, de la propia cosecha de sus autores- 
en la discusión legislativa y hechos nacionales que se referían a modos 
de ser de nuestra prostitución reglamentada. De ese entrevero ha nacido 
el actual artículo 125 ..." 
Moreno propuso derogar la ley 9143 aumentando las penas y re- 
tocando la fórmula para unificar el lenocinio y concordarlo con otras 
disposiciones. Su texto es el vigente, salvo la expresión "con ánimo 
de lucro", añadida por la Comisión de Legislación Penal y Carcelaria 
de la Cámara de Diputados, cuyo texto se sancionóg. 
En el proyecto de 1960, en la Exposición de Motivos se decía: 
"Trazamos una diferencia entre corrupción y proxenetismo. Suprimi- 
mos la referencia a la satisfacción de deseos propios, causa de tantos 
equívocos y aun de injusticias. En cambio introducimos la punición 
de la rufianería y la trata de blancas"lO. La regulación estaba en el 
artículo 167, hasta el 172. El primero de ellos regulaba la corrupción; 
MOLINARIO, ob. cit., t. 1, p. 466. 
MOLINARIO, ob. cit., t. 1, p. 468. 
lo ZAFFARONI, ob. cit., p. 384 (p. 20 de la Exposición de Motivos). 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
el 168, la corrupción agravada; el 169, el proxenetismo; el 170, el 
proxenetismo agravado; el 171, la rufianería, y el 172, la trata de 
mujeres y menores. 
3. Bien jurídico protegido 
La doctrina anterior a la reforma había sostenido que el bien ju- 
rídico que se protege en los delitos de promoción y facilitación de la 
prostitución o corrupción es el derecho de las personas a mantener 
incólume la normalidad del trato sexual, sea en sus motivos, que se 
lesionan al promover o facilitar la prostitución, sea en sus modos, en 
los casos de la corrupción". 
Creus, por su parte, afirma que el bien es el normal desarrollo 
del trato sexual12. 
A nuestro juicio, con la reforma actual se tiende de dar una mayor 
protección al derecho de toda persona humana a elegir qué conducta 
sexual tendrá en su vida, sin que el Estado pueda dar una indicación 
sobre cuál es la normalidad sexual, ya que, de acuerdo al artículo 19 
de la Constitución Nacional que tutela la autonomía ética del hombre, 
la decisión sobre este punto queda en manos de cada individuo. Esto 
lleva a que la corrupción de mayores no puede estar tipificada nunca 
como delito. 
Se trata entonces, en este capítulo, de analizar conductas que van 
en contra de esa decisión autónoma, especialmente en el caso de los 
menores, u obligando a mayores a ejercer la prostitución, o, en última 
instancia, aprovechándose de personas que ejercen individualmente tal 
actividad. 
En el caso de menores e incapaces, es el derecho de no sufrir 
interferencias por parte de terceros en cuanto a su bienestar psíquico 
y a su normal y adecuado proceso de formación sexual. 
En cambio, en la corrupción de menores, única que es punible, 
se protege la indemnidad sexual de la persona, pero de ninguna manera 
la moralidad. El perjuicio a la evolución o desarrollo de la ~ersonalidad 
del menor es el resultado, que no está exigido por el tipo penal. 
l 1 NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 338. 
l 2 CREUS, ob. cit., t. IV, p. 213. 
4. La corrupción y la prostitución como estados 
Hay que entender que tanto la corrupción como la prostitución son 
estados de la persona que se logran mediante actos sexuales enderezados 
hacia ese fin por ser perversos en sí mimos, prematuros o excesivos. 
Así, la jurisprudencia se expidió afirmando que 'Wo puede con- 
denarse al procesado por el delito de corrupción porque sólo existe 
la declaración de aquél, el que reconoce haber tenido acceso carnal 
con el menor, prueba que es insuficiente en atención al sistema procesal 
que nos rige. Pero aun cuando se diera por probado el hecho, la con- 
ducta sería atípica, porque la corrupción, tal como está legislada en 
nuestro Código, exige un estado y éste debe ser abarcado por el dolo 
del autor, de modo que un solo acto sexual, anormal, no alcanza, en 
principio, para tipificar el delito del artículo 125 del Código Penal"13. 
II. Corrupción de menores 
l . Tipicidad 
a) Tipo objetivo - 
a. 1) Acción de corromper 
El problema del delito de corrupción consiste en la dificultad de 
dar un concepto autónomo, de manera que hay que analizar si existe 
un significado distinto de la prostitución, que es fácilmente definible. 
El criterio tradicional tiene una concepción moralizadora de la 
corrupción como actividad degradante que perjudicala propia mora- 
lidad del sujeto. Sin embargo, la moral no constituye objeto de pro- 
tección de los delitos periféricos, descritos en torno a la prostitución. 
Por lo tanto, parte de la doctrina ha sostenido que debe considerarse 
que por su práctica produzca una degradación en la formación de la 
personalidad del individuo del educando13-l. 
La corrupción constituye, en este sentido, una modalidad específica 
de la prostitución, en la que no solamente se somete a una práctica 
" C h . Nac. Crim., sala VI, 29-11-85, c. 12.680, "Álvarez, M!', Boletín de 
Jurisprudencia, No 4, p. 265. 
"-' POLAINO NAVARRETE, ob. cit., t. 1, p. 334. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
venal la sexualidad del individuo, sino que se deteriora la formación 
de su personalidad, por efecto de psicológica sumisión al ejercicio de 
la prostitución. 
En tal sentido, el derecho a la correcta educación sexual del menor 
se trasciende al plano de la formación de la personalidad del menor. 
En síntesis, debe incriminarse la conducta atentatoria a los dere- 
chos educativos del menor en materia sexual sólo a la actividad de la 
prostitución, para soslayar veleidades interpretativas con cierta fre- 
cuencia derivadas a los insólitos derroteros de la moralidad, como 
pretendido objeto de la ~orrupción'~-~. 
El problema de este delito consiste en la dificultad de dar una 
noción de lo que es la corrupción sexual. El concepto mismo, es de 
difícil precisión, más allá de los cambios existentes en materia sexual 
a través de los tiempos. Es de mala técnica legislativa, y en este error 
ha caído el codificador, el dar conceptos y no describir conductas. En 
el fondo, el de corrupción es un concepto vacío, ya que queda abso- 
lutamente librado al intérprete darle un contenido. En ese marco, parece 
necesario deslindar el problema de lo estrictamente moral o de las 
creencias personales del intérprete e intentar dar un concepto lo más 
objeti.vo posible dentro de este tipo penal que, sin lugar a dudas, en 
la medida que se lo lleve a consideraciones religiosas o morales, será 
violatorio del artículo 19 de la Constitución Nacional. 
Este problema, aun sin decirlo de manera expresa, fue entendido 
por la doctrina mayoritaria argentina, que recurrió a la doctrina italiana 
a los efectos de limitar los tipos penales de corrupción, intentando 
definir qué se entendía por ese término cuando se interpretaba la ley. 
No hay duda de que el concepto de corrupción que nuestros autores 
han dado es heredero de la doctrina que ya habían fijado, y bien, en 
Italia, juristas tales como Manfredini, Florian y Manzini, entre otrosI4. 
Como ejemplo de esta aclaración, NúñezIS define la corrupción como 
la depravación de la conducta sexual en sí misma. En base a esta idea 
13-1 ídem nota anterior. 
l4 MANFREDINI, ob. cit., vol. IX, ps. 190 y SS., en especial p. 196; MANZINI, 
Trattato ... cit., t. VI, p. 589. 
l 5 NÚÑEZ, ob. cit., t. 111, p. 342. 
afirma que la depravación puramente moral, de los sentimientos e 
ideas sexuales, no encuadra en el ámbito de los tipos penales en estudio, 
que se refieren al efecto de esos sentimientos e ideas sobre el com- 
~ortamiento de la persona en el ámbito sexual16. Por ende, la defor- 
mación de la práctica sexual de la víctima es la secuela de la defor- 
mación de los sentimientos e ideas sexuales. La tesis de Núñez podría 
ser explicitada de la siguiente manera: la corrupción moral de la persona 
sena un acto preparatorio, y solamente los actos de corrupción física 
encuadran en el artículo 125 del Código Penal. 
Soler, por su parte, afirmaba que corromper significa depravar y 
recurriendo al bien jurídico, que con anterioridad a la reforma de 1999 
era la honestidad sexual1', sostenía que tiene un sentido esencialmente 
psicológico y moral, de manera que es corruptora la acción que deja 
una huella moral profunda en el psiquismo de la víctima, torciendo 
el sentido natural, biológico y sano de la sexualidad. Pero en la nota 
afirma que "se suele acentuar demasiado el aspecto moral, olvidando 
el aspecto puramente psíquico y fisi~lógico"'~. Recurre a Manzini para 
sostener que "la acción corruptora debe ser medida no ya con relación 
a un tipo perfecto de relación sexual monogámica y casta, sino con 
el tipo de pura relación sexual en el sentido biológico-natural. Por 
eso, la acción, para ser calificada de corruptora, debe tender a la al- 
teración antinatural de las condiciones en que el acto sexual se realiza 
en sí mismo, ya sea por inculcarse a la víctima el hábito de prácticas 
puramente lujuriosas o depravadas, o por actuarse en forma prematura 
sobre una sexualidad aún no de~arrollada"'~. 
Molinario y Aguirre Obarrio se refieren a la corrupción, que debe 
ser sexual, teniendo en cuenta que es echar a perder, depravar, dañar, 
pudrir, pervertir, estragar, viciar. De esta forma parecía lógica la fórmula 
de Soler, en el sentido de que el acto sexual debe ser, a los efectos 
de la corrupción, perverso en sí mismo o en su ejecución; prematuro, 
debido a la práctica lujuriosa habitual y precoz, despertada antes de 
lo que es natural. Lo que es prematuro a los 8 puede no serlo a los 
l6 SOLER, ob. cit., t. 111, p. 330. 
l 7 SOLER, ob. cit., t. 111, p. 308. 
SOLER, ob. cit., t. 111, p. 309. 
l 9 Ídem nota anterior. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
14. El exceso, finalmente, expresa una lujuria extraordinaria. Se refiere 
a una anormal sucesión de actos que en sí mismos no implican co- 
rrupción, pero sí por su acumulación. En este contexto, es posible 
deslindar actos que no son corruptores, tales como el coito inter femora, 
un beso, un tocamiento impúdico, ya que en sí mismos no pervierten 
el sentido de lo sexual. Se exige, entonces, que los actos corruptores 
hayan sido realizados sobre el cuerpo del menor, o que el menor los 
realice sobre otra persona, o directamente que el menor asista a actos 
de terceros entre síZ0. 
Tampoco es necesario que se logre la corrupción de la víctima, sino 
que es bastante que la dirección del acto que efectúa el sujeto activo 
sea para ingresar a la víctima en el mundo de la prostitución o corrupción; 
no tratándose por consiguiente de un delito de resultado, sino de un 
delito de pura actividad, en la cual basta que la conducta en sí sea 
corruptora o tendiente a la prostitución. En caso de que el autor logre 
el resultado, ello sirve como elemento para la medición de la pena. 
La jurisprudencia ha tenido opiniones varias sobre el tema, dado 
que, como se ha podido observar, el tipo no describe conductas sino 
que definitivamente da un concepto valorativo. Así se ha dicho que 
"Las caricias a una mujer de 14 años, efectuadas por un hombre de 
30, durante más de un año y hasta tres veces por semana para inflamar 
su lascivia y llevarla hasta el orgasmo, configuran la depravación de 
la conducta sexual y tienen aptitud corruptora, ya que pueden desviar 
para siempre de la normalidad a la víctimav2'. Por su parte, la sala 
VI1 de la Cámara del Crimen afirmó2*: "No configura corrupción un 
fugaz tocamiento genital, que ni siquiera llegó a ser un acto de mas- 
turbación y carece, por ende, de eficacia objetiva para perjudicar el 
sano sentido de la identidad de la víctima". La sala IV23 consideró 
que había corrupción de menores en la conducta del reo que hizo un 
frotamiento contra los glúteos de una niña de 4 años de edad. La 
20 SOLER, ob. cit., t. 111, p. 31 1 . 
21 C h . Nac. Crim., sala IV, 28-10-80, c. 24.969, "Bazán, E.", Boletín de Juris- 
prudencia, año 1980, p. 214. 
En igual sentido, se expresó la Cám. Nac. Crim., sala V, 29-5-81, c. 13.877, 
"Morris, N.", B. J. 1981-1 10. 
22 14-9-81, C. 1199, "Vidal, del J.", Boletín de Jurisprudencia, año 1981, p. 109. 
23 Sala IV, 29-9-92, c. 41.914, "Abate Aquino, Casim". 
misma sala24 consideró corrupción de menores la conducta de quien 
accedió camalmente por vía anal a una joven de 17 años aunque hubiera 
mediado su consentimiento. En igual dirección se consideró corrupción 
de menoreslos tocamientos, caricias y roces que hizo el reo a un niño 
de 12 años, máxime siendo ambos del mismo sexo25. Por último, tam- 
bién se ha dicho que "la corrupción consiste en la depravación que 
rebaja la moral sexual de la víctima con relación a todas las perso- 
n a ~ . . . " ~ ~ 
b) Promovery facilitar 
Es totalmente distinta la conducta de promover la corrupción 
que la de facilitarla, motivo por el cual ambas serán tratadas sepa- 
radamente. 
b.1) La promoción de la corrupción de menores 
La promoción de la corrupción de un menor significa procurarla 
respecto de aquel cuya conducta sexual no está depravada en sus mo- 
dalidades, o excitar la depravación ya existente o aumentarla2'. 
Se ha levantado, en este punto, la tesis original de Viazzi de que 
"no se corrompe lo que ya está corrompido, como no se rompe lo 
que ya está roto"28. Esta posición fue seguida en nuestro país por 
Soler que expresaba: "Una persona sólo una vez puede ser corrompida; 
los actos posteriores ya no pueden imputarse como corrupción. Si no 
son imputables a título de facilitar la prostitución, deberán considerarse 
impunes"29. En igual sentido Fontán Balestra al afirmar que no hay 
bien jurídico en el caso del menor corr~mpido~~. Parcialmente fue 
seguida esta idea por Gómez, quien distinguía según fuera promoción 
24 30-3-92, c. 40.465, "Hidalgo, Daniel". 
25 29- 10-9 1 , c. .39.849, "Gerban, Luis". 
26 C h . Fed. de Bahía Blanca, 28-8-40, fallo 10.885, L. L. 21-416. 
27 NÚÑEZ, ob. cit., t. iv, p. 344. 
28 La scuola positiva, segunda parte, '1927, p. 337; RAMOS MEJÍA, Algunas 
reflexiones al articulo 125 del Código Penal, en Estudios de Derecho Penal, Ideas, 
Buenos Aires, 1947, p. 160. 
29 SOLER, ob. cit., t. 111, p. 310. 
30 EONTÁN BALESTRA, Delitos sexuales cit., p. 153. 
o facilitación de la corrupción, rechazando la posibilidad del delito en 
el caso de promoción y, en cambio, aceptándola en el caso de la fa- 
cilitación, ya que es posible crear un ambiente propicio para que un 
menor corrompido se corrompa má$'. 
En contra de esta posición la doctrina, especialmente Ramos Mejía, 
ha objetado que este criterio de Viazzi importa confundir los objetos del 
mundo de la naturaleza con la conducta humana, que no es otra cosa 
que emplear el método de las ciencias naturales en las ciencias jurídi- 
cas3*. La lógica, dice Ramos Mejía, sería inobjetable como lógica de la 
naturaleza, porque el presupuesto de la noción de naturaleza es la cons- 
tancia causal, la cual supone precisamente el 'ser como sustancia, es 
decir, lo que permanece idéntico a sí mismo. Y agrega que esta lógica 
es inadecuada para comprender el sentido de la conducta del hombre, 
para pensar la vida humana viviente, distinta a la vida puramente animal, 
a la vida humana objetivada, al mundo físico y a los objetos ideales33. 
La jurisprudencia se ha expresado al respecto: "El delito de co- 
rrupción es de carácter formal y no exige que la víctima sea una 
persona no corrupta. En consecuencia, es irrelevante a los efectos del 
reproche penal que el menor víctima haya consentido en ejecutar los 
actos aquí juzgados poniendo de resalto su catadura moral y quizás 
la circunstancia de que estaba ya corrompida, pues todo acto realizado 
en una línea de conducta hace que esa conducta se afiance por reite- 
ración de los mismos, los que conforme sea su calidad llevarán al 
hombre que los ejecuta al vicio o a la virtud. En el caso de autos, no 
cabe duda de que los actos ejecutados han constituido un escalón más 
en la corrupción del menor aun cuando se aceptara la tesis de que el 
menor víctima estaba ya iniciado en el 
La jurisprudencia ha sostenido "que la promoción de la corrupción 
se consuma con el acto idóneo de depravar, sin que sea requerido que 
la víctima se corrompa, bastando con el peligro de que ello ocurra o 
N GÓMEZ, ob. cit., t. 3, p. 166; RAMOS MEJÍA, ob. cit., p. 161. 
32 RAMOS MEJ~A, ob. cit., p. 162. 
33 RAMOS MEJ~A, ob. cit., p. 165. 
34 C h . Crim. Correc., sala 7, 30-4-92, c. 17.01 3 "Pérez, Luis"; sala 111, 13-8-81, 
C. 14.229, "González, D.", Boletín de Jurisprudencia, año 1981, p. 185-261. A favor 
de la tesis de Ramos Mejía, ESTRELLA y GODOY LEMOS, ob. cit., t. 1, p. 375. 
pueda generarlo. El resultado corruptor debe estar contenido en la in- 
tención del agente, siendo imprescindible el dolo directo, esto es, que 
el agente no sólo busca satisfacer sus propios deseos sino que además 
piensa obtener satisfacción de la posterior actividad corrompida de la 
víctima. El verbo 'promover' indica la existencia de una actividad des- 
tina& a lograr la efectiva corrupción, aunque la misma no se con~rete"~~. 
Contrariamente a lo sostenido se expresó: "Debe absolverse a los 
procesados del delito de promoción y facilitación de la corrupción de una 
menor, porque no es posible promover y facilitar la corrupción de lo ya 
corrupto, dado que la damnificada se entregó voluntariamente con pro- 
vocación y ansiedad sexual, accediendo sin limitación ni recato en copular 
con los tres hombres, en una reunión que por sí sola sugería, o al menos 
no podía dejar de preverse, la posibilidad de acabar en una orgía"36. 
En consecuencia, el significado de la palabra ''promover" plasmada 
en el tipo penal no se asocia sólo a la iniciación de algo, sino también 
a la idea de alentar una cosa -el alentamiento hacia la corrupción- 
para procurar su logro, esto es, el mantenimiento o el aumento de la 
perversión sexual3'. 
Estos actos comprenden la enseñanza, el consejo, la orden y el 
ejemplo, aptos para determinar la depravación de la conducta sexual 
del menor38. 
Según Soles9 el consejo, el mandato, la promesa y la explicación, 
sólo son punibles como instigación a la corrupción con arreglo a los 
principios de la participación criminal y no como consumación del 
delito. Pero respecto del menor, la instigación a que se corrompa no 
puede constituir una participación criminal por instigación, porque ésta 
supone que el instigador determine a otro a que cometa, como autor 
o cómplice, un delito, y el menor inducido a la corrupción no lo comete. 
35 En igual sentido: CSJN, causa "Contini", L. L. 2-206, al afirmar que la CO- 
rrupción tiene grados; Cám. Apel. Com. y Crim. de Mendoza, causa "Martínez", L. L. 
15-677; ST de Entre Ríos, causa "Duarte", Rep. L. L. IV-325. Todos en RAMOS 
MEJÍA, ob. cit., p. 170. 
36 C h . Nac. Crim., sala VI, 10-4-84, c. 10.078, "Antar, E.", Boletín de Juris- 
prudencia, año 1984, No 2, abril-mayo-junio, p. 113. 
37 NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 345; RAMOS MEJÍA, ob. cit., p. 160. 
NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 345. 
39 SOLER, ob. cit., t. 111, p. 365. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
Tampoco puede afirmarse, continúa Soler, que la instigación corruptora 
dirigida al menor constituya una participación por instigación cuando 
un tercero realice el delito, porque la instigación debe dirigirse al autor 
del delito, en cambio en este caso se dirige a otra persona. 
Núñez"O sostiene que el límite de lo punible no se debe encontrar 
reduciendo la promoción al ámbito de los actos materiales realizados 
sobre el cuerpo del menor o ejecutados o presenciados por él, sino 
que se encuentra en la exigencia de que se trate de acciones tendientes 
a corromper y no simplemente de acciones aptas para lograrlo. 
Sobre este punto nada ha dicho la reforma, por lo que la discusión 
se podría llegar a mantener en pie, sin perjuicio de insistir en nuestra 
posición en el sentido de que no hay problema en corromper o en 
aumentar la corrupción de quien ya está en ese estado, más aún siendo 
menor de edad. 
Lo único que importa en este punto es que la edad del sujeto 
pasivo es contemplada hasta los 18 años. 
b.2) Facilitación de la corrupción de menores 
Gramaticalmente, facilitar es hacer fácil o posible la ejecución 
de un cosa o la consecución de un fin. En este caso, la idea de co- 
rromperse ya existe en el menor, y el sujeto activo proporciona los 
medios que se necesitan o allana los obstáculos quese presentan para 
que el menor cumpla su propósito. En otras palabras, la idea corruptora 
no viene de afuera, sino que está en el propio sujeto pasivo y el actor 
la hace posible, la hace más fácil, ya sea manteniéndola o iniciándola41. 
La corrupción se facilita cuando se suministran los medios para 
que el sujeto pasivo que quiera corromperse lo haga, o el que ya está 
corrompido desarrolle las actividades propias de ese estado, mante- 
niéndolo o aumentándolo. 
La diferencia que existe entre promoción y facilitación es que, 
en la primera, el impulso hacia la creación del estado de corrupción 
proviene del sujeto activo, y en la segunda proviene de la víctima y 
el agente se pliega al plan de aquélla. Es decir, el facilitador es un 
40 NÚÑEZ, ob. cit., p. 346. 
41 NÚÑEz, ob. cit., t. IV, p. 348. 
partícipe en la acción que domina el sujeto pasivo a la que puede 
concurrir con acciones que facilitan el actuar del actor principal. 
Discutible es la afirmación de que puede haber facilitación por 
omisión, como ser la omisión de los padres de evitar el comportamiento 
de su hijo, lo que significaría una omisión impropia. El delito, entonces, 
se cometería por omisión cuando el autor, teniendo el deber jurídico 
de proteger o dirigir la conducta de la víctima no lo hace, favoreciendo 
así la corrupción del menoP2. Sin embargo no es fácil construir una 
omisión impropia en el delito de corrupción. A los ya clásicos pro- 
blemas que se han planteado a la omisión impropia, principalmente 
en la posición de Kauhann, se suma que el tipo de omisión impropia 
no es igual al de los delitos de acción, de modo que al no haber una 
cláusula general de la omisión, en el Código Penal, no es posible 
hacer este tipo de imp~tac ión~~. 
Toda cooperación en el acto del menor tendiente a su propia co- 
rrupción implica facilitación, porque no representa la realización por 
propia cuenta del autor de la corrupción del menor, que es el que la 
realiza. 
Por otra parte, en este orden de ideas, cuando el tercero actúa 
como autor, esto es, tiene el dominio del hecho, frente a la corrupción 
del menor, no habrá facilitación sino que pasará a ser promotor. Por 
ende, toda cooperación o auxilio principal o accesorio en el acto del 
menor tendiente a su propia corrupción implica facilitación, porque 
no representa la realización por propia cuenta del autor de la corrupción 
del menor, que es el autor principal de su depravación. Por ende, es 
un facilitador el que no interviene en el acto corruptor y no tiene el 
dominio del hecho en el sentido del manejo de la relación causal, y 
sin tampoco incitar a la corrupción como, por ejemplo, dando ayuda 
para el acto principal, dando un lugar al menor para que éste realice 
los actos corr~ptores~~. 
42 Ídem nota anterior. 
43 KAUFMANN, Annin, Die Dogmatik der Unterlassung; DONNA y PIÑA, La 
omisión, en prensa. En oposición a nuestra posición puede verse ESTRELLA y GO- 
DOY LEMOS, ob. cit., t. 1 , p. 125. Sin muchas reflexiones sobre lo a f d o , ver 
Soler y Nuñez. 
44 NUÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 348. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
En síntesis, facilitar la corrupción quiere decir hacer más fácil o 
posible su autocorrupción, como iniciación, mantenimiento o empeo- 
ramiento de ese estado. El facilitador no es sólo el que allana los 
obstáculos para la autocorrupción del menor, sino también el que le 
proporciona o entrega medios favoreced ore^^^. 
La jurisprudencia fue conteste al sostener: "Admitido que el delito 
de corrupción no es de resultado material sino meramente formal, 
parece claro que a los efectos de la adecuación típica respecto de la 
figura de que se trata no ha menester la comprobación de una efectiva 
corrupción de la víctima, sino tan sólo la verificación de que la conducta 
del agente resulta idónea para promoverla o fa~ilitarla"~~. 
c) Sujeto activo y pasivo 
Con respecto al sujeto activo, podrá serlo cualquier persona, ya 
sea hombre o mujer, mayor o menor imputable. Rigen las reglas ge- 
nerales al respecto. 
En cambio con respecto al sujeto pasivo hay que hacer algunas 
aclaraciones. 
En primer lugar cabe destacar que la reforma introducida por la ley 
25.08.7 derogó el delito de corrupción de mayores de 18 años, el que se 
preveía en el artículo 126 del teito reemplazado. En su redacción actual, 
el artículo 125, primer párrafo, protege la corrupción de menores de 18 
años de edad, el 2" párrafo agrava la pena cuando el menor lo fuere de 
13 años, y el tercer párrafo contempla las agravantes de la corrupción 
de menores, por los medios comisivos y por la relación entre el sujeto 
activo y el sujeto pasivo, debiendo entenderse, cuando expresa "cual- 
quiera sea la edad de la víctima...", hasta los 18 años, con lo cual, como 
ya lo hemos dicho, se descarta la corrupción de mayores4'. 
45 NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 348; SOLER, ob. cit., t. 111; CREUS, ob. cit., t. 1 . 
46 C h . Nac. Crim., sala V, 24-8-79, C. 11.587, Boletín de Jurisprudencia, año 
1980, p. 2. En igual sentido se expresó la Cám. Nac. Crim., sala VII, 30-3-81, en la 
causa 438, "Vasena, H.", Boletín de Jurisprudencia, año 1981, p. 64. 
47 La redacción anterior de este artículo también hacía un distingo en cuanto a 
la edad del menor. Cuando éste era menor de 12 años, la pena era de cuatro a quince 
años. Si era mayor de 12 aiIos y menor de 18, la pena prevista era de tres a diez 
años. Por último, si la edad era entre 18 y menor de 22, la pena se preveía de dos 
d ) Tpo subjetivo 
d.1) El dolo 
El delito de corrupción es doloso, no admitiéndose la culpa y, 
como veremos, dada la estructura del tipo el dolo debe ser directo, 
que significa saber que la acción que uno lleva a cabo tiende a promover 
la corrupción de un menor o tiene la finalidad de allanar los obstáculos 
para que se cumpla ese objetivo. Está claro que el dolo no abarca 
aquellas acciones en las cuales eventualmente se pueda llegar a favo- 
recer la corrupción del menor, como ser la persona que manda a estudiar 
a una hija a un país extranjero, y entre los riesgos existentes está el 
de la posible corrupción o prostitución de la menor. 
En este sentido es interesante traer a colación el caso que Molinario 
y Aguirre O b a r r i ~ ~ ~ enseñan sobre las menores húngaras, quienes vi- 
nieron al país para trabajar en un cabaret. Ellas bailaban y alternaban 
con la gente y volvían acompañadas por el dueño del lugar o su señora 
a la casa donde vivían. A raíz de una denuncia, el juez de instrucción 
entendió que el imputado había cometido el tipo penal de corrupción, 
ya que se exponía a las menores a un ambiente propicio a la depravación 
de la conducta sexual. 
La Cámara del Crimen sobreseyó al procesado, afirmando que no 
había relación causal entre su acción y la depravación de la conducta 
de las menores. 
La discusión del caso está a nuestro juicio no tanto en la relación 
causal sino en el problema del dolo del autor, y parece que en este 
caso la cuestión debe ser debatida de acuerdo a las pautas generales 
del tipo subjetivo del artículo 125 del Código Penal. 
Con anterioridad a la reforma introducida por la ley 25.087 este 
tipo penal exigía que además del dolo existieran elementos subjetivos 
especiales, consistentes en el ánimo de lucro y la satisfacción de deseos 
propios o ajenos -los que serán explicados más adelante-, lo que hacía 
de la corrupción un delito de tendencia. Estos elementos han sido 
eliminados del tipo subjetivo. 
a seis años. A los efectos del problema con el art. 128 reformado por la 17.711, 
véase DONNA, Derecho Penal. Parte Especial, 1" ed. 
48 MOLINARIO, ob. cit, t. 1, p. 460. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
Señala Gavier que, como consecuencia de la supresión del dolo 
específico, ahora el mismo es genérico, pero debe ser directo y consiste 
en la consciente y voluntaria actuación del autor en procura de la 
depravación de la víctima, siendo posible el dolo eventual en lo que 
atañe a la edad de ésta, pues si hay dudas sobre el particular,responde 
por el delito a ese título49. Villada sostiene que el dolo implica cono- 
cimiento del contenido corruptor de la conducta y voluntad de producir 
tal acto; no importa el fin que se proponga el autor o, siquiera, que 
tenga alguna motivación especials0. 
A nuestro juicio sigue exigiéndose el dolo directo, de modo que 
no se admite ningún otro tipo de dolo, y menos aún de culpa. La 
acción del sujeto es la de corromper, ya sea por actos prematuros o 
desviatorios de la sexualidad del menor, lo que es incompatible con 
el dolo eventual. 
d.2) El error 
En cuanto al error, no hay duda de que rigen todos los principios 
del error de tipo, como el de prohibición. Bien puede suceder que el 
sujeto crea que la persona es mayor de edad o que directamente esté 
convencido de que sus actos no son corruptores y caen dentro de la 
normalidad sexual. Este último es un grave problema que ni la doctrina 
ni la jurisprudencia se han planteado seriamente. 
Sin embargo, habrá que utilizar las reglas generales del error. 
2. Agravantes de la corrupción 
El segundo párrafo del artículo 125 incrementó el monto de la 
pena cuando el menor no hubiera cumplido los 13 años de edad, au- 
mentándola de seis a quince años de reclusión o prisión, siguiendo el 
criterio del artículo derogado que castigaba de cuatro a quince años 
cuando la víctima fuere menor de 12 años. 
El tercer párrafo prevé un aumento de pena, de diez a quince 
años, fundado en que, además de torcer el normal desarrollo sexual, 
49 GAVIER, ob. cit., p. 71. 
VILLADA, ob. cit., p. 87. 
existe por parte de autor la utilización de medios especiales, que van 
en contra de la libertad de la víctima. 
Expresa el tercer párrafo del artkulo 125 del Código Penal: "Cual- 
quiera que fuese la edad de la víctima, la pena será de reclusión o prisión 
de diez a quince años, cuando mediare engaño, violencia, amenaza, 
abuso de autoridad o cualquier otro medio de intimidación o coerción, 
como también si el autor fuera ascendiente, cónyuge, hermano, tutor o 
persona conviviente o encargada de su educación o guarda". 
Como ya hemos aclarado, la expresión "cualquiera sea la edad 
de la víctima ..." debe entenderse como referida a los menores de die- 
ciocho años. 
Las agravantes mencionadas se mantienen básicamente igual que 
en el texto derogado, por lo que su análisis se corresponde con el 
efectuado oportunamente en cuanto a aquéllas5'. 
Los medios, como es obvio de acuerdo a lo antes explicado, sólo 
funcionan respecto de la promoción de la corrupción, habida cuenta 
de que en el caso de la facilitación se trata de otra cuestión, ya que 
es una ayuda a la iniciativa de la víctima, de modo que si existen 
estas formas especiales de comisión, dejará de ser facilitación para 
convertirse en promocións2. 
a) Engaño 
Se induce a la víctima a error a través de simulaciones del objetivo 
del autor, que lleva a la víctima a intervenir en ellos, como es el caso 
de hacer participar al menor en juegos que no entiende, pero que 
tienen un claro sentido depravador, o el traído por Núñez, que consiste 
en llevar a la víctima a un prostíbulo haciéndole creer que es un pen- 
sionado para menores, donde se los guardará o cuidará, o por Gavier, 
consistente en hacerle creer que es un tratamiento médico, cuando son 
prácticas perversass3. La clave de la agravante consiste en que, primero, 
la víctima pueda ser engañada, ya que de lo contrario no será posible 
" DONNA, Derecho Penal. Parte especial cit., ps. 4691471. 
52 ~ E Z , ob. cit., t. IV, p. 360; CREUS, ob. cit., t. 1, p. 224; ES'fW2LL.A y 
GODOY LEMOS, ob. cit., t. 1, ps. 389 y SS. 
53 GAVIER, ob. cit., p. 72. 
aplicar el agravante y se volvería al tipo básico, y segundo, que el 
consentimiento de la víctima haya sido debido a su en-o$4. 
b) Violencia 
Es la fuerza fisica ejercida por el autor sobre la víctima con el fin 
de vencer su resistencia. En este punto hay que distinguir la violencia 
que se realiza a los efectos de que la víctima quiebre su resistencia para 
el acto depravador, por im lado, de la violencia que puede ir en el acto 
corruptor o depravador, como ser un acto sádico, que los autores llaman 
violencia concomitante, por el otro. La primera,encuadra dentro de la 
agravante habida cuenta de que tiene como fin vencer la resistencia de 
la víctima; en cambio la segunda no agrava porque forma un todo con 
el acto corruptor en sí. El uso de medios hipnóticos o narcóticos está 
comprendido en los términos de la violencia (art. 78, Cód. Pen.)ss. 
c) Amenaza, abuso de autoridad o cualquier 
otro medio de intimidación o coerción 
Se entiende en esta agravante cualquier medio de intimidación o 
de coerción de la voluntad de la víctima, incluyéndose el abuso de 
autoridad como forma de intimidación o coerción. Sin duda, entran 
en esta agravante las amenazas de sufiir un mal futuro, tanto para 
ella, como para terceros. También está incluida como agravante la 
intimidación que puede hacer una persona que se encuentre en una 
posición de mayor jerarquía y utiliza esta posición en contra de la 
víctima. No hay duda de que se dará la agravante, por ejemplo, en 
los casos de los cuidadores en los institutos de menores que usan de 
su poder para someter a los internos. Igual se puede decir de colegios, 
internados, etcétera. En síntesis, y como dice Núñez, es el sometimiento 
por parte del autor hacia la víctima de su acción depravadora, quien 
la acata a pesar de su repugnancia por el temor de sufrir un daño o 
que lo sufran personas de su afecto, y anula la libre determinación de 
la víctimas6. 
NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 361; CREUS, ob. cit., t. 1 , p. 225. 
NÚÑEz, ob. cit., t. IV, p. 362; CREUS, ob. cit., t. 1, p. 226. 
56 fdem nota anterior. 
d ) Ascendientes 
Se entiende los que son por consanguinidad, ya sean legítimos o no, 
como íambién los ascendientes por afinidad. No hay limitación de grado. 
La jurisprudencia se expresó al respecto sosteniendo: "La práctica 
permanente de la relación sexual en el curso de tres años mantenida 
por el padre con su hija de 12 años configura el delito de corrupción 
calificada, ya que descompone la moral de un menor, pues tratándose 
del progenitor y no de una relación circunstancial sino constante no 
se necesita de mayores excesos lascivos para que el sentido moral de 
la hija sufra una desviación traumatizante en su futura salud mental"57. 
e) Cónyuge 
Por cónyuge debe entenderse a quien está unido la víctima por 
un vínculo matrimonial, y se requiere que el matrimonio subsista como 
válido en el momento del hecho. 
f ) Persona conviviente 
La expresión persona conviviente engloba a toda otra relación que 
la persona tenga, ya sea de pareja, lo que abarca la vida marital, o cualquier 
otro tipo de relación que no sea propiamente la de una pareja. 
g ) Hermano, tutor o persona encaigada de la educación o guarda 
En el concepto de hermano se debe entender tanto al legítimo 
como al ilegítimo, tanto bilateral, como unilateral. El tutor puede ser 
el nombrado por los padres, el legítimo o el dativo. 
La jurisprudencia sostuvo: "Procede aplicar la agravante del último 
párrafo del artículo 125 del Código Penal, por tratarse el acusado de 
la persona encargada de la educación de la menor a quien por esta 
circunstancia se le debe mayor acatamiento. Lo que interesa es la 
influencia, la autoridad moral de quien era director de la escuela cuando 
la menor cursaba como alumna regular"58. Igualmente: "Cabe aplicar 
C h . Nac. Crim, sala IV, 23-6-81, c. 25.564, "Frost Vargas", Boletín de Ju- 
risprudencia, aiio 1981, p. 142. 
C h . Nac. Crim., sala IV, 9-5-80, c. 24.267, "Santoro, Hugo", Boletín de 
Jurisprudencia, año 1980, p. 13 1 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
el agravamiento de 'bajo la guarda' si los niños víctimas del delito 
de corrupción hacían campamentos bajo el control y responsabilidad 
del acusado, ya que la calificante no requiere de una específica, pro- 
longada e ininterrumpida permanencia, ni especial relaciónparental 
jurídica o fáctica no prevista expresamente por la ley"59. 
3. Concurso con otros delitos 
Es necesario discutir el problema del eventual concurso del tipo 
de corrupción con otras figuras delictivas, como ser el abuso sexual 
simple, gravemente ultrajante, y el efectuado con acceso camal -vio- 
lación-. 
El tipo de corrupción no se confunde con otros tipos penales contra 
la integridad sexual, que regula nuestro Código Penal. Ni quien abusa 
sexualmente, ni quien estupra, ni quien realiza exhibiciones obscenas, 
es al mismo tiempo un corruptor. La opinión contraria no entiende el 
problema de la interrelación de los tipos penales entre sí, y por ende 
llegará a la conclusión de que la violación de un menor de 13 años 
es siempre c~r rupc ión~~. 
Se trata, en la terminología de Klug, de un problema de interfe- 
rencia de leyes o de consunción, en la antigua terminología, por la 
cual el tipo desplazante comprende completamente a los tipos despla- 
zados, abarcando en una disposición penal el contenido de ilícito de 
los tipos desplazados6'. 
Bien dice Núñez que la tesis de la doble calificación del acto 
sexual depravador, realizado para satisfacer deseos propios, quedaría 
descartada en virtud de que la ley concursa1 excluye aquella posibilidad 
cuando e¡ corpus legal de un tipo delictivo esté comprendido en el 
corpus de otro tipo penal. En consecuencia, y en virtud del principio 
de absorción, el hecho correspondiente al tipo penal menos grave deja 
de constituir el delito a que ella se refiere, pasando a constituir el 
delito del tipo penal más grave6*. 
59 C h . Nac. Crim., sala IV, 29-10-91, c. 39.849, "Gervan, L.", Boletín de JU- 
risprudencia, aíío 1991, No 5. 
Así parece entenderlo Soler (ob. cit., t. 111, p. 324). 
61 KLUG, Zum Begrrff der Gesetzeskonkurrenz, ZStW68, 1956, p. 399. 
62 NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 355. 
Pero también la tesis de la calificación única debe descartarse, 
pues supone que el tipo de la corrupción está totalmente constituido 
por los hechos correspondientes a otros tipos de delitos contra la in- 
tegridad sexual, no pudiendo, por ende, funcionar así el principio de 
absorción porque el desplazamiento de un tipo penal por otro en virtud 
del concurso de leyes por absorción o por otra causa sólo se produce 
cuando algunos de los tipos en juego es el otro y algo más. 
El acto aislado y único de tener relaciones sexuales con un menor, 
sin ninguna otra implicancia, na podrá ser catalogado como delito de 
corr~pción~~. Así, los ataques a la integridad sexual de los menores 
se mantienen dentro de los tipos de abuso sexual o exhibición obscena, 
siempre que por sus modalidades extraordinarias no excedan la reali- 
zación normal del respectivo tipo, sea por la reiteración del acto o 
por las formas de éste. 
La.jurisprudencia ya había entrado en este territorio6" afirmando 
que "...por tratarse los protagonistas de personas del mismo sexo, la 
conducta que se endilga al procesado resulta con entidad suficiente 
para desviar el instinto sexual, por lo que se habría configurado el 
tipo penal del artículo 125, inciso 2" del Código de fondo. En base a 
ello se trata de un concurso aparente de leyes, pues el acto corruptor 
coincide con la conducta de violación, siendo inescindible el uno de 
la otra. La realización del tipo penal más grave -la violación- incluye 
la del tipo penal de la corrupción, y en caso como el presente no 
puede realizarse aquél sin éste. Éste es un claro ejemplo de relación 
de consunción, lo cual me lleva a pmponer la adecuación típica so- 
lamente en el tipo penal de violación". 
En consecuencia, en el fallo aludido, en donde medió violencia 
para ejercer el acto sexual vía anal, se trata de un desahogo sexual 
del autor, pero no es corruptor pues para que ello hubiere sido así 
debió el autor realizar más actos de igual especie, o acompañarlo con 
63 En igual sentido Núííez, ob. cit., t. IV, ps. 356 y SS. 
Cám. Crim. y Correc. de la Capital Federal, sala VI, 30-8-91, "Veira, Héctor 
sNiolación", es claro el error de interpretación de la Cámara del Crimen. Más claro 
es el comentario del anotador, Von Martini, en Doctrina Penal, aiio 14, julio-diciembre, 
1991, p. 571. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
otras acciones que llevaran a la corrupción del menor y excedieran la 
mera intencionalidad del desahogo sexuaP5. 
En este sentido se expidió la Cámara Nacional en lo Crimina166 al 
sostener que "es necesario hacer jugar en el Código diversos artículos 
que, de interpretarse que son absorbidos por la corrupción, directamente 
se los excluiría por vía interpretativa. Éste es el caso del sujeto que 
satisface sus deseos propios realizando actos de contenido sexual con 
menores que, al estar -también descripto en el artículo 125, lleva a 
confusión entre la corrupción, la violación y el abuso sexual simple o 
gravemente ultrajante. La pregunta es cuándo habrá abuso sexual de un 
menor de 13 años y cuando corrupción, partiendo de la base que ésta 
no subsume los tipos penales anteriormente mencionados. La respuesta 
en el caso a estudio, está dada por la intención del sujeto activo. Si éste 
satisface sus deseos dentro de ciertos límites, aunque torpes, el hecho 
quedará como abuso deshonesto; en cambio cuando el sujeto además 
de satisfacer su propia libídine, tiende a buscar la depravación del sujeto 
pasivo, nos encontramos con el tipo penal de corrupción ..." 
4. Consumación y tentativa 
El delito se consuma con la realización de los actos objetivamente 
idóneos para depravar, con el fin de corromper a la víctima. Se trata 
para Núñez de un delito formal, que se consuma de una manera per- 
manente mientras dure la conducta plural aunque es posible que se 
consume con un solo acto6'. 
Más correcto sería decir que se trata de un delito de mera actividad, 
en el cual la realización del tipo coincide con el último acto y, por 
lo tanto, no se produce un resultado separable de ella. Ya las acciones 
contienen en sí mismas un desvalor y la punibilidad no presupone 
ningún resultado ulterior. Por eso no hay relación causal que analizar, 
bastando los actos en sí como capaces de ~orrupción~~, coincidiendo 
la tentativa acabada con la consumación del delito69. 
Separata de Doctrina Penal, No 55/56, Depalma, Buenos Aires, julio-diciembre, 
1991. 
Sala 1, 17-1 1-89, c. 35.775, "Bruno, L. A.". 
67 NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 367; CREUS, ob. cit., t. 1, p. 223. 
ROXiN, Derecho Penal. Parte general cit., t. 1, p. 328. 
69 ROXiN, ob. cit., t. 1, p. 329. 
A nuestro criterio, tal como está redactada la norma, se trata de 
un delito de peligro concreto, y así debe entenderse dado el riesgo 
que corre el bien jurídico, teniendo en cuenta lo que se ha dicho sobre 
el estado de corrupción del menor. 
También es admisible la tentativa sólo en los casos de tentativa 
inacabada. 
La jurisprudencia sostuvo al respecto, si bien confundiendo la 
corrupción con el abuso deshonesto (hoy abuso sexual simple o gra- 
vemente ultrajante), que: "Si bien el procesado fue sorprendido por 
los policías -en ocasión en que se hallaba succionándole el miembro 
viril al menor- antes que aquél llegara a eyacular, el delito, subsumido 
en el tipo del artículo 125, inciso 2", del Código Penal, ha quedado 
consumado por tratarse de un delito formal y por la índole de la con- 
duc ta a t r ib~ida"~~. 
La acción penal, atento a los bienes jurídicos en cuestión, es pú- 
blica y por ende ejercitable de oficio. 
111. Prostitución de menores 
1. Tipicidad 
a) Tipo objetivo 
a.1) La acción de prostituir 
Según Soler es la actividad de entregarse habitualmente a tratos 
sexuales con personas más o menos determinadas, que eventualmente 
lo requieran7'. Núñez, por su parte, afirma que es la depravación de 
los motivos generadores del trato sexual. El sexo y el amor son sus- 
tituidos, como motivo habitual del acto sexual, por la finalidad del 
sujeto de satisfacer el propio lucro o el ajeno, entregándose camalmente 
a personas indeterminada^^^.Por lo tanto, los requisitos básicos son 
la entrega indeterminada y habitual. 
Como se ve de ambos conceptos, se nota que una de las diferencias 
70 Cám. Nac. Crim., sala V, 4-7-85, c. 18.207, "Rojas, P.", Boletín de Jurispru- 
dencia, año 1985, No 3, p. 171. 
71 SOLER, ob. cit., t. 111, p. 307. 
72 NÚÑEZ, ob. cit., t. 111, p. 341. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
que existen está en si es necesario que la relación sexual este deter- 
minada por el dinero, por una parte, y por otra, la de una pluralidad 
indeterminada de personas con quien se tiene esa relación sexual. 
Sin embargo, la discrepancia no es aparente; el propio Soler afirma 
que no alcanza para que exista prostitución que se den relaciones se- 
xuales irregulares y accidentales, sino que se requiere que se trate de 
un estado73. Y, por otra parte, es difícil pensar en la prostitución como 
estado, si no es en base a que reciba dinero por acceder sexualmente. 
La idea de que en la prostitución, desde un punto de vista jurídico, 
necesariamente debe haber existido un precio y la indeterminación de la 
persona, es admitida por la doctrina alemana con sólidos f~ndamentos~~. 
Por otra parte, la prostitución y la corrupción son dos conceptos 
legales distintos e independientes, tal como han sido regulados en los 
tipos de los artículos 125 y 125 bis. Esto significa que la prostitución y 
la corrupción no pueden funcionar de manera convergente. La conducta 
tiene, en este aspecto, una dirección final que excluye a la otra, de 
manera que no puede haber relación sustitutiva o complementaria. Lo 
que únicamente es una promoción o una facilitación de la prostitución, 
no puede ser una promoción o facilitación de la corrupción, y v icever~a~~. 
Por eso, quien promueve o facilita el trato sexual normal pero lucrativo 
de una menor, promueve o facilita la prostitución, pero no la corrupción. 
La jurisprudencia ha tenido distintos criterios. "Constituye el delito 
de facilitación de la prostitución la conducta del procesado que man- 
tuvo, en tres o cuatro ocasiones, relaciones sexuales por vía anal -cum- 
pliendo el rol pasivo- con el menor, dado que la desviada conducta 
sexual observada por el acriminado revista entidad corruptiva suficiente 
para torcer de su normal cauce el instinto sexual del menor, o para 
mantener o agravar la realización de actos depravados por parte del 
mismo, dándose el elemento subjetivo requerido por el tipo penal, por 
el fin de satisfacer deseos sexuales propios, situación que se desprende 
de su condición de homosexual pasivo"76. 
73 SOLER, ob. cit., t. 111, p. 307. 
74 GOSSEL, ob. cit., t. 1, p. 297; SCHONKE y SCHRODER, 5 180, a, 5 y 6. 
75 NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 343; SOLER, ob. cit., t. 111, p. 307. 
76 C h . Nac. Crim., sala 111, 20-3-86, c. 20.059, "Orellana, J.", Boletín de Ju- 
risprudencia, año 1986, No 1, p. 5 l . 
El texto del artículo 125 bis del Código Penal, comprende tanto 
al que promueve como al que facilita y, siempre que se trate de menores 
de 18 años, aunque mediare consentimiento de la víctima. 
b) La promoción y facilitación de la prostitución de menores 
Promueve la prostitución el que opera como actor y parte en el 
acto sexual, tendiente a degradar los motivos de tal acto, a mantener 
a la víctima en la prostitución o a volver más torpe su comercio sexual. 
Facilita, quien obra haciendo más fácil o posible la autoprostitución 
del menor, en su iniciación, mantenimiento o empeoramiento. "El acu- 
sado hizo posible la autoprostitución de la víctima al presentársela a 
un tercero para que tuviese con él comercio camal por precio, el cual 
repartía él con la menor, esperándolos enfrente del albergue transitorio, 
para que éste al salir hiciese al acusado el efectivo pago"77. 
No hay en este punto diferencia, en lo que hace a los conceptos, 
con la promoción y la facilitación de la corrupción. Por ende va a 
promover la prostitución aquel que la inicia o la mantiene en ella. En 
cambio facilitará la prostitución aquel que ayude a una decisión del 
menor a estar en ese estado. No es alcanzado por la nórma el cliente 
que tiene relaciones con la menor, ya que él no facilita la prostitución, 
sino que realiza propiamente el acto, para el cual otros lo facilitaron, 
como ser, dar una habitación, etcétera78. 
c) Sujeto activo y pasivo 
No hay discusión en que tanto puede haber prostitución del hombre 
como de la mujer. Tampoco es relevante con quién se ejerce la prosti- 
tución, ya sea hombre o mujer. En su redacción actual, el artículo 125 
bis, primer párrafo, protege de la prostitución a menores de 18 años, el 
2" párrafo agrava la pena cuando el menor lo füere de 13 años. 
77 C h . Nac. Crim., sala 1, 22-12-89, causa 36.261, "Gómez, E.", Boletín de 
Jurisprudencia, año 1989, No 4. 
78 ESTRELLA y GODOY LEMOS, ob. cit., t. 1, p. 378; NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, 
p. 349. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
d ) Tipo subjetivo 
d. 1) El dolo 
El delito de prostitución es doloso, no admitiéndose la culpa y, 
como veremos, dada la estructura del tipo, el dolo debe ser directo, 
lo que significa saber que la acción que uno lleva a cabo tiende a 
promover la corrupción de un menor o tiene la finalidad de allanar 
los obstáculos para la corrupción que el menor ha decidido por sí. 
Al igual que en el tipo penal de corrupción, con anterioridad a 
la reforma introducida por la ley 25.087 este tipo penal exigía que, 
además del dolo, existieran elementos subjetivos especiales, consis- 
tentes en el ánimo de lucro y la satisfacción de deseos propios o 
ajenos, elementos éstos que han sido eliminados del tipo. 
2. Agravantes de la prostitución 
El segundo párrafo del artículo 125 bis incrementó el monto de 
la pena cuando el menor no hubiera cumplido los 13 años de edad, 
previendo una pena de seis a quince años de reclusión o prisión. 
El tercer párrafo contempla una pena de 10 a 15 años, similar a 
la de .la extorsión, por el máximo, agravante fundada en que además 
de torcer el normal desarrollo sexual, exista por parte de autor, la 
utilización de medios especiales, que vayan en contra de la libertad 
de la víctima. 
Según el tercer párrafo del artículo 125 bis del Código Penal 
"Cualquiera que fuese la edad de la víctima, la pena será de reclusión 
o prisión desde diez a quince años, cuando mediare engaño, violencia, 
amenaza, abuso de autoridad o cualquier otro medio de intimidación 
o coerción, como también si el autor fuera ascendiente, cónyuge, her- 
mano, tutor o persona conviviente o encargada de su educación o 
guarda". Rige para estos conceptos el análisis que se efectuara respecto 
del delito de corrupción. 
3. Consumación y tentativa 
El delito se consuma con la realización de los actos objetivamente 
idóneos para depravar, con el fin de prostituir a la víctima. No requiere 
el éxito del autor ni la producción de resultado alguno y se consuma 
con la realización de los actos que propenden a la desviación de los 
motivos generadores de la unión sexual, sin que obste a la realización 
del tipo la circunstancia de que la víctima estuviera ya prostituida o 
en el camino de la pro~titución'~. Se trata de un delito de mera actividad, 
en el cual la realización del tipo coincide con el último acto, y por 
lo tanto, no se produce un resultado separable de ella. Ya las acciones 
contienen en sí mismas un desvalor y la punibilidad no presuponen 
ningún resultado ulterior. Por eso no hay relación causal que analizar, 
bastando los actos en sí como capaces de prostitucióng0, coincidiendo 
la tentativa acabada con la consumación del delitos1. 
IV. Prostitución de mayores de edad 
1. Promoción y facilitación de la prostitución de mayores de edad 
El artículo 126 del Código Penal reprime con pena de reclusión 
o prisión de cuatro a diez años, al que con ánimo de lucro o para 
satisfacer deseos ajenos, promueve o facilita la prostitución de mayores 
de 18 años de edad, mediando engaño, violencia, amenaza, abuso de 
autoridad, o cualquier otro medio de intimidacióno coerción. 
2. Tipicidad 
a ) Tipo objetivo 
Cuando la ley se refiere a los conceptos de "promover", "facilitar" 
y "prostitución", hay que remitirse a lo dicho anteriormente. 
La enumeración de los medios es la misma que la efectuada en la 
agravante de prostitución de menores, especificándose en el caso que el 
abuso lo es de una relación de dependencia o de poder, conceptos éstos 
analizados al tratar las figuras de abuso sexual. Lo que debe quedar en 
claro es que para que se dé la corrupción de mayores debe tener lugar 
promoviendo o facilitando la prostitución con alguno de los medios 
establecidos en la ley. De modo que si se prostituye a una persona mayor 
de 18 arios, mediando consentimiento, la conducta será atípica. 
79 GAVIER, ob. cit., p. 77. 
'O ROXIN, ob. cit., t. 1, p. 328. 
ROXIN, ob. cit., t. 1, p. 329. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
Sin embargo el concepto básico, que debe ser entendido, para 
comprender y limitar la prostitución de mayores de la de menores es 
el consentimiento, pues en las personas mayores de edad, por más 
que pueda ser un acto contrario a las buenas costumbres o a la moral 
media, la ley no puede decir nada sobre esa conducta, quedando en 
la órbita del artículo 19 de la Constitución Nacional. 
La víctima debe ser mayor de 18 años, incluyendo cualquier persona. 
b) Tipo subjetivo 
El delito es doloso, exigiéndose el dolo directo, que significa 
saber que la acción que uno lleva a cabo tiende a promover la pros- 
titución de un mayor de 18 años o tiene la finalidad de allanar los 
obstáculos para la prostitución que el mayor ha decidido por sí, 
utilizando los medios establecidos por la ley. 
b.1) Los elementos subjetivos del tipo: las 
finalidades de quien promueve o facilita 
Limitada ahora solamente al caso de la prostitución de mayores, 
la ley trae como exigencia para estos tipos penales que, además del 
dolo, existan elementos subjetivos especiales, que consisten en el ánimo 
de lucro y la satisfacción de deseos ajenos. Se entiende por estos 
elementos subjetivos aquellos que caracterizan al tipo cuando se re- 
fieren al bien jurídico protegido, como también cuando ayudan a de- 
tenninar la caracterización del objeto de la acción típica, la forma de 
su menoscabo o tendencias relevantes para el injustog2. Se trata de un 
delito de tendencia. Con ello se quiere significar que existe una ten- 
dencia subjetiva inherente a un elemento típico. La tendencia lúbrica 
le da un carácter sexual especial a la conducta del autorg3. 
b.2) El ánimo de lucro 
El sujeto activo promueve o facilita la prostitución con ánimo de 
lucro cuando lo hace para obtener una ganancia material que puede 
consistir o no en dinerog4. Es, como se sabe, la figura del lenón, al- 
82 ROXIN, ob. cit., t. 1, p. 3 12. 
ROXIN, ob. cit., t. 1, p. 3 17. 
84 NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 351. 
cahuete o proxeneta. La ganancia o el provecho debe ser para el autor, 
aunque ese beneficio le llegue de manera indirecta. En otras palabras, 
el autor debe actuar con el fin de obtener un beneficio de tipo eco- 
nómico, por eso la ley habla de ánimo de lucro y no sólo la existencia 
de lucros5. A los efectos de la consumación es indiferente que el pro- 
vecho se obtenga efectivamente o no, bastando que se haya integrado 
a los planes del autor. 
No debe confundirse el ánimo de lucro, elemento subjetivo del 
tipo que está especializando el dolo y señalando cuál es la intención 
o finalidad del autor, con el precio pagado por el cliente como con- 
traprestación, porque éste puede decirse que es un presupuesto ne- 
cesario para que exista prostitucióng6. 
b.3) Satisfacción de deseos ajenos 
Sobre este punto se ha dividido la doctrina. Mientras un sector 
afirma que los deseos ajenos deben ser de personas indeterminadas, 
por lo menos en lo que hace a la prostitución, otro sector afirma 
que los deseos sexuales pueden ser de una persona determinada, 
distinta del autor, que pudo -o no- haber intervenido en el delito 
como cómplice o instigador y también a personas indeterminadas y 
por supuesto extrañas al delito8'. 
Creus, por su parte afirma que una cosa es que el autor tenga 
presente, al actuar, que la prostitución de la víctima terminará en la 
satisfacción de deseos ajenos, y una distinta es que se quiera satisfacer 
deseos ajenos, que es lo que reclama- el tipos8. De esta forma el tipo 
penal no acepta la satisfacción de personas indeterminadas. 
También es discutida la cuestión en cuanto a si la depravación por 
la depravación misma constituye delito. Para Creus, la respuesta es 
negativa, aunque luego duda de su afirmación; Núñez es concreto al 
afirmar que esas conductas están atrapadas por el artículo 125 del Código 
Penalg9. 
85 Ídem nota anterior, p. 352. 
" GAVIER, ob. cit., p. 80. 
87 FONTÁN BALESTRA; NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 352. 
CREUS, ob. cit., t. IV, p. 220. 
89 CREUS, ob. cit., t. 1, p. 221; NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 353. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
V. Explotación económica del ejercicio 
de la prostitución de la víctima 
El nuevo artículo 127 del Código Penalgo, sanciona con pena de 
prisión de tres a seis años al que explotare económicamente el ejercicio 
de la prostitución de una persona, mediando engaño, abuso coactivo 
o intimidatorio de una relación de dependencia, de autoridad, de poder, 
violencia, amenaza o cualquier otro medio de intimidación o coerción. 
Entiende Gavierg' que se ha restablecido la figura del rufianismo 
o rufianería, que ya tuvo vigencia en el ordenamiento jurídico penal 
argentino durante el período de las decretos leyes 17.567 y 21.33892, 
basados en el proyecto de Soler de 1960, sólo que la fórmula ha 
variado un poco en su estructura, pues ahora no es necesario que el 
autor se haga mantener, aunque sea parcialmente, por la explotación 
del ejercicio de la prostitución de una persona. 
Por el contrario, Creusg3 afirma que sería erróneo sostener que el 
nuevo artículo 127 pune un supuesto típico de rufianería, sino que se 
trata más bien de un tipo de proxenetismo llevado a cabo con los 
medios propios de la prostitución agravada de menores y de la pros- 
titución de mayores (arts. 125 bis, parr. 3O, y 126) y con una finalidad 
especifica: la explotación económica de la prostitución de la víctima. 
El mero rufián, destaca Creus, no emplea aquellos procedimientos 
sino que simplemente se aprovecha económicamente del ejercicio de 
la prostitución. 
En este mismo sentido también opina Villada, cuando afirma que 
esta disposición carece de mayor sentido si tenemos en cuenta la pri- 
mera parte del tipo legal del artículo 126, advirtiendo, como única 
diferencia, el uso de la alocución "explotación económica". Agrega 
el autor que esta repetición resulta innecesaria, y conducirá a más de 
un defensor a encuadrar la conducta en esta disposición más benévolag4. 
90 Que antes de la ley 25.087 tipificaba el "abuso deshonesto". 
91 GAVIER, ob. cit., p. 8 1. 
92 El art. 127: "El que se hiciere mantener, aunque sea parcialmente por una 
persona que ejerza la prostitución, explotando las ganancias provenientes de su acti- 
vidad será reprimido.. ." 
93 CREUS, art. cit., p. 6. 
94 VILLADA, ob. cit., p. 91. 
Decían, comentando la norma del artículo 127 del decreto-ley 
17.167, Fontán Balestra y Millán que: Parece innecesario decir que 
la norma que previera el delito de rufianería era una necesidad im- 
postergable. Cabe recordar que la jurisprudencia había declarado que 
no comete delito el que vive de la prostitución ajena, si no emplea 
engaño, violencia, amenaza, abuso de autoridad, o cualesquiera otros 
medios de coerción para prostituir a la víctima, tanto que la violencia 
ejercida para apoderarse de las ganancias dio lugar a la calificación 
de robo (Cám. Crim. Com., J. A. 11-860; L. L. 65-115 y 89-86)95. 
El antecedente estaba dado por el proyecto de 1906, según el 
decir de Fontán Balestra, y regulado por la ley 12.331 de 1936 con 
la reforma de 1946. Todos los proyectos posteriores al Código de1921 
han distinguido al proxeneta del rufián. Por ejemplo, el proyecto de 
1937 de Col1 y Gómez castigaba al que se beneficiaba con la prosti- 
tución ajena, obteniendo el lucro directamente de la persona que lo 
ejerce o por intermedio de un tercero, y al que se beneficia de la 
prostitución, participando en la propiedad o administración de un le- 
nocinio (art. 173). El proyecto de 1941 de Peco (art. 195), castigaba 
al que lucre con el ejercicio de la prostitución ajena haciéndose man- 
tener aunque sea en parte por la persona prostituida. El proyecto de 
1951 en el artículo 278, inciso 2", contemplaba a quien se hacía man- 
tener por persona que ejerciera la prostitución, y el proyecto de 1960 
de Soler también hablaba de quien se hiciera mantener, aunque sea 
parcialmente, por una persona que ejerza la prostitución, explotando 
las ganancias provenientes de ese comercio96. 
En principio la ley ha optado por una vía distinta a la prevista 
en decreto-ley 17.567, ya que ni tiene la palabra "hacerse mantener" 
ni tampoco se habían previsto en el antecedente los medios que la 
actual ley trae. Es más, la doctrina estaba conteste en afirmar que los 
medios de que el autor se vale para cometer el delito carecen de sig- 
nificado legal. Ni la violencia, decían Fontán Balestra y Millán, ni las 
amenazas pertenecen al tipo de este delito, sin perjuicio de que pueden 
constituir otro delito que concurra con él. Sin embargo, cuando ex- 
95 Las reformas al Código Penal, ley 17.567, Abeledo- Perrot, Buenos Aires, 
1968, ps. 1301131. 
96 FONTÁN BALESTRA, ob. cit., p. 133. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
plicaban qué significaba "hacerse mantener" afirmaban que era explo- 
tando las ganancias provenientes de la actividad de la mujer. De modo 
tal que en este aspecto no tienen diferencias ambas conductas, ya que 
explotar quiere decir obtener utilidad, lucrar con algo. Entonces, la 
idea esencial que se mantiene es que el autor explota las ganancias 
que provienen del ejercicio de la prostitución, como un comercio del 
que obtienen entradas, importando poco o nada, en la actual redacción, 
si con eso se mantiene o no. Lo fundamental es que el autor percibe 
todo o parte de lo que la persona prostituida cobra por su entrega9'. 
1. Explotación económica 
La conducta típica consiste en "explotar económicamente" a cual- 
quier persona (no especifica edad) valiéndose de los medios ya enu- 
merados en el artículo 12698. 
Explotar, como se ha dicho, quiere decir obtener utilidad o lucrar 
con algo. El explotador, en el caso, lucra o se beneficia con la ganancia 
total o parcial de una persona que ejerce la prostitución. Explotar 
significa: sacar provecho de una fuente de riqueza; sacar provecho 
con astucia o abuso; servirse de alguien sin más miras que el provecho 
propio9*-'. Este último es el sentido empleado por la norma. 
La explotación económica supone un resultado concreto (de lucro), 
con lo que el delito admite perfectamente la t e n t a t i ~ a ~ ~ , y se trata de 
un delito permanente, es decir que su ejecución se extiende en el 
tiempo y se consuma en el momento en que el autor comienza a 
explotar, esto es, a recibir dinero, de la persona prostituida. 
2. Medios comisivos 
El tipo objetivo exige que el sujeto activo actúe mediando engaño, 
violencia, amenaza, abuso de autoridad o cualquier otro medio de in- 
timidación o coerción, conceptos ya analizados en la prostitución agra- 
vada de menores (art. 125 bis, 3er. párrafo), adonde nos remitimos. 
97 FONTAN BALESTRA, ob. cit., p. 133; MANZINI, Tratado, vol. 7, No 2647; 
MAGGIORE, Derecho Penal, t. 4", p. 124. 
98 VILLADA, ob. cit., p. 91. 
98-1 SECO, ANDRÉS y RAMOS, Diccionario ... cit., t. 1, p. 2080. 
99 VILLADA, ob. cit., p. 95. 
VI. Jurisprudencia 
El núcleo del tipo del artículo 126 del Código Penal, no es "co- 
rromper" sino promover esa corrupción con actos de obscenidad 
sexual capaces de "mover hacia" ella. 
SCJBA, 4-5-82, "P., A. cP., R.", D. J. B. A. 123-66 
El delito de corrupción es de carácter formal y no exige que la 
víctima sea una persona no corrupta. En consecuencia, es irrelevante 
a los efectos del reproche penal que el menor víctima haya con- 
sentido en ejecutar los actos juzgados -y aún hacerlos por preciw 
poniendo de resalto su catadura moral y quizá la circunstancia de 
que estaba ya corrompida, pues todo acto realizado en una línea 
de conducta hace que esa conducta se afiance por reiteración de 
los mismos, los que, conforme sea su calidad, llevarán al hombre 
que los ejecuta al vicio o a la virtud. En el caso de autos no cabe 
duda que los actos ejecutados han constituido un escalón más en 
la corrupción del menor aun cuando se aceptara la tesis de que el 
menor víctima estaba ya iniciado en el vicio. 
C h . Nac. Crim. y Correc., sala 111, 13-8-81, "González, Dal- 
macio", BCNCyC 981 -1X-185 
No configura corrupción un fugaz tocamiento genital que ni siquiera 
llegó a ser un acto de masturbación y carece, por ende, de eficacia 
objetiva para perjudicar el sano sentido de la sexualidad de la víc- 
tima. 
Cám. Nac. Crim. y Correc., sala VII, 14-9-81, "Vidal, Juan C.", 
BCNCyC, 98 1 -X-209 
El delito de corrupción de menores, no es de resultado material 
sino meramente formal, por lo que para la adecuación típica no se 
requiere la comprobación de la efectiva corrupción del menor, sino 
que la conducta del acusado sea idónea para promoverla o facilitarla. 
Cám. Nac. Crim. y correc., Sala de Cámara, 21 -12-76, "P., D. 
H.", L. L. 1979-A-867 (34.972-S) 
Comete el delito de corrupción de menores si los actos de seducción 
realizados por el procesado sobre el menor son idóneos para com- 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
prometer la evolución normal de su personalidad sexual masculina, 
aunque el rol que tocó asumir a la víctima fuese precisamente el 
varonil. 
C h . Nac. Crim. y Correc., sala VII, 8-6-86, "Guadagnoli, 
Gentile C.", L. L. 1987-A-25 
Los delitos de facilitación y promoción de la corrupción y de la 
prostitución son de acción pública y no de los resguardados del 
strepitus fori por el artículo 72 del Código Penal. 
Cám. Nac. Crim. y Correc., sala 1, 22-12-89, "Gómez, Ernesto 
D.", 38.144-S, L. L. 1990-C-567 . 
Tratándose de personas de un mismo sexo, la violación de un menor 
resulta con entidad suficiente para desviar el instinto sexual, por 
lo que se habría configurado el delito de corrupción de menores; 
pero tratándose de un concurso aparente, en tanto el acto corruptor 
coincide con la violación, la realización del tipo penal más grave 
(violación), incluye la de la corrupción. 
Cám. Nac. Crim. y Correc., sala VI, 30-8-9 1, "Veira, Héctor R.", 
L. L. 1992-B-58, D. J. 1992-1-67, J. A. 1991-IV-345, E. D. 
144-326 
La corrupción consiste en la depravación de la conducta sexual, 
que se deprava cuando el acto sexual es excesivo, perverso o precoz 
(del voto en disidencia del doctor Donna). 
Cám. Nac. Crim. y Correc., sala 111, 15-9-92, "Segretín, Ángel 
A.". L. L. 1993-A-205 
La corta edad de las víctimas es un elemento decisivo para afirmar 
que el delito de corrupción de menores se ha configurado, cuando 
se trata de actos perversos de naturaleza sexual, precisamente por 
ser prematuros, ya que sólo es necesario que el acto propenda a la 
corrupción, es decir, ponga en peligro la sana y normal fisiología 
sexual de la víctima, máxime si se trata de menores. 
Cám. Nac. Casación Penal, sala 11, 3-6-94, "Giménez, Rubén 
E.", J. A. 1995-11-299 
Promover significa "iniciar", "comenzar", "empezar", "dar principio 
a una cosa", "adelantar" algo -"procurando su logro"-, "mover", 
"llevar hacia adelante". De modo que para perfeccionarse este nú- 
cleo no es necesario que se concrete la corrupción, pero no es 
suficiente que se realicen actos idóneos para ello: se requiere que 
el autor inicie (comience, empiece, dé principio, mueva, lleve hacia 
adelante) la corrupción del sujeto pasivo. Y facilitar significa crear 
las condiciones para que algo sea posible opueda hacerse "sin 
mucho trabajo" o pueda "suceder con mucha probabilidad". 
SCJBA, 28-12-95, "Peralta, Ivón R.", D. J. B. A. 150-1679 
Para que éste se configure resulta necesario que los actos realizados 
por el sujeto activo tengan por finalidad desviar los instintos se- 
xuales de la víctima para satisfacer los propios deseos anómalos, 
o sea que el llamado "depravador directo" no cumple con los re- 
quisitos del tipo del artículo 125 del Código Penal, si no actúa con 
este "plus" intencional. 
Cam. Nac. Crim. y Correc., sala 1,s-8-86, "Araya, Jorge", D. J. 
987-2-738 
Habrá delito de corrupción cuando los actos demuestren que el 
sujeto tendió a buscar el estado de depravación de la víctima. 
Cám. Nac. Crim. y Correc., sala I,23-11-90, "Servidio, Vicente 
M.", L. L. 1991-E-628 
No quedan comprendidas en el delito de corrupción las conductas 
del agente que hace intervenir al sujeto pasivo en uno o más actos 
perversos, objetivamente corruptos, o que procura que se entregue 
carnalmente a determinadas personas, si no entra en sus planes la 
concreción de aquellos estados, utilizando estas actividades como 
medios. 
Cam. Nac. Crim. y Correc., sala VI, 17-2-93, "L., E. A.", L. L. 
1993-E-433 
El delito de rufianería se configura cuando, quien suministra al 
sujeto activo los medios de manutención ejerza actualmente la pros- 
titución y que de esa fuente provengan dichos bienes, sin que se 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
requiera que el producto de esas ganancias sea el único medio de 
vida del rufián; es suficiente con que se haga mantener parcialmente. 
SCJBA, 30-8-83, "Malerba, Rubén", L. L. 1984-C-624, 
36.664-S, DJBA 127-61 
Las connotaciones de la prostitución se encuentran sintetizadas en 
el latinismo palam sine delectu pecunia acepta, que equivale a 
públicamente, sin elegir, aceptando dinero. 
SCmA, 14-12-82, "Hartwing, Máximo y otros", L. L. 1983-C- 
327, DJBA 124-4 
Por otra parte, el quehacer de la encausada, que facilitando su vi- 
vienda habría permitido y concertado actos aislados de otras mujeres 
con hombres que les presentó, participando del precio a modo de 
compensación por su mediación, no permite considerarse continua 
y permanente, características del propósito de "hacerse mantener" 
a que se refiere la norma cuya infracción se la reprocha rufianería 
por lo que no se darían en la especie sus elementos tipificantes. 
Cam. Nac. Crim. y Correc., sala IV, 1-6-82, "Minardi de Pontie- 
ri", BCNCyC 982-3-125 
Si la encausada ha facilitado por lucro la prostitución voluntaria 
de mayores de edad, no ha incurrido en "rufianería por manteni- 
miento'', si no ha sido mantenida por las distintas mujeres en las 
condiciones establecidas por el artículo 127 bis del Código Penal. 
Cám. Nac. Crim. y Correc., sala VI, 10-7-81, "A. de V., A. M.", 
J. A. 982-11-579 
Por su carácter unitario y por la propia e intrínseca naturaleza del 
acto ejecutado, no implica "hacerse mantener" el haber facilitado 
una habitación para que en ella dos mujeres mayores de edad se 
relacionen carnalmente por precio con un tercero, ni aun cuando 
el agente que ha facilitado dicho sitio obtenga por ello un beneficio 
en pesos equivalente al 20% de lo percibido por las prostitutas. 
Cám. Nac. Crim. y Correc., sala 11, 30-9-80, "Koohon Meyer, 
Marcelo", L. L. 198 1-B-85 
La conducta de la procesada, acordando citas telefónicas, dando 
turnos y horarios, atendiendo a los clientes, presentando a las pros- 
titutas, estipulando precios, cobrándolos, etcétera, conforma la plena 
prueba del proceder delictual reprochado, es decir el delito de ru- 
fianería. 
Cám. Nac. Crim. y Correc., sala 11, 3-4-81, "Mónaco, Elsa", 
E. D. 94-392 
La conducta de la encawada, al haber facilitado su departamento 
a distintas mujeres para que mantuvieran relaciones sexuales por 
precio, no configura el delito de rufianería, por cuanto, si bien 
participó del precio a modo de compensación por su mediación; 
su accionar no puede considerarse continuo y permanente, carac- 
terísticas de la expresión "hacerse mantener" a que se refiere la 
norma mencionada. Su papel es el de una proxeneta o celestina o 
alcahueta, por "encubre, permite o concreta en su casa" las ilícitas 
relaciones de diversas mujeres que concurren a su casa. Es de des- 
tacar que la vivienda de la prevenida no es "casa de tolerancias ni 
su dueña explota prostitución ajena en el sentido que lo requiere 
el articulo 127 bis del Código Penal. 
Cám. Nac. Crim. y Correc., sala IV, 19-12-80, "Dicurchet, 
Mercedes", BCNCyC 98 1-11-44 
Los delitos de facilitación y promoción de la corrupción y de la 
prostitución son de acción pública y no de los resguardados del 
strepitus fori por el artículo 72 del Código Penal. 
Cám. Nac. Crim. y Correc., sala 1, 22-12-89, "Gomez, Ernesto 
D.", 38.144-S, L. L. 1990-C-567 
TRATA DE PERSONAS PARA QUE 
EJERZAN LA PROSTITUCIÓN 
SUMARIO: 1. Disposiciones legales. 11. Antecedentes históricos. 111. Trata de menores de 
18 años. 1. Tipo objetivo. a) Acción típica. b) Sujeto activo y sujeto pasivo. 2. Tipo 
subjetivo. 3. Agravantes de la trata de menores. 4. Consumación y tentativa. IV. Tra- 
ta de mayores de 18 años. 
1. Disposiciones legales 
Los artículos 127 bis y ter prevén los delitos de trata de personas, 
refiriendose el primero de ellos a los menores de 18 años, y el segundo 
a los mayores de esa edad. 
Artículo 127 bis: El que promoviere o facilitare la entrada o salida 
del país de menores de dieciocho años para que ejerzan la prosti- 
tución, será reprimido con reclusión o prisión de cuatro a diez 
años. La pena será de seis a quince años de reclusión o prisión 
cuando la víctima fuere menor de trece años. Cualquiera que 
fuese la edad de la víctima, la pena será de prisión o reclusión de 
diez a quince años cuando mediare engaño, violencia, amenaza, 
abuso de autoridad o cualquier otro medio de intimidación o 
coerción, como también si el autor fuera ascendiente, cónyuge, 
hermano, tutor o persona conviviente o encargado de su educa- 
ción o guarda. 
Artículo 127 ter: El que promoviere o facilitare la entrada o salida 
del país de una persona mayor de dieciocho años para que ejerza 
la prostitución mediante engaño, violencia, amenaza, abuso de 
autoridad o cualquier otro medio de intimidación o coerción, será 
reprimido con reclusión o prisión de tres a seis años. 
iI. Antecedentes históricos 
El artículo 13 1 del proyecto de 1906, bajo el título Trata de 
blancas, reprimía con prisión de seis meses a cuatro años al que por 
medio de fraude, o con ayuda de violencia, de coerción, hubiere 
detenido, o facilitado o permitido la detención de una persona, aunque 
fuera mayor, contra su voluntad, y aun por causa de deudas, en casa 
de prostitución, o la hubiere obligado a entregarse a la prostitución. 
Esta disposición no pasó a formar parte del articulado del Código 
de 1921'. 
La ley 12.33 1, reformada por la 12.9 12, en el artículo 15 prohibió 
el establecimiento de casas o locales donde se ejerciera la prostitución 
o se incitara a ella, con excepción de aquellos cuyo funcionamiento 
fuera autorizado por la Dirección de Salud Pública y Asistencia So- 
cial, con aprobación del Ministerio del Interior. Asimismo se reprimía 
a los que sostuvieran, administraran o regentearan, ostensible o encu- 
biertamente, casas de tolerancia (art. 17). 
La finalidad de la ley 12.331 fue vinculada a la persecución 
del rufián y del tratante de blancas, pero lo cierto es que faltaba 
la norma que tipificara esas conductas en sí mismas. Los proyectos 
de 1937 (art. 174), de 1941 (art. 196) y de 1960 (art. 172), lo hi- 
cieron*. 
Luego, el decreto-ley 17.567 legisló en el artículo 127 bis del 
Código Penal la figura de trata de personas, consistente en promover 
o facilitar la entrada o salida del país a una mujer o un menor de 
edad para que ejerzan la prostitución, previendo una pena de tres a 
seis años, y elevándola a ocho años cuando mediare alguna de las 
circunstancias agravantes del artículo 125 -proxenetismo-.La ley 25.087 mantiene en el artículo 127 bis la figura de la trata 
de personas, pero ahora los sujetos pasivos son hombres o mujeres 
menores de 18 años de edad, contemplándose en el artículo 127 ter 
la trata de mayores de 18 años. 
FONTÁN BALESTRA, ob. cit., p. 158. 
2 FONTÁN BALESTRA, ob. cit., p. 159. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
m. Trata de menores de 18 años 
1. Tipo objetivo 
a) Acción tlpica 
Hay que distinguir la promoción o facilitación de la salida del 
país, de la entrada al país. En este último caso, actos que serían pre- 
paratorios de la entrada al país, están alcanzados por la norma. Para 
ser claros, quien en Francia realice actos de promoción o facilitación 
para enviar a una persona a la Argentina, y luego no lleva a cabo tal 
acción, queda para nuestra legislación impune, como acto preparatorio, 
y por otra, queda fuera de la jurisdicción argentina, salvo convenio 
especial con ese país. En cambio, en el caso de la salida del país se 
trata de un delito de peligro concreto, es decir, bastará un mero acto 
promotor o facilitador de la salida para que se consume el delito, sin 
importar si efectivamente la persona salió del país y, menos aún, si 
finalmente ejerció la prostitución. 
Como "país" cabe entender el territorio comprendido dentro de 
los límites geográficos e históricos en los que rige la ley y la jurisdicción 
argentinas. 
Respecto de los verbos promover y facilitar, son de aplicación 
los conceptos dados al explicar la prostitución y la corrupción, pero 
en esta figura, a diferencia del artículo 125 bis y 126, se castiga la 
conducta del que para proveer al mercado de la prostitución del ele- 
mento humano necesario para su ejercicio, procura la entrada o salida 
de personas del país con ese fin3. 
Señala Gavier que es la realización de esa actividad mediante la 
cual se promueve o facilita, que puede ser de cualquier especie (re- 
clutamiento, persuasión, consejos, etc.), la que marca el momento con- 
sumativo del delito, sin que sea necesario que las personas traspongan 
las fronteras del país, y mucho menos que realmente lleguen a ejercer 
la prostitución; opinión esta aceptable, con la aclaración hecha ante- 
normente4. 
En síntesis, se trata de un delito de peligro concreto, en donde el 
GAVIER, ob. cit., p. 83. 
GAVIER, ob. cit., p. 84. 
autor debe haber realizado actos de facilitación o de promoción, con 
un fm determinado. Por ejemplo, si los actos de sacar a una persona 
del país fueron con otro fin distinto al ejercicio de la prostitución, la 
conducta sale del presente artículo, cualquiera sea la edad de la víctima. 
b) Sujeto activo y sujeto pasivo 
Sujeto activo puede ser cualquier persona, mientras que sujeto 
pasivo puede ser un hombre o una mujer, menores de 18 años de 
edad. En su redacción actual, elq2" párrafo del artículo 127 bis agrava 
la pena cuando el menor lo fuere de 13 años. Y, por último, cualquiera 
fuere la edad de la víctima hasta 18 años, ante la presencia de los 
medios o personas enumerados en el Código, se eleva la pena de diez 
a quince años. 
2. Tipo subjetivo 
El delito de trata de menores es doloso, no admitiéndose la culpa; 
dada la estructura del tipo, el dolo debe ser directo. El autor debe 
saber que está promoviendo o facilitando la entrada o salida de menores 
del país para que ejerzan la prostitución. Nótese en este sentido que 
debe existir un elemento subjetivo especial que inspira la acción: que 
el sujeto pasivo ejerza la prostitución. 
Sin ese propósito, señala Fontán Balestra, no tendría sentido que 
se castigara la acción típica antes explicada5. 
3. Agravantes de la trata de menores 
El segundo párrafo del artículo 127 bis incrementó el monto de 
pena, de seis a quince años, cuando el menor no haya cumplido los 
13 años de edad. 
El tercer párrafo prevé una pena de 10 a 15 años, cuando "cual- 
quiera que sea la edad de la víctima" -expresión referida a los menores 
de 18 años protegidos por el tipo penal en estudio- mediare engaño, 
violencia, amenaza, abuso de autoridad o cualquier otro medio de in- 
timidación o coerción, como también si el autor fuera ascendiente, 
cónyuge, hermano, tutor o persona conviviente o encargada de la edu- 
FONTAN BALESTRA, ob. cit., p. 161. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
cación o guarda". Rige para estos conceptos, el análisis que se efectuara 
respecto del delito de prostitución. 
La agravante es lógica habida cuenta la edad de las personas, los 
medios utilizados para sacarla del país y la calidad del autor. Sin 
embargo, nuevamente la ley tiene una falla, porque si el ascendiente, 
cónyuge o hermano ... no es el autor, se pueden dar casos en que la 
agravante no se tipifique, aun cuando alguna de estas personas sea 
cómplice primario del' hecho. 
4. Consumación y tentativa 
Siendo un delito de peligro concreto la tentativa es posible si el 
hecho se consuma con la promoción o facilitación de la salida aunque 
ésta no suceda. En cambio, en el caso inverso, por las razones ante- 
dichas se consuma en el momento en que se entra al temtorio de la 
Nación, y aunque la víctima no ejerza la prostitución. 
III. Rata de mayores de 18 años 
Los elementos típicos del delito son iguales a los explicados en 
el caso de la trata de menores, pero la diferencia esencial consiste en 
que, para que exista trata de mayores, la promoción o facilitación 
siempre debe lograrse con alguno de los medios establecidos en la 
ley. De modo que si se hace entrar o salir del país, para el ejercicio 
de la prostitución, a persona mayor de 18, mediando consentimiento 
de ella, la conducta será atípica. 
La víctima debe ser mayor de 18 años de edad, incluyendo cual- 
quier persona. 
Aquí el legislador ha tenido en cuenta la libre decisión de la 
persona frente al acto de quien saca a seres humanos para hacerles 
ejercer la prostitución. Sin embargo, en zonas de pobreza y margina- 
ción, como es América del Sur, podría ser que la persona aceptara 
ser sacada o traída para el ejercicio de la prostitución para salir de la 
miseria en que vive, situación ésta que no está prevista en ninguno 
de los medios contemplados en el Código. Esta hipótesis debe ser 
analizada porque de hecho hay un aprovechamiento de la situación 
que podría ser contemplada por la ley. 
SUMARIO: 1. Disposición legal. 1. Bien jurídico protegido. 11. Antecedentes históricos. 
111. Tipicidad. 1. El tipo objetivo. a) Las acciones propiamente típicas. b) La 
pornografía. c) La publicidad. d) Sujeto activo y sujeto pasivo. 2. Tipo subjetivo. IV. 
Consumación y tentativa. V. Las garantías constitucionales y la prensa. VI. El 
problema de los artículos 49 y 128 del Código Penal. 
1. Disposición legal 
El artículo 128 prevé que será reprimido con prisión de seis meses 
a cuatro años el que produjere o publicare imágenes pornográficas en 
que se exhiban menores de 18 años; el que organizare espectáculos 
en vivo con escenas pornográficas en que participaran dichos menores, 
o el que distribuyere imágenes pornográficas cuyas características ex- 
temas hicieren manifiesto que en ellas se ha grabado o fotografiado 
la exhibición de menores de 18 años, al momento de la creación de 
la imagen. Asimismo, reprime con pena de prisión de un mes a tres 
años a quien facilitare el acceso a espectáculos pornográficos o surni- 
nistrare material pornográfico a menores de 14 años. 
1. Bien jurídico protegido 
La nueva ley tiene un claro antecedente en la reforma del Código 
de España del 23 de noviembre de 1995. La idea de la ley, acertada 
en este aspecto de respeto a la libertad de las personas, incrimina en 
este tipo conductas en las cuales se vean afectadas personas menores, 
dejando de lado toda regulación sobre la exhibición de mayores de 
edad. Como afirma Cancio Meliá, "Será necesario que las conductas 
incriminadas en este capítulo sean idóneas en el ámbito sexual, con 
independencia de que se entienda que también aquí se trata de proteger 
la libertad sexual (Díez Ripolles), o más bien el bienestarcíclico de 
las personas protegidas (Vives Antón)"'. 
En su anterior redacción, los artículos 128 y 129 legislaban los 
delitos relacionados con "lo obsceno", bajo el título Ultrajes al pudor 
público2. El nuevo texto del artículo 128 especifica como destinatario 
de la norma a los menores de 18 años en los párrafos 1" y 2", mientras 
que en el 3" se refiere a las personas de 14 años. En consecuencia, 
puede afirmarse que en el tipo penal del artículo 128 del Código Penal, 
lo dañoso ya no es la imagen que recibe el adulto, sino que se refiere 
a los menores que están involucrados en las imágenes netamente por- 
nográficas, o a las imágenes que éstos reciban. Así, ya no se tiende 
a la tutela de la decencia sexual pública, sino la protección del menor 
de 18 años. 
En este sentido, el miembro informante de la Cámara de Diputados, 
doctor José Ignacio Cafferata Nores expresó: "Se desincrimina la pro- 
ducción de imágenes y objetos obscenos en los que estuvieren en 
juego exclusivamente imágenes de personas adultas. El objetivo pri- 
mordial de la incriminación reside en reprimir la explotación de niños 
en la producción de imágenes pornográficas. Se ha colocado especial 
acento en evitar punir a quien no conoce el material que está distri- 
buyendo, sino que quien sea pasible de sanción sea aquel que a sa- 
biendas distribuye el tipo de material mencionado. Este precepto nor- 
mativo también amplía la incriminación a fin de abarcar los actos 
' CANCIO MELIÁ, Delitos contra la libertad sexual, p. 541. Igualmente CAR- 
MONA SALGADO, ob. cit., p. 339. También POLAINO ORTS, Miguel, Los delitos 
sexuales a la luz de la reforma de 199.5. Especial referencia a la ley orgánica 11, del 
30-4-99, publ. en Cuadernos de Política Criminal, No 67, Madrid, 1999, p. 178. 
El art. 128 preveía prisión de quince días a un año para el que publicare, 
fabricare, o reprodujere libros, escritos, imágenes u objetos obscenos, y el que los 
expusiere, distribuyere o hiciere circular. 
El artículo 129 castigaba con multa de setecientos cincuenta a doce mil quinientos 
pesos al que en sitio público ejecutare o hiciere ejecutar por otro exhibiciones obscenas, 
previendo la misma pena cuando los actos tuvieren lugar en sitio privado, pero ex- 
puestos a que sean vistos involuntariamente por terceros. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
que no son filmados, grabados o fotografiados, sino di- 
rectamente actuados en vivo, a modo de espectáculos..."3 
Gavier entiende que el nuevo tipo penal, ha dejado de ser un 
atentado al pudor público y es ahora un ataque al normal desarrollo 
psíquico y sexual de menores de 18 años4. 
Villada afirma que se tutela el pudor sexual y la moralidad de 
los menores5. 
Entendemos, como Díez Ripolles, que la protección de menores 
es también protección de la libedad individual. Así se dirá que en los 
preceptos de protección de la juventud se atiende, de modo inmediato, 
a la protección del individuo que, por ser inmaduro, todavía no puede 
decidir por sí mismo, intentándose, no lograr su desarrollo de acuerdo 
a las valoraciones éticas o necesidades sociales, sino garantizar un 
área de protección de modo que el acuñamiento de las ideas sobre la 
conducta sexual del joven quede reservado a él mismo una vez con- 
seguida la madurez6. 
En este mismo sentido, Polaino Orts quien, refiriéndose a lo por- 
nográfico, afirma que sólo entra en ese calificativo lo que produzca 
algún daño en el desarrollo de la psiquis de las personas inmaduras7. 
Se olvidaron los legisladores de ampliar en la ley esta protección 
a los incapaces mentales, como si no fueran dignos de igual protección 
que los menores. 
II. Antecedentes históricos 
El proyecto de 1906 (art. 133) es el que introduce el primer an- 
tecedente de esta norma, que luego pasa al artículo 128 del proyecto 
de 1917. Moreno cita como antecedente al Código de Italia, pero Núñez 
afirma que éste es distinto a nuestra ley8. 
Antecedentes parlamentarios, en L. L. 5- 16 16. 
GAVIER, ob. cit., p. 89. 
VILLADA, ob. cit., p. 106. 
DÍEZ RIPOLLES, ob. cit., ps. 2341235. 
POLAINO ORTS, ob. cit., p. 179. 
MORENO, El Cbdigo Penal y sus antecedentes, t. IV, ps. 294 y SS.; NÚÑEZ, 
ob. cit., t: IV, p. 377. 
El antecedente mediato es el Código de España. El artículo 186 
del Código español incrimina la difusión, venta o exhibición de material 
pornográfico, en los siguientes términos: "El que, por cualquier medio 
directo, difundiere, vendiere o exhibiere material pornográfico entre 
menores de edad o incapaces será castigado con pena de multa de 
tres a diez meses". En la reforma de 1999 practicada al Código Penal 
español se añadió a la expresión "por cualquier medio" el calificativo 
"directo", según lo cual se desprende la necesidad de que el sujeto 
pasivo se encuentre presente al momento en que se produzca la acción 
constitutiva del delito. La redacción del tipo se limita a tres acciones 
concretas: 
a) difundir material pornográfico; 
b) vender dicho material, y 
c) exhibirlog. 
m. Tipicidad 
1. El tipo objetivo 
a ) Las acciones propiamente t@icas 
En principio, se puede afirmar que dentro del nuevo artículo 128 
se encuentran tres tipos delictivos: el primero de ellos es el producir 
o publicar imágenes pornográficas en que se exhiban menores de 18 
años, y organizar espectáculos en vivo con escenas pornográficas en 
que éstos participen. El segundo tipo penal es el de distribuir dichas 
imágenes. Y el tercero es el de facilitar el acceso a espectáculos por- 
nográficos a menores de 14 años, o suministrarles material pornográ- 
fico. 
Por imagen debe entenderse una representación o figuración de 
escenas de contenido pornográfico. 
a.1) Por producir debe entenderse elaborar o fabricar (se refiere 
a fotografías, películas, etc.), y por publicar debe entenderse la idea 
de imprimir (hace referencia a libros o imágenes). 
Respecto de la organización de espectáculos en vivo con menores 
POLAINO ORTS, ob. cit., ps. 1701180. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
de 18 años en que se expongan en escenas pornográficas, éstos se refieren 
a montajes o escena de contenido pornográfico. De lo que se trata es de 
hacer actuar a menores en espectáculos que pueden ser vistos por ter- 
ceros, con un contenido pornográfico. El fin de la norma es la exhibición 
a un grupo indeterminado de personas, sea público o no. 
a.2) Distribuir es entregar a los adquirentes o destinatariosI0, co- 
nociendo el contenido de lo que se distribuye. 
a.3) Finalmente, en cuanto a la acción de facilitar el acceso a 
espectáculos pornográficos a menores de 14 años, debe tenerse en 
cuenta que, en primer lugar, no se requiere que el menor vea el es- 
pectáculo, sino que basta con que ingrese, con la ayuda del autor, a 
un lugar donde éste se lleva a cabo, y, en segundo lugar, debe tratarse 
de lugares en que se exhiba públicamente pornografía. 
Respecto de suministrar material pornográfico a menores de 14 
años, dicha entrega puede ser a título oneroso o gratuito. 
La multiplicidad de conductas del mismo sujeto, sobre un mismo 
objeto, no multiplica la delictuosidad, ya que se trata de un delito 
continuado1'. 
En su redacción anterior, el artículo se refería a "lo obsceno". 
Dicho concepto ha sido reemplazado por la expresión "pornografía", 
expresión que guarda similitud con "obsceno", aunque sigue siendo 
tan relativo como la palabra obsceno el problema básico con que se 
encuentra el intérprete: el análisis del concepto de obsceno. Se toca, 
por supuesto, el tema de la pornografía. Según Soler, la cuestión no 
es tan difícil de resolver, porque cuando la obra tiene una clara finalidad 
pornográfica, ésta se pone de manifiesto de manera patente, y es im- 
posible que se pueda hablar de una voluntad artística. Por lo tanto si 
no parte de un propósito sexual predominante, será muy difícil discernir 
lo pornográfico de lo artístico12. Además, Soler exige que la obra sea 
gravemente obscenaI3. 
lo NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 382; CREUS, ob. cit., t. 1 ,p. 244. 
l 1 NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 382; CREUS, ob. cit., t. 1 , p. 244. 
l2 SOLER, ob. cit., t. 111, p. 338. 
l3 SOLER, ob. cit., t. 111, p. 339. 
Para Creus, lo obsceno no es aquello que sea inmoral, ni malicioso, 
ni lo meramente impúdico. Lo obsceno es "la manifestación torpe de 
lo sexual que condensa la lascivia en el modo indecoroso de expresar- 
lo, o sea la manifestación que nos choca, por la manera como expresa 
la sexualidad, ante las nociones que tenemos de cuáles deben ser los 
límites de esta expresión, como integrantes de una sociedad en que 
vivimos". Entiende el autor, en relación al nuevo concepto utilizado por 
la ley, que tendríamos que concebir como pornografía la obra de con- 
tenido lúbrico con capacidad para alterar el normal desarrollo de la 
sexualidad de los menores que intervengan como protagonistas en su 
confección (párrs. 1" y 2") o en su exhibición (párr. 3")14. Núñez define 
la cuestión como lo impúdico por lujuria, es decir, lo que es sexualmen- 
te vicioso por representar un exceso respecto del sexo. Lo obsceno es 
lo lujurioso, así como lo injurioso es lo deshonrante o desacreditanteI5. 
Según Polaino Orts, lo pornográfico es aquel material idóneo para 
producir algún daño en el desarrollo o en la psique de personas in- 
maduras o incapaces de un cierto control de sus instintos sexuales, 
que en su contenido global sea de índole exclusivamente libidinosa, 
o sea, encaminado a provocar excitación sexual y que carezca de valor 
literario, artístico, científico o educativoI6. 
No hay duda, después de analizar las opiniones de los autores 
nacionales y la misma jurisprudencia, que el concepto de lo obsceno, 
presenta notables dificultades para su definición y, aun encontrándose 
una definición, en la práctica son numerosos los problemas que se 
presentan para, en el caso concreto, encuadrar la conducta en la que 
se escoja. 
Tal como ya lo señalara, aun en los propios literatos no existe 
una opinión de qué es lo obsceno. Un grupo de autores afirma, por 
ejemplo, que la obscenidad es un concepto subjetivo: "La obscenidad 
no existe en ningún libro o cuadro: es tan sólo una propiedad del que 
lo lee o ~ontempla"'~. 
l4 CREUS, ob. cit., t. 1 , p. 241, y art. cit., p. 6. 
l5 NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 379. 
l6 POLAINO ORTS, ob. cit., p. 179. 
l7 SCHOEDER, Teodore, A challenge to sex censors, cit. de Lawrence, cit. por 
MARTÍNEZ, Lisandro, Derecho Penal sexual, Temis, Bogotá, 1977, p. 55. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
El mismo Schoeder tacha de obscenos sólo a quienes acusan a 
otros de serlo, por malpensados. "Lo que para unos es pornografía, 
para otro es la carcajada del genio" (D. H. Lawrence)I8. Henry Miller, 
afirmaba que "Si se comienza por la etimología, salta a la vista que 
los lexicógrafos no son menos embaucadores que los juristas, moralistas 
y político^"^^. Lawrence, a pesar de que acepta que la verdadera por- 
nografía no merece perdón, asevera que nadie sabe lo que significa 
la palabra y critica por relativa una de las corrientes definiciones eti- 
mo lóg i~as~~ . 
Para definir lo obsceno hay que recurrir al campo de lo sexual. 
Por eso acierta Martínez al decir que cuando se habla de lo obsceno 
de la guerra y de la violencia, es sólo el empleo de un lenguaje ana- 
lógico, extensivo, pero de ninguna manera exacto2'. También creemos 
que es una hipérbole, igualmente digna de escarnio, la posición de 
algunos regímenes dictatoriales, que aun en normas legales identifican 
lo obsceno con lo subversivo. 
Para acercar a un concepto de obsceno, Martínez divide en tres 
grandes grupos a los autores que tratan el tema22. 
El primero de ellos, como Manzini, entiende por obscenos "los 
actos susceptibles de ocasionar una reacción psíquica correspondiente 
a la ofensa al pudor, propio del término medio de nuestra población". 
Por ende la obscenidad equivale a lo sucio, inmundo, desagradable, 
que despierta repugnancia, asco. El artículo 529 del Código italiano 
consagraba similar criterio al definir lo obsceno como "aquello que 
según el común sentimiento ofende el pudor". Maggiore irónicamente 
observa que tal definición es "una ofensa a la lengua italiana. Refundir 
la obscenidad en la simple ofensa al pudor, es como identificar la 
parte con el todo, el punto con la línea, ya que lo obsceno es la 
expresión más grave, la forma límite del ultraje al Díez Ri- 
l 8 MARTÍNEZ,' ob. cit., p. 55. 
l9 MILLER, Henry, Pornograjla y obscenidad, Nueva Visión, Buenos Aires, 
1967, p. 75. 
20 MARTÍNEZ, ob. cit., p. 55. 
21 MARTÍNEZ, ob. cit., p. 56. 
22 MARTMEZ, ob. cit., ps. 56 y SS. 
23 MAGGIORE, ob. cit., t. 11, p. 494. 
polles afirma que desde un punto de vista metodológico, el problema 
de esta posición consiste en que al remitir al pudor, renuncia a pro- 
fundizar en el tema de lo obsceno propiamente 
Otros van un poco más allá y afirman que "no basta, para que un 
acto se considere obsceno, que se presente animado de desahogo sexual: 
debe concretarse en modalidades y condiciones de poder ofender tor- 
pemente el común sentimiento del En este sentido, se expidió 
el Arnerican Law Institute (Instituto norteamericano de Derecho) cuando 
afirmó que "una cosa es obscena si, considerada en conjunto, su atractivo 
predominante está dirigido al interés morboso, es decir, un interés ver- 
gonzoso o enfermizo, por la desnudez, el sexo o la excreción, y si va 
considerablemente más allá de los límites acostumbrados de franqueza 
en la descripción o representación de tales temas"26. 
Un tercer grupo intenta buscar el concepto de obscenidad en su 
fuente etimológica. Ob-scma (lo que está fuera de la escena); ob- 
cenum (lo que viene del fango). Así, pues, por obsceno se entiende 
"lo vulgar, inelegante y torpe, en lo referente a la reserva que debe 
rodear lo En este concepto se agrupan algunos autores que 
afirman que por obsceno se entiende "Sentido de repugnancia y de 
disgusto, que es el producto de la fea representación de la sexualidad 
y n o de toda representación erótica" (Battaglini). "Lo que tiende a 
excitar instintos groseros y bajos apetitos" (Jiménez de A ~ ú a ) ~ ~ . 
A estas posiciones, netamente objetivas, hay autores que le agregan 
un componente subjetivo, consistente en la intencionalidad que el sujeto 
le da al acto29. Nuvolone, en esta línea afirma que lo obsceno es lo 
que excita el instinto sexual y que esté finalmente dirigido a ese fin30. 
Otro grupo le agrega que debe haber publicidad, como elemento 
esencial del concepto de obsceno, esto es, la conducta debe estar di- 
" D ~ E Z RIPOLLES, ob. cit., p. 228. 
25 VANNINI, Ottorino, Quid juris, cita de PALLADINO, Alfonso, II delitto de 
atti osceni, p. 8, cit. por MART~NEZ, ob. cit., p. 57. 
26 MARTÍNEZ, ob. cit., p. 57. 
27 M A R T ~ E Z , ob. cit., p. 58. 
28 Ídem nota anterior 
29 D ~ E Z RIPOLLES, ob. cit., p. 233. 
'O NUVOLONE, cit. por D ~ E Z RIPOLLES, ob. cit., p. 229. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
rigida al público, desarrollada en un lugar accesible a él, con la carga 
emotiva del sentimiento de vergüenza3'. 
Como podrá verse, el concepto de obsceno ha sido y será un 
problema grave en su definición. La historia de la literatura y de la 
cultura se han visto tocadas por este tema, llevando a que autores, 
que hoy son considerados clásicos, hayan tenido que sufrir persecución 
debido a sus obras. 
Así por ejemplo son famosos los casos de la novela Madame Bovary, 
cuyo autor, Gustave Flaubert, fue condenado en primera instancia y 
absuelto en segunda. En el siglo pasado se hizo igualmente célebre el 
caso de Charles Baudelaire, quien fue condenado en 1856 por su libro 
Lasflores del mal, posteriormente indultado y rehabilitado sólo un siglo 
después, en 195032. También hay que recordar la novela El amante de 
lady Chatterley, de D. H. Lawrence, que durante muchos años estuvo 
prohibida en Inglaterra, y solamente hace poco tiempo fue aceptada. 
También El muro, obra de Sartre, fue denunciada en Turín como 
inmoral. No hay que olvidarla prohibición en la Argentina de la ópera 
Bomarzo, en la época del gobierno militar instaurado en el año 1966. 
Martínez recuerda que en nuestro país, los editores de El reposo del 
guerrero, de Christiane Rochefort, tuvieron que padecer un proceso 
en su contra por publicar la obra33. 
Viene a cuento lo relatado por Jiménez de Asúa sobre varios casos 
en donde también se discutió el tema: "En 1863, los hermanos Goncourt 
y otros grandes escritores de Francia fueron también sometidos a pro- 
ceso; en 1868 se ordenó la destrucción del poema Amies, de Paul 
Verlaine; en 1875 se dictó auto de procesamiento contra el editor Ba- 
rrault, por haber publicado las Fábulas de La Fontaine, muerto en 
1695, con dibujos que el instructor consideraba demasiado realistas, 
a pesar, cosa curiosa, de que la impresión estaba autorizada por el 
Ministerio del Interior. Emilio Zola, que rompe el viejo molde de des- 
cribir lo bello y lo importante, y pinta la vida de los menesterosos de 
la mina, del campo y del taller, poniendo al desnudo vicios, dolores y 
31 LATAGLIATA y CARRARA, cits. por D ~ E Z RIPOLLES, ob. cit., p. 234. 
32 Ambos casos recordados por MARTINEZ, ob. cit., p. 69. 
33 MARTÍNEZ, ob. cit., p. 69. 
pobreza, fue objeto de varios intentos de persecución por parte de los 
juristas de la época del Imperio y de la República. En los Estados Uni- 
dos se declaró culpable a James Joyce, en el año 1933, por el crudo 
realismo de ciertas páginas de su Ulises. Se le propuso publicar la obra, 
suprimiendo esas páginas, pero el autor se negó. No obstante ello, en 
ediciones posteriores se han suprimido los párrafos que el puritanismo 
yanqui [...] juzgó irreverentes. Al año siguiente, en 1934, unos em- 
pleados de la aduana de Nueva York secuestraron, motejándolas de 
pornográficas, unas tarjetas postales que resultaron ser reproducciones 
fotográficas de unos desnudos de la Capilla Sixtina de Miguel 
Entrando a un nivel más personal, debo reiterar 4isculpe el lector 
que lleve el lenguaje a primera persona-, como ya he dicho en otras 
oport~nidades~~, que nunca pude ver en mi ciudad natal, Mendoza, 
una película de las llamadas clásicas del cine universal, de la década 
de los '60, completa. Siempre fueron pasadas con cortes, que nunca 
supe qué contenían, especialmente en las películas de Bergman. 
Según el diccionario y para terminar, pornografía es "represen- 
tación o descripción de cosas obscenas con el fin de excitar morbo- 
samente la sexualidad"35-' y por obsceno, se entiende lo que ofende 
al pudor deliberadamente35-2. 
c) La publicidad 
Otra cuestión que debe resolverse en el tipo en estudio, es si se 
exige que todas las conductas enumeradas tengan realización pública. 
Tres habían sido las posturas dadas en la doctrina, con anterioridad a 
la reforma: la primera, afirmaba que el delito exigía la publicidad de 
los hechos, puesto que como el bien jurídico era el pudor público, 
entonces no era posible la tipificación de los hechos sino mediante la 
publicidad de los hechos. Por lo tanto, las obscenidades realizadas en 
34 JIMÉNEZ DE ASÚA, La ~rotección penal del pudor público, en El Crimi- 
nalista,, 2a serie, t. V, Víctor P. de Zavalía, Buenos Aires, 1960, p. 132, cit. por 
MARTINEZ, ob. cit., ps. 70171. 
35 DONNA, Derecho Penal. Parte especial cit., p. 499. 
35-' SECO y otros, ob. cit., t. 11, p. 3621. 
35-2 Ídem nota anterior, p. 326 1 . 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
privado, no lograban poner en riesgo al bien jurídico protegido (Núñez, 
Soler, Fontán Ba1e~b-a)~~. 
La segunda, afirmaba que bastaba con que los objetos estuvieran 
destinados a la publicidad (Ramos, Díaz). En esta posición parecía 
enrolarse Molinario y Aguirre Obarrio, cuando afirmaban que "las 
acciones de publicar, distribuir y fabricar o reproducir no precisan que 
el objeto llegue al público. Pero era necesario que se realicen para 
que tal cosa ocurra. De donde el peligro está un paso antes de la 
llegada al público, y esto se denomina peligro futuro o e~entual"~'. 
Este pareció haber sido el criterio de la sala 1 de la Cámara del Crimen, 
al afirmar que "la figura de publicaciones obscenas (art. 128, Cód. 
Pen.) constituye un delito de peligro, con lo que no es necesario que 
los escritos sean leídos, ni que las imágenes hayan sido vistas, ni que 
la exhibición obscena haya tenido 
La.tercera corriente se conformaba con la simple posibilidad de 
que la obscenidad llegara a tomar estado público (Rosa~co)~~. 
Desde nuestro punto de vista, habiendo sido modificado por la 
ley 25.087 el bien jurídico tutelado por el artículo 128, lo esencial ya 
no es la publicidad del material pornográfico, es decir, que éste tras- 
cienda a terceros, sino la incriminación de las conductas reseñadas, 
cuando a través de ellas se explotan menores de 18 años. Sin perjuicio 
de ello, cabe señalarse que, obviamente, cuando la acción típica sea 
la de "publicar", sí se exigirá el requisito de publicidad, no así en las 
restantes acciones enumeradas en el tipo penal. 
d) Sujeto activo y sujeto pasivo 
Sujeto activo puede ser cualquier persona. Asiste razón a Villada 
cuando advierte que, extrañamente, no se agrava el delito por la calidad 
del autor (padre, tutor, curador, encargado de la guarda o educación, 
e t ~ . ) ~ ~ . 
36 NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 380. 
37 MOLINARIO y AGUIRRE OBAR~IO, ob. cit., t. 1, p. 493. 
38 Votos de los Dres. Bonorino, Costa, Mitchel, 25-8-86, c. 30.781, "Álvarez 
Insúa, Carlos", Bol. Interno, No 3, 1986. 
39 NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 380. 
GAVIER, ob. cit., p. 110. 
Sujeto pasivo son los menores de 18 años, de uno u otro sexo, en 
los dos primeros párrafos del artículo 128, y de 14 años, en el tercero. 
2. Tipo subjetivo 
El delito es doloso, aunque según los autores no se requiere el 
dolo directo4'. Sin embargo, el claro contenido obsceno del objeto 
hace que al existir un elemento subjetivo del injusto el dolo deba ser 
directo. Lo que se castiga no es sólo publicar, distribuir, o montar 
espectáculos pornográficos en que intervengan menores de 18 años, 
sino que debe haber una intención de hacerlo, sabiendo que esos objetos 
lo son, y con ese fin. De modo que jamás podrá entrar en este tipo 
penal aquel que publique un texto que sabe que tiene partes relacionadas 
con el sexo, pero no tiene el sentido de obsceno, tal como se ha visto. 
Ese plus lleva a que se exija, a nuestro criterio, el dolo directo. 
IV. Consumación y tentativa 
La tentativa es posible, aunque será difícil de probar en los hechos. 
Piénsese en el autor de libros pornográficos que los tiene embalados 
para enviarlos a sus clientes42. Ésta es la idea del fallo de la Cámara 
de Crimen que afirmó: El secuestro en las oficinas de los acusados 
de gran número de muñequitos fabricados con el propósito de distri- 
buirlos para su comercialización en distintos puntos del país, con los 
colores de las divisas pertenecientes a diversas instituciones deportivas, 
en manifiesta actitud obscena, reproduciendo el acto sexual contra 
natura, prueba la materialidad del hecho incriminado, confesado, por 
su franca actitud obscena43. 
V. Las garantías constitucionales y la prensa 
El planteo realizado por NÚñez en cuanto al problema de la prensa 
y el delito en cuestión, es por demás interesante. Dos son las tesis 
que tiene al respecto. La primera, es que cuando este tipo de delitos 
se comete mediante una obra impresa, periodística o no, el castigo de 
41 NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 382. 
42 NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 383. 
43 Cám. Nac. Crim., sala 1, 9-5-72, c. 13.387, "Engel, M.", J. P. B. A. No 27. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
ella no implica el ejercicio de censura previa, porque no importa una 
intervención de la autoridad pública antes de la publicación. Y, la 
segunda tesis, es que al ser un delito cometido por medio de la prensa, 
la regla cae bajo lo prescrito por el artículo 32 de la Constitución 
Nacional, y por ende queda sometido a las jurisdicciones locales, tesis 
que, según el autor, estáratificada por el artículo 114 del Código 
Ya hemos explicado el problema al tratar los delitos contra 
el honor, a la cual nos remitir no^^^. 
VI. El problema de los artículos 49 y 128 del Código Penal 
También los autores se han ocupado de la relación existente entre 
los artículos 49 y 128 del Código Penal. El artículo 49 dispone: "No 
se considerarán partícipes de los delitos cometidos por la prensa a las 
personas que solamente prestaren al autor del escrito o grabado la 
cooperación material necesaria para su publicación, difusión o venta". 
Y el artículo 128 castiga a quien le da estado público, mediante la 
publicación, reproducción, exposición, distribución o circulación. 
Para Núñez, el artículo 49 cede, en principio, frente al artículo 
128, aplicándose el primero sólo a los casos en que la participación 
es meramente material. Para Soler, en cambio, el artículo 128 es una 
excepción dentro de la excepción del artículo 49, lo que significa una 
vuelta a los principios comunes de la parti~ipación~~. 
" NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 3 8 4 . 
45 DONNA, ob. cit., t. 1, ps. 366 y SS. 
SOLER, ob. cit., t. 111, p. 3 4 2 . 
EXHIBICIONES OBSCENAS 
SUMARIO: 1. Disposición legal. 11. Bien jurídico. 111. Antecedentes históricos. IV. Tipici- 
dad. 1. Tipo objetivo. a) Acción típica. b) Sujeto activo y sujeto pasivo. 2. Tipo 
subjetivo. V. Consumación. Tentativa. VI. Acción penal. VII. Jurisprudencia. 
1. Disposición legal 
El artículo 129 castiga con multa de mil a quince mil pesos al 
que ejecutare o hiciere ejecutar por otros exhibiciones obscenas a ser 
vistas involuntariamente por terceros, y agrava la pena 4 e seis meses 
a cuatro años de prisión- si los afectados fueren menores de 18 años, 
o menores de 13 aunque mediare su consentimiento. 
II. Bien jurídico 
Como ya señaláramos con anterioridad a la reforma1 el pudor es 
aquello que afecta a la persona cuando otro ve su cuerpo o es obligado 
a ver el acto amoroso de otros2. El pudor es el bien jurídico protegido, 
entendido éste como sentimiento medio de decencia sexual. Este sen- 
timiento es el que pone límites a las manifestaciones de lo sexual que 
se pueden hacer a terceros, al margen de las relaciones de carácter 
' DONNA, Derecho Penal. Parte especial cit., p. 491. 
Las opiniones son de Antolisei, Pannein, Latagliata, Nuvolone, Manyini, en 
general. Una exposición amplia y clara de estos autores se encuentra en DIEZ RI- 
POLLES, Exhibicionismo, pornografía y otras conductas sexuales provocadoras cit., 
ps. 5 y SS. 
privado, en las que los límites de esas manifestaciones están condi- 
cionados por la voluntad de los sujetos que la integran3. 
A nuestro juicio, lo que se protege en este tipo delictivo no es 
otra cosa que el derecho del sujeto adulto a no ser confrontado con 
el acto sexual de otro sin su voluntad4. Siguiendo en esto a Jager5, se 
puede concluir que lo que se busca con este tipo de normas es evitar 
la intromisión en la esfera de la libertad sexual de los demás. Por 
tanto es un derecho individual, que si es violado provoca molestias 
aun en las personas tolerantes6. Por eso acierta Vázquez Rossi cuando 
afirma que lo que pretende evitar la ley es que no se sorprenda a 
nadie con esa finalidad ultrajante7. 
En este sentido, Díez Ripolles ha sostenido que, en el fondo, el bien 
jurídico protegido es la libertad del individuo, y no la sociedad8. Y, 
aclarando el tema, a f m a que "lo que hace punible esas acciones es que 
involucran al sujeto pasivo en una acción sexual sin su consentimiento, 
le insertan en un contexto sexual en el que él desempeña un determinado 
papel sin que haya aceptado previamente tal situaciónn9. Y la forma de 
involucrarse es variada. En el caso del sujeto exhibicionista, el sujeto 
es usado para que otro desahogue sus deseos sexuales, por lo tanto es 
un socio a la fuerza de los deseos sexuales de otro. 
Por ende, el consentimiento de la persona, salvo el caso de los 
menores, lleva a que no exista bien jundico para proteger, ya que vo- 
luntariamente el sujeto ha renunciado a esa protección. Rigen en este 
aspecto todas las reflexiones sobre el consentimiento de la parte afectada. 
Sobre el tema del bien jurídico, la jurisprudencia argentina ha 
sostenido que "el bien jurídico del delito de exhibiciones obscenas es 
el pudor público y no el personal, más ello no exime a que se legitime 
como querellante a quien presenciare las exhibiciones toda vez que 
CREUS, ob. cit., t. 1, p. 240. 
DÍEZ RIPOLLES, ob. cit., p. 85. 
JAGER, Strafgesetzgebung und Rechtsgüterschutz bei Sittlichkeisdelikten, en 
DÍEZ RIPOLLES, ob. cit., p. 87. 
JAGER, ob. cit., p. 88. 
' Cit. por CREUS, ob. cit., t. 1, p. 241. 
DÍEZ RIPOLLES, ob. cit., p. 163. 
D ~ E Z RIPOLLES, ob. cit., p. 166. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
ello le ocasione agravio. Por ende corresponde tener por querellante 
al televidente que se agravia por exhibiciones obscenas difundidas por 
ese medio"lO. 
m. Antecedentes históricos 
El antecedente más concreto del Código Penal actual, según Mo- 
reno, es el artículo 13.4 del proyecto de 1906, que a su vez tiene su 
correlato en el artículo 338 del Código de Italia. Sin explicación la 
norma pasa al proyecto de 1917 (art. 129)". 
IV. Tipicidad 
1. Tipo objetivo 
a) Acción típica 
El artículo 129 castiga al que ejecuta o hace ejecutar por otro 
una exhibición obscena, expuesta a ser vista involuntariamente por 
terceros. Respecto del significado de "lo obsceno", nos remitimos al 
análisis efectuado en el tipo penal anteriormente estudiado. 
El autor debe descubrir, poner a la vista o mostrar lo obsceno. 
Lo que se muestra no puede ser ni un libro, ni un escrito, ni una 
imagen, ya que esto está abarcado por el artículo 128 del Código 
Penal y sólo es típico si involucra a menores. Por lo tanto sólo se 
tipifica el delito en mostrar desnudeces de partes sexuales o en acti- 
vidades e inverecundia sexual12. 
No hay exhibiciones obscenas sólo por palabras. Bien dice Creus 
que la obscenidad del acto no estriba tanto en su naturaleza como en 
su eventual trascendencia a terceros, que no tienen por qué soportar 
tal acto. Lo torpe, dice el autor citado, no está tanto en el acto sino 
en la mostración13. Adviértase que está en juego el bien jurídico libertad 
del sujeto pasivo que, como ya hemos dicho, se ve involucrado en 
una acción sexual cuando no lo quería. 
lo Cám. Nac. Crim. y Correc., sala VII, 20-10-92, "R. Luis", D. J. 14-4-93 
l 1 MORENO, ob. cit., t. IV, p. 299; NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 386. 
l2 NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 387. 
l3 CREUS, ob. cit., t. 1, p. 247. 
Por lo tanto, lo esencial del tipo penal es la publicidad ya que es 
un requisito del tipo penal. Se trata de un delito de mera actividad, 
que no requiere que sea visto por nadie, para que se consume. Y si 
bien esto puede obstaculizar la prueba, no es imposible que luego se 
determine la acción, por ejemplo mediante una filmación ocasional. 
Las exhibiciones obscenas deben ser expuestas a ser vistas invo- 
luntariamente por terceros14. Villada entiende que, en consecuencia, 
esa conducta debe desarrollarse en lugar de acceso, circulación o abierto 
al público, en el que potencialmente pueda ser vista por cualquiera 
(independientemente de que ello ocurra), o realizarse en privado, pero 
de modo que pueda ser advertida desde el exterior (aunque no lo 
sea)15. Ahora, si es el tercero el que busca verla, ya no se dará el tipo 
en cuestión. 
b) Sujeto activo y sujeto pasivo 
Sujeto activo de exhibiciones obscenas podrá ser cualquier persona 
que realiza la acción típica descripta, o la hace ejecutar por un tercero. 
Sujeto pasivo puede ser, en principio, cualquier persona. Sin em- 
bargo, la pena se eleva (2" párrafo del art. 129) cuando los afectados 
sean menores de 18 años y, con prescindencia de la voluntad del afec- 
tado, cuando se tratare de un menor de 13 años. 
2. Tipo subjetivo 
La exhibición obscena es un delito doloso y a nuestro juicio de 
dolo directo, ya que tiene un elementosubjetivo del tipo, ya que 
quien se descubre lo hace con clara connotación sexual16. No se 
entiende cómo puede haber dolo eventual, aun en el caso en que el 
autor hace practicar a un tercero o practica él mismo, en público, 
una exhibición obscena. La duda a nuestro juicio elimina el dolo, 
ya que se entra en el campo del error de tipo. 
l4 Y no ya ser efectuadas necesariamente en "sitio público" como exigía el art. 
129 reformado. 
VILLADA, ob. cit., p. 11 1. 
l6 En contra Núñez (ob. cit., t. IV, p. 390), y en principio Creus (ob. cit., t. 1, p. 250). 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
V. Consumación. Tentativa 
El delito se consuma cuando se realiza la exhibición obscena en 
público, ya que según Creus se trata de un delito de peligro y, por 
tanto, aunque el acto no trascienda a terceros igual se consuma. Este 
factor de la publicidad lleva a que Núñez afirme que puede haber 
tentativa, en el caso del sujeto que corre desnudo hacia la calle, pero 
es detenido previamente". 
VI. Acción penal 
La acción penal es pública. 
VII. Jurisprudencia 
Si las revistas pornográficas secuestradas no se hallaban expuestas 
de modo tal que su contenido pudiera ser apreciado por el público, 
no se configura el delito del artículo 128 del Código Penal. 
Cám. Nac. Crim. y Correc., sala I,26-5-88, "Perez Casal, José", 
L. L. 1988-E- 129 
El delito de exhibiciones obscenas no se configura si el film pre- 
suntamente obsceno se exhibe en privado ante funcionarios de la 
Comisión Asesora de Espectáculos del Instituto Nacional de Cine- 
matografía. Corresponde tener por querellante al televidente que se 
agravia por exhibiciones obscenas difundidas por ese medio. 
Cám. Nac. Crim. y Correc., sala VII, 20-10-92, "Repetto, Luis 
N.", L. L. 1993-A-287 
No toda transgresión ni todo develamiento de lo oculto resultan 
culturalmente negativos, pero en el caso de lo obsceno, la unión 
de ambos elementos se modaliza en una especial didáctica de la 
lascivia, sin que quede duda acerca de la calidad impúdica de lo 
transmitido. 
Cam. Nac. Crim. y Correc., salaVII, 3-9-93, "Repetto, Nicolás", 
L. L. 1994-B, D. J. 1994-1-1009 
l7 NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 390. 
RAPTO 
SUMARIO: 1. Disposición legal. 11. Bien jurídico protegido. 111. El rapto propio. 1. 
Tipicidad. a) Tipo objetivo. a.1) La sustracción y la retención. a.2) Medios cornisi- 
vos. a.3) El sujeto pasivo. a.4) El sujeto activo. b) El tipo subjetivo. c) Consumación 
y tentativa. d) Concurso con otros delitos. IV. Rapto impropio. V. Rapto de menor 
impúber. El artículo 13 1 del Código Penal. VI. Jurisprudencia. 
1. Disposición legal 
El artículo 130 del Código Penal, reformado por la ley 25.085, 
distingue las formas de rapto: el propio (art. 130, primera parte), el 
impropio (art. 130, segunda parte), y el de menor de 13 años (art. 
130, tercera parte)'. 
En todos los casos el sujeto pasivo puede ser una persona de uno 
U otro sexo, no sólo una "mujer", como lo puntualizaba el texto anterior. 
11. Bien jurídico protegido 
Nuestros precedentes legislativos han considerado el rapto como 
l Con anterioridad a la reforma se preveían cuatro formas de rapto: el rapto 
propio (art. 130, 1' parte); el rapto de la mujer casada (art. 130, 2a parte); el rapto 
impropio (art. 13 1, la parte) y el rapto de menor impúber (art. 13 1, 2a parte). El rapto 
propio era aquel que no era consentido por una mujer soltera, viuda o divorciada, 
que tuviera 12 años o más. El rapto de la mujer casada era el llevado a cabo en 
contra de su voluntad. El rapto impropio, a semejanza con el estupro, era el rapto de 
una menor de más de 12 años y menor de 15 aiios, pero con su consentimiento. Por 
último, el rapto de menor impúber era el rapto de una menor de 12 años, con o sin 
su consentimiento. 
un delito contra la honestidad, tanto en el Proyecto Tejedor, como en 
el Código de 1886 y los proyectos de 1891, de 1906 y de 19172. Y 
ello, contrariamente a la opinión de Cama3, que entendía este delito 
como un atentado en contra de la libertad, ya que se agotaba en la 
ofensa de este bien jurídico4. 
El Código Penal hace prevalecer la ofensa a la reserva sexual, ya 
que el delito de rapto es la acción de privar de la libertad a una 
persona, pero con intenciones deshonestas, de modo que existe un 
peligro cierto de que se viole su reserva o libertad sexual5. 
Ello ocurre en el rapto propio del artícu.10 130 y en el rapto de 
menores de 13 años (art. 130, 3a parte), aunque sea consentido, pues 
dicho consentimiento no excluye la ofensa a su libertad. Sin embargo, 
no existe tal ofensa en el rapto consentido de mayores de 13 años y 
menores de 16 años. 
m. El rapto propio 
El artículo 130, párrafo lo, establece que se impondrá prisión de 
uno a cuatro años al que sustrajere o retuviere a una persona por 
medio de la fuerza, intimidación o fraude, con la intención de menos- 
cabar su integridad sexual. 
a) Tipo objetivo 
a.1) La sustracción y la retención 
La sustracción consiste en el hecho de sustraer o retener mediante 
violencia, intimidación o fraude a una persona de uno u otro sexo. 
Gómez, refiriéndose al artículo 130 anterior a la reforma, pun- 
P~oyecto Tejedor, Parte Segunda, Título Tercero, $ 4; Código de 1886, Libro 
Segundo, Sección Primera, Titulo Tercero, Cap. IV; proyectos de 189 1, 1906 y 19 17. 
Todo en NÚPJEz, ob. cit., t. IV, p. 319. 
' Ver Programa ... cit., $ 1373 y 1478, notas 1684 y 1685. 
MOLRVARIO y AGUIRRE OBARRIO, ob. cit., t. 1, p. 499. 
NÚÑEZ, ob. cit., t. 111, p. 319. Sobre la evolución jurídica del rapto, véase 
MANFREDINI, Dei delitti contro il buon costume ... cit., p. 256. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
tualizaba que se sustrae cuando se coloca a la persona en condiciones 
que le impidan el ejercicio de la libertad, para lo cual se la traslada 
del lugar en que se encuentra a otro, en donde queda sometida a la 
potestad del raptor y privada de los recursos defensivos a que, en 
circunstancias normales, podría apelar6. Para Soler se produce la sus- 
tracción o la retención cuando la persona es sacada de la esfera habitual 
de su residencia y actividades, arrancada de su medio familiar, o cuando 
es impedida de desplazarse libremente, quedando así, en ambos casos, 
establecida una relación de dependencia con respecto al raptor7. Núiiez, 
en consonancia con esta idea, sostiene que es substraída cuando es 
sacada por el autor de un lugar determinado, que podrá ser la casa, 
la vía pública, etcétera, aunque no necesariamente se la debe apartar 
del hogar, ya que puede cometerse el rapto impidiendo que se vaya, 
y mantenerla en su propia casa, siempre que ello represente someterla 
a la propia voluntad del autor8. Porte Petit, por su parte, afirma que 
la sustracción consiste en trasladar a la persona del lugar en que se 
encuentra a otro, bajo el poder del sujeto activo9. 
Como es necesario que se dé un estado de privación de libertad 
diferenciado y autónomo, es claro que después de la sustracción se 
dará la retención, pero ello no multiplica el delito, sino que debe con- 
siderarse como parte de la misma acción final de rapto. 
La retención significa que el autor mantiene a la mujer en el lugar 
en que se encuentralo. La clave de la retención estriba en que la víctima 
se encuentra ya en la esfera del autor, legítimamente, pero es impedida 
de irse". 
En el caso de la sustracción debe el autor conducir a la persona 
del lugar en que se hallaba, como autor directo o mediato; en cambio, 
si va por sí misma al lugar de los hechos, el rapto será por retención. 
Cuando el rapto se consuma sin el desplazamiento de la persona 
GÓMEZ, Tratado de Derecho Penal cit., vol. 111, ps. 250151. 
SOLER, ob. cit., t. 11, ps. 346147. 
NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 323. 
PORTE PETIT, Celestino, Ensayo dogmático del delito de rapto propio, Trillas, 
México, 1978, p. 14. 
lo PORTE PETIT, ob. cit., p. 18. 
l1 MAGGIORE, Principii de Diritto Penale, vol. 11, p. 48 1 . 
del lugar donde se encuentra, habrá retención de la víctima. Lareten- 
ción exige una permanencia determinada en el lugar. 
El delito requiere un estado de la privación de la libertad dife- 
renciable y autónomo. El tiempo de la privación de la libertad es 
indiferente, aunque debe tener una entidad propia. No es rapto la pri- 
vación de libertad mientras se viola a una mujer; en otros términos, 
la que resulta del empleo de la fuerza tendiente al acceso carnal12. 
a.2) Medios comisivos 
No basta la falta del consentimiento de la persona sino que es 
necesario, además, que el autor la haya sustraído o retenido por medio 
de la fuerza, intimidación o fraude. Tiene que haber existido por parte 
del autor una actividad tendiente a vencer o viciar la voluntad de la 
víctima13. 
La fuerza debe haber sido ejercitada sobre la propia víctima o 
sobre terceros que se opongan a la acción del autor14. Ésta es también 
la opinión de Jiménez Huerta, quien afirma que cuando el rapto se 
produce por retención la fuerza física es empleada en contra de las 
cosas, como cuando se cierran o clavan puertas o ventanas, para impedir 
a la persona raptada e~capar '~. También, afirma el autor citado, se 
puede ejercer sobre los guardianes, custodios, criados, servidores, como 
por ejemplo cuando el autor golpea al conductor del vehículo en donde 
viaja el sujeto pasivo, para anular la resistencia y llevarse a su víctima16. 
La intimidación es la coacción o violencia moral, es decir ame- 
nazas para obligar a hacer o no hacer lo que no se quiere. No puede 
ser cualquier tipo de amenazas, sino que debe ser un mal grave e 
inminente, que obliga a llevar a cabo la acción. 
Cuando el rapto se realiza por medio de fraude significa que el 
autor procede disimulando su conducta, empleando ardides o maniobras 
que inducen a error acerca de la naturaleza del acto, que la víctima 
acepta, sometiéndose al poder del raptor. Ranieri afirma que "el engaño 
l2 SOLER, ob. cit., t. 3, p. 366. 
l 3 CREUS, ob. cit., t. 1, p. 252. 
l4 CREUS, ob. cit., t. 1, p. 253. 
lS J~MENEZ HUERTA, cit. por PORTE PETIT, ob. cit., p. 49/50. 
l6 JÍMENEZ HUERTA, ob. cit., p. 50. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
- 
es el medio fraudulento, cualquiera que sea, con el cual se facilita la 
sustracción o la retención, al inducir al sujeto pasivo en error acerca 
del hecho del delito, de modo que su sustracción o retención ocurre 
sin que conozca su verdadero fin, puesto que, si lo hubiera conocido, 
no se habría prestado a ello"". 
Se debe tener presente que el fraude es a los efectos de que el 
sujeto pasivo preste su consentimiento para el rapto, por lo tanto si 
el consentimiento lo es para otros fines que no sean los sexuales no 
se estará ante este delito. 
La seducción no constituye un fraude, pues no importa oculta- 
ción del acto material ni de las miras del autor. El error debe recaer 
sobre las características del propio acto y sobre las intenciones del 
autorla. 
a.3) El sujeto pasivo 
Sujeto pasivo puede ser cualquier persona mayor de 16 añosI9 
l 7 RANIERI, Las leyes penales anotadas, cit. por PORTE PETIT, ob. cit., p. 53. 
l 8 NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 324. 
l 9 Con anterioridad a la reforma introducida por la ley 25.087 sólo podía serlo 
la mujer. Irurieta Goyena, afirmaba que esto se justifica porque la mujer, en caso del 
rapto, tiene mayor perjuicio social: "Una mujer puede, ante las graves consecuencias 
de orden social que para ella reviste el secuestro, ante el temor, especialmente, de 
sufrir un daño irreparable en su reputación, verse obligada a aceptar matrimonio". 
En igual sentido se expresaba Carrara, al decir que el rapto muchas veces se realizaba 
con el fin de contraer matrimonio. Y justifica que el hombre no sea sujeto pasivo 
del delito de rapto, al decir: "hay que pensar que la mujer nunca puede ejercer 
sobre el hombre raptado aquella coacción moral que sobre la mujer raptada ejerce 
el hombre;que la lleva a considerar que ha perdido la honra y que la obliga a 
buscar el matrimonio con su raptor, aunque aborrezca la única defensa posible para 
SU ruina". 
Pero, más allá de las consideraciones de política criminal, la ley era clara en el 
sentido de exigir que el sujeto pasivo fuera una mujer, y no importaba si era honesta, 
ya que se protege, en este caso, la libertad sexual de la persona. Era esencial para el 
tipo penal del rapto propio, que la víctima no hubiese consentido la substracción O 
retención ejecutada por el autor con miras deshonestas. La mujer consentía el rapto 
cuando, con pleno conocimiento, aceptaba ser llevada o retenida por el autor, si sabía 
de los fines deshonestos del agente. El hecho debía producirse contra la voluntad de 
la mujer, no siendo necesario que la oposición se interpusiera inmediatamente, jugando 
aquí una presunción de disenso (rapto de una mujer en estado de inconsciencia al 
a.4) El sujeto activo 
Autor del delito de rapto puede ser tanto el hombre como la mujer. 
Es pensable que una mujer rapte con fines deshonestos o que lo haga 
con el fin de entregarle la víctima a un tercero. 
b) El tipo subjetivo 
El rapto es un delito doloso, no admitiéndose la culpa. El dolo 
del autor está constituido por el conocimiento y la intención de sustraer 
o retener a la persona, por medio de fuerza, intimidación o fraude. 
Está claro que la intención de menoscabar la integridad sexual del 
sujeto pasivo es un elemento subjetivo del tipo, que comprende la 
intención de saciar la sexualidad u obscenidad propia 4 ajena-. La 
mira del autor puede ser acceder camalmente al sujeto o abusar se- 
xualmente de él, corromperlo o prostituirlo. En otros términos, lesionar 
su integridad sexual. 
En el tipo subjetivo se encuentra la diferencia entre el rapto y la 
privación ilegítima de libertad. Sin este elemento subjetivo no habrá 
rapto, sin perjuicio de una eventual punibilidad por otro delito. 
El error de tipo excluye el dolo y esto es común en todas las 
formas de rapto. De modo que si el autor cree que la víctima dio su 
consentimiento, no habrá rapto. 
c) Consumación y tentativa 
El rapto es un delito permanente y se consuma con la sustracción 
o con la retención de la víctima, es decir cuando la aparta del ámbito 
en donde se encuentra o cuando se produce la retención de la víctima. 
Debe tenerse en cuenta que si la privación de libertad es por corto 
tiempo para otro delito, como ser la violación, esta privación de libertad 
momento de ser sustraída o retenida). La ley excluía la posibilidad de considerar 
comprendido en este artículo el rapto de la mujer mentalmente enferma que prestara 
su consentimiento. En el delito de violación, la hipótesis está especialmente prevista; 
pero en este caso, el silencio y limitación de la ley no permiten acordarle tal alcance. 
En igual sentido, Creus afirmaba que, de acuerdo al texto de la ley, no había rapto 
de la mujer privada de razón o de sentido, ya que la ley no había previsto, a diferencia 
de la violación, tal circunstancia. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
queda subsumida por el tipo del artículo 119, tercer párrafo, del Código 
Penalzo. En igual posición se encuentra Jiménez Huerta, habida cuenta 
de que está en la facultad del sujeto activo prolongar por un oscilante 
período de tiempo el sometimiento material o privación de la libertad 
de movimiento de la persona raptada21. Son de la misma opinión Ma- 
ggiore, Manziniz2. 
Con estos elementos, no hay motivo para no admitir la tentativa, 
ya que el delito es de resultado. 
d) Concurso con otros delitos 
El empleo de la fuerza para raptar puede ocasionar lesiones a la 
víctima, circunstancia en la cual, cualquiera sea la gravedad de las 
mismas, concurren realmente con el rapto23. 
Sin embargo, en contra de tal posición, un fallo de la Cámara 
Criminal y Corre~cional~~ consideró que ambos tipos concurren en 
forma ideal, ya que "la violencia que integra ambas figuras ha sido 
ejercida en la misma acción y con única intención: el rapto". 
El fraude utilizado por el autor puede consistir en que éste, usur- 
pando lafunción pública, detenga a la víctima para abusar sexualmente 
de ella, circunstancia en la cual ambos tipos penales concurrirán ideal- 
mente, según la posición de NúñezZS. 
Si el autor del rapto consuma algún delito contra la integridad 
sexual, incurre en un nuevo hecho delictivo, razón por la cual con- 
currirán materialmente. Es el caso del sujeto que rapta a la persona 
y luego la viola, ya que claramente son dos acciones finales dis- 
t i n t a ~ ~ ~ . 
20 NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 332; CREUS, ob. cit., t.1, p. 254. 
JIMÉNEZ HUERTA, cit. por PORTE PETIT, ob. cit., p. 21. 
22 PORTE PETIT, ob. cit., p. 22. 
23 NÚÑEZ, ob. cit., t. 111, p. 333. 
24 C h . Crim. Correc., 5-3-48, Fallos: 6-57. 
25 NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 333. 
26 NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 334. 
IV. Rapto impropio2' 
El artículo 130, segunda parte, castiga al que cometiere rapto de 
una menor de 16 años y mayor de 13, con su consentimiento. Este 
elemento del consentimiento de la víctima, con capacidad jurídica para 
darlo, es el elemento que hace a este rapto como impropio. 
Es una sustracción o retención consentida por seducción del menor, 
quien debe conocer y aceptar el hecho y los fines del autor. De este 
modo, el consentimiento ha sido prestado por la seducción del autor 
y la inmadurez o inexperiencia de la víctima. Sin esos requisitos no 
se daría el tipo penal. Se nota que en este tipo penal se exige la 
seducción real, puesto que la misma es exigida en el tipo penal de 
estupro. La ley exige que el consentimiento sea el fi-uto de la inex- 
periencia sexual del menor. Si el consentimiento ha sido dado por otra 
causa, se vuelve al tipo del rapto propio. 
V. Rapto de menor impúber 
Se agrava el delito si el rapto fuere de una persona menor de 13 
años, con o sin su consentimiento. 
Ello, puesto que la inmadurez mental de la víctima menor de 13 
años vuelve irrelevante el consentimiento. 
Soler afirma que hay que tener en cuenta que el artículo 146 
del Código Penal, prevé un tipo penal por el cual se agrava la pri- 
vación de libertad cuando se sustrajere a un menor de 10 años del 
poder de sus padres, tutores o encargados, y al que lo retuviere u 
ocultare. Por tal motivo, afirma Soler, que si sustrae una menor de 
27 El art. 130, 2" parte, agravaba la pena del rapto, cuando la mujer raptada fuere 
casada. En este caso, la prisión era de dos a seis años. La razón de la mayor gravedad 
del rapto de la mujer casada residía en que el autor, además de la reserva sexual de 
la esposa, lesionaba los derechos matrimoniales del marido. Se trataba de una agravante 
del rapto propio y no de un tipo autónomo. Por ende debía también tratarse de una 
sustracción o retención de una mujer, casada en este caso, por medio de fuerza, 
intimidación o fraude realizado con miras deshonestas. Requería el tipo que la mujer 
casada tuviera 12 años o mas. Se requería que el matrimonio fuera valido, es decir 
que no hubiera sido declarado nulo al momento del hecho. Esto implicaba que la 
agravante no alcanzaba a la mujer viuda y a la divorciada. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
10 años, con miras deshonestas -ahora, para menoscabar su integridad 
sexual-, sería de aplicación el artículo 146 del Código 
El articulo 131 del Código Penal 
Este artículo contemplaba el "rapto impropio", y el rapto de menor 
de 12 años, y fue derogado por la ley 25.087. Como vimos preceden- 
temente, ahora estos delitos se encuentran legislados en el artículo 
130, segundo y tercer párrafos. 
VI. Jurisprudencia 
El delito de rapto caracterizado por las miras deshonestas de los 
autores, no requiere para su consumación que ese propósito sexual 
sea logrado, basta la privación de la libertad con tal finalidad. 
SCJBA, 31-9-82, "Kawahira, Carlos A.", D. J. B. A. 123-382 
El delito de rapto que tipifica el artículo 130 del Código Penal lo 
ejecuta quien sustrajere o retuviere, con miras deshonestas, a una 
mujer por medio de intimidación, fuerza o fraude: es decir, que 
tratándose -en todos los casos de una mujer- requiere una privación 
ilegítima de la libertad y un elemento subjetivo específico: las miras 
deshonestas del agente, sin que sea necesario que ellas se concreten. 
Cám. 3" Crim. de Córdoba, 15-1 1-79, "M., O. N.", supl. L. L. 
980-180 (342-SP) 
1. El delito de rapto se consuma con prescindencia del logro de 
"las miras deshonestas" del autor y, por lo tanto, si éste intenta o 
consuma luego el delito contra la honestidad, cuya realización cons- 
tituía el objeto de su mira deshonesta -violación, abuso deshonesto, 
etcétera- incurre en un nuevo hecho delictivo, que concurre mate- 
rialmente con el rapto original. 
2. El rapto se consuma cuando el autor aparta a la víctima del 
ámbito donde se encuentra o cuando, si no ha mediado sustracción, 
se produce la detención de ia misma, aunque sea por un breve 
tiempo, independientemente de que el autor realice sus miras desho- 
28 SOLER, ob. cit., t. 11, p. 350. 
nestas. Es que la retención constitutiva del rapto requiere cierta 
permanencia del mantenimiento de la menor en el lugar, ya que el 
delito exige para su configuración un estado de privación de la 
libertad diferenciable y autbnomo. 
3. El rapto se integra por el simple propósito sexual, como mera 
forma psíquica que acompaña o impulsa el acto de sustraer o retener 
a la víctima, de manera que resulta indiferente el logro o fmstración 
de dicha finalidad. 
C h . Nac. Casación Penal, sala 11, 3-6-94, "Giménez, Rubén 
E.", J. A. 1995-11-299 
El aspecto subjetivo de la privación de la libertad, como el del 
rapto y el del secuestro extorsivo, admite el dolo eventual y también 
el indirecto o de segundo grado. 
Cám. Nac. Crim. y Correc., sala IV, 21 - 12-89, "López, Norberto 
J.", L. L. 1991-C-272, con nota de María Julia Arias Iglesias, J. 
A. 1990-IV-92 
DISPOSICIONES COMUNES A LOS 
DELITOS CONTRA LA HONESTIDAD 
SUMARIO: I. Acción penal pública. 11. El avenimiento. l . Ámbito de aplicación. a) Ex- 
tinción de la acción. b) Requisitos en la víctima. c) El sujeto activo. d) Atribucio- 
nes del tribunal. e) Contenido del avenimiento. f) Nuevas aportaciones a la interpre- 
tación de la suspensión del juicio a prueba. 111. Reglas sobre la participación. 
1. Antecedentes. 2. Aspectos dogmáticos. 3. Alcance de la norma. 
1. Acción penal publica 
El artículo 132 del Código Penal establece: "En los delitos pre- 
vistos en los artículos 119, párrafos lo, 2" y 3", 120, párrafo 1" y 130 
la víctima podrá instar el ejercicio de la acción penal pública con el 
asesoramiento o representación de instituciones oficiales o privadas 
sin fines de lucro de protección o ayuda a las víctimas ..." 
Con la incorporación de este artículo al titulo de Delitos contra 
la integridad sexual, actualmente, en el abuso sexual simple, el abuso 
sexual gravemente ultrajante, la violación, el estupro y el rapto, el 
sujeto pasivo, cualquiera sea su edad, podrá denunciar el hecho del 
que ha sido víctima. Para ello, la ley exige el asesoramiento o repre- 
sentación de la víctima, por parte de instituciones oficiales o privadas 
sin fines de lucro. 
Como ya hamos adelantado, la nueva normativa acarreará serios 
problemas en aquellos casos en que la representación de estas insti- 
tuciones a las que, vagamente, se refiere el artículo, funcionen o tengan 
intención de funcionar contra la voluntad de quienes están autorizados 
para promover la acción penal según el artículo 72, 2" párrafo. 
11. El avenimiento 
El artículo 132 del Código Penal establece además que: "Si ella 
fuera mayor de dieciséis años podrá proponer un avenimiento con el 
imputado. El tribunal podrá excepcionalmente aceptar la propuesta 
que haya sido libremente formulada y en condiciones de plena igualdad, 
cuando, en consideración a la especial y comprobada relación afectiva 
preexistente, considere que es un modo más equitativo de armonizar 
el conflicto con el mejor resguardo del interés de la víctima. En tal 
caso la acción penal quedará extinguida; o en el mismo supuestotam- 
bién podrá disponer la aplicación al caso de lo dispuesto por los ar- 
tículos 76 ter y 76 quáter del Código Penal"'. 
1. Ámbito de aplicación 
a ) Extinción de la acción 
El avenimiento es una nueva institución de "conciliación" creada 
por la ley 25.085. Se trata de una causal de extinción de la acción, y no 
de la pena. También la ley prevé el caso de la aplicación y suspensión del 
proceso a prueba de los artículos 76 ter y quáter. El motivo de moderna 
terminología de la ley es terminar con el conflicto, siempre teniendo en 
cuenta el interés de la víctima. 
El ámbito está restringido a los delitos expresamente enumerados, 
esto es, al abuso sexual simple y gravemente ultrajante, a la violación, 
al estupro, y al rapto. Quedan excluidos los casos de corrupción, pros- 
titución, rufianismo, trata de personas y los delitos atinentes a la por- 
nografía y exhibiciones obscenas. 
b) Requisitos en la víctima 
La víctima debe ser mayor de 16 años y será ella quien proponga 
el avenimiento con el imputado. En otros términos, el sujeto pasivo 
debe prestar su consentimiento, que debe ser libre, con arreglo a las 
exigencias del Código Civil2. 
' La ley 25.087 ha eliminado la excusa absolutoria que preveía el art. 132 en su 
anterior redacción: el matrimonio del imputado con la víctima. 
En relación a la anterior excusa absolutoria prevista en el art. 132, el autor 
sostenía que para asegurar que el consentimiento sea realmente válido, la ley establece 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
c) El sujeto activo 
La ley establece que el avenimiento será propuesto al imputado. 
Con esto se refuerza la posición de Núñez que afirmaba que el beneficio 
alcanza tanto al delincuente como a cualquier otro partícipe de los 
hechos. Basta, dice Núñez, que el individuo haya participado en el 
delito, pues la excusa tampoco mira a los efectos penales del delito 
para el ofensor. 
El avenimiento no funciona como extinción de la acción en el 
caso del encubridor, ya que éste es un delito independiente3. 
La extinción de la acción alcanza a todos los partícipes del hecho 
ya que la eximición sigue asimilándose al perdón, cuyos efectos co- 
municantes son característicos. 
Es sin duda ésta la opinión más correcta, de acuerdo a los fines que 
ha tenido la norma. En este caso lo importante es la víctima, y parece 
que si esto es lo que se quiere, el beneficio debe alcanzar a todos. 
d) Atribuciones del tribunal 
El avenimiento tal como está redactado en el Código es una ins- 
titución de excepción, que requiere que su aplicación haya sido soli- 
citada libremente por la víctima, y en condiciones de plena igualdad. 
Esto requiere, en primer lugar, que la víctima haya formulado libre- 
mente su propuesta. Pero se exige, además, que haya existido una 
relación afectiva preexistente con el imputado y que con este aveni- 
miento se termine el conflicto de manera más equitativa para la víctima. 
que éste lo será si la mujer ha sido restituida a casa de los padres o a otro lugar 
seguro. Esto lleva a Núñez a sostener que, aunque el matrimonio exista, si no se da 
esta condición, no habrá exención de pena. Creus, Soler y Fontán Balestra opinan lo 
contrario basados en que lo que se busca por la ley es que el consentimiento sea 
libre, por lo que, probado este extremo, alcanza para la ley penal. Y no hay duda de 
que ésta es la posición correcta, ya que con ello se alcanzan los fines de la ley y 
hay control de que el consentimiento fue eficaz. 
Para Creus el consentimiento, para ser válido, requiere que también se preste el 
complementario del representante legal, de acuerdo al art. 168 del Cód. Civ. (ley 
23.515). Así mismo, podrán oponerse las personas habilitadas por el art. 169, también 
segun ley 23.515, debiendo resolver el juez, quien además puede rechazar de oficio 
la petición si existen circunstancias impeditivas que la ley civil prevé. 
' N,$JÑEz, ob. cit., t. IV, p. 396; CREUS, ob. cit., t. 1, p. 260. 
Habrá problemas, claro está, para entender qué es una relación 
afectiva preexistente. Tal como está redactada la norma, no entran en 
estos casos ninguno de los supuestos de agravantes. Por lo tanto, esta 
relación afectiva no puede ser ni de ascendiente, ni de descendiente, 
ni de afin en línea recta, hermano, tutor o curador, ministro de algún 
culto, encargado de la educación o de la guarda. El avenimiento queda 
reducido a los casos de relaciones afectivas previas como ser noviazgos, 
amistad, etcétera. 
e) Contenido del avenimiento 
La ley no especifica cuál podrá ser el contenido del "avenimiento", 
lo que seguramente acarreará la discusión acerca de si el solo "perdón" 
de la víctima será admisible4. 
f) Nuevas aportaciones a la interpretación 
de la suspensión del juicio a prueba 
Casi cerrando esta segunda edición, el Dr. Galli me ha enviado 
un artículo del colega Julián Langevin sobre este punto, quien sostiene 
una tesis sumamente interesante que consiste en dar apoyo, en base 
a esta ley, a quienes hemos sostenido una interpretación amplia en el 
caso 'de la suspensión del juicio a prueba4-'. 
En efecto, la cuestión es la siguiente: al incluir algunos delitos 
de este título, en los cuales la pena excede y en mucho a los tres 
años, que era el tope que sostenía la tesis restrictiva, da pie a que 
sostengamos, junto con los autores citados, que la interpretación au- 
téntica del legislador nos ha dado la razón. Así lo afirma Langevin 
con estas palabras: 
"...la segunda, que radica en la importancia que tiene la reforma 
legislativa al aportar una herramienta de interpretación auténtica de la 
voluntad del legislador y la finalidad del instituto de suspensión de 
juicio a prueba. Un lugar común entre quienes se oponían a una in- 
terpretación amplia del instituto consistía en la cita de los confusos y 
a veces contradictorios antecedentes parlamentarios que precedieron 
En este mismo sentido, CREUS, art. cit., p. 7 . 
4-' LANGEVIN, Julián Horacio, La suspensión del juicio a prueba (art. 132, 
CP), en E. D. del 13-3-99, ps. 7 y SS. 
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL 
a la sanción de la ley 24.316, en base a los cuales consideraban que 
se limitaba a los delitos correccionales, es decir, a aquellos cuyo má- 
ximo en abstracto no superase los tres años de prisión. La sanción de 
la nueva ley, permite la suspensión del juicio a prueba en delitos que 
contienen una escala penal máxima de quince años de prisión, da por 
tierra con esos argumentos y demuestra claramente que la voluntad 
del legislador y la finalidad de la ley fue, y es, el establecimiento de 
un medio idóneo para la resolución de los conflictos, evitando el es- 
tigma de la condena y permitiendo el descongestionamiento de la fun- 
ción judicial en un marco más a m p l i ~ " ~ - ~ . 
111. Reglas sobre la participación 
El artículo 133 establece que "Los ascendientes, descendientes, 
cónyuges, convivientes, afines en línea recta, hermanos y cualesquiera 
persona que, con abuso de una relación de dependencia, de autoridad, 
de poder, de confianza o encargo, cooperaren a la perpetración de los 
delitos comprendidos en este título, serán reprimidos con la pena de 
los autores". 
1. Antecedentes 
La norma tiene origen en España de 1848, que pasa al Proyecto 
Tejedor, del Código del Perú de 1862. El Código de 1886 lo toma y 
es el proyecto de 1891 es el que establece la redacción anterior a la 
reforma introducida por la ley 25.087. 
2. Aspectos dogmáticos 
Para Creus, dado que la pena del cómplice primario tiene la misma 
pena que el autor, el fin de la norma es agravar la sanción al partícipe 
secundario, derogando la regla del artículo 46 del Código Penal5. Núñez 
afirma que se trata de un agravamiento de la pena establecida por la 
norma general sobre la complicidad secundaria, aunque no modifica 
el tipo de cooperación constitutiva de la complicidad secundaria6. Soler, 
4-2 LANGEVIN, ob. cit., p. 8. 
CREUS, ob. cit., t. 1, p. 263. 
NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, ps. 398 y 399. 
por último, afirmaque se deroga la disminución de un tercio a la 
mitad que forma la base del artículo 46 del Código Penal7. 
3. Alcance de la norma 
Se agrava la pena para los cómplices habida cuenta de la relación 
parental o de confianza existente entre estos actores del hecho y la 
víctima. 
La ley comprende a los ascendientes, descendiente, afines en línea 
recta y hermanos. El parentesco consanguíneo tanto puede ser matri- 
monial como extramatrimonial. 
La ley además incluye a las personas que abusan de una relación 
de dependencia, de autoridad, de poder, de confianza o encargo. Ya 
nos hemos referido anteriormente a quienes se encuentran en relación 
de dependencia, de autoridad o de poder, siendo aplicables los con- 
ceptos ya explicados. 
Será una relación de encargo, cuando la persona tenga a la víctima 
bajo su cuidado, tales como la niñera y el niño que cuida8. 
Una relación de confianza será la que tiene el cómplice con la 
víctima, como ser la del sacerdote, psicólogo, etcétera. 
SOLER, ob. cit., t. 111, p. 353. 
NÚÑEZ, ob. cit., t. IV, p. 399; CREUS, ob. cit., t. 1, p. 263. 
206 
ÍNDICE SUMARIO 
PRÓLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN.'. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . PRÓLOGO A LA PRlMERA EDICIÓN 8 
El bien jurídico protegido en los 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . delitos contra la integridad sexual 11 
CAPITULO I 
EL DELITO DE ADULTERIO 
EL DELITO DE ABUSO SEXUAL SIMPLE 
(EN REEMPLAZO DEL "ABUSO DESHONESTO") 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1 . Disposición legal 17 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11 . Antecedentes históricos 18 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 111 . Bien jurídico protegido 18 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . IV . El tipo penal del abuso sexual 20 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1 . Tipo objetivo 20 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . a) Conceptos generales 20 
b) Las tesis existentes en la doctrina sobre 
. . . . . . . . . . . . . los actos que constituyen el abuso sexual 22 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . b 1) Doctrina subjetivista 22 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . b.2) Doctrina objetivista 23 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . c) Sujeto activo y sujeto pasivo 24 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . d) Modalidades del abuso sexual 26 
.................. d.1) Víctima menor de 13 años 26 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . d l l ) Uso de violencia 27 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . d . 1.2) La resistencia 28 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . d . 1.3) La sorpresa 29 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . d.2) Uso de amenazas 30 
d.3) Mediante abuso coactivo de una relación 
. . . . . . . . . . . . de dependencia, autoridad o poder 31 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . d.3.1) Acoso sexual 32 
. . . . . . . . . . . . . . d.4) Víctima sin consentimiento libre 33 
d.4.1) Víctima privada de razón . . . . . . . . . . . . 33 
d.4.2) Víctima privada de sentido . . . . . . . . . . . 34 
d.4.3) Víctima imposibilitada 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . de resistir el acto 35 
. . . . . . . . . . . . e) Consentimiento y exclusión de tipicidad 36 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2 . El tipo subjetivo 37 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . a) La opinión doctrinaria 37 
b) Concepto del tipo subjetivo 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . en nuestra opinión 38 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . V: Consumación y tentativa 39 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . VI . Concurso de delitos 40 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . VI1 . Acción penal . Pena 41 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . VI11 . Jurisprudencia 42 
ABUSO SEXUAL GRAVEMENTE ULTRAJANTE 
1 . Disposición legal . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 47 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11 . Tipicidad 47 
1 . Tipo objetivo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 47 
a) Acción: abuso sexual . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 47 
a.1) Duración en el tiempo ...................... 48 
a . 1 . 1 Por las circunstancias 
................... de su realización 48 
a.2) Sometimiento gravemente ultrajante . . . . . . . . . . . 48 
a.3) Sujeto activo y sujeto pasivo . . . . . . . . . . . . . . . . 51 
b) Tipo subjetivo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 51 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2 Consumación y tentativa 51 
111 . Jurisprudencia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 52 
ABUSOSEXUALCONACCESOCARNAL 
(VIOL ACIÓN) 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1 . Significado 53 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11 . Disposición legal 54 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 111 . Antecedentes históricos 55 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . IV . El bien jurídico protegido 57 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . V . El tipo penal de la violación 59 
1 . Tipo objetivo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 59 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . a) Acción: acceso carnal 59 
b) El problema de la fellatio in ore, la imaginación 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . del legislador y la letra de la ley 64 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . c) Sujeto activo 67 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . d) Sujeto pasivo 69 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . d . 1) El matrimonio 70 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . d.2) El concubinato 72 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . d.3) La prostituta 72 
e) Modalidades de la violación . Las acciones típicas . . . . 73 
e . 1) Víctima menor de 13 años . . . . . . . . . . . . . . . . . . 74 
e.2) Cuando mediare violencia o amenazas . . . . . . . . . 74 
e.3) Abuso coactivo o intimidatorio de una relación 
de dependencia, de autoridad o de poder . . . . . . . 74 
. . . . . . . . . . . . . . . . e.4) Falta de consentimiento libre 74 
2 . Tipo subjetivo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 75 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . a) Problemas referidos al error 77 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3 . Consumación y tentativa 79 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4 Concurso con otros delitos 82 
5 . Acción penal . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 83 
6 . Pena . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 84 
VI . Agravantes de los tipos penales contenidos 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . en el artículo 119 del Código Penal 84 
VI1 . Agravantes en los casos de los párrafos 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . 1" y 2" del artículo 119 del Código Penal 85 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1 Agravación por el resultado 86 
a) Grave daño a la salud fisica o mental de la víctima . . . 86 
. . . . . . . . . . . b) Resultado de muerte (art . 124, Cód . Pen.) 89 
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .