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UNIVERSIDAD DIEGO PORTALES 
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS 
ESCUELA DE PSICOLOGÍA 
 
 
 
 
 
 
 
 
PULSIÓN 
 
 Tesis para optar al Grado de Licenciado 
en Psicología. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Alumno: Pablo A. Rojas 
Profesor Patrocinante: Michel Thibaut F. 
 
 
SANTIAGO - CHILE 
1999 
 
 
 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
2
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 A mi juicio, no hay cosa más digna de compasión en este mundo que 
la incapacidad de la mente humana para poner en relación todo su contenido. 
Vivimos en un apacible islote de ignorancia en medio de tenebrosos mares de infinitud... 
H. P. LOVECRAFT 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
3
 
ÍNDICE 
 
ÍNDICE ........................................................................................................................ 3 
 
RESUMEN ........................................................................................................ (Anexo) 
 
INTRODUCCIÓN ....................................................................................................... 5 
 
DE LA PULSIÓN EN FREUD ...................................................................................... 9 
a) Consideraciones preliminares ............................................................................. 9 
 a.1) La pulsión como producción y movimiento ....................................... 9 
 a.2) Los quiebres ......................................................................................... 11 
 a.3) El movimiento del concepto ............................................................... 12 
b) Desarrollo histórico del concepto ..................................................................... 15 
 b.1) Primeras teorizaciones (1890-1905) ............................................... 15 
 b.1.1) Del objeto y la meta ............................................................ 20 
 b.1.2) La pulsión es parcial........................................................... 24 
 b.1.3) Del conflicto ........................................................................ 26 
 b.1.3.1) El contrapunto pulsional ................................... 30 
 b.2) La sexualidad como fundamento (1905-1915) .............................. 32 
 b.2.1) Las pulsiones yoicas ........................................................... 32 
 b.2.2) Una visión de conjunto ...................................................... 35 
 b.2.2.1) Dos principios del acaecer psíquico ................. 37 
 b.2.3) Especificaciones en torno al narcisismo ........................... 39 
 b.2.3.1) La libido en movimiento .................................... 40 
 b.2.4) Una articulación fundante ................................................ 43 
 b.3) La pulsión de muerte (1915-1920) .................................................. 49 
 b.3.1) Manifiesto ........................................................................... 49 
 b.3.2) De un orden primero ......................................................... 50 
 b.3.3) Silencios obligados ............................................................. 52 
 b.3.4) Condenados a repetir ......................................................... 53 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
4
 b.3.5) Del entramado .................................................................... 56 
 b.3.6) De muerte ........................................................................... 58 
 b.4) Explicitaciones conceptuales (1920-1939) ..................................... 61 
 b.4.1) Intermezzo crítico .............................................................. 63 
 
DE LA PULSIÓN EN LACAN .................................................................................... 66 
a) De una revisión necesaria .................................................................................. 66 
 a.1) Reconocimiento ................................................................................... 67 
 a.2) Rearticulaciones terminológicas ....................................................... 69 
 a.2.1) L’inconscient ....................................................................... 70 
 a.2.1.1) Paréntesis lingüístico .......................................... 70 
 a.2.1.2) “Parlêtre” ............................................................ 72 
 a.2.1.3) De los orígenes .................................................... 76 
 a.2.1.4) Sexualidad e inconsciente .................................. 78 
b) El circuito de la subversión ................................................................................ 81 
 b.1) De una imposibilidad fundamental .................................................. 82 
 b.2) Dando vueltas y vueltas ..................................................................... 84 
 b.3) La pulsión es (y no puede ser sino) parcial ...................................... 86 
 
A MODO DE CONCLUSIÓN .................................................................................. 90 
 
BIBLIOGRAFÍA ......................................................................................................... 94 
 
AGRADECIMIENTOS ............................................................................................... 98 
 
 
 
 
 
 
 
 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
5
 
INTRODUCCIÓN 
 
Nur um der Hoffnungslosen 
ist uns die Hoffnung gegeben. 
WALTER BENJAMIN 
 
 Recorrer el movimiento histórico de la pulsión. Determinar su desarrollo continuo. 
Decantar concepciones sin estancar conceptos en definiciones. Asumir que delimitar no 
significa, ni por asomo, limitar. Estudiar un devenir en su movimiento. Esas son las metas 
primordiales de mi estudio. 
 
 Hay que comenzar sacándose de la cabeza la idea que el estudio de un concepto 
implica necesariamente su definición, en el sentido de poner fin a la cosa. Al contrario, la 
explicitación, la elucidación de un concepto debe centrarse primordialmente en señalar lo 
que de no logrado, lo que de no alcanzado, tiene la noción en cuestión. En otras palabras, 
las posibilidades teóricas y/o prácticas que podrían abrirse a partir de un determinado 
desarrollo conceptual. 
 
 Es así como, por ejemplo, en el caso que nos interesa, el Dr. Jacques Lacan (1901-
1981) no planea un retorno a Sigmund Freud (1856-1939) que signifique, en una lectura 
al pie de la letra, el encuentro de la “verdadera palabra” de Freud. Palabra que pondría fin 
a toda duda y que cerraría todo hueco. Al contrario, Lacan plantea una lectura posible de 
la obra freudiana, sin desconocer que existen otras (que estas otras sean reaccionarias, 
prefreudianas, que despojen al psicoanálisis de su contenido subversivo, es irrelevante en 
este contexto), tan posibles como la suya. El punto es que Lacan considera que su lectura 
es la más acertada. Pero no “más acertada” en el sentido de “más verdadera” o “más 
apegada a las ideas de Freud”. No, es más acertada porque mantiene el contenido 
subversivo del psicoanálisis, porque desarrolla un problema teórico a partir del punto en 
que Freud lo deja. 
 Lacan estructura su propio entramado conceptual utilizando como base el 
desarrollo freudiano. Sin embargo, el trabajo lacaniano es singular, discernible, en 
principio, del freudiano. Las claves que utiliza son absolutamente originales para el ámbito 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
6
psicoanalítico, tanto es así que la ortodoxia (los “apóstoles” de Freud, como los denomina 
Lacan) acaba por expulsarlo de sus filas. Lacan es peligroso por la misma razón que Freud: 
es subversivo, desarrolla las posibilidades de lo existente. No se conforma con lo 
establecido. Mostrar ese punto, la subversión psicoanalítica, a través de uno de sus 
conceptos fundamentales como es la pulsión, es uno de los ejes principales de este trabajo. 
 A mi parecer, por lo tanto, es posible sostener que la única corrientepsicoanalítica 
que mantiene algo de la subversión, del vigor originario de Freud, es la lacaniana. 
 Sin embargo, hay un punto en el que, a mi modo de ver, cojea gravemente. Según 
mi experiencia de aprendizaje del psicoanálisis lacaniano, creo que se comete un grave 
error en la manera de transmitirlo: se enseña a Freud, leído por Lacan, como si fuese 
Freud. Y se confunde así, en una mescolanza irresponsable a Lacan con Freud. La lectura 
lacaniana de la obra freudiana es interesantísima, pero tiene como condición sine qua non 
la lectura de la obra freudiana como tal. Leer a Lacan leyendo a Freud no es leer a Freud, y 
creer que se está leyendo a Freud puede conducir a aberraciones como pensar que Lacan 
sólo está leyendo a Freud, con lo que se desconoce el trabajo, nada despreciable, de la 
propia elaboración lacaniana. Es notable destacar que Lacan mismo parece haberse dado 
cuenta del problema al señalar que sus seguidores podían calificarse de “lacanianos” en 
tanto él mismo prefería seguir denominándose “freudiano”. 
 Es teniendo en consideración esa deficiencia que he estructurado mi trabajo de 
tal forma que enfatice el desarrollo histórico del concepto en Freud. Y es sólo sobre ese 
desarrollo que podremos colocar la estructura elaborada por Lacan. Pensándolo bien, 
puede que organizar de esta forma 
el trabajo no sea sino una forma de superar el déficit dejado por mi propio proceso de 
aprendizaje, proceso en el que se me enseñó un Lacan 
desarticulado, los conceptos base de su obra desparramados, inconexos y rodeados de 
vacuidad. Creo que la racionalidad y el sentido sólo pueden darse en la articulación que 
funda el campo conceptual, cualquiera que éste sea. La prepotencia con que se menciona 
ese campo, sin explicarlo, solo tapa a medias la ignorancia acerca del entramado teórico 
fundante. 
 Pero, aún si no tomamos en cuenta esas deficiencias, personales al fin y al cabo, 
creo que es posible sostener que, en primer lugar, un cierto desarrollo conceptual sólo 
puede comprenderse a cabalidad a partir de sus inmediatos antecesores y como 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
7
consecuencia de éstos (consecuencia en el sentido de “determinación”, no de 
“necesidad”). En segundo lugar, el trabajo realizado en pos de la comprensión de estos 
desarrollos conceptuales ha tratado de guiarse por la opinión que los propios autores 
tienen acerca de su lógica interna (la de sus conceptos). Así, por ejemplo, Freud piensa que 
la mejor forma de comprender sus ideas es siguiendo su desarrollo histórico. Es lo que se 
ha intentado hacer. Lacan, por su parte, puede ser catalogado como estructuralista, y es en 
forma de estructura que se ha intentado exponer sus ideas. 
 Por lo tanto, lo que intentaré realizar es una revisión bibliográfica del concepto de 
pulsión (de forma histórica para Freud, centrándome en un texto para Lacan), a fin de 
lograr una visión clara y precisa del mismo, que permita articularlo e insertarlo a 
cabalidad en el desarrollo teórico de ambos autores. Así pues, haremos una revisión 
longitudinal (histórica) del concepto de pulsión en Freud, desde sus orígenes primeros 
(bajo otros nombres) hasta sus últimas ideas. Se articulará esta base freudiana con la 
relectura y posterior desarrollo que hace Lacan de la pulsión, enfatizando lo que de 
subversivas y escandalosas tienen ambas estructuras teóricas para el prisma moderno, 
sustentado en un yo autónomo. 
 Creo que es posible sostener que la comprensión cabal de este concepto entregará 
una base teórica desde la cual será posible pensar la construcción de una crítica a fondo 
de la psicología contemporánea en tanto adaptacionista1. Lo que quiero sostener es que la 
radical consecuencia que podemos encontrar en ambos autores, cuando aseguran la 
división del sujeto y la imposibilidad de un objeto real que satisfaga la pulsión, es que lo 
que está en acto en el sujeto es la pulsión de muerte y, frente a eso, no hay adaptación 
posible. Así, como contraparte, entrega el fundamento conceptual de una praxis tan ajena 
(en tanto superación) a la modernidad como es el psicoanálisis. 
 
 
 Dicho lo anterior en plena posesión de mis facultades mentales y físicas, ha llegado 
el tiempo de partir. 
 
 
 
1 En realidad, la base conceptual entregada puede servir para repensar el movimiento histórico de la 
humanidad en su totalidad. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
8
 
DE LA PULSIÓN EN FREUD 
 
Lo que sigue es especulación, a menudo de largo vuelo, 
que cada cual estimará o desdeñará de acuerdo con su 
posición subjetiva. Es, además, un intento de explotar 
consecuentemente una idea, por curiosidad de saber 
adónde lleva. 
SIGMUND FREUD 
 
 
 a) Consideraciones preliminares: 
 
a.1) La pulsión como producción y movimiento 
 
 Es indudable que el concepto de pulsión (así como el psicoanálisis) es una 
producción freudiana, en el sentido más estricto que esta palabra pueda tener. Y el hecho 
de que sea una producción podemos constatarlo en dos vertientes o dos dimensiones, 
complementarias, del trabajo freudiano. 
 Por una parte, Freud no comienza su construcción teórica desde un concepto ya 
elaborado sino, más bien, de una idea propia, totalmente nueva. Idea para la cual ocupa la 
etiqueta de “trieb”, preexistente en la lengua alemana. Esta palabra, “trieb”, hace 
referencia a impulsos, a fuerzas pasionales. Si buscamos sinónimos, en alemán, de esa 
palabra, el primero que se encuentra es “instinkt”2. Es Freud el que traza una clara 
distinción entre ambas nociones, es él quien la produce. No existe en la etimología de la 
palabra el extraño sentido que él le da. 
 Por otra parte, ese mismo concepto de pulsión va cambiando, desenvolviéndose, a 
medida que Freud va complejizando, sutilizando y 
afinando la construcción teórica psicoanalítica. Creo que es posible determinar un 
movimiento de este concepto atravesando longitudinalmente la obra de Freud. Desde las 
“excitaciones endógenas” del “Proyecto de psicología” (1895) hasta la final oposición 
 
 2Taschenwörterbuch der Spanischen und Deutschen Sprache; Langenscheidt; Berlin; 1992. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
9
entre Eros y la pulsión de muerte (1920) hay un movimiento del concepto mismo, que 
nunca se detiene, que nunca se estanca. 
 
 Así, hay que tener siempre en mente la petición de principios epistemológica que 
Freud hace al comienzo de “Pulsiones y destinos de pulsión”: 
 
 ...el progreso del conocimiento no tolera rigidez alguna, tampoco en las 
definiciones. Como lo enseña palmariamente el ejemplo de la física, también los 
“conceptos básicos” fijados en definiciones experimentan un constante cambio de 
contenido.3 
 
 Es porque tomo estas ideas como pivote sustentador de mi trabajo que puedo 
presentar mi intención de seguir ese curso histórico del concepto. Es por eso que puedo 
pretender escarbar en los escritos freudianos para encontrar en ellos hitos, signos, que 
señalen la deriva que sigue el concepto. Si se piensa el concepto de pulsión como una 
definición, si se piensa en los conceptos, en general, como definiciones, sin duda que mi 
trabajo será considerado como una estupidez. Pero si yo pienso la noción, el concepto, 
como un movimiento que nunca se estanca, mi trabajo invariablemente, adquiere razón al 
hacerse parte de ese movimiento. 
 
 
a.2) Los quiebres 
 
 Quisiera referirme brevemente a un aspecto que he tocado tangencialmente unas 
líneas atrás. Me refiero al carácter extraño, nuevo, 
extraordinario, de las ideas freudianas. Carácter que deseo subrayar, destacando, en la 
medida de lo posible, el contexto histórico y social en que aparecen dichas ideas. 
Probablemente el sólo mencionar la Viena de principios de siglo nos sirva como el más 
conspicuo indicador. Sin embargo, quisiera recalcar aún más ese punto.Al respecto, es 
muy esclarecedor recordar que la seriedad con que Freud tomaba sus ideas trajo como 
 
3 Sigmund Freud “Pulsiones y destinos de pulsión” (1915) en Obras Completas Vol. XIV. Ed. Amorrortu. 
Buenos Aires. 1995. p. 113. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
10
consecuencia quiebres definitivos e insalvables con varios de sus seguidores (los que, 
dentro de todo, podían ser considerados como progresistas para su época). Vale la pena 
citar los ejemplos de Jung (que propuso una energía libidinal no sexual que lo abarcaría 
todo) y Reich (que rompió con Freud en 1920, cuando no aceptó la teorización freudiana 
de la pulsión de muerte). 
 Es ilustrativo, a la hora de señalar la oposición que suscitaron las ideas freudianas 
en el ámbito científico de su época, citar el comentario que hace el psiquiatra vienés 
Conrad Rieger acerca de “Estudios sobre la histeria” (1893-5): 
 
 No creo que un psiquiatra experimentado pueda leer este artículo (“Estudios sobre 
la histeria”) sin sentir verdadera indignación. La razón de la misma estriba en el hecho de 
que Freud toma muy en serio lo que no es más que una sarta de disparates paranoides con 
un contenido sexual –sucesos puramente fortuitos-, que son totalmente insignificantes o 
enteramente inventados. Todo esto no puede conducir a nada más que a una “psiquiatría 
de porteras” absolutamente deplorable.4 
 Es más que seguro que ni en sus peores pesadillas pudo Rieger imaginar el alcance 
que llegaría a tener la incipiente “psiquiatría de porteras” que tan cáusticamente critica. 
 
 
a.3) El movimiento del concepto 
 
 Aunque no me interese señalar momentos exactos de aparición ni delimitar 
fronteras, creo que la lectura atenta de la obra freudiana, teniendo como norte el 
desarrollo del concepto que nos compete, nos muestra la existencia de un cierto vaivén 
regular, de ciertas oscilaciones que se repiten en la construcción teórica. No pretendo que 
esta proposición sea objetiva, en el sentido científico de la palabra. Lo que quiero sostener 
es que dichas oscilaciones, al ser puestas de manifiesto, pueden servirnos como faros que 
alumbren y enseñen el curso que van tomando las ideas freudianas. Creo que leer a Freud 
desde esta perspectiva, tomando estos puntos como hitos señeros, sirve como un primer 
facilitador de la comprensión del concepto de pulsión. De una u otra forma, el desarrollo 
 
4 Citado por J. M. Masson en “El asalto a la verdad (La renuncia de Freud a la teoría de la seducción)” (1984). 
Ed. Seix Barral. Barcelona. 1985. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
11
conceptual comienza a tomar un orden, comienza a mostrar su propia deriva. Y es ese 
orden, ese desarrollo el que a mí me interesa poner de manifiesto. 
 Desde mi punto de vista, el movimiento de estas oscilaciones consiste básicamente 
en: la gestación de una idea, su aparición (primero esporádica y luego cada vez más 
frecuente) en los textos y, finalmente, su exposición, más o menos acabada, en un texto 
específico. Este texto puede calificarse como el núcleo del período. Y puede calificársele así 
por dos razones: en primer lugar, se pueden encontrar en él la mayoría de las ideas que 
han surgido con respecto al concepto, detalladas y explicadas. No ya la intuición genial 
primera, que lanza el trabajo de Freud, sino la explicitación cabal del entramado teórico 
que ha ido forjando. En segundo lugar, esa misma explicitación sirve como cierre de un 
ciclo, cierre que, a la vez, es un enganche, una articulación que abre la posibilidad de 
apertura de un ciclo nuevo. 
 
 Es posible situar una primera “oscilación” o período, como quiera llamársele, 
entre los escritos freudianos tempranos (1890 sirve como fecha aproximada) y 1905, 
fecha de aparición de los “Tres ensayos de teoría sexual” que son, desde mi punto de vista 
la piedra angular de esta época, la explicitación más acabada de la construcción que se ha 
gestado durante ese tiempo. 
 Un segundo período es situable entre los años 1905 y 1915, años en que las 
concepciones freudianas se van sutilizando y ampliando hasta ser expuestas a cabalidad 
en esa joya dentro de los ensayos freudianos que es “Pulsiones y destinos de pulsión”. 
 El paso siguiente es gigante. En el período comprendido entre 1915 y 1920 se 
gesta una de las explicitaciones teóricas que más problemas traería a Freud: la pulsión de 
muerte. El texto señero de esta época es, sin lugar a dudas, “Más allá del principio del 
placer”. 
 El período posterior, entre 1920 y 1939, que concluye con la muerte de Freud no 
alcanza a ser un ciclo completo. Más bien refiere a su primera etapa: afinamiento y 
revisión. 
 
 Sin duda es posible criticar y cuestionar los hitos que he propuesto como guías, 
señalando, por ejemplo, que son una simplificación burda de un trabajo que sólo tiene 
sentido dentro de su propio entramado, entramado que se resiste a ser encasillado dentro 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
12
de cualquier parámetro. Y, sin duda, son muchos los “¿por qué?” que yo debería contestar 
si me pusiera en ese nivel de discusión. Sin embargo, quisiera solicitar el beneficio de la 
duda hasta que se verifiquen los resultados de mi propuesta. Considero muy poco 
productivo, en un primer momento, atacar el por qué de utilizar esta forma de ordenar mi 
trabajo, ya que este “¿por qué?” sólo puede ser comprendido a cabalidad una vez 
aprehendido el conjunto de la obra. 
 
 Ahora bien, no puedo negar que la misma lectura de la obra freudiana es la que 
impone, de una forma u otra, este tipo de lectura (es decir, seguir su desarrollo histórico). 
De hecho, es la opinión del propio Freud. 
 
 Opino que el mejor modo de apreciar mi teoría sobre la importancia etiológica del 
factor sexual para las neurosis es seguir su desarrollo. En efecto, de ningún modo me 
empeñaré en desmentir que ha tenido un desarrollo y se ha modificado en su curso.5 
 
 Y si pretendo hacer una Tesis psicoanalítica, no puedo dejar de tomar en cuenta la 
opinión de Freud. 
 
 
 b) Desarrollo histórico del concepto: 
 
b.1) Primeras teorizaciones (1890-1905) 
 
 Tenemos referencias muy tempranas dentro de la obra freudiana (v. gr. el así 
llamado “Manuscrito E” cuya data se sitúa entre mediados de 1894 y comienzos de 1895) 
que perfectamente, al leerse a la luz de elaboraciones posteriores, nos muestran que, ya en 
esa época, Freud está poniendo las primeras piedras de lo que, posteriormente, será su 
teorización de la pulsión. Las ideas están ahí, sólo que sin desbastar. Sirva como ejemplo el 
siguiente fragmento del manuscrito anteriormente citado: 
 
 
5 Sigmund Freud “Mis tesis sobre el papel de la sexualidad en la etiología de las neurosis” (1906 [1905]) en 
Obras Completas Vol. VII. Ed. Amorrortu. Buenos Aires. 1993. p. 263. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
13
 En una excitación exógena, el aumento (de tensión) es más simple. La fuente 
excitadora está fuera y envía a la psique un aumento de excitación que es tramitado con 
arreglo a su cantidad. Para ello basta cualquier reacción que aminore en el mismo 
quantum la excitación psíquica. 
 Diversamente ocurre con la tensión endógena, cuya fuente se sitúa en el cuerpo 
propio (hambre sed, pulsión sexual). Aquí sólo valen reacciones específicas, las que 
impiden que se siga produciendo excitación en los órganos terminales correspondientes...6 
 
 La semejanza que guardan estas ideas con la exposición de la dimensión fisiológica 
de la pulsión, que Freud realiza veinte años después (en “Pulsiones y destinos de 
pulsión”7) no deja de ser muy reveladora. 
 
 Ahora bien, lo que podemos ver aquí es nada menos que una primera delimitación 
de los parámetros fundamentales en que se asentará el desarrollo del concepto de pulsión 
(muy cercanaal concepto biológico de estímulo, por lo demás)8. Es decir, es una fuerza, 
una “tensión”, a la que es imposible sustraerse, que busca, de una manera particular, 
descargar. 
 
 Sin embargo, aunque podemos distinguir, en ciernes, las ideas que con el tiempo 
vendrán a constituir la teorización pulsional propiamente tal, existe una diferencia capital, 
un paso aún no dado. En esos años Freud es partidario de la teoría de la seducción como 
causa de las neurosis. Excede mis intenciones el examen detallado de esta teoría, mas, para 
lo que nos compete, es necesaria una breve explicación.9 
 El núcleo central de esta teoría es la idea de que en los niños existen, de forma 
latente, los elementos de la sexualidad. Los niños tendrían una especie de “sexualidad 
pasiva” que, si no es perturbada, advendría activa en la pubertad. Pero si esa sexualidad 
 
6 Sigmund Freud “Fragmentos de la correspondencia con Fliess” (1892-99) en Obras Completas Vol. I. Ed. 
Amorrortu. Buenos Aires. 1992. p. 231. 
7 Compárese en el apartado b.2.4. “Una articulación fundante”. 
8 Para examen detallado ver apartado b.2.4. “Una articulación fundante”. 
9 Una explicación sucinta y precisa tanto de la idea de “seducción” como del cambio que se produce en la 
conceptualización freudiana puede encontrarse en: Sigmund Freud “Mis tesis sobre el papel de la sexualidad 
en la etiología de las neurosis” (1906 [1905]) en Obras Completas Vol. VII. Ed. Amorrortu. Buenos Aires. 
1993. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
14
“latente” del niño o la niña sufre una interferencia proveniente del mundo externo (si el 
niño es “seducido” por un adulto) se trastornaría su carácter pasivo, desbordaría, 
volviéndose activa prematuramente. Este desborde prematuro de la sexualidad sería la 
causa de la posterior neurosis. 
 
 No hay que olvidar que, por ese entonces, la idea generalizada en la sociedad 
europea de la época era que los niños eran seres prácticamente asexuados. La sexualidad 
era considerada tal sólo con la entrada en pubertad y la madurez física de los genitales. En 
otras palabras, se concebía a los seres sexuados como aquellos que están en condiciones 
físicas apropiadas para procrear. Es revelador, al respecto, escuchar la opinión que el 
propio Freud tiene acerca de las creencias de su sociedad: 
 
 La opinión popular tiene representaciones bien precisas acerca de la naturaleza de 
esta pulsión sexual. Faltaría en la infancia, advendría en la época de la pubertad y en 
conexión con el proceso de maduración que sobreviene en ella, se exteriorizaría en las 
manifestaciones de atracción irrefrenable que un sexo ejerce sobre el otro, y su meta sería 
la unión sexual o, al menos, las acciones que apuntan en esa dirección.10 
 
 Es decir, la teoría de la seducción es progresista si la comparamos con las ideas de 
la época, en tanto admite la existencia de elementos sexuales, aunque sea de forma pasiva, 
en los niños. 
 
 Freud, impertérrito, sigue su camino, camino que lleva a la superación de la idea 
de la seducción. Como veremos en el párrafo siguiente, desde un principio Freud no se 
manifiesta del todo satisfecho con esta idea. Trata de vislumbrar más allá, intuye que algo 
se le escapa. 
 
 En 1897 Freud, al comentar a Fliess su autoanálisis (el de Freud), escribe lo 
siguiente: 
 
 
10 Sigmund Freud “Tres ensayos de teoría sexual” (1905) en Obras Completas Vol. VII. Ed. Amorrortu. 
Buenos Aires. 1993. p. 123. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
15
 ...más tarde (entre los dos años y los dos años y medio) despertóse mi libido hacia 
matrem en ocasión de viajar con ella de Leipzig a Viena, viaje en el cual debemos de haber 
pasado una noche juntos, teniendo yo la ocasión de verla nudam...Por fin, que recibí con 
los peores augurios y con reales celos infantiles a mi hermanito (un año menor que yo y 
muerto a los pocos meses), y que su muerte dejó en mí el germen de la culpabilidad.11 
 
 Lo que vemos aquí es nada menos que el esbozo de la idea de una sexualidad como 
elemento constituyente. Sin haber interferencia activa de terceros, Freud dilucida en su 
propia infancia mociones sexuales que impulsan su propia constitución como sujeto: 
“despertóse mi libido hacia matrem”, “celos infantiles”, son frases que nos indican sin 
lugar a dudas que, para él, la sexualidad está ya en ebullición per se a una edad tan corta 
como el año o los dos años. Ya entonces la sexualidad es un turbulento bullir que 
construye su propio devenir: “dejó en mí el germen de la culpabilidad”. Lejos estamos de 
la idea de la infancia como época de blanca pureza, impoluta por la “sucia” sexualidad.12 
 
 Sin embargo, en 1900, en un texto tan capital como “La interpretación de los 
sueños”, Freud hace una afirmación que, a primera vista, parece ser totalmente 
contrapuesta: 
 
 Si juzgamos dichosos a los niños porque todavía no conocen el apetito sexual, no 
desconozcamos que las otras grandes pulsiones vitales pueden convertirse para ellos en 
riquísima fuente de desengaño y de renunciamiento, y por lo tanto de estimulación 
onírica.13 
 
 ¿Está Freud renegando de la idea de la pulsión sexual como elemento constituyente 
del sujeto? Sin duda la respuesta es no. Con esta frase Freud está contradiciendo incluso 
afirmaciones tajantes que hace en ese mismo escrito (v. gr. las que refieren al complejo de 
 
11 Sigmund Freud “Los orígenes del psicoanálisis” (1887-1902) en Obras Completas Vol. III. Ed. Biblioteca 
Nueva. Madrid. 1973. p. 3581. 
12 Queda latente, por otra parte, la interesante pregunta de por qué Freud escribe las palabras clave del 
párrafo (matrem y nudam) en latín y no en alemán. 
13 Sigmund Freud “La interpretación de los sueños” (1900) en Obras Completas Vol. IV. Ed. Amorrortu. 
Buenos Aires. 1989. pp. 149-50. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
16
Edipo) tanto como en escritos anteriores. Creo que, si consideramos que Freud está dando 
a luz una concepción totalmente revolucionaria de lo que es el sujeto humano, tendremos 
que reconocer que hay un largo camino de desarrollo conceptual, en el cual se van 
puliendo, poco a poco, las aristas de la idea. Freud aún se niega a dejar sus concepciones 
acerca de la seducción, como si no confiase todavía en su propia construcción y no 
quisiese desprenderse totalmente de su pasado.14 
 
 Es en los “Tres ensayos de teoría sexual” que Freud explicita, a cabalidad, la idea 
de que en los niños los impulsos sexuales operan en plenitud. Ese es el momento clave en 
que Freud se aparta definitivamente de la idea de la seducción. Y lo que hace es poner de 
manifiesto que la inmadurez genésica del aparato reproductivo no es lo que determina la 
existencia o no de los impulsos sexuales. Se abre así la posibilidad de pensar a la infancia 
como una época donde las pulsiones fluyen libremente y que el paso a la adultez consiste 
en la restricción de esa libertad y en la consciente negación de esos impulsos. 
 
 Resulta evidente que no se requiere de la seducción para despertar la vida sexual 
del niño, y que ese despertar puede producirse también en forma espontánea a partir de 
causas internas.15 
 
 Con esta idea en mente podemos ver que los “Tres ensayos” son un esfuerzo por 
reconducir la forma en que se constituye el sujeto al curso que ha seguido su sexualidad 
desde la infancia. Freud lo dice de una forma ejemplar: 
 
 De ese modo, nuestro interés se dirige a la vida sexual del niño; estudiaremos el 
juego de influencias en virtud del cual el proceso de desarrollo de la sexualidad infantil 
desemboca en la perversión, en la neurosis o en la vida sexual normal.16 
 
 
14 De hecho es recién en 1911 que introduce una nota a pie de página enmendando el sentido de la frase. 
15Sigmund Freud “Tres ensayos de teoría sexual” (1905) en Obras Completas Vol. VII. Ed. Amorrortu. Buenos 
Aires. 1993. p. 173. 
16 Sigmund Freud “Tres ensayos de teoría sexual” (1905) en Obras Completas Vol. VII. Ed. Amorrortu. Buenos 
Aires. 1993. p. 156. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
17
 Se otorga así un estatuto fundante, constituyente, a la sexualidad del sujeto. Queda 
atrás la idea de la sexualidad como una parte del sujeto, como una parte entre otras. La 
sexualidad no es explicable ya en relación a los estímulos o al mundo exterior. Ahora la 
sexualidad es el sujeto y el sujeto es sexualidad. Anticipándonos un poco, podríamos decir 
que la pulsión es el principio y el fin o, mejor aún, que la pulsión es. 
 
 b.1.1) Del objeto y la meta 
 Un primer distingo que Freud realiza, al comienzo de los “Tres ensayos”, es la 
introducción de dos términos, cuya gravitancia es fundamental al momento de la 
comprensión del desarrollo del concepto, me refiero al objeto sexual y a la meta sexual. 
 
 ...llamamos objeto sexual a la persona de la que parte la atracción sexual, y meta 
sexual a la acción hacia la cual esfuerza la pulsión.17 
 
 Es destacable que Freud combine una definición tan concreta de objeto sexual (una 
persona) con una tan vaga de meta sexual. No es casual, como veremos más adelante. 
 
 Poco después, al referirse al objeto, Freud señala: 
 
 La fábula poética de la partición del ser humano en dos mitades –macho y 
hembra- que aspiran a reunirse de nuevo en el amor se corresponde a maravilla con la 
teoría popular de la pulsión sexual.18 
 Y, al referirse a la meta: 
 
 La unión de los genitales es considerada la meta sexual normal en el acto que se 
designa como coito y que lleva al alivio de la tensión sexual y a la extinción temporaria de 
la pulsión sexual.19 
 
17 Sigmund Freud “Tres ensayos de teoría sexual” (1905) en Obras Completas Vol. VII. Ed. Amorrortu. Buenos 
Aires. 1993. p. 123. 
18 Sigmund Freud “Tres ensayos de teoría sexual” (1905) en Obras Completas Vol. VII. Ed. Amorrortu. Buenos 
Aires. 1993. p.124. 
19 Sigmund Freud “Tres ensayos de teoría sexual” (1905) en Obras Completas Vol. VII. Ed. Amorrortu. Buenos 
Aires. 1993. p. 136. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
18
 Aquí podríamos decir que Freud sí da una definición concreta y acotada de meta 
sexual. Sin embargo, eso sería llamarnos a engaño de una forma lamentable, puesto que de 
lo que Freud está hablando es de la meta sexual normal, no de la meta sexual propiamente 
tal. Tengamos esto en mente. 
 Que Freud no da puntada sin hilo es un hecho evidente a todas luces. Por lo tanto, 
debe ser una llamada de atención el hecho que comience su elucidación de los términos 
que acaba de introducir entregando definiciones propias de la “teoría popular”, como él la 
llama. No es un hecho casual que Freud exponga las cosas de tal forma que, de buenas a 
primeras, cualquier persona tienda a estar de acuerdo. Lo que dice no es nada nuevo, nada 
descabellado. Al contrario, suena muy razonable, algo aburrido quizás, pero razonable. 
¿Toma Freud ese punto de partida por casualidad o descuidadamente? En ningún caso. 
 
 Vamos por parte. Tomemos primero el elemento que Freud trabaja bajo el nombre 
de objeto sexual. ¿Elucida Freud este término a partir de la definición antes expuesta, 
describiéndolo prolija y linealmente? No, para nada. Al contrario, Freud expone las 
desviaciones20 que se presentan con respecto al objeto para, a partir de esas desviaciones 
extraer sus conclusiones. Y la desviación que toma como ejemplo central es la 
homosexualidad, la inversión. Sin embargo, la lectura de estos pasajes no esclarece mucho 
dicha desviación21. Da la impresión que a Freud no le interesa explicarla, que pone sobre 
el tapete las variadas posibilidades explicativas (muchas de ellas contrapuestas) que se 
presentan, sin intención alguna de trabajarlas más a fondo. Así, como él mismo reconoce, 
su presentación no esclarece el problema de la inversión. 
 Quiero sostener que lo que sucede es que a Freud no le interesa esclarecer ese 
problema, porque no le interesa la inversión propiamente tal, sino que la ocupa como un 
ejemplo cabal que le permita poner en cuestión las creencias del común de la gente, de la 
teoría popular, acerca del objeto sexual. Sucede que, en su desarrollo, Freud se está 
contraponiendo, punto por punto, con la pacífica definición que había dado en un 
comienzo. Freud está ocupando la inversión para mostrar que el objeto sexual no es algo 
predeterminado, que la fábula de la “otra mitad” es eso, una fábula sin correlato posible 
 
20 Con “desviación” me refiero a exclusivamente a “no correspondencia”. No estoy, en ningún caso, haciendo 
un juicio moral. 
21 Lo mismo sucede cuando trata la paidofilia y la zoofilia. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
19
en la realidad. Que la correspondencia entre objetos sexuales es un imaginario, un ideal. 
Que la pulsión sexual no está atada a ningún objeto. En otras palabras, la pulsión sexual es 
libre de encontrar en cualquier objeto su satisfacción. 
 
 La experiencia recogida con los casos considerados anormales nos enseña que 
entre pulsión sexual y objeto sexual no hay sino una soldadura, que corríamos el riesgo de 
no ver a causa de la regular correspondencia del cuadro normal, donde la pulsión parece 
traer consigo al objeto. Ello nos prescribe que debemos aflojar, en nuestra concepción, los 
lazos entre pulsión y objeto.22 
 
 Esa idea (que la pulsión puede satisfacerse en cualquier objeto) se ve reforzada 
cuando se trata el problema de la meta sexual. Aquí, nuevamente, Freud no desarrolla la 
definición23 que da en un comienzo, sino que las desviaciones que existen con respecto a 
ella, desviaciones que trata bajo el nombre de perversiones. 
 El punto es que, por una parte, la existencia de las perversiones demuestra que la 
pulsión sexual no necesita, obligatoriamente, para su satisfacción, de la presencia física de 
un otro (recordemos que llamábase objeto sexual a la persona de la cual partía la 
atracción sexual). Da lo mismo si es una persona o un objeto inanimado, si es tangible o 
no, si está cerca o lo vemos a la distancia, si es concreto o si es virtual, etc. El objeto puede 
ser cualquier cosa. 
 Por otra parte, la existencia de las perversiones demuestra que si la meta sexual es 
la acción hacia la cual esfuerza la pulsión, esta acción no es, necesariamente, la unión de 
los genitales de personas de distinto sexo. Y es que lo que importa, cuando hablamos de la 
meta sexual, es la satisfacción, el alivio de la tensión sexual. La pulsión sexual esfuerza 
hacia cualquier acción que conlleve ese alivio. No interesa la acción puntual realizada en 
pos de ese alivio, puesto que no existe una acción específica, universalmente válida que 
asegure la satisfacción. En otras palabras, lo que interesa realmente a Freud es tratar la 
meta sexual más universal, sin estrechar su visión considerando sólo la normal. 
 
 
22 Sigmund Freud “Tres ensayos de teoría sexual” (1905) en Obras Completas Vol. VII. Ed. Amorrortu. Buenos 
Aires. 1993. p. 134. 
23 Me refiero a la definición de meta sexual normal. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
20
 Vemos pues que Freud va, poco a poco, atacando seguridades profundamente 
arraigadas. Si antes se estudiaba las perversiones, la inversión, la paidofilia, la zoofilia, etc., 
como desviaciones respecto de la normalidad, que debían ser tratadas y corregidas, ahora 
se coloca en un plano de igualdad a las desviaciones y a la normalidad, puesto que se ha 
encontrado un fundamento universal que rige el aparato psíquico humano: la búsqueda 
de la satisfacción, el alivio de la tensión sexual. Si antes se concebía a la normalidad como 
fundamento, ahorano es sino una forma posible, entre muchas otras, de alcanzar la 
satisfacción. 
 
 b.1.2) La pulsión es parcial 
 Las consideraciones inmediatamente anteriores (referentes al objeto y a la meta) 
nos proporcionan la articulación necesaria para inquirir ahora acerca de las 
características del fluir pulsional, del “recorrido” que efectúa la pulsión en la búsqueda de 
su objeto y de su meta. 
 ¿Qué podemos decir, con los elementos que ya manejamos, de este fluir pulsional? 
La respuesta puede ser una sola: jamás se detiene. La búsqueda pulsional nunca cesa, y 
nunca cesa porque es una búsqueda que nunca se completa. Y nunca se completa porque, 
como ya vimos, no existe un objeto predeterminado para satisfacer a la pulsión, cualquier 
objeto puede servir a sus fines. La pulsión no genera un ciclo que se cierre (como podría 
ser el celo en los animales, por ejemplo), al contrario, si la pulsión sigue actuando es 
porque no existe posibilidad alguna de completar sus aspiraciones, de lograr sus fines. Si 
la aspiración de la pulsión fuese la reproducción biológica, se calmaría con ésta, sin 
embargo, nuestra experiencia nos demuestra que no es así. Si nos tomamos la libertad de 
ocupar palabras de Freud, la pulsión es parcial. Parcial con respecto de la (supuesta) 
finalidad biológica de la sexualidad, pues no se completa en ésta. 
 ...la pulsión sexual no es algo simple, sino que consta de componentes que en las 
perversiones vuelven a separarse. La clínica nos habría revelado así la existencia de unas 
fusiones que no se dan a conocer como tales en la conducta normal uniforme.24 
 
 
24 Sigmund Freud “Tres ensayos de teoría sexual” (1905) en Obras Completas Vol. VII. Ed. Amorrortu. Buenos 
Aires. 1993. p. 148. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
21
 Al parecer, la intelección freudiana se centra en la consideración de las pulsiones 
parciales como representantes psíquicos de la estimulación proveniente de determinados 
órganos. Y es que Freud no deja de tener la intención de reconducir lo psíquico a lo 
orgánico, en este caso tratando de determinar las fuentes pulsionales. Sin embargo, lo que 
de hecho realiza es muy distinto. 
 
 Además de una “pulsión” no sexual en sí misma, proveniente de fuentes motrices 
de impulso, se distingue en ellas (en las pulsiones parciales) la contribución de un órgano 
que recibe estímulos (piel, mucosa, órgano de los sentidos). Este último debe designarse 
aquí como zona erógena: el órgano cuya excitación confiere a la pulsión su carácter 
sexual.25 
 
 Si leemos con cuidado, podemos ver que lo que Freud está haciendo aquí es marcar 
una tajante diferencia entre genitalidad y sexualidad, al reconocer que la pulsión sexual, 
descompuesta en parcialidades, tiene una multiplicidad de fuentes, no restringibles a los 
genitales. 
 Y, si nos atrevemos a pensar por nuestra cuenta, podríamos elaborar la siguiente 
conclusión: si con lo sexual nos estamos refiriendo a la totalidad del sujeto, es totalmente 
comprensible cómo la pulsión sexual, en sus múltiples expresiones, es constitutiva del 
sujeto mismo. Pero constitutiva de una forma muy especial, ya que dicha constitución 
requiere e implica una falta fundamental en el sujeto, una falta que lo constituye como 
sujeto. 
 
 Así, podríamos atrevernos a decir que es la eterna falta del circuito pulsional, la 
imposibilidad de su cierre, lo que abre la posibilidad a la existencia de la subjetividad 
humana, nuestra subjetividad. 
 Si creemos en la osadía intelectual, si le hacemos confianza, en este punto ya 
podemos hacer esta afirmación: la pulsión es sujeto26. 
 
25 Sigmund Freud “Tres ensayos de teoría sexual” (1905) en Obras Completas Vol. VII. Ed. Amorrortu. Buenos 
Aires. 1993. p. 153. n. 49. 
26 Si afirmo que la pulsión es sujeto, sólo la totalidad del desarrollo teórico que estoy siguiendo puede 
expresar cabalmente esa subjetividad. Sin embargo, y en pro de una mejor comprensión, creo que es posible 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
22
 El psicoanálisis freudiano se presenta cada vez más como superación de la ciencia. 
La ciencia supone, para conocer, un objeto transparente a la mirada del observador y, en 
éste, una conciencia transparente y autónoma. Freud nos muestra que esa pretendida 
transparencia no es sino opacidad que oculta la ignorancia del individuo respecto de la 
propia subjetividad, respecto de las propias determinaciones que, estrictamente, le son 
propiamente ajenas. 
 
 b.1.3) Del conflicto 
 Si retomamos ahora la ilación histórica del concepto, se nos hace evidente un 
aspecto de la doctrina de las pulsiones explicitado ejemplarmente por Freud en los “Tres 
ensayos” que, en esencia, no abandonará jamás, me refiero a la idea de conflicto. 
 La idea freudiana de pulsión es presentada siempre como un conflicto. Freud 
siempre expone sus ideas acerca de la pulsión introduciendo una dualidad, un 
contrapunto al libre fluir de la pulsión. En otras palabras, el devenir conceptual de la 
pulsión se caracteriza por desarrollarse como pares de opuestos. Hay que hacer, sin 
embargo, ciertas aclaraciones de base a este respecto. 
 Existe, a mi parecer, una premisa fundamental para comprender la idea freudiana 
de conflicto. Si no la explicitamos claramente desde un comienzo, nos veremos hundidos, 
de forma inevitable, en la tergiversación y la malinterpretación. Quiero hacer hincapié en 
el cuidado que pongamos en atender a esta premisa, puesto que ella es radicalmente 
opuesta a las concepciones que manejamos en nuestra cotidianeidad y que, generalmente, 
tendemos a extrapolar a todos los ámbitos de nuestra existencia. 
 Habitualmente la primera consideración a realizar frente a un conflicto es inquirir 
quién se halla en pugna con quién, quién se enfrenta a quién, quién se opone a quién. Es 
decir, se inquiere por los entes que están en conflicto. Entes a los que se supone 
independencia el uno respecto del otro. En otras palabras, existencias separadas. 
Existencias a las que sólo el azar o las circunstancias llevaron a entrar en una relación 
conflictiva. El punto clave es que la existencia de esos entes no depende para nada del 
conflicto en que se encuentran, ya que cada uno es, en esencia, independiente del otro. Es 
 
señalar que con la palabra “sujeto” me estoy refiriendo al ser que se determina. Que esas determinaciones 
puedan parecer ciegas e irracionales es una consideración irrelevante en este contexto. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
23
posible, eso sí, que el conflicto termine con la vida de uno o de los dos entes, sin embargo, 
la existencia de ambos es perfectamente pensable sin necesidad de ese conflicto. 
 La idea freudiana (la “premisa” que mencioné anteriormente) es totalmente 
distinta. Cuando Freud habla de conflicto no se refiere a un enfrentamiento entre la 
pulsión y otra cosa separada e independiente de ella. No, para él, el conflicto concierne a 
la pulsión oponiéndose a sí misma. 
 A primera vista, las partes en conflicto se presentan como cosas totalmente 
distintas, pero con sólo escarbar un poco nos damos cuenta que no son sino diferentes 
manifestaciones de una misma cosa: 
 
 En este (en el período de latencia) la producción de excitación sexual en modo 
alguno se suspende, sino que perdura y ofrece un acopio de energía que en su mayor parte 
se emplea para otros fines, distintos de los sexuales, a saber: por un lado, para aportar los 
componentes sexuales de ciertos sentimientos sociales, y por el otro (mediante la represión 
y la formación reactiva), para edificar las ulteriores barreras sexuales. Así, a expensas de 
la mayoría de las mociones sexuales perversas, y con ayudade la educación, se edificarían 
en la infancia los poderes destinados a mantener la pulsión sexual dentro de ciertas vías.27 
 
 Es, entonces, la pulsión sexual la que se transforma en las barreras que la 
contienen. Es ella misma, puesta como dique, la que evita esa descarga a la cual, por otra 
parte, nunca deja de aspirar. 
 Por lo tanto, si las partes en conflicto son la misma cosa, entonces, la pulsión 
misma es, en principio, una sola. Tiene, como hemos visto, distintas formas de 
manifestarse, pero esas distintas formas adquieren su ser de una pulsión fundamental. 
 
 Creo que vale la pena hacer un pequeño paréntesis para caracterizar un poco más 
el estatuto de este conflicto dentro del pensamiento freudiano. 
 Si leemos cuidadosamente, podremos ver que Freud no se cansa de repetir que 
dicho conflicto es constitutivo tanto de las personas llamadas sanas como de las llamadas 
enfermas. 
 
27 Sigmund Freud “Tres ensayos de teoría sexual” (1905) en Obras Completas Vol. VII. Ed. Amorrortu. Buenos 
Aires. 1993. p. 212. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
24
 ...en la base de las perversiones hay en todos los casos algo innato, pero algo que es 
innato en todos los hombres...Se trata de unas raíces innatas de la pulsión sexual, dadas en 
la constitución misma, que en una serie de casos (perversiones) se desarrollan hasta 
convertirse en los portadores reales de la actividad sexual, otras veces experimentan una 
sofocación (represión) insuficiente, a raíz de lo cual pueden atraer a sí mediante un rodeo, 
en calidad de síntomas patológicos, una parte considerable de la energía sexual, mientras 
que en los casos más favorecidos, situados entre ambos extremos, permiten...la génesis de 
la vida sexual llamada normal.28 
 
 Así pues, en Freud, el conflicto no es patológico, es constitutivo. No es posible 
ocupar dicho conflicto para establecer una demarcación entre salud y enfermedad. No 
tiene ningún sentido hacerlo porque tanto sanos como enfermos somos ese conflicto, 
estamos constituidos por él. En otras palabras, nuestro “ser humano” es en la medida que 
se hace parte de una aspiración a la satisfacción total y de la historia de los esfuerzos por 
alcanzar esa satisfacción. Somos humanos en tanto entramos en el circuito de 
imposibilidad fundamental de la pulsión, imposible en tanto el objeto que colma la pulsión 
no existe. 
 
 Retomando ahora nuestra ilación principal, podemos decir que, en esta época, la 
pulsión fundamental es, indudablemente, la pulsión sexual. Sin embargo, cabe destacar 
que tanto la pulsión que Freud pone a la base de lo psíquico, como los términos en 
conflicto, van cambiando en la medida en que las ideas freudianas se van desarrollando. 
Creo que este no es sino otro ejemplo del libre fluir del concepto en la obra freudiana. 
 
 b.1.3.1) El contrapunto pulsional 
 Ahora bien, en este momento histórico, ¿de qué habla Freud cuando habla 
de “pulsión sexual”? 
 Antes de abocarnos a esa pregunta es necesario poner de manifiesto un hecho, con 
el que hasta ahora hemos trabajado sin explicitar. Al respecto es muy ilustrativa la 
siguiente cita: 
 
28 Sigmund Freud “Tres ensayos de teoría sexual” (1905) en Obras Completas Vol. VII Ed. Amorrortu. Buenos 
Aires. 1993. p. 156. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
25
 
 El hecho de la existencia de necesidades sexuales en el hombre y el animal es 
expresado en la biología mediante el supuesto de una “pulsión sexual”. En eso se procede 
por analogía con la pulsión de nutrición: el hambre. El lenguaje popular carece de una 
designación equivalente a la palabra hambre; la ciencia usa para ello “libido”.29 
 
 Creo que está de más indicar que ni biología científica clásica ni la actual ocupan 
esos términos tal como Freud dice que los ocupan. El punto es otro: la pulsión sexual (o 
“libido”, aquí no se hace mayor distinción entre ambas denominaciones) es un supuesto. 
En otras palabras, el valor del trabajo freudiano reside en que escapa de lo dado y hace 
pensable un más allá de los hechos, produce teóricamente ese “más allá”. 
 
 De esta forma podemos ya hablar de un cierto desarrollo del concepto y 
caracterizarlo. En primer lugar, es un supuesto que permite toda la subsecuente 
elaboración teórica. En segundo lugar, creo que es posible sostener que los ejes 
fundamentales, establecidos para el concepto, son dos, uno que tiene que ver con el 
empuje de la pulsión, su esfuerzo por descargar la tensión (que concierne a la meta 
pulsional), y otro que tiene que ver con el curso de ese empuje (que concierne al objeto y 
al circuito pulsional). 
 De eso es de lo que Freud nos está hablando. 
 Y así como la pulsión que en esta época interesa de manera absorbente a Freud es 
la pulsión sexual, los elementos que dan el contrapunto, que se oponen al libre fluir de 
ésta son la vergüenza, el asco, el horror y el dolor. Estos “poderes anímicos” (como Freud 
los llama) se yerguen frente a las aspiraciones pulsionales, que persiguen el alivio de la 
tensión sexual, circunscribiéndolas a ciertos márgenes, postergándolas. 
 
 ...la pulsión sexual tiene que luchar contra ciertos poderes anímicos en calidad de 
resistencias; entre ellos, se destacan de la manera más nítida la vergüenza y el asco. Es 
lícito conjeturar que estos poderes han contribuido a circunscribir la pulsión dentro de las 
fronteras consideradas normales, y que si se han desarrollado temprano en el individuo, 
 
29 Sigmund Freud “Tres ensayos de teoría sexual” (1905) en Obras Completas Vol. VII. Ed. Amorrortu. Buenos 
Aires. 1993. p. 123. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
26
antes que la pulsión sexual alcanzara la plenitud de su fuerza, fueron justamente ellos los 
que marcaron la dirección de su desarrollo.30 
 
 Todo esto sin olvidar ni por un minuto que los elementos que hacen el contrapunto 
a la pulsión son, así mismo, pulsión.31 
 
 De eso es de lo que Freud habla, y habla como si estuviese contando una historia. 
¿Por qué? Porque él realmente está haciendo esa historia. Y es justamente en eso en lo que 
reside el valor de la obra freudiana. El mensaje central es éste: no todo puede ser 
calculado, la pulsión siempre escapa. 
 
 
b.2) La sexualidad como fundamento (1905-1915) 
 
 b.2.1) Las pulsiones yoicas 
 Freud ha ido colocando los pilares sustentadores de su concepción de la sexualidad 
como elemento fundante de la subjetividad humana. Ha puesto la sexualidad como 
fundamento. 
 Sin embargo, como hemos podido darnos cuenta, dentro de ese contexto, es 
perfectamente posible afirmar que la sexualidad no es todo. Como vimos, la pulsión 
sexual es capaz de transformarse en otras cosas (v. gr. asco, vergüenza, etc.) y oponerse, 
en la forma de esas otras cosas, a sí misma. 
 Sabemos que estas “otras cosas” que se oponen a la pulsión son parte de la pulsión 
porque es de ella que obtienen su energía. Pero aún no han recibido, explícitamente, el 
estatuto de fuerzas pulsionales. En 1910, en su texto “La perturbación psicógena de la 
visión según el psicoanálisis”, Freud da ese paso y emplea, por vez primera, de forma 
pública, la expresión “pulsiones yoicas”. 
 Ahora bien, ¿Qué es lo que nos permite asegurar que al hablar de pulsiones yoicas 
estamos hablando de un desarrollo conceptual de esas “otras cosas” que antes 
 
30 Sigmund Freud “Tres ensayos de teoría sexual” (1905) en Obras Completas Vol. VII. Ed. Amorrortu. Buenos 
Aires. 1993. p. 147. 
31 Ver apartado b.1.3. “Del conflicto” 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
27
mencionamos (de esos “poderes anímicos que se oponen a la pulsión sexual”, para ser más 
exactos)? Nos lo permite el hecho de que las pulsiones yoicas cumplen ahora las mismas 
funciones que antes se atribuíanal asco, a la vergüenza, al horror, etc. Es decir, formar 
una barrera frente a las aspiraciones de la pulsión sexual. 
 De esta forma, Freud elimina cualquier resto de ambigüedad posible: no es el yo ni 
la consciencia, como entes autónomos, los que se enfrentan a las pulsiones sexuales. Ahora 
sí el conflicto puede denominarse, explícitamente y con propiedad, “pulsional”. 
 
 Nos vimos llevados a advertir la significatividad de las pulsiones para la vida 
representativa; averiguamos que cada pulsión busca imponerse animando las 
representaciones adecuadas a su meta. Estas pulsiones no siempre son conciliables entre sí; 
a menudo entran en un conflicto de intereses; y las oposiciones entre las representaciones 
no son sino la expresión de las luchas entre las pulsiones singulares. De particularísimo 
valor para nuestro ensayo explicativo es la inequívoca oposición entre las pulsiones que 
sirven a la sexualidad, la ganancia de placer sexual, y aquellas otras que tienen por meta 
la autoconservación del individuo, las pulsiones yoicas.32 
 
 No está de más insistir en este punto: la diferenciación interna de las pulsiones 
sexuales que son las pulsiones yoicas es, de forma efectiva, otra cosa. Las pulsiones yoicas 
son una cosa absolutamente distinta de las pulsiones sexuales de las que provienen, de las 
que son parte. Son una modificación que no se reconoce como modificación, y que ve en 
su origen no su origen, sino su opuesto. 
 Quizás la metáfora visual no sea absolutamente correcta (no es que las pulsiones 
yoicas “vean” a las pulsiones sexuales y partan a contrarrestarlas), sin embargo, considero 
que sirve al propósito didáctico de tratar de explicar cómo algo puede ser igual y distinto 
al mismo tiempo. Propósito bastante complicado, por decir lo menos. 
 En mi favor, ante tan difícil empeño, y preparándome para empeños mayores, 
hago un llamado a Freud: 
 
 
32 Sigmund Freud “La perturbación psicógena de la visión según el psicoanálisis” (1910) en Obras Completas 
Vol. XI. Ed. Amorrortu. Buenos Aires. 1994. p. 211. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
28
 ...establezco un distingo entre las pulsiones sexuales y las pulsiones yoicas...En lo 
que a mí atañe, advierto cabalmente la presencia del grupo de las pulsiones yoicas, así 
como todo lo que a ellas debe la vida anímica.33 
 
 No hay que tomar a la ligera esas palabras, “establezco un distingo”, es decir, 
como veíamos antes, una distinción. Se puede distinguir claramente entre ambas clases de 
pulsiones, sin embargo, ambas son pulsiones. Y es el pensarlas como pulsión, en 
universal34, lo que hace posible trascender el ámbito de su particularidad. Ambas son lo 
mismo, ambas son distintas. 
 Esta distinción y sus consecuencias se pueden encontrar, bajo otros nombres, o en 
otras palabras, desde épocas muy tempranas en la obra de Sigmund Freud. 
 
 Pero, demos un paso más. ¿Cuáles son esas consecuencias que tiene el distingo 
pulsiones sexuales - pulsiones yoicas35 en la vida anímica? Cuando Freud dice “todo lo que 
a ellas debe la vida anímica”, hay que tomar ese “todo” en lo que realmente vale, y en la 
obra freudiana ese todo es, radicalmente, todo, es decir: lo inconsciente. 
 
 b.2.2) Una visión de conjunto 
 Llegados a este punto, alcanzada la elucidación de las pulsiones yoicas, es 
imposible sustraerse, de una manera coherente, a insertar el desarrollo conceptual de la 
pulsión en el entramado del psicoanálisis freudiano. Creo que el campo de ese entramado 
puede denominarse, al menos por razones didácticas, campo de lo inconsciente. 
 Lo inconsciente, nadie puede negarlo, es la producción freudiana por excelencia. 
Freud marca un hito, un punto de inflexión en la conceptualización del inconsciente. 
Antes de él, lo inconsciente era simplemente lo no conocido, lo oculto, quizás lo olvidado, 
lo alguna vez sabido y luego perdido. 
 
33 Sigmund Freud “La perturbación psicógena de la visión según el psicoanálisis” (1910) en Obras Completas 
Vol. XI. Ed. Amorrortu. Buenos Aires. 1994. pp. 211-2. n. 1. 
34 Al decir “universal” me refiero, para decirlo de una manera coloquial, al sustrato común de ambas, 
sustrato que las constituye. Más técnicamente podría decir que universal refiere a algo que es un no-esto, que 
no es esto ni aquello, pero que es indistintamente esto o aquello. 
35 Tanto el distingo (aunque en otras palabras) como sus consecuencias (probablemente con las mismas 
palabras) aparecen mucho antes del período histórico [1905-1915] que estoy revisando. Si sitúo en este 
momento su explicitación es sólo por razones expositivas. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
29
 Después de él, el mensaje radical es éste: lo inconsciente es el campo del que 
emergen las determinaciones de la conciencia, del yo que no es el amo en su propia casa36. 
Lo inconsciente es el lugar de constitución de la subjetividad. Lo inconsciente es la 
partitura que debemos ejecutar. 
 Escuchemos, al respecto, la palabra de Freud. Es necesario recalcar, antes que 
nada, que escribe el siguiente párrafo en el mismo texto en el que introduce la expresión 
“pulsiones yoicas”. No creo que sea una coincidencia. 
 
 El psicoanálisis es una concepción dinámica que reconduce la vida anímica a un 
juego de fuerzas que se promueven y se inhiben las unas a las otras. Cuando en un caso 
cierto grupo de representaciones permanece en lo inconsciente...asevera que una revuelta 
activa de otros grupos de representaciones ha causado el aislamiento y la condición de 
inconsciente de aquel grupo. Llama “represión” {esfuerzo de desalojo} al proceso que 
depara ese destino a uno de los grupos, y discierne en él algo análogo a lo que en el ámbito 
lógico es la desestimación por el juicio. Demuestra que tales represiones desempeñan un 
papel de extraordinaria importancia dentro de nuestra vida anímica, que a menudo el 
individuo fracasa en ellas y que el fracaso de la represión es la condición previa de la 
formación de síntoma.37 
 
 Simplemente genial. No hay otro comentario posible: genial. En poco más de diez 
líneas, Freud resume de una forma espantosamente sencilla el psicoanálisis. Es más, Freud 
no define el psicoanálisis, al contrario, nos dice lo que el psicoanálisis es, nos habla de su 
ser: una concepción dinámica. 
 Y ese ser es equiparable al ser que el psicoanálisis postula para la vida anímica: un 
ser dinámico, inestable, un ser que es un juego de fuerzas en perenne conflicto. Conflicto 
que se basa en una barrera fundamental: la represión. La represión produce el campo de 
lo inconsciente al denegar el acceso a la conciencia a ciertas fuerzas anímicas y aislarlas. 
Así, genera una división que las fuerzas aisladas están siempre tratando de llenar. Sólo 
 
36 Sigmund Freud “Una dificultad del psicoanálisis” (1917 [1916]) en Obras Completas Vol. XVII. Ed. 
Amorrortu. Buenos Aires. 1992. p. 135. 
37 Sigmund Freud “La perturbación psicógena de la visión según el psicoanálisis” (1910) en Obras Completas 
Vol. XI. Ed. Amorrortu. Buenos Aires. 1994. pp. 210-1. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
30
Freud puede explicar de forma tan llana y concisa conceptos de alcance tan vasto como 
represión e inconsciente. 
 Ahora bien, si nos fijamos bien, esas fuerzas en juego que el psicoanálisis postula 
como ser de la vida anímica son, ni más ni menos, las pulsiones.38 
 
 el “yo” (las comillas son de Freud) se siente amenazado por las exigencias de las 
pulsiones sexuales y se defiende de ellas mediante unas represiones...39 
 
 No hay que olvidar jamás que aquello que se puede llamar “yo” no es sino una 
etiqueta, un artilugio que confiere ilusión de unidad a un conjunto de muy diversas 
representaciones. 
 
 ...el abordaje psicoanalítico supondrá que esas representaciones (las inconscientes)han entrado en una oposición con otras, más intensas –para las cuales empleamos el 
concepto colectivo de “yo”, compuesto de manera diversa en cada caso- y por eso cayeron 
en la represión.40 
 
 Y es que ese “conjunto de muy diversas representaciones” no es sino las pulsiones 
yoicas41. Así, Freud adjudica a las pulsiones yoicas una función primordial: la represión. Es 
decir, es porque hay conflicto pulsional que hay represión. De forma más radical: la 
represión es un efecto de las pulsiones. 
 Freud está teorizando un campo donde lo psíquico es un efecto de la pulsión, de 
sus conflictos. 
 
 b.2.2.1) Dos principios del acaecer psíquico 
 Creo conveniente explicar brevemente dos formas de acción de las 
pulsiones, determinadas por la represión, que he tratado de manera implícita hasta este 
 
38 Ver apartado b.2.1. “Las pulsiones yoicas” 
39 Sigmund Freud “La perturbación psicógena de la visión según el psicoanálisis” (1910) en Obras Completas 
Vol. XI. Ed. Amorrortu. Buenos Aires. 1994. p. 213. 
40 Sigmund Freud “La perturbación psicógena de la visión según el psicoanálisis” (1910) en Obras Completas 
Vol. XI. Ed. Amorrortu. Buenos Aires. 1994. p. 211. 
41 Ver apartado b.2.1. “Las pulsiones yoicas” 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
31
momento42. Lo que sucede es que esta separación radical, a la que me he referido en el 
párrafo anterior, determina dos formas totalmente distintas de la búsqueda pulsional de 
satisfacción. Las pulsiones sexuales tratan de lograr una descarga inmediata de la tensión 
presente al interior del aparato psíquico, sin mayores consideraciones; es lo que se puede 
denominar principio del placer. 
 
...la actividad del aparato psíquico...está sometida al principio de placer, es decir, es 
regulada de manera automática por sensaciones de la serie placer-displacer...el 
sentimiento de displacer tiene que ver con el incremento del estímulo, y el de placer con 
su disminución. La imprecisión de esta hipótesis es considerable; no obstante nos 
atendremos fielmente a ella...43 
 
 Las pulsiones yoicas, en cambio, buscan asegurar un cierto monto de placer, 
mediante la renuncia a la satisfacción total. 44 
 
 ...la sustitución del principio de placer por el principio de realidad no implica el 
destronamiento del primero, sino su aseguramiento. Se abandona el placer momentáneo, 
pero inseguro en sus consecuencias, sólo para ganar por el nuevo camino un placer 
seguro, que vendrá después.45 
 
 Hay aquí una idea importantísima que no debemos olvidar: sustituir no significa, 
ni por asomo, eliminar. Al contrario, significa asegurar. ¿Y qué es lo que asegura? Asegura 
una satisfacción sustitutiva. Una satisfacción que sustituye la aspiración a la descarga total 
por descargas parciales. Sin embargo, la aspiración destronada no está vencida. 
 
 
 
 
42 Ver apartados b.1.1. “Del objeto y la meta” y b.1.3.1. “El contrapunto pulsional” 
43 Sigmund Freud “Pulsiones y destinos de pulsión” (1915) en Obras Completas Vol. XIV. Ed. Amorrortu. 
Buenos Aires. 1995. p. 116. 
44 Ver apartados b.1.1. “Del objeto y la meta” y b.1.3.1. “El contrapunto pulsional” 
45 Sigmund Freud “Formulaciones sobre dos principios del acaecer psíquico” (1911) en Obras Completas Vol. 
XII. Ed. Amorrortu. Buenos Aires. 1993. p. 228. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
32
 b.2.3) Especificaciones en torno al narcisismo 
 En 1914, en “Introducción del narcisismo”, encontramos un primer paso hacia 
una nueva conceptualización de la doctrina de las pulsiones en la diferenciación que hace 
Freud entre libido yoica y libido de objeto. 
 Sin embargo, son necesarias ciertas consideraciones preliminares antes de entrar 
de lleno en la elucidación de esa diferenciación. La pregunta es la siguiente ¿de qué se 
habla cuando se habla de “narcisismo”? 
 Freud, en 1914, le otorga la paternidad del término a P. Näcke [1899]. Luego, en 
1920, dice haberse equivocado y reconduce el origen del término a Havelock Ellis [1898]. 
Ahora bien, el propio Havelock Ellis, en 1927, admite que, en honor a la verdad, la 
paternidad del término debe ser repartida entre Näcke y él mismo. Así, todos quedan 
felices. 
 El punto que me interesa es el siguiente, tanto Näcke como Ellis reconducen el 
término “narcisismo” a desviaciones más o menos patológicas46. Freud, por el contrario, 
hace pensable el narcisismo dentro del desarrollo “normal” del ser humano. Ese es su 
mérito. Nuevamente consigue hacer patente la fragilidad de la “normalidad”, nuevamente 
toma como punto de partida el ámbito de la desviación. 
 
 Por fin, surgió la conjetura de que una colocación de la libido definible como 
narcisismo podía entrar en cuenta en un radio más vasto y reclamar su sitio dentro del 
desarrollo sexual regular del hombre...El narcisismo, en este sentido, no sería una 
perversión, sino el complemento libidinoso del egoísmo inherente a la pulsión de 
autoconservación, de la que justificadamente se atribuye una dosis a todo ser vivo.47 
 
 El narcisismo es entonces una determinada colocación de la libido (la móvil 
energía de la pulsión sexual). Y lo que tiene de determinado es que la libido se “coloca” en 
el propio yo. 
 
46 Un resumen conciso de las ideas de ambos autores puede encontrarse en Sigmund Freud. Obras Completas. 
Ed. Amorrortu. Buenos Aires. Vol. VII. p. 164, n. 15; p. 199, n.17; y Vol. XIV p. 71 supra, n. 1. 
47 Sigmund Freud “Introducción del narcisismo” (1914) en Obras Completas Vol. XIV. Ed. Amorrortu. Buenos 
Aires. 1990. p. 71. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
33
 Sucede que la libido, en su imperecedera búsqueda de satisfacción, puede 
depositar sus aspiraciones en cualquier objeto. Y el yo, en esa búsqueda, tiene el estatuto 
de un objeto. 
 La idea es esta: en un principio es la pulsión; luego se crea un yo48; la libido toma al 
yo como objeto y posteriormente, al desbordarlo, se sirve de él como una especie de “base” 
desde la cual extenderse a otros objetos; finalmente, bajo determinadas circunstancias, la 
libido colocada en otros objetos puede retrotraerse al yo. 
 
 Nos formamos así la imagen de una originaria investidura libidinal del yo, cedida 
después a los objetos; empero, considerada en su fondo, ella persiste, y es a las investiduras 
de objeto como el cuerpo de una ameba a los seudópodos que emite.49 
 
 Habiendo explicitado ya el lugar que ocupa el narcisismo con respecto a la libido 
(y, por lo tanto, con respecto a las pulsiones) podemos comenzar a revisar la división que 
Freud establece entre libido yoica y libido de objeto. 
 
 b.2.3.1) La libido en movimiento 
 Hasta ese entonces “libido” era un término usado para referirse, con 
exclusividad, a la expresión de la pulsión sexual. Ahora, por el contrario, también se 
utiliza para hablar de la expresión de las pulsiones yoicas. ¿Por qué? 
 
 La separación de la libido en una que es propia del yo y una endosada a los objetos 
es la insoslayable prolongación de un primer supuesto que dividió pulsiones sexuales y 
pulsiones yoicas.50 
 
 Ahora bien, el hecho es que, de todas formas, si ambas expresiones son “libido”, la 
confusión resulta fácil. Pero el problema se complica en tanto Freud no cesa de insistir en 
la tajante separación de ambas energías, adjudicándole carácter sexual sólo a la libido de 
 
48 Ver apartado b.2.2. “Una visión de conjunto” 
49 Sigmund Freud “Introducción del narcisismo” (1914) en Obras Completas Vol. XIV. Ed. Amorrortu. Buenos 
Aires. 1990. p. 73. 
50 Sigmund Freud “Introducción del narcisismo” (1914) en Obras Completas Vol. XIV. Ed. Amorrortu. Buenos 
Aires. 1990. p. 75. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
34
objeto, expresión de la pulsión sexual. Entonces ¿en qué quedamos? La misma 
denominaciónpodría hacer pensar en, al menos un origen común, pero, frente a eso 
Freud se muestra tajante: no existe algo así como una “energía psíquica unitaria”. 
 Para entender la aparente contradicción que se nos presenta, hay que remitirse al 
contexto histórico en que Freud escribe su “Introducción del narcisismo”. Es 1914 y el 
debate con Jung está al rojo vivo. La idea jungiana es que la libido es un “interés psíquico 
general”, del cual lo sexual es sólo una parte entre muchas otras. Es contra esa idea que 
Freud está luchando51. Las ideas de Freud sí tienen un fundamento común, lo que sucede 
es que, contrariamente a Jung, el fundamento común de la conceptualización freudiana es 
la sexualidad. Una sexualidad que, como hemos visto, puede distinguirse claramente de la 
genitalidad. Una sexualidad que es móvil, maleable, capaz de oponerse a sí misma. 
 
 De esta forma, si leemos atentamente, encontramos, en la misma argumentación 
freudiana, el esbozo de una conceptualización que subsume a las pulsiones yoicas dentro 
de las sexuales. 
 En primer lugar, ¿por qué llamar “libido” a la energía supuestamente no sexual de 
las pulsiones yoicas? Falta de imaginación (para crear otro término) no es una 
característica que podamos adjudicarle a Sigmund Freud. Pero, más importante aún, Freud 
mismo señala que existe una relación interna entre libido yoica y libido de objeto. 
 
 Vemos también a grandes rasgos una oposición entre la libido yoica y la libido de 
objeto. Cuanto más gasta una, tanto más se empobrece la otra.52 
 Si la libido yoica y la libido de objeto mantienen de hecho una relación 
directamente proporcional, no pueden sino estar intrínsecamente ligadas. Sucede que lo 
que afecte a una siempre afectará a la otra. Hay, por lo tanto, una oposición entre dos 
términos de una misma cosa; la diferencia entre ambas, libido yoica y libido de objeto, es 
una diferencia interna. 
 
51 Una interesantísima apreciación de Freud sobre este debate puede encontrarse (entre otras) en Sigmund 
Freud “La perturbación psicógena de la visión según el psicoanálisis” (1910) en Obras Completas Vol. XI. Ed. 
Amorrortu. Buenos Aires. 1994. n.1. pp. 211-2. Además, una refutación directa a Jung puede hallarse en 
Sigmund Freud “Introducción del narcisismo” (1914) en Obras Completas Vol. XIV. Ed. Amorrortu. Buenos 
Aires. 1990. pp. 74-8. 
52 Sigmund Freud “Introducción del narcisismo” (1914) en Obras Completas Vol. XIV. Ed. Amorrortu. Buenos 
Aires. 1990. pp.73-4. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
35
 
 En definitiva concluimos, respecto de la diferenciación de las energías psíquicas, 
que al comienzo están juntas en el estado del narcisismo y son indiscernibles para nuestro 
análisis grueso, y sólo con la investidura de objeto se vuelve posible diferenciar una 
energía sexual, la libido, de una energía de las pulsiones yoicas.53 
 
 Es la pulsión oponiéndose a sí misma. 
 
 b.2.4) Una articulación fundante 
 Entre marzo y abril de 1915 Freud escribe “Pulsiones y destinos de pulsión”, 
trabajo que podría llamarse la primera elaboración formal y exhaustiva de su 
conceptualización de la pulsión, y que puede articularse directamente con los “Tres 
ensayos” pues Freud retoma las interrogantes impulsoras de dicho texto, a saber, la 
sexualidad y la pulsión como elementos constituyentes de la subjetividad, y las conecta en 
una construcción teórica mucho más clara, mucho más explícita. No es casualidad que 
muchos de los más importantes agregados a los “Tres ensayos” se hayan hecho en esta 
época (v. gr. la “Teoría de la libido”). 
 “Pulsiones y destinos de pulsión” consta de dos partes claramente distinguibles: la 
primera refiere a la pulsión propiamente dicha (Trieb), la segunda refiere a los destinos de 
pulsión (Triebschicksale). Esta consideración podría parecer, a primera vista, redundante 
(basta ver el título para imaginarla). Sin embargo, en tanto en la segunda parte sólo se 
revisan los destinos de la pulsión sexual, sin hacer referencia a características universales 
de la pulsión (como sí se hace en la primera parte), no lo es. Dado que mi lectura del texto 
tiene como meta la articulación con la conceptualización de la pulsión de muerte (el 
“universal de la pulsión”, como veremos), me limitaré a revisar la primera parte. 
 
 Un primer punto a destacar es cómo Freud se aparta, ahora claramente, de 
concepciones biologicistas, reconociendo de forma explícita que lo que le interesa 
expresamente es la dimensión psíquica. 
 
 
53 Sigmund Freud “Introducción del narcisismo” (1914) en Obras Completas Vol. XIV. Ed. Amorrortu. Buenos 
Aires. 1990. p. 74. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
36
 El estudio de las fuentes pulsionales ya no compete a la psicología...El conocimiento 
más preciso de las fuentes pulsionales en modo alguno es imprescindible para los fines de 
la investigación psicológica.54 
 
 Aunque Freud pretenda estar llenando de contenido a la pulsión desde los aspectos 
fisiológico y biológico, de hecho está yendo más allá. Aquí no importan ni las funciones 
orgánicas ni los procesos somáticos, lo que en verdad importa es la pulsión como 
constituyente de lo psíquico. 
 
 Una primera línea explicativa (llamada por Freud “fisiológica”) trazada en 
“Pulsiones y destinos de pulsión” hace referencia a las características fundamentales de la 
pulsión apoyándose en la noción de estímulo y el esquema del reflejo: la pulsión como un 
estímulo para lo psíquico. Sin embargo, inmediatamente nos percatamos que Freud ocupa 
la palabra “estímulo” en un sentido muy distinto al habitual. 
 
 Todo lo esencial respecto del estímulo (en su acepción corriente) está dicho si 
suponemos que opera de un solo golpe; por tanto, se lo puede despachar mediante una 
única acción adecuada...55 
 
 Por el contrario, al referirse a la pulsión, Freud destaca como característica 
esencial el actuar como fuerza constante. No hay, por lo tanto, la posibilidad de una 
acción simple que alivie la tensión que la pulsión provoca. 
 
 ...hallamos la esencia de la pulsión en sus caracteres principales, a saber, su 
proveniencia de fuentes de estímulo situadas en el interior del organismo y su emergencia 
como fuerza constante, y de ahí derivamos uno de sus ulteriores caracteres, que es su 
incoercibilidad por acciones de huida.56 
 
54 Sigmund Freud “Pulsiones y destinos de pulsión” (1915) en Obras Completas Vol. XIV. Ed. Amorrortu. 
Buenos Aires. 1995. p.119. 
55 Sigmund Freud “Pulsiones y destinos de pulsión” (1915) en Obras Completas Vol. XIV. Ed. Amorrortu. 
Buenos Aires. 1995. p.114. 
56 Sigmund Freud “Pulsiones y destinos de pulsión” (1915) en Obras Completas Vol. XIV. Ed. Amorrortu. 
Buenos Aires. 1995. p.115. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
37
 Una segunda línea explicativa nos presenta a la pulsión como un representante 
psíquico de los estímulos provenientes del interior del cuerpo. Es decir, la pulsión se 
situaría en el límite entre lo anímico y lo somático. 
 Freud nombra a esta segunda línea como biológica, sin embargo, salta a la vista 
que de biología tiene sólo el nombre. Lo biológico es, corrientemente, lo orgánico, en 
ningún caso refiere a la frontera que Freud menciona, el límite entre lo psíquico y lo 
orgánico; en ningún caso alude a este nuevo campo que Freud está creando. 
 Lo que sucede es que Freud está ocupando palabras propias del vocabulario 
científico para exponer una conceptualización absolutamente propia. 
 
 En este mismo texto Freud caracteriza cuatro términos que se usan en relación con 
el concepto de pulsión y que son: esfuerzo, meta, objeto y fuente. Si tenemos en mente la 
revisión ya realizada de dos de esos términos (objeto y meta)57, podremos constatar que no 
hay ningún cambio fundamental, sólo una sutilización y unaprogresiva especificación de 
los conceptos, tal como veremos a continuación. 
 No está de más insistir, a riesgo de ser reiterativo, en que estos cuatro elementos 
sirven a Freud de anclas, puntos de apoyo, al momento de abordar tanto a la sexualidad 
como a la pulsión. Y es que es a través de la sexualidad que Freud se embarca en la 
pulsión. Los tratamientos que de ambos temas hace Freud son absolutamente indisociables. 
 
 El esfuerzo (Drang) de la pulsión refiere a 
 
 su factor motor, la suma de fuerza o la medida de exigencia de trabajo que ella 
representa...Toda pulsión es un fragmento de actividad.58 
 
 Es imprescindible destacar que Freud señala explícitamente que este esfuerzo es 
una característica universal de la pulsión. Con esto se está recalcando el constante 
 
57 Ver apartado b.1.1. “Del objeto y la meta” 
58 Sigmund Freud “Pulsiones y destinos de pulsión” (1915) en Obras Completas Vol. XIV. Ed. Amorrortu. 
Buenos Aires. 1995. p.117-8. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
38
impulsar de la pulsión hacia el circuito que tiene como fin (virtual, como ya se ha 
señalado)59 el alivio de la tensión. 
 
 La meta (Ziel) de la pulsión es, como vimos en el apartado b.1.1, la satisfacción, es 
decir, la cancelación de la estimulación proveniente de la fuente de la pulsión. Sin 
embargo, Freud habla ahora de una meta “última, invariable”. Si recordamos, en 1905 se 
comienza la consideración de la meta pulsional desde lo normal y lo patológico, para 
demostrar la existencia de un sustrato común a ambos. Ahora, por el contrario, se asume 
ese sustrato común y de él se derivan los distintos caminos que la búsqueda de la meta 
puede seguir. 
 
 Pero si bien es cierto que esta meta última (la satisfacción) permanece invariable 
para toda pulsión, los caminos que llevan a ella pueden ser diversos, de suerte que se 
presenten múltiples metas más próximas o intermediarias, que se combinan entre sí o se 
permutan unas por otras.60 
 
 Freud sabe que la meta de la que habla es un ideal, un ideal que sería si y sólo si de 
lo que se estuviera hablando fuese de necesidades orgánicas o somáticas, de procesos que 
se cierran o se cancelan definitivamente (v. gr. período de celo, período de desove, ritos de 
apareamiento, etc.). Como no es así, mantiene la conceptualización de la meta de la 
pulsión como eternamente inalcanzable. Es decir, a la pulsión como siempre insatisfecha 
y, por lo tanto, como siempre constitutiva y siempre constituyente. 
 
 A riesgo de ser reiterativo quisiera citar el párrafo en el que Freud habla del objeto 
(Objekt) de la pulsión. No puedo decir que se agreguen elementos nuevos, pero la claridad 
meridiana que tiene Freud al exponer hace necesaria (por derecho propio, podría decirse) 
la inclusión de esta cita. 
 
 
59 Ver apartado b.1.1. “Del objeto y la meta” 
60 Sigmund Freud “Pulsiones y destinos de pulsión” (1915) en Obras Completas Vol. XIV. Ed. Amorrortu. 
Buenos Aires. 1995. p.118. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
39
 El objeto {Objekt} de la pulsión es aquello en o por lo cual puede alcanzar su 
meta...no está enlazado originariamente con ella, sino que se le coordina sólo a 
consecuencia de su aptitud para posibilitar la satisfacción.61 
 
 Aquí, y recalcando el carácter de desarrollo continuado que une los “Tres ensayos” 
y “Pulsiones y destinos de pulsión”, Freud comienza poniendo como fundamento lo que 
antes fue una conclusión. Tengamos pues, muy presente que, para Freud, la pulsión puede 
encontrar satisfacción en cualquier objeto. La audacia freudiana radica en sostener, como 
hemos visto, que no hay nada en el objeto que lo predetermine a satisfacer la pulsión. La 
consecuencia es, digámoslo de esta manera, que el objeto no es nunca el objeto. 
 
 Finalmente, podemos decir que la fuente (Quelle) de la pulsión es 
 
 ...el proceso somático...cuyo estímulo es representado en la vida anímica por la 
pulsión.62 
 Freud es muy sincero al exponer este término, por una parte reconoce su total 
ignorancia al respecto y, por otra, explicita que no le interesa. En este punto podemos ver 
con claridad la paradoja de la obra freudiana: por una parte, intentar mantenerse, por lo 
menos de palabra, dentro del ámbito científico, por otra, construir un entramado 
conceptual que poco tiene que ver con lo que habitualmente se considera “ciencia”. 
 
 ...aunque para la pulsión lo absolutamente decisivo es su origen en la fuente 
somática, dentro de la vida anímica no nos es conocida de otro modo que por sus metas. El 
conocimiento más preciso de las fuentes pulsionales en modo alguno es imprescindible 
para los fines de la investigación psicológica. Muchas veces puede inferirse 
retrospectivamente con certeza las fuentes de la pulsión a partir de sus metas.63 
 
 
61 Sigmund Freud “Pulsiones y destinos de pulsión” (1915) en Obras Completas Vol. XIV. Ed. Amorrortu. 
Buenos Aires. 1995. p.118. 
62 Sigmund Freud “Pulsiones y destinos de pulsión” (1915) en Obras Completas Vol. XIV. Ed. Amorrortu. 
Buenos Aires. 1995. p.118. 
63 Sigmund Freud “Pulsiones y destinos de pulsión” (1915) en Obras Completas Vol. XIV. Ed. Amorrortu. 
Buenos Aires. 1995. p.119. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
40
 Así, podemos notar la insistencia en colocar el origen de la pulsión en lo orgánico, 
más, al mismo tiempo, vemos que ese origen, supuestamente orgánico, sólo ha sido 
inferido desde lo psíquico. 
 No es, entonces, por lo orgánico sino por lo anímico por donde Freud nos guía. Y 
nos guía a profundidades cada vez más abismantes, como veremos a continuación. 
 
 
b.3) La pulsión de muerte (1915-1920) 
Todo lo que existe merece perecer. 
GOETHE (Mefistófeles en “Fausto”) 
 
 b.3.1) Manifiesto 
 El desarrollo conceptual que revisaremos a continuación corresponde a un eje 
articulador que es necesario poner de manifiesto, al menos en sus dos vertientes 
principales. 
 En primer lugar, la lectura de la obra freudiana que he realizado hasta este 
momento siempre tuvo como norte el movimiento teórico realizado en “Más allá del 
principio del placer”, es decir, la introducción de la pulsión de muerte en el entramado 
conceptual del psicoanálisis. Esta introducción posibilita la comprensión cabal de la 
pulsión como un universal fundante, y es a esa comprensión a la que se ha dirigido el 
conjunto de mi trabajo. Tengo pues que reconocer que mi lectura (como toda lectura, a fin 
de cuentas) es, en el fondo, una lectura maliciosa, muy maliciosa. Resulta que desde un 
principio yo he conocido el final de esta historia, y es a ese final, el que a mí me interesa, 
al que he dirigido el rumbo desde un comienzo. Tal curso de los acontecimientos debe 
explicitarse ineluctablemente en este momento porque, cuando lleguemos al final del 
recorrido, será nuestro deber juzgar su racionalidad. Ahora bien, la racionalidad, el 
sentido, lo entrega precisamente el final, final en el que ahora nos sumergimos. Es el 
término articulador de la totalidad. Es el por qué del que se habló en un lejano principio. 
 En segundo lugar, es la propia obra freudiana la que de una forma clara impone la 
comprensión de “Más allá del principio del placer” como la culminación de un trabajo 
titánico. No olvidemos que el psicoanálisis que triunfó socialmente fue aquél que, 
precisamente, se dedicó a borrar todo rastro de esta teorización, todo rastro de la pulsión 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
41
de muerte, todo rastro de la máxima osadía freudiana. El Freud que en 1920 escribe este 
texto es el Freud en el cenit de su producción teórica. Nunca más volverá Freud a tener la 
audacia teórica demostrada en este texto, nunca más su especulación será tan osada ni tan 
punzante. 
 
 Lo que sigue es especulación, a menudo de largo vuelo, que cada cualestimará o 
desdeñará de acuerdo con su posición subjetiva. Es, además, un intento de explotar 
consecuentemente una idea, por curiosidad de saber adónde lleva.64 
 
 Entremos pues en el templo que el titán construyó. Mas, ¡cuidado almas 
desprevenidas!, es posible que la construcción, una vez develada os cause tal pavor que 
más valdría nunca haber entrado. 
 
 b.3.2) De un orden primero 
 Una primera aproximación a “Más allá del principio del placer” es, desde mi 
punto de vista, conveniente de realizar siguiendo el mismo orden establecido por Freud, es 
decir, por secciones. 
 “Más allá del principio del placer” consta de siete secciones, lógicamente 
engarzadas una con la otra y perfectamente concebidas como totalidad. En pro de una 
mayor claridad expositiva a continuación realizaré un brevísimo resumen de cada sección. 
La intención que persigo es entregar una imagen de conjunto en la cual se puedan 
enmarcar claramente los puntos en que se centrará mi argumentación. 
 La sección I puede considerarse una recapitulación y explicitación de los 
principios que el psicoanálisis postula para la vida anímica. La articulación con segunda 
sección es entregada por la evidencia de una cierta “cojera” de esos principios. La sección 
II busca poner en claro la importancia de esa “cojera” con dos ejemplos contundentes; la 
finalidad es dejar establecido que, en la vida anímica, hay algo que escapa al principio del 
placer. La sección III es una elucidación de la compulsión de repetición como el algo que 
estaba escapando a los principios psicoanalíticos. La sección IV es un primer intento de 
comprensión psicoanalítica de la compulsión de repetición. Es destacable que este primer 
 
64 Sigmund Freud “Más allá del principio de placer” (1920) en Obras Completas Vol. XVIII. Ed. Amorrortu. 
Buenos Aires. 1992. p. 24. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
42
paso se dé utilizando el fundamento primero: la diferencia consciente/inconsciente. La 
articulación de esta sección con la siguiente es dada por la conclusión que se obtiene: la 
función de la compulsión de repetición es ligar energía fluyente. La sección V busca, a 
partir de esa conclusión, una comprensión psicoanalítica más acabada. Se sumerge así en 
la doctrina de las pulsiones, poniendo en evidencia la existencia de una pulsión de muerte 
y un carácter conservador universal de las pulsiones. La sección VI puede dividirse 
claramente en tres partes. La primera es una crítica al propio supuesto de la legalidad 
interna de la muerte. En la segunda parte Freud comienza homologando Eros con las 
pulsiones sexuales y, a partir de eso, realiza un magnífico, un inefable tour d’horizon del 
desarrollo de sus concepciones acerca de las pulsiones para, finalmente integrar en ese 
desarrollo a la pulsión de muerte. La tercera parte es un intento de comprender a Eros 
como una diferenciación interna de la pulsión de muerte, apoyándose en el carácter 
conservador de las pulsiones. La sección VII busca poner en claro las posibilidades que 
abre el trabajo realizado, posibilidades que residen en su utilización al modo de una llave 
que abra las cerradas puertas de oscuras interrogantes, interrogantes que Freud mismo 
intuye. Es importante recalcar esto: Freud no clausura, Freud abre. No ha terminado un 
trabajo teórico cuando ya está observando más allá. Siempre inquieto, siempre activo, 
incansable visionario. 
 
 b.3.3.) Silencios obligados 
 Antes de dar el salto que nos aguarda, quisiera pedir un minuto de silencio...un 
minuto de silencio para honrar la audacia y la consecuencia de Sigmund Freud. Este es el 
mínimo homenaje que le podemos rendir si logramos apreciar cabalmente lo que significa 
el trabajo realizado en “Más allá del principio del placer”. 
 En 1920, el edificio psicoanalítico está bastante afiatado. Poco a poco el 
psicoanálisis se ha ido haciendo respetable, se ha ido ganando un lugar en la sociedad. El 
trabajo de los psicoanalistas está siendo, paulatinamente, más y más reconocido. ¿Qué es 
lo que hace Sigmund Freud? ¿Se sienta a descansar en su poltrona para vivir de su fama, 
de sus derechos de autor y de uno que otro paciente que decida psicoanalizar? ¿Saca sus 
ahorros del banco y se va de viaje por Europa para descansar de veinticinco años de 
psicoanálisis? A nadie le habría extrañado, el descanso se lo ha ganado sobradamente. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
43
 Pero no. No, en ningún caso. El monstruo sigue dando su batalla, intuyendo, 
quizás, que está condenado a morir con las botas puestas. 
 Mas, en concreto, ¿qué es lo que hace? Encuentra, con ese finísimo olfato que 
posee para todo lo que tenga que ver con la vida anímica, dos ejemplos de que, tal vez, 
exista algo que escape a la construcción teórica psicoanalítica tal como está formulada en 
ese entonces. Cualquier otro, en su lugar, habría desestimado esos casos. ¿Para qué 
complicarse la vida por dos “tonteritas”? Y esas “tonteritas” habrían pasado a ser otro par 
de “errores experimentales”, otros dos más entre los millones que jalonan la historia de la 
ciencia moderna. 
 Freud, al contrario reconsidera todo lo que ha pensado, a lo largo de su vasta 
trayectoria, en función de estos dos casos. Lo que los hace importantes para él es, 
precisamente, lo que para cualquier científico sólo sería la razón perfecta para ignorarlos: 
no encajan. No entran en el entramado psicoanalítico. ¿Qué se hace? Se revisa todo. Hay 
algo que escapa...atrapémosle. 
 Es necesario, por otra parte, no descuidar el contexto histórico en que Freud se 
encuentra en ese momento. Europa viene recién saliendo de la Primera Guerra Mundial. 
Los fantasmas del hambre y la muerte recorren los pueblos destrozados por el conflicto. La 
despreocupación de “Los locos ‘20” aún no comienza y, en el intertanto, lo que prima es la 
desesperanza en la que se ha caído al comprobar, de una forma terrible, el poder 
destructivo generado por la razón científica. Los muertos, los heridos, los mutilados, los 
traumados, las viudas, los huérfanos, son la prueba tangible de las nefastas consecuencias 
de la puesta en libertad de ese poder. Freud, viviendo como vive, en el corazón de esa 
Europa mutilada, no puede ser ajeno a esos oscuros vientos de desesperanza. Y eso se 
refleja, necesariamente, en su producción teórica. 
 
 b.3.4) Condenados a repetir 
 Tomando en cuenta la consideración global de este trabajo, no realizaré una 
consideración detallada ni del fort da ni de la neurosis traumática, baste mencionarlas y 
dejar en claro que ellos son la “piedra en el zapato” de Freud, los ejemplos que parecen ir 
más allá de la teoría y que lo ponen en campaña para encontrar aquello que va más allá 
del principio del placer. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
44
 Ahora bien, ¿qué es lo que develan estos ejemplos? ¿Qué es lo que los hace tan 
relevantes? Sucede que tanto la neurosis traumática como el fort da ponen de manifiesto 
situaciones en las cuales el principio del placer evidentemente no se cumple. Ni la 
incesante repetición de sueños que llevan de vuelta al momento traumático, ni la 
repetición, a través del juego, del displacentero momento de separación de la madre, son 
reconducibles a un aparato psíquico regido únicamente por el principio del placer. Y 
Freud así se lo cuestiona. 
 
 Así se nos plantea esta duda: ¿Puede el esfuerzo de procesar psíquicamente algo 
impresionante, de apoderarse enteramente de eso, exteriorizarse de manera primaria e 
independiente del principio de placer?65 
 
 Lo que muestran estos ejemplos es la existencia de situaciones que provocan, en el 
aparato psíquico, impresiones que éste es incapaz de procesar. ¿Y cómo las enfrenta? 
Repitiéndolas. Repite esas impresiones para, en la repetición intentar procesar, manejar, 
dominar, las energías psíquicas en que se traducen esas impresiones, las que en su 
momentodesbordaron la protección antiestímulo66 del aparato anímico. 
 
 Llamemos traumáticas a las excitaciones externas que poseen fuerza suficiente 
para perforar la protección antiestímulo...Un suceso como el trauma externo 
provocará...una perturbación enorme en la economía energética...y pondrá en acción 
todos los mecanismos de defensa. Pero en un primer momento el principio de placer 
quedará abolido. Ya no podrá impedirse que el aparato anímico resulte anegado por 
grandes volúmenes de estímulo; entonces, la tarea planteada es más bien esta otra: 
dominar el estímulo, ligar psíquicamente los volúmenes de estímulo que penetraron 
violentamente a fin de conducirlos, después, a su tramitación.67 
 
65 Sigmund Freud “Más allá del principio de placer” (1920) en Obras Completas Vol. XVIII. Ed. Amorrortu. 
Buenos Aires. 1992. p. 16. 
66 Freud llama “protección antiestímulo” a la barrera que filtra, hacia el estrato cortical receptor de estímulos, 
las excitaciones provenientes del exterior. Una descripción más detallada puede encontrarse en Sigmund 
Freud “Pulsiones y destinos de pulsión” (1915) y en la sección IV de “Más allá del principio de placer” 
(1920). 
67 Sigmund Freud “Más allá del principio de placer” (1920) en Obras Completas Vol. XVIII. Ed. Amorrortu. 
Buenos Aires. 1992. p. 29. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
45
 Ese es el “más allá del principio del placer” al que el título del texto hace 
referencia. Para que una energía psíquica pueda ser regulada por el principio del placer 
(vale decir, que se busque la disminución de la tensión displacentera), esa energía debe 
estar adscrita psíquicamente, “ligada” como dice Freud. 
 Ahora bien, ¿qué significa, de forma efectiva, el que una energía psíquica esté 
“ligada”? Freud no da muchas pistas a este respecto. Sin embargo, creo que no erraríamos 
mucho si suponemos que al decir “ligada”, Freud se refiere a que la energía esté adscrita a 
una representación68. Representación de cualquier índole, eso no es relevante, el punto es 
que al ligarse a una representación la energía, por decirlo así, se “calma”, se “tranquiliza” 
al unirse a ella (a la representación). Y es esa representación cargada de energía la que cae 
bajo el imperio del principio del placer. 
 En resumen, para que una energía psíquica pueda ser gobernada por el principio 
del placer, debe ser una energía ligada y no una libremente móvil. Cuando las 
protecciones habituales del aparato anímico se ven superadas, se pone en evidencia el 
mecanismo que, de forma independiente y más primaria que la acción del principio del 
placer, busca ligar esas las energías. Este mecanismo es lo que Freud denomina 
compulsión de repetición. 
 
 Ahora bien, si consideramos este problema desde el punto de vista de la 
consciencia, podremos darnos cuenta que, en primer lugar, no es posible que estas 
energías libremente móviles sean conscientes. No, uno puede acordarse de una situación, 
pero no ser consciente del impacto que esa situación provocó en el aparato psíquico. 
 En segundo lugar, tampoco es posible que, de buenas a primeras, uno sea 
consciente, al momento de repetir la impresión traumática, que ese mecanismo es un 
esfuerzo de la psiquis por dominar, a través de la repetición, algo que, en su momento, 
atravesó todas las barreras y no pudo ser procesado. 
 Creo que es muy importante explicitar el carácter inconsciente de la compulsión 
de repetición porque, habitualmente consideramos que las personas hacen las cosas 
 
68 Una revisión más detallada del concepto de representación puede encontrarse en Sigmund Freud “Lo 
inconsciente” (1915), Apéndice C: “Palabra y cosa”, en Obras Completas Vol. XIV. Ed. Amorrortu. Buenos 
Aires. 1990. Para esta exposición, sin embargo, basta manejar la idea que habitualmente tenemos de dicho 
concepto. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
46
“porque ellos quieren”, como si lo que estamos tratando tuviese algo que ver con la 
voluntad. 
 
 b.3.5) Del entramado 
 Para articular la compulsión de repetición con la vida pulsional es necesario 
explicitar ciertos supuestos69 que Freud tiene acerca de esta última. En primer lugar, el 
aparato anímico no posee una protección antiestímulo que proteja o filtre las excitaciones 
provenientes de las pulsiones. En segundo lugar, las energías pulsionales son del tipo 
libremente móvil. La lógica consecuencia de estos dos supuestos es que la tramitación de 
las energías pulsionales no ligadas, es de vital importancia para el aparato psíquico. De la 
modificación de esa energía libre en ligada depende la existencia misma de la psiquis. 
Ahora, si nos atrevemos a dar otro paso, podríamos decir, más sutilmente, que en 
mantener esa modificación consiste su existencia (la del aparato anímico). 
 
 ...la tarea de los estratos superiores del aparato anímico sería ligar la excitación de 
las pulsiones que entra en operación en el proceso primario (es decir, energías libremente 
móviles). El fracaso de esta ligazón provocaría una perturbación análoga a la neurosis 
traumática; sólo tras una ligazón lograda podría establecerse el imperio del principio de 
placer (y de su modificación en el principio de realidad). Pero, hasta ese momento, el 
aparato anímico tendría la tarea previa de dominar o ligar la excitación, desde luego que 
no en oposición al principio de placer, pero independientemente de él y en parte sin 
tomarlo en cuenta.70 
 
 Notemos que, en este párrafo, hay un desplazamiento interesantísimo, muy 
parecido al que Freud realiza en “Tres ensayos de teoría sexual”. Desde dos ejemplos 
puntuales se ha llegado a una característica común a toda la humanidad. Características 
que, en un principio, se hicieron evidentes en desviaciones traumáticas o en curiosos 
juegos, son llevadas al fundamento del accionar del aparato psíquico. Nuevamente, como 
 
69 Estos supuestos se puede encontrar en Sigmund Freud “Más allá del principio de placer” (1920) en Obras 
Completas Vol. XVIII. Ed. Amorrortu. Buenos Aires. 1992. pp. 24-9. 
70 Sigmund Freud “Más allá del principio de placer” (1920) en Obras Completas Vol. XVIII. Ed. Amorrortu. 
Buenos Aires. 1992. pp. 34-5. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
47
ya se nos habrá hecho característico, la normalidad no es el parámetro del juicio 
freudiano. 
 
 Hemos llegado al punto en que la pregunta obvia es ¿Cómo se articula la vida 
pulsional y la compulsión de repetición? Dejemos que sea el propio Sigmund Freud quien 
nos conteste. 
 
 Ahora bien, ¿de qué modo se entrama lo pulsional con la compulsión de 
repetición? Aquí no puede menos que imponérsenos la idea de que estamos sobre la pista 
de un carácter universal de las pulsiones...Una pulsión sería entonces un esfuerzo, 
inherente a lo orgánico vivo, de reproducción de un estado anterior que lo vivo debió 
resignar bajo el impulso de fuerzas perturbadoras externas;71 
 
 Es entramando la compulsión de repetición con su teorización sobre las pulsiones 
que Freud encuentra un “carácter universal” de las pulsiones. Ahora bien, si llevamos un 
poco más allá esa idea de un “carácter universal”, si la radicalizamos, nos encontramos 
con que es perfectamente pensable la pulsión, la pulsión como universal. Y que todas las 
diferentes pulsiones con que nos hemos encontrado no serían sino particulares de ese 
universal, diferenciaciones internas de una misma cosa: la pulsión. 
 Es desde este fundamento que es posible concebir a la pulsión como un universal, 
donde cada par de opuestos, donde cada modificación, donde cada otro es siempre un otro 
de sí. Es siempre la pulsión enfrentándose a sí misma. Las diferencias son diferencias 
internas a la pulsión. Las modificaciones son siempre modificaciones de la pulsión. 
Aparecen, en un primer momento, como entes ajenos, individuales, cadauno regido por 
legalidades independientes, es el desarrollo de la producción teórica freudiana el que pone 
de manifiesto su relación interna. 
 De hecho, lo que Freud está haciendo es dar un nuevo rumbo al movimiento 
conceptual de la pulsión. Al decir Freud que: “La pulsión es...”, lo que hace es entramar las 
ahora características esenciales de su concepto de pulsión. Algunas de estas características 
 
71 Sigmund Freud “Más allá del principio de placer” (1920) en Obras Completas Vol. XVIII. Ed. Amorrortu. 
Buenos Aires. 1992. p. 36. El destacado es de Freud. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
48
ya las conocemos de sobra: es un esfuerzo, un esfuerzo por alcanzar algo inalcanzable. La 
novedad es que ese “inalcanzable” es algo anterior, anterior a lo vivo. 
 
 b.3.6) De muerte 
 La obvia consecuencia del carácter conservador de la pulsión es, como vimos, el 
anhelo de algo anterior a lo vivo. Si lo vivo surgió de lo inanimado como consecuencia de 
la introducción de una cierta tensión en éste, provocada por una conjugación de fuerzas 
(que no viene al caso inquirir), lo ahora “vivo” busca liberarse de esa tensión y volver a su 
primitivo estado: la quietud de lo inorgánico. La tensión generada en la materia, hasta ese 
entonces inanimada, pugna por reducirse. Esa es la pulsión primigenia, la que busca el 
regreso a lo inanimado. 
 
 Hasta se podría indicar cuál es esta meta final de todo bregar orgánico. Contradiría 
la naturaleza conservadora de las pulsiones el que la meta de la vida fuera un estado 
nunca alcanzado antes. Ha de ser más bien un estado antiguo, inicial, que lo vivo 
abandonó una vez y al que aspira regresar...Si nos es lícito admitir como experiencia sin 
excepciones que todo lo vivo muere...por razones internas, no podemos decir otra cosa 
que esto: La meta de toda vida es la muerte; y, retrospectivamente: Lo inanimado estuvo 
ahí antes que lo vivo.72 
 
 La condena ha sido dictada. Desde esta óptica, la vida no sería sino un largo 
descenso hacia la muerte, una progresiva eliminación de las tensiones que impiden el 
descanso en la “quietud de lo inorgánico”. El organismo va progresivamente eliminando 
dichas tensiones, impertérrito en su camino hacia la paz de la que una vez fue levantado. 
 
 ¿Y qué pasa entonces con Eros? Eros, el nombre que, apoyándose en la literatura 
romántica, da Freud ahora a las pulsiones sexuales. Eros, el que “cohesiona todo lo 
viviente”. 
 Desde un principio he sostenido en que la concepción freudiana de la pulsión es 
dualista. Pudiese parecer que esta idea se derrumba al momento de dar con un 
 
72 Sigmund Freud “Más allá del principio de placer” (1920) en Obras Completas Vol. XVIII. Ed. Amorrortu. 
Buenos Aires. 1992. p. 38. El destacado es de Freud. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
49
fundamento común a todas las pulsiones, al momento de proclamar la pulsión. Sin 
embargo, sucede todo lo contrario. Y es que al subsumir Eros al interior de la pulsión de 
muerte no estamos, en ningún caso, negando su existencia. Lo que estamos haciendo es 
ponerlo de manifiesto como una diferenciación interna de la pulsión de muerte, que se 
enfrenta a ésta como un otro de sí. La dualidad pulsional se mantiene. 
 Si nos fijamos en la contraposición pulsión de muerte-Eros, el carácter 
conservador de este último queda en evidencia, pues al contrarrestar la pulsión de muerte, 
Eros conserva la vida. 
 
 Hay como un ritmo titubeante en la vida de los organismos; uno de los grupos 
pulsionales se lanza, impetuoso, hacia adelante, para alcanzar lo más rápido posible la 
meta final de la vida; el otro, llegado a cierto lugar de este camino, se lanza hacia atrás 
para volver a retomarlo desde cierto punto y así prolongar la duración del trayecto.73 
 
 Así, las pulsiones sexuales se nos descubren ahora como aseguradoras de la 
prolongación de la vida, pero no para evitar la caída a lo inorgánico, sino sólo para 
prolongarla, puesto que su carácter conservador lo que hace es repetir la vida (la 
perturbación, las tensiones). Es más, desde este punto de vista, la vida misma no es sino el 
compromiso de la pulsión consigo misma: ser para, en su momento, dejar de ser. 
 
 Aventuremos un paso más. Si lo que busca la pulsión es anularse, descansar, 
liberar la tensión que un día la hizo ser; si el anhelo de muerte es, por tanto, tan viejo 
como la vida; y si la pulsión es el conflicto que mantiene consigo misma, entonces, no es 
posible pensar a la pulsión de muerte sin Eros, así como tampoco era posible pensar a las 
pulsiones sexuales sin las pulsiones yoicas. Por otra parte, se nos revela el origen de Eros, 
se nos hace patente su íntima conexión con la pulsión de muerte, al constatar que, dejado 
a su libre albedrío, es tan mortal como la propia pulsión de muerte. Pero no sólo se revela 
su origen como pulsión de muerte, sino también su origen en tanto conflicto: las pulsiones 
sexuales se modifican, oponiéndose a sí mismas como un otro: las pulsiones yoicas, que 
coartan su descarga. 
 
73 Sigmund Freud “Más allá del principio de placer” (1920) en Obras Completas Vol. XVIII. Ed. Amorrortu. 
Buenos Aires. 1992. p. 40. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
50
 Creo que es posible sostener que la pulsión esfuerza por conservarse, pero este 
“conservarse” es un “conservarse como conflicto”, y ya sabemos que este conflicto sólo 
puede cesar en la paz de lo inorgánico. Esa es la contradicción, ese es el conflicto, esa es la 
solución de compromiso que llamamos “vida”. 
 
b.4) Explicitaciones conceptuales (1920-1939) 
 
 A pesar de ser éste el período más extenso, cronológicamente hablando, de los 
cuatro considerados, no existe en él ninguna modificación sustancial de la doctrina de las 
pulsiones. El acento está puesto, más bien, en dos aspectos, prácticamente entrelazados 
pero didácticamente distinguibles, del trabajo desarrollado por Freud. Por una parte, éste 
escribe distintos artículos orientados a una divulgación masiva74, en los que expone su 
concepción última de la vida pulsional. Estos artículos están escritos en un lenguaje tal que 
sean una comprensión relativamente fácil para el lector no interiorizado en psicoanálisis. 
No hay agregados mayores ni complejización de los conceptos, al contrario, podríamos 
decir que la idea es simplificar la exposición, para facilitar su comprensión por parte de 
los legos. Por otra parte, existe toda una serie de artículos75 donde se incluye a la pulsión 
de muerte en distintos desarrollos internos del entramado conceptual psicoanalítico, entre 
los cuales destacan, de manera notable, los relacionados con la articulación del aparato 
psíquico y aquellos que se sumergen en el problema de una comprensión psicoanalítica de 
la cultura. 
 
 Sin embargo, y pidiendo disculpas desde un principio por mi impertinencia, 
quisiera exponer algunas citas que ilustran y refuerzan las ideas ya planteadas.76 
 
 Acerca de las pulsiones he desarrollado recientemente (en “Más allá del principio 
del placer”) una intuición, una visión...77 
 
74 V. gr. “Dos artículos de enciclopedia” (1923 [1922]); “Presentación autobiográfica” (1925 [1924]); 
“Psicoanálisis” (1926); “Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis” (1933 [1932]); “Esquema del 
psicoanálisis” (1940 [1938]). 
75 V. gr. “El yo y el ello” (1923); “El porvenir de una ilusión” (1927); “El malestar en la cultura” (1930 
[1929]); “Moisés y la religión monoteísta” (1939 [1934-38]). 
76 En especial las correspondientes al apartado b.3.6. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
51
 Podemos encontrar que el propio desarrollo teórico ha llevado a Freud al 
reconocimiento explícito de la especulación como la base de su producción. Al contrario 
de la tan extendida mojigateríaacadémica, que oculta su ignorancia tras innumerables 
experimentos o tras inapelables citas de doctos maestros, Freud tiene la valentía de 
exponer sus intuiciones como sustento de su desarrollo conceptual. ¡Insulto inconcebible a 
la tan idolatrada empiria! 
 
 Si nos preocupamos ahora de qué es lo que dice Freud, acerca de la vida pulsional, 
con posterioridad a “Más allá del principio de placer”, nos encontramos, en “El yo y el 
ello”, un párrafo donde se evidencia, a la luz del reposo de las ideas, una claridad 
meridiana. 
 
 ...suponemos una pulsión de muerte, encargada de reconducir al ser vivo...al 
estado inerte, mientras que el Eros persigue la meta de complicar la vida mediante...la 
síntesis de la sustancia viva dispersada en partículas, y esto...para conservarla...ambas 
pulsiones se comportan de una manera conservadora en sentido estricto, pues aspiran a 
restablecer un estado perturbado por la génesis de la vida. La génesis de la vida sería...la 
causa de que esta última continúe y simultáneamente, también, de su pugna hacia la 
muerte; y la vida misma sería un compromiso entre estas dos aspiraciones.78 
 
 Esa es la solución de compromiso en la que nos desenvolvemos, esa es la vida. Este 
es un legado freudiano que siempre hay que tener presente. 
 
 
 
 
 
 
 
77 Sigmund Freud “El yo y el ello” (1923) en Obras Completas Vol. XIX. Ed. Amorrortu. Buenos Aires. 1990. 
p. 41. 
78 Sigmund Freud “El yo y el ello” (1923) en Obras Completas Vol. XIX. Ed. Amorrortu. Buenos Aires. 1990. 
p. 41-2. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
52
 b.4.1) Intermezzo crítico 
What else should I be, all apologies. 
What else should I say, everyone is gay. 
What else should I write, I don’t have the right. 
What else should I be, all apologies. 
KURT COBAIN 
 
 ¿Cuáles son, pues, las radicales consecuencias de este legado, si queremos verlas a 
cara descubierta? Muy simple, no vamos hacia arriba, vamos hacia abajo. No vamos, 
volvemos. La enajenación más terrible es la ilusión de que estamos progresando, de que el 
futuro es siempre mejor. 
 A nivel individual repetimos y repetimos los errores que sabemos que más caros 
nos costarán. Creemos encontrarnos en el timón nuestra vida, creemos guiarla hacia 
puertos felices...pero eso sólo lo cree el que cree que se dirige. Con sólo un poco de calma, 
al mirar hacia atrás, podremos constatar que no hemos tropezado dos sino mil veces con la 
misma piedra. Eso que más nos duele, eso que menos nos gusta, hacia allá enfilamos, hacia 
allá retornamos. 
 El intento naturalista de explicar la pulsión de muerte se llama “Ley de Murphy”: 
“Si algo puede salir mal, saldrá mal”. No pretendo compararlo con la elaboración 
freudiana sino poner un ejemplo de cómo la sabiduría popular a veces puede ser bastante 
aguda. Sin embargo, la única forma en que aparece esa ley es como broma. Es 
comprensible...su aceptación cabal equivaldría a vivir aterrorizados, parecería que es 
mejor vivir en la ignorancia. El problema es que esa ignorancia no es una opción, sino una 
imposición. Una imposición necesaria para adaptarnos al mundo en que vivimos. 
 El mundo en que vivimos puede calificarse a otro nivel. Un nivel transindividual, 
en el sentido que trasciende y determina a los individuos. 
 Aquí también, con sólo echar una ojeada, podemos ver a la pulsión de muerte en 
acción. Es cierto, el nivel de vida de la tercera parte del mundo es altísimo. Es cierto, el 
nivel de vida de otra tercera parte, es agradable o algo más. El problema es que el costo de 
esos niveles de vida es mantener a la tercera parte restante en la miseria más horrible, 
sencillamente muriendo de hambre. Pero no sólo eso, de mantener el ritmo de explotación 
actual (sin considerar el obvio aumento futuro), las reservas naturales del planeta 
alcanzarán sólo para un par de centenares de años más. Es la humanidad la que se 
condena a muerte. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
53
 
 Pero el mismo progreso de la civilización aumenta la magnitud de la sublimación y 
de la agresión controlada; por ambas cosas, Eros es debilitado y la destructividad es 
liberada. Esto debe sugerir que el progreso permanece ligado a una tendencia regresiva en 
la estructura pulsional (en último análisis a la pulsión de muerte), que el crecimiento de la 
civilización es contra-actuado por el persistente (aunque reprimido) impulso de llegar a 
descansar en la gratificación final.79 
 
 Lo curioso de todo este asunto es que, al contrario de lo que sucede a nivel 
individual, somos plenamente conscientes de esta condena a nuestra propia especie. Pero 
seguimos tan tranquilos como si nada. Creo que la explicación de esa tranquilidad es, 
aparentemente, el “No importa, total para entonces yo ya voy a estar muerto” del 
individuo que se vive como ente autónomo y que, por lo tanto, no se preocupa de nada 
que lo trascienda. “Su” vida es todo. 
 
 
 Sin embargo, en el fondo, podemos especular que esa es la conexión, la 
articulación, que evidencia la íntima unión entre el individuo y su especie (aunque a él no 
le parezca), es la expresión particular de la pulsión de muerte actuando universalmente. 
Seguimos, pues, manteniendo el conflicto que nos condena y que nos posibilita existir. 
 
Así es la vida...es sexo...es muerte. 
 
 
 
 
 
 
 
 
79 Herbert Marcuse (1965) “Eros y civilización”. Editorial Ariel. Barcelona. 1989. p. 107. De acuerdo con la 
aclaración hecha en la p. 21 de dicho libro, en la cita se ha sustituído “instinto” por “pulsión” e “instintivo” 
por “pulsional”. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
54
 
DE LA PULSIÓN EN LACAN 
 
Que el sujeto como tal está en la incertidumbre 
debido a que está dividido por efecto del 
lenguaje, eso les enseño yo, en tanto soy Lacan, 
que sigue las huellas de la excavación freudiana. 
JACQUES LACAN 
 
 a) De una revisión necesaria 
 
 A modo de introducción o, más bien, de presentación de mi trabajo acerca del 
desarrollo conceptual lacaniano, en especial el que refiere a la pulsión, quisiera explicitar 
las intenciones que subyacen dicho trabajo. 
 
 Debo destacar que el objetivo perseguido en esta parte del texto no es, como sí lo 
fue al trabajar a Freud, profundizar ni desarrollar las ideas de Lacan. Lo que se intenta es 
dar un paso previo: clarificar, en la medida de lo posible, un entramado de pensamiento 
que es, a todas luces, muy complejo. Es por eso que insistiré mucho en el carácter 
preparatorio de las explicitaciones que se desarrollarán en las páginas siguientes, 
preparatorio para una elaboración, posterior, que sí profundice, desarrolle y critique los 
planteamientos lacanianos. Consecuentemente, dedicaré largos párrafos a explicar ideas 
de Lacan que, a primera vista, nada tienen que ver con la pulsión y sí mucho que ver con 
los fundamentos primeros del desarrollo conceptual lacaniano. 
 
 La pregunta lógica es ¿por qué?, ¿por qué hacerlo de esta forma? Dedicaré todo el 
apartado siguiente para tratar de dilucidar ese “¿por qué?”. 
 
 
 
 
 
 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
55
a.1) Reconocimiento 
 
 Quisiera, en este momento, hacer explícitos ciertos determinantes que, de manera 
necesaria y poderosa, han influido en la elaboración, tal cual está presentada, de este texto. 
 En primer lugar, hay que poner de manifiesto que la verdadera batalla fue dada en 
Freud. Es con Freud que traté de profundizar, examinar, analizar y plantear. Si esos 
planteamientos fueron correctamente sopesados y, en principio, aceptados, lo que sigue 
también lo será. Si no lo fueron, dudo mucho que algo de lo escrito a continuación logre 
cambiar nada. 
 En segundo lugar, he de reconocer, de manera cabal, mi propia impericiaen el 
manejo de las concepciones lacanianas. El manejo que tengo de estas últimas es bastante 
más limitado que el que poseo de as ideas freudianas. Esto se ve reforzado, a mi parecer, 
por la sutilidad y la complejidad de la escritura de Lacan. Sus textos no son, propiamente, 
textos de divulgación. Y si lo son, lo son en un sentido muy especial, una especie de 
divulgación para entendidos. Hay que leer los textos tres o cinco veces para comenzar a 
entender lo poco que se ha entendido. La lectura guiada es la única forma de orientarse en 
la obra lacaniana. Para nuestra desgracia, no abunda. Abundan los ignorantes que dicen 
saber de Lacan y esconden su estulticia tras aires de superioridad y respuestas 
peyorativas...pero eso es otra historia. 
 En tercer lugar, he de reconocer, también, los aportes que recibió mi trabajo de 
parte de los profesores informantes del Proyecto de Tesis. Caí en cuenta, de una manera 
bastante abrupta, de las ambiciones excesivas que me estaba planteando. Poniendo los pies 
en la tierra, debo reconocer que, en el tema que nos compete, tanto Freud como Lacan 
bastan, por separado, para hacer una Tesis completa. Incluso, si me apuran un poco, diría 
que más de una. Tratar de abarcar más por abarcar más me parece una falta de respeto y 
una irresponsabilidad. Una falta de respeto porque estaría dando a leer un popurrí de 
fragmentos sin ton ni son. Una irresponsabilidad si considero esta obra un trabajo serio. 
 
 Así pues, redondeando, he de reconocer, tomando en cuenta las consideraciones 
inmediatamente anteriores, que mi trabajo de la obra lacaniana apunta más a explicitar 
una estructura básica que a profundizar en sus sutilezas. Lo que busco es entregar ciertas 
claves fundamentales que posibiliten la lectura de Lacan desde una perspectiva que ponga 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
56
de relieve su contraposición y su ataque a la forma habitual de pensar. Ese es el humilde 
objetivo que me he propuesto. El reconocimiento de mis limitaciones y la seriedad de este 
trabajo imponen esta frontera. Decir que yo la impongo es, en este contexto, irrelevante. 
 Pretendo, de esta forma, sustraerme a la soberbia pseudointelectual apoyando, 
humildemente, el pie en el primer peldaño e intentando reconocer las íntimas conexiones 
que éste tiene con los cimientos que le preceden, es decir, la obra de Freud. Reconociendo 
así, desde un principio, que “sustentarse en” no significa, en ningún caso, “prolongar a”. 
 
 Finalmente, creo que es oportuno insistir en que la obra de Lacan es fresca, nueva, 
airea el viciado aire del psicoanálisis de la época. Su construcción teórica le es totalmente 
propia. Esa es una de las razones de que mantenga la radicalidad y la subversión de las 
ideas freudianas. Lacan rearticula, crea, produce. Y eso le costó ser expulsado de la I. P. A. 
Existe un adagio muy hermoso que dice que el primer deber de un patriota consiste en 
defender su patria contra el Estado. Si nuestra patria es el psicoanálisis, Lacan fue, sin 
lugar a dudas, un verdadero patriota. 
 
a.2) Rearticulaciones terminológicas 
 
 Un primer punto a considerar, al momento de comenzar nuestra revisión de la 
obra lacaniana, es que las significaciones freudianas son refundidas por Lacan en un 
nuevo crisol. 
 
 Sucede que los conceptos freudianos son revisados a la luz de distintos aportes 
teóricos que no existían cuando Freud desarrolló su obra. Me refiero, en especial, a la 
linguística saussuriana y a las ideas del estructuralismo. Existen, así, muchas diferencias, 
nada de banales ni mucho menos, entre las concepciones de Freud y las de Lacan. 
Intentaré, a través de la explicitación de esas diferencias, articular ciertos supuestos 
básicos de Lacan que permitan, al momento de exponer las concepciones lacanianas 
respecto de la pulsión, disponer del fundamento teórico en que dichas concepciones se 
asientan. La idea es tener un suelo común en el cual apoyarnos al momento de explicitar la 
estructura del movimiento pulsional, que es, como veremos a continuación, lo que a Lacan 
realmente le interesa. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
57
 
 Ahora bien, es impensable la explicitación exhaustiva de las sutiles distinciones y 
de las reelaboraciones que hace Lacan sobre la obra freudiana. Por lo tanto, tomaré como 
eje argumentativo un solo concepto, fundamental, el inconsciente. A través de su 
exposición intentaré, como ya he señalado, poner de manifiesto el entramado conceptual 
lacaniano (por lo menos en lo que a nosotros nos compete), de tal forma que al momento 
de revisar la teoría de la pulsión, sepamos en qué se está apoyando Lacan para sostener sus 
afirmaciones. 
 
 a.2.1) L’inconscient 
 Lacan empieza su obra diciendo: Freud fundó una ciencia. 
Una ciencia nueva, la ciencia de un objeto nuevo: el inconsciente. 
LOUIS ALTHUSSER 
 
 Para poder alcanzar una cabal comprensión de la idea de inconsciente lacaniano, 
antes de entrar en materia, es necesario realizar una brevísima revisión de ciertas ideas de 
la linguística moderna (no es mi intención profundizar más allá de lo estrictamente 
necesario para nuestro propósito). Estas ideas son centrales al momento de entender los 
aportes que Lacan hace al psicoanálisis, al momento de afirmar que Lacan no sólo relee, 
sino que también produce. 
 
 a.2.1.1) Paréntesis linguístico80 
 Para la Linguística tradicional existen significantes y Significados, donde 
un significante es la unidad de lenguaje que representa al Significado, y el Significado es, 
propiamente, la cosa a significar. Es decir, existe una correspondencia entre palabra 
(significante) y cosa (Significado). 
 Lacan, por el contrario, sostiene la primacía del Significante. En otras palabras, 
como los Significantes, por estructura, no pueden “alcanzar” las cosas (el Significante 
nunca podrá decir todo, absolutamente todo, lo que la cosa es), es el Significante, por sí 
 
80 Las ideas aquí expuestas están tomadas de textos de estudio de psicoanálisis lacaniano, no provienen de 
textos que traten propiamente de linguística. Hago la salvedad debido a las diferencias interpretativas que esto 
pudiese conllevar. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
58
mismo, el que en verdad regula y organiza todas las articulaciones posibles del lenguaje. 
Podemos decir que existe una 
 
 ...condición de separación radical entre significante y significado (o, más 
laxamente...entre el lenguaje y todas las demás cosas)...81 
 
 De esta forma, no podemos decir que existan propiamente significados, sino sólo 
efectos de significación, provenientes del juego de Significantes. Los Significantes 
contornean (es decir, hacen referencia a la cosa sin llegar nunca a alcanzarla, a 
“llenarla”) a la cosa tanto como a otros Significantes. Y así 
 
 ...Lacan hace notar que entre el significante y la cosa existe una barrera natural, 
estructural e infranqueable, por la sencilla razón de que el significante, en tanto 
construcción del lenguaje, jamás puede alcanzar a la cosa. El significante es también, a su 
vez, una cosa, y por tanto, susceptible de significación por otro significante...Entonces, el 
significante, para poder dar cuenta de sí mismo, debe recurrir a otros significantes, puesto 
que no puede hacerlo respecto de ningún significado. Para el significante sólo es posible 
establecer efectos de significación, no de significado.82 
 
 Un corolario importantísimo de estas ideas, que debemos tener siempre presente, 
es que no existe relación necesaria alguna entre el Significante y la significación a la que 
alude. Insisto, el Significante es arbitrario, sin embargo, “arbitrario” no significa 
“aleatorio”. No estoy diciendo que el hablante elija a su antojo los Significantes. Lo que 
intento poner de manifiesto al decir “arbitrario”, es que no existe una relación natural, 
inmanente, entre Significante y significación.81 M. Thibaut y G. Hidalgo (1996) “Trayecto del psicoanálisis de Freud a Lacan”. Ediciones Universidad Diego 
Portales. Santiago. 1996. p. 30. 
82 M. Thibaut y G. Hidalgo (1996) “Trayecto del psicoanálisis de Freud a Lacan”. Ediciones Universidad Diego 
Portales. Santiago. 1996. p. 30. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
59
 Teniendo en mente estas ideas, veamos cómo es que Lacan las utiliza al momento 
de elaborar su consideración de la especie humana. Consideración que constituye, 
propiamente, el concepto de inconsciente lacaniano. 
 
 a.2.1.2) “Parlêtre” 
Al arco se le dio el nombre de la vida 
y su obra es la muerte. 
HERÁCLITO 
 
 Así como el Significante prima en el lenguaje, prima también en la especie 
humana. El ser humano es, antes que nada, un ser hablante. Podríamos decir que la 
diferencia radical entre el hombre y otras especies es el lenguaje. No existe otra especie en 
que se haya podido comprobar la existencia de un mecanismo análogo al lenguaje. 
 De esta forma, lo que sucede es que los seres humanos, en tanto seres hablantes, 
nos movemos en un mundo de Significantes, no de cosas. Consecuentemente, para Lacan, 
la condición de humanidad, de ser propiamente un “ser humano”, está dada por la 
entrada en el orden del lenguaje. Estrictamente, esa entrada es la que nos da el ser. Sin 
embargo, es un ser muy especial, muy alejado de lo que habitualmente se considera un 
ser, es un ser hecho de no ser. 
 La condición de entrada en el lenguaje consiste en desaparecer (si jugamos un 
poco con las palabras, podríamos decir “desapare-ser”) en tanto sustancia (podría 
también decirse que desaparecemos ontológicamente, pero eso implicaría esclarecer otras 
sutilidades), para poder advenir sujetos del lenguaje. Sujetos que se caracterizan por ser a 
través de otra cosa que los representa: un Significante. La sustancia debe morir para que 
nazca la subjetividad. 
 
 Es propio de la articulación del lenguaje evocar algo real por medio de un sustituto 
simbólico que produce, indefectiblemente, una escisión entre la vivencia real y aquella que 
la representa...de acuerdo con el aforismo de Lacan: “La cosa debe perderse para poder ser 
representada”. El lenguaje posee, entonces, la singular propiedad de representar la 
presencia de algo real por medio de su propia ausencia como tal; es decir, como lo expresa 
Lacan, “gracias a la palabra que es una presencia hecha de ausencia, es la ausencia misma 
lo que se nombra”. En tales condiciones, la relación del sujeto con su propio discurso se 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
60
sustentará en el mismo efecto de la escisión...el sujeto sólo figura en su propio discurso a 
costa de esta misma escisión: desaparece como sujeto y sólo se encontrará representado 
bajo la forma de un símbolo.83 
 
 Todo esto muestra que la estructura del sujeto humano, del sujeto hablante, es, de 
manera fundamental, una división. Para Lacan, como hemos visto, es el ingreso al lenguaje 
el que determina esta división fundamental. Esta división separa, de manera irreversible, al 
ser hablante (por una parte) de la cosa (por otra parte). De ahí en adelante es el orden del 
lenguaje el que dirige a ese sujeto que, mal que mal, no es sino su efecto (del lenguaje). 
 
 En ese sentido puede considerársela (a esa división fundamental) como división 
inaugural del sujeto que proviene del propio vínculo del sujeto con un tercer orden que es 
el orden simbólico, o más exactamente el orden que va a mediatizar la relación del sujeto 
con lo Real...84 
 
 Así, el sujeto que adviene por medio del lenguaje, sólo puede insertarse en él (en el 
lenguaje) como un efecto, un efecto del lenguaje. El sujeto es un sujeto alienado, un sujeto 
dividido por el lenguaje. 
 Ahora bien, esta alienación implica un no saber fundamental del sujeto con 
respecto de sí mismo, un no saberse. 
 
 Sin embargo, ¿qué relación tiene todo esto con el inconsciente lacaniano, que es el 
título de este apartado? Para explicarlo me gustaría comenzar citando dos definiciones de 
inconsciente que da el propio Lacan, y que, desde mi punto de vista, explicitan a cabalidad 
la articulación entre lenguaje, tal como lo hemos considerado, e inconsciente. La primera 
es: 
 
83 Joël Dor “Introducción a la lectura de Lacan”. Editorial Gedisa. Buenos Aires. 1986. p.122. 
84 Joël Dor “Introducción a la lectura de Lacan”. Editorial Gedisa. Buenos Aires. 1986. p. 117. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
61
 El inconsciente es aquella parte del discurso concreto, en tanto transindividual, 
que falla a la disposición del sujeto para restablecer la continuidad de su discurso 
consciente.85 
 
 La puntuación empleada en este corto párrafo no es para nada casual, ella señala 
las tres partes nucleares de la definición. Primero, el inconsciente es una parte del discurso 
concreto. Es decir, no hay que buscar el inconsciente en ningún lugar oculto, en ningún 
más allá tópico, sino en el propio discurso del ser hablante. Es en éste donde se muestra de 
manera efectiva. Segundo, el discurso concreto en tanto transindividual. En otras palabras, 
el lenguaje, donde está inscrito el sujeto supera al individuo, lo sobrepasa, lo habla, lo 
dirige. En tercer lugar, falla a la disposición del sujeto. Esta parte final de la definición es 
la crucial pues articula las otras dos. Habíamos dicho que el inconsciente se muestra, 
aparece, en el discurso concreto, pero ¿en qué parte de ese discurso concreto? Aparece 
donde ese discurso falla, cae. Es decir, en el lapsus, en el acto fallido, en todo aquello que 
falla con respecto a la pretendida continuidad del discurso que la consciencia trata de 
imponer. Así, el inconsciente lacaniano no es propiamente un ser sustancial, ontológico, 
sino más bien un apare-ser, un ser que consiste en chispazos repentinos que, en cuanto 
nos percatamos de su existencia, desaparecen. En ese sentido, quizás sería más propio 
decir que el inconsciente lacaniano es un desapare-ser. Por otra parte, esta falla pone de 
manifiesto la impotencia del sujeto frente al lenguaje, que es el que lo constituye como tal 
(como sujeto). 
 
 La segunda definición es: 
 
 El inconsciente es los efectos que ejerce la palabra sobre el sujeto, es la dimensión 
donde el sujeto se determina en el desarrollo de los efectos de la palabra, y en 
consecuencia, el inconsciente está estructurado como un lenguaje.86 
 
85 Citado en M. Thibaut y G. Hidalgo (1996) “Trayecto del psicoanálisis de Freud a Lacan”. Ediciones 
Universidad Diego Portales. Santiago. 1996. pp. 36-7 (Traducción libre). Puede encontrarse en Jacques Lacan 
(1953) “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis” en “Escritos”. Editorial Siglo 
Veintiuno. México. 1984. p.248. 
86 Jacques Lacan “El Seminario” Libro 11 “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis” (1964). Ed. 
Paidos. Buenos Aires. 1993. p. 155. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
62
 La idea de colocar esta cita en segundo lugar es permitir que se ponga en 
evidencia, paso a paso, la complejización sufrida por el concepto. La intención de este 
artificio didáctico es permitir una lectura, por así llamarla, a posteriori, donde lo ya 
revisado adquiera una nueva significación a la luz de las nuevas apreciaciones. 
 Consecuentemente, para comprender a cabalidad esta definición es necesario, 
antes que nada, esclarecer un punto levemente insinuado en el apartado inmediatamente 
anterior: el advenimiento del inconsciente. 
 Debemos, pues, revisar los orígenes del advenimiento del inconsciente para 
articular, de una forma coherente, nuestra ilación. 
 
 
 a.2.1.3) De los orígenes 
Words dissemble, words be quick, 
words resemble walking sticks. 
Plant them, they will grow, Watch them waver so. 
I’ll always be a word man, better than a bird man. 
JAMES DOUGLAS MORRISONDe esta forma, la pregunta que queda por contestar, para articular 
comprensivamente este escueto esbozo, es ¿cómo es que el ser humano llega a acceder al 
lenguaje? ¿Cómo es que acepta desaparecer como sustancia para advenir como sujeto? No 
es mi intención profundizar en los detalles y sutilidades del argumento, sólo me interesa su 
esencia. Por lo tanto, desde ya pido disculpas por el barbarismo de plantear de un sólo 
golpe una conceptualización en realidad muy compleja. El punto, sin embargo, es que 
para ser consecuente con el contexto en que, según lo he planteado, se enmarca mi 
trabajo, debo tratar de no perder la estructura central en sus (siempre interesantes) 
implicaciones. 
 
 Intentaré pues, contar las cosas de una manera simple. Aquí vamos. En esencia, el 
cuento es así: el objeto que, míticamente, otorga la satisfacción total al niño, es la madre. 
Ella llenaría, pues, todas las aspiraciones que el niño pudiese tener, todo lo que pudiese 
necesitar. De esta forma, el niño está, por así decirlo, “completo”. No necesita salir del 
orden de la cosa, del objeto, para satisfacerse. Es el mito en el cual “lo tiene todo”. Sin 
embargo, debido a la prohibición que el padre instaura con respecto de la madre, y al caso 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
63
que ésta haga de dicha prohibición, el niño es forzado a salir de su mítico estado de 
satisfacción total, es forzado a buscar un sustituto a su (ahora) prohibido deseo por la 
madre. Ese ingreso en el orden de la sustitución constituye la división fundamental que 
separa, irreversiblemente, al niño del orden de la cosa. De ahora en adelante está en el 
orden de la sustitución, en el orden del lenguaje. 
 La radical consecuencia de todo esto es que el niño, a través del lenguaje, está 
tratando de alcanzar algo (la madre) sin saber qué es ese algo lo que está buscando 
(puesto que el deseo por la madre ha sido reprimido). El niño, por lo tanto, desde un 
principio, no sabe lo que dice, pues lo que dice no es sino una sustitución de algo que, por 
estructura misma del lenguaje (la imposibilidad de alcanzar la cosa), no puede saber. 
 
 Esta operación (la división fundamental) se realiza con la instalación del proceso 
de la metáfora paterna después de la cual un símbolo del lenguaje...designará 
metafóricamente al objeto primordial del deseo que se ha vuelto inconsciente...Si el niño 
sigue nombrando, sin saberlo, al objeto de su deseo significando el Nombre del Padre, cabe 
una única conclusión: el niño ya no sabe lo que dice en lo que enuncia...El lenguaje 
aparece entonces como una actividad subjetiva por medio de la cual uno dice algo 
absolutamente diferente de lo que uno cree decir en lo que dice...Decir que el Sujeto está 
dividido es para Lacan lo mismo que decir que no hay más Sujeto que el ser hablante (el 
parlêtre). Esto implica reconocer que la causa del sujeto se sustenta en la formación del 
inconsciente. En otros términos, es aceptar que el orden significante es el que causa al 
sujeto, estructurándolo en un proceso de división que produce el advenimiento del 
inconsciente.87 
 
 He intentado, en estos últimos párrafos, articular todas las ideas expuestas a lo 
largo del apartado principal (b.2), bajo el cual estoy escribiendo. Podemos ahora 
comprender las palabras de Lacan citadas en la página 74 (nuestra “segunda” definición 
de inconsciente) y destacar claramente su núcleo: el sujeto es determinado por el lenguaje, 
lenguaje estructurado de una forma análoga al inconsciente, es decir, a partir de una 
 
87 Joël Dor “Introducción a la lectura de Lacan”. Editorial Gedisa. Buenos Aires. 1986. p. 117-8. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
64
división fundamental. En otras palabras, el lenguaje es condición sine qua non del 
inconsciente. 
 
 Finalmente, y a riesgo de que el lector se sienta insultado en su inteligencia y 
comprensión lectora, quisiera hacer una aclaración, quizás redundante, con respecto al 
inconsciente lacaniano. Para esto, tomaré como ejemplo didáctico la cita inmediatamente 
anterior. Lo que se vuelve inconsciente (el deseo de la madre), no es una cosa, no es una 
sustancia, no es un algo, ontológicamente hablando. O, en otras palabras, ese algo que se 
vuelve inconsciente es una cosa en la misma medida en que el Significante pueda 
considerarse una cosa. Lo que se vuelve inconsciente es un Significante, el Significante del 
deseo de la madre. Es decir, el inconsciente posee la misma consistencia que el lenguaje: es 
una presencia hecha de ausencia. Apenas ha aparecido, cuando ya no está. Valga esto para 
remarcar, nunca está de más, la extrañísima (con respecto al pensar popular) idea de 
inconsciente que plantea Lacan, un inconsciente cuyo ser es un no ser, un desapare-ser. 
 
 a.2.1.4) Sexualidad e inconsciente 
 Cuando revisamos la obra de Freud, insistí hasta el cansancio en el 
complejo carácter de la sexualidad humana, carácter que la diferencia radicalmente de la 
animal: la sexualidad humana puede satisfacerse en cualquier objeto, sin estar 
determinada por el celo u otro ciclo instintivo. 
 Es más, la sexualidad humana puede encontrar, siempre parcialmente, satisfacción 
en, como decíamos, cualquier objeto, sin importar lo alejado que pueda estar de lo que 
comúnmente se considera ligado a la sexualidad (lo que nosotros definimos, más bien, 
como genitalidad)88. Es decir, la sexualidad humana, a despecho de nunca alcanzar la 
satisfacción total, puede encontrar, en cualquier objeto, una satisfacción sustitutiva. Se va 
de un objeto a otro, todos sustitutivos, sin jamás lograr la satisfacción absoluta. 
 
 Ese carácter sustitutivo de la sexualidad es lo que está plenamente reelaborado y 
desarrollado en la idea de inconsciente de Lacan. 
 
 
88 Ver “De la pulsión en Freud”, apartado b.1.2. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
65
 La realidad del inconsciente es –verdad insostenible- la realidad sexual. A cada 
paso Freud lo recalca empecinadamente, por así decirlo.89 
 
 No es difícil constatar que la entrada en el lenguaje, es decir, la instauración de la 
división fundamental que nos hace sujetos, es producto de una sustitución. Una 
sustitución fácilmente caracterizable como sexual, sin embargo, eso podría no ser sino un 
ejemplo (fundamental quizás, pero ejemplo al fin). Si profundizamos un poco, creo que es 
posible sostener que lo crucial es la analogía que se puede hacer, desde Lacan y a través de 
la idea de sustitución, entre inconsciente y sexualidad. 
 
 Es a causa de dicha analogía que podemos afirmar la íntima relación entre 
inconsciente y sexualidad, es decir, poner de manifiesto el carácter sexual del inconsciente 
o, lo que vendría a ser lo mismo, el carácter inconsciente de la sexualidad. 
 
 Y es justamente esta relación la que nos entrega la articulación necesaria para 
entrar en el circuito de la subversión. 
 
 ...en lo referente a la instancia de la sexualidad, la situación es la misma para todos 
los sujetos, así sean niños o adultos –todos se enfrentan sólo con la sexualidad que pasa 
por las redes de la constitución subjetiva, las redes del significante- la sexualidad sólo se 
realiza mediante la operación de las pulsiones en la medida en que son pulsiones 
parciales, parciales respecto de la finalidad biológica de la sexualidad.90 
 
 
 
 
 
 
 
89 Jacques Lacan “El Seminario” Libro 11 “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis” (1964). Ed. 
Paidos. Buenos Aires. 1993. p. 156. 
90 Jacques Lacan “El Seminario” Libro 11 “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis” (1964). Ed. 
Paidos. Buenos Aires. 1993. p. 184. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
66
 
 b) El circuito de la subversión 
All in all it’s all we are. 
KURT COBAIN 
 
 Creo que podríamos afirmar, sintemor a equivocarnos que la verdadera 
importancia del desarrollo lacaniano del concepto de pulsión estriba en el paso que se da 
desde la sustancialidad al operar. 
 Detengámonos un momento y examinemos esta afirmación. En primer lugar, se 
podría decir, a grosso modo claro está, que lo central, lo nuclear, de la producción 
freudiana (con respecto a la pulsión por supuesto) es el movimiento pulsional en pares de 
opuestos, movimiento sustancial, desarrollo conceptual de un ser. En Freud la pulsión es 
un ser propiamente hablando, y es sobre ese ser que versan las interrogantes que empujan 
la obra freudiana. La pregunta central perfectamente podría ser “¿Qué es?”. 
 Lacan, al reelaborar las ideas freudianas, desde una perspectiva que incorpora 
nuevos aportes (en especial la linguística moderna, como ya hemos dicho) desplaza las 
interrogantes desde el ser al operar. Si el ser no es propiamente un ser, sino un desapare-
ser, la pregunta sobre ese ser deja de tener sentido. Consecuentemente, Lacan se centra en 
el curso que sigue la pulsión cuando busca su objeto, el así llamado circuito pulsional. Si 
recordamos las palabras de Lacan en el caso de la niña muda (que son más o menos así: 
“No importa tanto por qué esta muda, sino cómo hacerla hablar”) podremos encontrar un 
ejemplo que grafica paradigmáticamente este desplazamiento. Así pues, podemos ver 
claramente que Lacan no está repitiendo o sencillamente releyendo, no, él está trabajando 
sobre la obra freudiana. La pregunta, en este contexto, y de manera análoga a la de Freud, 
perfectamente podría ser “¿Cómo?”. 
 Por lo tanto: 
 
 Lo fundamental de cada pulsión es el vaivén con que se estructura...no hay parte 
alguna del trayecto de la pulsión que pueda separarse de su vaivén, de su reversión 
fundamental, de su carácter circular.91 
 
91 Jacques Lacan “El Seminario” Libro 11 “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis” (1964). Ed. 
Paidos. Buenos Aires. 1993. p. 185. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
67
 Para centrarnos, en consecuencia con estas directrices, en el circuito pulsional, en 
el operar de la pulsión, haré tres afirmaciones, a través de cuya fundamentación intentaré 
entregar, a cabalidad, una explicitación de dicho circuito. 
 
 En primer lugar, la meta pulsional resulta ser imposible de alcanzar por motivos 
de estructura (del lenguaje). Enseguida, podremos ver que, para Lacan, el trayecto que 
realiza la pulsión en torno a su objeto es siempre un rodeo, un contornear, un constante 
pasar por el lado y pasar por el lado, sin alcanzar nunca ese objeto ficticio. Finalmente, es 
en virtud de este inacabamiento, de esta incompletud fundamental de la pulsión, que 
encontramos la razón de que la pulsión aparezca siempre como pulsión parcial. 
 
b.1) De una imposibilidad fundamental 
 
 Cierta vez, una psicoanalista me dijo: “Mira, la pulsión de muerte no es sino la 
muerte de la cosa en el lenguaje”. Esta afirmación a mí me parece clave, nuclear, al 
momento de tratar de esclarecer la imposibilidad de la meta pulsional. Sin embargo, 
podría, perfectamente, ser una afirmación gratuita. Por lo tanto, intentaré desarrollarla 
argumentativamente, de manera tal que, a través de ese desarrollo, podamos esclarecer las 
consideraciones con respecto a la imposibilidad que nos ocupa. 
 En un primer momento, podría parecer una paradoja que la cosa ya esté “muerta”, 
pues, en ese caso, ¿qué sentido tendría que la pulsión de muerte siguiera en acto? Si la 
cosa ya está “muerta”, si ya “descansa en la quietud”, lo obvio sería decir que ya no hay 
tensión alguna que perturbe ese descanso. Sin embargo, la más elemental experiencia nos 
indica todo lo contrario. 
 En este punto, voy a tratar de decir, así, “de una patada”, una cantidad de cosas 
bastante sutiles; voy a juntar, de una sola vez, un montón de consecuencias que se extraen 
del apartado principal inmediatamente anterior92, por tanto, ¡mucha atención! 
 La aparente paradoja que presenté dos párrafos atrás no es tal, no es tal en la 
medida en que la muerte de la cosa implica, de forma inmanente, una división 
fundamental, infranqueable, entre palabra y cosa (el lenguaje tiene, por lo tanto, un efecto 
 
92 Apartado a. “De una revisión necesaria” 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
68
de aniquilamiento sobre la cosa), y, por medio de esta división, el advenimiento del ser 
hablante. Este ser hablante se caracteriza, en consecuencia, por una falta constitutiva. Ha 
sido separado, irrevocablemente, de la cosa en tanto tal y, gracias a esta división, ha 
“despertado” en tanto subjetividad. Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que esa 
falta constitutiva es la que produce esa tensión dinámica que llamamos vida. Por lo tanto, 
cuando se “mata” a la cosa, lo único que se “mata” es la quietud de lo inorgánico, la 
ausencia total de tensiones. Y esa muerte hace advenir a la vida al sujeto de la falta, al 
sujeto dividido. La frase que cité en un comienzo cobra ahora pleno sentido, “la pulsión de 
muerte no es sino la muerte de la cosa”, la pulsión de muerte surge en el mismo instante 
en que somos divididos por el lenguaje, en el mismo instante en que dejamos de ser cosas. 
Y surge como una tensión que esfuerza por volver a la paz de la cosa. Esa paz, esa 
completud, de la que nos arranca el lenguaje. 
 
 El sujeto...entra en juego en cuanto muerto, pero es como vivo como va a jugar...93 
 
 De esta forma, es patente la imposibilidad de la meta pulsional en tanto tal, es 
decir, la vuelta al descanso de la coseidad. Una vez sujetos del lenguaje, por siempre 
sujetos del lenguaje. No existe, que esto quede bien claro, vuelta atrás. 
 De hecho, es la propia etimología de la palabra “sujeto” la que apunta en este 
sentido. “Sujeto” proviene del latín “subjectum”, que quiere decir “lo que está 
subordinado a; lo que está sometido a”94. Para Lacan, en consecuencia, lo más prevalente 
es el “sujetamiento”, sometimiento, en el cual el sujeto (valga la redundancia) se 
estructura. Por lo tanto, si el lenguaje preexiste al sujeto, éste debe constituirse. 
 
b.2) Dando vueltas y vueltas 
 
 Sin embargo, para Lacan, existe, de hecho, una meta sustitutiva. Una meta, 
podríamos decirlo así, de hecho. Esta meta no es sino el recorrido que hace la pulsión en 
 
93 Jacques Lacan “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de pa psicosis” (1955-56) en 
“Escritos”, Tomo 2. Siglo Veintiuno Editores. México. 1984. p. 533. 
94 Dictionnaire Étymologique de la Langue Française, par Oscar Bloch et Walter Von Wartburg. P. U. F. 
(1932) 1986. Paris. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
69
búsqueda del objeto que, míticamente, la satisfaría totalmente. Extraña meta, por decir lo 
menos. Podríamos decirlo así: la única satisfacción posible es el camino a la satisfacción 
que nunca alcanzamos. 
 Pero, si revisamos esa afirmación a la luz de una de nuestras experiencias más 
cotidianas, la extrañeza en ella contenida se disuelve como si nada. La experiencia que 
quiero proponer como ejemplo es el deporte95. Si nos fijamos bien, prácticamente todos los 
deportes, desde siempre, ponen en juego (literalmente) la idea de que la única satisfacción 
posible es el camino hacia la satisfacción nunca alcanzada. Baste pensar en las carreras 
(de cualquier tipo), donde no importa llegar a la meta, sino hacer el recorrido que lleva a 
esa meta. O el fútbol, donde cada vez que se consigue hacer recorrer a la pelota todo el 
camino hasta el interior del arco contrario, todo vuelve a comenzar. O el tenis, donde cada 
vez que se consigue un punto, donde cada vez que sale la pelota de la cancha, el juego se 
vuelve a reiniciar. No hay meta que sea la meta, no hay gol que sea el gol, no hay punto 
que sea el punto (final, por cierto). Y así como en eldeporte, también en la vida, toda 
nuestra experiencia pone esto en evidencia: la meta no es el fin. 
 Así, este ejemplo nos ilustra sobre dos características esenciales del circuito 
pulsional: en primer lugar, el recorrido consiste en un eterno contornar un objeto ficticio 
y, en segundo lugar, el recorrido siempre regresa a su punto de partida (la zona erógena) 
para relanzar su movimiento, en un trayecto prácticamente idéntico al anterior. 
 
 La tensión (pulsional) siempre es un lazo, y no puede disociarse de su regreso 
sobre la zona erógena.96 
 
 Tenemos, por lo tanto, un elemento, importantísimo, que agregar a nuestras 
consideraciones: el infinito relanzamiento de la pulsión desde una fuente teóricamente 
somática, la zona erógena97, es causado, íntegramente, por la constitución subjetiva del ser 
hablante, y nada tiene que ver con alguna característica del objeto. En otras palabras, para 
 
95 Queda en pie (“Será en otra ocasión” dicen por ahí) la interesantísima cuestión de la consideración del 
deporte, en tanto deporte, como una manifestación paradigmática del fluir pulsional. 
96 Jacques Lacan “El Seminario” Libro 11 “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis” (1964). Ed. 
Paidos. Buenos Aires. 1993. p. 186. 
97 Revisar “De la pulsión en Freud”, apartado b.1.2. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
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una subjetividad hecha de desapariciones no puede existir un objeto que la colme, a no ser 
que ese objeto sea, también, desaparecido. 
 
 El objeto a minúscula98 no es el origen de la pulsión oral. No se presenta como el 
alimento primigenio, se presenta porque no hay alimento alguno que satisfaga nunca la 
pulsión oral, a no ser contorneando el objeto eternamente faltante.99 
 
b.3) La pulsión es (y no puede ser sino) parcial 
 
 La consideración inmediatamente anterior también puede ser dicha al revés (lo 
cual resulta muy interesante): es porque no hay un objeto que satisfaga a la pulsión, que 
ésta no puede (ni nunca podrá) alcanzar la satisfacción total. 
 ¿Qué sentido tiene, entonces, el circuito pulsional? Me atrevería a afirmar que, 
considerado en su conjunto, este sentido no puede ser sino un sentido económico, 
homeostático. 
 
 Las pulsiones, en su estructura, en la tensión que establecen, están ligadas a un 
factor económico...puede concebirse el Real-Ich como el sistema nervioso central en tanto 
funciona, no como un sistema de relación, sino como un sistema destinado a asegurar 
cierta homeostasis de las tensiones internas.100 
 
 Sin embargo, para poder usar la palabra “homeostático” en este contexto, hay que 
señalar ciertas salvedades. Cuando aquí hablo de “homeostasis”, me estoy refiriendo a un 
equilibrio muy especial. No es, en ningún caso, el manido equilibrio de “mente sana en 
cuerpo sano”, sino que, al contrario, es el equilibrio que se logra con la paz absoluta de la 
ausencia de tensiones, en la quietud de lo inorgánico. 
 
98 No entraré en mayores sutilidades al momento de considerar el objeto a. Para el propósito que nos compete 
baste saber que es el objeto que, míticamente satisfaría plenamente a la pulsión. 
99 Jacques Lacan “El Seminario” Libro 11 “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis” (1964). Ed. 
Paidos. Buenos Aires. 1993. p. 187. 
100 Jacques Lacan “El Seminario” Libro 11 “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis” (1964). Ed. 
Paidos. Buenos Aires. 1993. p. 183. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
71
 Si consideramos lo económico, lo homeostático, en ese sentido, podremos constatar 
que la función del circuito pulsional es procurar alivio a las tensiones que inundan al 
sujeto humano por el hecho de ser un sujeto dividido. Desde el momento mismo del 
advenimiento del ser hablante surge la tensión por retornar a la paz de la cosa, de la cual 
ha sido arrancado. Si la pulsión existe es porque busca dejar de existir. 
 Todo este panorama se complica si explicitamos un elemento mantenido en las 
sombras hasta este momento: ese sujeto dividido está, al mismo tiempo, alienado en la 
ilusión de ser un todo coherente, completo. Creemos ser una unidad compacta, individual, 
obediente a los dictados de nuestra consciencia. Esta creencia se evidencia, de manera 
ejemplar, en la supuesta unión de la sexualidad bajo el primado de los genitales, es decir, 
la sexualidad tendría una única y última finalidad: la reproducción. Esta creencia es lo que 
Lacan denuncia como una farsa. 
 Lacan denuncia, en el sentido más plenamente jurídico que el término pueda 
tener, esta ilusión de unidad del ser humano que, cotidianamente, se da por sentada. Y, 
una de las formas de efectuar esa denuncia, es lanzando a la palestra su ácida crítica a la 
idea de la sexualidad como un elemento armónico, homogéneo, unido bajo la égida de la 
supuesta finalidad biológica de la sexualidad (tal cual lo hizo Freud en su momento101), es 
decir, la reproducción. 
 
 La pulsión puede satisfacerse sin haber alcanzado aquello que, desde el punto de 
vista de una totalización biológica de la función, satisface supuestamente su fin 
reproductivo, precisamente porque es pulsión parcial y porque su meta no es otra que ese 
regreso en forma de circuito.102 
 
 Es decir, y tal como vimos al comienzo de este apartado, la pulsión, que para 
advenir debe eliminar a la cosa, no ha de encontrar el descanso de la cosa, de la totalidad, 
que se cierra en sí misma, que es completa, que se llena. La pulsión, por estructura, no 
puede completarse, no puede ser sino parcial. 
 
 
101 Ver “De la pulsión en Freud”, apartados b.1.1 y b.1.2. 
102 Jacques Lacan “El Seminario” Libro 11 “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis” (1964). Ed. 
Paidos. Buenos Aires. 1993. p. 186. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
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 Por lo tanto, consecuentemente, para Lacan 
 
 La pulsión, justamente, es el montaje a través del cual la sexualidad participa en la 
vida psíquica, y de una manera que tiene que conformarse con la estructura de hiancia103 
característica del inconsciente.104 
 
 Si somos por no ser, el inconsciente adviene al momento en que se “mata” la cosa, 
y si la “muerte” de la cosa genera su búsqueda imposible (en realidad, debería decir “su 
encuentro imposible”), la tensión propia de la pulsión no puede agotarse en ningún 
objeto. La reproducción no calma a la pulsión porque la tensión pulsional no tiene nada 
que ver con el instinto. 
 En cierto modo, al dar con el objeto la pulsión se entera, precisamente, de que no 
es así como se satisface. Porque si se distingue, en el inicio de la dialéctica de la pulsión, el 
Not del Bedürfnis, la necesidad de la exigencia pulsional, es justamente porque ningún 
objeto de ningún Not, necesidad, puede satisfacer la pulsión.105 
 
 La pulsión no es, pues, una necesidad (en el sentido de necesidad orgánica: el 
animal come y queda ahíto, defeca y se alivia, copula y se calma, etc.) que pueda 
satisfacerse con un objeto predeterminado a entregar esa satisfacción. No hay propiedad 
alguna del objeto que genere, necesariamente, esa tensión. La tensión proviene de la 
primigenia división que hizo advenir al sujeto en tanto ser hablante. La sexualidad 
humana, a diferencia de la animal, busca al objeto no por el objeto mismo, sino para 
aliviar su tensión, para descargar, para buscar y buscar la coseidad de la que una vez fue 
despertada y a la que anhela retornar. 
 
 No importa las restricciones que se dicten, no importan las coacciones que se 
impongan, el mensaje central que podemos encontrar en Lacan es éste: el ser hablante es, 
de hecho, la pulsión de muerte en acto, operando. Y no hay mito ni ficción que logre 
 
103 Corte, división insalvable. 
104 Jacques Lacan “El Seminario” Libro 11 “Los cuatro conceptosfundamentales del psicoanálisis” (1964). Ed. 
Paidos. Buenos Aires. 1993. p. 183. 
105 Jacques Lacan “El Seminario” Libro 11 “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis” (1964). Ed. 
Paidos. Buenos Aires. 1993. p. 175. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
73
retenerlo eternamente. No hay adaptación posible, la adaptación misma ha sido, 
históricamente, un devenir. La pulsión siempre escapa... 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
74
 
A MODO DE CONCLUSIÓN 
 
Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito. 
ANTONIO MACHADO 
 
 Desde aquel lejano 1895 en que comenzamos nuestro viaje hemos contemplado el 
nacimiento y el desarrollo de un concepto. Hemos visto cómo Freud produce una idea y, 
de una manera consistente, elabora su movimiento. La pulsión en Freud es una sustancia 
que es el movimiento que ella misma desarrolla. En otras palabras, el concepto es 
inseparable de sus vaivenes. De estos vaivenes, se ha intentado demostrar que el 
fundamental, desde mi punto de vista, es la dualidad pulsional, el contrapunto conflictivo 
que, en la forma de pares de opuestos, atraviesa e impulsa el movimiento conceptual. Pares 
de opuestos que no son sino diferenciaciones de una misma cosa, de algo que podríamos 
llamar la pulsión como universal. Esta “pulsión como universal” no sería sino la pulsión 
de muerte, postrero gran paso de las ideas freudianas (con respecto a la pulsión, por 
supuesto). 
 Con Lacan hay un desplazamiento evidente en el énfasis del trabajo teórico. Este 
desplazamiento va de la sustancia al operar (al circuito), del “¿Por qué?” al “¿Cómo?”, y 
es producto de los aportes que el propio trabajo lacaniano hace al concepto de pulsión. Es 
la estructura antes que el ser lo que interesa aquí. 
 Valgan los dos párrafos anteriores como brevísima recapitulación y recuento de 
todo el texto, de tal forma que refresquemos la memoria para enfocarnos sobre la idea 
impulsora del conjunto del trabajo: la explicitación de una base desde la cual pensar 
críticamente la sociedad actual y, en especial (con un énfasis marcado y remarcado, 
podríamos decir) la clínica psicológica establecida y la posible. 
 
 No queda, por lo tanto, mucho más que decir sino, por el contrario, apuntar a lo 
no dicho, a la intención subyacente de este trabajo. En otras palabras, lo que se ha 
buscado, implícitamente, a lo largo de todo el texto. Este “buscado” ha sido, 
fundamentalmente, dos cosas. Voy a explayarme en ellas por separado, sin embargo, son, 
de hecho, prácticamente, inseparables. 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
75
 En primer lugar, se ha buscado explicitar, de una forma simple, llana, accesible, 
los desarrollos teóricos de Sigmund Freud y de Jacques Lacan. Ha sido inevitable, en 
muchos casos, caer en simplificaciones realmente bárbaras, sin embargo, es el precio a 
pagar por entregar, de una manera asequible, entramados conceptuales bastante 
complejos y sutiles. Es decir, desde mi punto de vista, se ha logrado una comprensión 
acabada al precio de una menor sutilidad y complejidad. 
 No puedo decir que no supiera, desde un principio, que esto sucedería. Al 
contrario, como he señalado con anterioridad106, considero este texto una forma de llenar 
un hueco en la formación psicoanalítica que se entrega actualmente (al menos en el 
contexto universitario que yo conozco, es decir, Universidad Diego Portales, Universidad 
Católica, Universidad de Chile y Universidad Andrés Bello). Es decir, explicitar la base 
teórica en la que se apoyan, tanto Freud como Lacan, para desarrollar sus concepciones. 
Creo que sólo comenzar desde un principio, sin suponer que los alumnos saben lo que uno 
mismo entiende a medias, puede llevar a una buena formación o, al menos, a una 
adecuada transmisión de conocimiento. 
 Enfrentarse al desafío de la crítica es lo que asusta, osifica y oxida. Enfrentar ese 
desafío, buscar superarlo, es lo que lleva a verdaderos desarrollos conceptuales, a reales 
subversiones. Y si no me creen, o si no quieren creerme, créanle a Sigmund Freud y a 
Jacques Lacan, son nuestros ejemplos ejemplares. 
 
 En segundo lugar, se ha buscado entregar una base conceptual desde la cual poder 
pensar (y, en consecuencia, criticar), de una manera muy distinta a la habitual, la 
sociedad en que vivimos y, en especial, la clínica psicológica que se practica. Es en pro de 
este esfuerzo del pensar que se ha tratado, consistentemente, de reducir al mínimo la 
cantidad de ejemplos. 
 La sostenida concretización, predominante en el ámbito cotidiano, nos ha llevado a 
pensar que los ejemplos, las actualizaciones, son el concepto mismo, con lo cual se elimina 
la posibilidad de un entendimiento de las cosas que no sea el establecido. Así pues, ofrezco 
un entramado de pensamiento, entramado aplicable a incontables aspectos particulares de 
 
106 Ver “Introducción” 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
76
la sociedad y a la sociedad en tanto totalidad, siempre con la idea de movilizar lo que es 
hacia lo que todavía no ha llegado a ser, a lo que puede ser. 
 
 Finalmente, y en el ámbito que propiamente debería interesarnos más, si 
consideramos el ámbito clínico psicoanalítico según el prisma entregado por los 
desarrollos teóricos expuestos en este texto, no podremos estar sino en desacuerdo con las 
prácticas adaptacionistas que abundan en el mercado psicológico el día de hoy. Si 
consideramos estas prácticas en su concepto, veremos que son la producción acorde a los 
requerimientos de una sociedad donde lo que se busca es extraer el mayor rendimiento (al 
menor costo posible, obviamente) a esas maquinitas llamadas seres humanos. Sin 
embargo, esto no tiene por qué ser así. Recientemente leí un artículo que colocaba al 
psicoanálisis entre los diez fracasos más sonados del siglo XX. Comparto la opinión (no los 
argumentos entregados en el artículo), la subversión posible del psicoanálisis ha sido 
eficazmente oscurecida, su potencial transgresor ha sido reprimido. Pero esto sólo 
evidencia el poder de ese potencial, de esa subversión. Lo que es, lo establecido, no tiene 
por qué seguir siendo tal. Ése es el mensaje. 
 
 Es el sexo...es la muerte... 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
77
 
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Pablo A. Rojas L. PULSIÓN 
 
 
 
81
 
AGRADECIMIENTOS 
Not to touch the earth, not to see the sun, 
nothing left to do but run, run, run. 
JAMES DOUGLAS MORRISON 
 
A la Vieja porque sin ella estaría en la ponticuica y sería un tarado. 
A Capel por ser mi auspiciador oficial. 
A Escudo por no quedarse atrás. 
A Thamir, por ser Thamir y tan Thamir. 
A don Rubén, por maestro. 
A Anita, por dar la batalla (y ganarla). 
A Don Alfonso...él sabe por qué. 
A Danielín porque, a pesar de todo, ha seguido siendo Danielín. 
A Nels, por ¡Neeeeels! 
A Puti (y a su putimóvil) por haber nacido. 
A Andreita: todo da vueltas (como una gran pelota). 
A Chopan, por creer en el Elegido y haber perdido la elección. 
A Hwata y a Llopo, por hermanos. 
A Charsmannpoto, por ser un pelado. 
A Lakejime, por ese Consejo tan peleador. 
A Edi Edi, por latin lover. 
A L.S.V., por narcosindicalizarse. 
A L.D.S., por nunca institucionalizarse. 
A Juan Mario, por factorizar lo no factorizable. 
A tantos otros, Tacán, Zvi, Cachi, Sambito, Morro, Lapa, Ninjamara, Negro, Chocman, por 
compañeros. 
Al SOCA, por supuesto. 
Y, por sobre todo, 
a la Jefa por ser conmigo. 
☺