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GUÍA DEL ALUMNOGUÍA DEL ALUMNO 
2022 
CyD 2022 FCM ~ UNL 
 
2 
 
RESPONSABLE ÁREA CRECIMIENTO Y DESARROLLO PERIODO 2022 
COVA, Viviana 
 
CUERPO TUTORIAL 
BORDOY, Verónica DE IRIONDO, Agustina 
HADAD, Francisco PÉREZ, Marina 
PEROTTI, Marisa PESCE, Gabriela 
RABOSTO, Rocío ZUSKA, Katya 
ROSSA, Ana GODANO, Delfina 
FORCHINO, Andrea CARRIÓ, Virginia 
CABAGNA ZENCLUZEN, Mariana CASTAÑEIRA, Mariana 
LÓPEZ CORTÉS, Melanie FALCO, Natalia 
OREGGIONI, Daniela FALCO, Marcela 
CHAMORRO, Verónica GALUZZI, Leonardo 
MARRAISO, Matías GONZÁLEZ, Laura 
PERALTA, Laura HANG, Paulina 
RODRÍGUEZ ROSTÁN, Laura SEPÚLVEDA, María José 
KUTTEL, Ivana CELEGHIN, Adelina 
BERRA, Carina URCH, Eduardo 
GONZÁLEZ ACKERMAN, Daniela ALSINA, Marcela 
MONTINI, Juan Pablo BELLO, Ivana 
THEILER, Alfredo 
 
 
 
 
CyD 2022 FCM ~ UNL 
 
3 
 
CUERPO DE EXPERTOS EN DISCIPLINAS 
ANATOMIA 
ESCOWICH, Ricardo 
ETCHEVARRÍA, Maximiliano 
BIEGKLER, David 
PAULONI, Mariano 
HADAD, Francisco 
SORIA, Damián 
PANIAGUA, Jonás 
ENRIA, Derián 
PERALTA, Hugo 
GARCÍA HEVIA, Federico 
 
ANTROPOLOGÍA 
ALBY, Juan Carlos 
MONTINI, Juan Pablo 
 
BIOÉTICA 
BRUSSINO, Silvia 
 
BIOFÍSICA 
ORTIGOZA, Liliana 
GARRO AGUILAR, Mariana 
RODI, Pablo 
 
SEMIOLOGÍA 
CANDIOTI BUSANICHE, Matías 
CASAFÚ, Hugo 
CEBALLOS, Blas 
CHAZARRETA, Leandro 
CUEVAS, Gisel 
ECHAGUE, José 
ERBETTA, Agustín 
FALCO, Natalia 
FERNANDEZ ESCOBAR, Juan 
FILIPPI, María Martha 
GARGATAGLI, Agostina 
MARINA, Virginia 
PAOLETTI, Daniela 
PREISZ, Nahir 
TORREALDAY, Gonzalo 
 
SALUD MENTAL 
ROMERO, Marcela 
OREGGIONI, Daniela 
GALUZZI, Leonardo 
URCH, Eduardo 
 
BIOESTADÍSTICA 
COSTA, Lucas 
RODRÍGUEZ ROSTÁN, Laura 
BIOLOGÍA CELULAR, HISTOLOGÍA Y EMBRIOLOGÍA MÉDICA 
CARRERA, Larisa 
REUS, Verónica 
RECCE, Carlos 
CABAGNA ZENKLUSEN, Mariana 
CASTAÑEIRA, Mariana 
MALIANDI, Rosario 
SACCONE, Jorge 
JAUREGUI, Soledad 
ANDRÉS, Denise 
 
QUÍMICA BIOLÓGICA, METABOLISMO Y NUTRICIÓN 
COVA, Viviana 
 
MICROBIOLOGÍA 
TRUPPIA, Luis 
LÓPEZ CORTÉS, Mélanie 
 
MEDICINA LEGAL, SOCIAL Y LABORAL 
LEMOS, Santiago 
PIMPINELLA, Pascual 
ÁVILA CASTRO, Emiliano 
 
PEDIATRÍA 
REDONDO, Fernando 
CARRERA, Liza 
RABOSTO, Rocío 
DE IRIONDO, Agustina 
PESCE, Gabriela 
RUÍZ, María Mónica 
CARRIÓ, Virginia 
FORCHINO, Andrea 
FONTANA, Florencia 
 
SALUD PÚBLICA 
KUTTEL, Yelena 
BLESIO, Hernán 
MARRAISO, Matías 
KUTTEL, Ivana 
 
FISIOLOGÍA 
CONTINI, María del Carmen 
RODELES, Luz 
TOMIOZZO, Pedro 
BORDOY, Verónica 
PERETTI B., Florencia 
OLIVA, María Victoria 
ESQUIVEL, Alejandro 
ROSSA, Ana 
BERNARDI DON, Estanislao 
CyD 2022 FCM ~ UNL 
 
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ACTIVIDADES DE ENSEÑANZA Y APRENDIZAJE PARA EL ÁREA CYD 2022 
Los diferentes módulos que integran el área cuentan con distintas actividades de enseñanza y 
aprendizaje que se detallan a continuación, siendo las actividades académicas presenciales y/o 
virtuales. 
● TUTORIAS: Clases sincrónicas de resolución de problemas que posibilitan la integración 
de los conocimientos teóricos y prácticos adquiridos en las diferentes disciplinas, 
mediante un trabajo individual, colectivo y cooperativo de un grupo pequeño de 
estudiantes con su docente tutor que cumple el rol de facilitador del aprendizaje. 
● SEMINARIOS - WEBINARIOS: Clases guiadas por docentes disciplinares y basadas en el 
intercambio de información con el fin de profundizar desde el debate y análisis 
colectivo en un tema predeterminado. Los mismos podrán realizarse de forma 
presencial y/o virtual. 
● CONSULTAS A DOCENTES DISCIPLINARES: permiten la posibilidad de encuentro del 
estudiante con los docentes disciplinares para facilitar el estudio resolviendo 
preguntas con carácter orientador. Este recurso adquiere relevancia en tanto 
complementa la actividad autogestiva del estudiante. 
● TALLERES Y LABORATORIOS DISCIPLINARES PRESENCIALES y/o VIRTUALES: Trabajos 
prácticos en pequeños grupos de estudiantes para llevar a cabo aprendizajes sobre los 
contenidos abordados según los objetivos que se proponen en la unidad, con el fin de 
formar, desarrollar y perfeccionar capacidades disciplinares sobre la temática 
estudiada. 
● LABORATORIOS DE HABILIDADES: Situaciones de enseñanza en las que, a través de 
simuladores así como trabajo entre pares, los alumnos podrán ejecutar maniobras o 
desarrollar destrezas de la clínica médica. 
 
EVALUACIONES DURANTE EL CURSADO 
Evaluación formativa a cargo del tutor. 
Evaluación sumativa: 
● En laboratorios de habilidades el estudiante deberá acreditar la adquisición de las 
mismas a través de situaciones prácticas concretas que utilizarán pacientes simulados 
(con simuladores o entre pares) para adquirir las competencias. 
● En talleres y laboratorios disciplinares (el alumno deberá acreditar los contenidos 
involucrados en las actividades prácticas a través de exámenes escritos que implicarán 
la resolución de problemas o breves preguntas escritas de aplicación según la 
modalidad disciplinar involucrada). 
● En los parciales optativos de evaluación de contenidos 
 
CONDICIONES DE REGULARIDAD 
● 75% asistencia a tutorías 
● 75% asistencia a seminarios 
● 100% acreditados laboratorios de habilidades 
● 75% actividades acreditables (talleres, laboratorios disciplinares) 
● Evaluación formativa del tutor satisfactoria. 
Para los laboratorios de habilidades médicas y talleres de reflexión que requieren acreditación 
del 100% se dará al alumno la posibilidad de un recuperatorio. 
Los alumnos que no reúnan todos los requisitos quedan libres. 
 
 
CyD 2022 FCM ~ UNL 
 
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PROMOCIÓN DIRECTA DEL ÁREA 
El alumno que reúna todos estos requisitos puede aspirar a promocionar al área. 
La promoción implica: 
- Tener una evaluación formativa muy satisfactoria; 
- Aprobar las dos evaluaciones (la primera al promediar el área y la segunda, 
integradora, al finalizar el cursado de toda el área). 
Para acceder a la primera evaluación el alumno debe contar con una evaluación formativa 
parcial muy satisfactoria. Para acceder a la segunda evaluación (evaluación integradora del 
área) debe cumplir los requisitos de regularidad, tener una evaluación muy satisfactoria del 
tutor y haber aprobado la primera evaluación. 
Las evaluaciones son optativas y sólo para aquellos alumnos con evaluación formativa muy 
satisfactoria. Los exámenes son únicos y no tienen recuperatorio (ya que no definen 
regularidad sino promoción). 
 
EXAMEN DE ALUMNOS LIBRES CYD 2022 
Aquellos alumnos que no adquieran la condición de alumnos regulares por no cumplimentar 
con los requisitos, deberán acreditar un examen que constará de cinco etapas. Cada una de las 
instancias es eliminatoria y para acceder a cada examen es requisito haber aprobado la 
instancia anterior: 
1. Examen escrito múltiple opción de contenidos disciplinares abordados durante el 
cursado, que deberán aprobar (60%). 
2. Examen escrito de desarrollo de contenidos disciplinares con preguntas del mismo 
nivel y contenido que las registradas en las acreditaciones de actividades disciplinares 
del área. 
3. Examen escrito, defensa oral y demostración de competencias de habilidades médicas 
correspondientes a los diferentes laboratorios de habilidades incluidos en el área. 
4. Resolución y defensa oral de situaciones problemáticas nuevas para valorar la 
articulación de contenidos de diferentes unidades y módulos. 
 
CRONOGRAMA DE CURSADO 
ACTIVIDAD INICIO CIERRE TUTORÍAS 
UABP 1 Lunes 28/03 Viernes 08/04 4 
UABP 2 Lunes 11/04 Viernes 22/04 4 
UABP 3 Lunes 25/04 Viernes 06/05 4 
UABP 4 Lunes 09/05 Viernes 13/05 2 
UABP 5 Lunes 16/05 Viernes 27/05 4 
UABP 6 Lunes30/05 Viernes 03/06 2 
Sin actividad Lunes 06/06 Martes 07/06 
Optativo I Miércoles 08/06 
UABP 7 Jueves 09/06 Viernes 17/06 3 
UABP 8 Lunes 20/06 Viernes 24/06 2 
UABP 9 Lunes 27/06 Viernes 01/07 2 
UABP 10 Lunes 04/07 Viernes 08/07 2 
Receso invernal Lunes 11/07 Viernes 22/07 
Semana sin actividad por exámenes finales Lunes 25/07 Viernes 29/07 
Semana de integración Lunes 01/08 Viernes 05/08 2 
Optativo II Miércoles 10/08 
Inscripción a Examen Final de Cursado Jueves 11/08 
Examen Final Cursado de CyD 2022 Semana del Martes 16/08 
 
CyD 2022 FCM ~ UNL 
 
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TEMARIO DE LAS UNIDADES DE APRENDIZAJES A DESARROLLAR 
MÓDULO NIÑEZ: 
Inicio: 28/03/2022 - Fin: 13/05/2022 
UABP N° 1: 
- Anatomía: Introducción a la anatomía normal. 
- Antropología: El hombre según la medicina hipocrática 
- Antropología: Homínidos 
- Biología Celular, Histología y Embriología médica: Herencia y cálculo de probabilidades 
- Medicina Legal, social y laboral: Persona desde lo jurídico 
- Química biológica, Metabolismo y Nutrición: Biomoléculas 
- Salud Mental: Introducción a la salud Mental. Concepto de sujeto. 
- Salud Pública: Concepto de Salud y su evolución histórica 
UABP N° 2: 
- Anatomía: Esqueleto y miología de cráneo y cara 
- Bioestadística: Percentilos y Puntaje Z. 
- Biología Celular, Histología y Embriología médica: Embriología de las primeras semanas 
de desarrollo 
- Fisiología: Introducción a la fisiología 
- Perinatología: Carnet Perinatal 
- Salud Mental: Conceptos claves para introducirse en el discurso del 
psicoanálisis. Referencias sobre la vida y obra de Sigmund Freud 
- Salud Pública: Estado, Políticas Públicas y Políticas de Salud 
UABP N° 3: 
- Anatomía: Organización del SNC y Grandes vías de conducción. Médula espinal. Tronco 
encefálico. Cerebelo. Vascularización del SNC. Sistema ventricular y Meninges. 
- Bioética: Dignidad y derechos humanos. Bioética y ética médica. 
- Biología Celular, Histología y Embriología médica: Tejido epitelial, tejido conectivo y piel 
- Fisiología: Organización funcional del Sistema Nervioso 
- Microbiología: Taxonomía microbiana. 
- Pediatría: Maternidad segura. Recepción del Recién Nacido. Evaluación del crecimiento 
del niño sano. 
- Salud Mental: Instalación del Psiquismo 
UABP N° 4: 
- Biofísica: Bioelectricidad 
- Biología Celular, Histología y Embriología médica: Histología tejido sostén 
- Fisiología: Introducción al Sistema endócrino 
- Microbiología: Taxonomía bacteriana 
- Salud Mental: Neuropsicología. Variables del desarrollo del niño. Desarrollo libidinal del 
niño. 
- Salud Pública: APS. Promoción de la salud. Epidemiología. 
 
MÓDULO ADOLECENCIA: 
Inicio: 16/05/2022 - Fin: 03/06/2022 
UABP N° 5: 
- Anatomía: Columna Vertebral. Organización General del Sistema nervioso Autónomo 
- Biología Celular, Histología y Embriología médica: Embriología de sistema nervioso. 
Histología de tejido nervioso. 
- Fisiología: Hormonas relacionadas al crecimiento. 
- Salud Mental: Adolescencia y salud mental. Una aproximación desde conceptos 
psicoanalíticos 
- Salud Pública: Salud integral y derecho a la salud del adolescente. 
CyD 2022 FCM ~ UNL 
 
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UABP N° 6: 
- Anatomía: Pares Craneales 1 (Pares: I, V, VII, IX, X, XI, XII) 
- Fisiología: Sistema endócrino 
- Microbiología: Microbiota normal de piel y Conceptos básicos de esterilización 
desinfección y asepsia. 
- Salud Mental: Salud Mental en niños y adolescentes Intervenciones posibles en los 
diferentes planos de la prevención de la salud mental. 
- Salud Pública: Determinantes de la salud 
 
MÓDULO ADULTO JOVEN 
Inicio: 09/06/2022 - Fin: 24/06/2022 
UABP N° 7: 
- Fisiología: Impulso nervioso 
- Biofísica: Óptica y Visión 
- Bioética: Relación médico-paciente-institución. Consentimiento informado. 
- Biología Celular, Histología y Embriología médica: Histología de ojo 
- Medicina Legal, social y laboral: Documentos médicos 
- Salud Pública: Sistemas de salud 
- Semiología: Examen físico normal. Sensibilidad. Reflejos y Pares Craneales. 
UABP N° 8: 
- Anatomía: Pares Craneales: II, III, IV, VI y VIII. Órganos del Sistema Visual. Oído, Vía 
Auditiva 
- Fisiología: Receptores sensoriales. Fisiología de la Visión 
- Medicina Legal, social y laboral: Aspectos legales del trasplante de órganos. 
Diagnóstico de muerte. 
- Salud Mental: Transferencia y el arte de curar. 
- Salud Pública: Promoción. Prevención. Educación para la salud. Historia clínica. 
 
MÓDULO ADULTO MAYOR 
Inicio: 27/06/2022 - Fin: 08/07/2022 
UABP N° 9: 
- Anatomía: Pelvis Ósea. Osteología, Artrología y Miología de los Miembro ( 
- Biofísica: Sonido y Audición 
- Fisiología: Fisiología de la audición y el equilibrio 
- Salud Mental: Salud mental en el adulto mayor 
- Salud Pública: Salud Ambiental 
UABP N° 10: 
- Biofísica: Biomecánica 
- Biología Celular, Histología y Embriología médica: Tejido muscular 
- Fisiología: Contracción muscular, control motor, marcha y postura 
- Salud Pública: Envejecimiento activo 
- Semiología: RX articulación, miembros y columna. 
 
PERÍODO DE INTEGRACIÓN 
Inicio: 01/08/2022 - Fin: 05/08/2022 
- Salud Pública: Integrador de Salud 
- Tutorías: Trabajo de integración de UABP 
 
CyD 2022 FCM ~ UNL 
 
8 
 
BIBLIOGRAFÍA GENERAL DEL ÁREA CyD 
 Alby, Juan Carlos, “La concepción antropológica de la medicina hipocrática”, en Enfoques 
nº1 pp. 5-30. Año 2004. 
 Argente - Álvarez. Semiología Médica. Fisiopatología, Semiotecnica y Propedéutica. 2º 
Edición. Panamericana. 2013. EAN: 9789500606004. 
 Articulo “La vulnerabilidad de las personas adultas mayores en el derecho latinoamericano: 
globalización, políticas publicas y protección jurídica” Autores: Cristina Marzioni- Liliana 
López- Matilde Vidal y Josefina Aramburu. Revista 3 de la Facultad de Ciencias Jurídicas y 
Sociales. Año 2003 
 Barrett K.E. et al. Fisiología médica de Ganong. Editorial Mc Graw Hill, 2016. 
 Basualdo, Juan Ángel; Coto, Celia E., Torres, Ramón Alberto de: “Microbiología Biomédica: 
Bacteriología. Micología. Virología. Parasitología. Inmunología”. 2 ed. Bs. As, 2006 
 Beaglehole, R., Bonita, R., Kjellström, T. Epidemiología Básica. OPS,1996 
 Blanco y Gustavo Blanco Antonio. Química Biológica. 9º Edición.Bs. As. Ed.: El Ateneo. 2011. 
 Brussino, Silvia, Reflexiones para una bioética implicada en la cultura de los derechos 
humanos, en RevPeruMedExp Salud Pública. 2012;29(4):561-65 . 
 Carta de Ottawa. 1986: www.fmed.uba.ar/ depto/toxico1/carta.pdf 
 Chalmers, Alan, ¿Qué es esa cosa llamada ciencia?, Siglo XXI, 2005 
 Código Civil y Comercial de la Nación. Año2015. Código Penal de la Nación Argentina. 1984 
 Comité Nacional de Crecimiento y Desarrollo. (Sociedad Argentina de Pediatría). “Guías 
para la evaluación del crecimiento”, elaboradas por el. Año 2001. 
 Curtis, H y otros. Biología. 7° Edición. Editorial Panamericana. 2013. 
 Declaración de Yakarta sobre la Promoción de la Salud en el Siglo XX.1997. 
 Declaración sobre Atención Primaria de la Salud. Astana 2018 
 Determinantes de salud http://www.scielo. org.co/pdf/rgps/v8n17/v8n17a05.pdf 
 Di Fiore, Mariano. Atlas de histología normal. Fecha de publicación: 2001 
 Garcia Porrero. Neuroanatomía Humana. Ed. Panamericana. 2015. 
 Geneser, F. Histología. 4ª ed. Editorial Panamericana. Buenos Aires. Argentina. 2014. 
 Germán Bidart Campos. Tratado elemental de derecho constitucional argentino - Ed. EDIAR. 
 Gherardi, Carlos, La relación médico-paciente en la práctica actual de la medicina, en Claves 
en Psicoanálisis y Medicina, Nro 13-14. 2do semestre 1998, 18-23. 
 Guyton & Hall -“Tratado de Fisiología Médica”. Editorial Elsevier. 13ªedición. Latarjet - Ruiz 
Liard. Anatomía Humana 4ta Edición. Editorial Médica Panamericana. 2004. 
 Leyes 24193/93. 25281/00.26066/05. 26.529/09 
 Lischetti Mirtha. Antropología. Ed. Eudeba. 1997 
 Madigan, M; Martinko, J; Parker, J. Biología de los Microorganismos de Brock. Prentice may 
Internacional (UK) Ltd. España. 1998. 
 Makinistian, Alberto, Desarrollo histórico de las ideas y teorías evolucionistas. El Aleph. 
Zaragoza: 2004 
 Murray, Rosenthal, Pfaller. Microbiología Médica 7º edición 
 OMS 8ª Conferencia Mundial de Promoción de la Salud. (Helsinki, 2013).134 Consejo 
ejecutivo, 2014: http://apps.who.int/gb/ ebwha/pdf_files/EB134/B134_CONF8-sp. pdf 
 OPS/ OMS. Spinelli, H; Alazraqui, M; Calvelo, L; Arakaki, J. Mortalidad infantil. Un indicador 
para la gestión local. Bs. As. Argentina. Año 2000. 
 OPS/OMS. “Envejecimiento activo”. Módulo 10 b. Posgrado de salud social y comunitaria. 
Ministerio de Salud de la Nación 2005. Buenos Aires. http://www.msal.gov.ar/ 
medicoscomunitarios/index.php/informacion-para-equipos-de-salud/material-bibliografico. 
 OPS/OMS. “La Renovación de la APS en las Américas”. 2007 http://www.ine.gob.bo/ 
indicadoresddhh/archivos/salud/inter/ Atenci%C3%B3n%20Primaria%20Renovada. pdf 
 Parisi, M. “Temas de Biofísica”. 4º Edición. Editorial Mc Graw Hill, Interamericana. 2001 
CyD 2022 FCM ~ UNL 
 
9 
 
 Pasqualini, D, Llorens, A. “Salud y Bienestar de Adolescentes y Jóvenes. Una Mirada 
Integral”. OPS/OMS. 2010 
 Patitó José Ángel: Enciclopedia Médico Legal. Librería AKADIA Editorial. Buenos Aires.2011. 
 Pelé A. Una aproximación al concepto de dignidad, Universitas: revista de filosofía, derecho 
y política, Nº 1, 2004-2005, pp. 9-13 Disponible en http://dialnet.unirioja. 
es/servlet/articulo?codigo=2005005 
 PRONAP. Programa Nacional de Actualización Pediátrica: Módulo 2-2011/ Horacio García; 
Silvia L. Spinelli. Cap. 2: Atención del recién nacido. Pág. 62-92 
 Redondo, Fernando. “Cuidados del Recién Nacido centrados en la familia”. Centro 
Perinatológico, Hospital J. B. Iturraspe, Santa Fe. 2010. 
 Rivera, Julio César. Instituciones de Derecho Civil – Parte General II. Ed. Abeledo Perrot. 
 Roger Garzón Francisco, la relación médico-enfermo en el cuadro de las relaciones 
interpersonales. Comunicación presentada en la 17ª Semana de Ética y Filosofía. Congreso 
Internacional de la Asociación Española de Ética y Filosofía Política (AEEFP). Donostia-San 
Sebastián, 1-2-3 de Junio de 2011. 
 Romero, Galuzzi, Oreggioni, Urch. Material de la disciplina Salud Mental. 
 Ross, Pawlina: Histología. Texto y Atlas color con Biología Celular y molecular. Editorial 
Panamericana. Buenos Aires. Argentina. 2012. 
 Sadler, T. W. “Langman-Embriología Médica”. Con orientación clínica. 9ª ed. Editorial 
Médica PanamericanaBs. As. 2004.. 
 Simón Lorda, Pablo, El consentimiento informado y la participación del enfermo en las 
relaciones sanitarias, MEDIFAM (5): 264- 271. 
 Sociedad Argentina de Pediatría. Comité Nacional de Pediatría General Ambulatoria. 
Manual Breve para Supervisión de la Salud de niños, niñas y adolescentes. Año 2010 
 Solari, Alberto J. Genética Humana. Fundamentos y Aplicaciones en Medicina” 3era Edición 
Ed. Médica Panamericana. 2004. 
 UNESCO, 2005, Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos. Disponible en: 
http://unesdoc.unesco.org/ images/0014/001461/146180S.pdf 
 Zurro, M., Cano Perez, J.F.. “Atención Primaria”.3ª Edición. Ed. Mosby/Doyme. España, 
1994. 
CRECIMIENTO Y DESARROLLO 2022 
UABP 1 Página 1 
 
MODULO NIÑEZ 
UABP 1 
PERÍODO DE DESARROLLO: 
Desde el Lunes 28/03/2022 al Sábabo 09/04/2022 
 
INTRODUCCIÓN 
La medicina, ese “arte que se ubica en la encrucijada de muchas ciencias”, es 
una práctica que se apoya en diversas disciplinas y en ordenamientos jurídicos 
– sociales; necesita del sustento de la física, la química, la biología, la 
sociología, la epidemiología, etc. y agregamos –desde Freud- del psicoanálisis. 
Guillermo Izaguirre 
 
SITUACIÓN PROBLEMA N° 1: 
Josefina y Federico están pensando ser padres. En la vecinal de su barrio se 
enteraron que pueden hacer una consulta médica para saber si “están saludables”, por 
lo cual deciden asistir al centro de salud. En la sala de espera observan una joven con 
su bebé recién nacido y les llama la atención la forma de su cabeza y su sonrisa. 
Josefina se acerca a charlar con ella y mientras lo hace se asombra al ver los ojos del 
niño y piensa si sus hijos los tendrán claros como Federico. También le pregunta si 
sabe “si el médico es como los de antes o te atiende como si fueras un número de 
paciente más, sin tener en cuenta la persona, las angustias y las incertidumbres por lo 
que estamos viviendo en este tiempo de pandemia”. 
En la consulta Federico le hace muchas preguntas al médico sobre el hecho de 
ser padre, ya que quiere asumir conscientemente este nuevo rol. 
 
OBJETIVOS: 
 Comprender la condición humana en sus perspectivas biológica, psicológica y 
social. 
 Reflexionar sobre la salud y la enfermedad como proceso bio-psico-social y el 
rol del médico en la sociedad actual. 
 Comprender la evolución del hombre con una mirada integral, y la construcción 
del conocimiento científico que el mismo realiza a través de su evolución. 
 Conocer los procedimientos y los materiales necesarios para la obtención de 
los preparados histológicos, que serán luego observados en los Laboratorios 
de Microscopía del Área. 
 Conocer las generalidades para el estudio de la Anatomía humana y la 
estructura macroscópica osteo-muscular de la cabeza. 
 Reflexionar sobre la organización jerárquica del mundo viviente y comprender 
las bases moleculares de la Herencia y la estructura celular. 
CRECIMIENTO Y DESARROLLO 2022 
UABP 1 Página 2 
 
CONTENIDOS: 
Anatomía: 
 Presentación del área e introducción al funcionamiento de la disciplina 
 Osteología y Miología del Cráneo y la Cara 
Antropología: 
 El hombre visto desde la medicina 
 La medicina hipocrática 
 Evolución de los homínidos 
Biología celular, Histología y Embriología médica: 
 Salto jerárquico de las proteínas a las estructuras celulares. Evolución biótica y 
pre-biótica. Organismos procariotas y eucariotas. La célula. Citoplasma- 
Núcleo. Las asociaciones celulares 
 ADN-ARN- Estructura y funciones. El dogma central de la Biología. Código 
genético. Variabilidad genética. Síntesis proteica. 
 Genotipo y fenotipo. 
 Bases moleculares de la herencia. Herencia mendeliana y no mendeliana 
 Resolución de problemas de Herencia y Cálculo de Probabilidad 
 Pasos de las técnicas histológicas 
Medicina legal, social y laboral: 
 Persona desde lo jurídico. 
Salud Mental: 
 Introducción a la Salud Mental. 
 Concepto de sujeto. 
Salud Pública: 
 Concepto de salud y su evolución histórica. 
 
ACTIVIDADES: 
ACTIVIDADES NO OBLIGATORIAS VIRTUALES 
Anatomía: 
 Tema: “Introducción a la anatomía normal” 
 Docente a cargo: Ricardo Escowich 
 Modalidad: Seminario No Obligatorio por zoom 
 Día: Martes 29/03 a las 20hs. 
Unirse a la reunión Zoom 
https://us06web.zoom.us/j/82053653868?pwd=UGNOOE9uK1RWL1hiM1VjY3ljcC9IU
T09 
 ID de reunión: 820 5365 3868 
 Código de acceso: 081590 
CRECIMIENTO Y DESARROLLO 2022 
UABP 1 Página 3 
 
ACTIVIDADES OBLIGATORIAS VIRTUALES 
Los días, horarios y links de acceso a las reuniones de las actividades obligatorias 
virtuales serán distribuidos por comisión; y expuesto en la pizarra de FCM y en el sitio 
de la disciplina del entorno virtual de CyD. 
Antropología: 
 Tema: “El hombre según la medicina hipocrática” 
 Docente a cargo: Juan Carlos Alby 
 Modalidad: Seminario Virtual Obligatorio por Plataforma Zoom 
 
ACTIVIDADES OBLIGATORIAS PRESENCIALES 
Los días, horarios y lugar (aulas o auditorios) de las actividadesobligatorias 
presenciales serán distribuidos por comisión; y expuesto en la pizarra de FCM. 
Antropología: 
 Tema: “Homínidos” 
 Docente a cargo: Juan P. Montini 
 Modalidad: Seminario Presencial Obligatorio 
Biología Celular, Histología y Embriología médica: 
 Tema: “Herencia y cálculo de probabilidades”. 
 Docente a cargo: Mariana Castañeira 
 Modalidad: Taller Presencial Obligatorio 
Química biológica, Metabolismo y Nutrición: 
 Tema: “Biomoléculas”. 
 Docente a cargo: Viviana Cova 
 Modalidad: Seminario Presencial Obligatorio 
Medicina Legal, social y laboral: 
 Tema: “Persona desde lo jurídico” 
 Docente a cargo: Santiago Lemos 
 Actividad: Seminario Presencial Obligatorio 
 
 
BIBLIOGRAFÍA 
Anatomía: 
 Guía de Aprendizaje: Introducción a la anatomía normal. 
 Guía de Aprendizaje: Osteología y Miología del Cráneo y la Cara 
 Latarjet - Ruiz Liard. Anatomía Humana. Editorial Médica Panamericana. 
 
CRECIMIENTO Y DESARROLLO 2022 
UABP 1 Página 4 
 
Antropología: 
 Guía de Aprendizaje: El hombre según la medicina hipocrática 
 Alby, Juan Carlos, “La concepción antropológica de la medicina hipocrática”, en 
Enfoques nº1 (2004), pp. 5-30. 
 Guía de Aprendizaje: Homínidos 
 Curtis, H Barnes N.S. Biología. Cap. 20: La evolución de los homínidos. 6° ed. 
Ed. Médica Panamericana: Buenos Aires: 2006 
Biología celular, Histología y Embriología médica: 
 Guía de Aprendizaje: Biología celular y molecular. 
 Guía de Aprendizaje: Resolución de problemas de Herencia y Cálculo de 
Probabilidad. 
 Recurso educativo en Entorno Virtual: Técnica Histológica 
 Curtis, H y otros. 2013. Biología. Cap 2: “La organización de las células”; Cap. 
3: “Cómo entran y salen sustancias de la célula”; Cap. 7: “La reproducción 
celular”; Cap. 8: “Los experimentos de Mendel y el nacimiento de la genética”; 
Cap. 9: “Las bases químicas de la herencia: el ADN y su replicación”; Cap. 10: 
“El flujo de información genética: los caminos del ADN y la proteína” y Cap. 16: 
“Genética, medicina y sociedad”. 7° Edición. Editorial Panamericana. 
 Solari, Alberto J. 2004. “Genética Humana”. Fundamentos y Aplicaciones en 
Medicina” 3era Edición Ed. Médica Panamericana. Cap. 2 (pág. 15 a 35) y Cap. 
9 (pág. 173 a 178). 
Optativas: 
 Geneser, F. 2014. Geneser Histología. Cap. 2: “Métodos Histológicos”. 4ª 
ed. Editorial Panamericana. Buenos Aires. Argentina. 
 Carrera,L., Costamagna, A. Fuentes, M. Markariani, R. y otros. 2010. 
Morfología: De la célula al hombre como individuo. Ediciones UNL. Cap 2: 
“Biología Celular: De las moléculas a las células” (Recuperar libro de 
ingreso) 
 Alberts, Bruce ; Johnson, Alexander ; Lewis, Juilan ; Raff, Martin ; Robert, 
Keith ; Walter, Peter. 2010. Biología molecular de la célula. 5° ed. 
Barcelona: Omega 
Medicina legal, social y laboral: 
 Guía de aprendizaje: Persona desde lo jurídico 
 J.C. Rivera. Capítulo VIII: “Las Personas”. 297: Persona y Hombre: Planteo de 
la cuestión. Pág. 339-364. 
 
CRECIMIENTO Y DESARROLLO 2022 
UABP 1 Página 5 
 
Salud Mental: 
 Guía de aprendizaje: Introducción a la Salud Mental: Concepto de Sujeto. 
 Oreggioni, Daniela. Introducción a la Salud Mental: Concepto de Sujeto. 2019. 
Optativa: 
 Héctor Ferrari. ¿Qué es Salud mental? Una experiencia en Medicina. Cap 
II. Salud Mental. Editorial Corpus, Rosario 2008. 
Salud Pública: 
 Guía de aprendizaje: Concepto de Salud y su evolución histórica 
 Nélida Barbach, Miriam Noemí Brown y otros. Medicina. Una aproximación a la 
práctica profesional. Ediciones UNL. 2004. (Página 2 a 9) 
 Esqueleto del cráneo
 y de la cara III
 Capítulo 9: Huesos del 
neurocráneo 67
 Capítulo 10: Huesos de la cara 84
 Capítulo 11: Esqueleto de la cabeza 
 en general 93
 Capítulo 12: Articulaciones de la 
cabeza 102
 Capítulo 13: El cráneo y la cara 
desde el punto de vista 
antropológico 103
 Capítulo 14: Desarrollo de la cabeza 
ósea 105
 Capítulo 15: Arquitectura de la 
 cabeza ósea 107
 Capítulo 16: Anatomía radiológica 
del esqueleto 
craneofacial 110
 Capítulo 17: Hueso hioides 113
 La cab eza, articulada hacia abajo con la primera vértebra cervical, está constituida por dos partes: el 
 neurocráneo [cráneo], caja ósea que contiene y protege al encéfalo, y el viscerocráneo o esqueleto 
 facial [cara], que aloja la mayor parte de los órganos de los sentidos y brinda apoyo a los órganos de
 la masticación. Estas dos porciones están compuestas por veintidós huesos, donde solo uno de ellos, la
 mandíbula, hueso del viscerocráneo, es móvil. Algunos de estos huesos presentan cavidades: los senos
neumáticos y las cavidades de los órganos vestibulococleares.
Se estudiarán sucesivamente:
- Los huesos del neurocráneo.
- Los huesos del viscerocráneo.
- El esqueleto de la cabeza en general.
- Las articulaciones de los huesos de la cabeza.
- El neurocráneo y el esqueleto facial desde el punto de vista antropológico.
- El desarrollo de la cabeza ósea.
- La arquitectura de la cabeza ósea.
- La anatomía radiológica del esqueleto craneofacial.
 Véase Guía topográfica: Cabeza y SNC 
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 Huesos del neurocráneo 9
 El neurocráneo está formado por ocho huesos, de los cua-
les cuatro son impares: el frontal, el etmoides, el esfenoides y el 
 occipital, y cuatro son pares: los parietales y los temporales. Se
 describirán en el orden en que se presentan: de adelante hacia 
 atrás para la calvaria [bóveda craneal] e inversamente, de atrás
hacia adelante para la base del cráneo.
 Estos huesos se denominan . Están cubiertos huesos planos
por fuera por un periostio delgado y tapizados por dentro por 
 la duramadre (membrana meníngea). Están formados por dos 
láminas de tejido óseo compacto denominadas tablas externa e 
interna, entre las que se encuentra una capa de tejido esponjoso, 
de espesor variable, llamada diploe.
HUESO FRONTAL
 Es un hueso único, mediano y simétrico que ocupa la parte
 más anterior del cráneo. Está situado por delante de los parieta-
 les, del etmoides y del esfenoides. Cierra la parte anterior de la 
 cavidad craneal. Se articula por abajo con el etmoides, los huesos
nasales, los huesos cigomáticos, los lagrimales y los maxilares.
 Contribuye a unir el esqueleto del neurocráneo con el vis-
 cerocráneo; participa en la formación de las cavidades nasales 
y orbitarias.
Posición
 Colocar hacia adelante la cara convexa del hueso y hacia aba-
 jo la porción aplanada que presenta una ancha escotadura cua-
drilátera, denominada escotadura (incisura) etmoidal.
Descripción
Se describen tres vistas y tres bordes:
 A. Vista anterior (fig. 9-1). Es la cara externa [exocraneal] de 
la [porción vertical] del hueso. Convexa hacia ade-escama 
 lante, corresponde a la frente, excepto una pequeña porción
 lateral que se orienta en sentido lateromedial, la cara tempo-
ral, y forma parte de la fosa temporal. En individuos jóvenes 
 se observa en la línea mediana la sutura frontal o metópi-
 ca, que desaparece en el adulto. Hacia abajo, por encima de 
 la implantación de la nariz, se observa una eminencia roma, 
 la [eminencia frontal media], a cuyos lados emergenglabela 
 dos superficies arqueadas y romas: los arcos superciliares 
[crestas supraorbitarias]. A ambos lados de la línea mediana, 
por encima de los arcos previamente descritos, se encuentran 
 las eminencias frontales. En la parte inferior de esta cara del
 frontal, a los lados de la porción nasal, se hallan los bordes 
 supraorbitarios. Estos se extienden medialmente desde un 
 borde redondeado y vertical, el borde nasal, que se articula
 con el hueso lagrimal y el maxilar, hasta una apófisis prismática
 triangular oblicua abajo y lateralmente, la apófisis (proceso) ci-
 gomática, articulada con el hueso cigomático. En esta última 
se origina lalínea temporal, dirigida hacia arriba y atrás que 
 en el cráneo articulado se continúa con la línea temporal su-
 perior del hueso parietal. Delimita en el frontal una superficie 
 triangular donde se insertan fibras del músculo temporal.
 B. Vista inferior (fig. 9-2). Exocraneal, también denominada 
porción orbitonasal; en ella se distinguen dos partes:
– Porción nasal: presenta la escotadura (incisura) etmoidal, 
 en forma de U abierta hacia atrás, que recibe a la cara su-
 perior del hueso etmoides. Más ancha adelante que atrás, 
ofrece una superficie en forma de hemiceldillas (la mitad 
de una cavidad esférica) que, junto con las hemiceldillas 
 del etmoides, cierran los laberintos etmoidales. Entre estas
hemiceldillas existen dos surcos oblicuos hacia adelan-
 te: los surcos etmoidales que, también junto a los del
 etmoides, forman los conductos etmoidales anterior 
 y posterior. La rama transversa de la “U” corresponde al 
 borde nasal, superficie dentada que presenta una salien-
 te sobre el plano mediano: la del frontal. espina nasal
Esta se articula por delante con los huesos nasales, y por 
atrás con la lámina perpendicular del etmoides. Las par-
 tes laterales del borde nasal se articulan con la apófisis 
 (proceso) frontal del maxilar. Se observan, además, dos 
 pequeños surcos que completan la pared superior de las
 cavidades nasales, y a los lados dos orificios de mayor cali-
bre: los orificios de los senos frontales.
 – Porción orbitaria: son lisas, triangulares con base anterior, 
 amplias y cóncavas. Están dispuestas a uno y otro lado de
la porción nasal y constituyen la pared superior de las cavi-
 dades orbitarias. Aquí se observa, anterior y lateralmente,
Borde 
parietal
Eminencia 
frontal
Cara temporal
Depresión 
supraorbitaria
Arco superciliar
Apófisis (proc.)
cigomática
Borde supraorbitario
Escotadura (inc.) supraorbitaria
Porción nasal
Porción nasal
Sutura metópica
Espina nasal
Glabela
Escotadura (inc.) frontal
Fig. 9-1. Hueso frontal, vista anterior. Cara externa.
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68 Esqueleto del cráneo y de la cara
 una pequeña depresión: la fosa de la glándula lagrimal,
 que aloja a la glándula lagrimal; y anterior y medialmente, una
 excavación: la fosita troclear, donde se inserta la polea de
reflexión del músculo oblicuo superior del globo ocular.
 C. Vista posterior (fig. 9-3). Es endocraneal y presenta una
escama [porción vertical] y una porción orbitaria [horizon-
 tal]. Esta escama es cóncava hacia atrás, mientras que la por-
 ción orbitaria es convexa hacia arriba. En la línea mediana, y 
de arriba hacia abajo, se distinguen:
– El surco del seno sagital superior.
– Seguido hacia abajo por la cresta frontal, en la que se 
inserta la hoz del cerebro.
– Por debajo de la cresta, el foramen ciego.
– Por detrás, la escotadura (incisura) etmoidal.
 – Por el foramen ciego pasa una prolongación de la hoz del
cerebro y a veces una pequeña vena emisaria que comu-
nica las venas nasales con el seno sagital superior.
 En la escama, a ambos lados de la línea mediana, se distin-
 guen dos amplias depresiones, las fosas frontales que correspon-
den a los polos frontales de los hemisferios cerebrales. En la 
porción orbitaria se encuentran las eminencias orbitarias, con-
vexas hacia arriba. Las fosas y eminencias presentan impresiones 
digitales y eminencias mamilares relacionadas con los giros de 
los lóbulos frontales del cerebro.
 A. Borde orbitonasal: a ambos lados de la espina nasal, los bor-
des supraorbitarios describen una curva cóncava hacia abajo. 
En el tercio medial del borde supraorbitario, se encuentra la 
 escotadura (incisura) supraorbitaria. Mientras que en su 
 extremo medial se observa el [apófisis orbitaria borde nasal 
interna] que se articula con los huesos lagrimal y maxilar, en 
 su extremo lateral se distingue la apófisis (proceso) cigo-
 mática [apófisis orbitaria externa], más gruesa, que se articula 
 con la apófisis (proceso) frontal del hueso cigomático. Este
conjunto protege al globo ocular.
 B. Borde parietal: semicircular y dentado, se articula con el
borde frontal de los huesos parietales.
C. Borde esfenoidal: delgado, se articula a cada lado con las 
alas menores del esfenoides. Presenta en su parte media la 
escotadura etmoidal.
 En la porción lateral del hueso, donde se reúnen los tres bor-
 des, se encuentra una superficie triangular, rugosa, que se articu-
la con una superficie similar del hueso esfenoides.
 Configuración interna, senos
frontales
El frontal es relativamente grueso y resistente en la escama 
y en las apófisis (procesos) cigomáticas; en cambio, es delgado 
 y frágil en la porción orbitaria. Está formado por dos láminas de
tejido compacto que casi contactan entre sí. A los lados de la 
porción nasal y hacia arriba se encuentran dos cavidades más o 
menos desarrolladas: los senos frontales, que se abren en las 
 cavidades nasales (véase Sistema respiratorio, cap. 91).
Arco superciliar
Borde supraorbitario
Fosa de la glándula 
lagrimal
Apófisis (proc.)
cigomática
Superficie
temporal
Cara
orbitaria
Escotadura
(inc.) supraorbitaria
Fosita troclear
 Espina nasal
Escotadura (inc.) etmoidal
Borde esfenoidal
Fosa orbitaria
Borde parietalBorde esfenoidal
Fig. 9-2. Hueso frontal, vista inferior.
Fosas frontales
Borde parietal
 Eminencia orbitaria Borde esfenoidal
Borde esfenoidal
Surco del seno sagital superior
Cresta frontal
Foramen ciego
Espina nasal
Apófisis (proc.)
cigomática
Escotadura (inc.) etmoidal
Fig. 9-3. Hueso frontal, vista posterior. Cara interna.
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Huesos del neuro cráneo 69 
Anatomía de superficie
Por medio de la palpación se accede directamente a la cara 
 externa del frontal, sus apófisis (procesos) cigomáticas y porcio-
 nes nasales, los bordes supraorbitarios, los arcos superciliares y la 
línea temporal.
Desarrollo
 Entre los 40 y 50 días de la vida intrauterina aparecen dos 
puntos de osificación primitivos en las arcadas orbitarias que 
 irradian hacia las porciones horizontal y vertical del hueso. En el 
 nacimiento, el hueso se presenta dividido en dos porciones por 
la sutura metópica, que aproximadamente a la edad de 10 años 
desaparece por completo. Se describen además tres puntos de 
 osificación secundarios para cada lado.
 El desarrollo de los senos frontales se produce siempre des-
pués del nacimiento y se relacionan con la función respiratoria.
HUESO PARIETAL
Hueso par, situado por detrás del frontal, por encima del tem-
 poral y por delante del occipital. Ocupa la porción laterosuperior 
de la calvaria.
Posición
 Colocar la cara cóncava del hueso hacia adentro; su ángulo
 esfenoidal, del que irradian surcos vasculares, hacia abajo y ade-
lante, y el borde cóncavo y cortante, hacia abajo.
Descripción
De forma cuadrilátera, se distinguen dos caras (fig. 9-4), cua-
tro bordes (fig. 9-5) y cuatro ángulos.
 A. Cara externa: exocraneal y convexa, muestra en la parte 
media una saliente: la . Por debajo dos eminencia parietal
 líneas curvas, cóncavas hacia abajo, las líneas temporales. La 
 línea temporal superior sirve de inserción a la fascia temporal, 
mientras que en la línea temporal inferior se inserta el borde 
 superior del músculo temporal.
 B. Cara interna: intracraneal, en relación con los lóbulos pa-
 rietales del cerebro, que se aplican a su concavidad; consti-
 tuye la fosa parietal, que se corresponde con la eminencia
 parietal de la cara externa. En su superficie se observan una 
 serie de surcos que se dirigen hacia el borde superior del
 hueso y se ramifican como las nervaduras de una “hoja de 
higuera”: corresponden a la impresión de la arteria menín-
 gea media y sus ramas. El surco principal se origina en el
ángulo esfenoidaldel hueso. Hacia el borde superior y para-
 lelo a él, existe un semisurco, que junto al que presenta el
 parietal del lado opuesto, forma el surco del seno sagital
superior. Pueden encontrarse, además, una serie de pe-
 queñas depresiones: las fositas granulares, donde se alojan
 las granulaciones aracnoideas (formaciones meníngeas). 
 En el tercio posterior del citado surco existe un orificio de-
 nominado foramen parietal, por el cual pasa la vena emi-
 saria parietal [de Santorini].
 C. Borde sagital: ubicado por arriba, es grueso y presenta un 
borde dentado para la sutura sagital [interparietal].
 D. Borde escamoso: situado por debajo, es corto, delgado y
 biselado, describe una curva cóncava hacia abajo. Se articula 
en una pequeña porción con el esfenoides y en el resto con 
el temporal.
 E. Borde frontal: anterior, dentado en toda su longitud, se adel-
gaza hacia abajo y se articula con el frontal (sutura coronal).
 F. Borde occipital: provisto de dientes más largos y más grue-
sos que los del borde sagital, se articula con los bordes lamb-
doideos de la escama del occipital (sutura lambdoidea).
 G. Ángulo frontal [anterosuperior]: forma con el parietal del 
lado opuesto y el frontal, el .bregma
 H. Ángulo esfenoidal [anteroinferior]: se une al borde parietal
del ala mayor del esfenoides formando parte del .pterion
 I. Ángulo occipital [posterosuperior]: obtuso, se articula con el
 parietal opuesto y la escama occipital, constituyendo la sutura 
 lambdoidea, que toma su nombre de la letra griega (lambda).λ
 J. Ángulo mastoideo [posteroinferior]: grueso y truncado, se ar-
ticula con la porción mastoidea del temporal y con el occipital.
Estructura
 El diploe, abundante en la parte superior del hueso, es mucho 
más delgado en el borde inferior. Por su arquitectura, es un hue-
so sólido y resistente.
Anatomía de superficie
 La parte superior y externa de la cara exocraneal del parietal,
por encima de la línea temporal superior, está en contacto con el 
 cuero cabelludo. Por debajo de esta línea, el hueso está cubierto
por el músculo temporal y su fascia.
Desarrollo
 Se efectúa a expensas del cráneo membranoso sin esbozo 
 cartilaginoso. A partir del 45.o día de vida intrauterina, aparece un
 punto de osificación que irradia en todos los sentidos y perma-
Borde sagital
Borde escamoso
Borde
occipital
Borde
frontal
Eminencia parietalLínea temporal superior
Foramen parietal
Línea temporal inferior
Fig. 9-4. Hueso parietal, vista lateral. Cara externa.
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70 Esqueleto del cráneo y de la cara
 nece separado de los puntos vecinos por los espacios membra-
 nosos, cada vez más exiguos, que en el nacimiento constituirán 
las fontanelas.
HUESO OCCIPITAL
 Hueso único, mediano y simétrico, que corresponde a la par-
te posteroinferior del cráneo.
Posición
 La cara cóncava se ubica hacia adelante; el foramen magno
es casi horizontal y los cóndilos se colocan hacia abajo.
Descripción
Se describen dos caras y los bordes que las unen:
 A. Cara posteroinferior (figs. 9-6 y 9-7): exocraneal y convexa, 
se desarrolla alrededor del foramen magno [agujero occipi-
tal], por el cual la cavidad craneal comunica con el conducto 
 vertebral. Por este foramen pasan las raíces espinales de los
 nervios accesorios arterias vertebrales[XI], las y la tran-
sición meduloespinal [bulbomedular]. Se pueden distinguir 
tres porciones:
 – Por delante del foramen magno: se extiende la porción
 basilar, que se dirige hacia adelante y arriba, y se conti-
 núa con el cuerpo del esfenoides (su separación debe 
 realizarse con corte de sierra). En la línea mediana se ob-
 serva el tubérculo faríngeo, donde se insertan la fascia 
faringobasilar y el músculo constrictor superior de la 
 faringe. Este tubérculo presenta hacia atrás rugosidades
para inserciones musculares: las crestas musculares.
 – Por detrás del foramen magno: se encuentra la esca-
 ma del occipital. En la línea mediana se observa la cresta 
 occipital externa, que termina en una tuberosidad rugo-
 sa: la protuberancia occipital externa. A ambos lados 
 de esta protuberancia se ubica la línea nucal superior.
 Por debajo de esta, la cresta occipital externa origina una 
 línea curva menos marcada: la línea nucal inferior, di-
 rigida en sentido lateral y hacia abajo, que finaliza en la
 apófisis (proceso) yugular. En estas líneas y en las su-
 perficies delimitadas existen rugosidades para la inserción 
de los músculos de la región de la nuca.
 – A cada lado del foramen magno (fig. 9-7): se observan 
 eminencias articulares, los cóndilos del occipital, que se 
 articulan con las carillas articulares superiores del atlas 
(CI). Su eje mayor está dirigido en sentido lateromedial, de 
atrás hacia adelante. En su extremo posterior, cada cón-
dilo presenta una depresión profunda, la fosa condílea,
 en cuyo fondo se halla el conducto (canal) condíleo, que
 permite el paso de una vena condílea emisaria y una ar-
 teriola. Atravesando la base de cada uno de los cóndilos 
 se observa el orificio externo del conducto (canal) del 
 nervio hipogloso [agujero condíleo anterior].
 B. Cara anterosuperior (figs. 9-8 y 9-9): intracraneal y cónca-
va, en ella se distinguen:
 – Por delante del foramen magno (fig. 9-9): un canal 
cóncavo en sentido transversal, tanto más ancho y más 
 profundo cuanto más cercano al foramen magno, deno-
 minado (declive), que corresponde a la parte supe-clivus
 rior de la médula oblongada y el puente, de los que está
separado por la arteria basilar y por el líquido cerebroes-
pinal de la cisterna pontocerebelosa. A ambos lados del 
clivus, se observa el surco del seno petroso inferior.
 – Por detrás del foramen magno: la escama del occipital 
 está dividida en cuatro fosas cerebra-: dos superiores o
 les, que alojan a los polos occipitales de los hemisferios
 cerebrales, y dos inferiores o cerebelosas, que alojan la
 parte posterior de los hemisferios cerebelosos. En el punto
de reunión de estas cuatro fosas, se encuentra la eminen-
Borde frontal
Borde sagital
Borde occipital
Borde escamoso
Ángulo frontal
Ángulo esfenoidal
Ángulo mastoideo
Ángulo occipital
Fosa parietal
Foramen parietal
Surcos arteriales
Surcos arteriales
Surco del seno sigmoideoSurcos arteriales
Fig. 9-5. Hueso parietal, vista medial. Cara interna.
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Huesos del neuro cráneo 71 
Borde lambdoideo
Ángulo
lateral
Apófisis (proc.) yugular
Porción basilar
Cóndilo occipital
Conducto condíleo
Conducto del nervio 
hipoglosoForamen magno
Protuberancia
occipital externa
Cresta
occipital
externa
Línea nucal
superior
Línea nucal
inferior
Escama occipital
Fig. 9-6. Hueso occipital, vista posteroinferior.
Porción basilar
Conducto del nervio hipogloso
Apófisis (proc.) yugular
Cóndilo occipital
Ángulo lateral
Línea nucal inferiorCresta occipital externa
 Fosa condílea Foramen
magno
 Conducto del nervio hipogloso Conducto condíleo
Fig. 9-7. Hueso occipital, vista inferior.
cia cruciforme, en cuyo centro se distingue la protu-
berancia occipital interna. Es en este lugar donde está 
 situada la confluencia de los senos [prensa de Herófilo]. 
 La rama horizontal se halla representada por el surco del 
 seno transverso, mientras que en la rama vertical, la por-
 ción superior está representada por el surco del seno sa-
 gital superior hasta la protuberancia occipital interna, y 
 luego continúa con la cresta occipital interna, que se 
 bifurca sobre el contorno posterior del foramen magno. 
En esta cresta se inserta la hoz del cerebelo.
 – A cada lado del foramen magno: en su unión con la 
parte anterior se observa un tubérculo más o menos pro-
 truyente: el del occipital; por debajo tubérculo yugular
 de él se ve el orificiointerno del conducto (canal) del
 nervio hipogloso, recorrido por el nervio hipogloso y 
por venas. En sentido posterolateral al tubérculo yugular 
está el surco del seno sigmoideo, que presenta late-
 ralmente una eminencia cóncava: la apófisis (proceso) 
 yugular. Esta porción se continúa hacia atrás con la parte 
 intracraneal de la escama y contribuye a la formación de la 
fosa cerebelosa.
 C. Bordes lambdoideos [superiores]: se articulan con los parie-
tales; a veces, la presencia de huesos suturales [wormianos] 
interrumpe su continuidad.
 D. Bordes mastoideos [inferiores]: orientados hacia abajo y 
medialmente, se observan: la apófisis (proceso) yugular,
 que limita hacia adelante al surco del seno sigmoideo y se 
 articula con la porción mastoidea del hueso temporal. Por de-
 lante de ella se encuentra la escotadura (incisura) yugular.
 Este borde, en el cráneo articulado, contribuye a formar, con 
 el hueso temporal, el foramen yugular [agujero rasgado 
posterior].
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72 Esqueleto del cráneo y de la cara
Estructura
La porción más delgada del hueso se encuentra en las fosas 
 cerebelosas, mientras que las partes más gruesas corresponden 
a los bordes, a las protuberancias, al contorno del foramen mag-
no y a la porción basilar.
Anatomía de superficie
 Hueso superficial y subcutáneo, por encima de la línea nu-
 cal superior protuberancia occipital externay de la , puede
palparse a través de la piel. Por debajo de esta línea, la cara exo-
craneal del hueso está cubierta por los de la región músculos 
de la nuca. Esta diferencia determina que los lóbulos occipitales 
 del cerebro sean más fáciles de abordar que los cerebelosos, que
 exigen desinsertar cuidadosamente las inserciones musculares 
del hueso occipital.
Desarrollo 
La parte superior de la escama del occipital se desarrolla a 
 partir de un esbozo membranoso. La parte inferior, por el contra-
 rio, posee un esbozo cartilaginoso en el cual aparecen los puntos 
de osificación que son:
– El basioccipital, único y mediano, dispuesto alrededor del 
foramen magno.
– Los exooccipitales, a ambos lados del foramen magno.
– El supraoccipital, situado entre el basioccipital y el esbozo 
 membranoso, es el más precoz de los huesos del cráneo. La
zona de unión con la porción membranosa permanece elás-
 tica durante bastante tiempo, con lo cual favorece el parto de
presentación cefálica.
– El interparietal, par, se suelda rápidamente a la línea media-
na, lateral en relación con el supraoccipital.
HUESO TEMPORAL
 Hueso par, situado en la parte lateral, media e inferior del crá-
 neo, contiene el órgano vestibulococlear. Su forma varía con 
la edad. En el feto y en el recién nacido se pueden identificar tres 
 piezas óseas diferentes: la , lámina delgadaporción escamosa
de contorno semicircular, que se encuentra por arriba y lateral-
 mente; la situada por debajo de la prece-porción timpánica,
 dente con forma de semicanal abierto hacia arriba, y la porción 
 petrosa, situada por detrás, abajo y medial a las otras dos y que 
 se desarrolla hacia adelante y hacia el plano mediano en forma 
de pirámide, dirigida al centro de la base del cráneo.
 En cambio, en el adulto, estas tres partes se encuentran solda-
 das. El hueso forma un bloque único, con una parte intracraneal 
que contiene numerosos conductos y cavidades.
Posición
 Colocar hacia arriba la porción delgada o , que pre-escama
 senta un borde cortante. La cara de la que se desprende la apó-
Surco del seno
sagital superior
Surco del seno
transverso 
Surco del seno
transverso
Cresta occipital
interna
Protuberancia
occipital interna
Fosa cerebral
Fosa cerebelosa
Foramen
magnoApófisis (proc.) yugular
Conducto del nervio hipoglosoConducto del nervio hipogloso
Porción basilar
Fig. 9-8. Hueso occipital, vista anterior.
Porción basilar
Conducto del nervio
hipogloso
Tubérculo yugular
Apófisis (proc.) yugular
Fosa
cerebelosa
Protuberancia occipital externa
Foramen
 magno
Surco del seno
sigmoideo
Fig. 9-9. Hueso occipital, vista superior.
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Huesos del neuro cráneo 73 
 fisis (proceso) cigomática, larga, y ubicada por delante y por
encima del conducto auditivo externo, está situada lateral-
 mente, mientras que el extremo libre de esta apófisis (proceso) 
 cigomática se debe orientar hacia adelante y en sentido hori-
zontal.
Descripción
Caras exocraneales
Existen dos caras dispuestas en ángulo recto: la cara lateral y
 la cara que corresponde a la parte exocraneal de la base inferior,
del cráneo; se la encuentra profundamente hundida por detrás 
del esqueleto facial.
Cara lateral
 Corresponde a la cara lateral de la cabeza (fig. 9-10). Presenta
 tres porciones: una posterior, la apófisis (proceso) mastoides;
una media, centrada en torno al conducto (meato) auditivo 
 externo, y otra anterior, con la escama del temporal y la apó-
fisis (proceso) cigomática que se desprende de ella.
 A. Apófisis (proceso) mastoides: es una pirámide ósea que se
 articula por detrás y por arriba con el hueso occipital. Su cara
externa puede dividirse en dos partes:
 – Posterior: con numerosas rugosidades para inserciones
 musculares y el foramen mastoideo para la vena emi-
 saria mastoidea que une el seno sigmoideo con venas del 
sistema yugular.
 – Anterior: separada de la precedente por la sutura pe-
 troescamosa externa, está orientada de arriba hacia 
 abajo y de atrás hacia adelante. Esta fisura separa la por-
ción escamosa de la porción petrosa, que constituye aquí 
 la apófisis (proceso) mastoides situada inmediatamente 
 detrás del orificio auditivo externo. Por encima y detrás
de este, se eleva la espina suprameática. Posterior a esta 
 espina se observa una superficie cribosa, la fosita supra-
meática. La punta de la mastoides, orientada hacia abajo 
y hacia adelante, desciende más que el conducto (meato) 
 auditivo externo y se encuentra escondida por inserciones 
musculares que respetan su cara lateral.
 B. Conducto (meato) auditivo externo: está constituido en
 el hueso seco por dos partes, una inferior, excavada en la por-
 ción timpánica y que representa las 3/4 partes del canal, y una 
 superior excavada en la parte inferior de la porción escamosa.
 Estos dos surcos reunidos forman un conducto completo di-
rigido medialmente y algo hacia adelante en cuyo fondo se 
 dibuja el surco timpánico, donde se inserta la membrana tim-
 pánica. Por detrás, el conducto auditivo externo toma con-
tacto con la cara anterior de la mastoides. Por delante, está 
 cerrado por la delgada capa ósea de la porción timpánica que 
 lo separa de la fosa mandibular [cavidad glenoidea] (véase 
 más adelante) y de la articulación temporomandibular. Esta 
 pared es relativamente frágil y vulnerable, sobre todo en los 
traumatismos de la mandíbula.
C. Porción escamosa del temporal y apófisis (proceso) ci-
 gomática: ocupan la parte anterior de la cara externa. Por
arriba, su borde superior, redondeado y convexo, la une al pa-
 rietal y al ala mayor del esfenoides; presta inserción al múscu-
 lo temporal (fosa temporal). Por abajo, luego de haber cerra-
 do por arriba al conducto (meato) auditivo externo, da origen 
 a la apófisis cigomática. Esta se confunde hacia atrás con
 la cresta supramastoidea, mientras que hacia delante avanza 
 sobre la fosa mandibular, que está limitada por delante por
 el y por detrás, por eltubérculo articular tubérculo cigo-
 mático posterior. La cara superior de la base de la apofisis 
 cigomática y su borde anterior son cóncavos, lo que permi-
Cara temporal
Apófisis (proc.) cigomática
Tubérculo articular
Extremo posterior de la cara articular
Fosa mandibular
Borde esfenoidal
Tubérculo articular
Conducto (canal) carotídeoFisura petrotimpánica
Borde superior del orificio auditivo externo
Borde inferior del orificio auditivo externo
Fisura petroescamosa
Incisura mastoidea
Foramen mastoideo
Espina suprameática
Apófisis mastoides
Escotadura (inc.) parietal
Cresta supramastoidea
Porción timpánica
Apófisis (proc.) estiloides
Fig. 9-10. Hueso temporal derecho, vista lateral. En amarillo claro, la porción escamosa; en amarillo, la porción timpánica y en 
amarillo más oscuro, la porción petrosa. Según Bellocq.
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74 Esqueleto del cráneo y de la cara
 te el deslizamiento y la reflexión de las fibras posteriores del 
músculo temporal. Anteriormente al tubérculo articular, la
apófisis (proceso) cigomática se vuelve libre. Se separa de la 
porción escamosa y permanece siempre horizontal, pero se 
hace cóncava en sentido medial y aplanada transversalmen-
 te. En su parte inferior, da inserción al músculo masetero y 
 por arriba recibe a la gruesa fascia temporal. Por delante se 
 articula con el hueso cigomático, con el cual forma un puente 
 óseo denominado arco cigomático, que se extiende desde 
el hueso temporal hasta el esqueleto facial. Este arco es su-
perficial, prominente y fácilmente perceptible bajo la piel.
Cara inferior
 Se la puede dividir en tres porciones, que corresponden a la 
 porción petrosa porción timpánica[peñasco], la [hueso tim-
 pánico] y la [escama] (porción escamosa fig. 9-11).
 A. Porción petrosa: presenta una serie de accidentes dispuestos
 a partir de la punta de la apófisis (proceso) mastoides. Mediales
 a la mastoides, se encuentran la incisura mastoidea [ranura
 digástrica] y el surco de la arteria occipital; más adelante 
 emerge la apófisis (proceso) estiloides, delgada y larga, que 
 se dirige en forma oblicua hacia abajo y adelante. Por detrás de
 la base de la apófisis (proceso) estiloides, se abre el foramen 
 estilomastoideo, por donde emerge el de lanervio facial 
 porción petrosa; medial al foramen se halla la fosa yugular,
 ocupada por el bulbo superior de la vena yugular inter-
 na; por delante se observa el orificio externo del conduc-
 to carotídeo (que es recorrido por la arteria carótida interna),
 que está bordeado por detrás por una cresta en la que se abre
 el conductillo timpánico [conducto de Jacobson]. El borde
 posteromedial de esta cara está articulado con el occipital; la 
 sutura de ambos huesos está interrumpida por el foramen 
yugular [agujero rasgado posterior].
 B. Porción timpánica: se presenta como una superficie regu-
 lar, y constituye la pared inferior del conducto (meato) audi-
 tivo externo apófisis (proceso) vaginal de la apófisis. La 
 (proceso) estiloides forma una vaina a la apófisis (proceso) 
por delante de su base.
 C. Porción escamosa: presenta la fosa mandibular [cavidad gle-
 noidea] para la articulación temporomandibular. Está limitada en
 sentido anterolateral por la raíz horizontal de la apófisis (proceso)
 cigomática y el tubérculo articular. Posteromedialmente, está
 separada de la porción timpánica por la fisura petrotimpánica
 [cisura de Glaser], por donde emerge el nervio cuerda del tím-
pano. La raíz transversa del proceso cigomático, el tubérculo 
 articular, es un relieve transversal fuertemente convexo que
 forma parte de la articulación temporomandibular; separa aquí
 la cara inferior del hueso de su cara temporal (fosa temporal). En
 la cara inferior del hueso temporal, en su parte anterior y medial,
 las porciones escamosa, timpánica y petrosa se encuentran en
 contacto; allí se ubica el orificio externo del conducto muscu-
 lotubárico. Este conducto excavado en la porción petrosa, se
 dirige hacia atrás y lateralmente hacia la caja del tímpano y está
 dividido en el conducto para la trompa auditiva y el conduc-
to para el músculo tensor del tímpano.
Caras intracraneales 
Están constituidas por las porciones escamosa y petrosa (fig. 
9-12). 
 A. Porción escamosa [escama]: se ubica en forma vertical, es 
 ligeramente cóncava y tiene un borde curvo superior. Su su-
Apófisis (proc.) cigomática
Cara temporal
Plano subtemporal
Tubérculo articular
Fosa mandibular
Conducto (meato) auditivo externo
Espina suprameática
Apófisis (proc.) estiloides
Foramen estilomastoideo
Cara yugular
Apófisis (proc.) mastoides
Incisura mastoidea
Surco de la arteria occipital
Surco del seno sigmoideo
Fosa yugular
Conductillo timpánico
Orificio del conductillo coclear
Conducto (canal) carotídeo
Orificio externo del conducto (canal) carotídeo
Surco del seno petroso inferior
Vértice de la porción petrosa
Conducto (canal) musculotubárico
Fisura petrotimpánica
Borde esfenoidal
Cara cerebral
 Fig. 9-11. Hueso temporal derecho, vista inferior. En amarillo claro, la porción escamosa; en amarillo, la porción timpánica, y en 
amarillo más oscuro, la porción petrosa. Según Bellocq.
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Huesos del neuro cráneo 75 
perficie corresponde al lóbulo temporal del cerebro. Es de 
 poco espesor, pero se encuentra reforzada medialmente por 
la duramadre (espacio decolable). En ella se aprecian los sur-
cos de la arteria meníngea media y sus ramas.
 B. Porción petrosa [peñasco]: está separada de la porción es-
camosa por la fisura petroescamosa. Se dispone horizon-
 talmente y presenta una cara anterior y otra posterior, un bor-
de y un vértice.
 – Cara anterior: esta cara se dispone en sentido horizontal 
y en ella se encuentran, de lateral a medial y de atrás hacia 
 adelante: el techo del tímpano; la eminencia arcuata,
 saliente redondeada formada por el conducto semicircu-
 lar anterior; el hiato del conducto para el nervio pe-
 troso mayor [hiato de Falopio], orificio en forma de hen-
 didura, y el hiato del conducto para el nervio petroso 
menor. Estos orificios dan paso a los nervios petrosos del 
 mismo nombre. Anteromedialmente, cerca del vértice de 
la porción petrosa se halla la impresión trigeminal, don-
de se ubica el ganglio del nervio trigémino [V].
 – Cara posterior: dispuesta verticalmente, se relaciona con 
 el cerebelo y el tronco del encéfalo. En ella se observan: 
el orificio auditivo interno, en la unión del tercio me-
 dio con el medial, por donde transcurren los nervios fa-
cial, intermedio y vestibulococlear, y la arteria laberíntica, 
 y da acceso al conducto (meato) auditivo interno; en
el borde superior, la fosa subarcuata; lateral al conduc-
 to precedente, una pequeña hendidura ósea, el orificio 
 del acueducto vestibular [conducto endolinfático]; más
lateral, el surco del seno sigmoideo, situado en la cara 
 profunda de la mastoides; en él se abre el foramen mas-
toideo de la vena emisaria mastoidea.
 – Borde superior de la porción petrosa: este separa las 
dos caras precedentes. Dirigido hacia adelante y medial-
mente, separa también la fosa craneal media de la fosa cra-
neal posterior. Da inserción a la duramadre de la tienda 
 del cerebelo (tentorio), y es en este borde donde se halla 
el surco del seno petroso superior.
– Vértice de la porción petrosa: se encuentra en contac-
 to con el esfenoides. En él se observa el orificio interno 
del conducto carotídeo. Entre el vértice y el esfenoides 
 queda delimitado el foramen lacerum [agujero rasgado 
anterior] de la base del cráneo.
Cavidades y canales del hueso temporal
 El hueso temporal contiene numerosas cavidades y conductos
 que pertenecen a diversos sistemas: el órgano vestibulococlear:
 las cavidades neumáticas anexas a este órgano, conductos vas -
culares y conductos destinados al pasaje de nervios craneales.
 A. Cavidades del órgano vestibulococlear. Las cavidades 
 más importantes pertenecen al órgano vestibulococlear 
(fig. 9-13). Entre los conductos (meatos) auditivos exter-
 no e interno se interponen:
 – El oído medio, que presenta,de adelante hacia atrás: la 
trompa auditiva, la , lacaja del tímpano entrada al an-
 tro mastoideo (aditus ad antrum) y el antro mastoideo.
 A menudo estas cavidades del oído medio, como el antro 
 mastoideo, son sede de inflamaciones (otitis, mastoiditis).
 – El oído interno, con el complejo conjunto que constituye 
el laberinto óseo.
 B. Conducto carotídeo: es el conducto vascular más impor-
 tante que presenta el hueso; a través de él, la arteria caróti-
 da interna (con el plexo simpático que la rodea) pasa de la 
 fosa infratemporal al interior de la cavidad craneal. Partiendo 
Apófisis (proc.) cigomática
Borde parietal
Cara cerebral
Porción horizontal de la escama
Surco del nervio petroso mayor
Impresión trigeminal
Conducto (canal) carotídeo
Surco del seno
petroso inferior
Surco del seno
petroso superior
Conducto (meato) auditivo interno
Orificio del conductillo coclear
Fosa subarcuata
Orificio del acueducto vestibular
Borde posterior de
la porción petrosa
Surco del seno sigmoideo
Borde occipital
Foramen
mastoideo
Escotadura (inc.)
parietal
 Techo del
tímpano
Borde
parietal
Fisura petroescamosa
Surco de la arteria meníngea media
 Fig. 9-12. Hueso temporal derecho, vista posterosuperior. En amarillo claro, la porción escamosa; en amarillo oscuro, la porción 
petrosa. Según Bellocq.
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76 Esqueleto del cráneo y de la cara
 desde su orificio externo (en el exocráneo), primero es verti-
 cal, luego se acoda formando un ángulo recto para dirigirse 
en sentido horizontal, hacia adelante, y medialmente, hasta 
 su terminación en la vecindad del vértice de la porción petro-
sa (orificio interno).
 C. Conductos nerviosos: están destinados al pasaje de los ner-
 vios: conducto facial [acueducto de Falopio] que comienza 
en el fondo del conducto (meato) auditivo interno, descri-
 be un trayecto complejo en el interior de la porción petrosa 
y termina en el foramen estilomastoideo. Este conducto 
está ocupado por el . El conducto facial tam-nervio facial
 bién se abre al exterior de la porción petrosa a través del hiato
 del nervio petroso mayor [Falopio] y por el conductillo 
 mastoideo que se dirige a la fosa yugular, ocupada por el 
ramo auricular del nervio vago.
 Otros conductos se hallan excavados a expensas de las sutu-
 ras del hueso temporal. Estos son: el conductillo de la cuerda 
 del tímpano, entre la porción timpánica y la escamosa (fisura 
 timpanoescamosa), que se abre adelante en la fisura petro-
timpánica canalículo petrotimpánico[de Glaser]; el , situado 
entre la porción timpánica y la porción petrosa, que establece 
 una comunicación entre la pared externa de la cavidad timpáni-
ca y la parte posterior de la fisura petrotimpánica.
Estructura
 El hueso temporal está constituido por un tejido óseo muy
 resistente y compacto. La porción escamosa y la porción tim-
pánica son muy delgadas. En la porción petrosa, por el con-
 trario, hay importantes conjuntos de tejido óseo esponjoso, en
 especial a nivel de la apófisis (proceso) mastoides, alrededor de
 las cavidades del órgano vestibulococlear, así como en la proxi-
 midad del vértice de la porción petrosa. En este tejido óseo
 esponjoso existen cavidades, las células del temporal, y se 
distinguen dos grupos:
A. Las celdillas mastoideas: son las más importantes y varían 
según el individuo (las mastoides neumáticas son las que 
contienen numerosas celdillas; las mastoides ebúrneas, por 
 el contrario, están formadas por un hueso muy compacto). 
Estas celdillas se encuentran en la proximidad inmediata del 
 antro y pueden ser invadidas por una infección desarrollada
en esta cavidad, anexa al oído medio.
 B. Las celdillas del vértice de la porción petrosa: son poco 
desarrolladas pero susceptibles de infectarse.
Anatomía de superficie
 Las únicas partes superficiales del hueso temporal son la apó-
fisis (proceso) mastoides, el arco cigomático y el conducto (mea-
to) auditivo externo.
 La apófisis (proceso) mastoides, a pesar de sus inserciones 
 musculares, puede palparse por detrás del pabellón auricular. Es
 un punto de referencia esencial del cráneo. Las inflamaciones
crónicas de sus cavidades (antro, celdillas mastoideas) pueden 
ser drenadas a través de trepanaciones quirúrgicas.
 La apófisis (proceso) cigomática, perceptible bajo la piel, 
marca el límite entre las regiones temporal y maseterina. Por 
 encima de ella, la fosa temporal está ocupada por el músculo 
temporal, que cubre la porción escamosa.
 El conducto (meato) auditivo externo óseo está disimula-
 do por el cartílago y la mucosa del conducto. No obstante, se lo 
puede ver y palpar a través del pabellón auricular.
Desarrollo
 Pocos huesos son tan complejos como el hueso temporal en 
su desarrollo, así como en su crecimiento (fig. 9-14).
 El proceso general de osificación del hueso temporal comien-
za a nivel de 4 porciones diferentes:
 A. Porción escamosa: posee tres puntos de osificación que
aparecen a partir de la 4.a semana.
 B. Porción petrosa: comienza su osificación a partir del 4.° 
 mes. No existe unanimidad de opiniones acerca del número 
 de puntos de osificación, los que, según algunos autores, lle-
 garían a ser diecisiete.
 C. Porción timpánica: este pequeño círculo óseo se osifica a 
 partir del 5.° mes por tres puntos dispuestos a lo largo del 
semicírculo inicial.
 D. Apófisis (proceso) estiloides: se desarrolla a expensas del 
 2.o arco faríngeo, se osifica tarde, aproximadamente durante 
el 8.o año de vida.
 La soldadura de estos diferentes puntos comienza antes del 
 nacimiento y se encuentra muy avanzada hacia la edad de 1 o 2 
años. La apófisis (proceso) estiloides se suelda al resto del tem-
poral a los 12 años.
Durante su crecimiento, el hueso temporal está sometido a 
numerosos factores que repercuten sobre su forma:
 – Acciones musculares: diversos músculos actúan ejerciendo
una acción de tracción sobre la apófisis (proceso) mastoides, 
en especial el esternocleidomastoideo.
 – El desarrollo del cerebro: repercute sobre la forma de la por-
ción escamosa del temporal.
 – El desarrollo del órgano vestibulococlear, con englobamiento 
de la arteria carótida interna en la porción petrosa.
Conducto 
(meato) auditivo
externo
Cavidad 
timpánica
Antro
mastoideo
Celdillas
mastoideas
Trompa auditiva
Conducto (meato)
auditivo interno
Cóclea
Vestíbulo
Fig. 9-13. Disposición de las cavidades auditivas en el 
temporal, según Rouvière.
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Huesos del neuro cráneo 77 
HUESO ESFENOIDES
Hueso impar, mediano y simétrico, situado como una cuña en 
la base del cráneo, entre los huesos que lo rodean.
Posición
 Colocar hacia arriba la depresión de la silla turca y horizonta-
lizar las caras superiores de las alas menores. Ubicar hacia ade-
lante su borde dentado y hacia abajo, las .apófisis pterigoides
Descripción
Presenta un central impar y medio del que se separan cuerpo 
 las alas menores alas mayores apófisis (proceso) , las y las 
pterigoides.
Cuerpo
Se distinguen seis vistas:
A. Vista superior (fig. 9-15): forma parte de las fosas craneales 
 anterior, media y posterior. Dos salientes transversales permi-
ten distinguir:
 – Parte anterior: formada por la lámina de unión de las
alas menores: el , limitado adelante por yugo esfenoidal
 un borde delgado que se articula con la lámina cribosa del 
 etmoides y atrás, por el ; lateralmente, limbo esfenoidal
 se continúa con la cara superior de las alas menores; en
el plano medio, una ligera cresta se continúa con la cresta 
 del etmoides; a los lados hay una superficie lisa algo cón-
cava, formando surcos que corresponden al giro recto del 
lóbulo frontal y a los tractos olfatorios.
 – Parte media: por detrás del yugo esfenoidal, hay unsurco 
 transversal, el surco prequiasmático [canal óptico], que 
 termina a ambos lados en los conductos ópticos [aguje-
 ros ópticos], en la base de las alas menores. Por detrás del 
 surco prequiasmático se encuentra una depresión de con-
 cavidad sagital muy marcada, donde se aloja la hipófisis;
 es la fosa hipofisaria de la silla turca. Esta se continúa 
hacia las caras laterales del cuerpo y una pequeña cresta, a 
 ambos lados, la separa del surco carotídeo. La parte pos-
 terior de la silla turca está formada por la cara anterior del 
 dorso de la silla turca [lámina cuadrilátera].
 – Parte posterior: dorso de la silla tur-constituida por el 
 ca, presenta: un borde superior algo cóncavo en cuyos ex-
tremos se encuentran las apófisis (procesos) clinoides 
posteriores que, juntamente con las apófisis (proce-
 sos) clinoides anteriores de las alas menores, delimitan 
 la silla turca dorso de la silla. En los bordes laterales del 
 hay dos surcos: uno superior para los nervios oculomotor 
 y abducens, y otro inferior, para el seno petroso inferior. El 
borde inferior del , de difícil delimitación, dorso de la silla
se continúa con la porción basilar del hueso occipital.
 B. Vista inferior (fig. 9-16): corresponde a la nasofaringe. 
 Presenta en el plano medio una cresta saliente que forma el 
 pico esfenoidal, que se articula con el borde superior del vó-
 mer, constituyendo el canal esfenovomeriano mediano. A
 los lados, una superficie lisa triangular de base medial forma la
 parte más posterior del techo de las cavidades nasales. En sen-
tido más lateral, se implantan las apófisis (proceso) pterigoides.
 C. Vista anterior (fig. 9-17): forma parte de las cavidades na-
 sales. En la línea mediana se observan: la cresta esfenoidal,
que se articula con el borde posterior de la lámina perpen-
dicular del etmoides; a los lados, un canal vertical donde se 
abren los senos esfenoidales, y más lateralmente, las hemi-
 celdillas esfenoidales que, en un cráneo articulado, com-
pletan (junto con las hemiceldillas etmoidales) las celdillas 
etmoidales posteriores.
 D. Vista posterior (fig. 9-18): se articula con la porción basilar 
del occipital, a la cual se encuentra soldada en el adulto.
 E. Vistas laterales (fig. 9-19): en ellas se destacan las alas del es-
 fenoides. Por encima de la base de implantación del ala mayor,
 se observa un canal en “S”, el surco carotídeo, impreso por el
pasaje de la arteria carótida interna, alojada en el seno caver-
 noso. Entre las alas mayor y menor, la cara lateral forma el borde
interno de la fisura orbitaria superior [hendidura esfenoidal].
Alas menores [apófisis de Ingrassias] 
 Triangulares, de base medial y horizontales, se implantan a
 ambos lados del cuerpo del esfenoides por medio de dos raíces: 
 superior y posteroinferior; ambas delimitan el conducto (canal) 
 óptico, por donde pasan hacia la órbita el nervio óptico y la
arteria oftálmica (fig. 9-15). 
Porción timpánica
Porción escamosa
Apófisis (proc.)
cigomática
Porción petrosa
Porción petrosa
Porción
petrosa
Sutura
petroescamosa 
Sutura timpanoescamosa
Membrana timpánica
Fig. 9-14. Hueso temporal derecho de un recién nacido, vista lateral.
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78 Esqueleto del cráneo y de la cara
 Su cara superior forma parte de la fosa craneal anterior. 
 La cara inferior, más pequeña que la superior, constituye la
parte más posterior de la pared superior de la cavidad orbitaria y 
el borde superior de la fisura orbitaria superior. 
 El borde anterior se articula con la porción orbitaria del fron-
tal y con una parte de la lámina cribosa del etmoides.
 El borde posterior, delgado lateralmente y más grueso en
 sentido medial, forma la apófisis (proceso) clinoides anterior,
cuyo vértice está dirigido hacia atrás por la inserción de la tienda 
del cerebelo (circunferencia menor). En estado fresco, el borde 
 posterior está revestido por duramadre, que contiene aquí al 
 seno esfenoparietal [Breschet].
Alas mayores
De contorno anguloso, fuertemente incurvadas hacia arri-
 ba y hacia atrás, prolongan la parte lateroinferior del cuerpo
 del esfenoides (figs. 9-15 9-18a ). Se describen 3 caras y 4
bordes:
 A. Cara cerebral [posterior] (fig. 9-18): cóncava, pertenece a 
 la fosa craneal media; es estrecha de adelante hacia atrás y 
recibe al polo temporal del cerebro.
 B. Cara orbitaria [anterior] (fig. 9-17): cuadrilátera, está orien-
 tada anteromedialmente y contribuye a formar la pared late-
ral de la cavidad orbitaria.
Cuerpo del esfenoides
Ala menor
Apófisis (proc.) clinoides anterior
Fisura orbitaria superior
 Borde frontal
Conducto (canal) óptico
Foramen redondo
Conducto (canal) pterigoideo
Foramen espinoso
Foramen oval
 Dorso de la silla
Apófisis clinoides posterior
Surco carotídeo
Cara cerebral 
del ala mayor
Borde escamoso del
ala mayorSurco del foramen redondo
Silla turca
Apófisis (proc.) clinoides media
Extremo anterior del
surco carotídeo
Fosa hipofisaria
Surco prequiasmático
Espina del esfenoides
Língula
esfenoidal
Fig. 9-15. Esfenoides, vista superior.
Cuerpo del esfenoides
Fisura orbitaria superior
Seno esfenoidal
 Gancho del proceso pterigoides
Espina del esfenoides
Cara orbitaria del ala mayor
Cara temporal 
del ala mayor
Conducto (canal) óptico
Foramen redondo
Canal pterigoideo
Foramen espinoso
Pico esfenoidal
Proceso vaginal
Cara infratemporal del ala mayor
Foramen oval
Fig. 9-16. Esfenoides, vista inferior.
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Huesos del neuro cráneo 79 
C. Cara exocraneal (fig. 9-19): se encuentra dividida en dos 
por la cresta infratemporal [cresta esfenotemporal], una 
 parte superior que corresponde a la cara temporal y otra in-
 ferior que corresponde a la cara infratemporal [cigomática].
D. Borde cigomático [anterior]: se articula con el hueso cigo-
mático.
E. Borde escamoso [posterior]: se articula con la porción esca-
mosa del temporal.
 F. Bordes frontal y parietal [superior]: se articulan con el bor-
 de esfenoidal del frontal y con el borde escamoso del parietal, 
respectivamente.
 G. Borde medial (fig. 9-15): está unido medialmente al cuerpo 
del esfenoides y se articula por detrás con la porción petrosa 
del temporal. Presenta 4 orificios:
 – La fisura orbitaria superior [hendidura esfenoidal], que 
 separa el ala mayor de la menor. Ancha medialmente, da 
 paso a los nervios oculomotor, troclear y abducens, a las 3 
 ramas del nervio oftálmico y a la vena oftálmica (véase fig. 
45-15).
 – El foramen redondo [redondo mayor], para el nervio maxilar.
 – El foramen oval, por donde pasan el nervio mandibular y 
 la rama accesoria de la arteria meníngea media.
 – El foramen espinoso [redondo menor], para la arteria 
meníngea media.
 También se describen el foramen venoso [de Vesalio], si-
tuado en sentido medial al foramen oval, por donde pasa una 
 vena emisaria, y el foramen petroso [innominado de Arnold], 
 situado algo atrás y medial al foramen espinoso por donde pasa 
el nervio petroso menor.
 Los bordes escamoso y medial de las alas mayores se reúnen 
 para formar abajo la espina del esfenoides, sobre la cual se inser-
 ta el ligamento esfenomandibular (véase Articulación tempo-
romandibular).
Apófisis (proceso) pterigoides
Se implantan en la cara inferior del cuerpo del esfenoides por 
 medio de dos raíces: una medial y otra lateral (figs. 9-16 9-19a ). 
Ala menor
Fisura orbitaria superior
Apófisis (proc.) pterigoides
Lámina lateral
Lámina medial
Gancho de la apófisis (proc.) pterigoidesEscotadura pterigoidea
Espina del esfenoides
Cara orbitaria del ala mayor
Borde cigomático
Conducto 
(canal) 
óptico
Foramen redondo
Cara temporal
del ala mayor
Conducto (canal) pterigoideo
Foramen espinoso
Cuerpo del esfenoides
Cresta esfenoidalSeno esfenoidal
 Fig. 9-17. Esfenoides, vista anterior.
Ala menor
Apófisis (proc.) clinoides anterior
Fosa pterigoidea
Lámina medial
Gancho de la apófisis (proc.) pterigoides
Espina del esfenoides
Conducto (canal) pterigoideo
Foramen
espinoso
Apófisis clinoides posterior
Cara cerebral
del ala mayor
Dorso de la silla
Surco carotídeo
Lámina lateral
Sinostosis esfeno-occipital
Fig. 9-18. Esfenoides, vista posterior.
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80 Esqueleto del cráneo y de la cara
 Ambas raíces circunscriben el conducto (canal) pterigoideo 
 [conducto vidiano] (fig. 9-18), por el que transcurren el nervio 
 del conducto (canal) pterigoideo [nervio vidiano] y los vasos 
del mismo nombre.
Las raíces se prolongan hacia abajo en forma de dos láminas:
 A. Lámina medial: lámina cuadrilátera ligeramente cóncava en
 sentido medial, desciende hacia el paladar óseo. Su cara medial
corresponde a la parte más profunda de la pared lateral de las ca-
 vidades nasales. Su cara lateral forma la pared medial de la fosa 
 pterigoidea; en su parte superior se observa la fosa escafoi-
 dea, en la cual se inserta el músculo tensor del velo del paladar.
 De la raíz de esta lámina se desprende una laminilla o apófisis 
 (proceso) vaginal que, dirigida medialmente, constituye con el
 cuerpo del esfenoides un surco que el borde del ala del hueso
 vómer transforma en conducto (canal) vomerovaginal; la
 cara inferior de la apófisis (proceso) vaginal se articula con la apó-
 fisis (proceso) esfenoidal del hueso palatino: conducto (canal)
 palatovaginal [conducto pterigopalatino]. El borde inferior
 de la lámina medial desciende más que el de la lámina lateral y
 termina atrás, en el gancho de la apófisis (proceso) pterigoi-
 des, en cuya concavidad se refleja el tendón del músculo tensor
 del velo del paladar. El borde posterior, delgado y cortante,
 presenta en la parte superior una incisura que corresponde al
pasaje de la trompa auditiva (fig. 9-18).
 B. Lámina lateral: es cuadrilátera, inclinada en sentido lateral; 
 la cara medial forma la pared lateral de la fosa pterigoidea;
la cara lateral, orientada lateroanteriormente, da inserción a la 
 cabeza inferior del músculo pterigoideo lateral; el borde 
 posterior, cóncavo, separa los dos músculos pterigoideos;
su parte media presenta una saliente: la apófisis (proceso) 
 pterigoespinosa [de Civinini], en la cual se inserta el liga-
mento pterigoespinoso.
 Las láminas lateral y medial se separan hacia atrás delimitando
 la fosa pterigoidea y se fusionan por delante formando un borde 
 grueso. En su mitad superior, este borde es libre y limita hacia atrás 
 la pared posterior de la fosa pterigopalatina. Esta tiene forma de 
canal y prolonga hacia abajo la abertura pterigopalatina del con-
 ducto (canal) pterigoideo. En la parte inferior, este canal se con-
 tinúa con dos surcos: uno en la cara posterior de la apófisis (pro-
 ceso) esfenoidal del palatino y otro en la cara nasal del maxilar. Se
 forma así el conducto (canal) palatino mayor, por donde pasan 
 los nervios y los vasos palatinos mayores. Más abajo, los bordes
 de ambas láminas, fusionadas hasta aquí, se separan formando
 un ángulo de bordes dentados, la escotadura pterigoidea, en
la cual se articula la apófisis (proceso) piramidal del palatino.
 La fosa pterigoidea, comprendida entre las dos láminas, es 
 más profunda en la parte inferior; su pared medial presenta rugo-
sidades y crestas de inserción para el músculo pterigoideo interno.
Estructura
 El esfenoides está formado por láminas de tejido compacto que
 limitan cavidades o senos esfenoidales. Situados por debajo de la
 silla turca y del surco prequiasmático, se encuentran separados en-
 tre sí por el tabique intersinusal esfenoidal; ambos senos se abren
 en el receso esfenoetmoidal de ambas cavidades nasales. El resto
 del hueso está formado por tejido compacto, excepto en la base de
 las apófisis (procesos) pterigoides y en la parte más espesa de las alas
mayores, donde se encuentran trazas de tejido esponjoso.
Anatomía de superficie
 El esfenoides se encuentra hundido en el interior de la base 
 del cráneo, por detrás del esqueleto facial; escapa así a toda ex-
ploración directa: no se puede palpar.
Desarrollo
Los centros de osificación aparecen entre el 3.° y el 7.° mes de 
 la vida intrauterina. Primitivamente, el esfenoides está constitui-
Silla turca
Apófisis (proc.) clinoides anterior
 Apófisis (proc.) clinoides posterior Cara temporal
del ala mayor
Apófisis (proc.) pterigoides
Gancho de la
apófisis (proc.) pterigoides
Conducto (canal) pterigoideo
Conducto (canal) óptico
Cresta infratemporal
Borde escamoso
del ala mayor
 Borde escamoso del ala mayor
Borde frontal
Borde parietal
Borde cigomático
Apófisis (proc.) pterigoespinosa
Fig. 9-19. Esfenoides, vista lateral.
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Huesos del neuro cráneo 81 
 do por cuatro piezas: el preesfenoides, el basiesfenoides y dos
conchas esfenoidales (cornetes de Bertin).
 A. Preesfenoides: se origina a partir de cuatro puntos de osi-
 ficación, dos para la parte anterior del cuerpo y dos para las 
alas menores.
B. Basiesfenoides: ocho puntos de osificación lo originan: dos 
 para la parte posterior del cuerpo; otros dos, uno a cada lado, 
las alas mayores y las láminas laterales de las apófisis (proce-
 sos) pterigoides, las láminas mediales de las apófisis (procesos)
pterigoides tienen su origen cada una por un centro; por úl-
 timo, los canales carotídeos se desarrollan por otros dos cen-
t ros.
 C. Conchas esfenoidales: se originan de dos centros anterio-
 res; posteriormente, se sueldan a la parte anteroinferior del 
 cuerpo. Algunos autores adicionan las conchas esfenoidales
[cornetes de Bertin] al hueso etmoides.
 La fusión entre el preesfenoides y el basiesfenoides queda in-
completa en la parte inferior del hueso, donde persiste un verda-
 dero cartílago de conjunción. Atrás, el basiesfenoides permane-
ce durante un tiempo separado del basioccipital por un cartílago 
de crecimiento.
HUESO ETMOIDES
Hueso único, mediano, simétrico, se halla situado por delante 
del esfenoides y por detrás de la escotadura etmoidal del hueso 
frontal. Contribuye a la formación de las cavidades orbitarias y 
nasales.
Posición
 Colocar hacia arriba y horizontalmente la cara del hueso 
perforada por numerosos orificios; hacia adelante, la eminencia 
 triangular de esta cara.
Descripción
 El etmoides está constituido por una lámina perpendicular 
[vertical] situada en la línea media, una lámina cribosa [hori-
 zontal] que corta a la precedente en un punto vecino a su extre-
 mo superior y los laberintos etmoidales [masas laterales], que
se desprenden de los extremos de la lámina cribosa (fig. 9-20).
A. Lámina perpendicular: la implantación de la lámina cribo-
 sa permite distinguir una parte superior intracraneal, la crista 
 galli, y otra subyacente que participa en la constitución del 
 tabique nasal óseo, la propiamente lámina perpendicular
dicha (fig. 9-23).
 – Crista galli: triangular y vertical, se origina en el borde 
 posterior del etmoides por medio de una cresta que se
eleva hacia adelante y arriba, donde se inserta la hoz del 
cerebro. El borde anterior de la crista galli presenta una es-
 cotadura media, limitada a los lados por las alas de la crista 
 galli que, articulándose con el frontal, determinan un con-
ducto, el foramen ciego, por el que pasa una prolonga-
ción de la duramadre y, a veces, una vena frontoetmoidal.
 – Lámina perpendicular: delgada y de forma cuadriláte-
 ra, presenta: un borde superior, que corresponde a la
 base de la crista galli; un borde inferior espeso y rugoso
 en el que se ve un esbozo de bifurcación, donde se aloja
la porcióncartilaginosa del tabique nasal; un borde an-
 terior, que continúa hacia abajo el borde anterior de la
 crista galli y corresponde adelante a la espina nasal del
 frontal, y un borde posterior, que en su parte superior
 está bifurcado para recibir a la cresta esfenoidal y en su
 mitad inferior, más delgada, corresponde al vómer. En las
caras laterales de la lámina, se observan algunos surcos 
 y canales, más o menos aparentes, que convergen en los
 forámenes de la lámina cribosa y contienen los nervios
olfatorios.
 B. Lámina cribosa: rectangular, alargada de adelante hacia atrás,
 se articula con la escotadura etmoidal del frontal en los bordes
 laterales de esta escotadura. La presencia de la crista galli divide
esta superficie en dos porciones anteroposteriores, los surcos 
 olfatorios, perforados por numerosos orificios. Sobre la lámina
 cribosa yacen los giros rectos y los bulbos olfatorios. Por estos
 orificios pasan los nervios olfatorios, el nervio etmoidal anterior
 y la arteria etmoidal anterior (fig. 9-21). La cara inferior de la
 lámina cribosa forma, a ambos lados de la lámina perpendicular,
 parte de la pared superior de las cavidades nasales.
 C. Laberintos etmoidales: de los bordes laterales de la lámina
 cribosa se proyectan hacia abajo los laberintos etmoidales, 
cuboideos, aplastados en sentido lateromedial, interpuestos 
Laberinto
etmoidal
Lámina cribosa
Crista galli
Cornete nasal
superior
Cornete
nasal medio
Lámina perpendicular
Fig. 9-20. Etmoides, vista anterolateral izquierda. Esquema 
según Gardner.
Crista galli
Lámina cribosa
Forámenes
de la lámina
cribosa
Foramen
etmoidal
posterior
Lámina
orbitaria
 Borde anterior
Borde posterior
Celdillas
etmoidales
Foramen
etmoidal
anterior
Infundíbulo
etmoidal
Fig. 9-21. Etmoides, vista superior.
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82 Esqueleto del cráneo y de la cara
entre la cavidad nasal medialmente y la cavidad orbitaria late-
ralmente (figs. 9-22 9-24a ). Presentan seis caras:
 – Cara superior (fig. 9-21): contiene hemiceldillas irregula-
 res que completan las de la escotadura etmoidal del fron-
tal: se constituyen así las celdillas etmoidales medias.
Tiene además dos surcos que en un cráneo articulado se 
 transforman en los forámenes etmoidales anterior y
posterior.
 – Cara anterior (fig. 9-22): inclinada en sentido lateropos-
 terior, se articula con el hueso lagrimal. Posee cavidades o 
hemiceldillas que en un cráneo articulado se completan 
 formando las celdillas etmoidales anteriores. Más aba-
jo, el borde anterior del cornete nasal medio se proyecta 
en las cavidades nasales.
 – Cara posterior (fig. 9-23): una incisura, el meato nasal 
 superior, separa los dos cornetes etmoidales; por arriba y 
 lateralmente, hemiceldillas abiertas hacia atrás completan 
 el cuerpo del esfenoides y forman las celdillas etmoida-
 les posteriores. Se articula con la apófisis orbitaria del
palatino.
 – Cara inferior (fig. 9-24): irregular de medial a lateral; se 
 observan: el borde inferior del cornete nasal medio, el
 meato nasal medio, su articulación con el hueso maxi-
lar y, por último, una lámina ósea delgada orientada hacia 
 atrás: la apófisis (proceso) unciforme, que se dirige ha-
cia atrás y abajo en el meato nasal medio. Su extremo 
 inferior desciende más abajo que el borde inferior del cor-
 nete nasal medio, pasando por delante del hiato maxilar.
 La apófisis (proceso) unciforme termina por medio de 
una laminilla que contacta con la apófisis (proceso) etmoi-
 dal, que se eleva desde el cornete nasal inferior subdivi-
 diendo el hiato maxilar. Por detrás de la apófisis (proceso) 
 unciforme existe una elevación redondeada, que corres-
ponde a celdillas etmoidales medias, la .bulla etmoidal
 – Cara lateral: plana y lisa, corresponde a la pared medial 
de la cavidad orbitaria. Está formada por una lámina del-
 gada, la lámina orbitaria [papirácea]. Se articula arriba 
 con el frontal, abajo con el maxilar, adelante con el lagri-
 mal, atrás con el esfenoides y a nivel de su ángulo postero-
inferior, con la apófisis orbitaria del palatino.
 – Cara medial: forma los 2/3 superiores de las cavidades 
 nasales. Se observan dos láminas arrolladas: los cornetes 
 nasales superior y medio, y numerosos orificios que
conducen a las celdillas etmoidales. El espacio comprendi-
 do entre los cornetes nasales superior y medio es el meato 
 nasal superior; por debajo del cornete nasal medio se en-
 cuentra el meato medio. En la pared lateral del meato me-
dio están la apófisis (proceso) unciforme y la bulla etmoidal, 
 y entre ellas hay un espacio: el . Ambos hiato semilunar
 cornetes nasales se fijan en el laberinto etmoidal por su bor-
 de superior; el borde inferior es libre en las cavidades nasa-
 les; la cara lateral es cóncava y la medial, convexa. El borde
 fijo del cornete nasal medio se prolonga más allá y se articu-
 la con la cresta etmoidal [cresta turbinal superior] del pa-
latino. Por arriba del cornete nasal superior, en ocasiones, se 
 observan dos pequeños cornetes: el cornete supremo [de
Santorini], más constante y mayor que el de Zuckerkandl.
Estructura
 Está formado por láminas delgadas de tejido óseo compacto 
 que, en el laberinto etmoidal, circunscriben las celdillas etmoida-
 les. El desarrollo de estas celdillas puede dar a los laberintos et-
Crista galli
Cara superior del
laberinto etmoidal
Infundíbulo etmoidal
Meato medio
Celdillas etmoidales
anterioresCornete nasal
medio
Apófisis (proc.) unciforme
Lámina perpendicular
Cornete nasal
superior
Cornete nasal medio
Apófisis (proc.) unciforme
Cara superior del
 laberinto etmoidal
Crista galli
Lámina perpendicular
Cornete medio
Meato
medio
Apófisis (proc.)
unciforme
Lámina cribosa
Fig. 9-22. Etmoides, vista anterior.
Fig. 9-23. Etmoides, vista posterior.
 Fig. 9-24. Etmoides, vista inferior.
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 Huesos del neurocráneo 83 
moidales un tamaño que repercute en la forma de las cavidades 
 nasales. Las celdillas se encuentran tapizadas por mucosa nasal. 
 En la crista galli puede observarse tejido esponjoso.
Anatomía de superficie
 El etmoides escapa a la exploración directa, excepto a nivel de
 los cornetes superior y medio, los que hacen relieve en las cavida-
des nasales.
Desarrollo
El etmoides presenta cuatro puntos de osificación:
 A. Dos laterales, para los laberintos etmoidales, a partir de los
cuales emergen trabéculas óseas que van a circunscribir las 
celdillas etmoidales, desarrollándose los cornetes nasales.
 B. Dos , mucho más tardíos (en el momento del nacimediales -
 miento), que invaden poco a poco la membrana fibrosa que
 une los laberintos etmoidales; se los encuentra en el origen de 
 la crista galli, de la lámina cribosa y de la lámina perpendicular.
 Completamente osificado alrededor del 5.° o 6.° año, el et-
 moides permanece mucho tiempo separado del vómer por una 
lámina cartilaginosa (40-45 años).
HUESOS SUTURALES
 El cráneo presenta, a veces, pequeños huesos supernumera-
 rios llamados huesos suturales [wormianos].
Se distinguen:
 A. Los verdaderos huesos suturales, cuando derivan de uno 
 o de varios puntos de osificación complementarios; son pie-
zas supernumerarias desarrolladas en el borde de los huesos 
del cráneo.
 B. Los falsos huesos suturales resultan de puntos de osifica-
 ción que, en lugar de soldarse a los huesos que deben gene-
rar, permanecen independientes. Se distinguen:
– Huesos suturales: el hueso sagital, entre los dos parie-
tales; los huesos desarrollados en las suturas lambdoidea, 
coronal, esfenoparietal y occipitomastoidea.
 – Huesos fontanelares: es posible encontrarlos en todas 
las fontanelas normales o anormales de la calvaria del 
 cráneo.Se los denomina según la fontanela que los aloja:
hueso bregmático, lambdoideo.
 – Huesos insulares: intracraneales, encastrados en la tabla 
interna de determinados huesos, lejos de las suturas y de 
las fontanelas.
 Véanse Casos clínicos: Fractura del hueso temporal y Hematoma extradural 
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 El macizo óseo de la cara se halla situado en la parte anterior e
 inferior de la cabeza. Está dividido en dos porciones llamadas esque-
leto facial o viscerocráneo y mandíbula. El macizo facial está com-
 puesto por 13 huesos agrupados en torno de un elemento princi-
pal: el . De estos 13 huesos, uno es único y medio: el maxilar vómer,
 situado en el interior de las cavidades nasales. Los otros huesos son
 pares y dispuestos en forma simétrica a los lados del plano mediano:
 el maxilar, el cigomático, el cornete nasal inferior, el nasal y el
palatino. Un solo hueso constituye la parte inferior: la mandíbula,
unido por una articulación móvil a la base del cráneo.
 En tanto que las piezas que forman el esqueleto facial están
 soldadas entre sí, la es móvil y participa en forma mandíbula 
activa en la masticación.
MAXILAR [MAXILAR SUPERIOR]
Es un hueso par que participa en la constitución de la órbita, 
 la bóveda palatina, las cavidades nasales y la fosa infratemporal. 
Constituye la pieza principal del esqueleto facial.
 Una apófisis (proceso) palatina une al maxilar de un lado, con
 su homónimo opuesto, formando parte del paladar óseo [bóve-
 da palatina]. Los maxilares así reunidos presentan un contorno 
 inferior en forma de arco, donde se ubican los alvéolos, para los
dientes superiores.
Posición
 Colocar hacia abajo y en sentido horizontal el borde en el cual
se fijan los dientes; medialmente, la apófisis (proceso) palatina; 
hacia atrás, el extremo más grueso del maxilar.
Descripción
Se describen dos vistas, cuatro bordes y cuatro ángulos.
 A. Vista medial: de la unión de su 1/4 inferior con los 3/4 su-
 periores se destaca una saliente horizontal, cuadrangular: la 
apófisis (proceso) palatina (fig. 10-1). Presenta una cara 
superior lisa, que forma el piso de la cavidad nasal, y una cara 
inferior rugosa, que constituye gran parte del paladar óseo. 
 Su borde lateral es su borde de implantación en el maxilar; 
el borde se adelgaza hacia atrás y en toda su exten-medial 
 sión se une al del lado opuesto, formando sobre la cara nasal 
 una saliente: la cresta nasal adelante ; hacia termina en una 
 prolongación que constituye una semiespina que se articula 
 con el otro maxilar: la espina nasal anterior, por detrás de
 la cual se observa un canal que, con el del otro maxilar, forma 
 el conducto incisivo [palatino anterior], por donde pasan el
 nervio y la arteria nasopalatinos. El borde anterior de la apó-
 fisis (proceso) palatina forma parte del orificio anterior de 
las cavidades nasales; el borde se articula con la posterior 
lámina horizontal del hueso palatino. La apófisis (proceso) 
palatina divide esta vista en dos:
 – La porción suprapalatina: está centrada en el hiato 
 maxilar; este es amplio en el hueso seco, pero más re-
 ducido en el cráneo articulado a causa de la presencia de
 las masas laterales del etmoides, del cornete nasal inferior,
 del lagrimal y de una parte del palatino. Por delante del 
 hiato, existe un canal vertical, el surco lagrimal, que se 
 dirige en sentido oblicuo hacia abajo y atrás, hacia el piso 
de las cavidades nasales. Este surco está limitado, por de-
 lante, por la apófisis (proceso) frontal del maxilar, que 
 presenta en su base la cresta de la concha [cresta turbi-
 nal], donde se articula el cornete nasal inferior; por en-
 cima de esta cresta existe otra más pronunciada, la cresta 
 etmoidal, donde se articulan el cornete nasal medio y
el etmoides;
– La porción infrapalatina: participa en la formación del 
 paladar óseo. Sus numerosas irregularidades denotan la
sólida inserción en su superficie de la mucosa oral.
 B. Vista lateral: en su parte anterior, encima de la implantación 
de los incisivos, se observa una depresión: la fosa canina, li-
 mitada por detrás por una saliente, la eminencia canina (fig.
 10-2). Por detrás y encima de esta eminencia, se destaca la
apófisis (proceso) cigomática, que se une por su base al resto 
del hueso; su vértice truncado se articula con el hueso cigo-
mático. En la apófisis (proceso) cigomática se describen:
 – Cara orbitaria [superior]: plana, forma parte de la pa-
 red inferior de la cavidad orbitaria; está separada del ala
 mayor del esfenoides por la fisura orbitaria inferior. Un
canal aloja al nervio maxilar: el conducto (canal) in-
 fraorbitario, que continúa en esta pared como surco
infraorbitario.
 – Cara anterior: presenta el foramen (canal) infraorbi-
 tario, terminación del conducto precedente, por donde
 emerge el nervio infraorbitario. Debajo de este foramen 
Huesos de la cara10
Apófisis (proc.) frontal
Cresta de la concha
Cara nasal
Espina nasal
anterior
Conducto
(canal) incisivo
Apófisis (proc.) alveolar
Apófisis (proc.) palatina
Dientes
Tuberosidad 
del maxilar
Apófisis (proc.) 
alveolar
Articulación 
con el palatino
Seno maxilar
Surco lagrimal
 Fig. 10-1. Maxilar derecho, vista medial.
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 Huesos de la cara 85 
 hay una depresión: la fosa canina. De la parte inferior del 
 conducto (canal) infraorbitario, en el espesor del hueso, 
 se originan conductos que terminan en los alvéolos del
 canino e incisivos: los canalículos dentarios anteriores.
 – Cara infratemporal: convexa, corresponde medialmen-
 te a la tuberosidad del maxilar, y lateralmente, a la fosa 
 infratemporal. Presenta forámenes alveolares [denta-
 rios posteriores] destinados a los nervios del mismo nom-
bre y a las arterias alveolares para los molares.
 – Borde inferior: cóncavo hacia abajo, es grueso y con-
vexo en sentido anteroposterior.
 – Borde anterior: forma la parte media e inferior del bor-
de orbitario.
 – Borde posterior: contribuye a delimitar la fisura orbita-
 ria inferior.
 C. Borde anterior: emerge por debajo de la espina nasal an-
 terior. Se ensancha a nivel de la escotadura nasal y termina 
continuándose en el borde anterior de la apófisis (proceso) 
frontal.
 D. Borde posterior: redondeado, constituye la tuberosidad del 
 maxilar. Esta forma la parte anterior de la fosa infratemporal 
 y se articula, hacia abajo, con el hueso palatino, del cual está
separado por el conducto (canal) palatino mayor.
E. Borde infraorbitario: limita medialmente la pared inferior 
 de la órbita. Se articula de adelante hacia atrás con el hueso 
lagrimal, el etmoides y el palatino.
 F. Borde inferior: está excavado por los alvéolos dentarios. 
 Simples en la parte anterior, los alvéolos están divididos a ni-
vel de los grandes molares en dos, tres o cuatro fositas secun-
 darias para cada una de las raíces de un mismo diente.
 G. Ángulos: se describen cuatro ángulos, dos superiores y dos 
inferiores. En el ángulo anterosuperior se destaca la apó-
 fisis (proceso) frontal, vertical y algo oblicua hacia atrás. 
Aplanada en sentido transversal, su base ensanchada se con-
 funde con el cuerpo del hueso; su vértice se articula con la 
 porción nasal; la cara medial forma parte de la pared lateral
de las cavidades nasales; la cara lateral, lisa y cuadrilátera, pre-
 senta la cresta lagrimal anterior del maxilar, delante de la cual
 se inserta el músculo elevador del ala de la nariz y del labio 
 superior; por detrás de la cresta, el surco lagrimal. El borde an-
 terior de la apófisis (proceso) frontal se articula con los huesos 
nasales; el posterior, con el hueso lagrimal. Los otros ángulos 
del hueso no presentan accidentesdignos de interés.
Estructura
 El maxilar está formado por hueso compacto con pequeños
 islotes de tejido esponjoso en la base de la apófisis (proceso) 
 frontal, sobre todo en el borde alveolar. El centro del hueso pre-
 senta una cavidad de forma piramidal que corresponde al seno
maxilar (véase Cavidades nasales).
Anatomía de superficie
 Situado en la parte anterior de la cara, el maxilar es un hueso
superficial. El borde anterior de la apófisis (proceso) frontal, sus 
caras y las que participan del borde orbitario son subcutáneas y 
están tapizadas por las partes blandas de la cara y de la mejilla.
 La cara medial de la apófisis (proceso) frontal y la superior de
 la apófisis (proceso) palatina del maxilar se pueden explorar por 
vía nasal (rinoscopia).
 El borde alveolar y la cara inferior de la apófisis (proceso) pala-
tina pueden ser explorados a través de la cavidad oral.
Desarrollo
En el brote yugal del 1. arco branquial, en el 2. mes de vida er o
 intrauterina, aparecen dos zonas de osificación. Estas se sueldan 
 a nivel de la sutura incisiva. El seno maxilar insufla el esbozo del
 hueso a partir del 6.o mes y alcanza su desarrollo después del 
 nacimiento, debido a la respiración. La ausencia de la soldadura 
 entre sí de las apófisis (procesos) palatinas de los dos maxilares
 genera la hendidura palatina, por la que se comunica la cavidad
bucal con las cavidades nasales.
 La ausencia de la fusión de la sutura incisiva es la causa de fisura 
palatina que puede acompañarse de fisura labial (labio leporino).
HUESO CIGOMÁTICO [MALAR]
 El hueso cigomático es un sólido arbotante situado entre el
maxilar y el frontal, el ala mayor del esfenoides y la apófisis (pro-
ceso) cigomática del hueso temporal.
Posición
Colocar lateralmente la cara lisa y convexa del hueso; hacia 
 adelante, la superficie en forma de semiluna: el borde orbitario;
hacia abajo y horizontal, la parte más estrecha del hueso.
Descripción
 El cigomático forma el esqueleto del pómulo, de forma cua-
drangular; en él se describen:
 A. Vista lateral: lisa y convexa, sirve de inserción a los múscu-
los maseteros y cigomáticos; presenta la terminación del fo-
 ramen cigomaticofacial (fig. 10-3). Su parte superior está 
cubierta por el músculo orbicular de los párpados.
 B. Vista medial: es cóncava, forma parte de las fosas: temporal 
e infratemporal; da inserción a parte de las fibras inferiores 
 del músculo temporal (fig. 10-4). Se prolonga hacia adelan-
 te, en una superficie triangular dentada que forma parte del 
ángulo anterior del hueso; hacia arriba, se destaca la apófisis 
 (proceso) frontal del cigomático; se articula por arriba con 
el frontal; medialmente, con el ala mayor del esfenoides y por 
Apófisis (proc.) frontal
Cara orbitaria
Surco
infraorbitario
Forámenes
alveolares
Tuberosidad
del maxilar
Apófisis (proc.) alveolar
Dientes
Espina nasal
anterior
Escotadura (inc.) nasal
Foramen infraorbitario
Surco lagrimal
 Fig. 10-2. Maxilar derecho, vista lateral.
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86 Esqueleto del cráneo y de la cara
 abajo, con el maxilar; presenta el foramen cigomático-or-
bitario. Una superficie rugosa y triangular lo articula con el 
vértice truncado de la pirámide del maxilar.
 C. Borde anterosuperior: cóncavo, forma el borde lateral y 
 parte del inferior de la órbita; se continúa con el borde de la 
apófisis (proceso) cigomática y con la apófisis (proceso) fron-
tal del maxilar.
 D. Borde posterosuperior: presenta una parte horizontal, que 
se continúa con el borde superior de la apófisis (proceso) 
 cigomática, y otra vertical, en forma de S alargada. En él se 
inserta la fascia temporal.
 E. Borde anteroinferior: dentado, casi recto, limita la superfi-
cie de articulación con el maxilar.
 F. Borde posteroinferior: rectilíneo, grueso y rugoso.
 G. Ángulos: se articulan: el superior, con el frontal; el inferior, 
 con la apófisis (proceso) cigomática; el anterior, agudo, con 
 el borde inferior de la órbita; llega por encima del foramen 
infraorbitario; el posterior se articula con la apófisis (proceso) 
cigomática.
Estructura
Constituido por tejido compacto, en él puede observarse te-
 jido esponjoso. El hueso se encuentra atravesado por un canal
 [conducto] en forma de Y que en la cara superior del proceso 
 frontal, en el interior del hueso, se divide en dos; uno termina
en la cara lateral del hueso y otro en la medial. Este conducto es 
recorrido por la rama orbitaria del nervio maxilar.
Anatomía de superficie
 Superficial, es el hueso del pómulo. A pesar de ser sólido, está 
expuesto a las fracturas por choque directo.
Desarrollo
Se origina a partir de 3 puntos de osificación que aparecen al 
 2.o mes y se sueldan en el 5.o de la vida intrauterina. Uno origina
la porción cigomática; los otros dos, la orbitaria.
HUESO NASAL [PROPIO DE LA NARIZ]
 Los huesos nasales son dos pequeñas láminas unidas en la
 línea mediana. Están situados entre las apófisis (procesos) fronta-
les del maxilar, en la sutura frontonasal.
Posición
 Lateralmente, su cara convexa; hacia abajo, el borde que pre-
senta una incisura; hacia adelante, el borde vertical, más grueso.
Descripción
 A. Vista superficial: presenta una cara subcutánea, convexa 
 transversalmente, cóncava de arriba hacia abajo en su parte 
 superior (fig. 10-5). En su parte inferior es convexa; en esta 
cara se inserta el músculo prócer.
 B. Vista profunda: cara profunda o nasal. Forma la parte ante-
 rior de la bóveda de las cavidades nasales.
 C. Borde superior: dentado y grueso, se articula con el frontal 
y su espina nasal.
Borde orbitario
Foramen cigomaticofacial
Articulación 
con el maxilar
Articulación 
con el maxilar
Ángulo inferiorBorde posteroinferior
Apófisis (proc.)
temporal
Apófisis (proc.) frontal
Articulación con el frontal
 Fig. 10-3. Hueso cigomático derecho, vista lateral.
Borde orbitario
Cara orbitaria
 Foramen cigomático-orbitario
Foramen
cigomaticotemporal
Articulación con
el maxilar
 Ángulo inferior Borde posteroinferior
Apófisis (proc.)
temporal
Borde temporal
Apófisis (proc.) frontal
 Fig. 10-4. Hueso cigomático derecho, vista medial.
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 Huesos de la cara 87 
 D. Borde inferior: delgado, se une al cartílago de la nariz.
 E. Borde anterior: grueso y rugoso, se articula con la espina 
 nasal del frontal, con la lámina perpendicular del etmoides y 
con el hueso nasal opuesto.
 F. Borde lateral: se articula con la apófisis (proceso) frontal del 
maxilar.
Anatomía de superficie
 Huesos superficiales, palpables por su cara superficial, sólidos 
y resistentes; se encuentran expuestos a traumatismos y fracturas.
Estructura
 Están constituidos por tejido compacto y atravesados por un 
canal vascular (foramen nasal).
Desarrollo
 Cada uno de ellos presenta un punto de osificación que apa-
rece a mediados del 3.er mes de la vida intrauterina.
HUESO LAGRIMAL [UNGUIS]
 Hueso par, situado en la cara medial de cada cavidad orbita-
 ria, entre el frontal, el etmoides y el maxilar; es una lámina ósea,
delgada e irregular.
Descripción
Presenta dos caras y cuatro bordes (fig. 10-6).
 A. Cara lateral: cresta laen ella se observa una cresta vertical: la -
 grimal posterior, que termina abajo por medio de una apófisis
 (proceso) en forma de gancho: gancho lagrimal (hamulus),
 que forma parte del orificio superior del conducto lagrimonasal.
 Esta cara está dividida en dos porciones por la cresta: la posterior,
 plana, se continúa con la lámina orbitaria del etmoides; la ante-
 rior contribuye a formar el conducto (canal) nasolagrimal.
 B. Cara medial: presenta un canal vertical que se corresponde 
 con la cresta de la cara lateral; en la parte posterior se articula 
 con el etmoides, completando lasceldillas etmoidolagrima-
 les. La parte anterior, rugosa, contribuye a formar la pared la-
teral de las cavidades nasales.
 C. Borde superior: se articula con el borde nasal del frontal.
 D. Borde inferior: contribuye a formar el conducto (canal) na-
solagrimal. 
 E. Borde anterior: se articula con la apófisis (proceso) frontal 
del maxilar.
 F. Borde posterior: se articula con la lámina orbitaria del et-
moides.
Estructura
 Está formado en su totalidad por tejido compacto.
Desarrollo
 Se efectúa a partir de un solo punto que aparece en el 3.er mes 
de la vida intrauterina.
HUESO PALATINO
 Hueso par y profundo, contribuye a formar la bóveda palati-
 na, la cavidad nasal, la órbita y la fosa pterigopalatina.
Posición
 Colocar hacia abajo y horizontalmente la lámina horizontal (de
 forma cuadrangular); hacia atrás, el borde cóncavo de esta lámina;
 y medialmente, el borde más grueso y libre de la lámina horizontal.
Borde superior
Borde inferiorBorde inferior
Borde lateral
Borde medial
Foramen nasal
 Fig. 10-5. Huesos nasales, vista anterior.
Borde
anterior
Borde superior
 Borde anterior
Borde
posterior
Borde inferior
Cresta lagrimal
posterior
Surco lagrimal
 Fig. 10-6. Hueso lagrimal, cara medial (a la izquierda) y cara lateral (a la derecha).
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88 Esqueleto del cráneo y de la cara
Descripción
Está formado por una lámina horizontal, que constituye la 
 parte posterior del paladar óseo, y una lámina perpendicular
(vertical) que se une a la precedente en ángulo recto.
El palatino presenta tres apófisis (procesos): una inferior, la 
 apófisis (proceso) piramidal, que se dirige hacia el espacio 
 que queda entre las dos alas de la apófisis (proceso) pterigoides. 
 Las otras dos, situadas en el borde superior del hueso, están se-
paradas por una escotadura: hacia adelante y arriba, la apófisis 
 (proceso) orbitaria apófisis (proceso); hacia atrás y medial, la 
esfenoidal.
 A. Lámina horizontal: cuadrilátera, presenta dos caras y cuatro 
bordes (fig. 10-7):
 – Cara nasal: es superior, cóncava transversalmente, forma 
parte del piso de la cavidad nasal.
 – Cara palatina: es inferior, rugosa, contribuye a formar la 
bóveda del paladar óseo.
 – Borde medial: se une a su homólogo del lado opuesto 
 y presenta por arriba la , donde se articula el cresta nasal
vómer.
 – Borde lateral: se continúa con la lámina perpendicular.
 – Borde anterior: es delgado y rugoso; se articula con el 
borde posterior de la apófisis (proceso) palatina del maxi-
lar.
 – Borde posterior: sirve de inserción al paladar blando. El 
 ángulo posteromedial, al unirse con el homólogo opues-
 to, forma la espina nasal posterior.
B. Lámina perpendicular: larga, delgada y vertical, presenta 
dos caras y cuatro bordes (fig. 10-8):
 – Cara maxilar: se describen tres zonas: a) anterior, rugo-
 sa, se articula con la tuberosidad del maxilar, formando el 
surco palatino mayor; b) posterior, rugosa, se articula 
 con la apófisis (proceso) pterigoides; c) entre ambas zo-
 nas existe una superficie lisa, no articular, que en el crá-
neo completo forma la pared medial de la fosa pterigo-
palatina.
 – Cara nasal: presenta dos crestas de dirección anteropos-
 terior: la , que se articula con el cornete cresta etmoidal
 nasal medio y la cresta de la concha [cresta turbinal],
 que lo hace con el cornete inferior. Ambas crestas limitan 
una superficie lisa: la pared lateral del meato medio; la su-
 perficie que se halla por debajo de la cresta de la concha, 
 forma la pared del meato inferior.
 – Borde anterior: delgado, que se superpone a la tubero-
 sidad del maxilar. Partiendo del borde anterior, se ve una 
 lámina que se dirige hacia adelante y contribuye a cerrar 
la parte posterior del hiato maxilar. 
– Borde posterior: es delgado y se articula con la apófisis 
(proceso) pterigoides.
 – Borde inferior: está unido al borde lateral de la lámina 
 horizontal; de esta unión emerge hacia abajo y atrás una 
 saliente ósea, la apófisis (proceso) piramidal del pala-
 tino. En la parte anterior del borde inferior se abren los
conductos palatinos menores.
 – Borde superior: presenta en su parte media la escota-
 dura (incisura) esfenopalatina, limitada adelante por 
 la apófisis (proceso) orbitaria y atrás por la apófisis 
(proceso) esfenoidal. El cuerpo del esfenoides cierra 
la escotadura (incisura) esfenopalatina y así se forma el 
 foramen esfenopalatino, que da paso al nervio y a los
 vasos esfenopalatinos y comunica la fosa pterigopalatina
con la cavidad nasal.
 C. Apófisis (proceso) piramidal: se ubica en el espacio que 
queda en la parte inferior del borde anterior de la apófisis 
(proceso) pterigoides.
 D. Apófisis (proceso) orbitaria: está unida al resto del hueso
 por un istmo óseo estrecho, cuya cara medial presenta la cresta
etmoidal. La cara lateral de la apófisis (proceso) tiene dos su-
 perficies: la anterior, horizontal, constituye la parte posterior del
 piso de la órbita, mientras que la lateral contribuye a formar la
fosa pterigopalatina. En la cara medial existen superficies arti-
 culares: la anterior para el maxilar, la posterior para el esfenoi-
 des y la intermedia para las masas laterales del hueso etmoides.
 E. Apófisis (proceso) esfenoidal: más pequeña que la pre-
 cedente, se dirige medialmente hacia atrás y arriba. Su cara 
 superolateral se aplica contra la base de la apófisis (proceso) 
Lámina
perpendicular
Sutura
palatina media
 Lámina horizontal
Cresta de la concha
Escotadura (inc.)
esfenopalatina 
Apófisis (proc.)
esfenoidal
Apófisis (proc.) 
orbitaria
Cavidad orbitaria
Fosa
pterigopalatina
Fosa pterigoidea
Articulación con las láminas
de la apófisis (proc.) pterigoides
Articulación con las láminas
de la apófisis (proc.) pterigoides
Apófisis (proc.)
piramidal
Fig. 10-7. Los dos huesos palatinos en posición normal, vista 
posterior.
Escotadura
esfenopalatina
Lámina
perpendicular
Lámina horizontal
Cara
nasal
Cresta de
la concha
Cresta etmoidal
Apófisis (proc.)
piramidal
Apófisis (proc.)
esfenoidal
Articulación con
el esfenoides
Articulación con
el etmoides
Apófisis (proc.) orbitaria
Articulación con
el maxilar
 Fig. 10-8. Hueso palatino, vista medial.
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 Huesos de la cara 89 
 pterigoides, formando la parte superior del surco palatino 
 mayor, para los vasos y nervios del mismo nombre. Su cara 
 inferior contribuye a formar el techo de la cavidad nasal.
Estructura
Principalmente formada por hueso compacto, se encuentra 
hueso esponjoso en la base de la apófisis (proceso) piramidal.
Anatomía de superficie
Situado profundamente, pertenece por su cara medial a la 
 cavidad nasal, explorable por rinoscopia directa, a nivel de los 
 meatos inferior y medio. Por medio de la rinoscopia posterior se 
 observa el borde posterior del hueso, donde se inserta el velo 
 del paladar. Por vía oral se visualiza la parte posterior del paladar 
óseo tapizado por mucosa.
Desarrollo
Se produce a expensas de dos centros primitivos que apare-
cen al mes y medio de la vida intrauterina: uno origina la apófisis 
 (proceso) piramidal y la lámina perpendicular, y el otro, el resto 
del hueso. Aparecen dos centros complementarios, uno para la 
apófisis (proceso) orbitaria y otro para la esfenoidal.
 CORNETE NASAL INFERIOR
[CONCHA NASAL INFERIOR]
Lámina ósea alargada horizontalmente, arrollada alrededor 
de su eje longitudinal, se adhiere a la pared lateral de la cavidad 
nasal por su borde superior.
Posición 
Colocar medialmente la cara convexa; el borde erizado de sa-
 lientes hacia arriba; el extremo más afinado hacia atrás.
Descripción 
 De contorno ligeramente romboidal, presenta (fig. 10-9):
 A. Cara medial: convexa, orientada hacia el tabique nasal, en su 
 mitad superiores más o menos lisa, y en la inferior, presenta 
rugosidades y surcos vasculares.
 B. Cara lateral: cóncava, forma la pared medial del meato in-
 ferior. Este meato se encuentra entre el cornete y la pared 
lateral de la cavidad nasal.
 C. Borde superior: se articula con las caras nasales del maxilar 
 y de la lámina perpendicular del palatino. En su parte anterior,
 una saliente cuadrangular, la apófisis (proceso) lagrimal, se
 articula con el hueso lagrimal y con los bordes del surco la-
 grimal del maxilar. Por detrás se encuentra una lámina ancha 
 dirigida hacia abajo: la apófisis (proceso) maxilar, que se 
 articula con el borde inferior del hiato maxilar, reduciéndolo. 
 Más hacia atrás, una pequeña lámina se articula con la apó-
 fisis (proceso) unciforme del etmoides: la apófisis (proceso) 
etmoidal.
D. Borde inferior: libre, se encuentra en la cavidad nasal.
 E. Extremos: el extremo anterior está en contacto con el maxi-
 lar y el extremo posterior con el palatino. Ambos extremos 
 se articulan en las crestas de la concha [turbinales] de ambos 
huesos.
Estructura
 Este hueso está compuesto por hueso compacto y delgado, y
se halla enteramente tapizado por la mucosa nasal.
Anatomía de superficie
 Es explorable por medio de rinoscopia anterior; se encuentra 
tapizado totalmente por mucosa.
Desarrollo
Se efectúa a partir de un punto de osificación que aparece 
hacia el 4.o o 5. mes después del nacimiento.o
VÓMER
 Es una lámina ósea vertical y media, extendida desde la cara 
 inferior del cuerpo del esfenoides hasta la sutura palatina media. 
 Forma la parte posterior del tabique de las cavidades nasales.
Posición
Ubicar hacia arriba y atrás el borde que presenta dos prolon-
 gaciones laterales; hacia abajo, el borde más extenso.
Descripción 
 El vómer forma el , junto con la láminatabique nasal óseo
 perpendicular del etmoides (fig. 10-10). Se distinguen dos caras
y cuatro bordes.
 A. Caras: ubicadas lateralmente, son planas y verticales; con 
frecuencia se encuentran desviadas, y se vuelven convexas o 
 cóncavas. Presentan surcos vasculares y nerviosos, entre los 
 que se destaca uno, el surco vomeriano, dirigido hacia ade-
 lante y abajo, que aloja al nervio nasopalatino.
 B. Borde superior: presenta las dos alas del vómer, abiertas 
 en ángulo diedro, formando un surco orientado de adelante 
Extremo
anterior
Extremo
anterior
Apófisis (proc.) lagrimal
Borde superior
Borde superior
Apófisis (proc.) etmoidal
Apófisis (proc.) etmoidal
Extremo
posterior
Extremo
posterior
Borde inferior
Apófisis (proc.) maxilarBorde inferior
Apófisis (proc.) lagrimal
 Fig. 10-9. Cornete nasal inferior derecho. Vista medial 
 (arriba) y vista lateral (abajo).
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90 Esqueleto del cráneo y de la cara
hacia atrás y de arriba hacia abajo, que se articula con la cresta 
 esfenoidal. Esta cresta no alcanza el fondo del surco, y se for-
 ma el conducto (canal) vomerorrostral, por el que pasa una
 arteriola que irriga el cuerpo del esfenoides y el tabique nasal.
 C. Borde inferior: delgado, penetra entre las crestas nasales de 
 las láminas horizontales de los huesos palatinos, a nivel de la 
sutura palatina media y más hacia adelante, entre las apó-
fisis (procesos) palatinas de los maxilares.
 D. Borde anterior: oblicuo hacia abajo y adelante, su parte su-
 perior se articula, en parte, con la lámina perpendicular del 
etmoides, y el resto, con el .cartílago del tabique nasal
 E. Borde posterior: delgado y cortante, constituye el borde 
medial de la parte posterior de ambas cavidades nasales, se-
parando ambas coanas.
Estructura
Está formado, en su totalidad, por hueso compacto. Es frágil y 
 puede fracturarse y desplazarse hacia un lado, provocando des-
viaciones del tabique.
Anatomía de superficie
 La rinoscopia permite estudiar, a través de las cavidades nasa-
les, ambas caras del hueso cubiertas de mucosa.
Desarrollo
 En una trama conjuntiva embrionaria, a partir del 3.er mes de 
vida intrauterina, se generan dos láminas que comienzan a sol-
darse desde abajo hacia arriba. Ambas láminas paralelas forman 
en su parte superior un surco; pueden apreciarse entre el 6.o y el
7.o mes de vida intrauterina.
MANDÍBULA [MAXILAR INFERIOR]
 Hueso simétrico, impar y mediano, es un hueso móvil, situado en
 la parte inferior de la cara. Tiene un cuerpo de forma cóncava hacia
 atrás, semejante a una herradura, y sus extremos se dirigen vertical-
 mente hacia arriba, formando con el cuerpo un ángulo casi recto.
Posición
 Colocar hacia adelante la porción convexa del cuerpo en un 
plano horizontal y hacia arriba, el arco alveolar.
Descripción
Se describen el cuerpo y las dos ramas.
Cuerpo
En él se distinguen dos caras y dos bordes:
 A. Cara externa: en la región anterior, en la línea mediana, pre-
 senta una cresta vertical, resultado de la soldadura de ambas
 mitades del hueso: la (sínfisis mandibular fig. 10-11). Por 
 debajo de esta se encuentra la protuberancia mentoniana.
 Lateralmente y hacia atrás, a la altura de la implantación del
 2.o premolar, se halla el foramen mentoniano, por donde 
 emergen el nervio y los vasos mentonianos. Casi a mitad de
 distancia entre el arco alveolar y el borde inferior de la man-
 díbula, a ambos lados de la protuberancia mentoniana, emer-
 ge la . En su comienzo sigue paralela a la baselínea oblicua
 del hueso, para dirigirse luego hacia arriba y atrás; atraviesa en
 diagonal esta cara y se continúa con el borde anterior de la
 rama. En esta línea rugosa se insertan los músculos: depresor 
 del labio inferior y depresor del ángulo de la boca. En el área 
comprendida por encima de la línea oblicua y por debajo 
 del arco alveolar, se observan salientes verticales que corres-
ponden a las eminencias alveolares; entre estas salientes 
 existen surcos que corresponden a los tabiques interalveo-
lares.
 B. Cara posterior: hacia adelante presenta un surco vertical 
 que corresponde a la (sínfisis mandibular fig. 10-12). En 
su parte inferior se observan salientes de inserción, las espi-
 nas mentonianas (geni), en número de cuatro: dos supe-
riores, que dan inserción a los músculos genioglosos, y dos 
inferiores, donde se insertan los músculos geniohioideos. 
Próximo a la línea mediana se encuentra el origen de la línea 
 milohioidea, que asciende en forma oblicua hacia atrás, pa-
 sando por debajo del último molar, hacia la cara medial de 
 la rama. En esta línea se inserta el músculo milohioideo, y
 en su parte posterior, el músculo constrictor superior de 
la faringe. Esta línea milohioidea divide a esta cara en dos 
 partes: una (oral), que presenta, a cada lado de lassuperior 
 espinas mentonianas, la fosita sublingual. En ella se aloja
 el extremo anterior de la glándula sublingual. En la porción 
 situada por de la línea milohioidea se observa una debajo
depresión en la cual se aloja la glándula submandibular: la 
fosita submandibular. Existe, además, un surco subyacente 
 a la línea milohioidea: el surco milohioideo, impreso por el 
nervio milohioideo.
 C. Borde superior: arco alveolares el y recibe a las raíces 
 dentarias. Los alvéolos son simples adelante y más complejos 
hacia atrás, donde están formados por varias cavidades, se-
 paradas por los tabiques interradiculares, puentes óseos 
donde se insertan ligamentos dentarios.
D. Borde inferior: es redondeado. Cerca de la línea mediana 
 se observa la , en la cual se inserta el vientre fosa digástrica
 anterior del músculo digástrico. Hacia atrás, este borde puede
presentar una escotadura para el pasaje de la arteria facial.
Rama de la mandíbula
 En número de dos, son cuadriláteras, dirigidas en sentido ver-
 tical, pero algo oblicuas de abajo hacia arriba y de adelante hacia 
atrás.
Borde anterior
Surco vomeriano
Borde inferior
Cresta coanaldel vómer
Ala
 Fig. 10-10. Vómer, cara derecha.
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 Huesos de la cara 91 
 A. Cara lateral: presenta rugosidades producidas por la inser-
 ción del músculo masetero, más acentuadas en el ángulo de 
 la mandíbula, el que puede presentarse proyectado hacia
afuera y arriba por la tracción del músculo mencionado.
 B. Cara medial: en la parte media de esta cara se observa una 
 saliente aguda: la [espina de Spix] língula de la mandíbula 
 (fig. 10-13). Por detrás de esta língula se encuentra el fora -
men mandibular, por donde penetran el nervio y los vasos 
 alveolares inferiores. De la parte posteroinferior de este fora-
men parte el surco milohioideo. Por detrás de este, en la 
 proximidad del , la presencia deángulo de la mandíbula
rugosidades importantes denota la firmeza de las inserciones 
del .músculo pterigoideo medial
 C. Borde anterior: es oblicuo de arriba hacia abajo y de atrás
 hacia adelante. Agudo arriba, se ensancha cada vez más hacia 
 abajo, formando una depresión entre sus bordes. La vertiente 
 medial se dirige hacia el borde superior del cuerpo y la lateral 
se continúa con la línea oblicua.
 D. Borde posterior: es liso y redondeado; corresponde a la 
glándula parótida.
 E. Borde superior: presenta, de adelante hacia atrás, tres acci-
 dentes importantes: la apófisis (proceso) coronoides, que 
da inserción al músculo temporal; la escotadura (incisura) 
 mandibular, cóncava hacia arriba, que establece una co-
 municación entre la región maseterina en sentido lateral y la 
 fosa infratemporal en sentido medial, y la apófisis (proceso) 
condilar, eminencia articular achatada en sentido antero-
 posterior y proyectada medialmente en relación con el borde 
 de la rama. En el extremo de esta última se encuentra el cón-
 dilo de la mandíbula, que a su vez está unido a la rama de la 
 mandíbula por el , en el cual se inserta, medialmente, cuello
el músculo pterigoideo lateral.
 F. Borde inferior: se continúa sin línea de demarcación con
 el borde inferior del cuerpo. Forma un ángulo muy marcado 
 con el borde posterior; es el , muy ángulo de la mandíbula
saliente, también llamado .gonión
Estructura
 La mandíbula es un hueso extremadamente sólido, en es-
 pecial a nivel de su cuerpo. El hueso compacto que lo forma
es grueso y son necesarios traumatismos violentos para frac-
turarlo.
 El borde superior del cuerpo está tapizado por una lámina
 bastante densa de hueso esponjoso que rodea a los alvéolos 
dentarios. El centro del cuerpo presenta el conducto (canal) 
mandibular [dentario], que posee un número de conductos 
 secundarios, verticales, que desembocan en cada alvéolo. Este
 conducto mandibular se abre al exterior por medio del foramen 
Apófisis (proc.) condilar
Cuello de la
mandíbula
Rama mandibular
Ángulo de la mandíbula
Borde inferior
Línea oblicua
Fora men mentoniano
Sínfisis
mandibular
Cuerpo
Porción
alveolar
Apófisis (proc.) coronoidesEscotadura (inc.)
mandibular
 Fig. 10-11. Mandíbula, vista derecha.
Espinas mentonianas
superior e inferior
Apófisis (proc.)
condilar
Apófisis (proc.)
coronoides
Foramen 
mandibular
Língula de la
mandíbula
Línea 
milohioidea
Ángulo de 
la mandíbula
Fosa digástrica
Fosa digástrica
Sínfisis mentoniana
 Fig. 10-12. Mandíbula, vista posterior.
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 Esqueleto de la cabeza en general 11
El esqueleto del cráneo y de la cara protege al encéfalo y sus 
 anexos, aloja los órganos de los sentidos, así como el comienzo 
de los sistemas respiratorio y digestivo.
Deben estudiarse distinguiendo tres porciones: la calvaria, la 
base del cráneo y el esqueleto facial.
CALVARIA CALOTA
 Está limitada, abajo, por un plano que pasa por delante y algo 
por encima de los arcos superciliares, lateralmente por el arco 
 cigomático, y termina hacia atrás en la protuberancia occipital
externa.
Configuración externa 
 Fuertemente convexa, regular y lisa, en ella se observan (fig .
11-1):
 – Atrás, la protuberancia occipital externa.
 – Adelante, las eminencias frontales.
 – Lateralmente, las eminencias parietales.
 – En su parte media e inferior, al nivel de la fosa temporal, es plana.
 La calvaria se encuentra perforada por algunos orificios desti-
nados a las venas emisarias.
Los huesos que participan en la formación de la calvaria son: 
 adelante, la escama del frontal; atrás, la escama del occipital; en-
tre ambas, y a uno y otro lado, los dos parietales, la parte esca-
mosa de los dos temporales y las alas mayores del esfenoides. 
 Estos huesos se encuentran unidos: en la línea mediana por la
 sutura sagital; lateralmente, y de adelante hacia atrás, por la su-
 tura coronal (entre frontal y parietal) y por la sutura lambdoidea 
 (entre parietal y occipital). En el fondo de la fosa temporal se halla
la reunión del ala mayor del esfenoides con el frontal, el parietal 
y la parte escamosa del temporal. El conjunto de estas suturas 
presenta la forma de una H.
Configuración interna
La superficie endocraneal de la calvaria presenta (fig. 11-2):
 – En la línea mediana, y de adelante hacia atrás, la parte supe-
 rior de la cresta frontal, donde se inserta la hoz del cerebro, y 
 luego el surco del seno sagital superior, que se extiende des-
de la región frontal hasta la protuberancia occipital interna.
 – Lateralmente, la calvaria presenta una serie de fosas que co-
 rresponden a las eminencias descritas en la cara externa. Se 
 encuentran en ella las mismas líneas de sutura y las irregula-
 ridades que corresponden a las fositas granulares que alojan 
las granulaciones aracnoideas anexas al seno venoso sagital 
superior.
Sutura coronal
Foramen parietal
Lambda
Sutura lambdoidea
Sutura frontal
Eminencia frontal
Bregma
Sutura sagital
Hueso parietal
Obelión
Hueso occipital
 Fig. 11-1. Calvaria, vista superior.
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94 Esqueleto del cráneo y de la cara
BASE DEL CRÁNEO
 Presenta dos caras: la superficie externa, que es la cara de 
la base del cráneo sin relación con el encéfalo [exocráneo] y la 
 superficie interna, cara de la base del cráneo en relación con el 
 encéfalo [endocráneo]. La primera es profunda y oculta casi por 
 completo, la segunda está en contacto con la base del encéfalo 
en el interior del cráneo.
Seno frontal
Fosita granular
Sutura coronal
Surco del seno
sagital superior
Hueso parietal
Foramen parietal
Sutura sagital
Surco arterial
Escama frontal
Hueso frontal
Sutura lambdoidea
Hueso occipital
 Fig. 11-2. Ca lvaria, vista inferior.
Foramen incisivo
Foramen palatino mayor
Paladar óseo
Ala mayor del esfenoides
Foramen lacerum
Porción basilar del occipital
Foramen yugular
Fosa yugular
Cóndilo occipital
Incisura mastoidea
Foramen mastoideo
Cresta occipital
externa
Línea nucal superiorProtuberancia occipital externa
Línea nucal inferior
Foramen magno
Conducto (canal) condíleo
Apófisis (proc.) mastoides
Foramen estilomastoideo
Conducto (canal) auditivo externo
Orificio externo del
Conducto (canal) carotídeo
Apófisis (proc.) estiloides
Fosa mandibular
Foramen espinoso
Foramen oval
Apófisis (proc.) pterigoides
Apófisis (proc.) cigomática
Fisura orbitaria inferior
Foramen infraorbitario
 Fig. 11-3. Base del cráneo, ca na. En amarillo, el parietal; en violeta, el esfenoides; en rosado, el temporal; en verde, el ra exte r
occipital.
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 Esqueleto de la cabeza en general 95 
Base del cráneo externa
 Para facilitar su estudio, se la divide mediante dos líneas trans-
versales: la línea bicigomática,que va desde un tubérculo articu-
lar al otro, y la línea bimastoidea, que une los extremos de ambas 
 apófisis (procesos) mastoideas (fig. 11-3). Estas dos líneas para-
 lelas delimitan tres zonas: una zona anterior o facial, una zona 
media o yugular, y una posterior u occipital.
 A. Zona anterior: está constituida por el frontal, el etmoides y
el esfenoides. Para observarla, debe efectuarse la remoción de 
todos los huesos de la cara.
 B. Zona media: en esta zona se observan:
 – En la línea mediana: la porción basilar del occipital con 
 el tubérculo faríngeo, por delante del cual se encuentra la 
fosa navicular.
 – A ambos lados de la línea mediana: se describen, tanto 
a la derecha como a la izquierda, dos superficies cuadri-
 láteras limitadas lateralmente por el tubérculo articular y 
 la apófisis (proceso) mastoides, y en sentido medial, por 
el cóndilo del occipital y la apófisis (proceso) pterigoides. 
 Esta superficie está ocupada por la porción escamosa del
 temporal, el ala mayor del esfenoides, la parte anterior del 
 occipital y la cara inferior de la porción petrosa del tempo-
 ral. Una línea trazada desde la apófisis (proceso) mastoi-
 des hasta la apófisis (proceso) pterigoides, que pase por la
apófisis (proceso) estiloides, por la espina del esfenoides y 
 por la lámina medial de la apófisis (proceso) pterigoides, 
subdivide esta superficie en dos triángulos: el triángulo 
anterolateral, que contiene: el conducto (meato) auditivo 
externo, la fosa mandibular, el tubérculo articular del tem-
poral, la fisura petrotimpánica y los forámenes espinoso y 
 oval. En el triángulo posteromedial se encuentran el fora-
 men estilomastoideo, el foramen yugular, la fosa yugular y
 el orificio externo del conducto (canal) carotídeo; también 
se observan aquí los forámenes ya descritos a propósito 
 de la porción petrosa del temporal y del ala mayor del es-
 fenoides: el conductillo timpánico, el conductillo coclear,
 el conducto (canal) musculotubárico y, por delante del
cóndilo del occipital, el conducto (canal) del nervio hipo-
 gloso. Dentro de este triángulo y medialmente, se encuen-
 tran el foramen posterior del conducto (canal) pterigoideo
y el foramen lacerum. En el ser vivo, el foramen lacerum 
está ocupado por fibrocartílago.
 C. Zona posterior: esta zona está centrada en el foramen mag-
no y pertenece casi por completo al hueso occipital. Hacia 
 adelante y lateralmente, se encuentra la apófisis (proceso) 
mastoides, con la incisura mastoidea.
Base del cráneo interna
Esta presenta: en el centro la silla turca, hacia la cual conver-
gen cuatro relieves óseos: dos anteriores, las dos alas menores 
 del esfenoides, y dos posteriores, los bordes superiores de la par-
te petrosa del temporal (fig. 11-4). Así, quedan delimitadas tres 
fosas: las fosas craneales anterior, media y posterior.
 A. Fosa craneal anterior: está limitada por detrás por el surco 
prequiasmático y por el borde posterior de las alas menores 
del esfenoides. En ella se observan:
Crista galli
Seno frontal
Foramen ciego
Porción orbitaria del frontal
Ala menor del esfenoides
Conducto (canal) óptico
Apófisis (proc.) clinoides anterior
Silla turca
Apófisis (proc.) clinoides posterior
Foramen espinoso
 Surco del nervio petroso mayor
Clivus
Cara anterior de la porción petrosa
Borde superior de la porción petrosa
Conducto (canal) del nervio hipogloso
Foramen magno
Surco del seno sigmoideo
Surco del seno transverso
Fosa cerebelosa
Protuberancia occipital interna
Surco del seno sagital superior
Fora men yugular
Conducto (meato) auditivo interno
Hueso parietal
Surco del nervio petroso menor
Fora men lacerum
Fora men oval
Fora men redondo
Lámina cribosa del etmoides
Surco del seno
transverso
 Fig. 11-4. Base del cráneo, cara in na. En azul, el frontal; en ama llo, el etmoides y el parietal; en violeta, el es noides; en ro-ter ri fe
 sado, el temporal; en verde, el occipital.
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96 Esqueleto del cráneo y de la cara
 Orificio Estructuras que lo atraviesan
 Foramen ciego del hueso frontal Prolongación de la duramadre
 Forámenes cribosos del hueso etmoides Filetes olfatorios del nervio olfatorio
 Foramen etmoidal anterior Nervio y vasos etmoidales anteriores
 Foramen etmoidal posterior Nervio y vasos etmoidales posteriores
 Conducto (canal) óptico Nervio óptico
Arteria oftálmica
 Fisura orbitaria superior Nervios lagrimal, nasociliar, frontal, oculomotor, troclear y abducens
Vena oftálmica superior
Raíz simpática del ganglio ciliar
 Fisura orbitaria inferior Nervios infraorbitario y cigomático (n. maxilar)
Arteria y vena infraorbitarias
Vena oftálmica inferior
Ramos orbitarios del nervio maxilar
 Foramen redondo Nervio maxilar
 Foramen oval Nervio mandibular
Arteria pterigomeníngea
Vena del foramen oval
 Foramen espinoso Arteria meníngea media
Vena meníngea media
Ramo meníngeo del nervio mandibular
 Foramen lacerum (rasgado) Nervio petroso mayor
Nervio petroso profundo
 Hiato del nervio petroso mayor Nervio petroso mayor
 Conducto (canal) carotídeo Arteria carótida interna
Plexo simpático carotídeo interno
Plexo venoso carotídeo
 Conducto (canal) pterigoideo Nervio del conducto pterigoideo
Vasos del conducto pterigoideo
 Conducto (meato) auditivo interno Nervios facial, intermedio y vestibulococlear
Arteria laberíntica
 Orificio del acueducto vestibular Conducto endolinfático
 Foramen magno Transición meduloespinal [bulbomedular]
Meninges
Arterias vertebrales
Arteria espinal anterior
Arterias espinales posteriores
Raíces espinales del nervio accesorio
Plexos simpático vertebrales
 Membrana tectoria
 Foramen yugular Nervios glosofaríngeo, vago y accesorio
Vena yugular interna y arteria meníngea posterior
 Conducto (canal) del nervio hipogloso Nervio hipogloso
Plexo venoso del conducto del nervio hipogloso
 Conducto auditivo externo Aire
CUADRO 111. Principales aberturas de la base del cráneo y su contenido
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 Esqueleto de la cabeza en general 97 
 – En la línea mediana: de adelante hacia atrás, el foramen 
 ciego, la crista galli, la lámina cribosa del etmoides y el 
yugo esfenoidal, con el surco prequiasmático que termi-
 na a los lados en ambos conductos (canales) ópticos en la 
base del ala menor del esfenoides.
 – A ambos lados de la línea mediana: por delante de las
 alas menores del esfenoides, las convexidades de las bóve-
das orbitarias.
 B. Fosa craneal media: está comprendida entre las alas meno-
 res del esfenoides y el borde superior de la parte petrosa del 
temporal. En ella se observan:
 – En la línea mediana: la silla turca demarcada por las cua-
tro apófisis (procesos) clinoides.
 – A ambos lados de la línea mediana: las fosas tempo-
 rales; están constituidas atrás y medialmente por la cara 
 anterior de la porción petrosa del temporal y adelante, por
el ala mayor del esfenoides. Se hallan aquí la impresión 
 trigeminal, el foramen espinoso para la arteria meníngea 
media, el foramen oval para el nervio mandibular y la arte-
 ria meníngea accesoria, el foramen redondo para el nervio 
 maxilar, la fisura orbitaria superior para la vena oftálmica, 
 para los nervios motores del ojo y para el nervio oftálmico. 
 Por detrás y medial, se abre el foramen lacerum, con la lle-
gada del conducto (canal) carotídeo.
 C. Fosa craneal posterior: se la observa por detrás del borde 
 superior de la porción petrosa del temporal, de las apófisis 
(procesos) clinoides posteriores y de la lámina cuadrilátera 
 del esfenoides. Es más profunda que la fosa craneal media y 
presenta:
 – En la línea mediana: el clivus, extendido hacia el fora-
men magno por donde pasan la médula oblongada [bul-
bo raquídeo] y las meninges, las arterias vertebrales y las 
raíces espinalesde los nervios accesorios. Por detrás, hacia 
la protuberancia occipital interna, se observa la cresta oc-
cipital interna, donde se inserta la hoz del cerebelo.
 – A ambos lados de la línea mediana: se encuentran las 
 fosas cerebelosas, bordeadas por surcos que contienen 
los senos venosos: el seno petroso superior en el borde 
 superior de la parte petrosa del temporal, el seno petro-
 so inferior lateral al clivus, el seno venoso transverso y el
sigmoideo, extendidos desde la protuberancia occipital 
 interna hasta el borde posterior de la porción petrosa del 
 temporal. La parte anterior de la fosa cerebelosa está cons-
 tituida por el muro vertical de la cara posterior de la por-
 ción petrosa del temporal, donde se encuentra la abertura 
del conducto (meato) auditivo interno. Por él penetran los 
 nervios vestibulococlear, facial e intermediario y la arteria 
 laberíntica. Hacia abajo, se encuentra el foramen yugular 
para la vena yugular interna, los nervios vagos, el nervio 
 glosofaríngeo y el nervio accesorio.
Las fosas se hallan en tres niveles, que van descendiendo des-
de la fosa anterior hasta la posterior. En cada una de estas fosas 
reposan diferentes partes del encéfalo, rodeadas por las menin-
ges y los espacios subaracnoideos (fig. 11-5).
 En el cuadro 11-1 se resumen las principales aberturas de la 
base del cráneo con sus contenidos.
ESQUELETO FACIAL
 Es un bloque de forma irregular, al cual numerosas y fuertes 
 suturas le confieren en el adulto una perfecta homogeneidad, el 
 macizo facial (figs. 11-6 a 11-8).
 Orificio Estructuras que lo atraviesan
 Conducto (canal) musculotubárico Trompa auditiva
Músculo tensor del tímpano
 Fisura petrotimpánica Arteria timpánica anterior
Nervio cuerda del tímpano
 Foramen estilomastoideo Nervio facial
Vasos estilomastoideos
 Conducto (canal) condíleo Vena condílea
Hiato del conducto (canal) del n. petroso 
menor
Nervio petroso menor y arteria timpánica superior
 Conductillo (canalículo) coclear Acueducto coclear
 Conductillo (canalículo) timpánico Nervio timpánico
 Foramen mastoideo Vena mastoidea
 Conducto (canal) palatovaginal N. faríngeo (r. del n. maxilar) – R. faríngea (de la a. maxilar)
 Foramen esfenopalatino A. esfenopalatina – N. nasales posteriores y nasopalatino
 Conducto (canal) infraorbitario A. y n. infraorbitarios – N. alveolar superior anterior
 Foramen palatino mayor A. y n. palatinos mayores
 Forámenes palatinos menores A. y n. palatinos menores
 Conducto (canal) incisivo N. nasopalatino
CUADRO 111. Principales aberturas de la base del cráneo y su contenido (Cont.)
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98 Esqueleto del cráneo y de la cara
Hueso parietal
Hueso occipital
Surco del seno sigmoideo
Foramen yugular
Conducto (canal) del nervio hipoglosoPorción basilar
Apófisis (proc.) estiloides
Seno esfenoidal
Silla turca
Hueso maxilar
Fosa pterigoidea
Hueso vómer
Conducto (canal) óptico
Lámina perpendicular
del etmoides
Crista galli
Seno frontal
Hueso frontal
Surco arterial
Porción escamosa del temporal
Conducto (meato) auditivo interno
 Fig. 11-5. Corte sa tal mediano de la cabeza ósea, vista in na. En azul, el frontal; en amarillo, el etmoides y el parietal; en gi ter
violeta, el esfenoides; en rosado, el temporal; en verde, el occipital.
Hueso parietal
Hueso frontal
Sutura coronal
Línea temporal superior
Sutura escamosa
Porción escamosa del temporal
Sutura esfenoparietal
Sutura esfenofrontal
Ala mayor del esfenoides
Sutura frontocigomática
Glabela
Pared superior de la órbita
Nasión
Apófisis (proc.) frontal del maxilar
Hueso lagrimal
Hueso nasal
Hueso etmoides
Hueso cigomático
Foramen infraorbitario
Espina nasal anterior
Cuerpo del maxilar
Foramen mentoniano
Sutura temporocigomática
 Mandíbula
Apófisis (proc.) pterigoides
Ángulo de la mandíbula
Apófisis (proc.) cigomática
Apófisis (proc.) mastoides
Hueso occipital
Protuberancia
occipital externa
Asterión
Hueso sutural
Sutura lambdoidea
Lambda
Foramen parietal
Conducto (meato) auditivo externo
Apófisis (proc.) estiloides
 Fig. 11-6. Esqueleto de la cabeza, vista late cha.ral dere
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 Esqueleto de la cabeza en general 99 
Unión craneofacial
 El macizo facial se halla unido al cráneo por medio de seis
pilares, tres a la derecha y tres a la izquierda. Estos delimitan re-
 giones o cavidades que contienen a los órganos de los sentidos. 
 La articulación temporomandibular, a derecha e izquierda, cons-
tituye la única conexión móvil entre el cráneo y el macizo facial.
 A. Pilares medianos y mediales: están formados por la unión 
de las apófisis (procesos) frontales de los huesos maxilares 
con la incisura etmoidal del frontal. El frontal se articula con 
los huesos nasales, mientras que el maxilar lo hace con el 
etmoides. Más profundamente, la unión de las apófisis (pro-
cesos) piramidales del palatino y las apófisis (procesos) pteri-
 goides, así como el vómer y la lámina vertical del etmoides, 
contribuyen a consolidar este conjunto medio.
 B. Pilares laterales: están representados por la articulación del 
hueso cigomático con la apófisis (proceso) cigomática del 
frontal y el ala mayor del esfenoides.
 C. Pilares posteriores u horizontales: están formados por la 
 articulación del hueso cigomático con la apófisis (proceso) 
 cigomática del frontal, y constituyen los pilares cigomáticos, 
unidos en cada lado al hueso cigomático.
 D. Articulación temporomandibular: une al cóndilo de la
 mandíbula con la parte escamosa del temporal. Transmite las 
 fuerzas provenientes de la mandíbula a la fosa media de la base
interna del cráneo por intermedio del cuello de la mandíbula.
Descripción del esqueleto facial
 El conjunto del macizo facial presenta una cara anterior, dos 
caras laterales, una cara superior y una cara posteroinferior.
 A. Cara anterior: está unida al cráneo por los dos pilares media-
 nos y los dos pilares laterales. De arriba hacia abajo se observa:
– En la la articulación nasofrontal, la sutura línea mediana 
medionasal, el amplio foramen anterior de las cavidades 
nasales, la espina nasal anterior, la reunión de los maxilares 
y la sínfisis mandibular.
 – Lateralmente, la cara externa de los huesos nasales y de 
 la apófisis (proceso) frontal del maxilar, la base de la órbita, 
el foramen infraorbitario que se encuentra por encima de 
 la fosa canina y la eminencia canina. Los dos arcos alveola-
 res del maxilar y de la mandíbula están separados por las 
 hileras dentarias. Más abajo, se encuentra la cara anterior
 del cuerpo de la mandíbula, con la línea oblicua externa y 
el foramen mentoniano.
 B. Caras laterales: están unidas al cráneo por medio del pilar
lateral y de la articulación temporomandibular. Se observa, de 
 arriba hacia abajo, la cara lateral del hueso cigomático con su
pequeño foramen cigomaticofacial, la escotadura (incisura) 
 mandibular, limitada adelante por la apófisis (proceso) coro-
noides y atrás por la apófisis (proceso) condilar de la mandí-
bula y su cuello, así como por la articulación temporoman-
 dibular. La cara externa de la rama de la mandíbula está por 
 encima de su ángulo saliente. Las partes posteriores de los 
arcos alveolares del maxilar y de la mandíbula se encuentran 
aquí separadas por las dos hileras dentarias.
 C. Cara superior: está constituida por la unión de los huesos
 de la cara con la parte anterior de la base externa del cráneo; 
esta unión se produce por medio de los pilares mediales y 
 laterales internos y externos. Entre estos pilares se abre la ca-
 vidad orbitaria. En el plano mediano se halla la articulación 
 del vómer con la lámina perpendicular del etmoides y con la
 cresta inferior del cuerpo del esfenoides, que está por detrás. 
 A ambos lados del plano mediano, la cara nasal de los huesosforma la pared lateral de las cavidades nasales.
 D. Cara posteroinferior: representa un amplio espacio limita-
do hacia atrás por una línea convencional que pasa por las fo-
 sas mandibulares derechas e izquierdas. Esta región presenta 
 Fig. 11-7. Ca ra, vista an rior. Los huesos de la cara están co-te
lo llo.reados en amari
 Fig. 11-8. Ca ra, vista pos rior. Los huesos de la cara están te
 coloreados en amarillo.
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100 Esqueleto del cráneo y de la cara
 en la línea mediana, y de atrás hacia adelante, el borde poste-
 rior del vómer, la soldadura mediopalatina, el canal incisivo y, 
 más abajo, la sínfisis mandibular, con las espinas geni. A am-
 bos lados de la línea mediana se encuentra el foramen pos-
 terior de las cavidades nasales (coanas), limitado lateralmente 
por las apófisis (procesos) pterigoides. Inmediatamente se 
 observa la cara posterior del maxilar y la cara interna de la 
 mandíbula con la língula mandibular, el foramen mandibular,
la línea milohioidea y las fosas glandulares que ella delimita.
Cavidades de la cara
Se distingue la cavidad oral, que es única y mediana, de las 
otras cavidades, que son pares y están situadas en forma simé-
 trica con respecto al plano mediano: las cavidades nasales, las 
órbitas, las fosas pterigoideas, las fosas infratemporales.
Base Cuerpo y ala mayor del esfenoides
 Pared anterior Tuberosidad del maxilar
 Pared medial Lámina perpendicular del palatino
 Pared posterior Borde anterior de la apófisis (proc.) pterigoides
 Límite lateral Fisura pterigomaxilar
Vértice Conducto palatino mayor
CUADRO 112. Límites de la fosa pterigopalatina
CUADRO 113. Comunicaciones de la fosa pterigopalatina
 Paredes Lugar hacia donde se 
comunica
 Punto de comunicación Elementos que pasan por ella
 Base y pared anterior Órbita Fisura orbitaria inferior A. infraorbitaria, n. infraorbitario,
 n. cigomático, ramos orbitarios del
 n. maxilar, v. oftálmica inferior
(v. infraorbitaria)
 Pared medial Hacia la cavidad nasal Foramen esfenopalatino A. esfenopalatina, n. nasales posteriores 
superiores laterales, n. nasales posterio-
res superiores mediales, n. nasopalatino, 
n. nasales posteriores inferiores
 Pared posterior Desde la fosa craneal 
media
Desde el foramen lacerum
Hacia la nasofaringe
Foramen redondo
Conducto (canal) pterigoideo
Conducto (canal) palatovaginal
N. maxilar
N., a. y v. del conducto pterigoideo
 N. faríngeo (del ganglio pterigopalatino), 
rama arterial faríngea
 Límite lateral Desde la fosa infratemporal Fisura pterigomaxilar A. maxilar, n. alveolares superiores
posteriores
 Vértice Hacia la cavidad oral Conducto palatino mayor
Conductos palatinos menores
 N. palatino mayor, a. palatina
descendente
 N. palatinos menores, a. palatinas
menores
 La fosa temporal establece la comunicación entre la cara y la 
región lateral del cráneo.
La cavidad oral se estudiará con el aparato digestivo.
 Las cavidades nasales se estudiarán con el sistema respirato-
rio, y como órgano de los sentidos.
 Las órbitas serán estudiadas con los órganos de la vista.
La fosa pterigoidea está situada entre las láminas de la apófisis 
 (proceso) pterigoides. Corresponde más a la base del cráneo que 
a las cavidades de la cara.
La fosa infratemporal corresponde a un espacio mal delimitado 
situado por debajo de la apófisis (proceso) cigomática, entre la 
 apófisis (proceso) pterigoides y la rama de la mandíbula. Este es-
pacio así delimitado se prolonga en sentido medial entre la cara 
 anterior de la apófisis (proceso) pterigoides y la tuberosidad del 
maxilar: la fosa pterigopalatina (cuadros 11-2 11-4a ).
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 Esqueleto de la cabeza en general 101 
CUADRO 114. Contenido de la fosa pterigopalatina
 Arterias Venas Nervios Ganglio
Arteria maxilar
Ramas:
Arteria infraorbitaria
Arteria del conducto (canal) 
pterigoideo
Rama faríngea
Arteria palatina descendente
Arterias palatinas menores
Arteria esfenopalatina
Vena oftálmica inferior
Vena infraorbitaria
Vena del conducto pterigoideo
Nervio maxilar
Ramos:
Nervios alveolares superiores 
posteriores
Nervio palatino mayor
Nervios palatinos menores
Nervio infraorbitario
Nervio cigomático
Ramos orbitarios
Nervios nasales posteriores 
superiores laterales
Nervios nasales posteriores 
superiores mediales
Nervios nasales posteriores 
inferiores
Nervio nasopalatino
Nervio del conducto (canal) 
pterigoideo
 Ganglio
pterigopalatino
Nervio faríngeo
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 Las diferentes piezas óseas que conforman el cráneo y la cara 
están unidas por articulaciones inmóviles, articulaciones fibrosas. 
 Constituye una excepción la articulación de la mandíbula con el 
 cráneo, que es móvil. En el feto y en el recién nacido, las articu-
laciones de los huesos del cráneo son suturas: la línea sutural se 
encuentra ocupada por una membrana fibrosa.
ARTICULACIONES DE LOS HUESOS 
DEL CRÁNEO ENTRE SÍ
Están representadas por suturas cuyo trazado se ha descrito 
precedentemente. Su estructura es variable, pero se las puede 
 agrupar en cuatro tipos: sutura dentada, sutura escamosa, sutura 
 plana o armónica y esquindilesis.
ARTICULACIONES DE LOS HUESOS 
 DE LA CARA ENTRE SÍ Y CON EL CRÁNEO
Se caracterizan por presentar superficies de contacto en ge-
neral muy extendidas, rugosas y engranadas unas con otras. Las 
articulaciones fibrosas craneofaciales pueden adoptar los tres 
 tipos clásicos: dentada, el tipo está dado por la unión del hueso 
 cigomático con el proceso cigomático del hueso temporal; ar-
 mónica, articulación del hueso palatino con el proceso pterigoi-
 des del esfenoides, por ejemplo; esquindilesis, contacto entre el
borde superior del vómer y el cuerpo del esfenoides.
 La articulación temporomandibular, móvil y compleja, se es-
tudiará con el sistema digestivo.
Articulaciones de la cabeza12
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El cráneo y la cara desde el punto 
 de vista antropológico 13
 Para el estudio antropológico del cráneo y de la cara se utiliza 
un gran número de puntos precisos que sirven como referencia 
y permiten numerosas medidas lineales o angulares. Estos son 
 los puntos craneométricos a partir de los cuales se pueden de-
finir índices.
PUNTOS CRANEOMÉTRICOS
 Están divididos en dos grupos: los puntos medianos (únicos) 
y los puntos laterales (pares) (fig. 13-1).
Puntos medianos
En número de doce son:
 A. El punto mentoniano o gnatión: es el centro del borde in-
 ferior mandibular; es el punto más inferior y anterior.
 B. El punto alveolar o prostión: corresponde al punto
 mediano situado entre los dos incisivos medianos y su-
periores.
 C. El punto espinal o acantión: es el vértice de la espina nasal 
anterior.
 D. El punto nasal nasióno : está situado sobre la raíz de la nariz, 
 sobre la sutura nasofrontal; corresponde al fondo del ángulo
nasofrontal.
E. La : está situada entre los dos arcos superciliares.glabela
 F. El ofrión: se encuentra sobre la línea mediana a la altura del
 diámetro frontal mínimo, en la línea más corta que reúne las
dos líneas temporales del hueso frontal.
 G. El bregma: es el punto de reunión de las suturas coronal, sa-
gital y metópica.
 H. El obelión: está situado a la altura de los dos forámenes pa-
 rietales o de uno de estos, si el otro falta.
 I. El lambda: es el punto de reunión de las suturas sagital y
lambdoidea.
 J. El inión: corresponde a la base de la protuberancia occipital
externa.
K. El opistión: se halla en el borde posterior del foramen magno.
L. El basión: está situado en el borde anterior del foramen magno.
Puntos laterales
En número de dieciséis, ocho a cada lado, son:
A. goniónEl : corresponde al ángulo de la mandíbula.B. El : se halla en la fosa infratemporal; marca el punto depterión
reunión del frontal, del parietal, del temporal y del esfenoides.
 C. dacriónEl : está situado en el ángulo inferomedial de la ór-
bita, donde la sutura vertical maxilolacrimal encuentra a la 
 sutura nasofrontal, formando con ella una T.
D. El asterión: es el punto de encuentro del occipital, del parie-
tal y de la porción petrosa del temporal.
 E. El punto glenoideo: situado en el centro de la fosa mandi-
bular del temporal.
 F. El punto yugular: es el vértice del proceso yugular del hueso 
occipital.
G. El punto cigomático: corresponde al punto más saliente de 
la cara lateral del hueso cigomático.
 H. El estefanión: está situado en el punto en que se encuentran 
la sutura coronal con la línea temporal.
 De todos estos diferentes puntos, solo el gonión, el pterión y
 el dacrión ofrecen todavía interés.
ÍNDICES DEL CRÁNEO
Estos comprenden el índice de longitud y de ancho (índice 
cefálico) y los índices de altura:
 – Índice cefálico: se obtiene multiplicando el diámetro transver-
 sal máximo por 100 y dividiéndolo por el diámetro anteropos-
terior máximo. Este índice tiene una importancia antropoló-
 gica considerable. Cuanto más alta es la cifra obtenida, tanto
 más redondeado y aplanado es el cráneo (braquiocéfalo).
 Cuanto menor sea esa cifra, el cráneo será más alargado (do-
licocéfalo).
 – Índices de altura: son aplicables a los seres vivos y traducen 
más bien un carácter individual que poblacional.
DETERMINACIÓN DE LA EDAD 
DE UN CRÁNEO
Es posible determinar la edad de un cráneo por dos medios:
A. Dentición: la erupción de los dientes temporarios y la cro-
 nología de la dentición definitiva se conocen con precisión. 
 La edad de un cráneo corresponde a la de su dentición, pero
 esto no es valedero sino para el cráneo de los individuos jóve-
nes. En el adulto, la existencia de los terceros molares todavía 
 incluidos en el maxilar y en la mandíbula no corresponde a
 ninguna edad precisa, porque su erupción varía según los in-
dividuos.
B. Osificación: se puede hacer la misma observación para este 
 medio de estudio. En el adulto, la estimación de la edad debe
estar basada en:
 – El desgaste de los dientes, bastante individual y relacio-
 nado con el modo de alimentación y de utilización (los
esquimales, desde muy jóvenes, tienen los dientes muy 
gastados).
 – El estado de las suturas craneales: no hay sinostosis antes 
 de los 40 años. Las suturas sagital y lambdoidea se sueldan 
 entre los 40 y los 50 años; la sutura coronal lo hace entre 
los 50 y los 70.
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104 Esqueleto del cráneo y de la cara
 DETERMINACIÓN DEL SEXO
DE UN CRÁNEO
 Todas estas indicaciones tienen solo un valor relativo, pues
 varían mucho según la ascendencia y los individuos.
En el femenino
 Las superficies óseas tienen un modelado menos acentuado.
Las paredes son más delgadas, la glabela más pequeña, los arcos 
 superciliares estrechos, con bordes inferiores cortantes, la fren-
 te recta con eminencias frontales acentuadas, la región parietal 
 exigua, con eminencias parietales marcadas. El cráneo femenino, 
colocado sobre un plano horizontal, descansa sobre el occipital. 
La mandíbula es más delgada.
En el masculino
 Son notorios la mayor nitidez de los contornos óseos, la saliente
 importante de las inserciones musculares, la profundidad de la fosa
 canina, la prominencia del inión, el desarrollo de las líneas nucales
 y la amplitud de los cóndilos occipitales. Los procesos mastoides,
 más desarrollados, sirven como punto de apoyo al cráneo colocado
 sobre un plano horizontal. La mandíbula es voluminosa y gruesa.
Pterión
Glabela
Nasión
Punto cigomático
Acantión
Gnatión
Gonión
Inión
Asterión
Lambda
Bregma
 Fig. 13-1. Referencias craneométricas de la cabeza.
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 Desarrollo de la cabeza ósea 14
 La cara y el neurocráneo no se desarrollan al mismo tiempo. 
En el momento del nacimiento, el neurocráneo está muy avanza-
 do sobre la cara, que ocupa aún un lugar poco importante en la
 cabeza. La relación cara/cráneo es de 1 a 8. La cara se desarrolla 
 muy rápido, tanto que a los dos años la relación es de 1 a 6 y a los
cinco años, de 1 a 4. En el adulto, la relación se mantiene aproxi-
madamente en estos valores.
 La relación entre el volumen de la cabeza y el del cuerpo varía
 también: al nacer, la talla equivale a 4 cabezas y media, en el adul-
 to a 7 cabezas, término medio. Por último, a nivel de la cabeza 
 es necesario distinguir el desarrollo de la base del cráneo, de la 
 calvaria y el de la cara.
DESARROLLO DE LA BASE DEL CRÁNEO
Los puntos de osificación que hemos descrito en la parte ba-
 sal de los diferentes huesos del cráneo aparecen todos en una
placa cartilaginosa inicial (condrocráneo). Esta placa es par y está 
 situada longitudinalmente. Cada uno de sus elementos, derecho 
 e izquierdo, se encuentran separados entre sí. Atrás, por la cuerda 
 dorsal que penetra entre los cartílagos paracordales. Más adelan-
te, se hallan las dos vigas craneanas [de Rathke].
 Reunidas, estas formaciones cartilaginosas constituyen la
 placa basilar que rodea la cuerda dorsal. En esta placa se di-
 ferencian las regiones sensoriales, con los forámenes corres-
 pondientes a los nervios que salen o penetran en la base del
cráneo.
 DESARROLLO DE LA CALVARIA.
FONTANEL AS
Se distinguen 3 períodos: 
A. Fontanelar.
B. Osteosutural.
C. Senil.
 Período fontanelar
Corresponde al cráneo del niño. Se caracteriza por la persis-
tencia, en los ángulos de las diversas piezas óseas, de superficies 
no osificadas: las fontanelas, cuya presencia confiere al cráneo 
una elasticidad particularmente útil en el momento del naci-
 miento y durante el pasaje pelviano de la cabeza en el parto (fig.
14-1).
 Las fontanelas anterolateral [ptérica] y posterolateral [as-
 térica] están poco desarrolladas y pueden ser ignoradas al
 igual que las fontanelas anormales, inconstantes y supernu-
merar ias.
Las fontanelas medianas son las más importantes a causa de 
sus dimensiones, su presencia constante en el nacimiento y su 
duración.
 La fontanela posterior [lambdoidea] situada en la convergencia
del occipital con los dos parietales, es de dimensiones pequeñas.
 La fontanela anterior [bregmática], se encuentra en la
 unión del hueso frontal con los dos parietales. Es ovoide y
alargada.
 La fontanela anterior tiene mucha importancia en pe-
 diatría, tanto desde el punto de vista clínico (estados de
 tensión, de depresión, de pulsatilidad) como para servir de
 acceso al seno sagital superior (se realiza la punción de esta
 fontanela para la extracción de sangre venosa o terapéutica
intravenosa).
Todas las fontanelas se obliteran poco después del nacimien-
 to. Solo persiste hasta alrededor de los 18 meses de edad la fon-
tanela anterior.
 Período osteosutural
 El desarrollo de la calvaria no está aún terminado cuando
desaparecen las fontanelas. Persiste una actividad osteogénica a 
 nivel de las suturas hasta la edad adulta, que permite a la calvaria 
aumentar sus dimensiones.
Alrededor de los 45 años aparecen sinostosis con fusión ósea 
en el lugar de las suturas.
 Período senil
Se caracteriza por el desarrollo de sinostosis en el conjunto de 
 las suturas, por el adelgazamiento progresivo de los huesos de la 
 calvaria a expensas del diploe y de la lámina externa.
Fontanela
posterior
Fontanela
anterior
Fontanela
esfenoidal
Fontanela
mastoidea
 Fig. 14-1. Cabeza de feto, vista superior y lateral (según 
Rouvière).
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106 Esqueleto del cráneo y de la cara
DESARROLLO DE LA CARA
 Depende esencialmentede la aparición de los dientes, cuyo 
 desarrollo separa al maxilar y la mandíbula, modificando la forma
 de esta, cuyo cuerpo y rama forman un ángulo más cerrado. En el 
anciano, la desaparición de los dientes conduce a un proceso in-
 verso (abertura del ángulo, mentón más pronunciado) a menos
que una prótesis se oponga a este proceso.
 El desarrollo de las cavidades nasales, bajo la influencia de la
función ventilatoria (respiratoria) desencadenada en el nacimien-
 to, produce un alargamiento vertical del esqueleto, así como un 
 ensanchamiento de la cara por aumento de las dimensiones de
los senos maxilares.
 CRÁNEO EN EL FETO DE TÉRMINO
Las características anatómicas de la cabeza del feto de tér-
mino: gran elasticidad ósea, amplia separación entre los huesos 
 de la calvaria (en especial a nivel de las fontanelas) y ausencia de
 suturas firmes, permiten la acomodación de la cabeza fetal a los 
diferentes diámetros del canal del parto, mediante el modela-
 je de esta por cabalgamiento óseo. Sin embargo, estas mismas 
características permiten, aun sin producir fracturas, graves defor-
maciones y desplazamientos encefálicos, que pueden ocasionar 
lesiones asociadas con las dificultades del parto.
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 Arquitectura de la cabeza ósea 15
 Es necesario diferenciar la arquitectura del esqueleto craneal 
y la del esqueleto facial.
 ARQUITECTURA DEL CRÁNEO
 Durante su desarrollo, el cráneo se encuentra sometido a fac-
tores genéticos que condicionan su forma y subrayan sus funcio-
nes. Estos factores están ligados al desarrollo del encéfalo.
 El encéfalo se apoya en las fosas craneales anterior y media, lue-
 go en la tienda del cerebelo; denota su presencia mediante relieves
óseos. Los hemisferios cerebelosos se apoyan sobre una cara lisa.
Se debe dar importancia también a otros factores:
 – Las tensiones ejercidas por las adherencias de la duramadre 
(tienda del cerebelo, senos venosos).
 – Los movimientos ventilatorios (respiratorios) y de posición 
del líquido cerebroespinal.
 – Las pulsaciones arteriales intracraneales.
 – El desarrollo de las cavidades anexas (senos neumáticos, apa-
rato de la audición).
 – El juego de los músculos motores de la cabeza (músculos de 
la nuca).
También es necesario tener en cuenta las cualidades mecáni-
cas de los huesos del cráneo, elasticidad y resistencia:
 – La : es considerable en el recién nacido y dismi-elasticidad
 nuye con la edad. Se admite que las paredes del cráneo son 
 capaces de sufrir una deformación desde el exterior hacia el 
 interior y de retomar de inmediato su forma primitiva. Esta 
elasticidad es evidente sobre todo en sentido transversal 
(disposición de las suturas), donde se puede comprobar una 
 tolerancia de 1 cm sin fracturarse. Con la edad y la osificación 
progresiva de las suturas, la elasticidad general del cráneo dis-
minuye.
 – La resistencia: depende de la solidez de los huesos, por una
 parte, y de la disposición de las suturas, por otra. Las que son
 talladas en bisel (p. ej., sutura esfenoescamosa) permiten cierto
 “juego” que aumenta la resistencia de una zona frágil (fosa tem-
 poral) en los traumatismos. Las suturas dentadas de la calvaria se
 oponen a la separación de los huesos; las suturas laterales, a su
 hundimiento. Si bien las disyunciones traumáticas de los huesos
del cráneo son excepcionales, las fracturas son frecuentes.
Zonas de fuerte resistencia 
Se reconocen siete, de las cuales tres son medianas y cuatro 
laterales (fig. 15-1):
 – Zonas medianas: una es anterior, frontoetmoidal; la segunda es
 media, sincipital (región superior de la calvaria) y corresponde a
 la sutura interparietal; la tercera es posterior u occipital, exten-
 dida desde el contorno del foramen magno hasta el sincipucio,
pasando por el grueso macizo de las protuberancias occipitales.
 – Zonas laterales: existen dos de cada lado. La primera es an-
 terolateral u orbitoesfenoidal, prolongada medialmente por
 las alas menores del esfenoides. La segunda es posterolateral 
o petromastoidea, está constituida por la parte petrosa y la 
 mastoides del temporal, unidas al sincipucio por la eminencia
 parietal. Los pilares medios y laterales convergen en la base, 
 en el punto central, situado sobre la parte basilar del occipital 
 y el cuerpo del esfenoides.
Puntos débiles
Se hallan comprendidos entre las zonas precedentes, en nú-
 mero de seis (tres a cada lado); una zona frontoesfenoidal (fosa
 anterior); una zona esfenotemporal (fosa media) y una zona pe-
trooccipital (fosa posterior).
 La fragilidad relativa de estas zonas puede estar aumentada 
 por la presencia de los forámenes de la base, en particular de la
fosa media (foramen oval, foramen espinoso).
 También existen forámenes o cavidades que dan cierta fragi-
lidad a algunos pilares:
 – La lámina cribosa del etmoides para el pilar frontoetmoidal.
 – El conducto (canal) óptico y la fisura orbitaria superior para el 
pilar orbitoesfenoidal.
 – Las cavidades de la audición y el canal carotídeo, para la pirá-
mide petrosa del temporal.
 – Los canales condíleos a ambos lados del foramen magno, 
para el pilar occipital.
Todas estas consideraciones deben tenerse en cuenta cuando 
 se estudian las fracturas del cráneo, entre las que se distinguen:
 – Fracturas de la calvaria (a menudo acompañadas de hundi-
miento).
 – Fracturas de la base (sobre todo, de la parte petrosa del tem-
poral).
 – Fracturas irradiadas de la calvaria a la base, sean a través de las
zonas débiles o a través de un pilar.
 ARQUITECTURA DE LA CARA
 Es muy diferente, pues los huesos no cumplen las mismas
 funciones y no se hallan sometidos a los mismos factores duran-
te su desarrollo. Estos son esencialmente:
 – Factores respiratorios (senos neumáticos).
 – Factores masticadores (dientes y acciones musculares).
 Los primeros interesan especialmente al maxilar, mientras 
 que los segundos repercuten en forma simultánea sobre este y 
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108 Esqueleto del cráneo y de la cara
 la mandíbula. Sin embargo, es necesario distinguir netamente
estas dos partes, tan diferentes desde el punto de vista de la ar-
quitectura del macizo facial.
Maxilar
Este voluminoso hueso está soldado a todos los huesos de 
la cara excepto a la mandíbula. Estos huesos así fusionados son 
 solidarios entre sí, a menudo de espesor muy débil y su conjunto 
presenta numerosas cavidades.
 Este conjunto dispone de pilares que lo refuerzan y de ele-
mentos protectores, verdaderos parachoques en caso de acci-
dente:
 – Los pilares, son espesamientos del esqueleto; se reconoce un 
pilar anteromedial o canino, un pilar lateral o cigomático y 
 un pilar posterior o maxilopterigoideo, por el cual la cara se 
 apoya sobre el punto central de la base del cráneo (fig. 15-2).
 – Los elementos protectores son salientes del macizo facial: me-
 diales (macizo incisivo y saliente de los huesos nasales) y latera-
les (rebordes orbitarios, superior e inferior, hueso cigomático).
Zona frontoetmoidal
Zona orbitoesfenoidal
Punto central
Porción basilar del occipital
Cara anterior de la porción
petrosa del temporal
Zona petromastoidea
Zona occipital
Prolongación posterior
 de la zona occipital
Zona de las
protuberancias occipitales
Foramen yugular
Eminencia parietal
Foramen magno
Foramen oval
Ala menor del
esfenoides
Pared superior
de la órbita
Apófisis (proc.) frontal
del cigomático
Arbotante
frontal lateral
Arbotante
cigomático
Pilar canino
Hueso cigomático
 Pilar cigomático
Hueso maxilar
Arbotante
frontomaxilar
Órbita
 Fig. 15-1. Zonas de resistencia del cráneo.
 Fig. 15-2. Arbotantes y pilares del macizo facial (según Bouchet).
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http://cbs.wondershare.com/go.php?pid=5257&m=dbArquitectura de la cabeza ósea 109 
Mandíbula
 Este hueso es más denso, casi relleno, con dos partes dife-
rentes:
 A. La parte dentaria, sólida y gruesa.
 B. La parte muscular, rama mandibular, más delgada.
 La arquitectura de la cara la vuelve apta para soportar las
 fuerzas que se ejercen de abajo hacia arriba por intermedio
 de los arcos dentarios, gracias a la descomposición en nu-
 merosas líneas divergentes, de la fuerza inicial. En cambio,
 los traumatismos directos anteroposteriores o transversales a
menudo generan fracturas tanto del maxilar como de la man-
díbula.
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 Hueso hioides 17
 Hueso impar, mediano y simétrico, está situado transversal-
 mente en la parte anterior y superior del cuello, por encima de la 
 laringe, por debajo de la lengua, por debajo y detrás de la man-
díbula.
 Muy móvil y aislado, no posee ninguna articulación inmedia-
ta con otros huesos.
 Está unido a la laringe por ligamentos y músculos, y en par-
ticular se une también al proceso estiloides del hueso temporal 
 mediante el ligamento estilohioideo. Forma parte del viscerocrá-
neo.
POSICIÓN ANATÓMICA
Colocar hacia atrás la concavidad del hueso, hacia arriba el 
borde que presenta unas salientes: los pequeños cuernos (astas); 
 orientar el hueso algo oblicuo hacia adelante y abajo.
DESCRIPCIÓN
 En conjunto, adopta la forma de semicírculo, con un cuerpo 
 mediano arciforme y unos cuernos laterales: astas mayores y me-
nores (fig. 17-1).
Cuerpo
Es mediano, transversal y ligeramente convexo hacia adelante.
La cara anterior está dividida por una cresta transversal, cruza-
 da a su vez por una cresta media. De allí surgen cuatro depresio-
 nes: las superiores dan inserción a los músculos genioglosos y las
 inferiores, a toda una serie de músculos de la lengua y del piso de 
la boca (milohioideos, geniohioideos, omohioideos, hioglosos). 
 Un tubérculo denota a veces el entrecruzamiento de estas dos 
 crestas (tubérculo hioideo); en este lugar se fija el tabique lingual,
fibroso, situado sagitalmente en el centro de la lengua.
 La cara posterior, cóncava, corresponde a las conexiones con 
el cartílago tiroides: membrana tirohioidea y músculo tirohioi-
deo; enfrenta a la cara anterior del cartílago epiglotis, de la que 
está separado por el ligamento hioepiglótico.
 El borde superior está orientado hacia la base de la lengua, 
 mientras que el borde inferior da inserción al músculo esterno-
hioideo.
Astas mayores
 Están dirigidas hacia atrás, lateral y algo ligeramente hacia
arriba (fig. 17-1). Su extremo posterior, engrosado, constituye 
un importante punto de referencia topográfico.
 Presentan una cara superior, orientada en sentido algo late-
ral, en la que se insertan el músculo hiogloso y por fuera de él, 
el músculo constrictor medio de la faringe; más lateralmente 
 y adelante, el músculo estilohioideo y la polea de reflexión del 
músculo digástrico. Su cara inferior cóncava y lisa, orientada me-
dialmente, da inserción por su borde medial a la membrana tiro-
hioidea; su borde lateral, más grueso que el medial, da inserción 
al músculo tirohioideo.
Astas menores 
 Están situadas en la unión del cuerpo con las astas mayores 
 (fig. 17-1). Son independientes en el niño y se sueldan durante
 el crecimiento. Su vértice recibe al ligamento estilohioideo, y se 
halla sumergido en las inserciones de los músculos linguales.
ESTRUCTUR A
Formado casi exclusivamente por tejido óseo compacto, se 
 encuentran trazas de hueso esponjoso en el cuerpo y las astas 
mayores.
Fig. 17-1. Hueso hioides. Vista anterior. Vista posterior. A. B. 
C. Vista lateral derecha.
Unión del asta mayor
con el cuerpoCuerpo
Asta mayor
Asta menor
Unión del asta mayor
con el cuerpo
Unión del asta mayor
con el cuerpo
Asta menor
Asta menor
Asta mayor
Asta mayor
Cuerpo
Cuerpo
A
B
C
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114 Esqueleto del cráneo y de la cara
ANATOMÍA DE SUPERFICIE
 El hueso es superficial adelante; por encima de la laringe 
 se pueden palpar su cuerpo y sus caras laterales hasta la parte 
posterior de las astas mayores. Por detrás, y a los lados de estas, 
 se palpa el latir de la arteria carótida externa. Por arriba, entre el 
 hueso hioides y el borde inferior de la mandíbula, se encuentra 
la región suprahioidea.
DESARROLLO
 El hueso hioides se desarrolla a expensas del 2. y el 3. arco o er
faríngeo. Contribuyen a su formación seis puntos de osificación: 
 dos para el cuerpo (8.o y 9. mes), dos para las astas mayores (al o
 mismo tiempo) y dos para las astas menores (mucho más tardíos, 
al final de la adolescencia).
APARATO HIOIDEO
 Se designa con este nombre toda una serie de formaciones, 
 derivadas del 2.o y 3. arco faríngeo, que unen el hueso hioides aer 
la base del cráneo. De estas formaciones, unas son fibrosas, otras 
 cartilaginosas u óseas, y constituyen un conjunto en herradura
cuyos extremos pertenecen al hueso temporal.
 En efecto, dos elementos óseos tan alejados el uno del otro
 como lo son el hueso hioides y el estribo (huesecillo del oído), 
 contenido en la cavidad timpánica, tienen un mismo origen em-
briológico (el cartílago de Reichert en el 2.o arco faríngeo).
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Área Crecimiento y Desarrollo 
 
 
1 Disciplina: Salud Mental – Docente: Med. Oreggioni, Daniela 
 
Guía de Aprendizaje: “Introducción a la Salud Mental. Concepto de Sujeto”. 
a) ¿Por qué es importante para el médico de APS conocer que es la Salud Mental?. 
b) ¿Quiénes son los destinatarios de las estrategias de la Salud Mental?. 
c) ¿Cuáles son los ejes históricos en los que se basa la práctica holística actual de la 
medicina?. 
d) ¿Cuáles son las diferencias en las dualidades Salud/Enfermedad, 
Sano/Patológico, Normal/Anormal, Bienestar/Malestar?. 
e) ¿Desde el concepto de promoción de la salud mental, cuáles pueden ser los 
factores protectores que el médico de APS puede trabajar?. 
f) ¿De qué habla una “mirada ecosistémica” en relación a la promoción humana?. 
g) ¿Cuál es la estructura subjetiva de nuestro paciente?. ¿Y cómo se va 
construyendo?. ¿Cuál es la importancia del Otro?. 
h) ¿En qué se diferencian el psicoanálisis, la psicología y la psiquiatría?. 
 
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Área Crecimiento y Desarrollo 
 
1 Disciplina: Antropología – Docente: Alby, Juan Carlos 
 
Guía de Aprendizaje: “El hombre según la medicina hipocrática” 
Lea atentamente el material bibliográfico obligatorio disponible en fotocopiadora: 
ALBY, Juan Carlos, “La concepción antropológica de la medicina hipocrática”, en 
Enfoques. Revista de Filosofía de la Universidad Adventista del Plata, año XVI, n. 1, 
otoño de 2004, Libertador San Martín, Entre Ríos, ISSN1514-6006, pp. 5-29. 
Luego, responda las siguientes peguntas que guiarán a la comprensión del texto. 
1. ¿Quién fue Hipócrates? Ubicarlo en el conexo histórico señalando las 
valoraciones hacia su persona hecha por los filósofos posteriores. 
 
2. Qué criterios se utilizan para clasificar los textos médicos que componen el 
Corpus Hippocraticum? 
 
3. ¿Qué características debe reunir una disciplina para que sea considerada como 
“arte”? ¿Reúne la medicina tales características? 
 
4. ¿Qué significa que el hombre sea considerado como mkrophysiso mykrokósmos? 
 
5. Explique la teoría fisiológica de los cuatro humores. 
 
6. ¿Qué concepción de “salud” y de “enfermedad” se desprende de esa fisiología? 
 
7. ¿Cómo se concibe la etiología (de aitía= causa) en la medicina hipocrática? 
 
8. ¿Cómo se describen las etapas del proceso nosológico? 
 
9. ¿Cuáles son los tres niveles de intervención en la terapéutica hipocrática en 
orden de importancia? 
 
10. ¿Quién fue Agnódice? A partir de este personaje histórico, esboce una reflexión 
sobre cuestiones de género en el acceso al estudio de la carrera de Medicina. 
 
11. Proponga algunas consideraciones sobre la ética médica hipocrática y el 
Juramento. 
 
A continuación, apóyese en el Power Point para recapitular los conocimientos 
adquiridos.Quita marcas de agua WondersharePDFelement
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Enfoques XVI, 1 (Otoño 2004): 5-29 5 
La concepción antropológica de 
la medicina hipocrática 
Juan Carlos Alby 
Resumen 
La medicina hipocrática surgió de la filosofía, a partir del descubrimiento de la physis por parte 
de los presocráticos de Jonia. En consecuencia, los tratados médicos que componen el Corpus 
hippocraticum están escritos en dialecto jónico y adoptan una concepción de naturaleza humana 
como “microcosmos”, es decir, como un todo inescindible en partes que posee en sí mismo la 
capacidad de autorregularse. A partir de esta semejanza entre el hombre y la physis, es posible 
analizar el concepto de salud y enfermedad que esta medicina preconizaba, así como también 
los rasgos que ameritaron que fuera considerada como arte. Incluso sus aspectos éticos son 
tratados a la luz de esa prístina concepción antropológica que honraba al hombre mucho más 
que la que subyace a la medicina contemporánea. 
Palabras clave: Hipócrates – salud – enfermedad – humores – medicina – arte 
Summary 
Hippocratic medicine came from philosophy, evolving from the discovery of physis by the pre-
Socratic philosophers in Ionia. As a result, the medical treatises of the Corpus hippocraticum are 
written in the Ionic dialect and they adopt the conception of human nature as “microcosmos”, 
that is to say, as a whole indivisible in parts which has in itself the capacity of self-regulation. 
Starting in this similarity between man and physis, it is possible to analyze the notion of health 
and disease according to this type of medicine, as well as the features that caused this medicine 
to be called an art. Even their ethical aspects are treated on the light of a pure anthropological 
conception which honoured man much more than the underlying notion of contemporary 
medicine. 
Key words: Hippocrates – health – disease – humors – medicine – art 
Résumé 
La médecine hippocratique dériva de la philosophie quand les pré-socratiques de la Ionie 
découvrirent la physis. Par conséquant, les traités médicaux qui composent le Corpus hippocraticus 
furent écrits en dialecte ionique, et ils ont une idée de la nature humaine résumée dans le mot 
« microcosmos », c’est à dire, elle est une totalité qui ne peut pas être divisée en parties, avec la 
même capacité de se régler par elles mêmes. Due à la ressamblance qu’il y a entre l’homme et la 
physis, il est possible d’analyser les idées de santé et maladie promue par cette médecine, et aussi 
les caractéristiques qui firent d’elle un art véritable. Même les aspects éthiques sont traités à la 
lumière de cette ancienne conception anthropologique qui honnorait l’homme beaucoup plus 
que ne le fait la médecine contemporaine. 
Mots clefs: Hippocrate – santé – maladie – humeurs – médecine – art 
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JUAN CARLOS ALBY 
 
6 Enfoques XVI, 1 (Otoño 2004): 5-29 
El acontecimiento más trascendente en la historia universal de la medicina fue, 
sin duda, el nacimiento de esta disciplina como un “saber técnico” (τέχνη 
ϊατρική) [téchne iatriké] o ars medica. Esta conquista prometeica del saber 
humano se debe a Hipócrates, un personaje del cual se conoce muy poco, ya 
que la única biografía que nos ha legado la antigüedad fue escrita por Sorano1 
de Éfeso, unos 500 años después de la muerte del célebre médico griego. Si 
bien es justo destacar que la llamada medicina “fisiológica” se inició con 
Alcmeón de Crotona, “joven cuando Pitágoras era viejo”, según testimonio de 
Aristóteles, Hipócrates fue su verdadero fundador. Algunas de las noticias que 
nos han llegado acerca de su vida se debaten entre la crónica rigurosa y la 
leyenda, tal como suele ocurrir con las grandes figuras del pasado remoto. No 
obstante, cabe precisar que nació en la isla de Cos hacia el año 460 a.C., lo que 
lo hace coetáneo de Demócrito, con quien se vinculó, y de Sócrates, respecto 
del cual era unos diez años menor. Es posible que en la isla de Cos haya 
recibido la primera formación de parte de su padre Heráclides, cuya estirpe 
hace remontar Sorano hasta el mismo Asclepio,2 así como también su madre 
Praxitea o Fenarete es vinculada por el biógrafo con un linaje que llega hasta 
Heracles. También es posible que Hipócrates fuera discípulo del médico 
Heródico de Selimbria y que se haya relacionado con el sofista Gorgias. Se 
 
1 Médico romano del siglo II d.C. que ejerció su profesión en tiempos de Trajano y Adriano. 
Su obra más famosa es un tratado acerca de las enfermedades de la mujer, al punto tal que se 
lo considera el gran ginecólogo de la antigüedad. La primera parte de ese tratado que se 
conserva sólo parcialmente, está dedicado a las “comadronas”, señalando las condiciones 
físicas y espirituales necesarias para el ejercicio de esa profesión. También hace una 
consideración de la anatomía de los genitales femeninos, la menstruación, concepción, 
embarazo y fisiología del parto. Además, indica cuáles son los cuidados a tener en la 
asistencia del parto y con el recién nacido. Esta obra tiene también una sección dedicada a la 
patología, tratando las enfermedades según el medio terapéutico, a saber: dietético, 
farmacológico y quirúrgico. El libro, que se proyectó en el medioevo, contenía interesantes 
ilustraciones. Con respecto a la biografía de Hipócrates por este autor, sólo se conserva un 
fragmento. 
2 Asclepio o Esculapio se convirtió en el dios de la medicina después del año 1200 a.C., en 
que posiblemente haya vivido un personaje histórico con este nombre. Se le habían 
consagrado santuarios en toda Grecia, a los que acudían masivamente los enfermos a ofrecer 
sacrificios en busca de una cura milagrosa. Cada uno de los templos erigidos para el culto de 
Esculapio era una especie de Lourdes del mundo antiguo, en que miríadas de enfermos 
esperaban a través del sueño sagrado o de la incubación la aparición de Esculapio. Los 
sacerdotes de estos templos eran llamados Asclepíades, y posiblemente eran médicos. No 
sabemos si Hipócrates era uno de ellos. Esculapio suele ser representado a través de una 
serpiente, ya que en la mitología griega era un animal sagrado que simbolizaba las virtudes 
medicinales de la tierra. En el aspecto mítico, la medicina era vinculada también a Apolo, 
dios del que se origina la enseñanza del arte de curar. Sus hijas eran Hygiea, diosa de la salud, 
y Panacea, diosa remediadora de todo. 
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LA CONCEPCIÓN ANTROPOLÓGICA DE LA MEDICINA HIPOCRÁTICA 
 
Enfoques XVI, 1 (Otoño 2004): 5-29 7 
dice que fue suegro de Pólibo, autor de una parte del tratado Sobre la naturaleza 
del hombre, y que tuvo dos hijos, Tesalo y Dracón. Trabajó como periodeuta3 
en la isla de Tasos, en Tracia, cerca del Ponto Euxino y murió en Larisa, 
donde fue sepultado, a la edad aproximada de ochenta y cinco años. Platón 
comparó su importancia como médico con la de Policleto y Fidias como 
escultores; Aristóteles lo llamó “el más grande”; Apolonio de Citio y Galeno 
lo proclaman como “el divino”, o “el Inventor de todo bien”. De este modo, 
Hipócrates se convirtió en el “Padre de la Medicina” para toda la tradición 
occidental. 
EL CORPUS HIPPOCRATICUM 
Se le da este nombre a una colección de cincuenta tratados que abarcan 
más de mil páginas, con estilos y doctrinas dispares compuestos en distintas 
épocas. A tal punto llega la heterogeneidad de los tratados que integran la 
colección, que Laín Entralgo4 puede precisar cuatro sentidos distintos para la 
acepción de la expresión Corpus hippocraticum: 
1. Hipocratismo strictissimo sensu: la doctrina de los escritos compuestos por 
el mismo Hipócrates o de aquellos que refieren con cierta seguridad 
documental a su propia persona. 
2. Hipocratismo stricto sensu: la doctrina común a toda la escuela de Cos. 
3. Hipocratismo latusensu: el pensamiento común a todos los escritos del 
Corpus, más allá de las diferencias de mentalidad, escuelas y autores. 
4. Hipocratismo latissimo sensu: aquel contenido del Corpus que tenga validez 
en la actualidad y por el cual es lícito hablar de un “neohipocratismo” con 
cierto rigor intelectual. 
Luego de arduas investigaciones se llegó a establecer un criterio de 
autenticidad de los diversos escritos hipocráticos, clasificándolos de acuerdo al 
mismo, en cuatro grupos:5 
 
3 La medicina griega de los siglos VI y V a.C. ya no era mágica ni teúrgica, sino un oficio 
relativamente artesanal, un “servicio público” que podía aprenderse en ciertas escuelas y 
luego ser aplicado en una sola polis o en varias, a través de una labor itinerante. Por esa razón 
los médicos griegos recibirán más tarde el nombre de “periodental” o “periodeutas”. Cf. 
Pedro Laín Entralgo, “La medicina hipocrática”, Revista de Occidente, (1970), URL: http:// 
roble.pntic.es/~jgomez10/hipocratica.htlm (5/12/02). 
4 Ibid., 5. 
5 Cf. La introducción a Aforismos, traducción de la versión directa griega del Dr. Ch. 
Daremberg por el Dr. Estanislao Lluesma-Uranga (Buenos Aires: Schapire), 28. 
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JUAN CARLOS ALBY 
 
8 Enfoques XVI, 1 (Otoño 2004): 5-29 
1. Escritos cuya autoría corresponde a Hipócrates con toda seguridad:6 Sobre 
articulaciones y Sobre fracturas. El primero de ellos contiene ilustraciones. 
2. Escritos que podrían corresponder a Hipócrates con cierta seguridad: 
Aforismos; Pronóstico; Régimen de las enfermedades agudas; Sobre los aires, aguas y 
lugares; Heridas de la cabeza; Materia médica y Medicina antigua. 
3. Escritos de la escuela de Cos, de autores contemporáneos a Hipócrates: 
El Médico; Los prorréticos; Las coacas;7 Los humores; Las epidemias; el opúsculo 
sobre La Dentición, el tratado sobre La naturaleza del hombre; el opúsculo 
sobre el Uso de los líquidos, el Juramento y La Ley. 
4. Escritos que no pertenecen a Hipócrates ni a su escuela: Afecciones internas; 
De las glándulas; Régimen de la salud; Enfermedades de las mujeres. 
Desde el punto de vista del contenido de los tratados, la colección puede 
agruparse según el siguiente criterio:8 
1. Tratados anatómicos: contienen una anatomía especulativa basada en la 
disección de animales. Son obras cortas y fragmentarias. 
2. Tratados teóricos: los más importantes son dos, Sobre la medicina 
antigua, obra filosófica que, no obstante, se inicia con una crítica a la 
filosofía por su intrusión en la medicina. Sobre la naturaleza del hombre es 
uno de los textos tardíos; contiene la doctrina de los cuatro humores. 
3. Tratados sobre clínica y enfermedades: textos heterogéneos que difieren 
en los conceptos relativos a la salud y a la enfermedad, Sobre las 
enfermedades; Sobre las afecciones; Sobre los humores. Este último aborda la 
constitución del cuerpo humano y su predisposición a enfermarse en 
distintas épocas. Los libros de las Epidemias, escritos en forma de breves 
historias clínicas, constituyen una verdadera joya de la literatura clásica 
universal. Una de las primeras monografías sobre una sola afección es 
Sobre la enfermedad sagrada. Otros tratados clínicos son: Sobre las crisis y Sobre 
 
6 URL: http://escuela.med.puc.cl/paginas/publicaciones/HistoriaMedicina/Hist.Med_04. 
html (5/12/02). Se consideran como genuinamente hipocráticas, aparte de las dos 
mencionadas, las siguientes obras: Pronóstico, Epidemias I y III, Aires, aguas y lugares y Sobre la 
enfermedad sagrada, además de la mayor parte de los tratados quirúrgicos. Esto se afirma en 
virtud de la semejanza en carácter, estilo y presentación de las mencionadas obras. 
7 “Coaca” significa perteneciente o relativo a la isla de Cos. Es un término que se utiliza sólo 
en esta obra, cuyo título exacto es Las prenociones coacas. 
8 Cf. URL: http://escuela.med.puc.cl/paginas/publicaciones/HistoriaMedicina/Hist.Med 
_04. html (5/12/02). 
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http://escuela.med.puc.cl/paginas/publicaciones/HistoriaMedicina/Hist.Med
http://cbs.wondershare.com/go.php?pid=5257&m=db
LA CONCEPCIÓN ANTROPOLÓGICA DE LA MEDICINA HIPOCRÁTICA 
 
Enfoques XVI, 1 (Otoño 2004): 5-29 9 
los días críticos. Sobre los aires, aguas y lugares es un tratado muy especial que 
tiene en cuenta la influencia del medio ecológico en las condiciones físicas 
y mentales del hombre y sus posibles patologías. Puede ser considerado 
como la primera obra sobre geografía médica. El Pronóstico es considerado 
otra obra clásica. 
4. Tratados sobre terapéutica: entre ellos, los de dietética: Sobre la dieta en 
enfermedades agudas; los de cirugía: Sobre fracturas y Sobre articulaciones; los de 
cirugía militar: Sobre las heridas de la cabeza. 
5. Tratados ginecológicos: Sobre las enfermedades de la mujer, obra que se 
compone de dos libros y que abarca tanto la ginecología como la 
obstetricia. Esto resultó novedoso en la Grecia de aquel tiempo, ya que las 
mujeres no eran atendidas por médicos y las enfermedades ginecológicas y 
obstétricas no eran del conocimiento corriente de los médicos. 
6. Tratados deontológicos: el Juramento y Sobre el médico, una apología de la 
medicina titulada Sobre el arte y el célebre Aforismos, una de las obras más 
famosas de la literatura médica universal. 
La falta de certeza en la determinación de la paternidad literaria de muchos 
de los tratados que componen el Corpus trae aparejados ciertos vacíos en el 
conocimiento sobre los mismos. El intento problemático de llenar esos vacíos 
se conoce como la cuestión hipocrática. Los principales tratados fueron 
compuestos entre los años 420 y 350 a.C. y gran parte de la colección estuvo 
en la Biblioteca Médica de la isla de Cos. En buena medida la heterogeneidad 
del Corpus hippocraticum se debe a que los alejandrinos fueron agregando a 
ciertos tratados genuinamente hipocráticos que existían en la Biblioteca de 
Alejandría, algunos textos médicos anónimos. 
Pero, tal vez, uno de los rasgos más relevantes de los tratados hipocráticos 
es que están escritos en dialecto jónico, lo cual suscita una cuestión 
fundamental: ¿por qué un médico perteneciente a una isla dórica escribió sus 
obras en dialecto jónico? Fue en Jonia donde nació la filosofía, con Tales, 
Anaximandro y Anaxímenes de Mileto, por lo cual, el dialecto jónico pasó a 
ser el lenguaje de la filosofía. La medicina nació de la filosofía, tal como lo 
atestigua la lengua de sus primeros escritos y, si bien luego se separó de ella, se 
mantuvo ligada al saber general. Es precisamente su filiación con respecto a la 
filosofía lo que le da a esta medicina su particular concepción del hombre. 
LA CARACTERIZACIÓN DE LA MEDICINA COMO ARTE 
Se pensaba que los cambios o “movimientos” en las δύναμεις [dýnameis] o 
potencias del organismo humano podían producirse por azar o por 
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10 Enfoques XVI, 1 (Otoño 2004): 5-29 
necesidad. Cuando los cambios ocurren por azar (τυχή) [tyché], puede 
intervenir el médico oponiendo su arte (τέχνη) [téchne], pero cuando 
acontecen por necesidad (α̉ναγκέ) [ananké], es mejor abstenerse de intervenir 
para no provocar mayor daño. Esto nos proporciona una idea de lo 
cualificado que era el arte médico, y nos remite a la consideración del 
polisémico término τέχνη. 
En los primeros escritos del Corpus datados a finales del siglo V y 
comienzos del IV a.C., como Sobre la medicina antigua y Sobre la ciencia (περι ̀
τέχνη) [perí téchne] o De Arte), se pueden detectar ciertos criterios que nos 
acercan a una definición de τέχνη, ya que estos escritos desarrollan una 
argumentación orientada a demostrar que la medicina como actividad humana 
merece el título de τέχνη.9 De estas fuentes se desprenden cuatro rasgos de la 
τέχνηque se destacan sobre los demás: universalidad, posibilidad de ser 
enseñada, precisión e interés por la explicación. En cuanto a la universalidad, 
uno de los primeros textos hipocráticos, llamado Epidemias, reúne la 
experiencia obtenida de varios casos semejantes en una teoría general unitaria 
de la enfermedad. Lo que resultó útil en un caso particular de enfermedad se 
contrapone a una teoría general sobre un conjunto de casos que se consideran 
similares; sólo esta última puede ser considerada una τέχνη y, en virtud de su 
universalidad, hace posible formular predicciones, pronósticos, 
planificaciones, previsiones.10 Esto permite a los médicos hacer la prognosis, 
anticipando tanto la evolución de la enfermedad como casos futuros. Este 
rasgo de universalidad en la τέχνη es advertido también por Aristóteles: “Nace 
el arte cuando de muchas observaciones experimentales surge una noción 
universal sobre los casos semejantes”.11 
Es precisamente el carácter universal de la τέχνη lo que la hace susceptible 
de ser transmitida y enseñada anticipándose a la experiencia, ya que este arte 
 
9 También en Aristóteles, en Metafísica I, 1, edición trilingüe por Valentín García Yebra 
(Madrid: Gredos, 1970), I: 4-5, se encuentra un planteo semejante al de los textos 
hipocráticos, referente a la articulación del concepto de τέχνη con una tradición que ya 
resultaba común; esto seguramente se debió a la familiaridad del estagirita con las obras del 
sabio de Cos. 
10 En Preceptos I, aparece el término λογισμός como una generalización semejante a la que 
representa el término πρόληψις utilizado por Epicuro (Diógenes Laercio, Vida de los filósofos 
más ilustres, X, 33) que, si bien es de significado ambiguo, puede significar “predicción”. 
Sobre el carácter epicúreo de la introducción a Preceptos, véase la edición bilingüe griego-
inglés de W. H. S. Jones, General Introduction Hipócrates (London, The Loeb Classical Library, 
1957), I: 26. 
11 Aristóteles, Metafísica I, 1, 981a5-7, I: 4-5. 
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LA CONCEPCIÓN ANTROPOLÓGICA DE LA MEDICINA HIPOCRÁTICA 
 
Enfoques XVI, 1 (Otoño 2004): 5-29 11 
ha brindado una explicación a partir de un conjunto de experiencias reunidas. 
Lo que marca la diferencia entre los buenos y malos médicos es el 
conocimiento y habilidad que les han sido transmitidos. “...Como en todo otro 
arte, los que trabajan en el arte de la medicina varían mucho en destreza 
(χει̃ρα) [cheîra] y conocimiento”.12 
La τέχνη presenta otra característica fundamental: la precisión o α̉κρίβεια 
[akríbeia]. Este vocablo, que en un principio se relacionó con la manufactura 
precisa de un objeto, ingresó al ámbito de la medicina para expresar la rigurosa 
fidelidad a los datos.13 La medida o criterio que debe utilizar el médico es el 
cuerpo del paciente, lo que hace a este arte mucho más dificultoso que el 
contar y pesar, ya que el cuerpo es una medida esquiva. En lugar de hipótesis, 
el autor de Sobre la medicina antigua realiza una crítica y una cuidadosa 
observación del fenómeno, a la manera de un científico moderno, esperando 
arribar, no a un conocimiento perfecto y completo de la situación, sino a una 
aproximación a la verdad. “...Porque no tiene precisión en todos los detalles, 
sino mucho más, porque está facultado para ascender razonando desde la 
profunda ignorancia hasta aproximarse a una perfecta seguridad”.14 
Por último, el médico que aprendió correctamente esta τέχνη no 
solamente está capacitado para predecir, sino también para brindar una 
explicación precisa del modo de actuar del tratamiento que aplica al enfermo. 
Según el autor de Sobre la medicina antigua, para que el conocimiento de un 
médico alcance el nivel de una τέχνη debe ser capaz de ofrecer una detallada 
explicación acerca de qué tipo de dolor aqueja a un paciente, qué elemento de 
la comida es el que lo causa y qué parte del cuerpo es la afectada.15 Este interés 
por la explicación que caracteriza a la τέχνη está vinculado con la predicción y 
el control, lo que permite reducir al mínimo la intervención del azar. 
Precisamente la antítesis τέχνη-τυχή configuró históricamente el 
significado del vocablo τέχνη. Esta palabra, que puede traducirse de diversas 
maneras, tales como “arte” y “ciencia”, está relacionada íntimamente con 
ε̉πιστήμη [epistéme], traducida en general por “conocimiento” o “saber”. Más 
 
12 Hipócrates, Περ̀ι α̉ρχαι̃ης ιη̉τρικη̃ς [Perí archaîes ietrikés], I: 12 de la edición citada. 
13 Cf. Marta Nussbaum, La fragilidad del bien. Fortuna y ética en la tragedia y la filosofía griega (Madrid: 
Visor, 1995), 144. 
14 “ει̉ μ̀η περ̀ι πάντα α̉κρίβειαν, α̉λλά πολὺ μα̃λλον διὰ τὸ ε̉γγυς̀ οι̃̉μαι του̃ α̉τρεκεστάτου 
δύνασθαι η̉́κειν”. Hipócrates, Περ̀ι α̉ρχαι̃ης ιη̉τρικη̃ς XII, I: 32 de la edición citada. 
15 W. H. S. Jones, Hipócrates., Περ̀ι α̉ρχαι̃ης ιη̉τρικη̃ς, XX, 34. También Aristóteles, Metafísica, 
981a 28-30. 
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12 Enfoques XVI, 1 (Otoño 2004): 5-29 
aún, según Marta Nussbaum,16 en el tiempo de Platón no se distinguía entre 
ε̉πιστήμη y τέχνη. A la luz de su antítesis con el azar, puede decirse que la 
τέχνη “es una aplicación deliberada de la inteligencia humana a alguna parte 
del mundo que proporciona cierto dominio sobre la τυχή, se relaciona con la 
satisfacción de las necesidades y con la predicción y el dominio de 
contingencias futuras”.17 
La oposición τέχνη-τυχή estuvo presente de tal manera en la medicina 
hipocrática que puede leerse en el mismo epitafio de Hipócrates: “El tesalio 
Hipócrates, de linaje coico, aquí yace, que, nacido del tronco divino de Febo, 
trofeos múltiples erigió derrotando a las enfermedades con las armas de 
Hygiea y consiguió inmensa gloria no por azar (τυχή), sino con su ciencia 
(τέχνη)”.18 
Al reunir en sí misma los criterios que definían la τέχνη en el siglo V, 
puede decirse con toda seguridad que la medicina hipocrática era digna de 
recibir este nombre. 
Esta medicina puede ser clasificada entre las τέχναι [téchnai], cuyo objetivo 
es bivalente: por un lado, la salud, y por otro, la actividad del médico orientada 
hacia aquella. Si no se posee una concepción de la salud, resulta imposible 
disponer de los medios instrumentales para lograrla. Por lo tanto, esta τέχνη 
no sólo está pensando en la investigación acerca de los medios, sino también 
en el τέλος [télos] o fin de su práctica. Aristóteles la contrasta con la 
matemática; mientras que en la medicina existe un fin que es la salud y que no 
se identifica con la actividad de curar, en la matemática la actividad de la teoría 
es un fin en sí mismo.19 También es preciso distinguir la medicina de otras 
τέχναι que son marcadamente productivas, como la zapatería y la edificación, 
cuyo producto se puede especificar independientemente del conocimiento de 
las actividades del artesano, y de aquellas artes como la música o el atletismo, 
cuyos fines son solamente internos y, por ende, estos fines no son productos, 
sino que lo valorado es la actividad en sí misma.20 
 
16 Ibid., 142. 
17 Nussbaum, La fragilidad del bien, 143. 
18 Inscripción antigua hallada en Tesalia. 
19 Cf. Aristóteles, Ética eudemia, 1219a 9-23, edición bilingüe griego-español, traducción, 
introducción y notas de Antonio Gómez Robledo (México: Universidad Autónoma de 
México, 1994), 20. 
20 Nussbaum, La fragilidad del bien, 147-148. 
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LA CONCEPCIÓN ANTROPOLÓGICA DE LA MEDICINA HIPOCRÁTICA 
 
Enfoques XVI, 1 (Otoño 2004): 5-29 13 
El autor de Sobre el régimen, habla del arte como una imitación de los 
procesos de la naturaleza, en la cual los hombres están movidos por una 
especie de inspiración divina: 
[...] por una necesidad divina les ocurre a los hombres todas las cosas, las que quieren y 
las que no quieren...aligual que a todas las demás cosas, también al alma del hombre y a 
su cuerpo los gobierna el alma universal...de acuerdo con una razón única, a todas las 
partes que están en el cuerpo les dio orden el fuego idéntico consigo mismo, de un 
modo conveniente, a imitación del universo [...] la mente de los dioses ha enseñado a 
los hombres a imitar las obras de los dioses mismos [...] la costumbre la establecieron 
los hombres mismos para él, pero sin conocer los fundamentos sobre los cuales la 
establecieron; mas la naturaleza de todas las cosas la ordenaron los dioses.21 
Estas afirmaciones se encuentran directamente en la línea del filósofo 
Heráclito: “es necesario que los que hablan con juicio se apoyen en lo que es 
común a todos, como una ciudad debe apoyarse en la ley, e incluso con mayor 
firmeza. Todas las leyes humanas están nutridas por una sola, la divina; pues 
tiene tanto poder cuanto quiere y basta para todo e incluso ahora”.22 
El autor hipocrático hace una valoración positiva del trabajo, examinando 
los que son productivos y típicamente manuales. A la vez, reconoce que todos 
ellos son capaces de iluminar la inteligencia, porque acompañan y crean 
conocimientos de manera tal que conocer es hacer. En el curso de estos 
trabajos productivos se liberan procesos ocultos cuya producción escapa de 
las previsiones del hombre, alcanzando casi el nivel de una revelación. 
“Conociendo lo que hacen pero ignorando lo que imitan, los hombres pueden 
encontrar en lo que hacen la revelación de lo que ignoran porque no lo 
producen ellos mismos”.23 
Esta celebración de la τέχνη es propia del naturalismo de la escuela médica 
hipocrática que considera al hombre como “parte de la naturaleza”, como 
“microcosmos” dependiente del “macrocosmos”. 
EL HOMBRE COMO MYKROPHYSIS 
La filosofía jónica de la naturaleza tuvo una incidencia preponderante en el 
nacimiento del arte médico. A partir del descubrimiento de la φύσις [physis] se 
 
21 Hipócrates, Περὶ διαίτης [Perí diaités], I, 5, 6, 10, 11, IV: 237-251, de la edición citada. 
22 Fragmento # 114, Estobeo, Ant. III 1, 179, en G. S. Kirk, J. E. Raven y M. Schofield, Los 
filósofos presocráticos. Historia crítica con selección de textos, 2ª edición (Madrid: Gredos, 1987), 307. 
23 Rodolfo Mondolfo, La comprensión del sujeto humano en la cultura antigua, 2ª edición (Buenos 
Aires: Eudeba, 1979), 364. 
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14 Enfoques XVI, 1 (Otoño 2004): 5-29 
dedujo la existencia de una naturaleza del hombre (φύσις του̃ α̉νθρώπου) 
[physis tou ánthropou] que reproduce en escala antropológica la naturaleza del 
universo (φύσις του̃ παντός)24 [physis tou pantós]. Este vínculo es 
magníficamente advertido en una de las obras del Hábeas, titulada Sobre los aires, 
aguas y lugares, que comienza diciendo: 
Quien desee aprender bien el arte de médico deberá proceder así: en primer lugar, 
deberá tener presentes las estaciones del año y sus efectos, pues no son todos iguales, 
sino que difieren radicalmente en cuanto a su esencia específica y en cuanto a sus 
cambios. El próximo punto es observar los vientos calientes y fríos, especialmente los 
que son comunes a todos, pero también aquellos que son característicos de cada región 
en particular. Deberá también considerar las propiedades de las aguas; éstas se 
distinguen en sabor y en peso, además de que sus atributos difieren entre una y otra. 
Cuando un médico arriba a una ciudad desconocida para él, deberá examinar la 
posición que ésta ocupa con respecto a los vientos y al curso del sol [...] Debe 
considerar estas cosas con el máximo cuidado, así como lo relativo a las aguas, la 
calidad del terreno [...] al cambio de las estaciones y del clima, a la salida y ocaso de los 
astros. Si alguien piensa que todas estas cosas están demasiado orientadas hacia la 
meteorología, debe entender que la contribución de la astronomía a la medicina es muy 
grande, pues el cambio de las enfermedades del hombre está relacionado con el cambio 
de las estaciones.25 
El organismo humano posee la misma capacidad de autorregularse que 
posee la φύσις con sus mismas propiedades, equilibrio y armonía. Como ya lo 
anticipó Demócrito, el hombre puede ser considerado como el mundo en 
pequeño, un auténtico “microcosmos”. La armonía intrínseca de la φύσις es 
capaz de generar armonía, pudiendo restablecer el equilibrio eventualmente 
distorsionado por el “exceso” o “defecto”, al decir de Anaximandro, de 
alguno de sus principios activos o δύναμεις: lo seco, lo húmedo, lo caliente y 
lo frío. La φύσις tiene, además, un logos, una inteligibilidad accesible al logos 
humano, por lo cual es posible una fisiología. En consecuencia, es posible 
deducir que los principios activos de la φύσις tienen su correlato en el 
organismo físico del hombre, surgiendo así la célebre doctrina de los 
humores. Esta teoría que, como sostiene con gran agudeza Chuaqui J.,26 
constituye un antecedente temprano de la moderna inmunología, afirma que 
 
24 Para un análisis de este tema, véase Werner Jaeger, Paideia. Los ideales de la cultura griega, 2ª. 
edición (México: Fondo de cultura económica, 1993), 787. 
25 Hipócrates, Περὶ α̉έρον ύδατω̃ν τοπων̃ [Perí aerôn hydatôn topôn], I, II, I: 71-72 de la 
citada edición. 
26 Benedicto Chuaqui J., “Rasgos del arte médico hipocrático”, ΔΙΑΔΟΧΗ. Revista de Filosofía 
Platónica y Cristiana 1, 1-2 (1998): 129-145. 
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Enfoques XVI, 1 (Otoño 2004): 5-29 15 
los principios activos del organismo llamados “humores” poseen las 
cualidades de los elementos de la φύσις. Según el tratado Sobre la medicina 
antigua, hay un número ilimitado de humores, mientras que según la obra Sobre 
la naturaleza del hombre —que Aristóteles atribuyó a Pólibo (siglo IV a.C.)— los 
humores son cuatro:27 sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra: “El 
cuerpo del hombre tiene en sí mismo sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra; 
éstos constituyen la naturaleza de su cuerpo, y a través de ellos él siente dolor 
o goza de salud”.28 
Estos humores pueden agruparse en pares, poseyendo cada par cualidades 
opuestas: sangre y bilis negra, flema y bilis amarilla. A su vez, cada humor 
posee y representa cada una de las cualidades de la φύσις, por ejemplo: la 
sangre es caliente y húmeda como el aire y aumenta en primavera; la bilis 
negra, fría y seca como la tierra y aumenta en otoño; la flema, fría y húmeda 
como el agua y aumenta en invierno; la bilis amarilla es caliente y seca como el 
fuego y aumenta en el verano. Sus respectivos orígenes están situados en 
determinados órganos del cuerpo: la sangre se origina en el corazón, la flema 
en el cerebro, la bilis amarilla en el hígado y la bilis negra en el bazo. La sangre 
puede verse en las heridas, la bilis negra en heces sanguinolentas, tales como la 
melena; la flema se observa en los catarros nasales y la bilis amarilla en 
vómitos. 
Se aprecia la relación entre los humores y las estaciones del año; así, por 
ejemplo, las enfermedades con exceso de flema ocurren en invierno29 y se 
manifiestan en las consunciones pulmonares, ascitis (acumulación abdominal 
de líquido) y disenterías. El libro III de los Aforismos está dedicado 
precisamente a las enfermedades según las estaciones. A continuación, 
reproducimos algunos aforismos que pueden ilustrar al respecto: 
 
27 En el libro Sobre las enfermedades, los humores también son cuatro, pero uno de ellos es el 
agua, lo que resulta curioso, ya que rara vez se advierte que el agua escape del cuerpo. En el 
tratado Sobre la naturaleza del hombre, el agua es sustituida por la bilis negra. 
28 “Τὸ δὲ σωμ̃ατου̃ α̉νθρώπου ε̉́χει ε̉ν ε̉ωντω̨̃ αι̃̉μα καὶ φλέγμα καὶ χολὴν ξανθὴν καὶ 
μέλαιναν, καὶ ταυτ̃ ́ε̉στὶν αυ̉τω̨̃ ή φύσις του ̃σώματος, καὶ διὰ ταυ̃τα α̉λγει̃ καὶύγιαίνει”. 
Hipócrates, Περὶ φύσιος α̉νθρώπου, IV. IV: 10-11 de la edición citada. 
29 Según la determinación de los períodos del año mencionados en los escritos hipocráticos 
que trae la tabla de Aecio III, el invierno comenzaba con la desaparición de la constelación 
de las Pléyades, alrededor del 6 de noviembre (αί πλειάδες έω̨̃ αι δΰνουσι) [ai pleiádes eôai 
dynousi]. 
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16 Enfoques XVI, 1 (Otoño 2004): 5-29 
Todas las enfermedades pueden sobrevenir en cada una de las estaciones; lo que ocurre 
es que algunas de ellas se originan o exasperan más frecuentemente en unas que en 
otras.30 
Referente a las estaciones debemos decir que cuando los inviernos son secos y boreales 
y las primaveras lluviosas y australes, las mujeres que deberían parir en primavera, 
abortan por la menor cosa y, si llegan a dar a luz, producen niños débiles y enfermizos, 
de alta y precoz mortalidad y de vida precaria y raquítica. En los adultos, abundan en 
cambio las oftalmias secas y las disenterías. Y los viejos están especialmente dispuestos 
a morir de catarros y enfriamientos.31 
Respecto del conjunto de las estaciones del año, diremos que las secas son más sanas y 
menos mortíferas que las húmedas.32 
Otra relación que establecieron los médicos hipocráticos fue entre los 
humores y los temperamentos. En el temperamento melancólico, por 
ejemplo, domina la bilis negra. La teoría de los cuatro temperamentos fue 
desarrollada y explicada por primera vez por Galeno, en el siglo II d.C. y se 
mantuvo como una doctrina muy fuerte de la medicina posgalénica hasta el 
siglo XIX. El tratado de Galeno se tituló Περὶ κρασεω̃ν [Perí kraseôn], porque 
la palabra griega para temperamento es κράσις [krásis], “mezcla”, debido a que 
según esta doctrina cada temperamento obedece a una tendencia particular de 
los cuatro elementos, cualidades y humores. Más tarde los árabes, siguiendo 
esta doctrina, caracterizaron los temperamentos sanguíneo, flemático y 
colérico. Pero es preciso señalar una diferencia fundamental entre la teoría 
posterior de los cuatro temperamentos y las anteriores. Las cuatro cualidades, 
elementos o humores, aparecen en todos los cuerpos y la salud implica un 
equilibrio en cada uno de ellos. Pero la teoría de los temperamentos es una 
teoría antropológica, tendiente a establecer clasificaciones entre las personas, 
pues, cada hombre se caracteriza por un temperamento determinado y sólo 
puede hablarse de equilibrio de temperamentos en un sentido político y social. 
En el tratado Sobre los aires, aguas y lugares, se mencionan las diferencias de 
temperamentos imputables al clima y a la raza, pero no se habla de los cuatro 
temperamentos. Asimismo, resulta sorprendente que la teoría de los cuatro 
humores no se desarrolle en el tratado hipocrático Sobre los humores (Περι ̀
χυμω̃ν) [Perí chymôn]. 
 Sin embargo, más allá de estas disparidades, lo realmente importante de 
esta concepción médica hipocrática consiste en que, al ser el hombre un 
microcosmos, en él reside la capacidad de curación, es decir, de restaurar el 
 
30 Hipócrates, Aforismos (Buenos Aires: Schapire, s/f), Libro III, XIX, 81. 
31 Ibid., Libro III, XI, 79. 
32 Ibid., Libro III, XV, 80. 
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Enfoques XVI, 1 (Otoño 2004): 5-29 17 
equilibrio roto por la enfermedad. Esto es lo que se entiende por “potencia 
curativa de la naturaleza” (vis medicatrix naturae). 
UNA NUEVA CONCEPCIÓN DE LA SALUD Y LA ENFERMEDAD 
Otro rasgo peculiar de la antropología hipocrática nos lo proporcionan sus 
nociones de salud y enfermedad. Consecuente con la concepción de hombre 
como análogo a la φύσις, con todas sus propiedades y aptitudes de 
autorregulación, la salud es considerada como un equilibrio,33 “una buena 
mezcla de humores” o ευ̉κρασία [eukrasía] tal como la llamaron más tarde 
Aristóteles y Galeno, mientras que la enfermedad, por el contrario, una mala 
mezcla o δισκρασία [diskrasía]. La noción de salud como expresión de un 
equilibrio se debe a un precursor de Hipócrates, Alcmeón de Crotona, quien la 
definió como una isonomía de δύναμεις o equilibrio en el cuerpo de 
cualidades opuestas, lo frío y lo cálido, lo húmedo y lo seco, lo dulce y lo 
amargo. Por su parte, la enfermedad era una μοναρχία [monarchía] o 
predominio de una de estas cualidades sobre las demás. A él se le atribuye el 
primer libro de medicina, titulado περὶ φύσεος, a la manera de las obras 
escritas por los presocráticos. Como discípulo de Pitágoras,34 entiende que el 
hombre es una imagen microcósmica del macrocosmos universal, por lo cual 
todos los descubrimientos relativos a la φύσις son útiles para valorar los 
estados patológicos y los recursos terapéuticos del hombre. El fragmento que 
trae Aecio resulta contundente para ilustrar la concepción de la salud y 
enfermedad que sostenía Alcmeón: 
Alcmeón sostiene que la mantenedora de la salud es la “igual distribución” (ι̉σονομίαν) 
[isonomían] de las fuerzas, de lo húmedo y de lo seco, de lo frío y de lo caliente, de lo 
amargo y de lo dulce y de las demás, mientras que la “supremacía” (μοναρχίαν) 
[monarchían] de una de ellas es la causa de la enfermedad, pues la supremacía de una de 
ellas es destructiva. La enfermedad sobreviene directamente por el exceso del calor o 
del frío, indirectamente por exceso o deficiencia de nutrición, y su centro son bien la 
sangre, la médula o el cerebro. Surge, a veces, en estos centros, desde causas externas, 
de ciertas humedades, del ambiente, del agotamiento, de la privación o de causas 
semejantes. La salud, por otra parte, es la mezcla proporcionada de las cualidades.35 
 
33 Definición de la que aún hoy no se ha apartado la Organización Mundial de la Salud (OMS). 
34 Según Kirk, Raven y Schofield, las palabras utilizadas por Aristóteles en Metafísica A5, 486a 
22, acerca de la tabla de los opuestos, sugieren que Alcmeón no fue un pitagórico, aunque es 
probable que los amigos a quienes fue dirigido su libro fueran miembros de la secta. G. S. 
Kirk, J. E. Raven y M. Schofield, Los filósofos presocráticos, 477, # 1. 
35 Aecio V, 30, 1 (DK 24 B 4), en Ibid., 372-373. 
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18 Enfoques XVI, 1 (Otoño 2004): 5-29 
Se aprecia una frecuente utilización de términos tomados de la política, 
tales como: “isonomía” o “igualdad de derechos”, “monarquía” o 
“predominio de unos sobre otros”, evocando el orden de la φύσις y las 
perturbaciones que alteran su equilibrio. 
De este modo, la noción de enfermedad se aleja de las ominosas ideas del 
castigo divino, ingresando en una auténtica physiología. 
A partir de esta iluminación precursora de Alcmeón de Crotona, la 
medicina hipocrática considera imposible el conocimiento de la naturaleza de 
las enfermedades, si no se conoce la φύσις en su indivisibilidad. El paciente y 
su enfermedad se encuentran unidos en un hecho único e irrepetible, de modo 
que su tratamiento es único para ese paciente; de ahí la famosa afirmación de 
que no existen las enfermedades, sino los enfermos. La enfermedad es la 
lucha entre la naturaleza humana y la dolencia (noxa) que lo afecta, la 
expresión fenoménica de ese combate lo constituye el síntoma. 
Esta medicina no tenía una definición exacta de las enfermedades, a tal 
punto que muchas de ellas eran confundidas con síntomas o signos. Por 
ejemplo, se llamaba φθίσις [fthísis] a lo que hoy podríamos catalogar como 
consunciones, un conjunto determinado de afecciones entre las cuales la 
tuberculosis pulmonar es la más tristemente conocida. 
No obstante, el médico hipocrático no era propenso a denominar 
ligeramente con un nombre particular determinados cuadros nosológicos 
(νόσας [nósas], enfermedad); de ahí la críticade la Escuela de Cos a la Escuela 
de Cnido, por su tendencia a hacer distinciones y colocar nombres diferentes a 
ciertas manifestaciones que eran más bien síntomas que enfermedades. 
Como consecuencia de la precariedad de los métodos de examen, la 
etiología o estudio de las causas de las enfermedades, tuvo un exiguo 
desarrollo en la medicina hipocrática. No obstante, se llegó a desarrollar una 
verdadera ecología de la enfermedad, como la que inspiró el tratado Sobre los 
aires, aguas y lugares. El clima, los alimentos y los traumas físicos constituyeron 
los factores etiológicos principales. El πνευ̃μα [pneuma] o aire tuvo un rol 
protagónico en la etiología hipocrática. 
En el proceso nosológico aparecían vinculados el clima y la dieta con la 
teoría de los humores, revistiendo las características de un cambio desarrollado 
en el tiempo. Se podría describir de la siguiente manera: por algún motivo 
presente en el aire o en el alimento ingerido, se producía el exceso de uno de 
los humores provocando un desequilibrio. Para recuperar el equilibrio era 
preciso eliminar ese exceso de humor. A tal fin, una sustancia a la que 
posteriormente se la llamó materia peccans, era sometida a un proceso de 
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LA CONCEPCIÓN ANTROPOLÓGICA DE LA MEDICINA HIPOCRÁTICA 
 
Enfoques XVI, 1 (Otoño 2004): 5-29 19 
cocción o πέψις [pépsis], producido por el calor innato. Esta etapa inicial 
corresponde a lo que hoy llamaríamos período de incubación, y el hecho de 
que Hipócrates la denominara “cocción”, responde a una metáfora doméstica 
surgida de la experiencia de fermentar líquidos o cocer los alimentos. La 
materia peccans se mezclaba y era eliminada por orina, heces o sudor. Cuando la 
eliminación era rápida se la denominaba κρίσις [krísis], porque una vez 
logrado el cocimiento, el “juicio” o la determinación se ponía de manifiesto; 
cuando era lenta tomaba el nombre de λύσις [lýsis]. Pero este juicio no siempre 
era definitivo, pues, aun cuando la crisis resultara favorable, podía sobrevenir 
una recaída (ύποστροφή) [hypostrofé]. En algunas ocasiones, la materia peccans se 
separaba (α̉πόστασις) [apóstasis] pero no era eliminada del organismo, 
depositándose en ciertos órganos o tejidos y constituyendo lo que hoy 
denominaríamos “absceso”, o en la forma de un tumor. 
Al ser concebidas como procesos en el tiempo, las enfermedades poseían 
las siguientes características: causas, modos típicos, aspectos específicos y días 
críticos. 
Las causas (αι̉τίαι) [aitíai] se explicaban en el origen del proceso, 
atribuyéndose a los aires, lugares, aguas y alimentos. No estaba presente la 
noción de “contagio”, a pesar del carácter devastador de la llamada Peste de 
Atenas en el siglo V, que Tucídides describe con letras estremecedoras.36 Las 
nociones de “modo típico” y “aspecto específico”, se convertirían más tarde 
en los conceptos de género y especie. La teoría de los días críticos, se refería a 
los días de la enfermedad en que podía ocurrir la crisis, lo que ilustra aún más 
la concepción nosológica como proceso. La misma surgía de la cuidadosa 
observación de la manera en que evolucionaban ciertas fiebres, tales como la 
 
36 El citado historiador nos recuerda que en esa ocasión resultó decisivo el célebre discurso de 
Pericles a los atenienses que lo acusaban del mal por haberlos persuadido a ir a la guerra 
contra Esparta: “Ha sobrevenido una desgracia y no podéis ya perseverar en la política que 
elegisteis cuando todo iba bien. Midiendo mi consejo según vuestra flaqueza, resulta 
equivocado. Nada como lo inesperado para quebrantar el ánimo de un hombre...Debemos 
soportar los ataques del enemigo con valor, los de los dioses con resignación. No debéis 
criticarme por las desgracias que exceden a los cálculos, a no ser que también me ponderéis 
por los éxitos que no se previeron”. Aquí se ve una concepción de la enfermedad como 
castigo divino, que luego la medicina hipocrática irá borrando paulatinamente. Dice 
Tucídides: “Con este discurso Pericles procuraba mitigar la ira de los atenienses y hacerles 
olvidar los males que habían sufrido. En lo tocante a la política, fueron por él persuadidos y 
no trataron de celebrar la paz...pero no cesaron en su repudio contra él, hasta que lo 
condenaron a una fuerte multa. Pero como la multitud es cambiante lo eligieron de nuevo 
general y pusieron todo en sus manos”. Pericles murió poco después al no poder reponerse 
de la infección por la peste. Cf. H. D. F. Kitto, Los griegos, 3ª edición (Buenos Aires: Eudeba, 
1966), 196-198. 
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JUAN CARLOS ALBY 
 
20 Enfoques XVI, 1 (Otoño 2004): 5-29 
palúdica terciana y cuartana. Según Galeno, Hipócrates acostumbraba llamar 
días “indicadores” o “teoréticos” a aquellos durante los cuales solían 
manifestarse las crisis. Así dice uno de los aforismos: 
El cuarto día es indicador del séptimo; el octavo es el primero del segundo septenario y 
en él —en este segundo septenario— el día octavo debe ser especialmente considerado, 
por ser el cuarto de la segunda semana. Cuando la enfermedad se prolonga, 
consideraremos días críticos al decimoséptimo, por ser el cuarto después del 
decimocuarto, y también el decimoctavo.37 
Por su parte, el tratado Epidemias trae una medulosa descripción de la 
evolución de las fiebres en el marco de la teoría de los días críticos, que por su 
riqueza vale la pena reproducir: 
Algunas fiebres son continuas, otras tienen un acceso durante el día y una intermitencia 
durante la noche, o un acceso durante la noche y una intermitencia durante el día; hay 
semitercianas, tercianas, cuartanas, septanas, nonanas. Las enfermedades más agudas, 
más graves, difíciles y fatales, pertenecen a las fiebres continuas. La menos fatal y 
menos difícil de todas, aunque sea la más larga, es la cuartana. No sólo lo es en sí 
misma, sino que concluye en otras dolencias serias. La fiebre llamada semiterciana, que 
es más mortífera que cualquier otra, ataca con preferencia a los pacientes de 
enfermedades consuntivas o de largo proceso, y desemboca también en enfermedades 
agudas. La nocturna no es fatal, pero es larga. La diurna es más larga aún, y en algunos 
produce también una tendencia a la tisis. La septana es larga, pero no letal. La nonana 
es más larga aún, pero no fatal. La terciana verdadera produce una crisis rápida y no es 
fatal. Pero la quintana es la peor de todas. Pues si se presenta antes de la tisis o durante 
la tisis el paciente muere.38 
Las fiebres a las que se refieren los tratados hipocráticos son las 
palúdicas,39 concomitantes a las enfermedades consuntivas o pulmonares, tales 
como neumonía, pleuresía y tisis. 
Si bien la fiebre palúdica es la enfermedad mejor descrita, prestando la 
debida atención a los síntomas propios de la caquexia palúdica, tales como 
decaimiento, malestar general, anemia e hipertrofia esplénica, se mencionan 
también algunas oftalmias, enfermedades propias del Oriente Cercano a las 
 
37 Hipócrates, Aforismos, Libro II, XXIV, 66. 
38 Hipócrates, Έπιδήμιον [Epidémion], XXIV, I: 180-183 de la edición citada. 
39 La gravitación del paludismo en el mundo antiguo fue tan grande, que W. H. S. Jones 
(Hippocrates, I: LV) llegó a afirmar que tanto la caída de Grecia como posteriormente la de 
Roma, se debieron en gran parte al paludismo. Si bien la tesis puede resultar un tanto 
exagerada, arroja luz sobre lo que hemos dicho acerca de la importancia del paludismo en la 
antigüedad. 
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LA CONCEPCIÓN ANTROPOLÓGICA DE LA MEDICINA HIPOCRÁTICA 
 
Enfoques XVI, 1 (Otoño 2004): 5-29 21 
que contribuyen las arenas del desierto; también se describen algunos casos de 
delirio y de enfermedades mentales. En cambio, no hay referencia alguna a las 
enfermedades que hoy conocemos como febrileseruptivas: sarampión, 
rubéola, viruela, así como tampoco hay referencia alguna a la escarlatina, la 
difteria y la peste bubónica. Esto último resulta muy curioso, ya que la 
devastación de la peste de Atenas fue de enormes proporciones y no 
sabríamos nada acerca de ella si no fuera por las crónicas de Tucídides. 
Además de la predicción de los días críticos, concebir la enfermedad como 
proceso le permitió al médico hipocrático trazarse un esquema mental de la 
evolución de la patología en el tiempo, posibilitando el pronóstico o πρόγνωσις 
[prógnosis]. En esta representación temporal de la enfermedad, el doctor podía 
acceder al pasado, presente y futuro de la misma. El acceso al pasado se 
intentaba a través de la interrogación al paciente acerca del comienzo de sus 
dolencias; esto constituye la α̉̉νάμνησις [anamnésis], lo que hoy denominamos 
“historia clínica”. La condición presente la proporciona el diagnóstico, 
διάγνωσις [diágnosis], al que se arribaba a través del estudio de los signos o 
σημει̃α [semeia] de la enfermedad. El citado estudio es conocido hoy como 
semiología. El curso futuro de la enfermedad hasta su desenlace debía 
construirse a través de deducciones que requerían de toda la experiencia previa 
del médico. “Esta capacidad intelectual de integración, aún no reproducida en 
la inteligencia artificial, es parte fundamental del arte médico, y no es raro que 
esa capacidad se manifieste rápidamente y entonces parece que tiene que ver 
con lo que se llama intuición”.40 
Teniendo presente que con los medios disponibles en el siglo V resultaba 
muy difícil realizar demasiados diagnósticos, cobraba más importancia el 
pronóstico, ya que los pacientes estaban más interesados en la manera en que 
evolucionaría la enfermedad que en el conocimiento de rótulos médicos. Se 
consultaba al médico con la misma curiosidad con que se interrogaba al 
oráculo. 
A pesar de entenderse la enfermedad como proceso, tampoco se desarrolló 
con amplitud la patogenia, es decir, el conjunto de alteraciones relacionadas 
entre sí a partir de las causas del proceso nosológico. Esto se debió a dos 
rasgos propios del médico hipocrático: una tendencia fuertemente especulativa 
que a veces sobrepujaba la observación e incurría en hipótesis sin sustento 
empírico y el desarrollo rudimentario del pensamiento anatómico, ya que las 
autopsias no estaban consideradas en esta medicina. Más allá de una 
descripción particular de los huesos, los médicos hipocráticos tuvieron un 
 
40 B. Chuaqui J., “Rasgos del arte medio hipocrático”, 135. 
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22 Enfoques XVI, 1 (Otoño 2004): 5-29 
conocimiento muy vago de los órganos internos, vasos, tendones y nervios. 
Ante la falta de una anatomía que les sirviera de guía, desarrollaron una 
fisiología general, cuya doctrina principal era la de los cuatro humores. 
ACERCA DE LA TERAPÉUTICA 
Uno de los grandes méritos de la medicina hipocrática es su profundo 
respeto por el hombre. Según Hipócrates, la función del médico debe basarse 
en un conocimiento de la naturaleza humana y ayudar a restablecer su 
equilibrio en caso de enfermedad. Esto no implica invadir el organismo, sino 
confiar plenamente en las capacidades curativas inherentes a la φύσις [physis] 
del hombre, la vis medicatrix naturae, cuya idea puede considerarse como el 
primer ejemplo de la noción de autorregulación de los organismos vivos y un 
precursor del concepto más general de homeostasis. Si la perturbación no es 
tan severa, el equilibrio tiende a restablecerse automáticamente, para ello es 
necesario que la fuerza curativa de la naturaleza opere en una condición de 
armonía espiritual y física en el enfermo. Cuidar esto es la labor principal del 
médico, lo que está enteramente de acuerdo con el significado del verbo 
τεράπειν [terápein], “cuidar”, “velar”, “vigilar”, más que “curar”, como se lo 
suele traducir. De ahí el enorme valor de la medicina preventiva sobre la 
curativa y la posventiva.41 La actitud expectante del médico le permitía 
captar la oportunidad, pasajera y efímera, para instaurar el tratamiento en el 
momento óptimo. Dice el primer aforismo hipocrático: 
La vida es corta y el arte requiere de mucho tiempo para ser aprendido. La oportunidad 
se va fácilmente, el empirismo es peligroso e inconveniente y el razonamiento difícil. 
En este sentido no sólo debe el médico poder y saber hacer por sí mismo cuanto sea 
conveniente, sino que debe ser secundado por el propio enfermo, por aquellos que lo 
asisten y por las cosas exteriores.42 
Una concepción de salud tan ligada a la noción de equilibrio de la 
naturaleza humana, nos permite deducir rápidamente que la dieta ocupaba un 
sitial mucho más alto en la terapéutica que la farmacología, y sólo en tercer 
lugar se consideraba la cirugía. 
La dietética era la disciplina principal en el arte hipocrático. Por δίαιτα 
[díaita], se entendía no sólo la alimentación sino todo lo relativo al modo de 
 
41 Un comentario sobre estos tres tipos de medicina puede encontrarse en el excelente artículo 
de José Alberto Mainetti, “Antropobioética. Medicina y humanitud: sufrir, envejecer, morir”, 
Quirón 29 (junio 1998): 66-78. 
42 Hipócrates, Aforismos, Libro I, I: 45. 
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LA CONCEPCIÓN ANTROPOLÓGICA DE LA MEDICINA HIPOCRÁTICA 
 
Enfoques XVI, 1 (Otoño 2004): 5-29 23 
vivir y los cambios producidos en el mismo. Hipócrates aconsejó el ayuno y 
con respecto a la alimentación, recomendó respetar el instinto del enfermo.43 
Veamos algunos aforismos relativos a la dieta que ilustran la importancia que 
el médico de Cos otorgaba a la alimentación: 
En algunas enfermedades agudas y en todas las enfermedades crónicas resultan 
perjudiciales los regímenes exiguos rigurosamente observados. En esas condiciones el 
régimen resulta tan nocivo como la replección extrema.44 
Dado que los enfermos sometidos a un régimen exiguo, cometen fatalmente 
infracciones al mismo, con un perjuicio tanto mayor cuanto que la sensibilidad del 
organismo es mayor también, se deduce que esos regímenes deben ser menos rigurosos. 
Ello conviene así también a las personas en perfecta salud, las que se benefician más de 
una comida moderadamente abundante que de una frugalidad sistemática.45 Si dais la 
misma comida a un hombre con fiebre y a un hombre sano, perjudicaréis al primero y 
beneficiaréis al segundo.46 
También las recomendaciones tocantes a la aplicación del agua y a los 
ejercicios físicos se inscriben en la dietética. El agua del mar estaba 
recomendado para la cura de úlceras y heridas cutáneas, los baños fríos 
sumados al ejercicio posterior se prescribían para dar calor al cuerpo, más que 
los baños calientes. Para combatir los dolores reumáticos o de gota era 
recomendado el uso repetido de chorros de agua fría. 
Al considerar como etiología principal de la mayor parte de las 
enfermedades las alteraciones producidas por los alimentos, Hipócrates decía 
que la corrupción de los residuos alimenticios (περισσω̃ματα) [perissômata] no 
asimilables, retenidos en el organismo, provocaban la patología. Las aguas y 
los aires también eran considerados alimentos, de ahí que lo que hoy 
consideramos agentes patógenos presentes en los mismos, en la especulación 
hipocrática se hallaba presente como alteración alimenticia. Por lo tanto, para 
 
43 Enseñó que en el momento crítico de la enfermedad, convenía suprimir todo tipo de 
alimento o proporcionar una alimentación mínima. Aconsejó la ingesta de pan integral, 
verduras y frutas crudas (crudivorismo), principalmente en las diarreas, en que recomendó 
comer manzana cruda. En invierno y en primavera se puede comer más que en verano y en 
otoño. El jugo de frutas es el mejor alimento cuando se tiene fiebre. Si se ha producido un 
notable adelgazamiento como consecuencia de una enfermedad prolongada, aconsejabano 
comer demasiado para recuperarse pronto, sino hacerlo con precaución, hasta que el 
organismo retome el ritmo adecuado, según su habitual situación de equilibrio. 
44 Hipócrates, Aforismos, Libro I, IV: 49. 
45 Ibid., Libro I, V: 49. 
46 Ibid., Libro VII, LXVII: 152. 
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24 Enfoques XVI, 1 (Otoño 2004): 5-29 
el médico hipocrático tenía un enorme valor el examen de las evacuaciones del 
cuerpo, tales como la orina y las heces. 
En el tratado Sobre la dieta se describen desde las características hasta los 
modos de preparación de los alimentos, tanto para los enfermos como para 
los sanos. 
Cuando el curso de la enfermedad era tan severo que no era posible 
restaurar el equilibrio original a través de la dieta, se recurría a la segunda rama 
de la terapéutica, es decir, la farmacología. El φάρμακον [phármakon] es una 
sustancia extraña al organismo, que se administraba para ayudar a la 
recuperación de la armonía perdida por causa de la enfermedad. La medicina 
hipocrática había esbozado una suerte de proto-fármacodinamia, a través de la 
cual pretendía explicar el modo de acción de los medicamentos. Se suponía 
que el fármaco atraía sustancias corporales afines a su naturaleza, las arrastraba 
y las separaba del organismo eliminándolas por orina, sudor y heces. Entre las 
sustancias más usadas para estos fines encontramos hierbas medicinales que 
actuaban como purgantes y eméticos para purificar el cuerpo, agua de cebada, 
caldo de cebada o ptisane,47 vino, hidromiel (miel con agua), oximiel (miel con 
vinagre); además se administraban dietas de inanición, fricciones, masajes y 
baños. 
La otra rama de la terapéutica era la cirugía (de χείρ [cheír] ”mano” y έ̉ργον 
[érgon] “trabajo”); era la menos apreciada, en vistas de la inferioridad atribuida 
al trabajo manual con respecto a la labor intelectual, más allá de la importancia 
que revestía para el médico hipocrático tener habilidad manual. No obstante, 
fue la rama que tuvo mayor desarrollo. Se practicaban dos tipos de cirugías: 
una exclusivamente manual y otra instrumental. La primera tenía que ver con 
la reducción de fracturas, mientras que la segunda comportaba el uso del 
bisturí, ya sea para vaciar abscesos o provocar una sangría a través de la 
sección de un vaso.48 
 
47 De ahí el vocablo “tisana” para indicar toda clase de infusiones. 
48 Se sabe que Hipócrates realizó sangrías, practicando la venesección y las ventosas, pero 
nunca utilizó sanguijuelas (βδέλλα) [bdélla], a pesar de su mención en Predicciones II, 17. Esta 
mención es sólo a los efectos de advertir que, si la garganta se llena con frecuencia de sangre, 
puede deberse a la presencia de alguna sanguijuela oculta, pero no se la considera como 
recurso terapéutico. Las obras de Galeno tienen muchísimas referencias a sanguijuelas. Cf. 
George Sarton, Historia de la ciencia. La ciencia antigua durante la edad de oro griega (Buenos Aires: 
Universitaria, 1965), I: 424, Nº 49. 
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LA CONCEPCIÓN ANTROPOLÓGICA DE LA MEDICINA HIPOCRÁTICA 
 
Enfoques XVI, 1 (Otoño 2004): 5-29 25 
A la inversa de la práctica actual de la medicina en que la cirugía ocupa un 
sitial de preferencia en la selección de los métodos terapéuticos,49 tanto por la 
búsqueda de inmediatez en la solución de los problemas como por la 
percepción de honorarios profesionales más elevados, en la medicina 
hipocrática ocupaba el último lugar entre las ramas de la terapéutica, después 
de la dietética y de la farmacología. Esta medicina nunca perdió de vista el 
carácter invasivo de la cirugía sobre el cuerpo del enfermo y, en su respeto por 
el mismo, fue considerada como último recurso. Así lo indica el penúltimo de 
los aforismos: “El hierro cura lo que los remedios son incapaces de curar. Y el 
fuego cura lo que no alcanza a curar el hierro. Lo que no se cura con 
remedios, con el hierro ni con el fuego, debe considerarse como incurable”.50 
LA ÉTICA EN LA MEDICINA HIPOCRÁTICA 
El amor al hombre y el amor a su arte eran los dos principios rectores de la 
medicina hipocrática. La salud era un bien altamente apreciado por los griegos, 
pues se inscribía en el ideal de lo bueno y lo bello. El médico debía reunir en 
su propia persona este ideal de la καλοκαγαθία [kalokagathía], lo que lo 
convertía en un α̉ριστός [aristós]. De este modo hacía honor a la exaltada 
afirmación de Homero: el médico es un hombre que vale por muchos otros.51 Su 
persona debía presentar un aspecto saludable, para atraer la confianza de 
aquellos que lo consultaban, debía estar siempre bien vestido, aseado y 
perfumado. El ejercicio de su arte lo llevaba de una πόλις [pólis] a otra, 
convirtiéndolo en un trabajador itinerante. Sólo las grandes comunidades 
tenían un médico municipal que percibía un salario. Los deberes del médico se 
orientaban hacia tres frentes ineludibles: el enfermo, sus colegas y la πόλις. El 
prestigio de la profesión dependía de los aciertos en los pronósticos que, 
como ya se dijo, interesaban a la gente mucho más que los diagnósticos. Las 
condiciones exigibles a aquel que quisiera ingresar al ejercicio de tan noble arte 
están en la línea del naturalismo griego y se explicitan en el tratado hipocrático 
La Ley: 
Quienquiera adquirir un entendimiento competente de la medicina debe gozar de una 
habilidad natural, instrucción, un lugar confortable, educación desde la niñez, diligencia 
y tiempo. Ante todo es necesaria una habilidad natural, porque si la naturaleza se opone, 
todos los esfuerzos serán vanos. Pero cuando la naturaleza señala el camino hacia lo 
 
49 Nótese, por ejemplo, en la obstetricia actual, el impresionante aumento de nacimientos por 
intervenciones cesáreas, cuyo número supera holgadamente al de partos naturales. 
50 Hipócrates, Aforismos, Libro VII, LXXXVII: 156. 
51 Homero, Ilíada, XI, 514. 
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26 Enfoques XVI, 1 (Otoño 2004): 5-29 
mejor, entonces comienza la instrucción del arte de que el estudiante debe apoderarse 
por reflexión y convertirse en un alumno precoz en un lugar de trabajo favorable para 
el estudio. Más aún, debe aplicarse con diligencia por un largo período, de manera que 
el aprender, eche raíces y produzca frutos adecuados y abundantes.52 
El aprendiz debía iniciarse con un maestro al que le pagaba honorarios. Las 
mujeres tenían vedado el acceso, tanto a la atención médica como al 
aprendizaje del arte.53 A los que deseaban ser sus discípulos, Hipócrates les 
exigía un juramento que vino a ser célebre hasta hoy. Este documento 
contiene el núcleo de la ética hipocrática: 
Juro por Apolo médico y por Asclepio y por Hygiea y por Panacea y todos los dioses y 
diosas, poniéndoles por testigos, que cumpliré, según mi capacidad y mi criterio, este 
juramento y declaración escrita: 
Tener al que me enseñó este arte en igual estima que a mis progenitores; compartir con 
él mi hacienda y tomar a mi cargo sus necesidades si le hiciera falta; considerar a sus 
hijos como hermanos míos y enseñarles este arte, si es que tuvieran necesidad de 
aprenderlo, de forma gratuita y sin contrato; impartir los preceptos, la instrucción oral y 
todas las demás enseñanzas de mis hijos, de los de mi maestro y de los discípulos que 
hayan suscrito el compromiso y estén sometidos por juramento a la ley médica, pero a 
nadie más. 
Me serviré del régimen dietético para ayuda del enfermo, según mi capacidad y recto 
entender; pero me abstendré de cuanto lleve consigo perjuicio o afán de dañar. 
No daré a nadie, aunque me lo pida, ningún fármaco letal, ni haré semejante sugerencia. 
Igualmente tampoco proporcionaré a mujer alguna pesario abortivo. 
En pureza y santidad mantendré mi vida y mi arte. 
No castraré ni siquiera (por tallar) a los calculosos; dejaréesa práctica a la actividad de 
los artesanos en ella. 
Cada vez que entre en una casa, no lo haré sino para bien de los enfermos, 
absteniéndome de mala acción o corrupción voluntaria, pero especialmente de trato 
erótico con cuerpos femeninos o masculinos, libres o esclavos. 
Lo que en el tratamiento, o incluso fuera de él, viere u oyere en relación con la vida de 
los hombres, aquello que jamás deba trascender, lo callaré teniéndolo por secreto. 
En consecuencia, si observo este juramento sin quebrantarlo, séame dado gozar de mi 
vida y de mi arte, siempre celebrado entre todos los hombres. Más si lo transgredo y 
cometo perjurio, sucédame lo contrario.54 
 
52 Hipócrates, Νόμος [Nómos], II, II: 263 de la edición citada. 
53 Herófilo relata una anécdota acerca de una mujer llamada Agnódice, ansiosa de poder ayudar 
a las mujeres en el parto. Para poder asistir a las clases de Herófilo se disfrazaba de hombre. 
De este modo se convirtió en “comadrona” y logró asistir a muchas parturientas. Celosos de 
sus resonantes éxitos, los médicos la denunciaron ante el Areópago, pero por la oportuna 
intervención de las distinguidas damas atenienses a las que había asistido, Agnódice fue 
absuelta y la ley que discriminaba a la mujer fue derogada. 
54 Hipócrates, Όρκος [Órkos], I: 298-301 de la edición citada. 
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LA CONCEPCIÓN ANTROPOLÓGICA DE LA MEDICINA HIPOCRÁTICA 
 
Enfoques XVI, 1 (Otoño 2004): 5-29 27 
Este juramento está fechado por los expertos en la misma época de 
Hipócrates, pero presenta algunos problemas de autenticidad, sobre todo en 
lo que respecta a la eutanasia y al aborto, que eran prácticas habituales no sólo 
en Esparta, sino en toda Grecia. La exigencia de un cuerpo saludable como 
condición para ser un verdadero aristócrata, según rezaba un proverbio ático, 
conllevaba sostener un ideal eugenésico. Esto hizo pensar a ciertos eruditos 
como el filólogo Edelstein, que el juramento se originó fuera de las escuelas de 
Cos y de Cnido, posiblemente en el círculo de los pitagóricos. 
Más allá de la paternidad literaria del juramento, queda plasmado en su 
texto el altísimo sentido ético que ha influido en la deontología médica de 
todos los siglos, la cual, a pesar de sus constantes cambios, encuentra en el 
citado juramento una especie de roca inconmovible de sustentación. Basta una 
simple lectura del mismo para advertir que hace honor a lo que afirma el autor 
de los Preceptos: “Donde hay amor por el hombre también hay amor por el 
arte”.55 
ELOGIO DE HIPÓCRATES 
Entre los grandes méritos de la medicina hipocrática se cuenta el de haber 
liberado el arte de curar de las supersticiones y los temores de castigos divinos 
que caracterizaban a la medicina anterior. En La enfermedad sagrada,56 por 
ejemplo, Hipócrates se niega a considerar la epilepsia o “enfermedad de la 
caída” con el nombre de sagrada, aduciendo que no hay dos especies de 
enfermedades, natural y sagrada, o humana y divina; afirma que todas son 
naturales y, en cierto sentido, todas son divinas. 
Y ahora discutiremos la enfermedad llamada “sagrada”. En mi sentir, no es más sagrada 
ni más divina que las demás enfermedades, pues tiene una causa natural, y su 
pretendido origen divino obedece a la inexperiencia de los hombres y al asombro que 
les producen sus características peculiares...Mi propia opinión es que aquellos que le 
atribuyeron carácter sagrado a esa enfermedad se parecían a los magos, purificadores, 
charlatanes y curanderos de nuestros días, personas que hacen gran ostentación de 
piedad y de un conocimiento superior. Extraviados y sin disponer de un tratamiento 
que pudiese ayudarles, se ocultaron y resguardaron detrás de la superstición, y la 
llamaron “enfermedad sagrada” a fin de que se pusiera de manifiesto su absoluta 
ignorancia.57 
 
55 “η̉́ν γὰρ παρη̃ φιλαντρωπίν πάρεστι καὶ φιλοτεχνίν”. Hipócrates, Παραγγέλιαν 
[Parangéliai], VI, 7, I: 318 de la edición citada. 
56 Más conocida por su título en latín: De morbo sacro. 
57 Hipócrates, Περὶίερη̃ςνούσον [Perí hierês noúson], I, II: 138-141 de la edición citada. 
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28 Enfoques XVI, 1 (Otoño 2004): 5-29 
Alejándose de la superstición, Hipócrates proporcionó una explicación 
neumática58 del origen de esta enfermedad, afirmando que se origina en el 
cerebro y que la causa inmediata de los ataques es la obstrucción del aire en 
los vasos sanguíneos59 por la flema que proviene del mismo cerebro. 
Al exorcizar la medicina de poderes temibles fuera del control del hombre, 
la hizo más humana, más cercana a la comprensión de nuestro propio dolor y 
de nuestra peculiar naturaleza. 
Más allá del interés histórico que pueda suscitar el conocimiento de la 
medicina hipocrática, existen otros aspectos encomiables de la misma, además 
del ya mencionado, que es necesario rescatar para iluminar la práctica médica 
actual. Entre otras cosas, a Hipócrates le debemos el respeto por la autonomía 
del paciente ya que, en su enseñaza auroral, reconoció que las virtudes 
curativas anidan en él y no en el médico. 
Por otro lado, la preponderancia de la dietética por sobre la farmacología y 
la cirugía estaría hoy en franca contradicción con los intereses que galvanizan 
la práctica mercantilista de la medicina. El insistente lobby de los laboratorios 
poderosos sobre las instituciones de la democracia para obstaculizar la sanción 
de la ley de genéricos,60 nos pone en la evidencia de que la farmacología a 
menudo persigue un interés espurio que nada tiene que ver con la salud de los 
pacientes. 
Pero tal vez el aporte más significativo de esta medicina antigua radica en 
la concepción totalizadora del hombre como unidad no separable en partes, 
 
58 Esta explicación deriva probablemente de Diógenes de Apolonia, contemporáneo de 
Hipócrates. 
59 En el siglo V se creía que los vasos transportaban aire en vez de sangre. 
60 Nos referimos a la Ley N° 25.649 sobre Promoción de la Utilización de Medicamentos por 
su Nombre Genérico, que establece que toda receta o prescripción médica debe efectuarse 
expresando el nombre genérico del medicamento o denominación común internacional, 
seguida de la dosis farmacéutica y dosis/unidad, con detalle del grado de concentración. Esta 
ley persigue la defensa del consumidor de medicamentos y drogas farmacéuticas, así como 
su libre elección dentro de las condiciones previstas por la misma. Su puesta en vigencia por 
parte del Senado de la Nación Argentina sufrió la oposición de fuertes grupos económicos. 
Teniendo como antecedentes que el Poder Ejecutivo Nacional había dictado el Decreto N° 
150/92 y, a su turno, el 10 de abril de 1992, los entonces Ministros de Economía, Obras y 
Servicios Públicos y de Salud y Acción Social, emitieron sendas resoluciones conjuntas (470 
y 268, respectivamente), el Ministerio de Salud dictó la resolución Ministerial N° 326 del 3 
de junio de 2002, que fija el uso obligatorio del nombre genérico en la prescripción de 
medicamentos y la facultad del profesional farmacéutico de reemplazarlos por otros, 
cumpliendo determinados requisitos. El Decreto Reglamentario de esta ley es el 987/2003, 
del 28 de abril de 2003. 
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LA CONCEPCIÓN ANTROPOLÓGICA DE LA MEDICINA HIPOCRÁTICA 
 
Enfoques XVI, 1 (Otoño 2004): 5-29 29 
como si fueran ensamblajes de una máquina. Esta visión se vio eclipsada en la 
ciencia moderna frente a la cosmovisión mecanicista del universo, que redujo 
el organismo humano a una máquina biológica; de ahí el lenguaje de algunos 
prestigiosos textos actuales de anatomía, histología y fisiología, que hablan de 
los sistemas del organismo en términos de “aparato”, por ejemplo, aparato 
urinario, circulatorio, etc. A la luz de la unitas complex (unidad compleja) quenos propone la medicina hipocrática, hacemos más justicia al hombre tratando 
los componentes de su organismo como “sistemas”. El lenguaje actual que se 
utiliza en las ciencias médicas para referirse al hombre como ser bio-psico-
social, traiciona la unidad proclamada por Hipócrates y no hace más que 
conceder la razón a Descartes, quien afirmó que el ser humano no es otra cosa 
que un organismo unido a un psiquismo, en síntesis, una suma de partes. 
Además, el reconocimiento de la enfermedad como unida a la persona 
obliga a estudiar y tratar a ambas como unidad y no por separado, conducta 
nefasta que devino en la super-especialización y en el estudio de casos, en el 
que el paciente es el exponente numérico de un caso de aparición de una 
patología, pasando a engrosar la casuística epidemiológica hasta diluirse en la 
frialdad impersonal de la mera cifra. En la medicina actual, esta es una de las 
consecuencias de considerar a las enfermedades como entidades morbosas 
que le advienen a la persona desde afuera y que pueden ser estudiadas en los 
libros, clasificadas, agrupadas en una especie de “limbo” desde donde atacan a 
los pacientes y, por lo tanto, combatidas con una terapéutica homogénea en 
todos los sujetos. De ahí que cada enfermo se transforme en un caso. 
Por eso, conviene advertir que desde el pasado nos convoca otra visión del 
mundo y, con ella, otra visión del hombre, al cual todo profesional de la salud 
debería atender desde el compromiso asumido en la respuesta a la vocación 
que lo condujo a las llamadas “ciencias de la salud”. Sólo así podrá decirse que 
el médico es un vir bonus sanandi peritus (varón bueno y experto en curaciones). 
Juan Carlos Alby 
Universidad Nacional del Litoral 
Dirección: Santiago del Estero 2638 
3000 Santa Fe 
ARGENTINA 
E-mail: jcalby@hotmail.com 
Recibido: 31 de marzo de 2003 
Aceptado: 30 de octubre de 2003 
 
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Área Crecimiento y Desarrollo 
1 Disciplina: Salud Pública – Docente: Med. Blesio, Hernán 
 
CICLO: PROMOCIÓN DE LA SALUD 
ÁREA: CRECIMIENTO Y DESARROLLO 
DISCIPLINA: SALUD PÚBLICA 
MÓDULO: NIÑEZ 
UABP: 1 
 
GUÍA DE APREDIZAJE: CONCEPTO DE SALUD Y SU EVOLUCIÓN HISTÓRICA 
1) ¿Qué es la salud? 
2) ¿Cuál es la definición actual de salud según la OMS? 
3) ¿Por qué hablamos de la salud como un derecho? 
4) ¿Cuáles son las diferencias que existen entre los primeros significados de salud y 
el actual? 
5) ¿Cuáles fueron algunos de los principales los motivos por los cuales cambió el 
concepto a lo largo de la historia? 
6) Que implica para el concepto actual de salud de la OMS que se pueda dar aun en 
contexto de una enfermedad? 
7) ¿Cuáles son los aspectos que se critican de la definición actual de salud de la 
OMS? 
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Medicina 
Una aproximación a la 
práctica profesional
Nélida Barbach
Miriam Noemí Brown
Ema Chamizo
Graciela Chamorro
María Verónica Galdón
Soledad Jáuregui
Universidad Nacional del Litoral
Secretaría Académica
Dirección de Articulación, Ingreso y Permanencia
Año 2014
programa de ingreso unl 2014
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programa de ingreso unl / Curso de Articulación Disciplinar: Medicina 2
medicina. una aproximación a la práctica profesional
Capítulo 2
Práctica en terreno. Realidad 
sanitaria y el ejercicio profesional
“La medicina no sólo debe curar enfermos, sino enseñar 
al pueblo a vivir, a vivir en salud y tratar que la vida se pro-
longue y sea digna de ser vivida.”
Ramón Carrillo 
1. Introducción
En los aspirantes a la carrera de Medicina observa-
mos la conceptualización de que la medicina es una 
carrera que capacita para “curar”. 
En los primeros tres lustros de este siglo, la medici-
na se convirtió en una ciencia natural y positivista. Hubo un gran avance en el conocimien-
to, que se direccionó hacia la enfermedad.
En la actualidad debemos asumir una mirada holística del proceso salud-enfermedad, 
que va a ser diferente según las realidades económicas, culturales, sociales, psicológicas y 
aun biológicas de cada persona para que el médico sea educador y agente de cambio tanto 
en la relación médico-paciente como a nivel comunitario y social.
Descubrir la problemática y complejidad del escenario del sistema de salud en el cual 
se va a tener que desempeñar como profesional de la medicina le va a permitir al alumno 
acercarse a la práctica profesional real. 
Desde este material proponemos iniciarlos en el estudio de la salud pública en el con-
texto mundial y nacional, los sistemas de salud, sus determinantes, las inequidades en el 
campo de la salud, para reconocerlas y trabajar en sus soluciones. 
Como tarea final, incorporar la promoción y la prevención en salud como objetivo del 
trabajo medico y la aplicación de los principios de la Atención Primaria de la Salud como 
estrategia de atención.
2. Objetivos
Implican conocer:
• El proceso salud-enfermedad y sus niveles de prevención. 
• Las funciones esenciales de la salud pública y su contexto histórico.
• El sistema sanitario argentino y sus niveles de atención.
• Los lineamientos básicos de la Atención Primaria de la Salud (APS).
En tanto, los contenidos de este capítulo son: salud pública, APS, organismos interna-
cionales relacionados con la salud pública, sistema de salud y redes, y derecho a la salud y 
relación medico-paciente.
Miriam Brown
María Verónica Galdón
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Capítulo 2. Práctica en terreno
programa de ingreso unl / Curso de Articulación Disciplinar: Medicina 3
medicina. una aproximación a la práctica profesional
3. Salud pública
3.1. Evolución histórica del proceso salud-enfermedad 
A través del tiempo el concepto de salud se ha ido modificando y esto ha determinado la 
presencia de varias definiciones de salud, dinámicas, pluralistas, diferentes de una persona 
o grupo a otro, y que cambia de acuerdo con la realidad histórica, ambiental e incluso eco-
nómica del momento que analizamos (Frías Osuna, 2006).
Para introducirnos en los temas filosóficos en cuanto a la salud y la enfermedad, es ne-
cesario emprender un recorrido a través del tiempo.
Consideraremos la evolución histórica de este concepto que nos permita la reflexión y la 
discusión del mismo.
El conocimiento de la historia de una ciencia, como expresa Canguielhem (1971), “…no es 
señalar biografías, anécdotas o datos cronológicos. Es más bien intentar analizar de qué 
manera una ciencia se las arregló para plantear y resolver un problema, proporcionar una 
explicación racional de las coyunturas teóricas y prácticas que constituyen esa historia”.
Las experiencias previas permiten entender el presente, y orientar nuestras acciones 
actuales y futuras.
En su libro, Rocío Gómez Gallego (2008) expresa: “…la salud y la enfermedad, sus correspon-
dientes saberes y quehaceres, y por consiguiente, la práctica médica ha sido motivo de preocu-
pación y objeto de diferentes interpretaciones por parte de la comunidad humana a través de su 
historia milenaria, y éstos también han estado orientados por el paradigma rector de la época”.
El filosofo Thomas Khun interpreta al paradigma como al conjunto de prácticas que defi-
nen a una disciplina científica por un período determinado. Cuando nuevos conocimientos 
invalidan los previos un paradigma debe ser cambiado por otro.
Los diferentes paradigmas relacionados con el proceso salud enfermedad nos permiten 
conocer en qué contexto cultural, ambiental, histórico y económico ha transitado el hombre.
La epidemiología histórica, es una disciplina que se encarga del estudio de la evolución 
histórica de las relaciones entre salud-enfermedad-sociedad.Imagen 1. Mural 
Historia de la 
Medicina. Rubén 
Darío Gutiérrez 
(1991-1992)
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Capítulo 2. Práctica en terreno
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medicina. una aproximación a la práctica profesional
El estudio de las enfermedades como fenómenos poblacionales es muy antiguo y las 
enfermedades de naturaleza infecciosa constituyen los padecimientos iniciales registrados 
que afectaron a las primeras poblaciones.
3.1.1. Historia de la Medicina
Durante muchos siglos el hombre se vio amenazado por el dolor, la enfermedad y la muer-
te y la historia nos cuenta cómo se enfrentó con ellos utilizando los recursos y creencias 
propias de cada época.
3.1.2. El origen de la Medicina: la Prehistoria
Antes de la escritura, los conocimientos son difíciles de recuperar, por lo cual es adecuado 
evaluar la cronología de la Medicina a partir de hallazgos arqueológicos (los esqueletos, 
y diversos elementos) que nos brindan información sobre lo sucedido con respecto a las 
características de las enfermedades frecuentes en los pobladores de esa época. Pero estas 
investigaciones no nos permiten conocer el concepto de salud o métodos de curación im-
perante en aquella época al carecer de registros de escritura. 
Hacia el año 25.000 a.C. ya existen pruebas de formas primarias de chamanismo, 
a partir de pinturas rupestres en cuevas Europa Occidental, la función de ser el “elegido” 
para combatir enfermedades por medio de rituales y de intervenir en actividades de pro-
feta para mantener el cuerpo libre de ellas y en todo lo referente a la caza (Schultz, 1993). 
Se cree que también habrían realizado remedios medicinales para intervenir en la evolu-
ción de dolencias de las personas.
Hacia el 15.000 a.C., en la época del Paleolítico, desde Siberia hasta parte de Europa 
del sur se hallan estatuillas en piedra o barro cocido y figuras en pinturas de paredes de 
representaciones humanas en las que se destacan algunas partes del cuerpo de la mujer 
relacionadas con la fecundidad (pechos y abdomen prominente), generalmente de pie o en 
posición de cuclillas, llamadas Venus de la Edad de Piedra, que se cree que eran utilizadas 
como talismanes a los que se les atribuía el poder mágico de la fertilidad y maternidad, 
además de su función como protectora de los cazadores .
Desde 10.000 a 7000 a.C., primeramente los hombres eran nómades, y al pasar a la vida 
sedentaria, al comienzo del Mesolítico, se produce un cambio cultural que modifica la cau-
sa, la expansión y frecuencia de las enfermedades. 
El vivir en grupos favoreció el riesgo de contagio y diseminación de las enfermedades 
(diarreas, enfermedades respiratorias) agravadas por la ausencia de medidas sanitarias. 
El estudio de los restos óseos permitió detectar enfermedades carenciales, por lo que se con-
cluye que la alimentación era insuficiente o inadecuada (escorbuto, raquitismo). También se 
encontraron en restos óseos signos de artrosis que se relacionaron con la sobrecarga en las arti-
culaciones que soportaban mayor peso en las actividades que desarrollaban en el trabajo; en los 
estudios dentales se detectaron alteraciones en alto porcentaje vinculadas a la falta de higiene.
Hay indicios del comienzo de formas rudimentarias de cultivo y cría de animales domésticos.
En tanto, hacia los 6000 a.C., en el norte de África hay hallazgos de cráneo trepanados 
que ponen en evidencia que se realizaban cirugías rudimentarias ante algunos diagnósti-
cos en personas vivas, y es de notar que sólo se encuentran estas trepanaciones en zonas 
del cráneo donde hay menos riesgos de hemorragias. Hay hipótesis mágicas-religiosas so-
bre la realización de este tipo de prácticas ante traumatismos de cráneo.
En 3200 a 2800 a.C. surge la escritura en Uruk (Mesopotamia). La tabla médica de Nippur, 
en barro, es el más antiguo texto que recoge las recetas para la elaboración de medicamen-
tos. En Egipto surge la escritura jeroglífica, que igualmente recoge información sobre recetas 
a base de bebidas, emplastos, técnicas de vendajes, uso de plantas, semillas, minerales y de-
más productos, diferenciando bien cuál era la forma más adecuada de uso (interna, externa).
Asimismo, figura la importancia de la higiene para algunas dolencias y los baños de in-
mersión o vapor para otras.
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Capítulo 2. Práctica en terreno
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medicina. una aproximación a la práctica profesional
Hay registro de las primeras técnicas de momificación que permiten actualmente el estudio 
de los restos de estos cuerpos para poner luz sobre la dieta y tipos de enfermedades de la época.
En los papiros de ese período se presenta al médico, al brujo y al sacerdote como las perso-
nas que practican la medicina; y una misma persona podía ostentar estos tres tipos de saberes. 
El médico de esta época cabalga en límites difusos entre la religión, la ciencia y la magia. 
La explicación de muchas enfermedades figura en los papiros del Antiguo Egipto (Ebers, de 
20 metros de largo, y Smith con 48 textos), que hablan sobre la praxis médica, describen 
la enfermedad y luego la exploración de los pacientes (signos) esperados y diferencian las 
características de varias enfermedades en mujeres, niños y hombres.
También varios párrafos tratan sobre formas de curación de heridas y conjuros para 
diversas dolencias del cuerpo y el alma. Hacia el 2600 a.C. hay información sobre cómo 
utilizar las tablillas de lino con harina y miel en las fracturas de huesos de los miembros.
En estos escritos se describen rituales hacia dioses varios para atenuar su ira (epidemias) 
o para evitar la acción del demonio sobre el cuerpo manifestado como enfermedades; se-
gún la enfermedad fuera producida por ellos, había un conjuro adecuado.
La mitología con sus varios dioses (Isis, diosa a invocar ante la asfixia; Toth, dios de la 
escritura y curación de las heridas, etc.) muestra que los médicos valoraban la influencia de 
los poderes religiosos sobre la salud del pueblo.
La formación de los médicos en Egipto estaba encargada en las llamadas “casas de la 
vida”, en donde se combinaba la adquisición de los conocimientos como aprendices en es-
cuelas y bibliotecas bajo la tutela de un médico, financiado por los grandes templos y cuyo 
encargado principal era el monarca con su título de sumo sacerdote. 
Los médicos se especializaban en un área específica del conocimiento de la época, (boca, 
ojos, vientre), y según sus conocimientos eran llevados a diferentes regiones donde predo-
minaban estas dolencias.
En Indostán, pueblo indoeuropeo, correspondientes al 2300 a 1750 a.C., se hallan restos 
de estructuras de baños y letrinas en todas las casas con sistemas de desagües a través de 
tuberías que conectan con sistemas de cloacas (zanjas y canales) que finalizan en ríos. Ade-
más, se construyen baños públicos con piletas profundas, no conociéndose exactamente 
si el fin de éstas es higiénico o para la celebración de rituales. Se encuentra en el escrito 
Atharva-Veda, el más antiguo que trata sobre medicina en esta cultura, la descripción de 
las enfermedades más frecuentes, las cuales se clasifican en secundarias a castigos divinos 
o de espíritus malignos. Allí figuran las oraciones, conjuros mágicos, rituales, etc., para re-
mediar los males de este origen. 
Del 2000 a.C., en las distintas culturas en las que hay escritura se hallan los primeros 
indicios de la regulación legal de la medicina tanto de honorarios (a partir del prestigio 
logrado) como de las penas a cumplir por errores en la práctica de su oficio, sobre todo de 
los cirujanos (Código Hammurabi).
Persiste la creencia en espíritus malignos que son causa de enfermedad. Se agrega en la 
Mesopotamia, Oriente Medio, Grecia y Roma, el examen hepático de ovejas, donde se descri-ben sus partes y la vesícula biliar para poder predecir el desarrollo de una enfermedad en el 
hombre, ya que se consideraba que este órgano era la sede del alma.
Se descubre el poder analgésico del opio como medicamento, y se utiliza en píldoras, ca-
taplasma y supositorios, permitiendo mejoras en los tratamientos de varias enfermedades. 
Galeno es uno de los médicos que escribe sobre esta medicina.
Se venera a la serpiente, temida en la mitología, se la considera símbolo de vida al cam-
biar todos los años de piel. Varios dioses y personas notables de la época la tienen en su 
representación; el más conocido es el de Asclepio (Esculapio), cuya vara con la serpiente 
enrollada es hoy el emblema de los médicos.
Correspondientes al 1000 a.C., se encuentran en el antiguo Egipto restos de una momia, 
la del sacerdote Amón, con tuberculosis a nivel de columna vertebral, primera evidencia de 
la alta prevalencia de esta enfermedad en la época.
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Capítulo 2. Práctica en terreno
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medicina. una aproximación a la práctica profesional
Escribas hebreos documentan en el Antiguo Testamento temas vinculados con la medici-
na y remarcan que en esa época la medicina judía tenía como idea imperante que la rela-
ción enfermedad y muerte era un castigo a los pecados humanos.
Una tercera parte de los mandamientos y de las prohibiciones bíblicas se refiere 
a preceptos sanitarios y a su cumplimiento.
En la medicina judía se dan prescripciones higiénicas, dietéticas, y se hace referencia a 
aquellas enfermedades que deben confesar al sacerdote, quien aconsejará sobre la nece-
sidad de ayuno, aislamiento o cambio de ropas, etc. 
En las ciudades indias, los sacerdotes (brahmanes) practican la medicina ayurveda (ciencia de 
la longevidad), basada en la psicología del equilibrio de los tres elementos: aire, hiel y mucosidad.
Hacia el 800-600 a.C. se comienza a jerarquizar la actividad física y la higiene en el Estado 
espartano, fundado en la organización militar, y tanto hombres como mujeres deben reali-
zarlas para cumplir adecuadamente su función militar.
En Roma se ejecutan obras de canalización para la eliminación de excretas aconsejadas 
por los médicos de la corte, permitiendo una mejora sustancial de las condiciones de higie-
ne de la población.
3.1.3. La Antigüedad
En la época de la expansión del Imperio Griego los médicos daban importancia al balance 
entre energías, al estilo de vida, la nutrición, la actividad física y el descanso, pero estas 
normas sólo se llevaban a cabo en las clases sociales altas.
La obra de Hipócrates (considerado padre de la medicina), sobre los aires, las aguas y los 
lugares, era una guía para la selección de los lugares de asentamiento de nuevas poblacio-
nes al dar las herramientas necesarias sobre la relación causal entre el medio ambiente y 
ciertas enfermedades. Sienta la base para el pensamiento científico en temas de higiene 
(palabra proveniente de la mitología griega, de Higea, diosa de la salud). 
A pesar de las mejoras en el nivel de cuidado de la salud, en esta época y hasta la Moder-
nidad se suceden varias epidemias que, por las descripciones, se piensa que eran de fiebre 
tifoidea, disentería y probablemente influenza.
Se comienza a relacionar algunas actividades con trastornos de salud, Plinio relaciona 
enfermedades que sólo se dan en los esclavos o trabajadores de las minas de azufre y oro.
En el siglo II se reglamentan los servicios de salud. Antonius Pio es quien define que 
debe haber un determinado número de médicos oficiales según la cantidad de personas de 
una población, y que estos médicos deben atender gratis a los más necesitados y realizar 
educación para la salud, higiene, dieta, etc. Existen médicos que se encargan sólo de los 
ejércitos, de la corte, o de controlar los baños públicos.
La creación del hospital como tal sucede en Roma. Los hospitales se diferencian según la 
población que asisten, civiles, militares, familias de la corte u oficiales del Imperio. Hay en-
fermerías para esclavos llamadas “valetudinarias”, que dan origen posteriormente al hospi-
tal de indigentes creado en el siglo IV por Fabiola, dama cristiana.
El emperador Augusto crea dentro de su corte una comisión para que administre el 
sistema de salud, el cual se encarga de legislar sobre medidas de higiene en las ciudades 
(calles, baños públicos, calidad del agua y de los alimentos), con grandes logros hasta la 
decadencia del Imperio.
La Higiene, obra de Galeno, aparece hacia el año 129 d.C. y tiene gran influencia en esa época.
En la cultura china, la medicina tradicional comienza a relacionar varias epidemias (cuadros 
febriles) con agentes infecciosos, como contracara de la creencia de que eran castigos divinos.
Los médicos chinos fueron los primeros en lograr avances en el tratamiento y preven-
ción de la viruela.
En esta cultura se comienza a analizar las relaciones entre medio ambiente y cuerpo hu-
mano, de la cual surge la teoría del origen de las enfermedades (causadas por patógenos 
exógenos, endógenos y mixtos). También se formulan teorías sobre cómo se transmiten las 
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Capítulo 2. Práctica en terreno
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medicina. una aproximación a la práctica profesional
enfermedades (vías respiratorias, persona a persona y por tubo digestivo). Tienen conoci-
miento de que algunos animales, como las ratas y los perros, transmiten la rabia; y de que 
otros insectos, como los mosquitos, transmiten enfermedades febriles a las personas. Co-
nocen la relación cíclica de las enfermedades con las estaciones, y poseen algunas nociones 
básicas de prevención de las mismas.
A partir de estos conocimientos se trabaja en medidas destinadas a la promoción y pre-
vención sobre la población, jerarquizando las actividades de los médicos para estos fines.
3.1.4. Edad Media
Este período tiene su desarrollo entre el siglo V y el XV. Comienza con la desintegración del 
Imperio Romano de Occidente en el siglo V, y finaliza con la toma de la ciudad de Constan-
tinopla en el año 1453. Se lo divide en tres etapas y es recién en la última donde prosperan 
las ciudades y las universidades.
La mayor parte del Medioevo se caracterizó por las malas condiciones medioambien-
tales, ya que la mayoría de las personas carecía de acceso al agua potable, y a ello se su-
maban los trastornos nutricionales por las malas condiciones económicas. La ausencia de 
medidas higiénicas privadas y públicas, el hambre, las guerras y las cruzadas, favorecieron 
la expansión de enfermedades como la peste (procedente de la India) y la lepra, que diez-
maron las poblaciones. Se crearon los leprosarios para el aislamiento de estos enfermos.
Imagen 2. 
Marcello Venusti, 
Italia (1512-1571)
La Iglesia Católica crea hospitales y universidades y es responsable de la Salud Pública. 
Los médicos eran los hombres de la iglesia y las enfermedades consideradas castigos divi-
nos (Cárdenas Arévalo, 2001).
3.1.5. La Modernidad
Este período se extiende desde la toma de Constantinopla por los turcos en el año 1453 
hasta el inicio de la Revolución Francesa en el año 1789. 
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Capítulo 2. Práctica en terreno
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medicina. una aproximación a la práctica profesional
La invención de la imprenta, los grandes descubrimientos geográficos, como el de Amé-
rica, el Renacimiento, la Reforma Protestante y la Contrarreforma Política, fueron algunos 
de los sucesos más importantes de esta época.
En el sistema económico, la economía feudal dio paso al comienzo del sistema capita-
lista, con el desarrollo de las industrias, que marcó cambios en losgrupos sociales y en su 
forma de vida, con grandes conglomerados en las ciudades, que se caracterizaron por haci-
namiento, exceso de horas de trabajo y mala alimentación, lo cual trajo como consecuencia 
el desarrollo de enfermedades infectocontagiosas crónicas como la tuberculosis; por lo que 
se comienzan a apreciar la importancia de los factores socioambientales como causas de 
pérdida de la salud.
El descubrimiento de instrumentos ópticos, como el microscopio, permitió la observa-
ción de los microorganismos y el surgimiento de la microbiología. El empleo del método 
científico y los experimentos clínicos facilitaron el conocimiento de nuevas enfermedades y 
las posibilidades de prevenirlas.
Se escribieron varias obras médicas posteriores al Renacimiento. En 1546, Girolamo Fra-
castoro describe en un libro todas las enfermedades contagiosas de la época: lepra, tifus, 
peste, rabia viruela, ántrax, sífilis.
Tomó entonces protagonismo el pensamiento biologista y la imagen del médico como 
hombre de ciencia.
3.1.6. Época Contemporánea
Abarca desde finales del siglo XVIII hasta la actualidad. El aumento de la expectativa de vida, 
los avances tecno-científicos, las medidas de prevención individuales y medioambientales 
posibilitaron una mayor prevalencia de las llamadas enfermedades sociales no infecciosas 
(diabetes, enfermedades cardiovasculares, cerebro vasculares, estrés, alcoholismo, drogas 
ilegales, tabaco, accidentes, enfermedades oncológicas, etc.), que son procesos de larga 
evolución y alta mortalidad.
Pero dadas las diferentes realidades socioeconómicas en el mundo, las enfermedades 
infecciosas también siguen mostrando su alta prevalencia.
El hambre, la pobreza, el desempleo, la violencia, la drogadicción, la prostitución, la con-
taminación medioambiental, la impunidad, constituyen un entramado de riesgo, que se 
contrapone con el avance técnico-científico de esta época.
Muchas de estas enfermedades tienen su origen es estilos de vida no saludables, a los 
que se suman los problemas medioambientales y demográficos.
Resumiendo, desde la epidemiología histórica, podemos distinguir en la historia de las 
enfermedades tres períodos:
I. El primero, que abarca hasta finales del XVIII y comprende la época de las grandes epi-
demias de enfermedades infectocontagiosas agudas.
II. El segundo, en el siglo XIX, caracterizado por la aparición de las enfermedades infec-
tocontagiosas crónicas.
III. El tercero, desde el siglo XX a la fecha, con extensión de las enfermedades sociales, 
infecciosas y no infecciosas.
3.2. Concepto de salud
La evolución histórica del concepto de salud en medicina ha llevado, tanto en el siglo XX 
como en el actual, a modificaciones dinámicas de esta definición, en parte como reflejo a 
la profundización de los conocimientos logrados en diferentes áreas de la medicina y otros 
conocimientos subsidiarios, como la epidemiología, la psicología, la sociología, la salud pú-
blica y la demografía, entre otros.
Sigerist (1945) propone: “La salud no es sólo la ausencia de enfermedad, sino que es algo 
positivo, una actitud gozosa ante la vida y una aceptación alegre de las responsabilidades 
que la vida hace recaer sobre el individuo” (Álvarez Dardet Díaz, 2006). Los primeros con-
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Capítulo 2. Práctica en terreno
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ceptos vertidos por la OMS definen a la misma como “un estado de completo bienestar 
físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades” (OMS, 
1946). Debemos considerar que es al final de la Segunda Guerra Mundial cuando se acuña 
esta definición, la cual es una bisagra que innovó el campo de la salud al tener en cuenta 
aspectos relevantes del desarrollo humano individual (físico y mental) y también al poner 
en el mismo peldaño los derechos humanos, al afirmar que “el goce del grado máximo de 
salud que se pueda lograr es uno de los derechos fundamentales de todo ser humano, sin 
distinción de raza, religión, ideología política, condición económica o social” (OMS, 1946), 
pero adolece de capacidad operativa ya que transforma a la salud en una variable dicotó-
mica (sano-enfermo), quitándole el dinamismo y variabilidad que tiene.
René Dubos, en 1957, desarrolla un análisis en el que define lo que para él significaba 
salud: “…es un estado físico y mental razonablemente libre de incomodidad y dolor, que 
permite a la persona en cuestión funcionar efectivamente por el más largo tiempo posible 
en el ambiente donde por elección está ubicado” (Dubos, 1975).
Este autor jerarquiza una serie de estímulos, externos o internos, que alteran el estado 
de equilibrio individuo-entorno que representa la salud. En tanto, en 1995, en forma más 
abreviada, dijo que salud es “el estado de adaptación al medio y la capacidad de funcionar 
en las mejores condiciones en éste”.
Milton Terris (1975) reelabora la definición previa de la OMS (1946) expresando que: “Sa-
lud es un estado de bienestar físico, mental y social y la capacidad para funcionar y no 
meramente la ausencia de enfermedad o incapacidad” (Terris, 1982), amplía su alcance, 
dándole un carácter subjetivo de “sensación” de bienestar y otro “objetivo” de capacidad 
de funcionamiento en aquellas actividades como trabajo, estudio, etc.; y retira la palabra 
“completo”, que fue una de las críticas que le aplicaron a la definición de la OMS en 1946.
La OMS Europea en 1985 modifica su definición diciendo que la salud es
el grado en que una persona o grupo es capaz, por un lado, de llevar a cabo sus aspiraciones y de 
satisfacer sus necesidades y, por el otro, de enfrentarse al ambiente. En consecuencia, la salud 
debe considerarse no como un objetivo en la vida sino como un recurso más de la vida cotidiana. 
La salud es un concepto positivo que comprende recursos personales y sociales, así como la capa-
cidad física adecuada.
Finalmente, la Carta de Otawa (1986) dice: 
La salud es el resultado de los cuidados que uno se dispensa a sí mismo y a los demás, de la capa-
cidad de tomar decisiones y controlar la propia vida y de asegurar que la sociedad en la que uno 
vive ofrezca a todos sus miembros la posibilidad de gozar de un buen estado de salud. La salud se 
crea y se vive en el marco de la vida cotidiana, en los centros de enseñanza, de trabajo y de recreo.
3.3. Salud pública
Charles Winslow, en 1920, puntualiza:
La salud pública es la ciencia y el arte de prevenir las enfermedades, prolongar la vida y fomentar 
la salud y la eficiencia física mediante esfuerzos organizados de la comunidad para sanear el 
medio ambiente, controlar las infecciones de la comunidad y educar al individuo en cuanto a los 
principios de la higiene personal; organizar servicios médicos y de enfermería para el diagnósti-
co precoz y el tratamiento preventivo de las enfermedades, así como desarrollar la maquinaria 
social que le asegure a cada individuo de la comunidad un nivel de vida adecuado para el man-
tenimiento de la salud.
Tiempo después, agrega al término “salud física” el de “salud mental” (Winslow CEA, 1920).
Según la OMS, la salud pública es la ciencia y el arte de impedir la enfermedad, prolongar 
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la vida y fomentar la salud y eficiencia mediante el esfuerzo organizado de la comunidad 
para que el individuo en particular y la comunidad en general se encuentren en condiciones 
de gozar de su derecho natural a la salud y longevidad.
Para el logro de estas metas, se debe trabajar en el fomento de mejoras del medio am-
biente, control sanitario de los establecimientos públicos y en la vigilancia y prevención 
de las enfermedadestransmisibles. Estas medidas se deben acompañar del impulso de 
políticas que garanticen, educación, trabajo y vivienda digna, entre otros derechos sociales, 
para el logro de la salud.
De los conceptos previos podemos inferir que los problemas inherentes a la salud pú-
blica constituyen situaciones que afectan a las poblaciones y no a los individuos en forma 
aislada, por lo tanto la resolución de los mismos forma parte de políticas intersectoriales.
3.3.1. Funciones de la salud pública
Comprenden el conjunto de actuaciones que debe ser realizado con el fin de mejorar la 
salud de las poblaciones.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS), por medio de la iniciativa “La Salud 
Pública en las Américas”, definió 11 funciones esenciales de la salud pública y elaboró un 
mecanismo que permitió a todos los países realizar una autoevaluación de sus capacidades 
para individualizar los factores críticos que deben tenerse en cuenta para desarrollar pla-
nes o estrategias de fortalecimiento de la infraestructura institucional de la salud pública, y 
también los mecanismos de gestión y recursos materiales necesarios para que la autoridad 
sanitaria nacional, en sus diferentes niveles de intervención, pueda ejercer de manera óp-
tima las funciones que le competen” (OPS/OMS).
Las funciones esenciales son: 
I. El monitoreo, la evaluación y el análisis del estado de salud de la población.
II. La vigilancia, la investigación y el control de los riesgos y las amenazas para la salud 
pública.
III. La promoción de la salud.
IV. El aseguramiento de la participación social en la salud.
V. La formulación de las políticas y la capacidad institucional de reglamentación y cum-
plimiento en la salud pública.
VI. El fortalecimiento de la capacidad institucional de planificación y el manejo en la salud 
pública.
VII. La evaluación y la promoción del acceso equitativo a los servicios de salud necesa-
rios.
VIII. La capacitación y desarrollo de los recursos humanos.
IX. La seguridad de la calidad en los servicios de salud.
X. La investigación en la salud pública.
XI. La reducción de la repercusión de las emergencias y los desastres en la salud pública.
3.3.2. Áreas de la salud pública
Podemos diferenciar sus áreas de intervención:
I. Epidemiología: es el estudio de la distribución y determinantes de enfermedades en 
poblaciones humanas. 
La Asociación Epidemiológica Internacional dice que “la epidemiología es el estudio de 
los factores que determinan la frecuencia y distribución de enfermedades en poblaciones 
humanas” (Irala, 2004).
II. Salud ocupacional: se encarga de controlar las condiciones medioambientales labora-
les, y de que los trabajadores realicen sus actividades sin riesgo físico-psíquico-social.
III. Salud ambiental: según la OPS, “la salud ambiental refiere a un concepto general que 
incorpora aquellos planeamientos o actividades que tienen que ver con los problemas de 
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salud asociados con el ambiente, teniendo en cuenta que el ambiente humano abarca un 
contexto complejo de factores y elementos de variada naturaleza que actúan favorable o 
desfavorablemente sobre el individuo”.
Para ello, se deben implementar políticas y planes de ordenamiento que disminuyan el 
riesgo para la población.
IV. Gerencia en salud: rama de la salud pública encargada de la administración de los 
recursos (financieros, tecnológicos, humanos e infraestructura). Hay diferentes niveles de 
gerencia en salud, por ejemplo, de un efector público como un hospital de tercer nivel de 
atención o programas de vacunación destinados a un grupo de la población, o incluso de 
proyectos más específicos, pero todos ellos requieren esta perspectiva de administración 
conociendo los recursos disponibles para dar respuesta con ellos a la demanda en la po-
blación en forma más adecuada.
V. Auditoria en salud: es una herramienta imprescindible para valorar los servicios de salud 
en cuanto a diferentes objetivos, de calidad, de cantidad, de equidad, tanto a nivel individual 
(médicos, enfermera, etc.) como de instituciones (ministerios, hospitales centros de salud), 
permitiendo en cierta medida certificar que se lograron los objetivos propuestos con los me-
nores riesgos y mayor eficacia, y en caso contrario reorganizar las actividades para lograrlos.
Estas cinco herramientas han permitido que la salud pública progresara en sus alcan-
ces al colectivo de la población, mejorando los niveles y expectativa de vida, al enfocarse 
en aquellas actividades de prevención y promoción de la salud, diagnosticando en forma 
adecuada las problemáticas de la población y mejorando las actividades proyectadas a me-
diano y largo plazo.
3.3.3. Medio ambiente y salud
Hay diversas definiciones sobre medio ambiente que fueron modificándose con el paso de 
los años, a medida que se comprendía que no estaba constituido únicamente por los facto-
res y aspectos físicos que rodeaban a los seres vivos. En la actualidad se lo define como “el 
conjunto de factores naturales, culturales, tecnológicos, sociales o de cualquier otro tipo, 
interrelacionándose entre sí, que condicionan la vida del hombre y de todos los seres vivos, 
a la vez que, constantemente, son modificados por la especie humana”.
Todos los días los medios de información nos comunican sobre la presencia de distintos 
riesgos ambientales, en su mayoría determinados por la acción del hombre. Nos referimos 
a contaminación de las aguas de los ríos por desechos tóxicos fabriles, contaminación del 
aire con quema de basurales, uso inadecuado de pesticidas y otros agroquímicos en los 
cultivos, entre muchos otros.
Los factores medioambientales tienen una participación muy importante en el proceso 
salud-enfermedad. De acuerdo con el Informe Lalonde, representan el 19% de las causas de 
morbimortalidad y el 1,5% de los gastos en salud.
Las causas de morbilidad están asociadas a enfermedades respiratorias agudas, a enfer-
medades diarreicas, intoxicaciones, enfermedades transmitidas por vectores, etc. 
Un informe de la OMS referido a medio ambiente y salud infantil advierte que más de 
tres millones de niños menores de cinco años fallecen cada año por enfermedades rela-
cionadas con el medio ambiente, por lo que determinan que es uno de los factores que 
influyen de forma más decisiva en los diez millones de defunciones infantiles que ocurren 
cada año, y uno muy importante para la salud y el bienestar de las madres.
La exposición a estos riesgos puede comenzar antes del nacimiento, por la contaminación 
del aire y los alimentos. Informa que el contacto de las mujeres con plaguicidas y o agroquí-
micos, de modo persistente, puede ocasionar daños en la salud del feto; también con el pasa-
je de sustancias tóxicas a través de la leche materna se ve afectada la salud del recién nacido.
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La franja de la población más vulnerable es la más humilde, la que menos recursos eco-
nómicos y culturales posee. Expuesta a medios muy contaminados generalmente desco-
noce la repercusión que estos factores tienen en el proceso salud-enfermedad. A su vez 
carece de la información adecuada para reclamar las soluciones correctas.
3.3.4. Instrumentos de investigación en salud pública
3.3.4.1. Epidemiología
La medicina preventiva representa uno de los pilares fundamentales de la salud pública, lo 
que determina el rol jerárquico que en la actualidad ocupa la epidemiología.
La Asociación Epidemiológica Internacional dice que “la epidemiología es el estudio de 
los factores que determinan la frecuencia y distribuciónde enfermedades en poblaciones 
humanas”.
La 41º Asamblea Mundial de la Salud, en su 15º sesión plenaria, el 13 de mayo de 1988, 
aprobó una resolución sobre el papel de la epidemiología. 
En ella expresa que reconoce
que la epidemiología desempeña una función esencial no solo en el estudio de las causas de las 
enfermedades y de los medios de prevenirlas, sino también en las investigaciones sobre sistemas 
de salud, el apoyo a la información sanitaria, la valoración de la tecnología sanitaria, y la gestión y 
evaluación de los servicios de salud.
Imagen 3. El rega-
lo. Juan Arancio
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Ello la convierte en un esencial auxiliar del trabajo médico. Sus objetivos son: identificar 
y recolectar información referida a la situación problemática, señalar la extensión de la po-
blación afectada, precisar las variaciones en el tiempo y en el espacio; elaborar hipótesis de 
los fenómenos que favorecen la presentación, establecer pronóstico, diseñar sistemas de 
control y evaluar las medidas tendientes a proponer intervenciones efectivas.
El campo de acción de la epidemiología se fue ampliando con el paso de los años y ac-
tualmente comprende estudios del estado de salud de los diferentes grupos poblacionales 
y de los determinantes de salud, la evaluación de los servicios de salud y del medio ambien-
te, como también la vigilancia epidemiológica de las enfermedades para poder aplicar las 
medidas de prevención y promoción adecuadas.
Los principios epidemiológicos (Jenice y Cleroux, 1987) son:
I. El control de los problemas de salud exige enfoques individuales (clínicos) y colectivos 
(epidemiológicos).
II. Todos los problemas de salud tienen una dimensión colectiva.
III. El control de los problemas debe ser etiológico (causal) y preventivo.
IV. Todos los problemas de salud son multicausales.
V. La causalidad se establece por diferentes medios (lógicos y/o estadísticos).
VI. La asociación causal exige sustentar los mecanismos de causalidad.
VII. Los modelos teóricos no se equiparan a las experiencias. 
VIII. La investigación debe integrarse con la intervención.
IX. Todo problema debe analizarse en su contexto.
3.3.4.2. Indicadores de salud
Los indicadores epidemiológicos se utilizan para estimar la magnitud y trascendencia de 
una situación determinada, expresan variables que intentan medir el estado de salud de 
una población, y con este conocimiento de la realidad se pueden objetivar cambios en las 
conductas en salud pública.
La OMS los define como aquellas “variables que permiten medir los cambios” (OMS, 1981).
Los indicadores miden:
• Los niveles de salud, a través de la esperanza de vida, mortalidad general, mortalidad 
infantil, y mortalidad materna.
• Los recursos y actividades para la salud mediante la información de la población con 
servicios de agua corriente, cloacas, servicio de recolección de residuos. La relación de 
cantidad de hospitales/población, acceso a la salud de la población, camas hospitalarias, 
gasto en salud, etcétera.
• Las condiciones socioeconómicas a través del conocimiento del Producto Bruto Interno, 
niveles de alfabetización, población económicamente activa, tasa de desocupación, etcétera.
Las tres formas más comunes de relación son: 
I. Razón: es un cociente entre dos magnitudes, donde el numerador no forma parte 
del denominador. Son dos magnitudes de diferente naturaleza que expresan una relación 
entre ellas. Ejemplo: la relación que existe entre el número de mujeres y de varones en la 
provincia de Santa Fe.
II. Proporción: es un cociente donde el numerador forma parte del denominador, en general 
se lo expresa como porcentaje y para ello se lo multiplica por 100; señala la relación de una parte 
con el todo. Ejemplo: en la población de Santa Fe, la proporción de mujeres se calcula relacio-
nando el número total de mujeres en el numerador con el número total de la población de San-
ta Fe, en el mismo año en el denominador: y para calcular el porcentaje, se la multiplica por 100.
III. Tasa: también es un cociente donde el numerador forma parte del denominador 
como en la proporción, pero siempre se encuentra referida a un período y a un deter-
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minado lugar. Es un indicador de riesgo clásico. Está compuesto por el numerador, 
el denominador y un factor de amplificación para facilitar su lectura. Ejemplo: tasa de mor-
talidad infantil. Es un indicador del nivel de salud de la comunidad, ya que es un reflejo de 
la realidad socioeconómica y de las inequidades en el campo de la salud. Mide la frecuencia 
de muerte durante el primer año de vida.
Se calcula de la siguiente manera:
3.3.5. Determinantes y campo de salud
La OMS denomina determinantes de salud a “aquellas circunstancias sociales y económicas 
desfavorables que afectan a la salud a lo largo de la vida”.
Estas circunstancias inciden gravemente en aquellos individuos que por diversos mo-
tivos tienen sus necesidades básicas insatisfechas, lo que implica un mayor riesgo de en-
fermedad y de muerte que el resto de la población que goza de educación, trabajo digno, 
vivienda e ingresos justos. 
Las Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) (INDEC, 1980, 1991, 2001) implican la condi-
ción que afecta a personas o grupos sociales que, en razón de situaciones de marginalidad 
o carencia, no logran satisfacer sus demandas en salud, alimentación, vivienda, vestimenta 
y trabajo. 
Se consideran hogares con NBI aquellos en los cuales está presente al menos uno de los 
siguientes indicadores de privación: 
I. Hogares en una vivienda con más de tres personas por cuarto (hacinamiento crítico).
II. Hogares con una vivienda de tipo inconveniente (pieza de inquilinato, vivienda preca-
ria u otro tipo).
III. Hogares en viviendas que no tienen retrete o tienen retrete sin descarga de agua.
IV. Hogares con algún niño en edad escolar que no asiste a la escuela.
V. Hogares que tienen 4 o más personas por miembro ocupado y en los cuales 
el jefe tiene bajo nivel de educación (sólo asistió dos años o menos al nivel primario).
3.3.5.1. Campo se salud
Marc Lalonde se desempeñaba como ministro de Salud Pública de Canadá en 1974, cuando 
publicó un informe basado en las causas de morbimortalidad (Lalonde, 1996).
Este documento determinó un nuevo marco conceptual que permitió evaluar y determi-
nar las necesidades en la salud de la población y su relación con la tasa de mortalidad y el 
gasto en salud.
Lo positivo del informe es que reconocía la importancia de los estilos de vida en el pro-
ceso salud-enfermedad. Con estilos de vida saludables se podía reducir la mortalidad pre-
matura en casi un 50%. Marcaba así las posibilidades del individuo o del sistema de salud 
de actuar preventivamente.
En su informe, Lalonde expresaba que “la salud es un campo multidimensional y difuso 
resultante de la interacción de estos cuatro componentes”. Ellos son: 
• Factores biológicos: comprenden todos los hechos que tienen que ver con la salud 
física y mental, y se expresan en el organismo como resultado de la biología esencial del 
individuo y de su constitución orgánica. Ellos son la herencia genética, los cambios fisiológi-
cos que ocurren en el ciclo de la vida, la constitución biológica, la edad, el sexo.
Los problemas de salud cuyas causas radican en la biología humana representan el 27% 
de las causas de morbimortalidad y el 6,9% de los gastos en salud.
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• Estilo de vida: contemplan todas las decisiones 
que el individuo toma con respecto de su salud y so-
bre las cuales tiene cierto control.
Un estilo de vida saludable significa adoptar actitu-
des que mejoren la calidad de vida, como lo son una 
alimentación sana, ejercicio físico, recreación, valo-
res y creencias, capacidad de decisión, nivel econó-
mico, hábitos, cultura y costumbres, etc. Los hábitos 
de vida perjudiciales que se originan en el individuo 
representan el 43% de las causas morbimortalidad y el 1,2% de los gastos en salud, y son 
modificables.
• Medio ambiente: factores relacionados con la salud, externos al cuerpo, que incluyen 
a los agentes nocivos relacionados al medioambiente físico, químico, biológico, psicosocial 
y cultural, sobre los que el individuo tiene muy poco control. Integran esta categoría la 
contaminación del aire y del agua, los ruidos ambientales, el tratamiento de los residuos, el 
manejo de las aguas servidas, la potabilización del agua, etcétera.
Estos factores representan el 19% de las causas de morbimortalidad y el 1,5% de los gas-
tos en salud.
• Servicios de salud: la organización de la atención de salud es definida también como 
sistema de atención de salud.
Comprende todo lo relacionado con las prestaciones de salud a la comunidad. 
Ellas incluyen la práctica de la medicina, enfermería, tratamientos, métodos diagnósti-
cos, servicios odontológicos, hospitales, servicios de ambulancias, kinesiología, etcétera.
Este componente representa el 11% de las causas de morbimortalidad y el 90,2% del 
gasto en salud.
Analizando la relación entre el riesgo de mortalidad y el gasto en salud estipulado para 
cada uno, es claro que la mayor inversión se realiza en la organización de la atención de la 
salud y en el tratamiento de las enfermedades, que podrían prevenirse con políticas ade-
cuadas que estén aplicadas a los otros tres componentes del campo de salud.
Son cinco los hábitos más relacionados con riesgo de 
muerte: (Wiley y Camacho, 1980): sedentarismo, tabaco, 
alcohol, obesidad, horas de sueño nocturno.
La medicina tradicional estaba centrada en la persona 
enferma; a partir del Informe Lalonde, se trabaja en un 
concepto más amplio, centrado en la persona sana, a 
través del campo de salud.
Tabla de distribución de la mortalidad 
según sus causas y la proporción de 
gastos federales asignados al sector 
sanitario en los EE.UU. Período 1974-
76 (Lalonde, 1976)
Sistema de asistencia sanitaria
Medio ambiente
Estilo de vida
Biología humana
Mortalidad
11 %
19 %
43 %
27 %
Gasto
90.6 %
1.5 %
1.2 %
6.9 %
3.4. Atención primaria de la salud
3.4.1. Contexto histórico
En la III Reunión Especial de Ministros de Salud, realizada en Santiago de Chile en 1972, se 
analizó la problemática prioritaria del sector de la salud.
El problema más importante en ese momento era el acceso a los servicios de salud, ya 
que un alto porcentaje de la población se encontraba desprotegida. Esta situación determi-
no que en la década posterior, los esfuerzos de los diferentes gobiernos Latinoamericanos 
se enfocaron principalmente en lo sanitario para mejorar el acceso a los servicios de salud.
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La propuesta de APS y el compromiso de Salud para 
Todos en el año 2000 (OMS, 1977) fue la herramienta 
de la que se valieron en la Región de las Américas para 
trabajar sobre políticas y estrategias para la ampliación 
de la cobertura de salud.
Así surge la APS, como una política de desarrollo para 
brindar mayor cobertura y así poder resolver lo que en 
aquella época se llamó la “crisis de accesibilidad”, espe-
jo de lo que era la crisis de los sistemas de salud.
La APS, según la Conferencia de la OMS-UNICEF de 
Alma Ata, es definida como
la Asistencia esencial, basada en métodos y tecnologías prácticos, científicamente fundados y so-
cialmente aceptables, puesta al alcance de todos los individuos y familias de la comunidad median-
te su plena participación, y a un coste que la comunidad y el país puedan soportar. (…) La Atención 
Primaria es parte integrante tanto del Sistema Nacional de Salud, del que constituye la función cen-
tral y el núcleo principal, como del desarrollo social y económico global de la comunidad. Represen-
ta el primer contacto de los individuos, la familia y la comunidad con el Sistema Nacional de Salud; 
lleva lo más cerca posible la atención de salud al lugar donde residen y trabajan los individuos, y 
constituye el primer elemento de un proceso permanente de asistencia sanitaria.
Esta definición fue aprobada por más de 140 países, entre ellos Argentina.
3.4.2. Objetivos
El objetivo fundamental es optimizar el estado sanitario de la población, pero no en forma 
unilateral, sino fomentando la participación comunitaria.
La implementación de la APS se debe realizar en forma progresiva, continua, mediante 
la formación de los profesionales involucrados, la participación ciudadana, intentando de-
sarrollar actividades que articulen los diferentes sectores para lograr una cobertura total 
y equitativa de las necesidades de la población. La inclusión de otros sectores además del 
sanitario como por ejemplo sectores económicos, agricultura, la industria, vivienda y urba-
nismo, educación permitirá el logro de los objetivos a largo plazo.
Se basa en actividades de promoción, prevención, diagnóstico, tratamiento y rehabilita-
ción, para resolver los problemas de salud de la comunidad.
La APS se puede analizar desde cuatro perspectivas (Vuöri, 1984):
• Como un conjunto de actividades que deben incluir: educación sanitaria, provisión 
de alimentos, nutrición adecuada, salubridad del agua, saneamiento básico, cuidados ma-
ternos infantiles, inmunizaciones, prevención y control de las enfermedades endémicas, 
tratamiento básico y abastecimiento de medicamentos. 
• Como un nivel de asistencia; implica el primer punto de contacto individual y comuni-
tario con el sistema sanitario, el cual no debe ser solo con la persona enferma, sino también 
debe contactar con las personas sanas, para potenciar el auto cuidado y la autorresponsa-
bilidad con respecto a su propia salud. 
• Como una estrategia de organización de los servicios sanitarios, en el que sugiere la 
necesidad de que estos servicios deben estar delineados y coordinados para cubrir y garan-
tizar el acceso y los recursos adecuados a toda la población y no sólo a una parte de ella.
• Como una política o filosofía; implica el desarrollo de un sistema sanitario que respon-
da a criterios de justicia e igualdad en el acceso para todos los ciudadanos, independiente-
mente de otros factores, fomentando la participación de la comunidad.
Del análisis de las cuatros posibles perspectivas anteriores podemos concluir que se pro-
duce un cambio de paradigma en la propuesta de atención primaria de la salud.
I. De un sistema centralizado en la curación de la enfermedad, se pasa a un modelo de 
atención basado en la prevención y en el cuidado de la salud.
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II. Del tratamiento específico de las patologías, a medidas de promoción de la salud, a 
través de la educación para la salud.
III. De la formación de médicos especialistas, centrados en su práctica individual, a una 
medicina basada en el contexto bio-psico-social del individuo, que promueve el trabajo 
interdisciplinario.
IV. Del sector de salud, como único responsable de las políticas sanitarias, al trabajo co-
munitario y colaborativo intersectorial.
3.4.3. Accionesque se promueven en la APS
Todas aquellas que permitan satisfacer con adecuadas respuestas a los problemas de sa-
lud prevalentes de la población, por medio de servicios de promoción, prevención, trata-
miento y rehabilitación para resolverlos.
Las actividades de la APS son: educación de la población y personal sanitario, promo-
ción de una nutrición adecuada y provisión de alimentos en caso de ser necesario, control 
de salubridad del agua, cuidado materno infantil y planificación familiar, inmunizaciones 
según los esquemas actualizados, promoción y prevención de enfermedades endémicas, 
saneamiento básico ambiental, asistencia médica y provisión de fármacos. 
3.4.3.1. Contexto social y sanitario de la APS del siglo XXI
La renovación de la estrategia de APS en las Américas se justifica por la modificación de los 
perfiles demográficos y epidemiológicos en esta región.
Los más relevantes son los cambios en la urbanización y el envejecimiento demográ-
fico; las enfermedades crónicas, la violencia y las discapacidades; el sida y otras enfer-
medades emergentes; la vulnerabilidad a desastres y a otras circunstancias de impacto 
ambiental; la diversidad cultural, étnica, de género, de modos de vida y el impacto de 
otros macro determinantes de la salud: la descen-
tralización político administrativa, los cambios en los 
modelos de atención y de gestión de los servicios de 
salud y la diversificación de las respuestas sanitarias 
tradicionales (OMS/Alma Ata).
3.4.4. Equidad en salud
Es conveniente comenzar el desarrollo de este tema, definiendo los conceptos nodales de 
lo que significa desigualdades, equidad e inequidades en salud, ya que las disparidades en 
salud están extendidas en todos los continente, países y hacia el interior de ellos, a pesar 
los logros a nivel macroeconómicos de varios países del continente, incluida la Argentina, 
los beneficios no se ven plasmados en mejoría de los gradientes en salud entre diferentes 
sectores de la sociedad.
Equidad en salud implica la ausencia de disparidades en los determinantes de salud de 
una población o individuo, por lo general su valoración tiene en cuenta cuando se la analiza 
a nivel macro, los resultados finales de salud.
Es en sí un principio comparativo, pero lo realiza desde la perspectiva de que al detectar 
desigualdades produndiza si éstas son evitables, en la búsqueda de garantizar la conserva-
ción del derecho de igualdad a un nivel mínimo o básico de derecho a la salud.
Desigualdad, son aquellas diferencias entre personas, situaciones o realidades sin tener 
en cuenta el principio de justicia que producen o generan a estas circunstancias.
Inequidades en salud según Margaret Whitehead “son las diferencias evitables, innece-
sarias e injustas, y que a diferencia de la desigualdad, este concepto valora los aspectos 
de justicia distributiva y social”, pone especial énfasis en el hecho de si pueden o no ser 
evitables; se debe tener en cuenta que estas diferencias se acumulan en el transcurso de 
la vida de las personas y se repiten en forma sistemática muchas de ellas sobre los mismos 
sectores vulnerables (mujeres, niños, ancianos, grupos étnicos minoritarios).
Se intenta que la población conozca las actividades que 
se desarrollan en los centros de salud de su barrio, para 
fomentar así el buen uso de los servicios y conductas de 
auto cuidado desde el propio núcleo familiar.
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La autora también sostiene que “que no es posible dar un trato igual a todos los sujetos de 
una sociedad en condiciones que inicialmente son desiguales… la equidad debería dar la posi-
bilidad de ofrecer idealmente a todo el mundo la oportunidad de realizar su máximo potencial”.
Conocer estas situaciones de inequidades que sufren un amplio sector de la población 
con la que uno trabaja en la comunidad nos orienta a esforzarnos en la construcción de po-
líticas de salud más complejas en cuanto a valoración de equidad (por ejemplo, no justificar 
diferencias de salud solo a la variabilidad biológica interpersonal).
Cualquier trabajador de la sanidad, según la función que le toque dentro del equipo de 
salud, tanto a nivel local (centro de salud, consultorio) o jurisdiccional (municipio, hospital), 
en cualquiera de ellos es importante que conozca la implicancia de las políticas públicas al 
respecto, pero debe también conocer que el aporte individual permite sumar alternativas 
viables desde cada sector. 
Todo lo anterior llevó a que un grupo de trabajo de más de 100 investigadores pertene-
cientes a 15 países auspiciados por la Fundación Rockefeller, propusiera, en 1996, la Iniciati-
va Global de Equidad en Salud ante el aumento de las situaciones de disparidades en salud. 
Para poder avanzar en el análisis de estas disparidades en salud se trabajó en torno a la 
necesidad de monitorizar los indicadores de salud adecuados (diferentes a los logros pro-
medios generales) como las distribuciones de algunas características al seno de sectores 
sociales determinados y/o mujeres niños, ancianos, clases, etnias o minorías de la pobla-
ción más vulnerables.
La generación de estas inequidades tendría como principales mecanismos los enumera-
dos en páginas anteriores, a través de los cuales se producen y refuerzan las desigualdades 
(Whitehead y Diderichsen, 2002).
I. Estratificación social: influye la posición social del individuo en los resultados finales de 
salud, lo que a su vez modificará su movilidad social.
II. Exposicion diferencial del individuo a condiciones de pobreza, insalubridad, educa-
ción, condiciones laborales, etc.
III. Suceptibilidad diferencial según la influencia que tienen las políticas de salud en la 
modificación directa de los efectos o resultados de tales condiciones en la exposición a 
distintos riesgos específicos por parte del grupo social al que corresponde.
Imagen 4. El río va. Juan Arancio Imagen 5. Juan Arancio, 1985
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IV. Consecuencia diferencial del efecto de las patologías según la capacidad económica 
del individuo o entorno, etapas vitales en las que se producen (adulto joven, adulto mayor, 
embarazo), capacidad de ahorro o seguro de salud o desempleo, si la persona no puede 
realizar sus tareas por una enfermedad. Todo lo anterior, al disminuir los recursos, lleva 
a aumentar la vulnerabilidad determinando resultados finales de salud no satisfactorios.
Una forma de revertir las inequidades en salud es utilizar la herramienta del trabajo in-
tersectorial (sector salud, junto a educación, economía, desarrollo social, el sector privado, 
la justicia, etc.), que permite los abordajes más adecuados a las problemáticas complejas 
de la salud actual, revirtiendo el legado de que sólo se trabaja en búsqueda de equidad en 
salud desde el sector sanitario y la salud pública.
Al hablar de equidad en salud se debe recordar un momento clave en la historia de la 
salud pública cuando las naciones del mundo se unen bajo el lema “Salud para Todos”, 
manifestación de la jerarquización de la justicia social en salud que orientaría las futuras ac-
ciones, incluyendo en el que el logro de salud no debería estar influido por el grupo social, 
político, étnico, sexo, población rural o urbana y profesional.
Evaluar los determinantes de salud y las disparidades o desigualdades en esos deter-
minantes permite generar políticas que aumenten las capacidades y potencialidades que 
conducen al desarrollo humano, disminuyendo los desequilibrios generados por la discri-
minación y las diferencias de poder.
Dentro de las dimensiones que seanalizan para disminuir la inequidades en salud están:
• Los resultados finales (gradientes de esperanza de vida según sexo, nivel económico, etc.).
• Equidad en el acceso a la asistencia sanitaria.
• Acceso a la educación en salud.
• Provisión de redes de seguridad que eviten empobrecimiento por causas médicas.
• Formación laboral.
• Reducción de los riesgos ambientales.
• Participación comunitaria.
Todas las actividades planteadas se llevan a cabo según la realidad de las condiciones 
socioeconómicas, culturales y políticas de cada país, y tienen en cuenta la “organización”, la 
formación del equipo de salud, la participación comunitaria y la educación de salud.
3.4.5. Organización del sistema de salud según la perspectiva de la APS
Racionaliza la organización de los recursos humanos y tecnológicos para mejorar la equi-
dad y eficiencia en su conjunto. Modifica la organización del espacio físico (niveles, nodos), 
de la funcionalidad (generación de programas específicos).
• El Primer Nivel de Atención es el conjunto de recursos y procedimientos tecnológicos, 
organizados para resolver las necesidades básicas y las demandas más frecuentes en la 
atención de la salud de una población dada. Los servicios del primer nivel de atención en 
salud tienen por objeto mantener sana a la comunidad previniendo la aparición de la en-
fermedad y actuando lo más rápidamente posible para recuperar la salud cuando se haya 
perdido, deberá incluir:
• Médicos clínicos, generalistas, pediatras, ginecólogos.
• Enfermeros.
• Agentes comunitarios. 
• Promotores de la salud.
• Administrativos.
• Personal de mantenimiento.
Debe dar cobertura al 100% de la población por medio de facilidades en su acceso geo-
gráfico, cultural, organizacional, económico y debe ser capaz de resolver el 80% de la de-
manda de la población a cargo.
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Las actividades que debe cumplir son promoción, 
prevención, atención médica, vigilancia epidemiológi-
ca, recuperación, rehabilitación y cuidados paliativos.
Todas estas actividades son ambulatorias, y se reali-
zan en los centros de salud (Frutos García García, 2006).
• El Segundo Nivel de Atención, se encarga del 
diagnóstico y tratamiento de patologías más comple-
jas (curación, recuperación y rehabilitación), en hospi-
tales de mediana complejidad, poliambulatorios.
Deberían resolver el 15 % de la atención de salud de una población.
• El Tercer Nivel de Atención incluye técnicas de mayor complejidad en cuanto a la es-
tructura tecnológica y capacidad médica especializada, sólo debería resolver los problemas 
de salud/enfermedad del 5% de la población a cargo. Se lleva a cabo en hospitales de refe-
rencia con alta tecnología instalada.
3.4.6. Formación del equipo de salud
Dada la complejidad del abordaje actual de las cuestio-
nes de salud, a partir de Alma Ata (1978) se comienza 
a plantear como pilar principal de la APS la conforma-
ción del Equipo de Salud.
Los equipos de salud (Martin-Zurro, 2003) deben 
trabajar en forma interdisciplinaria, fijando pluralmente objetivos comunes; además este 
tipo de organización se basa en que cada uno de sus miembros se sienta partícipe de la 
tarea que realiza tanto en la toma de decisiones como en la responsabilidad final. Se debe 
favorecer la flexibilidad y el consenso, buscando el compromiso con los intereses comunes.
Se diferencian de los grupos de trabajo, ya que esta acepción se la hace cuando el prin-
cipal objetivo es el de atención de pacientes desde un punto de vista clínico individual, en 
cambio el abordaje por el equipo de salud es integral desde una mirada interdisciplinaria 
de quienes lo compongan (médicos, enfermeros, asistentes sociales, psicólogos, agentes 
comunitarios, administrativos, etc.), teniendo en cuenta el individuo en su comunidad y en 
sus redes sociales.
Entre otras ventajas, el trabajo en equipo permite mejorar la asistencia integral de los 
individuos, en casos de un complejo abordaje, ya sea para el diagnóstico, la asistencia o 
rehabilitación.
 En este tipo de organización se busca que los liderazgos sean compartidos, alternantes. 
Según Motta (2001), 
el sentido de la responsabilidad compartida elimina, en gran parte, el sentido de unicidad del liderazgo 
el cual pasa a ser también emergente y eventual, conforme la naturaleza del trabajo. Por lo tanto el 
liderazgo puede ser alternado y variable y en algunos casos, basado en la voluntad de los miembros. 
El hecho de ser pluralistas no significa que no surjan lideres con reconocimiento amplio y permanente. 
Las funciones del equipo de salud se pueden resumir en: 
Organización de 
los servicios de 
salud, porcentaje 
de población 
ideal a cargo 
Los beneficios del trabajo en equipo son la mejoría en 
los logros de los objetivos, que resultan mayores que la 
suma de los individuales, mayor satisfacción y compro-
miso personal de los miembros del equipo, y mejoría de 
la percepción de calidad de atención de la persona.
Asistencia en centro salud o domicilio
• espontánea • programada • urgencias
EQUIPO DE SALUD
Promoción de la Salud Individual/colectiva
(Escuelas, campañas)
Prevención de enfermedad
(Vacunación, screening)
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La conformación del equipo de salud se debería realizar según las características de 
la población a abordar (por ejemplo, si el número de niños de un barrio es alto, priori-
zar médicos pediatras o generalista y actividades en relación a la salud materna infantil 
y salud reproductiva, e inmunizaciones).
Se debe programar periódicamente reuniones para construir relaciones sólidas 
y que permitan reflexiones sobre las actividades en curso.
3.4.7. Participación comunitaria
El concepto de participación comunitaria ha ido evolucionando en forma parale-
la al cambio de concepto de salud, en el transcurso del siglo pasado, apoyado por 
el trabajo conceptual de varias organizaciones internacionales (OMS, ONU, OPS, CEPAL, 
UNICEF) e investigadores de las áreas sociales, entre otras. Abajo transcribimos varias defi-
niciones de participación, comunidad y participación comunitaria con el fin de dar un mar-
co teórico que facilite su compresión.
Participación: etimológicamente surge del latín participare, de la palabra pars parte y del 
derivado capture, o sea, tener parte o tomar parte de algo.
En nuestro contexto es uno de los elementos básicos de los gobiernos democráticos, en 
clara relación con la autonomía, cooperación y descentralización (Miguel, 1985).
Por medio de la participación los individuos pueden satisfacer sus necesidades 
y deseos legítimos en la toma de decisiones en salud.
La OMS (1991) sugirió interpretar la participación en tres vías diferentes:
• Como contribución: la comunidad participa en determinados programas y proyectos 
mediante contribuciones de trabajo, dinero o materiales.
• Como organización que implica la creación de estructuras apropiadas para facilitar la 
participación.
• Como fortalecimiento o potenciación del poder de grupos y comunidades, sobre todas 
las pobres y/o excluidas para que desarrollen la capacidad de toma de decisiones efecti-
vas concernientes a los servicios de atención a la salud.
Comunidad: del latín comunitas, habla sobre la calidad de común, que pertenece 
o se extiende a varios.
Aguilar Idañez (2001) y Hillery (1954), luego de analizar varias definiciones, llegan a la 
conclusión de que 
Una comunidad es una agregación social de personas que en tanto que habitan en un espacio geo-
gráfico delimitado y delimitable, operan en redes estables de comunicación dentro dela misma, 
pueden compartir equipamientos y servicios comunes, y desarrollan un sentimiento de pertenen-
cia o de identificación con algún símbolo local, de tipo económico (producción, distribución y/o 
consumo de bienes y servicios), de socialización, de control social y de apoyo mutuo.
3.4.7.1. Participación comunitaria. Diferentes definiciones
Proceso de auto transformación de los individuos en función de sus propias necesidades y de las 
de su comunidad, crea en ella un sentido de autorresponsabilidad en cuanto a su propio bienestar 
y el de su comunidad así como a la capacidad de actuar consciente y constantemente en el desa-
rrollo comunal. (OMS-OPS, 1977)
Participación de la comunidad es un proceso mediante el cual los miembros de la comunidad par-
ticipan en los programas o en las actividades que se llevan a cabo en interés de la comunidad. 
Participación significa organización. (Turabian, 1992)
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Proceso de acciones concientes, individuales, familiares y de 
la comunidad que facilitan mejorar el estado de bienestar. 
Posibilitan el conocimiento de los problemas hacia el interior 
de los grupos sociales, identificando las necesidades perci-
bidas y fortalece las acciones conjuntas para satisfacerlas.
Se priorizan los lazos de solidaridad, el intercambio de saberes, se comparten historias y expe-
riencias de vida y se democratiza el poder. 
Contribuye a desarrollar a las personas como sujetos activos, promueve comunidades con capa-
cidades de interlocución, y construye una ciudadanía que se expresa, involucra, y ejerce el control 
social. Además permite movilizar recursos y promueve la formación de redes sociales, adecuando 
las acciones a las necesidades sentidas. (OPS, 1993)
En la Carta de Otawa (1986) se realiza un análisis exhaustivo de la importancia de la par-
ticipación comunitaria en la promoción de la salud, allí se enumeran las estrategias para 
lograr estos objetivos:
• Elaborar políticas de salud.
• Favorecer las situaciones para lograr los prerrequisitos para la salud.
• Proporcionar los medios para el logro del potencial de salud de cada individuo.
• Desarrollar las aptitudes personales (educación).
• Creación de ambientes favorables.
• El sector salud se debe comprometer en reorientar los servicios sanitarios. 
3.4.8. Educación para la salud
Dentro de la reorientación de los servicios de salud se halla el de dar las herramientas para que 
cada persona, familia y la comunidad toda pueda decidir en forma responsable sobre los determi-
nantes de salud, lo cual se logra mediante las oportunidades de “Educación para la salud”, única po-
sibilidad de lograr verdaderos cambios sostenibles, aunque estos se vean a mediano y largo plazo.
La educación para la salud debe permitir la toma de conciencia crítica de la realidad, 
de las características de nuestra inserción en el mundo natural y humano en el que vivi-
mos, de las relaciones con los seres y las cosas, de los derechos y deberes en relación con 
aquellos que comparten con nosotros este momento y espacio. En el sentido más amplio, 
la educación para la salud es una educación para la vida, de los individuos y de los grupos 
humanos; se trata de intentar ver la vida con otros ojos… y elegir en todo momento los 
comportamientos que contribuyen a permitir vivirla en salud.
La educación para la salud es un proceso de comunicación y de intervención social, que 
se puede trabajar en diferentes ámbitos, la escuela, los centros de salud etc., favoreciendo 
la apertura de espacios de discusión y reflexión sobre aquellos problemas más sentidos 
por las personas involucradas.
La promoción y la prevención de la salud, comparten objetivos comunes al buscar el lo-
gro del mejoramiento del nivel de salud, impulsar las intervenciones de salud pública para 
modificar riesgos y problemas, e impulsar la reorientación de servicios de salud.
La prevención tiene como objetivo reducir los factores de riesgos y complicaciones de 
ciertas enfermedades; protegiendo a las personas y grupos vulnerables de agentes agresi-
vos (ambientales, sociales, etc.). 
La OMS (1988) la define como las “medidas destinadas no solamente a prevenir la apari-
ción de la enfermedad, tales como la reducción de factores de riesgo, sino también a dete-
ner su avance y atenuar sus consecuencias una vez establecida”. 
De acuerdo con esta definición, se puede aplicar medidas preventivas en los tres niveles 
de la historia natural de la enfermedad.
Se organiza en prevención:
• Primaria: comprende aquellas medidas orientadas a evitar la aparición de una enfer-
medad, actuando sobre los agentes causales injuriantes y los factores de riesgo. La meta 
La participación comunitaria permitirá la desmedicaliza-
ción de la salud al aumentar el nivel de conciencia de las 
personas y comunidades sobre su rol protagónico en la 
salud entendida además en su acepción más integral.
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es incidir en la disminución de las enfermedades, actuando en el período prepatogénico. 
Ejemplos: yodización de la sal, inmunizaciones, etc.
• Secundaria: son aquellas medidas dirigidas evitar, retardar o reducir el progreso de 
una enfermedad ya presente en un individuo, tienen por objetivo las que conducirían a 
disminuir la prevalencia de las enfermedades, actuando en el período patogénico de la 
enfermedad. Ejemplos: tamizaje de citología cervical, pruebas a recién nacidos.
• Terciaria: son aquellas medidas dirigidas a evitar, retardar o disminuir las complicacio-
nes tardías de una enfermedad (secuelas). Con ellas se busca lograr mejorar la calidad de 
vida, disminuyendo el impacto que la discapacidad provocan. Ejemplos: educación, control 
y tratamiento de enfermedades crónicas, como la rehabilitación del paciente pos infarto de 
miocardio, accidente cerebro vascular, artrosis, etc.
Según la Carta de Otawa, 
la promoción de la salud consiste en proporcionar a los pueblos los medios necesarios para mejorar 
su salud y ejercer un mayor control sobre la misma. Para alcanzar un estado adecuado de bienestar 
físico, mental y social un individuo o grupo debe ser capaz de identificar y realizar sus aspiraciones, 
de satisfacer sus necesidades y de cambiar o adaptarse al medio ambiente. La salud se percibe 
pues, no como el objetivo, sino como la fuente de riqueza de la vida cotidiana. Se trata por tanto de 
un concepto positivo que acentúa los recursos sociales y personales así como las aptitudes físicas. 
Por consiguiente, dado que el concepto de salud como bienestar trasciende la idea de formas de 
vida sanas, la promoción de la salud no concierne exclusivamente al sector sanitario.
Los grupos a los cuales van dirigidas sus actividades son la población general, comunida-
des, grupos específicos (etnias, niños, mujeres, ancianos) y situaciones causales (analfabe-
tismo, falta de agua potable, exclusión social).
Tiene como objetivo incidir en los determinantes de salud, favorecer cambios en las con-
diciones de vida, influyendo en las decisiones de las políticas públicas, mejorando la salud/
calidad de vida de las poblaciones y luchando por equidad y justicia social.
Las estrategias y programas se deben elaborar de acuerdo a las necesidades y posibili-
dades de cada país y región. 
En la Carta de Otawa también se aclara que 
el sector sanitario no puede por sí mismo proporcionar las condiciones previas ni asegurar las pers-
pectivas favorables para la salud y, lo que es más, la promoción de la salud exige la acción coordina-
da de todos los implicados: los gobiernos, los sectores sanitarios yotros sectores sociales y económi-
cos, las organizaciones benéficas, las autoridades locales, la industria y los medios de comunicación.
Su función sería de mediador de todos los actores involucrados siempre a favor de la salud.
3.5. Sistemas de salud y redes
3.5.1. Sistemas de salud
El sistema de salud es una organización social que tiene por objetivo garantizar la salud de 
la población, a través de diferentes servicios y acciones de promoción, prevención, trata-
miento, recuperación y rehabilitación de la salud.
Los modelos de los sistemas de salud de cada país están relacionados con
• La evolución histórica de estos sistemas.
• Los valores sociales que condicionan su desarrollo.
• El crecimiento demográfico (cambio del perfil de la pirámide poblacional). 
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• Cambios económicos y tecnológicos.
• Cambios socioculturales (medicalización de la vida cotidiana).
Todo sistema de salud puede ser pensado como la articulación de tres componentes (Tobar, 1998):
• Político o de gestión, que determina las prioridades del sistema en cada país en par-
ticular, los valores que guiaran la acción, y también tiene en cuenta las actividades que 
lleva a cabo el Estado (informar a la población, brindar o financiar servicios, regular el 
ejercicio de los profesionales de la salud y las instituciones relacionadas) 
• Económico o de financiación, que evalúa el origen y la asignación de los recursos.
• Modelo de atención o técnico, evalúa de acuerdo con la población a cargo qué tipo de 
acción o servicio se debe prestar, cuál será la población, en qué lugar.
A partir de estos tres componentes se puede poner énfasis en la universalidad de la 
cobertura o en la efectividad de las actividades sobre el logro de mayor calidad de vida 
asociada a las mejoras en salud de la población.
La meta final es lograr el acceso a la salud de toda la población, en condiciones de equi-
dad y a un costo justo, elevar los niveles de salud en general y en particular en los grupos 
más vulnerables (niños, mujeres, ancianos y minorías raciales). Todas estas actividades in-
tentan dar respuesta a la demanda de la población a cargo.
3.5.2. Sistema de salud argentino
El Estado, en la Constitución, garantiza a sus ciudadanos el derecho a la salud; para ello se 
vale de diferentes estrategias, por medio de las tareas de conducción de las políticas de 
salud, de la regulación de la provisión de bienes y servicios de salud, del control de las enti-
dades relacionadas a salud, del control de enfermedades transmisibles, de la formación de 
recursos humanos, entre varias otras.
Para poder llevar a cabo estas tareas se vale del Ministerio de Salud de la Nación, que orga-
niza las líneas de acción de la política sanitaria, del COFESA (Consejo Federal de Salud), de los 
Ministerios de cada provincia, y por otros organismos como la Superintendencia de Servicios 
de Salud (SSS) y la Administración Nacional de Medicamentos Alimentos y Tecnología (ANMAT).
Nuestro sistema de salud está compuesto por tres subsectores:
I. Público, que se divide en tres niveles, nacional, provincial y municipal cada uno de los 
cuales establece sus normas de actuación, conviviendo a veces en un mismo efector (Pro-
vincia-Nación). Financiado por recursos del estado la participación del ciudadano es escasa. 
Guía sus políticas el Ministerio de Salud. Tiende al logro de equidad y solidaridad.
II. De la seguridad social, que tiene en cuenta varias subdivisiones con diferentes niveles de 
coberturas en cuanto a servicios y alcance regional, pagos de co-seguro, y planes de prestaciones.
• Obras sociales nacionales, ejemplo la mayor obra social de Latinoamérica como el PAMI 
(Plan de Atención Medico Integral).
• Obras sociales provinciales, en cada una de las provincias de la Argentina.
• Obra social de las Fuerzas Armadas y Seguridad.
• Obras sociales de universidades nacionales y de los poderes Legislativos y Judicial.
III. Privado o medicina prepaga, que ofrece diferentes prestaciones según cada entidad, 
a partir de los aportes de los ciudadanos que los eligen de acuerdo a diversos criterios eco-
nómicos, de calidad de servicios, etc. No rigen criterios de solidaridad ni equidad entre los 
asociados a estas entidades.
La OMS considera que para valorar la respuesta global del sistema de salud a las necesidades de 
una población debe tener en cuenta valores como la dignidad, la autonomía, la confidencialidad, la 
comunicación, la rapidez, la capacidad de elección, el apoyo social y la calidad de las instalaciones.
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3.5.3. Concepto de redes en salud
Desde mediados del siglo XX se viene modificando el paradigma donde se priorizaba el aná-
lisis del proceso salud enfermedad centrado en el individuo, hacia el pensamiento comple-
jo que incluye nuevos determinantes en este análisis; se comienza a valorizar la inclusión 
de la historicidad, las relaciones interpersonales y los contextos culturales y/o ambientales 
en los que se desarrollan los individuos, lo cual introduce una nueva racionalidad. 
Hacia 1970, diversos autores (Mac Caul, Hoffman, etc.) empiezan a analizar la influencia 
del “apoyo social” sobre la evolución de diversos parámetros de la salud (síntomas auto-
rreferidos de enfermedad, enfermedades infantiles, morbilidad psiquiátrica, estrés, etc.).
De allí surgen los conocimientos actuales de sobre la función del apoyo social de una red 
como factor de protección frente a acontecimientos vitales estresantes, permitiendo dar 
respuesta a los problemas de la gente. 
3.5.3.1. Varias definiciones sobre redes
Según Dabas (1998): 
Una de red social implica un proceso de construcción permanente tanto individual como colectivo. 
Es un sistema abierto, multicéntrico, que a través de un intercambio dinámico entre los integrantes 
de un colectivo (familia, equipo de trabajo, barrio, organizaciones, tal como el hospital, la escuela, la 
asociación de profesionales, el centro comunitario, por ejemplo) y con integrantes de otros colecti-
vos, posibilita la potencialización de los recursos que poseen y la creación de alternativas novedo-
sas para la resolución de problemas o la satisfacción de necesidades. Cada miembro del colectivo 
se enriquece a través de las múltiples relaciones que cada uno de los otros desarrolla, optimizando 
los aprendizajes al ser éstos socialmente compartidos.
Cuando se decide lanzar un trabajo en red, las instituciones y las personas que se vin-
culan procuran aprovechar el valor de la heterogeneidad y la diversidad para el beneficio 
del conjunto, estimular el intercambio y la cohesión entre ellas, reforzar la identidad de 
las partes, generar una masa crítica con dimensión y representatividad, capaz de promo-
ver los cambios deseables e influir en las decisiones fundamentales (Reunión de Puebla, 
México, 1991).
La red es la institución de nuestro tiempo: un sistema abierto, una estructura disipativa tan rica y 
coherente, que se encuentra continuamente en estado de flujo, en un equilibrio de reorganización 
continua, abierta indefinidamente a la transformación. Esta forma orgánica de organización social 
es más adaptativa desde el punto de vista biológico, es más eficaz y más ‘consciente’ que las estruc-
turas jerárquicas de la civilización moderna. La red es plástica, flexible.
Realmente cada miembro es el centro de la red. Las redes cooperan, no compiten. Tienen autén-
tico arraigo popular: se autogeneran, se autoorganizan, y a veces se autodestruyen. Su existencia 
supone un proceso, se parece a un viaje, no a una estructura congelada.(Ferguson)
Se utiliza en las redes sociales el concepto de “actor” según Bordieu (1993):
 
El actor no es aquél que actúa conforme al lugar que ocupa en la organización social, sino el que 
modifica el entorno material y sobre todo social en el que está colocado al transformar la división 
del trabajo, los modos de decisión, las relaciones de dominación y las orientaciones culturales. 
Puede tratarse de una persona o de un colectivo.
Los actores de las redes sociales se caracterizan por tener vínculos, que se modifican 
según el tipo de relación (de comunicación, de transmisión, de poder de parentesco…), la 
duración del vinculo generada, la fuerza del mismo (intensidad y frecuencia de la interac-
ción) y el nivel de compromiso y contenido que se transmite (información, ayuda, afecto).
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3.5.4. Características de las redes sociales
Las redes sociales se basan en diferentes principios, como por ejemplo la reciprocidad di-
ferencial, la lealtad y confianza en la red, sus actores y vínculos.
Es un sistema de relaciones basado en la comunicación entre sus miembros con diferentes 
niveles de intensidad, agilidad, pero directa y permanente mediante diversos instrumentos, 
además del intercambio, la cooperación y el beneficio mutuo.
Se busca el consenso en las actividades a seguir que permita el logro de aquellos obje-
tivos fijados. En cualquier caso es muy importante que ese consenso, como nos recuerda 
Óscar Jara (2001), no se dé por descontado, que se haga explícito y que se le dedique el 
tiempo necesario ya que, según este autor, “los consensos baratos salen caros”.
La red como sistema abierto, implica que admite el ingreso y el egreso de las singularidades que lo 
componen así como la posibilidad de cambios en las funciones que éstas desempeñan. Así alguien 
que ‘cura’ es en otra situación ‘paciente’; alguien que enseña puede en otro momento ser alguien 
que aprende, y a la inversa alguien que deriva pueda luego recibir una derivación contra referida.
La multicentralidad de la red modifica el paradigma de la pirámide, donde todo debía converger 
‘a’ y partir de un centro único. También cuestiona el paradigma del archipiélago, según el cual cada 
unidad, aislada de otra, funciona por sí misma sin ninguna conexión entre sí. (Dabas y Perrone, 1999)
Las redes sociales en salud pueden dividir al momento del análisis en los siguientes ni-
veles de abordaje: 
• Redes personales y familiares: “...las relaciones que un individuo percibe como signi-
ficativas o define como diferenciadas de la masa anónima de la sociedad,…le permiten el 
logro de una identidad, bienestar, competencia y protagonismo, incluyendo los hábitos de 
cuidado de la salud y la capacidad y adaptación a una crisis” (Sluzki, 1996).
Una red personal está dada por familiares directos, amistades, vecinos, compañeros la-
borales o escolares. Permite, cuanto mayor sea la densidad de esta red personal mejorar la 
calidad de vida y el nivel de salud del individuo.
• Redes comunitarias: incluyen a aquellos sectores de participación activa en una comu-
nidad (barrio, municipio). Conforman un mecanismo que permite mejorar la calidad de vida 
de personas que no tienen cubiertas necesidades básicas de la vida diaria. Hay ejemplos 
importantes en Argentina de redes tendientes a apoyar a los miembros débiles de una 
comunidad en situación desfavorable, ejemplos de personas que migran, madres solteras, 
comedores escolares que se organizan con el fin del socorro mutuo.
• Redes de servicios: se caracterizan por articular los diferentes establecimientos y ser-
vicios de los niveles públicos y privados además de las diferentes jurisdicciones, municipal, 
provincial y nacional.
La organización en red de los servicios de prestaciones medicas surge en cierta for-
ma para mejorar la satisfacción de la demanda de la población, como ejemplo tene-
mos el caso a los servicios de emergencia medicas en situaciones de desastres (San-
ta Fe 2003-2007) o emergencias sanitarias, como en el año 2009, la pandemia de la 
Gripe A, solucionado el problema que genera a la red, se pueden reformular los objetivos y 
comenzar a trabajar en otras actividades, como promoción y prevención de salud, amplian-
do así su población destinataria e involucrada.
En Argentina hay redes de diferentes especialidades como Pediatría, Gerontología, Salud 
Mental, Investigación y docencia, que permiten la articulación y puesta en práctica de po-
líticas para esos “grupos” específicos por medio de la vinculación de diferentes actores (de 
varias jurisdicciones, subsectores, universidades, etc.) que permiten un abordaje plural de 
los diferentes problemas, con soluciones consensuadas.
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Capítulo 2. Práctica en terreno
programa de ingreso unl / Curso de Articulación Disciplinar: Medicina 27
medicina. una aproximación a la práctica profesional
• Redes intersectoriales: son los vínculos generados a partir de la complejidad de las relacio-
nes entre sectores locales, regionales, nacionales e internacionales. Como ejemplos se puede 
citar a las acciones articuladas para mejorar la situación de violencia familiar, donde las accio-
nes se coordinan entre los sectores Salud, Educación, Promoción Comunitaria y Poder judicial. 
3.6. Derecho a la salud y relación médico-paciente
3.6.1. Derecho a la salud 
La OMS describe el derecho a la salud como “uno de los derechos fundamentales de todo ser hu-
mano”, y aclara “sin distinción de raza, religión, ideología política o condición económica social”.
“El derecho a la vida es el primer derecho natural de la persona humana preexistente 
a toda legislación positiva y que, obviamente resulta reconocido y garantizado en nuestra 
Carta Magna y en las leyes.”
El derecho a la salud ha sido reconocido por los tratados de derecho internacional firma-
dos por Argentina e incorporados a la Constitución Nacional en ocasión de la reforma de 1994.
En el sistema jurídico argentino, se encuentra amparado dentro de las garantías innomi-
nadas, en el Artículo 33 de la Constitución Nacional, que dice: “Las declaraciones, derechos 
y garantías que enumera la Constitución, no serán entendidas como negación de otros de-
rechos y garantías no enumerados, pero que nacen del principio de la soberanía del pueblo 
y de la forma republicana de gobierno”.
También, en la Constitución de la provincia de Santa Fe, el artículo 19 expresa: 
La Provincia tutela la salud como derecho fundamental del individuo e interés de la colectividad. 
Con tal fin establece los derechos y deberes de la comunidad y del individuo en materia sanitaria y 
crea la organización técnica adecuada, para la promoción, protección y reparación de la salud, en 
colaboración con la Nación, otras provincias y asociaciones privadas nacionales o internacionales.
Las actividades profesionales vinculadas a los fines enunciados cumplen una función social y 
están sometidas a la reglamentación de la ley para asegurarla.
Nadie puede ser obligado a un tratamiento sanitario determinado, salvo por disposición de la 
ley, que en ningún caso puede exceder los límites impuestos por el respeto a la persona humana.
3.6.2. Derechos y deberes de los pacientes
La Declaración de Ginebra obliga a los profesionales de la salud, a “velar ante todo por la salud 
de sus pacientes” (adoptada por la 34ª Asamblea Médica Mundial Lisboa, Portugal, septiem-
bre/octubre de 1981, enmendada por la 47ª Asamblea General Bali, Indonesia, septiembre de 
1995 y revisada su redacción en la 171ª Sesión del Consejo, Santiago, Chile, octubre de 2005).
Tanto los médicos como todos los integrantes de los servicios de salud que proporcio-
nan atención médica tienen la responsabilidad de reconocer yrespetar estos derechos. 
I. Derecho a la atención médica de buena calidad
a) Toda persona tiene derecho, sin discriminación, a una atención médica apropiada. 
b) Todo paciente tiene derecho a ser atendido por un médico que él sepa que tiene liber-
tad para dar una opinión clínica y ética, sin ninguna interferencia exterior. 
c) El paciente siempre debe ser tratado respetando sus mejores intereses. El tratamiento 
aplicado debe ser conforme a los principios médicos generalmente aprobados. 
d) La seguridad de la calidad siempre debe ser parte de la atención médica y los médicos, 
en especial, deben aceptar la responsabilidad de ser los guardianes de la calidad de los 
servicios médicos. 
e) En circunstancias cuando se debe elegir entre pacientes potenciales para un trata-
miento particular, el que es limitado, todos esos pacientes tienen derecho a una selec-
ción justa para ese tratamiento. Dicha elección debe estar basada en criterios médicos y 
debe hacerse sin discriminación. 
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medicina. una aproximación a la práctica profesional
f) El paciente tiene derecho a una atención médica continua. El médico tiene la obligación 
de cooperar en la coordinación de la atención médicamente indicada, con otro personal 
de salud que trata al paciente. El médico no puede discontinuar el tratamiento de un pa-
ciente mientras éste lo necesite, y debe proporcionarle ayuda razonable y oportunidad 
suficiente para hacer los arreglos alternativos para la atención. 
II. Derecho a la libertad de elección 
a) El paciente tiene derecho a elegir o cambiar libremente su médico y hospital o insti-
tución de servicio de salud, sin considerar si forman parte del sector público o privado. 
b) El paciente tiene derecho a solicitar la opinión de otro médico en cualquier momento. 
III. Derecho a la autodeterminación 
a) El paciente tiene derecho a la autodeterminación y a tomar decisiones libremente en 
relación a su persona. El médico informará al paciente las consecuencias de su decisión. 
b) El paciente adulto mentalmente competente tiene derecho a dar o negar su consen-
timiento para cualquier examen, diagnóstico o terapia. El paciente tiene derecho a la 
información necesaria para tomar sus decisiones. El paciente debe entender claramente 
cuál es el propósito de todo examen o tratamiento y cuáles son las consecuencias de no 
dar su consentimiento. 
c) El paciente tiene derecho a negarse a participar en la investigación o enseñanza de la 
medicina. 
IV. El paciente inconsciente
a) Si el paciente está inconsciente o no puede expresar su voluntad, se debe obtener el 
consentimiento de un representante legal, cuando sea posible. 
b) Si no se dispone de un representante legal, y se necesita urgente una intervención mé-
dica, se debe suponer el consentimiento del paciente, a menos que sea obvio y no quede 
la menor duda, en base a lo expresado previamente por el paciente o por convicción 
anterior, que éste rechazaría la intervención en esa situación. 
c) Sin embargo, el médico siempre debe tratar de salvar la vida de un paciente incons-
ciente que ha intentado suicidarse. 
V. El Paciente legalmente incapacitado 
a) Incluso si el paciente es menor de edad o está legalmente incapacitado, se necesita 
el consentimiento de un representante legal en algunas jurisdicciones; sin embargo, el 
paciente debe participar en las decisiones al máximo que lo permita su capacidad. 
b) Si el paciente incapacitado legalmente puede tomar decisiones racionales, éstas de-
ben ser respetadas y él tiene derecho a prohibir la entrega de información a su repre-
sentante legal. 
c) Si el representante legal del paciente o una persona autorizada por el paciente, pro-
híbe el tratamiento que, según el médico, es el mejor para el paciente, el médico debe 
apelar de esta decisión en la institución legal pertinente u otra. En caso de emergencia, 
el médico decidirá lo que sea mejor para el paciente. 
VI. Procedimientos contra la voluntad del paciente
El diagnóstico o tratamiento se puede realizar contra la voluntad del paciente, en casos 
excepcionales sola y específicamente si lo autoriza la ley y conforme a los principios de ética 
médica. 
VII. Derecho a la información 
a) El paciente tiene derecho a recibir información sobre su persona registrada en su 
historial médico y a estar totalmente informado sobre su salud, inclusive los aspectos 
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medicina. una aproximación a la práctica profesional
médicos de su condición. Sin embargo, la información confidencial contenida en el histo-
rial del paciente sobre una tercera persona, no debe ser entregada a éste sin el consen-
timiento de dicha persona. 
b) Excepcionalmente, se puede retener información frente al paciente cuando haya una 
buena razón para creer que dicha información representaría un serio peligro para su 
vida o su salud. 
c) La información se debe entregar de manera apropiada a la cultura local y de tal forma 
que el paciente pueda entenderla. 
d) El paciente tiene el derecho a no ser informado por su solicitud expresa, a menos que 
lo exija la protección de la vida de otra persona. 
e) El paciente tiene el derecho de elegir quién, si alguno, debe ser informado en su lugar. 
VIII. Derecho al secreto 
a) Toda la información identificable del estado de salud, condición médica, diagnóstico y 
tratamiento de un paciente y toda otra información de tipo personal, debe mantenerse 
en secreto, incluso después de su muerte. Excepcionalmente, los descendientes pueden 
tener derecho al acceso de la información que los prevenga de los riesgos de salud. 
b) La información confidencial sólo se puede dar a conocer si el paciente da su consen-
timiento explícito o si la ley prevé expresamente eso. Se puede entregar información a 
otro personal de salud que presta atención, sólo en base estrictamente a la “necesidad 
de conocer”, a menos que el paciente dé un consentimiento explícito. 
c) Toda información identificable del paciente debe ser protegida. La protección de la 
información debe ser apropiada a la manera del almacenamiento. Las substancias hu-
manas que puedan proporcionar información identificable también deben protegerse 
del mismo modo. 
IX. Derecho a la educación sobre la salud
Toda persona tiene derecho a la educación sobre la salud para que la ayude a tomar 
decisiones informadas sobre su salud personal y sobre los servicios de salud disponibles. 
Dicha educación debe incluir información sobre los estilos de vida saludables y los métodos 
de prevención y detección anticipada de enfermedades. Se debe insistir en la responsabili-
dad personal de cada uno por su propia salud. Los médicos tienen la obligación de partici-
par activamente en los esfuerzos educacionales. 
X. Derecho a la dignidad 
a) La dignidad del paciente y el derecho a su vida privada deben ser respetadas en todo 
momento durante la atención médica y la enseñanza de la medicina, al igual que su cul-
tura y sus valores. 
b) El paciente tiene derecho a aliviar su sufrimiento, según los conocimientos actuales. 
c) El paciente tiene derecho a una atención terminal humana y a recibir toda la ayuda 
disponible para que muera lo más digna y aliviadamente posible. 
XI. Derecho a la asistencia religiosa 
El paciente tiene derecho a recibir o rechazar asistencia espiritual y moral, inclusive la de 
un representante de su religión.
Los pacientes también tiene deberes que cumplir, ya que el respeto mutuo de las obliga-
ciones favorecerá su mejor evolución. Estos deberes son:
• Deber de informar: Los pacientes tienen la obligación de suministrar toda la informa-
ción que les fuera requerida durante la entrevista personal, ya que deella se obtiene una 
valiosa información para redactar la historia clínica.
• Deber de colaborar: La negativa de colaboración se da cuando el paciente se niega a 
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medicina. una aproximación a la práctica profesional
recibir asistencia, abandona al profesional sin justa causa y durante el tratamiento comenza-
do, incumple el tratamiento prescripto o las indicaciones médicas esenciales recomendadas
• Deber de observar el tratamiento prescripto: El paciente debe cumplir el tratamiento 
respetando, dosis, duración del tratamiento, las medidas higiénico-dietéticas, e informando 
posibles efectos adversos del tratamiento indicado, para así poder valorar los pasos a seguir.
3.6.3. Relación médico-paciente
Por relación médico-enfermo se entiende aquella interacción que se establece entre el mé-
dico y el paciente, y del resultado de la misma, dependerá el éxito del tratamiento.
Podemos decir de esta relación que:
• Es una relación interhumana.
• Participan elementos como la comunicación: verbal y no verbal.
• Implica actitudes y expectativas: individuales y de la sociedad.
• Implica el respeto de deberes y derechos.
La relación médico-paciente se la puede clasificar según tres características (Di Salvo, 2008):
I. El grado de participación: se considera aquí el grado de actividad y colaboración, tanto del 
médico como del paciente. Szasz y Hollender describen tres niveles de relación médico-paciente:
• El nivel 1, o de médico activo y paciente pasivo, es el tipo de relación que se produce en 
situaciones en que el paciente no puede valerse por sí mismo y el médico debe asumir la 
responsabilidad del tratamiento.
• El nivel 2, o de médico que dirige y paciente que coopera. El médico orienta al paciente 
como experto, y éste colabora en su propio tratamiento.
• El nivel 3, o de participación mutua y recíproca, en el devenir de las enfermedades crónicas.
II. Según el objetivo de la relación: 
a) Modelo interpersonal, donde se tiene en cuenta el contexto bio-psico-social del paciente.
b) Modelo técnico: caracteriza la práctica médica especializada, cuando se despersonali-
za al paciente, identificándolo con el órgano enfermo.
III. Según el grado de personalización (Von Gebsattel)
3.7. Conociendo los centros de salud ¿Qué es un CAPS?
Centro de Atención Primaria de la Salud
El plan de estudio de la escuela de medicina de la UNL está adecuado a la realidad socio-
histórica actual de nuestro país, siguiendo los lineamientos sugeridos en Alma Atha en 1977 
por la Organización Mundial de la Salud (OMS), dirigida a la formación de profesionales ap-
tos para desarrollar la estrategia de APS (Atención Primaria de la Salud). Teniendo en cuen-
ta esta premisa fundamental, es necesario que los alumnos concurran a un CAPS, pues son 
los lugares insertos en la comunidad donde se realizan prácticas en salud que se refieren a:
• Promoción de la salud: se vinculan al cuidado de la salud para mejorar la calidad de 
vida. Es necesario para esto la “Educación para la Salud”.
• Prevención de la salud: acciones para tratar la enfermedad o tratar de disminuir el gra-
do de las mismas, ejemplos: colocación de vacunas, toma de tensión arterial, etcétera.
• Atención de la salud: si se produce la enfermedad se tiende a resolver los problemas 
mediante acciones médicas de diagnóstico y tratamiento, de enfermería (curaciones, in-
yectables terapéuticos, etcétera), psicológicos u odontológicos según sea la necesidad. 
Sumandole el abordaje biopsicosocial según lo requiera cada situación.
Estos centros de salud se encuentran distribuidos en los diferentes barrios de la ciudad 
para poder descentralizar las actividades del segundo y tercer nivel de atención medica, al 
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medicina. una aproximación a la práctica profesional
estar más cerca de la comunidad, haciendo de nexo entre el hospital y el lugar donde tra-
bajan o residen las personas. 
Por esto, es muy importante integrar a la comunidad al trabajo del equipo de salud y 
favorecer todas aquellas propuestas para trabajar en activamente en pro de la salud cons-
tituyendo el premier eslabón de un proceso permanente de asistencia de salud.
Los CAPS cuentan con infraestructura mínima para poder realizar estas acciones. 
• Consultorios externos: allí atienden los profesionales de diferentes especialidades (clí-
nica médica, pediatría, gineco-obstetricia, psicología, médicos generalistas, etcétera). Se en-
cuentran equipados con los elementos necesarios para cada especialidad, como camillas, 
escritorios, sillas, negatoscopio, otoscopio, tensiómetro, fotóforo, etcétera.
• Consultorio odontológico.
• Laboratorio de análisis clínicos, aunque no en todos los centros de salud; en la mayoría, 
en enfermería, se realiza la extracción de sangre y se reciben otras muestras (orina, materia 
fecal,etc.) que es recepcionado por técnicos que lo trasladan al laboratorio del hospital para 
su análisis.
• Sala de enfermería con amoblamiento necesario: camilla, escritorio, silla, vitrina, etc. 
El report de enfermería es un cuaderno de uso diario donde se anotan novedades de 
cada turno de enfermería, es un documento público. También encontramos insumos des-
cartables, heladera para guardar y conservar las vacunas, manteniendo la cadena de frío, 
estufa de esterilización, pediómetro, balanza de adultos y pediátrica, central de tratamiento 
para TBC (Tuberculosis) y la caja para urgencias. La sala de enfermería debe constar con 
dos office; uno llamado limpio, que es aquel donde se preparan los elementos para traba-
jar con el paciente ( vacunas, inyectables, etc.) y otro denominado sucio, que es donde se 
realiza el lavado del material utilizado.
• Sala de espera: cuenta con sillas para los pacientes que esperan a ser atendidos. En las 
paredes se colocan folletos con información educativa, relativa a campañas de vacunación, 
prevención de enfermedades, centros de ayuda para drogadicción, alcoholismo y violencia 
familiar, actividades de promoción de la salud o charlas informativas en otros centros de 
salud. También hay pizarrones que informan los horarios de los profesionales y ausencias 
de los mismos.
• Farmacia: lugar donde se almacenan, resguardan y dispensan los medicamentos previa 
entrega de la receta médica que le provee el profesional que lo atendió. 
• Administración: allí trabaja la secretaria del centro, se guardan las historias clínicas y se 
realizan las estadísticas de las prestaciones de los profesionales médicos y de enfermería 
que brindan el servicio en dicho lugar. También se encuentran las planillas para el control 
de asistencia del personal.
• Baño para el personal.
• Baño de uso público y del consultorio de ginecología.
• Depósito de residuos patológicos que luego serán retirados por una empresa especial 
de recolección.
• Sala de reunión del personal.
En los CAPS trabajan un grupo de personas necesarias para poder llevar a cabo todas las 
acciones de salud descriptas. Este recurso humano tiene diferentes funciones y responsa-
bilidades laborales, cada una muy importante e irremplazable formando un equipo para 
trabajar interdiciplinariamente, llevando a cabo el objetivo común: tratar de resolver los 
problemas de salud de la comunidad dentro de una determinada área programática. 
Equipo de Salud
Se lo organiza según las necesidades de cada comunidad a cargo , por ejemplo:
• Personal de limpieza y/o mantenimiento.
• Enfermeros.
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medicina. una aproximación a lapráctica profesional
• Administrativos.
• Agentes comunitarios.
• Asistente social.
• Odontólogos.
• Bioquímicos.
• Psicólogos.
• Médicos - Clínicos.
• Ginecólogos.
• Generalistas.
Área Programática
Es una zona geográfica que se define en un plano y permite al equipo de salud conocer cuál 
es la zona de influencia del CAPS de la cual el equipo de salud es responsable sanitariamente.
En los CAPS se trabaja con diferentes programas Provinciales y Nacionales que son guías 
para lograr diferentes metas de salud. Estos programas sufren variaciones en el tiempo, 
pero en la actualidad, contamos con los siguientes:
• Programas para la atención de los pacientes
• Prevención de cáncer de cuello uterino y cáncer de mama: las acciones de éste progra-
ma están destinadas a la prevención teniendo en cuenta el examen exhaustivo de la mama 
con pedidos de radiografía y/o ecografía mamaria y la realización del PAP.
• Programa de Salud Reproductiva y Procreación Responsable: brinda información a to-
das las personas que así lo requieran, sobre todo los métodos anticonceptivos existentes, 
para que puedan elegir cuál de ellos adoptar y luego se provee el que la paciente acepte. 
(anticonceptivos orales y parenterales, profilácticos ,dispositivs intrauterino, etc.).
• Diabetes: se educa y actualiza al equipo de salud, para la detección de los pacientes dia-
béticos, una vez identificados, cada paciente diabético es examinado por el medico clínico 
y se le provee el tratamiento adecuado.
• Salud del Niño en Edad Escolar: una vez por año se realizan certificados de salud para las ac-
tividades intra e inter escolares. Consiste en el examen físico completo de cada niño, elaboran-
do la curva de su crecimiento, evaluando agudeza visual, tensión arterial y carnet de vacunas.
• Dermatología Sanitaria (Lepra): periodicamente realizan actividades de actualización 
en el equipo de salud, y de promoción en la población, a través de folletos ilustrativos, que 
alertan sobre las manifestaciones iniciales de esta enfermedad.
• Tuberculosis: por medio de éste programa se realiza educación y actualización del equi-
po de salud para la detección de los enfermos. El tratamiento, que es supervisado,para 
asegurar su cumplimiento, se trata de realizar en el centro de salud, y se entregan gratuita-
mente las drogas necesarias.
• Programa Provincial de Farmacoviglancia: se evalua el efecto de los medicamentos en-
tregados, y ante cualquier duda sobre su eficacia o efectos adversos, se realiza el informe 
correspondiente para que se efectúe la investigación de la droga sospechada.
• Programa Provincial de medicamentos: en el laboratorio de la provincia se elaboran 
monodrogras para el tratamiento de patologías prevalentes en la población y fármacos 
anticonceptivos. Por convenios especiales, estos medicamentos también se distribuyen en 
otras provincias por medio del programa REMEDIAR (Nacional)
• Sida: consiste en la provisión de profilácticos y cartillas informativas para la prevención de la 
enfermedad. En caso de infección se proveen los medicamentes y apoyo psicológico necesario.
• Nutrirmas: se le provee a las familias de niños desnutridos un ticket mensual para la 
compra de los alimentos necesarios. Además se les brindan charlas sobre nutrición. Se le 
exige un control médico mensual para su continuidad dentro del programa.
• Materno-Infantil: consiste en el control de las embarazadas a partir de las 20 semanas 
de gestación, y control del niño a los 7 días y 15 días de nacido, luego una vez por mes hasta 
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el año de vida.Posteriormente a los 15 meses, 18 meses, 2 años y luego una vez por año. Se 
le provee leche a las embarazadas a partir del sexto mes y al los niños desde el sexto mes 
de vida (antes exclusivamente leche materna), hasta los dos años. A los niños desnutridos 
se les continúa brindando leche hasta los 5 años.
• Vacunación: se colocan todas las vacunas del PAI (Programa Ampliado de Inmunizacio-
nes) y se confeccionan ficheros calendarios a cada niño que se vacuna, éstos se controlan 
todos los meses y si algún niño no concurre el día estipulado para vacunarse se los cita por 
medio del agente comunitario que lo visita en su vivienda para recordarle al adulto respon-
sable que DEBE vacunarse.
3.8. Organismos y documentos internacionales relacionados con salud
3.8.1. Organismos y documentos internacionales relacionados con la salud pública
ONU (Organización de las Naciones Unidas)
Este organismo surge en 1945, posterior a la Segunda Guerra Mundial, con la firma de la 
Carta de las Naciones Unidas, por 51 países. Establece su sede en Nueva York y una segun-
da sede en Ginebra.
Sus tareas son múltiples, pero la salud mundial es uno de sus principales objetivos. 
A través de sus 64 años de labor en salud, se encuentran dentro de sus principales logros: 
la desaparición de la poliomielitis y de la viruela, la lucha contra las enfermedades parasita-
rias, el trabajo para evitar la propagación de las epidemias, las campañas de inmunización, 
la reducción de la mortalidad infantil, la promoción de la salud materna y reproductiva, y la 
atención al VIH/Sida. La mayor tarea la cumple en los países en vía de desarrollo.
OMS (Organización Mundial de la Salud) 
Es el organismo de las Naciones Unidas especializado en salud.
Se fundó el 7 de abril de 1948 y su objetivo, es que todos los pueblos puedan gozar del 
grado máximo de salud que se pueda lograr.
OPS (Organización Panamericana de la Salud)
En el año 1902, durante la epidemia de fiebre amarilla, en el continente americano, en un 
intento por controlar la situación sanitaria, se convoca en Estados Unidos, la Primera Con-
vención Sanitaria Internacional de las Repúblicas Americanas, que fue el inicio de la OPS, y 
recibe esta denominación en 1958.
Tiene su sede en Washington, y congrega a profesionales de 27 países.
La misión de la OPS, como se establece en su Constitución, comprende la ayuda a los 
países del continente americano para combatir las enfermedades, a prolongar la vida y 
promover la salud física y mental de las personas. 
3.8.2. Documentos
Declaración de ALMA-ATA
Conferencia Internacional sobre Atención Primaria de Salud, Alma-Ata, URSS, 6-12 de sep-
tiembre de 1978.
La Conferencia Internacional sobre Atención Primaria de Salud, reunida en Alma-Ata en 
el día de hoy, doce de septiembre de mil nuevecientos setenta y ocho, considerando la 
necesidad de una acción urgente por parte de todos los gobiernos, de todo el personal 
de salud y de desarrollo y de la comunidad mundial para proteger y promover la salud de 
todos los pueblos del mundo, hace la siguiente Declaración:
I. La Conferencia reitera firmemente que la salud, estado de completo bienestar físico, 
mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades, es un derecho 
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humano fundamental y que el logro del grado más alto posible de salud es un objetivo 
social sumamente importante en todo el mundo, cuya realización exige la intervención de 
muchos otros sectores sociales y económicos, además del de la salud.
II. La grave desigualdad existente en el estado de salud da la población, especialmente 
entre los países en desarrollo y los desarrollados, así como dentro de cada país, es política, 
social y económicamente inaceptable y, por tanto, motivo de preocupación común para 
todos los países.
III. El desarrollo económico y social, basado en un Nuevo Orden Económico Internacio-
nal, es de importancia fundamental para lograr el grado máximo de salud paratodos y para 
reducir el foso que separa, en el plano de la salud, a los países en desarrollo de los países 
desarrollados. La promoción y protección de la salud del pueblo es indispensable para un 
desarrollo económico y social sostenido y contribuye a mejorar la calidad de la vida y a 
alcanzar la paz mundial.
IV. El pueblo tiene el derecho y el deber de participar individual y colectivamente en la 
planificación y aplicación de su atención de salud.
V. Los gobiernos tienen la obligación de cuidar la salud de sus pueblos, obligación que 
sólo puede cumplirse mediante la adopción de medidas sanitarias y sociales adecuadas. 
Uno de los principales objetivos sociales de los gobiernos, de las organizaciones internacio-
nales y de la comunidad mundial entera en el curso de los próximos decenios debe ser el de 
que todos los pueblos del mundo alcancen en el año 2000 un nivel de salud que les permita 
llevar una vida social y económicamente productiva. La atención primaria de salud es la cla-
ve para alcanzar esa meta como parte del desarrollo conforme al espíritu de la justicia social.
VI. La atención primaria de salud es la asistencia sanitaria esencial basada en métodos y 
tecnologías prácticos, científicamente fundados y socialmente aceptables, puesta al alcan-
ce de todos los individuos y familias de la comunidad mediante su plena participación y a 
un costo que la comunidad y el país puedan soportar, en todas y cada una de las etapas 
de su desarrollo con un espíritu de autorresponsabilidad y autodeterminación. La atención 
primaria forma parte integrante tanto del sistema nacional de salud, del que constituye la 
función central y el núcleo principal, como del desarrollo social y económico global de la 
comunidad. Representa el primer nivel de contacto de los individuos, la familia y la comuni-
dad con el sistema nacional de salud, llevando lo más cerca posible la atencion de salud al 
lugar donde residen y trabajan las personas, y constituye el primer elemento de un proceso 
permanente de asistencia sanitaria.
VII. La atención primaria de salud:
1. es a la vez un reflejo y una consecuencia de las condiciones económicas y de las carac-
terísticas socioculturales y políticas del país y de sus comunidades, y se basa en la apli-
cación de los resultados pertinentes de las investigaciones sociales, biomédicas y sobre 
servicios de salud y en la experiencia acumulada en materia de salud pública;
2. se orienta hacia los principales problemas de salud de la comunidad y presta los ser-
vicios de promoción, prevención, tratamiento y rehabilitación necesarios para resolver 
esos problemas;
3. comprende, cuando menos, las siguientes actividades: la educación sobre los principa-
les problemas de salud y sobre los métodos de prevención y de lucha correspondientes; 
la promoción del suministro de alimentos y de una nutrición apropiada, un abasteci-
miento adecuado de agua potable y saneamiento básico; la asistencia materno-infan-
til, con inclusión de la planificación de la familia; la inmunización contra las principales 
enfermedades infecciosas; la prevención y lucha contra las enfermedades endémicas 
locales; el tratamiento apropiado de las enfermedades y traumatismos comunes; y el 
suministro de medicamentos esenciales;
4. entraña la participación, además del sector sanitario, de todos los sectores y campos 
de actividad conexos del desarrollo nacional y comunitario, en particular la agricultura, la 
zootecnia, la alimentación, la industria, la educación, la vivienda, las obras públicas, las co-
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medicina. una aproximación a la práctica profesional
municaciones y otros sectores y exige los esfuerzos coordinados de todos esos sectores;
5. exige y fomenta en grado máximo la autorresponsabilidad y la participación de la co-
munidad y del individuo en la planificación, la organización, el funcionamiento y el con-
trol de la atención primaria de salud, sacando el mayor partido posible de los recursos 
locales y nacionales y de otros recursos disponibles, y con tal fin desarrolla mediante la 
educación apropiada la capacidad de las comunidades para participar;
6. debe estar asistida por sistemas de envío de casos integrados, funcionales y que se 
apoyen mutuamente, a fin de llegar al mejoramiento progresivo de la atención sanitaria 
completa para todos, dando prioridad a los más necesitados;
7. se basa, tanto en el plano local como en el de referencia y consulta de casos, en per-
sonal de salud, con inclusión según proceda, de médicos, enfermeras, parteras, auxi-
liares y trabajadores de la comunidad, así como de personas que practican la medicina 
tradicional, en la medida que se necesiten, con el adiestramiento debido en lo social y 
en lo técnico, para trabajar como un equipo de salud y atender las necesidades de salud 
expresas de la comunidad.
VIII. Todos los gobiernos deben formular políticas, estrategias y planes de acción na-
cionales, con objeto de iniciar y mantener la atención primaria de salud como parte de un 
sistema nacional de salud completo y en coordinación con otros sectores. Para ello, será 
preciso ejercer la voluntad política para movilizar los recursos del país y utilizar racional-
mente los recursos externos disponibles.
IX. Todos los países deben cooperar, con espíritu de solidaridad y de servicio, a fin de 
garantizar la atención primaria de salud para todo el pueblo, ya que el logro de la salud por 
el pueblo de un país interesa y beneficia directamente a todos los demás países. En este 
contexto, el informe conjunto OMS/UNICEF sobre atención primaria de salud constituye 
una base sólida para impulsar el desarrollo y la aplicación de la atención primaria de salud 
en todo el mundo.
X. Es posible alcanzar un nivel aceptable de salud para toda la humanidad en el año 2000 
mediante una utilización mejor y más completa de los recursos mundiales, de los cuales 
una parte considerable se destina en la actualidad a armamento y conflictos militares. Una 
verdadera política de independencia, paz, distensión y desarme podría y debería liberar 
recursos adicionales que muy bien podrían emplearse para fines pacíficos y en particular 
para acelerar el desarrollo social y económico asignando una proporción adecuada a la 
atención primaria de salud en tanto que elemento esencial de dicho desarrollo.
La Conferencia Internacional sobre Atención Primaria de Salud exhorta a la urgente y 
eficaz acción nacional e internacional a fin de impulsar y poner en práctica la atención pri-
maria de salud en el mundo entero y particularmente en los países en desarrollo, con un 
espíritu de cooperación técnica y conforme al Nuevo Orden Económico Internacional. La 
Conferencia insta a los gobiernos, a la OMS y al UNICEF y a otras organizaciones internacio-
nales, así como a los organismos internacionales, así como a los organismos multilaterales 
y bilaterales, a las organizaciones no gubernamentales, a los organismos de financiación, 
a todo el personal de salud y al conjunto de la comunidad mundial, a que apoyen en el 
plano nacional e internacional el compromiso de promover la atención primaria de salud 
y de dedicarle mayor apoyo técnico y financiero, sobre todo en países en desarrollo. La 
Conferencia exhorta a todas las entidades antedichas a que colaboren el establecimiento, 
el desarrollo y el mantenimiento de la atención primaria de salud de conformidad con el 
espíritu y la letra de la presente Declaración.
Carta de Ottawa para la promoción de la salud 
La primera Conferencia Internacional sobre la Promoción de la Salud reunida en Ottawa el 
día 21 de noviembre de 1986 emite la presente CARTA dirigida a la consecución del objetivo 
“Salud para Todos en el año 2000”.
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Capítulo 2. Práctica en terreno
programa