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Ernesto Guevara 
Obras Escogidas
CEME - Centro de Estudios Miguel Enríquez - Archivo Chile
 2
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Me siento patriota de América Latina, de cualquier país de 
América Latina, en el modo más absoluto, y tal vez, si fuera 
necesario, estaría dispuesto a dar mi vida por la liberación de 
cualquier país latinoamericano, sin pedir nada a nadie. 
 
Asamblea general de la ONU 
11 de diciembre de 1964 
 
 
 
 
 
Ernesto Guevara 
Obras Escogidas 
Editado en Digital por Resma 
Santiago de Chile. Copyleft 2004 
 
 
CEME - Centro de Estudios Miguel Enríquez - Archivo Chile
 3
La guerra de guerillas 
 
A Camilo 
 
Capítulo I Principios generales de 
la lucha guerrillera 
 
Capítulo II La guerrilla 
 
Capítulo III Organización del 
frente guerrillero 
 
Capítulo IV Apéndices 
 
 
Artículos: (sobre la guerrilla 
y la guerra de guerrillas) 
 
Qué es un "guerrillero" 
 
Guerra y población campesina 
 
Guerra de guerrillas: un método 
 
Prólogo a Guerra del pueblo, 
ejército del pueblo 
 
 
Consejos al combatiente: 
 
Moral y disciplina de los 
combatientes revolucionarios 
 
La disciplina de fuego en el 
combate 
 
Solidaridad en el combate 
 
El contra-ataque I 
 
El contra-ataque II 
 
El aprovechamiento del terreno I 
 
El aprovechamiento del terreno II 
Las ametralladoras en el combate 
defensivo 
 
Artículos, Discursos y 
Conferencias: 
 
1959 
 
Lo que aprendimos y lo que 
enseñamos 1° de enero de 1959 
 
Proyecciones sociales del Ejército 
Rebelde 27 de enero de 1959 
 
Discurso en «El Pedrero» 8 de 
febrero de 1959 
 
Palabras en la despedida de duelo 
de los compañeros Juan 
Abrahantes y Jorge Villa 5 de 
septiembre de 1959 
 
Reforma universitaria y 
revolución (Conferencia) 17 de 
octubre de 1959 
 
Discurso en la concentración ante 
al Palacio Presidencial 26 de 
octubre de 1959 
 
Discurso en el auditorium de la 
Universidad Central de las Villas 
(al recibir el doctorado honoris 
causa) 28 de diciembre de 1959 
 
1960 
 
Discurso en la conmemoración del 
natalicio de José Martí. 28 de 
enero de 1960 
 
Discurso en el Banco Nacional 29 
de enero de 1960 
 
CEME - Centro de Estudios Miguel Enríquez - Archivo Chile
 4
Discurso a los trabajadores del 
industria textil 7 de febrero de 
1960 
 
Discurso en la entrega del Centro 
Escolar «Oscar Lucero» 24 de 
febrero de 1960 
 
Soberanía política e 
independencia económica 
(Conferencia) 20 de marzo de 
1960 
«El papel de la Universidad en el 
desarrollo económico de Cuba» 
Charla en la Universidad de La 
Habana 2 de marzo de 1960 
 
Discurso en Santiago de Cuba 1° 
de mayo de 1960 
 
Discurso en la inauguración de la 
exposición industrial en 
Ferrocarril 20 de mayo de 1960 
 
Notas para el estudio de la 
ideología de la Revolución cubana 
8 de octubre de 1960 
 
1961 
 
Comparecencia televisada acerca 
de la firma de acuerdos con los 
países socialistas. 6 de enero de 
1961 
 
Despedida de duelo a Osvaldo 
Sánchez y otros compañeros del 
MINFAR. 10 de enero de 1961 
 
Discurso a las milicias en 
Cabañas, Pinar del Río. 22 de 
enero de 1961 
 
Discurso en la Convención 
Nacional de los Consejos 
Técnicos Asesores. 11 de febrero 
de 1961 
 
Palabras a obreros destacados. 22 
de febrero de 1961 
 
Discurso en el Encuentro Nacional 
Azucarero. Santa Clara, 28 de 
marzo de 1961 
 
Contra el burocratismo. Abril 
1961 
 
Discurso a las milicias en Pinar 
del Río. 15 de abril de 1961 
 
Conferencia en el ciclo 
«Economía y Planificación» de la 
Universidad Popular. 30 de abril 
de 1961 
 
Discurso en el acto 
conmemorativo de la muerte de 
Antonio Guiteras. 3 de mayo de 
1961 
 
Discurso en el acto de homenaje al 
general Líster. 2 de junio de 1961 
 
Conferencia en el curso de 
adiestramiento del Ministerio de 
Industrias 23 de junio de 1961 
 
Discusión colectiva, decisión y 
responsabilidad únicas. Julio 1961 
 
Discurso en la quinta sesión 
plenaria del Consejo 
Interamericano Económico y 
Social, en Punta del Este, 
Uruguay. 8 de agosto de 1961 
 
Discurso en la Primera Reunión 
Nacional de Producción. 27 de 
agosto de 1961 
 
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 5
Discurso clausura de la Primera 
Asamblea de Producción de la 
Gran Habana. 24 de septiembre de 
1961 
 
Charla a trabajadores del 
Ministerio de Industrias. 6 de 
octubre de 1961 
 
Discurso en la inauguración de la 
planta de sulfometales «Patricio 
Lumumba». 29 de octubre de 
1961 
 
Discurso en la Conmemoración 
del 27 de noviembre de 1871. 27 
de noviembre de 
1961 
 
1962 
 
Discurso en la entrega de premios 
a obreros destacados del 
Ministerio de Industrias. 30 de 
abril de 1962 
 
Conferencia a los estudiantes de la 
Facultad de Tecnología. 11 de 
mayo de 1962 
 
El cuadro, columna vertebral de la 
revolución. Septiembre de 1962 
 
1963 
 
El partido marxista-leninista. 
Prólogo al libro El partido 
marxista-leninista, publicado por 
la Dirección Nacional del Partido 
Unido de la Revolución Socialista 
de Cuba, La Habana, 1963 
 
Discurso de la plenaria azucarera 
en Camagüey. 9 de febrero de 
1963 
Discurso en la asamblea general 
de trabajadores de la Textilería 
Ariguanabo. 24 de marzo de 1963 
 
Discurso en Minas del Frío. 3 de 
abril de 1963 
 
1964 
 
Sobre el sistema presupuestario de 
financiamiento. Febrero de 1964 
 
La banca, el crédito y el 
socialismo. Marzo de 1964 
 
Discurso en la inauguración de la 
Planta Mecánica de Las Villas. 3 
de mayo de 1964 
 
Discurso en el Ministerio de 
Industrias. 9 de mayo de 1964 
 
Discurso en la inauguración de la 
Planta Beneficiadora de Caolín, 
Isla de Pinos. 10 de mayo de 1964 
 
Discurso en la inauguración de la 
Fábrica de Bujías de Sagua la 
Grande. 17 de mayo de 1964 
 
La planificación socialista, su 
significado. Junio de 1964 
 
Discurso en la inauguración de la 
Fábrica de Alambre de Puas en 
Nuevitas. 12 de julio de 1964 
 
Discurso en la inauguración de la 
Fábrica de Bicicletas de 
Caibarién. 19 de julio de 1964 
 
Discurso en la entrega de 
certificados de trabajo comunista 
en el Ministerio de Industrias. 15 
de agosto de 1964 
 
CEME - Centro de Estudios Miguel Enríquez - Archivo Chile
 6
Discurso en la Asamblea de 
Emulación del Ministerio de 
Industrias. 22 de octubre de 1964 
 
Discurso en homenaje al 
Comandante Camilo Cienfuegos. 
28 de octubre de 1964 
Cuba, su economía, su comercio 
exterior, su significado en el 
mundo actual. Diciembre de 1964 
 
Discurso en la Asamblea General 
de las Naciones Unidas 11 de 
diciembre de 1964 
Intervención en la Asamblea 
General de las Naciones Unidas 
en uso del derecho de replica. 11 
de diciembre de 1964 
 
Intervención en la Asamblea 
General de las Naciones Unidas 
11 de diciembre de 1964 
 
Conferencia en el programa 
televisado Face the Nation 14 de 
diciembre de 1964 
 
1965 
 
El socialismo y el hombre en 
Cuba.Marzo 1965 
 
1967 
 
Mensaje a los pueblos del mundo 
a través de la Tricontinental. abril 
1967 
 
Cartas 
 
A Sergia Cordoví. Departamento 
Militar de La Cabaña.La Habana, 
14 de Enero de 195 
 
A Compañeros de la Planta 
Ensambladora de Motocicletas. La 
Habana, 31 de mayo de 1963 
 
A Pablo Díaz González. La 
Habana, 28 de octubre de 1963 
 
A Lydia Ares Rodríguez. La 
Habana, 30 de octubre de 1963 
 
A María Rosario Guevara. La 
Habana, 20 de febrero de 1964 
 
A Eduardo B. Ordaz Ducungé. 26 
de mayo de 1964 
 
A Haydée Santamaría. 12 de junio 
de 1964 
 
A Charles Bettelheim. 24 de 
octubre de 1964 
 
A sus padres. marzo 1965 
 
A sus hijos. marzo 1965 
 
A Fidel [marzo 1965] La Habana 
«Añode la agricultura» carta de 
despedida del Che a Fidel 
 
 
Poemas 
 
Vieja María es un poema inédito 
del Ché leído por Hebe de 
Bonafini, Presidenta de las 
Madres Plaza de Mayo el 29 de 
septiembre de 2001 en la clase 
especial y pública sobre la guerra 
imperialista, Universidad Popular 
de las Madres de Plaza de Mayo. 
 
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 7
La guerra de guerrillas 
 
(Tomado de: Ernesto Che Guevara. 
Escritos y discursos, tomo 1, Editorial de 
Ciencias Sociales, La Habana 1972, 
páginas 27-29) 
 
 
A Camilo 
 
Este trabajo pretende colocarse bajo la 
advocación de Camilo Cienfuegos, quien 
debía leerlo y corregirlo pero cuyo 
destino le ha impedido esa tarea. Todas 
estas líneas y las que siguen pueden 
considerarse como un homenaje del 
Ejército Rebelde a su gran Capitán, al 
más grande jefe de guerrillas que dio esta 
revolución, al revolucionario sin tacha y 
al amigo fraterno. 
 
Camilo fue el compañero de cien batallas, 
el hombre de confianza de Fidel en los 
momentos difíciles de la guerra y el 
luchador abnegado que hizo siempre del 
sacrificio un instrumento para templar su 
carácter y forjar el de la tropa. Creo que 
él hubiera aprobado este manual donde se 
sintetizan nuestras experiencias 
guerrilleras, porque son el producto de la 
vida misma, pero él le dio a la armazón 
de letras aquí expuesta la vitalidad 
esencial de su temperamento, de su 
inteligencia y de su audacia, que sólo se 
logran en tan exacta medida en ciertos 
personajes de la Historia. 
 
Pero no hay que ver a Camilo como un 
héroe aislado realizando hazañas 
maravillosas al solo impulso de su genio, 
sino como una parte misma del pueblo 
que lo formó, como forma sus héroes, sus 
mártires o sus conductores en la selección 
inmensa de la lucha, con la rigidez de las 
condiciones bajo las cuales se efectuó. 
 
No sé si Camilo conocía la máxima de 
Dantón sobre los movimientos 
revolucionarios, «audacia, audacia y más 
audacia»; de todas maneras, la practicó 
con su acción, dándole además el 
condimento de las otras condiciones 
necesarias al guerrillero: el análisis 
preciso y rápido de la situación y la 
meditación anticipada sobre los 
problemas a resolver en el futuro. 
 
Aunque estas líneas, que sirven de 
homenaje personal y de todo un pueblo a 
nuestro héroe, no tienen el objeto de 
hacer su biografía o de relatar sus 
anécdotas, Camilo era hombre de ellas, de 
mil anécdotas, las creaba a su paso con 
naturalidad. Es que unía a su desenvoltura 
y a su aprecio por el pueblo, su 
personalidad; eso que a veces se olvida y 
se desconoce, eso que imprimía el sello 
de Camilo a todo lo que le pertenecía: el 
distintivo precioso que tan pocos hombres 
alcanzan de dejar marcado lo suyo en 
cada acción. Ya lo dijo Fidel: no tenía la 
cultura de los libros, tenía la inteligencia 
natural del pueblo, que lo había elegido 
entre miles para ponerlo en el lugar 
privilegiado a donde llegó, con golpes de 
audacia, con tesón, con inteligencia y 
devoción sin pares. 
 
Camilo practicaba la lealtad como una 
religión; era devoto de ella; tanto de la 
lealtad personal hacia Fidel, que encarna 
como nadie la voluntad del pueblo, como 
la de ese mismo pueblo; pueblo y Fidel 
marchan unidos y así marchaban las 
devociones del guerrillero invicto. 
 
¿Quién lo mató? 
 
Podríamos mejor preguntarnos: ¿quién 
liquidó su ser físico? porque la vida de los 
hombres como él tiene su más allá en el 
pueblo; no acaba mientras éste no lo 
ordene. 
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 8
Lo mató el enemigo, lo mató porque 
quería su muerte, lo mató porque no hay 
aviones seguros, porque los pilotos no 
pueden adquirir toda la experiencia 
necesaria, porque, sobrecargado de 
trabajo, quería estar en pocas horas en La 
Habana... y lo mató su carácter. Camilo, 
no medía el peligro, lo utilizaba como una 
diversión, jugaba con él, lo toreaba, lo 
atraía y lo manejaba; en su mentalidad de 
guerrillero no podía una nube detener o 
torcer una línea trazada. 
 
Fue allí, cuando todo un pueblo lo 
conocía, lo admiraba y lo quería; pudo 
haber sido antes y su historia sería la 
simple de un capitán guerrillero. Habrá 
muchos Camilos, dijo Fidel; y hubo 
Camilos, puedo agregar, Camilos que 
acabaron su vida antes de completar el 
ciclo magnífico que él ha cerrado para 
entrar en la Historia, Camilo y los otros 
Camilos (los que no llegaron y los que 
vendrán), son el índice de las fuerzas del 
pueblo, son la expresión más alta de lo 
que puede llegar a dar una nación, en pie 
de guerra para la defensa de sus ideales 
más puros y con la fe puesta en la 
consecución de sus metas más nobles. 
 
No vamos a encasillarlo, para aprisionarlo 
en moldes, es decir matarlo. Dejémoslo 
así, en líneas generales, sin ponerle 
ribetes precisos a su ideología socio-
económica que no estaba perfectamente 
definida; recalquemos sí, que no ha 
habido en esta guerra de liberación un 
soldado comparable a Camilo. 
Revolucionario cabal, hombre del pueblo, 
artífice de esta revolución que hizo la 
nación cubana para sí, no podía pasar por 
su cabeza la más leve sombra del 
cansancio o de la decepción. Camilo, el 
guerrillero, es objeto permanente de 
evocación cotidiana, es el que hizo esto o 
aquello, «una cosa de Camilo», el que 
puso su señal precisa e indeleble a la 
Revolución cubana, el que está presente 
en los otros que no llegaron y en aquellos 
que están por venir. 
 
En su renuevo continuo e inmortal, 
Camilo es la imagen del pueblo. 
 
Tomado de: Ernesto Che Guevara. 
Escritos y discursos, tomo 1, Editorial de 
Ciencias Sociales, La Habana 1972, 
páginas 27-29. 
 
 
 
 
 
 
La guerra de guerrillas 
Capítulo I 
 
 
 
 
Principios generales de la lucha 
guerrillera 
Esencia de la lucha guerrillera 
Estrategia guerrillera 
Táctica guerrillera 
Guerra en terrenos favorables 
Guerra en terrenos desfavorables 
Guerra suburbana 
 
 
 
1. Esencia de la lucha 
guerrillera 
 
La victoria armada del pueblo cubano 
sobre la dictadura batistiana ha sido, 
además del triunfo épico recogido por los 
noticieros del mundo entero, un 
modificador de viejos dogmas sobre la 
conducta de las masas populares de la 
América Latina, demostrando 
palpablemente la capacidad del pueblo 
CEME - Centro de Estudios Miguel Enríquez - Archivo Chile
 9
para liberarse de un gobierno que lo 
atenaza, a través de la lucha guerrillera. 
 
Consideramos que tres aportaciones 
fundamentales hizo la Revolución cubana 
a la mecánica de los movimientos 
revolucionarios en América, son ellas: 
 
1. Las fuerzas populares pueden ganar 
una guerra contra el ejército. 
 
2. No siempre hay que esperar a que se 
den todas las condiciones para la 
revolución; el foco insurreccional puede 
crearlas. 
 
3. En la América subdesarrollada el 
terreno de la lucha armada debe ser 
fundamentalmente el campo. 
 
De estas tres aportaciones, las dos 
primeras luchan contra la actitud quietista 
de revolucionarios o 
seudorrevolucionarios que se refugian, y 
refugian su inactividad, en el pretexto de 
que contra el ejército profesional nada se 
puede hacer, y algunos otros que se 
sientan a esperar a que, en una forma 
mecánica, se den todas las condiciones 
objetivas y subjetivas necesarias, sin 
preocuparse de acelerarlas. Claro como 
resulta hoy para todo el mundo, estas dos 
verdades indubitables fueron antes 
discutidas en Cuba y probablemente sean 
discutidas en América también. 
 
Naturalmente, cuando se habla de las 
condiciones para la revolución no se 
puede pensar que todas ellas se vayan a 
crear por el impulso dado a las mismas 
por el foco guerrillero. Hay que 
considerar siempre que existe un mínimo 
de necesidades que hagan factible el 
establecimiento y consolidacióndel 
primer foco. Es decir, es necesario 
demostrar claramente ante el pueblo la 
imposibilidad de mantener la lucha por 
las reivindicaciones sociales dentro del 
plano de la contienda cívica. 
Precisamente, la paz es rota por las 
fuerzas opresoras que se mantienen en el 
poder contra el derecho establecido. 
 
En estas condiciones, el descontento 
popular va tomando formas y 
proyecciones cada vez más afirmativas y 
un estado de resistencia que cristaliza en 
un momento dado en el brote de lucha 
provocado inicialmente por la actitud de 
las autoridades. 
 
Donde un gobierno haya subido al poder 
por alguna forma de consulta popular, 
fraudulenta o no, y se mantenga al menos 
una apariencia de legalidad 
constitucional, el brote guerrillero es 
imposible de producir por no haberse 
agotado las posibilidades de la lucha 
cívica. 
 
El tercer aporte es fundamentalmente de 
índole estratégica y debe ser una llamada 
de atención a quienes pretenden con 
criterios dogmáticos centrar la lucha de 
las masas en los movimientos de las 
ciudades, olvidando totalmente la 
inmensa participación de la gente del 
campo en la vida de todos los países 
subdesarrollados de América. No es que 
se desprecie las luchas de masas obreras 
organizadas, simplemente se analiza con 
criterio realista las posibilidades, en las 
condiciones difíciles de la lucha armada, 
donde las garantías que suelen adornar 
nuestras constituciones están suspendidas 
o ignoradas. En estas condiciones los 
movimientos obreros deben hacerse 
clandestinos, sin armas, en la ilegalidad y 
arrastrando peligros enormes; no es tan 
difícil la situación en campo abierto, 
apoyados los habitantes por la guerrilla 
armada y en lugares donde las fuerzas 
represivas no pueden llegar. 
 
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 10
Independientemente de que después 
hagamos un cuidadoso análisis, estas tres 
conclusiones que se desprenden de la 
experiencia revolucionaria cubana las 
apuntamos hoy a la cabeza de este trabajo 
por considerarlas nuestro aporte 
fundamental. 
 
La guerra de guerrilla, base de la lucha de 
un pueblo por redimirse, tiene diversas 
características, facetas distintas, aun 
cuando exista siempre la misma voluntad 
esencial de liberación. Es obvio, y los 
tratadistas sobre el tema lo han dicho 
sobradamente, que la guerra responde a 
una determinada serie de leyes científicas, 
y quien quiera que vaya contra ellas, irá a 
la derrota. La guerra de guerrillas, como 
fase de la misma, debe regirse por todas 
ellas; pero por su aspecto especial, tiene, 
además, una serie de leyes accesorias que 
es preciso seguir para llevarla hacia 
adelante. Es natural que las condiciones 
geográficas y sociales de cada país 
determinen el modo y las formas 
peculiares que adoptará la guerra de 
guerrillas, pero sus leyes esenciales tienen 
vigencia para cualquier lucha de este tipo. 
 
Encontrar las bases en que se apoya este 
tipo de lucha, las reglas a seguir por los 
pueblos que buscan su liberación; teorizar 
lo hecho, estructurar y generalizar esta 
experiencia para el aprovechamiento de 
otros, es nuestra tarea del momento. 
 
Lo primero que hay que establecer es 
quiénes son los combatientes en una 
guerra de guerrillas. De un lado tenemos 
el núcleo opresor y su agente, el ejército 
profesional, bien armado y disciplinado, 
que, en muchos casos, puede contar con 
el apoyo extranjero y el de pequeños 
núcleos burocráticos, paniaguados al 
servicio de ese núcleo opresor. Del otro, 
la población de la nación o región de que 
se trate. Es importante destacar que la 
lucha guerrillera es una lucha de masas, 
es una lucha de pueblo: la guerrilla, como 
núcleo armado, es la vanguardia 
combatiente del mismo, su gran fuerza 
radica en la masa de la población. No 
debe considerarse a la guerrilla 
numéricamente inferior al ejército contra 
el cual combate, aunque sea inferior su 
potencia de fuego. Por esto es preciso 
acudir a la guerra de guerrillas cuando se 
tiene junto a sí un núcleo mayoritario y 
para defenderse de la opresión un número 
infinitamente menor de armas. 
 
El guerrillero cuenta, entonces, con todo 
el apoyo de la población del lugar. Es una 
cualidad sine qua non. Y se ve muy claro, 
tomando como ejemplo gavillas de 
bandoleros que operan en una región; 
tienen todas las características del ejército 
guerrillero: homogeneidad, respeto al 
jefe, valentía, conocimiento del terreno, y 
muchas veces, hasta cabal apreciación de 
la táctica a emplear. Falta sólo el apoyo 
del pueblo; e inevitablemente estas 
gavillas son detenidas o exterminadas por 
la fuerza pública. 
 
Analizado el modo operacional de la 
guerrilla, su forma de lucha y 
comprendiendo su base de masas sólo nos 
resta preguntar: ¿por qué lucha el 
guerrillero? Tenemos que llegar a la 
conclusión inevitable de que el guerrillero 
es un reformador social, que empuña las 
armas respondiendo a la protesta airada 
del pueblo contra sus opresores y que 
lucha por cambiar el régimen social que 
mantiene a todos sus hermanos 
desarmados en el oprobio o la miseria. Se 
lanza contra las condiciones especiales de 
la institucionalidad de un momento dado 
y se dedica a romper, con todo el vigor 
que las circunstancias permitan, los 
moldes de esa institucionalidad. Cuando 
analicemos más a fondo la táctica de 
guerra de guerrillas, veremos que el 
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 11
guerrillero debe tener un conocimiento 
cabal del terreno que pisa, sus trillos de 
acceso y escape, posibilidades de 
maniobrar con rapidez, apoyo del pueblo, 
naturalmente y lugares donde esconderse. 
Todo esto indica que el guerrillero 
ejercerá su acción en lugares agrestes y 
poco poblados, y en estos parajes, la 
lucha del pueblo por sus reivindicaciones 
se sitúa preferentemente y, hasta casi 
exclusivamente, en el plano del cambio 
de la composición social de la tenencia de 
la tierra, es decir, el guerrillero es, ante 
todo, un revolucionario agrario. Interpreta 
los deseos de la gran masa campesina de 
ser dueña de la tierra, dueña de sus 
medios de producción, de sus animales, 
de todo aquello que ha anhelado durante 
años, de lo que constituye su vida y 
constituirá también su cementerio. 
 
Para la corriente interpretación de la 
guerra de guerrillas debe establecerse que 
hay dos tipos diferentes, uno de los 
cuales, el de ser una forma de lucha 
complementaria a la de los grandes 
ejércitos regulares tal como el caso de las 
guerrillas ukranianas en la Unión 
Soviética, no interesa para este análisis. 
Nos interesa el caso de un grupo armado 
que va progresando en la lucha contra el 
poder constituido, sea colonial o no, que 
se establece como base única y que va 
progresando en los medios rurales. En 
todos estos casos, cualquiera que sea la 
estructura ideológica que anime la lucha, 
la base económica está dada por la 
aspiración a la tenencia de la tierra. 
 
La China de Mao se inicia como un brote 
de los núcleos obreros del Sur que es 
derrotado y casi aniquilado. Solamente se 
estabiliza e inicia su marcha ascendente 
cuando después de la gran marcha del 
Yenán se asienta en territorios rurales y 
coloca como base de reivindicaciones la 
reforma agraria. La lucha de Ho Chi 
Minh en Indochina se basa en los 
campesinos arroceros oprimidos por el 
yugo colonial francés y con esa fuerza va 
progresando hasta derrotar a los 
colonialistas. En ambos casos hay un 
paréntesis de guerra patriótica contra el 
invasor japonés, pero no se desvanece la 
base económica de lucha por la tierra. En 
el caso de Argelia, la gran idea del 
nacionalismo árabe tiene su réplica 
económica en el usufructo de la casi 
totalidad de las tierras laborables de 
Argelia por un millón de colonos 
franceses, y en algunos países comoPuerto Rico, donde las condiciones 
particulares de la Isla no han permitido un 
brote guerrillero, el espíritu nacionalista 
herido en lo más profundo por la 
discriminación que se comete a diario 
contra ellos tiene como base la aspiración 
del campesino (aunque ya muchas veces 
esté proletarizado) por la tierra que le 
arrebata el invasor yanqui y esta misma 
idea central fue la que animaba, aunque 
en diferentes proyecciones, a los 
hacendados pequeños, campesinos y 
esclavos de las haciendas orientales de 
Cuba que cerraron filas para defender 
juntos el derecho a la posesión de la 
tierra, durante la guerra de liberación de 
los 30 años. 
 
Pese a características especiales que la 
convierten en un tipo de guerra, y 
teniendo en cuenta las posibilidades de 
desarrollo de la guerra de guerrillas, que 
se transforma, con el aumento de la 
potencialidad del núcleo operante en una 
guerra de posiciones, debe considerarse 
que este tipo de lucha es un embrión de la 
misma, un proyecto; las posibilidades de 
crecimiento de la guerrilla y de cambiar el 
tipo de pelea hasta llegar a una guerra 
convencional son tantas como las 
posibilidades de derrotar al enemigo en 
cada una de las distintas batallas, 
combates o escaramuzas que se libren. 
CEME - Centro de Estudios Miguel Enríquez - Archivo Chile
 12
Por eso, un principio fundamental es que 
no se debe dar, de ninguna manera, 
batalla que no se gane, combate o 
escaramuza que no se gane. Hay una 
definición antipática que expresa: «el 
guerrillero es el jesuita de la guerra». 
Indica con esto una cualidad de alevosía, 
de sorpresa, de nocturnidad, que son 
evidentemente elementos esenciales de la 
lucha guerrillera. Es naturalmente, un 
jesuitismo especial impulsado por las 
circunstancias que obligan a tomar en 
algunos momentos una determinación 
diferente de las concepciones románticas 
y deportivas con que se nos pretende 
hacer creer que hace la guerra. 
 
La guerra es siempre una lucha donde 
ambos contendientes tratan de aniquilar 
uno al otro. Recurrirán entonces a todas 
las triquiñuelas, a todos los trucos 
posibles, para conseguir este resultado, 
además de la fuerza. Las estrategias y las 
tácticas militares son la representación de 
las aspiraciones del grupo que analiza y 
del modo de llevar a cabo estas 
aspiraciones, y este modo contempla el 
aprovechamiento de todos los puntos 
débiles del enemigo. Desmenuzando, en 
una guerra de posiciones, la acción de 
cada pelotón de un gran núcleo de 
ejército, se observan las mismas 
características, en cuanto a la lucha 
individual, que las que se presentarán en 
la guerrilla. Hay alevosía, hay 
nocturnidad, hay sorpresa, y cuando no se 
producen, es porque es imposible tomar 
desprevenidos a quienes están enfrente 
vigilando. Pero como la guerrilla es una 
división de por sí, y como hay grandes 
zonas de terrenos no vigiladas por el 
enemigo, siempre se pueden realizar estas 
tareas de manera de asegurar la sorpresa, 
y es deber del guerrillero hacerlo. 
 
«Muerde y huye» le llaman algunos 
despectivamente, y es exacto. Muerde y 
huye, espera, acecha, vuelve a morder y a 
huir y así sucesivamente, sin dar descanso 
al enemigo. Hay en todo esto, al parecer, 
una actitud negativa; esa actitud de 
retirada, de no dar combates frontales, sin 
embargo, todo es consecuente con la 
estrategia general de la guerra de 
guerrillas, que es igual en su fin último a 
la de una guerra cualquiera: lograr el 
triunfo, aniquilar al enemigo. 
 
Queda bien establecido que la guerra de 
guerrillas es una fase la guerra que no 
tiene de por sí oportunidades de lograr el 
triunfo, es además una de las fases 
primarias de la guerra y se irá 
desenvolviendo y desarrollando hasta que 
el Ejército Guerrillero, en su crecimiento 
constante, adquiera las características de 
un Ejército Regular. En ese momento 
estará listo para aplicar golpes definitivos 
al enemigo y acreditarse la victoria. El 
triunfo será siempre el producto de un 
Ejército Regular, aunque sus orígenes 
sean el de un Ejército Guerrillero. 
 
Ahora bien, así como el general de una 
división no tiene que morir en una guerra 
moderna al frente de sus soldados, el 
guerrillero, que es general de sí mismo, 
no debe morir en cada batalla; está 
dispuesto a dar su vida, pero 
precisamente, la cualidad positiva de esta 
guerra de guerrillas es que cada uno de 
los guerrilleros está dispuesto a morir, no 
por defender un ideal sino por convertirlo 
en realidad. Esa es la base, la esencia de 
la lucha de guerrillas. El milagro por el 
cual un pequeño núcleo de hombres, 
vanguardia armada del gran núcleo 
popular que los apoya, viendo más allá 
del objetivo táctico inmediato, va 
decididamente a lograr un ideal, a 
establecer una sociedad nueva, a romper 
los viejos moldes de la antigua, a lograr, 
en definitiva, la justicia social por la que 
la lucha. 
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Consideradas así todas las palabras 
despectivas adquieren su verdadera 
grandeza, la grandeza del fin a que están 
destinadas, y conste que no se hablaba de 
medios retorcidos para llegar al fin; la 
actitud de lucha, esa actitud que no debe 
desmayar en ningún momento, es 
inflexibilidad frente a los grandes 
problemas del objetivo final, es también 
la grandeza del guerrillero. 
 
 
2. Estrategia guerrillera 
 
En la terminología guerrera, se entiende 
por estrategia el análisis de los objetivos a 
lograr, considerando una situación militar 
total y las formas globales de lograr estos 
objetivos. 
 
Para una correcta apreciación estratégica, 
desde el punto de vista de la guerrilla, es 
necesario analizar profundamente cuál 
será el modo de actuar del enemigo. Si en 
algún momento es válida la apreciación 
de que el objetivo final es destruir 
completamente la fuerza opositora, en el 
caso de una guerra civil de este tipo se 
encuentra el ejemplo clásico: el enemigo 
tendrá que procurar la destrucción total de 
cada uno de los componentes de la 
guerrilla; y el guerrillero, a la inversa, 
debe analizar los recursos con que cuenta 
el contrario para tratar de llegar a esa 
solución; los medios con que cuenta en 
hombres, en movilidad, en apoyo popular, 
en armamento y en capacidad de 
dirección. Debemos adecuar nuestra 
estrategia a estos estudios, considerando 
siempre el objetivo final de derrotar al 
ejército enemigo. 
 
Hay aspectos fundamentales a estudiar: el 
armamento, por ejemplo, la forma de 
utilizar ese armamento; analizar 
exactamente cuál es el valor de un tanque 
en una lucha de este tipo, cuál el de un 
avión, analizar cuáles son las armas del 
enemigo, su parque, sus costumbres; 
porque el aprovisionamiento más 
importante de la fuerza guerrillera, está 
precisamente en el armamento enemigo. 
Si hay posibilidad de elección debe 
preferir el mismo tipo que el usado por 
éste, pues el más grande enemigo de la 
guerrilla es la falta de parque, que debe 
proveer el contrincante. 
 
Una vez hecho esto, graduados y 
analizados los objetivos a lograr, hay que 
ir estudiando el ordenamiento de los 
pasos para la consecución del objetivo 
final, ordenamiento que se preverá, pero 
que se irá modificando en el transcurso de 
la lucha y adecuando a la serie de 
circunstancias no previstas que puedan 
surgir durante la misma. 
 
En el primer momento, lo esencial para el 
guerrillero será no dejarse destruir. Paso a 
paso, será más fácil para los integrantes 
de la guerrilla o de las diferentes 
guerrillas, adaptarse al medio de vida y 
convertir en una acción cotidiana y, como 
tal, fácil el huir, despistar a las fuerzas 
que están lanzadas en su persecución. 
Logrado este objetivo, tomando 
posiciones cuya inaccesibilidad impida al 
enemigo llegar hasta ellos, o 
consiguiendo fuerzas que disuadan a éstede atacar, debe procederse al 
debilitamiento gradual del mismo, 
debilitamiento que se provocará en el 
primer momento en los lugares más 
cercanos a los puntos de lucha activa 
contra la guerrilla, y, posteriormente, se 
irá profundizando en territorio enemigo, 
atacando sus comunicaciones, atacando 
luego, o molestando, las bases de 
operaciones y las bases centrales, 
hostigándolo en forma total en la medida 
de las posibilidades de las fuerzas 
guerrilleras. 
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El golpeteo debe ser constante. Al 
soldado enemigo que esté en un lugar de 
operaciones no se le debe dejar dormir, 
las postas deben ser atacadas y liquidadas 
sistemáticamente. Debe darse en todo 
momento la impresión de que un cerco 
completo rodea al adversario; en las 
zonas boscosas y quebradas, durante todo 
el día, en las zonas llanas o fácilmente 
permeables por patrullas adversarias, 
durante la noche. Para hacer todo esto, es 
necesaria la cooperación absoluta del 
pueblo y el conocimiento perfecto del 
terreno. Dos condiciones cuya necesidad 
apunta en cada minuto de la vida del 
guerrillero. Por eso hay que establecer, al 
mismo tiempo que centros de estudio de 
las zonas de operaciones y centros de 
estudio de las zonas de operaciones 
futuras, trabajo popular intensivo, 
explicando los motivos de la revolución, 
los fines de esta misma revolución y 
diseminando la verdad incontrovertible de 
que en definitiva contra el pueblo no se 
puede vencer. Quien no sienta esta verdad 
indubitable no puede ser guerrillero. 
 
Este trabajo popular debe centralizarse en 
el primer momento sobre la discreción, es 
decir, debe pedirse a cada campesino, a 
cada miembro de la sociedad donde se 
actúa, que no comenten lo que vean u 
oigan; después buscará la ayuda de 
habitantes cuya lealtad a la revolución 
ofrezca mayores garantías, 
posteriormente se utilizará a esas 
personas en tareas de contacto, de 
transporte de mercancías o de armas de 
prácticos en las zonas que él conozca, y 
más tarde, se puede llegar a la acción de 
masas ya organizadas en los centros de 
trabajo, cuyo resultado final será la 
huelga general. 
 
La huelga es un factor importantísimo en 
la guerra civil, pero para llegar a ella es 
necesario una serie de complementos que 
no se dan siempre y que, 
espontáneamente, se dan muy pocas 
veces, hay que ir a crear los factores 
necesarios y esta creación se basa en la 
explicación de los motivos de la 
revolución, en la demostración de las 
fuerzas del pueblo y de sus posibilidades. 
 
Se puede también recurrir a determinados 
grupos muy homogéneos y que tienen que 
demostrar eficacia previa en labores 
menos peligrosas para hacer sabotaje, que 
es otra de las terribles armas de la 
guerrilla; se puede paralizar ejércitos 
enteros, se puede detener la vida 
industrial de una zona, quedando los 
habitantes de una ciudad sin industria, sin 
luz, sin agua, sin comunicaciones de 
ninguna clase, sin poder arriesgarse a salir 
sino a determinadas horas, por una 
carretera. Si se logra todo esto, la moral 
de los enemigos va decayendo, va 
decayendo la moral de sus unidades 
combatientes y se torna madura la fruta 
para arrancarla en el momento preciso. 
 
Todo esto presupone un aumento del 
territorio, abarcado por la acción 
guerrillera, pero nunca se debe ir a un 
aumento exagerado de ese territorio. Hay 
que conservar siempre una base de 
operaciones fuerte y continuar 
fortaleciéndola durante el curso de la 
guerra. Hay que utilizar medidas de 
adoctrinamiento de los habitantes de la 
zona, medidas de saneamiento contra los 
enemigos irreconciliables de la 
revolución y perfeccionar todos los 
sistemas puramente defensivos, como 
trincheras, minas y comunicaciones 
dentro de ese territorio. 
 
Cuando la guerrilla ha alcanzado un 
poderío respetable en armas y en número 
de combatientes, debe irse a la formación 
de nuevas columnas. Es un hecho 
parecido al de la colmena que, en 
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determinado momento, suelta una nueva 
reina que se va a otra región con parte del 
enjambre. La colmena madre, con el jefe 
guerrillero más notable, quedará en 
lugares menos riesgosos, mientras las 
nuevas columnas perforarán otros 
territorios enemigos, siguiendo el ciclo ya 
descrito. 
 
Llega un momento en que el territorio 
ocupado por las columnas es pequeño 
para contenerlas y en su avance hacia las 
regiones sólidamente defendidas por el 
enemigo, deben enfrentarse con fuerzas 
poderosas. En este instante, las columnas 
se reúnen, se ofrece un frente de lucha 
compacto, se llega a una guerra de 
posiciones, una guerra desarrollada por 
ejércitos regulares. Sin embargo, no 
puede desligarse el antiguo ejército 
guerrillero de su base, y se deben formar 
nuevas guerrillas detrás del enemigo, que 
actúen en la misma forma en que 
actuaban las primarias en el otro territorio 
y vayan penetrándolo hasta dominarlo. 
 
Así se llega al ataque, al cerco de las 
plazas, a la derrota de los refuerzos, a la 
acción cada vez más enardecida de las 
masas en todo el territorio nacional y al 
objetivo final de la guerra: la victoria. 
 
 
 
3. Táctica guerrillera 
 
En lenguaje militar, táctica es el modo 
práctico de llevar a efecto los grandes 
objetivos estratégicos. 
 
Es, en algunos modos, un complemento 
de la estrategia y en otros una especie de 
reglamento de la misma; mucho más 
variables, mucho más flexibles que los 
objetivos finales, los medios deben 
adaptarse a cada momento de la lucha. 
Hay objetivos tácticos que permanecen 
constantes durante una guerra y otros que 
van variando. Lo primero que hay que 
considerar es el acoplamiento de la acción 
guerrillera a la acción del enemigo. 
 
Característica fundamental de una 
guerrilla es la movilidad, lo que le 
permite estar en pocos minutos lejos del 
teatro específico de la acción y en pocas 
horas lejos de la región de la misma, si 
fuera necesario; que le permite cambiar 
constantemente de frente y evitar 
cualquier tipo de cerco. De acuerdo con 
los momentos de la guerra, puede 
dedicarse la guerrilla exclusivamente a 
huir de un cerco, única forma de obligarla 
a una batalla decisiva que puede ser muy 
desfavorable, y también a establecer 
luchas de contracerco (pequeñas partidas 
de hombres presumiblemente están 
rodeadas por el enemigo cuando de 
pronto el enemigo está rodeado por 
contingentes mayores, o esos hombres, 
colocados en un lugar inexpugnable han 
servido de señuelo y todas las tropas y el 
abastecimiento que va para el ejército 
agresor, han sido cercados, han sido 
aniquilados de alguna manera). 
Característica de esta guerra de movilidad 
es lo que se denomina minuet, por la 
analogía con el baile de ese nombre: las 
guerrillas cercan una posición enemiga, 
una columna que avanza por ejemplo: la 
cercan absolutamente, por los cuatro 
puntos cardinales, pero con cinco o seis 
hombres en cada lugar y 
convenientemente alejados para no ser a 
su vez cercados; se entabla la lucha en 
cualquiera de los puntos y el ejército se 
moviliza hacia él; la guerrilla retrocede 
entonces, manteniendo siempre contacto 
visual con el enemigo y se inicia el ataque 
desde otro punto. El ejército repetirá la 
acción anterior y la guerrilla también. Así 
sucesivamente se puede mantener 
inmovilizada una columna enemiga 
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haciéndola gastar cantidades grandes de 
parque, debilitándole la moral a la tropa, 
sin mayores peligros. 
 
Esta misma práctica debe aplicarse a las 
horas de la noche, pero acercándose más, 
demostrando mayor agresividad, porque 
es mucho más difícil un cerco en esas 
condiciones. Es decir, la nocturnidad es 
otra característica importantede la 
guerrilla que sirve para avanzar hacia 
posiciones que van a ser atacadas y 
también para movilizarse en territorios no 
bien conocidos donde existe el peligro de 
delaciones. Naturalmente, su inferioridad 
numérica hace muy necesario que los 
ataques sean siempre por sorpresa, esa es 
la gran ventaja, es lo que permite al 
guerrillero hacer bajas al enemigo sin 
sufrir pérdidas porque no es lo mismo, en 
un combate entre cien hombres de un lado 
y diez del otro, tener una baja por cada 
lado. La baja enemiga es recuperable en 
cualquier momento y corresponde en este 
ejemplo a un uno por ciento; la baja de la 
guerrilla necesita más tiempo para ser 
recuperada porque constituye un soldado 
de alta especialización y es el diez por 
ciento del conjunto de las fuerzas 
operantes. 
 
Nunca un soldado muerto de parte de las 
guerrillas debe ser dejado con sus armas y 
con su parque. El deber de todo soldado 
guerrillero es, inmediatamente que cae un 
compañero, recuperar estos preciosísimos 
elementos de lucha. Precisamente, el 
parque, el cuidado que hay que tener con 
él y su metodización al gastarlo, es otra 
característica de la guerra de guerrillas. 
En cualquier combate entre una fuerza 
regular y otra guerrillera se puede 
identificar a una y a otra por su manera de 
hacer fuego: grandes concentraciones de 
fuego de parte del ejército regular y tiros 
aislados y precisos de parte del 
guerrillero. 
Cierta vez uno de nuestros héroes, ya 
muerto, debió emplear su ametralladora 
durante casi cinco minutos, ráfaga tras 
ráfaga, para impedir el avance de los 
soldados enemigos y este hecho causó 
una considerable desorganización en 
nuestras fuerzas porque consideraron, por 
el ritmo del fuego, que esa posición clave 
estaba tomada por el adversario, pues era 
una de las poquísimas ocasiones en que 
se había hecho caso omiso de la 
necesidad de guardar tiros, precisamente 
por la importancia del punto defendido. 
 
Otra característica fundamental del 
soldado guerrillero es su flexibilidad para 
adaptarse a todas las circunstancias y 
convertir en favorables todos los 
accidentes de la acción. Frente a la 
rigidez de los métodos clásicos de 
guerrear, el guerrillero inventa su propia 
táctica en cada momento de la lucha y 
sorprende constantemente al enemigo. 
 
En primer lugar, solamente hay 
posiciones elásticas, lugares específicos 
de donde no puede pasar el enemigo y 
lugares de diversión del mismo. Es 
frecuente observar la sorpresa con que 
éste nota que un avance gradual, 
sorteando dificultades fácilmente, se 
encuentra de pronto férreamente detenido 
y no hay posibilidades de seguir adelante. 
Es que las posiciones defendidas por los 
soldados guerrilleros, cuando se ha 
podido hacer un estudio cabal del terreno, 
son inexpugnables. No se cuenta cuántos 
soldados atacan sino cuántos soldados 
pueden defenderla, y una vez establecido 
ese número se defiende contra un batallón 
y casi siempre, por no decir siempre, con 
éxito. Gran tarea de los jefes es elegir 
adecuadamente el momento y el lugar en 
que una posición será defendida hasta el 
final. 
 
 
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La forma de ataque de un ejército 
guerrillero también es diferente; se inicia 
sorpresiva, furibunda, implacable, y se 
convierte de pronto en una pasividad 
total. El enemigo sobreviviente, 
reponiéndose, cree que el atacante se ha 
ido, empieza a tranquilizarse, a 
normalizar la vida interior del cuartel o de 
la ciudad sitiada y de pronto surge un 
nuevo ataque en otro lugar, con las 
mismas características, mientras el grueso 
de la guerrilla espera los refuerzos 
presuntos; u otra vez, una posta que 
defiende un cuartel es atacada de pronto, 
dominada, y éste cae en las manos de la 
guerrilla. Lo fundamental es la sorpresa y 
la rapidez del ataque. 
 
Muy importantes son los actos de 
sabotaje. Es preciso diferenciar 
claramente el sabotaje, medida 
revolucionaria de guerra, altamente eficaz 
y el terrorismo, medida bastante ineficaz, 
en general, indiscriminada en sus 
consecuencias, pues hace víctimas de sus 
efectos a gente inocente en muchos casos 
y que cuesta gran número de vidas 
valiosas para la revolución. El terrorismo 
debe considerarse como factor valioso 
cuando se utiliza para ajusticiar algún 
connotado dirigente de las fuerzas 
opresoras, caracterizado por su crueldad, 
por su eficiencia en la represión, por una 
serie de cualidades que hacen de su 
supresión algo útil; pero nunca es 
aconsejable la muerte de personas de 
poca calidad que traen como 
consecuencia un desborde de la represión 
con su secuela de muertes. 
 
Hay un punto sumamente controvertido 
en la apreciación de terrorismo. Muchos 
consideran que al usarse y exacerbar la 
opresión policial, impide todo contacto 
más o menos legal o semiclandestino de 
las masas e imposibilita su unión para las 
acciones que serían necesarias en un 
momento determinado. Esto, en sí, es 
exacto, pero sucede también que en los 
momentos de guerra civil y en 
determinadas poblaciones, ya la represión 
del poder gobernante es tan grande que, 
de hecho, está suprimida toda clase de 
acción legal y es imposible una acción de 
masas que no sea apoyada por las armas. 
Por eso hay que tener mucho cuidado en 
la adopción de medidas de este tipo y 
analizar las consecuencias generales 
favorables que pueden traer para la 
revolución. De todas maneras, el sabotaje 
es siempre un arma eficacísima, bien 
manejada. No debe emplearse el sabotaje 
en inutilizar medios de producción que 
deje paralizado algún sector de la 
población, es decir, que deje gente sin 
trabajo, sin que influya esa paralización 
en la vida normal de una sociedad; es 
ridículo un sabotaje contra una fábrica de 
refrescos, pero es absolutamente correcto 
y recomendable un sabotaje contra una 
central eléctrica. En el primer caso se 
desplazan unos cuantos obreros y no se 
modifica el ritmo de la vida industrial; en 
el segundo caso también habrá un 
desplazamiento de obreros, pero 
perfectamente justificado por la 
paralización total de la vida de la región. 
Insistiremos en la técnica del sabotaje en 
otro momento. 
 
Una de las armas favoritas del ejército, 
arma que se ha pretendido constituir en 
definitiva en los actuales momentos, es la 
aviación; sin embargo, ésta no tiene 
acción ninguna mientras la guerra de 
guerrillas esté en sus etapas primarias, 
con poca concentración de hombres en 
lugares abruptos. La eficacia de la 
aviación consiste en la destrucción 
sistemática de defensas organizadas y 
visibles; para esto debe haber grandes 
concentraciones de hombres que hagan 
estas defensas, lo que no ocurre en este 
tipo de guerra. También es eficaz en las 
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marchas de columnas por lugares llanos o 
lugares no protegidos; sin embargo, este 
último problema se elude fácilmente 
realizando marchas nocturnas. 
 
Uno de los puntos más débiles del 
enemigo es el transporte por carretera y 
ferrocarril. Es prácticamente imposible 
vigilar metro a metro un transporte, un 
camino, un ferrocarril. En cualquier lugar 
se puede poner una carga considerable de 
explosivo que inutilice la vía, o también 
explote en el momento de pasar un 
vehículo, provocando, además de la 
inutilización de las mismas, una 
considerable pérdida en vidas y material 
al enemigo. 
 
La fuente de explosivos es variada: se 
puede traer de otras zonas, o pueden 
servir las mismas bombas tiradas por la 
dictadura, que no siempre estallan, o 
fabricarse en laboratorios clandestinos y 
dentro de la zona guerrillera. La técnica 
para hacerlas explotar es muy variada: la 
fabricación de los mismos también 
depende de las condiciones de la 
guerrilla. 
 
En nuestros laboratorios hacíamospólvora que utilizábamos como 
fulminante e inventamos varios 
dispositivos para hacer estallar estas 
minas en el momento indicado. Los que 
daban mejor resultado eran los eléctricos, 
pero la primera mina que se hizo explotar 
fue una bomba arrojada por los aviones 
de la dictadura, a la que se le introdujeron 
varios fulminantes y se le agregó una 
escopeta cuyo gatillo era halado por un 
hilo. En el momento en que pasó un carro 
enemigo se disparó el arma, provocando 
su explosión. 
 
Se pueden ir perfilando esas técnicas 
hasta un grado extremo y tenemos 
noticias de que en Argelia, por ejemplo, 
en la actualidad se usan contra el poderío 
colonial francés minas teleexplotables, es 
decir, por un sistema de radio a larga 
distancia del punto donde ellas están 
situadas. 
 
La técnica de emboscarse en los caminos 
para hacer explotar minas y aniquilar a 
los sobrevivientes es de las más 
remuneradoras en cuanto a parque y 
armas; el enemigo sorprendido no usa sus 
municiones, no tiene tiempo de huir y con 
poco gasto de parque se consiguen 
resultados apreciables. 
 
A medida que se golpea al enemigo va 
cambiando su táctica también y en vez de 
salir carros aislados transitarán 
verdaderas columnas motorizadas. Sin 
embargo, eligiendo bien el terreno se 
puede lograr el mismo resultado 
fraccionando la columna y acumulando 
fuerzas sobre un vehículo. Hay que 
considerar siempre en estos casos, los 
elementos esenciales de la táctica 
guerrillera, que son: el conocimiento 
absoluto del terreno, la vigilancia y 
previsión de los caminos de escape, el 
conocimiento y vigilancia de todos los 
caminos secundarios que pueden llevar al 
atacante hacia ese punto, el conocimiento 
de la población de la zona; el apoyo total 
de ésta en cuanto a abastecimientos, a 
transporte, a ocultación transitoria y a 
ocultación permanente, cuando es 
necesario dejar compañeros heridos, la 
superioridad numérica en un punto 
determinado de la acción, la movilidad 
total y la posibilidad de contar con 
reservas. 
 
Si se cumple con todos estos requisitos 
tácticos, la sorpresa en las vías de 
comunicación del enemigo da dividendos 
notables. 
 
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Parte fundamental de la táctica 
guerrillera, es el trato a todos los seres 
humanos de la zona. Es importante, 
asimismo, el trato dado al enemigo; la 
norma a seguir debe ser una 
implacabilidad absoluta en la hora del 
ataque, una implacabilidad absoluta con 
todos los elementos despreciables que se 
dediquen a la delación o al asesinato y 
una clemencia lo más absoluta posible 
con los soldados que van a combatir 
cumpliendo, o creyendo cumplir, su deber 
militar. Es buena norma, mientras no 
haya bases considerables de operaciones 
y lugares inexpugnables, no hacer 
prisioneros. Los sobrevivientes deben ser 
dejados en libertad. Los heridos deben ser 
cuidados con todos los recursos posibles 
en el momento de la acción. La conducta 
con la población civil debe estar reglada 
por un gran respeto a todas las tradiciones 
y normas de la gente de la zona, para ir a 
una demostración efectiva, con los 
hechos, de la superioridad moral del 
soldado guerrillero sobre el soldado 
opresor. No debe ajusticiarse sin dar 
oportunidad de descargo al reo, salvo 
momento especiales. 
 
 
 
4. Guerra en terrenos 
favorables 
 
Como ya dijimos, no siempre la lucha 
guerrillera se va a desarrollar en el terreno 
más favorable a la aplicación de sus 
tácticas; pero en el caso en que esto 
ocurra, es decir, en que el grupo 
guerrillero esté asentado sobre zonas de 
difícil acceso, ya porque el monte sea 
intrincado, haya montañas abruptas, 
desiertos intransitables, o ciénagas, la 
táctica general tendrá que ser siempre la 
misma y basarse en los postulados 
fundamentales de la guerra de guerrillas. 
Un punto importante a considerar es el 
modo de hacer contacto con el enemigo. 
Si la zona es tan intrincada, tan adversa 
que no pueda llegar hasta ella en ningún 
momento un ejército organizado, la 
guerrilla deberá avanzar hasta las zonas 
donde pueda llegar este ejército, donde 
haya posibilidad de combate. 
 
La guerrilla debe combatir pasado el 
primer momento después de asegurada su 
supervivencia. Tiene que salir 
constantemente de su refugio a pelear, su 
movilidad no tiene que ser tanta como en 
los casos en que el terreno es 
desfavorable; tendrá, que adecuarse a las 
condiciones del enemigo, pero no es 
necesario un desplazamiento como el que 
está implícito en lugares donde el 
enemigo pueda concentrar gran cantidad 
de hombres en pocos momentos. No es 
tampoco tan importante el carácter de 
nocturnidad de esta guerra; podrá en 
muchos casos hacerse operaciones de día 
y, sobre todo, efectuar movilizaciones 
diurnas, todo esto supeditado a la 
vigilancia enemiga por tierra y por aire. 
Al mismo tiempo, se puede persistir en 
una acción guerrera durante mucho más 
tiempo, en las montañas sobre todo; se 
puede entablar combates de larga 
duración con muy pocos elementos y es 
muy probable que se logre impedir la 
llegada de refuerzos enemigos hasta el 
escenario de la lucha. 
 
La vigilancia de los posibles lugares de 
acceso es, sin embargo, un axioma que 
nunca debe olvidar el guerrillero, pero su 
agresividad (por las mismas dificultades 
que tiene el enemigo para recibir 
refuerzos) puede ser aún mayor, puede 
acercársele mucho más, hostilizarlo más 
directamente, combatirlo más 
frontalmente y durante mayor tiempo; 
todo esto supeditado a una serie de 
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circunstancias como la cantidad de 
parque, por ejemplo. 
 
La guerra en terreno favorable y, 
particularmente, en las montañas, 
presenta, frente a tantas ventajas, el 
inconveniente de que es difícil tomar en 
una sola operación una cantidad 
considerable de armas y parque debido a 
las precauciones que toma el enemigo en 
estas regiones (nunca el soldado 
guerrillero debe olvidar el hecho de que 
debe ser el enemigo la fuente de 
abastecimiento del parque las armas). 
Pero mucho más rápidamente que en 
terrenos desfavorables, podrá la guerrilla 
asentarse, sedentarizarse, es decir, formar 
un núcleo capaz de establecer una guerra 
de posiciones, donde instale, 
adecuadamente protegidas de la aviación 
o de la artillería de largo alcance, las 
pequeñas industrias que ha de necesitar, 
así como los hospitales, centros 
educativos y de entrenamiento, además de 
los almacenes, órganos de difusión, &c. 
 
La integración numérica de la guerrilla en 
estas condiciones puede ser mucho 
mayor, habrá incluso hombres que no 
peleen y hasta un proceso de 
entrenamiento para tomar armas que 
eventualmente caigan en poder del 
ejército guerrillero. 
 
El número de hombres que puede tener 
una guerrilla es materia de cálculos 
sumamente flexibles, adecua al territorio, 
a las facilidades de abastecerlos, a la fuga 
en masa de gente oprimida de otras zonas, 
a las armas disponibles, a las necesidades 
mismas de la organización. Pero, en todo 
caso, es mucho más factible 
sedentarizarse y engrosarse con el aporte 
de nuevos elementos combatientes. 
 
El radio de una guerrilla de este tipo 
puede ser tan amplio como las 
condiciones o las operaciones de otras 
guerrillas en terrenos adyacentes lo 
permitan. Todo estará limitado por el 
tiempo que se tarde en llegar desde un 
punto de operaciones a una zona de 
seguridad; es decir, calculando que las 
marchas deben hacerse de noche, no 
podrá operarse más allá de cinco o seis 
horas de su punto de seguridad mínimo; 
naturalmente, desde la zona de seguridad, 
pueden extenderse pequeñas guerrillas 
que vayan debilitando constantemente el 
territorio. 
 
Las armas preferibles para este tipo de 
guerra son las de largo alcance, conpoco 
gasto de balas apoyadas por un grupo de 
armas automáticas o semiautomáticas. De 
los fusiles y ametralladoras que hay en los 
mercados norteamericanos, una de las 
armas más recomendables es el fusil M-1, 
denominado Garand, que debe ser usado 
por gente con cierta experiencia, pues 
tiene el inconveniente de gastar 
demasiado parque. Se pueden usar armas 
de tipo semipesado como ametralladoras 
de trípode con más margen de seguridad 
para ella y sus servidores en los terrenos 
favorables, pero siempre debe ser un arma 
de contención y nunca de ataque. 
 
Una constitución ideal para guerrilla de 
veinticinco hombres sería: diez a quince 
fusiles de un tiro y unas diez armas 
automáticas entre Garand y 
ametralladoras de mano, contando con el 
apoyo de armas automáticas de fácil 
transporte y livianas como son los fusiles 
ametralladoras de tipo Browning o los 
más modernos FAL belga y M-14. Entre 
las ametralladoras de mano, son 
preferibles las de nueve milímetros que 
permiten mayor transporte de parque y, 
cuanto más sencilla sea su construcción, 
más recomendable, por la facilidad de 
cambiarles las piezas. Todo eso adecuado 
al armamento que tenga el enemigo, pues 
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el parque que éste utiliza es el que vamos 
a usar cuando esas armas caigan en 
nuestras manos. Las armas pesadas que 
pueda utilizar éste, son prácticamente 
desechables. La aviación no puede ver 
nada y es inoperante, los tanques y 
cañones muy poco pueden hacer debido a 
las dificultades de avanzar en estas zonas. 
 
Un capítulo muy importante, es el 
abastecimiento; en general, las zonas de 
difícil acceso, por este hecho 
precisamente, también presentan 
dificultades, pues los campesinos y, por 
ende, el abastecimiento de tipo 
agropecuario directo, escasea. Hay que 
mantener líneas estables para poder 
contar siempre con un mínimo de comida 
en depósitos, previendo cualquier 
contingencia desagradable. 
 
En esta zona de operaciones, por lo 
general, las posibilidades de sabotaje en 
gran escala no son importantes, porque, el 
mismo hecho ya citado de la 
inaccesibilidad, hace que haya pocas 
construcciones, pocas líneas telefónicas, 
acueductos, &c., que puedan ser dañados 
por una acción directa. 
 
Para los abastecimientos es importante 
tener animales, de los cuales el mejor, 
tratándose de terrenos quebrados, es el 
mulo. Hay que contar con pastizales 
adecuados que permitan una buena 
nutrición. Este animal puede pasar por 
terrenos sumamente accidentados, por 
donde ninguna otra bestia lograría 
hacerlo. En los casos más difíciles se 
debe recurrir al transporte con hombres. 
Cada individuo puede transportar una 
carga de veinticinco kilos, durante 
muchas horas diarias y durante muchos 
días. 
 
Las líneas de comunicaciones con el 
exterior deben contar con una serie de 
puntos intermedios de gente de entera 
confianza en donde se puedan ir 
almacenando productos y donde puedan ir 
a esconderse los contactos en un 
momento determinado; además, se 
pueden ir creando líneas de 
comunicaciones internas cuya extensión 
depende del grado de desarrollo 
alcanzado por la guerrilla. En algunas 
zonas de los frentes de operaciones de la 
pasada guerra cubana se establecieron 
líneas telefónicas de muchos kilómetros 
de longitud, se hicieron caminos y se 
tenía siempre un servicio de mensajeros 
adecuado para cubrir todas las zonas en el 
menor tiempo posible. 
 
Hay, sin embargo, otra serie de 
posibilidades no aplicadas en la guerra 
cubana, pero perfectamente aplicables, 
como son las señales de humo, las señales 
de espejos de sol y las palomas 
mensajeras. 
 
La necesidad vital de las guerrillas es 
mantener sus armas en buenas 
condiciones, conseguir parque y tener, 
sobre todas las cosas, zapatos adecuados. 
Los primeros esfuerzos industriales deben 
dirigirse entonces hacia estos objetivos. 
Las fábricas de zapatos pueden ser al 
principio instalaciones de remendones 
que coloquen medias suelas a zapatos 
viejos y, después, se puede ir a la 
constitución de diferentes fábricas de un 
buen promedio diario de zapatos, 
organizando el trabajo. La fabricación de 
pólvora es bastante sencilla y se puede 
lograr mucho teniendo un pequeño 
laboratorio y trayendo los materiales 
necesarios desde afuera. Los terrenos 
minados constituyen un grave peligro 
para el enemigo, pueden minarse grandes 
extensiones que exploten de una sola vez 
sepultando hasta cientos de hombres. 
 
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5. Guerra en terrenos 
desfavorables 
 
Para hacer la guerra en este tipo de 
terrenos, es decir, no muy accidentados, 
sin bosques, con muchas vías de 
comunicación, deben cumplirse todos los 
requisitos fundamentales de la guerra de 
guerrillas, sólo que cambiarán las formas 
de hacerlo. Cambiará, digamos, la 
cantidad, no la calidad de la guerra de 
guerrillas. Por ejemplo: para seguir el 
mismo orden anterior, la movilidad de 
este tipo de guerrillas debe ser 
extraordinaria, el golpe dado, con 
preferencia nocturno, debe ser sumamente 
rápido, explosivo casi, y la retirada no 
solamente veloz sino que debe la guerrilla 
moverse hacia lugares distintos al de su 
origen, lo más lejos posible de la acción, 
considerando siempre que no haya una 
posibilidad de guarecerse en un lugar 
inaccesible a las fuerzas represivas. 
 
Un hombre puede caminar durante las 
horas de la noche entre treinta y cincuenta 
kilómetros, pero durante las primeras 
horas del día también se puede marchar, 
salvo que las zonas de operaciones no 
estén perfectamente controladas y haya el 
peligro de que los vecinos del lugar vean 
la tropa pasar y comuniquen al ejército 
perseguidor la situación, en dónde la vio 
y el rumbo. Siempre es preferible, en 
estos casos, actuar de noche, en el mayor 
silencio posible antes y después de 
realizar la acción y se deben elegir las 
primeras horas nocturnas. También aquí 
los cálculos fallarán pues habrá veces que 
las horas de la madrugada serán mejores. 
Nunca conviene habituar al enemigo a 
una forma determinada de guerra; hay 
que variar constantemente los lugares y 
las horas de operación y las formas de 
hacerlo también. 
 
Ya dijimos que la acción no puede ser 
persistente sino rápida; tiene que ser de 
un grado de efectividad muy grande, de 
pocos minutos, seguida de una retirada 
inmediata. Las armas empleadas aquí no 
serán las mismas que en los casos de 
terrenos favorables; es preferible tener la 
mayor cantidad de automáticas; en los 
ataques nocturnos la puntería no es un 
factor determinante sino la concentración 
de fuego; cuanto más armas automáticas 
tiren a menor distancia, más posibilidades 
hay de que el enemigo sea aniquilado. 
 
Además, las explosiones de las minas en 
los caminos y la destrucción de puentes, 
son factores de mucha importancia a tener 
en cuenta; la agresividad será mucho 
menor en cuanto a persistencia de los 
ataques, en cuanto a continuidad de los 
mismos, pero podrán ser de mucha 
violencia, podrán utilizarse armas 
diferentes también, como las minas ya 
descritas y la escopeta. En vehículos 
descubiertos y muy cargados de hombres 
que son, en general, los utilizados para el 
transporte de tropas, e incluso en 
vehículos cubiertos que no tengan 
defensas especiales, como pueden ser 
ómnibus o similares, la escopeta es un 
arma tremenda. Una escopeta cargada con 
balines es de la mayor efectividad. No es 
este un secreto de las guerrillas, se utiliza 
también en las grandes guerras y los 
norteamericanos tenían pelotones de 
escopeteros con armas de gran calidad 
armadas de bayonetas para asaltar nidos 
de ametralladoras. 
 
Hay un problema importante a dilucidar, 
el del parque: éste será casi siempre 
quitado el enemigo. De modo quehay 
que dar golpes donde haya la seguridad 
absoluta de restituir el parque gastado a 
menos que se cuente con provisiones 
grandes en lugares seguros; es decir, no 
se puede arriesgar un ataque aniquilador 
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contra un grupo de hombres si esto ha de 
costar la totalidad del parque y no se va a 
poder recoger. Siempre en la táctica de la 
guerrilla es de considerar el grave 
problema del abastecimiento del material 
bélico fundamental para continuar la 
lucha. Por eso las armas deben adecuarse 
a las que tiene el enemigo salvo algunas 
cuyo parque pueda ser obtenido en la 
zona misma o el las ciudades, como son 
los revólveres o escopetas. 
 
El número de hombres que pueda tener 
una guerrilla de este tipo no debe ser 
superior a diez o quince. Es de enorme 
importancia considerar siempre las 
limitaciones de número en cuanto a la 
integración de un solo cuerpo combativo; 
diez, doce, quince hombres pueden 
esconderse en cualquier lugar y al mismo 
tiempo oponer al enemigo una resistencia 
poderosa y apoyarse mutuamente; cuatro 
o cinco quizá sería un número muy 
pequeño, pero cuando el número pasa de 
diez las posibilidades de que el enemigo 
los localice, en su campamento de origen 
o en alguna marcha, son mucho mayores. 
 
Recuérdese que, en marcha, la velocidad 
de la guerrilla es igual a la velocidad de 
su hombre más lento. Es más difícil 
encontrar uniformidad de marcha en 
veinte, treinta o cuarenta hombres, que en 
diez. Y el guerrillero del llano debe ser 
fundamentalmente un corredor. En el 
llano es donde la práctica del pega y huye 
debe adquirir su máxima expresión. Las 
guerrillas del llano tienen el enorme 
inconveniente de poder ser cercadas 
rápidamente, de no tener lugares seguros 
donde oponer una resistencia firme y, por 
lo tanto, deben vivir en unas condiciones 
de absoluta clandestinidad durante un 
largo tiempo del proceso, pues no se 
puede confiar en ningún vecino cuya 
fidelidad no esté perfectamente probada. 
Las represiones del enemigo son tan 
violentas, tan brutales, en general, 
llegando no sólo al cabeza de familia, 
sino muchas veces a mujeres y niños, que 
la presión sobre individuos no muy firmes 
puede determinar en cualquier momento 
que «aflojen» y den indicaciones de 
dónde está y cómo opera la guerrilla, lo 
que provocaría inmediatamente un cerco 
con consecuencias siempre 
desagradables, aunque no necesariamente 
mortales, para la misma. Cuando las 
condiciones, el acopio de armas, el estado 
insurreccional del pueblo, obliguen a 
aumentar el número de hombres, deben 
dividirse las guerrillas. Si es necesario, en 
un momento dado, pueden reunirse para 
dar un golpe, pero de tal forma, que 
inmediatamente después se haga la 
dispersión hacia las zonas habituales, ya 
divididos en pequeños grupos de diez, 
doce o quince hombres. 
 
Se puede perfectamente organizar 
verdaderos ejércitos con un mando único 
y obtener el respeto y la obediencia a ese 
mando, sin necesidad de estar agrupados. 
Es por ello que es muy importante la 
elección del jefe de la guerrilla, y la 
seguridad de que este jefe va responder 
ideológica y personalmente al jefe 
máximo de la zona. 
 
Una de las armas que pueden ser usadas 
por la guerrilla -arma de tipo pesado- de 
muy gran utilidad por su fácil transporte y 
manejo, es la bazooka. En la actualidad, 
la granada antitanque de los fusiles puede 
reemplazarla. Naturalmente, será un arma 
tomada al enemigo. Es ideal para disparar 
sobre vehículos blindados y aun sobre 
vehículos sin blindaje que estén cargados 
de tropas, y para tomar pequeños 
cuarteles con una guarnición reducida, en 
poco tiempo, pero es necesario apuntar 
que solamente se puede llevar como 
máximo, y haciendo ya un considerable 
esfuerzo, tres obuses por hombre. 
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En cuanto a esto de la utilización de las 
armas pesadas tomadas al enemigo, es 
natural que no se puede desperdiciar 
ninguna, pero hay armas, como la misma 
ametralladora de trípode, ametralladora 
pesada calibre cincuenta, &c., que si son 
tomadas, podrán ser utilizadas con un 
sentido de conformidad frente a su 
pérdida eventual; es decir, no podrá darse 
una batalla en las condiciones 
desfavorables que estamos analizando 
para defender una ametralladora pesada o 
algún otro utensilio de este tipo; 
simplemente utilizarla hasta el momento 
táctico en que sea preciso abandonarla en 
una posición. En nuestra guerra de 
liberación, abandonar un arma constituía 
un grave delito y no se dio nunca el caso 
de que se admitiera un pretexto como el 
apuntado, pese a lo cual, lo expresamos, 
explicando claramente la única situación 
en que no constituiría motivo de escarnio. 
El arma del guerrillero en terrenos 
desfavorables es la personal de tiro 
rápido. 
 
Las mismas características de fácil acceso 
son las que en general permiten que la 
zona sea habitable y que haya una buena 
concentración campesina en esos lugares, 
y eso favorecerá enormemente el 
abastecimiento; teniendo gente de 
confianza, haciendo contacto con los 
establecimientos encargados de expender 
víveres a la población, se puede mantener 
perfectamente una guerrilla sin tener que 
dedicar tiempo ni mucho dinero a líneas 
de comunicaciones largas y peligrosas. 
También en esto es bueno recalcar que 
cuanto más pequeño sea el número de 
hombres, más fácil se conseguirá la 
comida de éstos. Los abastecimientos 
esenciales, hamacas, frazadas, tela 
impermeable, mosquiteros, zapatos, 
medicinas y comida se encontrarán 
directamente en la zona. Son objetos de 
uso diario por los habitantes de la misma. 
Las comunicaciones serán mucho más 
fáciles en el sentido de poder contar con 
mayor número de hombres, muchas más 
vías para llevarlas a cabo, pero serán 
mucho más difíciles en cuanto a la 
seguridad necesaria para poder llevar un 
mensaje a un lugar lejano, pues habrá que 
contar con una serie de contactos en los 
cuales se tendrá que confiar y existirá el 
peligro de una eventual captura de alguno 
de los mensajeros que transiten 
constantemente por zonas enemigas. Si 
los mensajes no son de mucha 
importancia, debe utilizarse la forma 
verbal, si lo son, habrá que utilizar la 
forma escribe y en clave, puesto que la 
experiencia enseña que la transmisión 
oral de boca en boca desfigura 
completamente cualquier comunicación 
transmitida en estas condiciones. 
 
Por las mismas razones apuntadas, 
además de considerar la extrema 
dificultad del trabajo, las industrias 
adquirirán mucha menor importancia. No 
se podrán hacer fábricas de zapatos ni de 
armas. Prácticamente deberán limitarse a 
pequeños talleres muy bien ocultos donde 
se puedan recargar cartuchos de 
escopetas, fabricar algún tipo de mina, 
niples, en fin, lo adecuado para el 
momento. Se podrá contar, en cambio, 
con todos los talleres amigos de la zona 
para la clase de trabajo que sea necesario. 
 
Esto nos lleva a dos consecuencias 
emanadas lógicamente de lo dicho. Una 
de ellas es que las condiciones de 
sedentarización en cuanto a la guerra de 
guerrillas son inversas al grado de 
desarrollo productivo del lugar dado. 
Todos los medios favorables, todas las 
facilidades para la vida del hombre hacen 
tender a éste a la sedentarización, en la 
guerrilla sucede todo lo contrario: 
mientras más facilidades haya para la 
vida del hombre, más nómada, más 
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incierta será la vida del guerrillero. Es 
que en realidad se rigen por el mismo 
principio. Precisamente el título de este 
capitulo es «La acción en terreno 
desfavorable» porque todo lo que es 
favorable a la vida humana con su secuela 
de comunicaciones, de núcleos urbanos y 
semiurbanos de grandesconcentraciones 
de gentes, de terrenos fácilmente 
trabajados por la máquina, &c., colocan al 
guerrillero en una situación desventajosa. 
 
La segunda conclusión es que, si el 
trabajo guerrillero debe traer aparejado 
necesariamente un importantísimo trabajo 
de masas, muchísimo más importante es 
este trabajo en la zona desfavorable, es 
decir, en las zonas donde un sólo ataque 
enemigo puede provocar una catástrofe. 
Debe ser allí continua la prédica, continua 
la lucha por la unión de los trabajadores, 
de los campesinos mismos, de otras 
clases sociales si las hubiera en la zona, 
para lograr una homogeneización total del 
frente interno con respecto a los 
guerrilleros. Y esta labor de masas, este 
trabajo constante en el aspecto masivo de 
las relaciones de la guerrilla y los 
habitantes de la zona, debe también 
considerar el caso individual del enemigo 
recalcitrante y eliminarlo sin 
contemplaciones cuando constituya un 
peligro. En esto, la guerrilla debe ser 
drástica. No pueden existir enemigos 
dentro de la zona de operaciones en 
lugares que no ofrezcan seguridad. 
 
 
 
6. Guerra suburbana 
 
Si en un momento dado, en la guerra de 
guerrillas, se llega al acoso de las 
ciudades, a penetrar de tal manera el 
campo circundante, que puedan 
establecerse, en condiciones de cierta 
seguridad, será necesario darles a éstas 
una educación especial o, mejor dicho, 
una organización especial. 
 
Es fundamental precisar que nunca puede 
surgir por sí misma una guerrilla 
suburbana. Tendrá nacimiento después de 
que se creen ciertas condiciones 
necesarias para que pueda subsistir, y esto 
mismo indica que la guerrilla suburbana 
estará directamente a las órdenes de jefes 
situados en otra zona. Por tanto, la 
función de esta guerrilla no será llevar a 
cabo acciones independientes, sino de 
acuerdo con planes estratégicos 
preconcebidos, de modo tal que su 
función sea la de secundar la acción de 
los grupos mayores situados en otra área 
y contribuir específicamente al éxito de 
determinada concepción táctica, sin la 
amplitud operacional que tienen las 
guerrillas de los otros tipos. Es decir, una 
guerrilla suburbana no podrá optar entre 
tumbar teléfonos o ir a hacer atentados en 
otro lugar, o sorprender una patrulla de 
soldados en un camino lejano; hará 
exactamente lo que se le diga. Si su 
función es cortar postes de teléfono, 
tendidos eléctricos, alcantarillados, vías 
férreas, acueductos, deberá limitarse a 
cumplir estas funciones a cabalidad. 
 
Su integración numérica no debe pasar de 
cuatro o cinco hombres. Es importante la 
limitación del número porque la guerrilla 
suburbana debe ser considerada como 
situada en terrenos excepcionalmente 
desfavorables, donde la vigilancia del 
enemigo será mucho mayor y las 
posibilidades de represalias aumentan 
enormemente así como las de una 
delación. Hay que contar con 
circunstancias agravantes el hecho de que 
la guerrilla suburbana no puede alejarse 
mucho de los lugares donde vaya a 
operar; a la rapidez de acción y a la 
rapidez de desplazamiento debe unir, sin 
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embargo, un alejamiento relativamente 
pequeño del lugar de la acción, 
permaneciendo totalmente oculta durante 
el día. Es una guerrilla nocturna por 
excelencia, sin posibilidades de cambiar 
su manera de operar hasta que el avance 
de la insurrección sea tan grande que se 
pueda sitiar la ciudad y tomar 
participación en ello como combatiente 
activo. 
 
Cualidades esenciales de este guerrillero 
deben ser la disciplina, en mayor grado 
quizás que ninguno, y la discreción. No 
podrá contarse con más de dos o tres 
casas amigas que brinden el alimento; es 
casi seguro que un cerco en esas 
condiciones equivalga a la muerte; las 
armas, además no serán de la misma 
categoría que las de los otros núcleos. 
Serán de defensa personal, sólo las que no 
obstaculicen una huida rápida y un 
escondite seguro. No deberán tener sino 
una carabina o una escopeta recortada o 
dos y los demás miembros, pistolas, como 
armas óptimas. 
 
Nunca se realizarán hechos armados sino 
por sorpresa sobre uno o dos miembros 
de la tropa enemiga o su servicio de 
confidentes, centralizando la acción en el 
sabotaje ordenado. 
 
Para esto necesitan un amplio equipo 
instrumental. El guerrillero tiene que 
tener sierras adecuadas, grandes 
cantidades de dinamita, picos y palas, 
aparatos de trabajo para levantar líneas 
férreas; en fin, un equipo mecánico 
adecuado al trabajo que va realizar y 
escondido en lugares seguros, al alcance 
fácil de la mano del que lo necesite. 
 
Si hay más de una guerrilla, dependerán 
todas de un solo jefe, el que ordenará los 
trabajos necesarios a través de contactos 
de probada confianza que hagan vida 
civil. Podrá en ciertos casos el guerrillero 
mantener su trabajo de épocas de paz, 
pero esto es muy difícil; prácticamente, la 
guerrilla suburbana es un grupo de 
hombres que ya está fuera de la ley, que 
tiene complexión de ejército, situado en 
las condiciones tan desfavorables que 
hemos descrito. 
 
La importancia de una lucha suburbana 
ha sido muy desestimada, pero es 
extraordinaria. Un buen trabajo de este 
tipo, extendido sobre una amplia área, 
paraliza casi completamente la vida 
comercial e industrial de ese sector y 
coloca a la población entera en una 
situación de intranquilidad, de angustia, 
de ansias casi del desarrollo de sucesos 
violentos para salir de esa espera. Si 
desde el primer momento del inicio de la 
guerra se piensa en la posibilidad futura y 
se van organizando especialistas en este 
tipo de lucha, se garantizará una acción 
mucho más rápida y por tanto un ahorro 
de vidas y del precioso tiempo de la 
nación. 
 
Tomado de Ernesto Che Guevara. 
Escritos y discursos, tomo 1, Editorial de 
Ciencias Sociales, La Habana 1972, 
páginas 33-67. 
 
 
La guerra de guerrillas 
Capítulo II 
 
La guerrilla 
 
El guerrillero, reformador social 
El guerrillero como combatiente 
La organización de una guerrilla 
El combate 
Principio, desarrollo y fin de una 
guerra de guerrillas 
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1. El guerrillero, reformador 
social 
 
Ya habíamos identificado al guerrillero 
como un hombre que hace suya el ansia 
de liberación del pueblo y, agotados los 
medios pacíficos de lograrla, inicia la 
lucha, se convierte en la vanguardia 
armada de la población combatiente. Al 
comenzar la lucha, lo hace ya con la 
intención de destruir un orden injusto y, 
por lo tanto, más o menos veladamente 
con la intención de colocar algo nuevo en 
lugar de lo viejo. 
 
Habíamos dicho también que en las 
condiciones actuales de América, por lo 
menos, y de casi todos los países poco 
desarrollados económicamente, los 
lugares que ofrecían condiciones ideales 
para la lucha eran campestres y por lo 
tanto la base de las reivindicaciones 
sociales que levantará el guerrillero será 
el cambio de la estructura de la propiedad 
agraria. 
 
La bandera de la lucha durante todo este 
tiempo será la reforma agraria. Al 
principio, esta bandera podrá estar o no 
completamente establecida en sus 
aspiraciones y en sus límites, o 
simplemente se referirá al hambre secular 
del campesino por la tierra donde trabaja 
o la que quiere trabajar. 
 
Las condiciones en que se vaya a realizar 
una reforma agraria dependen de las 
condiciones que existan antes de iniciar la 
lucha y de la profundidad social de la 
misma. Pero el guerrillero, como 
elemento consciente de la vanguardia 
popular, debe tener una conducta moral 
que lo acredite como verdadero sacerdote 
de la reforma que pretende. A la 
austeridad obligada por difíciles 
condiciones de la guerra debe sumar la 
austeridad nacida de un rígido autocontrolque impida un solo exceso, un solo desliz, 
en ocasión en que las circunstancias 
pudieran permitirlo. El soldado 
guerrillero debe ser un asceta. 
 
Y en cuanto a las relaciones sociales, 
variarán de acuerdo con el desarrollo de 
la guerra. En el primer momento, recién 
iniciados casi, no podrá ni siquiera 
intentarse cambio alguno en la 
composición social del lugar. 
 
Las mercancías que no puedan comprarse 
serán pagadas con bonos y rescatados los 
mismos en la primera oportunidad. 
 
Al campesino siempre hay que ayudarlo 
técnica, económica, moral y 
culturalmente. El guerrillero será una 
especie de ángel tutelar caído sobre la 
zona para ayudar siempre al pobre y para 
molestar lo menos posible al rico, en los 
primeros momentos del desarrollo de la 
guerra. Pero ésta seguirá su curso; las 
contradicciones seguirán agudizándose, 
llegará un momento en que muchos de los 
que miraban con cierta simpatía a la 
revolución se pondrán en una posición 
diametralmente opuesta; darán el primer 
paso en la batalla contra las fuerzas 
populares. En este momento el guerrillero 
debe actuar y convertirse en el 
abanderado de la causa del pueblo, 
castigando con justicia cualquier traición. 
La propiedad privada deberá adquirir en 
las zonas de guerra su función social. 
Vale decir, la tierra sobrante, el ganado 
no necesario para la manutención de una 
familia adinerada, deberá pasar a manos 
del pueblo y ser distribuido equitativa y 
justicieramente. 
 
Debe siempre respetarse el derecho del 
poseedor a recibir un pago por las 
pertenencias utilizadas para el bien social, 
pero ese pago se hará en bonos («bonos 
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de esperanza», les llamaba nuestro 
maestro el general Bayo, refiriéndose al 
vínculo que queda establecido entre 
deudor y acreedor). 
 
La tierra y pertenencias o industrias de 
enemigos connotados y directos de la 
revolución deben pasar inmediatamente a 
manos de las fuerzas revolucionarias. Y 
aprovechando el calor de la guerra, estos 
momentos en que la fraternidad humana 
adquiere sus valores más altos, debe 
impulsarse todo tipo de trabajo en 
cooperativas que la mentalidad de los 
habitantes del lugar permita. 
 
El guerrillero, como reformador social, no 
sólo debe constituir un ejemplo en cuanto 
a su vida, sino que también debe orientar 
constantemente en los problemas 
ideológicos, con lo que sabe o con lo que 
pretende hacer en determinado momento 
y, además, con lo que va aprendiendo en 
el transcurso de los meses o años de 
guerra que actúan favorablemente sobre 
la concepción del revolucionario, 
radicalizándolo a medida que las armas 
han demostrado su potencia y a medida 
que la situación de los habitantes del 
lugar se ha hecho carne en su espíritu, 
parte de su vida, y comprende la justicia y 
la necesidad vital de una serie de cambios 
cuya importancia teórica le llegaba antes, 
pero cuya urgencia práctica estaba 
escondida la mayor parte de las veces. 
 
Y esto sucede muy a menudo porque los 
iniciadores de la guerra de guerrillas o, 
por mejor decir, los directores de la 
guerra de guerrillas, no son hombres que 
tengan la espalda curvada día a día sobre 
el surco; son hombres que comprenden la 
necesidad de los cambios en cuanto al 
trato social de los campesinos pero no han 
sufrido, en su mayoría, las amarguras de 
ese trato. Y sucede entonces -y aquí estoy 
ampliando la experiencia cubana y 
partiendo de ella- que se produce una 
verdadera interacción entre estos 
directores que enseñan al pueblo con los 
hechos la importancia fundamental de la 
lucha armada y el pueblo mismo que se 
alza en lucha y enseña a los dirigentes 
esas necesidades prácticas de que 
hablamos. Así, del producto de esta 
interacción del guerrillero con su pueblo, 
surge la radicalización progresiva que va 
acentuando las características 
revolucionarias del movimiento y le van 
dando una amplitud nacional. 
 
 
 
2. El guerrillero como 
combatiente 
 
La vida y característica del guerrillero, 
fundamentalmente esbozadas, exigen una 
serie de condiciones físicas, mentales y 
morales para adaptarse a ella y poder 
cumplir a cabalidad la misión 
encomendada. 
 
La primera interrogación que surge es, 
¿cómo debe ser el soldado guerrillero? Y 
hay que contestar que el soldado 
guerrillero debe ser preferentemente 
habitante de la zona. Porque allí tiene sus 
amistades a quienes recurrir 
personalmente; porque, al pertenecer a la 
misma zona, la conocerá -que es uno de 
los factores importantes de la lucha 
guerrillera el conocimiento del terreno- y, 
porque estará habituado a las vicisitudes 
que en ella pase y podrá entonces rendir 
un mejor trabajo, sin contar con que 
agregará a todo esto, el entusiasmo de 
defender lo suyo o luchar por cambiar el 
régimen social que atenta contra su 
mundo. 
 
El combatiente guerrillero es un 
combatiente nocturno, y al decir esto se 
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dice también que tiene todas las 
cualidades de la nocturnidad. Debe ser 
solapado, marchar hacia el lugar del 
combate, por llanos o montañas, sin que 
nadie se entere de sus pasos y caer sobre 
el enemigo aprovechando el factor 
sorpresa, muy importante de recalcar en 
este tipo de lucha. Luego del pánico que 
causa toda sorpresa, debe lanzarse a la 
lucha implacablemente, sin admitir una 
sola debilidad en los compañeros y 
aprovechando el menor indicio de ella por 
parte del contrario. Cayendo como una 
tromba, destruyéndolo todo, sin dar 
cuartel que no sea el que las 
circunstancias tácticas aconsejen, 
ajusticiando a quien haya que ajusticiar, 
sembrando el pánico entre los 
combatientes enemigos, pero, al mismo 
tiempo, tratando benévolamente a los 
vencidos indefensos, respetando también 
a los muertos. 
 
Un herido debe ser sagrado, curársele lo 
mejor posible -salvo que su vida anterior 
lo haga acreedor a un castigo de la 
magnitud de la muerte, en cuyo caso se 
procederá de acuerdo con los 
antecedentes del sujeto-. Lo que nunca 
puede hacerse es llevar un prisionero, 
salvo que se tenga ya una sólida base de 
operaciones, inexpugnable para el 
enemigo. En caso contrario, ese 
prisionero se convertirá en arma peligrosa 
contra la seguridad de los habitantes de la 
región o la guerrilla misma por los 
informes que pudiera dar al reintegrarse 
al ejército de donde proviene. Si no fuera 
un connotado criminal, se le dejará en 
libertad luego de arengarlo. 
 
El combatiente guerrillero debe arriesgar 
su vida cuentas veces sea necesario, estar 
dispuesto a rendirla sin el menor asomo 
de duda en el momento preciso pero, al 
mismo tiempo debe ser precavido y no 
exponerse nunca innecesariamente. Todas 
las precauciones posibles deben ser 
tomadas para evitar un desenlace adverso 
o un aniquilamiento. Por ello es 
importantísimo en todo combate la 
vigilancia total de los puntos por donde 
puedan llegar refuerzos al enemigo, 
incluso para evitar un cerco, cuyas 
consecuencias no suelen ser tan grandes 
en cuanto a la magnitud del desastre 
físico que ocasiona, sino del desastre 
moral que reporta la pérdida de fe en las 
posibilidades de la lucha. 
 
Sin embargo, debe ser audaz, analizar 
correctamente los peligros y las 
posibilidades de una acción y estar 
siempre presto a tomar una actitud 
optimista frente a las circunstancias y a 
encontrar una decisión favorable aún en 
los momentos en que el análisis de las 
condiciones adversas y favorables no 
arroje un saldo positivo apreciable. 
 
Para que el guerrillero pueda sobrevivir 
en medio de las condiciones de la lucha y 
acción del enemigo, se precisa un grado 
de adaptabilidad que permita al 
combatiente identificarse con el medio en 
que vive, adaptarse a él, aprovecharlo lo 
más posible como su aliado.Al mismo 
tiempo precisa una rápida concepción y 
una inventiva instantánea que permita 
cambiar el curso de los hechos de acuerdo 
con la marcha de la acción decisiva. 
 
Estas adaptabilidades e inventivas de los 
ejércitos populares son las que arruinan 
todas las estadísticas y las que frenan el 
impulso de los amos de la guerra. 
 
El guerrillero no debe, de ninguna 
manera, dejar a un compañero herido a 
merced de las tropas enemigas pues la 
suerte de éste será, casi seguramente, la 
muerte. Cueste lo que cueste, hay que 
retirarlo de las zonas de combate para 
trasladarlo a un lugar seguro. Las más 
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grandes fatigas y los más grandes peligros 
deben correrse para esta tarea. El soldado 
de guerrillas debe ser un extraordinario 
compañero. 
 
Al mismo tiempo, será callado. Todo lo 
que se diga o se haga delante de él debe 
permanecer reservado estrictamente a su 
propio conocimiento, nunca permitirse 
una sola palabra de más, aun con los 
propios camaradas de lucha, pues el 
enemigo tratará en todo momento de 
introducir sus hombres dentro de la 
estructura de la guerrilla para tratar de 
enterarse de planes, lugares y medios de 
vida seguidos o utilizados por ella. 
 
Además de las cualidades morales que 
hemos apuntado, debe poseer una serie de 
cualidades físicas importantísimas. El 
soldado guerrillero tendrá que ser 
infatigable. Habrá que encontrar un más 
allá en el momento en que el cansancio 
parezca ser ya intolerable. Siempre tiene 
que relucir su gesto, sacado de lo más 
hondo del convencimiento, que obligue a 
dar otro paso, no el último tampoco, pues 
conseguirá otro, y otro, y otro hasta llegar 
al lugar designado por los jefes. 
 
Debe ser sufrido hasta un grado extremo, 
no sólo para sobrellevar las privaciones 
de alimentos, de agua, de vestido y techo 
a que se ve sometido en todo momento, 
sino también para soportar las 
enfermedades y las heridas que muchas 
veces deben curarse sin mayor 
intervención del cirujano, con la sola 
acción de la naturaleza; y debe serlo así, 
porque la mayoría de las veces el 
individuo que abandona la zona 
guerrillera, para ir a curarse algún mal o 
alguna herida, es asesinado por el 
enemigo. 
 
Para cumplir estas condiciones, necesita 
también una salud de hierro que lo haga 
resistir todas estas adversidades sin 
enfermarse y que convierta su vida de 
animal acosado en un factor más de 
fortalecimiento, para hacerse, ayudado 
por la adaptabilidad natural, algo así 
como una parte misma de la tierra donde 
combate. 
 
Todas estas consideraciones nos lleven a 
preguntarnos: ¿cuál será la edad ideal 
para el guerrillero? Siempre estos límites 
son muy difíciles de precisar por una serie 
de características sociales y hasta 
individuales que amplían o disminuyen la 
cifra. Un campesino, por ejemplo, será 
mucho más resistente que un hombre de 
ciudad. Un hombre de ciudad, 
acostumbrado a los ejercicios físicos y a 
la vida sana, será mucho más eficiente 
que un hombre que viviera toda su vida 
detrás de un escritorio, pero, en términos 
generales, se puede decir que la edad 
máxima del combatiente, en la etapa 
absolutamente nómada de la guerrilla, no 
debe ser mayor de cuarenta años, salvo 
algunas excepciones que se dan, sobre 
todo, entre los campesinos. Uno de los 
héroes de nuestra lucha, el comandante 
Crescencio Pérez, entró en la Sierra con 
sesenta y cinco años y era en ese 
momento uno de los hombres más útiles 
de la tropa. 
 
Podemos preguntarnos también si es 
necesaria una composición social 
determinada entre los miembros de una 
guerrilla. Se ha dicho que esta 
composición social debe ajustarse a la 
que tenga la zona elegida como centro de 
operaciones, es decir, que el núcleo 
combatiente del ejército guerrillero debe 
ser campesino.El campesino es, 
evidentemente, el mejor soldado, pero 
esto no quiere decir de ninguna manera 
que se excluya a los demás elementos de 
la población, quitándoles la oportunidad 
de luchar por una causa justa. Además, 
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las excepciones individuales son muy 
importantes también en este aspecto. 
Todavía no se ha fijado la edad límite 
inferior. Creemos que no se debe aceptar, 
salvo, también circunstancias 
especialísimas, a menores de dieciséis 
años en la contienda. Aquí en general, 
estos muchachos, casi niños, no tienen el 
suficiente desarrollo como para poder 
soportar los trabajos, las inclemencias, los 
sufrimientos a que serán sometidos. 
 
Puede decirse que la mejor edad del 
guerrillero fluctúa entre los veinticinco y 
los treinta y cinco años, etapa en que la 
vida ha tomado cauces definitivos para 
todos y quien se va, abandonando su 
hogar, sus hijos y su mundo entero, ya ha 
meditado bien su responsabilidad y lo 
hace con la decisión firme de no 
retroceder un paso. También entre los 
niños hay casos extraordinarios de 
combatientes que han logrado las más 
altas graduaciones de nuestro Ejército 
Rebelde, pero no es esto lo normal y, por 
uno que haya mostrado sus grandes 
condiciones combatientes, hay decenas 
que debieron ser reintegrados a sus 
hogares y que constituyeron durante 
mucho tiempo un lastre peligroso para la 
guerrilla. 
 
El guerrillero, ya lo dijimos, es un 
soldado que lleva, como el caracol, su 
casa a cuestas, de modo que tiene que 
ordenar su mochila de forma tal que la 
menor cantidad de utensilios rinda la 
mayor utilidad posible. Solamente llevará 
lo imprescindible, pero lo conservará a 
través de todas sus peripecias como algo 
fundamental que no puede perderse, sino 
en situaciones adversas extremas. 
 
Por eso mismo, también su armamento 
será exclusivamente el que lleve consigo. 
Muy difícilmente habrá 
reaprovisionamiento, sobre todo de balas; 
no mojarlas, repasarlas siempre, contarlas 
una a una para que no se pierdan, es la 
consigna, y el fusil, mantenerlo en 
constante estado de limpieza, bien 
engrasado, con el cañón reluciente, siendo 
conveniente que el jefe de cada grupo 
aplique algún castigo a los que no tengan 
en estas condiciones el armamento. 
 
Gentes con características tan nobles de 
devoción y firmeza que las permitan 
actuar en las condiciones adversas ya 
descritas; tiene que tener un ideal. Este 
ideal es simple, sencillo, sin mayores 
pretensiones, y, en general, no va muy 
lejos, pero es tan firme, tan claro, que por 
él se da la vida sin la menor vacilación. 
Es, en casi todos los campesinos, el 
derecho a tener un pedazo de tierra propia 
para trabajarla y a disfrutar de un trato 
social justo. Entre los obreros, tener 
trabajo, recibir un salario adecuado y 
también un trato social justo. Entre los 
estudiantes y profesionales se encuentran 
ideas más abstractas como es el sentido 
de la libertad por la que se lucha. 
 
Todo esto nos lleva a preguntarnos cómo 
vive el guerrillero. Su vida normal es la 
caminata. Vamos a poner, por ejemplo, 
un guerrillero de montaña situado en las 
regiones boscosas, con acoso constante 
por parte del enemigo. En estas 
condiciones, una guerrilla se mueve 
durante las horas del día para cambiar de 
posición, sin comer; llega la noche, y en 
algún claro, cerca de una aguada, se 
establece el campamento siguiendo la 
acostumbrada organización, juntándose 
cada grupo para alimentarse en común y, 
al atardecer, se encienden los fogones, 
con lo que haya. 
 
El guerrillero come cuando puede y todo 
lo que puede. A veces fabulosas raciones 
desaparecen, en las fauces del 
combatiente, y otras pasa dos o tres días 
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de ayuno, sin menguar su capacidad de 
trabajo. 
La vivienda será el cielo abierto; 
interpuesto entre éste y la hamaca, un 
pedazo de tela impermeable de nylon,más o menos grande, y debajo de la 
hamaca y de la tela, la mochila, el fusil y 
las balas, es decir, los tesoros del 
guerrillero. Hay lugares donde no 
conviene quitarse los zapatos ante la 
posibilidad de un ataque sorpresivo del 
enemigo. El zapato es otro de sus 
preciados tesoros. Quien tiene un par de 
ellos asegura una existencia feliz dentro 
del ámbito de las necesidades imperantes. 
 
Así irá transcurriendo día tras día, sin 
acercarse a ningún lugar, escapando a 
todo contacto que no haya ya previamente 
establecido, viviendo en las zonas más 
agrestes y pasando hambre, sed a veces, 
frío, calor; sudando en las continuas 
marchas, secando su sudor sobre él y 
agregando nuevos sudores, sin que haya 
la posibilidad de un aseo continuo 
(aunque esto dependa también de la 
disposición individual de la persona, 
como en todos los casos). 
 
Durante la pasada guerra, al entrar en el 
caserío de El Uvero, después de una 
marcha de 16 kilómetros y una lucha de 
dos horas 45 minutos a pleno sol, mas 
muchos días pasados en condiciones muy 
adversas; a orillas del mar, con una 
temperatura cálida, con un sol rajante, 
nuestros cuerpos despedían un olor 
característico y agresivo que repelía 
cualquier extraño que se acercara. 
Nuestro olfato estaba completamente 
sincronizado con ese tipo de vida; las 
hamacas de los guerrilleros se conocían 
por su característico olor individual. 
 
En las condiciones descritas, los 
campamentos deben ser fácilmente 
levantables, no deben quedar huellas que 
lo delaten; la vigilancia tiene que ser 
extrema. Por diez hombres que duerman, 
debe haber uno o dos en vela, renovarse 
continuamente los centinelas y mantener 
todas las entradas del campamento bien 
vigiladas. 
 
La vida de campaña enseña una serie de 
trucos para hacer la comida, unos para 
hacerla más rápida, otros para 
condimentarla con cualquier pequeñez 
que se encuentre en el monte, otros para 
inventar nuevos platos que den un aspecto 
variado al menú guerrillero, compuesto 
esencialmente de tubérculos, granos, sal, 
algo de aceite o manteca y, muy 
especialmente, trozos de carne de algún 
animal sacrificado, esto en cuanto al 
panorama de un grupo operando en 
sectores de áreas tropicales. 
 
Dentro del andamiaje de la vida 
combatiente, el hecho más interesante, el 
que lleva a todos al paroxismo de la 
alegría y hace marchar con renovados 
bríos, es el combate. El combate, clímax 
de la vida guerrillera, se produce en el 
momento oportuno en que ha sido 
localizado e investigado algún 
campamento enemigo lo suficientemente 
débil como para ser aniquilado, o en el 
momento en que una columna adversaria 
avance hacia el territorio directamente 
ocupado por la fuerza liberadora. Ambos 
casos son diferentes. 
 
Contra el campamento, la acción será 
global y tenderá fundamentalmente a 
cazar a los miembros de las columnas que 
vengan a romper el cerco, porque nunca 
un enemigo atrincherado es la presa 
favorita del guerrillero; el enemigo en 
movimiento, nervioso, falto de 
conocimiento del terreno, temeroso de 
todo, sin protecciones naturales para 
defenderse, es la presa ideal. Por mala 
situación que tenga quien está parapetado, 
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con poderosas armas para repeler una 
agresión, no estará nunca en las mismas 
condiciones de una larga columna que es 
atacada sorpresivamente por dos o tres 
lugares, fraccionada, y cuyos atacantes se 
retiran antes de cualquier reacción en 
caso de no poder cercarla y destruirla 
totalmente. 
 
Si no hay posibilidades de derrotar por 
hambre o sed o por un asalto directo a los 
que están atrincherados en el 
campamento, después que el cerco haya 
dado sus frutos destruyendo a las 
columnas invasoras, debe retirarse. En el 
caso de que la columna guerrillera sea 
demasiado débil y la columna invasora 
demasiado fuerte, la acción se centrará 
sobre la vanguardia. Hay que tener una 
predilección especial por ésta, cualquiera 
que sea el resultado a que se quiere llegar, 
pues después que se ha golpeado unas 
cuantas veces sobre la misma y se ha 
difundido entre los soldados la noticia de 
la muerte casi constante de quienes 
ocupan los primeros lugares, la renuencia 
a ocuparlos provoca hasta verdaderos 
motines. Por ello, debe siempre golpearse 
allí, aunque además se golpee en 
cualquier otro punto de la columna. 
 
Del equipo del guerrillero depende la 
mayor o menor facilidad con que pueda 
cumplir su función y adaptarse al medio. 
El guerrillero, aun reunido en los 
pequeños conglomerados que constituyen 
su grupo de acción, tiene características 
individuales. Debe tener en su mochila 
todo lo necesario para subsistir en caso de 
quedar solo durante algún tiempo y, 
además, su casa habitual. 
 
Al dar la lista del equipo, nos referimos 
esencialmente al que podría llevar un 
individuo colocado en las situaciones de 
inicio de una guerra, en terreno 
accidentado, con lluvia frecuente, frío 
relativo y acoso del enemigo, es decir, 
nos colocamos en la situación del inicio 
de la guerra cubana de liberación. 
 
El equipo del guerrillero se divide en 
esencial y accesorio. Entre lo primero está 
la hamaca que permite descansar 
adecuadamente. Además, siempre se 
encuentran dos árboles donde tenderla y 
puede servir, en caso de dormir en el 
suelo, de colchón, siempre que haya 
lluvia o esté el terreno mojado, lo que 
ocurre con mucha frecuencia en las zonas 
montañosas tropicales, la hamaca es 
imprescindible para poder conciliar el 
sueño, un pedazo de tela impermeable de 
nylon es su complemento. Se usa el nylon 
de un tamaño que permita cubrir la 
hamaca, con cuatro cordeles atados en sus 
respectivos puntas y un cordel mediano 
que se ata en los mismos árboles donde 
será tendida. El último cordel sirve 
entonces de divisoria de las aguas y el 
nylon se ata por sus puntas a cualquier 
otro arbusto cercano formando una 
pequeña tienda de campaña. 
 
La frazada es imprescindible, pues hace 
mucho frío en la montaña al caer la 
noche. Es necesario llevar también un 
abrigo que permita a su poseedor afrontar 
los cambios extremos de temperatura. El 
vestuario se compondrá de pantalón y 
camisa de trabajo rudo, sea de uniforme o 
no. Los zapatos deben ser de la mejor 
construcción posible y uno de los 
primeros artículos que hay que tener en 
reserva, pues sin ellos se hace muy difícil 
la marcha. 
 
Como el guerrillero lleva la casa a cuestas 
en la mochila, ésta es algo muy 
importante. Las más primitivas pueden 
hacerse con un saco cualquiera al que se 
adaptan dos asas de soga, pero son 
preferibles las de lona que existen en el 
mercado o hechas por algún talabartero. 
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Siempre el guerrillero debe llevar alguna 
comida personal, además de la que tiene 
la tropa o se consuma en el lugar de 
descanso. Artículos imprescindibles son: 
el más importante, manteca o aceite, 
necesario para el consumo de grasas del 
organismo; productos enlatados que no 
deben consumirse sino en circunstancias 
en que ya no exista, materialmente, la 
posibilidad de lograr comida para cocinar, 
o cuando haya demasiadas latas y su peso 
impida la marcha; las conservas de 
pescado, de gran poder nutritivo, la leche 
condensada, buen alimento, sobre todo 
por la gran cantidad de azúcar que 
contiene, y, además, por su sabor una 
golosina, puede llevarse también leche en 
polvo; el azúcar es otra parte esencial del 
equipo; y lo es la sal, sin la cual la vida 
resulta un martirio. Algunas sustancias 
que sirvan de condimento a las comidas, 
para lo cual las más comunes son la 
cebolla y el ajo, aunque puede haber otras 
que varíen de acuerdo con la 
característica del país. Con esto cerramos 
el capítulo de lo esencial. 
 
El guerrillerodebe llevar plato, cuchara y 
cuchillo de monte que le sirva para todos 
los diferentes trabajos necesarios. El plato 
puede ser de campaña o también alguna 
olla o lata donde se cocine desde un 
pedazo de carne frita hasta una malanga, 
una papa o se haga alguna infusión como 
té o café. 
 
Para cuidar el fusil es necesario grasas 
especiales, que deben ser muy 
cuidadosamente administradas -el tipo de 
aceite de máquina de coser es muy bueno 
si no hay uno especial- pañoletas o paños 
que sirvan para repasar constantemente 
las armas y una baqueta para limpiarlas 
por dentro, trabajo que debe efectuarse 
con cierta frecuencia. La canana será de 
fabricación standard o casera según las 
posibilidades pero debe ser 
suficientemente buena para no perder ni 
un solo proyectil; las balas son la base de 
la lucha, sin ellas todo lo demás sería 
vano, hay que cuidarlas como oro. 
 
Debe llevarse una cantimplora o un 
botellón con agua, pues es imprescindible 
beberla en abundancia y no siempre se 
está en condiciones de lograrla en el 
momento indicado. Entre los 
medicamentos hay que llevar los de uso 
general en todos los casos, como puede 
ser la penicilina u otro tipo de antibiótico, 
sobre todo el tipo oral, bien cerrados, 
calmantes febrífugos como la aspirina y 
medicamentos adecuados para combatir 
las enfermedades endémicas del lugar. 
Pueden ser tabletas contra el paludismo, 
sulfas para diarreas, antiparasitarios de 
cualquier tipo, en fin, acoplar la medicina 
a las características de la región. Es 
conveniente, en lugares donde haya 
animales venenosos, que se lleve el suero 
correspondiente, el resto del equipo 
médico debe ser quirúrgico. Además, 
pequeños equipos personales para curas 
de menor importancia. 
 
Un complemento habitual y sumamente 
importante en la vida del guerrillero, es la 
fuma, ya sean tabacos, cigarros o 
picadura para la pipa, pues el humo que 
puede echar en momentos de descanso es 
un gran compañero del soldado solitario. 
La pipa es muy útil, pues permite 
aprovechar al máximo, en los momentos 
de escasez, todo el tabaco de los cigarros 
o el que queda en las colillas de los puros. 
El fósforo es importantísimo no sólo para 
encender cigarros sino para prender el 
fuego, que es uno de los grandes 
problemas del monte en época de lluvia. 
Es preferible llevar fósforos y un 
encendedor, de modo que si a éste le falta 
la carga queden aquellos como sustitutos. 
 
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Es conveniente que se lleve jabón, no 
tanto para el aseo personal como para el 
de las vasijas, pues son frecuentes las 
infecciones intestinales o irritaciones 
producto de las comidas fermentadas que 
se ingieren conjuntamente con la nueva, 
debido a la vasija sucia. Con todo el 
equipo descrito, un guerrillero puede 
tener la seguridad de vivir en el monte en 
cualquier condición adversa los días 
necesarios para capear la situación, por 
mala que sea. 
 
Hay accesorios que a veces son útiles y 
otras constituyen un estorbo, pero que, en 
general, prestan gran utilidad. La brújula 
es uno de ellos, aunque, en una zona 
dada, al principio se utiliza mucho como 
complemento para la orientación pero, 
poco a poco, el conocimiento del terreno 
hace innecesario este instrumento, por 
otro lado, muy difícil de usar en terrenos 
montañosos, pues la ruta que indica no es 
frecuentemente la ideal para llegar de un 
lugar a otro, ya que la línea recta suele 
estar cortada por obstáculos insalvables. 
Otro implemento útil es un pedazo de tela 
de nylon extra para tapar todos las 
equipos en un momento de lluvia. 
Recuérdese que la lluvia es, en los países 
tropicales, muy constante en ciertos 
meses y que el agua es enemiga de todos 
los implementos del guerrillero, ya sea 
comida, armamento, medicinas, papeles o 
ropa. 
 
Una muda de ropa puede ser llevada pero 
constituye en general carga de novatos. 
Lo usual es llevar como máximo un 
pantalón, suprimiendo la ropa interior y 
otros artículos como la toalla. Es que la 
vida del guerrillero enseña el ahorro de 
energía para llevar la mochila de un lado 
a otro e irá quitando todo lo que no tiene 
valor esencial. 
 
Un pedazo de jabón que sirva tanto para 
lavar los enseres como el aseo personal, 
un cepillo de dientes y la pasta, son los 
adminículos de aseo. Es conveniente que 
se lleve algún libro, intercambiable entre 
los miembros de la guerrilla, libros que 
pueden ser buenas biografías de héroes 
del pasado, historias o geografías 
económicas, preferentemente del país, y 
algunas obras de carácter general que 
tiendan a elevar el nivel cultural de los 
soldados y disminuyan la tendencia al 
juego u otra forma de distraer el tiempo, a 
veces demasiado largo en la vida del 
guerrillero. 
 
Siempre que haya un espacio extra en la 
mochila debe llenarse de comida, salvo en 
zonas que ofrezcan condiciones muy 
ventajosas para la alimentación. Pueden 
llevarse golosinas o comida de menor 
importancia que sirva de complemento a 
las básicas. La galleta puede ser una de 
ellas, aunque ocupa mucho lugar y se 
rompe convirtiéndose en polvo. En los 
montes cerrados es útil llevar un machete; 
en los lugares muy húmedos una botellita 
con gasolina o conseguir madera resinosa 
del tipo del pino que permita en un 
momento dado hacer fuego aunque el 
leño esté mojado. 
 
Debe ser un complemento habitual del 
guerrillero, una libreta que sirva para 
anotar datos, para cartas al exterior o 
comunicación con otras guerrillas, así 
como lápiz o pluma. Siempre debe tener a 
mano pedazos de cordel, o soga, que tiene 
múltiples aplicaciones y además aguja, 
hilo y botones para la ropa. El guerrillero 
que lleve este equipo tendrá una sólida 
casa a sus espaldas, de un peso 
considerable pero suficiente para 
asegurarse la vida más cómoda dentro de 
la dura faena de la campaña. 
 
 
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3. La organización de una 
guerrilla 
 
La organización de una guerrilla no puede 
hacerse siguiendo un esquema rígido; 
habrá innumerables diferencias, producto 
de la adaptación al medio en que se 
aplique. Por razones de exposición 
supondremos que nuestra experiencia 
tiene valor universal, pero recordando 
siempre que, al divulgarla, se está 
dejando, en cada momento, la posibilidad 
de que haya una nueva manera de hacerlo 
que convenga más a las particularidades 
del grupo armado de que se trate. 
 
El número de los componentes de la 
guerrilla es uno de los problemas más 
difíciles de precisar; hay diferentes 
números de hombres, diferente 
constitución de la tropa, como ya hemos 
explicado. Vamos a suponer una fuerza 
situada en terreno favorable, montañoso, 
con condiciones no tan malas como para 
estar en perpetua huida, pero no tan 
buenas como para tener base de 
operaciones. Un núcleo armado situado 
en este panorama no debe tener como 
unidad combatiente más de 150 hombres 
y ya esta cantidad es bastante alta; el ideal 
sería unos cien hombres. Esto constituye 
una columna y está mandada, también de 
acuerdo con la escala jerárquica cubana, 
por un comandante, es bueno recalcar que 
en nuestra guerra se hizo omisión de los 
grados de cabo y de sargento, por 
considerarlos representativos de la tiranía. 
 
Partiendo de estas premisas, un 
comandante manda el total de las fuerzas, 
de 100 a 150 hombres, y habrá tantos 
capitanes como grupos de 30 ó 40 
hombres puedan formarse. El capitán 
tiene la función de dirigir y aglutinar su 
pelotón, hacerlo pelear casi siempre unido 
y encargarse de la distribución y de la 
organización general del mismo. En la 
guerra de guerrillas la escuadra es la 
unidad funcional. Cada una, 
aproximadamente de 8 a 12 hombres, 
tiene un teniente, el que cumple unas 
funciones análogas a las de capitánpara 
su grupo, pero tiene que estar en 
constante subordinación a éste. 
 
La tendencia operacional de la guerrilla, 
que es actuar en núcleos pequeños, hace 
que la verdadera unidad sea la escuadra; 8 
ó 10 hombres es el máximo que puede 
actuar unido en una lucha en estas 
condiciones y, por lo tanto, actuará el 
grupo bajo las órdenes del jefe inmediato, 
muchas veces separados del capitán 
aunque en el mismo frente de lucha, salvo 
circunstancias especiales. Lo que no se 
debe hacer nunca es fraccionar la unidad 
y mantenerse así en los momentos en que 
no hay lucha. Cada escuadra y pelotón 
tendrán asignados el sucesor inmediato en 
caso de que caiga el jefe, el que debe 
estar lo suficientemente entrenado para 
poder hacerse cargo inmediatamente de 
su nueva responsabilidad. 
 
Uno de los problemas fundamentales de 
esta tropa, en la cual desde el último 
hombre hasta el jefe deben recibir el 
mismo trato, es la alimentación. Esta 
adquiere una importancia extrema debido 
no sólo a la subnutrición crónica, sino 
también por ser el reparto el único 
acontecimiento cotidiano. La tropa, muy 
sensible a la justicia, mide con espíritu 
crítico las raciones; nunca debe permitirse 
el menor favoritismo con nadie. Si por 
alguna circunstancia la comida se reparte 
entre toda la columna, debe establecerse 
un orden y respetarlo estrictamente y, al 
mismo tiempo, respetar también las 
cantidades y calidades de alimentos dado 
a cada uno. En la distribución de 
vestimentas el problema es diferente; 
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serán artículos de uso individual. Deben 
primar en estos casos dos hechos; 
primero, la necesidad que tengan los 
reclamantes, que casi siempre serán 
superiores a la cantidad de objetos a 
distribuir y, segundo, el tiempo de lucha y 
los méritos que tenga cada uno de los 
mismos. 
 
El sistema del tiempo y los méritos, 
difícil de precisar, debe ser llevado en 
cuadros especiales por algún encargado 
de ello, sujeto a la inspección directa del 
jefe de la columna. Exactamente igual 
sucede con los otros artículos que 
eventualmente lleguen y que no sean de 
uso colectivo. El tabaco y los cigarros 
deben ser repartidos de acuerdo con la 
norma general de igual trato a todo el 
mundo. 
 
Para esta tarea de reparto debe haber 
personas encargadas especialmente de 
hacerlo. Es preferible que pertenezcan 
directamente a la Comandancia. La 
Comandancia realiza, pues, tareas 
administrativas, de enlace, muy 
importantes, y todas las otras fuera de lo 
normal que deban hacerse. Los oficiales 
de más inteligencia deben estar en ella, 
sus soldados deben ser despiertos y de un 
sentido de sacrificio llevado al máximo, 
pues las exigencias serán en la mayoría de 
los casos superiores a la del resto de la 
tropa; sin embargo, no pueden tener 
derecho a ningún trato especial en la 
comida. 
 
Cada guerrillero lleva su equipo completo 
pero hay una serie de implementos de 
importancia social dentro de la columna 
que deben ser distribuidos 
equitativamente. Para esto pueden 
establecerse dos criterios, dependiendo 
ellos de la cantidad de gente desarmada 
que tenga la tropa. Uno de ellos es el 
distribuir todos los objetos como 
medicinas, implementos médico-
quirúrgicos u odontológicos, comida 
extra, vestuario, enseres generales 
sobrantes, implementos bélicos pesados, 
en forma igualitaria entre todos los 
pelotones, que se responsabilizarán de la 
custodia del material asignado. Cada 
capitán distribuirá los enseres entre las 
escuadras, y cada jefe de escuadra entre 
sus hombres. Otra solución a emplear, 
cuando no toda la tropa está armada, es 
hacer escuadras o pelotones especiales 
encargados del transporte; esto suele ser 
más beneficioso, pues no se recarga tanto 
al soldado, ya que los desarmados están 
libres del peso y responsabilidad del fusil. 
De este modo no corren tanto peligro de 
perderse las cosas, pues están más 
concentrados y al mismo tiempo 
constituye un incentivo para los 
portadores cargar más y mejor y 
demostrar más entusiasmo, ya que puede 
ser uno de los premios que permita el 
empuñar el arma en un futuro. Estos 
pelotones marcharán en las últimas 
posiciones y tendrán los mismos deberes 
y el mismo trato que el resto de la tropa. 
 
Las tareas a realizar en una columna 
varían de acuerdo con la actividad de la 
misma. Si permanece en el campamento 
habrá equipos especiales de vigilancia. 
Conviene tener tropas aguerridas, 
especializadas, a las que se les dé algún 
premio por esta tarea, y que en general 
consiste en cierta independencia o en 
distribuir algún exceso de golosinas o 
tabaco entre los miembros de las unidades 
que hagan tareas extraordinarias, después 
de haber repartido lo que corresponde a 
toda la columna. Por ejemplo, si son 100 
hombres y hay 115 cajetillas de cigarros, 
esas 15 cajetillas extras podrán ser 
distribuidas entre los miembros de las 
unidades a las que me he referido. La 
vanguardia y la retaguardia, 
perfectamente diferenciadas del resto, 
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tendrán a su cargo las tareas principales 
de vigilancia, pero cada uno de los 
pelotones debe tener la suya propia. 
Cuanto más lejos del campamento se 
vigile, estando en zona libre, sobre todo, 
mayor es la seguridad del grupo. 
 
Los lugares elegidos deben estar en una 
altura, dominar una amplia área de día y 
ser de difícil acceso durante la noche. Si 
se va a permanecer algunas jornadas, es 
conveniente construir defensas que 
permitan sostener el fuego 
adecuadamente en caso de un ataque. 
Estas defensas pueden ser destruidas al 
retirarse la guerrilla del lugar o abandonar 
las mismas si las circunstancias ya no 
hacen necesario un ocultamiento total del 
paso de la columna. 
 
En sitios en que se establezcan 
campamentos permanentes, las defensas 
deben ir perfeccionándose en forma 
constante. Recuérdese que en una zona 
montañosa, en terreno adecuadamente 
elegido, la única arma pesada efectiva es 
el mortero. Utilizando techos adecuados 
con los materiales de la región, maderas, 
piedra, etc., se logra hacer refugios 
perfectos que impiden la aproximación de 
las huestes contrarias, resguardando a las 
propias de los obuses. 
 
En el campamento es muy importante 
mantener la disciplina, disciplina que 
debe tener características educativas, 
haciendo que los guerrilleros se acuesten 
a determinada hora, se levanten también a 
hora fija, impidiendo que se dediquen a 
juegos que no tengan una función social y 
que tiendan a disolver la moral de la 
tropa, prohibiendo la ingestión de bebidas 
alcohólicas, &c. Todas estas tareas las 
realiza una comisión de orden interior, 
elegida entre los combatientes de más 
méritos revolucionarios. Otra misión de 
éstos, es impedir que se encienda fuego 
en lugares visibles desde lejos, o que se 
levanten columnas de humo cuando 
todavía no ha anochecido y también 
vigilar que se limpie el campamento al 
abandonarlo la columna, si es que se 
quiere mantener un absoluto secreto de la 
permanencia en determinado lugar. 
 
Hay que tener mucho cuidado con los 
fogones, cuyas huellas duran mucho 
tiempo, por lo que es necesario taparlos 
con tierra, enterrando además los papeles, 
las latas, y residuos de alimentos que se 
hayan consumido. Durante la marcha 
debe existir el más absoluto silencio en la 
columna. Los órdenes se pasan por gestos 
o susurros y va corriendo la voz de boca 
en boca hasta llegar al último. Si la 
guerrilla marcha por lugares 
desconocidos, abriéndose camino o 
guiándose mediante algún práctico, la 
vanguardia irá a unos cien o doscientos 
metros o más, adelante, según las 
características del terreno. En lugares que 
pudieran prestarse a confusiones en 
cuanto a la ruta, se dejará un hombre encada desvío esperando al de atrás, y así 
sucesivamente hasta que llegue el último 
de la retaguardia. Esta también irá algo 
separada del resto de la columna, 
vigilando los caminos posteriores, y 
tratando de borrar lo más posible la huella 
del paso de la misma. Si hubiera caminos 
laterales que ofrecieran peligro, 
constantemente tiene que haber un grupo 
que vigile el citado camino hasta que pase 
el último hombre. Es más práctico que 
esos grupos se utilicen de un solo pelotón 
especial, aunque pueden ser de cada 
pelotón, con la obligación de entregar el 
puesto a los miembros del siguiente y 
reintegrarse ellos a su lugar y así 
sucesivamente hasta que pase toda la 
tropa. 
 
La marcha debe ser no solamente 
uniforme y en orden establecido, sino que 
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éste hay que mantenerlo siempre, de 
modo que se sepa que el pelotón número 
1 es la vanguardia, el pelotón número 2 el 
que le sigue, en el medio el pelotón 
número 3 que puede ser la Comandancia; 
luego el número 4, y la retaguardia el 
pelotón número 5, o en el número de ellos 
que constituyan la columna, pero siempre 
conservando el orden. En marchas 
nocturnas el silencio debe ser mayor y la 
distancia entre cada combatiente 
acortarse, de modo de no sufrir extravíos, 
con el riesgo consecuente de verse 
obligado a dar voces o encender alguna 
luz. La luz es el enemigo del guerrillero 
en la noche. 
 
Ahora bien, si todas estás marchas tienen 
como fin atacar, al llegar un punto 
indicado, a donde deban retornar todos 
una vez logrado el objetivo, se dejarán los 
pesos superfluos, mochilas, ollas, por 
ejemplo, y cada pelotón seguirá con sus 
armas y equipos bélicos exclusivamente. 
Ya el punto a atacar debe haber sido 
estudiado por gentes de confianza que 
hayan hecho los contactos, traído la 
relación de los guardias del enemigo, 
traída también la orientación del cuartel, 
el número de hombres que lo defienden, 
&c., y entonces se hace el plan definitivo 
para el ataque y se sitúan los 
combatientes, considerando siempre que 
una buena parte de las tropas debe 
destinarse a detener los refuerzos. En caso 
de que el ataque al cuartel sea solamente 
una distracción para provocar una 
afluencia de refuerzos que deban pasar 
por caminos donde se embosque 
fácilmente la gente, después de realizado 
el ataque un hombre debe rápidamente 
comunicar al mando el resultado, por si 
fuera necesario levantar el cerco para no 
ser atacados por las espaldas. De todas 
maneras siempre tiene que haber vigías 
en los caminos de acceso al lugar del 
combate, mientras se produce el cerco o 
el ataque directo. 
De noche, es preferible siempre un ataque 
directo. Puede llegar a conquistarse el 
campamento si se tiene el empuje y la 
presencia de ánimo necesarios y no se 
arriesga mucho. 
 
En el cerco, sólo resta esperar e ir 
haciendo trincheras, acercándose cada vez 
más al enemigo, tratando de hostilizarlo 
por todos los medios y, sobre todo, 
tratando de hacerlo salir por el fuego. 
Cuando se esta bien cerca, el «cóctel 
molotov» es un arma de extraordinaria 
efectividad. Cuando no se ha llegado a 
tiro de «cóctel», pueden emplearse 
escopetas con un dispositivo especial. 
Estas armas, bautizadas por nosotros en la 
guerra con el nombre de M-16, consisten 
en una escopeta calibre 16, recortada, con 
un par de patas agregadas en forma tal 
que éstas formen un trípode con la punta 
de la culata. El arma así preparada estará 
en un ángulo aproximado de 45 grados; 
éste se puede variar corriendo hacia 
adelante o hacia atrás las patas delanteras. 
Se carga con un cartucho abierto al que se 
le han sacado todas las municiones. Este 
se adapta perfectamente a un palo lo más 
cilíndrico posible, dicho palo viene a ser 
el proyectil y sobresale del cañón de la 
escopeta. En la punta que sobresale se le 
agrega un complemento de latón con un 
amortiguador de goma en la base y una 
botella de gasolina. Este aparato tira las 
botellas encendidas a 100 metros o más y 
tiene una puntería bastante exacta. Es un 
arma ideal para cercos donde los 
enemigos tengan muchas construcciones 
de madera o material inflamable y 
también para disparar a los tanques en 
terrenos abruptos. 
 
Una vez finalizado el cerco con el triunfo, 
o levantándolo cumplidos los objetivos, 
todos los pelotones se retiran en orden 
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hacia los lugares donde están sus 
mochilas y se sigue la vida normal. 
La vida nómada del guerrillero, en esta 
etapa, lleva a un gran sentido de 
confraternidad con los compañeros, pero 
también, a veces, a peligrosas rivalidades 
entre grupos o pelotones. Si no se 
canalizan éstas para producir emulaciones 
beneficiosas, se corre el riesgo de 
fragmentar la unidad de la columna. Es 
muy conveniente la educación de los 
guerrilleros desde la más temprana 
iniciación de la lucha, explicándoles el 
sentido social de la misma y sus deberes, 
en fin, clarificando su mente y dándoles 
lecciones de moral que les vayan forjando 
el carácter y hagan que cada experiencia 
adquirida se convierta en una nueva arma 
de superación y no en un simple 
adminículo más para luchar por la 
supervivencia. 
 
Uno de los grandes factores educativos es 
el ejemplo. Por ello los jefes deben 
constantemente ofrecer el ejemplo de una 
vida cristalina y sacrificada. El ascenso 
del soldado debe estar basado en la 
valentía, capacidad y espíritu de 
sacrificio; quien no cumpla esos 
requisitos a cabalidad no debe tener 
cargos responsables, pues en algún 
momento provocará cualquier accidente 
indeseable. 
 
La conducta del guerrillero estará sujeta a 
juicio cuando se acerque a una casa 
cualquiera a pedir algo. Los moradores 
del lugar sacarán conclusiones favorables 
o desfavorables de la guerrilla, de acuerdo 
con la forma como se solicite algún 
servicio, un alimento, algo necesario, y de 
los métodos usados para conseguir lo 
deseado. Muy cuidadoso debe ser el jefe 
en la explicación detallada de estos 
problemas, en darles la importancia que 
se merecen y adoctrinar también con el 
ejemplo. Si se fuera a entrar a un pueblo, 
deben prohibirse las bebidas alcohólicas, 
exhortar a la tropa antes, darle el mayor 
ejemplo posible de disciplina y vigilar 
constantemente las entradas y salidas del 
poblado. 
 
La organización, capacidad combativa, 
heroicidad y espíritu de la guerrilla tienen 
que sufrir su prueba de fuego en el caso 
de un cerco, que es la situación más 
peligrosa de la guerra. En la jerga de 
nuestros guerrilleros, en la guerra pasada, 
se llamaba «cara de cerco» a la cara de 
angustia que presentaba algún 
amedrentado. Cerco y aniquilación 
llamaban pomposamente a sus campañas 
los jerarcas del régimen depuesto. Sin 
embargo, para una guerrilla conocedora 
del terreno, unida ideológica y 
emocionalmente con el jefe, no es este un 
problema de mucha importancia. Hay 
simplemente que parapetarse, tratar de 
evitar el avance del enemigo y su acción 
con equipo pesado, y esperar la noche, 
aliada natural del guerrillero. Al 
oscurecer, con el mayor sigilo posible, 
después de explorar y elegir el mejor 
camino, se irá por él, utilizando el medio 
de escape más adecuado y observando el 
más absoluto silencio. Es sumamente 
difícil que en esas condiciones, en la 
noche, se pueda impedir a un grupo de 
hombres que escape del cerco. 
 
 
4. El combate 
 
El combate es el drama más importante 
de la vida guerrillera. Ocupa sólo 
momentos en el desarrollo de la 
contienda; sin embargo estos instantes 
estelares adquieren una importancia 
extraordinaria pues cada pequeño 
encuentro es una batalla de índole 
fundamental para los combatientes. 
 
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 41
Ya habíamosapuntado anteriormente que 
el ataque debe realizarse siempre de tal 
modo que de garantías de triunfo. 
Además de lineamientos generales sobre 
la función táctica del ataque en la guerra 
de guerrillas, se deben apuntar las 
diferentes características que pueda 
presentar cada acción. En primer lugar, 
adoptamos para la descripción el tipo de 
lucha en terreno apto, porque es 
realmente el modelo de origen de la 
guerra de guerrillas y es el aspecto en el 
cual se necesita manejar algunos 
principios anteriores a la experiencia 
práctica para resolver ciertos problemas. 
La guerra del llano es, como siempre, el 
producto de un avance de las guerrillas 
por su fortalecimiento y el de las 
condiciones del medio ambiente y esto 
lleva aparejado un aumento de la 
experiencia, de quien lo ejecuta y, por 
ende, un aprovechamiento de esa 
experiencia. 
 
En la primera época de la guerra de 
guerrillas, sobre el territorio insurgente se 
internarán en forma profunda las 
columnas enemigas; de acuerdo con las 
fuerzas de estas columnas se harán dos 
tipos de ataques diferentes. Uno de ellos 
sistemáticamente provoca en un 
determinado número de meses, la pérdida 
de la capacidad ofensiva de los mismos y 
precede cronológicamente al otro. Se 
realiza sobre las vanguardias; los terrenos 
desfavorables impiden que las columnas 
avancen con suficiente defensa en sus 
flancos; de este modo tiene que haber 
siempre una punta de vanguardia que, al 
internarse y exponer las vidas de sus 
componentes, esté garantizando la 
seguridad del resto de la columna. 
Cuando no hay hombres suficientes, no se 
cuenta con reservas y además el enemigo 
es fuerte, se debe ir siempre a la 
destrucción de esa punta de vanguardia. 
El sistema es sencillo, necesita solamente 
cierta coordinación. En el momento en 
que aparece la punta de vanguardia por el 
lugar estudiado -lo más abrupto posible- 
se deja penetrar a los hombres necesarios 
y se inicia un fuego mortífero sobre estos. 
Un pequeño grupo tiene que contener al 
resto de la columna por algunos 
momentos para que se recojan las armas, 
municiones y equipos. Siempre debe estar 
presente en el soldado guerrillero que su 
fuente de abastecimiento de armas está en 
el enemigo y que salvo circunstancias 
especiales, no se debe dar batalla que no 
esté conducida a conseguir estos equipos. 
 
Cuando la fortaleza de la guerrilla lo 
permita, se hará un cerco completo de la 
columna; por lo menos, se dará esa 
impresión. En ese caso la vanguardia 
tiene que ser tan fuerte y estar tan bien 
atrincherada que resista los embates 
frontales del enemigo, calculando, 
naturalmente, su poder ofensivo y su 
moral de combate. En el momento en que 
aquél es detenido en algún lugar especial, 
las fuerzas guerrilleras de retaguardia 
surgen atacándolo por la espalda. Como 
será un lugar elegido con tales 
características que sea difícil la maniobra 
por los flancos, fácilmente podrán estar 
apostados francotiradores que mantengan 
a toda la columna, 8 ó 10 veces superior 
en número, quizás, dentro del cerco de 
fuego. En estos casos, siempre que haya 
fuerzas suficientes, deben controlarse 
todos los caminos con emboscadas para 
detener los refuerzos. El cerco se irá 
cerrando gradualmente, sobre todo por la 
noche. El guerrillero conoce los lugares 
donde combate, la columna invasora los 
desconoce, el guerrillero crece en la 
noche y el enemigo ve crecer su miedo en 
la oscuridad. En esta forma puede, con 
cierta facilidad, destruirse una columna 
totalmente, o infligirle tales pérdidas que 
le impidan volver al campo o necesite 
mucho tiempo para reagruparse. 
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 42
 
Cuando la fuerza de la guerrilla es 
mínima y se quiere de todas maneras 
detener o disminuir el avance de la 
columna invasora, deberán distribuirse 
grupos de tiradores que fluctúen de dos a 
diez en cada uno de los cuatro puntos 
cardinales rodeando a esta columna. En 
esta forma podrá entablarse un combate 
por el flanco derecho, digamos; cuando el 
enemigo centre su acción sobre este 
flanco y cargue sobre él, en el momento 
preciso, se iniciará el tiroteo por el flanco 
izquierdo; en otro momento por la 
retaguardia o la vanguardia y así 
sucesivamente. 
 
Con un pequeñísimo gasto de parque se 
podrá tener al enemigo en jaque perpetuo. 
 
La técnica del ataque a un convoy o 
posición enemiga debe adaptarse a las 
condiciones del lugar elegido para el 
combate. Debe asegurarse, en general, 
que el primer ataque a un lugar cercado 
sea por sorpresa, en horas nocturnas 
contra algún puesto avanzado. Un ataque 
por sorpresa realizado por comandos 
adiestrados puede liquidar fácilmente una 
posición, pues cuenta con la ventaja de lo 
imprevisto. Para un cerco en regla, las 
zonas de escape pueden ser controladas 
con pocos hombres y los caminos de 
acceso defendidos con emboscadas, 
distribuidas de tal forma que al ser 
rebasada una, se repliegue o simplemente 
se retire y quede una segunda y así 
sucesivamente. En casos donde no exista 
el factor sorpresa, dependerá que se 
triunfe o no en el intento de tomar el 
campamento, de la capacidad de la fuerza 
cercadora para detener los intentos de las 
columnas de auxilio. En estos casos suele 
haber apoyo de artillería, morteros y 
aviones, además de tanques por parte del 
enemigo. En terrenos aptos el tanque es 
un arma de poco peligro; debe transitar 
por caminos estrechos y es fácil víctima 
de las minas. En general la capacidad 
ofensiva que tienen estos vehículos en 
formación pierde aquí su valor, pues 
deben marchar en fila india, o a lo más de 
dos en dos. La mejor arma, la más segura 
contra el tanque, es la mina, pero, en la 
lucha cuerpo a cuerpo, fácil de realizar en 
lugares abruptos, el «cóctel molotov» es 
un arma de extraordinario valor. No 
hablemos ya de la bazooka, que 
significaría para la fuerza guerrillera un 
arma decisiva pero difícil de alcanzar, por 
lo menos en los primeros momentos. 
Contra el mortero existe el recurso de la 
trinchera con techo. El mortero es un 
arma de formidable eficacia para usar 
contra un lugar cercado pero a la inversa, 
es decir, contra sitiadores móviles 
disminuye su poder si no es usado en 
baterías grandes. La artillería no tiene 
mayor importancia en este tipo de lucha 
pues debe estar emplazada en lugares de 
cómodo acceso y no ve los blancos, que 
son movedizos. La aviación constituye la 
principal arma de las fuerzas opresoras, 
pero también su poder de ataque se ve 
muy reducido por el hecho de que 
pequeñas trincheras, en general en lugares 
no visibles, constituyen su único blanco. 
Podrán tirarse bombas de alto poder 
explosivo, o bombas de gasolina 
gelatinosa, todo lo cual constituyen más 
bien inconvenientes que verdaderos 
peligros. Además, acercándose lo más 
posible a las líneas defensivas enemigas, 
se hace muy difícil para la aviación atacar 
con eficacia estas puntas de vanguardia. 
 
Cuando se sitien campamentos con 
construcciones de madera o inflamables, 
si es que se puede llegar a una distancia 
corta, es un arma importantísima el ya 
citado «cóctel molotov». En distancias 
más largas se pueden arrojar también 
botellas del material inflamable, con su 
mecha ya encendida disparándolas con 
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 43
una escopeta calibre 16, como ya dijimos 
anteriormente. 
 
De todos los tipos de minas a usar, el más 
efectivo pero que conlleva una eficiencia 
técnica no siempre posible, es la mina 
teleexplotada, pero las de contacto, de 
mecha y, sobre todo, las eléctricas con 
cordón, son de extrema utilidad y 
constituyen, en caminos de serranía, 
defensas casi inexpugnables para las 
fuerzas populares. 
 
Una buena medida de defensa contra los 
carros blindados es, en los caminos,hacer 
zanjas inclinadas, de modo que el tanque 
entre fácilmente en ellas y después le 
cueste trabajo salir, en la forma que el 
grabado lo explica y que es fácilmente 
ocultable al enemigo, sobre todo en 
marchas nocturnas, o cuando no puede 
mandar infantería por delante de los 
tanques, dada la resistencia de las fuerzas 
guerrilleras. 
 
Otra forma común de avance del 
enemigo, en zonas no totalmente 
abruptas, es en camiones más o menos 
abiertos. Las columnas son precedidas 
por algunos carros blindados y luego 
viene la infantería transportada en 
camiones. De acuerdo con la fuerza de la 
guerrilla, se puede cercar la columna 
íntegra, o se la puede diezmar, atacando 
alguno de los camiones y explotando 
simultáneamente minas. Hay que actuar 
rápidamente en este caso, quitar las armas 
de los enemigos caídos y retirarse. Si las 
condiciones lo permiten, se puede hacer 
un cerco total, como ya lo dijimos, 
observando las reglas generales del 
mismo. 
 
Para el ataque a camiones abiertos, un 
arma de mucha importancia y que debe 
ser utilizada en todo su poderío, es la 
escopeta. Una escopeta calibre 16, con 
balines, puede cubrir 10 metros, casi toda 
el área del camión, matando algunos de 
los ocupantes, hiriendo a otros y 
provocando una confusión enorme. En el 
caso de poseerlas, las granadas son armas 
excelentes para estos casos. 
 
Para todos estos ataques, es fundamental, 
porque es una de las características 
elementales de la táctica guerrillera, la 
sorpresa, por lo menos al momento de 
sonar el primer disparo. Y ésta no puede 
producirse si los campesinos de la zona 
conocen de la presencia del ejército 
insurgente. Es por ello que todos los 
movimientos de ataque deben hacerse 
nocturnos. Solamente hombres de 
probada discreción y lealtad pueden 
conocer estos movimientos y establecer 
los contactos. Debe marcharse con 
mochilas llenas de alimentos para poder 
sobrevivir dos, tres o cuatro días en los 
lugares de emboscada. 
 
Nunca debe confiarse demasiado en la 
discreción campesina, primero porque 
hay una lógica tendencia a hablar, a 
comentar los hechos con otras personas 
de la familia o de confianza y, luego, 
porque la bestialidad natural con que 
tratan a la población los soldados 
enemigos después de una derrota, siembra 
el terror entre ésta, y ese terror provoca el 
que alguno, tratando de cuidar su vida, 
hable más de lo debido revelando noticias 
fundamentales. 
 
En general debe elegirse como lugar de 
emboscada alguno que esté por lo menos 
a un día de camino de los 
establecimientos habituales de la 
guerrilla, que el enemigo siempre 
conocerá con mayor o menor 
aproximación. 
 
Hemos dicho anteriormente que la forma 
de disparar señala en un combate la 
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situación de las fuerzas oponentes; de un 
lado el tiro violento, nutrido, del soldado 
de línea -con parque abundante y 
acostumbrado a eso-, y del otro, el 
metódico, esporádico, del guerrillero que 
conoce el valor de cada cápsula y se 
dispone a gastarla con un cabal sentido 
del ahorro, no disparando nunca un tiro 
más de lo necesario. Tampoco es lógico, 
por ahorrar parque, dejar escapar a un 
enemigo o no hacer funcionar una 
emboscada a plenitud, pero debe 
prevenirse en cálculos anteriores el 
parque que podrá gastarse en 
determinadas circunstancias y ceñir la 
ocasión al consejo de esos cálculos. 
 
El parque es el gran problema del 
guerrillero. Armas se consiguen siempre 
y las que ingresan no se van de la 
guerrilla, pero el parque se va tirando y, 
además, en general, se capturan armas 
con su parque, y nunca o pocas veces 
parque solo. Cada arma que ingresa tiene 
sus tiros, pero no puede contribuir al de 
los demás pues no hay sobrantes. El 
principio táctico del ahorro de los 
disparos es fundamental en este tipo de 
guerra. 
 
Nunca puede un jefe guerrillero, que se 
precie de serlo, descuidar la retirada. 
Deben éstas ser oportunas, ágiles, que 
permitan salvar toda la impedimenta de la 
guerrilla, ya sean heridos, mochilas, 
municiones, &c., y nunca debe ser 
sorprendido el rebelde en retirada ni 
puede permitirse el lujo de dejarse rodear. 
 
Por todo ello, el camino elegido debe ser 
custodiado en todos aquellos lugares 
donde eventualmente el ejército enemigo 
pueda hacer avanzar tropas para tratar de 
tirar un cerco; ha de haber un sistema de 
correo que permita avisar rápidamente a 
los compañeros si alguna fuerza trata de 
rodearlos. 
En el combate siempre ha de haber 
hombres desarmados. Esos hombres 
recogerán el fusil de algún compañero 
herido o muerto, algún fusil incorporado 
en combate perteneciente a un prisionero, 
se ocuparán de los mismos, del traslado 
de los heridos y de la transmisión de 
mensajes. Además debe contarse con un 
buen cuerpo de mensajeros, de piernas de 
hierro y de seriedad probada, que den los 
avisos necesarios en el menor tiempo 
posible. 
 
Es muy relativo el número de hombres 
que se necesitan al lado de los 
combatientes armados, pero se puede 
calcular en dos o tres para cada diez, entre 
los que asistirán al combate y realizarán 
todas las tareas necesarias en la 
retaguardia, defendiendo las posiciones 
de retirada o estableciendo los servicios 
de mensajes de que hablamos 
anteriormente. 
 
Cuando se hace una guerra de tipo 
defensivo, es decir, cuando está 
empeñada la guerrilla en no permitir 
pasar de determinado lugar a una 
columna invasora, la lucha se convierte 
en una guerra de posiciones, pero debe 
tener siempre al inicio las características 
anotadas de sorpresa. En este caso, en que 
se van a hacer trincheras y otra serie de 
sistemas defensivos que son fácilmente 
observables por los campesinos del lugar, 
debe asegurarse que éstos permanezcan 
en la zona amiga. En general, en este tipo 
de guerra, se establece por el gobierno el 
bloqueo de la región y los campesinos 
que no han huido, deben ir a comprar sus 
alimentos primordiales a establecimientos 
situados en zonas fuera de la acción de las 
guerrillas. El que estas personas en 
momentos culminantes, como el que 
estamos describiendo, salgan de la región, 
constituye un peligro muy grande, por las 
infidencias y las confidencias que 
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pudieran eventualmente suministrar al 
ejército enemigo. La política de tierra 
arrasada debe constituir la base de la 
estrategia del ejército guerrillero en estos 
casos. 
 
Ahora bien, las defensas y todo el aparato 
defensivo, deben hacerse de tal manera 
que siempre la vanguardia enemiga caiga 
en una emboscada. Es muy importante el 
hecho psicológico de que los hombres de 
vanguardia mueran ineludiblemente en 
cada combate, pues esto va creando 
dentro del ejército adversario una 
conciencia cada vez más marcada de este 
hecho, que lleva a un momento en que 
nadie quiere ser vanguardia; y es obvio 
que una columna si no tiene vanguardia 
no puede moverse, pues alguien debe 
asumir esta responsabilidad. 
 
Por lo demás, pueden realizarse cercos, si 
se estima conveniente, maniobras 
dilatorias de ataques de flanco, o 
simplemente detener frontalmente al 
enemigo, pero en todos los casos deben 
fortificarse los lugares que sean 
susceptibles de ser utilizados por el 
enemigo para tareas de flanqueo. 
 
Desde ya, esto está indicando que se 
cuenta con más hombres y más armas que 
en los combates anteriormente descritos, 
pues es evidente que consume mucho 
personal el bloqueo de todos los 
eventuales caminos convergentes de una 
zona, que pueden ser muchos. Debe 
aumentarse aquí todo género de trampas y 
de ataques contra los vehículos blindados 
y darle la mayor seguridad posible a los 
sistemas de trincheras estables, por lo 
tanto, localizables. En general, en este 
tipo de luchala orden que se da es la de 
morir en las defensas y hay que asegurar 
a cada defensor el máximo de 
posibilidades de sobrevivir. 
 
Cuando más oculta se haga una trinchera 
para la observación lejana, mejor es y, 
sobre todo, es bueno hacerle techos, para 
que la labor de los morteros se nulifique. 
Los morteros de los usados en campaña 
60.1 u 85 mm no pueden perforar un buen 
techo hecho simplemente con materiales 
de la región, que puede ser un piso de 
madera, tierra y piedras cubierto por un 
material que lo esconda a la vista del 
enemigo. Siempre debe hacérsele una 
salida que permita, en caso extremo, 
escapar al defensor sin mayores peligros 
para su vida. 
 
Todo este andamiaje indica bien 
claramente que no existen líneas de fuego 
determinadas. La línea de fuego es algo 
más o menos teórico que se establece en 
determinados momentos cumbres, pero 
son sumamente elásticas y permeables 
por ambos bandos. Lo que existe es una 
gran «tierra de nadie». Pero la 
característica de la «tierra de nadie» de 
una guerra de guerrillas, es que en ella 
existe población civil y que esa población 
civil colabora en cierta medida con 
alguno de los dos bandos, aunque en 
abrumadora mayoría con el bando 
insurrecto. No puede ser desalojada 
masivamente de la zona por su extensión 
y porque crearía problemas de 
abastecimiento a cualquiera de los 
contendientes al darle comida a una 
cantidad considerable de habitantes. Esta 
«tierra de nadie» es perforada por 
incursiones periódicas (diurnas en 
general) de las fuerzas represivas y 
nocturnas de las fuerzas guerrilleras. 
Estas últimas encuentran allí una base de 
sustento de mucha importancia para sus 
tropas que debe ser cuidada en el orden 
político, estableciendo siempre las 
mejores relaciones con los campesinos y 
comerciantes. 
 
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 46
En este tipo de guerra, el trabajo de los no 
combatientes directos, vale decir de los 
que no portan un arma, es 
importantísimo. Ya señalamos algunas 
características de los enlaces en los 
lugares de combate, pero el enlace es una 
institución dentro de la organización 
guerrillera; los enlaces, hasta la más 
lejana comandancia si la hay, o hasta el 
más lejano grupo de guerrilleros, deben 
estar encadenados de tal forma que 
siempre pueda llegarse, 
 
por el sistema más rápido conocido en la 
región, de un lugar a otro, y esto debe ser 
tan valedero en tierras de fácil defensa, es 
decir en territorios aptos, como en tierras 
inaptas. No se admite, por ejemplo, que 
una guerrilla operando en tierra inapta, 
vaya a permitir los sistemas modernos de 
comunicación, como son el telégrafo, los 
camiones, &c., salvo algunos 
inalámbricos imposibles de destruir pero 
que solamente pueden ir a guarniciones 
militares sólidas que defiendan dicho 
sistema, pues si cae en manos de la fuerza 
liberadora, hay que variar claves y 
frecuencias, tarea a veces bastante 
engorrosa. 
 
En todos estos casos estamos hablando 
con la memoria de lo ocurrido en nuestra 
guerra de liberación. El informe diario y 
verídico de todas las actividades del 
enemigo se complementa con el de 
enlace. El sistema de espionaje debe ser 
muy bien estudiado, muy bien trabajado y 
sus individuos elegidos con él máximo 
esmero. El mal que puede hacer en estos 
casos un «contraespía» es enorme, pero 
aún sin llegar a ese extremo, son muy 
grandes los males que pueden sobrevenir 
de resultas de una información exagerada, 
ya sea aumentando o disminuyendo el 
peligro. Es difícil que éste se disminuya. 
La tendencia general de hombre del 
campo es a aumentarlos y exagerarlos. La 
misma mentalidad mágica que hace 
aparecer fantasmas, y toda serie de seres 
sobrenaturales, crea también ejércitos 
monstruosos donde apenas hay un 
pelotón, una patrulla enemiga. Además, el 
espía debe ser lo más neutro posible, 
desconociéndose para el enemigo toda 
clase de conexión con las fuerzas de 
liberación. No es una tarea tan difícil 
como parece y se encuentran muchos a 
través de la guerra: comerciantes, 
profesionales y hasta religiosos pueden 
prestar su concurso en toda esta serie de 
tareas y dar el informe a tiempo. 
 
Es una de las más importantes 
características de la guerra de guerrillas, 
la diferencia notable que hay entre la 
información que logran las fuerzas 
rebeldes y la información que poseen los 
enemigos. Mientras éstos deben transitar 
por zonas absolutamente hostiles, donde 
se encuentran con el hosco silencio de los 
campesinos, aquéllos, es decir los 
defensores, cuentan en cada casa con un 
amigo y hasta con un familiar y 
constantemente van circulando los partes 
a través de los sistemas de enlace hasta 
alcanzar la jefatura central de la guerrilla 
o el núcleo guerrillero que esté en la zona. 
 
Cuando se produce una penetración 
enemiga en territorio ya declaradamente 
guerrillero donde todos los campesinos 
responden a la causa del pueblo, se crea 
un problema serio; la mayoría de ellos 
trata de escapar con el ejército popular, 
abandonando sus hijos y sus quehaceres, 
otros llevan hasta la familia completa y 
algunos se quedan esperando los 
acontecimientos. El inconveniente más 
grave que puede provocar una 
penetración enemiga en territorio 
guerrillero es el que queden cantidad de 
familias en situación apretada y a veces 
desesperada. Debe dárseles el máximo de 
apoyo a todas ellas, pero prevenirlas de 
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 47
los males que pueden sobrevenir por una 
huida hacia zonas inhóspitas, lejos de sus 
lugares habituales de abastecimiento y 
expuestas a las calamidades que suelen 
provocarse en estos casos. 
 
No se puede hablar de un «patrón de 
represiones» por parte de los enemigos 
del pueblo; en cada lugar, de acuerdo con 
circunstancias específicas, sociales, 
históricas y económicas, los enemigos del 
pueblo actúan de una manera más o 
menos intensamente criminal, aunque 
siempre son iguales los métodos 
generales de represión. Hay lugares 
donde la huida del hombre hacia la zona 
guerrillera, dejando a su familia en la casa 
no provoca mayor reacción. Hay otros 
donde esto basta para quemar las 
pertenencias del individuo o requisarlas y 
otros donde la huida provoca la muerte de 
todos sus familiares. Es natural que se 
haga adecuada distribución y 
organización de los campesinos que van a 
ser afectados por un avance enemigo, de 
acuerdo con las normas que se conozcan 
sobre la guerra en esa zona o país 
determinado. 
 
Lo evidente es que hay que prepararse 
para expulsar al enemigo del territorio 
afectado, actuando profundamente sobre 
los abastecimientos, cortando 
completamente las líneas de 
comunicaciones, destruyendo por medio 
de pequeñas guerrillas los intentos de 
abastecerse u obligándolo a invertir 
grandes cantidades de hombres en 
hacerlo. 
En todos estos casos de combates, factor 
muy importante en cada lugar en que se 
traba uno, es la correcta utilización de las 
reservas. El ejército guerrillero, por sus 
características, muy pocas veces puede 
contar con ellas, pues siempre da golpes 
donde hasta la labor del último individuo 
debe ser regulada y empleada en algo. Sin 
embargo, dentro de estas características, 
deben tenerse hombres listos en tal o cual 
lugar, para responder a un imprevisto y 
poder detener una contraofensiva o 
definir una situación en un momento 
dado. De acuerdo con la organización de 
la guerrilla y con las características y 
posibilidades del momento, se puede 
tener, para estos menesteres, un pelotón 
«comodín», pelotón que siempre debe ir a 
los lugares del mayor peligro, que puede 
bautizársele como «pelotón suicida» o 
con cualquier otro título, pero que en 
realidad cumpla las funciones que el 
nombre indica. Este pelotón «suicida» 
debeestar en todos los lugares donde se 
decida un combate; en los ataques por 
sorpresa de la vanguardia, en la defensa 
de los sitios más vulnerables y peligrosos, 
en fin, donde quiera que el enemigo 
amenace con quebrar la estabilidad de la 
línea de fuego. Debe integrarse por 
absoluta voluntariedad y constituir casi 
un premio pare el individuo el ingresar en 
este pelotón. Se llega a hacer con el 
tiempo la niña mimada de cualquier 
columna guerrillera y el guerrillero que 
ostente el distintivo de pertenecer a ese 
cuerpo cuenta con la admiración y el 
respeto de todos sus compañeros. 
 
 
 
5. Principio, desarrollo y fin 
de una guerra de guerrillas 
 
Ya hemos definido sobradamente lo que 
es una guerra de guerrillas. Vamos a 
relatar entonces el desarrollo ideal de ella, 
naciendo en un núcleo único, en terreno 
favorable y describiéndola a partir de allí. 
 
Es decir, vamos a teorizar nuevamente 
sobre la experiencia cubana. Al inicio, 
hay un grupo más o menos armado, más o 
menos homogéneo, que se dedica casi 
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exclusivamente a esconderse en los 
lugares más agrestes, más intrincados, 
manteniéndose en escaso contacto con los 
campesinos. Da algún golpe afortunado, 
crece entonces su fama y algunos 
campesinos desposeídos de sus tierras o 
en luchas por conservarlas y jóvenes 
idealistas de otras clases van a engrosarla; 
adquiere mayor audacia para andar por 
lugares habitados, mayor contacto con la 
gente de la zona; repite algunos ataques, 
huyendo siempre después de darlos; de 
pronto sostiene un combate con alguna 
columna y destroza su vanguardia; sigue 
incorporando hombres, ha aumentado en 
número, pero su organización permanece 
exactamente igual, sólo que disminuyen 
las precauciones y se aventura sobre 
zonas más pobladas. 
 
Más tarde establece campamentos 
provisionales durante algunos días, los 
que son abandonados al tenerse noticias 
de la cercanía del ejército enemigo o 
sufrir bombardeos o, simplemente, al 
tener sospechas de alguno de estos 
riesgos. Sigue el aumento numérico de la 
guerrilla conjuntamente con el trabajo de 
masas que va haciendo de cada 
campesino un entusiasta de la guerra de 
liberación y, al final, se elige un lugar 
inaccesible, se inicia la vida sedentaria y 
empiezan las primeras pequeñas 
industrias a establecerse allí: la zapatería, 
la fábrica de tabacos y cigarros, algún 
taller de costura, la armería, panadería, 
hospitales, radio si lo hubiera, imprenta, 
&c. 
 
Ya la guerrilla tiene una organización, 
una estructura nueva. Es la cabeza de un 
gran movimiento con todas las 
características de un gobierno en 
pequeño. Se establece la auditoría para la 
administración de justicia, se dictan 
algunas leyes, si fuera posible, y continúa 
el trabajo de adoctrinamiento de las 
masas campesinas, y obreras si las 
hubiera cerca, atrayéndolas a la causa. Se 
desata alguna ofensiva enemiga y es 
derrotada; aumenta el número de fusiles y 
por ende el número de hombres con que 
cuenta esta guerrilla. Pero, en un 
momento dado, su radio de acción no 
aumenta en la proporción en que sus 
hombres lo han hecho; en ese momento se 
separa una fuerza del tamaño que sea 
necesario, columna o pelotón, &c., y va 
hacia otro lugar de combate. 
 
Empezará allí el trabajo aunque con 
características algo diferentes, por 
experiencias que trae, por la 
permeabilización de las zonas de guerra 
por las tropas de liberación. Mientras, el 
núcleo central sigue aumentando, ha 
recibido ya aportes sustanciales de 
lugares lejanos, en alimentos, alguna vez 
en fusiles; siguen llegando hombres; 
continúan las tareas de gobierno con la 
promulgación de leyes; se establecen 
escuelas que permiten el adoctrinamiento 
y entrenamiento de los reclutas. Los jefes 
van aprendiendo a medida que se 
desarrolla la guerra y en capacidad de 
mando va creciendo con las 
responsabilidades del aumento 
cuantitativo y cualitativo de las fuerzas. 
 
En un momento dado, si hubiera 
territorios lejanos, parte hacia ellos un 
grupo a establecer todos los adelantos que 
ya se han logrado, continuando el ciclo. 
 
Pero también existirá un territorio 
enemigo, el territorio desfavorable para la 
guerra de guerrillas. Allí se van 
introduciendo grupos pequeños que 
asaltan en los caminos, que rompen 
puentes, que colocan minas, que van 
sembrando la intranquilidad. Con los 
vaivenes propios de la guerra, sigue 
aumentando el movimiento; ya el gran 
trabajo de masas permite la movilidad 
CEME - Centro de Estudios Miguel Enríquez - Archivo Chile
 49
fácil de esas fuerzas en terreno 
desfavorable y se crea entonces la última 
etapa que es la guerrilla suburbana. 
 
El sabotaje aumenta considerablemente 
en toda la zona. Se paraliza la vida de la 
misma; es conquistada. Se va hacia otras 
zonas, se combate con el ejército enemigo 
en frentes definidos; se les ha conquistado 
ya armas pesadas (pueden ser hasta 
tanques), se lucha de igual a igual. El 
enemigo cae cuando se transforma el 
proceso de victorias parciales en victorias 
finales, es decir, se le lleva a aceptar 
batalla en las condiciones puestas por el 
bando guerrillero y allí se le aniquila, 
provocando su rendición. 
 
 
Es esto un boceto, que transcribe lo que 
fue pasando en las distintas etapas de la 
guerra de liberación cubana, pero que 
tiene aproximadamente un contenido 
universal. Sólo que no siempre puede 
darse el acoplamiento del pueblo, 
condiciones y líder como se dio en 
nuestra guerra. Innecesario es decirlo: 
Fidel Castro resume en sí las altas 
condiciones del combatiente y el estadista 
y a su visión se debe nuestro viaje, 
nuestra lucha y nuestro triunfo. No 
podemos decir que sin él no se hubiera 
producido la victoria del pueblo, pero sí 
que esa victoria hubiera costado mucho 
más y fuera menos completa. 
 
Tomado de Escritos y discursos, tomo 1, 
Editorial de Ciencias Sociales, La 
Habana 1972, páginas 71-113. 
 
 
 
 
 
La guerra de guerrillas 
Capítulo III 
 
Organización del frente 
guerrillero 
 
Abastecimientos 
Organización civil 
Papel de la mujer 
Sanidad 
Sabotaje 
Industria de guerra 
La propaganda 
Información 
Entrenamiento y adoctrinamiento 
La organización estructural del ejército 
de un movimiento revolucionario 
 
 
 
1. Abastecimientos 
 
Un correcto abastecimiento es 
fundamental para la guerrilla. El grupo de 
hombres en contacto con el suelo, tiene 
que vivir de los productos de este suelo y 
al mismo tiempo permitir que vivan los 
que se lo dan, es decir los campesinos del 
lugar, pues en la dura lucha guerrillera no 
es posible, sobre todo en los primeros 
momentos, dedicar energías a tener 
abastecimientos propios, sin contar con 
que estos abastecimientos serían 
fácilmente localizables y destruibles por 
las fuerzas enemigas, ya que se supone un 
territorio completamente permeabilizado 
para la acción de las columnas represivas. 
El abastecimiento en las primeras épocas 
es siempre interno. 
 
Con el desarrollo de las condiciones 
guerrilleras tiene también que haber un 
abastecimiento exterior a las líneas o 
territorio de combate. En el primer 
CEME - Centro de Estudios Miguel Enríquez - Archivo Chile
 50
momento se vivirá solamente de lo que 
los campesinos tengan; se podrá llegar a 
alguna bodega a comprar algo, pero 
nunca tener líneas de abastecimientos, 
pues no hay territorio donde establecerlas. 
La línea de abastecimiento y el almacén 
de comestibles están condicionados al 
desarrollo de la lucha guerrillera. 
Lo primero es ganarse la confianza 
absoluta de los habitantes de la zona y 
esta confianza se gana con la actitud 
positiva frente a sus problemas, con la 
ayuda y orientación constante, con la 
defensa de sus intereses y el castigo dequienes pretendan aprovecharse del 
momento caótico que viva la misma, para 
ejercer influencias, desalojar campesinos, 
apoderarse de sus cosechas, establecer 
intereses usurarios, &c. La línea debe ser 
blanda y dura al mismo tiempo. Blanda y 
de colaboración espontánea con todos los 
simpatizantes honestos frente al 
movimiento revolucionario, dura contra 
los que directamente están atacándolo, 
fomentando disensiones o simplemente 
comunicando noticias importantes al 
ejército enemigo. 
 
Poco a poco se irá esclareciendo el 
territorio y se podrá contar entonces con 
una mayor comodidad para poder actuar. 
El principio fundamental que debe regir 
es el de pagar siempre toda la mercancía 
que se tome de un amigo. Esta mercancía 
puede consistir en frutos de la tierra o 
artículos de establecimientos comerciales. 
Muchas veces son donados, pero hay 
otras en que las condiciones económicas 
del mismo campesinado impiden estas 
donaciones y hay casos en que las 
mismas necesidades de la guerra obligan 
a asaltar almacenes que tengan víveres o 
vituallas necesarias y que no se pueden 
pagar, sencillamente por no haber dinero. 
En esos casos debe siempre dársele al 
comerciante un bono, pagaré, algo que 
certifique la deuda; los «bonos de 
esperanza» ya descritos. Esta medida es 
mejor realizarla con la gente que esté 
fuera de los límites del territorio liberado 
y en estos casos pagar lo antes posible o 
amortizar parte de la deuda. Cuando las 
condiciones hayan mejorado lo suficiente 
como para mantener un territorio 
permanentemente fuera del dominio del 
ejército adversario, se puede llegar a las 
siembras colectivas, donde los 
campesinos trabajen las tierras a beneficio 
del ejército guerrillero y en esta forma 
garantizar una adecuada fuente de 
abastecimiento agrícola de carácter 
permanente. 
 
Si el número de voluntarios para el 
ejército guerrillero es mucho mayor que 
el necesario, pues no hay armas, y 
circunstancias políticas impiden a esos 
hombres bajar a zonas dominadas por el 
enemigo, el ejército rebelde puede hacer 
trabajar directamente en la tierra a sus 
hombres y a todos los incorporados, 
recogiendo los frutos que garanticen el 
abastecimiento y llenando su hoja de 
servicios para futuros ascensos a 
combatientes; sin embargo, es más 
aconsejable que las siembras se hagan 
directamente por los campesinos, pues el 
trabajo es más efectivo, se hace con más 
entusiasmo, con más capacidad. Cuando 
las condiciones han madurado más aún se 
puede llegar a la compra de cosechas 
enteras que, dependiendo de los frutos 
que sean, puedan permanecer en el campo 
o en almacenes para el uso del ejército. 
 
Cuando se hayan establecido organismos 
encargados también de abastecer a la 
población campesina, se concentrarán 
todos los alimentos en estos organismos 
para servir en operaciones de trueque 
entre los campesinos, siendo el ejército 
guerrillero el intermediario. 
 
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 51
Si las condiciones siguen mejorando, se 
pueden establecer impuestos que deben 
ser lo menos lesivos posible, sobre todo 
para el pequeño productor. Hay que 
atender por sobre todas las cosas las 
relaciones de la clase de los campesinos 
con el ejército guerrillero, que es una 
emanación de esta clase. 
 
Los impuestos pueden cobrarse en dinero 
en efectivo en algunos casos y en otros 
con parte de las cosechas, la que pasará a 
engrosar los abastecimientos. La carne es 
uno de los artículos de primera necesidad. 
Hay que asegurar su producción y 
conservación. Se establecerán granjas con 
campesinos aparentemente desvinculados 
del ejército, si no se cuenta con una zona 
segura, que se dediquen a la producción 
de gallinas, huevos, cabras, cochinos; 
todos los animales comprados o 
directamente confiscados a los grandes 
terratenientes. En zonas de latifundio 
suele haber ganado en cantidades 
grandes. Puede ser muerto, salado y la 
carne mantenida en esas condiciones, en 
las cuales permanece apta para el 
consumo durante mucho tiempo. 
 
Con esto se consigue también el cuero y 
se puede desarrollar una industria del 
curtido -más o menos elemental- que 
permita tenor la materia prima para el 
calzado, uno de los adminículos 
fundamentales para la lucha. Depende 
mucho de las zonas, pero, en general, se 
puede decir que los alimentos 
imprescindibles son: la carne, la sal y 
algunas legumbres, tubérculos o granos. 
 
Siempre el alimento básico es producido 
por los campesinos; puede ser malanga, 
en las regiones montañosas de la 
provincia de Oriente, Cuba; puede ser 
maíz en las regiones montañosas de 
México y Centroamérica o Perú, las papas 
en el mismo Perú; y en otras zonas, como 
Argentina, el ganado; el trigo en otras, 
pero siempre hay que asegurar un 
abastecimiento de los alimentos 
fundamentales de la tropa y alguna clases 
de grasa que permita comer mejor los 
mismos, ya sean mantecas animales o 
vegetales. 
 
La sal es uno de los ingredientes 
imprescindibles. Cuando se está cerca del 
mar y en conexión con él hay que 
establecer inmediatamente pequeños 
secaderos que aseguren una cierta 
producción para tener siempre un 
remanente y poder abastecer las tropas. 
Recuérdese que en lugares agrestes como 
estos, donde no se producen sino algunos 
de los alimentos, es fácil tender un cerco 
que empobrezca formidablemente a la 
zona. Es bueno prever estos casos por 
medio de la organización campesina, de 
las organizaciones civiles en general. Que 
los habitantes de la zona tengan su 
abastecimiento mínimo que les permita al 
menos malvivir durante las épocas más 
duras de la contienda. Debe tratarse 
rápidamente de tener una buena provisión 
de alimentos que no se descompongan, 
como son los granos, que resisten 
bastante tiempo, sea maíz, trigo, arroz, 
&c.; harina, sal, azúcar, enlatados de 
todos tipos y, también, hacer las siembras 
necesarias. 
 
Llegará un momento en que estarán 
solucionados los problemas alimenticios 
de la zona para las tropas residentes pero 
se necesitará una gran cantidad de 
productos extra; pieles para los zapatos, si 
no se puede crear una industria del 
curtido que abastezca a la zona; telas para 
vestidos, y todos los aditamentos 
necesarios para los mismos, papel, 
imprenta o mimeógrafos para los 
periódicos, tinta y todos los otros 
implementos. 
 
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 52
En fin, las necesidades de artículos del 
mundo exterior aumentarán a medida que 
las guerrillas se vayan organizando y su 
organización se haga más compleja. Para 
cubrirla adecuadamente es necesario que 
funcione perfectamente la organización 
de las líneas de abastecimiento. Estas 
organizaciones se hacen 
fundamentalmente a través de campesinos 
amigos. La forma debe ser bipolar, es 
decir, con extremos en el frente 
guerrillero y en las ciudades; a partir de 
las zonas guerrilleras irán saliendo líneas 
de abastecimientos que permeabilicen 
todo el territorio permitiendo pasar los 
materiales. Poco a poco los campesinos se 
acostumbran al peligro (en pequeños 
grupos pueden hacer maravillas) y a 
poner el material que se necesite en el 
lugar indicado sin correr peligros 
extremos. Estas movilizaciones se pueden 
hacer de noche, con mulos o animales de 
carga de este tipo y también con 
camiones, dependiendo de la zona; así se 
puede hacer un abastecimiento muy 
bueno. Hay que considerar que este es el 
tipo de línea de abastecimiento para áreas 
cercanas a los lugares de operación. 
 
Hay que organizar una línea de 
abastecimiento desde áreas lejanas. Estas 
deben dar el dinero necesario pare hacer 
las compras y también algunos 
implementos que no se consigan en los 
pueblos o ciudades provinciales. La 
organización se nutrirá con donativos 
directos que hagan lossectores 
simpatizantes con la lucha por medio de 
bonos clandestinos, que se deben dar 
teniendo siempre un estricto control sobre 
el personal encargado de su manipulación 
y exigiendo responsabilidades serias 
cuando se olviden los requisitos de moral 
indispensables para estos casos. Las 
compras se pueden hacer en efectivo y 
también con «bonos de esperanza», 
cuando hay un ejército guerrillero que, 
saliendo de su base de operaciones, 
amenaza una nueva zona. En estos casos 
no hay más remedio que tomar la 
mercancía de cualquier comerciante y que 
éste dependa de la buena fe, o de las 
posibilidades o no de hacer efectiva esta 
cuenta por parte de los ejércitos 
guerrilleros. 
 
En todas las líneas de abastecimientos 
que pasan por el campo, es necesario 
tener una serie de casas, terminales o 
estaciones de camino, donde se pueda 
esconderlos durante el día para seguir a la 
noche siguiente. Estas casas deben ser 
conocidas solamente por los encargados 
directos de los abastecimientos, y 
conocerán del trasiego lo menos posible 
sus habitantes, siendo, además, las 
personas que más confianza brinden a la 
organización. 
 
Uno de los animales más importantes 
para todas estas tareas es el mulo. El 
mulo, de increíble resistencia a las fatigas 
y de capacidad para caminar en las zonas 
más accidentadas, puede llevar en su 
lomo más de 100 kilos, durante días y 
días, y por su austeridad en cuanto a 
exigencia de comestibles es el transporte 
ideal. Las arrias de mulos deben estar 
perfectamente dotadas de herraduras, con 
arrieros conocedores del animal y que lo 
cuiden lo más posible. Se puede así tener 
verdaderos ejércitos de cuatro patas de 
increíble utilidad. Pero muchas veces, por 
sufrido que sea el animal y por capacidad 
que tenga para aguantar la jornada más 
dura, se ve obligado a dejar la carga en 
determinados sitios por lo difícil del paso. 
Para obviar esto, habrá un equipo 
encargado de hacer los caminos 
destinados a esta clase de animales. Si 
todas estas condiciones se cumplen, si se 
lleva una organización adecuada y el 
ejército rebelde mantiene con los 
campesinos las inmejorables relaciones 
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 53
necesarias, se garantiza un abastecimiento 
efectivo y duradero para toda la tropa. 
 
 
 
2. Organización civil 
 
La organización civil del movimiento 
insurreccional es muy importante en 
cualquiera de los dos frentes: el externo y 
el interno. Naturalmente tienen 
características bastante diferentes y las 
funciones también, aún cuando realicen 
trabajos que puedan caer dentro de una 
misma denominación. No es igual, por 
ejemplo, la recaudación que pueda hacer 
el frente externo a la que pueda hacerse 
en el frente interno, ni la propaganda, ni 
el abastecimiento. Vamos a describir 
primero los trabajos del frente interno. 
 
Al considerar «frente interno» estamos ya 
diciendo que es un lugar dominado, 
relativamente, por lo menos, por las 
fuerzas de liberación, y también debe 
suponerse que es un lugar apto para la 
guerra de guerrillas porque, cuando no se 
dan esas condiciones, es decir, cuando se 
están desarrollando luchas guerrilleras en 
zonas no aptas, la organización guerrillera 
aumenta en extensión pero no en 
profundidad; va canalizando nuevos 
lugares, pero no puede llegar a tener una 
organización interna pues está toda la 
zona permeabilizada por el enemigo. En 
el frente interno podemos tener una serie 
de organizaciones que cumplan su 
función específica para la mejor marcha 
de la administración. La propaganda en 
general pertenece directamente al ejército, 
pero también puede estar separada de éste 
aun cuando bajo su control. (De todas 
maneras, es tan importante este punto que 
lo trataremos aparte.) La recaudación 
pertenece a la organización civil, así 
como la organización de los campesinos 
en general, si hubiera obreros, también de 
éstos y estas dos deben estar regidas por 
una auditoría. 
 
La recaudación, como ya hemos 
explicado en el capítulo anterior, puede 
desarrollarse de varias maneras; por 
impuestos directos e indirectos, por 
donativos directos y confiscaciones; todo 
esto viene a llenar el gran capítulo de los 
abastecimientos del ejército guerrillero. 
 
Algo que hay que tener muy en cuenta es 
que no se debe de ninguna manera 
empobrecer la zona por la acción directa 
del ejército rebelde -aunque 
indirectamente sea el responsable del 
empobrecimiento debido a los cercos 
enemigos, lo que la propaganda 
adversaria hará resaltar repetidamente-. 
Precisamente por esta circunstancia es por 
lo que no se debe crear causas directas de 
conflictos. No debe haber, por ejemplo, 
reglamentos que impidan a los cosecheros 
de una zona que está en territorio liberado 
vender sus productos fuera de ese 
territorio, salvo circunstancias extremas y 
transitorias, explicando bien al 
campesinado estas características. Al lado 
de cada acto del ejército guerrillero debe 
existir siempre el departamento de 
difusión necesario para explicar las 
razones de este acto, el que, en general, 
será bien comprendido por un campesino 
que tendrá sus hijos, padres, hermanos o 
parientes de alguna clase, dentro de este 
ejército que será una cosa suya. 
 
Dada la importancia de las relaciones 
campesinas, hay que crear organizaciones 
que las canalicen y las reglamenten, 
organizaciones que, no solamente estarán 
dentro del área liberada, sino también 
tendrán conexiones con las áreas 
adyacentes, y, precisamente a través de 
ellas, se podrá ir permeabilizando la zona 
para una futura ampliación del frente 
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guerrillero. Los campesinos irán 
sembrando la semilla de la propaganda 
oral y escrita, los relatos de cómo se vive 
en la otra zona, de las leyes que ya se han 
dado para la protección del pequeño 
campesino, del espíritu de sacrificio del 
ejército rebelde; en fin, están creando la 
atmósfera necesaria para la ayuda a la 
tropa rebelde. 
 
Los organismos campesinos deben tener 
también su conexión de tal tipo que 
permita a la organización del ejército 
guerrillero en cualquier momento 
canalizar cosechas y venderlas en el 
territorio enemigo mediante una serie de 
intermediarios más o menos 
benevolentes, más o menos benefactores 
de la clase campesina, ya que, en todos 
esos casos, junto a la devoción por la 
causa que lleva al comerciante a desafiar 
peligros, existe la devoción por el dinero 
que lo lleva a aprovechar los mismos para 
su fin de extraer dividendos. 
 
Ya habíamos dicho, al hablar de los 
abastecimientos, la importancia que tiene 
el departamento de construcción de 
caminos. Cuando la guerrilla ha 
alcanzado un determinado grado de 
desarrollo, tiene centros más o menos 
fijos y no anda vagando sin campamento 
alguno por diversas regiones, se debe 
establecer una serie de rutas que pueden ir 
desde el pequeño trillo que permita el 
paso de un mulo hasta el buen camino de 
camiones. Para todo esto hay que tener en 
cuenta la capacidad de organización del 
ejército rebelde y la capacidad ofensiva 
del enemigo que puede destruirlos e 
incluso llegar a los campamentos 
fácilmente, precisamente por caminos que 
son creados por el opositor. Como regla 
esencial, debe apuntarse que los caminos 
son para contribuir al abastecimiento en 
lugares cuya solución de otro modo sería 
imposible y que no se deben hacer sino en 
circunstancias donde casi seguro se pueda 
mantener la posición ante un embate del 
adversario, salvo que estos se concierten 
entre puntos que hagan más cómoda la 
comunicación pero no sean vitales ni 
acarreen un peligro en su construcción. 
 
Además, se pueden hacer otras vías de 
comunicación. Una de ellas, muy 
importante, es el teléfono, que puede 
tenderse en el monte,con la facilidad que 
significa el tener los árboles como postes 
y con la ventaja de que no son visibles 
desde lo alto para la observación del 
enemigo. También supone el teléfono una 
zona donde éste no puede llegar. 
 
La auditoría, o departamento central de 
justicia, de leyes revolucionarias y de 
administración, es uno de los puntos 
vitales de un ejército guerrillero ya 
constituido, con territorio propio. Debe 
estar a cargo de algún individuo que 
conozca las leyes del país, si conoce las 
necesidades de la zona desde un punto de 
vista jurídico, mejor aún y que pueda ir 
dando una serie de decretos y 
reglamentos para ayudar al campesino a 
normalizar, institucionalizar la vida 
dentro de la zona en rebeldía. 
 
Por ejemplo, de nuestra experiencia de la 
guerra cubana: elaboramos un código 
penal, un código civil, un reglamento de 
abastecimiento al campesinado y el 
reglamento de la Reforma Agraria. 
Posteriormente se establecieron las leyes 
de castigo para los aspirantes a elecciones 
que iban a hacerse días después en todo el 
país y la ley de Reforma Agraria de la 
Sierra Maestra. Además, la auditoría tiene 
a su cargo todas las operaciones de 
contabilidad de la columna o de las 
columnas guerrilleras, y se encarga de 
administrar los problemas monetarios de 
la misma, interviniendo a veces 
directamente en el abastecimiento. 
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Todas estas son recomendaciones 
elásticas, bases que da la experiencia 
vivida en un lugar determinado, 
geográfica e históricamente situado, que 
pueden ser cambiadas según lo aconseje 
una experiencia de otro lugar geográfico, 
histórico y social. 
 
Además de auditoría, hay que tener muy 
en cuenta la sanidad general de la zona, 
que se debe hacer por medio de los 
hospitales madres, es decir, los hospitales 
centrales, militares, que darán asistencia 
lo más completa posible a todo el 
campesinado. También en estos casos 
depende de las características alcanzadas 
por la revolución que se pueda dar un 
adecuado tratamiento médico. Los 
hospitales civiles y la sanidad civil están 
directamente unidos al ejército rebelde y 
sus cargos son desempeñados por 
oficiales y miembros del mismo, con la 
doble función de curar al pueblo y de 
orientarlo para mejorar su salud, pues los 
grandes problemas sanitarios de las 
poblaciones en estas condiciones radican 
en que desconocen totalmente los más 
elementales principios de la higiene y por 
ello agravan aún más su precaria 
situación. 
 
Los cobros de impuestos, como ya dije, 
pertenecen a la auditoría general también. 
 
Los almacenes son muy importantes. En 
cuanto se consiga algún lugar donde ya se 
establezca un principio de sedentarización 
de la guerrilla, deben establecerse 
almacenes lo más ordenados posibles, que 
vayan asegurando el cuidado mínimo de 
la mercancía y sobre todo el control para 
su equitativa distribución posterior, única 
fórmula para corregirlo. 
 
En el frente exterior las funciones son 
diferentes en cuanto a calidad misma y en 
cuanto a cantidad también; por ejemplo, 
la propaganda debe ser de tipo nacional, 
orientadora, explicando las victorias 
obtenidas por los compañeros de la 
guerrilla, llamando a luchas efectivas de 
masas a obreros y campesinos y dando 
noticias, si las hubiera, de victorias 
obtenidas en este frente. La recaudación 
es totalmente clandestina, debe hacerse 
teniendo los mayores cuidados posibles y 
aislando completamente la cadena entre el 
primer recaudador pequeño y el tesorero 
de la organización. 
 
Esta organización debe estar distribuida 
en zonas que se complementen para 
formar un todo, zonas que pueden ser 
provincias, estados, ciudades, aldeas, 
depende de la magnitud del movimiento. 
En todos ellos tiene que haber una 
comisión de finanzas que se ocupe de la 
orientación de la recaudación. Se puede 
recaudar dinero mediante bonos o 
mediante donativos directos, e incluso, ya 
más avanzado el proceso de la lucha, 
cobrar impuestos, ya que los industriales 
deberán hacerlos efectivos por la gran 
fuerza que tenga el ejército insurrecto. El 
abastecimiento debe condicionarse a las 
necesidades expuestas por las guerrillas y 
estará organizado en forma de ir 
encadenando las mercancías, de tal modo 
que las más comunes se logren en los 
lugares cercanos, buscando en los centros 
mayores las cosas verdaderamente 
escasas o imposibles de conseguir en 
otros puntos y así sucesivamente tratando 
siempre de que la cadena sea lo más 
limitada posible, esté en conocimiento del 
menor número de hombres y pueda así 
cumplir por más tiempo su misión. 
 
Los sabotajes deben ser reglamentados 
por la organización civil en la parte 
externa, coordinados con el mando 
central. En circunstancias especiales que 
es muy conveniente analizar, se usará el 
atentado personal. En general, 
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consideramos que este es negativo, salvo 
el que elimine alguna figura notablemente 
destacada por sus fechorías contra el 
pueblo y su eficacia represiva. Nuestra 
experiencia de la lucha cubana enseñó 
que se podían haber salvado muchas 
vidas de grandes compañeros, 
sacrificadas para cumplir misiones de 
escaso valor cualitativo y que pusieron a 
veces bajo el plomo enemigo, en 
represalia, a combatientes cuya pérdida 
no podía compararse con el resultado 
obtenido. El atentado y el terrorismo 
ejercitados en forma indiscriminada, no 
deben emplearse. Muy preferible es el 
trabajo sobre grandes concentraciones de 
gente donde se pueda inculcar la idea 
revolucionaria e ir haciéndola madurar, 
para que, en un momento dado, apoyadas 
por las fuerzas armadas puedan 
movilizarse y decidir la balanza hacia el 
lado de la revolución. 
 
Para ello hay que contar también con 
organizaciones populares de obreros, 
profesionales y campesinos que vayan 
sembrando la semilla de la revolución 
entre sus respectivas masas, explicando, 
dando a leer las publicaciones de la 
rebeldía; enseñando la verdad. Porque 
una de las características de la 
propaganda revolucionaria debe ser la 
verdad. Poco a poco, así, se irán ganando 
masas y podrá ir eligiéndose entre los que 
hagan los mejores trabajos para 
incorporarlos al ejército rebelde o a 
algunas tareas de mucha responsabilidad. 
 
Este es el esquema de una organización 
civil dentro y fuera del territorio 
guerrillero en un momento de lucha 
popular. Hay posibilidades de 
perfeccionar en sumo todas estas cosas; lo 
repito una vez más, es nuestra experiencia 
cubana la que habla por mí, nuevas 
experiencias pueden hacer variar y 
mejorar estos conceptos. Damos un 
esquema, no una biblia. 
 
 
 
3. Papel de la mujer 
 
El papel que puede desempeñar la mujer 
en todo el desarrollo de un proceso 
revolucionario es de extraordinaria 
importancia. Es bueno recalcarlo, pues en 
todos nuestros países, de mentalidad 
colonial, hay cierta subestimación hacia 
ella que llega a convertirse en una 
verdadera discriminación en su contra. 
 
La mujer es capaz de realizar los trabajos 
más difíciles, de combatir al lado de los 
hombres y no crea, como se pretende, 
conflictos de tipo sexual en la tropa. 
 
En la rígida vida combatiente, la mujer es 
una compañera que aporta las cualidades 
propias de su sexo, pero puede trabajar lo 
mismo que el hombre. Puede pelear; es 
más débil, pero no menos resistente que 
éste. Puede realizar toda la clase de tareas 
de combate que un hombre haga en un 
momento dado y ha desempeñado, en 
algunos momentos de la lucha en Cuba, 
un papel relevante. 
 
Naturalmente, las mujeres combatientes 
son las menos. En los momentos en que 
ya hay una consolidación del frente 
interno y se busca eliminar lo más posible 
los combatientes que no presenten las 
característicasfísicas indispensables, la 
mujer puede ser dedicada a un 
considerable número de ocupaciones 
específicas, de las cuales, una de las más 
importantes, quizás la más importante, 
sea la comunicación entre diversas 
fuerzas combatientes, sobre todo las que 
están en territorio enemigo. El acarreo de 
objetos, mensajes o dinero, de pequeño 
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tamaño y gran importancia, debe ser 
confiado a mujeres en las cuales el 
ejército guerrillero tenga una confianza 
absoluta, quienes pueden transportarlo 
usando de mil artimañas y contando que, 
por más brutal que sea la represión, por 
más exigentes que sean en los registros, la 
mujer recibe un trato menos duro que el 
hombre y puede llevar adelante su 
mensaje o alguna otra cosa de carácter 
importante o confidencial. 
 
Como mensajero simple, ya sea oral o 
escrito, siempre la mujer puede realizar su 
tarea con más libertad que el hombre, al 
llamar menos la atención o inspirar, al 
mismo tiempo, menos sentimiento de 
peligro en el soldado enemigo; el que 
muchas veces comete sus brutalidades 
acosado por el miedo a lo desconocido 
que puede atacarle, pues tal es la forma de 
actuar de la guerrilla. 
 
Los contactos entre fuerzas separadas 
entre sí, los mensajes al exterior de las 
líneas, aun al exterior del país e incluso, 
objetos de algún tamaño, como balas, son 
transportadas por las mujeres en fajas 
especiales que llevan debajo de las faldas. 
Pero también en esta época puede 
desempeñar sus tareas habituales de la 
paz y es muy grato para el soldado 
sometido a las durísimas condiciones de 
esta vida el poder contar con una comida 
sazonada, con gusto a algo (uno de los 
grandes suplicios de la guerra era comer 
un mazacote pegajoso y frío, totalmente 
soso). La cocinera puede mejorar mucho 
la alimentación y, además de esto, es más 
fácil mantenerla en su tarea doméstica, 
pues uno de los problemas que se 
confrontan en las guerrillas es que todos 
los trabajos de índole civil son 
despreciados por los mismos que los 
hacen, y tratan siempre de abandonar esas 
tareas e ingresar en las fuerzas 
activamente combatientes. 
Tarea de gran importancia de la mujer es 
el enseñar las primeras letras e incluso la 
teoría revolucionaria, a los campesinos de 
la zona, esencialmente, pero también a los 
soldados revolucionarios. La 
organización de escuelas, que es parte de 
la organización civil, debe hacerse 
contando fundamentalmente con mujeres 
que pueden inculcar mayor entusiasmo a 
los niños y gozan de más simpatías de la 
población escolar. Además, cuando ya se 
hayan consolidado los frentes y exista una 
retaguardia, las funciones de trabajadora 
social corresponden también a la mujer, 
investigando todos los males económicos 
y sociales de la zona con vistas a 
modificarlos dentro de lo posible. 
 
En la sanidad, la mujer presta un papel 
importante como enfermera, incluso 
médico, con ternura infinitamente 
superior a la del rudo compañero de 
armas, ternura que tanto se aprecia en los 
momentos en que el hombre está 
indefenso frente a sí mismo, sin ninguna 
comodidad, quizá sufriendo dolores muy 
fuertes y expuesto a los muchos peligros 
de toda índole propios de este tipo de 
guerra. 
 
Si ya se ha llegado a la época de la 
implantación de pequeñas industrias 
guerrilleras, la mujer puede prestar 
también aquí su concurso, sobre todo en 
la confección de uniformes, empleo 
tradicional de las mujeres en los países 
latinoamericanos. Con una simple 
máquina de coser y algunos moldes 
pueden hacerse maravillas. En todos los 
otros órdenes de la organización civil, la 
mujer presta su concurso y puede 
reemplazar perfectamente al hombre y lo 
debe hacer hasta en el caso de que falten 
brazos para portar armas, aunque esto es 
un accidente rarísimo en la vida 
guerrillera. 
 
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Hay que dar siempre un adecuado 
adoctrinamiento a las mujeres y los 
hombres para evitar toda clase de 
desmanes que puedan ir minando la moral 
de la tropa, pero debe permitirse, con el 
simple requisito de la ley de la guerrilla, 
que las personas sin compromisos, que se 
quieran mutuamente, contraigan nupcias 
en la sierra y hagan vida marital. 
 
 
 
4. Sanidad 
 
Uno de los graves problemas que 
confronta el guerrillero es su indefensión 
frente a todos los accidentes de la vida 
que lleva y sobre todo frente a las heridas 
y enfermedades, muy frecuentes en la 
guerra de guerrillas. El médico cumple en 
la guerrilla una función de extraordinaria 
importancia, no sólo la estricta de salvar 
vidas, en que muchas veces su 
intervención científica no cuenta, dados 
los mínimos recursos de que está dotado, 
sino también en la tarea de respaldar 
moralmente al enfermo y de hacerle sentir 
que junto a él hay una persona dedicada 
con todos los esfuerzos a aminorar sus 
males y la seguridad de que esa persona 
va a permanecer al lado del herido o 
enfermo hasta que se cure o pase el 
peligro. 
 
La organización de los hospitales depende 
mucho del momento histórico de las 
guerrillas. Se pueden dar tres tipos 
fundamentales de organizaciones 
hospitalarias que corresponden a las 
formas de vida. 
 
En este desarrollo histórico tenemos una 
primera fase nómada. En ella el médico, 
si es que lo hay, viaja constantemente con 
sus compañeros, es un hombre más, 
tendrá muy probablemente que hacer 
todas las otras funciones del guerrillero, 
incluso la de pelear, y tendrá sobre sí la 
fatigosa y a veces desesperante tarea de 
tratar casos en los cuales se puede salvar 
una vida con un tratamiento adecuado y 
no existen los medios para ello. Es la 
etapa en que el médico tiene más 
influencia sobre la tropa, más importancia 
en su moral. En este momento del 
desarrollo de las guerrillas, el médico 
alcanza a plenitud su característica de 
verdadero sacerdote que parece llevar 
para los hombres, en su mochila 
desprovista, el consuelo necesario. Es 
incalculable lo que significa para el que 
está sufriendo, una simple aspirina, dada 
por la mano amiga de quien siente y hace 
suyos los sufrimientos. Por eso, el médico 
de la primera época debe ser una persona 
totalmente identificada con los ideales de 
la revolución, pues su prédica prenderá en 
la tropa con mucho más vigor que la dada 
por cualquier otro miembro de ella. 
 
En el curso de los acontecimientos 
normales de la guerra de guerrillas, se 
pasa a otra etapa que podríamos llamar 
«seminómada». En este momento hay 
campamentos, frecuentados por lo menos, 
por la tropa guerrillera; casas amigas de 
entera confianza donde se pueden guardar 
objetos e incluso dejar heridos y la 
tendencia cada vez más marcada de la 
tropa a sedentarizarse. En este momento 
la tarea del médico es menos fatigosa, 
puede tener un equipo quirúrgico de 
extrema urgencia en su mochila y tener 
otro más vasto, para operaciones más 
calmas, en alguna casa amiga. Pueden 
dejarse los enfermos y heridos al cuidado 
de los campesinos que, amorosamente, 
prestarán su auxilio y contar con un 
mayor numero de medicinas guardadas en 
lugares convenientes, las que deben estar 
perfectamente catalogadas, o lo mejor 
catalogadas posible, dentro de las 
circunstancias en que se vive. En esta 
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misma etapa seminómada, si llega a haber 
lugares absolutamente inaccesibles se 
pueden establecer hospitales o casas 
hospitales donde vayan los heridos y 
enfermos a reponerse. 
 
En la tercera etapa, cuando ya hay zonas 
inconquistables para el enemigo, es 
cuando se estructura de verdad una 
organización hospitalaria. En su etapa 
más perfecta dentro de las posibilidades, 
puede constar de tres centros de 
diferentes categorías. Al nivel de la líneade combate debe haber un médico, el 
combatiente, el más querido por la tropa, 
el hombre de batalla, cuyos 
conocimientos no tienen que ser 
demasiado profundos; y digo esto porque 
la labor en aquellos momentos es más que 
todo de alivio y de preparación del 
enfermo o herido y la real tarea médica se 
hará en hospitales más profundamente 
situados. No debe sacrificarse a un 
cirujano de calidad en las líneas de fuego. 
 
Cuando un hombre cae en la primera 
línea algunos camilleros sanitarios, si es 
posible, dada la organización de la 
guerrilla, lo llevarán al primer puesto; si 
no fuera así, los compañeros mismos se 
encargarán de este trabajo. El transporte 
de heridos en las zonas escabrosas es uno 
de los acontecimientos más delicados y 
uno de los percances más infortunados 
por el que pueda pasar un soldado. Quizá 
sea más duro el transporte de cualquier 
herido, por los sufrimientos mismos del 
enfermo y para la capacidad de sacrificio 
de la tropa, que el mismo hecho de la 
herida, por grave que ella sea. El 
transporte se puede hacer de muchas 
formas, de acuerdo con las características 
del terreno, pero en sitios escabrosos y 
arbolados, que son los ideales para la 
lucha de guerrillas, hay que caminar de 
uno en fondo; en esta forma, lo ideal es 
transportarlo en una larga pértiga, usada 
como travesaño, colocado el herido en 
una hamaca que cuelgue de ella. 
 
Los hombres, turnándose, llevan el peso, 
uno adelante y otro atrás, pero 
rápidamente deben dejar el paso a dos 
compañeros más, pues los sufrimientos en 
los hombros son muy grandes y poco a 
poco se va desgastando el individuo, 
contando además con que lleva un peso 
muy considerable y delicado. 
 
Cuando el soldado herido pasa ese primer 
hospital, va ya con la información de lo 
que se le ha hecho a un segundo centro 
donde hay cirujanos y especialistas, 
dentro de las posibilidades de la tropa, en 
el cual se le hacen todas las operaciones 
de mayor envergadura que se estime sean 
convenientes para salvar la vida o 
asegurar el estado del individuo. Este es 
el segundo escalón. Después, ya en el 
plano de tercer escalón, se constituyen 
hospitales con las mejores comodidades 
posibles para investigar directamente en 
las zonas afectadas las causas y los 
efectos del mal que pueda acosar a los 
habitantes de la zona. Estos hospitales del 
tercer grupo, ya correspondientes a una 
vida sedentaria, no solamente son centros 
de restablecimiento y de operaciones de 
no mucha urgencia, sino además 
establecimientos en conexión con la 
población civil, en la que ejercen su 
función orientadora los higienistas. Deben 
fundarse también dispensarios que 
permitan una adecuada vigilancia 
individual. Los hospitales de este tercer 
grupo podrán tener, de acuerdo con la 
capacidad de abastecimiento de la 
organización civil, una serie de 
comodidades que permitan incluso el 
diagnóstico por laboratorio y la 
radiografía. 
 
Otros individuos útiles son los ayudantes 
del médico; éstos, en general, son jóvenes 
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con alguna vocación y algunos 
conocimientos, con bastante fortaleza 
física, que no tienen armas, algunos 
porque su vocación es esa y la mayoría de 
las veces porque no hay suficiente 
número de ellas para todos los brazos que 
quieran empuñarlas. Estos ayudantes 
serán los encargados de llevar la mayoría 
de los medicamentos, alguna camilla o 
hamaca, de ser posible, dependiendo esto 
de las circunstancias; tendrán que atender 
a los heridos en cualquier combate que se 
produzca. 
 
Las medicinas necesarias deben obtenerse 
a través de los contactos con 
organizaciones de sanidad que estén en la 
retaguardia del enemigo, aun cuando en 
algunos casos se pueden conseguir 
incluso de la organización de la Cruz 
Roja Internacional, pero no se debe contar 
con esta posibilidad, y menos en los 
primeros momentos de la lucha. Hay que 
organizar un aparato que permita traer 
rápidamente el medicamento necesario en 
caso de peligro e ir abasteciendo a todos 
los hospitales de lo necesario para su 
trabajo, tanto militar como civil. Además, 
deben hacerse contactos con médicos de 
las localidades cercanas, capaces de 
intervenir algunos heridos que no estén al 
alcance de la capacidad o de los medios 
con que cuenta el de la guerrilla. 
 
Los médicos necesarios para este tipo de 
guerra son de varias características; el 
médico combatiente, el compañero de sus 
hombres, es el tipo de primer momento y 
sus funciones van finalizando a medida 
que se va complejizando la acción de la 
guerrilla y se van estructurando una serie 
de organismos anexos. Los cirujanos 
generales, son la mejor adquisición para 
un ejército de estas características. Si se 
contara con un anestesista sería mejor, 
aun cuando casi todas las operaciones 
sean realizadas más que con anestesia 
gasificada con la base de «largactil» y 
pentotal sódico, mucho más fáciles de 
administrar y también de conseguir y 
conservar. Además de los cirujanos 
generales, son muy útiles los ortopédicos, 
pues hay cantidad de fracturas provocadas 
por accidentes en la zona y, también, muy 
frecuentemente, por balas en los 
miembros, que producen este tipo de 
herida. El clínico cumple su función 
dentro de la masa campesina, pues en 
general las enfermedades de los ejércitos 
guerrilleros son de muy fácil diagnóstico, 
al alcance de cualquiera, y lo más difícil 
es la corrección de las mismas que se 
producen por carencias nutricionales. 
 
En una etapa mucho más avanzada puede 
incluso haber laboratoristas, si hubiera 
buenos hospitales, para hacer ya una tarea 
completa. Se deben hacer llamados a 
todos los sectores profesionales cuyos 
servicios se necesiten, y es muy fácil que 
respondan a este llamado y vengan a 
prestar su concurso. Se necesitan 
profesionales de todas clases, los 
cirujanos son muy útiles y los dentistas 
también. Debe llamarse a los dentistas 
explicando que se incorporen con 
aparatos de campaña sencillos y un torno, 
también de campaña, con el que pueden 
trabajar y hacer prácticamente todos los 
arreglos necesarios. 
 
 
 
5. Sabotaje 
 
El sabotaje es una de las armas 
inapreciables de los pueblos que luchan 
en forma guerrillera. Corresponde su 
organización directamente a la parte civil 
o clandestina, pues el sabotaje se deberá 
hacer solamente fuera de los territorios 
dominados por el ejército revolucionario, 
como es natural, pero esta organización 
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debe estar directamente comandada y 
orientada por el estado mayor de las 
guerrillas que será el encargado de 
establecer cuáles son las industrias, 
comunicaciones u objetivos de cualquier 
tipo que serán atacados con preferencia. 
 
El sabotaje no tiene nada que ver con el 
terrorismo; el terrorismo y el atentado 
personal son fases absolutamente 
diferentes. Creemos sinceramente que 
aquella es un arma negativa, que no 
produce en manera alguna los efectos 
deseados, que pueden volcar a un pueblo 
en contra de determinado movimiento 
revolucionario y que trae una pérdida de 
vidas entre sus actuantes muy superior a 
lo que rinde de provecho. En cambio, el 
atentado personal es lícito efectuarlo, 
aunque sólo en determinadas 
circunstancias muy escogidas; debe 
realizarse en casos en que se suprima 
mediante él una cabeza de la opresión. Lo 
que no puede ni debe hacerse es emplear 
el material humano, especializado, 
heroico, sufrido, en eliminar un pequeño 
asesino cuya muerte puede provocar la 
eliminación de todos los elementos 
revolucionarios que se empleen y aún de 
más, en represalia. 
 
El sabotaje debe ser de dos tipos: un 
sabotaje en escala nacional sobre 
determinados objetivos y un sabotaje 
cercano a las líneas de combate. El 
sabotajede escala nacional debe estar 
fundamentalmente destinado a destruir las 
comunicaciones. Cada tipo de 
comunicación puede ser destruido en una 
forma diferente; todas ellas son 
vulnerables. Por ejemplo, los postes 
telegráficos y telefónicos son fácilmente 
destruibles, aserrándolos casi hasta el 
total de modo que de noche presenten un 
aspecto inofensivo, y de pronto, con una 
patada cae un poste que arrastra en su 
caída a todos los que están débiles y se 
produce un apagón de considerable 
magnitud. 
 
También se puede atacar los puentes, 
dinamitándolos y, si no hay dinamita, los 
de acero se tumban perfectamente con 
soplete oxídrico. Un puente de tipo 
colgante de acero, debe ser cortado en su 
viga maestra y además en la viga superior 
que sostiene la estructura. Una vez 
cortadas al soplete estas dos vigas se irá 
hacia el otro extremo cortando también 
las correspondientes a ese lado. En esta 
forma el puente caerá completamente 
sobre un lado y se retorcerá, 
destruyéndose. Es la forma más efectiva 
para derribar un puente de hierro sin 
dinamita. Los ferrocarriles deben ser 
destruidos también, las vías, alcantarillas; 
a veces volados los trenes, dependiendo 
siempre del poderío de la guerrilla. 
 
Las industrias vitales de cada región, en 
momentos definitivos, también serán 
destruidas, utilizando para ello el equipo 
necesario. En estos casos hay que tener 
una concepción global del problema y 
estar bien conteste de que no se puede 
destruir una fuente de trabajo si no es en 
un momento decisivo, pues lo que trae 
como consecuencia es un desplazamiento 
masivo de obreros y el hambre. Las 
industrias de los personeros del régimen 
(tratando de convencer a los obreros de la 
necesidad de hacerlo), deben ser 
eliminadas, salvo que traiga 
consecuencias sociales muy graves. 
 
Insistimos en la tónica de los sabotajes 
sobre las vías de comunicación. La gran 
arma del ejército enemigo contra el 
rebelde, en las zonas menos abruptas, es 
la comunicación rápida; tenemos 
entonces que atacar constantemente esa 
arma rompiendo puentes de ferrocarril, 
alcantarillados, luz eléctrica, teléfonos, 
también acueductos, en fin, todo lo que es 
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necesario para una vida normal y 
moderna. 
 
En la cercanía de las líneas de combate, el 
sabotaje debe ser cumplido también en la 
misma forma, pero con mucha más 
audacia, con mucha más dedicación y 
frecuencia. Para estos casos se cuenta con 
un auxiliar inestimable como son las 
patrullas volantes del ejército guerrillero 
que pueden bajar hasta estas zonas y 
ayudar a los miembros de la organización 
civil para realizar la tarea. También el 
sabotaje debe ejercerse primordialmente 
sobre las comunicaciones, pero con 
mucha mayor insistencia; además, 
liquidar todas las fábricas, todos los 
centros de producción capaces de dar al 
enemigo algo necesario para mantener su 
ofensiva contra las fuerzas populares. 
 
Debe insistirse sobre la apropiación de 
mercancías, cortar los abastecimientos lo 
más posible, amedrentar, si es necesario, 
a los grandes terratenientes que pretendan 
vender sus productos agropecuarios, 
quemar los vehículos que transiten por las 
carreteras y bloquearlas con ellos, y es 
conveniente en cada acción de sabotaje, a 
más o menos distancia, en determinadas 
encrucijadas, que se trabe contacto 
frecuente con el ejército enemigo, 
siempre siguiendo el sistema de pegar y 
huir. No es necesario hacer una 
resistencia seria, simplemente 
demostrarle al adversario que en el lugar 
donde se produce un sabotaje hay fuerzas 
de la guerrilla, dispuestas a combatir y 
obligarlo a llevar muchas tropas, ir con 
cuidado o no ir. 
 
Así poco a poco, se irán paralizando todas 
las ciudades cercanas a las zonas de 
operaciones guerrilleras. 
 
 
 
6. Industria de guerra 
 
La industria de guerra, dentro del 
panorama del ejército guerrillero, es ya el 
producto de una evolución bastante larga 
y, además, indica que se está en una 
situación geográfica benevolente para la 
guerrilla. En el momento en que ya hay 
zonas liberadas y se establecen cercos 
estrictos sobre todos los abastecimientos 
por parte del enemigo, se organizarán 
diferentes departamentos necesarios -
como ya lo hemos tratado-. En cuanto al 
industrial, hay dos fundamentales; la 
zapatería y talabartería es uno de ellos. 
No puede caminar una tropa sin zapatos, 
en zonas boscosas, quebradas, con 
muchas piedras, con espinas. Es muy 
difícil marchar en estas condiciones y 
solamente los nativos de allí, y no todos, 
podrán hacerlo. El resto debe estar 
calzado. La industria se divide en dos 
partes, una para poner medias suelas y 
clavetear los zapatos averiados; el otro 
grupo se dedicará a la confección de 
zapatos toscos; debe contar con todo un 
pequeño aparato de zapatería, muy fácil 
de conseguir en esos territorios por 
constituir una industria artesanal 
practicada por mucha gente. Anexa a la 
zapatería debe ir siempre una talabartería 
donde se haga toda clase de implementos 
de uso común en la tropa como cananas y 
mochilas, trabajos que pueden realizarse 
en lona o cuero y que, si bien no son 
vitales, contribuyen a la comodidad y dan 
una sensación de autoabastecimiento, de 
autobienestar en la tropa. 
 
Otra industria fundamental para las 
pequeñas organizaciones internas de la 
guerrilla, es la armería. Tiene también 
varias funciones; la de reparación simple 
de piezas averiadas, de todos los fusiles y 
otras armas que hay allí; la de fabricación 
de algunos tipos de armas de combate que 
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 63
la inventiva popular creará y la 
confección y manejo de minas de 
variados mecanismos. Cuando las 
condiciones son buenas conviene 
adjuntarle un equipo encargado de la 
fabricación de pólvora. Si se puede 
fabricar, además de los mecanismos 
percutores, el explosivo dentro del 
territorio libre, puede llegarse a brillantes 
realizaciones en este capítulo que es muy 
importante, pues se paralizan 
completamente las comunicaciones por 
carretera mediante el empleo adecuado de 
las minas. 
 
Hay otra serie de industrias que también 
tienen su importancia. La herrería y 
hojalatería, por ejemplo. En la herrería se 
hacen todos los trabajos para el aperaje de 
los mulos; también se pueden hacer las 
herraduras; y en la hojalatería los trabajos 
de latón, de los cuales muy importantes 
son los platos y sobre todo las 
cantimploras; anexo a esta hojalatería 
puede estar un departamento de 
fundición. Fundiendo los metales 
blandos, se puede hacer una fábrica de 
granadas, que con algún dispositivo de 
tipo especial vaya a contribuir de manera 
importante al armamento de la tropa. 
Debe haber un equipo técnico de 
reparaciones y de construcciones en 
general que puedan hacer determinadas y 
variadas funciones; lo que se llama en un 
cuartel «batería de servicio» y que en este 
caso constituiría más o menos una batería 
de este tipo, pero encargada de atender 
sin vestigio de espíritu burocrático, todas 
las necesidades. 
 
De las comunicaciones debe haber 
también un encargado. Este tendrá a su 
cargo no sólo las comunicaciones de tipo 
propagandístico y relacionado con el 
mundo exterior, como el radio, sino 
también los teléfonos, caminos de todos 
tipos, contando con la organización civil 
necesaria para cumplir con efectividad su 
cometido. Recuérdese que estamos en 
época de guerra, que podemos ser 
atacados por el enemigo y que, a veces, 
muchas vidas dependen de una 
comunicación a tiempo. 
 
Para la satisfacción de la tropa es bueno 
tener fábricas de tabacos o cigarros, 
comprando la hoja en los lugares 
elegidos, llevándola hacia territorio libre 
y haciendo allí el material para el 
consumo de los soldados. Otraindustria 
de mucha importancia es el curtido. 
Todas estas son empresas sencillas que se 
pueden realizar perfectamente 
dondequiera adaptándose a la situación de 
la guerrilla. El curtido requiere algunas 
pequeñas construcciones de cemento y 
sobre todo, consume mucha sal, pero va a 
dar una enorme ventaja a la industria del 
calzado, al tener su materia prima allí. La 
sal debe hacerse en el terreno mismo de la 
revolución, concentrándose en grandes 
cantidades. Para hacerla es necesario 
llegar a lugares de alta concentración 
salina y evaporarla. El mar es la mejor 
fuente. Puede haber otras, no es necesario 
purificarla de toda una serie de sales 
adjuntas, simplemente se puede consumir 
en esa forma aunque al principio tiene un 
sabor no muy grato. 
 
La carne debe conservarse en forma de 
tasajo, bastante sencillo de hacer y que 
puede salvar muchas vidas en una 
situación extrema para las tropas. Se 
puede conservar en grandes toneles con 
sal durante un tiempo bastante largo y se 
prepara cualesquiera que sean las 
circunstancias externas. 
 
7. La propaganda 
 
La difusión de la idea revolucionaria a 
través de los vehículos necesarios para 
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 64
ella, debe hacerse con la mayor 
profundidad posible. Esto lleva aparejado 
todo un equipo y una organización que lo 
respalde. Esta organización debe ser de 
dos tipos y complementarse para cubrir 
todo el ámbito nacional; desde fuera, es 
decir la organización civil nacional, y 
desde dentro, es decir en el seno del 
ejército guerrillero. Para coordinar estas 
dos propagandas, cuya función está 
estrechamente unida, debe haber un solo 
organismo director. 
 
La propaganda de tipo nacional desde 
organizaciones civiles fuera del territorio 
liberado, debe hacerse con periódicos, 
boletines y proclamas. Los periódicos 
más importantes se ocuparán de las cosas 
generales del país e irán informando al 
público la situación exacta de las fuerzas 
guerrilleras, atendiendo siempre al 
principio fundamental de que la verdad, a 
la larga, resulta beneficiosa para los 
pueblos. Además de estas publicaciones 
de tipo general, debe haber otras más 
especializadas para diversos sectores de la 
población. La publicación campesina 
debe traer a esta clase un mensaje de sus 
compañeros de todas las zonas liberadas 
que ya han sentido los efectos 
beneficiosos de la revolución y difundir 
por ese medio las aspiraciones del 
campesinado. Un periódico obrero de las 
mismas características, con la sola 
diferencia que no siempre habrá un 
mensaje de la parte combatiente de la 
clase, pues es fácil que no existan 
organizaciones obreras en el marco de 
una guerra de guerrillas, en etapa que no 
sea de las postreras. 
 
Deben explicarse las grandes consignas 
del movimiento revolucionario, la 
consigna de la huelga general en el 
momento oportuno, de la ayuda a las 
fuerzas rebeldes, de la unidad, &c. 
Pueden publicarse algunos otros 
periódicos, de acción por ejemplo, 
explicando la tarea de los elementos de 
toda la isla no combatientes en la 
guerrilla, que se ocupan sin embargo de 
diversos actos de sabotaje, de atentados, 
&c. Dentro de la organización puede 
haber periódicos destinados a los 
soldados enemigos donde se les explique 
una serie de hechos desconocidos por 
ellos. Los boletines y proclamas de 
actualidad del movimiento son muy 
útiles. 
 
La propaganda más efectiva es la que se 
hará desde dentro de la zona guerrillera. 
Se dará preferencia a la difusión de las 
ideas para los naturales de la zona, 
explicando teóricamente el hecho, para 
ellos conocido, de la insurrección. En esta 
sección habrá también periódicos 
campesinos, el órgano general de todas 
las fuerzas guerrilleras y boletines y 
proclamas, además del radio. 
 
Por radio se explicarán todos los 
problemas, la forma de defenderse de los 
ataques aéreos, por dónde están las 
fuerzas enemigas, citando nombres 
familiares. La propaganda de tipo 
nacional contará con los periódicos del 
mismo tipo que los anteriores, pero 
podrán narrarse una serie de hechos, de 
batallas que interesan fundamentalmente 
al lector, noticias mucho más frescas y 
más exactas que lo que pueda hacerlo 
nadie. En la información internacional se 
limitará exclusivamente o casi 
exclusivamente a comentar hechos que se 
vinculen directamente con la lucha de 
liberación. 
 
La propaganda que será más efectiva, a 
pesar de todo, la que se hará sentir más 
libremente en todo el ámbito nacional y la 
que llegará a la razón y a los sentimientos 
del pueblo, es la oral por radio. La radio 
es un elemento de extraordinaria 
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 65
importancia. En los momentos en que la 
fiebre bélica está más o menos palpitante 
en cada uno de los miembros de una 
región o de un país, la palabra 
inspiradora, inflamada, aumenta esa 
misma fiebre y la impone en cada uno de 
los futuros combatientes. Explica, enseña, 
enardece, determina en amigos y 
enemigos sus posiciones futuras. Sin 
embargo la radio debe regirse por el 
principio fundamental de la propaganda 
popular, que es la verdad; es preferible 
decir la verdad, pequeña en cuanto a 
dimensiones efectistas, que una gran 
mentira cargada de oropel. En radio se 
deben dar, sobre todo, noticias vivas, de 
combates, encuentros de todo tipo, 
asesinatos cometidos por la represión y, 
además, orientaciones doctrinales, 
enseñanzas prácticas a la población civil, 
y de vez en cuando discursos de los jefes 
de la revolución. 
 
Consideramos útil que el periódico 
fundamental del movimiento lleve un 
nombre que recuerde algo grande y 
unificador, ya sea el de un héroe del país 
u otro semejante y explicar siempre en 
artículos de fondo hacia dónde va ese 
movimiento armado, ir formando 
conciencia de los grandes problemas 
nacionales y manteniendo, además, una 
serie de secciones de un interés más 
vibrante para el lector. 
 
8. Información 
 
«Conócete a ti mismo y a tu adversario y 
podrás librar cien batallas sin un solo 
desastre.» Este aforismo chino vale para 
la guerra de guerrillas como salmo 
bíblico. No hay nada que ayude más a las 
fuerzas combatientes que la correcta 
información. Esta tendrá un aspecto 
espontáneo, dado por los habitantes del 
lugar que irán a contar a su ejército 
amigo, a sus aliados, lo que ocurre en tal 
o cual lugar pero, además, debe estar 
perfectamente estructurada. Así como 
vimos que debería haber postas, correos, 
&c., dentro de las zonas guerrilleras para 
los contactos necesarios y fuera de la 
misma, para llevar mercancías, la 
información deberá estar directamente y 
fundamentalmente en contacto con los 
frentes enemigos; deben allí infiltrarse los 
hombres y las mujeres, sobre todo 
mujeres, estar en contacto permanente 
con los soldados y paulatinamente ir 
averiguando lo averiguable. Hay que 
establecer también el sistema de 
coordinación, para que el cruce de las 
líneas enemigas al campo guerrillero se 
realice sin tropiezo. 
 
Si se hace bien y con agentes capaces, se 
podrá dormir más tranquilamente en el 
campamento insurrecto. 
 
Esta información abarcará como línea 
fundamental, como ya dije, toda la 
primera línea de fuego o los primeros 
campamentos enemigos que estén en 
contacto con la tierra de nadie; pero, 
además, debe irse progresando a medida 
que va progresando también la guerrilla y 
aumentando su potencialidad para prever 
movimientos de tropa más grandes, más 
profundos, que puedan hacerse en la 
retaguardia enemiga. Todos los habitantes 
son agentes de información de la 
guerrilla, en los lugares donde ella 
domina o incursiona, pero es bueno tener 
personas especialmente destacadas para 
estos requisitos, porque no se puede 
confiar en las palabras del campesino; 
acostumbradoa exagerar y poco 
acostumbrado al preciso lenguaje 
guerrero y, si se logra ir modelando y 
organizando las formas espontáneas de 
colaboración popular, se podrá hacer del 
aparato de información, no sólo el 
auxiliar importantísimo que es, sino 
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 66
también, un agente contraofensivo, por 
medio, por ejemplo, de las «sembradoras 
de miedo» que pueden ir con noticias 
desalentadoras entre la soldadesca, 
fingiéndose afines a ellos pero sembrando 
el miedo y la inestabilidad entre la tropa 
enemiga. La movilidad, táctica 
primordial, se puede desarrollar al 
máximo, conociendo exactamente los 
lugares por donde la tropa enemiga va a 
atacar, es muy fácil huirle o, a su vez, 
atacarla en los sitios más inesperados. 
 
 
9. Entrenamiento y 
adoctrinamiento 
 
El entrenamiento del soldado libertador, 
en lo fundamental, es la propia vida de la 
guerrilla y no puede existir un jefe que no 
haya aprendido en el ejercicio diario de 
las armas su difícil oficio. Podrá convivir 
con algunos compañeros que vayan 
enseñándole algo del manejo de las 
armas, de las nociones de orientación, de 
la forma de tratar a la población civil, de 
pelear, &c., pero no se consume, no se 
distrae el precioso tiempo de la guerrilla 
en una enseñanza metodizada. Eso sólo 
ocurre cuando ya hay un área grande 
liberada y se necesitan gran cantidad de 
brazos que cumplan una función 
combativa. Entonces se fundan las 
escuelas de reclutas. 
 
Estas escuelas cumplen en ese momento 
una función importantísima; van a dar el 
nuevo soldado, el que viene ya sin pasar 
por ese gran tamiz que es para la guerrilla 
las privaciones formidables de la vida 
combatiente. Al primero, las privaciones 
soportadas lo convierten en un verdadero 
elegido, después de haber pasado por 
pruebas dificilísimas para llegar a 
incorporarse al reino de un ejército 
mendigo que no deja huellas de su paso 
por ningún lado. Deben hacerse ejercicios 
físicos, fundamentalmente de dos tipos: 
una gimnasia ágil con enseñanzas para la 
guerra de tipo comando, agilidad en el 
ataque y en la retirada, y marchas 
violentas, extenuantes, que vayan 
endureciendo al recluta para esta 
existencia. Realizar, sobre todo, vida al 
aire libre. Sufrir todas las inclemencias 
del tiempo en un estrecho contacto con la 
naturaleza, como se hace en guerrilla. 
 
La escuela de reclutas tiene que tener 
trabajadores que atiendan su 
autoabastecimiento; para ello debe haber 
establos, granjas, huertos, vaquería, todo 
lo necesario para que no pese sobre el 
presupuesto general del ejército 
guerrillero. Los alumnos podrán ser 
rotativos en el trabajo de abastecimiento, 
mandarse castigados los más malos o, 
simplemente de voluntarios. 
 
Eso depende ya e características propias 
de la zona donde se vaya a realizar la 
escuela. Nosotros creemos que un buen 
principio es el de poner allí a voluntarios 
y cubrir las cuotas de trabajo necesario 
con los que tengan peor conducta o menor 
disposición para el aprendizaje de la 
guerra. 
 
Debe tener la escuela su pequeña 
organización de sanidad, con un médico o 
enfermero, de acuerdo con las 
posibilidades, que brinde a los reclutas la 
mejor atención posible. 
 
El tiro es el aprendizaje fundamental. El 
guerrillero debe ser un hombre de mucha 
preparación en ese punto, tratando de 
gastar la menor cantidad posible de 
parque. Empieza haciendo lo que se llama 
tiro en seco. Consiste en un armatoste 
cualquiera de palo, donde el rifle se 
asienta firmemente. Los reclutas apuntan 
sin mover el fusil a un blanco situado en 
CEME - Centro de Estudios Miguel Enríquez - Archivo Chile
 67
una zona determinada que se va 
moviendo de uno a otro lado sobre un 
fondo que permanece firme. Si los tres 
tiros dan en un solo punto es excelente. 
Cuando hay un poquito más de 
posibilidades se pueden empezar las 
prácticas de tiro con riflecitos calibre 22, 
de mucha utilidad en estos casos. En 
circunstancias especiales, en que sobre 
parque o haya mucha necesidad de 
preparar algunos soldados, se les dará la 
oportunidad de hacer disparos con balas. 
 
Una de las materias más importantes de la 
escuela de reclutas, que teníamos 
nosotros como básica, y que puede darse 
o no en cualquier otro lugar del mundo, 
son los ataques aéreos. Nuestra escuela 
había sido perfectamente identificada 
desde el aire y centralizaban sus ataques, 
una o dos veces diarias sobre el 
campamento. - 
 
La forma en que el alumno resistía el 
embate de estos continuos bombardeos 
sobre sus lugares de instrucción 
habituales era algo que prácticamente 
definía a estos muchachos sobre sus 
posibilidades para ser un soldado útil 
durante la contienda. 
 
La parte importante, la que nunca se debe 
descuidar en la escuela de reclutas, es el 
adoctrinamiento, importante porque los 
hombres llegan a ingresar sin una 
concepción clara de por qué vienen, 
solamente con conceptos totalmente 
difusos sobre la libertad, la libertad de 
prensa, &c., sin fundamento lógico 
alguno. Por ello el adoctrinamiento debe 
hacerse durante el mayor tiempo posible 
y con la mayor dedicación. Durante esos 
cursos se darán las nociones elementales 
de la historia del país, explicados con un 
sentido claro de los hechos económicos, 
de los hechos que motivan cada uno de 
los actos históricos; los héroes nacionales, 
su forma de reaccionar frente a 
determinadas injusticias y, después, un 
análisis de la situación nacional o de la 
situación de la zona: una cartilla escueta 
que sea bien estudiada por todos los 
miembros del ejército rebelde, de modo 
que pueda servir esto de esqueleto a lo 
que viene más tarde. 
 
Además, debe existir una escuela de 
capacitación para maestros donde 
precisamente se pongan de acuerdo sobre 
los textos elegidos, sobre la experiencia 
que pueda aportar uno en el aspecto 
educacional. 
 
Se debe impulsar en todo momento la 
lectura, también tratando de elegir los 
libros para que no se pierda el tiempo en 
cosas que no dejen absolutamente ningún 
sedimento, ir dando la facilidad al recluta 
de que entre en contacto con el mundo de 
las letras y con los grandes problemas 
nacionales. Las lecturas progresivas serán 
impulsadas por una vocación que vaya 
surgiendo en él o por imposición de las 
circunstancias actuantes a su alrededor 
que despertará inquietudes nuevas en los 
soldados, y esta situación se logrará con 
trabajo, poco a poco, cuando las escuelas 
de reclutas vayan demostrando en su tarea 
rutinaria las ventajas enormes de los 
hombres que han pasado por ésta sobre el 
resto de la tropa, su capacidad de análisis 
de los problemas, su disciplina superior, 
que es otra de las cosas que debe 
enseñarse fundamentalmente en la 
escuela de reclutas. 
 
Una disciplina que es interna, que debe 
estar perfectamente justificada por 
razones, no mecánica, y que da unos 
resultados formidables en momentos de 
combate. 
 
 
CEME - Centro de Estudios Miguel Enríquez - Archivo Chile
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10. La organización 
estructural del ejército de un 
movimiento revolucionario 
 
Como ya hemos visto, un ejército 
revolucionario de tipo guerrillero, 
cualquiera que sea la zona de 
operaciones, debe contar además con una 
organización no combatiente que le preste 
una serie de apoyos importantísimos para 
su misión. Veremos entonces que toda 
esta organización converge hacia el 
ejército para prestarle su máxima ayuda 
pues, evidentemente, será la lucha armada 
el factor esencial del triunfo. 
 
La organización militar se hace sobre la 
base de un jefe, en el caso de la 
experiencia cubana Comandante en Jefe, 
que nombre a su vez los diferentes 
comandantes de regiones o de zonas, con 
potestad éstos para gobernar su territorio 
de acción, para nombrar comandantes de 
columna,es decir jefes de cada columna, 
y los demás grados inferiores. 
 
Después de comandante en jefe estarían 
los jefes de zona, es decir un comandante 
con varias columnas donde haya otros 
comandantes subordinados a él cuyo 
tamaño variará de acuerdo con las 
circunstancias. Después, comandante de 
columna, capitán y, en nuestra 
organización guerrillera, teniente que es 
el último grado. Es decir, se asciende de 
soldado a teniente. 
 
No es un modelo, es la descripción de una 
realidad, de cómo operó en un país y 
cómo con esa organización se pudo llegar 
a obtener el triunfo sobre un ejército 
bastante bien organizado y armado. No es 
de ninguna manera, y en este caso menos 
que en otros, una ejemplarización. 
Simplemente es mostrar cómo se van 
sucediendo los hechos, cómo puede 
organizarse una fuerza armada. No tienen 
importancia los grados, en definitiva; lo 
que tiene importancia es que nunca se dé 
un grado que no corresponda a la fuerza 
efectiva de combate que haya, que no se 
dé un grado que esté reñido con la moral 
y con la justicia, que no haya sido pasado 
por el tamiz del sacrificio y de la lucha. 
 
Esta descripción que hemos dado 
anteriormente es de un ejército 
importante, ya en vías de presentar un 
combate serio, y no la primera imagen de 
la guerrilla, donde el jefe puede llevar el 
grado que guste, pero comanda sólo un 
pequeño grupo de hombres. 
 
De todas las medidas de organización 
militar, una de las más importantes es la 
corrección disciplinaria. La disciplina 
debe ser (esto hay que recalcarlo una y 
otra vez) una de las bases de acción de la 
fuerza guerrillera, debe ser, también lo 
hemos dicho anteriormente, una fuerza 
que nazca de una convicción interna y 
esté perfectamente razonada; de allí surge 
un individuo con disciplina interior. 
Cuando esta disciplina se rompe hay que 
castigar siempre al que lo hizo, cualquiera 
que sea su jerarquía, castigarlo 
drásticamente y aplicar el castigo donde 
duela. 
 
Es importante esto, porque el dolor de un 
soldado guerrillero no se manifiesta en la 
misma forma que el dolor de un soldado 
de cuartel. El castigo de dejar diez días en 
un calabozo a un soldado constituye, en la 
guerrilla, un descanso formidable; diez 
días donde hará lo único que no puede 
dejar de hacer, que es comer, durante los 
cuales no caminará, no trabajará, no hará 
las guardias acostumbradas y podrá 
dormir todo lo que quiera, descansar, leer, 
&c. De esto se deduce que la privación de 
la libertad, como único castigo, en las 
CEME - Centro de Estudios Miguel Enríquez - Archivo Chile
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situaciones de la guerrilla, no es 
aconsejable. 
 
Hay casos, cuando es muy alta la moral 
de combate del individuo, cuando su 
amor propio es considerable, en que la 
privación de su derecho a ir armado 
puede provocar una reacción positiva y 
constituir un verdadero castigo para el 
individuo. En estos casos, conviene 
aplicarla. 
 
Este penoso incidente lo demuestra: en el 
ataque a una de las ciudades de Las 
Villas, en los días postreros de la guerra, 
encontramos un individuo dormido en un 
sillón, mientras atacaban unas posiciones 
en medio del pueblo. El hombre 
respondió al interrogatorio que estaba allí 
durmiendo porque le habían quitado el 
arma, se le dijo entonces que esa no era 
manera de reaccionar, que había sido 
castigado por una imprudencia suya (se le 
había escapado un tiro) y que esa arma la 
debía recuperar pero no así sino en 
primera línea de combate. 
 
Pasaron pocos días y en el asalto final a la 
ciudad de Santa Clara, en las primeras 
arremetidas contra la ciudad, cuando 
estábamos visitando el hospital de sangre, 
un moribundo que allí estaba extendió su 
mano recordando ese hecho que he 
narrado anteriormente y afirmando que 
había sido capaz de recobrar su arma y se 
había ganado el derecho a portarla. Poco 
después moría. 
 
Ese era el grado de moral revolucionaria 
que había logrado nuestra tropa con el 
ejercicio continuo de la lucha armada. No 
puede lograrse en los primeros días, 
cuando todavía hay muchos miedos, 
muchas corrientes subjetivas que van 
frenando la influencia de la revolución, 
pero se logra al final con el trabajo, el 
ejemplo continuo. 
Pueden ser castigos también las guardias 
nocturnas largas y las marchas forzadas, 
pero las marchas tienen el grave defecto 
de que no son prácticas porque no tienen 
otro fin que el de castigar y estar 
consumiendo al individuo, llevando 
guardianes que también se cansan, para 
que se realicen; y las guardias tienen el 
inconveniente de que hay que poner gente 
a vigilar los castigados, soldados de muy 
escasa mentalidad revolucionaria. 
 
En las fuerzas directamente a mi mando 
impuse el castigo de arresto con privación 
de golosinas o cigarros, en casos leves, y 
ayuno total, en casos peores. El resultado 
era magnífico, aunque el castigo sea 
terrible y sólo aconsejable en 
circunstancias muy especiales. 
 
Tomado de Escritos y discursos, tomo 1, 
Editorial de Ciencias Sociales, La 
Habana 1972, páginas 117-162 
 
 
La guerra de guerrillas 
Capítulo IV 
 
Apéndices 
 
Organización en la clandestinidad de la 
primera guerrilla 
Defensa del poder conquistado 
Análisis de la situación cubana, su 
presente y su futuro 
 
 
1. Organización en la 
clandestinidad de la primera 
guerrilla 
 
Aunque la guerra de guerrillas cumple 
una serie de leyes derivadas de las 
generales de la guerra y, además, las 
CEME - Centro de Estudios Miguel Enríquez - Archivo Chile
 70
propias de su tipo, es obvio que debe 
iniciarse con una tarea conspirativa 
alejada de la acción del pueblo y reducida 
a un pequeño núcleo de iniciados, si 
realmente se pretende empezar esta 
guerra desde algún otro país o desde 
regiones distintas y lejanas dentro del 
mismo país. Si el movimiento guerrillero 
nace por la acción espontánea de un 
grupo de individuos que reaccionan 
contra un método de coerción cualquiera, 
es posible que no se necesite otra 
condición que la organización posterior 
de ese núcleo guerrillero para impedir su 
aniquilamiento, pero en general, una 
lucha de guerrilla se inicia por una 
voluntad ya elaborada; algún jefe de 
prestigio la levanta para la salvación de su 
pueblo, y este hombre debe trabajar en 
condiciones difíciles en algún otro país 
extranjero. 
 
Casi todos los movimientos populares 
que se han intentado en los últimos 
tiempos contra los dictadores, han 
adolecido de la misma falla fundamental 
de una inadecuada preparación; es que las 
reglas conspirativas, que exigen un 
trabajo sumamente secreto y delicado, no 
se cumplen por lo general en estos casos 
que hemos citado; lo más frecuente es que 
el poder gobernante en el país sepa ya de 
las intenciones del grupo o grupos, por su 
servicio secreto o por imprudencia 
manifiesta o en otros casos, por 
manifestaciones directas como ocurrió en 
el nuestro, en que la invasión estaba 
anunciada y sintetizada en la frase: «en el 
año 56 seremos libres o seremos 
mártires», de Fidel Castro. 
 
Esto indica que la primera base sobre la 
que debe establecerse el movimiento, es 
sobre un secreto absoluto, sobre la total 
ausencia de informaciones para el 
enemigo y la segunda, también muy 
importante, es la selección del material 
humano; a veces esta selección se realiza 
fácilmente, otras es extremadamente 
difícil hacerlo, puesto que hay que contar 
con los elementos que haya a mano, 
exilados por muchos años, o que se 
presentan al hacerse llamamientos o 
simplemente porque entienden que es su 
deber enrolarse en la lucha por liberar a 
su patria, &c., y no hay las bases 
necesarias para hacer una investigación 
completa sobre el individuo. No obstante 
todo ello, aun cuando se introdujeran 
elementos del régimen enemigo, es 
imperdonable que puedan dar 
posteriormentesus informaciones, puesto 
que en los momentos previos a la acción 
deben concentrarse en lugares secretos 
conocidos por una o dos personas 
solamente, todos los que van a participar 
en la misma, estrechamente vigilados por 
sus jefes y sin el más mínimo contacto 
con el mundo circundante. Mientras se 
hacen los preparativos de concentración 
para salir ya o porque hay que hacer un 
entrenamiento previo o simplemente huir 
de la policía, hay que mantener siempre a 
todos los elementos nuevos y sobre los 
que no se tiene un cabal conocimiento, 
alejados de los lugares claves. 
 
Nadie, absolutamente nadie, debe saber, 
en condiciones de clandestinidad, sino lo 
estrictamente indispensable y nunca se 
debe hablar delante de nadie. Cuando ya 
se hayan realizado ciertos tipos de 
concentración, es imprescindible 
controlar hasta las cartas que salen y 
llegan, de modo de tener un conocimiento 
total de los contactos que el individuo 
haga; no se debe permitir que nadie viva 
solo, ni siquiera que salga solo, deben 
evitarse por todos los medios los 
contactos personales, de cualquier índole, 
del futuro miembro del Ejército 
Libertador. Un factor sobre el que hay 
que poner énfasis, que suele ser aquí tan 
negativo, como positivo su papel en la 
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lucha, es la mujer; se conoce la debilidad 
que tienen los hombres jóvenes, alejados 
de sus medios habituales de vida, en 
situaciones incluso psíquicas especiales, 
por la mujer, y como los dictadores 
conocen bien esta debilidad, a ese nivel 
tratan de infiltrar sus espías. A veces son 
claros y casi descarados los nexos de 
estas mujeres con sus superiores, otros es 
sumamente difícil descubrir siquiera el 
más mínimo contacto, por ello también es 
necesario impedir las relaciones con 
mujeres. 
 
El revolucionario que está en la situación 
clandestina preparándose para una guerra, 
debe ser un perfecto asceta y además 
sirve esto para probar una de las 
cualidades que posteriormente será la 
base de la autoridad, como es la 
disciplina. Si un individuo reiteradamente 
burla las órdenes de sus superiores y hace 
contactos con mujeres, contrae amistades 
no permitidas, &c., debe separársele 
inmediatamente, no ya contando los 
peligros potenciales de contactos, sino 
simplemente por violación de la 
disciplina revolucionaria. 
 
No se debe pensar nunca en el auxilio 
incondicional de un gobierno como base 
para operar en territorio de ese gobierno, 
amigo o simplemente negligente; 
constantemente hay que tratar la situación 
como si se estuviera en un campo 
completamente enemigo, salvo las 
naturales excepciones que puedan haber 
en este campo pero, más que nada 
confirmatorias de la regla general. 
 
No se puede hablar aquí del número de la 
gente que se va a preparar. Depende eso 
de tantas y tan variadas condiciones que 
es prácticamente imposible hacerlo; 
solamente se puede hablar del número 
mínimo con que se puede iniciar una 
guerra de guerrillas. En mi concepto, 
considerando las naturales deserciones y 
flaquezas, a pesar del rigurosísimo 
proceso de selección, debe contarse con 
una base de 30 a 50 hombres; esta cifra es 
suficiente para iniciar una lucha armada 
en cualquier país del mundo americano 
con las situaciones de buen territorio para 
operar, hambre de tierra, ataques 
reiterados a la justicia, &c. 
 
Las armas, ya se ha dicho, deben ser del 
tipo que usa el enemigo. Como medida 
aproximada, considerando siempre en 
principio todo gobierno como hostil a una 
acción guerrera emprendida desde su 
territorio, los núcleos que se preparan no 
deben ser superiores a los 50 ó 100 
hombres por unidad; es decir, no hay 
ninguna oposición a que sean 500 
hombres que van a iniciar una guerra, por 
ejemplo, pero no deben estar los 500 
concentrados. Primero porque son 
muchos y llaman la atención y luego, 
porque en caso de cualquier traición, de 
cualquier interferencia, de cualquier 
confidencia, cae todo el grupo; en 
cambio, es mucho más difícil ocupar 
simultáneamente varios lugares. 
 
La casa central de reunión puede ser más 
o menos conocida y allí irán los exilados 
a dar reuniones de todo tipo, pero, los 
jefes no deben presentarse sino muy 
esporádicamente y no debe existir allí 
ningún documento comprometedor; la 
mayor cantidad de casas y lo más 
discretas posible deben tener los jefes. 
Los depósitos de armas absolutamente 
secretos con el conocimiento de sólo una 
o dos personas, y también distribuidos en 
varias partes, si es posible. 
 
El armamento siempre debe ser 
trasladado a las manos de quienes lo van 
a usar en los minutos en que ya se esté 
frente a la iniciación de la guerra, también 
para evitar que cualquier acción punitiva 
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contra los que se están entrenando traiga 
aparejada no sólo la prisión de éstos, sino 
la pérdida de todas las armas, que son 
muy difíciles de conseguir y con un gasto 
que no están en disponibilidad de hacer 
las fuerzas populares. 
 
Otro factor al que hay que dar la 
importancia que se merece es la 
preparación de las fuerzas para la lucha 
durísima que ha de seguir, fuerzas que 
deben tener una disciplina estricta, una 
alta moral, y una cabal comprensión de la 
tarea a realizar, sin baladronadas, sin 
espejismos, sin falsas esperanzas de 
triunfo fácil; la lucha será áspera y larga, 
se sufrirán reveses, podrán estar al borde 
del aniquilamiento y sólo su alta moral, 
su disciplina, su fe final en el triunfo y las 
condiciones excepcionales de un líder, 
podrán salvarlo. Esa es nuestra 
experiencia cubana, donde, una vez, doce 
hombres pudieron crear el núcleo del 
ejército que se formó, porque se cumplían 
todas estas condiciones y porque quien 
los dirigía se llamaba Fidel Castro. 
 
Además de los preparativos ideológicos y 
morales, es necesario un preparativo 
minucioso de tipo físico; evidentemente, 
las guerrillas elegirán una zona 
montañosa o muy agreste para operar; de 
todas maneras, en cualquier situación que 
se encuentren, la base del ejército 
guerrillero es la marcha y no podrá haber 
lentos ni cansados; la preparación 
eficiente se entiende pues, como marchas 
agotadoras de día y de noche, uno y otro 
día, aumentándolas paulatinamente y 
llevándolas siempre al borde de la 
extenuación, creando también emulación 
para la velocidad; velocidad y resistencia, 
serán las bases del primer núcleo 
guerrillero; además se puede dar una serie 
de conocimientos teóricos como 
orientación, lecturas de mapas, formas de 
sabotajes y si es posible, con fusil de 
guerra, muchos disparos, sobre todo a 
blancos a distancia y mucha instrucción 
sobre las formas de utilizar las balas. 
 
El guerrillero debe ir teniendo por 
delante, como premisa casi religiosa, el 
ahorro del parque, el aprovechamiento 
hasta la última bala; si se cumplen todas 
las advertencias dadas, es muy fácil que 
lleguen estas fuerzas guerrilleras a su 
punto de destino. 
 
 
2. Defensa del poder 
conquistado 
 
Naturalmente, no hay victoria 
definitivamente obtenida si no se procede 
a la ruptura sistemática y total del ejército 
que sostenía al régimen antiguo. Más aún, 
se debe ir a la ruptura sistemática de toda 
la institucionalidad que amparaba al 
antiguo régimen, sólo que esto es un 
manual de guerrillas y nos concretaremos 
entonces a analizar la tarea de la defensa 
nacional en caso de guerra, en caso de 
agresión contra el nuevo poder. 
 
El primer acontecimiento con que nos 
encontraremos es que la opinión pública 
mundial, «la prensa seria», las «veraces» 
agencias de noticias de los Estados 
Unidos y de otras patrias del monopolio, 
comenzarán un ataque contra el país 
liberado, que será tan agresivo y 
sistemático como agresivas y sistemáticas 
seansus leyes de reivindicación popular. 
Es por esto que no puede existir ni 
siquiera el esquema del antiguo ejército y 
tampoco los hombres que lo integraban. 
El militarismo, la obediencia mecánica, 
los conceptos del deber militar a la 
antigua, de la disciplina y de la moral a la 
antigua, no pueden ser desarraigados de 
golpe, menos aún, permanecer en estado 
de convivencia los triunfadores, 
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aguerridos, nobles, bondadosos, pero casi 
siempre sin la mínima cultura general y el 
derrotado, orgulloso de su saber militar, 
especializado en alguna arma de combate 
por ejemplo, o con conocimientos de 
matemáticas, de fortificaciones, de 
logística, &c., odiando con todas sus 
fuerzas al guerrillero inculto. 
 
Naturalmente, se dan los casos 
individuales de los militares que rompen 
con todo ese pasado y entran en la nueva 
organización con un espíritu de absoluta 
cooperación. Cuando esto sucede, 
doblemente útiles son los mismos, por el 
hecho de que aúnan a su amor por la 
causa del pueblo los conocimientos 
necesarios para llevar adelante la 
estructuración del nuevo ejército popular. 
Y una cosa debe ser consecuencia de la 
otra, es decir, a la ruptura del ejército 
antiguo, a su desmembramiento como 
institución, conseguida por la toma de 
todas las posiciones por el nuevo ejército, 
debe suceder inmediatamente una 
organización del nuevo. Vale decir, su 
vieja constitución de guerrilla, 
individualizada, caudillista en cierto 
sentido, sin ninguna planificación, podrá 
ser cambiada pero, y eso es muy 
importante recalcarlo, debe estructurarse 
a partir de los conceptos operacionales de 
la guerrilla, dándole al ejército popular su 
formación orgánica, es decir, haciéndole a 
la medida del ejército guerrillero la ropa 
que necesita para estar cómodo. No se 
debe cometer el error en que caímos 
nosotros en los primeros meses, de 
pretender meter en los viejos ropajes de la 
disciplina militar y de la organización 
antigua al nuevo ejército popular. Esto 
puede llevar a desajustes muy grandes 
que conducen a una falta total de 
organización. 
 
Ya en estos momentos debe iniciarse la 
preparación para la nueva guerra 
defensiva que tuviera que desarrollar el 
ejército del pueblo, acostumbrado a la 
independencia de mando dentro de un 
criterio único, con mucha dinámica en el 
manejo de cada grupo armado. Dos 
problemas inmediatos tendrá este ejército: 
uno de ellos será que, en la oleada de la 
victoria, se incorporarán, muy 
probablemente, miles de revolucionarios 
de última hora, buenos o malos, a los 
cuales hay que hacer pasar por los rigores 
de la vida guerrillera y por cursos 
acelerados e intensivos de 
adoctrinamiento revolucionario. El 
adoctrinamiento revolucionario que dé la 
necesaria unidad ideológica al ejército del 
pueblo, es la base de la seguridad 
nacional a largo, y aun a corto plazo. El 
otro problema es la dificultad para 
adaptarse a las nuevas modalidades 
organizativas. 
 
Debe estructurarse inmediatamente un 
cuerpo que se encargue de sembrar entre 
todas las unidades del ejército las nuevas 
verdades de la revolución. Ir explicando a 
los soldados, campesinos u obreros 
salidos de las entrañas del pueblo, la 
justicia y la verdad de cada hecho 
revolucionario, cuáles son las 
aspiraciones de la revolución, por qué se 
lucha, por qué han muerto todos los 
compañeros que no alcanzaron a ver la 
victoria. Y, unido a este adoctrinamiento 
intensivo, deben darse también acelerados 
cursos de enseñanza primaria que 
permitan, al principio, superar el 
analfabetismo, para ir gradualmente 
superando al Ejército Revolucionario 
hasta convertirlo en un instrumento de 
alta base técnica, sólida estructura 
ideológica y magnífico poder 
combatiente. 
 
El tiempo irá dando estas tres cualidades. 
Podrá después ir perfeccionándose el 
aparato militar para que los antiguos 
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combatientes, pasando por cursos 
especiales, se dediquen a ser militares 
profesionales y se vayan dando cursos 
anuales de enseñanza al pueblo, en forma 
de conscripción obligatoria o voluntaria. 
Esto depende ya de características 
nacionales y no se puede sentar pautas. 
 
En este punto, y de aquí hacía adelante, 
todo lo que se diga es la opinión de la 
dirección del Ejército Rebelde con 
respecto a la política a seguir en el caso 
cubano, para el hecho concreto de una 
amenaza de invasión extranjera, 
colocados en el mundo actual, fines del 
cincuenta y nueve o principios del 
sesenta, y con el enemigo a la vista, 
analizado, avaluado y esperado sin 
temores, es decir, no teorizamos sobre lo 
ya hecho para conocimiento de todos, 
sino que teorizamos sobre lo hecho por 
otros para aplicarlo nosotros mismos a 
nuestra defensa nacional. 
 
Como se trata de teorizar sobre el caso 
cubano, colocar nuestra hipótesis sobre el 
mapa de las realidades americanas y 
echarlos a andar, presentamos como 
epílogo, este Análisis de la situación 
cubana, su presente y su futuro. 
 
 
Análisis de la situación 
cubana, su presente y su 
futuro 
 
Ya ha pasado más de un año desde la fuga 
del dictador, corolario de una larga lucha 
cívica y armada del pueblo cubano. Las 
realizaciones del Gobierno en el campo 
social, económico y político son enormes, 
sin embargo, es preciso realizar un 
análisis, colocar cada término en su justo 
valor y mostrar al pueblo la exacta 
dimensión de nuestra Revolución cubana. 
Es que esta revolución nacional, agraria 
fundamentalmente, pero con la 
participación entusiasta de obreros, de 
gente de la clase media y, aún hoy con el 
apoyo de industriales, ha adquirido 
trascendencia continental y hasta 
mundial, amparada en la inquebrantable 
decisión de su pueblo y las peculiares 
características que la animan. 
 
No se trata de hacer una síntesis, por más 
apretada que sea, del cúmulo de leyes 
aprobadas, todas ellas de indudable 
beneficio popular. Bastaría colocar sobre 
algunas el énfasis necesario mostrando al 
mismo tiempo el encadenamiento lógico 
que nos lleva, desde la primera hasta la 
última, en una escala progresiva y 
necesaria de atención estatal a las 
necesidades del pueblo cubano. 
 
Se da el primer toque de atención contra 
las esperanzas de las clases parasitarias 
del país, cuando son decretadas, en rápida 
sucesión, la ley de alquileres, la rebaja del 
fluido eléctrico y la intervención de la 
compañía telefónica con la subsiguiente 
rebaja de tarifas. Empezaron a sospechar, 
quienes pretendían ver en Fidel Castro y 
en los hombres que hicieron esta 
Revolución unos politiqueros a la vieja 
usanza, o unos tontos manejables, con 
barbas como único distintivo, que había 
algo más hondo emergiendo del seno del 
pueblo cubano y que sus prerrogativas 
estaban en peligroso trance de 
desaparecer. La palabra comunismo 
empezó a rondar alrededor de las figuras 
de sus dirigentes, de los guerrilleros 
triunfadores y, consecuentemente, la 
palabra anticomunismo, como posición 
dialéctica contraria, empezaba a nuclear a 
todos los resentidos o los desposeídos de 
sus injustas prebendas. 
 
La ley de solares yermos o la de la venta 
a plazos fueron creando también esta 
sensación de malestar entre los capitales 
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usurarios. Pero estas eran pequeñas 
escaramuzas con la reacción, todo era 
bueno y posible, «ese muchacho loco» de 
Fidel Castro podía ser aconsejado y 
llevado a los buenos senderos 
«democráticos» por un Dubois o un 
Porter. Había que tener esperanzas en el 
futuro. 
 
La ley de Reforma Agraria fue una 
tremenda sacudida; la mayoría de los 
afectados vio claro ya. Antes que ellos, el 
vocero de la reacción, Gastón Baquero, 
había apuntado con líneacertera lo que 
pasaría y se había retirado a las más 
tranquilas aguas de la dictadura española. 
Todavía algunos pensaron que «la ley es 
la ley», que ya otros gobiernos habían 
promulgado algunas teóricamente buenas 
para el pueblo; el cumplimiento de las 
leyes era otra cosa. Y ese niño travieso y 
complicado que tenía por nombre familiar 
el de su sigla, INRA, fue mirado al inicio 
con displicente y enternecedor 
paternalismo desde los altos muros de la 
ciencia infusa de las doctrinas sociales y 
de las respetables teorías de las finanzas 
públicas, a donde no llegaban las 
mentalidades incultas y absurdas de los 
guerrilleros. Pero el INRA avanzó como 
un tractor o un tanque de guerra, que a la 
vez tractor y tanque es, rompiendo a su 
paso las cercas del latifundio y creando 
las nuevas relaciones sociales de tenencia 
de la tierra. Esta Reforma Agraria cubana 
asomaba con varias características 
importantes en América. Era, sí, 
antifeudal en cuanto además de eliminar 
el latifundio -en las condiciones cubanas- 
suprimía todos los contratos que 
supusieran pagar en especie la renta de la 
tierra y liquidaba las relaciones de 
servidumbre que se mantenían 
fundamentalmente en el café y el tabaco, 
entre nuestros grandes productos 
agrícolas. Pero también era una reforma 
agraria que se hacía en un medio 
capitalista para destruir la presión del 
monopolio contra las posibilidades de los 
seres humanos, aislados o reunidos en 
colectividad, de trabajar su tierra 
honradamente y producir sin miedo al 
acreedor o al amo. Tenía la característica 
que desde el primer momento iba a 
asegurar a los campesinos y trabajadores 
agrícolas, a los que se les daba la tierra, el 
apoyo técnico necesario por medio de su 
personal idóneo y también de su 
maquinaria y el apoyo financiero por 
medio de los créditos que otorgaba el 
INRA o los bancos paraestatales y el gran 
apoyo de la «Asociación de Tiendas del 
Pueblo», que se ha desarrollado 
grandemente en Oriente y está en proceso 
de desarrollo en otras provincias, donde 
los almacenes estatales desplazan al 
antiguo «garrotero» pagando un precio 
justo por las cosechas y dando también 
una refacción justa. 
 
De todas las características diferenciales 
con las otras tres grandes reformas 
agrarias de América (México, Guatemala 
y Bolivia), la que parecía más importante 
es la decisión de llevarla hasta el final, sin 
contemplaciones ni concesiones de 
ninguna clase. Esta Reforma Agraria 
integral no respeta derecho alguno que no 
sea el derecho del pueblo ni se ensaña 
contra ninguna clase o nacionalidad; igual 
cae el peso de la ley sobre la United Fruit 
Company o el King Ranch, como sobre 
los latifundistas criollos. 
 
Bajo estas condiciones, la producción de 
materias importantísimas para el país 
como el arroz, granos oleaginosos o 
algodón, se desarrolla intensamente y se 
hace centro del proceso de planeación; 
pero la Nación no está satisfecha y va a 
rescatar todas sus riquezas conculcadas. 
Su rico subsuelo, escena de las luchas 
monopolistas y campo de su voracidad, es 
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prácticamente rescatado por la ley de 
petróleo. Esta, como la Reforma 
 
Agraria y todas las demás dictadas por la 
Revolución, responde a necesidades 
insoslayables de Cuba, a urgencias 
inaplazables de un pueblo que quiere ser 
libre, que quiere ser dueño de su 
economía, que quiere prosperar y 
alcanzar metas cada vez más altas del 
desarrollo social. 
 
Pero, por eso mismo, es un ejemplo 
continental que los monopolios petroleros 
temen. No es que Cuba dañe sustancial y 
directamente al monopolio petrolero, pues 
no hay razón ninguna para considerar al 
país como un emporio del preciado 
combustible, aunque haya razonables 
esperanzas de obtener un abastecimiento 
que satisfaga las necesidades internas. En 
cambio, muestra el ejemplo palpitante de 
su ley a los pueblos hermanos de 
América, muchos de ellos pasto de esos 
monopolios e impulsados otros a guerras 
intestinas para satisfacer necesidades o 
apetencias de trusts adversarios y 
muestras, a la vez, la posibilidad de 
hacerlo en América, señalando al mismo 
tiempo la hora exacta en que se debe 
pensar en efectuarlo. Los grandes 
monopolios vuelven también su mirada 
inquieta a Cuba; no solamente se ha 
osado liquidar en la pequeña Isla del 
Caribe el omnipotente legado de Mr 
Foster Dulles a sus herederos, la Unidad 
Fruit Co., sino que además se ha 
golpeado al imperio del señor 
Rockefeller, y el grupo de la Deutch 
también sufre el ramalazo de la 
intervención de la Revolución popular 
cubana. 
 
Esta ley, como la de minas; son las 
respuestas del pueblo a quienes pretenden 
doblegarlo con amagos de fuerza, con 
incursiones aéreas, con castigos de 
cualquier tipo. Algunos afirman que la ley 
de minas es tan importante como la de 
Reforma Agraria. En general, para la 
economía del país, consideramos que no 
llega a esa importancia, pero sucede ahora 
otro fenómeno nuevo: el veinticinco por 
ciento de impuesto sobre el total del 
producto exportado, que deben pagar las 
compañías que venden nuestro mineral al 
extranjero (dejando ahora algo más que 
un hueco en nuestro territorio) no sólo 
contribuye al bienestar cubano, sino que 
aumenta la potencia relativa de los 
monopolios canadienses en su lucha con 
los actuales explotadores de nuestro 
níquel. 
 
He aquí que la Revolución cubana, que 
liquida el latifundio, limita las ganancias 
de los monopolios extranjeros, las de los 
intermediarios extranjeros con capitales 
parásitos que se dedican al comercio de 
importancia y lanza al mundo una política 
nueva en América, osa también romper el 
status monopolista de los gigantes de la 
minería y deja a uno de ellos en 
dificultades, por lo menos. Ya esto 
significa un nuevo poderoso llamado de 
atención hacia los vecinos de una de las 
más grandes patrias del monopolio, pero, 
también tiene su repercusión en América 
entera. La Revolución cubana rompe 
todas las barreras de las empresas de 
noticias y difunde su verdad como un 
reguero de pólvora entre las masas 
americanas ansiosas de una vida mejor. 
Cuba es el símbolo de la nueva 
nacionalidad y Fidel Castro el símbolo de 
la liberación. 
 
Por una simple ley de gravitación, la 
pequeña Isla de los ciento catorce mil 
kilómetros cuadrados y seis millones y 
medio de habitantes, asume la dirección 
de la lucha anticolonial en América en la 
que hay claudicaciones serias que le 
permiten tomar el heroico, glorioso y 
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peligroso puesto de avanzada. Las 
naciones menos débiles económicamente 
de la América colonial, las que 
desarrollan a tropezones su capitalismo 
nacional en lucha continua, a veces 
violenta y sin cuartel, contra los 
monopolios extranjeros van cediendo su 
sitio gradualmente a esta pequeña nueva 
potencia de la libertad, pues sus gobiernos 
no se encuentran con las fuerzas 
suficientes para llevar a cabo la lucha. Es 
que ésta no es sencilla, ni está libre de 
peligros ni exenta de dificultades y es 
preciso tener un pueblo entero detrás y 
una carga enorme de idealismo y de 
espíritu de sacrificio para llevarla a cabo 
en las condiciones casi solitarias en que 
nosotros lo estamos haciendo en América. 
Pequeños países intentaron antes 
mantener este puesto; Guatemala, la 
Guatemala del quetzal, que muere cuando 
se le aprisiona en la jaula, la Guatemala 
del indio Tecum Uman, cayó ante la 
agresión directa de los colonialistas; y 
Bolivia, la de Morillo, el protomártir de la 
independencia americana, cedió ante las 
dificultades terribles de la lucha, a pesar 
de haberse iniciado dando tres de los 
ejemplos que sirvieron fundamentalmente 
a la Revolución cubana: la supresión del 
ejército,la Reforma Agraria y la 
nacionalización de sus minas -a la vez, 
fuente máxima de riquezas y máxima 
fuente de tragedia. 
 
Cuba conoce los ejemplos anteriores, 
conoce las caídas y las dificultades, pero 
conoce también que está en el amanecer 
de una nueva era del mundo; los pilares 
coloniales han sido barridos ante el 
impulso de la lucha nacional y popular 
tanto en Asia como en Africa. Ya las 
tendencias a la unificación de los pueblos 
no están dadas por sus religiones, por sus 
costumbres, por sus apetencias, 
afinidades o falta de afinidad racial; está 
dada por la similitud económica de sus 
condiciones sociales y por la similitud de 
su afán de progreso y de recuperación. 
Asia y Africa se dieron la mano en 
Bandung, Asia y Africa vienen a darse la 
mano con la América colonial e indígena, 
a través de Cuba, aquí en La Habana. 
 
Por otro lado, las grandes potencias 
colonialistas han cedido terreno ante la 
lucha de los pueblos. Bélgica y Holanda, 
son dos caricaturas de imperio; Alemania 
e Italia perdieron sus colonias. Francia se 
debate en la amargura de una guerra que 
tiene pérdida, e Inglaterra, diplomática y 
hábil, liquida el poder político 
manteniendo las conexiones económicas. 
 
El capitalismo norteamericano reemplazó 
algunos de los viejos capitalismos 
coloniales en los países que iniciaron su 
vida independiente, pero sabe que esto es 
transitorio y que no hay un afincamiento 
real en el nuevo territorio de sus 
especulaciones financieras: podrán 
absorber como el pulpo, pero no aplicar 
las ventosas firmemente como él. La 
garra del águila imperial está limada. El 
colonialismo ha muerto en todos estos 
lugares del mundo o está en proceso de 
muerte natural. 
 
América es otra cosa. Hace tiempo que el 
león inglés quitó sus fauces golosas de 
nuestra América y los jóvenes y 
simpáticos capitalistas yanquis instalaron 
la versión «democrática» de los clubes 
ingleses e impusieron su dominación 
soberana en cada una de las veinte 
repúblicas. 
 
Esto es el feudo colonial del monopolio 
norteamericano, el «traspatio de su propia 
casa», su razón de vivir en este momento 
y su única posibilidad de hacerlo; si todos 
los pueblos latinoamericanos levantaran 
la bandera de la dignidad, como Cuba, el 
monopolio temblaría, tendría que 
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acomodarse a una nueva situación 
político-económica y a podas sustanciales 
de sus ganancias. Al monopolio no le 
gusta podar sus ganancias y el ejemplo 
cubano -este «mal ejemplo» de dignidad 
nacional e internacional- está cundiendo 
entre los países de América. Cada vez que 
un pueblo desgarrado lanza su grito de 
liberación, se acusa a Cuba; y es que en 
alguna forma Cuba es culpable, es 
culpable porque ha mostrado un camino, 
el camino de la lucha armada popular 
contra los ejércitos supuestamente 
invencibles, el camino de la lucha en los 
lugares agrestes para desgastar y destruir 
al enemigo fuera de sus bases; el camino 
de la dignidad en una palabra. 
 
Mal ejemplo el cubano, muy mal 
ejemplo. No puede dormir tranquilo el 
monopolio mientras este mal ejemplo 
permanezca de pie, de frente a los 
peligros, avanzando hacía el futuro. Hay 
que destruirlo, gritan sus voceros. Hay 
que intervenir en ese bastión 
«comunista», gritan los sirvientes del 
monopolio disfrazado de representantes a 
la Cámara. «Nos provoca mucha 
inquietud la situación cubana», dicen los 
más ladinos defensores del trust, pero 
todos sabemos que quieren decir: «Hay 
que destruirla.» 
 
Bien, ¿cuáles son estas posibilidades de 
agresión tendientes a destruir el mal 
ejemplo? Hay una que podríamos llamar 
económica pura. Se inicia esta posibilidad 
restringiendo los créditos de bancos y 
proveedores norteamericanos para todos 
los comerciantes, los bancos nacionales y 
el mismo Banco Nacional de Cuba; se 
restringen en Norteamérica y se trabaja 
por medio de sus asociados para hacerlo 
en todos los países de Europa occidental, 
pero esto solo no es suficiente. 
La negativa a conceder créditos provoca 
un primer impacto fuerte sobre la 
economía, pero inmediatamente ésta se 
rehace y la balanza comercial se nivela, 
acostumbrándose el país víctima a vivir al 
día. Hay que seguir presionando. La cuota 
azucarera empieza a entrar en la danza; 
que sí, que no, que no, que sí. 
Apresuradamente, las máquinas de 
calcular de las agencias del monopolio 
sacan toda clase de cuentas y se llega a la 
conclusión final: muy peligroso disminuir 
la cuota cubana, imposible anularla. ¿Por 
qué muy peligroso? Porque además de lo 
impolítico que puede ser, sencillamente 
esto despierta las apetencias de diez o 
quince países proveedores y creará un 
tremendo malestar entre todos ellos, que 
siempre se considerarán con derecho a 
algo más. Imposible quitarla, porque 
Cuba es el mayor, más eficaz y más 
barato proveedor de azúcar a los Estados 
Unidos y porque el sesenta por ciento de 
los intereses que están en contacto directo 
con la producción o comercialización del 
azúcar, pertenecen a ese país. Además, la 
balanza comercial es favorable a los 
Estados Unidos; quien no vende no puede 
comprar, y habría que dar el mal ejemplo 
de la ruptura de un trabajo. Pero no para 
allí la cosa: el pretendido regalo 
norteamericano de pagar cerca de tres 
centavos por encima del mercado, es 
solamente el resultado de su incapacidad 
para producir azúcar barata. Los altos 
niveles de salarios y la baja productividad 
del suelo, impiden a la gran potencia 
producir el azúcar a los precios cubanos 
y, amparados en este precio mayor que 
pagan por un producto, imponen tratados 
onerosos a todos los beneficiarios, no 
solamente a Cuba. Imposible liquidar la 
cuota cubana. 
 
No consideramos seriamente la 
posibilidad de que el monopolio haya 
pretendido hacer de los bombardeos y los 
incendios de cañaverales una variante 
económica al provocar la consiguiente 
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escasez del producto. Más bien parece 
una medida tendiente a sembrar la 
desconfianza en el poderío del Gobierno 
Revolucionario (el cadáver destrozado del 
mercenario norteamericano, mancha de 
sangre algo más que una casa cubana, 
también una política, y, ¿qué decir de la 
gigantesca explosión de las armas 
destinadas al Ejército Rebelde?). 
 
Hay otros lugares vulnerables donde la 
economía cubana se puede presionar; los 
abastecimientos de materias primas, el 
algodón, por ejemplo. Sin embargo, se 
sabe bien que de algodón hay 
superproducción en el mundo y que sería 
transitoria cualquier dificultad de ese tipo. 
¿Combustible?, es una llamada de 
atención; puede paralizarse un país sin 
combustible y Cuba produce muy poco 
petróleo, tiene algunos alquitranes que 
pueden operar sus máquinas de caldera y 
algún alcohol con el que en definitiva 
podrá hacer andar sus vehículos, además, 
también hay mucho petróleo en el mundo. 
El Egipto puede vender, la Unión 
Soviética puede vender, quizás el Irak 
pueda vender en poco tiempo. No se 
puede desarrollar una estrategia 
económica pura. 
 
Dentro de las posibilidades de agresión, si 
a esta variante económica se le agregan 
algunas interferencias de alguna 
«potencia» de bolsillo, Santo Domingo 
por ejemplo, se molestaría algo más, pero 
en definitiva deberían intervenir las 
Naciones Unidas y no se llegaría a nada 
concreto. 
 
Incidentalmente, los nuevos caminos 
seguidos por la OEA crean un peligroso 
precedente de intervención. Escudándose 
en el manido pretexto trujillista, el 
monopolio se solaza construyendo su 
viaducto de agresión. Triste es que la 
democracia venezolana nos haya puesto 
en el brete de tener que negar una 
intervención contra Trujillo. Qué buen 
servicio se ha hecho a los piratas del 
Continente. 
 
Dentrode las nuevas posibilidades de 
agresión está la eliminación física por 
medio del atentado al antiguo «muchacho 
loco», Fidel Castro, que se ha convertido 
ya en el centro de las iras de los 
monopolios. Naturalmente, habría que 
tomar medidas para que los otros dos 
peligrosos «agentes internacionales», 
Raúl Castro y el que esto escribe, fueran 
eliminados también. Es una solución 
apetecible y si diera resultado 
satisfactorio en un triple acto simultáneo 
o al menos en la cabeza dirigente, sería 
beneficioso para la reacción (pero no se 
olviden del pueblo, señores monopolistas 
y sirvientes de adentro, del pueblo 
omnipotente que ante un crimen 
semejante arrasaría y aplastaría con su 
furia a todos aquellos que tuvieran algo 
que ver directa o indirectamente con el 
atentado en cualquier grado a los jefes de 
la Revolución, sin que nada ni nadie 
pueda detenerlo). 
 
Otro aspecto de la variante Guatemala es 
presionar sobre los abastecimientos de 
armas cubanas hasta obligarla a comprar 
en países comunistas para desatar 
entonces más rígidamente su lluvia de 
improperios. Puede dar resultado: «puede 
ser que nos ataquen por 'comunistas', pero 
no nos van a eliminar por imbéciles», dijo 
alguien en nuestro Gobierno. 
 
Se va perfilando entonces la necesidad de 
una agresión directa por parte de los 
monopolios y hay muchas posibilidades 
que estarán barajadas y estudiadas en las 
máquinas IBM con todos sus procesos 
calculados. Se nos ocurre en este 
momento que puede existir la variante 
española, por ejemplo. La variante 
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española sería aquella en que se tomara 
un pretexto inicial: exiliados, con la 
ayuda de voluntarios, voluntarios que por 
supuesto serían mercenarios o 
simplemente soldados de una potencia 
extranjera, bien apoyados por marina y 
aviación, muy bien apoyados para tener 
éxito, diríamos. Puede ser también la 
agresión directa de un Estado, como 
Santo Domingo, que mandara algunos de 
sus hombres, hermanos nuestros, y 
muchos mercenarios a morir a estas 
playas para provocar el hecho de la 
guerra, el hecho de que obligara a las 
candorosas patrias del monopolio, a decir 
que no quieren intervenir en esta lucha 
«desastrosa» entre hermanos, que se 
concretarán a congelarla y limitarla a los 
planos actuales, que vigilarán sus 
acorazados, cruceros, destructores, 
portaaviones, submarinos, barreminas, 
torpederos, además de aviones, los cielos 
y mares de esta parte de América. Y 
pudiera suceder que, mientras a los 
celosos guardianes de la paz continental 
no se les pasara un solo barco que trajera 
nada para Cuba, lograrán «eludir» la 
«férrea» vigilancia algunos, muchos o 
todos los barcos que fueran a la 
desgraciada patria de Trujillo. También 
podrían intervenir a través de algún 
«prestigioso» organismo interamericano, 
para poner fin a la «loca guerra» que el 
«comunismo» desatara en nuestra Isla, o 
si ese mecanismo de ese «prestigioso» 
organismo americano no sirviera, podrían 
intervenir directamente en su nombre para 
llevar la paz y proteger los intereses de 
connacionales, creando la variante de 
Corea. 
 
Quizás el primer paso de la agresión no 
sea contra nosotros sino contra el 
Gobierno Constitucional de Venezuela 
para liquidar el último punto de apoyo en 
el Continente. Si esto sucede, es posible 
que el centro de la lucha contra el 
colonialismo abandone a Cuba y se sitúe 
en la gran patria de Bolívar. El pueblo de 
Venezuela saldrá a defender sus 
libertades con todo el entusiasmo de 
quien sabe que está dando la batalla 
definitiva, que tras la derrota está la más 
lóbrega tiranía y tras la victoria el 
definitivo porvenir de América y un 
reguero de luchas populares pueden 
asaltar la paz de los cementerios 
monopolistas en que se han convertido 
nuestras hermanas subyugadas. 
 
Podrían alegarse muchas cosas contra la 
factibilidad de la victoria enemiga, pero 
hay dos fundamentales: una externa, que 
es el año 1960, el año de los pueblos 
subdesarrollados, el año de los pueblos 
libres, el año en que por fin se harán 
respetar y para siempre las voces de los 
millones de seres que no tienen la suerte 
de ser gobernados por los poseedores de 
los medios de muerte y pago, pero 
además, y razón más poderosa aún, que 
un ejército de seis millones de cubanos 
empuñarán las armas como un solo 
individuo para defender su territorio y su 
Revolución, que esto será un campo de 
batalla donde el ejército no ha de ser nada 
más que una parte del pueblo en armas, 
que después de destruido en una lucha 
frontal, cientos de guerrillas con mando 
dinámico, con una sola orientación 
central, darán la batalla en cada lugar del 
país, que en las ciudades los obreros se 
harán matar al pie de sus fábricas o 
centros de trabajo y en los campos, los 
campesinos darán muerte al invasor 
detrás de cada palma o de cada surco de 
los nuevos arados mecánicos que la 
Revolución les diera. 
 
Y por los caminos del mundo, la 
solidaridad internacional, creará una 
barrera de cientos de millones de pechos 
protestando contra la agresión. Verá el 
monopolio cómo se sacuden sus pilares 
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carcomidos y cómo es barrida de un soplo 
la tela de araña de su cortina de mentiras 
elaboradas por las «P». Pero, supongamos 
que se atrevan contra la indignación 
popular del mundo: ¿qué pasará aquí 
adentro? 
 
Lo primero que salta a la vista, dada 
nuestra posición de Isla fácilmente 
vulnerable, sin armas pesadas, con una 
aviación y una marina muy débiles, es la 
aplicación esencial del concepto 
guerrillero a la lucha de defensa nacional. 
 
Nuestras unidades de tierra lucharán con 
el fervor, la decisión, el entusiasmo de 
que son capaces los hijos de la 
Revolución cubana en estos años 
gloriosos de su Historia; pero en el peor 
de los casos estamos preparados para 
seguir siendo unidades combatientes aún 
después de la destrucción de la estructura 
de nuestro ejército en un frente de 
combate. En otras palabras, frente a 
grandes concentraciones de fuerzas 
enemigas que lograran destruir la nuestra, 
se transformaría inmediatamente en un 
ejército guerrillero, con amplio sentido de 
movilidad, con el mando ilimitado de sus 
jefes a nivel de la columna pero, sin 
embargo, con un mando central situado 
en algún lugar del país, que daría las 
órdenes oportunas y fijará la estrategia 
general en todos los casos. 
 
Las montañas serían la defensa última de 
la vanguardia armada organizada del 
pueblo, que as el Ejército Rebelde pero la 
lucha se dará en cada casa del pueblo, en 
cada camino, en cada monte, en cada 
pedazo del territorio nacional por el gran 
ejército de retaguardia que es el pueblo 
entero, adiestrado y armado en la forma 
que después puntualizaremos. 
 
Al no tener nuestras unidades de 
infantería armas pesadas, se centrará su 
acción en la defensa antitanque y la 
defensa antiaérea. Muchas minas, 
infinidad de ellas, bazookas o granadas 
antitanques, cañones antiaéreos de gran 
movilidad, serán las únicas armas de 
cierto poder, amén de algunas baterías de 
morteros. El soldado de infantería 
veterano, con armas automáticas, sabrá, 
no obstante, el valor del parque. Lo 
cuidará con amor. Instalaciones 
especiales de recarga de cartuchos 
acompañarán a cada unidad de nuestro 
ejército, manteniendo aun en condiciones 
precarias, reservas de parque. 
 
La aviación probablemente sea mal herida 
en los primeros momentos de una 
invasión de este tipo. Estamos haciendo 
el cálculo para una invasión por una 
potencia extranjera de primera magnitud 
o mercenario de alguna pequeña potencia, 
apoyadas subrepticiamente o no, por esa 
gran potencia de primera magnitud. La 
aviación nacional como dije, será 
destruida, o casi destruida,se mantendrán 
solamente los aviones de reconocimiento 
y los de enlace, sobre todo los 
helicópteros, para todas las funciones 
menores. 
 
La marina tendrá también su estructura 
adecuada a esta estrategia móvil; 
pequeñas lanchas mostrarán la menor 
superficie al enemigo manteniendo la 
máxima movilidad; siempre en estos 
casos, como en cualquiera de los 
anteriores, la gran desesperación del 
ejército enemigo será el no encontrar 
nada sólido contra lo cual chocar; todo 
será una masa gelatinosa, movediza, 
impenetrable, que va retrocediendo y, 
mientras hiere en todos lados, no presenta 
un frente sólido. 
 
Pero no es fácil que el ejército del pueblo, 
que está preparado para seguir siendo 
ejército, pase a su derrota en una batalla 
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frontal, sea derrotado. Dos grandes masas 
de población están unidas alrededor de él: 
los campesinos y los obreros. Ya los 
campesinos han dado señales de su 
eficacia deteniendo a la pequeña pandilla 
que merodeaba por los alrededores de 
Pinar del Río. En su gran mayoría, esos 
campesinos serán preparados en sus 
lugares de origen; pero los jefes de 
pelotón y los superiores serán preparados, 
como ya lo están siendo, en nuestras 
bases militares. De allí se distribuirán a 
través de las treinta zonas de desarrollo 
agrario en que ha sido dividido el país 
para constituir otros tantos centros de 
lucha campesina, encargados de defender 
al máximo sus tierras, sus conquistas 
sociales, sus nuevas casas, sus canales, 
sus diques, sus cosechas florecientes, su 
independencia; en una palabra, su 
derecho a la vida. 
 
Presentarán al principio también una 
firme oposición a cualquier avance del 
enemigo pero, si éste es muy fuerte, se 
dividirán, y cada campesino durante el día 
será un pacífico cultivador de su tierra y, 
en la noche, será el temible guerrillero, 
azote de las fuerzas enemigas. Algo 
semejante ocurrirá con los obreros; 
también los mejores entre ellos se 
prepararán para después jefaturar a sus 
compañeros y encargarse de impartirles 
las nociones de defensa que se darán. 
Cada tipo social, sin embargo, tendrá 
tareas distintas; el campesino hará la 
lucha típica del guerrillero y debe 
aprender a ser un buen tirador, aprovechar 
todas las dificultades del terreno y a 
desaparecer sin dar la cara nunca; el 
obrero, en cambio, tiene a su favor el 
hecho de estar dentro de una fortaleza de 
enormes dimensiones y eficacia, como es 
una ciudad moderna, y al mismo tiempo 
la dificultad de no tener movilidad. El 
obrero aprenderá, lo primero, a cerrar las 
calles con barricadas hechas con cuanto 
vehículo, mueble o utensilio haya, a 
utilizar cada manzana como una fortaleza 
comunicada por agujeros hechos en las 
paredes interiores, a usar la terrible arma 
de defensa que es el «coctel molotov» y a 
saber coordinar su fuego desde las 
aspilleras innumerables que ofrecen las 
casas de una ciudad moderna. 
 
Entre la mesa obrera, asistida por la 
Policía Nacional y las Fuerzas Armadas 
encargadas de la defensa de las ciudades, 
se hará un bloque de ejército poderoso, 
pero que deberá ser extremadamente 
sacrificado. No se puede pensar que la 
lucha en las ciudades en estas condiciones 
va a alcanzar la facilidad y elasticidad de 
la lucha campesina: caerán -o caeremos- 
muchos en esta lucha popular; el enemigo 
utilizará tanques que serán rápidamente 
destruidos cuando el pueblo aprenda a ver 
sus lados flacos y también a no temerles, 
pero antes dejará su saldo de víctimas. 
 
También existirán organizaciones afines a 
éstas de obreros y campesinos. En primer 
lugar, las milicias estudiantiles, dirigidas 
y coordinadas por el Ejército Rebelde, 
que contendrá la flor y nata de la juventud 
estudiosa; organizaciones de la juventud 
en general que participará en la misma 
forma y organizaciones de mujeres, que 
darán el enorme estímulo de la presencia 
femenina, harán los trabajos tan 
importantes de asistencia a los 
compañeros de lucha: cocinar, curar 
heridos, dar las últimas caricias a los 
moribundos, lavar, en fin, demostrar a los 
compañeros de armas que nunca falta su 
presencia en los momentos difíciles de la 
Revolución. Todo esto se logra por un 
amplio trabajo organizativo de las masas 
pero, además, se logra con una educación 
paciente y completa de las mismas, 
educación que nace o tiene su cimiento en 
los conocimientos elementales pero que 
debe centralizarse sobre la explicación 
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 83
razonada y veraz de los hechos de la 
Revolución. 
 
Las leyes revolucionarias deben ser 
comentadas, explicadas, estudiadas, en 
cada reunión, en cada asamblea, en cada 
lugar donde exponentes de la Revolución 
se den cita para cualquier cosa. 
Constantemente, además, deben leerse 
también, comentarse y discutirse los 
discursos de los jefes, y particularmente, 
en nuestro caso, del líder indiscutido, para 
ir orientando a las masas, al mismo 
tiempo que deben reunirse para escuchar 
en los campos, por las radios o, en lugares 
de más avanzado nivel técnico, con 
televisores, esas magníficas lecciones 
populares que suele dar nuestro Primer 
Ministro. 
 
El contacto del pueblo con la política, es 
decir, el contacto del pueblo con la 
expresión de sus anhelos hechos leyes, 
decretos y resoluciones, debe ser 
constante. La vigilancia revolucionaria 
sobre toda manifestación contra ella debe 
ser constante también y, dentro de las 
masas revolucionarias, la vigilancia de su 
moral debe ser más estricta que la 
vigilancia contra el no revolucionario o el 
desafecto. No se puede permitir, so pena 
de que la revolución inicie el peligroso 
camino del oportunismo, el que ningún 
revolucionario, de ninguna categoría y 
por ningún concepto, sea perdonado de 
faltas graves contra el decoro o la moral, 
por el hecho mismo de ser revolucionario. 
Pudiera eso constituir en todo caso, algo 
como una atenuante y puede estar 
siempre presente durante el castigo el 
recuerdo de sus anteriores méritos, pero el 
hecho en sí, debe ser siempre castigado. 
 
El culto al trabajo, sobre todo al trabajo 
colectivo y con fines colectivos, debe ser 
desarrollado. Brigadas de voluntarios que 
construyan caminos, puentes, muelles o 
diques, que construyan ciudades 
escolares, que vayan constantemente 
uniéndose, demostrando su amor a la 
revolución con los hechos, deben recibir 
un gran impulso. 
 
Un ejército que esté compenetrado de tal 
forma con el pueblo, que sienta tan 
íntimamente en él al campesino o al 
obrero de donde surgió, que conozca 
además toda la técnica especial de su 
guerra y esté preparado psicológicamente 
para las peores contingencias, es 
invencible, y más invencible será cuando 
más carne se haga en el ejército y en la 
ciudadanía la justa frase de nuestro 
inmortal Camilo: «El Ejército es el 
pueblo uniformado.» Por eso, por todo 
eso, a pesar de lo necesario que es para el 
monopolio la supresión del «mal 
ejemplo» cubano, nuestro futuro es más 
luminoso que nunca. 
 
Tomado de Escritos y discursos, tomo 1, 
Editorial de Ciencias Sociales, La 
Habana 1972, páginas 163-190. 
 
 
Artículos: (sobre la 
guerrilla y la guerra de 
guerrilla) 
 
 
 
Qué es un «guerrillero» 
 
[Revolución, 19 de febrero de 1959.] 
 
Quizá no haya país en el mundo en que la 
palabra «guerrillero» no sea simbólica de 
una aspiración libertaria para el pueblo. 
Solamente en Cuba esta palabra tiene un 
significado repulsivo. Esta Revolución, 
libertadora, en todos sus extremos, sale 
CEME - Centro de Estudios Miguel Enríquez - Archivo Chile
 84
también a dignificar esa palabra. Todos 
saben que fueron guerrilleros aquellos 
simpatizantes del régimen de 
esclavización española que tomaron las 
armas para defender en formairregular la 
corona del rey de España; a partir de ese 
momento, el nombre queda como 
símbolo, en Cuba, de todo lo malo, lo 
retrógrado, lo podrido del país. Sin 
embargo, el guerrillero es, no eso, sino 
todo lo contrario; es el combatiente de la 
libertad por excelencia; es el elegido del 
pueblo, la vanguardia combatiente del 
mismo en su lucha por la liberación. 
Porque la guerra de guerrillas no es como 
se piensa, una guerra minúscula, una 
guerra de un grupo minoritario contra un 
ejército poderoso, no; la guerra de 
guerrillas es la guerra del pueblo entero 
contra la opresión dominante. El 
guerrillero es su vanguardia armada; el 
ejército lo constituyen todos los 
habitantes de una región o de un país. Esa 
es la razón de su fuerza, de su triunfo, a la 
larga o a la corta, sobre cualquier poder 
que trate de oprimirlo; es decir, la base y 
el substratum de la guerrilla está en el 
pueblo. 
 
No se puede concebir que pequeños 
grupos armados, por más movilidad y 
conocimiento del terreno que tengan, 
puedan sobrevivir a la persecución 
organizada de un ejército bien 
pertrechado sin ese auxiliar poderoso. La 
prueba está en que todos los bandidos, 
todas las gavillas de bandoleros, acaban 
por ser derrotados por el poder central, y 
recuérdese que muchas veces estos 
bandoleros representan, para los 
habitantes de la región, algo más que eso, 
representan también aunque sea la 
caricatura de una lucha por la libertad. 
El ejército guerrillero, ejército popular 
por excelencia, debe tener en cuanto a su 
composición individual las mejores 
virtudes del mejor soldado del mundo. 
Debe basarse en una disciplina estricta. El 
hecho de que las formalidades de la vida 
militar no se adapten a la guerrillera, que 
no haya taconeo ni saludo rígido, ni 
explicación sumisa ante el superior, no 
demuestran de manera alguna que no 
haya disciplina. La disciplina guerrillera 
es interior, nace del convencimiento 
profundo del individuo, de esa necesidad 
de obedecer al superior, no solamente 
para mantener la efectividad del 
organismo armado que está integrado, 
sino también para defender la propia vida. 
Cualquier pequeño descuido en un 
soldado de un ejército regular es 
controlado por el compañero más 
cercano. En la guerra de guerrillas, donde 
cada soldado es unidad y es un grupo, un 
error es fatal. Nadie puede descuidarse. 
Nadie puede cometer el más mínimo 
desliz, pues su vida y la de los 
compañeros le va en ello. 
 
Esta disciplina informal, muchas veces no 
se ve. Para la gente poco informada, 
parece mucho más disciplinado el soldado 
regular con todo su andamiaje de 
reconocimientos de las jerarquías que el 
respeto simple y emocionado con que 
cualquier guerrillero sigue las 
instrucciones de su jefe. Sin embargo, el 
ejército de liberación fue un ejército puro 
donde ni las más comunes tentaciones del 
hombre tuvieron cabida; y no había 
aparato represivo, no había servicio de 
inteligencia que controlara al individuo 
frente a la tentación. Era su autocontrol el 
que actuaba. Era su rígida conciencia del 
deber y de la disciplina. 
 
El guerrillero es, además de un soldado 
disciplinado, un soldado muy ágil, física 
y mentalmente. No puede concebirse una 
guerra de guerrillas estática. Todo es 
nocturnidad. Amparados en el 
conocimiento del terreno, los guerrilleros 
caminan de noche, se sitúan en la 
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posición, atacan al enemigo y se retiran. 
No quiere decir esto que la retirada sea 
muy lejana al teatro de operaciones; 
simplemente tiene que ser muy rápida del 
teatro de operaciones. 
 
El enemigo concentrará inmediatamente 
sobre el punto atacado todas sus unidades 
represivas. Irá la aviación a bombardear, 
irán las unidades tácticas a cercarlos, irán 
los soldados decididos a tornar una 
posición ilusoria. 
 
El guerrillero necesita sólo presentar un 
frente al enemigo. Con retirarse algo, 
esperarlo, dar un nuevo combate, volver a 
retirarse, ha cumplido su misión 
específica. Así el ejército puede estar 
desangrándose durante horas o durante 
días. El guerrero popular, desde sus 
lugares de acecho, atacará en momento 
oportuno. 
 
Hay otros profundos axiomas en la táctica 
de guerrillas. El conocimiento del terreno 
debe ser absoluto. El guerrillero no puede 
desconocer el lugar donde va a atacar, 
pero además debe conocer todos los 
trillos de retirada así como todos los 
caminos de acceso o los que están 
cerrados. Las casas amigas, y enemigas, 
los lugares más protegidos, aquellos 
donde se puede dejar un herido, aquellos 
otros donde se puede establecer un 
campamento provisional, en fin, conocer 
como la palma de la mano el teatro de 
operaciones. Y eso se hace y se logra 
porque el pueblo, el gran núcleo del 
ejército guerrillero, está detrás de cada 
acción. 
 
Los habitantes de un lugar son acémilas, 
informantes, enfermeros, proveedores de 
combatientes, en fin, constituyen los 
accesorios importantísimos de su 
vanguardia armada. 
 
Pero frente a todas estas cosas; frente a 
este cúmulo de necesidades tácticas del 
guerrillero, habría que preguntarse: «¿por 
qué lucha?», y, entonces surge la gran 
afirmación: «El guerrillero es un 
reformador social. 
 
El guerrillero empuña las armas como 
protesta airada del pueblo contra sus 
opresores, y lucha por cambiar el régimen 
social que mantiene a todos sus hermanos 
desarmados en el oprobio y la miseria. Se 
ejercita contra las condiciones especiales 
de la institucionalidad de un momento 
dado y se dedica a romper con todo el 
vigor que las circunstancias permitan, los 
moldes de esa institucionalidad.» 
 
Veamos algo importante: ¿qué es lo que 
el guerrillero necesita tácticamente? 
Habíamos dicho, conocimiento del 
terreno con sus trillos de acceso y escape, 
velocidad de maniobra, apoyo del pueblo, 
lugares donde esconderse, naturalmente. 
Todo eso indica que el guerrillero 
ejercerá su acción en lugares agrestes y 
poco poblados. Y, en los lugares agrestes 
y poco poblados, la lucha del pueblo por 
sus reivindicaciones se sitúa 
preferentemente y hasta casi 
exclusivamente en el plano del cambio de 
la composición social de la tenencia de la 
tierra, es decir, el guerrillero es, 
fundamentalmente y antes que nada, un 
revolucionario agrario. 
 
Interpreta los deseos de la gran masa 
campesina de ser dueña, de la tierra, 
dueña de los medios de producción, de 
sus animales, de todo aquello por lo que 
ha luchado durante años, de lo que 
constituye su vida y constituirá también 
su cementerio. 
Por eso, en este momento especial de 
Cuba, los miembros del nuevo ejército 
que nace al triunfo desde las montañas de 
Oriente y del Escambray, de los llanos de 
CEME - Centro de Estudios Miguel Enríquez - Archivo Chile
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Oriente y de los llanos de Camagüey, de 
toda Cuba, traen, como bandera de 
combate, la Reforma Agraria. 
 
Es una lucha quizás tan larga como el 
establecimiento de la propiedad 
individual. Lucha que los campesinos han 
llevado con mejor o peor éxito a través de 
las épocas, pero que siempre ha tenido 
calor popular. Esta lucha no es patrimonio 
de la Revolución. La Revolución ha 
recogido esa bandera entre las masas 
populares y la ha hecho suya ahora. Pero 
antes, desde mucho tiempo; desde que se 
alzaran los vegueros de La Habana; desde 
que los negros trataran de conseguir su 
derecho a la tierra en la gran guerra de 
liberación de los 30 años; desde que los 
campesinos tomaran revolucionariamente 
el Realengo 18, la tierra ha sido centro de 
la batalla por la adquisición de un mejor 
modo de vida. 
 
Esta Reforma Agraria que hoy se está 
haciendo, que empezó tímida en la Sierra 
Maestra, que se trasladó al Segundo 
Frente Oriental y al macizo del 
Escambray, que fue olvidada algún 
tiempo en las gavetasministeriales y 
resurgió pujante con la decisión definitiva 
de Fidel Castro es, conviene repetirlo una 
vez más, quien dará la definición histórica 
del «26 de julio». 
 
Este Movimiento no inventó la Reforma 
Agraria. La llevará a cabo. La llevará a 
cabo íntegramente hasta que no quede 
campesino sin tierra, ni tierra sin trabajar. 
En ese momento, quizás, el mismo 
Movimiento haya dejado de tener el por 
qué de existir, pero habrá cumplido su 
misión histórica. Nuestra tarea es llegar a 
ese punto, el futuro dirá si hay más 
trabajo a realizar. 
 
[Revolución, 19 de febrero de 1959.] 
 
Tomado de Escritos y discursos, tomo 1, 
Editorial de Ciencias Sociales, La 
Habana 1972, páginas 193-197 
 
 
 
Guerra y población 
campesina 
 
[Lunes de Revolución, 26 de julio de 
1959.] 
 
El vivir continuado en estado de guerra 
crea en la conciencia del pueblo una 
actitud mental para adaptarse a ese 
fenómeno nuevo. Es un largo y doloroso 
proceso de adaptación del individuo para 
poder resistir la amarga experiencia que 
amenaza su tranquilidad. La Sierra 
Maestra y otras nuevas zonas liberadas 
han debido pasar también por esta amarga 
experiencia. 
 
La situación campesina en las zonas 
agrestes de la serranía era sencillamente 
espantosa. El colono, venido de lejanas 
regiones con afanes de liberación, había 
doblado las espaldas sobre las tumbas 
nuevas que arrancaba su sustento, con mil 
sacrificios, había hecho nacer las matas 
de café de las lomas empinadas donde es 
un sacrificio el tránsito a lo nuevo; todo 
con su sudor individual respondiendo al 
afán secular del hombre por ser dueño de 
su pedazo de tierra; trabajando con amor 
infinito ese risco hostil al que trataba 
como una parte de sí mismo. De pronto, 
cuando las matas de café empezaban a 
florearse con el grano que era su 
esperanza, aparecía un nuevo dueño de 
esas tierras. Era una compañía extranjera; 
un geófago local o algún aprovechado 
especulador inventaba la deuda necesaria. 
Los caciques políticos, los jefes de puesto 
trabajaban como empleados de la 
compañía o el geófago apresando o 
CEME - Centro de Estudios Miguel Enríquez - Archivo Chile
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asesinando cualquier campesino 
demasiado rebelde a las arbitrariedades. 
Ese panorama de derrota y desolación fue 
el que encontramos para unirlo a la 
derrota, producto de nuestra 
inexperiencia, en la Alegría de Pío 
(nuestro único revés en esta larga 
campaña, nuestra cruenta lección de lucha 
guerrillera). El campesinado vio en 
aquellos hombres macilentos cuya barba, 
ahora legendaria, empezaba a aflorar, un 
compañero de infortunio, un nuevo 
golpeado por las fuerzas represivas, y nos 
dio su ayuda espontánea y desinteresada, 
sin esperar nada de los vencidos. 
 
Pasaron los días y nuestra pequeña tropa 
de ya aguerridos soldados mantuvo los 
triunfos de La Plata y Palma Mocha. El 
régimen reaccionó con toda su brutalidad 
y el asesinato campesino se hizo en masa. 
El terror se desató sobre los valles 
agrestes de la Sierra Maestra y los 
campesinos retrajeron su ayuda; una 
barrera de mutua desconfianza asomaba 
entre ellos y los guerrilleros; aquéllos por 
el miedo a la represalia, éstos por temor al 
chivatazo de los timoratos. Nuestra 
política, no obstante, fue justa y 
comprensiva y la población guajira inició 
su viraje de retorno a nuestra causa. 
 
La dictadura, en su desesperación y en su 
crimen, ordenó la reconcentración de las 
miles de familias guajiras de la Sierra 
Maestra a las ciudades. 
 
Los hombres más fuertes y decididos, 
casi todos los jóvenes, prefirieron la 
libertad y la guerra a la esclavitud y la 
ciudad. Largas caravanas de mujeres, 
niños y ancianos peregrinaron por los 
caminos serpenteantes donde habían 
nacido, bajaron al llano y fueron 
arrinconados en las afueras de las 
ciudades. Por segunda vez Cuba vivía la 
página más criminal de su historia: la 
reconcentración. Primero lo ordenó 
Weyler, el sanguinario espadón de la 
España colonial; ahora lo mandaba 
Fulgencio Batista, el peor de los traidores 
y de los asesinos que ha conocido 
América. El hambre, la miseria, las 
enfermedades, las epidemias y la muerte, 
diezmaron a los campesinos 
reconcentrados por la tiranía; allí 
murieron niños por falta de atención 
médica y de alimentación, cuando a unos 
pasos de ellos estaban los recursos que 
pudieron salvar sus vidas. La protesta 
indignada del pueblo cubano, el 
escándalo internacional y la impotencia 
de la dictadura en derrotar a los rebeldes, 
obligaron al tirano a suspender la 
reconcentración de las familias 
campesinas de la Sierra Maestra. Y otra 
vez volvieron a las tierras donde habían 
nacido, miserables, enfermos y 
diezmados, los campesinos de la Sierra. 
Si antes habían sufrido los bombardeos de 
la dictadura, la quema de su bohío y el 
asesinato en masa, ahora habían conocido 
la inhumanidad y barbarie de un régimen 
que los trató peor que la España colonial 
a los cubanos de la guerra 
independentista. Batista había superado a 
Weyler. 
 
Los campesinos volvieron con una 
decisión inquebrantable de luchar hasta 
vencer o morir, rebeldes hasta la muerte o 
la libertad. 
 
Nuestra pequeña guerrilla de extracción 
ciudadana empezó a colorearse de 
sombreros de yarey; el pueblo perdía el 
miedo, se decidía a la lucha, tomaba 
decididamente el camino de su redención. 
En este cambio coincidía nuestra política 
hacia el campesinado y nuestros triunfos 
militares que nos mostraba ya como una 
fuerza imbatible en la Sierra Maestra. 
 
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 88
Puestos en la disyuntiva, todos los 
campesinos eligieron el camino de la 
Revolución. El cambio de carácter de que 
hablábamos antes se mostraba ahora en 
toda su plenitud: la guerra era un hecho, 
doloroso sí, pero transitorio; la guerra era 
un estado definitivo dentro del cual el 
individuo debía adaptarse para subsistir. 
Cuando la población campesina lo 
comprendió, inició las tareas para afrontar 
las circunstancias adversas que se 
presentarían. 
 
Los campesinos volvieron a sus conucos 
abandonados, suspendieron el sacrificio 
de sus animales guardándolos para épocas 
peores y se adaptaron también a los 
ametrallamientos salvajes, creando cada 
familia su propio refugio individual. 
 
Se habituaron también a las periódicas 
fugas de las zonas de guerra, con familias, 
ganado y enseres, dejando al enemigo 
sólo el bohío para que cebaran su odio 
convirtiéndolo en cenizas. Se habituaron 
a la reconstrucción sobre las ruinas 
humeantes de su antigua vivienda, sin 
quejas, sólo con odio concentrado y 
voluntad de vencer. 
 
Cuando se inició el reparto de reses para 
luchar contra el cerco alimenticio de la 
dictadura, cuidaron sus animales con 
amorosa solicitud y trabajaron en grupos, 
estableciendo de hecho cooperativas para 
trasladar el ganado a lugar seguro, 
donando también sus potreros, y sus 
animales de carga al esfuerzo común. 
 
En un nuevo milagro de la Revolución, el 
individualista acérrimo que cuidaba 
celosamente los límites de su propiedad y 
de su derecho propio, se unía, por 
imposición de la guerra, al gran esfuerzo 
común de la lucha. Pero hay un milagro 
más grande. Es el reencuentro del 
campesino cubano con su alegría 
habitual, dentro de las zonas liberadas. 
Quien ha sido testigo de los apocados 
cuchicheos con que nuestras fuerzas eran 
recibidas en cada casa campesina, nota 
con orgullo el clamor despreocupado, la 
carcajada alegre del nuevo habitante de la 
Sierra. Ese es el reflejo de la seguridad en 
sí mismo que la conciencia de su propia 
fuerza ha dado a los habitantes de nuestra 
porción liberada. Esa es nuestra tarea 
futura: hacer retornar al pueblo de Cuba 
el concepto de su propia fuerza, de la 
seguridad absoluta en que sus derechos 
individuales,respaldados por la 
Constitución, son su mayor tesoro. Más 
aún que el vuelo de las campanas, 
anunciará la liberación el retorno de la 
antigua carcajada alegre, de 
despreocupada seguridad que hoy ha 
perdido el pueblo cubano. 
 
[Lunes de Revolución, 26 de julio de 
1959.] 
 
Tomado de Escritos y discursos, tomo 1, 
Editorial de Ciencias Sociales, La 
Habana 1972, páginas 199-202 
 
 
 
Guerra de guerrillas: un 
método 
 
[Cuba Socialista, septiembre de 1963.] 
 
La guerra de guerrillas ha sido utilizada 
innúmeras veces en la historia en 
condiciones diferentes y persiguiendo 
distintos fines. últimamente ha sido usada 
en diversas guerras populares de 
liberación donde la vanguardia del pueblo 
eligió el camino de la lucha armada 
irregular contra enemigos de mayor 
potencial bélico. Asia, Africa y América 
han sido escenario de estas acciones 
cuando se trataba de lograr, el poder en la 
CEME - Centro de Estudios Miguel Enríquez - Archivo Chile
 89
lucha contra la explotación feudal, 
neocolonial o colonial. En Europa se la 
empleó como complemento de los 
ejércitos regulares propios o aliados. 
 
En América se ha recurrido a la guerra de 
guerrillas en diversas oportunidades. 
Como antecedente mediato más cercano 
puede anotarse la experiencia de Augusto 
César Sandino, luchando contra las 
fuerzas expedicionarias yanquis en la 
Segovia nicaragüense. Y, recientemente, 
la guerra revolucionaria de Cuba. A partir 
de entonces, en América se han planteado 
los problemas de la guerra de guerrillas 
en las discusiones teóricas de los partidos 
progresistas del continente y la 
posibilidad y conveniencia de su 
utilización es materia de polémicas 
encontradas. 
 
Estas notas tratarán de expresar nuestras 
ideas sobre la guerra de guerrillas y cuál 
sería su utilización correcta. 
 
Ante todo hay que precisar que esta 
modalidad de lucha es un método; un 
método para lograr un fin. Ese fin, 
indispensable, ineludible para todo 
revolucionario, es la conquista del poder 
político. Por tanto, en los análisis de las 
situaciones específicas de los distintos 
países de América, debe emplearse el 
concepto de guerrilla reducido a la simple 
categoría de método de lucha para lograr 
aquel fin. 
 
Casi inmediatamente surge la pregunta: 
¿El método de la guerra de guerrillas es la 
fórmula única para la toma del poder en 
la América entera?; o ¿será, en todo caso, 
la forma predominante?; o, simplemente, 
¿será una fórmula más entre todas las 
usadas para la lucha? y, en último 
extremo, se preguntan, ¿será aplicable a 
otras realidades continentales el ejemplo 
de Cuba? Por el camino de la polémica, 
suele criticarse a aquellos que quieren 
hacer la guerra de guerrillas, aduciendo 
que se olvidan de la lucha de masas, casi 
como si fueran métodos contrapuestos. 
Nosotros rechazamos el concepto que 
encierra esa posición; la guerra de 
guerrillas es una guerra del pueblo, es una 
lucha de masas. Pretender realizar este 
tipo de guerra sin el apoyo de la 
población, es el preludio de un desastre 
inevitable. La guerrilla es la vanguardia 
combativa del pueblo, situada en un lugar 
determinado de algún territorio dado, 
armada, dispuesta a desarrollar una serie 
de acciones bélicas tendientes al único fin 
estratégico posible: la toma del poder. 
Está apoyada por las masas campesinas y 
obreras de la zona y de todo el territorio 
de que se trate. Sin esas premisas no se 
puede admitir la guerra de guerrillas. 
 
«En nuestra situación americana, 
consideramos que tres aportaciones 
fundamentales hizo la Revolución cubana 
a la mecánica de los movimientos 
revolucionarios en América; son ellas: 
Primero: las fuerzas populares pueden 
ganar una guerra contra el ejército. 
Segundo: no siempre hay que esperar a 
que se den todas las condiciones para la 
revolución; el foco insurreccional puede 
crearlas. Tercero: en la América 
subdesarrollada, el terreno de la lucha 
armada debe ser fundamentalmente el 
campo.» (La guerra de guerrillas.) 
 
Tales son las aportaciones para el 
desarrollo de la lucha revolucionaria en 
América, y pueden aplicarse a cualquiera 
de los países de nuestro Continente en los 
cuales se vaya a desarrollar una guerra de 
guerrillas. 
 
La Segunda Declaración de La Habana 
señala: 
 
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 90
En nuestros países se juntan las 
circunstancias de una industria 
subdesarrollada con un régimen agrario 
de carácter feudal. Es por eso que, con 
todo lo duras que son las condiciones de 
vida de los obreros urbanos, la población 
rural vive aún en las más horribles 
condiciones de opresión y explotación; 
pero es también, salvo excepciones, el 
sector absolutamente mayoritario, en 
proporciones que a veces sobrepasan el 
setenta por ciento de las poblaciones 
latinoamericanas. 
 
Descontando los terratenientes, que 
muchas veces residen en las ciudades, el 
resto de esa gran masa libra su sustento 
trabajando como peones en las haciendas 
por salarios misérrimos, o labran la tierra 
en condiciones de explotación que nada 
tienen que envidiar a la Edad Media. 
Estas circunstancias son las que 
determinan que en América Latina la 
población pobre del campo constituya una 
tremenda fuerza revolucionaria potencial. 
Los ejércitos, estructurados y equipados 
para la guerra convencional, que son la 
fuerza en que se sustenta el poder de las 
clases explotadoras, cuando tienen que 
enfrentarse a la lucha irregular de los 
campesinos en el escenario natural de 
éstos, resultan absolutamente impotentes; 
pierden diez hombres por cada 
combatiente revolucionario que cae, y la 
desmoralización cunde rápidamente en 
ellos al tener que enfrentarse a un 
enemigo invisible e invencible que no les 
ofrece ocasión de lucir sus tácticas de 
academia y sus fanfarrias de guerra, de 
las que tanto alarde hacen para reprimir a 
los obreros y a los estudiantes en las 
unidades. 
 
La lucha inicial de reducidos núcleos 
combatientes se nutre incesantemente de 
nuevas fuerzas, el movimiento de masas 
comienza a desatarse, el viejo orden [205] 
se resquebraja poco a poco en mil 
pedazos, y es entonces el momento en 
que la clase obrera y las masas urbanas 
deciden la batalla. 
 
¿Qué es lo que desde el comienzo mismo 
de la lucha de esos primeros núcleos los 
hace invencibles, independientemente del 
número, el poder y los recursos de sus 
enemigos? El apoyo del pueblo, y con ese 
apoyo de las masas contarán en grado 
cada vez mayor. 
Pero el campesino es una clase que, por el 
estado de incultura en que lo mantienen y 
el aislamiento en que vive, necesita la 
dirección revolucionaria y política de la 
clase obrera y los intelectuales 
revolucionarios, sin la cual no podría por 
sí sola lanzarse a la lucha y conquistar la 
victoria. 
 
En las actuales condiciones históricas de 
América Latina, la burguesía nacional no 
puede encabezar la lucha antifeudal y 
antiimperialista. La experiencia 
demuestra que en nuestras naciones esa 
clase, aun cuando sus intereses son 
contradictorios con los del imperialismo 
yanqui, ha sido incapaz de enfrentarse a 
éste, paralizada por el miedo a la 
revolución social y asustada por el clamor 
de las masas explotadas. 
 
Completando el alcance de estas 
afirmaciones que constituyen el nudo de 
la declaración revolucionaria de América, 
la Segunda Declaración de La Habana 
expresa en otros párrafos lo siguiente: 
 
Las condiciones subjetivas de cada país, 
es decir, el factor conciencia, 
organización, dirección, puede acelerar o 
retrasar la revolución, según su mayor o 
menor grado de desarrollo; pero tarde o 
temprano en cada época histórica, cuando 
las condiciones objetivas maduran, la 
conciencia se adquiere, la organización se 
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 91
logra, la dirección surge y la revolución 
se produce. 
 
Que ésta tenga lugar por cauces pacíficos 
o nazca al mundo después de un parto 
doloroso, no depende de los 
revolucionarios; depende de las fuerzas 
reaccionarias de la vieja sociedad, que se 
resisten a dejar [206] nacer la sociedad 
nueva, que es engendrada por las 
contradicciones que lleva en su seno la 
vieja sociedad. La revolución es en la 
historia como el médico que asiste al 
nacimiento de una nueva vida. No usa sin 
necesidad los aparatos de fuerza, pero los 
usa sin vacilaciones cada vez que sea 
necesario para ayudar al parto. Parto que 
trae a las masas esclavizadas y explotadas 
la esperanza de una vida mejor. 
 
En muchos países de América Latina la 
revolución es hoy inevitable. Ese hecho 
no lo determina la voluntad de nadie. Está 
determinado por las espantosas 
condiciones de explotación en que vive el 
hombre americano, el desarrollo de la 
conciencia revolucionaria de las masas, la 
crisis mundial del imperialismo y el 
movimiento universal de lucha de los 
pueblos subyugados. 
 
Partiremos de estas bases para el análisis 
de toda la cuestión guerrillera en 
América. 
 
Establecimos que es un método de lucha 
para obtener un fin. Lo que interesa, 
primero, es analizar el fin y ver si se 
puede lograr la conquista del poder de 
otra manera que por la lucha armada, aquí 
en América. 
 
La lucha pacífica puede llevarse a cabo 
mediante movimientos de masas y obligar 
-en situaciones especiales de crisis- a 
ceder a los gobiernos, ocupando 
eventualmente el poder las fuerzas 
populares que establecerían la dictadura 
proletaria. Correcto teóricamente. Al 
analizar lo anterior en el panorama de 
América, tenemos que llegar a las 
siguientes conclusiones: En este 
continente existen en general condiciones 
objetivas que impulsan a las masas a 
acciones violentas contra los gobiernos 
burgueses y terratenientes, existen crisis 
de poder en muchos otros países y 
algunas condiciones subjetivas también. 
Claro está que, en los países en que todas 
las condiciones estén dadas, sería hasta 
criminal no actuar para la toma del poder. 
En aquellos otros en que esto no ocurre es 
lícito que aparezcan distintas alternativas 
y que de la discusión teórica surja la 
decisión aplicable a cada país. Lo único 
que la historia no admite es que los 
analistas y ejecutores de la política del 
proletariado se equivoquen. Nadie puede 
solicitar el cargo de partido de vanguardia 
como un diploma oficial dado por la 
universidad. Ser partido de vanguardia es 
estar al frente de la clase obrera en la 
lucha por la toma del poder, saber guiarla 
a su captura, conducirla por los atajos, 
incluso. Esa es la misión de nuestros 
partidos revolucionarios y el análisis debe 
ser profundo y exhaustivo para que no 
haya equivocación. 
 
Hoy por hoy, se ve en América un estado 
de equilibrio inestable entre la dictadura 
oligárquica y la presión popular. La 
denominamos con la palabra oligárquica 
pretendiendo definir la alianza 
reaccionaria entre las burguesías de cada 
país y sus clases de terratenientes, con 
mayor o menor preponderancia de las 
estructuras feudales. Estas dictaduras 
transcurren dentro de ciertos marcos de 
legalidad que se adjudicaron ellas mismas 
para su mejor trabajo durante todo el 
período irrestricto de dominación de 
clase, pero pasamos por una etapa en que 
las presiones populares son muy fuertes; 
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están llamando a las puertas de la 
legalidad burguesa y ésta debe ser violada 
por sus propios autores para detener el 
impulso de las masas. Sólo que las 
violaciones descaradas, contrarias a toda 
legislación preestablecida -o la 
legislación establecida a posteriori para 
santificar el hecho-, ponen en mayor 
tensión a las fuerzas del pueblo. Por ello, 
la dictadura oligárquica trata de utilizar 
los viejos ordenamientos legales para 
cambiar la constitucionalidad y ahogar 
más al proletariado, sin que el choque sea 
frontal. No obstante, aquí es donde se 
produce la contradicción. El pueblo ya no 
soporta las antiguas y, menos aún, las 
nuevas medidas coercitivas establecidas 
por la dictadura, y trata de romperlas. No 
debemos de olvidar nunca el carácter 
clasista, autoritario y restrictivo del 
estado burgués. Lenin se refiere a él así: 
«El estado es producto y manifestación 
del carácter irreconciliable de las 
contradicciones de clases. El estado surge 
en el sitio, en el momento y en el grado 
en que las contradicciones de clase no 
pueden, objetivamente, conciliarse. Y 
viceversa: la existencia del estado 
demuestra que las contradicciones de 
clase son irreconciliables.» (El estado y la 
revolución.) 
 
Es decir, no debemos admitir que la 
palabra democracia, utilizada en forma 
apologética para representar la dictadura 
de las clases explotadoras, pierda su 
profundidad de concepto y adquiera el de 
ciertas libertades más o menos óptimas 
dadas al ciudadano. Luchar solamente por 
conseguir la restauración de cierta 
legalidad burguesa sin plantearse, en 
cambio, el problema del poder 
revolucionario, es luchar por retornar a 
cierto orden dictatorial preestablecido por 
las clases sociales dominantes: es, en todo 
caso, luchar por el establecimiento de 
unos grilletes que tengan en su punta una 
bola menos pesada para el presidiario. 
 
En estas condiciones de conflicto, la 
oligarquía rompe sus propios contratos, 
su propia apariencia de «democracia» y 
ataca al pueblo, aunque siempre trate de 
utilizar los métodos de la superestructura 
que ha formado para la opresión. Se 
vuelve a plantear en ese momento el 
dilema: ¿Qué hacer? Nosotros 
contestamos: La violencia no es 
patrimonio de los explotadores, la pueden 
usar los explotados y, más aún, la deben 
usar en su momento. Martí decía: «Es 
criminal quien promueve en un país la 
guerra que se le puede evitar; y quien deja 
de promover la guerra inevitable.» 
 
Lenin, por otra parte, expresaba: «La 
social-democracia no ha mirado nunca ni 
mira la guerra desde un punto de vista 
sentimental. Condena en absoluto la 
guerra como recurso feroz para dilucidar 
las diferencias entre los hombres, pero 
sabe que las guerras son inevitables 
mientras la sociedad esté dividida en 
clases, mientras exista la explotación del 
hombre por el hombre. Y para acabar con 
esa explotación no podremos prescindir 
de la guerra, que empieza siempre y en 
todos los sitios las mismas clases 
explotadoras, dominantes y opresoras.» 
Esto lo decía en el año 1905; después, en 
«El programa militar de la revolución 
proletaria», analizando profundamente el 
carácter de la lucha de clases, afirmaba: 
«Quien admita la lucha de clases no 
puede menos que admitir las guerras 
civiles, que en toda sociedad de clases 
representan la continuación, el desarrollo 
y el recrudecimiento -naturales y en 
determinadas circunstancias inevitables- 
de la lucha de clases. Todas las grandes 
revoluciones lo confirman. Negar las 
guerras civiles u olvidarlas sería caer en 
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un oportunismo extremo y renegar de la 
revolución socialista.» 
 
Es decir, no debemos temer a la violencia, 
la partera de las sociedades nuevas; sólo 
que esa violencia debe desatarse 
exactamente en el momento preciso en 
que los conductores del pueblo hayan 
encontrado las circunstancias más 
favorables. 
 
¿Cuáles serán éstas? Dependen, en lo 
subjetivo, de dos factores que se 
complementan y que a su vez se van 
profundizando en el transcurso de la 
lucha: la conciencia de la necesidad del 
cambio y la certeza de la posibilidad de 
este cambio revolucionario; los que, 
unidos a las condiciones objetivas -que 
son grandemente favorables en casi toda 
Américapara el desarrollo de la lucha-, a 
la firmeza en la voluntad de lograrlo y a 
las nuevas correlaciones de fuerzas en el 
mundo, condicionan un modo de actuar. 
 
Por lejanos que estén los países 
socialistas, siempre se hará sentir su 
influencia bienhechora sobre los pueblos 
en lucha, y su ejemplo educador les dará 
más fuerza. Fidel Castro decía el último 
26 de julio: «Y el deber de los 
revolucionarios, sobre todo en este 
instante, es saber percibir, saber captar los 
cambios de correlación de fuerzas que 
han tenido lugar en el mundo, y 
comprender que ese cambio facilita la 
lucha de los pueblos. El deber de los 
revolucionarios, de los revolucionarios 
latinoamericanos, no está en esperar que 
el cambio de correlación de fuerzas 
produzca el milagro de las revoluciones 
sociales en América Latina, sino 
aprovechar cabalmente todo lo que 
favorece al movimiento revolucionario 
ese cambio de correlación de fuerzas ¡y 
hacer las revoluciones!» 
 
Hay quienes dicen «admitamos la guerra 
revolucionaria como el medio adecuado, 
en ciertos casos específicos, para llegar a 
la toma del poder político; ¿de dónde 
sacamos los grandes conductores, los 
Fidel Castro que nos lleven al triunfo?» 
Fidel Castro, como todo ser humano, es 
un producto de la historia. Los jefes 
militares y políticos, que dirijan las 
luchas insurreccionales en América, 
unidos, si fuera posible, en una sola 
persona, aprenderán el arte de la guerra 
en el ejercicio de la guerra misma. No hay 
oficio ni profesión que se pueda aprender 
solamente en los libros de texto. La lucha, 
en este caso, es la gran maestra. 
 
Claro que no será sencilla la tarea ni 
exenta de graves amenazas en todo su 
transcurso. 
 
Durante el desarrollo de la lucha armada 
aparecen dos momentos de extremo 
peligro para el futuro de la revolución. El 
primero de ellos surge en la etapa 
preparatoria y la forma en que se resuelva 
da la medida de la decisión de lucha y 
claridad de fines que tengan las fuerzas 
populares. Cuando el estado burgués 
avanza contra las posiciones del pueblo, 
evidentemente tiene que producirse un 
proceso de defensa contra el enemigo 
que, en ese momento de superioridad, 
ataca. Si ya se han desarrollado las 
condiciones objetivas y subjetivas 
mínimas, la defensa debe ser armada, 
pero de tal tipo que no se conviertan las 
fuerzas populares en meros receptores de 
los golpes del enemigo; no dejar tampoco 
que el escenario de la defensa armada 
simplemente se transforme en un refugio 
extremo de los perseguidos. La guerrilla, 
movimiento defensivo del pueblo en un 
momento dado, lleva en sí, y 
constantemente debe desarrollarla, su 
capacidad de ataque sobre el enemigo. 
Esta capacidad es la que va determinando 
CEME - Centro de Estudios Miguel Enríquez - Archivo Chile
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con el tiempo su carácter de catalizador 
de las fuerzas populares. Vale decir, la 
guerrilla no es autodefensa pasiva, es 
defensa con ataque y, desde el momento 
en que se plantea como tal, tiene como 
perspectiva final la conquista del poder 
político. 
 
Este momento es importante. En los 
procesos sociales la diferencia entre 
violencia y no violencia no puede medirse 
por las cantidades de tiros 
intercambiados; responde a situaciones 
concretas y fluctuantes. Y hay que saber 
ver el instante en que las fuerzas 
populares, conscientes de su debilidad 
relativa, pero al mismo tiempo de su 
fuerza estratégica, deben obligar al 
enemigo a que dé los pasos necesarios 
para que la situación no retroceda. Hay 
que violentar el equilibrio dictadura 
oligárquica-presión popular. La dictadura 
trata constantemente de ejercerse sin el 
uso aparatoso de la fuerza; el obligar a 
presentarse sin disfraz, es decir, en su 
aspecto verdadero de dictadura violenta 
de las clases reaccionarias, contribuirá a 
su desenmascaramiento, lo que 
profundizará la lucha hasta extremos tales 
que ya no se pueda regresar. De cómo 
cumplan su función las fuerzas del pueblo 
abocadas a la tarea de obligar a 
definiciones a la dictadura -retroceder o 
desencadenar la lucha-, depende el 
comienzo firme de una acción armada de 
largo alcance. 
 
Sortear el otro momento peligroso 
depende del poder del desarrollo 
ascendente que tengan las fuerzas 
populares. Marx recomendaba siempre 
que una vez comenzado el proceso 
revolucionario, el proletariado tenía que 
golpear y golpear sin descanso. 
Revolución que no se profundice 
constantemente es revolución que regresa. 
Los combatientes, cansados, empiezan a 
perder la fe y puede fructificar entonces 
alguna de las maniobras a que la 
burguesía nos tiene tan acostumbrados. 
Estas pueden ser elecciones con la 
entrega del poder a otro señor de voz más 
meliflua y cara más angelical que el 
dictador de turno, o un golpe dado por los 
reaccionarios, encabezados, en general, 
por el ejército y apoyándose, directa o 
indirectamente, en las fuerzas 
progresistas. Caben otras, pero no es 
nuestra intención analizar estratagemas 
tácticas. 
 
Llamamos la atención principalmente 
sobre la maniobra del golpe militar 
apuntada arriba. 
 
¿Qué pueden dar los militares a la 
verdadera democracia? ¿Qué lealtad se 
les puede pedir si son meros instrumentos 
de dominación de las clases reaccionarias 
y de los monopolios imperialistas y como 
casta, que vale en razón de las armas que 
posee, aspiran solamente a mantener sus 
prerrogativas? 
 
Cuando, en situaciones difíciles para los 
opresores, conspiren los militares y 
derroquen a un dictador, de hecho 
vencido, hay que suponer que lo hacen 
porque aquél no es capaz de preservar sus 
prerrogativas de clase sin violencia 
extrema, cosa que, en general, no 
conviene en los momentos actuales a los 
intereses de las oligarquías. 
 
Esta afirmación no significa, de ningún 
modo, que se deseche la utilización de los 
militares como luchadores individuales, 
separados del medio social en que han 
actuado y, de hecho, rebelados contra él. 
Y esta utilización debe hacerse en el 
marco de la dirección revolucionaria a la 
que pertenecerán como luchadores y no 
como representantes de una casta. 
 
CEME - Centro de Estudios Miguel Enríquez - Archivo Chile
 95
En tiempos ya lejanos, en el prefacio de la 
tercera edición de La guerra civil en 
Francia, Engels decía: «Los obreros, 
después de cada revolución, estaban 
armados; por eso, el desarme de los 
obreros era el primer mandamiento de los 
burgueses que se hallaban al frente del 
estado. De ahí que, después de cada 
revolución ganada por los obreros, se 
llevara a cabo una nueva lucha que 
acababa con la derrota de éstos...» (cita de 
Lenin, El estado y la revolución.) 
 
Este juego de luchas continuas en que se 
logra un cambio formal de cualquier tipo 
y se retrocede estratégicamente, se ha 
repetido durante decenas de años en el 
mundo capitalista. Peor aún, el engaño 
permanente al proletariado en este 
aspecto lleva más de un siglo de 
producirse periódicamente. 
 
Es peligroso también que, llevados por el 
deseo de mantener durante algún tiempo 
condiciones más favorables para la acción 
revolucionaria mediante el uso de ciertos 
aspectos de la legalidad burguesa, los 
dirigentes de los partidos progresistas 
confundan los términos, cosa que es muy 
común en el curso de la acción, y se 
olviden del objetivo estratégico 
definitivo: la toma del poder. 
 
Estos dos momentos difíciles de la 
revolución, que hemos analizado 
someramente, se obvian cuando los 
partidos dirigentes marxistas-leninistas 
son capaces de ver claro las implicaciones 
del momento y de movilizar las masas al 
máximo, llevándolas por el camino justo 
de la resolución de las contradicciones 
fundamentales. 
 
En el desarrollo del tema hemos supuesto 
que eventualmente se aceptará la idea de 
la lucha armada y también la fórmula de 
la guerrade guerrillas como método de 
combate. ¿Por qué estimamos que, en las 
condiciones actuales de América, la 
guerra de guerrillas es la vía correcta? 
Hay argumentos fundamentales que, en 
nuestro concepto, determinan la 
necesidad de la acción guerrillera en 
América como eje central de la lucha. 
 
Primero: aceptando como verdad que el 
enemigo luchará por mantenerse en el 
poder, hay que pensar en la destrucción 
del ejército opresor; para destruirlo hay 
que oponerle un ejército popular enfrente. 
Ese ejército no nace espontáneamente, 
tiene que armarse en el arsenal que brinda 
su enemigo, y esto condiciona una lucha 
dura y muy larga, en la que las fuerzas 
populares y sus dirigentes estarían 
expuestos siempre al ataque de fuerzas 
superiores sin adecuadas condiciones de 
defensa y maniobrabilidad. 
 
En cambio, el núcleo guerrillero, asentado 
en terrenos favorables a la lucha, 
garantiza la seguridad y permanencia del 
mando revolucionario. Las fuerzas 
urbanas, dirigidas desde el estado mayor 
del ejército del pueblo, pueden realizar 
acciones de incalculable importancia. La 
eventual destrucción de estos grupos no 
haría morir el alma de la revolución, su 
jefatura, que, desde la fortaleza rural, 
seguiría catalizando el espíritu 
revolucionario de las masas y 
organizando nuevas fuerzas para otras 
batallas. 
 
Además, en esta zona comienza la 
estructuración del futuro aparato estatal 
encargado de dirigir eficientemente la 
dictadura de clase durante todo el período 
de transición. Cuanto más larga sea la 
lucha, más grandes y complejos serán los 
problemas administrativos y en su 
solución se entrenarán los cuadros para la 
difícil tarea de la consolidación del poder 
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 96
y el desarrollo económico, en una etapa 
futura. 
 
Segundo: la situación general del 
campesinado latinoamericano y el 
carácter cada vez más explosivo de su 
lucha contra las estructuras feudales, en el 
marco de una situación social de alianza 
entre explotadores locales y extranjeros. 
 
Volviendo a la Segunda Declaración de 
La Habana: 
 
Los pueblos de América se liberaron del 
coloniaje español a principios del siglo 
posado, pero no se liberaron de la 
explotación. Los terratenientes feudales 
asumieron la autoridad de los gobernantes 
españoles, los indios continuaron en 
penosa servidumbre, el hombre 
latinoamericano en una u otra forma 
siguió esclavo y las mínimas esperanzas 
de los pueblos sucumben bajo el poder de 
las oligarquías y la coyunda del capital 
extranjero. Esta ha sido la verdad de 
América, con uno u otro matiz, con 
alguna que otra variante. Hoy América 
Latina yace bajo un imperialismo mucho 
más feroz, mucho más poderoso y más 
despiadado que el imperialismo colonial 
español. 
 
Y ante la realidad objetiva e 
históricamente inexorable de la 
revolución latinoamericana, ¿cuál es la 
actitud del imperialismo yanqui? 
Disponerse a librar una guerra colonial 
con los pueblos de América Latina; crear 
el aparato de fuerza, los pretextos 
políticos y los instrumentos pseudo 
legales suscritos con los representantes de 
las oligarquías reaccionarias para reprimir 
a sangre y fuego la lucha de los pueblos 
latinoamericanos. 
Esta situación objetiva nos muestra la 
fuerza que duerme, desaprovechada, en 
nuestros campesinos y la necesidad de 
utilizarla para la liberación de América. 
 
Tercero: el carácter continental de la 
lucha. 
 
¿Podría concebirse esta nueva etapa de la 
emancipación de América como el cotejo 
de dos fuerzas locales luchando por el 
poder en un territorio dado? Difícilmente. 
La lucha será a muerte entre todas las 
fuerzas populares y todas las fuerzas de 
represión. Los párrafos arriba citados 
también lo predicen. 
 
Los yanquis intervendrán por solidaridad 
de intereses y porque la lucha en América 
es decisiva. De hecho, ya intervienen en 
la preparación de las fuerzas represivas y 
la organización de un aparato continental 
de lucha. Pero, de ahora en adelante, lo 
harán con todas sus energías; castigarán a 
las fuerzas populares con todas las armas 
de destrucción a su alcance; no dejarán 
consolidarse al poder revolucionario y, si 
alguno llegara a hacerlo, volverán a 
atacar, no lo reconocerán, tratarán de 
dividir las fuerzas revolucionarias, 
introducirán saboteadores de todo tipo, 
crearán problemas fronterizos, lanzarán a 
otros estados reaccionarios en su contra, 
intentarán ahogar económicamente al 
nuevo estado, aniquilarlo, en una palabra. 
 
Dado este panorama americano, se hace 
difícil que la victoria se logre y consolide 
en un país aislado. A la unión de las 
fuerzas represivas debe contestarse con la 
unión de las fuerzas populares. En todos 
los países en que la opresión llegue a 
niveles insostenibles, debe alzarse la 
bandera de la rebelión, y esta bandera 
tendrá, por necesidad histórica, caracteres 
continentales. La cordillera de los Andes 
está llamada a ser la Sierra Maestra de 
América, como dijera Fidel, y todos los 
inmensos territorios que abarca este 
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 97
Continente están llamados a ser 
escenarios de la lucha a muerte contra el 
poder imperialista. 
 
No podemos decir cuándo alcanzará estas 
características continentales, ni cuánto 
tiempo durará la lucha, pero podemos 
predecir su advenimiento y su triunfo, 
porque es resultado de circunstancias 
históricas, económicas y políticas 
inevitables y su rumbo no se puede torcer. 
 
Iniciarla cuando las condiciones estén 
dadas, independientemente de la situación 
de otros países, es la tarea de la fuerza 
revolucionaria en cada país. El desarrollo 
de la lucha irá condicionando la estrategia 
general; la predicción sobre el carácter 
continental es fruto del análisis de las 
fuerzas de cada contendiente, pero esto no 
excluye, ni mucho menos, el estallido 
independiente. Así como la iniciación de 
la lucha en un punto de un país está 
destinada a desarrollarla en todo su 
ámbito, la iniciación de la guerra 
revolucionaria contribuye a desarrollar 
nuevas condiciones en los países vecinos. 
 
El desarrollo de las revoluciones se ha 
producido normalmente por flujos y 
reflujos inversamente proporcionales; al 
flujo revolucionario corresponde el 
reflujo contrarrevolucionario y, viceversa, 
en los momentos de descenso 
revolucionario hay un ascenso 
contrarrevolucionario. En estos instantes, 
la situación de las fuerzas populares se 
torna difícil y deben recurrir a los mejores 
medios de defensa para sufrir los daños 
menores. El enemigo es extremadamente 
fuerte, continental. Por ello no se pueden 
analizar las debilidades relativas de las 
burguesías locales con vistas a tomar 
decisiones de ámbitos restringidos. 
Menos podría pensarse en la eventual 
alianza de estas oligarquías con el pueblo 
en armas. La Revolución cubana ha dado 
el campanazo de alarma. La polarización 
de fuerzas llegará a ser total: explotadores 
de un lado y explotados de otro; la masa 
de la pequeña burguesía se inclinará a uno 
u otro bando, de acuerdo con sus intereses 
y el acierto político con que se la trate; la 
neutralidad constituirá una excepción. Así 
será la guerra revolucionaria. 
 
Pensemos cómo podría comenzar un foco 
guerrillero. 
 
Núcleos relativamente pequeños de 
personas eligen lugares favorables para la 
guerra de guerrillas, ya sea con la 
intención de desatar un contraataque o 
para capear el vendaval, y allí comienzan 
a actuar. Hay que establecer bien claro lo 
siguiente: en el primer momento, la 
debilidad relativa de la guerrilla es tal que 
solamente debe trabajar para fijarse al 
terreno, para ir conociendo el medio, 
estableciendo conexiones con la 
población y reforzando los lugares que 
eventualmente se convertirán en su basede apoyo. 
 
Hay tres condiciones de supervivencia de 
una guerrilla que comience su desarrollo 
bajo las premisas expresadas aquí: 
movilidad constante, vigilancia constante, 
desconfianza constante. Sin el uso 
adecuado de estos tres elementos de la 
táctica militar, la guerrilla difícilmente 
sobrevivirá. Hay que recordar que la 
heroicidad del guerrillero, en estos 
momentos consiste en la amplitud del fin 
planteado y la enorme serie de sacrificios 
que deberá realizar para cumplimentarlo. 
 
Estos sacrificios no serán el combate 
diario, la lucha cara a cara con el 
enemigo; adquirirán formas más sutiles y 
más difíciles de resistir para el cuerpo y la 
mente del individuo que está en la 
guerrilla. 
 
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 98
Serán quizás castigados duramente por 
los ejércitos enemigos; divididos en 
grupos, a veces; martirizados los que 
cayeren prisioneros; perseguidos como 
animales acosados en las zonas que hayan 
elegido para actuar; con la inquietud 
constante de tener enemigos sobre los 
pasos de la guerrilla; con la desconfianza 
constante frente a todo, ya que los 
campesinos atemorizados los entregarán, 
en algunos casos, para quitarse de 
encima, con la desaparición del pretexto, 
a las tropas represivas; sin otra alternativa 
que la muerte o la victoria, en momentos 
en que la muerte es un concepto mil veces 
presente y la victoria el mito que sólo un 
revolucionario puede soñar. 
 
Esa es la heroicidad de la guerrilla, por 
eso se dice que caminar también es una 
forma de combatir, que rehuir el combate 
en un momento dado no es sino una 
forma de combatir. El planteamiento es, 
frente a la superioridad general del 
enemigo, encontrar la forma táctica de 
lograr una superioridad relativa en un 
punto elegido, ya sea poder concentrar 
más efectivos que éste, ya asegurar 
ventajas en el aprovechamiento del 
terreno que vuelque la correlación de 
fuerzas. En estas condiciones se asegura 
la victoria táctica; si no está clara la 
superioridad relativa, es preferible no 
actuar. No se debe dar combate que no 
produzca una victoria, mientras se pueda 
elegir el «cómo» y el «cuándo». 
 
En el marco de la gran acción político-
militar, del cual es un elemento, la 
guerrilla irá creciendo y consolidándose; 
se irán formando entonces las bases de 
apoyo, elemento fundamental para que el 
ejército guerrillero pueda prosperar. Estas 
bases de apoyo son puntos en los cuales 
el ejército enemigo sólo puede penetrar a 
costa de grandes pérdidas; bastiones de la 
revolución, refugio y resorte de la 
guerrilla para incursiones cada vez más 
lejanas y atrevidas. 
 
A este momento se llega si se han 
superado simultáneamente las dificultades 
de orden táctico y político. Los 
guerrilleros no pueden olvidar nunca su 
función de vanguardia del pueblo, el 
mandato que encarnan, y por tanto, deben 
crear las condiciones políticas necesarias 
para el establecimiento del poder 
revolucionario basado en el apoyo total 
de las masas. Las grandes 
reivindicaciones del campesinado deben 
ser satisfechas en la medida y forma que 
las circunstancias aconsejen, haciendo de 
toda la población un conglomerado 
compacto y decidido. 
 
Si difícil será la situación militar de los 
primeros momentos, no menos delicada 
será la política; y si un solo error militar 
puede liquidar la guerrilla, un error 
político puede frenar su desarrollo 
durante grandes períodos. 
 
Político-militar es la lucha, así hay que 
desarrollarla y, por lo tanto, entenderla. 
 
La guerrilla, en su proceso de 
crecimiento, llega a un instante en que su 
capacidad de acción cubre una 
determinada región para cuyas medidas 
sobran hombres y hay demasiada 
concentración en la zona. Allí comienza 
el efecto de colmena, en el cual uno de 
los jefes, guerrillero distinguido, salta a 
otra región y va repitiendo la cadena de 
desarrollo de la guerra de guerrillas, 
sujeto, eso sí, a un mando central. 
 
Ahora bien, es preciso apuntar que no se 
puede aspirar a la victoria sin la 
formación de un ejército popular. Las 
fuerzas guerrilleras podrán extenderse 
hasta determinada magnitud; las fuerzas 
populares, en las ciudades y en otras 
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 99
zonas permeables del enemigo, podrán 
causarle estragos, pero el potencial militar 
de la reacción todavía estaría intacto. Hay 
que tener siempre presente que el 
resultado final debe ser el aniquilamiento 
del adversario. Para ello, todas estas 
zonas nuevas que se crean más las zonas 
de perforación del enemigo detrás de sus 
líneas, más las fuerzas que operan en las 
ciudades principales, deben tener una 
relación de dependencia en el mando. No 
se podrá pretender que exista la cerrada 
ordenación jerárquica que caracteriza a un 
ejército, pero sí una ordenación 
estratégica. Dentro de determinadas 
condiciones de libertad de acción, las 
guerrillas deben de cumplir todas las 
órdenes estratégicas del mando central, 
instalado en algunas de las zonas, la más 
segura, la más fuerte, preparando las 
condiciones para la unión de las fuerzas 
en un momento dado. ¿Habrá otras 
posibilidades menos cruentas? 
 
La guerra de guerrillas o guerra de 
liberación tendrá en general tres 
momentos: el primero, de la defensiva 
estratégica, donde la pequeña fuerza que 
huye muerde al enemigo; no está 
refugiada para hacer una defensa pasiva 
en un círculo pequeño, sino que su 
defensa consiste en los ataques limitados 
que puede realizar. Pasado esto, se llega a 
un punto de equilibrio en que se 
estabilizan las posibilidades de acción del 
enemigo y de la guerrilla y, luego, el 
momento final de desbordamiento del 
ejército represivo que llevará a la toma de 
las grandes ciudades, a los grandes 
encuentros decisivos, al aniquilamiento 
total del adversario. 
 
Después de logrado el punto de 
equilibrio, donde ambas fuerzas se 
respetan entre sí, al seguir su desarrollo, 
la guerra de guerrillas adquiere 
características nuevas. 
Empieza a introducirse el concepto de la 
maniobra; columnas grandes que atacan 
puntos fuertes; guerra de movimientos 
con traslación de fuerzas y medios de 
ataque de relativa potencia. Pero, debido 
a la capacidad de la resistencia y 
contraataque que todavía conserva el 
enemigo, esta guerra de maniobra no 
sustituye definitivamente a las guerrillas; 
es solamente una forma de actuar de las 
mismas, una magnitud superior de las 
fuerzas guerrilleras, hasta que, por fin, 
cristaliza en un ejército popular con 
cuerpos de ejércitos. Aún en este instante, 
marchando delante de las acciones de las 
fuerzas principales, irán las guerrillas en 
su estado de «pureza», liquidando las 
comunicaciones, saboteando todo el 
aparato defensivo del enemigo. 
 
Habíamos predicho que la guerra sería 
continental. Esto significa también que 
será prolongada; habrá muchos frentes, 
costará mucha sangre, innúmeras vidas 
durante largo tiempo. Pero, algo más, los 
fenómenos de polarización de fuerzas que 
están ocurriendo en América, la clara 
división entre explotadores y explotados 
que existirá en las guerras revolucionarias 
futuras, significan que, al producirse la 
toma del poder por la vanguardia armada 
del pueblo, el país, o los países, que lo 
consigan, habrán liquidado 
simultáneamente, en el opresor, a los 
imperialistas y a los explotadores 
nacionales. Habrá cristalizado la primera 
etapa de la revolución socialista; estarán 
listos los pueblos para restañar sus 
heridas e iniciar la construcción del 
socialismo. 
 
¿Habrá otras posibilidades menos 
cruentas? 
 
Hace tiempo que se realizó el último 
reparto del mundo en el cual a los Estados 
Unidos le tocó la parte del león de nuestro 
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 100
Continente;hoy se están desarrollando 
nuevamente los imperialistas del viejo 
mundo y la pujanza del mercado común 
europeo atemoriza a los mismos 
norteamericanos. Todo esto podría hacer 
pensar que existiera la posibilidad de 
asistir como espectadores a la pugna 
interimperialista para luego lograr 
avances, quizás en alianza con las 
burguesías nacionales más fuertes. Sin 
contar con que la política pasiva nunca 
trae buenos resultados en la lucha de 
clases y las alianzas con la burguesía, por 
revolucionaria que ésta luzca en un 
momento dado, sólo tiene carácter 
transitorio, hay razones de tiempo que 
inducen a tomar otro partido. La 
agudización de la contradicción 
fundamental luce ser tan rápida en 
América que molesta el «normal» 
desarrollo de las contradicciones del 
campo imperialista en su lucha por los 
mercados. 
 
Las burguesías nacionales se han unido al 
imperialismo norteamericano, en su gran 
mayoría, y deben correr la misma suerte 
que éste en cada país. Aun en los casos en 
que se producen pactos o coincidencias 
de contradicciones entre la burguesía 
nacional y otros imperialismos con el 
norteamericano, esto sucede en el marco 
de una lucha fundamental que englobará 
necesariamente, en el curso de su 
desarrollo, a todos los explotados y a 
todos los explotadores. La polarización de 
fuerzas antagónicas de adversarios de 
clases, es hasta ahora, más veloz que el 
desarrollo de las contradicciones entre 
explotadores por el reparto del botín. Los 
campos son dos: la alternativa se vuelve 
más clara para cada quien individual y 
para cada capa especial de la población. 
 
La Alianza para el Progreso es un intento 
de refrenar lo irrefrenable. 
 
Pero si el avance del mercado común 
europeo o cualquier otro grupo 
imperialista sobre los mercados 
americanos, fuera más veloz que el 
desarrollo de la contradicción 
fundamental, sólo restaría introducir las 
fuerzas populares como cuña, en la 
brecha abierta, conduciendo éstas toda la 
lucha y utilizando a los nuevos intrusos 
con clara conciencia de cuáles son sus 
intenciones finales. 
 
No se debe entregar ni una posición, ni un 
arma, ni un secreto al enemigo de clase, 
so pena de perderlo todo. 
 
De hecho, la eclosión de la lucha 
americana se ha producido. ¿Estará su 
vórtice en Venezuela, Guatemala, 
Colombia, Perú, Ecuador...? ¿Serán estas 
escaramuzas actuales sólo 
manifestaciones de una inquietud que no 
ha fructificado? No importa cuál sea el 
resultado de las luchas de hoy. No 
importa, para el resultado final, que uno u 
otro movimiento sea transitoriamente 
derrotado. Lo definitivo es la decisión de 
lucha que madura día a día; la conciencia 
de la necesidad del cambio 
revolucionario, la certeza de su 
posibilidad. 
 
Es una predicción. La hacemos con el 
convencimiento de que la historia nos 
dará la razón. El análisis de los factores 
objetivos y subjetivos de América y del 
mundo imperialista, nos indica la certeza 
de estas aseveraciones basadas en la 
Segunda Declaración de La Habana. 
 
[Cuba Socialista, septiembre de 1963.] 
 
Tomado de Escritos y discursos, tomo 1, 
Editorial de Ciencias Sociales, La 
Habana 1972, páginas 203-223 
 
 
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 101
Prólogo a 
Guerra del pueblo, ejército 
del pueblo 
 
[Prólogo al libro de Vo Nguyen Giap, 
Guerra del pueblo, ejército del pueblo, 
Editora Política, La Habana 1964] 
 
Consideramos un alto honor prologar este 
libro basado en los escritos del 
vicegeneral Vo Nguyen Giap, 
actualmente Primer Ministro, Ministro de 
la Defensa Nacional y Comandante en 
Jefe del Ejército Popular de la República 
Democrática de Vietnam. El general Giap 
habla con la autoridad que le confiere su 
larga experiencia personal y la del partido 
en la lucha de liberación. La obra, que 
tiene de por sí una actualidad permanente, 
reviste más interés, si cabe, debido a la 
tumultuosa serie de acontecimientos 
ocurridos en los últimos tiempos en esta 
región de Asia, y a las controversias 
surgidas sobre el uso adecuado de la 
lucha armada como medio de resolver las 
contradicciones insalvables entre 
explotadores y explotados, en 
determinadas condiciones históricas. 
 
Los combates que, exitosamente, llevaran 
durante largos años los heroicos ejércitos 
y el pueblo entero de Vietnam, se repiten 
ahora; Vietnam del Sur está en pie de 
guerra; la parte del país arrebatada a su 
legítimo dueño, el pueblo vietnamita, está 
cada vez más cerca de la victoria. Aún 
cuando los enemigos imperialistas 
amenacen con enviar miles de hombres, 
los desaforados hablen del uso de la 
bomba atómica táctica y el general Taylor 
sea nombrado embajador de la llamada 
«República de Vietnam del Sur» y, 
tácitamente, comandante en jefe de los 
ejércitos que tratarán de liquidar la guerra 
del pueblo, nada impedirá su derrota. 
Muy cerca, en Laos, se ha encendido la 
guerra civil, provocada también por las 
maniobras de los norteamericanos, 
apoyados de una manera u otra por sus 
aliados de siempre, y el reino neutral de 
Cambodia, parte, como sus hermanos 
Laos y Vietnam, de la antiguamente 
llamada lndochina Francesa, está sujeta a 
violaciones de sus fronteras y a ataques 
permanentes, por su posición enhiesta en 
defensa de la neutralidad y de su derecho 
a vivir como nación soberana. 
 
Por todo esto, la obra que prologamos 
rebasa los límites de un episodio histórico 
determinado y adquiere vigencia para 
toda la zona; pero, además, los problemas 
que plantea tienen particular importancia 
para la mayor parte de los pueblos de 
América Latina sometidos al dominio del 
imperialismo norteamericano, sin contar 
con que sería de extraordinario interés el 
conocimiento de ella para todos los 
pueblos del Africa que día a día sostienen 
luchas cada vez más duras, pero también 
repetidamente victoriosas, contra los 
colonialistas de diversa índole. 
 
Vietnam tiene características especiales; 
una civilización muy vieja y una larga 
tradición como reino independiente con 
particularidades propias y cultura 
autóctona. Dentro de su milenaria 
historia, el episodio del colonialismo 
francés apenas es una gota de agua. Sin 
embargo, sus cualidades fundamentales y 
las opuestas del agresor, igualan, en 
términos generales, las contradicciones 
insalvables que se presentan en todo el 
mundo dependiente, así como la forma de 
resolverlas: Cuba, sin conocer estos 
escritos, así como tampoco otros que 
sobre el tema se habían hecho narrando 
las experiencias de la Revolución china, 
inició el camino de su liberación por 
métodos parecidos, con el éxito que está 
hoy a la vista de todos. 
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 102
Por tanto, esta obra plantea cuestiones de 
interés general para el mundo en lucha 
por su liberación. Pueden resumirse así: la 
factibilidad de la lucha armada, en 
condiciones especiales en que hayan 
fracasado los métodos pacíficos de lucha 
de liberación; el tipo que debe tener ésta, 
en lugares con grandes extensiones de 
terreno favorable a la guerra de guerrillas 
y con población campesina mayoritaria o 
importante. 
 
A pesar de que el libro está basado en una 
recopilación de artículos, tiene buena 
ilación, y ciertas repeticiones no hacen 
más que darle mayor vigor al conjunto. 
 
Se trata en él de la guerra de liberación 
del pueblo vietnamita; de la definición de 
esta lucha como guerra del pueblo y de su 
brazo ejecutor como ejército del pueblo; 
de la exposición de las grandes 
experiencias del partido en la dirección de 
la lucha armada y la organización de las 
fuerzas armadas revolucionarias. El 
capítulo final versa sobre el episodio 
definitivo de la contienda, Dien Bien Fu, 
en el que ya las fuerzas de liberación 
ganan en calidad y pasan a la guerra de 
posiciones, derrotandotambién en este 
terreno al enemigo imperialista. 
 
Se empieza narrando cómo, después de 
acabada la guerra mundial con el triunfo 
de la Unión Soviética y de las potencias 
aliadas del Occidente, Francia burló todos 
los acuerdos y llevó a una situación de 
extrema tensión a todo el país. Los 
métodos pacíficos y racionales de 
resolver las controversias fueron 
demostrando su inutilidad, hasta que el 
pueblo tomó la vía de la lucha armada; en 
ésta, por las características del país, el 
peso fundamental recaía en el 
campesinado. Era una guerra de 
características campesinas, por los lugares 
fundamentales de acción y por la 
composición fundamental del ejército, 
pero estaba dirigida por la ideología del 
proletariado, haciendo válida una vez más 
la alianza obrero-campesina como factor 
fundamental de la victoria. Aunque en los 
primeros momentos, por la característica 
de la lucha anticolonialista y 
antiimperialista, era una guerra de todo el 
pueblo, y una gran cantidad de gentes 
cuya extracción no respondía 
exáctamente a las definiciones clásicas de 
campesino pobre o de obrero, se 
incorporaba también a la lucha de 
liberación; poco a poco se definían los 
campos y comenzaba la lucha antifeudal, 
logrando entonces su verdadero carácter 
de antiimperialista, anticolonialista, 
antifeudal, dando como resultado el 
establecimiento de una revolución 
socialista. 
 
La lucha de masas fue utilizada durante 
todo el transcurso de la guerra por el 
partido vietnamita. Fue utilizada, en 
primer lugar, porque la guerra de guerrilla 
no es sino una expresión de la lucha de 
masas y no se puede pensar en ella 
cuando ésta está aislada de su medio 
natural, que es el pueblo; la guerrilla 
significa, en este caso, la avanzada 
numéricamente inferior de la gran 
mayoría del pueblo que no tiene armas 
pero que expresa en su vanguardia la 
voluntad de triunfo. Además, la lucha de 
masas fue utilizada en las ciudades en 
todo momento como arma imprescindible 
para el desarrollo de la lucha; es bien 
importante significar que nunca en el 
transcurso de la acción por la liberación 
del pueblo vietnamita, la lucha de masas 
nada entregó de sus derechos para 
acogerse a determinadas concesiones del 
régimen; no parlamentó sobre 
concesiones mutuas, planteó la necesidad 
de obtener determinadas libertades y 
garantías sin contrapartida alguna, 
evitando así que, en muchos sectores, la 
CEME - Centro de Estudios Miguel Enríquez - Archivo Chile
 103
guerra se hiciera más cruel aún de lo que 
la hacían los colonialistas franceses. Este 
significado de la lucha de masas en su 
carácter dinámico, sin compromisos, le da 
una importancia fundamental a la 
comprensión del problema de la lucha por 
la liberación en Latinoamérica. 
 
El marxismo fue aplicado 
consecuentemente a la situación histórica 
concreta de Vietnam, y por ello, guiados 
por un partido de vanguardia, fiel a su 
pueblo y consecuente en su doctrina, 
lograron tan sonada victoria sobre los 
imperialistas. 
 
Las características de la lucha, en donde 
hubo que ceder terreno y esperar muchos 
años para ver el resultado final de la 
victoria, con vaivenes, flujos y reflujos, le 
dan el carácter de guerra prolongada. 
 
Durante todo el tiempo de la lucha se 
pudo decir que el frente estaba donde 
estaba el enemigo; en un momento dado, 
éste ocupaba casi todo el país y el frente 
estaba diseminado por donde el enemigo 
estuviera; después hubo una delimitación 
de líneas de combate y allí había un frente 
principal, pero la retaguardia enemiga 
constituía constantemente otro escenario 
para los bandos en lucha, de manera que 
la guerra fue total y que nunca los 
colonialistas pudieron movilizar 
cómodamente, en un terreno de base 
sólida, sus tropas de agresión contra las 
zonas liberadas. 
 
La consigna «dinamismo, iniciativa, 
movilidad, decisión rápida ante 
situaciones nuevas», es síntesis suma de 
la táctica guerrillera, y en esas pocas 
palabras está expresado todo el 
dificilísimo arte de la guerra popular. 
 
En ciertos momentos, las nuevas 
guerrillas, alzadas bajo la dirección del 
partido, estaban todavía en lugares en los 
cuales la penetración francesa era muy 
fuerte y la población estaba aterrorizada; 
en esos casos, practicaban constantemente 
lo que los vietnamitas llaman la 
«propaganda armada». La propaganda 
armada es simplemente la presencia de 
fuerzas de liberación en determinados 
lugares, que van mostrando su poderío y 
su embatibilidad, sumidos en el gran mar 
del pueblo como el pez en el agua. La 
propaganda armada, al perpetuarse en la 
zona, catalizaba las masas con su 
presencia y revolucionaba 
inmediatamente la región, agregando 
nuevos territorios a los ya obtenidos por 
el ejército del pueblo. Es así como 
proliferan las bases y las zonas 
guerrilleras en todo el territorio 
vietnamita; la táctica, en este caso, estaba 
resumida en una consigna que se expresa 
así: Si el enemigo se concentra, pierde 
terreno, si se diluye, pierde fuerza, en el 
momento en que el enemigo se concentra 
para atacar duramente, hay que 
contraatacar en todos los lugares donde 
renunció al empleo disperso de sus 
fuerzas; si el enemigo vuelve a ocupar 
determinados lugares con pequeños 
grupos, el contraataque se hará de 
acuerdo con la correlación existente en 
cada lugar, pero la fuerza fundamental de 
choque del enemigo se habrá diluido una 
vez más. Esta es otra de las enseñanzas 
fundamentales de la guerra de liberación 
del pueblo vietnamita. 
 
En la lucha se ha pasado por tres etapas 
que caracterizan, en general, el desarrollo 
de la guerra del pueblo; se inicia con 
guerrillas de pequeño tamaño, de 
extraordinaria movilidad, diluibles 
completamente en la geografía física y 
humana de la región: con el correr del 
tiempo se producen procesos 
cuantitativos que, en un momento dado, 
den paso al gran salto cualitativo que es la 
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 104
guerra de movimientos. Aquí son grupos 
más compactos los que actúan, 
dominando zonas enteras; aunque sus 
medios son mayores y su capacidad de 
golpear al enemigo mucho más fuerte, la 
movilidad es su característica 
fundamental. Después de otro período, 
cuando maduran las condiciones, se llega 
a la etapa final de la lucha en que el 
ejército se consolida e, incluso, a la 
guerra de posiciones, como sucedió en 
Dien Bien Fu, puntillazo a la dictadura 
colonial. 
 
En el transcurso de la contienda que, 
dialécticamente, se va desarrollando hasta 
culminar, en el ataque de Dien Bien Fu, 
en guerra de posiciones, se crean zonas 
liberadas, o semiliberadas del enemigo, 
que constituyen territorios de 
autodefensa. La autodefensa es concebida 
por los vietnamitas también en un sentido 
activo como parte de una lucha única 
contra el enemigo; las zonas de 
autodefensa pueden defenderse ellas 
mismas de ataques limitados, suministran 
hombres al ejército del pueblo, mantienen 
la seguridad interna de la región, 
mantienen la producción y aseguran él 
abastecimiento del frente. La autodefensa 
no es nada más que una parte mínima de 
un todo, con características especiales; 
nunca puede concebirse una zona de 
autodefensa como un todo en sí, es decir, 
una región donde las fuerzas populares 
traten de defenderse del ataque del 
enemigo mientras todo el territorio 
exterior a dicha zona permanece sin 
convulsiones. Si así sucediera, el foco 
sería localizado, atenazado y abatido, a 
menos que pasara inmediatamente a la 
fase primera de la guerra del pueblo, es 
decir, a la lucha de guerrillas. 
 
Como ya hemos dicho, todo el proceso de 
la lucha vietnamita debió basarse 
fundamentalmente en el campesinado. 
En un primer momento, sin una 
definición clara de los contornos de la 
lucha, ésta se hacía solamente por el 
interésde la liberación nacional, pero 
poco a poco se delimitaban los campos, 
se transformaban en una típica guerra 
campesina y la reforma agraria se 
establecía en el curso de la lucha, cuando 
se profundizaban las contradicciones y a 
la vez, la fuerza del ejército del pueblo; es 
la manifestación de la lucha de clases 
dentro de la sociedad en guerra. Esta era 
dirigida por el partido con el fin de anular 
a la mayor cantidad posible de enemigos 
y de utilizar al máximo las 
contradicciones con el colonialismo de 
los amigos poco firmes. Así, conjugando 
acertadamente las contradicciones, pudo 
el partido aprovechar todas las fuerzas 
emanadas de estos choques y alcanzar el 
triunfo en el menor tiempo posible. 
 
Nos narra también el compañero Vo 
Nguyen Giap, la estrecha ligazón que 
existe entre el partido y el ejército, cómo, 
en esta lucha, el ejército no es sino una 
parte del partido dirigente de la lucha. De 
la estrecha ligazón que existe a su vez 
entre el ejército y el pueblo; cómo ejército 
y pueblo no son sino la misma cosa, lo 
que una vez más se ve corroborado en la 
síntesis magnífica que hiciera Camilo: «el 
ejército es el pueblo uniformado.» El 
cuerpo armado, durante la lucha y 
después de ella, ha debido adquirir una 
técnica nueva, técnica que le permita 
superar las nuevas armas del enemigo y 
rechazar cualquier tipo de ofensiva. 
 
El soldado revolucionario tiene una 
disciplina consciente. Durante todo el 
proceso se caracteriza fundamentalmente 
por su autodisciplina. A su vez, en el 
ejército del pueblo, respetando todas las 
reglas de los códigos militares, debe 
haber una gran democracia interna y una 
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 105
gran igualdad en la obtención de los 
bienes necesarios a los hombres en lucha. 
 
En todas estas manifestaciones, el general 
Nguyen Giap, señala lo que nosotros 
conocemos por nuestra propia 
experiencia, experiencia que se realiza 
algunos años después de logrado el 
triunfo por las fuerzas populares 
vietnamitas, pero que refuerza la idea de 
la necesidad del análisis profundo de los 
procesos históricos del momento actual. 
Este debe ser hecho a la luz del 
marxismo, utilizando toda su capacidad 
creadora, para poder adaptarlo a las 
cambiantes circunstancias de países, 
disímiles en todo el aspecto exterior de su 
conformación, pero iguales en la 
estructura colonizada, la existencia de un 
poder imperialista opresor y de una clase 
asociada a él por vínculos muy estrechos. 
Después de un análisis certero, llega el 
general Giap a la siguiente conclusión: 
«En la coyuntura actual del mundo, una 
nación, aunque sea pequeña y débil, que 
se alce como un solo hombre bajo la 
dirección de la clase obrera para luchar 
resueltamente por su independencia y la 
democracia, tiene la posibilidad moral y 
material de vencer a todos los agresores, 
no importa quienes sean. En condiciones 
históricas determinadas, esta lucha por la 
liberación nacional puede pasar por una 
lucha armada de larga duración -la 
resistencia prolongada- para alcanzar el 
triunfo.» Estas palabras sintetizan las 
características generales que debe asumir 
la guerra de liberación en los territorios 
dependientes. 
 
Creemos que la mejor declaración para 
acabar el prólogo, es la misma que 
utilizan los editores de este libro y con la 
que estamos identificados: «Ojalá que 
todos nuestros amigos que, como 
nosotros, sufren todavía los ataques y las 
amenazas del imperialismo, puedan 
encontrar en Guerra del pueblo, ejército 
del pueblo, lo que hemos hallados 
nosotros mismos: nuevos motivos de fe y 
esperanzas.» 
 
[Prólogo al libro de Vo Nguyen Giap, 
Guerra del pueblo, ejército del pueblo, 
Editora Política, La Habana 1964.] 
 
Tomado de Escritos y discursos, tomo 1, 
Editorial de Ciencias Sociales, La 
Habana 1972, páginas 225-232 
 
 
 
 
Consejos al 
combatiente 
 
Moral y disciplina de los 
combatientes revolucionarios 
 
[Verde Olivo, 17 de marzo de 1960.] 
 
Todos conocen lo que fue nuestro 
Ejército Rebelde. Por familiar, casi se 
desprecia la gesta de nuestra 
emancipación, lograda sobre la sangre de 
veinte mil mártires y el empuje 
multitudinario del pueblo. Hay, sin 
embargo, razones profundas que hicieron 
realidad este triunfo. La dictadura creó los 
fermentos necesarios con su política de 
opresión de las masas populares para 
mantener el régimen de privilegios. 
Privilegios de paniaguados, privilegios de 
latifundistas y empresarios parásitos, 
privilegios de los monopolios extranjeros 
iniciada la contienda, la represión y 
brutalidad del régimen aumentaron la 
resistencia popular lejos de disminuirla; la 
desmoralización y desvergüenza de la 
casta militar facilitó la tarea; las agrestes 
montañas de Oriente y la impericia táctica 
de nuestros enemigos, hicieron lo suyo. 
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 106
Pero esta guerra la ganó el pueblo por la 
acción de su vanguardia armada 
combatiente, el Ejército Rebelde; y las 
armas fundamentales de este Ejército eran 
su moral y disciplina. 
 
Disciplina y moral son las bases sobre las 
que se asienta la fuerza de un ejército, 
cualquiera que sea su composición. 
Examinemos ambos términos: la moral de 
un ejército tiene dos fases que se 
complementan mutuamente; hay una 
moral en cuanto al sentido ético de la 
palabra y otra en su sentido heroico; toda 
agrupación armada, para ser perfecta, 
tiene que reunir ambas. 
 
La moral en cuanto a ética ha cambiado 
en el transcurso de los tiempos y de 
acuerdo con las predominantes en una 
sociedad dada. Saquear las casas y 
llevarse todos los objetos de valor era lo 
correcto en la sociedad feudal, pero quien 
les llevara las mujeres como prenda, 
habría faltado a sus deberes morales, y un 
ejército que lo hiciera como norma, 
estaría viviendo al margen de la época. 
Sin embargo, tiempo antes de esto era lo 
correcto y las mujeres de los vencidos 
pasaban a formar parte del patrimonio del 
vencedor. 
 
Todos los ejércitos deben cuidar 
celosamente su moral ética, como parte 
sustancial de su estructura, así como 
factor de lucha, como factor de 
endurecimiento del soldado. 
 
La moral en un sentido heroico es esa 
fuerza combativa, esa fe en el triunfo 
final y en la justicia de la causa que lleva 
a los soldados a efectuar los más 
extraordinarios hechos de valor. 
 
Moral de lucha tenían los «maquis» 
franceses que emprendieron la lucha en 
condiciones difíciles, aparentemente sin 
esperanzas, abrumadoramente adversas y, 
sin embargo, por la convicción de que 
peleaban por una causa justa, por la 
indignación que provocaban en ellos los 
crímenes y las bestialidades de los nazis, 
supieron mantener la acción hasta vencer. 
 
Moral de lucha tenían los guerrilleros 
yugoslavos que con el país ocupado por 
una potencia cincuenta veces superior se 
lanzan a la lucha y la mantienen, sin 
desmayo, hasta vencer. 
 
Moral de lucha tienen los defensores de 
Stalingrado que con fuerzas varias veces 
inferiores, con el río a la espalda, resisten 
la abrumadora y larga ofensiva, defienden 
cada colina y cada zanja, cada casa y cada 
cuarto de las casas, cada calle y cada 
acera de su ciudad hasta que el ejército 
soviético puede montar la contraofensiva, 
tender el gigantesco cerco y destruir, 
rendir y tomar prisioneros a los atacantes. 
 
Moral de lucha, si se quiere un ejemplo 
distante, es la de los defensores de 
Verdún, que rechazan una ofensiva tras 
otra y detienen a un ejército muchas veces 
superior en número y armamentos. 
 
Moral de combate la que tuvo el Ejército 
Rebelde en las sierras y llanos de nuestros 
campos de batalla. Y eso mismo es lo que 
le faltó al ejército mercenario para poder 
hacer frente al aluvión guerrillero. 
Nosotros sentíamos el verso vigorosode 
nuestro himno nacional: «Morir por la 
patria es vivir»; ellos lo conocían por 
cantarlo, pero no lo sentían en su interior. 
El sentimiento de justicia en una causa y 
el sentimiento de no saber por qué se 
pelea en la otra, establecían las grandes 
diferencias entre ambos soldados. 
 
Entre los dos tipos de moral, la moral 
ética y la moral de lucha, hay un nexo de 
unión que las convierte en un todo 
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armónico: la disciplina. Hay distintas 
formas de disciplina pero 
fundamentalmente, hay una disciplina 
exterior al individuo y otra interior a él. 
Los regímenes militaristas trabajan 
constantemente sobre la exterior. 
También aquí se notaba la enorme 
diferencia entre dos tipos de ejércitos; el 
de la dictadura, practicando su moral, su 
disciplina cuartelaria, exterior, mecánica 
y fría y el guerrillero, con su notable 
disciplina exterior grande y una interior 
grande; esto rebaja automáticamente su 
moral de lucha. ¿Lucha por qué y para 
qué? ¿Luchar por mantener ciertas 
prebendas de nivel íntimo en el soldado? 
¿El derecho a expoliar, a cobrar por la 
bolita, a tener algunas participaciones en 
la valla, el derecho a hacer el ratero 
uniformado? pero por ese derecho la 
gente no pelea sino hasta un momento 
determinado; hasta que se le exige el 
sacrificio de la vida... 
 
Del otro lado un ejército con una enorme 
moral ética, una disciplina exterior 
inexistente y una rígida disciplina 
interior, nacida del convencimiento. El 
soldado rebelde no bebía, no porque su 
superior lo fuera a castigar, sino porque 
no debía beber, porque su moral le 
imponía el no beber y su disciplina 
interior reafirmaba la imposición de la 
moral de ese ejército, que iba 
sencillamente a luchar porque entendía 
que era su deber entregar la vida por una 
causa. 
 
Fue puliéndose la moral y cimentándose 
la disciplina hasta hacerse nuestro ejército 
invencible, pero vino la paz, producto del 
triunfo, y se inició el gran choque entre 
dos conceptos y dos organizaciones: la 
antigua, de disciplina exterior, mecánica, 
sujeta a moldes rígidos y la nueva, de 
disciplina interior, sin moldes pre-
establecidos. De ese choque surgieron las 
dificultades de todos conocidas en cuanto 
a la estructuración final de nuestro 
Ejército. Hoy se ha superado el problema, 
después de analizado y comprendido. 
Estamos tratando de dar a nuestras 
fuerzas armadas rebeldes, el mínimo de 
disciplina mecánica necesaria para el 
funcionamiento armónico de grandes 
unidades con el máximo de disciplina 
interior, proveniente del estudio y la 
comprensión de nuestros deberes 
revolucionarios. Hoy como ayer, aunque 
exista un aparato que se dedique 
específicamente a castigar las faltas, la 
disciplina no puede ser dada de modo 
completo por un mecanismo exterior, sino 
lograda por el afán interior de superación 
de todos los errores cometidos. ¿Cómo 
lograr esto? Es tarea paciente de los 
adoctrinadores revolucionarios que vayan 
sembrando en la masa de nuestro Ejército 
las grandes consignas nacionales. 
 
Como todos los ejércitos del mundo debe 
éste, nuestro Ejército, respetar a sus 
superiores, obedecer las órdenes 
inmediatamente, servir infatigablemente 
en el lugar donde se lo sitúe -pero debe 
además ser un juez y un investigador de 
la sociedad. Investigador en cuanto a que 
mediante su contacto con el pueblo pueda 
averiguar todos los sentimientos de éste, 
para comunicarlo a la superioridad con un 
sentido constructivo, juez en cuanto a que 
tiene la obligación de denunciar toda 
clase de abusos cometidos fuera o dentro 
del ejército, para tratar de eliminarlos. En 
esta tarea diferente del Ejército Rebelde 
es donde se prueban las virtudes de la 
disciplina interior que tiene como meta el 
perfeccionamiento total del individuo. 
Igual que en la Sierra, no debe beber el 
Rebelde, no por el castigo que pueda 
aplicarle el organismo encargado de 
hacerlo, sino simplemente porque la 
causa que defendemos, que es la causa de 
los humildes y del pueblo nos exige no 
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 108
beber, para mantener despierta la mente, 
rápido el músculo y en alto la moral de 
cada soldado, y debe recordarse que hoy, 
como ayer, el Rebelde es el centro de las 
miradas de la población y constituye un 
ejemplo para ella. No hay ni puede haber 
un gran Ejército, si no está convencido el 
grueso de la población de las virtudes 
inmensas del que hoy tenemos. Nuestra 
agrupación armada no acaba en los 
límites precisos en que un hombre deja el 
uniforme; tenemos al pueblo entero con 
nosotros y debemos disponer de él, 
debemos hacer que para ese pueblo, 
obrero, campesino, estudiante, 
profesional, sea un honor empuñar el 
arma que le permita luchar en algún caso 
al lado de los que están uniformados en 
las Fuerzas Armadas. Debemos ser, pues, 
guía de la población civil. Mucho más 
difícil que pelear, mucho más difícil aún 
que trabajar en las áreas pacíficas de 
construcción del país, es mantener la línea 
necesaria sin desviarse un centímetro de 
ella durante todas las horas de cada uno 
de los días. Cuando se logre en todas 
nuestras Fuerzas Armadas la cohesión 
suficiente y a nuestra moral de lucha se 
agreguen una alta moral ética con el 
complemento necesario de las disciplinas 
interior y exterior, se habrá logrado la 
base firme y duradera del gran ejército del 
futuro, que es el pueblo entero de Cuba. 
 
[Verde Olivo, 17 de marzo de 1960.] 
 
(Tomado de Escritos y discursos, tomo 1, 
Editorial de Ciencias Sociales, La 
Habana 1972, páginas 233-239) 
 
La disciplina de fuego en el 
combate 
 
[Verde Olivo, 8 de mayo de 1960.] 
 
Las armas modernas de infantería, como: 
la pistola ametralladora, el fusil 
automático, las ametralladoras, los fusiles 
lanzagranadas, los morteros, &c., 
poseyendo gran rapidez y volumen de 
fuego, constituyen el armamento básico 
de las unidades y, por lo tanto, de su 
empleo dependerá en resumidas cuentas, 
el resultado del combate. 
 
Para poder sacar el máximo rendimiento 
de cualquiera de las armas por separado y 
en su conjunto, no basta con que todos los 
combatientes conozcan su 
funcionamiento y sepan dispararlas con 
precisión. En el combate adquiere 
importancia capital lo que se llama 
«disciplina de fuego». No basta con saber 
tirar. Se requiere saber cuando, con qué 
armas, con qué rapidez y contra qué 
blanco nuestro fuego resultará más eficaz. 
 
Por otra parte, las armas automáticas y 
semiautomáticas «tragan» tanta munición 
que sin una férrea disciplina de fuego 
corremos el peligro de encontrarnos sin 
munición y desarmados al llegar el 
momento culminante del combate. 
Bastará recordar, que una escuadra de 7 
hombres armados con 6 fusiles 
automáticos y 1 lanzagranadas es capaz 
de disparar en un minuto 2400 balas y 
unas 10 granadas, o sea, cerca de 70 
kilogramos de munición, mucho más de 
lo que hace falta, en circunstancias 
normales, para sostener todo un día de 
combate. 
 
Por todo esto, durante el combate (sea 
éste defensivo u ofensivo) la tarea 
principal de los jefes de escuadra y 
pelotón reside en la dirección y control 
del fuego. El jefe de la escuadra dirige y 
controla el fuego de sus hombres, el del 
pelotón el fuego de sus escuadras. 
 
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Todos los combatientes (salvo los 
centinelas) deben de abstenerse de hacer 
fuego con sus armas sin orden expreso de 
su jefe inmediato. 
 
En el combate ofensivo, el jefe del 
pelotón al fijar las misiones a las 
escuadras determina la dirección de 
progresión de las mismas, los objetivos 
enemigos a batir con el fuego de cada una 
de ellas, el orden con que una escuadra 
protege el avance de la otra indica 
también la cadenciadel fuego a efectuar y 
el gasto de municiones que se autoriza 
para cada etapa del combate. El jefe de la 
escuadra por su parte hace lo mismo con 
cada uno de sus hombres y progresando 
con ellos cuida de que en ningún 
momento la disciplina de fuego se altere. 
 
Más importancia adquiere aún, si cabe, la 
disciplina de fuego en el combate 
defensivo cuando es imposible determinar 
de antemano la duración del mismo. El 
jefe del pelotón, al fijar las posiciones a 
ocupar por las escuadras y los sectores de 
tiro de las mismas, parte del principio de 
no dejar lugares sin batir con mínimo 
gasto de municiones. Indica también las 
distancias a que se autoriza a abrir el 
fuego con las diferentes armas (como 
regla: no mas lejos de 1000 metros para 
las ametralladoras, de 500 metros para los 
fusiles automáticos y de 200 para las 
pistolas ametralladoras). A excepción de 
los casos en que se hallen aisladas, las 
escuadras abren el fuego sólo con la 
autorización del jefe del pelotón. El jefe 
de la escuadra controla el fuego de sus 
hombres prestando especial atención a la 
concentración del mismo sobre el 
enemigo más peligroso, sin permitir con 
todo esto, que exijan de las armas 
cadencias de fuego demasiado elevadas. 
(La mayor efectividad de las armas 
automáticas, al mismo tiempo que una 
vida más larga de las mismas, se consigue 
con las siguientes cadencias de fuego: 
fusil automático en ráfagas de 2-3 balas; 
ametralladora ligera 4-5 balas por ráfaga; 
ametralladora pesada 7-8. Las pausas 
entre ráfaga y ráfaga dependerán de la 
situación concreta, pero nunca serán más 
cortas que el tiempo necesario para afinar 
de nuevo la puntería.) 
 
Combatiente: Recuerda que el arma que 
está en tus manos y las municiones para 
ella, han sido pagadas con los sudores del 
pueblo para defender la Patria. Cuida del 
arma como de la niña de tus ojos y que 
cada una de tus balas cueste la vida a un 
invasor, a un enemigo de la Patria. 
 
[Verde Olivo, 8 de mayo de 1960.] 
 
 
(Tomado de Escritos y discursos, tomo 1, 
Editorial de Ciencias Sociales, La 
Habana 1972, páginas 241-243) 
 
 
 
Solidaridad en el combate 
 
[Verde Olivo, 15 de mayo de 1960.] 
 
La solidaridad en el combate es una de las 
formas más simples y elementales de la 
cooperación, base del combate moderno. 
 
Cuando todos los combatientes iban 
armados del mismo modo, con palos o 
mazas de combate, la cooperación se 
reducía a atacar simultáneamente varios a 
un mismo enemigo al objeto de asegurar 
la superioridad necesaria para ponerlo 
rápidamente fuera de combate y 
concentrar luego los golpes contra otro 
adversario. Así se lograba ir batiendo al 
enemigo por partes mediante la 
concentración sucesiva de los esfuerzos 
conjuntos. Esta táctica primitiva ha 
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 110
seguido manifestándose en formas cada 
vez más complejas a lo largo de la larga y 
sangrienta historia de las guerras, 
conforme se iban diferenciando los 
armamentos, hasta llegar a la enorme 
complicación del combate en la tierra y 
en el aire con ametralladoras, morteros, 
cañones, obuses, tanques, aviones de 
caza, asalto, bombardeo, &c. 
 
En el fondo, el problema táctico sigue 
planteado en aquellos términos: 
concentrar el esfuerzo del conjunto en un 
lugar y en un tiempo dado para lograr allí 
la victoria parcial que se convierte luego 
en un triunfo definitivo mediante acciones 
enérgicas ininterrumpidas, persiguiendo 
al enemigo sin dejarle reorganizarse y 
volver en sí. 
 
Tanto en la escala grande de los ejércitos 
de cientos de miles de hombres como en 
la escala mínima del combatiente dentro 
de la escuadra, la base de la cooperación 
es la solidaridad del el combate. ¿Qué 
exigencias plantea la solidaridad? Exige 
la concentración de los esfuerzos de 
varios combatientes sobre un objetivo 
común, que es el determinado por el jefe 
inmediato, en la escuadra por el cabo. En 
el campo de batalla hay varios objetivos, 
no uno solo y si la escuadra dispersa sus 
esfuerzos en varios objetivos, cada 
soldado en el que mejor le parezca, la 
escuadra consumirá sus balas sin haber 
alcanzado ningún objetivo, su combate 
habrá sido estéril, no habrá podido 
avanzar apenas y eso con muchas bajas, 
porque a fin de cuentas: ¿Cómo es posible 
avanzar en el campo de batalla bajo el 
fuego enemigo? Unica y exclusivamente 
gracias a la cooperación: mientras un 
combatiente avanza corriendo 
arrastrándose, otros dos por lo menos, 
deben cubrirlo con sus fuegos. ¿Qué 
quiere decir eso? Quiere decir, 
sencillamente, que deben impedir que el 
enemigo asome la cabeza para ver a su 
compañero que avanza y apuntarle con 
precisión. ¿Cómo impedirlo? No 
apartando la vista del lugar desde donde 
hace fuego el enemigo y disparando 
contra él en cuanto asome la cabeza, en 
cuanto haga fuego. Para asegurar mejor el 
avance del compañero, mientras éste salta 
a toda carrera desde un lugar a otro del 
terreno (piedra, árbol, matorral, &c.), 
debe dispararse contra el lugar donde está 
emplazado el enemigo. Si en el frente por 
donde avanza la escuadra hay dos 
emplazamientos del enemigo desde donde 
éste dirige su fuego, el cabo señalará a 
cada dos o tres combatientes el mismo 
objetivo. Si apareciesen nuevos objetivos 
en el curso del combate, él los asignará a 
quienes corresponda o pedirá al jefe del 
pelotón que los tome a su cargo. 
 
Así, en el ataque, la base del avance es la 
solidaridad; el que salta de un 
emplazamiento a otro sabe perfectamente 
que otros compañeros aseguran su avance 
con el fuego, están pendientes de su 
seguridad. El, en cuanto llega al nuevo 
lugar elegido, busca una posición 
favorable que le permita disparar con 
eficacia sobre el enemigo para proteger el 
avance de sus compañeros. Y todo esto 
ahorrando bien las balas, sin disparar por 
meter ruido, apunta siempre con toda 
precisión y dispara sólo cuando el 
enemigo asome o en dirección a los 
fogonazos del arma enemiga. 
 
La solidaridad, basada como decíamos 
antes en la cooperación, no excluye en 
modo alguno la iniciativa. Si tú ves en el 
curso del combate que tu vecino atraviesa 
una situación difícil, debes ayudarle, pero 
hazlo con buen juicio, ten presente que la 
mejor ayuda que puedes prestar a tu 
vecino en el combate es cumplir la misión 
que te ha sido impuesta, esto quiere decir 
que no debes abandonar, por tu cuenta y 
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riesgo, el cumplimiento de tu misión. Si 
ves que una ametralladora enemiga, 
pongamos por ejemplo, abre fuego sobre 
la escuadra que avanza a tu derecha y tú 
ves a los sirvientes de esa ametralladora, 
debes de disparar sobre ellos sin vacilar ni 
un instante, sin pedir autorización a tu 
cabo. 
 
Pero lo que no debes hacer es avanzar tú 
solo hacia esa ametralladora separándote 
de tu escuadra y abandonando a tus 
compañeros. Dispara sobre esa 
ametralladora que está impidiendo el 
avance a la escuadra vecina, advierte 
pronto a tu cabo de la aparición de ese 
nuevo objetivo y sigue cumpliendo tu 
misión hasta que se te encomiende otra. 
Ten en cuenta que con el avance de la 
escuadra tuya es como mejor se ayuda a 
la escuadra vecina que atraviesa una 
situación difícil, porque con su avance tu 
escuadra ocupará una posición del terreno 
que domine a esa ametralladora y haga 
más fácil y segura su destrucción, en el 
ejemplo que hemos expuesto. De aquí ves 
claramente cómo hay que entender la 
solidaridad en el combate, en el marco de 
la necesaria cooperación, siguiendo la 
maniobra trazada por el mando con 
absoluta disciplina consciente, sin actuar 
cada uno «por la libre». Porque la fuerza, 
no lo olvides nunca, reside en la unidad, 
tanto en la escala de lo grande como en la 
escala de lo pequeño, y si rompes esaunidad pierdes la fuerza por grande que 
sea tu entusiasmo y mucha tu valentía 
personal. 
 
Hay otros muchísimos casos en que se 
requiere la solidaridad; por ejemplo, si a 
tu compañero se le han terminado las 
balas y tú tienes aún, ¿qué debes hacer? 
Piensa qué es más eficaz en el combate: si 
diez balas disparadas por un mismo fusil 
o dos fusiles disparando cinco balas cada 
uno. Piensa en que un combatiente sin 
balas es en el campo de batalla un blanco 
pasivo al tiro del enemigo, no te podrá 
proteger en tu avance y tu avance no te 
servirá a ti para nada, ya que al llegar a la 
nueva posición no podrá proteger el 
avance tuyo con su fuego. 
 
Si tu compañero cae herido en el combate 
¿qué hacer? ¿Cómo se refleja mejor en 
este caso la solidaridad? Si llevado de tus 
sentimientos de compañerismo le tomas 
sobre tus hombros para evacuarle a la 
retaguardia resulta que el enemigo no ha 
puesto a un hombre fuera de combate, 
sino a dos y el resto de la escuadra se ve 
privada de dos combatientes de una vez, 
con lo que será más difícil su avance, 
podrá tener más bajas ya que se rompe la 
base de la cooperación: dos tiran mientras 
uno avanza. Ya el avance de cada uno de 
los combatientes no podrá ser cubierto 
por el fuego de los compañeros, sino por 
el de uno sólo, eso significa que la 
protección será más débil, el avance más 
lento, mayores las posibilidades de sufrir 
nuevas bajas sin poder cumplir la misión. 
Resulta así que por sacar del peligro a un 
compañero herido has expuesto a que 
sean heridos otros más y has 
comprometido el éxito de la escuadra en 
su conjunto, el éxito de la maniobra del 
pelotón. Piensa bien: ¿qué has logrado al 
llevar unos cientos de metros atrás a tu 
compañero herido? Has logrado ponerle 
más lejos del alcance del tiro enemigo y 
acercarle a los camilleros de la compañía 
¿verdad? Pues bien, ¿no hubieras logrado 
lo mismo si en lugar de ir hacia atrás con 
tu compañero herido a cuestas le hubieras 
prestado la primera ayuda allí mismo 
donde cayó herido, le hubieras ayudado a 
ocultarse en algún hoyo del terreno y sin 
más pérdida de tiempo hubieras seguido 
avanzando? Con tu avance le alejabas 
también del enemigo, ya que le cubrías 
con tu fuego y permitías que llegasen 
pronto a él los camilleros. Porque tú no 
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estás solo en el combate, cuando tu 
avanzas traes detrás de ti a todo el 
dispositivo de tu pelotón, de la compañía 
y así avanzando, siguiendo fielmente el 
cumplimiento de tu misión combativa, es 
como mejor ayudas a tu compañero 
herido, es como mejor cumples con la 
solidaridad con todos tus compañeros. 
Así es como debe entenderse la 
solidaridad en el combate. 
 
[Verde Olivo, 15 de mayo de 1960]. 
 
(Tomado de Escritos y discursos, tomo 1, 
Editorial de Ciencias Sociales, La 
Habana 1972, páginas 245-249) 
 
 
El contra-ataque I 
 
[Verde Olivo, 26 de junio de 1960.] 
 
Detener el golpe enemigo no basta para 
vencer, es preciso replicar con rapidez y 
energía aprovechando el momento moral 
favorable en que el ánimo del atacante 
está abatido por el fracaso y el éxito 
multiplica las energías del defensor. 
 
Esta gran lección comenzamos a 
aprenderla desde que empezamos a 
pelear: esquivando los golpes del 
adversario o deteniéndolos con los brazos 
no se gana la pelea. Si no fuera así, el 
mejor boxeador sería el saco de arena que 
recibe impertérrito los golpes más 
potentes. 
 
Tanto en el combate individual, 
deportivo, como en la batalla de los 
ejércitos, la tenaz defensa, para reportar 
todo su provecho tiene que ir seguida del 
contra-ataque resuelto, enérgico, rápido. 
 
En el campo de batalla, igual que en el 
ring de boxeo, chocan en fin de cuentas, 
dos voluntades que, en los campos de 
batalla mueven fuerzas y medios de 
combate sumamente poderosos y 
destructivos. Trabada la lucha, entran en 
colisión ambas voluntades: una, la del 
atacante, se apoya en la superioridad de 
número y material de que dispone; otra, la 
del defensor, se apoya en la ventaja de la 
fortificación y del terreno. Llega un 
momento en que, en virtud de una suma 
de complejos factores morales y 
materiales, la voluntad de uno de los 
combatientes cede; si es la del defensor, 
deja éste de oponer resistencia; si es la del 
atacante no avanza más, se queda pegado 
al terreno o retrocede hasta que supera la 
crisis moral o acuden refuerzos con los 
que reanudar el ataque. 
 
Es decir, que la crisis moral tiene 
duración limitada y aprovecharla requiere 
rapidez, oportunidad y siempre energía 
para lograr que lo que comenzó siendo 
una crisis momentánea devenga en 
derrumbamiento pleno de la moral 
enemiga sin que pueda rehacerse el 
adversario, apoyado en la superioridad de 
su armamento. 
 
Porque cualquiera que sea la potencia y el 
número del armamento enemigo, es 
manejado por hombres y éstos son tanto 
más vulnerables e indefensos cuanto más 
poderosa es el arma que emplean. 
¿Paradoja? Paradoja es del combate 
moderno, pero bien instructiva y que 
merece examen: el artillero maneja un 
cañón, el fusilero sólo un rifle. El cañón 
es infinitamente más poderoso que el 
rifle; pero el artillero está más indefenso 
que el fusilero. En el combate es más 
fácil, mucho más fácil, matar un artillero 
que a un fusilero, el problema está en 
llegar hasta donde están los cañones. A 
distancias menores de 400 metros el 
artillero está indefenso ante el fusilero 
audaz. 
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Y cuanto mayor calibre tenga su cañón, 
tanto más indefenso está el artillero: 
¿Cómo mover la pieza para tirar contra el 
fusilero que cambia sin cesar de posición? 
Para cuando el artillero dispara un 
cañonazo, el fusilero le ha disparado 20 y 
mucho más precisos... El caso es llegar 
hasta los 400 metros del artillero 
¿verdad? Porque el emplazamiento de la 
batería está protegido por la infantería 
enemiga. Pero si ésta huye al ser 
rechazado su ataque, entonces, 
persiguiéndola se podrá llegar sin gran 
dificultad a los cañones y éstos no podrán 
hacer fuego eficaz temiendo herir a los 
suyos... Esta es una de las perspectivas 
absolutamente reales que ofrece el contra-
ataque si se sabe aprovechar con energía 
el momento propicio. Porque si se quiere 
avanzar sin bajas hay que «pegarse» 
literalmente al enemigo que se retira en 
desorden, sólo así se puede penetrar 
hiriendo hasta llegar a tiro de fusil de los 
cañones y entonces ¡ay del artillero! A 
menos de 400 metros, el fusil, la 
metralleta, vencen al cañón, y lo vence 
con tanta mayor facilidad como mayor 
sea su calibre. 
 
Una infantería enemiga es retirada en un 
«puente de plata» que bien aprovechado 
conduce a los lugares más vulnerables del 
dispositivo adversario, allí donde cada 
bala rinde un mayor provecho poniendo 
fuera de combate altos jefes, oficiales de 
los estados mayores, operadores de radio, 
telefonistas, tiradores de mortero y de 
cañón, &c., &c. 
 
La infantería enemiga ataca apoyada por 
el fuego de sus cañones, pero los cañones 
no lo pueden hacer todo, llega un 
momento en que ambas infanterías se ven 
frente a frente: una, hundida en su 
trinchera y protegida por su alambrada, 
más o menos intacta; la otra, ante la 
alambrada, cuando ya no pueden ayudarla 
las explosiones de sus obuses porque de 
estallar podrían perjudicarlos aún más que 
al enemigo, ya que el defensor está 
cubierto por sus trincheras y el atacante 
no y les separan una decena de metros, 
sólo unas decenas de metros, pero esa 
estrecha faja de tierra es decisiva. 
 
Al llegar a ella se opera un cambio en la 
moral de ambos combatientes: el que 
ataca se ve privado del apoyo que le daba 
su artillería y sus morteros, ya no pueden 
seguir protegiendo su avance y tiran lejos,detrás de las trincheras que hay que 
conquistar... el que se defiende se ve libre 
¡por fin! del machaqueo de las 
explosiones, la proximidad de la 
infantería enemiga le protege de ellas y 
encuentra frente a frente a su adversario. 
En condiciones de superioridad porque 
está en su trinchera, tiene por delante su 
alambrada, dispone de más parque para su 
fusil o su ametralladora, tiene a su 
alcance más granadas de mano. La 
infantería atacante ha consumido mucho 
parque en el camino y nadie puede acudir 
a reponerlo... 
 
El combate va a hacer crisis, los nervios 
de alguien van a fallar en el instante 
supremo. Si el defensor se mantiene 
tenazmente aferrado a sus trincheras y 
emplea bien sus armas, tiene todas las 
probabilidades de salir vencedor en la 
contienda decisiva. El enemigo se lanzará 
al asalto, pero las ametralladoras de la 
defensa le segarán, las explosiones de las 
granadas de mano harán estragos en sus 
filas... quedarse allí en el suelo no puede, 
las granadas de mano le siguen 
destrozando... instintivamente retrocederá 
para pedir a su artillería y a sus morteros 
que vuelvan a machacar a las trincheras 
que no pudo tomar aún. 
 
Ese es el momento crítico: el defensor, 
victorioso, debe perseguir a la infantería 
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enemiga en retirada para consolidar de 
este modo su victoria y llegar a los 
puestos de mando, a los emplazamientos 
de artillería y morteros «a caballo sobre 
los hombros del enemigo en retirada». 
 
La idea es muy gráfica: no se puede 
romper el contacto porque si se rompe 
podrá volver a disparar con facilidad la 
artillería y los morteros del enemigo 
erigiendo una barrera mortífera difícil de 
atravesar. Y protegido por esa barrera de 
explosiones, el enemigo se recuperará 
superando la crisis moral que le puso en 
derrota. 
 
Tal es uno de los aspectos del contra-
ataque: el que pudiéramos llamar 
«espontáneo», lanzado por los mismos 
pelotones que defienden las trincheras 
atacadas. Pero hay otros tipos de contra-
ataques más complejos, que requieren 
preparación esmerada y son planificados 
por la defensa. De esos contra-ataques 
hablaremos en los próximos «Consejos». 
 
[Verde Olivo, 26 de junio de 1960.] 
 
(Tomado de Escritos y discursos, tomo 1, 
Editorial de Ciencias Sociales, La 
Habana 1972, páginas 251-254) 
 
 
El contra-ataque II 
[Verde Olivo, 17 de julio de 1960.] 
 
En uno de los números anteriores de 
nuestra revista iniciamos un tema de 
importancia muy grande: el contra-
ataque. 
El contra-ataque proporciona a la defensa 
el dinamismo que necesita para cumplir 
con éxito su doble misión: conservar el 
terreno y desgastar al enemigo. 
 
Al contemplar anteriormente el caso más 
sencillo del contra-ataque o sea, aquel que 
brota espontáneamente en las mismas 
trincheras ante las que acababa de 
estrellarse el asaltante, vimos ya que en el 
combate defensivo no tiene aplicación el 
dicho de que «a enemigo que huye, 
puente de plata». Por el contrario, en la 
guerra es necesario explotar 
consecuentemente y con la máxima 
rapidez y energía todos los éxitos, aun los 
más insignificantes, hasta convertirlos en 
graves derrotas del adversario. Y así es 
tanto en la escala reducida del combate 
como en el campo más amplio de la 
estrategia. Rasgo distintivo del genio 
militar es saber convertir, mediante una 
persecución implacable, la victoria táctica 
lograda en el campo de batalla, en un 
triunfo decisivo para la suerte de la guerra 
en su conjunto. 
 
Si examinamos ahora las razones del 
éxito decisivo que para la causa de la 
Revolución tuvo la marcha victoriosa de 
las columnas invasoras de Camilo y el 
Che por Camagüey y Las Villas, ¿no fue, 
acaso, resultado del acierto genial con que 
Fidel aprovechó a fondo el fracaso de la 
ofensiva de los generales de Batista? 
 
Estas razones determinantes del éxito 
militar tienen, como decíamos al tratar del 
contra-ataque espontáneo, aplicación 
eficaz también en el combate defensivo 
de las pequeñas unidades con tal de que 
se proceda oportunamente y con toda 
energía. 
 
Decíamos en nuestro «consejo» 
precedente al tratar del contra-ataque, que 
sirve al defensor para coronar el éxito de 
su esfuerzo: al rechazar al enemigo 
mantuvo su posición y le causó muchas 
bajas; luego, al perseguir al atacante en su 
retirada, culminó su obra aumentando el 
número de sus bajas. ¿Cómo? El atacante, 
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al ser rechazado, huye a ocultarse del 
fuego de la defensa. Pero el defensor, 
victorioso, le persigue sin dejarle que se 
rehaga a cubierto de cualquier accidente 
del terreno. Y le persigue con el fuego de 
su artillería, con el de sus morteros y 
físicamente también, saliendo de las 
trincheras para batirle con tiros de fusil y 
granadas de mano en el obstáculo que se 
buscó para tratar de rehacerse. Todo esto 
es rápido, ocurre como un reflejo 
condicionado por el buen entrenamiento 
en una tropa aguerrida. 
 
Pero, ¿qué hacer si el atacante logró 
apoderarse de la posición o de alguna de 
sus partes? 
 
Hay que contra-atacar también para 
recuperar lo perdido, pero este contra-
ataque requiere el empleo de nuevas 
fuerzas y debe ser preparado 
minuciosamente de antemano. 
 
El jefe que defiende un sector debe prever 
con tiempo lo que ha de hacer para 
recuperar las posiciones perdidas en las 
incidencias del combate. Reserva a este 
fin una parte de sus fuerzas, bien 
provistas de armas automáticas ligeras. 
Las sitúa debidamente con vistas a su 
empleo más probable. Las entrena día y 
noche en el cumplimiento de sus misiones 
previsibles. Deben ser fuerzas selectas y 
bien armadas, no se requiere que sean 
demasiado numerosas, un contra-ataque 
de cien hombres bien armados y 
audazmente dirigidos a las seis horas de 
perdida una posición, es más eficaz y 
cuesta menos sangre que ese mismo 
contra-ataque realizado por mil hombres 
dos días después. 
Lo principal es la rapidez con que se 
prepara y la energía con que se lance. 
 
Para el éxito del contra-ataque tiene 
especial importancia aprovechar las 
sombras de la noche. Esta gran verdad, 
demostrada en la experiencia, resalta al 
contemplar la influencia de factor tan 
importante como es el del terreno y 
preguntarse: ¿quién conoce mejor el 
terreno: el atacante que acaba de 
conquistarlo y no ha tenido tiempo de 
hacerse de él, o el defensor que sabe de 
memoria todos sus vericuetos? 
 
No cabe duda alguna de que esta 
importantísima ventaja (que bien 
aprovechada puede resultar decisiva) está 
de parte del defensor, pero no por mucho 
tiempo, porque el atacante estudiará 
rápidamente las nuevas posiciones 
conquistadas y se perderá pronto aquella 
ventaja; no durará arriba de uno o dos 
días. En ese margen de tiempo hay que 
lanzar el contra-ataque y lo mejor es en la 
noche siguiente al día en que fueron 
perdidas las posiciones que se trata de 
recuperar contra-atacando. Al caer la 
noche pierde el atacante la enorme 
ventaja que le proporcionó el apoyo 
artillero, sus tanques quedan ciegos y en 
gran parte inútiles, en lugar de proteger a 
la infantería atacante, necesitan 
protección de ésta para no ser víctima de 
los bazookas o de los granaderos 
enemigos; tampoco puede actuar 
eficazmente la aviación, ya que esa 
primera noche resulta muy difícil precisar 
dónde están unos y dónde están los otros, 
la línea del frente cambió dibujando 
complicados entrantes y salientes que los 
Estados Mayores se afanan febrilmente 
por situar en los planos, pero sólo podrán 
hacerlo al cabo de varias horas, cuando 
amanezca. Antes, todo es confusión en las 
primeras líneas y la infantería queda 
abandonada a sus propias fuerzas. 
Fuerzas harto débiles en aquellas horas de 
la primera noche,ya que no ha tenido 
tiempo para trazar su plan de fuegos, no 
ha podido establecer obstáculos 
protectores ni alambradas ni campos de 
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minas. Limítase, forzosamente, a 
aprovechar mal que bien las propias 
trincheras que cavó la defensa, y esas 
trincheras no le sirven más que de refugio 
hasta que puede adaptarlas a la nueva 
situación táctica construyendo los 
correspondientes emplazamientos de 
fuego, en lo que estará trabajando 
intensamente, pero todavía a ciegas, pues 
por detallados que sean los planos 
topográficos, el reconocimiento visual del 
terreno que se pisa es indispensable 
condición para montar eficazmente su 
defensa. 
 
Antes de ocupar los emplazamientos 
señalados en el plan de fuegos 
debidamente estudiado, las armas de la 
defensa ladran mucho más que muerden 
en el combate nocturno y es fácil burlar 
sus tiros, cuando se conoce bien el 
terreno. Esta ventaja formidable está 
íntegramente al lado del que contra-ataca, 
con tal de que lo haga protegido por las 
sombras de la primera noche. 
Veinticuatro horas después sería tarde, 
tropezaría con alambradas y campos de 
minas, cuya presencia ignora, habría de 
atravesar las barreras de fuego de los 
morteros y de las ametralladoras, 
encontraría a un enemigo mucho mejor 
preparado para rechazarle. 
 
La noche que sigue inmediatamente al día 
del ataque, es el tiempo ideal para lanzar 
con éxito el contra-ataque. Esta realidad 
debe ser muy bien considerada por el jefe 
que se defiende al estudiar sus planes de 
defensa... Para lanzar el contra-ataque 
dispone de unas horas, no más de seis o 
siete, en realidad. En ellas habrá de 
trasladar a la reserva desde el 
emplazamiento que ocupa en el 
dispositivo de la defensa hasta la base de 
partida para el contra-ataque. 
 
En esas contadas horas habrá de 
desplegar esas reservas en la base de 
partida, habrá de señalar los objetivos, 
establecer la cooperación y el enlace, 
asegurar el necesario apoyo con tiros de 
morteros y de artillería, tiros que 
necesitará tanto en la realización del 
contra-ataque como después de efectuado 
éste, cuando haya que defender, a la 
mañana siguiente, las posiciones 
recuperadas contra los nuevos ataques del 
enemigo. Todo esto exige tiempo, pero en 
gran parte puede haber sido preparado ya 
de antemano, para ganarlo ahora, en el 
momento decisivo, cuando cada minuto 
tiene un valor enorme. 
 
Por ejemplo: la marcha desde el lugar 
central que ocupan las reservas hasta la 
base de partida del contraataque. Serán 
mil o más metros, que cien hombres con 
sus armas pueden recorrer 
silenciosamente y sin luces en poco más 
de diez minutos, si conocen bien el 
camino, pero que si no lo conocen 
invierten en él su buena media hora o más 
todavía, si por casualidad se despistan en 
la oscuridad. En la base de partida tienen 
que desplegar silenciosamente esos 
hombres, cada pelotón y cada escuadra 
habrán de ocupar su puesto en el 
dispositivo de ataque. Y una vez en él 
habrán de comprender perfectamente la 
idea de la maniobra, ver en la noche el 
objetivo que habrán de recuperar, el 
itinerario que deberán seguir sin 
mezclarse unos con otros, sin perder la 
orientación, sin confundir los objetivos, 
sin perder el contacto a fin de apoyarse 
mutuamente. 
 
Si el terreno es bien conocido, si esta 
operación, tan sencilla de día, ha sido 
ensayada a la luz del sol, en las largas 
jornadas de preparación de la defensa, 
antes de que «empezasen los tiros», 
entonces todo iría bien y requeriría poco 
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tiempo, todo lo más una hora u hora y 
media. Es decir, que antes de que 
hubiesen transcurrido dos horas de la 
noche, el contra-ataque podría 
desencadenarse y, normalmente, una hora 
después la posición estaría recuperada y 
destruida o prisionera la tropa enemiga 
que la ocupaba. 
 
Aún quedarían varias horas de la noche 
para disponerse a hacer frente a los 
nuevos golpes del enemigo, que no se 
harían esperar en cuanto despunte el 
nuevo día: disponer las fuerzas para la 
defensa colocando las ametralladoras en 
los emplazamientos convenientes (y esto 
lo podemos hacer sin esperar el alba, ya 
que conocemos perfectamente el terreno 
recuperado) situando el resto de la fuerza 
en abrigos y refugios a fin de eludir los 
efectos del intenso bombardeo enemigo 
en cuanto salga el sol; estableciendo el 
enlace con las unidades vecinas; cuidando 
la comunicación telefónica; abasteciendo 
de municiones; retirando los heridos, &c., 
&c. 
 
No sobra ni un solo minuto, hay que 
trabajar con rapidez para que el nuevo día 
nos encuentre bien preparados para 
rechazar nuevos ataques aún más 
intensos. Porque los ataques reiterados 
son siempre más intensos y, sin embargo, 
la historia de las guerras demuestra que 
las posiciones recuperadas en los contra-
ataques resultan luego más sólidas (quizás 
sea efecto del factor moral) y con 
dificultad vuelven a perderse. Acaso sea 
como esos huesos que no suelen nunca 
fracturarse dos veces por un mismo sitio. 
 
Y como no hemos agotado aún el tema 
del contra-ataque, seguiremos hablando 
de él en nuevos números de nuestra 
revista. La importancia del tema así lo 
exige. 
 
[Verde Olivo, 17 de julio de 1960.] 
 
(Tomado de Escritos y discursos, tomo 1, 
Editorial de Ciencias Sociales, La 
Habana 1972, páginas 256-261) 
 
 
 
El aprovechamiento del 
terreno I 
 
[Verde Olivo, 22 de mayo de 1960.] 
 
Al combatir en defensa de la soberanía 
popular, en defensa de las nobles 
conquistas de la Revolución, tu mejor 
aliado es el terreno que pisas, la tierra 
querida de la Patria que defiendes. 
 
Por eso tienes que saber aprovechar bien 
el terreno en todas las situaciones del 
combate. El terreno, bien aprovechado, te 
sirve para defenderte mejor y para atacar 
con la máxima eficacia. El buen 
conocimiento del terreno es una de las 
mayores ventajas que tienes sobre el 
invasor. Por eso, aprende bien a 
aprovecharlo. 
 
¿Cómo mejor aprovechar el terreno? 
Veámoslo por partes, empezando por la 
defensa. Ya sabes bien, y experiencias de 
la Sierra Maestra lo han vuelto a poner de 
manifiesto, que la defensa no implica 
pasividad en modo alguno. Por el 
contrario, el que se defiende ataca con sus 
balas, con sus granadas, causando 
gravísimo quebranto a un enemigo 
numéricamente superior. ¿Cómo es 
posible? Gracias al terreno. El defensor se 
parapeta en el terreno, se oculta y oculto 
acecha a sus enemigos para destruirles 
con su fuego al ponerse éstos a tiro. 
Gracias a la protección del terreno puede 
hacer frente con éxito un grupo pequeño 
de hombres valientes a una tropa mucho 
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más numerosa y mejor armada. Verás por 
qué: 
 
El terreno oculta a los hombres que lo 
ocupan, con sus ondulaciones, con sus 
barrancadas, con su vegetación, hasta con 
la diversidad de sus matices de color. Y 
oculta mejor a los grupos pequeños 
armados a la ligera que a los grupos 
numerosos que llevan consigo armamento 
pesado, de aquí que puede decirse que el 
terreno protege al débil contra el fuerte. 
 
El terreno cubre de los fuegos enemigos. 
Las ondulaciones del relieve natural 
ofrecen numerosos ángulos muertos, o 
sea, espacios donde no pueden caer las 
balas de fusil y de ametralladora ni los 
proyectiles de cañón. El terreno ofrece 
multitud de pequeños accidentes, piedras, 
hoyos, cercas, que ponen al combatiente a 
cubierto de las balas enemigas, si sabe 
aprovecharlos bien. 
 
El terreno impide en algunos lugares el 
paso a los tanques enemigos, que son el 
enemigo más peligroso de la defensa. Los 
ríos anchos y profundos, las laderas 
escarpadas de los montes, las cortadas del 
terreno,

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